AGLI Recortes de Prensa   Martes 4  Febrero  2014

Susana Díaz: y al final solo había… zapaterismo
Luis Ventoso ABC 4 Febrero 2014

Susana Díaz, política de corto currículo y que no ha sido refrendada por las urnas, cobró visos de esperanza del alicaído socialismo español por tres motivos: es joven (asunto que arreglan los años), mujer (hecho biológico que en realidad ni suma ni resta) y defendía sin ambages la unidad de España. Su postura de claridad frente a los titubeos de su partido ante el pulso sedicioso catalán le granjeó un buen cartel. Por fin una dirigente en la izquierda que hablaba alto y claro en defensa de España. Pero al final, una vez que la presidenta ha ido madurando su discurso, se cae la imagen de posible mujer de Estado y asoma a las claras que Díaz es solo… más zapaterismo.

Resulta una perogrullada decirlo, pero como en el PSOE y en el progresismo mediático aún no se dan por enterados toca repetirlo: los políticos que gobiernan ahora mismo Cataluña quieren separarse de España, romperla, saltándose la legalidad si es preciso. No lo ocultan. Lo enfatizan cada día. Frente a esa amenaza, que nos empobrecería radicalmente y destruirían nuestra nación, la más antigua de Europa, caben dos posibles respuestas: hacer frente al pulso envolviéndose en las leyes democráticas del Estado español o buscar acuerdos de terceras vías con los independentistas.

Como el Partido Popular se ha convertido en el defensor más notorio de la España unida y constitucional, al PSOE le da repelús compartir abiertamente esa tesis, que en realidad es la única posible. Para distanciarse del PP, los socialistas se han puesto a buscar medias tintas donde no caben y ofrecen a los nacionalistas «diálogo», palabra talismán que se resumiría en una reforma de la Constitución y un trato privilegiado para Cataluña. El problema es que Mas y Junqueras (y parte de la sociedad aleccionada-adocenada por la maquinaria de propaganda de la Generalitat) ya no quieren paños calientes, solo los colma la independencia.

Por eso el PSOE ejerce de tonto útil de los sediciosos cuando lanza sus ofertas buenistas. Como bien dijo ayer CiU después de que Susana Díaz declarase que algo habrá que darle a Mas, los bálsamos socialistas «llegan tarde, porque nosotros ya estamos en otra cosa». Las “otra cosa” es, claro, su sueño perenne: partir un Estado para crear otro. El anhelo del viejo Pujol, que no se lío la manta a la cabeza solo por un motivo: tenía miedo la legítima defensa que ejercería el Estado democrático español, nada pusilánime en la Transición ante las veleidades separatistas (el tremendo sacrificio que se hizo contra ETA no fue otra cosa que la lucha de los españoles contra la versión sanguinaria del independentismo vasco).

El PSOE está cometiendo una grave felonía contra España, porque entre la liz partidista y la defensa de la nación ha elegido la primera. La prioridad no es que España no se rompa. La prioridad es combatir al PP, distanciarse a toda costa de su discurso, aún a riesgo de violentar las propias costuras del modelo de libre convivencia. Tan nociva política lleva a situaciones grotescas, como ver a la presidenta andaluza bendiciendo un posible concierto para Cataluña (que restaría fondos sin cuento a Andalucía).

Díaz propone «reconocer las diferencias con dos límites: ni agravios ni privilegios». Pero decir eso es simplemente una sandez, un imposible metafísico: si Cataluña pasa a tener un trato diferente será privilegiada y las otras comunidades que no reciben ese plus, agraviadas. Díaz, extraviada al fin en el zapaterismo más pueril, aspira a inventar el círculo cuadrado.

Cuando un delincuente asalta a un banco a nadie se le ocurre intentar pararlo ofreciéndole un te con pastitas. A nadie. Salvo a Susana Díaz, Elena Valenciano, Eduardo Madina…

(PD: Pasmoso el argumento de la presidenta andaluza de que hay que cambiar la Constitución de 1978 porque «los jóvenes no la hemos votado y ya no nos identificamos con ella». Una sorprendente forma de pensar, que convierte en reliquias polvorientas las cartas magnas que rigen en todo el Occidente democrático y que obligaría a cambiar todas nuestras leyes fundamentales cada vez que una nueva remesa de españoles alcanzase la mayoría de edad).

La derrota del PP vasco
EDITORIAL Libertad Digital 4 Febrero 2014

El Partido Popular en el País Vasco se ha convertido en el principal ariete de la Dirección Nacional para fustigar a los afiliados que les dan la espalda, insultar a las formaciones de nuevo cuño que amenazan con tomarles grandes bolsas de votos y ejercer de centristas entre un mar de fanáticos, de hacer caso a las soflamas de sus dirigentes.

Es lógico que un partido con una trayectoria electoral reciente tan calamitosa como el PP vasco intente por todos los medios mejorar sus expectativas, bastante más preocupantes de lo que sus rectores quieren admitir. Lo que resulta inaceptable es que esta estrategia de supervivencia incluya ensañarse con el disidente utilizando argumentos que hasta hace poco eran patrimonio exclusivo de los proetarras.

El caso del alcalde de Vitoria es paradigmático de esta manera de actuar: sus palabras denigratorias hacia los futuros votantes de Vox no han podido ser más lamentables. En una entrevista a un diario regional, Javier Maroto ha afirmado que para él es "un alivio" que "los herederos de Blas Piñar digan que ahora son de Vox", algo que a su juicio resulta bastante "sintomático". Ni siquiera cabe otorgarle el don de la originalidad, porque lo de motejar de fascista o ultraderechista a cualquier partido que defienda un ideario liberal-conservador es algo que hacen la izquierda política y la mediática sin necesidad de que un edil voluntarioso insista en la mamarrachada intentando hacer méritos ante los jefes de su partido.

Pero las palabras de Maroto encierran una gravedad añadida, porque precisamente el argumento utilizado para atacar al partido creado por su excompañero Santiago Abascal es el que tradicionalmente ha empleado la izquierda batasuna para señalar a los "enemigos del pueblo vasco" que había que neutralizar de una u otra manera. A Santiago Abascal no es la primera vez que en el País Vasco lo llaman heredero del franquismo, pero sí la primera que lo hacen desde el partido al que sirvió con lealtad durante tantos y tan peligrosos años y en el que aún milita su padre.

Ya pueden los dirigentes populares vascos rasgarse las vestiduras ante cualquier alusión a su abandono de los principios y valores que siempre ha defendido el PP, porque lo cierto es que su actitud, amparando al Gobierno en su denigrante política antiterrorista y contemporizando con los proetarras de Bildu, suponen un cambio tremendo que ahora sus responsables quieren disimular a base de insultar a los que ponen de manifiesto semejante obviedad.

Javier Maroto injuria a los votantes de Vox mientras la dirigente proetarra Laura Mintegi defiende al PP vasco. Esa es la esencia de la nueva política pop que Quiroga, Oyarzabal, Sémper y Maroto han decidido llevar adelante, con pleno apoyo de Rajoy. No debería molestarles que otros partidos surgidos al socaire de su traición pretendan enarbolar los principios que ellos han pisoteado.

Margallo, Cataluña y Escocia
El separatismo es un asunto interno… de Europa
Cristina Losada Libertad Digital 4 Febrero 2014

Al ministro de Exteriores de España le acaban de entrevistar en el Financial Times, donde le preguntaron, cómo no, por el caso de Escocia. Esto ocurre continuamente, o sea, ya ha sucedido otras veces, de manera que como otras veces las palabras de Margallo serán interpretadas y utilizadas tanto por los partidarios de la secesión escocesa como por sus oponentes. Y no sólo. Porque también el nacionalismo catalán está a la declaración que salta para usarla, convenientemente pulida y engarzada, en su propio beneficio. Así que han de andar con pies de plomo los ministros y los que no son ministros, miren el lío en que se han metido Los Morancos, si no quieren proporcionar munición para esta drôle de guerre.

A diferencia de Los Morancos, que hablaron a bote pronto, el ministro Margallo ha de llevar pensado lo que va a decir, y dijo una cosa sobre Escocia que suena a pequeña y merecida estocada a David Cameron. Esto es, que si Escocia se independiza en virtud de un procedimiento legal e institucional, y pide su ingreso en la Unión Europea, "la solicitud puede ser considerada". Puesto en titulares -de medios escoceses-, Margallo dijo que España no vetaría el ingreso en la UE de una hipotética Escocia independiente, muy hipotética a tenor de los sondeos.

Eso, naturalmente, no le gustará a Cameron. Pero tampoco se preocupó el inquilino del 10 de Downing Street por los efectos que tenía para España su aceptación del referéndum escocés. Pues siendo cierto que los casos de Escocia y Cataluña son distintos, y el orden constitucional del Reino Unido y el de España diferentes, el referéndum que pactó Cameron ha servido, velis nolis, a la causa del separatismo catalán. Aunque sólo sea para construir el sofisma de que los británicos son demócratas porque dejan votar mientras que los españoles son autoritarios por no permitir que los catalanes voten.

Más allá de las guerritas declarativas, Europa tiene un problema. Hay varios Estados miembros de la UE que encaran movimientos separatistas, pero no hay una política común frente a ellos. El recordatorio de que si un territorio se separa deja de estar automáticamente en la UE y ha de ponerse a la cola no es una respuesta política ante un fenómeno que amenaza los propios fundamentos del proyecto europeo. Porque si Europa acepta que el nacionalismo identitario destruya las naciones que se fundan en la ciudadanía, no en la identidad, Europa se destruirá a sí misma.

Los dirigentes europeos, los ministros, como también hacía Margallo, se refugian en la cómoda muletilla de que la forma de afrontar esos procesos es "asunto interno" de cada Estado. Se equivocan. Los procesos secesionistas son asunto interno, sí, pero del conjunto de Europa. No en vano la última guerra que se vio en suelo europeo fue la causada por el estallido de Yugoslavia, es decir, por el nacionalismo. Una guerra que la entonces Comunidad Europea fue incapaz de evitar, que dejó cientos de miles de muertos, y que, en fin, fue un asunto tan interno que la OTAN bombardeó Belgrado.

La UE nos saca los colores de la corrupción
EDITORIAL El Mundo 4 Febrero 2014

EL PRIMER informe sobre la corrupción elaborado por la Comisión Europea es un duro golpe para la Marca España, puede dificultar la recuperación del crédito exterior y debería abochornar a los partidos que gobiernan las administraciones. Yello porque en el documento queda claro que España se ha situado en la Champions League de la poco honorable clasificación de países corruptos. Estos son algunos de los datos del informe presentado ayer por la comisaria de Interior. Uno de cada cuatro euros de los contratos públicos -es decir el 25%- acaba en manos de corruptos. El 97% de las empresas detecta prácticas irregulares en las administraciones. Entre 1996 y 2009, los medios de comunicación se hicieron eco de 5.144 casos de corrupción que afectaron a 600 municipios. La Comisión ha detectado tres grandes focos en los escándalos: el desarrollo urbanístico, la financiación de los partidos y la contratación pública. Es decir, que todos los niveles de las administraciones están afectados por comportamientos corruptos, aunque Bruselas pone especial énfasis en el riesgo que supone el poder discrecional de los ayuntamientos para la planificación urbanística y en la falta de transparencia y control de las cuentas de los partidos políticos.

Aunque el documento es informativo, la Comisión aconseja a España que tome medidas para atajar un grave problema que preocupa al 95% de los españoles -frente a una media del 63% en los países de la UE- y que en definitiva es la causa principal de la crisis por la que atraviesa el modelo de representación democrática. Y a pesar de que tanto el CIS como el resto de las empresas demoscópicas alertan desde hace tiempo de la alarma ciudadana por los escándalos de corrupción, Bruselas advierte que las medidas que se han tomado no son suficientes para atajar el problema. Concretamente, propone una mayor supervisión de las donaciones de empresas que contraten con el Estado y cambios en la Ley de Transparencia para establecer controles independientes sobre su cumplimiento.

El caso Gürtel, en el que está implicado «un ex tesorero de un partido y casi 90 destacados políticos, empresarios y banqueros acusados de prácticas corruptas» es el único que el informe de la UE cita por su nombre. Y puede decirse que en él se sustancian todas las corruptelas, desde la financiación irregular hasta los contratos con las administraciones públicas. En estos días se cumplen cinco años del estallido del escándalo con la detención de Correa y la instrucción del caso sigue abierta. Ayer trascendió un informe de la Udef que reitera la implicación de Álvarez Cascos, ex secretario general del PP y ex vicepresidente del Gobierno, en el cobro de comisiones de las empresas de Correa y solicita al juez nuevas investigaciones. La lentitud de la Justicia en la depuración de las responsabilidades penales es sin duda una de las causas de la inquietud de los ciudadanos ante la corrupción. Europa nos ha sacado los colores y el Gobierno debe tomar nota. Rajoy anunció en sede parlamentaria que prepara un paquete de medidas contra la corrupción y para mejorar los controles de la financiación de los partidos. Debe hacerlo con urgencia.

