AGLI Recortes de Prensa   Lunes 16 Diciembre 2013

El indignante descaro de Mas-Colell
EDITORIAL Libertad Digital 16 Diciembre 2013

El consejero de Economía del Gobierno regional catalán, Andreu Mas-Colell, ha abogado por que el ilegal desafío secesionista que se propone perpetrar su señor, Artur Mas, no tenga consecuencias en lo relacionado con la financiación pública. "Se pueden tener conflictos políticos serios sin que la economía se vea afectada", ha dicho. Sin vergüenza.

El caso es que la economía ya se ve afectada por el conflicto desencadenado por el grotesco y desleal Gobierno en el que se desluce este sujeto, antaño economista de prestigio. Se ve afectada muy negativamente. Porque la demencial gestión de Mas, Mas-Colell y compañía la están pagando bien cara los catalanes, que en el pecado de haberlos votado llevan la penitencia; pero también, y de qué modo, y qué injustamente, el resto de los españoles. Pese o por haber votado de manera muy distinta a sus compatriotas del Principado, que así de surrealistas son las cosas en este país.

Rajoy y Montoro son los culpables de semejante desafuero, y de la desvergonzada chulería de un Mas-Colell que está gestionando deplorablemente las cuentas de su región y aun así se permite hacer victimismo de la peor estofa, sabiendo como sabe que aquellos no dejarán caer a su Gobierno, que tanto lo merece.

¿Hasta cuándo consentirán Rajoy y Montoro estas indignantes tomaduras de pelo? ¿Durante cuánto tiempo más van a ser procurando gasolina a los pirómanos? ¿Hasta cuándo seguirán abusando de la paciencia de todos los españoles hartos del chantaje nacionalista? Si algo urge en Cataluña es el restablecimiento del imperio de la ley, y para ello es de todo punto imprescindible someter a la misma al Gobierno del desleal Artur Mas. También en materia económica. Basta ya de cubrirle las espaldas y salvarle la cara: nada va más en contra del interés de Cataluña y del resto de España.

El nacionalismo catalán contra España (1): el caso de Repsol
Roberto Centeno El Confidencial 16 Diciembre 2013

La pregunta que pretenden hacer los dos traidores Artur Mas y Fracesc Homs al pueblo catalán es si quieren tener un Estado, cuando lo realmente pertinente sería el preguntarle al pueblo español en su conjunto si quiere tener o no un Estado propio. Este Gobierno de cobardía y felonía está actuando como si no existiera un Estado español; no es de extrañar el desprecio de Barack Obama, que ha tardado dos años en atender la petición de Mariano Rajoy de recibirle, o que nos mande un embajador que no sería aceptado jamás por Putin, Merkel, Hollande, ni ningún otro.

Los Gobiernos sucesivos han confundido la delegación de competencias estatales a las autonomías con la disolución del Estado y actúan como bandas de prebendarios, mafias dedicadas a colocar a los suyos a cientos de miles y al expolio a gran escala, lo que ha arruinado a la sociedad civil. La catástrofe económica, política y social provocada por la Transición no tiene precedentes en la Historia de España ni en la de Europa.

En los últimos diez años, la responsabilidad del desmantelamiento de las grandes empresas españolas ha recaído sobre los corruptos dirigentes del nacionalismo catalánUno de estos desastres ha sido el desmantelamiento industrial, que del 34% del PIB en 1975 ha pasado a solo el 14% hoy. Los tres principales responsables de esto son tres. El primero, Adolfo Suárez, que dividió España en 17 pedazos contrarios a la realidad objetiva e histórica de nuestra nación: ¡este calamitoso ignorante hasta dividió Castilla en 11 trozos! El segundo, Felipe González, que con tal de “pasar a la Historia” como quien llevó a España a la Unión Europea desmanteló, literalmente, la industria pesada, la pesca y la producción lechera para que nos admitieran, un peaje disparatado que no ha pagado ningún otro país. El tercero, el nacionalismo catalán.

Y ahora estos incultos payeses sufragan con el dinero de los españoles, que tan generosamente entrega Rajoy a los enemigos de España, un simposio dictado por el odio y la mentira, bajo el lema “España contra Cataluña”. Cuando la realidad es justo lo contrario: “El nacionalismo catalán contra España”. En los últimos diez años la responsabilidad del desmantelamiento de las grandes empresas españolas recae sobre los corruptos dirigentes del nacionalismo catalán, apoyados en la felonía de los dos presidentes más ineptos y desidiosos de la historia de España. Estos son los hechos, y no las fabulaciones y mentiras de la canalla separatista.

- El desmantelamiento de Repsol, impidiendo que fuera la primera petrolera privada mundial por reservas probadas, a fin de evitar la autosuficiencia energética de España, lo que dañaría las comisiones de gente muy notable.

- El desmantelamiento de Iberia y el hundimiento de Barajas a favor del Prat, vía Vueling y la masonería inglesa, que compraron voluntades de directivos desleales a su empresa y a su patria. Entregaron a Vueling los vuelos de corta y media distancia y a British Airways, que estaba quebrada, la caja de Iberia para pagar sus pensiones y aislar a España, robándole las líneas intercontinentales incluida Latinoamérica, adonde ahora se viaja vía Londres. Ningún Gobierno del mundo habría tolerado este saqueo.

- La perfidia de la OPA catalana sobre Endesa, que terminó con la entrega de nuestra primera empresa eléctrica a Italia.

- La expansión de los bancos catalanes con el dinero de los españoles, adjudicándoles preferentemente cajas de ahorro. Además, el Banco de España ha permitido a La Caixa esconder sus activos tóxicos fuera de CaixaBank.

Los temas son tan amplios que hay que tratarlos uno a uno. Empiezo con Repsol.

El consejo de Repsol: réplica del Pacto del Tinell
Repsol nace en 1988 como consecuencia de la concentración de todos los activos públicos en el sector petrolífero, financiados con el ahorro de todos los españoles durante 80 años. Con ellos era posible el construir una gran empresa petrolera integrada. Inicialmente, el accionariado de la compañía estaba compuesto por el Estado español y la mexicana PEMEX, derivada de una participación en Petronor en sustitución de la norteamericana Gulf, y con la que un servidor negoció en calidad de consejero delegado de Campsa, propietaria de Petronor, con Jorge Díaz Serrano, el mítico director de PEMEX.

En 1999 adquiere el 98% de la argentina YPF, que era la tercera empresa de petróleo y gas de Latinoamérica, después de la venezolana PDVSA y de PEMEX, aunque cuando se compró nadie en el sector tenía ni idea de que iba a ser posible extraer petróleo de las rocas madres (1), que eran el activo estrella de YPF y es algo que está cambiando el equilibrio geopolítico mundial.

Durante el proceso de privatización –es decir, entrega a precio de saldo de las mejores empresas públicas a la oligarquía financiera–, se decidió que La Caixa y el BBVA tomaran el 25% y el resto se colocaría a minoritarios a través de una oferta pública de venta. Posteriormente, el BBVA decidió hacer caja, dado el precio de saldo al que le fue entregado, fue vendiendo su participación y desapareció. Entre tanto, La Caixa, aprovechando las dificultades por las que pasaba YPF como consecuencia del default de Argentina, obligó a Repsol a vender un 25% de Gas Natural (Gas), de forma que la primera se quedó con el control de la segunda.

Su objetivo era trasladar toda la industria energética española a Cataluña. Claro está, excepcionando a Iberdrola coto reservado al nacionalismo vasco.Gas, presidida por Brufau, lanzó una OPA sobre Iberdrola, que no estaba consensuada con su socio Repsol. Consiguió ponerla en marcha gracias a la deslealtad del consejero dominical de Repsol, José Luis López de Silanes, un mediocre adulador de sus superiores, que estuvo a mis órdenes en Campsa. Votó a favor de La Caixa a cambio de ser recompensado con la presidencia de CLH y un sueldo de más de un millón de euros. La Caixa paga a traidores. Silanes puso, además, la red logística al servicio de los monopolios para impedir la competencia que abarataría los precios.

En noviembre de 2004, La Caixa decidió tomar el control de Repsol, sustituyendo a Alfonso Cortina por Brufau. La primera medida que toma es nombrar un consejo bajo el espíritu del Pacto del Tinell, lleno de nacionalistas y socialistas que no saben del petróleo más que empieza por P y termina por O. Eran tan radicalmente sectarios como Artur Carulla y Mario Fernández, exvicelehendakari, que subordinaron los intereses económicos de Repsol al dominio político de los nacionalistas catalanes. Su objetivo era trasladar toda la industria energética española a Cataluña. Claro está, excepcionando a Iberdrola coto reservado al nacionalismo vasco.

A continuación Brufau empezó a preparar, siguiendo también la directrices del Tinell, una OPA sobre Endesa, la primera eléctrica española que había estado desastrosamente gestionada por Manual Pizarro, que nunca remató el proyecto de fusión con Iberdrola, lo que habría creado la primera compañía eléctrica del mundo, ni se expandió internacionalmente, a pesar de tener más medios que nadie. Literalmente, pasó diez años tocándose las narices. Ante la pasividad de Pizarro, los nacionalistas, infinitamente más pequeños, se lanzan a por Endesa para repartir los activos entre Cataluña y el País Vasco, pero a esto dedicaré otro análisis.

El siguiente paso, en 2007, fue que Gas absorbiese a Repsol, que era tres veces mayor, y trasladase la sede a Barcelona, lo cual no se realizó por la oposición de Sacyr, que había adquirido un 20% de participación en bolsa en 2006, basándose en que la ecuación de canje ofrecida era escandalosamente favorable a los nacionalistas. Sacyr recurrió al vago redomado de Rajoy, abducido por La Caixa, que les dijo lo habitual en él: “Laissez faire, laissez passer”. Y a partir de ahí, los ataques a Sacyr en los medios, todos férreamente controlados por La Caixa directa o indirectamente, vía publicidad, se multiplicaron.

Una gestión contra el interés de España
Como consecuencia de la crisis financiera mundial, los bancos americanos e ingleses pusieron en venta su préstamo a Sacyr, algo que el gigante energético ruso Gazprom deseaaba para intentar controlar Repsol y después la otra gran petrolera rusa, Lukoil, algo que conozco bien porque intervine directamente hasta que fui desplazado por Corinna zu Sayn-Wittgenstein por razones obvias. La intervención de las más altas instancias hizo pensar a Lukoil que podía controlar Repsol a precio de saldo y al final el tema fracasó.

Ante la desastrosa estrategia de que la compañía no se rigiera por criterios de la industria del petróleo, sino de poder nacionalista, Pemex llegó a un pacto con Sacyr en 2011 para obligar a gestionar Repsol con un criterio industrial. El primer paso sería poner en desarrollo las inmensas reservas de Vaca Muerta, las mayores del mundo, invirtiendo masivamente y siguiendo el esquema de Brasil, donde se dio entrada a Sinopec con un 40%, de forma que estos aportes económicos permitieran desarrollar las aguas profundas de Brasil.

¿Por qué Repsol, que conoce perfectamente el potencial, no compró el 40% de las acciones hace meses, recomponiendo así sus reservas a precio de ganga, en lugar de ponerse a llorar y a pedir ayuda contra los malvados argentinos? Sin embargo, Fainé y Brufau, dedicados a tiempo completo a romper el pacto Pemex-Sacyr, letal para los intereses del nacionalismo, se olvidaron completamente de la política industrial y pensaron menos aún en invertir en Vaca Muerta, lo que habría convertido a Argentina en un país exportador de petróleo y habría servido para que España diera un paso de gigante hacia la autosuficiencia. Esta estrategia habría permitido, además, situar a Repsol como potencia mundial de fracking y explotar los yacimientos junto con Pemex, cuando se produjera la liberalización –aprobada justo hace una semana–, los activos de fracking en Cantarel, otra gigantesca reserva, y además en las aguas profundas del Golfo de México, hoy prácticamente virgen pero con un potencial inmenso. Repsol se habría convertido en la primera compañía privada en reservas de petróleo y gas del mundo.

Por el contrario, la actuación de los nacionalistas catalanes ha llevado a la expropiación y pérdida definitiva de Vaca Muerta, con un pacto final económicamente irrisorio, al conflicto con Pemex y la imposibilidad de ser su socio preferencial en México. Fruto de todo lo anterior, han perdido sus principales reservas, algo a lo que ha contribuido la desastrosa gestión global, que ha llevado a Repsol a obtener sistemáticamente resultados muy por debajo de sus pares. Hecho este último denunciado recientemente por Enrique Peña Nieto, presidente de México, ante el Senado, acusando de ello a la incompetencia del consejo y el sesgo político de todas sus decisiones. El Gobierno mexicano se preocupa seriamente por el tema. Rajoy, vendido a los enemigos de España, a los que se les tolera todo, se dedica por el contrario a defender los intereses de los nacionalistas.

El valor de Vaca Muerta era tan obvio que a algunos nos ha servido para invertir en YPF sobre seguro, el valor de cuyas acciones se ha multiplicado por tres en seis meses y va a seguir subiendo. ¿Por qué Repsol, que conoce perfectamente el potencial, no compró el 40% de las acciones hace meses, recomponiendo así sus reservas a precio de ganga, en lugar de ponerse a llorar y a pedir ayuda contra los malvados argentinos? Es lo que habría hecho un servidor y cualquier profesional del petróleo de haber estado al frente de la empresa. La priorización de los intereses políticos nacionalistas a los industriales y el absoluto sometimiento del Gobierno y oposición a los intereses nacionalistas catalanes ha supuesto el desmantelamiento real y efectivo de la potencia de Repsol, tanto en sus activos de producción como en sus participaciones accionariales en gas, donde ha tenido que vender los activos de gas natural a Shell y está en proceso de venta de su participación en Gas, obligada por La Caixa a realizarla en varias porciones para que esta siga siendo accionista de control.

(1) Después de esta serie de artículos, dedicaré uno específico a este tema.
(2) El salón del Tinell en Barcelona es el lugar en que se celebró el acto más glorioso de la Historia de España. Donde los Reyes Católicos, después de la conquista de Granada, recibieron a Colón con sus indios, sus especies y su oro: el nacimiento de nuestro Imperio. De este lugar, único de nuestra historia, se han apropiado los nacionalistas hasta el punto de que el indigno alcalde de Barcelona, Xavier Trias, ha cometido la barbarie de impedir que este excepcional escenario sea utilizado para la serie televisiva Isabel. Los nacionalista-separatistas no solamente nos roban nuestro dinero y nuestras empresas, sino también nuestra Historia, mientras el pusilánime Rajoy comete la felonía de mirar para otro lado. Sin embargo, sí se cedió este salón para que en un acto de supremo insulto a España se firmase el inicuo acuerdo entre PSOE, PSC, CiU y Esquerra, conocido como Pacto del Tinell, para excluir de la vida pública a más de la mitad de España que no piensa como ellos, y donde a diferencia de la generación del 36, la actual parece resignada a morir sin levantar un dedo. En esto estriba el siniestro proceder en Repsol de La Caixa y de Brufau que he descrito.

