AGLI Recortes de Prensa   Viernes 21  Marzo  2014

Los deberes del Gobierno
Rubén Manso www.vozpopuli.com 21 Marzo 2014

Para algunos parece que los problemas de las cuentas públicas españolas sólo dependen de los tipos de interés a los que financia el sector público su endeudamiento en los mercados. Así, la bajada de la prima de riesgo se celebra con alborozo y la de los tipos de interés tras cada subasta también. Sin embargo, siendo estas buenas noticias, conviene analizarlas con realismo.

Falacias financieras
Empecemos por la caída de la prima de riesgo. Desde finales de 2012 hasta estos momentos, dicha prima se ha reducido en 220 puntos básicos (2,2%) pero no todo ha sido por una reducción en los tipos de interés que se aplican a nuestra deuda y esta reducción es la que de verdad nos interesa. La deuda pública alemana se remunera en 20 puntos básicos (0,2%) más ahora que a diciembre de 2012, mientras que la nuestra, y ese es el dato que nos importa porque es nuestro ahorro, lo hace en 200 puntos básicos (2%) menos. Hay que tener mucho cuidado con las comparaciones, porque con los males ajenos no se pagan los problemas propios.

Luego están nuestros tipos de interés actuales: los más bajos en muchos años, pero eso, sin embargo, nos arregla poco mientras el déficit primario (la diferencia entre ingresos y gastos antes del pago de intereses) siga siendo negativa. Los últimos datos publicados del déficit de caja del Estado, de noviembre de 2013, muestran que dicho déficit es de casi 10.000 millones de euros (en concreto 9.724). Es decir, que el Estado no genera recursos suficientes para pagar los casi 28.000 millones de euros (en concreto 27.984) de intereses a la misma fecha, que elevan el déficit de caja a casi 38.000 millones de euros. En otras palabras: la reducción de los tipos de interés sólo sirve para reducir el ritmo al que crece nuestra deuda pública, pero no para disminuir esta última porque seguimos haciéndola crecer: primero por el importe del déficit primario y, segundo, por el de los intereses no atendidos, aunque estos cada vez puedan ser menores. Digo puedan porque el efecto precio (tipo de interés) tira de su volumen para abajo, pero el efecto volumen (cada vez debemos más) lo hace en sentido contrario. Y así las cosas: la deuda pública no deja de crecer. Otra cosa es el ritmo, siempre creciente.

Y el déficit primario al alza
Atajar el déficit primario hasta convertirlo en superávit y en un superávit suficiente para pagar, sino el principal, sí al menos sus intereses debiera ser el principal plan del Gobierno, pero no está en ello. Como prueba tenemos las cifras: dicha diferencia negativa ha pasado en sólo un año de poco más de 2 mil millones de euros (2.201) hasta los casi 10 mil millones de euros, antes comentados. Si esto es austeridad, no sé a qué llamamos despilfarro. De nada me sirve que mi banco me baje el recibo de la hipoteca en cada fecha de revisión del tipo de interés, si gasto más que ingreso antes de atender el recibo, y de tontos es consolarse porque cada vez la deuda que mantengo va creciendo menos. Llegará un día que dejará de crecer: con la muerte o el embargo y la posterior liquidación de mis bienes para atender el pago.

Los gobiernos critican a los mercados y esperan que todo se lo solucionen estos. Tal vez no entiendan unos mínimos sobre finanzas: ni aunque los tipos de interés cayeran al 0%, dejaría el Estado español de ver crecer su deuda y ello porque aunque no tuviera que pagar intereses por la misma, necesitaría endeudarse por su déficit primario. Eso es todo.

¿Por qué no se reduce el déficit primario? Es más ¿por qué sigue aumentando? No lo sé, pero está claro que el Gobierno no hace los deberes, diga lo que diga.

La contrarreforma fiscal de la barbarie
Juan Fco. Martín Seco. www.republica.com 21 Marzo 2014

Es difícil imaginar la acumulación en un solo documento de tal sarta de desatinos y de posibles expolios como los que aparecen en el informe sobre la reforma fiscal presentado por los llamados expertos. Viene a confirmar la frase de Marx de que la lucha impositiva es la modalidad más antigua de la lucha de clases. Aun cuando uno no sea propenso a creer en las conspiraciones, cuesta sustraerse a la sospecha de que la ofensiva neoliberal obedece a una estrategia perfectamente diseñada en la que cada piedra colocada facilita la colocación de la siguiente, aunque diríamos más bien que la remoción de cada ladrillo abre el camino para que el próximo se elimine con toda facilidad.

Tras las numerosas e ingentes agresiones sociales sufridas por los ciudadanos en los últimos años, ahora se plantea una reforma fiscal que, al menos en opinión de los autores del documento citado, se pretende que sea en profundidad. “No hemos dejado títere con cabeza”, ha afirmado con estilo petulante el presidente de la Comisión. En realidad, la afirmación no es cierta en su totalidad, porque muchos títeres han mantenido la cabeza sobre los hombros, todos aquellos elementos regresivos que a partir de principios de los noventa se habían ido introduciendo en el sistema tributario español. Pero lo que sí es verdad es que los planteamientos propuestos por la Comisión pretenden eliminar los escasos factores progresivos que aún persistían a pesar de los muchos envites sufridos.

El primer aspecto a resaltar es que los llamados expertos dan por buena la suficiencia del sistema cuando la escasa capacidad recaudatoria es uno de los principales problemas de la hacienda pública actual, causa de los brutales recortes sociales que están padeciendo los ciudadanos y que condena a la pobreza a un número bastante considerable de ellos, número que se incrementará de manera sustancial en el futuro si se lleva a cabo la reforma de las pensiones acordada recientemente. En ningún momento se habla de incrementar la presión fiscal, a pesar de que la de nuestro país se encuentra diez puntos por debajo de la media de la Unión Europea o de la de la Eurozona, y es inferior en la actualidad a la de países como Portugal, Grecia, Hungría, Chipre, Eslovenia, Malta o Estonia.

A lo largo de sus largas cuatrocientas páginas, una idea fuerza recorre todo el informe y aparece como su primordial finalidad: incrementar los impuestos indirectos y reducir lo más posible los directos, trasladar carga fiscal del capital y de los beneficios empresariales a los asalariados y a los consumidores.

Como primera providencia, se propone eliminar el impuesto de patrimonio, tributo odiado por los poderes económicos, por las fuerzas conservadoras, y en España también por algunos progres de salón que se autodenominan socialistas. Pero, cosa curiosa, al mismo tiempo se aconseja incrementar en general la tributación sobre la vivienda y en particular elevar el impuesto de bienes inmuebles (IBI), gravando aún más el patrimonio inmobiliario, única forma de propiedad que en España poseen la mayoría de los ciudadanos pertenecientes a la clases baja y media.

Al impuesto de sucesiones y donaciones se le despoja de toda progresividad. El informe se escuda detrás de una realidad cierta, el desorden territorial ocasionado por la decisión de haberlo cedido a las distintas Autonomías. Con este pretexto, los autores del informe hablan de recuperarlo cuando en realidad lo dejan limitado a su mínima expresión, un tipo muy reducido que solo varía en función del parentesco, pero permanece idéntico sea cual sea el valor de la herencia. Como se puede observar, enormemente progresivo…

Se acrecienta el vicio radical que desde principios de los noventa corrompe el IRPF, la dualidad en el tipo aplicable entre las rentas de trabajo y las de capital, haciendo que las primeras tributen en mucha mayor cuantía que las segundas y estas de forma proporcional y no progresiva. Se propone eliminar toda una serie de deducciones que afectan fundamentalmente a las rentas bajas, con lo que se incrementará el gravamen sobre los salarios y las pensiones, compensando con creces las posibles rebajas en la tarifa, de tal manera que el anuncio de Rajoy en el debate de la nación acerca de ese límite exento de 12.000 euros quedaría vacío de contenido, e incluso es posible que las clases bajas tengan que pagar más que antes.

Las que sin duda pagarían menos de llevarse a cabo la reforma que propone el informe serán las rentas altas, puesto que se pretende modificar de nuevo la tarifa, reduciendo los tramos y el tipo marginal máximo. También hay rentas de trabajo muy elevadas, incluso astronómicas. Basta considerar las retribuciones de los consejeros ejecutivos y no ejecutivos de las empresas del IBEX. Las cifras que de vez en cuando saltan a la prensa son gigantescas. En algunos casos, por encima de los diez millones de euros. La rebaja de dos puntos en el tipo marginal máximo representa que algunos se van ahorrar más de doscientos mil euros anuales o, visto de otra manera, que Hacienda va a perder esta cantidad y otras muchas parecidas. Resulta un ejercicio de cinismo afirmar, tal como se hace desde la comisión, que la tarifa se modifica de forma progresiva.

El presidente de la Comisión en tono mitinero (significándose más como militante de la derecha económica que como experto) ha manifestado a la prensa que “el Estado no puede participar en mis ingresos más de lo que yo participo”, refiriéndose a que el 50% es debería ser el límite del tipo marginal. Es de suponer que Lagares sabe distinguir entre tipo medio y tipo marginal, y que por lo tanto la confusión tiene que deberse a un motivo distinto de la ignorancia, porque en lo único que el Estado (es decir, la sociedad) participa en mayor medida que el particular es en los ingresos que sobrepasan los trescientos mil euros anuales (50 millones de las antiguas pesetas), sueldos que tal vez no deberían existir, sobre todo cuando las que los pagan son empresas que se mantienen de tarifas o que prestan servicios o bienes a los ciudadanos en mercados cautivos y que en caso de dificultades hay que salvar con recursos públicos

Los expertos progubernamentales proponen también reducir al 20% el tipo del impuesto de sociedades, y ofrecen como contrapartida la eliminación de las deducciones y desgravaciones fiscales, que hoy convierten el gravamen en un queso gruyére. Pero corregir la injusticia actual, causante en gran medida de la escasa recaudación, no implica tener que introducir otra similar, la reducción de tipo. El tema es tanto más grave cuanto que el argumento empleado en las reformas de 1998 y de 2002, de las que el profesor Lagares se proclama autor y que destrozaron el impuesto sobre la renta, fue que las grandes fortunas no tributan por renta sino por sociedades. Por cierto que la propuesta de reforma no dice nada de las sociedades de inversión de capital variable (SICAV) y apenas toca las entidades de tenencia de valores extranjeros (ETVE), dos de los principales instrumentos actuales de elusión fiscal.

