AGLI Recortes de Prensa   Martes 22 Abril  2014

Europa y las elecciones difuntas
Javier Benegas www.vozpopuli.com 22 Abril 2014

Se tomó su tiempo Mariano Rajoy para adjudicar con su dedo divino la gracia de ser el número uno del Partido Popular a las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 25 de mayo. Con ese estilo ya familiar, que oscila entre la prepotencia sordomuda y el caciquismo decimonónico, Rajoy volvió a dejar meridianamente claro que en este régimen ya no hay que guardar ni las formas, que los nombres propios no importan, y aún menos los candidatos. Él siempre ha tenido muy claro que lo que importa es el partido. Porque más allá está la nada. Y si no me creéis –parece advertir a sus camaradas–, mirad el frío que están pasando ahí afuera. Así que regocijaos y contemplad cómo balanceo mi dedo.

Rajoy en el país de los ciegos
Sea porque a su alrededor los aduladores han levantado un muro impenetrable, sea porque ha perdido todo contacto con la realidad sin la ayuda de nadie, de un tiempo a esta parte, Rajoy parece estar encantado de haberse conocido y cada vez le gusta más lo que ve en el espejo. Quizá sea por ello que cualquier ocasión es buena para dejar claro quién manda. Lo que explicaría que no tuviera ninguna prisa en desvelar oficialmente un nombre, el de Miguel Arias Cañete, que él mismo, de su puño y letra, había escrito el primero de la lista hace ya bastante tiempo. Sencillamente quería disfrutar ese momento.

En efecto, el retraso no habría sido solo una triquiñuela para dejar a Elena Valenciano sola en el escenario, lanzando puñetazos al aire, mientras su diminuto perfil político se recortaba nítidamente a la luz de la luna: Rajoy le ha cogido gusto, más que a marcar los tiempos, a pararlos, desconcertando adrede incluso a los periodistas afines y generando inquietud entre amigos y adversarios. Así, sin tener que abrir la boca, todos los focos le iluminan.

Sin embargo, por más que el presidente se adorne y juegue a ser un gran estratega, un Fouché a la gallega, en este régimen hermético, donde todo el pescado está vendido antes de llegar a la lonja, no hay lugar para las sorpresas y aún menos para los grandes estadistas. Rajoy, para nuestra desgracia, tiene una visión tan estrecha como la que en su día demostraron sus predecesores, de tal suerte que España sigue siendo el mismo corral de comedias, por el que intérpretes de medio pelo llevan cuarenta años desfilando.

Europa, ni solución ni problema
Muerto y enterrado el discurso de la regeneración, allá va don Mariano, a batirse con sus “adversarios”, dispuestos todos a representar una nueva pantomima electoral para que la fiesta continúe. La de la clase política, por supuesto. ¡Oh, sí!, no les faltará razón a ninguno cuando, ya metidos en campaña, apelen a la necesidad de tener un grupo fuerte y numeroso en la Eurocámara que pelee ayudas económicas con las que aliviar los males de la patria. Sin embargo, al igual que sucede con las rentas expoliadas aquí en casa, los euros que lluevan de Europa irán a parar a las acostumbradas redes clientelares, a través del colector de la corrupción organizada. Corrupción que casi ningún político está dispuesto a combatir, porque hacerlo conlleva, sí o sí, enfrentarse al sistema. Lo cual nos devuelve de nuevo al principio, al primer mandamiento de la política española: honrarás a tu partido y al dedo de tu líder por encima de todas las cosas.

Cierto es también que conseguir un gran número de escaños es crítico, pero no porque con ellos se vayan a defender mejor los intereses de España, sino por su incalculable valor a la hora de comprar lealtades y silencios, recompensando a los serviles y escarmentando a los traidores. Al fin y al cabo, el reparto de ministerios; secretarías de Estado; escaños autonómicos, nacionales y europeos; cargos, y puestos de libre designación es la levadura que da cuerpo al pastel del poder. Ese poder sin cortapisas, mediante el que cualquier político erigido en jefe de un partido puede capturar gobiernos, administraciones públicas, organismos reguladores, fiscalías y altos tribunales, hasta apropiarse por completo del Estado.

Conviene también aclarar que la política europea no se decide en ningún parlamento, ni siquiera en las mediáticas reuniones, con su impresionante cobertura informativa, a las que acuden regularmente todos los líderes de los países miembros, sino en encuentros concertados a colación de alguna urgencia, en cenas decididas en el último momento, cuando determinados asuntos se tuercen, o incluso mediante conversaciones telefónicas. Siempre y en todos los casos a dos o, a lo sumo, tres bandas, fiel reflejo de la jerarquía de los países que conforman la Unión Europea. Así ha sido hasta hoy y así va a seguir siendo. Esta es la Europa de los grandes Estados, no la de los ciudadanos; la que lejos de mejorar a la Atenas de Pericles, como cabría haber esperado, no le llega ni a la suela del zapato.

Sin embargo, Europa no es la solución ni tampoco el problema. La crisis española es propia e intransferible. Por tanto, somos los españoles los que debemos forzar cambios democráticos profundos, asumir nuestra responsabilidad y aprovechar las elecciones al Parlamento Europeo para negar el voto a los corruptos. Porque, por más que la masa parezca irreductible, lo que cada uno haga a título individual vale su peso en oro.

El Gobierno coge la matrícula a cinco economistas que lo machacan
Ana I. Martín www.elsemanaldigital.com 22 Abril 2014

Se autodenominan "los no atados al pesebre" y traen de cabeza al Ejecutivo, que ha llamado al orden a dos de ellos recientemente por acusarle de falsear la contabilidad nacional.

"Los economistas y la economía están siendo utilizados como meros esbirros". Así de amargamente se quejaba Juan Laborda el sábado en un artículo titulado Los economistas, esos nuevos bufones en el que denunciaba que sus colegas de profesión se plieguen a "una serie de políticas económicas injustas, dañinas, fracasadas".

Laborda, que tan pronto llama en sus artículos "mediocre" a Mariano Rajoy como carga contra el Gobierno por vender el "humo" de una recuperación económica, "trufado con un olor nauseabundo", forma parte de un grupo de economistas que trae de cabeza al Gobierno.

Son los irreductibles, los críticos entre los críticos, los "aguafiestas profesionales", como hay quienes los llaman en La Moncloa. Aunque obviamente ellos prefieren llamarse a sí mismos "los no atados al pesebre", en palabras de Roberto Centeno, otro de los miembros del club.

Da igual que el paro registrara en marzo su sexto mes de caídas consecutivas y creciera el empleo en casi 84.000 afiliados; que las exportaciones hayan crecido hasta los 230.000 millones de euros -sólo el Reino Unido ha experimentado una subida mayor-; o que la Semana Santa haya dado otro empujón al turismo, un sector que siempre es un seguro de vida.

Todo da igual porque siempre verán el vaso medio vacío. O acusarán al Ejecutivo de haber manipulado los datos. "Ya conocemos los datos de comercio exterior de febrero y continua la manipulación del gobierno, intensificada ahora por la campaña de las elecciones europeas", comenzaba escribiendo otro de ellos, José Carlos Díez, en Las exportaciones no van bien. Días antes, en otro artículo, se quejaba de que "lo más patético" sea que las grandes empresas "den cobertura a esta gran mentira".

Y lo peor para el Ejecutivo es que no predican precisamente en el desierto, sino que escriben en diarios como Cinco Días y El Economista, van a programas de debate como los de La Sexta, opinan en la radio y además su puerta siempre está abierta cuando algún corresponsal extranjero quiere una visión experta sobre lo que pasa en España.

Llamada al orden del INE
Los de Rajoy están tan hartos de que este grupo de economistas extienda constantemente un manto de sospecha sobre los datos oficiales que en los últimos días el INE ha decidido dar un toque de atención a dos de ellos. En concreto, a Roberto Centeno y a Alejando Inurrieta.

Al primero porque después de denunciar en su blog "las continuas mentiras de este Gobierno corrupto de incompetentes y embusteros" pidió una auditoría externa de la contabilidad nacional. Tras el apercibimiento escribió otro artículo en el que denunciaba que el INE, "un organismo modélico hasta la Transición", había quedado reducido hoy a mero "portavoz de las cifras que el Gobierno oligárquico desea hacer llegar a los ciudadanos y a los mercados".

A Inurrieta, por su parte, por un artículo titulado Desconfianza estadística creciente en el que definía la recuperación económica como "una supuesta realidad que no existe más que en el imaginario electoral del Partido Popular" y acusaba a España de haber usado "trucos contables y estadísticos para cambiar la realidad económica".

"Nos resulta del todo inaceptable cuestionar sin ningún fundamento, y basándose exclusivamente en infundios, la independencia, rigor y profesionalidad del INE y de sus más de 4.000 trabajadores", le respondió el INE por escrito.

A Laborda, Centeno, Díez e Inurrieta se une un quinto jinete del apocalipsis económico, el más despiadado en sus artículos en El Economista: Juan Ramón Rallo. El último, No a Arias Cañete, es demoledor: "Dentro de España, el PP encarna el desprecio visceral hacia el contribuyente: es un partido que no ha dudado en emplear la mentira sistemática para saquear a familias y empresas con el propósito de mantener un Estado sobredimensionado. Evidentemente, el artífice de semejante voracidad gubernamental ha sido Montoro al diktat de Rajoy, pero Cañete encaja como un guante dentro de ese sanguijuelil desparrame de fondos estatales".

El ministro de Hacienda, que según él sufre una "esquizofrenia keynesiana" y se dedica a esconder bajo la alfombra de 2014 "los escombros de 2013", es el blanco preferido de sus críticas.

Vista y leída su trayectoria, en La Moncloa tienen asumido que nada de lo que hagan o digan ablandará el corazón de estos cinco economistas, que sin embargo no quieren que parezca que disfrutan con su papel: "No se trata de dar malas noticias. Se trata de identificar los problemas con tiempo y cambiar la política económica para resolver los problemas", en palabras de José Carlos Díez.

No es crisis de valores, sino de personas
Mario Conde www.gaceta.es 22 Abril 2014

Hemos construido un tipo de hombre que se ajusta a los disvalores sociales actuales. La arquitectura moral de la sociedad es el resultado de agregar las arquitecturas morales de los individuos que la componen.

Esta madrugada, comentaba, vía mail, con Juan Armas, una idea que —creo— merece la pena constatar, sustancialmente para debate.

En el año 1992, en una intervención en el Vaticano, aireada por los medios de comunicación españoles, aunque distorsionando el mensaje con inexistentes aspiraciones políticas, propuse que nos dedicáramos como sociedad a la elaboración de lo que llamé un Código de Valores Compartido. No se trataba, obviamente, de elaborar ningún compuesto normativo de dimensión jurídica, sino de articular un debate en el seno de la sociedad civil para que estructuremos de manera clara nuestra arquitectura moral. Ya he escrito en estas páginas —y en otras anteriores— que la arquitectura moral es el verdadero soporte de una sociedad. Si nadie se ofende — y si lo hace lo siento por él— podríamos decir que configura el alma de la sociedad civil. Es, en terminología de que uso con frecuencia, el modo de pensar que condiciona el modo de comportamiento.

