AGLI Recortes de Prensa   Viernes 28  Marzo  2014

El Golpe continúa
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 28 Marzo 2014

«Al tiempo que injuriaba al Constitucional, Mas concedía al TC una suerte de prevaricación selectiva»

TRAS la Sentencia del TC, el golpe de Estado catalán, perpetrado por las propias instituciones del Estado español que lo representan allí, con la Generalidad a la cabeza, continúa. Mas ha aprovechado, incluso, lo que la comodona casta política de Madrit creía una posición de fuerza para frenar legalmente el golpismo separatista y ha sido aún más claro, o sea, más golpista: «el proceso continúa». Y tras precisar que esperaban esa sentencia -lógico, había nacionalistas concibiendo el engendro- ha añadido que «por cada obstáculo que surja» encontrarán una solución. En rigor, la solución de todo proceso revolucionario es el incumplimiento de la Ley. Y es lo que hacen, desde la Constitución hasta las sentencias del Supremo y el TSJC o la Lomce. La legalidad española existe en Cataluña para perseguir desde la Generalidad o a través del CAC y en nombre del ente metafísico «Pueblo de Cataluña», a las personas físicas -periodistas y políticos- que defienden precisamente la legalidad española frente a las camisas negras de Pujolini.

Pero al tiempo que injuriaban a los magistrados del Constitucional llamándoles «agitadores de la catalanofobia» -es decir, atribuyéndoles ese delito de odiar que, siendo su única profesión, achacan a toda oposición- Mas y sus cómplices concedían al TC una suerte de prevaricación selectiva. Claro. ¿Cómo las Asúa y Roca iban a limitarse a defender la Constitución, que, al cabo, es la concreción legal de la nación española? No podían negar que la Constitución dice que la soberanía reside en todo el pueblo español, porque lo dice y lo repite desde las Cortes de Cádiz. No podían conceder a una región española una soberanía contra la española y no podían conceder a un Parlamento que actúa en nombre de una soberanía catalana la facultad de convocar legalmente actos contra la legalidad. Eso no podían hacerlo ni los magistrados más separatistas y liquidacionistas. Lo que podían, y han hecho, es introducir, sin venir a cuento, que el nebuloso «derecho a decidir» cabe en la Constitución mediante reformas legales. Requetefalso. Pero la Roca del TC ha dicho que «el problema es político»; y el Roca de CiU y la Zarzuela que «no dialogar es de burros». Curiosamente, el burro es el símbolo del separatismo catalán. Lo asnal es no querer ver que da coces.

Cataluña
Gracias al Constitucional descubren el Mediterráneo
Cristina Losada Libertad Digital 28 Marzo 2014

La sentencia del TC sobre la declaración de soberanía del parlamento de Cataluña ha permitido que algunos realicen un tremendo descubrimiento. Sí señor, han descubierto el Mediterráneo. Han descubierto algo que siempre ha estado ahí: que la Constitución puede reformarse, y puede reformarse en su integridad, de la a a la zeta, siempre que se transite por los cauces reglados. Para bien o para mal, nuestra Constitución no dispone de cláusulas de intangibilidad, como tienen otras, de modo que es posible cambiarla de cabo a rabo y dejar a España, como quería Guerra, de tal guisa que no la reconozca ni la madre que la parió. Los que deseen, pongamos, que España se disuelva o se rompa en pedacitos o se haga república o cambie de nombre, han de emprender el camino para plantear una reforma de la Carta Magna.

Este "Elemental, querido Watson" se les ha venido diciendo por activa y por pasiva a los convocantes de un referéndum separatista en Cataluña. Lo ha dicho incluso aquel que menos habla del asunto, el presidente del Gobierno. Se les ha repetido así que no tiene cabida en la Constitución, y bien que lo saben, por lo que han de ajustarse a la ley y proponer una reforma como está mandado. "El pueblo de Cataluña", como acaba de recordar el TC, carece de “carácter de sujeto político y jurídico soberano”, por más que lo proclamen Artur Mas, la chavalada de la CUP y el parlamento autonómico. La soberanía reside en el pueblo español y ése es el único sujeto que puede modificar, si quiere, las reglas de juego vigentes.

Los descubridores del Mediterráneo no son, sin embargo, tan lelos como parece y se agarran como a un salvavidas a ese recordatorio que hace el TC de la reforma constitucional. ¡Es un asunto político!, declaman. El TC abre la puerta a la negociación política entre el Gobierno y Mas, prosiguen. Muy bien, vamos ya por el segundo gran descubrimiento, el de la sopa de ajo. Naturalmente que una reforma constitucional es un asunto político, ¿qué va ser si no?, y claro que se negocia políticamente, ¿de qué otra manera? Pero que sea un asunto político no significa que uno pueda saltarse la ley alegremente, aunque ésa, me temo, es la pretensión que subyace en las declamaciones. Estamos ante la peregrina idea de que la legalidad y la política discurren por caminos distintos, de que las ataduras de la ley se pueden romper de cualquier modo si hay voluntad política.

Es tan cierto que las leyes pueden cambiar si existe voluntad política, que eso sucede de continuo. Pero no se cambian sin respetar las ataduras. La sentencia del TC afirma del derecho a decidir que se trata de "una aspiración política a la que solo puede llegarse mediante un proceso ajustado a la legalidad constitucional". No vale quedarse con la "aspiración política" y tachar el resto. Aún va dicho de otra manera en la sentencia:

(…) si la Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma, que tiene reconocida por la Constitución iniciativa de reforma constitucional (arts. 87.2 y 166 CE), formulase una propuesta en tal sentido, el Parlamento español deberá entrar a considerarla.

Luego podrá rechazarla o aprobarla, elemental. Esa es la vía legal, leal y seria que ha estado ahí todo el tiempo. Es la vía que Artur Mas y los suyos rehusaron tomar desde el principio para meterse en la callejuela de la tensión y el chantaje. El respeto a la ley no entraba en sus planes.

