AGLI Recortes de Prensa   Sábado 29  Marzo  2014

Déficit público, una vergüenza y un engaño
EDITORIAL Libertad Digital 29 Marzo 2014

España ha incumplido un año más el objetivo de déficit público. Rajoy sigue la misma senda de despilfarro e irresponsabilidad marcada por Zapatero en materia presupuestaria, con todos los efectos negativos que ello supone para el contribuyente y el conjunto de la economía nacional. Las Administraciones Públicas registraron un agujero fiscal del 6,62% del PIB en 2013, según anunció este viernes el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Esa cifra supone un desvío de algo más de una décima respecto al límite del 6,5% fijado por Bruselas. Sin embargo, el Gobierno ha aplaudido sin rubor dicho resultado, aduciendo que el incumplimiento es mínimo y destacando, además, que este supuesto éxito demuestra el ejercicio de contención y austeridad implementado por el PP.

Tales afirmaciones no sólo constituyen un clamoroso intento de engañar a la ciudadanía, sino que demuestran de forma fehaciente la bochornosa y errónea gestión de Montoro al frente de las cuentas públicas. En primer lugar, España ha incumplido por quinto año consecutivo los objetivos de déficit marcados por la Comisión Europea, lo cual ya es muy grave. Lo peor, sin embargo, es que el desvío se ha producido pese a que Bruselas revisó al alza el límite previsto inicialmente, desde el 4,5% al 6,5% del PIB. Cambiar sobre la marcha el objetivo de déficit para facilitar su cumplimiento es, simplemente, hacerse trampas al solitario. Pero la cuestión es que ni así ha sido capaz Montoro de honrar el compromiso adquirido con las autoridades comunitarias.

De hecho, el resultado es mucho peor si se compara con 2012, ya que el recorte ha sido, no exiguo, sino rídículo. El Gobierno tan sólo tenía que reducir el déficit tres décimas el pasado año, desde el 6,84% al 6,5%. Y, sin embargo, el descenso logrado apenas fue del 0,22% del PIB, unos 2.700 millones de euros en doce meses, ni siquiera el 4% del déficit registrado en 2012. Vender como un éxito una reducción de tal calibre es, como mínimo, surrealista. Especialmente, si se tiene en cuenta que, hoy por hoy, España lidera el descuadre fiscal de la zona euro y que el PP justificó sus salvajes subidas de impuestos en la necesidad de reducir el déficit. Además, el hecho de que el gasto público siga superando a los ingresos en casi 70.000 milones de euros tras seis años de crisis económica y tres de grave crisis de deuda soberana supone una insensatez desde el punto de vista económico, cuando no un insulto hacia el conjunto de los españoles.

El dato, por tanto, es un fiasco, la prueba viva de la fracasada estrategia seguida por el PP para reconducir el descuadre de las cuentas públicas. En lugar de recortar de forma drástica la sobredimensionada estructura estatal, el Gobierno de Mariano Rajoy optó por disparar la fiscalidad a familias y empresas. Ahí está el resultado: 2.700 millones de euros menos de déficit, sobre un agujero próximo a los 70.000 millones. Y ello, dando por buenas las cifras aportadas por Montoro, lo cual, a estas alturas, supone, sin duda, todo un ejercicio de fe a la vista de las trampas contables que llevó a cabo en 2012 con el fin de guardar las apariencias ante la Comisión Europea. Las cuentas públicas españolas son insostenibles. El déficit no se reduce y la deuda pública sigue creciendo sin freno hacia el fatídico umbral del 100% del PIB. Mientras los españoles se han apretado el cinturón para salir adelante, el sector público se ha mantenido intacto a costa de atracar a los contribuyentes. El nuevo incumplimiento del déficit y la fallida estrategia seguida deberían motivar la dimisión inmediata de Montoro al frente de Hacienda. Razones, sin duda, sobran.

¿Ha valido la pena?
Vicente A. C. M. Periodista Digital 29 Marzo 2014

Parecía claro que el camino suicida tomado por Zapatero y el PSOE al negar la crisis por pura conveniencia partidista nos llevó al umbral de la intervención plena por parte de la UE. Sin embargo, tras el vuelco electoral con la mayoría absoluta del PP con Mariano Rajoy, pareció frenar de modo parcial la intervención limitando el rescate al reflote de la Banca -véase las antiguas Cajas de Ahorros-, con un fondo de hasta 100.000 millones de euros de los que se ha utilizado finalmente un 65%. Esta ayuda fue complementada por una serie de medidas urgentes de incrementos de impuestos a empresas y ciudadanos, en la filosofía de mantener el gasto público y seguir aumentando la deuda a un ritmo de casi 70.000 millones de euros al año.

El caso es que el primer año el Gobierno se excusó en la "herencia recibida" y en los datos falsos del déficit que Zapatero y su Ministra de Economía Elena Salgado establecieron en el 6%cuando el real fue del 8,51% (algunas fuentes apuntan el 8,9%). Los acuerdos de Rajoy con la UE establecía una hoja de ruta de disminución del déficit con el 6,3% para el 2012 siendo el real casi del 10%; el 4,5% para el 2013 siendo el real el 6.62%; y el 3% para el 2014, objetivo que parece imposible de cumplir. Por otro lado, la deuda de España se acerca peligrosamente al 100% del PIB con una disminución porcentual y drástica de la deuda privada y un aumento significativo de la deuda pública.

