AGLI Recortes de Prensa   Domingo 13  Abril  2014

El proceso independentista o la metáfora del fútbol
José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital 13 Abril 2014

En democracia, cualquier debate, cualquier discrepancia, debería resolverse mediante el diálogo, pero no un diálogo sin forma, sin normas, sin procedimientos, incluso todos los agentes implicados en el fragor de la arena sociopolítica deberían estructurar sus argumentaciones y sus postulados desde unos parámetros racionales y deontológicos, deontología que no es otra cosa que las mismas normas de la democracia.

Digo esto porque en Cataluña, los partidarios del proceso independentista, me refiero ahora a los ideólogos de la “construcción nacional”, recurren una y otra vez al factor emocional, al sentimiento identitario excluyente, a la irracionalidad camuflada de moral para partir de una posición de superioridad respecto a la deformada y artificial alteridad denominada “España” o “los españoles”.

Aunque esta estructura mental está consciente y perfectamente coordinada, bajo un espíritu teleológico, con una razón estratégica que solo concibe como válido el objetivo final (puede que hasta hayan leído a von Clausewitz), sorprende cómo el nacionalismo popularizado, aquél que no suele pisar la moqueta de la política, ni el mármol de la academia, parte de una concepción excluyente que ve incompatible realidades tan cotidianas y habituales como son las identidades múltiples de la gran mayoría de los catalanes.

El problema radica en que esta especie de relativismo cultural remozado en función de una “identidad unívoca” (también debidamente popularizado), transformación reciente pero poco novedosa del “genio de los pueblos”, concibe como plausible e incluso razonable –o “normal” como gusta decir a los partidarios del nacionalismo- que los derechos (y libertades) de los ciudadanos pueden graduarse en función de una adscripción identitaria u otra, que el respeto a la Ley y al estado de Derecho solo responde a una convicción propia o adquirida.

Pues bien, encontramos cómo desde las organizaciones gestadas, promocionadas y proyectadas desde el poder nacionalista, como Òmnium Cultural o la ANC, se afirman cosas como “…no hay ninguna manera de ser catalán y español…” (Mureil Casals dixit), esto es, el proceso secesionista se basa en la negación de una realidad palpable tanto en los estudios sociológicos sino también en las calles de nuestros pueblos y ciudades: en Cataluña hay una mayoría social que se siente catalán y español sin ningún tipo de problema…

Las palabras de Muriel Casals ilustran el espíritu excluyente que hay tras la “ilusión” del modelo rupturista, como vemos no solo se busca un escenario de secesión traumática, también se busca penetrar en el sagrada esfera privada del individuo, se concibe al ciudadano como una persona en minoría de edad que (desde el poder político o la aristocracia nacionalista) hay que tutelar, es decir, el independentismo nos ofrece un programa político que aspira, gracias a un costoso sistema de ingeniería social, a la uniformización totalitaria de la sociedad catalana.

Esta mentalidad maniquea que presume la incompatibilidad identitaria, que siente un profundo malestar en la pluralidad, la encontramos en casi todos los voceros de la caverna mediática nacionalista, periodistas como Jordi Basté, que dirige y presenta el programa de radio más escuchado en Cataluña, es el paradigma de esta mentalidad.

Su pasado de periodista deportivo le lleva a creer, desde la ignorancia, que no se puede ser del Barcelona y del Madrid, que existe un contrario, un adversario, casi un enemigo, que te niega pero, a su vez, te justifica, que las faltas de ese contrario son peores que las propias, que las normas que rigen a todos los equipos de fútbol deben ser más laxas con el propio, que tu equipo parte de una superioridad moral que sobrepasa lo deportivo, las reglas, las normas, los procedimientos… este es el esquema impuesto por el nacionalismo popularizado que decía más arriba.

El separatismo catalán, un problema de Europa
Marcus Pucnik cronicaglobal.com 13 Abril 2014

Tanto en Cataluña como en Escocia se prevé la celebración de un referéndum para la independencia este año; el 18 de septiembre en Escocia, y el 9 de noviembre en Cataluña. En caso de obtener la independencia, ambos países querrían incorporarse a la Unión Europea, pero la postura oficial de la UE sería la de tratar a Cataluña y Escocia como a "terceros países" que tendrían que superar todas las fases del proceso de adhesión.

Aquí acaban las semejanzas entre Escocia y Cataluña. El referéndum escocés ha sido pactado con Londres, mientras que el catalán no cuenta con la aprobación de Madrid, que lo considera inconstitucional. Por otra parte, es probable que el Gobierno español vete la entrada de Cataluña a la UE si se produce una declaración unilateral de independencia.

A diferencia de lo que sucede en Escocia, en Cataluña existe un conflicto lingüístico

"No podemos ser castigados", aseguró Artur Mas, presidente de la Generalidad de Cataluña, en una entrevista en el Corriere della Sera. Expertos europeos cualificados comparten esta opinión y creen que el posible veto español contra Cataluña sería una medida punitiva que representaría "un abuso de la ley [de la UE]". Dichos expertos creen que tanto Cataluña como Escocia cumplen todos los requisitos para su ingreso, por lo que sus solicitudes se cursarían por la vía rápida. Se implementaría "un procedimiento simplificado" para países que han "aplicado las políticas y la legislación de la UE durante cuarenta años", o veintiocho, en el caso de España/Cataluña.

Pero ¿de verdad es el afán de castigar a esos fastidiosos catalanes el principal objetivo de Madrid? ¿Cumple realmente Cataluña todos los criterios de la UE, y constituye por tanto un caso especial en el que el artículo 49 del Tratado de la Unión Europea (TUE) no puede ser interpretado de forma literal? Un análisis más detenido de las condiciones sobre el terreno suscita ciertas dudas al respecto.

