AGLI Recortes de Prensa   Domingo 2 Febrero  2014

Morir de éxito
Eurico Campano www.gaceta.es  2 Febrero 2014

No me cuento entre los que repiten que en el centro está, necesariamente la virtud. Ya hubo un centro en éste país hace no muchas décadas y voló por los aires.

Es normal que Rajoy se ponga las gafas… porque mira y no ve nada… o si lo ve, ya no lo entiende. Y debería porque su proyecto, o lo que le queda de él, está seriamente amenazado, a izquierda y derecha por quienes no renuncian a poner en práctica aquello en lo que creen. No me cuento entre los que repiten que en el centro está, necesariamente la virtud. Ya hubo un centro en éste país hace no muchas décadas y voló por los aires.

Su número dos sí ve algo mejor, aún sin gafas. Dice Cospedal, ‘la nada’… cómo estará el PP para apelar al voto del miedo: ‘O el PP o la nada’… Y se deshace en agresiones, a diestro y siniestro: a los socialistas, lógico, a los independentistas, ya era hora… y a ‘Vox’… Vaya, sí que ha dolido… ”Si nos dividimos fracasaremos, confesó Carlos Argós -uno de los hombres que mejor conoce los secretos de la derecha española- que le dijo Manuel Fraga antes de morir. Pero el gran patrón nunca hubiera imaginado que antes de dividirse, el fracaso comenzaría por la traición a las propias ideas… al substrato ideológico, a los principios y a los valores que te han llevado adonde estás… adonde él nunca pudo acceder aún mereciéndolo: al poder, fin último de cualquier proyecto político, entendiendo por tal la capacidad de tener en tu mano los instrumentos con los que transformar la sociedad. Nuca hubiera sospechado Fraga que la división, si algún día llegaba, comenzaría por el abandono de muchos de los que han creído en ti… él, que pasó a la historia como el gran aglutinador de ese gran magma sociológico que es mayoría en España, aunque muchos, desde el complejo, se resistan a creérselo.

Sería penoso pensar que Rajoy puede pasar también a la historia por todo lo contrario. Por convertir una ilusión y gran proyecto en una maquinaria de poder… y nada más que en eso. Una máquina que, a diferencia de las ideas que aún dice defender, acaba por desgastarse y se resquebraja, provocando la diáspora de los mejores de entre los suyos.

Los populares aún no saben que se puede ‘morir de éxito’. Felipe sí que lo sabía, vaya si lo sabía… por eso perpetuó todo lo que pudo aquel socialismo en el poder que todavía acosado por los escándalos, la corrupción y el crimen de Estado, consiguió aún aferrarse al poder algunos años más, que parecieron siglos. Pero Rajoy no lo sabe. Espero que al menos no ignore que su labor reformista corre ya, más que serio riesgo, de pasar a la historia como otro paréntesis –que hubiera dicho Suárez- entre una sucesión de períodos de destrucción de las esencias de España por parte de la izquierda más radical.

Recuerda, que sólo eres hombre, Rajoy. Ya sé que no eres César ni tu poder es comparable. Qué más quisieras tú… o no… Recuérdaselo, Cospedal y recuérdalo tú también. Porque a los pueblos no les gustan los trágalas ni los órdagos en forma de ‘esto es lo que hay porque no hay más’…

en su ÚLTIMA CARTA COMO DIRECTOR del diario
Pedro J. Ramírez: "El poder había convertido a 'El Mundo' en un apestado"
El Confidencial  2 Febrero 2014

Número 8.808. Un cuarto de siglo. Pedro J. Ramírez publica hoy domingo su última carta como director de un periódico, El Mundo, que ha dirigido durante 8.808 días, desde el 23 de octubre de 1989. Con cifras y números arranca hoy esa última tribuna al frente del diario, recalcando a renglón seguido que él no se ha ofrecido "como víctima propiciatoria. Han sido los propietarios del periódico quienes, en uso de sus legítimas atribuciones, han decidido poner fin a esta etapa".

Recuerda Ramírez las dos veces que en su trayectoria ha sido destituido como director, "hace 25 años bajo un Gobierno del PSOE, ahora bajo un Gobierno del PP. [...] Prefiero que sean otros los que interpreten la secuencia de los acontecimientos desde que volví a ser reportero por un día y reflejé las revelaciones de Bárcenas sobre la financiación ilegal del PP y los sobresueldos de sus jefes". Pedro J. no dice, pero señala. Ha tenido enfrente a toda la clase política, y el día 29 saltaba la noticia de su destitución. Él prefiere que otros interpreten qué ha motivado esa salida, pero les indica, sin cortapisas, el camino: "El presidente acusó en el Parlamento a El Mundo de 'manipular y tergiversar las denuncias de un delincuente para generar una calumnia'".

"El poder había convertido a El Mundo en un apestado y las grandes empresas del IBEX -salvo honrosas excepciones- actuaron en consecuencia. Nunca sabremos si yo continuaría [...] de no haber sucedido todo esto y de no haberse entreverado tales episodios con los de Botsuana, Corinna, Urdangarin y la Infanta", agrega, para volver a mencionar inmediatamente al jefe del Ejecutivo: "Está claro que Rajoy apuesta por el mito de 'un Gobierno sin periódicos' -en realidad sueña con un Gobierno sin país- y ha optado por convertir la crítica y la denuncia en una mercancía cada vez más onerosa para los editores. No es extraño que en Unidad Editorial la cuerda se haya roto por mi cintura".

Una cintura que le permite marcharse con la frente alta, glosando las virtudes de su sucesor, Casimiro García-Abadillo, y del presidente ejecutivo de la compañía, Antonio Fernández-Galiano. Que le permite prometer lealtad a su antiguo proyecto... si la línea editorial del diario no se desvía de la que ha tenido bajo su mando: "Mientras El Mundo siga siendo El Mundo me sentiría incapaz [...] de hacer la competencia en ningún terreno a quienes siempre consideraré mis compañeros. Si las circunstancias cambian me tendrán, claro está, a su disposición". Como titula él mismo: "Cambia el director, sigue la orquesta".

Pokémon: la administración de la basura
Roberto L. Blanco Valdés La Voz  2 Febrero 2014

Son tantos los casos de corrupción (probados o presuntos) que afectan a nuestra clase política que uno tiene la creciente sensación de que allí donde se levanta una tapa siempre es posible encontrar porquería acumulada. Lo diré, pues, de una vez, para no andarme con rodeos: hay muchos indicios que permiten suponer que vivimos encima de un inmenso basurero, aunque la inmundicia solo salga a relucir cuando los jueces y/o los periodistas se ponen, manos a la obra, a desenmarañar el tupido ovillo que acaba conduciendo, poco a poco, a los responsables últimos de gestionar la suciedad.

Pues de eso se trata al fin y al cabo: de una extendida colusión entre políticos, acostumbrados a hacer lo que les da la gana -con la confianza, bien fundada en la experiencia, de que casi nunca pasa nada- y empresarios desaprensivos, que se comportan como los típicos mafiosos, convencidos de que todo el mundo tiene un precio y de que pagando es posible, por tanto, alzarse siempre con el santo y limosna.

Hasta no hace mucho trabajábamos con la hipótesis de que los casos de corrupción eran en España solo una excrecencia, es decir, un bulto anormal es un cuerpo público razonablemente sano. Nada hay hoy que no permita suponer, con poderosísimas razones, todo lo contrario, es decir, que la situación es muy distinta y, claro está, mucho peor. Mucho peor, sí, porque los comportamientos irregulares o ilegales de quienes ejercen cargos públicos afectan ya, en mayor o menor grado (dependiendo de su cuota de poder) a todos los partidos y se extienden a los cuatro puntos cardinales del territorio nacional.

De hecho, las cosas han llegado a adquirir tal gravedad que ya no cabe hablar, con propiedad, de corrupción, pues esta es una patología excepcional que, como tal, exige que el funcionamiento de las Administraciones públicas se produzca en términos generales dentro de los límites de la legalidad. Pero cuando cada vez que se abre una investigación periodística o judicial se comprueba que la legalidad se ha vulnerado, a través de medios más burdos o más sofisticados, es razonable llegar a dos dolorosas conclusiones: la primera, que los escándalos crecen en la misma proporción en que se procede, por parte de quien puede hacerlo, a levantar el velo de lo que permanece oculto a nuestros ojos; la segunda, que más que una patología excepcional, estamos en presencia de un modo, si no generalizado, muy extendido, de funcionamiento de nuestras instituciones públicas, en donde la costumbre de hacer trampas ha pasado a ser sencillamente un modo más de hacer las cosas.

Hay quienes creen que la forma de afrontar esa terrible realidad es negarlo todo, echar tierra encima y poner a caldo a los periodistas y a los jueces. Y, mientras, el mal avanza, sinuoso, protegido por la oscuridad.

Pedro J. Ramírez, ¿suicidio o asesinato?
Carlos Sánchez El Confidencial  2 Febrero 2014

La frase que más veces escuché salir de los labios de Pedro J. Ramírez durante los 13 años que trabajé en El Mundo fue un viejo aserto periodístico. Y dice más o menos así: "Tus exclusivas de hoy servirán para envolver los bocadillos de mañana". Detrás de esta célebre afirmación se encuentra una cierta forma de entender el periodismo, probablemente consustancial a su razón de ser. Lo que hoy consideramos un hecho extraordinariamente relevante se baña, en realidad, en las aguas de la futilidad. No hay nada que dure menos que una exclusiva.

Esto lo comprendió mejor que nadie Pedro J. Ramírez, y eso explica su éxito. El exdirector de El Mundo ha convertido la información en un espectáculo convencido de que las exclusivas de hoy -y también las falsas noticias- apenas duran 24 horas. Por eso, cada mañana, necesitaba un cadáver que llevarse a la mesa. "Otra familia arruinada", se decía con sorna en la redacción. Ahí radica su extraordinario recorrido como director de periódicos. La capacidad para entender que las noticias forman ya parte de la industria del entretenimiento.

No es, desde luego, sólo su culpa. Los propios periodistas, convertidos en muchos casos en saltimbanquis del poder (ya decía Rodríguez Ibarra que cuando un señorito invitaba a un pobre a un sarao era para dar palmas), tienen mucho que ver con ello. Se confunde a menudo dirigir un periódico con vender periódicos, que no es exactamente lo mismo, aunque suene igual.

No quiere decir esto, por supuesto, que estemos ante un personaje banal o insustancial. Al contrario. La profundidad de su pensamiento se ha podido leer de forma profusa a través de sus sermones dominicales en el sentido evangélico del término. Y su capacidad dialéctica es, igualmente, memorable. Nunca he visto una puerta más abierta que la suya como director de un gran medio. Y nunca he visto a nadie disfrutar tanto con ese intangible tan delicado que es la información pese a que por su manos han circulado auténticos secretos de Estado. Y ya se sabe, como se decía en las viejas redacciones, que todo lo que no es información es propaganda.

España, que es un país sectario desde hace siglos, ha reproducido hasta el vómito el clientelismo en las redacciones. Los periódicos siguen siendo de un partido o de otro. El vicio es tan fuerte que incluso muchos de los últimos proyectos nacidos en internet no buscan la información, sino cubrir un determinado espacio político, lo cual es la muerte del periodismoObscenas relaciones

Esta sorprendente capacidad para reinventarse cada día -gracias a su arrojo informativo para sacar verdaderas exclusivas pese a estar sometido a todo tipo de presiones- es lo que explica su supervivencia como director de periódicos. Sin duda, beneficiado por esas obscenas relaciones que han tejido desde la Transición el poder político y el mundo de la prensa.