Era consciente de que la crisis de valores preñaba a la sociedad. Quizás en aquellos días mas que preñando estaba penetrando en su ser interior, pero de manera tan intensa y difusa a la vez que de no hacer algo acabaría impregnando toda su estructura moral. Precisamente por ello, en el 2007, y quizás un poco antes, cuando veía con claridad que se avecinaba la crisis derivada, entre otras cosas, del exceso del capitalismo financiero, denuncié que en el fondo era una crisis de valores por no haber elaborado a tiempo ese código de valores compartidos que reclamaba en el ya lejano 1992. Desde entonces, esa idea —crisis de valores— se repite con fruición, aunque algunos de los que eso ejecutan no sepan bien de que se trata.

Esta mañana, como decía, con Juan Armas abordaba la cuestión: ¿es una crisis de valores o una crisis de individuos? Evidentemente es lo segundo. Quiero decir: hemos construido un tipo de hombre que se ajusta a los disvalores sociales actuales. La arquitectura moral de la sociedad es el resultado de agregar las arquitecturas morales de los individuos que la componen. Es posible que el resultado de esa agregación tenga vida independiente de los agregados que la componen, esto es, de los propios individuos. Es posible que eso conforme lo que llamamos conciencia cuántica. Pero siendo esto posible, lo que es seguro es que el individuo que habita mayoritariamente en la sociedad actual tiene su esquema interior ajustado a los no-valores que presiden el comportamiento en el cuerpo social.

Por eso no existe ni rebelión ni nada parecido. Protestas mas o menos marginales. Pero el grueso social parece disponer de valores mas empíricos que otra cosa. Ese individuo no consume ni poesía ni utopía. Lo que realmente le interesa es una respuesta tangible, con peso y medida, a la única pregunta que le interesa: “¿de lo mío, qué? Es el puerto al que hemos llegado como consecuencia de ignorar nuestra realidad, de renunciar a reflexionar sobre lo que nos ocurría y sigue ocurriendo.

Ayer, tomé, movido por un impulso ajeno a este articulo, mis libros en los que anotaba mis pensamientos, reflexiones y vivencias en la época de Banesto. Lei a las personas que se encontraban conmigo algunos pensamientos fechados en !Septiembre de 1993!. Los transcribo a continuación:

“Lo trascendente es que se ha desmoronado todo un modelo político-social. Ya no es sustentable en el largo plazo que los partidos sean los únicos vehículos para la acción política. Ya no es sostenible mantener que los empresarios lo que tienen que hacer es llevarse bien con el poder a cualquier precio. Ya no es sostenible que el poder político se pueda ejercer abusando de él para producir daño a enemigos que se han limitado a emitir opiniones.Ya no es sostenible que el Poder Ejecutivo controle al Legislativo y al Judicial. Ya no es sostenible que no exista un sistema de contrapesos entre el Estado y la sociedad civil….El problema no es de crisis económica, sino institucional, de forma de concebir la política, de manera de entender la dirección de un país, de criterio sobre prioridades, de recuperar la iniciativa personal, al individuo, de provocar una auténtica reforma política, una ruptura con métodos, conceptos, ideas, formas que han fracasado y que nos han llevado a un callejón sin salida. No se trata de imponer determinadas medidas económicas. Esto por supuesto, pero dentro de un proyecto político-social global que es necesario explicar para que se comprenda y puedan ser eficaces las medidas que se adopten. Hay que romper con los viejos modos de entender la política. Dar protagonismo a la sociedad. Devolverle su libertad. Integrarla en el proyecto colectivo. Recuperar a los intelectuales, o, mejor dicho, producirlos porque casi no existen. Este es el problema y es evidente que ninguno de los líderes políticos actuales está en condiciones de hacerlo”.

Esto, como digo, escribía en 1993. Hace mas de veinte años. Y seguimos en las mismas. ¿Por qué? Porque el Sistemaha ganado una batalla tremendamente importante: ha conseguido fabricar al individuo a su imagen y semejanza. La inmensa mayoría —creo— de los individuos que conforman sociedad actual son exactamente como el sistema ha querido que sean. Por eso no es una crisis de valores sino de individuos, de personas. Así que habrá que esperar a nuevas generaciones, pero con esta pregunta en la cabeza: ¿son los individuos de las nuevas generaciones diferentes a los anteriores? Quizás si. Quizas no. Es posible que quieran el cambio hacia ese nuevo horizonte. O es posible que se desentiendan de ese mundo. No lo se. Solo queda testar la experiencia el tiempo que tengamos para ello.
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Atacar a Andalucía
EDITORIAL Libertad Digital 22 Abril 2014

Mientras el caso de los ERE no deja de crecer –este mismo lunes la juez Alaya ha imputado a quince personas más, con lo que la lista de implicados judicialmente en la trama llega a 166–, Susana Díaz ha visto cómo le ha estallado en la Junta otro episodio de corrupción en el que se barajan cifras descomunales de dinero público malversado o directamente desaparecido: el de los cursos de formación.

No por previsible la reacción de la presidenta andaluza ha sido menos lamentable: así, se ha envuelto en la bandera regional para acusar a los que denuncian estos casos de atacar a Andalucía y a las instituciones.

En esta ocasión ni siquiera se ha hecho el habitual paripé sobre las ansias de colaboración con la justicia y se ha tratado de desviar la atención señalando la presunta responsabilidad de Moncloa y el Ministerio de Interior sobre las filtraciones. Pero incluso aunque así fuera, la corrupción es la corrupción, la filtre quien la filtre, y quien ataca a una región o a un país no es el que la denuncia, sino el corrupto y, más todavía, el que permite que esos comportamientos queden impunes.

La reacción de Díaz no ha sido una sorpresa, como decimos, pero sí habrá resultado decepcionante para aquellos que de buena fe vieron en la andaluza un soplo de aire fresco en el PSOE y un posible líder para ese partido de izquierda moderada, nacional y responsable que precisa España. Ahora, después de su papelón en la crisis de la Corrala Utopía con sus socios de IU y de cómo ha reaccionado ante este nuevo escándalo, a ver quién osa decir que la presidenta designada de Andalucía es la gran esperanza blanca de la izquierda española.

Lamentablemente, tampoco este escándalo ha servido para que el desconocido líder de los populares andaluces entre con fuerza en el ring de la política regional, sino más bien para volver a evidenciar su terrible debilidad.

Moreno Bonilla ha aterrizado en un cargo difícil y de una forma muy poco útil para generar un auténtico liderazgo, pero si no es capaz de definir una línea política más consistente y de ser más agresivo con sus adversarios políticos y, sobre todo, con la corrupción, el cambio seguirá siendo una quimera en la Andalucía carcomida por la corrupción, el atraso, la incompetencia y el cacicazgo.

España, riesgo de estado fallido
Carlos Carnicero Estrella Digital 22 Abril 2014

Es difícil no ver en el horizonte el riesgo de que España se convierta en un estado fallido. Dos de las regiones, naciones o nacionalidades con más densidad económica e importancia política, aumentan el deseo de una parte importante de su población de disgregarse del resto de España.

Las motivaciones de carácter histórico -con la manipulación y ensoñación propias de los nacionalismos extremos- agitan los deseos de independencia sin que se tengan en cuenta asuntos esenciales, como la permanencia dentro de la Unión Europea de los estados resultantes. No se hacen cuentas políticas de carácter local o internacional, porque los anhelos se han adueñado de la formulación de los proyectos.

Y es una catarata que no amaina, sino que se alimenta con el paso de los días, independientemente de que no existan procedimientos constitucionales para encaminar esas alucinaciones.

Como en casi todas las situaciones históricas de convulsión nacionalista, el fenómeno sirve a los intereses de una casta o élite local que ha saboreado el poder hasta tener dependencia de él; cada día necesita más dosis. Agitar las pasiones de la ciudadanía en época de profunda crisis económica, política y de liderazgo no es nada difícil. Las crisis generan monstruos que son muy complicados de manejar. Por favor, repasen los manuales de historia.

El descrédito de las instituciones políticas es el caldo de cultivo de nuevos secesionistas. Y en España, de la Corona a las instituciones municipales; de la Justicia a los poderes económicos, no hay una sola institución que tenga la confianza consensuada de los ciudadanos.

Cualquier sociólogo determinará que sin una regeneración profunda de las instituciones de nuestra democracia, es imposible generar adhesión y cohesión a esta España maltrecha. Los partidos, institución esencial de nuestro sistema político, no se dan por enterados de su profunda responsabilidad. No han movido un músculo para recuperar el aprecio y la confianza de la ciudadanía. No es nada fácil querer a esta España desvencijada.

La Constitución tiene las costuras a punto de reventar. No hay mucha gente que se considere orgullosa de ella. Nadie la invoca como una tabla de salvación y como una nave confortable para el futuro. Mariano Rajoy se ha constituido en un especialista en mirar para otro lado para esquivar las tormentas. No tiene bitácora para estos temporales.

Mariano Rajoy se ha constituido en un especialista en mirar para otro lado para esquivar las tormenta

No hay densidad de estadistas en la clase dirigente cuyo único objetivo son las próximas elecciones y la impenetrabilidad de su poder dentro de sus organizaciones. Los estados fallidos no se perciben, en ocasiones, solo porque se consideran tan inaceptables sus esencias que se piensa que se materializarán.

El sentimiento de pertenencia a un estado no se puede inyectar desde el Boletín Oficial del Estado. En los parámetros políticos de la nueva geoestrategia, de la globalización y de los ejes de hegemonía política actuales no hay mucho sitio para un estado en el que ni siquiera sus habitantes están entusiasmados con su pertenencia. Navegar en las aguas turbulentas del siglo XXI exige un estado fuerte, profundamente democrático y con unidad en el anhelo de sus ciudadanos. No se puede aventurar que todo se arregle con una reforma constitucional, porque España tiene un cúmulo de enfermedades que cada una de ellas puede acabar con el paciente si el tratamiento no es sistémico.

Lo más urgente es encontrar una lupa o un microscopio electrónico para encontrar un conjunto de estadistas sin miopía, con faros de largo alcance, que sean capaces de iluminar estas tinieblas.

Elecciones europeas
El Partido de la Libertad Individual también juega
Luis I. Gómez Libertad Digital 22 Abril 2014

El Partido de la Libertad Individual (P-Lib) ha presentado formalmente su candidatura para las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 25 de mayo. Como todos los partidos en liza, ha recabado tanto firmas de la ciudadanía como de cargos electos. Las reglas que limitan el acceso al proceso electoral son complejas y suponen, en no pocos casos, barreras insalvables para las minorías en un país donde suele haber más interés en buscar árboles con buena sombra que en plantar árboles nuevos. Es curioso que, a pesar de ser necesarias las firmas de 15.000 ciudadanos, basten las de 50 cargos electos para satisfacer el mismo fin. ¿Qué mejor prueba para darse cuenta del verdero valor de los votantes para la casta politica dominante? Muchos, muchísmos ciudadanos no valen lo que un puñado de profesionales del sistema. Sea como fuere, el P-Lib decidió finalmente ser práctico y concentrar sus esfuerzos en la opción menos cara (aunque más vergonzosa para nuestra democracia), y alcanzó sobradamente los avales precisos.

