AGLI Recortes de Prensa   Sábado 18  Enero  2014

El perverso rescate de las CCAA
EDITORIAL Libertad Digital 18 Enero 2014

El Ministerio de Hacienda acordó el pasado jueves una dotación de 23.000 millones de euros a través del denominado FLA para seguir auxiliando a la mayoría de comunidades autónomas en 2014. Así pues, un año más, el Gobierno del PP rescatará a las regiones más díscolas y despilfarradoras con el dinero de todos los españoles, en lugar de exigir drásticos ajustes a las autonomías en problemas para garantizar la solvencia de sus finanzas, tal y como estipula la Ley de Estabilidad Presupuestaria que impulsó el propio Ejecutivo popular.

Mención especial merece el caso de Cataluña, ya que, una vez más, acaparará el grueso de las ayudas, con una inyección próxima a 7.000 millones de euros en el presente ejercicio. En este sentido, cabe recordar que la región que preside Artur Mas ya recibió unos 24.000 millones de euros del Estado en 2012 y en 2013 para cubrir su abultado agujero fiscal y eludir los elevados intereses que exigirían los inversores en caso de que la Generalidad tuviera que acudir a los mercados para financiarse. En total, sumando la dotación de 2014, el Gobierno central habrá inyectado más de 31.000 millones de euros a Cataluña para evitar su quiebra. Y ello, a pesar de que los nacionalistas de CiU y ERC siguen manteniendo abiertas sus particulares embajadas en el exterior, al tiempo que mantienen intacta su abultada administración paralela, con infinidad de entes, empresas y organismos públicos que, además de resultar deficitarios, son absolutamente innecesarios e inútiles.

Esto demuestra que el mecanismo escogido por el Gobierno para facilitar la financiación de las comunidades autónomas es profundamente perverso y, sobre todo, contraproducente. Perverso porque supone imponer a todos los españoles la factura de los despilfarros que han cometido algunas regiones, castigando de paso a las comunidades más austeras y eficientes económicamente, como es el caso de Madrid. Y contradictorio porque, en lugar de atajar el problema de fondo que subyace en el modelo autonómico, que no es otro que el de mantener una administración sobredimensionada y un gasto público insostenible, el FLA sirve, en realidad, para sufragar los excesos y desatinos de los gobiernos regionales más irresponsables, permitiendo así que todo siga más o menos igual en lugar de corregir sus graves desequilibrios.
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Por desgracia, el PP ha preferido guardar en el cajón la Ley de Estabilidad Presupuestaria, a pesar de que fue una de sus medidas estrella. Hacienda podría exigir drásticos recortes de gasto a las autonomías con mayores déficit y deudas para equilibrar sus cuentas, imponiendo la eliminación de entes y todo tipo de empresas, llegando incluso a intervenir financieramente la autonomía en caso de incumplir tales recomendaciones. Sin embargo, la larga batería de medidas que contemplaba esta norma se ha convertido en mero papel mojado. En la práctica, Rajoy ha optado por salir al rescate de las comunidades más incumplidoras mediante préstamos muy favorables e incondicionales, desincentivando la necesaria austeridad pública y llegando incluso al absurdo. No en vano, resulta cuanto menos grotesco que Cataluña concentre el grueso de la financiación que otorga el FLA, permitiendo que la Generalidad pueda seguir pagando salarios y subvenciones, mientras Artur Mas blande la bandera del independentismo, saltándose el marco legal a su antojo, y vocifera el lema España nos roba -cuando más bien es al contrario-.

Un partido llamado ‘Vox’
Pablo Sebastián www.republica.com 18 Enero 2014

La presentación de un nuevo partido político conservador que se llama ‘Vox’ (Voz), en alusión directa a la necesidad de que el pueblo se pronuncie ante los graves problemas del país, es una iniciativa meritoria en medio de la crisis nacional y sin duda una aportación al debate político aunque el núcleo de sus dirigentes -muchos de ellos relacionados con las asociaciones de víctimas del terrorismo- y el contenido de su programa no anuncian una mayor novedad que no esté presente en el seno de los actuales partidos nacionales y especialmente en el seno del PP. Excepción hecha de su propuesta de supresión de las Comunidades Autónomas, lo que parece tener un cierto respaldo popular en respuesta a la crisis de la cohesión nacional del Estado que parte del independentismo catalán así como del despilfarro y la gran corrupción detectada en el seno de unas Autonomías que por lo demás se han convertido en principales agencias de colocación de los militantes y amigos de los grandes partidos nacionales, PSOE y PP.

Aunque en un principio cuentan con la simpatía de un sector del ala derecha del PP y las asociaciones de víctimas del terrorismo, una base electoral que dividida en circunscripciones provinciales se diluirá mucho y sin perspectivas de alcanzar escaños, el nuevo partido, donde de momento no aparece ningún líder de verdadero alcance nacional -como podría serlo Esperanza Aguirre, que está muy en línea con varias de sus propuestas- y que está a la espera de la posible incorporación de Alejo Vidal Cuadras, representa un sentir muy conservador que algunos tratan de disfrazar de liberal (el único notorio liberal que está entre sus fundadores es Ignacio Camuñas) y otros de situarlo en la ‘extrema derecha’, un espacio político que en España no existía como tal -y que sí prolifera en otras naciones de nuestro entorno -Francia, Inglaterra, Holanda, Italia, Austria, etcétera- y que está acomodado en el seno del PP junto a los restos del franquismo que aportó la desaparecida AP (Alianza Popular) de Manuel Fraga.

Y buena prueba de ese posicionamiento muy conservador se ve en el apoyo mediático/cultural que ha recibido del club de tertulianos y medios cercanos a esa extrema derecha radical, y ahí incluido el diario El Mundo. Aunque en el caso de este periódico, más por la actual animadversión de su director Pedro J. Ramírez a Rajoy y al PP, que por su coincidencia con Vox. De hecho El Mundo apoya con igual entusiasmo a UPyD con la clara intención de que Vox por la derecha y UPyD por la izquierda, le quiten a Rajoy votos y la oportunidad de recuperar la mayoría absoluta, algo que parece descartado, y no por la competencia que se le acerca al territorio del PP por la derecha y el centro, sino por sus errores y pésimas maneras autocráticas y autistas de gobernar.

En cuanto al liderazgo que hoy ostenta en Vox por su notoriedad y su ejemplar y encomiable trayectoria, José Antonio Ortega Lara, la gran víctima de ETA, quizás convenga decir que no parece ajeno a un cierto oportunismo que despierta más ‘compasión’ que pasión política, aunque el partido tiene la virtualidad de canalizar por la vía de la política el activismo creciente de las asociaciones de víctimas del terrorismo, lo que nos parece justo y necesario una vez que esas Asociaciones, que reciben ayudas públicas, no deben entrometerse en la política y menos aún atacando al poder judicial, como lo han hecho en muchas ocasiones desde la estructura que en parte se financia con fondos públicos. Por otra parte Vox no ha sido capaz, hasta el momento, de presentar un concreto ‘equipo de Gobierno’ con nombres y apellidos, lo que sería necesario para completar su aspiración de alcanzar el Gobierno de la nación.

Además, el nuevo partido se declara monárquico y a la vez contrario a la corrupción, lo que en las circunstancias actuales incluye, a falta de matizaciones, una cierta contradicción, de igual manera que parece una quimera inalcanzable su propuesta de poner fin al Estado de la Autonomías del que, entre otras cosas, vive un alto porcentaje de la población española. Incluso les faltan precisiones sobre capítulos sociales como la actual ley del aborto del PP, la inmigración, la pobreza, la confesionalidad del Estado, etc.

No obstante la iniciativa de Vox tiene su mérito, refleja una parte del malestar de la ciudadanía contra la clase política vigente y los partidos que representan, y se suma a iniciativas recientes como las que años atrás han protagonizado Ciudadanos y UPyD, que son testigos de las enormes dificultades que en España impiden la aparición de nuevas ofertas políticas por causa de la hoy vigente ley electoral y de financiación de partidos. Así como el control de los grandes medios de comunicación por parte de PP y PSOE, tanto en el sector público como en el privado. Veremos cómo les va, en las próximas elecciones europeas tienen al alcance de la mano una primera oportunidad, quizás demasiado cercana a su nacimiento, pero con la ventaja de la circunscripción única en el territorio nacional.

En todo caso consideramos que su propuesta no es la que España necesita en este fin de Régimen en el que hoy estamos inmersos -al margen de la calidad y la decencia de la clase política y de los partidos que representan y de sus acciones de gobierno-, que a buen seguro no se va a solucionar con retoques parciales de corte ideológico y programático para que al final todo se quede más o menos como está. Sin el diagnóstico claro de la metástasis que sufre el régimen de la Transición, y sin una propuesta y enmienda a la totalidad del modelo vigente, entendemos que la ciudadanía española no percibirá con claridad la verdadera ALTERNATIVA DEMOCRATICA (con mayúsculas) que España necesita para salir del atolladero actual, que sin duda pasa por el republicanismo democrático y un sistema impecable de separación de poderes, de la elección directa de ¡todos! sus representantes y gobernantes y de un modelo presidencial.
www.pablosebastian.com

Ayudas públicas
Nota dle Editor 18 Enero 2014

Yo he recibido y recibo muchas ayudas públicas: desde precios de matrícula subvencionados, a becas (por sobresalientes y matrículas de honor), ayuda de comida, para comprar sellos y hojas de afeitar (en el ejército, no había para mas), billetes de metro subvencionados, entradas a museos id,. desgravación por algunas inversiones (aunque luego te esperan con el cazo), total que con tantas ayudas públicas he debido perder el derecho a criticar a los profesionales de la política y de la justicia. Me parece que no puedo estar de acuerdo y seguiré criticando, mientras no pueda hacer algo más eficaz, a los miserables que hacen que pertenezca a los ciudadanos de cuarta clase, español hablantes en regiones donde el español es lengua impropia.

