AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 8  Enero  2014

Un sistema agotado
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es  8 Enero 2014

Si más de la mitad de los votantes del partido que detenta la mayoría absoluta en ambas Cámaras nacionales opina que en el país hacen falta nuevas formaciones, lo aconsejable es que su dirección se lance de inmediato a la aplicación de un programa de ambiciosas reformas estructurales

Si el partido del Gobierno pierde la cuarta parte de sus votantes en dos años, lo lógico es que la principal fuerza de la oposición ascienda significativamente. Si el líder de la opción política alternativa a la que está en el poder no cuenta con la aprobación del noventa y cinco por ciento de sus votantes, lo normal es que dicha organización emprenda de inmediato un proceso de renovación de su cúpula.

Si más de la mitad de los votantes del partido que detenta la mayoría absoluta en ambas Cámaras nacionales opina que en el país hacen falta nuevas formaciones, lo aconsejable es que su dirección se lance de inmediato a la aplicación de un programa de ambiciosas reformas estructurales del Estado que despierte de nuevo la esperanza de los ciudadanos y se gane su adhesión. Si en una democracia constitucional bien asentada e intensamente federalizada, el gobierno de uno de los miembros de la federación anuncia y se pone a la tarea de vulnerar gravemente el orden legal vigente, lo esperado es que el Ejecutivo central tome sin dilación las medidas previstas en su Constitución para atajar tales desmanes.

Pues bien, en la España de hoy nada de lo aparece como lógico, normal, aconsejable o esperado se produce, sino que, por el contrario, sucede lo ilógico, anormal, desaconsejable o inesperado. ¿Cómo se entiende que semejante reino del absurdo haya alcanzado este nivel de incongruencia? La explicación es sencilla: su sistema político e institucional se encuentra agotado y carece de la energía necesaria para regenerarse.

Los españoles siguen levantándose por la mañana, yendo a sus trabajos -los afortunados que lo conservan-, educando a sus hijos, sentándose ante el televisor y planificando sus vacaciones -los que todavía se lo pueden permitir-, atónitos ante el espectáculo, pero sin un camino que se les abra para salir del atolladero. En cuanto al Gobierno de la Nación, los de las Comunidades Autónomas, los Ayuntamientos, los órganos constitucionales y reguladores, las universidades, los tribunales de justicia, los cuerpos de seguridad y el estamento militar siguen cumpliendo inercialmente sus funciones.

El Estado en su conjunto se desplaza como un autómata mastodóntico sostenido por su propio impulso con un endeudamiento creciente y alarmante como motor. Obviamente, la estación término de este andar renqueante y sonámbulo es el desmoronamiento y el colapso. Las encuestas, sin embargo, reflejan también de forma reiterada y cada vez más notoria, que la sociedad pide, exige, una gran operación de saneamiento, regeneración y transformación del sistema. Y que esta demanda es ya tan acuciante, tan sentida, que generará de sus mismas entrañas la indispensable respuesta.

Unión Europea: muchos riesgos
Luis de Velasco www.republica.com  8 Enero 2014

Desde el 1 de enero, un país en quiebra, Grecia preside la Unión Europea. Ironías del destino, carambolas de una unión que está provocando un creciente rechazo a la misma de parte creciente de sus ciudadanos, hartos de desgracias. Claro que como sin duda piensan otros como ucranios (al menos una parte de ellos), croatas, serbios, incluso algunos (cada vez menos) turcos, mejor se está dentro que fuera. Así es el ser humano que no valora lo que tiene y solo lo valora cuando lo pierde.

Grecia sigue siendo el eslabón débil de una unión monetaria mal diseñada y muy mal gestionada. Todo parecía perfecto hasta que la crisis que se inicia en 2007-08 en EEUU cruza el Atlántico y su choque, un clásico choque externo, saca a la luz las graves debilidades estructurales del invento. Un invento basado en el arbitrismo de unos líderes que antepusieron a cualquier racionalidad su deseo de pasar a la historia (y lo han logrado) y echaron a andar, sin unas mínimas bases desde un tesoro común hasta un presupuesto global por encima del actual ridículo del uno por ciento del PIB comunitario pasando por una unión fiscal o, al menos, una cierta aproximación en ese campo. Se pensó, aunque se escucharon algunas y autorizadas voces en contrario, que aquella denominada “convergencia nominal” basada en varios indicadores bastaría para homogeneizar economías tan diferentes como las del norte ( los virtuosos) y del sur ( los réprobos) del Continente, algo que se agudizó con el ingreso al club del euro de Grecia, una broma geoestratégica de mal gusto porque para colmo falsificó, con la impagable ayuda de Goldman Sachs, los indicadores lo que le permitió aprobar el examen de entrada. Las semillas del desastre estaban implantadas, sólo faltaba esperar.

Han transcurrido más de cinco años desde el comienzo de la crisis. Nadie puede decir seriamente que el proyecto de la Unión está a salvo. Hoy lo sostiene en realidad el BCE y sus decisiones contempladas con recelo por los tres poderes constitucionales de Alemania. Cierto que ha habido avances pero cada avance es un mundo de discusiones, de pasos adelante y pasos atrás, de medidas que se aprueban pero no se aplican, todo ello al ritmo que marca Alemania país cuyo absoluto dominio es cada vez más claro e incontestable. Queda tanto por hacer para tratar de alcanzar un esquema sostenible y esos ritmos son tan lentos que es más que probable que algo ocurra que sea una catástrofe. Por ejemplo, lo que vaya a pasar este año con Grecia.

Lo que es cierto, y eso no son opiniones o conjeturas sino hechos ciertos, es el enorme coste social que todo esto está suponiendo. Coste social medido en términos de retroceso de la riqueza colectiva y de servicios sociales y de aumento de la pobreza, marginación y desigualdad en capas crecientes, más del veinte por ciento del total de la población europea. La etiqueta de economía social de mercado, de la dimensión social de la economía europea, del estado del bienestar frente al capitalismo salvaje anglo está desapareciendo si es que no ha desaparecido ya. Se van esfumando las sociedades cohesionadas, las sociedades con movilidad de abajo a arriba y dejan paso al malestar social, a la beneficencia y al auge del racismo, la xenofobia y la extrema derecha con sus “soluciones milagrosas”. Algo de esto es de temer que veremos en las próximas elecciones al Europarlamento. Ojalá nos equivoquemos. Pero hay que trabajar mucho para evitarlo.

ETA
La foto de los canallas
José Luis Roldán Libertad Digital  8 Enero 2014

Hay días en que a uno lo avergüenza ser lo que es. Ya sé que últimamente no faltan ocasiones para ello. Los días de gloria desaparecieron de la historia de España; hace tiempo que dimos la espalda a la grandeza y vivimos instalados en la estolidez, en la grisura, en el encanallamiento. Buena muestra de ello está en la infame foto de familia de los setenta asesinos más sanguinarios que ha conocido este país.

No creo que ningún otro país, de esos como dicen que es el nuestro, democrático y de derecho, hubiese tolerado, hubiese soportado, la infamia de ver a lo más granado de sus criminales posando provocadoramente, para humillación de sus víctimas y vergüenza de las personas decentes. Pero, ¡ay!, esto es España, la moderna España, la acomplejada España, que, como fatuo parvenu, no pierde ocasión de hacer ostentación de su recién adquirida progresía, sobre todo cuando se trata de mimar a los canallas. Este país parece arrebatado en un vórtice de estupidez -la quinta fuerza fundamental del universo- y vileza. Se va al carajo, con perdón, y, como el provinciano del poema machadiano, entre hazañas de toreros y deportistas, se deja engatusar con las proezas sangrientas de unos matones.

