AGLI Recortes de Prensa   Jueves 13  Marzo  2014
11-M
Ni conspiranoicos ni imbéciles
Luis del Pino Libertad Digital 13 Marzo 2014

Si tratas a alguien como si fuera imbécil, podrás imponerle tus ideas, pero nunca convencerle de que tienes razón.

Y si siguen vivas las que vosotros denomináis, despectivamente, "teorías de la conspiración" es porque los medios defensores de la versión oficial habéis tratado a los españoles como si fueran imbéciles.

Cada vez que alguien ha levantado la voz para preguntar "¿por qué tal o cual aspecto de las investigaciones es tan raro?", vosotros habéis saltado, rabiosa y sistemáticamente, respondiéndole: “Si se te ocurre plantear alguna duda, entonces es que eres uno de esos conspiranoicos que defienden que ha sido ETA". En vez de responder a la duda, habéis descalificado de la forma más obscena, incluso a quienes preguntaban desde el honesto convencimiento de que la versión oficial era en su mayor parte cierta.

Y con esa actitud lo único que habéis conseguido es que mucha gente que al principio creía en la versión oficial esté ahora sumida en un mar de confusión.

Porque, aunque vosotros creáis lo contrario, la gente no es imbécil. Y la gente compara. Y si ven que el metro accidentado en Valencia se guardó dos años y medio bajo una lona para que todas las partes interesadas pudieran peritarlo y, por el contrario, los trenes del 11-M se empezaron a achatarrar a las 72 horas de la masacre, la gente pregunta: "¿Por qué?". Y cuando vosotros os limitáis a responder: "¡Conspiranoico! ¡Imbécil!", lo que la gente percibe es que no tenéis respuesta.

Y cuando la gente ve que en la prueba fundamental del 11-M (la mochila de Vallecas) había metralla, mientras que en los cuerpos de las víctimas del 11-M no la había, la gente pregunta: "¿Por qué?". Y cuando vosotros os limitáis a responder: “¡Imbécil! ¡Conspiranoico!”, la gente llega a la conclusión, gracias a vuestra no-respuesta, de que las bombas de los trenes no eran como aquella mochila de Vallecas. Que, por tanto, tiene que ser una prueba falsa.

Y cuando una asociación que representa a más de 600 víctimas del 11-M se querella contra mandos policiales por manipulación de pruebas, y la gente ve que vosotros hacéis a esas víctimas el vacío informativo, lo que la gente percibe es que lo que hay que esconder es tenebroso.

Así es como razonamos los seres humanos, por mucho que os pese. La inmensa mayoría de los españoles no son imbéciles ni conspiranoicos: son gente con sentido común, que simplemente se plantea dudas sencillas y perfectamente naturales: "¿Por qué se destruyeron los trenes?", “¿por qué no hay metralla en los cuerpos de las víctimas?”, "¿por qué sólo hay en la cárcel un único colocador de la bombas?", “¿por qué nadie se hace eco de las denuncias de las víctimas 11-M?”. Y viendo vuestra rabia, vuestra soberbia y vuestras descalificaciones... y viendo también vuestra ausencia de respuesta argumental, las dudas de esos españoles, lejos de disiparse, se convierten en certezas: en la certeza de que nos habéis mentido de principio a fin, de que toda la investigación oficial del 11-M es una patraña, y de que los intereses en juego son tan altos que recurriréis a lo que sea para prohibir directamente que se dude.

¿No os parece muy extraño que, controlando desde hace diez años todas las televisiones, casi todas las radios y casi todos los medios impresos, vuestras versiones oficiales sean discutidas por un significativo porcentaje de la población española? ¿No os parece muy extraño que eso que llamáis "teorías de la conspiración" sigan más vivas que nunca después de 10 años, a pesar de que solo un escaso puñado de medios se ha atrevido a defenderlas?

Pues si queréis buscar responsables de que eso sea así, miraos a un espejo. Y ved la chulería, prepotencia y desprecio con que habéis respondido sistemáticamente a cualquiera que osara hacer cualquier pregunta perfectamente natural.

Sois vosotros, con vuestra actitud, los que habéis fabricado legiones de conspiranoicos.
Sois vosotros, tratando a los españoles como imbéciles, los que habéis conseguido que los españoles no crean una versión oficial que hace aguas por todas partes.

11-M
La izquierda y su noche de los cristales rotos
Cristina Losada Libertad Digital 13 Marzo 2014

Los tres días de marzo, los que siguieron al peor atentado terrorista que ha sufrido España, no sólo nos hundieron en el dolor por las víctimas de la matanza. Nos hicieron caer también, con una ligereza que aún espanta, en un abismo moral sin precedentes en nuestra historia reciente. Nunca había ocurrido, ni en los tiempos en que ETA asesinaba a mansalva, que se culpara masivamente al Gobierno de un atentado terrorista. Pero durante aquellos días aciagos eso fue lo que sucedió. En las calles se llamó "asesino" al presidente, miles de personas se plantaron frente a las sedes del partido gobernante y la principal fuerza política de oposición acusó al Gobierno de mentir sobre la autoría, abonando el brote de ira y de miedo que provocó el 11-M.

Nuestras jornadas de marzo no fueron, como deberían, días de duelo y solidaridad, de recogimiento y silencio, de poner las banderas a media asta y de arriar cualquier bandería. En la inminencia de unas elecciones generales, el durísimo golpe terrorista enconó el enfrentamiento político. La confusión que sucede a un atentado de grandes dimensiones, el ansia por saber de inmediato qué ha pasado, el rechazo al apoyo de España a la guerra de Irak, todo fraguó en un inédito estado de alarma que se redirigió contra el Gobierno.

La culpa y la mentira, la mentira y la culpa, el Gobierno miente y Aznar es el asesino. Esos fueron los ingredientes de la pesadilla política que siguió a la masacre, los que recogieron y proyectaron el PSOE y otros, los que desencadenaron una avalancha de odio contra el partido con el que estaban a punto de medirse en las urnas. No nace el odio de un día para el otro, y éste era un odio que ya venía de atrás, que venía asomando en las muchas movilizaciones de la izquierda durante la segunda mayoría del PP, que tuvo su primer arranque en lo del Prestige y se hizo fuerte en el noalaguerra. Fue ahí donde se unió al miedo. Recuérdense las profecías, los pronósticos, el temor que inspiraba la guerra de Irak.