A diferencia de lo que sucede en Escocia, en Cataluña existe un conflicto lingüístico. Se trata de un asunto complejo, uno de cuyos aspectos es la defensa general de la lengua catalana. El otro aspecto es una cuestión interna de Cataluña, donde la Generalidad, el gobierno autonómico, se niega a acatar sentencias judiciales de los últimos años que exigen que no se excluya el castellano como lengua vehicular de la escuela pública catalana. Tratar el castellano como un idioma extranjero no se ajusta ni al espíritu ni a la letra del artículo 2 del TUE, al que el artículo 49 hace una referencia explícita.

Tanto el castellano como el catalán son idiomas oficiales en Cataluña. Más de la mitad de la población catalana tiene el castellano como lengua materna. Inclinar la balanza a favor del catalán en la educación pública ha sido necesario para reparar injusticias del pasado, como han reconocido también los tribunales, pero la exclusión del castellano representa una discriminación clara. Por otra parte, basándonos en la situación actual, podríamos suponer que un Estado independiente declararía el catalán como lengua preferente o nacional, lo que convertiría a los castellanohablantes en una minoría de facto. La igualdad, la no discriminación y la protección de las minorías son valores que aparecen mencionados en el artículo 2.

La Generalidad se niega a acatar sentencias judiciales de los últimos años que exigen que no se excluya el castellano como lengua vehicular de la escuela pública catalana

Si bien las autoridades catalanas están muy orgullosas de su sistema monolingüe, el informe de una comisión de expertos para el Consejo de Europa sobre la aplicación en España de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias concluyó en 2008 que "un sistema basado en una educación impartida principalmente en la lengua [regional o minoritaria] debe estar disponible para quien lo solicite, pero no debería ser obligatorio para todos los niños". Aunque Cataluña no era el Estado objeto del examen, la comisión emitió un dictamen que parece un comentario crítico dirigido a las autoridades catalanas: "La Carta no exige educación obligatoria en catalán para todos los alumnos, sino únicamente que esta opción exista para que todos los alumnos puedan recibir educación en catalán si sus padres así lo desean".

Hay padres que han pasado años enfrascados en batallas legales con el fin de obtener una educación bilingüe para sus hijos. La negativa de la Generalidad de Cataluña, que se niega también a implementar una nueva ley española relativa a esta cuestión, puede conducir a una situación en la que se vulnere el principio de seguridad jurídica. El imperio de la ley, que se basa entre otras cosas en la seguridad jurídica, es otro de los valores que figuran en el artículo 2 del TUE.

Uno de los principales argumentos a favor de la educación monolingüe que esgrimen los nacionalistas catalanes y el gobierno autonómico es lo que ellos llaman "cohesión social". Se trata de un eufemismo para referirse a la construcción nacional.

Otra diferencia respecto a Escocia es que las fronteras del Estado catalán proyectado no están claras en absoluto. El independentismo catalán es intrínsecamente expansionista; intenta conseguir la independencia de Cataluña hoy, para el día de mañana poder trabajar por la "reunificación política de los Países Catalanes". Esto implica anexionarse otras porciones considerables de España, así como partes de Francia (Rosellón) e Italia (Alguer), además de engullir Andorra entera. Todos ellos son territorios donde se habla catalán.

El independentismo catalán es intrínsecamente expansionista; intenta conseguir la independencia de Cataluña hoy, para el día de mañana poder trabajar por la "reunificación política de los Países Catalanes"

Prácticamente todos los partidos y organizaciones separatistas comparten este objetivo a largo plazo, incluidos al menos algunos sectores de la coalición CiU de Artur Mas, que gobierna en minoría con el apoyo parlamentario de ERC. ERC define de manera bastante oficial la "nación catalana" como "el pueblo catalán" que reside dentro de los límites de los Países Catalanes (compárese el contorno de los Países Catalanes con la característica forma triangular de la Cataluña propiamente dicha). Aunque por el momento no hay amenazas de utilizar la fuerza para alcanzar el objetivo de la "reunificación", esta ideología demuestra (de nuevo) lo poco dispuestos que están los nacionalistas e independentistas catalanes a respetar las normas del juego establecidas.

Quizá nada pone más de manifiesto la tendencia pancatalanista del movimiento separatista que el falso referéndum de 2009-2011 sobre la independencia de (tal y como constaba en las papeletas) la "nación catalana", que solo se celebró en Cataluña aunque tenía como referencia los Países Catalanes, y en el que participó Artur Mas, presidente de la Generalidad, que declaró públicamente que había votado sí.

Por tanto, es posible que un futuro veto español a la admisión de un Estado catalán en la UE no fuera una medida punitiva. Por el contrario, España podría encontrar en el terreno tanto de los derechos individuales como del derecho internacional argumentos válidos para negar cualquier tipo de ayuda a un país que no solo discriminaría a los castellanohablantes, sino que cuestionaría su integridad territorial. Grecia le ha puesto numerosos obstáculos a Macedonia (ARYM) por mucho menos que eso.

El problema catalán es también un problema europeo, debido al efecto dominó que podría tener sobre toda la Unión, sobre todo porque si la UE aceptara el precedente de Cataluña, probablemente el País Vasco seguiría sus pasos. El independentismo vasco, como el catalán, reclama territorios que en el presente están en España y también en la vecina Francia.

