AGLI Recortes de Prensa   Viernes 31  Enero  2014

Conjunción de esfuerzos
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 31 Enero 2014

Alianzas, coaliciones, fusiones o absorciones son posibilidades a contemplar y a acordar.

Existe una creciente presión de la opinión pública sobre las nuevas fuerzas emergentes en el panorama político español para que colaboren en su propósito de reforma institucional y de saneamiento del sistema. UPyD, Ciudadanos, VOX, así como una miríada de pequeñas formaciones independientes, comparten una agenda muy ambiciosa que incluye la democratización interna de los partidos, la transparencia de su financiación, la despolitización de los órganos constitucionales y reguladores, la erradicación de la corrupción, la derrota de ETA mediante la aplicación estricta de la ley sin pagar precio político alguno por el cese de su actividad criminal, la firmeza frente al separatismo catalán y la reorganización de la estructura territorial del Estado para hacerlo financieramente sostenible y funcionalmente eficiente. Como se ve, se trata de un planteamiento general que afecta de manera profunda e intensa a la arquitectura del conjunto de las Administraciones, a su coste y a su forma de actuar. En síntesis, se trata de convertir nuestra degradada partitocracia en una auténtica y pujante democracia constitucional.

Cuando un régimen político llega a su agotamiento, tal como le ha sucedido al que arrancó en España en 1978, y se convierte no sólo en una fuente continua de problemas, sino en un problema en sí mismo, se hace indispensable una reconversión del Estado. Esta es una tarea ingente que no puede ser acometida con éxito por una única opción política y que requiere la conjunción de esfuerzos de una vasta panoplia de actores políticos y sociales unidos por un objetivo que es de superior nivel a la acción legislativa y de gobierno propia de los períodos de normalidad. Por tanto, el deseo reiteradamente expresado por los ciudadanos de que esta gran empresa se realice mediante la unión de todos los que la consideran urgente y obligada, lo que excluye obviamente a los dos grandes partidos establecidos y a los nacionalistas, responde a una necesidad objetiva. La concreción electoral y operativa de semejante tarea admite diversas fórmulas que deben ser aplicadas en función de las circunstancias y la ocasión. Alianzas, coaliciones, fusiones o absorciones son posibilidades a contemplar y a acordar, pero lo que resulta innegable es que la dispersión de propuestas análogas las debilita considerablemente frente a los que se resisten al cambio porque lo perciben como una amenaza a su poder ventajista. Será interesante observar en el inmediato futuro si esta reiterada llamada de la sociedad civil es escuchada por sus destinatarios. Si no lo es, la decepción será proporcional a las expectativas despertadas y la salida de la crisis se hará aún más difícil.

Pedro J., La Gaceta y usted
Jose Javier Esparza www.gaceta.es 31 Enero 2014

Todos los periódicos están perdiendo dinero a espuertas, pero sólo unos pocos se ven acosados hasta la asfixia. Inversamente, algunos privilegiados han sido “rescatados” a pesar de que su situación financiera era incomparablemente más grave.

Hace un mes La Gaceta se veía obligada a cerrar su edición en papel. Esta semana era destituido el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez. Suma y sigue: para nadie es un secreto la grave crisis que aqueja a la prensa en general y a la prensa de papel en particular. La Gaceta se vio obligada a cerrar su edición en papel porque ya no le era posible asumir los costes. Del mismo modo, Pedro J. ha sido destituido, entre otras razones, porque los problemas financieros del periódico eran insuperables. Un negocio que ha salido mal, ¿no? Pasa muchas veces, y en todos los órdenes de la vida. Ahora bien, esto no es sólo un problema contable. Aquí hay mucho mar de fondo. Y lo sabe todo el mundo en esta profesión.

Todos los periódicos están perdiendo dinero a espuertas, pero sólo unos pocos se ven acosados hasta la asfixia. Inversamente, algunos privilegiados han sido “rescatados” a pesar de que su situación financiera era incomparablemente más grave que la de La Gaceta o la de El Mundo de Pedrojota. El Grupo Prisa ha podido refinanciar una deuda que rondaba los 4.000 millones de euros (3.200 a finales de 2013). No es fácil explicar cómo ni por qué la crema del mundo financiero y empresarial español decide entrar al rescate de una empresa quebrada para salvar “El país”. Tampoco es fácil explicar cómo ni por qué otro grupo quebrado, Mediapro, con deudas por encima de los 2.500 millones de euros (tirando por lo bajo), se benefició súbitamente de una opción de compra por Antena 3; opción que la Comisión Nacional de la Competencia desaconsejó y que, pese a ello, el Gobierno Rajoy liberó de obstáculos. No es fácil explicar, en fin, cómo ni por qué el 90 por ciento del mercado publicitario en España ha ido a parar a manos de sólo dos grupos de comunicación. Decididamente, en la época del marianismo están pasando cosas muy raras en el sector.