La pregunta relevante
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 16 Diciembre 2013

El Gobierno separatista de Cataluña ha anunciado ya la pregunta y la fecha de su consulta inconstitucional e ilegal.

La pregunta no reúne las condiciones mínimas para un refrendo de este tipo. No es clara porque no especifica qué entiende por Estado en la primera parte de la misma, no es inequívoca porque su formulación en dos tramos abre un abanico de posibilidades que dificulta enormemente la interpretación del resultado y no es honesta porque ha venido precedida de la campaña de desinformación más mendaz que se recuerda en la Europa contemporánea. Por consiguiente, a su manifiesta ilegalidad añade defectos técnicos que la invalidan también desde una perspectiva lógica.

Por supuesto, no era de esperar otra cosa de un grupo de irresponsables que pretenden algo imposible a un coste brutal y fastidiando a todo el mundo. En esta delirante operación secesionista pierde Cataluña, embarcada en un viaje sin destino conocido que la va a empobrecer hasta extremos inimaginables, pierde España, sometida a una tensión existencial innecesaria con su consiguiente desprestigio en el plano internacional y pierde Europa, cuyo proceso de integración se basa en la estabilidad y cohesión interna de las piezas que forman su estructura, sus Estados miembros.

Una vez llegados a este punto de fracaso inapelable del Estado autonómico, construcción alambicada, ineficiente y carísima, que se puso en marcha precisamente para evitar el desastre al que ahora nos enfrentamos, cabe plantear otro interrogante distinto al que nos proponen los secesionistas. Si un Estado unitario administrativamente descentralizado con dos niveles, el estatal y el local, puede ser tan democrático como uno federalizado con tres estratos, el estatal, el regional y el local, además de más funcional y menos oneroso, ¿no sería bueno pensar seriamente en una rectificación a fondo de nuestra organización territorial ante la clamorosa evidencia de que la actual es políticamente inmanejable y financieramente insostenible?

Si hace 35 años se eligió una determinada opción a la hora de diseñar la arquitectura del nuevo Estado democrático y la experiencia ha demostrado hasta la saciedad que aquella decisión fue un error monumental, parece sensato cambiar de concepto con el fin de escapar de la trampa mortal en la que nos hemos metido. Si los separatistas quieren ignorar el pacto de la Transición y actuar como si nunca lo hubieran suscrito, se supone que los que sí lo han respetado tendrán derecho a su vez a poner el contador a cero para someter al pueblo español una revisión completa de la situación. Es lo que tiene el preguntar desatinos, que despierta preguntas en otros que a lo mejor son las verdaderamente relevantes.

¿Habrá que llegar a la violencia?
Vicente A. C. M. Periodista Digital 16 Diciembre 2013

El Director del Centro de Historia Contemporánea de Cataluña, Jaume Sobrequés ha dicho que solo la intervención policial podrá impedir que se realice la consulta en Cataluña, "deberá venir la guardia civil o la policía nacional a retirar las urnas o suspender la autonomía o detener al Presidente Mas en la carcel". Yo solo espero que el orden no sea ese que proclama y que se proceda primero a Suspender la Autonomía, posteriormente a imputar al Presidente y sus secuaces por prevaricación y gestión desleal y por último a anular el proceso de convocatoria del referéndum ilegal en Cataluña. Esa es la única alternativa posible a quien no está dispuesto a corregir su desafío secesionista.

¿Y quien es este esperpéntico personaje Jaume Sobrequés i Callicó? Según parece es un septuagenario catedrático de Historia de Cataluña en la Universidad Autónoma de Barcelona, de filiación socialista hasta el 2010, autor de numerosos libros de Historia sobre Cataluña y actual destacado talibán independentista simpatizante de CiU. Sus declaraciones a raíz del simposio en Barcelona de "España contra Cataluña" lo han puesto en el centro de atención de los medios de comunicación, como representante máximo de la crispación y odio de una parte de la sociedad catalana contra todo lo que sea o signifique España. Como se ve todo un ejemplo de oportunismo político,desde PSC a CiU, dependiendo del viento favorable que le ha empujado a ocupar diferentes cargos en Instituciones ligadas a la Generalidad.

Y este singular sujeto es el que opina que se deberá llegar a usar la fuerza para poner fin a una ilegalidad flagrante como es la convocatoria y organización de una consulta sobre la independencia en la comunidad autónoma de Cataluña. Nadie puede predecir si este monstruo que ha desatado Artur Mas con su Gobierno y los partidos que le apoyan va a crecer de tal modo que la violencia sea inevitable. Las actitudes de la Generalidad no dan pie a la esperanza de lograr un diálogo sereno para que aborten esta ilegal forma de proceder que perjudica a Cataluña, a España y a todos los españoles entre los que se encuentran sin duda como tales los catalanes. Siempre es preferible el diálogo pero en este caso se precisaría previamente la desconvocatoria oficial de esa consulta por parte de la Generalidad. No puede haber diálogo bajo amenazas de insumisión a la Constitución.

Mariano Rajoy sigue pensando que es posible el diálogo con quien en vez de rectificar sigue avanzando en la hoja de ruta de la insumisión. Se habla de la creación de un nuevo censo electoral basado en las tarjetas sanitarias y la inclusión de menores a partir de 16 años. Se está previendo una ley autonómica que dé cobertura a este engendro de consulta. O sea, toda una serie de actuaciones que refuerzan la insumisión y el desafío secesionista, actuando la generalidad claramente como entidad independiente de España. Sin embargo, Mariano Rajoy sigue empeñado en no hacer una intervención, ni siquiera económica, que se encargue de no dilapidar los fondos públicos que debemos poner todos los españoles para Cataluña.

No sé si se llegará a esa violencia, pero cada día que pasa va a resultar más dificil evitarlo. Desde mi modesto blog le pido al Gobierno que actúe ya y no deje crecer este monstruo. La pregunta hipotética es si en caso de que deban intervenir las FFyCCSE, la Generalidad usará a los Mossos d'Esquadra como fuerza de interposición en defensa de la consulta. Todo dependerá del grado de escalada de violencia que estén dispuestos a llegar.

Desprecio España
Pedro de Hoyos Periodista Digital 16 Diciembre 2013

No, esta vez no se trata de la habitual semi depresión prenavideña que me acompaña en cuantito las fechas se acercan y los hielos caen como tijeras sobre la meseta. La verdad es que eso no ayuda, salir a la calle con seis grados bajo cero y encontrarte la cencellada vistiendo el paisaje desanima a cualquiera. Muy bonito si te pudieras quedar detrás de la ventana viendo pasar ante ti la ciudad vestida de invierno riguroso.

No, ni siquiera es malo tener que salir así a trabajar. Debo dar gracias al dios del empleo por tenerlo y porque mis "clientes" me lo ponen muy fácil. Trabajar sin excesivas dificultades ayuda a sobrellevar otras circunstancias adversas. Por ahí tampoco viene mi depresión.

Es España la que me deprime. También a mí, de manera infinitamente más humilde, me duele España, me deprime España. Me deprime Belén Esteban y su best seller; me deprime que los sucesivos ministros de Educación sean incapaces de pactar una ley válida y duradera, sobreponiendo el bien general a sus intereses partidarios y electorales.

Me duele que la evolución social de España esté marcada por Telecinco, sus programas para mentes alienadas y sus comedias casposas, me ofende que España sea una dehesa de Berlusconi, que un impresentable como él influya tan poderosamente en nuestras actitudes.

Me molesta que mediocres supinos como Zapatero se apunten al carro de "yo soy como Mandela". Me molesta que el gobierno que le ha heredado se encoja de hombros ante la nueva subida de la energía eléctrica en enero, que se mueran los pobres. Y que a todo ello el presidente de gobierno asista con los brazos cruzados sobre el pecho, con la misma ineptitud con la que asiste al deterioro de España.

Y me deprime, me aterra hasta inmovilizarme y me ofende la indiferencia con la que el pueblo español, supuestamente dueño de su destino, se enfrenta a la situación, dispuesto siempre a votar, impasible el ademán, a quienes llevan cuarenta años conduciéndonos al glorioso presente del que disfrutan parados, dependientes o usuarios de la sanidad o enseñanza. Me rasga el alma que seamos incapaces de alterar el destino al que parecemos abocados… por muchas urnas que haya por el medio. Lo llamamos democracia pero España asiste desactivada a las injusticias contra los suyos.

Desprecio una España que asume reverente que derecha e izquierda sigan siendo lo que siempre han sido, dinero confuso por un lado y palos a la Iglesia por otro: Marca España.

Mientras los comentarios en este periódico estén cerrados debido a la sentencia del Tribunal de Estrasburgo ofrezco a lo lectores la posibilidad de hacerlos en mi blog www.pedrodehoyos.blogspot.com A su disposición

La lección sádica
El sistema autonómico se ha convertido en una fragmentación de la ciudadanía
Fernando Savater El Pais   16  Diciembre 2013

Me refiero a la que da el Marqués de Sade sobre la Revolución Francesa en la pieza teatral Marat / Sade de Peter Weiss. Recordarán que la obra, teatro dentro del teatro, trata de la representación del asesinato de Marat interpretada por los internos del manicomio de Charenton y puesta en escena por el divino Marqués, que también acabó sus días encerrado en ese centro. En cierto momento, a modo de acotación escénica, Sade explica la inevitable desilusión que siguió al movimiento revolucionario: antes, el poeta que solo lograba componer ripios, el pescador que no sacaba del río más que botas viejas, el marido agobiado por una consorte gruñona y poco agraciada, etcétera, anhelaban una revolución que cambiaría el rumbo de sus vidas; después, el poeta siguió siendo ripioso, el pescador no logró atrapar nada comestible, el marido despertó por la mañana junto al habitual engendro y todos ellos clamaron a una que la revolución era un fraude y les había traicionado. Fin de la clase.

Algo parecido me parece que está pasando con la Constitución española y temo que el paralelismo se acentúe si llega finalmente a ser modificada a corto o medio plazo. El error de los decepcionados por la Revolución Francesa, según Sade, es que pedían a esta enmiendas vitales hechas a medida de cada cual que no estaban a su alcance ni formaban parte de su proyecto. También a la Constitución se le pide que resuelva con sus enunciados injusticias económicas o sociales que trascienden el ámbito de las fórmulas legales, incluso que apacigüe tras someterse a cirugía de alto riesgo los encabritamientos de quienes cocean contra su propia razón de ser. Porque el sentido de nuestra Constitución —que es particular como el celebrado patio y, por tanto, cuando llueve se moja como las demás— consiste en establecer quiénes son y cómo deben ser los españoles, no en dar instrucciones para dejar de serlo. La Constitución establece el reglamento último de España, que no es una idea platónica congestionada ni la unidad de destino en lo universal joseantoniana, sino el nombre de la realidad política en que arraigan los derechos y deberes cívicos de casi 50 millones de ciudadanos. Ni tal como hoy está ni después de cualquier cambio razonable va a ser nada distinto, porque una cosa es el maquillaje que hace a los vivos más deseables y otra la cosmética que disimula durante el velorio los deterioros del cadáver.

El remedio a la España cañí no es el sistema feudal o los reinos de taifas
De lo que no tiene la culpa la Constitución (ni por tanto puede remediarlo por mucho que cambie) es de que la organización autonómica de nuestro país, que fue una medida para administrarlo mejor y de manera más cercana a los ciudadanos, se haya convertido de hecho para muchos en una fragmentación de la ciudadanía. De tal modo que se sienten más oriundos o nativos de su autonomía absolutizada que ciudadanos del Estado que las acoge a todas y para cuya mejor gestión fueron establecidas.

De ahí esa extraña sensorialización de la razón política en España. En contra de lo que preocupa a algunos, uno no tiene por qué sentirse español, ya que la ciudadanía no es un dolor de estómago ni un gustirrinín: basta con que se sepa español. De igual modo, las reglas de juego político no tienen como objetivo que todo el mundo esté “cómodo” en España, pues el país no es un sofá y la desazón de corregir fallos e injusticias es un impulso positivo: basta con que los ciudadanos conozcan sus derechos y deberes y se esfuercen por mejorar su ejercicio. Para no hablar de los más líricos, que recomiendan el amor (a Cataluña, al País Vasco o a otros prójimos levantiscos) para remediar los pujos separatistas: francamente, yo no tengo ningún cariño especial por mi pierna izquierda, pero no por eso quiero que me la corten…

La Administración autónoma ha provocado durante los últimos años un entusiasmo sobrevenido por las identidades locales: digo “sobrevenido” porque en la mayoría de los casos se ha acuñado y oficializado después de establecerse la autonomía, gracias a los esfuerzos populistas de las autoridades y la inestimable (por carísima) colaboración de las televisiones regionales y las competencias educativas transferidas. Por supuesto, nuestro país es rico en una diversidad de peculiaridades lúdicas, piadosas, gastronómicas, etcétera, que ahora se han oficializado y patentado, a fin de que se conviertan en aval de los gastos de cada autonomía. Ante las próximas elecciones europeas, el reproche que suele hacerse a la unión es su exceso de burócratas. Pero comparemos cifras: se trata de unos 50.000 empleados para atender a 500 millones de europeos, frente a los 58.000 de la Administración local de Barcelona, los 66.000 de Castilla-La Mancha, los 154.000 de la Comunidad de Madrid o los gloriosos 239.000 funcionarios de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Todos imprescindibles, desde luego, porque hay que defender la sacrosanta identidad de cada cual, a no confundir con la del vecino.

Cuando se airean con preocupación los resultados del Informe PISA sobre educación, nadie menciona que España no se presenta a esa evaluación como tal país —pues el Gobierno estatal ha transferido esas competencias—, sino como un surtido de autonomías con diferencias mayores que entre muchas naciones europeas. Ya sé que no hay lacra peor que la uniformidad, pero a algunos no nos molestaría una uniformidad de excelencia educativa en todo el país, incluso aunque hubiera que recentralizar un poquito… Por supuesto, como nos recuerdan sin cesar, nada más anticuado y casposo que la España cañí, pero cuesta aceptar que reinventar el caciquismo decimonónico, el sistema feudal o los reinos de taifas suponga gran avance hacia la modernidad política…

El Constitución debe establecer quiénes son los españoles, no dar instrucciones para dejar de serlo
Dicen que la Constitución está “agotada”. ¿En qué se nota esa fatiga insuperable? Por lo visto, en que los nacionalistas —los de siempre y los sobrevenidos— ya no pueden sacar más privilegios de ella. La vaca ya no da más leche, de modo que ahora habrá que ordeñar al toro, como diría el doctor Johnson. Se nos recomienda revisar el texto magno para fijar y dar esplendor definitivo al fraccionamiento de la ciudadanía, no para corregirlo. Por ejemplo, para acabar con el inmovilismo gubernamental frente al desafío independentista en Cataluña (por lo visto, cuando a alguien le da un ataque de epilepsia, todos tenemos obligación de agitarnos al unísono) los más “racionales” aconsejan lo siguiente: referéndum en la autonomía para ver qué quieren los catalanes, reforma de la Constitución de acuerdo con el resultado y luego que los ciudadanos del resto de España digan si aceptan tal modificación. Si la asumen, mutilan su ciudadanía; si la rechazan, son unos fachas y vuelta a la casilla de partida. ¡Qué sabia es la objetividad racional! Otros, en cambio, preferiríamos más auténtico laicismo en la Constitución, que no solo implica efectiva separación del Estado y las iglesias, sino también rechazar rotundamente el fraccionamiento del cuerpo social reconociendo pertenencias políticas particulares (Catherine Kintzler ha escrito páginas esclarecedoras al respecto).

