AGLI Recortes de Prensa   Viernes 11 Abril  2014

Una cartera menos
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 11 Abril 2014

LA OPINIÓN pública española ha llegado al punto de adormecimiento que sin duda apetece Mariano Rajoy. Se ha acostumbrado a los atropellos fiscales como los siervos de la gleba al derecho de pernada de los señores y observa las leyes liberticidas como el pedrisco o los penaltis a favor del Barça: sucesos lamentables contra los que es inútil luchar. Para qué porfiar si nada se consigue. Como dijo el líder sindical: «¡Unas cervezas, y a vivir!».

El ministro de Agricultura va a dejar el cargo tras ser designado por Mariano Pantócrator como cabeza de lista a las elecciones europeas. Es tan claro y urgente el mensaje del PP acerca de las instituciones europeas que el Gran Timonel de Pontevedra ha diferido al máximo el sorteo de la lotería de Bruselas. Todos saben que el plan de Arias es dejar el Parlamento y ser comisario, de forma que la representación de España, en lo que hace al PP, la desempeñará el que vaya como segundo en las listas, o tercero, o vaya usted a saber. Pero que el PP no quiera hacer campaña electoral ni que su primer candidato para el Parlamento Europeo no piense pisarlo nos da igual. Luego decimos que la casta política nos desprecia, cosa totalmente cierta y que prueban casos como éste. Pero creo que si no nos despreciara tanto, aún desconfiaríamos más.

Hace un par de años, cuando Rajoy llegó al poder y procedió a hacer exactamente lo contrario de lo que prometía su programa electoral -que era el tradicional del PP: Justicia independiente, bajada de impuestos, menos gasto público, lucha contra la ETA y el separatismo-, nos quejábamos de sus agravios. Ahora, si Montoro no nos atropellara, lo echaríamos de menos, como aquellos esclavos que emancipó Lincoln pero que, terminada la Guerra de Secesión, volvían a las plantaciones sureñas tras vagar por el caótico mercado laboral del Norte. Pero incluso las aceifas de Montoro se hacían antes en nombre de la lucha contra el déficit. Había que ahorrar, decían. Ahora que debe cesar un ministro, hecho de por sí bueno aunque el ministro no sea malo, nadie plantea que se suprima la cartera y que sus funciones sean asumidas por otro con pocas competencias. Mato, por ejemplo. Por una vez, yo desearía que la legendaria pereza de Rajoy le llevara a no buscar sustituto. ¡Para qué, si, de todas formas, va a mandar Soraya!

Bancarrota
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 11 Abril 2014

La crisis económica española no ha sido el resultado de una tormenta perfecta, sino de tres burbujas perfectamente interrelacionadas y provocadas por el brutal intervencionismo estatal que padecemos: la burbuja financiera (resultado del monopolio estatal de la emisión de moneda), la burbuja productiva (influida por los millares de regulaciones y restricciones de todo tipo que generaban escaseces artificiales, como sucedía con el suelo) y la burbuja estatal (gestada por el incontrolable apetito de los políticos por gastar sin freno).

La génesis, desarrollo, estallido y posible saneamiento de estas tres burbujas fue el objeto de análisis de mi anterior libro, Una alternativa liberal para salir de la crisis. Sin embargo, como sigue resultando cierto que una imagen vale más que mil palabras —y una sucesión de imágenes, más que una colección de libros—, acaso convenía transformar ese libro en documental: y eso, justo, es lo que hemos hecho Fernando Díaz Villanueva y un servidor para el Instituto Juan de Mariana. Bancarrota es su resultado final.

En Bancarrota encontrará expuestas en menos de una hora las causas fundamentales de la debacle española así como sus auténticas soluciones: cómo un país que a comienzos de la década pasada se vanagloriaba de ser un milagroso ejemplo para Europa ha pasado a estar situado en la liga de economías quebradas como Grecia o Portugal; y, también, cómo un país que en 2012 entró en bancarrota puede terminar superándola si se optara con valentía por atajar los males fundamentales que la aquejan, a saber, el exceso de Estado y la insuficiencia de libre mercado.

A lo largo del documental, podrá escuchar las opiniones y valoraciones de varios conocidos economistas y analistas como Carlos Rodríguez Braun, Daniel Lacalle, María Blanco, Manuel Llamas, José Luis Ruiz Bartolomé, Gonzalo Melián, Ángel Martín Oro o Adrià Pérez Martí. Todos ellos contribuyen a componer una imagen angustiosa por extremadamente realista de los acontecimientos que se desarrollaron en nuestro país desde el año 2001. A la postre, lo que uno termina observando conforme avanzan los minutos de Bancarrota es un proceso de demolición descontrolado de nuestra economía por obra y desgracia del Banco Central Europeo y de las muy diversas sucursales plutocráticas de PP y PSOE: un proceso de demolición que, analizado con la perspectiva de los años, sólo hace que empeorar la imagen que pudiéramos tener de esos liberticidas políticos e intelectuales que creían arrogantemente estar creando una nueva España cuando, en realidad, sólo estaban sembrando las semillas de su destrucción. Bancarrota es, pues, el resumido relato trágico del desastroso estatismo español de la última década así como de sus nefastas consecuencias que terminamos padeciendo el conjunto de los ciudadanos.

A todos los efectos prácticos, considere Bancarrota como suyo: no sólo porque muy probablemente se sienta reflejado en su narrativa, sino porque queremos que se sienta libre para subirlo, emitirlo o extractarlo cómo quiera o por dónde quiera. En contra del muy difundido mantra, los liberales no nos hemos enzarzado en la batalla de las ideas para lucrarnos: si ello fuera así, habríamos pedido una subvención estatal o habríamos compuesto un documental al servicio de los intereses del gobierno, de los sindicatos, de la patronal, de los bancos, de las constructoras o de cualquier otro lobby. Pero no: nuestro único propósito con Bancarrota es que cada vez más gente tome conciencia de cómo el intervencionismo estatal puede destruir una economía y, a través de ella, la convivencia dentro de una sociedad. Por eso, insisto, divúlguelo sin restricciones: cuanta más gente lo vea, más opciones tendremos de limitar el aberrante dirigismo coercitivo de nuestros políticos y evitar, así, ésta o las sucesivas bancarrotas a las que inexorablemente nos conducirán.