El estallido social.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 18 Enero 2014

El miedo escénico ha podido con la legitimidad del Estado de Derecho. La torpeza de la casta política se ha hecho evidente con los sucesos de Burgos con la excusa de las obras del proyecto de bulevar en el barrio ya famoso mundialmente del Gamonal. El alcalde de Burgos, Javier Lacalle ha cometido un error de bulto al ceder a las presiones de algaradas callejeras provocadas por anti sistemas dando un mensaje de que la violencia compensa. Una actitud avalada por la cúpula del PP que se ha inhibido y no ha exigido inmediatamente la dimisión de este acobardado edil.

Podemos debatir si, como en otros muchos casos, debe primar la megalomanía y los viejos tics ligados a las obras faraónicas, que llevaron a las cotas de corrupción y el estallido de la burbuja inmobiliaria, sobre el interés general y la austeridad obligada por la crisis económica que afecta a la sociedad española. Porque nadie duda del valor añadido de un embellecimiento urbano y la creación de plazas de aparcamiento subterráneas que eliminen la visión apabullante de coches aparcados en hileras interminables. La otra cara de la moneda es que esa obra conlleva un gasto desorbitado y que esas plazas de aparcamiento tienen un coste inasumible para los vecinos (concesiones temporales a 30.000 euros la plaza).

Nadie duda de la legitimidad del consistorio para acometer esas obras, pero sí de la oportunidad de llevarlas en este momento a cabo, con la agravante de las dudas sobre algunos de los elegidos como ejecutores salpicados por casos de corrupción urbanísitica. Nadie duda de que la Ley no puede violarse con algaradas callejeras lideradas por grupos anti sistema que usan esta plataforma para organizar su propia revolución violenta. Nadie puede negar la complicidad de algunos partidos políticos como IU que son capaces de justificar esta violencia como una consecuencia del "estallido social" provocado por la politica de opresión del Gobierno.

El PP debe rectificar de modo urgente y reconocer el error garrafal de haber tomado la peor decisión entre todas las posibles. El diálogo siempre es deseable frente a la imposición. Sin embargo, siempre debe prevalecer el Estado de Derecho y el imperio de la Ley. La violencia debe ser perseguida y sancionar a los responsables, tanto a los actores como a los inductores. Es por ello que es exigible la dimisión inmediata de un edil que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias y que ha cedido al chantaje de los violentos,bien por propia convicción o inducido desde su línea jerárquica en el partido.

España está en una situación muy delicada en la que el silencio de la sociedad puede transformarse en estallido ensordecedor en cualquier momento y por cualquier motivo. Esta situación de extrema sensibilidad social está siendo aprovechada por grupos revolucionarios y anti sistema para intentar imponer sus fines que conllevan la destrucción de la escasa democracia que disponemos. Es deber de los partidos políticos dar ejemplo y comportarse de forma que no den excusas a los violentos mediante actuaciones contrarias e incompatibles con la realidad social, donde se exigen sacrificios hasta extremos insoportables. No se puede actuar como si el dinero recaudado fuera un maná inagotable y no fruto del esfuerzo y empobrecimiento de la sociedad. Hay que administrar con rigor y ponderación.

Hay que acabar con la veleidad que supone acometer estas obras faraónicas cuyo objetivo es ser un escaparate para el lucimiento personal de la casta dirigente y el populismo en época electoral. Es necesaria una regeneración del pensamiento y de las formas de actuar incompatibles con lo que exige la sociedad a cambio de su sacrificio.

Cuando la calle impone su fuerza a las instituciones
Editorial El Mundo 18 Enero 2014

EL ANUNCIO de la renuncia definitiva a construir el bulevar de Gamonal como consecuencia de las presiones muestra un camino muy peligroso: es posible torcer el brazo a las instituciones democráticas con movilizaciones en la calle. El mensaje es peligroso en cualquier caso, pero resulta más dañino si cabe en las actuales circunstancias, en medio de un pulso al Gobierno por parte de partidos independentistas que basan su fuerza en cuestionar la legitimidad de la ley y de las estructuras del Estado.

La primera consecuencia de esta decisión municipal debería ser la dimisión del alcalde. Javier Lacalle tenía cuatro opciones: continuar con las obras pese a las protestas, suspenderlas temporalmente para tratar de consensuarlas con los vecinos -como había prometido-, convocar una consulta para saber realmente qué es lo que piensan los burgaleses o ceder a las protestas. Ha elegido esto último. Pero un alcalde que se rinde a la calle tiene que irse a su casa. Con más motivo cuando, al anunciar la suspensión definitiva de las obras, ha informado de que las empresas contratistas también han recibido «presiones en sus propias sedes». Es decir, el Ayuntamiento de Burgos ha acabado cediendo no a un sentir de la mayoría, sino a la coacción. Javier Lacalle dice que, con su decisión, confía «en que desaparezca la tensión». Si el criterio para solucionar los problemas en la política fuera evitar el conflicto, no existiría el Estado de Derecho, porque se impondría la ley del más fuerte.

En el fondo, lo que se dilucida en este conflicto es la capacidad de un gobierno municipal para desarrollar un proyecto que cumple con todos los requisitos legales y que estaba en el programa electoral con el que ganó las elecciones. Enfrente están quienes consideran que la oposición de los vecinos es razón suficiente para no acometer la obra, ya sea por las consecuencias que conlleva -hará perder plazas de aparcamiento y estrangulará la circulación- o por un planteamiento ideológico, de oportunidad política.

Probablemente la mejor solución hubiera sido plantear una consulta a los burgaleses, no sólo a los de Gamonal, pues todos sufragan con sus impuestos las obras, a todos afecta un proyecto urbanístico que pretende rediseñar uno de los accesos al centro y todos tienen derecho a pronunciarse. Con los datos de esa votación hubiera sido mucho más fácil desbloquear la situación. Está muy fresco aún lo ocurrido en El Cabanyal, en Valencia. Quienes se manifestaban en contra de las obras y se arrogaban el sentir de la calle han perdido todas las votaciones, no ya en la ciudad, sino en el propio barrio. El que hace más ruido no necesariamente representa a la mayoría.

En una democracia representativa quienes tienen que tomar las decisiones son las personas elegidas en las urnas. Y lo que de ninguna manera debe ocurrir es que se trate de doblegar la voluntad de las instituciones con algaradas. El alcalde de Burgos se ha asustado ante el anuncio de nuevas protestas. Cabe cuestionarse si ha existido permisividad por parte de las fuerzas de seguridad;si Interior ha hecho todo lo posible por garantizar el orden. Pero en cualquier caso, su ejemplo es un mal precedente.

en el economista
Durísimo ataque de Antonio Papell contra Vox en El Economista: “Grupúsculo de ultramontanos sin futuro”
Juanjo Ayesta. Minuto Digital 18 Enero 2014

Así de duro se muestra el analista político en un artículo de El Economista. Para el analista “un sector ultramontano del PP, probablemente sin conciencia clara de que el radicalismo conservador está hoy en manos de Aznar, ha plantado cara a Rajoy -un político demasiado blando, según el expresidente- por el expeditivo procedimiento de organizar una escisión, la segunda en toda la historia (la primera fue la de Juan Ramón Calero, de corta vida y ninguna influencia)”.

Antonio_Papell-1“La base teórica de los segregados, con el exdirigente vasco Santiago Abascal y el funcionario de prisiones Ortega Lara a la cabeza, no es otra que la supuesta falta de firmeza de Rajoy en política antiterrorista, ya que el presidente del Gobierno estaría siguiendo en este asunto la hoja de ruta que le dejó trazada Rodríguez Zapatero. Los otros principios rectores del nuevo partido serían la unidad de España y la lucha contra la corrupción. Como se ve, un vasto y completo ideario” continúa el Papell.

Y va más lejos al afirmar que “es muy probable que los promotores de la idea, ingenuos y poco avezados en estas lides, no se hayan percatado de que quienes les han bailado el agua, provenientes del extrarradio del PP, están utilizando la política antiterrorista de Rajoy, que es además la única posible, como instrumento de oposición interna al líder. En consecuencia, les viene bien que se produzca la escisión pero en ningún caso se adherirán a ella. Esperanza Aguirre o Jaime Mayor Oreja -éste, a medio camino entre la ruptura y la cabecera de la lista del PP en las europeas- halagarán a los valientes que llaman a las cosas por su nombre, pero de ningún modo se sumarán o mucho menos se pondrán al frente de una aventura claramente abocada al más estrepitoso de los fracasos.”

Papell entiende también que “los promotores de VOX se habrán sentido subyugados por la evidencia de que sólo en España no existe un partido de extrema derecha que compita con el centro-derecha convencional. Esto es así, sin duda, pero la extrema derecha que podría triunfar, y que de hecho triunfa en Francia o el Reino Unido, no es la que bosquejan Abascal y Ortega Lara: es la xenófoba que toma como leitmotiv la lucha contra la inmigración. En este país nuestro, además, el sistema electoral impulsa hacia el voto útil y grava con un durísimo rozamiento a las minorías que tratan de asomar por cualquier resquicio del sistema de representación. Es, en definitiva, altamente improbable que los votantes del PP, por convicción o por utilitarismo, opten por el grupúsculo recién formado, más allá de algún sector de las víctimas del terrorismo o de la militancia vasca. Y si finalmente Mayor Oreja encabeza la lista europea, ni siquiera esa minoría acabaría respaldando esta iniciativa voluntarista y sin futuro” .

