AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 23 Abril  2014

Elecciones europeas
Carta a un abstencionista de derechas
Emilio Campmany Libertad Digital 23 Abril 2014

Estimado compatriota y correligionario:

Doy por supuesto que tu decisión de abstenerte no es fruto de la pereza, el cansancio o un viaje que tengas programado. Parto de la base de que tu deseo de abstenerte es consecuencia de una seria reflexión y que quieres castigar a este PP que nos ha traicionado a ti y a mí. Pues bien, créeme, la abstención no implica ningún castigo para nadie. Al contrario. Para el PP, desde luego, no. Ya cuentan ellos con que gobernar en tiempos de crisis ha de desgastarles, y que ese desgaste han de sufrirlo en alguna medida en las urnas. Pero lo que temen no es que te abstengas, porque no les preocupa tanto perder un voto como que lo ganen otros. Te pongo un ejemplo. En las últimas elecciones generales, con una abstención del 28,3 %, el PP atrajo a más de 10.850.000 electores (44,63 %). Supongamos que la abstención triunfa y duplica la de 2011 (56 %). Aunque el PP perdiera 4 millones de partidarios, entre los que estarías tú, con 6.850.000 obtendría el 45% de los votos emitidos y vendería el resultado, con razón, como una repetición del éxito de 2011.

No te extrañe que en la reunión del comité ejecutivo nacional de este martes Rajoy haya llamado a movilizar a sus votantes fieles, esto es, no a ti, que te quieres abstener por estar hasta el gorro de ellos, sino a quienes no tienen intención de ir a votar por lo que sea pero que, de hacerlo, lo seguirían haciendo por el PP. Si esos van y tú te quedas en casa, tu abstención habrá sido inútil, cuando no contraproducente.

Si de verdad quieres castigar a este PP descreído y fullero, tienes que ir a votar. Sí, pero ¿a quién?, me dirás. Ya sé que UPyD no te apetece, especialmente desde que Rosa Díaz despotricó de cómo celebró Rouco el funeral de Suárez. Comprendo que Javier Nart, socialista, aunque no sea del PSOE, no es para entusiasmar a nadie. Y Alejo Vidal-Quadras puede dar la impresión de que lo único que quiere es seguir siendo europarlamentario. No lo sé. Elige a quien más te guste de los tres o, si lo prefieres, a quien menos te disguste. Pero si de lo que se trata es de castigar al PP, a alguno de esos hay que votar. Incluso en el caso de que elijas una opción que finalmente no obtenga representación, algo se habrá logrado, pues tu voto contará como emitido y, aunque no logre quitar escaños a los de Génova, si les restará porcentaje, que es de lo que se trata. Que se queden en menos del 30% o por ahí y verás el pasmo que les da. Y para lograr ese objetivo la abstención no vale.

Esperando haberte convencido y encontrarme contigo en los colegios electorales el día 25 de mayo.

Se despide tuyo afmo.,
Emilio Campmany.

Elecciones europeas
La tentación populista
José García Domínguez Libertad Digital 23 Abril 2014

Los populistas y los ladrones de carteras gastan costumbres parecidas. Los dos gritan "¡Al ladrón!" cuando echan a correr para así sembrar el desconcierto entre el público mientras se dan a la fuga. Repárese, si no, en esa reiterada promesa de PP y PSOE ante la inminente campaña de las europeas. Unos y otros nos anuncian su muy sincero afán de combatir el discurso populista que hace estragos en el continente desde el inicio de la crisis del euro. Y sin embargo, nada más populista que los relatos canónicos de PP y PSOE. Porque populismo no es únicamente ese recurso a la demagogia fácil con que el grueso de la prensa ha abordado un colapso cuyas claves intelectuales se le escapan.

Populismo también es querer representar la fractura entre el Norte y el Sur de la Unión Europea como una disputa clásica entre izquierdas y derechas. Porque nada más lejos de la verdad. Lo que está chocando en Europa son las agujas de las brújulas, no las ideologías. Hoy, un comunista portugués, un conservador español, un socialdemócrata francés y un liberal griego comparten los mismos intereses objetivos en el terreno económico. De igual modo que la extrema derecha finlandesa encuentra muchísimas más afinidades con el programa del SPD alemán que con, pongamos por caso, el del Frente Nacional de Le Pen. El euro, esa camisa de fuerza que en mala hora se nos ocurrió abrocharnos, es lo que ha obrado el milagro de reconciliar a diestra y siniestra por mor de un interés superior, el de la comunidad nacional.

Cuando la Guerra Fría, Revel decía de los comunistas franceses que no estaban en la izquierda, sino en el Este. Y con nuestros grandes partidos ocurre algo parecido. Ahora mismo, tampoco moran en la izquierda o en la derecha: están –estamos todos– en el Sur. Por eso Sarkozy, Hollande, Zapatero y Rajoy venían condenados a hacer lo mismo. Todos vagaban –vagamos– por idéntico callejón sin salida. Al modo de los personajes de las grandes tragedias clásicas, el nacimiento del euro era tan inevitable como imposible de controlar su devenir posterior. La libertad de circulación de capitales dentro de la UE forzó su existencia. Y la inalcanzable productividad de Alemania fuerza su crisis crónica. Es nuestro Frankenstein, que se nos ha ido de las manos. Ni izquierdas ni derechas, pese a los populistas de todos los partidos, en Bruselas se jugarán intereses de España. De España y solo de España.

Voto útil o inútil
Estamos ante la mejor ocasión de romper con el bipartidismo; una fórmula que ya no sirve por haberse mostrado engañosa y detractora de los intereses nacionales
Jesús Salamanca www.diariosigloxxi.com 23 Abril 2014

Se acercan las elecciones europeas y ya han salido a la palestra quienes empiezan a dar la matraca sobre el “voto útil”. Esta expresión se ha extendido tanto y de forma tan torticera que ya nadie sabe lo que significa. Es bien sabido que cada partido piensa que el voto útil es el que se deposita en la urna con sus siglas y, sin embargo, a la vista de la corrupción y de la degradación política española, la ciudadanía suele pensar que el voto útil no existe, porque en una partidocracia donde cada formación ‘trabaja’ para sí misma y no para la ciudadanía.

Si algún proceso electoral tiene baja estima – que hoy suelen tenerlo todos en España—son las elecciones europeas las que menos interés tienen para el ciudadano, porque Europa está muy lejos y no llega al ciudadano, excepto para meterle mano en el bolsillo, argumentar que deben bajarse los sueldos y apoyar a la banca en detrimento del ahorrador. Sirva como ejemplo que lo que va de legislatura pasará a la historia de la Unión Europea como los años de crisis en los que se benefició a la banca y se autorizó a sacrificar los ahorros de la ciudadanía en beneficio de la banca ‘manirrota’, torticera, desorganizada y, en muchos casos, egoísta, impostora y fraudulenta.

De cara a las elecciones europeas, a celebrar el próximo 25 de mayo, los votantes van a tener en cuenta muchos temas que han hecho daño al desarrollo de las colectividades e incluso personalmente. Estamos ante la mejor ocasión de romper con el bipartidismo; una fórmula que ya no sirve por haberse mostrado engañosa y detractora de los intereses nacionales; de la misma forma que no sirven los nacionalismos en versión independentista, por su evidente incapacidad. El voto útil, en esta ocasión, es el que no se deposita.

Lo ideal sería votar a quienes tienen un claro peso para resolver problemas de la agricultura, ganadería, minería, desempleo,… Lo de menos es el color. Lo que tenemos no nos sirve y lo que hemos visto es caduco y, en ocasiones, miserable. Lo peor que ha hecho la UE en el tiempo reciente ha sido consentir que la banca española echara mano de los ahorros (quitas) de los ciudadanos, tanto en preferentes como en subordinadas, para evitar inyecciones económicas de otro tipo. A eso se llama desprecio, indignidad, irresponsabilidad, exceso de ocio, egoísmo y mala fe.

De momento, para muchos ciudadanos esa fecha de las elecciones europeas es una fecha tachada en el calendario. No la tendremos en cuenta. Y nos gustaría que esa idea se extendiera. Votar a quienes al día siguiente hacen daño a quienes han pedido el voto es pura excentricidad y maldad. Por eso… ¡que les den! En la mayoría de los casos la presencia española es casi testimonial; no hay más que preguntárselo al señor Almunia. ¡Dios nos coja confesados o en buena postura ante la que se avecina!

Realidad o realidades, unidad e independencia
El debate sobre Cataluña no puede caer en las urgencias de poder de políticos de poco vuelo
Ignacio Arroyo Martínez. El Pais  23 Abril 2014

Son tantos los artículos publicados en los medios que apenas queda espacio para alguna reflexión novedosa. Faltan, sin embargo, coloquios de calado entre pares. Me refiero al formato de mesa redonda en donde, no solo periodistas, sino filósofos, ensayistas y profesores discutan dialécticamente todos los aspectos del problema (TVE, La clave de José Luis Balbín). Carencia que contrasta con los abundantes titulares periodísticos. Prolifera la guerra de frases, pero la cuestión es muy seria como para reducirla a un rifirrafe entre partidos políticos.

Con ánimo de enriquecer el debate, quiero apuntar tres observaciones vertidas desde el respeto de las dos posiciones extremas: unidad e independencia.

Sin querer simplificar doy por bueno que derecho a decidir, autodeterminación y secesión o independencia son términos que descansan en la legítima aspiración o derecho de un pueblo, convertido en nación; es decir, una población, un territorio, un idioma y unas instituciones propias o singulares que permiten afirmar una identidad o idiosincrasia, diferente a los demás, preferentemente vecinos. Luego vendrá el proceso: el sentimiento colectivo debe expresarse democráticamente y ser avalado por una mayoría absoluta, cualificada con porcentajes de participación y votación, pues no basta una simple mayoría (más votos a favor que en contra).

Los partidarios de la unidad deben admitir la premisa anterior, aunque solo sea a efectos dialécticos.

a) Pero afirmar una realidad no significa, ni se puede, negar otra realidad. Porque la realidad de los independentistas no empieza ni termina, digamos, en Cataluña. Porque hay otra realidad tan igual, por no decir superior, pues basta comparar los mismos parámetros de población, territorio, idioma, instituciones, historia, sentimiento, e incluso reconocimiento internacional. No nos engañemos: la realidad catalana está inserta en la realidad española. Lo contrario sería tanto como afirmar que España se encuentra en el continente africano, o negar que somos parte de Europa. Por tanto, el independentista no solo debe reconocer sino respetar esa otra realidad. Y esa realidad es, guste o no, lo que se llama España. ¡Y no puede negarse el amanecer porque el día estaba nublado!

b) La segunda observación descansa en la posible reforma. Hay que explicar que la reforma no desemboca, necesariamente, en la propuesta independentista o federal. Se dice, prematuramente, que para dar satisfacción a catalanes o socialistas hay que reformar la Constitución; naturalmente, en esa dirección.