[Artículo publicado originalmente en el blog del London School of Economics Euro Crisis in the Press y reproducido en CRÓNICA GLOBAL con autorización]

Amor y secesión
La afirmación de Cataluña, por mucho que se quiera disfrazar el asunto para darle amabilidad, pasa por la negación de España
Jorge M. Reverte. El Pais 13 Abril 2014

Bueno, hasta aquí hemos llegado. El debate parlamentario sobre la concesión de la convocatoria de un referéndum sobre el derecho a decidir al Parlamento catalán ha pasado el trámite como se suponía: con un no rotundo amparado en muchas razones, pero sobre todo en una, que es la legalidad. Es cierto, y no hay ningún constitucionalista que se lo plantee de otra manera: el sujeto de la soberanía es el pueblo español en su conjunto, mientras no se cambie la Constitución. Hasta aquí hemos llegado, pero el problema sigue sin resolverse.

De forma cruda, los nacionalistas catalanes han conseguido crear en su territorio una corriente de opinión, aparentemente mayoritaria, que tiene un carácter secesionista del resto de España. Puede haber más o menos matices, pero las cosas van por ahí. Mentar España en Cataluña en muchos ambientes es parecido a mentar la bicha. Los aficionados al fútbol van con La Roja, para no tener que decir la palabra maldita. Y si alguien es de Coria del Río suele decir que se siente también de allí, pero le cuesta decir en público que se siente español.

Mentar a España en Cataluña en muchos ambientes es parecido a mentar la bicha

Porque el secesionismo, incluso fórmulas menos extremas del nacionalismo, se expresa a través del rechazo, de la confrontación. La afirmación de Cataluña, por mucho que se quiera disfrazar el asunto para dotarle de amabilidad, pasa por la negación de España. Y para negarla es inevitable recalcar sus aspectos negativos, castrantes y dominadores. No es por la reclamación del cariño como se podrá domar al desbocado potro del nacionalismo catalán. A ningún nacionalista le interesa ese cariño. Todo lo más pueden tomar sus manifestaciones como muestras de debilidad, de que están ganando la batalla en el doloroso divorcio que se pretende.

España nos roba es una frase que no surge de la calentura, sino de la fría busca de una consigna que revuelve tripas y aflora frustraciones. La solución al asunto no pasa por la exaltación de lo común en el terreno de la afectividad. Al Catalonia is not Spain del Camp Nou no se le puede contrarrestar con un España os quiere desde el Bernabéu. Y el cerrilismo de Alfred Bosch no puede atemperarse traduciendo sus novelas al castellano. Queda la confrontación a la medida que demanden los más brutos, como en 1934 cuando Macià midió mal sus fuerzas. O queda la única solución sensata, que tiene que basarse en un pacto de conveniencia que, eso sí, respete de manera escrupulosa la legalidad y evite malentendidos, como por ejemplo el de que hay que respetar el inexistente derecho de autodeterminación.

Josep Antoni Duran Lleida propone que haya en la Constitución un reconocimiento explícito del carácter especial de Cataluña; Alfredo Pérez Rubalcaba, una arquitectura federal que aún ha de encarnarse en una propuesta, aunque va ganando en credibilidad; Miguel Herrero de Miñón sugiere un pacto de Estado que blinde competencias. Sobre la mesa hay muchas opciones. Todas exigen que los nacionalistas tasquen el freno y contengan su lenguaje insultante.

Y con suerte podremos querer a quien nos dé la gana dentro de una Europa de ciudadanos.

Pérez-Llorca, el buen padre
IÑAKI EZKERRA ABC  13 Abril 2014

Gracias por no idear ningún plan para que encajen en la España democrática los que viven de desencajarla

TRAS la reaparición estelar de Herrero de Miñón estos días para defender el referéndum de Mas y de la de Miquel Roca hace unos meses para lo mismo, quiero dedicar esta columna con toda mi emoción y gratitud a José Pedro Pérez-Llorca; al hombre cabal, al patriota sereno, al padre de la Constitución que nunca ha dejado de serlo ni ha dado portadas al amarillismo político para renegar de esa hija o decir que nunca le gustó. En 36 años no le he oído a Pérez-Llorca una sola salida de tono para contentar a nadie o ser noticia. Y, como nunca sale en los periódicos soltando disparates, no reparamos en que aún nos queda un tercer padre de la Carta Magna que es el que de veras podría decir algo de interés justamente por eso, por su proverbial pudor mediático. Yo creo que después de tanta decepción y tanto jarro de agua fría, debemos ir a buscar a ese hombre para pedirle consejo o consuelo; para darle las gracias por su sensatez y su discreción.

Le he visto en algunas de esas fotos de la Transición que, para despedir a Suárez, se han vuelto a publicar estos días. Ahí aparece él sonriendo siempre en blanco y negro con su corbata laboral y paisana, sin chupar cámara; con esa pinta de español medio, de abogado listo y currante que tenía de joven; de letrado eficiente y consciente de la travesura legal y emocionante que estaban tramando; de buen gaditano que ha mamado el agua constitucional de la bahía; de colega que se toma un breve respiro en el trabajo de traer la libertad a España. De la Transición me gustan especialmente las fotos en las que se les ve a los hombres de Suárez inclinados en torno a una mesa, como trayéndose algo entre manos; esas fotos de grupo en la que parecen los compañeros de una oficina haciendo un descanso o brindando por uno que se va a casar. Esas fotos que son un poco las de todos los españoles porque en ellas sale esa peña que acometió la bella hazaña de representarnos a todos y darnos lo que necesitábamos, unas leyes que no nos acojonaran sino que nos ayudaran a vivir. Esas fotos, sí, en las que a todos se les ven las ganas de trabajar, un aire de ilusión, de sencillez y modestia que no han vuelto a tener los políticos de este país.

