AGLI Recortes de Prensa   Martes 15 Abril  2014

Desafio secesionista
El federalismo no es la solución
Emilio Campmany Libertad Digital 15 Abril 2014

Podemos estar de acuerdo en que, más allá de los problemas estructurales que, económica e institucionalmente, padece España, está la necesidad de hacer frente al desafío de los independentistas catalanes. La sangría de apoyos que entre el electorado sufren los dos grandes partidos les está obligando a estar en muchos temas en la misma trinchera en vez de enfrente el uno del otro. Sin embargo, la actitud que PSOE y PP mantienen respecto a Cataluña parece ser sustancialmente distinta. Rajoy prefiere constatar que lo que exigen los nacionalistas catalanes, ya sea el pacto fiscal o la celebración de un referéndum, es contrario a la Constitución, pero se muestra abierto a escuchar cualquier clase de propuesta que quepa en ella. En cambio, Rubalcaba prefiere adelantarse a los deseos de los independentistas y ofrece una reforma constitucional que convierta a nuestro país en un Estado federal. ¿Qué clase de Estado federal? Eso es harina de otro costal porque los socialistas no concretan.

Hay muchas razones, además de la falta de concreción, para tachar de poco seria la propuesta del PSOE. Para empezar, da la impresión de que tan sólo se persigue con ello marcar distancias con un españolista PP al que la solución federal podría producir urticaria. Eso no es cierto desde el momento en que el PP convive sin esfuerzo con el Estado de las Autonomías, una fórmula inequívocamente federal. Y en segundo lugar, porque si hay algo que nunca satisfaría a los independentistas catalanes es una solución donde Cataluña, estado federado, fuera igual en competencias y estatuto a otros estados federados. Todos sabemos que lo que ellos persiguen es el reconocimiento de su singularidad, lo que tendría que traducirse en alguna clase de privilegios frente al resto de los españoles.

Hay un tercer elemento que hace que la propuesta lleve en su seno una poderosísima carga de profundidad. El federalismo ha tenido éxito como fórmula en la formación de Estados cuando ha sido impulsado por una fuerza centrípeta. Es el caso de los Estados Unidos de América o de la misma Alemania, con la que tanto nos gusta compararnos. Alemania nació como federación porque fueron varios Estados independientes los que bajo la corona de los Hohenzollern se unieron para formar el imperio alemán. Si tras la Segunda Guerra Mundial se volvió a la fórmula federal fue porque se pensó que una de las razones que hizo de Alemania la causante de dos guerras mundiales fue el centralismo de Berlín. Hoy, precisamente, la solución federalista está blindada en la Ley Fundamental alemana por el miedo que inspira entre propios y extraños la posibilidad de una Alemania centralista. Y, sin embargo, los alemanes, que se sienten hoy vacunados de tentaciones pasadas, no están conformes, no tanto con el modelo como con los gastos que genera. Tanto es así que una reciente reforma (2009) ha limitado las competencias de los länder para dar respuesta a esa inquietud.
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Lo que sugiere Rubalcaba es una solución federalista a un impulso puesto en marcha durante la Transición, no de carácter centrípeto sino de naturaleza centrífuga. Las experiencias que hay de federalismo creado para controlar esta clase de fuerzas han sido desastrosas. El caso más claro es el del imperio austro-húngaro. El Ausgleich de 1866, un invento para dar satisfacción a los nacionalistas húngaros, convirtió el imperio de Francisco José en dos reinos, el de Austria y el de Hungría, con dos parlamentos, dos gobiernos y sobre todo la constante necesidad de negociar entre unos y otros políticas que los gobernantes de ambos consideraran suyas. Llegó un momento en que no hubo forma de saber si Austria-Hungría tenía intereses nacionales o si éstos sólo eran los que de forma residual tuvieran en común los dos reinos. Naturalmente, tras desencadenar una guerra mundial, el invento saltó en pedazos.

Pero, podría alegar un socialista, ¿por qué negar a España la posibilidad de ser un Estado federal sobre la naturaleza centrífuga de las fuerzas que se desarrollan en su seno si ya somos un Estado autonómico impulsado por esas mismas fuerzas? Esa es la cuestión. Como demuestra lo que está ocurriendo en Cataluña, las fuerzas centrífugas se están cargando el conjunto sin que ninguna solución, autonómica o federal, sea capaz de detener el proceso de desmembración. Descartada obviamente una solución violenta, no nos queda más que elegir entre esperar a que los independentistas catalanes con la ayuda de los socialistas se carguen el conjunto o permitir, incluso alentar, que Cataluña, y el País Vasco también si quiere, se independicen y construir el Estado que queramos, centralista, autonómico o federal, quienes queremos seguir siendo españoles, es decir, partiendo de fuerzas centrípetas y no centrífugas. La base del éxito político de Alemania no está en su solución federal sino en que, federados o no, lo que quieren todos los alemanes es por encima de todo seguir siendo alemanes.