El independista debe reconocer y respetar esa otra realidad que, más allá de gustos y sentimientos, se llama España

Sin embargo, no es legítimo jugar con las cartas marcadas. Porque si se abre un proceso reformista hay que aceptar que la salida puede ser cualquiera de las opciones sometidas a las urnas y, por simplificar, tres son por el momento las presentadas: autodeterminación, federalismo y recorte de las autonomías. ¿Por qué no? ¿Acaso no son todas opciones legítimas? En cualquier caso, reformar la estructura territorial del Estado exige una mayoría reforzada.

c) La tercera consideración abre un interrogante. ¿Es posible que una reforma pueda modificar la identidad del propio sujeto reformante? La voluntad soberana del pueblo, por muy soberana que sea, tiene sus límites. Por ejemplo, es inviable una reforma constitucional que suprima derechos fundamentales. Verbigracia, a los penados se les impondrán castigos corporales. Apoyado en ejemplo tan evidente cabe plantear si mantener la identidad de un pueblo (sic. nación) es un derecho fundamental, que no puede ser negado ni recortado. Naturalmente me refiero al pueblo español. ¿O acaso no existe el derecho del pueblo español a seguir siendo pueblo español y a preservar esa identidad dentro de un Estado soberano? Me refiero, al derecho a mantener su identidad, sin recortes ni amputaciones tan relevantes que lleven al extremo de anular su identidad.

Por último, íntimamente ligado a lo anterior, cuando hablamos del sujeto titular del derecho a decidir (o a separarse), antes de lanzarnos en un nuevo proceso constituyente (pues no es una simple reforma), hay que decidir, inter alia, una cuestión fundamental; a saber, quién es el sujeto. En concreto, ¿Galicia, sí? ¿Cataluña, también, pero el Valle de Arán no? ¿Por qué? ¿La Rioja tampoco? ¿Por qué? Navarra por supuesto, pues de recurrir al argumento histórico el Reino de Navarra se lleva la mejor parte. ¿Pero lo negamos a los bilbaínos, a pesar de tener una clara identidad, y hasta el deseo de ser solo bilbaínos? ¿Habrá que recordar que la polis era una ciudad-Estado? ¿Y qué decir de Lanzarote, tan insular como diferente? O mejor aun, ¿no es cierto que los vecinos del inconfundible barrio de Triana, gozan de los atributos de población, territorio, idioma, costumbres e instituciones singulares, y por ende de una idiosincrasia, genuina e inconfundible, y de una personalidad bien definida y diferente? En suma, ¿a quiénes negamos y a quiénes reconocemos ese derecho tan sutil?

El debate acaba de empezar, y no puede despejarse en una fecha fija. No caigamos en simplismos y menos en las urgencias de poder alimentadas por políticos de poco vuelo, que no llegan siquiera al aprobado, según reiteradas encuestas ciudadanas.

Pero lo más importante es que todo el proceso, el que sea menester, se haga pacíficamente, serenamente, sin descalificaciones personales del adversario.

Y si no hay acuerdo, que se acuerde de antemano someter la decisión al criterio independiente de un tercero.

Ignacio Arroyo Martínez es catedrático de Derecho Mercantil en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Andalucía
Susana Díaz y la corrupción
Pablo Molina Libertad Digital 23 Abril 2014

La presidenta andaluza llegó al poder de la manera que todos sabemos. Su designación por Pepe Griñán, huido al Senado en busca de aforamiento por lo que pueda pasar con los ERE, fue escasamente democrática según los cánones del progresismo cuando se pone a pontificar; pero es que, para desgracia de la izquierda española, de las seis mujeres que han alcanzado la presidencia de una comunidad autónoma, las únicas que lo han hecho tras ganar unas elecciones han sido, válgame Dios, del Partido Popular (Rudi, Aguirre y Cospedal) o de su socio navarro, UPN (Barcina). Las dos mujeres del partido feminista por antonomasia (María Antonia Martínez y Susana Díaz) se convirtieron en presidentas por el quinto turno, seleccionadas a toda prisa por sus predecesores varones, grandes machistas, en medio de graves escándalos de corrupción.

Precisamente Susana Díaz aterrizó en la presidencia de la Junta con el compromiso de luchar contra la corrupción política de manera "implacable", ejerciendo "la máxima transparencia" en este asunto. Lo sorprendente es que la autora de un mensaje tan tajante contra la principal lacra que asuela Andalucía no era una recién llegada al frente de un partido que acababa de ganar las elecciones, sino la sucesora formal de aquellos bajo cuyo mandato se habían producido los mayores latrocinios de la historia de España, y de cuyos gobiernos había formado parte hasta su ascenso meteórico a la cumbre del poder regional. Ahora bien, a Susana Díaz le cabe el honor de haber hecho creer a la mayoría de la opinión pública que la corrupción es un factor exógeno en el que su partido no tiene ninguna responsabilidad, a pesar de llevar 32 años gobernando Andalucía. Del saqueo de los fondos del presupuesto que gestionaba en exclusiva y de los más de ciento cincuenta socialistas y miembros del sindicato hermano imputados por la Justicia, cifra que no deja de crecer, el PSOE no tiene nada que decir. Normal que la prensa progre la jalee como una gran mujer de Estado y en su partido se haya convertido en un referente con grandes posibilidades de dar el salto a la política nacional.

Pero aún más sorprendente es la manera en que la oposición y la opinión publicada han aceptado las medidas de Susana Díaz, adoptadas al socaire de los escandalazos protagonizados por su Gobierno, como un ejemplo virtuoso de lucha contra la corrupción. La presidenta andaluza ha contratado a sesenta becarios para revisar los expedientes de concesión de subvenciones en materia de fomento del empleo de los últimos años y, seguramente con total sinceridad, ha asegurado que es un gesto inédito en cualquier otra administración. Naturalmente que sí; pero eso es porque todos los órganos administrativos tienen la obligación de requerir a los beneficiarios de subvenciones los documentos que justifican el destino de hasta el último euro que sale de las arcas públicas cada año, no al cabo de una década y sólo tras comprobarse que el presupuesto autonómico ha sido meticulosamente saqueado como ha ocurrido con el de la Junta de Andalucía.

Tal y como demuestra el último informe de la Cámara de Cuentas, los socialistas andaluces han repartido el dinero público a sus organizaciones amigas con total discrecionalidad, han evitado pedirles cuentas de en qué lo han utilizado y, de paso, han sentado las bases para que una legión de sinvergüenzas se haya enriquecido a costa del sufrimiento de los parados, cuya proporción en Andalucía bate todas las plusmarcas conocidas en el mundo desarrollado. Susana Díaz no va a cambiar nada, como estamos viendo en sus medidas ficticias contra la corrupción fomentada por el partido al que le debe el puesto. Lo que sí va a hacer, con seguridad, es ganar las próximas elecciones. El objetivo real de los socialistas, al que el PP de Moreno Bonilla parece más que dispuesto a contribuir en la medida de sus posibilidades, como estamos viendo.

Andalucía
El espejo de Susana
José Luis Roldán Libertad Digital 23 Abril 2014

Ha vuelto Susana del vacío. Del vacío institucional, que, aunque no lo hayamos notado (lo cual demuestra lo superflua que resulta esta casta), haberlo haylo, puesto que ella lo dice, y de eso entiende. De vacío. La estaba echando de menos. Ansiosamente. Pues no es lo mismo oír hablar del fraude milmillonario de los fondos de formación para el empleo al conzejero don Jozé Zánchez o a ese otro que, sin ser Darwin, parece escapado de la botella de Anís del Mono, tan áspero. Claro que eso pasa por haber aplicado la estrategia del calamar, es decir, emborronar la escena, diluir todo vestigio que pudiera recordar al personal que aquí, en la región con más desempleados de Europa, hubo no hace mucho una Consejería de Empleo tan parecida a la cueva de Alí Babá que la divina Alaya terminó imputando a sus tres últimos consejeros.

Así, con el negociado de la cosa taraceado como un mosaico, Ella, la Suprema, se ha visto obligada a dar la cara. No digo actuar, no se me malinterprete. Cacarear. Porque, aunque recite cansinamente eso de "Los ciudadanos nos piden hechos y no palabras", ella sólo cacarea, no pone huevos.

Esta vez, sin embargo, ha dicho algo que me ha llevado a la reflexión profunda:

Somos un espejo incómodo de que otra política es posible…

La frase, como el espejo, es en sí un arcano; mas enderezada y descifrada, da qué pensar. Yo, que, como Borges, siento el horror de los espejos,

prolongan este vano mundo incierto
en su vertiginosa telaraña…
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso nos alarman,

siento, también, ante este espejo andaluz la incomodidad, desde luego, y el desasosiego, el vértigo y la náusea.

El espejo andaluz que ante el terrible drama de 1.450.000 desempleados refleja el rostro granítico de un exconsejero de Hacienda (¡oh casualidad!) que se ha embolsado, a través de una vertiginosa telaraña de empresas, 50 millones de euros (más de 8.000 millones de pesetas) que debieron ir destinados a la formación de esos desafortunados.

El espejo andaluz que refleja los rostros de dos expresidentes, seis exconsejeros, otros tantos viceconsejeros y unas cuantas docenas más de altos cargos de la Junta en el banquillo de los acusados.

El espejo andaluz que refleja a millares los rostros de tantos parientes, amigos, correligionarios, sindicalistas afines, serviles lacayos y otras especies de parásitos apacentados en las muelles y seguras praderas de la administración pública, sin otro mérito que el ser pariente o amigo o correligionario o, simplemente, vil lacayo, y sin más obligaciones que succionar las ubres ubérrimas del presupuesto.

El espejo andaluz que refleja una sociedad con las mayores tasas de pobreza, de víctimas por violencia de género, de fracaso escolar, de contratación precaria, de mileuristas y subempleados.

El espejo andaluz que refleja una comunidad con impuestos nórdicos y servicios tercermundistas.

El espejo andaluz que sólo muestra podredumbre a una sociedad que ha perdido su dignidad.