PP-PSOE
Naturales compañeros de cama
Emilio Campmany Libertad Digital 28 Marzo 2014

Cuando Pepe García Domínguez pronosticó que el próximo Gobierno sería uno de coalición PP-PSOE, no le creí. Es más, desdeñé la idea con imperdonable suficiencia condescendiente. Hoy, si una casa de apuestas ofreciera la ocasión, me jugaría cincuenta euros a que eso es precisamente lo que nos espera. Los signos son palmarios. Rajoy y Rubalcaba llevan meses peleando con chichonera y apenas marcan los golpes. En el PSOE nadie chista sobre Bárcenas, la Gürtel o los casos de oprobioso nepotismo que se suceden. Ya puede el marido de Cospedal acopiar consejos de administración, que los socialistas nada obstan. Y los peperos, con leal reciprocidad, se amontonan para salir en defensa de Maleni. Los sindicatos, que se suponía que se la tenían jurada a Rajoy por los recortes, se reúnen y se dejan fotografiar con él en insólita actitud servil. Tan falta de fuelle anda la oposición que en el PP, para no perder la forma, han empezado a discutir entre ellos.

Por si todo esto no fuera suficiente para demostrar que el proceso de convergencia entre los dos partidos está en marcha, va el Tribunal Constitucional y nos revela la verdad. En cosa tan espinosa como la declaración unilateral de soberanía aprobada por el parlamento de Cataluña ha resuelto por una hasta ahora imposible unanimidad que aquí no hay más soberano que el pueblo español. Pero, eso sí, añadiendo que es muy conveniente dialogar sobre el asunto y que la Constitución es reformable. Si Rajoy y Rubalcaba hubieran negociado la redacción de la sentencia, el texto no habría sido muy diferente tras haber Rajoy insistido en la declaración de inconstitucionalidad y Rubalcaba acotado lo de que hay que dialogar y recordado que la Constitución se puede reformar. El acuerdo para modificarla ya está en el horno y su fétido olor sale de la cocina para invadir toda la casa. Apesta a que se proponen trocear la soberanía para hacer como que nos transforman en Estado federal, cuando en realidad seremos varias naciones unidas en confederación el poco tiempo que tarden los independentistas catalanes en volverse a hartar.

Tanto es así que, según cuenta Alicia González en la información que publica Libertad Digital, al hijo de Santiago Carrillo, rector de la Complutense, ya le llaman fascista a gritos. Si su padre levantara la cabeza, le daba un patatús. No había para él cosa peor que un fascista. Contra todos ellos, reales o imaginarios, había estado luchando toda su vida. Ahora no se lo dicen sólo a los de derechas, se lo escupen también al hijo del que fuera secretario general del Partido Comunista. Es la prueba de fuego. Si das lugar a que te llamen fascista es porque estás a punto de gobernar con el PP.

En la Transición, ahora que se ha puesto de moda repasarla, se decía mucho aquello de que la política hace extraños compañeros de cama. Aquí harán algo más que encamarse. Pero, siendo los dos lo mismo, no tendrá nada de extraño.

Manfestaciones
Cifuentes, cabeza de turco
Guillermo Dupuy Libertad Digital 28 Marzo 2014

No le faltaba razón a Emilio Campmany al señalar hace unos días que el bochornoso espectáculo de violencia e impunidad al que asistimos el 22-M no se debe a los "errores" de los mandos policiales que planificaron el dispositivo de la manifestación, sino a órdenes expresas de un gobierno acomplejado que imposibilitan a los agentes antidisturbios ejercer el monopolio legítimo de la violencia.

Por mucho que algunos –incluido ahora el propio ministro del Interior– quieran utilizarlos de cabezas de turco, ni los altos mandos policiales ni la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, son los responsables de que no haya forma humana de organizar eficazmente la represión de una manifestación violenta cuando los agentes tienen orden expresa de no hacer uso de la fuerza. Proceder contra la delegada es matar al mensajero, pues es el gobierno de la nación, y no su delegación en Madrid, el responsable de unos protocolos de actuación que nos condenan a todos –sobre todo a los propios policías– a la indefensión.

No menos irritante e injusto me ha parecido el frente común de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, y el portavoz del gobierno autonómico, Salvador Victoria, contra la delegada Cifuentes a propósito del hecho de que el centro de Madrid se haya convertido, ciertamente, en el manifestódromo de toda España. Hasta la fecha sólo Cifuentes se había atrevido a quejarse en voz alta contra el hecho de que todas las manifestaciones se congreguen en los alrededores de la Puerta del Sol y sólo Cifuentes se había atrevido a manifestar, hace ya casi dos años, la necesidad de acordar una serie de espacios que deberían ser especialmente protegidos a la hora de autorizar manifestaciones, ya sean entornos históricos, zonas de gran afluencia turística o ejes específicos de transporte.

Bien está que González y Botella, aunque sea tarde, hagan suyas esas quejas, pero que no las dirijan cobardemente contra Cifuentes, sino contra Rajoy y contra el ministro del Interior. Donde hay patrón no manda marinero, y aquí el patrón no es la delegada sino el gobierno y su amplísima mayoría parlamentaria, que son los que pueden hacer los cambios legislativos necesarios para que los ciudadanos manifiesten lo que quieran pero no donde les dé la gana.


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El previsible Sr. Rajoy

No, que no piense nadie que perdí el ‘oremus’. El título merece una reflexión.
Antonio de la Torre Minuto Digital 28 Marzo 2014

Hemos oído hasta la saciedad, en boca del propio Presidente del Partido Popular cuando todavía no lo era del Gobierno de España y, alguna vez desde entonces, que él era una persona ‘PREVISIBLE’. Que todo el mundo sabía cómo pensaba y lo que iba a hacer.

Pues bien, después de dos años de Gobierno, con la mayoría absoluta que le dimos once millones de españoles creyendo en esa ‘previsibilidad’ que nos transmitía y, como diría César Vidal, sin ánimo de ser exhaustivo, se me ocurren algunas preguntas al ‘previsible’ D. Mariano Rajoy.

¿Era previsible que su primera decisión en Consejo de Ministros fuera condecorar con la Gran Cruz de Isabel la Católica a su antecesor, el anticatólico Zapatero, y con la de Carlos III a los miembros de su Gobierno, cómplices todos ellos de la ruina moral, educacional, social y económica en que dejaron a España?

¿Era previsible que, con mayoría absoluta holgada, no derogase, nada más llegar, la permisiva y ‘asesina’ Ley del Aborto de ZP-Aído?