De aquel miedo, un miedo que se remontaba en realidad a los atentados del 11-S, que era un miedo cerval al terrorismo islamista, se transitó con simplicidad estupefaciente a "las bombas de Bagdad estallaron en Madrid". La matanza en los trenes era la represalia por la foto de las Azores. Por la foto, sí, porque España no envió tropas a hacer aquella guerra. Pero qué importaban los detalles. Ahora bien, lo tremendo era aquel desplazamiento de la culpa, aquel despropósito idéntico al de quienes en EEUU y aquí mismo culparon del atentado contra las Torres Gemelas al país que lo había sufrido.

Lejos de exhortar a la calma, de instar a la retirada de quienes rodearon las sedes del PP, de pedir que se esperara pacientemente el resultado de la investigación, los partidos de la izquierda amplificaron y orquestaron el ruido y la furia. Medios de comunicación de conocida afinidad con el Partido Socialista alentaron las manifestaciones ante las sedes, periodistas de renombre llamaron a ir allí a pedir cuentas, informativos y tertulias atizaron sospechas y dieron curso a bulos que alimentaron la hostilidad contra quienes trataban de esclarecer a contrarreloj lo sucedido. La izquierda estableció, como verdad inobjetable, que el Gobierno estaba ocultando información que perjudicaba electoralmente al PP, que ocultaba, nada menos, que era un atentado islamista.

Los vaivenes, las dudas, la presión del flujo informativo, y sobre todo la conjetura de que "si es ETA gana el PP y si son los islamistas gana el PSOE", se aliaron para que la acusación de la mentira se abriera paso. El PSOE oficializó tan grave denuncia en una aparición por televisión de Rubalcaba en la víspera de la jornada electoral. "Los ciudadanos españoles se merecen un Gobierno que no les mienta, que les diga siempre la verdad", dijo Rubalcaba, que dio seguridades de que la información proporcionada por el Gobierno, en las frecuentes comparecencias del ministro del Interior, no se correspondía con la verdad.

El portavoz del PSOE hizo aquella insólita declaración después de que el ministro informara de las primeras detenciones, de modo que entonces ya se conocía "la verdad". Si saber quién había cometido el atentado era esencial para votar –y que fuera esencial para votar es un signo más del extravío moral de aquellas horas–, si saberlo, en fin, decidía el voto, los españoles fueron a las urnas sabiendo lo que había: que los primeros indicios y los primeros detenidos no tenían relación con ETA, sino con el islamismo.

¿Dio el Gobierno la impresión de que no quería descartar la hipótesis de ETA? Sí. Pero informó de las evidencias que apuntaban a la pista islamista desde la noche del mismo día 11. ¿Convocó el Gobierno a los partidos para dar una imagen unitaria? No, pero es dudoso que una foto o una reunión hubieran tenido efectos balsámicos si al tiempo había partidos que lanzaban contra el Gobierno acusaciones de mentir e insinuaban que era el responsable de la matanza. Porque ambas eran acusaciones indisociables: la una no tenía sentido sin la otra.

Conocer la autoría sólo podía ser tan importante para votar si iba ligada a la culpa: si permitía establecer una relación causa-efecto entre el atentado y el apoyo del Gobierno del PP a la intervención en Irak. Y ésa era una relación que no hacía falta explicitar. Bastaba con asegurar que el Gobierno ocultaba datos sobre la autoría. Aunque el PSOE hizo más, es decir, no hizo. Ni rechazó las manifestaciones frente a las sedes de su adversario, que era donde se gritaba la culpa, y donde estaban militantes suyos; ni compareció para decir, a la vista de lo que sucedía, lo elemental y fundamental: que los únicos responsables de un atentado terrorista son sus autores.

En su libro sobre los atentados islamistas en Estados Unidos, La rabia y el orgullo, la periodista Oriana Fallaci se admiraba de la fortaleza con que habían reaccionado los americanos. Oposición, ciudadanos, medios de comunicación, entendieron que había sido un ataque a la nación y se unieron en torno a quienes la representaban. De haber ocurrido en Italia, decía también Fallaci, la oposición hubiera culpado al Gobierno, el Gobierno a la oposición, y de unión nada de nada. Quién hubiera podido imaginar que aún sería mucho peor, como lo fue en España. Millones de españoles permanecieron serenos en la adversidad, pero el retrato de España quedó marcado entonces por los que no resistieron la embestida del terror. Aquellos tres días de marzo alumbraron una desoladora paradoja: la de unas gentes tan contrarias a la guerra como predispuestas al guerracivilismo.

En busca de la derecha perdida
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR, ABC 13 Marzo 2014

DIRECTOR DE LA FUNDACIÓN DOS DE MAYO, NACIÓN Y LIBERTAD

· Para la tarea de regeneración se necesita una derecha que, a la vista de lo que la izquierda ha sido capaz de hacer con un patrimonio cultural, debe recordar aquellas ideas en las que los españoles creyeron cuando iniciaron el rumbo de España hacia la nación de ciudadanos libres, iguales en derechos, respetuosos con su tradición y empeñados en el compromiso de un futuro común

Los años en que se conmemoran acontecimientos de singular trascendencia suelen ser un escenario propicio a las analogías y un campo tentador para las metáforas. En los espacios solemnes de la celebración, el tiempo deja de ser una secuencia de hechos fragmentarios para definir un ámbito en el que el pasado adquiere significado, ejemplaridad y deseo de convertirse en tradición. Este año se recuerda el inicio de la Gran Guerra no solo como una experiencia de cuatro años de espanto en los campos de batalla, sino también como el momento inaugural de la crisis de una civilización. La paz no habría de serlo nunca del todo, turbada por el fanatismo nacionalista, la ferocidad revolucionaria y la falta de escrúpulos que permitieron que la violencia se convirtiera en un modo de vida y que dotaron de una extraña fascinación a la cruel utopía de los sistemas totalitarios.

En los momentos de incertidumbre, como los que vivimos, estrechar nuestros lazos con la memoria es siempre la búsqueda de un consuelo y la reivindicación de una esperanza. En 1914, Europa se asomó a un abismo que podía haber reducido a escombros el paisaje social de la cultura de Occidente. Cien años después, tendemos la mirada a aquellos treinta años trágicos, y nos confortamos recordando la firmeza de nuestra civilización, capaz de incorporarse tras la caída y de implantar con más vigor que nunca sus coordenadas morales y sus virtudes cívicas. La época de la segunda posguerra mundial brilló, salvo en aquellas zonas que permanecieron bajo la tiranía totalitaria, gracias a la luz con que nuestra cultura inspiró una imagen del hombre formada en el racionalismo clásico, el humanismo cristiano y las garantías sociales de la Ilustración liberal.

