AGLI Recortes de Prensa   Sábado 3  Mayo  2014

Rajoy lo fía todo al viento
EDITORIAL www.gaceta.es 3 Mayo 2014

El Gobierno ha confirmado esta semana, por si quedaba alguna duda, que las políticas de austeridad y reformas estructurales para impulsar la economía han pasado al olvido. Lo único que importa ahora a la cúpula del PP son las citas electorales de 2014 y 2015 y, por tanto, no cabe poner en marcha nuevas medidas destinadas a facililitar el crecimiento, la creación de empleo y la reducción del déficit público. Así pues, España se tendrá que contentar con los escasos e insuficientes ajustes llevados a cabo en 2012, y aún menos en 2013, para salir del atolladero de la crisis. La visión de Moncloa es que ya no queda nada por hacer, salvo confiar en que el viento de la recuperación internacional siga soplando a favor para que el barco de la economía nacional llegue a buen puerto.

Esta complacencia es, precisamente, lo que se vislumbra a todas luces en el Programa de Estabilidad y el Plan de Reformas aprobado en Consejo de Ministros el pasado miércoles y remitido a Bruselas. El Gobierno ha elevado por tercera vez las previsiones económicas del país para los próximos cuatro años, tras estimar que el PIB crecerá un 1,2% este 2014 y un 1,8% adicional en 2015. Además, considera que la ocupación crecerá en 600.000 personas de aquí al cierre del siguiente ejercicio y el número de parados descenderá en 800.000. Asimismo, se compromete a reducir el déficit público al 5,5% del PIB este año, tres décimas por debajo del límite marcado por Bruselas. Con independencia de que se cumplan o no tales pronósticos, el Ejecutivo olvida que España se enfrenta a la recuperación más frágil y débil del mundo desarrollado, lo cual significa que el rumbo del crecimiento se podría truncar al mínimo tropiezo que surja durante la travesía, tal y como ya sucedió en 2010 y 2011.

Lo más grave, sin embargo, es que la actitud de brazos caídos que tanto caracteriza a Mariano Rajoy se produce en una de las situaciones económicas y laborales más dramáticas de las últimas décadas, como bien refleja la tasa de paro, anclada aún en el 26%, con casi seis millones de desempleados. El Gobierno se conforma con una leve y lenta recuperación, acompañada de una agónica creación de empleo, en lugar aprobar profundas reformas para liberalizar la enquistada estructura productiva y drásticos recortes de gasto para eliminar por completo el déficit. Los cambios normativos para flexibilizar el mercado de trabajo o facilitar la apertura y el desarrollo de las empresas brillan, simplemente, por su ausencia, al igual que las medidas destinadas a reformar el Estado del Bienestar o solventar la deficiente y despilfarradora Administración territorial.

Las crisis son tiempos de cambio que pueden ser aprovechados para hacer las cosas mejor o persistir en los errores del pasado. Rajoy, por desracia, se contenta con su particular política de parches para garantizar que todo sigue más o menos igual, a diferencia de lo que, por ejemplo, hizo Alemania a principios de la pasada década, Suecia durante su crisis financiera en los años 90 o los países bálticos de Europa del Este en la actualidad. El conformismo y la complacencia que está demostrando Rajoy no son solo síntoma de dejadez, sino también de irresponsabilidad e incompetencia.

La lógica del poder
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 3 Mayo 2014

Los aficionados a las paradojas sabemos bien, al menos desde Lewis Carroll y Humpty Dumpty, que lo importante es, al menos casi siempre, saber quién manda. Sin embargo, el sueño de la democracia consiste en imaginar que pueda seguirse una lógica que no dependa del poder, sino de esa mezcla sabia entre razón y experiencia que ha dado origen a la ciencia y a la tecnología, y que no sabe ni de imposiciones ni de mentiras. La magia, o esa forma verbal del engaño que es la retórica vana, puede serle útil al poder, pero es perfectamente irrelevante, e incluso letal, en la ciencia y, cuando los políticos abusan de ella el resultado es, a la larga, siempre desastroso. Eso es exactamente lo que nos pasa ahora a los españoles, que los políticos llevan décadas abusando de la lógica mágica que gusta al poder y, claro es, las cuentas no cuadran. Hasta una sociedad tan escasamente avisada como la española se da cuenta de que los políticos constituyen un problema, el más grave, junto con la crisis económica y el paro, que son las otras caras de ese fenómeno de fallida hipnosis colectiva.

Algo no marcha bien en España, pero los políticos siguen con su lógica, con sus previsiones y sus ecuaciones falsas basadas en supuestos tan irreales como sus ganas de servirnos. Trimestre a trimestre, el Gobierno, el socialista de antes, el de Rajoy ahora, nos viene repitiendo que hemos tocado fondo, que ya hay brotes verdes, que la crisis se aleja, que crearemos empleo en un año y medio o dos, y ya llevamos siete. Los españoles somos pacientes y crédulos, pero van acabar haciendo hablar hasta al mudo del chiste proverbial. Fijémonos en la última entrega de promesas gubernamentales, año y pico después de un fúnebre reconocimiento de impotencia. ¿Ha cambiado algo? Sí, claro, que entramos en un ciclo electoral y hay que engrasar la máquina de las buenas nuevas. Ahora se nos anuncia crecimiento y empleo, pero los últimos datos de la EPA muestran que en el primer trimestre de este año se han destruido casi 200.000 puestos de trabajo, y que si el coeficiente de paro se modera es porque ha disminuido enormemente la población activa y, claro está, se van antes al extranjero los que no tiene trabajo que los que lo tienen, y a este efecto puramente representacional se le adscriben los méritos políticos de un Gobierno que solo sabe que quiere ganar las próximas elecciones. Si a eso se le añade el dato, realmente sobrecogedor, de que ha vuelto a crecer la cifra de los empleos públicos, se ve con claridad que la lógica del Gobierno es la lógica de un loco o la de un embustero, nada que ver con ciencia distinta a la de procurar no bajarse del burro, la de no perder el coche oficial, que fuera hace mucho frío.

Ya que estamos en los comienzos de mayo podríamos procurar consuelo en algún análisis alternativo, de la susodicha izquierda o de los llamados sindicatos, pero si se escucha lo que se oye, el resultado es seguramente peor. Los sabios de las subvenciones, los ERES y la mariscada nos dicen que ha fallado la política de la austeridad, que hay que darle mayor alegría al gasto. Están tan acostumbrados a que se les pague la luz, el teléfono, los viajes y el aperitivo que no se les ocurre pensar que la fórmula de que se les pague todo a todos pueda tener algún fallo.

A la altura de 2014, cien años después del discurso orteguiano sobre "Vieja y nueva política", ("La Restauración, señores, fue un panorama de fantasmas, y Cánovas el gran empresario de la fantasmagoría"), estamos en una situación bastante parecida, con un poder, en el Gobierno y en la oposición, dedicado a especular con nubes macroeconómicas y constitucionales mientras España y los españoles se desangran, mientras decrecemos en realidad y en futuro, mientras nos dividimos y nos peleamos por meros despojos, mientras nadie en el poder sabe qué hay que hacer para que podamos ser en realidad lo que podemos ser, una Nación normal, culta, trabajadora y próspera. La lógica del poder insiste una y otra vez en sus viejas monsergas, en sus mentiras disfrazadas de esa mezcla infumable entre tecnocracia económica y socialismo fantástico, y continúa confiando en que los españoles, como se decía en la época de Franco, confiemos más en los medios de comunicación adictos que en lo que vemos con los ojos de la cara.

¿Hay solución? Tiene que haberla, pero pasa necesariamente por lo que tímidamente apuntan las encuestas, porque los ciudadanos les arrebatemos el privilegio de dirigirnos a este sindicato de fantasmas que han dado en formar los dos grandes partidos, por despedir a estos simuladores de oficio que aparentan gobernar en nombre de unos electores liberales y oponerse a una izquierda supuestamente amenazante pero igualmente entregada al oficio del engaño, para ir tirando. Romper ese bipartidismo demediado e hipócrita puede ser el único camino para acabar con tanta ceremonia de la confusión, pero ya se sabe que la libertad es cosa de valientes.

El cuento sindical
Carlos Herrera ABC 3 Mayo 2014

Cabría también preguntarse si los sindicatos consideran necesario realizar una mínima autocrítica

AYER salieron a la calle. Los sindicatos. Cuándo si no. Como viene ocurriendo en estos últimos años, la convocatoria no fue seguida de forma masiva por trabajadores concienciados de la desgracia que viven, de la tragedia que experimentan como colectivo. Hay seis millones de parados, inestabilidad laboral, empleos de calidad ínfima, sueldos en permanente recorte… razones todas para que los trabajadores se manifiesten de forma tajante en las calles de España reclamando un futuro que contenga un mínimo de esperanza. Sin embargo, si se observan las imágenes de las diferentes manifestaciones de ayer, no se aprecia una avalancha masiva de personas reivindicando derechos elementales, entre los que se incluya el más elemental de todos: ganarse dignamente la vida con un trabajo. Probablemente haya que buscar la explicación en que los convocantes, los sindicatos, no despiertan en la masa trabajadora un deseo de pertenencia y afinidad: puede que sean considerados parte del sistema, una maraña de burocracia, un saco de turbios intereses políticos. Las centrales sindicales que ayer pidieron «un nuevo Plan Marshall para los trabajadores europeos» o «más derechos para los trabajadores de Bangladesh» son, a ojos de no pocos españoles, meros agentes políticos pertenecientes a una casta que lleva viviendo del cuento demasiados años. Muchos trabajadores están convencidos de que todos los que protagonizan la vida sindical no han dado un palo al agua en su vida y que, desde luego, los representantes laborales trabajan muy poco. No digamos el ejército de «liberados» que puebla el parque empresarial español. Para un trabajador sujeto a la inestabilidad laboral que se cuece en el paupérrimo empleo español, un sindicalista es parte de un parque humano instalado en oficialidad paralela. Efectivamente, también puede ser oficialidad quien combate contra ella.

