AGLI Recortes de Prensa   Domingo 6 Abril  2014

DENTRO DE LA GRAVEDAD
A Rajoy le da igual. A todos les da igual
Eurico Campano www.gaceta.es 6 Abril 2014

'A Rajoy todo le da igual'. Incluso que su partido no tenga aún candidato, a dos meses de una convocatoria electoral.
Sigo contemplando atónito el espectáculo de cómo se puede hacer una campaña electoral - o precampaña, que para el caso es lo mismo- sin candidato. Tal vez la clave la haya dado Elena Valenciano, hasta donde esta mujer puede dar alguna clave, al decir que a ellos, a los socialistas, les da igual. Les da igual que el PP se ufane de poner nervioso al PSOE por no tener aún un cabeza de cartel para la lista europea porque su enemigo, el de los socialistas, 'es la derecha europea, no Rajoy, ni Cospedal, ni Cañete, ni Bonilla en Andalucía'. Palmaria confirmación de que nos encontramos ante poderosísimos aparatos de poder que no necesitan estadistas, ni hombres o mujeres capaces de guiar a un pueblo a través de un ideario articulado en un programa. Esa y no otra podría ser la explicación de que alguien tan inane como ella, que comenzó de telefonista en una sede, haya podido llegar a encabezar la lista del segundo partido, por el momento, más poderoso de España.

Hubo un tiempo, cuando la figura pública de José María Aznar, tras los fastos escurialenses y una guerra en la que nunca participamos, estaba ya en franco (con perdón) declive, en el que yo repetía que sí, que daba igual un líder u otro. Que en una situación en la que en España todo el que quería trabajar podía hacerlo, en la que la economía aún era boyante, en la que las calles estaban -todavía- tranquilas, y en la que había paz social gracias a los acuerdos firmados unos años antes por Javier Arenas con empresarios y sindicatos, el PP podría colocar a Rajoy o a una escoba con bigote porque los españoles les votarían igualmente. Después llegó la masacre de Atocha, los 192 muertos que empujaron en volandas a Zapatero a la Moncloa y la nave comenzó a zozobrar.

Hoy, lamentablemente, ya no da igual. Con cinco millones de parados, con unas calles literalmente incenciadas por una extrema izquierda, filoterrorista en algunos casos, que pretenden recuperar a sangre y fuego un poder que las urnas aún le niegan, y con una sensación de desilusión colectiva y de fin de ciclo no resuelta, no puede dar igual. Con un 'conducator' al que, como buen conservador de provincias que sigue siendo, únicamente le preocupa dejar el negociado limpio y ordenado para el siguiente y un Gobierno al que sólo se le ocurre aumentar el número de funcionarios y denostar a Cáritas -debería darles vergüenza- por denunciar lo que para todos, salvo para los bien acomodados gestores públicos, es evidente; que en España ya hay pobreza, sobre todo infantil.

Pero a Rajoy todo le da igual. Incluso que su partido no tenga aún candidato, a dos meses de una convocatoria electoral. Se ufana de ello. Qué más le da. Procrastinará. Volverá a decidirlo media hora antes y llamará a Cospedal desde algún aeropuerto europeo. Como hizo en Andalucía. Como hace siempre.

Acabar con la derecha.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Abril 2014

Para que la izquierda termine de destruir Europa. Porque visto lo que ha hecho en España durante sus mandatos con Felipe González y con José Luis R. Zapatero, si la izquierda moderada europea siguiera sus pasos, el desastre sería inevitable. Su politica social consiste en endeudarse al máximo y gastar sin control esperando que los que vengan detrás arreen y además exigirles soluciones. Ahí radica la hipocresía de esta izquierda que a falta de una ideología social evolucionada se mantiene en su irreal "lucha de clases" y en culpabilizar al capital que es el único capaz de dinamizar la economía en un mundo de economía global y extremadamente competitivo en la lucha por la supervivencia.

Porque hace falta tener un cinismo supino para poner a Andalucía como ejemplo de hasta qué punto la UE cambia la vida de la gente. ¡Desde luego! solo hay que ver lo que la Junta de Andalucía ha hecho con los fondos de ayuda de la UE en lo que es el mayor caso de corrupción de España con el tema de los falsos ERE's. De hecho, las ayudas que daba la UE han sido anuladas a causa de este escándalo mayúsculo. Además afirma que irá a la UE a " prohibir las amnistías y los paraísos fiscales y combatir el fraude". Pues estupendo, porque Andalucía tiene frontera con el mayor paraíso fiscal de la UE, la vergonzosa colonia británica de Gibraltar, receptora de los defraudadores y delincuentes que han campado a sus anchas por Andalucía. Y estaría bien que se quejara de los que están dentro del territorio de la UE como la isla de Man, el principado de Andorra, Lichtenstein, Luxemburgo,Chipre etc.

Y es que hace falta tener un cinismo supino para reivindicar también la política que lleva Susana Díaz en Andalucía, donde además de mantener en su gobierno a imputados en los casos de corrupción , ejerce una actitud continuista consolidada en su meteórica carrera en el seno del PSA con tutores y avalistas del peso de Chaves y Griñán, ambos símbolos de lo que décadas de descontrol y sectarismo pueden llevar a una región de España. Porque si alguna lección se puede sacar es que el socialismo ha sido el responsable de que Andalucía siga siendo hoy una de las regiones más subdesarrolladas de la UE, con una de las mayores tasas de paro joven y global, refugio del subvencionismo discrecional y de la corrupción.

¡Pobre Valenciano! Intenta descargar sus iras sobre un adversario directo que el PP aún no ha nombrado. Es como un púgil "sonado" luchando contra un saco de arena imaginario desgastándose en un inutil esfuerzo. ¡Acabemos con la derecha! repite, prometiendo tener la solución de lo que la izquierda que ella representa ha provocado con sus políticas de despilfarro, de endeudamiento y de empobrecimiento de los ciudadanos. ¡Ahora dicen que no quieren una España llena de españoles pobres!¿y qué han hecho sino agrandar el desequilibrio y fomentar el subsidio en vez de crear empleo estable?

Elena Valenciano, Susana Díaz, el presente del PSOE que tiene la cara de un pasado nada ejemplar. Y esta es la gran apuesta del socialismo, no asumir nada de sus actos, sin autocrítica y culpar a los demás de todos los males que ellos han provocado . El cinismo es supino al aludir a los informes de Cáritas,Intermon o save the Children, cuando nunca han sido capaces de hacer políticas sociales para paliar esa pobreza y critican la labor de la Iglesia a la que atacan con saña. Sus adversarios, Merkel, Junkers, Rajoy y el recién llegado Moreno Bonilla, un perfecto desconocido que está por ver que haya tenido o tenga alguna responsabilidad de gobierno. Sin embargo, no nombran a esa izquierda tan suya, tan encantada de haberse conocido de la que que han recibido toda clase de incentivos en su fulgurante carrera política.

Yo le sugiero a estas dos insignes "lideresas" de la izquierda que si quieren acabar con algo sea con su propio pasado. Sus únicos adversarios son los que ellas mismas representan y que inutilmente intentan disimular echando la culpa a los demás.

El dilema de Rajoy: Arriola o el caos
Carlos Sánchez El Confidencial 6 Abril 2014

Algo se está moviendo en los países centrales del euro. Y España, como casi siempre ha ocurrido en su tormentosa historia, corre el riesgo de quedarse al margen de los vientos alisios que soplan en la economía.

En Alemania, la presencia socialdemócrata en el Gobierno de la canciller Merkel está provocando un innegable giro en su política económica: salario mínimo a 8,50 euros la hora, jubilación a los 63 años para trabajadores con larga carrera laboral o una ley para acabar con los alquileres abusivos; mientras que en Francia, el nuevo Ejecutivo de Hollande cuenta como ministro de Economía con un intervencionista convencido que defiende desde hace años desandar parte del camino emprendido en el proceso de globalización. Arnaud Montebourg ha reclamado en panfletos muy populares un nuevo proteccionismo ‘verde’, pero con un indudable toque carmesí.

El ciclón Matteo Renzi, por su parte, está decidido a darle un susto al caduco sistema político italiano, pero sin olvidar la puesta en marcha de un plan integral contra la pobreza. Y Bruselas, como se sabe, ha decidido hacer el ‘caldo gordo’ a los países con altos déficits (como España).

El impulso renovador, al contrario, de lo que pueda parecer, no se puede vincular a una súbita conversión a la izquierda de los gobiernos de los países centrales del euro. Ni mucho menos con un cambio de orientación ideológica basada en expectativas electorales (aunque también). Tiene que ver con un sólido análisis de la realidad económica.

Europa corre el riesgo de convivir con bajos crecimientos durante un largo periodo de tiempo. Y la mejor forma de demostrar este peligro es que los mercados descartan por completo repuntes inflacionistas, algo que explica la caída de la rentabilidad de los bonos hasta mínimos históricos. Cuando alguien adquiere una obligación a diez años por el 2-3% anual es que está convencido de que la inflación apenas subirá durante una década impulsada por la demanda interna. El recurrente mal de Japón, donde el IPC no crece (pero tampoco la economía), es un buen ejemplo de lo que significan las bajas expectativas de inflación.

Políticas expansivas
Es esto lo que justifica que los países centrales del euro hayan decidido hacer una política económica más expansiva imitando a EEUU y Reino Unido, donde la contribución de la demanda nacional al crecimiento de la actividad económica es claramente positiva, al contrario que en la Eurozona. Mientras que en los países anglosajones la demanda nacional aporta en torno a dos puntos de PIB, en la Europa continental continúa detrayendo crecimiento (-0,6 puntos en el caso de España).

El IPC en la Eurozona es apenas medio punto más elevado que el español (un 0,5%), pero se ha llegado a esa tasa sin tener que haber realizado un sacrificio tan intenso en salarios y empleo. Algo que demuestra que hubiera sido más inteligente poner el énfasis en cómo mejorar la productividad de la economía española en lugar de centrarse casi exclusivamente en la competitividadLa consecuencia de ello es que gracias a la mayor inflación generada por el impulso de la demanda interna, EEUU ha logrado que su proceso de desendeudamiento haya sido mucho más rápido que en Europa. EEUU, de hecho, ha acumulado mayor inflación que España desde 2005 pese al desplome de los precios de la energía, lo cual es un síntoma claro de la existencia de políticas económicas divergentes. Pero es que, además, a veces se olvida que en un contexto de baja inflación internacional las devaluaciones salariales (como la española) son más dolorosas, toda vez que las ganancias de competitividad son mínimas.

Un dato lo revela. El IPC en la Eurozona es apenas medio punto más elevado que el español (un 0,5%), pero se ha llegado a esa tasa sin tener que haber realizado un sacrificio tan intenso en salarios y empleo. Algo que demuestra que hubiera sido más inteligente poner el énfasis en cómo mejorar la productividad de la economía española en lugar de centrarse casi exclusivamente en la competitividad.

Las ventajas de tener una economía menos endeudada son evidentes. Los agentes económicos tenderán a adquirir nuevos bienes y servicios porque no deben cargar con el pesado lastre de la deuda. Algo que no sucede en España. Los datos más recientes muestran que la deuda exterior neta (diferencia entre lo que España presta al exterior a través de sus inversiones y lo que le prestan) ha superado por primera vez en la historia el billón de euros, una cifra verdaderamente aterradora que pone a la economía española en el corredor de la muerte durante muchos años porque necesita ingentes cantidades del exterior (aunque en 2013 haya podido tener capacidad de financiación).

Lo paradójico del caso es que a menudo los gobiernos se lavan las manos y consideran que la tarea de luchar contra la deflación o la baja inflación -como se prefiera- es responsabilidad exclusiva del BCE, pero se subestima la importancia que tienen las políticas fiscales en la lucha contra la caída generalizada de los precios y la atonía de la demanda interna.

Bajar impuestos, ya
Parece evidente que el margen para aumentar el gasto público es nulo en el caso de España, que arrastra un tremendo déficit que ha obligado al Estado a endeudarse en casi 77.000 millones de euros el año pasado. Y es aquí cuando emerge un incipiente debate que ronda la cabeza de muchos economistas y, probablemente, de algunos miembros del equipo económico de Rajoy. Y que no es otro que la posibilidad de rebajar ya el IRPF sin esperar a que llegue el 1 de enero de 2015, que es lo previsto por Montoro.

El venerable economista Jaime Requeijo, bien conectado con los círculos más cercanos al ministro de Hacienda, lo ha reclamado recientemente durante la presentación del último número de la revista Economistas, y no le falta razón.

