AGLI Recortes de Prensa   Lunes 7 Abril  2014

El poder de mentir
Juan. J. Gutiérrez Alonso. www.vozpopuli.com 7 Abril 2014

El 19 de abril de 1774, Edmund Burke intervino en la British House of Commons y defendió su discurso «On American Taxation». En aquella histórica disertación, Burke recordó que «la libertad británica se fundó sobre la base del principio de que el pueblo debe tener el poder de conceder su propio dinero al gobierno», pero como no se le hizo mucho caso, poco después vino la Declaración de Independencia norteamericana.

El historiador W. Elliot Brownlee destaca en sus trabajos que una vez independizados de Gran Bretaña, en las sucesivas crisis que han afectado a Norteamérica siempre ha cobrado especial importancia el tema de la fiscalidad. Durante el siglo XVIII, la crisis constitucional derivó en una intensificación de los poderes fiscales del gobierno, en el siglo XIX fue la Guerra Civil la que provocó el establecimiento de unos altísimos aranceles, mientras que durante el siglo XX, la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión que sucedió al Crack del 29 y la Segunda Guerra Mundial, no hicieron sino aumentar el poder fiscal de los gobiernos para aumentar los ingresos y, en definitiva, condicionar también los comportamientos de los ciudadanos mediante las políticas y potestades tributarias. Es así como en el mundo anglosajón, y particularmente en Estados Unidos, surgía con fuerza una cuestión de debate que no ha cesado desde entonces, una cuestión que siempre ha llamado la atención de pensadores ilustres por sus importantísimas implicaciones y que ha terminado por exportarse al resto del mundo.

La necesidad de los tributos, su utilidad, así como las tensiones, problemas y efectos que produce un exceso impositivo o una mala fiscalidad, tanto en el funcionamiento del mercado, como en la propiedad y libertad de los individuos, es cierto que son temas ya tratados en La riqueza de las naciones, de Adam Smith (1776), pero durante el siglo XIX y a lo largo de todo el siglo XX, en los florecientes Estados Unidos de América, única gran nación del mundo donde se han defendido con ahínco los derechos de los individuos frente a los derechos del Estado, se ha desarrollado un extraordinario trabajo de depuración teórica y también jurisprudencial, respecto de los límites de la potestad tributaria de los gobiernos y su impacto en nuestras vidas. De hecho, la semana pasada nos referíamos al asunto McCulloch v. Maryland (1819) y al juez John Marshall para recordar «el poder de destruir» que suele implicar determinados movimientos impositivos, pero no menos atención merecen otros casos como Railroad Commission (1886), Hatch v. Reardon (1907), Flint v. Stone Tracy Co.(1911), United States v. Doremus (1919), United States v. Consantin (1928), Magnano Co. v. Hamilton (1934), Panhandle Oil co. v. State of Mississipp (1928) o, finalmente, entre otros muchos, United Status v. La Franca (1931). Todos ellos son supuestos de extraordinaria relevancia, algunos cobran hoy gran actualidad como consecuencia de ciertos comportamientos de nuestras autoridades, ilustrando sobre los peligros, riesgos y excesos que entraña el ejercicio de las potestades tributarias, la necesidad de esforzarse en establecer sus límites, no solamente por la injerencia en los derechos individuales las personas, sino también por su potencial nocividad desde el punto de vista económico.

Mala fiscalidad y mala calidad democrática: vivir en el engaño
Una mala fiscalidad, un sistema que maltrata a las clases productoras, con tendencia confiscatoria o abiertamente confiscatorio, al igual que sucede con un mal sistema representativo, nos adentra tarde o temprano en escenarios conflictivos y/o poco equitativos. Una mala fiscalidad desactiva la generación de riqueza y provoca que los ciudadanos huyan o se refugien masivamente en la economía sumergida, del mismo modo que un mal sistema representativo desactiva la voluntad de personas capaces para participar en las funciones representativas o incorporarse a las instituciones, condenando a la sociedad a una compleja espiral de mediocridad y corrupción de la que no es sencillo salir. La fiscalidad y la calidad democrática están tan relacionadas con el desarrollo y el progreso de las sociedades, como lo pueden estar con la libertad y la igualdad real, de ahí que preguntarse por la calidad democrática nos obliga a preguntarnos también por la fiscalidad. Esto es algo que Edmund Burke, por ejemplo, parecía tenerlo claro, pero por alguna extraña razón, a menudo, el celo con el que se analiza la primera cuestión, no aparece en la segunda.

En este sentido, nuestro país no goza ni de buena tradición ni tampoco de buena reputación al respecto. A Stuart Mill, que no entendía que los españoles prefirieran pagar elevados impuestos para sostener un número elevado de empleados públicos, hay que añadir que el propio Adam Smith ya citaba a España como ejemplo de nación que acudía frecuentemente a impuestos inconvenientes en circunstancias adversas. Siglos después, resulta muy llamativo que a pesar del escarnio tributario que se cierne sobre nuestro país desde hace ya demasiado tiempo, en realidad poco o nada suceda, salvo el ruido sin eco institucional de ningún tipo de los principales afectados. Y si bien se podría pensar que se trata de un fenómeno imputable a múltiples factores, parece que los principales serían la capacidad de las autoridades y chamanes sociales para hacer creer a la gente que la solución a nuestros problemas pasa siempre por apuntalar a la Administración, por incrementar las obligaciones tributarias de las denominadas «grandes fortunas» y también por destinar ingentes recursos a la llamada «lucha contra el fraude fiscal». Esta es la línea de acción en la que parece ser que estamos instalados, gobierne quien gobierne.

La pregunta que debemos hacernos es si esto es correcto, que parece que no lo es; también cuáles son sus implicaciones y si hay alternativa posible. Es entonces, cuando nos hacemos estas preguntas, cuando uno comprende que toda esta línea de acción en realidad se encuentra muy arraigada en amplios sectores de nuestra sociedad, sin que importe demasiado que no sea rigurosa, que esté fundamentada en la mentira o en la manipulación. En el fondo, ilustra sobre ese sutil «poder de la mentira». Un recurso sistemático en la gestión de los asuntos públicos, que sobre la base de esas potestades tributarias, se sostiene y despliega, y que como sostenía William Graham Sumner ya en 1883 (Lo que las clases sociales se deben unas a otras, Unión Editorial, 2014), permite que quienes ostentan el poder político o al poder político aspiran, puedan vivir lujosamente a costa del esfuerzo de otros.

El mismo William G. Sumner nos advierte de que si antaño el Estado era un barbero, un violinista o una mujer, en nuestros días, el Estado es un funcionario del cual depende por obligación un gran funcionario o un conjunto de funcionarios. Para tomar conciencia de esto último y entender cómo funciona y se desarrolla contemporáneamente ese poder de la mentira, tal vez sólo haya que prestar atención a las dos afirmaciones políticas que considero más importantes de los últimos años y tal vez de las últimas décadas. La primera, enunciada con ocasión del anuncio de la supuesta reforma de la Administración pública: «Esta es una reforma de la Administración, desde la Administración y para la Administración»; y la segunda, manifestada recientemente por esa especie de Robespierre impositivo con ocasión del anuncio de la oferta de empleo público para dotar a la Agencia Tributaria de más efectivos: «la crisis no debe suponer descapitalizar al Estado, lo que sería un error tremendo, sobre todo teniendo en cuenta la alta cualificación de la Función Pública española».

Son dos fijaciones que nos ayudan a entender que estamos instalados en el Imperio de la Administración, que es hoy el guardián y protector de determinadas clases. Las mismas clases que alimenta, promueve, promociona, protege y ayuda a reproducirse. Es en la Administración donde localizamos la esencia misma del fenómeno de la corrupción, que se eleva o desciende, según se mire, al sistema representativo en su conjunto, sin que exista esperanza alguna de que algo cambie sustancialmente. Porque en un momento en el que las mejores reformas que se podrían impulsar deberían ser aquellas que tienden a deshacer el trabajo desarrollado por los estatistas del pasado, comprobamos con pavor que la mayoría de las reformas están encaminadas a no cambiar prácticamente nada y a implantar una especie de régimen de terror fiscal que siga contribuyendo al sostenimiento del statu quo. Como siempre ha sucedido, poco o nada se dice sobre los verdaderos males sociales que nos azotan, resultado todos ellos de los apaños, líos e incompetencias de los chamanes de la economía política, la fiscalidad, el derecho y demás ciencias sociales.

La semana catalana
Pablo Sebastián www.republica.com 7 Abril 2014

Cuando todavía no se han apagado los rescoldos del calor político y popular en torno al fallecido ex presidente Adolfo Suárez, y las secuelas del libro de Pilar Urbano -‘La gran desmemoria’- sobre el golpe de Estado del 23.F, que ha merecido duras críticas por la implicación que en él se hace del Rey en el golpe. Cuando a la sombra de todo ello se acaba de conceder aforamiento a la Reina Sofía y también a los Príncipes de Asturias -en un país de más de 2.000 aforados como es España, en contra de los que ocurre en las democracia consolidadas de la UU-, cuando el Gobierno y el BCE cantan solo ‘de boquilla’ la salida de España de la crisis aunque las prueba no llegan a los ciudadanos.

Mientras todo esto se acumula en pocas semanas de alta tensión política y se inicia la precampaña de las elecciones europeas, una vez más regresamos al debate ya cansino y agotador del desafío independentista catalán planteado inútilmente por Artur Mas y sus aliados secesionistas sobre la base de un apretado calendario de actuaciones. Como la que este martes llegará al Congreso de los Diputados procedente del Parlamento catalán para solicitar la autorización de las Cortes a la pretendida e imposible celebración en Cataluña de una consulta o referéndum de autodeterminación.

Petición que saben denegada de antemano pero que forma parte del ruido político y mediático que busca la Generalitat, para mantener viva la llama secesionista de cara a la próxima Diada del 11 de septiembre y al día ‘C’ de la Consulta fijada para el 9 de noviembre, como la antesala de unas anunciadas ‘elecciones plebiscitarias’ con las que Mas pretende camuflar su consulta, para luego proclamar la independencia y llegar así al tan buscado ‘choque de trenes’.

Todas estas iniciativas, a las que se ha sumado la incorporación y Convergencia del partido independentista Reagruprement, dejan en evidencia a quienes desde Barcelona -PSC y sector económico y financiero- y desde Madrid -esencialmente el PSOE- no paran de hacer llamamientos al diálogo entre Rajoy y Mas convencidos de que el desafío catalán de CiU se extinguirá a cambio de mayor autogobierno en el Estatuto y mediante la concesión de un nuevo sistema o ‘concierto fiscal’ para la financiación de Cataluña. Pero ya está absolutamente claro que Artur Mas y sus compañeros de ese viaje a ninguna parte de ERC, ICV y CUP, no quieren diálogo sino solo y exclusivamente la independencia. Y lo que vienen a escenificar a Madrid es otra nueva ruptura montando un número de circo político independentista en el Congreso para alimentar sus campañas mediáticas y de movilización popular en territorio catalán.

El Gobierno y los ciudadanos españoles están soportando estos desafíos de Mas y su continua violación de la legalidad con una gran cautela y moderación, con el deseo y la esperanza de que este gran disparate sea reconducido. Pero una vez rotos todos los puentes del diálogo, tanto el Gobierno como el PSOE y el alto poder económico catalán -que ha jugado temerariamente con las proclamas secesionistas- no tendrán más remedio que pasar a la acción. Y no solo para dar respuesta al actual monólogo de los independentistas ante la sociedad catalana, sino para que se aplique la ley con todas sus consecuencias y en Cataluña y en el resto de España los ciudadanos sepan de una vez por todas donde están y que es lo que de verdad puede y va a pasar.

Aunque este paso a la acción parece aplazarse, como poco, hasta después de las elecciones europeas del 25 de mayo, mientras por el momento habrá que atenerse el martes al debate en el Congreso sobre la petición de la consulta secesionista que, por supuesto, se rechazará. Eso sí, para todos esta será una buena ocasión para lanzar la campaña electoral europea. Una cita en la que no va a participar Artur Mas que, a sabiendas de que perderá la votación, ha preferido quedarse en su pedestal convencido como está de que ya pertenece a la Historia, aunque no como un héroe sino como el promotor de una notorio desastre catalán.
www.pablosebastian.com

ERC: Hemos de demostrar a la UE que no somos españoles
José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital 7 Abril 2014

Hace no mucho tiempo, uno de los periodistas radiofónicos de mayor influencia en Cataluña (obvio conscientemente su nombre por pudor), expresaba desde la ondas de una emisora de radio su disgusto porque sus hijas le pedían poder ver las películas de dibujos animados en “castellano”, el razonamiento de dicho desazón versaba así “…pobrecitas ellas inocentemente quieren ver las películas en castellano…”, coas que, parece ser, les prohibía…

Pero ¿por qué tanta inquina hacia la lengua propia de una mayoría de catalanes?, ¿qué tiene de perverso que unos niños puedan escuchar en español una película?, ¿este tipo de comportamientos son algo aislado o tienen un significado más profundo, más político e ideológico?, la respuesta a esta última pregunta es, como no podía ser de otra manera, afirmativa, parece que en pleno siglo XXI –un siglo que con evidentes paralelismos con las costumbres y la geopolítica decimonónica- está en auge la visión excluyente y conformadora de las lenguas.

La lengua no es tomada como una herramienta de comunicación, ni siquiera como el vehículo por el cual el individuo puede liberar su propia infinitud, no, la lengua es el instrumento político sobre el que el nacionalismo ha construido una comunidad perversamente imaginada, es la socialización de la ideología, del dogma, es una comunidad esculpida a golpe de adoctrinamiento y victimismo propiciatorio, una comunidad homogeneizadora a la que le repele la diferencia en general y lo español en particular.