Por qué Mas puede ganar (y España perder)
José Javier Esparza www.gaceta.es 11 Abril 2014

Nos han vendido que el Parlamento español ha “tumbado” el proyecto separatista del nacionalismo catalán. Nos lo dicen los mismos –y con la misma voz campanuda- que tratan de persuadirnos de que “ETA está derrotada”. Pero sólo se engaña quien se quiere engañar. Lo que ha pasado en las Cortes ha sido, simplemente, un episodio para consumo interno de la propia clientela. PP y PSOE tratarán de demostrar a sus fieles –catalanes incluidos- que el Estado es fuerte y a la vez dialogante. Los separatistas, por su parte, exhibirán ante su parroquia el espectáculo de los bravos astérix defendiendo en Roma la libertad de su pequeña aldea gala frente a la cerrazón de los intolerantes patricios. Todos creen ganar. Pero el único que en realidad gana es Mas, que con este aquelarre parlamentario ha llevado el conflicto a una fase nueva: ahora el Estado acepta discutir la independencia, y eso es la primera vez que pasa. Viviremos en este nuevo escenario durante los próximos años.

¿De verdad alguien pensaba que el proyecto de Mas consistía en vencer en Madrid y que, por tanto, ahora todo terminó? ¡Por favor…! Lo que Mas pretendía era forzar a “Madrid” a aceptar la independencia catalana como algo digno de debate. Y, de paso, evaluar la capacidad de resistencia del enemigo. Es una viejísima táctica: lanzar continuamente ataques de alcance limitado para calibrar la solidez del contrario y descubrir sus grietas. El separatismo catalán lleva más de un siglo haciendo eso (sólo un siglo, sí: desde las Bases de Manresa de 1892; lo de 1714 no se lo creen ni ellos). La respuesta de España ha sido variable según las épocas. La del sistema de 1978 siempre ha sido pusilánime, y la de este miércoles debe de haber abierto inusitadas esperanzas en la grey separatista. ¿Por qué? Porque ha puesto de manifiesto la inexistencia de una voluntad de victoria en el Estado.

Me limito a recoger la declaración doctrinal de Rajoy en el debate: “A todo esto, a todo lo que nos unió en 1978 y que nos une todavía hoy, a todo esto, vagamente, sentimentalmente, sin ningún afán trascendental, lo llamamos patria. Pero si a ustedes no les gusta, podemos llamarle futuro". Dicho de otro modo: España es un producto del consenso de 1978, no es una patria sino de forma vaga y sentimental, no posee afán trascendental alguno y en realidad sólo vale como apuesta de futuro (¿de qué futuro?). Zapatero dio el tono cuando describió la nación española como algo discutido y discutible, y Rajoy le ha superado con esta relativización expresa de la patria. Si yo no supiera que España es otra cosa, si yo no tuviera otro concepto de mi patria, ahora mismo me haría separatista.

El episodio es altamente revelador porque pone en evidencia la principal grieta de la España de hoy: su incapacidad para ofrecer un horizonte de patria, su miedo a construir una identidad fuerte como comunidad política, su complejo para otorgar un sentido trascendental al orden democrático. Es una grieta que no existe en Francia, en Italia, en los Estados Unidos o en Rusia. Es una grieta típica de la España de hoy, de la España del 78. Y por esta grieta se disponen a entrar los bárbaros.

No hay comunidad política sin identidad colectiva. No hay legalidad democrática sin legitimidad histórica. A una identidad que se afirma sólo se puede responder proponiendo una identidad más atractiva. Al anhelo de una patria sólo se puede responder ofreciendo una patria más fuerte. A la identidad que han construido los separatismos –identidad en buena medida artificial, pero no por ello menos eficiente- y a la invención de una patria nueva sólo se puede responder reafirmando la identidad nacional española y reavivando el sentido del patriotismo en nuestro pueblo. Frente a lo que piensa nuestra clase política, disolver la identidad nacional española o desdeñar el patriotismo español no va a rebajar la amenaza separatista, sino que, al revés, la va a intensificar, porque significa desprenderse de lo único que cabalmente garantiza la unidad nacional. El miércoles, en las Cortes, lo único que PP y PSOE enseñaron es su miedo a decir “España”.

Los nacionalistas catalanes y vascos quieren construir sus respectivas patrias. Se podrá juzgar descabellado, pero el propósito es perfectamente viable si España renuncia a ser patria a su vez. En esas estamos. Por eso Artur Mas puede ganar. ¡Y lo sabe!

El nacionalismo sin paradojas
El empeño en “extender la conciencia nacional” solo tiene sentido si los individuos no creen que son una nación y si hay democracia no cabe la secesión porque se realiza en contra de lo que todos hemos decidido
Félix Ovejero. El Pais  11 Abril 2014

La nación es un enigma y el nacionalismo un enigma levantado sobre otro enigma. No es raro. Lo han repetido los mejores estudiosos del asunto: el nacionalismo no es el resultado de la nación, sino que, al revés, el nacionalismo se inventa la nación en nombre de la cual habla. Más exactamente, en los términos, adaptados, de Rodríguez Abascal, en Las fronteras del nacionalismo: un conjunto de individuos (los nacionalistas) sostienen que otro conjunto más numeroso es una nación y se proclama su portavoz. Se proclama tanto que, como si de un pater familias se tratase, incluso se considera en condiciones de sentenciar acerca de sus emparejamientos, por decirlo en fino: “(El mestizaje) será el fin de Cataluña (…). Para Cataluña es una cuestión de ser o no ser. A un vaso se le tira sal y la disuelve; se le tira un poco más, y también la disuelve, pero llega un momento en que ya no la disuelve” (La Vanguardia, 23-8-2004). La inspiración intelectual (“la pureza”) de Jordi Pujol no es conmovedoramente cívica, pero, como argumentaré, no puede ser otra si el nacionalismo quiere ser político.

El problema no es la retórica del nacionalismo, sino que todos, sin reparar, estamos presos de su andamiaje conceptual. No es que nos pasemos la vida discutiendo sobre naciones. Eso, como tal, no es malo. Hasta es razonable. Quizá resulte fatigoso y envilecedor intelectualmente, pero razonable: aunque Dios no exista, las religiones sí y deciden la vida —y la muerte— de muchas gentes. Por eso filósofos y científicos serios entretienen obras enteras en desmenuzar tediosas tesis teológicas. No acostumbran a ser sus mejores trabajos, porque todo se pega, pero es que, a su parecer, no les queda otra.

Con todo, me temo que, en nuestro caso, andamos en ello no para desactivar la ficción, sino porque nos enredamos en ella. Se observa muy pronto. Así hablamos de “el grupo catalán” o “los catalanes” para referirnos a los nacionalistas. Incluso muchos no dudan en calificar como “anticatalanes” a los críticos del nacionalismo.