Requeijo ha ido más allá e incluso se ha mostrado convencido de que el Gobierno no esperará al año que viene para bajar la presión fiscal directa (fundamentalmente IRPF). Veremos lo que sucede, pero lo cierto es que dentro del PP cada vez son más las voces que piden a Montoro que adelante los calendarios.

¿Y qué es el ‘arriolismo’?, pues una forma de hacer (o no hacer) política consistente en “dejar pasar las cosas, esperar a que los demás se equivoquen”. En la oposición, se trata de denunciar los errores ajenos y en el Gobierno, “vender tecnocracia y un cierto mantenimiento de los valores de la derecha que son un capital consolidado como la exaltación de las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil, la bandera, la familia, la religión católica....”O dicho de otro modo, se trata de que el Gobierno descarte esa forma de actuar que el exdirigente del PP, Guillermo Gortázar, ha denominado en un magistral artículo el ‘arriolismo’.

¿Y qué es el ‘arriolismo’?, pues una forma de hacer (o no hacer) política consistente en “dejar pasar las cosas, esperar a que los demás se equivoquen”. En la oposición, se trata de denunciar los errores ajenos y en el Gobierno, “vender tecnocracia y un cierto mantenimiento de los valores de la derecha que son un capital consolidado como la exaltación de las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil, la bandera, la familia, la religión católica....”.

Muy poco para ganar las elecciones, y eso explica que una previsible derrota electoral en las elecciones al parlamento europeo (donde el PP tiene mucho que perder y poco que ganar) puede provocar la rebelión de algunos barones autonómicos, que necesitan un motivo para no ser descabalgados y engrosar las listas de paro.

Es decir, hacer justo lo contrario a lo que Krugman denomina ‘trampa de la timidez’, que se produce cuando los responsables políticos temen poner en práctica buenas medidas por temor a fracasar, y eso les hace tomar decisiones de poco alcance que en la práctica sirven para muy poco. Desoyendo la voz de Yeats, que decía: “Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de vehemencia apasionada”.

Más allá de consideraciones políticas, lo cierto es que sería una medida más que razonable. Entre otras cosas, porque bajar impuestos ahora estimularía la demanda interna y descargaría la presión sobre las cuentas públicas, que en estos momentos (vía endeudamiento para pagar todo tipo de fondos) es quien está animando la actividad económica.

De lo contrario, es probable que se siga mareando la perdiz intentado saber si el país está o no en deflación. Algo que recuerda mucho a esas discusiones bizantinas que se dieron en Constantinopla, donde los filósofos, los teólogos y los hombres de ciencia discutían sobre el sexo de los ángeles, mientras se olvidaban defender la ciudad del ataque enemigo. Como se sabe, Constantinopla cayó y con ella el último bastión de la civilización occidental.

Bajo la arena, un torrente
Luis del Pino Libertad Digital 6 Abril 2014

El desierto del Sáhara cubre de lado a lado toda la parte norte de África, desde Mauritania hasta Egipto. Tiene una longitud, de este a oeste, de casi cinco mil kilómetros y una superficie de unos 10 millones de kilómetros cuadrados, es decir, 20 veces la de España.

Si dejamos de lado las zonas de transición, al norte y al sur, el Sáhara es en su mayor parte una vasta extensión yerma, con inmensas zonas de dunas y depresiones salinas, muy hostil para la vida.

Pero no siempre fue así. Hace solo 6.000 años, el Sáhara era una zona verde y húmeda, que desde entonces se ha ido desertificando. Y dentro de unos 15.000 años volverá a ser verde y húmeda de nuevo. Se trata de un ciclo climático natural, asociado a la oscilación del eje de rotación de la Tierra. Dependiendo de la inclinación de ese eje, que varía con un período de 42.000 años, el clima cambia y el Sáhara recibe más o menos lluvias. Ahora estamos en fase seca.

Pero, en realidad, ni siquiera ahora es el Sáhara tan seco como nos imaginamos. Lo que pasa es que vemos las cosas de una manera superficial. Por debajo de esas inmensas extensiones de arena y piedra, el Sahara posee un inmenso acuífero subterráneo, que acumula parte del agua recibida durante el ciclo húmedo anterior. Se trata del denominado Acuífero de Arenisca de Nubia.

Ese acuífero, situado en la zona donde confluyen Egipto, Libia, Chad y Sudán, ocupa un 20% de la superficie del Sáhara y se calcula que posee unas reservas de 150.000 kilómetros cúbicos de agua. Para que se hagan ustedes una idea, con esa agua podría satisfacerse el consumo de todos los 7.000 millones de seres humanos que habitan la Tierra, durante unos dos siglos.

De ahí que los esfuerzos para explotar ese acuífero se vengan realizando desde hace ya varios decenios. En Libia, una larguísima red de tuberías, denominada el Gran Río Artificial, provee de agua dulce a las zonas del norte del país a partir de ese acuífero, mientras que en Egipto también ha comenzado hace 13 años la recuperación de zonas desérticas en torno a Abu Simbel. Los habitantes del Sáhara no tendrán, por tanto, que esperar miles de años, hasta el siguiente ciclo húmedo, para volver a contemplar una tierra verde.

En España, el próximo mes de mayo se celebrarán las elecciones europeas. Unas elecciones que nos darán la oportunidad de decidir cómo queremos que sea el futuro de nuestro país.

Si miramos hoy a nuestro alrededor, España es un inmenso yermo político, donde nada parece tener sentido. Los asuntos públicos están en manos de incompetentes, o peor aún, de auténticos ladrones. Los partidos políticos parecen estructurados de modo que solo pueden llegar a la cúspide los más mediocres o los más psicópatas. Nadie se preocupa de defender los derechos de los españoles, ni fuera, ni dentro de nuestras fronteras. Los problemas se eternizan, sin que nadie los afronte, ni haga nada por resolverlos. Toda la vida política es una inmensa farsa, en la que los mismos de siempre simulan enfrentarse, para luego, una vez cosechados los votos, volver a repartirse el pastel y vivir a nuestra costa. La Ley no rige, y los primeros en saltársela son los representantes públicos, sin que eso tenga jamás ningún tipo de consecuencia.

España no fue siempre así. Y no será así tampoco en el futuro. Los países atraviesan ciclos de prosperidad y de decadencia, y a nosotros nos ha tocado vivir en la era seca.

Pero, si se paran ustedes a pensar en ello, ese páramo político afecta solo a la superficie. Por debajo de ella, hay millones de españoles industriosos, honrados, sacrificados y responsables. Gente buena, preparada para tomar las riendas del país y sacarlo adelante, de la misma manera que llevan siglos sacando adelante sus empresas y sus familias. Tan solo hay que escarbar un poco para dejar que aflore esa riqueza humana.

Y del mismo modo que la técnica está permitiendo por fin extraer y aprovechar el agua del subsuelo en el Sáhara, los cambios que la sociedad está experimentando gracias a la tecnología están haciendo que aflore, aquí como en Venezuela, una sociedad civil que antes no encontraba cauce de expresión.

Ya no estamos en la época en que los autócratas o los oligarcas podían soñar con silenciar a la gente, por el procedimiento de controlar los medios de comunicación. Aún no ha culminado la revolución de las redes, pero cada vez es más la gente que a través de Internet se informa, y se manifiesta y se coordina. Quien quiere romper el bloqueo informativo, tiene ahora los medios.

No sé el tiempo que tardarán esos caudales subterráneos en inundar la arena política, pero en las próximas elecciones europeas veremos brotar - tal vez tímidamente, tal vez como un torrente - esas ansias de cambio. De la intensidad con la que broten dependerá el tiempo que tardemos en reverdecer este seco país. Ese tiempo será tan breve o tan largo como nosotros queramos que sea.

Así que ya saben: en sus manos está decidir qué futuro quieren para su país y empezar a poner los cimientos de esa nueva Nación en las próximas elecciones al Parlamento europeo.
- Seguir leyendo: http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/bajo-la-arena-un-torrente-12898/

De domingo a domingo
La Solución Desarmada de Rajobrián
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Abril 2014

Aprovechando el libro de Pilar Urbano sobre la responsabilidad del Rey en la Operación Armada, el golpe político-militar que triunfó en su propósito de echar a Suárez del Gobierno y que fracasó en su estrambote grotesco e inútil del "tejerazo", la Zarzuela, la Moncloa y Juan Luis Cebrián, el numen que últimamente les guía, han alumbrado unas criaturas intelectuales y unos embriones legales tan siniestros que, de llegar a término, acabarán con el ya moribundo régimen constitucional.

Tres son las tareas acometidas por este hércules que podríamos llamar Rajobrián, síntesis del inmenso y abúlico poder de Rajoy, la inagotable y desnortada ambición de Cebrián y el pavoroso desconcierto de la Corona. Rajobrián sería como el Breogán gallego pero menos mítico y más mefítico, un Rajoy arrendado a Cebrián cuyo fiemo o humus sería la Real Confusión. La primera tarea, a cargo de una brigada de octogenarios reclutada para la Zarzuela por el vástago becerrista de Suárez, ha sido la de negar la existencia de la Operación Armada y el papel esencial en ella del Rey, hecho que, por más que se empeñen obscenamente en negarlo algunos de sus colaboradores y familiares, es público y publicado, notorio y consta en las hemerotecas. Este empeño real ilegítimo y anticonstitucional –si bien explicable por el terrible clima político que vivía España en 1980 y 1981- llevó al Rey a feroces enfrentamientos con Suárez y, al cabo, consiguió lo que buscaba, la dimisión del presidente cuando éste pudo comprobar –lo ha explicado muy bien Luis Herrero en ABC- que la versión parlamentaria de la Operación Armada, una moción de censura pactada por el PSOE y una parte de su partido, UCD, lo echaba de la Presidencia de todas formas.

Dicen que el político fallido y duque momentáneamente frustrado Suárez Illana -que permitió que su padre, con las facultades mentales muy mermadas, hiciera un penosísimo papel en su presentación manchega como político de fin de semana- ha acarreado las siete firmas, importantes o sin importancia, como escabel para la nota de la Zarzuela contra el libro de Urbano que, por razones puramente físicas y salvo que Javier Ayuso sea distribuidor pirata de Planeta, ninguno había podido leer. Una precaución conveniente, porque si bien la entrevista con Mellado en El Mundo contaba muchas cosas es sabida la capacidad novelera de Urbano. Sobre todo en la Zarzuela, que tiene por costumbre desmentirla después de favorecerla. Es el caso del libro sobre la Reina que, en lo sustancial, también era verdad.

Lo más curioso de los ataques al libro de Pilar Urbano, en lo que incide el Numen de la situación, el suntuoso intelectual Juan Luis Cebrián, es que, por un lado, afirman que todo es falso y, al mismo tiempo, aseguran que todo estaba ya publicado. Si todo estaba publicado y era falso, ¿cómo nadie persiguió a los autores de tan atroces acusaciones, que, según la BOR (Brigada Octogenaria del Rey), busca acabar con todas las instituciones? ¿Un libro, un simple libro, antes de ser leído por nadie, que publica lo ya publicado, por otra parte falso y que nunca fue perseguido en los tribunales por institución alguna? A título personal, sólo lo hizo contra Jesús Palacios Calderón, jefe de Cortina, el hombre de confianza del Rey en el CESID que entraba en la Zarzuela sin tener que avisar, absuelto en el juicio del 23F pese a que condenaran a su segundo Gómez Iglesias. Ese Calderón al que Aznar, con ese tino tan suyo al elegir cargos de confianza, hizo jefe de los espías antes que a Dezcallar, hombre de confianza de Felipe en Rabat y uno de los culpables de enlodar las pistas del 11M.

Pero la Justicia, en el único caso en que se acudió a ella, le dio la razón, por dos veces, a Jesús Palacios. ¿Dónde, pues, está la mentira de lo que se ha publicado, acreditado, subrayado, precisado y archidemostrado sobre la Operación Armada? ¿Dónde tras las memorias de San Martín, de Pardo Zancada y otros juzgados por su participación en el "tejerazo"? ¡Pero si hasta las memorias de Armada se titulan "Al servicio de la Corona"!
Cebrián y "el marasmo de opinión"

Que Cebrián es el que, informativamente hablando, manda en la España de Rajoy es tan indiscutible que, tras salvar su arruinada empresa –habita una deuda de 3.200 millones de euros- aconsejando a las grandes corporaciones deudoras de PRISA que aceptaran acciones por dinero, el Presidente del Gobierno debutó el viernes como colaborador en El País. No entraré en el contenido de su cogitación, que arranca de un descubrimiento sorprendente: el teléfono móvil. Mientras me recupero del notición me limito a constatar que, en pocos meses, Rajoy ha pasado de boicotear los premios de periodismo de El Mundo en su campaña para echar a Pedro Jota por haber publicado aquellos SMS de Rajoy a Bárcenas -"sé fuerte"- a colaborar con esa empresa que también y mucho antes había publicado los papeles de Bárcenas, que, a diferencia de El Mundo, más ferozmente ha combatido al PP desde hace treinta años, y cuyo sectarismo llevó al propio Rajoy a ordenar el boicot total a la cadena SER en las elecciones de 2008.

