AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 9 Abril  2014

Sin retorno y sin remedio
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 9 Abril 2014

CUANDO el representante del partido de Jordi Pujol, patriarca de una dinastía insaciable y mentor de una casta cleptocrática y dictatorial, dice que Cataluña «ha emprendido un camino sin retorno», no entiendo qué parte de «sin retorno» no entienden PP y PSOE. Es verdad que CiU, representada por Durán i Palace, tenía acostumbrado al Gobierno y a la oposición a una almibarada ferocidad que se sustanciaba en los Presupuestos dando más dinero y más poder a la Generalidad y reduciendo cada vez más todo lo común español en Cataluña. Pero ese tiempo, inaugurado por Pujol y Roca, ya pasó. Desde que hace dos años -dos Diadas- Artur Mas, con el respaldo explícito de los separatistas de todos los partidos, incluído medio PSC, utilizó la legalidad y el dinero de ese Estado Español que, increíblemente, aún representa para sacar las masas a la calle y plantear sin ambages la independencia y la consiguiente ruptura de España, está claro que lo único que puede hacerlos retornar de ese camino dizque sin retorno es que el Gobierno y los partidos mayoritarios españoles utilicen todos los recursos del Estado, hoy en las manos sediciosas de la Generalidad, para luchar contra el golpismo separatista, enfrentarse a ellos con toda contundencia y, si consigue derrotarlos, forzarlos a retornar a la legalidad constitucional.

No es que esa solución sea bonita, pero más feo es pagar impuestos y los pagamos. Sin embargo, el Gobierno del PP, haciendo suya la jeremiada sentimentaloide que, a costa del español (lo demostró la párvula oradora de ERC) y del bolsillo de los españoles impone el discurso separatista, ofreció ayer el cambio de la Constitución Española cuando lo que no quieren los separatistas es ni España ni Constitución. Sus siervos aplaudieron mucho esa sandez de que él ama a Cataluña más que los nacionalistas. Qué tendrá que ver el amor, proceso irracional e incompatible con la política diaria, con la Ley, que, como es de rigor, debería defender este u otro Gobierno español... y no defiende. Ya prevenían Pla y Gaziel contra la manía del catalanismo de sentimentalizarlo -irracionalizarlo- todo. Se ve que a Rajoy tanto amor le impide leer a Pla. Y Rubalcaba -otro demóstenes de guardería- a su afección sentimental le llama federalismo. Total: unos, sin retorno; y otros, sin remedio.

¿Dejará Rajoy de consentir la rebelión nacionalista?
EDITORIAL Libertad Digital 9 Abril 2014

El pleno del Congreso celebrado para debatir la competencia de la Generalidad para celebrar un referéndum separatista en Cataluña no ha aportado nada nuevo, salvo la enésima constatación de que los nacionalistas están dispuestos a ignorar la negativa del Parlamento, sede de la soberanía nacional y del derecho a decidir de todos los españoles, con la misma determinación con la que incumplen las leyes y sentencias de los Altos Tribunales.

Sólo si se ignora el radical, constante e indisimulado desprecio de los gobernantes autonómicos catalanes a la soberanía nacional y el ordenamiento jurídico podría sorprender que el presidente de la Generalidad, Artur Mas, no se haya molestado en acudir al Congreso, o que los parlamentarios autonómicos que sí que lo han hecho hayan dejado bien claro que no han acudido a pedir autorización sino cooperación para un proyecto rupturista, que, como ellos mismos han señalado, constituye "un camino sin retorno".

La intervención del presidente del Gobierno, tal como era lamentablemente previsible, se ha desarrollado como si el gravísimo problema fuera la dudosa legalidad de las pretensiones nacionalistas y no su clarísima y ya probada determinación de hacer caso omiso a la ley. No extrañe, por tanto, que la intervención de Rajoy no se haya salido del insuficiente ámbito jurídico, y que ni siquiera en ese se ha haya atrevido a reprochar a los gobernantes nacionalistas las veces que ya han incumplido la ley desde que, hace dos años, Mas mantuvo su chantajista entrevista con un Rajoy recién instalado en La Moncloa.

Desde entonces, Rajoy no sólo no ha combatido políticamente y en el terreno de las ideas lo del "Espanya ens roba", o los delirios identitarios e históricos en que los nacionalistas basan su proyecto de ruptura, sino que ha mirado para otro lado ante las desobediencias y prevaricaciones ya consumadas, como las que han permitido a la Generalidad proseguir su ilegal y liberticida inmersión lingüística, convocar una consulta secesionista o poner en marcha ilegales estructuras de Estado, tales como un Consejo para la Transición Nacional de Cataluña o una Agencia Tributaria propia.

Es más. Esta sensación de impunidad, ya disfrutada por los gobernantes catalanes, ha ido acompañada de una monumental financiación extraordinaria, a través de los Fondos de Liquidez Autonómica, sin la cual la administración autonómica de Cataluña no habría podido emprender su, además de ilegal, carísimo proceso de construcción nacional.

Nada de esto parece que haya llegado a su fin con el debate que se ha celebrado este martes en el Congreso. Mientras no se sea consciente de que la determinación de los nacionalistas a incumplir la ley ha sido estimulada y nutrida por la irresponsable renuencia de Rajoy a hacerla cumplir, el ilegal proyecto de ruptura nacional seguirá su camino.

El riesgo para la unidad y continuidad de España como Estado de Derecho reside en el cúmulo de complejos y debilidades que exhibe el Gobierno de la Nación, más que en los desmanes de unos políticos regionales en consentida rebeldía.

Diálogo y sinceridad
MANUEL MONTERO EL CORREO  9 Abril 2014

· Diálogo sugiere a personas conversando: puede llevar a algún sitio en el que las partes se conformen. El diálogo que exige el independentismo obedece a otra lógica

Hace tiempo que en la política española no florece una idea. Gustan más los cálculos especulativos sobre cómo no verse mediáticamente arrastrado por la crisis –vale mostrar sentimientos tiernos– o por la vorágine de los nacionalistas catalanes, cuya aportación, por otra parte, consiste en la repetición inmisericorde de mantras de autoestima, una suerte de preconceptos. Para disimular el páramo intelectual se recurre al despliegue de términos apacibles, de aire positivo. Suelen ser vacíos, pero sirven para demostrar buenas intenciones y sensibilidad.

Sucede así con el diálogo, bálsamo de Fierabrás cuya exigencia era antiguamente monopolio de HB (con el corolario «y negociación»). Ahora lo dicen todos. Nuestra vida pública es un cruce de ofertas de diálogo de izquierdas a derechas y al revés, de nacionalistas a los que no, otrosí viceversa. Todas las combinaciones del espectro político se exigen diálogos los unos a los otros. Así la presidenta de la Junta andaluza reclama que Rajoy y Mas dialoguen, diálogo en cabeza ajena se llamará la añagaza o cómo salirse por la tangente quedando bien. Pues ahí no le van a coger a Artur Mas, una de cuyas coartadas es la petición sempiterna del diálogo, últimamente diálogo para hablar de su referéndum. El Gobierno se le venga ofreciendo diálogo, pero dentro de la ley –como si fuera posible otro–. Y así vamos dando en diálogos de besugos.

El latiguillo diálogo se presenta como remedio para todos los males. Su gran ventaja: evoca la especie de que hablando se entiende la gente. ¿Quién va a condenar las ofertas de diálogo, que muestran faz civilizada y responsable? El que pide (o exige) diálogo queda como político de altura. ¿Qué prefiere usted, el diálogo o la imposición? En una encuesta de tal calibre –que es modelo general– si la primera opción no llega al 100% será porque los encuestados notan que el encuestador quiere llevarle al huerto y no todos están por la labor. ¿Cómo pueden negar el diálogo, adónde nos quieren llevar?, dice luego el pedidor de diálogos imposibles, haciéndose el desairado. El que echa la primera piedra de la exigencia de diálogo tiene luego un arsenal victimista en el que regodearse.

El reclamo de diálogos cumple en nuestra vida pública dos papeles distintos, según el pedigüeño. La versión light ahorra tener posturas propias, aplazándolas a conversaciones futuras. Es así como los socialistas consiguen pasar por reformadores –sociales y/o federales– sin precisar propuestas. En sus futuros diálogos irán a ver qué sale. Una variante de este escamoteo de programas la emplea el PP, cuando llama (sin grandes convicciones) a diálogos sociales.

La otra función de la exigencia de diálogo, la dura, consiste en dar una pátina respetable a las embestidas contra la concordia social. Es el caso del independentismo catalán. Sus propuestas amenazan la convivencia pero su presentación almibarada dentro de un paquete que habla de diálogo y buena voluntad quiere vender gato por liebre. Desprecia a la democracia, pero al mentar el diálogo invierte los términos y se presenta como víctima.

Diálogo sugiere a personas conversando. Uno dice una cosa, otro otra y la plática puede llevar a algún sitio en el que las partes se conformen. El diálogo que exige el independentismo obedece a otra lógica. Busca que la parte ofensora –en este esquema la culpa es siempre de España– escuche mil veces las maldades cometidas, hasta que se percate de su furor represor. No es diálogo para buscar juntos soluciones, sino para que el exigido de diálogo comprenda las razones que asisten a la parte exigente, se arrepienta públicamente y negocie cómo enmendar tanto desaguisado: el día del referéndum, si acaso el resultado, los cuadros del Prado que le tocan, y si es necesario las condiciones de la Liga de fútbol del Ente No Estatal de Estados Independientes.

El diálogo es el término estrella en la neolengua de la posdemocracia, pero no el único. Otra palabra hace furor esta temporada: la sinceridad. Se reivindica y ofrece para todo. Hay «ofertas sinceras» de «compromisos sinceros» para abrir un «debate sincero» y entre todos realizar un «esfuerzo sincero»: no con la depravación habitual, se entiende. Pero la sinceridad se predica sobre todo para el diálogo. Bildu quiere un «diálogo sincero», el PNV uno «sincero y permanente», el PSOE que haya «diálogo sincero y profundo», el PP lo busca «sincero y leal», IU cree que con la «tolerancia y el diálogo sincero» se reconstruirán las cosas. Una nueva categoría política. Había diálogo a secas, hay diálogo sincero. ¿Habrá diálogo resolutivo? Lo hay ya, pero de momento sólo para los especialistas.

El término «sincero», «modo de expresarse libre de fingimiento», sugiere que solían mentir, pero que ahora dirán la verdad. Se sabrán tramposos, y si dicen sinceridad será porque están arrepentidos y quieren un nuevo valor político. A no ser que el «diálogo sincero» no implique sinceridad mutua, sino que consista en que el contrario admita que vive en el error. Que se rinda sinceramente. Y de forma resolutiva, si es preciso. Pero puede la imagen cordial del diálogo y de la sinceridad como nuevos nortes de nuestra vida.

En este derroche de amabilidad empalagosa nuestros próceres parecen creer que la gestión pública es una deriva de Pinocho. De cuando el hada le dice, después de que lo construye Geppetto: «Prueba que eres bueno, sincero, generoso y llegarás a ser un niño de verdad». Será la escena más vista por los políticos españoles, que se la creyeron a pies juntillas.

"Votar se votará"
Cataluña, fuera de la ley
Pablo Planas Libertad Digital  9 Abril 2014

Empieza a no tener demasiado sentido oponer las agudas disertaciones de Rajoy y Rubalcaba sobre el bien indiviso y el imperio de la ley a las amenazas de los partidos del bloque separatista catalán. Más cuando a plena luz del día, por activa y por pasiva, sin dobleces y con manifiesto desprecio por las resoluciones que pueda adoptar el Congreso, los teóricos representantes del Estado en Cataluña anuncian que incumplirán la legalidad con la convocatoria un referéndum independentista. El portavoz de la Generalidad, Francesc Homs, lo dijo horas antes de que comenzara el debate en el Congreso de los Diputados sobre la cuestión catalana. "Votar se votará. Diga lo que diga el Congreso", afirmó el campanudo consejero antes de tomar el AVE para asistir en vivo al descenso por la escala del hemiciclo de Marta Rovira. (Parte de la mañana dedicó la diputada regional republicana a familiarizarse con el escenario, tomar medidas del atril y subir y bajar las escaleras del recinto, en un ensayo completo que daba cuenta de la solemnidad de la ocasión).

