AGLI Recortes de Prensa   Domingo 27 Abril  2014

España en Europa
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 27 Abril 2014

La crisis y su secuela de recortes y sacrificios - el "austericidio" del que tanto habla cierta izquierda populista - ha despertado entre los españoles un creciente euroescepticismo. España, que siempre había sido un país favorable a una progresiva integración continental, está experimentando una peligrosa deriva hacia posiciones hostiles a la Unión. Síntomas de este mal son las descalificaciones a Frau Merkel, caricaturizada como la cruel ama dominante que nos obliga a apretarnos el cinturón, el previsible récord de abstención que se anuncia para el próximo 25 de mayo y el auge de partidos que hacen de la crítica destructiva a Bruselas su bandera de agitación.

Frente a esta explosión de demagogia, conviene recordar algunas verdades que, aunque incómodas, ayudan a entender la situación. Las dificultades económicas que atravesamos son la consecuencia de políticas irresponsables de despilfarro y entrega a las burbujas llevadas a cabo por Gobiernos nacionales, baste recordar en España la desastrosa etapa Zapatero. En un mundo globalizado, el proteccionismo equivale al fracaso y al empobrecimiento y, por consiguiente, la Unión Europea nos proporciona un vasto mercado lleno de oportunidades, además de una plataforma de despegue extraordinaria para penetrar con nuestros productos y servicios en otras áreas del planeta. A la hora de buscar ventajas en el escenario mundial, es mucho mejor viajar en un portaaviones de 500 millones de consumidores que en una chalupa tambaleante.

Necesitamos, por tanto, instituciones comunitarias fuertes y eficaces que impidan excesos de Administraciones nacionales electoralistas o cortoplacistas, que nos fortalezcan financieramente y que nos ayuden a mejorar nuestra competitividad. La exigencia de una Europa en la que España pueda triunfar ha de ir acompañada del esfuerzo por articular las reformas estructurales que configuren una España capaz de tener éxito en Europa. La moneda europea tiene así dos caras y ver sólo una de ellas representa una deshonesta mutilación de la realidad.

Las zarandajas monetarias y el caos
Juan Laborda www.vozpopuli.com 27 Abril 2014

Llevamos meses leyendo y escuchando como diversos organismos internacionales, diferentes centros de análisis privados, y obviamente los distintos gobiernos de turno, dan poco menos que por acabada la actual crisis sistémica, proclamando las virtudes y el triunfo de las recetas que ellos mismos han prescrito. Necesitan proclamar a los cuatro vientos el éxito de sus políticas para ocultar sus fracasos. En realidad gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que ciertos ignorantes están completamente seguros de lo que hacen, cuando cualquier persona inteligente mostraría sus dudas.

La realidad es otra, cruel, despiadada, dominada por una acumulación de riqueza en pocas manos, hundimiento de las rentas salariales, empobrecimiento masivo, déficits públicos descontrolados, endeudamientos récord de las principales potencias mundiales. Lo único que se ha producido es una nueva burbuja financiera, la madre de todas las burbujas, generada de nuevo por los Bancos Centrales, los responsables últimos de lo que va a suceder.

Desde este blog ponemos en duda dichas afirmaciones y pretendemos demostrar que estamos ante una salida en falso de la crisis. No solo no habrá una recuperación económica sostenible sino que la dinámica de la actual recesión se agudizará en los siguientes trimestres. Y la razón es obvia, las políticas económicas implementadas son un desastre.

Esas zarandajas monetarias
La economía como ciencia social ha demostrado una absoluta inutilidad. Sus análisis han sido unilaterales, sesgados y dirigidos hacia zarandajas monetarias. Su incapacidad para proponer políticas de crecimiento sólidas es censurable. Es la gente, la ciudadanía, lo que debería importar en última instancia a todo hacedor de política económica, y no los mercados financieros, que deberían ser ignorados en gran medida por los responsables políticos. Los mercados financieros son un epifenómeno respecto al objetivo último, el bienestar de la ciudadanía.

Por eso, basta ya de preocuparse tanto por unos mercados financieros inflados, extremadamente sobrevalorados, como consecuencia de la droga de último diseño elaborada por los Bancos Centrales, esas extravagancias monetarias denominadas expansiones cuantitativas. Los mercados financieros de riesgo están claramente sobrevalorados, y sólo tienen una dirección, bajista, ya veremos cuándo y cómo. Vean la pieza que les adjunto de un excepcional James Montier, estratega en la gestora estadounidense GMO. Quédense con el nombre, les recomiendo sus análisis, excepcionales.

Es hora ya de tirar a la basura toda la Teoría Monetaria de Milton Friedman y sus adláteres. Es hora de enterrar toda la teoría económica surgida a partir de la escuela de Chicago y que tanto ha contaminado a nuestra profesión. Es hora de dejar de vender propuestas ideológicas como tecnócratas. Es hora de poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como ciertas. Sí, la profesión es un desastre. Citando la célebre frase de Bertrand Russell, está claramente “dominada por pigmeos morales y enanos mentales”.

Las burbujas siempre se acaban pinchando
En este contexto resulta tremendamente llamativo como los gobiernos de distinto pelaje aducen a la evolución de los mercados y de las primas de riesgo para justificar el éxito de sus políticas económicas. ¡Pero si esa es la variable que justamente no controlan! Se trata de la enésima burbuja generada por los Bancos Centrales y que, como todas, acabará estallando.

Pues nada erre que erre. Todos alabando a Ben Bernanke o a Mario Draghi, al igual que antes se desvivían en halagos por Allan Greenspan, cuando en realidad han sido auténticas calamidades para la inmensa mayoría de la ciudadanía. Gracias a todos ellos, desde la crisis de distintos países emergentes en el período 1997-1998, la economía global no ha hecho otra cosa que moverse de burbuja en burbuja de activos, con el agravante de que a cada inflación de activos, cuando estallaba, le seguía otra todavía más perniciosa, de manera que cuando ésta nueva explotaba el impacto macroeconómico negativo se acrecentaba.

Se trata de una política monetaria preventiva de estabilización que genera un tremendo problema de riesgo moral, porque al final los inversores terminan incrementando aún más su apetito por el riesgo, aumentando su apalancamiento, haciendo todavía más vulnerable a la economía global. Desde el punto de vista de la valoración, se modifica el perfil temporal de los rendimientos de los activos mobiliarios e inmobiliarios, inflándolos hiperbólicamente. Al final estas exuberancias irracionales acaban pinchándose, pero cuando estallan, pensemos en nuestra burbuja inmobiliaria, terminan provocando recesiones-depresiones.

Además estas políticas monetarias expansivas, como toda droga de último diseño, ofrecen a quienes la consume, en este caso las economías de medio mundo, una falsa sensación de recuperación, donde realidad y ficción se confunden. La verdad es que no se emplean para hacer crecer la economía real, ni mejorar el empleo, ni aumentar las rentas salariales, sino para mantener la riqueza de las gerencias corporativas, y llenar las arcas de los accionistas. Pero han puesto las bases de una nueva crisis financiera mundial. Hay una máxima que muchos economistas olvidan, ¡la riqueza neta en relación al PIB revierte a la media!

Educación, Educación, Educación
Alejandro Vara www.vozpopuli.com 27 Abril 2014

Tony Blair ganó las elecciones de 1997 con un eslogan bien sencillo y escasamente trillado por los socilistas europeos: "Educación, Educación, Educación". Ni justicia social, ni Estado del Bienestar, ni igualitarismo, ni machacar a la derechona. Blair hizo hincapié en algo obvio que por aquí se desprecia. Un país sin un sistema educativo competente está condenado al fracaso.

Una vez en Downing Street, Blair, lejos de arrinconar o desarbolar la política educativa desarrollada por su predecesora, Margaret Thatcher, la desarrolló y profundizó. Se situó para ello en las antípodas de lo defendido por los laboristas británicos en los sesenta, un cúmulo de teorías socializantes y buenistas que luego por aquí sirvieron de inspiración a nuestros 'maravalianos' (de José María Maraval) para perpetrar la Logse, esa desastrosa tabla de la ley que ha guiado el sistema de enseñanza en nuestro país durante dos largas décadas hasta arrojar a nuestros alumnos al furgón de cola de todos los informes Pisa y similares.

Reformas y novedades
'Es la educación, estúpido', cabría recordarle ahora a nuestros afanosos políticos que se disponen a adentrarse en un ciclo de año y medio electoral, con tres importantes citas en las urnas, más algunas fuera de programa (¿Andalucía, Cataluña?). Seamos escépticos. No harán caso.

La Educación apenas logra conmover a nuestro escenario mediático. José Ignacio Wert, el ministro peor valorado por el CIS y por sus propios compañeros de Ejecutivo, empujó abruptamente la puesta en marcha de una ley de reforma de Educación que, tras consensos y recortes, ha resultado un leve apunte de lo que pretendía. Derrumbó enormes disparates del zapaterismo y, de paso, entoñó la asignatura de Filosofía, vaya prodigio.

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en un gesto insólito y kamikaze, ha tenido la feliz ocurrencia de suscribir un convenio con once universidades (la Complutense del hijo de Carrillo se lo está estudiando) para enducer los criterios de acceso para los aspirantes a estudios de Magisterio. Si nuestros estudiantes son pésimos, algo habrá que decir de nuestros docentes, que sólo se agitan cuando les cargan tres horas más en sus calendario lectivo.

Camisetas verdes
Nada especialmente riguroso se antojan las nuevas normas. Quienes aspiren al título de mestro deberán obtener al menos un 9 sobre 14 (es decir, un 6,4) en la asignatura de Lengua Castellana o Literatura en la Selectividad. Es decir, se les exigirá que sepan leer y escribir con mediana corrección y que incluso tengan algún conocimiento sobre quiénes fueron Quevedo o Pérez Galdós. ¡Vaya ocurrencia! En nuestro entorno de burricie escolar, incluso suena a provocación.

Al leer el enunciado de los nuevos criterios, ('duros', al decir de algún rotativo nacional), es inevitable pensar en cuáles eran los que hasta ahora se exigían a nuestros aspirantes a maestros. ¿Conocer que huelga va con hache? ¿O que el verde de sus camisetas sindicalistas se escribe con uve?

Lucía Figar, consejera de Educación de la Comunidad madrileña, tiene la endemoniada idea de elevar el nivel de los educadores para que así, se supone, también lo hagan los educandos. Hace dos años, su departamento hizo públicos los resultados de las oposiciones a maestro, que suspendió un 86 por ciento de los presentados. Un panorama desolador.

La iniciativa de Figar, de momento, ha sido relativamente bien acogida por los rectores, ese club adocenado, hermético y excluyente que viaja en coche oficial con chófer a cargo del erario público. Sin duda su aceptación de las nuevas normas pueda deberse a que la Comunidad ha establecido unos incentivos de 1,5 millones de euros para los centros que cumplan con mayor rigor y exigencia las nuevas disposiciones.

Suena casi a insensatez recordar ahora que la Educación, Educación, Educación, ha de ser uno de los pilares de una sociedad moderna y desarrollada, como certeramente propugnó el visionario Blair. Por aquí a los maestros los llaman pedagogos y la Enseñanza es una matraca que nos arruina el presupuesto.
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EL VARÓMETRO. Sólo Savater, Camacho y Espada han atinado al abordar el fenómeno de 'Ocho apellidos vascos'. // Smash inapelable de Rafa Nadal al tontiloco periodista que le reprochaba su defensa del 'juego limpio' siendo seguidor del Madrid. // ¿Porqué pretende Ana Mato mandarnos a la cama una hora antes? ¿No tiene nada mejor que hacer?. // Más que miedo, pavor da pensar en algunos jueces. // Tras Cervantes y Colón, ahora también Erasmo de Rotterdam era catalán. ¿Está Rotterdam cerca de Mataró?

La deuda que nos llevó a la crisis, según FOESSA
Francisco Rodríguez  www.diariosigloxxi.com 27 Abril 2014

Como decía en mi anterior artículo sobre el informe FOESSA, hay otro capítulo en dicho informe que vale la pena comentar, el que parte de preguntarse cómo hemos llegado hasta aquí, para tratar de los orígenes del endeudamiento.

Aporta el informe los datos del vertiginoso incremento de la deuda pública, que en 2007 representaba un 36,3% del PIB, para llegar en 2014 hasta el 100% de este indicador económico y el gigantesco volumen de la deuda privada, sobre todo de empresas privadas y entidades financieras. Si a finales del 2012 el total de la deuda representaba un 435% del PIB, el 330,8% de esta cifra era deuda de empresas, instituciones financieras y hogares, es decir más de tres veces el valor total de bienes y servicios producidos por la economía española en ese año.