La lengua (catalana) ha sido sacralizada como la española demonizada, se las ha sobrecargado de sentido, de política, de manipulación, en los maquiavélicos planes independentistas se dice que el “castellano” debería ser oficial en una futura Cataluña independiente, otra trampa diseñada para ingenuos y necesitados del reconocimiento de la tribu, pero la realidad palpable que se respira en las instituciones catalanas es el arrinconamiento de todo lo que suene a español, el tratamiento del español como si de una lengua extranjera se tratase…

Podría decirse que en Cataluña no existen dos comunidades, pero esto es así por el silencio de los castellanoparlantes, de los que defienden la libertad de elección que algunos llaman “bilingüismo”, por el miedo implícito a ser señalados y estigmatizados por la maquinaria de ingeniería social puesta en marcha por el nacionalismo, por la presión de la costumbre, de una falaz mayoría social, por la opinión publicada…

De hecho, si alguien apuesta y concibe una Cataluña dividida en comunidades lingüísticas son los defensores del independentismo, del nacionalismo cultural y político, pero es una práctica sutil y taimada, muy pocas veces expresada en voz alta, encontramos ejemplos como la exposición titulada “300 años de persecución lingüística” en la que se dice que “España” ha prohibido tal o cual cosa… imagino que esos “trescientos” años de supuesta persecución son una performance con la que justificar los últimos 30 años de discriminación lingüística del español en Cataluña.

Existe una comunidad auténtica cuyo sentido y coherencia la da la lengua verdadera (propia según el parlamento catalán), la única que con la que puedes aprehender la realidad ontológica, la única que articula la cosmovisión del pueblo elegido, la única que otorga el estatus de ciudadanía al individuo, pero ¿hasta qué punto la pertenencia a este grupo de escogidos es voluntaria?, ¿hasta qué punto es posible la conversión?, ¿hasta qué punto existe una comunidad implícita (la española) únicamente tolerada y difícilmente “asimilable”?

La televisión pública catalana acostumbra a regalar espacios publicitarios -en forma de recorte de prensa incrustados en los espacios de noticias- a grupos u organizaciones afines al nacionalismo, una de ellas es Súmate, destinada a convencer a los catalanes castellanoparlantes de las bondades del independentismo, quizás quieran aprovechar el tirón de la una de las grandes mentiras pujolistas, la de “catalán es todo aquél que vive y trabaja en Cataluña”, pues bien, ¿cómo se han referido los de TV3 a los promotores de Súmate en la última de sus cápsulas propagandísticas?

La locutora los ha presentado (minuto 20:00 del video) como “…el colectivo Súmate…integrado por personas de origen español residentes en Cataluña…”, es decir en la Cataluña actual, para el nacionalismo, ya existen dos comunidades, los “españoles” y el resto, los catalanes de verdad, parece que ya no es posible ser catalán, español y ¿europeo?, hasta los de Súmate parecen haber sido relegados a ser “residentes”, no ciudadanos, parece que para ser catalán ya no es suficiente vivir o trabajar en Cataluña, ni siquiera trabajar para la “construcción nacional”… ¿qué grado de pureza deberemos demostrar en una Cataluña independiente para tener un mínimo derecho de ciudadanía?

Esa comunidad implícita (española o, simplemente plural) e incómoda para el nacionalismo, también la podemos vislumbrar en el discurso del candidato al Parlamento Europeo por ERC, el filósofo Josep Maria Terricabras, decía “…hemos de demostrar a la UE que no somos españoles…”, más allá de la incongruencia política de utilizar las instituciones europeas en cuestiones localistas, cabría preguntarse, si los de ERC deben convencer a la UE de que los catalanes no somos españoles, ¿qué querrán hacer con los millones de catalanes que sí nos sentimos catalanes y españoles sin ningún tipo de complejo?, ¿con qué derecho hablan en nombre de todos los catalanes?.

Oriente Medio
Los libros de texto saudíes, bombas de odio
Pablo Molina Libertad Digital 7 Abril 2014

Coincidiendo con la visita de Barak Obama a Arabia Saudí, la Fundación para la Defensa de las Democracias publicó un estudio en el que el experto en asuntos del Golfo Pérsico David Andrew Weinberg acusa a Washington de ocultar un informe del Centro Internacional para la Religión y la Diplomacia (CIRD) en el que se pone de manifiesto el adoctrinamiento en el odio a los no musulmanes que se perpetra en el sistema educativo saudí.

En 2011 el Departamento de Estado encargó al CIRD un informe sobre los libros de texto saudíes, libros que son exportados gratuitamente a todos los países en los que existen centros de estudios financiados por Riad. El documento, titulado "La tolerancia religiosa en el reino de Arabia Saudí", estaba acabado en 2012, pero Washington no lo ha publicado en su integridad, al contrario de lo que hizo con un estudio similar sobre los textos utilizados en las escuelas israelíes y palestinas.

La Secretaría de Estado aduce que no quiere molestar a los saudíes en un asunto en el que se están haciendo progresos. Sin embargo, antiguos funcionarios del departamento conocedores de este asunto aseguran que el motivo real es evitar dar una imagen pésima del régimen.

Los últimos manuales editados por Arabia Saudí contienen pasajes en los que se deshumaniza a judíos y cristianos, se promueve el asesinato de "desviados" como los homosexuales y se defiende la violencia contra los musulmanes no wahabíes. El libro de Ley Islámica correspondiente al décimo curso anima a los estudiantes a "matar a quien cambie de religión (…) porque no vale la pena mantener a esas personas con vida". También se afirma que "Dios creó a los judíos de monos y cerdos". El texto utilizado por los estudiantes de 12º describe a los judíos y a los cristianos como "las peores criaturas", que, lógicamente, "morarán en el fuego del infierno".

Este material de estudio se envía sin coste a toda la red académica internacional financiada por el régimen saudí, de la que forman parte centros de EEUU, donde un estudiante de un centro de Virginia cumple cadena perpetua por conspirar con Al Qaeda para asesinar al expresidente norteamericano George W. Bush. Y es que Arabia Saudí es un elemento clave en la exportación de yihadistas a todo el mundo, como demostró el informe de la comisión bipartidista sobre los atentados del 11 de septiembre, a través de un sistema educativo del que los jóvenes salen con escasa formación humanística y técnica pero profundamente radicalizados en su particular visión del islam.

El fanatismo religioso es una amenaza para la seguridad global, según aseguran expertos en la materia como el exvicesecretario para Terrorismo e Inteligencia Financiera del Departamento del Tesoro de EEUU Stuart Levey, quien considera "incluso más importante" luchar contra el adoctrinamiento que combatir la financiación del terrorismo, porque

a menos que la próxima generación sea educada en el rechazo al extremismo violento, estaremos siempre obligados a hacer frente al surgimiento de nuevos grupos de simpatizantes del terrorismo.

El rey Abdulá declaró semanas después de su coronación, en 2005, que habían cambiado los libros de texto para erradicar cualquier radicalismo. Lo mismo afirmó poco después el príncipe Saud al Faisal, ministro saudí de Exteriores, en referencia a un vasto programa destinado a revisar todo el sistema educativo para suprimir todo lo que no fueran llamadas a la cooperación y la coexistencia. Un año después de la llegada al trono de Abdulá, Arabia Saudí reconoció que la tarea de revisar los materiales de estudio estaba siendo muy laboriosa, por lo que se necesitarían uno o dos años más para finalizar los trabajos. La Casa Blanca llegó a un acuerdo con Riad para ampliar este plazo hasta mediados de 2008. Sin embargo, nada o muy poco se ha hecho en todo este tiempo, a tenor de los ejemplos antes citados, obtenidos del material utilizado en el actual currículo académico.

La promoción de la libertad religiosa es uno de los ejes cardinales de la acción exterior estadounidense, según han confirmado tanto Obama como su secretario de Estado, John Kerry. En el caso de Arabia Saudí, la tarea de suprimir este adoctrinamiento resulta especialmente imperativa por la cantidad de centros de estudio que tiene diseminados por todo el mundo. Weinberg insiste por este motivo en la necesidad de que la Casa Blanca adopte las medidas necesarias para forzar a los saudíes a reformar sus planes de estudios. También el Congreso norteamericano debería escuchar más a las organizaciones independientes que conocen de primera mano lo que ocurre en aquel país, en lugar de guiarse sólo por las informaciones que les proporciona la Secretaría de Estado.

© elmed.io

De política y sentimientos
Vicente Serrano www.cronicaglobal.com 7 Abril 2014

A la derecha la igualdad nunca le ha interesado mucho. Luis María Anson (El Mundo, 13/2/14) cree que eso del café para todos es una memez. Piensa que hay que reformar la Constitución para el “reconocimiento de la singularidad de Cataluña y su tratamiento fiscal”. Vamos, que no le importa hacer un intercambio de cromos con tal de mantener el chiringuito de su adorada monarquía. Y la izquierda, por su lado, alimentando la bestia con el “sacrosanto” derecho de autodeterminación. De tontos útiles al harakiri histórico no hay nada.

El nuevo paradigma en la lucha del capitalismo por compensar esa "caída de los beneficios" es el asalto a los dineros públicos que gestionan los estados. No es un proceso nuevo; las políticas de liberalización de servicios públicos en la UE es un claro ejemplo
La diferencia entre la derecha y la izquierda ante el nacionalismo es el uso que hacen de él. Digamos primero que el nacionalismo es un concepto burgués, de derechas, inventado en el S. XIX para proteger sus mercados (romanticismo de juegos florales aliñado con intereses economico-comerciales). Actualmente es una herramienta en el proceso de acaparación de las plusvalías.

El marxismo ha teorizado, hace tiempo, la gran contradicción interna del capitalismo: "La caída tendencial de la tasa de beneficios". El colonialismo, las guerras mundiales, el consumismo, las guerras focalizadas, el liberalismo comercial junto al proteccionismo interno, etc. han pretendido compensar esa "caída" ampliando los mercados externos, en forma de imperialismo, y los internos, mediante el marketing y la publicidad, generando "necesidades creadas", creando una sociedad consumista inagotable y continuamente insatisfactoria.

Hoy el nacionalismo es una herramienta, bien engrasada, en manos del poder económico mundial. No les importa el sufrimiento que ello pueda causar. Enumerar los casos no es necesario, solo hay que revisar las hemerotecas.

Seguramente cualquier nacionalista catalán querrá distanciarse de la anterior definición, aduciendo las hondas raíces históricas, identitarias y sentimentales de su causa. ¡Como todos los nacionalistas!

El nuevo paradigma en la lucha del capitalismo por compensar esa “caída de los beneficios” es el asalto a los dineros públicos que gestionan los estados. No es un proceso nuevo; las políticas de liberalización de servicios públicos en la UE es un claro ejemplo. En España la privatización sanitaria auspiciada por el PP en la Comunidad de Madrid, momentáneamente detenida, es la punta del iceberg bajo el que se ocultan otros procesos previos de privatización sanitaria como los llevados a cabo en Cataluña, en forma de concertación, por el nacionalismo de derechas y de "izquierdas", en Andalucía por el PSOE y en Valencia por el PP. El invento de la escuela concertada con la LOGSE “socialista” ha sido y es un sistema de desvíos de dinero público a manos privadas. En eso Cataluña es el paradigma.

Podría parecerle a alguien que sufro una paranoia conspirativa, sin embargo pequeñas evidencias se nos van mostrando, sin llegar a ser exhaustivas. El pasado año Alternativa Ciudadana Progresista presentó el libro de Alfredo Grimaldos sobre la transición española. Es un periodista que ha acreditado su gran conocimiento sobre las interconexiones entre la política y las agencias de espionaje a nivel mundial. No dudó en su parlamento en señalar a Israel, a través ¡claro! de sus servicios de espionaje, como instigador del nacionalismo en Cataluña. La visita y recepción por las altas autoridades de Israel del Sr. Mas parece confirmarlo. La ignorancia, el olvido y el desprecio, casi diría, al pueblo palestino fue patente. Un pueblo que sí sufre una ocupación militar, que tiene muertos inocentes y a quienes se les ha levantado un muro para usurparles su tierra. Un pueblo oprimido que sí tiene derecho a la autodeterminación, algo que no tiene nada que ver con la situación de Cataluña en España.

La “construcción nacional” de Cataluña no se puede desligar de un proceso de apropiación indebida de dineros públicos con destino al proyecto identitario y desvío a manos privadas del entorno de las famosas 300 familias que componen la casta

Otra guinda de esa evidencia es la que apunta a la "doctora" Pilar Rahola. No se podrá decir que ella cobra del Mossad pero parece llamativo que su actual pareja presida el Consorcio de Comercio Cataluña-Israel. Dicen que antes era muy españolista, es lo que tiene el falangismo que se puede cambiar de objeto amado con facilidad. Perdón, ¿era el falangismo o el amor? o ¿la butxaca?

Algún día la izquierda tendrá que analizar las relaciones entre el sionismo internacional y su infiltración (incrustación, entrismo) en los movimientos sociales en Iberoamérica, sin perder de vista el gran número de iberoamericanos que han engrosado la población del actual Israel. Por cierto ¿de quién es esa universidad privada que dio el "doctor honoris causa" a Rahola?

