AGLI Recortes de Prensa   Martes 1 Abril  2014

Los magros resultados del expolio fiscal
EDITORIAL Libertad Digital 1 Abril 2014

El desglose detallado de las cuentas públicas que este lunes ha hecho el Ministerio de Hacienda –en una rueda de prensa esperpéntica, por cierto– hace que lo que ya era una mala noticia se convierta en otra aún peor: no sólo es que el Estado siga despilfarrando y gastando muchísimo más de lo que ingresa, es que si se recorta algo el descomunal déficit es por la brutal presión impositiva que sufren las clases medias y las empresas.

Las cifras son claras: el déficit de las Administraciones sólo cae en 2.000 millones de euros, pero es que esta reducción no proviene del ajuste del gasto, que ha crecido en 1.000 millones, sino de la tremenda subida de impuestos, que ha hecho que la recaudación aumente en 3.000 millones incluso a pesar del escenario de contracción económica.

Nada podría ejemplificar mejor las prioridades del Gobierno que esta dicotomía que un ufano Cristóbal Montoro presentaba este lunes sin el menor asomo de autocrítica: de un lado, un Estado que sigue gastando sin tasa, con una única reducción significativa en las infraestructuras, es decir, no en el gasto estructural de la multitud de administraciones y la descomunal burocracia; y del otro una ciudadanía y un tejido empresarial que se ven obligados a dedicar la mayor parte de su esfuerzo productivo a alimentar la insaciable maquinaria de gasto que Rajoy y Montoro se empeñan en mantener en su gigantismo actual, aun a costa de la recuperación económica, que la presión impositiva hace prácticamente imposible.

Esta es la realidad a estas alturas de legislatura: los que llegaron al poder prometiendo frenar el derroche lo mantienen e incluso lo incrementan; el partido que se presentaba como abanderado de las bajadas de impuestos los ha subido todos; y encima los que se dicen campeones de la gestión no son capaces de cumplir el objetivo de déficit ni siquiera después de ajustado al alza.

Tras la ejecución presupuestaria de 2013, no puede quedar la más mínima duda de que en estos dos años la decisión fundamental de Rajoy ha sido sacrificarlo todo para que la casta política siga disfrutando de una maquinaria gigantesca a su servicio y no al de los ciudadanos, de un Estado del Bienestar que se encarga, sobre todo, de proveer bienestar al Estado.

En lugar de austeridad, el Gobierno se ha decidido por un brutal impuestazo; es el camino lógico para los que en lugar de estar del lado de la sociedad han preferido estar junto al Estado desmadrado.

La encerrona del gasto público
Primo González www.republica.com 1 Abril 2014

A duras penas, el Gobierno ha logrado acercarse al objetivo de déficit público que había exigido Bruselas para el año 2013, un objetivo de déficit que ya se había suavizado para que el ajuste no fuera tan tremendo. En el año 2012, el gasto público bajó en unos 20.000 millones de euros y, como consecuencia, los mecanismos más sensibles de la economía y de la sociedad crujieron con fuerza. En el año 2013, las cosas, desde el lado del gasto público, han cambiado de forma radical, con el primer aumento del gasto en estos últimos años, pero no por ello la condición de partida para que la economía crezca parece haber mejorado. El gasto público es una auténtica encerrona.

Durante el año pasado, aunque los lamentos de algunos sectores también se dejaron oír, lo cierto es que el Gobierno ha gastado más que en el año anterior, ha dado un giro a su política de gasto, sobre todo en materia salarial, abandonando las políticas de austeridad del año anterior, como le habían recomendado los organismos internacionales. La economía está en crisis, incluso saliendo de la recesión el pasado año, pero el Gobierno no ha sido capaz de actuar en consecuencia y se ha dejado llevar por la inercia del gasto público, al igual que otras Administraciones del Estado. No es que el Estado español tenga un gasto público en relación con el tamaño de la economía que se pueda considerar excesivo. Incluso es un gasto público moderado. Pero lo que debería tener el país es una mayor capacidad de generar ingresos fiscales, lo que no sucede. Por lo tanto, el desequilibrio en las cuentas públicas se produce de inmediato en cuanto hay un soplo de crisis económica. Máxime si el soplo es un auténtico vendaval, como ha estado sucediendo en estos últimos años, en los que la capacidad de recaudación se ha visto seriamente desarbolada.

No es de extrañar, por lo tanto, que el máximo responsable de la OCDE nos haya venido a decir esta semana que España no puede seguir creciendo tirando de la deuda, porque el gasto está conduciendo, en un país aquejado por una severa crisis de ingresos fiscales, a un endeudamiento creciente. España está ensayando un modelo insólito de crecimiento, con la Deuda Pública y el endeudamiento del Estado en alza y con la deuda de las empresas y de las familias encogiendo. ¿Puede crecer así una economía?

El sector privado sigue bajando su nivel de deuda y su demanda de crédito, en parte porque encuentra dificultades para obtener financiación pero en parte también porque muchos agentes económicos del sector privado se enfrentan a una notable presión externa para que reduzcan su endeudamiento. Es el caso, en particular, de la banca, que tiene que enfrentarse a unos exigentes test en los próximos meses, en los que las autoridades bancarias van a calibrar la capacidad de las entidades financieras para resistir ante una nueva crisis económica. Un ejercicio muy loable, porque la banca debe ser sana y resistente, pero lo que no tiene mucha lógica es pedirle al mismo tiempo dos cosas contradictorias, es decir, que aumente sus reservas y que proporcione crédito al sector privado, sobre todo cuando el sector público, mediante la demanda de suscripción de Deuda, le está absorbiendo parte de sus disponibilidades crediticias. Con las empresas privadas no financieras está sucediendo algo diferente pero con consecuencias bastante similares: todo el mundo quiere reducir deuda en el sector privado.

La economía no puede crecer en base a la aceleración del gasto público y de la deuda estatal, sobre todo porque cuando en España se acelera el gasto no estamos hablando de un aumento de la inversión pública (que suele ser la primera víctima de todas las políticas de restricción presupuestaria) sino de un incremento, por lo general desordenado y sin base económica, del gasto corriente. No hay más que ver la evolución de las nóminas públicas para encontrar la explicación principal de este problema. Esta aceleración del gasto sin contrapartida en los ingresos es doblemente perjudicial, ya que incrementa la deuda y no mejora la productividad del sector público.

La reconsideración del gasto público y su adaptación a las posibilidades reales de la economía debería ser una de las exigencias prioritarias del Gobierno, entre otras cosas para lograr el cumplimiento de los compromisos de déficit público, que tan por los pelos se han alcanzado en el año 2013. Pero nadie está en condiciones de asegurar que lo vaya a lograr este año 2014 ni siquiera con una economía algo más alegre en su tasa de crecimiento de lo que se esperaba.

La paradoja del intervencionismo
Antonio España El Confidencial 1 Abril 2014

Posiblemente hayan oído hablar ustedes del gato de Schrödinger. Físico austriaco y premio nobel de 1933, Erwin Schrödinger contribuyó significativamente al estudio de la termodinámica y, sobre todo, de la mecánica cuántica. En 1935, para exponer una de las paradojas de la física cuántica, concibió su famoso experimento mental, consistente en encerrar un gato en una caja con un dispositivo radiactivo que tenía 50% de probabilidades de matar al gato en un tiempo dado. Según las leyes cuánticas, el felino está vivo y muerto a la vez, paradoja que sólo puede ser resuelta por un observador abriendo la caja y verificando la salud de la mascota de Schrödinger. Pues bien, similares contradicciones se dan con las teorías económicas y políticas que defienden el intervencionismo.

Y es que, el socialismo, o el intervencionismo si lo prefieren, entendido no como una opción electoral concreta, sino como una forma de entender al individuo, la sociedad y la economía que es común a todos los partidos con representación parlamentaria, adolece de serias e insolubles contradicciones.

Una de ellas es la que puso de manifiesto Ludwig von Mises en su teorema de la imposibilidad del socialismo al inicio de la década de 1920 del siglo pasado y que ha sido actualizada por Jesús Huerta de Soto hace unos pocos años. Esta crítica, demoledora por su lógica aplastante, se centra en la información que los agentes económicos utilizan para tomar sus decisiones –cálculo económico– y que, a su vez, generan como resultado de su propia actuación. Al optar por comprar o no comprar un bien y hacerlo a un determinado precio, estamos generando información que otros individuos utilizarán para decidir si producir más unidades de ese bien, modificar el precio, ajustar costes, dedicarse a otro negocio, comprar otro producto, etc.

Y es que, al intervenir el Estado en la actividad económica intentando planificarla u orientarla en un sentido determinado, lo único que consigue es cortocircuitar el mecanismo que genera la información que necesita para, precisamente, planificar la consecución de sus fines –que pueden ser todo lo bienintencionados que ustedes quieran–. De aquí se demuestra que no es posible intervenir en la economía y, a la vez, lograr el objetivo buscado. Los gobernantes carecen de la información requerida para ello porque han destruido la fuente de la misma, que es el libre ejercicio de la función empresarial. Esta es, de forma muy estilizada, la explicación de por qué el ideal intervencionista es teóricamente imposible.

Y es que, el socialismo, o el intervencionismo si lo prefieren, entendido no como una opción electoral concreta, sino como una forma de entender al individuo, la sociedad y la economía, adolece de serias e insolubles contradicciones.

En una sociedad tan compleja como la moderna, es impracticable que sea el pueblo el encargado de realizar los cálculos necesarios para intervenir en el sentido deseado, por tanto, dicha tarea ha de encomendarse a un reducido grupo de economistas, ingenieros y abogados que, con todas sus buenas intenciones, serán incapaces de recoger, procesar y aplicar toda la información requerida. El necesario fracaso en la consecución de los objetivos conducirá al público a pensar que se debe al insuficiente poder del Estado frente al continuo sabotaje de eso que llaman “los mercados”. De ahí que demanden más Estado, profundizándose en la espiral intervencionista.

De algún modo, este es el razonamiento que subyace en la tesis central de la obra de Friedrich Hayek, Camino de servidumbre, según la cual el intento de planificación económica, con independencia de que sea más intensa o más leve, conduce necesariamente hacia la pérdida de la libertad individual y, en última instancia, al totalitarismo.