España, que es un país sectario desde hace siglos, ha reproducido hasta el vómito el clientelismo en las redacciones. Los periódicos siguen siendo de un partido o de otro. El vicio es tan fuerte que incluso muchos de los últimos proyectos nacidos en internet no buscan la información desnuda libre de ataduras, sino cubrir un determinado espacio político, lo cual es la muerte del periodismo. El fenómeno es tan salvaje que incluso, cuando las empresas crecen demasiado (como le ocurrió al Grupo Prisa respecto del PSOE de González y Rubalcaba), son los propios diarios quienes dirigen la orientación de una determinada fuerza política.

En otras ocasiones, y por falta de calidad informativa o por pura vanidad, lo que se pretende es identificar a la propia marca periodística con el poder emergente, y eso explica la deplorable foto de Carabaña (Madrid), en la que un exultante Pedro J. salía al balcón a saludar del brazo de Aznar, Ana Botella y Rodrigo Rato. La foto, en todo caso, no es más obscena que esas repugnantes celebraciones de La Razón o ABC en las que se presume sin rubor de cuántos ministros hay por metro cuadrado. Es como si un juez celebrara su cumpleaños invitando a los narcotraficantes que días más tarde deberá juzgar.

Cada profesión debe cumplir su papel, y con razón los ciudadanos han dejado de comprar periódicos, porque conocen el contubernio que existe entre el poder y los media. Hay incluso capos de la prensa que reciben desvergonzadamente a ‘sus clientes’ cada mañana en hoteles de lujo para dar cuenta de sus fechorías. Son los mauricios nuestros de cada día.

En unas ocasiones se trata de comprar voluntades a través de concesiones administrativas que luego, de forma absolutamente arbitraria e ilegal, se subarriendan; y en otras, pudriendo la profesión con pactos contra natura. Cientos de iniciativas parlamentarias han sido en realidad consensuadas entre periodistas y políticos, lo cual refleja la independencia de unos y otros.

La causa de esta merdé probablemente tenga que ver con una relación heredada de la Transición, cuando la clase política y la periodística se necesitaba para sacar al país adelante.

No se trata, desde luego, de un fenómeno sólo español. Cuando falleció Katharine Graham, la legendaria editora del Washington Post, el encargado de glosar su figura fue Henry Kissinger, como se sabe, el cerebro de la política exterior de Nixon, caído por la incuestionable audacia del Post.

Dentelladas del poder
El resultado, en todo caso, es una crisis de la prensa sin precedentes que no sólo tiene que ver con la innovación tecnológica (la aparición de internet) o con la crisis económica (desplome de la publicidad), sino también con la forma de hacer periodismo. El creciente descrédito de los políticos, como no podía ser de otra manera, ha acabado por arrastrar también a muchos periódicos. Sin duda porque el lector sabe que ambos son la misma cosa, hijos de la misma madera. Y ya se sabe que perro no come perro. Ese el gran error (o acierto) de Pedro J. Ramírez. Cuando ha comenzado a salirse del sistema le han llegado las dentelladas de los poderosos. Al final se quedó sin aliados.

En otras ocasiones, lo que se pretende es identificar a la propia marca periodística con el poder emergente, y eso explica la deplorable foto de Carabaña (Madrid), en la que un exultante Pedro J. salía al balcón a saludar del brazo de Aznar, Ana Botella y Rodrigo Rato. La foto, en todo caso, no es más obscena que esas repugnantes celebraciones de 'La Razón' o 'ABC'Desde luego que él ha puesto su granito de arena. La desgraciada situación económica del grupo es lo mismo que tener al enemigo en casa. Un periódico no puede ser independiente y verdaderamente libre si no tiene su situación económica saneada, y ese es, en realidad, el problema de la gran prensa en España, que está en manos de los bancos y de las grandes corporaciones. Hoy los directores de periódicos son funcionarios de grupos multimedia y en su lugar mandan los directores financieros.

Ese es, por ejemplo, el modelo del Corriere della Sera, cuyo accionariado está preñado de la gran industria italiana. Y ese modelo es el que de alguna manera se ha querido importar para España, en particular en el caso del diario El País, convertido en el profeta de la recuperación económica. En el periódico del poder establecido.

Con razón hay una vieja máxima en el periodismo que dice que es más difícil cerrar un periódico que abrirlo, simplemente porque hace tiempo que han dejado de ser un producto informativo y se han convertido en una herramienta del poder. Hay incluso periódicos que en 15 años de vida no han dado nunca beneficios, y ahí andan, dando lecciones de ética. Sin duda porque el mapa de la información tiene cada vez más que ver con el diseño político de África. Cuando en el siglo pasado los países imperialistas se repartían el pastel tirando líneas arbitrarias. ‘Este trozo para mí, este para ti’. Grupos multimedia que hoy presumen de lozanía, nacieron precisamente así. En los despachos de la calle Génova. O en Ferraz, como se prefiera.

El problema es que caído Pedro J. -al menos por el momento- existe un riesgo cierto de que la prensa (siempre nos quedará internet) camine por las aguas procelosas del fulanismo gubernamental. De ese capitalismo de amiguetes -el capitalismo castizo- del que se habla tanto ahora y que es la mayor aportación que ha hecho este país al pensamiento económico. Pedro J. Ramírez sabe mucho de ello. Primero, cuando quiso convertirse en el aliado estratégico del primer Gobierno Aznar (la guerra del fútbol), y, posteriormente, cuando coqueteó con un patético Zapatero simplemente para que los lectores supieran que él era la concubina del poder. Por supuesto, tan infiel como son todas las concubinas en aras de lograr un buen scoop.

Al final, ha ocurrido lo obvio. Rajoy es consciente de que no necesita al exdirector de El Mundo para sobrevivir porque ya tiene a su tropa de corifeos, mientras que el PSOE de Rubalcaba no es precisamente el de Zapatero (Roma no paga traidores). El resultado, como no podía ser de otra manera, es que entre todos lo han asesinado. Desgraciadamente, la prensa -la mala prensa- no puede vivir si no está cobijada en los aledaños del poder. Y para rematar este crimen, es el propio Pedro J. Ramírez quien se ha suicidado (aunque desde luego no es único responsable) con operaciones disparatadas como la compra del grupo Recoletos a su amigo Castellanos a un precio descabellado. O disparando contra la ideología de sus propios lectores. Suicidio y asesinato (por contradictorio que parezca) es el veredicto final.

Habrá quien piense que en realidad todas estas cuitas responden a un cierto canibalismo consustancial a este oficio de tinieblas que es el periodismo. Pero en realidad se trata de un asunto crucial desde el punto de vista democrático. La globalización concentra cada vez el poder en menos manos, y si la prensa cae bajo la órbita de quienes manejan los hilos de la economía y los resortes del poder, el país será más pobre. Y no sólo en el sentido económico del término.Sin periodistas como Pedro J. el futuro es más sombrío y anodino. Lo que ocurre en Cataluña, donde una prensa apesebrada le ríe las gracias al poder a cambio de licencias y subvenciones, es un buen ejemplo.

Sólo las naciones ignorantes desprecian el valor de la información, que no es únicamente un factor esencial para que avance la productividad o la calidad del sistema democrático, sino que cumple un papel determinante en la legitimación social de las decisiones políticas. Si los gobiernos no son censurados por la prensa, el país se muere por falta de contrapoderes. Es el abecé de la democracia y la razón de una sociedad libre. No se puede estar en la vanguardia desde la retaguardia.

Josep Medill, director fundador del Tribune de Chicago, describió una vez la fórmula para dirigir un buen diario: “Pues bien, dad noticias”. Esperemos que no se pierda la costumbre. Desde luego, en El Confidencial lo intentamos.

Vox, alternativas
Pedro de Hoyos Periodista Digital  2 Febrero 2014

Siempre he pensado que lo mejor que le podía pasar al PP es que le saliese competencia por la derecha. Si el proyecto de Vox llega a cuajar y a tener voz en el Parlamento, España podrá homologarse a otros países democráticos en los que la derecha está representada por dos partidos rivales y el PP podrá quitarse ese sambenito que tanto repite Rubalcaba y que tanto molesta a Rajoy y los suyos: “La derecha”.

VOXAl PP siempre le ha repateado que se le considere de derechas, pero al no tener rival en ese espacio político nunca se ha quitado de encima la imagen que tan demagoga y artificialmente sabía colocarle la izquierda española. El “Que viene la derechona” quizá pueda explicar muchos de los palos de ciego del gobierno de Rajoy, tal vez pueda achacarse al miedo a perder electorado que su conformismo e inactividad a la hora de combatir el separatismo se compense con otras leyes actualmente muy debatidas.

No sé si habrá un número significativo de militantes que abandonen el partido para sumarse a VOX, pero dejar un proyecto consolidado y con garantías para sumarse a un viaje de resultado incierto deja presuponer mucha hartura y la existencia de un espacio abandonado al que tal vez puedan sumarse determinados votantes. El PP lleva demasiado tiempo intentando abarcar todo el espectro de la derecha y los brazos ya no le dan de sí.

El mapa político para el votante español parece agrandarse con nuevas opciones ideológicas, y el voto puede fragmentarse, lo que está por ver si es bueno o malo y para quién. La falta de respuesta de los partidos tradicionales llevó en Italia a la desaparición de la Democracia Cristiana y del PCI… lo que ha abocado en una situación rocambolesca dominada mucho tiempo por un personaje como Berlusconi.

Se echa de menos una reflexión general y profunda de la sociedad sobre si la solución a los actuales problemas es cambiar los partidos o cambiar el funcionamiento de un sistema en el que las listas cerradas y la obediencia al comité central -llámese como se llame en cada caso- supone un freno a la conexión con las calles. Si los políticos están pendientes de la aprobación de sus superiores para llegar a los puestos de salida de las listas, ¿pueden estar pendientes de la aprobación de sus ciudadanos? ¿Si tienen que satisfacer los caprichos del aparato de sus partidos pueden satisfacer las necesidades de sus votantes?

Este PP o la nada
EDITORIAL Libertad Digital  2 Febrero 2014

La Convención Nacional que el Partido Popular está celebrando este fin de semana en Valladolid está resultando como era de prever. Con una ausencia prácticamente absoluta de exposición y debate de ideas, la reunión ha servido más para aglutinar a los participantes en torno a la dirigencia del partido que a propiciar una profunda reflexión en torno al ideario que los populares han dejado de defender, con la pérdida de apoyo social que reflejan todas las encuestas como principal consecuencia.

El discurso de la secretaria general del PP en el arranque de los fastos definió perfectamente lo que los populares esperan de esta convención, celebrada precisamente cuando las desafecciones de personajes muy destacados del partido han llegado a niveles nunca vistos con anterioridad, ni estando en el Gobierno ni en los momentos más duros de su larga trayectoria en la oposición. Cospedal abandonó cualquier pretensión de apuntalar un ideario firme en términos liberal-conservadores y, en su lugar, prefirió cantar las grandezas del PP y mostrar una imagen voluntariosa de un partido sin fisuras que, visto lo ocurrido en las últimas semanas, pocos pueden ya creer.