Tras los diferentes actos de reafirmación de ayer, cabría preguntarse varias cosas. Una de ellas es por el mundo irreal en el que parecen vivir los grandes líderes sindicales y sus diferentes correas de transmisión. Que a estas alturas alguien suponga que la solución a la falta de empleo en Europa está en establecer un mega-Plan E, dinero a fondo perdido a través de vaya usted a saber qué mecanismos, significa que sus razonamientos precisan de una imprescindible puesta a punto. La solución no parece estar en el endeudamiento, pero, ¡en fin!, no me voy a meter en eso. Cabría también preguntarse si los sindicatos consideran necesario, en algún momento del devenir, realizar una mínima autocrítica o reconocer algún atisbo de culpa en los procesos de corrupción en los que están involucrados judicialmente, desde los ERE andaluces hasta los Cursos de Formación en los que parece haberse distraído una nada despreciable cantidad de dinero. Y cabría inquirir, asimismo, si antes o después de los atardeceres prodigiosos de primavera cualquier líder sindical ha hecho acto alguno de contrición por haber sido mano derecha de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y su contrastada pereza e ineptitud para afrontar los primeros –y segundos– compases de la crisis, esa que dejaba parados por doquier sin que levantaran la voz más de lo teatralmente imprescindible.

Tienen razón cuando afirman que muchos empresarios son una partida de incompetentes e impotentes. Algunos, por ejemplo, se atreven a sugerir bajadas de salario mínimo y acusan a los trabajadores de «no servir para nada», como recientemente manifestó una individua que ya recibió lo suyo por semejante impertinencia. No todo el mundo sabe hacer bien su trabajo. Pero a muchos nos gustaría saber qué tales empresarios serían ellos, cómo manejarían sus empresas en pavorosos escenarios de crisis, cómo solventarían problemas derivados de la falta de competitividad y, sobre todo, qué tipo de indemnizaciones proveerían para los compañeros de los que hubieran de prescindir, ya que los que ellos aplican en el sindicato claman al cielo. Menudos figuras.

Descreído
juan carlos girauta ABC Ctaluña 3 Mayo 2014

Mientras los solidarios celebran en despachos el cierre de una planta donde se ocupaba a niños, las familias de estos maldicen la desaparición de la única oportunidad para mejorar su situación

UGT y CCOO se han hecho separatistas. Los socialistas franceses defienden y aplican las políticas de austeridad que aquí Valenciano atribuye a Merkel y a la troica, amén de perseguir a los gitanos. Xenofobia socialista. El Partido Popular cree en las subidas de impuestos cuando las cosas están feas; lo del liberalismo era una cosa de broma, o una excentricidad que se permiten cuando todo funciona bien, cosa que -en su visión- solo sucederá sobre unas bases de férreo intervencionismo acompañado de la sangría fiscal de la gran clase media. A su lado, los comunistas españoles son unos revisionistas. La monja favorita de los separatistas es una defensora del aborto. Luego hay otra monja, muy querida también, que preguntada por un solo político limpio puso como ejemplo al presidente de un partido con la sede embargada por corrupción, con el secretario general imputado por corrupción, con una retahíla de casos en su triste historia comparable a una rica y larga ristra de chorizos de Cantimpalo.

El diario más nacionalista y el más antinacionalista fueron durante años propiedad de la misma persona. Las más reputadas organizaciones no gubernamentales, so capa de contribuir a la lucha contra las desigualdades y a la justicia social, establecen rígidos códigos de gestión a los receptores de sus ayudas (nuestras ayudas, en realidad), de modo que colocan a los auxiliados en posición de inferioridad competitiva. Mientras los solidarios celebran en despachos de Dublín, Londres, París o Barcelona el cierre de una planta donde se ocupaba a niños, las familias de estos maldicen la desaparición de la única oportunidad que han conocido para mejorar su situación. Huelga decir que los padres o abuelos de esos rigidísimos solidarios trabajaron de niños para levantar sus países. Mi propio padre vendía diarios a los doce años, y gracias a ello se comía en su casa cuando mi abuelo estaba encerrado en el Castillo de Montjuic. Cuánto incauto crédulo seguirá creyendo en los sindicatos, en la izquierda o derecha convencionales, en monjas abortistas, en lobitos buenos de CiU, en los principios de algunos magnates, en aquella ONG.

Abolir los sindicatos
Eurico Campano www.gaceta.es 3 Mayo 2014

¿A qué espera este Gobierno para cumplir su promesa de suprimir la totalidad de las subvenciones públicas que manejan estos aprendices de capitalistas?

Que los sindicatos 'de clase' son un anacronismo heredado del siglo XIX es algo de lo que a nadie la cabe ya la menor duda. Que cada año que pasa resulta más patética la imagen de dos ancianos, con remuneraciones millonarias aunque opacas, presidiendo un aquelarre de espectros induchados que -en ésta ocasión- en su acto central, no han pasado de quince mil, es compartido por una amplísima mayoría de los españoles.

¿A qué espera este Gobierno para cumplir su promesa de suprimir la totalidad de las subvenciones públicas que manejan estos aprendices de capitalistas -y no sólo el veinte por ciento-. Y ya de paso, de las que manejan partidos políticos y organizaciones empresariales que no representan más que al diez por ciento -con suerte- de las empresas.

¿Por qué el Ejecutivo de Mariano Rajoy sigue teniendo miedo a unas 'organizaciones' que ya, ni le 'calientan' la calle, ni son capaces de sacar ni a sus propios 'liberados', a sueldo de la mamandurria obrera, que se forran con lo que pillan de los ERE y de los cursos de formación? Un Rajoy que no contento con recibir en Moncloa a los nuestros, se trae a los europeos.

Pero no teman; no todo son malas noticias. Decía el otro día mi buena amiga Almudena Negro que cundía el pesar entre las marisquerías madrileñas, y de media España, suponemos, porque éstos pájaros ya no van ni a comer marisco, seguramente por miedo a que les abucheen, o algo peor. Que pese a los buenos datos macro, buena parte del respetable las sigue pasando muy puñeteras y ver a más de un sinvergüenza jalando a dos carrillos y poniéndose ciego a cervezas a costa del erario produce mucha mala entraña, se lo digo yo.

¡Abolición de los sindicatos ya! Pero por aclamación popular. Y de paso, si me apuran, de las patronales organizadas. Libertad individual para los contratos con urgencia. Y una inspección fiscal inmediata de la -para otros menesteres- eficaz y diligente inspección tributaria a las cuentas de UGT y CCOO, únicas entidades de derecho público que por ley no están obligadas a una transparencia total en sus cuentas.
- See more at: http://www.gaceta.es/eurico-campano/abolir-los-sindicatos-03052014-0912#sthash.BRfcMnFW.dpuf

Españoles sin derecho a asistencia sanitaria
Luis del Pino Libertad Digital 3 Mayo 2014

Ayer conocimos la noticia de que la Junta de Andalucía ha embargado la beca Erasmus de una estudiante canaria, por haber ido a Urgencias en un hospital de Granada sin su tarjeta sanitaria.

Este episodio se une a otro caso reciente, mucho más trágico: la muerte de una niña en Treviño después de que los servicios de emergencia de Vitoria se negaran a enviar un médico de urgencias por tratarse de otra autonomía. Y ya anteriormente hemos comentado en este programa otros casos esperpénticos de descoordinación sanitaria, como el enfermo que tuvo que esperar larguísimo tiempo en la frontera entre dos autonomías, porque los respectivos servicios no se ponían de acuerdo sobre quién debía enviar y costear la ambulancia para trasladarlo.

En el caso de la estudiante canaria, fíjense en las múltiples aberraciones que el suceso ilustra:

En primer lugar, si en lugar de una estudiante canaria se hubiera tratado de un inmigrante sin papeles, ¿cómo habría hecho la Junta de Andalucía para cobrar el coste de la consulta de urgencias? Obviamente, no habría podido hacerlo. Lo cual quiere decir que estar identificado ante las autoridades sanitarias autonómicas representa una desventaja, por cuanto te obliga a un papeleo que te ahorrarías si fueras un indocumentado.

En segundo lugar, si se hubiera tratado de una estudiante andaluza, tampoco se habría producido el episodio, puesto que la administración sanitaria autonómica se habría limitado a comprobar en sus bases de datos que esa estudiante tenía derecho a asistencia. Si el episodio se produjo es, única y exclusivamente, porque cada autonomía tiene su propia administración sanitaria, y porque esas administraciones sanitarias funcionan de manera independiente unas de otras.

En tercer lugar, fíjense en la mayor aberración de todas. Si la Junta de Andalucía consiguió embargar la beca a esa estudiante, quiere decir que disponía de sus datos de identidad. Por tanto, la administración sanitaria andaluza podía haber consultado simplemente a su homóloga de Canarias si esa persona tenía cobertura sanitaria, evitando así a la estudiante las molestias y el papeleo. Las administraciones disponían de los mecanismos para resolver entre ellas el problema. En lugar de eso, embargan a la estudiante y la obligan a tener que demostrar ella que tenía derecho a ser atendida. Es decir: la obligan a proporcionar a las administraciones datos que las administraciones ya tienen.

Como pueden ver ustedes, el troceado autonómico de los servicios sanitarios no solo no ha supuesto una mayor cercanía entre el ciudadano y la administración, sino que ha hecho que los españoles perdamos el derecho a la atención sanitaria en cuanto españoles: ya no tenemos derecho a que nos atiendan automáticamente en cualquier punto del país por ser españoles, sino que solo tenemos derecho a ser atendidos automáticamente dentro de nuestra comunidad autónoma y en cuanto habitantes de esa región. Cualquier atención fuera de tu comunidad autónoma pasa a ser un caso especial y puede obligarte, en el mejor de los casos, a papeleos innecesarios; en el caso peor puede llevarte a la muerte, porque las autoridades respectivas no se pongan de acuerdo sobre quién te manda una ambulancia o un médico de urgencias. Al final, se supedita la salud al quién factura a quién y quién se hace cargo del coste de un servicio.