Puro teatro, como la incalificable intervención del diputado Alfred Bosch, el portavoz de ERC en la Cámara, que abandonó la tribuna con un "Catalanes, catalanas: que la fuerza os acompañe", corolario de la concepción y conocimiento jurídicos que sustentan el derecho a decidir. El probablemente involuntario homenaje a La Guerra de las Galaxias esconde lo que hay detrás del plan nacionalista: la fuerza, los hechos consumados, el incumplimiento de leyes y sentencias, la presión social, la manipulación mediática y la corrupción nacionalista institucionalizada. Bosch dice lo de la fuerza como contaba los chistes Eugenio y la cosa no parece preocupante. Tampoco lo parece que Marta Rovira se crea de veras que representa a todo el pueblo catalán, incluso cuando pierde los papeles y rompe una cuerda del violonchelo. Además, sube y baja escaleras que es un primor. Lo que sí debería empezar a inquietar a alguien en el PP y en el PSOE es que, entre la fuerza y la lírica, en Cataluña no hay más ley que las fetuas de Homs, las visiones de Mas y las órdenes de Carme Forcadell, la poli mala si Rovira fuera la buena.

Habrá quien sostenga que las intervenciones de Rajoy y Rubalcaba han sido irreprochables, impecables y definitivas. Desde el punto de vista de la retórica parlamentaria, se trata de una cuestión de gustos. Desde el práctico, han sido una pérdida absoluta de tiempo. Los comisionados del parlamento catalán no son conscientes de haber hecho el ridículo, o no más que el resto. Y es verdad que representan a una cierta Cataluña, la que conoce Madrid a través de TV3 o de las confidencias de Duran, capaz de sostener sin rubor que el referéndum que proponen es menos vinculante que un sondeo de opinión. De ahí que a los diputados del tercio catalán se les dispensara una despedida en la estación de Sants como si fueran exploradores polares. ¿Dónde pensarán realmente que han estado en las últimas horas? El recibimiento puede ser apoteósico si se atiende a su agenda de entrevistas para los próximos dias. Se esperan con delectación las anécdotas personales y las impresiones de Madrid de los embajadores del president.

Por la parte del Gobierno, empieza a cobrar carta de naturaleza la sospecha de que el único plan consiste en la capacidad pedagógica de Rajoy, que está muy lejos de predicar el respeto a la ley con el ejemplo de su aplicación. De lo contrario, un tipo como Homs no podría decir eso de que "votar se votará", Mas no sería el representante ordinario del Estado (español) en Cataluña y nos habríamos evitado el discurso de Marta Rovira y, de paso, el de Alfonso Alonso.

Debate
Lo absurdo
Raúl Vilas Libertad Digital 9 Abril 2014

En el siglo XX, el teatro del absurdo proponía el disparate, el abandono de la razón para expresar el sentido del sinsentido de la condición humana. Con mayor o menor acierto, la representación de lo absurdo se convertía en una herramienta para mover al espectador a una reflexión metafísica sobre la existencia humana. Lamentablemente, lo de este martes en el Congreso no ha sido una función de Los días felices de Samuel Beckett. Los protagonistas no eran actores semienterrados en un montículo calcinado, sino políticos en la tribuna del Congreso. Pero no por ello ha sido menos absurdo.

Absurdo es que un delincuente pida permiso para delinquir. Eso, y no otra cosa, es lo que han hecho los dos emires -y media (Marta Rovira)- de Mas. Porque la cuestión no es que el proyecto de Mas tenga cabida o no en el marco constitucional, cualquier idea la tiene (véase la enorme lista de partidos políticos, a cuál más estrafalario, que hay en España). La cuestión es que el proyecto de Mas es liquidar la Constitución -no sólo es el medio, es también el fin- para apuntalar definitivamente el régimen nacionalista construido en las últimas décadas, con la inestimable colaboración de Madrit.

Absurda es Marta Rovira.
Absurdo es que el presidente del Gobierno haga un discurso en defensa de la legalidad, que supone una enmienda a la totalidad a su propia política de no hacer nada, ni siquiera mencionarlo, frente a quienes vulneran la ley de manera sistemática. Absurdo es ofrecer diálogo y financiar a quienes incumplen las sentencias de los tribunales y planean, de forma pública y notoria, un golpe de Estado en toda regla. Absurdo es permitir a Mas, que ha recorrido medio mundo explicando su plan separatista, la chulería de quedarse en casa y mandar al tal Turoll .

Absurdo es que Rubalcaba ofrezca federalismo, que por definición supone la igualdad de las partes (estados federados) respecto al todo (Estado federal), a quienes tienen el trato privilegiado como única aspiración. O sea que el PSOE nos quiere vender la moto de que igualar a Cataluña con Murcia o Asturias colmará las aspiraciones de los separatistas. No se lo cree ni Soraya. La otra.

Lo absurdo también puede ser cómico, como en la gran película Amanece que no es poco, pero lo del Congreso no hace ninguna gracia. Esta representación tiene poco de metafísica y mucho de tomadura de pelo que apesta a componenda para, al final, seguir pagando con nuestros impuestos un chantaje siniestro e intolerable.

Cataluña
Esto ya ralla
Emilio Campmany Libertad Digital 9 Abril 2014

En la tarde de este martes, los dos líderes políticos que representan a la gran mayoría de los españoles han coincidido en algo que no es del todo verdad. Les han contestado a los enviados del Parlamento de Cataluña que la ley no permite darles lo que piden, la autorización para celebrar una consulta sobre la independencia de Cataluña. Es cierto que entre las competencias exclusivas del Estado está la "autorización para la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum" (art. 150.1. 32ª). Pero la competencia exclusiva es la de autorizar, no la de celebrar o convocar, de manera que el Estado, si quiere, puede autorizar. Además, la Constitución (art. 150.2) permite transferir facultades de titularidad estatal. ¿Donde está el problema legal? Está en el artículo 1, donde dice que la soberanía nacional reside en el pueblo español. O sea que en Cataluña se pueden celebrar referéndums, como de hecho se han celebrado, en los que sólo decidan los catalanes. Lo que no pueden hacer es decidir nada partiendo del supuesto de que el pueblo catalán es soberano, se les autorice o no el referéndum. Y eso era lo que venía a decir, añadiendo inútiles y confusos matices, la sentencia del Tribunal Constitucional.

La cuestión sin embargo no es sólo de leyes o constituciones. Daría igual que la Constitución hubiera olvidado decir que la soberanía reside en el pueblo español porque, de hecho, es donde únicamente puede residir, porque no somos una acumulación de pueblos soberanos que voluntariamente se han asociado sin renunciar a su soberanía. Somos una nación y, por lo tanto, un pueblo. Y lo seguiremos siendo mientras lo queramos, no porque la Constitución lo diga.

Sucede que hay en Cataluña muchos que no quieren formar parte de ese pueblo porque se sienten exclusivamente catalanes. No sé la fuerza que tendrá ese sentimiento. Pero si efectivamente es tan poderoso como ellos dicen, no sé a qué esperan sus representantes políticos, que gozan de una amplia mayoría en su Parlamento, para declararse unilateralmente independientes. Ese esfuerzo inútil en el que están empeñados en hacer las cosas legalmente es ridículo. Lo es porque, tras incumplir todo un rosario de normas y sentencias, sería la primera cosa que les preocupara hacer con respeto a las leyes españolas. Y lo es porque un proceso consistente en cargarse España y ciscarse en la soberanía nacional no puede nunca ser legal. Sólo podría serlo tras trocearla y repartirla entre los distintos pueblos de unos futuros Estados confederados. Y, francamente, ¿qué necesidad tenemos los demás de que nos hagan soberanos en nuestra región si sólo es para dar gusto a los separatistas catalanes y que puedan declararse independientes con pleno y riguroso respeto a la legalidad vigente? Si tanto quieren la independencia, que la declaren de una vez y dejen de joder con la pelota. Tantas leyes y sentencias se han saltado que no entiendo estos remilgos para hacer algo que, por su propia naturaleza, ha de ser esencialmente ilegal. En fin, que esto ya ralla.

Desafio secesionista
El 'Trío Referéndum' lo explica todo
Pablo Molina Libertad Digital 9 Abril 2014

El trío seleccionado por el parlamento regional de Cataluña para defender en las Cortes de verdad su pretensión de convocar un referéndum independentista explica muchas cosas. En realidad aclara totalmente por qué un absurdo como la idea de trocear una nación milenaria ¡por procedimientos legales! ha podido llegar a convertirse en uno de los principales problemas a los que se enfrenta en estos momentos nuestro país, porque un pueblo que elige a representantes políticos como ellos es capaz de protagonizar cualquier disparate y de insistir en él durante meses con la misma terquedad que ausencia de sentido del ridículo.

Además de la continua apelación a cuestiones sentimentales, como si en lugar del Parlamento de la Nación estuvieran en un consultorio de tarot de la madrugada televisiva, los tres representantes de las fuerzas parlamentarias catalanas dieron muestras lo voluble que es para ellos el concepto de democracia. Joan Herrera lo resumió perfectamente cuando al terminar su intervención soltó un "democracia es ser demócrata" a modo de síntesis irrefutable. De esa manera, todo lo que sugiera, proponga u ordene un demócrata es perfectamente democrático, incluso si contraviene expresamente lo establecido en la Constitución o el resto del ordenamiento jurídico. Y como en España no hay más demócratas que los izquierdistas y los nacionalistas, los pobres viven cualquier negativa reglamentaria a sus proyectos alocados como un ultraje que a duras penas pueden soportar. Normal que estén tan susceptibles.

Pero sin duda fue la intervención de la representante de ERC, la gran Marta Rovira, la que definitivamente nos permitió comprobar el nivel intelectual de la operación separatista y sus implicaciones sentimentales, mucho más importantes para los nacionalistas que su mero carácter político. Rovira es aquella portavoz de ERC que, preguntada por una periodista francesa acerca de cómo pensaban financiar la independencia, se hizo tal lío con la fiscalidad del nuevo Estado que su respuesta se convirtió en una serie de balbuceos inconexos para asombro de la gabacha preguntona, que igual vivió el suceso como una afrenta personal. No había tal. Sucede que Marta Rovira no cree en los números sino en los sentimientos; no en la frialdad de las matemáticas sino en la calidez de la seducción, también como arma para la discusión política. Ella misma dijo que lo que los catalanes quieren es ser seducidos por España, porque ahora mismo "no nos aceptan ni como somos ni como soñamos". También explicó a toda España que cuando deja a su niño en el cole las conversaciones con el resto de las madres giran en torno al derecho a decidir, de manera que hasta en las guarderías catalanas el tema de conversación no son las actividades extraescolares o la última epidemia vírica, sino la autodeterminación.

Ante argumentos de semejante calado, no se explica cómo la tribuna de invitados, repleta de diputados y altos cargos nacionalistas no se vino literalmente abajo. Al contrario; en lugar de mostrar entusiasmo por la solvencia del discurso en defensa del referéndum, los ilustres invitados asistieron al debate con cara de asquito, como si a alguno de ellos se le hubiera escapado un pum. Debe de ser que les molesta venir a la atrasada España a que los corran a gorrazos unos diputados con tan poco glamur, porque el espectáculo del Trío Referéndum en representación del parlamento regional de Cataluña fue impagable. Los mandan a que actúen en la ONU y Ban Ki Moon declara a Catalonia, como mínimo, Estado Observador.