La justicia de este país, tan compasiva con el delincuente, pero tan cruel con las víctimas, a quienes agravia más que el delito, no quiere ver -tan progre ella- que esa foto constituye en sí misma una apología del crimen y, sobre todo, una humillación a las víctimas. A las 309 víctimas directas de esos asesinos y a los centenares de familiares, a los que golpe a golpe va arrancando la vida a fuer de sufrimiento.

Esa foto provoca una profunda náusea. Más que por lo que muestra, una insólita camada de sanguinarios asesinos irredentos, por lo que pretende simbolizar y por lo que veladamente disimula en sus ausencias. El Estado no puede, no debe, legitimar, ni aun simbólicamente, los crímenes de una banda terrorista. Eso equivaldría a decirle a las víctimas que su sacrificio tuvo sentido, porque se ejecutó en nombre de un bien supremo: la liberación del oprimido pueblo vasco. El Estado no puede decir a los padres de esas decenas de niños asesinados que sus hijos eran un objetivo militar, o, en el mejor de los casos, un daño colateral del "conflicto". El Estado no puede reconocer como conflicto una acción criminal, aunque se haya prolongado en el tiempo. También el homicidio perdura en nuestras vidas desde tiempos de Caín. ¿Conflicto? ¿Quién lo decretó; con qué legitimidad? ¿En virtud de qué plebiscito o ley moral?

No. El pueblo español no ha declarado la guerra a nadie. Aquí no cabe ningún armisticio, sólo la persecución y liquidación de una banda terrorista y el castigo inmisericorde de sus criminales. Sépanlo, también, los otros artífices de la infamia: los que están detrás del telón, entre bambalinas. El PSOE -todo el PSOE, en el que no hubo una sola voz discrepante- y la compaña de los nacionalistas vascos y catalanes y, por supuesto, de IU, que no faltarán allí donde se trate de ir contra España.

Porque no debe olvidarse que estos lodos pestilentes vienen del "polvo del camino" del llamado "proceso de paz"; son un acto más en la representación de esa infame farsa escrita por un bobo solemne, émulo de míster Chance, pero con aires de grandeza; protagonizada por un nutrido grupo dizque de juristas progres, entre los que destacan Gómez Benítez, en su papel de consejero del Consejo General del Poder Judicial, Cándido Conde-Pumpido, como fiscal general, y la colaboración extraordinaria del felón mayor del reino, Luis López Guerra, en su papel de magistrado del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Señor Rajoy, ¿hay que añadir a alguien más?

El muro de silencio
Pío Moa www.gaceta.es  8 Enero 2014

Un muro de silencio, combinado con la promoción de la telebasura, resulta más eficaz que la censura explícita.
Blog II: Una diferencia crucial entre la primera y la segunda guerras mundiales: www.piomoa.es
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De mis primeros libros de historia escribió Stanley Payne:: “Son una obra crítica, innovadora que introduce un chorro de aire fresco en una zona vital de la historiografía contemporánea española, anquilosada desde hace mucho tiempo en angostas monografías formulistas, vetustos estereotipos y una corrección política determinante. Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales”. La recomendación casi sobraba o debería sobrar en un ambiente intelectual algo vivaz y honesto, pero quedó claro que esos calificativos no corresponden al mundillo intelectual y universitario español. Pues en vez de investigación y discusión, “Lo más destacable de la respuesta a la obra de Moa ha sido la ausencia de debate y la negativa a discutir el gran número de temas serios que suscita. (...) Ha recibido una hostilidad gélida o furibunda. Con más frecuencia ha sido ignorada y no ha habido un esfuerzo intelectualmente serio por refutar cualquiera de sus interpretaciones”. Sí ha habido algunos intentos de refutarme, pero a su vez los he rebatido sin mucha dificultad, por lo que finalmente ha predominado “una censura de silencio o diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o la Unión Soviética que de la España democrática", en palabras del propio Payne.

Aquella recepción “gélida o furibunda” por parte de quienes habían alzado sus prestigios de historiadores sobre una meticulosa y machacona falsificación del pasado, fue completada por otros que, estando en lo esencial de acuerdo con mis tesis o con varias de ellas, me apoyaron con extrema timidez, o no osaron oponerse a los "furibundos", o incluso los apoyaron tácitamente por corporativismo. Recordé el caso de Ricardo de la Cierva, tan superior a sus enemigos, y que fue “machacado” aún más que por estos por quienes debieran haberle defendido y en realidad le privaron de todo respaldo o se sumaron al linchamiento. En mi caso, Stanley Payne constituyó una clamorosa excepción, casi un escándalo, que le valió algunas amenazas, por fortuna inanes por estar él lejos y por encima del ruin ambiente intelectual hispano.

Por entonces aquella recepción no me preocupó, excepto por la deplorable miseria intelectual y universitaria que revelaba. Incluso me reí de ella, pues la amplia difusión de mis libros, especialmente Los mitos de la Guerra Civil, me hicieron creer que el muro de silencio estaba en ruinas. Me equivoqué. Los censores, silenciadores y difamadores son tenaces y poderosos: dominan la mayoría de las cátedras, prevalecen en los medios de masas e influyen en unos políticose izquierda o derecha en nada mejores que ellos mismos. Esta es una triste realidad muy fácil de constatar. Así, los profesores en la universidad no solo no me citaban sino que a menudo prohibían a sus alumnos citarme. Cuando yo publicaba un libro fueron dejando de entrevistarme en medios de amplia difusión, como eran entonces la COPE u Onda Cero. Por supuesto, nunca me atendieron en la televisión oficial, con PP o con PSOE, después de la entrevista de Dávila en 2003. Y no digamos en otras como Antena 3 o Tele5. Tampoco en la prensa de gran tirada, fuera de izquierda o de derecha. El muro de silencio, roto en parte durante unos años, fue recomponiendo sus brechas, y hoy solo tengo acceso a un pequeño programa en Es-radio y a este blog de Intereconomía, aparte de intervenciones, muy escasamente seguidas, en tuíter o facebook. Naturalmente, la competencia es imposible, porque mis oyentes y lectores son comparativamente pocos y en su inmensa mayoría no comprarán ni menos aún procurarán difundir las obras que una o dos breves temporadas al año tengo ocasión de anunciar. Fenómeno bastante normal en un país poco aficionado a la lectura, y menos todavía a aquella que implica cierto esfuerzo intelectual.