También es un motivo preocupante el elevado componente externo de la deuda acumulada. El saldo de la deuda externa neta, deuda menos lo que se nos debe, alcanza el 98% del PIB.

El proceso de endeudamiento ha sido protagonizado por las instituciones financieras en la medida que han actuado de intermediarias que captaban financiación exterior para conceder préstamos a empresas, hogares e incluso al mismo Estado.

El endeudamiento del Estado, al principio de la crisis no fue motivado por el rescate a entidades financieras, aunque sí lo fue después en forma de avales, garantías e importante ayudas públicas. Además la crisis representó un crecimiento considerable del gasto público al tener que hacer frente al pago de la prestación de desempleo del enorme y creciente número de parados, mientras descendía la recaudación y las cotizaciones sociales.

Acerca de la forma cómo se ha gestionado la crisis de deuda, margen de maniobra y opciones seguidas, dice el informe que desde que se dispara la deuda el margen de maniobra para la política económica se estrecha. El elevado nivel de endeudamiento externo impone la necesidad de que el dinero que entra en el país sea mayor que la que sale, para lo que se recorta el gasto y se suben los impuestos.

Tanto la deuda en sí misma y su coste así como la dependencia financiera de la economía española y las exigencias impuestas por las autoridades europeas llevan a dar prioridad a los intereses de los acreedores por encima de cualquier otra consideración, lo que supone un deterioro democrático ante la merma de derechos y el incremento de los niveles de desigualdad.

Para los autores del informe la política de austeridad es una insensatez, pues lo adecuado serían políticas activas de lucha contra el desempleo y la pobreza. Dicen además que habría que revertir la política de recortes y pasar a políticas expansivas, indispensables para reanimar la economía a costa, sin duda, de mayor inflación y alguna forma de impago. Por desgracia no nos dicen en que podría consistir esa política expansiva y en qué sectores habría posibilidades de llevarla a cabo. Creo que la burbuja inmobiliaria fue, a mi parecer, una política expansiva que, llevada sin control ni disciplina nos llevó a la crisis.

Añade el informe los ejemplos de Suecia o Islandia en los que la recapitalización bancaria se hizo, en primer lugar, a costa de los accionistas, propietarios de los bancos y el resto del agujero fue de aportación estatal, pero no podemos olvidar que las causantes de buena parte del desastre español son las Cajas de Ahorros, instituciones que no tienen accionistas, que se desviaron de sus orígenes fundacionales y que pasaron a ser regidas por los partidos y los sindicatos, aunque de ello no se hable en el informe.

El Fiscal General del estado descubre la pólvora
Carlos Laguna  www.diariosigloxxi.com 27 Abril 2014

A buenas horas mangas verdes –que diría aquél–, se nos descuelga el jefe del Ministerio Público o fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, con una serie de aseveraciones sobre la lucha contra la corrupción, sin duda irrefutables, pero que ya sabría él, cuando tomó posesión del cargo, de cómo estaban las cosas de la judicatura a la hora de afrontarse los casos de escándalos económicos (robos y desfalcos…) que vienen azotando nuestro país, por sus cuatro puntos cardinales, como una novedosa versión de plaga egipcia que, por sus daños colaterales y directos, está exterminando o arruinando los proyectos e ilusiones, incluso la vida, de decenas de miles de ciudadanos afectados por cualquier tipo de corrupción: la política, la financiera / bancaria, la empresarial, la administrativa en cualquiera de sus formas… Diríase que ha descubierto la pólvora.

Pero, aunque sea tarde, sí que hay que agradecer a voz tan autorizada en el mundo judicial, político y social, la contundencia con la que se ha expresado, que no deja de ser un nuevo misil en la línea de flotación de la clase política que nos gobierna en los últimos años –chupinazo ganado por méritos propios–, y que no viene sino a ahondar más en el descrédito, desconfianza y desafección que nuestros gobernantes, de cualquier color o condición, vienen cultivándose frente a un electorado cada día más indolente y escéptico a la hora de afrontar el camino de las urnas.

Si ante las devastadoras afirmaciones de Torres-Dulce, hace un par de días, en la Comisión Constitucional del Congreso, a nuestros líderes políticos no se les revuelven las tripas, no se les cae la cara de vergüenza y son capaces de levantar los ojos del suelo, es que ya no son de este mundo. No es solo la denuncia de la falta de medios y de leyes contra la corrupción –que todos conocemos, padecemos y venimos denunciando, desde años ha, clamando en el desierto–, sino prácticas, que son las que producen una gran alarma social incontenida, que rayan la prevaricación o el “golfismo” de unas leyes preconcebidas, en las que el legislador ha puesto a buen recaudo el estatus, el hacer o deshacer a su antojo, de una casta privilegiada, con mil trampas y pillerías “legales”, cuando el consabido “peso de la Justicia” solo cae sobre el más débil por más mensajes navideños que en sentido igualitario dé el rey.

Denuncia el fiscal general, sin tapujos, “la actuación exasperantemente lenta de la justicia” –será para unos casos, para otros no: Garzón, Elpidio Silva, escraches, o cualquieras otros padecidos o conocidos por el lector–; “absoluciones difíciles de entender y sin recuperación de dinero” –la lista de listos/as sería interminable–; “prescripciones incomprensibles” –la madre del cordero para algunos/as–; “absoluciones a corruptos” –todos los presidentes de Gobierno las tienen en su haber, o en su déficit moral y político–, y así, una tras otra para concluir que “la Justicia favorece al poder”, casi otro descubrimiento, en este caso la dinamita.

Sin duda, un panorama desolador el de nuestra Justicia –por más leyes de transparencias opacas que se hagan y nos vendan– que muchos leguleyos cargarán sobre las espaldas de jueces y fiscales, que de todo hay como en botica pero estoy convencido que bastantes más de mejores que de peores, sobre todo las jóvenes camadas, que no va a cambiar si no hay una voluntad expresa por parte de los dos grandes partidos PP y PSOE, para que así sea. Primera y principal, una despolitización e independencia del poder judicial frente al ejecutivo en el que se prime más la capacidad y profesionalidad de sus representantes que la ideología. Segunda, en la elaboración de las leyes anticorrupción –como en otras– no solo debe participar la clase política sino la sociedad en su conjunto a través de los propios jueces y fiscales, colegios de abogados, catedráticos en derecho Político y Constitucional, profesores y catedráticos de Ética, etc. Leyes que rearmen moralmente no solo a la clase política sino al reino financiero y empresarial, y que la Justicia en todas sus formas o las reformas del código civil, o cualquier otro, se haga a manera del traje del sastre de turno, dejando de ser el capricho o el clientelismo electoral del partido que esté en el gobierno.

Un cambio radical de la situación solo se logrará con un gran pacto de Estado, que la mayoría silenciosa viene demandando, entre todos los partidos políticos y que una vez más corresponde a PP y PSOE dar los primeros pasos, puesto que son los que nos han estado gobernando durante los últimos 32 años y poco han hecho a este respecto uno y otro, sino meter la mano en el cajón con cierta permisividad el uno del otro.

Un gran pacto ya no anticorrupción, sino por la vergüenza nacional para que dejen de aplicarse las leyes como en algunos casos vienen impartiéndose: al amigo el trasero; al enemigo por el trasero, y al indiferente la legislación vigente… Y si no hay cambio, por más que se quiera vender la “Marca España” alguien colegirá conmigo que, en este tema (en otros también, pero…), seguiremos siendo un país bananero. Al menos, junto a alguno de ellos nos coloca Transparencia Internacional en el ránking mundial de países corruptos.

Separatismo 'online'
Fernando de Páramo www.cronicaglobal.com 27 Abril 2014

"La paradoja Global". Así definía John Naisbitt, en su obra con el mismo nombre, cómo las telecomunicaciones iban a cambiar el mundo gracias, no a los grandes monstruos mediáticos o económicos, sino precisamente a los actores más pequeños. Juan Carlos Girauta recogía hace poco en un discurso este libro de cabecera de todos los que nos dedicamos a la comunicación, explicando que fue en él donde leyó por primera vez un término desconocido a principios de los 90: Internet. Este monstruo comunicativo que no entiende ni de límites ni de fronteras se ha convertido en el aliado de muchos pequeños actores, que decía Naisbitt, entre ellos, los nuevos partidos políticos y movimientos sociales, que ante la censura y el bloqueo de los canales tradicionales de comunicación han encontrado en la red y sus redes la vía idónea para comunicarse.

¿Para qué necesita un monstruo mediático como el nacionalismo catalán una página web impulsada por el Gobierno de la Generalidad?

Pero ¿para qué necesita un monstruo mediático como el nacionalismo catalán una página web impulsada por el Gobierno de la Generalidad? ¿No basta con una televisión pública y privada a su servicio? No, porque hay una "demanda internacional continua" contestó rápidamente Homs. ¿Pero no había un apoyo internacional incondicional? ¿No eran el New York Times y el Washington Post más contundentes que la propia La Vanguardia con el 'procés'? Por lo visto no. Resulta ser que el fuelle internacional cada vez pierde más aire y que hermetizar mediáticamente a una Comunidad Autónoma no es suficiente para mantener las mentes erógenas lo suficientemente excitadas.

Sin duda, no es casualidad que, ante las recientes declaraciones de los mandamases de Europa alertando de la salida de una hipotética Cataluña secesionada y a pocos días del inicio de la campaña de las elecciones europeas, la Generalidad meta su último cartucho mediático en la recámara desembarcando en el océano de internet con un portal plagado de adoctrinamiento donde ni los propios separatistas se ven reflejados. Una manipulación que comienza en el propio dominio escogido, cataloniavotes.eu -ahora el '.cat' no interesa-, como si Cataluña fuese una región no democrática regida por la ley de la selva en la que los catalanes no hemos hecho nunca el ejercicio de meter una papeleta en una urna. ¿De dónde sale entonces el President of Catalonia que muestran a todo color en su home page? Que yo sepa de unas urnas. De las mismas, por cierto, que debería volver a desempolvar para que los catalanes votemos, no en cajas de cartón, sino en las únicas urnas que caben en democracia, las que recaudan los votos de unas elecciones constitucionales. Porque yo no seré cómplice de un referéndum ilegal, ni votando 'sí', ni votando 'no'.

Así es el nacionalismo, reactivo, una expresión siempre contraria a algo y a alguien

Hablando de referéndum, bajo el cebo "Why a referendum?" una nueva pestaña abre con la frase (traduzco) "Cataluña siempre ha tenido una cultura y un lenguaje distinto y un fuerte deseo de autogobernarse". ¿Una cultura distinta a qué? Al resto de España, me imagino. Así es el nacionalismo, reactivo, una expresión siempre contraria a algo y a alguien. Y lo de "siempre", que yo sepa, en el 78 aceptaron las reglas del juego con los brazos abiertos, y aun así la Constitución la convirtió en una de las regiones con más autogobierno de Europa. Por si no era suficiente, continúa: "Cataluña perdió su independencia en 1714". No me extenderé en esta cuestión, afortunadamente, la historia es una ciencia y en Europa también hay historiadores ingleses, alemanes y franceses. Por cierto, las lenguas a las que está traducida la página. He aquí otra paradoja, revestir de internacional y de europeo una ideología retrógrada y obsoleta modernizando un discurso de otra época, para después traducir a varias lenguas un mensaje que lo que pretende es precisamente levantar nuevas fronteras entre nuestros vecinos franceses, ingleses y alemanes.

Sin embargo, cuando hablan del "This is Catalonia" se les escapan unos cuadros de Miró y unas estatuas de Dalí. Al Sant Jordi lo llaman "The catalán Valentine's day". Ya saben, por aquello de San Jorge y porque es de las pocas cosas en Cataluña que todavía el nacionalismo no ha conseguido secuestrar. Precisamente la fiesta que parte de una fábula de dragones y caballeros es más real que un tricentenario adaptado a los nuevos vientos. Lo único cien por cien objetivo: un contador que cuenta los minutos, horas y días que quedan para el 9 de Noviembre, como si se tratase de una bomba de relojería que ni siquiera el propio Mas puede desactivar.

Naisbitt decía que el objetivo de los nuevos actores mediáticos sería "convivir y prosperar". Me imagino que obviaba que los nacionalismos también utilizarían internet. A lo mejor tiene razón Paul Calver y el oasis mediático catalán estaba incompleto: "La televisión te lava el cerebro e Internet elimina toda resistencia del pasado". Pues eso.

¿Quién se está quedando con nuestro pasado? Democracia y memoria histórica
José Luis López de Lizaga El Confidencial 27 Abril 2014

Pocos días después de la muerte de Adolfo Suárez, este diario daba noticia de un informe sobre los escasísimos conocimientos de algunos universitarios españoles (en concreto, estudiantes de Magisterio de la Universidad Autónoma de Madrid) acerca de la Guerra Civil, la dictadura de Franco y la Transición (“Cautiva y desarmada, la ESO se olvida de la Guerra Civil”, El Confidencial 30/03/2014).