Por supuesto, puede retocarse la Constitución de modo que acoja todos los legítimos anhelos sobre garantías laborales, emigración, educación y sanidad públicas, pensiones… Pero sepamos que si junto a eso la ciudadanía se fracciona y la tarta de la soberanía se reparte, el poeta seguirá ripioso, el marido y la mujer frustrados, el pescador volverá a casa con las manos vacías, etcétera. ¿Culpable? Siempre la Constitución. Ya nos avisó el Marqués de Sade.

Fernando Savater es escritor.

Cataluña también es mi país, los catalanes mis conciudadanos
Editorial UPyD  16 Diciembre 2013

Los más jóvenes y algunos de los que no son tan jóvenes parecen capturados por la aparente novedad de la situación política española, y en particular por la crisis creada por el independentismo catalán. Se diría que algunos - siendo conscientes de la importancia de lo que está en juego - encuentran cierta excitación en la incertidumbre creada, como si estuviéramos ante una final de la Champions entre el Barcelona y el Madrid. A esta ilusión contribuyen algunos medios que dan carta de naturaleza a las preguntas de un referéndum ilegal haciendo una encuesta en el ámbito donde los promotores de la estafa han decicido que debe plantearse. "Tiempos interesantes", se escucha murmurar.

Sin embargo, no hay novedades en lo que nos sucede. No estamos ante un portal mágico, ni en la aurora de un nuevo día, tal y como Artur Mas y Oriol Junqueras tratan de que parezca. El partido lleva jugándose 35 años, lo van ganando los nacionalistas y aunque la ofensiva actual no termine en secesión, es posible que de aquí salga el Estado con otro saco de goles en contra. Si España se desmorona (lo cual puede ocurrir de varias formas) no lo hará mañana, ni pasado, ni en la fecha fijada para la famosa consulta. Lo hará poco a poco, sin que muchos lo adviertan hasta que un día alcen la vista y a su alrededor no quede rastro de lo común ni esperanza de recuperarlo.

¿Cómo sabemos que los nacionalistas van ganando? Pregunte el lector a su izquierda. Le dirán que reclamar competencias para el Estado es reaccionario. ¿Aplicar el artículo 155 de la Constitución? ¡Franquismo! ¿Encausar a Artur Mas en virtud del Código Penal? ¡Fascismo! A continuación pregunte el lector a su derecha. Escuchará frases como éstas: "¡Que se independicen ya y nos dejen en paz!" "¡Estoy harto de los catalanes!"

Muchos españoles han asumido ya que Cataluña no es su país. No tolerarían que un barrio de su ciudad se declarara independiente, ni que un grupo de vecinos se apropiaran de un ascensor o de un trozo de su piscina para su disfrute exclusivo. Pero admiten que Cataluña ya es, de hecho, un territorio ajeno, un lugar diferente donde no rigen los mismos principios ni las mismas leyes que en el resto de España. Hace mucho que PP y PSOE abrazaron al nacionalismo, que se hiceron ellos mismos nacionalistas en distintos grados. En cuanto a los españoles, la identificación que algunos hacen de la ley con el franquismo o ese desprecio del tipo "que nos dejen en paz" no dejan de ser formas de rendición.

Llevamos 35 años de hechos diferenciales, derechos históricos y manipulación victimista. No hay nada nuevo, simplemente los administradores de la diferencia están cosechando parte de lo sembrado. Durante demasiado tiempo, los partidos que debían ser nacionales, los que debían combatir este discurso corrosivo y defender la igualdad miraron para otro lado. Cuando dejaron de hacerlo, miraron para el mismo lado que los nacionalistas. Han asumido su retórica y parte de sus objetivos. Sólo UPyD - repetimos: sólo UPyD - pide hoy que se aplique un artículo ordinario de la Constitución o el Código Penal ante una infracción legal tan evidente. Sólo UPyD mantiene un mismo discurso en toda España. Esto no es una pequeña diferencia: es justo lo que explica por qué España está perdiendo el partido contra el nacionalismo.

"Lo que ocurra a los catalanes me afecta porque Cataluña es parte de mi país", dijo Rosa Díez en el Congreso de los Diputados hace más de un año. Esto es lo que debería empezar a escucharse en todas partes, y no sólo en los partidos políticos, sino en las conversaciones cotidianas de la gente. Por increíble que parezca, y a pesar de las terribles consecuencias que tendría la secesión para todos los españoles, existe cierta indiferencia fruto de la política acomplejada del bipartidismo desde la Transición. Es un inmenso fracaso de liderazgo que, si puede comprenderse en los primeros años de la democracia, hace tiempo que se volvió pura negligencia.

"Cataluña también es mi país y los catalanes mis conciudadanos". Si esta frase se repitiera con frecuencia, si se escuchara más que la falacia del "derecho a decidir", si se expresara con conciencia de todas sus implicaciones, a nadie podría resultarle extraño que se defienda el cumplimiento de la ley y la igualdad de todos los ciudadanos. Y esto sí sería una auténtica novedad y la promesa de un futuro mejor para todos.

Cataluña
No va a haber ningún referéndum
José García Domínguez Libertad Digital 16 Diciembre 2013

Suena a chiste. Llevan un par de años lloriqueando porque no se les concede el derecho a decidir y deciden privarnos del derecho a decidir a los demás. Así, quienes votasen no a la primera pregunta, la referida al Estado propio, quedarían automáticamente excluidos de poder pronunciarse sobre la independencia en la segunda. En eso consistía, por lo visto, el derecho a decidir: en que solo los nacionalistas pudieran decidir. Y si suena a chiste es porque es un chiste. Está claro que no va a haber ningún referéndum. La prueba reside en que ni ellos mismos se toman el asunto en serio. En toda esta comedia de enredo hay un nudo gordiano que, por evidente, se tiende a olvidar. Y es que quien en verdad garantiza la indisoluble unidad de la nación española no es el artículo 2 de la Constitución, sino la letra pequeña del Tratado de Maastricht.

Irse de España resultaría relativamente sencillo. Marcharse de Europa es absolutamente imposible. Lo primero supondría una aventura; lo segundo, un suicidio. Y Mas no quiere suicidarse. Va de farol. Por supuesto que va de farol. El ingreso en la UE y en la OTAN ha tenido un efecto ambivalente sobre la crónica invertebración nacional española. Por un lado, ha posibilitado que el catalanismo burgués se atreva a juguetear con la fantasía independentista en la certeza de que ya no resultaría factible una respuesta militar a la secesión. (Esa derecha bizarra que aún sueña con la cabra del Tercio desfilando por la Diagonal de Barcelona debería repasar la historia contemporánea de Serbia). Pero, por otro lado, el mercado único se ha convertido en un muro infranqueable que garantiza la pervivencia de la integridad nacional de los Estados miembros mucho mejor que cualquier tanque.

Y, por cierto, eso seguiría siendo así en caso de que el bisoño Junqueras se propusiera emular a Macià y Companys con una declaración unilateral en el Parlament. No, el objetivo último de Mas no es la independencia sino forzar la reforma constitucional que instaure de facto una suerte de soberanía compartida, el viejo sueño de Prat de la Riba y los patricios de la Lliga. Esto es, todas las ventajas de la independencia pero a coste cero, gratis total. De ahí que la acción política del Gobierno a fin de evitarlo deba centrarse más en el resto de España que en Cataluña. Porque a quien hay que convencer de que España es una nación no es a los catalanes, sino al resto de los españoles. Y con urgencia. Hágase, pues. Ya.

Cataluña
El PSUC al servicio de Mas
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 16 Diciembre 2013

Las fuerzas vivas de Cataluña saben que la consulta pactada por los partidarios del sí (del primer sí) no se celebrará. Y el primero, el presidente de la Generalidad. ¿Por qué anuncia pues sus términos y fecha? ¿Por qué se compromete a una convocatoria que, en cuanto se formalice, se ganará un recurso ante el TC? Por maximizar su estancia en el poder. Punto.

Ello a despecho de la estabilidad política, de la seguridad jurídica, de la salud democrática, de la convivencia, de la supervivencia de la coalición CiU y del futuro del partido que heredó para servir de puente entre Pujol senior y Pujol junior. Todas esas cosas –unas más nobles que otras– está Mas dispuesto a sacrificar por permanecer en su triste poltrona unos años más, unos meses más, unas semanas más. Por qué querría alguien prolongar tan dolorosa administración de la penuria es misterio que solo se aclara con auxilio de la eterna hybris.

Sabe Mas, como usted y como yo, que sin un gobierno español favorable al referéndum solo queda en rigor aprovechar las elecciones autonómicas catalanas, cuya convocatoria sí le corresponde plenamente a él. Y así lo hará cuando no tenga más remedio. Pero puede retrasarlo. ERC le puso fecha límite a la definición de fecha y pregunta para un referéndum de autodeterminación, y el íter de Artur Mas debía pasar por ahí. En caso contrario, no le aprobarían los presupuestos, y ni siquiera en Matrix parece posible gobernar dos años seguidos sin cuentas públicas.

Decimos en catalán: qui dia passa, any empeny (quién pasa un día, empuja el año). Se entiende que un Duran se avenga a tanto tongo. Tranquiliza que no lo haga el PSC, partido que, aun maltrecho por el gravísimo error de avalar el artefacto "derecho a decidir", progresa adecuadamente. Que se sumen las CUP es muy interesante: quiero ver a Fernández y Duran posando mucho juntos para la prensa. Lo significativo, lo gordo, lo tremendo es que el viejo PSUC sea principal avalista de la operación de Mas. De la hybris localísima de Mas.

A los comunistas catalanes debemos la inmersión lingüística. Ellos arrastraron a CiU, antaño reticente a la supresión del castellano como lengua vehicular. Hoy neocomunistas verduzcos, han aportado a la gran añagaza autodeterminante el ingrediente esencial: el de la "izquierda no claramente independentista". Lo necesitaba Mas como el agua, una vez huido el PSC, para legitimar la operación. Un nuevo servicio de las añejas siglas de López Raimundo.

Todo lo que viene ahora es previsible. Otro año discutiendo sobre la nada. Asistiendo, eso sí, con alguna alegría a la conversión de CDC en partidillo apéndice de ERC; a la confirmación en los sondeos de lo que tantas veces he sostenido entre caras escépticas: que un referéndum secesionista lo ganamos de calle los constitucionalistas; a la reducción al absurdo de un intento de racionalización del clasismo y la xenofobia. Un juego agónicamente prolongado por el PSUC, que tiene tela.

PSOE
Andaluces, Cataluña y la encubridora Susana
Pedro de Tena Libertad Digital 16 Diciembre 2013

Según un estudio publicado por la Junta de Andalucía a final de la década de los 80, casi dos millones y medio de andaluces tuvieron que abandonar su hogar para emigrar a otras partes, de Europa y de España. El número aceptado entonces de emigrados andaluces ascendía a 2.271.851 de los que sólo 407.000 se establecieron en el extranjero. 1.864.851 fijaron su residencia en otras regiones de España. La mitad de estos se dirigió a Cataluña (957.000) y el resto sobre todo a Madrid y a Valencia. Frente a quienes imaginan que fue el franquismo el causante de este daño, recordemos que hacia 1930 ya había 70.000 andaluces sólo en Barcelona y que la preferencia del Estado por el desarrollo catalán y vasco y la insensibilidad de las élites tradicionales condenó a los andaluces a esta vergonzante procesión. Actualmente, puede decirse que alrededor del 20 por ciento de la población catalana es andaluz o hijos de andaluces. Su decisión sobre el futuro de Cataluña va a ser, junto con la de extremeños, castellanomanchegos, murcianos y otros, capital para la España constitucional y democrática.

Además de algunos insultos impropios proferidos por Pujol, Mas, Laporta, Durán y Lleida –siempre con la boca pequeña porque los votos en juego eran muchos–, la actitud de la oligarquía política-empresarial nacionalista catalana fue la de aprovechar una mano de obra barata que pasaba de la miseria y el campo al barrio obrero y a la ciudad. Durante años, se dio por supuesto que era el PSOE el que se nutría de estos votos, en principio, españolistas. Pero luego vinieron los hijos, el Barça, la corrupción de las elites civiles andaluzas y la masiva inserción lingüística a la fuerza como métodos de catalanización de la "novena" región andaluza. El PSOE fue corresponsable de la dominación cultural catalanista y usó a estos andaluces como mano de obra politica. Finalmente, casi demolidos como personas con raíces y abducidos por sus dominadores, han visto que el socialismo español se suicidaba, o era ajusticiado por Zapatero, apoyando el proceso del referendum y el derecho a decidir que excluye a los españoles, esto es a sus familias andaluzas de origen, entre otras, de ese mismo derecho. El socialismo como tal ha llegado a su fin en Cataluña y se hunde en España.

Y en esto llega ella. Mi compañero José Luis Roldán, la ha calificado de "encubridora" y la ha clavado a la etiqueta. Es el papel principal de Susana Díaz en esta gran farsa organizada desde el PSOE andaluz. En la tierra, encubre a los perpetradores de los ERE, a los altos directivos de la Junta implicados en ayudas fraudulentas a empresas "amigas" y a los corruptos dirigentes de la UGT, a los que ni siquiera se les abierto expediente sancionador por el uso de las subvenciones, responsabilidad de la Junta que preside Susana Díaz.

En el resto de España, Susana Díaz aparece como el antídoto publicitario de las políticas del PSOE que permitieron la anulación cultural de los andaluces y acentuaron su dependencia del nacionalismo. Es decir, está dedicada a encubrir en el resto de España y especialmente en Cataluña, lo que su partido ha permitido hacer allí desde 1982 y, muy especialmente, desde la locura amontillada de Zapatero. Y añado, con el silencio espeluznante de buena parte del PP y sus razones de Estado que tampoco hicieron lo que debieron en Cataluña. ¿Qué harán los andaluces afincados en Cataluña y sus hijos y nietos? ¿Se levantarán indignados en defensa de su condición de españoles y ciudadanos o preferirán el papel de los cipayos al servicio de sus colonizadores? Cualquiera sabe. Todo ha llegado demasiado lejos.

Parasitismo de Estado
Xavier Pericay www.cronicaglobal.com 16 Diciembre 2013

Acaso por la desgracia de tener que convivir con él, tendemos a ver en el nacionalismo la causa de todos nuestros males. Y no es así. El nacionalismo, como cualquier organismo parasitario, necesita de otro organismo para existir. En este caso, del Estado. Sus posibilidades de crecimiento dependen en gran medida de las oportunidades que el Estado le brinde. Y quien dice Estado, dice instituciones que lo forman. Si esas instituciones no actúan al servicio de lo que constituye su razón de ser sino de otro tipo de intereses -particulares, corporativos, partidistas-, el nacionalismo encuentra un terreno abonado y, en consecuencia, aumenta. Si, por el contrario, las instituciones se comportan con el rigor y la rectitud que cabe esperar de ellas en un Estado de derecho, las posibilidades de expansión del nacionalismo se vuelven enormemente limitadas -lo cual no debería llevar a creer que el parasitismo puede desaparecer: tras décadas de cultivo, la colonia ha adquirido una capacidad de resistencia y de adaptación envidiable-.