Los demás oradores no hicieron tampoco menciones de enjundia sobre política, que es para lo que un partido organiza una conferencia nacional, y en su lugar decidieron demonizar a formaciones políticas que amenazan con captar una parte más o menos mollar, ya se verá, de las bases de votantes del PP, cuyo descontento con la gestión del gobierno de Rajoy es a día de hoy más que notorio.

Tan sólo Esperanza Aguirre, marginada del cotarro dirigente del partido, hizo alusiones muy oportunas a la necesidad de recuperar el discurso político que el PP ha enarbolado siempre como su principal seña de identidad. El partido que Aznar supo convertir en un referente para la gran mayoría de españoles que comparten las ideas liberal-conservadoras, de cuyos réditos vive todavía el PP, parece haberse convertido simplemente en una maquinaria destinada a mantener el poder a cualquier precio.

Lejos de servir para volver a las raíces que convirtieron al PP en el gran partido de centro derecha, capaz de arrasar a los socialistas en las elecciones con un programa muy sólido para después cumplirlo a rajatabla desde el Gobierno, la convención popular de Valladolid sólo está sirviendo para ejemplificar un cierre de filas en torno a los dirigentes actuales sin que se sepa qué ideas, valores y principios pretenden llevar a la práctica en esta segunda mitad de la legislatura, ya que en estos dos primeros años no han manifestado la menor intención de hacer algo ni remotamente parecido.

Cospedal resumió en una sola frase las aspiraciones actuales de su partido y el mensaje que quiere hacer llegar a la sociedad con esta conferencia nacional celebrada en Valladolid. "Es el PP o la nada", dijo la secretaria general para desdeñar a otras formaciones políticas, sin percatarse de que la frase tiene un segundo sentido que sí refleja perfectamente al PP actual: este PP es la nada; pero eso sí, con una voluntad de mantenerse en el poder a la que su clase dirigente ha decidido supeditar cualquier consideración de orden ideológico.

Un documento imprescindible
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com  2 Febrero 2014

La Fundación FAES, cuya antecesora antes de la fusión de los antiguos tres talleres de pensamiento del Partido Popular tuve el honor de dirigir en el período 1997-1999, acaba de publicar un prontuario sobre el proceso secesionista explícito emprendido por los separatistas catalanes desde que el actual Gobierno de la Nación empezó su andadura hace dos años. Quiero señalar que FAES es un centro de análisis y reflexión sobre cuestiones políticas, económicas y sociales de primer rango a nivel mundial.

Está a la altura de las mejores instituciones de este tipo de los países más avanzados y sus responsables, a los que conozco personalmente y con cuya amistad me honro, así como la plétora de expertos externos que colaboran en la redacción de sus publicaciones, se cuentan entre los mejores y más capacitados, no sólo de España, sino del planeta. Creo que FAES, a la que deseo larga vida en beneficio de la sociedad española, es, de las muchas iniciativas de todo orden lanzadas por José María Aznar durante su dilatada etapa de político en activo, aquella de la que puede sentirse legítimamente más orgulloso. El trabajo al que me refiero es una nueva prueba de que mi valoración altamente positiva de las actividades de FAES está plenamente justificada.

El debate político puede situarse en diversos estratos ascendentes que van desde el populismo ignorante, estridente y demagógico a la reflexión seria, rigurosa y argumentada, pasando por capas intermedias de diferente solidez y densidad. En este aspecto, la confrontación pública de ideas y razones de los partidarios del inexistente “derecho a decidir” de los catalanes y de los que se oponen a semejante pretensión anticonstitucional, antihistórica y antijurídica, ha pecado hasta ahora de un exceso de emocionalidad y confusión. Se han dicho bastantes tonterías, se han formulado las teorías más peregrinas y se han soltado no pocas mentiras.

También, afortunadamente, se han escrito aportaciones valiosas y bien fundamentadas en torno a tema tan espinoso. Sin embargo, todo ello se ha llevado a cabo en orden disperso, con demasiado ruido y escasa serenidad. Hacía falta una exposición condensada, ordenada y sistemática de los distintos aspectos de la cuestión, constitucionales, históricos, económicos y sociales, que clarificasen de forma exhaustiva y precisa cada `punto en litigio. FAES ha llenado este hueco de manera magistral, sencilla y entendible para el gran público informado, haciendo un servicio impagable que me complazco en resaltar.

El Partido Popular, que todavía no parece decidido a dar a fondo la batalla de creación de opinión que este peligroso proceso requiere, encontrará en esas Veinte preguntas con respuesta sobre la secesión de Cataluña horneadas en los fogones intelectuales de FAES, el instrumento perfecto para ponerse a la tarea. Debe difundirlo, hacer que todos sus cargos electos lo estudien y lo expliquen, y seguir su guión sin desviarse un ápice. Las primeras declaraciones de su cúpula sobre tan relevante contribución han sonado de una tibieza preocupante. Sería una lástima que no la aprovechase porque su éxito en este campo a la luz de los resultados ha sido hasta el momento manifiestamente mejorable.

Licencia para mentir
Juan Laborda El Confidencial  2 Febrero 2014

Este fin de semana el partido del gobierno ha celebrado su particular sarao, donde de forma nítida y clara ha quedado claro que cuentan con licencia para mentir. Con ello pretendo llamar la atención, por un lado, sobre la habilidad y determinación para hacer promesas sobre el futuro que no se van a poder cumplir. Si bien ello ha sido frecuente en nuestros sucesivos gobiernos democráticos, con el actual ejecutivo se ha convertido en la moneda de uso común. Pero hay algo todavía peor, recurrir a falsedades para justificar su acción política en los distintos ámbitos, bien a sabiendas, o bien por desconocimiento.

En esas estábamos cuando desde el gobierno, con el apoyo alienante de sus voceros mediáticos, se empieza a vender la idea de que los más de 200.000 millones de euros tirados a la basura en los sucesivos rescates bancarios -FROB, EPAs, SAREB, avales...-, a costa de los contribuyentes, en realidad tenían como objetivo último rescatar a los depositantes. Quien afirma eso, simple y llanamente miente.

Todo lo contrario, por proteger a la gerencia que quebró nuestro sistema bancario, y a unos acreedores que asumieron riesgos excesivos -básicamente bonistas institucionales-, nuestros depositantes corren un serio peligro si al final, como prevemos desde este blog, la aversión al riesgo se dispara durante este año y los mercados de riesgo globales acaban hundiéndose. Ello arrastraría definitivamente al sistema bancario occidental, y por ende al nuestro. Les recomiendo encarecidamente que sigan los movimientos que algunos multimillonarios están haciendo con su riqueza, básicamente materializarla en liquidez y acaparar bienes tangibles.

Los privilegios de la "superclase"
Después de más de cinco años de crisis, la ciudadanía en general está más confundida que nunca. No puede entender por qué políticos, banqueros centrales, tecnócratas, y académicos siguen insistiendo una y otra vez en que ha sido y es esencial mantener las ayudas a los bancos, independientemente de la deuda en que incurre los Estados por ello. Mientras, con igual fervor, insisten en que es absolutamente imperativo recortar el gasto en todo aquello que no sea el rescate bancario, ya que tenemos un problema de deuda. Nos están hundiendo en un pantano de confusión sofocante, donde prevalece la mentira y el fraude.

Nuestros líderes ni siquiera consideran que podrían estar equivocados. Siguen insistiendo, como lo han hecho desde el principio, en que "ni hay ni había alternativa". Llámenlo rescate bancario, expansión cuantitativa, política monetaria, o suicidio. Lo que importa es que han depositado, y continuarán depositando, miles y miles de millones de euros de nuestros bolsillos para mantener bancos totalmente zombis.

Queda meridianamente claro que banqueros, políticos y expertos, ninguno de ellos, tiene la menor intención de estar al lado de la ciudadanía en todo aquello que se nos está imponiendo. Las rebajas salariales, aumentos impositivos al factor trabajo, incrementos del IVA, recortes en la asistencia social, la salud, la educación, todo ello se hace para mantener los privilegios de una superclase. Prometieron y prometen que el reparto será equitativo. ¡Mentira!

Ayudas a bancos y mentiras mediáticas
En su felonía, el mundo financiero, sus amigos políticos, y los medios de comunicación que controlan, la inmensa mayoría, venden machaconamente la idea que poner el dinero en los bancos es una cuestión meramente técnica, y que el público en general no debería preocuparse. Lo único que la opinión pública debería comprender, tal como explican aquellos que se autoproclaman expertos económicos, es que el auténtico problema es el de la deuda causada por un exceso de gasto público. De nuevo mienten como bellacos.

Estos mismos incompetentes insisten en que no hay conexión entre las enormes sumas que las distintas naciones han inyectado a los bancos y el globo repentino de la deuda soberana en dichas naciones. Se niegan a ver cualquier conexión entre las políticas de reducción del gasto público en la economía real y una contracción de esa economía.

Si en realidad se hubiera dejado caer a los bancos de manera que su gerencia y sus acreedores hubiesen pagado los platos rotos, habrían sido las élites económicas, las que acaparan la mayor parte de la riqueza de los países occidentales, quienes hubiesen perdido la gran mayoría de su riqueza y por lo tanto su poder. Es por ello que decidieron de una manera antidemocrática, salvo la honrosa excepción de Islandia, que los bancos fueran rescatados. A diferencia de la ciudadanía, la élite bancaria y financiera tiene la mayor parte de su riqueza financiera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que se evaporarían si se dejasen caer a los bancos.

Obviamente ni lo han tolerado ni lo tolerarán. En su lugar, han diseñado una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene, así como las instituciones que la controlan, y lo ha hecho a nuestra costa. Pero el juego está a punto de acabar, y muy mal. Y ahora nos dicen de que en realidad han rescatado a los depositantes. ¡Cuánta mentira!, ¡Cuánta infamia! ¡Qué asco!

El segundo naufragio de Pedro J. Ramírez
El exdirector de 'El Mundo' deja entrever y azuza que su salida es culpa del Gobierno de Rajoy. Los problemas económicos de Unidad Editorial también se antojan claves. ¿Qué ha pesado más? Todo apunta a una mezcla de ambos motivos: la destitución obedece a una operación mayor en marcha...
Alberto Lardiés www.vozpopuli.com  2 Febrero 2014

Julio de 2013. Un restaurante de Madrid. Durante una conversación animada un alto cargo del Gobierno suelta la bomba: “Con sus informaciones sobre el caso Bárcenas, sobre todo con la entrevista del otro día, Pedro J. ha cavado su propia tumba”. La afirmación suena a bravuconada típica en los turbios círculos de poder. Enero de 2014. Redacción de El Mundo. En la despedida de su plantilla, Pedro J. Ramírez asegura: “Con la portada de las cuatro horas con Bárcenas llegó nuestro viacrucis, ay, en buena hora me dio por hacer de reportero”. Parece una excusa de mal perdedor, pero el primer aserto mencionado cobra visos de realidad...