El estado autonómico ha conseguido multiplicar por diecisiete las posibilidades de trinque y de colocación de amiguetes. Por eso lo defienden con tanto ardor PP y PSOE. Pero para los ciudadanos, no solo no representa ninguna ventaja, sino que nos obliga a pagar impuestos mucho más elevados a cambio de un servicio significativamente peor.

Ahora pregúntense ustedes: ¿y por qué tenemos que aguantar esto? Si lo piensan, no tenemos ni la más mínima obligación de tolerar que nos traten así. No somos siervos de ninguna administración, ni de ninguna clase política, sino que son los políticos y las administraciones los que tienen que estar a nuestro servicio.

Pero eso, queridos oyentes, no se va a conseguir a menos que haya una mayoría suficiente de españoles reclamando en alta voz la desaparición de este disparate autonómico que no solo nos arruina, sino que encima nos trata a la patada y nos niega nuestros más elementales derechos constitucionales.

Comunismo
Izquierda Unida añora el Gulag
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 3 Mayo 2014

Debemos agradecer a Izquierda Unida que en el borrador de su programa ponga en negro sobre blanco su intención de ceñirse al derrotero totalitario que le marca su ADN comunista. En el capítulo B sobre Derechos y Libertades, el punto 1 promete desarrollar una acción persistente contra el racismo, la xenofobia, el ultranacionalismo, el chauvinismo, el fascismo, el anticomunismo, la homofobia y cualquier otra forma de discriminación.

Mentiras flagrantes
Solo quien desconozca los entresijos de los conflictos que pudrieron las relaciones entre comunistas rusos, chinos y africanos durante el siglo pasado se puede tragar la patraña de que esta ideología no tiene una fuerte carga racista; quien ignore el papel capital que desempeñó ayer nomás el historiador comunista Josep Fontana en la propagación del odio entre catalanes y españoles puede imaginar a este partido libre de contaminaciones xenófobas, ultranacionalistas y chauvinistas; y quien haya olvidado los pactos entre nazis y comunistas puede confundir el comunismo con una barrera contra el fascismo. En cuanto a la homofobia… es cierto que en los países democráticos ha habido discriminaciones y abusos, pero sólo los regímenes comunistas y nazis y las satrapías islamistas y africanas montaron campos de concentración y exterminio para homosexuales.

En medio de esta nube de mentiras flagrantes que subestiman la inteligencia de los ciudadanos a los que se pretende embaucar con un discurso demagógico antes de las elecciones europeas, aflora la única promesa verídica y creíble del programa: los comunistas van a desarrollar una acción persistente contra el anticomunismo. ¡Chocolate por la noticia! Si esto es lo que han hecho en todos los países donde impusieron su dictadura. Ellos y los nazis comparten la política de partido único en el marco de un Estado totalitario, con controles policiales sobre todos los ciudadanos, con gulags y campos de exterminio para los opositores. Con una peculiaridad: es la cúpula del poder la que decide, en ambos casos, quiénes son los auténticos comunistas y los auténticos nazis, y a los heterodoxos les reservan la misma suerte que a liberales y socialdemócratas. En el bando comunista: estalinistas contra trotskistas, maoístas contra revisionistas. En el bando nazi: SS de Hitler contra SA de Ernst Rohm. Patíbulo tras los Juicios de Moscú contra los viejos bolcheviques. Noche de los Cuchillos Largos tras la cacería de nazis radicales.

Si Izquierda Unida manotea una cuota importante de poder no será fácil hacer campaña contra el comunismo ni reclamar el auténtico derecho a decidir en elecciones parlamentarias libres. ¿A qué medios recurrirán para reprimir el anticomunismo? ¿Habrá checas como las hubo durante el breve periodo en que sus próceres mandaron en Barcelona? Si así fuera, también lo pasarán mal los antisistema y los anarquistas, porque los comunistas son gente de orden. De su orden totalitario, pero orden al fin. Solo fomentan el caos cuando les allana el camino al poder dictatorial. En Corea del Norte, China, Cuba y Venezuela no toleran protestas ni manifestaciones. ¿Convertirán a la Guardia Civil en la KGB, a los Mossos en la Stasi? Y el Gulag, instrumento de disuasión indispensable para poner en vereda a los anticomunistas recalcitrantes, ¿estará en Miranda de Ebro, en homenaje al último campo de concentración del franquismo?

El vientre de la bestia
Para extirpar la plétora de libros y documentos sobre los que descansa la justificación del anticomunismo, los nuevos inquisidores deberán desarrollar una labor titánica en bibliotecas y hemerotecas, idéntica a la que desarrollaron, en busca de otros materiales, sus colegas nazis. El fuego purificador consumirá esos breviarios de anticomunismo que son las obras de Aleksandr Solyenitsin, George Orwell, André Gide, Raymond Aron, Arthur Koestler, Albert Camus, Ignazio Silone, Jorge Semprún, Jean-François Revel, François Furet, Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy, Mario Vargas Llosa y los numerosos intelectuales que se familiarizaron en el vientre de la bestia con las miserias del comunismo y se sintieron obligados a denunciarlas. El no va más del horror es, por supuesto, El libro negro del comunismo (Ediciones B, 2010), donde Stéphane Courtois y otros excomunistas franceses hacen el balance, bien documentado, de los cien millones de víctimas que los verdugos marxista-leninistas dejaron en el mundo a lo largo del siglo XX. Ocupará un lugar de privilegio en la hoguera que montarán los pirómanos ejecutores del programa de IU para combatir el anticomunismo. A ellos se aplica lo que escribió Jean-François Revel (La gran mascarada, Taurus, 2000):

Los negacionistas pronazis son solo un puñado. Los negacionistas procomunistas, legión. En Francia hay una ley (la Ley Gassol, nombre del diputado comunista que la redactó y que, como se puede comprender, solo ha mirado los crímenes contra la humanidad con el ojo derecho) que prevé sanciones contra las mentiras de los primeros. Los segundos pueden negar con toda impunidad la criminalidad de su campo preferido. Hablo no solo del campo político en singular, sino también de los campos de concentración en plural: el gulag soviético de ayer y el laogai chino, hoy en plena actividad, con sus miles de ejecuciones sumarias anuales, que, por otra parte, no son más que los principales modelos de un tipo de establecimiento consustancial a todo régimen comunista.

Los comunistas abominan de todas las campañas encaminadas a divulgar documentos y testimonios que ayudan a reforzar el argumentario anticomunista, y si bien en las sociedades cerradas donde ellos son todopoderosos el Gulag puede silenciar a los disidentes, sus esfuerzos por ocultar la verdad en las sociedades abiertas terminan en escándalos que los cubren de oprobio.

Entramado de infamias
A finales de 1949 el semanario comunista Les Lettres Françaises, dirigido por el prestigioso novelista Louis Aragon, descerrajó una andanada de calumnias e injurias contra David Rousset, intelectual trotskista que había sido deportado a Alemania por los nazis y que en 1946 ganó el premio Renaudot con el libro L'Univers concentrationnaire. ¿El motivo de tanta inquina? En noviembre de 1949 Rousset convocó a antiguos deportados en los campos nazis para que formaran una comisión encargada de investigar lo que sucedía en los campos de concentración soviéticos. Esto bastó para que el agitprop comunista lo convirtiera en su bestia negra, sin imaginar que el entramado de infamias sería demolido por el testimonio lapidario que Margarete Buber-Neumann dejó impreso en Figaro Littéraire (25/2/1950) bajo el título "Para la investigación sobre los campos soviéticos. ¿Quién es peor, Satán o Belcebú?".

La perversidad del régimen estalinista había hecho que Margarete Buber-Neumann experimentara en carne propia los tormentos del universo concentracionario comunista y de su gemelo nazi, de Satán y Belcebú. Su esposo, el exdirigente del Partido Comunista alemán Heinz Neumann, refugiado en la URSS, fue víctima de las purgas de 1938, y ella fue deportada a su vez al campo de Karaganda, en Siberia. Tras el pacto Ribbentrop-Molotov, en febrero de 1940 Margarete Buber-Neumann fue entregada por la NKVD a la Gestapo junto a otros centenares de comunistas represaliados, muchos de ellos judíos, en el puente fronterizo de Brest-Litovsk. De allí la trasladaron al campo de Ravensbrück, donde sobrevivió hasta que los aliados la liberaron en abril de 1945. Los jueces franceses se rindieron ante las pruebas irrefutables de que el sadismo de los verdugos comunistas no tenía nada que envidiar al de los verdugos nazis.

Antinazis y anticomunistas
La verdad sobre los campos de concentración soviéticos y de los restantes regímenes comunistas se fue divulgando gradualmente, a pesar de que Jean-Paul Sartre y otros intelectuales y políticos adictos se prestaban disciplinadamente a desarrollar "una acción persistente contra el anticomunismo", como reza el programa de Izquierda Unida. El pleno parlamentario del Consejo de Europa se pronunció, precisamente, contra los dos negacionismos cuando aprobó, por 99 votos contra 42, una resolución redactada y defendida por el conservador sueco Goran Lindblat, que sostiene (LV, 26/1/2006):

Mientras que otro régimen totalitario del siglo XX como es el nazismo ha sido condenado internacionalmente y los autores de estos crímenes juzgados, crímenes similares cometidos en nombre del comunismo nunca han sido objeto de investigaciones ni de condena internacional alguna.