La causa es evidente, mientras los ciudadanos y empresas se han apretado el cinturón, el gobierno de Mariano Rajoy ha mantenido e incluso aumentado las dotaciones de las Administraciones públicas en una política continuista de la realizada durante los gobiernos de Zapatero y el PSOE. Este hecho ha querido ser compensado con el incremento de los impuestos directos e indirectos en la mayor subida impositiva de la Historia de España. Por otro lado,la monopolización de los fondos bancarios para sufragar el déficit, deja desamparados a los empresarios, a las PyMES y a los ciudadanos que ven bloqueado su accceso a los préstamos e hipotecas. La persistencia además de la morosidad de las administraciones en el pago de facturas con plazos que superan incluso el año, ha provocado la debacle en el sector empresarial en la que solo sobreviven aquellos con suficiente capacidad financiera.

Y la pregunta que me hago y les hago a todos mis conciudadanos es si ¿ha valido la pena haber evitado el rescate pleno por la UE? Yo respondo con un rotundo NO. Porque lo primero que hubiera hecho el equipo interventor es incidir sobre la disminución del gasto optimizando las Administraciones, controlando a las Autonomías y coartando sus competencias hasta un límite razonable, así como la modificación drástica del sistema laboral español equiparándolo al de los países motores de la UE con una flexibilización de las relaciones laborales. Los recortes hubieran sido quizás mucho más severos pero también mucho mejor distribuidos en cuanto al esfuerzo impositivo para que no recayera exclusivamente sobre la clase media.

Entre los efectos positivos de la intervención hubiera estado además la pérdida de poder de esta casta política corrupta y corruptora, así como el establecimiento de un control eficaz para evitar que prosperasen temas de corrupción de las Administraciones como los casos Gürtel, falsos ERES, INVERCARIA, PALAU, ITV de Barcelona, Instituto Noós, etc. Igualmente se hubiera sofocado el intento secesionista de CiU y ERC mediante el control severo por parte de los interventores. Lo evidente es que no existe en el actual Gobierno una voluntad real de poner fin a estas incesantes fugas de fondos públicos ni a los desequilibrios territoriales en cuanto a los servicios públicos y la remuneración de funcionarios, asesores diversos y altos responsables, dándose casos escandalosos de salarios públicos que duplican al del Presidente del Gobierno.

Así que NO, no ha merecido la pena y va siendo hora de que nuestros votos sirvan para mostrar nuestro firme rechazo a esta intolerable situación de partitocracia elitista. La verdad es que no me creo el pronóstico que esgrimen de una catástrofe mayor si la UE hubiera hecho una intervención plena como en Irlanda o Portugal. No creo en los "salvadores de la patria" cuando lo único que han salvado ha sido su propio trasero.

Niñas territoriales
Enrique Calvet Chambon www.lavozlibre.com 29 Marzo 2014

Economista y miembro del Comité Económico y Social Europeo

Acontecimientos recientes nos invitan a pensar sobre la sociedad que se ha construido en los dos últimos decenios en la piel de toro. Con el simple propósito de saber si es el tipo de sociedad en la que realmente queremos vivir, o si nos la han colado de matute… Como casi siempre, en espacio reducido y contenido divulgativo utilizo dos ejemplos como acicates para la reflexión, quién sabe si para la reacción…

Resulta que una pobre niñita falleció de varicela no ha mucho, en el Condado de Treviño. No es tema de recargar el dolor de los padres, achacando por mi parte el deceso a uno u otro culpable. Bastante tienen y ya han acudido a la justicia. Tener la certeza de la culpa no es ni siquiera necesario para el argumento... Lo verdaderamente grave es que se haya podido plantear, siquiera imaginar, que la pobre niña haya tenido que padecer en mayor o menor medida problemas de competencias, problemas territoriales. No lo digo yo, claro está, lo ha dicho, en una de las declaraciones más vomitivas que se me ha dado escuchar de algún político, un antiguo miembro del poder judicial, ni más ni menos, del PNV entre otras cosas sospechosas, que ha venido a afirmar que si el Condado de Treviño se hubiese integrado en las vascongadas, como el defiende, “la cosa hubiese sido distinta”. ¡Con un par!

Uno siempre ha pensado que la ubicación administrativa del burgalés Condado de Treviño situado en plena Álava es una estúpida reliquia medieval absolutamente contraria al espíritu humanista de la creación de una democracia de ciudadanos. Pero igual de disparatado es el concierto vasco o el diseño de las lindes de nuestras actuales “autonomías”, que parecen haber sido pensadas con la prolongación de la espalda. Desde un punto de vista socio-económico o de eficiencia, las fabricadas lindes no son absurdas, son destructivas. Pero eso importa poco, lo que es demoledor y lúgubre es pensar que en la España del XXI, la atención sanitaria pública de mis compatriotas, hasta los niveles más extremos, dependa de vivir en un sitio u otro, dependa de la administración regional que te toque. De la tribu que te acoja…

Es una regresión espectacular y dolosa. Ya sabemos que dirán que en otras naciones sucede. Pero son naciones que siempre fueron un conjunto de comunidades yuxtapuestas. Naciones en construcción o en avance permanente hacia una unidad de ciudadanos. Como dice el Señor Marc Danzon, Director General de la OMS, por ejemplo:"faltan una visión y una iniciativa a escala nacional. El hecho de que haya en Suiza 26 políticas de prevención hace los programas menos eficaces". Pero Suiza jamás tuvo un idioma común, jamás fue una nación unitaria, y bastantes problemas les crea. Nosotros ya habíamos avanzado en la historia hacia una unidad política de ciudadanos, hacia cotas de fraternidad y solidaridad interpersonales y no interterritoriales. El salto atrás es una catástrofe histórica (y con escasos, si es que los hay, precedentesconocidos de tal regresión salvo en la incomparable Bélgica). ¿De verdad es la marcha del cangrejo la que elegimos?