Seis meses separan ambas secuencias. Un tiempo en que se ha ido cocinando, poco a poco, la salida de Ramírez como director del rotativo que fundó en 1989. Como es de sobra conocido, la creación de El Mundo llegó tras la destitución de Pedro J. como director de Diario 16. Fue un despido fulminante orquestado por el Gobierno de Felipe González, al que el periodista cañoneaba día sí y día también con la intención de hundirlo. Aquel despido fue su primer naufragio profesional. Ahora, 25 años después, el mismo protagonista sale por la borda del buque que creó. Le han tirado sin bote salvavidas ni misericordia. Su segundo naufragio. ¿El motivo es otra vez su enfrentamiento sin cuartel con el Ejecutivo, en este caso de Rajoy, tesis que el periodista deja entrever y azuza, o, por el contrario, la causa es el conjunto de problemas económicos de Unidad Editorial que además agravan las dificultades de la matriz italiana, RCS Mediagroup? No está claro. Quizás sea una mezcla de ambas razones. Demasiado pronto para saberlo.

En la redacción de 'El Mundo' aseguran que "el Gobierno se ha cargado al director" y se muestran indignados, pero no aportan pruebas

Lógicamente, en el Gobierno dicen que nada tienen que ver con la salida del veterano periodista. En público argumentan que no se meten en los problemas de las empresas y en privado desmienten cualquier teoría de la conspiración. En el sector de los medios, repleto de piratas que trabajan a cambio de cualquier tesoro y donde cada vez quedan menos tripulantes libres, ambas negativas suenan a risa. Esta semana un redactor de El Mundo se manifestaba así: “La sensación que más tenemos es de pura indignación, porque aquí está claro lo que ha pasado, y es que el Gobierno se ha cargado al director”. Y otra fuente del rotativo contaba que “sabemos que los bancos han dicho que no a los intentos de la empresa por conseguir financiación para salir adelante, y eso no parece casualidad”. ¿Y qué pruebas tienen para hacer esas afirmaciones? ¿Son solo excusas para no asumir la cruda realidad de la empresa, con unos números en caída libre? “El Gobierno tiene muchos resortes para hablar con anunciantes o con banqueros y ayudar a asfixiar al periódico”, contestan, seguros de sus tesis pero carentes de pruebas que las sustenten.

Dos ejemplos de un desencuentro
Es imposible, absolutamente imposible demostrar esas presuntas maniobras del Ejecutivo para lograr el hundimiento de Pedro J. Ramírez. Pero es impensable, absolutamente impensable creer que el Ejecutivo ha sido un mero observador de la destitución. En todo caso, lo evidente y palpable es el enorme distanciamiento entre el ya exdirector del rotativo y el Gabinete de Mariano Rajoy. Como informó Vozpópuli el pasado miércoles, al desvelar en exclusiva del relevo que se avecinaba, hay dos detalles públicos muy reveladores. Primero, cuando El Mundo presentó en Madrid su "cambio de piel". Nadie del Gabinete pasó por allí y, precisamente el mismo día, ocho ministros y el propio Rajoy estuvieron en el acto de aniversario de La Razón. En segundo lugar, al acto de entrega de los premios periodísticos de El Mundo, celebrada en la sede de Unidad Editorial y con presencia de algún que otro mandamás de RCS, no acudió representante alguno del Ejecutivo. Al día siguiente, El Mundo publicó que el Gobierno había "boicoteado" los galardones.

Además del 'caso Bárcenas', Pedro J. fue especialmente crítico con las políticas económica y antiterrorista de Rajoy
De hecho, si se echa la vista atrás, en la anterior edición de estos mismos premios, celebrados en Cádiz, estuvo la vicepresidenta del Gabinete, Soraya Sáenz de Santamaría. Evidentemente, con su ausencia el Ejecutivo simbolizaba su desprecio a Ramírez. Un desprecio que respondía a las furibundas críticas del periodista al equipo gobernante sobre todo en tres asuntos: el caso Bárcenas, la política económica y la política antiterrorista. En los tres casos el exdirector acusaba, acusa y acusará a Rajoy de falta de transparencia y de incumplimientos flagrantes de su programa electoral. Algunas de las cartas dominicales de Ramírez fueron potentes torpedos dirigidos a la línea de flotación del Ejecutivo. Y tampoco puede olvidarse que el veterano informador siempre ha defendido que el Gobierno del PP no tomaba iniciativas para ayudar al sector de la prensa.

En su entrevista con Vozpópuli del pasado diciembre, la última concedida como director, Pedro J. se refería así al boicot del Ejecutivo a los galardones de El Mundo. “Para mí es inaudito que este Gobierno tenga una política de comunicación tan mezquina, tan miope, de tan cortas miras que sea incapaz de deslindar el ámbito de representación institucional de las discrepancias, el debate y el ‘me tratas bien, me tratas mal’. Yo creo que ese boicot empequeñece a Mariano Rajoy y no digamos a sus colaboradores, que le debieron aconsejar que actuase en esa dirección. Porque estos premios reflejan los valores más básicos. (…) La política de este Gobierno en relación a los medios de comunicación me recuerda a la de Nixon. Tenían las listas negras. Probablemente Rajoy no es una persona de gran envergadura política, pero el equipo que tiene en La Moncloa es de personas de muy bajo nivel. Vamos a ser exactos: es un grupo de personas muy por debajo de las aptitudes que requieren las tareas que desempeñan”. Ahí es nada. Un mensaje que sin duda escoció a Soraya, ocupada de las relaciones del Gobierno con los medios.

En su comunicado oficial sobre el relevo en la dirección del rotativo, Unidad Editorial no aporta ni un solo dato que explique la decisión

¿Explican estas malísimas relaciones entre Rajoy y Pedro J. la destitución de este último? No es posible saberlo si se observa la versión de la propia Unidad Editorial. En su comunicado oficial para explicar el relevo en la dirección de El Mundo no aparece explicación alguna. Ni un solo motivo. Hay que imaginárselos. Acaso por ello son tantas las teorías al respecto. A este paso, habrá que esperar a que el propio Ramírez lo explique en el libro que sin duda escribirá para narrar su salida… Eso sí, la compañía presidida por Antonio Fernández Galiano aseguraba que con Casimiro García-Abadillo como director “se pondrán las bases que permitan restablecer el equilibrio económico y financiero de la cabecera”. Suena maravilloso, genial, insuperable, pero ¿cómo se sentarán esas bases?

Posible fusión en marcha
Tanto en la redacción del periódico como en las múltiples fuentes del sector consultadas estos días se impone la sensación de que la marcha de Ramírez es solo el primer paso de una operación mayor destinada a garantizar la supervivencia de Unidad Editorial, que podría fusionarse con otro grupo nacional –de momento, Planeta y Vocento niegan esa posibilidad- o incluso venderse a un nuevo inversor. Pura incertidumbre. Pero esa posibilidad, la de una operación mayor en marcha, abona la opción, quizás la más consistente, de que Pedro J. haya salido del periódico que fundó por una mezcla de los motivos económico y político. A saber, Unidad Editorial necesita salvarse de sus apuros y los posibles salvadores, bendecidos o apoyados o empujados por el Gobierno del PP, han exigido la cabeza del ya exdirector. ¿O fue casualidad que Raúl del Pozo titulase su columna de despedida a Ramírez con un simbólico ‘El Mundo necesario’? ¿Qué es exactamente lo que puede hacer García-Abadillo para sentar esas bases de la recuperación? Por su perfil, parece que va a llevarse mejor con el Gobierno y, por ello, moderará la línea editorial. O quizás es que es la persona elegida para pilotar esa posible fusión…

La antigua Unedisa cometió un grave error con la compra de Recoletos en 2007, pero otros grupos arruinados, como Prisa, sí han sido socorridos por los bancos con apoyo del Gobierno

En todo caso, hipótesis aparte, algunas de esas fuentes del sector recuerdan con insistencia, para quien tenga poca memoria, que el verdadero detonante de los problemas económicos que padece la antigua Unedisa fue la ruinosa operación de adquirir el grupo Recoletos por la friolera de mil millones de euros en 2007. Ahí llegaron los problemas que obligaron a la matriz italiana a inyectar 400 millones de euros a su ramificación española el pasado otoño. Es sabido que todos los barcos periodísticos están a la deriva, sacudidos por el brutal oleaje de la crisis e incapaces de impedir que sus ingresos se esfumen como si hubieran sido abordados. La diferencia es que algunos, como Prisa, con 3.200 millones de euros de deuda, sí han sido remolcados por una flota de bancos que cuentan con el apoyo del Gobierno.

¿Y el futuro del exdirector?
En la citada entrevista, Vozpópuli también preguntó a Pedro J. por su posible salida y él respondió que tenía sus ansias y su vanidad colmadas pero advertía que, en caso de ver una operación contra la forma de hacer periodismo de El Mundo, volvería a la carga. Ahora, consumado su despido, el periodista, con su pericia habitual, deja abierta la posibilidad de volver a los astilleros para crear y botar otro barco, quizás digital y quizás llamado El Universal, con el mismo argumento: estará vigilante por si acaso “se produjera una fusión que desvirtuara la condición del periódico”. Y agrega que el gran periodista italiano Indro Montanelli montó periódicos con 65 y 83 años, frase que sin duda le habrá comentado Luis María Anson, que tiene el copyright de la misma a fuerza de repetirla.

Así las cosas, mientras Unidad Editorial cambia de brújula y decide su rumbo, la gran incógnita es si este genuino y astuto capitán de periódicos tendrá fuerzas, apoyos y tripulación para no ahogarse en los mares de la indiferencia y el olvido y volver a navegar. Al presentar la nueva página web del rotativo, el pasado noviembre, Pedro J. basó su exposición, como puede verse en la imagen superior, en la obra de Rembrandt titulada La tormenta en el mar de Galilea. A su juicio, esa pintura muestra las dos actitudes posibles de quienes se ven ensombrecidos por la adversidad: unos observan su propio declive sin mover un dedo y otros pelean contra la tormenta para sobrevivir. Él se identificó con los que no se quedan quietos. Además, quienes le conocen saben que Pedro J. se aferra con fuerzas, como siempre se aferran los náufragos a cualquier esperanza, a la cita que abre su último libro publicado, casualmente titulado El primer naufragio: "Una idea me atormenta: ¿no será mejor esperar la libertad que poseerla?". Y es que, paradójicamente, la búsqueda de una libertad imposible es el destino de cualquier timonel de un periódico.

El caso Pedro J y las miserias de la profesión periodística
Hay episodios, como el de la salida esta semana del hasta ahora director de El Mundo, que hacen inevitable una somera recapitulación de la profesión periodística y de las libertades informativas. El periodismo español está hoy como España, fané y descangallado, pidiendo a gritos cristiana sepultura víctima propiciatoria de sus muchos pecados no expiados.
Jesús Cacho www.vozpopuli.com  2 Febrero 2014

Desde la ermita románica situada en la punta de La Lanzada, un precioso santuario gallego relacionado desde la Edad Media con la fecundidad, la playa del mismo nombre se extendía aquel 31 de julio como una explosión de luz capaz de honrar, en una tierra batida tantos días por el viento y la lluvia, un verano entero. Corría el año 2006, había empezado las vacaciones y mi felicidad, casi completa, quedó de pronto arruinada por una llamada de móvil procedente de Madrid. Enseguida reconocí la voz de Pedro J. Ramírez, y casi de inmediato supe -esa voz quebrada por una tosecilla nerviosa que las situaciones de estrés suelen provocar en él- que aquella no iba a ser una buena noticia. El director de El Mundo, del que me había despedido apenas 24 horas antes, me indicaba que había decidido hacer cambios en el periódico y que eso significaba que mi página de los domingos, la celebrada “Rueda de la Fortuna”, pasaba a mejor vida. No hubo disputa, porque entre las prerrogativas del director de un medio está la de elegir a sus colaboradores. Le di las gracias y añadí algo más: “Pedro, tengo que reconocer que me has soportado demasiado tiempo”.