Pero existe otra contradicción lógica en la justificación de la necesidad de intervención estatal en el ámbito tanto económico como político. Permítanme que les presente el razonamiento de forma ordenada:

(1) El intervencionista, sea de corte progresista o conservador, reclama que el Estado intervenga en la sociedad y en las decisiones que tomamos quienes formamos parte de ella porque considera demostrado que el humano es un ser egoísta y poco dado a mirar por el bien de los demás. Esto es, si le dejamos a su libre albedrío, tenderá a aprovecharse de sus congéneres, engañándoles siempre que pueda para sacar el máximo provecho económico y así medrar a costa del prójimo. Dar libertad sería como dejar que imperase la ley de la selva, el pez grande se come al pequeño, unos ganan lo que otros pierden, etc.

(2) Por ello, el defensor del intervencionismo piensa que el Estado ha de intervenir para corregir la maldad intrínseca del hombre. Sólo si desde los poderes públicos se controlan, regulan y se pone coto a los desmanes individualistas del ser humano cuando es libre, se podrá construir una sociedad que progrese igualitariamente. Es por eso que valoran tanto el papel del Robin Hood moderno, que, en lugar de hacer un uso virtuoso del arco y la flecha, se trastoca en el mismísimo sheriff de Sherwood para, a golpe de BOE, quitárselo a la clase media para favorecer a los ricos y poderosos mientras aparenta que da a los pobres.

(3) Aceptar los dos postulados anteriores implica asumir asimismo que el Estado no está formado por ángeles asexuados, de bondad infinita y sin un rastro de codicia en su ADN. Antes bien, lo componen políticos y burócratas que son personas de carne y hueso. Seres humanos que, en principio, están hechos del mismo material genético que los que les he descrito en (1). ¿Creen ustedes que deberían estar excluidos de dicha afirmación? ¿Acaso borra el acta de diputado el egoísmo en cuanto se recoge y se sienta uno en su escaño? ¿Creen que desaparece esa maldad intrínseca en el momento que se toma posesión de un cargo público?

(4) Ustedes podrían decirme que el proceso democrático garantiza que se escogen a los mejores. ¿Están seguros? Piensen en su político favorito antes de responder –a mí, por ejemplo, me gusta pensar en Cristóbal Taxman Montoro cuando tengo esa tentación–. O pregúntenles a los que en las últimas elecciones votaron al partido que hoy está en la oposición. No, no hay ningún motivo que nos permita pensar que el procedimiento del sufragio universal asegura la elección de los mejores candidatos, sino de los más hábiles para atraer votantes. En todo caso, aceptemos a efectos dialécticos que el sistema democrático es válido para filtrar y escoger a las personas más honradas, inteligentes, altruistas, generosas, trabajadoras y comprometidas con la sociedad.

(5) Adicionalmente, aceptar los postulados (1) y (2) implica admitir también que los votantes, como humanos libres, somos seres egoístas y codiciosos, criminales en potencia y faltos de sensibilidad ante el sufrimiento humano. Díganme, ¿por qué las personas que formamos el electorado, justo en el momento de ir a votar y sólo durante el instante que escogemos la papeleta y la depositamos en la urna, nos transformamos en seres seráficos y altruistas capaces de dejar a un lado nuestros intereses, nuestras filias y nuestras fobias, y votamos lo que pensamos que es mejor para la sociedad en su conjunto y no lo que es mejor para nosotros mismos? ¿Cómo es posible que seres egoístas y malvados sepan y quieran reconocer el altruismo y la bondad al votar?

En resumen, el argumento intervencionista aduce que, como el hombre es codicioso, hay que ponerle límites y regular su actividad. Pero los que crean las leyes y las hacen cumplir son personas, hechas del mismo material genético de aquellos quienes les eligen, sus mismos congéneres egoístas y desconsiderados. ¿Cómo se soluciona esta contradicción? ¿Puede estar el gato de Schrödinger vivo y muerto a la vez? Esta contradicción se resuelve con libertad.

(*) Ludwig von Mises, El socialismo. Análisis económico y sociológico, Unión Editorial
(**) Jesús Huerta de Soto, Socialismo, cálculo económico y función empresarial, Unión Editorial
(***) Friedrich A. Hayek, Camino de servidumbre, Alianza Editorial

Perdón, ¿y tú quieres regenerar la política?
Juan Vicente Santacreu. Periodista Digital  1 Abril 2014

Como los políticos nunca creen lo que dicen, se sorprenden cuando alguien sí lo cree. -Charles de Gaulle

Mi querido amigo regeneracionista, supongo que estarás de acuerdo conmigo que cuando te has criado en un país dirigido por golfos, maleantes y bandidos algunos terminamos siendo bordes, resabiados y muy aprendidos. Por tanto no te molestes si cuestiono tu honorable y seductor mensaje regeneracionista.
Eso de regenerar la política es muy bonito y sabes que a la mayoría de los ciudadanos nos “pone” esa frase, pero lo que me extraña es que seas tú, precisamente tú quien quieras regenerar la política después de tantos años de vivir de ella. Si me dijeras que te has caído de la cama o que has visto un mensaje divino en una esquina de tu habitación me lo creería, pero así por las buenas, ese afán regeneracionista, permíteme que lo dude.
Perdón, ¿y tú quieres regenerar la política?

Perdón, ¿y tú quieres regenerar la política?

Sé que tienes gente virgen –políticamente hablando- en tu partido, hasta un actor libre de toda sospecha de corrupción campa a tu lado, pero dime, ¿cómo vas a regenerar la política si llevas toda la vida viviendo de ella?, y por cierto viviendo de puta madre. Creo que lo único que cambiaste fue de partido y que ahora tu discurso es más populista adaptado a los tiempos que corren, porque del resto nada de nada.
Por cierto, y sin ánimo de ser muy borde, ¿en tu grupo hay alguien que viva o con-viva con alguna fundación o asociación de las que reciben subvenciones? Pues muy mal, creo que así no vamos a regenerar nada. La reconversión tiene que ser desde dentro y debe empezar por nosotros mismos.
Pero si malo es vivir de subvenciones, peor es tener compañeros de partido que trabajan puestos a dedo en cargos dependientes de alguna manera de la administración. ¡¡Qué fuerte me parece todo esto!!

Te digo lo mismo que le dije a: “Esperanza Aguirre, Parole, parole, parole…”

Perdón, ¿y eres tú el que quiere regenerar la política española?

PD: Esto han sido sólo unas reflexiones con un político ficticio, cualquier parecido con la realidad es pura casualidad. O no.

Así lo pienso y así lo digo.

Desafío separatista 2014-03-31
La cesión como solución al separatismo
Guillermo Dupuy Libertad Digital

Asegura Casimiro García Abadillo este domingo en El Mundo:

Hay un problema político en Cataluña que no se resuelve sólo aplicando la ley, aunque hay que aplicarla en cualquier circunstancia. La cuestión es que hay un porcentaje alto de la población (¿30%, 40%?) que quiere la independencia para Cataluña. Y, además, que ese porcentaje va en alza y afecta a la población más joven.

El nuevo director de El Mundo se pregunta

cómo hacer para que esa parte de Cataluña quede reducida a un 10% o a un 15% que, pase lo que pase, seguirá reclamando la secesión.

Uno podría esperar que la respuesta a esta pregunta fuese, en primer lugar, la de dar completa certeza a los nacionalistas de que no van a estar por encima de una ley que persigue los delitos de desobediencia, prevaricación, usurpación de atribuciones y malversación de caudales públicos que son necesarios perpetrar para poder celebrar un referéndum ilegal y dotarse de estructuras de Estado. También sería de esperar que el director de El Mundo recordase los mecanismos de intervención que contempla la vulnerada Ley de Estabilidad Presupuestaria o los que contempla el artículo 155 de la Constitución, artículo precisamente redactado para atajar desafíos a la legalidad constitucional como el que nos ocupa.
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Así mismo, y dado que el problema no radica únicamente en que en Cataluña no se cumple ni se hace cumplir la Constitución, el Código Penal, ni la Ley de Estabilidad Presupuestaria, también uno podría esperar que el nuevo director de El Mundo propusiera que el Estado central recorriera el camino inverso al que durante estos años ha ido paralelo, cesión tras cesión, al avance del separatismo desde una exigua minoría a unos porcentajes que, ciertamente, ya rondan casi la mitad de la población catalana.

Pero no. Lo que propone el nuevo director no es combatir judicial, política, económica e intelectualmente los delirios identitarios y liberticidas del nacionalismo. Lo que propone como solución es algo tan viejo como lo que ha contribuido a generar el problema: una nueva cesión a los nacionalistas mediante una reforma constitucional que, teniendo como horizonte un privilegiado tratamiento fiscal para Cataluña como el que tienen el País Vasco y Navarra, y abierta a "la cesión total de competencias en Educación y Cultura", otorgue al Principado un "mejor encaje dentro de España".

Lo que propone García Abadillo, en definitiva, no es sino conceder a los chantajistas aquello que Mas exigió a Rajoy hace dos años so pena de celebrar una consulta soberanista. Parecería que García Abadillo no es consciente de que es precisamente el elevadísimo porcentaje de los impuestos que las administraciones regionales en España han ido acaparando de forma paulatina lo que ha llevado a algunas de ellas a dotarse de estructuras de Estado, de monumentales redes clientelares y a aspirar a la independencia. Pareciera que no es consciente de que ha sido precisamente la ya casi total cesión de competencias en Educación y en Cultura lo que ha permitido a los nacionalistas inocular el sentimiento separatista, especialmente entre los jóvenes.

En lugar de corregir los errores de quienes han tratado de forma absolutamente contraproducente de contentar a los que no se van a contentar, García Abadillo insiste en perseverar en el error de la cesión. A eso se reduce su llamamiento a la "concordia". No nos extrañemos de que, con estas élites al frente, tanto de nuestro gobierno como de nuestros medios de comunicación, los nacionalistas pinchen, noten blando y sigan profundizando.