Pondré un ejemplo: hace unas semanas asistí a un debate en Tele5 sobre Franco y el Valle de los Caídos. Me llevaron porque lo impuso el asistente imprescindible, Francisco Franco, nieto del Caudillo. Antes de la discusión concedieron tres cuartos de hora a Pilar Eyre, periodista de salsa rosa, para hablar sobre una típica basura que ha publicado sobre Franco. Esto es lógico en cadenas donde priva precisamente el negocio de la telebasura. Pero dicha señora fue ampliamente entrevistada también en muchos otros medios de masas, grandes y pequeños, incluida la propia Intereconomía, donde pudo exponer sus sandeces. Por entonces yo acababa de publicar Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra civil, el franquismo y la democracia, en torno a un problema absolutamente clave de la España de hoy y sobre el cual no había ningún análisis histórico-político en profundidad, aparte de mi anterior Una historia chocante. El muro de silencio ha sido total, excepto en el programa de Luis del Pino y en el fenecido Los últimos de Filipinas, ambos de audiencia modesta, aunque naturalmente agradezco mucho. Este contraste entre la atención dedicada al libro de Eyre y al mío, describe muy bien el nivel intelectual predominante hoy en España. Ningún medio de prensa, televisión o radio de amplia audiencia, sea de izquierda o de derecha, ha concedido el menor eco a mi obra. Como no lo concedió a la novela Sonaron gritos y golpes a la puerta, o a España contra España, Nueva historia de España, Ensayos polémicos, etc. Esto es muy lamentable para mí, no solo por lo que me afecta directamente, sino por el nivel intelectual y moral hoy prevaleciente en el país, y en el que es preciso desdenvolverse.

Volviendo al debate de Tele5: debió de estar saliendo muy poco al gusto de la empresa, porque el regidor insistía a la presentadora –que obró con bastante neutralidad— en terminar cuanto antes. Y terminó antes de tiempo con una amplia intervención de Anasagasti, en lugar del resumen de sus tesis por cada interviniente, como ocurre en los debates serios y se había prometido. Aun así, el resultado fue muy interesante: audiencia muy grande, muchos sorprendidos por ser la primera vez que oían defender a Franco, y una victoria a los puntos de los tres partidarios de la verdad histórica que allí estábamos: el nieto de Franco, el profesor Alberto Bárcenas y yo mismo. Con un poco más de tiempo la victoria habría sido por k.o, si vale el símil boxístico. Me di cuenta de que con cuatro o cinco programas como aquel, millones de personas cambiarían sus opiniones o al menos se replantearían los tópicos con que una propaganda machacona y sin apenas réplica (o réplica silenciada) ha lavado el cerebro a tanta gente.

Pero la situación es la que hay. Como todas las situaciones, irá cambiando, pero mientras dura hace estragos.

El Coronel no tiene quién le escriba
Toni Bolaño www.cronicaglobal.com  8 Enero 2014

El presidente de la Generalidad cada día que pasa se parece más al coronel de García Márquez, ese coronel del que nunca supimos su nombre. Del presidente de la Generalidad sí que lo conocemos. Casi es la única diferencia. El coronel no tiene quién le escriba. El presidente de la Generalidad, tampoco.

El coronel es un hombre de buena fe y bastante ingenuo. Vive en su pueblo esperando recibir el aviso de que le han concedido la pensión a la que tiene derecho por haber servido en su juventud a las órdenes de Aureliano Buendía, el general que tiene gran protagonismo en otra novela de García Márquez, Cien años de soledad.

Mas no tiene reparos en vender el patrimonio porque augura que la independencia nos traerá la buena nueva de la salida de la crisis y de los recursos infinitos que permitirán construir un estado del bienestar de primera división. Sin embargo, ese mundo idílico es un mundo irreal

El coronel lleva 15 años esperando la pensión. No le llega. Todos los viernes, acude a ver la llegada de la lancha que trae el correo. Después de su distribución se lleva una decepción. Artur Mas lleva el mismo camino. Envió el 20 de diciembre una carta a los líderes europeos y a una veintena de mundiales solicitando apoyo para la consulta del 9 de noviembre. Mas mira cada día su correo y también se lleva una decepción.

Las reacciones públicas no hacen prever nada bueno. Italia aludió a que Letta estaba de vacaciones. Francia que el tema es un asunto interno. Alemania ni se ha dado por aludida y no digamos el Reino Unido. La última en hablar ha sido la Unión Europea. Admitió haber recibido la carta pero reconoció no haberla leído. Entusiasmo, por tanto, no parece que exista en la UE para contestar la carta de Mas.

Al personaje de García Márquez, la vida se le hace harto imposible por la falta de recursos. Además, se niega a vender el gallo de pelea propiedad de su hijo acribillado a balazos. Le cogió cariño. Prefiere quedarse con el gallo y llevarlo a las peleas para ganar el sustento. El presidente catalán tiene una tarea complicada al frente de un gobierno sin recursos y aplicado a todos los recortes. No tiene reparos en vender el patrimonio porque augura que la independencia nos traerá la buena nueva de la salida de la crisis y de los recursos infinitos que permitirán construir un estado del bienestar de primera división. Sin embargo, ese mundo idílico es un mundo irreal. Nadie puede asegurar que lo prometido sea deuda. Nadie puede vislumbrar ese futuro que arroja luces y aleja sombras.

El coronel es un pragmático y sabe que la situación es insostenible. Si no vende el gallo, malo, pero si el gallo pierde en las peleas, peor. Su mujer le recrimina su actuación y le pregunta "dime, qué comemos", el coronel responde: "Mierda". Muchos catalanes también le recriminan a Mas su actuación. Y muchos se preguntan, si toda esta aventura acaba mal, ¿qué comeremos? Tal como reacciona el mundo de nuestro alrededor todo apunta que lo mismo que el coronel.

No, you can’t
Fernando de Páramo Gómez www.cronicaglobal.com  8 Enero 2014

Se perdió la costumbre de la correspondencia, como muchas otras. La dejadez por la práctica de la escritura, el abandono del soporte físico y la facilidad insultante del correo electrónico ha dinamitado una elegante costumbre relegada, ahora tan sólo, a la frialdad de la burocracia. Lejos han quedado aquellos debates epistolares como el que mantuvieron Freud y Einstein acerca de los porqués de la guerra y de la destrucción de la convivencia.

Aquellos medios internacionales que tanto fueron glorificados cuando dedicaban editoriales a favor, son los mismos que ahora se omiten cuando, por ejemplo, The Wall Sreet Journal habla del editorial único y del adoctrinamiento de TV3

Hoy, sin embargo, las cartas en clave política que se envían desde los que tienen la responsabilidad de gobernarnos, lejos están, no sólo de contribuir al enriquecimiento intelectual, sino también, de mejorar la convivencia de los ciudadanos. Aunque, todo sea dicho, sería injusto hablar de correspondencia, porque para que ésta se produzca es necesaria una respuesta en el mismo formato, algo que ni si quiera está consiguiendo el president Mas.

Empezó a amasarse el movimiento independentista en Cataluña y la prensa internacional así lo contó al mundo. Incluso diarios como The Guardian pusieron en marcha una plataforma para que los usuarios pudiesen colgar fotos de la llamada "Vía catalana" y titulares como: "Mas intenta evitar un choque con Madrid" utilizado por el Financial Times llenaron de gozo y prepotencia a unos artífices que sacaban pecho del éxito internacional que estaba teniendo su particular viaje a Ítaca. Sin embargo, algo cambió y los halagos se transformaron en críticas. ¿Qué es lo que ha ocurrido?

Es evidente, algunos de estos diarios nombrados, y otros tantos medios, en cuyos valores están grabados a fuego la libertad de expresión y la convivencia, no han tardado mucho en darse cuenta de las trampas de Mas. Aquellos medios internacionales que tanto fueron glorificados cuando dedicaban editoriales a favor, son los mismos que ahora se omiten cuando, por ejemplo, The Wall Sreet Journal habla del editorial único y del adoctrinamiento de TV3, o cuando profesores de las mejores universidades americanas avecinan los desastres económicos de una hipotética secesión.