No perdamos de vista el conjunto del proceso: cada vez más, toda la comunicación en España va quedando en manos de poderosos grupos empresariales con reconocidas vinculaciones políticas (y viceversa). Lo más probable es que en breve veamos cómo cualquier gran firma decide hacerse cargo de la deuda de El Mundo. Esto sólo significa una cosa: la libertad de prensa se coarta, el cuarto poder se esfuma. Coincidencia notable: el gobierno Rajoy acaba de cargarse definitivamente la independencia del poder judicial al emprender, de consuno con el PSOE, una reforma que pone a los órganos de gobierno de los jueces en manos de los partidos políticos. Y en el mismo periodo en que el tercer poder cae cautivo de la partitocracia, el cuarto va cayendo poco a poco en manos de la oligarquía. Evidentemente, esto no es sólo un azar.

Estamos asistiendo a un acelerado deterioro de las libertades públicas por la vía de cegar los cauces que garantizan el control del poder. ¿Quién se beneficia? Sólo la oligarquía política, económica y mediática, que es cada vez más lo mismo. A propósito de la destitución de Pedro J. Ramírez, Federico Jiménez Losantos ha dicho que esto es “un paso más en el proceso de liquidación de la nación española”. No deja de ser verdad, y la afirmación se entiende mejor si la ponemos en el contexto del actual problema de España. Hoy la gran brecha ya no separa exactamente a derecha y a izquierda. Hoy la gran brecha separa a quienes quieren una nación española fuerte, democrática (de verdad) y unida y, en el lado contrario, a quienes se obstinan en mantener el actual sistema, es decir, una partitocracia asentada sobre el gobierno neofeudal de un país deshilachado con la anuencia de la Corona y la connivencia del poder económico. Si elevamos la mirada desde los árboles de la crisis mediática hasta el bosque del problema nacional, lo que veremos es exactamente eso. Y el análisis puede aplicarse a cualesquiera otros aspectos de la vida española, desde el territorial hasta el económico pasando por el militar o el cultural.

Al margen del episodio de Pedro J., tampoco puede ser una casualidad que, dentro de la carrera por la supervivencia mediática, los más perjudicados estén siendo precisamente los medios vinculados de una manera u otra a eso que se llama “derecha social”, es decir, la gente que aún tiene una idea sólida del patriotismo, la libertad personal y la decencia moral. Exactamente el tipo de gente que más a disgusto se encuentra con la deriva del actual estado de cosas. Gente como usted. Pero de eso hablaremos otro día.

El cese de Pedro J.
José Luis Manzanares www.republica.com 31 Enero 2014

No he tenido ninguna relación personal con Pedro J. pero ahora, cuando le han cesado en la dirección del diario El Mundo, criatura suya, hecha a su imagen y semejanza, quiero darle las gracias por su contribución al saneamiento de nuestra vida pública, su constante lucha contra la corrupción y muy especialmente por lo mucho que hizo para terminar con el terrorismo de estado en tiempos de Felipe González. Un terrorismo que con sus asesinatos y secuestros puso a sus mentores a la altura de la ETA que pretendía combatir y abrió la puerta a la equiparación de unas víctimas y otras víctimas de un pretendido conflicto político. Eso, aparte de que nuestro terrorismo (sí, nuestro terrorismo aunque nos pese) fue una chapuza que enriqueció a más de uno con la malversación de fondos reservados.

Pedro J. consiguió lo que, supuestamente, no habían logrado ni la policía nacional, ni la guardia civil ni el entonces CESID ni los restantes servicios de información al servicio de la Moncloa. Allí, en El Mundo, estaban las pruebas contrastadas, o al menos muy relevantes indicios, de las andanzas del GAL como organización criminal creada y sustentada a la sombra de algún ministerio. Felipe González confesó sin rubor que de la posible existencia de esta banda de asesinos se había enterado por la prensa, pero negó rotundamente la implicación de alguno de sus colaboradores. La frase, que ha entrado en la historia del cinismo, fue que “no había pruebas ni las habría”. Pero las hubo. Su ministro del Interior, algún director general y otras personalidades acabaron en la cárcel.

Lo inaudito es que Felipe González, lejos de agradecer a Pedro J. y a los jueces el servicio prestado, nunca se lo perdonó. Continuó apoyando a los condenados como si hubieran sido víctimas inocentes de una confabulación política. Si se repara en esta increíble reacción del presidente contra los jueces, a los que calificó de descerebrados y a los que se dirigió con el nombre de “ganao”, siendo así que las condenas procedían del propio Tribunal Supremo, resulta fácil valorar en su justa medida el coraje cívico de un solo periodista con nombre y apellidos.

Recuerdo esos hechos porque son el mejor punto de referencia en una trayectoria periodística que se ha mantenido hasta hoy sin cambios dignos de mención. Con sus aciertos y sus errores, Pedro J. ha sido un riguroso observador de la realidad nacional y un crítico que se ha atrevido a hablar sobre temas que eran tabú para otros medios de comunicación. Estoy seguro de que sabrá encontrar el modo de que su voz siga oyéndose en el futuro con la misma claridad y la misma intensidad. Somos muchos los que nos alegraremos de que así sea.

