AGLI Recortes de Prensa   Domingo 8 Diciembre 2013

Cómplices
¡Son los partidos, estúpido!
Ramón Pi www.gaceta.es 8 Diciembre 2013

La partitocracia que padecemos favorece el enquistamiento de una oligarquía de políticos

No hay que hacer caso a los políticos que piden reformas en la Constitución. Ningún caso. No quieren mejorar nada. Sólo quieren que las reformas que piden legitimen sus trapacerías. La Constitución no ha sido cumplida en sus términos nunca. Desde el principio se fue incumpliendo a medida que las necesidades de los políticos lo requerían, y el Tribunal Constitucional nos ha ofrecido desde el principio el lamentable espectáculo de su cobardía y su poca afición a cumplir con su deber. A lo que llevo escrito aplíquense las honrosas excepciones de rigor, como es natural. ¿Hay políticos honrados? Sí. ¿Hay magistrados del TC decentes? Sí. ¿Han perdido, en muchas y decisivas ocasiones, frente a sus colegas rapaces, venales o cobardes? Sí, han perdido, ellos lo saben mejor que nadie. Y todo esto, ¿lo pagamos nosotros entre todos? Sí, sin la menor duda.

Ahora bien, eso no quiere decir que no sean indispensables algunas reformas en la raíz, la principal de las cuales, a mi entender, es despojar a los partidos políticos de su condición de cuellos de botella para cualquier cosa de la vida pública y un enorme montón de aspectos de la privada. La partitocracia que padecemos (y que el mismo TC llama “Estado de partidos” con mero ánimo descriptivo) favorece el enquistamiento de una oligarquía de políticos, gobernados por una oligarquía de dirigentes. Para que el sistema democrático funcionase en estas condiciones, haría falta que esa oligarquía de la cúspide estuviera compuesta de héroes. Pero salta a la vista que no es así. Es más: salta a la vista que las actuales oligarquías están encantadas de haberse conocido, y no se ve el menor atisbo de que tengan alguna intención de cambiar. Así que, justamente por eso mismo, una reforma de la Constitución, hecha por estas oligarquías, sería de lo peor que podría ocurrirle a este desventurado país nuestro.

¿Cómo salir, pues, de este círculo vicioso? Una revolución interna en los partidos es impensable: cuando las malas prácticas han podrido a la cúspide, para ascender hay que demostrar que se goza de la confianza de la cúspide podrida; por ahí hay muy poco que hacer. Sólo queda, pues, negar el voto a los partitócratas cuando, una vez cada cuatro años, nos convertimos en votantes. Y si resultase que los nuevos dirigentes se comportan del mismo modo, entonces significaría que nos tenemos muy bien merecido lo que nos pase. Porque los españoles no somos un gran pueblo que no tiene los dirigentes que se merece si, a la hora de la verdad, volvemos a votar a los mismos. De tal tiesto, tal flor. Son los inconvenientes de la libertad: que no nos podemos quejar de las consecuencias de nuestros actos libres, como, por ejemplo, votar.

Los partidos, esa pesadilla
José Luis González Quirós www.gaceta.es 8 Diciembre 2013

Nuestros partidos pueden actuar con impunidad porque no tienen que rendir cuentas ante nadie.

Menudean las acusaciones a los partidos y a sus vicios de funcionamiento, y abunda el deseo de cambiar el panorama político. Una vez más, el CIS vuelve a mostrar que los españoles temen al paro y a la crisis, pero no menos a la corrupción y a los políticos. Esto tiene que cambiar, necesariamente, porque de no cambiar sería la democracia misma la que estuviese en peligro.

Que los partidos no respetan ni siquiera un mínimo de democracia interna es un secreto a voces, de forma que parece razonable suponer que cualquier fuerza política que apostase por tomarse en serio el mandato constitucional tendría un enorme atractivo para los electores. Si no lo hacen es por una mezcla de miedo al resultado, de comodidad y de falta de exigencia por parte de los electores, pero también porque la corrupción lo impide. El problema no es que no exista corrupción, eso pasa en todas partes. Nuestro problema es que los partidos se dediquen a negarla, y que sus militantes y dirigentes, muchos de ellos personas perfectamente dignas, prefieran pasar por sinvergüenzas, o amigos de quienes lo son, en lugar de oponerse decididamente a que su partido actúe de encubridor y defensor a ultranza de los numerosos corruptos y corruptores que se esconden en la bien tupida red de su organización.

Esto último es lo realmente insólito. Cuando un dirigente conservador inglés, o un demócrata norteamericano, es acusado de conducta indigna son sus propios compañeros los más interesados en aclarar el caso, porque no quieren ser cómplices de ningún delito. Aquí, tanto la izquierda como la derecha han escogido el camino contrario, el disimulo, la negación, la colaboración con los corruptos. Esto es lo que tendría que cambiar y hacerlo urgentemente.
¿Cómo es posible que esas conductas se den y se vean premiadas? La razón está en que los partidos han hecho suya la moral de las mafias, la solidaridad en el engaño y la mentira, la hipocresía de afirmar una cosa y hacer la contraria, o el cinismo puro.

¿Acabaría esto con la democracia interna? Sería relativamente fácil hacerlo, porque la democracia trae consigo trasparencia y la petición de que se rindan cuentas. En la actualidad, nuestros partidos pueden actuar con impunidad porque no tienen que rendir cuentas ante nadie, sólo ante los electores, pero los electores no están en condiciones de ocuparse de la vida interna de los partidos y, equivocadamente, miran para otra parte cuando surgen los escándalos, suponiendo que los míos siempre serán mejores que los otros. Gravísimo error que acentúa el problema, porque los corruptos, al sentirse impunes, por encima de la ley y de la opinión, acentúan sus tropelías y eso, a través de mecanismos no demasiado difíciles de comprender, lo acabamos pagando todos con más y más subidas de impuestos. No sé si me explico.

Movimiento Ciudadano y UPyD
Luis del Pino Libertad Digital  8 Diciembre 2013

Vivimos instalados en la política del miedo. Diputados que expresan en privado su desolación por la deriva del PP o del PSOE, pero que no se atreven a expresar en público sus quejas, por miedo a no aparecer en la foto. Empresarios que rehúsan manifestar la consternación que les produce la política económica del gobierno central o la deriva separatista de tal o cual comunidad autónoma, por miedo a las represalias de las distintas administraciones. Periodistas y medios que se muerden la lengua para no provocar la cólera de aquellos de los que dependen las campañas de publicidad institucional o las concesiones de canales.

Es el miedo, y solo el miedo, lo que mantiene aparentemente en pie, a ojos de la España oficial, un régimen que se ha desmoronado hace mucho tiempo.

De no existir ese miedo, tal vez alguno de esos que callan se atreviera a gritarle a la cara a nuestros gobernantes lo que la gente de a pie no tiene inconveniente en comentar en alta voz en los bares, en las tiendas o en las paradas de autobús: que los españoles están hartos de quienes, desde distintas ópticas ideológicas, les oprimen, en lugar de gobernarlos; que están hartos de nadie los proteja, ni se preocupe de sus problemas; que están hartos de que la clase política pierda su tiempo en debates que solo le interesan a la clase política.

Las encuestas del CIS, y las encuestas internas de los grandes partidos, reflejan ese hartazgo: si mañana hubiera elecciones generales, la abstención alcanzaría niveles nunca vistos, cercanos al 45%. Pero todo el mundo hace, en los enmoquetados despachos oficiales, en los consejos de administración de las grandes empresas o en las redacciones de los medios, como si no se hubiera dado por enterado, como si una buena campaña electoral, con la conveniente apelación al voto del miedo, pudiera cerrar la brecha que se ha abierto entre los españoles y quienes deberían representarlos.

Si tuviera el más mínimo interés en que nuestros gobernantes pervivieran, les daría un consejo: bajen a la calle y hablen con la gente. Vayan al supermercado, o a la cola del INEM, o a un comedor social, y pregunten allí. Porque es allí donde podrán constatar hasta qué punto es virtual el mundo en que ustedes viven. Pero, como ya digo, no tengo ni el más mínimo interés en que el PP o el PSOE pervivan, así que me ahorraré ese consejo.

Quienes sí me interesan son aquellos que pueden solventar la situación: los nuevos partidos que han surgido o están surgiendo, a izquierda y a derecha, y que tratan de devolver a los españoles la ilusión por el futuro y por la política.

Y si tuviera la fortuna de que esos nuevos partidos me escucharan, les diría, precisamente, que perdieran el miedo. Porque es el miedo lo que está impidiendo, hasta el momento, que partidos como UPyD o Ciudadanos recojan toda la cosecha de votos defraudados.

En las últimas semanas hemos asistido a un absurdo debate sobre la conveniencia de que se unan las formaciones encabezadas por Rosa Díez y Albert Rivera. Permítanme que me carcajee. Algunos de los que presionan a esas formaciones para que confluyan, lo hacen desde la más absoluta honestidad, porque están interesados en que España salga adelante y tienen miedo de que la fragmentación del voto de regeneración impida consolidar una alternativa de cambio. Pero algunos otros presionan a esos partidos de manera interesada, con el único fin de encerrar a UPyD y Ciudadanos en un tibio reformismo, que aspire como mucho a ser bisagra de un sistema controlado, como hasta ahora, por el PP, el PSOE y los nacionalistas.

Si tuviera la fortuna de que Albert Rivera y Rosa Díez me escucharan, les diría que no caigan en la trampa, que no se dejen encerrar en ese pequeño papel de pepito grillo del régimen y, sobre todo, que no traten de competir entre sí por las migajas del electorado, cuando tienen a su alcance no menos de 5 millones de votos procedentes de los dos grandes partidos y que ahora están refugiados en la abstención.

Si UPyD y Ciudadanos no han logrado hasta el momento movilizar a buena parte de esos millones de desencantados es, precisamente, porque no se han atrevido a dar el paso que separa el reformismo de la regeneración. Lo que la gente está esperando no son cataplasmas o frasquitos de vitaminas, sino alguien que plantee esa enmienda a la totalidad que este país necesita para acabar, de una vez por todas, con los abusos de los poderosos, con el saqueo de los fondos públicos y con el perpetuo cuestionamiento de la Constitución y la Nación.

Tanto UPyD como Ciudadanos, como algún otro partido que pudiera surgir en el espacio electoral del PP o del PSOE, tienen una oportunidad de oro para lanzarse al asalto del Palacio de Invierno. Nunca como ahora encontrarán a tanta gente anhelante de que alguien empiece, de una vez, a hablar de sus problemas y a plantear soluciones. Y nunca como ahora encontrarán un calendario político más favorable, con el horizonte de unas elecciones europeas en las que el voto de castigo a los dos grandes partidos nacionales va a ser abrumador.

No pierdan tiempo, por tanto, en pequeñas querellas de patio de vecindad. Muchos de los electores que se han refugiado en la abstención tienen la idea de que votar no sirve para nada, porque todos los políticos son iguales. No les den motivos para reafirmarse en esa idea. Cuando desde Ciudadanos se insiste en lo importante que sería la unión con UPyD, y cuando desde UPyD se replica que esa unión no sería conveniente, están ustedes discutiendo de cosas que solo les importan a los políticos y a los periodistas. Lo que la gente quiere es que hablen ustedes de los problemas de la gente, y de los problemas del país.

Ustedes no son, ni pueden ser, una alternativa reformista, porque el reformismo exige formar parte del sistema que se quiere reformar. Pero este sistema está podrido y cualquier intento de formar parte del mismo tan solo hará que ustedes terminen pudriéndose y adoptando el lenguaje y los vicios de la casta.

Tienen ustedes que dejar claro a los españoles que no tienen nada que ver con quienes han llevado esta nación a la ruina. Tienen ustedes que ser capaces de devolver la ilusión a quienes piensan que ya no hay solución posible.

No hagan caso a quienes les quieren pequeñitos y manejables. UPyD, Movimiento Ciudadano y alguna otra alternativa que pueda surgir a corto plazo no vienen a complementar a los partidos corruptos existentes, sino a barrerlos y sustituirlos.

Ahí tienen ustedes el poder, al alcance de la mano: pierdan el miedo y atrévanse a tomarlo. Porque los españoles necesitamos que lo hagan.

Este melón no lo abre Rajoy
Alejandra Ruiz-Hermosilla www.gaceta.es 8 Diciembre 2013

Ante la organización territorial del Estado, el Cogreso se vuelve jaula de grillos y la calle, patio de corrala

La Constitución que acaba de cumplir 35 años es una de las más rígidas que ha conocido nuestra historia constitucional. Su modificación, establecida en el Título X de la propia Carta Magna, requiere unas condiciones diseñadas para dificultarla. Si a ello sumamos las otras tres condiciones señaladas el viernes por el presidente del Gobierno, convendremos que la Constitución de 1978 no se va a ver alterada en fechas próximas por más necesario que una buena parte de los políticos y los ciudadanos lo considere. Rajoy ha dicho que no se niega a una reforma que ya sólo faltan por pedirle los ujieres del Congreso, pero que para acometer dicha reforma considera necesario un consenso igual o mayor al que permitió su redacción y aprobación en 1978, la definición de unos objetivos concretos y la coincidencia de un momento político adecuado en el que la apertura del melón constitucional no suponga inestabilidad política para España.

Así, podemos sentarnos pacientemente a esperar. El consenso que pide el presidente del Gobierno es “un acuerdo producido por consentimiento”, es decir, lo que sucedió hace siete lustros cuando cada grupo político, salvo el nacionalista vasco, renunció a alguna de sus convicciones para lograr alguno de sus intereses y, de ese modo, dotar al tiempo a España de un régimen político en forma de monarquía parlamentaria y de una herramienta legal suprema lo suficientemente elástica como para permitir el gobierno de cualquier ideología. Pretender que hoy los grupos políticos hagan alarde de tal sentido de Estado y estrategia política es como pretender que muevan un dedo sin que el afán electoralista se lo ordene. Vivimos en paz, libertad y convivencia por más que un puñado de nacionalistas se empeñe en negarlo, y no en una dictadura que tratamos de superar sin pistolas. Es decir, hoy no hay un mal mayor que una a todos en un proyecto común. Porque si ese proyecto común es la unidad de España, los nacionalistas de 2013 se descuelgan, la izquierda dice que federalismo y la derecha que autonomismo.

