AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 15  Enero  2014

Una nueva voz para regenerar el sistema
EDITORIAL Libertad Digital 15 Enero 2014

Desde Libertad Digital queremos dar la más cordial bienvenida a la vida política nacional a Vox, el partido que abanderan Santiago Abascal, José Antonio Ortega Lara, Ana Velasco, Ignacio Camuñas y una relación de nuevos nombres procedentes de diversos movimientos cívicos que tratan de ofrecer una alternativa desde el centroderecha y de abajo arriba.

Que un símbolo de la resistencia democrática a la barbarie terrorista como Ortega Lara considere necesario enfrentarse políticamente a los dos grandes partidos, en uno de los cuales militó durante años, es una prueba harto elocuente de la grave crisis de representación que padece el país. En cualquier otro, un héroe y un emblema de las libertades como Ortega Lara sería puesto por cualquier formación como ejemplo de fidelidad a los principios que deben articular la convivencia democrática. Aquí, sin embargo, es precisamente la falta de fidelidad a esos principios y la carencia de democracia interna en los partidos lo que hacen que personas como Ortega Lara sean vistas como obstáculos o lastres.

Lejos de ser un medio de canalizar de abajo arriba las demandas ciudadanas, los dos grandes partidos se han convertido en enormes organismos burocráticos que sólo se mueven al dictado de unas élites a las que sólo parece importar la poltrona, por la que están dispuestos a sacrificar las ideas propias y hasta las mismas reglas del juego. Denuncian la corrupción del contrario no para regenerar el sistema, sino para tapar la propia. Lejos de respetar los contrapesos que limitan el ejercicio del poder en los regímenes democráticos dignos de tal nombre, aquí los grandes partidos se alían para controlar el Poder Judicial, debilitar la sociedad civil y someter los medios de comunicación.

Este estado de cosas no sólo debilita el sistema sino que perjudica a la Nación en esta hora decisiva, con los nacionalismos en plena ofensiva secesionista. Y mientas, como dice Ortega Lara, el PSOE propugna un federalismo asimétrico que generaría "ciudadanos de primera y de segunda clase", el PP de Rajoy se encuentra “perdido en el limbo de las taifas” y se comporta ante los separatistas como “la gacela reclamando consenso al león”.

No menos preocupante es el acuerdo a favor de un degradante proceso de apaciguamiento con el terrorismo que afrenta la memoria, la dignidad y la justicia de las víctimas de ETA tanto como da esperanza a los asesinos de conseguir, además de impunidad, aquellos objetivos políticos por los que durante tanto tiempo se han manchado las manos de sangre.

Aunque en otros ámbitos ideológicos ya hayan surgido otras formaciones, como UPyD y Ciudadanos, con semejantes propósitos regeneracionistas, ya habrá tiempo de analizar posibles convergencias y tratar de evitar el riesgo de dispersión del legítimo y cada vez más extendido descontento para con el statu quo. Lo importante ahora, sin embargo, es que haya gente que no mire para otro lado sino que haga frente con propuestas concretas a la profunda crisis institucional, económica y nacional que padecemos.

El Estado insaciable
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 15 Enero 2014

Todos los que nos dejamos la piel durante el zapaterato para que llegara al poder la alternativa con mayoría absoluta, nos sentimos estafados.

La salida de la actual recesión pasa en España, entre otras medidas, por una reducción de los costes laborales. En consonancia con esta necesidad, nuestro país ha experimentado en los últimos años una notable contención de los salarios y también por ello el Partido Popular se comprometió en su programa electoral de 2011 a bajar un punto por año las cargas sociales. Sin embargo, el Gobierno ha hecho exactamente lo contrario. Su decisión de incluir en la base de cotización conceptos correspondientes a retribuciones en especie que estaban exentos va a provocar un incremento de las contribuciones a la Seguridad Social de trabajadores y empresarios con efectos muy negativos. Por una parte, se producirá una disminución de los sueldos de los asalariados que puede oscilar, según los casos, entre un centenar y varios miles de euros al año y, por otra, las empresas verán sus cuentas de resultados deterioradas en cuantías mucho mayores porque su aportación es un factor cuatro veces superior a la de los trabajadores. Como es natural, la contratación quedará seriamente desincentivada, así como el consumo y la inversión.

La pregunta que surge de inmediato es: ¿Cuál es la razón de tan infausta operación, que ha sido unánimemente criticada por las organizaciones empresariales, los sindicatos y los expertos? Pues muy sencillo, la obsesión recaudadora de un Gobierno que sistemáticamente desde que empezó su andadura cada vez que ha debido elegir entre rebajar de verdad el gasto de las Administraciones o esquilmar al sufrido contribuyente, se ha inclinado por la peor opción. La cantidad máxima que podrá rebañar extendiendo el ámbito retributivo sujeto a cotización se calcula en unos mil millones de euros anuales, mientras que las consecuencias adversas en la actividad económicas en general serán muy superiores. Todos los que nos dejamos la piel durante el zapaterato para que llegara al poder la alternativa con mayoría absoluta, nos sentimos estafados. Tanto esfuerzo y tanto riesgo para librarnos del dogal socialista y seguimos empantanados en la voracidad de un Estado que nos arruina. La única ventaja de que te engañen es que aprendes la lección y no dejas que te vuelva a suceder. Yo, por lo menos, lo tengo claro. Y por lo que oigo y lo que leo, no soy el único.

La paradoja de la autodeterminación
http://blogs.uab.cat/nogueraelfilodelapipa  15 Enero 2014

El llamado derecho de autodeterminación de los pueblos (o “derecho a decidir”, como eufemísticamente se le califica hoy en Cataluña) puede o no ser razonable y aceptable. No es mi intención aquí discutirlo, ni expresar acuerdo o desacuerdo con el mismo. Más bien, lo que pretendo es dejar constancia de una perplejidad puramente intelectual que siempre me ha producido el pensar sobre ese derecho durante más de diez minutos seguidos.

Mi perplejidad se basa en lo que, creo, es una paradoja inherente a la idea de una autodeterminación colectiva. Por un lado, hay algo intuitivamente atractivo en la idea de que “un pueblo tenga derecho a decidir su futuro” y autodeterminarse como tal, a auto-constituirse en comunidad política y organizarse como libremente elija. Del mismo modo que los individuos adultos tienen derecho a la autonomía y la autodeterminación en cualquier sociedad civilizada, mientras no agredan la de los demás, así también las colectividades deberían tenerlo. Es difícil negar que esta idea conecta con algunas de nuestras intuiciones morales básicas. Pocos de nosotros apoyaríamos o creeríamos justificable que a los pueblos se les pueda obligar contra su voluntad a formar parte de una comunidad en la que no quieren estar, igual que a una persona no se le puede obligar a formar parte de un club o de una iglesia a la que no quiere pertenecer, ni casarla sin su consentimiento.

La fuerza moral de este ideal es considerable: incluso quienes son contrarios al ejercicio de este derecho en casos concretos, como el de Cataluña o el País Vasco, no lo son porque nieguen este principio como tal, sino porque, una de dos, o creen que la autodeterminación relevante ya se ha producido cuando “se ha pronunciado el pueblo español” (esto es, la discrepancia es sobre quién es el sujeto relevante para autodeterminarse, no sobre el derecho a la autodeterminación), o creen que no hay demanda mayoritaria real de autodeterminarse en esos casos (esto es, la discrepancia es sobre cuánta gente en esos territorios considera que son un sujeto legítimo de autodeterminación). Hasta los nazis, cuando se anexionaron Austria por la fuerza, se sintieron obligados a convocar un referéndum sobre la anexión (por supuesto, de pega: se debía votar a papeleta abierta delante de un oficial de las SS). Por tanto, el principio no se suele cuestionar en público (los pueblos tienen derecho a la autodeterminación); lo que se discute es, en todo caso, si se dan sus condiciones de aplicación.

La paradoja se da porque un principio que parece intuitivamente aceptable se vuelve intratable cuando se intenta aplicar. Pues ¿quién es el sujeto del derecho de autodeterminación? Un colectivo, una comunidad. ¿Y cuál es el objeto de ese derecho? Precisamente, el constituirse (o no) como colectivo, como comunidad política. He aquí, evidente, el problema, de resonancias hegelianas: ¿cómo es posible que un sujeto ejerza legítimamente un derecho cuyo objeto es constituirse a sí mismo como sujeto legítimo? ¿Cómo puede un sujeto político existir antes de su propia auto-constitución? ¿Cómo saber quiénes son los miembros del colectivo que deben participar en la decisión colectiva de si son o no un colectivo? Parece clara la paradoja: a diferencia de lo que ocurre con un individuo, cuya individualidad física y psíquica viene constituida biológicamente, para que un colectivo se autodetermine tiene que presuponerse precisamente aquello que es el objetivo de la decisión de autodeterminación: que es un colectivo político legítimo.

Esto no es sólo una argucia filosófica, o una cuestión abstracta y especulativa. Es un problema práctico. Supongamos que un colectivo C plantea una demanda de “autodeterminación” mediante la celebración de un referéndum. Ahora bien: ¿quién votará en ese referéndum? Para establecerlo hay que decidir, implícita o explícitamente, y previamente a cualquier votación (salvo que entremos en una regresión de votaciones ad infinitum), cuáles son los límites de la comunidad C, esto es, algún criterio de pertenencia a esa comunidad, sea la residencia en un territorio, el origen, la lengua, etc. Decidiendo eso ya estamos pre-decidiendo precisamente lo que es el objeto de la decisión de autodeterminación: que quienes comparten ese rasgo constituyen una comunidad legítima de decisión colectiva. ¿Por qué los españoles y los franceses tienen derecho a la autodeterminación, pero no los catalanes? ¿Por qué los catalanes sí, pero no los extremeños, los habitantes de Badalona o de la Vall d’Aran? En cualquiera de los casos, de algún modo se ha pre-decidido que esas son (o no) comunidades de decisión legítimas, aunque sea para poder decidir si son comunidades de decisión legítimas. Con diferentes criterios de delimitación del colectivo que se deba autodeterminar, las decisiones de autodeterminación que se acaben tomando pueden ser muy distintas.