Algo han aprendido los autores con respecto a las reformas de 1998 y de 2002 que la curva de Laffer no funciona y que si no quieren que se les venga abajo la recaudación a niveles inasumibles, deben subir o crear otros tributos que compensen el descenso de los impuestos directos. Así que plantean no solo el incremento del IVA o de los impuestos especiales (gasóleo, alcohol, etc.), sino que, escudándose en la protección del medio ambiente, inventan, demostrando gran imaginación, toda clase de gravámenes o tasas, desde pagar por los escombros generados en las obras de la casa hasta un gravamen por entrar en el centro de las ciudades, desde el 1% del valor catastral para los inmuebles hasta un impuesto sobre el vino, desde un tributo cada cincuenta kilómetros de autopista hasta incrementar el copago sanitario. De nuevo, como se puede ver, todo ello con un carácter muy progresivo.

En fin, lo mejor que se puede decir de este informe es que hay esperar que, dado su carácter ultramontano y ante la proximidad de las elecciones, el Gobierno haga caso omiso de él. Pero, entonces ¿por qué encargarlo? Quizá sea una buena táctica, amenazar con todos los desafueros posibles para que después las medidas adoptadas no parezcan tan malas. Siempre es conveniente tener a alguien más a la derecha.

¿Apuesta ABC por la secesión de Cataluña?
Marcello. www.republica.com 21 Marzo 2014

¿Está el diario ABC convencido de la independencia de Cataluña como algo irremediable e incontrolable? A la vista del artículo publicado ayer en su página ‘tercera’ por su columnista habitual José María Carrascal diríase que sí, que el rotativo conservador lo da todo por perdido y señala vías de resarcimiento para paliar lo que quede de esta ruptura nacional. O ¿acaso el director de ABC, Bieito Rubido no había leído el artículo de su comentarista antes de publicarlo y sí lo leyó está de acuerdo con él y además lo comparte el Consejo de Administración de su editora Vocento?

El resignado y disparatado artículo de Carrascal, nos recuerda otro reciente publicado en el diario El País por el historiador Santos Juliá en favor de la abdicación del rey Juan Carlos en su hijo el Príncipe de Asturias. Lo que en cierta manera aparentó ser la posición institucional del diario El País favorable al relevo del monarca, dado que no hubo matización al respecto en su editorial y dada la solemnidad -en la gran tribuna de opinión- que el diario dio al regreso del columnista que se había marchado meses atrás por causa de los ERE de Prisa. Además Santos Juliá es persona de la mayor solvencia y además proponía el relevo en la jefatura del Estado para salvar la institución monárquica, separando en estos trances el caso de corrupción de la familia real, a las personas de la Institución.

No se trataba pues de un manifiesto republicano sino todo lo contrario -una crítica constructiva o ‘asesoramiento al poder’-, pero no parecía tener el don de la oportunidad ni ser la posición oficial de El País y, por el momento y puede que en consecuencia, no hemos vuelto a leer a Santos Juliá en ese periódico y además, extraña coincidencia, a los pocos días fue cesado el director del diario Javier Moreno.

Sin embargo el caso de Carrascal y ABC es más llamativo una vez que el periódico monárquico y conservador sí ha defendido hasta ahora la unidad de España como algo irreversible, mientras su columnista habitual, no solo renuncia a que el Gobierno de España aplique la ley a quien la viole en Cataluña o en cualquier otra región de España, sino que además da consejos de cómo hay que empezar a actuar para el supuesto de que se consuma de una vez por todas las escisión catalana.

De esta manera el mensaje que transmite ABC es desolador, y ha de tener una influencia demoledora en aquellos sectores de la alta burguesía y del poder económico y financiero de Cataluña que han estado jugando taimadamente con el fuego de la secesión. Y ahí incluido el diario La Vanguardia que ha apostado de manera taimada en favor de la independencia catalana en los últimos años, que estaba rectificando poco a poco -no de manera frontal como debiera- su posición y que estará encantado de ver y leer la aparentemente nueva posición del diario ABC. Y si esto es así imagínense el desánimo que semejante alegato habrá provocado en los ciudadanos españolistas que viven en Cataluña, y a los que Carrascal promete una ayuda de socorro del Estado español, como si fueran náufragos perdidos en el mar.

La verdad es que en todo esto, de la crisis de la Corona al desafío catalán, buena responsabilidad la tiene el absentismo político del presidente Mariano Rajoy y de su Gobierno ‘de amigos’ -después de las bonitas cabriolas de los ministros Wert y Gallardón, ahora se están luciendo García-Margallo y Fernández Díaz- los que a base de dejar que el tiempo lo arregle todo están consiguiendo que el país, como el agua, se les escape entre las manos. Quizás convencidos como parecen de que en España nunca pasa nada, que el poder acumulado en el Gobierno es impresionante, que un gran porcentaje de los ciudadanos está asustado y que, por ello, no estalla en las calles, y que la mayoría absoluta del PP es eterna y no tiene en el PSOE -y menos en Rubalcaba- una alternativa de poder.

En cuanto a Mas y a la independencia de Cataluña, Rajoy cree, convencido de su astucia gallega, de que se estrellarán sin que él mueva su ‘dedo mágico’, cosa de la que discrepa Carrascal que lo da todo por perdido, lo que aplicado al conjunto de España nos llevaría a posteriores deserciones del País Vasco, Navarra, Islas Canarias, etcétera.

Afortunadamente las cosas no son así y en España y en la UE hay capacidad de respuesta para recomponer el mapa catalán siempre y cuando la buena política haga un acto de presencia en la escena nacional. Aunque, de momento y mientras tanto, el desistimiento ‘estratégico’ o atemorizado del palacio de la Moncloa abona estas deprimentes e inconsistentes reflexiones como las que acaba de publicar ABC con toda solemnidad.

Reinos de taifas
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 21 Marzo 2014

«Si Treviño fuera vasco, no habría ocurrido», ha dicho Olabarría, del PNV. O sea, que lo de ser española no cuenta. ¡Qué desvergüenza!

QUE España necesita un pacto de Estado sobre inmigración lo ven hasta los ciegos, los únicos que hoy ven algo en nuestro país. La situación en Ceuta y Melilla, prácticamente sitiadas por hordas dispuestas a todo desde el asalto al victimismo va a más, no a menos. Pero ¿puede llegarse a un pacto de Estado cuando el objetivo de la oposición en el debate sobre lo ocurrido el 6 de marzo en Ceuta se concentra en conseguir la cabeza del ministro del Interior y, en su defecto, la del director general de la Guardia Civil, la del delegado del Gobierno en la ciudad, y así sucesivamente, hasta el oficial que ordenó el disparo de pelotas de goma? Sin tener en cuenta que las pruebas aportadas no muestran que dichas pelotas causaran la muerte de los 15 ahogados, que pudieron ahogarse bastante antes, ya que sus cadáveres aparecieron en aguas marroquíes. Bastaba contar los que estaban en el agua cuando se dispararon las pelotas y los que llegaron a la playa, para darse cuenta de ello.

Pero eso, los hechos, no interesan a nuestra oposición. Lo único que le interesa es desgastar al Gobierno. Y ya que no tiene argumentos, se los inventa. El caso es, como dice la cabeza de su lista europea, «detener a la derecha», en Bruselas y en España. Como sea y donde sea. Eso no es un pacto de Estado. Es un pacto anti-Estado. Política partidista de la peor especie.

No ocurre solo en la inmigración, sino en todos los terrenos. En economía, como Rajoy se fíe de reuniones como la que acaba de tener con Méndez y Toxo para las nuevas reformas puede despedirse de ellas. En política territorial, acabamos de ver en qué ha devenido el Estado de las Autonomías: en dejar morir a una niña de otra Comunidad, mientras prestamos asistencia médica a los inmigrantes irregulares. Algo loable. No loable, en cambio, es que «si Treviño fuera vasco, no habría ocurrido», como ha dicho el parlamentario del PNV Emilio Olabarría. O sea, que lo de ser española no cuenta. O el ser niña. ¡Qué desvergüenza! En política internacional, están a la espera de cualquier movimiento del ministro del ramo para atacarle, sea en Gibraltar o en Crimea. En política judicial, usan autos contra miembros del PP, sin tener en cuenta los propios. En educación, arremeten contra la ley Wert sin ofrecer nada a cambio. O sea, seguir con planes que han destruido nuestro sistema escolar. Y paro de contar para no aburrirles.
España ha vuelto a los Reinos de Taifas, con el agravante de que aquellos reyezuelos no estaban lastrados por la ideología, que lo complica y ensucia todo. Se comprueba en el Congreso y en las tertulias, donde prevalece no el o la que tiene mejores argumentos, sino el que insulta mejor. Pensar en un pacto de Estado en estas condiciones es tan ilusorio como el sueño de Mas de una Cataluña «libre, próspera, pacífica, separada de España y dentro de Europa». Lo que demuestra, entre otras cosas, que los catalanes son tan ilusos y tan suyos como el resto de los españoles. O más.


Luchar, combatir y derrotar a España
José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital 21 Marzo 2014

Del Proceso independentista desencadenado por el nacionalismo catalán, muchas veces, parece que se reduzca a un mero enfrentamiento entre los defensores de la secesión y el “Estado”, pero esta no es una sensación inocente, responde a un premeditado plan con el que ocultar otro de los “frentes” sobre el que se está decidiendo el futuro de España, la libertad de los catalanes, la pluralidad y la democracia en Cataluña.

Naturalmente hablo de la silenciada lucha de muchos ciudadanos catalanes por defender una Cataluña española y europea, por evitar la imposición esencialista de una clase política tan ensimismada como radicalizada, una ciudadanía cuya mera existencia repele e irrita a los defensores del Dogma nacionalista, una ciudadanía que desmonta la quimérica existencia de una cuasi-unanimidad social favorable al secesionismo.

Imagino que la rabia hacia esta Cataluña plural parte de la propia frustración, de no haber podido eliminar por asimilación todo aquello que sonase a España, y encima dicha pluralidad va tomando forma política, va tomando posiciones legítimas en la arena sociopolítica catalana, cosa que enerva aún más de quienes reducen a anomalía o disfunción la existencia de lo diferente.