¿Cómo explicar esta voltereta? ¿Ha cambiado Rajoy o ha cambiado Cebrián? Tal vez Rajoy, cuya relación con la verdad es harto conflictiva, disimula ahora en sentido contrario. El que no ha cambiado es Cebrián. En su artículo de refuerzo al manifiesto zarzuelero contra Urbano, alumbra un concepto que ilustra a la perfección cómo dos seres tan diferentes en teoría han acabado coincidiendo en la práctica. El concepto es el de "marasmo de opinión", sito en un párrafo cuyo estilo oscila entre Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, y el pergeñador de cualquier discurso presidencial sobre el Estado de la Nación, mortalmente aburrido hasta que el Presidente de turno acaba de leerlo. Disculpe el lector la forzosa y plúmbea literalidad:

"(…) Todas las instituciones de este país, a comenzar por la propia Corona, los partidos políticos, los sindicatos, los medios de comunicación, los tribunales, la banca, etc… se hallan bajo sospecha: se discute su utilidad y su capacidad para enfrentarse a la actual crisis. En este periódico venimos reclamando desde hace años una reforma constitucional, imprescindible a nuestro juicio para rescatar el sistema democrático del actual marasmo de opinión y ofrecer un proyecto común de convivencia a las nuevas generaciones que les permita ser protagonistas de su propio futuro. La condición indispensable para ello es establecer un debate racional y honesto, con toda la pasión y brillantez de la controversia política, con las inevitables convulsiones de la calle, pero con la honestidad y altura de miras de que dio prueba el propio presidente Suárez el día de su dimisión. Y con el coraje, también, que mostró ante los golpistas. Todavía estamos a tiempo." (JL Cebrián, "Gato por liebre", "El País" 4-42014)

O sea, que el sistema está en crisis porque no se le ha hecho caso a Cebrián y no se ha reformado la Constitución a su gusto. Pero sucede que Cebrián ha atacado en los últimos veinte años, en especial en los siete de Zapatero, a todos los que hemos pedido un cambio total, incluido el de la Constitución, que luchase contra la corrupción generalizada de todas esas instituciones que ahora Cebrián ve "bajo sospecha". No será la suya, porque desde el Rey al PSOE, pasando por los Pujol y los sindicatos, todos han sido defendidos por El País y la SER. Casi todos en vida de Polanco y aún más bajo la égida de Cebrián han sido descaradamente protegidos ante las revelaciones periodísticas, generalmente de El Mundo sobre su corrupción. ¿Qué mueve ahora a Cebrián a fundar un nuevo régimen? Porque no puede significar otra cosa este parrafote: "(...) rescatar el sistema democrático del actual marasmo de opinión y ofrecer un proyecto común de convivencia a las nuevas generaciones que les permita ser protagonistas de su propio futuro." ¿Qué le han hecho las generaciones menos jóvenes a Cebrián para que ya no les ofrezca ni convivencia, ni futuro ni nada? ¿Por qué lo que siempre denunció como "conspiraciones" contra la democracia o la Corona ahora, ante el mero anuncio de la publicación de un libro que no ha tenido tiempo de leer –tal vez porque su contenido, dice, se conocía- se convierta en un cruzado de la regeneración del régimen del que es puntal indiscutible y, en su opinión y en su rica tarea empresarial, insustituible?

A mi juicio, la razón está clara: acabar con el "marasmo de opinión". Es verdad que "marasmo" significa aquietamiento, parálisis o inmovilidad y que nada sería más fácil para el Gran Timonel del primer periódico y la primera cadena de radio de España que suscitar debates sobre esas reformas que ahora ve tan necesarias. Pero seguramente Cebrián desconoce lo que significa marasmo y, en cualquier caso, no tolera más opinión que la suya. Lo demostró cuando trató de conseguir una condena en las instituciones internacionales de Prensa a lo que él llamó "sindicato del crimen" por haber denunciado los crímenes del GAL cuyo máximo responsable era el socialista Felipe González, coautor con Cebrián de libros cuyo mero título invita a la esperanza, y no sólo de las jóvenes generaciones, por ejemplo El futuro ya no es lo que era. ¿Va a admitir ahora Cebrián que sea algo?

El proyecto liberticida de Gallardón
Evidentemente, no. Lo que se vislumbra en el marasmo de la prosa cenagosa del hacadémico es, como siempre, un afán liberticida. Y ha encontrado en el Gobierno del PP, particularmente en su viejo cómplice de fechorías contra la Derecha, Gallardón, la quijada de Caín. Apenas ningún medio ha prestado atención al proyecto que, tras politizar por completo la Justicia, dejaría en manos del CGPJ, es decir, en los jueces cooptados por los partidos políticos, nada menos que la facultad de reprimir con multas y hasta con penas de cárcel las críticas a las actuaciones judiciales en curso, que en la España actual es como hablar de la actualidad política. Y es que ¿cómo no hablar de los ERE sin molestar al PSOE, IU y sus politijueces? ¿Cómo no hacerlo con los del PP al hablar de Bárcenas o Bolinaga? ¿Y de los Pujol, Pallerols o el Barça sin molestar los de CIU? Sin embargo, eso es lo que sólo Libertad Digital ha reseñado en su terrorífica gravedad. Véase este párrafo, que hubiera encantado a Fernando VII:

"El que con violencia o intimidación intentare influir directa o indirectamente en quien sea denunciante, parte o imputado, abogado, procurador, perito, intérprete o testigo en un procedimiento para que modifique su actuación procesal, será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a veinticuatro meses."

Vamos, que cualquiera que opine sobre cualquier cosa que esté en los tribunales será, según les parezca a los empleados de los partidos políticos en el CGPJ, sin ley ni regla alguna de referencia que no sea su capricho, objeto de sanción mucho más grave que si le rompiera la crisma a un guardia. Bolinaga está fuera pero, por criticar la impunidad que disfruta gracias a una justicia politizada, esto es, corrompida hasta el tuétano, aún mandarán encarcelar a Ortega Lara. Esta aberración leguleya, zafiamente liberticida, que supone la liquidación de todas las garantías constitucionales a la libertad de expresión, es lo que sin duda nos sacará del "marasmo de opinión" que molesta a Cebrián, a su colaborador Rajoy, al Rey y a todos los que tienen algo que temer o demasiado que callar. Esta Solución Desarmada de Rajobrián será mucho más atroz para la Libertad y para la Nación que la Solución Armada. Esa que ahora dicen que nunca existió.

EL CORREO CATALÁN
Conversaciones privadas
ARCADI ESPADA El Mundo 6 Abril 2014

Querido J:
Aun en tu retiro, al que ya se acerca la gran hora de los lilás, te habrá llegado noticia del libro que acaba de publicar la periodista Pilar Urbano, La gran desmemoria, que lleva un subtítulo muy ceñido: Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar. Tengo el libro encima de la mesa. Es muy gordo. Y acaba de llegarme uno más gordo aún, La desventura de la libertad, que ha escrito nuestro antiguo director, Pedro J. Ramírez. Los autores de libros gordos, Kahnmenan, Pinker, Ramírez, Urbano, deben de sentir una emoción forzosa al contemplar semejantes fenómenos, que más que de la cultura parecen de la naturaleza. Yo los admiro y me siento casi Yerma, la casada seca. Aún no me he adentrado en la espesura de la desmemoria suarista, pero está la entrevista que hace una semana le hizo Miguel Ángel Mellado a la periodista Urbano, y donde quedaba expuesta su tesis principal, esto es, que el 23-F se produjo, entre otras razones, por la frivolidad del Rey al juguetear con soluciones inconstitucionales como salida de la crisis que atravesaba el proceso democrático. Tú conoces mi opinión sobre la escritura de Pilar Urbano y la relación que mantiene con los complementos. Nada más abrir el librote ya la he visto instalada en el despacho que usaba Alfonso XIII en el Palacio Real, y no en cualquier momento, ¡quia!, sino en la candente mañana del primero de julio de 1976, desbordadas y en naufragio ya las trece horas y cuarto, y oyendo y anotando lo que le decía el Rey a Carlos Arias; que era, en síntesis, sal por la puerta, pero que ella lo adorna, joder si lo adorna. Lo que siempre me fascinará de la escritura de Urbano y asociados es su modestia. Mira este inicio de párrafo, por favor, antes de entrar en materia:

-Bueno, Carlos, te extrañará que te haga venir aquí cuando siempre despachamos en Zarzuela- El Rey parecía agobiado, titubeaba al elegir las palabras-.

Es supremo. Y una muestra de respeto, verás. Nuestra reportera desafía tiempos, espacios, protocolos, se hace omnipresente y omnipotente y se escurre por la chimenea del despacho alfonsino. Ok. Pero no pierde la compostura. Es decir, no escribe «El Rey estaba agobiado», sino «El Rey parecía agobiado». ¡No fuera a desconfiar el lector del alcance de los superpoderes de nuestra reportera! Bien está penetrar en el despacho a la hora y lugar. ¡Muy otra cosa sería penetrarle por el alma a nuestro Rey! Me divertiría tanto ir por ahí página a página. Pero iba a exigir, en buena lógica, el mismo adelanto editorial.

No sé si es cierto lo que explica Pilar Urbano sobre el Rey, Suárez y el 23-F. Pero sí te puedo dar fe de una certeza más modesta: el ex presidente Suárez sí lo daba por cierto y sí lo explicaba. Al menos lo explicó delante de mí una noche del otoño de 1985 en su despacho de Antonio Maura. Yo tenía entonces 28 años y una buena, aunque superficial, relación con él, que venía de los tres años que había trabajado en la sección política de El Noticiero Universal. El diario, que acababa de cerrar, apoyaba de una manera sublime al CDS de Suárez, lo que resulta del todo punto lógico dado que Javier de la Rosa, financiero del suarismo (y de otros ismos), pagaba las nóminas. En la ciudad se había organizado entonces, por el empeño principal del periodista José Antich, el Grupo Periodístico Barcelona, del que yo formaba parte. Su misión era comer o cenar con políticos y explicar luego lo que se pudiera. Hubo cenas memorables, como la del ex presidente Tarradellas. Pero la más importante, trascendente e inquietante fue la de Suárez. Cuando se produjo el encuentro, probablemente a finales de noviembre, ya no tenía diario donde escribirla. Pero colaboraba en el semanario El Món (lo recordarás: bueno, socialista y efímero) y allí me compraron la crónica. La leo hoy. Tiene un interés relativo. A pesar de los años, un rastro de piedrecillas blancas aún explica al lector lo que no se podía explicar. Por ejemplo: «Su discurso de estas horas privadas no tiene cabida, ni de lejos, en el discurso periodístico y político de la hora actual de España». O bien: «Lo verdaderamente cabal es el nuevo reparto de méritos que él adjudica, la desmitificación de algunos protagonismos que, prudentemente, es mejor no robar a sus memorias».

La conversación con Suárez duró más de siete horas. Para un hombre que lo único que quería era hablar, es decir, ni comer ni beber ni escuchar, son muchas. La mitad pasaron en una taberna madrileña que malditamente he olvidado, aunque me encantaría que hubiera sido Casa Ciriaco; la otra en su despacho. Creo que despiertos, lo que se dice despiertos, sólo aguantamos Suárez, Antich y yo. Y de allí sólo nos sacó el alba, ni siquiera el ex presidente, que parecía dispuesto a seguir con gafas de sol.

El resumen de aquel monólogo tan notable es fácil de escribir. Fue pocos días después del décimo aniversario de la muerte de Franco. Suárez estaba desmoralizado y humillado por el tono que había tenido la conmemoración: creía que el Rey se había llevado injustamente toda la gloria de la Transición y sus sarcasmos sobre el llamado motor del cambio me parecieron escandalosos. Toda la velada discurrió bajo el susurro irresistible de venid muchachos que yo os voy a contar ahora quién es de verdad vuestro Rey. Y su Rey de aquella noche era, en efecto, alguien que por frivolidad, torpeza o borboneo (Suárez utilizó este verbo) había provocado el intento de golpe, aunque luego hubiera sabido reaccionar in extremis cuando se le fue grotescamente de las manos.