Y Tzvetan Todorov, que analizó el vía crucis de Margarete Buber-Neumann y otros similares, fue aun más explícito (Memoria del mal, tentación del bien, Península, 2002):

Si nos situamos en una perspectiva histórica, el comunismo ocupa un lugar central: duró mucho más tiempo, comenzó antes y se extinguió más tarde; se extendió a todos los continentes de la tierra y no solo al centro de Europa; provocó un número de víctimas mayor aun. Desde el punto de vista del presente, su condena es también de mayor actualidad: la mistificación que operó es más poderosa, más seductora, desenmascararla es más urgente. Pero un evidente desequilibrio caracteriza los juicios oficiales sobre ambos regímenes: dejando aparte algunos marginales, el de los nazis es unánimemente estigmatizado, mientras que el comunismo goza aún de buena reputación en círculos mucho más vastos (como, en Francia, su variante trotskista). El antifascismo es de rigor, el anticomunismo sigue siendo sospechoso. En Francia o Alemania, el negacionismo es un crimen castigado por la ley; la negación de los crímenes comunistas, incluso el elogio de la ideología que los presidió, es perfectamente lícita.

El nazismo dejó tras de sí 20 millones de muertos y el comunismo 100 millones, lo que los coloca a ambos al margen de la civilización. La decencia más elemental nos obliga a ser tan anticomunistas como antinazis, aunque Izquierda Unida nos amenace a los anticomunistas con el Gulag resucitado.

El juego incongruente del optimismo exagerado y el pesimismo destructivo
“El cuerpo político lo mismo que el humano, comienza a morir desde el momento de su nacimiento y lleva en si mismo las causas de su destrucción”, J.J. Rouseau
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 3 Mayo 2014

Se dice que el hombre es el único ser de la humanidad capaz de volver a tropezar con la misma piedra. Vean como la raza humana ha ido dando tumbos desde que se tiene noticia de su implantación, como un animal racional, en la Historia de este planeta llamado Tierra; sin embargo, no ha sido capaz de sacar provecho de las veces que se ha equivocado, de las guerras a las que ha tenido que enfrentarse, de las enfermedades que lo han venido diezmando ni de las bofetadas que la vida le ha ido propinando, en su largo y espinoso peregrinaje a través de la Historia de la Humanidad. Y ¡así nos va!.

Estamos en unos momentos en los que nuestra nación pasa por una etapa especialmente dura, tanto en el aspecto económico como en el social, en la que nos tenemos que enfrentar a circunstancias adversas, no sólo debidas a nuestros numerosos problemas internos, sino también por lo que respecta nuestra relación con nuestros vecinos y colegas, el resto de países con los que integramos la UE. Por una parte, nos hemos visto obligados a aceptar las directrices que se nos han impuesto desde Bruselas y por la otra, la necesidad de ajustarnos a una serie de ajustes internos, dolorosos y especialmente lacerantes para una parte de la ciudadanía, la más débil económicamente; con la única finalidad de evitar tener que pasar por el trance humillante de vernos obligados a ser objeto del rescate por parte de la CE ( cuyas consecuencias hubieran sido todavía más duras y seguramente difíciles de aceptar, por lo que hubiera supuesto la privación o disminución de muchos de los beneficios sociales de los que venimos disfrutando, tales como recortes de las pensiones; copago de la asistencia sanitaria; mayor libertad de despido y una reducción radical en cuanto a las indemnizaciones por reducción de plantillas).

Las consecuencias han sido que, entre los parados que se fueron gestando durante la infumable dirección del señor Rodríguez Zapatero y su equipo de gobierno; que consiguieron dejar a España a las puertas del crack económico y abocada a una inevitable intervención de Europa para rescatarnos y los que, la inercia originada por el cierre de cientos de miles de empresas y autónomos, ha acumulando a los, casi cuatro millones de parados, heredados de la anterior legislatura; el contingente de españoles en paro ha llegado a una cantidad tan desorbitada que cualquier buena noticia que pudiera llegar de la macroeconomía del país, queda automáticamente diluida ante el hecho indubitable de que, casi un 26% de los trabajadores españoles, se hallan sin trabajo, muchos de ellos sin percibir la prestación, por agotamiento del plazo prescrito.

De aquí que, cuando estos días en los que hemos entrado en la precampaña electoral para las elecciones que van a tener lugar en España, para elegir a los parlamentarios que han de formar parte de la nueva Asamblea de la Comunidad Europea; nos volvamos a enfrentar a los habituales vicios, ya todo un clásico en estas ocasiones, consistentes en un subidón de optimismo por parte del Gobierno de la nación que, de pronto, parece darse cuenta de que, en el país, por un milagro atribuible a la necesidad de captar votos, todo son buenas noticias económicas; magníficas perspectiva de aumento de empleo, hasta 600.000 nuevos empleos en dos años; crecimientos espectaculares del PIB y un repunte de la auto estima de todos, de modo que, si no nos ponemos a bailar y tocar la pandereta, no es más que a causa de un simple y saludable instinto que nos advierte de que esto ya ha sucedido en otras ocasiones, tanto en los tiempos de Zapatero como cuando el PP nos ofrecía un cambio radical en la recuperación del país; en el momento en que ellos estuvieran en el poder. Una sensación de deja vú que nos confirma en nuestra desconfianza hacia los políticos.

Tampoco se quedan mancos los Sindicatos y los partidos de la oposición, con especial mención al PSOE del señor Rubalcaba y su candidata, la señora Elena Valenciano que, al contrario que el Gobierno, han decidido, por su parte, negar cualquier atisbo de mejora; soslayar las alabanzas que Europa nos ha dedicado por nuestras avances económicos, por la recuperación de nuestros bancos y por el espectacular cambio que ha experimentado la financiación bursátil, gracias a la mejora de la confianza de los inversores; que está permitiendo grandes ahorros en intereses y primas, debido a la espectacular reducción de la Prima de Riesgo ( alrededor de los 158 puntos) cuando, apenas hacía dos años, estábamos rondando los 700 puntos. Pero la izquierda ha decidido que, en esta campaña, se le niegue el pan y el agua al Gobierno, utilizando para ello la habitual propaganda en la que se falsean los datos, se esconden los avances y se pinta un panorama tan negro que nos recuerda, precisamente, aquel que, estos que ahora se ofrecen para “salvar” a España, nos dejaron después de 7 años de mal uso del dinero público, despilfarros insostenibles en subvenciones sociales y errores garrafales en el enfoque de la política financiera y económica, debido todo ello a un gobierno incapaz de enfrentarse a una situación difícil y completamente desafortunado en sus relaciones y encuentros internacionales.

Ya no hablemos del papel de unos Sindicatos, especialmente los dos mayoritarios, CC.OO y UGT, conducidos por unos líderes completamente incapaces de adaptarse a los tiempos modernos; cargados de los resabios del pasado e incapaces de controlar a sus subordinados, que han convertido en verdaderos pozos de corrupción a algunas de sus delegaciones en las distintas autonomías, como es el caso de Andalucía, convertidas en el objetivo de la Justicia, juntamente con la misma Junta de Andalucía, varios de cuyos dirigentes parecen estar imputados en temas de posibles corruptelas. En estas condiciones el que, estos sindicatos, se lancen a las calles acusando a la patronal y al Gobierno de no ocuparse de los trabajadores, cuando ellos son los que están acusados por estafar a los parados en el caso de los ERE o en el de los presuntos fraudes en los cursos de reciclaje, destinados a conseguir que los parados sin preparación consiguieran aprender un oficio que les permitiera ocupar un puesto de trabajo distinto; no es más que el más burdo ejercicio de hipocresía.

El destino de las subvención que, con este destino, había suministrado el Estado, en lugar dedicarse al fin para el que estaban destinadas, acabaron en los bolsillos de sindicalistas, funcionarios corruptos, advenedizos y comisionistas que, gracias a ello, se convirtieron en millonarios. Que vayan ahora proclamando por ahí que son las reformas del mercado de trabajo las culpables del número de desempleados, no es más que un ejercicio de cinismo, cara dura y desvergüenza; contagiados de la repentina amnesia de la señora Valenciano que, habiendo sido eficaz colaboradora del gobierno de Zapatero, durante sus dos legislaturas, parece que se ha olvidado de cómo dejaron al país cuando se lo entregaron al PP.

No se extrañen, unos y otros, de que, los españoles, hayamos llegado a la conclusión de que es precisa una verdadera regeneración democrática que impida que la corrupción, los malos hábitos, los politicastros, los sindicalistas y los separatistas se conviertan en un lastre insoportable para la nación. Puede que los ciudadanos, en estos comicios que se avecinan, decidan castigar a unos y a otros, para que se den cuenta de no se puede engañar al pueblo para que los vaya a votar. O así es, señores, como, desde la óptica de ciudadanos de a pie, nos lamentamos de nuestros políticos.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Empate infinito

MANUEL MONTERO. EL CORREO   3 Mayo 2014

Suele horrorizar la idea de que en el País Vasco se produce un empate y de que este, que viene de atrás, quizás se prolongue, no ya por los siglos de los siglos, sino un rato más. Al menos, la perspectiva les espantaba a quienes hace unos doce años estrenaron la metáfora. «¿Estamos condenados al empate infinito?», «continúa el empate infinito». La idea de la condena es un juicio de valor, como si empatar fuera algo execrable y el infinito un estigma que más nos valdría quitar. Ahora Duran i Lleida clama contra «el empate infinito» en la cuestión catalana. No gusta la idea.

El término ‘empate’ tiene resonancias entre deportivas y militares. Resulta antagónico a victoria, pues al añorar el fin del empate se desea que se deshaga con el triunfo de los propios sobre la otra parte, cuya existencia provoca la anomalía de que estemos empantanados. Victoria en vez de empate, tal es la alternativa en este esquema. No añora una mejoría de toda la sociedad, en la que los unos y otros se felicitasen de los logros compartidos, sino la derrota de los otros. La imagen de que avanzaremos hacia la felicidad cuando un sector de la sociedad doble la rodilla y la otra liquide victoriosamente el empate sempiterno resulta pintoresca.