La única politica antiterrorista posible
Nota del Editor 18 Enero 2014

No sé si en el artículo original figurará este disparate. Afirmar que la política antiterrosrista que consiste en dejar la política en manos de los filoterroristas y los terroristas convictos en la calle es la única posible es un planteamiento claro que hay que adoptar cuando se siente el frío del cañón de una pistola en la sien. En cualquier otra circunstacia es demencial.

Elección de personal
IGNACIO CAMACHO ABC  18 Enero 2014

El partido que presenta unos candidatos soberanistas no se puede sorprender de que acaben apoyando el soberanismo

CUANDO Pere Navarro incluyó en las candidaturas del PSC a los tres diputados que el jueves apoyaron el referéndum de autodeterminación lo hizo para complacer a ese sector soberanista del partido que desde el tiempo de Maragall coquetea con la hoja de ruta del nacionalismo. Ahora que Mas ha echado el carro institucional por las piedras, el líder (?) de lo que queda de los socialistas catalanes pretende embridar a unos parlamentarios que siguen defendiendo lo mismo que preconizaban hace año y medio y que en ese sentido no han engañado a nadie. Al hacer las listas, Navarro sabía quiénes eran y cómo pensaban y por eso precisamente los metió en ellas. Entonces quería estar al plato y a las tajadas, hacerse el integrador con lo que los obreristas de la periferia de Barcelona llaman «los pijos de Sant Gervasi», los tardomaragallistas, y sostener el discurso de ambigüedad que ha llevado al desastre al antiguo eje político de Cataluña. El desafío secesionista le ha obligado a abandonar los casuismos y las contradicciones pero no puede quejarse de que los desobedientes continúen en el mismo sitio donde él los colocó para cubrirse de apariencias.

Tampoco puede negarles libertad de voto el mismo PSOE que se la pide al PP ante la ley del aborto. O admitimos el libre albedrío y la decisión en conciencia o no lo hacemos, pero no vale en unos casos sí y en otros no. Habrá que repetirlo las veces que sea necesario: los parlamentarios son por definición soberanos e independientes en conciencia, dueños de su escaño, y corresponde a los partidos que los presentan la responsabilidad sobre sus criterios de selección de personal. El que presenta unos candidatos soberanistas no se debe sorprender de que apoyen el soberanismo.

Para encauzar en una cierta cohesión esa dialéctica entre albedrío y obediencia, que es consustancial al propio mecanismo representativo, no hay más que una fórmula: se llama liderazgo e implica claridad de ideas, capacidad de persuasión, de convicción y de arrastre. El del PSC es bastante precario porque está formado sobre equilibrios inestables con importante disenso ideológico. La dirección de Navarro carece de suficiente fuerza prescriptiva y hasta ahora ha ido trampeando su falta de estrategia con fintas tácticas, pero la presión del bloque secesionista es demasiado potente para tratar de resistirla con devaneos. El episodio de los votos díscolos es consecuencia de un liderazgo inestable que hasta anteayer ha estado flirteando con el llamado «derecho a decidir» y que sólo ha reaccionado ante la inminencia de un comprometedor desafío categórico. El socialismo catalán tiene un problema de identidad y de doble alma que no ha resuelto. Y que no va a resolver mientras no entienda que hay ciertas circunstancias ante las que hay que apostar con determinación y sin ambages.

Lo que no se quiere oír sobre Cataluña
El problema del encaje catalán en España es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño
César Molinas El Pais 18  Enero 2014

Hay cuestiones de fondo sobre Cataluña que no se quieren oír y, mucho menos, escuchar. No puedo obligar a nadie a escucharme pero, al menos, voy a intentar hacerme oír. En este artículo quiero aportar cuatro reflexiones sobre Cataluña y sobre la relación de Cataluña con España. Bien a un lado del Ebro, bien al otro o bien a los dos, estas cosas no se quieren oír. En primer lugar discutiré el “hecho diferencial” catalán desde la dialéctica Norte-Sur en la Europa actual. El problema del encaje de Cataluña en España, como el de Lombardía en Italia, es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño. A continuación caracterizaré a Cataluña como una sociedad compleja aún vertebrada por una mentalidad menestral cuyas raíces se remontan a la baja Edad Media. Cataluña se desarrolló y llegó a ser lo que es gracias al decreto de Nueva Planta de 1714, no a pesar de él. En tercer lugar argumentaré que el contencioso Cataluña-España oculta otro contencioso entre catalanes que tiene importantes consecuencias para la sociedad catalana. A España y a Cataluña les irá mejor juntas que separadas si consiguen un acuerdo de convivencia que potencie el futuro de ambas. Por último daré unas pinceladas sobre qué hacer en la situación actual. Mis argumentos surgen de consideraciones geográficas e históricas que considero razonables.

LOS CATALANES, EUROPEOS PATA NEGRA
Los catalanes son europeos desde el siglo IX. A eso, en castellano, se le llama ser pata negra. El concepto actual de Europa nació con Carlomagno, cuya capital Aquisgrán dista solo un centenar de kilómetros de las actuales capitales de la Unión Europea Bruselas y Luxemburgo. Esta coincidencia geográfica no es casual. Robert Kaplan señala en su reciente libro La venganza de la geografía que la columna vertebral de Europa sigue estando en la diagonal que va del Canal de la Mancha a los Alpes, ruta de comunicación principal del imperio franco. En ese mapa, carolingio y actual, Cataluña ocupa una situación peculiar. Desde finales del siglo VIII fue parte de la Marca Hispánica, zona defensiva entre el Imperio y Al-Ándalus que, según Vicens Vives, se caracterizaba no por ser una fortaleza de montaña sino por ser un corredor protegido por montañas. Este carácter de corredor y de portal de la península Ibérica hacia Europa ha conformado, para Vicens, el europeísmo distintivo de la mentalidad catalana y su “permanente éxtasis transpirenaico”. Esta mentalidad y este éxtasis constituyen, en mi opinión, el llamado “hecho diferencial catalán”.

La mentalidad catalana tiene un permanente éxtasis transpirenaico
Tony Judt se refiere repetidamente a Cataluña en su ensayo de 1996 ¿Una gran ilusión? Judt establece un paralelismo entre las regiones europeas de Baden-Württemberg, Rhône-Alpes, Cataluña y la antigua Lombardía carolingia, autodenominadas los Cuatro Motores de Europa en un acuerdo que firmaron en 1988. Son regiones prósperas, ninguna de las cuales incluye a la capital del Estado, que se consideran culturalmente más próximas entre sí que con otras regiones de sus respectivos países. Según Judt se sienten europeas, pagan sus impuestos, están mejor educadas, tienen una ética del trabajo y una industriosidad que no comparten otras regiones de los Estados a los que pertenecen —regiones a las que se ven obligadas a subvencionar— y tienen poco peso en la toma de decisiones de sus gobiernos. Como señala Kaplan, son regiones “norteñas, que no se sienten identificadas con las que creen regiones atrasadas, perezosas y subsidiadas del sur mediterráneo”. Vicens Vives nunca lo hubiese escrito tan crudamente. El problema del encaje catalán en España es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño. Es un problema de muy difícil solución, agravado por la ausencia histórica de un Cavour catalán que impulsase un proyecto nacional capaz de integrar a los demás pueblos de la Península. Es un problema que se arrastra desde hace siglos y que no se arreglará ignorándolo o negándolo.

Una anécdota del ya centenario Swann ayuda a entender quién es qué en la relación con Europa. Unos parvenus amigos suyos habían tenido la ocurrencia de contratar a unos aristócratas arruinados para ponerlos de porteros en su mansión. Swann se lo desaconsejó, advirtiéndoles que las visitas de calidad nunca pasarían del portal. En el debate sobre la integración en Europa de una Cataluña independiente, los independentistas tendrían todo que perder si el debate se situara en el terreno de la estricta legalidad de los Tratados, pero tendrían todo que ganar si se situase en el terreno de la legitimidad, es decir, si el debate fuese sobre quién es el parvenu. Lo más probable es que la discusión se sitúe, llegado el caso, en un punto intermedio entre las dos alternativas. Lo que desde Madrid se ve como un problema jurídico es, en realidad, un problema político en el que las autoridades españolas pueden llevarse más de una sorpresa. Quizá sea útil recordar, como precedente, la alfombra roja que se puso a otro pata negra europeo, la también carolingia Eslovenia, para su integración en la Unión Europea y en el euro en un tiempo récord. O la posición europea sobre el corredor mediterráneo.

UNA MENTALIDAD MENESTRAL
Sigo con Vicens Vives, buen conocedor de los catalanes. Y sigo con su ensayo Noticia de Cataluña, que debería ser leído y releído con mucha atención tanto al norte como al sur del Ebro. Para Vicens lo más distintivo de la mentalidad catalana, junto a su europeísmo, es su carácter menestral. La menestralía, con fuerte presencia ya en la Cataluña del siglo XIII, es “una mentalidad más que una situación, un concepto de la vida más que una forma de ganársela”. Surge de la “gente de gremio, pueblo menor, hombre y herramienta”. Los menestrales “acabaron ocupando un lugar entre las minorías dirigentes del país, desde el que difundieron el espíritu originario de clase: la dedicación al trabajo, la inclinación práctica de la vida y la limitación de horizontes” y “constituyeron la reserva humana y social de Cataluña, la plataforma sobre la que iban a montarse los siglos XVIII y XIX”. La mentalidad menestral sigue articulando hoy en día una sociedad catalana que, a pesar de su complejidad actual, se sigue reconociendo en el trabajo entendido no como “castigo divino” sino como “signo de elección” y sigue mostrando una característica falta de ambición en su proyección hacia el mundo exterior.