Consulta separatista
¿Cada cuánto se ejerce el derecho a decidir?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 4 Febrero 2014

Si tuviera la suerte de tener un cara a cara con el presidente de la Generalidad de Cataluña, tal y como la ha tenido Felipe González en La Sexta, seguramente también le diría a Mas que yo también tengo "derecho a decidir" si quiero o no que Cataluña deje de formar parte de mi país. Así mismo le diría que el respeto a la legalidad y al Estado de Derecho resulta esencial para el ejercicio de cualquier derecho que se pretenda compatible con un régimen democrático. Pero les confieso que, además, plantearía al dirigente nacionalista las imposibilidades y contradicciones propias de esa pretensión de configurar nuevas fronteras y nuevos Estados a través de las urnas, razón por la cual ninguna legalidad democrática la respalda y por la que ni Artur Mas, ni Felipe González, ni yo ni el conjunto de los españoles tenemos, en realidad, derecho a decidir que una parte de España deje de serlo.

Las contradicciones e imposibilidades lógicas a las que me refiero son de índole tanto espacial como temporal. Empezando por las primeras, podemos argumentar, como ya antes apuntaba, que este derecho de autodeterminación, falso como todo derecho cuyo titular es un colectivo, es reductible y se rebate a sí mismo: así, el derecho a decidir de los ciudadanos de Cataluña es incompatible con ese mismo derecho a decidir de los ciudadanos españoles. Es más. Ese derecho a decidir de los ciudadanos en tanto que catalanes es imposibilitado por ese mismo derecho, que igual podrían tener esos mismos ciudadanos en tanto que barceloneses o badaloneses.

¿Estaría Mas dispuesto a respetar a esa mayoría de ciudadanos de Barcelona o de Badalona que son y quisiesen seguir siendo españoles? ¿Aceptaría que una parte de Cataluña dejara de serlo tal y como reclama que Cataluña tenga derecho a decidir si quiere o no seguir siendo española? Si, puestos a saltarnos la Constitución, hemos de respetar el derecho a decidir de las regiones, ¿por qué no el de los municipios?

Por otra parte, las pretensiones falsamente democráticas de Artur Mas también quedan en entredicho por razones temporales. Y es que si la configuración de nuevas fronteras y Estados nacionales fuese de verdad un derecho de los ciudadanos, estos deberían poder ejercitarlo transcurrido un cierto y tasado número de años. ¿O es que el principio de "un hombre, un voto, cada cuatro años" lo vamos a sustituir por "un catalán, un voto, una sola vez"? ¿O es que acaso Mas pretende que los catalanes decidan sólo hasta que decidan lo que los secesionistas quieren?

Estas son alguna otras razones por las que el mal llamado "derecho de los pueblos a decidir por si mismos", tal y como ya advirtiera Revel, no puede significar en la práctica que cada minoría geográfica, étnica, lingüística o religiosa disponga de un Estado independiente, sino que toda minoría disfrute de la protección de las leyes del Estado del que forma parte.

En definitiva, que las pretensiones de Mas no sólo suponen una vulneración de la legalidad vigente, sino que constituyen una afrenta a la lógica democrática más elemental y una fuente de discordia, sobre todo, entre catalanes.

El informe anti-corrupción y el efecto vampiro
María Blanco www.vozpopuli.com 4 Febrero 2014

La Unión Europea acaba de publicar su informe acerca de la corrupción en los veintiocho países que la componemos. Ciento 120.000 millones de euros son los que se cuelan por las goteras de la corrupción cada año en la UE. Una cifra bastante respetable que debería llevar a reflexionar cuánto de esos miles de millones se despistan anualmente en nuestro país.

La mirada al ombligo
Pero en este país, las portadas están dedicadas a los culebrones en los medios escritos, si la infanta Cristina bajará la cuesta de los juzgados a lomos de un corcel, en coche o a la pata coja, y la Convención del Partido Popular y las reacciones a favor o en contra de los demás partidos políticos. No toca mirarse al ombligo de la corrupción, a pesar de que es un tema que desafortunadamente va adquiriendo ya una consistencia en la percepción de los españoles bastante preocupante. Solamente los griegos tienen una percepción más alta de la difusión de la "infección" y son los que creen que la corrupción les afecta en su vida diaria en mayor proporción.

A pesar de ello, la semana pasada tuve que aguantar que una subdirectora de un periódico (que no es éste, entiéndase) se indignara y cuestionara la politización de la justicia y me acusara de que mis argumentos son conspiranoicos contra los políticos (los pobrecitos políticos). También tuve que ver cómo un político regional my conocido y amigo mío decía en una tertulia de televisión que, bueno, corrupción hay pero como en todos los países. Claro, no vaya a ser que tengamos que tomar medidas.

Los consejos de higiene anti corrupción
En el informe de la Unión Europea, se insta a España a tener cuidado en determinados aspectos como el control del gasto autonómico y local, la financiación de los partidos políticos y la independencia de los órganos que vigilan la corrupción, como la Oficina de Conflictos e Intereses. De momento, esas tres recomendaciones son las de siempre, las de toda la vida. Es como si te dicen que para evitar una plaga que asola nuestra civilización occidental, la solución pasa por lavarse las manos antes de comer o el cepillado dental tres veces al día. ¿No eran esas medidas de las que nos enseñan nuestras madres y en el colegio, de esos hábitos que se suponen tan habituales en nuestra avanzada sociedad que la repetimos inconscientemente?

Lo normal es que la mente humana nos juegue una mala pasada y al leerlo pasemos por encima de ese párrafo con un "Ah, lo de siempre". Pero cuando nos lo recomiendan es porque no lo hacemos.

Otra miradita al ombligo nos lleva a comprobar otros consejos del Informe: vigilar de la financiación de los partidos políticos, establecer códigos éticos exhaustivos, verificar los datos patrimoniales que se publican, mejorar la contratación pública... Y, sinceramente, no puedo sino pasmarme ante estas recomendaciones. ¿Es que hasta ahora no hemos denunciado muchas personas desde los medios de comunicación acerca de estas puertas abiertas a la corrupción política? Sí, y muchos de nosotros hemos sido acusados de exagerados, radicales, cenizos y conspiranoicos. Lo que sea con tal de no tener que tomar medida.

El efecto vampiro y la gangrena
Y no me queda claro si es peor lo que nos muestra el espejo o el hecho de que no lo vemos. Como si nuestros defectos, bajo un sorprendente 'efecto vampiro', fueran invisibles a nuestros ojos cuando miramos en el espejo. La corrupción sirve para hacer campaña electoral y tirar a la cara del otro partido el caso de turno que esté en los tribunales.

Por desgracia, los movimientos ciudadanos que supuestamente trataban de denunciar esta corrupción política han sido fagocitados por los propios partidos, especialmente de izquierdas. Y, por otro lado, la corrupción ha sido enarbolada como bandera por pequeños partidos de nuevo cuño que tratan de aprovechar los votos una población hastiada y preocupada por la corrupción política. No se sabe qué pasaría si tuvieran más poder, pero lamento expresar mi más absoluta desconfianza en este sentido, sin excepciones,

Lo que se nos olvida es que este mal es tan nocivo como la gangrena. Puedes no mirar, y es probable que, cuanto peor esté el miembro afectado, llegue un momento que ni te duela. Pero avanza y te pudre la carne hasta que la única solución es cortar por lo sano.

Cada vez que oigo palabras huecas como "regeneración" o "transparencia" proclamadas por nuestros candidatos, recuerdo la famosa frase de la película Blade Runner, y me doy cuenta de que la credibilidad de estos políticos que las pronuncian se diluye... como lágrimas en la lluvia. Pero a la velocidad de la gangrena aguda.

Mamá, se ha quemado el fuerte
J. de Mendizábal www.vozpopuli.com 4 Febrero 2014

Una de mis tropecientas hermanas, a la que adoro, se soliviantó conmigo el viernes: "¡Eso es la extrema derecha! ¡Te has vuelto loco!". Y todo por decirle que había estado en la presentación de Vox en un garaje y que había oído cosas que me sonaban muy bien. Porque, efectivamente, la presentación fue en un garaje y, la verdad, no pude evitar recordar tantas y tantas historias de éxito que han nacido en garajes. Mayoritariamente garajes californianos, cierto, pero garajes al fin y al cabo.

Mi querida hermana y madrina olvida que, hasta que empecé a ir a los billares, yo siempre iba con los indios en las particulares guerras domésticas que montaba en casa. Siempre acabábamos tomando el fuerte. Es más, los indios y yo un día incluso lo quemamos (esto disgustó enormemente a mi madre porque también ardieron otras cosas del cuarto; gracias a Dios, como en el fondo también iba con los indios, tuvo a bien no decírselo a mi padre). Como comprenderán, mis películas favoritas del género eran y siguen siendo Soldado Azul y Bailando con Lobos. Historias de perdedores, sí, pero con una causa justa y legítima detrás. Causas minoritarias, pero basadas en principios, historia, familia y tradiciones. Ideas.

Ortega Lara empezó su discurso en el susodicho garaje contando que estaba ahí porque quería mirar a los ojos -frente a frente- a su hijo de 20 años que hacía poco le había espetado: "Menuda España nos estáis dejando". Que un señor como Ortega Lara cuente esto cuando en EEUU, previo libro multimillonario del mismo, habrían hecho ya varias películas sobre su tortura y que, concretamente la protagonizada por Tom Hanks, habría ganado oscars por el asunto, tiene que hacer pensar a la gente. ¡Viven!, la tragedia de los Andes, es un casi un cómic al lado de lo que vivió este hombre, asesinado poco a poco por varios operarios de Fagor (ese mito de la autogestión cooperativista ahora en quiebra). Entre otras cosas, porque estaba solo. Hoy le damos de comer... hoy no, que se nos ha hecho tarde. Como es muy lógico, no entiende que Bolinaga tome libremente potes con la cuadrilla desde hace año y medio. Ni entiende al ministro del Interior, ni al de Justicia, ni al jefe de ambos. Ortega Lara, por tanto, se ha hecho de la extrema derecha.

Previamente, José Luis Quirós, 65 años, otro fanático extremista, el típico filósofo alejado de la realidad, del pragmatismo y de la conveniencia, había comentado que España no funciona. Que la independencia del poder judicial ha quedado definitivamente en entredicho con el reparto del CGPJ (programa, programa, programa y tal) perpetrado por Gallardón&Rubalcaba en comandita con PNV y CiU. Que las autonomías están destruyendo el país a base de impuestos descontrolados, el incumplimiento de las leyes nacionales y no acatamiento de sentencias sin que pase nada, el establecimiento de un sistema insostenible de gasto y corrupción. Que no hay institución del Estado, central, autonómico o local que aguante una auditoría (como, por cierto, corrobora sistemáticamente el Tribunal de Cuentas...cinco años después de ocurridas las fechorías). Como se puede comprobar, Quirós es otro iluminado de la derecha extrema.

Estos y otros quieren representar a toda esa gente sobre informada, toda esa gente que no puede soportar más el insulto permanente a una inteligencia mediana, a toda esa gente que sí cree que hay otra manera de hacer las cosas. Frente a ello, el discurso apocalíptico: o nosotros o el caos, fragmentando el voto vendrá la izquierda radical, Málaga o Malagón y etcétera. Y es francamente posible que consigan, de hecho lo están consiguiendo, que esa percepción se imponga. Rosa Díez es socialista (lo cual, por otra parte, es cierto), Albert Rivera y Ciudatans son una banda de populistas (a lo que contraponen a la estadista Sánchez-Camacho, una persona a la que le cabe el Estado en la cabeza, evidentemente) y, ahora, un grupo de indios sin un duro que se atreven a desafiar al establishment, al orden y al concierto, que se oponen al consenso con los nacionalistas ("tengo que convivir con la peluquera de Herri" como dice el alcalde pepero de Vitoria; convivir, puede, ¿pero eso incluye ir a tomar pinchos?), a no tragar con la corrupción generalizada, a no querer vivir bajo un régimen fiscal opresor de la libertad empresarial y personal. ¿Son la extrema derecha?