La idea de Pujol es que existe una nación cuando un grupo de individuos cree que lo son

Pero la cosa es más grave, porque, más allá de las escaramuzas diarias, sucede que buena parte de las reflexiones teóricas acerca de la idea de nación dan por bueno el relato de los nacionalistas. Basta con ver esa singularidad epistémica, también observada por Rodríguez Abascal, por la que los estudiosos de un grupo, a la hora de caracterizarlo, asumen el punto de vista —adoptan el uso de nación— del propio grupo o, más exactamente, de los nacionalistas: unos cuantos se ven como nación y los demás decimos que estamos ante una nación. Esto no va de suyo; en realidad, el relato en primera persona es, si acaso, lo que necesita explicación, no lo que explica. Ningún psiquiatra comparte las fantasías de su paciente esquizofrénico, aunque le salga a cuenta cobrarle el doble. Que muchas gentes crean en algo no dota a ese algo de fundamento: ahí están los OVNI y los dioses. Incluso quienes creen en marcianos no apelan a su propia creencia, a que ellos creen y son muchos, sino a razones y pruebas más o menos desquiciadas. (Algo que no deberíamos olvidar cuando se nos habla de “dar respuestas políticas” al reto secesionista: la verdadera respuesta política consiste en discutir las exigencias y sus supuestos, ver si son justas o cómo se han formado, que las preferencias (o hipotéticas demandas) no están más allá de valoraciones. Y no importa el número: muy probablemente, el 100% de los ricos está en contra de los impuestos).

El enigma de la nación, con todo, es solo el preámbulo de otro mayor: el nacionalismo como movimiento político, en especial ese extraño empeño en “extender la conciencia nacional”. Ese es el núcleo de su programa y el punto de partida de la madeja de paradojas a las que se enfrenta, al menos, mientras suscriba una idea voluntarista —no la citada de Pujol— de nación, según la cual existe una nación cuando un conjunto de individuos creen que son… una nación (o tiene voluntad de serlo). Porque la política nacionalista de extender la conciencia nacional solo tiene sentido bajo el supuesto de que los individuos no creen que son una nación y, eso, en virtud de la idea de nación, quiere decir que no constituyen una nación, que no existe la nación que el nacionalismo invoca. Vamos, que si se apuesta por el nacionalismo no hay nación. Y si, por otra parte, se sostiene que hay una nación, esto es, que los de por allí creen que son una nación, entonces lo que no tiene sentido es el nacionalismo, la extensión de la conciencia nacional.

La paradoja se puede intentar salvar por tres caminos: desvincular el nacionalismo de la extensión de la conciencia nacional; fundamentar la nación en algo distinto a la voluntad, en algo objetivo, en la lengua, la raza, en la etnia o la identidad; asumir que los individuos están alineados e ignoran cuál es su verdadera nación. La primera desactiva al nacionalismo. Las otras dos, que salvan al nacionalismo como movimiento político, nos devuelven a la idea de nación de Jordi Pujol.

Se justifica la acción de una comunidad política solo si por sus rasgos se ve privada de derechos

La primera reduce al nacionalismo a un problema convencional de derechos. Los miembros de una comunidad política se pueden agrupar según distintos criterios: sexo, color de la piel, religión, nivel de renta, edad. Casi todos ellos dan pie a experiencias compartidas, pero de ahí no se deriva ninguna legitimidad especial como grupo. La justificación de su acción política común existe solo cuando, en virtud de sus rasgos, se ven privados de derechos, como sucedió con los movimientos de derechos civiles. En ese caso, su objetivo político atendible consiste en convertirse en ciudadanos como los demás, no en ciudadanos aparte. Si esa posibilidad se les niega, se justifica su ruptura con la comunidad política y sus decisiones. De ahí mismo arranca el reconocido derecho a la secesión (remedial seccesion) de territorios no ocupados: una violación persistente de derechos humanos básicos. La secesión no se sostiene en la simple voluntad de separarse, sino en ausencia de democracia o injusticia. Si hay democracia, no cabe la secesión. Más exactamente, la secesión hace imposible la democracia: si yo me marcho porque no me gusta lo que todos hemos decidido, no hay decisión verdaderamente democrática.

La segunda, cimentar la ciudadanía en la identidad, plantea muchas dudas acerca de la calidad moral del nacionalismo. La ciudadanía no está vinculada al cumplimiento de la ley, sino a un contenido esencial: se es ciudadano solo en la medida en que se comparten ciertos rasgos. Hay ciudadanos de primera, más puros y otros de peor calidad, en la medida que comparten menos rasgos que han de “integrarse” (sin estropear la pureza). De ahí se siguen con naturalidad la exclusión, la simple descalificación —como conciudadanos— de los discrepantes (“antipatriotas”) y cosas peores. Es la que asume Pujol, una idea inquietante, pero consistente.

La tercera posibilidad coloca al nacionalismo en la frontera de la contradicción: los individuos creen que son una nación, pero ignoran que lo creen o, en otra versión, niegan ser lo que verdaderamente quieren ser. Tendrían una suerte de “voluntad nacional inconsciente (o latente)” que los nacionalistas, al alentar la “conciencia nacional” y recordar al grupo que “constituye una nación”, intentarían recuperar. En principio, no es imposible que uno no sepa lo que realmente es o hasta que pretenda negarlo. En una película de Douglas Sirk, una hija de negra, con pinta de blanca, se empeña en ignorar su condición. Eso sí, para que ese guion tenga sentido hay que precisar cuál es la “verdadera identidad”, dotar de contenido a lo que no se quiere ser, pero se es. Se puede decir, por ejemplo, que mi propia lengua no es mi lengua propia, la verdadera: una idea absurda, pero inteligible. En todo caso, la operación no sale gratis. Cualquier intento de salvar esos desbarajustes requiere abandonar la retórica democrática o voluntarista y recalar en la nación étnica o identitaria: hay que precisar qué es lo que realmente se es o que es lo que se quiere que se sea (“es catalán todo aquel que vive y trabaja en Cataluña y quiere ser…. catalán”): la identidad genuina.

Como se ve, el nacionalismo, como movimiento político, tarde o temprano, se ve obligado a prescindir de toda decoración democrática o voluntarista. Vamos, lo de Pujol otra vez. El nacionalismo sin paradojas. El único camino. El de siempre.

Félix Ovejero es profesor de la Universidad de Barcelona.

LA PREMISA MAYOR
IGNACIO CAMACHO ABC  11 Abril 2014

El nacionalismo ya no quiere otra financiación, ni otras competencias, ni otros poderes. Quiere otro país. Otro Estado

NO están hablando el mismo idioma, por más que los nacionalistas catalanes se expresen en castellano. No se trata de un problema de significantes o de palabras sino de conceptos, en concreto de los de negociación y diálogo. Existe un desencuentro esencial, de fondo: el nacionalismo ha formulado una premisa mayor y sólo está dispuesto a negociar las menores.

