AGLI Recortes de Prensa   Viernes 13 Diciembre 2013

Los independentistas, desatados
Fernando Onega La Voz 13 Diciembre 2013

Muchos pensaban que los independentistas catalanes no se pondrían de acuerdo en la pregunta del referendo de autodeterminación que, según el Gobierno, no se va a celebrar. «Haríamos un ridículo espantoso», vaticinaba el señor Duran i Lleida. Y este cronista respondía a los medios informativos catalanes que le preguntaban: «Mi actitud cínica es decir que sería la mejor solución». No se me ocurrió una respuesta más galaica.

Vana ilusión. Los partidarios del referendo se pusieron rápidamente de acuerdo, no hicieron el ridículo, pero plantean un órdago a la grande.

La primera reflexión es la misma que mantengo en estas páginas desde hace tiempo: estos tipos van en serio y conviene tomarlos en serio. Causarán un drama, meterán a España y a la propia Cataluña en un conflicto descomunal y de consecuencias imprevisibles; pero van en serio. Y no están solos en su alocada aventura: cuentan con el apoyo de una parte importante de la sociedad catalana. Me lo decía un dirigente de la patronal Fomento: «Más de la mitad de los grandes empresarios y la inmensa mayoría de los pequeños quieren probar si la independencia es la solución. Y no les importa perder el 30 % de su mercado». Al resto de los ciudadanos los han convencido con la simpleza de que nadie le puede impedir votar a un pueblo, porque eso es la democracia.

Quiere decirse que se ha entrado en un proceso irracional, pero que suscita adhesiones. Esos independentistas, cuando hablan, invocan la voluntad expresada en las encuestas y eso les da una enorme seguridad. Y poco importa que fuera de Cataluña veamos un proceso demencial, o que les recordemos la salida de la Unión Europea, de la OTAN o del Eurogrupo, la previsible ruina económica, el pago de pensiones o la deuda que tiene la región. Les da igual. Esa mayoría invocada identifica independencia con paraíso. Y los dirigentes del pacto de ayer se alimentan unos a otros, con Artur Mas inmolado en el altar de su desastre electoral como mártir de la causa.

Ahora, sellado el acuerdo de preguntas y la fecha de la consulta, queda la gran incógnita: cómo la hacen, porque el Estado no va a consentir tamaño desatino, y cómo el Estado lo impide. ¿Habrá que mandar a la Guardia Civil a las mesas electorales? ¿Habrá que dejar que voten y no reconocer la votación porque fue absolutamente ilegal? No lo sabemos. Quizá no lo sepa ni Rajoy, que por ahora se refugia en la Constitución, como si la Constitución les importara a los rebeldes.

Lo único seguro es que, si no se desactiva el referendo, el futuro es muy incierto. Los sublevados de ayer empezarán a pensar en la declaración unilateral de independencia. Y si no, en una enorme movilización popular. Están desatados.

El derecho a decidir está en la sintaxis
Irene Lozano El Confidencial 13 Diciembre 2013

El derecho a decidir lo concede, antes que nadie, la sintaxis. La fraseología del nacionalismo independentista deja traslucir su desconfianza en el ciudadano. La pregunta de esa consulta que nunca se celebrará es doble y dice así: “¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado? En caso afirmativo, ¿quiere que sea un Estado independiente?”.

“Estado”, acepción número cinco del Diccionario de la RAE: “País soberano, reconocido como tal en el orden internacional, asentado en un territorio determinado y dotado de órganos de gobierno propios”. O bien, en su definición número seis: “Forma de organización política, dotada de poder soberano e independiente, que integra la población de un territorio”.

En ambas queda claro que la independencia, es decir, la soberanía, es cualidad intrínseca de un territorio cuando se constituye como Estado. No se puede esperar mucho de la sintaxis de la Generalitat, pero resulta demasiado obvio que quiere camuflarlo para hurtar a los ciudadanos el requisito primordial ligado al derecho a decidir: que no lo manipulen a uno previamente. La utopía de Mas consistiría en que saliera la respuesta afirmativa a la primera pregunta, pero negativa a la segunda. Así podrían mantener el chantaje en ‘Madrit’: lo ven, lo ven, los catalanes nos sentimos “Estado” y por eso merecemos que nos paguen otra ronda. Y uno diría: ¿pero quién la paga? Pues el Estado, qué cosas. En esa ambigüedad, en esa cosa del seny se ha desenvuelto bien CiU durante lustros. El error político de Artur Mas fue olvidar la magia del poc a poc. La sintaxis como freno a acelerones viscerales.

La utopía de Mas consistiría en que saliera la respuesta afirmativa a la primera pregunta, pero negativa a la segunda. Así podrían mantener el chantaje en ‘Madrit’Un Estado sin independencia es el tipo de contradicción lógica más querida al nacionalismo. Una ambigüedad ininteligible que pueda ser interpretada a conveniencia, según vengan los presupuestos del Estado. El otro Estado, esto es. En el mejor de los casos, un Estado sin independencia es una triquiñuela como la que pergeñó el ínclito Ibarretxe al sugerir constituirse en “Estado libre asociado”. ¿Asociado a quién? Al Estado, el otro. Pensémoslo despacio. Eso equivale a preguntar a los catalanes: ¿quieren asociarse a España de igual a igual, sin que preguntemos al resto de España si quiere asociarse a ustedes? No comprende el independentismo que dos no se asocian si uno no quiere. Si ellos se independizaran, nosotros también.

Parece que todo quedará en un nuevo amago. Un nacionalista que conoce bien el percal me comentaba este jueves su predicción: Esquerra quiere salvar la cara con vistas a las elecciones municipales. La fecha anunciada para el referéndum es noviembre del año próximo. Hay margen para no celebrar la consulta y romper con CiU justo a tiempo de preparar la precampaña electoral. Se rompe la supuesta alianza proconsulta y todos salen favorecidos en las elecciones. A estas alturas es lo único que les preocupa.

“El estilo es el hombre”, decía Buffon. Qué estilo más limpio el de una pregunta como esta: “¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado independiente?” Qué hombres más limpios si la hubieran formulado así. Al final, hasta la más casposa épica independentista se ha asustado de la claridad.

Desafío secesionista
La inconstitucionalidad de la consulta separatista
Carlos Ruiz Miguel Libertad Digital  13 Diciembre 2013

El desafío separatista en Cataluña ha adquirido una nueva dimensión tras el anuncio, este jueves, de la pregunta que el aún presidente de la Generalidad y sus aliados secesionistas quieren someter a una sedicente consulta. En realidad son dos preguntas: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado?" y, en caso de que la respuesta sea afirmativa, "¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente?".
Una 'consulta' inconstitucional por su objeto

La sedicente consulta presentada por los separatistas catalanes es inconstitucional por su propio objeto. La Constitución Española fija, de forma clara, que en España sólo hay un único Estado, el Estado Español. Por eso España, por mucho que se empeñen algunos, no es un Estado federal. Algo que, por cierto, dejó claro el Tribunal Constitucional en su sentencia 31/2010 sobre el nuevo estatuto de autonomía de Cataluña. Esto significa que el objeto de la consulta es preguntar a los ciudadanos si quieren suprimir el artículo de la Constitución que determina que España forma un único Estado.

Ahora bien, el problema que plantea el objeto de la consulta es que la Constitución, en su artículo 166, establece que la iniciativa para su "reforma" (por más que la supresión o alteración del artículo 1 de la Constitución sea más que una reforma: una auténtica destrucción) sólo puede provenir del Gobierno, del Congreso, del Senado o de las Asambleas autonómicas. No es posible iniciar un procedimiento de reforma a raíz de una consulta popular. Si el Gobierno o el Parlamento de la Generalidad de Cataluña quiere reformar el artículo 1 de la Constitución, puede presentar, ya mismo, una iniciativa de reforma de la Constitución. ¿Acaso necesita consultar a los ciudadanos españoles de Cataluña esta cuestión?

Lo que ocurre es que se busca, de algún modo, consumar un fraude al artículo 166 de la Constitución para hacer que la eventual iniciativa de reforma (en realidad de destrucción) de la Constitución venga avalada por un hecho político que le dé la fuerza que, por lo que se ve, no tienen ahora los argumentos que pudiera presentar el Gobierno y el Parlamento regionales de Cataluña en ese tipo de iniciativa.