Con esa sutileza con la que el nacionalismo maneja los silencios, el plumero de Mas ya no sólo se ve desde el resto de España y Europa, sino que empieza a otearse también desde el otro lado del charco. Porque disfrazar de democrático un proceso que atenta contra el primer principio en el que se basa la democracia, esto es, un ordenamiento jurídico decidido y ratificado por todos, es una incongruencia para países como Estados Unidos donde la unión es un valor innegociable. Evidentemente fue noticia la manifestación humana de la Diada, no seré yo el que critique o menosprecie un derecho legítimo de todo ciudadano, pero cuando los delirios de Mas han entrado en escena, cuando se ha utilizado una televisión pública hasta el ridículo, cuando se ha visto en jaque la unión de un estado democrático y cuando se ha chantajeado con la economía de un país, esos mismos medios se han dado cuenta de lo que venimos diciendo algunos desde hace tiempo en Cataluña.

Es triste, por otro lado, que deban ser Estados Unidos o Francia quienes le recuerden al presidente de una Comunidad Autónoma que la soberanía del pueblo español reside en todos los españoles

El batacazo internacional de la estrategia de Mas no sólo se ha producido en las rotativas, sino también en los despachos de aquellos en los que el president creía que iba a encontrar un hombro en el que llorar. Pero sus cartas no han recibido respuesta, en todo caso, una réplicas verbales, simples y contundentes. Porque ningún líder de un estado democrático miembro de la Unión Europea puede apostar por la desunión y la ruptura en contra de una Constitución moderna. Porque esos mismos líderes a los que Mas ha pedido amparo se han sentido ofendidos por las mismas comparaciones que nos ofenden a muchos catalanes, como el caso de Kósovo, en el que en aquella ocasión, a Estados Unidos y a una veintena de estados más no les tembló el pulso para reconocer las atrocidades que ahí se estaban cometiendo y apoyar a un territorio superado por el caos.

Sin embargo, por muchos esfuerzos que destine el paniagüismo mediático, sus comitivas, sus embajadas y sus escapadas de fin de semana, nadie en Europa con dos dedos de frente quiere comprar unos argumentos cuyo reconocimiento atentaría contra los principios fundamentales que han permitido que nuestro continente y Estados Unidos sean referentes políticos, económicos y democráticos, con sus luces y sus sombras.

Es triste, por otro lado, que deban ser Estados Unidos o Francia quienes le recuerden al presidente de una Comunidad Autónoma que la soberanía del pueblo español reside en todos los españoles. Me preocupa que ante este reto el partido que gobierna España esté más preocupado en frenar electoralmente a los que defendemos la Constitución y la convivencia que a los que pretenden romperla. Si estando en juego la unión, el futuro y la estabilidad de un país la mirada del PP sigue siendo electoralista, debemos estar más seguros que nunca de que ha llegado la hora de hacer política de otra forma. Como le dijo Freud a Einstein en su carta: "Entre los miembros de un grupo de hombres unidos se crean ciertas ligazones de sentimiento, ciertos sentimientos comunitarios en que estriba su genuina fortaleza". Y yo, perdóneme, pero no estoy dispuesto a romperlos.

Quitas, impuestos, inflación...
El FMI insiste en la posible confiscación de ahorro privado para reducir deuda pública
El Fondo advierte de la aplicación de quitas y la expropiación de riqueza privada para reducir la histórica deuda pública de los países ricos
Libertad Digital  8 Enero 2014

Un nuevo documento del Fondo Monetario Internacional (FMI) vuelve a poner a sobre el tapete la posibilidad de aplicar quitas soberanas y expropiar parte de los ahorros de las familias para reducir el ingente volumen de deuda que acumulan los gobiernos de los países desarrollados. En su último informe sobre Vigilancia Fiscal (Fiscal Monitor), publicado el pasado octubre, dicha entidad advertía de la posibilidad de confiscar hasta el 10% del patrimonio que acumulan los hogares para reducir la deuda pública a niveles de 2007, antes de de que estallara la actual crisis financiera.

Ahora, son los destacados economistas Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff -ex economista jefe del FMI- quienes insisten en un reciente estudio publicado por el Fondo que, muy posiblemente, numerosos estados se verán obligados, de una u otra forma, a aplicar distintas fórmulas para reducir su elevado endeudamiento público, desde la reestructuración (quitas y/o espera) y reconversión de deuda, hasta elevada inflación, represión financiera (impuestos, tasas de interés negativas,etc.) o bien una combinación de varias de estas medidas.

La conclusión del informe es clara: la historia demuestra que los gobiernos suelen optar por este tipo de salidas en caso de elevado endeudamiento público, y la situación actual no será muy distinta. De este modo, Reinhart y Rogoff prevén la quiebra parcial (default) de diversos países, refiriéndose en particular a la periferia del euro, y la reducción de deuda pública mediante la transferencia de recursos desde los ahorradores privados hacia el Estado.

Según ambos economistas, la combinación de crecimiento y austeridad para reducir el endeudamiento soberano es necesaria, pero será insuficiente para resultar eficaz por dos razones: por un lado, el PIB de los países ricos registrará un tímido avance en los próximos años debido, precisamente, a la elevada deuda pública; y, por otro, las medidas de austeridad son difíciles de aplicar porque suelen ser muy impopulares. ¿Conclusión? Los inversores en deuda pública y los ahorradores pagarán la factura de los gobiernos.

La deuda pública más alta en 200 años

En la actualidad, el conjunto de las economías avanzadas acumula el mayor volumen de deuda pública de la historia reciente. En concreto, se aproxima al 100% del PIB, un nivel no visto desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, según el estudio, si se mira más atrás en el tiempo, se aproxima a su punto más elevado de los dos últimos siglos.

A ello se suma, igualmente, una deuda externa (pública y privada) que también registra tasas récord, no vistas en las últimas décadas, superando el 250% del PIB de los países ricos. Se trata de un indicador relevante, ya que la separación entre deuda pública y privada es muy tenue durante las crisis financieras, como bien demuestran los numerosos rescates públicos de bancos llevados a cabo en los últimos años por multitud de países, de modo que la vulnerabilidad de los estados es aún más alarmante de lo que refleja, simplemente, el nivel de deuda pública.

Vías para reducir la deuda

Así pues, los datos demuestran que el mundo desarrollado atraviesa una grave crisis de endeudamiento, similar a la acontecida tras la Segunda Guerra Mundial o la Gran Depresión de los años 30. Y por entonces, tal y como recuerdan Reinhart y Rogoff, la mayoría de gobiernos optó por el default y la expropiación de riqueza al sector privado para reducir sus abultadas deudas.

El estudio del FMI cita cinco posibles vías para solventar el sobreendeudamiento:

  • Crecimiento.
  • Austeridad.
  • Suspensión de pagos y reestructuración de deudas.
  • Alta inflación.
  • Represión financiera y una constante dosis de inflación.

La combinación de crecimiento económico y austeridad es la excepción. Lo habitual, sin embargo, es la tercera opción (default) y la quinta (represión financiera e inflación), según reflejan las experiencias históricas de similar naturaleza a la actual acontecidas en los dos últimos siglos.