Cataluña ante el desafío secesionista
Los nacionalistas catalanes aprueban imponer sumisión lingüística a Aragón
Reclaman que las modalidades lingüísticas de la comunidad vecina queden bajo el catalán oficial
Redacción www.lavozlibre.com 31 Enero 2014

Madrid.- Los nacionalistas catalanes han aprobado, solo con sus votos, en el Parlamento, una resolución por la cual quieren imponer sumisión lingüística a Aragón. Y es que aunque ellos mismos piden independencia y libertad para utilizar el catalán, quieren obligar a la comunidad vecina a que se someta a su discplina, reclamando que las modalidades lingüísticas de las comarcas orientales aragonesas, queden bajo la regulación y normativa del catalán oficial.

Con la resolución parlamentaria, exigen a la presidenta Rudi que "reconozca el Instituto de Estudios Catalanes como autoridad filológica" en la parete de Aragón que ellos consideran 'Franja de Poniente' de Cataluña. Se trata de comarcas aragonesas en las que hay modalidades propias que, históricamente, han sido denominadas con nombres autóctonos. Tras aprobar las Cortes de Aragón la vigente Ley de Protección de las modalidades lingüísticas propias de la comunidad, evitando catalogarlas como catalán, los nacionalistas se han propuesto seguir imponiendo sumisión a Aragón en este aspecto.

Así, y con esta resolución, insisten en que esas hablas históricas han de regularse y someterse a la normativa del catalán oficial, que es precisamente lo que quiere evitar la ley de lenguas de Aragón.

Los nacionalistas, sin embargo, insisten en que se deben normalizar. Y ese es el fin de una de las enmiendas aprobadas e incorporadas a las propuestas de resolución que ha aprobado el Parlamento catalán. De paso, los nacionalistas han vuelto a arremeter contra la ley de lenguas aprobada en Aragón en mayo, que consideran un atentado contra "la unidad de la lengua catalana".

Cataluña
Un sobresaliente para FAES
Cristina Losada Libertad Digital 31 Enero 2014

La fundación FAES acaba de publicar el documento "20 preguntas con respuesta sobre la secesión de Cataluña", y es digno de celebrar que, al fin, pues se echaba en falta, el think tank de un partido de gobierno aporte argumentos e ideas sistemáticas sobre un proceso enmarañado y tergiversado ad nauseam por sus promotores. En formato FAQ (acrónimo de "preguntas más frecuentes", en inglés), que es muy legible, el texto responde con claridad y concisión al argumentario que viene difundiendo el nacionalismo catalán.

Los de FAES abordan cuestiones históricas, como si se puede hablar de una historia de "España contra Cataluña"; democráticas y legales, acerca del derecho a decidir y la autodeterminación; económicas y fiscales, como si es cierto que España ha robado y roba a Cataluña; y, naturalmente, las relativas a los costes de todo tipo de una secesión. Se trata de preguntas cuyas respuestas, me temo, no se pueden dar por sabidas, y que no se pueden dar por sabidas ni en la sociedad catalana, más expuesta al martilleo de la propaganda separatista, ni en el conjunto de la española.

Parte de ese déficit se debe a un vacío cuyo origen podemos remontar a décadas atrás y endilgar a la dejadez de los dos grandes partidos. Uno, el PP, ha actuado como si la unidad de España se defendiera simplemente proclamándola. Otro, el PSOE, se avergonzaba de defenderla, como aún le ocurre hoy, de ahí la moto federal, y se dejó seducir por el fulgor tribal. El hueco que ambos dejaron lo rellenaron con facilidad los nacionalistas donde eran más pujantes, asegurándose así de paso una hegemonía duradera.

No acaba ahí toda la historia. Porque hay un asunto capital sobre el que circulan y ganan predicamento ideas erróneas y hasta disparatadas: la democracia. La invocación a la democracia que hacen los separatistas para impulsar su consulta o referéndum pasa, con frecuencia escalofriante, por auténtica y cargada de razón. ¿Qué puede haber más democrático que consultar a la gente?, dicen. Y el sofisma cuela como gran verdad. El argumento nacionalista "que enfrenta la voluntad popular a la ley es, sin duda, el más pernicioso", sostiene el prólogo al documento de FAES.

Tiene ahí toda la razón Javier Zarzalejos. Por eso es la falacia más necesitada de disección y explicación. La democracia no hay que darla tampoco por sabida, y yerran quienes la ven como algo natural y fácil, que se reduce a cuatro reglas o sencillamente a votar. Al contrario, como escribía recientemente Guy Sorman, "la democracia es una conquista incesante de nosotros mismos" que requiere un constante esfuerzo. Hoy en España, ante el empuje del separatismo catalán, ante sus argucias y sus patrañas, todo esfuerzo pedagógico es poco. Bienvenido sea el de FAES.

Edwin J. Feulner
El declive económico de EEUU
Fundación Heritage Libertad Digital 31 Enero 2014

Durante generaciones, personas de todo el mundo que anhelan libertad han puesto sus ojos en Estados Unidos. Aquí, todo ciudadano puede expresar su opinión, dedicarse a su pasión y ejercer las otras libertades otorgadas por Dios que de manera injusta se deniegan en muchos países del planeta.