Por más que la confrontación política requiera el disenso, hay asuntos, como los que afectan al corazón mismo del Estado, que no deberían usarse jamás como arma para tratar de alcanzar el poder o mantenerse en él

La causa de todos nuestros males, pues -y, si no de todos, sí de la inmensa mayoría de los que nos afectan en nuestra condición de ciudadanos-, guarda relación con la debilidad del Estado, con su incapacidad para luchar contra una plaga que lo está desgastando a marchas forzadas. Hablar hoy de regeneración democrática es casi un lugar común en España. Pero no hay duda de que ninguna de las grandes instituciones del Estado, ninguno de los tres poderes en los que se asienta todo régimen de libertades, ha dado muestras en la última década, año más, año menos, de la rectitud y el rigor que sería exigible a sus actuaciones. Piénsese en la justicia, por ejemplo. En el Tribunal Constitucional y sus sentencias. O en el Consejo General del Poder Judicial y sus mecanismos de elección. Piénsese en nuestra clase política. En la corrupción moral y económica que la caracteriza. O en su arraigada costumbre de no rendir cuentas, gracias a un sistema electoral que diluye la representatividad y fomenta el corporativismo. Y piénsese, claro, en la mismísima Jefatura del Estado y en la nada ejemplar conducta de algunos allegados.

En todo ese magma pueden establecerse, sobra decirlo, niveles. Y hasta honrosas excepciones, individuales y colectivas. Por poner un ejemplo: en cuestiones de gobernanza, no ha sido nunca lo mismo el sentido de Estado del PP que el del PSOE. Incluso cuando González. Incluso cuando Rajoy. Y es evidente que no ha habido peor y más trascendente periodo, en cuanto a dejaciones, que las dos legislaturas de gobiernos de Rodríguez Zapatero. Allí se rompió el pacto antiterrorista, se quebró el consenso sobre el modelo territorial y se removió el pasado sin otro afán que el de violentar el presente. Por más que la confrontación política requiera el disenso, hay asuntos, como los que afectan al corazón mismo del Estado, que no deberían usarse jamás como arma para tratar de alcanzar el poder o mantenerse en él. En esa clase de asuntos, las dos grandes fuerzas nacionales tienen la obligación de entenderse. Y punto. De lo contrario, siempre habrá quien se alimente de su discordia.

Como el nacionalismo. Nada como un organismo debilitado para que el parásito prospere. La actual deriva de la situación política catalana sólo se explica por la irresponsabilidad, el egoísmo o la bajeza -o por todo a la vez- de quienes, desde las principales instituciones del Estado, no han cumplido con su deber. Por supuesto, se le puede reprochar a Mas que sea un iluminado o un juguete en manos de Junqueras. Se les puede reprochar a los catalanes ese sentimentalismo del que hacen gala en lo que para ellos son los grandes momentos. Pero eso es lo de menos. Lo importante es la firmeza del Estado. De sus instituciones. De sus representantes. La firmeza del presidente del Gobierno, por ejemplo, al responder con la Constitución en la mano y sin tapujos al último y más desafiante desvarío del presidente de la Generalidad. Pero también la del líder de la oposición al hacer lo propio, aunque en su caso la firmeza lleve la coletilla del federalismo. Esa comunión entre los dos grandes partidos nacionales -y entre ellos y las demás fuerzas políticas que se han manifestado en el mismo sentido, claro está- es lo que permite creer que no está todo perdido. Y luego también, no nos engañemos, algo fundamental: el parásito necesita de un Estado para vivir. Y no precisamente del Estado con el que sueña el nacionalismo catalán y por el que pretende preguntar el 9 de noviembre de 2014.

no se libra ninguna comunidad
La España autonómica del despilfarro: diecisiete monumentos a la incoherencia
Ana I. Gracia El Confidencial 16 Diciembre 2013

Son iconos del despilfarro de dinero público. Grandes inversiones de dudosa utilidad, ejemplo de una época de las vacas gordas en la que el dinero no parecía ser un problema. Todos se sumaron a la fiesta: alcaldes, presidentes autonómicos y hasta ministros inauguraron proyectos que han resultado ser un auténtico fracaso. En muchos de ellos se siguen invirtiendo decenas de millones de euros. Los aeropuertos sin aviones son los más conocidos de la lista, pero hay mucho más. En algunos casos, como el Fórum de Barcelona, la factura se disparó hasta mil millones de euros. El Confidencial repasa los proyectos estrella de cada región que acabaron estrellados.

1. Cataluña: el Fórum del sobrecoste
Edificio Forum BarcelonaEdificio Forum BarcelonaFue un evento que dejó un impresionante legado arquitectónico y una elevada factura económica en Barcelona. Se cifró el precio de las obras en 2.190 millones euros, pero finalmente el Ayuntamiento de la Ciudad Condal reconoció que la inversión real acabó siendo de 3.270: mil millones más. El Edificio de Fórum, el emblema del proyecto, se llevó gran parte de la culpa de este sobrecoste. Su construcción se estimó en 48 millones de euros y acabó costando 134.

2. Andalucía: el tranvía de Jaén
Estaba destinado a revolucionar la vida de los habitantes de Jaén. 4,7 kilómetros de vías de uso gratuito para desplazarse de un lado al otro de la ciudad. A cambio, sólo ha vaciado las arcas locales. Los 120 millones de euros que ha costado a la Junta andaluza lo han convertido en el sueño a la pesadilla de la movilidad urbana.

Desde mayo de 2011 no está operativo. Una sentencia judicial admitió la demanda por competencia desleal de la concesionaria de autobús, que temía la pérdida de viajeros ante un medio de uso gratuito. Además, a comienzos de este año una auditoría del consistorio cifró en 3,3 millones de euros el coste de mantenimiento de las vías. Estos, a su vez, se añaden al millón y medio que Jaén tiene que abonar a la Junta por la amortización de los vagones.

3. Aragón: el aeropuerto para esquiadores
El aeropuerto de los Pirineos puede esgrimir un récord. Fue el que tuvo, en el primer semestre de 2013, el menor número de pasajeros entre todos los de España. Los 2.446 viajeros que lo utilizaron no fueron suficientes para convencer a ninguna aerolínea extranjera a quedarse. Su gran atractivo, según el Gobierno regional, habría sido la cercanía con las instalaciones para deportes invernales, una circunstancia que sirvió para justificar las ayudas por 2,7 millones de euros que llegaron desde el Ejecutivo aragonés. La cantidad amenaza con quedarse muy pequeña para saldar la deuda de 70 millones de euros que el aeropuerto mantiene con varias aerolíneas extranjeras.

4. Asturias: Musel, el gas cerca de casa
Costó casi como el más conocido Palacio de Congresos de Oviedo, obra de Santiago Calatrava, y conllevó además un problema medioambiental. La regasifigadora levantada en el puerto del Musel, en Gijón, supuso una inversión de alrededor de 370 millones de euros. Pero una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, emitida en octubre, anula la autorización administrativa concedida a Enagás en 2008 por la Dirección General de Política Energética y Minas para la construcción de la planta. ¿La razón? Al momento de construirla, nadie se acordó de que la legislación establece una zona de seguridad de 2.000 metros entre instalaciones industriales con actividades molestas o peligrosas y núcleos de población: está demasiado cerca de las casas.

5. Comunidad Valenciana: las Artes en números rojos
Fue un complejo arquitectónico diseñado por Santiago Calatrava que cambió la imagen de Valencia. Costó más de 1.200 millones de euros y acumula más de 500 en pérdidas. El 2013 tampoco será un buen año. Según las previsiones de la Conselleria de Economía, cerrará el ejercicio con números rojos por valor de 52 millones. Todo ello para levantar un cine Imax, un museo de las ciencias, una ópera, un puente sobre el viejo cauce del río Turia, un oceanográfico y un gran edificio multiusos (l'Àgora).

6. Extremadura: el expresidente quiere su despacho
La Asamblea de Extremadura ha destinado más de dos millones de euros desde 2007 en poner a punto un local para el expresidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El presupuesto incluía un coche oficial y un gabinete propio en esa oficina, formada por un asesor, un secretario y un chófer. Entre las facturas que se pagaron con fondos públicos, se incluyeron 3.050 euros para un sofá Le Corbusier, 579 euros para un perchero, 679 para una lámpara, 222 en un cenicero-papelera o 1.800 en una alfombra roja. El revuelo provocó que el expresidente se viera forzado a renunciar “temporalmente” a su despacho.

7. Galicia: la ciudad de la Cultura que empezó Fraga
Fue un proyecto iniciado en tiempos de Manuel Fraga, y hasta la fecha ha costado a las arcas autonómicas más de 400 millones de euros. Sólo en el mantenimiento de los edificios, se gastan 4,5 millones de euros al año. Wilfred Wang, el único arquitecto del jurado que votó en contra del proyecto, calcula que, si algún día se terminaran los dos bloques restantes, el coste ascendería a 600 millones, más que el aeropuerto de Ciudad Real.

8. La Rioja: viviendas japonesas en Logroño
El arquitecto japonés y premio Pritzker de Arquitectura, Toyo Ito, creó en Logroño una promoción de 468 viviendas. Corría el año 2006. Hoy, el 65% de ellas está aún sin vender. El complejo, que tiene un llamativo color entre azul turquesa y verde, simula una cadena de ADN, por lo que los bloques están enfrentados entre sí, con muy poco espacio entre las fachadas. El 70% de las viviendas estaban destinadas a jóvenes, según planteó el Ayuntamiento cuando presentó el concurso para la edificación en una parcela municipal en la periferia de la ciudad. Unos 300 pisos de esa promoción, que cuenta con servicios comunes, son propiedad de la entidad financiera CaixaBank.

9. Madrid: la Caja Mágica
Fue uno de los proyectos estrella de Alberto Ruiz-Gallardón en su etapa como alcalde, y habría tenido que ser el gran espacio deportivo de la Comunidad para la celebración de los esperados Juegos Olímpicos. Para su construcción se contrató al prestigioso arquitecto francés Dominique Perrault. La inversión, que comenzó siendo de 120 millones de euros, acabó alcanzando los 294, más del doble de lo presupuestado. La Federación de Tenis, último inquilino que albergó las instalaciones, ha rescindido su contrato porque no podía pagar el alquiler y el elevado coste de su mantenimiento, concebidas para unos JJOO y no para el día a día de un club de tenis.

10. Murcia: (otro) aeropuerto sin aviones
El aeropuerto privado de Corvera (Murcia) lleva un año terminado y ni siquiera se ha inaugurado. El aeródromo murciano seguirá sin recibir aviones de pasajeros por lo menos hasta dentro de un año, por lo que perderá una tercera temporada turística. Hasta ahora, el Ejecutivo regional ha dilapidado 270 millones en él. La situación se tornó endiablada. El aeropuerto, que costó 266 millones, exigía que cerrase otro, público, ubicado a 35 kilómetros y en el que se acaban de invertir 70 millones que nadie puede compensar.

11. Navarra: velocidad en Los Arcos
Los Arcos de Navarra. En 2010, el Gobierno foral destinó 43 millones de euros a la construcción de un circuito que no ha logrado albergar ningún evento de relevancia internacional. La infraestructura, que iba a suponer un empujón al desarrollo de Navarra, terminó convirtiéndose en un agujero financiero: además de la inversión, el Ejecutivo foral desembolsa anualmente un millón de euros en coste de gestión.

12. País Vasco: un túnel ferroviario sin conexión
Uno de los casos más llamativos en el País Vasco es el túnel de cuatro kilómetros que conecta el Puerto de Bilbao con la localidad de Ortuella, atravesando el corazón del monte Serantes. Las obras de infraestructura se ejecutaron entre 2005 y 2009, con un presupuesto de 48 millones de euros, pero se paralizaron. Las vías no se llegaron a equipar y, desde 2011, sus dos únicos accesos están tapiados, a la espera de que alguien construya el vial que lo conecte con la red ferroviaria general.

13. Baleares: Palacio de Congresos de Palma
Puede que esté viendo la luz al final del túnel. Pero, hasta la fecha, el Palacio de Congresos de Palma se ha llevado al menos 43 millones de euros públicos, que el Gobierno regional ha tenido que abonar a la constructora Acciona en concepto de deuda.

La infraestructura arrancó en 2008 para convertirse en la “estrella del Turismo” de Mallorca. Sin embargo, la crisis obligó a ralentizar al máximo las obras en 2011. En noviembre de este año quedó desierto el concurso público convocado para financiar con 40,5 millones el complejo hotelero (268 habitaciones) que acompañará a dicho centro de convenciones.

14. Canarias: obra de arte monumental
Gastar dinero público sin mover una piedra. Es lo que ocurre a los pies de la montaña de Tindaya desde, al menos, 1993. El escultor Eduardo Chillida propuso convertir ese trozo de tierra en un gran cubo vacío con unas galerías hacia el exterior. Una monumental obra de arte que ha costado 25 millones de euros al Gobierno local, según estimaciones a la baja. En 1995, la decisión del Gobierno local de declarar el monte bien de interés cultural, obligó a cerrar las minas abiertas a las faldas del peñón. El Ejecutivo local tuvo que inyectar 5,4 millones de euros en las arcas de la empresa que tenía los derechos de explotación.

15. Reino de don Quijote: el sueño de Castilla-La Mancha
Junto con el aeropuerto de Ciudad Real, fue uno de los proyectos que Caja Castilla-La Mancha no dudó en financiar. La primera caja en sucumbir bajo la explosión de la burbuja inmobiliaria fue también una de las más implicadas a la hora de otorgar dinero para la construcción del Reino de don Quijote. José María Barreda, entonces presidente de la región, llegó a declararlo “estratégico” para la zona. El Hotel de 812 habitaciones que se habría construido como apoyo a un macrocasino, sin embargo, se esfumó en menos de un año.

Los parecidos con Eurovegas van más allá de las casualidades.

16. Cantabria: apuesta por el fibroyeso
Una fábrica levantada sobre millones de euros públicos de la que nunca salió nada. Es lo que ocurrió en Cantabria, en un caso que a comienzos de 2013 ha llegado a los juzgados. La instalación en cuestión habría tenido que producir cartón-yeso, o fibroyeso -pladur para viviendas- y habría traído empleo y desarrollo en la Cantabria de Miguel Ángel Revilla. Sodercan, una empresa pública regional, era el socio minoritario de la fábrica, cuyo 70% habría sido aportado por EuroAmérica S.A., empresa con sede en Costa Rica. A ella fueron 40 millones de euros procedentes de las cajas cántabras con los que se consiguió algo distinto a lo prometido, maquinaria antigua sobrevalorada.

