AGLI Recortes de Prensa   Domingo 4  Mayo  2014

¡Y tan contentos!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 4 Mayo 2014

Si algo puede resumir mi estado anímico con respecto a este irreconocible y despreciable PP de Mariano Rajoy es solo una palabra,"DECEPCIÓN". Bien es verdad que esa decepción no ha sido una sorpresa sino solo la confirmación de una sospecha ante la deriva de quien supo mentir a los españoles con la misma serenidad y "cara de poker" de un consumado farsante. Porque su campaña electoral fue solo eso una descomunal farsa plagada de buenas intenciones y de promesas que tras su acceso al poder ha ido incumpliendo sistemáticamente escudándose en lo "inevitable", en el no quería pero no tengo más remedio que hacerlo.

Lo peor de esas mentiras es que demuestran que desde el principio no hubo intención alguna de cambiar nada. Bien sea por cobardía, bien sea por propio convencimiento. Rajoy y el PP nunca han estado dispuestos a modificar el estatus del bienestar de la casta política y del tinglado que tienen montado con el sistema autonómico. Solo hay que ver el estupendo vídeo de VOX con el elefante para comprender hasta qué punto el cáncer de España comenzó el mismo día de aprobarse la Constitución, la creación de las autonomías y la inmensa red clientelar de los partidos políticos que fue invadiendo todas las Instituciones del Estado y una parte importante del sistema financiero como son las Cajas de Ahorros.

Es de auténticos miserables querer hacer creer que en estos dos años de legislatura todo lo que había que hacer ya se ha hecho. Es de miserables querer transmitir una sensación de euforia por el "trabajo bien hecho" cuando la realidad es bien distinta a la que nos presentan. Es una hipocresía decir que se cumple con las exigencias de la UE cuando se hace caso omiso a las sensatas recomendaciones de la disminución del gasto público y la optimización de las Administraciones. Porque decir que tras varias revisiones al alza se cumple con el déficit exigido, es simplemente cínico. Las previsones iniciales era dejar el déficti en el 3% para el 2014, y ahora tras incumplir el del 2013, se dice que este año estaremos tres décimas por debajo del exigido en el 5.5%.

Pero ellos tan contentos. Lo importante es que la famosa "prima de riesgo" está en mínimos históricos y que la macroeconomía indica una leve recuperación. Sin embargo, las tasas de paro y de la EPA dicen que solo el 30% de los españoles debe soportar al resto y de esos un 20% son funcionarios o asimilados. O sea que la economia real descansa sobre el 25% de la población. Y así nos va. Este sistema es insostenible y altamente improductivo. Y a pesar de esto el insaciable elefante sigue demandando alimento y Montoro se dispone,entre otras medidas impositivas, a recuperar la vivienda habitual como renta y eliminar todas las desgravaciones por la compra de vivienda con caracter retroactivo.

No hay nada que les detenga salvo nuestros votos. Ni PSOE ni PP pueden seguir gobernando sin ningún control. Hemos de acabar de una vez con este bipartidismo impuesto. Tienen miedo real a perder el poder y no controlar los pesebres de fidelización. Pero si queremos comenzar el cambio debemos darnos una oportunidad y hacerles comprender que su tiempo ha pasado y que la sociedad no está dispuesta a ser engañada de nuevo. El voto es nuestra opción de futuro y de mejorar este estado de cosas. Muévete en la buena dirección pero que no sea en la que a ellos les interesa.

Ellos están tan contentos porque nada cambia y nosotros estamos tan desesperados que nuestra alegría solo será realidad cuando perdamos el miedo al cambio.

El factor islamista en el separatismo catalán
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Mayo 2014

Si España tuviera un Gobierno digno de ese nombre y no ese gallo que parlotea de política interior en Uzbekistán, aprovecharía al máximo la información publicada esta semana por El Mundo sobre los islamistas radicales que Artur Mas ha llevado en sus listas y tiene como recogevotos entre los cientos de miles de musulmanes instalados en Cataluña. Es tan inequívoca la información, es tan evidente la relación del islamismo radical con el tráfico de drogas a gran escala –costumbre habitual entre los que piensan que los vicios de Occidente hay que explotarlos, sea el de la democracia, sea el de consumir opiáceos- que bastaría con una información exhaustiva ante las cancillerías europeas para que en Francia, Alemania, Holanda e Inglaterra, países con un grave problema islamista en su población, se alzara un muro de prevención contra el separatismo catalán.