Lo más gracioso del caso es que, bastantes de las cosas que se han hecho y de las que no se han hecho, han sido en aras de la "paz social" y el mantenimiento del Estado del Bienestar. "Si hubiéramos cumplido nuestro programa, se hubieran tirado a la calle". Pues bien, ni una cosa, ni la otra. Se están tirando igual. Y el estado es de malestar. Gamonal (amonal, cabría decir), mareas blancas triunfantes (y otras que vendrán), secesión catalana -y, en breve, vasca- lugares de España donde no se cumple ni una ley estatal, Monagos y barones varios a su puta bola, media clase política en fase de instrucción judicial y la Institución Monárquica destruida por sus propios representantes. Esta es la realidad. Sin embargo, elijan: "O el PP o el caos: unidad". Además, ojo, tengo el BOE (en el ámbito empresarial este argumento es imbatible).

Y, sin embargo, a uno le parecen encomiables esos grupos de indios haciendo la guerra por su cuenta, que se resisten, que con arcos y flechas creen que pueden vencer al caballo de hierro y a los winchester de repetición. ¡Pero si tu eres blanco y todos tus amigos son casacas azules! Cierto, ese es el drama. ¿Traicionó Kevin Costner a los suyos en Bailando con lobos? Miren, escuchen, como mínimo es bonito:

Nacionalismos del siglo XXI
JOSÉ MARÍA CARRASCAL, ABC  4 Febrero 2014

· A día de hoy, el nacionalismo ya no significa progreso sino regreso, en todos los aspectos, desde el político al económico. A los hechos que tenemos ante los ojos me remito. Pero sigue vivo. Tal vez porque, según nos dicen los antropólogos, nos queda algún rasgo de los neandertales.

Que el nacionalismo es una de las fuerzas más dinámicas de la historia moderna no puede discutirlo nadie con un mínimo conocimiento de ella. Que ha sido también una de las más destructivas, también. ¿Qué papel le corresponde en el mundo de hoy?, cabría preguntarse.

Para ello no queda más remedio que atenerse a su propio desarrollo. Nacionalismo y nación moderna comparten incluso la misma madre: la Revolución Francesa. La que se levanta contra los poderes del Antiguo Régimen –monarquía absoluta, nobleza privilegiada, alto clero– con el lema de ¡Libertad, Igualdad y Fraternidad!, convirtiendo a los súbditos en ciudadanos, que derrotan a los ejércitos conjuntos de los imperios circundantes que intentan aplastarlos y mueren con el grito de «¡Vive la Nation!» en los labios. De ahí el dicho de que los soldados de Napoleón, que se consideraba heredero de la Revolución, llevasen en su mochila, junto a sus pertenencias, el Código Civil. En cualquier caso, que el nacionalismo es una idea, e ideal, revolucionario no cabe la menor duda.

Lo malo es que ese impulso revolucionario pronto se convierte en lo más opuesto a los ideales que invoca: en imperialismo, y Napoleón es el mejor ejemplo. No bastándole su propio país, el nacionalismo intenta extenderse a los vecinos, y así tenemos la ironía de que la mayor parte de las guerras del siglo XIX fueron provocadas por él, con millones de muertos, convertidas en guerras mundiales en el siglo XX, que si no terminan con la especie humana después de la Segunda poco les faltó, pues imagínense qué habría pasado si Hitler llega a tener la bomba atómica o si la Guerra Fría se hubiera convertido en caliente entre Estados Unidos y la Unión Soviética, con megatones en sus arsenales nucleares.

Todas esas guerras y esos muertos llevaron al nacionalismo a tal desprestigio –a fin de cuentas, los fascismos y nazismos tenían una raíz nacionalista– que llegó a considerársele indecente, ridículo, anacrónico, sólo atractivo para personas de escaso alcance. Algo, en fin, del ayer, no del hoy, cuando el imperativo es la globalización o, por lo menos, la formación de grandes bloques continentales. La Unión Europea es el ejemplo más notable y exitoso de tal tendencia.

Pero ya decía Hegel que un geniecillo irónico movía los hilos de la historia, porque de un tiempo a esta parte el nacionalismo resurge en esos mismos estados que intentan unirse. Basta una ojeada, sin embargo, para darse cuenta de que no se trata del viejo nacionalismo revolucionario, liberador e igualitario, sino más bien de lo opuesto. Por lo pronto, brota en las regiones más ricas, no en las más pobres de dichos estados. Luego, mira al pasado, más que al futuro, que deja en una nebulosa, y, por último, en vez de invocar la igualdad, invoca la desigualdad, la diferencia. En realidad, estamos ante la imagen contraria a la del primer nacionalismo, aunque la pasión, el arrebato y los signos externos –banderas, consignas, clamores, masas– sean los mismos. Si el nacionalismo de finales del siglo XVIII era el de los desheredados –los «miserables» de Víctor Hugo–, el de comienzos del siglo XXI es el de los privilegiados, el de los que no quieren vivir con la plebe. ¿Son lo mismo, son distintos o se trata sólo de una degeneración del primero?

Tras darle muchas vueltas, he llegado a la conclusión de que son la misma cosa. Lo que ha cambiado es el tiempo, las circunstancias, algo que altera totalmente su carácter, su sentido, su influencia. Lo que era correcto, apropiado, incluso beneficioso en aquel entonces, resulta anacrónico, perturbador, equivocado, en los actuales. Tan equivocado como Don Quijote saliendo a combatir gigantes y a rescatar doncellas en los albores de la Edad Moderna, en la más bella parodia de España. Pero esa es otra historia.

El impulso, sin embargo, es el mismo y para entenderlo necesitamos analizar la naturaleza humana, tropezándonos con dos de los rasgos más profundos y duraderos que hay en la misma, hasta el punto de que algún día puede que un biólogo molecular encuentre los genes nacionalistas en nuestro ADN. No me refiero a los raciales ni, menos, a los culturales, sino a algo mucho más profundo. Me refiero, por un lado, al miedo a la soledad, que nos empuja a la familia, al clan, a la tribu, y, por el otro, a nuestro afán de notoriedad, de sobredimensionar el yo, de ser algo más que nosotros mismos, de no quedarnos en el simple individuo.

El nacionalismo brinda al hombre en bandeja la posibilidad de satisfacer ambas ambiciones: sentirse arropado, protegido, y expandir su insignificancia individual en el colectivo en que se halla. El anónimo «hombre de la calle» se siente seguro entre aquellos con quienes convive y comparte una serie de rasgos, al tiempo que asume los galones del pasado glorioso de su nación, que se adornan con toda clase de hazañas y leyendas. De aceptarse esta teoría, que expongo a título personal, el nacionalismo sería el resultado de un complejo de inferioridad y superioridad simultáneos, imponiéndose el segundo, lo que explica el éxito del invento. Y los riesgos. Pues el sentirse «distinto» lleva a sentirse «superior», es decir, a considerar a los otros inferiores, algo que autoriza a expulsarlos, explotarlos y, en caso extremo, aniquilarlos, como hizo el nazismo y ha hecho ETA. Por otra parte, hace perder el sentido de la realidad, al dar por buenas las mentiras y meterse en aventuras que sólo traen desgracias a los pueblos montados en ese delirio colectivo.

En el siglo XXI, con el planeta convertido en una «aldea global» el nacionalismo debería ser un residuo del pasado, como lo fue el feudalismo y empieza a ser el comunismo. Pero vemos que no es así y tenemos los mejores ejemplos en España, donde florece en Cataluña y el País Vasco, con reverberaciones en otras comunidades, ya más bien ridículas, aunque inquietantes. Pues la gran paradoja, y peligro, del nacionalismo hoy es que, al no poder expandirse fuera de las fronteras establecidas, su afán expansivo se dirige hacia su propio pueblo, al que sus dirigentes enaltecen, engañan y explotan con el ardor que le caracteriza. No hace falta más que ver los escándalos de corrupción que se dan en las comunidades donde vienen gobernando, donde hasta los magistrados, inspectores de Hacienda y policías se han visto envueltos, por no hablar ya de la clase política, que vienen actuando como si la «nación» les perteneciese, para darse cuenta de que el nacionalismo ha sido el gran negocio de los líderes nacionalistas.

En cualquier caso, a día de hoy, el nacionalismo ya no significa progreso sino regreso, en todos los aspectos, desde el político al económico. A los hechos que tenemos ante los ojos me remito. Pero sigue vivo. Tal vez porque, según nos dicen los antropólogos, nos queda algún rasgo de los neandertales.

Todo moderación y tolerancia
HERMANN TERTSCH ABC  4 Febrero 2014

Es tan tolerable una asamblea de asesinos múltiples como destruir en Gamonal o agredir al anciano cardenal ante la catedral
«LA moderación en el comportamiento es siempre una virtud. No lo es la moderación en los principios». Esta sentencia del gran T
homas Paine me la traía ayer al recuerdo el entrañable colega italiano Josto Maffeo. En su glorioso panfleto de «Common Sense» («Sentido común») durante la Revolución Americana, como en «Los derechos del hombre» en plena Revolución Francesa, Paine cuaja los mejores aforismos sobre sociedad y libertad, sobre deber y responsabilidad. Se dirigía a hombres que dejaban de ser súbditos y habían de asumir en libertad la defensa del bien. Habían de defender la nueva sociedad virtuosa. Sin corromper sus virtudes. Había que ser tolerante. Pero inflexible en defender la libertad que hacía posible la tolerancia.

Había que ser moderado en formas. Pero no se podía moderar la defensa de la verdad. Como no se podía modular la verdad misma. Aquello fue hace tiempo. Hoy nadie sabe quién es Paine. Y un moderado es el que busca máximo provecho de mínimo compromiso. En equidistancia exquisita. Cuando alguien defiende aquí, por ejemplo, la unidad de España que está en la ley, y otro aboga por la destrucción de España y por tanto de las leyes, nuestro moderado se sitúa en medio, en el centro lo llaman, y tacha a los dos de inmoderados y radicales. Y frente a los dos «extremistas», se eleva con la superioridad moral que da el saberse moderado, quita la razón por igual a uno que al otro y se la da a él mismo. Pero lo cierto es que, al quitarle la razón a quien defiende las leyes, en realidad pasa a engrosar las fuerzas de quienes las están combatiendo. Por ello, gracias a la proliferación de moderados en la defensa de las leyes, de los principios y la cultura básica de convivencia en España, los enemigos de todo ello llevan décadas en campaña victoriosa en la sociedad española en permanente conquista de terreno y creación de hechos consumados que después presentan como derechos irreversibles por inalienables.

Nos ha pasado siempre con el moderado por vocación que ha sido el PNV en la cuestión terrorista. El moderado equidistante ha sido a la postre el más fiel aliado de los terroristas en la consecución de sus objetivos para el nacionalismo. Ha sucedido con el PSOE, que en su equiparación entre separatistas y constitucionalistas se convirtió en el peor enemigo de la Constitución con Zapatero de timonel con su Estatuto catalán y sus acuerdos de beneficios mutuos con ETA. Esas dos felonías nos han hundido en una crisis existencial que no tuvimos ni en la Guerra Civil. Ahora es el PP el que se despoja de todo lo que molesta para actuar igual. La fascinación por esa moderación, ese relativismo indolente, es explicable.

Cuando no se cree más que en la conveniencia propia con el mínimo esfuerzo y sacrificio, esta equidistancia ofrece mucha ventaja. Se puede cambiar siempre de aliado. Aunque sea fugazmente. Se evita el conflicto en minoría. Siempre con esa mayoría que huye todo conflicto, pero ansiosa del beneficio propio gratuito. Aplicado a la educación el resultado es una gran masa manipulable. Y un sector muy radical en las posturas primarias, en la exigencia sin responsabilidad, en la demagogia, en el victimismo social e histórico, en las ideologías redentoras, es decir en la izquierda y el nacionalismo. Su fundamental arma es la tolerancia. Si todo es tolerable, propiedad, libertad y dignidad quedan a merced de los tolerados, los peores. Es tan tolerable una asamblea de asesinos múltiples como destruir y amenazar en Gamonal, la sedición, el golpismo o agredir al anciano cardenal Rouco ante la catedral. Quemarla, también. Todo moderación, todo tolerancia, todo impunidad.

Soy estúpido
Toni Bolaño www.cronicaglobal.com 4 Febrero 2014

Yo también soy estúpido. Me sumo a la estupidez del presidente de CRÓNICA GLOBAL, Francesc Moreno. No soy capaz de entender que la obligación de dar el 25% de las clases en castellano sea un atentado al catalán, cuando el catalán tendrá a su disposición el 75% del tiempo. Sigo siendo un estúpido cuando oigo por activa y por pasiva que con esta decisión del TSJC nos cargamos un modelo de éxito. Perdonen mi bisoñez, pero ¿a qué éxito se refieren? Al del fracaso escolar, al del escaso nivel de idiomas, al del escaso nivel de conocimientos.