Pero, al pronto, otra niña llamó tristemente nuestra atención. Una pequeña que, desde Santa Cruz de Tenerife acompañó a su madre, divorciada y con la custodia, a algún rincón de la Cataluña hispana, a dónde la madre se había desplazado por necesidades laborales, usando un derecho sagrado en democracia y un bendito factor de prosperidad y libertad como es la libre circulación y la movilidad libre de las personas en su patria. Pues bien, una juez no ha tenido más remedio que constatar la infelicidad de la pobre niñita derivada de sentirse en territorio ajeno u hostil, en gran parte debido a la imposibilidad de comunicarse y a la imposición de estudiar, obligatoriamente, en catalán. Y afectará a la custodia.

En la España del siglo XXI con una Constitución y su artículo 2 vigente, aunque no aplicado. Parémonos todos un momento y pensemos en la barbaridad. Valoremos la incoherencia que practicamos, y de la que padecen niños, de rasgarnos las vestiduras por el trato injusto que se pueda dar en Europa a los inmigrantes, a los gitanos, a las minorías y luchar contra ello, y a la vez practicar y permitir en nuestra secular sociedad fronteras interiores, barreras lingüistas artificiales y excluyentes, actitudes racistas, etnicistas… ¿De verdad es la sociedad que queremos, es la sociedad ineficiente, insufragable sin motivo, fragmentada, enfrentada, de la primacía de la tribu sobre el individuo?

Pues yo creo que no, ni aquí ni en Europa. Y cuando me preguntaban porqué sigo en esto de la política contra viento y marea, tras años y yendo la cosa a peor, antes intentaba razonar, ahora lo tengo más fácil. Porque quiero vivir en una nación sin “niñas territoriales.”

Los "Capuchas Negras" y la izquierda
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 29 Marzo 2014

La pregunta es simple y la callada es, por ahora, la respuesta: ¿Por qué si no tienen nada que ver con ellos se manifiestan ante los juzgados exigiendo su libertad y calificándolos de “secuestrados” y los aclaman como héroes?.

Los “capuchas negras” cuyas intenciones quedaron estremecedoramente expuestas por las propias gentes del Namur que atendían a los policías heridos y a los que increpaban por atenderlos y les impelían a que les dejaran morir-el testimonio es directo, en absoluto sospechoso y la expresión textual- colocan a la izquierda española ante una decisiva encrucijada en la que ha de optar, sin tapujos ni excusas, sin “capuchas”, vamos, por uno u otro camino. Que algunos, a los hechos me remito, parecen haber claramente elegido.

El eje ideológico que subyace conduce de hoz y coz a una doctrina, también reconocible, de negación en su fondo de la democracia, la del voto y de la urna, y su sustitución por “democracias populares”, el parlamento por la asamblea en la plaza y las leyes y los jueces por el “juicio del pueblo”. Ese es el “cuerpo de doctrina” sobre el que se sustenta todo el comportamiento y ante lo que los derechos y libertades de todos los demás carecen de importancia y quienes los defienden hasta de la consideración de “personas”. Para ellos, como para los policías heridos no hay “derechos humanos” que valgan. Son los “enemigos del pueblo”.

Se entra aquí, cuando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado atañe la cuestión, en la siguiente derivada. El Estado es “facha”, una dictadura, un sistema ilegitimo y los policías son unos represores, como los franquistas, porque estos son sus herederos. Esa es la piedra angular de la propaganda y n9inguna ilustración mejor que la caricatura de aquel “héroe” mentiroso, el camarero del 15-M, tras una foto trucada en su enfoque y verdad. Lo cierto es que los agentes le instaban a que se protegiera de piedras y botellas y se metiera en el local, y el, sin una rozadura ni un golpe de un antidisturbios, aprovechó para hacerse una gira por las televisiones de la agitación política criminalizando a la “policia franquista”. Ay si en verdad lo hubiera sido, como y donde hubiera acabado y desde luego no en el plató de tele alguna sino en la “pensión Sol” de la D.G.S de terrible recuerdo.

Esta de ahora, con su defectos, con sus extralimitaciones, es la policía de un Estado Democrático, sometida, más que nadie a la vigilancia del estado de derecho y de los jueces, y que en puridad lo que parece es que, a los hechos recientes me remito, a quien parecen quedar impunes son por el contrario quienes cometen los delitos.

Las acciones, los hechos, los sistemáticos comportamientos, el vandalismo más desbocado, el salvajismo más incivil y hasta la parafernalia, hábitos y vestimenta, donde lo esencial es la capucha y el antifaz, indican con prontitud el espejo en que se miran, y del que algunos incluso han salido para realizar este “turismo kaleborroka”, cuyos costes pagamos todos y cuyos integrantes no son precisamente ni trabajadores ni parados.

¿Qué tienen que ver estos aprendices de terroristas callejeros, pues por ahí va su modelo y para prueba el akelarre proetarra durante el carnaval de los “gamonales” en Burgos, con las gentes que protestan porque sufren, porque están angustiados, por el paro, la pobreza, el desahucio y la impotencia? Con ellos, con la inmensa mayoría de esas gentes que se manifiestan y protestan con tantas y tan sobradas razones: NINGUNA. En mayúsculas y con rotundidad. Ellos no, pero si quienes pretenden la amalgama en un discurso, Pero quien pretende amalgamarlos es el discurso, ese que se reitera, de los “willytoledos” y otros parecidos “héroes” de la clase obrera.

Lo que está sucediendo no es nuevo, resulta esencialmente recurrente desde hace tiempo, aunque ahora el grado de violencia haya sido tal que ha sobrecogido a la opinión publica. Tampoco es de ayer el sustrato emocional e ideológico en que se inscribe el comportamiento de la izquierda, particularmente el de IU, aunque en ocasiones el PSOE haya llegado a buscar la línea y el arrimón quizás en un desesperado y muy desnortado cálculo electoral. Son de la “familia”, aunque un “algo” descarriados” son “los chicos” que en el fondo no son “malos”. Porque los malos, es bien sabido y contrastado, son los “otros”. ¿A que les suena la letra y a que la música también la han escuchado.