Cataluña se desarrolló gracias al decreto de Nueva Planta, no a su pesar
El feudalismo catalán, surgido dentro del imperio carolingio, tuvo muy poco que ver con el del resto de la Península. Fue mucho más robusto y “europeo”, y creó unas instituciones que, en lo esencial, perduraron hasta principios del siglo XVIII. Hasta el 11 de septiembre de 1714, para ser más precisos. Cuando Ortega achaca la anomalía histórica de España a la anomalía de su feudalismo y a la baja calidad de los godos que la invadieron, se olvida del caso catalán. Las instituciones medievales franco-catalanas fueron solidísimas, hasta el punto de poder asimilar la mentalidad menestral sin cambiar sustanciándote, porque la menestralía encajaba bien en el corporativismo de la época. Pero esa solidez institucional, en ausencia de un monarca absoluto que la pusiera en cuestión para afirmar su propio poder, fue la causa principal del estancamiento y declive de Cataluña desde mediados del siglo XV hasta principios del XVIII. Este declive fue tanto económico como cultural. Por poner un ejemplo de cada, ambos apuntados por Vicens, si Cataluña no se aprovechó del comercio con América hasta el siglo XVIII fue por falta de ambición y de emprendimiento, no porque tuviese ningún impedimento legal para hacerlo. Se aprovechaban los genoveses, portugueses, franceses, holandeses... pero no los catalanes. En el ámbito cultural, los siglos XVI y XVII, siglos de oro del castellano, el inglés y el francés, fueron un desierto para el catalán. Aherrojada por sus instituciones medievales, respetadas hasta por el Conde-Duque de Olivares, Cataluña dormitó durante dos siglos y medio hasta que un Borbón, Felipe V, precipitó el cambio y la empujó hacia la modernidad. ¿Qué hubiera pasado si en vez del Borbón hubiese ganado la guerra el Habsburgo? A mí me parece probable que Cataluña, constreñida por sus instituciones, se hubiese perdido la revolución industrial. Cataluña se desarrolló gracias al decreto de Nueva Planta, no a pesar de él.

La mentalidad menestral —trabajo, sentido práctico de la vida y limitación de horizontes— ha vertebrado Cataluña durante cinco siglos y sigue siendo la más relevante hoy en día. Esto es particularmente cierto para el independentismo catalán actual. Menestrales son la monja Forcades, Carme Forcadell y Oriol Junqueras, todos ellos en la versión casa pairal. En versión pro domo mea, menestrales son Jordi Pujol y Artur Mas, entre muchos otros. El denominador común de la menestralía es la nostalgia de un medioevo idealizado, el gusto por una fuerte regulación de la sociedad y de la actividad económica —de lo que es buena muestra el Estatuto catalán en vigor, con sus 223 artículos y 152 páginas— la limitación de horizontes y la falta de ambición para proponer un proyecto capaz de integrar a todos los catalanes y, también, a todos los españoles. El modelo de sociedad del independentismo menestral parece inspirado en el pueblo de los hobbits.

Sin embargo, proyectos ambiciosos de catalanizar España construyendo una sociedad moderna basada en el trabajo existieron en las segunda mitades de los siglos XVIII y del XIX. Relata Vicens cómo, en la primera circunstancia, se produjo una auténtica diáspora de catalanes por tierras de la antigua Corona de Castilla, colonizando Sierra Morena, renovando las artes de pesca en Galicia y Andalucía, estableciendo sus oficios en las ciudades de la meseta… Ilustrados como Campomanes soñaron con transformar España adoptando instituciones catalanas. En el siglo XIX “Cataluña predicó a las otras Españas el evangelio de la redención por el trabajo” para conseguir el resurgimiento económico y la industrialización. El fracaso de estos intentos provocó el retraimiento de los catalanes, que todavía dura, su aversión a participar en el gobierno del Estado tanto a nivel político como burocrático, que también perdura, y el fortalecimiento de la mentalidad menestral ante la quiebra de alternativas más ambiciosas.

CATALUÑA Y ESPAÑA SE NECESITAN
Tanto España como Cataluña necesitan desesperadamente un proyecto nacional. Como he recordado en otras ocasiones, para Ortega una nación es un proyecto de futuro con capacidad integradora. Ese proyecto no lo tienen ahora mismo ni España ni Cataluña. En el primer caso no hay proyecto para afrontar la cuádruple crisis —económica, institucional, territorial y moral— que tiene gripada a la sociedad española. El régimen político de 1978 está basando su supervivencia en la táctica del avestruz, negando las crisis para no tener que hacer ningún cambio significativo. Si no cambia de actitud, durará poco. En el caso catalán el único proyecto político explícito es el independentista. En cierto modo, también es una manera de negar una crisis que afecta a Cataluña de manera muy parecida a la del resto de España. En cualquier caso, el proyecto independentista no es un proyecto integrador puesto que divide profundamente a la sociedad catalana en dos partes de tamaño similar y de convivencia complicada. No es, por tanto, un proyecto nacional, al menos en el sentido que le da Ortega a este término.

España necesita a Cataluña por dos motivos, uno en negativo y otro en positivo. En negativo, porque la ruta previsible del presente conflicto territorial lleva a una bunkerización de posiciones en España y en Cataluña que será la excusa perfecta para que la clase política no aborde ninguna de las reformas imprescindibles para afrontar con éxito los retos del siglo XXI, en particular la mejora del capital humano necesaria para evitar la proletarización de la sociedad española en la economía global. En positivo, porque la gran asignatura pendiente de España es la adopción de una cultura del trabajo como opción de realización personal y no como castigo divino. Eso lo hizo Cataluña hace muchos siglos y la emulación con Cataluña en una casa común puede ser un estímulo importante para que España consiga hacerlo.

Cataluña necesita a España también por dos motivos y también hay uno en negativo y otro en positivo. En negativo Cataluña necesita a España por una razón simétrica a la del párrafo anterior. Las reformas que hay que hacer en Cataluña son similares a las que hay que hacer en el conjunto de España, empezando por la de la clase política. La bunkerización conduce a no hacerlas y a culpar al adversarios de todos los males propios. Además, una confrontación creciente deja al independentismo como único proyecto político posible y eso tendría efectos divisivos muy grandes para la sociedad catalana. Lo que ahora se presenta interesadamente como una confrontación entre Cataluña y España se revelaría como una confrontación entre catalanes en la que los que ambicionan pensar y actuar “en grande” en mundo globalizado quedarían marginados. En positivo, Cataluña necesita ambición. Necesita que sus grandes empresas se hagan mucho mayores y se globalicen. Al contrario que Baden-Württemberg o Rhône-Alpes, Cataluña no tiene grandes empresas con proyección global y no las tiene por falta de ambición, no porque esté oprimida o expoliada. España, cuyas grandes empresas son globales, tiene la ambición que a Cataluña le falta. La emulación con España en una casa común puede ser un estímulo importante para que Cataluña consiga hacerlo.

QUÉ HACER CON CATALUÑA
Por las razones aducidas en el epígrafe anterior, el debate sobre qué hacer con Cataluña sólo tiene pleno sentido en el marco más amplio del debate sobre qué hacer con España. Ahora bien, si este último debate no pudiera tener lugar, porque la clase política se negase a ello, o si fracasara el intento de construir un proyecto de futuro atractivo para los españoles, lo mejor que podrían hacer los catalanes es soltar lastre y plantearse el debate por separado. Por lo dicho hasta aquí, tampoco está claro a priori que a nivel catalán pudiera consensuarse un proyecto integrador y ambicioso pero, en mi opinión, estaría justificado intentarlo.

La actual discusión sobre Cataluña, restringida a dos interlocutores bunkerizados, sólo sirve para disimular tras las respectivas banderas la falta de proyectos nacionales a nivel español y catalán. El Gobierno de España considera la cuestión catalana como un problema estrictamente jurídico, no halla lugar en la Constitución para autorizar una consulta y no ve necesario ni conveniente tomar ninguna iniciativa política para proponer un nuevo encaje de Cataluña en la casa común. Los catalanes deben conformarse con lo que hay y, además, resignarse a una ofensiva recentralizadora y “españolizadora”. Por otra parte, el independentismo catalán, encabezado por el Gobierno de la Generalitat, acelera un plan para proclamar unilateralmente la independencia en algún momento de 2015. El choque de trenes parece muy probable, porque ambos gobiernos esperan sacar grandes réditos políticos del conflicto en el corto plazo, que es el único horizonte que parece importarles. Si el choque se produce, la independencia de Cataluña será prácticamente inevitable, a pesar de que irá en contra del interés general de los catalanes y de todos los españoles.

Es necesario superar esta situación. El contencioso no debe dejarse en las solas manos de quienes no tienen ningún interés en resolverlo. La sociedad civil debería tener un papel mucho más activo, impulsando los necesarios debates —que van mucho más allá de independentismo sí o independentismo no— y dando mucho más protagonismo a la ambición en los proyectos de futuro. La clase política no está por la labor. Las grandes empresas y las personalidades del mundo económico catalán deberían hacer oír su voz con más fuerza, con el pluralismo que ello entraña, y lo mismo deberían hacer las del resto de España. Madrid y Barcelona son, junto con Milán, las grandes concentraciones humanas, económicas e industriales del sur de Europa. Un eje de cooperación a todos los niveles entre las dos grandes ciudades españolas es necesario para complementar y contrapesar a la gran Banana Azul europea, que tiene su extremo sur en la ciudad del Po y termina por el norte en Liverpool.