Si el TSJC obliga en una sentencia que los críos tengan el 25% en castellano –cuando el castellano es hablado por más del 50% de los catalanes- se rasgan las vestiduras alertando de la destrucción del modelo de inmersión lingüística o es una intriga más de los anticatalanes

El modelo de inmersión lingüística fue un acierto en sus orígenes para evitar la división de la sociedad en dos partes sin diálogo como sucede en el País Vasco. Sin embargo, este modelo dejó hace mucho tiempo de ser pedagógico para ser político, como decía el sábado el profesor Francesc de Carreras en un artículo en El País. La lengua se ha convertido en una herramienta arrojadiza a favor del soberanismo porque el catalán se presenta como única lengua. La única lengua de nuestra tierra.

Cuando uno visita por primera vez Helsinki, la capital de Finlandia, se sorprende por dos cosas. Que haya calefacción en el suelo de las calles, para evitar la acumulación de nieve en invierno, y que el nombre de éstas siempre se escriba en dos idiomas: finés y sueco. La sorpresa aumenta cuando conoces que el sueco apenas lo habla el 5% de la población. Sin embargo, en la calle se le trata de igual a igual. También en los centros educativos. La lengua vehicular de los colegios puede ser cualquiera de los dos idiomas. Algo tendríamos que aprender. En especial, si tenemos en cuenta que Finlandia es uno de los sistemas educativos más avanzados. Este sí que es un modelo de éxito.

Sin embargo, el nacionalismo dominante no está por la labor. Si el TSJC obliga en una sentencia que los críos tengan el 25% en castellano –cuando el castellano es hablado por más del 50% de los catalanes- se rasgan las vestiduras alertando de la destrucción del modelo de inmersión lingüística –que del éxito queda lejos- o es una intriga más de los anticatalanes. Léase anticatalán todo aquel que no baila el agua al pensamiento único. ¿Cuál es el problema? Que los chavales hablen dos lenguas –se siguen quedando sin inglés, por cierto- o que los chavales sólo reciban las clases en una lengua para un mejor adoctrinamiento. No sé la respuesta, ya saben, no alcanzo a más. Soy estúpido.

El acierto de la inmrsión lingüistica generalizado
Nota del Editor 4 Febrero 2014

Resulta que si "el modelo de inmersión lingüística fue un acierto en sus orígenes para evitar la división de la sociedad en dos partes sin diálogo" , no sé porqué se queda sólo con la lengua regional. Ahora mismo la sociedad está divida en dos partes sin diálogo, aquellos que viven de la política y los paganos de la política, así que podrían hacernos profesionales de la política a todos y desaparecería la brecha social. Si fuese más joven y libre, tambien pediría que se eliminase la brecha entre los que ligan mucho y los que no se comen una rosca. No quiero ni pensar que quieran evitar la brecha con mis vecinos chinos, porque con los años, los idiomas ya me resultan difíciles de memorizar.

En resumen, de lo que tratan es de dorar la pildora que meten por tal parte a los que no quieren saber nada de las lenguas regionales, para poder seguir viviendo del cuento.

Cataluña
El tongo de Évole y Wyoming
Pablo Planas Libertad Digital 4 Febrero 2014

El periodismo en España es un perro que levanta la patita a una voz de su amo, un oficio que el poder ha conseguido domar y domesticar hasta el punto de que sólo quienes no tienen nada que perder, porque ya lo han perdido todo, pueden escribir o hablar con entera libertad. No es el caso de las estrellas de la Sexta, Wyoming y Jordi Évole, a quienes el conservadurismo mediático financia generosamente no para que se estén calladitos, sino para que se dediquen a hacer befas con balas de fogueo. Parecen la monda de progres, pero los políticos cuajados se dan de bofetadas por salir, como sea, en sus espacios. De ahí lo de Artur Mas y Felipe González en Salvados, un cara a cara moderado por el aparentemente incisivo Évole, antes conocido como el Follonero.

Dado el fiasco de la internacionalización del conflicto catalán, Mas anunció hace un par de semanas que incrementaría su presencia en los medios de comunicación "españoles" para hacer "pedagogía", y su primera prueba de fuego (me parto y me mondo) ha sido el debate del domingo por la noche en el programa de Évole. Como hay gente para todo, el crítico de televisión de La Vanguardia ha llegado a calificar el espacio de digno sucesor de La Clave de José Luis Balbín, comparación que oscila entre el baboseo y la felación metafórica. Total, que Évole es el Edward R. Murrow local, el del "Buenas noches y buena suerte", porque Mas se ha prestado, con mucho gusto, a un combate amañado con González, al que le faltan un par más de estas para convertirse en el expresidente cántabro vendiendo anchoas en la misma cadena.

Es lo que hay, pero hasta en una pelea entre boxeadores sonados y sobornados hay un par de ganchos, tal vez un crochet o un uppercut de verdad, de los que no son pose ante el espejo. Así que Mas vino a desvelar las tres vías posibles de su plan. Si Mariano Rajoy no le deja convocar un referéndum, optará por la vía de la consulta al amparo de una ley autonómica que está a punto de sacarse de la chistera en el Parlament. Si esta consulta tampoco se le da, convocaría elecciones autonómicas de carácter plebiscitario. Pero lo más grande es que el derecho a decidir se ha convertido en el derecho a ser preguntado: ¿pues no va más Mas y dice que el resultado de los referéndums no es vinculante, que la cosa sería como una encuesta? Y se entera ahora. Cuando se lo cuente a los suyos, a los de la Asamblea de la cadena y a la monja Forcades (recluida en un convento en Alemania, por cierto), se van a quedar de pasta de boniato. Y dice más: que con el resultado en la mano, su propósito sería abrir una negociación con Madrid.

El enjuage está tan a la vista y es tan grosero que el nuevo director de La Vanguardia, Màrius Carol, extronista de La Zarzuela, ya no sabe cómo explicar, si por carta o tuit, que Mas y Rajoy se han estado viendo a escondidas, que han designado negociadores y que el hilo del diálogo no se ha roto, con lo que los empresarios de Fonteta pueden estar tranquilos. Habrá pacto, el Majestic II, aunque se le tenga que dar la vuelta a la Constitución y vaya a quedar España como un calcetín sudado.

El periodismo, ahora, es poner a Wyoming y Évole en medio para que todo esto parezca un chiste con vaselina, que con una sonrisa todo entra mejor. El próximo candidato a salir en La Sexta es el ministro de Exteriores, García Margallo, quien ya no sabe que hacer para llamar la atención. Lo suyo en el Financial Times a favor del reconocimiento de una hipotética Escocia independiente debe ser el peaje para optar a un suave masaje de Évole, que lo podría cruzar con Susana Díaz en un debate titulado La Constitución, un libro en blanco. Al rojo vivo, anda que no.

El PSC o la fractura social (y política) de Cataluña
¿Cómo sería una Cataluña no nacionalista?
2 febrero, 2014 por José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital 4 Febrero 2014

Este artículo, más que una reflexión es una propuesta, una respuesta en positivo, quizás el atisbo de un proyecto…básicamente indago cómo podría ser una Cataluña no nacionalista, una Cataluña desacomplejada de su españolidad, tanto en la vertiente política como en la social.

El camino parece aparentemente sencillo porque se basa en las más mínimas normas –escritas y no escritas- de la democracia, sin embargo, la realidad es que partimos de décadas de imposición nacionalista, imposición que ha abarcado todos los ámbitos sociales y políticos, desde la llamada ”sociedad civil” a medios de comunicación, pasando por sindicatos o la supuesta transversalidad política de lo “nacional”, todo ello amalgamado con un sistema educativo que ha servido de ariete para conformar e inocular entre la población el imaginario colectivo nacionalista.

Pues bien, una Cataluña no nacionalista no es otra cosa que la Cataluña real, es la Cataluña plural, aquella que está silenciada por los actuales poderes públicos y privados, lo que propongo es que las instituciones catalanas sean un fiel reflejo de la misma, que los poderes públicos estén al servicio de la ciudadanía y no de “construcciones nacionales”.

Propongo que todas las energías políticas se dediquen a superar las contradicciones de nuestra sociedad y mejorar nuestra democracia, para ello habría que simplificar el sistema administrativo catalán, eliminar los comportamientos partidistas, las cooptaciones, los amiguismos y la red de intereses creadas, con ello tendríamos las bases para una Cataluña abierta, justa y democrática.

La tarea empezaría por la simplificación administrativa, esto es, eliminando los consejos comarcales, promoviendo la unificación de servicios entre municipios, proponiendo cambios en leyes estatales que unifiquen el criterio salarial en los consistorios, leyes que prohíban los “cargos de confianza”, la eliminación de “dietas” y gastos extraordinarios de los cargos políticos, la creación de un sistema efectivo control de gastos realmente independiente del poder político, cerrar las delegaciones del gobierno catalán tanto en el extranjero como en nuestro territorio…

“…que dichos programas sean la base de la política, que puedan ser fiscalizados por la ciudadanía a lo largo de la legislatura y sancionados los políticos incumplidores…”

En lo político propongo una Ley Electoral basada en la proporcionalidad, en una circunscripción única, esto es, que se base en la máxima “un ciudadano, un voto “ (¿por qué un diputado autonómico en Lérida necesita unos 11.000 votos y en Barcelona 28.000?), una ley que permita la participación ciudadana en la elaboración de programas electorales y/o de las listas, que dichos programas sean la base de la política, y puedan (y deban) ser fiscalizados por la ciudadanía a lo largo de la legislatura sancionando a los políticos incumplidores.

Una ley que impida el adelanto de las elecciones en función del interés partidista (el gobierno debe ser un gobierno de todos), un sistema electoral de listas abiertas, listas en las que debería detallarse quién formará parte del ejecutivo y qué consejería tendrá a su cargo…listas que deberán ser accesibles al menos seis meses antes de las elecciones y deberían detallar la trayectoria, currículum y aptitudes de los candidatos, todo ello con una reducción del número de diputados en el Parlament que pasarían de 135 a 75 diputados (1 por cada 100.000 habitantes) con lo que reducir el gasto…

En el ámbito social, parto de la idea de que la pluralidad social, política y cultural es algo consustancial a la democracia, que hoy día la libertad de información es fundamental para que la ciudadanía pueda ejercer su soberanía con conciencia de causa, que la disensión política es un valor democrático porque es la cara oculta del cambio, es lo que incentiva el consenso, es el motor de la razón comunicativa (¿cómo puede haber perfectibilidad sin cambio?).

Propongo que si han de existir unos medios de comunicación públicos, estos o son realmente plurales, no ideologizados y no partidistas o mejor no tenerlos (siempre y cuando existan recursos para mantenerlos, porque mejor pagar con dinero público médicos que periodistas), que se prohíban las subvenciones –incluidas las camufladas en forma de “espacios de interés público” – a los medios de comunicación, que se incentive fiscalmente la creación de cabeceras de información para que los ciudadanos tengan distintas y variadas formas de entender la realidad; por otro lado, quedarían suprimidas todas aquellas subvenciones a entidades privadas –a todas- cuyo fin no sea de interés público (por ejemplo se puede ayudar a ONG como Cáritas pero no a Omniun), ya que la sociedad civil debe articularse a sí misma, sino se convierte en sociedad civil ideologizada a servicio del poder.

“…Barcelona, como buque insignia de lo catalán y español, dejaría de ser una mera marca comercial con la que atraer turismo –que también- para pasar a ser el paradigma de modernidad, una sociedad abierta, cosmopolita, emprendedora, plural e inclusiva.”

En lo económico, una vez racionalizada la administración, deberíamos optimizar lo público, esto es, racionalizando la sanidad, la educación, la justicia, etc., llegar a acuerdos nacionales para alcanzar economías de escala (compras conjuntas, servicios comunes a todas las autonomías), buscar sinergias con organizaciones del resto de España y Europa.

Crear un plan estratégico a largo plazo en I+D+i y educación sustentado con los recursos resultantes de la racionalización administrativa. Deberíamos incentivar la creación de empresas, la fundación de proyectos basados en la investigación, para que lo invertido en nuestros centros de investigación y universidades se devuelva a la sociedad en forma de progreso y riqueza. De la misma manera deberíamos buscar socios en el resto de España con los que compartir sinergias y colaboración competitiva, establecer protocolos de colaboración que incentiven la competitividad y la productividad.

Si invertimos lo suficiente en educación, en investigación, si incentivamos al capital privado para que se vuelque en los mismos objetivos, conseguiríamos ser un referente mundial que nos daría un enorme poder blando en el mundo, y Barcelona, como buque insignia de lo catalán y español, dejaría de ser una mera marca comercial con la que atraer turismo –que también- para pasar a ser el paradigma de modernidad, una sociedad abierta, cosmpolita, emprendedora, plural e inclusiva.