No sé si otra política será posible, como afirma Susana ante el espejo; lo que sí sé es que es necesaria; y que, desde luego, no vendrá de manos de los mismos que han expoliado Andalucía y la han sumido en un lodazal pútrido.

Susana, como la malvada madrastra de Blancanieves, sabe que el espejo no miente, y que el reflejo de su rostro en él está empañado por el hálito hediondo de la corrupción.

La prensa de un vistazo
Carrascal, tentado de dejar a los nacionalistas vascos "en manos de los asesinos"
Por hache o por be, Cataluña vuelve a copar hoy el protagonismo en la mayor parte de la prensa.
Pilar Díez Libertad Digital 23 Abril 2014

El Mundo retoma el tema ayer sobre la financiación de partidos. Si ayer era la policía, hoy "el fiscal ve irregularidades en las donaciones a los partidos". Cada vez son más los que lo ven. También habla del desbarajuste del PSC. "La dimisión de diez partidarios del soberanismo provoca otro cisma en el PSC". Casimiro le manda muchos ánimos a Pere Navarro en su "campaña para intentar moderar al sector nacionalista" de su partido, ahora que Navarro se ha redimido. Dice que es que "desde que el PSOE entró a competir en catalanismo con CiU y ERC ha ido perdiendo apoyo social" y "Navarro se ha propuesto detener esta sangría, no por pragmatismo", no sean mal pensados, "sino por ser fiel a la identidad del PSC". ¿Y cuál es esa identidad, la del derecho a decidir del programa electoral o la del qué derecho ni qué ni niño muerto? Casimiro lo tiene claro. "Una cosa es tener sensibilidad catalanista y otra coquetear con el secesionismo". Sensibilidad catalanista, mira qué monería se la ha ocurrido a Casimiro.

Federico Jiménez Losantos, que tiene mucha sensibilidad, le ha tomado la palabra a Rajoy al pie de la letra y se ha puesto a derrochar imaginación por un tubo. "Imagina que se cumple la ley". Hala, Federico, no te subas a la parra. "El presidente del Gobierno de España pidió 'imaginación' al presidente de la Generalidad de Cataluña, cuya política sediciosa le habría llevado en cualquier Estado de Derecho a la inmediata inhabilitación, procesamiento y previsible instalación en un establecimiento penitenciario adecuado a sus méritos. Pero esta forma de hacer frente al separatismo catalán sin enfrentarse a él gusta mucho, sobre todo en Prisa". "Ayer emprendió El País su aceifa editorial de primavera" y "volvió a lo que mejor domina: la refinanciación de una deuda eterna, en este caso la de España con sus enemigos". "Ayer, los rescatados dictaban a los rescatadores del PP lo mismo que al PSOE: pactar con el PNV. Dado el estrepitoso fracaso de esta estrategia con el PSOE, lo lógico sería el rechazo del PP. Error (...) Caño dirige al Coro Prisa en el Imagine de Lennon; y Rajoy le pide a Mas imaginación. Yo imagino que en Cataluña se cumple la ley... y es que no me lo creo". Manuel Jabois piensa que "si algo sobra en Cataluña es realismo mágico. La maquina de catalanes en diferido se acaba de llevar por delante a Erasmo de Rotterdam (...) La fórmula de convivencia que se propone desde el independentismo es imaginativa: todos catalanes". Y Raúl del Pozo también cree que de imaginación van bien servidos. "Las mentiras nacionalistas suelen terminar en holocausto (…) Si siguen así, los catalanes en vez de hacer la independencia van a hacer el adefesio".

El País está indignado porque Rajoy estaba ayer con pocas ganas de platicar. "Rajoy exige a Mas retirar la consulta para abrir un diálogo". "El presidente aleja las opciones de diálogo". Dice Fernando Garea que además de estar poco parlanchín, "los argumentos que desplegó Rajoy no difieren mucho, salvo en el tono de cabreo y hartazgo que utilizó, de los esgrimidos el pasado 8 de abril en el debate del Congreso". Si es que es un vago, Fernando. Quince días ya y sin cambiar de argumentos, eso no puede ser higiénico.

Lleva El País varios días amagando y hoy no se libra la juez Alaya de una nueva ración de tortas prisaicas. "La Audiencia corrige otra vez a la juez Alaya". Enumera "los varapalos del tribunal provincial en los tres años de investigación de la juez" y le dedica un editorial, otro, en plan zurra. "Macrocausa sin fin", titula. "Alaya acumula imputados en un proceso que no quiere dividir ni tampoco envía al Supremo". Si es que es una provocadora. "El interés de la Justicia habría exigido quizá otra actitud por parte de la magistrada, a quien cabe suponer tan interesada en llegar hasta el final de los hechos investigados, como ha demostrado estarlo a la hora de mantener el procedimiento bajo su estricto control". Y sin compartirlo con El País, la tía egoísta.

ABC tira por la crisis de los socialistas catalanes. "El PSC sigue a la deriva". "Nueva hemorragia en el PSC con la dimisión de toda su cúpula en Gerona". A Carrascal le ha vuelto a subir la tensión, esta vez con los vascos. "Empieza uno a estar harto de tanta hipocresía, arrogancia, desfachatez por parte de unos dirigentes que lo son gracias a la España plural, democrática, tolerante, a la que sin cesar insultan, desprecian, vejan, esquilman quienes más provecho están sacando de ella. ¿Cómo se atreven los nacionalistas vascos a hablar como si nada hubiera cambiado en España si la chulean diariamente? (…) Ante tal desvergüenza y cinismo, uno siente a veces ganas de dejar a estos nacionalistas de despacho y coche oficial en manos" de esa "pandilla de asesinos" de ETA "a ver si se dejan de una vez de tonterías y ponen los pies en el suelo". Carrascal, que te pierdes. Menos mal que es buena gente y "se acuerda uno de que son los más españoles de todos los españoles y de que no podemos hacerles esa faena". Aquí o Juan o Juanillo. Ahora los más españoles. ¿Y eso por qué?

La Razón, como un soplo de aire fresco, no abre con nada de Cataluña. "La Junta reconoció en 1991 que la Mezquita de Córdoba es de la Iglesia". Marhuenda se pregunta entonces qué mosca les ha picado ahora con la expropiación. Y se le ocurre que es "una maniobra política que, por muy pueril que pueda parecer, busca en el ataque a la iglesia distracción de los graves asuntos de corrupción que cercan al PSOE andaluz". Si es que al final todos los caminos llevan a Roma. Cuenta La Razón que Rajoy dio ayer comienzo a la campaña del PP a las europeas. "Rajoy instruye al PP para que amarre con la mejoría económica a sus votantes". Pues lo tienen jodido. Da la casualidad de que la campaña coincide con la del IRPF y más de uno se está acordando mucho de la familia de Montoro y de Rajoy.

Grandes diferencias con la UE
Así malgasta España casi 40.000 millones al año en 'luchar' contra el paro
Nuestro país dedica la mayor parte del presupuesto a las "políticas pasivas", al contrario de los países con mercados laborales más eficientes.
D. SORIANO Libertad Digital 23 Abril 2014

Con casi seis millones de parados, una cuarta parte de la población activa, parece normal que España sea uno de los países de Europa que más dinero dedica a las llamadas "políticas de empleo". Lo que ya no es tan evidente es por qué tiene tan poco éxito en su ejecución. Desde hace años, somos uno de los países que más gasta, supuestamente para apoyar al parado, pero eso no sirve para conseguir que éste salga de esa situación.

De hecho, algunos estudios apuntan a que los incentivos podrían ir en la dirección contraria. Es decir, que el diseño de estas políticas acaba siendo una rémora, más que una ayuda para el desempleado. Hablamos de casi 40.000 millones de euros al año que, evidentemente, no están siendo bien gastados.

En el año 2011, último ejercicio para el que Eurostat presenta datos de todos los países de la UE, las administraciones públicas españolas se gastaron 38.654 millones en "políticas de mercado de trabajo". Es mucho dinero, pero en realidad es algo menos de los 41.959 millones gastados un año antes.

En aquel momento, nuestro país era líder en paro de la UE, con un 21,5% de tasa de desempleo. Por lo tanto, parece lógico que fuéramos uno de los países que más porcentaje del PIB dedicase a estos menesteres: un 3,6%, sólo por detrás de Bélgica, Irlanda y Dinamarca. Por cierto, el caso danés es significativo, porque con una tasa de paro de las más bajas de la UE (un 7% en la actualidad) está siempre entre aquellos que más dinero se gastan en políticas de empleo.
Gasto en % del PIB por políticas de empleo

Categoría 1 (servicios); categorías 2-7 (políticas activas: formación, incentivos al empleo, bonificaciones, incentivos al autoemple...); categorías 8-9 (políticas pasivas: subsidios y apoyo a la jubilación indefinida).

Por activa y por pasiva
También en esta cuestión, lo más importante no es tanto el cuánto se gasta, sino el cómo. En este sentido, España muestra diferencias significativas con los países de su entorno. Según las estadísticas oficiales del Ministerio de Empleo, aquellos 38.654 millones se dividieron entre 8.513 millones para las llamadas "políticas activas" (aquellas que buscan que el desempleado encuentre un trabajo) y los 30.140 millones de las "políticas pasivas" (las que se dedican a apoyar al parado durante su situación de necesidad).

Esto quiere decir que el 22% del presupuesto se dedicó al primer grupo de medidas y el 78% al segundo. Aquí empieza a verse una diferencia fundamental con el resto de Europa, especialmente con los países que mejor lo están haciendo en el mercado laboral. [Para la comparación, utilizaremos los datos de Alemania, Austria, Dinamarca y Holanda, los cuatro estados de la UE-15 que tienen una tasa de paro más baja en la actualidad].

Lo primero que llama la atención es ese 78% dedicado a las políticas "pasivas" (subsidios de desempleo y apoyo a la jubilación anticipada). Sólo Italia y Rumanía dedican un porcentaje más elevado del presupuesto del mercado laboral a esta cuestión. En cierto sentido es lógico que España esté entre los países que más gasta, porque es el que tiene más paro. Y también es evidente que para los desempleados la paga que reciben cada mes es una ayuda sin la que les resultaría muy complicado mantenerse a flote.

Pero incluso así es llamativa la diferencia con otros países. Por ejemplo, Dinamarca o Austria apenas dedican un 44% y 42% del presupuesto a las políticas pasivas. Su prioridad no es tanto sostener al parado (que también) sino darle salida para que entre de nuevo, y cuanto antes, en la rueda del mercado laboral.
¿Activas?