En suma, defender la autodeterminación democrática de un colectivo implica aceptar que hay una legitimidad “de inicio” no democrática o pre-democrática que permite identificar y constituir a ese colectivo como tal (y obsérvese que las apelaciones a “la cultura” o “la lengua” comunes no funcionan porque nunca coinciden con el censo electoral que se reclama, que habitualmente corresponde sin más a los residentes en un determinado territorio). Es inevitable concluir, entonces, que cualquier acto fundacional de soberanía es una decisión arbitraria que pudo ser de otro modo y delimitar una colectividad diferente. Tan arbitrario es el pueblo catalán como depositario de la soberanía como el español. Si un acto arbitrario puede determinar la soberanía del “pueblo español”, otro acto arbitrario puede determinar la del “pueblo catalán” o la del “pueblo aranés”. La soberanía es un concepto tramposo que esconde lo realmente existente: las relaciones de poder entre colectivos y la inercia de determinados acontecimientos pasados. Los políticos de uno y otro signo, por tanto, se comportan como gurús o brujos al usar como comodín y arma política lo que no es más que un residuo metafísico.

Esta es la paradoja, y no veo cómo salir de ella. Que sea una paradoja significa que es un problema, porque a un tiempo vemos que el derecho es razonable y que no lo es. No estoy argumentando que esto es una razón para rechazar las pretensiones de quienes defiendan “el derecho de autodeterminación” en un caso histórico concreto, como pueda ser el catalán actualmente. Estoy diciendo que, tanto desde un punto de vista lógico como práctico, ese derecho se niega a sí mismo, porque querer ejercerlo implica predecidir de forma no “autodeterminista” quienes son los sujetos-objetos de la autodeterminación. A diferencia de lo que ocurre con otras materias de decisión colectiva (como, por ejemplo, el sistema de pensiones o la moneda), en el caso que nos ocupa decidir quién puede votar es decidir quiénes son miembros de la comunidad política cuya posible constitución es el objeto del voto. Dicho de otro modo, es decidir la cuestión ya antes de votar. En suma, no hay manera democrática de definir comunidades políticas o de establecer fronteras entre las mismas: por mucho que se vote, una decisión previa al respecto ya se debe haber tomado de forma no democrática.

Los partidarios de una u otra posición en el debate soberanista actual en nuestro país no deberían, sin embargo, apresurarse a extraer conclusiones de este argumento. Por ejemplo, quienes hoy defienden que en una hipotética consulta catalana “deberían decidir todos los españoles” no están menos afectados por la paradoja que quienes creen que sólo deberían votar los catalanes, pues la existencia de esa supuesta comunidad legítima (“los españoles”) también fue pre-decidida no democráticamente en su momento. Por otro lado, lo que muestra la paradoja es que, desde el punto de vista de la constitución del colectivo relevante, tan arbitraria sería una independencia votada en referéndum como una declaración unilateral de independencia por parte de un gobierno o parlamento.

Al final lo que cuenta son los hechos consumados: jurídica y políticamente, las fronteras administrativas ya existentes de la actual Comunidad Autónoma catalana, nacida de las cuatro provincias españolas pre-existentes, son las que “contarían como” fronteras de una hipotética Cataluña independiente. Nadie, ni los nacionalistas españoles, duda tal cosa. Así que todos están admitiendo que el criterio de pertenencia a la comunidad relevante (la ”nación catalana”, en este caso) tiene su origen en una división administrativa provincial establecida en 1833 bajo la regencia de…. María Cristina de Borbón. Cosas de la inercia histórica.

Barcino, capital de Hispania
joan carles valero ABC Cataluña 15 Enero 2014

La deformación de la historia y su empleo para justificar actitudes del presente llega al delirio en la multimillonaria celebración del tricentenario de 1714

Ejercer el propio pensamiento es la peor de las disidencias en el tramontano coro nacionalista que sólo acepta la diversidad en los otros, pero nunca entre «nosaltres». Al hispanista John Elliot le preocupó que un universitario barcelonés, de historia para más inri, creyera que la Guerra Civil fue una guerra de España contra Cataluña. La deformación de la historia y su empleo para justificar actitudes del presente llega al delirio en la multimillonaria celebración del tricentenario de 1714, después de un simposio presuntamente docto bajo el mantra «España contra Cataluña». Me entristece que esa visión tergiversadora arruine el ingente trabajo que durante toda su vida hizo Vicens Vives para desmitificar la historiografía romántica catalana y evitar el constante agravio que la domina. Pero el reduccionismo ha anidado, no sólo entre los jóvenes que han aprendido una historia deformada de Cataluña que no conecta con la de otras partes de España. También esa visión defectuosa, falsa, la sostienen académicos y personas de «seny» a los que enajena unos sentimientos que les hacen ver pajas en el ojo hispano sin reconocer lo trenzada de nuestra historia común.

Evitar ese reduccionismo y contribuir a la revitalización humanista de la sociedad, es lo que ha movido a ABC a emprender una serie que, bajo el título «Cataluña en España, una historia común», no pretende más que ejercer el periodismo. Y lo hemos hecho acudiendo a los hechos mediante la historiografía científica, de la mano de estudiosos como Eduardo Escartín y Ramón Baiget. Arrancamos el pasado domingo con una presentación de los doce capítulos que, a partir del 26 de enero, entregaremos a lo largo de 2014 con la idea de evitar que la mala historia siga convirtiéndose en mala la política.

Hay que reconocer el mérito del nacionalismo catalán de haber convertido en notables consecuencias tangibles una fuerza que hasta ahora había sido sólo simbólica. Como simbólico es que hace 1.600 años el rey visigodo Ataúlfo y la reina romana Gala Placidia, hija de un hispano, gobernaran desde Barcino la Hispania independiente del Imperio. Fue la primera piedra de nuestro proyecto común. Su desconocimiento sólo es atribuible a la falta de formación humanística «que ha empobrecido y aislado a una sociedad a la que es urgente sacarla del analfabetismo funcional y simbólico». Un analfabetismo «que deja grandes vacíos en el sistema de referencias personales y colectivas y permite sumisiones y manipulaciones». No lo digo yo, sino 400 intelectuales que han firmado el manifiesto «Unas humanidades con futuro» que mañana entregarán a la consellera Rigau para que la cultura Humanística sea una inversión necesaria en Cataluña.

Abascal presenta Vox: "Jamás cederemos" ni ante ETA ni ante los nacionalistas
Dos de los principales impulsores del nuevo partido, Vox, Santiago Abascal y Ana Velasco, hablan en Es la mañana de Federico.
esRadio Libertad Digital 15 Enero 2014

En su primera entrevista en radio tras anunciar el nacimiento de su nuevo partido, Vox, Santiago Abascal y Ana Velasco Vidal-Abarca han contado en Es la mañana de Federico cómo surgió esta iniciativa nacional con vocación de hacer frente a los dos grandes partidos.

Abascal ha explicado que quieren "contribuir a la regeneración desde el centro derecha de la vida política". Y se ha referido al hecho de que hoy no todos los periódicos lleven la noticia: "Eso tiene que ver" con las consecuencias de "la partitocracia, que llega a todos los rincones y afecta al ciudadano de manera insoportable".

Antes de citar algunos de sus efectos, como la influencia "inaceptable" en los medios, "la elección de los órganos reguladores", y los condicionantes a las asociaciones empresariales o al mundo asociativo, ha dicho que todo ello "se tiene que acabar". "Para regenerar tiene que haber participación política de verdad", ha incidido antes de apuntar que "los partidos son necesarios".
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Contestando a las preguntas de los oyentes de Es la mañana de Federico, Santiago Abascal ha dejado claro que "Vox no es una escisión del PP" porque en sus filas militan ya políticos que pertenecieron a otras formaciones distintas del PP, o figuras como Ana Velasco o Iván Espinosa de los Monteros que no han militado antes en una formación política.
Los ejes de su discurso

En cuanto al nombre, Vox, la nueva formación indica que fue el resultado de su intención de dar "voz y voto" a la gente, a los ciudadanos. Además, planean en un futuro muy cercano atender las propuestas y opiniones de la gente con modernas herramientas que permitan recibir y gestionar todas las aportaciones que los españoles quieran hacer en este partido que se define, "sin complejos" -según algunos miembros del grupo fundacional- de "centro derecha".

Sobre el programa, Abascal ha contado que "vamos a defender con claridad la necesidad de superar el estado autonómico" y que "exista un único parlamento, un único gobierno y un único Tribunal Supremo", es decir, que el Tribunal Constitucional se convierta en una sala del alto tribunal. "Nuestro ideal es que exista una descentralización de base provincial", ha añadido Abascal.

Preguntado por hipotéticos acuerdos con otros partidos, como Ciudadanos y UPyD, Abascal ha indicado que tiene "la mejor opinión" de ambos y que también era así cuando estaba en el PP. "Nosotros nos movemos en el espectro del centro derecha y estoy convencido de que nos encontraremos en el camino" y que "podremos coincidir en ámbitos de regeneración", ha añadido.

Fuentes cercanas a Vox advierten a Libertad Digital y esRadio de que en sólo 24 horas, la incipiente nueva formación ha recibido más de 1.500 adhesiones. En este sentido, Santiago Abascal ha señalado en los micrófonos de Es la mañana de Federico que "me gusta mucho ver la ilusión que está generando" la iniciativa.