¿Era previsible que no derogara la Ley del matrimonio homosexual, cuando menos en el sentido de cambiarle el nombre que debería responder exclusivamente a la unión de hombre y mujer?

¿Era previsible que no diera órdenes directas al Fiscal General del Estado, al día siguiente de su nombramiento, para reabrir el ‘juicio’ del 11-M, cerrado en falso tras una no menos ‘fantástica’ Comisión de investigación en el Congreso de los diputados, supuesta sede de la ‘Soberanía Popular’, para encontrar a los verdaderos cerebros y autores del asesinato de 192 personas y la mutilación de más de otras 1.500, cayese quien cayese?

¿Era previsible que no empezara por embridar a las autonomías en quiebra, en lugar de una subida masiva de impuestos?

¿Era previsible que no se empezará por recortar los centros de gasto como las TV autonómicas, hasta seis o siete canales en algunas de las Autonomías, Empresas Públicas tapadera de sueldos de amigos y familiares, cuando no fuente de corrupción a ‘caño abierto’?

¿Era previsible que no empleara los medios que ofrece la Constitución para frenar el espectáculo separatista y de burla de los nacionalistas catalanes en lugar de reunirse ‘discretamente’ y en secreto con su representante y seguir financiando su despropósito?

¿Era previsible que no sentara en el banquillo a los responsables directos de la quiebra de las Cajas de Ahorros, de las que se han servido para su enriquecimiento personal y el de sus amigos?

¿Era previsible que mantuviera a los partidos proetarras (BILDU, AMAIUR) la presencia en las Instituciones, supuestamente, representantes de la ‘Soberanía Popular’?

¿Era previsible que soltara al etarra-asesino Bolinaga por su supuesto ‘estado terminal’ del que lleva burlándose más de un año, a base de cañas y chiquitos y que al parecer, ha ido a consumar en Venezuela?

¿Era previsible que diera un permiso penitenciario al etarra Lasarte, asesino condenado a más de 400 años de cárcel? ¿O que interpretase tan “generosamente”, y con tanta urgencia, el auto de Estrasburgo que se refería a una sola persona que era la que recurría la aplicación de la Doctrina Parot y extenderlo a delincuentes comunes y asesinos irredentos?

¿Era previsible que tardara un año en aprobarse una Ley para la Reforma del Mercado Laboral sin que se acompañase, de una vez, de la correspondiente Ley de Huelga que dejaba abierta la Constitución en su Artº 28.2 y que unos y otros obvian continuamente, desoyendo el derecho al trabajo que para algunos jueces es de menor rango que el de huelga?

¿Era previsible que tardara casi año y medio en presentar al Congreso la urgente Ley de Mejora de la Calidad de Enseñanza (LOMCE) sin la rotundidad necesaria ante el evidente deterioro del nivel de Enseñanza en España y cuyo anterior intento, la LOCE, tardó Zapatero pocos días en derogar?

¿Era previsible que, a estas alturas, después de más de dos años de Gobierno con mayoría absoluta todavía no se haya abordado seriamente la reforma de la Administración, en sus ámbitos Central, autonómico o municipal, agrupando competencias duplicadas o triplicadas entre ellas?

Hasta aquí esta breve reflexión abierta a que, aquellos buenos amigos que tienen la paciencia y buena voluntad de leer mis artículos, alimenten con más preguntas. A ver si, todas esas preguntas, con respuestas muy diferentes a las que muchos de los votantes del Partido Popular hubiéramos querido, podemos hacerlas llegar al que, parece, no era tan previsible como él mismo nos decía.

Se me ocurre una última cuestión para el ya ‘imprevisible Rajoy’ ¿Será que la Soberanía Popular que, de forma más o menos engolada, se dice que reside en el Parlamento Nacional, el Sr. Rajoy la entiende, ahora que tiene la mayoría absoluta, como la ‘Soberanía (del Partido) Popular’ que él preside y la utiliza como no era previsible que lo hiciera?

Aquí lo dejo.

Una democracia débil
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 28 Marzo 2014

Un Gobierno que se arruga, que se encoge, que tiembla a la hora de utilizar la fuerza legítima, no es un Gobierno, es un comité de burócratas con sangre de horchata.

Una ola de violencia desatada y extrema en las calles empieza a sembrar la alarma entre los ciudadanos españoles. El repertorio habitual de quema de contenedores, rotura de escaparates, destrozo de automóviles y lanzamiento de cócteles molotov se ha ampliado con ataques de una ferocidad asesina contra agentes del orden. Esta novedad representa un salto cualitativo en el desafío a la legalidad y a las normas de la sociedad civilizada que no puede ser ignorada, ni por sus efectos ni por su alcance. Cuando energúmenos entrenados en las técnicas más agresivas de la guerrilla urbana patean la cabeza de policías previamente derribados en el suelo o les golpean con barras de hierro potencialmente mortales o les arrojan a corta distancia piedras de un volumen y de un peso que las convierte en armas letales si alcanzan partes vitales del cuerpo, estamos en otro nivel de peligrosidad que rebasa largamente lo que se considera una algarada salpicada de forcejeos o choques físicos. En estos momentos en España, los cuerpos de seguridad del Estado se enfrentan en la vía pública a grupos organizados para asesinarles y este hecho pavoroso requiere por parte de las autoridades civiles una respuesta adecuada y de la contundencia suficiente, siempre dentro de la legalidad. Una cosa es cruzar empujones y golpes con un alborotador y otra intentar neutralizar a un criminal que intenta quitarte la vida. Se trata de una dimensión distinta que exige actuaciones acordes con su gravedad. Ningún servidor de la ley está obligado a dejarse matar, por el contrario debe defenderse proporcionalmente a la magnitud de la amenaza que experimente en cada ocasión y circunstancia. La protesta de los sindicatos policiales por haber sido enviados a una manifestación con órdenes que les impedían protegerse adecuadamente está plenamente justificada.

Un Gobierno que se arruga frente al separatismo catalán, que se encoge ante Bildu, que tiembla a la hora de utilizar la fuerza legítima para reducir a vándalos sedientos de sangre, no es un Gobierno, es un comité de burócratas con sangre de horchata. La democracia, para ser plena, ha de ser, además de abierta y plural, fuerte. Una democracia débil no es democracia, es una jungla en la que las fieras huelen complacidas el miedo de sus víctimas mientras se disponen a devorarlas.