Además, no sólo hay que quedarse con las grandes cifras. No todas las políticas activas son iguales. De hecho, la UE divide este gasto en siete categorías: servicios al desempleado, formación, empleo compartido, incentivos al empleo, apoyo al empleo, creación directa de empleo e incentivos al autoempleo.

El apartado con las diferencias más significativas es el de "servicios" (categoría 1 en las tablas de Eurostat). No es propiamente formación, sino asistencia al parado para que se active en el mercado: búsqueda de un empleo, asesoría, elaboración del CV... España se gasta el 2,9% del presupuesto dedicado al empleo en esta cuestión (unos 1.100 millones en 2011). Por contra, en Dinamarca es el 14,6%, en Alemania el 18,8% y en Holanda el 13,7%. Y no es sólo una cuestión de porcentajes. En términos absolutos, esto quiere decir que nuestro país dedica a este aspecto 179,8 euros por parado. En Holanda, esta cifra es de 2.343 euros. Según Eurostat, "la evidencia sugiere que los programas de asistencia en la búsqueda de un trabajo están entre las medidas de política de empleo que más rendimiento dan en términos de coste-beneficio".

Pero no acaban aquí los aspectos diferenciales. Dentro de las políticas activas, España dedica una buena cantidad de dinero a las categorías 4, 5 y 6: incentivos al empleo (bonificaciones a la contratación), apoyo al empleo (para colectivos especiales) y creación directa de puestos de trabajo (normalmente en la administración o sectores asociados). Entre las tres, suman el 10,7% del dinero dedicado a las políticas de empleo (hablamos de más de 4.000 millones). Es menos que en Dinamarca u Holanda, pero mucho más que en Alemania o Austria, por ejemplo. De hecho, casi siempre que un Gobierno español lanza un plan de empleo, incluye este tipo de medidas, incluso aunque numerosos estudios sugieren que no son demasiado efectivas para incrementar la fuerza laboral neta, sino que simplemente cambian unos contratos por otros (los bonificados). Incluso Eurostat apunta a que "se corre el riesgo de que las empresas desplacen a los trabajadores que no tienen derecho a subsidio por los que sí lo tienen o esperen a contratar a que un candidato entre en la categoría requerida".
Formación

Pero si hay un apartado que se lleva la palma en lo que hace referencia a la repercusión pública, al menos en los últimos días, ése es el de la formación. Se han multiplicado las noticias sobre escándalos en los cursos que se ofrecen a los parados. Y tampoco está muy claro el destino del dinero que se gasta en la llamada formación continua de los trabajadores que sí tienen un empleo.

En 2011, España se gastó 1.965 millones en estos menesteres, divididos de la siguiente forma:

444 millones en formación profesional en sectores con riesgo de pérdida de empleo
40 millones en incentivos para los contratos de formación
975 millones en formación para desempleados
505 millones en formación en el lugar de trabajo

Es muchísimo dinero, pero apenas supone el 5,1% de los 38.000 millones de los que hablamos al comienzo del artículo. Este porcentaje es mucho mayor en la mayoría de los países de la UE, sobre todo en los que mejor lo hacen en temas de mercado laboral: por ejemplo, Dinamarca dedica el 13% de su gasto en políticas de empleo a formación Alemania el 14,3% y Austria el 22,2%. Vamos, que los países con un paro reducido y mucha rotación en el mercado laboral dedican muchos más fondos a la formación, en porcentaje del presupuesto y en dinero contante y sonante por parado.

El problema es que, de nuevo, volvemos a lo apuntado anteriormente. La clave aquí no es cuánto sino cómo. En próximos artículos analizaremos cómo se gasta el dinero España y qué tipo de formación ofrece a sus trabajadores, tanto ocupados como no ocupados. Los estudios demuestran que existe correlación entre un buen diseño de la formación y los resultados del mercado laboral. No parece que ése sea, en la actualidad, el caso de España.

DOCUMENTAL
'Bancarrota', las causas de la crisis española
José Carlos Rodríguez www.gaceta.es 23 Abril 2014

Las causas, los perfiles y las consecuencias de la crisis económica explicada en una hora.
Un documental expone las causas de la crisis, la respuesta errónea de los políticos, y los motivos por los que somos más pobres.

Con el título de 'Bancarrota', el Instituto Juan de Mariana ha elaborado un documental sobre la crisis económica. Es un relato trabado con el mejor análisis económico en el que economistas, expertos y periodistas dan razón de los males económicos de nuestro país.

Está dirigido por Juan Ramón Rallo y Fernando Díaz Villanueva y, de los entrevistados, aparecen en documental nombres como Carlos Rodríguez Braun, Daniel Lacalle, José Luis Ruiz Bartolomé, María Blanco o Gonzalo Melián, entre otros.

El relato comienza por la base del sistema monetario. El euro y el Banco Central Europeo. La moneda común "es un proyecto político", señala Carlos Rodríguez Braun. Un proyecto que es político y no económico ¿puede tener buenas consecuencias económicas? El relato continúa con el BCE: Juan Ramón Rallo señala que franceses y alemanes estaban obsesionados por sustituir al Bundesbank por un Banco Central Europeo "que pudiesen domeñar". Tras los atentados del 11 de septiembre, y con la institución privada de la independencia que tuvo el Bundesbank, los tipos bajaron de forma dramática.

El endeudamiento pasó a ser muy barato, y eso hicieron las familias (de 300.000 millones en 2001 a más de 800.000) y las empresas (de 400.000 millones a más de 1,2 billones de euros). Gran parte de esa deuda se invirtió en ladrillo: préstamos a la compra y préstamos a la promoción. El Gobierno de Aznar "aumentó la aumenta restringida de suelo", como señala Gonzalo Melián, no lo liberalizó. De modo que el precio del suelo se multiplicó. El empleo en la construcción subió, y también lo hicieron los sueldos en ese sector. El falso auge de la economía se sintió en las arcas públicas, y los políticos pisaron el acelerador del gasto: 150.000 millones de gasto público adicional anual.

Mientras, el mismo proceso que generó la burbuja en Euopa y en España se produjo también en los Estados Unidos y en todo el área del dólar. Allí el ciclo tipos bajos, sobreendeudamiento, inversión en ladrilllo y estallido de la burbuja recibió el apellido "subprime", en referenci a las hipotecas concedidas institucionalmente a ahorradores insolventes. Ellos fueron los primeros en quebrar. Pero el mal era generalizado y el desplome fue generalizado. Lehman Brothers fue víctima propiciatoria de aquél desplome de la deuda. Sonó la alarma de incendios en plena noche. Todos se despertaron. Y no han vuelto a conciliar el sueño.

Estalla la burbuja. Se dispara el desempleo. Los ingresos públicos caen a plomo. El déficit se dispara. La "prima de riesgo" deja de ser un término técnico asociado a Brasil o Argentina. La crisis está aquí. Ha llegado para quedarse al menos una década. En España la respuesta a la crisis la orquestó José Luis Rodríguez Zapatero. Su política fue errónea, aunque no fue diferente a la que se practicó en otros países. El documental destaca sus fallos: "ni procedió a recapitalizar la banca, ni a liberalizar los mercados ni a adelgazar nuestro sobredimiensionado sector público".

Por el contrario, quiso sacar a España del problema de la deuda pública aumentando el gasto público y por tanto la deuda. Un planteamiento erróneo que se plasmó en el disparate del Plan E: "No hacía falta ninguna de las obras que financió el plan E", dice Juan Ramón Rallo. Zapatero y sus asesores siguen las directrices de Keynes. Llega Mariano Rajoy, y busca atajar el problema del déficit no rebajando el gasto, sino aumentando los impuestos. Pero "si esto es grave" en circunstancias normales, según señala Rallo, "en una crisis cuya manifestación es un sobreendeudamiento privado, es un error colosal". El motivo, a su juicio, es que se exacerban los problemas de solvencia del sector privado, que es incapaz de devolver su deuda.

El 49. Descansa tranquilo, hermano
Josu Puelles García (Directivo de COVITE y hermano de Eduardo Puelles, policía nacional asesinado por ETA en Arrigorriaga -Vizcaya- en 2009)
Josu Puelles  latribunadelpaisvasco.com 23 Abril 2014

Este sábado pasado el que suscribe cumplió 49 años. No, no se trata de un ejercicio autocomplaciente para saciar egos. Soy consciente de que cumplir años no tiene ningún mérito especial, cualquiera lo hace,… o quizás, no. Hasta hace algo más de dos años, muchos ciudadanos en España se despertaban con el temor de si el día que cumplían años sería el último o no. Si ETA conseguiría cumplir su objetivo de asesinarles o no.

Cumplir años era, entonces, para todos esos ciudadanos que día a día cumplían con su deber profesional y su compromiso de ciudadanía democrática, prácticamente, un acto heroico. Eso mismo ocurrió hace cinco años, cuando mi hermano Eduardo fue asesinado por la banda terrorista ETA. Sus aniversarios fueron parados en seco en el 49, ya no cumpliría ninguno más.

Con la perspectiva que da la madurez de un calendario más abultado cada año, uno es, si cabe, más consciente de lo que supone segar una vida a esa edad. Miro a mis hijos, a mi mujer, a mi familia, a mis amigos, a mis paisajes favoritos y me percato, y me hace estremecerme aun más, todo lo que le arrebataron y le pertenecía legítimamente disfrutar. Ya no cumplirá más de 49, pero otros lo haremos por él, y por el resto de víctimas de ETA, no sólo disfrutando de la vida, sino luchando por una forma de vida muy concreta, llena de conciencia y dignidad, la misma que te negaron tus asesinos a los que jamás nos cansaremos de exigirles arrepentimiento por sus actos y por la causa política que les llevó a realizarlos. Cada año que cumpla en adelante, también lo haré por ti. Descansa tranquilo, hermano.

De dragones y princesas: un cuento para san Jordi
Fernando Sánchez www.cronicaglobal.com 23 Abril 2014

El dragón es, en la fiesta de hoy, el elemento telúrico, misterioso, imprevisto. Es el ingrediente de irracionalidad, de tiniebla y de magia que borda un día primaveral y festivo. Representa aquella fuerza incontrolable que en un momento dado fascina con su dominio salvaje, que ocupa, que impone, que quiere devorarlo todo. El dragón es el arquetipo de una pulsión profunda que anida en las praderas del alma. Pero es también el símbolo de una fuerza colectiva que, a veces, se instala en las junturas de una sociedad. Hoy, fiesta de san Jordi de 2014, el dragón está especialmente presente en los pliegues de la ciudadanía catalana.