Para Abascal, ese respaldo responde a que "en el ámbito del centro derecha hay un sentimiento de orfandad política". Un hueco para el que "nosotros hemos venido a dar respuesta".

En cuanto al cuerpo ideológico que armará esta nueva formación, Santiago Abascal ha dejado algunas ideas claras: "Nosotros jamás cederíamos ante la presión y la violencia" cuando "concurramos con un partido político". Ha dejado claro que "no daríamos un paso atrás, ni en el terrorismo, ni con los nacionalistas, ni en la política económica". Para Abascal y los suyos, "cuando uno concurre con un programa electoral no puede echarse atrás con los violentos".

Por su parte, Ana Velasco Vidal-Abarca ha señalado que Vox tiende la mano a aquellos "millones de personas desconcertados y decepcionados" después de que el PP haya "renunciado" a principios y valores básicos. Por este motivo, "no tenemos ningún miedo" y ahora "nos toca darnos a conocer y explicar cuáles son nuestros proyectos, nuestros compromisos con los ciudadanos y lo vamos a hacer".

En cuanto a polémicas como la reforma de la ley del aborto, Abascal ha apuntado que en éste y otros temas ha habido "debate". Sin adelantar su postura concreta, que concretarán este jueves, ha indicado que su partido considera el aborto como "un fracaso" y no "un derecho". "El Estado no debe dar facilidades para que se produzca", ha dicho.
Un Congreso Nacional antes de marzo

Vox no quiere demorar mucho más la constitución del partido con sus cuadros de dirección y su cuerpo de militancia. Según ha podido saber Libertad Digital y esRadio, Vox convocará un Congreso Nacional antes del mes de marzo, en cuanto esa gran corriente de apoyos que está recibiendo el partido se concrete en militancia política.

En este sentido, Abascal ha dicho en esRadio que "llevaba las últimas semanas trabajando de manera muy intensa en esta iniciativa, una vez que dejé el PP", tras reconocer que "muchas personas me han animado desde hace años a dar este paso".

La presentación oficial, mañana
Este jueves se presentará en Madrid esta nueva formación nacional que nace con vocación de llenar el vacío dejado en relación a valores y principios que muchos ciudadanos españoles no ven representados en las grandes formaciones nacionales. La defensa de España, de la libertad y de las víctimas del terrorismo son algunos de los pilares ideológicos de esta nueva formación, que cuenta con José Antonio Ortega Lara como uno de sus principales fundadores.

En Libertad Digital adelantamos el pasado 5 de enero que este nuevo partido se formaría en "cuestión de días". Entre sus impulsores se encuentran Ignacio Camuñas, José Luis González Quirós, Santiago Abascal, José Antonio Ortega Lara y Ana Velasco Vidal-Abarca. Este jueves se conocerán su ideario y la imagen corporativa.

El alcalde de Lérida responde únicamente en catalán a una vecina que se queja de que el Ayuntamiento excluye el castellano
Alejandro Tercero www.cronicaglobal.com 15 Enero 2014

Una carta de una ciudadana de Lérida, enviada a La Vanguardia, en la que denuncia que el Consistorio no es bilingüe, genera una situación significativa del trato de las Administraciones catalanas hacia los castellanohablantes: Àngel Ros le responde asegurando que el Ayuntamiento "utiliza tanto el catalán como el castellano para atender a la ciudadanía". Curiosamente, y pese a que la vecina eligió el español para trasladar su queja, el alcalde solo le responde en catalán.

El trato que reciben los catalanes castellanohablantes por parte de las administraciones en Cataluña genera situaciones rocambolescas a causa de la obsesión de las autoridades autonómicas, comarcales y municipales por considerar el español como una lengua extraña o foránea.

Como muestra, basta con acudir a la sección de cartas de los lectores de La Vanguardia de este lunes. En ella se recoge la queja de una vecina de Lérida que protesta porque el Ayuntamiento de la localidad excluye el castellano en sus comunicaciones con los ciudadanos, y que esta lengua solo se utiliza "en los impresos para pagar impuestos municipales y en los parquímetros de la zona azul".

En concreto, la contribuyente -en una carta escrita en castellano, tal y como recogen las dos ediciones del diario del Grupo Godó- protesta por el hecho de haber recibido toda la información sobre servicios sociales y teleasistencia para personas mayores únicamente en catalán. "Me ha sido totalmente imposible obtener esa información en castellano", lamenta.

Ros reconoce que la información enviada no es bilingüe
La contestación del alcalde de Lérida, Àngel Ros (PSC), aparece en el diario a continuación. Ros señala que el servicio de teleasistencia -no la información sobre el mismo- se ofrece en las dos lenguas oficiales de Cataluña, puesto que el operador pregunta en qué lengua quiere ser atendido el usuario.

En cuanto a la información enviada, el alcalde reconoce implícitamente que solo está disponible en catalán: "La carta recibida por la gente mayor indica claramente el teléfono 900505060, información imposible de no entender".

Sin embargo, lo más curioso del caso es que, pese a que la vecina hace su reclamación en castellano, el alcade usa únicamente el catalán para responderla y argumentar que el Ayuntamiento "utiliza tanto el catalán como el castellano para atender a la ciudadanía". Una actitud muy significativa.

La Administración debe adaptarse a la lengua del ciudadano sin que este lo pida
En este sentido, cabe recordar que en mayo de 2012 el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) corrigió el Reglamento de Uso de la Lengua Catalana del Ayuntamiento de Barcelona, anulando la preferencia del catalán sobre el castellano.

En esa sentencia, el TSJC advirtió de que "el derecho de preferencia lingüística la ejerce el ciudadano y es la Administración la que debe adaptarse a esta elección", una opción que "no puede quedar sometida a una carga específica", sino que "hay que entender que la exteriorización de la opción lingüística forma parte de la elección misma".

"No son aceptables las cargas de elección [de lengua] que resulten pesadas o que sitúen al ciudadano en una posición violenta o de incomodidad innecesaria. [...] Independientemente de que la Administración actúe inicialmente en una u otra lengua, debe estar atenta a las circunstancias que resultan indicativas de la opción lingüística efectuada por el ciudadano", añade la sentencia.

El TSJC también ordenó que "en los procedimientos incoados a instancia de parte, hay que respetar la elección del ciudadano que se manifiesta en la lengua empleada en la solicitud o el recurso, así como la lengua manifestada en los escritos presentados por el afectado en los procedimientos incoados de oficio, o en la lengua que utiliza oralmente en dirigirse a la Administración o a sus agentes".

Por tanto, concluyó el tribunal, "en todos estos casos, resulta innecesario exigir una opción formal pues se puede deducir claramente una opción implícita del ciudadano en utilizar una u otra lengua en su interlocución con la Administración".

'Seguimos empantanados'
Vidal-Quadras, 'estafado' por el Partido Popular
GACETA.es  15 Enero 2014

El todavía eurodiputado popular carga contra "la voracidad de un Estado que nos arruina".

Alejo Vidal-Quadras, diputado y vicepresidente del Parlamento Europeo, ha cargado contra el PP y ha reconocido "sentirse estafado" por la gestión del Ejecutivo de Mariano Rajoy, que ha hecho "justo lo contrario" a lo que se comprometió en su programa electoral de 2011.

Vidal-Quadras, que asegura "haber aprendido la lección" porque "la ventaja de que te engañen es que no dejas que te vuelva a suceder", ha explicado en su blog Prohibido pisar las flores que la salida de la actual recesión económica en la que se encuentra España pasa por "la reducción de los costes laborales y el descenso de las cargas sociales". "Justo lo contrario a lo que ha hecho este Gobierno", ha aseverado.

Y es que el todavía eurodiputado popular "no entiende" algunas de las medidas tomadas por el Ejecutivo de Rajoy, que han provocado un incremento de las contribuciones a la Seguridad Social con efectos negativos y una disminución de los sueldos de los asalariados. En una entrada en 'Prohibido pisar las flores', su blog en Intereconomía, no se queda ahí y acusa al actual Gobierno de tener "una obsesión recaudadora" desde el comienzo de la legislatura.

"Cuando han tenido que elegir entre rebajar de verdad el gasto de las Administraciones o esquilmar al contribuyente, siempre han elegido la peor opción", ha mantenido. Y es que Vidal-Quadras cree que las consecuencias de esta política económica "son muy negativas" porque los beneficios "son muy reducidos para el daño causado".

La entrada continúa con una dura reflexión, en la que el vicepresidente del Parlamento Europeo alude a los tiempos del Gobierno de Zapatero, y donde reconoce "sentirse estafado" por "habernos dejado la piel para llegar al poder con mayoría absoluta". "Tanto esfuerzo y tanto riesgo para librarnos del dogal socialista y aún seguimos empantanados en la voracidad de un Estado que nos arruina", ha sentenciado.


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La Marca España no gana para sustos
José Luis Manzanares www.republica.com 15 Enero 2014

Hay que echarle valor a la cosa para promocionar la Marca España en la actual situación del país. Cinco millones y medio de parados sin contar a los españoles que han tenido que emigrar o ya no se molestan siquiera en guardar cola. Un altísimo porcentaje de la población juvenil a la espera de un trabajo que no llega. Unos mayores de cuarenta o cincuenta años que se han quedado definitivamente en la cuneta. Una vuelta de ingresos medios a las cifras de hace doce años. Una enorme desconfianza de los españoles en sus gobernantes y en sus instituciones, empezando por la Corona y terminando por esa Administración de Justicia que no da abasto para procesar la corrupción a todos los niveles con nuestros dineros y con los aportados por la Unión Europea. ¿Seguimos?