No parece haber nadie en el mapa político que asuma la idea de España como nación de naciones para reconstruir sobre ella la casa común. A mí me parece que ya es demasiado tarde —no lo era hace cuatro años— para intentar una reforma federal de la constitución. Hay que ser más ambiciosos y la sociedad civil también tiene que tener un papel decisivo en este debate. No bastan albañiles: se necesitan arquitectos para evitar que se nos caiga la casa encima.

César Molinas publicó en 2013 el libro Qué hacer con España

Latines
JON JUARISTI ABC  18 Enero 2014

· La aparición de Vox y el cisma del PSC son signos alarmantes de una crisis de los grandes partidos, producida por el desafío independentista

¿DE quién ha sido la idea de bautizar en latín el nuevo partido presidido por José Antonio Ortega Lara? Hay que admitir que, en estos tiempos de descrédito de las humanidades clásicas, constituye un gesto meritorio de resistencia, pero no deja de resultar un poco extravagante. Parece como si los padres y madres de la criatura se resignasen de antemano a una condición perpetuamente minoritaria. Me ha hecho recordar de inmediato el diccionario escolar que utilizábamos en el bachillerato elemental para traducir a César, Cicerón, Salustio o San Lucas, que te podían caer en la reválida: aquel Diccionario Vox que vino a sustituir al «de Miguel», es decir, al diccionario etimológico latinoespañol de don Raimundo de Miguel, catedrático del Instituto Madrileño de San Isidro, sobre el que se despistojaron ochenta y tantas promociones de bachilleres españoles desde el Sexenio Democrático al franquismo. El Vox te lo daba todo mamado. Traía traducciones de párrafos enteros de La Guerra de las Galias y contenía un cuadernillo con un prontuario gramatical, muy útil para fabricar chuletas.

A primera vista, se diría que Vox –no el diccionario, sino el partido– pretende atraerse el voto de la derecha más descontenta con el Gobierno, pero entre los principios que defienden sus fundadores solamente hay uno que marca una diferencia clara con el ideario del PP, del que algunos de ellos proceden: su rechazo del Estado de las Autonomías. Esto implica el riesgo de que la identidad de la nueva formación se desdibuje hasta el punto de verse reducida a la de una fuerza radicalmente centralista, cuyas iniciativas se estrellarían contra la letra de la Constitución en una medida no menor (si bien por motivos opuestos) a las de los independentistas catalanes. Como éstos, Vox podría encontrarse pronto fuera del sistema. Por eso su caso no es comparable al de UPyD o

Ciutadans, que, en lo que respecta al Capítulo Tercero de la Constitución, son, como mucho, reformistas. Impugnar la existencia de los parlamentos regionales no es lo mismo que defender la devolución de competencias concretas a la Administración central. Cuando UPyD insta al Gobierno a aplicar el artículo 155 a Cataluña, podrá estar haciendo una interpretación más o menos acertada del texto de dicho artículo con referencia a las circunstancias actuales, pero está claro que no se sale en lo más mínimo del marco constitucional.

Es posible, por otra parte, que la actual dirección del PP considere que la aparición de Vox le pueda aliviar la presión interna de la olla, evacuando hacia el nuevo partido a su sector más ruidoso y disconforme con Rajoy. Se desembarazaría así de una minoría molesta. Lo malo es que ni las mayorías ni las minorías son estables. Tanto el nacimiento de Vox como la insurrección de la minoría soberanista del PSC podrían ser los primeros signos de una reacción en cadena –catalizada en ambos casos por el desafío independentista del nacionalismo catalán– que destace tanto al PP como al PSOE antes de que se logren reconstruir los consensos básicos. No es probable que de estas escisiones latiniparlas o catalanohablantes surjan grandes partidos. Su proliferación, sin embargo, sería catastrófica y no creo que representasen ventaja alguna frente al bipartidismo, cuya crisis resulta más que evidente. Porque UPyD y Ciutadans, cada cual en su estilo, han probado ser leales al sistema e incluso han funcionado como estímulos correctores de la política parlamentaria. Ni el nacionalismo centralista ni el separatismo auguran nada bueno, y por ambos derrumbaderos han comenzado a precipitarse los primeros disidentes de esta temporada.

Elección de personal
IGNACIO CAMACHO ABC  18 Enero 2014

El partido que presenta unos candidatos soberanistas no se puede sorprender de que acaben apoyando el soberanismo

CUANDO Pere Navarro incluyó en las candidaturas del PSC a los tres diputados que el jueves apoyaron el referéndum de autodeterminación lo hizo para complacer a ese sector soberanista del partido que desde el tiempo de Maragall coquetea con la hoja de ruta del nacionalismo. Ahora que Mas ha echado el carro institucional por las piedras, el líder (?) de lo que queda de los socialistas catalanes pretende embridar a unos parlamentarios que siguen defendiendo lo mismo que preconizaban hace año y medio y que en ese sentido no han engañado a nadie. Al hacer las listas, Navarro sabía quiénes eran y cómo pensaban y por eso precisamente los metió en ellas. Entonces quería estar al plato y a las tajadas, hacerse el integrador con lo que los obreristas de la periferia de Barcelona llaman «los pijos de Sant Gervasi», los tardomaragallistas, y sostener el discurso de ambigüedad que ha llevado al desastre al antiguo eje político de Cataluña. El desafío secesionista le ha obligado a abandonar los casuismos y las contradicciones pero no puede quejarse de que los desobedientes continúen en el mismo sitio donde él los colocó para cubrirse de apariencias.

Tampoco puede negarles libertad de voto el mismo PSOE que se la pide al PP ante la ley del aborto. O admitimos el libre albedrío y la decisión en conciencia o no lo hacemos, pero no vale en unos casos sí y en otros no. Habrá que repetirlo las veces que sea necesario: los parlamentarios son por definición soberanos e independientes en conciencia, dueños de su escaño, y corresponde a los partidos que los presentan la responsabilidad sobre sus criterios de selección de personal. El que presenta unos candidatos soberanistas no se debe sorprender de que apoyen el soberanismo.

Para encauzar en una cierta cohesión esa dialéctica entre albedrío y obediencia, que es consustancial al propio mecanismo representativo, no hay más que una fórmula: se llama liderazgo e implica claridad de ideas, capacidad de persuasión, de convicción y de arrastre. El del PSC es bastante precario porque está formado sobre equilibrios inestables con importante disenso ideológico. La dirección de Navarro carece de suficiente fuerza prescriptiva y hasta ahora ha ido trampeando su falta de estrategia con fintas tácticas, pero la presión del bloque secesionista es demasiado potente para tratar de resistirla con devaneos. El episodio de los votos díscolos es consecuencia de un liderazgo inestable que hasta anteayer ha estado flirteando con el llamado «derecho a decidir» y que sólo ha reaccionado ante la inminencia de un comprometedor desafío categórico. El socialismo catalán tiene un problema de identidad y de doble alma que no ha resuelto. Y que no va a resolver mientras no entienda que hay ciertas circunstancias ante las que hay que apostar con determinación y sin ambages.

El Gobierno Rajoy ejecuta una política impositiva que lastra el crecimiento
El ministro Montoro ha subido 41 impuestos desde que prometió bajarlos
El aumento de cotizaciones es un riesgo para el empleo, según las empresas y la mayoría de expertos
Periodista Digital  18 Enero 2014

Ussía le estropea el desayuno a Marhuenda con un artículo feroz contra Montoro
La presión fiscal a las empresas españolas supera 8 puntos a la media de la que se aplica en la UE.
El aumento de cotizaciones es un riesgo para el empleo, según las empresas y la mayoría de expertos.

El 29 de agosto de 2011, el entonces portavoz económico del Partido Popular (PP), Cristóbal Montoro, abogó por bajar los impuestos, hacerlos más eficientes y recaudar más. En declaraciones a Onda Cero, dijo que bajar los impuestos era "santo y seña" para el PP.

"Entendemos que hay que seguir bajando impuestos para ganar recaudación y no al revés".
Casi dos años y medio después, dos de los cuales ha sido ministro de Hacienda, Montoro ha hecho justo lo contrario: ha subido hasta 41 veces la carga tributaria que soportan los españoles, y lo ha hecho tocando todos los impuestos, creando nuevos, prorrogando subidas de otros, incrementando tasas universitarias, eliminando deducciones a empresas, subiendo cotizaciones sociales... hasta gravando los premios de lotería y poniendo a cotizar los cheques de comida.

Francia despierta del error intervencionista

El Confidencial 18 Enero 2014

“Hollande a confirmé le caractère libéral de la politique économique mise en oeuvre" Jean-Claude Mailly

Hay pocos países en el mundo como Francia. Cuenta con un empresariado potente, innovador, creativo, un afán por la excelencia y potencial para liderar en tecnología, industria y comercio a raudales. Enormes oportunidades para generar crecimiento. Y sin embargo, desde hace mucho tiempo, el erial intervencionista impuesto ha llevado a un país que parece secuestrado por el inmovilismo del modelo ‘dirigido’ que ha ido lentamente fagocitando a la iniciativa emprendedora.

Lo comento en Viaje a la Libertad Económica, hace sólo diez años, Alemania y Francia tenían déficits y deudas similares. Ninguna de las dos economías era, ni es, un modelo ‘liberal’ ni mucho menos, pero siempre habían cuidado a sus empresas. Alemania tomó el camino de las reformas y Francia el de “aguantar y esperar”, atacando a su propia línea de flotación con políticas fiscales y de gasto confiscatorias para sostener un sector público hipertrofiado.