Me he acordado de Perez-Llorca estos días por eso, por su paternidad responsable de ese texto; por su contraste con un Miquel Roca que va de hombre de Estado «ma non troppo» o con Herrero de Miñón, que reaparece para proponernos una inquietante «mutación» de la Constitución que sólo él sabe lo que quiere decir; que nos indica que se ha pasado de la jurisprudencia a la biología y que aquí el verdadero mutante es él. La verdad es que Herrero de Miñón ya mutó hace años cuando dijo que el Plan Ibarretxe «encajaba en la Constitución al 99%». Mutó tanto que lo premió la Fundación Sabino Arana. Gracias, don José Pedro Perez-Llorca, por no haber recibido nunca esa clase de premios y por no idear ningún plan para que encajen en la España democrática los que viven de desencajarla.

Cita los instrumentos del nacionalismo
De Carreras: "CiU lleva desde los 70 inoculando el independentismo sin pausa"

El catedrático catalán augura "poco futuro político a Mas" y ha citado los instrumentos del nacionalismo: la lengua, victimismo y la manipulación.
Agencias Libertad Digital 13 Abril 2014

El catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras opina que el presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas, tiene "poco futuro político", pues, "o se convierte en el Bolívar de Cataluña", algo improbable, o "tendrá que reconocer su fracaso y los perjuicios ocasionados a todos".

De Carreras, en una entrevista con Efe tras el rechazo del Congreso a la proposición de ley del Parlamento catalán para facilitar la celebración de la consulta independentista, apunta que Mas hace todo lo posible para pasar a la historia como un "mártir de comedia".

Autor del libro Paciencia e independencia. La agenda oculta del nacionalismo (Ariel) y uno de los promotores de Ciudadanos, De Carreras sostiene que Convergencia i Unió tiene una "calculada hoja de ruta" desde los años 70 para "inocular el independentismo poco a poco, sin prisa pero sin pausa".

Los instrumentos para llegar a esa meta son, para De Carreras, "la lengua, el victimismo frente a España, la manipulación de la historia, el desprecio por el derecho y el control de los medios de comunicación y la sociedad civil".

Este victimismo, dice, "no tiene ninguna razón", porque Cataluña "tiene una autonomía amplísima, el catalán es utilizado en la mayoría de las instituciones y, en fiscalidad, está en la franja media". Por eso, afirma de manera tajante que "no hay por dónde coger que España haya hecho daño a los catalanes", como plantearon en el Congreso de los Diputados los parlamentarios catalanes impulsores de la consulta.

Para De Carreras, estas intervenciones de Jordi Turull (CiU), Marta Rovira (ERC) y Joan Herrera (ICV), fueron "de un nivel muy bajo" porque, asegura, "no aportaron razones jurídicas" en defensa de la legalidad de la consulta. Sí le gustaron los discursos del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, porque ambos coincidieron en utilizar un "tono firme, razonable y nada agresivo" y sonaron "absolutamente sinceros".

El catedrático valora que al menos este debate haya servido para centrar la atención política en el problema catalán, pues acusa al Gobierno de dejar "huérfanos" a quienes, como él, "creen que el independentismo lleva a una catástrofe".

El Gobierno, del que "echa de menos más aportaciones", debería propiciar "estudios independientes" sobre la cuestión catalana, que podrían realizar -sugiere- académicos extranjeros porque, ante todo, es un problema que "no hay que callar".

Se trata de que el Gobierno reconozca que el pulso separatista tiene que "plantearse, superarse y arreglarse", algo que no es imposible porque, recuerda, "todo estado de derecho tiene salidas aceptables para dar cauce a aspiraciones democráticas".

De Carreras se muestra convencido de que, si existiera una gran mayoría en Cataluña que quiere la consulta "cosa que no se sabe con seguridad", encontrará la forma de materializarla. Pero no se podrá llegar a un acuerdo "si Cataluña decide que tiene la soberanía", algo que rechazó el Tribunal Constitucional, advierte el catedrático.

Ante las posibles salidas al conflicto, sugiere que el Gobierno se ocupe del tema territorial y de representación democrática que existe en España, un país que, para De Carreras, "es ya un Estado federal", aunque se puede perfeccionar.

La solución que estima más beneficiosa es la misma que apunta la sentencia del Tribunal Constitucional, que abre la vía para encontrar una solución política que dé encaje constitucional a la consulta. "Si se les explica esto a los catalanes, una enorme mayoría diría que es la vía acertada", asegura.

De esta manera, De Carreras cree que quedaría fuera del debate la "inflexibilidad" de una parte de los catalanes que apuestan por la independencia unilateral, una opción que no tiene "ni encaje jurídico ni salida a nivel internacional". Apunta que si no se siguen las normas, habrá sanciones, "al igual que le ha ocurrido al Barça", recuerda, porque "el derecho se tiene que respetar".

El impagable coste de una hipotética ruptura
Redacción. latribunadelpaisvasco.com 13 Abril 2014

"A favor de España", coordinado por la Fundación Progreso y Democracia, es un libro que da cuenta del coste (no sólo económico, sino en muchos otros ámbitos) que tendría para la sociedad la ruptura del Estado por la vía de la secesión de Cataluña.