El sistema protegiéndose a sí mismo y no a quienes juró proteger. Solo los que vivan encantados con el simulacro de democracia que nos ha tocado vivir podrán hablar de des-encanto. Si despiertan. Sólo quienes viven deslumbrados por la consigna, el derroche de estuco dorado, las maderas nobles y los gestos arrojados desde sillones hemicíclicos podrán sentirse des-engañados. Si abren los ojos. Desde la renuncia a la violencia, máxima de todo el que se dice liberal, no queda más remedio que infiltrar el sistema para derrotarlo o, cuando menos, transformarlo. EL P-Lib es una de esas opciones que pretende insuflar frescura a la vida política española. Sin necesidad de inventar nada: con la brújula de Hayek en la mano: "El liberalismo es simultáneamente lo opuesto del socialismo y del conservadurismo", rumbo al puerto que marcó Ludwig von Mises en el mapa:

En esto consiste entonces la libertad externa en la vida del Hombre: en su independencia respecto del poder arbitrario de sus congéneres.

No será una travesía sencilla: la tarea fundamental de la política y los políticos de hoy es la de limitar los resultados de la interacción entre las personas. Fieles servidores de quienes coyunturalmente son capaces de generar la mayor presión mediática y política, nuestros gobernantes hacen uso de la coerción, con mano dura, para apropiarse del resultado de las relaciones de intercambio libres entre todos nosotros. Aquellos que están satisfechos con lo que obtienen por sus propios medios no necesitan ningún tipo de medidas políticas. Quien quiere más de lo que genera puede aumentar sus ingresos haciendo uso de los medios que la política y los políticos ponen a su alcance…. a cambio de su voto.

Recuerdo a todos los líderes de partidos autodenominados liberales que el liberalismo clásico no promete ventajas especiales a nadie, ya que nosotros defendemos que todas las personas son iguales ante la ley, no iguales por ley. La libertad no es un mote del egoísmo, ni una entelequia formulada con letras. Nuestros actos son más libres cuanto mejor expresen lo que somos, en nuestra totalidad. Visto así, he de reconocer que serían escasos. Seremos más libres cuanto mejor podamos desarrollar nuestra existencia dando carta de realidad a nuestras potencialidades. Para ello es indispensable eliminar las barreras que la hiperregulacion política ha ido levantando alrededor de cada uno de nosotros, inválidos certificados, condenados a ser receptores de la ayuda arbitraria estatal por el resto de nuestros días. Dependientes.

Les recuerdo también que ya Ortega y Gasset decía: "Cuando un loco o un imbécil se convence de algo, no se da por convencido él sólo, sino que al mismo tiempo cree que están convencidos todos los demás mortales"; frase que no debería preocuparnos en exceso en sí misma, pero que se convierte en potro de tortura para el espíritu si seguimos leyendo:

La diferencia entre el inteligente y el tonto consiste en que aquél vive en guardia contra sus propias tonterías, las reconoce cuando apuntan y se esfuerza en eliminarlas, al paso que el tonto se entrega a ellas encantado y sin reservas.

Frente a los proyectos cortoplacistas y los outlets políticos emanados de los grandes partidos (cuando no proyectados por éstos para encauzar de forma controlable la desafección ciudadana), el P-Lib es un proyecto de largo y muy largo plazo. La elecciones que quiere ganar el P-Lib son las elecciones individuales de los miles de personas que se van sumando cada día a las ideas liberales. Sin eludir ninguna cita electoral, no se trata de un partido Guadiana de los que se ve cada cuatro años en las mesas electorales y después brillan por su ausencia en la contienda de las ideas. Quiere hacer campaña en todo momento para promover soluciones de más Libertad y menos Estado a los problemas cotidianos de la gente.

Suerte. Les deseo mucha suerte. Y trabajo. Mucho trabajo.

Luis I. Gómez, editor de Desde el Exilio y miembro del Instituto Juan de Mariana.

Elecciones europeas
¿La batalla ideológica de nuestro tiempo?
Cristina Losada Libertad Digital 22 Abril 2014

Nuestros socialistas han decidido afrontar las elecciones europeas como si en ellas se librara la batalla ideológica más importante de nuestro tiempo. El Austerlitz que está pintando la candidata Valenciano sitúa a un lado a los conservadores, con su maldita austeridad y sus sádicas ganas de hacer sufrir a la gente, y del otro, claro, a los socialdemócratas, con su proverbial generosidad con el dinero público y su desvivirse por los que sufren. La confrontación es de tal modo decisiva, según cuenta la candidata, que de ella saldrá o una Europa de los mercados o una Europa de los derechos. Y todo eso depende de que el presidente de la Comisión sea un tal Juncker o un tal Schulz, mira qué fácil.

De tomar por veraz reflejo de la situación esta caricatura mitinera, la gran línea divisoria que recorre Europa sería puramente ideológica, y los conservadores de todos los países de la Unión se habrían puesto de acuerdo para empobrecer a la gente, para acabar de una vez con el Estado de Bienestar y, en lógica consecuencia, para perder todas las elecciones. No es habitual, por no decir que es imposible, que los gobiernos que rinden cuentas en las urnas tomen medidas económicas impopulares si tienen otra alternativa, pero nuestros socialistas disponen de explicación para un comportamiento tan absurdo: los conservadores son malos. ¡Tienen malos sentimientos!

Fuera del mundo del culebrón melodramático, el panorama se presenta un pelín distinto. Es un panorama en el cual la batalla de la crisis no ha estado marcada por las diferencias ideológicas, sino por las variadas situaciones económicas de los países concernidos. La divisoria ha estado entre los que han podido capear la crisis sin grandes problemas, como Alemania, y los que han recibido de lleno su impacto, como España. Entre unos y otros, entre los menos afectados y los más, se ha librado estos años en Europa el tira y afloja. Las diferencias entre socialdemócratas y conservadores han pesado mucho menos: han sido de matiz.

La prueba viviente de que no hay tal batalla ideológica encarnizada en Europa es la coalición de gobierno entre el SPD y la CDU en Alemania. El centroizquierda y el centroderecha de la economía más fuerte de la Eurozona están de acuerdo en lo fundamental, aunque difieran en lo accesorio. El equilibrio presupuestario y la reducción de la deuda son asuntos de consenso entre las dos grandes corrientes políticas, y no admitiría otra cosa el electorado. La Gran Coalición se ha propuesto un programa de inversiones que incrementará el gasto público, sí, pero el detalle es que Alemania se lo puede permitir, al contrario que otros. Otros como Francia, sin ir más lejos, cuyo gobierno socialista acaba de anunciar recortes adicionales a fin de reducir el déficit en plazo.

¿Se habrá convertido Valls al conservadurismo? ¿Lo hizo Zapatero cuando lanzó su mini-ajuste y reformó la Constitución para incluir una regla de estabilidad presupuestaria? ¿Cuáles son las radicales diferencias entre el señor Schulz y la política de su partido en Alemania? Expectantes estamos ante las respuestas que pueda dar la candidata Valenciano.

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Historia de un cuento

Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 22 Abril 2014

No me molesta tanto que me roben en mis propias narices como que encima me traten de idiota. Y eso es lo que ha estado pasando durante estos treinta últimos años -¿o quizás más?- con la política lingüística.

Se nos decía durante décadas que el euskera es un bien cultural sobre el que estaba vetado hablar. Incluso en sede institucional a quien se atrevía a poner en solfa la forma de gastar dinero a espuertas con el telón de fondo ficticio de la promoción del euskera estaba condenado al fuego eterno y al ostracismo. Ese ha sido mi caso, pues se decía eso tan socorrido de que “el euskera debe estar fuera del debate político”. Antaño era el sexo, durante las tres últimas décadas el euskera. Y en esa estupidez supina rayana en la imbecilidad política hemos estado durante estos últimos tiempos, de tal manera que quien se saliera del redil podía tener serios disgustos. Afortunadamente, por ahora, sigo vivo.

Pues vamos a ver el resultado de esas políticas lingüísticas, que suponen el mayor timo nacional –de Euskadi- conocido desde las guerras carlistas.

El señor Baztarrika, consejero de la política lingüística del gobierno autóctono, compareció la semana pasada para dar cuenta del informe anual correspondiente de situación del euskera en Euskadi. Sin que se le mueva un pelo del flequillo (desconozco si es calvo) mostró, imperturbable el espíritu, los datos estadísticos que dan fe del fracaso por antonomasia de un gasto que supera los 20.000 millones de las antiguas pesetas al año, desde hace más de treinta años (perdonen que no lo traduzca a euros pues esas cifras se escapan a mi imaginación).

Vayamos al grano:
Por provincias (ahora llamadas “territorios históricos” –parece ser que no hay otros lugares que tengan historia-): Vizcaya: castellanohablantes, un 79,4 %, Guipúzcoa: castellanohablantes, un 54,4 % y Alava: castellanohablantes un 90,6 %.

Vayamos a esta última provincia, por zonas (comarcas): Cantábrica alavesa: castellanohablantes, 8,7 %; Valles alaveses: castellanohablantes, 91,1 %; Rioja alavesa, castellanohablantes, 88,6 %; Llanada alavesa, castellanohablantes, 88,3 %; Estribaciones del Gorbea, 70,6 % y Montaña alavesa, 91,1 %. Es decir, prácticamente igual que hace treinta años. No voy a extenderme por Vizcaya o Guipúzcoa, pero destaca la situación de las Encartaciones, con un 91,8% de castellanohablantes. Insisto que estos son datos del propio Gobierno, al que tenemos, encima, que agradecer la sinceridad de los resultados. Podrían habernos mentido, y, supongo que algo habrán escondido, no obstante.

Y yo pregunto, con toda mi inocencia: ¿Y para este viaje estas alforjas? Tanta presión, manipulación, adoctrinamiento en las escuelas, campañas difamatorias contra los castellanohablantes y el modelo educativo en castellano, dispendio… etc, etc? No son estos resultados después de más de treinta años gastando a razón de unos 20.000.000 de las antiguas pesetas –multipliquen y vean la cantidad de dinero tirado por la alcantarilla en pájaros y flores, mientras que el sistema económico y el educativo se iba desmoronando- un escándalo de ineficiencia, despilfarro, desvarío político, locura digna de ingreso psiquiátrico…?

Lo lamentable es que los ciudadanos estamos tan insensibilizados, amodorrados, narcotizados, descerebrados…, que somos incapaces de reaccionar, ni tan siquiera de analizar, de tener un mínimo de espíritu crítico. Y de eso se valen. Dan estos datos y se quedan despatarrados, riéndose de nosotros. Tragamos todas las ruedas de molino que haya en circulación. Nuestra garganta ya está amoldada al efecto.