Y más de uno se puede preguntar que para qué hacer el trabajo a otros, si a nuestros dirigentes catalanistas solo les mueve el sentimiento. Veamos. Afirmación contundente, aunque duela: Desde la restauración de la Generalidad siempre ha gobernado en Cataluña el nacionalismo. Corolario: La dinámica en todo ese periodo ha sido detraer del Gobierno central la gestión de cada vez más parte del pastel de los dineros públicos. Esto, que aparentemente no es bueno ni malo, es terrible si sirve a una causa injusta y sobre todo si esa detracción se pretende insolidaria y no solo con el resto de ciudadanos españoles, si no también en su reparto dentro de Cataluña. Y tal es el caso: La "construcción nacional" de Cataluña no se puede desligar de un proceso de apropiación indebida de dineros públicos con destino al proyecto identitario y desvío a manos privadas del entorno de las famosas 300 familias que componen la casta, el núcleo de poder nacionalista. Se ha hecho con la ley y al margen de esta. La corrupción es parte consustancial del "proceso".

Los sentimientos son una mercancía y el materialismo dialéctico histórico ha muerto. La izquierda española y en particular la catalana ya no hacen sus análisis en base al marxismo y ni siquiera desde un punto de vista de clase. Son los sentimientos identitarios los que guían sus políticas

Los sentimientos son una mercancía y el materialismo dialéctico histórico ha muerto. La izquierda española y en particular la catalana ya no hacen sus análisis en base al marxismo y ni siquiera desde un punto de vista de clase. Son los sentimientos identitarios los que guían sus políticas, y no los sentimientos de sus militantes y aún menos los de sus votantes. Es la pertenencia social e identitaria de sus dirigentes lo que marca la ruta. Y eso no es por casualidad.

En la lucha antifranquista la izquierda española asume un complejo de culpa ante el nacionalismo, concediéndole una carta de naturaleza democrática, aceptando un derecho de pernada feudal en forma de preeminencia en la gestión de las Comunidades Autónomas, inicialmente en las llamadas históricas. Posteriormente ha asumido en su propio discurso las teorías soberanistas.

En Cataluña el proceso es más hondo, en las primeras elecciones autonómicas se cede a Pujol la Generalidad, aún cuando la izquierda había obtenido la mayoría y eso a cambio de nada (pura subordinación al nacionalismo). Los gobiernos de Maragall y Montilla ya son puro nacionalismo, soportados por una base sociológica a la cual marginan y condenan culturalmente y no por la concurrencia de ERC y ICV-EUiA en el gobierno tripartito. El nacionalismo estaba en el ADN del PSC.

A la izquierda los sentimientos identitarios la han desnaturalizado y la condenan al ostracismo y a la incapacidad de recuperar la ansiada hegemonía cultural perdida de la que disfrutó en tiempos de la transición.

La derecha siempre es más pragmática, es neo-liberal y por ello entiende que los sentimientos de pertenencia, la identidad, es una mercancía que se manufactura, que se puede introducir en una cadena de montaje, de transformación, manipulación, empaquetado y maquetación. Un bien que se compra y se vende o se utiliza con intenciones más o menos espurias.

Y eso parece que finalmente Rajoy ofrecerá a Mas: Un tratamiento fiscal especial, un concierto, que contente al establishment catalán. Ese acuerdo es posible y lógico entre neoliberales por que para ellos la desigualdad es una necesidad en el proceso de acumulación de rentas y los dineros públicos son muy golosos. Es un reajuste en el reparto entre iguales, entre clases capitalistas, ahí donde el apellido no tiene mayor importancia. Es la derecha.

Lo que sigue siendo un misterio es la defensa de esos postulados desde la izquierda. Lo que cabría esperar es una defensa numantina de la igualdad y un proyecto fiscal y social que la garantizase; eso implicaría un sistema fiscal para toda España, incluyendo País Vasco y Navarra. Es decir: una apuesta por la ciudadanía y no por la identidad. A no ser que entendamos que las direcciones de esos partidos han sido okupadas por el nacionalismo bien a través de hijos de esa burguesía nacionalista o meritorios charnegos agradecidos.

Que trata de España. Respuesta a Coll
Juan Antonio Cordero Fuertes www.cronicaglobal.com 7 Abril 2014

Hace unas semanas, Joaquim Coll publicaba en este mismo diario una interesante contribución ('Federar España', 28 de febrero) al debate sobre la organización territorial y el desafío secesionista. En ella, Coll defendía la conveniencia de una reforma constitucional federal y replicaba a las tres grandes objeciones o sospechas que, desde posiciones políticas distintas e incluso diametralmente opuestas, reciben los que, como él, se definen explícitamente federalistas: la sospecha de inanidad (¿qué traería el federalismo que no esté ya en un régimen autonómico como el actual?), la de inutilidad (ningún nacionalista va a dejar de serlo gracias a una reforma federal) y la de imposibilidad (eso ya se intentó con el Estatuto -aducen los nacionalistas-, y su fracaso demuestra que no funciona). Tres objeciones dispares, unidas por el común escepticismo ante la deliberada ambigüedad de los responsables políticos que han hecho del "federalismo" su estandarte.

Las réplicas de Coll
Coll responde a estas tres sospechas metódicamente, una por una. Sus réplicas resultan consistentes cuando se examinan por separado, pero su compatibilidad resulta más problemática cuando se consideran en conjunto. En parte, probablemente, porque con ellas el autor pretende vender un mismo producto -la reforma constitucional federal- a sectores políticos y sociales que no sólo no quieren lo mismo, sino que en ocasiones quieren lo contrario; los argumentos que valen para una objeción se vuelven entonces contra los que se emplean para otra, y la coherencia global se resiente. El resultado es una posición a veces confusa y por momentos desdibujada, que no está exenta de contradicciones.

Es cierto que, aunque dotado de "textura federal", el Estado autonómico español carece de algunos elementos de "cierre", tal y como afirma Coll al abordar la primera objeción. Pero una cosa es "cerrar" el sistema autonómico (dotándolo, por ejemplo, de un Senado que permita asociar a las autonomías a las políticas nacionales; clarificando el catálogo competencial o profundizando en instituciones de coordinación y cooperación entre Administraciones), y otra cosa es "cambiar el modelo territorial" tal y como pretendieron -de forma fraudulenta- los ideólogos del nuevo Estatuto de Autonomía catalán. El matiz es relevante, porque mientras el "cierre" federal autonómico pasa por introducir elementos de racionalidad, coordinación y cooperación entre Administraciones, es decir, por fortalecer los vínculos y avanzar hacia un Estado más operativo; resulta mucho más enigmática e imprecisa la pretensión de "cambiar el modelo territorial español", sin que la referencia a la reforma estatutaria catalana contribuya en exceso a disipar dudas. Sobre todo, porque la vía entonces ensayada (de la que, en gran parte, el actual desafío secesionista es la continuación por otros medios) consistía exactamente en lo contrario, esto es, en convertir ese Estado en "residual en Cataluña", según gráfica expresión de Pasqual Maragall. No parece casual que esta doble retórica del "federalismo de cierre" y el "federalismo de cambio de modelo" se repita entre los principales promotores del federalismo, como si de un reparto de papeles se tratara: mientras los líderes nacionales del PSOE hacen hincapié en lo primero, los dirigentes del PSC, partido central en la gestación del nuevo Estatuto, parecen hablar exclusivamente de lo segundo. Si la propuesta federal que se propone pretende a la vez satisfacer ambos propósitos, el escepticismo que despierta a día de hoy está más que justificado.

Resulta igualmente llamativa la discordancia entre el diagnóstico que hace Coll sobre el Estado autonómico, que señala con acierto la falta de cultura política federal y la ausencia de "cooperación [y] lealtad institucional" entre los distintos agentes políticos; y su remedio, que consiste, según apunta desde la primera línea del artículo, en modificar la Constitución. La Constitución constituye el esqueleto de un sistema político e institucional, pero no determina mecánicamente la cultura política subyacente; más bien es un subproducto de ésta. No basta, por tanto, decretar en una Constitución ni la cooperación ni la lealtad institucional para que éstas se materialicen; al contrario, su obstinada ausencia puede paralizar, o al menos someter a enormes tensiones internas (como las que estamos viviendo ahora) cualquier diseño de Estado complejo, autonómico o federal, que pueda plasmarse en una Carta Magna. Y si la falta de lealtad entre instituciones y de cultura política federal ha lastrado el funcionamiento del Estado autonómico, ¿por qué una Constitución de corte explícitamente federal iba a escapar al mismo problema?

Federalismo, lo instrumental y lo sustantivo
Estas reservas no descalifican, a priori, el proyecto federal, que sigue constituyendo un modelo válido -no el único- para la gestión de la convivencia en sociedades complejas como la española. Pero sí obligan a realizar un esfuerzo de clarificación y a revisar la secuencia que se propone: cuando lo que se discute no es el tipo de convivencia sino el mero hecho de la convivencia en sí, las reformas constitucionales (y más en general, los debates de diseño institucional) no pueden ser el punto de partida del federalismo; en todo caso deberían ser su culminación. Antes de plantear un delicado proceso de modificación de la Carta Magna y el resto del ordenamiento jurídico, cabría detenerse en los prerrequisitos del federalismo, que operan a un nivel más político y social que jurídico o institucional.

Cabría plantearse, por ejemplo, cómo puede desplegarse y qué credibilidad tiene un federalismo promovido por agentes políticos incapaces de asumir internamente la lógica federal, es decir, incapaces de (o renuentes a) articular un proyecto político a la vez nacional y local, una visión de conjunto que esté presente en todas las partes y que vaya más allá de su simple yuxtaposición. No se trata de que "no haya federalistas en España", como observan quejumbrosos unos nacionalistas que, en todo caso, serían sus primeros adversarios; es que las fuerzas políticas que se dicen federalistas no saben, no quieren o no pueden organizarse de una manera propiamente federal, prisioneras de unas inercias históricas que tienen poco de federales y mucho de centrífugas. La familia política que ha hecho últimamente bandera de la reforma constitucional federal, la de los socialistas, ha renunciado explícitamente a ello: el PSOE, que abraza en teoría la idea de una "España federal", prefiere estar ausente y desentenderse, como partido, de una autonomía en la que reside casi el 20% de los españoles. Su partido "asociado" en Cataluña, el PSC (PSC-PSOE), hace mucho tiempo que practica, en el mejor de los casos, una suerte de federalismo clandestino y vergonzante: opera en clave exclusivamente localista ("somos antes catalanes que socialistas", decía hace ya años un alto dirigente del partido) y hace todos los esfuerzos por silenciar su participación y minimizar su compromiso, en caso de haberlo, con un proyecto político nacional, para toda España.

Más allá de los prejuicios históricos e ideológicos que puedan pesar en España sobre la noción de federalismo, son estas paradojas, bien presentes y bien reales, las que explican buena parte de las suspicacias que la retórica federal, y sobre todo sus adalides políticos, despiertan entre amplios sectores de la sociedad catalana y en el conjunto de la sociedad española. Para que el federalismo pueda ser asociado eficazmente en España con la "unión en la diversidad" y no con la disgregación, es necesario que exista un proyecto cívico y político nacional, para todos los españoles, del cual el federalismo pueda ser la traducción institucional. Es necesario que exista un horizonte político y social ambicioso e integrador, que no sólo se centre en definir "cómo" organizar el entramado de Administraciones, sino también en "por qué" y "para qué" mantener y reforzar los vínculos comunes; que no se agote en los laberintos y los mecanismos institucionales para "seguir juntos", sino en los motivos por los que la unión cívica y federal es preferible y superior a los proyectos adversarios. Sin una visión clara y políticamente estructurada de la sociedad que queremos, y de las razones por las que esta sociedad necesita o es más factible en una España unida de ciudadanos libres, el federalismo se convierte en una simple técnica institucional para iniciados, incapaz de movilizar a la ciudadanía. Peor aún: en esas condiciones, cualquier dinámica federalizante corre el riesgo de ser secuestrada (como lo ha sido, en buena medida, la dinámica autonómica) por las pulsiones centrífugas, que están apoyadas -ellas sí- por propuestas políticas identitarias excluyentes, populistas, pero que tienen la capacidad de dirigirse directamente a la ciudadanía. Así ocurre, por cierto, no sólo en España, sino también en Bélgica, país en que la ausencia de un proyecto nacional o federal sustantivo, para el conjunto de los belgas, ha convertido al nacionalismo flamenco en motor y guía de la federalización, con la deriva conocida.

No es sólo, como acertadamente observa Coll, que el secesionismo tenga un "componente emocional y épico" que lo hace atractivo. Es que, además, refleja un modelo de sociedad homogénea, autárquica, autosuficiente y armónica que se puede compartir o no (y de cuya viabilidad se pueden tener serias dudas), pero que por lo menos resulta reconocible, y que no se agota en una fría estructura institucional ni legal. Un "projecte de país", por emplear la manoseada pero muy eficaz terminología nacionalista, que en el caso secesionista se restringe obviamente a Cataluña. En esto, el independentismo no tiene y no tendrá adversario en el discurso federalista, al menos mientras los partidarios de este último sigan haciendo de la reforma constitucional el alfa y el omega de su propuesta. Mientras no se atrevan a construir, también, un verdadero proyecto de país para todos y con todos, hasta el Ebro y más allá.

Unión cívica frente a exclusión identitaria
Coll parece compartir, al menos en parte, esta apreciación: su propio artículo acaba incidiendo en ello cuando en su último párrafo afirma, de forma un poco incongruente con el resto del texto, que "más que el federalismo como técnica organizativa del Estado [que sin embargo es el único accesible a través de una reforma constitucional], a los federalistas lo que nos interesa es la federación, que es el deseo de querer seguir compartiendo un proyecto en común". Esta frase conclusiva reconcilia, casi por sí sola, el cuerpo del artículo con su ambicioso título, Federar España. Pero eso es lo que tenemos pendiente los catalanes que, con Coll, creemos que la unión cívica y la convivencia de todos los españoles en un mismo cuerpo político, ampliable y no fragmentable, es un valor superior a su separación: contribuir a federar, actualizar y defender ese "proyecto común", o más bien esos proyectos comunes, que queremos seguir compartiendo con otros españoles. Proyectos que tratan de España: la España que queremos, y lo que queremos y lo que podemos conseguir, con ella y a través de ella, en nuestras vidas cotidianas, en Europa y en el concierto internacional, como sociedad organizada.