Una nación entera con rostro de princesa se encuentra amenazada por un monstruo que se ha hecho fuerte en un paisaje de devastación

El dragón nacionalista es un monstruo que nació pequeño e inofensivo. Al principio, fue un animal simpático y exótico; un animal de compañía, que vegetaba en el jardín de los príncipes. Hacía las delicias de propios y extraños con su porte excéntrico y su vuelo desgarbado. Mostraba también cierta utilidad. Comía los animales que amenazaban la lozanía de las flores y montaba guardia en las noches desapacibles y solitarias del poder. Pero el dragón creció hasta hacerse dueño y señor del jardín. Nadie lo domesticó. Ronroneaba y le atendíamos con primor. Pedía más alimento y se lo entregábamos sin chistar. De las orugas pasó a los ratones, pero pronto solicitó los perros preferidos de la Corte. Convenía calmarlo, argumentábamos. Hasta que el dragón ha reclamado a la princesa.

El monstruo ha recabado un gran apoyo popular en su inusitada exigencia. Ha cautivado muchos corazones. Fascina su envergadura, gusta su fortaleza, emociona su novedad. Nuestro dragón esboza una constante sonrisa de caimán. Reclama la cabeza de la princesa y muchos le aplauden. Es cierto que el reino ha pasado por horas difíciles. Tiene las arcas vacías y se ha visto amenazado por el sitio de sus enemigos. Pero la princesa no entiende. Ella, que jugó con el dragón desde la infancia. Ella, que le dio todo lo que pedía. Ella, que contó con su compañía en los periodos de incertidumbre. No puede comprender que el dragón haya aprovechado su anemia y su desdicha para pedir su vida como botín. Así piensa nuestra princesa, que porta un nombre secular que a muchos –a veces a sí misma- le resulta extraño: nación española.

De este modo, una nación entera con rostro de princesa se encuentra amenazada por un monstruo que se ha hecho fuerte en un paisaje de devastación. La princesa sabe que ya no vivimos en periodos medievales. No habrá caballero que la salve. No habrá caballo blanco ni jinete heroico. Está ella sola ante el destino. Para hacerle frente debe fortalecerse. Debe recuperar su orgullo, su pasión, sus ganas de ser y de vivir. Esa nación con rostro de princesa, esa nación hoy secuestrada por un dragón interior, debe recuperar la voluntad de ser y abandonar la anemia sociológica en la que vive. Posee un envidiable patrimonio cultural, cuenta con resortes sociales, atesora una historia centenaria, luce creatividad, transita de nuevo por la senda del crecimiento. Tiene arte, tiene ganas, tiene futuro. Sólo debe creérselo.

Ha llegado la hora de la acción. Nuestra princesa debe hacerse querer y temer al mismo tiempo. Debe hablar y desmontar el rugido de mentiras con que amenaza su enemigo. Debe pisar constantemente el espacio que pastorea el dragón

El dragón habla día y noche de su dignidad. Pero la princesa, aunque débil, tiene también su dignidad y su carácter. La historia de su genealogía es trágica, pero no cobarde. Le acompañan las gestas de sus antepasados y la voluntad de no traicionar un legado. La princesa se prepara para el combate. Intuye que la clave del triunfo no reside en matar al dragón, sino en reconducirlo. En el monstruo hay pulsiones aprovechables, que pueden ser canalizadas. En este mundo posmoderno y pacifista, la princesa no puede matar al dragón. Debe lograr embridarlo y cabalgarlo, para aprovechar su fuerza y conducirla en beneficio de todos. También la energía del dragón puede ser productiva. Hay en él un deseo legítimo de mejora, una llamada a la regeneración, un reclamo de mayor justicia. Aunque no sea evidente, el dragón se alimenta, sobre todo, de esas esperanzas. Hay también una invitación a una mejor comprensión de la realidad pluricultural del reino. La princesa debe asumir y valorar como propio aquello que es también suyo, pero que en ocasiones ha considerado como ajeno.

La princesa no necesita un jinete que la salve ni un caballo que la guíe. Es capaz de valerse por sí misma y de cabalgar hacia el futuro sobre los lomos del dragón. Juntos pueden llegar muy lejos. Ciertamente, para domeñarlo y aprovechar lo que en él hay de genuino, habrá que desarticular su gesto populista y desmontar sus amenazas de fuego. El monstruo no juega de farol, pero su fuerza es más imaginada que real. Le gustan las bravuconadas y los fuegos de artificio. Ha llegado la hora de la acción. Nuestra princesa debe hacerse querer y temer al mismo tiempo. Debe hablar y desmontar el rugido de mentiras con que amenaza su enemigo. Debe pisar constantemente el espacio que pastorea el dragón. Y debe saber que no está sola. No vendrá san Jordi a salvarla. Pero en el propio ámbito que el dragón piensa dominar hay muchos que no están dispuestos a seguir viviendo bajo su garra tiránica. Hay un hormigueo de resistencia cívica y cultural. Muchos se están organizando para hacer frente al desafío. Los que antes no se hablaban comparten ahora el proyecto de proponer una Cataluña alternativa, próspera, justa, cosmopolita y plural. Una Cataluña, al fin y al cabo, donde no rija el monólogo cansino del dragón sino donde impere el coro enérgico de una sociedad abierta, pujante y viva.

Lo que no les cuentan de la deflación
El Confidencial 23 Abril 2014

Probablemente han visto la película de 1993 Una proposición indecente, en la que un acaudalado Robert Redford ofrece un millón de dólares a una joven pareja recién arruinada en Las Vegas –Demi Moore y Woody Harrelson– por pasar la noche con la chica. En cierto modo, se trata de una versión cinematográfica de la historia en la que un caballero –atribuido apócrifamente a W. Churchill, Groucho Marx, B. Shaw o M. Twain, entre otros– pregunta a una chica si se acostaría con él por una cifra desorbitada de dinero. Tras responder que sí, vuelve a preguntarle si lo haría por una cantidad irrisoria. Cuando la señorita, ofendida, replica que qué se ha creído que ella es, el caballero le responde que lo que es ya le ha quedado claro, que ahora está negociando el precio.

Pues bien, algo similar ocurre con el debate sobre la evolución del índice de precios al consumo (IPC) y la necesidad o no de intervenir para acercarse al objetivo arbitrario del 2% establecido por los bancos centrales y aceptado por las corrientes mayoritarias de economistas. Que la inflación es un robo oculto al ciudadano está claro y la discusión sobre su nivel deseable no es sino una mera negociación sobre hasta cuánto debemos soportar los ciudadanos para enjugar los excesos de endeudamiento propiciado por políticos y banqueros durante la burbuja previa y la crisis posterior, con los rescates al sector financiero y las vanas medidas de estímulo keynesiano.

Hemos debatido largo y tendido en este espacio sobre la naturaleza de la deflación, en qué consiste, los diferentes tipos y sus causas, así como sobre la bondad o iniquidad de los procesos deflacionarios (Monetae Mutatione, "¿Quién teme a la deflación?", 27/02/2014). También sobre si existe riesgo real o no de deflación, el temor irracional a la misma por parte de gobernantes, periodistas, economistas y banqueros, y la conveniencia o no de intervenir para tratar de detenerla con medidas inflacionarias (Monetae Mutatione, "Apoplitorismofobia", 14/11/2013). Asimismo, tuvimos ocasión de discutir las limitaciones del IPC para medir de forma coherente un fenómeno eminentemente monetario como es la inflación (Monetae Mutatione, "¿Dónde se esconde la inflación?", 17/07/2013).

Aun así, hay al menos tres aspectos sobre los que apenas se pueden encontrar análisis cuando se abordan las bajas cifras de inflación actuales, que tanto parecen preocupar a la mayoría de los economistas. Una carencia de análisis motivada, seguramente, por la miopía característica de la macroeconomía y la sobresimplificación excesiva con sus agregados y estadísticas que muchos, con sus modelos mecanicistas, asimilan a variables matemáticas como con las que se trabaja en el campo de la física en vez de considerarlas como representaciones imperfectas de la realidad de la acción humana.

El FMI define la deflación como un descenso sostenido en un indicador promedio de los precios, como es el IPC. Sin embargo, al utilizar este índice se está descartando información que puede ser esencial para entender la naturaleza de los cambios económicos: (1) al ser agregado, oculta cómo se ha formado el valor que toma el indicador en cada medición y (2) al restringirse a bienes de consumo, obvia en el análisis la evolución de los precios del resto de bienes que se intercambian en una economía y que son mayoría: materias primas, bienes intermedios y bienes de capital; (3) además de omitir de forma absoluta el comportamiento de los precios de los activos financieros.

¿Puede llamarse a esto descenso generalizado de los precios?
Pues bien, tras el último informe estadístico del INE, hemos podido comprobar como muchos se han rasgado las vestiduras con el dato del 0,2% de caída del nivel general de precios. Cabría preguntarse si una variación porcentual de dos décimas puede considerarse como un desplome de los precios, que es lo que se desprende de las manifestaciones de alarma que pueden leerse en los circuitos mainstream habituales. Permítanme contextualizar el dato ahora que llega la época de terrazas. Es como si una caña de cerveza pasara a costar de 1,5 € a 1,497 €. No parece que esos 0,3 céntimos de euro de diferencia vayan a hacer que nadie deje de tomar cañas ante la expectativa de que el precio siga cayendo. Ni tampoco que el barista vaya a ir a la quiebra, ¿no creen?

Tampoco parece que la baja inflación que tanto atemoriza a muchos haya causado estragos en el consumo esta Semana Santa, con niveles de ocupación hotelera que no se veían desde el inicio de la crisis. Gran culpa la tiene el buen tiempo que hemos disfrutado, sin duda, pero no puede decirse que los turistas hayan decidido postergar su consumo ante una expectativa de precios decrecientes, tal y como auguran los que sufren de apoplitorismofobia.

Pero el IPC es un agregado estadístico y carecería de sentido aplicar el resultado a todos y cada uno de los productos que consumimos –mención aparte merece el hecho de que sean fiables los datos de porcentajes con decimales obtenidos a través de encuestas a una muestra de comercios–. La cuestión es que si echamos una ojeada a las diferentes rúbricas que constituyen el IPC nos daremos cuenta de que el desplome terrible de los precios es, como mínimo, una exageración. No en vano, del último informe el 56% de los productos recogidos en el IPC subieron de precio, mientras que sólo el 44% reflejó un descenso, situándose la mediana en algún punto entre el 0% y el 0,1% y con variaciones entre el -6,9% y el 6,5%. ¿Es esto un desplome generalizado de los precios?