Eso sí… Vamos en masa a “ocho apellidos vascos” para reírnos de nuestra propia estupidez.
Con perdón.
www.educacionynacionalismo.com

Más antiguos que el hilo negro
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 22 Abril 2014

Es comprensible que en las “misas” nacionalistas, que en el caso del PNV de laicas tienen poco, se arengue al personal con los rituales obligados y las parafernalias sobrevenidas y adyacentes. Uno siempre es muy respetuoso con las tradiciones y máxime en este caso y con gentes a las que en verdad quiere, como los vascos, con la excepción que pueden imaginarse, los asesinos etarras y sus cómplices, pero por serlo, no por vascos. No seré yo, que me crié en esa tierra, quien no solo no las desprecie sino que hasta, en cierto modo, siento un algo mías. Lo vasco y los vascos no solo no me son ajenos, sino próximos y bien queridos.

Pero cuando el lendakari Urkullu, durangués consorte, se suelta eso de que España y los españoles han de dejar atrás lo de “Una, grande y libre” no puede evitar primero una cierta sonrisa y luego una exclamación: Pero hombre ¡que eso esta ya más viejo que el hilo negro! , que eso ya no es ni de mentarlo, que no está ni se le espera en ningún lado, que si algo ha quedado ya atrás es precisamente esa idea y que su sola mención a quien descubre como arcaico es a quien se parapeta en ella, aunque sea para repudiarla. Mencionarlo como argumento, en el estado más descentralizado de Europa, donde autonomías como el País Vasco o Cataluña han alcanzado el mayor nivel de autogobierno de su historia y prehistoria, lo único que refleja es que quienes andan anclados en el pleistoceno ideológico son quienes la utilizan. Vamos, que quienes son más antiguos que el hilo negro son los nacionalistas y mi medio paisano Urkullu, pues yo también soy afectivamente medio durangués, no ha podido quedar más rancio.

Pero resulta también y muy curiosamente es que donde tales ranciedades encuentran mejor abono es entre quienes se autoproclaman progresistas y de izquierdas. Ellos son quienes, y tenemos ejemplos por doquier, compran el producto, le dan pátina de modernidad y en un descuido se convierten a tal religión y la profesan con fervor de catecúmenos. La acomplejada izquierda española, no de proclamarse izquierda sino de ser española, es hoy quien mantiene, de manera perpetua y como común y máximo descalificativo, el insulto-concepto de facha aplicado a todo ámbito existencial, empezando por el mismo vocablo España y por su puesto su himno, aunque carezca de letra, su bandera, aunque fuera la de nuestros barcos desde tiempos inmemoriales y hasta de la 1ª República, su lengua común, y universalmente extendida, y por supuesto su historia y hasta su geografía, desde Viriato a Ortega y al mismisimo Umbral, que se torció al final, pasando por La Navas de Tolosa, Carlos V, Elcano, Blas de Lezo, Bailen, los toros y el monasterio del Escorial, que ya es la quintaesencia de lo facha, porque lo hizo Felipe II. Porque como un día, precisamente en aquel sitio, decía el gran historiador británico sir Henri Kamen ante 54 atónitos universitarios españoles ante su defensa de rey español: “Es que ya en todo el mundo los únicos que se creen la Leyenda Negra son ustedes”. Los muy progres universitarios españoles.

Pues eso nos pasa y les pasa a los nacionalistas, en este caso a mis queridos vascos, que andan por ahí llamando antiguo y facha a todos y lo que resulta en verdad es que para trasnoche y paleolítico cultural e ideológico, lo suyo. Más viejo que el hilo negro, oye.

La liebre eléctrica
IGNACIO CAMACHO ABC  22 Abril 2014

El nacionalismo actual del PNV es un pragmático proyecto de poder al que la independencia solo le interesa a plazos

UN siglo largo, década arriba década abajo, lleva el PNV tratando de poner en limpio el trastornado borrador político de Sabino Arana para que parezca un boceto mínimamente decoroso en vez del delirio de supremacía étnica que en realidad es. No es tarea fácil anclar sin chirridos el proyecto de poder del nacionalismo vasco moderno en esa entelequia impresentable que el viejo partido tiene como forzosa referencia fundacional, y que sus propios dirigentes comprenden que no pueden exhibir en serio más allá de la piadosa y estilizada mitología del simbolismo melancólico. Por eso cada Aberri Eguna, efeméride de la iluminación patriótica aranista, la nomenclatura jeltzale apela a una reinterpretación contemporánea del estrafalario ideal vasquista en busca de un discurso identitario que pueda encajar con cierto pudor en la normalidad democrática. Una traducción creativa del sonrojante extravío sabiniano.

Este año le ha tocado el turno al confederalismo, en el que el pragmático Urkullu ha encontrado una fórmula retórica para sumarse al manoseo del modelo territorial del Estado que se ha vuelto a poner de moda con la cuestión catalana. Se trata de no quedarse fuera del debate porque el lendakari parece un hombre sensato poco dado a aventurerismos románticos y obligado a vigilar de reojo al radicalismo tardoetarra para que no le ocurra lo que a Mas, sobrepasado por el demarraje secesionista. Urkullu, que ha llegado al poder tras el amargo paréntesis del desalojo de Ibarretxe, sabe que el PNV se rige ante todo por una aspiración de hegemonía política y social en la que la independencia no constituye más que un relato de fondo, un marco esencialista del que ir tirando para incrementar a plazos las cuotas de autogobierno. Y deja correr por delante al soberanismo catalán como una liebre eléctrica mientras se mantiene a la expectativa con recelo de que en un eventual nuevo diseño del Estado alguien pueda plantear la revisión de los ventajosos conciertos fiscales vascos.

Al nacionalismo peneuvista le conviene la reapertura del debate de la autodeterminación por si puede sacar tajada pero le preocupa perder cuotas de poder a manos de un conglomerado batasuno recrecido tras el cese de la violencia terrorista. Intenta conservar la iniciativa para embridar la fuerza emergente de sus hermanos separados, y al tiempo ha de cuidar los privilegios forales que no podría mantener en un hipotético Estado soberano con pretensiones de continuar en la órbita eurocomunitaria. De ahí que haya sacado la apuesta confederal como vía intermedia para conservar lo que de verdad le interesa, que es el statu quo. Si el patio se revuelve procurará no quedarse al margen de las novedades pero de momento tiene que hilar fino, ser prudente y vigilar su propia merienda. Hasta el estrambótico Sabino entendería en sus cortas luces que con las cosas de comer no se juega.

Hijos sin padre
FLORENCIO DOMÍNGUEZ EL CORREO  22 Abril 2014

El primer golpe lo soltó ETA en el comunicado aparecido el domingo al acusar al PNV de incongruente por hablar del derecho a decidir y, al mismo tiempo, defender el marco autonómico al lado de los que no son nacionalistas. La banda terrorista revivía el enfrentamiento que ha mantenido con el PNV desde el inicio de la democracia, cuando esta formación apostó por el Estatuto y ETA siguió matando para dinamitar ese marco político respaldado por el partido jeltzale y por las urnas.

La respuesta a las críticas del comunicado la dio el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, en el mitin del Aberri Eguna. Ortuzar fue contundente en la réplica al reivindicar los logros de su partido frente a la trayectoria sangrienta de ETA y el resto de la izquierda abertzale. Presumió, con motivo, del desarrollo institucional alcanzado en Euskadi, del nivel de la protección social existente, de la Sanidad, la Educación o el desarrollo del euskera. Y frente a estos logros se preguntó qué ha hecho la izquierda abertzale, de qué ha servido ETA y a dónde han conducido estrategias como la alternativa KAS o la socialización del sufrimiento. Lanzó las preguntas buscando respuesta al campo de la izquierda abertzale.

La reivindicación de lo conseguido, sin embargo, omitió el reconocimiento expreso de que todos esos logros habían sido posibles gracias al Estatuto que ha proporcionado los instrumentos políticos, jurídicos y económicos para que pudieran alcanzarse las metas de las que ahora presume el PNV y que parecen hijos sin padre, como si hubieran salido de la nada.

La pugna por justificar las diferentes trayectorias que mantienen el PNV, por un lado, con ETA y el resto de la izquierda abertzale, por otro, tiene en el Estatuto el eje que separa la historia de unos y de otros. Los nacionalistas de Andoni Ortuzar e Iñigo Urkullu no pueden legitimar esa trayectoria si ponen sordina a lo que ha significado el marco estatutario porque estarían concediendo bazas a quienes se opusieron a él desde el primer día. Sólo reivindicando el Estatuto, el PNV puede reivindicar su historia reciente frente a ETA.
Puede que la reivindicación abierta del éxito del Estatuto sea inconveniente en un momento en el que el PNV ha pasado a defender un nuevo estatus político, cuyo contenido preciso todavía no ha desvelado. La ambigüedad con la que el PNV se mueve a la hora de concretar su propuesta para ese nuevo estatus es, quizás, una forma de hacer tiempo esperando a ver cómo terminan los acontecimientos en Escocia o Cataluña por si hay que escarmentar en cabeza ajena. Tal vez sea la lección aprendida del fracaso del ‘plan Ibarretxe’ o una mezcla de ambas cosas, pero el nuevo estatus que predica el PNV carece, hoy por hoy, de contenido, más allá de la reclamación de una relación bilateral con el Estado, de difícil aplicación.

La venganza del PNV
En este juego a tres bandas, quien de rebote queda en falso es CiU. El PNV no pide la independencia sino la confederación
Francesc de Carreras. El Pais Cataluña  22 Abril 2014

No suenan muy sinceras las palabras de Iñigo Urkullu en el Aberri Eguna celebrado el pasado domingo. Es propio de esas conmemoraciones patrióticas exaltar los ánimos de los presentes y presentar horizontes de futuro más imaginarios que realistas. Pero en este caso las propuestas del lendakari pueden tener otras lecturas más pegadas al día a día de la política española.

En efecto, la actual dirección del PNV ha desarrollado una política extraordinariamente pragmática, como tantas veces en su historia. El PNV va a lo suyo, es decir, a proteger los privilegios vascos que puede obtener con sus difusos derechos históricos y deja al margen otras perspectivas, más románticas y sentimentales. Con alguna excepción —como el llamado Plan Ibarretxe— el PNV siempre ha actuado con prudencia, al peculiar modo jesuítico, no en vano sus elites dirigentes han sido educadas en la Universidad de Deusto.

Sin ir más lejos, hace unas pocas semanas, el actual Gobierno vasco ha concluido la negociación del cupo para los próximos años llegando a un acuerdo con el Gobierno Rajoy, todo ello bendecido en una sesión parlamentaria de lectura única, sin apenas debate para no revelar su contenido, presuntamente discriminatorio respecto a la financiación de las demás comunidades autónomas. Tras cerrar el trato, y asegurado el cupo, ahora hay que sacar pecho en asuntos más espirituales, especialmente por dos motivos: devolver la pelota a CiU como si fuera un dardo envenenado y evitar que parte de su voto se traslade a Bildu en las próximas elecciones, tanto las europeas como las demás que están por venir.