Probablemente este concepto de empate viene del deporte, por la imagen tediosa del partido que no se resuelve nunca. Sin embargo, en las competiciones deportivas el empate es una anomalía, reservada al fútbol, a las tablas del ajedrez, a los combates nulos del boxeo y a las contadísimas ocasiones en que dos ciclistas llegan ex aequo (y la tecnología ha desarrollado virguerías para evitarlo, con fotos finish cada vez más sofisticadas). En el deporte las reglas se han ido modificando para evitar el empate, con la principal excepción del fútbol. En el juego se trata de saber quién gana y quién pierde.

Pero en esto el deporte no es reflejo de la vida. Lo habitual en las sociedades es el equilibrio, no el triunfo de una de las partes que hunde a la otra o ésta desaparece por consunción o por políticas diseñadas al efecto: esos desenlaces no se suelen dar en las sociedades normales, que suelen tender a la estabilidad y no al sobresalto. Los furores catalanes del día son rareza y no norma, más chocante aún por producirse en una sociedad acomodada, en la que por lo común los sectores pudientes suelen ‘soportar’ a los más bajos, no pegarles patadas (el independentismo arraiga con más fuerza en las clases medias ‘oriundas’ que en las provenientes de la inmigración, a las que considera caballo de Troya, ámbito políticamente a relegar y en esta coyuntura el enemigo interior).

Ni siquiera las tareas militares suelen realizarse por lo común para romper los empates. Los ejércitos se preparan para la victoria, por si llega la guerra, pero la mayor parte de sus esfuerzos busca mantener los equilibrios, sostener las posiciones. Cuando llega la agresividad y busca romper el empate se entiende que algo ha fallado, pues las sociedades civilizadas no suelen querer guerras ni, en general, defenestrar al vecino, ni siquiera llevarse mal.

El repudio al ‘empate infinito’ viene en el País Vasco de la parte nacionalista, cuyo sentido último es romperlo. En este esquema el aborrecido empate consiste en que el peso de los no nacionalistas impide que la relación de fuerzas se desequilibre y lleguen cambios políticos estructurales, que se puedan interpretar como victoria.

La queja por el empate perpetuo es ventajista. Ni por asomo consideraría deseable que se rompiese por el otro lado y que las posiciones nacionalistas quedaran derrotadas. Su juego no es ganar o perder, como sugeriría el rechazo al equilibrio, sino sólo ganar, pues el empate se considera logro mínimo pero definitivo, aunque insuficiente.

La abominación del empate infinito concibe la vida social en el País Vasco como un combate cuyo ideal es romper los consensos, acabar con cualquier equilibrio y lograr la preeminencia. De ahí que la prioridad nacionalista no sea buscar la convivencia entre los vascos, conjugar las distintas sensibilidades y permitir que todas tengan capacidad de desarrollarse sin trabas. Su sociedad vasca utópica no prima la diversidad y la concordia, sino el desenvolvimiento de postulados identitarios, que son nociones de parte. No que cada cual pueda desarrollar su identidad, si cree que la tiene y le da alguna importancia, sino que sólo puede prevalecer una, la que entiende como legítima e imagina un deber para todos, no sólo para los suyos.

La búsqueda de la victoria para acabar con el empate da un aspecto peculiar a la política vasca, que parece moverse siempre en torno a decisiones transcendentales. No suele discutirse en torno a lo mejor, ni siquiera sobre lo conveniente, sino sobre decisiones radicales. «Un paso adelante» (por lo común irreversible) constituye uno de los latiguillos sobre los que se construye el discurso público vasco. Subyace la idea de que Euskadi/Euskal Herria ha de seguir un camino ideológicamente prefijado, de índole metahistórico, y que la misión de nuestra generación no es otra que seguirlo, adelante, siempre adelante, para no quedar atrapados en el empate. Beti aurrera.

Lo del ‘empate infinito’ se presenta como una especie de maldición. Por lo del empate y porque la infinitud sugiere que no existe el camino providencial de la liberación identitaria. No suele imaginarse que el empate, punto de partida, pueda serlo de llegada. Tampoco que no haría faltar librar un partido, mucho menos una lucha encarnizada, pues no se vive tan mal primando la convivencia.

Las derrotas de ETA
FERNANDO GONZÁLEZ URBANEJA. ABC   3 Mayo 2014

· Aludir ahora a la derrota de ETA me parece que supone incurrir en otro error con mal uso del lenguaje, ya que implica admitir cierta legitimidad a ETA y a sus entornos. ETA ha fracasado porque su opción era equivocada, no conduce a nada soportable y no debe concluir con que ellos u otros recojan los frutos tras sacudir un árbol que, además, no es suyo.

Frente a ETA la sociedad española, y más en concreto el periodismo, ha fracasado con el lenguaje; ellos han impuesto buena parte de las palabras que pretenden describir y explicar los acontecimientos. Establecieron desde muy primera hora un lenguaje bélico, militar, como si se tratara de una guerra con contendientes legitimados y con la alternativa de negociaciones, pactos, treguas e incluso armisticio con vencedores y vencidos, aunque fueran parciales o aparentes. En resumen, concluir con un arreglo e incluso la apariencia de un abrazo (los ha habido en la historia de España) con la nariz tapada. Pero en esta historia no hay guerra y no puede haber armisticio; ha sido una confrontación asesina en la que unos pocos utilizan la violencia terrorista para imponer sus aspiraciones, sus pasiones; el terror utilizado para amedrentar hasta conseguir que los otros desistan, consientan y ¡se aguanten!

Aludir ahora a la derrota de ETA me parece que supone incurrir en otro error con mal uso del lenguaje, ya que implica admitir cierta legitimidad a ETA y a sus entornos. ETA ha fracasado porque su opción era equivocada, no conduce a nada soportable y no debe concluir con que ellos u otros recojan los frutos tras sacudir un árbol que, además, no es suyo. No pueden alcanzar una victoria parcial en la Europa del siglo XXI, por razones obvias, por la naturaleza de las cosas.

Debe quedar claro que ETA estaba fracasada desde el primer minuto, ni siquiera el tardofranquismo le otorgó un átomo de legitimidad, no cabe amparo en la ética de la resistencia. Su final siempre ha sido cuestión de tiempo y, sobre todo, de eficacia policial y judicial, sustentada en la firmeza del Estado de Derecho, que también comete errores, pero que tiene legitimidad de origen y de ejercicio.

Ahora, conscientes del fracaso y del sinsentido de sus actividades criminales, los jefes etarras y sus entornos buscan una salida con la misma lógica errónea que les llevó a la violencia. Pretenden salir del laberinto aliviando la pena a los presos, incluidos los que no se arrepienten de sus crímenes; devolviéndolos al punto de partida, y, sobre todo, justificando, aunque sea parcialmente, que mereció la pena, que su sangrienta historia tiene una explicación, una excusa y un relato tolerable. Pero no hay justificación posible que no sea inmoral, el relato es sangriento, desolador e inútil; no puede legitimar nada decente.

Los hay que sostienen que para acabar definitivamente con la violencia, la extorsión y el asesinato hay que aceptar sacrificios menores y que deben ser tolerados por el Estado de Derecho; aluden al pragmatismo y, quizá sin darse cuenta, al «mal consentido» que ha argumentado y desacreditado Aurelio Arteta. Pretenden que la generosidad con los fracasados adelantará el fin de la violencia y es el camino más eficaz para no alargar el sufrimiento. Sostienen que merece la pena cambiar una mal llamada paz (o proceso de paz, complicada palabra esa de Proceso, más aún cuando la ponen mayúscula) a cambio de presos fuera, pocas explicaciones y ningún arrepentimiento. Pero esa táctica ni es inteligente ni tampoco es justa; supone dejar sembrada la semilla de la maldad, la duda de la oportunidad de la violencia, por cuanto su precio pueda compensar. Mirar a otro lado no puede ser compatible con una sociedad democrática respetuosa con los derechos humanos.

El destino de ETA no puede ser otro que su disolución, el reconocimiento del mal causado y, además, el esclarecimiento de los delitos pendientes, que deben tener un relato suficiente de los hechos y una identificación de sus autores y de los responsables, de los que ordenaron los crímenes. No se trata tanto de hacerles pasar por la justicia, que también, cuanto por la historia. Echar al olvido, pasar página como que no hubiera pasado nada, disculpar, conllevar, tolerar… no cancela ni amortiza el mal, significaría una falsa derrota de ETA, por el triunfo de sus postulados y motivaciones.

La actuación de la llamada «comisión de verificación», así como la aparente inutilización de las armas, resulta tan artificiosa como insuficiente y refuerza la tesis de que la consistencia del Estado de Derecho es el camino correcto. Más importante que inutilizar las armas es explicitar el arrepentimiento y abrir los archivos para iluminar las zonas oscuras; porque tenemos derecho a saber qué ocurrió, cómo ocurrió y quiénes fueron los actores y protagonistas del mal. Se requiere contrición, arrepentimiento por el mal provocado, y atrición, pesar por la ofensa causada, que son más relevantes que una simbólica entrega de armas y su inutilización. Para expresar ese sentimiento no hacen falta abrazos ni escenificaciones, basta una simple declaración colectiva e individual. Y antes de eso, la disolución, renunciar a cualquier enaltecimiento y también un poco de discreción. Y luego, con las heridas cicatrizadas, la democracia dispone de mucho margen para la acción política que sostenga opiniones y reivindicaciones conforme a las reglas del juego constitucional que no son inalterables.

Además de la facilidad con la que los terroristas imponen su gramática y su lenguaje, me llama la atención la fascinación que ejercen sobre los demás, y en concreto sobre los medios de comunicación. Un gesto, un guiño, una nota, una imagen de los terroristas, por inane que sea, obtienen notoriedad inmediata y demasiados primeros planos. No creo que haya que ocultar los hechos, todo lo contrario, pero sin dejarse fascinar o seducir por las apariencias. La liturgia trasnochada, grosera y amedrentadora que ETA utiliza bajo el pragmático principio de que «hablen de ellos aunque sea para mal; cuanta más notoriedad más influencia», pasa por aterrorizar, no por ganar amigos y afectos. Han conseguido impresionar y amedrentar con unas inaceptables comparecencias ante periodistas mudos, con comunicados vacíos e irrelevantes y no pocos gestos provocadores, incluidas las manifestaciones toleradas como mal menor o necesario.