En definitiva, este tipo de consulta pretende consumar un fraude al artículo 166 de la Constitución.
Una 'consulta' inconstitucional por su ámbito

La sedicente consulta pretende efectuarse únicamente a los ciudadanos españoles residentes en Cataluña. Ahora bien, el objeto de esa consulta afecta a todos los españoles. El artículo 1 dice que España forma un único Estado. La cuestión de si en la nación española debe haber un único Estado o puede haber dos o más, por consiguiente, afecta a todos los ciudadanos españoles, no sólo a los que residen en Cataluña.

Por eso resulta inconstitucional alegar el artículo 92.1 de la Constitución para amparar esta pretensión. Este artículo dice:

Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos.

Dado que nadie, absolutamente nadie, puede negar que la creación de un Estado catalán sería una "decisión política de especial trascendencia", es evidente que esta consulta, si se considerara que no es un fraude al artículo 166 de la Constitución, no se podría hacer sólo a los ciudadanos españoles de Cataluña, sino a todos los ciudadanos españoles.

Se podría alegar que lo que se pretende es otro tipo de consulta popular, la que se prevé en el artículo 149.1.32 de la Constitución, que considera competencia exclusiva del Estado central la "autorización de las consultas populares por vía de referéndum". La estrategia separatista sería entonces solicitar la transferencia de esta competencia, por vía del artículo 150.2 de la Constitución. Ahora bien, esto no es posible por dos razones.

En primer lugar, porque en Derecho la norma especial es preferente a la norma general. Esto significa, en este caso, que el artículo 92.1 (norma especial) se aplica con preferencia sobre el artículo 149.1.32 (norma general). Dicho de otro modo, no es posible considerar esta consulta separatista una consulta normal que afecta a un número limitado de ciudadanos (como, por ejemplo, la que se ha hecho a los vecinos de San Sebastián para preguntarles si aceptan que el Monte Igueldo forme un municipio separado del de San Sebastián), pues es evidente que es una consulta especial que tiene una especial trascendencia política que afecta a todos los españoles.

En segundo lugar, conviene recordar que el artículo 150.2 permite transferir a las comunidades autónomas sólo las competencias del Estado que "por su propia naturaleza sean susceptibles de transferencia o delegación". ¿Cuáles son esas competencias? Evidentemente, en ningún caso las competencias del Estado expresamente citadas en el artículo 149, pues si eso fuera posible el artículo 150.2 sería un modo de reformar la Constitución sin seguir el procedimiento establecido. Las competencias que "por su propia naturaleza" pueden ser objeto de transferencia o delegación son las competencias que posee el Estado sin estar expresamente citadas en el artículo 149. Son competencias que corresponden a la "competencia residual", que, según el artículo 149.3 de la Constitución, corresponden al Estado (¡otra razón por la que España no es un Estado federal, pues en este la competencia residual es de los Estados miembros de la federación!).
Conclusión

La iniciativa de los líderes del separatismo catalán resulta, se mire como se mire, inconstitucional. La propia consulta de la primera pregunta es de una inconstitucionalidad insalvable. De ahí deriva, por vía de necesidad, la inconstitucionalidad de la segunda pregunta. Y, por eso mismo, resulta ocioso plantearse otras cuestiones adicionales sobre esta supuesta consulta.

Carlos Ruiz Miguel, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago de Compostela.

Con todas las consecuencias
EDITORIAL Libertad Digital 13 Diciembre 2013

Artur Mas ha llegado finalmente a un acuerdo con el resto de fuerzas separatistas catalanas para realizar una consulta secesionista el 9 de noviembre de 2014. El día en que el resto del mundo conmemorará el vigésimo quinto aniversario del derribo del Muro de Berlín, los nacionalistas catalanes pretenden poner la primera piedra del suyo, que separaría al Principado del resto de España y de la Unión Europea.

En línea con la oscura confusión que ha caracterizado desde sus inicios este por lo demás patético desafío secesionista, la ilegal consulta tendría siete respuestas posibles. Dejando de lado las dificultades del recuento, los resultados podrían convertirse en un auténtico embrollo en el que no quedara clara la voluntad de los que se prestasen a semejante farsa plebiscitaria.

Hasta el momento el Gobierno regional de Cataluña se había limitado a amagar con perpetrar un delito. Ahora se dispone a dar un paso más. Un paso tremendamente irresponsable y grave. La rebelión de un órgano del Estado contra el orden constitucional es un hecho ante el que el Gobierno de la Nación no puede permanecer de brazos cruzados. Mariano Rajoy no puede limitarse a insistir en su negativa a autorizar una consulta ilegal apelando a un recurso ante el Tribunal Constitucional, como si el Gobierno regional de Cataluña Ejecutivo autonómico simplemente estuviera modificando un reglamento de orden administrativo.

Así pues, se impondría activar los mecanismos constitucionales en respuesta a esta rebelión, dejando abierta incluso la puerta a la suspensión de la autonomía catalana.

El Gobierno de la Nación podría haber acabado con este delirante proyecto secesionista de Artur Mas y sus adláteres simplemente haciendo cumplir su propia Ley de Estabilidad Presupuestaria. Con las finanzas catalanas devastadas a causa de gestiones nefastas a lo largo de los años, los irresponsables gobernantes regionales habrían quedado expuestos ante sus conciudadanos y el delirio secesionista se habría venido abajo, aplastado por su propia inanidad. En lugar de eso, Rajoy ha preferido seguir por la vía del privilegio y el consecuente agravio comparativo para con otros gobernantes, sin duda más fiables y leales, con la vana esperanza de que esta política de concesiones hiciera desistir a las fuerzas separatistas de su proyecto originario. Pues bien, este jueves ha recibido cumplida respuesta.

Las opciones que tiene ante sí Rajoy con claras: o seguir rescatando al desastroso y traidor Gobierno de Mas a costa de la España productiva o cumplir y hacer cumplir la Constitución, con todas las consecuencias.

Desafío secesionista
Colonizar conciencias
Antonio Robles Libertad Digital 13 Diciembre 2013

La guerra ha comenzado. Conviene empezar a llamar a las cosas por su nombre. Hay guerras de pólvora y tanques, también carreras de armamento por la hegemonía militar que llamaron guerra fría; en Cataluña se libra una guerra de guerrillas basada en la pedagogía del odio para colonizar conciencias. Esperan pacientes a que la infección se extienda irreversible al cuerpo social entero. Esa sería la hora del asalto a las urnas sí o sí. Y si no, la calle, como con el Muro de Berlín. Hasta le han puesto la misma fecha: el 9 de noviembre.

Es ocioso dar datos, advertir del riesgo, sus responsables llevan 30 años abriendo trincheras y dos disparando entre la indiferencia y el hastío del resto de españoles. Hoy han decidido generalizar la infección a través de la inauguración de un congreso donde su nombre y ponencias afirman lo que teóricamente deberían investigar: España contra Cataluña, la apoteosis del expolio, y así. Son 300 años enmarcados entre dos fechas falsas: 1714 y 2014. La primera no fue el inicio de guerra alguna entre Cataluña y España, solo fue el conflicto entre españoles por la sucesión al trono y el concurso de potencias internacionales con intereses en él. La segunda ni siquiera se ha producido. Un relato entre dos delirios. Así llevamos 130 años de autocompasión a cuestas con una patria sentimental cuyos hechos están construidos de emociones.

Y mientras estos historiadores de la cosa nacional se liquidaban 2,7 millones de euros, tras ventanales medievales de cartón piedra, el presidente de la Generalidad acordaba con ERC, ICV-EUiA y CUP poner fecha y pregunta al referéndum por la secesión.

Cuentan los del lugar que ni siquiera fueron capaces de acordar una pregunta y largaron dos: "Quiere usted que Cataluña sea un Estado"; en el caso de responder afirmativamente, la segunda sería: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente?".