No se trata de inventar nada que no haya existido ya. Recordamos estos días a Adolfo Suárez, que encarnó con habilidad y coraje uno de esos proyectos cívicos nacionales que movilizan a la ciudadanía y dan impulso a la convivencia: la construcción de una España por fin democrática, reconciliada consigo misma y vuelta hacia el futuro. Históricamente, la izquierda también ha sabido generar horizontes de convivencia y progreso capaces de ilusionar a los españoles, cuando las inercias heredadas han dado señales de agotamiento: el tristemente truncado ideal regeneracionista y modernizador de la República laica y democrática, que en su momento representó Manuel Azaña; y la ambición por incorporarnos a Europa en lo institucional, pero sobre todo en lo democrático y en lo social, que lideró Felipe González, son buenos ejemplos de esa capacidad para construir futuros compartidos. Ninguno de ellos es directamente trasladable ni mecánicamente repetible ahora, fuera de la situación histórica en que cobraron forma y sentido (algo que demostró, en cierto sentido, la evanescencia del revival republicano y europeísta naïf que intentó Zapatero). Pero ambos pudieron ser vectores de vertebración del país porque se dirigieron directamente a todos los españoles con la vocación de federarlos, y no (sólo) a unas u otras élites con la pretensión de negociar el apoyo de sus respectivas esferas de influencia social. Porque armaron un horizonte complejo y diverso para España -es decir, para los españoles-; rico en referentes, pero coherente y reconocible en su conjunto; sustantivo, y no sólo jurídico o institucional.

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La extrema-derecha ante las elecciones europeas. Lectura crítica (viii)
Ernesto Milá Minuto Digital 7 Abril 2014

Otras iniciativas que merecen mencionarse
Hasta ahora hemos visto solamente partidos y coaliciones de extrema-derecha, pero el polimorfismo de este ambiente no se agota aquí. Existen un número casi interminable de círculos, grupos informales, redes, tendencias, sectores, etc, que componen el mosaico. Imposible analizarlos todos, pero si necesario el lanzar una mirada sobre algunas iniciativas que destacan por encima de las demás e incluso que pueden movilizar a más militancia que algunos de los partidos políticos hasta ahora mencionados: Respuesta Estudiantil y la Asociación In Memorian Juan Ignacio.

Respuesta Estudiantil, los estudiantes tienen la palabra
En la segunda mitad de los años 80 apareció en la escena política de extrema–derecha el grupo Bases Autónomas con un carácter deliberadamente provocador, rompedor e irreverente para con las vacas sagradas de la extrema–derecha de la época. Se trató de un fenómeno específicamente madrileño que alcanzó relevancia especialmente entre la juventud estudiantil. Definido como “nacional–revolucionario” su objetivo permanente consistía en “romper los esquemas”, especialmente el que imponía una división entre derechas e izquierdas. A principios de los años 90 el grupo experimentó cambios interiores que reconvirtieron a su militancia.

Si traemos aquí el recuerdo de este grupo que fue capaz de desarrollar un activismo frenético mientras existió es porque, desde entonces, no habían vuelto a aparecer grupos universitarios y juveniles autónomos, hasta que en el año 2009 irrumpió Respuesta Estudiantil en la Universidad de Madrid. En los siguientes años el grupo se extendió a varias universidades y, en la práctica, a falta de otros grupos (sólo hay algunos militantes del Sindicato Español Universitario falangista actuando en las aulas) se convirtió en el grupo de referencia de los “patriotas” en la universidad y no sólo en la universidad. Respuesta Estudiantil no ha dudado en apoyar reivindicaciones justas –convocadas por la extrema izquierda o por otros colectivos– y acudir a manifestaciones de este tipo con banderas de España.

Los impulsores del proyecto utilizaron las redes sociales hasta el punto que puede decirse que Respuesta Estudiantil es la primera organización que se ha extendido a varios distritos universitarios e institutos como un reguero de pólvora gracias a la utilización de los instrumentos de Internet 2.0: especialmente las redes sociales.

Su origen se remonta a marzo de 2010, cuando sus fundadores, Carlos San Frutos, Santiago García, Luis Sánchez y otros procedentes de SIU (Solución Independiente Universitaria, un grupo que jamás llegó a despegar), decidieron crear un grupo juvenil para todos los patriotas; independientemente de su radicalismo, lo importante era lo que les unía. Cuando apareció resultaba evidente la necesidad de un grupo de este tipo dado el vacío de organizaciones de extrema–derecha que se registraba en la universidad española.

Los impulsores del proyecto utilizaron las redes sociales hasta el punto que puede decirse que Respuesta Estudiantil es la primera organización que se ha extendido a varios distritos universitarios e institutos como un reguero de pólvora gracias a la utilización de los instrumentos de Internet 2.0: especialmente las redes sociales. El activismo desempeñado en la universidad pronto llamó la atención del MSR que copió la estrategia, la imagen y estilo de RE, creando su rama juvenil, Liga Joven (hasta entonces Alternativa Joven, rama juvenil del MSR, no había cuajado), a la que RE le reprocha el “admitir a todo el mundo” y “entorpecer sus actividades”.

La finalización de los estudios de algunos fundadores de Respuesta Estudiantil, alteró la trayectoria del grupo y disminuyó su capacidad operativa. Carlos San Frutos creó TNT España, una asociación cívica, social y cultural donde van a parar los que finalizan sus estudios, o bien los no–estudiantes atraídos por el movimiento que nació con Respuesta Estudiantil, y que ahora cuenta con la rama estudiantil y TNT España, su propio diario digital (eloccidental.es) y una empresa de personalización de textil (acme–arsenal.es). RE, actualmente, está dirigida por Gustavo Herrero, pero coordinada por TNT España. Ambas siglas forman parte del “mismo movimiento, pero con distintas secciones”.

RE cuenta en la actualidad con unos 300 afiliados al día en el pago de cuotas, delegaciones en Canarias, Barcelona, Asturias, Vasconia, Navarra, Burgos… siendo especialmente fuertes tanto en número de afiliados como en número de actividades las delegaciones de Madrid, Valladolid, Alicante, Sevilla y Toledo. Precisamente en esta última ciudad tienen previsto realizar una manifestación nacional el próximo 5 de abril en las que esperan superar el medio millar de asistentes.

“Formación, Acción, Revolución” constituyen los tres pilares básicos de este nuevo movimiento TNT/RE. Han organizado encuentros culturales como el Punto de No Retorno 2012, al que invitaron a la AIMJI así como a los dirigentes del Blocco Studentesco, organización homóloga italiana. En sus locales han sido invitados distintas personalidades nacionales (Guillermo Rocafort, Miguel Ángel Vázquez, Juan Antonio Oliveros, Pedro Pablo Peña, Álvaro Leal) y extranjeras (Gabriele Adinolfi).

La existencia de este grupo es interesante no solamente desde el momento en que durante unos años ha sido prácticamente la única asociación que ha representado ideales alternativos y no conformistas en la universidad y no ha dudado en romper el monopolio habitual que las organizaciones izquierda ejercen desde los años 60 en las aulas, sino también porque se ha roto la maldición que implicaba el que una parte sustancia de jóvenes activistas procediera de ambientes futboleros o skins.

Los sin–partido: De Juan Ignacio a la Federación Reconquista
En 2005, cuando se cumplían los 25 años del asesinato del que fuera Secretario General del Frente de la Juventud, Juan Ignacio González, algunos antiguos miembros de esta organización convocaron unos actos conmemorativos para mantener viva la memoria de su camarada asesinado. A partir de ahí se constituyó la Asociación In Memorian Juan Ignacio González que en poco tiempo reconstruyó la red de contactos entre antiguos militantes, retornados del exilio unos, extinguidas sus condenas de prisión otros, apartados de la actividad política la mayoría. La Comisión Organizadora estuvo compuesta por Francisco Pérez Corrales, Pedro Alonso (ambos miembros de primer equipo de dirección de DN, organización que abandonaron en 2001), Carlos Mielgo, Abelardo Pons, Jesús Landa y Cuco Serrano.

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Cuatro años después, al cumplirse el 30º Aniversario del asesinato de Juan Ignacio, la iniciativa tomó su forma definitiva y se presentó en el curso de las VII Jornadas de la Disidencia. Los objetivos entonces eran, por una parte, la recuperación de la memoria histórica del Frente de la Juventud y de su fundador y jefe militante, y por otra el emprender acciones para que se reabriera el caso. Así mismo se pensó en elaborar un libro sobre la historia del Frente de la Juventud que debería haberse llamado Frente de la Juventud, Primera Línea. Vanguardia de la transición, idea que, más tarde se cambió por la de filmar un documental que, finalmente, prosperaría presentándose en 2013 con el nombre de Juan Ignacio: la vida por un ideal.

A partir de 2011 este proyecto cristalizó en forma de una asociación la edad de cuyos componentes oscila entre los 35 y los 55 años, casi todos económicamente independientes, con capacidad para pagar una cuota mensual. Esto, unido a una disciplina en el manejo de fondos y en la optimización de recursos, ha generado una asociación saneada con casi 200 cotizantes disciplinados, vinculados por el mayor nexo de unión que pueda existir: la amistad que deriva del origen político común.

La Asociación ha querido, desde el principio, permanecer voluntariamente independiente y no vinculada a partidos políticos. Al poco de demostrar su capacidad de movilización, se produjeron intentos de incorporarla como correa de transmisión de algún partido político que no prosperó. De hecho, desde el origen mismo de la Asociación, la coalición LEM intentó incorporarla, algo que rechazaron de plano

Las actividades desarrolladas por la asociación son las habituales en grupos de este tipo (charlas, presentaciones de libros), a las que se unen dos actos centrales anuales, en primavera de carácter itinerante por la geografía nacional y la Marcha de las Antorchas en otoño y en Madrid que ha conseguido movilizar a la militancia veterana –la última con 2.000 asistentes– y renovar antiguas redes. Hasta ahora se ha celebrado la Primavera Valenciana (en 2012), la Primavera de Santander (en 2013) y el próximo 30 de mayo la Primavera de Valladolid. En estos actos se invita a gente significativa para que exponga alguna conferencia sobre temas de carácter político, histórico, económico o social.

La Asociación ha querido, desde el principio, permanecer voluntariamente independiente y no vinculada a partidos políticos. Al poco de demostrar su capacidad de movilización, se produjeron intentos de incorporarla como correa de transmisión de algún partido político que no prosperó. De hecho, desde el origen mismo de la Asociación, la coalición LEM intentó incorporarla, algo que rechazaron de plano.

A pesar de los vínculos emotivos y de camaradería que unen a los miembros de la Asociación y del peso de la lealtad hacia el camarada asesinado, la Asociación es consciente de que es posible ir un poco más lejos en su actividad, especialmente porque los años de ineficacia, los fracasos continuados, la inestabilidad de los grupos de extrema–derecha, han generado entre sus filas un cierto de número de asociaciones de carácter local a las que han ido a parar gente que en otro tiempo militó en tal o cual organización y que luego, a la vista de su ineficacia, terminó desgajándose de ella. En la actualidad existen casi una decena de este tipo de grupos de los que, entre otros, podemos recordar: Iberia Cruor (Jaén), Granada No Conforme, Iniciativa Hércules (Cádiz), AC Rodrigo Bastida (Sevilla), Foro Erasmo (Córdoba), Farenheit 451 (Granada), Juventud Patriota (Valladolid), Asociación Alfonso X el Sabio (Alicante), Asociación Cultural Alfonso I (Santander), Casal Tramuntana (Barcelona), así como otros grupos similares constituidos desde hace poco tiempo o que en estos momentos están en vías de formación en otras provincias. La propia AIMJI pertenece a esta franja de asociaciones si bien dotada de un mayor radio de acción.

Todos estos grupos no están dispuestos a entrar de nuevo en una dinámica de activismo frenético, y tienen conciencia de su propia especificidad y de su radio de acción. La cohesión vincular entre sus miembros se basa en la amistad y en las experiencias comunes. Sus puntos de referencia son claros, más o menos, ven la política desde los mismos puntos de vista. Son, en definitiva, militantes sin partido.

En la actualidad se están dando pasos para federar a buena parte de estos grupos en lo se ha dado en llamar Proyecto Federativo Reconquista. El pasado 1 de marzo se constituyó una Junta Gestora presidida por Mario Martos de la Asociación Iberia Cruor. Por su parte, uno de los impulsores el proyecto, Juan Antonio López Larrea (AIMJI) nos explica que se trata de un “proyecto asociativo, nacional, con voluntad integradora y carácter trasversal. Sin dogmas, sin más declaración política que una serie de puntos básicos en los que cualquier patriota se sienta cómodo”. Se excluye solamente a las asociaciones que sean “manifiestamente una franquicia de cualquier partido político” y lo único que se exige a los “federados” es que mantengan una absoluta independencia. En la actualidad se está preparando una declaración de principios que se hará pública a lo largo de esta primavera.

Se trata de un proyecto apartidista que permanece a la expectativa, constituida por militantes muy fogueados que tienden a desconfiar de todos los partidos políticos, incluidos los del propio ambiente de extrema–derecha a la que es presumible que se vayan sumando otras siglas.