La última vez que Francia tuvo un presupuesto equilibrado fue en 1980, y desde 1974 nunca ha generado superávit, la deuda pública alcanza el 93,5% del PIB, estancamiento, un paro del 10,8% y en 2012 sufría el mayor déficit por cuenta corriente de la Eurozona.  Alemania registra superávit presupuestario, crecimiento, mucho menos paro (6,9%) y menor deuda (80%). Como en España, es común escuchar que la culpa de los problemas del país viene del extranjero, de 'la globalización' o 'la crisis del euro', sin embargo las comparaciones con Alemania hunden esos argumentos.

En España nos quieren convencer de que la solución a nuestra crisis es cometer los mismos errores que cometió Hollande, subir impuestos y gastar más. Afortunadamente, Francia siempre ha superado sus dificultades y reconoce sus equivocaciones. El plan de recortes y bajadas de impuestos presentado por el presidente Hollande este martes es una buena noticia, aunque solo sea un primer paso en el camino a recuperar el liderazgo y la competitividad. Y el fracaso de las medidas de 2012 debería acallar las voces que nos exigían “copiar el modelo” en España.

En mayo de 2012, cuando François Hollande ganó las elecciones en Francia, muchos lo celebraron como un ‘jaque al neoliberalismo’. Se lo juro. Un neoliberalismo inexistente en un país donde el gasto publico supera el 57% del PIB, donde los presupuestos de las administraciones públicas han crecido un 12% en cinco años y el 22% de la población activa trabaja para el Estado, administraciones locales y hospitales públicos; donde el salario completo bruto que un trabajador debe ganar para disponer de 100 euros tras todas las retenciones por impuestos es de 230 euros (180 euros en España). Más de la mitad de la renta del trabajo se pierde en impuestos y retenciones. Pero es que hay gente que llama neoliberalismo a cualquier cosa.

La fórmula Hollande era multiplicar los mismos errores que habían llevado a la crisis a la Eurozona. Políticas de ‘crecimiento’ –de gasto- con chequera en blanco, déficits estructurales, deuda desbocada, subidas de impuestos y gasto público.

Francia ha gastado decenas de miles de millones en ‘planes de estímulo’ desde 2009. En concreto, 47.000 millones en 2009, 1.240 millones a la industria del automóvil y dos ‘planes de crecimiento’ en el mandato Hollande: 37.600 (‘inversiones’) y 16.500 millones (‘tecnología’).

En 2009, Francia tenía una media de 2,28 millones de parados y la cifra supera los 3.300.000 en Noviembre de 2013. Resultado: Record histórico de paro. Repetir.

 

Pero la realidad es tozuda, y hasta los políticos más intervencionistas terminan reconociéndola. Ante un escenario de estancamiento y problemas estructurales, el presidente Hollande anunciaba, por fin, una tímida reestructuración. 30.000 millones de euros en bajadas de impuestos a empresas (contribuciones sociales) y 50.000 millones de recortes hasta el año 2017.

La reacción, como no podía ser de otra manera, ha sido furibunda por parte de los sindicatos que acusaban al presidente de entregarse al modelo liberal. Y eso que llamar ‘liberal’ a la política económica francesa es como llamar rockero a Justin Bieber.  Una bajada de impuestos mínima y unos recortes ínfimos en un estado hipertrofiado no son medidas liberales, son medidas de ‘aflojar la soga’, que aun aprieta, y mucho.

Hay que ver las medidas con cautela. Primero, porque el periodo  y las cantidades son poco ambiciosas. La presion fiscal sigue siendo muy superior a la media de las economías comparables, un 46,5% del PIB,  y no se han dado detalles de los recortes. Y hay mucho donde recortar en un país con 5,5 millones de funcionarios y 2 millones de empleados públicos sin categoría de ‘funcionariado’, que suponen casi el 48% del presupuesto anual.

Y es que la máquina de exprimir ya no da más de sí, y genera incentivos perversos al inculcar, en un país de tradición creadora y emprendedora,  la idea de que la única salida laboral adecuada es el sector público. El escarnio público y la demonización del empresario y de los ricos termina por hacer mella y la quimera de ‘vivir del estado’  se convierte en la pesadilla donde el estado ‘vive de todos los demás’, como decía Bastiat.

 

En 2013 el déficit de Francia ha sido de unos 74.900 millones de euros, muy lejos de los objetivos, a pesar de haber aumentado los impuestos en 20.000 millones de euros.

Las subidas de impuestos han supuesto un serio problema, ya que no sólo han reducido la competitividad, sino que además, según Les Echos, el país ha recaudado 3.500 millones menos de lo esperado. La curva de Laffer en toda su gloria. Más impuestos, menos recaudación.

Francia se encuentra ante un escenario que debe utilizar para llevar a cabo reformas estructurales y mejorar su competitividad. Aprovechar un entorno de crecimiento de la Eurozona del 1,1%, las primas de riesgo a mínimos y las exportaciones creciendo. Es precisamente ahora cuando deben tomarse medidas de verdadero calado para potenciar la economía. En España nos jugamos mucho en que Francia recupere su fortaleza, ya que es nuestro principal cliente en exportaciones.

No, el plan anunciado no es suficiente, ni de lejos. Ni Francia va a convertirse de la noche a la mañana en una economía totalmente abierta, ni mucho menos liberal. Pero es un paso en la dirección adecuada para no sucumbir ante el inmovilismo esperando que el mundo cambie. Y es un paso valiente, si se lleva a cabo, al que debe seguir una batería de reformas que ponga de nuevo a Francia en la posición de liderazgo global que merece. Si no, dentro de unos años el país seguirá estancado, y todavía tendremos a algún desorientado que se atreverá  a escribir que “Francia no crece por las políticas neoliberales”.  Y pedirán más gasto público para ‘solucionarlo’


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VOX, LOS QUE FALTABAN
No es fascismo todo lo que reluce a la derecha VOX del PP
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 18 Enero 2014

La Derecha interesa sólo por sus votos, que en España se dan por seguros y gratis. La corrección política es centrista o izquierdista, pero muchos españoles se sienten mal en 2014.

Los etarras en la calle de Parot, los policías en los registros de Ruz, las promesas y esperanzas que pese a la mayoría no terminan de llegar, todo eso ha creado una sensación de vacío, de orfandad y de búsqueda en muchos caladeros históricos de simpatías y votos del PP. Al final, a muchos posibles votantes del PP se les está diciendo "vota a Iñaki Oyarzábal por el bien de Mariano Rajoy aunque no te guste ni lo que dice ni lo que hace… no vaya a ser que beneficie a peligrosos enemigos como José Antonio Ortega Lara o Santiago Abascal". Para los analistas políticamente correctos basta descalificar como fascismo cualquier nueva opción que surja. Pero no tiene por qué ser así. ¿Es "fascismo" Wert? No, su ley es sólo el cumplimiento, tardío y parcial, de una promesa. Y lo mismo dicen los de Vox de sí mismos. A ellos aún no les han registrado ninguna sede.

Nos está poniendo al día Fernando Vaquero Oroquieta, con información abundante y un análisis preciso en La Tribuna del País Vasco, de esos "numerosos movimientos políticos cara a las próximas elecciones a celebrar en España, es decir, las europeas del año próximo. Plataformas de uno y otro signo…". Hay un amplio espacio político libre y desorganizado (por reconocimiento de parte, si el Partido de mayoría absoluta es de centro y sólo de centro, deja huérfano o considera garantizado sin esfuerzo a todos esos, pocos o muchos, que llaman o son llamados de derechas). Ese espacio tiene unos referentes y unos movimientos en curso en Europa, y tiene también una larga, variada y poco conocida historia en España. Una historia que sin duda él nos hará conocer mejor.

Que hay un mundo militante y votante del PP que ha empezado 2014 sin rumbo es una evidencia; y que los chicos de Vox quieren dárselo es otra. Dicho en palabras de José Javier Esparza que no admiten enmienda, "el paso adelante que ha dado Santiago Abascal es, sin duda, el de un hombre valiente, pero es también mucho más: este caballero ha puesto voz a la indignación y al escándalo de millones de votantes del PP que se sienten clamorosamente traicionados y que aún no han sido atontados por las nubes tóxicas del marhuendismo. Es muy posible que Abascal se quede solo, porque los partidos, ya digo, son instancias de reparto de poder, no foros de debate político. Puede que el aparcero de nuestra historia termine crucificado, como ha de sucederle a todo redentor en un pueblo que no se quiere redimir. Pero puede también que esta voz despierte la conciencia de muchos; quizá de la mayoría. Ojalá hubiera en España más Santiago Abascal". Y ese sentimiento, que existe y que afecta a lo medular del PP, aún no se ha medido.

El instrumento clásico de combate político contra las opciones que reclaman ese espacio es siempre el mismo, por cierto durante décadas con mucho éxito. Basta señalar que esas fuerzas, viejas o nievas, unidas o separadas, son una "extrema derecha", cuando no un "fascismo", para privarles ante el sistema político de cualquier legitimidad o posibilidad, aunque sus votos sean millones, aunque sus soluciones acumulen consensos, aunque sus líderes sean los únicos respetados. Estudiada en su momento con genialidad por Alain De Benoist y técnicamente por el profesor Marco Tarchi, la "reductio ad Hitlerum", sigue perfectamente en vigor entre nosotros: si algo es llamado fascismo, e incluso derecha, todo el resto queda legitimado, el resto de problemas dejan de existir, esas siglas, líderes y respuestas desaparecen de lo presentable. Es probable que estemos en puertas de un nuevo sarpullido de esta falacia.