Según explican sus autores, el libro surge de la necesidad de llenar un vacío. "Frente a una estrategia claramente meditada y pensada, así como bien financiada, de fabricación de un potente discurso nacionalista, millones de españoles se encuentran huérfanos de planteamientos para defender algo muy sencillo: que la idea de España, una realidad con más de quinientos años de historia, ha sido un proyecto exitoso y que sigue siendo la plataforma más segura y potente para navegar por las aguas turbulentas de un mundo globalizado, complejo e incierto. Los distintos gobiernos de la nación y los grandes partidos nacionales han estado hasta ahora en otra cosa: en el pacto, en el parche, cuando no en la más pura indolencia cómplice con el chantaje y el victimismo permanente que representa la obsesión identitaria".

Los autores de este ensayo, ante una de las mayores crisis históricas, se han planteado con "A favor de España" abrirse a esa parte de la sociedad civil preocupada por lo que está sucediendo y la falta de una respuesta de las instituciones a la altura del desafío. Con este ánimo expertos y académicos independientes, varios de ellos procedentes tanto del País Vasco como de Cataluña, analizan con serenidad las contradicciones y falacias que se encuentran tras la estrategia secesionista, y valoran los costes directos e indirectos (económicos, sociales, políticos...) que este proceso tendría para todos los españoles, incluidos los propios ciudadanos catalanes y vascos.

Los autores del libro son Fernando Savater, Ramón Marcos Allo, Clara Eugenia Nuñez, Gabriel Tortella, José V. Rodriguez Mora, Francisco Sosa Wagner, Mercedes Fuertes, José Miguel Fernández Dols, Aurelio Arteta, Enrique Helguera, Jaime Mª de Berenguer de Santiago, Carlos Martínez Gorriarán, Mario Vargas Llosa y Rosa Díez.

Quebec, Quebec, ¿por qué nos has abandonado?
Siscu Baiges cronicaglobal.com 13 Abril 2014

El resultado de las elecciones en Quebec nos ha cogido a todos por sorpresa. No porque no lo esperásemos sino porque ni siquiera nos habíamos enterado de que había elecciones. Tiene narices que, absortos como estamos en el debate de si se tiene que hacer en Cataluña una consulta sobre su posible separación de España, nos haya pasado por alto esta competición electoral en una provincia canadiense que ya ha celebrado dos en el pasado reciente.

Los medios de comunicación y los partidos partidarios de la independencia de Cataluña no mostraron ningún interés en calentar el ambiente preelectoral. Es de suponer que ya intuían el fiasco de las opciones independentistas en Quebec y no fuera ser que alguien hiciera comparaciones molestas.

Ahora toca decir que entre Quebec y Cataluña hay muchas diferencias y que son dos procesos entre los que no hay comparación posible

¡Tan interesados como andaba tiempo atrás la Brunete independentista para acercarnos la reivindicación quebequesa y ahora se nos han hecho los despistados!. Los federalistas han ganado las elecciones en Quebec por mayoría absoluta. Por tanto, ahora toca decir que entre Quebec y Cataluña hay muchas diferencias y que son dos procesos entre los que no hay comparación posible.

Cada vez son menos las comparaciones que los independentistas pueden hacer con otros procesos de secesión. Teniendo en cuenta que el último país que se independizó fue Sudán del Sur, que hoy vive un conflicto violento terrible, y que el último referéndum territorial ha sido el de Crimea, del que los soberanistas catalanes huyen como de la peste, no es extraño que ahora éstos prefieran mirar sólo de puertas adentro. ¡Solo faltaría que la República Checa y Eslovaquia, el referente más favorable a los defensores de una partición territorial pacífica, decidiesen volver a unirse! Me imagino a Francesc Homs y a unos cuantos más haciéndose el haraquiri.

Queda la esperanza escocesa. Su referéndum es el 18 de setiembre. Si sale que 'sí', Europa tendrá un país de izquierdas más. Si en Cataluña sale el 'sí' y acaba siendo el pregonado nuevo Estado que reclaman, Europa tendrá un país más de derechas.

¡Empate!
Esperemos que el desempate no se dilucide en Venecia, porque allí los "progres" lo tienen "crudo"

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Cocinillas

JON JUARISTI ABC  13 Abril 2014

La fórmula del «nuevo nacionalismo» de Eguiguren representa una aportación audaz, pero poco original, a la cocina vasca

EL guisote del «nuevo nacionalismo, vasquismo y navarrismo» que propone el presidente del Partido Socialista de Euskadi, Jesús Eguiguren, no pasa de ser una versión más de la deriva de la izquierda hacia un máster chef basado exclusivamente en gastronomía de fusión. Sin embargo, se le debe reconocer ambición e iniciativa. Todos y cada uno de los dirigentes socialistas españoles compiten desesperadamente por la espumadera de platino iridiado que devendrá futuro patrón universal en el Museo de Pesos y Medidas de las Ideologías Purulentas, pero sólo Eguiguren se ha apresurado a publicar su libro de recetas como si ya hubiera ganado el concurso antes del casting. Otras aspirantes Elena Valenciano, por ejemplo se limitan a ofrecer sugerencias de temporada inspiradas en los fogones de la abuela Margarita Nelken: salteado de mollejas de gallardón con hígado de obispo y rabo de montoro al estragón. Nada como la cocina tradicional, piensan ellas, para alimentar a las masas europeas depauperadas y hambrientas a causa de las políticas de austeridad. Eguiguren, por el contrario, le echa imaginación al asunto, aunque, mocetón prevenido, se cura en salud advirtiéndonos de que seguramente las marquesas de Parabere de turno se encarnizarán con un pobre chico de Aizarna que toda su vida soñó con ser cocinero antes que fraile y que, por no tener acceso al Wall Street Journal, ha tenido que conformarse con el Gara para difundir su propuesta.