El asunto de los objetivos concretos que pide Rajoy tampoco es fácil. Ya sabe que lo que se quiere tocar es la organización territorial del Estado, pero si pregunta cómo el Congreso se vuelve jaula de grillos y la calle, patio de corrala, que ni objetivos ni concretos.

Y la guinda de las condiciones: el momento político oportuno. ¡Ay, presidente! ¿Cuándo tendrá España ese instante en el que disolver las Cámaras, convocar elecciones y votar en referéndum no suponga riesgo de inestabilidad política? Lo que seguro que ya no corre riesgo es la democracia, pero ¿el sistema político o el modelo de Estado? Eso siempre está en equilibrio inestable. Y hay que celebrarlo, que de continuismos impuestos ya vale.

Sólo la crisis desaconseja ocuparse del marco constitucional, pero en cuanto escampe, hay que enfrentarlo para evitar que quienes nacieron después de 1960 se sientan definitivamente expulsados de la participación política.

La diversidad no es ya lo que era
J.M. RUIZ SOROA EL CORREO  8 Diciembre 2013

· No existe ni en Vasconia ni en otra sociedad moderna un ‘nosotros’ mínimamente homogéneo

Benjamin Constant pronunció en 1819 en el Ateneo de París una conferencia que ha pasado a la historia del pensamiento político. Su título era ‘Sobre la libertad en los antiguos y en los modernos’ y su contenido discernía luminosamente sobre el muy distinto sentido y contenido del concepto de ‘libertad’ en Grecia y Roma (los antiguos) y en las sociedades americana o francesa de su tiempo (los modernos). En aquellos, la libertad era la del colectivo, la independencia de la ciudad o la república para gobernarse a sí misma, el derecho de los ciudadanos a tomar parte activa en la soberanía entera, a deliberar y votar en la plaza pública sobre la guerra y la paz. Era la libertad de un todo político frente a otros todos extranjeros.

Para los modernos, en cambio, la libertad es ante todo la libertad del individuo para buscar cada uno su felicidad (como decía la Carta de Filadelfia) o su dicha (como dirá Constant) dentro de un sistema de reglas que le protegen del poder, ¡incluso del poder del colectivo! Entre los modernos, la libertad del individuo no era ya tanto la posibilidad de decidir en la plaza pública los destinos de la patria como la de desentenderse de tan grandes decisiones y dedicarse a una vida privada cada vez más rica en posibilidades en la seguridad de que un sistema de reglas (el Estado de Derecho) le protegía de la arbitrariedad.

La agudeza de Constant radicó en que fue capaz de formular con exactitud el cambio que se había operado entre las sociedades antiguas de Grecia y Roma, simples y sencillas por virtuosas que fueran, y las complejas sociedades modernas, mucho menos virtuosas pero mucho más ricas en posibilidades para el ser humano. Y de ver las consecuencias que ese cambio en el tipo de sociedad tenía no sólo para el concepto, sino también para el ejercicio y la forma de vivir la libertad. No era lo mismo la libertad ‘allí’ que ‘aquí’, y de no entenderlo bien era de donde nacían tantos problemas políticos, pues muchos pensadores y filósofos seguían guiándose todavía por un ideal de libertad que era antiguo y, por ello, irrealizable y desadaptado a la sociedad moderna.

Viene esta introducción a cuento para poner de manifiesto cómo en el mundo, aparentemente distinto y distante, de la valoración de la diversidad cultural y social (el mundo de la sociología y la antropología, el mundo de las migraciones y los supuestos choques culturales) se ha producido desde hace tiempo una similar escisión entre mundos ‘antiguos’ y ‘modernos’ y, sin embargo, no ha habido un Benjamin Constant que lo explique con claridad en el Ateneo vasco. De manera que seguimos hoy en día escuchando unas opiniones y unos proyectos culturales que son plenamente antiguos, que no tienen sentido ninguno en el mundo moderno que habitamos. Y que, por eso, sólo desorientan el análisis de la realidad y descaminan las políticas para tratarla.

La diversidad cultural humana se manifestaba antes en la existencia de una serie de sociedades (comunidades, tribus o etnias) muy homogéneas interiormente y muy distintas entre sí. Era la diversidad de los grupos como unos todos cerrados, como unas mónadas sin ventanas que diría Leibnitz. Los individuos de un grupo eran todos muy similares culturalmente entre sí, pero cada grupo era muy diverso de los otros. La diversidad era una cuestión intergrupal, no interindividual.

Pero, ¡ay!, esa realidad cambió. La evolución de las redes humanas marcha desde la diversidad a la homogeneidad pero, también, desde la simplicidad a la complejidad. Consecuencia: que «la diversidad no es ya lo que era», como sentenció Clifford Geertz. En las sociedades complejas en que vivimos, insertas todas ellas en un mundo globalizado en que dominan los mismos factores socioeconómicos y existe la comunicación inmediata, la diversidad no es ya algo que separa a los grupos humanos en cuanto tales. Cada vez se parecen más y son más intuitiva e inmediatamente comprensibles unos para con otros.

Por el contrario, la diversidad se ha desparramado y multiplicado dentro de las sociedades actuales, precisamente por la riqueza interna de posibilidades en estatus y roles sociales y por la exposición inmediata del individuo a una pléyade de influencias culturales. De manera que no existe ya una sociedad que no encierre en sí misma más y mayor diversidad que la que le separa (?) de otras sociedades. Y no digamos nada de las sociedades que son por su propia historia muy mestizas y abigarradas, como lo es la vasca, cuyo índice de autoctonía es el más bajo de Europa. Cualquier sociedad moderna es hoy un ‘collage’ abigarrado de muchas pautas culturales.

Lo cual se dice, y con esto llego al meollo de mi observación, porque cuando se habla de inmigración entre nosotros los vascos (¡la mayoría de los cuales somos nosotros mismos descendientes de inmigrantes!) se escucha de continuo una sesuda pero asombrosa parla acerca de ‘nosotros’ y de ‘ellos’. Lo que desconcierta a quien sabe, como todos salvo los muy ideologizados saben, que no existe ya ni en Vasconia ni en otra sociedad moderna un ‘nosotros’ mínimamente homogéneo ni coherente en términos culturales, sino muchos y muy diversos ‘nosotros que no somos ya nosotros’. Que va siendo hora de contemplar la realidad con otros ojos, no ya posmodernos sino sencillamente modernos, que sean capaces de hacerse cargo intelectualmente de la realidad social sin anteojeras. Nuestra diversidad interna no es un defecto a corregir mediante políticas de ‘construcción nacional’ asimilacionistas y homogeneizadoras, sino un rasgo positivo que demuestra nuestra modernidad y que debería aceptarse como tal. Y si a esa sociedad se incorporan nuevas personas, bienvenidas sean. Pero bienvenidas de verdad, incluida su supuesta diversidad cultural, no bienvenidas a pesar de ella, o con la condición de que se asimilen (¿a qué?) o que respeten (¿qué?). Esa diferencia que traen no es una amenaza para esa supuesta ‘nuestra cultura’ porque en realidad ésta no existe como tal unidad densa e identificable. Entre nosotros hay tanta diferencia y diversidad como entre ellos y con ellos.

El etnocentrismo español tradicional contó siempre la historia de España como la de un pueblo esencial al que le fueron lloviendo las invasiones de aliens: romanos, fenicios, visigodos, árabes, judíos fueron sumándose a una ‘esencia inmanente y perdurable’ que era el ‘nosotros’ desde el que siempre se contaba la historia. El esquema etnocéntrico se reproduce aquí y ahora en el discurso políticamente correcto de nuestra academia: a los vascos nos han pasado las inmigraciones del XIX y el XX, a los vascos les pasa ahora que les llegan más ‘otros’. Así lo contamos ‘nosotros’. Y a fuerza de repetirlo nos lo creemos.

Desde mi mínima atalaya de pensamiento denuncio este lenguaje que pervierte la realidad y que crea ‘otros’ al mismo tiempo que inventa ‘nosotros’. Somos yoes borrosos y mestizos, es decir, somos de manera mezclada y confusa el espejo de muchos otros seres humanos que nos crean y recrean en la convivencia intelectual, moral y social. Y el único nosotros substancial que queda es la humanidad.

Conclusiones aventuradas y creencias erróneas
El deterioro de las instituciones españolas no tiene su raíz en el texto constitucional
Soledad Gallego-Díaz El Pais  8 Diciembre 2013

Pensar que la Constitución es responsable del deterioro que sufren las instituciones es una conclusión aventurada. Creer que el periodo de la Transición estuvo lleno de errores, y que uno de los fundamentales fue el olvido de las víctimas republicanas de la Guerra Civil y de la dictadura franquista, es una convicción que no se sostiene en evidencia alguna.

Entre los decretos de 1976 (primer Gobierno de Suárez), por el que se regularon las pensiones de los mutilados republicanos y se dispuso la restitución de los derechos de los funcionarios sancionados por delitos de intencionalidad política, y la llamada Ley de Memoria Histórica, de 2007, el Parlamento español no estuvo ni quieto ni olvidadizo. Aprobó cuatro leyes: la de Amnistía de 1977 (que amnistió las palizas franquistas, pero también a los secuestradores de ETA) y otras tres encaminadas a reconocer derechos a las víctimas de la Guerra Civil y de la represión franquista, incluidas indemnizaciones para presos políticos con tres o más años de cárcel.

Es cierto, y una vergüenza para todos los Gobiernos habidos desde la restauración democrática, que no se pusieron los medios para localizar las fosas que ocultaban a miles de personas asesinadas por el bando franquista. La indignación de sus familiares está justificada, pero los responsables de lo ocurrido no deben esconderse detrás de un pretendido olvido de la Transición. Si no se exhumaron a aquellos cuerpos fue por la desidia de unos gobernantes que no cumplieron con su obligación. Respaldo parlamentario tuvieron. Incluso en 2002, con Aznar, la comisión constitucional aprobó por unanimidad una resolución que reafirma el deber de la sociedad democrática de proceder al reconocimiento moral de todos quienes fueron víctimas de la guerra o padecieron la represión de la dictadura. El documento insta a dar apoyo a cualquier iniciativa promovida por las familias de los afectados.

Es evidente que en la Transición se cometieron errores políticos serios, pero en su conjunto se puede decir, con argumentos, que abundaron los aciertos. Explorar los cambios que puede necesitar hoy día la Constitución es una propuesta políticamente razonable. Preguntarse si es legítima una Constitución que apenas ha votado el 23% de los españoles actuales es una tontería. El 100% de los estadounidenses vivos no votó la Constitución norteamericana, ratificada en 1788. La Ley Fundamental de Alemania es de 1949. El Parlamento del importante Estado de Baviera votó en contra, porque quería más competencias, pero aceptó que fuera válida también en ese territorio si dos tercios de los otros Estados federados la aprobaban, como sucedió.

Las constituciones sufren enmiendas durante su existencia. Pero la mayoría de los países democráticos introducen los cambios que va experimentando la sociedad no en la Constitución, sino en leyes que respetan su marco flexible. En España, el mejor ejemplo lo constituye el matrimonio homosexual, que no pasó por la cabeza de los constituyentes, pero que cabe en el espíritu de una ley fundamental defensora de los derechos individuales.

Las constituciones se enmiendan, por supuesto, pero conviene tener presente que, por ejemplo, la norteamericana ha sufrido 27 cambios en 225 años. La última, de 1992, dice que ninguna ley que altere las remuneraciones de los senadores y representantes podrá tener efecto hasta que se celebren nuevas elecciones.

En la Alemania unificada se ha nombrado una comisión que estudia una reforma constitucional (no la simple suma de enmiendas). Como dice el profesor Denniger, lo importante es que la Constitución sea elaborada por un “conjunto de juristas, no de sacerdotes”, lo que no tiene sentido religioso, sino que aboga por la voluntad de trabajar con textos que garanticen derechos y definan competencias, no que proclamen sentimientos o programas políticos.

Mientras se explora qué cambios puede necesitar la Constitución de 1978, convendría ponerse de acuerdo en un análisis previo. El deterioro de las instituciones españolas no tiene su raíz en el texto constitucional sino en la apropiación de las instituciones. No existe un problema de legitimidad de origen, como diría un jurista, sino de legitimidad de uso, provocado por los inquilinos de esas instituciones.

A vueltas con las excarcelaciones
José Luis Manzanares www.republica.com 8 Diciembre 2013

Ya han corrido ríos de tinta sobre las excarcelaciones de peligrosísimos delincuentes una vez desautorizada la doctrina Parot por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pero correrán aún más cuando algunos excarcelados reincidan en sus crímenes. Ese riesgo, mucho mayor con los violadores y asesinos sexuales que con los terroristas, se materializará antes o después, lo que volverá a cargarse en la cuenta de Estrasburgo. La culpa siempre es del prójimo, especialmente cuando los verdaderos responsables del desastre así lo proclaman en su propio interés. De ahí la conveniencia de insistir en algunas observaciones sobre las excarcelaciones de hoy y los nuevos crímenes mañana.

Repárese para empezar en que con una prisión perpetua revisable como tiene la mayoría de las democracias europeas (el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Suiza, etc.), el problema ni siquiera se hubiera planteado. Los peligrosos delincuentes seguirían en la cárcel mientras que su pronóstico de resocialización fuese desfavorable. La doctrina Parot, que fue un intento de prolongar la permanencia en prisión de aquellos delincuentes, sólo habría retrasado unos años lo que ahora está ocurriendo. No pasaría de ser un parche.

Si al menos se hubiera suprimido la redención de penas por el trabajo a su debido tiempo, cuando el azote terrorista era más fuerte, sin esperar al Código Penal de 1995, ese beneficio no hubiera podido aplicarse a los delitos cometidos desde la transición democrática hasta la entrada en vigor del nuevo Código. Nada, pues, de abono de un día de prisión por cada dos de trabajo real o ficticio. Pero nada se hizo.

La libertad vigilada como medida de seguridad para los reos que, tras cumplir penas muy graves, continúen siendo un notorio peligro público, no se introdujo en nuestro Código Penal hasta la Ley Orgánica 5/2010, o sea, demasiado tarde y, además, de forma harto descafeinada. El seguimiento policial del que nos habla el Ministro del Interior es una simple muestra de voluntarismo inane. La violación y asesinato de un niño, por ejemplo, a mano de alguno de estos delincuentes sexuales es sólo cuestión de tiempo.