Críticas, no quejas
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 15 Abril 2014

El visible deterioro de la situación económica y política ha extendido el disgusto y la decepción entre los ciudadanos españoles. La credibilidad de las instituciones, comenzando por el Rey, ha descendido hasta niveles impensables hace pocos años. Mientras la crisis rompía en mil pedazos el espejismo vendido como realidad, el latrocinio de varias décadas salía finalmente a la luz. Partidos convertidos en instrumentos para el enriquecimiento de sus dirigentes, redes clientelares insondables, conseguidores de alto copete, comisiones multimillonarias por negocios en el Golfo, son algunos de los elementos constitutivos de un panorama desolador. Y generadores de amplia sorpresa e indignación

Dos reacciones caben ante tales circunstancias, dos posturas que, aún pareciendo similares, son muy distintas: la queja y la crítica. La queja, el lamento, es la mera expresión de contrariedad, hartazgo o disgusto. Una reacción derrotista e impotente ante una situación sin remedio, sobre la que sólo cabe desahogo. Mucho más constructiva es la crítica racional, el análisis e identificación las causas profundas del desaguisado para proponer los necesarios cambios.

Así, ante las deplorable situación de la Corona, hay quien enfatiza los defectos de Juan Carlos, o de su dinastía, lamentándose o despotricando ante un deterioro sin solución. Pero resulta más productivo analizar las claves institucionales que desembocaron en la flagrante ausencia de ejemplaridad real: una Constitución donde el Monarca no está sujeto a responsabilidad ni a obligación de rendir cuentas. Y donde la Corona se encuentra exenta de los más elementales controles. Por ello no cabe la mera abdicación. Si España decidiese continuar con la Monarquía tras un imprescindible referéndum, la regulación debería ser radicalmente distinta.

La responsabilidad personal se difumina
La clase política ha fomentado el surgimiento de una ciudadanía quejumbrosa, blanda, poco crítica, en un intento de convertir a los individuos en masa. Y la clave se encuentra en la progresiva pérdida de responsabilidad individual, ante la engañosa expansión de supuestos "derechos" y la disolución de los correspondientes deberes. En el fondo, es el "derecho" a que el poder te cuide, te mime, te halague con sutil demagogia, garantice tu felicidad... siempre que sigas al rebaño, renuncies a pensar por tu cuenta. Un engaño dirigido a justificar la conducta de la casta política, a arrinconar definitivamente una organización de la sociedad basada en el mérito y el esfuerzo.

Un marco tramposo, paternalista, en el que los políticos deciden por el ciudadano, tratándolo como un niño, con pocos deberes, mientras conculcan los verdaderos derechos: una eficaz representación, un gobierno transparente, controlado, forzado a rendir cuentas. La auténtica democracia no puede funcionar sin una fuerte apelación a los deberes ciudadanos, ese compromiso del votante a dedicar tiempo y esfuerzo para elegir conscientemente a su representante. No es posible sin el deber cívico de vigilar y controlar constantemente al poder, identificar fallas del sistema y exigir las oportunas reformas.

La ausencia de responsabilidad fomenta una concepción determinista del mundo, esa percepción de que los procesos políticos son inmunes a la acción ciudadana consciente. La creencia de que los males están causados por una maldición bíblica. Una visión que conduce irremediablemente al lamento y a la resignación: "La enfermedad está en nuestra cultura, en nuestra forma de ser, en nuestros genes. Inútil esforzarse pues nada cambiará". Sirve como excusa para transferir la propia responsabilidad y justificar la pasividad, la inacción ante las dificultades graves. Muchos sobrevaloran el efecto de la cultura, la idiosincrasia, e infravaloran la tremenda influencia del ejemplo, del grupo, del ambiente, sobre la voluntad individual. La catástrofe no es producto del carácter o la cultura de un pueblo sino del incorrecto planteamiento de las instituciones, las normas, los incentivos o los sistemas de selección. Unos mecanismos que pueden transformarse por la acción humana. Ni el futuro está escrito ni el verdadero ciudadano puede desprenderse de su responsabilidad, de sus deberes.

El trío de la bencina
El concepto de responsabilidad personal, la idea de que cada individuo puede y debe decidir su propio destino, es consustancial a la sociedad abierta, a los regímenes democráticos, a los sistemas de libre acceso. Permite al sujeto mantener su independencia de criterio frente al grupo, frente a las presiones del ambiente. La persona responsable, consciente de sus derechos y deberes, no resulta tan fácil de adoctrinar. Y se muestra mucho más inclinada a exigir cuentas a los gobernantes que a esperar de ellos el favor. A menor responsabilidad más conformismo, menos iniciativa para criticar al poder, más infantilismo y mayor sometimiento a la manipulación. Y muchas más quejas y pataleos ya que el individuo dependiente se siente incapaz de proponer remedios, de tomar las riendas. Esa perversa combinación de derechos ilimitados, pero imposibles de satisfacer, con escasos deberes, acaba generando un sentimiento de impotencia que conduce a descalificar de locos o ingenuos a quienes ejercen la crítica y formulan soluciones.