Fábrica de fibroyeso en Cantabria (EFE)Fábrica de fibroyeso en Cantabria (EFE)La ubicación de la fábrica tampoco fue un acierto: Reinosa no estaba suficientemente cercana al puerto de Santander para que mereciera la pena el traslado del material para su exportación. Las inversiones públicas en el centro se cifran en alrededor de 60 millones de euros.

17. Castilla y León: Ciudad del Medio Ambiente.
Ciudad del Medio Ambiente en Soria.
Una ciudad medioambiental inconstitucional. Es lo que queda en Soria desde el pasado 12 de diciembre, cuando el Tribunal estimó el recurso presentado por el PSOE en 2007 contra el proyecto regional de la Ciudad del Medio Ambiente “nulo” e “inconstitucional”.

Hasta la fecha, 42 de los 100 millones de euros públicos previstos han ido a financiar la obra. Otros 50 llegarían de manos privadas. El proyecto, conocido como “Cúpula de la Energía”, se enmarcaba en la construcción de siete cúpulas temáticas en cada una de las provincias de la comunidad. Fue impulsado durante la legislatura 2003-2007.

Cataluña, ante el desafío secesionista
Valcárcel: 'Los nacionalistas fomentan el odio en Cataluña al estilo fascista'
El presidente de Murcia cree que "Mas se ha metido en un charco del que no sabe salir"
 www.lavozlibre.com 16 Diciembre 2013

Madrid.- Ramón Luis Valcárcel, presidente de Murcia, considera que “el nacionalismo catalán fomenta el odio al más puro estilo fascista”. Así lo asegura en una entrevista que publica este lunes el diario ‘El Mundo’, en la que explica que “el nacionalismo y el fascismo siempre han utilizado la propaganda y, en este sentido, son idénticos”.

“El aparato propagandístico del fascismo es exactamente lo que ahora intentar aplicar los nacionalistas catalanes con verdadero ímpetu. Detrás de la propaganda, como ha demostrado la Historia, no hay nada más”, señala Valcárcel que considera que el simposio ‘Cataluña contra España’ es “una absoluta bajeza moral” porque plantea la relación de España y Cataluña “en un plano de confrontación, desde la manipulación y la mentira”.

El presidente murciano, que ya ha anunciado que dejará el cargo el próximo mes de abril tras 20 años presidiendo la región, dice también que la pregunta de la consulta separatista “no tiene recorrido”. “La consulta no es posible, y no se va a admitir. Está condenada al fracaso”, sostiene, al tiempo que califica como “una locura” el desafío independentista de Mas.

“Creo que Mas se ha metido en un charco del que no sabe salir, y se ha entregado a quienes van a meterle en tierras pantanosas de que no saldrá. Está perdido y el referéndum será su tumba política”, señala Valcárcel, que, no obstante, no es partidario de que el Gobierno de Rajoy aplique el artículo 155 de la Constitución. “No creo que sea necesario. Rajoy hace lo que tiene que hacer, La unidad de España es incuestionable, y si alguien quiere cuestionarla se va a enfrentar a un Gobierno que es absolutamente fuerte, robusto, y no va a dejar el más mínimo resquicio a que pueda haber aventuras secesionistas”.

La exministra Trujillo incendia Twitter al preguntar “¿para qué asuntos importantes sirve el catalán?”
La pregunta que la política extremeña dejó en el aire este fin de semana ha suscitado un alud de reacciones y críticas de muchos usuarios
MADRID www.republica.com 16 Diciembre 2013

La exministra de Vivienda María Antonia Trujillo ha suscitado este fin de semana una nueva polémica en Twitter, tras plantear a través de su perfil en la red social "para qué asuntos importantes sirve saber catalán". La pregunta que la política extremeña dejó en el aire este fin de semana suscitó un alud de reacciones y críticas de muchos usuarios de la red social. Pese a que tras las reacciones Trujillo restringió el acceso a su cuenta, la exministra se reafirmó el domingo asegurando: "Ayer pregunté por las cosas importantes para las que sirve saber catalán. Excepto dos o tres, nadie ha respondido. Eso sí, han demostrado que sirve para insultar".

La exministra ya provocó en noviembre de 2012 otra controversia en Twitter cuando, pese a su pasado como ministra de Vivienda, aseguró en relación a los desahucios que “quien tenga deudas, que las pague”.

Esta fue la aportación de Trujillo, ministra de Vivienda en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero (entre 2004 y 2007) y diputada del PSOE hasta hace un par de años, al debate sobre los desahucios y la necesidad de modificar la Ley Hipotecaria. La vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, le respondió en esa misma red social: “Fuiste ministra de Vivienda, pero dónde has dejado tu alma socialista?”. Ella le contestó a su vez: “¿A qué te refieres? Cuando hagas sencillo gesto de leer mi TL (el historial de mensajes), hablamos. Sin alma, con sentido común. Tú eres responsable de todo”.

PD entrevista al autor de 'Votaré no a la secesión de Cataluña' (Ediciones B)
Juan Carlos Girauta: "Hay quien se sacrifica por Cataluña haciéndose rico"
"Artur Mas no se echará del todo al monte, no se echará más de lo que ya está"
Antonio José Chinchetru. Periodista Digital  16 Diciembre 2013

Escribir y publicar "Votaré NO a la secesión de Cataluña" (Ediciones B) va dirigida a los que simplemente dudan. A los que, sin haberse sentido nunca particularmente molestos por las formas y estrategias nacionalistas, sí encuentran razones para recelar de la ofensiva desatada por Artur Mas al concluir su primera legislatura.

Un proceso que ha apiñado a varios grupos: los que tradicionalmente hemos conocido como nacionalistas, los espontáneos que acaban de descubrir cuán incómodos que se sentían en España, los que nunca escondieron su carácter secesionista.

"Los catalanes tenemos mucho que perder en este proceso. Tengo ocasión de manifestarlo a menudo dada mi profesión y dada la frecuencia con que el tema se suscita. Pero además, llegado el momento de decirlo en las urnas tesitura que tengo por inexorable, votaré no. Y me atrevo a pedirle a usted que haga lo mismo, por el bien de Cataluña. A las urnas llegaremos, pero antes tenemos tiempo de rebatir punto por punto las distintas formas en que el movimiento nacionalista-secesionista prevé organizarnos el viaje"

Tal omisión no solo resultaría inútil para los catalanes que deseamos seguir siendo españoles, sino que sería del todo contraproducente, pues estaríamos regalando al contrario -en pos de un riguroso silencio metodológico que, en cualquier caso, solo correspondería al Estado mantener- toda la ventaja expositiva, argumental, pedagógica y propagandística.

TITULARES DE LA ENTREVISTA
Esta consulta no se va a plantear. Lo dijo el presidente del Gobierno y lo dijo muy en serio.

Creo que Artur Mas no se echará del todo al monte, no se echará más de lo que ya está. A su partido le conviene más comparecer en las elecciones autonómicas como una víctima del terrible Estado español que no le permite pronunciarse al pueblo español.

Esta pregunta ["¿Quiere que Cataluña sea un estado?"] es un prodigio de la magia de proximidad. Se parece a lo que hace un mago con los juegos de cartas.

El nacionalismo siempre ha tenido cierta adveración a la verdad, porque necesita la mentira para homogeneizar sociedades que son diversas.
La primera mentira es que eso sea una consulta en condiciones y que se vaya a hacer.

Cataluña no va a ser independiente salvo que lo decidiera el conjunto del pueblo español.
Los medios de comunicación públicos están actuando como herramientas de propaganda pura y dura al servicio del proyecto de Artur Mas.

Artur Mas ha excitado los ánimos, la prensa ha excitado los ánimos [con el proceso independentista].
Rajoy, o quien la suceda, no puede entrar en una negociación sobre la soberanía.

Cataluña no sería reconocida por la ONU, al salir de forma no negociada de un Estado de derecho, quedaría fuera de la Unión europea 'sine die' y, desde luego, no sería reconocida por ningún país del mundo.
Hay quién piensa que un arma de presión contra la deriva secesionista sería cerrar el grifo de la liquidez. Ante esto tengo muchas dudas.

Hay una concepción del sacrificio por Cataluña que consiste en hacerse rico.
Ya no existe algo que merezca el nombre de sociedad civil catalana.

Juan Carlos Girauta, Votaré no a la secesión de Cataluña. Ediciones B, 2013

Desafío secesionista
Cataluña se hunde. Y con ella, España
Emilio Campmany Libertad Digital 16 Diciembre 2013

La calculada ambigüedad de las preguntas de la consulta independentista, patente desde el mismo momento en que son dos en vez de una, está desinflando el suflé independentista. Si la consulta no se celebra, dicen desde la plaza de Sant Jaume, se convocarán elecciones plebiscitarias. Este mecanismo permitiría supuestamente proclamar unilateralmente la independencia si los partidos independentistas obtuvieran una mayoría suficiente. Esto tiene toda la pinta de ser una filfa. Esa proclamación unilateral podrían perfectamente haberla hecho ya desde que las últimas elecciones autonómicas ya fueron plebiscitarias y quien votó a ERC y a CiU ya sabía lo que estaba votando.

Mientras, el presidente del Gobierno afirma fatuo y campanudo que el referéndum no se celebrará porque es inconstitucional, dando a entender que será él quien lo impida si la Generalidad se empeña en celebrarlo. Y lo más gracioso es que algunos periódicos lo llevaron a la portada como si una afirmación hecha por alguien tan medroso pudiera tener alguna relevancia. Los que han dado pábulo a la misma deberían recordar que quien la hace es alguien que se enorgullece de no cumplir sus promesas. No sólo, sino que consiente y tolera a ciencia y paciencia que la Generalidad viole todos los días la Constitución Española y no hace, como su antecesor, nada para evitarlo. ¿Por qué habría que esperar que con la dichosa consulta se comportara de diferente manera? Lo que pasa es que Rajoy confía en que, una vez que Mas ha puesto a ciento ochenta el biscúter que conduce, se estrelle. Pero ¿y si contra todo pronóstico no se estrella y conduce Cataluña a la sima de la independencia? ¿Qué piensa hacer Rajoy? De momento, no ha pensado nada.

Lo único evidente ahora es que, mientras uno se lanza a toda pastilla y sin frenos y el otro se cruza de brazos a ver en qué bancal aterriza el pirotécnico de las Ramblas, las facturas las vamos pagando nosotros con los cheques que va extendiendo con irritante delectación Cristóbal Montoro. Lo reconoce el propio Mas cuando afirma: "El Gobierno no dejará caer Cataluña en la insolvencia; esto sería tanto como admitir que ya no forma parte de España". Estas dos frases entrañan no uno sino dos programas de gobierno, uno para la Generalidad y otro para La Moncloa. Naturalmente, los españoles tenemos la obligación de pagar las facturas de los catalanes aunque hayan sido consecuencia de una gestión irresponsable, pero sólo después de haber intervenido el Gobierno de la autonomía. Este seguir financiando a Mas su loca carrera nos arrastrará a todos al precipicio. Como Rajoy no tiene cuajo para impedirlo y a Mas le falta para proclamar de una vez la independencia, nos veremos todos en el fondo del barranco. Qué extraño desamor éste entre España y Cataluña que nos lleva a despeñarnos juntos.


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Ausencia en España del ‘Imperio de la Ley
Pablo Sebastián www.republica.com 16 Diciembre 2013

El Estado de Derecho no es otra cosa que el ‘Imperio de la Ley’ y en España está brillando por su ausencia porque los dirigentes políticos están violando la legalidad. Lo acaba de hacer Artur Mas convocando desde la Generalitat una consulta independentista e ilegal en Cataluña y financiando ese proceso con fondos públicos del Estado (prevaricación y malversación); y lo hace el Gobierno de España que preside Mariano Rajoy al no aplicar la legalidad de manera fulminante en contra la convocatoria de la consulta ilegal e independentista que se ha perpetrado desde la Presidencia de la Generalitat.

Por lo que estamos en ausencia del Estado de Derecho. Situación similar a la que intentó el presidente Zapatero cuando pretendió reformar el modelo territorial del Estado con una reforma ilegal de la Constitución, por la puerta trasera del Estatuto catalán (que luego enmendó el Tribunal Constitucional). Y algo similar a lo que Zapatero y Rajoy hicieron al negarse a ‘ejecutar’, o hacer cumplir, en Cataluña las sentencias de los Tribunales Constitucional y Supremo que obligan a la enseñanza del castellano y en castellano en esa Comunidad.

Y de esos polvos estos lodos que se amplían cuando la fiscal del Estado no actúa contra la alta corrupción política o de miembros de la familia real como la infanta Cristina. O cuando el Gobierno de Zapatero burlando la ley concedía, en plena crisis económica, el indulto a un destacado banquero, y el de Rajoy aprobaba otros indultos a políticos corruptos del PP y de CiU -como ocurrió a finales de 2011-, o cuando este mismo Gobierno del PP aprobó una amnistía fiscal a los defraudadores mientras subía todos los impuestos a los ciudadanos, burlando la ejemplaridad y legalidad.

Si el Gobierno de España no cumple con la legalidad, o la bordea de manera escandalosa y no aplica las sentencias en Cataluña, ni se enfrenta a la corrupción nacional, se crea un caldo de cultivo que da alas al desafío independentista por parte del presidente de la Generalitat, Artur Mas. El que representa al Estado en Cataluña y que viola la Constitución que él mismo ha prometido y que su partido, CiU, votó en 1978. Reclamando Mas el derecho de la autodeterminación que es inconstitucional en España y solo se reconoce en la ONU para las situaciones coloniales. Lo que Mas oculta y niega con el mismo descaro que pretenden engañar a sus conciudadanos intentando ocultar que la independencia catalana los expulsaría de la Unión Europea. Esa Unión de democracia, libertad y progreso por la que lucha el pueblo de Ucrania y que el nacionalismo catalán quiere abandonar saltándose la legalidad.

Que es lo que pretende hacer Mas con su anunciada consulta que él sabía de antemano que no se va a celebrar y que constituye sólo un primer paso para la movilización independentista de cara a las elecciones autonómicas que llaman ‘plebiscitarias’, a celebrar el 9 de noviembre de 2014 (el día en pretendían celebrar la consulta), como respuesta al rechazo que dictarán el Tribunal Constitucional y las Cortes Españolas. Comicios ‘plebiscitarios’ de los que saldrá el líder de ERC, Oriol Junqueras, como el próximo presidente de la Generalitat en demérito de Mas y en detrimento de CiU, lo que llevará a Cataluña a una situación conflictiva con altas cotas de radicalidad.

Aunque ese será el problema interno del nacionalismo catalán y de la alta burguesía económica y financiera catalana que jugó con el fuego de la independencia y colaboró en la financiación de este proceso, apoyando a los partidos y medios independentistas. Un capítulo el de la financiación con dinero público y privado (este recaudado en toda España por empresas y entidades catalanas), que debería ser abordado con firmeza por el Gobierno de Rajoy, haciendo actuar a la fiscalía frente a la malversación de fondos públicos por la Generalitat y otras instituciones catalanas como los ayuntamientos nacionalistas que financian actos partidarios.