La corrupción engendra corrupción
ELISA DE LA NUEZ El Mundo 9 Abril 2014

Ahora que la contemplación diaria de los resultados de la corrupción y el mal gobierno generalizado nos ha dejado tan claro el pésimo funcionamiento de nuestras instituciones, especialmente de las de supervisión y control, el sistema político nacido en la Transición empieza a incurrir en una especie de esquizofrenia. Por una parte, tiene que atender al clamor ciudadano y a las recomendaciones internacionales para fortalecer los mecanismos de lucha contra la corrupción -muy especialmente la transparencia- pero por otro lado quiere hacerlo intentando no comprometer el sistema clientelar subyacente y de captura de rentas públicas del que depende en gran medida su subsistencia. De ahí que las medidas de regeneración que se proponen sean siempre a futuro, y nunca obliguen a asumir las muy presentes responsabilidades del aquí y ahora, o que se pretenda controlar el frente judicial que tantos daños colaterales es todavía capaz de causar, ya sea vía CGPJ o con el nuevo Proyecto de Ley Orgánica del Poder Judicial. En fin, se persigue la cuadratura del círculo, luchar contra la corrupción y el mal gobierno pero sin cuestionar sus causas y sobre todo a sus responsables.

Las encuestas del CIS ponen de manifiesto una y otra vez que la corrupción política es uno de los principales problemas para los ciudadanos españoles: 9 de cada 10 españoles creen que está muy o bastante extendida. A esto se une la desconfianza y desafección creciente en las instituciones, que alcanza en el último barómetro del CIS máximos históricos. Los informes europeos apuntan en la misma dirección, como revelan los datos del último informe de la Comisión sobre corrupción de febrero de este año.

Según este informe, en nuestro país el soborno no es habitual, pero la corrupción en sentido amplio constituye una grave preocupación. Si buscamos consuelo, podemos recordar que tres cuartas partes de los encuestados europeos piensan que la corrupción está muy extendida en su país. Eso sí, los países en que más ciudadanos piensan que es así son Grecia (99 %), Italia (97 %), Lituana, España y la República Checa (95 %). No es para estar muy orgullosos.

En todo caso, conviene recordar que la percepción de la corrupción tiene mucho que ver con la falta de transparencia y de mecanismos de exigencia y rendición de cuentas y con la falta de asunción de responsabilidades ya sean jurídicas o políticas. En definitiva, con la percepción de la impunidad que gozan los corruptos y los malos gestores tan característica de nuestro país. Y es que según la definición ya clásica de Klitgaard corrupción = monopolio en la toma de decisiones + discrecionalidad - rendición de cuentas.

La llamada teoría política del agente y el principal considera que los problemas de corrupción y mal gobierno aparecen cuando el agente (el representante político) coloca sus propios intereses por encima de los de su principal (el ciudadano). Porque es frecuente que principal y agente no tengan siempre los mismos intereses. Es más, lo normal es que sus intereses sean divergentes, lo que constituye un incentivo para que el agente decida actuar en beneficio propio y no en beneficio de su principal. Por ejemplo, haciendo recortes en el gasto público muy sensibles para el ciudadano antes que recortes en el gasto político, muy sensibles para el político.

Por otro lado, lo habitual es que el ciudadano no disponga nunca de toda la información sobre la actuación de su representante político. Una cultura política como la española, donde prevalece la opacidad, ofrece grandes oportunidades para que el agente pueda actuar en contra de los deseos e intereses del principal confiando en que con un poco de suerte, éste no se va a enterar de cómo funcionan las cosas, o de que se enterará demasiado tarde. La situación actual de los medios de comunicación en España contribuye de manera decisiva al mantenimiento de esta situación, aunque finalmente algunos casos acaben saliendo a la luz. Pero siempre se puede decir que son excepciones y no la regla general.

Pero el problema más grave surge cuando el ciudadano no está tan deseoso como podría parecer a primera vista de controlar al agente, es decir, a su representante político. O dicho de otra forma ¿qué ocurre si el ciudadano está dispuesto a hacer la vista gorda siempre que se trate de sus agentes? Pues que se produce el fenómeno del sálvese quien pueda, de los que tantos ejemplos que vemos a diario.

Efectivamente, la teoría política nos dice que las soluciones que pretenden atajar la corrupción y el mal gobierno suelen funcionar en entornos de baja corrupción donde se espera que los representantes políticos actúen en interés de los ciudadanos. En esta situación, cuando se observan incumplimientos puntuales, basta con introducir reformas que aumenten la exigencia de transparencia y de rendición de cuentas, o que penalicen estas conductas para desincentivarlas. Se trata de casos excepcionales, dado que el ciudadano es muy exigente en la defensa de sus intereses y se esfuerza en controlar a todos los políticos por igual, con independencia del partido al que pertenezcan como sucede en los países con un menor nivel de corrupción como los nórdicos.

Sin embargo, en países como Italia, Grecia y España en los que la percepción social de la corrupción es muy alta, la mayor parte de los ciudadanos cree que todos los agentes políticos son igualmente corruptos y que siempre van a anteponer sus propios intereses a los suyos. Lo decisivo es que esta mala opinión se extiende incluso a los nuevos agentes o nuevos partidos. El ciudadano piensa que «todos son iguales» y que por tanto se van a compartar como élites extractivas, por usar la expresión que ha popularizado Cesar Molinas. Esta creencia dificulta enormemente la llegada de nuevos políticos, que tienen que demostrar su inocencia, y beneficia a los que ya están establecidos por corruptos que sean en la medida en que esa percepción o favorece la abstención o les favorece a ellos. Efectivamente, si todos los políticos son iguales, el ciudadano optará no por el más honesto o más eficiente -que por definición no existe- sino por el más próximo.

Como ha señalado el profesor Bo Rothstein, de la Universidad de Goteburgo (Suecia), especialista en el tema, en estos entornos se genera un círculo vicioso de desconfianza general que incentiva aún más la corrupción y el mal gobierno que resultan mucho más difícil de combatir.

Los ciudadanos ya no pueden confiar en los políticos, los empleados públicos o simplemente en las personas que no conocen. Nadie cree de verdad que las instituciones sean neutrales y que protejan y garanticen por igual los derechos de todos los ciudadanos, por lo que es más seguro tener un contacto que facilite las cosas. Predomina la confianza particularizada en los grupos, familias, clientelas o partidos políticos por encima de la confianza en toda la sociedad y en sus instituciones. Las empresas ya no piensan que pueden obtener contratos públicos si no contratan al conseguidor de turno, o si no practican de forma compulsiva la revolvingdoor y llenan sus consejos de administración de ex políticos. Las redes informales de confianza sustituyen a las institucionales y se instala la percepción del sálvese quien pueda o más bien del salvemos a los nuestros que ahonda todavía más el círculo vicioso.

No parece exagerado concluir que en España nos estamos deslizando por esta peligrosa pendiente. El entorno de crisis económica contribuye a agudizar el problema, lo mismo que la voluntad de muchos responsables de la corrupción y el mal gobierno de eludir los tribunales de Justicia. ¿Cómo salimos de esta espiral? La respuesta no es fácil, pero sin duda pasa por convertirnos en ciudadanos exigentes y en impedir que quienes dirigen una administración pública puedan usarla de forma patrimonial para construir o mantener redes clientelares que les mantengan en el poder con el dinero de todos los contribuyentes. Para eso, lo primero es no votar a los partidos que hacen este tipo de política y dar una oportunidad a los que no funcionan así. Tenemos una gran oportunidad a la vuelta de la esquina.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado, fundadora de Iclaves y editora del blog ¿Hay derecho?.

Andalucía
Paradojas
José Luis Roldán Libertad Digital 9 Abril 2014

Decíamos ayer, a propósito de la mangancia, que la Junta descubrió una vieja treta para garantizar la impunidad de sus copiosas y dispares corruptelas: la magnificencia. Chaves, descubridor del truco, la empleó pródigamente para cambiar dineros de bolsillo, grandes sumas; por ejemplo, 10 millones de euros del bolsillo de los contribuyentes andaluces -a razón de 3 euros por cabeza- al bolso de su hija Paula, firmante de la recepción del convoluto, en nombre de Minas de Aguas Teñidas (incluso el nombre de la empresa ya dice mucho de por sí).

Luego vino Pepe I, el Sencillo, émulo de Manolo y maestro de Susana, que, como en el fondo era un filántropo, usó la magnificencia para darle de comer, no ya a su familia, sino a la tribu entera. Esto fue llamado en la neolengua andaluza "reordenación del sector público". El vulgo, menos culto, la motejó ley del enchufismo.

Paradojas. Delinquir (delincuir, Chaves dixit) desmesuradamente para garantizar la impunidad.

Eso es algo que nunca entendió el exalcalde de Jerez, Pedro Pacheco. Fue condenado hace poco a cuatro años y medio de cárcel por haber colocado a dedo a dos asesores. ¡Estúpido roñoso! Sólo a dos, ¡con el paro que hay en Jerez! Si hubiese colocado a 30.000 probablemente seguiría de alcalde, o lo habrían nombrado juez por el cuarto turno o senador digital, como a Griñán.

La Audiencia de Cádiz también ha condenado como cooperadores necesarios a los dos beneficiados.

Aquí, en cambio, en la mayor operación de enchufismo de la historia de España, el cooperador necesario ha sido el juez; se llama Pablo Lucas Murillo, fue alto cargo con los socialistas, a los que debe la toga suprema y las puñetas de bolillo, sin pertenecer a la carrera judicial. No sólo quedó impune, sino que pronto será recompensado, ¡al tiempo!

Como no creo en las casualidades, sino en las causalidades, mi razón rechaza que entre la cantidad de magistrados profesionales y competentes que hay en el Tribunal Supremo el azar eligiera a don Pablo Lucas para ser ponente de las dos primeras sentencias -requisito necesario para fijar doctrina- sobre el tema en cuestión. Con la cantidad de magistrados profesionales, eligieron para el caso a don Pablo Lucas, para juzgar la conducta de quien, precisamente, lo había aupado al puesto que detenta; con la cantidad de magistrados competentes, designaron a uno bajo sospecha de parcialidad que, además, ni siquiera acertó a citar correctamente los pocos artículos en que fundamentaba -nunca mejor dicho- su fallo.

Paradojas. El juez designado por la parte. Juez de parte, pues.
Y es que, desde los inicios, nuestra historia está llena de paradojas. La historia del pensamiento debe a Zenón de Elea el uso de la paradoja como instrumento para el razonamiento lógico y la pedagogía. La vida misma, la existencia, es en sí una paradoja. Ya se sabe que todo lo que es lleva en sí el germen de su negación.

No habría de librarse de ello la obra humana, siendo tan imperfecta. Menos aún la de un juez, siendo, más que imperfecta, chapucera. Puede que una paradoja hospedada en su infame sentencia sea lo que la haga volar por los aires.

Pero, como se decía en un libro infantil, cuyos protagonistas dieron pie en los años 80 a una moda onomástica de lo más extravagante (v. g. Atreyu Repullo o Xayide Pérez), esa es otra historia y, con la benevolencia de los desocupados lectores, será contada el próximo día.

Lo jurídico y lo político
Ramón Pi www.gaceta.es 9 Abril 2014

parece darse por supuesto que cuando las leyes obstaculizan un designio político, la ley puede ceder como si los políticos no estuviesen sometidos a la ley.

En el curso del debate en el Congreso sobre la proposición de ley orgánica presentada por el Parlamento autonómico de Cataluña para que le fuera transferida la competencia de convocar un referéndum separatista (debate saldado con la negativa aplastante a tomarla en consideración), uno de los puntos recurrentes fue la contraposición entre lo jurídico y lo político.