No se lo tomen a chunga, saben perfectamente lo que hacen, al menos algunos. En este clima de hegemonía moral del nacionalismo, ¿quién se opondrá a que Cataluña pueda ser un Estado si la pregunta de verdad es la segunda? Trileros y tramposos, son incapaces de llamar a las cosas por su nombre. A partir del reconocimiento, privilegios o independencia. De libro.

En su afán de rentabilizar el cacareo, los batasunos del grupo largaron en rueda de prensa ufanos que el fin de la consulta era buscar "el conflicto democrático con el Estado español". Como los niños, dejan en evidencia las intenciones ocultas de sus mayores.

Ahora irán al Parlamento. Quieren que les aticen, buscan el látigo, desean sufrir, evidenciar el desprecio de España para volver a Cataluña cargados de razones y subirse al balcón del Palacio de Generalidad. Viven de y en el masoquismo continuo.

Hasta aquí puede parecer cómico o trágico. Seguiría siendo un error que los tertulianos del reino siguieran con la misma condescendencia de siempre tratando el asunto de sainete. Puede que lo sea, pero su claque lo cree.

Espero que el Estado tome conciencia de la colonización mental que se está llevando a cabo a espaldas de la ley. Es hora que comience a inhabilitar a los responsables que día sí y día también incumplen leyes y sentencias. El rigor en propia carne enseña. Mañana puede que sea tarde.

Desafio secesionista
¿Un Estado pluriestatal?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 13 Diciembre 2013

Hace tiempo que dediqué un artículo a ese disparate contra la historia y contra la lógica más elemental que presenta a España como "nación de naciones". A la vista, sin embargo, de la(s) preguntita(s) con la que los separatistas catalanes piensan pasarse por el forro la soberanía nacional y manipular el cacareado "derecho a decidir" de los ciudadanos de Cataluña, habrá que abordar un nuevo disparate en ciernes como el que trata de presentar a España como un "Estado de Estados" o un “Estado pluriestatal”. Y esto es así porque, no queriendo correr el riesgo de que una mayoría de catalanes no se manifieste partidaria de la independencia, los convocantes del referéndum no quieren preguntar directamente a los ciudadanos si quieren o no un Estado propio, sino que diferencian a su vez entre una “Cataluña con Estado” de una “Cataluña con Estado independiente”.

¿Cómo se come esto? Imaginemos que los participantes en este circo –los demás no cuentan– quieren abrumadoramente que Cataluña sea un Estado pero no independiente. ¿Qué resultaría de todo ello? No habría un Estado catalán independiente por una parte y el Estado español por otra, sino que habría un único Estado, pero que albergaría a su vez a dos Estados: el Estado catalán y el Estado de lo que podríamos llamar "la España restante". De ese Estado pluriestatal podríamos decir, parafraseando a Pujol, lo mismo que de la "nación de naciones"; a saber que la parte nunca puede ser igual al todo.

No faltará algún bobo que trate de solventar la ingobernable contradicción señalando que hay muchas naciones que albergan a distintos Estados. Ciertamente, así ocurre en los modelos federales, como por ejemplo el estadounidense, pero en ninguno de estos modelos dichos estados se consideran a sí mismos naciones, ni tienen más competencias que las que desgraciadamente tienen nuestras autonomías, ni ningún de dichos Estados tiene más competencias que los demás. El modelo pluriestatal propio del federalismo nunca es asimétrico.

Está visto que los convocantes de este ilegal y fraudulento derecho a decidir de Cataluña, que no reconoce el derecho a decidir de España, ni tampoco el derecho a decidir de Barcelona, ni el de ninguna otra parte de Cataluña, se han asegurado el no tener absolutamente nada que perder, sea cual sea el resultado a su engañosa pregunta. No renuncian a la independencia pero tampoco a lograr mayores cotas de soberanía.

No es de extrañar a la vista de un Gobierno como el de Rajoy, irresponsablemente temeroso de que los nacionalistas tengan algo que perder por perpetrar este circense y, a la vez, gravísimo desafío a la nación y a la democracia españolas.

El fetichismo constitucional
Reformar una Carta Magna es normal; pero pensar que eso soluciona todo lleva a la inestabilidad
José María Ruiz Soroa El Pais  13 Diciembre 2013

Digámoslo desde el principio y sin rodeos: al introducir la Constitución en el debate partidista, el sistema político español ha dado un paso en el proceso de degeneración que lo aqueja desde hace bastante tiempo. Y no es un simple paso más, sino un paso de gigante.

Durante los últimos años el sistema político, caracterizado por un antagonismo partidista sobreactuado y cainita, había ido quemando en el altar de la pelea política casi todos los mecanismos e instituciones constitucionales: no quedaba prácticamente órgano institucional o mecanismo sistémico que no hubiera sido objeto de pelea, colonización y reparto por las partidas que asolan nuestra convivencia. Por eso, cuando ya no quedaba más madera para quemar en la hoguera de la confrontación por la confrontación, no ha habido más remedio que, imitando a Marx (Groucho), arrojar también a la hoguera a la Constitución misma. Porque eso es lo que ha hecho el PSOE al alzar la bandera partidaria y unilateral de la reforma constitucional, por mucho que no lo reconozca; convertir la Constitución vigente en el objeto directo de la lucha política cotidiana. Pasar de la política sobre las leyes a la política sobre la Constitución. Y todo porque necesitaba un lema de oposición urgente en tiempos de penuria ideológica.

El paso siguiente, inevitable en el proceso desencadenado, será el cuestionamiento directo de la Constitución vigente como marco de insuficiente democracia, en lo que los socialistas serán entusiásticamente apoyados por nacionalistas periféricos y extremosos de toda laya. Un futuro ciertamente preocupante que, curiosamente, no hace sino reproducir las querencias tradicionales de la política patria.

En efecto, el pasado de España muestra cómo la Constitución fungió casi siempre como auténtico fetiche político. Para superar los problemas que el proceso político cotidiano no era capaz de tratar eficazmente, la receta era siempre, o casi siempre, cambiar la Constitución, o cambiar de Constitución. Lo que la realidad cotidiana no producía (fuera ese algo de estabilidad, libertad, desarrollo o justicia), lo produciría por arte de magia la Constitución si se la cambiaba. Todo apunta a que estamos reingresando en la tradición del fetichismo y, consiguientemente, de la inestabilidad del sistema político.

Los políticos se aferran a la idea de que reescribir las reglas produce una mejora instantánea de la democracia
No se equivoquen: modificar o reformar la Constitución para adecuarla a nuevos problemas es algo normal en un sistema político como lo demuestran muchos ejemplos de otros países. Pero descubrir un buen día, de la noche a la mañana, que la solución de los problemas (tanto los territoriales como los económicos) pasa por un cambio de la Constitución y, por ello, convertir ese cambio en el objeto directo de la pelea democrática partidaria, eso es algo peculiar del subdesarrollo político hispánico. Y en ello estamos de nuevo. Bienvenidos al pasado.

Todos los analistas coinciden en que el principal problema de nuestro sistema político lo constituyen los propios partidos políticos y su manera de colonizar las instituciones y la vida política toda, con la derivada de corrupción insultante que se exhibe. Y, sin embargo, esos mismos partidos han logrado instaurar en la opinión actual la idea de que el problema no son ellos y su comportamiento, sino la Constitución misma. Y exigen la apertura de un proceso de reforma “a lo que salga”, precisamente el tipo de proceso que una vez desencadenado resulta incontrolable y queda a merced del extremismo. La última vez que los socialistas se inventaron un proceso de reforma “a lo que salga”, el del Estatut, terminamos con los catalanes pidiendo la independencia. Es lo que tiene soltar a los tigres.

¿Por qué? Porque este tipo de procesos de reforma a ciegas excita y da cancha de juego a uno de los más sensibles mitos democráticos, el de la voluntad popular. En concreto, a la idea intuitiva e imparable de que gracias a la reescritura de las reglas constitucionales (¡solo con eso!) se produciría instantáneamente una democracia mejor y un mundo más justo. Si escribimos en la Constitución que nadie puede ser desahuciado de su vivienda, ni se le puede privar de suministro de energía, ni las pensiones pueden bajar, ni los funcionarios perder poder adquisitivo, y Cataluña debe acomodarse… Si escribimos en la Constitución no solo “lo que el Gobierno no puede decidir”, sino también “lo que no puede dejar de decidir” (en la bella fórmula de Ferrajoli), habremos acabado con la posibilidad de crisis económica, estaremos al abrigo de la contingencia y del mercado, los catalanes estarán cómodos… El triunfo de la voluntad y de la Constitución como su fetiche.

