AGLI Recortes de Prensa   Jueves 20  Marzo  2014

Treviño como síntoma
EDITORIAL Libertad Digital 20 Marzo 2014

Más allá de las responsabilidades que puedan establecer las investigaciones en curso, la desgraciada muerte de una niña de tres años en el Condado de Treviño es una muestra clara del disparate que en muchos ámbitos está suponiendo el estado autonómico.

Una multitud de fronteras divide España y a los españoles, y caer de un lado o del otro puede significar verse envuelto en una tragedia, como ha ocurrido en este caso.

La Sanidad es uno de los campos en los que esta división es más aberrante, pero no el único: asuntos como la gestión de incendios forestales –el fuego sí que no entiende de fronteras administrativas- o de espacios naturales como los Parques Nacionales son también una muestra habitual de las ridiculeces autonomistas a las que se puede llegar en España. Y eso sin entrar en temas como la educación o la unidad de mercado en los que el sistema autonómico ha sido un verdadero cáncer.

Y todo sin las ventajas que podría tener un sistema federal racional y ordenado: la responsabilidad en la recaudación de impuestos y el gasto de las administraciones autonómicas, la competencia fiscal, una distribución clara de las competencias administrativas…

Es posible que lo ocurrido en el Condado de Treviño se hubiese podido evitar con unos protocolos claros de actuación o, simplemente, con una actitud distinta en algunas personas concretas, pero lo que está claro es que algo falla en un sistema en el que son posibles estos errores de tan trágicas consecuencias.

Por otro lado, ha resultado especialmente repugnante –una vez más- la actuación del PNV en este caso, especialmente las declaraciones del diputado Emilio Olabarría, que ha aprovechado la muerte de la pequeña para reivindicar la anexión del Condado de Treviño al País Vasco, un viejo sueño del nacionalismo.

Pese a que después se ha desautorizado a Olabarría y él mismo ha pedido disculpas, su reacción ha recordado demasiado las viejas costumbres de un partido que ha pasado décadas "recogiendo las nueces" no de una, sino de centenares de muertes.

Ese sectarismo partidista y regionalista es otra muestra más de un sistema que nos hace desentendernos de otro español sólo porque viva unos kilómetros más allá y que, lamentablemente, ha servido para que a cada "nosotros" se contrapongan, en no pocas veces con odio, dieciséis “ellos”.

Nacionalismo y Juegos Olímpicos
Enrique Arias Vega www.elsemanaldigital.com 20 Marzo 2014

Los nacionalismos ha causado hasta ahora dos guerras mundiales. Para evitar una tercera, se han creado dudosas aunque bienintencionadas organizaciones internacionales, desde la ONU a la UE.

Lo paradójico es que el mundo no está más unido que antes: al acabar la Segunda Guerra, había unos 90 Estados; ahora, nos acercamos a los 200. Y subiendo, a tenor de movimientos como los de Escocia, Cataluña y muchos más. ¿Hemos disminuido, por consiguiente, el riesgo de conflictos que queríamos evitar?

Lo de Ucrania es el último suceso inquietante de este tenor, pero los hay a mansalva, desde Siria o Irak hasta Chechenia y, dentro de poco, con alguna probabilidad, la inmensa China. De Europa, no hablemos, tras haber visto la fragmentación de Yugoslavia en siete países diferentes o la proliferación de Estados bálticos y caucásicos.

La exaltación del nacionalismo no sólo no es reprimida sino que se la promueve constantemente. El mayor ejemplo lo aportan las competiciones deportivas, con la exhibición de banderas y símbolos nacionales.

Hay quien dice que es mejor que las naciones se enfrenten en los estadios que en los campos de batalla. Por supuesto. Pero, ¿por qué tienen que enfrentarse las naciones y no los deportistas a pelo, al margen de organización política alguna?

La prueba de que el deporte se instrumentaliza políticamente la aporta cualquier territorio aspirante a país, que busca ser representado en el COI o en la UEFA, como ha hecho recientemente Gibraltar.

Otro ejemplo lo ofreció la pobre España, cuando hace unos años sus deportistas mostraban sus desconocidas banderas autonómicas, en una propaganda centrífuga de los regionalismos contra el Estado. En vez de esas constantes y casi obligadas exhibiciones políticas, sería maravilloso, insisto, que en los Juegos Olímpicos, por ejemplo, compitiesen los mejores atletas a nivel individual, sin limitaciones nacionales, y en las pruebas de equipo lo hiciesen encuadrándose al margen de las divisiones territoriales existentes.

Probablemente, unos Juegos de este tipo tendrían menos repercusión mediática y generarían menos dinero. Ya. Pero no olvidemos que el dinero, de una u otra forma, está detrás de todas las guerras que en el mundo ha habido. Y de las que habrá.

Hay que cerrar el Senado
Ignacio de la Torre El Confidencial 20 Marzo 2014

En una cena hace unos años, Miquel Roca comentó que había recibido una llamada muy molesta del entonces presidente del Senado, quien le recriminó que hubiera afirmado en un medio que “el Senado no valía para nada”. En la llamada, el presidente convino en que, efectivamente, el Senado no servía para nada, pero le dijo que era mejor no decirlo públicamente.

Hace dos semanas, ya en España, tras descubrirse una cuenta suya en Suiza, Francisco Granados dimitió de su cargo de senador, cargo que compatibilizaba con el también retribuido de legislador autonómico en la Asamblea madrileña, afirmando que “llevo dos años apretando un botón según los dedos que me indican”, haciendo referencia a nuestro particular parlamentarismo, en el que el senador o diputado vota no en conciencia con lo mejor para sus electores o por el país, sino lo que le ordena mediante un gesto manipular el líder parlamentario, cuestionando la utilidad del gasto en legisladores.

En un contexto en el que nuestra nación ha hecho enormes sacrificios para adecuarnos a la triste herencia recibida por el patético modelo de milagro económico español desarrollado por PP y por PSOE desde los años 90, y luego imitado por los chinos con parecido éxito, cabe preguntarse por el esfuerzo realizado por la clase política para dar ejemplo a los gobernados. El Senado, con un presupuesto de unos 51 millones de euros, no representa un gran porcentaje del déficit, pero es un símbolo clarísimo de la ineficiencia e inoperancia de la clase política a la hora de aplicarse reformas que pregonan para los demás.

El Senado, con un presupuesto de unos 51 millones de euros, no representa un gran porcentaje del déficit, pero es un símbolo clarísimo de la ineficiencia e inoperancia de la clase política a la hora de aplicarse reformas que pregonan para los demás

La Constitución deja claro que la cámara legislativa preponderante es el Congreso de los Diputados, que tiene siempre la última palabra en la legislación, limitándose el Senado a actuar como cámara para arreglar parches, proceso que dilata aún más las reformas legislativas. Desde hace ya muchos años, el mundo académico y el político se preguntan por la validez del Senado y se realizan ejercicios sobre su reforma. Hasta ahora, nada se ha avanzado.

El Senado se ha convertido desde hace mucho en un cementerio de elefantes (se acumulan ya siete expresidentes autonómicos), donde los partidos apoltronan a políticos que ven completar sus sueldos (de expresidentes, de alcaldes, de diputados autonómicos…) con una retribución adicional como senadores por un trabajo cuestionable, sin dedicación exclusiva y “apretando botones según los dedos levantados” por el gerifalte del partido en cuestión.

Ejemplos como el de Luis Bárcenas, que percibía una retribución como tesorero de su partido de 200.000 euros anuales (a pesar de que el partido se financia en más de un 90% con fondos públicos, imaginen a una ONG financiada por dinero público que hiciera lo propio) fue también nombrado senador por Cantabria (?), lo que le permitía acumular otros 60.000 euros anuales. Similares ejemplos se han vivido con Leire Pajín, que proviene del mundo de la ONG solidaria y que pudo llegar con 32 años a acumular tres sueldos (exsecretaria de Estado, secretaria de organización del PSOE y senadora) por un total de 291.000 euros, lo que provocó una oleada mediática que acabó con la renuncia de emolumentos.

El colmo de la hipocresía reside en que la supuesta elección de los senadores no se designa por las comunidades autónomas; se realiza mediante un sistema de listas abiertas donde los electores pueden tachar libremente los nombres de los políticos elegidos, en un proceso tan bochornoso como el del referéndum de Crimea o los congresos regionales de los partidos, espejos históricos de los congresos del Partido Comunista de la Unión Soviética. También sorprende que la meritocracia, institución básica para nuestro éxito como sociedad, en esta Cámara como en otras, sorprenda por sus ironías. Que responsables directos de la práctica situación de insolvencia de Cataluña, Castilla-La Mancha, o Andalucía (tres comunidades rescatadas por el Fondo de Liquidez Autonómica –FLA–, o sea, deuda para nuestros descendientes), José Montilla, José María Barreda o Manuel Chaves, sean mantenidos con fondos públicos en una cámara inútil es una insultante paradoja del destino. Es como si Mario Conde continuara cobrando de Banesto como consultor.

El Senado se ha convertido desde hace mucho en un cementerio de elefantes donde los partidos apoltronan a políticos que ven completar sus sueldos con una retribución adicional como senadores por un trabajo cuestionable, sin dedicación exclusiva y 'apretando botones según los dedos levantados' por el gerifalte del partido en cuestión.

La pasada semana, el nuevo primer ministro italiano propuso un plan de reformas que incluía el cierre del Senado italiano tal y como está estructurado hoy. A futuro, este pasará a ser una cámara de representación territorial de coste cero, ya que sus nuevos miembros, representantes de regiones y alcaldes, no devengarán un sueldo adicional al que ya perciben por su cargo. La reforma cuenta con el apoyo del espectro político, aunque la duda es si el actual Senado primará el interés nacional sobre el particular y ratificará dicha reforma. A modo de curiosidad, un legislador italiano cobra más que un representante de los Estados Unidos, a pesar de tener un ratio de legisladores sobre legislados diez veces superior.

En un escenario de tragedia nacional, con el desempleo al 26%, con el paro juvenil en más de un 50%, una reducción fortísima de salarios privados, de reducción del gasto social en educación y en sanidad, de una deuda pública de casi un billón de euros que pagaremos nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos, la clase política ha de dar un ejemplo.

Hay que cerrar el Senado.

Para ello se requiere honestidad intelectual. La pregunta es si los decisores tienen un mínimo de ambas.

El Constitucional y el Supremo señalan los límites a Mas
EDITORIAL El Mundo 20 Marzo 2014

PÉREZ DE LOS COBOS realizó ayer un discurso impecable en defensa de la Constitución que delimita perfectamente el terreno de juego en el que los políticos deben dirimir el problema del secesionismo en Cataluña. Es difícil encontrar en los últimos años un alegato tan preciso y clarificador por parte de un presidente del Alto Tribunal. Sus palabras tienen además el valor de haber sido pronunciadas en un momento particularmente delicado como consecuencia del desafío planteado por las autoridades catalanas.

Pérez de los Cobos trazó dos líneas rojas que nadie puede traspasar en un Estado de Derecho, ni siquiera los representantes legítimos de los ciudadanos: la legalidad y la lealtad constitucional. El primer precepto determina que no hay leyes válidas fuera de la Constitución y que el legislador está sujeto a ella. El segundo, que los poderes públicos «deben abstenerse de adoptar decisiones o realizar actos que perjudiquen al interés general».

Pérez de los Cobos, exquisito en las formas, no aludió expresamente a Artur Mas, pero es evidente que se refería al presidente catalán. Con precisión jurídica fue desmontando el andamiaje conceptual de los independentistas. Explicó, por ejemplo, que la «lealtad» no significa «adhesión emocional» a la Constitución, sino «aceptación sin reservas de todas las reglas» que emanan de ella. En ese sentido, dijo que la Carta Magna «ampara la convivencia de todos, incluso de quienes no participan de sus valores y querrían sustituirlos por otros», pero advirtió de que, quienes se planteen ese propósito, deben intentarlo respetando las reglas que la propia Constitución establece.

Las manifestaciones del presidente del Alto Tribunal llegan sólo 48 horas después de las pronunciadas por Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo, que, en una entrevista a ELMUNDO, subrayaba que «las decisiones unilaterales no encajan en la Constitución» y que la soberanía nacional «no es divisible». El Constitucional y el Supremo se erigen así como un dique de contención, una muralla jurídico constitucional que, por su naturaleza y objetividad, queda blindada a intereses políticos coyunturales.

Pero además de en el plano judicial, el problema se dirime también en el ámbito político. Ahí el presidente del Gobierno volvió ayer a mostrarse firme en el Congreso: «No habrá referéndum. No se puede celebrar. La capacidad de decisión es del conjunto del pueblo español». Rajoy respondió a Alfred Bosch, de Esquerra Republicana, que nadie puede situarse por encima de la Constitución. Los independentistas solicitaban al Gobierno que aceptara la celebración de la consulta que Mas pretende celebrar el 9 de noviembre. Rajoy animó a quienes no estén de acuerdo con las reglas que impone la Constitución a que utilicen los cauces legales para plantear su modificación. Y concluyó con un recado a Bosch que indica que el Gobierno no va a rehuir la contienda:«No quiero una Cataluña empobrecida, fuera de la UE, de la ONU y al margen de los Tratados. No se lo merece. Ni siquiera se lo merece usted».

Es positivo que Rajoy haya dado un paso adelante para no dejar el campo abierto a los independentistas, pero sobre todo es tranquilizador que dos altas instituciones como el Constitucional y el Supremo tengan las ideas tan claras.

Kosovo, Crimea, ¿Cataluña? Fichas en movimiento
Manuel Muela www.vozpopuli.com 20 Marzo 2014

Hace 25 años que se desintegró la Unión Soviética y, desde entonces, nuestro continente ha vivido tres fenómenos cuyas consecuencias finales en términos políticos y económicos, desconocemos. Primero, se produjo el nacimiento de nuevos Estados, seguido de la ampliación al Este por parte de la UE para dar cabida a algunos de ellos y, en paralelo con todo eso, han reverdecido los nacionalismos, a veces de forma sangrienta como en la guerra de los Balcanes, hace bien poco. Por tanto, resulta extraño sorprenderse sobre los acontecimientos que se siguen produciendo en esa materia, que no son más que el recordatorio de que las fichas del continente europeo están en movimiento, sin que ninguna organización supranacional tenga capacidad y fuerza para ordenarlas. Por ello, vuelven a ser las potencias dominantes las que adquieren el protagonismo: son los casos de Alemania y Rusia, con todos los demás Estados continentales de espectadores o de aliados, según corresponda. En éste escenario, cada suceso es singular y ya contamos con independencias unilaterales, Kosovo en 2008, anexiones, caso de Crimea, e intentos de independencia como el que estamos viviendo en Cataluña.

La quiebra del orden europeo surgido de la Segunda Guerra Mundial
El orden europeo posterior a la Segunda Guerra Mundial, al que apela sorprendentemente estos días el secretario de Estado americano John Kerry, quebró hace tiempo. En mi opinión, esa quiebra trae causa del final de la Guerra Fría, de la reunificación alemana, del repliegue de Norteamérica y del alejamiento del Reino Unido y de los países escandinavos del camino emprendido por el proyecto europeo después del Tratado de Maastricht en febrero de 1992. La política continental empezó a girar alrededor de todo aquello que se creía olvidado y que sólo la capa de la expansión financiera cubrió a duras penas. La primera alarma sonó en la década de los 90 con el desmantelamiento de Yugoslavia, primera consecuencia sangrienta de la ampliación de la UE al Este, apadrinada por Alemania que aprovechó el marasmo de la Rusia de Yeltsin. Todo el continente asistió impasible a la guerra de los Balcanes y comprobó, con estupefacción, que se carecía de instrumentos para evitar las masacres y mucho menos las independencias unilaterales. La intervención final de los Estados Unidos corrió un velo sobre ese gran fracaso y dio carta de naturaleza a los aires de fragmentación de los Estados del continente.

Como decía, sólo la expansión financiera de finales de los 90 y principios del siglo XXI puso algo de sordina a los movimientos centrífugos en Europa, pero la crisis iniciada en 2007 engrasó de nuevo la máquina de la insatisfacción y de la búsqueda de influencia en medio de la tempestad. A esto último se han afanado tanto Alemania, que domina absolutamente las instituciones europeas, como Rusia que, bajo el mandato de Putin, ha vuelto por sus viejos fueros imperialistas, dando por cancelada la etapa alocada de un personaje como Yeltsin. Los siete años transcurridos desde 2007 han sido de agitación extrema en lo económico-financiero y provocativamente insensatos en lo político. Lo poco que restaba del contrato social y político nacido para superar los estragos de la Segunda Guerra Mundial se ha desvanecido, abriendo un agujero de confianza en los propios Estados nacionales, en los dirigentes tradicionales y en las instituciones europeas. En realidad, existe un gran vacío de ideas y de liderazgos, que se intenta cubrir con la burocracia y la apelación a principios o normas que, según convenga, se infringen por unos o por otros.

El entendimiento ruso-alemán como mal menor
La independencia de Kosovo en 2008 y, en general, todo lo sucedido en los Balcanes forma parte de la panoplia de infracciones de los usos internacionales y del respeto a las constituciones nacionales. Si a ello añadimos el uso que se ha hecho de las instituciones europeas para limitar o coartar las decisiones de los ciudadanos y de sus gobiernos- Grecia, Italia…-, con la excusa de los problemas económicos, el desbarajuste continental es notable. Ello se traduce en el fortalecimiento de las potencias dominantes, como fórmula tradicional para cubrir el vacío. Creo que las únicas que tienen condiciones objetivas para asumir el protagonismo son Alemania y Rusia. La primera domina el oeste del continente y pretende crecer económicamente en el este. La segunda aspira a restaurar su dominio más allá de las fronteras de Polonia, procurando concordar tal aspiración con los intereses económicos alemanes en esos territorios. Del ensamblaje de ambos proyectos dependerá la estabilidad, que ahora parece gravemente amenazada. Por eso, las declaraciones públicas provenientes de Rusia y Alemania a propósito de la crisis de Crimea son bastante prudentes, lo que es de agradecer.

No obstante, la estabilidad continental está lejos de conseguirse por mucha voluntad de entendimiento que desplieguen Rusia y Alemania: la crisis económica y social es muy profunda y nadie está en condiciones de prever las reacciones de ciudadanos y gobiernos ante su persistencia. Sin ir más lejos, nosotros, con motivo de la crisis española, tenemos el problema de Cataluña, que es en parte consecuencia de las penurias económicas y de las políticas, favorables al nacionalismo, seguidas durante décadas. Sin lugar a dudas, estamos ante un problema interno del Estado español. No tiene que ver ni con Kosovo ni con Crimea, aunque el sustrato nacionalista forme parte de todos ellos. Pero si España, aquejada de grandes males, no acierta a ordenar con bien la cuestión catalana, puede convertir éste problema doméstico en algo de trascendencia mayor. Y en ese punto, Alemania, embebida por los problemas en el Este, no querrá nuevos focos de inestabilidad en el Sur y se verá obligada a imponer una solución, utilizando las instituciones europeas o sin ellas.

En fin, que el tablero europeo está en movimiento y las incógnitas son numerosas. Los ciudadanos del continente sufrimos las consecuencias de la crisis económica e institucional. Los gobiernos nacionales han abdicado de las iniciativas autónomas en favor de unas instituciones supranacionales poco hábiles y eficaces. Sus errores son numerosos y los vacíos que provocan tienen que ser rellenados por los Estados con mayor capacidad. De momento, Alemania esta asumiendo en solitario ese papel en el Oeste y para ello se sirve de los organismos comunitarios; pero, si estos siguen perdiendo crédito o se desmandan, Berlín se vera obligado a adoptar sus propias decisiones para contener un avance exagerado de Rusia en el Este. Me temo que, para bien o para mal, la geopolítica tradicional ha vuelto para quedarse.

El desguace del patriotismo en España
“Por el bien de tu patria, vive en ella y sírvela a pesar de los ingratos”, J. Setanti
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com  20 Marzo 2014

Es curioso, señores, esta extraña circunstancia, propia de algunos ciudadanos de nuestra nación (por desgracia demasiados), que han decidido que el amor a la patria, el respeto por sus símbolos y el apego por sus tradiciones y gestas de nuestros ancestros, no son más que paparruchas, que carecen de sentido y que lo único que vale es instalarse en una postura de apátrida, olvidándose de las raíces y despreciando todos aquellos sentimientos que unen a las personas con el terruño en el que nació, que los hermanan con el resto de aquellos que comparten una misma historia y que han participado unidos en la construcción de una patria común a la que se debe respetar y amar.

Lo cierto es que, así como en otras naciones de Europa y América, el sentimiento de unidad y respeto por su historia es uno de los acervos que unen a todos sus ciudadanos, independientemente de sus ideas políticas, como ocurre en Francia, Alemania, EE.UU y otras importantes naciones (de tal modo que lucen con orgullo los colores de sus banderas nacionales, se ufanan de su patriotismo y se rebelan contra cualquier acto o intento que signifique una falta de respeto o un ataque a sus costumbres, instituciones o símbolos nacionales); en nuestro país, lamentablemente, parece que se ha puesto de moda el no darle la más mínima importancia al sentimiento patriótico, de modo que da la impresión de que, para muchos, el patriotismo se trata de algo ridículo, cosa de personas anticuadas y, por lo tanto, obsoleto. Es evidente que nuestra juventud, que ni en sus familias han mamado ni en las escuelas les han inculcado ni en la vida corriente han encontrado un sentimiento generalizado de respeto por la patria común, sino, más bien, lo que se estila es todo lo contrario. Lo “moderno”, lo “in” lo que “mola” es mofarse de este sentimiento, reírse de aquellos que todavía somos patriotas y calificar de retrógrados a los que no participan de este relativismo egoísta, ad hoc, por el que sólo es importante lo que nos favorece, la popularidad, el éxito económico y la satisfacción de nuestros instintos más primarios.

De ahí que, junto a este desapego por el compendio de lo que representa nuestra Historia común, nuestras relaciones con otras regiones, nuestras creencias comunes o el cúmulo de leyes y costumbres que nos unen a todos en un ente nacional; se viene produciendo un fenómeno que no se entiende ni parece que sea lógico cuando, a la vez, entraña un rechazo por el nacionalismo español y, por extravagante y antitético que pudiera parecer, el apego a otro nacionalismo, de tipo excluyente y provinciano, el nacionalismo catalán o vasco, que todavía resulta más exacerbado, intransigente y cargado de rechazo hacia la patria común; pero que, no obstante, está cargado de una fanática obsesión por un seudo nacionalismo de opereta bufa, fruto de los desatinos de unos iluminados que han buscado en leyendas y presuntas raíces procedentes de razas “superiores” ( recuerden el caso de los nazis y su sociedad secreta Thule antisemítica o las famosas granjas de sementales de la SS, idea de Himmler), que pretendieron modificar la historia fundándose en leyendas y pasados fruto de sus calenturientas imaginaciones.

Junto a una pretendida vocación de ser ciudadanos del mundo aparece, a sensu contrario, un nuevo sentimiento de nacionalismo regionalista que busca disgregarse de la patria común para integrarse en pequeñas naciones tribales formadas por grupos de similitud étnica y lenguajes comunes; como si con ello, encerrados dentro de su particular caparazón, tuvieran mejores posibilidades de conseguir un tipo de vida mejor, más independiente y más autogestionada. Si, pero siempre supeditados a lo que decidan las naciones más poderosas. Junto a este fenómeno separatista tenemos otro tipo de falta de patriotismo, quizá igual de peligroso, de carácter político, que viene propagándose con especial virulencia en algunos partidos de la izquierda que piensan que, una manera de hacerse fuertes y vencer a la derecha, consiste en fomentar todas aquellas acciones antidemocráticas que les ayuden a derrotar al partido en el poder. Aquí se trata de conseguir, utilizando los medios que fueren: como las descalificaciones, la mentira, la calumnia, la explotación política de cualquier desgracia o acontecimiento, sin tener en cuenta si ello favorece a España y a los españoles o no. Para estos elementos todo vale cuando se trata de conseguir votos y así vemos como, el PSOE del señor Rubalcaba, ha sido incapaz de hacer frente común con el Gobierno para hacer un pacto que permita afrontar, con fuerza y unidad, el grave problema de los asaltos de inmigrantes a las ciudades de Ceuta y Melilla; algo que amenaza con convertirse en un tema de difícil solución si España e Italia no son capaces de plantarse ante Bruselas para que arbitre remedios adecuados en los que se implique toda la CE.

Otro caso de falta de patriotismo o miedo a mostrarse, ante quien fuese, como un verdadero español, ha sido el de la señora Elena Valenciano que, en un mitin en Barcelona, seguramente para no disgustar a los separatistas, ha retirado la bandera española, como si se avergonzara de ella, dejando solo la señera catalana y la enseña de la CE. No sólo vienen jugando con el separatismo catalán, condenándolo en el Parlamento, pero debilitando la postura del Gobierno central, con una propuesta absurda y partidista, consistente en la constitución de un estado federal; algo que carece de lógica ya que, el actual sistema autonómico, sustituye con creces a cualquier estado federal que pueda existir en Europa. Y es que, señores, no se trata de velar por el bien de los ciudadanos, sino de conseguir el poder, pensando que, una vez instalados en el gobierno, aunque fuere por medios antidemocráticos, ya no habrá quien consiga descabalgarlos de él.

Y antipatriotas, por no emplear otra calificación, son todos estos jueces estrella tipo señor Baltasar Garzón o el mismo Santiago Pedraz que utilizan su cargo para desarrollar una actividad política que nada tiene que ver con la verdadera aplicación de la Justicia, sino que ponen todo su empeño y los trucos legales a su alcance para dar salida a sus viscerales tendencias izquierdistas, sin mirar el daño que causan al concepto de la Justicia, a sus propios compañeros, los magistrados y jueces, y a la imagen que dan, con sus bufonadas políticas, de lo que es nuestro sistema judicial, ante el resto de naciones. El caso del ex juez Garzón es especialmente dramático si tenemos en cuenta que su credibilidad está por los suelos, su fama de actuar por sus motivos personales ha corrido por todo el mundo y, su suspensión del cargo de juez por prevaricación, es algo que difícilmente va a poder sacarse de encima. Lo menos que debiera hacer es procurar pasar desapercibido; no dar pábulo, con su actitud revanchista, a más críticas y no perjudicar al país, como viene haciéndolo, con sus agrias e injustas críticas, formuladas en foros de otras naciones que, si no como juez, al menos como persona y español, debiera de haber evitado. Pero no se le pueden pedir peras al olmo.

Puede que, para alguien, el patriotismo sea algo trasnochado, pero, a mi entender, es difícil que sin este sentimiento, una nación pueda sobrevivir a los avatares a los que debe enfrentarse. Y patriotismo es unidad, solidaridad, respeto mutuo, sacrificio colectivo y respeto por la moral y la ética. Cuando este sentimiento patriótico desaparece también desaparece el sentido de nación, algo que el relativismo imperante está consiguiendo que ocurra, si alguien no pone remedio. O así es, señores, como vemos el triste panorama.

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El problema autonómico es CIU y PNV
Ricardo Chamorro www.elsemanaldigital.com 20 Marzo 2014

La dicotomía entre nacionalidades y regiones, algo por lo que lucharon los nacionalistas, ha sido fuente de conflicto.

Tanto CIU o PNV han despreciado, en parte, el espíritu de la Constitución española y ese desprecio ha impregnado el desarrollo del Estado Autonómico creando problemas donde no debería haberlos.

Cuando los padres de la Constitución española la redactaron, fue orientada con las siguientes bases:

1º. Reconocimiento del ejercicio efectivo de la soberanía nacional por el pueblo español y de la legitimación democrática de los poderes del Estado.

2º. Establecimiento del Estado de Derecho, con reconocimiento de los derechos y libertades, del principio de igualdad ante la ley, de la distinción de poderes y la independencia del poder judicial y de la primacía efectiva de la Constitución como norma suprema a través de la jurisdicción del Tribunal Constitucional.

3º. Organización de la forma de gobierno como Monarquía parlamentaria con sistema bicameral, en el que el Congreso de los Diputados, como representación del conjunto del pueblo español tiene primacía sobre el Senado, como cámara de representación territorial.

4º. Planteamiento de un sistema electoral proporcional que pretende la integración de las principales fuerzas políticas en el Congreso de los Diputados.

5º. Implantación de las autonomías territoriales como reflejo en la organización del Estado de la plural formación histórica de la unidad nacional de España, sin merma alguna de ésta ni de la igualdad ante la ley de los españoles y de la solidaridad entre las Comunidades autónomas.

El Sistema Autonómico
El artículo 2 habla del fundamento de la Constitución en la unidad de España, patria común e indivisible, reconociendo y garantizando el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones.

Esa dicotomía entre nacionalidades y regiones, algo por lo que lucharon los nacionalistas, ha sido fuente de conflicto a la hora de desarrollar el Estado Autonómico. El nacionalismo tenía el apoyo y la comprensión de la izquierda, además de una presencia importante en el centro-derecha en sentido amplio, las sensibilidades nacionalistas moderadas estuvieron solapadas en el propio régimen franquista, pues no hay que olvidar que 48 de los 75 alcaldes pre-democráticos que se mantuvieron en el poder en Cataluña en la década de los 80 pertenecían a CIU.

La Constitución no dice que territorio es nacionalidad histórica y quien no, es decir, no limita la capacidad de denominarse como tal, pues para la doctrina constitucional este término territorial no debería tener la importancia que determinadas ideologías le dan en el ámbito político. Aunque no se distingue quien es nacionalidad, las ideologías nacionalistas se han apropiado de este término autoproclamándose únicas nacionalidades históricas diferenciadas, basándose en su ideología para plantear un exclusivo derecho a la autonomía frente a las otras CCAA que, para ellos, no la merecerían. Los nacionalistas han utilizado el desarrollo autonómico, para, con la complacencia de parte de la izquierda y parte de la derecha, tratar de construir entidades trufadas de ideología nacionalista y ajena al espíritu de la Constitución.

España es una nación de ciudadanos, libres e iguales, que se organiza en municipios, en provincias y en Comunidades Autónomas. Cualquiera de las entidades anteriores tiene su autonomía pero están sometidas al imperio de la Ley cuyo fundamento es la Nación española. Las Comunidades Autónomas son herramientas administrativas para garantizar la Constitución y los derechos fundamentales, no deberían ser armas para que determinadas ideologías llevaran a cabo actos de ingeniería social.

Los siguientes artículos constitucionales son claros y concisos:

Artículo 14:
Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Artículo 138:
1. El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad, consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo, entre las diversas partes del territorio español, y atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular.

2. Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales.

Artículo 139:
1. Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado.

2. Ninguna autoridad podrá adoptar medidas que directa o indirectamente obstaculicen la libertad de circulación y establecimiento de las personas y la libre circulación de bienes en todo el territorio español

El nacionalismo separatista
La sentencia del Tribunal Constitución de 2010, a raíz del Estatut, es clara, de hecho desde entonces se ha acelerado la ofensiva separatista.

"La nación que aquí importa es única y exclusivamente la nación en sentido jurídico-constitucional. Y en ese específico sentido la Constitución no conoce otra que la Nación española, con cuya mención arranca su preámbulo, en la que la Constitución se fundamenta (art. 2 CE) y con la que se cualifica expresamente la soberanía que, ejercida por el pueblo español como su único titular reconocido (art. 1.2), se ha manifestado como voluntad constituyente en los preceptos positivos de la Constitución Española (...)".

Los separatistas como Anasagasti (PNV) o Duran i Lleida (CIU) han emprendido una estrategia para reforzar un privilegiado estatus a través de una reforma Constitucional que consolide diferencias entre territorios. El fin del café para todos es algo que ha defendido, además de los nacionalistas, gente como nuestro ex presidente Jose Bono en la presentación de un libro de Anasagasti, donde dijo que el "café para todos" "no fue una solución" y sí un "error", que "aún se está a tiempo de corregir" y en su opinión supuso "un error" el pretender querer "ser exacta y milimétricamente no diferenciables".

Nuestro paisano de Salobre (Albacete) debería saber que la diversidad y las diferencias siempre se han respetado en la historia del Constitucionalismo español a través de multitud de herramientas, como los apéndices forales, y que una cosa es que España tenga regiones diversas y otra que tengamos que aceptar las ensoñaciones metafísicas de los herederos de Sabino Arana. Es curioso que un ex presidente de Castilla-La Mancha haya criticado el "café para todos" que ha sido un impulso para una región como la nuestra.

Nacionalismo y autonomías
Las últimas muestras de las brechas que el nacionalismo provoca en el sistema autonómico lo hemos vista esta misma semana.

El plantón general de la consejera de Educación catalana, Irene Rigau, que no participó en la Conferencia Sectorial de Educación que reunía a todas las CCAA donde se iba a debatir el Decreto que recoge claramente el deber constitucional de asegurar el conocimiento tanto del castellano como de las lenguas cooficiales. Irene Rigau se declara en rebeldía y desprecia el decreto, las sentencias del Supremo y la Constitución, si no se adaptan a su esquema nacionalista.

Otro ejemplo de a lo que puede llevar el Sistema Autonómico cuando rigen esquemas nacionalistas insolidarios es la muerte de una niña de 3 años de La Puebla de Arganzón, a 20 km de Vitoria en el Condado de Treviño (Burgos). La madre había pedido una ambulancia al Servicio Vasco de Salud para que la atendieran en el hospital de la capital alavesa pero le respondieron que debía llamar a Miranda de Ebro, en Burgos. Los miserables del PNV, en vez de depurar responsabilidades y pedir disculpas ante este acto de insolidaridad, han aprovechado la muerte de la niña para reivindicar la anexión del Condado de Treviño al País Vasco.

El nacionalismo antiespañol no es un sentimiento, ni es la forma natural de pensar de vascos y catalanes, el nacionalismo es una ideología que se puede combatir en el plano de las ideas.

El problema del Sistema Autonómico no es el sistema en sí, sino el desarrollo del mismo siguiendo los esquemas de un nacionalismo tolerado y mimado, el desarrollo autonómico no ha seguido una clave nacional aunque descentralizada, sino que ha mirado demasiado a unos nacionalistas cuya lealtad a la Constitución ha sido proporcional a las prebendas que han podido conseguir, cuando no las consiguen pretenden romper el sistema o reformarlo en su beneficio.

Espero que los políticos españoles que tengan una visión clara del Estado y de España, impidan que una vez mas estos señoritos se salgan con la suya y se profundice más en la España de la igualdad de oportunidades frente a la de la insolidaridad y los despilfarros.

De nación a selva

Esta España que uno no desea que sea “una, grande y libre”, pero sí que se sea justa, igualitaria y decente
José García Pérez. www.diariosigloxxi.com 20 Marzo 2014

El Condado de Treviño es una isla dentro de la provincia de Burgos, territorio que pertenece a la Comunidad de Castilla León (España); sin embargo dicho condado está más cercano a la ciudad de Álava, localidad que forma parte del País Vasco (España). De hecho, los habitantes del Condado de Treviño han realizado algún que otro referéndum local para pertenecer a Euskadi, pues les viene a la vuelta de la esquina y les interesa más desde muchos puntos de vista, por ejemplo el económico.

Esta España que uno no desea que sea “una, grande y libre”, pero sí que se sea justa, igualitaria y decente vivió ayer -antesala del llamado “Día del Padre- un hecho tristemente surrealista con una pequeña de tres años, oh Dios, tres años, que a causa de esta locura de competencias transferidas a las comunidades autónomas ha acabado con su vida.

La niña, de nombre Anne Gamuza, se encontró mal con una traidora varicela y los padres llamaron al 112 (teléfono de emergencia) para que una ambulancia la recogiera y la transportarse a un hospital para ser asistida; pero ay Dios, o no hay Dios, el teléfono receptor fue el más cercano al Condado de Treviño, o sea, el situado en Álava (España), y la contestación, trágica respuesta de una España descompuesta, ya saben: “no, aquí, no, usted pertenece a Castilla León (España, por cierto, quiero creer)”.

Vuelta a llamar, ambulancia que sale pitando y aullando desde Miranda del Ebro (España), pero ya todo ha acabado, pues los estreptococos se habían apoderado de Anne, tres años, oh Dios, y entre ellos y las transferencias, las comunidades y la falta de decencia, Anne, oh Anne, se ha marchado al ignoto mundo fuera de España, aunque a ciencia cierta desconozco si estos territorios, taifas, comunidades, nacionalidades, etc., conforman una España igual para todos sus habitantes.

Señores y señoras que nos desgobiernan desde Madrid (España), Andalucía (España), Cataluña (España), Valencia (España), Euskadi (España), etc., olviden sus ombligos e historietas, sus intereses y banderas, sus macanas y bisuterías, y compacten esta nación que se nos va, que se diluye, que tiende a desaparecer porque cuando los ciudadanos no somos iguales en derechos y deberes esto, que llaman España, lleva camino de convertirse en una selva con sus tribus y hechiceros.

Oh, Anne, tres años, víctima de la irracionalidad.

Como la pela es la pela...
Cataluña hablaría castellano si se independizara
Manuel Guisande. Periodista Digital 20 Marzo 2014

Rajoy advierte de que nadie "se merece" una Cataluña independiente "empobrecida"

A mí me encantaría ver por un agujerito una Cataluña independiente pasado dos o tres años, y me encantaría ver sobre todo ver las escuelas porque en vez de estudiar catalán los chavales aprenderían castellano y hasta castellano antiguo y, a lo mejor, incluso gallego vasco y bable si nos ponemos terco como Artur.

Y es que el asunto es sencillo porque... ¿cómo se van a entender los futuros empresarios independentistas con sus más inmediatos y cercanos compradores, que es el mercado español, si no hablan castellano?

¿Cómo van a vender el cava en Galicia o Asturias si exigimos que nos hablen en gallego o bable y si no lo hacen pues compramos sidra, que total... tampoco el cava es champán, que éste se hacen con distintos tipos de uva?

¿Cómo van a comprar productos españoles o que sus hijos estudien en centros de investigación de España si no hablan el castellano?

Yo me imagino a Artur tirándose de los pelos viendo como poco a poco desaparece el catalán, como el empresariado y el ciudadano de a pie aprende castellano, como inculcan a sus hijos el español y como al final, el país donde hay más castellanosparlantes sería en Cataluña.

Sería alucinante, pero no; Artur no se tiraría de los pelos (salvo en actos públicos), porque después él, en sus castillito, abanicándole con un pai pai y como si en Cataluña hablan Tuareg.
 

 


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