En primer lugar, el PNV está más que molesto con CiU por haber levantado la liebre del concierto económico. Si recuerdan, el paso anterior a la independencia (o derecho a decidir, como prefieran), era pedir el concierto económico, “como los vascos”, se añadía. Con ello se quería decir que el sistema de financiación de Cataluña no debía regirse por las mismas normas que el resto de comunidades sino por aquellas a las que se reconocían derechos históricos.

En el fondo, poco importaba que no se supieran cuáles eran los derechos históricos de Cataluña, nunca reivindicados por el nacionalismo catalán, aunque incomprensiblemente reconocidos por el actual Estatuto. Lo que importaba eran dos cuestiones: primera, que Cataluña tuviera un trato distinto a las demás comunidades por considerarse que era una nación y, segunda, que mejorara la financiación de la Generalitat hasta llegar a un nivel semejante al vasco (y al navarro).

Pues bien, esta posición catalana removió unas aguas que el PNV ha querido siempre calmadas y en la sombra. Razón: la financiación mediante el concierto es claramente discriminatoria respecto a lo que se reparte en las comunidades de régimen común, entre ellas Cataluña. El problema no es que el sistema sea distinto: con el método del concierto podría no existir discriminación. El problema está en la forma de calcular el cupo, es decir, la cantidad que las diputaciones forales pagan al Estado por los servicios que éste le presta. Precisamente, esto es lo que ahora se acaba de pactar para los próximos años. A partir de este momento, toda la amistad tradicional los dos partidos nacionalistas empezó a resquebrajarse al considerar el PNV que la propuesta de CiU era una clara muestra de deslealtad.

En segundo lugar, según todos los sondeos, Bildu está ganado terreno electoral al PNV e incluso amenaza con superarle en votos. Algo parecido —aunque de menor intensidad, por el momento— a lo que sucede entre CiU y ERC. Al pragmatismo siempre le suele faltar el discurso épico. Bildu lo puede tener porque gobierna en esferas de poder reducidas y no tiene las responsabilidades globales del PNV.

Por tanto, Urkullu debía recuperar el tono reivindicativo para mantener su voto más abertzale. Así propuso una confederación con España legitimada por los fueros, en el fondo un discurso bastante parecido al del carlismo, aunque este tenía su lógica en el Estado Absoluto y carece de toda lógica en un Estado democrático y social, no digamos ya en un Estado de la Unión Europea. Pero ya sabemos que hoy se pueden decir las barbaridades más grandes sin que se conmuevan los cimientos de nada, tan generalizada está la ignorancia política. Así, con este tipo de afirmaciones, los votantes habituales del PNV pueden comprobar que su partido no ha renunciado a sus tradicionales esencias.

Pero en este juego de billar a tres bandas, quien de rebote queda en falso es CiU. El PNV no pide la independencia sino la confederación. CiU en cambio pide la independencia, como Bildu —y como ERC y como la CUP— situándose así en un campo incómodo que le puede hacer perder votantes moderados. La venganza es un plato que se sirve frío y este es el plato que Urkullu le tenía preparado en esta Pascua a Artur Mas por haber levantado la liebre del concierto.

Francesc de Carreras es profesor de derecho constitucional.

País Vasco
El PNV nunca ha sido de fiar
Cayetano González Libertad Digital 22 Abril 2014

Reciente todavía el fallecimiento de Adolfo Suárez, no está de más recordar que fueron él y la UCD quienes en la transición política llegaron a un pacto tácito, no escrito, con el PNV, por el cual se aprobó el Estatuto de Guernica, que, junto a los conciertos económicos, dotó al País Vasco de un poder real como nunca antes había tenido. Además, el Gobierno de Suárez llegó a facilitar que ese poder fuera administrado desde el Gobierno vasco y las diputaciones forales por el propio PNV. A cambio, se pidió a este partido que fuera leal al marco constitucional y estatutario y que colaborara en la derrota de ETA.

Transcurridos treinta y siete años de aquel pacto, el balance del cumplimiento del mismo por parte del nacionalismo vasco no puede ser más desolador. No apoyaron la Constitución; hace años que al Estatuto de Guernica lo han dado por muerto; desafiaron la soberanía nacional con el conocido como Plan Ibarretxe y ahora han planteado en el Parlamento autonómico una ponencia que estudie un nuevo marco político para Euskadi.

En cuanto a la lucha contra ETA, el PNV no ha apoyado ninguna de las medidas que desde la legalidad y el Estado de Derecho se han ido tomando en estos años para combatir a la banda terrorista. Si ETA se encuentra en la actualidad derrotada policialmente, que no políticamente, se debe única y exclusivamente a la labor eficaz de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, es decir, de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía, porque la Ertzaintza, como policía que ha estado sometida casi siempre a los dictados y conveniencias políticas del PNV, se puede apuntar muy pocas medallas.

En los últimos tiempos, el PNV se encuentra a rebufo del desafío soberanista protagonizado por Artur Mas y ERC en Cataluña, a la espera de cómo se sustancia. Pero de vez en cuando enseña la patita, como ha sucedido este pasado domingo durante el Aberri Eguna (Día de la Patria vasca), que ya son ganas de mezclar lo divino con lo humano y fijar –lo hizo el iluminado de Sabino Arana– el Domingo de Resurrección como fecha para llevar a cabo esa celebración.

Urkullu, que en sus intervenciones públicas es mas bien un tipo triste y aburrido, nada que ver con la marcha que le metía Xabier Arzalluz a los mítines, ha vuelto a repetir el racaraca nacionalista de siempre: "Euskadi, nación Europea", "en España tienen un problema, y es que sólo saben decir que no". La suerte que tiene Urkullu es que luego en “Madrid”, como dicen ellos, surgen gentes como el lenguaraz, torpe e inoportuno ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, que les baila el agua y sin saber de la misa la media dice esa tontería de que el Gobierno está dispuesto a dialogar con el PNV sobre el futuro del País Vasco. ¿Dialogar sobre qué y para qué, señor ministro?

El PNV siempre ha jugado con esa ventaja de que hay mucho tonto útil en la Villa y Corte. Y, en última instancia, cuando le ha visto las orejas al lobo –como en la reacción social que hubo en el País Vasco tras el asesinato a cámara lenta de Miguel Ángel Blanco en julio de 1997–, ha pactado con ETA y santas pascuas. Ellos quieren tener todo el poder y suelen presumir de estar en la centralidad, de ser capaces de pactar con todos: lo mismo hacen un gobierno de coalición en el País Vasco con el PSE, que apoyan la investidura de Aznar o que, repito, pactan con ETA o con algunas de sus marcas políticas.

En el fondo y en la forma, el PNV es un partido profundamente desleal con la democracia española e insolidario ya no con el resto de España sino con los propios vascos que no son nacionalistas. No digamos nada sobre el comportamiento que ha tenido durante muchos años con las víctimas del terrorismo.

Pero como los dos grandes partidos han renunciado a dar la batalla ideológica contra los nacionalismos vasco y catalán, habrá que colegir que el futuro pinta bien para ellos y mal para el resto. No sé si conseguirán, como decía Urkullu, ser una nación en Europa, pero no estaría de más que el lehendakari tuviera presente lo que hace años dijo su pope Xabier Arzalluz: "Con la independencia, en Euskadi no nos da ni para plantar berzas".

Societat Civil Catalana
Roberto Augusto www.lavozlibre.com 22 Abril 2014

Filósofo y escritor

La sociedad catalana está enferma. Y el mal que padece es el nacionalismo, una patología colectiva que consiste en creer que lo mío es lo mejor porque es lo mío y que únicamente busca el enfrentamiento y la confrontación. Allí donde esta ideología política es fuerte la libertad se resiente. Aquellos que no comulgamos con esas ruedas de molino somos criminalizados, insultados y marginados por los que se consideran guardianes de una nación catalana que solo existe en sus mentes.

Por esa razón, un grupo de ciudadanos han decidido crear una asociación llamada Societat Civil Catalana que busca aglutinar diferentes sensibilidades ideológicas y políticas unidas por la firme convicción de que el independentismo no es un buen camino para Cataluña. Reivindicamos nuestro derecho a decir con voz alta y clara que somos catalanes y que no apoyamos la independencia.

Se ha querido engañar al resto de España y al mundo diciendo que “los catalanes” son todos independentistas. Eso es mentira y una asociación como esta lo demuestra. Durante demasiados años las voces contrarias al nacionalismo han estado divididas y silenciadas. Ha llegado el momento de unirse y de expresar sin miedo lo que muchos pensamos: la independencia de Cataluña no nos conviene.

No se trata de enfrentarse a nadie, sino de defender nuestras convicciones desde el respeto y el rigor. Los nacionalistas suelen apelar a los sentimientos porque sus razones dejan mucho que desear. No tiene ningún sentido que en el mundo globalizado en el que vivimos se planteen aventuras separatistas que solo dividen y enfrentan. El camino que debe seguir Europa es el de la unidad, no el de la fragmentación interna. Para que la sociedad catalana pueda afrontar los grandes retos a los que se enfrenta debe centrar sus esfuerzos en conseguir arreglar los problemas reales de los ciudadanos. Todo el debate soberanista nos distrae de lo esencial. Es una cortina de humo que gobernantes mediocres usan para tapar su total incompetencia.

UNIVERSIDAD ABANDONADA
Destruir la Universidad para construir una nación y una revolución
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 22 Abril 2014

Mal está que la Universidad se mida según criterios económicos. Peor aún es tolerar la politización radical de una institución nacida para el saber y no para el lucro… ni las masas.

Ikasle Abertzaleak, Eraldatu y Asamblea Libertaria, con apoyo de Juventudes Socialistas, Izquierda Unida, Batzarre, LAB y ELA, han marcado los dos primeros semestres universitarios. Cierto, Navarra no ha sido en esto una excepción: violencia, improvisación, manipulación demagógica, politización… y tolerancia timorata de las autoridades, tanto públicas como académicas. ¿Ha sido una demostración de vitalidad universitaria o de degradación de unas aulas convertidas más en lugar de encuentro, motivo de recreo juvenil, posible altavoz y escenario de ideas por lo demás menores y minoritarias? La cuestión es que, en general y más en Navarra, estamos ante una crisis universitaria. Y eso sin tener en cuenta la paralela doble dimensión económica de los problemas: el coste y la distorsión de divorciar grados de formación real.

Navarra y el País Vasco han participado a su manera en la historia cultural de Europa, y la lógica culminación medieval y moderna de la cultura vasco-navarra es su participación en el movimiento universitario. Como en todos los casos similares, limitada, de alto nivel. La Universidad ha vivido desde el siglo XV en simbiosis con el Estado, y ha prestado su contribución decisiva a la formación de los Estados - Nación. Sin embargo, en estos tiempos de crisis, no ha habido hasta ahora una respuesta universitaria ante el proyecto explícito de edificar un nuevo Estado para una nueva nación, que aspiraría a incluir las tres provincias vascas españolas y Navarra, amén de la ilusión vascofrancesa.