El poder del lenguaje
En Cataluña hay dos lenguajes: el de la razón democrática y el de una democracia imaginaria
Francesc de Carreras El Pais 1 Abril 2014

El desafío soberanista catalán se plantea a un doble nivel: el de los actores políticos (Gobiernos, Parlamentos, partidos) y el de los ciudadanos, en lo que nos interesa ahora, los ciudadanos catalanes. Este es un punto clave para entender lo que ahora realmente está pasando en Cataluña. En efecto, tras tantos años de insistir sobre la contraposición entre España y Cataluña, entre catalanes y resto de españoles, así como las dificultades de encaje entre ambos, estamos donde estamos.

¿Y dónde estamos? Pues estamos en la situación siguiente: alrededor de dos millones de catalanes están convencidos de que Cataluña accederá a la independencia de forma rápida y fácil, que ese proceso es imparable, que la independencia solo aportará beneficios, que Europa y el mundo aplaudirán este cambio con entusiasmo y, en fin, que los discrepantes con esas posiciones solo tratan de infundir miedo a un pueblo ilusionado debido a su nacionalismo español. Este es el resultado de 35 años de hegemonía ideológica.

Para muchos que no viven en Cataluña, quizás la lectura de la conversación entre tres diputados de partidos catalanes partidarios de la independencia y otros tres de partidos contrarios a la misma, que bajo el título “Líneas rojas en Cataluña” se publicó en EL PAÍS del pasado domingo, ha podido resultar reveladora. Ahí encontramos dos lenguajes: el de la razón democrática y el de una democracia imaginaria. Desde la interpretación interesada y falsa de la última sentencia del Tribunal Constitucional hasta sostener que el proceso hacia la independencia es imparable precisamente por razones democráticas, el lenguaje de los diputados independentistas es absolutamente distinto al de los otros tres. Tan distinto que el entendimiento parece imposible.

Pues bien, este es el tipo de lenguaje que leen y escuchan los catalanes a través de sus medios de comunicación. ¿Cómo se forma una opinión publica? Cambiando el lenguaje, dando a cada palabra el significado que más conviene para una finalidad ideológica determinada: democracia es derecho a decidir, derecho a decidir es derecho a la autodeterminación, las balanzas fiscales calculan los expolios, España es un país centralizado, el 11 de septiembre de 1714 fue el día que España derrotó a Cataluña, desde aquel día la agresión ha sido constante hasta hoy. Etcétera, etcétera.

Lean la conversación de EL PAÍS y verán la pasmosa facilidad con la que se hacen afirmaciones, implícita o explícitamente, parecidas. Pues bien, esto no es nada si lo comparamos con la presión mediática y social en la Cataluña de estos últimos 35 años. Comprenderán quizás la buena fe de los dos millones de independentistas, la mala fe de quienes les han engañado.

EL MISTERIO DEL ELEFANTE
Vox critica el despilfarro del Estado y pide un sistema más eficiente
La formación de Vidal-Quadras lanza un vídeo en el que compara la figura del Estado con la de un elefante, un ser insaciable e ineficaz que arrasa con los presupuestos públicos
Cristina Alcalá Estrella Digital 1 Abril 2014

Vox ha lanzado un vídeo donde denuncia el despilfarro que se genera en sustentar el Estado español y propone cambiarlo por un sistema mucho más ágil y eficaz. La campaña cuenta con la voz del presidente provisional del partido, Alejo Vidal-Quadras, en una de sus intervenciones en la Asamblea Inaugural de Vox el pasado mes de marzo.

La formación critica los recortes que se han llevado a cabo durante estos años en los principales servicios públicos del país. La campaña enumera la reducción que se ha hecho en el gasto en infraestructuras, en defensa, en I+D, en sanidad, en ayuda humanitaria exterior y en el salario de los funcionarios públicos. Además, los jubilados han visto cómo se han congelado sus pensiones y los ciudadanos han sido “atracados” con la subida de impuestos directos e indirectos “hasta niveles que ni los comunistas se habrían atrevido a imponer”, relata el propio presidente.

Ni los comunistas se habrían atrevido a subir los impuestos a estos niveles, critica Vidal-Quadras

A pesar de todos estos esfuerzos, añade el vídeo, el Gobierno de Mariano Rajoy ha presupuestado un agujero de 60 mil millones de euros, que debe ser subsanado por todos los españoles.

El misterio del elefante
La campaña de Vox utiliza a un elefante para ilustrar al Estado, un ser insaciable que no para de “comer” de los presupuestos públicos. Un animal que se mueve torpemente, ocupa demasiado y que es difícil de mantener. Según Vidal-Quadras, el Estado es complejo, ineficiente y gigantesco que se subdivide en infinidad de administraciones públicas: 17 autonomías, las 38 diputaciones provinciales, los más de 8.000 municipios, los cuatros consejos insulares, los siete cabildos y las innumerables comarcas, entre otros, que componen el mapa del país.

El elefante, una figura que se infla más si se tiene en cuenta el número de personas que viven directamente de la política y que no son funcionarios públicos. En la cinta estiman que son cerca de 300.000 personas, el doble que en Alemania, cuya población supera por dos a la española.

300.000 personas viven directamente de la política en España, el doble que en Alemania
¿Cuál es la solución que propone el Gobierno? Poner a “dieta” al elefante, es decir, recortar en el dinero destinado a los servicios públicos, una media que se traduce en seguir manteniendo al mismo animal, “pero hambriento y cabreado”. Por esa razón hay déficit y la deuda de España rebasará este año el billón de euros, alerta Vidal-Quadras.

Sin embargo, y a pesar de su alto coste, el PP y el PSOE (lo que en el vídeo llaman “partidos establecidos”) no quieren prescindir del elefante, ya que en el caben sus cargos de confianza, familiares y amigos que viven a costa del Estado. “Es perfectamente lógico desde el punto de vista del aprovechado, pero carece de sentido para las clases medias”, relata el líder de la formación. Las mismas clases medias que trabajan más de seis meses al año para “alimentar al elefante y la cuadrilla que lo cabalga”.

¿Y cuál es la solución que propone Vox? Sustituir el elefante por un caballo, por un animal mucho más ágil, competitivo y que devuelva la libertad a la ciudadanía.

El burro y la noria del 23-F (bis)
Javier Orrico Periodista Digital 1 Abril 2014

He releído el artículo que sigue y me ha parecido que las declaraciones de Pilar Urbano de ayer, 30 de marzo, en El Mundo, con motivo de la próxima aparición de su libro "La gran desmemoria", le daban una luz nueva, o al menos confirmaban muchas de sus intuiciones. Se trata de un texto aparecido en este blog el 28 de febrero de 2011, también en La izquierda reaccionaria, de Horacio Vázquez-Rial, y que se había publicado en papel el 27 de febrero de 2011 en La Opinión de Murcia. Creo que su lectura cobra hoy todo su sentido.

"Si tuviera su edad y a nadie más conmigo, seguramente haría como Larra, levantarme la tapa de los sesos. O huiría, como Gauguin, a algún paraíso donde no se viviera en permanente contienda, en permanente mentira, en permanente impostura. Allí escribiría versos sobre las flores y las muchachas hermosas, que fue lo que debí hacer siempre, y me olvidaría de España, el cáliz amargo de Vallejo, la pasión inútil de todos aquellos que la soñamos otra. España es un burro atado a una noria que vuelve siempre igual ante nosotros. Me hastía esa recurrencia de las celebraciones, cómo van releyéndolas cada año para construir ficciones e inventar heroísmos que nunca existieron.

La izquierda de hoy, la Ziquierda mercenaria que nos ha destruido, es particularmente vomitiva es sus mascaradas, en su eterno reverso estalinista que rehace la Historia para justificar el presente, este régimen de filigranas que mira al burro de España dar vueltas en vano eternamente, mientras ellos se sacian a la sombra de sus fastos.

Ha dicho Zapatero -que aún se sueña líder imperial, y al que sólo liquidarán las urnas, si lo hacen- que el 23-F, aquel golpe de muñecotes de feria y títeres de cachiporra (se podrían vender figuritas de Tejero junto a los toreros y las bailaoras para turistas), fue un ejemplo de “unidaZ y dignidaZ”. Si no fuera tan malvado, tan falso, habría que pensar que es tonto de capirote.

Hubo una gran "unidaZ", en efecto, y hasta una gran unanimidaZ: todo el mundo quería la cabeza del Bautista, de Adolfo Suárez, aquel músico de Bremen que los había engañado a todos para traer una democracia decente que ellos indecentaron al minuto siguiente de derrocarlo. Empezando por Su Católica Majestad, pasando por buena parte de la propia UCD, y acabando en AP y el PSOE, dispuestísimo a avalar un golpe blando que lo llevara al Gobierno y, desde allí, preparar su definitivo desembarco.

La parte más rancia del Ejército y las Fuerzas de Seguridad, que tanto odiaban a Suárez por sus cesiones al nacionalismo vasco –el mayor error de un hombre que no supo ver la naturaleza canallesca y traidora de un nacionalismo que siempre ha estado recogiendo las nueces del terror-, y que estaban siendo asesinados a cientos por la ETA en aquellos años, terminaron por ser instrumentos de la operación de degüello contra Suárez.

Y sus perdedores. Los tontos útiles, de los que sólo algunos pagaron: Tejero, la España que embiste, el militar equivocado de siglo, que se pasó de espadón y cortocircuitó el verdadero golpe civil-militar de Armada y los políticos; Milans, que sacó los tanques y al que, afortunadamente, le habían quitado el mando de la Brunete poco tiempo antes; y el propio Armada, que se pasó de listo y quiso ser el “elefante blanco” (geniales las crónicas de Martín Prieto sobre el juicio), cuando al parecer había más de uno o alguno más alto. Los peones y alguna cabeza para disimular.

Pero el resto, los agentes de la seguridad nacional, por ejemplo, que habían impulsado y jugado a estar en todos los golpes, esos salieron limpios, y hasta siguieron siendo premiados durante muchos años por órdenes de arriba. Y, por supuesto, los implicados en el llamado golpe civil no sólo salieron intactos, sino catapultados, convertidos en la clase definitiva de un Nuevo Régimen que consolidaba los privilegios vasco-navarros, abría el camino de la deriva y chantaje catalanistas y dejaba al Estado como botín en manos socialistas.