Y en esto también se puede observar la anómala fusión de ideologías y estrategias políticas de eso llamado nacionalismo catalán, anomalía cuya existencia se da gracias al control mediático interno y la deformación informativa de unos medios de comunicación no editados en Cataluña más preocupados por comercializar el titular desaforado que por profundizar en el análisis de lo que ocurre en Cataluña, anomalía que pasa desapercibida tras el trazo grueso de la opinión publicada.

Hablo de precisamente del cinismo que trasciende en la principal reivindicación nacionalista, de la demanda del reconocimiento de la pluralidad nacional de España, de la asfixia de la diferencia por parte de las instituciones españolas, del falaz jacobinismo del Estado, cínico porque, precisamente, la “construcción nacional” se basa en eso, en la desaparición de la diversidad lingüística de Cataluña, en la asimilación identitaria, en la homogeneización cultural, y la imposición de una sola “comunidad lingüística (de prestigio)” (¿recuerdan el lema de “Un país, una lengua, una escuela?) como vía para la llegar a un escenario de ruptura, de separación, de diferenciación con el resto de españoles.

Porque la Cataluña soñada por el nacionalismo es una Cataluña centralista hasta el extremo, jacobina por convicción y esencialista por devoción, y ese esencialismo es el que hemos de combatir para evitar acabar fagocitado por una uniformización obligatoria que será inversamente proporcional a la calidad de la democracia, es el paso necesario para cercenar los derechos de los ciudadanos sin que éstos reparen siquiera en ello, pero ¿hasta qué punto es posible esta extraña mezcla de jacobinismo esencialista?, ¿hasta qué punto nuestros representantes políticos toleran la existencia de los catalanes que nos sentimos españoles?, ¿hasta qué punto defenderá el principal representante de Cataluña a estos “otros” catalanes?

Las respuestas a estas preguntas la encontramos en las voces más estridentes del independentismo, en aquellas que nunca son desacreditadas por los medios de comunicación públicos y subvencionadas, ni perseguidas por las instituciones públicas catalanas, el último episodio lo encontramos en las declaraciones de la historiadora Anna Tarrés cuando dice que “…los castellanoparlantes son colonos…” y que quién no habla catalán “…no son catalanes…” o “…es catalán solo aquél que habla catalán, aquél que defiende la nación catalana…” y “…para conseguir la independencia solo existe una fórmula: combatir y derrotar a España…”, esencia, esencia, esencia… parece que el derecho de ciudadanía es adscriptivo, cultural…casi feudal.

Esto es lo que combatimos los ciudadanos libres de Cataluña, la imposición, esto es lo que no suele trascender a la opinión pública del resto de España, esto es lo que tenemos que soportar los catalanes, quizás habrá quién dirá que estas son solo las declaraciones de una extremista, que el nacionalismo es algo democrático, pacífico e inclusivo, pero ¿esto es cierto?, ¿solo son los exabruptos de una iluminada?

Veamos la réplica de Artur Mas a unas declaraciones de Mariano Rajoy, veamos si siguen el hilo argumental que decía un poco más arriba, veamos qué defiende y a quién dice representar: “…nosotros no estamos luchando contra el mundo, estamos desgraciadamente luchando contra el Estado español…”, “…Si el Estado español nos hubiera respetado nuestras aspiraciones de autogobierno, nuestra cultura y lengua, nuestro proyecto colectivo y nuestra libertad no habría que luchar contra él…”, “…hacer una aportación en el mundo entero desde nuestra identidad y de nuestra personalidad catalana…”…

¿Acaso no es el mismo tipo de discurso levemente moderado por el cargo institucional?, ¿acaso no es contradictorio –y casi esquizofrénico- defender una Cataluña jacobina y centralista heredera de la Francia ilustrada junto a reivindicaciones que firmaría sin dudarlo Wilheim von Humboldt?, ¿acaso mi presidente, aquél que debería representar a todos los catalanes, no se está dedicando en cuerpo y alma a una Cataluña imaginada que arrincona a esa mayoría social culturalmente diversa?, ¿a qué se referirá con “nuestra personalidad catalana”?, ¿al genio de los pueblos, de la nación?, ¿a la asimilación forzosa de los catalanes irredentos?.

Análisis económico del terrorismo
Economía del 11-M
Mikel Buesa Libertad Digital 21 Marzo 2014

La conmemoración de los atentados yihadistas que tuvieron lugar el 11 de Marzo de 2004 en Madrid ha sido la ocasión para retomar algunos viejos análisis sobre sus objetivos, organización y autoría, a la vez que para que se hayan publicado nuevas aportaciones clarificadoras de estos asuntos, como el libro ¡Matadlos! del profesor Fernando Reinares. Sin embargo, nada se ha dicho acerca de los aspectos económicos que se envuelven en esos atentados. No me sorprende, pues ya en su día la sociedad y las instituciones españolas les prestaron una atención marginal y, de hecho, quienes tuvimos la ocasión de investigarlos nos vimos obligados a publicar los resultados obtenidos fuera de España, donde hay verdadero interés por la economía del terrorismo. Por ello, en este artículo recurro a los trabajos que, realizados por el grupo de profesores reunido en la Cátedra de Economía del Terrorismo de la Universidad Complutense, se publicaron en el libro que tuve ocasión de editar junto a Thomas Baumert con el título The Economic Repercussions of Terrorism.

El primer aspecto a considerar en esa economía del 11-M se refiere al coste de los atentados y a los recursos de que dispuso la célula yihadistas que los perpetró. La información policial cifró ese coste entre 135.000 y 150.000 euros, teniendo en cuenta el valor de los explosivos utilizados, el pago de alquileres de los tres inmuebles que albergaron a los terroristas, los gastos en teléfonos móviles y las necesidades de numerario de los componentes de la célula. Pero ésta dispuso de unos recursos mucho más amplios a juzgar por el valor de las drogas —entre 1,35 y 1,53 millones, según sea el precio aplicado en su estimación— y el dinero —157.000 euros— incautados por las fuerzas policiales. Unos recursos que pudieron acumularse a partir, fundamentalmente, de las actividades delictivas realizadas por los componentes del grupo —como el robo de vehículos, el tráfico de estupefacientes y la falsificación de documentos—, así como de las aportaciones personales de algunos de ellos. El modelo de financiación seguido por los terroristas del 11-M era bastante común entre las células yihadistas de la época, por lo que este caso no aportó innovaciones en esta materia.

Están, en segundo lugar, los daños causados por los atentados y los costes de la movilización de recursos policiales, sanitarios y de solidaridad congregados para paliarlos. En su momento, el grupo de investigadores al que antes he aludido estimó el conjunto de todos ellos en 211,6 millones de euros, de los que la partida mayor era la que correspondía a la indemnización de las víctimas de acuerdo con los baremos que en aquel momento se solían aplicar a los muertos y heridos en atentados terroristas. Tal partida la valoramos en 134,1 millones de euros; pero a la vista de los acontecimientos posteriores es preciso corregir fuertemente al alza este cálculo hasta llegar a los 397,2 millones, con lo que los costes totales habría que elevarlos hasta 474,7 millones de euros. ¿Qué es lo que ocurrió para que ahora haya que considerar más que duplicados los daños ocasionados por los atentados? Pues sencillamente que los jueces incrementaron en este caso, de manera sustancial, las indemnizaciones por responsabilidad civil con respecto al nivel que se venía aplicando para este concepto en la Audiencia Nacional. Seguramente se quiso dar así una muestra especial de solidaridad hacia las víctimas por las connotaciones emocionales y políticas de los atentados, aunque sin duda también influyó el hecho de que, unos meses antes de la sentencia, el mismo tribunal había otorgado a un diputado socialista, herido en una acción terrorista de ETA, tres millones de euros, la mayor indemnización de cuantas se han aprobado por la Audiencia Nacional a lo largo de su trayectoria.

El tercer capítulo de esta economía del 11-M ha de referirse al impacto que tuvieron los atentados sobre la economía regional de Madrid. Éste fue poco significativo y de carácter transitorio, de manera que apenas afectó a los indicadores generales. De hecho, el PIB madrileño creció en 2004 en un 3,6 por ciento, medio punto por encima de la tasa del año anterior. Sin embargo, durante varios meses, hubo algunos sectores de la economía que se vieron afectados por la deriva de los atentados. Es el caso del sector turístico, en el que hubo una pequeña reducción de las reservas hoteleras y un cierto retraimiento de la demanda en los bares y restaurantes durante las semanas inmediatamente posteriores a la acción terrorista. También se vio perjudicado el sector del transporte ferroviario de cercanías —con una caída de casi el 13 por ciento en cuanto al número de viajeros en el mes de los atentados, y un tres por ciento en los cuatro meses siguientes—; sin embargo, el impacto sólo se notó el día de la acción yihadista tanto en los autobuses, que redujeron sus usuarios en un 8 por ciento, como en el metro, donde la caída llegó hasta el 21 por ciento, restableciéndose posteriormente los niveles habituales de viajeros. En el sector del ocio, en cambio, la contracción de la demanda fue más intensa, siendo la actividad más dañada la de las salas de teatro, donde se perdieron en cinco meses, hasta que se restableció la normalidad, más de 240.000 espectadores y unos ingresos de entre tres y cuatro millones de uros. Y, finalmente, en la bolsa de Madrid las cotizaciones de los valores del Ibex-35 experimentaron una contracción, atribuible a los atentados, del 7,2 por ciento que tardó veinte días en recuperarse.

Por último, hay un aspecto más permanente de esta economía del 11-M, que persiste hasta nuestros días y que se refiere al incremento en los gastos de seguridad que ha asumido la sociedad española para prevenir y combatir el terrorismo yihadista. Los datos de que se dispone sobre este asunto, debido a un secretismo absurdo de nuestras autoridades gubernamentales, son insuficientes para valorarlo completamente. Sin embargo, los datos reunidos por Aurelia Valiño y Joost Heijs, referidos tanto a los Ministerios de Interior, Defensa y Justicia, como a los de la Comunidad de Madrid y las empresas públicas de transporte, permiten señalar que, como consecuencia de las acciones emprendidas tras los atentados, el gasto en seguridad se incrementó en un promedio anual de 488,5 millones de euros. Este gasto ha proporcionado tranquilidad a la sociedad española y está compensado por el efecto macroeconómico que puede estimarse para la ausencia de atentados yihadistas que se ha logrado desde entonces.