Sin embargo, la esperanza escrita en esta conmemoración no puede comprenderse del todo sin leer también sus severas advertencias. En el año 2014 no existe una crisis de civilización como la que oprimió Europa hace cien años, ni nos amenaza el pánico de una movilización de masas liberticida, ni asistimos al suicidio general de nuestros valores, ni ondean en la mayoría de los corazones las miserables promesas de los paraísos cautivos. No obstante, la tranquilidad que esta circunstancia nos proporciona no debe relajar nuestra certeza de vivir en un momento de peligro. Porque, si no sufrimos la intensidad de aquel ataque a los fundamentos de nuestra cultura, tampoco podemos hallar, tan extendida como lo estuvo entonces, una verdadera conciencia de civilización.

En estos tiempos de cólera no podemos conformarnos ya con la mera atención a la solvencia de la contabilidad presupuestaria o al trabajo de liderazgos minúsculos adaptados a las escuetas dimensiones de una comunidad autónoma. Una política que afronte, a fondo, nuestra crisis debe señalar el peligro real de que la ciudadanía deje de serlo, desmoralizada por la falta de pulso nacional de sus gobernantes y contagiada de la pereza intelectual de tantos españoles para los que, como decía Larra, «es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas». Lo que nos ocurre ahora es consecuencia directa de una política que, en vez de integrar a los españoles en una sociedad plural, los ha enfrentado en una nación que ha extraviado su identidad colectiva, su conciencia histórica y la materia de la que siempre está hecha la soberanía: la voluntad de existir como un solo pueblo. No se trata de afirmar España como mero vecindario, sino como empresa nacional, como país que deseamos hacer entre todos.

Ciertamente, la izquierda es responsable –pero no en exclusiva– de los problemas más graves con que nos encontramos cuando deseamos iniciar un proceso de regeneración. Es culpable de haber renunciado a un sentido de Estado, de lo que se aprovecha el desafío nacionalista, que nunca habría podido ensancharse sin la complicidad del zapaterismo en el frívolo vaciado de la idea de España. Es culpable de haber confundido el laicismo con una campaña anticlerical en la que ni siquiera se reconoce la infranqueable contribución del cristianismo a los mejores valores de la cultura occidental. Es culpable de haber difundido un relativismo en el que los principios que han inspirado nuestra civilización son contemplados con indiferencia, cuando no con avergonzada autocrítica. Es culpable de haber deshuesado la consistencia moral de nuestra sociedad, como lo han mostrado sus más que penosos argumentos en defensa del aborto. Es culpable de haber reducido la calidad de nuestros centros educativos y, en especial, de nuestra Universidad, al haber hecho del sector público el escenario del clientelismo, la falta de exigencia académica y la liquidación de cualquier criterio de esfuerzo y mérito personal. Todo ello se ha adornado, además, con una estética «progresista» que en realidad ha sido la más chabacana y zaragatera renuncia a lo que la España liberal entendió por progreso en los años en que este país se tomaba en serio a sí mismo.

Pero a la derecha corresponde un margen de responsabilidad que no es pequeño y que ha ido creciendo de forma alarmante en los últimos años. Y no por la responsabilidad de uno u otro dirigente, sino por la asunción de un concepto de la política que, iniciado como aligeramiento de lastres ideológicos, ha acabado por rendirse a un falso pragmatismo, que pretende indicar que la búsqueda de sus valores distintivos y la atención a los problemas concretos de los ciudadanos son opciones excluyentes. Lamentablemente, en España confundimos con demasiada frecuencia el pragmatismo con la carencia de principios.

La derecha parece resignada a establecer su superioridad sobre una mera cuenta de resultados económicos, cuando de lo que se trata es de elevar la mirada a los problemas de los españoles hasta situarla en una perspectiva digna de la profundidad de nuestra crisis. A esta España de la crisis no debe responder con la sumisión irritada ante lo inevitable, sino que tiene que convencer a la sociedad de sus propias ideas buscando la hegemonía cultural, no solo los votos. Digámoslo claramente: estamos ante una grave crisis nacional. Y si nos referimos a ella con esta solemnidad es porque constatamos las actitudes irresponsables, la frivolidad con que se ha manejado una preciosa herencia nacional, las simplificaciones emocionales que sustentan el populismo, la pérdida de una idea de civilización.

Creo que no hay momento más apropiado que este para empezar a plantear la responsabilidad de la derecha, cuando al sufrimiento económico y al desafío secesionista se une la profunda desorientación de unos españoles a los que se ha educado en la falta de importancia de los principios y, sobre todo, en la liquidación de aquellos valores que, lejos de reducir España a una mera y digna invocación emotiva, desean levantarla sobre el restablecimiento de una nueva moral nacional. Para esa tarea de regeneración se necesita una derecha que, a la vista de lo que la izquierda ha sido capaz de hacer con un patrimonio cultural, debe recordar aquellas ideas en las que los españoles creyeron cuando iniciaron el rumbo de España hacia la nación de ciudadanos libres, iguales en derechos, respetuosos con su tradición y empeñados en el compromiso de un futuro común. A doscientos años de distancia, las palabras y los actos de aquellos españoles que combatieron por esa imagen de la soberanía nacional aún nos sobrecogen. Dos siglos más tarde, han cobrado una urgente, enérgica y conmovedora actualidad.

La destrucción de las pruebas
El desguace de pruebas comenzó antes que los entierros
El día 12 de marzo, apenas 24 horas después de la masacre, comenzó la destrucción de los trenes afectados por las explosiones.
Luis del Pino. Carlos Sánchez de Roda Libertad Digital 13 Marzo 2014

Después de los atentados del 11-M, los restos de los trenes fueron desguazados y achatarrados, en lugar de conservarlos como prueba de cara al juicio, como exige la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Sin embargo, el análisis detallado de la documentación aportada por Renfe y de las hojas de características de los propios vagones revela que, además, durante el proceso de achatarramiento y desguace "desaparecieron" más de 90 toneladas de material, cuyo destino se desconoce. Nada de todo eso fue entregado a los peritos encargados de determinar, durante el juicio del 11-M, los explosivos utilizados durante la masacre.

El desguace de los trenes se inició el 12 de marzo, al día siguiente del atentado, y se llevó a cabo en tres lugares distintos: el Taller Central de Reparaciones en Villaverde, la estación de Santa Catalina y la estación de El Pozo. Además, el tren de Santa Eugenia fue llevado a la estación de Vicálvaro-Clasificación.