La crisis económica ha devastado la credibilidad del sistema. Pero más impactante que el descenso del nivel de vida ha sido el descubrimiento de la falsedad de las promesas. Por ello resulta llamativo el caso de Cataluña, donde la casta política ha tenido la habilidad de transferir a otros sus propias culpas y formular nuevas promesas, un renovado conjunto de derechos sin responsabilidades que, como siempre, conducirán al rebaño a un paraíso con ríos de leche y miel, donde todas las dificultades se resolverán por arte de magia. Sorprendentemente, un porcentaje demasiado elevado de ciudadanos ha vuelto a caer en la absurda trampa. Hace falta una reforma constitucional, sí, pero de ningún modo la que proponen personajes como Juan Carlos, González y Roca, de cuyos polvos en la Transición vienen estos lodos. Solo falta que Herrero de Miñón, con su teoría de la interpretación de las leyes a placer y conveniencia, se añada a este "trío de la bencina" para alcanzar el desastre perfecto. Hay sujetos que nunca han resuelto problemas pero viven de crearlos... y de buscar con empeño las soluciones equivocadas. Siempre con el dinero de los demás, claro.

Reformas
Duopolio político y sistema electoral
Mikel Buesa Libertad Digital 15 Abril 2014

En este tiempo de espera en el que, una vez transcurrida la mitad de la legislatura, se prepara ya la próxima confrontación electoral, se especula mucho con las posibilidades de asentar algún poder alternativo al de los dos partidos -PP y PSOE- que se lo han repartido desde que, en 1982, acabara finiquitada la transición y, con ella, la formación de aluvión que lideró Adolfo Suárez. De esta manera, los partidos secundarios que ya han logrado asentarse en el sistema, bien en las instituciones nacionales, como UPyD, bien en las regionales, como Ciudadanos, aspiran a ampliar su espacio electoral y los de nueva creación, sean de la izquierda o de la derecha, como ocurre notoriamente con Vox, tratan de penetrar en él, todos ellos con la indisimulada aspiración de influir decisivamente en la gobernación de España, rompiendo el duopolio del poder.

Se aduce en este sentido que las elecciones europeas ofrecen un marco idóneo para tal propósito, pues al referirse a un ámbito político externo -y, digámoslo con claridad, poco valorado por los electores- cabe mejor la aparición de un voto de castigo a los grandes partidos. Además, al desenvolverse bajo una única circunscripción nacional y ser el reparto de escaños proporcional, las posibilidades de entrar en éste son relativamente elevadas. Ambos argumentos tienen un punto de razón, pero no conviene magnificarlos. Con respecto al primero, quienes lo sustentan suelen suponer que la fidelidad de los votantes a los partidos alternativos a los del duopolio es mayor que la que éstos registran, lo que les conferiría una cierta ventaja. Sin embargo, la evidencia sociológica no parece sustentar con fuerza este supuesto; y señala, sin embargo, que la desafección del electorado hacia los partidos políticos es más bien común a todos ellos, aunque pueda haber diferencias menores en su intensidad. En cuanto al segundo, siendo cierto que en estos comicios no hay un umbral mínimo de votos para participar en la distribución de escaños, sin embargo no lo es menos que, en la práctica, queda establecido un porcentaje mínimo al efectuarse el reparto. Por ejemplo, en las elecciones de 2009 esa proporción se fijó en el 2,5 por ciento, lo que hizo que sólo seis de las 35 candidaturas que se presentaron resultaron premiadas con algún diputado en Bruselas. Ello implicó la necesidad de lograr 395.000 votos como mínimo, una cantidad ésta nada fácil de obtener que, trasladada a las elecciones del próximo mes de mayo, de repetirse la misma participación, en virtud del aumento del censo, aumentaría hasta los 410.000.

Pero, más allá de lo que las elecciones europeas deparen, lo cierto es que sus resultados en ningún caso constituyen un espejo en el que quedarían reflejadas las opciones de los votantes de las futuras elecciones generales internas. Ello es así porque, al margen de las tendencias de la opinión electoral que muestren los comicios europeos, es el propio sistema electoral el que actúa como un elemento de estabilización política preservando los fundamentos del reparto del poder y, con ello, la existencia del duopolio partidario. Recordemos que ese sistema es una herencia tardofranquista, una excrecencia de las viejas Cortes de la dictadura que, enfrentadas al inevitable cambio político, lo diseñaron con la esperanza de que sus procuradores pudieran reproducirse dentro de la democracia. No fue así en la mayor parte de los casos, de manera que ya desde las elecciones del 15 de junio de 1977, con pocas excepciones, se vieron arrumbados por una clase política emergente organizada en los partidos tradicionales de la izquierda o en los nuevos partidos de la derecha.
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Fueron precisamente los buenos resultados de estos partidos, en especial los de la UCD y el PSOE, los que indujeron a sus dirigentes a tratar de consolidar el sistema electoral heredado. Y lo hicieron de una manera muy sólida -y por cierto poco habitual en los países democráticos-, al constitucionalizarlo no sólo en cuanto a sus fundamentos, también en cuanto al detalle de su configuración. De esta manera, nuestro sistema electoral tiene muy poco margen de cambio en la ley electoral y requiere para su modificación una reforma de la Constitución.