Lo intentamos en el pasado: “Los españoles tienen la obligación de ser justos y benéficos” (artículo 6 de la Constitución de Cádiz). Ahora lo intenta Nicolás Maduro en Venezuela. Pronto lo probaremos aquí de nuevo.

José María Ruiz Soroa es abogado.

'Dos preguntas perversas'
Mas agrega más maldad a su palmarés. Con dos preguntas se podría montar una trampa impresentable y antidemocrática. En el mejor de los casos habría muchas impugnaciones. No habrá consulta, pero si hubiera una manipulación causaría, como mínimo, muchos conflictos electorales y de mera propaganda.
Alfons Quintà www.cronicaglobal.com 13 Diciembre 2013

Cuesta creerlo, pero resulta evidente que las dos preguntas de la consulta -que por el bien de la democracia nunca se celebrará- pueden ser una maldad inédita aquí. Se las puede acusar de ser contrarias a derecho y a la democracia. Así como un pozo de razones.

A la primera pregunta se podría contestar que 'sí' o que 'no' a la creación de un Estado. Pero a la segunda sólo podrían responder los que hubieran contestado 'sí' a la primera. Quedarían imposibilitados de votar contra la independencia los contrarios a un Estado catalán. Esto se compensaría en la contabilización de los votos de la primera pregunta en el escrutinio de la segunda pregunta. Serían considerados nuevamente contrarios a la segunda demanda quienes lo hubieran sido en la primera pregunta.

Los votantes contrarios a la primera alternativa quedarían excluidos de la posibilidad de responder a la segunda pregunta, un Estado independiente. Son aquellos que, como preconizan el PP y Ciudadanos, así como muchos ciudadanos por razones propias, hubieran respondido 'no' a la primera demanda.

Amputado el cuerpo electoral
El que justamente recibe el nombre de cuerpo electoral quedaría amputado. En la segunda pregunta no hay ninguna duda de que ganarían los que en la primera pregunta se hubieran declarado partidarios a la creación de un Estado catalán, si bien se compensaría retomando, como un 'no' los que ya hubieran votado 'no' a la primera pregunta.

En la última pregunta se daría un número absoluto de votos inferior. Pero, muy probablemente, habría un porcentaje independentista superior al de la primera pregunta. Podría ser muy mayoritario en favor de un Estado independiente, si bien después se lo tendría que corregir al recuperar los votos ya contrarios a la primera pregunta. Descartar como persona con derecho a voto a la segunda pregunta parece impresentable y base de muchas interpretaciones.

Se habría dividido a aquellos que pueden querer un Estado confederado, pero no independiente, de aquellos que quieren continuar como hasta ahora. En el lenguaje corriente y en la realidad puede haber mucha proximidad entre continuar como por ejemplo o bien ir hacia una situación federal o incluso confederada. Pero este conjunto sería fragmentado, en favor de un sector electoral (lo de la segunda pregunta) mucho más pequeño, donde los independentistas ganarían claramente. Que nadie diga que se hizo así en Puerto Rico, porque no es verdad. No se fragmentó descaradamente el cuerpo electoral, como por ejemplo pretende hacer Mas y los suyos.

Se trata de una barbaridad que, al mismo tiempo, puede representar una violación de principios democráticos y derechos humanos perfectamente garantizados, a nivel universal, europeo y español.

Malos antecedentes legales
No son consideraciones que haga en el vacío. El independentismo ha usado el empadronamiento en vez del censo electoral en parodias de referéndum, a nivel local. A la vez han manifestado que pueden dejar votar a partir de los dieciséis años, dos años menos que la edad establecida por la ley, dieciocho años.

De CDC y de ERC no me puede extrañar nada. Pero, ¿cómo es que lo han aceptado UDC e ICV-EUiA? ¿Cómo es que ningún medio no ha lanzado ninguna señal de alerta? Personas afines a ICV-EUiA y a UDC me dicen que esto permitiría situar la fuerza del voto federal o confederal. No comparto este criterio. Encuentro más peligro y posibilidades de demagogia por parte de unas fuerzas que controlan la comunicación social que no posibles ventajas.

A la vez, Mas ha vuelto a perder imagen. Para evitar el ridículo sublime que lo hubiera afectado si no podía salirse con el tema de la pregunta ha tenido que ceder en todos los frentes internos. Al darse lo que los clásicos decían una contradictio in terminis ha asumido la grande e inédita tontería consistente en intentar formular dos preguntas.

Con una satisface a UDC y a ICV-EUiA y con la otra a ERC. Resulta una chapuza, que inevitablemente sería una fuente de razones. Ahora bien, como no habrá ninguna consulta él podrá tirar de beta durante algunos meses. Lo hará gracias a usar una cataplasma que nace sumergido en una payasada nada convincente. Siempre ha hecho lo mismo. Aclarar sus preocupaciones equivaldría a desintegrarlas. Necesita la confusión y la mentira como los peces el agua.

Además, ha añadido otra barbarie, en este caso matemática. Explicarlo es bastante simple, pero no he visto a nadie que lo hiciera. En efecto, si las dos preguntas logran una amplia mayoría de 'sí' o de 'no', no habría demasiado problema formal intrínseco a la rara opción de una doble pregunta. Aun así, también podría haber. Algunos problemas son difíciles de plantear ahora, dado que, por ejemplo, no sabemos como se valorarán las abstenciones, que podrían contradecir las respuestas a una u otra pregunta.

Dos preguntas y más contradicciones
Pero el gran ajetreo surgiría si se dieran una mayoría o una minoría muy parecidas. ¿Qué pasaría si en la primera pregunta (Estado o no) hubiera una mayoría muy parecida a la segunda (Estado independiente)? Además podrían ser mayorías que no llegaran al cincuenta por ciento, cosa que realmente ahora puede aparecer más complicado y más difícil. Al ampliarse la elección, los resultados pueden ser objeto de varias interpretaciones. Pueden aumentar las ollas y los grillos.

Lo que acabo de exponer es bastante teórico porque unas normas confusas e inéditas pueden permitir maldades superiores.

Todo ello reconfirma que Mas -y quizás otros- no se mueven en función de clarificar un tema complejo, por no decir alocado, sino por otros objetivos. En el caso de Mas es obvio que piensa sobre todo en poder aprobar un presupuesto, puesto que de lo contrario tendría que dimitir y convocar elecciones anticipadas.

Esto último nadie lo quiere. Una fuente de ERC me tiene suficiente confianza como para decirme: "Ahora nos dan un miedo terrible unas elecciones porque seríamos el partido más votado y tendríamos que formar gobierno, cosa para la cual no estamos preparados, como tú escribiste. Preferimos esperar unos meses más". Me habla claramente de que "ERC se puede zampar del todo a CDC y, por supuesto, hacerla romper bien pronto con UDC".

Muy poco después de hacerse pública la aprobación inicial de las dos preguntas, fuentes de ERC destacaron que estas tenían que ser aprobadas por el consejo nacional del partido, mientras destacaban, quizás contradictoriamente, que pronto ERC estaría dispuesta a entrar en el Gobierno autonómico. Las consejerías que podrían estar en juego son las de Empresa y Ocupación y la de Territorio y Sostenibilidad. Mas vería bien apartar del Gobierno autonómico a Felip Puig y a Santi Vila, que ve como posibles contrincantes, a pesar de la actual paz interna en CDC.

Ahora bien, mi criterio es que ERC con tanta confusión se encontraría muy a gusto, si se recuerda cómo fueron muchas elecciones durante la Segunda República.

Mas, sin oposición dentro de CDC
Continúa sin haber una oposición seria contra Mas dentro de CDC. Lo que hay es una fuerte voluntad de romper con UDC y auténtico odio contra Josep Antoni Duran i Lleida. Una fuente de CDC me dice: "Si hubiera una consulta interna en CDC respecto a romper con UDC lo que resultaría podría ser de un ochenta por ciento a favor de liquidar la federación CiU".