¿Una nación, un estado, una cultura… nuevos?
En nuestra época tendemos a considerar la cultura en dos dimensiones. Por un lado, al hablar de "cultura" solemos referirnos a un conjunto de saberes, de formas y de referencias que proceden de la cultura occidental pero que cimientan hoy la cultura casi universal de la globalización sin fronteras. Por otra parte, la palabra "cultura", y en particular la llamada "cultura popular", tiene un contenido marcadamente local, entre el folklore y la etnografía, y define identidades muy concretas.

En ninguno de los dos sentidos encuentra un encaje totalmente adecuado el binomio histórico de cultura y Universidad. Ambos conceptos se asocian desde el siglo XI, cuando, como demostró Jacques Verger, las Universidades nacen en Europa para transmitir el depósito de la alta cultura clásica enriquecido por su lectura cristiana medieval. La cultura universitaria no conoció fronteras dentro de Europa, y al mismo tiempo no rebasó ese espacio. El Continente tiene una raíz cultural común, que la división y la expansión posteriores no pueden ocultar.

En los siglos siguientes, la Universidad asumió funciones más amplias. Sin negar su primordial misión cultural, las Facultades sirvieron para la formación de los cuadros dirigentes del Estado moderno, la alta burocracia; y al mismo tiempo proporcionaron a los Estados un bagaje ideológico fundamental, ya que la misma idea de Estado como poder público detentador del monopolio de la violencia legítima en un territorio es estrictamente universitaria en su origen.

Estado nacional y Universidad han tenido por lo tanto una larga convivencia. Entre el siglo XV y el siglo XIX entre los universitarios se seleccionaban los gestores de las monarquías europeas, y aunque esos futuros servidores públicos no podían ignorar la existencia de las fronteras como órganos periféricos y límites del Estado y de la Nación, la cultura que cimentaba su formación seguía siendo estrictamente europea, sin concesiones a un inexistente nacionalismo. Así fue la Universidad española reformada por Cisneros y por Felipe II.

Después, con ocasión de las revoluciones liberales, la Universidad aceptó que se pusiesen barreras a la cultura, ya que los Estados exigían de la minoría dirigente una formación ligada al hecho nacional. Así dejó de ser el latín la lengua común de la enseñanza, y los clásicos dejaron de ser el eje de los estudios. Cada Estado desarrolló un sistema universitario, sin espacio para la autonomía ni en principio para la libertad de cátedra.

Más aún, cada proyecto de futuro Estado nacional, cada nuevo nacionalismo, empezó por controlar la Universidad, o al menos por condicionarla. Los universitarios italianos y alemanes constituían ya una realidad intelectual unificada mucho antes de 1860 y de 1870. Del mismo modo, la represión contra los nacionalistas apuntó a las universidades, como fue el caso de Austria contra los polacos en Cracovia y contra los checos en Praga. El mismo modelo se ha repetido en nuestro siglo en las luchas contra el colonialismo, y las Universidades indias que sufrieron la represión británica se convirtieron en forjadoras de una nueva clase dirigente.

A la luz de lo dicho, resulta lógico que una preocupación casi secular de los distintos nacionalismos vascos haya sido precisamente la construcción de un modelo universitario propio. La Universidad vasca, entrevista ya en el XIX, planeada en la II República y exigida durante el franquismo, habría de ser para los nacionalistas la garantía de un futuro Estado, o cuando menos de una futura autodeterminación. Con este planteamiento, que fue el de Federico Krutwig, se invertirían los términos: la Universidad no nacería en opinión de los nacionalistas al servicio de la sociedad, de sus necesidades culturales, profesionales o científicas, sino que esas misiones de la Universidad quedarían subordinadas a la construcción de un Estado independiente. Incluso si para hacerlo hubiese que sacrificar la formación cultural, profesional y científica de los jóvenes.

¿Es verdadera Universidad la Universidad de masas?
La realidad humana de las aulas vive unas tendencias difíciles de describir, que corresponde a los sociólogos estudiar. Lo cierto es que la situación actual de Navarra es en este terreno ambigua por varias razones. Por un lado, Navarra posee una Universidad Pública, es decir, una Universidad creada en y para la Comunidad Foral, parte en definitiva el Estado nacional español. Sin embargo, a la tendencia desnacionalizadora propia de la mundialización del saber se une en nuestro caso la pluralidad ideológica de nuestra sociedad, en la que no hay acuerdo general (aunque sí muy mayoritario) en torno al proyecto nacional que debe seguir Navarra. Por otro lado, existe en Navarra una Universidad privada que por su ideario no se define en torno a esta cuestión, o prefiere dejar jugar a los suyos con dos barajas, si no son más. Por último, la U.N.E.D. es la única Universidad que dependerá estatutariamente siempre de modo directo del Ministerio de Educación español.

Semejante variedad no es sí misma negativa, y podría ser compatible con una formación excelente de nuestros estudiantes. El pluralismo cultural y político es parte de la identidad de Navarra, que es plurilingüe desde hace bastante más de dos milenios y que siempre ha mantenido una fuerte personalidad por encima de tendencias divergentes. No parece democráticamente aceptable hacer una lectura sesgada de esta diversidad de inherente a la juventud navarra y vasca: hay que permitir que en los campus tengan voz también los que ahora suelen callar, la mayoría silenciosa de profesores y estudiantes que no considera legítimo subordinar las misiones seculares de la Universidad a un proyecto político.

El único problema real viene dado por la dimensión universitaria de la contradicción entre nacionalismos y la proyectada construcción nacional de Euskalherria. En el actual ordenamiento constitucional es legítimo sostener posturas nacionalistas antiespañolas e incluso separatistas. Puede ser legítimo también preparar las necesarias bases académicas para un futuro Estado nacional vasco, que incluya o no Navarra. Pero no podemos engañarnos: la historia enseña que ese camino es caro y pasa por la transmisión a los estudiantes de una versión sesgada de las humanidades, y hasta de las ciencias experimentales. Implicar a la Universidad en otro proyecto nacional podría conllevar tensiones como las que condujeron a la escisión de la gloriosa Lovaina medieval en dos Universidades incomunicadas, y tal vez situaciones más dolorosas. Más grave aún en una Universidad como ésta de hoy, diluida por masificación en sus calidades académicas y convertida más en escenario sórdido sucio y manipulador que en Estado Mayor de la sociedad. Quien desea el nacimiento de un nuevo Estado sabe que antes de fundarlo ha de disponer de un peso universitario propio, y quien no lo desee debe ser consciente de esa necesidad.

Un nuevo Estado precisa siempre cuadros rectores militantes del respectivo nacionalismo, y líderes doctrinales que justifiquen la existencia de la Nación. Técnicamente esos dirigentes pueden formarse, en lo que nos afecta, en nuestras Universidades. La sociedad navarra debe decidir con pleno conocimiento de los hechos históricos y de sus implicaciones si está dispuesta a pagar el precio correspondiente: coste humano, coste académico, coste económico. Tal vez la Universidad Pública, Universidad de los navarros, tenga ya bastante con confirmar su prestigio y su utilidad social, sirviendo de punto de referencia cultural, económico y profesional para una comunidad fecunda y variada; o tal vez no: pero es preciso tomar una decisión, y no dejarla, por vía de hecho, en manos de personas ajenas a la comunidad universitaria.

Españoles acojonados
Gonzalo Bans www.gaceta.es 22 Abril 2014

Hay un hecho esperanzador a la hora de empezar a plantar cara al único discurso imperante en Cataluña, y es que la gente empiece, aunque sea por puro amedrentamiento, a darse cuenta de la situación.

Ahora sí que muchos españoles están acojonados. Ven que “lo de los catalanes” va en serio y que puede que al final se acaben yendo. Servidor, nacido en las orillas del río Llobregat, no lo tiene tan claro. Cada vez son más numerosos los corrillos y conversaciones de ciudadanos catalanes y del resto de España que argumentan que “es muy fuerte lo que está pasando”, que Artur Mas y compañía son unos “radicales” y que el Gobierno de Rajoy está “adormilado”. Y de ahí, el acongoje general. Fíjense: el 46% de los españoles está de acuerdo en suspender la autonomía catalana si Mas y sus adláteres siguen adelante y convocan la consulta separatista. A buenas horas…

Vayamos por partes. El Gobierno de Rajoy no es que esté adormilado en esta cuestión, es que directamente no está. Se ha instalado en la máxima del laissez faire, laissez passer y está viéndolas venir. Una decisión que sería respetable de no ser porque los independentistas están en las antípodas del sofá de Rajoy. Trabajan de sol a sol en conseguir su objetivo: dejar de ser españoles. Y ante unos que trabajan y otro que no lo hace, el devenir parece claro.

Hace diez años el independentismo en Barcelona lo enarbolaban cuatro gatos; muy radicales por cierto. Hoy, en cambio, la tendencia es la opuesta: si no eres separatista no amas a Cataluña. La estampa que todo visitante ve al llegar a la Ciudad Condal consiste en miles de “esteladas” colgadas de los balcones de la capital catalana. Flaco favor al turismo. Que nadie tenga dudas: si no eres de los que gritas visca Catalunya lliure no molas. Lo radical ya no es querer dejar de ser español, sino querer seguir siéndolo. Y eso es un hecho. Se nota en los bares, terrazas, coloquios y, como no, en toda la prensa editada en Barcelona.

Lo que ocurre en Cataluña no es “muy fuerte”, es dramático. Y ya es tarde para Tamentos. Basta ya de llorar, de explicar los motivos del desafecto catalán, de analizar los treinta años de ideología separatista. El nacionalismo ha sido, es y será lo que es: una apisonadora insaciable con un único fin. Todos lo sabemos. Es más, somos sabedores de que ese fin está más cerca que nunca. Entoces, ¿ahora qué? Pues a actuar. Aunque tarde, la conciencia colectiva se va despertando. Ya son casi 5 de cada 10 españoles los que dirían tranquilamente a Mas: “que celebras la consulta unilateralmente, pues te quedas sin autonomía”. Y eso es un avance. Hay un hecho esperanzador a la hora de empezar a plantar cara al único discurso imperante en Cataluña, y es que la gente empiece, aunque sea por puro amedrentamiento, a darse cuenta de la situación. Y busque soluciones.

Lo más curioso del sondeo es lo naif de nuestra juventud. ¡Cuánto daño ha hecho el talante de Zapatero! ¡Qué perjudicial ha sido la permisividad de PSOE y PP con los constantes incumplimientos de las leyes por parte de los nacionalistas! Nuestros veinteañeros son los más reacios a aplicar soluciones drásticas contra los planes de Artur Mas. Cualquier suspensión de la autonomía, recurso al Constitucional o algo similar les parece poco moderno y nada democrático. Quizás deberían releer (o leer) la historia de Sócrates cuando bebió la cicuta porque había que cumplir la ley. Aunque ésta le pareciera injusta. La ley es la ley y hay que cumplirla. Otra cosa es querer cambiarla, y ahí los jóvenes, si quieren, tendrán mucho que decir.