Como seguramente esos estudiantes no son una excepción, lo que indica este informe —elaborado por el profesor Fernando Hernández, de la UAM— es que las generaciones más jóvenes apenas saben nada acerca de la historia reciente de España. Se da, pues, la paradoja de una impresionante conmemoración pública de un hombre (Suárez) y un periodo histórico (la Transición) sobre los que, en privado, una parte importante de la población lo ignora casi todo.

Hay algo extraño e inquietante en el propósito de fijar desde el poder político una memoria colectivaSon interesantes, además, algunas de las razones de ese desconocimiento: muchos de los estudiantes encuestados para la elaboración del informe tenían la impresión de que sus profesores de ESO y Bachillerato habían preferido tratar esta materia superficialmente para evitar la polémica política. Así que en realidad no es extraño que las generaciones más jóvenes no estén informadas sobre esa parte crucial de nuestra historia: aparte de las carencias generales de nuestro sistema educativo, quizás esta desmemoria encubre oportunamente la cuestión, todavía no resuelta, de cuál es la interpretación de la Guerra Civil y de la dictadura franquista más compatible con los valores de la sociedad española actual.

Precisamente esta cuestión era el fondo del interesante debate en torno a la “memoria histórica” que tuvo lugar en España hace algunos años, y que después ha quedado aparcado por la avasalladora crisis económica (y por la irrelevancia a la que ha sido condenada la Ley aprobada en 2007). En torno a la memoria histórica se enfrentan dos posiciones que tienen de su parte buenas razones. Por un lado, hay algo extraño e inquietante en el propósito de fijar desde el poder político una memoria colectiva, o en la pretensión de que todos los miembros de una sociedad democrática compartan una visión de su historia. Por otro lado, parece legítimo exigir que todos los grupos sociales y políticos de la España actual compartan un rechazo unánime y sin ambigüedades de un régimen dictatorial que tuvo su origen en una sublevación militar y que hasta el último día se caracterizó por la violación de los derechos humanos. Nos topamos aquí, por tanto, con una especie de antinomia. Y sin embargo, hay buenas razones para defender que una sociedad democrática requiere un determinado grado y un determinado tipo de memoria histórica común.

¿Es posible llegar a un consenso respecto a la historia?
Tratamos aquí con un problema de identidad colectiva, y para aclararlo podemos partir de una analogía con la identidad individual. El filósofo alemán Jürgen Habermas describe la formación de la identidad individual como un proceso de “comprensión apropiadora de la propia biografía”, es decir, como un proceso en el que descubrimos quiénes somos y decidimos quiénes queremos ser mediante la apropiación selectiva del propio pasado. Cada uno de nosotros lleva a cabo individualmente esta construcción, pero algo similar ocurre también en la esfera pública, en la que se decide colectivamente el modo en que los ciudadanos de un Estado definen su identidad en tanto que tales (esto es, su identidad política, no su identidad privada).

La memoria es un asunto subjetivo e individual, y pertenece a la esfera privada; la historia, en cambio, es un campo en el que pueden obtenerse conocimientos objetivosAhora bien, existe una importante diferencia entre la construcción de ambas identidades, y es el hecho de que, en el caso de la identidad colectiva, la apropiación selectiva del pasado siempre puede suponer un agravio para alguien. Cuando tratamos de definir nuestra identidad individual, descartamos como irrelevantes algunos episodios de nuestra biografía; cuando establecemos una identidad común, excluimos la memoria de otros. Por eso Paul Ricoeur señala que la construcción de una memoria histórica común topa siempre con la dificultad de que “los mismos acontecimientos significan para unos gloria y para otros humillación”.

Ante esta dificultad, una opción es rechazar sin más la idea de memoria histórica. Y de hecho en nuestro país se ha sostenido a menudo que esta expresión es una contradicción y que debemos disociar sus dos elementos de acuerdo con la distinción entre lo privado y lo público: la memoria es un asunto subjetivo e individual, y pertenece a la esfera privada; la historia, en cambio, es un campo en el que pueden obtenerse conocimientos objetivos, pero su fijación compete a los historiadores, no a las leyes, los políticos o los ciudadanos. Sin embargo, este argumento va demasiado lejos, pues parece implicar que las sociedades no deberían conmemorar públicamente ningún acontecimiento histórico ni cultivar ninguna interpretación compartida de su propia historia.

Ahora bien, es evidente que la memoria pública existe, y que forma parte trivialmente de nuestra vida cotidiana. En Madrid se conmemoran anualmente los hechos del 2 de mayo de 1808, el 6 de diciembre se celebra en toda España el día de la Constitución, etc. Estas conmemoraciones, en principio triviales e inofensivas, forman parte de algo que podemos llamar metafóricamente una “memoria común”, y que contribuye a fundar la identidad política compartida de los ciudadanos de un Estado. Por otro lado, es indudable que cualquier ejemplo de un hecho histórico conmemorado podría interpretarse en términos partidistas u ofender la memoria de algún grupo social presente o pasado (los afrancesados en la guerra de independencia, los franquistas contrarios a la Constitución de 1978, etc.), y pese a ello nadie discute su legitimidad o su conveniencia. Sin embargo, cuando se trata de la Guerra Civil y del franquismo surgen argumentos de todo tipo para criticar no ya el contenido, sino el concepto mismo de una memoria histórica compartida. Pero esto no prueba que este concepto sea absurdo, o que una memoria común de los acontecimientos del siglo XX español no sea posible. Sólo indica que esa memoria no ha terminado aún de establecerse.

La conveniencia de una memoria común
La pregunta que debemos hacernos no es, por tanto, si podemos construir una memoria común de la Guerra Civil y el franquismo, sino si esa memoria común es conveniente, y si es legítimo exigirla y fomentarla, aunque sea selectiva y parcial. Y para responder a esta pregunta, puede ser útil recurrir al filósofo político norteamericano John Rawls, y en concreto a su concepto de razón pública. Rawls formula este concepto en un contexto teórico muy diferente al de nuestros debates sobre la memoria histórica. Su preocupación es, más bien, indagar las condiciones que permiten lograr una convivencia estable y una solución pacífica de los conflictos políticos en sociedades culturalmente heterogéneas, es decir, caracterizadas por un pluralismo de visiones del mundo y formas de vida que a menudo chocan entre sí. Rawls formula este problema en los siguientes términos: “¿es posible que se dé una sociedad estable y justa, cuyos ciudadanos, libres e iguales, estén profundamente divididos por doctrinas religiosas, filosóficas y morales enfrentadas y aun inconmensurables?” Y su respuesta es que, en efecto, es posible una sociedad estable a pesar de esas profundas diferencias, siempre que todos los grupos que componen la sociedad acepten un conjunto de principios políticos comunes, a la luz de los cuales puedan formular y resolver los conflictos políticos que surjan entre ellos.

Ese conjunto constituye lo que Rawls denomina la “razón pública” de una democracia, e incluye principios tales como el reconocimiento del pluralismo, el respeto a los derechos humanos o la aceptación de las reglas de la democracia. El papel crucial de esta razón pública en la vida democrática es evidente: para que funcione una democracia, todas las posiciones políticas que pretendan defenderse en la esfera pública han de poder expresarse y fundamentarse, en última instancia al menos, en los términos de esa razón pública.

Si la identidad democrática de los españoles ha de cobrar un espesor histórico, éste sólo puede fundarse en la condena de las ideologías y los regímenes antidemocráticos que forman parte de nuestra historiaAhora bien, ¿qué sucede cuando en una sociedad coexisten interpretaciones y valoraciones distintas o antagónicas de la historia de la propia comunidad política? Podemos exponer este problema mediante una paráfrasis de la pregunta de Rawls a la que antes nos hemos referido: ¿es posible que se dé una sociedad estable y justa cuyos ciudadanos, libres e iguales, estén profundamente divididos por interpretaciones del pasado común enfrentadas y aun inconmensurables? En mi opinión la respuesta a esta pregunta es que la razón pública de una democracia requiere también una memoria histórica común. Los acontecimientos históricos susceptibles de elevarse a la categoría de recuerdos compartidos, conmemorados o rechazados, y en cierto sentido (metafórico) públicos, están tan sometidos al criterio selectivo de la razón pública como lo están todos los componentes de las diversas ideologías, creencias religiosas o doctrinas filosóficas defendidas por los ciudadanos. Esto no significa, naturalmente, que la política deba sustituir a la investigación histórica: la razón pública no afecta al conocimiento de los hechos históricos, sino a su interpretación públicamente relevante. Y lo que parece exigir la aplicación de la criba de la razón pública a nuestra memoria histórica es, simplemente, que todos los grupos de la sociedad, sea cual sea su orientación política, siempre que ésta pretenda ser compatible con la democracia y los derechos humanos, coincidan en condenar y rechazar sin ambigüedades no sólo la violencia y la barbarie de la Guerra Civil, sino también el régimen franquista, incluso si ese rechazo se justifica en cada caso mediante razones diferentes, extraídas de los diferentes recursos culturales e ideológicos de cada grupo cultural o social.

Podemos, pues, aplicar a la memoria histórica la criba de la razón pública. Pero además, cabe argumentar que esa criba es inevitable. Como toda identidad individual o colectiva, también la identidad política democrática requiere una apropiación selectiva y crítica de las tradiciones culturales y de la propia historia, y la criba es especialmente importante en un país como España, cuya historia y cultura política no siempre han encajado bien con los valores de una sociedad democrática. No todo lo que hemos sido nos sirve para definir lo que ahora somos o lo que queremos ser, y si la identidad democrática de los españoles ha de cobrar un espesor histórico, éste sólo puede fundarse en la condena de las ideologías y los regímenes antidemocráticos que forman parte de nuestra historia. Por eso el rechazo unánime, público e inequívoco del franquismo (y esto significa: la conciencia pública de los crímenes de Estado que se cometieron entonces, la memoria pública de sus víctimas, la persecución de los crímenes no prescritos y una condena clara de todas las expresiones apologéticas y nostálgicas que todavía se producen) contribuiría a reforzar la única forma de identidad política que los españoles podemos cultivar en una democracia moderna.

Última fase de la monarquía juancarlista
Ernesto Milá. Minuto Digital 27 Abril 2014

Durante la transición, los franquistas, a cambio de aceptar la democracia de los partidos, recibieron el que España siguiera siendo monárquica. Todos contentos: la oposición democrática tenía legalizados a sus partidos y los franquistas creían que con el Rey seguía proyectándose la voluntad del aquel que reinstauró la monarquía en España, Franco. Sin embargo, hasta el 23-F, la monarquía no fue aceptada ni tomada en serio. Desde entonces ha llovido mucho. Hoy, la crisis política del régimen y la corrupción en el entorno de la Familia Real nos han situado en puertas de la sucesión.

Desde hace semanas se vienen produciendo algunos “movimientos” en torno a la imagen del rey que parecen indicar que nos encontramos al final de un ciclo y al principio de otro. La erosión física del monarca parece irreversible a pesar de sus 76 años, pero hay algo todavía más deteriorado: la imagen de la institución monárquica.

Corrupción en la cúspide del Estado
Hasta ahora, Juan Carlos había salido indemne de los muchos casos de corrupción que se habían producido en su entorno de amistades. Los nombres de Javier de la Rosa, Prado y Colón de Carvajal, Ruiz Mateos o Mario Conde, que en su momento mantuvieron una estrecha relación de amistad con el monarca, pasaron ante los juzgados, protagonizando sonados episodios de corrupción y/o mala gestión. Todos ellos confiaban en que la amistad con el monarca les crearía un entorno de invulnerabilidad, pero, a la hora de la verdad, se encontraron solos ante la justicia. La Casa Real tuvo la habilidad de minimizar la envergadura de estas amistades y el prestigio del Rey no se vio erosionado. Pero en el caso Urdangarín ha resultado mucho más difícil establecer un círculo defensivo.

La falta de prudencia, las ambiciones desmesuradas y la rapacidad en obtener rentabilidad a su situación matrimonial, así como una sensación de invulnerabilidad, hizo que Urdangarín se comprometiera en operaciones difícilmente justificables que entran de lleno, no solamente en la defraudación fiscal sino también en la corrupción pura y dura y el tráfico de influencias. Pero en este viaje no estuvo solo: la firma de la infanta aparece en demasiadas ocasiones como para que todo pueda atribuirse al “amor” conyugal, tal como ha alegado su defensa. Por primera vez desde el inicio de la democracia, el entorno próximo –demasiado próximo– al Rey quedaba salpicado por un caso de corrupción.