Y seguimos sin un internamiento de seguridad que, yendo más allá de la libertad vigilada, se aplique en aquellos supuestos en los que la peligrosidad del excarcelado así lo aconseje y justifique durante más o menos tiempo. Los Códigos Penales de Alemania, Austria, Suiza y otros países europeos pudieran servir de modelo, sin olvidar que esa medida ya existió en la Ley de Vagos y Maleantes de 1933, obra en buena parte del profesor socialista Jiménez de Asúa, y en la después derogada Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970. Aquí tenemos una muestra más de nuestro clamoroso desarme en la lucha contra las formas más graves de criminalidad.

Nada tiene que ver con la doctrina Parot la queja de que el autor de numerosos asesinatos sólo cumpla un año o poco más de prisión por cada uno de ellos. Nuestro vigente Código Penal, como los anteriores y a semejanza de lo que ocurre en el Derecho comparado, establece para el cumplimiento sucesivo de las penas una doble limitación, la del triplo de la duración de la mayor y la de un determinado número de años. Se trata de evitar que la suma de muchas infracciones penales de escasa importancia lleve a un encarcelamiento demasiado prolongado e incluso de por vida. Bien entendido que el cociente de la división entre los años de prisión y el número de asesinatos no se alteraría sustancialmente con la prisión perpetua. La vida del hombre es también limitada.

Por lo demás, poca responsabilidad puede tener el gobierno del PP en estas escandalosas excarcelaciones cuyas causas vienen de muy atrás. Se supone que, a lo sumo, habría tratado de influir en los tribunales a favor de la muy débil doctrina Parot y, naturalmente, no es culpa suya su corto recorrido. Puestos a buscar responsabilidades, consistirían éstas en que tampoco durante los dos últimos años se ha regulado el cumplimiento en España de estas sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el ámbito penal. La improvisación continúa siendo un distintivo de la marca España.

Y ahora resulta que los demócratas defensores a ultranza de la división de poderes reprochan al gobierno porque no coarta –dígase cómo- la actuación de nuestros tribunales tras el fiasco de Estrasburgo.

Internacional
Nelson Mandela: El pacificador que no era pacifista
Mandela dio un golpe devastador a los modelos basados en la violencia
leoncio gonzález. redacción / la voz  8 Diciembre 2013

Un joven Mandela con su fiel amigo y camarada Water Sisulu en la cárcel de Robben Island Un joven Mandela con su fiel amigo y camarada Water Sisulu en la cárcel de Robben Island

«No hay ningún principio que diga que no se puede usar la fuerza». «El hecho de tener que usar métodos pacíficos o violentos lo determina la situación».Las citas pertenecen a las conversaciones que Nelson Mandela mantuvo con el periodista Richard Stengel para componer su autobiografía y vienen bien para aclarar uno de los aspectos más controvertidos y menos tratados estos días en la trayectoria del padre de la Sudáfrica actual.

Madiba no fue pacifista toda su vida. A diferencia de Ghandi, que justificó la violencia en situaciones extremas como, por ejemplo, la lucha contra el nazismo, pero que no la toleró en la batalla por la independencia de la India, Mandela embarcó al Congreso Nacional Africano (ANC) en la lucha armada y se puso al frente de su rama militar, Umkhonto we Sizwe, la Lanza de la Nación. Tuvo que vencer para ello la resistencia de Albert Luthuli Yengwa y de Moses Kotano, los jefes del ANC de entonces, que se oponían al uso de la violencia por principio, mientras que para él era una cuestión táctica, supeditada a la obtención de ventajas políticas, y que podía modularse según las circunstancias.

«Siempre que la situación exigiera utilizar la no violencia la usaríamos; cuando la situación exigiera que nos alejaramos de la no violencia, lo haríamos», confesó a Stengel.

Hoy se estima que el recurso a las bombas fue un error descomunal. Segó un elevado número de vidas inocentes, alienó apoyos internacionales al ANC con el pretexto de que se había convertido en un grupo terrorista, endureció la represión del régimen, alargó su supervivencia al brindarle el apoyo de EE.UU. o el Reino Unido y condujo al movimiento contra el apartheid a un momento de estancamiento. Sin embargo, tiene utilidad recordar ese fracaso porque es la antesala del acierto que vino acto seguido. Fue la forja que hizo de Mandela uno de los contados héroes buenos del siglo XX, junto a Ghandi, Luther King o Sájarov.

De la misma forma que la no violencia no suponía para el prisionero 46664 un principio rígido que había que acatar a toda costa, tampoco se impuso como un dogma inamovible perseverar en la vía armada cuando vio que no funcionaba. Esto le permitió acudir a la mesa de negociaciones cuando estimó que se daban las condiciones para invertir la suerte del conflicto y, sobre todo, no le creó problemas a la hora de emprender el camino de la reconciliación, condicionando la obtención del perdón a cambio de la verdad.

Aplastar al opresor
Acabar con la supremacía blanca sin pasar por una guerra civil sirvió para mostrar las limitaciones del modelo insurreccional que hasta entonces había dominado la conducta de los llamados movimientos de liberación, sembrando el mundo de guerrillas con el argumento de que la única forma de conquistar el poder era aplastar al opresor.

No se puede perder de vista el contexto de la época, marcado por la lógica de la guerra fría, para apreciar la importancia de lo que significó ese giro. Junto a su vertiente antirracista, la revolución sudafricana tenía en sus orígenes un componente anticolonial que la emparentaba con las de Argelia, Kenia y las vecinas Rodesia, Angola o Mozambique, todas ellas con un acusado carácter bélico. Mandela era un hombre próximo al Partido Comunista, había hecho suyas algunas teorías marxistas y sentía veneración por las ideas militares de Mao.

Lo que desde fuera pareció una conversión a la no violencia, aunque desde dentro fuese el resultado de un cálculo pragmático, tuvo un efecto devastador para los movimientos armados en general. Los desacreditó, sembró dudas sobre su eficacia y los condenó a la marginalidad, si se exceptúan los focos de terror que fabrica el fundamentalismo islámico.

España / El desafío independentista
«Los estudiantes se creen lo que les han enseñado en el bachillerato»
J. O.. La Razón 8 Diciembre 2013

Unos y otros historiadores coinciden en que ha fallado la educación. Ésa es una de las causas fundamentales. Se ha divulgado una idea errónea del pasado. Y muchos sienten que durante las últimas décadas no se haya hecho nada para contrarrestar lo que todos sabían que estaba ocurriendo. José Antonio Escudero, catedrático de Historia del Derecho y Premio Nacional de Historia en dos ocasiones, afirma: «En esto hay una responsabilidad general de todos los políticos de los grandes partidos nacionales, tanto los de ahora como los de antes. Este fenómeno se puso de relieve hace años y comenzó con la transferencia de las competencias educativas. En Cataluña y el País Vasco estaban enseñado una historia deformada. Se sabía, pero por conveniencia y por comodidad no han hecho nada».

–¿Y cuáles son las consecuencias?

–Pues que ahora nos encontramos con un cuerpo social, la gente, al que le han enseñado ciertas ideas en el Bachillerato y que se las cree. Y se ha estado explotando de manera consciente por los independentistas. Se ha inculcado la idea de ser siempre víctima y se ha buscado un agresor, España. Se ha enseñado una historia tergiversada y se ha creado un sentimiento de que se ha aplastado a Cataluña. Estos señores afirman que la lengua catalana fue aplastada. Escudero hace hincapié en los puntos de partida que maneja el independentismo catalán y él los rebate. La Guerra de Sucesión no fue una guerra de España contra Cataluña, sino un conflicto internacional; el Decreto de Nueva Planta de 1716 «sólo determina que los pleitos de las audiencias se hicieran en castellano o latín. No se habla más que de eso. Las jurisdicciones inferiores pueden mantener el catalán y no se dice nada de la lengua en las relaciones comerciales, en la escuela ni en ningún otro punto. Lo que los independentistas no dicen es que una de las personas que desarrolló el Decreto de Nueva Planta se llamaba Ametller y era catalán. Tampoco señalan que Llatzer de Dou, canciller de la Universidad de Cervera, llamaba a Felipe V el Solón de Cataluña y, menos, que el espíritu uniformador de España en esa época venía dictado por Luis XIV, como revela su correspondencia con Felipe V y sus embajadores en Madrid. Ahora se lo achacan a Castilla. Los independentistas plantean la Guerra de Sucesión como una guerra de Castilla contra Cataluña. Eso es una falsedad. Además, ése fue un conflicto internacional».

España / El desafío independentista
Falsea que algo queda
Del mito galo a la «superioridad» de la raza aria, la manipulación histórica ha sido un arma poderosa para los políticos
SABINO ARANA. El fundador del PNV se apropió de las teorías científicas esgrimidas por los nazis para demostrar la superioridad aria en los escritos que sirvieron de base para el nacionalismo vasco
César Vidal. La Razón 8 Diciembre 2013

La Historia ha constituido desde la noche de los tiempos un instrumento privilegiado de manipulación política. Ya en la antigua Mesopotamia, Hammurabi se permitió representarse en la cima de la estela de piedra donde estaba inscrito su código recibiendo las leyes del propio dios Shamash. La Historia comenzaba con los monarcas apropiándose de los dioses. No sorprende por ello que, cuando Alejandro de Macedonia emprendió la conquista del imperio persa, afirmara que su padre no había sido Filipo de Macedonia sino un dios que se había acercado a su madre, Olimpia, en forma de serpiente.

Para sustentar la tesis, el audaz macedonio se encaminó al oasis de Asiut donde los sacerdotes de Amón lo reconocieron como verdadero hijo del dios principal del panteón egipcio. En adelante, Alejandro aparecería en las monedas con los dos cuernos de carnero de Amón. La estratagema tuvo éxito hasta el punto de que todavía en el mundo árabe a Alejandro se le sigue conociendo como «el de los dos cuernos».

Si, en ocasiones, la Historia ha sido manipulada a través del clero del tipo que sea, en otros se ha recurrido a episodios épicos. Uno de los más utilizados ha sido la guerra de Troya. Los griegos, emparentados, en realidad, con los arios que acabaron con los descendientes de Aquiles y Agamenón no dudaron en convertir a éstos en sus antepasados.

No menos significativo resulta que los romanos pretendieran estar ligados genealógicamente al troyano Eneas. Virgilio aprovecharía tal mito ahistórico para fortalecer la vocación imperial de Roma. No se trató de casos excepcionales. Durante la Edad Media española, se difundiría la narración de un Santiago que, en la batalla de Clavijo, había aparecido en el cielo convirtiéndose en el «matamoros» base de la consigna de «Santiago y cierra España».

Incluso se crearía un personaje –Bernardo del Carpio – que habría vencido a Roldán, el paladín de Carlomagno, en Roncesvalles. La narración del episodio por parte de la Chanson de Roland era pura propaganda política sin apenas contacto con la realidad histórica. Pero, en paralelo, la figura de Bernardo del Carpio –que entusiasmó, entre otros, a Cervantes– no había existido nunca y que sólo pretendía fortalecer el ánimo nacional frente a los enemigos franceses.

Serían esos mismos franceses los que también falsearían la Historia convirtiendo a los galos, derrotados por César, en antepasados emblemáticos, tanto que incluso los niños negros de las colonias francesas aprendían a leer en un libro que afirmaba en uno de sus textos: «Nuestros antepasados los galos...». El mito galo llegaría a ser tan fuerte que el general De Gaulle se valdría de él impulsando la creación de las historietas de Astérix, unos dibujos que, de entrada, negaban la realidad histórica, la de que «toda la Galia» hubiera quedado vencida por el genial romano.

En ocasiones, la manipulación histórica se ha presentado bajo pretensiones de ciencia. No deja de llamar la atención que, a inicios del siglo XX, un conocidísimo prehistoriador de Cataluña se permitiera defender la existencia de una supuesta raza catalana refiriéndose a la diferente configuración de los cráneos de la gente de la región comparados con los del resto de los españoles. El argumento –disparatado donde los hubiera– se convertiría en siniestramente célebre cuando Himmler, el Reichsführer de las SS, creara un departamento encargado de medir cabezas por toda Europa demostrando la superioridad de la raza aria y la perversión intrínseca de la judía. No sólo los nacional-socialistas se han valido de la raza.

A ella apelaría Sabino Arana, el fundador del PNV. Igualmente, las corrientes indigenistas en América arrancan de una manipulación histórica de envergadura, la de considerar que las distintas etnias indígenas formaban un todo conjunto frente a los europeos. La realidad es que las distintas culturas indígenas se enfrentaban entre sí y, en no pocas ocasiones, como cuando los tlaxcaltecas se sumaron a las fuerzas de Cortés, prefirieron aliarse con los recién llegados del otro lado del Atlántico a soportar el yugo de los grandes imperios precolombinos.

La Historia manipulada ideológicamente ha sumado no pocas veces a la mitología, la religión o la ciencia otros elementos como la simple negación de la realidad. Por ejemplo, el nacionalismo ucraniano – extraordinariamente mendaz– se ha construido sobre la base de negar su relación histórica con Rusia. Hasta qué punto tal afirmación resulta disparatada se desprende simplemente del hecho de que la primera Rusia fue la Rus de Kiev, es decir, aquella que tenía como capital la que ahora lo es de Ucrania. Por supuesto, ese nacionalismo ha pasado por borrar de la Historia a los autores rusos nacidos en Ucrania, como el genial Gógol. Sería deseable que la Historia fuera imparcial y aséptica, ateniéndose únicamente a los hechos y desvinculándose de maniobras políticas. Así es, ciertamente, en no pocas ocasiones. No es menos cierto que en otras constituye un poderoso elemento de manipulación.