El próximo miércoles día 9 capítulo IX de la serie

Redes Sociales de extrema-derecha
Las webs de información sobre la extrema-derecha, estilo info-nacional o patriotas.es tuvieron cierto seguimiento (la primera entre 2005 y 2008 y la segunda a partir de 2007, pero en la actualidad parecen tener un seguimiento mucho menor la primera y limitado la segunda al transformarse en el portavoz de La España en Marcha en exclusiva.

entrevista
Ana Velasco Vidal-Abarca: “Existía un vacío que Vox está cubriendo”
Yolanda Couceiro Morín Minuto Digital 7 Abril 2014

Fundadora de Vox y candidata número 3 a las europeas, Ana Velasco Vidal-Abarca es hija del comandante de caballería y jefe del Cuerpo de Miñones de Álava Jesús Velasco, asesinado por ETA el 10 de enero de 1980, y de Ana María Vidal-Abarca, fundadora de la AVT y ex presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo. Ana Velasco se licenció en Ciencias de la Información rama Periodismo en la Universidad San Pablo CEU de Madrid.

¿Cómo y por qué se involucra en la puesta en marcha de un proyecto como Vox?
En primer lugar por la pérdida de confianza en otras formaciones políticas que en mi opinión no han cumplido con sus compromisos con sus electores y tampoco con los principios que decían defender, lo cual, especialmente en lo que se refiere a la política antiterrorista y el trato con los nacionalistas me ha producido una profunda decepción y en segundo lugar porque creo en el ideario de Vox y confío en las personas que se han involucrado en su puesta en marcha. Además, me parece que Vox nace en un momento en el que es necesario. Hace falta. Los ciudadanos tenemos que tener todas las opciones políticas para elegir aquella que sea más acorde con nuestros planteamientos o creencias. Existía un vacío que Vox está cubriendo.

¿Cómo ven las víctimas del terrorismo y las organizaciones de víctimas que un proyecto político como el suyo se centre de especial manera en la defensa de la dignidad de las víctimas?
Eso habría que preguntárselo a los representantes de las organizaciones de víctimas. A título particular, considero fundamental que los partidos y todavía más los Gobiernos, puesto que tienen mucha mayor capacidad de actuación, protejan a las víctimas, les garanticen su derecho a la justicia, pongan todos los medios para investigar los casi 400 asesinatos sin resolver, e impidan el blanqueamiento político y social que descaradamente está llevando a cabo Eta.

Usted es una víctima del terrorismo ¿Qué le parece la situación que vivimos en relación a ETA con Bolinaga en la calle, docenas de asesinos excarcelados y “batasuna” en las instituciones dándonos lecciones de democracia? ¿Estamos perdiendo frente a ETA?
Creo que la política antiterrorista que se está poniendo en práctica es absolutamente fallida. Se está permitiendo la transmutación de Eta en una organización respetable y se le está facilitando su objetivo de alcanzar el poder en el Pais Vasco con todo lo que ello supone. Y en cuanto a los hechos que comenta en su pregunta, son incontestables. Están ahí a la vista de todos y ante esta situación es muy preocupante el silencio del Gobierno, al igual que sus reuniones secretas con el PNV que quizá sean la causa de lo que estamos viendo.

No cabe duda de que Vox ha generado mucha ilusión en una parte muy importante del electorado liberal-conservador ¿Tan cansados estaban los ciudadanos del “mal menor” que representaba el PP?
Los miembros de Vox no somos extraterrestres. Somos ciudadanos como los demás que compartimos las mismas preocupaciones de millones de españoles que creen que se debe hacer política de otra forma, que es necesario abordar en profundidad los problemas que nos acucian y que debemos anticiparnos a los que vendrán. No se trata solo de unas siglas u otras, se trata de cuestiones suprapartidistas que es imprescindible afrontar de una vez.

Algunas encuestas dicen que obtendrán representación en las europeas ¿Cómo lo ve?
Estamos seguros de que vamos a conseguir un resultado muy bueno en las elecciones europeas y eso nos va a permitir empezar a trabajar desde Europa por los intereses de España y también por continuar profundizando en la cohesión del espacio común europeo de cooperación en el que debemos trabajar juntos para hacer frente a los muchos y variados retos del siglo XXI.

Vox es un proyecto nuevo. ¿Cómo es el equipo Vox?
En el Comité Ejecutivo Provisional de Vox formamos un equipo en el que nos complementamos perfectamente. Cada uno de nosotros aporta sus características, sus valores, que puestos en común conforman un conjunto capaz de hacer frente con responsabilidad y sentido común a los gravísimos retos a los que se enfrenta España.

Denuncia de Galicia Bilingüe
El Conservatorio de Santiago usa un sucedáneo del portugués en lugar del gallego
Tanto las autoridades educativas como la Inspección conocen estos hechos desde hace meses, pero no se han atrevido a actuar
 www.lavozlibre.com 7 Abril 2014

Madrid.- La asociación pro libertad de elección de lengua Galicia Bilingüe ha presentado una denuncia ante el Conselleiro de Educación de la Xunta de Galicia a instancias de un grupo de padres de alumnos del Conservatorio Profesional de Música de Santiago de Compostela. El equipo de Dinamización de la Lengua Gallega del conservatorio, cuya responsable es la profesora Isabel Rei Samartím, utiliza un sucedáneo del portugués, una variante conocida como “reintegracionista”, tanto en la página web de su blog en el Conservatorio, como en folletos impresos de conciertos y jornadas.

Así, por ejemplo, durante las 'Jornadas de órgano Mariano Tafall' celebradas en la catedral y que finalizaron el pasado mes de marzo, los asistentes recibieron un programa con los anagramas de la Xunta y de la Universidad de Santiago entre otros, pero escrito en una lengua extraña. Tanto las autoridades educativas como la Inspección conocen estos hechos desde hace meses, pero no se han atrevido a actuar. Supuestamente, según se deduce de su perfil en las redes sociales, esta responsable del 'Equipo de Dinamización da lingua galega', que ella llama de “Dinamizaçao”, se jacta, además, en las redes sociales de enviarle a la Xunta la documentación preceptiva para obtener la ayuda económica adicional para su departamento, también en reintegracionista. Dice que ni la Xunta, ni María Santísima, pueden exigir en todo el reino borbónico español (sic) que se envíe la documentación en gallego normativo y anima a otros compañeros a secundarla.

En su página de Facebook, además de retransmitir en directo el juicio en la Audiencia Nacional a los independentistas gallegos acusados de pertenecer a Resistencia Galega, profiere frases vejatorias contra las fuerzas del orden y expresa su apoyo a los violentos, reconociendo que algunas de las actividades promovidas por ella en el conservatorio, las realiza como un acto reivindicativo de una Galicia libre e independiente. Galicia Bilingüe comprende que este tipo de profesores pueden resultarle muy incómodos a la Consellería de Educación a la hora de hacer cumplir las normas, pero le recuerda al Conselleiro en su denuncia, que la normativa de la RAG, es la reconocida como lengua oficial en Galicia por el Estatuto de Autonomía y la Ley de Normalización Lingüística, y es la que la Xunta impone como requisito para la redacción de cualquier tipo de solicitudes, y no sólo en lo que se refiere a la actuación de los empleados públicos, sino incluso en las actuaciones de los ciudadanos que se relacionan con la administración. Si la Consellería exige el uso del gallego normativo de la RAG incluso a los alumnos de primaria y secundaria participantes en su concurso de tarjetas de Navidad, ya que se hace constar que no se aceptará ninguna que no vaya redactada en el gallego normativo de la RAG, con mayor razón ha de exigirse el uso del gallego normativo a un equipo de dinamización del gallego de un centro educativo.

"Siento desprecio"
Becerril lamenta que las 123 víctimas de ETA en Madrid no puedan contestar a Eguiguren
La eurodiputada del PP ha dicho sentir desprecio "por alguien que es capaz de decir que vivíamos mejor con ETA matando".
Libertad Digital  7 Abril 2014

Las palabras del presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, este domingo en el diario Gara han obtenido respuesta por parte de Teresa Jiménez Becerril, eurodiputada del PP y hermana de Alberto Jiménez Becerril, asesinado por ETA en 1998 junto a su mujer Ascensión.

Si Eguiguren dice que en Madrid se vivía mejor cuando ETA mataba, Teresa Jiménez Becerril le recuerda que sólo en la capital, ETA ha dejado 123 cadáveres a lo largo de su macabra historia. "Qué lástima que ninguna de las 123 personas asesinadas en Madrid a manos de ETA pueda contestarle, pero yo puedo y quiero decirle que me parece que hay que ser ruin para hacer unas declaraciones tan dañinas".

Al mismo tiempo, la eurodiputada del PP ha manifestado su deseo de que las "filas socialistas" exista aún algo de "respeto" y que, de este modo, actúen en consecuencia para descalificar "a quien ha ofendido a tantos españoles, madrileños, guardias civiles y a muchas familias rotas por el terrorismo".

Finalmente, destaca que "yo que rezo a diario para que ETA no vuelva a matar, siento verdadero desprecio por alguien que es capaz de decir que vivíamos mejor con ETA, matando. No señor Eguiguren, le garantizo que no".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El drama de la Constitución.

Vicente A. C. M. Periodista Digital 7 Abril 2014

El Presidente del Tribunal Constitucional, D. Francisco Pérez de los Cobos, designado por el PP para el cargo, ha concedido una entrevista al periódico El Mundo que entra en valoraciones y obviedades como los mecanismos que la propia Constitución recoge para su modificación. De hecho su aportación al debate es que "hay que desdramatizar la reforma constitucional". Evidentemente sería lo más sensato, habida cuenta de que la Constitución se ha convertido en un auténtico drama,un vodevil de constantes disputas en el que nadie parece tener respeto ni al Tribunal que las juzga, ni a las sentencias que depone.

Y no es de extrañar, porque toda la Justicia está politizada hasta el tuétano y los diversos Tribunales son el campo de batalla entre los partidos políticos para conseguir el dominio y controlar todos los resortes del poder. La casta política ha conseguido anular y enterrar la independencia entre los poderes del Estado y consolidar el desprestigio de los que deberían ser los pilares fundamentales del Estado de Derecho. Las últimas maniobras del Ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, en su propuesta de modificación de la Ley del Poder Judicial, no deja lugar a dudas de la voluntad de terminar con los escasos flecos de libertad, transformando a España en un lugar donde la censura y las penas de prisión se vuelven a establecer como arma de coacción sobre la libertad de expresión.

El entrevistado no llega a tener claro que el Tribunal Constitucional tiene su legitimación directamente de la Constitución a la que debe defender de los ataques de quienes ni la aceptan ni la respetan y pretenden destruir España. Su legitimación no viene como dice de que "... está más que avalada por la sentencia y el reconocimiento que ha merecido, que ha sido general.", porque si ha habido algo más debatido y cuestionado han sido las sentencias, empezando por la de la aprobación del inconstitucional Estatuto de Cataluña, salvo pequeñas rectificaciones y acabando con la de la sentencia sobre la declaración soberanista del Parlamento de Cataluña. Un tufo más que evidente de la extrema politización de una Insitución que debería ser escrupulosamente independiente.

Como es normal no ha querido pronunciarse sobre una supuesta "consulta no vinculante" ya que "No entro en aspectos que puedan plantearse en el futuro." Es decir, queda la puerta abierta a que la consulta se celebre y aunque se diga que no es vinculante, su resultado pueda ser usado como la voluntad del pueblo catalán y el Gobierno de la Generalitat declare unilateralmente la independencia sin esperar a que el TC sentencie sobre la legalidad de la consulta. De hecho la consulta ya está anunciada desde hace meses y lo de vinculante o no carece de importancia real cuando no va a interferir en el objetivo político. El Gobierno de la Generalitat insiste en que la consulta se va a celebrar sí o sí con independencia de lo que apruebe el Congreso de los Diputados o sentencie el TC.

Creo que estamos en una trampa saducea bien planificada por los secesionistas de CiU, ERC, CUP y el resto de partidos de la izquierda radical. La sentencia del TC ratifica lo que dice la Constitución de que solo el pueblo español es el depositario de la soberanía y que esta no se puede trocear. Pues bien, la trampa está en que desde hace décadas desde los diversos gobiernos de la Generalitat se ha venido inculcando a la sociedad y sosteniendo la diferencia social y cultural entre el pueblo español y el supuesto pueblo catalán, con lo que desde su punto de vista, no existe una contradicción y sería perfectamente legítima la celebración de la consulta o referéndum en el que los catalanes, que no españoles, opten por la independencia de España si así lo desea la mayoría de forma democrática. Negar la mayor en la identidad como pueblo español de los catalanes ha sido cobardemente consentido por los gobiernos de España y por los intereses de partido para mantener el poder.

Estamos ante una situación de guerra declarada entre legitimidades y que solo puede ser zanjada de un modo traumático y dramático. Al Presidente del TC respecto a la aplicación del artículo 155 de la Constitución sobre la suspensión de la autonomía de Cataluña dice que "Me gustaría no ver nunca aplicado ese artículo porque supondría que cualquiera de los dos presupuestos de los que habla (incumplimiento por una comunidad autónoma de las obligaciones que la Constitución impone o actuar de forma que se atente gravemente al interés general de España) se habrían producido." A mí tampoco me gusta el que se siga obviando el desafío secesionista sin haber tomado ya las medidas que contempla ese artículo escudándose en que "no se ha cometido aún delito alguno" ¿Y qué son sino delitos la declaración inconstitucional de soberanía del pueblo catalán o la convocatoria de un inconstitucional referéndum sobre la independencia?