Con un referéndum de autodeterminación sobre la mesa pretende dialogar... sobre las condiciones de ese referéndum. Cuando los «moderados» de CiU curiosa moderación la suya hablan de una salida se refieren a un modo más o menos aceptable de organizar la consulta que han comprometido con su clientela. Una votación que les permita salvar la cara. Pero aunque el Estado se aviniese, que no se avendrá, esa solución de circunstancias ya no satisfaría a los soberanistas radicales que han creado un clima de excitación social basado en la mitología de la independencia.

En otra atmósfera, en otro escenario de mayor lealtad y menos intransigencia nacionalista, la política podría encontrar vías de acuerdo. Por ejemplo, una norma nacional de referendos similar a la que permitió a los andaluces votar su techo autonómico en 1980. (Con un requisito mínimo del 51 por ciento ¡¡del censo!! en cada provincia). O una Ley de Claridad al modo canadiense que zanjase la cuestión por veinte años. Incluso una reforma del Estatuto de Autonomía con la consiguiente ratificación en las urnas. Ahora no caben, sin embargo, soluciones de consenso porque CiU ha dejado de ser el partido hegemónico, porque Mas va arrastrado por una oleada de crecido independentismo que ya no tiene otro horizonte que la secesión ni otro proyecto que la ruptura; un designio obcecado al que sus iluminados arúspices están dispuestos a sacrificar incluso la cohesión civil de la propia Cataluña. Lo llaman el camino sin retorno. Y España puede hacer cualquier cosa menos asfaltar ese camino.

Ya no sirve tampoco el modelo federal que propone el PSOE, una fórmula que nunca ha gustado al nacionalismo porque significa «cerrar» el Estado, definir en la Constitución el reparto territorial definitivo de funciones e impedir la clásica escalada reivindicativa de autogobierno, la independencia a plazos. La única reforma constitucional que aceptarían negociar los soberanistas sería la que afectase al sujeto de la soberanía. Es decir, a la estructura y a la definición misma de la nación de ciudadanos. No vale engañarse con paliativos apaciguadores. En este momento de eclosión emancipadora los promotores de la secesión no se conforman con medias tintas. No quieren otras competencias, ni otros privilegios, ni otros poderes, ni otra financiación. Quieren otro país, otro Estado. Convertir de golpe en extranjeros a sus actuales compatriotas Y eso es lo único que España no les puede ofrecer: la autodisolución de sí misma.

Una constitución para Cataluña
Pedro de Hoyos Periodista Digital 11 Abril 2014

Hace tiempo asumí que los nacionalistas se saldrán con la suya y que el aburrimiento mortal y la insistencia hastiosa son parte de su estrategia. Cierto que cuentan con la izquierda complaciente del “Aprobaré lo que salga del Parlamento catalán” y con la estúpida inacción rajoyana a la espera de que el temporal pase.

Se ha visto en el PSC la colaboración de cierta izquierda majadera que jamás será nacionalista española (¡Oiiig, facha yo, jamás!) pero acepta ser nacionalista de cualquier otra parte. También en una IU nacionalista en cualquier lugar salvo en Castilla. Recientemente una alta dirigente socialista se fotografió con la senyera mientras decía que su bandera no era la española sino la de la solidaridad. Majadera.

Al tiempo que la derecha inactiva del PP ha pasado a ser una fuerza inoperante y residual en Cataluña, ha dejado que el catalanismo tomase iniciativa. La propaganda del catalanismo antiespañol no ha encontrado réplica social, el separatismo ha alcanzado todas las capas sin que nadie le presentara batalla dialéctica. La ausencia de apoyos propagandísticos de España ha sido palmaria.

Para buena parte de los catalanes España es una ofensa. Ni siquiera una oferta económica lo puede solucionar ha dicho Artur Mas. Luego hay un precio: se nos va a proponer una nueva Constitución que ofrecerá a Cataluña ventajas económicas y legales que añadir a las que ya tiene, entre ellas un concierto económico asimilable al vasco. He ahí la madre del conflicto: Los más ricos, aquellos que más poder económico y político tienen, los más industrializados y desarrollados de España… siguen demandando más y más bajo la amenaza de la independencia.

Ha sido así desde que se aprobó esta constitución; si existen autonomías de “dos velocidades” fue para contentar a los nacionalistas, si tienen mayor importancia económica y política que otras autonomías es porque las leyes lo facilitan… ¿y de qué ha servido hasta ahora? ¿Alguna vez se han visto satisfechos? Todo cuanto han solicitado se les ha concedido: ¿Nos acordamos de Pujol “cobrando” por las leyes que se modificaban? Y no lo hacía en dinero, pecata minuta, sino introduciendo en esas leyes las modificaciones legales que convenían a sus intereses. Van a premiar su deslealtad y conseguirán que usted lo apoye con su voto. De la tarta común se van a desviar más fondos –¿a quién le tocará pagarlos?- para "compensar" a Cataluña por permanecer en España. ¿Nos interesa?

Mucho Madrid
juan carlos girauta ABC Cataluña 11 Abril 2014

La lección parlamentaria del martes no fue política; de eso no han aprendido nada quienes la recibieron. Iban a cubrir un trámite de la hojarruta separatista, y lo cubrieron. A los oyentes puede servirles, sí, para refrescar el abecé de la democracia, una introducción al Derecho Constitucional de carácter divulgativo, sin citar artículos. Sabe Rajoy que en caso contrario la audiencia habría desconectado, al menos mentalmente. ¿Dónde está la lección?

Está en la observación de la conducta humana. En concreto, la de los dos separatistas que acudieron al Congreso, que son Turull y Rovira, pues Herrera no está por la labor. Otra cosa es que el ciclista bajo cuyo mando circula el viejo PSUC vaya tan perdido como los movimientos, tendencias y aun pulsiones que acogen las siglas ICV; y que esté haciéndole el juego, pobre, a una estrategia clasista, xenófoba, reaccionaria e inútil. Allá él. La lección, repito, está en Turull y Rovira. Sobre todo en Rovira.