Aquel día del 23 de febrero de 1981 moría la España negra, la de los pronunciamientos y los fusilamientos. Pero nacía la España marrón, la de la corrupción y el saqueo que, con honrosas excepciones, ha terminado enfangada en sus propias heces. Todo lo que soñábamos los jóvenes de aquellos años se acabó también aquella noche: el fin del nepotismo y el caciquismo, la igualdad de oportunidades, el respeto al mérito sobre el que cada uno pudiera construir su vida.

Lo que vino fue la red mafiosa de las castas, la toma a saco de las nuevas comunidades, la justicia con las piernas partidas, las universides corrompidas que ocuparon tribus políticas y familias enteras a través de la cooptación y la endogamia, el arrasamiento de la enseñanza preuniversitaria, la compra de los sindicatos al peso, el desistimiento de la derecha, ese ácido de complicidades y omisiones que nos ha hundido a todos, pero sobre todos a los humildes, a esos que hoy se encuentran con el fin de la mentira sobre su angustia.

En cuanto a la “dignidaZ”, palabra que en su boca hiede, aquel día sólo la mostraron un militar franquista, Gutiérrez Mellado, que hizo frente de pie a los pistolones; un falangista, Suárez, que no arrodilló ante las metralletas la democracia que él había instituido y encarnaba; y un comunista, Carrillo, que siguió fumando. Es decir, sólo los que la habían traído defendieron la democracia. Porque la democracia fue un pacto entre esos tres hombres para dejar de matarnos, aunque el último de ellos haya terminado volviendo a sus orígenes sectarios y al rencor restablecido por Z.

Todos los demás, muchos de los cuales estaban en el golpe civil, acabaron arrastrando su “dignidaZ” por el polvo de las moquetas del Congreso. Incluido el mismo Bono que en la celebración del pasado miércoles lanzaba una épica soflama que parecía escrita para gritarla desde un caballo. La Hípica de Bono es la metáfora de este tiempo, del Régimen que salió de alli.

No sólo ellos reptaron esa noche. Los gobiernos autonómicos salieron cargando, entre ellos el de los socialistas murcianos, que huyeron a la huerta. Nadie defendió la dignidad, la democracia, la libertad. Nadie se quedó en sus puestos, salvo aquella junta de subsecretarios que dirigió lo que quedaba de Gobierno en España.

Tras el mensaje del Rey, me eché a la calle. Llevaba tres meses en Murcia, en un piso en la entonces incipiente Plaza Mayor. Tomé por Santa Teresa y me asomé a la Gran Vía. Había un coche de municipales. Ni un alma. Lo que recuerdo es un silencio zombi. Eso era España, la que dicen que se salvó del golpe. Lo que pasa es que eran muchos golpes."

 
EL ESCÁNDALO QUE FALTABA
Pilar Urbano y el secreto mejor guardado de nuestra monarquía
Pascual Tamburri. www.elsemanaldigital.com 1 Abril 2014

Pilar Urbano ya no es políticamente correcta. Ha contado en público lo que muchos sabían: que el 23-F sigue sin resolver y que el Rey tuvo mucho que ver. Será laicamente excomulgada.

A los españoles con más de 40 años les parece que fue ayer, pero la realidad se impone: el 23-F ha cumplido treinta y tres años y se explica ya en los libros de Historia de Bachillerato a una generación que no lo vivió. Es más: así como otros hechos de nuestro pasado y de la misma Transición son polémicos y generan opiniones enfrentadas –especialmente desde que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se empeñó en su peculiar idea de "Memoria Histórica" y el de Mariano Rajoy en no corregirla- no hay ninguna discusión importante sobre el intento de golpe de Estado.

Pero que la opinión sea unánime, y que la perspectiva ucrónica de un golpe triunfante en 1981 no guste a nadie salvo como chiste, no quiere decir que el 23-F sea un capítulo cerrado. Aún no se ha publicado todo lo que se sabe, ni se sabe todo lo que sucedió, sobre los acontecimientos de aquellas horas en las que, para algunos, la democracia estuvo en peligro y terminó, para todos, consolidada y confirmada.

La situación de España a comienzos de 1981 no era sencilla. ETA y GRAPO habían puesto contra las cuerdas al Estado, matando casi cada día, imponiendo su ley en partes consistentes de la sociedad y el miedo en el resto. El partido mayoritario, UCD, estaba profundamente dividido –ya que era un cajón de sastre con personas, ideas y proyectos muy diferentes en su interior- y el Gobierno corría el riesgo de quedarse sin apoyos en el Parlamento. La alternativa era una izquierda que no había gobernado desde tiempos de Francisco Largo Caballero y Juan Negrín y que no generaba universal confianza. España era una democracia, pero la democracia era tierna y frágil.

Dos fotogramas explican esa situación mejor que cualquier argumento. A las 19.40 del 29 de enero de 1981 la programación de Televisión Española se había interrumpido para emitir una "Declaración del presidente del Gobierno". Adolfo Suárez, tras un año de crisis económica, de terrorismo desbocado, de reivindicaciones nacionalistas que no siempre cabían en la Constitución y de disolución de su propio partido, dimitía: "presento, irrevocablemente, mi dimisión como presidente del Gobierno". Un detalle importante, en una democracia joven: había dimitido ante el Rey pero se sentía obligado a explicarlo a los ciudadanos. ¿Por qué? "No me voy por temor", dijo, pero sin duda pesó mucho la durísima oposición socialista -"el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas"- y la falta de otras alternativas democráticas. ¿Y fuera de la democracia? Cabía una involución autoritaria, más militar que de ultraderecha, de la que se tenían noticias pero de cuya inmadurez se tenían noticias suficientes en el Gobierno: "no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España". Y no contó qué le había dicho el Rey en aquellas muy difíciles semanas de relaciones.

España terminó enero sin Gobierno, y empezó febrero para muchos al borde de una guerra civil. El miércoles 4 de febrero los sectores más radicales del independentismo vasco desafiaron al rey Juan Carlos en la Casa de Juntas de Guernica, donde había acudido a jurar los fueros vascos, como decenas de reyes españoles antes que él. Aunque el rey proclamó su "fe en la democracia y su confianza en el pueblo vasco", todo el país contempló con estupor, en televisión, cómo en una institución autonómica el brazo político de una banda terrorista entonaba puño en alto el himno independentista.

Había que dar una salida a la situación, y la Constitución obligaba a que cualquier Gobierno saliese del parlamento. Allí, sin embargo, era preciso que alguien mantuviese unida la UCD, y de ese partido atormentado por sus disputas surgió la candidatura de Leopoldo Calvo Sotelo a la presidencia del Gobierno. Capaz y formado, por su talante podía convencer a los más moderados y por su perfil familiar podía no disgustar a las derechas.

Sin embargo, la solución parlamentaria no convencía a todos. Desde varios sectores, especialmente militares pero no sólo, se pensó en una solución extraparlamentaria de la crisis, que solucionase los grandes problemas y especialmente el autonómico y el terrorista. Un Gobierno fuerte no disgustaba a nadie pero ¿se podía conseguir en democracia?

Antonio Tejero Molina, teniente coronel de la Guardia Civil ya procesado por un proyecto remoto de golpe, pensaba que no. Como él una parte importante de la oficialidad joven formada en el franquismo creía que la democracia era el problema, y que se trataba de volver a imponer el orden a costa de las libertades. En esa dirección conspiraban varios grupos inconexos de aspirantes golpistas, genéricamente identificados con los análisis del colectivo "Almendros", publicados en el diario "El Alcázar" .

Muchos altos mandos militares, incluyendo los entonces poderosos capitanes generales, pensaban que la situación excepcional requería una interrupción de la normalidad, para volver a la Constitución tal vez después, una vez "enderezada" la situación. No se trataba de liquidar las instituciones, sino de consolidarlas "desde fuera", con el máximo respeto al Rey. El muy monárquico capitán general de Valencia, Jaime Miláns del Bosch, resultó ser el más decidido de estos golpistas de segundo tipo, pero no era ni el único ni el mejor situado; aunque sí resultó ser el más decidido.

También el general de división Alfonso Armada era monárquico, y creía posible la cuadratura del círculo: que un militar –a ser posible él mismo- presidiese un gobierno de unidad nacional, respaldado por los partidos del Congreso y destinado a corregir la situación sin interrumpir formalmente la vida institucional. Armada tuvo, además de contactos con el resto de golpistas, conocidos y no, estrechas relaciones políticas y financieras.

¿Hubo una trama golpista en febrero de 1981? A falta de una, al menos media docena de filones; casi todos ellos, además, seguidos de cerca o de lejos, y a veces desde dentro, por los servicios secretos, desde el antes influyente coronel San Martín hasta los jóvenes oficiales del CESID, como José Luis Cortina.

La sesión de investidura de Calvo Sotelo estaba prevista para la tarde del día 23, en el Congreso, y era previsible una derrota del candidato con al consiguiente crispación nacional. Algunos de los conspiradores, de diferentes tendencias y con diferentes intenciones, confluyeron en la idea de interrumpir la sesión del Congreso y establecer un Gobierno capaz de derrotar el terrorismo. En la tentativa confluyeron legalistas e ilegalistas, monárquicos convencidos de la aprobación regia y franquistas antidemócratas, conspiradores natos y agentes de los servicios. Unos se engañaban y otros querían engañarse sobre lo que había de suceder.

Durante la votación nominal de la investidura, que TVE retransmitía en directo, el hemiciclo de las Cortes fue invadido por números de la Guardia Civil al mando de Tejero. Tras unos muy conocidos incidentes, el Congreso quedó ocupado y el país paralizado. ¿Un nuevo 1936? Miláns del Bosch decretó el estado de guerra en Levante, en nombre del Rey, mientras que los restantes capitanes generales, algunos de los cuales estaban al tanto de los planes, acuartelaban sus tropas. Tropas mecanizadas de Caballería tomaron los estudios de Televisión, y todo Madrid esperaba la llegada a las calles de la División Acorazada Brunete. Al mismo tiempo, Armada entraba en las Cortes con la intención de proclamar, con apoyo de los diputados allí retenidos, un nuevo Gobierno presidido por él mismo.