Es ante ello donde la izquierda debe elegir y hacerlo sin ambigüedades ni amparos. Eso o lo que hacen, que tiene también reminiscencias recientes y dolorosas, que es lo de aquellos que en Pais Vasco se movían entre la complicidad más obscena o la “recogida de las nueces”. La izquierda ante los “capuchas negras” ha de deslindarse de inmediato y extirparlos de su seno y sin temblores. Porque de no hacerlo serán ellos mismos los que acaben, y no al revés, enfangados y utilizados. Porque serán ellos los que a los ojos de los pacíficos y los demócratas, acaben “encapuchados”.

En el principio fue el silencio
Fernando García de Cortázar ABC  29 Marzo 2014

Para comprender lo que está ocurriendo en España habrá que empezar por asumir que algo grave le está pasando a este país. Que nada tiene de normal ese empeño de una gran nación como la nuestra en despojarse de su sentido histórico, de su voluntad de permanencia y de los valores sobre los que se ha ido constituyendo. No hablamos de simple indiferencia ni de mero error de diagnóstico, sino de una actitud de reprobable despreocupación ante lo fundamental. Un talante que se compensa con alarmadas y alarmantes invocaciones a aquellos problemas contables que son señalados como los únicos que nos conciernen. No porque puedan resolverse sin salir de la política entendida como mera administración, sino porque se cree que esa modestia de oficina, de renuncia a la ambición de un gobierno nacional, es la única forma de abordar los asuntos que definen nuestra existencia social.

Incluso cuando se alude a alguna de las cuestiones diarias de nuestra agenda ciudadana, como la procaz exhibición del secesionismo catalán, nuestros dirigentes se acogen a un temario de urgencia institucional de manifiesta escasez. El desafío separatista es mucho más un síntoma que el origen de nuestros problemas. Los sediciosos actúan al amparo de una realidad que explica tanto la aparición reciente de un masivo separatismo como la capacidad de fascinación y la impunidad de su discurso. No es el exceso de Estado que siempre denuncian los desvaríos secesionistas, sino la ausencia de España, como idea y como proyecto nacional, la que nunca ha dejado de aprovechar el separatismo.

Como ya he tenido y tendré, desgraciadamente, ocasión de referirme a un independentismo que radicaliza su estrategia, sin más respuesta que unas amonestaciones de maestro enfurruñado que se quieren hacer pasar por pedagogía constitucional, solo expongo ahora, a modo de ejemplo, lo que es un indicio elocuente de nuestra pérdida de orientación. Una muestra de la carencia de aquel análisis con el que intelectuales y políticos atinaron a medir la estatura de los problemas de España en otros momentos conflictivos. Y no es que añore ni el pesimismo esteticista con que la Generación del 98 tomó el pulso a los males de la patria ni la ingenuidad con que ciertos regeneracionistas de fines del XIX analizaron las enfermizas carencias de nuestro pueblo.

De lo que se trata es de recobrar la tensión de un proyecto político y el fervor por la recuperación moral de España que, en los momentos mejores de nuestra esperanza colectiva, supieron imprimir a nuestros desafíos el alto vuelo de una resuelta voluntad nacional. Ahí quedaron las palabras de Ortega, al señalar en su discurso de Bilbao de 1910 que «el patriotismo es pura acción sin descanso, duro y penoso afán por realizar la idea de mejora que nos propongan los maestros de la conciencia nacional. La patria es una tarea a cumplir, un problema a resolver, un deber». Y las de Manuel Azaña, cuando advertía que los españoles que se levantaron contra José Bonaparte «sabían de sobra que la libertad de la nación era más valiosa que su bienestar».

Si el filósofo exigía que la patria fuera rigurosa empresa y no pasiva contemplación, el político nos recordaba que no hay mejora económica posible, ni derechos sociales ni servicio público sin la afirmación previa de una conciencia nacional. Esas palabras tenían la serena solemnidad que demandan los tiempos decisivos, la calidez de tono con que se afronta el frío de las encrucijadas. Y se reiteraron medio siglo más tarde, cuando salíamos de un largo desencuentro para afirmar de nuevo la realidad histórica de una España capaz de integrarnos a todos. La Transición fue una prueba que exigió de nosotros un patriotismo tenaz, una lealtad sin dobleces, una generosa disposición a sentirnos miembros de una comunidad segura de sí misma. En 1976, un hombre bueno, enseguida primer presidente del Gobierno de la democracia conquistada, se dirigió a quienes habían de superar las dos Españas con las palabras de otro hombre bueno, el poeta que las había denunciado: «Hombres de España: ni el pasado ha muerto/ni está el mañana –ni el ayer– escrito».

¿Escuchamos ahora voces de este calibre, cuya emoción nunca se perdió en la retórica del populismo o en la gesticulación limosnera de la demagogia? ¿Oímos aquel sobrio redoble de conciencia nacional, capaz de convocarnos en horas de riesgo, de esperanza y de acción? No; nada hay de ese lenguaje en los discursos de la crisis. Hemos rodado por una pendiente de desidia intelectual, de complaciente ignorancia, de feroz relativismo, de altanera deslealtad a nuestros principios. Se ha preferido el entretenimiento a la cultura, el placer al esfuerzo, la intensidad de momentos fugitivos a la tenacidad de una obra duradera. Y hemos acabado borrando el perfil de los valores en los que una nación necesita reconocerse ante el espejo de la civilización.

La derecha española habrá de construir su proyecto político mostrando su mejor solvencia para afrontar la crisis económica. Pero habrá de rescatar su identidad dando forma a una idea de España que recupere el aliento perdido porque los principios que han inspirado nuestra cultura se han dilapidado en tiempos de opulencia y nos han dejado indefensos en los de pobreza. Las ideas que se ha considerado inútil defender, los baluartes morales entregados sin lucha, deben volver a identificar a quienes, frente a sus impugnadores, se plantean no solo la salida de la crisis económica, sino también el principio de la regeneración nacional.