Anteriormente, distintos deslices en materia sexual cometidos desde su juventud, habían ocasionado problemas a los asesores de imagen de la Casa Real, pero en esta ocasión no se trataba de las cartas enviadas por el entonces príncipe a un amor de juventud, por los papeles guardados por una estrella del destape, o por la tocata y fuga del rey con una periodista suiza mientras las leyes que debía revisar eran firmadas por un plotter, ni siquiera de una malhadada cacería ni de una princesa aventurera en el mundo de los negocios, era mucho peor: un verdadero caso de corrupción en el que alguien que no tenía necesidad de realizar estas prácticas –pues su futuro estaba aseguro por la fortuna familiar y por la parte de la herencia que le correspondería de su suegro– llegaba incluso a utilizar a asociaciones de niños minusválidos para desviar fondos públicos, defraudar a Hacienda, justo en el momento en el que la crisis económica alcanzaba su nivel máximo y el paro superaba los cinco millones.

Solamente un rápido divorcio, la devolución de las cantidades sustraídas, un pago a Hacienda de las multas y las cantidades adeudadas y un reconocimiento público de las culpas, seguida de la aceptación de la sentencia y de la subsiguiente petición de indulto, hubieran resuelto la situación. Pero la Casa Real no se sintió con valor de realizar todo este recorrido, ni la infanta estuvo en ningún momento de acuerdo con el planteamiento.

Para colmo, Urdangarín adoptó la peor defensa posible: culpar a su socio, el cual vio procesada a su esposa, respondiendo violentamente: si caía su esposa, también caería la infanta. A partir de aquí se inició la filtración de emails privados que hacían inevitable la imputación de Doña Cristina de Borbón. La cacería real en África y la irrupción de la princesa Corina, junto con las noticias sobre la salud real y las sucesivas operaciones, terminaron por disolver todas las esperanzas de que Juan Carlos pudiera concluir airoso su reinado. La bochornosa disculpa pública (el “lo siendo, no se volverá a repetir”) contribuyó a hacer más patética aún la imagen de la monarquía.

Fue en este contexto en el que se inició la “operación abdicación” apoyada especialmente por Leticia Ortiz y por la reina Sofía, voluntariamente alejada en Londres. La parte más amable de la operación era preparar a Don Felipe para asumir la corona. Eso implicaba pasearlo por todo tipo de eventos por el territorio nacional, convertirlo en una figura conocida, habitual en los telediarios y familiarizarlo –al menos en teoría– con los problemas de los españoles. En el momento de escribir estas líneas, la pareja Felipe-Leticia prosiguen esa actividad a ritmo acelerado que incluyen desde reuniones con empresarios, visitas a Cataluña, hasta un cuidado extremo en cuestiones de imagen (operaciones de mandíbula de Leticia).

Pero todo esto no ha bastado: la operación fallaba precisamente por el eslabón más débil: Juan Carlos I, fiel a la tradición de su padre, no parece dispuesto a abdicar. En ese contexto, la publicación del libro de Pilar Urbano, El precio del trono, lanzado pocas horas después del fallecimiento de Adolfo Suárez, puede ser considerado como otra fase de la operación. Cabe recordar que la Urbano, miembro del Opus Dei, es también autora de varios libros de pura intoxicación (Mohamed Atta, sobre los atentados del 11-S, Con la venia, yo indagué el 23-F, Yo entré en el CESID…) diestros en el arte de sembrar pistas falsas, desviar las sospechas hacia callejones sin salida, crear confusión y sembrar pistas falsas.

Desde siempre habían corrido rumores sobre la implicación de Juan Carlos I en los episodios del 23-F. Si existió tal implicación, debió reducirse al comentario que realizó la reina Sofía al general Armada (“Alfonso, sólo tú puede salvarnos…”) y poco más. De la misma forma que la transición, contrariamente a lo que se suele difundir, no fue diseñada ni por Adolfo Suárez, ni mucho menos por el monarca, sino por las fuerzas económicas nacionales e internacionales que precisaban la integración de España en Europa y en el marco de la OTAN, el 23-F, en tanto que culminación de la transición, debió tener como autores intelectuales a los mismos promotores de la transición.

Hizo falta que muriera Adolfo Suárez para que el libro se pudiera publicar. Los funerales de Estado del antiguo presidente de UCD revitalizaron el recuerdo de la transición y de sus misterios y “alguien” aprovechó para lanzar una nueva andanada sobre Juan Carlos y sobre su trayectoria pasada. La andanada, no partía de sectores antimonárquicos, sino más bien, se ambientes conservadores en absoluto hostiles a la monarquía: el Opus Dei, el editor Lara, el entorno de la Reina…

La Casa Real recomendó al rey asumir la figura de Don Tancredo, un “no te muevas que es peor”, renunciando a realizar cualquier comentario sobre el libro y actuando como si no pasara nada. Y entonces vino un nuevo “aviso”: el jet real, inexplicablemente se averió por quinta vez en seis meses al tener que trasladar a Juan Carlos de su periplo por el Golfo Pérsico a la final de la Copa del Rey de fútbol. ¿Avería o advertencia? Cada cual es dueño de pensar lo que quiera a la vista de la delicada situación de la monarquía juancarlista.

Situando la crisis de la monarquía
Los pactos de la transición establecieron que el sistema político español sería una monarquía constitucional. Hasta ahora, dichos pactos se han respetado, pero en la actualidad la crisis económica ha terminado generando una crisis política una de cuyos frentes abiertos es precisamente el futuro de la institución monárquica. Por primera vez, incluso algunos monárquicos son conscientes de que la persistencia de Juan Carlos en seguir en el trono puede aumentar el desprestigio de la institución monárquica e incluso generar el fin de la monarquía. Tales sectores –incluso una parte de la Casa Real– opinan que solamente la sucesión y los fastos que generará pueden suscitar un nuevo impulso de popularidad y un baño de masas para la institución que deje atrás la erosión que está sufriendo en estos últimos cuatro años.

Así pues, la crisis de la monarquía es una parte de la crisis política que vive España. La monarquía juancarlista se encuentra en estos momentos más que amortizada y parecería razonable que antes que se desencadene la “tormenta catalana” (que alcanzará su máxima virulencia en el último trimestre de 2014), se produjera la sucesión monárquica sin más tensiones. Pero la lógica y el sentido común no siempre dirigen la actividad del monarca y en este caso, al igual que su padre, Don Juan de Borbón, Juan Carlos se niega a abdicar en beneficio de su hijo.

Hay que recordar que estos dos distintos entornos monárquicos están rodeados de una red de asesores, especialistas en imagen, analistas políticos, que sugerirán a cada parte, las mejores técnicas e iniciativas para imponerse a la otra. Los enfrentamientos entre Borbones no son una novedad en la historia de España desde que Fernando VII traicionara a su padre. Pero lo que se dirime aquí es no solamente el momento en el que tendrá lugar la sucesión, sino la existencia misma de la monarquía.

Parece difícil que el tiempo consiga mejorar la caída en picado de la imagen de Juan Carlos I que se ha producido en los últimos años. El escenario más peligroso es el instante de crisis centrifugadora combinado con la reivindicación de la República, con un rey incapaz de tomar la iniciativa y mermado físicamente. Escenario que tenemos a la vuelta de la esquina. Si se retrasa excesivamente la sucesión, lo que peligra es la misma institución monárquica.

Termine como termine el sainete catalán, parece evidente que en un plazo no mayor a cinco años va a ser necesaria una reforma constitucional. Tal reforma puede hacerse “a mínimos” (apenas unos retoques para reforzar el sistema basado en los dos partidos hasta ahora mayoritarios) o una reforma “a máximos” que puede acabar con la institución monárquica para siempre. Todo va a depender del tiempo que Juan Carlos siga manteniéndose en el trono.

No se negocia
JUAN CARLOS GIRAUTA  ABC  27 Abril 2014

«Como aquel tonto en seis idiomas, lo de Mas no varía con nuevas etiquetas» «La historia está llena de catástrofes con el sello nacionalista»

Ansioso por demostrar que está en el rollo, cual mando intermedio bisoño tras un seminario de empresa, Mas invoca un win-win para ellío que solo él ha montado. Si dijera «todos ganan», o «nadie tiene por qué salir perdiendo», seguiría siendo igual de falso, pero no daría vergüenza ajena. Quiero decir que al menos nos ahorraría la melancólica constatación de que na die – ni siquiera un buen hablante del inglés– se libra aquí ya de la superstición que atribuye sentidos más profundos, más anchos (¡y más mágicos!) a la lengua ajena y prestigiada.

Todo muy coherente, por otra parte, con la ideología nacionalista, que es la suya, y que se apoya, entre otras magníficas falsedades, en la perversa, sugerente y nunca demostrada tesis herderiana: cada lengua conllevaría o arrastraría una particular visión del mundo. Aquí el problema para Artur Mas, y para el resto de supersticiosos, es que, en Herder, uno no va dando volteretas por las alternativas visiones del mundo: no basta mudar el idioma. La visión de tu lengua te acompañará en todas las lenguas que aprendas y practiques, como la ciudad acompaña a Kavafis. Y así como aquel que no recuerdo era tonto en seis idiomas, lo de Mas no varía con nuevas etiquetas de cursillo intensivo.

Las razones son múltiples y poderosas, siendo la principal que el asunto no es negociable. Es una pura relación de poder; se estudia en otro módulo que Mas todavía no ha cursado. Este mando intermedio no ha sacado provecho del seminario de habilidades directivas y tiende, en previsible sesgo, a aplicar su nuevo descubrimiento a todo lo que se mueve. Alguien le atribuyó en su momento sensatez y rigor. Cuando nada se sabía de él, claro.

El error obedece a que la mayoría de analistas están acomplejados por su falta de mundo, por ser listos en un solo idioma; si entenuncierto complejo ante el políglota. También obedece a las consabidas ventajas que tienen en política los maniquíes de El Corte Inglés, tan planchaditos, tan asépticos. Luego los votas y te sale Zapatero. O el mando intermedio.

Sea como fuere, tiene miga que el hombre describa el asunto exactamente al revés. No simplemente mal, o desviadamente, o desatinadamente: ¡al revés! Como la cabeza de la niña del exorcista. Sepa el mando intermedio que no en balde se tiene al nacionalismo por la gran ideología destructiva. El «todos ganan» no va con ella.

En el mejor de los casos, una empresa como la de Artur Mas acaba en win-lose (para que lo entiendas, supersticioso). Lo normal es el lose-lose. Podríamos exigir precisión a Mas y preguntarle quiénes son los sujetos de eso que él ha tomado por negociación. ¿Rajoy y él mismo? ¿El Gobierno de España y el consejo ejecutivo de la Generalidad? ¿Los españoles y los catalanes? Algo me dice que, en público, el mando intermedio optaría por esta tercera opción. O sea, que yo ganaría dos veces. Lo cual es realmente curioso teniendo en cuenta que los españoles de Cataluña no queremos saber nada de soberanías troceadas ni de declaraciones de independencia. Es que no sabemos lo que nos conviene. La historia europea está llena de catástrofes con sello nacionalista; empiezan con envenenamientos del tipo «X nos roba», y acaban mal para todos. Así que lo mejor que se puede esperar del proyecto separatista de Mas (y lo digo, también, con frialdad de seminario de empresa) es que la parte que tiene el poder efectivo minimice los daños precipitando el despido del mando intermedio que se ha confundido de marco, de táctica y de siglo.

Los presos de Mas
IÑAKI EZKERRA ABC  27 Abril 2014

Del derecho a decidir Mas habría pasado al derecho a delinquir o incluso a la obligación de hacerlo

ARTUR Mas ha puesto a trabajar a los presos del penal de Lérida en la confección de las papeletas de su referéndum. Lo ha revelado la diputada del PP catalán Dolors López Aguilar y lo ha confirmado el Centro de Iniciativas para la Reinserción. La verdad es que este hombre no tiene idea buena. Si de lo que se trata es de reinsertar a esos presos, que lo son por haber infringido la Ley, no parece la mejor ni la más brillante iniciativa ésta que consiste en conseguir que vuelvan a infringirla. ¿Puede llamarse con propiedad «política de reinserción» la que fuerza o anima a unos delincuentes juzgados y condenados a colaborar en la comisión de un nuevo delito? La ocurrencia es perversa se mire por donde se mire. Si semejante ocupación carcelaria es obligatoria supone un inadmisible abuso de poder sobre unas personas en clara situación de indefensión a la hora hacer valer los derechos civiles que no les han sido recortados por sus condenas. Si esa ocupación es voluntaria no sólo se les está invitando a la reincidencia en la impunidad sino se está descalificando a la legalidad que los ha recluido así como desposeyendo de sentido a la propia pena que están cumpliendo. La aberrante pedagogía de masas que Mas está aplicando a la Cataluña de hoy habría alcanzado, así, su más radical y genuina expresión en la política penitenciaria. Del derecho a decidir habría pasado al derecho a delinquir o incluso a la obligación de hacerlo pues no resulta verosímil que, ante tamaña presión social y política, se pueda expresar libremente quien está privado de libertad. Dicho de otro modo, ¿qué ocurre si un interno de la prisión de Lérida se niega a redimir pena en los trabajos forzados del soberanismo?