No "parece" que haya un ministro del Interior
EDITORIAL Libertad Digital 28 Marzo 2014

"Parece que sí hubo algún fallo", es la conclusión a la que ha llegado el ministro del Interior sobre el dispositivo policial para controlar las marchas antisistema del pasado sábado en Madrid, saldadas con 67 policías heridos, algunos de los cuales salvaron la vida de milagro. "Algún fallo" debe de haberse producido, sí, cuando la Delegación del Gobierno en Madrid y la Dirección General de la Policía andan enzarzados en un bochornoso cruce de acusaciones sobre la responsabilidad de un operativo que dejó inermes ante una turba de radicales violentos a centenares de policías, a los que se había ordenado no emplear todos los recursos a su disposición para reprimir este tipo de agresiones, tal y como han denunciado los sindicatos policiales.

Lo ocurrido en Madrid este fin de semana no puede achacarse, como sugiere Jorge Fernández, a un mero problema de comunicación entre las distintas instituciones responsables de la seguridad ciudadana. La verdadera causa de la penosa imagen del Gobierno a lo largo de esta semana radica en la incapacidad del ministro para ejercer las responsabilidades de su cargo, insolvencia que ha acreditado en numerosas ocasiones.

El más reciente fallo de Jorge Fernández hay que situarlo en los problemas a los que han tenido que enfrentarse las Fuerzas de Seguridad destacadas en Ceuta y Melilla para controlar los asaltos ilegales a territorio español. Al margen del oportunismo inconsciente de la comisaria europea del ramo y de la habitual falta de escrúpulos del PSOE para utilizar políticamente cualquier desgracia, es evidente que la imprevisión del ministerio en un asunto como la inmigración ilegal africana ha agravado un problema que, a la vista de la enorme concentración de subsaharianos en la frontera, tenía que estallar de un momento a otro. A esto hay que sumar el episodio lamentable de la operación contra el llamado frente de cárceles de ETA desarrollada el pasado mes de enero, que el ministerio filtró a los medios antes de que se produjera la entrada de la Guardia Civil en un local de Bilbao donde estaban reunidos los proetarras, lo que les dio margen para que hicieran desaparecer pruebas que hubieran resultado de gran interés para la investigación judicial.

Rajoy debe de estar muy satisfecho con el desempeño de su amigo Jorge Fernández en el Ministerio de Interior. Similar opinión debe de tener la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, encargada de coordinar a los miembros del Gabinete, de la que no hemos escuchado ni una sola palabra. Con García Margallo disparatando de continuo en lo relacionado con el proceso secesionista catalán y Jorge Fernández revelándose claramente incapaz de ejercer con diligencia y pulcritud sus funciones, los departamentos de Interior y Exteriores se han convertido en dos graves problemas que Rajoy parece no tener el menor interés en solventar.

El caso del ministro de Interior resulta de la máxima gravedad, porque la primera obligación del Gobierno es garantizar la seguridad de los ciudadanos. No pueden justificarse sucesos como los acaecidos este fin de semana recurriendo a la existencia de determinados errores sin más precisión, sobre todo cuando son sólo el último jalón de una trayectoria más que lamentable. El fallo no es de comunicación. El fallo consiste en haber designado a alguien evidentemente incapacitado para manejar tal cartera. Alguien que ya debería haber dimitido o sido sustituido.

Cataluña
Choque de legitimidades
Antonio Robles Libertad Digital 28 Marzo 2014

Vuelta la burra al trigo. La infantería mediática del independentismo ya tiene nuevas palabras para adornar la insubordinación al Tribunal Constitucional por atreverse a anular la declaración de soberanía del Parlament en la que se definía a Cataluña como "sujeto jurídico y político soberano". La vocera de Artur Mas, Pilar Rahola, lo ha dejado escrito hoy en La Vanguardia, después de intentar ridiculizar al Constitucional como lo haría un vulgar chavista del tres al cuarto:

Vamos pues al choque de legitimidades democráticas entre sujetos soberanos, porque algo está claro: la soberanía de un pueblo está antes y después de lo que diga un tribunal político.

¿Qué diferencia conceptual hay entre esta insolencia y la que suelta el etarra de turno cuando le espeta al tribunal que le juzga: "Me niego a declarar porque no reconozco la legalidad de este tribunal"?

Un día antes, el periódico de Godó donde pasta la señora titulaba en portada: "El Constitucional niega la soberanía a Cataluña". Habría que corregirles: el Tribunal Constitucional no niega a Cataluña lo que no tiene, como ningún tribunal podría negar a los vecinos de la Plaza Real de Barcelona la propiedad sobre dicha plaza si se les ocurriese reivindicar el derecho a decidir la propiedad sobre ella. En todo caso, anularía cualquier iniciativa vecinal que declarase el derecho a decidir sobre su propiedad. La plaza pertenece a todos los barceloneses. Es tan obvio que siente uno bochorno al razonarlo, pero está claro que La Vanguardia con el verbo negar, "El Constitucional niega la soberanía a Cataluña", quiere excitar las emociones de sus lectores para erosionar la legalidad que les estorba en sus aspiraciones separatistas. En esa misma portada, ni una sola mención al sepelio del expresidente español, Adolfo Suárez. El vaciado de España como forma sutil de borrarla del imaginario catalán.

No hay tarea más urgente hoy en España que desenmascarar la guerra sucia que libran los nacionalistas armados con las peores artimañas del lenguaje.

Tras ese choque de legitimidades con que pretende Rahola saltarse la legalidad constitucional, no hay más que integristas incapaces de respetar las reglas democráticas cuando estas no son favorables a sus intereses. El problema es que ni ellos se ven así mismo como falsos demócratas ni se atreven sus adversarios a tratarlos como tales, no sea que les afeen la comparación.

Mire, señora Rahola, entre la aspiración del Club de Evasores de Capital y la Constitución española no hay un choque de legitimidades, solo la insolencia de unos ladrones de guante blanco y la legalidad democrática de un Estado de Derecho como es España. Aquí no hay dos legitimidades, sólo una, y reside en el todo el pueblo español. Sería bueno que empezáramos a recordar a estos niños malcriados y peor consentidos que nadie es más que nadie. Aunque sean catalanistas y se hayan acostumbrado a chulearnos sin que nadie les afee la conducta.