Hay además un precedente que supone un aval importantísimo: el reciente informe del Departamento de Estado de los USA que considera a Cataluña como el núcleo más peligroso del islamismo en toda Europa. No Londonistán, ni los turcos en Alemania, ni los quemallantas de la banlieue en las grandes ciudades francesas, sino Barcelona en particular y Cataluña en general. La razón es que en esa desventurada región todavía española se ha instalado –nada menos que en las listas electorales del partido gobernante- el sector paquistaní, que es el más duro dentro del islamismo, el más irreductible, el más ideologizado, el mejor organizado y el que acolchona y fertiliza mejor las actividades terroristas, sea enviando mujaidines a matar infieles en Oriente sea preparando fechorías desde las mezquitas que disfrutan en Occidente de la libertad que los países islámicos niegan a las demás religiones, sobre todo a la cristiana.

No es la primera vez que un proyecto totalitario y antioccidental ve en el separatismo catalán una herramienta favorable a la destrucción de una de las más antiguas naciones-estado de Europa. Stalin diseñó el PSUC como un factor de desintegración de España que favorecía las posibilidades revolucionarias auspiciadas por Moscú. Dada la disciplina existente en los partidos de la Komintern, nadie puede dudar de que si Stalin no hubiera visto en el nacionalismo un factor que debilitaba a las fuerzas políticas democráticas españolas, jamás habría permitido la existencia del PSUC, amalgama de cuatro partiditos, entre ellos una sección del PSOE. Hubiera corrido la misma suerte del POUM, que era un partido comunista de raíz genuinamente catalana y cuyos líderes –especialmente el traductor Nin- sí tenían una predisposición catalanista, al menos en el ámbito cultural, si bien no llegaron nunca al separatismo. Eran también "internacionalistas".
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Para el islamismo, una balcanización de España gracias al separatismo catalán supone una plataforma extraordinaria como retaguardia del islam combatiente en toda Europa. El caos previsible en una república catalana independiente sería un caldo de cultivo ideal para el radicalismo islamista, terrorismo incluido. Para el Islam, cualquier Estado es impuro y todos pueden ser unidos, separados o destruidos para favorecer la Yihad, la única política legítima en nombre de Alá.

Para España, este factor supone una baza diplomática de primera magnitud, que acaba de un plumazo con todas las campañas de "internacionalización del conflicto". ¿Pero la utilizará Rajoy o va a seguir aspirando a pactar con Mas, el político amigo del islamismo, si aplaza el referéndum? El Rey, que se pasa el día en el Golfo, podría igualmente alertar del peligro en los países islamistas conservadores. Para el Jefe del estado y del Gobierno, la ocasión es perfecta. Es muy de temer que la dejarán pasar, como todas.

Urkullu se suma a la operación de Artur Mas
EDITORIAL Libertad Digital 4 Mayo 2014

El pasado jueves tuvo lugar una reunión entre los presidentes autonómicos de Cataluña y el País Vasco fuera de la agenda oficial y del foco de los medios informativos. Como si de dos primeros ministros se tratara, Mas y Urkullu se encontraron en la sede del Gobierno Vasco para tratar "asuntos de muto interés" entre los que, obviamente, la operación secesionista organizada por la Generalidad y sus implicaciones para el futuro del País Vasco tuvo que ocupar la mayor parte de la entrevista. El objetivo de ambos nacionalismos ha sido siempre la secesión, en cuyo sendero se han encontrado tradicionalmente para aprovecharse de las ventajas adquiridas por uno y otro según el momento. Desde la utilización del terrorismo al anuncio de una consulta ilegal para declarar la independencia, los pasos de los nacionalismos catalán y vasco han ido siempre acompasados en busca de un objetivo común: la destrucción de la nación española a través de la secesión de Cataluña y el País Vasco

Desde el pasado jueves el Gobierno no puede seguir sosteniendo que la operación secesionista puesta en marcha oficialmente por la Generalidad es una locura de Artur Mas sin mayor recorrido. El presidente de la Generalidad es un político mediocre dispuesto a cualquier excentricidad para mantenerse en el poder autonómico que tanto le costó alcanzar, pero el proyecto independentista que abandera implica la participación de numerosas fuerzas que, como hemos visto esta semana, trascienden la propia comunidad autónoma catalana.

Mientras los asesinos de ETA sometían a España a su dictado de terror, PNV y CiU estuvieron beneficiándose de los privilegios que los distintos gobiernos de España les concedieron sin tasa para premiar su presunta moderación. Agotado el filón terrorista por la tenacidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los nacionalistas catalanes han retomado la iniciativa para plantear un desafío institucional al Estado español en el que, como vimos el pasado jueves, van a contar con la colaboración incondicional de sus socios vascos.