Duran ha estado haciendo todo lo que ha podido para atenuar las imposiciones de ERC. Él fue quien impuso la fecha de la consulta, en el marco de una clara voluntad de que fuera después del referéndum escocés. Todas las encuestas de todo el mundo dan como favorable la continuidad de Escocia dentro de Gran Bretaña. Duran lo ha conseguido, pero el independentismo casero es autista: sólo se entera de lo que le reconforta, por eso ve y escucha TV3.

Finalmente, destacar un hecho obvio: la coincidencia en el tiempo entre la aprobación sui generis de la pregunta y la celebración de la payasada llamada "España contra Cataluña". Un golpe más, Mas lleva a cabo groseras operaciones de manipulación informativa, tapando un hecho (el no entendimiento en la pregunta) con otro. Qué no osaría hacer si dispusiera de los mecanismos de poder de un Estado-nación? Por suerte, esto nunca dejará de ser algo imposible. Hoy más imposible (y más ridículo) que ayer.

La ruptura y la esquizofrenia
Toni Bolaño www.cronicaglobal.com 13 Diciembre 2013

Mas ha consumado la ruptura social en Cataluña, entre los catalanes, con su pregunta para celebrar un referéndum para la independencia. Ha sacrificado la convivencia para salvar a su gobierno. Sabe que está tomando un camino sin salida pero ha ganado tiempo. Ha fijado una fecha lejana para seguir agitando el espantajo de la negativa del Gobierno de Rajoy a aceptar la democracia -supuesta- en Cataluña. Y ha fijado una pregunta para marear la perdiz a sabiendas para que los comparsas de ICV-EUiA y Unió puedan salir a justificar su seguidismo, para que las CUP se dobleguen en mor de un objetivo común y para que en ERC no quede en evidencia su mediocridad.

A pesar de los pesares, Mas se ha salido con la suya, aunque Cataluña no. Ahora tiene un año para volver a llevar las aguas nacionalistas a su cauce

Lo de menos era la pregunta. Lo importante era conseguir una foto para continuar por el camino del engaño y la esquizofrenia. Sabe que la consulta no se hará. Tiene la oposición del Gobierno de España, del PP y del PSOE, y es consciente -aunque mienta continuamente sobre esta materia- que la comunidad internacional le da la espalda a una consulta ilegal y unilateral. Ganar tiempo para conseguir alcanzar la fecha del 9 de noviembre y rasgarse las vestiduras. Para entonces habrá pasado un año. Mas confía, que para entonces, habrá recobrado el liderazgo perdido en el mundo soberanista. Confía que los ciudadanos le retornen a CDC el papel de pal de paller. Entonces podrá convocar elecciones para mayo de 2015 y hacerlas coincidir con las municipales.

Como escribe el presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL, Francesc Moreno, "como el referéndum no se va a celebrar, la pregunta era lo de menos". A pesar de los pesares, Mas se ha salido con la suya, aunque Cataluña no. Ahora tiene un año para volver a llevar las aguas nacionalistas a su cauce. Ahora vuelve a focalizar al adversario externo en el Gobierno de Rajoy y tiene un año para mantener las ascuas encendidas y ha eliminado la presión interna que rozaba el ridículo. Sabe que la pregunta no se va a hacer pero ha ganado tiempo. No lo digo yo. Me lo ha dicho un dirigente de la federación nacionalista. Me planteaba su opción de voto para acto seguido añadir "dicho esto, no habrá votación porque estamos en una auténtica esquizofrenia".

No le falta razón. Para esquizofrenia, un dato. Además de la gran idea de Homs de hacer unas jornadas pseudo-históricas tituladas "España contra Cataluña", los chicos de CDC nos han obsequiado con un tríptico en el que explican las ventajas de una Cataluña independiente. Desde una estupidez arrogante, el tríptico dice que en el primer año de independencia el paro bajará un 10% y las pensiones no sólo se podrán pagar sino que se podrán mejorar las prestaciones. Si los ciudadanos se lo creen, la esquizofrenia está en un estado muy avanzado. Diagnóstico: Cataluña está enferma.

El coste de la multiplicidad de administraciones
La Tribuna. Redacción. latribunadelpaisvasco.com 13 Diciembre 2013

Las duplicidades autonómicas han costado 70.000 millones de euros a los ciudadanos españoles en los últimos cuatro años.
Según datos de Unión, Progreso y Democracia (UPyD), en los últimos cuatro años España podría haber ahorrado 70.000 millones de euros si se hubieran adoptado medidas para mejorar la eficiencia de las comunidades autonómas y eliminar duplicidades entre diferentes administraciones públicas. Concretamente, y según los datos que maneja el partido presidido por Rosa Díez, la eliminación de duplicidades entre administraciones y entes públicos que han proliferado en las comunidades autónomas, como tribunales de cuentas, servicios de defensa de la competencia, consejos consultivos o los defensores del pueblo, podría ahorrar entre 16.000 y 22.000 millones de euros anuales.

Desde UPyD se explica que, en general, "el estado autonómico es una buena idea, pero su desarrollo se ha hecho mal" porque ha permitido "aumentar el gasto superfluo y crear superestructuras en torno a los servicios transferidos". UPyD es partidaria de que las comunidades devuelvan al Estado las competencias en sanidad y educación, aunque "la gestión del día a día la mantengan las autonomías".

Por otro lado, si se suprimieran las diputaciones y se fusionaran ayuntamientos para crear entes de entorno a 20.000 habitantes, se podría lograr un ahorro adicional de 17.000 millones de euros "y se ofrecería una mejor calidad del servicio". En opinión de Alvaro Anchuelo, portavoz de Economía de UPyD en el Congreso, las dificultades económicas de España "tienen mucho que ver con la estructura del Estado autonómico, porque las comunidades son las que tienen el mayor problema de déficit y deuda".

A medio y largo plazo
Los 8 grandes retos que debe afrontar la economía española
"La economía española ha salido de la recesión, pero no de la crisis", según advierten los expertos que señalan 8 grandes retos para la recuperación.
 13 Diciembre 2013

"La economía española ha salido de la recesión, pero no de la crisis. Para dejarla atrás es necesario abordar, a corto y a medio plazo, numerosos retos que exigen cambios de gran calado en las empresas, en la educación y en el sector público". De este modo, resume la Fundación BBVA el desafío que afronta la economía nacional de cara a los próximos años.

En su Informe 2013 Fundación BBVA-Ivie sobre Crecimiento y competitividad, presentado el miércoles, los investigadores del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) identifican ocho grandes retos cuya superación hará más probable que la necesaria competitividad económica de España sea duradera. El objetivo global es competir y crecer mejor, tanto a medio como a largo plazo, pero para ello será necesario solventar los siguientes aspectos:

1. Más inversión en intangibles

El primer reto es aumentar la invesión en activos intangibles: información digitalizada, innovación y competencias económicas que potencien la imagen de marca, mejoras en la gestión, en la organización del trabajo y formación. Es decir, que las empresas inviertan más en I+D, en mejorar su organización interna y en la formación de trabajadores y empresarios parar elevar su productividad y generar más valor añadido.

El problema es que la inversión en intangibles en España es baja, apenas el 6,7% del PIB, menos del 40% de la inversión en activos tangibles (capital físico), cuando en Estados Unidos representa un 150%.

2. Aprovechar mejor la globalización

La economía española ha de orientar más sus actividades hacia las que generan más valor, teniendo presente que la economía mundial se caracteriza por una elevada fragmentación de los procesos productivos que permite a las empresas especializarse en distintas tareas. La globalización plantea el reto de reducir los costes en tareas de baja cualificación y centrarse en las más cualificadas.

3. Atraer inversión extranjera

Poner en valor las ventajas competitivas de España ante las estrategias de deslocalización de las multinacionales extranjeras. Las dotaciones de infraestructuras, la oferta de mano de obra abundante de cualificación alta y los salarios, además de los costes del suelo y alojamiento que son más bajos que los de muchas economías europeas, deben servir para que determinadas actividades se localicen en España.