En una cosa sí tiene razón, habrá un choque, pero no de legitimidades, sino entre la legalidad democrática, y los políticos insubordinados contra ella. Su solución no está en la disolución de la autonomía, sino en el código penal contra sus instigadores. Quien crea que se puede obviar esa evidencia se engaña: tarde o temprano, alguien tendrá que asumir esa responsabilidad. Los suicidas ya están muertos y nos quieren arrastrar en su fracaso al río revuelto, por si en él pueden hacerse con la gloria que la honestidad democrática les niega. No puede haber en su delito menor grandeza ni mayor ruindad.

UGT y CC.OO, los sindicatos cavernícolas y rupturistas
“Que los sindicatos convoquen huelga es como si yo te veo morir desangrado sin hacer nada y luego organizo tu funeral”, Anónimo
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 28 Marzo 2014

Cuando hablamos de los dos principales sindicatos existentes en España, UGT y CC.OO no podemos evitar recordar a aquellos poderosos sindicatos de la UK, conocidos como las Trade Unions, que tanto poder llegaron a acumular y que tantos daños causaron a la economía de su país, con sus pétreas estructuras y sus incesantes demandas; hasta el punto de que, sin la oportuna y drástica intervención de la Dama de Hierro, Margaret Thatcher, que gobernó desde 1979 a 1990, es muy posible que la poderosa Inglaterra, en la actualidad, no fuera más que una nación de segundo orden, como Irlanda o Portugal, sin el peso político que, actualmente, ejerce sobre la UE, su economía y sus finanzas; si no hubiera sido por la resistencia férrea que, su gobierno, opuso a los intentos de los sindicatos mineros de doblegarla. Triunfó y el cambio que se produjo en las relaciones laborales del Reino Unido fue espectacular, con el consiguiente resurgimiento de la industria y el saneamiento de la política energética de la nación.

Es evidente que ambos sindicatos se quedaron anclados en los tiempos de la lucha de clases, de los asesinatos entre patronos y obreros y las huelgas salvajes que, en ocasiones, llevaron a la miseria tanto a unos como a los otros. Esta elipsis en el tiempo y el espacio, de nuestros sindicatos, como si entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX y los tiempos actuales no se hubieran producido los espectaculares cambios experimentados, tanto en el aspecto social como en lo que han sido los cambios observados ( debidos a los increíbles avances te la ciencia, de la investigación científica, de las técnicas, de la era digital en la que estamos inmersos, con sus increíbles avances en la ofimática, la robótica, la telemática etc. que, en su conjunto, han dado un vuelco espectacular a los antiguos sistemas, métodos y elementos productivos, tanto en la industria como en el comercio, el transporte, las comunicaciones, las técnicas militares y los avances en la medicina y cirugía), en todos los campos que, sin duda, han sido más importantes, decisivos y revolucionarios que los sucedidos durante los siglos anteriores.

Lo cierto es que, a la vista de la experiencia de los últimos años, los dos sindicatos mayoritarios, a diferencia de lo que ha ocurrido con los de los países más desarrollados de la UE, parece que, más que ocuparse de la defensa de los intereses de los trabajadores, asegurarles sus puestos de trabajo, velar por conservar el equilibrio adecuado entre salarios y producción, para evitar acabar con “la gallina de los huevos de oro” y centrarse en su actividad sindical; lo que ha sucedido es que, así como las Trade Unions crearon un partido político, el laborismo, para que los representase en el Parlamento británico; ellos han dado un viraje hacia convertirse en satélites, cadenas de transmisión del partido comunista, las CC.OO y el partido socialista, la UGT. Nunca como ahora, si exceptuamos los tiempos de la II República, las entidades sindicales han dado más preferencia a ayudar a los partidos políticos en el trabajo sucio de ocupar las calles, paralizar las ciudades, destrozar el mobiliario urbano o enfrentarse, en guerra de guerrillas, con las fuerzas del orden público, como está sucediendo ahora.

Ya se comprobó, en los inicios de la crisis, cuando el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero cometió error tras error en su valoración; en su cerrazón respecto a lo que se nos pedía desde Europa; en su empeño en malgastar el dinero del Tesoro en mejoras sociales insostenibles y en subvencionar a sus amigos de la farándula en momentos en que la situación del país, como se comprobó después, exigía una política de austeridad que permitiera librarse de la amenazante quiebra soberana, que nos hubiera situado ante la tesitura de someternos al ominoso rescate por parte de la CE, con todas sus consecuencias en cuanto a la supresión de muchos de los beneficios sociales de los que estamos gozando.

Hoy en día, la percepción que la mayoría de ciudadanos tienen respecto a los dos sindicatos mayoritarios, es de que se trata de dos estructuras inmovilistas, en las que pululan miles de personas sin nada que hacer más que dedicarse a manifestarse en las calles, provocar atascos, reclamar contra el Gobierno, apoyar las acciones del PSOE y de IU, a cuyas órdenes están supeditados, y a colaborar en el desgaste del gobierno legítimo, haciendo el trabajo sucio que se les ordena; no tanto en cuanto a hacer una labor de desgaste dentro de las empresas algo que, en estos momentos, dadas las dificultades económicas no les resulta fácil debido a que, los trabajadores, están más preocupados por conservar sus puestos de trabajo que por reclamar aumentos salariales; si, por el contrario, explotando, junto a los estudiantes universitarios, el posible descontento de gentes que se han quedado sin empleo o rozan el margen de la pobreza, para llevar a cabo, por medio de activistas entrenados, manifestaciones que, amparándose en el derecho de libre expresión, aprovechan para causar todos los destrozos que pueden, atacando, cada vez con más virulencia, a las fuerzas de orden público que se les enfrentan y causando alarma social.