Y es una falacia. No hay fascismo que venga a España, esto no es Roma ni 1922. En mucho más feo. Claro que tenemos gente que quiere algo que no existe, o que existe en embrión o desorganizado, o que querría otro PP –o quizá sólo el de antes, qué se yo-, pero no teman ustedes, no están preparando la marcha sobre Addis Abeba ni el desembarco en Albania. Quieren menos aborto y más patria, más justicia social y menos negocios, mejor educación y menos desigualdad regional, más ahorro y menos inmigración a favor de los grandes negociantes… pero eso no es fascismo, eso estaba en el programa que muchos de ellos han votado. No hay fascismo que venga.

En cambio, y en medio de un estruendoso silencio de los medios oficiosos, la que sí avanza es la extrema izquierda violenta. Muy violenta y muy impune , con agresiones sistemáticas como en la Complutense, con grupos cuasiterroristas con o sin la excusa del fútbol, con abertzales quemando cosas sin ser detenidos y con armas y medios de ETA en sus manos. Ahí sí que hay un peligro para la convivencia, pero de ese no hablan ni las izquierdas ni los centros.

Cataluña
Los esqueletos totalitarios en el desván
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 18 Enero 2014

Siempre he discrepado con los polemistas que utilizan a la ligera e indiscriminadamente las acusaciones de nazismo para descalificar a sus adversarios políticos. También evito entablar discusiones bizantinas sobre la naturaleza fascista de determinados movimientos políticos populistas, verticalistas y autoritarios. El nazismo es, a mi juicio, el mal absoluto, y no existen aberraciones de magnitud comparable. El comunismo lo sigue a muy corta distancia. En cuanto al fascismo, o los fascismos, se sitúan en un plano que oscila entre el despotismo y el histrionismo, sujetos a los caprichos de un caudillo mesiánico. Opto, en cambio, por ceñirme al término totalitarismo, que abarca a todos estos regímenes, con sus matices, analogías y contradicciones, pero que sirve para transmitir la imagen de una sociedad cerrada, regimentada y deshumanizada, donde están proscriptos el pensamiento libre y el imperio de la racionalidad. Por supuesto, califico explícitamente de nazis, comunistas o fascistas a quienes se jactaron o se jactan de serlo.

Bajo siete llaves
El árbol del totalitarismo es muy frondoso, y si sus ramas más sanguinarias son el nazismo y el comunismo, también se cuentan entre sus frutos los nacionalismos identitarios y demagogias tercermundistas como el peronismo y el chavismo. Me ocupé de este tema en "Apenas un sainete", donde subrayaba los tintes grotescos de la aventura secesionista. Lo retomo movido por una falaz afirmación de la hoy menguante Pilar Rahola (LV, 10/1): "A diferencia, pues, de fuertes y sólidas corrientes del nacionalismo español, vinculadas al fascismo, el nacionalismo catalán siempre se ha movido por los senderos democráticos". Ja, ja, ja. Los secesionistas, aficionados a explorar la historia en busca de falsos argumentos para su causa, guardan bajo siete llaves los esqueletos totalitarios que esconden en el desván.

Xavier Casals documenta, en El pueblo contra el Parlamento. El nuevo populismo en España, 1989-2013 (Pasado & Presente, 2013), cuáles son las razones por las que se puede equiparar a Barcelona con Milán como cunas de los respectivos fascismos:

Al igual que sucedió en Milán, fue en la capital catalana donde se articuló una temprana respuesta combativa o escuadrista al sindicalismo revolucionario de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Nos referimos a los Sindicatos Libres, constituidos oficialmente en octubre de 1919 (el mismo año que los fascios italianos) (…) Fue también en esta urbe, en un marco de crisis del parlamentarismo y creciente eco de los discursos favorables al corporativismo, donde surgieron las primeras organizaciones fascistas, notablemente la Traza.

Casals pone el acento en la irrupción del pistolerismo en Barcelona a la sombra de las luchas sociales:

Ello originó una guerra entre bandas anarcosindicalistas y parapoliciales, de forma que la idealizada "California catalana" se transformó en una "Chicago mediterránea". (…) Barcelona lideró el ranking español de atentados entre 1917 y 1922: de 1.756 "delitos sociales", 809 acaecieron en ella (seguida por Bilbao con 152 y Madrid en la quinta posición con 127) y dejaron 424 muertes entre 1917 y 1923.

Figura estelar del pistolerismo
Pero ¿qué relación existe entre el pistolerismo de matriz fascista y el nacionalismo que Rahola presenta como impoluto? Mucha. El nombre de Miquel Badia marca el nexo entre ambos. Badia, fundador de las Juventudes de Esquerra Republicana - Estat Català, fue la figura estelar del pistolerismo rompehuelgas en los años 1930. Estuvo al frente de la Comisaría de Orden Público de la Generalitat, y fue la mano derecha del consejero de Gobernación Josep Dencàs cuando el presidente Lluís Companys proclamó el "Estado catalán dentro de la República Federal Española", el 6 de octubre de 1934. Así lo explica Gabriel Jackson (La República española y la guerra civil - 1936-1939, Crítica, 1976):

A pesar del Estatuto y de la gran popularidad de Companys, Cataluña fue sacudida por una oleada de nacionalismo incontrolado. En la Universidad, los profesores castellanos veían cómo sus discípulos y sus colegas catalanes se mostraban deliberadamente hostiles al uso continuado de la lengua castellana en las aulas. Aparecieron octavillas exhortando a los catalanes a no contaminar su sangre casándose con castellanas. Más grave que tales síntomas era el crecimiento de un movimiento casi fascista dentro de las filas juveniles de la Esquerra. Llevando camisas verdes, llamándose a sí mismos escamots (pelotones), y denominando a su movimiento Estat Català, hacían la instrucción en formación militar, con fusiles anticuados o inservibles, reconociendo como jefe a Josep Dencàs, consejero de Gobernación de la Generalitat.

(…)
En la mañana del 5 de octubre (…) los escamots, a veces amenazando con sus pistolas, detuvieron tranvías y autobuses, dijeron a los expendedores de billetes en las taquillas del Metro que se fueran a sus casas, y amenazaron con destrozar los escaparates de las tiendas que no cerraran. También se informó que estaban levantando los raíles del ferrocarril al este de Lérida para separar "Cataluña" de "España".

(…)
Durante todo el 5 de octubre y hasta últimas horas del 6, Companys ordenó reiteradamente al insubordinado Dencàs que no lanzara sus escamots a la calle. Dado que Miguel Badía, jefe de la guardia municipal (sic),era un leal lugarteniente de Dencàs, Companys no pudo lograr que obedeciera sus órdenes.

La algarada duró pocas horas. Companys fue arrestado y Dencàs huyó por las alcantarillas y fue a refugiarse en la Italia de Mussolini. Su compinche Miquel Badia fue asesinado, junto a su hermano Josep, el 28 de abril de 1936, en circunstancias que aún despiertan polémicas: algunos afirman que lo mataron los anarquistas a los que había perseguido con saña, y otros aluden a un lío de faldas al que no habría sido ajeno el propio Companys.

Auténticos traidores
Los nacionalistas, que no se privan de tildar de traidor o botifler al catalán que también se siente español y actúa como tal, canonizan, curiosamente, a otros esqueletos totalitarios que deberían esconder en el desván: los que colaboraron con el régimen del mariscal Philippe Pétain, títere de la ocupación alemana. El 31 de mayo del 2013 la Assemblea Nacional Catalana que todos financiamos mal que nos pese rindió homenaje a Alfons Mias, uniendo su nombre al de Robert Brasillach. Todos sabemos quién fue Brasillach: un intelectual francés de ideología nazi que colaboró activamente con los ocupantes alemanes, por lo que un tribunal lo condenó a muerte tras la Liberación. Algunos brillantes colegas suyos intercedieron por él, pero el general De Gaulle, implacable con los auténticos traidores, no se dejó conmover y la sentencia se cumplió. Brasillach tenía, para nuestros salvapatrias, un mérito que lo volvía intocable: se enorgullecía de ser occitano, como su camarada fascista y colaboracionista Charles Maurras.

Alfons Mias, sin embargo, es un desconocido para la mayoría. No para la ANP, que lo recordó con devoción en su 110º aniversario. Mias acuñó el rótulo "Catalunya Nord", favorito de los irredentistas, para fagocitar el Rosellón francés. Fundó la revista Nostra Terra (1936-1939), órgano del occitanismo, y escribió en la revista Terra d´Oc un artículo en el que exhortaba a "continuar la vida cultural del Rosellón en el rumbo de Mistral y el mariscal Pétain", con elogios al ideal "petainista" (retorno a la tierra, provincianismo, condena de la ciudad como germen de miseria y revueltas). Tras la Liberación, el 12 de junio de 1945, la Cámara Cívica de Perpiñán condenó a Mias a la degradación cívica perpetua en contumacia por haber participado en la entrega del alcalde de Banys a los nazis.

Mias huyó a Figueras, donde lo acogieron sus familiares, jerarcas de Falange, y luego pasó el resto de su vida cómodamente instalado en la Barcelona de Franco. Al fin y al cabo, el frustrado inventor de la "Catalunya Nord" había estado a punto de convertirse en víctima, como Maurras y Brasillach, de las fuerzas de liberación francesas que no le perdonaban que hubiera servido al amigo alemán de la España franquista. Hoy, un Cercle Alfons Mias perpetúa la memoria del colaboracionista y las fantasías de los occitanistas en territorio francés. Y la Assemblea Nacional Catalana lo ha incorporado a su panteón de héroes.