Así se reinventa la historia

INDÍGENAS
La ideología indigenista arranca de una manipulación histórica al considerar que todas las tribus formaban un conjunto. La realidad es que se enfrentaban entre sí

SABINO ARANA
El fundador del PNV se apropió de las teorías científicas esgrimidas por los nazis para demostrar la superioridad aria en los escritos que sirvieron de base para el nacionalismo vasco

CHANSON DE ROLAND
Bernardo de Carpio, el español que venció al francés Roldán para entusiasmo de Cervantes, en realidad, nunca existió. Su invención fue otra manipulación de la historia

LOS GALOS
Contradiciendo a la historia, las historietas de Astérix hablan de los irreductubles galos y los quebraderos de cabeza que provocaban a César. Este mito galo fue aprovechado habilmente para sus fines por el general De Gaulle

Reforma local: el PSOE se encastilla en sus fortines
Editorial www.gaceta.es 8 Diciembre 2013

La irresponsabilidad del PSOE en su ejercicio de las labores de oposición está alcanzando tales niveles que es legítimo preguntarse si prefieren una España devastada a una España donde no gobiernen. La última medida demagógica e interesada, aunque esperable, ha consistido en sumarse a la campaña contra la Reforma Local organizada por la Comisión de Alcaldes, un organismo formado por regidores del PSOE, IU, CiU, ICV, CC, Compromís, CHA, independientes y por la Federación Española de Entidades Menores (FEEM) para crear un frente común contra la futura ley.

Mientras la atención de la mayor parte de los analistas políticos se ha centrado en la sangría impagable de las autonomías y su peso letal sobre el déficit al hablar del modelo territorial español, a menudo se pasa por alto un nivel más cercano al ciudadano y, desgraciadamente, responsable de buena parte de los casos de corrupción y despilfarro.

Si urgente y necesario es poner coto a los desmanes de las cabezas de ratón autonómicas, no lo es menos atajar el pandemónium de gasto e irracionalidad administrativa de los más de 8.000 municipios de nuestro modelo local. El Gobierno ha calculado que la reforma reportará un ahorro de 8.000 millones de euros hasta 2016. No es obligatorio creérselo, pero las cifras de gasto de los ayuntamientos son reales y aterradoras para un país con una carga de deuda pública como el nuestro. Sencillamente, no son asumibles.

Tampoco es difícil deducir qué interés tiene el partido socialista para aplicar esta nueva versión del cordón sanitario contra los populares, aparte de la errática estrategia de oponerse por sistema a todo lo que proponga el Gobierno, aunque esto le atraiga a los más cuestionables compañeros de viaje: poder. Presupuesto, si lo prefieren, que es el único modo de ejercer poder. A falta de ministerios en el Gobierno central, las autonomías proporcionan acceso a estos fondos –de ahí las todopoderosas baronías– y, además, los ayuntamientos.

Si hay un momento en que el PSOE podía haber demostrado que es todavía un partido con visión de Estado, es este; si hay un asunto en el que no debería haber grandes fallas ideológicas que unieran a los dos grandes partidos españoles, es la racionalización de la Administración local.

España no puede permitirse más cantones de Cartagena y una Administración de pesadilla que pone en peligro la unidad de mercado. Pero hace tiempo que el PSOE, con su deriva bucanera y antisistema, parece haber olvidado que es el partido que más tiempo ha gobernado la España democrática y que no es una filial del 15-M.

¿Por qué tiene usted cabreada a tanta gente, señor Rajoy?
Señor Rajoy: está usted demostrando una asombrosa capacidad para ofender y enfadar a casi todos los estamentos sociales, desde la derecha extrema a la extrema izquierda, pasando por el centro. Por tener, tiene cabreados incluso a montones de militantes, no digamos ya votantes, del PP. ¿Cómo lo consigue? Empieza a ser un prodigio, porque cabrear a todo el mundo no es fácil.
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 8 Diciembre 2013

Estimado presidente: sé muy bien que dirigirle esta carta abierta es una pretensión gratuita, tal vez incluso una osadía carente de sentido, entre otras cosas porque no parece que sea usted muy partidario de guiar su conducta por lo que dicen los medios. Le aclaro que Vozpópuli, a pesar de ser crítico con muchas de sus políticas, es un diario con vocación liberal que poco o nada tiene que ver con la plétora de medios que desde la izquierda le atizan a conciencia por razones ideológicas las más de las veces, aclaración que viene al caso porque nosotros no deseamos que usted se estrelle, no queremos que su Gobierno fracase, más bien lo contrario, entre otras cosas porque tememos que de esa circunstancia solo podrían derivarse males mayores para los españoles. En todo caso, y aunque usted no lea esta misiva, tengo la secreta esperanza de alguno de sus aides de chambre lo haga y que, en un rasgo de valor, le haga a usted una seña que le invite a leerla y a reflexionar un par de minutos.

Viene a cuento esta declaración de las últimas iniciativas legislativas emprendidas por su Gobierno y de las cuitas que, muy en privado y en forma casi de confesión espantada, formulaba esta semana un alto cargo de su partido. Relataba el hombre el espectáculo de esas sesiones parlamentarias tanto en el Congreso como en el Senado en las que los distintos grupos van desfilando por la tribuna para oponerse a las iniciativas del Ejecutivo, “y a menudo produce escalofríos ver el grado de rechazo, de violencia verbal contra el Partido Popular que aflora en casi todos los portavoces… Algo estamos haciendo mal, porque no es normal la animadversión, la oposición frontal, incluso el simple odio que destilan muchas de tales voces. Es algo que me preocupa mucho, porque eso ocurre también en la mayoría de los parlamentos autonómicos. Algo tendríamos que hacer al respecto”.

De eso se trata. De saber por qué el PP se está convirtiendo en partido profundamente antipático, incluso odioso, para muchos españoles. Señor Rajoy: está usted demostrando una asombrosa capacidad para ofender y enfadar a casi todos los estamentos sociales, desde la derecha extrema a la extrema izquierda, pasando por el centro. Por tener, tiene cabreados incluso a los suyos, a montones de militantes, no digamos ya votantes, del PP. ¿Cómo lo consigue? Empieza a ser casi un misterio o tal vez un prodigio, porque cabrear a todo el mundo a la vez no es empeño fácil. Partía usted con la ventaja de haberse situado, seguramente sin proponérselo, en ese centro derecha templado donde dicen que se ganan las elecciones, fundamentalmente porque José María Aznar, su soberbio mentor, se había colocado motu proprio en la derecha más recalcitrante, lo cual le hacía a usted un favor impagable. Pues bien, usted se está encargando de destruir esa idea, parece usted empeñado en recordarnos la peor derecha de un país con muy malos recuerdos de malas derechas. ¿Qué está usted haciendo con España?, señor Rajoy.

Partía con la ventaja de haberse situado en ese centro derecha templado donde se ganan elecciones
Actúa usted como aquellos tiranos acostumbrados a vivir escondidos tras las murallas de la fortaleza, mientras dejan a sus alcaides, sus ministros, el collar suelto para que allá y acullá le formen diarios incendios con iniciativas insensatas, declaraciones intempestivas, a veces ridículas, a menudo salidas de madre, desnortadas, ofensivas… Su ministro del Interior es en este capítulo un campeón. El lunes de esta semana supimos que Fernández Díaz optaba por dejar en sus puestos a los policías que ocupan las jefaturas de cuatro de las brigadas de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) que investiga los casos Gürtel y Bárcenas, después de haber amagado con su relevo a través de un concurso de “libre designación”, es decir, de designación a dedo. Don Jorge no se atreve, es un pusilánime, un meapilas quejumbroso, un conservador a ultranza, miembro de esa derecha religiosa para quien el mantenimiento del orden es un fin en sí mismo innegociable. Un tipo que no podría formar parte de ningún Gobierno de la derecha moderna en un país desarrollado.

Una inaceptable Ley de Seguridad Ciudadana
Tipos como él le están haciendo a usted y a su partido mucho daño, porque le posicionan en el espectro de una derecha reaccionaria alejada del más leve conato de liberalidad. Quienes, desde posiciones liberales, asumimos la idea del pacto social y aceptamos sacrificar una parte muy significativa de nuestra libertad en aras del procomún, convencidos de que de ese compromiso nace la ley que hace posible las libertades, no estamos dispuestos a que, Ley de Seguridad Ciudadana mediante, se nos sancione con 30.000 euros por insultar a un policía, ni que un segurata nos pueda detener en un centro comercial y pedirnos la documentación, ni que un municipal nos imponga 1.000 euros de multa por llevar un cigarrillo de hachís en el bolsillo. Y eso sí que no.

Gran parte de ese malestar ciudadano, de ese resquemor que aflora contra ustedes por las cuatro esquinas, tiene ver con muchas de sus políticas, casi todas alejadas de ese centro templado donde se generan los afectos. Está usted empeñado, por ejemplo, en evitar que la Infanta Cristina no solo sea juzgada, sino siquiera imputada, y para lograrlo, con todas las evidencias en contra, está usted forzando la ley de tal forma que causa rubor ajeno, y ha puesto usted a la Fiscalía y a la Agencia Tributaria a trabajar de consuno en ese objetivo, lo cual que la Justica, que ha quedado literalmente para el arrastre tras la llegada al ministerio del ramo de Alberto Ruiz-Gallardón, se arrastra hoy en España cual puta ultrajada a la puerta de un cuartel de reclutas.

Es sin duda la corrupción, y el tratamiento que a la corrupción está dando su Gobierno, el talón de Aquiles del PP y el suyo propio. Y es que, con ser importante la gestión de la economía, tal vez más importante aún era sanar la crisis de valores que trasluce la corrupción galopante que sufre España desde hace tiempo. Para eso estaba usted investido por una mayoría absoluta, en eso confiaban también millones de españoles, pero usted no ha hecho nada o muy poco, excepto declaración de buenas intenciones vacías de contenido, porque usted está cogido por los cataplines de un escándalo como el de su tesorero, y ahí está a la defensiva, de modo que en lugar de haber salido a cara descubierta a pedir perdón a los ciudadanos, usted se ha refugiado en la mentira, y es tan obvio que ni usted ni los suyos han dicho la verdad, es tan evidente, que la inmensa mayoría de la población ha asumido ya el caso como una tragedia más de las que tiene que soportar este infortunado país de golfos acostumbrados a vivir por encima de sus posibilidades. El esperpento llega a tal punto que su partido acaba de aprobar una Ley de Transparencia en el Parlamento al mismo tiempo que el juez Ruz trata de abrirse paso trabajosamente y sin su ayuda entre los manglares de un escándalo sin paliativos como el de Luis Bárcenas.

Tiene usted que salir de la madriguera y hacer política, señor Rajoy, política a lo grande

Y este comportamiento suyo envilece la política y cabrea a los ciudadanos, de modo que al final los españoles tienen dos alternativas: o volver la cara y mirar hacia otro lado y refugiarse en la melancolía (en el “Déjame, Arnesto, déjame que llore/los fieros males de mi patria,/ deja que su ruina y perdición lamente” del maestro Jovellanos), o apuntarles con el dedo y llamarles chorizos… De lo cual se infiere un malestar que todo lo contamina, una atmósfera irrespirable, un desasosiego general, una protesta sorda como los ecos lejanos de un mar embravecido, y eso se palpa en la calle y el Parlamento, y eso lo sufren sus propios diputados y senadores –y así lo manifiestan en privado-, que a veces sienten ese escalofrío cercano al miedo cuando asisten al desfile de oradores destilando rabia cercana al odio contra su Partido.

Hacer política a lo grande
¿Todo lo hace mal el PP? Pues seguramente no, pero parece que sí, que todo es un desastre o casi, y esa es una percepción que probablemente tiene que ver con la ausencia de un guion, de un discurso, de un relato coherente con la acción del Ejecutivo, lo cual enlaza directamente con una acusación ya otras veces formulada en esta columna y que es resultado de la ausencia de un modelo de Estado, de un diseño de país. ¿Qué quiere la derecha política hacer con España? Salir del atolladero económico sí, eso está muy bien, pero, ¿para hacer qué después? ¿Para construir qué tipo de país? Y ahí no hay nada, ahí hay un vacío infinito, un agujero negro, porque se trata de trampear, de salvar el match ball de hoy y mañana Dios dirá, pero nadie preocupado, nadie empeñado en alumbrar las puertas del futuro, cómo vamos a crear un país capaz de crecer de forma estable sin abordar al tiempo la solución de la crisis política que sufrimos, sin hincarle el diente a problemas como la corrupción, sin esa reforma Constitucional que tantos españoles conscientes están reclamando como fundamental para cambiar de rumbo.

Tiene usted que salir de la madriguera y hacer política, señor Rajoy, política a lo grande, ese tipo de política que conforta los espíritus, les aquieta y prepara para luchar por un futuro mejor. Está usted al frente del único partido de dimensión nacional que resta en España –a la espera de ver en qué queda la aventura de Rosa Díaz y de Albert Rivera- y eso le confiere un tipo de obligaciones inmateriales que podríamos enumerar como la necesidad de acercar, soldar, tender puentes; la obligación de unir a los españoles, rebajar tensiones, favorecer la convivencia y todo lo demás, en lugar de romper y separar. Cualquier cosa menos crispar, menos cabrear. Lo he dicho muchas veces, la derecha española está condenada a ser reformista o a no ser. Tiene usted un país espléndido en sus manos, un país de muy buena gente. A pesar de los sacrificios, a pesar de lo mal que lo están pasando tantos con tan poco, el país disfruta de una envidiable paz social, y las mareas, de cualquier color, que con frecuencia surcan las calles de Madrid en domingo son apenas el reflejo lógico de la dureza de la situación presente. Señor Rajoy: póngase usted a la cabeza de la manifestación de la concordia. España se lo agradecerá.

El estado marioneta
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com

La escabechina desatada en la Agencia Tributaria por el ministro del ramo está causando la lógica alarma en la ciudadanía y la natural indignación entre los funcionarios de este esencial organismo del Estado. Este inquietante episodio forma parte del mismo paisaje dibujado por el reparto por cuotas de partido de los vocales del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional o por el escandaloso intervencionismo de los gobiernos autonómicos en sus televisiones públicas, por citar dos ejemplos notorios, aunque podemos encontrar muchos otros, de sometimiento de distintos poderes a las cúpulas de las principales fuerzas parlamentarias.