“…la escuela no solo ha de servir para crear futuras piezas de la maquinaria económica/administrativa y, ni mucho menos, ser engendradora abnegados patriotas, sino que debe ser generadora de posibilidades, de oportunidades, posibilidades tanto cívicas como profesionales, tanto políticas como económicas…”

Una de las cuestiones clave para esta transformación sería un cambio de mentalidad en la forma de entender la educación, sería una educación basada en principios democráticos con los que dotar al futuro ciudadano de las herramientas clave para poder ser un sujeto político consecuente, es decir, la escuela no solo ha de servir para crear futuras piezas de la maquinaria económica/administrativa y, ni mucho menos, ser engendradora abnegados patriotas, sino que debe ser generadora de posibilidades, de oportunidades, posibilidades tanto cívicas como profesionales, tanto políticas como económicas.

Los cambios de paradigma que están acaeciendo en lo político y en lo económico hacen más necesario que nunca unos ciudadanos responsables de su propio futuro, futuro que pasa –indefectiblemente- por ser un animal político en un mundo en el que han caído las fronteras políticas y mentales, podríamos estar en una metamorfosis de una ciudadanía basada en los límites nacionales –como lo eran los que demarcaban al demos y sus derechos- hacia un ciudadanía global y temerosa sin una clara adscripción nacional –el populus imperial con derechos políticos meramente formales- y, ante esto, no podemos dejar que dicho populus se convierta en un sujeto político pasivo a merced de oligarquías, intereses privados y/o populismos…

******************* Sección "bilingüe" ***********************

González dejó en evidencia a Mas

Pablo Sebastián www.republica.com 4 Febrero 2014

Interesante el debate que sobre la crisis catalana celebraron Felipe González y Artur Mas ante las cámara de La Sexta TV. De dicho encuentro no salió nada nuevo ni positivo porque las dos partes, la independentista y la españolista (que defendió González con buen criterio), se mantuvieron en sus posiciones sin que del encuentro se apreciara la menor oportunidad de acuerdo o negociación. Más bien quedó claro que Artur Mas no quiere diálogos ni pactos de ningún tipo si no son para aprobarle el referéndum camino de la independencia, lo que hace que dicho diálogo sea imposible.

Pero como consecuencia de las palabras de Mas se descubrió algo que siempre hemos sabido y que desmontan su victimismo: que sus anteriores demandas de pacto fiscal y de recuperar las cotas de autogobierno que el Tribunal Constitucional le quitó al Estatut no eran ciertas. González le ofreció abrir una negociación sobre ambos aspectos y Mas lo rechazó porque el ya está en la senda de la independencia. Y sobre todo porque, y ahora queda más claro, el pacto fiscal y el rango de Estatuto ‘nacional’ que no le admitió el TC solo eran en los planes de Mas dos nuevos escalones para acceder, con más poder, a la independencia de Cataluña.

De lo que se deduce que hicieron bien Rajoy y el TC de no dar a CiU y la Generalitat esas concesiones, o escalones, lo que ahora les obliga a los independentistas catalanes a dar un salto en el vacío y fuera de la legalidad para intentar alcanzar su objetivo del Estado independiente catalán.

González venía a proponerle a Mas una España federal, que es lo mismo que le ha ofrecido ayer la presidenta andaluza, Susana Díaz, al Presidente catalán en Barcelona con el añadido, o más bien la ocurrencia de ‘blindar’ las competencias autonómicas en la Constitución lo que es el colmo de los disparates. Porque eso conduce a blindar el poder de los reyezuelos autonómicos en sus Comunidades, haciéndolos copartícipes del poder constitucional y de la soberanía nacional de la que solo es propietario el pueblo español en su conjunto, y no a través de estos taifas corruptos y derrochadores en los que se están convirtiendo las autonomías.

Además, la cuestión federal que jalea el PSOE -esencialmente para salvar su relación con el PSC- es inviable mientras el PP y los independentistas catalanes se opongan a ella.

La cuestión catalana tiene, en nuestra opinión, un asunto que ayer González no lo abordó: la falta de democracia y libertades en todo el territorio catalán, esa es la base del problema y el trampolín con el que los nacionalistas han relanzado la independencia en su país. Es verdad que la democracia tampoco brilla en toda España, y ese es el segundo problema. El tercero está en la enorme corrupción ambiental del Estado, que le quita al Gobierno e instituciones del Estado español autoridad política y moral, por más en Cataluña la corrupción existe por igual.

El cuatro problema, y probablemente el más importante y el talón de Aquiles del independentismo, está en el apoyo económico y financiero del empresariado y entidades catalanas al proceso independentista (que ellos han financiado y siguen financiando), mientras disimulan y piden el ‘diálogo’ imposible entre Barcelona y Madrid. Lo que es una manera de dar la razón a Mas, porque los que hoy piden diálogo desde Cataluña lo que están apoyando de verdad es la independencia. Lo que tendrían que pedir todos estos fácticos y ricos gerifaltes catalanes, si de verdad estuvieran por la unidad de España -como dicen cuando vienen a Madrid-, es pedir la dimisión de Mas y a la vez retirar la financiación a los medios, partidos y organizaciones independentistas. Cuestión esta de los financiadores de la independencia que estallará incluso antes del esperado ‘choque de trenes’ en el que tiene más que perder el que conduce Artur Mas. Se lo dijo González, con cara de muy pocos amigos, cuando le advirtió del riesgo de despertar el nacionalismo español. Y a Mas le entró un escalofrío que no disimuló.

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Artículo en 'El Mundo'
Las trampas del nacionalismo
El autor afirma que la singularidad catalana sólo tiene sentido respecto a su inclusión en la realidad española
JAVIER REDONDO www.lavozlibre.com 4 Febrero 2014

Javier Redondo, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III y director de 'La Aventura de la Historia', publica este martes en el dairio 'El Mundo' un artículo titulado 'Las trampas del nacionalismo' que por si interés reproducimos íntegramente:

El discurso nacionalista se nutre de tres falacias que combina y activa alternativa o simultáneamente en función de los contextos, los escenarios y sus necesidades perentorias. En cuanto que falacias son tramposas. Son la falacia de la identidad, de la incomprensión y de la transacción. Basándose en la posesión de una identidad singular -que el resto de España, incluyendo regiones con rasgos de identidad (el barbarismo identitario no lo recoge la RAE) igualmente particulares pero sin lengua propia, tuvo que asumir como peaje de la Transición-, el nacionalismo ha forjado artificialmente y protegido su relato diferenciador.

Durante muchos años quedó fuera de la corrección política equiparar identidades y cuestionar hechos diferenciales. Las élites políticas de las distintas autonomías se conformaron con homologar, en la medida de lo posible, competencias. No importaba que Cataluña ejerciera de avanzadilla. Sólo las últimas reformas estatutarias desbocaron la imaginación localista e hincharon la burbuja de linajes históricos y culturales postizos. Paradójicamente, no ya negar sino simplemente soslayar los hechos diferenciales contravenía el espíritu de entendimiento y fomentaba más la crispación que aceptarlas e incluso exagerarlas. Hace tiempo que el nacionalismo ha olvidado que Cambó anteponía el hecho peninsular al hecho diferencial. Quería decir que la singularidad catalana sólo se entiende y tiene sentido respecto de su inclusión en la realidad peninsular y española. Y que uno de los iconos del nacionalismo, Prat de la Riba, pensaba en una Cataluña próspera dentro de una España sólida.

En segundo lugar, la falacia de la incomprensión se incorporó debidamente alimentada por la anterior: el Estado central debía robustecer la singularidad. Cuanto más la protegiera, más la comprendería y estaría dando muestras de su voluntad integradora. De modo que España blindó la singularidad catalana para que el nacionalismo la utilizara después contra España. De nuevo la paradoja: cultivar la diferencia era un ejercicio de integración y, por tanto, aparentemente servía para fortalecer la convivencia. Mientras, el nacionalismo se frotaba las manos. Descentralizar las competencias educativas, por ejemplo, suponía reconocer la identidad de las nacionalidades y regiones de España. La sensibilidad para con el nacionalismo exigía de un esfuerzo comprensivo unidireccional, pues se interiorizó con naturalidad que la contrapartida a la cesión de privilegios era la solidaridad, como si ésta no fuera un principio constitucional para preservar la unidad de la nación y garantizar la igualdad entre ciudadanos. Esto es, el resto de España asumió inconscientemente el componente discriminador y despectivo del argumentario nacionalista.

Cuando en el verano de 2012 Artur Mas, presidente de la Generalitat y primera autoridad y representante del Estado en la comunidad autónoma de Cataluña, pisa el acelerador del desafío rupturista, pronuncia una frase demoledora que pasó relativamente inadvertida: «Cataluña se ha cansado de no progresar». O sea, España es un obstáculo para el progreso de Cataluña. No se trata de asumir que la solidaridad interterritorial tiene un límite sino de culpar a España de los males que asolan Cataluña. El nudo de la narración consiste en describir el desafecto no únicamente en razón de la incomprensión sino del fracaso del proyecto colectivo -caracterizado por un centralismo asfixiante- achacable a uno de los dos contratantes. Uno de los gurús del desafecto, el prestigioso profesor Germá Bel, cierra así su libro Anatomía de un desencuentro: «Ser catalán de la Cataluña que es y español de la España que es, resulta agotador, demasiado agotador. Y, además, es imposible». El argumento se basa en tal disonancia cognitiva que incurre en una contradicción en términos: la España autonómica, federalizable, luego descentralizada y finalmente federalizada de facto, ancla a Cataluña al centro. La conclusión es que si Cataluña debe emprender un proyecto decididamente modernizador debe hacerlo independiente de España, porque España ha dado muestras sobradas de incapacidad y Cataluña ya le ha concedido suficientes oportunidades.

La tercera falacia es la de la transacción. Apuntalada la identidad, reconocida la diferencia y legitimada la permanente y creciente demanda de comprensión -léase como chantaje y privilegios-, resta únicamente establecer los términos y resultados del acuerdo, del trato, del negocio, del intercambio. Pasemos por alto que ya se ha instalado cómodamente el mantra de que España y Cataluña son dos realidades situadas en un mismo plano y que acuerdan de igual a igual. En este punto entran en consideración aspectos relacionados con nuestra cultura política y sistema institucional que han contribuido a pervertir nuestro modelo de organización territorial.

Por un lado, el proceso autonómico se ha configurado en sus varias fases en función de la negociación entre el Gobierno central y el de la Generalitat. Por otro, en aras de proteger la convivencia y la identidad diferenciada y hacer gala de la comprensión exigida, el discurso constitucional fue desapareciendo progresivamente del espacio público catalán. El discurso hegemónico ha devenido en abiertamente desleal a la Constitución, rupturista, divisivo, reduccionista y polarizador.

Cuando un sistema no admite la pluralidad y el espacio público es hermético y unidimensional sólo hay una manera de ascender profesionalmente, sobre todo en la Administración. Igual que el profesor Artola distinguía entre afrancesados por convicción -liberales, reformistas y moderados- y los juramentados -colaboracionistas y oportunistas-, podemos ahora identificar con claridad toda una casta de profesores, cuadros altos de la Administración e intelectuales orgánicos, periodistas y artistas cuya promoción y estatus dependió y depende de la aceptación del marco interpretativo nacionalista. La mayoría de ellos se sitúa en la órbita de la izquierda, del PSC y de IC, y muchos han sido convenientemente premiados por su fidelidad con sinecuras, subvenciones, proyectos o promociones. Por esta misma razón cobran tanto valor, intelectual y moral, las voces disidentes con el nacionalismo y leales a la Constitución.

Otro de los males que aqueja a nuestro modelo es que, bien porque el Gobierno central carezca de mayoría absoluta en las Cortes, bien por buenismo o hipersensibilidad ideológica, lo cierto es que siempre ha habido margen para aceptar las demandas del nacionalismo mientras estas no fueran de máximos. El problema que se plantea ahora no es sólo que las demandas son de máximos, sino también que parte del espectro parlamentario español está dispuesto a satisfacerlas, aunque ello suponga en última instancia una ruptura con la legalidad. En la ensalada conceptual de parte de la izquierda española la ley es un obstáculo para la democracia y no su salvaguardia. Y aunque parezca una cuestión secundaria por teórica, precisamente es la que nos sitúa al borde del abismo. Pues si no existiera una mal llamada tercera vía, una parte del problema estaría solucionado. Pretendía explicarlo pero se adelantó en las páginas de El País el profesor Félix Ovejero, una de las cabezas más lúcidas y autorizadas contra el nacionalismo y la hipocresía de la equidistancia: «La tercera vía no es nueva. Llevamos la vida entera en ella. La situación actual es la tercera vía respecto de otra previa que era la tercera vía de otra que también se presentaba como solución». Cuando al constitucionalismo se le llama inmovilismo, se reclama diálogo hacia ninguna parte y el pacto fiscal es sólo una meta volante, es que esa izquierda oficial, correcta y biempensante ha caído en la tela de araña del nacionalismo. Porque nos hemos pasado todo el proceso de consolidación democrática negociando hasta que ya no queda nada más que negociar que la ruta de la independencia.