A pesar de que el ataque a la Constitución, a la unidad de la Nación y la soberanía del pueblo español iniciada por la Generalidad de Cataluña ya cuenta con el compromiso formal de apoyo del Ejecutivo vasco y el PNV, no cabe esperar que el Gobierno vaya a modificar la respuesta que ha venido ofreciendo hasta ahora, basada fundamentalmente en renunciar a tomar decisiones apelando a una temeraria negociación.

La alianza de Urkully y Artur Mas en una operación que contraviene todas las leyes españolas y las normas internacionales y que, por tanto, los sitúa fuera de la legalidad, constituye un salto cualitativo en un proceso secesionista que la inacción del Gobierno de España está contribuyendo a alimentar. No parece que este sea el Gobierno que vaya a poner fin a los desmanes injustificables de los nacionalistas en dos regiones, País Vasco y Cataluña, donde el Estado lleva huyendo de sus responsabilidades desde los tiempos de la Transición.

Puerta a puerta
Santiago González El Mundo 4 Mayo 2014

David Gistau, colega, pero amigo, ha escrito hoy una columna -'Toc, toc,' titula-, importante por dos motivos: el primero es que me ha avivado la llama del recuerdo. El segundo, que me ha puesto de buen humor para todo el día, Cuenta que los socialistas han planteado la batalla del 25-M con la estrategia de la ofensiva final en plan casa por casa como en la batalla de Berlín: vuelven al puerta a puerta. Gistau, el que avisa no es traidor, advierte de los peligros:

"Dense por avisados también los miembros de otras candidaturas, no sea que terminemos con Elpidio sentado en la butaca de leer y pidiendo café. O con Pablo Iglesias modificando la disposición del mobiliario según el "feng-shui" bolivariano. O con Arias Cañete comprobando nuestra resistencia al agua fría en la ducha."

Hace muchos años, cuando yo era un joven, feliz e indocumentado militante comunista en aquella etapa mágica que siguió a la muerte de Franco y precedió a las primeras elecciones de nuestra vida, el Comité Central decidió la estrategia electoral que El Partido iba a desarrollar ante el 15-J: se trataba de dar a conocer al PCE para contrarrestar cuarenta años de propaganda y desinformación franquistas. Uno, que al revés que Mas y los demás, siempre ha tenido un acusado sentido del ridículo, pensó: 'pase de mí este cáliz', pero la cosa fue aún peor cuando nos tranquilizaron diciendo que El Partido nos iba a explicar cómo hacer para llamar a la casa de un particular y presentarse: "Buenas, me llamo fulanito y soy militante del Partido Comunista. Le traigo la buena nueva del eurocomunismo y la política de reconciliación nacional."

Nos iban a impartir una charla con los consejos aportados por los Testigos de Jehová, que en aquel entonces ya habían desarrollado mucho la técnica para colocar 'Atalaya' y otras publicaciones del ramo. Me imagino que los socialistas habrán incorporado ahora las técnicas magrebíes de la venta callejera (barato, barato) y la estrategia de las operadoras de telefonía: externalizar el servicio para que una colombiana te llame justo a la hora de comer para ofrecerte un abaratamiento fantástico de tu factura telefónica.

Entendámonos. Uno, que ya era muy descreído entonces, solía librarse de aquellas visitas con la fórmula: "No, gracias, me estoy quitando" y pensó que era una performance surrealista lo de vender el materialismo histórico con las armas de los testigos de Jehová, pero en fin, alguna vez he contado que para el nocturno intelectual de la izquierda española todos los gatos han sido siempre bastante pardos. Alfonso Carlos Comín, un dirigente del PSUC y pionero de Cristianos por el Socialismo, publicó en aquellos años un libro estupefaciente: 'Cristianos en el Partido, comunistas en la Iglesia'. Creo haber contado alguna vez que aquello me hizo pensar en cuánto ganaríamos en claridad conceptual si fuésemos comunistas en el partido y cristianos en la iglesia. Tal ver el resultado habría sido peor, pero esa sería otra historia.

Aquella operación estaba diseñada para que los españoles conocieran la verdadera faz de los comunistas, tan vilipendiada por el franquismo. O sea, que el comunismo de rostro humano era yo mismo. Y así, un día de junio de 1977, me eché a la calle en compañía de mi camarada y amiga, Carmen U. y empezamos a tocar timbres un sábado a primera hora de la tarde. Nos recibieron mejor de lo que yo esperaba. Lo que no sabían los dirigentes del partido era que jamás podría tener éste una mejor imagen que la que le había fabricado la dictadura. Es verdad que varios nos dieron con la puerta en las narices, pero hubo tres que nos hicieron pasar, se quedaron con el Mundo Obrero que les ofrecíamos y nos aceptaron un poco de charleta. Uno de nuestros 'target' resultó ser un viejo compañero de militancia en ESBA (la rama vasca del FLP, el mítico Felipe) del marido de Carmen, y estuvo encantador. No nos prometió el voto, pero nos pasó a la salita, nos ofreció café y ahí nos hicimos fuertes, con la intención, al menos por mi parte, de retrasar en lo posible el timbre siguiente.