Más que desdramatizar la reforma de la Constitución lo que es necesario es obligar a su cumplimiento por aquellos que ni la respetan ni la aceptan como la Ley suprema de España que recoge derechos y deberes de las Instituciones y de los españoles. La desgracia es que esa Constitución no hubiera emulado a la más antigua del mundo libre, la de los USA:"NOSOTROS, el Pueblo Español, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, estatuimos y sancionamos esta CONSTITUCION para España."

Sr. Pérez de los Cobos para defender la Constitución lo primero es que hay que creer en ella y no cuestionarse la legitimidad de quien está designado para defenderla. Reformar solo tiene sentido para mejorar y no empeorar lo que existe.

Los ayudantes del separatismo
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 7 Abril 2014

Despues de participar en Los Desayunos de TVE donde el invitado era Jose Montilla, del PSC y ex presidente de la generalitat uno entiende porque las cosas han llegado a donde ahora están en Cataluña.

Porque escuchando a Montilla,encuentra uno claves esenciales de porque el separatismo ha conseguido llegar a su cenit en Cataluña. Quien junto a los Maragall, ahora ya destapados como secesionistas, y a Zapatero como imprescindible, necesario y entusiasta colaborador del despropósito, fuera uno de los grandes responsables de la sumisión de la izquierda y un ejemplo del más cualificado de los “tontos útiles” en la hoja de ruta nacionalista, sigue hoy empecinado en su ceguera y colgado de aquel pinganillo que un día utilizó en el Senado para “entenderse” con su paisano Chaves. Hoy, de una manera u otra, Montilla y tantos como él prosiguen con su mantra de que si bien ellos no son independentistas, dicen, entienden y defienden todas las supuestas razones para serlo y consideran que la Constitución, la soberanía del conjunto del pueblo español, son poco menos que molestos impedimentos para no haber podido culminar su desatino.

Según Montilla, según Zapatero, según quienes aún hoy se niegan a asumir la más mínima responsabilidad de haber parte esencial del problema a que hoy nos enfrentamos todos, quien debe mover su posición, quien debe “dar pasos”, quien debe …es el Gobierno Español, es España, es la Constitución, somos los españoles. Eso sí, no dicen en que, ni cuales, ni como y ocultan algo tan simple que la cesión que se exige es precisamente la de entregar para que la troceen en pedacitos la soberanía del pueblo español. La que jamás ni puede ni debe entregar un presidente español digno de tal nombre. La que si estuvieron dispuestos a entregar ellos. La que parece que pretenden que entregue Rajoy, al que consideran “culpable”. Por no rendirse a ERC, será.

Tantas naciones floreciendo…
Se llegó a pensar que el problema no radicaba tanto en la identidad colectiva como en la conquista o consolidación de la democracia, hasta que el hundimiento de la URSS permitió modificar fronteras en Europa
Santos Juliá. El Pais   7 Abril 2014

Las naciones —escribió en 1968 el eminente historiador de la España moderna Antonio Domínguez Ortiz— no son, se hacen. Si lo escribiera hoy, mejor que se hacen, diría se construyen, en adaptación literal de la crecida bibliografía sobre nation building en la que navegamos durante los últimos 30 años. Una tarea esta, la construcción de naciones, propia del liberalismo romántico del siglo XIX, llegada a su primera apoteosis con el nacional-imperialismo —británico, francés, alemán, ruso— que arrastró a Europa a su Gran Guerra, y alcanzada la cima con el nacionalsocialismo y el fascismo, religiones políticas que desencadenaron la segunda guerra grande. Años después de cerrarse este doble ciclo de horror y devastación provocado por dos nacionalismos sucesivos, el imperial y el totalitario, cuando los nacidos en los años cuarenta despertábamos a la razón política, era lugar común pensar que la tarea de la construcción de naciones había quedado obsoleta de por vida, que el problema no radicaba tanto en la identidad colectiva como en la estructura social y en la configuración del Estado, no era tanto cuestión de nación como de transformación de la sociedad y conquista o consolidación de la democracia. Más aún, ante el proyecto vivo de unos Estados Unidos de Europa no faltaron quienes sin derramar ni una lágrima entonaron el réquiem por los Estados-nación.

Hasta que el único imperio superviviente de dos guerras —Rusia, imperial con los zares; totalitaria, pero no menos imperial con los bolcheviques— estalló desde dentro, dando origen a nuevas naciones-Estado en un doble proceso: de liberación, que fue pacífico a orillas del Báltico, y de fragmentación, que fue sangriento a las del Adriático. Pues con el hundimiento del imperio ruso-soviético y, en su estela, del Estado comunista multinacional de Yugoslavia, y el consiguiente florecer de naciones oprimidas, corrió como la pólvora el sentimiento de que la modificación de fronteras era de nuevo posible en Europa. Mímesis se enseñoreó una vez más del arte de la construcción de naciones y, ante las consecuencias del colosal hundimiento, el presidente de la Generalitat de Cataluña no tardó ni un minuto en proclamar: Cataluña es como Lituania o Eslovenia, una nación. Y el presidente del PNV, devolvía amplificado el eco de esas palabras: nosotros tenemos un plan diseñado ya y le hemos puesto fechas: entre 1998 y 2002 proclamar la soberanía de Euskadi, estilo Lituania.

La originalidad era que Cataluña, Euskadi y Galicia disponían de poderes de Estado

Lo interesante de la nueva situación, como observó sagazmente el secretario general de los jóvenes convergentes, era que el mito de las fronteras inamovibles de Europa se había roto. De pronto, pues, el modelo a seguir era Lituania, que había quedado presa del Estado imperial ruso-soviético cuando al resto del continente, y muy especialmente al imperio de los Habsburgo, había llegado la primavera de las naciones. Nación milenaria, Lituania ponía su reloj a la hora de Europa con un retraso de medio siglo, pero al fin ahí estaba, como nación-Estado, con el solo hecho de proclamar su soberanía. No era necesario forzar mucho la imagen para considerar ahora a España como un viejo imperio austro-húngaro, o una vieja Rusia, a la que con años de atraso había llegado también la hora de abrir las rejas de la prisión en que gemían condenadas tantas naciones. Cataluña, Euskadi y, en su estela, Galicia, aspiraban a ser como Lituania.

Lo cual, bien mirado, tampoco tendría que resultar tan difícil: Cataluña, Euskadi y Galicia disfrutaban, como todas las naciones habidas y por haber, de un nutrido y variado repertorio de relatos legendarios sobre sus orígenes, de territorios con límites bien definidos a lo largo de una historia milenaria, de lenguas propias cultivadas frente a agresiones externas, de culturas e identidades diferenciadas, de altos lugares y de símbolos sagrados. No faltaba, pues, ninguna pieza, solo rematar los trabajos de construcción nacional procediendo a una política de nacionalización, para lo que disponían, desde fecha reciente y a diferencia de Lituania, de un poder de Estado. Tal era, en efecto, la mayor originalidad entre los procesos conocidos de construcción nacional: que Cataluña, Euskadi y Galicia, definidas tácitamente en la Constitución española como nacionalidades, disponían de poderes típicamente de Estado —un Gobierno, un Parlamento, un tribunal superior de justicia, universidades públicas, medios de comunicación sin límites presupuestarios, editoriales, museos nacionales, escuelas— para devenir en poco tiempo, si esa era la meta de su élite político-intelectual, naciones en plenitud de sentido político y jurídico.

Al cabo, es siempre el Estado el que culmina la construcción de nación; siempre, claro está, que el Estado disponga de políticos, intelectuales y artistas con fuertes bases institucionales para acometer la tarea. Y así al acabar el siglo fue llamativa la modificación del lenguaje de la clase política que en 1978 había pugnado con bravura por introducir en la Constitución el término nacionalidad, de larga raigambre en los léxicos políticos catalán y español. Nacionalidad, se dijo con notorio desprecio de la historia recién pasada, había sido un expediente impuesto por el ruido de sables o por un fantástico —más bien fantasmal— influjo de la Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas: un término, afirmaron distinguidos intelectuales otrora marxistas, de origen leninista-stalinista, importado en España ¡para protegernos de los militares! Su destino no podía ser otro, por decirlo al modo de Marx y de Trotsky, que acabar en el basurero de la historia: ni regiones autónomas, como habían sido reconocidas por la Constitución de la República en 1931, ni nacionalidades, como las identificaba la Constitución de 1978: Cataluña, Euskadi y Galicia eran naciones, como Lituania.

Valencia, primero, y luego Andalucía, las Illes Balears y Aragón también buscaron sus raíces

Naciones sin Estado, aunque con poderes de Estado: esta era la originalísima situación al comenzar el siglo. Y ocurrió entonces que mirando hacia atrás a la manera calderoniana, como el sabio que se preguntaba si habría algún otro tan pobre y mísero como él, la respuesta hallaron viendo que otros sabios iban recogiendo las hojas que ellos acababan de desechar. Desde el año de gracia de 2006, Valencia, primero, y luego Andalucía, las Illes Balears y Aragón dieron un paso de gigante en su construcción como naciones políticas proclamándose, en los estatutos reformados de sus respectivas comunidades autónomas, como nacionalidades históricas. En los preámbulos de los, más que reformados, nuevos estatutos, ninguna pieza falta de las habitualmente utilizadas en la construcción nacional: una comunidad armónica de personas libres, una robusta y sólida identidad forjada a lo largo de su historia, un carácter singular como pueblo asentado desde épocas milenarias en un ámbito geográfico diferenciado, una lengua o en su defecto una manera propia de hablar, un derecho foral cuando lo hubiera, una ferviente pasión identitaria, en fin, que convertía en juego de adolescentes aquella búsqueda de señas de identidad que llenó los años de transición.

Al transformarse de regiones en nacionalidades históricas por declaración de unos estatutos de autonomía elevados tras su paso por las Cortes a bloque constitucional como leyes orgánicas, las comunidades valenciana, andaluza, balear y aragonesa han dejado al Estado español con un resto de regiones que equivale a lo que antes se llamaba resto de España, a la vez que muestran, por si falta hacía, la razón que asistía a Domínguez Ortiz cuando escribía que las naciones no son, se hacen. Sí, maestro, pero una vez hechas, son, y sería propio del avestruz negarse a ver el ser de lo hecho. Mal que nos pese a quienes creímos un día periclitada la emoción nacionalista y arrumbadas en el desván de la historia las banderas nacionales como fuerza movilizadora, ahí está el hecho más asombroso de las últimas décadas: asistir, como si de una nueva primavera romántica se tratase, al florecimiento de tantas naciones. Lo que vaya a ocurrir con el Estado, ¿a quién importa?

Santos Juliá es profesor emérito de la UNED.

Respuesta a Jaume Sobrequés
rafael lópez rueda ABC   7 Abril 2014

El libro «Espanya contra Catalunya» me ha hecho reflexionar sobre la actuación del gobierno de Mas y de sus intelectuales afines

La reciente publicación del libro «Espanya contra Catalunya» del historiador catalán Jaume Sobrequés en la que me dedica ocho interesantes páginas me ha hecho reflexionar sobre la actuación del gobierno de Mas y de sus intelectuales afines.

Como dijo Umberto Eco en «La construcción del enemigo exterior» «para tener a pueblos y supuestas amenazas a raya es necesario el Enemigo, la invención y paciente construcción de un enemigo, desde la Edad Media hasta las últimas guerras mundiales y difundidos a través de libros, folletos, consignas, pasquines o leyendas populares». A esto dedica sus energías el gobierno catalán, a la creación del enemigo, a la creación de una España que nos roba a los catalanes y que nos agrede constantemente. Una relación de siglos, sino de milenios, de sometimiento.

Sólo tenemos que pasear por el Born para ver esa auténtica pedagogía del odio. Todo en el Born tiene una connotación militar y marcial que proyecta el 1714 al 2014: «bombardeo terrorista», «fin del estado catalán», «violaciones masivas de mujeres», «tiranía de las instituciones de Castilla», «expolio fiscal»…

Sólo tenemos que observar las frases que se pronunciaron en el simposio «España contra Cataluña»: «estrategias de humillación del PP y del PSOE», «intento de aniquilación de Cataluña por parte de España», «genocidio cultural», «superioridad moral del nacionalismo catalán»…

De hecho una de las ponencias que tenían preparadas pero que, finalmente no se atrevieron a poner en programa llevaba por título «la immigración, factor de desnacionalización de Cataluña»¿Saben que significa? Que los que llegaron a Cataluña del resto de España son un peligro para Cataluña y su identidad monolítica.

Qué casualidad: la decadencia de Cataluña no viene de la mano de aquellos que dejaron Cataluña en bancarrota después de siete años de gobierno, los expolios de Cataluña no vienen de los que saquearon el Palau de la Música o de los que esconden cuentas en Andorra o Lietschenstein, todos de apellidos inequívocamente catalanes. No. Los culpables son otros, los demás, los que, como mis padres, vinieron del resto de España porque ellos/nosotros ponemos en peligro su identidad inventada, los que viven en otras regiones porque nos expolian y roban viviendo de la subvención, las instituciones democráticas españolas y europeas porque nos impiden ser libres.

La democracia se basa en ciudadanos libres no en militantes adeptos a la causa. Una de las frases más terribles que he oído en mi condición de diputado en la Cámara catalana fue cuando la portavoz de ERC, Marta Rovira dijo que «somos meros instrumentos al servicio de la causa».