Imposible echar cuenta de las broncas que, un sábado sí y otro también, generalmente al caer la tarde o en plena cena, cuando el número del domingo iba a entrar en máquina, me enfrentaron a Pedro J. a cuenta de las presiones de éste o aquél poderoso que negaba vehemente o pedía árnica. Un día era Botín, al otro Rato y al siguiente Aznar o su amigo Florentino. Alguna señora de buen ver llegó a decirme, tras una de esas peloteras de la que fue testigo, que “si tú me dijeras la mitad de las cosas que le has dicho a tu director, yo te ponía en la puta calle ahora mismo”. No hubo caso. Pedro J. era y es el mejor de los tres grandes directores de periódico de la Transición –Juan Luis Cebrián (El País) y Luis María Ansón (ABC)- con los que he trabajado. El más periodista. No volví a hablar con él hasta el 3 de marzo de 2011, día en que el Consejo de Titania, editora de El Confidencial, me apeó de la dirección del diario digital que yo había fundado en una maniobra digna de la categoría moral de sus promotores. Cariacontecido, llegué a mi casa a las 3 de la tarde, sin haber dicho a nadie esta boca es mía. Cuál no sería mi sorpresa cuando, 10 minutos después, volvió a sonar mi móvil y, como ocurriera años antes frente a La Lanzada, con Pedro J. al aparato. “Jesús, sé lo que acaba de ocurrirte y solo quiero decirte que aquí tienes El Mundo para lo que quieras. Entre tú y yo no ha pasado nada. Te espero el lunes para trabajar”.

No ha sido el poder político el primer responsable del fango en que hoy chapotea esta noble profesión; han sido los amos del dinero

Hay gestos imposibles de olvidar. Y episodios, como el de la salida esta semana del hasta ahora director de El Mundo, que hacen inevitable una somera recapitulación de la profesión periodística y de las libertades informativas. Como no podía ser de otra forma, el periodismo español está hoy como España, fané y descangallado, pidiendo a gritos cristiana sepultura víctima propiciatoria de sus muchos pecados no expiados. El periodismo y las empresas periodísticas, que en mimética identificación con la orgía de dinero fácil que caracterizó nuestro boom, acometieron operaciones que hoy resultan casi imposibles de imaginar. ¿Cómo explicar que Prisa, editora de El País, pudiera llegar a acumular una deuda de más de 5.000 millones, imposible de amortizar a todas luces con la capacidad de generación de caja del negocio? ¿Cómo entender que Unidad Editorial (El Mundo) pudiera pagar 1.100 millones por el grupo Recoletos –origen de las angustias que hoy atenazan a UE-, dinero con el que 20 años antes, quizá menos, don Jaime Castellanos, el guardián del secreto, hubiera podido hacerse con el control de los 7 grandes bancos españoles?

Periodismo achicado y envilecido
El periodismo español se ha rendido sin luchar. Ha hecho algo peor: lisonjeado por el poder, se ha bajado las calzas hasta los zancajos para que pudieran darle a conciencia, decidido a participar en el general festín de estos años de vino y rosas, con dejación de su función primigenia, que no es la de derribar presidentes de Gobierno o intentarlo, no, sino la mucho más humilde de salir a la calle a buscar noticias, contrastarlas y publicarlas, a ser posible en su integridad. Si el periodismo español no hubiera aceptado el pacto de silencio tejido tras la muerte de Franco en torno a las actividades de Su Majestad el Rey, origen de las corrupciones que hoy deslegitiman a la mayoría de nuestras instituciones, seguramente la infanta Cristina no tendría que acudir dentro de unos días a declarar ante un juez de Palma, y mucho menos hacerlo escondida de la gente del común. Con todo, si me apuran, diría que no ha sido el poder político, tan omnipresente en España, el primer responsable del fango en que hoy chapotea esta noble profesión. Han sido los amos del dinero, los poderes económico-financieros, los que han ido tejiendo la tela de araña en la que forceja hoy, atrapada, la libertad de informar.

Es verdad que España, a diferencia de países anglosajones de renombre, no ha contado nunca con editores vocacionales, esos apellidos que pasan de generación a generación al frente de sus medios. Pudo serlo Jesús Polanco y sus herederos, hoy desaparecidos del mapa. El editor ha sido aquí un ave de paso siempre dispuesta a utilizar sus medios para hacer negocios colaterales con banqueros de rumbo o empresarios de postín. Me lo advirtió Joaquín Estefanía, a poco de desembarcar en El País, primeros ochenta, cuando un día se enteró que estaba intentando chequear una información con uno de los hermanos March: “A esos, Jesús, mejor que los dejes en paz”. Los March eran, como otros muchos, socios de don Jesús. El proceso de concentración del poder económico-financiero en unas pocas manos, fenómeno capital apenas estudiado, ha resultado mortal de necesidad para la profesión y para las libertades informativas, incluso para la salud de la democracia. Hoy, siete u ocho grandes señores, al frente de sus respectivas empresas y bancos, controlan el 90% de la publicidad de la que se nutren todos los medios, desde el que pilota un acorazado hasta el que navega en ruin charca. La situación de dependencia del sector frente a este ramillete de ilustres es tal, que hablar de independencia o presumir de “periodismo de investigación” no pasa de ser una broma de dudoso gusto. Es la pura verdad.

Hablar de independencia o presumir de “periodismo de investigación” no pasa de ser una broma de dudoso gusto

Ante panorama semejante, el periodismo se ha achicado, se ha envilecido. Las fronteras entre información y propaganda se han difuminado. Sobran ilustres columnistas con un pie en cada lado de la trinchera. Juntaletras hay que por la mañana escrutan la cuenta de resultados de Repsol y por la tarde visitan Repsol dispuestos a pasar la gorra con la recortada bajo el sobaco. Personajes de medio pelo escriben duras críticas contra el Gobierno –atizarle a Rajoy sale gratis, sobre todo ahora que la publicidad institucional brilla por su ausencia-, pero tiemblan de emoción cuando un consejero delegado del Ibex les pasa la mano por el lomo. Hay una corrupción peor que la del dinero, que es la corrupción moral. La cobardía. Son las miserias de una profesión que ha olvidado que al periodismo no se viene a hacer amigos. Tampoco a hacerse rico. Lo dijo de otra forma Horacio Verbitsky: “Del lado bueno de las cosas se encarga la oficina de prensa; de la neutralidad, los suizos; del justo medio, los filósofos; de la justicia, los jueces. Los periodistas nos encargamos de contar aquello que alguien no quiere que se sepa. El resto es propaganda”.

La pinza entre el poder político y el financiero
Pedro J. no tiene amigos en la profesión, pero se ha hecho rico con ella. Él encarna como nadie las miserias de este oficio y buena parte de su “gloria”. Ocurre que, desde hace bastantes años, Pedro J. Ramírez no hacía periodismo, sino operaciones de Poder, con mayúscula. Hábil donde los haya, él mismo se ha encargado de retroalimentar su leyenda haciéndonos creer que su despido ha sido político, aunque cuesta imaginar a don Mariano, el presidente que menos mano ha metido en la profesión, tomándose la molestia (¡uf, qué lío!) de urdir su despido. Más importancia han tenido las maniobras orquestales de aquel ramillete de barones del dinero. Que a estas alturas, y seguramente para agradar a Moncloa, los grandes capos de un grupo de empresas y bancos se conciten para financiar una compra que a su vez implicará la salida de tal o cual periodista, habla a las claras de la confusión de roles y la pésima salud de nuestra democracia. Pedro J. conoce la operación al detalle (“Y así, Amor, en vano intenta/ tu esfuerzo loco ofenderme:/ pues podré decir, al verme/ expirar sin entregarme,/ que conseguiste matarme/ mas no pudiste vencerme”), y queda emplazado para contarla. Ahí te quiero ver, torero. Su salida, en todo caso, estaba cantada a la luz de la pésima situación de las cuentas de UE, un negocio que, al contrario de lo que ocurre con Prisa, cuya generación de caja es positiva, empieza a drenar recursos al minuto siguiente de levantar la persiana cada 1 de enero. Los italianos de RCS necesitaban sacar el canario para poder vender la jaula, operación que ahora será más fácil acometer con Abadillo, un periodista incoloro, inodoro e insípido, al frente de El Mundo.

Se avecinan grandes cambios en la esfera de las empresas periodísticas, todas en pérdidas. Pero, con ser importante el proceso de consolidación que parece inevitable en el sector, mucho más lo es, en términos de calidad democrática, la recuperación del prestigio de la profesión y la renovación de sus votos de independencia en el altar de la mancillada diosa Verdad. Hoy, la información, la palanca que a lo largo de la Historia de la humanidad ha dado o quitado Poder, sigue siendo la commodity más cara, la más valiosa. Socializar la información, arrebatarla a los poderosos para hacerla accesible a la sociedad, es la función más noble que le cabe a este oficio y, si me apuran, la única. Pero el periodismo no se salvará solo. Se levantará o perecerá con España, hermano con su suerte, cónyuge de su destino. Para hacerlo posible necesitará también el apoyo, la colaboración, el convencimiento en tal sentido de los poderes del dinero antes denunciados. Un periodismo libre y responsable en una sociedad moderna es sinónimo de país serio, sólido, rico, donde a todos, banqueros, músicos y filósofos, les irá mejor. Esta y no otra es la razón de ser de un medio liberal como Vozpopuli. Consciente de las dificultades por las que atraviesa esta querida España, estoy convencido de que el futuro de la profesión está hoy en manos de las nuevas generaciones de periodistas, los jóvenes que, sin las heridas del tiempo, libres de filias y fobias, se baten el cobre en las trincheras de las redacciones digitales, ansiosos por hacer realidad el cambio que reclama este castigado país.

La sinécdoque confusa
“Los catalanes” tienen dos lenguas propias, pero a “Cataluña” se le adjudicó solo una
Álex Grijelmo El Pais  2 Febrero 2014

Alguien debe subir un butacón por la escalera y le pide a otro que le eche "una mano", pero no esperará que le preste solo la derecha (o la izquierda si es zurdo), sino que le ofrezca las dos. Y quien escuche tal petición entenderá que eso de "echar una mano" no consiste en arrojársela al amigo para que se apañe con ella, sino que la ofrecerá unida al resto del cuerpo a fin de cooperar en el esfuerzo.

Hablamos a menudo en sinécdoque, figura que consiste en designar un todo con el nombre de alguna de sus partes, o viceversa; y un objeto por su materia ("el futbolista golpeó el cuero"). Si un ganadero dice que tiene un rebaño de 220 cabezas, ya sabemos que estas no se hallan separadas de los cuerpos de los animalitos, sino que también cuenta en su corral con 880 patas (salvo excepción por alguna oveja coja).

Pero la sinécdoque tiene límites. No podríamos decir con rigor "los gladiadores enarbolaron los aceros" (las espadas) si un grupo de ellos las blandía de madera. Esa sería una sinécdoque confusa.