Un principio esencial del constitucionalismo liberal por el que se rigen o deberían regirse las sociedades abiertas es el de la vigilancia mutua y los contrapesos entre las distintas instancias, ejecutiva, legislativa y judicial, además por supuesto de la existencia de una prensa no mediatizada por el gobierno. Todas estas condiciones fallan lamentablemente en España treinta y cinco años después de la aprobación de la vigente Norma Fundamental. El Parlamento es un conjunto lanar de empleados de los jefes de partido, los altos estratos de la judicatura ventean ávidamente el aire que sopla desde las calles Génova y Ferraz en vistas a futuras promociones y prebendas y no pocos medios de comunicación escriben o emiten al dictado de pródigos amos que distribuyen o niegan, en función del grado de servidumbre, frecuencias y subvenciones.

Pero como complemento no menor de la indispensable separación de los tres poderes clásicos y de la presencia de una prensa libre, no hay que olvidar otro elemento crucial para la protección de los ciudadanos ante eventuales abusos de sus gobernantes. Me refiero, obviamente, a una Administración profesional, competente, políticamente neutral y articulada sobre el mérito, la experiencia, la honradez y la capacidad. Por desgracia, también este pilar del Estado constitucional y democrático flaquea tristemente en nuestro país. Al igual que los diputados deberían responder ante sus votantes y no ante el cacique de turno y los jueces tendrían que ceñirse a aplicar la ley sin bailarle el agua a ningún ministro o miembro de la realeza, todos los cargos de la Administración estatal, autonómica o local, hasta el nivel de director general incluido, habrían de ejercer sus cometidos de acuerdo con las saludables prescripciones de la jerarquía y la obediencia a sus superiores, pero dentro del respeto absoluto a las normas y procedimientos reglamentaria y legalmente establecidos, al abrigo de coacciones o premios procedentes de actores políticos.

La exposición de los funcionarios a las presiones y las arbitrariedades del gobierno del momento debilitan considerablemente el servicio público y representa una fragilidad más, y no precisamente marginal, de nuestro sistema institucional. Celebremos, pues, el trigésimo quinto aniversario de la Constitución de 1978, sin dejar de pensar en su ineludible reforma para que los españoles puedan vivir en el seno de un Estado fuerte y eficiente sin ser castigados todos los días por el lamentable espectáculo de los espasmódicos vaivenes de un Estado marioneta.


¿España contra Cataluña?
Toni Bolaño CG

Estamos de suerte. Esta semana el irredento soberanismo retozará como nunca en el improperio, la mentira y la zafiedad. Nos reescribirá la historia para agitar los sentimientos más bajos. Nos contarán que durante 300 años Cataluña ha sido víctima de España, cuál una colonia más de ese imperialismo español que ciertamente no veía más allá de la montura de sus gafas.

Con el apoyo mediático necesario, el congreso España contra Cataluña abrirá sus puertas para contarnos que la Guerra de Sucesión fue una guerra por las libertades. Nos dirán que el archiduque Carlos era un príncipe demócrata y cuasi republicano, cuando su dinastía no fue más centralista y absolutista que la de los Borbones. Era lo que se llevaba en la época.

Nos ocultarán que los catalanes se manifestaron en Barcelona en 1820 gritando: "Viva la Constitución", en defensa de las libertades cantando por las calles el Himno de Riego, un general que unos meses antes se había sublevado contra los conservadores. No dirán ni una palabra de que los catalanes se sumaron a los carlistas para evitar que los liberales gobernaran España. Tomaron partido, ni más ni menos, por la España negra.

España contra Cataluña es el condimento necesario para azuzar la polémica sobre la consulta soberanista

Menos se detendrán en contarnos cómo la burguesía catalana -sobre todo la textil- pactaba con España un reparto de los mercados que les reportaba pingües beneficios. Pasarán por alto la Semana Trágica que fue, ni más ni menos, una revolución social española y que ponía en cuestión el orden establecido. Tanto el de Madrid como el de Barcelona. Un orden que se alió para masacrar a las clases populares hartas de explotación laboral, social y vital. Y acabarán por explicarnos que la Guerra Civil fue una lucha de los catalanes contra la colonización española obviando la lucha real entre las dos Españas.

España contra Cataluña es el condimento necesario para azuzar la polémica sobre la consulta soberanista. Decía hace unos días el consejero de la Presidencia, Francesc Homs, que si no hay acuerdo se haría un ridículo meteórico. Ya estamos en el ridículo. Si después de tanto tira y afloja se tiene que apurar el tiempo hasta que suene la campana para conseguir el consenso es todo un fracaso. Un fracaso que se sustenta en la mentira que el soberanismo ha vendido como una entelequia, como una solución de futuro. Pero la entelequia se cae como un castillo de naipes. Sólo sobrevive en los sentimientos pero no tiene nada que ver con la realidad. El soberanismo siempre ha tenido tendencias suicidas, y estamos a punto de su consumación.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, escribe un artículo en el que defiende su pregunta sobre la independencia y se plantea de lo que estamos hablando exactamente. Ciertamente, sobre la independencia. Tiene claro su objetivo. Sin embargo, el camino de Mas y los suyos -incluidos sus aliados de ICV-EUiA, y del PSC hasta hace cuatro días- se ha construido sobre veleidades nacionales que simplemente no existen.

Esta es la razón de ser del supuesto congreso España contra Cataluña. Intentar vestir estas veleidades. Dirán que se están cargando de razones y armarán de -supuestos- argumentos al pensamiento único. Un pensamiento sectario que descalifica al que se opone y que le pone el sanbenito de "anticatalán". La realidad es que el rey está desnudo. Los que todavía piensan no aceptarán ese hueso. Que se lo den a otro perro.


El 95% quiere un reforma constitucional
La mayoría de los españoles quiere que el Estado recupere competencias de las CCAA
Casi seis de cada diez quieren que continúe el café para todos, mientras que el resto prefiere ahondar en la asimetría regional.
Libertad Digital  8 Diciembre 2013

Una abrumadora mayoría de los ciudadanos españoles, un 95 por ciento, sería partidario de hacer algún tipo de reforma en la Constitución española treinta y cinco años después de su aprobación, según una encuesta que publica este domingo el diario El País. Exactamente, el 52 por ciento querría que esos cambios fueran profundos, mientras que otro 42 por ciento sería partidario de hacer cambios puntuales en la Carta Magna.

Entre los motivos que hacen que los españoles deseen estos cambios constitucionales se encuentran la crisis institucional ligada a la crisis económica y la corrupción, las tensiones territoriales y el hecho de que cada vez más ciudadanos españoles hayan nacido o fueran menores de edad en la fecha en la que fue aprobada.

Entre los datos más llamativos de la encuesta del diario de Prisa, destaca que son más los ciudadanos que son partidarios de que el Estado recupere competencias transferidas hoy en día a las comunidades autónomas que los que son partidarios de justo lo contrario, que el Estado siga transfiriendo nuevas competencias a los gobiernos regionales. Los primeros representan el 45 por ciento de los encuestados, mientras que los segundos alcanzan el 35 por ciento.

Asimismo, entre los encuestados, un 57 por cierto prefiere que se continúe la política del café para todos, extendiendo la autonomía a todas las regiones, mientras que un 39 por ciento apuesta por aumentar la singularidad específica de algunas regiones en detrimento de las competencias de otras comunidades autónomas.

La encuesta de El País también aporta algunos datos autonómicos, aunque muy escasos. Sobre Cataluña, dice que el 72 por ciento de los catalanes son partidarios de que la Carta Magna se reforme en profundidad y el 82 por ciento es partidario de reformar el sistema de organización del Estado autonómico. Además, en esta región aumenta hasta el 64 por ciento de los encuestados los que creen que el Estado debe seguir transfiriendo competencias a las regiones.

FINANCIACIÓN SINDICAL El IFES gestionó 47,5 millones de euros en subvenciones el año pasado
El universo empresarial de UGT
El sindicato participa en 35 empresas, otras 46 están gestionadas por dirigentes históricos
Tiene dos fundaciones que llegan a manejar más de 54 millones en subvenciones en un año
MARISA RECUERO Madrid El Mundo 8 Diciembre 2013

La UGT dejó de ser un simple sindicato para convertirse en un grupo empresarial capaz de mover 106 millones de euros anuales y gestionar 81 empresas y dos fundaciones de las que dependen más de 1.600 trabajadores. No son meros números, son datos objetivos que constan en el Registro Mercantil y corroboran las cuentas de las propias sociedades. Sólo las dos fundaciones, consideradas sin ánimo de lucro, recibieron en un año más de 54 millones de euros en subvenciones. Se trata del Instituto para la Formación y Estudios Sociales (IFES) y del Instituto Sindical de Cooperación al Desarrollo (ISCOD).

Dicho de otra manera, y tomando como referencia las definiciones que la Real Academia Española da a las palabras sindicato y empresa, la UGT que preside Cándido Méndez dejó de ser sólo «una asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros» para erigirse en «una organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos» que ingresa dinero y tiene a sus responsables sindicales como miembros de los órganos de administración de sus empresas.

Los datos revelan que casi la mitad de esas sociedades -en concreto, 35- están participadas de manera directa por UGT y gestionadas por dirigentes de sus federaciones. Las 46 restantes no tienen participación directa del sindicato, pero están controladas por responsables del mismo. En los órganos de las empresas consultadas hay miembros de la Comisión Ejecutiva Confederal; dirigentes de la UGT de Madrid y de Andalucía; miembros de las cúpulas de las federaciones de Servicios Públicos (FSP-UGT), la de Servicios (FeS-UGT) y la de Trabajadores para la Enseñanza (FETE-UGT); así como veteranos dirigentes sindicales de las unidades territoriales de la organización.

El tesorero del sindicato, Antonio Retamino Megías; el secretario de Organización de Méndez, José Javier Cubillo; su secretaria de Igualdad, Almudena Fontecha; y los secretarios generales de la FSP-UGT y la FeS-UGT, Julio Lacuerda Castelló y José Miguel Villa Antoñana, respectivamente, forman parte de los órganos de administración de empresas del sindicato.
47,5 millones de euros en subvenciones

UGT es dueña en un 100% del instituto IFES, que gestionó 47,5 millones de euros en subvenciones el año pasado, y del ISCOD, que ingresó 6,9 millones en un año, atendiendo a las últimas cuentas disponibles de 2011. Es más, es accionista mayoritaria de cuatro empresas dedicadas a la edición de libros, el comercio de materias primas agrícolas, actividades jurídicas y la promoción inmobiliaria.

En concreto, se trata de Publicaciones Unión -dirigida por Antonio Retamino-, Servicios UGT Madrid, Soralpe i Mas P Asociados y Proyectos Inmobiliarios Novasur, respectivamente. Precisamente, estas dos últimas -la primera es la matriz y la segunda, la filial- son gestionadas por el ya ex secretario general de UGT-Andalucía, Francisco Fernández Sevilla, que consiguió que Soralpe facturara 1,7 millones de euros en 2011.
División geográfica de las empresas

A través de sus direcciones territoriales y federaciones, el sindicato es también propietario en un 100% de otras 16 empresas. La UGT de Madrid es accionista mayoritario de Masercisa, una sociedad que gestiona cursos de formación y que llegó a facturar 2,8 millones en 2011. La UGT de Valencia es dueña de la empresa de publicidad Recolzament Integrat a la Gestio y de la inmobiliaria Habitat de Qualitat.

La UGT de Castilla-La Mancha participa en un 100% en Insercastisman, centrada en el comercio al por menor de muebles, y la publicista Revuelta Creativa, de la que depende una filial de promoción inmobiliaria llamada Educable Innovación y Desarrollo. La UGT de Aragón tiene una empresa de servicios financieros y contables, Unión Aragonesa de Servicios, y la territorial de Baleares es dueña de otra inmobiliaria.

Hubo empresas que facturaron hasta 8,5 millones en plena crisis
A este listado se suma Foro de Formación y Ediciones, propiedad en un 100% de la FSP-UGT y accionista mayoritario de cinco filiales autonómicas. Esta empresa llegó a facturar 8,5 millones hace dos años, en plena crisis económica. Es más, la federación en cuestión es también propietaria de FES Gestión, una sociedad de actividades jurídicas dirigida por la cúpula de la FeS, que controla también el grupo Fondo de Promoción y Desarrollo Profesional. FeS-UGT es accionista en un 70% de la división de formación de esta sociedad y de un 30% de su filial de alquiler de inmuebles Fondo de Promoción y Desarrollo Profesional Activos.

El paquete de empresas participadas directamente por el sindicato lo completa Formación de Investigación y Desarrollo de Enseñanza, una editora de libros propiedad de FETE Servicios y Consulting, participada, a su vez, en un 100%, por la ETE-UGT que dirige Carlos López Cortiñas.

En plena crisis, hubo empresas que llegaron a facturar en un año entre un millón y esos 8,5 millones que registró Foro de Formación y Ediciones. Es más, entre las sociedades vinculadas de manera indirecta al sindicato, algunas llegaron a registrar ingresos que superaron los cinco millones de euros.

En concreto, éste fue el caso de Gallega de Papel, participada en un 50% por Teresa Rodríguez Beltrán, miembro del patronato del IFES, secretaria de Formación de UGT en La Rioja y apoderada, a su vez, de una empresa de alquiler de bienes inmuebles (Humanis Servicios Inmobiliarios) que ingresó el año pasado 1,04 millones de euros.

Los líderes sindicales y sus empresas
En torno a 15 personas vinculadas con el sindicato se convirtieron en empresarios independientes, creando su propia empresa. El secretario de Administración y Finanzas de FSP-UGT, Manuel Mora Moreno, es miembro de los órganos de administración de una sociedad dedicada al asesoramiento de la gestión empresarial y otra al comercio. Iniciativa y Evaluación y Artensa Central de Compras, respectivamente. Es más, su socio es apoderado de una empresa dedicada al comercio al por menor de juguetes, vestidos, calzado, artículos de deporte, armas y cartuchería.

El que fuera secretario general de UGT Navarra durante 15 años, Miguel Ángel Ancízar Eceolaza, es ahora el dueño del grupo inmobiliario Gestión Social e Inversiones, con ocho filiales inmobiliarias. La matriz facturó 1,47 millones en 2012 y una de sus filiales llegó a ingresar 1,4 millones en el mismo año, según las últimas cuentas depositadas en el Registro Mercantil.