Entonces no escribí sobre ello, atado por el pacto de silencio. Pero, sobre todo, porque la complejísima trama de nombres, lugares y circunstancias que la memoria de Suárez iba hilando necesitaba un trabajo gigantesco de verificación. Éste que habrá hecho Pilar Urbano, a no dudar. Y que en cualquier caso no hizo el propio protagonista. El último párrafo de aquella crónica mía del 85 decía: «Por las calles de Madrid viajaba un off the record contra el sistema, una suerte de personaje hoy por hoy indefinible, tal vez cogido a contrapelo en la esquina donde la vida y la historia se disputan sus piezas, no siempre con educación exquisita».

Es evidente que se dejó arrebatar por la historia.
Sigue con salud, A.

OPINIÓN DE MARCO TARCHI
Liberalismo contra democracia y la verdadera representación popular
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 6 Abril 2014

En toda Europa la teoría democrática choca con la casta de los partidos y un bipolarismo políticamente correcto. Los que se oponen se convierten en disidentes, pero la gente les vota.

El problema de la representación popular en nuestra actual democracia se plantea con fuerza en esta crisis, y más ante el problema nacionalista. Un análisis preciso, documentado y totalmente válido para la España de Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba y Artur Mas es el que, con el título Los disidentes (´I Malpensanti´), desarrolló Marco Tarchi en el número 318 de la revista Diorama Letterario.

Los disidentes
Cualquier estudiante de primer o segundo curso de una Facultad de Ciencias Políticas sabe que las leyes electorales son un instrumento esencialmente de manipulación. Es decir que sirven, según qué fórmula tengan en su base, para manipular la relación entre la voluntad de los electores, expresada a través del voto a un candidato y/o a un partido, y el resultado de sus elecciones, o sea la presencia en las instituciones de cargos electos que correspondan a sus opiniones y sus expectativas.

En los sistemas mayoritarios uninominales a una sola vuelta, por ejemplo, en todos los colegios electorales habitualmente la mayoría de los que acuden a las urnas queda sin representación, ya que resulta elegido sólo el candidato que obtiene más votos, sea cual sea el porcentaje que alcance. El preferido por el 30% termina a menudo derrotando al 70% que no lo quería. De modo análogo, aunque con más moderación, funcionan los sistemas uninominales a doble vuelta, que eliminan del partido decisivo a todas las "minorías" (en realidad, no raramente mayoritarias en conjunto) que han apoyado a candidatos que han quedado en el tercer puesto o debajo, y los sistemas proporcionales dotados de umbrales mínimos o de circunscripciones con pocos escaños en disputa (donde, para tener un elegido, hace falta llegar al 25 ó 30%). Sólo los mecanismos proporcionales puros se acercan a la capacidad de fotografiar la realidad de las opiniones y de los deseos del cuerpo electoral, aunque nunca de modo perfecto, porque la atribución de escaños queda de todos modos sujeta a fórmulas matemáticas más o menos complicadas para calcular los votos que sobrepasan el cociente que da derecho a cada puesto (los llamados "restos")

Hasta aquí, el ensayo podría parecer un ejercicio apresurado de competencias técnicas, un capricho de politólogo que tendría poco o nada que ver con la reflexión metapolítica que vertebra esta revista [Diorama Letterario]. Pero mirando más allá de lo aparente, uno se da cuenta de que las cosas son de un modo bien distinto.

Lo único aceptable hoy, la democracia liberal convencional
El espíritu del tiempo en el que vivimos –y la retórica de todos los que, después de haber contribuido a forjarlo así, no se cansan de nutrirlo y de declinarlo en formas actualizadas constantemente según sus propias intenciones- ha impuesto a las mentalidades de gran parte de nuestros contemporáneos la convicción de que la democracia liberal es la forma más avanzada de convivencia colectiva producida por el progreso de la civilización. Y de que, como punto de llegada de un largo y atormentado camino, constituye un punto de no retorno, una conquista definitiva que no hay derecho a discutir o a negar en su raíz, sino todo lo más en sus concreciones específicas. Tanto que exportarla también a países que todavía no la han adoptado o que no la meten en práctica según las instrucciones recibidas se ha convertido en un deber ético. Que puede implicar también el recurso a instrumentos bélicos o, en el caso más suave, a la instigación -organizada y apoyada con instrumentos económicos y mediáticos- de revuelta de plaza o de palacio.

La imposición de este dogma liberal, de sus premisas ideológicas (obviamente nunca presentadas como tales, sino camufladas de exigencias del sentido común o de elementos de un código moral universal) y de sus consecuencias se basa en la repetición incesante, a través de los canales de comunicación, de algunas fórmulas estandarizadas. Una de ellas es la existencia de un "sentido de la Historia", vehículo del Progreso, al que es inútil oponerse porque "no se puede volver atrás". Otra impone considerar las instituciones y las prácticas liberales como el fruto maduro de esta marcha de lo Bueno y de lo Justo a través del tiempo. Otra más obliga a atribuir al contenedor político de la ideología liberal la etiqueta de democracia, porque la palabra conserva la promesa de hacer del pueblo la piedra angular de la legitimidad de la acción de los gobernantes. Para completar el cuadro interviene la retórica de los deberes, de la libertad de expresión, del control desde abajo, de la transparencia y demás promesas.

El eje de la concepción liberal de la política es el concepto de representación. Desconocida para los fundadores de la democracia, que la concibieron como un lugar de expresión directa de la voluntad de la ciudadanía –o sea de una colectividad territorializada y filtrada por rigurosos criterios de exclusión de los "extraños", que hoy la harían parecer más bien una aristocracia ampliada-, esta noción, como ha señalado entre otros la estudiosa inglesa Margaret Canovan, ha servido a los liberales, más que para consentir a la masa confiar sus propios deseos a representantes elegidos para convertirlos en realidad, para excluir de los niveles de decisión al grueso de los ciudadanos, considerados incompetentes y no de fiar, en beneficio de un grupito restringido de enterados. Éstos –los elegidos- rápidamente han entendido cuántos y cuáles privilegios se derivaban de la posición alcanzada, y han constituido un grupo aparte (la "casta" de la que tanto se habla hoy), cortando, al prohibir el mandato imperativo, el vínculo que les habría obligado a someterse a la dictadura de la opinión pública. No ha hecho falta mucho para que, actuando así, el ejercicio de la acción política se transformase en una (lucrativa) profesión, transmisible por línea familiar, de partido o de clientela, expropiando al pueblo –al mismo tiempo instigado a fragmentarse en una polvareda de átomos independientes por la difusión de la mentalidad individualista, por la disolución de los cuerpos sociales intermedios y por la burla del espíritu comunitario- de sus prerrogativas de legitimación, relegadas al ámbito formal de las proclamaciones constitucionales.

La casta frente al pueblo
Para que este proceso se consolidase y para que la clase política pudiese perfeccionar esos mecanismos de cooptación elitista y de círculos cerrados que le habrían de permitir reproducirse más o menos pacíficamente –y que ya fueron bien estudiados por Pareto, Mosca y Michels- era preciso que se redujese a la mínima expresión la influencia de las presiones desde abajo sobre la esfera gubernativa. Y para ese fin sirvieron dos montajes: el progresivo paso de las fórmulas electorales proporcionales, ligadas a la ampliación gradual del sufragio como resultado de las movilizaciones de las masas obreras, campesinas y de clase media de fines del XIX y principios del XX, a las mayoritarias, y la limitación de los instrumentos de democracia directa, empezando por los referenda, las peticiones y las iniciativas legislativas populares.

Estas consideraciones nos devuelven al punto de partida. Desde hace algunos decenios, en paralelo a la presión sobre la política desde otros campos de ejercicio del poder –en primer lugar la economía, sobre todo la financiera, pero también la magistratura y el poder mediático, además del sucedáneo de autoridad religiosa que representan los clérigos laicos, esos intelectuales "políticamente correctos" -, los regímenes liberales han tendido a vaciar de contenido, paso a paso, todos los atributos genuinos de la democracia. Aunque no se podía renunciar, por razones funcionales evidentes, a hablar en nombre del pueblo (¿cómo se habría podido definir si no al detentador del poder legítimo?), se ha difuminado su perfil exaltando las prerrogativas del individuo y liberándolo de las obligaciones derivadas de su pertenencia a toda entidad comunitaria. Se han ridiculizado, cuando no demonizado, las ideologías, que habían servido largo tiempo como vínculo para sólidas (y por tanto peligrosas) identidades colectivas, degradándolas del rango de inspiradoras de proyectos de sociedad y de referentes para la convivencia civil a la mera condición de utopías humeantes y dañinas. Y en la misma línea se ha descalificado a los partidos que habían sido vehículo de esas ideologías, y que habían contribuido a su propio descrédito al transformarse en vehículo de los intereses clientelares y caciquiles de la clase de los que el hombre de la calle llama "los politicastros". Además, se ha hecho todo lo posible para neutralizar la capacidad del voto de condicionar la acción de los electos. El principal instrumento de esta operación ha sido el aumento del potencial manipulador de los sistemas electorales.

Lo vemos claramente en nuestros días. En nombre de una "gobernanza" que por lo demás, como se ha demostrado muchas veces, ningún mecanismo técnico puede garantizar, porque a menudo los ejecutivos, incluyendo los monocolores, están a menudo más amenazados por las convulsiones internas en los partidos que los componen –reducidos a coaliciones provisionales e inestables de intereses de grupo y de ambiciones personales, que excluyen cualquier verdadera disciplina- que por la actuación de las oposiciones, la representación institucional de grandes bloques de población queda anulada. Allí donde están en vigor los sistemas mayoritarios, partidos que tienen establemente del 15 al 20% de los votos quedan excluidos de los Parlamentos y de otros entes electivos, mientras que otros con porcentajes mucho menores del electorado pero aceptados en coalición por las formaciones mayores sí prosperan (el caso francés, con el Frente Nacional por un lado y el PCF y los Verdes por el otro, es un ejemplo, pero no el único). Las barreras de voto bloquean en otros contextos a los sectores de opinión "no alineados" con las tendencias encarnadas por los partidos dominantes, reforzados por un casi monopolio de los medios de comunicación y por el apoyo de los poderes financieros. El objetivo es siempre y en todo lugar el mismo: imponer y mantener un bipolarismo del pensamiento, que establece los límites del "pensamiento correcto" y distribuye los espacios dentro de la aceptabilidad política según las oscilaciones momentáneas de los humores de la parte privilegiada del electorado (la que, no llegando a menudo ni al 50% de los electores, se reparte la casi totalidad de la representación) entre las versiones "progresista y moderada", "de centroderecha y de centroizquierda" o "socialdemócrata y conservadora" del común credo ideológico. Esta es la (única) alternancia grata a los defensores del pensamiento único liberal, hoy hegemónico.

El horrible proyecto de Ley Frankenstein en discusión en el Parlamento italiano en el momento en que escribimos, una macedonia indigesta de retazos de legislaciones vigentes en varios países con el añadido de inventos caseros aún más penosos, que combina un enorme premio de mayoría, la obligación de crear coaliciones en las que los partidos menores se sometan a los mayores si no quieren verse sin un solo escaño (pero con la promesa segura de verse recompensados a otros niveles con dádivas clientelares por el sacrificio realizado), altas barreras de exclusión, listas bloqueadas de candidatos impuestas por las secretarías de los partidos, e incluso un segundo turno entre las dos coaliciones heterogéneas que se hayan impuesto en el primero, es uno de los ejemplos más eficaces de esta voluntad de anulación de la disidencia y de imposición del duopolio ideológico liberal. La impone la lógica del abuso. O siendo más benévolos, la filosofía de juegos de cartas como la escoba. Por encima de todo está el ansia de poder absoluto, quizá por quinquenios alternativos, de figuras despóticas como Matteo Renzi o Silvio Berlusconi, soberanos de partidos ya sometidos o en vías de sumisión a la lógica de la personalización.