Según la revista de Renfe "Líneas", la retirada de los trenes, para dejar libres las vías, se produjo así:
Las labores de recuperación del material se iniciaron simultáneamente en los cuatro puntos afectados sobre las 22'30 horas del mismo jueves [11 de marzo]. Las dos unidades 446 de Santa Eugenia fueron retiradas a Vicálvaro-Clasificación para facilitar los trabajos de Mantenimiento de Infraestructura, y sobre las 4'30 horas del 12 de marzo también quedaba expedita la vía en El Pozo. En este último caso, fue preciso segregar el coche del tren de dos pisos, que fue situado en el propio párking de la estación a la espera de ser trasladados los restos por carretera.

A las 12'00 horas del viernes, y tras complejos trabajos, fue apartada en Santa Catalina la unidad que llegó a entrar en la estación de Atocha. El tren que fue afectado por las explosiones de la calle Tellez es el que ha exigido mayores trabajos de intervención, que se prolongaron pasado el mediodía del 14 de marzo: se segregaron los vehículos menos afectados y los demás coches, debido a su estado, fueron troceados sobre la misma vía, trasladándose los restos hasta el taller de Villaverde para su desguace.

A todos ellos se unieron en los trabajos de limpieza y reparación un total de 300 trabajadores de Cercanías y de empresas colaboradoras de la UN, con la finalidad de que el servicio estuviera totalmente preparado y ultimado.

Por otra parte, y en cuanto al posterior desguace de los trenes, en la documentación presentada por Renfe y estudiada por el Tribunal del 11-M, aparece un cuadro que se puede considerar como el resumen de lo ocurrido tras el atentado.

Más información sobre la destrucción de los trenes
No solo desaparecieron las muestras recogidas en los trenes. Tampoco las actas de recogida de esas muestras fueron adjuntadas al sumario. Ni tampoco aparecen las evidencias fotográficas con que esa recogida pudo realizarse.

Esas muestras hubieran debido enviarse al laboratorio de la Policía Científica, que cuenta con costosísimos equipos para determinar los componentes químicos encontrados en los focos de explosión, pero no se enviaron. En lugar de ello, los primeros análisis se realizaron en el laboratorio de la Unidad Central de Tedax, que no cuenta con el mismo equipamiento especializado. Y ni siquiera se adjuntaron al sumario esos análisis realizados por los Tedax. En su lugar, al juez simplemente se le envió un informe genérico, en el que ni siquiera se individualizaban los componentes químicos encontrados.

Los efectos electrónicos recogidos en los trenes fueron reducidos a polvo en una trituradora industrial próxima a Madrid. Cientos de prendas de ropa y efectos personales de las víctimas (que hubieran podido servir para realizar contra-análisis) fueron incinerados en el vertedero de Valdemingómez. Los propios trenes, fueron achatarrados.

Todo ello impidió que se pudiera determinar el explosivo utilizado en los artefactos. Cuando las acusaciones pidieron en el juicio que se realizaran nuevo análisis, la Policía se limitó a entregar un escueto puñado de muestras previamente lavadas con agua y acetona, de cuya procedencia ni siquiera estamos seguros.

Aún así, en los análisis periciales realizados durante el juicio aparecieron componentes químicos que no forman parte de la Goma2-ECO, el explosivo que la versión oficial dice que se utilizó en los atentados. Y pese a todo este despropósito, el tribunal del 11-M dio por buena la explicación oficial y dictaminó que en los trenes de la masacre había estallado Goma2-ECO.

Sobrepeso
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 13 Marzo 2014

España está aquejada de un serio desequilibrio de sus cuentas públicas que parece casi imposible de corregir.

El sobrepeso es un grave problema de salud y las personas que lo padecen están expuestas a numerosos riesgos de tipo coronario, óseo o metabólico, aparte de los negativos efectos estéticos. Todos hemos visto a esas enormes moles de grasa que resoplan al subir una escalera, se congestionan al salir de un coche o sudan copiosamente al mínimo esfuerzo y hemos sentido compasión por su incapacidad de desarrollar una actividad normal. Su esperanza de vida es más corta, sufren complejos y en general la calidad de su existencia dista de ser satisfactoria. Pues bien, esta patología también afecta a los Estados cuando su estructura institucional y administrativa está hinchada y es demasiado compleja y, en consecuencia, su déficit y su endeudamiento son excesivos y se prolongan en el tiempo.

España está aquejada de un serio desequilibrio de sus cuentas públicas que parece casi imposible de corregir y eso la obliga a caminar y a moverse lastrada por un fardo que la hace ineficiente y torpe.

El déficit correspondiente a 2013 estaba programado para no superar el 6.5% del PIB y se sabe ya que rebasará esta cuota en algunas décimas. En otras palabras, que el Gobierno no ha podido controlar el gasto en la medida requerida para alcanzar los objetivos marcados por Bruselas. Pero lo peor no es el incumplimiento del ejercicio pasado, sino que la Comisión Europea prevé exactamente el mismo volumen de exceso de gasto para 2015, lo que indica que no cree posible parar el endeudamiento creciente de España a corto plazo.

Hace pocos días una docena de presidentes de las mayores empresas del país cubriendo un amplio espectro de sectores, banca, energía, construcción, comercio mayorista, automoción, comunicaciones, insistían en la absoluta necesidad de reformar a fondo las Administraciones con el fin de rebajar los recursos en manos del Estado y bajar los impuestos, sobre todo los directos.

La urgencia de un adelgazamiento y una simplificación de nuestro entramado estatal es un clamor desde hace mucho tiempo, pero los partidos establecidos no se dan por enterados. El recientemente fallecido David Taguas, nada sospechoso de fundamentalismo liberal, recomendaba encarecidamente una rápida reducción de siete puntos del porcentaje del sector público en el PIB para aliviar la carga fiscal sobre particulares y empresas y permitir el ahorro y la subsiguiente inversión. Taguas, al igual que otros expertos de reconocida solvencia, había llegado a la conclusión de que nuestro problema era la falta de ahorro y no la debilidad del consumo, aunque tampoco en este elemento crucial el Gobierno ha hecho el diagnóstico correcto. En suma, que no es cuestión de dieta, es hora de entrar en el quirófano.

Abuso del dinero público
Editorial La Razón13 Marzo 2014

El fraude de los ERE en Andalucía y el de los cursos de formación, que esta semana ha tenido el epicentro en algunos empresarios de Madrid pero que ha sacudido también a las principales organizaciones sindicales, crece entre el estupor ciudadano y la convicción de que es preciso llegar hasta el final en la investigación y de que estamos ante la oportunidad de conseguir el control estricto que la opinión pública demanda y que el Estado de Derecho necesita. La noticia de que la juez Mercedes Alaya impuso ayer una fianza civil de 29 millones de euros a la ex ministra y ex consejera andaluza Magdalena Álvarez por su responsabilidad directa en el sistema ilegal de ayudas, que perduró más de una década en la Administración andaluza, ha puesto en perspectiva el enorme volumen del dinero manejado por los gestores públicos socialistas de forma presuntamente irregular.

