AGLI Recortes de Prensa   Jueves 26  Diciembre 2013

Ya es Navidad!!
Juan Vicente Santacreu Periodista Digital  26 Diciembre 2013

Estamos creando una corriente de opinión de españoles libres, ¡¡Participa y divulga!!
 

Quiero agradecer desde aquí a todos los seguidores de MasaBorreguera, Masby, Facebook y Twitter vuestro apoyo y por fortalecer una corriente de opinión libre de la Sociedad Civil.
Os dejo este mensaje de @raulcerdeno Raúl Cerdeño, que no sé si es el mejor, pero me ha “tocado”: JV Santacreu Gracias por despertar conciencias, poner voz a la indignación y algo de esperanza al futuro, siempre con la verdad por delante.
Estas cosas y mis hijos son las que me hacen seguir. ¡¡Gracias a todos!!

Entre fraudes, estafas y falacias hemos llegado a la Navidad, y ¿qué tenemos?, un año menos o un año más, como prefieras verlo. Mientras Europa hace esfuerzos por salir del bache económico, en España hemos malgastado un año que potencialmente estaba lleno de posibilidades.

Seguimos gastando 6.000 millones de euros al año para mantener e imponer unas putas(*) lenguas tribales. Seguimos manteniendo 18 Presidentes de Gobierno con todos sus palmeros, seguimos financiando Partidos, Sindicatos, fundaciones y no sé cuantas polladas. Es más, hasta los terroristas en la administración los financiamos. Está claro que además de imbéciles somos practicantes.

Del 2013 se pueden decir muchas cosas malas de Rajoy: terroristas a la puta calle, humillación de las víctimas, endeudamiento público, Rajoy nos ha crujido con impuestos, hambre, miserias, sumisión a los separatistas, etc. Nunca nadie en la historia ha traicionado tanto a España y a los españoles en tan poco tiempo como Rajoy. En cambio, lo único bueno que pueden decir “algunos” periodistas, más bien debería llamarles lameculos, es “España ha conseguido colocar deuda pública a…”. Seamos serios, ¿estamos endeudados hasta los huevos y nos alegramos de endeudarnos más? Creo que en España hay mucho enfermo mental dirigiendo el país y mucho malvado escribiendo en los periódicos. Demasiado imbécil “colocado” para tan poco espacio.

Navidad 2013 y año nuevo 2014

 

Navidad 2013 y año nuevo 2014

Para dar la puntilla a este desolador panorama de 2013, el Rey Juan Carlos Primero y Último de España nos dio su discurso navideño. La situación de la monarquía es tan deplorable que hizo bien en no sacar ni una foto de la familia real y en transmitir un mensaje directo, quizá el mejor de todo su reinado, aunque demasiado cobarde para los tiempos que corren. Personalmente eché de menos una mención muy clara a la unidad de España y una advertencia contra todos los secesionistas. Debió mojarse y hacer una referencia directa a Vascongadas y Cataluña. No me gustó nada su frase “esa España abierta en la que cabemos todos”. Pues no Sr. Rey, en España no caben todos y menos en libertad: pederastas, violadores, terroristas y enemigos de España. Pero qué se puede esperar de un Borbón, una estirpe que a lo largo de la historia ha pactado siempre con los enemigos y han vendido nuestra nación al mejor postor. España, un país que hemos levantado los trabajadores, autónomos y pequeñas empresas para que ahora, en pocos años, los bastardos se estén repartiendo nuestro legado de 2.000 años y la herencia de nuestros hijos. Estoy hablando de España y el español.

Está claro que estos políticos son, cuanto menos unos trileros. Primero nos presentaron unos brotes verdes que no dudaron en fumárselos antes de madurar, luego nos convencieron que se veía luz al final del túnel, e inmediatamente subieron la luz, y ¿cuál será la siguiente gilipollez que nos venderán?

En fin, hay que ser muy hijo de puta, y lo digo con todo el respeto navideño, para que todos los políticos sin distinción nos deseen una feliz Navidad y un feliz año después de habernos dado por culo todo un año.

Así lo pienso y así lo digo.

Juan Vte. Santacreu – Periodista Digital

Mi Navidad personal la he publicado en >> Mi Nochebuena y Navidad 2013

■ Si deseas leer mi felicitación de Navidad de este año >> Esos otros españoles

PD: Gracias a todos los periodistas jóvenes que empezáis a daros cuenta que las lenguas tribales os están restando posibilidades laborales en todo el territorio español. Aunque sea sólo por interés, gracias por defender el mensaje de Masby.

(*) Lo de “putas lenguas tribales” creo que está de sobra justificado ya que ni a los imbéciles se les escapa que son la causa de los separatismos. O sino, dime una sola región española que sea separatista y no tenga dialecto propio.

Desde la heterodoxia
2014, piensen lo mejor y prepárense para lo peor
Juan Laborda www.vozpopuli.com 26 Diciembre 2013

Nuestras previsiones para 2014 suponen, como ya conocen ustedes, una continuidad de la crisis sistémica que se inició en 2008. Al igual que en 2011 se produjo una doble recesión, anticipamos para 2014 un "triple dip" o triple recesión. Tras el repunte de la actividad en la parte final de 2010, el consenso de los economistas patrios se echó a la piscina previendo para 2011 una expansión promedio del 1,8%. Casualidades de la vida acertaron en valor absoluto, pero el signo fue el contrario, negativo, es decir, el crecimiento fue -1,8%. Pelillos a la mar. La situación a finales de 2013 es objetivamente peor que en la parte final de 2010.

La práctica totalidad de los economistas que participan en el consenso de mercado para nuestra economía se encuadran dentro de la ortodoxia neoclásica. Nunca han entendido el papel de la deuda privada en la actual crisis económica. No anticiparon la brutal contaminación de la misma sobre la deuda pública. Infravaloraron el papel del dinero y del crédito tanto en la aceleración del ciclo en la fase de expansiva como en la actual fase recesiva. Y siguen sin incluir los ciclos de propensión-aversión al riesgo en los mercados financieros en sus previsiones macroeconómicas.

Como consecuencia jamás, ni en sus peores escenarios de riesgo, contemplaron una situación tan caótica como la que vive nuestro sistema bancario. Para colmo siguen sin comprender los efectos desestabilizadores de la flexibilidad de precios y salarios que ellos mismos propugnan, lo que eufemísticamente denominan devaluación competitiva. Pero vayamos por partes.