No podemos decir "los gladiadores
enarbolaron los aceros"
si parte de ellos tenía espadas de madera

Así, resulta curioso que las mismas personas que dicen "catalanes y catalanas", o "españoles y españolas", o "murcianos y murcianas", para que las catalanas, las españolas y las murcianas no queden fuera del discurso, acudan luego a fórmulas como "Cataluña no está de acuerdo", "España piensa tal cosa" o "Murcia prefiere", expresiones con las cuales se silencia a los ciudadanos y ciudadanas que, dentro de esos sujetos colectivos, tienen posiciones divergentes. (Incluso leemos a veces "los diputados catalanes votaron en contra", cuando lo hicieron solo los nacionalistas).

"Cataluña", "España" o "Murcia" sí pueden ser sinécdoques de sus representantes ("España votó a favor en la UE"), pero no siempre de sus divergentes ciudadanos.

Nos preguntamos entonces si no constituirá una sinécdoque confusa la expresión "el catalán es la lengua propia de Cataluña" (o el euskera la del País Vasco, etcétera), con la que el estatuto de autonomía transfiere a la idea "Cataluña" esa capacidad de hablar un idioma que reside en los seres humanos catalanes.

Por tanto, los catalanes tienen legalmente una "lengua propia", a diferencia de los navarros, que según su ley foral 18/1986 cuentan con dos: el euskera y el castellano. Pero los catalanes son también competentes en esta lengua, salvo empeño en lo contrario, y muchísimos de ellos aman los dos idiomas (derivados ambos de la dominación romana) y los sienten como propios.

Los catalanes de hoy han heredado, pues, dos culturas, y estarían en su derecho individual y colectivo si renunciasen a una de ellas; pero cualquier catalán puede presumir, si así lo desea, de que en su tradición literaria figuren tanto el Quijote como Tirant lo Blanc, obras ambas que leerá sin problema en la lengua original.

(Otra cuestión será cuál prefiere cada uno, o en qué idioma sueña. Incluso cuál cree más propio, cuál adoptó como lengua sentimental o política).

Dos culturas y dos lenguas propias heredaron Juan Marsé o Eduardo Mendoza. También Pablo Piferrer o Buenaventura Carlos Aribau. Dos lenguas se podían leer en El Vapor, en cuyo número 68 publicó este último, en 1833, su maravillosa oda a Cataluña (La patria), en catalán. ¿Cuál es la lengua propia de Joan Manuel Serrat? Parece propio de los catalanes, pues, hablar y escribir en catalán y en castellano. (Y ojalá sea ya siempre propio de todos ellos decidir libremente al respecto). Pero si bien parece que "los catalanes" disponen hoy de al menos dos lenguas propias, al concepto "Cataluña", sinécdoque de "todos los catalanes", se le adjudicó solamente una.

Razones de peso hubo, sin duda, destinadas a que la ley situase al catalán en su sitio. Pero quizás a muchos no les importaría aceptar ahora en el uso común fórmulas con las que no se pudiera deducir que una lengua es propia y otra impropia: "lengua originaria" de Cataluña, "lengua peculiar", "lengua autóctona"; incluso "lengua identitaria". Y no para retroceder en los derechos por ventura logrados, sino para recuperar el valor real de la sinécdoque.

Actualidad de Orwell
Juan carlos girauta / barcelona ABC 2 Febrero 2014

Definió el nacionalismo como el «hábito de dar por hecho que se puede clasificar a los seres humanos como si fueran insectos, y que grupos enteros de millones, o decenas de millones, de personas pueden ser etiquetados tranquilamente como buenos o malos»

No se ha valorado bastante que el gran George Orwell esculpiera su distopía 1984, en gran medida, con los materiales estalinistas de la pesadilla vivida junto al POUM en las calles de Barcelona, cuando el PSUC etiquetó de «fascista» al partido (marxista) fundado por Andreu Nin y se lanzó a la caza de sus militantes en 1937. El ininterrumpido prestigio del PSUC –por bien que hoy sus siglas sean invisibles– acaso explique que el nacionalismo no cuente entre su utillería cultural con título tan goloso como Homenaje a Cataluña, notas de la peripecia española del británico. No sea que alguien fuera a leerlo.

Pocos años después de su Homenaje, y en las postrimerías de otra guerra, la que asoló Europa entre 1939 y 1945, Eric Arthur Blair, es decir George Orwell, procedió a una implacable disección del nacionalismo y estableció sus rasgos distintivos. Básicamente iluminó sus efectos sobre el juicio humano, sobre el recto discurrir, sobre la buena fe intelectual. Advirtiendo que el autor ensancha considerablemente el concepto al incluir en la categoría ideologías diversas, y aun partidos políticos y otras adscripciones, sus Notas sobre el nacionalismo siguen siendo una pequeña y preciosa fuente de aprendizaje. Imprescindible, me atrevería a decir si no hubiera tantas lecturas que merecen el adjetivo.

También son una vacuna contra el «hábito de dar por hecho que se puede clasificar a los seres humanos como si fueran insectos, y que grupos enteros de millones, o decenas de millones, de personas pueden ser etiquetados tranquilamente como buenos o malos». Porque, tomen nota los del pensamiento débil, así definió Orwell el fenómeno. De eso hablamos cuando hablamos de nacionalismo. Tan deletéreos efectos provocan las ondas expansivas de una ideología-bomba extrañamente respetada aún, a pesar de las numerosas y empapadas pruebas en su contra. Pronto consigna Orwell las que considera «principales características del nacionalismo». Nos resultará imposible no relacionarlas con lo que, setenta años después de publicadas las Notas, está ocurriendo con el raciocinio de tantos de mis conciudadanos. He aquí un par de pinceladas:

«Obsesión: en la medida de lo posible, ningún nacionalista piensa, habla o escribe jamás sobre nada que no sea la superioridad de su propia unidad de poder. Es difícil, si no imposible, para cualquier nacionalista ocultar su fidelidad (…) El discreto elogio de una organización rival le llena de una ansiedad que solo puede aliviar mediante una áspera réplica». Ah, qué familiar sensación. A diario lo encuentro en debates y tertulias catalanas, donde el nacionalismo aparece siempre sobrerrepresentado con respecto a su verdadera incidencia social. Ningún Gobierno español tomará jamás una decisión acertada para mis colegas. Jamás una noticia positiva sobre el PP o sobre Ciudadanos –únicas formaciones ajenas al delirio– se puede despachar sin la réplica áspera. Es superior a ellos. El líder del PSC empieza a toparse con la misma reacción, un signo ciertamente esperanzador.

«Indiferencia a la realidad: todo nacionalista tiene el poder de no advertir similitudes entre conjuntos similares de hechos (…) Las acciones no se tienen por buenas o malas según sus propios méritos, sino de acuerdo con quién las realice, y casi no existe ultraje (…) que no cambie de color moral cuando se comete en nuestro lado». Ahora llamamos a eso doble baremo. Los partidos nacionalistas catalanes (que se refieren a sí mismos como «los partidos catalanes», cerrando la puerta de casa y dejando a la intemperie a los representantes de muchos centenares de miles de vecinos) verán virtud en la canallada del propio. Y, con frecuencia, canallada en la virtud ajena.

Son dos botones de muestra. George Orwell sigue siendo brutalmente actual.

España
Los empresarios abandonan su silencio y claman contra el separatismo de Artur Mas
maría jesús cañizares / barcelona ABC 2 Febrero 2014

Alud de críticas sin precedentes a la ruptura con España que propone el presidente catalán; Bonet, Fainé, Oliu o Rosell hacen público su rechazo
Los empresarios abandonan su silencio y claman contra el separatismo de Artur Mas

Año de consulta independentista, pero también de plante del empresariado catalán. A modo de vasos comunicantes, el acelerador secesionista del presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha tenido como respuesta un alud de críticas sin precedentes por parte de directivos, financieros y hombres de negocios que rechazan la ruptura con España. Y si antes este sector optaba por el silencio para salvarguardar sus intereses, aunque en privado expresaban su preocupación, ahora los avisos son públicos y notorios. Son gestos individuales, sí, pero transmiten el malestar de quienes son el motor de la economía catalana, es decir, española. No en vano, la mayoría de las empresas que dan apoyo a Marca España son catalanas, entre ellas Freixenet y La Caixa, cuyos presidentes se han desmarcado esta semana de la aventura separatista.

José Luis Bonet es un empresario catalán de pura cepa, nunca mejor dicho. Hombre hecho a sí mismo, posee una de las empresas de cava más importantes del mundo. Sus declaraciones al diario «The New York Times» el pasado mes de octubre en las que aseguraba que «Cataluña es una parte esencial de España y así es como debería continuar» levantaron ampollas. Hay quien incitó al boicot en las redes sociales, pero lejos de amilanarse, Bonet acudió el 25 de enero a la convención del PP catalán para participar en un debate moderado por el jefe de Gabinete de Mariano Rajoy, Jorge Moragas, donde afirmó que «es tan estrecha la relación entre Cataluña y España, somos tan “unos” que será difícil dividirnos». No fue difícil convencer a Bonet, que además preside Feria de Barcelona, de que acudiera al cónclave popular. Bastaron dos llamadas, las del secretario general del PPC, Jordi Cornet, y la de la diputada Dolors Montserrat —vecina del municipio donde está la sede de Freixenet, Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona)—.

Igualmente significativa es la postura del presidente de La Caixa, Isidre Fainé, quien este mismo viernes, se pronunció sobre el proceso soberanista catalán. Defendió «un gran acuerdo» entre los gobiernos central y autonómico y aseguró tener «gran confianza» en los líderes políticos, pues solo concibe una solución dentro de la ley. Palabras parecidas pronunció en Washington, en un acto celebrado en la residencia del embajador español. Fainé es quizá el hombre más poderoso en Cataluña y en encuentros privados con Mas, le ha instado a seguir la senda de la moderación. «Hay muchos empresarios que venimos diciendo que mejor juntos que separados. Yo lo he dicho 25.000 veces», aseguró esta semana el presidente de la CEOE, Juan Rosell, ex presidente de la patronal catalana Fomento.

Pero no parece que el líder nacionalista esté dispuesto a dar marcha atrás, a juzgar por los comentarios que realiza en foros empresariales. Según ha podido saber ABC, en una reunión no oficial con directivos de banca, Mas aseguró estar dispuesto a inmolarse y ceder el liderazgo de la causa secesionista a ERC si, como se prevé, la consulta del 9 de noviembre no puede celebrarse y se adelantan elecciones.

Mentar a ERC ante un empresario es llamar al mal tiempo. No solo por la mala experiencia del Gobierno tripartito, donde contribuyeron a disparar la deuda catalana a base de incrementar el gasto público, sino por la presión fiscal que Artur Mas ha aceptado aumentar en base a su acuerdo de legislatura con el republicano Oriol Junqueras. Nada menos que 30 nuevas tasas contemplan los presupuestos de la Generalitat para 2014.

Este es el compañero de viaje que ha elegido el presidente catalán en su proyecto independentista. Un proyecto que también rechaza el presidente de Banco Sabadell, Josep Oliu, quien el pasado 24 de enero, con motivo de la presentación de los resultados de la segunda entidad financiera catalana, aseguró que la consulta «no forma parte de nuestros escenarios económicos». De «postura suicida» califican algunos empresarios la decisión de Artur Mas de abrazar el separatismo. Asegura a todo aquel hombre de negocios que le quiera oir, especialmente en actos no oficiales, que vale la pena asumir el riesgo de salir de la Unión Europea, perder inversiones y posición en el PIB y arrastrar la consideración de «bono basura». «Si hemos aguantado más de mil años (el nacionalismo asegura que Cataluña es una nación milenaria), merece la pena pasar unos cuantos años mal», afirma el líder de CiU.