No obstante, eso no significa que estemos libres de reproches en todos los ámbitos de la libertad. Véase el ejemplo de la libertad económica, que continúa deteriorándose un poco más cada año.

No me baso para decir esto en habladurías o en el informe sobre empleo más reciente. Cada año, la Fundación Heritage y el Wall Street Journal publican una detallada guía normativa, país a país, conocida como Índice de Libertad Económica. En el caso de Estados Unidos, las noticias han ido empeorando a lo largo de los años.

En el Índice de 2013 Estados Unidos logró aferrarse al décimo puesto del año anterior, a pesar del declive general de su puntuación. Entonces me pregunté si ése sería nuestro último año en el top ten. La respuesta es que sí, a tenor de los datos que ha arrojado el Índice 2014.

Estados Unidos ocupa ahora el 12º lugar. Tenemos poco de que presumir incluso en Norteamérica: Canadá, en sexto lugar y subiendo con relación a 2013, nos lleva una cómoda ventaja.

En fecha tan reciente como 2008, Estados Unidos ocupaba el séptimo puesto, con una puntuación de 81 (en una escala de 0 a 100), y estaba considerada una economía "libre" (lo que requiere una puntuación de 80 o más). Hoy, con 75,5 puntos, es "mayormente libre", el segundo nivel del escalafón.

Antes de explicar por qué, examinemos cómo deciden la puntuación los autores del Índice. Se evalúa cada país en cuatro grandes ámbitos:

1) Estado de Derecho. ¿Se protegen los derechos de propiedad mediante un sistema judicial honesto y eficaz? ¿Cuán extendidas están la corrupción, el soborno y la extorsión?

2) Gobierno limitado. ¿Los impuestos son bajos o altos? ¿Se mantiene bajo control el gasto público o está creciendo sin freno?

3) Eficacia regulatoria. ¿Son capaces las empresas de operar sin unas regulaciones gravosas y redundantes? ¿Las personas pueden trabajar dónde y cuanto quieran? ¿Se controla la inflación? ¿Los precios son estables?

4) Apertura de los mercados. ¿Se puede comerciar libremente? ¿Existen aranceles, cuotas u otras restricciones? ¿Pueden las personas invertir su dinero dónde y como vean oportuno? ¿Existe un entorno bancario abierto que fomente la competitividad?

En la mayoría de estos aspectos, Estados Unidos obtiene unos resultados muy positivos. No se es 12º en una lista de 178 países si no se cuenta con un elevado grado de libertad económica. Los derechos de propiedad están garantizados (aunque el descenso aquí ha sido de cinco puntos respecto del año pasado). Nuestro sistema judicial es independiente. El tipo arancelario promedio es admirablemente bajo (1,3%). Los procedimientos burocráticos para abrir una empresa son relativamente eficaces. Y el mercado laboral es flexible.

Y sin embargo, Estados Unidos se está quedando atrás. "El sustancial aumento del alcance y el tamaño del Gobierno, que incluye nuevas y costosas regulaciones en ámbitos como las finanzas y los servicios médicos, ha contribuido de manera significativa a la erosión de la libertad económica en Estados Unidos", comentan los autores del Índice.

El gasto público total es otro punto débil de Estado Unidos. Supone más del 40% del PIB, es decir, de lo que producimos cada año. Se trata, por tanto, de una cifra demasiado elevada.

"Estados Unidos es el único país que ha registrado una pérdida de libertad económica en cada uno de los siete últimos años", comentan los autores. ¿Presionaremos a nuestros representantes para que reviertan la tendencia, o será el octavo año consecutivo de caídas?

©2014 Libertad.org
* Traducido por Miryam Lindberg

Las víctimas
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC  31 Enero 2014

Por eso no puede pactarse con ellos. Los terroristas siguen siendo lobos, y sus valedores, lobos con piel de cordero

SI «la política es el arte de lo posible», según Bismark, ¿qué es gobernar? Pues convertir ese arte en realidad. Algo que el Canciller de Hierro practicó con pericia, forjando la moderna Alemania y adelantándose a los socialistas en el Estado social. Cualquier medio vale para no fracasar. Últimamente, debido al auge de los medios audiovisuales, lo más socorrido es el líder «carismático». Rajoy, que sabe perfectamente que no es un seductor, ha elegido el camino opuesto: fijarse el objetivo principal, concentrar en él todos los esfuerzos y olvidarse de lo demás, convencido de que, resuelto el gran problema, el resto se resolverá por añadidura. Si Clinton dijo aquello de «¡es la economía, idiota, la economía!», Rajoy no lo dice, porque se calla todo, pero lo hace.