El comportamiento relativo de los precios señaliza el fin del ciclo depresivo…

Por otro lado, llama poderosamente la atención que los mismos que se escandalizan con una evolución negativa de los precios al consumo de dos décimas omitan de forma tan ostentosa en su análisis la caída de los precios de los bienes intermedios y de capital en el mes de febrero un 2,8% y un 0,3% respectivamente, cuando el IPC del mismo periodo fue del 0%. Son datos, claro está, que hacen difícil sostener la tesis dominante de la espiral deflacionaria, por la que la caída de los precios de venta arruina a los empresarios y deprime más aún la economía. Olvidan los defensores de la inflación que en estos procesos también baja, y más intensamente, una parte relevante de los costes.

Un comportamiento relativo que la corriente mayoritaria de economistas obvian en su averiado análisis, pero que resulta muy relevante para entender las fases del ciclo económico. Porque lo que señalan estas cifras es que estamos asistiendo a la fase final del ciclo de depresión. Son datos, pues, que tienen toda la lógica si se examinan con una teoría adecuada del ciclo económico, aquella que considere que la estructura de producción se organiza por etapas y que, en las economías más desarrolladas, estas tienen más peso en la actividad que el consumo final, que tanto obsesiona al pensamiento económico mayoritario.

… que puede verse cortocircuitado por la burbuja de activos financieros

No obstante, no es posible refrendar de forma empírica la evolución del ciclo económico con los datos mostrados ya que, como saben, y pese al comportamiento marginalmente más responsable de las autoridades monetarias europeas, aún estamos sentados sobre una enorme bola de liquidez creada en el pasado y alimentada por los programas de impresión de dinero de los bancos centrales del resto del mundo, fundamentalmente la Reserva Federal (Fed) y el Banco de Japón (BoJ). De este modo, a la sana recuperación emprendida por los países europeos, se superponen los efectos de la expansión monetaria, haciendo poco previsible la evolución futura (ver Monetae Mutatione, "QE-n: la madre de todas las burbujas", 25/9/2013).

Una liquidez extraordinaria que, como ya comentamos, no se ha trasladado a los precios al consumo, pero que se deja sentir en los otros grandes olvidados del análisis dominante, los precios de los activos financieros. Vean si no la evolución de la renta variable en los últimos meses, así como de la renta fija, especialmente la pública. Datos que tampoco parecen refrendar la tesis de los tintadictos de que la deflación agrava la situación de la deuda por la pérdida de valor del colateral. Es cierto que parte de ese colateral, la que fue hinchada artificialmente de precio en la burbuja (p. ej., activos inmobiliarios), jamás recuperará su casi inexistente valor, pero el principal colateral que utilizan nuestros bancos (deuda pública), no parece que esté desplomándose.

Y tampoco parece que los datos de la morosidad bancaria se estén resintiendo por las temidas cifras bajas de inflación de los últimos meses, como temen los defensores de mayores cifras de inflación. Pues aun teniendo en cuenta el cambio de metodología en el mes de enero, las últimas cifras publicadas por el Banco de España muestran un descenso de la mora tanto en términos relativos del 13,53% al 13,42%, como en términos absolutos –los créditos de dudoso cobro han descendido cerca de 2.100 millones de euros de enero a febrero–.

Pregúntense, pues, ¿a quién favorecen realmente las medidas que con tanto énfasis reclaman muchos para aumentar el nivel de inflación? Permítanme ser demagogo por un instante, pero cuando oigan a alguien decir que los precios estables ponen en riesgo la recuperación, les están diciendo que apoyen que les suban el precio del pan, la carne de cerdo o la fruta fresca, para que así el Ibex se infle artificialmente un poco más o al Estado le cueste un poco menos seguir endeudándose. No obstante, ese no sea quizás el daño peor que pueda hacerse a la economía. Mucho más perjudicial es el efecto distorsionador que la inflación monetaria tiene sobre la estructura productiva en general y sobre el actual proceso de recuperación en particular.

Por tanto, no se dejen llevar por la tentación del dinero fácil, como hacía la pareja formada por Demi Moore y Woody Harrelson en la película que les recordaba al inicio. Ni tampoco se dejen seducir por los cantos de sirena de los millonarios, como el interpretado por Robert Redford para que se dejen corromper. Pues, al final, las consecuencias suelen ser peores que si uno se empeña en recuperarse dignamente de los reveses económicos.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Con nuestros votantes, sin nuestros principios

EDITORIAL Libertad Digital 23 Abril 2014

"La clave es movilizar a nuestros votantes tradicionales": así ha resumido Mariano Rajoy ante el Comité Nacional de su partido el objetivo de la campaña electoral para las elecciones europeas. El líder del PP ha dejado claro que se van a centrar en la recuperación económica y en la defensa del bipartidismo frente a formaciones como UPyD, Ciudadanos o Vox.

Llama la atención esta urgencia de Rajoy por movilizar a su electorado, cuando es responsabilidad suya que el PP haya tardado casi dos meses más que el resto de los partidos en revelar su cabeza de lista. Pero lo más sorprendente es su apelación al votante tradicional del PP, su llamada a movilizar "a los nuestros", cuando es el responsable máximo del abandono de los ideales propios de su formación.

Utilizando la desastrosa herencia dejada por Zapatero como peregrina excusa para imitar su política, Rajoy ha ejecutado la mayor subida de impuestos de la historia reciente y elevado a un ritmo sin precedentes el nivel de endeudamiento público. Su renuencia a reducir drásticamente el sobredimensionado sector público, así como su timidez a la hora de llevar a cabo reformas estructurales liberalizadoras, explica la tardanza y, sobre todo, la debilidad de una frágil recuperación económica que, paradójicamente, pretende utilizar como principal gancho electoral.

Pero no sólo en el ámbito económico ha hecho Rajoy del PP un partido irreconocible para un sector cada día más amplio de su electorado tradicional: en materia de política antiterrorista ha proseguido la envilecida senda del apaciguamiento que iniciara Zapatero. La Ley de Partidos sigue siendo papel mojado y, utilizando como coartada la sentencia de Estrasburgo sobre el caso de la etarra Inés del Río o la enfermedad de algún preso, el Gobierno ha acelerado el proceso de excarcelación de terroristas.

Rajoy no sólo ha incumplido promesas decisivas, como la de recuperar la división de poderes o la de llevar a cabo una profunda reforma del insostenible modelo autonómico, sino que ha sido incapaz de abortar el proceso secesionista catalán, que constituye el mayor desafío institucional contra la Nación. Es más: con tal de rehuir su deber de hacer cumplir la ley e intervenir una comunidad autónoma en bancarrota cuyos gobernantes persiguen objetivos radicalmente ilícitos, Rajoy está financiando, tan indirecta como decisivamente, el oneroso proceso soberanista catalán a través de los Fondos de Liquidez Autonómica.

Que, tal y como ha hecho este martes, Rajoy se limite a pedir "imaginación" a los nacionalistas catalanes, empecinados en consumar su desafío el próximo 9 de noviembre, es una razón más para comprender la decepción, cuando no irritación, de muchos votantes tradicionales del PP. Ya podrá Rajoy desdeñar a partidos emergentes como Vox, Ciudadanos y UPyD; ya podrá apelar al voto del miedo para que no los apoye ningún votante o exvotante popular; ya podrá, en definitiva, tratar a su electorado como un mercado cautivo: pero ha sido la traición de los grandes partidos a sus principios los que explica y justifica la crisis del bipartidismo y la aparición de partidos minoritarios con voluntad regeneradora. Ninguna esperanza de mejora y de regeneración democrática cabe albergar si PP y PSOE no sufren el batacazo electoral que merecen.

Manipulación nacionalista
Apellidos vascos
Jesús Laínz Libertad Digital 23 Abril 2014

–¡López, más que López!

Con tan tremendo insulto, agotados los epítetos de "baboso", "canalla" y “estúpido”, zanjó un edil peneuvista una trifulca entre concejales socialistas y nacionalistas el 13 de febrero de 1983, como quedó reflejado en la prensa.

La cosa no era, ni mucho menos, una novedad, pues la neurosis apellidística nació hace algo más de un siglo en las prodigiosas meninges de aquel titán del pensamiento llamado Sabino Policarpo Arana Goiri. Obsesionado por la preservación de lo que llamara "raza vasca" aunque fuese incapaz de definirla en contraposición a la española, consideró que su elemento clave eran los apellidos:

¡Aún hay necios que se ríen de la distinción que hacemos de los apellidos! El apellido es el sello de la raza: si un apellido es euskérico, euskeriano es el que lo lleva: si es maketo, maketo es su poseedor. Hoy, mezcladas numerosas familias bizkainas con maketas, habría que establecer (en caso de libertad) distinción entre originarios y mestizos, tanto respecto de los derechos como de los lugares en que pudieran avecindarse.

Al crear en 1894 el primer Euskeldun Batzokija, germen del futuro PNV, Sabino estableció en los estatutos tres categorías de socios –originarios, adoptados o adictos– dependiendo del número y calidad de sus apellidos. De la pertenencia a una u otra categoría dependían distintos derechos de voz, voto y elegibilidad en las asambleas de la sociedad.

No se le pudo acusar de incoherencia, pues a la primera chica en la que se fijó la abandonó cuando se enteró de sus apellidos. Y a los ancestros de la que finalmente sería su esposa los investigó de parroquia en parroquia hasta conseguir una explicación satisfactoria para ese desasosegante Allende que afeaba sus vasquísimos apellidos:

Pero el padre de ese primer Achica-Allende se apellidó simplemente Achica, y lo mismo sus antepasados. Con este motivo son ya ciento veintiséis los apellidos de mi futura esposa que tengo hallados y puestos en cuadro sinóptico o árbol genealógico: todos ellos son euskéricos. Procuraré suprimir el Allende.

Por problemas parecidos pasó su hermano Luis, pues se le ocurrió la mala idea de enamorarse de la aragonesa Josefa Egüés Hernández. Pero no se arredró el voluntarioso bizkaitarra ante el obstáculo: obligando a su amada a cambiarse los apellidos por Eguaraz Hernandorena, solucionó el problema y casose, por fin, con purísima vascongada.

¡Esto sí que es material del bueno para una película!