Eso no es democracia. La democracia no pasa porque los intelectuales se conviertan en militantes. La democracia no exige que las cátedras universitarias se conviertan en púlpitos de la religión nacionalista. La democracia exige escoger a los mejores, no a los más fieles. Todo el Simposio fue un ejercicio de revisionismo histórico: reinventando el pasado para proyectarlo al futuro sin importarles la factura que puede pasar las políticas separatistas y separadoras: el precio de la convivencia entre catalanes. Un ejercicio que hace tiempo que se lleva a cabo en la cuna de la socialización: la escuela. He crecido con la historia nacionalista. Una historia destinada no a crear conocimientos sino a crear patriotas. Esa historia de una Cataluña milenaria ahogada por una España que es una invención del XVIII si no del XIX.

En Cataluña nos enseñan una historia basada en los puntos negros sin prestar atención a los momentos de unión. Aprendemos la revuelta de los segadores como una revuelta contra España, la guerra de sucesión como una guerra de España contra Cataluña o la guerra civil como una guerra contra los catalanes. Pero no nos hablan de los intentos de unión de los reinos hispánicos, del auge económico de Cataluña en el siglo XVIII gracias a las reformas borbónicas, o del siglo XIX en el que los catalanes no sólo resistimos junto a los demás españoles contra la invasión de Napoleón sino que fuimos grandes protagonistas de la política española.

En Cataluña nos enseñan una historia en la que todo comienza y acaba en Cataluña sin encaje en el mundo que nos rodea. Así la Cataluña medieval nada tiene que ver con el resto de territorios españoles, la monarquía hispánica era absolutista como si no fuera un rasgo común en todas las monarquías europeas, la guerra de secesión fue exclusivamente contra Cataluña como si no se tratara de un conflicto europeo. Este ejercicio de selección y aislamiento tiene un objetivo concreto: demostrar que la actuación histórica de España ha sido fundamentalmente negativa (selección) y que ha tenido como objetivo de su acción Cataluña y los catalanes (aislamiento).

¿Cuál es el resumen de esta forma de manipulación histórica? El mismo título del simposio «España contra Cataluña». Creo sinceramente que en un debate intelectual hay planteamientos que son lícitos y planteamientos que no lo son. Se puede ser separatista (en España a diferencia de otros países no es ilegal promover la independencia), se puede querer salir de España, abandonar Europa y querer convertir a Cataluña en la Transniéster de Occidente. Lo que no es lícito es que se adoctrine a nuestros hijos, que se creen listados de patriotas, listas negras de disidentes ni basar la lógica política en el odio. Ya lo dijo un conocido demagogo: «La comprensión es un lugar demasiado frágil para las masas, la única emoción que no vacila es el odio».

Rafael López es sociólogo y diputado del PP en el Parlamento catalán.

La Cataluña orwelliana: Lenguaje, ideas y nacionalismo
Pablo Heerdt www.cronicaglobal.com 7 Abril 2014

Una de las principales causas del descrédito que sufre actualmente la política es la distancia existente entre las palabras y los hechos de los políticos tradicionales. La ciudadanía ha perdido la esperanza de que la política sea algo más que un reducto para demagogos al estilo de Cleón o Alcibíades, que encubren sus auténticos propósitos con florilegios y un colorido envoltorio de palabras. Estos sofistas de nuevo cuño, más que intentar cambiar la forma de gobierno, corrompen los fundamentos del edificio democrático inoculando en su estructura el veneno de la irracionalidad de sus argumentos. Como decía Protágoras, hay que “poder convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles”.

Este virus orwelliano lo padecemos con especial virulencia en Cataluña, donde los adalides del proceso separatista enmascaran con neologismos la vacuidad de sus argumentos. “Derecho a decidir”, “vía catalana”, “transición nacional”, “elecciones plebiscitarias”, etc.

Poco podría imaginar Orwell hasta qué punto han llegado los políticos al uso, fieles hijos de las máximas del Ingsoc que nos describe en 1984, en el proceso de falsificación ideológica y terminológica de la realidad. Hoy más que nunca, la opinión popular tiene muy poco que ver con la opinión del pueblo, tal y como afirmaba Sartori.

La manipulación terminológica busca reinventar la realidad condicionando los hábitos mentales de la ciudadanía e imposibilitando formas de pensamiento discrepante. Neolengua orwelliana filtrada con el colador de los marcos profundos y de superficie (estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo) de los que habla Lakoff. Surge de este modo un nuevo vocabulario que, a caballo de neologismos rampantes, inventa palabras y significados para alcanzar sus objetivos políticos en un contexto de exaltación emocional que deja poco margen de actuación al pensamiento racional.

Este virus orwelliano lo padecemos con especial virulencia en Cataluña, donde los adalides del proceso separatista enmascaran con neologismos la vacuidad de sus argumentos. “Derecho a decidir”, “vía catalana”, “transición nacional”, “elecciones plebiscitarias”, “problema catalán”, “Països Catalans”, el catalán como “lengua propia de Cataluña” (será de los catalanes ¿no?), “lengua inicial” por lengua materna, “alliberament nacional”, “catalanofòbia”, “nou català”, “construcció nacional”, “encaix de Catalunya”, “nacional constitucionalista”, “normalització lingüística”, “plenitut nacional”, “sobiranisme”, “unionista”, la lista sigue.

Pero ¿cuál es la razón de esta pasión del nacional-separatismo catalán por el neologismo? Será de nuevo Lakoff quien nos lo explique:
“Todas las palabras se definen en relación a marcos conceptuales. Cuando se oye una palabra, se activa en el cerebro su marco (o su colección de marcos). Puesto que el lenguaje activa los marcos, los nuevos marcos requieren un nuevo lenguaje. [...] Las ideas surgen bajo la forma de marcos. Cuando los marcos están ahí, las ideas surgen inmediatamente. [...] Si se cree en el racionalismo, se cree que basta con proporcionar toda la información sobre los hechos, y la gente razonará hasta dar con las conclusiones pertinentes, sin necesidad de marco alguno. Pero no es así. Si los hechos no se ajustan a sus marcos, se quedará con tales marcos y olvidará, ignorará o razonará en contra de los hechos”.

Efectivamente, para reinventar la realidad y que sea asimilada por la ciudadanía, hay que hacer uso de la neolengua en clave “estelada”, activando en el cerebro la cosmovisión deseada.

La idea irracional es clave para que todo “ministerio de la verdad” orwelliano alcance sus objetivos. Pero dicho triunfo no sería posible si el ciudadano no cayera en hábitos poco adaptativos generadores de un malestar emocional que es utilizado por políticos sin ética. Ellis, entre otros, nos habla de estas creencias irracionales.

- Certeza de conocer los pensamientos y creencias del prójimo. "Cierta clase de gente es vil, malvada e infame y que deben ser seriamente culpabilizados y castigados por su maldad".

- Centrarse en debates negativos, no en los positivos. "Si algo es o puede ser peligroso o temible, se deberá sentir terriblemente inquieto por ello y deberá pensar constantemente en la posibilidad de que esto ocurra".

- Sobregeneralización negativa. "Es tremendo y catastrófico el hecho de que las cosas no vayan por el camino que a uno le gustaría que fuesen".

- Infantilismo cognitivo: Se maximizan las exigencias y si las cosas no salen como deseamos, se genera una frustración frente a la que no hay recursos. "Es más fácil evitar que afrontar ciertas responsabilidades y dificultades en la vida"

- Desculpabilización: El prójimo es el responsable y causante de mi malestar. "La desgracia humana se origina por causas externas”.

- Terribilización: "Invariablemente existe una solución precisa, correcta y perfecta para los problemas humanos, y que si esta solución perfecta no se encuentra sobreviene la catástrofe".

- Comparaciones sesgadas y no realistas.
- Sobredimensión del sentimiento: Pensamos que porque sentimos algo, es real.

El nacionalismo genera el hábito de suponer que los seres humanos pueden ser clasificados como insectos y que masas enteras de millones o decenas de millones de personas pueden confiadamente etiquetarse como “buenas” o “malas”

El nacionalismo genera el hábito de suponer que los seres humanos pueden ser clasificados como insectos y que masas enteras de millones o decenas de millones de personas pueden confiadamente etiquetarse como “buenas” o “malas”. Pero, en segundo lugar—y esto es mucho más importante—, me refiero al hábito de identificarse con una sola nación o entidad, situando a ésta por encima del bien y del mal y negando que exista cualquier otro deber que no sea favorecer sus intereses.

El nacionalismo es inseparable del deseo de poder; el propósito constante de todo nacionalista es obtener más poder y más prestigio, no para sí mismo, sino para la nación o entidad que haya escogido para diluir en ella su propia individualidad.

El nacionalismo es sed de poder mitigada con autoengaño. Todo nacionalista es capaz de incurrir en la deshonestidad más flagrante, pero, al ser consciente de que está al servicio de algo más grande.

El Gran Hermano separatista catalán en estado puro.
¿Es mía la conclusión? no, aunque la comparto. El mérito le corresponde a Orwell, que escribió estos últimos párrafos en sus “Notas sobre el nacionalismo”.


Derechos lingüísticos en el Borne
El Síndic de Greuges, Rafael Ribó, acoge un simposio internacional sobre derechos lingüísticos que usa como operación de propaganda de la política lingüística de la Generalidad y para denunciar un supuesto maltrato del catalán por parte del Gobierno. No hay ninguna mención a la discriminación de los castellanoparlantes por parte de las administraciones catalanas.
Mercè Vilarrubias www.cronicaglobal.com 7 Abril 2014

Los pasados 19 y 20 de marzo tuvo lugar en Barcelona el Simposio Internacional sobre Derechos Lingüísticos y Cohesión Social en Sociedades Plurilingües. Tuvo lugar en una sala del Borne, acondicionada con ordenadores, pantalla, mesas y sillas para la ocasión.

El congreso lo organizaban el Síndic de Greuges, Rafael Ribó, y la Asociación Internacional de Comisionados Lingüísticos (IALC). Los comisionados lingüísticos son las personas encargadas de hacer recomendaciones, monitoritzar y atender quejas sobre la política lingüística de una comunidad o país multilingüe. En Cataluña esta tarea le ha sido encargada al Síndic Ribó mientras que a nivel nacional esta figura no existe como tal, aunque algunas de sus funciones las realiza el Defensor del Pueblo. Podría existir un Comisionado Lingüístico propiamente en España, como sucede en Canadá, donde Graham Fraser es lo comisionado federal y cada provincia tiene, además, su propio comisionado provincial.

Graham Fraser es también el presidente de la IALC. Esta Asociación es muy joven; se constituyó el año pasado en Dublín, en el primer Congreso Internacional de Derechos Lingüísticos. Los miembros son los comisionados lingüísticos de algunos países y regiones de Europa, América y África: hasta ahora, se ha adherido Canadá, varias provincias canadienses, Irlanda, Irlanda del Norte, Gales, Kosovo, Finlandia, Sudáfrica y Cataluña. La IALC como asociación ha expresado su intención de ser activa, implementar investigaciones, organizar congresos y avanzar en un compendio de buenas prácticas en políticas lingüísticas.

Después del congreso de derechos lingüísticos de Dublín de 2013, Barcelona se ofreció a albergar el segundo congreso en el marco del Tricentenario. El título que se eligió tenía los términos ostentosos de siempre: a los derechos lingüísticos se le añadió la inevitable cohesión social y a este, el término sociedades plurilingües. Tal cual: Derechos Lingüísticos y Cohesión Social en Sociedades Plurilingües.

Respecto al público, se reunieron unas cien personas, la mayoría de las cuales eran funcionarios de la Secretaría de Política Lingüística de la Generalidad y otros departamentos afines. Todos convencidos y aburridos de oír siempre lo mismo, por lo que prácticamente no hicieron ninguna pregunta. Ante ellos sentaban los ponentes nacionalistas que participaban en las diversas conferencias El segundo grupo en cantidad lo formaban comisionados lingüísticos y expertos extranjeros, de los que había unos 25. Finalmente, el tercer grupo lo formábamos unos siete asistentes críticos que, en turnos, conseguimos estar presentes a todas las sesiones.

No hubo falta de dinero público para la ocasión. Todos los asistentes fuimos agasajados con un almuerzo copioso y una comida de pie con camareros uniformados pasando entre la gente con bandejas de pollo al curry y cocas de escalivada. La cerveza era, como no podía ser de otro modo, Moritz, y en primer plano, las botellas conmemorativas de 1714. Todo esto en el escenario del Borne. ¿Se puede hablar de los derechos civiles de los ciudadanos en un ambiente donde todo desprende exaltación patriótica?

No, no se puede. Ni había ninguna intención de hacerlo. Todos los ponentes catalanes eran nacionalistas convencidos, y algunos de ellos bastante extremistas, por lo que sus intervenciones fueron todas business as usual.

¿Qué se dijo en las ponencias?
Ningún ponente habló de los derechos lingüísticos de los ciudadanos de Cataluña porque hablar realmente de derechos lingüísticos en Cataluña implica hablar de que hay unos derechos no garantizados, los derechos de todos aquellos que también queremos utilizar el español en el espacio público, tanto si es nuestra lengua materna como si no lo es. Y de esto no se habla nunca porque se finge que esta vulneración de los derechos de los hablantes del español no existe.

En el ejercicio orwelliano de siempre, lo que nos explicaron los ponentes nacionalistas fue que los derechos lingüísticos vulnerados eran los de los hablantes del catalán. La primera ponencia, en consonancia con el escenario, trataba sobre 300 años de agravios al catalán. Uno detrás de otro. Pero no hubo suficiente. En el turno de preguntas, Isidor Marí, presidente de la Sección Filológica del Instituto de Estudios Catalanes, ponente en el congreso y nacionalista del grupo extremista, puntualizó que el ponente se había dejado algunos agravios por mencionar, que explicaría él con mucho gusto.