Los dos aspectos más relevantes de ese sistema que conducen a la consolidación del estatus duopolista de nuestra estructura política son los que se refieren a la proporcionalidad y a la determinación de las circunscripciones electorales. La proporcionalidad se establece como norma general en todas las elecciones -con la única excepción de las del Senado, para las que rige un sistema mayoritario corregido-, aunque su aplicación se matiza con la exigencia de una proporción mínima de votos para participar en el reparto de escaños -que en las elecciones generales es del tres por ciento-, a la vez que éste se sujeta a la Ley D'Hont -que concede una prima a los partidos más votados-. Y la circunscripción electoral es siempre la provincia, sea cual sea su número de habitantes, además de las dos ciudades autónomas, asignándose a cada una de las cincuenta existentes un número mínimo de diputados, más los que le correspondan en el reparto proporcional a la población de los escaños que exceden a ese suelo de representación. De esta manera, actualmente todas las provincias cuentan con al menos tres diputados, con la única excepción de Soria, que tiene dos, y de Ceuta y Melilla, que tienen uno cada una.

La combinación de estos dos elementos conduce a que en 34 de las 52 circunscripciones sólo entren dos partidos en la asignación de escaños. Ello proporciona un cómodo colchón de 161 diputados que en diferente proporción se reparten los dos partidos mayoritarios. Y, a su vez, sólo en 18 provincias obtienen representación tres o más partidos. Con respecto a éstas, conviene puntualizar que en doce de ellas el electorado aparece fragmentado por la conjunción de dos ejes ideológicos, el que va de la izquierda a la derecha y el que se define por las posiciones nacionalistas o españolistas, lo cual complica las posibilidades de éxito electoral de los nuevos partidos de ámbito estatal.

En resumen, por tanto, nuestro sistema electoral concede una prima de representación al duopolio que forman el PP y el PSOE. Y en un ámbito menor a los partidos nacionalistas que ocupan posiciones hegemónicas en sus respectivos territorios. Se comprenderá entonces que la idea de la ruptura de ese duopolio resulte más un deseo utópico que una posibilidad práctica; y que, por mucho que en las elecciones europeas esos dos partidos pudieran verse castigados por los votantes, es institucionalmente inviable su desplazamiento radical en el reparto del poder. Lo más que razonablemente podría ocurrir es que ambos se vieran envueltos en una situación en la que resultara dificultoso formar una mayoría de gobierno, en especial si se quisiera eludir el apoyo de los partidos nacionalistas en el caso de que éstos, para darlo, exigieran el tránsito hacia la posible ruptura de la unidad nacional. Tal vez entonces socialistas y populares pudieran verse abocados a dejar de lado sus diferencias para, bajo una gran coalición, enfrentar las reformas institucionales, entre ellas la electoral, que desde hace tiempo viene reclamando el deteriorado estado político y económico de España.

Lastre excesivo
Se echa en falta una mayor preocupación institucional ante el incremento de la deuda pública en España
editorial El Correo  15 Abril 2014

La noticia de que la deuda del conjunto de las administraciones públicas españolas volvió a subir en febrero, sumando el récord de 987.945 millones de euros, no pareció inquietar ayer a sus responsables porque era esperada. Es de suponer que el silencio del Gobierno intenta transmitir la sensación de que todo discurre dentro de lo previsto. Pero a medida que la deuda pendiente de satisfacer por las administraciones se aproxima al 100% del PIB en el que acabará 2014, asoman uno tras otro los riesgos de haber multiplicado por dos su volumen durante los años de la crisis. Las administraciones se han ido endeudando con intereses atractivos para las entidades financieras que han adquirido sus emisiones. La bajada de la prima de riesgo significa que los mercados confían en recuperar el dinero prestado a las instituciones españolas, pero no por ello los intereses a abonar dejan de ser sustanciosos para el erario.

Los presupuestos se ven escorados por los costes financieros de la deuda como obligación ineludible, de modo que la austeridad en los demás capítulos deberá continuar para cubrir dicho capítulo, sobre todo si la reactivación se muestra tenue y no da lugar a un incremento notable de la recaudación. Pero aún hay más. La deuda pública se coloca en manos de entidades financieras que encuentran en ella una posibilidad de negocio más segura que abriendo el flujo crediticio a la economía productiva y a las familias. Constituye así un mecanismo añadido al rescate bancario. El círculo descrito no parece especialmente virtuoso: un calendario de vencimientos de deuda que limita opciones presupuestarias de inversión, más un gasto público sufragado en exceso a cuenta de esa deuda, y necesidades financieras de empresas y particulares desatendidas porque es más rentable acudir a las emisiones institucionales.