Rafael Recuenco, que fuera secretario general de UGT Valencia durante 20 años, es el presidente de la Fundación Pascual Tomás de la Comunidad Valenciana, dedicada a la enseñanza y que facturó un millón de euros en 2012.

Federico Fresneda, veterano de UGT de Andalucía en el equipo del anterior secretario general del sindicato en esta comunidad autónoma, Manuel Pastrana, forma parte de la inmobiliaria Geosur, y Emilio Hernández Rabanaque, sindicalista en MCA hasta 2009, es administrador de Painso 21, la matriz de un grupo de empresas inmobiliarias y de asesoramiento.

La sorpresa la da Antonio Deusa Pedrazo, secretario general de la Federación de Industrias y Trabajadores Agrarios (Fitag), que es el presidente de una empresa dedicada a hacer estudios de mercado que está siendo investigada por su presunta relación con el caso de los ERE de Andalucía. Se llama Temiqui y dispone de cuatro trabajadores, según consta en el Registro. En 2012 facturó 877.525 euros.

El entramado de empresas descrito cuestiona las distintas vías de financiación de las que dispone UGT. Es más, corrobora que detrás del sindicato se ha levantado un grupo de empresas relacionadas con la organización de manera directa e indirecta.

TAMBIÉN EXISTE
La Derecha, aunque derrocha su herencia, también existe
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 8 Diciembre 2013

En España hay mucha gente de Derecha. Aunque ningún partido asume la etiqueta, son varios los que quieren esos votos. El malestar, que viene de más lejos que Parot, es muy peligroso. Decir malestar, a estas alturas de legislatura, es poco decir. La salida del amigo Santiago Abascal del PP, mientras María Dolores de Cospedal habla abiertamente de "división", no es para tomársela a broma. Que todas las asociaciones de víctimas del terror –las no oficiosas, quiero decir- se manifiesten contra las políticas públicas de los mismos políticos que hace muy poco se manifestaban a su lado, y que lo hagan el día de San Nicolás, ahora de la constitución, tampoco es una broma. No, no es una broma. Hay, como decía el otro día Francisco José Contreras, una Derecha huérfana… huérfana al menos en España. Hay muchos parecidos entre la política de España y la de Italia. También muchas diferencias. La mayor, probablemente, es que pese a la Constitución en Italia hay una fuerte Derecha en la sociedad nunca del todo ausente de la política. Mientras que en la política española la misma palabra Derecha es tabú.

Tras las últimas elecciones municipales, el centroderecha conserva una gran presencia pero pierde poder, y parece dividirse en sus componentes originarios mientras se debaten las razones. Marcello Veneziani dice en Il Giornale que "la derecha en Italia no se ha desvanecido por haber sido demasiado de derechas; no ha caído por proyectos, empresas, ideas movidas por los propios colores. Ha muerto de anemia, se ha agotado porque ha querido ser neutra e incolora, …; no ha muerto de extremismo, sino de mediocridad". Y el análisis sobre la derrota de aquel centroderecha no puede despreciarse para entender las encuestas de nuestro centro y la ausencia de nuestra derecha.

En Italia, los políticos de la derecha han naufragado por miedo: "A veces se han adecuado a la caricatura del berlusconismo, mimetizándose con su lado peor. A veces han buscado complacer a la izquierda, a los poderes que cuentan, a los medios hostiles... Temían perder el puesto, pero lo han perdido igual, y además sin gloria y sin la gratitud de sus electores de siempre". Es decir, el votante con valores de Derecha (de una de las varias derechas) se ha sentido olvidado, traicionado, no suficientemente atendido, mientras que no se han conservado ni atraído otros votantes políticamente "correctos". Moraleja italiana: si uno se limita a hacer una política gris por miedo a ser uno mismo y a complacer a sus mejores votantes puede quedarse sin hacer lo que prometió y sin por ello conservar el poder.

Todas las derechas coinciden por ejemplo en ser contrarias al aborto. ¿Qué harán si el partido al que dieron sus votos conserva una ley de plazos y como mucho quizá ponga una ley como la del 85? Todas las derechas quieren una enseñanza de calidad, y casi todas en la línea de Wert, ¿qué harán si ni todo su partido apoya al ministro? O si en Navarra con dinero público en centros públicos se lleva la enseñanza del vascuence donde nunca se habló o hace siglos y a quien nunca lo habló, como vehículo además de una ideología nacionalista, colectivista y materialista, ¿es "navarrista", es españolista, es conservador, es "de derechas"? Porque se ha hecho con votos´ de derechas´, oh qué vergüenza.

Con una retórica de Centro, con unas políticas impuestas por la Izquierda, la Derecha interesa sólo por sus votos, que en España se dan por seguros y gratis. En Italia se debate cómo no derrochar ese variado capital político, social y cultural, que nunca desapareció del todo. En España hay que empezar por recordar que la Derecha también existe. Que nunca ha dejado de existir, por mucho miedo que de. Y que sin ella hay cosas que no se pueden hacer, por muy incorrecto que parezca. Es lo que está explicando en La Tribuna del País Vasco el amigo Fernando Vaquero, "Disidente por obligación".



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CARTA DEL DIRECTOR
Por un 'partido antipartidos' (Segunda parte: Cómo debería organizarse)
PEDRO J. RAMÍREZ El Mundo 8 Diciembre 2013

Que no quepa el equívoco. Pese a que los cuadros del PP y el PSOE se nos aparezcan de manera creciente como esas «dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el Presupuesto» que describía Galdós, quede claro desde estas primeras líneas que mi propuesta no es acabar con los partidos sino regenerarlos, obligándoles a cumplir de forma democrática su función constitucional. O sea, que si la Acción Española de Calvo Sotelo concurría a las elecciones de la República bajo el lema Votemos para poder dejar de votar algún día, este partido antipartidos que ahora necesitamos debería proclamar exactamente lo contrario: Votemos para no correr el riesgo de dejar de hacerlo nunca.

Retomemos ahora la cuestión donde la dejamos el pasado domingo: en ese clarividente artículo de El Censor, que en abril de 1822 postulaba la creación de un «partido regulador» que respondiera a «la necesidad de formar un centro que, impasible como la ley y extranjero a los dos partidos, se agregue constantemente al que en cada discusión tenga la razón de su parte».

Fuera Miñano, Lista o Hermosilla quien lo escribiera, su anónimo autor tenía muy presente que estaba apelando a una rara especie de «ilustrados y juiciosos patriotas», porque «para resistir con igual valor a los halagos del poder y a la seducción de la vanidad, para defender el trono con una mano y la libertad con la otra, para oponerse con denuedo al furor de los demagogos y a la bajeza de los cortesanos, para tener con mano firme la balanza en el fiel de la libertad sin permitir que jamás se incline ni a la opresión ni a la licencia, es necesario tener toda la virtud de los Arístides y Catones».

La actual casta política ha reabierto la misma brecha que se empeño en cerrar Suárez
Siguiendo el curso de nuestra Historia contemporánea de la mano del ya mencionado estudio de Fernández Sarasola sobre la participación política en España, esa concepción del «partido antipartidos» reaparece sucesivamente, con distintos matices y dispar fortuna, en la Unión Nacional del Marqués de Viluma; en la Unión Liberal promovida por Pacheco y Borrego que gobernó durante el Bienio Progresista y el final de la era isabelina; en el partido «antipolítico» que promovía Joaquín Costa, también con el nombre de Unión Nacional, para restañar las heridas del Desastre; en el «partido educador» con el que Ortega proponía hacer frente a la «vieja política», a la «corrupción organizada» y, atención, a la «peligrosa disciplina de partido» que veía entrelazadas en la Restauración; en el Partido Centrista, liderado por Portela Valladares con el respaldo e inspiración de Alcalá Zamora, en el 36; y, ya durante la democracia actual, en la UCD, el Partido Reformista, el CDS, UPyD y Ciutadans.

A estos dos últimos, únicas piezas que están hoy sobre el tablero, Sarasola los presenta como ejemplos de lo que denomina «partido de intelectuales» o «partido no profesional», recordando el papel que en un caso tuvieron en su origen los Savater y Vargas Llosa, y en el otro los Azúa, Boadella, Carreras o Espada. También subraya su «ambigua declaración de progresismo que permitiría aglutinar a afiliados con ideología dispar» y su carácter de «híbrido entre partido político y agrupación de electores».

Siendo todo esto cierto, podría parecer una paradoja que al frente de UPyD aparezca como líder indiscutible e incombustible una persona como Rosa Díez, a la que nadie dejaría de catalogar como «profesional» de la política. Pero exactamente eso es lo que pasó también con Adolfo Suárez, cuando se constató que la reforma pacífica de un régimen político -como alternativa a los cruentos cambios revolucionarios- sólo podía hacerla desde dentro alguien que hubiera sido cocinero antes que fraile.

Ahora se necesita algo parecido a lo que ocurrió al inicio de la Transición porque, aunque la actual casta política tenga una legitimidad de origen que no tenía la franquista, su endogamia egoísta, su insaciable ocupación de todas las esferas de la sociedad, su utilitarismo tecnocrático, su retórica vacua, su insensibilidad ante las grandes cuestiones nacionales, su cortoplacismo miope, su tolerancia con la corrupción, su control de la Justicia y de las demás instituciones diseñadas para controlarla a ella, y su manipulación de los medios de comunicación y hasta de la Agencia Tributaria, ha reabierto la misma brecha entre la España oficial y la España real que se empeñó en cerrar Adolfo Suárez.

El dilema de Rosa Díez es convertir o no a UPyD en una gran coalición electoral a lo UCD
Está claro que Rosa Díez va a suceder a Suárez en esa galería de dirigentes que, con gran mérito y coraje, trataron de abrir camino a una Tercera España tan alejada de los extremos como inconformista con las rutinas generadas por las madrastras de los intereses creados. Queda la duda de a cuál de los dos Suárez que conocemos emulará. Si hasta ahora ha recogido con acierto el testigo del Suárez que fundó y lideró el CDS, un partido chiquito que no llegó a ser matón, la gravedad de la situación límite a la que estamos llegando requiere que alguien -y hoy por hoy sólo puede hacerlo ella- sea capaz de actuar como el Suárez que promovió la UCD.

Ese es el dilema de Rosa Díez de cara a las próximas elecciones generales: limitarse a encabezar una fuerza compacta como UPyD, con una expectativa de duplicar o triplicar sus actuales cinco escaños y el riesgo de que, hasta en la mejor de las hipótesis, su papel sea tan parlamentariamente irrelevante como lo fue el del CDS; o convertirse en la promotora de una gran coalición electoral a lo UCD en la que, además de Ciutadans-Ciudadanos, quepan otros grupos centristas ya existentes, muchas de las personas decepcionadas con cuanto está ocurriendo en el PP y en el PSOE, y personalidades independientes a las que la partitocracia ha mantenido alejadas hasta hoy de la política.

Por ahora UPyD está en la estrategia de lo que a mediados del XIX se llamaba el partido balancín. De lo que se trataría es de erigirse en balanza, es decir, en alternativa, tal y como acordó su reciente congreso. El descontento con un bipartidismo tan capaz de concertar la excarcelación de los peores asesinos como incapaz de plantar cara a los separatistas; podar el Estado y crear empleo de forma significativa está llegando a tales extremos, que sería imposible ponerle techo a una iniciativa así, abierta e integradora. Además, como en el caso de Falstaff, su ingenio no sólo sería bueno en sí mismo, sino que inocularía de regeneracionismo a los demás.

¡Cuánto me recuerdan hoy las reticencias de Rosa Díez hacia Albert Rivera y su bisoño equipo a las que reconcomían a Suárez en relación con Garrigues, Paco Ordóñez, Camuñas y demás atractivos dirigentes de la llamada «oposición moderada». Pero el «chusquero de la política», con la camisa azul aún en el armario, sabía que ellos podían aportarle lo que le faltaba a él; que viniendo como venían de familias ideológicas enfrentadas al Régimen, complementaban su proyecto político y le permitían presentarlo como una unión entre las dos orillas de las que procedían la mayor parte de los nuevos españoles que anhelaban un cambio sin traumas. Suárez no aspiraba a servir de bisagra entre AP y el PSOE o el PCE, sino a vertebrar la mayoría moderada que apostaba por la democracia; y tuvo la suficiente ambición y grandeza como para conseguirlo.

La alianza de UPyD y Ciutadans neutralizaría los clichés que tienen de izquierda y derecha
Rosa Díez debe ser consciente de que su procedencia socialista condiciona y previene a muchos de quienes desde la derecha y el centro simpatizan con sus planteamientos. «Sí, defiende a España... pero es de izquierdas». No hay más que leer la entrevista que publicamos el lunes con Pere Navarro para darse cuenta del simétrico empeño que hay por encerrar a Albert Rivera en el rincón opuesto: «Los de Ciutadans siempre votan con las posiciones de la derecha». Es evidente que la suma, o mejor dicho, la alianza de los dos partidos, neutralizaría ambos clichés y restablecería la verdad de lo que, en realidad, son atractivos proyectos transideológicos enfocados en las grandes prioridades nacionales.

No estoy proponiendo ni su fusión en un solo partido, como erróneamente terminó haciendo UCD, ni siquiera en una federación de partidos como la Unión Liberal bajo O'Donnell, sino su concurrencia conjunta a las elecciones con un programa basado en lo que Costa llamaba medidas «gacetables». Es decir, iniciativas concretas que pudieran llevarse a la Gaceta -hoy diríamos al BOE- con el respaldo de una mayoría parlamentaria liderada por Rosa Díez. Esas medidas compondrían un contrato de límites exactos, no sólo entre la coalición y los electores, sino también entre la coalición y los elegidos, de manera que en todo lo que no hubiera quedado expresamente incluido, personas de procedencias y opiniones diversas pudieran votar en conciencia, sin estar sometidas al castrador «mandato imperativo» de las cúpulas de los partidos.

Ya sólo esta innovación, tan potencialmente contagiosa, revitalizaría la vida parlamentaria infundiendo en los debates la veracidad de la incertidumbre. Pero si examinamos además los que a mi modo de ver deberían ser los cinco principales ejes de ese programa-contrato, constataremos que servirían de banderín de enganche a millones de españoles:

1.- «Promover el enriquecimiento del país y la baratura de la vida aumentando la potencia productiva» mediante «la simplificación de las ordenanzas», «la supresión de intermediarios», la «represión constante del fraude», la «rebaja de impuestos» o «la apertura de nuevos mercados en el extranjero».