4. Cambiar la estructura y gestión de las empresas

Abordar cambios en la estructura, dirección y gestión de muchas empresas, en especial de las más pequeñas. "Las estrategias empresariales dependen con frecuencia de propietarios con escasa cualificación para manejar la actual complejidad tecnológica de las organizaciones y de los mercados", según el estudio.

Mientras el 71,1% de los directivos son universitarios, ese porcentaje se reduce al 10,5% entre los empresarios con asalariados y al 10,3% entre los autónomos, pero estos dos últimos grupos son los mayoritarios. Las empresas grandes y las multinacionales, gestionadas con frecuencia por directivos profesionales, logran mayores niveles de eficiencia y productividad.

5. Mejorar la productividad laboral

Es necesario incrementar las ocupaciones cualificadas, que quienes ocupan estos puestos estén bien formados y sean productivos, y que las empresas gestionen esos recursos adecuadamente.

Aunque en España el porcentaje de puestos de trabajo de alta cualificación representa ya alrededor de un tercio del total, en otros países esa cifra se aproxima al 45%. Las previsiones europeas son que dos de cada tres puestos de trabajo creados en España en esta década sean cualificados, y por ello es necesario contar con abundantes recursos humanos con formación superior (universitaria o profesional), con conocimientos, competencias y actitudes adecuados para cubrir una demanda cada vez mayor de capital humano.

6. Reducir el paro

Uno de los retos más importante para el resto de esta década, según los expertos, será "absorber una gran bolsa de parados con escasa formación, pues la exclusión laboral está siendo un factor clave del mayor riesgo de pobreza".

Por ello, abogan por emplear todo "el arsenal disponible para paliar el problema que representa el desempleo", mediante una mayor flexibilidad laboral, más facilidades para crear empresas, una mejor formación para desempleados, etc.

7. Igualdad de oportunidades

Un séptimo reto es garantizar el acceso a servicios públicos fundamentales como la educación y la salud, "claves para igualar las oportunidades de los grupos sociales más amenazados por la pobreza".

Y, para ello, es necesario garantizar "la sostenibilidad financiera del gasto público a medio y largo plazo, amenazada por la tendencia expansiva de los gastos asociados al envejecimiento; la existencia de grandes diferencias de recursos por habitante entre las comunidades autónomas, responsables de la prestación de estos servicios; y la falta de instrumentos de evaluación sistemática de los resultados de las políticas educativas y sanitarias, que promueva la difusión de buenas prácticas y la eficiencia".

8. Servicios públicos más eficientes

Por último, es necesario que España cuente con unos servicios públicos eficientes, minimizando costes y maximizando el volumen y calidad de los mismos. En este sentido, el informe recomienda apostar por "la evaluación sistemática ex-ante y ex-post de las políticas, basada en sistemas de información adecuados".


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Mas empuja a Cataluña por el precipicio...
Editorial El Mundo  13 Diciembre 2013

ARTUR MAS, flanqueado por los líderes de ERC, ICV y la CUP, presentó ayer en el Palau de la Generalitat con gran solemnidad las preguntas y la fecha del referéndum que quiere convocar. Según su plan, será el 9 de noviembre de 2014 cuando los catalanes acudan a las urnas para responder a dos preguntas: «'¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado? Y si es así: ¿Independiente?'». Consciente de lo confuso de esta redacción, Mas se vio obligado a precisar que Estado tenía que escribirse con mayúscula. Hace unos días, el conseller Homs advirtió que la falta de acuerdo sobre los términos de la consulta haría caer en «el ridículo» a las fuerzas políticas que impulsan el proceso soberanista. Pero lo que han alumbrado es un engendro que bien puede calificarse además de tramposo y sin sentido.

Las preguntas son el resultado de los equilibrios de Artur Mas en su huida hacia adelante para dar satisfacción tanto a ERC como a Unió e ICV. Junqueras le había amenazado con provocar la caída de su Gobierno si la palabra «independencia» no figuraba en la consulta, mientras que ICVy sus socios de Unió exigían una pregunta ambigua e «inclusiva» en la que pudieran caber también los electores del PSC, que por cierto se descolgó del soberanismo muy a tiempo.

Obviando que la consulta nunca se va a celebrar -y todos sus impulsores lo saben- el análisis de la pregunta y de los posibles resultados conduce a la confusión absoluta. No está claro que los mismos que votaran sí a la primera pregunta lo fueran a hacer también a la segunda. La mayoría de los catalanes podría querer que Cataluña fuera un Estado -con mayúscula y a secas-, pero dependiente de España. Sería el caso de los votantes de Unió, de ICV e incluso de un sector del PSC. Cataluña tendría entonces que formular una declaración unilateral de dependencia de una España federal o confederal que sencillamente no existe. Mientras que si la mayoría respondiera favorablemente a la segunda pregunta, el camino sería una declaración unilateral de independencia que implicaría la salida automática de la UE.

Teniendo en cuenta que los votantes del PP y Ciutadans, y la mayoría de los del PSC, no votarían al no sentirse concernidos, y puesto que muchos electores de Unió e ICV tampoco apoyarían la independencia, el referéndum sólo podría desembocar en una situación confusa y tal vez caótica. Cualquiera diría que los nacionalistas sólo buscan vehicular testimonialmente el rechazo cuando no el odio hacia España. No es casualidad que el anuncio coincidiera con la inauguración del simposio «España contra Cataluña». Con este desafío final, Mas se dirige al precipicio donde acabará su carrera política -ERC le adelanta ya en los sondeos- y, lo que es más grave, conduce a Cataluña a la fractura social y a un futuro muy incierto.

Desafío secesionista
La pregunta del millón
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 13 Diciembre 2013

Los ciudadanos de Cataluña tienen que estar agradecidos a los dirigentes de Esquerra Republicana de Catalunya por la franqueza con que formulan la pregunta del millón: "¿Desea una Cataluña independiente? Sí o no". Nada de eufemismos o circunloquios que, como sentenció la portavoz del partido, Anna Simó, serían "un fraude a la ciudadanía". Ellos y sus socios de la CUP saben lo que quieren y no les avergüenza proclamarlo a voz en cuello. Incluso acompañando sus exigencias con toda clase de amenazas, que se traducirían en la bancarrota y el caos de la sociedad cuya independencia reclaman: una semana sin actividad económica, sacar la gente a la calle para una demostración de fuerza. Hasta Albert Rivera, presidente de Ciutadans, les reconoce este mérito (LV, 9/12):

Los republicanos son "coherentes" cuando condicionan su apoyo a los presupuestos a la pregunta de la consulta porque "solo les importa la independencia".

Sólo les importa la independencia, y si esta convierte al nuevo estado en una arruinada y aislada Somalilandia, como pronostican todos los analistas nacionales y extranjeros que no están comprados por la nomenklatura secesionista, tanto peor para los que se tragaron el anzuelo. Los secesionistas tendrán la sartén por el mango y encontrarán la forma de sacarle provecho a su presa antes de la debacle final.
Expertos en chanchullos

Sin embargo, los esquerranos y sus acompañantes del antisistema no pueden desarrollar sus planes con el desparpajo que los caracteriza porque sus socios veteranos, expertos en chanchullos demagógicos, saben que las rupturas escandalosas espantan a los electores prudentes y apegados a la paz social, ya sean trabajadores, profesionales o empresarios, y por lo tanto prefieren los rodeos y las estratagemas envolventes para alcanzar los mismos fines. Esta es la causa de las discrepancias entre los diversos enunciados de la pregunta que los componentes del totum revolutum secesionista proponen para la encuesta imposible. Detalle este último que no hay que perder de vista. Toda la polémica, toda la crispación, toda la fractura de la sociedad y todo el deterioro de la convivencia son producto del empeño que pone una élite endogámica en adueñarse del monopolio del poder mediante una consulta a la que solo se puede definir como imposible.