Es una víctima de la política de inmersión lingüística aplicada al revés de lo que sus defensores documentados (los de verdad) predican. Siendo consejero de Educación, Ernest Maragall apostó, de modo coherente, por esa doctrina, contraria a primar la lengua materna, o sea, contraria a la ONU. Así, propugnó para los educandos de la Cataluña profunda, de ambiente catalanoparlante, la inmersión en castellano. Otra cosa es que luego se rilara por la que le cayó. Allí pudo comprobar Maragall, y con él todos, que lo de la Generalidad no responde al seguimiento de una u otra opción sociolingüística, sino a la discriminación pura y dura de una lengua concreta. Rovira es la prueba de un fracaso. Muestra lo contraproducente que resulta la ingeniería social nacionalista. Unos años en Madrid le irían muy bien para ensanchar horizontes; que se lo pregunte a sus conmilitones (y víctimas) Ridao y Puigcercós. A Rovira le conviene Madrid, mucho Madrid, para ser más competente, para descubrir el mundo. Siempre que en ERC no le salga a Rovira una Rovira.

Cataluña
Las razones democráticas del Congreso
Antonio Robles Libertad Digital 11 Abril 2014

"Era el día" para desenmascarar la farsa nacionalista y no se aprovechó, asegura Arcadi Espada en su artículo de hoy de El Mundo. No digo que no, pero si se mira de dónde venimos, el pesimismo se debería graduar: por primera vez, los máximos representantes de la soberanía popular desenredaban entuertos jurídicos y falacias políticas con el rigor de un cirujano y la solemnidad de quienes tienen al Estado de Derecho de su parte. Ya era hora.

Importa, claro que importa, que el presidente del Gobierno de España omitiera el desplante nacionalista y el incumplimiento de las leyes, como incomoda que el jefe de la oposición estuviere más preocupado por darles una salida con la reforma de la Constitución que con su cumplimiento, pero uno y otro trabaron un análisis impecable de los límites del Estado de Derecho y de la decencia democrática. A Rosa Díez le dejaron impolutos los abusos del nacionalismo y su naturaleza reaccionaria. Y se cebó en su fortuna. En realidad, cada uno de los tres hizo lo que el límite de su electorado les permitía. El conjunto fue, por primera vez en democracia, una completa bofetada a esa reaccionaria y obscena ideología nacionalista que se está paseando por tierras catalanas como si fuera la estatua de la libertad cuando sólo es el viejo y carcamal espectro del carlismo con rímel y polvorete. Y sin embargo…

Y sin embargo quisieron dar la sensación de ser los seguidores de Gandhi. ¡Ay!, qué pandilla de farsantes. En Cataluña los conocemos muy bien, siempre con piel de cordero y allí donde tienen poder o presupuesto lo hincan hasta el mango. No necesitan argumentos, desde hace años tienen parroquia de misa diaria con los últimos dioses de TV3: el Barça, la lengua, el expolio fiscal, el derecho a decidir y la independencia. No importan las razones, aceptan cualquier extravagancia con tal de que excite sus emociones de pertenencia. En su Cataluña, en su gallinero, pueden, se jalean a ellos mismos, simulan divergencias y se otorgan medallas por turnos; pero en el rompeolas de España, con políticos bregados, hechuras jurídicas y hechos, no. Bien a las claras quedó la insignificancia de los tres impostores que mandó la etnia a España. No daban más de sí, no porque ellos fueran insignificantes, sino porque su discurso adolescente lo acostumbran a soltar sin oposición ninguna en escuelas, el Parlamento autonómico y medios de comunicación públicos y concertados. Salir del útero materno y enfrentarse a la realidad es otra cosa. Si ese debate se pudiera producir a diario en Cataluña, tengan por seguro que los políticos, sindicalistas y allegados del proceso de construcción nacional seguirían pensando lo mismo, pero la gente corriente tendría una oportunidad de huir de esta enfermiza melancolía.

Por esto, precisamente por esto, el ejercicio racional y democrático hilvanado en el Congreso de los Diputados ha sido un alegato imprescindible para situar a la altura correspondiente a quienes utilizan el nombre de la democracia en vano. Y una evidencia aún más importante: declarada la guerra, los complejos ante el nacionalismo han llegado a su fin. No solo de responsables políticos sino de millones de españoles. A partir de ahora, no solo ellos tienen enemigos a quien despreciar, el resto de españoles también. Por fin habrán logrado conseguir lo que han deseado y utilizado durante décadas: que España no los quiera. La profecía autocumplida a fuerza de provocarla. Aunque les parezca una paradoja, eso los hace felices. De ahí que les haya sentado tan mal que el gallego le diera dos tazas de su misma medicina.

Nacionalismo
¿Son demócratas los catalanistas?
José García Domínguez Libertad Digital 11 Abril 2014

A los liberales como en general a los progresistas les cuesta comprender la naturaleza última del nacionalismo. No lo pueden entender porque, allí donde se instala, encarna la refutación permanente, cotidiana, de su misma concepción del mundo. Y es que el nacionalismo conlleva la negación de las premisas básicas sobre las que se asienta la idea de la humanidad que les resulta propia. Solo desde el pesimismo antropológico cabe aprehender el fenómeno nacionalista. Y ello por una razón tan simple como desoladora, a saber, que los valores en que se inspiran tanto el liberalismo como la democracia son no solo ajenos sino refractarios a la condición humana. Ese lujo extravagante que nos permitimos unos cuantos occidentales decadentes, la democracia liberal, es algo contra natura, un artificio extraño a la esencia profunda del Homo sapiens.

Sin comprender eso no se puede comprender a la señora Marta Rovira. Porque la señora Marta Rovira no es ninguna nazi, ni tampoco un monstruo siniestro. Con sus abrazos promiscuos y sus pequeñas deficiencias morfosintácticas, la señora Marta Rovira es en verdad lo que parece: la vecina amable a la que uno recurriría para pedirle una taza de sal en caso de necesidad. El único problema de la señora Marta Rovira es que no es demócrata. Si lo fuera, tendría que priorizar el concepto de ciudadanía sobre el de identidad, empresa imposible para alguien, como es el caso, educado en la cultura del catalanismo.

Pues la democracia, contra lo que suponen los nacionalistas de todas las naciones, no consiste en un método de decisión, el basado en el sufragio universal, sino en una forma de vida colectiva asentada en la aceptación del disenso. Razón última, por cierto, de su carácter en gran medida antinatural. Porque lo instintivo y espontáneo, lo genético casi, es lo contrario: adherirse a lo tribal. En alguna parte le he leído a Guy Sorman que la democracia es el resultado histórico de una larga lucha contra nosotros mismos, contra nuestras tendencias más arraigadas y profundas. Y es verdad. El demócrata cree que cualquier miembro de una comunidad únicamente está obligado a admitir determinados principios morales básicos. El nacionalista, en cambio, postula como obligatoria una identidad cuyos rasgos canónicos él mismo se encarga de definir. Hacer lo posible para que algún día la democracia arraigue, al fin, en Cataluña, he ahí la tarea más perentoria.