El resto de las conferencias de los ponentes catalanes trataban de las quejas presentadas por hablantes del catalán que han visto vulnerado su derecho a usar a esta lengua, por ejemplo, con un guardia civil de La Jonquera. O trataban de lo muy necesarias y exitosas que son las medidas de promoción del catalán, convirtiendo un modelo pro-monolingüismo y basado en la obligación en la vanguardia de la promoción respetuosa y efectiva de una lengua minoritaria. Una gran parte de toda esta operación estaba al servicio de convencer los invitados extranjeros.

Otro tema recurrente , en la misma línea victimista de siempre, eran los supuestos incumplimientos del Gobierno español en la promoción y protección del catalán. La resistencia -en algunos casos- del Gobierno del PP a aceptar el plurilingüismo en España ocupó mucho tiempo pero la resistencia del Gobierno autonómico catalán a aceptar el bilingüismo en Cataluña ni se mencionó.

Respecto al término cohesión social, que no estaba en el título del congreso del año anterior en Dublín, y fue añadido expresamente por la oficina del Síndic este año, no se mencionó ni una sola vez durante el congreso en el Borne. Es el término vacío sin ninguna sustancia de siempre que queda muy bien para dar cobertura progresista y democrática al proyecto lingüístico nacionalista pero que no se refiere a nada en absoluto. Están tan acostumbrados los nacionalistas a emplear el término cohesión social como coletilla a su política lingüística sin que nadie cuestione nada que no se preocuparon por decir algo al respecto durante el congreso. Se podía haber discutido qué relación hay entre los derechos lingüísticos y la cohesión social, por ejemplo, o si la política lingüística de Cataluña incide en una mayor o menor cohesión social. Nada de todo esto; ningún ponente tenía nada a decir sobre la cohesión social realmente. Sólo es un término que suena bien. Si lo examinamos bajo la superficie de lo que se nos dice -o más bien, no se nos dice- vemos que, paradójicamente, la cohesión social que se pretende no es la que se entiende comúnmente, como la igualdad de oportunidades, la posibilidad de promoción personal o la gestión efectiva de la pluralidad y de la diversidad social sino que la cohesión social nacionalista es la búsqueda de la uniformidad y la homogenización. Pero de esto no se habló. El término se limitó a aparecer en el título del simposio.

Finalmente, la última parte del título del congreso hacía referencia a las sociedades plurilingües. El término plurilingüe es muy últil para no tener que referirse a la situación real: el bilingüismo. Cataluña no es una comunidad plurilingüe sino bilingüe. Pero la palabra bilingüe no fue expresada por ninguno de los ponentes catalanes. Los únicos que hablaron de bilingüismo -además de plurilingüismo- fueron los ponentes extranjeros. El comisionado federal canadiense Graham Fraser no dudó en calificar a Canadá como un Estado bilingüe, así como lo hicieron los dos comisionados provinciales canadienses presentes en el congreso, respecto a sus provincias. También la comisionada galesa admitió que Gales era una comunidad bilingüe, y también lo expresó el Comisionado finlandés respecto a su país. Pero los ponentes catalanes no dijeron nunca que Cataluña es bilingüe. Si se tiene que hablar otras lenguas en Cataluña además del catalán, se habla del árabe, y el chino, y el urdu, ah, sí, y el español también. Esta parece ser la función del término plurilingüismo en el discurso nacionalista: es la manera de diluir la importancia del español en Cataluña.

Se evidencia algo de la pluralidad de Cataluña
Así, el congreso del Borne fue una operación propagandística. Pero esta vez algo de la pluralidad de Cataluña se evidenció en el congreso, en contra de las expectativas de los organizadores. Un grupo de unas siete personas pudimos estar presentes con la idea de hacer preguntas incómodas ante los discursos de autosatisfacción de los ponentes. Las preguntas del público eran por escrito y en cada sesión hicimos llegar cuatro o cinco preguntas sobre los derechos de los castellanohablantes en Cataluña. Todas las preguntas iban en la línea de "¿no cree que la imposibilidad de usar el español en la administración, la escuela y los medios públicos vulnera los derechos de los ciudadanos de Cataluña?". Todos los ponentes hicieron lo imposible por negar cualquier vulneración de derechos, pero allá quedaban las preguntas. Cuando se leyó la primera, se sintió un murmullo de desconcierto en la sala. A la quinta pregunta incómoda, ya nos identificaron como grupo.

El día después del congreso, el viernes 27, se llevaba a cabo una jornada de trabajo en la oficina del Síndic con todos los comisionados lingüísticos extranjeros, una sesión técnica que estaba también abierta al público. La pluralidad de la sociedad también se hizo patente aquel día cuando representantes de la Asamblea por un Escuela Bilingüe (AEB) recibieron a los asistentes a la jornada técnica, al volver de comer, con una pancarta de grandes dimensiones que reclamaba una educación bilingüe en Cataluña.

A esto se añade que a la conclusión, el comisionado finlandés, en su discurso final, dijo que se había evidenciado que en Cataluña había oposición a la política lingüística de la Generalidad. A pesar de esto, dijo a sus anfitriones que están haciendo un gran trabajo en la promoción del catalán. Ningún ponente extranjero, como era de esperar, por otro lado, hizo ninguna crítica pública a la política lingüística de la Generalidad, pero en los discursos de algunos se veía claramente cómo su posición y las políticas que impulsan en sus países son diametralmente opuestas a las del Gobierno autonómico. En el otro extremo se encontraba el representante del Consejo de Europa, Sigve Gramstad, que se quiso congraciar con los organizadores y fue tan lejos como usar datos erróneos para mostrar simpatía con el modelo de inmersión. Pero fue la excepción.

En conclusión, es lamentable ver como en Cataluña no se puede llevar a cabo un congreso que hable realmente de derechos lingüísticos y buenas prácticas en política lingüística, que permita un diálogo libre con expertos extranjeros, que analice los temas de manera técnica y con una voluntad efectiva de garantizar los derechos lingüísticos de todos los ciudadanos. Esto es imposible aquí. Cuando se trata de lenguas, todo queda siempre en una fastuosa operación de propaganda, regada con dinero público que, para estas ocasiones, no es nunca escaso.

España / El desafío independentista
La factura del proceso soberanista: 57.122 millones de deuda
Desde la Diada de 2012 ha sido el Estado, a través del FLA, el que ha salvado la quiebra
Jesús Martín. La Razón 7 Abril 2014

Los territorios que componen un país no son ajenos a lo que sucede en éste, por más que su potencial industrial, turístico o financiero esté por encima de la media. Cataluña, alrededor de la quinta parte del Producto Interior Bruto de España, sigue sin levantar cabeza, a la espera de que en los próximos meses se confirme el empujón de la actividad económica que todos los expertos, nacionales e internacionales, pronostican para nuestro país.

Poco o nada ha cambiado para mejor en Cataluña desde la celebración de la Diada de 2012, que marca el comienzo del pulso soberanista de Artur Mas con el Estado español. Ni en el aspecto político ni en el económico. En el primero, habrá noticias mañana martes, cuando el Congreso de los Diputados vote la propuesta aprobada por el Parlamento catalán el pasado mes de enero, que declara soberano al pueblo de Cataluña para decidir sobre su futuro. En el aspecto económico, la mejoría tendrá, necesariamente, que ir a remolque de la ansiada recuperación.

En estos casi diecinueve meses que han transcurrido, la renta per cápita de Cataluña se ha estancado, la deuda se ha disparado y la persistencia del déficit constata que el Gobierno de Artur Mas gasta por encima de sus posibilidades de ingresos. Los últimos datos de producción industrial, uno de los puntos fuertes de la economía catalana, por ejemplo, muestran que la caída de la actividad en los últimos doce meses ha sido muy superior (-1,6%) a la media nacional (-0,1%). Otra prueba de que la región no marcha bien es que la inversión bruta productiva en el extranjero de las empresas catalanas se redujo el pasado año un 6,9%, cuando en el conjunto del Estado creció un 2,7%. Son detalles que evidencian las dudas que ha despertado el proyecto independentista de Mas.

Gastar más de lo que se ingresa
El aspecto que más preocupa a la Generalitat es el de la financiación. En enero, la agencia de calificación de solvencia Fitch confirmó el rating de Cataluña en «BBB-», con perspectiva estable, sólo un escalón por debajo del rating de la deuda de España. ¿Cuál es la razón de que haya tan escasa diferencia en las notas? Sencillamente, que la agencia considera que aunque el acceso a la financiación de la región y del Estado no aguanta la comparación, estima que el Gobierno de Rajoy, pese a las diferencias políticas que mantiene con Artur Mas, no tendría más remedio que prestarle su apoyo en el caso de necesidad. La agencia considera que la deuda de la Generalitat está dentro del escalón de «bono basura», como consecuencia, fundamentalmente, de su elevado déficit por cuenta corriente. La existencia del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) se ha convertido en el balón de oxígeno con el que respira Cataluña.

Moody's tiene otorgada una nota de «Ba3» (calidad de crédito cuestionable), y Standard & Poor's, «BB», una calificación «muy propensa a los cambios económicos». Los analistas aseguran que Cataluña no podría financiarse en los mercados de capitales con estas notas, todo lo contrario que el Tesoro Público, que en las últimas subastas está colocando deuda en las mejores condiciones de tipos desde la creación del euro, tanto a corto como a medio y largo plazo.

Montilla y Mas han recurrido a los «bonos patrióticos» para probar la aceptación de los mercados, en lo que algunos consideraron un ensayo de lo que ahora está en juego: la independencia de Cataluña. En abril de 2012, la Generalitat amplió su emisión de 2.000 a 2.150 millones de euros en bonos a un año, con una rentabilidad del 4,5%, y a dos años, con un interés del 5%. Estos tipos eran los que percibían los compradores, pero el coste para el emisor era del 7,5%, al pagar una fuerte comisión a las entidades financieras que los colocaban en el mercado. Los problemas de los mercados en el verano de 2012 se trasladaron inmediatamente a estos bonos y la Generalitat tuvo que solicitar el rescate del Estado a través del FLA ante la imposibilidad de pagar los intereses, lo que permitió devolver cerca de 2.700 millones de euros a los 135.000 inversores que estuvieron a las puertas de perder todos o buena parte de sus ahorros.

Una deuda inaceptable
Y es que la deuda de Cataluña no ha parado de crecer desde el comienzo de la crisis. Es algo parecido a lo que ha sucedido en el conjunto del Estado, pero con una salvedad: a éste se le reconoce una solvencia que la Generalitat no ofrece. Buena prueba de ello es que, en apenas 20 meses, el interés del bono español a diez años ha pasado del 7,6% al 3,15%, con la prima de riesgo por debajo de 160 puntos básicos, algo impensable para un país que no cumpla con sus compromisos con los inversores. La deuda de Cataluña asciende a 57.122 millones a cierre de 2013, 10.471 millones más que a 31 de diciembre de 2012 y 3,6 veces superior a la de 2007. En una hipotética separación de España, Cataluña tendría que «cargar» con la parte alícuota de la deuda del Estado en función de su participación en el PIB, lo que equivaldría a sumar alrededor de 150.000 millones de euros más, teniendo en cuenta que la deuda de la Administración central ascendía en marzo a 784.407 millones. En ese supuesto, la deuda de Cataluña superaría al PIB, lo que con una calificación de «bono basura» conduciría irremediablemente a la quiebra.

Una economía con dudas
La deuda es consecuencia de gastar más de lo que se ingresa año tras año. Cataluña tuvo un déficit el año pasado del 1,96% de su PIB (3.769 millones), al que hay que sumar el de 2012, el 2,23% (4.295 millones). En dos años, el desfase entre ingresos y gastos se ha acercado a los 8.000 millones. El problema es que el primer dato de 2014 no invita al optimismo: 307 millones de déficit, un 7% más que en el mismo mes de 2013.

Lo único que no ha subido es el PIB, que permanece inalterado en el último ejercicio en 192.500 millones, lejos de los más de 200.000 de 2008. El camino seguido es muy similar al de la actividad económica del conjunto del país, algo normal si se tiene en cuenta que representa en torno al 20% de su valor de mercado.

Imposición lingüística
Padres de 25 escuelas piden ante la Generalitat enseñanza bilingüe para sus hijos
Las solicitudes corresponden a centros de diferentes localides entre las que se encuentran Barcelona, Igualada, Sant Cugat del Vallès, Ripollet, Sant Joan Despí, Mollet del Vallès, Viladecans, Tarragona y Reus
Europa Press  www.lavozlibre.com 7 Abril 2014

Barcelona.- Padres de 25 centros educativos han pedido que sus hijos reciban "enseñanza bilingüe" ante la Consejería de Enseñanza de la Generalitat en una reclamación conjunta presentada por la entidad Convivencia Cívica Catalana (CCC).

Las solicitudes corresponden a centros de diferentes localides entre las que se encuentran Barcelona, Igualada, Sant Cugat del Vallès, Ripollet, Sant Joan Despí, Mollet del Vallès, Viladecans, Tarragona y Reus.

En los últimos tres años, más de 1.300 familias de 56 localidades catalanas pertenecientes a 187 centros docentes han solicitado enseñanza bilingüe, según ha informado CCC en un comunicado este lunes.

Según la entidad, estas cifras suponen un "claro indicador del interés por la enseñanza bilingüe en Cataluña", que contradicen el discurso del Govern, ha añadido.

La entidad ha animado a los padres con hijos en edad escolar en Catalunya a sumarse a esta petición ·cada vez más general· para que sus hijos reciban una educación bilingüe en que puedan aprender de forma equilibrada en las dos lenguas oficiales.


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