2.- «Abaratar la Patria, simplificando la organización política y administrativa que, además de resultar excesivamente costosa, constituye una traba para el desenvolvimiento de las actividades individuales». Eso implicaría «reducir el personal en dos terceras partes cuando menos» para «desacostumbrar a las clases medias del parasitismo burocrático e irlas encarrilando hacia la industria y el trabajo de forma que dejen de ser una carga para los que trabajan y producen».

3.- «Pagar a las clases desvalidas y menesterosas la deuda contraída con ellas por las clases directoras y gobernantes... en forma de mejoras beneficiosas para la masa del pueblo... llevando a la Gaceta las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, enseñar al que no sabe y consolar al triste, que es el pueblo».

4.- «Afianzar la libertad de los ciudadanos, extirpando el caciquismo... abatiendo el poder feudal tanto de los diputados y senadores de oficio como de sus hechuras y de sus hacedores, teniendo a raya a su principal instrumento, los tribunales, cuya organización urge transformar, y más aún, su organización, su espíritu servil y despótico al mismo tiempo».

5.- «Contener el movimiento de retroceso y africanización del país y hacerlo europeo, no sólo mediante todo lo anterior, sino también, y muy principalmente, renovando hasta la raíz sus instituciones docentes, poniendo el alma entera en la escuela de niños y sacrificándole la mejor parte del Presupuesto... prendiendo fuego a la vieja Universidad, fábrica de licenciados y proletarios de levita, y edificando sobre sus cimientos la Facultad moderna, despertadora de las energías individuales, mandando todos los años al extranjero legiones de jóvenes sobresalientes».

Comprendo que se hayan quedado sin aliento ante la contemporaneidad de este programa. No en vano nació con el siglo... pasado, pues fue presentado por Joaquín Costa el 3 de enero de 1900 en su legendario discurso del Círculo Mercantil de Madrid. Se titulaba ¿Quiénes deben gobernar después de la catástrofe nacional? Intelectuales como los que promovieron UPyD y Ciutadans deberían empezar a responder esta pregunta. Y con ellos los demás. Necesitamos, sí, encontrar a nuestros Arístides y Catones.

pedroj.ramirez@elmundo.es

Las víctimas del terrorismo salen a la calle para denunciar la "traición" del Gobierno
Más de un millar de personas han participado en Madrid en una concentración en la que se han escuchado pitos y abucheos a dirigentes del PP e incluso insultos contra Mariano Rajoy
EUROPA PRESS | MADRID El Correo 8 Diciembre 2013

Las víctimas del terrorismo salen a la calle para denunciar la 'traición' del Gobierno

José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones secuestrado por ETA, Consuelo Ordóñez, hermana Gregorio Ordóñez, y José Alcaraz, expresidente de la AVT, entre otros, durante la concentración en Madrid. /Efe

Más de un millar de personas se han reunido hoy en Madrid en un acto en el que han participado varias asociaciones de víctimas de terrorismo y en el que se ha acusado al Gobierno de "traición" y se ha pedido que no deje de aplicar la doctrina Parot.

La Fundación DENAES ha convocado esta protesta, coincidiendo con el 35 aniversario de la Constitución Española, en la plaza de la República Dominicana de Madrid, lugar emblemático para las víctimas del terrorismo. Esta madrileña plaza fue escenario de uno de los más cruentos asesinatos de ETA en 1986, cuando la organización terrorista colocó allí un coche bomba que acabó con la vida de doce guardias civiles.

En esta convocatoria han participado José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones secuestrado por ETA en 1996; la presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (Covite), Consuelo Ordóñez, hermana del político del PP Gregorio Ordóñez asesinado por ETA en 1995; el presidente de Voces contra el Terrorismo, Francisco José Alcaraz, y el de Dignidad y Justicia, Daniel Portero. Asimismo, al acto ha acudido la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Angeles Pedraza, que hasta última hora no confirmó su presencia, así como María del Mar Bermúdez, la madre de Sandra Palo, la joven que fue asesinada hace 10 años por varios menores.

Quien no ha acudido finalmente a la concentración ha sido el PP, cuyo secretario de Derechos y Libertades, Iñaki Oyarzábal, explicó que los populares no secundaban el acto porque era una Fundación la convocante y no las asociaciones de víctimas. Precisamente la gran cantidad de cánticos de los presentes han estado dirigidos a los populares y a su líder, Mariano Rajoy, que incluso ha recibido algunos insultos aislados de los asistentes, durante la intervención de los representantes de las víctimas.

"Recadero de Rajoy"
También se han escuchado pitos y abucheos cuando Alcaraz en su discurso ha aludido al vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, a quien ha acusado de "recadero de Rajoy", y a la secretaria general del PP y presidenta de la formación en Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal. Los manifestantes han portado numerosas banderas de España (cualquier símbolo que no fuera éste era rechazado por la organización), además de pancartas en las que aludían al Gobierno ('Gobierno traidor, Gobierno dimisión') o a los políticos en general ('Fieles a vuestros partidos, traidores a nuestra patria'). También han gritado en diversos momentos 'vivas' a la Guardia Civil y a España.

Durante su intervención, Portero ha cuestionado la actitud del Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, a la hora de afrontar la sentencia del Tribunal de Estrasburgo relativa a la 'doctrina Parot'. "Gallardón, ¿por qué nos has traicionado?", ha preguntado. En esta misma línea, ha avisado de que parece haber "ciudadanos de segunda y ciudadanos de primera", en referencia al recurso de casación de la Abogacía del Estado contra la excarcelación de Miguel Ricart. "Se saltan a la torera la ley y aplican la que les da la gana", ha criticado.

Por su parte, Alcaraz ha calificado como "amnistía encubierta" del Gobierno las recientes excarcelaciones de presos y ha pedido a Rajoy que "cumpla sus compromisos" con las víctimas, como el de hacer públicas las actas de negociación del PSOE con ETA. "Rajoy está traicionando a los muertos y a los vivos. Hay que poner nombre y apellidos al traidor, y es el presidente del Gobierno", ha indicado. En esta misma línea, Ordóñez ha asegurado que las víctimas "no aguantan más porque están hartas", criticando "la prisa del Ejecutivo por soltar etarras". Asimismo, ha reivindicado el papel de estos colectivos, resaltando que "no se tratan de armas arrojadizas a las que se pueda calmar con un abrazo", aseverando que seguirán ejerciendo la crítica contra quienes ostenten el poder "sea del partido que sea", porque su color "es el blanco".

"Trato despectivo"
Mientras, Ortega Lara ha lamentado que los políticos "nunca vayan a cambiar" y ha denunciado la actitud "comprometida" del Gobierno con los terroristas, al tiempo que muestran "un trato despectivo y cainita" con las víctimas de terrorismo y los ciudadanos. "Parece que servimos para votarles a ellos y pagar impuestos", ha destacado, antes de instar a evitar el "final de la nación". "Lo haremos porque amamos a España y nos identificamos con quienes dieron la vida por ello".

El presidente de la Fundación DENAES, Santiago Abascal, ha cerrado el acto acto pidiendo al Ejecutivo que "honre a sus mártires en lugar de ofenderlos". "No estáis solos y cuanto más grotesco y doloroso sea el espectáculo, más cerca estaremos. La situación es grave pero no reversible y vamos a vencer", ha concluido.

Cabe recordar que el atentado de Republica Dominicana fue obra del sanguinario 'comando Madrid', del que formaba parte la etarra Inés del Río, quien con su recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) provocó la sentencia contraria a la 'doctrina Parot' que ha motivado ya la excarcelación de más de medio centenar de etarras y otros tantos presos peligrosos.

Se ríen de la ley
josé garcía domínguez ABC Cataluña  8 Diciembre 2013

La Consejería de Educación acaba de anunciar –otra vez– que, por supuesto, continuará sin obedecer los mandatos de los tribunales sobre el particular

Enésima sentencia. Enésimo papel mojado. Enésimo sarcasmo. El Supremo acaba de dar la razón – otra vez – a un padre que exige a la Generalitat que aplique la conjunción lingüística en la escuela de su hija. Y la Consejería de Educación acaba de anunciar – otra vez – que, por supuesto, continuará sin obedecer los mandatos de los tribunales sobre el particular. De antiguo es sabido, igual el cumplimiento de las leyes que el acatamiento a los designios de jueces y magistrados constituye asunto facultativo en esta ribera del Ebro.

En su día, y va para dos años, estableció ese mismo Supremo que la lengua de uso mayoritario entre los catalanes, o sea el castellano, conviviese dentro de las aulas en "equilibrio" con la vernácula. Dicho de otro modo: declaró proscrita la llamada inmersión por violar derechos fundamentales amparados en la Carta Magna. Sentencia, por cierto, que fue posible merced a la infinita torpeza del tripartito. Así, al estampar en el articulado del Estatut que se fijaría por norma el "uso preferente del catalán", forzó un dictamen al respecto del Tribunal Constitucional, que no pasó el aro. Sobra por ocioso, pues, tanto pronunciamiento redundante de instancias varias tras el veredicto firme del Alto Tribunal a cuenta de la reforma del texto estatutario. Y ello porque los dictámenes del Tribunal Constitucional son vinculantes y de obligado cumplimiento para todos los poderes públicos: jueces, parlamentos, Gobierno y, por supuesto, administraciones autonómicas. Recuérdese al respecto la literalidad del mandato del TC sobre las lenguas propias e impropias: "Las Administraciones públicas [...] no pueden tener preferencia por ninguna de las dos lenguas oficiales". Eso rompería el "equilibrio inexcusable entre dos lenguas igualmente oficiales y que, en ningún caso, deben tener un trato privilegiado [...] Solo los particulares pueden preferir una u otra de ambas lenguas. Y hacerlo, además, en perfecta igualdad de condiciones [...], lo que excluye que [...] quienes prefieran el castellano hayan de pedirlo expresamente". Mas lo dicho: papel mojado.

‘Som a Temps’
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 8 Diciembre 2013

Esta aventura intelectual y social viene a llenar un hueco en el panorama público del Principado.

He titulado esta columna en catalán para anunciar el nacimiento en Cataluña de una iniciativa civil que se llama así, Estamos a tiempo. Esta magnífica aventura intelectual y social viene a llenar un hueco en el panorama público del Principado, que desde que comenzó la ofensiva particularista del pujolismo hace ahora tres décadas nadie ha sabido llenar, excepción hecha del meritorio intento del equipo que dirigió el PP de Cataluña en la primera mitad de los noventa del siglo pasado, abortado por su cúpula nacional desde Madrid en una de las operaciones más miopes que se recuerdan por parte del centro-derecha en nuestro país y de la que este partido aún no se ha repuesto.

He leído el manifiesto fundacional de Som a Temps y he quedado maravillado de la lucidez, del rigor histórico, de la claridad conceptual y de la belleza y riqueza del catalán en el que está escrito, que ya quisieran para sí bastantes nacionalistas que proceden a la destrucción inmisericorde de la hermosa lengua de Verdaguer, de Maragall, de Espriu y de Pla cada vez que abren su pecadora boca o empuñan su mendaz pluma.

La tesis central de este imprescindible documento no es nueva, pero aparece reformulada por sus redactores con extraordinaria fuerza argumental: entre los separatistas mesetarios y los separadores con barretina, el camino seguro lo proporciona la noción de España como Nación Política, compuesta por diversas culturas, lenguas e identidades, integradas todas ellas con el transcurrir de los siglos en una amplia matriz hispánica, garantía actual de nuestras libertades y nuestros derechos y vehículo poderoso para circular por el mundo.

La grandeza y la altura de este enfoque hace aparecer a los secesionistas como aldeanos mentales, manipuladores del odio y falsificadores del pasado con el execrable fin de destruir el presente y de ensombrecer el futuro. Esta corriente de pensamiento, a la vez profundamente catalana, cálidamente española y atractivamente universal, contiene la base doctrinal de la posible y deseable reacción de una sociedad prisionera de un nacionalismo trufado de rencores absurdos y de reivindicaciones inútiles.

La construcción de un proyecto político apoyado en la frustración y en la exacerbación de la diferencia sólo conduce, como la experiencia está demostrando sobradamente, al empobrecimiento material y moral y al fracaso estrepitoso, por no mencionar un peligro todavía mayor, el de hacer el ridículo. Como señala oportunamente Som a Temps, la Cataluña y la España de 2013 no son las de hace cien años, por lo que la agitación de espectros polvorientos para resucitar polémicas anacrónicas aparece con el acartonamiento impostado de los actores mediocres.

Catalán sólo en la intimidad
Nota del Editor 8 Diciembre 2013

No nos dejemos engatusar: si alguien utiliza la lengua regional, está expulsando de su círculo de comunicación a quienes no la conocen. Utilizar la lengua regional para defender un proyecto nacional es un insulto a la inteligencia. La utilización de la lengua regional en cualquier actividad humana en la que hay personas que ni la entienden ni pretenden entenderla constituye una clara muestra de xenofobia.

España / El desafío independentista
Semana del odio a España
«España contra Cataluña» es el inequívoco título de un simposio pagado por la Generalitat en el que distorsionan la Historia y en el que apelan al victimismo para justificar su afán soberanista
Victor Fernández. Barcelona. La Razón 8 Diciembre 2013

La conmemoración de la derrota catalana del 11 de septiembre de 1714, en la Guerra de Sucesión, será uno de los temas estrellas del próximo año. La celebración ya está dando pie a numerosas actividades, desde exposiciones, publicaciones o congresos. En este último apartado se encuentra un simposio polémico antes de que abra sus puertas el próximo jueves. Organizado por el Centro de Historia Contemporánea de Cataluña, un organismo que depende exclusivamente de la conselleria de Presidencia de la Generalitat, el título de estas jornadas no deja ninguna duda sobre sus intenciones: «España contra Cataluña (1714-2014)».