Pues en eso estábamos cuando, por si lo dicho fuera poco, parece que últimamente nos empeñamos más que nunca en dificultar la propaganda del producto. Un día, el resultado de la subasta para fijar el precio de una de las partidas del recibo de la luz no le gusta al Gobierno. Entonces se anula la subasta, so pretexto de unas posibles anomalías que después no se confirman, aunque el ministro de Industria se empeñe en lo contrario, y en lugar de acordar su repetición se cambian las reglas del juego. Una zigzagueante política que en términos de seguridad jurídica y confianza de los grandes inversores internacionales no contribuye al esplendor de la Marca España. Y eso cuando aún resuenan las quejas por la supresión de ayudas a unas energías renovables desarrolladas en buena parte con capital extranjero.

Otro día el consorcio encabezado por SACYR para la construcción del nuevo Canal de Panamá, una de las obras más importantes del siglo XXI, promocionada incluso con la visita del Príncipe de Asturias al país centroamericano, amenaza con su retirada si no se les abonase rápidamente un sobreprecio del 50%, unos mil seiscientos millones de dólares que ya se comunicaron como dinero efectivo a nuestra Comisión Nacional del Mercado de Valores, lo que no deja de ser insólito.

Aun si se llega a una transacción y los trabajos siguen su curso, la confianza en las empresas españolas habrá sufrido un duro golpe. Digan lo que digan nuestras autoridades, lo ocurrido en Panamá no es una buena noticia para, por ejemplo, la exportación del AVE a Arabia Saudí, a Brasil o a otros países. Semejante episodio pesa más en un platillo de la balanza que, en el otro, mil recuerdos de Cervantes, Goya o Núñez de Balboa.

También tenemos, como una carcoma de la Marca España, la incesante campaña separatista que, dirigida desde la propia Comunidad Autónoma de Cataluña que es parte del Estado, alimentada con dineros públicos y amplificada por unas sedicentes “embajadas”, utiliza el eslogan de ¡España nos roba! Todo un aviso para navegantes fuera de nuestras fronteras. Si robamos a los propios compatriotas, cabe imaginar lo que haremos con los extranjeros si se nos presenta la ocasión.

Luego vendría la pintoresca pero significativa anécdota del discurso del Rey en la Pascua Militar. La lectura de una alocución de sólo cinco minutos fue lamentable porque, según la Casa Real, el atril estaba mal iluminado. Suponiendo que esta explicación fuera cierta -lo que es mucho suponer- habría que preguntarse por la fiabilidad de un país donde algo así puede ocurrir sin que nadie cese o sea cesado de inmediato. Y más a más, como dicen los catalanes, ayer nos encontramos con que una importante operación policial contra los abogados del entorno etarra se anuncia antes desde el propio Ministerio del Interior

Caerse del nogal: la ingenuidad judicial con la marcha de Bilbao
Iván Vélez Cipriano www.lavozlibre.com 15 Enero 2014

Arquitecto e Investigador

El pasado fin de semana, la ciudad de Bilbao fue el escenario de una multitudinaria manifestación que recorrió sus principales vías exhibiendo la habitual parafernalia del secesionismo vasco. La marcha fue posible porque un togado la autorizó condicionando su celebración a que fuera silenciosa. De este modo, el hombre que representaba al tantas veces invocado poder judicial, a menudo acusado de deficitario en lo relativo a su independencia, demostró un elevado grado de ingenuidad que linda con la falsa conciencia, pues ¿qué español en edad adulta podría creer que los adscritos a la vieja coalición PNV-ETA -en sus múltiples e imaginativos logotipos y marcas- se iban a comportar como piadosos observantes de la regla del silencio de alguna procesión de Semana Santa?

Como era previsible, en la manifestación se gritó a voz en cuello por la independencia de Euskal Herria –aspiración común a las facciones participantes- y por el regreso al País Vasco de los etarras que penan por sus atentados contra la nación española –a la que han atacado cometiendo asesinatos y atentados que destrozaron la vida de muchos compatriotas- en cárceles de un resto de España que se pretende, desde el delirio nacionalista fraccionario, yugo de la patria de Aitor.

Así pues, y tirando de la clásica metáfora frutal tan cara a Arzallus y a sus críticos, muchos han sido los periodistas, comentadores y opinadores profesionales al servicio de la prensa del régimen, del que forma parte sustancial el separatismo, que se han caído del nogal al advertir, con fingida sorpresa, pues ya no caben ingenuidades en tal sentido, que el partido de Dios y la Ley Vieja es aliado del de la serpiente y el hacha.

Conviene, no obstante, insistir –a riesgo de que algún fideísta de nuestra democracia coronada pudiera escandalizarse- en que, más allá de las nueces, este conjunto de corrientes políticas que el fundamentalismo democrático permite actuar dentro de la legalidad al precio de comprometer seriamente la existencia de la propia España, pertenecen a la derecha más reaccionaria y primaria, aquella que, espantada por la amenaza del liberalismo decimonónico, hizo acopio de materiales del Romanticismo para tejer una viscosa ideología por la desfilan el racismo y la xenofobia, ingredientes a los que se sumó tardíamente algún componente, convenientemente falsificado y deformado, del marxismo en el momento en que numerosos seminaristas decidieron cambiar la intimidad de la sacristía por criptas criminales llamadas zulos.

De aquella época de dialogante relación entre cristianos y marxistas procede gran parte de la fascinación que el separatismo ejerce sobre numerosos políticos autodenominados 'de izquierdas', algunos de los cuales llevaron hábitos en su piadosa juventud, circunstancia que nos lleva al recientemente conocido dato de que el actual País Vasco, tras el citado trasvase que trocó tonsuras por capuchas, tan condicionado por los delirios del beato carlista Sabino Arana, sufre una grave crisis de vocaciones que casi ha vaciado sus seminarios.

Y es que, en el pecado hispanófobo de Sabino iba una penitencia que hoy horrorizaría a uno de los padres del bizcaitarrismo y que se resume en esos apenas 15 aspirantes a sacerdotes de una tierra cuya representación se arrogan los que celebran su día el Domingo de Resurrección. Obsesionado con lo folclórico, el campo en el que se conservaban las esencias vascongadas, Arana trabajó incansablemente para fabricar una artificiosa Euskoarcadia en la que ni siquiera los nombres de sus habitantes tuvieran conexión, como así la tenía el propio Arana, con Maketania, lugar de donde procedía el socialismo que hoy venera el neologismo Euskadi, tan denostado por Unamuno. De la inagotable inventiva araniana y su cuadrilla saldrían neologismos de todo tipo, pero en el desarrollo de tal deriva se iría produciendo un alejamiento no del suave protectorado inglés con el que soñó don Sabino, sino de sus más íntimas convicciones religiosas.

Sea como fuere, el actual País Vasco, tal es la conclusión que se extrae de las encuestas, ha sufrido una gran merma en la fe en el Dios trinitario, y una gran parte de sus jóvenes, distinguidos con nombres que a menudo apelan a la Naturaleza parecen, a pesar de hacer ondear una bandera con dos cruces, están preparados para abrazar con fuerza esa nueva religión cuasinatural que es el nacionalismo.

Comunicación y política
ROGELIO ALONSO EL CORREO  15 Enero 2014

· La actual política antiterrorista presenta déficits que evocan los que el PP tanto criticó en la oposición

La última filtración de Interior evidencia cómo algunos dirigentes eluden responsabilidades por sus decisiones políticas minimizándolas como meros errores de comunicación. La dimisión del jefe de prensa intenta tapar que el grave error de comunicación era, además, una seria negligencia política que permitió la destrucción de pruebas en una importante operación colocando una innecesaria presión sobre la policía y el juez. El precipitado anuncio de las detenciones es el último ejemplo de los problemas de comunicación y política de ese ministerio. El error comunicativo no puede ocultar que la política que lo ha hecho posible es la que debe cuestionarse en primer lugar: el afán por anteponer la búsqueda de impacto mediático a la necesaria prudencia que requieren complicadas investigaciones policiales y judiciales sobre las que solo debería informarse tras su conclusión. En otros países los políticos no tienen conocimiento de las operaciones hasta su finalización, evitando así la tentación de politizar el trabajo policial. Sin embargo, el ministro ha persistido en una peligrosa política.

En agosto de 2012 anunció en rueda de prensa una de las operaciones «más importantes contra Al-Qaida» al detener a tres «elementos operativos de Al-Qaida extremadamente peligrosos con explosivo suficiente para volar un autobús». La euforia del ministro contrastaba con la preocupación de los profesionales que detuvieron a sospechosos sobre los que los servicios extranjeros habían alertado. Las detenciones eran necesarias al temerse que pudiera perderse su rastro. Sin embargo, las declaraciones del ministro, además de alarmistas, eran imprudentes, pues se carecía del material probatorio para avalarlas. Inicialmente el juez solo envió a prisión a uno de los detenidos ante la falta de pruebas. En las horas siguientes la policía tuvo que buscar contra reloj pruebas judicializables que permitieran su ingreso en prisión. Meses después, los tres fueron puestos en libertad por falta de pruebas. Ahora se ha vuelto a colocar la misma innecesaria presión sobre la Guardia Civil y el juez, perjudicando una investigación que el Ministerio vendió antes de hora de forma irresponsable.

En contra de lo que algunos políticos piensan, una mala política no deja de serlo porque la comunicación oculte sus carencias. Como Hannah Arendt observó, para algunos políticos una parte de la política consiste en fabricar imágenes y la otra en hacer creer a la gente en ellas. La comunicación deja de ser persuasión para incurrir en manipulación cuando esa construcción de marcos reproduce falsedades, afectando así a la credibilidad de los políticos. En dos años de legislatura el ministro del Interior no acierta ni en la comunicación ni en la política, como muestran las constantes polémicas que ha provocado y los demoledores índices de desaprobación que las encuestas constatan.