El Estado de Derecho, la eficacia policial y judicial y la acción política que deje sin oxígeno los espacios ambiguos y cómplices con los argumentos de los terroristas son el camino eficaz que hay que recorrer hasta el final sin vacilaciones ni atajos. Ese será el mejor servicio a la democracia, a la convivencia, y la mejor manifestación de respeto a las víctimas. El mensaje inequívoco de que la violencia no da fruto alguno. Y a los periodistas nos corresponde contarlo con rigor y sinceridad, sin equidistancias tramposas.

CARTAS DE UN ARPONERO INGENUO
La barba postiza de Dencás
PEDRO J. RAMÍREZ El Mundo 3 Mayo 2014

En la desmesurada y calidoscópica fotografía que reunió el miércoles a más de un centenar de autores en el desayuno del día de Sant Jordi en el hotel Regina de Barcelona sólo había uno cuya obra no se ocupara ni de la gloriosa resistencia de 1714, ni del renacimiento nacionalista de 1914 a través de la Mancomunidad de Cataluña, ni por supuesto de la epopeya del rey Arturo en este 2014 de nuestros horrores, sino de lo que comenzó a ocurrir en 1814, un año cuyo segundo centenario, a juzgar por los interminables mostradores de libros que festoneaban las calles, parece habérselo comido el gato, tal y como sucede tantas veces con nuestro escamoteado siglo XIX.

Siendo yo ese único autor, abrazado sonriente a mi rosa en el extremo opuesto de la primera fila al ocupado por el hábito blanco de sor Lucía Caram, monja de clausura que viene dándose al mundo para celebrar la buena nueva del independentismo, me sentí obligado a explicar a quien quiso escucharme que fue precisamente en Cataluña donde se gestó el Sexenio Absolutista, cuando el 24 de marzo de 1814 Fernando VII cruzó el río Fluviá a la altura de Báscara y, en vez de acudir a Madrid a jurar la Constitución, se dirigió a Valencia a derogarla; que fue precisamente en Barcelona donde se produjo la primera sublevación liberal digna de tal nombre cuando gran parte de la burguesía urbana secundó al enseguida fusilado general Lacy; y que fue precisamente la Ciudad Condal la que con más entusiasmo se sumó al pronunciamiento de Riego que dio paso al Trienio Liberal en el que seencuadra La Desventura de la Libertad.

¿Por qué en una Cataluña, tan súbitamente historicista ante los otros centenarios, se ha decretado esta amnesia colectiva sobre los años seminales del constitucionalismo, el liberalismo, el parlamentarismo y, en definitiva, la democracia, pese a que como ha escrito el profesor Jordi Roca Vernet, «Barcelona fou la ciutat més revolucionària del Trienni Liberal i en la qual més ciutadans participaren regularment en política»?

Sin duda, la explicación está en ese despacho del cónsul francés que ya en el propio 1814 informa a su Gobierno de que, exceptuando a las capas más ignorantes de la población, «el resto de la gente sólo piensa en Constitución». O en esa portada del libro de Juan Francisco Fuentes Amazonas de la Libertad, que muestra a las autodenominadas «lanceras de Barcelona» con la bandera española ceñida a la cintura como parte de su uniforme. O en ese editorial del órgano masónico El Indicador Catalán en el que se invitaba a los comuneros a la unidad entre sociedades secretas: «Usted puede decir '¡Viva Padilla!'. Nosotros, '¡Viva la luz!', conformándonos ambos en aclamar y decir '¡Viva la Patria y la libertad Española!'».

Ese momento histórico vivido con tanto drama e intensidad en Cataluña -después de que Calatrava y su Gobierno tengan que entregar Cádiz, Espoz y Mina aún resistirá durante semanas en Barcelona- ha sido borrado del relato nacionalista por la sencilla razón de que desbarata su interpretación de 1714. ¿Por qué si entonces se produjo tal monumental e imperecedero agravio a las «libertades nacionales» de Cataluña por parte borbónica, un siglo después nadie parecía recordarlo y el Principado se alineó abrumadoramente con un rey cautivo de esa misma dinastía para defender a España en la «Guerra del Francés»? Más allá de la boutade que me transmitió un intelectual independentista -«Aquel chaval del Bruch en vez de tocar el tambor debía haberse tocado los cojones»-, nadie ha sido capaz de rebatir que durante el siglo XVIII Cataluña había encontrado su prosperidad en la apertura de mercados, fruto de la concepción unitaria de la monarquía de Felipe V. O sea, gracias al «desescombro» de las viejas estructuras políticas y económicas que, según Vicens Vives, produjeron los denostados decretos de Nueva Planta.

La verdad es que la mayoría de los catalanes se ha sentido cómodamente encajada en España durante casi toda nuestra larga Historia compartida. Si hoy en día no es así, no es tanto porque el Estado tenga una determinada estructura territorial, sino porque está fracasando como marco de bienestar común. Mi experiencia directa de esta semana en Barcelona me reafirma en que Cataluña no es el problema, sino tan sólo uno de los síntomas. El problema es España y la democracia, la solución. Por eso propugno que las próximas elecciones generales sean constituyentes o si se quiere reconstituyentes, de forma que todos los partidos acudan a las urnas con un programa que incluya sus propuestas de reforma constitucional, para que los ciudadanos les otorguen más o menos peso en la ineludible negociación posterior.

No hay como callejear, firmar libros en un punto y otro de la ciudad y hacerte cientos de fotos con la gente para darte cuenta de cuál es el estado de ánimo colectivo. Podemos descontar como poco representativo el ambiente del Tenis Barcelona donde los capos del Sabadell, Planeta o por supuesto La Vanguardia -Javier Godó se interesó amablemente por mi libro y me preguntó si Calatrava era anterior o posterior a Casanova- ofician en estas fechas la elegante ceremonia del seny. Podemos también dar por sobrentendido que si alguien se rasca el bolsillo para comprar tu libro o busca hacerse un selfie junto a ti no debe estar en principio entre tus detractores. E incluso podemos entender que Sant Jordi implica una especie de anual tregua olímpica en la que el pluralismo de los libros amortigua cualquier conflicto y reflota la añorada Barcelona cosmopolita y tolerante de mi niñez.

Pero al final, números cantan. De ese casi un millar de contactos personales sólo tres fueron hostiles. El único ruidoso, el de unos radicales que denunciaban junto a la plaza de Cataluña, megáfono en ristre, la toma de control de los periódicos por los bancos y se dividieron entre quienes alegaban que yo era una víctima de ese fenómeno y quienes replicaron que durante años no había sido sino un esbirro del poder financiero. Después, un joven vino al stand en el que firmaba en la Rambla de Catalunya y me dio las gracias con ironía cáustica «por hacer tantos independentistas». Enseguida otro chico se acercó a reprocharme de forma apasionada pero correcta que publicáramos el documento de la Udef sobre la corrupción en CiU en plena campaña electoral: «Quiero que sepa que los catalanes amamos más a nuestro president desde que usted intentó destruirle».

Eso fue todo. En el resto de los casos mi destitución como director del periódico que fundé era el leit motiv que daba pie para hablar de la evolución de la prensa y sobre todo de la opresiva esclerosis de la política. Cuando yo alegué en el programa de Cuní y en Els Matins de TV3 que lo prioritario en esa reforma constitucional es devolver a los ciudadanos el control sobre los políticos, muchos viandantes me dijeron que estaban de acuerdo. Pero también les gustó que subrayara que la última sentencia del Tribunal Constitucional abre la puerta a revisarlo todo, siempre que sea por la vía democrática de la legalidad.

Es verdad que el único político catalán en activo con el que tuve contacto, el conseller de Cultura Mascarell, puso cara avinagrada cuando fue requerido para que posáramos juntos en la fiesta en la que un año más Álex Sàlmon reunió al todo Barcelona cultural en torno a EL MUNDO de Catalunya y su premiado suplemento Tendències. Pero luego me aclararon que acababa de perder los nervios ante Rosa Díez, increpándola con expresiones del estilo de «tú te crees Dios», sólo porque ella había criticado la discriminación de los no nacionalistas en el espacio público.

Comentando el incidente y en general la crispación que se percibe en el Gobierno de Artur Mas a medida que se acerca el callejón sin salida del 9 de noviembre, un exitoso colega de La Vanguardia me dijo que «el problema es que no tienen una hoja de ruta clara y por eso puede pasar cualquier cosa». «Caray, eso que dices recuerda más a octubre del 34 que a ningún otro aniversario», repuse en el acto. Él asintió y me recordó enseguida los amargos reproches que el legendario Gaziel dedicó en su periódico a aquel acto de aventurerismo en el que se proclamó unilateralmente el «Estat Català» dentro de la inexistente «República Federal Española».

Las posteriores palabras de Mas, asegurando que corre «peligro personal» al seguir desafiando al Estado, indican que probablemente también tiene el paralelismo en la cabeza. Pero así como él encauza su victimismo a través de la figura doliente del encarcelado Companys, yo empiezo a verle mejor reflejado en la impostura tragicómica del conseller de Gobernació Josep Dencás, que a las pocas horas de iniciada la farsa huyó por la alcantarilla, olvidándose en el cajón de su despacho la barba y el bigote postizos que tenía preparados al efecto.