«La realidad» vuelve a Matrixlandia
oti rodríguez marchante ABC Cataluña 11 Abril 2014

Homs, un reputado medievalista, advirtió fácilmente lo retrógrado de Rajoy al no ciscarse en la Constitución y al hablar de las no verdades manejadas en Matrixlandia

Tras el breve (si es que todo un día puede considerarse «breve») pantallazo a la vida real, «la realidad» vuelve a Matrixlandia, y si alguien pensaba que el soberanismo no tenía argumentos a la vista del papelón del trío en el Congreso, sólo tenía que esperarse hasta el día después, o sea, ayer, para escuchar al completo todos los complejos razonamientos de los oradores y compañía. ¿Dónde?..., dónde va a ser, en TV3 y compañía. Es el gran redescubrimiento de la Democracia y de la Libertad en Matrixlandia, que le hace esos regates con tijereteo al Congreso de los Diputados para luego irse a chutar a gol en los medios y medianías. Por ejemplo, el espectacular Frances Homs, que se lo trajo todo sin decir hasta que llegó bien temprano a TV3, donde mostró su indignación y su juicio con una de esas preguntas tan agudas que dejan helado el primer café: «Pero, ¿qué se ha pesando Rajoy, quién cree que es para ofrecernos..., bla, bla, bla?».

Francamente, no hay respuesta para eso, a no ser que Rajoy se haya pensado que es el presidente de un Gobierno democrático, y que tiene el deber de conocer y hacer cumplir las Leyes que, democráticamente, nos hemos dado. Para Homs, en esta actitud hay prepotencia y arrogancia, y responde a una visión de la vida de la Edad Media. Homs, un reputado medievalista, advirtió fácilmente lo retrógrado de Rajoy al no ciscarse en la Constitución y al hablar de las no verdades manejadas en Matrixlandia, no es verdad que en Cataluña sufran una opresión insoportable, no es verdad que se persiga la lengua catalana o que se asfixie a su cultura, no es verdad que se la discrimine respecto a otras Comunidades Autónomas..., como tampoco es verdad que en los países civilizados, cuando una región quiere apartarse, le abran la puerta para que salga llevándose una porción del territorio común.

Puro medievalismo, según el copiloto del proceso (el piloto estaba haciéndose una foto con papeles en la mesa y como escribiendo con un Bic con la tapa puesta). Pero, si todo esto no le llevara a uno a pensar que Matrixlandia es un revoltijo de cables pelados, la advertencia ayer de Artur Mas anima a pedirle cita con el psiquiatra: «si el Gobierno español se atrinchera detrás de las leyes..., bla, bla, bla». Ni a Groucho se le ocurriría un lugar menos apropiado para que un Gobierno se atrinchere: ¡Detrás de las leyes!, ¡qué vergüenza!

Cataluña
Artur Mas en su momento Takatún
Cristina Losada Libertad Digital 11 Abril 2014

Había hace años en la tele un personaje llamado Felipito Takatún, creación del cómico Joe Rígoli, que hizo célebre lo de "¡Yo sigo!". Sin intención de hacer reír, el presidente de la Generalidad catalana ha despachado de similar manera el debate y la votación del otro día en el Congreso. Dijo, en concreto, que no era un punto final, sino un punto y aparte. Esto era de esperar, naturalmente, pero aún podemos decir más: el presidente catalán no fue a defender su proyecto en la sede de la soberanía nacional para que no se le asociara con un punto final. Para no salir de allí acompañado por la sombra de Ibarretxe.

Para el lendakari Ibarretxe, y para su plan de "Estado libre asociado", el debate que tuvo lugar en el Congreso en 2005 con él presente fue un punto final. Se le dijo educadamente que no podía ser, y lo único que sucedió después, contra los pronósticos habituales, es que su partido perdió el poder en las siguientes elecciones y guardó aquel proyecto en el desván.

Conviene acordarse de aquello, y también del dramatismo que rodeó la circunstancia. Convendría que hicieran memoria los que ahora, como entonces, como siempre, dicen que no pero sí, que bien está la negativa, pero que hay que resolver el problema político. Reconozco mi aversión por la frasecita en esta clase de contextos, es decir, cuando hay un desafío a la ley. Recuérdese que era la cantinela tanto de los contrarios a ilegalizar Batasuna como de los partidarios de negociar con ETA: lo primero no se podía hacer y lo segundo había que hacerlo porque había "un problema político".

No negaré que exista un problema político en Cataluña: también son problemas políticos los que se provocan sin que haya causas reales que los justifiquen. La cuestión es cómo encararlos, y ahí los que pían por darle una salida, mediante una u otra concesión de alcance, al que ha creado Artur Mas tienen un problema estático. Para ellos, la situación es inamovible. En su visión, el estado de cosas en Cataluña es como un embalse a punto de rebosar por la crecida a favor de la consulta y de la independencia. Les parece que el nivel de las aguas sólo puede aumentar, y creen que el único modo de evitar que se desborden y causen graves daños es abrir una vía para descargar caudal.

La realidad política, sin embargo, no está quieta ni es inamovible. Es fluida, cambia de cauce y se mueve también según cómo se actúe sobre ella. Los nacionalistas han actuado, y de qué manera, para que hubiera una crecida a favor del engañoso derecho a decidir y la independencia. ¿Por qué asumir que eso no tiene vuelta atrás y sólo puede ir a más y a Mas? ¿Acaso no es posible y realista actuar para que la crecida remita? Por supuesto. Ahora bien, si los contrarios a la secesión dedican sus esfuerzos a cocinar la vía de salida (llámese reforma federal, reconocimiento de la singularidad catalana en la Constitución, pacto fiscal o blindaje de competencias), estarán perdiendo un tiempo precioso. Y no sólo: estarán alimentando la crecida.

Lo principal no es fabricar una válvula de escape, que seguro nos saldrá muy cara. Es trabajar para modificar la situación, para cambiar los términos del problema. Mas está en el ¡yo sigo! Vale. Hay que dejar de seguirle.

DECLARACIONES DE SANTIAGO ABASCAL
'Los grandes partidos no quieren competencia'
Juan E. Pflüger www.gaceta.es 11 Abril 2014

Las formaciones sin representación institucional necesitan 15.000 firmas para poder concurrir a las elecciones, algo que puede suponer un problema para las más recientes.

La última modificación de la Ley Electoral estableció que los partidos sin representación institucional debían conseguir un mínimo de firmas para poder concurrir a las elecciones. En el caso de las europeas, se precisan 15.000 ó 50 avales de cargos públicos electos.