Comenzó el ministro elogiando en diciembre de 2011 a sus predecesores en el Gobierno socialista al destacar su trabajo «ejemplar» al frente del Ministerio. Continuó recibiendo en privado al propio Zapatero. Estos errores no lo eran solo de comunicación, pues alimentaban la desconfianza de un electorado que durante años escuchó durísimas críticas a la política antiterrorista de quienes ahora eran curiosamente elogiados. Hoy el Gobierno sigue sin poder disipar las dudas sobre una política antiterrorista que ha generado amplia desconfianza no solo por la comunicación de la misma, sino por sus importantes déficits en cuestiones clave que evocan los que el PP tanto criticó en la oposición.

Tampoco fue solo un error de comunicación el anuncio en abril de 2012 del ‘plan de reinserción’ que bajó el listón para autorizar los traslados a cárceles del País Vasco. Los presos, viendo que el Gobierno rebajaba sus exigencias al flexibilizar un aspecto de su política penitenciaria, lo definieron como «el primer paso de otros pasos». Sin embargo, Gobierno y Ministerio, al ser criticados solo asumieron, insuficientemente, que el plan se había comunicado mal a la sociedad. La excarcelación de Bolinaga resultó muy dañina para la credibilidad del Gobierno al presentarse como obligado a favorecer al etarra sin que la ley le obligara realmente a ello. Muchos vieron en ese trato de favor una injusticia, una inmoralidad y un engaño. Difícilmente podía la comunicación tapar una decisión política tan nefasta para un Gobierno que actuaba como sus predecesores: aparentando una firmeza que ocultaba lo contrario.

Lo mismo ocurrió con la sentencia de Estrasburgo, pues el Gobierno demostró falta de voluntad política e ineficacia para evitar una condena que agudizó la desconfianza de los ciudadanos. El propio ministro contribuyó a aumentar la alarma social al enfatizar su indignación por la excarcelación de criminales que tildó de muy peligrosos mientras se declaraba «impotente». El célebre «llueve mucho» del presidente tras la sentencia evidenció una desidia política que se intentó tapar con las fotografías con las víctimas del terrorismo. Su eficacia fue limitada, pues las acciones del Gobierno revelaban demasiadas incoherencias entre su discurso asegurando determinación y sus insuficientes actuaciones.

Algo similar ocurrió con las declaraciones de ministro y secretario de Estado al expulsarse de Noruega a la cúpula etarra. El suceso no probaba, al contrario de lo que subrayó el Gobierno, que este no negociaba con ETA. Tampoco demostraba que negociaba. Lo que sin duda alguna demostraba era que tres terroristas en busca y captura no habían sido detenidos, restando credibilidad a los reiterados pronunciamientos de los responsables de Interior al asegurar que «el Estado no baja la guardia» y que a los etarras se les perseguirá «allá donde se encuentren». Estos y muchos otros comportamientos confirman que la falta de confianza en el Gobierno surge tanto de la propia política antiterrorista como de la forma de comunicarla. Comunicación y política son inseparables.


PNV, lacayo de los proetarras
Carlos Iturgaiz Estrella Digital 15 Enero 2014

Recuerdo cómo Arzallus, en una mesa de Ajuria Enea, hace más de quince años, se dirigió a mí para decirme: "Iturgaiz, dile a tu amigo Mayor Oreja y a su pepito grillo de jefe de prensa del ministro del Interior -refiriéndose a Cayetano González- que vosotros los españoles haréis vuestro proyecto común y compartido que tanto demanda Mayor entre vosotros, porque nosotros los vascos lo haremos entre los nacionalistas vascos sin los españoles".

Dicho esto, yo le pregunté a renglón seguido: ¿También lo harás con los de ETA?

Y el entonces presidente del Euskadi Buru Batzar, Arzallus, sin pensarlo un segundo, me contestó: "También con ellos, porque esos de ETA son patriotas... descarriados... pero por encima de todo, patriotas".

Por lo tanto, la decisión del PNV de juntarse con Sortu, el brazo político de ETA, y convocar conjuntamente una manifestación en favor de los terroristas no debe sorprender a nadie, ya que es una de las maneras del proyecto de crear país entre los nacionalista vascos. Porque para todos ellos, por encima de todas las cosas, su enemigo es España, y siempre se juntarán los unos y los otros nacionalistas vascos, ya que no olvidemos que son cuña de la misma madera.

El PNV con este acto se ha vuelto a retratar y se ha posicionado definitivamente como cómplice y lacayo de la estrategia de los proetarras

El PNV con este acto se ha vuelto a retratar y se ha posicionado definitivamente como cómplice y lacayo de la estrategia de los proetarras, apostando ante la duda siempre a favor de la compañía de los verdugos, antes que colocarse en favor de las víctimas.

Los que reclaman en la pancarta de Bilbao defensa de derechos humanos, acuerdo político y paz, están escondiendo la verdadera pancarta que es la de amnistía, independencia y poner precio político a la paz. Pero que a estas alturas nos hablen de derechos humanos aquellos que los vulneran y pisotean sistemáticamente es una broma de mal gusto.

La foto de Ortuzar y Egibar, presidente y portavoz del PNV, coreando junto a los proetarras la consigna "presos a la calle e independencia", que se mezcló con los gritos en favor de los abogados batasunos detenidos hace poco días, y vítores a esa Arantza Zulueta que ha dicho que el día que ETA le diga que coja una pistola y mate, lo hará...

Esos son los derechos humanos y la paz del PNV y sus colegas. Todos ellos vociferaron en la manifestación de Bilbao. Coreaban y vitoreaban a los que volverán a asesinar cuando ETA lo decida.

Las palabras de la abogada proetarra Zulueta vienen a confirmar lo que algunos nos temíamos y así lo habíamos denunciado en tantas ocasiones, que la banda criminal de ETA no se ha terminado como algunos pretendían hacernos ver, echando las campanas al vuelo. ETA no mata porque considera que va ganando y que va obteniendo poder político en las instituciones vascas. Pero que puede asesinar en cualquier instante y que tiene Zuluetas preparados para apretar el gatillo cuando les convenga, eso es un hecho incuestionable.

ETA no mata porque considera que va ganando y que va obteniendo poder político en las instituciones vascas

Por todo ello debemos considerar que la fotografia de risitas y coleguismo entre el presidente del PNV, Andoni Ortuzar y el presidente proetarra de Sortu, Arraiz, es la reedición del pacto de Lizarra para volver a intentar exterminar todo lo español del País Vasco.

Y entre otras cosas el PNV se presta al juego de los proetarras de Sortu por miedo a que les pase como a Convergencia en Cataluña, donde todas las encuestas coinciden que los radicales de Esquerra Republicana les están absorviendo. Porque la ciudadanía, al final, se queda con el original y no con la fotocopia, y piensan los dirigentes peneuvistas que radicalizándose no perderán su peso electoral en el País Vasco.

No me extrañaría que esta colaboración entre nacionalistas no se limitase únicamente a manifestaciones, sino que les veamos en un futuro cercano coaligados electoralmente, pues no olvidemos ya que hay quienes incluso piden desde Cataluña un frente común independentista electoral vasco, catalán y gallego para concurrir juntos a las elecciones europeas contra su enemigo común español.

Cometerían también un error quienes piensan que ante lo ocurrido el lehendakari Urkullu y su gobierno continúan siendo unos moderados. Quiero recordar que en otros tiempos pasó lo mismo con el consejero de Interior y después presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, a quien algunos le alababan y paseaban para dar conferencias por el resto de España presentándole como una persona moderada que no tenía nada que ver con la radicalidad de los Arzallus y compañía, y acabó cometiendo un delito, juzgado y condenado por amparar al brazo político de ETA en el Parlamento Vasco.

Por eso aunque no hubiese miembros del gobierno de Urkullu en esa manifestación de Bilbao, ya clavó su pica en las redes sociales el portavoz del Gobierno Vasco, Josu Erkoreka, quien criticaba en euskera la prohibición de la primera manifestación, arropando su gobierno a los proetarras convocantes. Y era todo ello lógico, viendo cómo su partido tardó segundo y medio en unirse a los radicales y echarles un flotador organizando conjuntamente la manifestación.

Al final, la cabra siempre tira al monte.
De todas formas, tendrá que explicarnos a todos los españoles el juez que autorizó esa manifestación, diciendo que no tenía que ver nada con la otra y autorizándola siempre que fuese en silencio, qué hara el señor juez cuando ya ha comprobado que le han tomado el pelo los organizadores de la marcha, que han desoído su decisión de que fuese silenciosa y se ha gritado a favor de los asesinos terroristas, haciendo apología del terrorismo y humillando a las víctimas.

El PNV ha pasado claramente la linea roja con su presencia y declaraciones en esa manifestación. Saquemos los demás conclusiones de esa actitud provocadora nacionalista y tomemos medidas para que no les salga gratis adorar a sus becerros de oro.

Federalismo contra reduccionismo
Cuando la política es un combate por las fronteras se pierde un tiempo precioso para construir sobre lo que nos une a la inmensa mayoría de catalanes y españoles: el apoyo a la democracia y al proyecto europeo
Francesc Trillas Jané El Pais  15 Enero 2014

De acuerdo con el “trilema” formulado por el economista norteamericano Dani Rodrik, existen tres realidades, de las cuales hay que elegir dos porque las tres simultáneamente son incompatibles: el Estado-nación, la democracia política y la integración económica supranacional. En los años anteriores a la Gran Depresión de los años treinta, el mantenimiento estricto del patrón oro permitió compatibilizar la integración económica internacional y los Estados-nación, pero poniendo en serio peligro la democracia política. Ello debido a que la camisa de fuerza del patrón oro no podía dar respuesta a las demandas crecientes de la ciudadanía, canalizadas a través de instituciones exclusivamente nacionales.