Pero lo que reduce a sus mínimos términos la capacidad de expresión popular y aísla a los disidentes no son sólo estas triquiñuelas, que además si triunfan en Italia se extenderán por Europa. Está también la denigración de la consulta popular directa en referendos. Pensemos por ejemplo en lo sucedido hace poco en Suiza, donde una votación popular ha decidido que se creen cuotas de entrada en el país, que ha llegado a cifras record de inmigración, para los trabajadores extranjeros. Tras ese acto soberano ha venido una reacción indignada y a veces histérica de Gobiernos, medios de comunicación y partidos políticos de todos los países europeos. Por una parte, la posibilidad de expresión democrática se ha convertido en un mal que ha de ser combatido por todos los medios. Se ha llegado a indicar al Gobierno suizo que no tuviese en cuenta la opinión de sus ciudadanos, acompañando la advertencia con la interrupción de negociaciones, ruptura de acuerdos y amenaza de sanciones. Y muchos comentaristas, políticos y periodistas, han aprovechado la ocasión para atacar de frente la institución del referéndum, ya criticado hace tiempo por los mismos que se negaban a utilizarlo cundo se trataba de ratificar o no los tratados adoptados por los Gobiernos de la Unión Europea. Eso sabiendo (también por la sucesión de casos significativos de rechazo de las decisiones de la casta gobernante, en Francia, Holanda, Dinamarca o Irlanda) que si se deja a los pueblos libres de expresarse sobre temas polémicos el riesgo es que su voluntad se separe de las pretensiones de sus presuntos y autodefinidos representantes, los demócratas en una sola dirección, o para decirlo mejor los seguidores de la ideología cosmopolita y globalizadora del liberalismo de matriz mercantil, en guardia contra el peligro del referéndum. Invitando, donde existe la institución, a que se limite su aplicación.

La democracia, en definitiva, puede existir sólo para los bienpensantes ("políticamente correctos"). A quien esté fuera del coro se le impone la pena del silencio. La regla está ya hace tiempo en vigor en los canales decisivos de comunicación, empezando por la televisión, la prensa y la radio, donde las voces disidentes quedan sistemáticamente excluidas de debates y comentarios, según una lógica magníficamente descrita en su momento por Alexander Soljenitsin, para quien en Occidente deja de existir en el ámbito público aquel al que se le corta el micrófono. Ahora se nos propone aplicarla con el mismo rigor a nivel de masas, prohibiendo a los disidentes disponer de cargos electos de su confianza y poder expresarse con un sí o un no sobre las decisiones que les afectan.

El populismo es ahora la resistencia
A este adormecimiento progresivo de la disidencia se opone hoy políticamente un solo sujeto. Multiforme, no siempre coherente, dividido, a menudo bruto y aproximativo en el modo de expresarse, visceral, en muchos casos discutible en las actitudes y en las propuestas. Y sin embargo inevitablemente destinado, al menos de modo provisional, a constituir un elemento de molestia, si no es de contención, para la homogeneización cultural y psicológica querida por los señores del orden bipolar, para los restauradores de categorías políticas (izquierda y derecha) ya incapaces de expresar las verdaderas líneas de conflicto de nuestra época y aún así, justamente por eso, impuestas como instrumentos de entretenimiento de masa para la atención (a menudo pasiva y acrítica) del público dependiente de los medios de comunicación.

Este sujeto, a su manera "resistente", es el populismo. Que, más allá de sus evidentes límites, denuncia incansablemente la mistificación del principio representativo, la expropiación de la voluntad ciudadana por parte de la casta de políticos profesionales, reivindica el derecho de los pueblos a conservar identidades y tradiciones forjadas a través de los siglos, exige un reforzamiento de los instrumentos de democracia directa –del referéndum a internet, no sin algún desliz hacia la utopía de la democracia directa telemática- y los de control desde debajo de los cargos electos, se opone al poder excesivo de las finanzas, reclama mayor equidad social y lamenta tanto los excesos de intrusismo del Estado en la vida de los ciudadanos, empezando por la Hacienda, cuanto la erosión progresiva de la soberanía de las naciones en beneficio de ese Moloch burocrático que tiene su sede en Bruselas.

Quien ha estudiado el fenómeno conoce su heterogeneidad estructural. Y también quien lo observa superficialmente no tarda en darse cuenta de sus muchas ambigüedades, a partir de los puntos de discrepancia que aparecen cuando se comparan los programas de los diferentes movimientos o partidos que forman parte de esta familia tan sui generis o cuando se escuchan los discursos, o se observan los estilos, de Beppe Grillo y de Marine Le Pen, de Geert Wijlders y de Matteo Salvini, de Hans-Christian Strache y del sucesor de Pia Kjersgaard al frente del Danske Folkeparti, o de los exponentes de la UKIP británica, de los Sverigedemokraterna, de Jobbik, del Vlaams Belang, de los búlgaros de Ataka, de la lista anti-Euro alemana, de los Verdaderos Finlandeses y de todos los demás. Se necesita poco para darse cuenta de que no es fácil poner juntos a jacobinos y autonomistas, a defensores de la laicidad y a seguidores de tradiciones religiosas, a liberales y a defensores de un "chovinismo del bienestar". Y lo más llamativo es la vinculación de cada una de estas formaciones a su propio pueblo, con una mirada de indiferencia, si no es de desconfianza, hacia la suerte de los demás. Éste es un aspecto de la mentalidad populista que deja un fuerte escepticismo sobre la posibilidad de que un archipiélago tan desunido pueda, mañana, confluir en un frente de resistencia común contra un "sistema" que, por lo demás, todos proclaman que combaten.

Sin embargo, si la oposición al estado de cosas vigente se puede y se debe conducir, en el plano cultural, con mucha mayor coherencia y finura, en el plano político éste es el panorama real: los "feos, sucios y malos populistas" son los únicos dispuestos a representar en escena el papel de disidentes. Frente a ellos, los educados profetas de una reducción de la democracia a vehículo de imposición de una ideología consumista, materialista, cosmopolita, uniformadora. Quien sea consciente de lo que está en juego sabrá también (por ahora) de que parte estar.

Editorial del profesor Marco Tarchi para el nº 318 de Diorama Letterario.


“La Tribuna” adelanta las primeras páginas de la nueva novela gráfica de Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí, una historia “negra” que plantea una profunda reflexión ética sobre la violencia
El mundo del cómic indaga por primera en los silencios de la sociedad vasca ante el terrorismo de ETA con “Las manos oscuras del olvido”
La Tribuna. Redacción.  latribunadelpaisvasco.com 6 Abril 2014

Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí, ganadores en 2009 del Premio Nacional de Cómic, presentarán dentro de unos días su nueva novela ilustrada, “Las oscuras manos del olvido”, que por primera vez tras el abandono de la violencia por parte de ETA, traslada al mundo de las viñetas la podredumbre ética, la perversidad ideológica y la ignominia política que medio siglo de terrorismo ha esparcido por el País Vasco y por el resto de España.

Las imágenes poderosas e hipnóticas de “Las oscuras manos del olvido” arrancan en Marsella, en 2013. En la ciudad portuaria del sureste francés, Toinou, un mafioso que acaba de salir de la cárcel tras cumplir condena por un delito que no cometió, emprenderá un largo camino, físico, intelectual y emocional, para cumplir una promesa. Y es que, antes de su reclusión en la prisión, Toinou se había reunido con un empresario vasco que se negaba a pagar a ETA el “impuesto revolucionario” y con quien había acordado que si él o alguien de su familia eran asesinados, Toinou debería buscar a un hombre llamado Itzala para matarlo.

Tal y como explica el propio Felipe Hernández Cava, Toinou, ahora que ha sido puesto en libertad, “tendrá que llevar a cabo un trabajo que aceptó y que no pudo cumplir en su momento debido a su encarcelamiento. Pero antes tiene que localizar al hombre misterioso por cuya ejecución le pagaron, un terrorista que parece a todas luces una sombra. Mientras realiza sus pesquisas para hallarlo, lo que le pone en contacto con una serie de personajes marcados por su relación con el Mal –unos como víctimas, otros como verdugos-, Toinou continúa, como ya le sucediera en la cárcel, rememorando algunos pasajes de su vida y revisando muchas de sus ideas y algunos de sus sueños".

Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí, autores también de la magnífica “Hágase el caos” (I y II) y de “Las serpientes ciegas”, emplean en “Las oscuras manos del olvido” un entramado “noir” para profundizar con elegancia, valentía y rigor en el mundo de las víctimas del terrorismo y, sobre todo, para tratar de explicar cómo una gran parte de la sociedad vasca, a lo largo de los últimos años, ha alimentado la serpiente terrorista mirando hacia otro lado, despreciando y humillando a los afectados por la violencia, equiparando a éstos con sus verdugos y, sobre todo, articulando un entramado institucional que siempre ha prestado más atención a los asesinos que a los asesinados.

Hernández Cava es un profundo conocedor de la realidad vasca que con tanta precisión presenta en sus cómics. Ha trabajado con el colectivo ¡Basta Ya! y ha escrito los guiones de dos importantes documentales cinematográficos centrados en las víctimas de la banda terrorista ETA: “Corazones de hielo” y ”No he de callar". Tal y como explicaba recientemente en una entrevista publicada en el “Diario de Mallorca”, “siempre sucede igual, la historia es así: al poder siempre le resultan incómodas las víctimas para poder cerrar cualquier clase de conflicto".
https://dl.dropboxusercontent.com/u/10120257/LasOscurasManosDelOlvido1a8.pdf

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CARTAS DE UN ARPONERO INGENUO
Cataluña entre el «no» y el «ahora bien»
PEDRO J. RAMÍREZ El Mundo 6 Abril 2014

Sostiene Melville que las diferentes ballenas «concuerdan exactamente en todos sus rasgos principales» y que las «subdivisiones basadas en diferencias sin significado» hacen «repelente» la Historia Natural. Otro tanto podría decirse de nuestro Estado de las Autonomías; pero hemos ido demasiado lejos y cuando el Congreso rechace pasado mañana por goleada transferir a Cataluña la competencia para organizar la consulta soberanista, Rajoy recibirá el mandato implícito de impedirla por todos los medios legales. Incluido el uso legítimo y proporcionado de la fuerza.

Si Mas es tan tonto como para «replantado en su propio martillo» -así veía Max Aub a ciertos catalanes- tratar de consumar el 9 de noviembre su desobediencia al Estado, terminará convirtiendo al jefe del Gobierno en héroe a pesar suyo y le garantizará un segundo mandato en la Moncloa. Si actúa con más astucia y utiliza la prohibición como plataforma victimista de cara a las municipales, o a unas autonómicas anticipadas, sólo conseguirá alargar y encrespar la escalada de la tensión.

Al final el desenlace tendrá que ser el mismo porque su trayectoria unilateral hacia la independencia, ayuna de la más mínima cobertura internacional y sin encaje posible en la legalidad, habrá entrado definitivamente en vía muerta. Imaginar que la Generalitat pudiera encomendar a los Mossos d'Esquadra que hicieran frente a un mandamiento judicial que ordenara retirar las urnas sería pensar que la tragedia del 34 puede repetirse no ya como farsa sino como vodevil. «Los catalanes podemos hacer el ridículo de uno en uno, pero no deberíamos hacerlo colectivamente», me decía hace unos días un gran señor del Ampurdán.

Pero una cosa es que el plan Mas vaya a acompañar indefectiblemente al plan Ibarretxe en el cajón de los juguetes rotos del nacionalismo, y otra, que un Estado democrático deba conformarse con abortar de plano un anhelo de una porción minoritaria pero significativa de su ciudadanía. Podemos repetir con Madariaga que los separatistas son «españoles que se creen no serlo» e incluso tildarlos como Machado de «españoles incompletos», pero eso no va a desanimarlos ni a sacarles de su error.

Mientras he sido director de EL MUNDO no he respondido a quienes exhumaban de manera contumaz unas palabras mías de 1994 en favor del «derecho a la autodeterminación de los vascos», tildándome de incongruente y cosas mucho peores, para que nadie creyera ver a nuestro periódico a la defensiva. Ahora que he ganado la libertad del que sólo actúa en su propio nombre, recordaré por igual a ponderados y majaderos, que apenas un año antes las Naciones Unidas habían aprobado la Declaración de Viena proclamando que «el derecho de libre determinación» de los pueblos se concreta en que puedan «determinar libremente su condición política» y «perseguir libremente su desarrollo»; pero añadiendo que «nada de lo anterior autoriza o fomenta quebrantar o menoscabar, total o parcialmente, la integridad territorial o la unidad política de Estados dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo».