Solo una fe inquebrantable en la recuperación explicaría que las administraciones, empezando por el Gobierno, no se muestren más preocupadas por el constante incremento de la deuda pública. Aunque lo más inquietante sería que las instituciones españolas y el conjunto del arco partidario prefieran mirar hacia otro lado ahora que nos adentramos en un ciclo electoral de año y medio, entre europeas, autonómicas y generales

Cataluña
El proceso de Pilar Rahola y Quico Homs
Pablo Molina Libertad Digital 15 Abril 2014

Los nacionalistas catalanes consideran una ofensa que sus espectáculos los disfrute únicamente el público español, de ahí su insistencia en llevar el sainete independentista a los escenarios europeos para consagrarse definitivamente como genios universales del humor. Ayer realizaron un nuevo intento con el informe del Comité Asesor para la Transición Nacional –el sexto desde que Artur Mas dio inicio al disparate–, cuyo contenido demuestra que, cuando se empeñan en hacer el ridículo, los nacionalistas no tienen rival.

En "Las vías de la integración de Cataluña en la Unión Europea", que así se llama el dictamen del equipo de jurisconsultos integrado por personalidades de la talla de Pilar Rahola, se llega a la conclusión de que la permanencia en Europa es una posibilidad. Conocida la prodigalidad con que el nacionalismo paga los servicios prestados a la causa secesionista, el que los miembros de este consejo se estén forrando a cambio de escribir memeces es también otra posibilidad, desde luego más factible que la permanencia de una Cataluña independiente en la UE, que es, en última instancia, lo que se pretendía analizar.

No importa que los tratados europeos impidan la permanencia en la Unión de territorios desgajados de un Estado miembro, ni que la adhesión de nuevos países requiera la aprobación unánime de los socios actuales, ni las dos respuestas oficiales de la Comisión Europea taxativamente contrarias a las pretensiones del nacionalismo, ni que al día siguiente de presentar el hallazgo del consejo asesor las autoridades de Bruselas insistan nuevamente en que fuera de España no es posible estar en la UE. Nada de esto importa a los nacionalistas catalanes, eternos adolescentes empeñados en hacer que los mayores accedan a sus caprichos a base de rabietas sin sentido. Cualquier día de estos se encierran en Monserrat y amenazan con dejar de respirar hasta que Durao Barroso les dé la razón.

Cuanto más empeño ponen los nacionalistas en elevar el grado de sus amenazas, más risibles son los resultados, como acabamos de ver con las recientes ideícas de este pintoresco consejo para la transición. Por otra parte lo único que cabía esperar de un proceso asesorado por Pilar Rahola y gestionado por personajes de la talla de Quico Homs.

Franklin en Madrid o el victimismo nacionalista
Rafael Arenas García www.cronicaglobal.com 15 Abril 2014

Se ha reparado poco en que el pasado día 8 de abril la proposición de ley orgánica planteada por el Parlamento autonómico para la delegación a la Generalidad de la competencia para autorizar, convocar y celebrar un referéndum sobre el futuro político de esta Comunidad fue rechazada en el Congreso no solamente por una amplia mayoría de diputados (299 en contra por 47 a favor), sino también por los diputados catalanes en el Congreso. De los 47 diputados elegidos en las circunscripciones electorales de Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona, 25 votaron en contra de la proposición de ley y 22 a favor. Creo que es un dato relevante.

Es realmente curioso que se pretenda que la minoría no solamente es mayoría, sino que tiene la legitimidad para hablar en nombre de Cataluña. No es en absoluto inocuo hacer pasar el rechazo al independentismo como un rechazo a Cataluña

Y es relevante porque muestra que plantear el rechazo en el Congreso de la proposición de ley como un "no" de España a Cataluña es una tergiversación. El planteamiento secesionista querrá hacer pasar a los tres diputados del Parlamento autonómico de Cataluña que defendían la proposición (Turull, Rovira y Herrera) por representantes de Cataluña que se desplazaban a la "metrópoli" para defender los intereses de su país frente al opresor español. Es una imagen que el secesionismo ha cultivado desde hace tiempo y que, por lo que diré después, no me parece que sea en absoluto casual.

Lo cierto, sin embargo, es que quienes defendieron en el Congreso la proposición de ley representaban a fuerzas políticas (CiU, ERC e ICV-EuiA) que en Cataluña, en las últimas elecciones al Congreso de los diputados, obtuvieron 1.538.107 votos, de los que resultaron 22 escaños. Por el contrario, las fuerzas políticas opuestas a la proposición de ley en esas mismas elecciones generales, las celebradas en 2011, obtuvieron en Cataluña 1.636.125 votos y 25 escaños. Es realmente curioso que se pretenda que la minoría no solamente es mayoría, sino que tiene la legitimidad para hablar en nombre de Cataluña. Se trata de una manipulación que ha de ser denunciada, porque no es en absoluto inocuo identificar a Cataluña con los independentistas, haciendo pasar el rechazo al independentismo como un rechazo a Cataluña.