Parece que está teniendo éxito, que estamos saliendo del pozo, que los números empiezan a cuadrar. Pero está visto que la plena felicidad no es de este mundo y, justo cuando parece haber vencido a sus rivales, surgen problemas entre sus seguidores. Las víctimas del terrorismo, el colectivo más golpeado en la Transición, se sienten no ya olvidadas, sino traicionadas por el Gobierno. Un Gobierno que no es del PNV, del que solo esperan agravios, ni del PSOE, que hace tiempo coquetea con el nacionalismo, sino del PP, el partido que consideraban suyo. Pero verle no mover un dedo cuando un juez mandó a casa a Bolinaga por razones harto discutibles e inclinar la cabeza cuando el Tribunal de Estrasburgo anulaba la doctrina Parot ha hecho pensar a algunas víctimas que ya no es su partido. Tras ellas, se han ido señalados militantes.

Pienso que ha habido un grave error por parte del Gobierno. No se gobierna solo a base de números y resultados. Requiere también corazón, cariño, calor humano. Habría bastado para evitar el infortunado desencuentro. Las víctimas del terrorismo son la esencia, por no decir el alma, del PP. Representan los valores que dignifican y cohesionan el partido, al haber dado lo máximo que puede darse en este mundo, la vida, por su causa. Pero, además, a las víctimas hay que escucharlas no por compasión ni por deferencia, sino porque tienen razón. Tienen razón por conocer mejor que nadie tanto a quienes han asesinado sin pestañear a sus padres, hermanos e hijos como a quienes de una manera u otra estaban tras ellos. Saben también que son gentes de las que no se puede uno fiar, que no se han arrepentido ni entregado las armas, y que si ya no matan es porque no pueden o porque esperan poder alcanzar sus objetivos de forma más cómoda. Pero que volverían a matar, robar y extorsionar de no alcanzarlos, ya que no han renunciado a lo que llaman su «causa» y son sus delitos.

Por eso no puede pactarse con ellos, porque los terroristas siguen siendo lobos, y sus valedores, lobos con piel de cordero. Porque la paz que predican es una falsa paz. Es «su» paz. La paz de los cementerios, de los zulos, de la humillación diaria. Algo que el PP no puede aceptar si quiere hacer honor a su nombre y seguir siendo el partido del pueblo español.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

El (mal) uso del Parlamento catalán

José Rosiñol Lorenzo. www.cronicaglobal.com 31 Enero 2014

De la actual legislatura catalana, iniciada tras un adelanto electoral reconvertido en una especie “año cero independentista” –y que tan pobres resultados dio a CiU-, debería pasar a los anales de la historia política, básicamente por el nivel de perversión, manipulación e instrumentalización de una institución tan fundamental para la democracia como es el Parlamento de Cataluña.

Imagino que no serán muchos los lectores que sepan que durante todo el año 2013 el gobierno de la Generalitat ha aprobado una sola ley, solo una, pero siendo así, ¿a qué se han dedicado los representantes de los ciudadanos catalanes?, en un sistema democrático sin los profundos sesgos ideológicos/escatológicos que marcan la política catalana, los parlamentarios se dedicarían a un exhaustivo control de la labor del gobierno, cosa que hubiese desembocado en un gran escándalo y, lo más probable, en una moción de censura.

Pero no, en mi comunidad autónoma la política se concibe como el eje central sobre el que pivota la propaganda nacionalista, los representantes de la órbita soberanista se comportan como élites, como vanguardias, como guías de lo que toman por populacho pertinentemente desinformado, un Parlamento en el que se juega con las palabras, dónde se mantiene la ficción de la forma, dónde el líder de la oposición es, en verdad, el gobierno en la sombra de un ejecutivo convertido en maquinaria proselitista del “Proceso” independentista.

La perversión se ahonda aún más, la misma acción parlamentaria parece dedicada a muñir sabrosas pero huecas propuestas con las que alimentar y sustentar un imaginario colectivo concienzudamente inoculado en la sociedad catalana, esta forma de actuar suele justificarse porque lo “pide una mayoría social”, es como una reedición virtualizada de una especie “mandatos imperativos sociológicos”.

La estructura de este bien hilvanado relato podría ser el siguiente: desde las instituciones públicas, y gracias a un potente entramado de propaganda mediática, se manipula a la sociedad con falacias y medias verdades, se crea un ambiente de tensión social propicio a los escenarios de ruptura, se encuadra a la ciudadanía en movilizaciones públicas y, con ello, se legitima que las instituciones dejen de ser (públicamente) neutrales para pasar a representar a esa “mayoría (mediática) instrumentalizada”.

Como decía un poco más arriba, el Parlamento catalán parece haberse convertido en el engranaje del espectáculo de la “construcción nacional” con el que dotar de formalidad multitud de ocurrencias y argumentos nacionalistas, cosa que, como no podía ser de otra manera, empobrece a nuestras instituciones y a nuestra democracia, esta forma de actuar la hemos visto durante todo el año 2013 y, por lo que se ve, continuará siendo la tónica del 2014.

Entre las perlas de nuestras señorías encontramos un pronunciamiento del Parlamento en contra del Lapao, ¿acaso los catalanes no tenemos suficientes problemas económicos y sociales como para que nuestros parlamentarios estén discutiendo y perdiendo en tiempo en lo que hacen en otras comunidades autónomas?