Obviamente, este planteamiento pone los pelos de punta al empresariado, que en fase de superar la crisis económica lo que menos necesita ahora es una inseguridad jurídica que ahuyente al inversor extranjero. La historia reciente demuestra que cuando a un empresario catalán tiene que elegir entre la patria o el dinero, elige lo segundo. El caso Spanair, cuya falta de viabilidad provocó una estampida de los empresarios que debían financiar la aerolínea catalana, es un ejemplo. Un fiasco de estas características no se soluciona en esos almuerzos en el Empordà en los que Mas se siente tan cómodo. Fue en un formato de estas características donde ofreció a Salvador Alemany, presidente de Abertis, la Consejería de Economía. Alemany la rechazó, pero aceptó presidir un comité asesor de la Generalitat. A finales de diciembre, Alemany dijo que en el proceso catalán «no se puede acabar de ninguna otra manera que no sea con el diálogo».

Precisamente de diálogo se habló en otra comida en el Empordà, la organizada por el cazatalentos Luis Conde, al que asistieron el propio Mas, dos ministros españoles, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre (que trabaja para Conde), y una pléyade de empresarios. Conde expresó que no sabe «por qué los empresarios están tan callados» sobre la cuestión catalana. «El empresariado está muy preocupado y demasiado callado; lo que quiere es estabilidad; debemos luchar para conseguir una solución para los próximos cinco años, no un proyecto para dentro de veinte años». Propone cambios en este sentido, pero «estoy convencido de que es mejor el acuerdo que la decisión de marchar».

Destacar que quien abrió fuego en este desmarque empresarial del independentismo fue el presidente del grupo Planeta, José Manuel Lara, quien hace algo más de un año, dijo que si Cataluña rompe con España «Planeta se tendrá que ir».

lA OTRA CARA DE VOX
La tercera vida de Ortega Lara
ZURIÑE ORTIZ DE LA TIERRO. El Correo  2 Febrero 2014

En los 17 años que le separan del zulo ha terminado Derecho y colaborado con varias ONG
Ahora quiere cambiar España. Se lo ha pedido su hijo mayor. Su militancia en Vox, el nuevo partido de descontentos del PP, «no ha sido un fichaje estrella. Es algo madurado»

SUPERACIÓN
El secuestro más largo
La mañana del 1 de julio de 1997 la Guardia Civil conseguía liberar al funcionario de prisiones. 532 días de cautiverio.

Reaparición
En 2000 acude a un mitin de Aznar y participa en una concentración en la prisión de Burgos tras un atentado de ETA.

Política
Figuró en la candidatura de Juan Carlos Aparicio a la Alcaldía de Burgos, en las elecciones de 2003. En el partido llevaba un servicio de apoyo a personas con problemas de drogas. En 2008 entrega el carné por el giro de Rajoy en la política antiterrorista. Su labor con los donantes o las escuelas de FP de los salesianos ha sido «tan estupenda como discreta».

Familia, fe, método
Su fe, su familia y su manera metódica de entender la vida le han ayudado a superar el trauma. Aún sale de casa con escoltas, aunque conduce solo. Sigue viviendo en Burgos con su mujer, su hijo Dani y la niña que adoptaron en Ucrania.

«Gestionó su salida del PP de manera muy correcta, sin maniobras raras», dice el exministro Juan Carlos Aparicio
«Es extraordinario. Pura bondad y honradez», destaca María San Gil

El día es un cielo azul, ninguna nube. José Antonio se pasa las manos por la cabeza, inspira hasta el fondo el cierzo que le seca los pulmones. Reza ante la lápida de su madre en Montuenga, tierra burgalesa de labradores, universo de su infancia. Se han muerto casi todos los mayores. Queda la tía Damiana.

- Vino a vernos en cuanto salió de ese agujero, siempre le ha gustado pasear por estos caminos. Aquí nació, como sus seis hermanos, y se crió los primeros años. Pero luego marcharon a la ciudad, a por trabajo. El siempre vuelve, le gusta mucho, aunque ahora le veo muy poco. Los riñones me tienen medio muerta.

José Antonio Ortega Lara pasea a menudo por esta pedanía, a 30 kilómetros de Burgos. El viento silba, los árboles rezongan, mientras él, con 55 años -menos los 532 días que estuvo sepultado en el averno-, piensa algo que le disipe las penumbras. Conserva en el corazón un amor infantil por este campo yermo al que tantos días volaba desde aquella madriguera podrida de humedad y terror: 2,40 por 1,70 metros iluminados por una bombilla siete horas al día. Han pasado diecisiete años desde su secuestro, el más largo en la historia de ETA, y su cuñado Isaac Díez, el hermano salesiano de la inquebrantable Domi, dice que «es una de las víctimas que mejor ha superado todo».

La mañana siguiente a su liberación ya preparaba el desayuno a su mujer y al pequeño Dani en el pisito de Gamonal, el barrio guerrero de Burgos. Se afeitó la barba, consiguió dormir, comer. En dos meses recuperó 5 de los 23 kilos perdidos, la vista, la voz. La familia, las dos psicólogas que le trataron y su fe religiosa cimentaron su segunda vida sembrada de iniciativas solidarias y estudio. Pero ahora se le ha abierto un nuevo desierto. Dani ha cumplido 20 años y le pregunta por el país que les quedará a la generación del paro y los recortes. Su padre se ha propuesto cambiarlo.

La semana pasada presentaba en Madrid el nuevo partido Vox, de «centro derecha». Su catecismo: el desmantelamiento de las autonomías, la supresión del Tribunal Constitucional y un compromiso con la unidad de España que, en opinión de Ortega Lara, el PP ha perdido. Lo que más le disgusta es la hoja de ruta de Rajoy en materia antiterrorista: «Quiero hacerle ver a mi hijo que hay veces en la vida en las que tienes que arriesgar, luego te saldrá bien o mal, pero tienes que hacerlo por convicción y por superar lo que hacemos generalmente, que es la crítica en la barra del bar o en el mercado. Ha llegado la hora en la que todos nos comprometamos un poco más por España. Han puesto la alfombra roja a los terroristas», soltaba algo nervioso en la puesta de largo de Vox.

Sacudida en el partido
Santiago Abascal, exparlamentario del PP vasco e impulsor del partido, explica que «José Antonio no es ningún fichaje estrella. Está seriamente implicado en la constitución de Vox. Es una persona de la propia organización». Otra cosa es que vaya a figurar en las listas de las elecciones europeas. Demasiado pronto, demasiado ruido para este castellano discreto y conservador. En 2008 dejó el PP rompiendo 21 años de militancia y provocando una sacudida parecida a la que viven los populares estos días. Su nueva amiga María San Gil había hecho lo propio en el País Vasco, y en Valencia se había aprobado dos años antes, con los votos del PP, la reforma del estatuto en una oleada de fervor autonómico. «Ambas cosas fueron determinantes», ilumina alguien muy cercano.

Su carné se lo entregó al exministro y entonces alcalde burgalés, Juan Carlos Aparicio: «Gestionó su salida de manera muy correcta. Se especuló que si estaba en una operación rara. Y yo dije que no, le conozco bien. No es de participar en conspiraciones. Luego se demostró que no se iba a ningún lado. Siguió con sus labores sociales, de manera discreta, como es él. Lo de Vox es nuevo, han pasado cinco años. También es cierto que no me ha sorprendido porque se ha distanciado del PP. Lo que me cuesta creer es que sea viable el proyecto, que él lo vea así».

Ortega Lara lleva meses viéndolo, preparándose para afrontar una nueva vida, aún más comprometida. El pasado julio, en Burgos, presentaba junto a Santiago Abascal y Alejo Vidal-Quadras, vicepresidente del Parlamento Europeo y expresidente del PP catalán, la asociación Reconversión, donde ya hablaban de reformar el «agotado» régimen político. El 6 de diciembre se manifestaba en la madrileña plaza de la República Dominicana en un acto de Denaes, fundación para la defensa de la nación española, presidida y creada también por Abascal, en la que Ortega Lara participa como jurado de sus premios.

En esa plazoleta, donde Inés del Río, De Juana Chaos y Troitiño, entre otros, volaron en 1986 la vida de 12 personas, cientos de ciudadanos gritaban el mes pasado contra la derogación de la 'doctrina Parot'. Allí, en la tercera diana más brutal de ETA, aclamaron las palabras de Ortega Lara, y le reclamaron a él y a Abascal que formaran un nuevo partido.

Se ha vuelto un jubilado inquieto. Una semana después de que la Guardia Civil le rescatara, su amigo José Ignacio Ceniceros, actual presidente del Parlamento riojano, entonces senador y líder regional del PP, corría a su casa de Gamonal a abrazarle. También figuraba en la lista negra. Ambos habían sido funcionarios de prisiones, se conocieron en la de Logroño: «Le martirizaron de más. Pero salió entero. Nada más hablar con el ministro del Interior preguntó por mí, temía que me hubiera pasado algo. Peleó unos cuantos meses y se fue recuperando. Lo más difícil fue convencerle de que se jubilara. Él pensaba que era aprovecharse de su situación. Antes del secuestro había pedido el traslado a Soria y entendía que debía ir allí. Era una locura. Al final aceptó, pero se propuso devolvérselo a la sociedad, como si nos hubiese dado poco. Es un símbolo de la libertad. Debemos estar muy agradecidos por su resistencia».

En casa le notaban que «se emocionaba menos, era más tajante y seco». Peleaba para recuperar la sonrisa. Retomó los estudios de Derecho, se licenció y realizó dos años de práctica jurídica. Nunca se ha colegiado. Con el inglés llegó hasta tercero. Devoraba filosofía el tiempo que le dejaban Domi, Dani y la hermanita que adoptaron en Ucrania. Enseguida empezó a colaborar con varias ONG -Jóvenes del Tercer Mundo, Manos Unidas- y solicitó entrar en la junta de la Hermandad de Donantes de Sangre de Burgos, hoy segunda provincia española más generosa con los pinchazos, por detrás de Álava.

A misa con Mayor Oreja
«La semilla de este crecimiento la puso José Antonio», desvela su presidente, Pablo Isidro Torres. «Con su labor callada, pero metódica, consiguió llegar a todos los rincones de la provincia. No ha parado de dar charlas en colegios, centros de salud, de hablar con alcaldes. Luego, de buenas a primeras, lo dejó hace tres años, aunque sigue siendo donante. Prefiere hacer favores que pedirlos. Y si quieres hacerle feliz, regálale un libro». Tiene razones poderosas para pensar que solo en los libros encuentra uno la perfección.

En este tiempo ha conservado a los amigos de instituciones penitenciarias, donde le recuerdan «igual de reservado, determinado y metódico que ahora». Y ganado algunos nuevos, muy especiales. Para María San Gil, expolítica del PP vasco, sus ojos azul inmenso «son la bondad. Con solo mirarle ves lo extraordinario que es. No sé cómo era antes del secuestro, pero hoy es un hombre íntegro, extraordinario. No deja de cultivarse. No da una charla sin estudiarla. Siente devoción por sus hijos y por su tierra».

No olvida la excursión al pozo azul de Covanera, cristalino como su mirada, la comida en Orbaneja del Castillo... Con el exministro Jaime Mayor Oreja, Ángel Yuste, secretario general de instituciones penitenciarias, y otros ex altos cargos de Interior, se ha reunido varios años en Covarrubias: misa, comida, tertulia. Siempre con Domi, la mujer que «soportó lo insoportable», y el resto de esposas.