Los partidos de reciente creación ven en estas medidas una traba a la libre concurrencia y la variedad política en los procesos electorales. Santiago Abascal, secretario general de VOX, no duda en afirmar que “los grandes partidos pretenden reducir la competencia de las nuevas formaciones. De esta manera empobrecen el debate político y reducen la variedad”.

Pero su crítica no es solamente en el ámbito de los conceptos. Las nuevas formaciones que se crean de nuevas no tienen estructuras organizativas complejas como los partidos ya institucionalizados, por eso, tener que dedicarse a pedir firmas y avales “nos hace perder el tiempo de lo importante, que es poder comunicar nuestras ideas y nuestras propuestas”, asegura Abascal.

GACETA.ES ha querido saber si VOX tendrá las firmas, a lo que su secretario general ha contestado que “somos un partido legal, por eso cumpliremos con este requisito por mucho tiempo que nos haga perder. Después nos dedicaremos a hacer una campaña eficaz y cercana a los españoles”.

VOX es una formación joven que se presentó el pasado mes de enero. El poco tiempo transcurrido no ha sido impedimento para que ya esté presente en varias encuestas que le dan representación en la eurocámara. Según estas consultas el nuevo partido de centro derecha obtendría entre el 2% y el 3% de los sufragios emitidos en España.

Al respecto Abascal se muestra claro: “Los estudios de opinión demuestran que hemos generado una ilusión que va en aumento. Pero lo que esperamos, y lo que al final cuenta, es el resultado de las elecciones. Acudimos al panorama político con ambición, porque no aspiramos a ser una presencia testimonial y vamos a seguir trabajando para ello, sólo así cambiaremos las cosas”.

Desde la nueva formación de centro derecha se han establecido puntos de recogida de firmas para que militantes y simpatizantes puedan apoyar a la candidatura:

Valladolid días 10, 11, 12,1 4 y 15 en la plaza España de 10 a 21
Badajoz Días 10 y 11 junto al Corte Inglés de Badajoz
Gijon Calle Alcalde García Conde, 3, 2 dcha Oviedo. Domingo de 12 a 14 en el Rastro
Oviedo: Los sábados 12 y 26 (abril) de 12h a 14h en Uría - Gil de Jaz. Los domingos 13 y 27 (abril) de 12h a 14h en Fruela - Rosal
Valencia Entre semana: De 10 a 14 y de 16 a 19 excepto viernes de 9 a 15 hrs. Avda Guillém de Castro 147 bajo
Granada Recogida de firmas en Maldonado Castillo Abogados. Avda constitución 41, 3 B. 18.014-Granada. De 8 a 14 horas y de 17.30 a 21 horas
Málaga El sábado en la Plaza de la constitución de 10 a 14
Madrid Todos los días hasta el 15 salvo el domingo. De 11.30 a 14.00 y de 17.30 a 20.00. En: Serrano esquina Goya, Goya esquina Alcalá y Pza Manuel Becerra
Sevilla Día 10 en la calle asunción número 35 las 19.30h
La Coruña Sábado 12 de abril con las siguientes ubicaciones y horas: Plaza de Lugo de 11 a 14 horas, Obelisco de 11 a 14 horas, Centro Comercial Cuatro Caminos (entrada Ramón y Cajal): 17 a 20 horas.
Barcelona Av. Diagonal esquina con calle Numancia el sábado de 15 a 19
Cartagena Todos los días hasta el 15 en C/ San Diego 60, bajo
Murcia  Ingeniería Disproyect, calle Obispo Sancho D'Avila numero 6 (junto hotel El Churra)

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Cataluña o la hora de Europa

Enrique Arias Vega www.lavozlibre.com 11 Abril 2014

Periodista y economista

No conozco ningún independentista catalán al que le hayan convencido los argumentos parlamentarios de Mariano Rajoy, Pérez Rubalcaba o Rosa Díez. O sea, que estamos donde estábamos.

Los que se autoengañan con la abrumadora votación de Las Cortes recuerdan que lo mismo le pasó al Plan Ibarretxe, cuyo fracaso le llevó al ostracismo político a su patrocinador. Se equivocan de medio a medio, porque el Estado asociado que proponía el entonces lehendakari era una creación personal, que contaba con la oposición de gran parte del propio PNV. En cambio, el independentismo catalán actual viene avalado por una amplia, activa y beligerante mayoría social.

Hace 35 años, apenas si había un dos por ciento de separatistas en Cataluña; hoy rondan el 60%. ¿Qué ha pasado?: que se les ha dado barra libre para monopolizar la escuela, los medios de comunicación, el mundo editorial… y recrear así un pasado mítico independentista y la promesa de una Arcadia feliz, libre de la opresión española. ¿A quién no le agrada tan bucólico panorama?

Era en aquel tiempo pasado cuando podía haberse puesto coto fácilmente a tanta falsedad y a tanto engaño. Ahora ya resulta imposible. Cuando, en octubre de 1934, Lluís Companys proclamó el Estat Català, no había tantos secesionistas como ahora y la República sofocó por las armas en un plis-plas aquella proclama. ¿Quién se atrevería a hacer ahora algo semejante? Nadie, por supuesto.

Por esa razón, desde hace varios años vengo argumentando, ante la incomprensión de la mayoría de mis amigos, que la independencia de Cataluña es un hecho inevitable e irreversible, con gravísimas y definitivas consecuencias para el resto de España.

La única instancia que podría frenar tanto desafuero no son Las Cortes Españolas -que los independentistas se las pasan por el arco de triunfo- sino esa Unión Europea que bien que osa inmiscuirse en Ucrania, continuar alimentando una insólita guerra civil en Siria o haber propiciado la ingobernable Libia post-Gadafi actual.

Si la UE no es capaz de percibir que la fractura de la España actual sería el inicio de su propia desmembración y de la fragmentación suicida de Europa, puede acabar sufriendo también el final de su propia utopía integradora, solidaria y pacifista. Si no, al tiempo.

Continuará

miquel porta perales ABC Cataluña 11 Abril 2014

El Congreso de Diputados ha hecho lo que debía y el nacionalismo catalán ha obtenido lo que quería

El Congreso de los Diputados ha hecho lo que debía y el nacionalismo catalán ha obtenido lo que buscaba. En cumplimiento de la legalidad constitucional, el Congreso ha desestimado la petición del Parlament para celebrar un «referéndum consultivo sobre el futuro político de Cataluña». Por su parte, el nacionalismo catalán ha conseguido el «no» que quería para continuar con la cultura de la queja, la internacionalización del «proceso» y, sobre todo, para seguir tensando la cuerda hasta el límite y a ver qué réditos -políticos, electorales, económicos o simbólicos-se pueden obtener de todo ello. Y ahora, ¿qué?