En las décadas posteriores a la II Guerra Mundial, los Estados-nación y la democracia política coexistieron en los países desarrollados porque la integración económica internacional se limitó a los acuerdos de Bretton-Woods. Superados estos, un federalismo global haría compatibles la democracia y la integración económica internacional dejando atrás el Estado-nación, pero estamos lejos de alcanzarlo y no sería aconsejable sin antes asegurar la existencia y modernización del Estado de bienestar. En Europa sí tenemos en nuestras manos hacer compatibles la democracia política y la integración económica, pero solo si se reduce el protagonismo de los Estados-nación, por lo menos tal como los hemos entendido hasta ahora (en parte, ya lo estamos haciendo). El reto a nuestro alcance es crear un gran sujeto político y económico, la Unión Europea, cuya seña de identidad sea la prosperidad compartida, y que sea relevante en un mundo que tiene planteados enormes retos globales (el cambio climático, la estabilidad financiera, la pobreza mundial).

Algunas élites en cambio, convencidas de su capacidad para sobrevivir y progresar en un mundo global, son partidarias de una segunda opción alternativa a la del federalismo europeo: reforzar o crear nuevos Estados-nación en un mundo de libre comercio y pocas trabas burocráticas (preferirían, para entendernos, estar en la EFTA y no en la UE) de forma que el mundo funcione sobre la base de una competencia abierta entre jurisdicciones enfocada a aportar y atraer factores móviles de producción, reduciendo impuestos y estándares regulatorios. El mercado quedaría lejos del alcance de las instituciones públicas democráticas; estas quedarían empequeñecidas y sometidas a aquel.

Una tercera opción sería olvidar la integración económica y el proyecto de unidad política europea y soltar amarras en un marco de aislamiento de los mercados y de toma de decisiones unilaterales. Es el modelo que parece preferir cierta izquierda rupturista o cierta derecha populista. Eso supondría alejarse de los grandes procesos de confluencia y creer que en el mundo de hoy se puede construir una sociedad distinta solo en un pequeño país.

A identidades complejas y solapadas corresponden instituciones complejas y solapadas
La mejor forma de decidir entre estas opciones, todas ellas viables (aunque no igual de fáciles de llevar a cabo), es mediante la democracia deliberativa, la articulación de programas que reflejen políticas complementarias y la intervención de los representantes a los distintos niveles elegidos democráticamente, con la máxima participación ciudadana.

Desde el punto de vista económico, es una actitud reduccionista comparar secesionismo y federalismo exclusivamente desde el punto de vista de la Hacienda pública, como si lo único que estuviera en juego fueran las “balanzas fiscales”. En primer lugar, hay mucho más en juego en lo que se refiere a la capacidad de generación de riqueza que en lo que se refiere a quién se queda con qué parte de los impuestos (una parte de la riqueza generada). En segundo lugar, la acción pública incide sobre la capacidad de generación de riqueza de formas que van mucho más allá de su incidencia a través de gastos e ingresos. Por ejemplo, de las tensiones apuntadas por Rodrik se deduce que el tamaño del Estado es conveniente que se acerque al del mercado y así ha sido en muchos momentos históricamente. El mercado, que sin instituciones que lo sostengan difícilmente es estable, no tiene hoy fronteras precisas. En consecuencia, los Estados las deberán tener cada vez menos. Pero igual que los mercados pueden ser fuertes sin fronteras precisas, la acción colectiva debe aspirar a ser fuerte en este mundo más fluido e interconectado.

Tan importante como cuánto se gasta y cuánto se ingresa es la determinación de los bienes públicos que se promueven. En la España actual, muchos creemos que determinados bienes públicos se proveen de un modo que tiene más en cuenta las preferencias de una parte de los españoles que las de otros: lengua, símbolos, infraestructuras, sedes de organismos. No solo importa la escala de los bienes públicos, sino también su estructura y características. Por otra parte, una hipotética independencia de Cataluña también daría lugar a una provisión de bienes colectivos que estaría inclinada (por diseño o por inercia) a satisfacer las preferencias de aquellos que no tengan lazos con el resto de España.

La mejor forma de optar es mediante democracia, programas, representantes y participación ciudadana
El federalismo tiene límites imprecisos y puede significar cosas distintas para distintas personas. Pero tiene la ventaja de referirse a una fértil tradición en España y Cataluña (que es vista con creciente simpatía en todas las encuestas y en los editoriales de la prensa internacional), asociada a los sectores progresistas e ilustrados que intentaban acomodar los distintos sentimientos de pertenencia nacional desde mediados del siglo XIX. Y de referirse a la experiencia internacional exitosa de países complejos y distintos entre ellos, autodenominados federales, como Alemania, Suiza, Canadá, Estados Unidos o Australia. El análisis de lo que nos falta para ser como ellos en España y progresivamente (lo más rápidamente posible) en Europa ofrecerá las claves para avanzar hacia el futuro.

Una España federal facilitaría un mejor encaje en una Europa que necesariamente debe avanzar hacia una estructura más federal y menos intergubernamental (a partir de una realidad actual donde los Estados-miembro tienen poder de veto) y hacia una unidad política donde los Estados-miembro acepten perder soberanía a cambio de un marco democrático donde sus ciudadanos puedan defender su visión de cómo deben ser los bienes públicos compartidos. Los sistemas de financiación interterritorial deben combinar solidaridad y autonomía: cubrir a todas las personas por igual ante riesgos básicos y a partir de ahí garantizar la autonomía, las posibilidades de todos de influir en el desarrollo de las regiones relativamente más pobres (porque su desarrollo interesa a todos) y la posibilidad de innovación institucional.

Los problemas de identidades complejas y solapadas no surgen solo en la península Ibérica, sino que están agazapados en muchos rincones del continente, como brillantemente expuso Claudio Magris en El Danubio. A identidades complejas y solapadas, instituciones complejas y solapadas, intentando avanzar hacia ellas en un marco de transparencia y regeneración democrática. Quizá con una España y una Europa federales los ciudadanos europeos podríamos recuperar algo de soberanía y se la podríamos quitar a los mercados y al capital. O vamos derribando muchas de las fronteras legales y regulatorias que todavía existen, creando un auténtico Estado federal europeo acompañado de un demos y una política europea, o nos refugiamos en el Estado-nación y reducimos la lucha política a un combate por ubicar las fronteras en un lugar u otro. Cuando la política se reduce a esta lucha, las señales propias de una sociedad abierta y democrática dejan de funcionar bien: los ciudadanos son bombardeados con campañas para que definan su identidad sin matices y para que dejen de reflexionar sobre si prefieren unos poderes públicos más o menos presentes en la sociedad, o una distribución más o menos equitativa de la renta y el poder entre clases sociales; o la corrupción se tapa con enormes banderas, mientras los problemas se enquistan y se pierde un tiempo precioso que podría aprovecharse para construir sobre lo que nos une a la inmensa mayoría de catalanes y españoles: el apoyo a la democracia y al proyecto europeo.

Francesc Trillas es profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la Junta de Federalistes d’Esquerres.

Qué hacemos en Cataluña
JOSÉ FÉLIX PÉREZ-ORIVE CARCELLER, ABOGADO. ABC  15 Enero 2014

· La dura realidad es que en Cataluña, con una de las mayores autonomías de Europa, los independentistas han prendido un fuego totalitario que consume a familias enteras: hijos que han dejado de ir a comer a casa de sus padres, amigos que prefieren no quedar, novios que rompen, miedo a hablar…Pero para saber qué hay que hacer hay que empezar por definir lo que no hay que hacer

No quisiera caer en el tópico de ser original si digo que en Cataluña tenemos que hacer poco y sin que se note mucho. Desde luego este comentario deprimirá al más pintado. No obstante, lo vengo repitiendo desde hace un año, en que manifesté que con Artur Mas no había que negociar sino tratar, y que él sacaría sus propias conclusiones. Ya las tienen. Y ¿ahora qué?
Menéndez y Pelayo pensaba que el español tenía tendencia a la acción y un editorialista del Newsweek hace poco parecía confirmarlo: «España es más el fruto de sus excesos que de sus carencias». Con estos antecedentes lo normal es que se diga en la calle que hay que hacer algo. Pero una sociedad no es sólo acción, también es reflexión y organización, y las más desarrolladas combinan con equilibrio esas características. Reflexionemos por tanto primero y organicemos bien después lo que vayamos a hacer (solo buenas cosas) porque Cataluña somos nosotros mismos.

Cosa distinta es que parezca que no se hace nada. Quizás sea esto lo que alarma en un país que blasona de movida. Pero el Gobierno hacer, sí que hace: ha conseguido para no perder la compostura que a los catalanes los asusten otros. Que nadie piense que si un día Joaquín Almunia expone que no cabe un encaje europeo con una Cataluña independiente es porque tiene un mal día o que si el catedrático Antoni Zabalza ( elPaís 2012/Esade 2013) presenta un saldo real fiscal catalán incontestable, es porque necesitaba hacer otra tesis doctoral, o que si un marroquí predica entre sus compatriotas el soberanismo subrepticiamente en Barcelona y amanece en Rabat, es por pura casualidad…

La dura realidad es que en Cataluña, con una de las mayores autonomías de Europa, los independentistas han prendido un fuego totalitario que consume a familias enteras: hijos que han dejado de ir a comer a casa de sus padres, amigos que prefieren no quedar, novios que rompen, miedo a hablar… El fenómeno es tan preocupante que hasta el pirómano Junqueras se disfraza ahora como Mortadelo de bombero y comparte las emociones de la Roja para templar gaitas. Pero el problema ya no son ellos, sino cómo reconducen la situación. A veces piden auxilio, pero auxilio para qué, para volver al buen camino o para que les facilitemos la sedición? Imposible conocer cuando dicen la verdad.