La libertad, el patriotismo, la defensa de la familia, la educación al servicio de la igualdad de oportunidades, la propiedad y el trabajo como responsabilidades sociales destinadas al bien común, el auxilio a los humildes y la lucha contra la marginación, la tolerancia frente a quien discrepa, la exigencia del respeto a la dignidad de cada persona, el valor irrenunciable del cristianismo en la formación de nuestra cultura. He aquí el espíritu de una civilización, los elementos sobre los que se levanta una personalidad colectiva. Antes que ejercicio de una voluntad, la soberanía nacional es una toma de conciencia, la fidelidad a unos principios.

En 1914, al presentar su nueva política contra la desmoralización y el cinismo, Ortega salió al paso de una nación que «no ejerce más función vital que la de soñar que vive». España no resolverá ni siquiera sus problemas financieros sin aceptar que los empellones de la devaluación moral y la desnacionalización han acompañado su entrada en el nuevo siglo. Dado que la izquierda suspendió clamorosamente este examen, y no parece dispuesta a adecentar su preparación, solo a la derecha corresponde devolver a España aquellos valores que permitan impulsar un gran acuerdo entre partidos nacionales, dotados de ideologías distintas pero unidos en una misma convicción patriótica. A esa derecha corresponde la tremenda exigencia de que la palabra España vuelva a pronunciarse con su sentido pleno. Porque hasta hace unos años, hasta el momento en que esta nación empezó a írsenos de las manos, huyó del ánimo y abandonó nuestra esperanza, nos faltó esa palabra. En el principio fue la nada. En el principio fue el silencio.

Fernando García de Cortázar, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad.

EL GOBIERNO CENTRAL EMPEORA SU BALANCE CON RESPECTO A 2012
Los recortes no llegan al gobierno central: engorda 3.000 millones su déficit frente al año pasado
La desviación de déficit con respecto al objetivo que exigía Bruselas se debe a los excesos del Gobierno Central y de cuatro autonomías: Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía y Cataluña. El Gobierno ha empeorado su agujero con respecto al año pasado pese a haber exigido recortes generalizados a los demás.
Javier Ruiz www.vozpopuli.com 29 Marzo 2014

El ministro de Hacienda ha presentado el aperitivo de los datos de déficit: el Estado cerró 2013 con un agujero del 6,62% del PIB, es decir, algo más de una décima por encima de lo que Bruselas exigía al Reino de España. Sin los datos desagregados, que Montoro revelará el lunes, es difícil saber si ha habido un problema de falta de ingresos o de exceso de gastos pero el saldo deja ya una conclusión clara: la exigencia de recortes del Gobierno es de puertas afuera y no se ha aplicado en casa. El gobierno central que cerró 2012 con un agujero del 5,2% ha cerrado este ejercicio con un desfase del 5,49%, es decir, unos 3.000 millones más que el año pasado.

Según las cifras que ha presentado el Ejecutivo, los números rojos del Estado alcanzan los 67.755 millones de euros de los que más de 55.000 corresponden al gobierno central. El grueso de la desviación adicional se lo reparten cuatro autonomías: Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía y Cataluña.

"Todavía estamos pagando la herencia recibida y quizá la sigamos pagando en 2015", dice Montoro
En un año en el que el Ejecutivo ha pedido sacrificios a todos los agentes económicos, el ministro de Hacienda ha respondido a quienes han cuestionado el desvío con el argumento de la herencia recibida. Cristóbal Montoro asegura que el desafase contable se ha debido "a compromisos de pago adquiridos por la anterior administración" socialista: “todavía estamos pagando la herencia recibida y quizá la sigamos pagando en 2015”, aseguró Montoro dos años después de llegar al poder.

Sin embargo, lo más preocupante del dato no es la falta de contención del Ejecutivo sino que la cifra parece ser inferior a la que los analistas y servicios de estudios auguraban a la luz de las partidas de ingresos y gastos del Estado. Dicho de otra forma, los especialistas sospechan que el agujero podría ser mayor que el declarado porque los ingresos han sido menores de lo que se presupuestó y los gastos mayores de lo que se reconoce. Así:

Por el lado de los ingresos, la recaudación por IRPF era 642 millones inferior a la del año 2012, el Impuesto de Sociedades había perdido 1.911 millones de recaudación y la subida del IVA aprobada por el Ejecutivo suponía unos ingresos extraordinarios de 2.409 millones más que el año pasado. El saldo se inclina desde el lado negativo porque a esos datos hay que sumar la caída en la recaudación por la lucha contra el fraude que ha sido 1.036 millones menor que el año pasado en la primera caída en la recaudación en concepto de fraude desde 1991. En total, el Ejecutivo había presupuestado unos ingresos de 177.860 millones de los que sólo había recaudado 154.927 hasta noviembre por lo que o en diciembre se ha producido un milagroso aumento de la recaudación o las cuentas no cuadran desde el lado de los ingresos.
Por el lado de los gastos, también se han incrementado las partidas puesto que el Gobierno ha devuelto este año a los funcionarios la paga extra que les retiró en 2012. Además, diciembre suele ser un mes de grandes pagos para las Administraciones Públicas con aumentos de gasto de casi 9.000 millones en 2011 y de 6.979 millones en 2012. Con las cifras presentadas por el Ejecutivo, diciembre apenas habría registrado pagos al cierre del ejercicio.