La economía del 11-M, y la del terrorismo en general, tiene, como el lector puede ver, aspectos muy variados cuyo conocimiento puede ayudar a la prevención del terrorismo. Por eso, creo que merecería la pena que se hiciera un mayor esfuerzo en su análisis y comprensión. No obstante, dada la incuria que exhiben tradicionalmente nuestras autoridades en esta materia, solicitar ese empeño tan vez sea como pedir peras al olmo; una tarea inútil condenada, como tantas otras, al más estruendoso fracaso.

Un golpe de Estado
José María Espejo-Saavedra  www.lavozlibre.com 21 Marzo 2014

Abogado y diputado de Ciudadanos

Últimamente, muchos opinadores oficialistas del separatismo catalán se han archimegaindignado (¡qué duro para ellos vivir así siempre!) cuando Juan Carlos Girauta, candidato de Ciudadanos a las próximas elecciones europeas, ha calificado de golpe de Estado lo que propone la denominada Asamblea Nacional Catalana (ANC) que, por si no lo saben, es el brazo civil de la estrategia independentista de CiU y ERC.

Y es que la ANC, en un alarde de pacifismo y para ejemplo de las democracias occidentales más civilizadas, propone declarar directamente la independencia de Cataluña, con o sin consulta, el próximo 23 de abril de 2015 y por ello, previendo que tal cosa no será coser y cantar, planea que para tener efecto deben llevarse a cabo actos de ejercicio de soberanía que se visualicen por la población, enumerando como ejemplos “el control de las grandes infraestructuras y fronteras -puertos, aeropuertos,...-, la seguridad pública, las comunicaciones, etc".

Eso, en mi pueblo, cuando se hace contra la legalidad constitucional, se llama golpe de Estado, por mucho que les duela. Es decir, que desde el punto de vista estrictamente coloquial estamos ante una propuesta golpista, como bien decía Girauta. Pero también desde la ciencia política tal cosa sería un golpe de Estado, como intentaré argumentar.

La archimegasuperindignación separatista viene a decir algo como “Uds. con esas afirmaciones quieren ´provocar´ la violencia y nos acusan de golpistas, cuando nuestro movimiento no es violento, y por eso no puede ser calificado como un golpe de Estado”.

Empezaré diciendo que yo no sé muy bien cómo se podría llevar a cabo su propuesta sin el uso de la fuerza contra quienes están a cargo del control de las instalaciones que pretenden tomar, pero en cualquier caso y suponiendo que se pudiera, creo que confunden “violencia” con "uso de la fuerza". Y aunque muchas veces la primera implica lo segundo, no siempre es necesariamente así.

Porque la toma de control -en contra de la legitimidad constitucional- de las fronteras, de las grandes infraestructuras, de las comunicaciones, de los puertos y aeropuertos y, amigos míos, ¡hasta de la seguridad pública!, que son atribuciones exclusivas de quien ostenta legítimamente la soberanía, que es el Estado en nombre de todos los españoles, y que lo hace además a través de cuerpos de seguridad armados, es en sí mismo un acto violento, se haga a través del uso de la fuerza o no. Y repito, no me imagino como puede hacerse tal cosa sin usar la fuerza contra quien protege en nombre del Estado tales infraestructuras.

La violencia la define el diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su primera acepción, como una “acción violenta o contra el natural modo de proceder”, y el mismo diccionario nos define el adjetivo “violento”, también en su primera acepción, como “que está fuera de su natural estado, situación o modo”. No se habla de uso de la fuerza. Y pueden Uds. comprobar que el resto de acepciones del sustantivo “violencia” o del adjetivo “violento” no desnaturalizan lo que afirmo.

Y, en lo que a definición de golpe de Estado se refiere, se ha teorizado mucho desde la Ciencia Política. Unos autores lo definen a través de unas notas características y otros a través de otras. Por eso me parece interesante el trabajo académico del profesor de Ciencia Política Jesús de Andrés ('Golpe de estado: Una definición tentativa') que, sintetizando las diferentes definiciones que se han dado desde la Ciencia Política, propone una que pueda aplicarse con cierta universalidad, y que, de hecho, sería perfectamente predicable de lo que pretende la ANC:

“Un golpe de Estado consiste en la alteración o destrucción del orden político por parte de las élites o de determinados cuerpos de la Administración, generalmente las fuerzas armadas; con el fin de conquistar el poder, controlarlo para permanecer en él, dirimir rivalidades o alejar y excluir a determinados grupos; recurriendo, tras una fase conspirativa y secreta, a la violencia o a la amenaza de su utilización; y suponiendo una ruptura de la legalidad que implica, en caso de éxito, cambios en las personas, políticas o normativa legal o, en caso de fracaso, modificaciones de diverso calado en el ritmo político”.

Por eso afirmo, con Girauta, que lo que propone la ANC es un golpe de Estado.

El consejero, la llave y la farola
Cataluña no debería fiar todo al margen de autogobierno para ponerse a trabajar
Francisco Longo El Pais 21 Marzo 2014

Mi historia sufí favorita es aquella en la que un hombre, una noche, ve a otro agachado cerca de una farola. Al preguntarle qué le pasa, le contesta que ha perdido la llave de su casa. Se acuclilla el primero junto a él para ayudarle y, después de unos minutos de infructuosa búsqueda, inquiere al otro si está seguro de que fue en ese lugar donde perdió la llave. “No, en realidad se me cayó allí”, le contesta señalando a unos cuantos metros de distancia, “justo al lado de la puerta de mi casa, cuando fui a abrirla”. Pregunta entonces el hombre, extrañado, por qué, en tal caso, no se puso a buscarla donde la perdió. A lo que el otro responde: “… Es que allí no hay luz”.

Volvió a mi mente la fábula tras leer en estas mismas páginas un interesante artículo (Sobre balanzas fiscales) de Andreu Mas-Colell, consejero de Economía y Conocimiento del Gobierno catalán. Hacía el autor, entre otras, una afirmación con la que coincido plenamente: que la pasión por la uniformidad tiene un carácter autodestructivo para España. Y añadía —aquí mi grado de coincidencia es algo menos categórico— que el autogobierno de Cataluña ha sido, cuando ha podido ejercerse, beneficioso no solo para los catalanes, sino para el conjunto del país. Ponía como ejemplo los magníficos resultados cosechados en Cataluña a lo largo de los últimos 20 años por la política científica, de los que toda España se ha beneficiado, y los atribuía al hecho de que el Gobierno catalán había tenido en este campo márgenes de decisión que le habían permitido la innovación institucional.

La investigación catalana se aproxima a las mejores prácticas internacionales
La argumentación tiene una base sólida. El despegue de los indicadores de producción científica en Cataluña, en relación con los del resto del país, es un hecho empíricamente constatable. Tampoco parece discutible la relación de esos resultados con la adopción de un modelo propio de gobernanza de la investigación cuyos rasgos (apertura, internacionalización, autonomía de los centros, evaluación externa, financiación competitiva, atracción de talento sobre una base global y estrictamente meritocrática, peer review institucionalizada, vinculación del empleo y la carrera de los investigadores a sus resultados) la aproximan a las mejores prácticas internacionales tanto como la alejan de la tradición burocrática y funcionarial española. También es cierto que la educación superior ha permanecido, en buena medida, al margen de tales cambios y las universidades catalanas presentan resultados tan discretos como el resto de universidades españolas.

Ahora bien, la parte que me interesa discutir de la reflexión de Mas-Colell es hasta qué punto esas diferencias de profundidad en el cambio institucional se explican, exclusiva o fundamentalmente, en función de los márgenes de autogobierno existentes en cada caso. La cuestión plantea preguntas como las siguientes: ¿Era la investigación, en el universo de los servicios públicos de titularidad autonómica, un nicho de baja intensidad regulatoria estatal, en el cual el Gobierno catalán podía, excepcionalmente, dar salida a su voluntad de innovación institucional? ¿Es esa excepcionalidad la que explica que en otras áreas del servicio público las reformas estructurales hayan brillado por su ausencia y los modelos de gestión reproduzcan, en general, en Cataluña los que se heredaron de la Administración General del Estado (AGE) y se generalizaron por el resto de comunidades autónomas? ¿Han sido la autonomía de los centros, la gestión por resultados, la profesionalización del management, la evaluación del trabajo o la flexibilización del empleo público objetivos vedados —salvo en el caso de la ciencia— a la iniciativa reformadora del Gobierno catalán?

Puede que el ejemplo de la educación superior, regulada de un modo uniformador a escala estatal e invocada por Mas-Colell como contraste, sirva hasta cierto punto para defender una respuesta afirmativa a estas cuestiones. Sin embargo, sería difícil extender el argumento al resto de la Administración catalana. Actualmente, en áreas de servicio público como la salud, la gestión de tributos, la extinción de incendios, la educación primaria y secundaria, el trabajo social, el urbanismo o las políticas activas de empleo, por poner solo unos cuantos ejemplos, el marco regulador —la Constitución y el Estatuto reformado, más la legislación básica aplicable en cada caso— deja un amplio espacio para reformas contundentes y permitiría crear modelos de gobernanza y gestión pública netamente diferenciados de los que rigen en la AGE y en otras comunidades autónomas. El informe entregado hace casi un año al Gobierno catalán por la comisión de expertos creada con tal objeto así lo pone de manifiesto. ¿Por qué tales reformas no se han hecho?

Hay espacio para crear modelos diferenciados en servicios públicos
La respuesta es que los cambios en el campo de la investigación científica en Cataluña reunieron ingredientes —indispensables en toda reforma institucional— que no se han dado en los demás casos. El liderazgo ejercido por el propio Mas-Colell —gobernante de perfil poco común— fue el eje en torno al cual se articuló un conjunto de rasgos de esa experiencia. Por una parte, su peso político situó el tema en la agenda de prioridades del Gobierno. Por otra, su reputación como académico brillante y su ascendencia en el sector dotaron al proyecto de la auctoritas que todo cambio profundo precisa para debilitar las resistencias. En tercer lugar, supo rodearse del equipo adecuado y traducir la claridad del propósito en una estrategia de cambio provista de los recursos e incentivos convenientes. Por último, su compromiso reformador sostuvo, con la tenacidad necesaria, el impulso de los cambios a lo largo de un tiempo suficiente para institucionalizarlos. Es todo este compendio de atributos lo que explica el éxito. Y, como muestra la realidad de la Administración catalana actual, disponer de la capacidad de autogobierno era condición necesaria, pero no, desde luego, suficiente.