Por último, nos encontramos hoy con otro problema añadido, el último pero no menor: crece el número de españoles exhaustos, por suerte todavía son o parecen pocos, que empiezan a compartir los propósitos del nacionalismo y ven con muy buenos ojos la independencia de Cataluña. Lo que no parecen dispuestos a aceptar son los medios, pues aceptar las exigencias del nacionalismo catalán y su derecho a decidir supondría admitir nuestra condición de ciudadanos de segunda, pues los españoles no catalanes nos convertiríamos en ciudadanos sin soberanía.

La noción fue acuñada por el profesor americano Daniel Gordon, y se refería al siglo de tránsito entre dos tiempos, el despotismo ilustrado y la revolución. Primero ciudadanos y luego soberanos. La raíz reaccionaria del nacionalismo le lleva a querer desposeer a los ciudadanos del resto de España de uno de sus elementos definidores y consustanciales tras las revoluciones liberales: la soberanía. Quiere convertirlos en súbditos sujetos a la voluntad de las entidades territoriales. En conclusión, que articular un proceso de independencia de Cataluña no discriminador y que no socave el principio de igualdad entre los españoles es demasiado complejo y pasa por una delicadísima y afortunadamente inviable operación de deconstrucción de España. Lo dejamos para la próxima entrega.

Partido Popular
De Ortega Lara a Mari Mar Blanco
Cayetano González Libertad Digital 4 Febrero 2014

Los doce primeros días de julio de 1997 ocupan un lugar muy destacado en la parte más noble de nuestra historia reciente. En la madrugada del primer día de ese mes, la Guardia Civil, en una brillante operación, liberaba al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, después de haber permanecido 532 días secuestrado por ETA en un agujero inmundo construido en el subsuelo de una nave industrial situada a las afueras de Mondragón. Diez días más tarde ETA, como venganza a ese golpe, secuestraba al joven concejal del PP de la localidad vizcaína de Ermua Miguel Ángel Blanco. Fue un asesinato a cámara lenta. Dos días más tarde aparecía el cuerpo del edil con dos tiros en la nuca en un camino forestal cerca de Lasarte.

Ortega Lara, a las cinco horas de ser liberado, confesó al entonces titular de Interior, Jaime Mayor Oreja: "Ministro, ya les decía yo a mis secuestradores: matadme ya, porque estoy seguro de que este Gobierno no va a ceder a vuestro chantaje". Diez días más tarde, y durante las 48 horas que duró el angustioso secuestro que acabó en asesinato, la familia de Miguel Ángel Blanco no hizo el más mínimo reproche a un Gobierno que no podía ceder al chantaje planteado por ETA para liberar al joven concejal. En ambos casos, tanto Ortega Lara como la familia Blanco dieron un ejemplo de dignidad y fortaleza moral que los españoles nunca podremos ni debemos olvidar. Porque a Ortega Lara y a Miguel Ángel Blanco les hicieron lo que les hicieron no sólo por ser, el primero, funcionario de prisiones y, el segundo, concejal del PP, sino fundamentalmente por ser españoles. Eran unos atentados contra la Nación.

Fueron doce días en los que se fortaleció, y de qué manera, el proyecto de España que quería ser destruido por ETA, que contaba para ello con la colaboración, más por omisión que por acción, del PNV. Fueron unos días que supusieron un punto de inflexión en muchos terrenos: en la rebelión cívica y social contra ETA en las propias calles del País Vasco; en el hartazgo de la gente, que llegó a rodear las sedes de Herri Batasuna, que tuvieron que ser protegidas por la Ertzaintza; en el reconocimiento del papel que debían desempeñar las víctimas del terrorismo en la lucha contra sus verdugos; en la necesidad de derrotar políticamente al nacionalismo obligatorio que representaba como nadie el PNV. Tanto se asustó este partido, presidido entonces por Arzalluz, con lo que se le venía encima, que se fue a Estella a pactar con ETA. Ese mismo PNV que acaba de manifestarse con Sortu por las calles de Bilbao a favor de los presos de la banda terrorista; el mismo PNV con el que Arantza Quiroga, esa especie de musa que el PP ha querido encumbrar en su convención de Valladolid, pide tener "altura de miras" para entenderse y llegar a acuerdos.

Dónde y cómo estamos
Diecisiete años después de aquellos acontecimientos, ¿dónde estamos? Y, sobre todo, ¿cómo estamos? El repaso, ya lo advierto, es demoledor y el balance, desolador. Veamos, en primer lugar, dónde están algunos de los protagonistas de aquellos primeros días de julio de 1997.

Estamos en que Ortega Lara se ha dado de baja en el PP y se ha ido a la nueva formación política Vox por su desacuerdo profundo con las políticas de Rajoy referidas a la lucha antiterrorista y a la defensa de la Nación frente a los nacionalismos disgregadores.

Estamos en que la hermana de Miguel Ángel Blanco, Mari Mar, es utilizada hasta la náusea por el actual PP. Aunque, no nos engañemos, uno no es utilizado si no se deja utilizar. Primero fue en el Congreso de Valencia de 2008, cuando Rajoy le llamó en la víspera para ofrecerle entrar en la Ejecutiva del partido e intentar tapar así la vía de agua que se le había abierto con la marcha de María San Gil. En el 2012 fue aupada a la Presidencia de la Fundación Víctimas del Terrorismo después de que Iñaki Oyarzabal comunicara a Maite Pagazaurtundua que iba a ser relevada de ese puesto. Necesitaba el Gobierno y el PP a una persona más dócil al frente de la citada fundación, y el tiempo les ha dado la razón: ha sido dócil. Ahora todo apunta a que el PP incorporará a Mari Mar Blanco a la candidatura para las elecciones europeas para intentar paliar los efectos no ya de una vía de agua, sino de la riada que ha supuesto para Rajoy y para el PP: la fractura con el colectivo de las víctimas del terrorismo, el nacimiento de Vox y la renuncia de Jaime Mayor Oreja a encabezar la candidatura popular.
Las víctimas

Estamos en que lo que Zapatero consiguió en parte, la división y el enfrentamiento entre los diversos colectivos de víctimas del terrorismo, Rajoy no sólo no lo ha remediado sino que lo ha profundizado, para lo que ha actuado en dos direcciones: orillando y ninguneando a aquellos colectivos -léase Voces Contra el Terrorismo (Alcaraz), Covite (Consuelo Ordóñez) o Dignidad y Justicia (Daniel Portero)- que se han mostrado críticos con la política antiterrorista de este Gobierno, y premiando a otras asociaciones, fundamentalmente a la AVT de Ángeles Pedraza, que ha mostrado mas cercanía a los despachos del poder y menos oposición a las políticas gubernamentales.

Estamos en que las víctimas del terrorismo se sienten abandonadas no sólo por este Gobierno y por el PP, sino por el conjunto de las instituciones que conforman el Estado. Esas víctimas que han renunciado siempre al odio y a la venganza se merecen, al menos, que se haga Justicia y que se respete su Memoria y su Dignidad. La puesta en libertad de Bolinaga, la suelta masiva de etarras tras la derogación de la Doctrina Parot –por mucho que trate de justificarlo el hijo de Manuel Jiménez Abad– o la presencia de las diferentes marcas de ETA en las instituciones no parecen buenos ejemplos para conseguirlo.

Estamos en que el autor intelectual de la política antiterrorista que tan buenos frutos dio durante los Gobiernos de Aznar, Jaime Mayor Oreja, ha renunciado a ser el cabeza de lista en las elecciones europeas y se va a su casa, porque es tan distinto su diagnóstico sobre la situación de España del del Gobierno y su partido que no le parece coherente seguir en primera línea dando cobertura a un proyecto político, el del PP actual, que empieza a ser irreconocible si se le compara con el que refundó Aznar en 1990.

El PP vasco de Quiroga
Estamos en que el PP vasco, que durante tantos años fue un referente para muchos españoles, por su gallardía y firmeza en la defensa de las libertades y de la Constitución, lleva desde la marcha de María San Gil, en el 2008, en manos de unas personas muy mediocres, mucho más preocupadas por criticar y polemizar con los suyos que, por ejemplo, con los del PNV o Bildu. El numerito de este fin de semana en Valladolid, jaleado por los medios afines al PP, queriendo ensalzar y entronizar de una manera tan forzada como artificial a Arantza Quiroga, es de los espectáculos más lamentables que uno recuerda en el centroderecha, y eso que ha habido unos cuantos.

El PP vasco celebrará en marzo un congreso extraordinario en San Sebastian. Para hacerse una idea de por dónde va el gran debate ideológico y la regeneración que exige un partido que en las últimas elecciones autonómicas perdió casi dos de cada tres votos con respecto al mejor resultado de su historia –en el 2001, con Jaime Mayor como candidato–: la gran pugna que existe a día de hoy es ver cuántos autobuses con militantes con derecho a voto llevará el PP de Álava y cuántos el PP de Vizcaya, para saber si ese genio de la política llamado Iñaki Oyarzabal sigue siendo o no secretario general de los populares vascos. Los alaveses quieren que siga; los vizcaínos quieren poner a uno suyo. Y mientras tanto, Arantza Quiroga recibiendo parabienes y aplausos en Valladolid y, eso sí, pidiendo manos libres para actuar.
ETA no está derrotada

Estamos en que ni los propios dirigentes del Gobierno y del PP se aclaran a la hora de decir si ETA está o no derrotada. Rajoy afirmó en Valladolid que la derrota de la banda es el único camino que seguir, mientras su ministro del Interior, el inane Fernández Díaz, o la propia Quiroga dicen que ya está derrotada; pero Esperanza Aguirre sostiene todo lo contrario. ¡Qué espectáculo! Mientras, ETA no se disuelve, no pide perdón por su sanguinario historial, no entrega las armas, gobierna en Guipúzcoa, en San Sebastián, en muchos ayuntamientos del País Vasco y de Navarra y es la segunda fuerza política en el Parlamento vasco. Incluso la portavoz de Bildu en la Cámara vasca se permite tuitear que le parecen injustas las críticas recibidas por el PP por parte de diversas víctimas del terrorismo con motivo del aniversario de la muerte de Gregorio Ordóñez. Es lo que le faltaba al PP: que a la lista de los valedores de su política, capitaneada por el grupo Prisa, con el periodista de cámara de Zapatero, Luis Rodríguez Aizpiolea, a la cabeza, ahora se añada la portavoz de Bildu.

Estamos, en fin, en términos morales y políticos, peor que en aquellos primeros días de julio de 1997. Es verdad que ahora ETA no mata ni secuestra. Pero aunque la propaganda gubernamental, en perfecta sintonía con el discurso del PSOE, intente convencernos de lo contrario, ETA no está derrotada. Puede estarlo su rama de comandos terroristas, pero su proyecto político totalitario está más fuerte que nunca y en una posición privilegiada para ir poco a poco consiguiendo sus objetivos. Esos objetivos por los que mantuvo secuestrado durante casi año y medio a Ortega Lara, por los que asesinó a Miguel Ángel Blanco y a 856 personas más. Entre esos objetivos, el principal, el que más le importa, por el que nació allá por 1959, es la ruptura de España.

Todavía se está a tiempo de impedirlo. La cuestión es si quien puede hacerlo quiere. De momento, sólo habla de economía y lee el Marca.

Es perverso no hacer lo que se debe
DANIEL PORTERO, ABC   4 Febrero 2014

 Presidente de «DIGNIDAD Y JUSTICIA

· «Se menosprecia a todas las familias de estas víctimas cuando se habla de la debilidad de ETA, cuando su victoria es precisamente haber logrado que no se enjuicien ni se sepa la verdad sobre estos 349 casos»

SI el Congreso nacional del PP en Valladolid ha servido para que el Gobierno vuelva a la senda de reconciliación con las víctimas del terrorismo, bienvenido sea. El distanciamiento del Gobierno con todos los colectivos de víctimas del terrorismo comenzó a fraguarse el 22 de octubre de 2013, fecha en la que la Audiencia Nacional puso en libertad a la terrorista de ETA Del Río Prada. A partir de esa fecha, se produjeron masivas excarcelaciones de terroristas, que hoy alcanzan la escalofriante cifra de 79, de los que 70 son presos de ETA. La aplicación extensiva de la sentencia del Río Prada al resto de presos ha colmado la paciencia de las víctimas del terrorismo. Pero no podemos quitar ningún mérito del giro del PP a la senda de la reconciliación a Consuelo Ordóñez o a la propia creación del nuevo partido de centro-derecha Vox que tanta alerta ha despertado en las filas altos dirigentes del Partido Popular. Consuelo Ordóñez, presidenta de Covite, la asociación de víctimas, puso el dedo en la llaga del PP en el 19 aniversario del asesinato de su hermano Gregorio.