Para frenar esta deriva, escenarios de actuación con la Constitución en la mano hay muchos, pero lo constitucional no es pacífico. Desde luego, como siempre ocurre, para saber qué hay que hacer hay que empezar por definir lo que no hay que hacer. Y lo que no hay que hacer es lo siguiente:
a) Nada que suponga ni remotamente el uso de la fuerza en Cataluña. Por lo general cuanta más razón se tiene, menos necesidad tenemos de utilizarla.

b) Nada que recuerde a una campaña electoral con catalanes estelares, desde Boadella a Gasol, ofreciendo testimonio de su españolidad; o reclamos publicitarios dando fustazos de concienciación. ¡Qué más querrían los menos sensatos que gozar de esa oportunidad para contraatacar desde una TV3, poco democrática, veinticuatro horas al día!

c) Nada de agobiarnos y reaccionar a manifestaciones como la de la Diada o a las impertinencias cotidianas de Artur Mas. Son derechos a respetar y además no son actos de trascendencia jurídica.

Dentro de todo este desvarío hay un concepto claro: «Más difícil que frenar un intento de sedición, es lograrlo». Y para ello se precisa nuestro concurso: cometer errores de bulto que puedan manipularse y sugerir una discrecionalidad que compense sus ilegalidades. Es imposible que Cataluña se separe de España si no es revitalizando el estatut de Zapatero, improvisando el federalismo de Rubalcaba, aceptando el derecho a decidir de Cayo Lara o secundando la miopía de algunos votantes del PP con su: «no compréis productos catalanes». Sería también superfluo un referéndum no vinculante, y gratuito otro a nivel nacional que, aún ganándose, exacerbara el orgullo catalán tornándolo mayoritariamente catalanista.

Una vez señalado lo que no se puede hacer, veamos cosas que tal vez pudiéramos considerar:
Primero: observar y esperar. Las cambiantes declaraciones, plazos y propuestas de CIU y ERC demuestran su inseguridad con los pasos a dar y calan en la inquietud catalana. Cuanto más retrasen sus decisiones, que es lo que prefieren, el clima social se les hará insostenible. Mas tiene la difícil obligación de acertar, a Rajoy le basta con la de no equivocarse.

Segundo: explicar. El presidente del Gobierno en sus comparecencias rutinarias debería lanzar algunos mensajes: a) de normalidad: todos los españoles son aceptados en este país y nadie les va a impedir perseguir sus ideales aunque sean de independencia; b) de autoridad: ningún planteamiento soberanista puede perjudicar a España o a Europa basándose en el incumplimiento de la ley o de los tratados y c) de futuro: la recuperación económica y los proyectos conjuntos de inversión, que nunca se dejarán de hacer en Cataluña, arreglarán los desequilibrios si los hubiera.

Tercero: Poner un poco de orden. Como no se puede hacer nada hasta que la Generalidad de Cataluña incurra en actos contrarios a la ley (declaración unilateral de independencia o convocatoria de referéndum) y parece que no lo hará…, en vez de esperar a lo que no va a ocurrir, sería práctico afrontar lo ya ocurrido. Por ejemplo, en materia de enseñanza, inhabilitar a los funcionarios insubordinados del Departamentd´ En senyament de la Generalitat, que tipifica el código penal por incumplimientos de sentencias; y en los casos de incapacitaciones no acatadas, con agravantes y mayor razón. Seríamos más eficaces suspendiendo con determinación a esos u a otros funcionarios desleales, que apuntando al Govern cuyos ilícitos penales son por ahora de boquilla.

Y ¿si a algunos de estos desafueros correspondiera cárcel? Entonces, sin duda, los afectados deberían haberlo pensado antes.
Cataluña precisa un nuevo liderazgo que recomponga la paz interior y la reintegre en España. Después de lo experimentado, veo factible ese liderazgo en una coalición entorno a Ciutadans, que durante este proceso ha sido el partido más a la altura de las circunstancias. Su líder, Albert Rivera, un hombre de identidad, cada vez se hace más evidente y ofrece una pedagogía que Cataluña necesita para no quedarse atrás. El catalán, por lo general, es un hombre ordenado y bastante dócil. Anhela líderes con fundamento y un uso prudente del dinero. Ambas cosas las echa en falta porque, me temo, ha puesto su esfuerzo detrás de prioridades equivocadas.

ENTRE GÉNOVA 13 Y LA MONCLOA
A falta de problemas, Rajoy recibe dos tazas de nacionalismo
Pablo A. Iglesias. www.elsemanaldigital.com 15 Enero 2014

La manifestación conjunta de PNV y Sortu a favor de los presos de ETA pone en cuestión las tesis moderadas sobre Urkullu y hace peligrar la reunión que tenían prevista ambos presidentes.

Han sido más de cuatro décadas de atentados, asesinatos y extorsión en el País Vasco. Parece que la violencia ha acabado para siempre pero el desafío político permanece sobre la mesa. Unos creen que está adormecido, como latente, a la espera de que ETA emprenda un nuevo paso hacia los objetivos que siempre ha perseguido y nunca ha abandonado.

Desde que la banda terrorista anunció el fin de sus actividades armadas el 20 de octubre de 2011, en el panorama político se ha olvidado la amenaza del que durante muchos años se llamó "problema vasco". Once meses después, Artur Mas aprovechó el éxito de una manifestación por las calles de Barcelona en plena Diada para abrir un nuevo frente soberanista. Y desde entonces no se habla de otra cosa.

En el Gobierno de Mariano Rajoy cada vez se le da más importancia al desacato del presidente de la Generalitat de Cataluña. Pero la preocupación viene de mucho tiempo atrás. Cuando Artur Mas dio los primeros pasos hacia el abismo, tanto en La Moncloa como en el PP surgieron algunas voces de alarma. Aducían que el peligro de un desafío independentista desde Barcelona era mucho más grave que desde el País Vasco. Por el tejido social, por la propia idiosincrasia de la sociedad catalana, por el poder económico y empresarial…

Con este diagnóstico, Euskadi pasó a un segundo plano y pronto cayó en el olvido. Pero aquel problema vasco que parecía enterrado ha resurgido de sus cenizas cual ave Fénix y amenaza al Ejecutivo de Rajoy con crearle un problema institucional de graves consecuencias. El entorno de ETA quiere recuperar el protagonismo perdido y piensa plantear de nuevo sus reivindicaciones independentistas. Su hoja de ruta es muy parecida, si no la misma, a la que Artur Mas ha marcado desde Cataluña. Al menos así lo creen algunos dirigentes populares.

Problema por partida doble
Rajoy se enfrenta ahora a un doble problema político con un actor inesperado. En el PP siempre han tenido claro lo que busca la izquierda abertzale. Pero la actitud del Partido Nacionalista Vasco ha pillado por sorpresa a más de uno en el Consejo de Ministros y en la sede nacional de la Génova 13. El apoyo expreso del PNV a la manifestación del fin de semana en Bilbao por los presos de ETA significa que los representantes políticos de los terroristas no están solos. A su lado está el PNV, aunque sólo sea para hacerse la foto y arañar votos.

Así empezó el soberanismo de Artur Mas cuando Esquerra Republicana era una amenaza en Cataluña. Así dio CiU un salto al vacío hacia posiciones a favor de la independencia. Así surgieron aquellos polvos… y así sufrimos ahora estos lodos. Cuando Íñigo Urkullu ganó en 2012 las elecciones autonómicas del País Vasco, el sector más moderado del PP pensó que las relaciones con el PNV serían mucho más fáciles. En el Gobierno de Rajoy tendieron puentes de forma muy rápida con el lendakari, aunque la jefa de los populares vascos, Arantza Quiroga, se ha cogido más de un "cabreo" (sic) por ello. Más de uno debe de estar arrepentido.

La foto conjunta de PNV y Sortu en Bilbao legitima a los criminales y pone en cuestión la tesis de los buenistas. Tanto es así que el equipo de Rajoy estaba pensando en una posible entrevista con Urkullu que, ahora, puede verse paralizada. No parece el momento más propicio para que el presidente del Gobierno se haga una foto con quien promueve una manifestación a favor de presos con delitos de sangre. Y, si llega a celebrarse la cita, tiene todas las papeletas para ser de lo más discreta, como tanto le gusta hacer a Rajoy.

La realidad, en cualquiera caso, es que el jefe del Ejecutivo tiene ahora sobre la mesa dos problemas donde antes sólo había uno. Ya no es sólo la Generalitat de Artur Mas. El Gobierno vasco observa paciente lo que ocurra en Cataluña para seguir el mismo camino. Ya tiene anunciado un proyecto para conseguir que Euskadi adquiera un nuevo estatus político. A buen entendedor, pocas palabras bastan. Aunque sea más suave que el Plan Ibarretxe, recuerda a los peores tiempos del PNV.