Como debería Rajoy empezar a aplicar el artículo 155 del texto constitucional, recuperando la competencia de Educación si no se aplican en Cataluña las sentencias sobre el uso y la enseñanza del castellano, y suspendiendo la autonomía si la Generalitat avanza hacia la autodeterminación. Aunque todo apunta que Mas se va a conformar con las elecciones plebiscitarias y que Rajoy no se va a atrever a aplicar la ley y la Constitución, por miedo a tener que hacer frente a una conflicto político y social que ya han desatado los nacionalistas buscando la rendición del Estado y la suspensión del Estado de Derecho. Derrotando al ‘Imperio de la ley’, que es en esencia lo que está ocurriendo ya.
www.pablosebastian.com

La aniquilación imperialista de Cataluña y la mosca transgénica
Javier Orrico Periodista Digital 16 Diciembre 2013

Tras trescientos años de opresión, oprobio, fumigación y hasta fornicación de Catalunya a manos y miembros de la España imperial, ha podido pararse el último y definitivo intento de aniquilación de la nación y la identidad catalanas: la mosca transgénica. Un equipo de investigadores anglosajones, o sea, antiescoceses, habría conseguido una mosca macho genéticamente pervertida, estéril, ideada para engañar, fecundándolas falsamente, a una especie de pobres moscas catalanas que joroban la cuarta parte de la cosecha de olivas de la nacionalidad histórica. Todo era, sin embargo, una estratagema que la Asamblea Nacional por la Soberanía Alimentaria de Catalñunya ha denunciado e impedido, al grito de "tenemos el derecho a decidir qué agricultura queremos" frente a la opresión estatal. Esta Asamblea es la que organizó la cadena humana del pasado once de septiembre, y constituye la principal fuerza de apoyo de los políticos separatistas que gobiernan Cataluña.

Lo que se buscaba con la mosca manipulada era infectar a las moscas catalanas con un virus tratado con canciones de Rafael Farina, Juanito Valderrama y Dolores Abril, naturales de Curro Romero, y la Marcha Real interpretada por Nati Mistral con letra de José María Pemán, además de un vídeo con las nueve Copas de Europa del Real Madrid. El plan estaba concebido por el malvado Wert, y habría conseguido que los niños catalanes vinieran al mundo cantando “Mi carro” y “Cocidito madrileño”, del gran Pepe Blanco. El ataque de las moscas aniquiladoras, incluidas algunas cojoneras (tipo Albert Boadella, Arcadi Espada y otros traidores), ha sido uno de los asuntos centrales del Simposio “España contra Catalunya o la mosca españolista”, que ha tenido lugar en los últimos días en la capital catalana. Patrocinado, eso sí, por el Fondo de Liquidez Autonómica de los señores Montoro y Rajoy. Los moscones.

Referéndum Catalán: Rajoy espera y ve…
José Oneto www.republica.com 16 Diciembre 2013

Pasadas más de 72 horas, después de que el presidente de la Generalitat Artur Mas, anunciase que por fin habrá Referéndum en Cataluña, que ese referéndum tiene ya fecha para el 9 de noviembre del año que viene, y que en la doble pregunta que se pretende hacer, se incluye el término independencia, el Presidente del Gobierno sigue sin explicar a la opinión pública que mecanismos legales tiene pensado para impedir ese referéndum y hacer frente a esa reofensiva independentista que se ha convertido en un auténtico desafío a la unidad de la Nación.

Esa pregunta sobre lo que piensa hacer, que se le hizo en varias ocasiones el pasado jueves en el Palacio de la Moncloa, por parte de los periodistas, que a partir de ahora, solo podrán intervenir si la secretaria de Estado de Información, Carmen Martínez Castro, les da la palabra, en un acto que es puramente discrecional, es junto con todas las que se refiere a Bárcenas, la doble contabilidad del PP y los casos de corrupción, la que a partir de ahora no será respondida en ningún momento por el Jefe del Ejecutivo.

Rajoy, que ha venido comportándose ante las amenazas de la Presidencia de la Generalitat, de convocar el Referéndum para la escisión de España, con el convencimiento de que el “soufflé” independentista bajaría solo, sin necesidad de hacer nada, de explicar nada, de tomar ningún tipo de iniciativa, ni siquiera ha querido advertir a Artur Mas de lo que significa un acto de ilegalidad, como el del pasado jueves anunciando un referéndum que es un desafío a lo que es el Estado de derecho de quien ocupa un cargo, porque así lo establece la Constitución española. Una Constitución que el presidente Mas, ha anunciado que tiene intención de violar en tanto él sabe que la soberanía reside en el pueblo español en su conjunto.

Ante esto, ninguna advertencia, ninguna conminación, ningún tipo de requerimiento, ningún recordatorio al propio Mas, de que ha iniciado un camino de actos delictivos, que al final terminará en el Tribunal Constitucional con la anulación de la consulta por inconstitucional.

Frente a la postura de Unión Progreso y Democracia (UPyD) que ya ha pedido el control de los Mossos d´Esquadra por el Ministerio del Interior para evitar su participación en la elaboración de un posible censo, y en el anunciado referéndum, como gesto de lo que puede suponer la aplicación del artículo 155 de la Constitución que permite la suspensión de la Autonomía de una Comunidad si atenta gravemente al interés de España o no cumple con sus obligaciones constitucionales (camino con el que está de acuerdo Alfonso Guerra, uno de los padres de la Constitución), o de aplicación de medidas sancionadoras, como las que defienden Ciudadans, Rajoy se mantiene en su estrategia del Wait and see, “esperar y ver”. Este sábado, en Murcia, ni siquiera ha querido pronunciar la palabra “referéndum”, utilizando el mismo argumento que viene empleado con el “escándalo Bárcenas”: “No voy a estar repitiendo siempre las mismas cosas”.

Eso sí, Rajoy no quiere ni oír hablar del artículo 155, aunque parece que tampoco parece dispuesto a hacer pedagogía, una pedagogía que habría que comenzar por explicar a dónde han ido a parar esos 22.000 millones de euros que solo este año el Estado ha prestado a la Generalitat, del llamado Fondo de Liquidez Autonómica.

La responsabilidad de los políticos
Francisco Muro de Iscar Estrella Digital 16 Diciembre 2013

El mundo, con minúsculas, "contra" Cataluña. O mejor dicho, para ser precisos, contra los políticos catalanes que han iniciado el camino de la insumisión. La mentira, la simulación, una nueva historia reescrita a medida de los intereses de una parte contra las necesidades de todo un pueblo. Una huida imposible hacia ninguna parte frente a la urgente necesidad de tomar medidas para salir de la crisis. El autismo de un Gobierno central que no ha tomado ninguna medida para explicar a los ciudadanos españoles que viven en Cataluña que lo que les están contando es falso, disfraza la realidad y les conduce hacia el abismo. El Gobierno anterior, con su presidente a la cabeza, empujó a los catalanes hacia el independentismo y el actual ha estado ausente siempre en Cataluña. Incluso cuando ha sido el banco prestamista que ha salvado a la Generalitat de la suspensión de pagos, ha parecido un Gobierno virtual, un tercero sin intereses.

La responsabilidad de los políticos en estos momentos en los que Cataluña está al borde de la quiebra económica es máxima

La responsabilidad de los políticos en estos momentos en los que Cataluña está al borde de la quiebra económica, con unas cifras de paro escandalosas, con una ausencia de inversión que pone en riesgo su supervivencia y con unos gobernantes sin seny alguno, es máxima. Pero parece que unos y otros están mirando hacia otro lado. Es cierto que no se puede dialogar sobre el derecho a decidir, pero siempre hay que tener un Plan B. El de Esquerra Republicana es claro: o ganan la partida o ganan las próximas elecciones autonómicas. El del Gobierno parece ser sólo "laissez faire, laissez passer". Rajoy es maestro en actitudes pasivas. El del PSOE no lo conocen ni ellos, porque su pugna interna con el PSC dista mucho de estar realmente resuelta. Y el del CiU está más cercano a las inmolación de un partido histórico que de cualquier esperanza de supervivencia.

Es lamentable que desde Barcelona y desde Madrid se haya impulsado, tolerado o favorecido este distanciamiento profundo entre ciudadanos de un mismo país. Brecha que no existiría si solo jugaran los ciudadanos, entren los que no ha habido, no hay, ningún problema. Si todos tenemos alguna responsabilidad, los políticos la tienen absoluta. La falta de ética de muchos de ellos, su absoluto desprecio de los intereses generales, su vocación de pirómanos en una situación terrible de crisis económica y de desempleo, debe merece un severo reproche. Y si las cosas no se reconducen hacia el sentido común, deberíamos poder exigirles responsabilidades políticas y, si llega el caso, penales.

La democracia, el Estado de Derecho, la legalidad son valores básicos que debemos respetar todos. Pero muy especialmente, sin excusa alguna, los dirigentes políticos elegidos por el pueblo.

Tras el órdago secesionista, la respuesta de la legalidad
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 16 Diciembre 2013

Impagable la foto que el pasado jueves ilustraba las portadas de internet, después de que la montaña del independentismo catalán pariera la pregunta trampa del referéndum secesionista. El encuadre muestra a Artur Mas ante los micrófonos, adelantando la nueva al pueblo elegido y en mala compañía, porque a su izquierda, como corresponde, se encontraba retranqueado unJunqueras con cara de pocos amigos, insignia pétrea de este nacionalismo ramplón que ha tenido que bajarse del burro y aceptar la oferta de los convergentes, o no es tan fiero el león como le pintan. Venía después el representante de la izquierda heredera del marxismo-leninismo (ICV), o la internacional obrerista al servicio de las ensoñaciones independentistas de una burguesía de derechas ahíta de corrupción, que para eso ha quedado la sucursal de IU en Cataluña, para hacer la ola a los señoritos convergentes, y más a la izquierda una especie deperroflauta maduro apellidado Fernández, colíder de una tal CUP, de extremísima izquierda. Con estas compañías quieren los herederos de Jordi Pujol construir un Estado moderno en Cataluña. Pésimo aval a presentar ante un sindicato bancario a la hora de conseguir un empréstito.

El mismo día, y casi a la misma hora, en que paría la burra secesionista catalana, se anunciaba en Madrid que Cataluña recibirá otros 873 millones del Fondo de Liquidez Autonómica, procedentes de la reasignación de 2.879 millones a las autonomías acogidas al FLA, para que puedan “atender pagos que son necesarios”. El nacionalismo catalán está de fiesta y España paga la ronda. Félix de Azúa, en artículo publicado en El País el viernes, decía que “La guerra [La II, apellidada Mundial] dejó una memoria de podredumbre moral, cobardía, asesinatos, dirigentes psicóticos, naciones enteras envilecidas y violencia delirante. Todo lo cual, por supuesto, está en trance de desaparecer de nuestra memoria”, porque ya Walter Benjamin, una de las víctimas de aquel conflicto, “nos advertía de lo habitual que es, entre los pueblos civilizados, matar constantemente a sus muertos convirtiéndolos en Historia” (…) “A los pies del Ángel de la Historia, 70 millones de cadáveres observan estupefactos el presente. ¿Para esto hubo que matar a tanta gente? ¿Para que todo siguiera igual?” Parodiando a Azúa, ¿Para qué el dislate secesionista de Mas y su tropa? ¿Para qué esta huida hacia adelante, este delirio de la improvisación sin carta de navegación alguna? ¿Simplemente para que una pequeña élite burguesa pueda tener Estadito propio sin nadie que le moleste?

Cataluña recibe otros 873 millones del FLA. Está de fiesta el nacionalismo y España paga la ronda

“Quienes terminaremos pagando el pato en esa Cataluña independiente somos los que nos sentimos catalanes y españoles y hemos rechazado apuntarnos a la fiebre secesionista, la gente que queremos seguir donde hemos estado siempre, en tu casa, en tu trabajo, con tu gente y tus problemas; de alguna manera nos sentimos ya aislados, cortocircuitados, en una especie de gulag de nuevo cuño”, contaba ayer mismo un amigo catalán. No se engañe nadie, no: todos los catalanes terminarán pagando la aventura en forma de pérdida de oportunidades, descenso del nivel de vida y deterioro de sus libertades, y desde luego también el resto de los españoles, porque el ¡Viva Cartagena! que inauguraría la separación de Cataluña daría lugar a la ruptura de España por las cuatro esquinas de su piel de toro y al nacimiento de una serie de Estados sin la menor relevancia en la escena internacional. Al final, a quien más daño ha hecho el socialismo cubano ha sido a los cubanos, de la misma forma que la derrota del nacismo significó un castigo implacable para los alemanes que lo apoyaron. A veces conviene acudir a la historia reciente y, sin tergiversarla en congresos ad hoc, recordar que Alemania, el país más culto y avanzado de Europa en los años 30 del siglo XX, acabó en una orgía de muerte y escombros tras haberse echado en brazos de un pintor frustrado, capaz de vender a su gente una ideología de superioridad de lo propio (cofoisme en catalán, és a dir l'autocomplaença, l'autosatisfacció, el sentit de superioritat), y menosprecio de lo ajeno, de desprecio, incluso odio, a quien no forma parte de la tribu.

“Sobra rencor y falta finura” en Madrid, dicen en Barcelona

Ocurre a menudo que los pueblos enloquecen y deciden jugar a la ruleta rusa con su futuro, cuando no pegarse directamente un tiro. Algo de eso está pasando aquí, ha pasado en estos años, en parte porque el Gobierno central levantó el campo, abandonando en Cataluña a quienes también se sienten españoles y dejando el terreno libre para el adoctrinamiento victimista e identitario, de modo que hoy la presión contra el que no piensa en nacionalismo es difícilmente soportable y el repudio al discrepante, permanente, lo cual explica en buena parte que la izquierda haya renunciado a sus señas de identidad para abrazar la causa de esa burguesía corrupta, un fenómeno al que se ha sumado la Iglesia Católica local y desde luego los medios de comunicación, subvencionados todos, mantenidos todos por la Generalitat. “Sobra rencor y falta finura en su relato” [en la prensa de Madrit], escribía el viernes Enric Juliana, periodista de La Vanguardia, ferviente pujolista, y padre putativo del famoso editorial que la prensa catalana, en un claro ejemplo de diversidad, publicó al unísono con motivo del Estatut. Dice Juliana que “se esperaba un descarrilamiento [en Madrit, claro está]. Y ese accidente no se ha producido”. Está contento Juliana. Casi tanto como los responsables de TV3 que en la tarde del jueves, con motivo de la enjundiosa pregunta, se marcaron un programa tan delirantemente nacionalista, tan obscenamente sectario, que no lo hubiera superado la televisión soviética en los mejores tiempos del camarada Stalin.

Ni el Gobierno ni su presidente pueden ya llamarse andana. Cuando, pasado el tiempo, la pequeña historia registre estos días convulsos, el cronista se sorprenderá del contraste entre el dinamismo desplegado por la Generalitat y su cohorte secesionista en los últimos años, y el silencio autista, la inacción de un Gobierno central indiferente espectador de unos acontecimientos en los que nada parecía jugarse. El desafío de la ruptura de España está sobre la mesa, una realidad a la que se ha llegado por culpas repartidas cuyo relato es imposible abarcar aquí, pero que en ningún caso se hubiera concretado de no estar España inmersa en una de las mayores crisis de su historia reciente, crisis económica pero sobre todo institucional, que es básicamente moral, crisis terminal de un régimen carcomido por la corrupción, con todos los beneficiarios de la Transición -la Corona a la cabeza- afectados por escándalos del más diverso pelaje. Esa debilidad explica la arrogancia con la que el nacionalismo catalán, dispuesto a aprovechar el momento, ha apretado el acelerador en la búsqueda de un futuro fuera de España, convencido de que es ahora o nunca.