¿El golpe había triunfado? Precisamente en ese punto fracasó. Se ha dicho que la intervención del Rey pidiendo al Ejército lealtad democrática fue decisiva; y probablemente fue así en muchas conciencias llenas de dudas. Pero quien detuvo el golpe fue Tejero, que al ver la lista que Armada proyectaba convertir en Gobierno impidió la entrada del general en el hemiciclo y privó a los golpistas de proyecto político. La historia es burlona, pero fue el golpista más duro quien prefirió el fracaso de todos al triunfo personal de quien había sido preceptor del Rey en su juventud.

¿Sabemos todo del 23-F? Probablemente nunca lo sepamos. Adolfo Suárez ha muerto, Tejero quedó siempre al margen de la trama al más alto nivel político y militar y de todos modos descalificado para la vida pública en democracia, Miláns y Armada, marqués de Santa Cruz de Rivadulla, son ya sólo un recuerdo lejano. Hombres de otro tiempo como el capitán de navío Camilo Menéndez o el comandante Ricardo Pardo Zancada perdieron sus carreras profesionales por una adhesión sentimental a algo que sabían fracasado. Y con lo que, como ahora sabemos, en realidad no se identificaban.

El Rey, en su intervención televisada el 23-F de 1981, violó formalmente la Constitución que defendía, ya que dio órdenes directas a los mandos militares, algo que él mismo había renunciado a poder hacer cuando firmó la Carta Magna en 1978. O eso creíamos hasta saber que, en realidad, había tenido mucho que ver con muchos de los conspiradores, como nos ha contado Pilar Urbano. La Constitución sobrevivió reforzada a aquel atardecer de invierno, y la Corona mantuvo de hecho su vínculo privilegiado con los Ejércitos, reforzado una semana después, cuando –el 28 de febrero de 1981- don Juan Carlos celebró el XXV aniversario de su jura de bandera en la Academia General Militar de Zaragoza declarando que "esta unión de las Fuerzas Armadas, que en la paz forman un bloque inquebrantable, es el reflejo de lo que ocurre en los momentos del combate, cuando las acciones individuales distinguidas constituyen únicamente episodios, por brillantes que sean, en el conjunto de la acción". Y así fue: la unidad de las Fuerzas Armadas en torno al pueblo y al Rey se mantuvo, y el 23-F se quedó en un susto, o en un aviso, cuyos detalles se nos van a seguir escapando durante una generación más. O dos, si nos creemos la versión oficial sin permitir que se piense e investigue sobre ella, como ahora hacen los silenciadores y denigradores de Pilar Urbano.

En cualquier caso, lo único seguro hasta 2014 era que el 23-F había fracasado, que el malestar militar dejaba de ser asunto de Estado y que el golpe era un caso cerrado. Pero las tensiones de esta legislatura están reabriendo incluso la herida mejor cerrada de la Transición, y en medio de la avalancha de problemas que de repente ha caído sobre nuestra monarquía están las renovadas dudas sobre el 23-F. Al fin y al cabo, aunque no se sepa qué sucedió el resultado final fue la legitimación de la Corona ante la izquierda política y la despolitización de unos Ejércitos que se quedaron con el rey como único desahogo para sus descontentos. Desde luego que no todos los golpistas querían ese final para sus afanes, pero lo cierto es que eso consiguieron. Pero una periodista no merece el escarnio público por simplemente empezar a sugerir que hubo mucho, mucho más, y más alto, de lo que se nos contó.

JESÚS LAÍNZ
'El nacionalismo catalán es un fraude histórico'
José Javier Esparza www.gaceta.es 1 Abril 2014

El autor publica el libro 'España contra Cataluña. La historia de un fraude'

¿España contra Cataluña? Un fraude histórico. ¿Cataluña contra España? Un invento reciente que, sin embargo, dos generaciones de catalanes empiezan a suscribir bajo los efectos de un adoctrinamiento incesante. Jesús Laínz es el autor que más y mejores obras ha dedicado a desarticular la falacia de los separatismos: Adiós España, Desde Santurce a Bizancio, La nación falsificada… Ahora publica España contra Cataluña. Historia de un fraude (Ed. Encuentro). Un libro imprescindible para entender lo que está pasando con el separatismo catalán.

- ¿Quién dijo aquello de que “A España nadie la insulta mientras haya un catalán”?
Ése fue uno de los versos que figuraban en las octavillas con las que los barceloneses regaron la entrada triunfal de los voluntarios catalanes encabezados por Prim a su regreso de la Guerra de Marruecos de 1860. Muchos poetas y músicos catalanes pusieron sus musas al servicio de una agitación patriótica que hoy dejaría a los catalanes mudos de asombro, pues son ya varias décadas en las que en las escuelas no se ha enseñado historia de Cataluña sino ideología catalanista. ¡Si sólo conocieran los cuadros que la diputación barcelonesa encargó a Fortuny para inmortalizar las gestas de los soldados catalanes en aquella guerra! O el de Sanz i Cabot. En el apéndice gráfico se acompañan un centenar de imágenes que, por sí solas, desmienten de raíz el fraude histórico del nacionalismo. Por ejemplo, como reflejó Ruiz de Alarcón en su célebre crónica, fueron los catalanes a los que cupo el honor de clavar la bandera española en la alcazaba de Tetuán.

- El Bruc, 1808; Gerona, 1809… ¿Por qué nación lucharon los catalanes?
Pues hoy parece que por la catalana, dado que ha sido borrada hasta la expresión “Guerra de la Independencia”, sistemáticamente sustituida desde los años 70 por “Guerra del Francés”. ¡Cómo se va a admitir que la nación por cuya independencia murieron los catalanes de 1808 fue la española! La obsesión palabrera sobre este y otros muchos episodios entra de lleno en el campo de lo psiquiátrico. Y la adulteración llega también a lo gráfico: por ejemplo, los defensores de Gerona se quedarían boquiabiertos si vieran cómo hoy se les representa cargando contra los franceses con la señera al viento. Basta con echar un vistazo a los cuadros del pintor decimonónico barcelonés Ramón Martí Alsina, especialmente el titulado “El gran día de Gerona”, para darse cuenta del fraude. ¿Por qué será que a los escolares catalanes no se les habla de Lázaro Dou ni de Antonio Capmany, cuyo bicentenario se cumplió el pasado noviembre sin que nadie se acordara de él?

- Un episodio que usted rescata en su libro: el de los voluntarios catalanes en la guerra de Cuba.
Cataluña fue la primera región española en organizar un batallón de voluntarios para sofocar la rebelión separatista de 1869. ¿Cuántos catalanes conocen hoy los cuadros que sobre ellos pintaron Ramón Padró i Pedret y Eduardo Llorens i Masdeu? Hoy nadie recuerda que Cataluña fue la región más colonialista, imperialista, belicista y antiseparatista de España. Políticos, prensa e industriales catalanes se distinguieron por su oposición a la concesión de la menor autonomía a Cuba y por su férrea voluntad de defender las provincias de ultramar hasta la última gota de sangre. La prensa catalana de la época, sin distinción de ideología, en sus textos y en sus imágenes, de extraordinaria calidad, por cierto, hizo gala de un patriotismo agresivo que hoy provocaría vergüenza ajena. Pero lo llamativo es que muchos grandes industriales catalanes, hasta aquel momento los más patrioteros, no dieron tiempo a que la sangre de los soldados españoles se secara para dar un giro asombroso y apuntarse a un catalanismo que hasta aquel momento, según escribieron posteriormente Cambó y Prat de la Riba, era cosa de cuatro excéntricos. Y quizá lo más sorprendente es que desde Cataluña empezó a echarse la culpa del desastre a la España castellana, como si los catalanes no hubieran participado en ello e incluso, en muy buena medida, no lo hubieran provocado por la política monopolista y arancelaria que, para favorecer a la industria catalana, exasperó a los cubanos. En aquel momento comenzaron a circular ideas como la de que los catalanes habían sido conquistados y oprimidos por los castellanos durante siglos; que a catalanes y castellanos les separaba una insalvable incompatibilidad psicológica; que los castellanos, y sobre todo los andaluces, eran de raza inferior por la presencia de una sangre semítica de la que, por el contrario, los catalanes carecerían; que la única salvación para Cataluña era la secesión, etc.

- Bien, tres preguntas inevitables. Una: ¿Quién ha creado en Cataluña esta atmósfera de odio hacia España?
Mejor dejemos responder esta pregunta a los interesados. Por ejemplo, Prat de la Riba, el fundador, escribió que tras la generación del catalanismo literario llegó la segunda fase, esta vez política: “Esta segunda fase del proceso de nacionalización catalana, no la hizo el amor, como la primera, sino el odio”.

Muchos catalanes denunciaron esto desde el principio. El industrial ampurdanés Francisco Jaume, por ejemplo, denunció en 1907 que “se provoca constantemente a los castellanos, y si alguno de éstos, cansado de soportar, responde enojado alguna frase contra Barcelona o Cataluña, se copia esta frase, y se dice: ¡Ved, catalanes, cómo somos odiados por los castellanos! Insistiendo uno y otro día han conseguido acreditar ante muchos que somos odiados por los castellanos y disimular que son ellos los que odian”.

Víctor Balaguer, figura central de la Renaixença, renegó del catalanismo político en su discurso de los Juegos Florales del año 1900 y deploró sus “voces de odio y venganza”. Y nada menos que Valentí Almirall escribió poco antes de morir que “nada tengo en común con el catalanismo al uso, que pretende sintetizar sus deseos y aspiraciones en un canto de odio y fanatismo” y que “sigan los separatistas por odio y malquerencia los procedimientos que crean que mejor les llevan a su objetivo, pero no finjan, ni mientan, ni pretendan engañarnos. Jamás he entonado ni entonaré Els segadors, ni usaré el insulto ni el desprecio para los hijos de ninguna de las regiones de España”.