Hay otras preguntas. Si Mas va a intentar llevar a cabo esa delictiva consulta, ¿no estaría perpetrando otro delito al convertir a esos reclusos en colaboradores necesarios o innecesarios, lo que es peor aún? Y, si ya da por hecho que la consulta no va a tener lugar, ¿no los está poniendo a trabajar en algo que no sirve para nada? ¿No está tratando de emular la esencia de la maquinaria nazi que buscaba la deshumanización y anulación totales de la víctima haciéndola consciente de que su trabajo era absolutamente inútil y no reportaría ningún beneficio ni siquiera a sus represores? Uno empieza a sospechar que Mas padece el mismo síndrome de Arzalluz; que le halagan esas similitudes totalitarias y las busca adrede. Yo creo que lo que de verdad le inspira es lo más cutre del franquismo. Primero aquel célebre Alarde Sindical a lo Solís en el Camp Nou. Luego ese remedo de la autarquía que es una Cataluña fuera de todo, de España y de la UE. Ahora este uso de los penados para ese Valle de los Caídos de cartón piedra en que se ha quedado su régimen; ese olor a cerrado, ese tufo, este airecillo de posguerra que les está dando a sus instituciones. Dolors López Aguilar le ha comparado con los faraones? No sé. Yo creo que ya es hora de mandarle a Puerto Rico con Ibarretxe.

EL BEBÉ SALE DE LA CUNA
Un reino recién nacido y en guerra con un Islam corrupto y sangriento
Pascual Tamburri Bariain www.elsemanaldigital.com 27 Abril 2014

No sólo Asturias era España, aunque a veces sólo lo pareciese. Así lo entendieron los hijos de don Pelayo. En una compleja maraña que J. J. Esparza utiliza para animarnos otras vacaciones.

No estoy muy seguro de que los españoles del siglo XXI fuesen capaces, y tuviesen la voluntad, de resistir una invasión extranjera. Pero no olvidemos que tampoco sus antepasados del siglo VIII lo hicieron: sólo un puñado de "radicales" y de "extremistas" se unieron a don Pelayo en su aventura asturiana, y no muchos más siguieron en la genial epopeya de Alfonso I. Pero, pocos o muchos, lo hicieron, y mientras la mayoría de hispanogodos se islamizaban, pasivamente primero y activamente unas generaciones después, nació un reino en el Norte, único heredero legítimo de Roma y de Toledo. Desde luego que la vida en torno a Oviedo no debía de ser fácil, pero resistieron a diferencia de los Banu Qasi, visigodos conversos, y de sus primos los íñigos, cristianos sumisos en Pamplona. Con Alfonso II las tornas cambiaron y el reino montañés empezó a mostrarse sólido, agresivo, a la altura del imperio de Carlomagno y capaz de aprovechar todas las debilidades de sus enemigos, y con un proyecto ambicioso hasta lo aparentemente absurdo, pero sin jamás renunciar a él.

Desgraciadamente nos hemos acostumbrado a pensar en aquellos siglos como si se tratase de una dimensión mítica e intocable, en unos casos, o de una invención identitaria ajena a nuestra realidad, en otros. La verdad es que fueron hombres y mujeres de nuestra sangre, con pasiones, virtudes y defectos, con aciertos y errores, unos altos y otros bajos, unos fuertes y otros débiles, con proyectos y metas entrecruzados y no siempre compatibles. Debemos ya a José Javier Esparza buenos pedazos de historia asturiana y de narraciones de la reconquista accesibles para un joven de hoy; ahora, al seguir su saga de novelas con El Reino del Norte ambienta en aquel lugar y aquella hora una narración totalmente moderna que es a la vez novela negra, romance y choque de espadas. Quizá sea la mejor manera de entender que el reino de Oviedo no fue precisamente un lugar de paz y serenidad en el siglo IX, y a la vez que la Córdoba de los Omeyas no fue sólo el paraíso de las artes, la cultura y la tolerancia que por propaganda tendemos a imaginar ahora.

Con varias tramas de ficción, llenas de buenos recursos y que enganchan al lector desde el principio, Esparza consigue a la vez entretener y mostrarnos la complejidad de aquel siglo lejano en todos los sentidos. Un siglo aún sin una ley sucesoria clara en una monarquía turbulenta, y en guerra civil entre el heredero designado Ramiro y el usurpador Nepociano. Un siglo en el que la fuerza era camino aceptado para resolver litigios –poco hipocresía, entonces. Un siglo de matrimonios concertados y pagados, pero no ajeno a los amores; un siglo de religiosidad elemental y sencilla, pero no sin grandes cabezas y aún mayores corazones. No es un libro de historia, pero hay que conocer muy bien la Edad Media para colocar en aquellos lares a caballeros, labriegos, damas y monjes sin traicionar lo que realmente fueron y presentarlos de un modo que nos hace aprender y a la vez hace que se nos pase el tiempo sin darnos cuenta.

¿Tiene usted menos de 30 años y como víctima de la LOGSE y de la LOE no conoce la España medieval como fue? No se aburra: este libro es la mejor opción para disfrutar en vacaciones del pasado y de su a veces muy duro realismo. Tiene un grave defecto, porque se termina cuando casi uno siente que acaba de empezar a leerlo, pero supongo que eso tiene fácil remedio. Con Esparza un español verá sin tapujos a sus antepasados de hace más de mil años, y aunque seguramente esto no gustará a algunos eruditos y escépticos profesores esto dice mucho más de nuestra época y de nuestra Universidad que de aquélla o del libro.

¿Eran españoles Abderramán II, sus mercenarios, sus eunucos y su harén? Por la ventana de ficción de Esparza entendemos mejor algo que no hace mucho decía aquí mucho dom Santiago Cantera Montenegro mano a mano con Carmelo López-Arias: la idea de España "es la idea de que España se ha perdido a manos de los musulmanes, y ello conduce a un lamento por este hecho. El cronista llega a exclamar: ¡Oh infeliz España!... en la Crónica mozárabe de 754, escrita por un anónimo monje mozárabe de Córdoba o de Toledo en esa fecha, y a continuación fue apareciendo en otras crónicas". Y "por el contrario, la gesta de don Pelayo en Covadonga será vista por la crónica astur de Alfonso III (866-910) como la salvación de España". La sociedad del Norte, con sus tumultos y errores, mira siempre hacia la reconstrucción de esa España, y se organiza como todas las sociedades europeas y cristianas del momento; la sociedad cordobesa, inmensamente más rica y poderosa, mira a su placer y al modelo oriental, y el Norte no deja de ser una molestia. El tiempo dirá después con qué resultado; pero mientras tanto, disfrute usted leyendo.

Protagonistas Murcia | Alfredo Pérez Carrillo:
“Ortega Lara es un héroe nacional. Es un hombre que ha padecido y casi murió por cumplir con su deber con España”
Juan Carlos Garcia Minuto Digital 27 Abril 2014

Seguimos acercando a MD Edición Murcia a los verdaderos protagonistas del cambio y futuro de la Región Murciana. Nos interesa la opinión de todos aquellos que aportan y no restan. Es el caso de Alfredo Pérez Carrillo, conocido médico murciano al que traemos hasta MD.

Con la que está cayendo y el descrédito de la imagen de nuestros políticos, ¿Qué le ha llevado a afiliarse a un partido nuevo como es Vox?

Alfredo Pérez CarrilloA- Hasta ahora nunca había militado en ningún partido, porque no me habían satisfecho totalmente los programas. Sin embargo el manifiesto de Vox se adapta casi al cien por cien a mi forma de pensar. Además pienso que ha llegado el momento de colaborar para cambiar el panorama político español, que es desolador.

¿Qué espera de VOX de cara al futuro, lo ve como un partido con aspiraciones claras a corto plazo, o cree que los resultados favorables, de conseguirse, tardarán en materializarse?

A- No nos engañemos. Para cambiar este sistema partitocrático que se ha asentado durante décadas y que ha invadido todos los sectores de la sociedad, hará falta un esfuerzo de muchos años. Un esfuerzo no solo en el terreno político, también en el cultural, mediático, empresarial… Un cambio de mentalidad en los ciudadanos. Pero confío en que, poco a poco, vayamos teniendo presencia en las instituciones.

Usted estuvo en la presentación oficial del partido el pasado sábado en Murcia; dígame ¿Qué resaltaría del acto y cómo lo vivió?

A- Fue un acto muy esperado y que vivimos con mucho interés y con ganas de dar a conocer este proyecto entre los murcianos. Resaltaría la esperanza con la que salimos del acto la inmensa mayoría de los asistentes, después de escuchar cosas que nadie hasta ahora había dicho con convicción dentro del panorama político.

De entre todas las personalidades que conforman el partido, podríamos decir que Ortega Lara es la que más simpatías y admiración despiertan dentro de los afiliados y simpatizantes ¿Es su caso? ¿Y a quién valora más positivamente dentro del partido y por qué?

A- Ortega Lara es un héroe nacional. Es un hombre que ha padecido y casi murió por cumplir con su deber con España. Un hombre leal a sus principios. Pero dentro de Vox hay que admirar a todas esas personas anónimas (estudiantes, trabajadores, padres o madres de familia…) que han dado un paso adelante para luchar desinteresadamente por el bien de todos los españoles. En una sociedad tan individualista y apática creo que tiene mucho mérito.

Los valores dentro del partido están claros y bien definidos en el manifiesto fundacional, pero aparte de la defensa de España, de la vida, de la honradez y la honestidad de nuestros políticos, de la libertad individual y la transformación de España en un estado moderno y más centralizado ¿Qué otras cuestiones destacaría Usted a título personal y que le gustarían que estuviesen presentes en el ideario de VOX?

A- El manifiesto es bastante completo y abarca los puntos fundamentales. Personalmente me parece fundamental el fortalecimiento de la familia como pilar básico, con políticas de fomento de la natalidad y de la estabilidad familiar y, por otra parte, fomentar una sociedad civil fuerte, que pueda recuperar ese terreno perdido a manos del Estado. Me refiero a la recuperación de la iniciativa social en la educación, en la cultura, etc.

¿Ve Usted a la sociedad Murciana preparada para afrontar un cambio de tendencia electoralista y que al fin se dé el paso para confiar en otros partidos, o es tanto el poder de los dos grandes partidos como para que el resto se tengan que conformar con las migajas del sistema?

A- Hay demasiadas redes clientelares tejidas en torno a las comunidades autónomas, y Murcia no es una excepción. Como decía antes, costará años y un gran esfuerzo. Sin embargo, Murcia, por su carácter emprendedor y por su mayoría social más bien conservadora, puede ser un zona favorable para Vox si conseguimos llegar a la gente.

¿Qué le preocupa más en lo social y político de la actual situación de la región?

A- Sin duda una tasa de paro del 30% es algo dramático, con muchas familias en situaciones terribles, incluso teniendo que marcharse. La situación es compleja, además, por los pésimos índices educativos y por la falta de una alternativa tras estallar la burbuja inmobiliaria. En cuanto a lo político, como es bien sabido, el déficit está desbocado y es imposible de controlar. Apuesto por una devolución progresiva de competencias al Estado hasta una supresión del Estado Autonómico, en línea con la propuesta de Vox.

Y por último ¿Qué le diría a la gente que se lo está pensando para afiliarse a Vox, pero aún no lo tiene claro?

A- Les diría que ahora es el momento. Que la situación en España es tan grave que no podemos permitirnos el lujo de no hacer nada. Por fin tenemos una opción a la que votar sin avergonzarnos ni taparnos la nariz, que defiende sin complejos los valores de la Derecha social española (la defensa de la vida y la familia, el imperio de la Ley, la unidad nacional, la propiedad privada, la primacía de la persona y la sociedad sobre el Estado…) Una organización que cuenta con sus afiliados, con verdadera democracia interna. Y, ante todo, un partido formado por gente estupenda (al menos, los que yo he conocido), que viene a servir a su país y no a servirse de él.

¿Qué celebran los políticos españoles?
El Confidencial 27 Abril 2014

Hay una frase un tanto bárbara y cruel de Stuart Mill muy celebrada en su día: “Prefiero ser un Sócrates insatisfecho que un cerdo satisfecho". Su explicación es evidente. El sabio inglés -impregnado del utilitarismo de Bentham- clamaba contra la herrumbrosa autocomplacencia instalada en la sociedad victoriana que le tocó vivir. Y eso explica el nacimiento de un furibundo inconformismo que aplicó con ahínco a todo su trabajo intelectual: la política, la economía, la filosofía o las matemáticas.