Dilucidar los factores de éxito y de fracaso es crucial para la efectividad de cualquier reforma institucional. Y si hablamos de un reto tan complejo como reformar el sector público, nos conviene buscar allí donde se nos cayó la llave, y no en otro lado. Se viven en Cataluña tiempos en los que el autogobierno —en su versión más radical, la independencia— aparece para muchos investido de una inapelable capacidad taumatúrgica, lo que resulta muy atrayente en medio de la crisis económica e institucional que padecemos. Ya se sabe, dale a un niño un martillo y todo a su alrededor le parecerá un clavo. Lo malo es que se trata de una ilusión nada inocua. Uno de los inconvenientes que tiene atribuir todos los problemas a la interferencia ajena es que nos induce a creernos mejores —más capacitados, más decididos, más innovadores— de lo que somos. Otro problema es que legitima la inacción en el presente y nos invita a esperar el momento en que, ya liberados, podamos finalmente dedicarnos a afrontar los desafíos pendientes. Y es que es mucho más cómodo hacer una escapada a la farola que quedarse en el tajo, arremangarse y poner manos a la obra.

Francisco Longo es profesor del Instituto de Gobernanza y Dirección Pública de ESADE.

El olvido
Nicolás Redondo http://www.eleconomista.es 21 Marzo 2014

Mienten quienes compartieron responsabilidades con Zapatero y ahora lo impugnan

El pasado 14 de marzo se cumplió el décimo aniversario de la victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero. Cuatro años después, el 11 de marzo de 2008 volvió a ganar las generales, cumpliendo así casi ocho años en la Presidencia del Gobierno.

El atentado del 11-M conmocionó a toda la sociedad española y la reacción de unos y otros -la incapacidad del Gobierno para gestionar la tragedia, reuniendo a los partidos políticos, especialmente al PSOE, bajo la cobertura del pacto antiterrorista, el asedio a las sedes del PP- desde luego influyeron, nunca sabremos cuánto, en la determinación de muchos españoles a la hora de depositar su voto, aunque esa realidad no restó un ápice de legitimidad a los resultados electorales ni a la victoria de Zapatero.

Unos años antes de estos acontecimientos el que firma este artículo había dimitido de la Secretaria General de los socialistas vascos primero, e inmediatamente después, de la recientemente formada Comisión Ejecutiva del PSOE liderada por Zapatero, quien había sido elegido Secretario General en un congreso en dura y competida pugna con José Bono.

Los motivos de mi decisión fueron dos: la oposición de la ejecutiva federal al acuerdo con el Partido Popular en las elecciones autonómicas vascas que se habían celebrado unos meses antes, y su acercamiento a los nacionalistas liderados por Ibarretxe y Arzallus; posteriormente me enteré de unas oscuras negociaciones con Herri Batasuna protagonizadas por algunos socialistas vascos, de las que tenían conocimiento algunos dirigentes del PSOE, pero de las que yo en cambio no tuve ni la más mínima información.

Años después, instalado ya en la vida privada, tuve la oportunidad de reunirme en varias ocasiones con Zapatero, discrepando como en el pasado en muchas cuestiones, pero en un clima de camaradería; relación por cierto esporádica, pero amigable, que hemos seguido manteniendo en el tiempo hasta el día de hoy. El pasado no me ha hecho prisionero de agravios y rencores, y él acepta mi crítica beligerante aunque educada sobre determinados aspectos de su Gobierno y sobre sus apariciones públicas como ex-presidente, excesivas e innecesarias a mi juicio y que ponen en tela de juicio su voluntad de ser un sencillo e inspirado "contador de nubes".

He creído necesario este recordatorio ante el silencio de los dirigentes actuales, protagonistas todos ellos en la fecha en la que el PSOE volvió al gobierno con el hoy joven jubilado a la cabeza, hecho que contrasta llamativamente con los merecidos recuerdos oficiales a la victoria del 82, liderada en aquella ocasión por Felipe González. El olvido de la fecha, la falta de interés en recordarla, más en un partido muy volcado en su pasado que se asume siempre con voluntarismo acrítico, supone una clara e inequívoca impugnación de la gestión de Zapatero y de su periodo como gobernante. Pero esa legítima opción tiene dos graves inconvenientes: quiénes la realizan y cómo la llevan a cabo.

El olvido voluntario lo realizan quienes ocuparon los puestos de responsabilidad más importantes de estos últimos ocho años, sin un mal gesto de disgusto ni una palabra crítica que haya trascendido a la sociedad, que no comprende una capacidad de adaptación muy superior a cualquier ejemplo que nos pueda mostrar la naturaleza. La impugnación por medio del olvido necesita, como otras formas de crítica y oposición, una legitimación activa, que sólo es posible conseguir si no se ha estado comprometido en el periodo impugnado. De lo contrario, si se ha sido protagonista del periodo cuestionado, el olvido se convierte en una forma de mentir y de mentirse.

Efectivamente, no se puede renunciar al pasado pero sí se puede criticar, hasta el de uno propio, que está empedrado de aciertos y errores de los que uno puede arrepentirse. Es más, someter nuestro pasado a escrutinio crítico -en contra de los que dicen con grandilocuencia y poco seso, "yo no me arrepiento de nada"-, es una prueba de inteligencia en quien lo practica, y si es un personaje público, de humildad inteligente. Si por el contrario el olvido, la mentira y la oscuridad se convierten en instrumentos mezquinos de renovación, los ciudadanos rápidamente lo advierten. Y aún en un país como el nuestro en el que la importancia de hacer honor a la verdad está un tanto devaluada, la mentira, aunque sea por omisión, crea un ambiente enrarecido y desagradable que desmoraliza a los ciudadanos y les confirma en una desconfianza ancestral hacia el poder público.

Tenemos que admitir, sin sonrojos y sin los tiempos tectónicos de la iglesia, que en el pasado no todo lo hicimos bien. Es una obligación con la democracia y con los ciudadanos españoles y es conveniente para recobrar el prestigio perdido. Pero también se lo deben al propio Zapatero: lo elegimos nosotros y después se lo propusimos a los españoles. La mayor parte de sus críticos actuales se encumbraron con él, pero no dijeron en su momento, y en lugar oportuno, lo que dicen ahora por acción, en ámbitos privados, o por omisión.

Yo por mi parte no puedo alegrarme de que me den la razón de una forma tan ambigua y mantengo lo que pensaba cuando abandoné la ejecutiva federal: creo que Zapatero ve la política como un acto lúdico en el que se puede hacer todo lo que uno desea, cuando los márgenes de actuación en el espacio público son estrechos, con más frustraciones que alegrías; y si de verdad se quiere dejar una sociedad mejor, el mito que encarnaría la política seria el de Prometeo con unas "gotitas" de Sísifo, porque es un servicio público que requiere vocación, desprendimiento y tener el convencimiento de que la tarea nunca se terminará y pocas veces se recompensará.

Nicolás Redondo, presidente de la Fundación para la Libertad.

Yo quiero seguir siendo catalán
Francesc Moreno www.lavozlibre.com 21 Marzo 2014

Una de las incongruencias del relato soberanista es su desapego a ser catalanes. Parece que ser kosovar, crimeo, croata, checo o danés, cada día cambian de referente, sea muchísimo mejor que ser catalán. No idolatro las patrias pero francamente no veo las ventajas del cambio. A los catalanes nos ha ido bien, yo incluso diría muy bien, siendo españoles y, ahora, además, europeos. Yo diría que a los portugueses no les ha ido mejor siendo independientes, ni a los del Rosellón siendo franceses.

Yo quiero seguir siendo catalán, que significa ser bilingüe, una ventaja en el mundo global que hasta va bien para retrasar el Alzheimer, según los expertos

El victimismo se compadece muy mal con el grado de riqueza, PIB y renta per cápita de Cataluña. El victimismo tampoco se corresponde con el alto grado de autogobierno, de hecho el estado es marginal en Cataluña, ni con la presencia del catalán en la escuela y en las administraciones catalanas. Paradójicamente el crecimiento de la administración catalana ha empobrecido el espíritu emprendedor propio de una sociedad que ha vivido mucho tiempo de espaldas al Estado pero que ahora ha generado un importante sector parasitario, gentes que viven directa o indirectamente de la administración, núcleo duro del independentismo.

Yo quiero seguir siendo catalán, que significa ser bilingüe, una ventaja en el mundo global que hasta va bien para retrasar el Alzheimer, según los expertos; ser amante del diálogo y del pacto. Me gusta Barcelona, una ciudad cosmopolita y abierta al mundo.

Vivimos en una época de crisis y cambio. Ello genera incertidumbres y frustraciones, fáciles de aprovechar políticamente. Pero yo aconsejaría a quienes creen que la independencia nos conduce al paraíso que miren al mundo, si pueden viajen y comparen.

La independencia de Cataluña no es posible. Ni la UE, ni la OTAN ni EEUU están por la labor de desintegrar occidente. Pero es que además no es deseable. No quiero un país aislado, en el que el régimen restringe las libertades individuales y busca enemigos internos y externos para perpetuarse en el poder como hacen todos los gobiernos de este tipo, ya sean iraníes, cubanos o venezolanos.

Pensar así hace que me insulten. Traidor a la patria, botifler, colaboracionista. No es la primera vez. En otras épocas, a quienes no comulgábamos con ruedas de molino también se nos llamaba antiespañoles, pagados por el oro de Moscú, judíos, masones y comunistas

En definitiva quiero seguir siendo catalán, como lo he sido siempre. Quiero pasear por el Paseo de Gracia sin barricadas, preocupado por mi trabajo y por mi familia y no por los problemas creados por los políticos, que para mantenerse como elites extractivas se atrincheren en el poder sin ningún escrúpulo en poner en riesgo el bienestar y la libertad de sus ciudadanos en nombre de lo que llaman "libertad de los pueblos", que si no es la suma de la libertades individuales de todos los ciudadanos no es más que el derecho de pernada de los poderosos. No quiero que tengamos humoristas, cantantes, actores empresarios, intelectuales del régimen como lacayos del poder. Ya tuve bastante con el franquismo. Pensar así hace que me insulten. Traidor a la patria, botifler, colaboracionista. No es la primera vez. En otras épocas, a quienes no comulgábamos con ruedas de molino también se nos llamaba antiespañoles, pagados por el oro de Moscú, judíos, masones y comunistas. El nacionalismo es así por definición. Siempre se sustenta en mantener viva la amenaza del "enemigo". Y todos son iguales por mucho que se crean únicos. Por eso, si alguna vez flaqueo, vuelvo a ver Casablanca y no me quedan dudas de en qué lado han estado siempre los buenos.