Eguiguren afirma que no lo hace, y lo cito literalmente, «pensando en el bien de la izquierda abertzale, sino más bien en el bien del Partido Socialista o de la izquierda en general, para que haya una alternativa al PNV». Pues qué bien tanto bien. Es obvio que Eguiguren identifica al Partido Socialista con la izquierda en general, y eso no es nuevo. Los socialistas siempre han tendido a verse como la única izquierda auténtica o como la única izquierda legítima. Recuérdese que ya Alfonso Guerra, en el Paleolítico Superior, sostenía que todo lo que quedaba a la izquierda del PSOE era problema de la Guardia Civil. Y acertaba. Desde luego, la izquierda abertzale lo era. Un problema bastante serio. Hasta que Eguiguren decretó por su cuenta que había dejado de serlo. No solamente ha dejado de ser un problema para la Guardia Civil, según Eguiguren, sino que se perfila ahora como la clave del bien del Partido Socialista y de la izquierda en general. Tampoco esto es un descubrimiento atribuible a la genialidad de Eguiguren. Desde la Transición, dirigentes del PSE como Benegas, Jáuregui y, más tarde, Mario Onaindía, se cercioraron de que nunca conseguirían ganar por votos al PNV sin incorporar previamente la izquierda abertzale a lo que ellos llamaban «la casa común de la izquierda», o sea, al Partido Socialista. Lo intentaron en 1994, y el trompazo fue de antología. Para su sorpresa, la izquierda abertzale prefirió ser más abertzale que izquierda y dejó en evidencia a la cándida dirección del PSE y a la caótica dirección del PSOE de aquel tiempo. Antes de abandonar el País Vasco, Ramón Jáuregui arguyó que la idea era buena, aunque demasiado prematura. La novedad, la gran novedad que ha introducido Eguiguren en el esquema reside más en el método que en la oportunidad histórica.

Mantiene los ingredientes de la receta original, pero variando las proporciones. En vez de convertir en Partido Socialista a la izquierda abertzale, ha decidido que es más fácil convertir en izquierda abertzale al Partido Socialista, todo sea por el bien de este último y de la izquierda en general, y, es un suponer, por el bien de Jesús Eguiguren, posible estrella michelín de la próxima tamborrada.

Independencia a coste cero
KEPA AULESTIA EL CORREO  13 Abril 2014

· En el fondo, CiU y el PNV se guarecen tras la Constitución para evitar verse arrastrados por un soberanismo que no controlan

El debate que el pasado 8 de abril tuvo lugar en el Congreso de los Diputados fue más relevante que la votación final, anunciada de antemano. La indignación que mostraron distintos portavoces del nacionalismo vasco, empezando por el propio lehendakari Urkullu, pareció acortar la distancia a la que los jeltzales se habían situado respecto a la ‘vía catalana’. La explicación estriba en que el Congreso se manifestó incompetente para habilitar a Cataluña de cara a una consulta, por muy consultiva que fuese ésta, respecto a la creación de un Estado propio, incluso independiente. Una interpretación extensiva a las demás comunidades. Esa actitud inamovible solo podría modificarse mediante una reforma constitucional que diese cauce a la libre determinación de las autonomías. Algo prácticamente imposible. El nacionalismo parte de la idea equivocada de que el Estado debería facilitar la salida soberanista, porque la pretende sin costes. Pero forma parte del principio de realidad que quienes desean salirse son los que deben procurarse el camino.

Estamos habituados a circunvalar los problemas en busca de una solución, o cuando menos de alguna salida, procediendo a la identificación de lo que falta, sin preocuparnos lo más mínimo de lo que sobra. Esta vez el asunto parece tan intrincado que merecería la pena invertir el orden de los factores señalando aquello de lo que sería mejor prescindir.

En primer lugar convendría prescindir de las menciones ‘bienquedistas’ al diálogo. Ese diálogo que se reclama o se ofrece continuamente está haciendo un enorme daño, porque solo sirve para que los hipotéticos actores del mismo, que son quienes más se refieren a él, eludan arriesgarse en proponer fórmulas concretas, eviten comprometerse en la definición de un punto de encuentro o en el anuncio de una ruptura definitiva. La imagen de Rubalcaba con Duran Lleida en los pasillos del Congreso enviando, al parecer, una llamada urgente de diálogo sin decir nada al respecto resulta poco menos que patética cuando ni el primero está en condiciones de prometer una realización asimétrica del federalismo que predica, ni el segundo puede actuar siquiera como contrapunto a la marcha que dice llevar Artur Mas. Debería estar prohibido apelar al diálogo si al mismo tiempo no se propone un punto de encaje o de desencaje.

Para ello, y en segundo lugar, sería aconsejable renunciar a la ‘ducha escocesa’, de ahora va el chorro de agua caliente y después lo congelamos todo. Sería necesario renunciar al vaivén del ‘péndulo patriótico’ entre el pragmatismo y la secesión. Porque lo único que se consigue es aturdir a la gente y, de paso, aturdir también a quienes creen manejar las llaves de paso. El afán por perseguir los objetivos máximos sin disimular la meta independentista, haciéndolos compatibles con una gestión casi prosaica del ‘mientras tanto’, no conduce a ninguna parte cuando la eventualidad de una ruptura se vuelve tan presente que tampoco sirve para amagar.