Por la misma época, España se debatía entre el sueño liberal y la pesadilla de la reacción conservadora. Pero, como se sabe, triunfó una determinada visión patrimonialista del Estado (el clientelismo político y las camarillas cercanas al poder) que alejó al país del proceso modernizador. Las élites de la Restauración y del periodo isabelino apagaron cualquier tentación reformista, y sobre esas agrietadas bases se levantaron algunos de los errores (y horrores) del primer tercio del siglo XX.

¿Cuáles fueron las consecuencias de tan nefasta política? El profesor Prados de la Escosura lo calculó hace algún tiempo para la Fundación BBVA. Y su conclusión es diáfana. El periodo de menor crecimiento del PIB per cápita de España en relación a los países más avanzados de Europa se situó entre 1850 y 1913. Durante ese periodo, apenas progresó un 1,02% de media anual, lo que representa un 25% menos que en la Europa continental más desarrollada: Alemania, Austria, Francia, Italia, Noruega o los Países Bajos. Así hasta doce países. Y eso que no se incluye el extraordinario caso de EEUU, cuyo PIB per cápita creció un 70% más que España.

Si la comparación se hace sobre un periodo más amplio (incorporando la guerra civil y la durísima postguerra) el resultado es todavía más decepcionante. Entre 1850 y 1950 el PIB per cápita de los principales países europeos creció dos tercios más que el español. Ahí radica, por lo tanto, el célebre atraso histórico.

Al contrario de lo que suele creerse, España supo (y pudo) recuperar el terreno perdido. Y desde los años 50 -cuando comienza la modernización de su aparato productivo- no ha hecho más que progresar. Claro está, salvo en los años de la crisis, en los que la riqueza relativa ha vuelto a situarse por debajo de los mejores países de Europa.

De manera intuitiva se puede llegar a la conclusión de que los avances en términos de prosperidad económica tienen que ver con los periodos reformistas. Y es evidente que ésta es la respuesta adecuada que explica lo que ha sucedido. Los cambios -y la internacionalización de su economía- le han venido siempre bien al PIB, y cuando la modorra y el conformismo se han impuesto en la acción política (como le sucede ahora a este Gobierno) el resultado no puede ser otro que un país manso que convive con naturalidad con la desdicha.

Una respuesta política
Y en este sentido, hay una información que publicaba el jueves pasado La Vanguardia que refleja hasta qué punto las carencias materiales más necesarias forman ya parte del paisaje social y ni si siquiera generan una respuesta política más allá de las generalidades habituales.

Tanta incontinencia legal es, sin duda, fruto de la existencia de un Gobierno de altos funcionarios y políticos profesionales (desde luego mejor que el anterior) que entiende la política como un ejercicio de resistencia, y que tiende a mirar los problemas con una superioridad de leguleyosUna información firmada por Adolfo S. Ruiz llamaba la atención sobre lo que estaba sucediendo en la Universidad de Sevilla (no se está hablando de barrios marginales o de fenómenos de exclusión social). El campus hispalense ha doblado el número de menús subvencionados en apenas tres años (hasta más de 20.000 en la actualidad). Aunque no sólo eso. Cada vez es más habitual que los universitarios se lleven el segundo plato del menú a casa para poder echarse algo al coleto durante la cena. Fundamentalmente, los que tienen su residencia habitual fuera de la capital andaluza y, por lo tanto, no viven con sus padres.

Desde luego que este paisaje no es representativo de lo que ocurre en el conjunto del país, ni siquiera en Andalucía, pero esa realidad choca contra ese discurso ridículamente optimista de muchos dirigentes del PP (afortunadamente el titular de Economía es mucho más prudente), que en un alarde de rigor intelectual celebran como un triunfo total y definitivo que la economía española, como ha avanzado el ministro De Guindos, vaya a crecer en el entorno del 1,5% este año y el próximo en medias anuales. Cuando todavía, como es obvio, padece un 25% de desempleo y ha expulsado del mercado de trabajo a cientos de miles de trabajadores mayores de 50 años que difícilmente van a poder encontrar un empleo y tendrán que vivir durante el resto de sus días de la acción protectora del Estado.

Se oculta, además, una realidad mucho más dramática. En el mejor de los casos, España (cuyo PIB sigue siendo hoy un 7% inferior al que tenía en 2008) -70.000 millones de euros menos- no recuperará los niveles de ocupación hasta bien entrada la próxima década. Y ello con un nivel de deuda pública que rondará este año el 100% del PIB después de haberse endeudado en casi 400.000 millones de euros en los últimos cuatro años. Y que junto a Irlanda es el Estado con mayor déficit público si se eliminan las ayudas a la banca. O que cuenta con una de las mayores deudas externas del mundo desarrollado (cerca del 100% del PIB).

Esta autocomplacencia probablemente sea coherente con la existencia de una democracia de baja intensidad que consiste en ganar las elecciones y ejercer el poder durante los dos primeros años, mientras que el resto de la legislatura se destina a preparar los siguientes comicios. Eso sí aprobando muchas leyes (cuanto más prolijas mejor) para dar sensación de que se hacen muchas cosas.Es decir, confundiendo hacer reformas de calado -incluidas las constitucionales- con la aprobación de muchas normas, decretos y leyes, como si ambas estrategias fueran la misma cosa.

Un Gobierno de funcionarios
La esencia del modelo de Estado de España, que explica en buena medida por qué este país ha sufrido la crisis mucho más que otras naciones, sigue incólume. Apenas se ha modificado pese a la aprobación de cientos y cientos de normas legislativas que dan la sensación de que todo cambia, aunque en el fondo, demasiadas cosas siguen igualTanta incontinencia legislativa es, sin duda, fruto de la existencia de un Gobierno de altos funcionarios y políticos profesionales (desde luego mejor que el anterior) que entiende la política como un ejercicio de resistencia, y que tiende a mirar los problemas con una superioridad de leguleyos duchos en la materia. Y el mejor ejemplo son esos viernes de gloria de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría en los que toda ufana anuncia leyes y más leyes que pasan de puntillas por algunas de las cuestiones verdaderamente de Estado: los problemas demográficos de un país que envejece, la sostenibilidad del actual sistema autonómico y municipal más allá de una reducción de los déficits fiscales o el modelo productivo para identificar qué papel quiere jugar España en un mundo globalizado, lo cual es un asunto mucho más complejo que presumir de multinacionales y ganar concursos internacionales.

O dicho en otras palabras. La esencia del modelo de Estado de España,que explica en buena medida por qué este país ha sufrido la crisis mucho más que otras naciones, sigue incólume. Apenas se ha modificado pese a la aprobación de cientos y cientos de normas legislativas que dan la sensación de que todo cambia, aunque en el fondo, demasiadas cosas siguen igual. Y todo lo que rodea a las elecciones europeas -la mediocridad más absoluta- lo demuestra de forma palmaria. Ni una discusión inteligente sobre los grandes problemas que aborda Europa en un mundo cuyo centro de gravedad se ha desplazado hacia Oriente. ¿Alguien conoce alguna idea de fondo cuando faltan menos de un mes para las elecciones?

Desde luego que el Gobierno no tiene el monopolio de tanta superficialidad en el análisis. Como recordaba hacer unos días el politólogo Roger Senserrich en un lúcido artículo en Politikon, el debate político español se ha llenado de gente que está más preocupada de salir en la tele y radio -“tanto como sea humanamente posible”-, que por aportar algo parecido a un análisis paciente y basado en la evidencia empírica. “Podemos cabrearnos tanto como queramos, pero no debemos confundir el cabreo con aportar soluciones”, sostenía Senserrich.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Los desmanes de la imposición lingüística

EDITORIAL Libertad Digital 27 Abril 2014

Los partidos nacionalistas siempre han mostrado un especial interés en utilizar la lengua vernácula como elemento diferenciador de la población. Este afán por erradicar la lengua común de todos los españoles en los territorios controlados por las formaciones separatistas, uno de los elementos centrales de su proyecto político, llega en ocasiones a límites obsesivos como hemos podido comprobar con el último informe sociolingüístico elaborado por el Gobierno autónomo vasco.

Haciendo balance del resultado de tres décadas y media de imposición lingüística en el ámbito público y en los centros educativos, para lo que no se han escatimado esfuerzos y fondos públicos, el porcentaje de vascos que habla Euskera ha crecido hasta llegar a un tercio de la población, pero el Gobierno regional Vasco ha descubierto que en nada menos que el 80% de los hogares de las vascongadas se sigue utilizando habitualmente el español. Por más que en el documento aparezcan conclusiones voluntaristas sobre el futuro presuntamente luminoso del Euskera como lengua predominante en el País Vasco, lo cierto es que en los ámbitos que todavía están a salvo de las imposiciones totalitarias del nacionalismo el uso del español sigue siendo mayoritario, para irritación de los que han hecho de la coacción lingüística uno de los ejes esenciales de su proyecto totalitario.

Las dificultades propias del Euskera normalizado, mezcla artificial de los numerosos dialectos existentes en las distintas partes del territorio vasco, hace que los resultados de su imposición sean más reducidos que en el caso del catalán. Sin embargo, la saña con que se trata de erradicar en ambos casos la lengua común de todos los españoles no tiene parangón en ninguna otra nación civilizada. En Cataluña se incumplen las leyes y las sentencias de los tribunales que exigen un uso equitativo del español y el catalán en la enseñanza o se sanciona el uso del español en el ámbito mercantil, mientras que en el País Vasco surge ahora la preocupación de las autoridades por el hecho de que la intimidad de los hogares esté todavía a salvo de su persecución.

La situación a estas alturas del Estado Autonómico es tan alarmante que incluso comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular como Valencia, Galicia o Baleares se han sumado a este memorial de abusos contra los que pretenden utilizar la lengua común de todos los españoles en uso legítimo de sus derechos constitucionales. Son las consecuencias de haber transferido a las comunidades autónomas unas competencias culturales y educativas que siempre debieron quedar en manos del Estado por su importancia para la vertebración de un proyecto común, con respeto a la diversidad, pero preservando los elementos que constituyen la esencia de una nación, como es el idioma que comparten todos sus habitantes

Pasar de los antepasados
FERNANDO SABATER, EL CORREO 27 Abril 2014

Hay que desarraigarse de esos mentores dudosos y manipulables porque lo importante no es lo que fuimos sino lo que somos y queremos llegar a ser.

La Europa unida que algunos quisiéramos tiene que enfrentarse a serios problemas actuales y a difíciles retos venideros, sin duda, pero también a tenaces demonios del pasado que de vez en cuando se escapan del justificado infierno a que fueron relegados y campan de nuevo para agravar la perspectiva. Es de temer que las elecciones del próximo mayo no solo fallen en lograr cerrar las brechas existentes sino que propicien que se abran otras nuevas. El británico Nigel Farage, por ejemplo, profetiza que el Europarlamento que saldrá de las urnas estará compuesto mayormente por euroescépticos, lo cual es algo así como decir que el próximo Concilio Vaticano tendrá mayoría de ateos. No sé si esta última hipótesis mejoraría la Iglesia católica, pero desde luego estoy seguro de que la primera no va a beneficiar en nada a la Unión Europea.

El señor Farage es líder del Partido de la Independencia del Reino Unido, cuyos postulados –uno de los cuales bien podría resumirse con un «Europa nos roba»– se parecen notablemente al de otros independentismos que tenemos más cerca. A fin de cuentas, los que quieren separarse de la Unión Europea, como madame Le Pen, Geert Wilders y demás saboteadores del proyecto común, comparten la animadversión a someterse a leyes no sustentadas por identidades nacionalistas sino por principios e intereses que igualan en derechos a los que difieren en origen, creencias y tradiciones. Los Estados fueron el primer paso para aunar a distintas familias, tribus y feudos, es decir para convertir a nativos y oriundos en ciudadanos.

La historia de Europa es precisamente la crónica de este empeño por ensanchar más y más la pertenencia a fin de ampliar más allá de cualquier restricción identitaria prepolítica la participación en la gestión de lo público, una tendencia iniciada en Grecia cuando tiranos como Pisístrato allanaron el camino hacia la democracia al desmochar trágicamente las fidelidades de vínculo sanguíneo (en ‘Antígona’ de Sófocles y en el final de la ‘Orestíada’ de Esquilo hay ecos de este combate). Las uniones internacionales han prolongado a su manera y con numerosas contradicciones este primer impulso unificador, en el que el proyecto futuro se impone a las demandas de las raíces y los compromisos sanguíneos o étnicos del pasado.