Otra de las prioridades de nuestros representantes ha sido “reconocer la bandera estelada como un símbolo que representa un anhelo y una reivindicación democrática, legítima y no violenta”, ¿no resulta extraño que la cámara de representación de todos los catalanes tengan la necesidad de reconocer y dotar simbolismo democrático lo que solo representa a una minoría?, ¿o es que para ellos esa minoría es la vanguardia que debe guiar al rebaño social?

Entre las solemnes declaraciones de nuestro Parlamento podemos encontrar la llamada “Declaración de Soberanía”, declaración que suspendió el Tribunal Constitucional, o las diez veces que ha aprobado la invención del “derecho a decidir”, pero ¿qué sentido tiene hacer grandilocuentes declaraciones a sabiendas de que no tienes competencias ni potestades para ello?, pues básicamente para dotar de dignidad institucional el ideario nacionalista.

Finalmente me gustaría ilustrar una última reflexión de la mentalidad que subyace a esta instrumentalización de las instituciones democráticas con la actuación de los europarlamentarios, Ramón Tremosa (CiU) y Raül Romeva (ICV), cuando en el año 2012 presentaron una denuncia ante la Comisión Europea por el pisotón de Pepe a Leo Messi, esa mentalidad pueril nos debería hacer reflexionar.

Reflexionar, volviendo a Cataluña, respecto a qué sentido tiene tener un Parlamento como el catalán convertido en un actor más de la maquinaria nacionalista cuyo presupuesto anual es de 51 millones de euros, plantearnos qué hemos de exigir a nuestros políticos, porque la ciudadanía no debería estar relegada a ser una mera comparsa, espectador o cliente de la arena sociopolítica, el ciudadano debería saber también “quién entra y cómo entra en el parlamento; es necesario saber qué es lo que se hace y, paralelamente, qué es o qué no se hace, y por parte de quién” (Sartori).

La secuencia histórica de los episodios soberanistas de Cataluña
Ramón Tamames www.republica.com 31 Enero 2014

En los dos últimos jueves 16 y 23 de enero, nos hemos ocupado de algunas cuestiones relacionadas con los Trastámara. Y no fue a título de erudición histórica, sino al hilo de la cuestión independentista que están suscitándose en Cataluña en los últimos años. Por eso, en el presente artículo, nos ocupamos, en una primera parte del tema de cuándo fue verdaderamente soberana lo que hoy llamamos Principado de Cataluña. Para después hacer un recuento de los episodios secesionistas que se produjeron, primero respecto a la Corona de Aragón, y después en relación con España.

Esa secuencia de intentos tiene una historia ya de seis centurias, y su motivación proviene de la circunstancia compleja de quienes aspiran a superar la frustración de una legítimamente pretendida Nación, que desde 1714, no tiene Estado propio. Y que busca algún tipo de soberanía, al no haberse adaptado a la idea de compartir plenamente miserias y grandezas con el conjunto español. Lo que constituye una situación, con no pocos aspectos psicológicos y antropológicos, difícil de resolver, a menos que haya un acuerdo entre quienes sustentan las tesis soberanistas y los partidarios de una cooperación más o menos federal.

Desde ese enfoque, en Cataluña hay una permanente preocupación (y en muchos, casos obsesión), por la prioridad absoluta de la lengua catalana, en contra del criterio de bilingüismo para compartir el español (que es la versión actual del antiguo castellano, según se convino por las Academias de la Lengua en su Congreso de Bogotá de 1960), que alcanza una difusión internacional muy amplia. Lo que da lugar a la tesis -que no comparte el autor- sobre un posible complejo catalán por el menor alcance de su idioma; por comparación con lo que es también una lengua propia de Cataluña, que se habla en una veintena larga de países, y que tiene fuerte y creciente implantación en dos naciones tan importantes como son EE.UU. y Brasil.

Antes de entrar en el iter que seguiremos para apreciar los aludidos intentos de soberanía de Cataluña, conviene hacer referencia al tema de si realmente fue alguna vez un Estado soberano. Lo que podría ser el punto de partida de un largo debate, para determinar el lapso histórico en que Cataluña fue efectivamente un Estado independiente, con todas las limitaciones de la expresión, al utilizarse, tanto para tiempos medievales, como para situaciones derivadas de ellos. En ese sentido, el periodo más claro de soberanía propia haberlo sido el Condado de Barcelona desde el Conde Vifredo el Velloso a Ramón Berenguer IV, casi dos siglos (878-1162).

Sin embargo, incluso en esa fase cronológica, sobrevoló la sombra de la soberanía ultrapirenaica, derivada de la Marca Hispánica carolingia. Como lo demuestra el hecho de que en 1258, Jaime I, al firmar el Tratado de Corbeil, además de oficializar la pérdida de la mayor parte de los territorios catalanes ultrapirenaicos, consiguió la renuncia de cualquier vinculación de la naciente Corona de Aragón con el rey de Francia. Pero eso sucedió cuando Cataluña ya había dejado de ser soberana por entero, pues compartía su soberanía, al menos ad extra, con el reino de Aragón, dentro de la corona común de ese mismo nombre; desde el enlace matrimonial de Petronila y Ramón Berenguer IV (1150).