El dato se cuadrará en el 6,5%
La pequeña desviación presentada por el Gobierno será más pequeña todavía. Lo adelanta el propio Cristóbal Montoro que asegura que el desfase es mayor que el exigido por Bruselas porque se ha calculado sobre un PIB de 1.022.988 millones de euros. Sin embargo, la revisión estadística y la nueva clasificación contable que el Ejecutivo espera tener terminada en los próximos meses hará engordar el tamaño de la economía y, por tanto, menguar el tamaño del agujero presupuestario.

"El déficit será del 6,5%" adelantó Cristóbal Montoro
"El déficit será del 6,5%" adelantó Cristóbal Montoro en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros pese a que todavía no se conoce el impacto final de la revisión estadística del PIB.

Otros 4.600 millones de ayudas a la banca
Los criterios de contabilidad de la UE no toman en cuenta las ayudas a la banca para evaluar el cumplimiento del déficit del país. Por ese motivo, los 4.600 millones que el Gobierno ha dedicado este año en dotar Esquemas de Protección de Activos y nuevas ayudas para los bancos no han sido contabilizados en las cuentas que el Ejecutivo remite a la Unión Europea. Pese a ello, las cifras presentadas por el Ejecutivo revelan que la factura del rescate bancario sigue engordando y que ha crecido también en 2013.

Con esas ayudas, el déficit hubiera rozado el 7,1% después de haber alcanzado el 10,6% el año pasado, cuando el Gobierno pidió el rescate para la banca por valor de 40.000 millones de euros. Según las cifras que ha adelantado el Gobierno, el déficit se incrementa un 0,46% por las nuevas ayudas a las entidades de crédito.

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Cataluña
Los otros madrileños
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 29 Marzo 2014

Uno de los ejemplos más palmarios de la corrupción que el nacionalismo ha conseguido introducir en el lenguaje cotidiano lo encontramos en la naturalidad con que se emplea la palabra inmigrante para designar a los ciudadanos españoles que, llegados a Cataluña desde cualquier otra región de su país, se han radicado en este nuevo hábitat. El término encierra, desde el vamos, una connotación discriminatoria: el nouvingut (otro estigma) es, por antonomasia, un extranjero, al que se puede acoger con benevolencia o con desprecio, y que debe acatar las normas que le imponen sus anfitriones para ser aceptado o tolerado. No rigen, para él, los derechos que son comunes a todos los conciudadanos de un mismo país. Incluso se le puede conculcar el derecho a que sus hijos se eduquen en la lengua propia de España.
Pionero del nacionalcatolicismo catalán

Una vez institucionalizada la categoría de inmigrante, empieza la labor de ingeniería social encaminada a convertir a los discriminados en dóciles súbditos del poder endogámico. Fenómeno este que se repite cíclicamente. Hace cincuenta años, el libro Els altres catalans, de Francesc Candel, se convirtió, como recuerda Jordi Amat (LV, 9/3), en el "superventas del Sant Jordi de 1964". Tomemos nota: un libro en catalán, superventas en 1964 cuando, según cuentan los fabuladores, la dictadura de Franco practicaba un implacable genocidio de la cultura catalana. Explica Amat:

Los ideólogos más realistas del catalanismo de posguerra (Jordi Pujol quizá mejor que nadie) asumieron que la clave de bóveda del futuro del movimiento pasaba por la integración de la inmigración. (…) En esta tesitura hay que ubicar la fascinación y captación por parte del catalanismo de Francesc Candel y la enorme trascendencia que adquirió Els altres catalans, superventas de Sant Jordi de 1964.

Amat recuerda que la idea de encargar el libro fue de Josep Benet, activista forjado en la abadía de Montserrat y pionero del nacionalcatolicismo catalán, con adherencias obreristas. Añade Amat:  No me extraña la definición que Jordi Pujol hizo del libro cuando a mediados de 1964 lo reseñó para [la revista montserratina] Serra d'Or: "Es sin duda, y sin exagerar nada, uno de los tres o cuatro libros más importantes publicados desde 1939".

La recuperación del libro de Candel y de la figura de su autor en beneficio del actual guiñol secesionista indignó a Dolors Camats, dirigente de ICV-EUiA, que fue excluida del homenaje a quien los comunistas consideran, con razón, más afín a su dogma totalitario que a los tejemanejes de la burguesa CiU o al maximalismo asambleario de la imprevisible ERC. Escribe Jordi Gràcia (El País, 22/2):

[Camats] ha calificado de "simplemente zafio" el programa que organizaron a medias la Generalitat y la Fundación Francisco Candel para presentar Els altres catalans 50 años después de su primera edición: media docena de consellers y las primeras autoridades de Cataluña. (…) Hoy Candel es compañero de viaje del independentismo –no sé si lo sería ahora, pero desde luego no lo fue– de la misma manera que se echa mano de otros muertos útiles. (…) Hoy a Candel se le eleva todavía más: Mandela catalán. (…) Es una forma más de propaganda de Estado, esta vez dirigida a sobar y resobar al inmigrante de primera o segunda generación, para que sepa que su causa es, como la de Mandela, la causa de la liberación de un pueblo oprimido bajo un Estado segregacionista. Convertir a Candel en muerto útil a través de una comparación insostenible, y hacerlo por boca del president, equivale a tomarnos a los demás por una especie rumiante.

Ni metecos ni ilotas
De inmigrantes, nada. Ni metecos ni ilotas: ciudadanos españoles que se desplazan dentro de su país. ¿Acaso alguien tendría la desfachatez de tildar de inmigrantes a los catalanes –miles, decenas de miles de catalanes– que se radican y prosperan en Madrid? ¿Al presidente catalán de la CEOE, por ejemplo? Son respetados como ciudadanos españoles que en verdad son, y disfrutan de los mismos derechos que sus compatriotas. Algunos, como Albert Boadella y Félix de Azúa, se han establecido allí huyendo del clima de intolerancia y desobediencia institucional que fomenta la maquinaria secesionista, pero otros han ido sencillamente a trabajar en una ciudad hospitalaria y cosmopolita. Sólo un atrabiliario sembrador de cizaña puede escribir, como lo hace Oriol Pi de Cabanyes (LV, 14/3), tergiversando premeditadamente la realidad:

Por más que continuemos invocando los encuentros de poesía y similares abrazos retóricos de más de medio siglo atrás, ya hace mucho tiempo que se han hundido los puentes del diálogo y no se recompondrán sino en unas circunstancias totalmente distintas a las que hemos conocido hasta ahora.