Una generación más tarde, Ventura Gassol, consejero de Cultura con Macià y Companys, proclamó que “nuestro odio contra la vil España es gigantesco, loco, grande y sublime. Hasta odiamos el nombre, el grito y la memoria, sus tradiciones y su sucia historia”. Y Joan Salvat-Papasseit explicó a sus correligionarios que “por lo que respecta al odio, es necesario que os diga esto: no suspiréis por nuestra libertad sin pasar por el odio. ¡Mientras no les odiemos nunca podremos vencerlos! Es necesario, pues, propulsar el odio contra España o dejar de existir”.

Ha transcurrido casi un siglo y desde el primer gobierno Pujol se ha seguido desarrollando la misma estrategia, como no hará falta explicar. Y lo que más sorprende es que después no pestañeen al organizar simposios titulados “España contra Cataluña”…

- Segunda: algunos pensamos que Gramsci tenía razón y que para obtener el poder político primero hay que conquistar el poder cultural. A mí se me antoja que la victoria de los separatismos en España es un ejemplo de libro de esta tesis…
Efectivamente. Los nacionalistas catalanes se han distinguido desde el principio por su estrategia a largo plazo, por planear sus acciones con los ojos puestos en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones. Ya Rovira i Virgili explicó que el objetivo primordial debía ser la infancia. El periódico ¡Nosaltres sols! explicó en 1931 la estrategia a seguir con los niños: “La única solución sería la de instruirlos, algo casi imposible si pasan de la treintena: árbol que creció torcido, difícilmente se endereza. Pero si de las generaciones de ahora no podemos esperar gran cosa, ¿cabe pensar lo mismo de las que llegan y las que vienen? Los niños y los jóvenes son dúctiles como la cera, y adoptan la forma que se les quiera dar”.

Sesenta años después, en 1990, se destapó el documento interno de CiU que diseñaba una sociedad totalitaria al servicio del nacionalismo. Porque, aunque en principio resulte difícil de aceptar, un régimen totalitario también puede nacer de las urnas y escudarse tras ellas. ¿Cómo definir, si no, el proyecto, perfectamente llevado a cabo, de, textualmente, “incidir en la formación de los periodistas para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana; introducir gente nacionalista en todos los puestos clave de los medios de comunicación; conseguir que los medios de comunicación pública dependientes de la Generalidad sean transmisores eficaces del modelo nacional catalán; crear una agencia de noticias catalana de espíritu nacionalista; impulsar el sentimiento nacional catalán de profesores, padres y estudiantes; reorganizar el cuerpo de inspectores de forma y modo que vigilen el correcto cumplimiento de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza; vigilar de cerca la elección de este personal; incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas; y velar por la composición de los tribunales de oposición”?

Todo el párrafo anterior es textual. ¿Cabe mejor definición del totalitarismo? Como ha revelado recientemente José Bono en sus memorias, Pujol explicó al ministro socialista Francisco Fernández Ordóñez que “la independencia es cuestión de futuro, de la próxima generación, de nuestros hijos. Por eso, los de la actual generación tenemos que preparar el camino con tres asuntos básicos: el idioma, la bandera y la enseñanza”.

Y, mientras tanto, los gobiernos españoles, tanto los del PSOE como los del PP, sin enterarse de nada cuando no colaborando con ello. Por no hablar de la sistemática vulneración de la ley y las sentencias que ningún gobierno de este falso Estado de Derecho ha querido hacer cumplir.

- Y así llegamos a la gran pregunta: ¿Es esto reversible?
Hay que tener en cuenta que en Cataluña, desde hace dos generaciones, lo único que se ha oído, palpado y vivido es el nacionalismo. Fuera de él no hay nada. Y la respuesta que está empezando a articularse probablemente llegue demasiado tarde para contrarrestar el lavado de cerebro masivo. A mucha gente, en principio no nacionalista e incluso recién llegada de fuera, le pasa como con la publicidad de detergentes: acaba estando convencida de que el mejor es el más conocido, el que más se anuncia, el que más se oye. Y todo ello ha creado no sólo un estado de opinión, sino un sentimiento. Hay muchos catalanes a los que, incluso probándoles lo insensato del ideario nacionalista, zanjan la discusión con un “sí, pero me puede el sentimiento”. ¿Es posible dar la vuelta a un sentimiento, por muy fraudulenta que haya sido su inoculación? ¿Es posible sacar a alguien mediante la razón de un convencimiento al que no llegó por la razón? Para ello haría falta que el Estado haga cumplir la ley, que el debate de ideas sea efectivamente libre y en igualdad de condiciones y que la sociedad catalana estén dispuestos a escuchar, razonar y dialogar. ¿Será todo esto posible? El tiempo dirá. Pero ya se encargan los nacionalistas de acortarlo.

¿Hay alguna relación entre la inmersión y la cohesión social?
Mercè Vilarrubias www.cronicaglobal.com 1 Abril 2014

Desde hace muchos años, una de las ideas que oímos respecto a la inmersión lingüística es que esta garantiza la cohesión social. Todos los gobiernos de la Generalidad lo han afirmado repetidamente, junto a las asociaciones de promoción del catalán, la práctica mayoría de medios de comunicación catalanes y la "sociedad civil". En consecuencia, a nivel social, se considera un hecho que la inmersión conduce a aumentar la cohesión social y muchos ciudadanos lo creen de buena fe puesto que prácticamente nunca se ha cuestionado públicamente esta relación causal que nos dicen que hay.

Querríamos saber cuál es exactamente este aumento de la cohesión en cifras, que se nos ofrezcan datos que nos muestren que la sociedad catalana está ahora más cohesionada que hace 25 años y que una de las causas más importantes es, de manera clara, el monolingüismo escolar

¿Qué quiere decir exactamente que la inmersión garantiza la cohesión social? ¿Qué tenemos que entender respecto a esta relación que se postula desde hace unos 25 años? Una búsqueda en las hemerotecas para saber algo más sobre esta relación nos deja una sorpresa: resulta que ninguno de los que sostienen esta afirmación la ha elaborado nunca. Todas las referencias que tenemos sobre inmersión y cohesión social empiezan y acaban en la frase "la inmersión garantiza la cohesión social". Punto final. No se nos explica nada más.

Si intentamos buscar algo más, reticentes a acabar de creernos que todo se reduzca a un enunciado único, observamos que a veces alguna cosita más se añade a la idea primera: por asociación, la cohesión social se vincula con otros bienes sociales muy importantes, los más frecuentes de los cuales son la igualdad de oportunidades y la justicia social. Así, a veces, la inmersión no sólo garantiza la cohesión social sino también la igualdad de oportunidades y la justicia social. Lo que se hace, podemos observar, es sencillamente hinchar la idea inicial.

El hecho, no obstante, es que querríamos saber más, querríamos ir más allá del enunciado único. Por ejemplo, querríamos saber si esta supuesta cohesión se refleja en los indicadores standard referentes a la cohesión social en las sociedades democráticas. Querríamos también saber cuál es exactamente este aumento de la cohesión en cifras, que se nos ofrezcan datos que nos muestren que la sociedad catalana está ahora más cohesionada que hace 25 años y que una de las causas más importantes es, de manera clara, el monolingüismo escolar. Además, nos intriga por qué pasa esto, como es que el uso de una sola lengua vehicular en la escuela cohesiona más a una sociedad bilingüe como la catalana que el uso de las dos lenguas, que sería un reflejo más fiel de cómo es la sociedad en realidad.

Pero no sabemos nada de todo esto, ni siquiera estas preguntas se han planteado nunca públicamente. Nunca ningún periodista de los medios de comunicación catalanes ha interpelado a ningún político o miembro de la "sociedad civil" que haya hecho esta afirmación. Nunca se les ha preguntado nada de cómo y por qué la inmersión garantiza la cohesión social. Todos, élites políticas, mediáticas y de la "sociedad civil" lo consideran un hecho.

El hecho real, no obstante, es que esta supuesta relación entre inmersión y cohesión social no se fundamenta en ningún dato. Lo que tenemos delante, realmente, es un enunciado único sin sustancia, lanzado a los ciudadanos de manera repetitiva, y de la forma más populista posible. No hay más.

¿Cuál es el objetivo de todo? Como siempre, mantener un lenguaje políticamente correcto y lograr hacer creer que la inmersión comporta un gran bien, no sólo para los alumnos, sino para toda la sociedad. Esto permite argumentar que no hay ninguna razón para cambiar el modelo escolar monolingüe

¿Cuál es el objetivo de todo? Cómo siempre, mantener un lenguaje políticamente correcto y lograr hacer creer que la inmersión comporta un gran bien, no sólo para los alumnos, sino para toda la sociedad. Esto permite argumentar que no hay ninguna razón para cambiar el modelo escolar monolingüe sino todo el contrario puesto que este contribuye a cohesionar la sociedad. ¿Cómo se puede ir en contra de algo que fortalece la cohesión social?

Por otro lado, y aunque estemos ante un enunciado sin sustancia, sería erróneo interpretar que no hay ninguna relación entre los sistemas educativos y la cohesión social. La relación existe, como nos muestran un gran número de estudios de los campos de la sociología de la educación y las ciencias políticas y económicas. No obstante, ninguno de ellos aporta datos que vinculen la lengua vehicular de las escuelas con el aumento de la cohesión social en las sociedades democráticas. Tampoco existe ningún estudio científico serio hecho en Cataluña donde se demuestre esta relación que se postula.

¿Qué dicen pues estos estudios? Unos de los autores contemporáneos más interesantes que abordan esta cuestión es Andy Green* y su equipo del Institute of Education de la Universidad de Londres. El estudio de la relación entre la educación y la cohesión social, sin embargo, no es nuevo. Se remonta a Émile Durkheim en su análisis del papel que juega la educación en la socialización de los niños y niñas y en la adquisición de normas y valores comunes.

Los resultados de las investigaciones de Andy Green y su equipo muestran que la educación es efectivamente uno de los factores clave para la promoción de la cohesión social. No obstante, no es la educación per se la que fomenta la cohesión social sino ciertos aspectos de los sistemas educativos. Claramente, un sistema educativo que se basa en un trato desigual de los alumnos no será un sistema que fomente la cohesión social sino más bien al contrario, que la dificulte. Así pues, Andy Green ha analizado qué factores concretos del sistema educativo parecen promover la cohesión social de una comunidad. Los tres factores clave identificados son:

La calidad de la educación.
La equidad dentro del sistema.
Bajos índices de fracaso escolar.