Aquí es donde aparece lo que Anna Simó, patrocinadora del enfrentamiento cainita, denomina "fraude a la ciudadanía", que consiste en ocultar la palabra independencia sustituyéndola por otras equivalentes aunque menos enfáticas. Empezaron con el eslogan "Cataluña, nuevo Estado de Europa" en la pancarta que encabezaba la marcha de la Diada en el 2012. ¿De Europa? Por supuesto, Cataluña estará en Europa mientras un cataclismo no la desprenda, junto con el resto de España, de la que forma parte, y con Portugal, de esta plataforma continental. Pero lo que querían insinuar los avispados organizadores del evento era que dicho Estado formaría parte de la Unión Europea. Ellos sabían, como hoy tiene que saberlo hasta el más despistado, que esto era y es falso. El hipotético nuevo Estado se pondría, él solito, y conscientemente, al margen de la ONU, de la UE, de la OTAN y de todas las organizaciones internacionales… para mayor regocijo de los fanáticos irredentistas y los antisistema, pero no de los ciudadanos de a pie, que forman la inmensa mayoría de la población.
Piruetas semánticas

Las piruetas semánticas e institucionales encaminadas a eludir la palabra con i (en inglés sustituyen las palabras procaces por su inicial) no tienen fin. "Estado soberano", cuando soberano e independiente son sinónimos en este contexto. "Estado propio"… ¿propio de las cuatrocientas familias que concentran el poder (Fèlix Millet dixit)? Autodeterminación, derecho a decidir, son otros ersatz de la palabra con i.

Los secesionistas más simpáticos, los de la tercera vía, se encubren tras el Estado propio dentro de la España confederada y citan el ejemplo de Suiza. Olvidan que en la Confederación Helvética las consultas abarcan el país íntegro y todos los cantones deben respetar los resultados, ya se trate del servicio militar obligatorio, de los salarios máximos o de la altura de los minaretes.

Desprovisto de ideas frescas, el excorresponsable del desgobierno zapateril, Alfredo Pérez Rubalcaba, sacó de la chistera el Estado federal. Estados Unidos es federal sin atenuantes. Hay estados donde la pena de muerte es legal y en otros no lo es. Lo mismo sucede con el matrimonio homosexual, la eutanasia y el consumo de marihuana con fines terapéuticos o recreativos, legales en unos estados y en otros no. El aborto es legal en todo el territorio y la justicia frena los intentos de ponerle obstáculos. Dicho lo cual, allí el Gobierno no toleraría la existencia de un sistema escolar discriminatorio como el de la autonomía catalana, donde la Generalitat desobedece todas las sentencias judiciales que obligan a utilizar también el castellano, idioma propio de España, como lengua vehicular. En Estados Unidos, cuando el gobernador George Wallace intentó bloquear la entrada de dos estudiantes negros en la Universidad de Alabama, el 11 de junio de 1963, desobedeciendo una ley federal, el fiscal general adjunto, Nicholas Katzenbach, telefoneó al presidente Kennedy y este dispuso la intervención de la Guardia Nacional de Alabama. El general Henry Graham ordenó al gobernador que dejara libre el paso y Wallace se hizo a un lado de mala gana. El episodio pasó a la historia como modelo de un federalismo respetuoso de la Constitución y de los derechos de los ciudadanos. Tome nota Irene Rigau, consejera de Enseñanza de Cataluña, permanentemente insumisa.

Dijo Antonio Garrigues Walker (El País, 5/12): "El sistema autonómico es federal. No lo llamábamos así por pudor". Pérez Rubalcaba debería proponer que no sea anárquico. Federal ya lo es, en exceso. Hasta el punto de que en el ABC del 18 de mayo del 2007 encontramos un titular que dice, citando a quien entonces era su director:

Zarzalejos aboga por reformar la Carta Magna para volver al Estado unitario - Denuncia el "desguace" del modelo constitucional pactado en 1978.

Precisamente porque el conglomerado secesionista es un totum revolutum anárquico, bate records de papelones. Confesó el verborreico Francesc Homs (LV, 4/12):

Si no hay pregunta no hay consulta y si no hay consulta no hay proceso, y si no hay ni pregunta ni consulta ni proceso habremos hecho un ridículo meteórico.

"Cósmico", no "meteórico", corrigió atinadamente Llàtzer Moix (LV, 8/12), pero del ridículo no los salva nadie.

En plan bestia
Un truco útil para formarnos una idea gráfica de la zafiedad de los recursos que los secesionistas emplean para engatusar a los ciudadanos, y del desprecio que sienten por la inteligencia de estos, consiste en comparar sus tácticas con las que un donjuán poco escrupuloso utilizaría para seducir a una jovencita inexperta. Un clon de los agitadores incorregibles de ERC y de los antisistema de la CUP procedería en plan bestia y le espetaría: "¿Quieres follar, sí o no?". O, fiel a los usos y costumbres de sus añorados tiempos feudales, practicaría la coyunda ipso facto sin plantear alternativas. Un clon de los elaboradores de fórmulas inclusivas estilo CDC, o de terceras vías simpáticas como las de UDC o PSC, o de ambigüedades marxistoides pasadas por el filtro de ICV, optaría en cambio por enredarla con halagos sutiles, explicándole que sus padres o su novio sacan provecho de su laboriosidad y sus afanes domésticos, y tal vez planean despojarla de la herencia que le han dejado sus tíos, mientras que él, en cambio, se preocupa por su bienestar y la invita a pasar un fin de semana en Cadaqués. Sin segundas intenciones, claro está, aunque ya se sabe…

Distintos argumentos, distintas sensibilidades, pero el objetivo está siempre camuflado. Cuando se trata de los clones licenciosos de nuestra ficción, su objetivo es follar, con matices de lenguaje, a la jovencita inexperta. Y, cuando se trata de los entes políticos secesionistas que actúan en el mundo real, su objetivo es someter coactivamente a los ciudadanos, o deslumbrarlos amablemente con espejismos tentadores, para hacerlos renegar de los vínculos culturales, económicos, sociales y familiares que los unen a sus compatriotas, y para aislarlos dentro de una burbuja tóxica hostil a los valores del humanismo ilustrado y liberal que tanto costó recuperar al salir de las catacumbas de la dictadura.

Mas ya ha roto la legalidad
Pablo Sebastián www.republica.com 13 Diciembre 2013

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, ha roto la legalidadal anunciar -tras el pacto de CiU con ERC, ICV y CUP- una consulta para la independencia de Cataluña, que atenta contra la soberanía nacional y abre la confrontación con el Estado. No en vano Mas lanzó su desafío como presidente de la Generalitat, un cargo que le obliga a acatar la Constitución como el representante que es del Estado en Cataluña. Así se lo advirtió el presidente Rajoy insinuando la toma de medidas contra este proceso,y tras afirmar que dicha consulta no se celebrará ni habrá negociación alguna porque la soberanía nacional es competencia exclusiva del pueblo español.

Un Rajoy que llega tarde para hacer frente al desafío catalán sobre el que nunca quiso hablar ni actuar -de ‘algarabía’ calificó la Diada de 2012 del ‘España nos roba’-, como también tarde llega el PSOE de Rubalcaba tras haber consentido la deriva del PSC -que ahora recoge velas- a favor de la autodeterminación. Dos ausencias del PP y del PSOE que dieron alas a la agitación popular independentista en Cataluña, hoy convertida en problema que ha crecido y que está ahí -recuérdese la ‘cadena humana’ de la última Diada- y que no será fácil de desactivar con las medidas políticas y jurídicas que prepara el Gobierno contra este desafío imparable de Mas. Solo el horizonte de hundimiento económico y social de Cataluña (con la quiebra de numerosas empresas y mas del 30% de paro) y la expulsión de la UE, que ayer confirmaba en Madrid el presidente del Consejo Europeo Van Rompoy, pueden revertir la tensa situación social.

En su declaración, Rajoy ha incluido un matiz señalando que su Gobierno actuará en cuanto se ‘formalice’ la iniciativa que Artur Mas, creemos que con recurso ante el Tribunal Constitucional, por el lado jurídico y con la posible la aplicación del artículo 155 de la Constitución -que Rosa Díez ha pedido desde UPyD que se ponga en marcha-, en el que cabe la posibilidad de suspender la autonomía catalana, para que asuma sus competencias el gobierno español, por el flanco de la política.