En paralelo, la operación policial en Madrid, que culminó con trece arrestados, entre ellos el presidente de la Federación de Empresarios de Madrid (Fedecam), Alfonso Tezanos, y el empresario José Luis Aneri, ha colocado de nuevo el foco sobre el control de esos millonarios fondos públicos destinados a los cursos de formación. Aunque es cierto que la presunción de inocencia debe prevalecer en todo momento, y que sería injusto caer en la generalización –la norma es que las administraciones públicas cumplen con sus obligaciones de forma correcta y honrada–, no lo es menos que éstos y otros casos han demostrado que el sistema tiene disfunciones y que los controles no han respondido con la suficiente eficiencia.

La realidad es que ha habido y hay carencias estructurales que, según indicios sólidos, han permitido que unos cuantos aprovechados sacaran un jugoso partido a costa del dinero público. El Gobierno era consciente del problema y promovió en 2012 un cambio sustancial en la normativa referida a la formación que tiene que ayudar a acabar con las corruptelas. Hay que ponderar como merece la voluntad política del Ejecutivo, pero además de estos indiscutibles avances regulatorios es obligado insistir en que el discurso de la ejemplaridad en el manejo del dinero público debe promover una tensión y una exigencia en todos los escalones de la Administración.

Que la supervisión, la intervención y la inspección públicas funcionen con diligencia es un síntoma de salud democrática y una obligación, pero más si cabe para uno con altas cifras de desempleo y, en especial, con un elevadísimo índice de parados entre los jóvenes. Necesitamos más transparencia para evitar el mal uso de los 2.000 millones de euros al año en cursos laborales, fundamentales en la formación y capacitación de nuestros jóvenes, pero también que la Administración y la Justicia cumplan y depuren las responsabilidades correspondientes.

Políticos que dan pena
Enrique Arias Vega www.lavozlibre.com 13 Marzo 2014

Periodista y economista

Los españoles creen que la mayoría de los nuestros políticos son incompetentes o corruptos. Y no les falta razón. Su inconsciencia les ha llevado a unos, por ejemplo, a exigir la independencia de Cataluña, y a otros, a que se haya llegado hasta allí sin haberse dado cuenta de ello.

Pero nuestros políticos no son más tontos que los demás. Véase, si no, a una Unión Europea ingenuamente sorprendida de que Ucrania esté al borde de costarnos una guerra que no previó ni por un segundo.

Se trata de la misma Europa Occidental que creó en Kosovo un país artificial y subsidiado, paraíso de mafias y de desempleados. O que apoyó en Egipto una revolución que llevó a las Hermanos Musulmanes al poder, que ha conseguido en Libia el caos absoluto tras Gadafi o la perpetua guerra civil en Siria, con unos terroristas apoyando a Al Assad y otros combatiéndole: ¡menuda Cruzada!

Pero la ignorancia de los políticos europeos no es mayor que la de los norteamericanos, con un George Bush que en su momento agitó el avispero del Irak hasta hacerlo invivible en la actualidad. Tampoco puede presumir de más talento que él un Obama del que se ríe hasta Putin, o un Clinton que en su día pasó más tiempo negando sus obvias relaciones sexuales con Mónica Lewinsky que gobernando al país.

Esta mayúscula ignorancia de los políticos no creamos que es de ahora mismo, como quien dice, y que sus predecesores sí que eran inteligentes. ¿De qué podría presumir el británico Chamberlain, quien creía haber logrado la paz con Hitler al haberse doblegado a su apetito expansionista? ¿O Roosevelt, a quien los japoneses le bombardearon toda su Armada mientras dormía?

Unos y otros, los de aquí y los de allí, los de ahora o los de antes, los políticos parecen enterarse de lo que sucede más tarde y peor que los ciudadanos a quienes dicen representar. Como explicaba irónicamente el personaje de una película, “los políticos son unos tipos que no tienen nada que hacer, pero que tampoco saben cómo demonios hacerlo”.

Internacional
El caso vasco y catalán se cuela en el Bundestag en el debate sobre Crimea
 La Razón 13 Marzo 2014

El derecho de vascos y catalanes a convocar un referéndum sobre su independencia se coló hoy en el debate sobre la crisis ucraniana celebrado en el Bundestag (parlamento alemán), donde la oposición recriminó al Gobierno que respaldara en su día las aspiraciones secesionistas de Kosovo.

"Con Kosovo se abrió la caja de Pandora", subrayó el líder de La Izquierda, Gregor Gysi, portavoz del principal partido de la oposición en Alemania ante la gran coalición que lidera la canciller, Angela Merkel.

En opinión de Gysi, al avalar la independencia de Kosovo "se violó el derecho internacional" y quienes la respaldaron deben aclarar ahora por qué rechazan en otras regiones lo que permitió en aquella provincia serbia.

"Los vascos se preguntan por qué ellos no tienen derecho a convocar un referéndum para decidir si quieren pertenecer a España; los catalanes se preguntan por qué ellos tampoco pueden convocar un referéndum sobre su pertenencia a España; y también los ciudadanos de Crimea", advirtió Gysi.

"Yo mantengo mi opinión: la independencia de Crimea sería una violación del derecho internacional, igual que lo fue la independencia de Kosovo", subrayó.

Poco antes, en su discurso ante la cámara, Merkel había rechazado cualquier comparación del caso de Crimea con el de Kosovo, donde la OTAN efectuó una intervención militar sin mandato de la ONU que a la postre terminó llevando a la independencia de esa antigua provincia serbia.

"La intervención en Kosovo se dio después de la que la comunidad internacional observara impotente operaciones de limpieza étnica y de que Rusia bloqueara de forma permanente toda resolución del Consejo de Seguridad de la ONU", recalcó.

Pone fin al estrellato del fin de semana de Losantos y Anson
Pedrojota y García-Abadillo frente a frente: cinco diferencias entre El Mundo de antes y de ahora
Deja de ser el martillo de Rajoy, otros altos cargos del PP y la infanta Cristina, firma la 'paz' con Gómez Bermúdez y reconoce 'errores' sobre el 11-M
Luis Balcarce / Antonio José Chinchetru. Periodista Digital 13 Marzo 2014

Desde que el 29 de enero de 2014 el consejero delegado de Unidad Editorial, Antonio Fernández Galiano, y los italianos de RCS decidieran destituir a Pedrojota Ramírez y nombrar como sucesor a Casimiro García Abadillo, han cambiado muchas cosas en El Mundo. El relevo en el cargo de director ha supuesto muchos cambios en aspectos que atañen a la propia identidad del periódico. Estos son los cinco más destacados.