Vemos que la lengua vehicular de las escuelas no se un factor señalado, en la línea del resto de estudios sobre esta cuestión. Así, podemos concluir que la afirmación "la inmersión garantitza la cohesión social" es tan sólo un enunciado vacío, un mito de larga duración al servicio de los intereses de quienes lo postulan. No hay nada más.

* Green, A., Preston, J., y Zapatos R., Education Equity and Social Cohesion: A Distributional Modelo, London, Institute of Education, 2003.

Déficit
Algo no cuadra en las cifras de Montoro
Libertad Digital 1 Abril 2014

Hoy por fin hemos conocido el desglose de ingresos y gastos que han llevado al conjunto de las Administraciones Públicas a cerrar 2013 con un déficit del 6,62% del PIB. El ministro de Hacienda ha vendido el dato como un rotundo éxito, por cuanto se halla a las puertas del cumplimiento con el objetivo marcado por Bruselas. En realidad, dado que el gasto público ha aumentado a lo largo de 2013, uno no debería vanagloriarse tanto de lo logrado, ya que nuevamente la exigua reducción del déficit se debe al aumento de la recaudación, esto es, al sangrado tributario del sector privado, el único que verdaderamente ha practicado la austeridad a lo largo de esta crisis.

Mas lo llamativo de las cifras desglosadas no es que el gasto aumente a lo largo de 2013, sino el muy extraño comportamiento del gasto en consumos intermedios en el último trimestre. Desde hace meses circula el rumor de que Montoro ordenó diferir -que no cancelar- los gastos corrientes de las Administraciones Públicas a partir del mes de octubre, con el evidente propósito de diferir el reconocimiento de esos desembolsos, evitando así que engrosaran el déficit de 2013. La propia Bloomberg se hizo eco de los rumores el viernes pasado, elevándolos a la categoría de información.

Pues bien, las cifras hechas públicas hoy por la Intervención General de la Administración del Estado recogen un recorte histórico del gasto en consumos intermedios de las Administraciones en el cuarto trimestre de 2013: en concreto, descendió más de un 16% frente al cuarto trimestre de 2012, a saber, 3.663 millones de euros. Este ajuste del gasto en consumos intermedios es el mayor de la historia, más que duplica el récord anterior de 1.416 millones de euros registrado en el primer trimestre de 2012 (en plena época de recortes presupuestarios).

El fenómeno, si bien generalizado en todos los niveles administrativos, alcanza proporciones verdaderamente épicas en las Administraciones autonómicas: de los 3.663 millones de reducción del gasto en consumos intermedios, 2.078 millones son mérito de las CCAA (y 1.099 millones de las corporaciones locales). Atendiendo a los datos de Contabilidad Nacional, las autonomías han minorado su gasto en consumos intermedios más de un 21% con respecto al mismo período de 2012. El siguiente gráfico bastará para ilustrar la anomalía del comportamiento de este gasto corriente autonómico en el último trimestre del año.

Si desagregáramos este dato por regiones, nos encontraríamos con que algunas de ellas, como la Comunidad Valenciana o La Rioja, han cercenado su gasto en consumos intermedios en casi un 50%. Otras, como Aragón, Cataluña o Asturias, se quedan acariciando un recorte del 30%. Habida cuenta de que ajustes de esta magnitud habrían acarreado la suspensión de muchos servicios públicos -y no parece haberse producido interrupción alguna de los mismos a finales 2013-, sólo caben dos interpretaciones posibles a estos datos.

La primera -y más benigna- es que las autonomías y los ayuntamientos difirieran el reconocimiento de muchos de sus gastos en consumos intermedios de 2012 hasta el cuarto trimestre de ese año, produciéndose así una concentración artificial de los mismos en esa fecha. De este modo, asumiendo que en 2013 las autonomías no hayan recurrido a semejante treta contable, la reducción del gasto de finales de 2013 estaría sobredimensionada (pues se mediría con respecto a unos niveles inflados del último trimestre de 2012). La cuestión, sin embargo, es: si en 2012 las autonomías fueron capaces de retrasar el reconocimiento de gastos durante los nueve primeros meses del año, ¿qué les ha impedido hacer lo mismo en 2013 y traspasar parte de sus gastos a 2014?

Y esta es, justamente, la segunda interpretación posible: que buena parte de ese recorte del gasto corriente sea un mero diferimiento contable. En el mes de enero de 2014, por ejemplo, ya se observa un repunte del 4,5% en los desembolsos en consumos intermedios frente al mismo mes de 2013; si bien todavía es muy pronto para sacar conclusiones definitivas al respecto. En todo caso, si el conjunto de las Administraciones hubiese diferido entre 3.500 y 4.500 millones de 2013 a 2014, el déficit habría cerrado realmente en el 7% que calculaban la mayoría de analistas.

Como digo, todavía es pronto para sacar conclusiones. Pero lo que sí es seguro es que Montoro ha tenido que volver a hacer malabarismos contables para intentar cuadrar las cuentas del Reino, a pesar de que la recaudación tributaria ha aumentado en 3.600 euros de euros. Y ni siquiera así ha conseguido cuadrarlas. Todo, de nuevo, por su obstinación liberticida de no pinchar la burbuja estatal del gasto.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Diez claves para entender el éxito del separatismo (II)

Rafael Núñez Huesca. www.elsemanaldigital.com  1 Abril 2014

6. Ingeniería social. Mucho se ha hablado durante estos días de la llamada ANC (Assemblea Nacional Catalana) por una polémica hoja de ruta que preveía la insurrección como herramienta para alcanzar la independencia. Pero la Assemblea es solo una parte del formidable engranaje asociativo que el nacionalismo ha tejido durante estos años. Unos movimientos pretendidamente civiles y espontáneos pero abundantemente regados con dinero público y pilotados por políticos. La propia ANC sin ir más lejos está presidida por una militante de Esquerra Republicana.

La colosal labor de ingeniería social, reconozcámoslo, ha sido un formidable éxito. El nacionalismo ha colonizado hasta la última institución en Cataluña. Desde asociaciones de vecinos a medios de comunicación pasando por colegios profesionales, clubes deportivos o instituciones creadas ad hoc como la del llamado Tricentenario (seis millones de dinero público). Todo está ya convenientemente empapado de catalanismo.

En 1990 el diario El País advertía de la existencia de "un documento que propugna la infiltración nacionalista en todos los ámbitos sociales". Tal documento abogaba por "vigilar la composición de los tribunales de oposición" para el profesorado, "la correcta aplicación de la catalanización de la enseñanza" o el control de "las asociaciones de padres". Con respecto a los medios de comunicación de masas, las instrucciones eran taxativas: "introducir gente nacionalista (...) en todos los puestos claves de los medios de comunicación (…) para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana". Todo se ha cumplido milimétricamente. El nacionalismo tiene ya carácter ambiental.

7. Educación. España es la única nación de Europa en la que en algunos de sus territorios no se puede escolarizar a los niños en la lengua oficial del Estado.

La autonomía educativa ha (in)evolucionado hasta la independencia educativa de facto. La propia Generalidad reconoce ya sin ambages que no aplica ni aplicará las leyes, que no aplica ni aplicará las sentencias de los tribunales. El Ministerio de Educación es perfectamente prescindible. Ya no rige. La política de adoctrinamiento nacionalista es visible, pública y descarada. Hace tiempo que no es necesario abrir los libros de texto para comprobarlo, basta escuchar a los consejeros de Educación.

Son ya dos generaciones de niños catalanes los que han crecido instruidos en el convencimiento de que Cataluña es un pueblo oprimido, represaliado y sometido a un "genocidio cultural" permanente; y España, "el Estado", una suerte de cárcel de naciones cuyo derrocamiento definitivo es necesario, no solo para alcanzar la "plenitud nacional", también por una cuestión moral y de estricta higiene democrática.

8. Campaña internacional. Reconocía hace pocos días el consejero de Presidencia Francesc Homs que la Generalidad había celebrado "más de cien reuniones internacionales en 2013". Casi una cada tres días. El Ministerio de Asuntos Exteriores reitera, a cada nueva reunión (de las que tiene conocimiento), que Mas hace el ridículo. Y quizá lo hiciera al principio. Quizá no le tomen en serio en la mayoría de cancillerías. En sesenta, setenta u ochenta de ese centenar de reuniones. Pero, ¿y en las otras veinte, treinta o cuarenta?

Todos los medios anglosajones, desde la BBC al Financial Times, le han brindado espacio en sus tertulias, programas y periódicos. Y no solo ellos, Artur Mas ha hecho pública su "voluntad de consulta democrática" en algunos de los diarios de mayor prestigio y tirada de Europa. Incluso, al modo de aquél editorial único, publicó un artículo titulado "Let us vote! (¡Dejadnos votar!)" en seis periódicos extranjeros –de Croacia, Malta, Chipre, Bulgaria, Estonia y Bélgica- simultáneamente.

Poco a poco, tímidamente, los resultados van llegando: los primeros ministros de Letonia y Lituania reconocieron pública y explícitamente "el derecho de autodeterminación" de Cataluña. Luego Margallo llamó a consultas a sus embajadores y matizaron sus declaraciones, mas el daño ya estaba hecho.

Así las cosas, ¿es posible garantizar que si la Generalidad llevara su desafío hasta el estadio final no aparecería por sorpresa ningún país europeo que reconociera "legitimidad" a sus aspiraciones?, ¿ninguno?, ¿de los veintiocho?

8. Medios de comunicación. Los medios, como la Educación o el asociacionismo "civil", son solo parte del colosal engranaje nacionalista. Lo reconoce la propia Generalidad a través de la Consejería de Presidencia: "los medios públicos (tienen un) papel principal (…) en el proceso de construcción nacional". Tanto TV3 como Catalunya Ràdio, y a pesar de los ajustes, siguen siendo estructuras elefantiásicas que albergan a más trabajadores que cualquier medio nacional.