Sobre todo porque el Gobierno de España no puede consentir que el presidente de la Generalitat y las instituciones de Cataluña, que representan al Estado, actúen en favor de la ruptura de la unidad nacional, violando la ley y utilizando fondos públicos del Estado en este proceso (delitos de prevaricación y malversación). Tal y como se ha venido haciendo en los últimos meses y años sin que el Gobierno ni la fiscalía del Estado hayan actuado con la firmeza y diligencia que merecía esta escalada ilegal de Mas y sus aliados.

Aliados de Mas y CiU entre los que se encuentran importantes empresarios y financieros catalanes -que son el ‘talón de Aquiles’ del proceso independentista, por el mucho dinero que se juegan- y que han coqueteado con el fuego de la independencia que ya les quema las manos. Los que ahora deben clarificar su posición ante semejante desafío (poco cava se venderá en estas Navidades fuera de Cataluña). Y lo mismo ocurre con los editores de medios de comunicación catalanes, públicos y privados, que también dieron aliento al proceso independentista y que ahora tendrán que optar (La Vanguardia que había apoyado los disparates de Mas, anunció ayer el cambio de director).

Estamos ante un desafío contra la unidad de España, por ahora en su fase inicial, que es el más grave ocurrido en nuestro país desde que el expresidente de la Generalitat Lluís Companys proclamara el 5 de octubre de 1934 la independencia de Cataluña. Lo que nos lleva a pensar que Artur Mas, que esperaba el rechazo del Estado a la consulta, irá más lejos en su ciega cabalgada hacia nadie sabe dónde y propondrá en el parlamento catalán la ‘declaración de independencia’ de Cataluña con la que ya había amenazado días atrás en el Congreso de los Diputados Duran i Lleida, otro que se ha quitado la careta de la ambigüedad al apoyar la consulta ilegal de Artur Mas.

Ese sería el último acto político de la tragicomedia montada por Artur Mas, camino de la senda del fracaso que ya abrió Ibarretxe años atrás, pero convencido Mas de su ‘heroicidad’. La que, entre otras cosas, dejará hundida a CiU en beneficio de la Esquerra y le habrá regalado al Estado -a pesar de las tensiones que todo ello conlleva y el daño que hace a la imagen y confianza de España- el hecho singular de que tras el anuncio de ruptura a Cataluña no se le puede hacer ninguna concesión ni política ni fiscal. Al tiempo que Mas habrá gastado, demasiado pronto y por mucho tiempo, el cartucho de la independencia sin haber medido las consecuencias de esta deriva absurda y demencial.
www.pablosebastian.com

EL PANTALÓN NACIONALISTA
EDURNE URIARTE ABC  7 Diciembre 2013

Nada menos que un tercio de los españoles se ha cansado de alargar el pantalón siempre al mismo niño
«A medida que el niño crece el traje le queda corto y los pantalones hay que alargarlos», es la manera en que el nacionalista y padre de la Constitución, Miguel Roca, argumentaba este lunes la necesidad de reforma constitucional en una entrevista en El País. Como nacionalista exquisito que es, intentaba convencernos de que las culpas de la insatisfacción de los suyos están repartidas y obviaba que el niño encaprichado con el traje nuevo es nacionalista, que, más que crecer, lo que hace es engordar de tanto apetito que tiene, y que, como siga comiendo, va a hacer estallar los muros de la casa donde convive con los demás españoles. Y cuando le preguntaban si el presidente de la Generalitat estaba obligado a cumplir la Constitución, eludía responder. Dando por supuesto el derecho al niño glotón a saltarse las normas si no se le da todo lo que pide.

También afirmaba Roca algo en lo que coincido plenamente, la inexistencia de diferencias entre Estado federal y Estado autonómico: «Es que alguien me tiene que explicar la diferencia entre el Estado federal y el Estado autonómico. Yo no la sé». Afirmación relevante en boca de un nacionalista que quiere hacerle un traje a medida a su niño glotón porque muestra lo que tantas veces hemos repetido. Que este niño no quiere comer federalismo porque eso lo come todos los días con otro nombre. O que la reforma constitucional defendida por el PSOE como supuesta solución al «problema de convivencia de Cataluña», así lo llama Rubalcaba, es uno de los mayores cuentos políticos de los últimos tiempos.

Porque está dirigida exclusivamente a los nacionalistas, y, sin embargo, no ofrece interés alguno para tales nacionalistas. Quizá porque está dirigida más bien a los nacionalistas de sus propias filas, a los del PSC, que encuentran en la palabra federalismo una manera, al menos nominal, de diferenciarse de los defensores de la unidad de España y, sobre todo, de la derecha.

Pero este empeño en alargar el pantalón a los nacionalistas se encuentra con otro problema al que el PSOE no parece prestar mucha atención. Y es que el resto de niños que conviven con los nacionalistas y que tradicionalmente han sido tan obedientes y conformistas y siempre prestos a satisfacer los caprichos de los glotones, comienzan a irritarse. Y aumentan llamativamente los que también quieren otro traje, pero muy distinto, en forma de un Estado sin autonomías o con menos descentralización que ahora. Nada menos que un 34,3% de españoles apuesta por una de esas dos opciones en el Barómetro del CIS publicado esta semana. Frente a un 21,6% que quiere más autonomía o posibilidad de independencia y un 30,5% satisfecho con el modelo actual.

Nada menos que un tercio de los españoles se ha cansado de alargar el pantalón siempre al mismo niño. Lo que da una idea de los efectos políticos que tendría esa reforma constitucional del PSOE que tampoco quieren los nacionalistas.


Mas, ese aventurero
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 13 Diciembre 2013

¡Que no cunda el pánico! Tal es, creo, la idea fundamental a transmitir a la opinión pública ante la delirante concreción del desafío secesionista del nacionalismo catalán, que ayer dio la campanada al definir la pregunta que pretende hacer a los ciudadanos de Cataluña en una consulta de autodeterminación, para la que además se fijó fecha. ¡Ahí es nada!

Sí, que no cunda el pánico, pues, tras un año de disparates políticos y jurídicos mayúsculos, nos damos, al fin, de narices con la madre de todas las fantasiosas fantasías: la fecha y la pregunta.

Para no andarnos con rodeos, la pregunta (que son dos) pone de relieve que lo que mal empieza mal acaba. Mas y los que le tienen la soga política echada al cuello han decidido plantear a los catalanes dos cuestiones que parecen formuladas por el payaso Charlie Rivel. ¡Uhhhhhhhhh! Y es que los presuntos preguntadores querrían saber si los catalanes desean que Cataluña sea un Estado, decidido lo cual, querrían saber también si desean que ese nuevo Estado independizado sea independiente. ¡Sencillamente inenarrable! Tanto, que de la doble pregunta que ha salido de esos cráneos previlegiados se deduce algo portentoso: que según los nacionalistas hay Estados que se secesionan de otro y no son independientes, teoría que deben haber encontrado en el Libro Gordo de Petete.

Comprobado, pues, que CiU y sus carceleros no saben o no son capaces de ponerse de acuerdo sobre lo que hay que preguntar después de llevar hablando más de un año de la cosa del llamado derecho a decidir, el asunto de la fecha era más fácil: solo había que encontrar un día entre los 365 que tiene cada año y un año entre 2014 y los que lo subseguirán. Pues dicho y hecho.

Aclarada pues (es un decir), pregunta y fecha, sabemos ya algo trascendente: que Artur Mas ha firmado su condena a muerte política como presidente de la Generalitat con un año de adelanto. Porque, como no habrá referendo, por la sencillísima razón de que no lo puede haber, lo que nos queda por ver en el próximo futuro es la forma que tomará finalmente el seguro desenlace desastroso del increíble espectáculo de teatro del absurdo al que venimos asistiendo, atónitos, desde principios de este año. Desenlace desastroso, sin duda, para Cataluña, a la que un auténtico aventurero ha llevado, al son de canciones patrióticas, primero al borde del abismo, para dar después, como en el chiste, un paso al frente. Y desenlace desastroso para España en su conjunto, que seguirá consumiendo muchas energías en resolver un problema creado artificialmente por una casta de políticos realmente impresentables, cuando tiene por delante el más grave desafío económico y social al que se ha enfrentado el país en las tres últimas décadas. Por eso lo de Mas y su tropa es, literalmente, imperdonable.


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