Los proponentes acusaban a populares, socialistas, UPyD y UPN de refugiarse en argumentos jurídicos para enmascarar la voluntad política de negarse a la pretensión de la Cámara autonómica. Este modo de pensar es bastante frecuente entre nuestros políticos: parece darse por supuesto que cuando las leyes obstaculizan un designio político, la ley puede ceder como si los políticos no estuviesen sometidos a la ley. Pero esto es un error grave que va contra los cimientos de toda democracia digna de este nombre. Desgraciadamente nuestros legisladores se comportan con demasiada frecuencia como puros autócratas, y así, el sistema se resiente y se va pudriendo en la medida en que la ley queda reducida al mero ropaje con que se viste la voluntad incontrolada de los partidos.

De todos modos, algo había de verdad en el reproche de los separatistas, en el sentido de que la cuestión de fondo era netamente política: en realidad, la mayoría arrasadora de los diputados no estaba tanto movida por amor al cumplimiento de la ley como por la aversión a dar luz verde a un proceso de muy previsibles conse-cuencias funestas. Y me llamó la atención que ningún orador de la mayoría opuesta a la pretensión separatista agarrase ese toro por los cuernos y desenmascarase los sofismas de los parlamentarios autonómicos, porque lo tenían muy fácil.

En efecto, el rechazo de la proposición autonómica se basa en un argumento jurídico muy poderoso: al ser la potestad del Estado en materia de referéndum indelegable por su propia naturaleza, resulta que el Congreso no puede aprobar su transferencia a las autoridades regionales; hacerlo sería ilegal, y muy probablemente anticonstitucional. Pero es que, aun en el supuesto de que fuese conforme a la ley y la Constitución, el "no" estaría legítimamente avalado por la decisión política de bloquear semejante consulta por la materia sobre la que los separatistas pretenden esa potestad, que no es otra que plantear la secesión de Cataluña.

En otras palabras, eché en falta que nadie dijera algo como esto: el Tribunal Constitucional, desde su Olimpo teórico, puede sentenciar que si se modificase la Constitución anulando sus dos primeros artículos, sería lícito jurídicamente ese referéndum secesionista en Cataluña. Pero precisamente es esa reforma constitucional la que no va a contar con nuestro concurso político de ninguna manera, porque entendemos que el pueblo español es absolutamente contrario al despiece de España; así que, señores separatistas, si quieren lograr su pretensión, no podrá ser por las buenas, porque jurídicamente tenemos la Constitución y las leyes de nuestro lado, y políticamente tenemos a la mayoría abrumadora del pueblo español también de nuestra parte. No prosigan con su táctica de calentar los ánimos de los españoles de Cataluña con su quimera secesionista, pues de este modo sólo conseguirán generar una enorme frustración que fácilmente conducirá a enfrentamientos entre catalanes, y no sería raro que alentasen el surgimiento de movimientos de carácter violento que no fuesen capaces de controlar y les pasasen por encima a ustedes mismos, con las consecuencias fáciles de imaginar que no desea nadie. Dejen, pues, de manosear la palabra democracia y acepten democráticamente, si saben y pueden, la voluntad de la mayoría de los españoles.

El segador de tempestades
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es
Los adalides de la autodeterminación se parecen todos; Bokassa también camuflaba su antropofagia en los menús.

La independencia catalana lleva décadas en el horizonte, que es la estantería donde se colocan las cosas inalcanzables, como las galletas de chocolate en las casas con niños. Es un hecho que conoce cualquier catalán alfabetizado que emocionalmente haya superado la pubertad. Incluso los nacionalistas lo saben. Por eso hace tiempo que aplican a sus masas lavados de cerebro y métodos de control mental, por la misma razón por la que pueden prescindir de quirófanos pero nunca de televisiones.

Alguien, en algún momento, tendrá que hacer algo con Cataluña. Algo que no sea insultar a los catalanes, pero tampoco seguir raspándose las rodillas ante los separatistas de butifarra y tres por ciento, esa mezcla de vulgaridad aldeana y corrupción institucional que es el nacionalismo.

Muy al contrario de lo que dicen los tibios -que son los lacayos de los oligarcas y el café con sal de los dioses-, el rumbo sedicioso del catalanismo no es un órdago político. No es como que te saquen la lengua o te alcen la voz. Es ciscarse en las últimas oportunidades que nos quedan para entendernos, que no son infinitas ni son cómodas, y van camino de alojarse en ese gran museo de la nostalgia histórica que forman todas las ocasiones perdidas.

El debate bizantino, aburrido -por momentos ridículo- de ayer nos trae a la memoria las idem de Gil Robles, que son un ladrillo pero tienen un título acertado No fue posible la paz. También las novelas de Guareschi sobre don Camilo, cuando el sacerdote suplicaba paciencia a su Cristo: “sujetadme Señor o yo marcho sobre Roma”. Porque no se pueden dinamitar los puentes, contaminar los argumentos, levantar banderas de odio populista sin que se acaben prendiendo todas las mechas.

También se equivocan los que creen que el problema catalán lo acabará arreglando Europa, que es una creencia similar a la de la cienciología o a la iglesia maradoniana, dicho sea con todo el respeto que merecen esas religiones. Que es el que es.

Pero alguien, de verdad, en algún momento, tendrá que hacer algo con esta propuesta de regresión a lo tribal disfrazado de derecho a decidir. Los adalides de la autodeterminación se parecen todos; Bokassa también camuflaba su antropofagia en los menús. Ahora el parlamento de Cataluña, con el permiso que le dio el inspector de nubes, se ha convertido en una cooperativa de sembradores de vientos. Y aunque lo haga cantando, no le va a resultar agradable al segador recoger esa cosecha.

La patria es otra cosa
José Carlos Rodriguez www.gaceta.es
España, una comunidad política sancionada por muchos siglos de historia común, y con raíces dos veces milenarias.

Los partidos catalanistas han llevado al Parlamento la propuesta de aprobar una ley que permita un referéndum de secesión en y para Cataluña. Mariano Rajoy ha mirado compungido a los nacionalistas. ¿Pero no véis que lo que me pedís es imposible? Si yo tuviera la soberanía nacional en mis manos... pero no puedo hacer nada, hijos míos. La Constitución es lo que hay, y dice claramente que referéndum sólo cabe el que pregunte a todos los españoles. No me miren a mí. Es más, yo les abro una puerta. Una puerta que siempre estuvo abierta: la reforma de la Constitución. Patada a seguir. Hay margen de sobra para la política, que es el arte de lo posible con nosotros manejando el cotarro.

Luego llega Rubalcaba. No puede dar el paso de permitir el referéndum, ni ningún paso decisivo hacia la secesión. El día en que Cataluña deje de ser (legalmente) España, el PSOE deja de ganar unas elecciones nacionales en al menos cinco décadas. Pero debe seguir siendo simpático con el nacionalismo, con el que tiene un pacto de sangre contra la derecha y, necesariamente, contra España. Difícil equilibrio. Ah, pero Rubalcaba es muy listo. Escuchémosle como a Frank Underwood: "Propongo una constitución federalista. Es suficientemente atractivo para los secesionistas, mientras que lo visto de apaciguamiento y voluntad de seguir unidos frente al resto. Salvo la cara frente a unos y a otros, que los míos tragan lo que les eche". Patada a seguir.

Formalmente, los dos están de acuerdo. Pero no se han unido para decir lo fundamental, que son dos cosas: una, España es España es España, y no está en discusión. Y dos, que no se puede transigir con la ley. No sólo está la Constitución como último argumento político, sino las leyes que ésta ampara. Mariano Rajoy, y antes Zapatero, y antes Aznar, y antes... han permitido que las leyes de los españoles se incumplan en Cataluña y el País Vasco. Y que los derechos de los ciudadanos allí se violen sistemáticamente. Son ellos los que han aceptado el juego de paz por violaciones sistemáticas de la ley. Por eso el argumento de Rajoy no es creíble. Acude a la Constitución como último recurso, pero él mismo es cómplice de su violación sistemática.

Entonces Rajoy (y esto lo hereda de José María Aznar), por un lado desprecia la Constitución y por otro la sublima como fuente no ya de las leyes, sino de la patria. Dice: "A todo esto, a todo lo que nos unió en 1978 y que nos une todavía hoy, a todo esto, vagamente, sentimentalmente, sin ningún afán trascendental, lo llamamos patria. Pero si a ustedes no les gusta, podemos llamarle futuro".

Pues si Rajoy a la Constitución, vagamente y sin sentimientos, le llama "patria", algunos llamamos "patria" a España, una comunidad política sancionada por muchos siglos de historia común, y con raíces dos veces milenarias. Algo tan importante que nadie se ha atrevido a hablar de ello en el Parlamento nacional.

Lenguas en peligro de extinción
Salvar una lengua es tan importante para la humanidad como salvar el patrimonio, el medio ambiente o la propia vida
Francisco Cano Carmona www.diariosigloxxi.com

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Los medios nos bombardean continuamente con noticias sobre la extinción de especies como consecuencia de desastres naturales o de la acción humana sobre las propias especies o los ecosistemas que habitan; sin embargo, pocos son los medios de comunicación que reflejan otra triste realidad: la extinción de las lenguas y, con ellas, de conocimientos ancestrales y culturas seculares.

De acuerdo con los últimos estudios encargados por la UNESCO, si no se actúa rápido, a finales de este siglo se habrán perdido más de la mitad de todas las lenguas existentes; especialmente en África, Asia y América.

La vitalidad de las lenguas
Los factores que afectan a las lenguas son muy diversos: desde factores internos, como la extinción de los hablantes o la falta de empleo del idioma como herramienta de comunicación, hasta externos, como la globalización o el dominio militar o cultural de una comunidad sobre otra.

Aunque no existe un único factor, entre 2002 y 2003, la UNESCO encargó a un grupo internacional de lingüistas que llevara a cabo un estudio profundo sobre la vitalidad de las lenguas del mundo, y dicho grupo consiguió delimitar nueve factores determinantes para medir la salud de un idioma: número absoluto de hablantes, transmisión intergeneracional de la lengua, proporción de hablantes en la comunidad etnolingüística afectada, actitudes de los hablantes hacia el habla, naturaleza y calidad de los documentos existentes en dicha lengua, posibilidad de la lengua de abrirse camino en medios de comunicación y otros sectores de la sociedad, disponibilidad de materiales didácticos para la enseñanza de la lengua; la situación de la lengua respecto al ámbito en el que se usa y, finalmente, las políticas institucionales dirigidas hacia la lengua en cuestión.

El atlas lingüístico mundial
La expansión, principalmente, de las lenguas europeas, el chino y el árabe han provocado que numerosas lenguas sean desplazadas a un plano secundario e incluso que hayan desaparecido o estén en peligro de extinción.

Aunque se desconoce el número real de idiomas perdidos a lo largo de la historia, los expertos calculan dicho número basándose en las lenguas extinguidas recientemente.

Las regiones del planeta en las que existen más lenguas amenazadas son, precisamente, aquellas en las que hay una mayor diversidad lingüística. Así, África, Asia y Suramérica ven peligrar la mayoría de sus lenguas. Sin ir más lejos, este último territorio ha sufrido la extinción de ciento quince de las doscientas ochenta lenguas existentes desde la llegada de los españoles.

Para conocer de un modo más profundo la situación de las lenguas en el mundo y poder dar respuestas eficaces a su desaparición, la UNESCO encargó en 2010 a un grupo de treinta expertos de distintos países la reedición de su Atlas UNESCO de las lenguas en peligro cuya versión interactiva puede visitarse en el sitio web de la propia organización.

Así, este libro se convierte en la gran obra sobre los idiomas en el mundo. Entre alguno de los datos curiosos aportados están la desaparición de doscientas treinta idiomas desde 1950, entre los que se encuentra el eyaak de Alaska (Estados Unidos), desaparecido en 2008 tras la muerte de Marie Smit, su última hablante.

La UNESCO y los proyectos se están llevando a cabo
Puesto que toda lengua es única y refleja el modo que una comunidad de hablantes tiene de ver el mundo, su pérdida significa también la pérdida de conocimiento y de formas de entender la vida y el cosmos. Para evitar la pérdida total de lenguas en peligro de extinción, la UNESCO ha puesto en marcha una serie de proyectos internacionales.