Así pues, el tiempo en que Cataluña tuvo una soberanía propia fue muy corto y con serias dudas sobre su plenitud. Lo cual no resultó óbice para su desarrollo en todos los aspectos, que es perfectamente posible compartiendo soberanía con otros territorios; a través de un sistema confederal, unitario, y también con una fórmula federal o semi-federal como es la que se estableció en la Constitución de 1978.

En todo caso, esas fórmulas no han sido, ni mucho menos, de éxito asegurado siempre. Como precisamente pasamos a comprobar por los once episodios de intentos de separación que ha habido desde Cataluña; de mayor o menor calibre, empezando a poco del Compromiso de Caspe de 1412. Cuando los representantes catalanes participaron en la votación -con un voto a favor, otro en contra, y el tercero de abstención- para elegir un nuevo monarca, que resultó ser Fernando I, de la dinastía de los Trastámara que ya reinaba en Castilla; según vimos en anteriores artículos en República.com. Y a partir de ese momento histórico los aludidos episodios se materializaron de las formas y en la secuencia siguientes:

1. Levantamiento del Conde Jaume de Urgel contra Fernando I en 1413. Con el propósito de romper el Compromiso de Caspe (l’niquitat de Casp), y evitar así que la dinastía Trastámara se consolidara en Cataluña; en la previsión de que su propósito era la unión de toda España bajo una misma corona, en la que prevalecería Castilla.

2. Sublevación de los nobles y burgueses de Cataluña contra Juan II (1462-1472), como consecuencia de la decisión real de favorecer a los payeses de Remensa, en sus litigios con la nobleza y la burguesía. Lo que originó una larga guerra civil dentro de la Corona de Aragón, que iba más allá de un problema pasajero; pues realmente se perseguía, una vez más -acabar con la dinastía foránea los Trastámara- y recuperar el linaje catalán perdido con Martín el Humano. En ese trance se produjo la gran contradicción de que los catalanes ofrecieron la jefatura del Condado de Barcelona a Enrique IV de Castilla (él mismo, un Trastámara) y ulteriormente al Condestable Pedro de Portugal.

3. Como consecuencia de los episodios del Corpus de Sangre de 7 de junio de 1640, generado por la presencia de tropas reales en Cataluña con ocasión de la guerra de los Treinta años -y más concretamente de las campañas contra Francia-, se produjo un levantamiento general, contra la autoridad real. Que dio origen de la Guerra de Cataluña entre 1640 y 1652, con derivaciones hasta 1559. Con ocasión de la cual los catalanes anti-Conde Duque de Olivares suscitaron la de Portugal; una contienda en la cual, Cataluña se enfeudó en la corona de Luis XIII, a quien se otorgó el Condado de Barcelona.

4. Adscripción de la Generalidad de Cataluña a la causa del Archiduque Carlos de Austria en 1705, después de haber entrado triunfalmente Felipe V en Barcelona en 1702, donde fue recibido como legítimo rey de toda España. Pero un cambio de posicionamiento de Cataluña para pasarse al cándida austracista en la larga guerra dinástica (1701-1713), provocó una contienda civil contra Felipe V, de nueve años de duración. En la que, finalmente, en 1713, ingleses, holandeses y austriacos abandonaron a su suerte a los rebeldes catalanes, al firmar el Tratado de Utrecht de 1713. Y terminando el conflicto en 1714, tras la larga resistencia de Barcelona, se produjo la supresión de las libertades institucionales catalanas (Generalidad, Consejo de Ciento, etc.); para introducir el régimen común del resto de España, a través de los Decretos de Nueva Planta.

5. Levantamiento de Barcelona en 1842, en parte originado por las inconveniencias que para la industria catalana representaba el arancel de aduanas ya de corte librecambista de 1841, así como otras disposiciones legislativas, y también por los abusos de autoridad del General Espartero. Todo lo cual provocó el bombardeo de la Ciudad Condal, realizado bajo las órdenes directas del General Prim, que en la ocasión puso por delante su patriotismo español y su adhesión a la Monarquía.

6. Intento de crear una República Catalana dentro del esquema federalista que estaba diseñándose para España, en 1873. Proyecto que se vio definitivamente desbaratado por la Restauración borbónica a finales de 1874. Que fue recibida con entusiasmo en Barcelona, en gran medida por la nueva política arancelaria más proteccionista, según se advertía.

7. Publicación de las Bases de Manresa, de la autoría de Domenech y de Prat de la Riba, y otros ya regionalistas/nacionalistas; un diseño que se pensaba serviría de fundamento para una Constitución propia de Cataluña, suscitándose su virtual separación del resto de España.

8. Intento de invasión, desde Francia, de Francesc Maciá, quien con una columna de voluntarios proyectó entrar en su propio país, para declarar la independencia del Estat Catalá. Propósito que fue abortado por la intervención de las autoridades francesas, que se relacionaron con los servicios secretos del Estado español, entonces en la Dictadura del General Primo de Rivera (1926).