Emerge la Cataluña silenciada
JAVIER OLIVARES. JAVIER BARRAYCOA EM  22 Abril 2014

EL VOLUNTARISMO acaba, tarde o temprano, chocando con la realidad. Y el nacionalismo es puro voluntarismo que navega hacia la nada. Ello no sería peligroso si no arrastrara tras de sí a una sociedad entera. Un ejemplo: tras el no del Parlamento español para transferir a la autonomía catalana la competencia sobre referendos, el Govern se ha empeñado en hacernos creer que Europa dejaría entrar a una Cataluña independiente, saltándose todo protocolo y normativa. Ya el 1 de marzo de 2004, Romano Prodi, afirmaba que «cuando una parte del territorio de un Estado miembro deja de formar parte de ese Estado, (...) los tratados dejarán de aplicarse a este Estado. (...) Los tratados ya no serán de aplicación en su territorio».

Para los oídos sordos, el 12 de noviembre de 2012, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, respondió oficialmente y por escrito a los eurodiputados españoles Izaskun Bilbao (PNV), Ramon Tremosa (CiU), Salvador Sedó (CiU) y Raül Romeva (ICV), sobre una posible secesión: «Ciertas hipótesis, como la separación de una parte de un Estado miembro o la creación de un nuevo Estado, no tendrían carácter neutro (...). La Comisión recuerda que este proceso debe ajustarse plenamente a las normas y procedimientos previstos en los tratados de la UE». Esta es la Cataluña del voluntarismo y de la ensoñación, la que niega toda evidencia ante las catastróficas consecuencias de una hipotética independencia.

Mientras que la casta nacionalista creaba ante el resto de España un imaginario de un pueblo sin encaje en la patria común, otra Cataluña ha permanecido demasiados años silenciada. Acallada por el caudaloso derroche de subvenciones a las casas regionales, a las asociaciones culturales, a las editoriales, a la prensa... adormecida por una hipertrófica televisión autonómica y un sistema educativo cuyo drama ya no es la inmersión lingüística, sino la doctrinal. Actualmente, en la escuela pública, un 70% de profesores reconoce votar a ERC; una Cataluña entumecida por un asfixiante ambiente creado artificialmente que acompleja y silencia las bocas y las conciencias.

Pero la cuerda ya se ha estirado demasiado. Las mentiras han dejado de ser dogmas indiscutibles: éxito del sistema educativo, la mejor gestión sanitaria, la región más rica de España... El oasis está emponzoñado y su hedor es insoportable. Una sociedad cansada de su casta política empieza a alzar su voz. Por primera vez en la historia reciente de la democracia asoma una verdadera Societat Civil Catalana. Es una asociación transversal, compuesta por catalanes de derechas e izquierdas, apolíticos y asociacionistas, catalano y castellanohablantes, de toda condición social y profesión. Sociológicamente el fenómeno es sorprendente pero era inevitable.

Las razones de este despertar son muchas, desde las económicas a las morales, pasando por las históricas y afectivas. Intentemos sintetizarlas. Respecto a las cuestiones económicas, la Cataluña independiente, por mucho que se empeñen en engañarnos, saldría del euro. El Estado español le adjudicaría un 25% de los 987.000 millones de deuda pública. La cantidad, insoportable, no sería reconocida por el Govern independiente. Buena parte de esa deuda se debe a naciones tan poderosas como Alemania, que no estarían dispuestas a aceptar esta negativa. Cataluña debería reinventar la peseta, sin ningún respaldo de riqueza real. Las fronteras arancelarias con España harían caer de golpe el 20% del PIB catalán, como prueban múltiples y serios estudios. Todo ello teniendo en cuenta una separación pacífica, pero no queremos ni pensar en el escenario más real: ruptura y resentimiento que llevaría a congelar las compras a Cataluña.

Por otro lado, millones de catalanes se seguirían sintiendo españoles y no renegarían de su nacionalidad española (DNI y pasaporte). Algunos iluminados del separatismo ya hablan de aceptar una doble nacionalidad. Al menos son conscientes de que sería muy difícil gobernar una nación en la que más de la mitad de la población se sintiese violentada en su identidad cultural y política. La UE nunca permitiría que la nueva Cataluña arrebatara la ciudadanía española a ciudadanos europeos. Igualmente ocurriría con la lengua materna, pero esta vez, en lugar de una sumisa obediencia a la inmersión lingüística, el castellano se convertiría en una lengua de resistencia y desobediencia civil.

La Sociedad Civil Catalana emerge porque no quiere vivir este escenario que hemos descrito, al que se llegaría con argumentaciones histórico políticas sin fundamento real. El nacionalismo, víctima del romanticismo historicista, nunca ha digerido la historia de Cataluña. El resentimiento y el odio pretenden suplir argumentos y diálogo. Es verdad que la historia nos ha demostrado la fiereza de los catalanes en la defensa de sus convicciones, pero también un enorme sentido práctico. La burguesía no dudó un solo momento en relegar el catalán por ganar dinero en América; o los carlistas no dudaron en arruinarse por defender sus ideales; a los botiguers y empresarios no les importó que andaluces y pobladores de otras partes de España arribaran en el siglo XX para ayudarles a enriquecerse.

Esa es la Cataluña que muchos conocimos: abierta, plural, desde la más integrista a la más progresista, catalanista y con amplios sectores sociológicamente franquistas, capaz de organizar en la clandestinidad a Comisiones Obreras y en público un impresionante Congreso Eucarístico. La Cataluña carlista y la republicana, la de las mejores letras en castellano y en la que resplandecieron los literatos que escribían en catalán; la Cataluña en cuya capital, Barcelona, convivían en los barrios humildes inmigrantes de Ripoll o de Trujillo. La Barcelona en la que por su puerto entraban las novedades, pero también se erigían la Sagrada Familia de Gaudí o el Templo del Tibidabo.

ESTA ES la Cataluña que el rodillo nacionalista quiere eliminar. El mal llamado «proceso de independencia» (mejor llamarle «regresión»), para colmo, está liderado por un visionario de baja estofa. El carisma está reñido con el diseño de imagen; y Artur Mas es sólo eso: una imagen. Un monigote que será quemado como tradicionalmente se hacía para la verbena de San Juan. En Uruguay a este monigote lo llaman El judas (por si alguno quiere extraer conclusiones). El actual presidente de la Generalitat es parte de un proceso que cree dirigir pero que está en manos de otros. Su destino es quemarse. Después vendría una alocada ERC que querría asumir la soberanía popular catalana. Pero ellos mismos caerían en una hoja de ruta diseñada por una enloquecida Asamblea Nacional de Cataluña, entre cuyos miembros destacados se hallan destacados ex miembros de Terra Lliure. La burguesía catalana abriría así las puertas a los viejos marxistas.

Por suerte, los catalanes tenemos buen olfato, y no sólo para los negocios; también para los totalitarismos. Aunque tarde, una parte de la sociedad civil catalana está dispuesta a discrepar del particular Leviatán que en su día montara Jordi Pujol. El nacionalismo se había preparado para lidiar al Estado español, pero no para mirarse cara a cara con aquellos catalanes que no comparten sus locuras secesionistas y sus imposiciones ideológicas. Queremos presentar ante España la Cataluña de siempre: solidaria, acogedora, plural, amante de sus tradiciones y unida afectivamente e históricamente al resto de pueblos hispanos. Una Cataluña que sabe que la independencia ni nos conviene ni la queremos; una Cataluña donde sus ciudadanos no quieren sentirse extranjeros en su propia tierra ni renegar de su identidad. Para eso ha nacido Societat Civil Catalana; no la mueve el odio a nada, sino el amor a la verdadera Cataluña.

Javier Barrycoa es profesor de la Universitat Abat Oliba. Sociólogo y autor de Cataluña hispana (Libros Libres) es socio de Societat Civil Catalana y cofundador de la Asociación Somatemps.

Sólo un sueño oscuro
Pau Guix www.cronicaglobal.com 22 Abril 2014

El gran poeta y dramaturgo Salvador Espriu, apartado por el pujolismo del oficialista mapa cultural catalán por no querer someterse a unas ideas en las que no creía (a pesar de que ahora algunos nos quieran hacer pensar lo contrario), tuvo un bello sueño cuando aún se vivía en dictadura, un sueño para toda Sepharad (España en su obra poética), un sueño que, por desgracia, hoy todavía sigue vivo, como el rescoldo bajo la ceniza:

"Hemos amado la tierra
y nuestro sueño de la nueva casa
levantada en el solar de la libertad."

En Cataluña el totalitarismo independentista constantemente se ha preocupado de silenciar, llevado por feroces vientos de odio colectivo

Dos hechos acaecidos en Cataluña en las últimas semanas nos han hecho estremecer con alaridos de espanto a todos aquellos que creemos en el Estado democrático y de derecho, en definitiva en el constitucionalismo. Estos hechos han provocado que el viejo sueño de Salvador Espriu -sueño por el que tantos lucharon en tiempos muy difíciles- quede dañado por la locura de unos pocos que dicen hablar en nombre de muchos, una actitud política común -históricamente hablando- a todos los movimientos totalitarios que nacieron el pasado siglo XX.

Sin embargo, la denuncia de los totalitarismos de cualquier tipo no es nueva; está bien extendida y es antigua. Un claro ejemplo lo encontramos en el premio Nobel de literatura Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn (1918-2008), que permaneció ocho años en régimen de trabajos forzados en los gulags por sus denuncias del sistema. En Un día en la vida de Ivan Denisovitx (1962) Solzhenitsyn denunciaba las privaciones que sufrían los prisioneros de los gulags; pero hasta 1974 no escribió su obra capital, Archipiélago Gulag, recogiendo testimonios anónimos y reales de 227 supervivientes de los ominosos campos de trabajo soviéticos que mezcló con hechos autobiográficos. Las heladas llanuras del Archipiélago Gulag descubrieron al mundo que todos aquellos temores hipotéticos que provocan los totalitarismos de cualquier tipo eran mucho peores de lo que cualquiera se hubiera podido imaginar. Lo que era tan sólo una vaga hipótesis, de repente se convirtió en una aterradora crónica. Jean-Paul Sartre ya había advertido al mundo con anterioridad que el estalinismo era incompatible con el oficio honrado de escritor y que, sin darse cuenta, las mentes más privilegiadas del mundo cultural habían estado de parte del infierno. La firmeza moral y la integridad fueron, para Sartre, un eje irrenunciable de sus escritos.

En su pieza teatral Las moscas (1943), Sartre nos presenta una Electra que es todo un paradigma de integridad moral, que rechaza negociar sus principios, que elige vivir una existencia auténtica que se proyecta en la búsqueda de un humanismo ateo que ella misma representa: Electra se niega a pactar con la corrupción y trata de conquistar su deseo de justicia, libertad y felicidad, aunque esto la enfrente con el absurdo. La voz de Electra, la voz de Sartre, la voz de Solzhenitsyn y muchas otras, son paradigmas de ese deseo de libertad y justicia que debería existir y compartirse socialmente pero que, desgraciadamente, en Cataluña el totalitarismo independentista constantemente se ha preocupado de silenciar, llevado por feroces vientos de odio colectivo. Nuestra cultura tiene la obligación ética irrenunciable de seguir el espíritu socrático, de ser la mosca que consigue provocar al caballo, mosca con la que Sócrates se identificaba porque estimulaba a los hombres a razonar; lo que no es aceptable ética ni socialmente es que nuestra cultura trate de convertir a los artistas en funcionarios de boca cerrada y cartera llena, arquetipos de perros falderos que Pier Paolo Pasolini llamó muy acertadamente "bufones de su señor".