Desde esta perspectiva los vascos y los catalanes, como el resto de los españoles, se «autodeterminan» participando en el proceso político y votando en las elecciones. Es verdad que a menudo se invoca la autodeterminación -o el aún más ambiguo «derecho a decidir»- como herramienta al servicio de la secesión. A ese respecto de la Declaración de Viena podría deducirse un reconocimiento abstracto, seguido de una denegación expresa. La aparente contradicción se resuelve dando por sentado que en una democracia las aspiraciones secesionistas de una minoría son un asunto interno que debe afrontarse por cauces legales. Por eso yo añadí hace 20 años que «nada habría que objetar» si el País Vasco -o para lo que nos ocupa Cataluña- se separara «democráticamente» del resto de España. Y, como se verá, eso no se reduce a la mitad más uno de los votos cosechados en un aquí te pillo aquí te mato.

A quienes llegados a este punto pudieran preguntarme cómo se concilia la posibilidad de secesión con la «indisoluble unidad de la nación española» establecida por nuestra Carta Magna, acaba de contestarles el Tribunal Constitucional en una resolución unánime, impregnada de sutileza jurídica y trascendencia política. Después de negar taxativamente que el pueblo catalán sea sujeto de soberanía y cerrar cualquier vía a la consulta que pretende organizar la Generalitat, precisando que no pueden existir «espacios libres de la Constitución», el alto tribunal desemboca en el Apartado C de sus conclusiones en dos palabras -«ahora bien»- que por separado son inanes, pero juntas adquieren un elocuente valor adversativo, potenciado por el principio que introducen.

«Ahora bien, la primacía de la Constitución -dice la sentencia- no debe confundirse con una exigencia de adhesión positiva a la norma fundamental, porque en nuestro ordenamiento constitucional no tiene cabida un modelo de 'democracia militante'». ¿Qué significa esto en román paladino? Pues que ahora no existe una vía legal a la independencia porque la Constitución lo impide; pero no lo impide porque, parafraseando a Lincoln, la indisolubilidad de España esté «escrita en el cielo» sino porque así quedó establecido en 1978 por los constituyentes con el amplísimo respaldo de los españoles.

Podrá alegarse que el Tribunal Constitucional ya había dicho esto más veces; pero al hacerlo ahora de forma tan deliberada y en el momento álgido del debate soberanista, bien cabe entender que se está produciendo un tránsito desde una concepción hermética de la unidad de España como algo preexistente, intocable e inmarcesible que la Constitución se limitó a reflejar como lo haría un espejo, hacia su consideración dinámica como fruto de la voluntad expresada por los españoles en una determinada coyuntura histórica.

Esto implicaría que la búsqueda de un consenso interno ha terminado alejando al alto tribunal del paradigma clásico de los Estados que no admiten cuestionar sus límites, y lo ha acercado al espíritu del famoso dictamen del Tribunal Supremo de Canadá que estableció los parámetros para una eventual secesión de Quebec, e, incluso, a la filosofía política que, a falta de Constitución escrita, ha conducido al Reino Unido a permitir el referéndum en Escocia bajo determinadas condiciones. Yo también atisbo, como Joan Tapia, «una pista de aterrizaje» en medio de la bruma.

El tenor de esta sentencia viene a dar amparo a la tesis de fondo de la obra colectiva, liderada por el nada sospechoso Joseba Arregui, que con el título La secesión de España se presentó casi de puntillas hace unos días en el Centro de Estudios Constitucionales. Su argumento principal es que nada fortalecería tanto a la España constitucional y desnudaría más al irredentismo nacionalista como una regulación del derecho de secesión bajo el control soberano del conjunto del pueblo español. Se trataría, precisamente, de romper el tabú para que el reconocimiento de ese derecho diera estabilidad a España, «pero no por estar prohibido, sino por ser posible».

Especialmente interesantes son los capítulos en los que los profesores Ruiz Soroa -a quien corresponde la anterior paradoja- y López Basaguren -zahorí de lo que llama «compleja concurrencia de voluntades»- extrapolan los requisitos que a la luz de la llamada Ley de Claridad canadiense y de la praxis británica deberían exigirse para afrontar una consulta independentista en una comunidad autónoma: 1) Una comisión del Congreso de los Diputados controlaría el proceso. 2) La pregunta sería clara e incondicional, sin grotescas alternativas intermedias como la que plantea Mas pretendiendo imponer la forma en que Cataluña se quedaría en España. 3) Para que su resultado produjera efectos políticos se requeriría una mayoría reforzada en ningún caso inferior a la mayoría absoluta del censo. 4) Cualquier provincia -sea Álava o Tarragona- en la que no se superara esa barrera quedaría excluida del proceso. 5) Se fijaría un intervalo de al menos 20 años antes de que pudiera repetirse la consulta. 6) Cumplidas todas las demás premisas se entablaría una negociación para fijar los términos, plazos y obligaciones respectivas hasta culminar la secesión.

¿Difícil, verdad? Naturalmente que sí, porque una cosa es que en puridad democrática 500 años de unidad puedan llegar alguna vez a su término, y otra que baste para ello un simple arreón de los herederos de «las molleras desvanecidas del café Pelayo» que decía Galdós.

Discrepo además radicalmente de los mentados ponentes en que algo de esto pueda plantearse antes de una reforma constitucional. Ellos sostienen que la modificación de la Carta Magna supondría el cenit del proceso, de forma que la última palabra estaría en boca de todos los españoles. Mi réplica es que volver a colocar el carro antes que los bueyes sólo serviría para multiplicar el equívoco del Estatut cuando los socialistas aprobaron en las Cortes cosas que repudiaban, seguros de que el Tribunal Constitucional les haría el trabajo sucio a posteriori.

Estamos abocados a una reforma de la Constitución en la que se promedien e integren los planteamientos legítimamente defendidos por el PSC, la izquierda federalista y en cierto modo por Durán Lleida y el nacionalismo pactista, con los de quienes como UPyD, Ciudadanos y yo con ellos, anhelamos que se fortalezcan las competencias del Estado en ámbitos como educación, justicia, sanidad o urbanismo y se refuercen los mecanismos que garanticen la lealtad institucional de todas las autoridades. Sólo el inmovilista Rajoy -en su estupendo artículo del miércoles Guillermo Gortázar denominaba arriolismo al rajoyismo- finge ignorar la necesidad de esta legitimación reconstituyente, pero eso puede arreglarlo el ciclo electoral que comienza el mes que viene.

Tras el revés que sufrirán este martes, los políticos nacionalistas catalanes tendrán en todo caso que demostrar que no son el simple desecho de tienta descrito por Chaves Nogales durante la República y que el seny es algo más que el «sedimento» de los «accesos de desmesura» de la rauxa como, cargado de razón histórica, alega Ricardo García-Cárcel. Al final de uno de sus más interesantes libros, Ernest Lluch les dejó la receta de una muy recomendable medicina: «Anar contra corrent, infringir les velles divisòries, traspassar fronteres y ser autosubversiu». Lo cual también es por supuesto aplicable a quienes no somos ni nacionalistas ni catalanes, pues más pronto que tarde todos nos sentiremos concernidos por lo que será una negociación encaminada a cambiar legalmente la legalidad.

De mal en peor. La Justicia se bambolea y el secesionismo se refuerza
Estamos asistiendo al más completo estoicismo, indiferencia y pasividad del CGPJ
Miguel Massanet www..diariosigloxxi.com 6 Abril 2014

Es evidente que en este país hemos entrado en unos momentos de contradicciones en los que, por un lado, parece que el panorama económico empieza a mostrarse menos tenebroso y se aprecian mejoras que ya resultan perceptibles y, por la otro, en lo que respeta al funcionamiento de nuestras instituciones presuntamente democráticas, parece que estamos llegando a un punto en el que unas van por un lado y las otras por el otro, según de donde soplen los vientos de la política, de los políticos, de los partidos políticos y de los infiltrados políticos en las instituciones, sin que, a la vista de lo que está sucediendo, de la sensación de que ninguna de ellas se libra de semejante epidemia.

Estamos asistiendo, al más completo estoicismo, indiferencia y pasividad del CGPJ, ante un acoso, intento de chantaje, amedrentamiento, descalificación y obstrucción al trabajo encomiable y valiente de la juez Mercedes Alaya; uno de los pocos jueces que parece que, en España, tiene las agallas suficientes para enfrentarse a la campaña política y de descrédito que le vienen planteando, con verdadero empeño y crudeza, aquellos partidos, sindicatos y poderes fácticos que se sienten amenazados por la diligentes investigaciones ordenadas por la juez; todo ello con el aparente visto bueno de algunas instancias judiciales; intentando hacerla desistir de su trabajo en pro de aclarar las evidentes pruebas de que, en Andalucía, cuando levantas el borde de la alfombra de los poderes fácticos, aparece toda la podredumbre acumulada durante más de 30 años de domino socialista, con todos los añadidos de corruptelas y malversación de caudales públicos que, años de manipulaciones, cohechos, despilfarros, corrupciones y abusos, han ido acumulando en el debe de los que, aprovechándose de sus cargos y abusando de los ciudadanos, se han apropiado o dilapidado dineros públicos destinados a trabajadores en situación de desempleo o a otras obras de mejor destino.

Duele, especialmente la pasividad (si no la complacencia) con la que el CGPJ contempla como desde el fiscal, la Junta de Andalucía las direcciones de los Sindicatos y aquellos que se ven involucrados en la presunta trama de apropiación de subvenciones públicas para enriquecerse personalmente o dedicarlas a fines, sin duda, opuestos a aquellos para los que estaban destinadas. Veamos a ver, señores: si un juez decide que 19 de los 20 detenidos por los vandálicos sucesos del día 22 M, que produjeron lesiones a 67 policías, algunas de carácter grave, sean puestos en libertad; amparando su decisión en que “no había observado en ellos intención de causar daño”; si el TSJC, después de ordenar a varios colegios catalanes a que impartan un 25% de clases en castellano, decido suspender su propia decisión porque los directores de las escuelas afectadas, inducidos por la Consejera de Enseñanza de la Generalitat, señora Rigau, presentan sendos recursos en contra de tal decisión; en el bien entendido de que bastaría que se hubieran ejecutado las anteriores sentencias sobre el mismo tema para que no hubiera sido necesario reiterar la orden.

Si resulta que un Juez de Instituciones Penitenciarias, saltándose a la torera la opinión del señor fiscal y de la forense, decide que hay que excarcelar a un miembro sanguinario de ETA, Uribetxebarría Bolinaza, con varios asesinatos a sus espaldas, por padecer un cáncer terminal que, según los médicos que firmaron el informe, no tenía más que unos pocos meses de vida y , luego, el susodicho etarra, no sólo lleva casi dos años en su casa, de copeo en copeo, sin que de la más mínima señal de agravamiento de su dolencia; sin que se haya prestado a asistir a los preceptivos reconocimiento médicos a los que estaba obligado y sin que ni el Juez de vigilancia ni la fiscalía parezcan haberse dado cuenta de esta anomalía; aunque es evidente que debería retornar a la cárcel donde, por otra parte, existen hospitales penitenciarios que podrán atender con toda eficacia la enfermedad del paciente; porque parece ser que se ha descartado, para desesperación de los parientes de sus víctimas. Ahora, ha sido confinado en su domicilio porque se ha descubierto otro delito que, al parecer, le afecta directamente y por esto el juez de la AN, Ismael Moreno ha acordado “prisión provisional incondicional y comunicada”, en su casa, por supuesto.

Si, en Catalunya, sigue el proceso soberanista a pesar de la resolución del TC, que declaraba nulo el acuerdo soberanista del Parlamento catalán. Lo que en ella se recoge supone que cualquier referéndum que se solicite no se circunscriba a Catalunya sino a toda la nación española. Recurren a cualquier posibilidad, por remota y absurda que sea, con tal de alargar el proceso, retraso que les permitiera convencer a los catalanes de que siguen teniendo posibilidades de salir airosos en su proceso soberanista. Han decidido que, de la mentada resolución del TC, se puede concluir que existe una vía para conseguir llevar a cabo, por la “vía legal” un referéndum en Catalunya; olvidándose, arteramente, de que, para ello han de cumplir las etapas ordenadas por las leyes y la propia Constitución; lo que supone, que el Partlamento de la nación española así lo decida y que todos los españoles así lo acordaran. Una utopía inalcanzable.

Si, hasta el clero catalán, encabezado por el señor Cardenal Obispo de Barcelona, colabora activamente en el proceso independentista aunque, para ello, deban recurrir, como ha sido el caso del abad del Monasterio de Montserrat, tradicionalmente ligado al independentismo catalán, a engaños; como ha sido el afirmar que la Santa Sede avalaba el proceso separatista. El abad Joseph María Soler, monje benedictino, aseguró el 23 de febrero pasado, que “un eventual estado catalán sería reconocido por el Vaticano”, lo que motivó el júbilo de muchos católicos catalanes nacionalistas. Claro que, como el Papa Francisco, no es persona a la que se le pueda preparar una encerrona semejante pronto, a través de la nunciatura apostólica, ha quedado clara la postura del pontífice, mediante un comunicado del nuncio, en los siguientes términos: “esta Nunciatura en España quiere precisar públicamente que las mencionadas declaraciones del Abad son opiniones de su exclusiva responsabilidad personal y no reflejan en absoluto la posición de la Santa Sede.