Post data: Para desdramatizar un poco el ambiente, la hoja de ruta de la ANC me ha recordado un chiste de Gila: oiga, ¿es el enemigo? Es para avisarles de que mañana a las doce atacamos... sí a las doce, en el aeropuerto. Vale, hasta mañana.

Definición de catalán
Nota del Editor 21 Marzo 2014

Dice el articulista "Yo quiero seguir siendo catalán, que significa ser bilingüe,". Y así aclara el donfuso tema que teníamos.
Por tanto, nadie que no se bilingüe pued ser catalán y el atributo de catalán sólo puede ser aplicado a quien sea bilingüe.

Da la casualidad que ser bilingüe es imposible, y por tanto, ser catalán es imposible. Todo aclarado.

Claro que como hay alguna gente que sabe un poco de español y otro poco de catalán, podrá haber catalanes descafeinados de primera, segunda, tercera y así.

pulso soberanista
Un estudio alerta de que la independencia de Cataluña provocaría una «marcha-éxodo» de empresas
También avisa de un posible 'corralito' y de que una hipotética moneda propia catalana sufriría una fuerte devaluación, entre un 30% y un 50%
EUROPA PRESS | MADRID El Correo 21 Marzo 2014

Un estudio realizado por el proyecto 'Europa Liberal' sobre las consecuencias económicas que podría tener para Cataluña una eventual ruptura con España alerta de que la secesión catalana provocaría una "marcha-éxodo" de muchas empresas del territorio catalán

El estudio de 'Europa Liberal', desarrollado por los expertos Francisco Llamas y Richard Onses, se basa en una fórmula denominada 'lógica borrosa', que sirve para extraer conclusiones tras consultar a personas cualificadas. Para ello, se utilizan operaciones matemáticas a través de las cuales tratan de medir el daño que podría suponer para las empresas y el tejido económico.

Los autores del trabajo, con la metodología citada, han estudiado cómo afectaría una hipotética declaración unilateral de independencia a 367 empresas, que suman el 60 por ciento del PIB español y el 50 del catalán.

En el caso concreto del estudio sobre las consecuencias económicas de la secesión de Cataluña, se ha consultado a 52 personalidades entre las que se encuentran políticos de todo el arco parlamentario, empresarios y altos directivos de empresas como José Montilla, Mario Conde, Alejo Vidal-Quadras o el coronel Leopoldo Muñoz Sánchez.

Como dato más relevante, el estudio señala que las probabilidades de que se produzca una declaración unilateral de independencia son de un 40%. Además, calcula que el PIB catalán podría caer un 20%, mientras que el del resto de España lo haría un 10%. También alerta de un posible 'corralito' y de que una hipotética moneda propia catalana sufriría una fuerte devaluación, entre un 30% y un 50%.

El informe niega las tesis nacionalistas sobre el supuesto "expolio fiscal" que sufre Cataluña. Desde el inicio del Estado de las Autonomías, según sus datos, el incremento de la renta que ha logrado Cataluña ha sido muy superior al logrado por cualquier otra región española, incluso por cualquier otro país de Europa. "Si España asfixia económicamente a Cataluña, ¿cómo es posible que en el año 2007 alcanzara una renta per cápita de un 120% de la media de la Unión Europea, renta superior a la de Alemania (116%) o a la de Italia (105%)?", se preguntan los autores.

En las conclusiones del estudio, fruto del trabajo realizado entre enero de 2013 y febrero de 2014, los autores alertan de que un mantenimiento o incremento de las actuales tesis nacionalistas catalanas "alimentarán la desconfianza de los empresarios e inversores" que orientarán sus estrategias hacia "una desindustrialización progresiva de Cataluña".

El estudio aporta datos desde el 1 de enero de 2008 hasta el 31 de septiembre de 2013, intervalo de tiempo en el que Cataluña ha perdido el 18,13% de sus empresas y el resto de España, el 16,7%. En total, Cataluña ha visto desaparecer 47.135 negocios, en números redondos, una empresas menos cada hora.

Una secesión de Cataluña, advierten, provocaría una "marcha-éxodo" de muchas empresas que optarán probablemente por otros países ante el efecto contagio de otras regiones españolas como País Vasco, Navarra, Galicia, Baleares o Canarias, en favor de mercados más seguros como Polonia o Marruecos con "mayor estabilidad política y jurídica".

Bochornoso espectáculo
En las conclusiones del estudio, los autores también advierten de la necesidad de que la Unión Europea dicte normas "muy claras" para evitar todo tipo de interpretaciones "malintencionadas" sobre el 'status quo' de aquellas regiones que se segreguen de Estados miembros de la Unión.

"De esta forma, se evitaría el bochornoso espectáculo público que algunos de sus altos representantes han estado realizando con todo tipo de declaraciones ambiguas, incluso contradictorias, sobre lo que dicen o no dicen los Tratados de la Unión y lo que está o no está en el espíritu de la nueva Europa, incrementando así las situaciones de tensión", señalan.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La «tournée» utópica
DAVID GISTAU ABC 21 Marzo 2014

Para este verano, la agencia Partizan ya ha introducido en los catálogos, junto al palacio de Schönbrunn y la torre Eiffel, el parque temático etarra

CUANDO su jefe era Rafa Di Zeo, luego encarcelado, la barra brava de Boca Juniors, conocida como La Doce, ofrecía por cien dólares a los turistas una experiencia que se dio en llamar «Adrenalina Tour». En día de partido, los citaban en la Casa Amarilla, colindante con el estadio, les asaban unos choripanes, les enseñaban a cantar los himnos y luego los incorporaban a la grada para que se sintieran feroces barras por un día. Existía también la opción del desplazamiento a otro estadio a bordo de autobuses desvencijados, con la emocionante posibilidad de ser emboscados por una barra enemiga. Aquí, la tarifa se encarecía en cincuenta dólares más.

Aunque divertida, esta excursión carecía del prestigio utópico al que son tan sensibles los usuarios de otro tipo de «tour», los del turismo revolucionario. Durante años, este servicio lo prestó a la perfección el parque temático de la selva Lacandona, frecuentado primero por rapsodas del ideal profesionales, y luego por todo tipo de turistas que anhelaban para la conciencia los mismos beneficios que un spa aporta al cuerpo. Me pregunto cómo habrá tratado el paso del tiempo al subcomandante Marcos, un genio dotado de un gran instinto escénico que completó la hibridación comercial de dos conceptos que parecían imposibles de casar: insurgencia y Disney. La utopía no ofrece en la actualidad un destino vacacional comparable a aquel. Y eso que en Orlando tienen a Pocahontas.

¿O sí? Para este verano, la agencia Partizan ya ha introducido en los catálogos, junto al palacio de Schönbrunn y la torre Eiffel, el parque temático etarra. Ignoro en qué fase del «conflicto» nos ubica el hecho de que la ETA se comercialice para los turistas revolucionarios. Como si ahí, en la figuración, un poco como «cowboys» de Almería, hubiera una salida laboral para una mano de obra especializada únicamente en el asesinato y limitada por sus trazas lombrosianas. En todo caso, hay una dificultad: el programa anunciado es aburrido. No niego el encanto rupestre de los murales, como en Belfast.

Pero lo demás resulta tedioso. ¿Una visita a la redacción de Gara? ¿Un salto al santuario de Aránzazu? ¿Una merienda en Guernica? Vamos. Es más intenso irse de «clubber» a Ibiza. Ni siquiera la propuesta de participar en la cadena humana contiene la misma emoción que viajar en el autobús de La Doce. Lo que podrían es inspirarse en el parque francés que recrea la aldea de Astérix y construir, mezcla de Sierra Maestra y Club Med, un poblado típico de una guerrilla forestal como el que aparece en el mítico capítulo de McGyver sobre «los vascos». Esos peroles en el fuego. Esos etarras con rasgos mexicanos que hacen gimnasia en calzoncillos pero con la «txapela» puesta. Esas cabañas. Esos «irrintzis» al atacar que parecen los gritos de los sioux. Ahí hay un «tour» al que se apuntaría hasta Régis Debray.

Nacionalismos
JAVIER REVERTE, ABC   21 Marzo 2014

· La apelación de Putin a la lengua rusa, que utilizan la mayoría de los habitantes de Crimea, y la certificación del origen ruso de la mayor parte de su población no son más que formas de justificar lo injustificable: la anexión de un territorio con medidas de fuerza, por ahora con fuerzas paramilitares.

«Never more!», clamaba el cuervo de Edgar Allan Poe, y algún político de miras literarias remedó el grito del poeta americano al final de la II Guerra Mundial, tratando de convencernos y convencerse de que nunca más volvería a repetirse aquel horror del Holocausto ni cualquier tipo de limpieza étnica. No fue muy lúcido su juicio. En 1991, casi medio siglo después de que se cerrara aquel gran conflicto, los excesos del nacionalismo estallaron en los territorios balcánicos, con la fragmentación de la antigua Yugoslavia. Volvieron los campos de concentración, volvió el genocidio, volvieron las ejecuciones masivas –Sevrenica, 8.000 hombres ajusticiados de tiros en la nuca– , y la calidad de la sangre, el color de las banderas y el apellido heredado se convirtieron en motivos para morir y matar.

El nacionalismo es una fiera dormida que, cuando se activa, como los virus, puede generar pandemonios incontrolables. No sabemos en qué quedará la crisis de Ucrania y de Crimea, pero es fácil detectar cómo asoma la patita nacionalista bajo la rendija de la puerta. La apelación de Putin a la lengua rusa, que utilizan la mayoría de los habitantes de Crimea, y la certificación del origen ruso de la mayor parte de su población no son más que formas de justificar lo injustificable: la anexión de un territorio con medidas de fuerza, por ahora con fuerzas paramilitares. Pero, en el fondo, ese argumento esconde una falacia. Es como si Inglaterra, a estas alturas de la Historia, reivindicara la incorporación de los Estados Unidos a su soberanía, simplemente porque sus habitantes hablan inglés o porque el origen de su clase dirigente es británico.

Cuando era joven disfrutaba buceando para admirar la elegancia de los peces. Me hubiera gustado charlar con ellos. Estoy seguro de que, de haber podido hacerlo, ninguno me habría hablado de aguas jurisdiccionales. Los peces no conocen las fronteras, como los pájaros. Y vagan libres por las anchuras del mar o las estancias del cielo, sin muros ni jaulas ni alambradas. Es cierto que, en el caso de los pescados, el más grande suele comerse al chico, pero que yo sepa nunca lo hace en función de la patria. Creo que si tuviera que elegir otra vida escogería la de pez o la de ave.

Al novelista inglés Graham Greene le fastidiaban las fronteras. Él, que fue un escritor amigo de caminar los senderos de la tierra con el cielo por único techo –como Stevenson–, detestaba esos puntos de control entre las naciones en donde suele haber un tipo enfadado con una pistola en la funda, cuyo trabajo consiste en ponerte un sello en el pasaporte, mientras te mira torvamente como si sospechara que te quieres apoderar de su patria. Por otra parte, es curiosa esa paranoia nacionalista que lleva a muchos países a establecer rigurosísimos controles para los extranjeros que pretenden entrar en su territorio. ¿Se quedaría usted a vivir en Birmania (hoy llamada Myanmar), amigo lector? Dudo que la mayoría lo hiciéramos.

Pero esa fiera dormida que es el nacionalismo asoma sin disfraces en periodos de crisis. Y es un monstruo insaciable que se nutre de sentimientos difícilmente analizables. La crisis industrial y el paro subsiguiente en la Alemania de los años treinta del pasado siglo abrieron la puerta del nacional-socialismo, y el desmoronamiento del sistema comunista desató las guerras étnicas de los Balcanes. Y ahora que la economía de Europa pasa por horas bajas, hay mucha tierra abonada para los desmanes de la xenofobia. En ese sentido, resulta muy sintomático el reverdecimiento de los nacionalismos en el interior de los territorios del Viejo Continente. Nadie quiere hundirse en un barco demasiado cargado y algunos prefieren salvarse nadando solos.

Pero, ojo, que no se interprete mal lo que digo. No hablo de desmanes xenófobos refiriéndome a Cataluña o Escocia o Euskadi, tres territorios históricos de probada solvencia solidaria y de enraizada inclinación europea. No hablo tampoco del derecho de los pueblos a elegir su destino. Porque no debería preocuparnos el nacionalismo en la medida en que suma, sino en la medida en que resta. Quiero decir que el nacionalismo se transforma en perversión histórica cuando niega a «el otro» su razón de ser y de existir, como hizo el nazismo; no cuando afirma la singularidad de su entidad cultural y su vocación democrática.

El riesgo existirá solo en la media en que, en tiempo de crisis, primemos las razones de la sangre sobre las razones de la inteligencia, las del terruño sobre las leyes universales de la democracia. Y el problema se agravaría si se traspasaran las fronteras del diálogo y de la convivencia en aras de la fe ciega. Mi padre era castellano y su gran camarada en la guerra era catalán. Hablaban dos lenguas distintas, pero lucharon hombro con hombro en la misma trinchera de libertad. Por fortuna, en estos días no contamos con especímenes como aquel Sabino Arana, que admiraba a Hitler, que llenó de despropósitos los oídos de los vascos y que inventó una bandera similar a la Union Jack británica, coloreándola de verde. A este tipo de boceras, por muy ridículos que nos parezcan, sí que hay que tenerles miedo. Porque convierten la estulticia en razón histórica. Y llegan al corazón de los espíritus más primarios. Hace bien el PNV en no abrir los archivos de su pensamiento político.

Y hay que temer, sobre todo, a personajes como Radovan Karadzic, el psiquiatra bosnio que encaminó la Historia de su pueblo hacia el abismo de la limpieza étnica en nombre del orgullo serbio, humillado en 1389 en la batalla del Campo de los Mirlos. Este tipo de siniestros personajes, por fortuna, no florece en la España de hoy. Pero hay que estar atentos porque surgen de la noche a la mañana, como Drácula.

Karadzic escribió poesía de joven. Y el filósofo esloveno Slavoj Zizek nos advierte: «Hay una poesía que actúa como fundamento de las patrias y sin la cual no podríamos entender el odio. Detrás de cada limpieza étnica hay un poeta».

En Cataluña, puede pasar cualquier cosa
José Oneto. www.republica.com 21 Marzo 2014

Mientras el Gobierno de la Generalitat ha comenzado a dar los primeros pasos para la elaboración del censo electoral para la consulta del 9 de noviembre, con viajes de responsables políticos a Ginebra, como centro consultivo del tipo de referéndums que se celebran periódicamente en Suiza, y con un plan concreto para controlar a los catalanes residentes en el extranjero, pero sin confesar abiertamente, que tenga relación con la consulta soberanista, por miedo a que sea recurrida ante el Tribunal Constitucional, aumenta las tensiones internas no sólo dentro de Convergencia i Unió, y entre CiU y Esquerra Republicana de Cataluña, la coalición gobernante, sino entre la propia Asamblea Nacional de Cataluña ( ANC), la poderosa organización que hasta ahora ha venido convocando todas las movilizaciones en pro de la independencia de Cataluña y el Gobierno de Artur Mas.

La ANC, una Asociación de apenas dos años de vida, que cuenta con subvención de la Generalitat, que tiene 25.000 asociados y más de 17.000 colaboradores, y que según muchos observadores es, junto con su presidenta Carmen Forcadell, lo que está marcando la hoja de ruta hacia la escisión de Cataluña de España, ha ido radicalizando, progresivamente, sus posiciones después de sus éxitos en las convocatorias del 11 de septiembre de 2012 y la del año pasado, con esa cadena humana de “inspiración báltica” que se extendió desde El Pertus a Vinaròs y en la que participaron cuentos de miles de catalanes.

Es tal la influencia de la Asamblea sobre Mas y sobre su Gobierno, que el comentario de los medios mejor informados en Cataluña es que el gran problema para el Presidente de la Generalitat, no sólo es Oriol Junqueras y Esquerra, sino Carmen Forcadell y la ANC. Así se explica que este jueves la Generalitat, desbordada por la presión de la Asamblea, y por la elaboración de una nueva hoja de ruta, que fija la independencia efectiva de Cataluña, el día de Sant Jordi de 2015, haya advertido públicamente que es la Institución que gobierna Cataluña quien lidera el proceso de independencia.

Las últimas declaraciones de la ANC, insinuando que a la hora de la independencia hay que controlar muy bien las grandes infraestructuras, las fronteras, los aeropuertos, los puertos, los sistemas de comunicaciones, la seguridad… etc., han dado lugar a todo tipo de interpretaciones que, además, se han visto agravadas cuando esta misma semana han asegurado que tienen que producirse grandes movilizaciones en las calles hasta que se consigan los objetivos soberanistas. De ahí, a querer convertir la plaza de Cataluña en una nueva Plaza de la independencia en Kiev (Ucrania), sólo hay un paso, un paso peligroso. Sobre todo, si el responsable de la política exterior española se sigue empeñando en establecer todo tipo de paralelismos entre el referéndum de Crimea y el de Cataluña.

Su comparación ha producido tales tensiones – incluso dentro del propio partido Popular que parece ignorar que durante todas estas semanas todas las declaraciones de Rajoy en Europa, y en todos los organismos europeos, sobre Crimea las ha venido haciendo en clave catalana- que ya ha comenzado a matizar. Matizar que Crimea ha sido territorio ruso hasta 1.954, y que en Sebastopol hay una base rusa que, en principio, estaba autorizada hasta 2.042, mientras Cataluña forma parte de España desde hace cinco siglos y nunca ha sido un estado independiente.

En estos momentos, y a la espera del debate del 9 de abril en el Parlamento, donde se debatirá el intento del Gobierno de la Generalitat de dar validez a su propuesta soberanista, todo indica que, ante la falta de diálogo entre Gobierno central y Gobierno autonómico, las posiciones se siguen tensando, hasta el punto que puede producirse cualquier percance que marque todo el proceso. Y, que lo marque, cuando se están produciendo leves síntomas de recuperación económica y cuando, desde el punto de vista económico, no está asumido que se pueda producir esa escisión del territorio nacional.

Ha sido el catedrático Luis Garicano el que, en un debate en la London School of Economics, organizado por la Spanish Society, el que ha dado la señal de alerta, recordando que el país tiene el riesgo de sufrir un accidente ante los mercados, “que puede llegar con el asunto catalán. Ahora mismo, entre Madrid y Cataluña hay dos trenes que avanzan en dirección opuesta y, el choque, parece inevitable”.

¡Viva España!
Daniel Perales www.lavozlibre.com 21 Marzo 2014

¿Asustado? ¿Indignado? ¿Desconfiado? ¿Ha dejado de leer? ¿Éstá pensando mal de mí? Sea como sea, es evidente que quien siga leyendo estas líneas y no se haya pasado a la lectura de cualquier otro artículo, habrá tenido una reacción emocional inevitable, generalmente recelosa. Y no les culpo por ello, a mí me habría pasado lo mismo. Y si el lector se considera a sí mismo como integrante de la Izquierda política, como el que escribe, más todavía.

Nadie puede obviar que también tenemos cosas magníficas como país, que no todo es negativo y que la imagen que se tiene desde fuera de nosotros mismos es infinitamente superior a la depresión flagrante que padecemos respecto de nuestra propia percepción

¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué podemos decir "visca Catalunya" o "puxa Asturies" sin problemas pero es mencionar la palabra España y nos entran todos los miedos? Es evidente que la imposición totalitaria franquista generó un especial hartazgo con la simbología patria, pero también es verdad que ha pasado mucho tiempo de eso, que muchas generaciones no lo hemos vivido, y que la similar imposición simbólica de los nacionalismos periféricos no ha generado tal rechazo hacia los símbolos autonómicos oficiales. Cabe subrayar también que esta prevención a la hora de mostrar un cierto patriotismo viene acompañada por una visión muy negativa de lo que somos. Una especie de continuismo con la "leyenda negra", que interioriza la ciudadanía de una forma mayoritaria y que únicamente se salva con los éxitos futbolísticos. Buen ejemplo de todo esto nos lo ha dado Elena Valenciano en su mitin de apertura de campaña del PSOE para las europeas en Viladecans. Fue surrealista escuchar su diatriba en contra de darle importancia a las banderas (algo que suscribo casi en su totalidad) flanqueada por dos enseñas de gran tamaño (catalana y europea, claro), con las que incluso posó alegremente.