En tercer lugar, debería quedar proscrita la farsa como recurso político, empezando por eso de hacerse el dialogante para demostrar a los propios que el otro no lo es nada. La farsa que ha ido protagonizando Artur Mas, desde su infructuoso encuentro con Mariano Rajoy en La Moncloa para convocar las elecciones anticipadas de 2012, hasta la insistencia en que el 9 de noviembre habrá una consulta, para acabar confesando a ‘Le Figaro’ algo que sabíamos todos desde el principio: que esto desembocará en unas elecciones autonómicas. Claro que su carácter plebiscitario será doble: se sumarán los votos soberanistas frente a los constitucionalistas, pero también se medirán las fuerzas entre CiU y ERC.

Está visto que nos encontramos ante un problema político de gran magnitud. Pero una vez más quienes desde el gobierno de las instituciones autonómicas señalan con vehemencia la existencia de un contencioso pendiente no acaban de enunciar con claridad la naturaleza del litigio ni sus propias intenciones. Sencillamente porque esperan que sean los demás los que les faciliten librarse del entuerto. El PNV y sus representantes institucionales se han mostrado concernidos tanto por la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) como por la votación del Congreso respecto a la consulta catalana. Ello antes de que comience a andar la ponencia vasca sobre el futuro del autogobierno con un calendario que promete decirnos dentro de un año lo que ya sabemos. Así puede dar tiempo para resolver las diferencias respecto al Cupo o para acordar una aplicación propia de la Lomce, mientras observamos qué pasa en Escocia y en Cataluña, ahora que lo de Québec no nos interesa nada.

El soberanismo que ostenta el poder autonómico en el Estado constitucional –en Cataluña y en Euskadi– persigue o tantea la vía independentista al menor coste posible. Para ello se ve en la necesidad de demostrar que sus aspiraciones no encuentran encaje alguno en la lectura inmovilista que el Gobierno de Rajoy hace del marco jurídico vigente, y tampoco en las comprometidas invitaciones al ejercicio reformador de la política que contiene la última sentencia del TC. Ese soberanismo, que siempre guarda alguna carta posibilista, no desea entramparse en la reforma de la Constitución porque se ha habituado a ejercer el poder alentando la permanente provisionalidad de sus compromisos con el Estado. No quiere ni costes añadidos para sus propósitos futuros ni ataduras hacia el pasado. En un mundo global y convulso resulta muy difícil vender las bondades materiales de una aspiración tan identitaria como la independencia nacional; por eso el nacionalismo gobernante se contenta con soñarla a coste cero. Pero hay otro precio que inquieta a CiU y al PNV: que la aventura pudiera arrebatarles el poder a favor del independentismo más genuino que representan ERC y Bildu. Las apelaciones al díálogo, la ‘ducha escocesa’ y la farsa victimista son los recursos que el soberanismo gobernante emplea para guarecerse, en realidad, tras la Constitución y procurar lo que sea, pero a coste cero.

Portazo en las narices
España y Catalunya cada vez más lejos
Rafa Esteve-Casanova www.diariosigloxxi.com 13 Abril 2014

El pasado martes 8 de Abril en la Carrera de San Jerónimo los diversos partidos políticos, la mayoría parlamentaria, después de una tarde-noche ajetreada discutiendo sobre la Constitución, que no sobre los derechos ciudadanos que la misma recoge aunque sean papel mojado, dieron un sonoro portazo en las narices a los representantes del Parlament catalán que habían acudido a Madrid con el fin de que sus señorías del Congreso de España autorizaran al Govern de la Generalitat a convocar una consulta para conocer cuántos catalanes están dispuestos a que Catalunya obtenga de manera oficial el rango de nación, título que hace siglos que tiene históricamente.

Casi trescientos parlamentarios españoles, faltó uno para los tres centenares, dieron con la puerta en las narices a las aspiraciones de más de un 80 % de catalanes que, en diversas encuestas y en las últimas elecciones, han demostrado sus ansias de ejercer el derecho a voto, acudiendo a las urnas para decidir sobre su presente y, especialmente, sobre su futuro. El resultado, ya antes de la sesión parlamentaria, era conocido, cada grupo había calentado motores antes de la reunión exponiendo sus motivos para votar a favor o en contra de la propuesta.

Pero lo verdaderamente interesante fue escuchar algunas de las intervenciones que se escucharon el 8-A en sede parlamentaria para evitar a toda costa que los catalanes acudan el 9-N a votar eligiendo su futuro, optando a seguir como hasta ahora ejerciendo el papel de fieles vasallos y estupendos contribuyentes al Gobierno español de turno o comenzar a tomar un camino que les lleve a ser dueños y señores de su futuro administrando sus caudales tal vez hartos de ser, junto con las CC.AA. de Madrid, les Illes y el País Valencià los primos tontos de la solidaridad, esos primos tontos que pagan más que nadie y a los que los mismos que aumentan sus presupuestos gracias a esa solidaridad, les insultan en lugar de darles las gracias.

No me sorprendió ninguno de los discursos de la negativa a la demanda catalana. Mariano Rajoy se envolvió en las páginas de la Constitución, ese texto que ahora defienden a capa y espada cual bálsamo de Fierabrás pero que en 1978 el mismo Aznar aconsejaba en sus artículos de fervor falangista no votar como hicieron los diputados de AP, padre y madre de la actual muchachada de la gaviota, y Rajoy, hecho un lío ante tanto artículo y tanta disposición enmendó la plana a uno de los padres constituyentes como Herrero de Miñón para negar el agua, la sal y las posibilidades de consulta de los catalanes.