9. Declaración solemne de la República Catalana, en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona, por Francesc Maciá, el 14 de abril de 1931. Cuando en el resto de España se celebraba la renuncia del rey Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República española. Un planteamiento inesperado que se resolvió con el viaje conciliatorio a Barcelona de tres ministros de la flamante República para pactar con Maciá la alternativa de un Estatuto de amplia autonomía.

10. Declaración de independencia del Estat Catalá, dentro de una Federación Ibérica, el 6 de octubre de 1934, al socaire del levantamiento contra la República organizado por partidos y sindicatos de izquierda; como protesta a la entrada en el gobierno de Lerraux de diputados de la CEDA. Este levantamiento -luego muy criticado por Josep Tarradellas-, fue reprimido con la retirada temporal de la autonomía de Cataluña, y el encarcelamiento del presidente de la Generalidad, Lluís Companys.

11. Planteamientos de Artur Mas de una Cataluña independiente, tras la Diada de 2012, buscando la posibilidad de celebrar un referéndum, algo bien difícil por no decir imposible, por parte del Gobierno de la Nación.

Todo lo anterior forma parte del libro que tengo en curso de elaboración, y del que ya informé a los lectores de República.com. Llevará por título “¿Adónde vas Cataluña?”, y desde aquí reitero mi petición a los lectores de “Universo infinito” que si tienen observaciones que hacerme, pueden enviarlas por correo electrónico a castecien@bitmailer.net.

Aragón / POLÍTICA
«Lapao», la lengua inexistente que irrita al independentismo catalán
r. pérez / zaragoza ABC Aragón 31 Enero 2014

Los nacionalistas insisten en criticar a Aragón por denominar «Lapao» a lo que ellos consideran que es la lengua catalana. Pero la realidad es que en ninguna ley aragonesa aparece tal término

Pocas veces algo que no existe da tanto de que hablar e incluso sirve como materia prima para nutrir debates parlamentarios, propuestas de resolución y acuerdos. Pero el término «Lapao» lo ha conseguido.

El nacionalismo catalán lo utiliza como argumento para ridiculizar la Ley de Lenguas aprobada por las Cortes de Aragón el pasado mes de mayo. En ella se reconocen las modalidades lingüísticas propias de Aragón como tales, mo hablas singulares, específicas de esos municipios aragoneses en los que se vienen utilizando desde hace siglos y que son distintas del catalán, como lo son del castellano o del francés.

Pero el hecho de que esa ley no se doblegara a considerar las hablas del Aragón oriental como catalán, sin más, irritó al nacionalismo vecino. Y en el argumentario de la crítica se incorporó, como arma arrojadiza, el término «Lapao».

Según los nacionalistas, es ridículo que se haya «inventado» un nuevo nombre para una lengua que, para ellos, es catalán. Aseguran que Aragón ha denominado legalmente «Lapao» a lo que se habla en sus comarcas orientales, las que limitan con Cataluña.

La realidad, sin embargo, es que ni existe la «Lapao», ni Aragón ha aprobado tal denominación ni hay ley alguna en la que aparezca, pese a que los nacionalistas catalanes siguen insistiendo en que sí para arremeter contra la Ley de Lenguas aragonesa y para exigir, a renglón seguido, que el catalán oficial sea reconocido legalmente en suelo aragonés. En toda la Ley de Lenguas de Aragón, en ningún caso aparece el término «Lapao» (ver aquí el texto completo de la ley).

¿De dónde viene el término «Lapao»? Fue un término acuñado por los críticos con la Ley de Lenguas de Aragón, con quienes se oponen a que en esta tierra no se dé cobertura legal al catalán oficial. Con la colaboración del PSOE, la Chunta e IU en Aragón (que se apresuraron a decir que PP y PAR habían inventado la «Lapao» para no llamar catalán a lo que se habla en el Aragón oriental), el nacionalismo catalán aprovechó el menú servido por esos partidos desde Aragón. Y, desde entonces, no paran de quejarse de la «Lapao». Y eso que no existe.

Fue un invento de los opositores a la Ley de Lenguas de Aragón. Lo crearon aprovechando que dicha ley reconoce, como parte del patrimonio histórico de Aragón, que en esta región existe una «zona de utilización histórica predominante de la lengua aragonesa propia del área oriental de la Comunidad autónoma, con sus modalidaes lingüísticas». Los inventores del término de marras cogieron la primera letra de cada palabra («lengua aragonesa propia del área oriental») y alumbraron la «Lapao».

Camino de cumplirse un año de la aprobación de la Ley de Lenguas de Aragón, los nacionalistas catalanes siguen insistiendo en que es intolerable que se haya inventado una lengua, la «Lapao». Pero lo cierto es que los autores del invento no ha sido el Parlamento aragonés, sino los partidos que se oponen a esa Ley de Lenguas por no reconocer oficialmente el catalán como lengua en Aragón.

 


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