En febrero del 2010 Josep Maria Flotats volvió a Barcelona –de donde se había ido cuando lo maltrató la familia Pujol Ferrusola– para dirigir y actuar en el Teatre Lliure, y fue muy explícito cuando le preguntaron si se había autoexiliado en Madrid (LV, 24/2/2010):

Ni exilio, ni nada de nada. El exilio comporta ser desgraciado en otro lugar. Y no me siento nada desgraciado. Estoy muy bien en Madrid, con amistad con los actores y los directores, bien recibido y bien tratado. Si tuviera algún sentimiento de exilio y de distancia sería por París, donde estuve veintipico años.

Presunta catalanofobia
El panorama es hoy mejor que nunca, a pesar de que los secesionistas se esfuerzan por convertir sus denuncias de presunta catalanofobia en una self-fulfilling prophecy, una profecía que no tiene fundamento en la realidad y solo se puede cumplir por la voluntad torticera de quienes la formulan. Lo ratifica una extensa nota que publicó La Vanguardia (14/2):

"No es que no haya una fractura, es que no hay ni siquiera una grieta", afirma el director del Lliure, Lluís Pasqual. Y la cartelera teatral madrileña de estos días, de toda la temporada, parece darle abrumadoramente la razón: los cuatro principales teatros públicos de la ciudad programan en estos momentos obras dirigidas por catalanes.

Estos otros madrileños llegados de Cataluña están de parabienes. Entre los directores sobresalen el citado Lluís Pasqual, Carol López (Barcelona, 1969), Alex Rigola, Sergi Belbel, Jordi Galcerán, Oriol Broggi, Xavier Alberti, Sergi López, Josep Maria Mestres, Carme Portaceli y, por supuesto, Albert Boadella. Continúa la crónica:

De hecho, nada menos que tres de las cuatro únicas producciones de la Compañía Nacional de Teatro Clásico de este año las dirigen catalanes. Lluís Pasqual, responsable de El caballero de Olmedo, dice que "es perfectamente normal, pero me gustaría saber qué pasaría si fuera al revés, si yo presentara una temporada en el Lliure con un 75 % de directores de Madrid".

Atizadores de discordias
Pues lo que pasaría está muy claro: la Asamblea Nacional Catalana pondría el grito en el cielo y crucificaría a los culpables de tamaña herejía, con el aval de la Generalitat y de todo el aparato mediático del secesionismo. Aprueban que los otros catalanes se organicen para colaborar con el poder hegemónico, como lo hacen los capitostes de CCOO y UGT, que se desentienden de su compromiso con los trabajadores para amancebarse con los insumisos retrógrados de Òmnium (LV, 25/3), a los que ahora acompañan en la reivindicación nostálgica de la sociedad oligárquica e inquisitorial de hace 300 años. Pero cuidando siempre que ni ellos, ni sus hijos ni la población autóctona se contaminen con la cultura del ficticio enemigo español. Se asombra Lluís Foix (LV, 27/3):

No es normal [que los dos principales sindicatos, CC.OO. y UGT] sean la correa de transmisión de un gobierno.

Los campeones de la intolerancia y el encarnizamiento cainita tienen nombre, apellido y domicilio conocidos. Cada día nos regalan un manifiesto o una declaración con sello oficial. Y no están en Madrid, hoy cosmopolita como Barcelona lo fue en los años 1970 y casi desde sus orígenes. Allí, en Madrid, cualquier catalán puede llegar a ser ministro, empresario, creador de cultura, científico, profesional o simple trabajador, sin que nadie lo discrimine por su origen o su acento. No hay otros madrileños, como no debería haber otros catalanes si no fuera por la intromisión de los atizadores de discordias. Todos españoles, todos europeos, todos abrazados a los valores de la civilización occidental, y aquí paz y después gloria.

El dedo que señala a la Luna
Javier Algarra www.gaceta.es  29 Marzo 2014

La intransigencia lleva a los separatistas a mirar el dedo, considerando el gesto como una agresión, en lugar de analizar lo que realmente está señalando.

Son muchos los aspectos en los que discrepo de Xavier Sardà. Probablemente, nos resultaría difícil encontrar puntos de acuerdo en materia política o ideológica, pero no por eso puedo negar el respeto profesional y el afecto personal que le profeso. Le conocí hace más de treinta años, cuando tuvimos ocasión de trabajar juntos en Radio Nacional de España en Cataluña a principios de los ochenta. Y nunca he dejado de reconocer en él a un iconoclasta de gran creatividad con inmensas dotes para la comunicación, precisamente, por el carácter transgresor de sus planteamientos.

Muchos le definen como el referente de la telebasura. Bien es cierto que Crónicas Marcianas, como escaparate del frikismo y la provocación, marcaría un antes y un después en el modo de hacer televisión. Y es de justicia aceptar las críticas de aquellos a quienes no les gustó el programa. Pero no por ello se le puede negar a Sardà que es un gran profesional con una visión de futuro como pocos.