Vive escoltado en su nuevo barrio burgalés, Vista Alegre. Se mudó a los dos años del secuestro del que no va a escribir porque no encuentra el duende que Lorca invitaba a buscar en las últimas habitaciones de la sangre. «Yo no lo tengo», ha comentado en alguna de las contadas entrevistas que ha concedido. En su círculo de amistades y en su familia confirman que sigue huyendo del protagonismo. Pero Dani se lo ha puesto difícil.

La Fundación de los ignorantes
josé garcía domínguez ABC Cataluña  2 Febrero 2014

Me refiero, acaso el lector lo haya adivinado, a los probos comisarios culturales de la Fundación CatDem

¿Serán solo unos ignorantes dignos de alguna compasión o acaso los pierda la mala fe? Lo más probable es que concurran ambas taras. Me refiero, acaso el lector lo haya adivinado, a los probos comisarios culturales de la Fundación CatDem. Los mismos que acaban de apelar nada menos que a un reglamento administrativo del año 1801, ciertas “instrucciones para el arreglo de teatros y compañías cómicas fuera de la corte”, a fin de demostrar el carácter mentiroso, artero y catalanófobo de FAES y sus “20 preguntas con respuesta sobre la secesión de Cataluña”. Pues, según los cráneos privilegiados de CatDem, la normativa en cuestión reflejaría la quintaesencia de la ancestral conjura de los malvados mesetarios contra Cataluña y su dulce lengua. De ahí aquella orden que, lacónica, rezaba: “En ningún teatro de España se podrán representar, cantar ni bailar piezas que no sean en idioma castellano”. Mandato imperativo que nuestros muy eruditos patriotas suponen emitido contra el Joel Joan y la Lloll Bertran de los tiempos de María Castaña.

Y es que a los pobres nadie les ha explicado que, hace un par de siglos, las compañías de teatro italianas arrollaban en todos los escenarios hispanos. Asunto, el de la libre competencia, que, entonces como ahora, ocasionaba un serio quebranto económico a los profesionales locales de la farándula. Al punto de que los cómicos madrileños acudieron ante algún ministro de Carlos IV en demanda de una especie de arancel Cambó “avant la lettre”, origen último de la norma de marras. Como tantas otras, no una ley contra la lengua sino una barrera frente a la competencia mercantil de los extranjeros. Algo obvio si se repara en que, hacia 1801, no existía nada parecido a una compañía de teatro en vascuence, gallego o catalán – en caso de que alguna hubiera – que pudiese suponer competencia seria para los actores de la corte. Esa ocurrencia de los pedagogos del odio en nómina de Mas, simplemente, es ridícula. Qué nivel, Maribel.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

La lengua habitual
xavier pericay ABC Cataluña  2 Febrero 2014

A este ritmo, en un par de décadas el castellano pasaba ser algo perfectamente residual en Cataluña

Dice Artur Mas que, entre 2007 y 2012, medio millón de personas que no tenían el catalán como lengua habitual pasaron a tenerlo. Esto significa que la población catalanohablante ha crecido en cinco años una barbaridad. Según la encuesta de usos lingüísticos realizada en 2008, había en Cataluña 2.196.000 personas cuya lengua habitual era el catalán, 2.830.000 que empleaban por lo común el castellano y 735.000 que utilizaban indistintamente ambos idiomas, lo que suponía unos porcentajes de población del 35,6, el 45,9 y el 11,9, respectivamente. En el mejor de los casos, o sea, sumando el tercer grupo al primero, se habría producido, pues, un aumento de algo más del 17%. ¿Espectacular, no?

Por supuesto, hay muchas formas de llegar a la dulce y amniótica condición de catalanohablante en Cataluña. Está la necesidad, o sea, la convicción de que el ascenso social pasa por el manejo del idioma «propio». Está también la solidaridad, esto es, la voluntad de acercarse a ese pobre pueblo oprimido por la España malhechora. Está aún el roce, el cariño, o sea, aquel territorio donde toda lengua es bienvenida. Y está, claro, la escuela, esto es, la obligatoriedad.

Aunque no sabemos qué porcentaje corresponde a cada una de estas modalidades, convendrán conmigo en que la última debe de rondar, como mínimo, el 95%. Lo que nos lleva a preguntarnos qué significa «lengua habitual». Porque si el concepto atañe al idioma que hablamos de forma regular un número suficiente de horas, todos los catalanes menores de 16 años, o sea, todos los que están sujetos a la enseñanza obligatoria, son catalanohablantes, por más que en casa y en la calle hablen chino. El problema es que un porcentaje altísimo deja de serlo, al menos de modo habitual, a partir de los 16. De lo contrario, ya les aseguro yo que, a este ritmo, en un par de décadas el castellano pasaba ser algo perfectamente residual en Cataluña.

Así las cosas, uno entiende que la Generalitat decida hacer caso omiso de las sentencias judiciales que le obligan a introducir el castellano como lengua vehicular de la enseñanza. A nadie le gusta tener que renunciar a las estadísticas. Y menos a un político.

Catalán y castellano
Francesc Moreno www.cronicaglobal.com  2 Febrero 2014

Los autos del TSJC en los que se ordena a cinco escuelas a dar un 25% de las clases en castellano ha vuelto a poner sobre la mesa, por enésima vez, el debate sobre la inmersión lingüística en Cataluña. El debate tiene diversas aproximaciones. La primera, el derecho de las familias a que sus hijos reciban enseñanza en la lengua materna de, al menos, el 50% de la población. La segunda, el derecho del Estado a que su lengua oficial sea usada como lengua vehicular en toda su geografía. La tercera, el derecho de los catalanes a que una de sus ventajas competitivas, el bilingüismo de nuestra sociedad, no sea desperdiciado por intereses políticos y corporativos.

De entrada no consigo entender que establecer que un 25% de las clases se impartan en castellano sea un atentado contra el catalán, lengua en la que se darán el 75% restante. Debo de ser muy estúpido. El argumento de que los niños aprenden igual el castellano es del mismo calibre que afirmar que el catalán no estaba discriminado en la escuela franquista porque las familias y la sociedad continuaban usándolo. Ya puestos, si los niños no van a la escuela también aprenderán ambos idiomas.

La realidad es que la inmersión lingüística, hoy, es tan sólo un instrumento político que trata de separar a los catalanes de una parte esencial de su cultura. Se trata de hacer buenos nacionalistas, que no se sientan españoles, y creen que eliminando el castellano de la escuela este objetivo se consigue, sobre todo si se acompaña de una versión de la historia unilateral y manipuladora. La clase política catalana, salvo C's y en parte el PP, defiende esta opción con ahínco para los hijos de los demás, aunque se la salta en muchos casos para sus propios hijos a través de escuelas privadas que no practican la inmersión en catalán. La historia de persecución del catalán, la facilidad para aprender el castellano y la presión ambiental han hecho que durante años muchos padres hayan aceptado como un hecho inevitable la inmersión. Pero no conozco a nadie, algún fanático habrá pero no los conozco personalmente, que no prefiera llevar a sus hijos a una escuela trilingüe, si puede pagarla claro, que llevarla a una escuela con inmersión. Cuestión de puro sentido común.

Leo que desde el Govern se quejan de que el TSJC invade competencias de la Generalidad. Efectivamente lo hace, pero porque la Generalidad lleva años incumpliendo las resoluciones de los tribunales con el mayor descaro. Si la Generalidad hubiera actuado, como es su obligación, el problema no existiría. Un país en que el Gobierno se salta sistemáticamente las resoluciones de los tribunales no puede calificarse de tener un sistema político democrático. Un mínimo respeto por la división de poderes es consustancial a la democracia.

El tratamiento escolar de la existencia de dos lenguas ampliamente implantadas en un territorio puede ser diverso. Las soluciones en el País Vasco, Galicia o Baleares son distintas. Pero si quien tiene la competencia, en el ámbito del respeto a las resoluciones del Tribunal Constitucional, del Tribunal Supremo y de otras instancias judiciales, no lo hace, es lógico que sea el poder judicial quien actúe para que sus sentencias no se queden en papel mojado.

El adoctrinamiento político de los niños es un signo de que en Cataluña la democracia está amenazada seriamente. Sólo los países con regímenes autoritarios utilizan la escuela para sus fines con la falta de pudor que se hace en Cataluña

Soy de los muchos catalanes que han vivido desde niños en un ambiente familiar bilingüe. Respeto que otros catalanes se sientan vinculados exclusivamente al catalán o al castellano. Entiendo que esas personas prefieran líneas separadas. No es mi caso. A mí me sirve una solución como la del TSJC, que obliga a que todos, en diferente medida, aprendan en las dos lenguas. Mi formación en catalán sufrió las carencias propias de la época y siempre he arrastrado esta mala formación de base en el lenguaje escrito y en la falta de un vocabulario que no fuera el de la cotidianidad. Las lecturas de mayor han corregido en parte la situación pero soy de los convencidos que lo que no se aprende antes de los veinte años siempre cuesta mucho de recuperar.

Creo también que este bilingüismo tan nuestro, además de ser un signo de identidad que debería ser protegido por los poderes públicos por este simple motivo, es también una ventaja competitiva en un mundo global. Los bilingües tenemos el cerebro mejor adaptado para aprender otros idiomas y, hoy en dia, ser trilingüe -de verdad, no un mero conocimiento del lenguaje oral de televisión- en catalán, castellano e inglés, es una buena formación para ganarse la vida. Si le sumamos el árabe, chino o ruso, coincidirán conmigo en que un joven con esa formación sortearía sin dificultad los problemas de encontrar trabajo.

Es por tanto llamativo que los poderes públicos catalanes se empeñen en que muchos de sus ciudadanos vean conculcados sus derechos lingüísticos y vean disminuido su potencial profesional por razones de cálculo político. Podrán seguir mareando la perdiz algún tiempo. Pero más pronto que tarde la realidad acabará imponiéndose. El adoctrinamiento político de los niños es un signo de que en Cataluña la democracia está amenazada seriamente. Sólo los países con regímenes autoritarios utilizan la escuela para sus fines con la falta de pudor que se hace en Cataluña. Otra razón poderosa para que los catalanes levantemos la voz y digamos basta.

El bilingüismos como ventaja competitiva de los catalanes
Nota del Editor 2 Febrero 2014

Que haya gente que estudie las lenguas regionales, en su tiempo y con su dinero, pues no me parece bien en estos tiempos de penuria, podrían dedicarse a actividades más rentables para todos. En tiempos de exhuberancia, sería otra cosa, aunque me parece que en toda la historia de la humanidad no ha habido ni habrá tiempos de exhuberancia.

Pero lo que no tiene fundamento ético es hablar de la ventaja competitiva del conocimiento de las lenaguas regionales, ya que la ventaja es a costa de los demás españoles que no las conocen, ojo, no es lo mismo ventaja por saber inglés que por saber une lengua regional que ha levantado una barrera para descallificar a los demás.

En cuanto a la facilidad de la adquisición de otras lenguas sucesivas a partir del conocimiento de una lengua regional, la misma razón pero respecto a una lengua de interés, supondría una mayor ventaja: por ejemplo, un niño que adquiere el español y el inglés de sus padres o entorno.



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