Llegó el turno de palabra a la socialdemocracia, cada día con el puño más abierto y la rosa más ajada, y un veterano de la política como Alfredo Pérez Rubalcaba, años y años viviendo del erario público, también se lió entre los artículos constitucionales ofreciendo reformar la Constitución de 1978 para abrir un camino al Estado federal. O nos quiso engañar o no tuvo en cuenta que para reformar la Constitución hacen falta lo votos del PP, que no está por la labor, además de olvidar que durante años, mientras el PSOE tuvo mando en plaza con González y Zapatero nunca se les ocurrió hablar de federalismo y para mayor escarnio olvidó u ocultó a la audiencia que él y su partido defenestraron a Pasqual Maragall cuando como President de la Generalitat quiso hablar de una España federal.

A lo largo de la tarde se había confeccionado una tarta con los colores rojigualdas de la bandera española, por los pasillos del Congreso resonaban viejos cánticos de unidad, aunque fuera a la fuerza, los espíritus de “Isabel y Fernando, el espíritu impera” que a algunos nos hicieron cantar cada mañana en la escuela junto con el “Cara al Sol” joseantoniano se ocultaban en los agujeros que las balas de Tejero y sus hombres dejaron en el edificio de la Carrera de San Jerónimo.

Y llegó la guinda del pastel, más envuelta que nadie en amor a la patria y a la bandera, más gritona que nadie en aras de la unidad española, ella, Rosa Díez bramó desde el estrado contra la propuesta catalana y mezclando churras con merinas mezcló el derecho a decidir con la pena de muerte y la ablación. Ella, Rosa Diez, una política que habla de renovación cuando lleva décadas viviendo de la sopa boba del erario público engañó al pueblo español en un ejercicio antidemocrático olvidando sus palabras al diario La Vanguardia en 1999 cuando dijo claro y alto que “Si alguna vez la mayoría de los vacos quisiesen la independencia, la democracia se adaptaría, porque la democracia es la capacidad de adaptarse a lo que deseen los ciudadanos libremente en las urnas”. Si, ella, la adalid del españolismo, no se ruborizó al ocultar su pensamiento ni su cambio de chaqueta.

Desde que Zapatero le ganó en un Congreso del PSOE esta vieja, en el sentido de los muchos años que lleva comiendo del momio, política ha pasado de la socialdemocracia al más rancio estilo del nacionalismo español, que también existe aunque sus seguidores lo disfracen y no quieran reconocerlo. El 8-A se perdió una buena y gran oportunidad para el dialogo, primaron los deseos electorales de los partidos mayoritarios y de UPyD, todos ellos quieren ganar votos a base de dar patadas en el culo y portazos en las narices a los catalanes. Hasta ahora les ha funcionado muy bien pero los votantes comienzan a despertar del letargo, despertamos a base de recortes y de ver como cada día desaparecen más y más derechos sociales. El personal está harto, y quiere votar libremente, los catalanes quieren poder ejercer su derecho a decidir y muchos españoles quieren poder votar también libremente si desean seguir manteniendo una oligarquía monárquica por nadie elegida o tener la oportunidad de cambiar cada cuatro años de Presidente de la República.

Cataluña puede irse.
José Luis Gómez www.diariosigloxxi.com 13 Abril 2014

MADRID, 12 (OTR/PRESS) La intención de una parte importante de los catalanes de separarse de España puede encauzarse con una respuesta política por parte del Estado, en busca de un nuevo encaje de Cataluña en España, o resolverse en las urnas, con unas reglas pactadas, como está sucediendo en Escocia, sin ir más lejos. Como no va a resolverse es sin hacer nada.

Descartada la autorización del Congreso para organizar un referéndum de autodeterminación en Cataluña, cabe ahora que la Generalitat promueva en el Parlament una ley de consulta no vinculante, aprovechando un artículo de su estatuto de autonomía, pero como quiera que su texto puede plantear un recurso de inconstitucionalidad y otro tipo de inconvenientes para los catalanistas, lo más seguro para ellos es celebrar unas elecciones autonómicas anticipadas de carácter plebiscitario, en las que el frente independentista concurriría con un programa único en ese sentido, en busca del reconocimiento popular mayoritario, como base para asegurar su objetivo final.

¿Puede hacer algo el Gobierno de España? Sí. Su primera gran opción es optar por un diálogo político amplio, que incluya una reforma constitucional y un nuevo estatuto catalán en una España federal, que en ese contexto sería necesariamente asimétrica. Sería también lo más integrador y una salida parecida a la de la Transición, para alcanzar una solución que dure al menos otros 30 o 40 años.

También tiene el Gobierno una segunda opción: convocar elecciones generales anticipadas antes que las autonómicas anticipadas o que la posible consulta no vinculante. En ese supuesto, Mariano Rajoy estaría manejando los tiempos -factor siempre importante en política- y podría aguardar que unas generales brindasen un resultado más favorable a los partidos españolistas y/o federalistas que unas autonómicas, como siempre ha sucedido en Cataluña, donde históricamente CiU y el PSC se han alternado hasta hace poco en la victoria electoral, según fuesen autonómicas o generales. Sería otra manera de hacer frentismo, lo cual en democracia siempre es arriesgado, pero tal vez la única de tener un resultado de las urnas más favorable para los intereses de Madrid, teniendo en cuenta que los catalanes suelen ir a votar más en generales que en autonómicas y que en generales son más generosos con las fuerzas de ámbito estatal.

Lo que es seguro, si no se hace política con mayúsculas, es que en Cataluña pasará algo y que ese algo está teñido de independentismo. No querer verlo supone estar ciego. Y el tiempo corre en contra de Madrid.
Recortes de Prensa   Página Inicial