Otra ocurrencia de Sabino fue, para alejarse aún más de lo español, empezar a firmar como Arana eta Goiri'tar Sabin. El sufijo eusquérico -tar o -ar se añade a los nombres de lugar para crear los gentilicios: el de Donostia es donostiarra; el de Tolosa, tolosarra. Sabino lo aplicó al apellido de cada cual y se sacó el invento de escribir los apellidos acompañados por un apóstrofe y el -tar, como si fuese el genitivo sajón. Azkue ridiculizó la nueva ocurrencia sabiniana advirtiendo de que, si la moda cundiera, el País Vasco acabaría pareciendo la Tartaria Occidental.

Pasaron las décadas, pero no la obsesión. Pues en la Euskadi sabiniana está muy extendida la costumbre de modificar los apellidos para adecuarse mejor a la dictadura de lo nacionalistamente correcto. Las técnicas se adaptan a cada necesidad: en primer lugar está la sustitución ortográfica: de Echevarría a Etxebarria, de García a Gartzia. O la alteración a la vasca: de López a Lopetegi, de Pérez a Perurena. También está la traducción: de Rico a Aberats (adinerado), de Plaza a Enparantza. Y los casos de cambio de orden de los apellidos, pasando a primer lugar uno eusquérico y enviando al fondo los acusadoramente castellanos, se cuentan por miles.

Finalmente, no es pequeño el detalle de que, al igual que en toda España hasta tiempos no lejanos, el primer apellido de los vascos era fundamentalmente un patronímico, es decir, los mismos Pérez, Rodríguez y Fernández (hijo de Pedro, Rodrigo y Fernando) de los españoles de todas las regiones. El segundo solía ser el nombre del lugar de origen de la persona o del linaje. Tras el establecimiento de la hidalguía colectiva para vizcaínos y guipuzcoanos en el siglo XVI, fue desapareciendo lentamente el patronímico por bastar con el topónimo para mostrar la hidalguía vascongada. Basta, pues, retroceder unas pocas generaciones para encontrarnos con que los vascos que actualmente presumen de una ristra de apellidos sin asomo de contaminación maketa tienen por abuelos a personas que se apellidaban exactamente igual que el resto de los españoles. Y no sólo en las generaciones más próximas, sino que los primeros apellidos vascos que aparecen en la historia son los López, Díaz, Martínez, Sánchez o Ramírez. Es más, algunos de los apellidos españoles más extendidos, prototípicamente maketos según criterios nacionalistas –como García, Sánchez o Jiménez–, son de origen vasco-pirenaico.

A los abuelos de los vascos de hoy Sabino no les habría dejado afiliarse al PNV.

Capas y clases sociales en Cataluña
Antonio Antón http://www.mientrastanto.org  23 Abril 2014

Marina Subirats, en su libro Barcelona: de la necesidad a la libertad. Las clases sociales en los albores del siglo XXI (Universitat Oberta de Catalunya, 2012), ha realizado una profunda y detallada investigación sobre la estructura social de Cataluña, con datos de 2006. Es el estudio más amplio sobre la división en clases sociales realizado en España en estas décadas. Se analizan 248 variables agrupadas en 15 ámbitos temáticos que son los siguientes (con número de variables): Nivel de estudios y hábitos culturales (15); Trabajo productivo (18); Tipos familiares (12); Consumo (11); Recursos económicos (21); Vacaciones (6); Equipamiento del hogar (18); Vivienda (17); Formas de relación (12); Tiempo libre (34); Origen geográfico (6); Salud (6); Entorno (29); Expectativas (8), y Voto y asociacionismo (6). Por tanto, se incorporan factores económicos, sociales, de estilo de vida y comportamiento social, con un enfoque multidimensional.

En su análisis se comprueba la realidad de siete tipos distintos de capas sociales (más la clase corporativa y los sectores marginales que no aparecen con suficiente impacto estadístico en las encuestas pero que sí se evidencian): cuatro capas o subclases integradas en las clases medias (Empresarios con asalariados, Nueva clase media, Jóvenes de clase media y Autónomos) y tres en la clase trabajadora (Trabajadores jóvenes y adultos, Trabajadores viejos e Inmigrantes recientes).

El resumen de su distribución global es la siguiente (p. 199): clases medias 40,4% y clase trabajadora 59,6%. Las clases trabajadoras son ampliamente mayoritarias respecto de las clases medias; coincide globalmente con mi investigación «Sujetos y clases sociales» (Estudio n.º 83 de la Fundación 1º de Mayo), aunque con alguna pequeña diferencia. En su valoración se da una gran importancia a la conformación de la clase corporativa como clase dominante, hasta tal punto que excluye de las clases altas o élites dirigentes a otros sectores de la llamada ‘burguesía’ catalana, como grandes empresarios y altos gestores. No obstante, como estadísticamente es inferior al 1% no se refleja en sus resultados. El otro matiz es en relación con la valoración de los autónomos que explicamos más tarde.

Podemos resaltar la existencia dentro de las clases medias de una capa diferenciada por edad, los ‘jóvenes de clase media’ con rasgos distintos de la ‘clase media adulta’ y de los ‘jóvenes de clase trabajadora’ (e inmigrantes). Igualmente, dentro de las clases trabajadoras distingue a los trabajadores ‘viejos’ de los ‘jóvenes y adultos’, bloque este último que forma una misma fracción. La distinción no solo es por la edad sino que viene acompañada de unas referencias culturales y estilos de vida diferentes (emigrantes de la península, castellano hablantes y con poca cualificación). Dentro de la clase trabajadora, también distingue al segmento de ‘inmigrantes recientes’ (extranjeros).

La tabla adjunta muestra una clasificación corregida de sus resultados. Globalmente, me parecen adecuados los criterios metodológicos empleados. Es importante la distinción compartida entre clase social objetiva y clase social como agente colectivo, siendo éste el aspecto más relevante desde el punto de vista sociopolítico. Aquí se explican dos matices relevantes sobre su clasificación. A partir de sus propios datos, se han agrupado de forma diferente varios segmentos por criterios interpretativos distintos a los suyos.

Uno, tiene poco impacto cuantitativo pero sí cualitativo en la interpretación de las élites dirigentes. Es la incorporación dentro de las clases altas o dominantes, además de la llamada clase corporativa —la más dominante y con influencia internacional— de otras dos capas minoritarias —suman un punto—: gestora —asalariada de alta dirección— y gran empresariado —propietarios—. Ambas pertenecen a la ‘burguesía’ (como dice la propia autora) y tienen un peso económico y político particular; por ello, esos segmentos, que en su investigación aparecen dentro de las clases medias (nueva clase media y empresarios), aquí se extraen de ellas y se clasifican entre las clases altas (aunque estén subordinadas a la clase corporativa, como capa más dominante).

Dos, en esta reinterpretación se adscribe un sector significativo de autónomos (4,8 puntos) a las clases trabajadoras, cuando en su texto se acumulan a las clases medias. Subirats reconoce acertadamente que una parte del asalariado (profesional, técnico…) pertenece a la (nueva) clase media (no a la clase trabajadora aunque tengan un salario, como hacen otros investigadores). Pero, en el caso de los autónomos, aunque admite su segmentación interna, no considera que el segmento de ingresos bajos y medio-bajos y empleo incierto, aunque no sean asalariados, forma parte de las clases trabajadoras, tal como se hace aquí, en que se distinguen de los autónomos de clase media. Tiene también una importancia cuantitativa no menor, ya que afecta al 70% de los mismos en Cataluña y el conjunto de España.

Por tanto, respecto de sus resultados, las clases medias se deberían reducir casi seis puntos (5,8) e incrementar un punto la clase alta y 4,8 puntos las clases trabajadoras. El aspecto relevante no es la diferencia cuantitativa en la distribución de las clases sociales, partiendo de que cinco puntos arriba o abajo no son muy relevantes, sino en la caracterización de la minoría poderosa, la gran mayoría subordinada de las clases trabajadoras, (entre el 60% y los dos tercios) y la dimensión significativa de las clases medias, (entre un tercio y un 40%), aunque muy inferior a las clases trabajadoras.

Asimismo, hay que recordar que el elemento principal para analizar las clases sociales como sujetos colectivos y su impacto sociopolítico es el ‘comportamiento social’ (su experiencia incluido su subjetividad), cuestión que se tiene cuenta en esa investigación.

Una vez reelaborada esa clasificación, los resultados de la situación de clase en Cataluña, tal como aparecen en la tabla, son: clase alta o dominante, 1,2%; clases medias, 34,4%; clases trabajadoras, 64,4%. No obstante, hay que recordar que la muestra de los datos es del año 2006, es decir, antes de la crisis socioeconómica, y que estos años se han reducido algo las clases medias y se han ampliado las clases trabajadoras, particularmente el segmento en desempleo. Considerando ese impacto, no son muy distintos a los datos globales que con distintos criterios y fuentes sobre la población activa se explican en el informe citado para el conjunto de España.

La interpretación sociopolítica y cultural de los distintos agentes sociales y políticos, y del conjunto de la sociedad y la ciudadanía activa, es imprescindible y fundamental para explicar, de forma completa, relacional e histórica, la reconfiguración de las clases sociales en España y su dimensión social.

Podemos terminar diciendo que lo que ha pasado en nuestra sociedad no ha sido la desaparición de las clases, sino la ocultación de sus signos más evidentes, que ha servido para instaurar la idea más general de que tales divisiones habían dejado de existir (Subirats, 2012: 401).

[Antonio Antón es profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid]

El himno y símbolos de España objeto del escarnio separatista
“Justifica que se depongan todos los intereses partidistas, para pensar solamente en los intereses supremos de la Patria”, Luis A. Ferre
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com

Es curioso como este país, puede que sea uno de los únicos en los que ocurre semejante fenómeno de falta de respeto por los símbolos que representan la nación, como son el Himno nacional, la Bandera o la misma Constitución, de modo que pueda llegar a parecer que, el mostrarse respetuoso con cualquiera de ellos, sea motivo de vergüenza, de miedo a llamar la atención o de ser causa de insultos, descalificaciones o, incluso, de ataques físicos por parte de aquellos que faltos de civismo, de respeto por las opiniones ajenas, de amor a la patria o, incluso, de los que pretenden desgajarla –para convertirla en una serie de pequeños estados, cada uno a su aire y gobernado por sectores independentistas –, en la mayoría de los casos de tendencia izquierdista, con la intención de romper la unidad de este ente al que conocemos como España, para según dice el proverbio, aplicar el “ divide y vencerás”; como un modo de introducir con más facilidad, en la ciudadanía, las ideas filocomunistas y laicistas que terminen por minar por completo lo que han sido las tradiciones seculares de nuestra nación.