Puede que hayamos entrado en un principio de recuperación pero, el Gobierno, debe ser consciente de que: ni a los Sindicatos, empeñados en seguir negando cualquier mejora en el panorama laboral, ni a la mayoría de partidos de la oposición, a los que les espanta la posibilidad de que, antes de las nuevas legislativas, se produjera una sensible mejora de la situación española, que pudiera ser rentabilizada electoralmente por el PP; van a permitir que el clima de tensión, las algaradas callejeras, los ataques despiadados a la política gubernamental y las descalificaciones personales al señor Rajoy y a todo su ejecutivo cesen, al contrario, a medida que el panorama económico de signos de mejora, se van a hacer más intensos y continuados. La política de paños calientes va a llegar un momento en que demuestre su falta de solidez y puede que ocurra demasiado tarde para ejercer la fuerza que le concede, al PP, la mayoría absoluta de que dispone.

Muchos son los miembros del partido que se dan cuenta del peligro que entraña dejar la iniciativa en manos de una oposición beligerante y de unos separatistas dispuestos a todo para salirse con la suya; pero no parece que la cúpula tenga este mismo criterio. O así es, señores, como vemos, a través de la óptica de un ciudadano de a pie, este cúmulo de errores.

El 'funambulismo' de Pilar Urbano
La trapecista, con papeles (II)
Xavier Horcajo www.gaceta.es 6 Abril 2014

El escozor en Zarzuela porque Planeta edite “La gran desmemoria” deriva de que José Manuel Lara es uno de los españoles “big five” que han sido pilares de la monarquía constitucional.
La autora del libro 'La gran desmemoria' Pilar Urbano. / Getty

El escozor en Zarzuela porque la editorial Planeta edite lo de Pilar Urbano deriva de que José Manuel Lara Bosch es uno de los españoles “big five” (junto a Emilio Botín, Isidro Fainé, César Alierta, Amancio Ortega) que, por su dinero o influencia, han sido pilares de la monarquía constitucional. A veces incluso contratado a Iñaki Urdangarín o a la propia Infanta Cristina. La Corte tiene a esos big five atornillados con una especie de llave de lucha canaria. Eso sí, pro domo sua que recuerda el: “¿Verdad que no nos vamos a hacer daño?” del chiste del dentista. Por eso, dicen, que la sorpresa ha sido mayúscula porque el torpedo llega de Planeta. Y ya se sabe que nada mata más que el fuego amigo.

Mi amigo zarzuelero sangra por la herida: “Pero si Lara era nuestro elefante blanco en Cataluña”. Omite, sin embargo, que el anterior pilar monárquico catalán, el Conde de Godó, editor de La Vanguardia y Grande de España por error de SM, pasó a defender el referéndum y la ruptura con España. Descubrir que Godó está del lado de Mas, le costó un gran disgusto al Monarca. Una cena en casa de Javier de Godó fue el decorado de la furiosa reacción del Rey Juan Carlos, que llegó a asustar a la dulce (y enésima) esposa de Godó, Marisa Falcó. Le pasó como a Suárez, con el pastor alemán “Larky”. Unos millones de subvenciones de la Generalitat y 18.000 subscripciones al periódico barcelonés rompieron el cordón umbilical de dependencia de los Godó. A pesar de sido incluso financiadores de las tropas de Alfonso XIII en la Guerra de Marruecos.

“Lo del libro es una lástima” dice mi fuente, porque Lara –con sus proclamas “de españolazo”, dirían los Pujol, y sus amenazas sobre llevarse el Grupo Planeta lejos de Barcelona, había ganado enteros como “valido” catalán. Creo que con los Austrias eso le convertía a uno de facto en Conde-Duque. Aunque la aristocracia no es mi fuerte.

Sigue la fuente: “Además es el tycoon de comunicación del PP. No te acuerdas de cuando Aznar obligó a Alierta a que Telefónica le regalase Antena 3 Tv y Onda Cero, dejando con un palmo de narices a Vocento, a RTL, y a Recoletos…y otros que ofrecían más por ella [en aquellos momentos se interpretó que era el pago por haber rescatado el ruinoso proyecto de La Razón de Luis María Anson] O no es verdad que fue Rajoy quien, en 2012 rebajó las condiciones de la CNMV para que la Lara se zampara La Sexta, a buen precio. Aquello le permitió conformara el monstruo Atresmedia, con ocho teles en su mano y duopolio publicitario de la televisión privada. ¿Cómo “el Murdoch” que tanto debe a su obediencia pepera, se atreve a abrir la veda contra el Rey? ¡Esto es de locos!

Del oportunismo de Lara se ha escrito mucho; tanto como de lo mucho que debe a Aznar y a Rajoy hasta consolidar su empresa familiar en el grupo que es hoy: una radio líder; más ocho teles, alguna de ellas azote del propio Gobierno del PP (¿), y el periódico del movimiento rajoyano, que dirige un propagandista entre frufrú de sotanas.

La tercera sevillana de Zarzuela es la peor. Resulta que aprovechando viejas relaciones, alguien “de plena confianza de la Reina” (ese eufemismo se emplea muy a menudo en la Corte, como si el acólito no tiene apellido) reprochó a la autora –por inveraces- sus afirmaciones sobre el comportamiento del Rey con los españoles, propiciando el Golpe de Armada. Aquel que incluía a Felipe González como vicepresidente. Entonces llegamos a lo previsible, aunque “pior”, como diría un argentino. Urbano les dijo andaros con ojo que yo dispongo de materiales grabados con el propio Suárez que avalan lo que escribo. “¡Glups!” Eso explica el mutismo de Zarzuela, que contrasta con lo puntillosos que han sido con Teodoro Obiang y, aun más con la actitud de Felipe González al que solo le ha faltado llamar “bruja” a Pilar Urbano. Los deseos de quemarla viva, ni siquiera los oculta.

Conclusión, “cuento como me cuentan” que decimos en la profesión periodística y que salva de atribuir credibilidad a lo que se comunica, la señora de la desmemoria no está en la cuerda floja, sino que la equilibrista tiene cintas. Así que no esperen tajante desmentido desautorizando el libro. La batalla contra él será silenciosa.

Por último, constato que mi garganta azul sigue pensado que los libros pueden ser silenciados como en el pasado. Invoca el legendario silencio en torno al libro “Biografía de El Corte Inglés” de Javier Cuartas, que tras una larga condena al ostracismo, lleva 6 ediciones. O al “blocus” -por parte de la Obra- del libro de Jesús Ynfante (Opus Dei).O la más reciente “glaciale accoglienza” al libro: Pedro J. Ramírez, al Desnudo, de José Díaz Herrera. Pero garganta azul, no tiene razón. Con las tecnologías, el campo ya no tiene puertas. Me asegura que los periódicos, las radios y teles de alto consumo ya están vacunadas contra el ébola que amenaza al prestigio de la institución monárquica. Incluso reconozco que cuando presume con un: “¡Chico, aquí hemos superado hasta lo de Corinna!”, me golea. Touché!

JUSTICIA El Gobierno rebaja a 188 el número de atentados sin condena
Crímenes impunes de ETA

GONZALO SUÁREZ El Mundo 6 Abril 2014

38 años después, Cristian sigue buscando al asesino de su abuelo taxista
Pero ni siquiera ha podido leer el sumario del crimen, desaparecido misteriosamente
Es uno de los 400 asesinatos de ETA sin aclarar
El juez ha reabierto el caso contra Bolinaga por asesinar al cabo Antonio Ramos en 1986

Cinco víctimas de cinco décadas distintas reclaman Justicia
En el lugar donde asesinaron a Manuel Albizu Idiáquez no hay una placa que honre su memoria. Tampoco un monolito, ni siquiera un ramo de flores... Sólo un cubo de basura holla este recodo del monte maldito de las afueras de Guetaria (Guipúzcoa) donde un etarra ejecutó a Albizu, taxista de 53 años, el 13 de marzo de 1976. El pistolero no le perdonó que entre su clientela hubiera guardias civiles del cercano cuartel de Zumaya.

El nieto del asesinado, Cristian Matías, descubrió el cubo hace unas semanas. Por un instante, pensó que era una broma pesada del ayuntamiento de Bildu. No tardó en descartarlo: «Estoy seguro de que ni siquiera saben que allí murió una persona», dice. «Ese cubo de basura es la prueba gráfica del olvido en el que vivimos muchas víctimas. Nadie se ha preocupado de cuidar ese lugar. Es como si en ese monte no hubieran matado a mi abuelo, sino a un conejo».

El nombre de Manuel Albizu figura en el listado de 400 asesinatos impunes que manejan los colectivos de víctimas. Ellos mismos se lo entregaron a los proetarras el mes pasado en Alsasua (Navarra), durante el mítin de150 huidos que volverán al País Vasco sin causas pendientes con la Justicia. Pero las víctimas sí que tienen causas pendientes con ETA: esta letanía interminable de crímenes sin resolver -Begoña, Manuel, José María, Koro, Jesús María...- cuyos autores jamás fueron detenidos, juzgados y sentenciados.

El Gobierno rebaja a 188 el número de atentados sin condena, que acumulan más de 200 muertos. Según admite a Crónica, hay 163 causas archivadas, ya sea provisional o definitivamente, otras 13 abiertas y una docena de las que ni siquiera se ha encontrado el sumario. Pero hay esperanza: uno de estos asesinatos, el de Antonio Ramos (1986), podría aclararse en breve. Según las últimas pesquisas, el autor material fue Josu Uribetxeberria Bolinaga, en prisión domiciliaria desde este jueves tras 20 meses en libertad provisional por un cáncer.

En plena estrategia de blanqueo de ETA, las víctimas han redoblado esta campaña por la memoria. «Es escandaloso que los etarras tengan derecho a acceder a su ficha judicial para saber si tienen causas pendientes, mientras las víctimas ni siquiera saben quién asesinó a sus familiares», clama Consuelo Ordóñez, presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo.

Es probable que alguno de los autores de los crímenes impunes acudiera al akelarre de huidos de Alsasua. Si ellos hablaran, decenas de asesinatos quedarían resueltos. De ahí que esa foto de la vergüenza indignara a Cristian aún más que ese cubo de basura que honra la memoria de su abuelo en Guetaria. «¿Y si el asesino estaba ahí?», se queja. «Quiero poner nombre y apellido al pistolero. Y que pase a la historia como lo que es: un terrorista».

¿Quién mató a Manuel? Década de los 70
Manuel Albizu Idiáquez, taxista, 53 años.
Asesinado de dos tiros en Guetaria (Guipúzcoa) el 13 de marzo de 1976.
Estado de la causa :Archivada por la Ley de Amnistía de 1977.

Ya hace un mes que Cristian Matías descubrió ese insultante cubo de basura en el recodo del monte donde ejecutaron a su abuelo Manuel. Su primera reacción fue exigir al Ayuntamiento de Guetaria que retiraran el container de allí, pero aún no ha recibido respuesta. «Si es difícil que quiten un cubo del lugar del crimen, imagínate lo complicado que es descubrir al asesino de mi abuelo», se lamenta.

Pero los familiares de Manuel Albizu no desisten. Ya llevan cuatro décadas enfrascados en sus pesquisas. Días después del asesinato, cruzaron la muga con Francia en busca de pistas. A través de un conocido, concertaron una reunión con un enlace de la banda. Querían entender por qué, de todos los vascos, los terroristas se habían cebado con el modesto taxista. No recibieron respuesta.

Aquellas indagaciones en Francia irritaron a los etarras. Días después, los Albizu recibieron una carta en su casa familiar con un amenazante ojo dibujado en el reverso. «El mensaje era claro: nos invitaban amablemente a que dejáramos de investigar», recuerda Matías.

A la vez, los proetarras se encargaron de difundir feos rumores por el pueblo para justificar su crimen: que Manuel Albizu era un confidente policial, que se había convertido en el chófer de confianza de los picoletos, que le habían visto salir del cuartel contando un grueso fajo de billetes... Tan intensa fue la campaña en su contra que una rama de la familia llegó a justificar la atrocidad: «Algo habrá hecho».