El planteamiento del simposio no oculta sus objetivos. En su programa se afirma que se quiere «analizar con criterios históricos, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, las consecuencias que ha tenido para el país la acción política, casi siempre de carácter represivo, del Estado español en relación con Cataluña». Las ponencias irán por esta línea, en las que se «analizarán las condiciones de opresión nacional que sufrido el pueblo catalán a lo largo de estos siglos, las cuales han impedido el pleno desarrollo político, social, cultural y económico de Cataluña». Todo eso es lo que se debatirá entre los días 12 y 14 de diciembre en la sede del Institut d'Estudis Catalans, en Barcelona.

Al frente del simposio se encuentra el historiador Jaume Sobrequés, director de centro organizador, ex militante del PSC y ex director del Museo de Historia de Cataluña. En los últimos meses, Sobrequés se ha acercado especialmente a la Generalitat de Artur Mas, convirtiéndose en uno de los defensores más incondicionales de la causa del president. El veterano historiador, en declaraciones a este diario, definió «España contra Cataluña» como «un simposio académico y científico que analizará las relaciones existentes entre Cataluña y España en los últimos 300 años. Es evidente que en el momento político que está viviendo Cataluña, esta cuestión se plantea de una determinada manera, analizando cómo han sido de malas estas relaciones es absolutamente oportuno, en el sentido que se intenta que destaque el rigor y el análisis de los diversos temas que se tocarán».

Sin embargo, antes de su inauguración, el simposio nace con polémica, al contar con el rechazo de historiadores, como el reconocido hispanista Sir John H. Elliot, o de instituciones como el Círculo de Cultura. Estos últimos aseguraron hace unas semanas, a través de un comunicado, que lo que se prepara es «propagandístico», además de contar con un título que les ha sorprendido «desagradablemente». Para el Círculo de Cultura actos de estas características no deberían poder promover «el desencuentro y la animadversión, siempre tan innecesaria y a menudo contraproducente».

Todo eso queda ilustrado en una serie de ponencias de títulos peculiares. Por ejemplo, el catedrático de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona, Lluís Roura, hablará sobre «la represión militar: el ejército sobre el país». El que fuera conseller socialista de Obras Públicas de la Generalitat de Maragall y Montilla, Joaquim Nadal, –hoy reconvertido por obra del Govern de Mas en director del Institut Català de Recerca en Patrimonio Cultural– glosará sobre «el catastro, el inicio del expolio económico: siglo XVIII».

Más ponencias que pueden resultar controvertidas serán las pronunciadas por el historiador independentista Lluís Duran sobre «trescientos años de españolismo en Cataluña»; el catedrático de Historia Medieval, Antoni Furió, se centrará en «España contra el País Valenciano»; y Salvador Cardús, el sociólogo de cabecera de Artur Mas, que cerrará el ciclo con «La humillación como desencadenante de la eclosión independentista». Según el responsbale del simposio, «tenemos ya inscritas a unas 150 personas, el máximo de aforo para este espacio. Tengo miedo de que podamos morir de éxito».

El PPC acusó esta semana al Govern de hacer «pedagogía del odio» contra España y de utilizar las instituciones públicas para «manipular» a los catalanes por organizar el simposio. En una interpelación en el pleno del Parlament, el diputado del PPC Rafael López denunció que se den estos comportamientos en el coloquio organizado por el Centro de Historia Contemporánea de Cataluña (CHCC), que tendrá lugar la semana que viene y donde intervendrán historiadores y politólogos reconocidos. Por ello, reclamó en sede parlamentaria la suspensión de las controvertidas ponencias.

Sin conocimiento
Pero Jaume Sobrequés se defiende de las críticas y cree que Elliot fue mal informado, aunque reconoce que no se ha puesto en ningún momento en contacto con él. Respecto al Círculo de Cultura, institución privada presidida por Pere Vicens, editor e hijo del reconocido historiador Jaume Vicens Vives, Sobrequés considera que «son personas cultas, evidentemente, pero no tienen conocimientos en Historia. Si asisten al simposio se darán cuenta de la triste realidad y cambiarán de opinión».

Uno de los miembros de la junta directiva del Círculo de Cultura, Ezequiel Baró, discrepa de los planteamientos lanzados por el responsable del Centro de Historia Contemporánea de Cataluña. «Nosotros somos una asociación que tiene entre sus socios a gente vinculada con el mundo de la cultura. Siempre que nos expresamos lo hacemos por unanimidad, con un total consenso. Creo que somos muy libres de expresarnos, aunque en el Círculo no haya historiadores», recuerda Baró. Por eso, confirma que «nuestra declaración sobre el simposio habla de que el título que han escogido representa una toma de posesión excesivamente simplista. Consideramos que sería mucho más interesante un enfoque más plural y con la presencia de historiadores de diferentes escuelas».

El pasado verano, el Círculo de Cultura se puso en contacto con el Centro de Historia Contemporánea de Cataluña, animándolos a que cambiaran de opinión. «Nos dieron largas y es una pena porque desde la institución creemos que es una oportunidad desaprovechada. Con otros recursos habría sido más interesante y productivo. Uno de nuestros miembros decía que solamente con que le hubieran añadido un interrogante al título, ya se habría establecido el debate», dice Baró. Se da el caso que la actual junta directiva del Círculo de Cultura –una institución que tuvo entre sus fundadores al hoy conseller de Cultura, Ferran Mascarell– tiene entre sus miembros a algunos destacados altos cargos de la Generalitat, como Fèlix Riera, director de Catalunya Ràdio, o Carles Duarte, presidente del CoNCA, además de contar en su vicepresidencia con Xavier Bru de Sala, el responsable de los actos del centenario de Salvador Espriu. La casualidad ha hecho que el simposio casi coincida en el tiempo con la celebración del congreso «Cataluña, entre la guerra y la paz: 1713, 1813», organizado por el Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona, del 17 al 20 de diciembre, y con numerosos especialistas. Desde un punto de vista más riguroso y científico, se analizará ese periodo desde diferentes puntos de vista. Su responsable es Xavier Gil, director del citado departamente de la Universidad de Barcelona. «Nuestra mirada será amplia hacia Cataluña y España. Nuestro departamento no puede pasar de largo por 1714, pero no podemos focalizarlo en exclusiva hacia este tema», reflexiona Xavier Gil, que es partidario de realizar «un congreso abierto y amplio, fruto de las investigaciones recientes».

Cuando se le pregunta sobre las diferentes lecturas que se están realizando estos días sobre la conmemoración de los hechos de 1714, Xavier Gil confiesa que «lo que está llegando a la sociedad es más memoria histórica que historia. No digo que los políticos lo hagan mal, pero comprendo que están llevan el agua a su molino. Los historiadores siguen haciendo su trabajo».

QUIEN ES QUIEN EN EL CONGRESO ANTIESPAÑOLISTA

Jaume Sobrequés
Director del centro organizador, es ex militante del PSC y en los últimos meses, uno de los fieles defensores de Mas

Jordi Casassas
Catedrático que hablará de la «represión cultural» sufrida por Cataluña en su ponencia: «Contra el alma de un pueblo»

Joaquim Nadal
Director en Patrimonio Cultural, glosará sobre «el catastro, el inicio del expolio económico del siglo XVIII»

Lluis Duran
Doctor en Historia que disertará sobre «Trescientos años de españolismo en Cataluña» en la jornada inaugural del polémico simposio

Salvador Cardús
El sociólogo de cabecera de Mas. Su ponencia: «La humillación como desencadenante de la independencia»

Antoni Furió
Catedrático de historia medieval en la Universidad de Valencia que disetará sobre la represión de España contra el País Valenciano

España / El desafío independentista
Historia contra la manipulación
Prestigiosos historiadores muestran su desacuerdo con el planteamiento del congreso «España contra Cataluña» y denuncian su sesgo interesado
Javier Ors. La Razón 8 Diciembre 2013

MADRID.-Un simposio y un título: «España contra Cataluña». Las reacciones no han tardado en llegar. José Álvarez Junco, catedrático de Historia en la Universidad Complutense, lo afirma con claridad: «Me sorprende. Un congreso de investigadores es científico. No debe prejuzgar. Aquí se prejuzga desde el título del congreso y el nombre de sus apartados internos: represión económica, militar y lingüística... Se da por supuesto que hay una represión. Supongo que las ponencias que discreparan de este presupuesto habrán quedado fuera. Es más una acusación de parte que un dictamen científico». Luis Ribot, miembro de la Real Academia de Historia y ex director del Instituto de Historia Simancas, coincide: «Es un claro ejemplo de la manipulación de la historia por el nacionalismo. Es verdad que la historia se utilizó en el pasado en las construcciones nacionales, pero los países maduros han abandonado ya eso. Es increíble que en nuestro tiempo se acuda a esas prácticas trasnochadas del uso de la historia». Fernando García de Cortázar, que acaba de participar en el libro «Historia de la nación y el nacionalismo español» y ha publicado su novela «Tu rostro con la marea», es también muy explícito: «Es un congreso contra la historia y contra el sentido común. Por orden gubernativa y con inaudita complicidad intelectual, la historia de Cataluña pasa a ser la de una prolongada resistencia contra la ocupación española. La manipulación retroactiva de un acontecimiento histórico adquiere una sabrosa función independentista: 1714 muestra el inicio de una historia contemporánea de España en la que Cataluña no ha sido más que un territorio ocupado».

El sesgado cariz de este encuentro ha despertado inquietud entre los historiadores. Todos han resaltado la interesada tergiversación del pasado. Pero también ha alentado en ellos ciertas preocupaciones. «Lo que más me preocupa no es que los nacionalistas tengan visiones, sino que esas visiones calen y enfrenten a dos comunidades, que los hablantes en castellano y en catalán se peleen en un bar; que tengamos problemas como los de Yugoslavia, donde los croatas y los serbios no viven en el mismo barrio o no se casan entre ellos. En España nunca han existido las comunidades étnicas. Lo que ha habido han sido pugnas entre facciones políticas que se disputan el reparto de competencias y recursos. No se debería trasladar a grupos que usan diferentes lenguas», reconoce Álvarez Junco. El uso interesado de la historia parecía un asunto del pasado. Algo que se retrotraía a otras épocas, a otros tiempos. A los años de la dictadura franquista, que convirtió el pasado en una cadena de símbolos destinados a exaltar un régimen, una esencia nacional. «La manipulación de la historia a favor de una causa política –asegura Álvarez Junco– ha ocurrido muchas veces en el pasado». El historiador señala las versiones que han hecho el nacionalismo periférico y el central: «Que se enseñara más Pelayo y Viriato, o cómo en la serie televisiva de "Isabel", en que se minimiza o se justifica la creación de la Inquisición o la expulsión de los judíos».

–¿Cómo interpreta este encuentro?
–Es un paso más en una estrategia que conduce a que en 2014, con el 300 aniversario de la caída de Barcelona durante la Guerra de Sucesión, se propicien grandes fastos y se den más pasos hacia adelante en los proyectos independentistas. La historia es un instrumento más en este proyecto. Luis Ribot reconoce que «el mensaje separatista que se ha estado sembrando desde hace tiempo ha sido por iniciativa e interés de un sector de la clase política catalana», pero advierte también de que «en la cadena humana hubo mucha gente. No sólo políticos. Lo que prueba que las ideas independentistas han calado en amplios sectores de la sociedad catalana». Por eso critica la inacción del Estado central: «Ha hecho muy poco. Se ha lavado las manos. Desde la Transición ha abandonado sus banderas. Hay que señalar, de forma no nacionalista sino sensata, las excelencias de Cataluña, pero también las de España. El problema es que el Estado ha prescindido de su discurso político y eso es suicida. En Francia, Estados Unidos y otros países avanzados enseñan y divulgan los valores que tienen como países, su historia, su cultura, la literatura... No hay nación que sobreviva sin ello. Esto en España no se ha hecho. Yo culpo a todos los políticos que han estado en el gobierno central y que nos están llevando a una situación muy peligrosa. Ellos han abandonado su responsabilidad y, en cambio, los gobernantes de estas comunidades han sabido articular un discurso justificador propio, de marcado carácter nacionalista y sesgado. Hemos de señalar, no obstante, que en Cataluña hay también mucha gente sensata».

Fernando García de Cortázar responde a una pregunta: «¿Este congreso es síntoma de un nacionalismo excluyente?». Para él, «es la manifestación más clara de la irracionalidad del nacionalismo y de su aproximación visceral al pasado con el fanatismo del hincha. Habría que recordar que el drama de Europa, metida en los peores lodazales del siglo XX, tuvo su origen en la enfermiza sensualidad de los nacionalismo en estado de revancha, en las orgías identitarias y en la mitología instalada en el lugar donde debería hallarse la razón. Es el éxito de la agotadora campaña de siembra nacionalista de la Generalitat de Cataluña que ha podido disponer en estos treinta últimos años de los recursos que la Constitución española le asignaba para defender la pluralidad y no para asfixiarla».

Pero queda una pregunta esencial, de fondo, sin responder. En este mundo Mac, donde todas las personas están interrelacionadas, los jóvenes trabajan de manera indistinta (ya desde antes de la crisis) en otros países y las lenguas se conciben como puentes de comunicación y no como barreras, ¿qué sentido tienen hoy los nacionalismos? Luis Ribot apunta: «"nacionalismo" es una palabra repudiable, por trasnochada. A la gente hay que educarla, enseñarla, darle cultura, que son las cosas positivas. Pregunte a un chico joven que participó en la cadena del 11 de septiembre qué piensa de España. Dirá lo peor. ¿Por qué? Porque le han enseñado así. Son las escuelas dominadas por el nacionalismo». José Álvarez Junco, por su parte, asegura: «La forma política del Estado-nación está superada. En Europa estamos en un proyecto político que es más interesante y hermoso: la Unión Europea. En nuestra sociedad, lo fascinante es conocer otras culturas diferentes a la tuya, adquirir sus ideas, integrarlas en la tuya, en vez de refugiarse en el pasado y ser igual que han sido nuestros abuelos».

«Dirigidos» desde las aulas
La manipulación histórica en Cataluña arranca desde la propia escuela pública. Los alumnos catalanes estudian en la lengua cooficial materias como «la represión lingüística», los sentimientos catalanistas o hechos históricos tergiversados como la derrota de 1714. A través de distintos acontecimientos y materias, se les inculca el recelo hacia todo lo que tenga que ver con España y se fomenta el discurso del agravio histórico hacia Cataluña.

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