Lo más escandaloso es que, durante el gobierno de Rodríguez Zapatero, que dejó más de 4 millones de parados, ninguno de los dos sindicatos, dirigidos por Méndez y Fernández Toxo ( dos sindicalistas que han conseguido perpetuarse en sus puestos gracias al apoyo de todos aquellos enchufados que saben que, si cae alguno de ellos, se les va a acabar la mamandurria de que gozan) pareció enterarse de que, millones de obreros, pasaban al paro y que cientos de miles de empresas tuvieron que echar el cerrojo. ¡El gobierno era de izquierdas y no convenía hacer ruido contra él! Siendo, ambos sindicatos, poseedores de grandes patrimonios, en ningún momento han tenido el gesto de colaborar con ellos a paliar el problema del paro, ni sabemos que sus líderes se hayan bajado sus cuantiosos emolumentos para contribuir a erradicar la pobreza en el país. Ahora, que el gobierno es de derechas, no tienen inconveniente en colaborar con las izquierdas para intentar derribarlo, a pesar de que ha conseguido frenar la caída de España y se empiezan a notar leves signos de mejora.

Pero existe una faceta, hasta estos momentos ignorada, que se ha manifestado con motivo del desafío secesionista lanzado por Artur Mas y su camarilla de traidores a España; consistente en que, además de intentar que la economía española se hunda, que la nación entre en un caos; no parece que hayan tenido ningún inconveniente en aceptar la petición de los secesionistas, apoyando la petición de un referéndum en Catalunya por la independencia del resto de España. Por si no bastara con el mal ejemplo de la UGT de Andalucía (que parece ser que salpica también a CC.OO); por si no se hubieran enriquecido muchos de sus miembros a costa de los trabajadores en paro o algunos integrantes de la Junta de Andalucía se hubieran añadido en esta magna estafa que lleva, con firmeza, la jueza Alaya; sus compañeros de otras regiones parece que no se han enterado y van manifestándose acusando de corruptos a los políticos del PP cuando, en su propia casa los tienen a miles. Desfachatez y deslealtad al país. El Gobierno debiera de retirarles, de inmediato, toda clase de subvenciones o ayudas para que tuvieran que subsistir a base de las cuotas de sus socios. Evidentemente que su pervivencia, en este caso, sería corta y dramática. O así es, señores, como desde mi óptica de ciudadano de a pie, contemplo esta cuestión.

La extrema-derecha ante las elecciones europeas. Lectura crítica (iv)
Ernesto Milá. Minuto Digital 28 Marzo 2014

La España en Marcha, “lo pequeño es hermoso”
El “asalto” a la Librería Blanquerna de Madrid (especie de sucursal cultural de la Generalitat de Catalunya en la capital) supuso una sonora entrada en escena de un nuevo grupo unitario, La España en Marcha que generó una riada de artículos y de atención sobre el “resurgir de la extrema-derecha” y la pregunta mil veces formulada de si se repetiría en España, a partir de esta coalición, el mismo éxito de Amanecer Dorado en Grecia.

Desde tiempo inmemorial Eduardo Arias, un militante de extrema-derecha que desde los años 80 ha recorrido todo el circuito de este sector, ha ido luchando por la “unidad” de los distintos grupos de extrema–derecha. Su atrabiliario planteamiento, curioso en realidad, es que el mejor momento de ese sector político se ha dado en los años 1977–1981 y, por tanto, se trata de revalidar lo que se hizo entonces para alcanzar aquel nivel de protagonismo político (que, por lo demás, fue mínimo). Todo lo que sea “adaptarse” equivale a “renunciar” y “renunciar” es perder “apoyo social”. O al menos esta es la idea central que ha deducido de la lectura de Marketing de Guerra, que, a pesar del rotundo título no pasa de ser unos meros apuntes asépticos sobre ventas, pero que constituyeron el “fundamento teórico” de esta enésima operación unitaria.

El camino que lleva a La España en Marcha (LEM) fue largo, dificultoso e incluso, tortuoso. Eduardo Arias concibió esta idea cuando empezó a sentirse incómodo como militante de España 2000 hacia 2007. El fracaso en el lanzamiento de la junta madrileña en la capital, dirigida por él, y el paralelo despegue de la junta de Alcalá de Henares que pronto consiguió una concejalía, hicieron que se concentrara en el lanzamiento del Nudo Patriótico Español, una iniciativa, en principio situada sobre los partidos y que, como ocurre habitualmente, terminó siendo un nuevo partido.

En general, la experiencia demuestra que las iniciativas unitarias solamente tienen repercusiones positivas si los grupos que las integran (o al menos alguno de ellos) están experimentando una expansión

El NPE, vinculado a la web Patriotas.es, se configuró como núcleo impulsor de la operación que, a pesar de su endeblez, quedaba compensada por el énfasis y la vehemencia puesta por Arias. Un conocido dirigente de uno de los grupos que configuran esta coalición tiene cierta razón al afirmar que los grupos que configuran LEM no tienen líderes y que, por el contrario, Arias es un líder sin partido… No es que Arias tenga afán de mando, es, simplemente que está convencido de que la “unidad” es la única forma de alcanzar eficacia.

Al lanzarse la coalición en noviembre de 2013 era evidente que salvo FE–LaFalange, el resto de grupos que configuraban LEM eran demasiado débiles y diferentes entre sí como para que lograran estabilizarse por mucho tiempo: el Movimiento Católico, con sus más de 30 años, nunca ha pasado de ser un pequeño grupo católico tradicionalista, visiblemente más preocupado por la religión que por la política; el NPE no dejaba de ser otra formación provista de una web pero con muy escasos efectivos militantes; DN, desde que se desintegró su delegación burgalesa no tenía ni una sola rama con verdadero arraigo e iniciativa; Alianza Nacional, en esta época, no da sensación de excesiva actividad, ni demuestra una vitalidad especial y, finalmente, FE–LaFalange, el grupo más numeroso, es, al mismo tiempo, el que parece menos interesado en la iniciativa; suelen sumarse a las manifestaciones y actos que convoca LEM, pero reservándose para sí mismos los actos habituales de mayor calado: 20–N (muerte de José Antonio y Franco), 18–J (sublevación cívico militar de 1936), 29–0 (fundación de Falange).

Las organizaciones que integran LEM llegan muy debilitadas y la suma de las distintas partes no da “masa crítica” suficiente para posibilitar su despegue. Los grupos de mayor entidad a los que iba dirigido un llamamiento unitario (AES, E2000, FE–JONS) no están presentes.