Los separatistas que pretenden fragmentar en nombre de sus identidades prepolíticas los Estados democráticos existentes van por tanto también en contra del proceso unificador europeo, aunque hagan declaraciones de entusiasmo europeísta para disolver mejor la parte de Europa a la que actualmente pertenecen. No es el despedazamiento de las piezas complejas que ya existen el camino para construir de modo más eficaz la complejidad supranacional a que aspiran quienes, sin renunciar a particularidades culturales evidentes y enriquecedoras pero evitando exclusiones particularistas, buscan la comunidad europea como paso intermedio quizá a federaciones aún más amplias. ¿A qué otra cosa responde, si no, la reclamación nada menos que de una Justicia de alcance universal? Como tantas veces he repetido, el derecho a la diferencia no supone una diferencia de derechos, sino una ley que establece la homogeneidad necesaria dentro de la cual cada ciudadano podrá diseñar en libertad su perfil personal y cultural.

Para ello hay que desarraigarse de la pleitesía a los antepasados, mentores siempre especialmente dudosos y manipulables. A este respecto es digno de mención uno de los pasajes de la alocución de Urkullu el pasado Aberri Eguna. Tratando de refutar la tantas veces reiterada posición de la Unión Europea de excluir de sus miembros a cualquier región que se independizase de su Estado actual, el lehendakari mencionó algo que ya antes hemos oído bastantes veces pero que bien mirado no deja de ser misterioso: «Nosotros ya estábamos aquí antes de los Estados, etc…», de modo que cómo nos van a echar de Europa. ¿Nosotros? Y… ¿quiénes somos ‘nosotros’? Supongo que no se referirá al PNV, que se enorgullece de una trayectoria centenaria pero no de milenios. ¿Serán ese ‘nosotros’ los vascos?

Ello nos obligaría a tener que aceptar que cuando aún no había ninguna entidad política en Europa ya había vascos y que por tanto ser vasco no es una condición política sino ‘natural’, como ser piedra, ser árbol o ser río… Lo cual, francamente, no es un elogio por parte de un dirigente político del siglo XXI. Lo de que los vascos «no datamos», como dicen que dijo el abate Iharce de Bidassouet, está bien para los chascarrillos, pero no sirve como proyecto de futuro. ¿Se refiere a que sus antepasados ya andaban por estas tierras? Pues bueno, sin duda, lo mismo que los de todos los demás, aquí o allá. Todo el mundo tiene antepasados, lo importante no es lo que fuimos sino lo que somos y lo que queremos llegar a ser. Alejandro Dumas, a uno que pretendía ofenderle recordándole que tenía sangre negra, le respondió: «Pues sí, mi padre fue mulato, mi abuela negra y mi bisabuelo un mono. Ya ve usted que mi linaje empieza dónde el suyo termina».

Mas en el laberinto
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 27 Abril 2014

Mas no hace otra cosa que anunciar esto, lo otro y lo contrario, sin ceder lo más mínimo

LO de «archivo de cortesía» cervantino se ha canjeado en la Barcelona nacionalista por la grosería. La sufrió el Príncipe de Asturias, al que le negó la mano un individuo que, haciendo alarde de catalanismo, dejó mal a los catalanes, al ser norma de todas las culturas la cortesía con el visitante. Pero ya se escuchan allí voces contra la «excesiva presencia del Gobierno español». Por ese camino, pronto le prohíben la entrada. No cumplir las leyes empieza por no respetar las formas, y el nacionalismo catalán, que presumía de civilizado, ha prescindido de ellas. Pero si roba en el Palau, ¿cómo no va a silbar a los huéspedes en el Liceo?

Hace pocos días, Artur Mas nos ofreció otra muestra al no quedarse a saludar al presidente del Gobierno de España, que llegaba a cerrar un foro empresarial que él había inaugurado. La explicación que dio fue que no se le había comunicado ni estaba previsto. Convirtiendo «lo cortés no quita lo valiente» en «lo descortés incluye la cobardía». Y la mentira. Pues horas después, Mas pedía «buscar una solución en la que todo el mundo salga ganando», sabiendo que es imposible. Sacar a Cataluña de España no significa ganancia de España ni, muy posiblemente, de Cataluña. Pero para Mas, como buen nacionalista, 2 y 2 no son 4, sino 5. Cuando serían 3 o puede incluso que sólo 2. Y no contento con ello, se descolgó con que la consulta que prepara «no será vinculante». Entonces, ¿por qué la hace? «Para conocer lo que desean los catalanes» responde. Eso lo puede conocer con una simple encuesta, sin causar tanto estropicio. Aparte de que su socio de Gobierno le advierte de que este año han acordado la consulta, y el que viene, la independencia. ¿También eso no es vinculante? De un tiempo a esta parte, Mas no hace otra cosa que anunciar esto, lo otro y lo contrario, es decir, negociar lo innegociable sin ceder lo más mínimo. ¿Dónde ha quedado el seny? Comprendo que el presidente de la Generalitat se encuentre agobiado por la situación cada vez más precaria en que se encuentra.

Pero fue él quien se metió en ella y los pasos que está dando, en vez de llevarle a la salida, le internan en su laberinto.

Ante el citado foro, Mas sostuvo que Cataluña es ya de hecho independiente, al ser líder de las exportaciones españolas y atraer más inversiones. Olvidando el no pequeño detalle de que puede haber alcanzado ese nivel precisamente por formar parte de España. Pero no vamos a discutir sobre ello, sabiendo que discutir con él no lleva a ninguna parte. Rajoy, más parco, pero no menos categórico, resumió su conferencia en la frase «para ir rápido, mejor ir solo. Para ir lejos, mejor ir acompañado». El tiempo nos dirá quién tiene razón. De momento, crece el número de españoles que, hartos de las ofensas y mentiras que a diario se lanzan contra España desde Cataluña y el País Vasco, recuerdan otra frase vieja y castiza: «Mejor solos que mal acompañados». ¿Es lo que pretenden? ¡Qué forma tan estúpida de suicidarse!

¿Por qué Kosovo si puede y Crimea no?

Jesús Domínguez. Minuto Digital 27 Abril 2014

Una de las afirmaciones más repetidas por distintas autoridades de la Unión Europea y norteamericanas, así como por diferentes medios de comunicación occidentales, es aquella que dice que ” Rusia se ha anexionado Crimea”, cuando esto no es verdad. Fue el Parlamento de Crimea quien declaró unilateralmente su independencia conforme al fallo de la Corte Internacional de Justicia del 22 de julio de 2010, para luego, unirse voluntariamente a Rusia.

dominguez551En este sentido, tampoco sería cierto que dicha declaración unilateral de independencia de Crimea sea contraria al Derecho Internacional, cuando la propia sentencia mencionada más arriba, decía de forma explicita que “la independencia de Kosovo fue compatible con el Derecho Internacional”.

De la misma manera, el mismo argumento que llevó al Enviado Especial para Kosovo, Sr. Ahtisaari, a proponer en su informe al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la independencia como única solución para Kosovo, (ignorando el mandato de la Resolución del CS 1244), se podría aplicar al caso de Crimea o al de las autoproclamadas Repúblicas de Donetsk u Odessa.

En palabras de Ahtisaari: “La independencia es la única opción para un Kosovo (Crimea, Donetsk, Odessa…) políticamente estable y económicamente viable. Sólo en un Kosovo (Crimea, Donetsk, Odessa…) independiente podrán ser las instituciones democráticas plenamente responsables de sus actos y rendir cuentas de ellos. Esto será de importancia vital para asegurar el respeto del Estado de Derecho y la protección eficaz de las minorías. Si persiste la ambigüedad política estarán en peligro la paz y la estabilidad de Kosovo (Crimea, Donetsk, Odessa…) y de la región. La independencia es la mejor salvaguardia contra ese peligro. También es la mejor oportunidad para establecer una asociación sostenible a largo plazo entre Kosovo (Crimea, Donetsk, Odessa…) y Serbia (Ucrania).”

Algunos analistas, políticos y “expertos” europeos y norteamericanos, han llegado a hablar de la independencia de Kosovo como un caso especial, justificando la misma por una presunta violación de los derechos humanos de cierta población albanokosovar allá por el 1999, cuando la independencia de Kosovo se proclama en el año 2008, siendo por aquel entonces, las minorías serbias, romaníes y goraníes, las que sufrían una vulneración constante y sistemática de sus derechos fundamentales, tal y como así lo confirman los informes de las ONG Human Right Watch o Amnistía Internacional. De hecho, en la actualidad, según datos del Gobierno Serbio, hay más de 7.000 agresiones registradas en Kosovo contra las minorías y más de 175 templos cristianos arrasados por extremistas.

Por otro lado, hay quien intenta obviar los razonamientos anteriores, denunciando como ilegal la unión de Crimea a Rusia porque contradice al Ordenamiento Constitucional de Ucrania, como si la secesión de Kosovo de Serbia no estuviera prohibida por la propia Constitución de Serbia.

Asimismo, para terminar de cuadrar el círculo, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en un alarde de imaginación, expresó públicamente que la declaración unilateral de independencia de Kosovo, vino precedida de un referéndum supervisado por la ONU, cuando eso nunca ocurrió. Donde si hubo un referéndum de autodeterminación, validado por observadores de izquierdas y derechas (eurodiputados en muchos casos), fue en Crimea, y no en Kosovo, donde fue una decisión parlamentaria quien proclamó unilateralmente la independencia de ese territorio.

Por todo ello, podemos asegurar que todas las motivaciones esgrimidas por la Unión Europea y Estados Unidos para evitar la comparaciones entre Kosovo y Crimea, han resultado infructuosas. Queda patente una vez más, como diría el Catedrático Rafael Calduch, la doble vara de medir y la manipulación “atlantista” en el análisis de lo sucedido de Ucrania, donde se están empleando altas dosis de rusofobia (que eso sí, vende bien).

No hay que olvidar que todo lo acontecido en Kiev durante el Euromaidan, precedió a un auténtico Golpe de Estado (por muy corrupto y miserable que fuera el depuesto Gobierno de Yanukovich). Y que en pleno éxtasis revolucionario, algunos de los líderes del Euromaidan llamaron públicamente al “exterminio de todos los rusos y judíos de Ucrania”, con la complicidad irresponsable de los políticos de Bruselas y Washington.

EL LÓGICO MIEDO DE MOSCÚ POR LA SEGURIDAD DE LAS MINORÍAS RUSAS.
Kiev ha sido la cima de la hipocresía de la política exterior de EEUU (después de la alianza con Al Qaeda en Siria) y la complicidad y seguidismo sin cabeza de la UE. Un grupo de violentos hooligans ultranacionalistas echaron del poder a su legítimo depositario, pasándose por el arco del triunfo todos los valores “occidentales” que en otras ocasiones son la excusa para bombardear o invadir cualquier otro país del mundo que convenga. Así las cosas, teniendo en cuenta el precedente de la desintegración de Yugoslavia, no es de extrañar que Rusia haya actuado de forma preventiva y disuasoria en Crimea, y se encuentre expectante ante lo que está sucediendo en la actualidad en el sudeste de Ucrania (zona geográfica autoproclamada Novarrusia por los rusos que allí habitan y que se sienten amenazados).

Cuando en los años 90, Croacia declaró la independencia de Yugoslavia (con el apoyo de Alemania y EEUU) y lanzó una petición de ayuda internacional ante lo que parecía un revival de la II Guerra Mundial, la reacción lógica de la minoría serbia de Croacia fue la de declarar la independencia de la República Serbia de Krajina del resto de Croacia.

¿Qué pasó a continuación?, que se desató una de las mayores operaciones de limpieza étnica en los Balcanes (la Operación Tormenta), que consistió en la expulsión forzosa y expropiación de propiedades de más de 250.000 serbios en 48 horas por parte de los furibundos ultranacionalistas croatas, ante la pasividad internacional. La reacción de la comunidad internacional sólo se produjo después del pacto de Graz entre Radovan Karadzic y Mate Boban, en el que ambos dirigentes pactaron repartirse los territorios que controlaban en Bosnia (con el fin de unificarlos a Serbia y Croacia respectivamente), sin que dicho acuerdo fuera del agrado de los ultranacionalistas bosnio-musulmanes.

Esta misma secuencia de acontecimientos se ha repetido posteriormente en Kosovo, donde extremistas islámicos y ultranacionalistas albaneses han expulsado a casi toda la población serbia; también lo hemos podido ver en Moldavia donde a la población rusa ha sido expulsada a la franja de Transnistria, o incluso en las repúblicas bálticas, únicos países de la UE donde Bruselas hace la vista gorda con el respeto a los derechos de las minorías (por ser esta minoría rusa, claro).