Esta identificación profundiza en el victimismo que se ha convertido en seña de identidad del "proceso". No es tampoco casual este victimismo. La confusión entre Cataluña y los independentistas hace que cada ataque a estos sea presentado como un ataque a Cataluña, y que, por tanto, sea más fácil dibujar un escenario en el que sistemáticamente los intentos de diálogo de Cataluña son rechazados por la intransigente España. En cierta forma se recrea la imagen del honesto y riguroso negociador que ningún éxito tiene pese a sus muchos esfuerzos frente al poderoso arrogante.

El viaje a Madrid de Artur Mas el 20 de septiembre de 2012 para entrevistarse con Rajoy creo que es un buen ejemplo de esta recreación del victimismo. El Presidente de la Generalidad se desplaza en AVE para dar a "Madrid" una última oportunidad de diálogo. El viaje, la entrevista y la vuelta, toda ella seguida por la prensa como si se tratara del viaje de Chamberlain a Múnich en 1938 y acompañada por un recibimiento "espontáneo" a Mas en la Plaza de Sant Jaume, parecía rememorar el histórico regreso de Benjamin Franklin a América tras haber sido vilipendiado en el Privy Council inglés poco antes del inicio de la Guerra de la Independencia Americana. La similitud entre la historia de Franklin y lo pretendido por Artur Mas resulta sorprendente. En 1774 Franklin defendía la causa de las colonias ante las autoridades británicas; representaba a sus compatriotas en una justa petición igual que en 2012 Mas pretendía representar a los catalanes ante el Presidente del Gobierno de España. En 1774 Franklin fue humillado por las autoridades inglesas y volvió a América ya convencido de que la única salida era la independencia. Poco después de su regreso estallaba la revolución americana y en 1776 se firmaba la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Mas regresó de Madrid transmitiendo la idea de que las peticiones catalanas habían sido desatendidas, que no había esperanza y debía iniciarse un nuevo camino, la vía hacia la independencia.

El agravio une mucho, y si se consigue que cada catalán sienta como propio el imaginado desprecio sufrido por sus representantes se habrá avanzado en la cohesión de ese pueblo catalán identificado con el independentismo y enfrentado "a los españoles"

Algunos de los elementos de la representación del día 8 parecían volver a esta idea. Marta Rovira en particular realizó un alegato sentimental basado en la incomprensión hacia los catalanes y los deseos de buena vecindad y relación con España que casi resultaba enternecedor. De nuevo la imagen de Franklin en Londres ante el Consejo Privado vino a mi mente. Marta Rovira, con sus dificultades para expresarse y lo ingenuo de su saludo desde la tribuna a los líderes políticos era el antecedente perfecto al esperado "no" que podría ser vendido una vez más como la intransigencia y barbarie españolas confrontadas al pactismo catalán; pactismo que, sin embargo y tal como había sucedido en 1774 con Benjamin Franklin, podía tornarse en fiera determinación una vez constatada la imposibilidad de llegar a un acuerdo. No creo, por tanto, que fuera casual que la Sra. Rovira citara desde la tribuna del Congreso de los Diputados a Thomas Paine, autor americano de la época de la Guerra de la Independencia Americana. El paralelismo sutil entre Cataluña y Estados Unidos, España y Gran Bretaña se convierte en explícito con la referencia a este libro. Al igual que los Estados Unidos entonces, Cataluña habría llegado al momento en el que el pacto no era posible no por culpa de la "colonia", sino de la "metrópoli".

El agravio une mucho, y si se consigue que cada catalán sienta como propio el imaginado desprecio sufrido por sus representantes (Artur Mas en 2012 o los diputados del Parlamento autonómico que intervinieron el día 8 de abril en el Congreso) se habrá avanzado en la cohesión de ese pueblo catalán identificado con el independentismo y enfrentado "a los españoles". El victimismo crea independentistas y, por tanto, en el plan secesionista sería preciso profundizar en las afrentas que sufren los representantes del pueblo de Cataluña.

Precisamente por esto es también imprescindible recordar que los ciudadanos de Cataluña, a diferencia de lo que sucedía con los habitantes de las Trece Colonias Americanas, sí que tienen representación en el Parlamento de la "metrópoli", esto es, en el Parlamento español. En este parlamento se sientan los representantes de los catalanes junto con los del resto de los españoles y es, por tanto, falaz intentar presentar las decisiones del mencionado Parlamento como ajenas a Cataluña. El Parlamento británico carecía de representantes de las Colonias y esa ausencia de representación fue una de las causas del descontento que acabó en la Guerra de la Independencia. Cataluña, en cambio, es un territorio cuyos habitantes participan plenamente en los órganos constitucionales españoles, tal y como muestra la influencia que han tenido y tienen los diputados elegidos en Cataluña para la configuración de las mayorías parlamentarias en España, y que va más allá de los apoyos que CiU ha ido dando a PSOE y PP, sino que incluye también los decisivos diputados obtenidos por el PP y el PSC en Cataluña, imprescindibles en ocasiones para que socialistas o populares pudieran formar gobierno. Ahora, unos días después de la votación del día 8 de abril, es bueno recordarlo e insistir, además, en que esos diputados en el Congreso también nos representan y que, tal como se mostró el martes, se muestran contrarios a las demandas de los independentistas que ni mucho menos pueden hablar en nombre de todos los catalanes.