Artur Mas -que ha viajado por medio mundo predicando las bondades de la causa, pero es incapaz de trasladarse a Madrid para defenderla en el lugar que corresponde: ¿menosprecio? ¿desaire? ¿falta de confianza en sus posibilidades?-tiene dos alternativas: o rectifica o continúa su carrera hacia la nada.

Según ha declarado, continuará. Pero, la libertad de movimientos de Artur Mas está limitada por su inmovilismo, por la legalidad y por los excesos retóricos, la demagogia, el victimismo y el activismo frenético que él mismo ha impulsado o consentido. Y está también limitada por una Esquerra Republicana que puede retirarle el apoyo parlamentario y por una Asamblea Nacional Catalana que podría montarle una primavera árabe -o un Kiev- en Barcelona si no convoca la consulta el 9 de noviembre.

Así las cosas -teniendo en cuenta, además, que el presidente Mariano Rajoy difícilmente podrá conceder lo que el nacionalismo catalán le pida-, todo apunta a que se avecinan siete meses de forcejeo que -con la Ley de Consultas catalana incluida: será recurrida ante el Tribunal Constitucional- podrían desembocar en elecciones autonómicas anticipadas -«plebiscitarias», dice el nacionalismo catalán- en el mes de noviembre. Y, después -grado omega de la irresponsabilidad-, a ver qué pasa. Probablemente, volveremos -con un Artur Mas amortizado que ya no podrá ganar más tiempo- a la casilla de salida

Contundencia contra el terrorismo y el secesionismo
Vidal-Quadras (Vox) defiende una reforma de las autonomías que simplifique el Estado
Redacción.  latribunadelpaisvasco.com 11 Abril 2014

El presidente de Vox y cabeza de lista del partido para las elecciones europeas, Alejo Vidal-Quadras, ha defendido “una reforma en profundidad” del actual Estado Autonómico en la presentación del partido que ha tenido lugar en San Sebastián (Guipúzcoa). El vicepresidente del Parlamento Europeo ha señalado que las iniciativas impulsadas por los gobiernos de Francia e Italia “se inspiran en la receta que Vox defiende desde su creación”.

Vidal-Quadras ha hecho estas declaraciones en relación a los anuncios de los nuevos primeros ministros de Italia, Matteo Renzi, y de Francia, Manuel Valls, que proponen “la simplificación del aparato del Estado” y la “reducción a la mitad del número de regiones” respectivamente. El candidato de Vox ha subrayado que, en ambos casos, “pese a que se trata de mayorías de izquierdas, han entendido que deben atacar al origen de las dificultades con los remedios adecuados”, cosa que “Mariano Rajoy todavía no ha captado”. En este sentido, Vidal-Quadras ha presentado Vox como la opción electoral para que PSOE y PP “vean peligrar su poder y reaccionen”.

El acto de presentación de Vox en Guipúzcoa también ha contado con la participación del secretario general de la formación, el alavés Santiago Abascal, y de José Antonio Ortega Lara, impulsor del partido y miembro de su Comité Ejecutivo provisional. En referencia al referéndum ilegal sobre la independencia de Catalunya, Abascal ha remarcado que Vox no admitirá que “roben ninguna parte del territorio nacional ni por las armas de los terroristas ni por las urnas ilegítimas de Artur Mas”. El líder alavés también ha exigido al Gobierno que la Fiscalía y la Abogacía del Estado inicien el proceso para la ilegalización de “Bildu-Sortu-Amaiur-ETA” si quiere evitar el “colaboracionismo con la política antiterrorista de Zapatero”. En la misma línea, Ortega Lara ha manifestado que Vox se opone a la negociación política con los terroristas porque esto supone “la rendición del Estado de derecho y privar a las víctimas de la memoria y la tutela judicial que merecen”.

Por su parte, el coordinador provincial de Guipúzcoa, el consultor de empresas de 31 años Adrián Arsuaga, ha calificado a Alejo Vidal-Quadras de “hombre de estado experimentado” por su trayectoria política en España y en el Parlamento Europeo. Arsuaga ha reconocido que “había pensado en tirar la toalla”, pero Vox ha sido el instrumento necesario para “asumir la responsabilidad que nos compete como ciudadanos”. Par el coordinador provincial, el apoyo a Alejo Vidal-Quadras en las elecciones al Parlamento Europeo son la primera oportunidad para que los votantes de centro-derecha se quiten “las pinzas de la nariz a la hora de depositar el voto en la urna”.

Imposición lingüística
Ciudadanos vuelve a pedir a Rigau un modelo trilingüe en la escuela
"Cataluña es el único lugar de Europa en el que con una sociedad bilingüe se tiene una enseñanza pública monolingüe"
 www.lavozlibre.com 11 Abril 2014

Barcelona.- El diputado de Ciudadanos (C’s), Carlos Carrizosa, ha reclamado a la consejera de Educación de la Generalitat de Cataluña, Irene Rigau, que “se adecúe a los nuevos tiempos, cumpla las sentencias e introduzca el modelo trilingüe en las escuelas públicas catalanas”, después del “desacato” de la Consejería a varias sentencias que establecen el castellano, junto con el catalán, como lengua vehicular en las escuelas

En la interpelación al Govern del pleno del Parlament, Carrizosa ha advertido que “la inmersión lingüística no existe legalmente porque el Tribunal Constitucional (TC) establece que el castellano debe ser una lengua vehicular, junto con el catalán, en la escuela” y ha instado a la Consejería a que “fije de una vez el porcentaje de cada idioma en las aulas”.

“Señora Rigau, han perdido la batalla en dos frentes: el social, porque lo que se estila en Europa es la enseñanza trilingüe; y el judicial, las sentencias” ha manifestado el diputado de C’s, que ha denunciado que el Govern “viva de espalda a las leyes, a la democracia, al Estado de Derecho y a las sentencias”. Además, ha asegurado que “Cataluña es el único lugar de Europa en el que con una sociedad bilingüe se tiene una enseñanza pública monolingüe”.

Carlos Carrizosa ha evidenciado que Rigau “ordenó cumplir con la sentencia que dictaba el Tribunal Supremo que decía que la niña de la familia que lo pidió recibiera una enseñanza bilingüe con un 40% de las clases en catalán, un 40% en castellano y el 20% en inglés”. Pero ha denunciado que “cuando salió la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) que establecía un 25% de la enseñanza en castellano en las escuelas públicas se reuniera con directores y Asociaciones de Madres y Padres (AMPAS) de las escuelas afectadas y movilizara todo lo que pudo hasta conseguir que se impugnaran las resoluciones desde los colegios”.


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