Deuda privada y crecimiento
Una de las mayores tonterías que uno puede leer en las previsiones de ciertos economistas es que la reducción de deuda de empresas y familias, y por ende el incremento del ahorro de ambos, es un síntoma de recuperación de nuestra economía. Justamente se trata de todo lo contrario, es el diagnóstico de que estamos en una recesión de balances.

Como consecuencia del descenso del colateral y los elevados niveles de endeudamiento, las familias disminuyen el consumo y recuperan, si pueden, ahorro; las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya instalado, y despiden a trabajadores. El objetivo es reducir la deuda a toda costa. Se entra en una recesión de balances.

La pregunta que deberían hacerse estos economistas es hasta cuanto debe reducirse la deuda para poder volver a crecer. Los modelos de Steve Keen, economista postkeynesiano que sí previó esta crisis, sugieren que siguiendo patrones históricos la crisis no acabará hasta que no se recorte la deuda privada de manera substancial y represente entre el 75% y el 100% del PIB. Al ritmo de reducción de los últimos años, desde el actual 312% del PIB necesitaríamos varias generaciones.

La insostenibilidad de la deuda pública
Una vez que el sector privado de nuestra economía entra en una recesión como la actual, técnicamente denominada recesión de balances, se hunden los ingresos fiscales, si bien en nuestro querido país lo han hecho más allá de lo usual para economías desarrolladas. Sin embargo, es desde el lado de los gastos donde la situación se ha hecho todavía más insostenible. La carga financiera de nuestra deuda pública así como los diferentes rescates y avales a distintos sectores privados amenazan, en nuestro escenario para 2014, con acabar provocando una crisis de deuda soberana.

La deuda pública se hace insostenible si durante un período de tiempo largo la carga financiera real de la misma es superior al crecimiento económico real del país. Pero si desde la ortodoxia se propone un ajuste fiscal para generar superávit primario que compense esa diferencia, la realidad ha demostrado que se genera una contracción de la actividad económica todavía mayor, iniciándose un círculo vicioso que se va retroalimentando.

La falacia de la devaluación competitiva
Recientemente la OCDE en su informe sobre Grecia advertía, frente a sus propias previsiones y recomendaciones, que las bajadas salariales reales ni han mejorado la competitividad ni han aumentado la demanda. Todo ha ido a márgenes empresariales. Obvio, puro modelo kaleckiano de demanda efectiva. ¿Pero en qué estaban pensando? La economía es dirigida por la demanda, no por las restricciones que dependen de la oferta y de las dotaciones existentes.

Los factores del lado de la oferta no constituye ninguna restricción ni siquiera a largo plazo, el principio de demanda efectiva se aplica en todas las escalas temporales, dado que la inversión determina causalmente el ahorro. Existen infinidad de equilibrios de largo plazo que dependen de las restricciones impuestas por la demanda y las instituciones. Al final los factores de oferta van a ajustarse, y el efecto renta domina al efecto sustitución, recordemos la paradoja de costes de la que tanto hemos hablado.

El detonante de la triple recesión
El detonante y acelerador de esta nueva ruptura de la tendencia de fondo será un empeoramiento significativo en los mercados financieros. La mayor parte de activos financieros están sobrevalorados, es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los mismos.

Si los mercados incrementan la aversión al riesgo, los tipos de interés a largo plazo repuntarán con fuerza, las bolsas caerán, los diferenciales de crédito se ampliarán, las materias primas se debilitarán, y la volatilidad se disparará. En ese escenario emergerán los problemas de las aquellas economías occidentales altamente endeudadas -Estados Unidos, Reino Unido, Irlanda, o España entre otras-, y sus sistemas bancarios necesitarán recapitalizarse de nuevo. Se iniciará una tormenta perfecta, que se irá retroalimentando: crisis de deuda-crisis bancaria-deflación por endeudamiento. El crecimiento económico se parará, la recesión se intensificará con fuerza. España continuará con su crisis sistémica. Por eso, piensen lo mejor, que realmente el consenso de mercado tiene razón; y prepárense para lo peor, que mis negros augurios finalmente, y espero equivocarme, se cumplen.

El discurso del rey
Pío Moa www.gaceta.es 26 Diciembre 2013

Un discurso sibilino, que cabe interpretar de varias formas.

1.- Juan Carlos hizo escasas o nulas referencias a la corrupción y al descrédito de la justicia, de los políticos (también de él mismo), a las escandolisísimas connivencias con la ETA, etc. Calificó a España de gran nación, pero no aludió a su unidad, que es lo que hoy está en cuestión. Tampoco se refirió a la gestión del gobierno, si bien alguna expresión pudiera considerarse un reproche a su política económica. No mencionó a las fuerzas armadas, lo cual podría interpretarse como prudencia o como claudicación. Omisiones significativas, aunque quizá no demasiado importantes.

2.- El rey ha apelado sobre todo a la Constitución, atribuyéndole “El periodo más dilatado de libertad, convivencia y prosperidad de toda nuestra historia. Conviene que lo tengamos bien presente, pues a menudo se pretende que lo ignoremos o lo olvidemos cuando se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones”. Términos al menos enfadosos por dos razones: en primer lugar porque sugiere que antes de la Constitución, incluso a lo largo de toda su historia, España hubiera sido un desastre, cuando la mejor parte de la libertad, convivencia y prosperidad actuales procede precisamente de la etapa anterior. Claro que esto no podía decirlo, dado el tabú existente sobre la etapa de Franco --a quien debe Juan Carlos la corona, nunca está de más recordarlo--. En segundo lugar, y por eso mismo, el canto a la Constitución suena hoy grandilocuente, porque se trata de un documento mal elaborado en su tiempo, incumplible en algunos aspectos e incumplido o abiertamente vulnerado en otros (gracias, entre otras cosas, a un Tribunal (anti) Constitucional), ambiguo con la posibilidad, muy realizada, de vaciamiento sistemático del Estado. Entre otras cosas. De modo que los problemas actuales lamentados por el monarca, como “los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública que han afectado a al prestigio de la política y las instituciones”, nacen o son amparados en buena medida por esa Constitución. Si “la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia», es porque esta Constitución ha presidido, justamente, los males denunciados, que vienen de muy atrás, y parte de los cuales es el profundo deterioro de la democracia.