Pablo A. Iglesias, director de Información y Contenidos de Servimedia

Bilingüismo y ciudadanía
José Rosiñol Lorenzo Periodista Digital 15 Enero 2014

Entre la miríada de muñidores, enjabonadores y entusiastas del Sistema –ya saben la tupida red público-privada tejida por el nacionalismo– que pululan por los mentideros del poder, ya sea en forma de intelectual orgánico o como mero troll cibernético, parece estar de moda argumentar que quienes defendemos el bilingüismo en realidad solo pretendemos imponer un monolingüismo disfrazado de cosmopolitismo, que en realidad somos el ariete, la quinta columna, los “botiflers” (¡aquellos que se auto-odian!), los agentes colonizadores que traen consigo de la uniformización “españolista”, repiten despectivamente cosas como “reclaman bilingüismo pero solo habla castellano”, naturalmente esto forma parte de la marea de argumentos simplistas en la que ahogar un debate poliédrico y diverso, claro está que el objetivo no es otro que banalizar por simplificación unos argumentos que desbordan el maniqueísmo del blanco o negro, o catalán o español, o hablas lo propio(lo nuestro) o eres impropio (lo extraño, lo ajeno).

Este tipo de campañas, cuya fuerza recae precisamente en la sutileza de lo simple, se engarzan en esa insana obsesión de una intelectualidad orgánica rendida al nacionalismo siempre empeñada en reducir el relato político a una antinomia socialmente inexistente que pretende dividir a los catalanes entre buenos y malos (o más o menos puros o más o menos impuros), naturalmente lo que denunció en este artículo también forma parte de maniobras con las que ensuciar cualquier discurso que pueda dañar al Sistema utilizando argumentos cuya efectividad es equivalente a la fácil digestión para una audiencia acostumbrada y propicia a elementos conspirativos y/o difamatorios hacia el “otro” (en este caso hacia todas aquellos que defendemos el bilingüismo).

Por todo ello me gustaría aclarar qué significado (político) tiene defender el bilingüismo, antes de nada decir que quien lo defendemos no creemos que nadie pueda creerse en posesión de una patente de corso con la que exigir a los demás que demuestren si saben tal o cual lengua, ni mucho menos que nadie pueda exigir a nadie que deje de expresarse como le venga en gana –cada uno tenemos el derecho de comunicarnos (o no) de la forma y con la calidad que queramos–, aquí no defiendo esa visión esencialista que dice que las lenguas tienen una existencia más allá de los hablantes y de la realidad misma (como si de Ideas platónicas se trataran) y que tienen la facultad de impregnarnos con valores patrios, colocando en situación de superioridad moral y política a aquellos ya iniciados, ¡no!, aquí defiendo las libertades individuales que en cualquier sociedad democrática y bien ordenada deberían ser el eje de cualquier discusión política (cualquier propuesta política debería preguntarse antes de ser públicamente formulada ¿favorece en algo nuestra calidad democrática?), por más enconada que esta fuese, defiendo la libertad de que cada cual pueda elegir su destino y su forma de interactuar con los demás (respetando la regla de Oro de la moral), defiendo que nadie se crea legitimado para coartar o coaccionar a los demás en función de la pureza cultural o lingüística con la que se crea estar dotado o ungido…

Podría cuestionarse, y entonces ¿por qué defender el bilingüismo?, porque en verdad cuando defendemos el bilingüismo no estamos diciendo a nadie qué es lo correcto e incorrecto, lo que exigimos es el estricto respeto institucional a dicho bilingüismo, un respeto que pasa por cumplir las normas y leyes que nos hemos dado (incluyendo el fin de la inmersión lingüística que obliga a los padres a que sus hijos renuncien a su lengua propia –solo hay lenguas propias en los individuos- durante su formación académica), un respeto institucional que trate a todos los ciudadanos como iguales (no como unos más iguales que otros…), un respeto que sea perceptible en los ayuntamientos, en los consejos comarcales, en las diputaciones, en el gobierno autonómico, un respeto que pasa por unas instituciones públicas absolutamente imparciales en lo que respecta a la arena sociopolítica, un respeto hacia lo diverso que despolitice lo lingüístico y cultural, un respeto que promocione espacios de libertad y no tema (políticamente) la diversidad.

Bilingüismo en las aulas catalanas, una cuestión de sentido común
¿De verdad es tan difícil llevar el bilingüismo (o trilingüismo a ser posible) a las aulas en lugar de imponer un único idioma y marginar a la otra realidad presente en Cataluña?
ANDY FERNÁNDEZ www.lavozlibre.com 15 Enero 2014

No sé si el lector habrá escuchado alguna vez aquel dicho que afirma que el sentido común es el menos común de los sentidos. Eso mismo ocurre frecuentemente en nuestra sociedaden diversas áreas y, por supuesto, el tema de la educación no es una excepción.

Me creo en la posición y conocimiento, si más no, que me ha dado mi larga escolarización pública en Catalunya (actualmente estudiante universitario), de hablar sobre el tema con una profunda y sincera tristeza. El tema que nos atañe no es otro que el muy actual tema del idioma y los valores que se transmiten en la escuela, así como la introducción, voluntaria o involuntaria, de ideas políticas determinadas en las aulas.

Hace muchos años, cuando yo apenas cursaba P4, vi una escena insólita que, en mi inocencia de la infancia, hizo que pensara si aquello que había visto era normal.

La escena, la recuerdo con meridiana claridad. Fue jugando en el recreo, cuando otro niño se cayó y se hizo daño en la rodilla. Aquel niño llorando gritaba: “Me duele mucho, ayuda”. Se acercó una profesora y quedándose quieta a su lado, sin mover un dedo y con el rostro rígido le dijo: “Si no m’hodius en català no t’ajudaré”. Recuerdo que aquello se me quedó grabado, yo mismo pensé qué tenia que ver el idioma para que aquella profesora le negara la ayuda a aquel niño.

Fui creciendo y empecé a ver que si no pensabas como todo el mundo o hablabas en el idioma que ellos querían no eras bien visto. Recuerdo una clase de matemáticas en 4º de la ESO en la que fui fuertemente abucheado e insultado por mis compañeros por realizar una pregunta al profesor en castellano (el cual tenia los orígenes fuera de Catalunya), quién se sumó al desprecio obligándome a formularla en catalán.

No querría aburrir al lector pero podría llenar folios con otras casuísticasde de las que he sido objeto por parte de mis compañeros. El pensamiento único, o “el estás conmigo o contra mí”, parece haberse instalado en ciertas escuelas de Catalunya.

Estos elementos de manipulación no son banales, sino que deben ser tomados en seria consideración. Hace apenas unas semanas paseando cerca de una escuela de primaria pude observar como caía desde lo alto del edificio hacia el suelo una larga señera en la entrada del colegio. En ese mismo instante me pregunté si aquella gente que permite que entren banderas y símbolos en las escuelas se ha quedado instalada en otra época o simplemente sufren nostalgia de tiempos pasados.

Es la cruda realidad que actualmente se vive en Cataluña y que no justifica ser tildado por mis compañeros de clase de “facha” (palabra muy de moda por cierto), ultraderechista o ultranacionalista español, por simplemente defender el modelo bilingüe en el que molt honorable president educa a sus hijos.

¿De verdad es tan difícil llevar el bilingüismo (o trilingüismo a ser posible) a las aulas en lugar de imponer un único idioma y marginar a la otra realidad presente en Cataluña?

¿De verdad es tan difícil dejar la política, la religión y las doctrinas fuera de las aulas?¿No nos merecemos todos una educación limpia de todo esto, donde se vaya a obtener conocimientos, donde cuando se cruza el umbral de la puerta toda manipulación política quede atrás y solamente se abra ante nosotros el maravilloso mundo de Platón, la increíble prosa de Cervantes o los bellos versos de Ausiàs March?

¿No creen que es de sentido común? A mí, almenos, me lo parece.

* Andy Fernández es estudiante de derecho y economía y miembro de la agrupación de Ciudadanos (C's) de Sant Cugat.

El bilingüismo obligatorio con lenguas regionales es un disparate
Nota del editor 15 Enero 2014

Quieren obligarnos a que aprendamos su lengua regional. Eso no es bilingüismo, eso es un disparate que no debemos tolerar. El bilingüismo, que teóricamente consistiría en el conocimiento total de dos idiomas, es imposible, y para los naciopanzistas, bilingüismo significa, nunca hay que olvidarlo, la imposición de su lengua regional en los demás.

A vueltas con la lengua
Anticatalanes (y II)
José María Albert de Paco Libertad Digital 15 Enero 2014

"Una lengua insidiosa, artificial, molesta, que se ha ido recreando a contrapelo de la vida y, lo que es peor, contra su propio futuro". Añadan a la ristra que, además, se trata de una lengua ficticia. Sirva como ejemplo una de las escenas que, a mi modo de ver, resume perfectamente la paranoia que nos aqueja desde antes, mucho antes del año de la peste. Me refiero al habla que emplean los Mossos d'Esquadra en el transcurso de esas lacias patrullas callejeras llamadas de proximidad.

A poco que uno aguce el oído constatará que la mayoría de ellos, en efecto, conversa en castellano, es decir, en la lengua habitual de ambos o, cuando menos, de uno de los dos policías. Pareciera de sentido común que esos mismos policías, al dirigirse al ciudadano, se expresaran también en castellano. No obstante, lo hacen en catalán; la más de las veces, en un catalán lamentable, en una suerte de jerga paralingüística que no provoca sino desconcierto o, en el mejor de los casos, hilaridad.

Por descontado, los Mossos no son el único colectivo profesional afectado por la propensión a la parodia. Cuántas veces no habré visto cómo un catalanito de a pie se dirige a un funcionario en una suerte de neolengua de esparto que tan sólo en sus más enfebrecidos sueños cabría considerar catalán. A esa clase de optimistas les salva un hecho casi fantasmagórico. No en vano, su empeño en fingirse catalanoparlantes suele corresponderse con el del funcionario, que es, dada su naturalísima ocupación, quien mejor interpreta el dialecto apache. Es este mío un país en que unos simulan que hablan catalán y otros simulan que entienden a quien simula hablar catalán. Para desgracia, claro está, de los españoles que lo hablamos de verdad.


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