La vehemencia que Arias ha puesto en la iniciativa que ha ido ocupando su tiempo desde hace 7 años es lo que la mantiene en pie, eso sí, con algunos sobresaltos. Conocidos a partir de su presencia en la Librería Blanquerna de Madrid, en varias ocasiones han aflorado problemas interiores de los que el último ha sido la defección de Democracia Nacional.

En general, la experiencia demuestra que las iniciativas unitarias solamente tienen repercusiones positivas si los grupos que las integran (o al menos alguno de ellos) están experimentando una expansión. En LEM lo que encontramos es, o bien grupos que van a remolque y se suman a unas iniciativas pero manteniendo su independencia en otras (FE–LaFalange), o bien grupos demasiado desdibujados que tuvieron alguna influencia hace 10 años pero de los que se ignora su importancia actual (AN), o grupos que nunca han logrado ser nada más que testimoniales (MCE) o simples círculos de amigos (NPE). A lo que habría que añadir grupos oscilantes cuyo juego depende del humor y la rentabilidad que su jefe encuentre en cada momento (DN). En estas condiciones resulta muy difícil pensar que salvo en algunas fechas señaladas o en algunas movilizaciones concretas, especialmente en Madrid, esta iniciativa vaya a tener mucha repercusión.

Las organizaciones que integran LEM llegan muy debilitadas y la suma de las distintas partes no da “masa crítica” suficiente para posibilitar su despegue. Los grupos de mayor entidad a los que iba dirigido un llamamiento unitario (AES, E2000, FE–JONS) no están presentes. La Asociación in Memorian Juan Ignacio, rechazó desde el principio sumarse al proyecto. El “efecto multiplicador” de la “unidad” no parece que vaya a producirse en esta iniciativa.

La esperanza en que el general retirado Blas Piñar Gutiérrez, asumiera el número 1 de la candidatura a las elecciones europeas, no se ha confirmado (e incluso parecería más lógico que de lanzarse al ruedo político lo hiciera en la órbita de AES-IS). Y, de todas formas, aunque se sumara a la iniciativa, haría falta ver si la coalición puede reunir los avales necesarios. La salida de DN, una vez más, ha trastocado los planes (DN solicitó a PxC que sus concejales firmaran tales avales, a los que la nueva dirección del grupo catalán se negó). No parece que casi 40 años después de la muerte de Franco, el programa de una candidatura, franquista, católica y antieuropea, suscite excesivos entusiasmos ni siquiera dentro del ambiente de extrema–derecha.

Si la presencia de DN aportaba el elemento anti–inmigracionista, su salida ha evidenciado diferencias evidentes en este tema: parte de los falangistas y casi todos los católicos eluden hablar de los inmigrantes iberoamericanos, hermanados por razones de lengua y religión. En cuanto a la “unidad nacional” la defienden muchos partidos y no se percibe cómo de éste tema podría derivar votos a una coalición tan pequeña y cuyo programa es la reedición del viejo programa de la extrema–derecha de los años 70.

A pesar de la intención inicial de presentarse a las elecciones europeas, a tres meses de la fecha electoral no parece que, finalmente, vaya a concretarse una candidatura.

Los integrantes de La España en Marcha
Vale la pena realizar un vistazo a lo que propone cada uno de estos grupos. De mayor a menor:

FE–LaFalange es hoy el único grupo falangista que subsiste fuera de FE–JONS (si tenemos en cuenta que Falange Auténtica estableció un acuerdo de cooperación con FE–JONS en 2012, dejando de realizar prácticamente actividades de forma autónoma, que la Mesa Nacional Falangista se integró así mismo en éste partido y que Frente Nacional de Fernando Cantalapiedra se autodisolvió). A parte de la organización de actos propios en fechas emblemáticas para Falange y de su participación en las actividades de LEM, lo característico de este grupo es la organización de conferencias en su local madrileño. La reforma del mismo, derribando los tabiques que separaba tres oficinas, ha dado lugar a una amplia sala de actos por el que han pasado desde Manuel Galiana hasta Pedro Varela el propietario de Librería Europa.

Con el tiempo, FE-LaFalange ha ido constituyendo delegaciones por varias comunidades autónomas con militantes centrifugados de FE–JONS, sin estar especialmente implantados en ninguna y con desiguales niveles de actividad. El repaso de la web de este grupo no deja claro los motivos por los que está separado de FE–JONS, ni tampoco cuáles son los puntos en los que se justifica la existencia de dos organizaciones separadas. Las ideas aprobadas en el Congreso Nacional Extraordinario de FE–LaFalange el 7 de junio de 2008 no son diferentes de las que sostiene FE–JONS, si bien es cierto que se percibe un sentimiento católico menos acusado y un mayor interés en las conmemoraciones históricas, todo lo cual ha facilitado la colaboración con LEM.

Respecto al Movimiento Católico Español, tampoco se entiende bien cómo durante los más de treinta años de vida, permaneció separado de otras organizaciones católicas como Fuerza Nueva. Habría que remontarse, por supuesto, a los orígenes lejanos para tratar de entender el origen de la disputa. Al igual que Fuerza Nueva ayer, el MCE se considera hoy heredero del franquismo y, más que del franquismo, del nacional–catolicismo del que hizo gala entre 1943 y 1956. Reiteradamente han ido difundiendo sus cuatro principios: “confesionalidad católica, defensa de la Patria, Tradición y nacional–sindicalismo”. A pesar de que en su web constantemente se publiquen fotos de nuevos afiliados, habitualmente muy jóvenes, lo cierto es que a nadie se le oculta su endeblez organizativa y lo volátil de su militancia. En la tradición de Fuerza Nueva, en este grupo, lo religioso y lo político, lejos de están diferenciados, se encuentran estrechamente imbricados.

Alianza Nacional, otra pieza de LEM, importante porque su portavoz, Pedro Pablo Peña, dirige este grupo, ha atravesado distintas etapas desde su fundación a mediados de la década anterior. Siempre ha jugado la carta del radicalismo y puede ser considerado como la traslación en el tiempo de las formaciones extraparlamentarias neo–fascistas de los años 70, con su radicalismo, sus lemas relativos a la inmigración, al “nacionalismo-social” y su estética. Este tipo de ubicación política ha generado innumerables problemas legales a sus militantes, juicios, encarcelamientos, hasta que durante unos años el grupo cesó aparentemente su actividad. Sin embargo, en 2013 volvió a dar señales de vida dentro de la coalición LEM y a partir de ahí su sigla quedó asociada y subordinada a ella.