Al año siguiente, en 1977, se aprobó la Ley de Amnistía. Las pesquisas sobre el asesinato, de por sí perezosas, se volvieron inexistentes. «El contador de la Justicia se puso a cero», recuerda Cristian. «Las autoridades ni se molestaban en buscar a los autores del crimen, porque sabían que no podrían sentarlos en el banquillo. El asesinato de mi abuelo quedó impune».

La muerte de Manuel Albizu permaneció sepultada en el olvido familiar hasta finales de los 90. A Cristian no le cuadraban las explicaciones que recibía en casa sobre el asesinato de su abuelo, a quien nunca conoció (tiene 32 años). Decidió investigar el atentado en sus ratos libres... Así hasta hoy.

De hemeroteca en hemeroteca, Matías recopiló decenas de recortes de prensa. Así supo que, aquel día, un terrorista se subió al taxi de su abuelo en Zumaia y le indicó que girara a la derecha en un cruce. Luego, le pegó dos tiros en la cabeza y le dejó tirado en el coche. Así se lo encontró poco después una pareja de novios, que sospechó al ver un vehículo con el motor en marcha en un paraje tan recóndito.

Pese a sus infinitas gestiones, Cristian no ha logrado acceder a ningún documento oficial sobre lo ocurrido. Ni siquiera ha localizado el atestado de la Guardia Civil tras el levantamiento del cadáver. «Tampoco se ha encontrado el sumario judicial sobre el asesinato», dice el nieto, un dato que corrobora la Oficina de Asistencia a las Víctimas del Terrorismo de la Audiencia Nacional.

El único avance en el caso se produjo el 31 de diciembre de 1999. Aquel día, la policía detuvo a Pedro María Leguina Aurre, alias Kepatxu, en el aeropuerto Charles de Gaulle de París. Días después, la prensa le vinculó con el asesinato de Albizu. «Pero nunca recibimos confirmación oficial por parte de las autoridades», explica Matías.

El nieto tuvo que recurrir a sus contactos en la Benemérita para que le confirmaran que Kepatxu participó en el asesinato. Sin embargo, nunca le aclararon si fue el autor material o un mero cómplice. En todo caso, el asesino jamás sería juzgado por ese delito, que prescribió tras la Ley de Amnistía. Si hoy Kepatxu está en la cárcel es por crímenes cometidos después de 1977.

En estos años, Matías ha tenido la tentación de mandar una carta al etarra y rogarle que le ayude a poner rostro al asesino de su abuelo. Sin embargo, nunca ha dado el paso: sabe que su iniciativa está condenada al fracaso. «Si cuenta todo lo que sabe, Kepatxu se pondría en una posición complicada», asegura. «Además, los terroristas nunca delatan a sus compañeros».

Sin embargo, Matías no renuncia a despejar un enigma que ya dura 38 años. ¿Por qué insiste tanto si ni siquiera conoció al asesinado? «Por mi abuela, que aún vive y no sabe quién mató a su marido», dice. «También por mi madre, que tanto sufrió la ausencia de su padre... Y por miles de personas que están en la misma situación de mi familia y reclaman Justicia».

¿Quién mató a José Mª? Década de los 80
José María Urquizu Goyogana, farmacéutico, 55 años.
Asesinado de un tiro en la nuca en Durango el 13 de septiembre de 1980
Estado de la causa: Sobreseída provisionalmente en febrero de 1981 por el Juzgado nº 2 de la Audiencia Nacional.

Nadie entiende mejor que Javier Urquizu la importancia de poner rostro al asesino de un familiar. La ha vivido en carne propia: hace tres décadas, ETA le arrancó a su padre, José María, de un tiro en la cabeza. Y también la conoce a través de las múltiples víctimas del terrorismo que han pasado por su consulta de psicólogo de Vitoria, en las que ha detectado un insaciable ansia de saber.

«Identificar a los terroristas es un deber del Estado, pero también tiene una función terapéutica para las víctimas», asegura Javier, de 59 años. «En la vida, todo es concreto, tanto el asesino como la víctima. Poner nombre y apellidos a quien te ha arrebatado a tu familiar ayuda a superar el trauma a la mayoría de los pacientes».

Pero Javier nunca ha paladeado este alivio de saber. Las autoridades no han logrado identificar a los dos etarras que, aquella mañana de sábado, pidieron la vez en la farmacia familiar. Con la excusa de un posible embarazo, encargaron a José María un análisis de sangre. Mientras el farmacéutico se inclinaba sobre el microscopio en busca de vida, los etarras le dieron muerte de un disparo en la nuca.

Un tercer etarra les aguardaba en un coche con el motor encendido. La farmacia se encontraba en una zona repleta de tiendas del centro de Durango. Es imposible que ningún vecino les viera en su precipitada huida. Pero nadie ayudó a las autoridades a encontrar a los asesinos del teniente coronel del Cuerpo de Sanidad del Ejército, que echaba una mano en la farmacia cada sábado.

El atentado también se llevó por delante a su abuelo paterno, que expiró en cuestión de semanas. Algo más aguantó su madre, a quien los etarras «le mataron el corazón». «La bala que asesinó a mi padre tardó cuatro años en acabar con mi madre», dice José María.

Por eso, el huérfano insiste en reclamar Justicia para los 400 asesinatos impunes de ETA. Él resume su deseo en una estampa de futuro: «Quiero vivir en una sociedad en la que, cuando se crucen por la calle una víctima y un terrorista, sea el asesino quien agache la cabeza», asegura. «Hasta ahora ha pasado lo contrario».

¿Quién mató a Koro? Década de los 90
Koro Villamudria Sánchez, estudiante,17 años.
Asesinada con una bomba lapa en San Sebastián el 15 de abril de 1991.
Estado de la causa: Sobreseída provisionalmente en junio de 1992 por el Juzgado 1 de la Audiencia Nacional.

El policía Jesus Villamudria siempre chequeaba los bajos de su coche antes de llevar a sus cuatro hijos al colegio. Pero aquella mañana no le dio tiempo a clavar la rodilla en la calzada. En cuanto la joven Koro cerró la puerta, se activó la bomba-lapa con tres kilos de amonal adosada en la parte delantera del vehículo. Ella falleció en el acto; su padre y sus hermanos sobrevivieron de milagro.

La pequeña Leyre, de 12 años, resultó herida de gravedad. La explosión le provocó politraumatismo, hematomas palpebrales y fracturas en las dos piernas. Nunca ha sabido quién fue el autor material del atentado. Tampoco ha hablado en público de la mañana de abril en la que ETA intentó asesinar a toda su familia. Hasta hoy.

Leyre recuerda aquel raro zumbido en los oídos. También la chaqueta empapada de sangre. Y, sobre todo, esa multitud que se apiñó junto al vehículo sin echarles una mano. «Siempre he pensado que si los médicos hubieran llegado antes, habrían salvado la vida de mi hermana», se lamenta.

Los Villamudria ya habían sobrevivido a dos atentados en casa. Atemorizados, se habían mudado a un barrio menos conflictivo de San Sebastián, pero los etarras siguieron su rastro. Ni siquiera la muerte de Koro les hizo aflojar la presión: días después del atentado, unos tipos trataron de colarse en la habitación de hospital de Leyre. «Supongo que vendrían a rematar a mi padre», dice.

La conmoción por el asesinato de una adolescente fue tan intensa que ETA publicó un comunicado en el diario Egin. En el texto, la banda acusaba a Jesús de utilizar a su familia como «escudo humano». Además, insinuaba que la joven Koro planeaba alistarse en la Policía cuando aprobara el bachillerato. Como si eso fuera razón suficiente para aniquilarla.

«Todo era mentira», asegura Leyre. «Nuestro padre siempre nos protegió con toda su alma. Los etarras sabían que siempre nos llevaba a clase en coche. Querían cargarse a toda la familia».

Tras el atentado, la familia Villamudria se exilió del País Vasco. Hoy, el clan está disperso entre Madrid y Castilla-La Mancha. El caso quedó sobreseído en junio de 1992 ante la falta de pistas sobre los culpables.

Hay quien sostiene que los pistoleros pertenecían al sanguinario comando Donosti. Tres de sus miembros fallecieron meses después en un enfrentamiento con la Guardia Civil. Pero nunca se ha aclarado si entre los difuntos se encontraban los culpables del asesinato de Koro. «Al menos, a nosotros nadie nos ha llamado para informarnos de nada», denuncia Leyre.

El padre jamás quiso mover sus hilos policiales para aclarar la autoría de la matanza. No se veía con fuerzas de hurgar en un trauma tan desgarrador. Pero, pasado el tiempo, a Leyre sí que le gustaría encararse con los familiares de los asesinos: «Les pediría que se pusieran en mi piel y que imaginaran lo que sintió mi madre cuando vio desde la ventana de casa cómo unos asesinos estuvieron a punto de matar a toda su familia».

¿Quién mató a Jesús? Década del 2000.
Jesús María Pedrosa Urquiza, concejal, 57 años.
Asesinado de un tiro en la cabeza en Durango (Vizcaya) el 4 de junio de 2000.
Estado de la causa: Sobreseída provisionalmente en febrero de 2001 por el Juzgado nº 1 de la Audiencia Nacional.

El día de Navidad de 1999, Jesús María Pedrosa recibió una botella de agua vacía. Era la típica amenaza en clave del entorno proetarra. «Esta noche, usted va a cenar tranquilamente, mientras que los presos de ETA siguen en la cárcel», rezaba la nota que acompañaba el regalito de la banda.

El concejal del PP había sufrido todo tipo de chantajes. Su nombre apareció en una diana en las calles de Durango. Pero él renunció a llevar escolta: «No sé si voy a ir al cielo o al infierno, procuraré ir al cielo... Pero lo que sí que sé es que voy a ir desde mi pueblo», aseguró en una entrevista poco antes de que un etarra se le acercara por detrás cuando regresaba a su domicilio tras tomar un aperitivo en un batzoki -sede social del PNV- y le asesinara de un disparo en la nuca.

«Nunca hemos sabido quién le pegó el disparo», cuenta hoy la viuda, Mari Carmen Hernández. «Y eso que la calle estaba repleta de gente. Alguien tuvo que ver huir al asesino, pero nadie quiso colaborar con las autoridades».

Tampoco la Policía logró resolver el crimen. El caso fue sobreseído en febrero de 2001, siete meses después del atentado, por falta de indicios sobre los culpables. «Desde entonces, no hemos vuelto a saber más», dice Mari Carmen.

La única pista llegó el 7 de agosto de 2000, cuando cuatro etarras murieron en Bilbao al estallar la bomba que transportaban para cometer un atentado. Entre los hierros del coche apareció la pistola con la que mataron a Jesús María. ¿Quizá alguno de los muertos era el autor material del asesinato?

Cuando leyó la noticia, Mari Carmen estaba en Cádiz, de vacaciones con su familia. Sintió un inquietante vacío: no sabía si debía alegrarse por la noticia o no. «Los etarras eran chavales de la edad de mis hijos», dice. «Aún no me explico cómo pudieron acabar metidos en ETA».

Dos de ellos eran oriundos de Durango. Ante el vacío de información, ella investigó entre los vecinos. Así se enteró de que a uno, Urko Gerrikagoitia, lo vieron correr sudoroso por el pueblo tras el tiroteo. ¿El asesino? «Jamás lo sabremos», admite Carmen. «La gente que lo sabe jamás nos dará esa información. La muerte de mi marido sigue impune».

¿Quién mató a Begoña? Década de los 60
Begoña Urroz Ibarrola, bebé. Un año.
Asesinada con una bomba en San Sebastián el 27 de junio de 1960.
Estado de la causa: Archivada por la Ley de Amnistía de 1977.

La voz de Jesusa suena fatigada al otro lado del teléfono. A sus 87 años, arrastra seis décadas sin saber quién le arrebató a su hija Begoña en la estación de San Sebastián. «Sólo sé que pusieron una bomba y que no la volví a ver», se lamenta Jesusa.

Begoña es la primera víctima de ETA. También la más misteriosa: la banda no reivindicó el atentado y algunos sostienen que no fue obra suya. Pero la niña sí que aparece en los listados oficiales de víctimas de Interior.

Aún menos clara está la identidad del autor material, pero la familia no ha querido remover este dolor. Ni siquiera Begoña, a quien los padres bautizaron con el nombre de su niña muerta. «Es posible que el terrorista ya haya fallecido, porque ha pasado tanto tiempo...», reconoce. «Pero, si está vivo, allá él con su conciencia».
 


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