Mucho más inviable aún que «aquella chiquillada» (Cambó), que aquel «trance irrisorio y ridículo» (Pla) en el que se derramó sangre en el 34, es pretender crear inocuamente el Estat Català en 2014. Europa no es hoy aquel descoyuntado valle sombrío, arrastrado entre dos guerras, sino el ámbito de una Unión política en la que todo está atado y bien atado. No serían las tropas del íntegro general Batet sino una nota de prensa de la Comisión Europea lo que esta vez desbarataría todo en pocas horas. Mas y los suyos son conscientes de ello, pero ahora ni siquiera saben dónde está la alcantarilla.

No es una simple casualidad que en su magistral artículo La clara lección, en el que describió la suspensión de la autonomía de Cataluña como el «justo castigo a nuestra espantosa imbecilidad», Gaziel utilizara la misma palabra clave que figura en el título de mi libro sobre el hundimiento del régimen liberal en 1823: «La causa suprema de nuestra desventura se debe a nosotros, a los catalanes todos, a Cataluña en peso y, muy en especial, a sus partidos políticos más representativos». La «imbecilidad» consistió, en ambos momentos en ignorar los requerimientos de la realidad. ¿Serán capaces de aprender los catalanes de hoy alguna de esas lecciones históricas?

Reunión en Ajuria Enea
El Dos de Mayo de Mas y Urkullu
Javier Somalo www.gaceta.es 3 Mayo 2014

Este Dos de Mayo hemos tenido noticia de una reunión "secreta" entre dos presidentes regionales: Íñigo Urkullu y Artur Mas. La cita, que duró dos horas y media, se produjo el jueves, no estaba en las agendas y no tuvo cobertura informativa. Lo que estaba claro es que se daría a conocer el día en el que Madrid –no sé por qué sólo Madrid– conmemora la insurrección que guió a España a la independencia de Francia. Hay otro detalle importante sobre la puesta en escena: es Artur Mas el que visita a Íñigo Urkullu en el Palacio de Ajuria Enea. O sea, es Artur Mas el que propone o, como dicen los nacionalistas, el que pilota el proceso.

Las notas de propaganda posteriores al encuentro dicen que habrá más reuniones para "profundizar en el conocimiento de las realidades propias de Cataluña y Euskadi, con sus similitudes y sus diferencias". Mensajes: ¿y si la consulta secesionista –lo único que parece preocupar a Rajoy– no se celebra sólo en Cataluña?

Si el Gobierno no es capaz de dar una respuesta legal al incumplimiento generalizado de la Ley por parte de la Generalidad de Cataluña y sólo dice que el referéndum "no se celebrará", ¿qué estrategia seguiría en caso de tener no uno sino dos desafíos el mismo día? Seguramente, la misma: "lo que no vale en Cataluña no vale en el País Vasco". Pero lo cierto es que entonces interpretará que tiene dos frentes abiertos y ya se sabe que a las puertas de unas elecciones generales lo que prima es dialogar.

Antaño se cometió el error de poner el foco en el País Vasco cuando era Cataluña la que daba pasos más firmes hacia la secesión. Pero, claro, había muertos y los terroristas que mataban eran nacionalistas vascos. Con Carod Rovira fuimos testigos de cómo la ETA amalgamaba intereses hasta el punto de que un separatista podía pedir a la banda que no matara en Cataluña, que no convenía en ese momento. Los muertos servían, claro. Y sirven.

Ahora se nos dice que ETA ya no existe –no mata, de momento, porque manda y consigue lo que pide– y quitamos el maldito foco del País Vasco para alumbrar el problema real, que está en Cataluña. Esta es la clave del fracaso: no hay una cuestión nacional. Desde Zapatero, el Gobierno no quiere tener una idea de España. Desde Zapatero, la nación es discutible.

Atentos pues a García Margallo, ministro de Asuntos Exteriores Internos, y a la agenda de la Casa Real. Si empezamos a ver mucho aurresku en los telediarios prepárense para el gran pacto. De momento, Urkullu y Mas asoman juntos las patitas el día en el que sólo Madrid celebra el Dos de Mayo.

¿PRECIO A LA PATRIA?
¿Torpeza o traición? Cómo el PP vasco defiende mal unos principios
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 3 Mayo 2014

Pedir la opinión del terrorista Arnaldo Otegi es un error. Aún peor es argumentar contra la independencia por el coste económico y social de la misma. ¿Saben eso en Génova?

El PP vasco de Jaime Mayor Oreja, que era también el de María San Gil y había sido el de Gregorio Ordóñez (y el de los mejores resultados históricos del PP en las tres provincias, nunca repetidos), tendría sin dudas sus defectos. Creo que nadie lo niega ni lo discute. Ahora bien, era un partido político que tenía una visión de las cosas bien definida y unos objetivos claros. Algo que es difícil de decir hoy, aunque estemos en vísperas de una campaña electoral –sin ninguna relevancia para Mayor, por cierto- y en medio de una serie de encuestas que, si bien malas para el PSOE, son peores para el PP. O quizá justamente por eso.

Hay en el Parlamento Vasco una Ponencia de Autogobierno. Bien, cada uno juega a lo que quiere, es la naturaleza misma del régimen autonómico ya en su edad madura. Pero lo insólito, al menos si nos comparamos con otros países europeos que padecen terrorismo o sufren la existencia de nacionalismos disgregadores, es el último paso dado en esa ponencia parlamentaria: EH Bildu ha solicitado la comparecencia del secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi, condenado por terrorismo. Otegi sigue de momento en prisión, y el Parlamento oficialmente pide a la Dirección General de Instituciones Penitenciarias permiso para que el etarra ofrezca a los representantes regionales su opinión sobre el futuro del autogobierno.

Si esto está mal, y yo creo que lo está, y que España no es más democrática sino más risible por aceptarlo, peor aún es el contexto. Gorka Maneiro, el representante de UPyD, se ha opuesto a la visita de Otegi. Los del PP no.

Diga lo que diga el portavoz del PP, Borja Sémper, la presencia de Otegi no es que sea simplemente "innecesaria", sino que es un insulto a los cientos de miles de personas que han consumido o perdido su vida en defensa de España. No hay ningún consenso que legitime algo ilegítimo por naturaleza; porque Otegi no está condenado por sus ideas, ni por sus opiniones, sino por respaldar el terror y conspirar contra la unidad nacional –lo que no es un delito de opinión, ni una opinión debatible, sino simplemente un delito. Sería interesante ver cómo explica algo así Borja Sémper a sus propios afiliados y votantes, dentro y fuera del País Vasco y de Navarra, y sería muy ilustrativo un debate sobre esta cuestión y todas las relacionadas con ella entre el joven Sémper y el aún eurodiputado Jaime Mayor Oreja. No creo que nos regalen algo así, y tendremos que imaginarnos las razones.

Pues la cosa no es un desliz ocasional del actual PP vasco. La misma Ponencia de Autogobierno, a petición del PP, ha solicitado al Gobierno de Mariano Rajoy un informe sobre el coste económico y social que tendría una hipotética independencia del País Vasco. No contentos con esto, los de Sémper van a solicitar un estudio al Ministerio de Trabajo sobre la viabilidad de un sistema propio de pensiones en el País Vasco, para determinar si la independencia sería viable o no.

Esto es, sobre todo, una pésima defensa de unos principios. Álava, Guipúzcoa y Vizcaya no son España porque convenga a su economía o a su sistema de pensiones, ni dejarían de serlo si por egoísmo se encontrasen mejor bajo otra soberanía. La conveniencia económica no es razón para la independencia, ni mucho menos puede serlo para oponerse a ella. A menos que uno acepte de partida que la economía es el valor superior de la convivencia, que vale más que cualquier Patria, que cualquier principio o que cualquier esfuerzo nacional colectivo. Estoy convencido de que hay nacionalistas vascos honrados a los que repugna el argumento económico incluso si pudiesen usarlo a su favor; a mí me asusta ver al Partido Popular usarlo, por lo que implica de renunciar a todo ideal y reducir la Patria a un IPC y unos servicios sociales. Si no es así, que corrijan su error; si es así, que lo reconozcan para que sus afiliados y votantes puedan decidir.

Se ha dicho aquí desde hace años y lo ha dicho Jaime Mayor Oreja en otros foros que la crisis de España no es sólo económica, sino ante todo de principios. En la visita de Otegi y aún más en la pésima y dañina argumentación economicista tenemos la mejor prueba.

Independence Day (I)
Teresa González Cortés www.vozpopuli.com 3 Mayo 2014

La crítica con que se adorna la mayoría de los políticos catalanes lleva tiempo adoptando caracteres grotescos. Y es que los razonamientos en que se escudan no son ni “críticos” ni “radicales”, además de que, y no es rechifla, dicha élite –integrada por conservadores “aprendices de izquierda” y rojos “inmoderados de derechas”- no hace más que teñir su discurso de gimoteos y lágrimas sin querer, por eso del seny será, levantar alfombras y senyeras, y hacer limpieza en el portal de casa. Debe ser, imagino, que la moda “contemporánea” de perseguir al que en política delinque les resulta una barbaridad a estos aguerridos del destino que, sin dudarlo, prefieren dar alas a la impunidad antes que defender los principios democráticos que establecen la independencia de la justicia frente a desmanes y abusos de los poderosos.

Sus críticas, lo repito, no van a la raíz de los males, que eso es lo que significa “radical”. Muy al contrario, dolida de ideología, esa mayoría de políticos crispa y lo confunde todo para beneficio propio. Y si los nacionalistas, por mediación de la retaguardia del PSC y Esquerra Republicana, engañan con palabras, sucede que gracias a la prosa inagotable del odio logran crispar y confundir aun más, pues las pasiones del resentimiento dan mucho juego y, lo mejor de todo, con los extravagancias pirómanas del victimismo consiguen rebajar la inteligencia hasta niveles bovinos de intransigencia y rencor.