Digamos ya con claridad que hay muchos catalanes que no son independentistas, y que esta afirmación no se basa en encuestas o intuiciones, sino en el resultado de las votaciones en los órganos que nos representan: el Parlamento autonómico de Cataluña y, también, el Congreso de los Diputados. Es una realidad molesta para quienes quieren presentar una Cataluña monolíticamente independentista sometida a una España cerril; pero qué le vamos a hacer. Los hechos son los que son, no los que pretende la propaganda.

La República como meta ética
Esperanza Guisán La Voz 15 Abril 2014

Pudiera ser el caso, aunque abrigo serias dudas. de que un tipo determinado de monarquía, pongamos por ejemplo la británica o, sin salir de casa, la española supusieran serias ventajas respecto a un Gobierno republicano, ventajas, por ejemplo, materiales, como mejorar las relaciones comerciales con el exterior, o sociales, como sería servir de nexo de cohesión o proporcionar un sentido patriótico de pertenencia. Insisto en que me resulta difícil admitir tales supuestos, pero aceptando por un momento lo beneficioso de una monarquía parlamentaria que reina pero no gobierna, quisiera compartir la indignación que me produce una Constitución como la ahora vigente en España, que se contradice alarmantemente, proclamando la igualdad de todos ante la ley y estableciendo al tiempo una serie de privilegios para un individuo en particular, el monarca, sin que se le hayan exigido méritos de ningún tipo que lo hagan merecedor de la autoridad moral y social, que lo convierten en el jefe del Estado hasta su muerte o voluntaria abdicación, y jurídicamente en un intocable.

Repensar la República no supone necesariamente una llamada a Gobiernos pretéritos, ni es un intento de regreso a unos líderes determinados. Más bien, proclamar el derecho a un Gobierno republicano es avanzar hacia el futuro intentando apresar el derecho a la igualdad de todos los ciudadanos como posibles y elegibles regidores de la polis, en atención a sus cualidades personales intelectuales y particularmente morales. Reclamar la República es, simplemente, intentar alcanzar una imprescindible meta ética.

Política
El Gobierno catalán paga 720.000 euros a expertos ingleses en procesos secesionistas
MARÍA JESÚS CAÑIZARES / BARCELONA ABC Cataluña 15 Abril 2014

El PP denuncia que esta cifra es el doble de la divulgada por el consejero de Presidencia, Francesc Homs

El Gobierno catalán no escatima recursos en materia de proyección exterior y este año pagará 720.000 euros a Independent Diplomat, un «lobby» experto en procesos de independencia, para que le asesore en la divulgación «positiva» del proceso de transición nacional catalana que impulsa el presidente Artur Mas.

Esta cifra duplica la que el consejero catalán de Presidencia , Francesc Homs, dio semana atrás, 360.000 euros. Pero el coportavoz del PP en el Parlamento autonómico, Santi Rodríguez, ha pedido ver los contratos para 2014. Uno de ellos es de 72.000 euros, efectuado a través de la "embajada" catalana en Estados Unidos, y el otro, es de 648.000 euros, tramitado por Diplocat, el órgano del Ejecutivo autonómico encargado de la diplomacia exterior. En ninguno de ellos aparecen cuestiones de carácter comercial, como también dijo Homs.

Independent Diplomat fue fundada en 2004 por Carne Ross, exfuncionario del Foreing Office británico. Tiene oficinas en Londres, Bruselas, Sidney, Nueva York, la ONU o Washington y ha participado en las negociaciones y los procesos de Kosovo, Moldavia, Croacia, Sudan del Sur, Sáhara, Síria o Georgia

El segundo idioma más hablado pero... ¿de qué forma? 101 errores del español
Cultura www.vozpopuli.com 15 Abril 2014

No es un manual, tampoco un diccionario, mucho menos un libro políticamente correcto. Es un bestiario. Sí: una recopilación de errores, inventos, barbarismos y demás crímenes perpetrados contra el lenguaje. Se trata del libro Las 101 cagadas del español (Espasa), de María Irazusta.

Palabras incorrectas y otras directamente inventadas. Verbos mal conjugados; acentos fuera de sitio; la dictadura de las mayúsculas o la desaparición de la “H”, que de muda pasó a invisible... así hasta sumar más de cien errores. Están reunidos en el libro ReAprendeEspañol. Las 101 cagadas (y otras curiosidades) de nuestro idioma (Espasa, 2014). Aparecen las faltas más cometidas por quienes hablan y escriben en lengua castellana. Sin rodeos ni academicismos, ni siquiera con magnánimo disimulo.

Escrito por María Irazusta en colaboración con un grupo de periodistas -Nacho Miquel, Noemí Sánchez y Beatriz Fernández-, el libro pretende acudir al rescate de quienes se ahogan en las turbias aguas de las faltas ortográficas, los periodiquismos, los latiguillos o lo que sus responsables llaman el neoespañol. Escrito de manera sencilla, con breves entradas explicativas, carga incluso contra la RAE por aceptar expresiones como almóndiga y asín. Pero si de estropicios se trata, según sus autores, hasta Lope de Vega, Francisco Umbral, Torrente Ballester o Miguel Delibes se apuntaron un tanto en la lista de errores.