3.- Por tanto, admite el rey, “Hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia”, lo cual suena a guiño a una eventual reforma constitucional. Sin embargo el recurso a “la sociedad” permite cualquier cosa y por ello resulta harto peligroso. Cierto que, ante el evidente desprestigio de las instituciones, y sobre todo antel el reto separatista --muy oscuramente aludido en el discurso--, mucha gente pide reformas en profundidad, también constitucionales. Pero la cuestión estriba en qué sentido irán esas reformas: ¿en profundizar las tendencias disgregadoras ya bastante explícitas en la propia Constitución, o, por el contrario, en reforzar la unidad nacional? Porque unas voces piden “actualizaciones” en un sentido y otras en el contrario. Como el discurso es sibilino al respecto, aventuraré mi impresión: el rey, como el PP y el PSOE, piensan que la Constitución puede estirarse todavía más, hasta anular en la práctica la unidad nacional de modo que “todos quepamos” en una España balcanizada en la práctica, lo que podría presentarse como “generosidad para saber ceder cuando es preciso, comprender las razones del otro y hacer del diálogo el método prioritario y más eficaz de solución de los problemas colectivos”. Algo así se ha hecho con la ETA, por ejemplo. Dejo de lado las apelaciones a la ejemplaridad por un monarca que no ha destacado especialmente en esa virtud.

4.- El discurso es, de todos modos, lo que puede esperarse de un rey constitucional que no puede ni debe meterse directamente en el juego político --tentación a la que ha sucumbido otras veces--. Es decir, se trata de una apelación al buen sentido, a la solución civilizada de las discrepancias, etc. Una exhortación de buenas intenciones, aunque las discrepancias hayan llegado ya a extremos tan peligrosos como la abierta rebeldía contra España en que se han situado autoridades que se suponen parte del estado. Exhortaciones que, como decía más arriba, pueden justificar cualquier salida y cada cual puede interpretar como quiera; pero un rey no tiene por qué ir más allá. Son los partidos y políticos quienes deben dar un sentido u otro a las exhortaciones.

5.- La cuestión de si España se mantendrá como una verdadera nación o se descompondrá, se balcanizará en unos cuantos estados pequeños, impotentes y sometidos al juego de otras potencias, es el reto fundamental que se presenta hoy a la sociedad española. La deriva que ha llevado a esta situación ha sido alimentada no solo por los partidos separatistas, sino también, incluso más aún, por el PSOE y el PP. No es de esperar, por tanto, que sean estos los llamados a resolver un problema que ellos mismos han creado y con respecto al cual no se aprecia en ellos la menor lucidez, conocimiento profundo o firmeza. Estos políticos, frívolos e ignorantes, combinan el desconocimientos del fondo e historia de los separatismos con un desprecio o desinterés hacia la misma España, por mucho que ocasionalmente la llamen “gran nación”. Por ello me permitoapelar a los españoles corrientes, que sienten a su patria y el espíritu de la libertad, a movilizarse contra la desintegración democrática y nacional, en un movimiento positivo de integración.

La Tempestad
Marcello www.republica.com 26 Diciembre 2013

No sabemos si esta tormenta que asola España forma parte de la traca final con la que pronto vamos a despedir este ‘horribilis’ año 2013 que ha arrasado lo que va quedando de España. O puede que estemos ante un enésimo castigo divino, la séptima plaga, que ha llenado de viento, truenos, relámpagos y riadas, todo el país. Si al menos sirviera para limpiar el barro de la corrupción nos conformaríamos con esta avalancha de agua con la que, por otra parte, soñaba el seco campo español.

En todo caso la tormenta de Nochebuena se ha proyectado sobre nuestras cabezas como un diluvio purificador, el que llueve sobre el desastre mojado del paro interminable, de la desesperación de millones de españoles, de la demencial aventura de la secesión catalana, desbordando el pantano de la corrupción ambiental del Estado y borrando los rastros dolorosos que ha dejado tras de sí el fin de la doctrina Parot y la excarcelación de los peores delincuentes del país.

¿Y los políticos? Las riadas y las grandes tormentas siempre suelen cebarse con los más débiles, pero no estaría nada mal que al menos simbólicamente se llevara entre sus aguas turbulentas a buena parte de una clase política que no merece estar donde está y que se muestra incapaz de hacer frente a los desafíos que acosan a la nación. Habrá pues que esperar a las elecciones Europeas de 2014, para que los ciudadanos tengan la oportunidad de votar y hacer oír, con estruendo y trueno, su voz y su indignación.

Aunque de momento nos tenemos que conformar con esta majestuosa tempestad en la noche española de la Navidad sin saber si se trata de un castigo o de una bendición, porque siempre se ha dicho que tras la tormenta llega la calma y un tiempo mejor, a ver si en las aguas más tranquilas la nave española empieza a cortar el agua con rumbo cierto y seguridad. Algo difícil de imaginar cuándo sabemos que el puesto de timonel de la nave no lo ocupa nadie, por lo que el viejo galeón español navega a su aire y gobernado por el ímpetu de la esperanza del sufrido pueblo español.

Otra amenaza a la democracia: el diálogo como coartada
Enrique Calvet Chambon www.lavozlibre.com 26 Diciembre 2013

Economista y miembro del Comité Económico y Social Europeo

Uno de los procesos más peligrosos y lamentables que arrastra la política española de los últimos lustros es la inoculación de la absoluta confusión y perversión de conceptos y valores claves para la convivencia democrática. No es que se haya incumplido tristemente por los poderes públicos la obligación de educar y cultivar a los ciudadanos (a no confundir con instruir o formar técnicamente, lo que sí se ha hecho), sino que se ha practicado sistemáticamente la perversión de conceptos, la burda creación de clichés, la intoxicación con falsas ideas, etc…, la indispensable educación para la ciudadanía, tan propia de cualquier sistema educativo democrático no ha existido prácticamente nunca, pero la deseducación ha sido bochornosa.

Un sistema muy utilizado ha sido la prostitución del vocabulario, mecánicamente lanzado por una mayoría de nuestros políticos a todos los niveles, con el apoyo despiadado de medios de comunicación de masas y, cuándo hace falta, de algunos jueces. Ejemplos hay desde lo cómico hasta lo esencial, pero todo igual de dañino ante una población atónita y abusada de forma indefensa.

Verbigracia, resulta que en España limpiarse la boca con servilleta o beber en vaso el botellín es fascismo o quitarse la corbata en las Cortes para arreglar el problema energético es progresista. Esto puede hacer cierta gracia, pero lo hace menos cuándo uno se da cuenta que en la sociedad en la que uno vive y vota muy pocos saben ya lo que es una democracia, o el Estado de Derecho, o la solidaridad o la Justicia, o…. palabras prostituidas “ad nauseam” que se utilizan por doquier para un roto como para un descosido, que es la mejor manera de quitarles todo valor.

Y ahora le ha tocado el turno a la palabra “diálogo”. Un precioso vocablo, indispensable en las democracias y que representa uno de los instrumentos que se dan las personas y las sociedades más civilizadas y avanzadas para comunicar, intercambiar, negociar, confraternizar y, a veces, convencer. El diálogo es admirable y protegible, utilizable y ensalzable. Pero es un valiosísimo instrumento, no un fin en sí mismo. Y, sobre todo, que necesita respeto, lealtad y un marco honorable para ser considerado diálogo, y no un artero engañabobos.

Hoy en día, en nuestra sociedad, centenares de nuestros próceres apelan al “diálogo” para “resolver” nuestros problemas más dramáticos y antidemocráticos. Ya sea la secesión, la sedición, la violencia ilegítima de alta o baja intensidad, la llegada del terrorismo a órganos de poder, la descomposición de derechos civiles o sociales, la prostitución de las Instituciones y otros ejemplos. Últimamente es la palabra milagro para “resolver” la secesión sediciosa de la oligarquía catalano-ibérica. Y hay trampa. De las que pervierten el diálogo y la convivencia. Trampa de las gordas.

Cuando uno oye esa voz en determinadas gargantas, por su historial, por su oportunismo, por su nula visión de Estado, por su analfabeta visión histórica, por sus colosales errores del pasado, por la segunda intención de sus declaraciones que poco tienen que ver con el bien general, y menos a futuro, uno se da cuenta que no apela al diálogo democrático. Lo que está diciendo es que no se aplique la Ley, se erosione aún más el Estado de Derecho, y se sustituya el respeto a la Ley por su vulneración felona e impune. Sin Estado de Derecho, no hay Estado, y sin Estado no hay Democracia. Sobre eso no se dialoga, si acaso se maquina en contra.

No se puede aceptar nunca el diálogo como pretexto o coartada para no aplicar las Leyes, con el rigor que exija la gravedad de la situación, ni para asegurar impunidades. Cuando se llega a eso, se ha pervertido el concepto. Y la democracia.

Finalmente, algunos, tal vez muchos, de nuestros próceres, apelan al diálogo como alternativa a la aplicación de las Leyes Democráticas de buena fe (y algunos dicen que sí aplican las Leyes, pero no creo que se lo crean ni ellos mismos). A esos benditos ingenuos, corrompedores “involuntarios” del Estado de Derecho, sólo les preguntaría ¿De verdad tiene sentido insistir en esa política camelo que practicamos desde hace 20 años al menos y que nos ha conducido al borde del abismo? La respuesta tal vez la dé un viejo proverbio Masai:

“Nada se supo de la gacela que fue a dialogar con el león”…

El silencio del Rey
EDITORIAL Libertad Digital 26 Diciembre 2013

La alocución navideña del Rey se quedó en un discurso de Nochebuena más, a pesar de que la Nación sufre la mayor amenaza en décadas, con fecha ya fijada para la secesión de Cataluña, y de que la institución monárquica está en su peor momento desde la Transición.

Don Juan Carlos optó por repetir los mismos lugares comunes y grandes propósitos de cada año, sin concretar en ningún asunto de calado. El ejemplo más claro fue su silencio clamoroso sobre Cataluña. Ante un desafío de tal magnitud a España y a la soberanía nacional –a la que el Rey debe su legitimidad– no vale con apelaciones genéricas al respeto a las reglas de juego y las bondades de la convivencia. No es de recibo, y es difícilmente comprensible, que el rey de España no tenga nada más que decir ante la amenaza directa y clara de ruptura del Reino de España. Ni una sola mención directa al desafío secesionista. El Rey no pronunció las palabras Cataluña, Mas, consulta, nacionalismo. Los catalanes y los españoles en general se merecen que ante una situación de esta gravedad se les hable claro. Al menos, con la misma claridad con la que se ha planteado el desafío. En este sentido, Don Juan Carlos apeló a un acuerdo entre los partidos políticos y al diálogo como forma de llegar a acuerdos, situándose en una equidistancia inaceptable entre quienes pretenden destruir la Nación y quienes, con mayor o menor fortuna, la defienden.

Del mismo modo fueron decepcionantes las palabras del Rey sobre la ejemplaridad en la vida pública. Faltó una denuncia clara de la corrupción política, que es consecuencia directa de la falta de separación de poderes. Zarzuela buscaba el titular con la frase "Asumo las exigencias de ejemplaridad que la sociedad reclama". Y lo consiguió. Una frase que nada significa si no va acompañada de hechos. Y lo cierto es que los hechos, desde que en el mismo discurso de hace dos años dijese aquello de "Todos somos iguales ante la ley", van en la dirección contraria. En los últimos dos años la Casa del Rey no ha hecho más que presionar al juez y torpedear la instrucción judicial para evitar que la infanta Cristina sea imputada. Esos son los hechos, que convierten la frase del Rey en una burla a los ciudadanos.

En relación con las víctimas del terrorismo, Don Juan Carlos se movió exclusivamente en el terreno de los sentimientos. Junto a su mesa se veía una foto del reciente encuentro que mantuvo con la presidenta de la AVT, Ángeles Pedraza, y la de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Marimar Blanco. El Rey dijo compartir el dolor de las víctimas en estos "momentos difíciles", aunque no mencionó expresamente la sentencia de Estrasburgo ni fue más allá de las palabras de consuelo, cuando las víctimas lo que están exigiendo de las instituciones son soluciones en pro de la memoria, la dignidad y la justicia que merecen.

En lo que se mostró más determinante el monarca fue en su voluntad de seguir en el trono. Alguien debería decirle que si la Nación o la propia Monarquía saltan por los aires, su trono no valdrá nada. Y, tras escucharle en Nochebuena, no parece que lo tenga muy claro.

Cataluña
¿Y si declaran la independencia?
Cristina Losada Libertad Digital 26 Diciembre 2013

En ese reparto de papeles, poli malo, poli bueno, que se traen en Convergència i Unió, viene correspondiendo a Duran i Lleida el de aquellas abuelas que amenazaban con el coco a los niños para que no hicieran travesuras y le fueran obedientes. Por nuestro bien, o sea, para que sepa España a qué se expone si persiste en rechazar la pacífica, afable, dialogante e hiperdemocrática consulta separatista, Duran viene alertando de lo que puede ocurrir: cuidado, niños, porque habrá una declaración unilateral de independencia. Todos los nacionalistas mimosín lanzan la misma grave advertencia, dando a entender que ellos también están muy asustados por ese coco tan imponente. De ahí que supliquen a España que no se empecine en ser mala y arrogante y ceda aunque sea un poquito.

Igual por el fetichismo de los nombres, se piensa que basta una declaración unilateral de independencia (DUI) para que nazca un nuevo Estado. Sin duda, los secesionistas quieren que se vea de ese modo, y no sólo para meter miedo. También para persuadir al público, en especial al suyo, de que independizarse es un trámite tan sencillo como ir al notario para firmar la compraventa de un piso. ¡Qué digo! Mucho más fácil y placentero, pues aquí no habría de pagarse un euro. Sería gratis total. Y para mayor alegría ese trozo de papel contaría más pronto que tarde con el reconocimiento del mundo mundial, la ONU, la UE y todo lo demás. Ningún problema.

En este punto es cuando sacan del bolsillo la sentencia del Tribunal de La Haya sobre la DUI relativa a Kosovo. Sí, el mismo dictamen que vienen difundiendo con notoria y escandalosa falsificación. Téngase en cuenta que el reino de la fantasía no es incompatible con el mundo de la estafa; en este caso, uno y otro se necesitan y complementan. Pero quien desee disponer de una opinión informada sobre aquella sentencia y los efectos de una declaración unilateral de independencia la puede encontrar. Vaya al sitio Puerta de Brandemburgo, espléndida iniciativa de un grupo de profesionales, y hallará un esclarecedor análisis que pone en su sitio, esto es, en el mundo real, al temible coco con que amenaza el nacionalismo catalán.

Yo recomiendo la lectura del texto del catedrático Rafael Arenas, pero no me resisto a traer aquí un breve apunte de sus conclusiones. Primero, una DUI no es más que una declaración. No implica la efectiva independencia; no supone por sí sola el nacimiento de un Estado. Así lo comprobaron, por ejemplo, los estados sureños de EEUU que pretendieron la secesión entre 1860 y 1865. Segundo, la DUI no está prohibida por el derecho internacional, que era el asunto sobre el que se pronunció el Tribunal de La Haya en relación a Kosovo, pero el derecho internacional tampoco prohíbe que el Estado afectado por un intento de secesión tome las medidas adecuadas a su derecho interno para impedirlo. Tercero, la DIU sólo será efectiva si consigue que todas las administraciones presentes en el territorio acepten el nuevo orden legal que pretenden imponer con la declaración.

En el preciso instante en el que aprueben una DUI, los que la promueven dejan de estar integrados en el orden vigente. De hacerlo el Parlamento de Cataluña, ya no sería el Parlamento de Cataluña, que existe en virtud del ordenamiento jurídico español: sería un grupo de particulares que constituiría un órgano nuevo. Y ese grupo tendría que conseguir imponer su autoridad en un territorio y sobre unos ciudadanos que hasta ese momento estaban sometidos a otra soberanía. ¿Cómo lo harán? ¿Cómo controlarán fronteras, comunicaciones e infraestructuras? ¿Cómo convencerán a los funcionarios de las tres administraciones presentes en Cataluña? ¿Con el papelito en la mano? ¿Con canciones de Lluís Llach? ¿Por la fuerza? En fin. Cualquiera que haga creer que una declaración de independencia es una varita mágica que abre la puerta del País de las Maravillas, simplemente miente.

Cataluña
"De aquí sólo nos sacarán muertos"
Pablo Planas Libertad Digital 26 Diciembre 2013

Como cada 25 de diciembre, el nacionalismo catalán se cita delante de la tumba de Francesc Macià. Este año, en que se cumplen ochenta de su fallecimiento, la ocasión no ha sido especialmente solemne, pero sí más significativa después de las vagas apelaciones del Rey al better togheter. El presidente de la Generalidad, Artur Mas, ha aprovechado el rito floral ante la sepultura para insistir en dos cosas, por si no había quedado claro: que el año que viene se celebrará la consulta separatista y que "el pueblo de Cataluña siempre ha apostado por la convivencia, pero también por la libertad". Nadie cree que vaya a ocurrir lo primero y lo segundo es pura retórica en respuesta al Rey. En este caso, el homenaje es el mensaje.

Macià se distinguió por dos hechos sobradamente conocidos: un intento de invasión de Cataluña en 1926 y la proclamación del Estado catalán en estéreo, desde el balcón del Ayuntamiento y en el de la Diputación, actual Generalidad. El plan para invadir Cataluña fue una de las mayores chapuzas de la historia de las conspiraciones. Macià, que exigía el trato de coronel porque había servido en el Ejército, viajó a Moscú para gestionar un apoyo bolchevique que no logró y contrató a mercenarios italianos para un plan que consistía en tomar Olot y esperar a que las masas catalanas se alzasen en favor de un Estado propio. La gendarmería francesa detuvo a los conjurados en Prats de Molló y evitó lo que podría haber sido uno de los episodios más patéticos de la historia del catalanismo, que es decir mucho.

En cuanto a lo de los balcones, el 14 de abril de 1931 en Barcelona es el antecedente directo de lo que pretenden llevar a cabo Artur Mas y Oriol Junqueras, bien sea por la vía del referéndum, bien por la de unas autonómicas plebiscitarias. En el pronunciamiento de Macià de ese día están contenidos todos los discursos, declaraciones, soflamas y arengas del actual dúo sacapuntas de la política local.

Desde el Ayuntamiento, el coronel vociferó: "Pueblo de Cataluña. En nombre del pueblo de Cataluña proclamo el Estado catalán, que con toda la cordialidad procuraremos integrar en la Federación de Repúblicas Ibéricas". Acto seguido, cruzó la plaza de San Jaime y acompañado por un nutrido grupo de militantes, guardaespaldas y entusiastas tomó la Diputación, salió al balcón y dijo más o menos lo mismo, con un par de variantes: "En nombre del pueblo he tomado posesión del gobierno de Cataluña. El pueblo nos ha dado el voto para que gobernemos la ciudad (aquellas municipales del 12 de abril) y yo, en nombre de Cataluña, me hago cargo de su gobierno (el de Cataluña) y os digo que aquí nos quedamos, dispuestos a defender sus libertades. Espero que el pueblo sepa hacer lo mismo. De aquí sólo nos sacarán muertos". Después firmó la siguiente nota: "En nombre del pueblo proclamo el Estado catalán bajo el régimen de una República catalana, que libremente y con toda cordialidad anhela y pide a los otros pueblos de España su colaboración en la creación de una Confederación de pueblos ibéricos y está dispuesta a lo que sea necesario para liberarlos de la monarquía borbónica".

Tres días después, el 17 de abril, Marcelo Domingo, Nicolau d'Olwer y Fernando de los Ríos, en representación del Gobierno provisional de la República, lograron reconducir la situación y dejar el Estado catalán en Generalidad de Cataluña (España), cuya presidencia ostentó Macià hasta su muerte, en 1933. Estas hazañas no sólo son celebradas por ERC, su partido. A este genio de la jurisprudencia a la catalana le rinden tributo las instituciones en pleno, por lo que el diputado correspondiente del PP en la mesa del Parlamento catalán también acude al pesebre negro del nacionalismo. Ahí, Mas se cuadra delante de la tumba del coronel y una ráfaga de viento le alborota el tupé. Gandhi toma el té con Mandela mientras Napoleón le explica a Macià qué es lo que hizo mal en Prats de Molló. ¿Y Mas? Mas celebra la Navidad. Ahora se cree Mascià.

Un delito bien visto: la malversación
José Luis Manzanares www.republica.com 26 Diciembre 2013

Repitámoslo. Los asesinos terroristas en serie han salido de la cárcel sin el menor atisbo de resocialización porque el pomposamente llamado Código de la Democracia de 1995 así lo quiso al prescindir de la prisión perpetua revisable. Tampoco hay para ellos un posterior internamiento de seguridad, como en otros países, seguramente por eso del progresismo. Y ni siquiera se les puede someter a vigilancia porque la correspondiente medida de seguridad no se introdujo en aquel Código hasta el año 2010.

Pero el desarme frente a otras formas de delincuencia no acabó ahí. Valga otro botón de muestra. El Proyecto de reforma del Código Penal actualmente en el Congreso de los Diputados pretende con algunos lustros de retraso elevar de 13 a 16 años la edad para ser víctima de abusos y agresiones sexuales aunque no haya violencia, intimidación o engaño. Los ejemplos de “angelismo” jurídico penal podrían multiplicarse, pero ahora, con la corrupción como gangrena nacional, lo procedente es señalar lo ocurrido en su día con la malversación y la falta de propósito de enmienda en este mismo Proyecto.

Dese el Código Penal de 1848 hasta el de 1995 se castigaban dos formas básicas de malversación. En una, la autoridad o el funcionario se quedaba con los dineros públicos o los destinaba a usos totalmente ajenos a la función pública, mientras que en la otra aquellos caudales se destinaban a atenciones que, aunque públicas también, no serían las previstas para esa partida en el presupuesto. La primera se conservó en el Código Penal de 1995, pero la segunda desapareció so pretexto de que tales conductas sólo merecerían una sanción administrativa.

Los muchos casos de corrupción ocurridos desde entonces con los fondos públicos en la Administración del Estado, en la Autonómica y en la Local son consecuencia directa de esa descriminalización. El error fue no reparar en que la vía sancionadora administrativa, eficaz tal vez en los escalones inferiores de las Administraciones es por completo inoperante cuando el cambio de destino de los dineros públicos se decide al más alto nivel, con un ministro, por ejemplo, como autor del desvío. Sería interesante saber si tales prácticas, más o menos habituales a lo largo de los últimos años, han sido sancionadas administrativamente en alguna ocasión, pese a que por ellas ha transitado buena parte de la corrupción hoy poco menos que institucionalizada a la sombra de los poderes públicos.

Pues bien, resulta que, siendo esto así, como lamentablemente lo es, el nuevo Proyecto no sólo no eleva las penas de la malversación que sigue castigada penalmente, y que no se corresponden con la relevancia social de tales hechos, sino que se abstiene de reintroducir en el Código Penal la malversación por cambio de destino de los dineros públicos. Hoy no es delito gastar en el viaje de una comisión ministerial al otro extremo del mundo o en la celebración de un congreso el dinero disponible para reparar una carretera.

Por cierto, puestos a señalar lo que el Código Penal de 1995 ha supuesto como favorecedor de las prácticas corruptas a costa de esos dineros que según una ilustre ministra no eran de nadie, bueno es recordar que también se castigaba antes, aunque parece haberse olvidado, la malversación por simple negligencia. ¡Qué cosas tenían nuestros ancestros!
 

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El terror en tiempos del pensamiento débil
Raúl González Zorrilla. Director. La Tribuna del País Vasco.  26 Diciembre 2013

Este texto se incluyó como prólogo en el libro "Víctimas del terrorismo y violencia terrorista", editado en 2000 por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (COVITE). Hoy lo recupero aquí como forma de recordar una época, la de los años ochenta del pasado siglo en España, que se encuentra en primera línea de actualidad tras el reciente fallecimiento del músico y compositor Germán Coppini, líder de los míticos "Golpes Bajos".

En 1980, cuando España vivía enclavada dentro de una vorágine cultural que rompía normas, revolucionaba estilos y convertía ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Vigo en centros espectaculares de una nueva generación de jóvenes con auténtica necesidad de airear el panorama literario, musical, cinematográfico y artístico del momento, la banda terrorista ETA mató, exactamente, a 100 personas. Al mismo tiempo que Pedro Almodóvar comenzaba a salpicar las pantallas con colores ácidos, cuando Alaska deseaba ser un bote de Colón, mientras Radio 3 ardía en melodías creativamente demoledoras y paralelamente a la implosión de la "movida" madrileña encabezada por publicaciones pioneras como "La Luna", "Sur Express" o "Madrid me Mata", los artífices del coche bomba y el tiro en la nuca asesinaban, secuestraban, extorsionaban y situaban contra las cuerdas a todo un país que, al borde de un golpe de Estado que se consumaría algunos meses después, trataba de escapar del siglo XIX para aterrizar directamente en el corazón de la ultramodernidad.

Si se mira hacia atrás con la perspectiva que proporcionan los muchos años transcurridos, se observa cómo el hecho, triste pero absolutamente cierto, de que el terrorismo haya sido considerado durante mucho tiempo en España en general, y en el País Vasco en particular, como un algo que formaba parte del paisaje cotidiano, no es, de ninguna manera, ajeno al momento histórico preciso en el que la brutalidad alcanzaba sus picos cuantitativos más elevados y al clima cultural que prevalecía en las sociedades occidentales más desarrolladas cuando los criminales decidieron apostar por el terror como herramienta de sublevación fascista.

Por aquel entonces, en los primeros años de la década de los ochenta, la postmodernidad irrumpía con fuerza en un país que, seducido por el brillo del oro fácil en una época de bonanza económica, solamente parecía tener deseos para alcanzar el diseño más innovador, la canción más moderna y exótica, la pintura más rompedora o el vestuario más llamativo. Lo nuevo, lo reciente y lo más "in" se adueñaron de un entramado ciudadano, esencialmente urbano, que apenas podía pensar en nada que fuera más allá de aquel espejismo dorado en que se había convertido el país solamente una década después del fin de la dictadura. Pero, mientras un joven pujante llamado Mario Conde se convertía en el nuevo gurú de los universitarios y paralelamente al estallido de una sociedad civil, joven, burguesa, culta y efervescente, los terroristas seguían matando. Y, mientras lo hacían, algunos miraban hacia el lado contrario, otros se refugiaban en la manta tenue del pensamiento débil de Gianni Vattimo y, los más, optaban por seguir viviendo, por seguir disfrutando, sin complejos, de aquel tiempo de oropeles, quincallas y neones. A pesar de los criminales. A pesar de las víctimas.

Curiosamente, la postmodernidad, mezcla de corriente intelectual, moda cultural y síntoma de la época, había llegado a España para convertirnos a todos en hijos de un tiempo donde el continente, la forma y la estética valían mucho más que el contenido, el fondo y la ética. Y así, enamorados de la moda juvenil y seducidos por aquella canción de Roxy, fueron muy pocos los que supieron ver que detrás de cada atentado etarra estaban las víctimas, que los huevos de la serpiente se incubaban por doquier y que el lenguaje seductoramente críptico de pensadores como Jean Baudrillard no servía absolutamente para nada a la hora de enfrentarse a los tiros en la nuca, a los secuestros infames, a las extorsiones mafiosas o a los chantajes patibularios.

En aquella era del vacío, en aquel paréntesis fascinante en que se había convertido buena parte de los años ochenta, la desconstrucción ética y referencial que suponía el ideario postmoderno tuvo un efecto devastador en España y, sobre todo, en el País Vasco. Aquel vendaval de relajación en los criterios políticos, sociales y culturales, resultó ser casi inocuo para otras sociedades democráticamente más sólidas pero, entre nosotros, supuso la inmersión en un pozo de confusión, deterioro moral y reblandecimiento educativo que todavía no hemos abandonado. Lo postmoderno, con su carga de individualismo exacerbado, de apología del todo vale cultural, de hedonismo privado, de afición por la tramoya, de flexibilidad ética, de gusto por las apariencias, de pasión por la ceremonia y de apuesta por la riqueza de la confusión, podía ser, y de hecho lo fue, una herramienta precisa y oportuna para diluir el poder y la presencia, ya demasiado férrea y hostil en aquellos momentos, de determinadas ideologías políticas que pervivían en Europa desde el crepitar caliente de la guerra fría. Pero, se mire por donde se mire, de ninguna manera sirvió para delimitar, acotar y desenmascarar las muchas perversiones y patologías de todo tipo que, ya por aquel entonces, se asociaban con la barbarie terrorista.

La postmodernidad llegó a su grado máximo de implosión con la caída del Muro de Berlín e, inmediatamente después, hubo quienes decretaron el ocaso de la Historia, pero, los que tan rápidamente clamaron por el final de los anales conocidos, nunca supieron que en el País Vasco y en España aún se asesinaba, y se asesina, por ensoñaciones fanáticas nacidas en el siglo XIX y olvidaron que en Euskadi aún se moría, y se muere, por defender principios básicos de libertad ya intuidos en el siglo XVIII.

De aquellos polvos que pisamos más allá de la modernidad hemos llegado a los actuales lodos turbadores que, en un rizo criminal, nos retrotraen a las noches más oscuras de la miseria de los hombres. En este sentido, más allá de la dramática inhumanidad de los asesinos etarras, por encima de la brutalidad manifiesta de los adalides de éstos, dejando a un lado la cruel mezcolanza de nacionalismo y fascismo que atenaza a quienes "comprenden" el terrorismo y superando la idea de que los bárbaros matan porque es lo único que saben hacer para sobrevivir, a estas alturas de los acontecimientos hemos de concluir que una extraña enfermedad moral ha atenazado a una sociedad como la vasca que ha sido capaz de generar tantos silencios, perversiones, vergüenzas y complicidades como las que ahora nos espantan a nuestro alrededor.

El virus de la ignominia colectiva se alimenta del miedo, se nutre del terror grupal y encuentra su paraíso reproductivo en un caldo de cultivo ideal amasado por quienes, amparándose en esa necedad del pensamiento postindustrial que afirma que todas las opiniones son igualmente legítimas, lo mismo justifican la explosión de un coche bomba, la última necedad racista emanada del PNV, un esputo ideológico de los portavoces de EH o las pamemas dichas por un lehendakari como Juan José Ibarretxe que, elegido con los votos de una formación que jamás ha condenado el terrorismo, en su momento intelectual más exultante llegó a afirmar que las víctimas del terrorismo no tenían derecho a expresar públicamente sus ideas, sus opiniones y sus reivindicaciones. De verdad, resulta realmente difícil desentrañar los orígenes de tanta sevicia como se ha generado en el País Vasco al mismo tiempo que la banda terrorista ETA incrementaba notablemente su cifra de asesinatos. Probablemente, esta impudicia se encuentre directamente ligada a la falta de compromiso inocentemente potenciada por la ideología postmoderna, a la distorsión generada por un uso frívolo de las palabras que llamaban organización armada a los criminales de Hipercor o a la consideración profundamente disgregadora que durante mucho tiempo ha llevado a contemplar el horror como algo "negativo, pero comprensible", dado el apoyo social que éste tenía.

La postmodernidad, en última instancia, acabó convirtiendo su defensa a ultranza de la máxima maleabilidad ideológica en una licuación absoluta de múltiples creencias y valores que no solamente alcanzó a los grandes marcos políticos, sociales, culturales, económicos y religiosos que mal o bien nos sirvieron de guía durante varias décadas, sino que, además, y esto fue y esto es lo auténticamente demoledor, disgregó la capacidad de los ciudadanos para defender derechos fundamentales, principios básicos de comportamiento colectivo e, incluso, para percibir la importancia máxima que la protección a ultranza del sistema democrático posee para cualquier colectividad que quiera ser civilizada.

El minimalismo referencial que se instaló entre nosotros durante toda la década de los ochenta, con la atomización de los criterios y la desaparición de la figura del intelectual nacida con la Revolución francesa, provocó, apoyándose en un paréntesis de fuerte resurgir económico, un efecto "Disney" que llevó a buena parte de la población a creer que el complejo sistema de derechos y libertades sobre los que se asienta su bienestar social habría surgido por generación espontánea o que se trataba de un estado de cosas inmutable que, sencillamente, siempre había estado ahí. Y esa forma de enfrentarse a la realidad no fue, no es, solamente, característica de los jóvenes nacidos paralelamente a la muerte del dictador. Lo peor de todo es que, durante mucho tiempo, semejante grado de estulticia se ha adueñó también de muchos hombres y mujeres que, solamente algunos lustros antes y en momentos nada fáciles, habían sabido mantener con firmeza el cúmulo de principios universales que nos hacen a todos mejores. El terrorismo se asienta sobre el miedo y sobre la cruel rotundidad de sus efectos. Pero si, además, sus campañas de terror se llevan a cabo sobre una sociedad éticamente desarmada y moralmente narcotizada, su brutal actividad se ve exponencialmente incrementada, con la lógica satisfacción de los más brutos del lugar.

Nadie sabe muy bien cómo ocurrió todo, pero la hoguera de vanidades que simbolizaba los años ochenta, se apagó en los años noventa, dejando latentes apenas unos rescoldos de bisutería ideológica. La crisis económica que apareció en Europa al mismo tiempo que España quemada sus últimos cartuchos con la gran Exposición Universal de Sevilla y paralelamente al estallido de la guerra del Golfo, disolvió el huracán postmoderno y nos enfrentó nuevamente con las duras certezas y las contradicciones más cerriles de tiempos pretéritos que, en el fondo, nunca habíamos abandonado del todo. Las estrecheces monetarias, la ferocidad del desempleo, la pestilencia que surgió detrás de la tan alabada riqueza especulativa, el grado cero de lo político representado en la figura patética de un Luis Roldán agazapado en el sudeste asiático y la constatación cierta de que los años anteriores solamente habían sido un espejismo incierto, tuvieron como resultado el resurgimiento entre muchos ciudadanos de cierta toma de conciencia social, el salto a la calle de un conjunto importante de ONG's que dieron otro color a las reivindicaciones antes abanderadas por la izquierda menos ortodoxa y la aparición de una nueva forma de ver la realidad política y social desde una óptica más cercana a la defensa de los derechos humanos y a las preocupaciones de los hombres y mujeres de la calle que daban sus primeros pasos en la última década del siglo militando dramáticamente en la "triple D" de los desorientados, los desideologizados y los desmemoriados. Como no podía haber sido de otra manera, todos estos cambios, mínimos a veces, estentóreos en otras ocasiones, apenas tuvieron ninguna repercusión en los terroristas de ETA y en su forma de intervenir en la historia de los ciudadanos vascos y españoles mediante balas ciegas, explosiones sanguinarias y atentados indiscriminados.

Desde aquellos momentos iniciales de los años noventa hasta hoy mismo, hemos seguido enfrentándonos, ininterrumpida y cotidianamente, el espanto. Y así, éticamente desarmados por los efectos del relativismo cultural precedente, intelectualmente confundidos por quienes tanto han pescado en las aguas revueltas de la consternación y el estremecimiento, moralmente agotados y aterrorizados tras observar de cerca las monstruosidades producidas por la sutil alianza establecida entre el nacionalismo xenófobo y el fascismo armado, la sociedad vasca se ha derrumbado en un progresivo estado de histeria y convulsión del que solamente saldrá recuperando los muchos instrumentos básicos de convivencia que se ha dejado por el camino a lo largo de las dos últimas décadas.

De este modo, hoy, cuando tantas cosas han cambiado a nuestro alrededor, cuando el furor de los medios de comunicación, el auge de las nuevas tecnologías de la información, la globalización económica y cultural, y las constantes microrrevoluciones científico-técnicas, sí que están esbozando un nuevo mundo, nos encontramos con la urgente necesidad de reconstruir en el País Vasco un entramado de convivencia y tolerancia, mínimo pero lo suficientemente sólido, que pase, fundamentalmente, por tomar conciencia de las aberraciones que se han cometido en este país, por releer nuestra más reciente historia para situar a los criminales y a sus leales cómplices en el lugar que les corresponde, y, sobre todo, por hacer justicia reparando lo reparable y abogando por el escrupuloso cumplimiento de las leyes que democráticamente nos hemos otorgado. En el País Vasco, la neutralidad con respecto al mundo de los asesinos es sinónimo de complicidad con los que matan, secuestran, extorsionan, agreden y amenazan. Y, por ello, para estar contra el terror, hay que decir alto, claro y fuerte, que en Euskadi no existe más conflicto que el generado por la infamia etarra y hay que evidenciar hasta el agotamiento la perversión que encierra la connivencia, directa o indirecta, material o espiritual, con la ignominia criminal.


Para ello, para acercarnos a estos principios de memoria, verdad y justicia tan defendidos por las víctimas del terrorismo y tan necesarios para nuestra colectividad, ahora, más que nunca, es necesario un poderoso rearme ético, una defensa inquebrantable de los derechos humanos, un trabajo constante a favor de la legalidad de nuestro sistema de convivencia y, sobre todo, una salvaguardia sin matices de la libertad individual de todas las personas. Se mire por donde se mire, y a estas alturas de una historia vergonzante y terrible que muchos olvidarán y de la que otros renegarán en tiempos venideros, este es el único camino existente para conseguir un País Vasco libre, seguro y, sobre todo, en paz.


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