No elegimos el lugar donde nacemos. Por tanto, convertir un estúpido capricho geográfico en motivo de orgullo y superioridad supone retornar a los principios de linaje y nobleza de siglos poco amables; implica restaurar la tristeza de no reconocer en los demás la humanidad que compartimos. Sin embargo, no son pocos los políticos catalanes (y no catalanes) que, divorciados de la realidad concreta, se afanan por encontrar las leyes eternas de la sociedad; no son pocos los que se aferran a querencias que, ya había explicado Marx, hacen que toda nueva clase que toma el lugar de otra dominante esté “obligada, simplemente por cumplir sus objetivos, a presentar su interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, esto es, […] a presentarlos como los únicos racionales, válidos universalmente”.1

Pero, claro, ¿entonces todo cambia sin que cambie nada porque "cuanto más cambie, es más de lo mismo”?2 Eso es posible según el parecer del periodista parisino Karr, ya que en Cataluña, de la mano de una escenografía wagneriana, los Mas-ías se sienten mesías de una verdad inmutable. Y, amarrados a un luteranismo moral, andan convencidos de que ellos no pueden hacer nada malo, mientras los demás, los no nacionalistas, sí acometen nada bueno. No importa que caigan en la inmodestia, en los errores del zafio maniqueísmo, en la arrogancia de la prepotencia. La petulancia, la vanidad les exime de reconocerse en el espejo ante sus defectos.

¿Que quienes se querellan contra los vientos de la modernidad no se perciben pieza estructural de los problemas que asfixian a las autonomías?, ¿qué no se ven causa directa de los problemas de España? Por supuesto, dado que hoy marchamos, diría Cervantes, bajo la brújula hampesca de los Roque Guinard que fiscalizan las vías de acceso de Barcelona, y de los Monipodio que controlan los hilos de la justicia de Sevilla o allí donde sea menester.

Novatos “revolucionarios”
No le dé más vueltas, estos principiantes “revolucionarios” no predican acabar con las costumbres palaciegas que parasitan los recursos de la ciudadanía. No crea en absoluto que buscan democratizar la democracia, impulsar el desarrollo de la libertad y de los derechos individuales. Estos novatos “revolucionarios” no desean INDEPENDIZARSE de la comodidad de paladear prerrogativas ventajosas ni separarse de la prosperidad de disfrutar de chóferes y dietas, viajes y cargos ad hoc, salarios astronómicos y negocios al 3%, patrimonios inexplicables, etc. Deshonestos con la Historia, esta clase de políticos es muy realista con su bolsillo. Y, tras el sedal de ese progresismo tan progresista suyo, lo ha destacado Juan Marsé, en Cataluña hay una “horrible confusión de sexos y banderas, de barretinas y talonarios, de Morenetas y pesetas, de sentiments i cèntimes”.

Vivimos tiempos revueltos amarrados a una espiral reaccionaria. E igual que en las grandes empresas las cúpulas directivas han optado antidemocráticamente por aplastar a los accionistas con el fin de dejar despejado el camino a sus desmedidos privilegios dinerarios, de la misma forma y en paralelo una clase política, de derechas e izquierdas, está escondiendo tras el ideal de “Pueblo” una cultura endogámica “corporativa”. Es más, para continuar bajo el machito del “Poder”, dicha clase política está manejando la ubre del Estado a su antojo, sin límites ni frenos a sus abusos.

Así que, por muchas historias quevedescas que nos cuenten, la rebelión de Barcelona no es por el fuero, es por el güevo. Y, ante tantos estómagos que buscan nidos de los que alimentarse, no puedo remediarlo pero me viene a las mentes unas palabras de Ramón Pérez de Ayala: “cuando la estafa es enorme toma un nombre decente". Y esa estafa en España se llama “nacionalismo”. Y a pesar de que se empeñen en cubrirla con palabras-bandera, con acontecimientos-fetiche o con cultos paganos a las piedras de Montserrat, el invento nacionalista de las autonomías (que detiene la vida de millones de ciudadanos) es el arma que invisibiliza la ineficiencia de esa clase política que, para más inri, lejos de solucionar problemas, los crea a toneladas, de modo que de los alzamientos militares gestados en los cuarteles durante el siglo XX hemos pasado a los levantamientos civiles guisados en las fortalezas autonómicas.

1 Marx-Engels, Werke, Dietz Verlag, Berlin, 1961, vol. III, p. 47.
2 Jean-Baptiste Alphonse Karr, Les Guêpes, Paris, Juillet 1848, p. 278.

Según explica Manu Montero en "Voces vascas"
La lengua refleja la hegemonía política nacionalista en el País Vasco
latribunadelpaisvasco.com 3 Mayo 2014

El catedrático Manu Montero, ex rector de la Universidad del País Vasco, acaba de publicar el libro “Voces vascas. Diccionario de uso” (Tecnos), en el que disecciona las características del uso de la lengua en la sociedad vasca.

El libro recoge un total de 365 voces y expresiones, explica el significado de cada una de ellas, sus orígenes y cita ejemplos del uso dado. Desde “a futuro”, expresión creada por el lehendakari Ardanza, pero popularizada por su sucesor, Juan José Ibarretxe, hasta “zulo”, término que ha terminado entrando en el diccionario de la Real Academia de la Lengua gracias a ETA.

Montero señala que una de las características del habla vasca son las “jergas de definición ideológica”, distintos argots que expresan la hegemonía del nacionalismo. El catedrático identifica tres formas básicas en el habla del País Vasco: “Existe una lengua nacionalista, cuyas expresiones reflejan la cosmovisión del nacionalismo moderado -señala-. Incluye distinciones entre vascos y no vascos”.

La segunda modalidad que identifica es la que llama “abertzale avanzado” que es “el argot vinculado a la sedicente izquierda abertzale. Le caracteriza su radicalismo expresivo. También el victimismo sin fisuras, las connotaciones de tipo revolucionario, el mesianismo y las perífrasis amables para la parafernalia de proyectos de negociación”.

En tercer lugar, Montero menciona “una especie de habla común”, una lengua vasca sin abiertas connotaciones ideológicas, que emplea el español “con algunas singularidades”. Entre estas están el uso de localismos y el hecho de ajustarse “a la corrección política nacionalista”.

Estas tres lenguas no son estancas, aunque la influencia se produce en una única dirección: “Tienden a imponerse las hablas nacionalistas, pues se corresponden con el pensamiento hegemónico. Sus tabúes básicos tienen a ser los de toda la sociedad vasca”.

Manu Montero destaca que el lenguaje hegemónico por excelencia es el “abertzale avanzado”. “Sus giros presionan a la lengua nacionalista. De ahí pasan al vasco común -indica el autor-. Su creatividad es peculiar. Por lo común sus fórmulas son nuevas formas de decir los mismos conceptos. No se mueven de sus ideas ni propósitos: sólo cambian las palabras que los designan”.

La hegemonía del nacionalismo radical se basa, según Montero, en su capacidad de generalizar sus expresiones, “incluso cuando sus primeros usos fueron percibidos con reticencias por su impudicia o sectarismo”.

Manu Montero menciona que en el habla vasca hay una función prioritaria que consiste en que sus palabras “sirven para expresar las actitudes políticas y vitales del hablante, su grado de radicalidad”. Pone como ejemplo que el hablante queda definido si emplea el término País Vasco, Euskadi, Euskal Herria o provincias vascas. “En los años setenta si alguien hablaba de Euskal Herria era de Alianza Popular, ahora es de la izquierda abertzale”, dice.

Otra característica de la lengua vasca que recoge el autor de “Voces vascas” es la idea de que “las palabras expresan la realidad, pero también son la realidad”. Pone como ejemplo que “si no se dice España, no sólo deja de existir verbalmente: se le quita la legitimidad y el aspecto de existencia normal”.

Reactivar el "DNI vasco"
Nueva ofensiva proetarra para eliminar cualquier símbolo español en el País Vasco
En la estela del desafío separatista catalán, los proetarras vascos han impulsado viejas vías para eliminar cualquier elemento que recuerde a España.
Libertad Digital  3 Mayo 2014

Las Fuerzas de Seguridad del Estado siguen muy de cerca el entramado político de ETA, tan activo o más que nunca y han detectado una nueva ofensiva para eliminar cualquier tipo de símbolo que recuerde a España en el País Vasco.

Según informa ABC, la estrategia proetarra está basada en tres puntos básicos. Por un lado, la reactivación de una vieja idea del entorno de ETA, la "activación de la ciudadanía vasca" o lo que se ha conocido como el "DNI vasco". Con ello pretenden un efecto movilizador al ejemplo catalán y su Asamblea Nacional.

El segundo pilar, es la imposición de todos los símbolos proetarras a todos los vascos frente a los que consideran españoles y por otro la reactivación de Udalbiltza, una asamblea de municipios vascos y que fue declarada ilegal por su pertenencia a ETA.

Los documentos internos de la banda afirman que el objetivo de esta estrategia pretende llevar a término el "proceso de construcción nacional" y conformar "el sujeto político de una Euskal Herria independiente, socialista, euskalduna y feminista".

Esta estrategia no es nada nueva pero el entorno proetarra se considera estancado en comparación con la movilización que se está dando por parte de los separatistas catalanes. Actualmente, son el espejo en el que mirarse. Por ello, las plataformas proetarras están intentando movilizar a todo el entorno proetarra para que cuelguen en sus balcones ikurriñas y carteles de apoyo a los presos etarras y así hacer una demostración de fuerza.

Por otro lado, los proetarras pretende instalar paneles informativos en los accesos de todos los pueblos vascos en los que figure el escudo de lo que llaman "Euskal Herria" y en el que se incluyan datos que sean de interés.

Según estos documentos, cualquier calle que tenga alguna mención a algo relacionado con España debe ser sustituida y pretenden imponer el dominio ".eus" a todas las páginas web de los municipios vascos. También en los ayuntamientos quieren poner placas en las que se denuncie lo que consideran la imposición de izar la bandera de España, tal y como establece la ley. Y por último, recuperan la idea de instaurar el "DNI vasco", iniciativa que ya fue un fracaso en el pasado.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial