AGLI Recortes de Prensa   Lunes 24  Marzo  2014

Adolfo Suárez, en la Historia de España
Pablo Sebastián www.republica.com 24 Marzo 2014

Ha muerto Adolfo Suárez el presidente de la transición, el buen, audaz y valiente estadista que como tal entra en la Historia de España. El político que antepuso el interés general del país, incluso con su dimisión en la presidencia del Gobierno. Una persona que se decía normal y resultó excepcional, amable y sonriente hasta la seducción en el trato personal y persona sin el rencor frente a quienes lo denostaron y lo traicionaron que fueron muchos y muy notorios en su tiempo. En sus funerales Adolfo Suárez merece honores de Estado como estadista que fue y el reconocimiento público del pueblo español y de las instituciones y cargos públicos que tienen en él el ejemplo del coraje y la honradez que han de guiar, en este tiempo convulso, la recuperación de España.

Ahora bien su dimisión de la presidencia del Gobierno en enero de 1981 y el golpe de Estado del 23-F que se desencadenó después son los hechos mas importantes que faltan por aclarar para completar la ingente biografía donde Suárez brilla especialmente en su labor al frente de la transición. Y sobre estos dos episodios, aún confusos, me viene ahora a la memoria la imagen de Adolfo Suárez quien, con voz grave y el rostro tenso y bronceado tras pasar unos días de descanso en la isla panameña de Contadora, a donde fue a descansar tras el golpe de Estado del 23-F, me dijo en el viaje de regreso a España que hicimos juntos: ‘en una conversación que mantuve con el general Armada, en el despacho del Rey don Juan Carlos y en presencia del monarca, el entonces general afirmó que para él lo más importante era Dios, luego España, después El Rey y finalmente la Constitución y que la idea que él tenía de España… en ese momento –añadió Suárez- lo interrumpí y dije: general póngase firme, cuádrese y abandone el despacho porque la única idea de España que usted debe tener es la que figura en la Constitución. Tras el incidente dije al Rey: Armada es un golpista, y semanas después lo destituí del mando que tenía en Madrid y lo envíe a Lérida’.

Ese era y fue Adolfo Suárez, el político más audaz e importante de la Historia reciente de España, el artífice de la transición española donde se incluyó la reconciliación nacional, la recuperación de las libertades, la legalización de los partidos políticos- el Partido Comunista incluido-, la aprobación de la Constitución de 1978 y los pactos de la Moncloa para el relanzamiento de la economía. Amén de las leyes sobre derechos civiles como el divorcio y la libertad de expresión, liderando Suárez la nueva imagen de España en el mundo y Europa con un sin fin de viajes entre los que incluyó el muy discutido a Cuba porque fue el primer presidente europeo que visitó a Fidel Castro, mientras se oponía a la entrada de España en la OTAN porque decía que dividía a los españoles. Asimismo sustituyó el Concordato franquista con el Vaticano por los llamados ‘Acuerdos Específicos’, en un país que la Constitución declaraba aconfesional. Y a no olvidar el enfrentamiento de Suárez con el ex presidente de Francia Valery Giscard D´Estaing por la ausencia de colaboración de Francia en la lucha contra el terrorismo de ETA, o con el rey Hassan II de Marruecos por causa de los continuos desafíos del monarca alauita a nuestro país.

Adolfo Suárez, a pesar de sus orígenes franquistas, tenía mas claro que muchos de los que le rodeaban el horizonte democrático hacia el que debía caminar España, por lo que se convirtió en un demócrata de convicciones y carácter irreductible. El que, tras los últimos coletazos del franquismo político, económico y militar, fue traicionado por compañeros de Gobierno y de la UCD, así como por otros protagonistas de la transición (Felipe González entre otros) y algunos poderes fácticos de entonces (financieros, Iglesia y EE.UU) que, no le perdonaron a Suárez el entierro del franquismo y su autonomía presidencial jaleando, algunos de ellos, el ruido de sables que crecía en los cuarteles tras los duros ataques del terrorismo de ETA. Hasta acosar y aislar al presidente legítimo del país, mientras se preparaba a sus espaldas un gobierno mal llamado de ‘salvación nacional’, en la que fue primera fase del golpe de Estado del 23-F urdida por el golpista general Amada.

Una alta traición que en diciembre de 1980 ya conocía Adolfo Suárez –así lo cuenta el ex presidente del Congreso Fernando Álvarez de Miranda en sus memorias-, y que, finalmente, le condujo presentar su dimisión en una dramática alocución en la que anunció su marcha para evitar que la democracia fuera ‘un paréntesis en la Historia de España’, como declaró. A los pocos días de su dimisión el Rey ordenó el regreso de Armada a Madrid, supuestamente para frenar el golpe de Estado -que Suárez quiso evitar dimitiendo-, pero resultó al revés porque Armada era el jefe de la conspiración que pretendía asumir la presidencia del Gobierno de España tras el golpe de Estado del 23-F de 1981.

Y si al final el golpe de Estado fracasó fue sobre todo porque lo estropeó el propio Tejero. El que asaltó al Congreso para aumentar el ‘vacío de poder’ creado entre la dimisión de Adolfo Suárez y la investidura en curso de Calvo Sotelo tal y como se lo habían ordenado a Tejero los generales Armada y Milán del Bosch para facilitar así la investidura de Armada como presidente de un Gobierno de ‘salvación nacional’, o mejor dicho de involución democrática, que contaba de antemano con la taimada colaboración del PSOE de Felipe González. Pero al llegar Armada al Congreso, aparentemente para deshacer el golpe y con la autorización del Rey, el general golpista le presentó a Tejero la lista del que sería su nuevo Gobierno para el que pretendía el apoyo de los diputados secuestrados a punta de pistolas y fusiles. Y fue entonces cuando Tejero se plantó porque en la lista de ministros de Armada figuraban socialistas y comunistas y el teniente coronel de la Guardia Civil se soliviantó, impidió que Armada hablara en el hemiciclo y el gran tinglado de la infame farsa se desmoronó.

Hace bastantes años que Adolfo Suárez, víctima de la enfermedad de Alzheimer había perdido la memoria y vivía en su particular limbo y al margen de la realidad, pero estaba vivo y estaba ahí. Y ahora que Adolfo Suárez ha muerto, deben inspirar a quienes hoy están al frente de la nación y se muestran incapaces de hacer el diagnóstico sobre el verdadero alcance de esta crisis y la necesidad de buscar soluciones que solo pueden partir de unos pactos nacionales que permitan arreglar los urgentes problemas de España donde están el deterioro social de la ciudadanía y el político y moral de las instituciones, así como abordar los desafíos que atentan contra la cohesión y la unidad de España como ocurre ahora con Cataluña, y otras cuestiones de corte ideológico que se han añadido de manera gratuita y que distancias más si cabe a los españoles entre sí como ocurre con el aborto, el control de la Justicia y cierta impunidad de la corrupción, la sanidad, la educación y el deterioro de las libertades y la vida democrática. O como ocurría bajo la presidencia de Zapatero con la reapertura de los debates y las tumbas de la Guerra Civil, que se sellaron con la amnistía y el gran pacto de la reconciliación nacional.

La muerte de Suárez confirma el fin de la transición y obliga, no solo a honrar su memoria innovando pactos nuevos para salir de los muchos problemas inmediatos que sufrimos, sino que también invita a una profunda reflexión que ha de llevarnos sin miedo y con convicción a la reforma de la Constitución y de sus reglas del juego político para que garanticen: la separación de los poderes del Estado, el control democrático de la vida pública –por parte de la Justicia, el Parlamento y los medios de comunicación-, y todo ello completado con un sistema electoral mucho más directo (sin listas cerradas) y representativo de la realidad nacional. Carencias importantes del agotado sistema político de la transición que han de subsanarse en pos de la mejor convivencia y con las garantías que impidan la repetición del espectáculo de la corrupción.

En las elecciones generales de 1986 acompañé a Adolfo Suárez en la que fue su última gran batalla política, las segundas elecciones en las que compareció al frente del CDS el partido que él fundo, con el que obtuvo en esa ocasión 19 diputados. En un viaje de la campaña, a bordo de un destartalado autobús, recuperamos el diálogo sobre aquel enfrentamiento que mantuvo con Armada en el despacho del Rey y del que habíamos hablado en marzo de 1981 a su regreso de Panamá, y le pregunté a Suárez sobre los rumores que habían circulado sobre dicho incidente y en los que se decía que el general Armada llegó a sacar su pistola amenazándole. Suárez sonrió y me dijo: ‘es falso, Armada era un cobarde, que jugaba por la espalda y nunca se hubiera atrevido a algo así, de haberlo hecho yo lo habría desarmado y enviado a la cárcel sin pestañear, o él habría tenido que pegarme un tiro en presencia del Rey’.

Y Suárez decía la verdad. Lo demostró el día del golpe del 23-F ante Tejero, enfrentándose a él y mientras el resto de su Gobierno y la totalidad de los diputados del Congreso –con la excepción del general Gutiérrez Mellado y Santiago Carillo- se tiraron al suelo, mientras Suárez exhibiendo ante Tejero su cargo de presidente del Gobierno de España defendía la legalidad y representaba a todos los españoles, jugándose la vida, en el nombre la democracia, de la libertad y la dignidad nacional. Unió Suárez a los españoles en el inicio de la transición y ahora a su muerte los ha vuelto a unir para elogiar su audaz reforma democrática y la reconciliación.
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Obituario
Adolfo Suárez: retrato en aguafuerte
José Javier Esparza www.gaceta.es 24 Marzo 2014

Con 81 años, se ha apagado. En realidad una cruel enfermedad le ha tenido apagado mucho tiempo.

En España, cuando se muere alguien, es común cantar encomiásticas elegías, panegíricos deslumbrantes que reconfortan al personal con la certidumbre de que todos queríamos mucho al finado. Pero sería bastante ridículo aplicar el tópico ritual a Adolfo Suárez, un hombre al que, antes de ayer, acuchillaron sin piedad muchos de los que hoy se vestirán de plañidera. Suárez es Historia. Y esta nota no es una necrológica, sino más bien un retrato descarnado.

En un país europeo convencional, de esos con los que nos gusta compararnos, Adolfo Suárez jamás habría pasado de ser un digno gobernador de provincias, quizás un brillante líder parlamentario (por su habilidad para la negociación), sin duda un eficientísimo portavoz gubernamental (por su demostrada elocuencia). No es poco, pero tampoco es el perfil de un hombre de Estado. Sin embargo, las singularísimas circunstancias del post franquismo en España catapultaron a este hombre, Adolfo Suárez González, a lo más alto de la estructura del Gobierno y colocaron sobre sus hombros la responsabilidad de conducir nada menos que un cambio de régimen. Si semejante peso ya hubiera sido gravosísimo para cualquier estadista más cuajado, en el caso de Suárez fue literalmente aplastante. De hecho, quedó aplastado. La España de hoy es en buena parte producto de aquel error de cálculo.

Adolfo Suárez, 81 años, se ha apagado. En realidad una cruel enfermedad le ha tenido apagado mucho tiempo. Ahora, como es costumbre, todo el mundo cantará sus glorias: le llamarán padre de la patria y héroe de la democracia, e incluso hombre decisivo de la España contemporánea. Innumerables veteranos del gremio periodístico recordarán anécdotas jocosas o ejemplarizantes, e innumerables veteranas dejarán caer también alguno de esos episodios salados que tanto gustan a las señoras. Los veteranos y las veteranas harán eso desde las mismas cabeceras que en su día, entre 1980 y 1981, llevaron a Adolfo Suárez a la desesperación, a la depresión, al aislamiento personal y político, hasta arrojarlo a los pies de un golpe de Estado que, como nadie ignora ya, no se preparó desde abajo, sino desde arriba. Ha habido pocos políticos tan ensalzados en su retiro como vituperados en ejercicio. Los socialistas, que en eso del cinismo siempre han sido magistrales (aunque un tanto burdos), construyeron para Suárez una especie de beatífica hornacina después de haber conspirado a calzón quitado para apartarle de la presidencia a cualquier precio (a cualquiera). Así muchos españoles ven hoy a Suárez como una especie de héroe del antifranquismo. Cosas de la España contemporánea.

Adolfo Suárez no fue un antifranquista jamás. De hecho, su mera existencia sólo puede entenderse desde el régimen de Franco. Suárez fue un hijo prototípico del franquismo y del sistema de poder que el general fundó. Lo fue, primero, socialmente: crecido en la atmósfera de aquella inmensa clase media que surgió como fruto directo de la política de Franco. Lo fue, además, profesionalmente: joven de acusadas virtudes personales que pudo hacer carrera en el aparato del Movimiento Nacional. Lo fue, incluso, ideológicamente, en la medida en que el régimen de Franco renunció a instaurar una ideología formal y, pasada la etapa fundacional, se limitó a aplicar con criterios posibilistas algunos de los conceptos clásicos de la derecha tradicional y católica española. Suárez, recordémoslo, fue el último secretario general del Movimiento Nacional (su sucesor en el cargo se limitó a cerrar la oficina). Y eso lo dice todo sobre Suárez y sobre el Movimiento.

El franquismo no quiso crear una ideología y fió todo a la capacidad de supervivencia de un orden jurídico-político relativamente bien estructurado. Seguramente nadie previó que los jóvenes patricios del régimen, aquellos cuya misión era mantener engrasada la máquina, iban a cambiarla por otra. Este es sin duda un rasgo singular del franquismo: su incapacidad para crear una elite política y administrativa comprometida con la supervivencia del sistema. Porque los chicos del Movimiento Nacional, al menos los criados a los pechos del aparato, eran bastante diestros en la política de regate corto, el chalaneo, la puñalada de pícaro, la sonrisa oportuna y la escalada a dos manos, pero andaban bastante escasillos de sentido del Estado y de sentido de la Historia. Suárez se crió en esa marmita, como Martín Villa, Rosón y tantos otros, con esas virtudes y esos defectos, y desde allí saltaron todos a la Historia de España. Es verdad que, al menos, su patriotismo era sincero; lo que ha venido después ha resultado menos ejemplar.

De entre todas las criaturas últimas del Movimiento, Adolfo era probablemente el de proyección pública más brillante. Con todo, a Suárez no lo eligieron por ser el mejor, ni el más listo, ni siquiera el más identificado con el proyecto de cambio de régimen. Lo eligieron porque el rey no quería tutores. Los mejores cerebros del país para pilotar una transición a la democracia desde las estructuras del franquismo eran otros. Fernández de la Mora quería mantener la legalidad de la Ley Orgánica del Estado; su propuesta quedó descartada incluso por los albaceas políticos del caudillo. Fraga quería una transición suave con plazos largos; hubo un momento en que pareció el hombre clave de la nueva situación, pero generaba mil desconfianzas, sobre todo entre sus pares. Torcuato Fernández Miranda quería una reforma política a medio freno; él era posiblemente el único que tenía todos los cabos en la mano. Pero todos resultaban demasiado “padres” para Don Juan Carlos, cuya obsesión era, precisamente, “matar al padre”, y la freudiana figura vale lo mismo para Franco, que era su padre político, como para Don Juan, que era su padre dinástico. Y además, los veteranos que en aquel momento se acercaban al olor del poder tenían los colmillos demasiado visibles. ¿Qué nacionalista catalán o qué socialista iba a entenderse con Fraga o con Torcuato? No, el rey necesitaba otra cosa. El rey estaba obsesionado con eliminar los obstáculos que llevaron al exilio a su abuelo. Don Juan Carlos necesitaba a alguien que le permitiera entenderse con los socialistas y con los nacionalistas vascos y catalanes; alguien que, además, le permitiera mandar, dirigir, pactar, organizar, sin que se le viera demasiado, pero sin perder el control del proceso. Suárez era el hombre idóneo. Por eso se le eligió.

Gobernó cuatro años y medio. Nada más. Y gobernó sólo para una cosa: la reforma política, las primeras elecciones, la Constitución… En sus ocho meses al frente del Movimiento Nacional, lo liquidó. Ahí demostró ser el alfil idóneo para el rey. Después Don Juan Carlos (borboneando) lo utilizó para desplazar a Torcuato Fernández Miranda. En sus cuatro años y medio de presidencia del Gobierno, Suárez hizo lo que el rey quería. Eso fue todo. Llegó a la cúspide con el programa muy bien aprendido. Ganó unas elecciones en 1977 y otras en 1979. Bajo su batuta se transformó el país, para lo bueno y para lo malo. Ese es su sitio en la Historia. Nació una España democrática, sí, pero hemipléjica, con una izquierda crecida, unos nacionalistas poderosos (más de lo que realmente eran) y una derecha acomplejada. La España de hoy.

En todo lo demás, hay pocas razones para el ditirambo. Desde un punto de vista meramente objetivo, el balance de gobierno de Suárez es desastroso. El terrorismo se convirtió en un enemigo mayúsculo: 64 asesinatos en 1978, 84 en 1979, 93 en 1980; nunca ETA mató tanto. En el plano económico, las cifras son desoladoras: el paro pasó del 4% al 15%, la inflación se disparó hasta el 26% en 1977 y en 1981 aún era del 14%. El problema militar se enquistó hasta lo indecible, y la explosión del golpe de Estado del 23-F sólo condujo a hundir a la institución en una crisis de imagen pública de la que aún no se ha recuperado. Apareció además un conflicto separatista que antes apenas si era relevante y ahora, por el contrario, iba a terminar convirtiéndose en el talón de Aquiles del sistema. Eso por no hablar de la evolución del propio partido de Suárez, una UCD fundada como sucedáneo de la derecha sociológica que, por un lado, frustró durante muchos años las posibilidades de desarrollo de una derecha real y, por otro, terminó como el rosario de la aurora, como es bien sabido. Son sólo unos pocos ejemplos. Hoy, cuando todos harán lírica y épica con el protagonista, conviene no perder de vista las realidades objetivas.

Después de aquello, a Suárez se le dejó caer. Simplemente. Así de cruel, como suele ocurrir en política. En febrero de 1981 aún no había cumplido los 50 años, pero ya estaba enteramente amortizado. Lo que dejaba tras de sí era exactamente lo que le habían pedido que hiciera. Pero en alguna parte el programa decía “este presidente se autodestruirá cuando haya concluido la tarea”, y quizá Suárez nunca fue consciente de lo que decía esa letra pequeña. Su vida política después de 1981 es bastante triste. Consiguió ser diputados dos veces con su invento personal, el Centro Democrático y Social, y el rey le hizo duque. Pero en realidad fueron diez años de vacío, premonición del aún más terrible vacío que vendría después. Este último, por cierto, en medio de una sucesión de tragedias que sólo inspira admiración y respeto hacia la familia.

Suárez siempre fue ambicioso, siempre quiso ser un gran hombre, y lo consiguió. Su nombre está ya desde hace muchos años en los libros de Historia. Pero hoy, cuando prácticamente todo el mundo coincide en que es preciso renovar el marco de la transición, conviene recordar el papel que a Suárez corresponde en el diseño de un sistema no exactamente envidiable. Ciertamente, no es suya, sino de otros, la responsabilidad de que el sistema de la transición haya sido incapaz de renovarse. ¿De quiénes? De los mismos que ayer se apresuraron a lincharle (el mismo Suárez utilizó ese término) y hoy se aprestan a entonar el cántico fúnebre.

Suárez ha muerto. La España de la transición, también.

Byung Chul Han
Y el diablo es, una vez más, el liberalismo
Santiago Navajas Libertad Digital 24 Marzo 2014

Cada cierto tiempo, el antiliberalismo crea un filósofo de moda, a ser posible rebuscado y exótico con un mensaje apocalíptico desde la tribuna integrada. En este caso es Byung Chul Han, coreano emigrado a Alemania, que, en la senda pobrista, como diría Antonio Escohotado, sentencia en El País:

Y ahí viene el diablo, que se llama liberalismo o Fondo Monetario Internacional, y da dinero o crédito a cambio de almas humanas.

Es al menos paradójico que Byung Chul Han sea un surcoreano que vive en una Alemania reunificada. Porque si hay dos países que muestran a las claras las bondades del liberalismo político y económico son Corea del Sur, en comparación con la comunista y totalitaria Corea del Norte, y la Alemania liberal de la RFA, que tuvo que digerir el empacho de la república democrática alemana en su versión marxista-leninista.

Y no deja de ser relevante que Byung Chul Han hiciese su doctorado con una tesis sobre Martin Heidegger, el maestro del irracionalismo que se alió filosóficamente con Hitler para su proyecto antihumanista y antiilustrado, es decir, antiliberal. En el que se combina el infundado conservadurismo antitecnológico con la moralina de ultraizquierda.

Contra lo que dice Byung Chul Han, el liberalismo es el único sistema intelectual que ha pensado en profundidad el tema de poder y su corolario, la violencia. A través de mecanismos como la separación de las instituciones que ostentan el poder, el liberalismo se ha encomendado como principal misión la de construir un orden político en el que las relaciones humanas se lleven a cabo con la menor violencia posible, y siempre y cuando sea legítima. De Locke a Rawls pasando por Kant o Nozick, el sistema liberal ha permitido, como sostiene Steven Pinker, a miles de millones de ciudadanos vivir libre y prosperamente en sociedades abiertas, tolerantes y con un futuro de paz.

El liberalismo ha creado, como vio incluso Marx, un sistema de incentivos que, gracias a la innovación y la creatividad, ha permitido que se sienten las bases de democracias liberales en las que, como ha señalado repetidamente Amartya Sen, nunca se ha dado una hambruna. Por supuesto, hay que pagar un precio: el malestar en la cultura del que hablaba Freud. Pero ello es inherente a la condición humana, y de hecho el capitalismo es el sistema que permite una mayor multiplicidad de campos y actividades de acción para que dicha creatividad se oriente de los modos más diversos. ¿Que ser libres implica estar estresados? ¡Bienvenido sea el agotamiento de la libertad! Lo que les sucede a estos filósofos instalados en la sospecha como método y la beatería como contenido es que se no aplican su propio método. Entonces encontrarían en su interior aquello sobre lo que advirtió Erich Fromm: el miedo a la libertad.

Durante mucho se pensó que era la religión el tipo de ideología que alienaba a los seres humanos. Posteriormente se denunció a la tecnología como el opio del pueblo. También se ha hablado del fútbol o los medios de comunicación como manera de engañar a las masas. Pero lo que hay que plantearse cada vez más seriamente es si son determinados filósofos los que, llevados por ese "resentimiento contra la vida" que denunció Nietzsche, han sido los grandes alienadores de la sociedad, conduciendo a hombres y mujeres hacia alucinaciones distópicas que, en el mejor de los casos, terminan en sectas ininteligibles e imposturas intelectuales, en el sentido que denunció Alan Sokal. En el peor, a esos genocidios de corte filosófico que ensombrecieron el siglo XX y que nunca debieran volver a aparecer en el XXI.

cineypolitica.blogspot.com.es

La izquierda encapuchada
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 24 Marzo 2014

El escritor Lorenzo Silva, con la honradez intelectual que le caracteriza, y tras definirse, una vez más, como de izquierdas, ha recogido y querido hacer públicas las palabras de un trabajador del Namur, amigo personal y como él de esa misma sensibilidad social, que le confesaba incluso que no había ido a la manifestación por atender a su trabajo, que quedó sobrecogido cuando al atender a los heridos, la mayoría policías, y algunos manifestantes fue testigo de una escena que le espantó por la deshumanización y odio que conllevaba: «No vi en ningún policía ni una mirada que tradujera odio o ánimo de venganza hacia ninguno de sus agresores. En el exterior, sin embargo, acompañantes de los manifestantes heridos nos gritaban a los trabajadores del Samur que éramos cómplices y que no atendiéramos a policías, que los dejásemos morir. Aplaudían cada vez que entraba un policía herido, e incluso llegaron a arrojar un petardo junto al PSA. Acabamos necesitando un cordón policial para poder trabajar con un mínimo de seguridad».

Han pasado las horas y los días. La izquierda oficial, PSOE, ausente de la movilización aunque algunos de sus miembros estuvieron presentes, e IU, protagonista en buena parte de la misma, guarda silencio sobre la violencia desatada a su término. Un silencio vergonzante para evitar tener que enfrentarse y condenar lo que es una evidencia perfectamente plasmada en la retina de los ciudadanos. El cálculo electoral o la simpatía emocional más próxima a los agresores, por ser de la “familia”, que a los agredidos, por la lacra de ser “policías” les lleva a esta actitud que desde el punto de vista ético y democrático es tan reprobable como en realidad letal para sus propios intereses. La izquierda encapuchada y su salvajismo organizado lo único que alumbran son el rechazo y el miedo. Confundirse, por acción u omisión en la condena, con ella es un verdadero suicido político.

Hay más que razones para la protesta, hay situaciones personales y colectivas límites, hay injusticias, desigualdades y pobreza. Muchos de los que acudieron a la marcha las sufren y aunque no sea su situación otros muchos entienden, y entienden bien, que su voz y presencia han de estar con ellos.

Pero no son precisamente los que se lanzan a la destrucción, al incendio, a la agresión y pretenden arrasarlo todo, y no solo mobiliario, quienes la sufren sino que más bien la aprovechan. Porque es turba, violenta y nihilista, encapuchada, puro lumpen, en exacta definición marxista, lo único que hace es degradar, corromper y envilecer su protesta y sus razones.

Sin embargo la izquierda española, en su batalla de poder y en la consideración de que la derecha es perversa en su esencia y que carece incluso de la condición de “persona” (como se negaba a los policías herido el mas elemental de los derechos humanos) no parece capaz de deslindarse de tal aberración. Sus portavoces oficiales o mediáticos se dedican al malabarismo ideológico para ocultarla, excusarla y hasta defenderla.

Algunos van más lejos. Formulan doctrinas que los engloban y que ya directamente abjuran del principio esencial de la libertad y la democracia: la libertad del otro y el voto. Las soflamas de los promotores de la marcha, postulados de la izquierda más arcaica, preñadas de nostalgias soviéticas y hossanas a regímenes cubanos y caudillos enchavecidos propugnan la implantación de democracias y tribunales “populares” y, aunque no se atreven a proclamarlo, de “dictaduras de proletariado”, amparadas en la legitimidad suprema del “pueblo” que es y son solo y en exclusiva ellos mismos. El paraíso de la clase obrera que estaba tras aquel telón de acero y que hizo que quienes si lucharon contra la dictadura franquista en España lo repudiaran y huyeran espantados de aquella opresión totalitaria y liberticida que se llamó estalinismo. El eurocomunismo y la reconciliación nacional es algo que hoy arrojan a la basura como un desperdicio. Como a la Constitución, como a las urnas, como al voto, como a todo lo que se oponga a su iluminada doctrina de redentores de la humanidad. Aunque para convencerlos haya que abrirles la cabeza a golpes y si ni aún así les entra, pues como les gritaban al Samur : “Que se mueran”. Porque los “enemigos del pueblo” no tienen derecho ni a la vida.


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Una revolución liberal para España
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 24 Marzo 2014

En Estados Unidos (…) el coste de la medicina preventiva se ha socializado a través de los seguros, de manera que su demanda (y su coste) se ha disparado. Para que nos hagamos una idea, en 2009 se realizaron 91 resonancias magnéticas por cada 1.000 estadounidenses y 228 tomografías computarizadas: un 50 % más que en Francia y más del doble que en España, Canadá o Reino Unido. Asimismo, se sometieron a un test de cáncer cervical y a una mamografía el 86 % y el 81 % de la población femenina de riesgo, dos de las tasas más elevadas del mundo (en España, por ejemplo, rondaron el 73 %).

En suma, la socialización de los costes sanitarios a través de los seguros públicos y privados ha cebado un tipo de demanda sanitaria especialmente cara: la demanda por servicios premium y preventivos. Una demanda que, para más inri, es bastante insensible a las alzas de precios: aunque los proveedores incrementen el precio demandado por sus servicios (con el propósito no sólo de aumentar sus beneficios, sino también de abonar salarios crecientes al personal sanitario y de adquirir las últimas tecnologías sanitarias a cualquier coste), la demanda no decae sustancialmente. Difícil en este contexto que la competencia opere: aunque el aumento de precios dé lugar a un incremento de la oferta de servicios sanitarios, la demanda de los mismos crece todavía más rápido con independencia de su precio.

De hecho, el estudio más exhaustivo realizado hasta la fecha sobre los sobrecostes de la sanidad estadounidense, a cargo de la consultora Mckinsey (…), concluye que la porción más significativa de esos sobrecostes se concentró en 2005 en los servicios ambulatorios. De no ser por esa porción de los sobrecostes, Estados Unidos habría gastado ese año en sanidad un porcentaje de su PIB (11,5 %) muy similar al de Suiza y Alemania (10,8 %). Pero ¿a qué se debe el sobrecoste ambulatorio? (…) La descentralización de parte de las funciones médicas a los ambulatorios debería contribuir a minorar significativamente el coste sanitario: los ambulatorios tienden a estandarizar el tratamiento, reducen la duración de las estancias y requieren de menor personal cualificado. El propio informe de Mckinsey reconoce que, efectivamente, el mero uso de los ambulatorios debería haber contribuido a una minoración de los costes totales del sistema de entre 100.000 y 120.000 millones de dólares, pero fueron otras prácticas perversas superpuestas al desarrollo del servicio ambulatorio las que realmente dispararon los costes en esta rúbrica por un monto de 436.000 millones: en concreto, el empleo abusivo de caros mecanismos de diagnóstico como consecuencia de una creciente demanda sanitaria absolutamente insensible a las alzas de los precios. Dado que los usuarios pueden demandar una gigantesca cantidad de servicios sanitarios sin soportar directamente su coste, éste tiende a dispararse sin que por ello contribuya a moderar la intensidad de la demanda.
[…]
Aquellos entornos cuyo uso sea indivisible y genere numerosas externalidades sobre terceros serán difícilmente gobernables en régimen de propiedad privada individual: por ejemplo, un río es difícil que pueda trocearse en numerosas propiedades privadas individuales, por cuanto el uso que se efectúe en su curso alto afecta inevitablemente a los usuarios ubicados en los cursos medios y bajos. En general, los ecosistemas no pueden administrarse mediante la suma de propiedades privadas individuales: son sistemas tan complejos e interdependientes que las externalidades suelen ser de una complejidad mayor a la que puede acotarse y cuantificarse de un modo muy específico; o dicho de otro modo, las relaciones de causalidad lejos de ser inequívocas son bastante ambiguas (no queda claro quién es responsable de qué consecuencias negativas y, por tanto, es muy complicado establecer los términos de una negociación y de un reparto de costes).

En tales casos, la solución que históricamente se ha tendido a desarrollar ha sido la propiedad privada comunal sobre los ecosistemas (tierras de labranza, caladeros de pesca, acuíferos, bosques o cuencas hidrográficas). La propiedad privada comunal mantiene, por un lado, varias de las ventajas de la propiedad privada individual (la protección del medio ambiente coincide con el interés de los comuneros) y, por otro, evita algunos de sus defectos (la dificultad de internalizar las externalidades): y es que el poder de actuación de los comuneros dentro del ecosistema no es ilimitado, sino que queda sometido a las instituciones comunales, entendidas éstas como el conjunto de normas y de órganos gestores que se han desarrollado a través de la negociación entre los comuneros, de su conocimiento, de su experiencia y de su adaptación ante los cambios del entorno. El propósito de esas instituciones comunales es el de repartir los frutos del ecosistema entre los comuneros pero evitando degradar el ecosistema que proporciona tales frutos.

Ejemplos exitosos de propiedades privadas comunales los hay muy abundantes en todas las regiones del planeta: las tierras de labranza en el 80 % del territorio suizo, en tres millones de hectáreas japonesas y en muchos puntos del norte de España son propiedad comunal desde el siglo xvi; los sistemas de riego en Nepal, en Nuevo México (acequias), en el Valle de Aosta (consorzi), en Filipinas (zanjera), en Indonesia (subak), Tailandia (muang-fai) o en el levante valenciano (Tribunal de las Aguas de Valencia) y murciano administran eficientemente la escasa agua de estos territorios mediante regímenes de propiedad comunal; los bosques alrededor del río Chapere por parte de los yucararé en Bolivia o en Raniswara y Churiyamai, en Nepal, son otros ejemplos exitosos de conservación y reforestación por parte de comunidades privadas; y también los acuíferos en Finlandia, dos tercios de todas las carreteras suecas o los caladeros de pesca de Maine y Japón son bienes comunales. Llamativo es el caso de los elefantes en Botsuana, Malaui, Namibia o Zimbabue, los cuales son propiedad de las comunidades locales que, al encargarse de explotarlos comercialmente y protegerlos de los cazadores furtivos, han logrado en apenas un cuarto de siglo cuadruplicar su población mientras ésta seguía declinando en el resto de África (…).
La extensión y variedad de la red de asistencia social voluntaria que emergió espontáneamente por todo Occidente resulta asombrosa y digna del mayor de los encomios
[…]
Es un fenómeno tristemente habitual el pensar que, antes del advenimiento del Estado de Bienestar, la inmensa mayoría de la sociedad estaba del todo desamparada ante adversidades tan frecuentes como la enfermedad, los gastos funerarios, las enfermedades no aseguradas, la jubilación o la incapacidad. Y, ciertamente, la magnitud de la asistencia social hace 150 años era mucho menor que con los actuales Estados de Bienestar, pero no porque no hubiese instituciones sociales que permitieran contrarrestar las anteriores adversidades sino, simplemente, porque Occidente hace 150 años era mucho más pobre que ahora. O dicho de otro modo, aun cuando hace 150 años se hubiesen instalado Estados de Bienestar, éstos habrían proporcionado una asistencia social mucho más escasa que la actual. Ahora bien, con el nivel de riqueza disponible en la época, la extensión y variedad de la red de asistencia social voluntaria que emergió espontáneamente por todo Occidente resulta asombrosa y digna del mayor de los encomios.

La pata fundamental de ese sistema de asistencia social eran las sociedades de ayuda mutua. Su participación por parte de la población era muy amplia, especialmente para los estándares de riqueza de la época: a comienzos del s. XX, se estima que uno de cada tres hombres en EEUU pertenecían a una sociedad de ayuda mutua (…) y que tres cuartas partes de la población inglesa que en 1911 pasó a estar cubierta por la recién creada Seguridad Social ya lo estaban por las más de 9.000 friendly societies existentes en el país (…). El fenómeno no se restringía al mundo anglosajón, sino que en mayor o menor medida se extendía por todo el continente europeo (…).

Los servicios que ofrecían estas sociedades de ayuda mutua eran muy variados: la asistencia más común era la compensación por los sueldos perdidos en caso de enfermedad y el pago de los gastos por funeral, pero a lo largo del s. XIX fue haciéndose cada vez más frecuente que también cubrieran los desembolsos sanitarios, los seguros de vida, las pensiones de jubilación, viudedad y orfandad o incluso los gastos de viaje por cambio de trabajo (…). Los medios con los que contaban para tales fines no eran simplemente testimoniales, pues fueron capaces de crear orfanatos (71 sólo en EEUU, por ejemplo), asilos u hospitales punteros para su época.
Si la asistencia social estatal deviniera innecesaria y una mayor parte de los servicios de justicia y de seguridad fueran externalizados enteramente al sector privado, el peso final del Estado se acercaría al 1,5% del PIB
[…]
En conjunto, por consiguiente, el peso del Estado se reduce desde casi 480.000 millones (equivalente al 45% del PIB) hasta 50.000 millones (menos del 5% del PIB), permitiendo una análoga reducción de la carga tributaria que soportan unos fiscalmente esclavizados ciudadanos. De hecho, por los motivos ya expuestos, el Estado mínimo podría ser mucho menor: si la asistencia social estatal deviniera innecesaria y una mayor parte de los servicios de justicia y de seguridad fueran externalizados enteramente al sector privado, el peso final del Estado se acercaría al 1,5% del PIB.

Tal como hemos explicado, esta considerable limitación del tamaño y de la coacción del Estado no sólo no deterioraría la calidad y disponibilidad de los servicios que reciben los ciudadanos, sino que los mejoraría y abarataría para su inmensa mayoría. Tentativamente, podemos elaborar el presupuesto familiar de dos tipos de familias bastante extendidos.

El primero sería el de un soltero sin hijos que actualmente percibe el salario modal de España (15.500 euros) y que, en el modelo de Estado mínimo planteado, vería cómo sus impuestos abonados se reducirían en 8.300 euros. Con esta cantidad debería poder hacer frente a los servicios municipales y a las infraestructuras utilizadas (cuyo coste dependería de multitud de factores, como el número de veces que usa las carreteras interurbanas o los servicios contratados en la comunidad donde habita, pero que no tendría por qué superar como media los 1.000 euros anuales, en línea con los cálculos anteriores), a la sanidad (que ya hemos estimado antes en unos 1.500 euros anuales), a la contratación de seguros variados para hacer frente al riesgo de paro o a la discapacidad, y finalmente a su ahorro para las pensiones (le restarían unos 5.300 euros anuales que permitirían abonarle, tras 40 años de jubilación, una pensión un 50% superior a la actual, así como amasar un patrimonio de 760.000 euros).

El segundo modelo de familia sería el de dos padres con un hijo. En tal caso, los gastos serán muy similares a los anteriores, pero existirán ciertas economías de escala: por ejemplo, la cuota de comunidad en la urbanización no será mucho mayor en tanto se pagaría por propiedad y los gastos sanitarios del hijo serían algo menores a los de los adultos (…). A cambio, esta familia debería soportar los gastos educativos de su hijo, que asumiendo un coste medio de 3.500 euros anuales durante 17 años de educación obligatoria y superior llegaríamos a un coste medio prorrateado durante toda la vida laboral de 1.500 euros. En tal caso, esta familia podría ahorrar para su jubilación unos 8.600 euros anuales, lo que al cabo de toda una vida laboral arrojaría un patrimonio conjunto de más de 1,2 millones de euros y una pensión un 20% superior a la que tendría derecho con el sistema actual.

NOTA: Este texto está compuesto de varios pasajes de Una revolución liberal para España, el más reciente libro de Juan Ramón Rallo, publicado por Deusto y que se presentará este martes en Madrid, a las 19:00, en la Fundación del Pino.

Nart: «Cataluña vive una emergencia nacional y una fractura social acelerada»
maría jesús cañizares / barcelona ABC Cataluña 24 Marzo 2014

El candidato de Ciudadanos en las europeas cree que Artur Mas defiende la independencia para blindar sus privilegios

—¿Qué lleva a un abogado y aventurero a meterse en política?
—En Cataluña vivimos una extraordinaria situación de emergencia nacional y de fractura social acelerada. Mientras, el PSOE no está ni se le espera y se dedica a la masturbación política porque está encantado de conocerse, y el PP, a saber lo que está haciendo. Mariano Rajoy piensa que esto se soluciona con planteamientos legalistas y estamos ante una fractura social muy parecida a la del País Vasco.

—¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
—Por un proceso largo de 40 años en los que hubo planteamientos tácticos para PP y PSOE, y estratégicos para los nacionalistas hasta llegar a una sociedad donde una mitad considera a la otra el enemigo. De ello participó un partido fundamental en su momento, el PSC, que cada mañana se miraba el ombligo para saber si era suficientemente nacionalista. Harto de esto, yo devolví mi carné de socialista.

—¿Qué se puede hacer?
—Los sentimientos son difíciles de gestionar. Si ha ido calando que la razón de todos los males es una España imperial, succionadora, que nos roba, que nos destruye históricamente, que ha cometido un genocidio cultural y todas esas tonterías, es muy difícil hacer un planteamiento didáctico sobre la historia común. Artur Mas siempre comerá y vivirá bien, sobre todo en su propia Cataluña porque sus privilegios quedarán blindados, pero hay que explicar qué costes tiene la independencia. Los industriales catalanes viven del mercado español en más de un 40%. Si se sale del euro ¿cómo se financiará una Cataluña considerada bono basura? El 80% del negocio de la Caixa está en el resto de España

—¿El pacto fiscal es la solución?
—El día que haya un pacto, que es posible que lo haya, se producirá otra fractura de quienes han creído en la independencia, de quienes, llevados a un punto de ebullición, no quieren apagar la caldera. La Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) quiere tomar las instituciones del Estado. Esto es ridículo y tan patético como el golpe de Estado de Lluís Companys de 1934 o la invasión de Prats de Motlló de Macià, propio de un pequeño burgués. En política no se puede hacer el ridículo, el señor Companys lo hizo, pero los muertos los pusieron otros.

—Suena alarmista...
—¿Usted cree que alguien está por el pacto en Cataluña?

—¿Declaración de independencia entonces?
—El señor Mas tiene poco que ver con la masa social de CDC, que es la burguesía catalana, que hizo unos magníficos negocios con Franco. No había una Cataluña aterrada bajo la bota franquista. Había un desapego del franquismo, pero la masa social de CDC vivía en paz y hacía negocios. Ahora el esquema de Mas consiste en abandonar la masa social de CDC y ceder los centros de poder en favor de ERC. El mejor agente electoral de ERC se llama Artur Mas, que aboca a su partido, CDC, a su desaparición.

—¿La ciudadanía entiende eso?
—Mas plantea la vía insurreccional. Sin referéndum, habrá elecciones plebiscitarias y de ahí saldrá la declaración unilateral de independencia, lo que significa la confrontación con el Estado, en la línea de ese heroico grupo que es la ANC. Yo le diría a la señora Carme Forcadell cómo van a decirles de buen rollo a la Guardia Civil que entreguen las armas. Cada vez se dice más gorda. Pero cuando estás en el nivel 7, bajar al 3 con la gente ya muy en ebullición, es imposible.

—¿Suspender la autonomía?
—Habrá que pensar las cosas muy seriamente. El Estado no puede encogerse de hombros, tiene que tratar la realidad social. Y esa realidad se trata explicando los costes verdaderos de ese movimiento primario basado en sentimientos y manipulación. Hay que ser didácticos, proceder a debates claros en los que especialistas, no políticos, expliquen cómo está el mar y que tripulación llevas en ese viaje a Ítaca.

—¿La situación de Cataluña es similar a la de Crimea?
—Se dice que en Cataluña somos pacíficos y en Crimea no. El problema no es que Europa diga que el referéndum de Crimea no es válido porque son violentos y hay un ejército de ocupación. Lo dice porque el referéndum está fuera de la Constitución ucraniana.

—¿La crisis y la situación en Cataluña provocará una mayor participación en las elecciones europeas?
—Estarán contaminadas por ambas cosas. El problema catalán tiene una cuestión decisiva que es el descrédito de las instituciones por culpa de la casta política. La crisis es culpa de la mala gestión de los gobiernos del PP y PSOE. Participaron en una orgía financiera, pero el champán se lo quedan ellos y la resaca es para mí.

Manos Limpias acusa a la Fiscalía de estar «contaminada» a favor del independentismo
j. guil / barcelona ABC Cataluña 24 Marzo 2014

El sindicato responde así a la petición de archivo del Ministerio Público a su querella contra Mas por sedición

El sindicato de funcionarios públicos Manos Limpias ha afirmado hoy que la Fiscalía de Cataluña está «contaminada» y mantiene una «línea política a favor del independentismo». El sindicato, famoso por ejercer de acusación popular en casos como el Caso Nóos, ha reaccionado así a la decisión de la Fiscalía catalana de pedir al Tribunal Superior de Cataluña (TSJC) el archivo de la querella que Manos Limpias presentó contra el presidente de la Generalitat, Artur Mas, por sedición y prevaricación, en la que además argumentaba que la consulta independentista de Cataluña podría tener un encaje legal.

El sindicato basaba su querella en algunos actos liderados por Mas, como el acuerdo de hacer una consulta independentista el próximo 9 de noviembre, o la declaración que en enero del año pasado aprobó el Parlamento catalán, en la que se declaraba a Cataluña «sujeto político y jurídico soberano», y que fue recurrida por el Gobierno ante el Tribunal Constitucional.

En su escrito solicitando el archivo de la querella, tercia sobre uno de los asuntos de fondo, la consulta independentista, y considera que en el marco legal actual y con la jurisprudencia del Tribunal Constitucional (TC) "se puede discutir razonadamente" el encaje constitucional de la consulta. Con todo, señalaba que la discusión jurídica ha de situarse en sede constitucional", ante el TC.

En un comunicado hecho público hoy, Manos Limpias asegura que "no le sorprende" el escrito de la Fiscalía Catalana. "Manos Limpias es consciente de que el Ministerio Público está contaminado y son múltiples los escándalos y comportamientos del mismo que le han acreditado un desprestigio hacia la sociedad civil", señala. A renglón sguido, el sindicato afirma que "el informe del Ministerio Público carece de todo rigor profesional y técnico y encaja en una línea política, que es la que mantiene el Ministerio Público de Cataluña a favor del independentismo.

"Cabe recordar -señala el comunicado- a este respecto, las declaraciones del ex Fiscal Superior de Cataluña, Rodriguez Sol, a favor del independentismo y el manifiesto de los 33 jueces" en favor del derecho a decidir..

A pesar del informe desfavorable, que no es vinculante, Manos Limpias confía que la Juez Instructora del caso mantenga la independencia suficiente para admitir la querella de Manos Limpias , que reúne todos los requisitos que la legislación vigente (LEC) exige en la interposición de querellas.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Adolfo Suárez, mi nota discordante.

Pedro de Hoyos Periodista Digital 24 Marzo 2014

Dice mi suegra que “líbrenos Dios de la hora de los elogios”. Cuando empiezo a escribir en la fría tarde dominical va a intervenir Alfonso Guerra en esa batalla de elogios hacia Adolfo Suárez en que se ha convertido la programación de las televisiones españolas. No sé qué dirá el antiguo vicepresidente del gobierno pero cabe suponer que irá en la empalagosa línea de elogios. Él, que tanto le atacó; él, que tanto le vituperó; él, que tantas críticas amargas dijo pública y oficialmente.
Tiene Adolfo Suárez todo mi respeto, le tocó un papel fundamental en la historia de España y lo desempeñó con nota alta… aunque España y la Historia terminaran por devorarle. Es sin embargo esta universal costumbre del elogio indiscriminado lo que me ha animado a escribir esta nota discordante. Líbrenos Dios de la hora de los elogios.

Si la obra ha de juzgarse por su desenlace final, la de Suárez tiene aspecto de fracaso. España está gravemente enferma de paro, de desahucios y de desamparos en general; si todo ello puede ser pasajero y superable (¿en una generación?) persiste todavía el problema de los nacionalismos. Se creyó dar en la diana al crear la España autonómica de doble velocidad, Cataluña, Galicia, Euskadi y Andalucía (sí, también) con estatutos de primera clase, mientras a los demás se les marginaba, se les impedía el acceso a unas armas legislativas que les permitiera competir en igualdad de condiciones.

En el caso de Castilla el error es sangrante. Castilla encabezó el movimiento centrípeta que acabó de formar España y España se lo ha agradecido desangrándola, desmembrándola y vaciándola de gentes y de industria, por lo tanto también de futuro. Fueron las ambiciones de los barones de UCD, supuestamente controlados por Adolfo Suárez, los que desmembraron Castilla, haciendo del histórico puerto de Castilla una autonomía inventada llamada Cantabria. Otro tanto pasó con la actual La Rioja, donde hasta entonces se pensaba que había nacido el castellano (¿si La Rioja no es Castilla, por qué se llamó “castellano” y no “riojano” al idioma que hoy hablan 400 millones de personas?). Madrid, la capital de todos, se separó de su núcleo original, fragmentando a Castilla una vez más, y convirtiéndola en un lugar de nadie. Alguien, qué maldad, se inventó una Castilla-La Mancha de la que nadie había oído jamás hablar.

El alboroto era tal que hasta un diputado por Segovia –Modesto Fraile- estuvo a punto de conseguir autonomía exclusiva para la provincia del acueducto. Ahí Suárez se plantó. ¿Por qué no lo hizo con Cantabría, con La Rioja, con Madrid? ¿Por qué a nadie se le ocurrió inventarse una Castilla-La Alcarria? ¿Por qué no, tal vez, una Castilla-Ribera del Duero? ¿Por qué Cataluña, Aragón o Andalucía están completas y a Castilla se la troceó? Suárez era castellano, ¿qué sentía por Andalucía o por Extremadura que no sintió por su Castilla?

Y todo esto con plena satisfacción y frotamiento de manos de los nacionalistas que veían una dificultad y un competidor menos, sin Castilla España era más fácil de asaltar, sus deseos más fáciles de conseguir. Se cedió por primera vez ante los nacionalismos desgarradores, creyendo que alguna vez se sentirían satisfechos y limitarían sus pretensiones, pudiendo dedicarnos sólo a crecer y mejorar.

Craso error que nos tiene casi cuarenta años postrados ante los nacionalismos. Liderada por Castilla España sería un país propio de su entorno sin más problemas que los que el desarrollo capitalista puede dar. Pero se prefirió un modelo sin límites, un Estado que se estirara sin fin, cediendo una y otra vez. Como se ve no ha servido para nada.

Castilla no existe en España, no tiene voz, no pinta nada. Las decisiones comunes corresponden a las presiones nacionalistas. Castilla no tiene un régimen impositivo favorable, como Navarra o el País Vasco (¿por qué? ¿No somos todos iguales?) ni tiene a su favor unas leyes autonómicas con las que presionar al Estado. Al final lo de Cataluña se resolverá cuando nuevamente a los castellanos se nos exija pechar los impuestos para sufragar la veleidades de Artur Mas y su ideología sectaria y clasista. Como hemos hecho tradicionalmente hasta desangrarnos en nombre de esto que llamamos España.

Hay más “Sánchez” o “García” en El Penedés que “Andreu” o “Capdevila” en toda Castilla, por algo será. Pero no, usted no se preocupe, no.

Cataluña
Las mafias brindan con cava
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 24 Marzo 2014

El 14 de marzo el comisario político de La Vanguardia, Jordi Barbeta, destiló su habitual dosis de proselitismo secesionista en una raquítica columna titulada "¡Hala Madrid!", donde enumeraba las empresas de primera magnitud que prometen establecerse en Cataluña. "No paran de llegar noticias que alimentan el optimismo de los catalanes", se jactaba, para transmitir la impresión de que las soflamas independentistas no solo no ahuyentan las inversiones sino que las atraen. Omitía reconocer que si la corriente de capitales fluye hacia Cataluña es porque quienes la controlan saben que esta es una región que forma y seguirá formando parte de España y de la Unión Europea, tal como manda la racionalidad política y económica. El hecho de que las inversiones continúen llegando es una prueba más de que en los centros de poder nadie que esté en su sano juicio cree posible que una comunidad culta retroceda voluntariamente, en el siglo XXI, a las tinieblas del feudalismo tribal, y rompa así con su entorno civilizado.
Autoridades insumisas

El mismo día en que el comisario político Barbeta nos endilgaba su escueto sermón militante en la página 18, el diario al que dicta la línea de servidumbre ideológica publicaba, en las páginas 24 y 25, un meduloso y documentado informe que demolía la entelequia optimista. Su título:

ALTA DELINCUENCIA - Catalunya, favorita del crimen organizado
La noticia no debe tomarnos por sorpresa. Es lógico que las bandas mafiosas se radiquen y consoliden su hegemonía en un territorio donde los gobernantes locales se enorgullecen de desobedecer las normas constitucionales, los fallos judiciales y las leyes que dicta el Congreso. Cuando las autoridades son las primeras en declararse insumisas y en confabularse para trocar sus caprichos sectarios en sustitutos del derecho, se abren las compuertas a todo tipo de transgresiones. La anarquía y el delito se apoderan de la calle y socavan las instituciones. Y las mafias brindan con cava. Escribe el experto Eduardo Martín de Pozuelo en el informe citado:

El potencial criminal del casi medio millar de grupos criminales organizados detectados en España es de tal magnitud que los responsables de la lucha contra este modelo de criminalidad del más alto nivel no dudan en sostener que estos delincuentes "están en posición real de desestabilizar las estructuras básicas del Estado de derecho". (…) Catalunya es la autonomía con competencias en seguridad que sufre la mayor penetración de este fenómeno internacional cuya presencia aumenta sin cesar, de modo que se está convirtiendo en la región geográfica favorita de la alta criminalidad organizada que actúa en territorio español. (…) Datos de última hora indican que en lo que va del 2014 se ha detectado en Catalunya un aumento de esta delincuencia. (…) Según el director general de la Policía Nacional, Ignacio Cosidó, de cada tres grupos de crimen organizado detectados en España uno tiene actividad en Catalunya.

Martín de Pozuelo destaca que estos grupos forman parte de las organizaciones multinacionales de carácter mafioso generalmente originarias de Rusia, Italia, países que conformaban la antigua Yugoslavia y, últimamente, cada vez más de Pakistán, Bangladesh y China. Y ofrece un dato instructivo sobre la mafia china:

La gran delincuencia china tiene como objetivos principales el contrabando de mercancías, el tráfico de seres humanos, el fraude fiscal y el blanqueo de capitales. Por estas razones los agentes consideran que deben prestar especial atención al interés demostrado por esta delincuencia organizada –tan difícil de detectar– por el control de espacios portuarios, especialmente los destinados a contenedores, como por la adquisición de naves para el almacenaje masivo de mercancías.

Falsas ilusiones
Artur Mas argumenta, como Barbeta, que las grandes empresas extranjeras hacen cola en la ventanilla de la nonata Ítaca. Cita, como ejemplo (LV, 17/3), las cuantiosas inversiones en el puerto de Barcelona. De capitales chinos, of course, aunque él no lo diga. No se instalan, como alucinan los secesionistas, por solidaridad con la gestación de un nuevo estado independiente, sino porque ambicionan "el control de espacios portuarios, especialmente los destinados a contenedores". Es Martín de Pozuelo quien vuelve a despejar las falsas ilusiones:

Estos grupos escogen para asentarse zonas con una gran densidad de población, flujos migratorios y buenos ejes de comunicaciones aéreas, terrestres y marítimas y obviamente, la existencia de núcleos turísticos favorece su presencia.

Sumemos a estas condiciones otras dos que el experto no menciona –la fractura social y el clima de desobediencia civil estimulado desde el vértice del gobierno autonómico– y llegaremos a los orígenes de este proceso de infiltración mafiosa en el seno de la vulnerable sociedad catalana. Para colmo, la eficacia de la policía autonómica es saboteada por los mismos que la crearon: la maquinaria secesionista bloquea su indispensable coordinación con las fuerzas de seguridad del Estado y la izquierda antisistema, igualmente enquistada en esta maquinaria, la acosa sin tregua.

Con un añadido que también nos ha proporcionado Martín de Pozuelo y que se sintetiza en otro titular (LV, 15/12/2013):

Catalunya, foco europeo del yihadismo
Mientras las mafias brindan con cava y los yihadistas plantan la semilla de la barbarie, las élites secesionistas distraen la atención de los ciudadanos con sainetes de matriz cainita que los hostigan contra sus compatriotas, destruyen las pautas de convivencia y los dejan a merced de sus enemigos. Cataluña fuera de España, de la Unión Europea y de la OTAN, será un bocatto di cardinale para los cárteles de mafiosos y terroristas que pululan por el mundo en busca de estados débiles y marginados. Ya colonizaron Kosovo. Ahora se les hace agua la boca cuando contemplan la posibilidad de zamparse esa tajada de España que una camarilla de iluminados se empeña en condenar al desamparo, amputada del tronco común.

¿De verdad está Artur Mas pidiendo a gritos una salida?
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 24 Marzo 2014

Situado en la margen izquierda de la ría del Nervión, Baracaldo abandonó su marcado carácter rural en origen con la industrialización de la ría (básicamente los Altos Hornos de Vizcaya), fenómeno que actuó de imán capaz de atraer a una numerosa población emigrante de provincias como Burgos y Palencia, los famosos maketos, que en los sesenta y setenta ocuparon barrios empinados, muy humildes, muy húmedos, casi lóbregos, de gente ejemplar, trabajadora en grado sumo. Conocí mucho a una de esas familias. Procedían de Hortigüela, un pequeño pueblo burgalés. Su hijo Luis, mi amigo, navegó conmigo en la Naviera Aznar. Con él paseé por las calles empinadas, resbaladizas de aquel Baracaldo donde el ocio consistía en tomartxikitos con la pandilla. Luego llegó la desertización industrial y la plaga de un nacionalismo que dividió a los emigrantes castellanos en dos bandos: los que aceptaron resignados el silencio en sus casas, decididos a no renunciar a sus raíces. Y los que abrazaron la fe abertzale con ardor digno de mejor causa, dispuestos a hacerse perdonar su falta de pedigrí vasco, cuando no directamente pasaron a engrosar las filas de ETA con singular denuedo.

Una sala de cine del Baracaldo limpio y aseado de hoy, urbanísticamente regenerado, con sus más de 100.000 habitantes, se convirtió el fin de semana pasado en la de mayor recaudación de España, gracias a la película “Ocho apellidos vascos”. El quinto puesto del ranking nacional lo ocupó también otro cine de Baracaldo. Un record. Quizá un hito. Emilio Martínez-Lázaro, su director, cuenta la historia de Rafa, un sevillano pintón aficionado al fino y las mujeres que un día conoce a Amaia, una chica muy vasca, con flequillo y todo, de la que se enamora sin ser correspondido. Resuelto a conquistarla, viaja hasta el lejano Euskadi dispuesto a hacerse pasar por un vasco de pura cepa, “ocho apellidos vascos”, para dar lugar a una historia de ficción donde el choque cultural norte-sur provoca la carcajada de quienes están dispuestos por fin a reírse de tanta hojarasca, tanta basura ideológica, tanto mito de aldea con el que durante tantos años tantos han pretendido, y a menudo logrado, separar a los españoles. Las risas de Baracaldo, que son también las de Madrid y del barrio de Triana, parecen marcar el camino hacia una convivencia que, cercenada por el absurdo, busca respirar aire puro lejos de los fantasmas identitarios.

¿Conoce Mas la hoja de ruta de la ANC? ¿Qué opinan al respecto las nobles gentes de Sarrià-Sant Gervasi?
Emponzoñado anda el aire que hoy se respira en toda España a cuenta de Cataluña. Los catalanes con mando en plaza que siguen viajando a Madrid como siempre, acogidos como siempre, no se paran en barras a la hora de describir el clima de ebullición independentista que se masca en Barcelona, y a todo aquel que quiere escucharles piden, casi imploran, que hay que hacer algo, que Madrid tiene que hacer algo, que el Gobierno tiene que mover ficha, “porque Mas está pidiendo a gritos una salida” (frase ya tópica), pero Mas parece cada día más a lo suyo, en lo suyo, y no hay semana que no suba al Sinaí del panteón nacionalista para bajar aureolado con la llama de las tablas de la ley de nuevas exigencias, nuevos desafíos, renovados desplantes, mientras en la llanura española la gente asiste cariacontecida a esta escalada donde uno habla y desafía y amenaza y desprecia, mientras otros, en el mítico malvado “Madrit”, contemplan el espectáculo alucinados, cabreados unos, hastiados otros, cansados casi todos de este bíblico castigo que ha caído sobre la sensata gente del común. ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto?

Claveles de los fusiles o la receta “escamots”
Ahora una autodenominada Asamblea Nacional Catalana (ANC) está diseñando el camino hacia la felicidad de los catalanes, naturalmente solo de los nacionalistas. Quienes militamos en el PCE en vida de Franco sabemos bien cómo se montaban esas plataformas ciudadanas, de acuerdo con la estrategia leninista más elemental, que dirigía el camarada Carrillo y su séquito desde París. La ANC que controla y dirige ERC del pétreo camaradaJunqueras es la cosa más democrática del mundo. Es tan democrática como aquella Junta Democrática que en los setenta montó el PCE desde París. Tanto, que ha ofrecido al Valle de Arán -12.000 habitantes- sumarse al shangri-la nacionalista como Estado Libre Asociado, todo un detalle. La hoja de ruta de la ANC apunta asuntos más serios, como cuando habla de, una vez declarada la independencia, “hacerse con el control de las grandes infraestructuras y fronteras -puertos, aeropuertos-, la seguridad pública, las comunicaciones, etc.” No aclara la ANC si lo hará colocando claveles en la boca de los fusiles de los Mossos o si, metidos en harina y con CiU arrollada por la marea, harán uso delexpertise acumulado por ERC en los años treinta -1931, 1934 y sobre todo 1936, cuando, bajo la presidencia de Companys, losescamots de Esquerra, en alianza con patrullas de CNT-FAI, se dedicaron a sembrar el terror por las calles de Barcelona asesinando gente a mansalva. ¿Conoce Mas la hoja de ruta de la ANC? ¿Le ha dado su visto bueno? ¿Qué opinan al respecto las nobles gentes de Sarrià-Sant Gervasi, incluso las clases medias del Eixample…?

Ni una palabra dice el programa hacia la felicidad de la ANC sobre la corrupción galopante que vive Cataluña gobernada por una elite cleptómana, acostumbrada a llevárselo crudo a Suiza tanto con CiU como bajo el Tripartito (allí también estaba ERC); ni sobre ese 30% de catalanes pobres que se darían por satisfechos con poder tocar hoy una parte, siquiera pequeña, del paraíso en el que vivirán cuando se separen de España, nada de los servicios públicos que no funcionan, de la Sanidad recortada, de la vida cada día más difícil, de la paupérrima calidad democrática con que desde siempre les vienen obsequiando una clase política que ha optado por convertirse en cabeza de ratón en lugar de cola de león, resuelta a sacudirse la fiscalización de una Justicia que, más o menos independiente, puede ponerle, si la cosa se tuerce, de patitas en la cárcel. Reflexión de un nacionalista en un foro esta misma semana. “Claro que también hay corrupción en Catalunya. Pero la creación de un nuevo Estado ha de comportar cambiar las reglas de juego y hacer que las cosas funcionen mejor”. ¿No es enternecedor? ¿No hemos de reírnos de los nacionalismos? Ocho apellidos catalanes.

Ni una palabra dice el programa hacia la felicidad de la ANC sobre la corrupción galopante que vive Cataluña
Y en Madrit todos callados, o casi. En realidad, el único español con mando en plaza que habla es que el debería estar callado, en una de esas llamativas sinrazones que hacen de este conflicto algo que roza lo kafkiano. Porque de defender la unidad de España, es un decir, parece estar encargándose… ¡El ministro de Asuntos Exteriores! ¿Cabe mayor incoherencia, más sublime desatino? Por esta vía, el locuazGarcía-Margallo nos sorprenderá un día de estos llamando a consultas al embajador de España en Barcelona. ¿Qué pueden hacer los españoles sensatos ante esta avalancha de estulticia? Ocho apellidos vascos nos marca el camino: con el nacionalismo catalán decidido a rendir al contrario por aburrimiento -a la independencia por el cansancio-, tal vez a Juan Español no le quede otra salida para mantener incólume su salud mental que tomarse el nacionalismo a cachondeo. Reírse del nacionalismo.

Moncloa dice que sí, que tiene un plan…
Moncloa dice que sí, que está en ello, que una vez recuperado el pulso de ese enfermo terminal que económicamente era España hace apenas un año, ahora toca ocuparse de Cataluña y a ello se dedica en cuerpo y alma el señor Rajoy, en ello está, y claro que hay un plan definido, faltaría más, pero si uno pregunta de qué va ese plan, qué dice, qué cuenta, entonces se encogen de hombros, sonríen y cambian de tercio. Misterio. Ninguno hay, por contra, en la Generalitat. Mientras con Adolfo Suárez agoniza el espíritu de la Transición, el proceso de ruptura de España está en marcha, y no pasa día, no corre semana, sin que Mas y su entorno anuncien un paso al frente, como ese registro de catalanes en el extranjero que la Generalitat ha puesto en marcha para poder votar en el referéndum. El independentismo hace músculo, afila sus garras, como esos gatos que en el mejor sillón de casa ejercitan sus uñas de cara a la pelea nocturna en el tejado. Mientras pide diálogo, don Arturo no deja de dar pasos hacia el abismo. Mas es el tipo elegante que, después de darte una patada en la boca, te pregunta educado si te ha hecho daño, si te ha dolido, para a continuación pedirte una respuesta “sin insultos, agresiones, ni menosprecios” (sic).

De momento, la acción la ponen unos y el silencio contemplativo otros. Ponen también la cara. Y la pasta. La Generalitat, que se ha comido ella sola el 40% del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), está quebrada, al punto de seguir sin poder emitir deuda por culpa de un déficit –los ajustes del gasto han sido mínimos- que financia Madrid y de una deuda completamente desbocada. Ante el fracaso en la gestión y la renuncia a mejorar el día a día de los ciudadanos con una eficaz gestión de los recursos disponibles, Mas y los suyos optaron por entregarse en brazos del mito secesionista como panacea de todas las desgracias. España nos roba. La independencia como maná. Nadie ha dicho una palabra en Cataluña de los costes de la aventura secesionista, del coste de montar la estructura de un Estado. Todo serán ventajas con la independencia, porque viviremos igual de bien y encima tendremos 16.000 millones de más. Crece la clientela. Ante planteamiento tan viciado de origen, tan torticero, defender el referéndum como un ejercicio de democracia es mancillar la esencia de la democracia y ofender la inteligencia de los ciudadanos con capacidad para pensar por su cuenta. ¿Qué hacer ante tanta sinrazón? Tal vez solo reírnos de los nacionalismos.

P.D. “Ocho apellidos vascos” recaudó este viernes en toda España un 53% más que el anterior, volviendo a llenar los cines de Baracaldo, a pesar de la feroz crítica del diario Gara a la película.

Pasos adelante a favor del bilingüismo
Convivencia Civica Catalana  24 Marzo 2014

Apreciado/a amigo/a
Esta semana hemos tenido 2 buenas noticias: la aplicación de la tercera hora y los grupos de voluntarios por el bilingüismo.

En primer lugar, el Tribunal Constitucional ha desestimado (tras siete años) el conflicto de competencias que presentó el tripartito catalán en 2007 y que afectaba a la aplicación de la tercera hora de lengua española.

Nuestra asociación, Convivencia Cívica Catalana había presentado un recurso por aquel entonces y todo estaba paralizado esperando la resolución de este conflicto competencial. Una vez resuelto y en contra del gobierno autonómico, hemos solicitado que se levante la suspensión de forma inmediata y se aplique la tercera hora.

¿Qué significa la “tercera hora”? Básicamente que de las 25 horas lectivas, tres se den en lengua española, es decir, un 12% del total. Es un paso adelante, aunque evidentemente muy alejado del 50% de un trato equitativo.

¿A qué centros aplica? A todos los centros que imparten enseñanza primaria en Cataluña. Nuestros abogados analizaron los proyectos lingüísticos de todos y cada uno de los colegios y nuestro recurso abarca a todos.

Si estás interesado, puedes saber más de la “tercera hora” en nuestra nota de prensa enviada a los medios de comunicación y que encontrarás adjunta a este correo

En segundo lugar, Como sabes, cada vez somos más los que queremos una enseñanza bilingüe y podríamos ser muchos más si los padres supieran que tienen derecho a solicitar una educación bilingüe para sus hijos porque muchos lo desconocen, no saben que existe un impreso de solicitud ni tienen ninguna información sobre todo ello.

Por eso, esta semana hemos querido poner en marcha unos grupos para dar a conocer el bilingüismo a los padres de los centros educativos. Por ejemplo, se repartirán folletos e impresos a la salida de algunos colegios entre las 16:30 y 18:00 horas en varias localidades.

Pero para esto nos gustaría contar con tu colaboración. Para ayudarnos son necesarios dos requisitos:

1) Tener disponibilidad horaria algún día a la semana entre 16:30 y 18:00 horas.

2) Vivir o poder desplazarte a alguna de las 14 localidades donde centraremos nuestros esfuerzos y que son las ciudades donde más padres han pedido enseñanza bilingüe: Barcelona, Tarragona, Lérida, Gerona, Badalona, Hospitalet, S.Cugat del Vallés, Sabadell, Tarrasa, Reus, Vilanova i la Geltrú, Rubí, Castelldefels y El Prat de Llobregat.

Para colaborar sólo debes contestar a este correo electrónico indicándonos la localidad o localidades donde te gustaría ayudar.

En función de las respuestas que vayamos recibiendo y al cabo de unos días, nos pondremos en contacto contigo.

De antemano, agradecemos toda la ayuda posible. Convivencia Cívica Catalana es una asociación modesta que cuenta con pocos recursos y necesitamos la colaboración de todos para conseguir que la enseñanza bilingüe sea pronto una realidad.

Recibe un muy cordial saludo,

CONVIVENCIA CIVICA CATALANA
Defendemos tus derechos / Defensem els teus drets
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Apartado de Correos 6142
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Teléfonos 626 377 683 / 659 055 939


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