Entre ellos se encuentran From spoken to written languages in Cameroon (De las lenguas habladas a las escritas en Camerún), iniciado en 2005 en África; o Learning from innovative language policies in Latin American countries (Aprendiendo de las innovadoras políticas lingüísticas en América Latina), puesto en marcha un año antes en Suramérica.

En cualquier caso, los proyectos abarcan varios campos de trabajo; concretamente la educación de las lenguas, su presencia en los medios de comunicación, y en la transmisión de los conocimientos de las que son depositarias las comunidades en las que se hablan las lenguas vernáculas.

Salvar una lengua es tan importante para la humanidad como salvar el patrimonio, el medio ambiente o la propia vida. Con la muerte de un idioma muere también una cultura y, con ella, una parte de nosotros mismos.

Nacimiento y muerte de las lenguas
Nota del Editor 9 Abril 2014

¿ Porqué y como nacen las lenguas ?

¿ Porqué y como evolucionan las lenguas ?

¿ Porqué y cómo desaparecen las lenguas ?

¿ En qué estado hay que mantenerlas ¿

¿ Quién debe mantenerlas ?

¿Quién debe financiar su mantenimiento  ?

¿ Si las lenguas deben mantenerse mediante la transmisión entre personas, quién debe sufrir su enseñanza ¿

? Quién debe beneficiarse de su enseñanza y uso ¿

¿ Quién levanta barreras lingüísticas ?

¿ Quién se beneficia de las barreras lingüísticas ¿

¿Quién resulta perjudicado por las barreras lingüísticas ¿

¿ En qué consiste la riqueza lingüística ¿

¿ A quién pertenece la riqueza lingüística ?

¿ A quién le importa la riqueza lingüística?

¿ Quién reclama para si la riqueza lingüística ?

Está claro que una vez contestadas estas preguntas, lo mejor que pueden con hacer las lenguas que pretenden conservar es guardarlas en una cajita bien cerrada con llave.

DISTURBIOS DEL 22-M
Confirmada la detención de independentistas gallegos
Juan E. Pflüger www.gaceta.es 9 Abril 2014

Fuentes de la investigación policial aseguran a GACETA.ES que hay tres arrestados vinculados al Movimiento de Liberación Nacional Gallego.
Grupos violentos que agredieron a los antidisturbios el 22-M.

Tras los disturbios en los que se produjeron las agresiones de grupos organizados contra los integrantes del Grupo Puma 70 de la Unidad de Intervención Policial (UIP) se han producido 32 detenciones de personas que estarían implicadas en los desórdenes. De ellos, 21 fueron detenidos durante los altercados o en las horas siguientes, y 11 en el transcurso de la operación llevada a cabo durante la mañana del pasado viernes día 4.

Fuentes de la investigación han asegurado a GACETA.ES que entre los detenidos hay varios miembros de grupos radicales gallegos identificados con el entorno del Movimiento de Liberación Nacional Gallego (MLNG). En concreto serían tres los jóvenes a los que la Policía vincula con alguno de los grupos que integran el entramado copiado del que organizó ETA para dar cobertura social y política a su actividad terrorista.

Lo más probable es que los tres detenidos estén vinculados a Assemblea de Mocidade Independentista (AMI), la rama juvenil del entramado que actúa de la misma manera en que Jarray, Haika y Segi lo hacían en el caso vasco.

El primero de estos detenidos vinculado al independentismo gallego, cuyas iniciales corresponden a E.D.C.M, es un joven de 19 años al que identificó el Grupo 23 de la Comisaría de Información durante los enfrentamientos con los antidisturbios. Su detención se produjo después de que usara una tapa de alcantarilla para golpear el suelo y obtener fragmentos para lanzar a los agentes. Según fuentes de la investigación, opuso una fuerte resistencia a ser detenido agrediendo a la agente, miembro del Grupo 23 de Información, que le arrestó. Esta policía presenta múltiples contusiones fruto del forcejeo que tuvo que mantener para poder inmovilizar al violento.

Los otros dos detenidos a los que la investigación vincula directamente con el MLNG son I.C.S. y M.F.P, ambos residentes en Pontevedra.

Otro de los detenidos sobre el que se ha abierto en los últimos días una gran polémica informativa y mediática es un miembro del grupo anarquista Bandera Negra. De él se publicó que era un ultraderechista que había participado en los disturbios. Las fuentes policiales de la investigación consultadas por este diario han confirmado que el detenido pertenece al grupo anarquista, si bien tuvo un pasado de militancia en grupos de la extrema derecha.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Rechazada la consulta de forma convincente, toca resolver el problema
EDITORIAL El Mundo 9 Abril 2014

EL PARLAMENTO rechazó ayer con rotundidad, pero sobre todo con solidez de argumentos, la solicitud de la Cámara catalana para que el Estado ceda a la Generalitat las competencias que le permitan celebrar la consulta soberanista. Los nacionalistas trataron de dar al debate un halo de acontecimiento histórico que se deshinchó muy pronto. La renuncia de Artur Mas a defender la propuesta dejó en manos de tres diputados una misión que les quedó notoriamente grande. Jordi Turull (CiU) apeló en su intervención al imaginario nacionalista para dibujar una Cataluña oprimida durante siglos por España. Concluyó en un tono que por pretendidamente épico rayó lo infantil, asegurando que ha llegado «la hora de Cataluña» y que se ha iniciado «un camino sin retorno». Sus palabras quedaron devaluadas pocos minutos más tarde cuando su compañero de partido, Duran Lleida, dijo que están dispuestos «a negociarlo todo». Deberían ponerse de acuerdo: o hay margen para el pacto o no lo hay.

A Turull le siguió Marta Rovira (ERC), que sorprendió por una puesta en escena naif, saludando a Rajoy y a Sáenz de Santamaría en sus escaños. Habló de una Cataluña democrática que pretende votar, frente a un Estado que le niega esa posibilidad y que pone por delante intereses que no son los de las «personas», lo que ejemplificó aludiendo al rescate de los bancos. Joan Herrera (Iniciativa) cerró las intervenciones en representación del Parlament reclamando un «ejercicio de pedagogía» que ayude a entender el problema del encaje de Cataluña en España. Sin embargo, acabó acusando a la mayoría de la Cámara de no representar «la pluralidad de España».

Las respuestas de Rajoy y Rubalcaba fueron, argumentalmente, mucho más consistentes, si bien es cierto que tenían el viento a su favor, porque es más sencillo defender la legalidad que el aventurerismo y porque se sentían respaldados por la mayoría parlamentaria. El presidente del Gobierno habló desde un punto de vista más institucional y el líder socialista lo hizo con un acento más político, en un reparto de papeles que cubrió todos los flancos del debate. Los dos emplazaron a los nacionalistas a buscar soluciones dentro de las reglas que marca la Constitución, si bien Rubalcaba fue mucho más allá al plantear una reforma federalista de la Carta Magna.

Rajoy construyó su discurso sobre tres pilares: la imposibilidad legal de ceder la competencia para la consulta, la denuncia del falso relato del victimismo nacionalista y el engaño consistente en ocultar a los ciudadanos las consecuencias que tendría salirse de España. «No existen soberanías regionales, provinciales ni locales», dijo el presidente. Aseguró que está dispuesto al diálogo, pero que sólo puede haber puntos de encuentro dentro de los límites que marca la ley: «No me pidan que me salte la soberanía nacional». Acusó a los nacionalistas de construir su armazón ideológico con agravios irreales -«no es verdad que Cataluña esté oprimida ni que tenga un trato discriminatorio», dijo- y subrayó que los catalanes nunca han tenido tanto autogobierno como hoy gracias a la Constitución que ahora ven como un obstáculo.

Rubalcaba recogió esa afirmación y la incorporó en una buena intervención, en la que desentrañó la trampa de la consulta: «Se dice que el referéndum es jurídicamente consultivo, pero se pretende que sea políticamente vinculante, y por tanto, materialmente constituyente, y eso afecta a todos los españoles». «El derecho de autodeterminación es un derecho para irse y ninguna Constitución del mundo lo recoge», añadió. El líder socialista criticó el discurso «insolidario» de quienes dicen que a Cataluña le irá mejor fuera de España: «Eso nos suena, lo hemos oído también en Europa respecto de los países del sur». En una apuesta por resolver el problema catalán, aseguró que frente a quienes trabajan para ver «cómo se van de España», están quienes dicen «vamos a sentarnos para ver cómo seguimos juntos». Yconcretó su apuesta de una reforma constitucional.

Rosa Díez fue la más beligerante y la que empleó un tono más duro contra los nacionalistas, a quienes no dudó en calificar de antidemocráticos: «Porque antidemocrático es quitar derechos a una parte de los ciudadanos como pretenden, al intentar dejar sin votar al resto de españoles». Denunció además que los ciudadanos no nacionalistas «viven oprimidos en Cataluña».

La negativa del Congreso a la propuesta del Parlament le cierra a Artur Mas una puerta, pero no resuelve el problema de fondo. Ahora es el momento de recurrir a la política para afrontar la fractura social que se vive en Cataluña y poder alcanzar un gran pacto de convivencia.

La independencia de Cataluña, rejón de muerte para España
Editorial El Confidencial 9 Abril 2014

Resulta casi una obviedad afirmar que la independencia de Cataluña, una de las regiones más ricas e ilustradas del país, representa el desiderátum para los nacionalistas catalanes que apoyan la secesión, mientras que para España, en cambio, significa todo lo contrario. Ambas visiones se vieron este martes las caras en la tribuna del Congreso de los Diputados, en una tarde soleada de abril que más parecía de noviembre por el sentimiento de tristeza que produce comprobar la dimensión del fracaso de España como nación al que nos ha conducido el régimen del 78. Los parlamentarios que en el pleno de este martes debatieron sobre el intento de ruptura territorial pertenecen a partidos que, salvo UPyD, de reciente creación, han gobernado y administrado las instituciones del Estado de las Autonomías desde su nacimiento con la Constitución de 1978, son partidos nacidos al calor de esa Constitución, que a menudo han crecido y, sobre todo, medrado, con ella, asunto particularmente evidente en el caso de PP, PSOE y CiU.

¿Es posible confiar la solución a un problema tan enrevesado, tan podrido en términos de lealtad constitucional, a partidos cuya responsabilidad es tan grande –caso de CiU- en la apertura de la herida de convivencia que ahora se pretende suturar? La negativa del Congreso a la pretensión del Parlament no zanja, obviamente, una cuestión como la catalana, que lleva más de un siglo condicionando la política española. Tras el cambio de tercio protagonizado por Rajoy caminamos, de grado o por fuerza, hacia un cambio constitucional capaz de evitar una independencia de Cataluña que sin duda supondría un rejón de muerte para España.

Aunque la historia del nacionalismo catalán tiene en su haber hazañas desestabilizadoras memorables, el envite que ahora nos ocupa se ha gestado en las últimas décadas y, muy particularmente, en los últimos 10 años, con la llegada a la Moncloa del inefable Rodríguez Zapatero y su respaldo ciego “al Estatuto que saliera del Parlamento de Cataluña”. Ha sido, con todo, el colapso económico y financiero sufrido a partir de 2007 por España, en general, y por una Cataluña quebrada, en particular, lo que ha dado alas a unas elites nacionalistas decididas a convertir su problema -que a menudo no era otro que la corrupción galopante y su incapacidad para gestionar-, en el primer problema político de nuestro país. Ello no habría ocurrido nunca, con todo, si el Estado no hubiera plegado velas en Cataluña de manera irresponsable, dejando el campo libre a la acción de quienes, durante años, han abonado el terreno con la simiente de la independencia cual bálsamo de Fierabrás.