Dato curioso y significativo: los servicios de inteligencia nazis estimularon los movimientos secesionistas occitanos, vascos, normandos, bretones, flamencos y de todas las minorías que pudieran servirles como punta de lanza para sus planes expansionistas. También ahora habría que preguntarse, frente al auge de los movimientos desmembradores: Quid prodest? ¿A quién benefician? Ahora sabemos a quiénes servían los esqueletos totalitarios que los secesionistas esconden bajo siete llaves en el desván.

Lastres y mordazas
J. M. RUIZ SOROA EL CORREO  19 Enero 2014

· El bilingüismo es una situación inestable incluso cuando es natural, no digamos cuando es forzado

El Informe Internacional de Evaluación de Capacidades en la enseñanza conocido como Informe PISA excita periódicamente el interés público por conocer el puesto exacto en que se clasifica cada país o paisito. Y, sin embargo, esta excitación superficial deja de lado otras conclusiones que suministra el informe y que son más interesantes.

Una de éstas es el asunto de la lengua que se utiliza para las pruebas en aquellos países en que existen alumnos sujetos a una lengua de instrucción distinta de su lengua habitual. Los sucesivos estudios PISA han puesto de manifiesto que en países de este tipo (casos de Quebec, Hong-Kong o Luxemburgo) la utilización para las pruebas de la lengua de instrucción en el caso de los alumnos que poseen como lengua habitual o de entorno otra distinta constituye «una importante barrera para la mayoría de esos alumnos a la hora de entender el texto de la prueba, interpretar su contenido y expresar sus ideas y sus respuestas». Es por ello por lo que se decidió en Euskadi que los alumnos efectuasen las pruebas en su lengua habitual o de entorno y no en la de instrucción. Aunque el alumno estuviese siendo escolarizado en euskera, la prueba la harían en castellano a no ser que su ambiente familiar fuese total y absolutamente euskaldun (los cuatro abuelos).

Lo que llama poderosamente la atención en este asunto es el motivo empíricamente comprobado que hay detrás de esa decisión: que es la de que el uso de una lengua distinta de la habitual de su entorno constituye para el alumno una barrera importante tanto para la comprensión cognitiva como para la exposición de su pensamiento, a pesar de que es la lengua en que está siendo escolarizado desde su niñez. Y llama la atención porque es bastante evidente que esa barrera no se produce sólo y únicamente el día de la prueba PISA y con los exámenes de PISA (tal cosa sería un milagro), sino que se verifica todos los días, todos y cada uno de los días de la escolarización. O, lo que es lo mismo, que los alumnos escolarizados en un idioma que no es el habitual de su entorno están cargados con un importante lastre para entender lo que se les enseña y sujetos a una cierta mordaza para expresar lo que aprenden, y que eso ocurre de continuo año tras año. Conclusión obligada que, sin embargo, contradice todas las afirmaciones que oficialmente se efectúan sobre la enseñanza en el País Vasco, en donde se nos vende por la Administración la idea de que los idiomas se adquieren en la infancia sin esfuerzo ni coste cognitivo alguno.

Ahora bien, sucede al mismo tiempo que los niveles de ambos grupos de alumnos (los escolarizados en su idioma habitual y los que no lo son) son similares en la prueba PISA si a todos se les permite examinarse en su idioma habitual. Es decir, el alumno erdeldun demuestra que sabe lo mismo que el euskaldun siempre que le dejen examinarse en castellano, luego ha aprendido lo mismo a pesar de la barrera de ser escolarizado en idioma inhabitual para él. ¿Cómo es posible?

Salvo que impugnemos la validez de las pruebas mismas, sólo cabe una explicación: que el alumno de ambiente castellanoparlante hace un esfuerzo extra en el aprendizaje gracias al cual supera el lastre a que está sometido. Aunque le cuesta más, aprende lo mismo y lo demuestra si le dejan usar su lengua propia. La pregunta que ello suscita, claro está, es la de si ese sobresfuerzo que se le exige está bien aprovechado invirtiéndolo en lo que lo invierte el sistema (poseer otro idioma a pesar de que no llega a dominarlo nunca como la propia prueba demuestra), o sería mejor aprovechado invirtiéndolo en la adquisición de otras capacidades cognitivas.

Por otro lado, la barrera en la competencia expresiva (la mordaza) no desaparece para el sujeto en cuestión en ningún momento de su vida, como lo demuestra la tendencia generalizada al uso de la lengua habitual incluso entre los funcionarios a los que se ha exigido demostrar su competencia en la lengua inhabitual para acceder al puesto. Incluso entre ellos mismos, su tendencia natural es la de usar la lengua que no entraña una barrera cognitiva y expresiva (huyen de la mordaza). Sólo donde es obligatorio el uso de la lengua inhabitual se respeta, y aún así sólo en la topografía de la obligatoriedad. Más allá, en el ámbito espontáneo, los chavales vuelven a su idioma porque los niños son seres de una practicidad a prueba de entusiasmos patrióticos.

Estos datos objetivos interpelan el futuro de la lengua vernácula inhabitual o minoritaria para cuando, algún día maravilloso, se alcanzase el desiderátum óptimo de que todos los vascos vivientes hubiesen sido escolarizados y por ello fuesen ‘competentes’ en esa lengua (digo ‘competentes’ con comillas por lo de la barrera). Ese día en que un cien por cien de la población fuera ‘competente’ en ambas lenguas. Porque tal día, probablemente, señalaría un doble hito: el de la expansión máxima de la lengua vernácula sí, pero a la vez el del comienzo de su declive regresivo hacia posiciones parecidas a las de partida. A partir de ese día cada uno tendería a volver a usar en su vida cotidiana la lengua que dominase sin mordazas cognitivas y expresivas, de manera que el conjunto poblacional, dejado a su libre espontaneidad, tendería a volver a los puntos de partida, cada cual utilizando la lengua pará él más habitual. El bilingüismo es una situación inestable incluso cuando es natural, no digamos cuando es forzado.

La única manera de evitar esa vuelta a la habitualidad espontánea sería la coerción lingüística directa. Tal como propone algún autor que tiene responsabilidades políticas actualmente, se fijaría por ley que ciertos servicios públicos (la sanidad, por ejemplo) dejasen de ser proveídos de manera bilingüe y lo fuesen sólo en lengua vernácula, de manera que el desconocimiento o uso insuficiente de ésta impediría el acceso al servicio. Ya se hace en Flandes. Sólo así se evitaría el funcionamiento implacable de las reglas implícitas en el uso de las lenguas, la primera de las cuales es la facilidad comunicativa: es decir, que cada cual habla lo que más fácilmente y mejor le permite comunicarse con su entorno.

Provocación
JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA EL CORREO  18 Enero 2014

Hace unos días, una amiga catalana, afincada en Madrid, me contaba que mientras pasaba las navidades en Barcelona se reunió con un periodista amigo suyo, y que el periodista le preguntó: «¿Qué te sientes, catalana o española?». Mi amiga respondió: «tan catalana como española» y seguidamente ella misma le preguntó al periodista: «¿Te parece una respuesta políticamente incorrecta?», a lo que el periodista le contestó: «Más aún, esta respuesta, hoy en Cataluña, es una provocación».

En el último barómetro de noviembre del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat de Cataluña, se preguntaba a una muestra representativa de la sociedad catalana la misma pregunta que el periodista hizo a mi amiga. Uno de cada tres entrevistados contestó a la pregunta al igual que mi amiga: «Tan espanyol com català», eso es lo que los expertos llaman identidad dual. Que resultó ser, precisamente, la opinión más frecuente entre las cinco respuestas posibles que ofrecía la encuesta. Que la opinión más frecuente se perciba como una provocación es algo que se corresponde con la llamada espiral del silencio; que algunos han puesto en marcha, con notable éxito, en Cataluña.

Da la impresión de que a ciertas élites nacionalistas catalanas la diversidad de identidades nacionales y sentimientos de pertenencia de su sociedad les produce un escándalo similar al que la diversidad en España le produce a ciertas élites nacionalistas españolas. Y la solución que se les ocurre a ambas élites nacionalistas es la misma: negar esa diversidad. Ya se sabe lo que dice el Evangelio: «Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo». Y ciertos nacionalistas, con independencia del color de su bandera, se llevan mal con la diversidad de identidades, así que no viven tranquilos hasta que no se arrancan, o te arrancan, una.

Pero como, a pesar de todo, las encuestas se empeñan en reflejar esa diversidad constitutiva de nuestras sociedades, algunos optan por el recurso de cambiar las encuestas, que siempre es más fácil que cambiar la realidad social. Eso es lo que proponían hace unas semana un grupo de profesionales en la página del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Cataluña. Según estos colegas, España es el nombre nacional equivocado y equívoco que se le da a Castilla, que a su entender es la verdadera nación, mientras que España, según ellos, es solo un término geográfico o político. Así que, su propuesta es cambiar la redacción de la pregunta. De modo que proponen que se pregunte «¿se siente usted más catalán o más castellano?» No me cabe duda de que así conseguirán hacer desaparecer la identidad dual, no sé si de la sociedad catalana, pero sí, desde luego, de las encuestas en Cataluña. Incluso si preguntan a los andaluces si «se sienten más bien andaluces o castellanos» se asombrarían del resultado que obtendrían en la encuesta y, consecuentemente, de que no haya un movimiento andaluz para independizarse de España, ¿o era de Castilla? Y para escribir ese artículo tuvieron que juntarse cuatro.


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