El Nudo Patriótico Español, por su parte, tiene de original el que no es un partido, ni tampoco un “movimiento”, ni un “frente”, sino más bien un grupo de amigos que coinciden en la necesidad de realizar campañas patrióticas de tanto en tanto, a remolque de las circunstancias políticas. A partir de la web patriotas.es pudieron creer que era necesario ir más allá reproduciendo la paradoja “unitaria” habitual: lejos de fusionar grupos ya existentes, se fusionaron personas independientes para crear un nuevo grupo que desdecía objetivamente el impulso unitario inicial. A diferencia del resto de grupos que forman parte de la coalición, NPE pone mucho interés en basar sus posiciones políticas en documentos cuya lectura indica su buena voluntad y la sinceridad de sus propósitos, pero que aportan poco a los planteamientos de la extrema–derecha.

Finalmente, Democracia Nacional a lo largo de sus casi veinte años de vida ha vivido distintas etapas, dominadas siempre por la inestabilidad interior. A lo largo de ese tiempo ha atravesado varias crisis interiores, oscilaciones en su rumbo y pérdidas de militancia. En el período previo a su fundación existió un esfuerzo doctrinal y una búsqueda de nuevos planteamientos –la “doctrina de la autonomía histórica”- de los que ya no queda absolutamente nada. En la web de DN el único documento programático es un breve decálogo, casi diríamos “minimalista”. La pérdida de la delegación burgalesa tras las últimas elecciones locales, hizo que desapareciera también el último puntal en donde DN tenía cierto arraigo y un buen nivel de actividad. Desde entonces no ha surgido ninguna delegación nueva capaz de demostrar cierta fortaleza. Lo único estabilizado en DN es, pues, la jefatura de Manuel Canduela y el grupo oscila de un lado a otro según su humor.

Si estas son las partes, el conjunto que forma LEM, entonces se entiende perfectamente la necesidad que todos estos grupos tenían de un esfuerzo unitario: todos ellos carecen de mínima presencia institucional (carecen de concejales, son minoritarios en relación a los sectores con los que pueden realizarse afinidades (FE–LaFalange es “menor” que FE–JONS, DN es “menor” que PxC o E2000, MCE es “menor” que Iniciativa Social), AN es “menor” que MSR). Es más, en el interior de LEM, el “interés” por la maniobra unitaria está en razón directa a sus dimensiones reales: cuando más pequeño y menos definido está el grupo, más afán unitario existe: relativo en FE–LaFalange, el grupo “mayor” de la coalición, extraordinario en NPE, MCE, AN.

Así mismo, cuanto mayor es el control que el “jefe” ejerce sobre sus bases y menos mecanismos de control tiene en el interior de su “grupo”, mayores son los problemas: así como FE–LaFalange tiene un ideario y una tradición a la que su jefe debe atenerse si quiere, en partidos como DN, se entiende que lo que “conviene” al “jefe” es lo que conviene a la sigla. Esto explica el que DN haya podido participar en la iniciativa de LEM, para abandonarla acto seguido aproximándose a Soluciona sin que nadie interiormente pida explicaciones.

Los fundadores de LEM tienen razón en decir que la iniciativa ha conseguido unir al mayor número de siglas en toda la historia de la extrema–derecha española. Pero, también es cierto, que estas siglas llegaron demasiado debilitadas a esta experiencia unitaria y que los grupos que “cuentan” han permanecido ajenos. El resultado ha sido el lanzamiento de una coalición que, al cabo del tiempo, demostrará no haber servido para mucho.

El próximo lunes día 31 capítulo v de la serie
Más piezas del puzle: falange histórica y MSR

Nuestro análisis crítico sobre la situación de la extrema-derecha ante las elecciones europeas nos lleva, paradójicamente, a dos grupos que insisten en no ser “ni de derechas, ni de izquierdas” y que, por tanto, estamos obligados a situar en el mismo bloque a pesar de sus indudables diferencias de origen. A nuestros efectos, lo que interesa es la percepción que tiene la sociedad de la situación de todos estos grupos, no la que ellos mismos preferirían. Por lo demás, las diferencias entre FE-JONS y MSR no son excesivas

Obreros separatistas
Manuel Molares do Val Periodista Digital 28 Marzo 2014

Un lema de la izquierda dice que no hay nada más tonto que un obrero de derechas. Pero sí, hay algo más tonto aún: un obrero que apoye el separatismo que han abrazado últimamente en Cataluña CC.OO. y UGT. al exigir el secesionista e inconstitucional “derecho a decidir”.

Las direcciones nacionales de ambos sindicatos rechazan la postura de sus secciones catalanas, pero al no obligarles a centrarse en asuntos sindicales, no identitarios, como siga ampliándose el ruido separatista expondrán a sus empresas al posible boicot de muchos españoles. Es decir, al paro, a mucho más paro.

Hay otras Comunidades con sindicatos nacionalistas, como en el País Vasco y Galicia, donde los separatismos no violentos llegaron menos lejos que ahora los catalanes.

Y les es mejor seguir así: en cuanto se sepa en qué empresas son mayoría los separatistas muchos clientes potenciales se pasarán a la competencia de otros orígenes. Luego montarán manifestaciones exigiendo "Dignidad".

El hundimiento de Fagor se debió a errores de la empresa, a la caída del ladrillo, pero también a la antipatía que se ganó con su cercanía al abertzalismo.

Se desconoce dónde trabajan o de qué viven la mayoría de los separatistas catalanes, aunque suelen ser funcionarios, como profesores, y especialmente filólogos, de puesto y sueldo fijo, que antes se hunde el mundo que dejan de cobrarlo.

Pero otra cosa es, por ejemplo, que los comités de empresa de Seat –cuya E es de española-- hagan igual y llamen a sus afiliados a salir con banderas independentistas señalando claramente dónde trabajan.

Sería una invitación al boicot, lo mismo que sería si los empresarios presentaran sus marcas como separatistas, algo de lo que están huyendo aceleradamente.

Sí, hay obreros más tontos que los de derechas. O no: quizás deseen subsidios al desempleo, no trabajo.

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