¿Qué se puede hacer a estas alturas? Siempre hemos dicho que la convivencia, por muy deteriorada que parezca, no se ganará con las vísceras, sino con el talento; no con los sentimientos, sino con la razón. Y desde luego con ideas concretas, es decir, con la política, haciendo política en la más noble acepción del término, lo que equivale a decir que la búsqueda de salidas a la crisis española implica arrumbar el inmovilismo, desde luego, pero también las actuaciones a salto de mata con las que se nos ha venido castigando casi a diario en los últimos tiempos, para embarcarse en un gran proyecto nacional de convivencia capaz de dar acomodo democrático en España a una mayoría de catalanes, desde luego a los que no son nacionalistas y no tienen por qué cargar con el coste del aventurerismo de Mas y los suyos.

Consecuencias de la inmersión lingüística
Brilló con luz propia el presidente del Consejo de Ministros, con un discurso impecable en términos democráticos y constitucionales que incluyó una apelación medida y templada a los sentimientos patrios, todo ello en las antípodas de la sorprendente pobreza doctrinal y política exhibida por algunos portavoces del Parlamento de Cataluña, en particular por la señora Rovira de ERC. Es lo que tiene la inmersión lingüística. Ocurre que al jefe del Gobierno no le acompaña la realidad de un Estado debilitado y desacreditado que, aparentemente, carece de iniciativas para superar su crisis, razón por la cual optó por atenerse siempre al guion jurídico-constitucional, salvo la apelación final a la existencia de “una puerta abierta de par en par para aquellos que no estén conformes con el actual estado de cosas: iniciar los trámites para una reforma de la Constitución”. Rubalcaba, por su parte, ofreció, aunque de forma inconcreta, su disposición a construir un nuevo pacto constituyente, reconociendo así que el actual se encuentra roto y trasladando la responsabilidad de lo ocurrido a las iniciativas del PP cuando se aprobó el último Estatuto de Autonomía catalán. Ni una palabra de recuerdo para ese lince apellidado Zapatero.

El trámite del abrumador rechazo a la petición del Parlamento de Cataluña se ha cubierto, pero, desgraciadamente, el problema persiste, como el resto de problemas de todo orden que preocupan a los españoles. Ocurre que, por una de esas piruetas de la historia, Cataluña se está convirtiendo, quizá sin pretenderlo, en el revulsivo necesario para abordar los dos asuntos que impiden que España salga del círculo vicioso de su crisis: la restauración de un Estado democrático vigoroso, capaz de acabar con los vicios y corrupciones que lo han puesto en almoneda, y la revisión de las políticas económicas y sociales, una vez constatados la esterilidad y los daños de las que se vienen ejecutando. Aunque no esperamos resultados inmediatos, desde luego, seguimos esperando –y deseando- propuestas que hagan posible un país mejor, más abierto, más libre, más rico y más justo, menos corrupto, que el que tenemos, radicalmente distinto del que prometen quienes han fagocitado al poder público y al patrimonio nacional en beneficio de unos pocos. Sobre eso sí debería manifestarse la soberanía popular.

El guante de la reforma de la Constitución está sobre el tablero, y habrá que ver qué iniciativas llegan de Cataluña y del resto del Estado. En esta hora crítica, cabe recordar las palabras del profesor Luis Jiménez de Asúa, socialista para más señas, autor de la concepción del Estado Integral de la constitución republicana de 1931: “el orgullo del pasado, el esfuerzo del presente y la esperanza del porvenir es lo que constituye una nación”.
 

Cataluña
¿Y ahora qué?
José García Domínguez Libertad Digital 9 Abril 2014

"El Congreso tendrá la facultad de poder convocar a la Milicia para ejecutar las leyes de la Unión, aplastar insurrecciones y repeler invasiones". Literal, así reza el artículo 1 de la sección 8 de la Constitución de los Estados Unidos de América. Acusen recibo todas esas plañideras mediterráneas que toman por inaudita extravagancia el enunciado del 155 en nuestra Carta Magna. Y es que, una vez descartada por contraria a Derecho la eventual transferencia a la Generalitat de la prerrogativa para convocar referendos, los escenarios posibles que se abren, básicamente tres, ya no permiten seguir excluyendo el recurso a ese instrumento legal. Una primera posibilidad pasaría por la declaración unilateral de independencia promovida por alguna de las instituciones políticas representativas de Cataluña, ora el Consejo Ejecutivo de la Generalitat, ora el Parlamento autonómico, contando para ello con la pasividad del Ejecutivo español.

Consecuencia de tal proceder sería el procesamiento por alta traición de Mariano Rajoy y de los ministros cómplices de su conducta. En cuanto a Cataluña, su territorio quedaría excluido en el acto tanto de la Unión Europea, a la que solo pertenece en su condición de parte del Reino de España, como de la Unión Monetaria. Los bancos locales dejarían ipso facto de recibir líneas de liquidez del Banco Central Europeo; la disyuntiva para ellos se antojaría simple: o la quiebra o la urgente deslocalización. Por su parte, la población catalana partidaria de seguir en España, la mitad aproximada del censo según todas las estimaciones, comenzaría a votar con los pies como única vía para salvaguardar los atributos políticos de la ciudadanía amenazados por ese ejercicio ilegítimo de violencia institucional.

Un segundo escenario, mucho más verosímil, reproduciría idéntico proceder por el lado catalán, pero contando con la beligerancia de los poderes del Estado. Ahí es cuando entraría en escena el 155. Tras el preceptivo aval del Senado, el Estatuto quedaría en suspenso y la Administración catalana pasaría a depender provisionalmente de la autoridad del Gobierno central. Huelga decir que Artur Mas se vería elevado por los catalanistas a esa condición de legendario héroe mítico que ahora solo disfrutan Macià y Companys. Investidos de nuevo los nacionalistas en su papel favorito, el de pobres víctimas de la España negra, la rentabilidad propagandística a escala internacional resultaría impagable. Aunque el precio también sería alto: perderían el poder. Un coste inasumible en la medida en que supondría una hipoteca para la misma supervivencia del enorme entramado agitativo que se sostiene gracias al dinero público.

Cabe, sin embargo, un tercer escenario, el más óptimo para los sediciosos, que permitiría capitalizar los réditos publicitarios del anterior pero sin necesidad de asumir los quebrantos derivados de la suspensión del autogobierno. Sería aquél en el que la iniciativa formal del golpe de Estado partiese no de las instituciones catalanas sino de la ANC, una organización pantalla en apariencia promovida desde la sociedad civil. Correspondería, en consecuencia, a los grupos de choque de la ANC el cometido de forzar escenas de violencia en la pugna por el control de las infraestructuras estratégicas del Estado sitas en territorio catalán. Un juego en extremo peligroso, más aún teniendo en cuenta que CiU no dispone de la dirección efectiva de esos grupos de acción callejera, donde predominan los activistas más fanatizados de ERC y de la CUP. Será como jugar a la ruleta rusa. Será, digo, porque es lo que al final va a ocurrir. Al tiempo.


Al señor Mas le viene estrecha la piel de cordero
“El hipócrita es un hermafrodita espantoso del mal”, Víctor Hugo
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 9 Abril 2014

No se que es peor si un señor Mas investido de la apariencia de un iluminado que se cree llamado a la “sacrosanta” misión de salvar a Catalunya de su gran “opresor” España o, como parece que intenta aparentar durante los últimos tiempos, como un “conciliador”, “pacífico”, condescendiente y componedor político que se aleja de la “violencia” para así, encorsetado en este halo de “virtuoso” separatista, conseguir ablandar al Gobierno, causar pena al resto de españoles con su victimismo y meterla, como se dice un tanto soezmente, con vaselina en uno más de los intentos de colarnos la independencia de este trozo de España que tantos dolores de cabeza, inútiles, molestos e inoportunos está causando a aquellos a los que nos duele que existan personas que puedan sentirse a disgusto dentro de la nación española. Alguien, con bastante sensatez ha comentado que, si tan mal se encuentran en nuestro terruño y, dado que parece que les sobran recursos para montarse un estado propio, podrían tomar ejemplo de los israelíes, buscar un pedazo de tierra a buen precio, por ejemplo en África o en la propia Siberia y establecerse allí donde, seguramente, podrían concertar partidos de fútbol con equipos de la región.

Y es, señores, que en todo este tema del independentismo somos muchos los españoles que estamos con la mosca detrás de la oreja. Verán, los hay que piensan que el que los príncipes de España vayan este año por la sexta visita a Catalunya no deja de ser extraño y, hasta se podría llegar a interpretar que se les ha encomendado, sea por el Rey o por el gobierno de Rajoy, una cierta función mediadora, de tantear el terreno o, como lo interpretamos otros, como un intento de la monarquía de hacerles “la pelota” a los catalanes, no se sabe con qué oscuras finalidades Cómo no fuera buscar un intento para constituir una suerte de mini Commonwealth, en la que, España y una Catalunya independiente, formaran una asociación bajo la monarquía de los Borbón. En todo caso, no faltan quienes están diciendo de que, en el Gobierno, los hay que verían con cierta simpatía una bajada de pantalones que consintiera algún tipo de consulta catalana.

Lo curioso es que, las noticias de que siguen existiendo contactos bajo cuerda, de que la señora vicepresidenta se reunió, of de record, con el señor Homs o, como revela el intrigante señor Durán de UD, afirmando que la misma Soraya se entrevistó con la número dos del ejecutivo catalán, señora Juana Ortega, algo que ha confirmado la propia vicepresidenta, aceptando que los encuentros son “habituales”. También parece que siguen existiendo contactos con Mas a través de intermediarios. Dejemos clara una cuestión: si las conversaciones tratan de temas de financiamiento, se puede admitir que existan, siempre que no se trate de ir urdiendo, en secreto, un plan que pudiera perjudicar al resto de autonomías españolas en sus justas peticiones de apoyo económico; si se trata, por otra parte, de ceder al chantaje de la Generalitat a cambio de que, los catalanes, renunciaran a plantear el tema de la consulta y de la independencia, es evidente que nos parecería una traición a España y a los españoles y un acto de deslealtad al Estado.

Es posible que lo que se esté discutiendo tenga aún mayor trascendencia, y lo que se estuviera planeando tuviera un mayor calado político, como pudiera ser que el Gobierno de la nación buscara algún truco jurídico o político para satisfacer a Mas y a Oriol Junqueras, en orden a que pudiera celebrarse algún tipo de consulta “descafeinada” de modo que, los independentistas, lo pudieran interpretar como una victoria sobre España. Entonces, señores, ya nos hallaríamos en una situación mucho más grave, en la que se daría paso a que, el independentismo en Catalunya, se reforzara, adquiriera más adeptos y, en el caso de que la consulta, fueren cuales fueren los términos en la que se planteara, fuere favorable al famoso “derecho de los catalanes a decidir”, y no me refiero sólo a que la decisión fuera sobre la independencia, sino sobre cualquier otro tipo de materia que les confiriese una potestad de implantar sus propias instituciones económicas o fiscales; no cabe la menor duda de que, el paso que se daría hacia que, en un futuro casi inmediato, se solicitara con más argumentos y rotundidad, la separación de Catalunya, sería prácticamente irreversible.

No queremos creer que sea cierto que el gobierno del PP, con tal de asegurarse un final tranquilo de su legislatura, pudiera estar pensando en traicionar a España de una manera tan solapada y obscena. Prefiero pensar que todo se quiere reducir a que, en las próximas reuniones entre el Ejecutivo y las autonomías de todo el país, para fijar la nueva financiación de las comunidades autónomas, se vayan a reformar los sistemas actuales del reparto para apoyarse en unos baremos objetivos en los que se tengan en cuenta las peculiaridades de cada una de las regiones y se corrijan, si es que es necesario y de justicia, aquellos criterios de reparto actuales que pudieran resultar obsoletos; de modo que, ninguna de ellas, quede desatendida y que la solidaridad se aplique para que las comunidades, menos favorecidas económicamente, tengan la posibilidad de salir de su situación de desigualdad respecto al resto de regiones.