El envite secesionista es de tal calibre, que no hay espacio para la vieja política inmovilista

Huelga decir que, a pesar de los pesares, España sigue siendo un gran país, un país que ha superado guerras, revoluciones, dictaduras, repúblicas cantonales y reyes felones sin cuento; un país infinitamente más rico hoy de lo que era en 1978 y no digamos ya en 1939, una gran nación cuyos Gobiernos, el delirante que encabezó Rodríguez Zapatero, gran responsable del paisaje de tierra quemada (“¿ven ustedes cómo España no se rompe…?, dijo el lechuguino tras su apoyo incondicional al nuevo Estatut catalán) actual, y el silente de Rajoy, no han utilizado ni una ínfima parte de los recursos –legales y de los otros- de que disponen para enfrentar el desafío independentista. El Gobierno está obligado a operar en una doble vía. Por un lado, haciendo cumplir la ley, es decir, la Constitución de 1978, un camino al final del cual no se adivina otra salida que la aplicación de su artículo 155, con la suspensión de la Autonomía catalana, algo que ya hiciera la II República cuando, en octubre de 1934, Lluis Companys proclamó el Estat Català.

Primero la ley, luego la política

Primero la ley y luego la política. En efecto, la aplicación de dicho artículo sería solo una parte de la respuesta, tal vez la más fácil de atisbar, porque detrás de la eventualidad de esa suspensión, el Gobierno -y el que ahora parece su firme aliado, el PSOE dePérez Rubalcaba- debería tener lista una respuesta política adecuada para abordar la crisis constitucional de caballo abierta por el agotamiento de un modelo al que el desafío secesionista ha dado la puntilla. Imaginar que después del órdago lanzado por Artur Mas las cosas podrán seguir como hasta ahora, más que una alucinación podría ser un suicidio. Por eso, el Gobierno Rajoy, después de cumplir y hacer cumplir la ley, tendrá que poner sobre la mesa un gran proyecto –¿Gobierno de coalición PP-PSOE mediante?- capaz de superar esa crisis constitucional, que incluya la reforma del Estado en el sentido que mejor convenga a los intereses de los españoles, lo cual sin duda pasa por la apertura de un proceso constituyente capaz de dibujar un marco legal, inclusivo para Cataluña, que, corrigiendo los viejos errores, propicie otros 30 o 40 años de convivencia. Rajoy es consciente de que el palo no es un argumento bastante para apagar este fuego, y que precisa de la zanahoria de acuerdos imaginativos que hagan posible algo que hoy se antoja un milagro. El problema de Mariano, y así lo ha manifestado a Rubalcaba, es que el ala dura del PP que lidera José María Aznar se va a negar en redondo a aceptar cualquier solución que implique una “cesión” a los nacionalismos.

Decisiones supremas para tiempos excepcionales. El envite secesionista es de tal calibre, que no hay espacio para la vieja política inmovilista y especulativa. Ignorar la herida afectiva o sentimental que ha convertido la ensoñación inicial de una pequeña elite en un gran movimiento transversal en Cataluña es negar la evidencia, y ninguna batalla se ha ganado, decía el granNapoleón, analizando mal las capacidades del adversario y, lo que es peor, menospreciándolo. Recuperar la estabilidad del país, en serio peligro de ser arrollada por los acontecimientos de Cataluña, y hacerlo en términos exquisitamente democráticos con expreso rechazo a la violencia, exige soluciones políticas tan contundentes como imaginativas. ¿Se puede confiar en los políticos responsables, con sus respectivos partidos, del actual estado de cosas para semejante travesía? Se entiende el escepticismo de muchos, pero con estos bueyes hay que arar en tanto en cuanto no afloren otros con mejores credenciales.

España / cataluña en españa
Dos siglos construyendo una misma nación en libertad
fernando garcía de cortázar. madrid ABC  16 Diciembre 2013

Desde la Guerra de Independencia hasta hoy, no hay ningún momento relevante de nuestra historia moderna en el que España y Cataluña puedan entenderse a solas.

Artur mas y sus socios en el desafío ilegal
Si no es un acto premeditado, estamos ante una de esas coincidencias que dan al azar el aspecto de la planificación. El mismo día en que se inaugura el bochornoso simposio «España contra Cataluña», el presidente de la Generalitat hace pública la pregunta tramposa que deberían responder los ciudadanos de la comunidad en el más que improbable caso de que se produzca la consulta. Como la decisión de falsificar la historia no flaquea, la fecha elegida para la consulta es el 9 de noviembre. El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín. Preso de la inflamación estética de sus ilusiones, el nacionalismo catalán insulta un cautiverio real para fabricar una liberación imaginaria. Sólo falta que, en su intrépido afán de emular a los protagonistas de la historia, el secundario Artur Mas malogre el gesto de Kennedy para soltar, ante los ojos incrédulos del mundo: «Yo soy berlinés».

No hacía falta llegar a esto para corroborar la escasa calidad democrática que ofrecen las andanzas del nacionalismo. Basta con ver la presentación misma del simposio, cuyos organizadores han respondido a las críticas generalizadas con la vehemencia del timador y con la desvergüenza del ignorante. Según ellos, no sólo estamos ante reflexiones «irrefutables», sino también ante la más desdichada de las versiones de la prueba del nueve: si los españoles -sean catalanes o no- callan, es porque aceptan la certeza de lo que se dice. Si se quejan, demuestran con ello su condición opresora, su intolerancia, su irremediable incapacidad de diálogo. En el proceloso diccionario del secesionismo, la legítima defensa de los españoles siempre se ha traducido como agresión. En la encolerizada mística del integrismo nacionalista, el rechazo de la mitología siempre se ha considerado un sacrilegio. Al servicio de esa obsesión, en beneficio de esa causa, el rostro complejo de la historia de España se desvanece en los rasgos elementales de una caricatura.

Muy desorientados deben de estar los senderos de gloria que llevan a esta farsa patriótica. Muy turbia debe de ser el agua de los estanques en los que el narcisismo nacionalista contempla su reflejo. Un relato en el que España es sólo una espantosa circunstancia por la que pasa Cataluña, un cuento en el que España es sólo la temporada en el infierno que han de purgar los catalanes, poco tiene que ver con el rigor de nuestro pasado. Y poco tiene que ver, en especial, con lo que Cataluña puede aprender de la historia de los dos últimos siglos. Cataluña ha caminado en ella no junto a España, sino en España misma.

Por su deseo de hacer de todos españoles ciudadanos con derechos, los catalanes participaron en las Cortes de Cádiz, lucharon por la independencia de una misma patria, combatieron contra el absolutismo, se esforzaron en construir un sistema parlamentario que pusiera los fundamentos de una nación libre. Como españoles, los catalanes se beneficiaron del impulso de un mercado protegido de la competencia foránea, disfrutaron de la fortuna de las colonias, construyeron una sociedad industrial, expandieron los valores de una burguesía moderna y con Laureano Figuerola inventaron la peseta para simplificar las transacciones comerciales. También como españoles, los catalanes sufrieron las consecuencias devastadoras del desastre del 98, y meditaron con sus compatriotas sobre la necesidad de una regeneración nacional que devolviera el pulso a la España sumida en el desconcierto y la desmoralización. Como españoles, los catalanes plantearon la modernización de las estructuras políticas, el cultivo de la diversidad cultural y la autonomía administrativa. Los trabajadores de Cataluña, como obreros españoles que eran, levantaron los formidables edificios del sindicalismo socialista, del movimiento libertario y del asociacionismo católico. Y, como español, el pueblo catalán se hundió en el enloquecido abismo de una guerra civil que amenazó con aniquilar para siempre nuestro sentido de la civilización.

Como otros muchos españoles, muchos catalanes emprendieron el camino de la reconciliación, cuando la niebla de la tragedia fue desvaneciéndose. En Cataluña también volvió a construirse una idea de España que superara para siempre las causas de la catástrofe.

Los jóvenes de Cataluña vibraron con los versos de Celaya proclamando a todo pulmón que España estaba en marcha y afirmando el derecho a vivir en una nación libre. La Cataluña de la Transición protagonizó los acuerdos fundacionales de la democracia, y la Generalitat del presidente Tarradellas se alzó como símbolo del compromiso de Cataluña en la construcción de una España constitucional. No hay circunstancia de nuestra historia moderna en la que España y Cataluña puedan entenderse a solas. En cada episodio de nuestro pasado arraiga una apremiante y honesta voluntad de seguir por el camino que inspira nuestra historia. Cataluña en España, fabricando el mismo destino de una sola nación en libertad.

Nuevo libro
Votaré no a la secesión de Cataluña
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 16 Diciembre 2013

El libro que tiene en sus manos cumplirá con su cometido si alcanza uno de estos dos objetivos: acertar con una visión de los últimos avatares catalanes más realista y menos parcial que la propiciada por el imaginario nacionalista preponderante; contribuir a que los catalanes contrarios a separarse de España rompan su silencio en la medida de sus posibilidades. Si alcanzara ambos, miel sobre hojuelas.

En consecuencia, mi "no", que el título circunscribe a la secesión, extiende su propósito (su advertencia, si así lo prefieren los que siempre ven "estrategia del miedo" en la opinión adversa) a la tentación de la inercia, a la comodidad de mantenerse callados. A la quizá comprensible pero hoy insensata tendencia a seguir doblegándose a una presión ambiental que aconseja no significarse cuando se discrepa de la agenda y del discurso del poder catalán. Es preciso que hablen los que se saben y sienten ajenos a las periódicas campañas que, cabalgando unas sobre otras, nos instan a la unanimidad como catalanes; que hablen los ofendidos por los fabricantes de ofensas imaginarias.

Esta obrita también va dirigida a los que simplemente dudan. A los que, sin haberse sentido nunca particularmente molestos por las formas y estrategias nacionalistas, sí encuentran razones para recelar de la ofensiva desatada por Artur Mas al concluir su primera legislatura. Un proceso que ha apiñado a varios grupos: los que tradicionalmente hemos conocido como nacionalistas, los espontáneos que acaban de descubrir cuán incómodos se sentían en España, los que nunca escondieron su carácter secesionista. Cada grupo ha aportado su trompetería para concertarla con las ajenas. He decidido llamar "movimiento nacionalista-secesionista" al resultado, a la sincronizada mezcolanza, a la coyunda, por una razón: cabe analíticamente distinguir entre las tendencias, pero en la práctica demuestran un alto grado de coordinación. Eso en cuanto a los adjetivos del movimiento, que he vertebrado con un guión. En cuanto al sustantivo… la voz "movimiento" les va que ni pintada. Sexta acepción del DRAE: "Movimiento: Desarrollo y propagación de una tendencia religiosa, política, social, estética, etc., de carácter innovador". Es innovador que los nacionalistas se deshagan del pactismo, los secesionistas del fallido artefacto "derecho de autodeterminación", se centren todos en el "derecho a decidir" (a decidir que sí, según veremos) y se cojan, literalmente, de la mano por los montes, los valles, los llanos y las playas. Desde luego cumplen con creces las condiciones de diccionario: la tendencia es política, es social, es estética. Y también es religiosa. No tienen por qué estar de acuerdo en este último punto, pero yo sé lo que me digo. Cuarta acepción del DRAE: "Movimiento: Alzamiento, rebelión". Olvidemos el alzamiento, pero, ¿cómo negar el aire de rebelión que acompaña el proceso?

Invito a los independentistas a leerme. No hay ironía (en esto; en el resto del libro, sí). No valoro a priori de forma negativa el independentismo, por extraño que les parezca a mis lectores habituales. En otras circunstancias vitales, podría haber sido mi opción. Mi aversión, quiero subrayarlo, la dedico a la ideología nacionalista. Es una aversión intelectual y, por tanto, moral. Es una aversión estética y, por tanto, moral. ¿Hay un independentismo no nacionalista en Cataluña? Sí, lo hay. Escasísimo, pero ahí está. Me consta. Los cuatro están horrorizados.

Si el independentismo decide pasar por encima de la ley, júzguesele por ello. No por sus ideas. Este libro denuncia mentiras y confusiones deliberadas de las que son responsables, también, los independentistas catalanes. Pero podrían no darse, o, dicho de otro modo, la mentira y la confusión deliberada no son inherentes a cualquier posición independentista. Sí lo son a cualquier posición nacionalista, que siempre conllevará –en el mismo grado en que el nacionalismo esté presente– la manipulación de la historia, la supeditación del individuo al grupo, la imposición de la leyenda, el sentimentalismo, el amoldamiento de la sociedad a sus profecías auto cumplidas, las políticas invasivas, la ingeniería social.

Aunque en las circunstancias actuales la pasión pueda desbordar a la razón (pues muchos ven factible y ven cercano, por primera vez, un Estado catalán independiente), y por tanto sea imposible convencerles, quizá les resulte de alguna utilidad personal a los apasionados la revisión crítica de sus premisas. Más, la revisión de un contrario que no se esconde y que busca el debate intelectual. Estas páginas no ambicionan el lucimiento sino la utilidad. Sé que el señalamiento del adversario como enemigo se ha convertido en costumbre, y muchos de mis conciudadanos ya no son capaces de visitar más perspectivas más que las suyas. Ese vicio creciente es destructivo, liberticida. Y no sé si añadir humano o inhumano. Reconozco que espero aguijonear un poco a los aficionados a ponerse de perfil, a los especialistas en mirar hacia otro lado. No pueden hacer eso mientras se perpetra la apropiación indebida de Cataluña y el arrebato de una identidad.

Una identidad, sí. Qué sorpresa, ¿verdad? Déjenme usar a mí también, aunque sea un momento, las palabras fetiche de la tribu. Quiero poner aquí de manifiesto, aquí sobre la mesa, con los focos encendidos y orientados, una identidad infinitamente más asentada, más mayoritaria, más arraigada en el tiempo y mejor anclada en el mundo que cualquier otra presente en Cataluña: la de los catalanes que no concebimos nuestra catalanidad sin España, la de los españoles que no concebimos nuestra españolidad sin Cataluña.

De ese no concebir habla nuestra vida, hablan nuestros actos, hablan nuestros afectos y nuestros kilómetros sentimentales. Aunque las voces callen. Porque los españoles de Cataluña, los catalanes de España, vivimos esta condición unitaria con total naturalidad, dejando en evidencia todos los días, a todas horas, los obsesivos, agotadores y orquestados intentos de disociarnos.