En este contexto, ¿debería haber esperado la población rusa con los brazos cruzados en Sebastopol, hasta que hordas exaltadas de ucranianos procedentes de Kiev, hubieran asaltado sus hogares armados hasta los dientes con el propósito de expulsarlos o matarlos?. Creo que la respuesta es más que evidente.

EL PROBLEMA DESDE UNA “ÓPTICA ESPAÑOLA”
Es cierto que es difícil comprender lo sucedido desde una óptica española, mucho más cuando la posición oficial de España sobre los conflictos de Kosovo o Crimea, hasta la fecha, ha sido coherente e independiente (al menos sobre el papel)

Para entender por tanto lo acontecido, habría que realizar un ejercicio de abstracción que nos ayudara a entender lo que supuso el nefasto proceso de transición política ocurrido en la Unión Soviética en los años 90. Sabemos que la historia y la sociología de España y la URSS difieren bastante, pero creemos necesario realizar dicho ejercicio para que el lector pueda ponerse en situación.

Imaginemos que cuando en España murió Franco, hubiéramos iniciado un proceso de Transición, en el que se hubiesen impuesto las tesis que defendían la ruptura España y la creación de varios nuevos Estados, para así acabar con la dictadura de una forma acelerada y “a lo bruto”. Si esto hubiera pasado, haciendo un ejercicio de ficción política, puede que hoy en día el “Estado Nueva España” estuviera enfrentado con un “Estat Catalá” por la reincorporación de Tarragona, Arán o el “cinturón rojo” de Barcelona, o con un “Euskadi” por la reincorporación de Treviño.

Si a todo eso le sumáramos que la España virtual tuviera 10 veces el tamaño de la real, su población fuera más de tres veces la actual, y sus recursos naturales fueran los más importantes de todo el planeta, de tal forma que pudieran despertar el apetito de otras potencias, tendríamos la viva radiografía del problema que hoy representa a la OTAN la nueva Rusia de Putin.

En el fondo, lo que le molesta a EEUU, OTAN, UE, es que haya un actor independiente en Europa, con potencial y masa crítica suficiente como para convertirse en el foco aglutinador de una nueva Europa. Todos ellos querrían a una Rusia sumisa y hundida en la corrupción, con una población ahogando sus penas en alcohol barato, mientras que 5 oligarcas ordeñasen todas sus riquezas y recursos naturales; una Rusia por supuesto, sin fuerzas para poder defender sus fronteras. Si echamos la vista atrás, este es el retrato de la Rusia de Yeltstin, la Rusia que no pudo evitar la creación del corredor islámico Turquía-Bosnia en el corazón de Europa bajo el paraguas de la OTAN, y que nada tiene que ver ni se parece a la nueva Rusia que está evitando de manera activa que Siria caiga bajo el poder del extremismo islámico en estos momentos.

JESÚS DOMÍNGUEZ es Vocal del Consejo de Derechos Humanos y Cooperación del Ayuntamiento de Alcalá de Henares

Imposición lingüística
El TSJC suspende temporalmente el 25% del castellano en los cinco centros afectados
Los últimos centros son la Escola Pia de Sarrià de Barcelona y el Institut Alba del Vallès de Sant Fost de Campsentelles
Europa Press www.lavozlibre.com 27 Abril 2014

Barcelona.- El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha suspendido temporalmente la obligatoriedad de aplicar el 25% de castellano en los dos centros -uno concertado y otro público- sobre los que aún no se había pronunciado, con lo que ya ha fallado sobre las cinco escuelas afectadas, han confirmado fuentes de Enseñanza.

Los últimos centros que pidieron personarse en la causa y anular la aplicación de la resolución sobre los que se ha pronunciado el TSJC son la Escola Pia de Sarrià de Barcelona y el Institut Alba del Vallès de Sant Fost de Campsentelles, ha informado este viernes Catalunya Ràdio.

Estas providencias dictadas por el tribunal catalán se suman a las de los tres primeros centros emitidas a principios de abril, y suspenden las interlocutorias del 30 de enero de forma temporal hasta que se resuelvan los recursos de reposición interpuestos por las partes.

Al conocerse las primeras suspensiones temporales en abril, la Fundación Escola Cristiana de Catalunya (FECC) consideró que la decisión da una "mayor tranquilidad" a las direcciones de los centros mientras no se resuelve de forma definitiva el contencioso, un posicionamiento que también compartió la consellera de Enseñanza, Irene Rigau.

Los autos emitidos del 30 de enero recurridos por la FECC y las Ampas daban respuesta a los recursos de varias familias que exigieron medidas a la Generalitat para garantizar la enseñanza también en castellano para sus hijos, y el TSJC consideraba que el Govern no las había cumplido debidamente, por lo que exigió que el 25% de clases fueran en castellano

España
El Govern paga un millón a cambio de artículos en la Prensa extranjera
M. P. La Razón 27 Abril 2014

El contrato firmado por el departamento de Presidencia de la Generalitat con el lobby «Independent Diplomat» no costó únicamente 360.000 euros ni fue destinado tan sólo a fomentar las exportaciones y las relaciones comerciales en el extranjero. Ésta fue la versión inicial admitida inicialmente por el conseller del ramo, Francesc Homs, pero la investigación de dos diputados del PP –Santi Rodríguez y Juan Milián– ha permitido conocer que el importe fue mayor en realidad, ya que sólo dos semanas después de las explicaciones oficiales se firmaron otros dos documentos por el mismo valor, con lo cual el monto total superó el millón de euros.

Los parlamentarios del PP se personaron en la Conselleria de Presidencia para revisar los contratos. Según las normas, no se pueden tomar fotografías ni realizar fotocopias, pero ambos tomaron papel y bolígrafo y revisaron los expedientes. Su sorpresa vino al comprobar que uno de los objetos del contrato de la Generalitat con «Independent Diplomat» consiste en «la preparación de comunicaciones, discursos, declaraciones y artículos de prensa». «Por tanto, ya sabemos cuánto dinero nos cuestan los artículos del presidente Mas en los diarios de Letonia, Estonia, Croacia o Chipre», denunció Santi Rodríguez.

Decidido a llegar hasta el final, el parlamentario del PP se preguntó si es normal que el inicio del expediente de contratación, la necesidad de contratación, el informe técnico de valoración de ofertas, la memoria justificativa de la contratación y los propios contratos estén firmados todos ellos por la misma persona». Y lo más aún es que, según sus comprobaciones, el informe técnico de las ofertas es anterior a la fecha de presentación de las ofertas, es decir, que los populares sospechan que la adjudicación se produjo de antemano.

Ya en tono irónico, Santi Rodríguez subrayó la experiencia de «Independent Diplomat» en países que «vagan por el espacio» como por ejemplo Somalilandia y Sudán del Sur. «¿Es éste el futuro que nos proponen para Cataluña?», se preguntó.

En todo caso, no hay menciones a las «relaciones comerciales» que apuntó Homs, ya que el contrato se centra en la búsqueda de apoyos para el proceso soberanista.

España
El Supremo considera que Resistencia Galega es una organización terrorista
Efe. Madrid. La Razón 27 Abril 2014

El Supremo ha dictaminado hoy que Resistencia Galega es una organización terrorista -aunque en fase "incipiente"- en una resolución en la que ha rebajado a penas de entre 8 y 14 años la condena para cuatro miembros de este movimiento que firmó la Audiencia Nacional, que les impuso entre 10 y 18 años. De este modo, el Supremo ha confirmado en lo esencial la sentencia condenatoria por delitos de terrorismo que la Audiencia Nacional impuso a los cuatro miembros de Resistencia Galega, aunque haya rebajado las penas.

"Las pruebas obrantes en la causa han acreditado que los recurrentes estaban integrados en una organización terrorista, como pone de relieve la impecable argumentación del ministerio Fiscal", ha dicho el Supremo.

"Es indudable que la organización Resistencia Galega a la que pertenecían los acusados pretendía subvertir el orden constitucional español", añade el tribunal en su resolución conocida hoy.

Además, el Supremo establece que se trata de "un grupo de personas estable que para la defensa del independentismo gallego viene a admitir la fuerza y la violencia como el modo de conseguir sus objetivos, a espaldas de los mecanismos democráticos y por ello admitiendo y hallándose entre sus cometidos los ataques violentos contra patrimonio y personas".

Así, el Supremo no acoge la argumentación de los abogados defensores, que señalaron en su recurso ante el Supremo que "no hay financiación, no hay jerarquía... no hay organización terrorista, caben otras respuestas penales, pero no esta expansión del concepto de terrorismo".

No obstante, el alto tribunal rebaja las penas porque "los acusados carecen de antecedentes penales y la organización terrorista a la que pertenecen se hallaba en fase incipiente y sin una consolidada estructuración, con una limitada incidencia en la sociedad".

Así, considera que "la capacidad letal" de Resistencia Galega "no reviste la gravedad que sus principios programáticos propugnan".

En la que fue la primera sentencia a miembros de este grupo por pertenecer a un grupo terrorista, la Audiencia Nacional castigó a Eduardo V., Roberto D. a 18 años de prisión y a Antón S. y María O. a 10 años de cárcel, al no considerarles responsables del delito de tenencia de explosivos.

Las rebajas de las penas del Supremo dejan las condenas de los dos primeros en 13 años y 9 meses de cárcel y las de los segundos en 7 años y 9 meses. En ese punto el Supremo considera que las penas aplicadas por la Audiencia fueron "desproporcionadas" respecto a la gravedad de los hechos y su sentencia poco motivada.

Eduardo V. fue detenido en noviembre de 2011 en la localidad de Teo (Santiago de Compostela), cuando iba en un coche que contenía tres artefactos explosivos que estaban, según la sentencia, "preparados y temporizados para su explosión", y que le había entregado Roberto D.

Tras detenerlos, se hizo un registro a sus domicilios, ambos situados en la ciudad de Vigo.

En el de Eduardo V. se halló documentación relacionada con el "independentismo radical de Galicia", mientras que en un trastero de Roberto R. se encontró una olla a presión con explosivos que habrían causado daños en un radio de diez metros, tres bengalas de señales, dos pelucas y varios documentos de identidad falsos.

A los otros dos condenados, de 27 y 34 años, se les detuvo el 3 de diciembre de ese año, tras registrar el domicilio que compartían en Lugo, en el que se encontró documentación sobre independentismo gallego, un manual sobre técnica de interrogatorio de la CIA, posibles objetivos de acciones terroristas y una garrafa con ocho litros de gasolina.

España / terrorismo
El bildutarra que alardea en Venezuela de ser «senador español»
j. p. / madrid ABC 27 Abril 2014

Iñaki Goioaga, también abogado de etarras, participa la próxima semana en Caracas en un acto a favor de la negociación con la banda y la independencia del País Vasco

Es parlamentario de Bildu en la Cámara de Vitoria y, desde hace muchos años, abogado de miembros de ETA no arrepentidos por sus crímenes. Pero se va a Venezuela para ofrecer una conferencia exhibiendo su condición de representante de la «izquierda independentista vasca en el «Senado español» como tarjeta de presentación.

Iñaki Goioga, que ha trabajado codo a codo con la jefa del «frente de cárceles» de ETA, Arantza Zulueta, detenida en enero pasado, ha sido invitado para dar una conferencia sobre «la paz en el País Vasco», en la que defenderá una negociación entre el Gobierno y la banda terrorista que traiga consigo la independencia, además de arremeter contra los estados de Francia y España. Ha sido invitado por la Fundación Pakito Arriarán, mimada por el régimen chavista, y que toma el nombre de un etarra que murió en la década de los ochenta en la selva salvadoreña, cuando luchaba en las filas de la guerrilla.

Se espera la asistencia a la conferencia de Goioga de una representación de la amplia colonia de etarras que residen impunemente en tierras venezolanas y al amparo del régimen chavista. Varios de estos terroristas son incluso funcionarios de la Administración bolivariana, como es el caso de Arturo Cubillas, reclamado por varios asesinatos. También se encuentran allí, entre otros etarras, Eugenio Barrutiabengoa Zabarte, acusado de 10 asesinatos; Luis María Olalde Quintela, responsable de cuatro; José Martín San Sebastián Aguirre, de dos asesinatos, o Jesús Ricardo Urteaga Repolles. Venezuela es hoy uno de los pocos «refugios» que le quedan a ETA en el mundo. Y para que lo siga siendo, los más ortodoxos de la «izquierda abertzale», como es el caso ahora de Iñaki Goioaga, viajan periódicamente al país caribeño con la consigna de enviar un mensaje: España es un país que «mantiene el colonialismo 500 años después; los etarras son «patriotas» que luchan por la «liberación nacional de Euskal Herria», como hizo Simón Bolívar, y por ello es deber del pueblo venezolano apoyarlos como «refugiados»


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