Que no se crea la "ministra" Forcadell que podrá tener suficientes habitaciones 101 como para recluir todo el pensamiento libre y crítico que tratan, un día tras otro, de silenciar con su propaganda repleta de odio y enfrentamiento

El primero de los hechos que he citado se refiere a la hoja de ruta de la Assemblea Nacional Catalana, que anunciaba un golpe de Estado programado a un año vista, lo cual es completamente insólito en la Historia. No sólo lo anunciaba, sino que a continuación 20.000 personas -según los organizadores- lo aprobaban reunidos en el Tarraco Arena envueltos en una estética que nos traía un triste hedor al Campo Zeppelin de Nuremberg. Sin embargo, esto, en nuestro país, no es nada nuevo. La señora Forcadell, orwelliana Ministra de la Verdad del excluyente régimen nacionalista catalán, no parece tener de por sí la suficiente capacidad intelectual como para redactar una hoja de ruta hacia el odio y desde el resentimiento sin recurrir a copiar algún texto preexistente, como por ejemplo, la hoja de ruta golpista de Largo Caballero de 1934, de título Instrucciones socialistas para iniciar la Sublevación armada contra la República que se organizaba en 73 puntos -incluía tomar el control de radios, ciudades, carreteras, etc.- y ya saben todos ustedes a lo que nos condujo ese apocalíptico desenfreno. El punto 35 decía textualmente: "Además de instruirse convenientemente para el momento de la acción, se encargarán de facilitar a la Junta local los nombres y domicilios de las personas que más se han significado como enemigos de nuestra causa, o que puedan ser más temibles como elemento contrarrevolucionario. Estas personas deben ser tomadas en rehenes al producirse el movimiento, o suprimidas si se resisten". Ya se pueden imaginar el resto. Toda una "lección" de democracia, ¡ahí es nada! Pero que no se crea la "ministra" Forcadell que podrá tener suficientes habitaciones 101 como para recluir todo el pensamiento libre y crítico que tratan, un día tras otro, de silenciar con su propaganda repleta de odio y enfrentamiento a través del secuestro democrático de los medios de comunicación para ponerlos al servicio ideológico de unos pocos. Y es que pensando en la señora Forcadell, la mente me hace recordar aquellos profundos versos de Espriu, que le aconsejaría leer y con los cuales quizás se sentiría identificada:"Mira que pasas sin sabiduría por el viejo camino concurrido, tan sólo una vez".

El segundo de los hechos es que recientemente llegó al conocimiento público la creación de Nova Terra Lliure y su rápida y posterior autodisolución (pero ya se sabe que estas cosas nunca se acaban de saber con certeza), entidad filoterrorista y filofascista que hacía un llamamiento a "salir a cazar españolitos", un tipo de organización que no necesitamos y que abiertamente debemos rechazar. La Historia ya nos ha dado suficientes ejemplos de que el terror y la violencia nunca traen más que miedo, muerte, odio y enfrentamientos. No sólo podemos citar como ejemplos execrables de ello la Revolución Rusa, la Revolución Francesa o la Guerra Civil Española, también podemos remontarnos mucho más atrás y recordar las matanzas del mundo antiguo por motivos religiosos e identitarios. En la Biblia encontramos, entre otros, un pasaje referido a la guerra entre efraimitas y galaaditas: "Reunió Jefté a todas las gentes de Galaad, librando batalla contra Efraím, en la que los de Galaad derrotaron a Efraím, que decían de ellos: 'Vosotros los de Galaad no sois más que tránsfugas de Efraím, en medio Efraím, en medio de Manasés'. Y los galaaditas se apoderaron de los vados del Jordán, enfrente de Efraím; y cuando llegaba alguno de los fugitivos de Efraím, diciendo: ‘Dejadme pasar’ le preguntaban: ‘¿Eres efraimita?’ Respondía: ‘No’. Entonces le decían: ‘A ver, di Shibbolet’. Y él decía, ‘sibbolet’; pues no podía pronunciar así. Entonces los de Galaad le apresaban y le degollaban junto a los vados del Jordán. Cayeron en aquella circunstancia cuarenta y dos mil hombres de Efraím (Jueces 12:4-6)".

Los horrores de estos procesos selectivos en manos de unos pocos, en Europa ciertamente no es que nos queden demasiado lejos, sólo hay que girar la cabeza y mirar hacia atrás y muy cerca de nosotros. El pastor protestante Martin Niemoeller (1892-1984) pasó de apoyar desde sus inicios la política anticomunista , antisemita y nacionalista de Adolf Hitler a reaccionar en su contra en 1933 cuando Hitler, con el desarrollo del Gleichschaltung (la política totalitaria de homogeneización), impuso sobre las iglesias protestantes el Arierparagraph (el párrafo ario) que excluía de la iglesia a aquellos creyentes con antepasados judíos. Niemoeller escribió el siguiente poema, que erróneamente se atribuye a Bertolt Brecht:

"Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
callé, porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
callé, porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté, porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté, porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme a mí,
ya no había nadie más que pudiera protestar".

Aún estamos a tiempo, todos juntos, por lo que hay que recordarle a la malintencionada y totalitaria alucinación colectiva en que se ha convertido el reaccionario independentismo catalán que abandonen su ominosa hoja de ruta

El problema más grave de todos estos actos faltos de sensatez, en palabras de Václav Havel, es que: "Sólo hay una manera de luchar por la decencia, la razón, la responsabilidad, la sinceridad, la civilidad y la tolerancia, y ésta es decentemente, razonablemente, responsablemente, sinceramente y cívicamente y con tolerancia". Aún estamos a tiempo, todos juntos, nunca es tarde para hacerlo así, por lo que hay que recordarle a la malintencionada y totalitaria alucinación colectiva en que se ha convertido el reaccionario independentismo catalán, personificado bicéfalamente en la señora Forcadell y en el señor Mas, el Muy Honorable Presidente de la Generalidad (aunque sólo Presidente de una parte de los catalanes por elección propia), que abandonen su ominosa hoja de ruta y trabajen por el entendimiento y para la sociedad, desde el respeto, desde la integración, desde la comprensión, desde el buen juicio y desde el servicio público y los intereses generales de toda la sociedad y no de los suyos particulares, por el bien de todos los catalanes sean cuales sean su pensamiento e ideología. Vale la pena hacer aquí la observación de que la señora Forcadell -al igual que el señor Mas- no es más que un mísero títere del oculto señor Junqueras, que negramente agazapado en los márgenes del incierto camino soberanista, acecha esperando inteligentemente su momento.

Previamente a la invasión rusa de Checoslovaquia en 1968, Havel escribió una carta de rechazo a Alexander Dubcek, el secretario del Partido Comunista, que justificaba la inminente invasión, advirtiéndole: "Aunque un acto puramente moral no aparente tener siquiera un efecto político inmediato y visible, gradual e indirectamente, con el paso del tiempo, tendrá significancia política". Y si los señores Junqueras, Mas y Forcadell no rectifican, no se dan cuenta de las consecuencias ruinosas de sus actos y de sus métodos, que sólo han hecho brotar semillas de odio colectivo (la fugaz reaparición de la "franquicia" Terra Lliure es un claro ejemplo) tanto ellos como su sesgada alucinación se convertirán pronto, recurriendo de nuevo a los versos de Espriu, en sólo un sueño oscuro.

"Y me pierdo y me quedo, sin mensaje, solo,
más allá del canto, en medio de los olvidados
caídos con miedo, sólo un sueño oscuro
de quien salió de los palacios de la luz".

Los totalitarismos se tocan
Raúl González Zorrilla. Director. La Tribuna del País Vasco.  22 Abril 2014

Deambulo, emocionalmente abrumado, a través de las diferentes salas del Museo Judío de Berlín, y me encuentro con esta pintada antisemita que el totalitarismo nazi dejó grabada en la sinagoga de la capital alemana en 1930. Inmediatamente, recuerdo otros miles de infames muros que, a lo largo de los últimos cincuenta años, el totalitarismo proetarra ha ido escupiendo a lo largo y ancho del País Vasco. A modo de ejemplo, reproduzco este espantajo ético que el nacionalterrorismo autóctono marcó apenas hace unos meses en el domicilio de una víctima del terrorismo en la localidad navarra de Echarri-Aranaz. No se necesitan más palabras.

Periódicos comprados
El Gobierno nacionalista vasco pagó 20.000 euros del erario público a medios afines al PNV para que desprestigiaran la "Ley Wert"
Redacción.  latribunadelpaisvasco.com 22 Abril 2014

El Gobierno vasco pagó a finales de 2013 a cuatro medios afines al PNV ("Deia", "Diario de Noticias de Álava", "Diario de Noticias de Gipuzcoa" y "Onda Vasca") un total de 20.415 euros para que éstos incluyeran entre sus contenidos noticiosos informaciones en contra de la denominada "Ley Wert".
Según informa el diario "El Mundo", esta compra de espacios con fondos públicos en periódicos idelógicamente próximos se hizo poco después de que la "Ley Wert" fuera aprobada definitivamente y semanas antes de que el Ejecutivo de Íñigo Urkullu formalizara el recurso que, en febrero pasado, presentó contra ésta norma ante el Tribunal Constitucional. Estas informaciones se insertaron no como publicidad explícita del Gobierno vasco, sino como contenidos informativos de los medios citados.

El pago para su publicación de estas presuntas informaciones se hizo a través de cuatro contratos, firmados todos ellos con empresas periodísticas pertenecientes al Grupo Noticias.

Tal y como reconoce en una respuesta parlamentaria el propio Gobierno del PNV, como contraprestación al citado contrato los diarios "Deia", "Diario de Noticias de Álava" y "Diario de Noticias de Gipuzkoa" publicaron el 15 de diciembre de 2013 una información extensa -tres páginas- en las que, bajo el formato de mesa redonda, distintas personalidades del ámbito educativo debatían, siempre en tono crítico, sobre la ley.

Junto a los medios escritos, la emisora Onda Vasca, perteneciente al mismo grupo, también destinó como contenido informativo -previa firma de un contrato- un espacio para abordar de modo crítico la reforma educativa. Lo hizo en su programa estrella, Euskadi Hoy, en el que dedicó 35 minutos a entrevistar a cinco representantes del ámbito educativo vasco, navarro y catalán contrarios a la reforma educativa.

La inserción de estos contenidos informativos críticos con la Ley Wert la misma semana que se publicaba su aprobación en el BOE respondió a una estrategia del Departamento de Educación, que dirige Cristina Uriarte. En una respuesta parlamentaria, ésta los concibe como «inserciones publicitarias», si bien en la documentación que ella adjunta, y que reproduce las informaciones publicadas, no queda constancia de ello.


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