En el espacio público catalán (el institucional, el político, el mediático, el educativo, el cultural, el asociativo de cualquier índole) no sólo se alienta y alimenta la idea de que vamos a romper con España, de que es posible hacerlo y de que ha llegado el momento de ponerse a ello; también se amplifican hasta lo ensordecedor las opiniones de la calle que lo confirman; y se manipulan para fabricar "unanimidad" las de quienes podría parecer, en un momento dado, por alguna concreta declaración, por alguna alusión, por alguna elusión, que lo confirman; y se sofocan o caricaturizan las de quienes lo niegan.

Una serie de asociaciones, a veces erigidas y casi siempre mantenidas con el dinero de todos, se arrogan la representación de los catalanes, sin distingos. Se apropian indebidamente de "lo catalán", de "Cataluña", del "pueblo catalán", del "país". A éste le quitan el artículo determinado y una alquimia inversa entra en funcionamiento; donde había oro plural, obtenemos el más vulgar y unánime metal. Tal que así: estrategias de país, actos de país, pactos de país, decisiones de país, políticas de país… El resultado en el espacio público (y cada vez más en el privado) es que no puedes ser catalán, o al menos buen catalán, y criticar esas encarnaciones del espíritu del pueblo. Artur Mas, él sabrá por qué, ha conseguido con sus extravagantes delegaciones fácticas de representatividad que la Asamblea Nacional Catalana u Òmnium Cultural ingresen en el ámbito de la sacralidad civil (como mínimo).

No me preocupa que las señoras X e Y se hayan acostumbrado a perorar, sin título que las avale, en nombre de Cataluña, a convocar desde sus altares a la multitud en manifestaciones o conciertos bajo el nombre de Cataluña, a instar a la movilización, a guiarnos, a copar los informativos, a dictarle prioridades, calendario y lemas al gobierno, todo en nombre de Cataluña. Ni me preocupa ni me extraña. Lo que me preocupa, aunque haya dejado de extrañarme, es que el espacio público siga sus directrices. Que las sigan los gobiernos catalanes, fruto de mayorías legitimadoras de una cámara que, elegida por sufragio universal libre y directo, es la única que merece el nombre de "Asamblea" en la acepción que la ANC se auto concede y sugiere. Me preocupa, pues es una dejación democrática disfrazada de permeabilidad gubernamental, que las instituciones parezcan apéndices operativos de las asociaciones. Me preocupa que los medios de comunicación las hayan jaleado en unánime coro y, a su paso, hayan ido cayendo todos en un mismo discurso empalagoso, antiguo y frentista. Y que encima hayan creído participar, amontonados, del aura de una vanguardia nacional que conduce a Cataluña hacia la tierra prometida. La no España.

Claro que todo esto tiene truco. La llamada "sociedad civil" catalana no existe. Existió, pero, no presentando ni las dimensiones ni el vigor propios de una colectividad tan fuerte y antigua como Cataluña, la denominación le viene grande. Además, se la han arrancado tiempo ha. Aquí llaman sociedad civil a lo contrario de la sociedad civil, un magma que no es distante porque no es distinto al poder político, ni mantiene libre interlocución con él, sino que reproduce consignas de un mismo núcleo más o menos homogéneo, más o menos conchabado; de un círculo de personas con nombres y apellidos. El efecto del truco es impresionante cuando, en el clímax de su despliegue, el poder hace ver que sigue los deseos de sus figurantes.

Podemos considerar en muchos sentidos la Diada de 2012 como un acto liminar, una entada del nacionalismo convencional catalán en lo desconocido. Una demostración de fuerza independentista a partir de la cual Artur Mas se abrió la camisa, apareciendo en su pecho una gran "ese" de Superman, de Secesión o de State of Europe, no sé muy bien. En todo caso, aunque (o quizá porque) los cálculos del president se demostraron erróneos y perdió doce escaños cuando esperaba ganar ocho o diez, allí empezó la hegemonía secesionista, sin tapujos, del espacio público. Se trataba a fin de cuentas de la actualización de la vieja hegemonía nacionalista en el sentido que algunos veníamos anunciando con el solo amparo de la más básica doctrina: la ideología nacionalista pide Estado. Y si no lo hace, lo acabará pidiendo.

No es paradoja, sino pura necesidad causal, que en el curso de la metamorfosis desaparecieran los últimos rastros del catalanismo político por necrosis de su proyecto nuclear: obtener y mantener el liderazgo de España. Era (debió haber sido) un impulso contrario a su ruptura. Transformador de su idea predominante quizás, pero unitario. Desde entonces hemos presenciado fenómenos chocantes. Pienso en tantos jóvenes como siguen a pies juntillas el itinerario que marca el poder político mientras adoptan el aire de rebeldes. Receptores acríticos de argumentos empaquetados por y desde el espacio público institucional, el funcionariado docente y las asociaciones biempagás, los rebeldes con causa corean bajo batuta oficial. Luego ese mismo espacio público simula tomar nota de lo que le reclama "el pueblo catalán". O, en términos del propio Mas, refiriéndose a los concentrados del 11 de septiembre de 2012, "lo mejor de Cataluña". No es de extrañar que diez de los doce miembros de su gobierno se sumaran a la cadena humana de la siguiente Diada.

Con estos sofisticados juegos de rol, con la apoplejía de unos medios públicos más escorados que el Costa Concordia, con el alineamiento espontáneo de las redacciones y los claustros (¿qué hay de lo mío?), y con el silencio, el maldito silencio de los que no tienen nada que ganar formulando adversativas… la nave va. Pero los que no tienen nada que ganar deberían preguntarse si tienen algo que perder.

Los catalanes tenemos mucho que perder en este proceso. Tengo ocasión de manifestarlo a menudo dada mi profesión y dada la frecuencia con que el tema se suscita. Pero además, llegado el momento de decirlo en las urnas –tesitura que tengo por inexorable–, votaré "no". Y me atrevo a pedirle a usted que haga lo mismo, por el bien de Cataluña. A las urnas llegaremos, pero antes tenemos tiempo de rebatir punto por punto las distintas formas en que el movimiento nacionalista-secesionista prevé organizarnos el viaje.

Para ello tendré que refutar en sus términos –que unas veces son jurídico-políticos y otras veces sólo lo parecen– el trabajo del profesor Carles Viver i Pi-Sunyer. Él ha analizado pormenorizadamente las vías para la consulta secesionista, y considera legítima en las circunstancias que veremos la declaración unilateral de independencia. Ex vicepresidente del Tribunal Constitucional, Viver es el presidente del Consejo Asesor para la Transición Nacional, entre otras presidencias. Con su profesoral (y oficial) aportación al "proceso", se ha convertido por méritos propios en paradigma de la anti juridicidad.

Como veremos, todos los argumentos del CATN, y hasta su propia existencia, están contaminados por la premisa subyacente de que España no es un Estado de Derecho. Sin tal idea en mente, no es posible instar a su asesorado (el president) a abandonar el campo de la legalidad si fuera necesario, para enarbolar la bandera de una legitimidad no amparada en la ley positiva. Lo "legítimo aunque ilegal" lo invocan los juristas cabales bajo una dictadura. En España no hay legitimidad fuera de la ley. Si parezco contundente, es que he acertado con el tono. En general no doy lecciones, y menos gratis. Pero si alguien va saltando de la toga y el birrete al llamamiento insurreccional, le pediré que se los quite al menos. A calzón quitado: ¡quiero la independencia! Pues muy bien, tómala si puedes. Si la consigues, no te preocupes por la legitimidad, que vendrá por añadidura tan pronto como el nuevo Estado lo sea de Derecho. Pero no manipules y no mientas y no marees con legitimidades ilegales.

Anuncio, antes de que se me reproche la carencia, que no dedicaré ni un párrafo a los infinitos informes y artículos dedicados a demostrar la existencia y las dimensiones del déficit fiscal. Sería sencillo exhibir aquí, trillada, la parte de la cuestión que no se explica –o, más exactamente, que se infravalora– de las balanzas fiscales en España. Contar los varios modos de calcularlas y la petición de principio que delata escoger un modo u otro para su explotación política. Podría demostrar que nada de lo que se afirmó durante tanto tiempo sobre el modelo de financiación de los lander alemanes es cierto. No haré nada de eso porque llamaría a engaño. Y porque los realmente interesados pueden acceder a dichas informaciones con muy poco esfuerzo. Si no lo han hecho aún, es que no les interesan. A mí sí me interesan, pero no atañen a este libro.

¿Le parece a usted que sí atañen? ¿Cree que la preferencia por un sistema de financiación u otro conlleva una postura sobre la unidad de España? Entonces mi mejor consejo es que observe a los votantes socialistas y populares de Navarra y el País Vasco. Dicho de otro modo: ser contrario a la secesión no implica ser contrario al pacto fiscal. Tampoco creo en el independentismo "de bolsillo", que en todo caso sería el bolsillo de la Generalitat, no el nuestro.

Y sí, un modelo estable tiene que proporcionar suficiencia financiera a la Generalitat para atender al cumplimiento de los cometidos que por ley tiene asignados. Porque esa es la forma en que España se ha organizado. La Constitución optó por el reparto territorial del poder y por una fuerte descentralización. Ninguna de las críticas a Artur Mas que encontrará en este libro (y no son pocas) se refieren a su empeño en conseguir el pacto fiscal. Se refieren a lo que hizo desde que renunció a ese propósito. Sí repruebo la consigna del expolio, que amén de falsa es peligrosa.

El mayor problema de los constitucionalistas en Cataluña es su silencio. ¿Por qué callan, por qué esquivan la cuestión tantos partidarios de seguir siendo lo que somos, cuando lo que somos está amenazado? Al verdadero mapa del paisanaje catalán se acercan más las elecciones generales que las catalanas. Hablo, claro, del paisanaje catalán mayor de edad, y el matiz no es baladí dada la pretensión nacionalista de reducir la edad de voto en su consulta, entre otros cambios de parámetros. La mayor representatividad sociológica de las generales sobre las catalanas no me parece discutible: la fidelidad del mapa aumenta con la participación, que es más alta en las primeras. Con una participación del 100%, la fidelidad sería total. Cuando lleguen las elecciones plebiscitarias (formalmente autonómicas), es esencial que los constitucionalistas las tomemos tan en serio, al menos, como unas generales. Más en serio, porque lo merecerán. Serán decisivas. Es necesario que esto se entienda y se difunda. Mientras los nacionalistas-secesionistas airean sus deseos apurando todos los medios a su alcance, los otros evitan pronunciarse en público y realizan las más extrañas contorsiones cuando se les inquiere al respecto. Un experimento del periodista Arcadi Espada ilustra esta realidad.

Cuando Artur Mas liquidó anticipadamente su primera legislatura y aireó su nuevo objetivo, la consecución de un "Estado propio", Espada consideró que era un buen momento para que una serie de personalidades catalanas a las que se presumía contrarias a la independencia se pronunciaran. Treinta y siete fueron los interrogados. Entre ellos, cocineros de prestigio mundial, grandes empresarios, directores de medios de comunicación, destacados periodistas, arquitectos de renombre, diseñadores, banqueros, actores y poetas laureados, editores, cardenales, modelos, catedráticos, novelistas, deportistas y músicos. Sus nombres están en la hemeroteca, Espada publicó sus conclusiones. La primera pregunta rezaba: "¿Quiere usted que Cataluña siga formando parte del Estado de España?" Parecía bastante fácil: sí o no. La segunda, más especiada, decía: "¿Defendería activa y públicamente su punto de vista si en algún momento Cataluña y el resto de España iniciaran un proceso de discusión de su vínculo constitucional?"

La respuesta inmediata de dieciséis de los personajes fue… que no responderían a las preguntas. Otros dos ni siquiera acusaron recibo. Otros se mostraron bien dispuestos, pero adujeron no saber qué contestar. Al fin, sólo dos personas pronunciaron claramente el "sí" (que en una consulta sobre la secesión correspondería al "no"): la catedrática de Ética Victoria Camps y el banquero Josep Oliu. Tan aisladas voces merecen que recojamos su literalidad. La filósofa afirmó: "No soy separatista ni entiendo que las reivindicaciones de Cataluña tengan que llevar a pedir la independencia. Sentiría mucho que Cataluña dejara de formar parte de España. Defendería mi punto de vista. ¿Por qué no? Lo siento como una obligación ciudadana." Más parco, pero inequívoco, fue el presidente del Banco Sabadell: "Mi opinión personal es que sí." Aunque añadió: "Mi posición como presidente del Banco Sabadell ha sido y será siempre no tomar posiciones políticas." Dos sobre treinta y siete.

Creo que la razón de tanto mutismo y de tanto escapismo tiene que ver con lo que Elisabeth Noelle-Neumann llamó "la espiral del silencio":

"La disposición de un individuo a exponer en público su punto de vista varía según la apreciación que hace acerca del reparto de las opiniones en su entorno social y de las tendencias que caracterizan la fortuna de esas opiniones. Estará tanto mejor dispuesto a expresarse quien piensa que su punto de vista es, y seguirá siendo, el punto de vista dominante."

Por lo cual: "Si la apreciación del reparto de una opinión está en flagrante contradicción con su efectiva distribución es porque la opinión cuya fuerza se sobrevalora es la que con más frecuencia se expresa en público."

Preveo que, cuando llegue la gran sorpresa, en estas líneas encontrará explicación, aunque no consuelo, el nacionalismo-secesionismo hegemónico en el espacio público catalán. Puestos en la tesitura de votar "sí" o "no" a la secesión, sin zarandajas, en el secreto de su cabina o de su sobre cerrado, ¿que votan los que callan? La muestra de Espada es cualitativa; la cuestión es si la falta de pronunciamiento de las elites catalanas contrarias a la secesión tiene consecuencias cuantitativas. Se trata de personajes "de referencia", influyentes, generadores en unos casos de opinión, creadores en otros de tendencias. O de importantes decisores. Viendo el orgullo expositivo de los secesionistas y la prudencia exquisita de los constitucionalistas (llámenles –llámennos– unionistas si lo prefieren; qué más da), es evidente que una percepción impera: la percepción de que comunicar la preferencia personal por seguir en España no resulta aconsejable.

En un futuro no muy lejano, los medios catalanes descubrirán a Elisabeth Noelle-Neumann y su espiral del silencio. Porque habrá ocasión de pronunciarse y, según creo, ganará el "no". Si tengo razón, a los medios públicos catalanes los podremos considerar perdedores, sin matices. En realidad, serán los perdedores principales, amén de los más pesados. A los medios privados, depende. Algunos, que no tienen nada de independentistas pero sí de calculadores, se preguntarán cómo no lo vieron: ¿por qué apostamos a un caballo perdedor que encima no es el nuestro?

Llegará el momento, no nos engañemos. Llegará el momento de las papeletas cruciales, las papeletas sobre la secesión de Cataluña, ya sea en un impecable referéndum con todas las de la ley (que no creo, aunque deseo), en una consulta sui géneris (que no creo, ni deseo) o en unas elecciones plebiscitarias (que sí creo, aunque no deseo). Cerrar los ojos a lo inevitable no sólo resultaría inútil a los catalanes que deseamos seguir en España; resultaría fatídico. Pudiendo darle al nacionalismo la lección de su vida, no le regalemos todas las ventajas expositivas, argumentales, pedagógicas y propagandísticas. Yo, al menos, no pienso hacerlo.


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