¿No ha llegado el momento de romper con tanto complejo? Todos somos conscientes, en un momento de tanto sufrimiento para la gran mayoría de la ciudadanía, que en España hay cosas que se han hecho muy mal, que en España tenemos muchas cosas que mejorar, que en España la crisis ha hecho aflorar corruptelas por doquier, injusticias y un funcionamiento muy mejorable de todo el entramado político. Ahora bien, nadie puede obviar que también tenemos cosas magníficas como país, que no todo es negativo y que la imagen que se tiene desde fuera de nosotros mismos es infinitamente superior a la depresión flagrante que padecemos respecto de nuestra propia percepción.

Pero este artículo no tiene como objetivo explicar las bondades patrias, de eso deberían encargarse los románticos, que para algo tan aleatorio como el lugar donde uno nace, no tiene uno excesivo afán de floritura. Únicamente les propongo seguir en la línea de otros textos, publicados anteriormente, en los que hablo de la necesidad de romper los marcos mentales que los separatistas nos intentan imponer, a saber, todo lo bueno se debe al autogobierno de "la nació" y todo lo malo al centralismo de "l’Estat". Una estrategia con la que la imagen de cada una de las satrapías en que se han convertido nuestras CCAA, nunca sufre deterioro; la culpa siempre es de "Madrit" y si encima el gobierno es del PP, miel sobre hojuelas.

Creo que viene siendo hora de que la gente de izquierdas empecemos a soltar lastre del complejo histórico que nos debilita y comencemos a demostrar que el patriotismo no es llevar banderitas de España en la muñeca mientras nos plegamos a las exigencias de la Troika

El triste ejemplo sucedido estos días en el Condado de Treviño, donde una niña de tres años falleció por no ser auxiliada por una ambulancia a tiempo, debido a la inexistencia de una gestión sanitaria común, sería suficiente para invalidar este axioma separatista. Pero increíblemente, es casi imposible escuchar desde la izquierda oficial que un cierto jacobinismo podría ser interesante en pos de la igualdad y la solidaridad interterritorial. En cambio, es habitual asistir perplejo a la compra del marco mental nacionalista por parte de unos partidos que, acomplejados hasta la médula, renuncian al proyecto común que deberían defender si de verdad creyeran en la solidaridad, la igualdad, la fraternidad y el internacionalismo.

Así, creo que viene siendo hora de que la gente de izquierdas empecemos a soltar lastre del complejo histórico que nos debilita y comencemos a demostrar que el patriotismo no es llevar banderitas de España en la muñeca mientras nos plegamos a las exigencias de la Troika. Que ser patriota es creer en la mejora de las condiciones de vida del conjunto de la ciudadanía, ya sea de Pinto, de Monforte de Lemos o de Caldes de Montbuí y defender el Estado social mediante la unión y la solidaridad de toda la ciudadanía. ¿Desde cuándo separar trajo algo bueno? ¿Desde cuándo no quererse a uno mismo ayudó en algo? Seamos críticos, inconformistas y luchadores, pero sigamos construyendo juntos esta gran nación que es España. Ante la división neofeudalista que interesadamente nos proponen los que sí que se quieren mucho a sí mismos (hasta la náusea), deberíamos plantearnos un proyecto común alejado del sectarismo maniqueo que históricamente nos caracteriza, mediante el que sentirnos orgulloso de nuestro país en su conjunto. Y decir viva España sin traumas, sin creernos mejor que nadie, sin estridencias, sin visiones unívocas, sin romanticismos, desde el respeto a la pluralidad de los diferentes territorios, desde la razón... aunque sólo sea por supervivencia.

Richard Aldington: "El patriotismo es el sentido generoso de la responsabilidad colectiva. El nacionalismo es el gallo jactancioso en su propio corral".

Golpismo catalán
Que no nos roben las palabras
Antonio Robles Libertad Digital 21 Marzo 2014

En el mundo nacionalista de Cataluña se han indignado porque Juan Carlos Girauta ha traducido a lenguaje democrático las intenciones golpistas de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Pretenden lo mismo que Tejero, pero no aceptan que les califiquemos de "golpistas" como se le calificó al teniente coronel. ¿Qué puede ser sino, la planificación de la independencia de Cataluña con la toma y control de las grandes infraestructuras, puertos y aeropuertos, medios de comunicación y la connivencia del gobierno de la Generalidad?

No hemos de permitirles nunca más que nos roben las palabras. La España contra la que luchan no existe. Murió con el franquismo. O mejor dicho, la dictadura franquista que secuestró España, tan secuestrada como hoy tienen ellos a Cataluña, ya no existe. Ni Franco era España, ni ellos son Cataluña. Pretender confundir España con el franquismo es como pretender confundir Alemania con el nazismo. Tan indecente como la identificación del independentismo con Cataluña.

Por eso, dejar que estos chantajistas de la ANC diseñen un golpe de Estado en nombre de Cataluña, del pueblo de Cataluña o de la mismísima democracia, es permitir que nos roben las palabras y su significado. Y si nos roban el lenguaje, podrán pasar por democrático lo que apesta a xenofobia. Como la que nos adelanta en el artículo "La nacionalitat no és un joc", Jordi Casacuberta del Frente Nacional de Cataluña. Después del golpe viene el reparto de pasaportes. Esta es la atmósfera que se respira a postigo cerrado. Les traduciré algunos pasajes:

"No podrán como es lógico ser nacionalizados todos aquellos que hayan trabajado contra el proceso de independencia, ya que suponen una amenaza interna. Así mismo, otros habitantes de Cataluña que viven en sus guetos y no han querido ser partícipes del país tampoco podrán obtener la nacionalidad. Eso no quiere decir que toda esta gente si tiene trabajo y es necesaria no pueda obtener un permiso de residencia y siga viviendo aquí como pasa en Suiza.

Por tanto ni aunque llevásemos al extremo la propuesta de CDC [pedir conocimientos de lengua catalana, cultura de Cataluña… para poder nacionalizarse] y una persona tuviese un nivel de catalán como el de Espriu pero su estilo de vida fuese como el de las bandas latinas […], no sería nacionalizado aunque hubiese nacido aquí. Si queremos ser un país envidiable hemos de arrinconar de una vez por todas la frase pujolista: "es catalán todo aquel que vive y trabaja en Cataluña". El señor Messi por ejemplo vive y trabaja aquí pero si le preguntásemos, ni él mismo entendería que se le considere catalán. Para ser catalán, igual que para ser suizo, es preciso una voluntad clara de serlo. Y para serlo se ha de renunciar a la nacionalidad de origen y adoptar la nueva. Todo el mundo puede serlo pero se precisa un esfuerzo. La nacionalidad no se puede regalar como si fuese un cromo, la nacionalidad implica unos derechos, unos deberes, una responsabilidad y lo más importante una conciencia y voluntad de formar parte de una comunidad nacional. Y esta voluntad no va ligada solamente al idioma. En Cataluña tenemos el ejemplo de mucha gente que habla catalán con dificultades –o no lo habla- pero han enseñado a sus hijos en el amor a estimar el país y ser uno más: esta gente obviamente ha hecho un esfuerzo y puede ser nacionalizada. Otros de la misma generación, como decía hace unos días la historiadora Anna Tarrés, han actuado como colonos. Estos evidentemente, han de conservar la nacionalidad española y no obtener la catalana con las consecuencias que eso comportaría. Pasarían a ser únicamente residentes ya que ellos mismos así lo han defendido siempre".

Este debe ser el significado real de, "un país per a tothom" (un país para todos) con que nos bombardean todos los días. Viven en una burbuja alimentada por sus propios medios. Desde ella no se oye ni se siente nada que perturbe su idilio con la ficción nacional. En ella viven fuera de la realidad, porque ellos son la realidad. Cuando una sociedad enferma de este modo, estamos a un paso de cualquier cosa. Y ninguna buena.

Cataluña, ante el desafío secesionista
Mas envía una circular a padres y profesores para que apoyen el referéndum separatista
Reclama que den "apoyo al proceso democrático para ejercer el derecho a decidir"
 www.lavozlibre.com 21 Marzo 2014

Madrid.- El presidente de la Generalitat, Artur Mas, continúa buscando nuevos apoyos al referéndum separatista que pretende celebrar el 9 de noviembre. A través de una circular del Consejo Escolar de Cataluña -entidad que engloba todo el sistema no universitario-, el Gobierno catalán anima a la comunidad educativa a emprender "las iniciativas que consideren oportunas" para difundir la consulta independentista.

Según publica este viernes 'El Mundo', el documento ha sido repartido entre las principales asociaciones de padres y madres de Cataluña, entre los titulares de centros privados y concertados, profesores y sindicatos.

La Comisión Permanente del Consejo Escolar de Cataluña, integrada por siete miembros que dan voz y voto al sistema educativo catalán, dice haber actuado "con la convicción" de que la ciudadanía "ha expresado en diversas ocasiones y de forma muy amplia y consistente la voluntad de ejercer democráticamente el derecho a decidir su futuro".

La circular, redactada tras la reunión del 6 de marzo en la que se decidió de forma "unánime" instar a profesores y familias a apoyar el referéndum, ya se puede encontrar en muchos de los consejos escolares que hay repartidos en los municipios y que representan a la comunidad educativa a nivel local. De hecho, la Comisión que dio luz verde al documento estaba integrada por representantes de los profesores, familias, administraciones locales y la propia Generalitat.

La comunidad educativa también ha decidido conjurarse a favor del modelo de inmersión lingüística catalán y contra la Lomce. En este sentido, Somescola -plataforma que agrupa 38 entidades educativas- ha convocado para el próximo 14 de junio una rúa "multitudinaria" llamada a convertirse en un "clamor histórico" en defensa de la lengua, según sus organizadores.

 


Recortes de Prensa   Página Inicial