La progresía de salón, que le encumbró como modelo de heterodoxia, se rasga ahora las vestiduras al comprobar que l’enfant terrible de la comunicación denuncia el “independentismo acomodaticio” de los medios catalanes subvencionados por la Generalitat. Los activistas del secesionismo hubieran querido encontrar en él a un aliado del paroxismo que parece haberse instalado en amplios sectores de la sociedad catalana. Pero Sardà, en vez de sumarse a la corriente del pensamiento dominante, ha recordado la vigencia del proverbio chino que sentencia que “cuando el dedo del sabio señala a la Luna, los imbéciles se quedan mirando al dedo”.

Cada vez son más los catalanes que levantan el dedo para señalar la nefasta gestión de los políticos nacionalistas, cuya única obsesión en perpetuarse en el poder que les otorga la eterna huida hacia promesas soberanistas, en vez de administrar los recursos públicos en beneficio de los intereses de los ciudadanos. Pero la intransigencia lleva a los separatistas a mirar el dedo, considerando el gesto como una agresión, en lugar de analizar lo que realmente está señalando, que es la verdad que trata de esconder el mesianismo nacionalista.

“Es de mal patriota desear que los medios de comunicación no dependan de una misma fuente de financiación: el gobierno catalán”, ha lamentado Sardà en un artículo, en el que vaticinaba que “el simple hecho de que alguien lo subraye le convierte ya en un cerdi-unionista”. Y añadía que “el hiperrealismo independentista” impide hablar de otros temas.

Ignoro si Xavier Sardà es partidario de una Cataluña independiente del conjunto de España o no. Y respetaré su postura sea cual sea, aunque no coincida con la mía. Pero es digno de aplauso que se haya atrevido a denunciar lo que otros callan, el escaso pluralismo que se encuentra en los medios de comunicación catalanes, amancebados en la comodidad de la subvención oficial y supeditados a la pleitesía del “editorial conjunto”.

Y eso no tiene nada que ver con que me gusten o no sus programas. Mi libertad me permite recurrir al mando a distancia para escoger los que quiero ver en televisión. Lástima que, en Cataluña, muchos ciudadanos no gocen de esa misma libertad para expresar opiniones diferentes a las que dicta la autoridad nacionalista.

Urkullu le toma el discurso a ETA
Editorial ABC  29 Marzo 2014

EL Gobierno vasco, presidido por Íñigo Ukullu, se ha dejado de sutilezas a la hora de subirse al carro de la legitimación retrospectiva de ETA para que la banda terrorista pueda recordar su terrorismo como la respuesta a la agresión del Estado. Para este perverso fin, Urkullu ha encargado al inefable Jonan Fernández, secretario general de Paz y Convivencia para más escarnio del Ejecutivo vasco, un estudio sobre la tortura entre 1960 y 2010, el mismo período de actividad terrorista de ETA. Esta iniciativa no es más que una realización de la teoría nacionalista del conflicto, en el que todas las violencias, tanto la del Estado como la de ETA son igualmente rechazables. En definitiva, el «moderado» Urkullu quiere que el fin de ETA no sea una derrota sino un armisticio, un tratado de paz, y, por eso, esta investigación sobre la tortura busca convertir el terrorismo de ETA en un conflicto militar.

La implicación de instancias internacionales en este proyecto nacionalista confirma la existencia de una doble vía en paralelo y pactada a cargo de ETA, una, y del PNV, otra; y ambas con el mismo propósito de reducir la violencia etarra a un paréntesis histórico del que fueron tan culpables el Estado como los terroristas. Conviene que el Gobierno central reaccione, dentro y fuera de nuestras fronteras, y tome en consideración este paso dado por Urkullu a la hora de fijar sus relaciones políticas con el PNV y el Ejecutivo vasco.

Abrir esta causa general sobre la tortura, con unas conclusiones políticas ya predeterminadas, es una decisión que sitúa a Urkullu fuera de la interlocución admisible para el Ejecutivo del PP, que de ninguna manera puede tolerar este burdo intento de ahorrarle a ETA su derrota histórica. Lo que de verdad hace falta es saber quiénes fueron los responsables de los casi trescientos asesinatos de ETA aún por esclarecer.

EL Gobierno vasco, presidido por Íñigo Ukullu, se ha dejado de sutilezas a la hora de subirse al carro de la legitimación retrospectiva de ETA para que la banda terrorista pueda recordar su terrorismo como la respuesta a la agresión del Estado. Para este perverso fin, Urkullu ha encargado al inefable Jonan Fernández, secretario general de Paz y Convivencia para más escarnio del Ejecutivo vasco, un estudio sobre la tortura entre 1960 y 2010, el mismo período de actividad terrorista de ETA. Esta iniciativa no es más que una realización de la teoría nacionalista del conflicto, en el que todas las violencias, tanto la del Estado como la de ETA son igualmente rechazables. En definitiva, el «moderado» Urkullu quiere que el fin de ETA no sea una derrota sino un armisticio, un tratado de paz, y, por eso, esta investigación sobre la tortura busca convertir el terrorismo de ETA en un conflicto militar.

La implicación de instancias internacionales en este proyecto nacionalista confirma la existencia de una doble vía en paralelo y pactada a cargo de ETA, una, y del PNV, otra; y ambas con el mismo propósito de reducir la violencia etarra a un paréntesis histórico del que fueron tan culpables el Estado como los terroristas. Conviene que el Gobierno central reaccione, dentro y fuera de nuestras fronteras, y tome en consideración este paso dado por Urkullu a la hora de fijar sus relaciones políticas con el PNV y el Ejecutivo vasco. Abrir esta causa general sobre la tortura, con unas conclusiones políticas ya predeterminadas, es una decisión que sitúa a Urkullu fuera de la interlocución admisible para el Ejecutivo del PP, que de ninguna manera puede tolerar este burdo intento de ahorrarle a ETA su derrota histórica. Lo que de verdad hace falta es saber quiénes fueron los responsables de los casi trescientos asesinatos de ETA aún por esclarecer

 


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