Da la sensación de que don Artur Mas ¬–al que, por cierto, ya se le está poniendo una cara parecida a la de don Jordi Pujol, en la que la pos de “gran pensador” y “estadista” se está superponiendo, como una segunda epidermis artificial, a su habitual semblante; seguramente para impresionar más a sus seguidores catalanes ¬– ha decidido cambiar de estrategia. Es posible que pretenda jugar al juego del policía bueno y el policía malo que tantas veces hemos visto en los thrillers americanos, asumiendo el roll de “niño bueno” que reniega de cualquier actitud violenta y renunciando a cualquier acto de fuera ilegal; una actitud que sería contrastada por el auge de este organismo amorfo al que se le designa como ANC (Asamblea Nacional Catalana) que, últimamente, se viene mostrando especialmente agresiva, exigiendo de forma perentoria y sin ambages una tramitación rápida al tema separatista, poniendo por delante una solución concertada con el Estado español; pero amenazando, en caso de que no se consiguiera tal acuerdo antes del 23 de abril 2015 (fecha en la que declararían la independencia unilateral), con tomar medidas de tipo soberanista que se podrían concretar en el control de las grandes infraestructuras y fronteras -puertos, aeropuertos-, la seguridad pública y las comunicaciones.

Entre tanto el señor Rajoy, siguiendo su táctica de esperar y no hacer nada para impedir que la rebelión, que ya no se disimula en Catalunya y que, con toda probabilidad, en próximas fechas se explicitará en nuevas manifestaciones callejeras; parece que se está perdiendo en intentos de utilizar las cloacas del Estado para lograr, Dios sabe a costa de que promesas y concesiones, que el tema catalán no acabe por extenderse al resto de autonomías, especialmente al País Vasco, a Galicia, a Baleares y quien sabe si a otras regiones como la Andalucía en manos del PSOE. Lo cierto es que muchos pensamos que, esta política de ir cediendo, no tiene otra salida más que acabar en una confrontación, algo que se podría haber evitado con medidas preventivas que, como es obvio, no se han utilizado. O así es, señores, como lo vemos desde una óptica de ciudadano de a pie, temerosos de que, una vez más, se ceda ante los ataques de aquellos que buscan la ruptura de España.

¿Es usted el Estado? Pues, ¡arriba las manos!
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 9 Abril 2014

¿Por qué la mayoría nacionalista del Parlamento catalán se empeñó en llevar al Congreso de los Diputados una petición, abiertamente inconstitucional y políticamente disparatada, que, por una y otra razón, resultaba evidente que iba a ser rechazada de un modo abrumador, tal y como ayer aconteció?

La respuesta a esa pregunta es esencial para desvelar la verdaderas intenciones de Mas y sus apoyos. Y ello porque estos no tenían por objeto lograr que el Congreso aprobase la propuesta -lo que sabían que nunca iba a suceder-, sino encontrar un nuevo agravio sobre el que poder seguir con su cabalgada desleal contra la Constitución, la concordia entre Cataluña y el resto de España y la convivencia interna en la propia Cataluña.

A Mas y al nacionalismo -catalán, pero también gallego y vasco- nada de eso le importa lo más mínimo, pues ha decidido convocar, o apoyar, un referendo de autodeterminación, pese a quien pese, y aunque ello conduzca a un abierto enfrentamiento entre las instituciones catalanas, que a partir de hoy mismo podrían dar un nuevo paso en su decidida voluntad de actuar como si las leyes no existiesen, y las instituciones del Estado, que están obligadas a garantizar que las leyes se cumplan, en este caso como en todos los demás.

De hecho, y por más que el desafío secesionista catalán pretenda presentarse de otro modo, tal enfrentamiento entre legalidad e ilegalidad es el auténtico fondo del asunto: si en un Estado de derecho pueden los sujetos individuales o colectivos perseguir sus pretensiones solo acatando el ordenamiento jurídico, o, también, pasándoselo por el arco del triunfo. ¿Qué privilegio creen tener el nacionalismo catalán, o el Parlamento de Cataluña, o la Generalitat para violar las leyes que todo el mundo debe cumplir, le gusten mucho, poco o nada? ¿Cuál para forzar a los partidos mayoritarios a que las cambien contra su legítima y libre voluntad?

Tras la reciente sentencia del Tribunal Constitucional y el abrumador rechazo de ayer en el Congreso, el proceso para convocar una referendo de autodeterminación ha quedado cerrado a cal y canto. Estas son las reglas de juego, y todo lo que sea pretender seguir adelante con el referendo constituye ya un inadmisible desafío al pacto político esencial en el que se basa cualquier Estado democrático. Por eso, si Mas se empeña, el Gobierno está no solo en su derecho, sino con toda claridad en la obligación de advertir que su voluntad de dialogar sobre cómo resolver un conflicto creado en exclusiva por el desafío secesionista del nacionalismo catalán no le impedirá actuar con la firmeza necesaria, empleando todos los medios que prevén la Constitución y las leyes para evitar su flagrante y descarada violación.

Porque el diálogo no puede consistir en el que un atracado mantiene con su atracador.

Cataluña
La mentira del derecho a decidir
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 9 Abril 2014

Una de las mayores engañifas del nacionalismo catalán ha sido la de vender su mercancía bajo el disfraz del derecho a decidir. Cierto, a alguno ya se le ha escapado que no es más que un eufemismo y que en realidad lo único que hay detrás es la secesión. Pero no deja de ser verdad que gracias a esta mentira los nacionalistas se han travestido de grandes demócratas y han pretendido dejar a todos los demás como poco menos que fachas insensibles que quieren impedir a los pobres catalanes el ejercicio de sus libertades. Lo han hecho, además, sin oposición, hasta el excelente discurso de Rajoy en el debate de hoy. Porque ¿quién se va a oponer a algo que parece, en abstracto, tan indiscutible?

La trampa esencial del derecho a decidir es dar por sentado quién debe decidir qué cosa. La secesión de Cataluña no sólo afectaría a esa región, sino a toda España. Aunque no tuviéramos en cuenta los sentimientos nacionales y patrióticos de cada uno, como mínimo estaría el empobrecedor efecto frontera, que afectaría más a Cataluña, sí, por ser la parte más pequeña, pero que nos perjudicaría al resto también. Piensen en lo que sucedería si la liga de fútbol se partiera en dos. El Barça sería sin duda el más perjudicado. En pocos años se convertiría en un equipo con solera, pero menor, como Ajax o Celtic de Glasgow. Sin embargo, el Real Madrid sufriría por la pérdida de competencia; menos, sin duda, pero también. Algo similar sucedería con la economía: el ejemplo más claro lo tenemos en la reciente división de Checoslovaquia. De hecho, esa es la única razón que a mí me impide apoyar firmemente la expulsión de Cataluña de España. Porque nos haría más pobres, y no estamos tan boyantes como para poder permitírnoslo.

El caso es que si la secesión catalana nos afecta a todos, ¿qué derecho a decidir es ese que nos niega a la mayoría de los afectados el voto? Ninguno de los políticos catalanes que se llenan la boca con la palabra democracia ha propuesto que se nos consulte a los demás. Ni siquiera a esos països catalans con los que tan alegremente se anexionan a mallorquines y valencianos. El uso de la expresión derecho a decidir por su parte es, por tanto, un ardid publicitario de mucho éxito pero ninguna sustancia.

El único derecho a decidir que debería ser indiscutible es el derecho de cada individuo a elegir el rumbo que tomará su vida. A escoger dónde se toma el café por la mañana, qué quiere estudiar, a qué querría dedicarse, dónde quiere vivir, con quién desea compartir su vida, si quiere tener hijos o cuántos. Cuando se habla de derecho a decidir de un colectivo siempre se habla de una imposición, en el sentido que sea, de una mayoría sobre una minoría. O, como quieren al parecer los nacionalistas, de una minoría sobre una mayoría. Por eso la democracia liberal, la de verdad, la que mal que bien sobrevive en España y el resto de Occidente, impone límites a ese derecho a decidir colectivo, y lo encorseta en formas y protocolos establecidos de antemano. Porque hay cosas que la mayoría no puede imponer, líneas que no se pueden traspasar.

Los nacionalistas catalanes han establecido que el derecho a decidir lo ostentan sólo los habitantes de una región delimitada por la voluntad política de los españoles, basada en una división provincial trazada en el siglo XIX también por un Gobierno español. Ni siquiera son capaces de definirse a sí mismos sin España, porque históricamente nunca han sido otra cosa. Pero es cierto que cualquiera puede sentirse catalán, español o lo que quiera al margen de las circunstancias históricas o personales. Lo que no puede es imponer a los demás sus preferencias. Eso es de lo que nos acusan los nacionalistas catalanes; pero son ellos los que perpetran eso de lo que acusan a España. Esta tarde ha sido la primera vez en varios años que se lo hemos oído decir con claridad a un presidente del Gobierno. Más vale tarde que nunca. Pero las palabras sin acciones que las respalden no sirven para nada. Y no parece que Rajoy quiera hacer nada. O quizá sí, conceder privilegios al Gobierno catalán sobre los de las demás autonomías. Al tiempo.

Cataluña
Lecciones de democracia
Inés Arrimadas Libertad Digital 9 Abril 2014

Los que quieren que se celebre un referéndum para la separación de Cataluña del resto de España suelen dar lecciones de democracia. Y suelen hacerlo porque, para ellos, no estar a favor de que se celebre dicho referéndum ilegal para romper nuestro país es "antidemocrático" y se quejan por todo el mundo de que no pueden votar.

Pues bien, este martes en el Congreso de los Diputados hemos podido asistir a una verdadera lección práctica de democracia occidental en pleno siglo XXI.

Una representación de tres grupos parlamentarios del Parlament de Cataluña (CiU, ERC e ICV-EUiA) han pedido en el Congreso que se ceda al Gobierno de la Generalidad la potestad para convocar la famosa consulta para la independencia de Cataluña (fíjense: estamos en un país tan democrático que podemos debatir sobre mecanismos para conseguir su propia ruptura).

Antes de entrar en más análisis, no debe pasarse por alto un aspecto de vital importancia: el que una representación del Parlament (incluido el grupo del Gobierno de la Generalitat) venga al Congreso a solicitar permiso para celebrar esta consulta significa que reconocen explícitamente que no tiene competencia para hacerlo. Uno no pide permiso para hacer algo si sabe que puede hacerlo sin más. Puede parecer obvio recalcar esto, pero les aseguro que en el diario discurso político catalán no lo es tanto.

Dicho esto, podríamos sumergirnos en consideraciones estrictamente jurídicas, donde habría mucha tela que cortar. Por ejemplo, respecto a la posibilidad o no de delegar referendos desde el Gobierno de España o a la legalidad de celebrar consultas respecto a competencias que uno no tiene. Aspectos que hacen inviable jurídicamente la pretensión de los separatistas.

Pero, dejando esto al margen, me gustaría que nos centráramos en lo fundamental: el resultado final de la sesión de hoy. Tras las intervenciones de los solicitantes, y de todos los grupos de la Cámara, en las que se han podido exponer argumentos en un sentido y en el contrario, se ha procedido a la votación. Votación, ¿les suena? Sí. Pues bien, este martes, en el Congreso de los Diputados, no ha habido sorpresas. Se ha vuelto a poner de manifiesto lo que es de sentido común: que la gran mayoría de los ciudadanos españoles, incluidos los catalanes, queremos convivir juntos y sin romper nuestro país. Levantar nuevas fronteras entre nosotros no nos convence, no nos seduce. Y me atrevo a decir que esta inmensa mayoría quiere un nuevo proyecto común ilusionante para toda España.

Este es el sentir mayoritario de los ciudadanos. Y nuestros legítimos representantes, elegidos democráticamente, así lo han puesto de manifiesto donde toca: en el Congreso, única Cámara donde se puede decidir sobre las fronteras de España, la unidad de este país o la igualdad de sus ciudadanos. Los separatistas han perdido una votación democrática. Lo siento.