Partiendo del error humano y la naturaleza abierta del lenguaje, sus autores dan cuenta de qué está mal expresado y por qué. A saber: por mucho que la reivindicación de género sea justa y necesaria, la palabra miembras no existe; la gente suele estar detrás de ti, no detrás tuyo; en base a sigue siendo todavía un error imperdonable y sin base; esa rara tara que condena al “aun” al doble mal uso de la tilde o su total ausencia o el @ que, por mucho que así lo utilicemos, no sustituye a las vocales que separan el masculino del femenino… La lista, lo hemos dicho, supera el centenar; de ahí que sus autores le llamen colección de horrores.

Uno de los apartados más graciosos del libro es aquel que aclara el origen y la deformación de expresiones que damos por correctas, cuando en realidad quieren decir lo contrario. Por ejemplo, la expresión “Aquí hay gato encerrado” viene de la costumbre del Siglo de Oro según la cual algunas bolsas para guardar monedas se confeccionaban con piel de felinos. El gato encerrado aludía, por tanto, a dinero escondido.

También incluye este volumen confusiones como la que pueden existir entre el corral de la Pacheca –antiguo teatro regentado por Isabel Pacheco en la calle Príncipe de Madrid- con el coño de la Bernarda, que no significa necesariamente que algo esté fuera de orden, sino que alude a la entrada y salida sin orden ni concierto. Acerca de la Bernarda, el libro ofrece varias versiones: que se trataba de una prostituta famosa, también que era una santera que obraba sus milagros de una manera un tanto especial: era capaz de hacer fértil a una mujer, sanar el ganado o hacer crecer las cosechas, siempre y cuando la gente posara sus manos en sus partes pudendas.

Se recrea también el libro en el llamado exceso de pleonasmos, expresiones redundantes que replican un mismo concepto, por ejemplo: cierra los puños, acceso de entrada, protagonista principal, nexo de unión, 80 años de edad, ambos dos... Es, sin duda, un libro de lectura fácil, sabrosa e hilarante. Irónico y didáctico a partes iguales, Las 101 cagadas (y otras curiosidades) de nuestro idioma parte de la consigna platónica de que aprender es recordar. Se trata, en tal caso, de recuperar no un español mejor que otro, sino de uno correctamente hablado.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Desafio secesionista
¿Toman por idiotas a los catalanes?
José García Domínguez Libertad Digital 15 Abril 2014

No puede haber en el mundo movimiento de liberación nacional que tenga en tan baja estima el cociente intelectual medio de la nación a liberar como el que encabezan Mas y su fiel escudero Junqueras. Seguro que no lo hay. Tanto el apéndice sanchopancesco como su señor, esa engolada reencarnación mediterránea del doctor Pangloss, deben creer en su fuero interno que Cataluña es un país formado por siete millones y medio de tontitos de baba. Imposible, si así no fuera, comprender el tenaz, constante, obstinado afán de nuestros libertadores por vendernos burras ciegas sin el menor asomo de pudor, ni el más mínimo. Y es que una vez segregado, aseguran muy orondos y circunspectos, el país petit será Jauja.

El dinero brotará de los árboles, en especial de las palmeras. Los grandes mandatarios todos del planeta formarán largas colas en las Ramblas para suplicar que la Generalitat les conceda signar acuerdos mercantiles con Cataluña. Lejos de hundirse por la debacle del comercio con el resto de España, el PIB local dará un súbito estirón merced a la rauda conquista catalana de fabulosos mercados internacionales hoy ignotos. Huelga decir que permaneceríamos como miembros de pleno derecho de la Unión Europea, pese a las reiteradas advertencias en sentido contrario de la propia Unión Europea. Nos toman por idiotas, es evidente. Al punto de que sesudos académicos de impecable traje gris, gentes a las que se presumiría en las antípodas de showmen tipo Sala i Martín, aseguran, ¡y por escrito!, que romper España ni tan siquiera tendría efectos sobre el comercio mutuo.

La razón, según tales sabios, es que ni a España ni a Cataluña interesaría dejar de hacer caja por tamaña nimiedad. Con lúcido sarcasmo, el catedrático Clemente Polo ha lamentado al respecto que los economistas en nómina de Mas no estuvieran presentes en las disputas previas a la Guerra de Secesión americana "para explicar a federalistas y confederados que la misma les ocasionaría cuantiosas pérdidas a ambos bandos y que, por tanto, la solución más deseable era dejar que los Estados sureños se independizaran". Sin duda, de haber podido aprender de nuestras grandes luminarias domésticas, ni Lincoln ni el Congreso hubieran incurrido en el error de defender la Constitución aplastando a los insurrectos. Nos han tomado por idiotas, nadie lo dude.


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