Queramos reconocerlo o no, lo cierto es que estas ideas surgidas del País Vasco y Catalunya, en las que se pone sobre la mesa el tema de su posible separación del resto de España, han ido calando en una parte de la ciudadanía como consecuencia de una labor de ridiculización del patriotismo español que ya se viene iniciando en una escuela, en la que han desaparecido la mayoría de valores tanto morales, como éticos y religiosos que caracterizaban al pueblo español, para ser sustituidos por adoctrinamientos de carácter político, de lavados de cerebros al estilo nazi y de rechazo por todo lo que pudieran considerarse emociones de solidaridad, de unidad, de sentimientos de fraternidad entre los distintos pueblos y culturas, que coexisten o debieran coexistir, dentro de esta gran nación que es España.

El daño que el relativismo, egoísta y materialista, viene produciendo en nuestros jóvenes; la ausencia de la enseñanza en las aulas de una historia única, verdadera, alejada de lo que pretenden las izquierdas, con este gran error de la elevación a ley de esta pantomima en la que consiste la famosa Memoria Histórica –que lo único que pretende es crear confusión, mentir y engañar sobre lo que han sido los últimos siglos de la Historia española –, para adecuarla a los intereses partidistas, revolucionarios, libertarios y jacobinos de quienes esperan con ello trasformar a la sociedad española, tradicionalista y de raíces cristianas, en uno más de los fracasados regímenes en los que impera el pensamiento único, donde la libertad del individuo queda anulada y todo se supedita a pasar por el aro de un poder que, inevitablemente, se convierte, en función de su propia gestación antidemocrática, en un poder absolutista y totalitario en el que, la ciudadanía, como les está ocurriendo a tantos países hispanoamericanos, engañada por las promesas de distribución justa de la riqueza; acaba, a consecuencia de la avaricia, deslealtad y corrupción de sus dirigentes, (enriquecidos a costa del pueblo), por no tener otra cosa que compartir que la propia miseria a la que los conducen aquellos.

Es obvio que lo que buscan aquellos que quieren conseguir, por el engaño y las falsas promesas, recuperar el poder que las urnas de la democracia les negaron, es que la sociedad se degrade, se acostumbre a vivir subvencionada, aunque sea a costa de empeorar sus perspectiva de mejora; que desaparezcan las barreras morales y éticas que actúan de cortapisa a que demos libertad a nuestros peores instintos: vicios, perversiones, corrupciones y vilezas que, como caja de Pandora, han permanecido encerrados en nuestro interior, retenidos por aquellos principios que se nos inculcaron de pequeños, gracias a los cuales la sociedad puede vivir en paz consigo misma; respetándose los unos a los otros sin que los más fuerte, los salvajes, los terroristas y los antisistema, puedan conseguir acabar con ella convirtiéndola en un pandemonium dantesco incapaz de soportarse a si mismo.

Por todo ello, señores, nos parece algo incomprensible, una muestra de dejación de la función de mantener la legalidad, de perseguir a los delincuentes y de hacer respetar el orden constitucional que, el Estado, a través del gobierno, en este caso, el del señor Rajoy del PP, siga consintiendo que: en las calles, en los estadios, en los mítines políticos, en los periódicos, radios y en las propias TV, se ponga en cuestión la unidad de España; se fomente el antipatriotismo; se haga la vista gorda ante los miles de banderas españolas anticonstitucionales, con la franja morada en lugar de la roja; se consienta que, en Catalunya, se cuelguen en todas las fachadas y centros públicos, banderas esteladas independentistas y se haya convertido en algo corriente el que, en cualquier parte del territorio catalán, aparezcan pancartas, pasquines, letreros y consignas apoyando la lucha contra España y pidiendo la secesión.. ¿En qué están pensando, señores del gobierno?,¿se han dado cuenta de que, desde que ustedes subieron al poder, el separatismo, en lugar de contenerse, se ha ido expandiendo más que en tiempos de sus antecesores? Y esto ¡teniendo ustedes mayoría absoluta en lasa dos cámaras! ¿Hasta dónde están ustedes dispuestos a ceder en su errónea visión del problema catalán?.

El permitir, sin reacción policial alguna ni aplicar sanciones administrativas, que aquellos que buscan desestabilizar el orden en nuestra nación se dediquen a destruir mobiliario urbano; impidan el derecho al libre tránsito por las calles y carreteras; destruyan los bienes de los comerciantes y se enfrenten a las fuerzas del orden, sabiendo que, a causa de unas normas restrictivas emanadas de un poder timorato, no pueden utilizar los medios disuasorios de los que disponen por el “miedo” a herir o lesionar a alguno de los bárbaros a los que se enfrentan; que, seguros de su impunidad, cada día se vuelven más osados y atrevidos; parece, señores, que se ha convertido en algo habitual y, respecto a ello, convendría que diera explicaciones la Delegada del Gobierno en Madrid, que parece ser la responsable que en la última gran reyerta ocurrido en Madrid más de 60 policías, indefensos, tuvieran que se atendidos de mayor o menor gravedad. ¡Incomprensible, si tenemos en cuenta que los responsables, los que provocaron, apenas sufrieron unas pocas víctimas, por supuesto nada parecido a las de la policía!.

Lo más repugnante es que, siguiendo la línea de tantos jueces que se muestran “tan comprensivos” con los gamberros callejeros, aquellos pocos que fueron detenidos fueron puestos en libertad a las pocas horas y ¡sin cargos! El juez parece que no vio delito en que a dos policías les abrieran de cuajo la cabeza y les hubieran de poner más de 30 grapas y en que los otros lanzaran objetos contundentes y utilizaran palos para agredir a las fuerzas del orden público. Parece ser que, en España, los Elpidio Silva, los Pedraz y la larga lista de jueces “democráticos”, lleva camino de extenderse sin que ni el gobierno, ni el Parlamento se atrevan a poner orden, mediante las leyes apropiadas, en este Poder Judicial que parece que se ha propuesto convertirse en un poder político, invadiendo funciones legislativas que en modo alguno le competen.

Mal vamos si el Gobierno empieza a ver positivo un encaje especial de vascos y catalanes con España y no dentro de ella y sin distinciones con las otras autonomías pero, visto lo visto, parece que nos podemos preparar a una claudicación que sea el primer paso a la desaparición, como nación, de España. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, valoramos la inopia en la que se ha instalado nuestro gobierno.

Mas encarga a Òmnium Cultural, TV3, CiU, UGT y CCOO que expliquen a los inmigrantes "el proceso de transición nacional"
Redacción www.cronicaglobal.com 23 Abril 2014

El nuevo plan de la Generalidad para la inmigración establece un "programa de sensibilización e información a la población inmigrada para dar a conocer el proceso de transición nacional" con el objetivo de conseguir "la implicación de todos los sectores de la población en el proceso de decisión sobre el futuro político de Cataluña". "El reto de decidir, conjuntamente, si Cataluña se ha de convertir en un Estado independiente se considera una oportunidad única para la cohesión nacional", señala el documento.

Las escuelas, los medios de comunicación, los sindicatos, la acción exterior, los actos institucionales, los informes de los asesores, el turismo... y, ahora, también los inmigrantes. Nada se libra de la política propagandística de la Generalidad en defensa del proyecto independentista que promueve Artur Mas.

El nuevo plan para la inmigración que ha presentado este martes la consejera de Bienestar Social y Familia, Neus Munté, incluye un programa para explicar a los inmigrantes "el proceso actual de transición nacional" que "estamos viviendo".

La hoja de ruta prevé "la implicación de todos los sectores de la población en el proceso de decisión sobre el futuro político de Cataluña", para lo que establece un "programa de sensibilización e información a la población inmigrada para dar a conocer el proceso de transición nacional".

La implementación de este programa será encargada a una docena de entidades, entre las que destacan Òmnium Cultural, TV3, CCOO, UGT y la sectorial de inmigración de CDC, la Fundació Nous Catalans.

La inmigración "ha contribuido a reforzar la identidad nacional" de Cataluña
El documento, titulado Plan de Ciudadanía y de las Migraciones: horizonte 2016, detalla a lo largo de 61 páginas cuáles serán las políticas globales de la Generalidad a lo largo de los próximos dos años para "gestionar la acogida y laintegración de las personas migradas en Cataluña".

El plan se estructura en "cinco ejes transversales", uno de los cuales, tal y como ha anunciado Munté, supone "una novedad" respecto a los planes anteriores, y lleva por título "Transición nacional".

Este eje explica que "los movimientos migratorios han dado fuerza demográfica al país [por Cataluña], han permitido más crecimiento económico y también han contribuido a reforzar la identidad nacional". Por ello, "el reto de decidir, conjuntamente, si Cataluña se ha de convertir en un Estado independiente se considera una oportunidad única para la cohesión nacional".

"Difundir la postura de la Generalidad sobre el proceso de transición nacional"
El documento insiste en que el proyecto secesionista promovido por el Gobierno autonómico es "un tema trascendente en los tiempos recientes en la agenda política nacional", pero alerta de que "se ha constatado" que los inmigrantes "muestran un interés inferior al de los autóctonos respecto a los asuntos de la política catalana". "Por tanto, se pretende llevar a cabo actuaciones que fomenten la participación pública y política de las personas inmigradas", añade.

Ese "programa de sensibilización e información a la población inmigrada para dar a conocer el proceso de transición nacional" prevé "organizar encuentros y acciones específicas dirigidas a personas inmigradas y a sus colectivos, organizaciones sindicales, gremios, asociaciones de vecinos, entidades religiosas y otras para transmitir y difundir la postura del Gobierno [autonómico] sobre el proceso de transición nacional". De lo que se encargarán las entidades citadas anteriormente.

Conseguir que "la nación catalana" sea "el referente de toda la población"

Por otra parte, el plan prevé cinco programas que indican que "la cultura pública común se ha de construir en el marco de un espacio de comunicación, convivencia, reconocimiento y participación para que la nación catalana continúe siendo el referente de toda la población que vive y trabaja en ella".

Munté también ha explicado que "el aprendizaje de las lenguas oficiales continúa siendo un elemento fundamental" del plan para la inmigración y, "en este sentido, el catalán ha de continuar siendo la lengua común". Una lengua "común" que, sin embargo, según datos del propio documento, es la lengua habitual del 6,1% de los inmigrantes que viven en Cataluña, frente al 70,4% que ha decidido optar por el castellano.
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