Nos hizo un favor a todas las víctimas del terrorismo al hacer tambalear las propias estructuras y principios del Partido Popular y su compromiso con las víctimas del terrorismo. El nuevo partido Vox, fundado entre otros por Ortega Lara, ha provocado que el PP tenga que reaccionar a acercarse de nuevo a las víctimas del terrorismo, un acercamiento que deseamos sea con hechos y no palabras. Sin embargo, creo que ninguna víctima del terrorismo que no milite en un partido debe prestarse al juego de estrategia política de partidos, porque la sociedad puede seguir creyendo que existe división y manipulación partidista. En mi opinión, si militas en un partido político, entonces, en los actos políticos no puedes hacer uso de tu condición de víctima, pues desvirtúas el ejemplo del colectivo ante la sociedad y lo que sí debes es someterte a las mismas reglas de juego que los compañeros de partido sin ninguna patente de corso.

Si verdaderamente el PP quiere volver al compromiso de los hechos con las víctimas del terrorismo, conviene recordar al Gobierno y a los militantes de todos los partidos políticos que ETA no está acabada, ni lo estará nunca mientras queden 349 casos de asesinatos sin resolver. Se menosprecia a todas las familias de estas víctimas cuando se habla de la debilidad de ETA, cuando su victoria es precisamente haber logrado que no se enjuicien ni se sepa la verdad sobre estos 349 casos. Hay certeza más que creíble para pensar que los 70 presos de ETA que han salido en libertad en el último trimestre de 2013 por la aplicación de la sentencia Del Río Prada de Estrasburgo podrían haber esclarecido 190 de los casos de asesinato sin resolver, y, sin embargo, algunos se resignan a decir que el Gobierno tiene que acatar las sentencias porque no queda más remedio. Es el Estado de Derecho en su conjunto el que ha desilusionado a las víctimas del terrorismo, pues el Poder Legislativo, desde principios de los ochenta, ya pudo modificar el Código Penal y no lo hizo hasta 1995, para evitar los beneficios penitenciarios a terroristas.

Es culpable igualmente el Poder Judicial, que arrogándose funciones que no le correspondían, por no estar legisladas, hizo extensiva la sentencia Del Río Prada a casi 80 terroristas más. E igualmente culpable el Poder Ejecutivo, que prometió que examinaría caso por caso la aplicación de la sentencia de Estrasburgo y no lo hizo, lavándose las manos y dejando toda la responsabilidad a los tribunales de Justicia. Nos falló la Abogacía del Estado, dependiente del Ministerio de Justicia, quien reconoce que no consultó al Comité de Ministros del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la aplicación de la sentencia Del Río Prada al resto de terroristas, para evitar que dijeran que sí era extensiva a los demás. A veces no hacer nada de lo que se debe tiene efectos tan perversos como hacer lo que no se debe.

Mirando al futuro sin olvidar nuestro pasado, queda mucho por hacer aún. Sortu, es decir Batasuna-ETA, se va a presentar a las próximas elecciones europeas, desmarcándose de Bildu y todos sus aliados. El PP lleva en su programa electoral que dejará a ETA fuera de las instituciones, compromiso que esperamos ver en los próximos meses. El Ejecutivo debe impulsar la modificación del artículo 578 del Código Penal para adaptarlo a los tiempos actuales y evitar los espacios de impunidad terrorista. El Poder Judicial debe vigilar que existen juicios con casi 40 acusados por pertenecer a organización terrorista –SEGI y Batasuna– en los que ya hay precedentes de condena en el Tribunal Supremo (2007, 2008 y 2009), y los tiempos actuales no deben ser excusa para dictar sentencias de absoluciones en masa, como podría ocurrir contra los 36 de SEGI enjuiciados actualmente. El Poder Legislativo debe reformar la Ley de Partidos y adaptarla a los tiempos actuales y debe también legislar la incorporación de las sentencias de Tribunal Europeo de Estrasburgo al ordenamiento jurídico español, algo que no se ha hecho desde principios de los ochenta.

Carta a Joseba
Hay que impedir el daño de exculpar a ETA e inculpar al Estado y a los que derrotaron a la banda
Fernando Savater. El Pais   4 Febrero 2014

Querido Joseba: el día 8 de este mes se cumplen 11 años de tu asesinato por ETA en Andoain. Solo unos cuantos recordaremos la fecha, que además coincide ahora con la declaración de la Infanta imputada y el trascendental asunto de si baja la rampa del juzgado a pie, a caballo o en coche. Sería mucho pedir que el simple aniversario de un crimen, de los muchos que ha habido, obtuviese más relevancia mediática que un acontecimiento tan distinguido. En cualquier caso, como en anteriores ocasiones, quiero hacerte llegar noticias del otro mundo, es decir, de este en el que nosotros penamos todavía. Puede que te entretenga conocerlas, si es que aún guardas curiosidad por lo que ocurre en el más acá.

Para empezar te cuento dos nuevas que, como suele pasar, son una buena y otra mala. La buena es que ETA ha sido finalmente derrotada y se ha visto obligada a renunciar a lo que ellos llaman lucha armada y nosotros terrorismo (aunque sin entregar las armas ni disolver su estructura fantasma). Ha sido una victoria obtenida gracias a la firmeza policial, judicial y política: es decir, lo que ellos llaman vía represiva y nosotros aplicación de la legalidad democrática. Gracias también a que no se hizo caso a quienes proclamaban que así no se conseguiría nada, que quedaríamos atascados en un empate infinito, a quienes rechazaban el pacto antiterrorista y la Ley de Partidos, a los que se empeñaban en exigir un diálogo político con los representantes abertzales de la banda, a quienes advertían de los males que traería ilegalizar Batasuna y sus grupos afines, a quienes profetizaban que si se encarcelaba a la Mesa Nacional ardería Euskadi y se hundiría el mundo. Pero no se hundió el mundo: se hundió ETA. Resultó que tenían razón los que eran tachados de intransigentes, de crispadores, en fin los que (si hubiera existido entonces esa facción americana) habrían sido calificados como el Tea Party. Quienes se oponían a toda medida verdaderamente enérgica dentro de la legalidad en nombre de dudosas transacciones quedaron por la fuerza de los hechos como lo que eran: cómplices disimulados o tontos útiles.

El proceso de paz consiste en diluir la responsabilidad específicamente antidemocrática del terrorismo en la mermelada semántica del conflicto

No por ello han cesado en sus reconvenciones a los demás, convertidos ahora en heraldos entusiastas de una victoria sobre ETA que creían imposible y que obstaculizaron cuanto pudieron. En este “tiempo nuevo” sin violencia cualquier exigencia seria ante los compromisarios políticos de ETA es también vista como concesión desmandada a la extrema derecha: antes la firmeza era de derechas por contraproducente, ahora es de extrema derecha por ser ya innecesaria. No les asustan las otras contradicciones menores: según ellos, es hora de que el Gobierno se mueva en materia penitenciaria puesto que en su último comunicado los presos parecen doblegarse a la legalidad para aliviar sus condenas… lo cual nunca habrían hecho si se les hubieran concedido esos beneficios sin pedir nada a cambio al día siguiente de que ETA anunciase el cese del terrorismo, como los complacientes se apresuraron entonces a exigir.

Y ahora llega la mala noticia, porque es verdad que ETA ha sido derrotada… pero no es toda la verdad. El terrorismo de ETA tenía como propósito imposibilitar el funcionamiento de la democracia constitucional en el País Vasco y blindar la hegemonía nacionalista a sangre y fuego, aplicando a sus enemigos la teoría de los tres tercios del fascista croata Ante Pavelic: un tercio muertos, un tercio expulsados y el otro, sometidos. En ese empeño los etarras sacudieron el árbol, dando la cara brutal, extorsionadora y asesina. Pero otros recogían las nueces, como muy bien aclara Andoni Unzalu Garaigordibil: “Cientos de profesores de universidad, miles de funcionarios de la Administración pública que se sabían blindados e impunes, han utilizado el terror en beneficio propio. Para ir creando ámbitos de poder político, para acceder en desigualdad a esos puestos públicos, para tomar el control de EITB… Terroristas de salón que nunca han querido cruzar la frontera del riesgo, pero que han sido la voz pública del terrorismo en Euskadi. Y lo han hecho en beneficio propio” (Terroristas de salón, enero de 2014, El Diario Vasco). Son los ahora empeñados, junto a personas de mejor voluntad y peor información, en el torticeramente llamado proceso de paz. Consiste en diluir la responsabilidad específicamente antidemocrática del terrorismo en la mermelada semántica del conflicto y las violaciones generales de derechos humanos, con el propósito de no renunciar al ventajismo político que consolidaron gracias a él. Y para ello cuentan con el apoyo de los partidos nacionalistas, la ambivalencia culpable de los socialistas y ocasionales debilidades de los populares vascos, que no quieren verse aislados y tener a todos contra ellos. La doctrina de fondo es que como ETA ya no es peligrosa, ahora la amenaza consiste en la intransigencia de Rajoy, de Madrid, de España. Ahora sí, ya sin mala conciencia, prietas las filas: ¡Sabino y cierra Euskadi! Esto se lo callan los que abogan por hacer pedagogía, como si fuese pedagógico el ocultamiento sectario de la realidad.

Algunos seguiremos recordando quién te asesinó y también por qué y para qué

De modo que nada de exigir que se esclarezcan los cientos de crímenes aún sin resolver, ni la financiación del terrorismo (antes sabremos de dónde sacó el dinero Bárcenas que ETA). Los presos deben ser acercados a Euskadi y después excarcelados porque, como ha dicho el exconsejero de Justicia Joseba Azkárraga, cuando desaparezca ETA ya no debe haber etarras en prisión, por mucho que hayan matado. Por lo visto los asesinatos le parecen actos de guerra que deben quedar cancelados al acabar la contienda…

Frente a esta dejación solo se invoca el respeto a las víctimas, como si hubiera que tener carnet de víctima para deplorar que quienes practicaron o dieron cobertura al terrorismo sean los usufructuarios de su cese. Las víctimas reclaman como es de justicia el castigo del daño cometido, pero todos los ciudadanos debemos implicarnos en impedir el daño presente y futuro que acarrea aceptar la exculpación de ETA y la culpabilización del Estado y de quienes colaboraron con él contra la banda.

Mira, Joseba, no me hago muchas ilusiones de que sobre este tema haya en los medios algo más que invectivas partidistas. En la España actual no faltan quienes toman el salvajismo urbano por acción política, pero sobre todo abundan los que confunden la maledicencia con el pensamiento crítico. De ahí el éxito de ciertos programas de radio o televisión y de algunos humoristas convertidos en informadores: los chismes y cuchufletas divierten, pero las ideas dan dolor de cabeza. A los más ilustrados y progres no les saques de su columna semanal contra el Gobierno, salvo para decir que hay separatistas por culpa de la intransigencia de quienes no lo son. ¿Sigo? Recientemente han muerto en Madrid Félix Grande, Carlos París y Luis Aragonés, o sea un poeta, un filósofo y un futbolista. ¿Hace falta que te diga qué fallecimiento abrió los telediarios y en qué tanatorio se agolparon las criaturas ministeriales y demás fuerzas vivas? Así estamos, es el país. Pero a pesar de todo, compañero, ten por seguro que algunos seguiremos recordando quién te asesinó y también por qué y para qué.

Fernando Savater es escritor.

El imperialismo catalán
Ángel León. Director. Diálogo Libre  4 Febrero 2014

La decisión del Parlamento catalán de aprobar esta semana dos resoluciones rechazando la Ley de Lenguas de las Cortes de Aragón, revela, más allá del contenido de esas propuestas –centradas sobre la supuesta preservación de la unidad de la lengua catalana–, una querencia hasta hace poco oculta del nacional-independentismo: su vocación imperialista. Y esta constatación nos lleva a plantearnos otro aspecto derivado, un corolario: el separatismo catalán no persigue ya la independencia –o no sólo–, sino la hegemonía sobre una parte del territorio nacional, el antiguo Reino de Aragón, y una acelerada balcanización de España.

Sé que a algunos tal conclusión les resultará sorprendente, apocalíptica, inverosímil e irrealizable. Son los mismos, o casi, que desde hace 25 años vienen diciendo que no hay peligro con los nacionalistas de Cataluña, que sólo es una mera cuestión de buchaca, de alharacas y bravuconadas, pero eso de separarse de España, nada de nada (lo siguen diciendo aun con la que está cayendo). Pues ya estamos a las puertas de la secesión.