Si la consulta se tratara de democracia, los que la defienden hoy volverían a casa aceptando la votación democrática contraria a sus intereses y, por tanto, renunciando a su aspiración rupturista. Pero todos sabemos que no se trata de esto y, tal y como ya han anunciado, no pararán aquí. Incluso el presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, ha dicho que no descarta hacer algo tan poco democrático como una Declaración Unilateral de Independencia. Porque, en la gran mayoría de ocasiones, los separatistas que van dando lecciones de democracia hace tiempo que dejaron de respetarla.

Inés Arrimadas, diputada de Ciudadanos (C’s) en el Parlamento de Cataluña.

‘ES ABSOLUTAMENTE INTOLERABLE’
'En Cataluña ya se ha declarado la independencia judicial’
Rosalina Moreno www.gaceta.es 9 Abril 2014

Francisco Caja, de Convivencia Cívica Catalana, señala a GACETA.ES que ‘esta derecha boba solo actúa cuando le están quemando la casa’.
Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana y profesor universitario.

“Hará frente al independentismo en el peor momento y de la peor manera”, añade Caja, para quien “los Gobiernos del PP y el PSOE se han echado al monte con la misma política de torpeza, cobardía y acomodación contra el independentismo”.

Asimismo, Francisco Caja, que además de presidente de Convivencia Cívica Catalana es profesor universitario, destaca que “el España nos roba se transmite en la escuela en forma de manipulación histórica y adoctrinamiento político’. “Lo hemos denunciado nosotros, el PP y Ciutadans ante la opinión pública, pero no se hace absolutamente nada frente a ello”, lamenta.

El pasado jueves, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña dejó en suspenso la aplicación del 25 % de castellano en las escuelas Mare de Déu del Roser, los Escolapios de Sabadell (Barcelona) y Sant Bonaventura Franciscans, de Vilanova i la Geltrú (Barcelona).

-¿Recurrirán la suspensión?
-Presentaremos el recurso este jueves. Se trata de un fraude procesal organizado por el Gobierno catalán para impedir la ejecución de unas medidas cautelares que se acordaron en enero de 2013, que no han sido ejecutadas por la desobediencia del Ejecutivo catalán, cuando son de ejecución inmediata, y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña no ha tenido la voluntad de hacerles cumplir. Ha consentido esta clara y terminante desobediencia, manifestada públicamente por la consejera,y la suspensión significa el premio a la desobediencia. Es absolutamente intolerable. El que se suspenda la ejecución de un auto firme es muy grave.

-¿Le sorprende que se ponga en tela de juicio una sentencia del Supremo por parte de un tribunal inferior?
-Seguramente ya se ha declarado la independencia judicial de Cataluña, pero aquí no actúa ni el Fiscal General del Estado ni el Gobierno ni el ministro de Justicia, ni nadie. Se consiente lo que es lisa y llanamente un atropello de derechos de los padres que han acudido a los tribunales. Son sentencias firmes desde hace tres años y siguen sin ejecutarse, y ahora, por una argucia judicial de la administración, el TSJC premia esa actitud desobediente y suspende la ejecución. Es verdaderamente inverosímil.

-¿Qué llamamiento hace frente a esta situación?
- Pido al Gobierno y al Consejo General del Poder Judicial que actúen. Debe haber mecanismos para exigirles responsabilidades y hacer que se cumpla la sentencia. Estamos reivindicando algo elemental en un Estado de Derecho, que se acaten las sentencias.

-¿Le sorprende esta situación?
-No me sorprende lo que está pasando. Hay un movimiento organizado de secesión, un golpe de Estado, orquestado por los partidos del Gobierno y sus aliados.

-¿Cree que la Asamblea Nacional Catalana marca la hoja de ruta a los separatistas?
-No, simplemente es el brazo civil de aquellos que ostentan el poder en Cataluña. Es una escusa para presionar y contribuir al chantaje. Con eso se amenaza y se dice que son incontrolables. Si Mas no la controla, entonces que dimita. Tiene la obligación de hacerlo. El Estado de Derecho se ha sustituido progresivamente en España por una olla de grillos con las políticas absolutamente miopes y claudicantes de los Gobiernos centrales, del PP y del PSOE. Vendían la moto de que hacían concesiones para mantenerse en el poder comercial, con la excusa de que así no se echaban al monte. Se han echado al monte con la misma política de torpeza, cobardía y acomodación. Es un juego de fuerzas en el que está excluido del derecho, la racionalidad, y hemos vuelto a las cavernas.

-Volviendo al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Todavía queda por conocer qué sucederá con las peticiones en el mismo sentido de la Escuela Pía de Sarrià y del instituto público, también afectadas por la sentencia…
-Sí. Conocemos tres de las que afectan a colegios privados. La suspensión actual es posterior a que se cumpla el plazo dado a los directores de colegios para ejecutar la sentencia. Ha consentido una nueva desobediencia el TSJC. Nosotros, desde luego, exigiremos responsabilidades a ese tribunal. Lo primero, patrimoniales porque esto perjudica gravemente a los escolares, que son menores de edad, como ha dicho el Supremo, que ha reconocido que la no impartición lesiona derechos y libertades fundamentales, como es el de la educación. Es algo muy grave. Son derechos de especial protección. A qué viene ahora esta suspensión, sino es debida a una cesión ante las presiones políticas.

-El lunes se conoció que 31 familias de 25 centros educativos catalanes han pedido al departamento de enseñanza la escolarización bilingüe en los centros donde estudian sus hijos. ¿Cuántas familias han solicitado ya a través de su plataforma una enseñanza bilingüe?
-Más de 1.300 familias. Cada vez que aparece en los medios alguna decisión judicial favorable provoca la petición de nuevas familias, pero a todas ellas se les ha dicho que no. Estamos en una situación en la que los padres que quieren que sus hijos estudien exclusivamente en catalán, lo cual es ilegal, lo obtienen sin solicitarlo, pero quienes quieren que sus hijos reciban una enseñanza bilingüe, que es el modelo legal, tienen que pedirlo, y cuando lo hacen, se lo deniega la consejera. Para ejercitar ese derecho, los tribunales les dan la razón, pero la Generalitat no cumple la resolución judicial. Es una situación kafkiana. Eso no es un Estado de Derecho. Es un régimen dictatorial en el que el derecho no sirve para nada, únicamente cuando favorece al poder.

-Al igual que su plataforma, Somatemps y la recién creada ‘Societat Civil Catalana’ también alertan de adoctrinamiento masivo en los colegios, manipulación por parte de la televisión pública catalana, y de que la administración pública se ha convertido en una máquina especializada en lavados de cerebros…
-Desde Convivencia Cívica Catalana venimos diciendo desde 1998 que los colegios son correccionales lingüísticos y centros de adoctrinamiento político. Nos parece muy bien que se creen nuevas plataformas, el problema está en que no son sociedad civil, sino instrumentos de los partidos políticos. Lo que no se atreve a hacer el PP y el PSC se crean marcas blancas. Hay que ver quien subvenciona a esos movimientos. En Cataluña se han cargado a la sociedad civil. Nadie mueve un dedo si no está subvencionado. La Generalitat se ha preocupado en formar una trama clientelar gigantesca en la que se ha convertido la sociedad en Cataluña. ¿Donde estaban estos movimientos cuando en 1998 se creó Convivencia Cívica Catalana denunciando los excesos del nacionalismo? Bienvenida sea cualquier cosa que se oponga a esto, pero aquí nos conocemos todos. Son gente con un currículum determinado y con una proximidad a los partidos indudable.

-¿Podría poner ejemplos del adoctrinamiento que padecen los estudiantes?
-En el libro ‘La España raptada’ (Áltera, 2009), del vicepresidente de nuestra asociación, se examinan 300 libros escolares y la ideología que transmiten. Son verdaderamente escalofriantes las falsedades de ideología política que sostienen que Cataluña es un país ocupado desde 1714 por una potencia extranjera, que es España, que la oprime y la explota política y económicamente. El ‘España nos roba’ de las cocinas políticas se transmite en la escuela en forma de manipulación histórica y de adoctrinamiento político. Éste es el primer y el único documento que existe en ese campo no solamente en Cataluña, sino también en el País Vasco, donde se llega al extremo de enseñar a conjugar los verbos con el sintagma verbal “lanzar un coctel molotov”.

-¿Se está llegando a estos extremos?
-En la actualidad se está llegando a unos extremos verdaderamente inaceptables e insoportables. Por poner otro ejemplo, en uno de los colegios en los que un padre ha obtenido ya una sentencia favorable al bilingüismo, el instituto de enseñanza de media Sant Fost de Campsentelles, a día de hoy hay colgadas banderas independentistas en conmemoración del 300 aniversario de la pérdida de la libertad de Cataluña. En las aulas se hace abiertamente propaganda secesionista. Lo hemos denunciado nosotros, el PP y Ciutadans ante la opinión pública, pero no se hace absolutamente nada. La delegada del Gobierno en Cataluña parece que se pone de perfil ante todas estas cosas. Los nacionalistas están sin ningún tipo de control y van a llegar hasta donde se les deje. Que se impida esta deriva que conduce directamente a la secesión mediante un golpe de estado.

-Lo peor son las consecuencias que esto acarrea…
-Se educa a los niños en el odio a España, y esto ha provocado desarticulación de la sociedad catalana. Cataluña, de ser un lugar donde acudíamos muchos en busca de posibilidades culturales y profesionales, se ha convertido un desierto donde predomina una ideología única.

-¿Pero la mayoría de los catalanes están en contra del proceso independentista?
-Por supuesto que sí. Solamente a base de propaganda mantienen esta especie de irrealidad porque la Cataluña que venden es una Cataluña que hace mucho tiempo que perdió contacto con la realidad. No es la real. Cuando en las pocas encuestas serias que hay se pregunta a los padres sobre si quieren la inmersión lingüística para sus hijos o la educación bilingüe mayoritariamente prefieren la bilingüe, pero, en cambio, solo 1.300 los que la solicitan.

-¿Por qué?
-Cataluña se ha convertido en lo que llaman algunos sociólogos como ‘falsas preferencias’, que son verdades privadas, mentiras públicas. Los ciudadanos no se atreven a manifestar lo que dicen en privado. Y eso hay que calificarlo como una situación de neomarranismo generalizado en Cataluña. Es como los tiempos inquisitoriales en la época de la Inquisición.

-Pues desde Somatemps advierten de que pronto habrá una reacción muy seria de la sociedad civil en Cataluña contra el secesionismo…
-Los profetas del diluvio… En fin, ojalá que llueva. Seguramente porque tienen un teléfono rojo directo a Moscú saben que va a llover.

-Cambiando de tercio, ayer en el debate sobre la consulta soberanista en el Congreso se mostró que las pretensiones de los separatistas no cuentan con la mayoría del Parlamento…
-Sí, pero es igual. A ellos no les importa. Es sólo propaganda. Sabíamos de antemano que reprocharían a los partidos políticos que les dijeran que no a la secesión de Cataluña que no son democráticos, ni dialogantes, cuando los antidemocráticos son ellos. Pretenden con una minoría imponer, nada más y nada menos, un cambio de Constitución, algo que es absolutamente inconstitucional. La Constitución la han aprobado la inmensa mayoría de los españoles y donde más votos hubo de España fue en Cataluña.

-¿Qué espera del Gobierno?
-Sabemos muy bien la hoja de ruta de los nacionalistas, pero el problema que tenemos los ciudadanos es que estamos in albis de la de nuestro Gobierno de la nación y eso intolerable. Después del rechazo de esta pretensión de los nacionalistas del referéndum de secesión el presidente debe salir a la palestra y dirigirse a los ciudadanos diciéndoles lo que hará. Que nos tranquilicemos sabiendo que el Gobierno de la nación no va a dejar de cumplir sus obligaciones, pero no caerá esa breva. Todo se hará en el peor momento y de la peor manera, como nos tiene acostumbrados esa derecha boba que solamente actúa cuando le están quemando la casa.

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