Sólo TV3 cuenta con una plantilla mayor que Telecinco. El doble exactamente. Y una programación que pivota en torno a la independencia. En torno a sus bondades concretamente. Los informativos pero no sólo los informativos. De una manera u otra el "procés" está presente en toda la programación. Desde los programas de variedades a los de humor o deportivos. Además, obviamente, de la abundante programación diseñada ad hoc: reportajes, entrevistas y documentales que no son sino panegíricos de la causa.

Lo mismo puede decirse de unos debates donde la presencia de un solitario tertuliano contrario al régimen nacionalista pretende salvar la cara de la pluralidad de los medios públicos. En la Cataluña del nacionalismo no existe prensa independiente del poder político. Medios públicos son todos. Oficial u oficiosamante. Los unos por control directo, los otros por indirecto. La lluvia de millones en plena crisis general y del sector hace de los medios catalanes los más espléndidamente saneados de España. El peaje es conocido: apoyo cerrado al poder y a cuantas iniciativas de él surjan. Por esperpénticas que sean. Y así lo hacen. Es de biennacidos.

10. Complicidad de la izquierda. La idea política de España tiene carácter progresista. Fue cosa de liberales gaditanos. Un concepto integrador, solidario e igualitario. Y así fue durante mucho tiempo. Después, el patriotismo pasó a manos conservadoras, mas nunca como ahora la izquierda llegó a poner en duda la misma idea de España.

Así hablaba el presidente de la II República Juan Negrín:

"Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España!. (…) En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los de afuera y de los de adentro. Mi posición es absoluta y no consiente disminución".

Recuperar a la izquierda para el proyecto común es capital. Su alejamiento le supuso al PSOE una grave escisión (UPyD) y no poco perjuicio a España. La izquierda democrática ha escogido hacerse micronacionalista de todos los territorios de España… excepto de la propia España. Al principio, ser de izquierdas y nacionalista se hizo compatible. Hoy parece necesario. Una gran parte de la progresía vive anclada en el Franquismo y, torpemente, vincula 40 años de régimen con cinco siglos de historia común.

Diez claves para entender el éxito del separatismo (I)
Empezó como un movimiento de carácter exclusivamente cultural hace un siglo y medio y hoy se ha convertido en un desafío político de primera magnitud que amenaza la propia supervivencia de la nación más vieja de Europa. Diez son las claves (cinco en la primera entrega, cinco en la segunda) que, según mi parecer, explican el auge del separatismo catalán hoy. Son estas.

1. Estado Autonómico. Diseñado ad hoc para dar respuesta a las exigencias de los nacionalismos vasco y catalán, treinta y cinco años después, el modelo ha fracasado. No sólo no ha servido para apaciguar las pulsiones separatistas de los dos territorios: los ha exacerbado. Incluso ha favorecido la aparición de movimientos regionalistas en lugares que jamás se habían planteado su pertenencia al proyecto común.

Las élites nacionalistas han empleado el autogobierno como herramienta para alcanzar el objetivo natural de todo nacionalista. La pseudofederación que supone el actual modelo, está visto, no era un fin, era un medio.

2. Franquismo. Al margen del debate sobre la naturaleza totalitaria o autoritaria del Régimen, una cosa es clara: el Franquismo desplegó, sobre todo al principio, un nacionalismo español que apenas dejó espacio a las peculiaridades regionales. Si existió represión social y política en Zamora o Jaén, en Cataluña la represión tuvo también carácter cultural y lingüístico. Franco represalió en nombre de España generando una asociación de ideas, una vinculación del uno con la otra, que algunos aún hoy hacen porque permanezca viva. Con éxito, por cierto.

3. Complejos de la derecha. La mala conciencia y la autoculpa condicionó el discurso de la derecha postfranquista. Sorprendentemente, los complejos siguen vivos en el siglo XXI. Un lastre, una debilidad estratégica de primerísimo orden que los nacionalistas han sabido rentabilizar. La fórmula que usan viene a ser: la derecha hace concesiones y el nacionalismo le autoriza como agente democrático. Y sigue funcionando.

4. Inmunidad legal. Consecuencia directa de la anterior, el Estado tolera a la Generalidad de Cataluña lo que no tolera a ningún otro ciudadano o institución: la insumisión. Cataluña, al menos jurídicamente, es ya independiente. Se incumplen por norma todas las sentencias lingüísticas. No rigen las leyes. Al menos las leyes que el nacionalismo considera atentan contra su "personalidad nacional". Consentir la insubordinación genera una inercia de hechos consumados. Una inercia que va a más y que ha instalado a los líderes secesionistas en la arrogancia propia del que se sabe invulnerable. Las palabras del consejero de Presidencia Francesc Homs son sólo un ejemplo, el penúltimo, de la citada impertinencia: "No moveremos una sola coma del modelo lingüístico".

5. Marco mental nacionalista. Artur Mas arengando subido en la tumba de Macià, excursiones nocturnas a Montjuïc portando antorchas, culto al líder, vacío al disidente, fastos de aniversarios de batallas del XVIII. El nacionalismo, que en el resto de Europa es visto como insolidario y reaccionario, aquí parece estar adornado por una incomprensible pátina de superioridad moral. En España en general y en los territorios donde tiene predicamento particularmente, ha sabido generar un marco mental fuera del cual está la marginalidad política. En Cataluña se ha impuesto el discurso elaborado por el nacionalismo.

Lo políticamente correcto y lo incorrecto, lo que conviene a Cataluña y lo que hay que rechazar, la identidad original y la que "impone Madrid". Todo son claves que ha formulado el nacionalismo y que han calado en el imaginario colectivo. Y comparecer a un combate ideológico en el que las armas, las condiciones y el reglamento lo proporciona el adversario es suicidarse. En esas estamos

Asociaciones de padres denuncian la "instrumentalización política" del sistema educativo en Cataluña
La Confederación Católica Nacional de Padres denuncia en un comunicado la utilización política del Consell Escolar de Catalunya, organismo que ha sido incluido en el Pacto Nacional por el Derecho a Decidir.
Nacional. www.vozpopuli.com 1 Abril 2014

La Confederación Católica Nacional de Padres (Concapa) ha denunciado este martes la "instrumentación política a la que se ve sometido el sistema educativo catalán", que consideran que está "al servicio de los intereses secesionistas", asegura en un comunicado.

Entre los motivos de esta denuncia se encuenta la inclusión del Consell Escolar de Catalunya, creado como organismo de consulta y participación en el ámbito de la educación no universitaria, en el grupo promotor del pacto por el derecho a decidir, "un acto especialmente grave ya que su participación es totalmente ajena a los objetivos originales por los que fue creado". Según la nota de Concapa, su inclusión "responde a intereses políticos que nada tienen que ver con la programación general sobre enseñanza" y supone "un uso malintencionado de este órgano, utilizándolo para servir a determinados propósitos e ideologías políticas que deben ser ajenas a la enseñanza".

La Confederación pone también de manifiesto "la absoluta instrumentalización política" del Consell Escolar. En un acuerdo fechado el pasado 6 de marzo, el Pleno del Consell Escolar de Catalunya recomendaba a las entidades y organismos que lo forman emprender "las iniciativas que consideren oportunas para responsabilizar a los ciudadanos sobre el futuro de nuestro país y dar apoyos al proceso 'democrático' para ejercer el derecho a decidir".

Para Concapa, esta recomendación supone "una acción de extrema gravedad", al afectar a los escolares menores de edad, "especialmente permeables a las directrices de su entorno educativo inmediato". "Supone además una exclusión de todos aquellos que no comparten las mismas ideas", manifiesta el comunicado, que recuerda que el sistema educativo "nunca debe ser un instrumento de construcción de identidades a imagen y semejanza de una determinada orientación política".

Por último, la organización pide respeto al "margen de libertad que tienen los miembros individuales que conforman el sistema educativo en su globalidad" y que les "permita actuar en coherencia a sus convicciones en el caso de que la opción personal sea la de no secundar las recomendaciones acordadas por el Pleno de Consell Escolar de Catalunya"

Cataluña rectifica su Ley del Cine y exime de cuotas lingüísticas a los filmes europeos
barcelona ABC Cataluña 1 Abril 2014

Con el nuevo redactado de la ley, las cintas europeas se equiparan a las españolas y quedan excluidas de las obligaciones de doblaje y subtitulación en lengua catalana
Cataluña rectifica su Ley del Cine y exime de cuotas lingüísticas a los filmes europeos

No han sido dos meses, como exigió en su día la Comisión Europea, sino casi dos años, pero finalmente la Generalitat ha aprobado este martes la modificación de la Ley del Cine Catalán después de que un dictamen considerase que la polémica normativa era «discriminatoria» y contraria a las normas de la UE sobre la libre circulación de servicios.

La ley, aprobada en 2010 por el Parlament, obligaba a distribuir dobladas o subtituladas al catalán la mitad de las copias de cada película estrenada en Cataluña, una obligación del que quedaban exentas las cintas españolas y que Europa censuró por colocar en una situación de desventaja al cine europeo rodado en otra lengua que no fuese el castellano.

Ahora, con el nuevo redactado de la ley, las cintas europeas quedan excluidas de las obligaciones de doblaje y subtitulación en lengua catalana. Con la aprobación de la modificación del texto de la Ley, la Generalitat sí podrá establecer mecanismos de apoyo al doblaje y subtitulación de las películas, informa la Generalitat en un comunicado.

Una vez aprobado el Proyecto de Ley de modificación de la Ley del cine 20/2010, el texto iniciará el trámite parlamentario para su debate y aprobación en un nuevo capítulo de una polémica norma que, pese a todo, no ha llegado a aplicarse ni a echar mano del reglamento sancionador.

La propia Generalitat subraya que, después del acuerdo suscrito por el Gobierno catalán, la Federación de Distribuidores Cinematográficos y el Gremio de Cines de Cataluña para incrementar la presencia de cine catalán en las salas de exhibición, la modificación de la Ley, «prima la vía del acuerdo para aumentar y consolidar el consumo de películas dobladas y subtituladas en catalán».

«Si no se llegara a estos acuerdos en un plazo máximo de seis meses desde la aprobación de la Ley, se aplicarán las obligaciones que se determinen respecto a la distribución y exhibición de obras cinematográficas en catalán», apunta la conselleria de Cultura en un comunicado.


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