Creo modestamente que tanto el Gobierno, como el PP y el PSOE y la gran mayoría de la clase política española no han percibido realmente la situación en su justa medida. El nacional-separatismo catalán actual no se nuclea ya sobre CiU –su fundador, Jordi Pujol, sí ha visto claramente el problema–, sino sobre ERC y aledaños (CUP), del mismo modo que su meollo ideológico no gravita alrededor de la sola independencia de Cataluña, sino de algo mucho más ambicioso: la creación como entidad política de los Països Catalans (y la consiguiente aniquilación de España); una quimera, mera entelequia hace aún poco tiempo, pero una realidad más consistente cada día.

ERC está recogiendo la cosecha de lo sembrado en estos últimos años a instancias de la propia formación republicana. Realmente, el concepto de Països Catalans no fue durante mucho tiempo algo más que una hinchazón verbal del nacionalismo, un concepto pomposo, pero huero, brumoso e innocuo políticamente; nada más allá del spleen dominical y vespertino del nacionalista. Ciertamente, hubo ya tímidos intentos de penetración catalana en otros territorios, un germen de pancatalanismo en asuntos lingüísticos y de ‘reescritura’ de la historia, pero Pujol I estaba muy ocupado en crear las estructuras de ‘Estado’ para Cataluña en la enseñanza, en los medios de comunicación, etc., y no pudo acometer el proyecto.

La idea comienza a adquirir relieve político durante el primer gobierno tripartito de Pasqual Maragall al frente de la Generalidad y cuaja con el segundo, presidido por José Montilla, contando con ERC como socio y aliado en ambos ejecutivos. Ahora empezamos a ver cuál ha sido el precio pagado por el apoyo de los separatistas republicanos a los socialistas del PSC.

Conquista por el talonario
Se inició entonces la penetración vía chequera en parte de Aragón (La Franja de Ponent, la zona oriental de la comunidad aragonesa lindante con Cataluña, así denominada por los pancatalanistas), Baleares y, especialmente, en la comunidad de Valencia, sufragando con onerosos dispendios el ‘quintacolumnismo’ nacionalista en esas comunidades. El caso de Acció Cultural del País Valencià (ACPV), de Eliseu Climent, es un claro y costoso exponente. Como hemos denunciado reiteradamente en DIÁLOGO LIBRE, la Generalidad de Cataluña inyectó en el período de ‘los tripartitos’ (2003-2010) –y lo sigue haciendo en la actualidad– ingentes sumas a entidades como ésta para hacer un hueco social, político y mediático al pancatalanismo y favorecer su expansión en esos territorios. En el caso de la ACPV, en el año 2004 se le concedió por la antigua Caixa Catalunya (hoy nacionalizada por sus abrumadoras pérdidas, fruto de una gestión nefasta) una hipoteca de 10 millones de euros para su nuevo local. ¿Saben quién la paga? La Generalidad de Cataluña, es decir los contribuyentes catalanes (y no catalanes) a razón de más de un millón anual (700.000 para amortizar el préstamo y casi 400.000 euros para diversas ‘actividades culturales’, según se publicó en el DOGC).

Fue Maragall quien, además de acuñar ese esperpéntico concepto de 'federalismo asimétrico', propio de una 'política cubista' o más bien surrealista, lanzó la idea, que no tuvo tanto eco mediático, de la Federación Catalano-Aragonesa; un intento de recuperar el Reino de Aragón, pero bajo control, hegemonía y férula de Cataluña; el Lebensraum pancatalanista. Una rapiña en toda regla, carente de cualquier épica y gesta heroica, puesto que se trata de una conquista silente, sotto voce, sin trompetería.

En eso estamos actualmente. Por ello, resulta superfluo cualquier intento de embridar a Artur Mas, un cadáver político. El actual presidente de la Generalidad es la víctima propiciatoria que se inmola cada día a lo bonzo. Él lo sabe perfectamente, como también sabe que, de no ocurrir nada imprevisto, CiU pasará a ser dentro de poco una formación secundaria. Quien realmente manda es Oriol Junqueras, y mandará más en Cataluña (y fuera de ella) si continúa el guión pancatalanista. En tal caso, la independencia está más que servida y, con ella, el inicio de la balcanización de España. Porque a nadie se le escapa que el independentismo vasco está a la espera de lo que acontezca en Cataluña para, a su vez, pasar a la ofensiva y, de entrada, zamparse Navarra de un bocado, y luego lo que venga.

Imposibilidades posibles
Si no se pone freno al soberanismo expansionista catalán, España puede deshacerse en poco tiempo como un castillo de naipes y, como mínimo, podría quedar fragmentada en tres porciones: Cataluña (el Imperio de Ubú), comprendiendo grosso modo el territorio del antiguo Reino de Aragón; el antiguo Reino de Navarra, pero bajo dominio vascongado, y lo que quede de España.

Tal posibilidad (fundada) sería el equivalente en política de lo que el físico teórico Michio Kaku considera imposibilidades de clase I para la Física: ‘Aquellas tecnologías que hoy son imposibles pero que no violan las leyes de la Física conocida. Por ello, podrían ser posibles en este siglo o en el próximo de forma modificada’. Sustituyamos ‘tecnologías’ por ‘situaciones’, ‘leyes de la física conocida’ por ‘leyes de la política española’ (la nauseabunda praxis política) y ‘en este siglo’ por ‘en este decenio’, por ejemplo. ¿Cuál podría ser el resultado y cuáles los escenarios? La imposibilidad puede dejar de serlo y convertirse en angustiosa realidad.

Los de siempre sonreirán con su estulticia altanera al leer estas líneas, sobre todo si están bien repantigados en confortables sillones de la imperial Madrid, esos mismos escaños que deshonran día a día con su proceder para vergüenza de los españoles que les pagamos

España / El desafío independentista
«Mi hijo recibe amenazas por querer estudiar en castellano»
Enrique López ha logrado que los tribunales reconozcan un porcentaje de clases en español en Cataluña
Ana Domingo Rakosnik. Barcelona. La Razón 4 Febrero 2014

Fue uno de los primeros en reclamar el derecho de sus hijos a educarse tanto en castellano como en catalán. Lleva batallando desde hace años en los tribunales ante la negativa de la Administración catalana a acatar lo que ya es sentencia. El pasado viernes, el Tribunal Superior de Justicia, emitió otros cinco autos en los que reconoce que los hijos de los denunciantes tienen derecho a recibir, como mínimo, el 25 por ciento de las clases en castellano. Pero para Enrique López, uno de los denunciantes, no es suficiente.

«Valoramos positivamente el auto, pero no es lo que queremos ni por asoma», explica a este diario López, vecino de Sant Fost de Campsentelles y padre de dos hijos. Para López, el último dictamen del TSJC «son migajas» porque «lo que queremos es cambiar el sistema, no que se haga de forma individualizada» y que sean las familias las que tengan que solicitar, una a una, la educación bilingüe para sus hijos. Ayudado por la entidad Convivencia Cívica Catalana, firme precursora de la abolición del sistema de inmersión lingüística en Cataluña, este padre se plantea recurrir el auto del tribunal catalán. En su decisión mucho tendrá que ver cómo aplique el fallo el director del centro educativo al que acude su hijo -la pequeña de la familia es aún un bebé-.

Precisamente, Pere Salvador, el responsable del IES Alba del Vallès de Sant Fost de Campsentelles, pidió ayer, ante los micrófonos de TV3 que tanto el Parlament como la Generalitat den «instrucción claras» porque el TSJC no sólo obliga a la conselleria de Enseñanza a hacer efectivos los autos, sino que también da un plazo de un mes a los directores de los centros para que hagan los cambios pertinentes. «Yo no dejo de ser un funcionario público», señaló Salvador. Pero de no reaccionar, se expone a su inhabilitación. Algo que por otro lado, «no me preocupa demasiado». De hecho, tanto Salvador, como los otros cuatro directores obligados a cumplir con el dictamen, fueron convocados ayer por la tarde a una reunión con la consejera de Enseñanza, Irene Rigau, para establecer una hoja de ruta común de acción.

Rigau, por su parte, siguió avivando el contencioso abierto por los soberanistas y sentenció, en una entrevista a Catalunya Ràdio, que «España ha dejado de ser un Estado plurinacional y plurilingüístico y hemos vuelto a una España nación, y una España nación es una lengua». Para la consejera de Enseñanza, la última decisión judicial conlleva «una situación límite que nos confronta con los principios que hemos constado más sagrados, que la normalización lingüística no afecte al a convivencia».

En este sentido, lo que sí le preocupa a López, y mucho, es que su hijo, que ahora tiene 15 años, «está recibiendo amenazas» a través de las redes sociales. Desde el pasado viernes, las duras advertencias han subido de tono. «Porque es mi último curso, que sino te desfiguraría», dice una de las últimas amenazas. López asegura que su hijo considera que la lucha que lleva su padre es «una causa justa, porque razona y comprende que lo único que pedimos es un derecho». Pero ahora, el chico empieza a tener miedo y detecta, además, que los compañeros que lo insultan no son capaces de razonar y defender con sus propios argumentos la inmersión lingüística. «Le han llamado de todo porque creen que vamos en contra del catalán y no es así, para nada», apunta Enrique y, añade, «lo que está en juego es la libertad». Por ello, este padre que no piensa desfallecer.

La Generalitat aseguró, ayer, que recurrirá los autos el próximo viernes. Por su parte, López se plantea si hacer lo mismo para que se aplique lo que ya han reconocido el Tribunal Constitucional y el Supremo. Además, no descarta reclamar una indemnización por el incumplimiento reiterado del gobierno catalán.

Un largo conflicto en los tribunales

- Julio de 2006. Varias familias acuden a los tribunales después de que el gobierno catalán les negara la posibilidad de que el castellano fuera lengua vehicular en el aula
- Julio de 2010. Mientras las familias siguen su periplo judicial, el Tribunal Constitucional sentencia sobre el Estatut y equipara el castellano al catalán en las aulas
- Marzo de 2012. Tras varias sentencias en favor del bilingüismo y recursos, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña avala el sistema de inmersión lingüística
- Enero de 2014. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña emite cinco autos que obligan a cinco centros a impartir al menos el 25 por ciento de las clases en castellano

Leer más: «Mi hijo recibe amenazas por querer estudiar en castellano» - La Razón digital http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/5364148/espana/mi-hijo-recibe-amenazas-por-querer-estudiar-en-castellano#Ttt1q63jTEskw1hy

Política / bilingüismo
Solo el 14% de los colegios catalanes usa el castellano en clase
a. c. / barcelona ABC Cataluña 4 Febrero 2014

La Escuela Pía de Sarrià es uno de los centros afectados

Un 14% de los colegios catalanes imparten alguna parte de sus asignaturas en castellano, una medida que la Generalitat defiende para reforzar esta lengua y responder mejor a la necesidad concreta de los alumnos. Así lo concretó ayer la consejera de Enseñanza, Irene Rigau, que volvió a criticar el auto del Tribunal Superior de Justícia de Cataluña (TSJC) que obliga a cinco colegios a impartir al menos un 25% de las clases en catalán.

Rigau incidió en que el gobierno autonómico está trabajando en «este marco purilingüe» y recordó que desde la Generalitat se está potenciando que el catalán sea el eje central de la escuela, y que además sus alumnos tengan dominio perfecto del castellano y del inglés.

La consejera detalló en una entrevista a Catalunya Ràdio que sólo hay 24 casos pendientes desde 2006 de familias que han recurrido contra el modelo de inmersión en catalán y defendió que los casos en los que el TSJC ha dictado sentencia ya se está aplicando atención individualizada, un derecho reconocido y vigente en la Ley de Educación de Cataluña.
El recurso, el viernes

Rigau empezó a reunirse ayer con los equipos directivos de los cinco colegios catalanes que, según el auto del TSJC, deben incluir el castellano en al menos una cuarta parte de sus asignaturas cuando al menos un alumno lo solicite. La consejería tiene previsto mantener reuniones con todos los centros durante esta semana. El recurso se presenta el viernes.

La consejera incidió en que tendrán que «afinar muy bien» el recurso que presentarán. Y lamentó que «España ha dejado de ser un estado plurinacional y plurilingüístico y hemos vuelto a la ‘España-nación’ y a una ‘España es una lengua’».

Los cinco colegios afectados por el auto del TSJC son la escuela Pía Sarrià-Calassanç y el Mare de Déu del Roser de Barcelona, Sant Bonaventura Franciscans de Vilanova i la Geltrú, Alba del Vallès de Sant Fost de Campsentelles y Escolapies Sant Josep de Calassanç de Sabadell.


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