1. De azote de Rajoy a los elogios al presidente del Gobierno. Bajo la batuta de Pedrojota, El Mundo mantenía una línea de abierta confrontación con Mariano Rajoy, hasta el punto de que el ya ex director señaló al jefe del Ejecutivo como el responsable último de su caída. Esto ha cambiado con García-Abadillo al frente del diario de Unidad Editorial. Buena prueba de ello son dos artículos de Salvador Sostres.

El 18 de febrero de 2014 publicaba un artículo titulado El silencio, en el que elogiaba que Rajoy no respondiera a las constantes declaraciones de los nacionalistas catalanes para contrarrestar al ofensiva nacionalista. Decía Sostres:

El estilo de Rajoy es sigiloso y desconcertante, y cuesta de entender hasta a sus colaboradores más cercanos, pero así estamos saliendo de la crisis, así se ha desvanecido Bárcenas, y así Mas y Quico Homs nos demuestran, una vez más, que no es necesario que España venga a hacernos nada porque ya los propios catalanes nos encargamos de destruirnos y de humillarnos.

Más elogioso aún es el artículo que ha publicad casi un mes después, el 12 de marzo, titulado El carisma del presidente.

No sé por qué la gente dice que Rajoy no tiene carisma. Es el líder más carismático del Occidente civilizado. El silencio es el sonido del poder y no hay manera más absoluta de mandar que decidir tus propios tiempos. Rajoy tiene las maneras de los grandes monarcas de otros tiempos, y un sentido estilizado y muy sutil de lo que es el miedo, que es en lo único en lo que de verdad se basa el poder.

Llega a decir:
A Rajoy le basta con callar para sembrar el pánico y el desconcierto. Como ha escrito alguna vez Manuel Vicent, el mayor insulto es el que se puede proferir en voz baja, y la voz más baja es el silencio. El poder no habla, manda. Tener que dar explicaciones es de chachas. Darlas por vicio, de portera.

2. Fin del estrellato sabatino y dominical de Federico Jiménez Losantos y Luis María Anson. Entre las grandes señas de identidad de El Mundo de los fines de semana se contaban la página completa con la que contaban cada uno de estos periodistas uno de los días.

En el caso de Losantos, se trataba de una sección titulada 'Las cuatro esquinas' en la que, cada sábado, publicaba otros tantos artículos sobre cuestiones de actualidad. En el de Anson, bajo el nombre conjunto de 'Las cartas boca arriba' publicaba los domingos tres misivas abiertas a personajes públicos en las que las elogiaba o criticaba por diferentes motivos.

Es la pérdida de peso específico de dos firmas fuertemente identificadas con Pedrojota y con los que El Mundo buscaba dirigirse, dentro del ámbito de la derecha, con los lectores más descontentos con la política de Rajoy. En el caso de Jiménez Losantos se suma su buena relación personal con Ramírez, hasta el punto de que el director de La Razón se la echó en cara al periodista de esRadio en su propio programa --Cruce de pullazos entre Marhuenda y Losantos: "Tú eres más de Pedrojota"--.

3. García-Abadillo no saca pecho de las consecuencias de una gran exclusiva que daña a un alto cargo del PP. El 19 de febrero, El Mundo saca en su portada una información de Estaban Urreiztieta y Eduardo Inda en la que se informa de que Francisco Granados, senador y ex consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid tenía 1,5 millones de euros en una cuenta en Suiza abierta cuando era alcalde de Valdemoro.

Una jornada después, Granados anuncia su intención de entregar su acta de senador al día siguiente. Bajo la dirección de Pedrojota Ramírez, que no perdía ocasión de sacar pecho de las repercusiones de sus exclusivas, posiblemente el anuncio de dimisión del ex secretario general del PP de Madrid hubiera sido seguramente el gran tema de portada de El Mundo. Sin embargo, con Casimiro García-Abadillo quedó relegada a un pequeño titular en la esquina inferior derecha. El 21 de febrero, el gran tema de la primera página era: "Ucrania al borde de la guerra civil".

4. "Cometimos errores" y sorprendentes entrevistas sobre el 11-M: Bermúdez y Zapatero. El 7 de marzo El Mundo lleva en su portada, a cinco columnas una entrevista con Javier Gómez-Bermúdez, presidente del tribunal que juzgo los atentados del 11 de marzo, y cuya sentencia fue muy criticada desde entonces por el diario de Unidad Editorial. El autor de la entrevista es el propio Casimiro García-Abadillo --'Diez años después, no sabemos quién dio la idea de atentar el 11-M'--.

Cabe preguntarse si Bermúdez hubiera aceptado conceder la entrevista si quien se la hubiera pedido hubiera sido Pedrojota o un periodista bajo su mando. Se trata de una pieza de alta carga simbólica, un modo de enterrar el hacha de guerra y poner fin al enfrentamiento entre el diario y el juez.

Algo parecido ocurre con la larga entrevista, tres páginas, de Lucía Méndez a Rodríguez Zapatero --Zapatero: 'Ese día se puso a prueba a España'-- que fue uno de los platos fuertes del especial del suplemento 'Crónica' del 9 de marzo dedicado al décimo aniversario del 11-M.

Aunque Zapatero ya había sido entrevistado por El Mundo en el pasado, en esta ocasión hay dos cosas especialmente llamativas, ambas referidas a los atentados. En un momento dado, Méndez le pregunta al ex presidente del Gobierno si le preocupa que "muchos ciudadanos crean que no se conoce la verdad sobre el 11-M". Zapatero responde:

Preocuparme, nada. En una sociedad abierta y democrática tiene que haber lugar para todos los temas y todas las interpretaciones, incluso para los mayores despropósitos.

Resulta llamativo que tras esa mención a "despropósitos", la entrevista no le pregunte si entre los mismos incluye la línea de El Mundo durante los últimos años. El otro punto llamativo es la ausencia de otra pregunta.

Pedrojota Ramírez llegó a acusar a Zapatero de ser el que llamó a la Cadena SER para decir que se habían encontrado restos de un terrorista suicida. Méndez, en el décimo aniversario de los atentados no le pregunta sobre si esto es cierto o no.

Las entrevistas se completan con el artículo del domingo de Casimiro García-Abadillo, titulado Diez años después, un balance desapasionado del 11-M. En él, el que fuera uno de los pesos pesados en la investigación de El Mundo sobre los denominados 'agujeros negros', y autor de dos libros sobre el tema, hace una afirmación sorprendente:

Los que dudamos de esa versión (Al Qaeda se venga de España por su intervención en Irak con un gran atentado), también cometimos errores. Dimos crédito a algunas informaciones faltas de rigor, que sólo tenían como fin confundirnos y llevarnos a un callejón sin salida.

La labor de los servicios secretos (que se sirvieron de algún abogado y de ciertos miembros de las fuerzas de seguridad) fue crucial para hacer que los que buscábamos honestamente la verdad, pareaciéramos una pandilla de iluminados.

Hay un reconocimiento de que El Mundo, puede que incluso él personalmente, fue intoxicado por determinadas fuentes de los servicios secretos. A pesar de ser una acusación muy grave, no concreta más. Reconce un fallo en el modo de trabajar por parte del periódico, puesto que la intoxicación implica que no se contrastaron suficientemente las informaciones que les llegaban. Concluye:

Las víctimas merecen que seamos menos arrogantes, reconocer que todos cometimos errores.

Resulta muy difícil imaginar que Pedrojota hubiera reconocido en un artículo que El Mundo cometió errores en sus informaciones sobre el 11-M. Ahora se plantea la cuestión si García-Abadillo quiere dar por cerrada de esta manera la línea de trabajo que mantenido El Mundo en torno a los atentados del 11 de marzo de 2004 durante una década.

5. La infantan ante el juez... pero no abriendo la portada de El Mundo. El día 21 de febrero parece marcar un punto de inflexión en la marcha del diario bajo la dirección de Casimiro García-Abadillo. Si el anuncio de la dimisión de Francisco Granados no mereció abrir la portada de ese día, tampoco lo hizo otro asunto al que Pedrojota hubiera dado la mayor importancia: la declaración de la infanta Cristina ante el juez Castro. Como ya se ha señalado más arriba, la noticia principal del periódico de Unidad Editorial ese día fue: "Ucrania al borde de la guerra civil".

La declaración de la infanta está recogida en un discreto breve de portada en la columna derecha, que remite a la página 8, en la que se liquida la totalidad de la intervención de la hija del Rey en el juzgado. Pedrojota no hubiera dejado pasar una ocasión así y seguramente habría dedicado un especial a este asunto, cuando fue el diario El Mundo quien dio las mayores 'exclusivas' del caso Urdangarín.

Por el contrario, El Mundo de García-Abadillo opta por destacar en su parte superior una foto simpática de Antonio Fernández Galiano y el director en ARCO sonriendo con el príncipe Felipe y Letizia.

"Con su 'stand' en ARCO, el diario apuntala uno de los pilares, el de la Cultura, del decálogo de García-Abadillo para la nueva etapa de EL MUNDO: "Un periódico es un proyecto intelectual y, por tanto, debe convertirse en el ágora donde se debatan ideas, tendencias, etc", informaba un redactor obsecuente. ¿Y la hija del Rey? Escondida en un breve, por encima de otro más breve aún sobre la dimisión de Granados.

¿A qué venía abrir con Ucrania cuando ese 'decálogo Abadillo' anunciaba la importancia de "priorizar las noticias propias, las exclusivas, las grandes historias y reportajes"?

Valle de Arán
La Crimea pija
José María Albert de Paco Libertad Digital 13 Marzo 2014

Hoy trae La Vanguardia una noticia sensacional, cual es que entre la población del Valle de Arán el debate sobre la consulta soberanista ha suscitado más inquietud que entusiasmo. Según declara al rotativo barcelonés el secretario general de Unidad de Arán y senador del PSC por Lérida, Francisco Boya, el Valle de Arán "es un territorio que vive del turismo, español en un 40%". En razón de esa evidencia, dice Boya, una parte sustancial de los araneses se hallan "preocupados por el efecto que pueda tener este proceso en la economía e incluso en nuestras relaciones con Francia y Europa".

Tanta es la preocupación que el pasado septiembre Unidad de Arán (asociada al PSC desde 1995) sugirió celebrar una consulta paralela a la que promueve Artur Mas para, en caso de que Cataluña se independizara de España, los araneses tuvieran la posibilidad de independizarse, a su vez, de Cataluña. El síndico de Arán, Carles Barrera, de Convergencia Democrática Aranesa, no ve ningún motivo por el que la comarca pirenaica deba pronunciarse al respecto, ya que, a su juicio, "los araneses podrán decidir libremente en un sentido u otro sin que esto afecte a su condición identitaria". La genialidad táctica de Barrera, que suele tildar de demagogia los amagos de descatalanizar el territorio, se advierte al ensanchar el horizonte de la frasecilla:

Los catalanes podrán decidir libremente en un sentido u otro sin que esto afecte a su condición identitaria.

Ya en 2008 la tertuliana Pilar Rahola se desgañitó contra el derecho a decidir de los araneses a propósito de un debate sobre el oso pardo. A los pastores de la comarca, caprichosos como son, parecía importunarles que los plantígrados les diezmaran los rebaños de ovejas, mientras que Rahola abogaba por la conversación con la especie. Así, frente a lo que consideraron una intromisión catalanista en su modus vivendi, los araneses invocaron el credo identitario: historia, leyes, cultura, lengua... Todo en propiedad y encerrado entre montañas.

Ni que decir tiene que ese denuedo por el terruño, que ahora aflora ante el temor a que los Borjas y las Azucenas dejen de esquiar en Baqueira, no es sino una forma de tomar partido por España sin mancharse las manos. El prestigio de los particularismos ha llegado tan lejos que incluso para declararse español hace falta dar un rodeo, no sea que a uno lo confundan con vaya usted a saber qué. De ello da cuenta el estudio Sentimiento de nacionalidad en el Valle de Arán, realizado en 2007, y que mostraba que el porcentaje de araneses que se sentía "totalmente español" era del 43%, por un 35% de "totalmente catalanes". Ésa es toda la identidad aranesa, un subterfugio para amarrarse a España. Aunque, bien mirado, qué demonios: cada uno es español como le da la gana.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Nacionalismo e izquierdismo contra el Estado de Derecho. La derecha impasible
Plan político de acoso al Gobierno central
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 13 Marzo 2014

Es posible que la ambición de los políticos sea la culpable del estado de desazón que hoy en día se está apoderando de los ciudadanos de este país. Como muy bien decía el gran maestro Félix María Samaniego: “La traición, aun soñada, es detestable” y la sensación que hoy sentimos muchos españoles es que, determinadas fuerzas políticas están intentando de forma solapada y mancomunada acabar con la democracia en nuestra nación, para conducirla de nuevo a un estado de degradación, de vileza moral y de caos organizativo que acabe con España, su unidad y su propia democracia; en un intento descarado de establecer en ella un régimen totalitario, dividirla en pedazos y acabar con las libertades de sus ciudadanos.

Si en Andalucía siguen emperrados en ignorar la depravación de sus instituciones, las responsabilidades de sus políticos y funcionarios y la impotencia de su Parlamento para acabar con el descomunal paro del país, evitar la corrupción e ignorar el grado de pobreza de una gran parte de sus habitantes; dando con ello muestras de que a sus dirigentes no les importa tanto el bienestar de los andaluces como dar la sensación, de puertas para fuera, de que los socialistas, apoyados por los comunistas de IU, continúan en una lucha constante y, evidentemente, absurda y obsoleta, con lo que fueron las fuerzas del franquismo. Sólo que, estas demostraciones de “valentía” estos intentos de “revancha” y estos esfuerzos en renacer aquellas discrepancias de hace 75 años; no tienen otro objetivo que camuflar los errores de sus gobernantes, intentar disimular la corrupción que se ha extendido por todas sus instituciones y aplacar la miseria; intentando soliviantar los ánimos del pueblo, no contra su propia desidia e incapacidad para solucionar los problemas de sus ciudadanos, sino volverlos en contra del gobierno del PP, frente al que no dudan en lanzar toda clase de insidias, improperios y descalificaciones siguiendo su política de enfrentamiento.

La última noticia atribuible a la Justa es la aprobación, por el Parlamento Andaluz, de un anteproyecto de ley de Memoria Democrática que, para su vicepresidente, el comunista Diego Valderas, va a ser un “ejemplo a seguir en la recuperación del pasado más reciente”. Al parecer se trata de hacer un censo de víctimas de la “represión franquista” en Andalucía (los miles de asesinatos cometidos por los rojos en dicha comunidad, al parecer, no le importan a nadie, pero así es como trabaja la izquierda). Darán un plazo perentorio de 18 meses para “limpiar” de símbolos franquistas las calles y plazas (es posible que ordenen derribar todos aquellos pueblos y casas sociales que se construyeron por Franco acabada la Guerra Civil), sin que de esta razia se libren los monumentos artísticos que, por cierto, están protegidos por una ley del Patrimonio Artístico y Cultural de 1.985 y de otras específicas para determinadas regiones, entre las que se encuentra Andalucía. También se prevé la “expropiación temporal” de aquellas fincas cuyos propietarios se nieguen a cederlas para realizar exhumaciones de “fosas comunes”. ¿Quién va a pagar todas estos trabajos?, ¿No tiene el Parlamento andaluz otras cosas más importantes de las que ocuparse? Por lo visto no.

Pero, donde se está produciendo una verdadera revolución, donde se están extremando las medidas en contra de España y se están llevando a cabo los actos de hostilidad de mayor calado en contra del gobierno Central; es, sin duda, en la comunidad catalana donde, desde su obispo, el cardenal Sistach que no ha dudado en echarles los perros a una web donde se daba información religiosa, Germinans Germinabit, para hacer frente al discurso nacionalista de un amplio sector de la jerarquía eclesiástica de Catalunya; el último reducto de aquellos que no comulgan con la fusión iglesia-nacionalismo que existía en esta comunidad. El obispado catalán no ha dudado en presentar una querella criminal por injurias y asociación ilícita, demanda que mantiene a pesar de que la página aceptó dejar de emitirse. ¿Es esto la Iglesia que dice que todos somos hermanos?.

¿Es posible que exista una sinrazón mayor? Aquellos que se están enfrentando a la Constitución española, los que no dudan en infringir las leyes, se niegan a aceptar las sentencias de los tribunales y han desafiado a España ¿éstos son los que se atreven a llevar ante la Justicia a quienes sólo hacen que defender la unidad de España, piden que se respete la Constitución y que se mantengan las libertades de aquellas personas que siguen considerándose españoles, a pesar de estar en Catalunya? ¡Y esto provocado por el mismo clero catalanista! Pero, no nos extrañemos de que se den semejantes absurdos si nos queremos fijar en el Parlament catalán que, viéndose venir la condena del TC a su declaración unilateral del llamado “derecho a decir”, pretenden recusar a varios miembros de tan alto Tribunal.. Ahora la estrategia se centra en intentar desmantelar el TC, procurando que los críticos con el derecho a decidir sean excluidos de la votación por tener ojeriza al separatismo catalán. Y todo ello porque piensan que ¡la separación de Catalunya de España es contraria a la Constitución!, ¿qué esperaban, estos sujetos, que se manifestaran en contra de lo establecido en la Constitución, en cuyo caso hubieran sido unos magistrados de su gusto?.

La locura independentista está llegando a un punto en el que, ellos mismos, se han creído sus propias mentiras. La impunidad con la que han contado desde que se inició este proceso, que nunca se debería de haber consentido, les ha permitido utilizar todas las falacias, por muy incomprensibles que fueren para ir consiguiendo cada vez más partidarios. Los unos por convencimiento, los otros por seguir la corriente dominante y unos terceros por miedo a que los puedan considerar contrarios a lo que opina la mayoría. Lo cierto es que, el grado de enfrentamiento al Gobierno de la nación, va en aumento como ha sido el caso de la negativa de la Generalitat a cumplir la ley de Garantía de Unidad de Mercado para evitar que cada autonomía vaya por libre en esta materia. Por otra parte se han decidido a entorpecer, en cuanto puedan, las tareas del Gobierno de Madrid; para lo cual no dudan en desplegar una cadena de recursos de inconstitucionalidad ante el TC, con lo que pretenden colapsar dicho organismo, retrasar la puesta en práctica de diversas leyes y crear una situación de interinidad que ellos piensan que les va a favorecer.

Así comprobamos como han presentado recursos ante el TC: contra la nueva Ley Local, apoyado por más de mil municipios españoles; otro contra la Ley del Sector Eléctrico por considerar que invade competencias de la Generalitat que se unen a otra serie de recursos en defensa, según ellos, de las competencias que creen que les ha otorgado el famoso Estatut catalán. Y todo esto ante el papanatismo del Gobierno del señor Rajoy, que se limita a ir pronunciando grandes frases, a declarar que la consulta soberanista no tendrá lugar, pero sin que en ningún momento se haya visto la firmeza exigible en un presidente de gobierno para poner freno a tanta amenaza y a tanta insubordinación.

Lo terrible es que sólo los que vivimos en Catalunya parece que somos conscientes del peligro que nos acecha. O así es, señores, como pensamos los que vemos como se acerca la tormenta, incapaces de detenerla.


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