Más allá de la mera suspensión de pagos, el informe cita la posibilidad de aplicar una intensa "represión financiera" para que los estados reduzcan sus deudas. Najo este término se engloban múltiples medidas, desde la nacionalización de fondos de pensiones, hasta la puesta en marcha de medidas fiscales para incentivar la compra de bonos estatales, la aprobación de nuevos impuestos y tasas especiales sobre el ahorro y el patrimonio de las familias (de una vez o constantes en el tiempo), así como determinados controles de capital para evitar o limitar la salida de fondos del país, o la instauración de tipos reales negativos durante varios años (inflación superior al tipo de interés, con la consiguiente disolución de deudas y pérdida de poder adquisitivo en depósitos y otros activos).

En todo caso, esta particular fórmula de "represión financiera" consiste, básicamente, en redistribuir la riqueza mediante la transferencia de fondos desde los ahorradores (familias y empresas) hasta los acreedores (estados y bancos).

Pero los analistas del FMI no son los únicos que contemplan este tipo de opciones. Philipp Bagus, profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos y autor del libro La tragedia del euro, coincide en que algunos de los gobiernos de los países ricos intentarán generar inflación, impagar su deuda y, en última instancia, aplicar un impuesto único sobre la riqueza para solventar su sobreendeudamiento.


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¿El futuro previsible?
'Catalunya' en el 18 de Brumario del año X
Mikel Buesa Libertad Digital  8 Enero 2014

Han transcurrido diez años desde que, en el que entonces fue 9 de noviembre y hoy 18 de Brumario, Catalunya iniciara su Revolució Nacional. El referéndum de autodeterminación se celebró al fin, a pesar de las denuncias judiciales del Gobierno de España, y tras él llegó la declaración unilateral de independencia. Ésta se acabó configurando como una situación de hecho, pues, aunque varios meses más tarde el Tribunal Constitucional la declaró ilegal, nadie tuvo la voluntad política suficiente como para restaurar el orden. El uso de la fuerza se consideró inconveniente y poco democrático, según concluyó el Senado tras un acalorado debate acerca de la aplicación del artículo 155 de la Constitución. El caso es que, aún sin el reconocimiento formal del Reino de España, la República de Catalunya comunicó su constitución como Estado a la Unión Europea, dando lugar a que la Comisión tomara nota y considerara que, a partir de aquel momento, el nuevo país dejaba de formar parte de su territorio y, por ende, de la unión aduanera, el mercado único y la unión monetaria. Otras entidades internacionales, como la OCDE, el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, manifestaron que, hasta tanto no se tomara una decisión unánime con el consentimiento de España, Catalunya se consideraba excluida de sus respectivas organizaciones. Y a lo largo de esta década sólo unos pocos países, casi todos marginales en la política internacional, han establecido relaciones diplomáticas con el nuevo Estado.

Fruto de las circunstancias políticas, las nuevas fronteras erigidas por Catalunya se constituyeron en una barrera para el comercio internacional. En el momento de la independencia aparecieron los aranceles, los requisitos documentales para las exportaciones, la inspección de las mercancías por las autoridades aduaneras, el seguro de cambio -pues el mantenimiento del euro había sido imposible- y otros trámites menores que encarecían los precios, alargaban los períodos de entrega, hacían más costoso el transporte y complicaban la gestión. Además, como ya había ocurrido en otros casos europeos durante la década de 1990, las relaciones económicas con España se enfriaron rápida y paulatinamente, de manera que el que hasta entonces había sido un comercio interregional floreciente se marchitó hasta situarse en niveles mucho más bajos que antes de la independencia.

Por otra parte, un buen número de empresas trasladó su sede social fuera de Catalunya y cerró instalaciones para reabrirlas en España o en Francia. Así ocurrió con una buena parte de las grandes empresas alimentarias, los grupos editoriales, la industria farmacéutica, las metalmecánicas y las de servicios avanzados. En Martorell y en la Zona Franca se dejaron de fabricar coches. Y hasta una gran entidad financiera -que curiosamente no cambió ni de nombre ni de logotipo- se domicilió en Madrid y segregó de su negocio principal la filial que permaneció en Barcelona.

Todo ello se expresó en una pérdida de mercados para las empresas catalanas y en una reducción de sus actividades económicas. En los siete años siguientes a aquel 18 de Brumario, el Producto Interior Bruto de Catalunya se redujo en un 37 por ciento, aunque después empezó a recuperarse de forma modesta, de manera que en el año X había aumentado hasta alcanzar un nivel equivalente a dos tercios del que se registró en 2014.

Además, muchos se han ido o no han venido. La población catalana, que ya el año de la Revolució Nacional empezaba a mermar, ha experimentado una pérdida de 1.845.000 habitantes. A ello han contribuido tanto el déficit de nacimientos sobre las defunciones -un poco más de 34.000- como sobre todo unos saldos migratorios muy negativos. En términos netos a España se han marchado casi 416.000 personas y al resto del mundo 1.395.000. Los habitantes de Catalunya son ahora, diez años después de la proclamación de independencia, sólo 5.534.000.

Claro que esta pérdida de población ha venido bien para aliviar algo el reparto de la decadencia económica, pues al haber una cuarta parte menos de habitantes, el PIB per capita no ha disminuido tanto como su cifra global. En eso que los economistas llamamos términos constantes -o sea, valorado a los precios de 2014-, esa magnitud se cifra ahora en 23.035 euros, con lo que la caída con respecto a 2014 es de sólo el 13 por ciento, pues en el año de la Revolució se habían alcanzado los 26.351 euros.

Algunos podrán decir que el precio no ha sido demasiado alto para alcanzar la libertad. Sin embargo, para apreciar bien las cosas, conviene decir también lo que ha pasado con la riqueza de los españoles hasta este 18 de Brumario del año X. Curiosamente, el impacto económico inicial de la secesión de Cataluña se absorbió muy rápidamente por dos razones. Una fue que las deslocalizaciones de las empresas catalanas se realizaron con una gran rapidez y, además, casi todas fueron hacia las regiones españolas limítrofes con el nuevo Estado. Y la otra que la reacción europea, aplicando el arancel máximo y las formalidades aduaneras a las exportaciones catalanas desde el primer momento de la secesión, hizo que se retrajeran las otras pretensiones independentistas regionales y el país se estabilizara institucionalmente. Y a ello se añadió que la economía española entró en una senda de moderado crecimiento.

En estas circunstancias, aunque inicialmente el PIB por habitante de España se retrajo, en el conjunto del período pudo aumentar desde los 22.478 euros en 2014 hasta los 28.227 en 2024. Es decir, una ganancia media de bienestar del 26 por ciento para los españoles. Por tanto, se puede concluir que los catalanes, que antes de la independencia gozaban, en promedio, de unos ingresos superiores en un 17,2 por ciento a los del resto de los españoles, una década después de la secesión cuentan con un 18,4 por ciento menos. Queda claro que las promesas de prosperidad de los promotores de la independencia no parecen haberse cumplido y hoy la mayoría de los catalanes viven bastante peor que cuando eran españoles. Y lo que es peor todavía es que, seguramente, seguirán así durante muchos años. De este modo, sólo si su economía lograra crecer a una tasa un 25 por ciento superior a la española de manera permanente, podrían alcanzar el nivel del PIB per capita de España dentro de medio siglo. Este precio habrá sido el que hayan pagado por haber puesto su fe en el esperpento nacionalista.

El sabor de la infamia
José Luis Manzanares www.republica.com  8 Enero 2014

Seguimos sin querer enterarnos. La reciente reunión de antiguos presos etarras, celebrada en el antiguo matadero de Durango, sería para buena parte de nuestros medios de comunicación, y también para la opinión pública, una vergüenza y una nueva afrenta a las víctimas del terrorismo. Y los culpables, un fiscal y un juez de la Audiencia Nacional, tienen nombre y apellidos. Así, cargando contra ellos, eludimos el examen de conciencia sobre las verdaderas causas de este, sin duda, bochornoso espectáculo.

La función de los jueces de lo penal es juzgar y hacer ejecutar lo juzgado, como se lee en el artículo 117.3 de la Constitución. No les corresponde anticiparse a la posible comisión de delitos aún no cometidos y sin relación con unas diligencias ya en curso. Ocurre, además, que tampoco parece que los reunidos hayan incurrido en un elogio del terrorismo por no pedir perdón a las víctimas. Al menos, según la opinión del propio Fiscal General del Estado y, en todo caso, ahí está la acción popular a disposición de quien desee ejercitarla.

Hay que reconocer sin ambages que sufrimos las consecuencias de la lamentable legislación en vigor al realizarse los hechos. Los brindis al sol del acomplejado progresismo español de aquellos años nos presenta la factura cuando ya no hay remedio. Nos pasó antes con la escandalosa excarcelación de asesinos en serie, que trató de evitar “in extremis” la muy endeble doctrina Parot. Ahora, lo inimaginable en países tan democráticos como el Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Austria y un largo etcétera, que nunca hicieron ascos a la prisión perpetua revisable con gobiernos de izquierdas o de derechas, es una triste realidad en España. Sencillamente, porque así lo quisieron nuestros representantes políticos.

Pocas personas se atrevieron a pedir en su día que hubiera al menos un internamiento de seguridad para los asesinos que, una vez cumplida la pena, siguiesen siendo un peligro público. Nadie reparó en que las penas accesorias de inhabilitación o suspensión de cargo público o del derecho de sufragio pasivo se extinguen al mismo tiempo que la principal. Y nadie, entre los responsables de estas excarcelaciones, deberá indignarse cuando estos asesinos se instalen próximamente en las instituciones del País Vasco.

Hemos hecho tan mal las cosas que todavía están por llegar los peores efectos de esta irresponsable política criminal frente al terrorismo. Josu Ternera, buscado por la justicia desde hace años (o quizás no buscado siquiera), fue algo así como delegado para la defensa de los derechos humanos en el Parlamento de Vitoria. Otegui, después de todo sin sangre en las manos, tiene ante sí un prometedor horizonte. Pero hay mucha más gente en la lista de espera.

No. Los culpables de lo que está sucediendo no son un fiscal y un juez, sino quienes no previnieron lo que algún día habría de ocurrir o, peor aún, siguieron adelante porque ese era precisamente su deseo. Las hipócritas disculpas a destiempo no hacen sino acentuar la sensación de asco. Las vergonzosas excarcelaciones de De Juana Chaos y Bolinaga, ambas perfectamente evitables incluso dentro de la normativa vigente, sólo fueron un aperitivo. Y se acordaron ayer mismo, so pretexto de una mala salud que el tiempo transcurrido desde entonces ha puesto en evidencia.

De 1914 a 2014: por qué el nacionalismo sigue en auge
http://carlosmartinezgorriaran.net 8 Enero 2014

La I Guerra Mundial y su significado es uno de los temas de este año. Como diría Deng Xiaoping, es algo demasiado cercano al presente para comprender a fondo todos sus efectos. Se insistirá, como es natural, en el mundo que barrió aquella guerra, la belle-époque de los Imperios europeos en manos de pequeñas y endogámicas élites de aristócratas, políticos, académicos, financieros e industriales y, por descontado, en las enormes heridas que la conflagración dejó y causaron la Segunda Guerra Mundial tan sólo 21 años después del fin de la Primera.

Lo que sigue vivo y activo de la crisis de 1914
Pero no se trata sólo del pasado: cien años después siguen vivas y coleando algunas de las fuerzas que desataron la gran masacre, en particular el nacionalismo. Algo que merece una reflexión, porque otras fuerzas políticas importantes de la época, entonces protagonistas o emergentes, han pasado a segunda fila o al zoo de las ideas muertas o en extinción, caso del liberalismo clásico, la teocracia, el anarquismo y el marxismo-leninismo.

En cambio, el nacionalismo experimenta un auge renovado en sus diversas formas, y no sólo en España, sino en muchos países de la Unión Europea y del resto del mundo, como Rusia, Irán, China o Japón. Así que el centenario requiere una reflexión sobre la activa longevidad de esa ideología populista tan incongruente con la democracia moderna -que se basa en los ciudadanos individuales y no en “pueblos”-, y tan proclive a la violencia, al fanatismo y a la irracionalidad. El estallido de la I Guerra, que casi nadie quería y precipitaron nacionalismos en lucha, fue un efecto y una demostración de estos vicios.

La perduración del nacionalismo demuestra que los progresos tecnológicos y económicos, de civilización y sociedad, no conllevan necesariamente cambios ideológicos o de mentalidad congruentes en la mayoría social. Hoy sabemos, o podemos saber, muchísimo más del resto del mundo de lo que sabía una persona bien informada en 1914, pero eso no ha mejorado proporcionalmente la comprensión, la empatía ni la cohesión entre las diferentes comunidades políticas y sociales. La xenofobia, el racismo y el miedo al otro siguen a la orden del día, y esas son las pasiones negativas de que se alimenta el nacionalismo y que él mismo extiende.

En realidad, la experiencia histórica muestra que nada cambia más lentamente que la mentalidad. Muchos cambios políticos son efímeros y reversibles cuando son rápidos (es decir, revolucionarios). Pensemos por ejemplo en el hundimiento del sistema soviético nacido de la revolución de octubre surgida, a su vez, de la Gran Guerra del 14. En Rusia ha renacido el nacionalismo paneslavo (si es que desapareció alguna vez), su gran aliado la Iglesia ortodoxa, y el capitalismo opaco bajo control del poder político.

La olvidada tragedia de Yugoslavia (1914-1991)
¿Y Yugoslavia? La aspiración a crear ese Estado de los Eslavos del Sur fue causa directa del estallido de la guerra en 1914. El famoso asesinato en Sarajevo del heredero austrohúngaro por un terrorista pro-yugoslavo provocó que Austria-Hungría intentara eliminar al pequeño reino de Serbia. Paradójicamente, fue el Imperio quien desapareció mientras Serbia devenía Yugoslavia. Pero su historia, azarosa y violenta, resultó de las más breves de Europa: desapareció en una orgía de sangre y odio étnico, atizado por los nacionalistas herederos del comunismo de Tito, entre 1991 y 2003.

Donde había un Estado, Yugoslavia, hoy hay nada menos que nueve entes políticos, algunos residuales como los tres que componen Bosnia-Herzegovina y otros pendientes de reconocimiento internacional, como Kosovo. Pero lo más absurdo de la tragedia yugoslava es que ahora todos los restos de su violenta disolución aspiran a ser admitidas en la UE, siguiendo a Eslovenia y Croacia. Cuando lo logren, volverán a suprimirse las fronteras entre ellos, y tendrán un montón de leyes e instituciones comunes… como antes de 1991 pero decididas en Bruselas. ¿Hizo falta tanta masacre para esto? ¿Y no estaremos comprometiendo el futuro de Europa aceptando como natural esa partenogénesis sangrienta de nuevos mini Estados?

La paradoja yugoslava, destruir un país para luego recomponerlo dentro de la Unión Europea, conduce irremisiblemente a lo que vivimos en España: la pretensión de los nacionalismos catalán y también vasco -y con menor fuerza de los epígonos gallegos y otros- de someternos a una versión, dicen que pacífica, del desmembramiento yugoslavo. En efecto, el proyecto de unos y otros es, de creerles, separar amistosamente Cataluña y Euskadi de España para luego reencontrarse felizmente en el seno de la Unión Europea, si esta consistiera… (pretensión que niegan los Tratados, pero que apoya lo sucedido con las repúblicas exyugoslavas, aunque de esto no se hable mucho).

Al nacionalismo en general le beneficia, y mucho, la tendencia humana al gregarismo, la xenofobia, el narcisismo colectivo… y el olvido. Esto último es lo que hace tan importante a la historia, también como investigación y restauración verídica de la manipulada memoria colectiva. Europa no debería olvidar tan pronto la tragedia yugoslava y su absurdo desenlace, porque hacerlo alienta a quienes quieren imitarla en España y otros Estados europeos aunque, como siempre dicen, renieguen de la violencia.

El nacionalismo y las crisis
La manipulación y el olvido permiten al nacionalismo no sólo perpetuarse en sociedades consideradas modernas (en el sentido de ser ajenas a tribalismos de cualquier clase), como entre nosotros la catalana o la vasca, sino también apoderarse del poder cuando esas sociedades pasan profundas crisis políticas, económicas y sociales. Lo hizo el fascismo en la Italia de los años veinte, y su variedad nazi en la Alemania de los treinta; la crisis de entonces arraigaba en la reciente Gran Guerra. En 1939, en toda Europa sólo quedaban vivas -y algunas muy debilitadas, como la propia Francia- doce democracias parlamentarias (si cuento bien). Pese a la suposición de que la victoria aliada habría sido una victoria de la democracia, los que sacaron mejor partido de la conflagración, y de sus enormes frustraciones, fueron los totalitarismos.

El nacionalismo es la ideología que mejor explota en su propio beneficio las crisis históricas. Su receta de prometer soluciones culpando a los vecinos y extranjeros de los problemas propios tiene éxito casi garantizado. Sin duda España atraviesa una de estas crisis, igual que Europa en general, y eso explica en parte su auge como factor y síntoma de la crisis pues, además de expresarlas, el nacionalismo aumenta las fuerzas centrífugas y etnicistas favorables a la desintegración de Estados históricos y contrarias a la integración de Europa en un Estado de nuevo tipo.

Pero la crisis es una condición necesaria pero no suficiente del auge nacionalista. Igual de importantes son la actitud de las élites y el funcionamiento de las instituciones. Si las élites cuestionadas por aquélla, y por su corrupción y mala gestión, se refugian en el nacionalismo, como es el caso en Cataluña, es evidente lo que sucede. Y si las instituciones políticas, judiciales, económicas, sociales, educativas etc., fallan en su obligación de hacer que la democracia funcione (que las leyes se cumplan o se cambien, que los derechos individuales básicos estén garantizados, que haya separación de poderes, etc.), quedan servidos el auge del nacionalismo y la decadencia de la democracia, como consecuencia de la regresión del pluralismo y la instauración del espíritu de rebaño. Si cultura y periodismo se venden en masa al nacionalismo, el resultado es el silenciamiento de la disidencia y la unanimidad de la “construcción nacional”. En 1914 pasó todo esto, y el resultado fue la Gran Matanza inaugural de una larga serie de ellas. Para tenerlo muy en cuenta.

Paz, vida, libertad
Fernando Savater El Pais  8 Enero 2014

Según Paul Valéry, hay palabras que cantan más que hablan. En español actual, diríamos también que "dan el cante" cuando se las utiliza en ciertos contextos retóricos. Sirven para abrumar de indignidad al adversario y así ahorrarse argumentaciones más detalladas y menos facilonas. Por ejemplo, el uso de "vida" por los contrarios a una ley de plazos del aborto o incluso a cualquier regulación legal del mismo: ellos son "pro-vida" y se preguntan con autocomplaciente asombro "cómo puede ser progresista estar en contra de la vida". Queda implícito que los demás son abogados de la muerte, la cual por cierto es parte inseparable de la vida.

Defender la vida (así, sin más) es como defender la ley de la gravedad, una apuesta segura pero innecesaria porque ambas funcionan muy bien sin nuestro apoyo. Cosa distinta y menos simplona es defender la vida humana, o sea aquello que hace humana a la vida más allá del puro ciclo biológico, para lo cual hay que considerar variables como el gradual desarrollo del embrión, la libertad de elección materna, la existencia eventual de malformaciones que convierten la vida en calvario, etc…. La legislación es progresista cuando calibra y abre opciones, no cuando impone dogmas o se atiene al mero formalismo. Léase por ejemplo Podemos hacer más (ed. Pasos Perdidos) de Manuel Atienza, sobre otra forma de pensar el Derecho.

Hay otras palabras "cantarinas". En Euskadi, se emplea "paz" ("plan de paz", "proceso de paz") como aval de una política para abreviar cuanto se pueda las condenas de los etarras y patentar un relato edificante en el que todos somos algo culpables y los verdugos perdonan a las víctimas tanto como éstas a aquellos. Quienes se niegan a este enjuague están contra la paz o son tibios en buscarla, luego implícitamente pertenecen al orbe de la guerra aunque nunca hayan puesto bombas ni apuntillado con tiros en la nuca. Los reproches a ETA porque no acaba de dejar las armas se equilibran con otros al Gobierno por su "inmovilismo", es decir porque no cambia la política penitenciaria para otorgar beneficios políticos a presos que no lo son pero creen serlo. Cuando ambos se muevan, aquí paz y después gloria. Aunque la gloria de unos sea celestial y la de los otros municipal o parlamentaria…

Y por último la gran palabra musical, "libertad". En Cataluña, suena a todas horas el himno de los esclavos de Nabucco. Aunque a simple vista sea difícil percibirlo, se trata de un pueblo oprimido al que los próceres nacionalistas han decidido liberar. ¿Quién puede ser tan vil y autoritario como para oponerse a la libertad? ¿La ley? Pero el derecho a decidir democrático está por encima de la ley, según acaban de descubrir algunos sabios. Es el derecho a decidir quién puede decidir y quién no, que crea compartimentos estancos entre los ciudadanos de un mismo país o sea que toma como punto de partida lo mismo que propone como meta de llegada. En eso consiste para ellos la Libertad, que como la Vida y la Paz ya no son conceptos discutibles, sino trompeteo para acallar las argumentaciones molestas. Aclamaciones y sinrazones: ¡vuelven los vivas de rigor!


Galicia La Xunta tiene en su estructura orgánica 150 cargos de confianza
La reducción de consellerías ha rebajado 84 puestos respecto al bipartito
Serafín Lorenzo. Santiago. La Voz   8 Enero 2014

La profunda reestructuración emprendida por Feijoo en el organigrama de la Xunta desde su llegada en el 2009, con la reducción del número de consellerías y direcciones generales, ha aligerado también la nómina de asesores y cargos de confianza, la mayoría de perfil técnico. En la actualidad, el Ejecutivo gallego cuenta, según sus propias cifras, con 150 personas contratadas como personal eventual, 84 menos que a finales del 2008, en el último tramo del bipartito.

Aunque los datos extraídos de la intranet de la Xunta rebajan algo más el censo que Función Pública trasladó al Parlamento en abril. En ese listado figuran 153 puestos, pero solo 143 están asignados. De estos, 16 corresponden a cargos de libre designación: cinco directores generales, seis secretarios generales y cinco delegados territoriales. Descontados esos puestos, el grueso del personal de confianza se concentra en los gabinetes de Presidencia y de Vicepresidencia, con 52. Feijoo tiene a su servicio 32, distribuidos entre Dirección Xeral de Gabinete (8), Dirección Xeral de Comunicación y Gabinete de Estudo dos Recursos da Comunicación (15), Secretaría Xeral de Emigración (4), Secretaría Xeral para o Deporte (2) y Axencia de Turismo de Galicia (3). La Vicepresidencia, que dirige Alfonso Rueda, y que aglutina también la Consellería de Presidencia, cuenta con 20 puestos cubiertos: 9 en el Gabinete do Vicepresidente e Conselleiro, uno en la Dirección Xeral de Relacións Exteriores, otro en la Secretaría Xeral de Igualdade, y 9 repartidos entre las cinco delegaciones territoriales de la Xunta.

Otros 75 eventuales están bajo el paraguas de siete consellerías. La más concurrida es la de Cultura e Educación, que desde enero del 2012 comparten cartera. El departamento de Jesús Vázquez tiene a su servicio 17 cargos de confianza. Medio Ambiente (que aglutina las competencias que en el bipartito correspondían a Medio Ambiente, Política Territorial y Vivenda) tiene 12, y Medio Rural e Mar (fusionadas también en la reordenación) tiene 13. Traballo e Benestar (también desagregadas con el bipartito) cuenta con 11; Economía e Industria (en la etapa anterior, dos consellerías), con 9; Sanidade, con 8, y Facenda, con 5. A estos puestos hay que sumar 10 más en los que la intranet no identifica ocupantes.

El personal eventual está integrado por trabajadores no permanentes que son nombrados de forma discrecional para prestar servicios de asesoramiento.

Costes un 32 % inferiores
La reducción progresiva del personal de confianza de la Xunta tiene su reflejo en un recorte del gasto. Las nóminas de esos trabajadores suponen este año 4,78 millones de euros, de acuerdo con la previsión presupuestaria. Es una rebaja de 2,3 millones sobre el gasto que esos contratos sumaban en el 2009 (7,08 millones), que equivale a una reducción del 32 % sobre la etapa del bipartito. La mayor reducción se gestó en el primer año de Gobierno de Feijoo, cuando bajó en 1,5 millones. En cambio, desde el 2010 (5,5 millones) el presupuesto para cargos de confianza solo se ha rebajado en algo más de 700.000 euros.

En el 2013, ese gasto se recortó en 520.000 euros respecto al 2012. Pero la minoración no se traslada por igual a todos los departamentos. En alguno se ha registrado incluso un incremento. Es el caso de Vicepresidencia, cuyo presupuesto para pagar las nóminas del personal de confianza aumentó en 26.000 euros. El departamento de Alfonso Rueda (710.728 euros) y los que quedan bajo la dependencia directa del presidente de la Xunta (1,65 millones) son los que tienen una asignación más elevada para asesores.

Entre el resto de las consellerías, el mayor gasto corresponde a la de Cultura e Educación (461.652 euros), a pesar de que ha aplicado un recorte de 233.000 respecto al 2012. La siguen las de Medio Ambiente (454.836 euros), Medio Rural e Mar (392.232), Traballo e Benestar (375.872), Facenda (295.290), Economía e Industria (244.922) y Sanidade (228.590).

Conforme a la negociación política que había mantenido la banda terrorista con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero
Presos de ETA informaron en 2010 a sus familiares de que en un máximo de cinco años la mayor parte de ellos estaría en libertad
Redacción. latribunadelpaisvasco.com  8 Enero 2014

Según documentos de Instituciones Penitenciarias a los que ha tenido acceso La Tribuna del País Vasco, a lo largo del año 2010 numerosos presos etarras transmitieron a sus familiares y a sus más directos allegados una consigna clara: la negociación entre ETA-Batasuna y el Gobierno entonces en manos de José Luis Rodríguez Zapatero estaba dando sus frutos y el Ejecutivo socialista había garantizado ya la legalización del “brazo político” de la organización criminal, su apoyo a la derogación de la “doctrina Parot” y su compromiso con un importante proceso de flexibilización penitenciaria que acabaría alumbrando algo muy parecido a una amnistía general para los autores materiales de varios cientos de asesinatos.

De hecho, por aquellos años y a pesar de lo que habitualmente se cree, el Colectivo de Presos vascos (EPPK) ya había dejado de representar al sector más duro e inmobilista de ETA y se había posicionado a favor de las nuevas tesis más posibilistas defendidas por Arnaldo Otegi. Para ello, el EPPK había elaborado una hoja de ruta que describía, casi punto por punto, los diversos acontecimientos que han jalonado durante los últimos años lo que hoy algunos definen como el “proceso de paz”.

A tenor de la documentación que obra en poder de La Tribuna del País Vasco, ya a comienzos de 2010 algunos de los principales representantes del EPPK manejaban un ofrecimiento de redención de penas, planteado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a través de Jesús Eguiguren, que en el caso de que la banda terrorista ETA abandonara definitivamente las armas contemplaba un progresivo acercamiento de presos etarras a cárceles vascas, la puesta en libertad de numerosos terroristas sin delitos de sangre y un calendario aproximado de excarcelaciones que preveía que, incluso los asesinos de ETA con más crímenes a sus espaldas, pudieran estar en libertad, a más tardar, en 2015.

Tan adelantado se encontraba ya en 2010 el borrador de posibles excarcelaciones que el propio EPPK ya había realizado una estimación de futuro sobre cómo podían ir las cosas y había calculado que apenas el 5% de los terroristas de ETA permanecerían en la cárcel en 2020.

Durante sus últimos meses de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero cumplió a rajatabla sus compromisos y procedió al excarcelamiento de presos, al acercamiento de reclusos a prisiones próximas a Euskadi y a la potenciación de la conocida como “vía Nanclares”. Posteriormente, y hasta la fecha, el Gobierno de Mariano Rajoy, por omisión, ha dado por bueno lo que su antecesor firmó. Y los plazos que el EPPK barajaba ya en 2010, se siguen cumpliendo. En 2015, apenas una treintena de presos de ETA continuarán en prisión.

El etarra Mikel Albizu Iriarte (“Mikel Antza”), que fue detenido en 2004 junto a su pareja, la etarra Soledad Iparragirre “Anboto”, hoy convertida en portavoz del EPPK, tenía en su poder una proyección de cómo podía desarrollarse el fin de ETA y auguraba para 2012 la llegada de una amnistía general para todos los presos de la organización terrorista. “Antza” no se equivocó demasiado.


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