Aún tuve otra tarde de gloria como Testigo de Berlinguer. Recuerdo haber ido junto a J.M.C. (la técnica era ir en parejas) a la casa del barrendero municipal del barrio, del que se decía que era muy rojo. Bueno, me dije, al menos a éste lo tenemos bien y repasé el argumentario eurocomunista, algunas someras nociones de materialismo histórico -señor, señor, cuánto daño hizo el Politzer-, y allá nos fuimos. El catecúmeno, un hombre ya maduro, nos recibió como los parisinos a la compañía Leclerc y después de un ratito de prolegómenos nos hizo saber lo mucho que él había adelantado por su cuenta en el terreno conceptual: "Yo siempre lo he dicho: los mayores comunistas de la historia han sido Jesucristo y José Antonio".

Debo decir que salimos de aquella casa con dos copas de 'Veterano' y los datos de aquel hombre para asignarle un carné del partido. En el puerta a puerta, casa por casa, se opera a la bayoneta calada. Ni se dejan heridos ni se anda uno con tiquismiquis.

Gobierno contemplativo
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 4 Mayo 2014

En una larga entrevista al ministro de Economía publicada anteayer, interrogado sobre la dificultad que representa para la recuperación un endeudamiento público del 100% del PIB, su respuesta es absolutamente brillante: “La deuda ha crecido por la financiación del déficit y también por medidas que no se van a volver a producir, como la asistencia bancaria”. Recuerda a aquel presidente norteamericano que en un discurso afirmó solemnemente que cuando el número de personas sin trabajo aumenta, crece el paro. Si a esta observación indiscutible sobre la deuda, añadimos otra no menos aguda sobre la reforma de la Administración cuando afirma que “el problema no es el gasto público, sino la toma de decisiones por la alta descentralización”, el sentir general de que el titular de la cartera económica es el más inteligente del banco azul, provoca cierta inquietud. Por supuesto que el problema es el gasto público, especialmente el improductivo, que es simplemente desaforado. ¿O es que Luis de Guindos considera que una diferencia entre gastos e ingresos de 68.000 millones es algo llevadero ejercicio tras ejercicio?

Ahora la prima de riesgo se encuentra en niveles cómodos porque, tal como él mismo reconoce en otro momento de sus declaraciones, los mercados han sentado la convicción de que el euro no caerá, es decir, admite que el alivio de la presión sobre nuestro crédito depende de factores exógenos, pero ¿y si mañana algún acontecimiento internacional imprevisto deteriora la confianza y la prima vuelve a encresparse? ¿No sería mejor, como le recomienda con toda la razón el entrevistador, poner en marcha un plan de choque que reduzca de verdad los graves desequilibrios y las notorias deficiencias de nuestro sistema productivo?

Pletórico de seguridad en sí mismo y en el legendario sentido común del Presidente del Gobierno, el ministro insiste en que no hay que cambiar de rumbo, que todo se está haciendo bien y que al final de la legislatura se habrán creado 600.000 empleos netos. Teniendo en cuenta que en el primer trimestre de este año, el número de ocupados ha caído en 183000, y que faltan diecinueve meses para que se convoquen elecciones generales, su alegre predicción recuerda las muestras de triunfalismo del ínclito Zapatero en 2008 mientras los negros nubarrones de la crisis se acumulaban en el horizonte. Si a lo anterior se suma que la reforma laboral es “la mejor que se podía hacer”, que está “dispuesto a negociar” -¿el qué?- con los separatistas catalanes y que la insólita elevación del empleo público en la última EPA es sólo “una encuesta”, es evidente que disfrutamos de un Gobierno que ha sustituido la acción por la contemplación, actividad muy beneficiosa para la paz del espíritu y la salud del alma, pero poco operativa en una etapa en la que en España hay un millón de hogares sin ingresos, un 30% de pobreza infantil y la población activa disminuye porque la gente tira la toalla o se marcha a otros países en busca de las oportunidades que la pasividad del Ejecutivo le niega en el suyo.

La dialéctica de los puños
Alejandro Vara www.vozpopuli.com 4 Mayo 2014

Patear el automóvil de Vidal-Quadras en la Diada era costumbre. Insultar a Alberto Férnandez, una tradición. Hostigar a José Domingo, defensor de las dos lenguas, cual manda la Constitución, un divertimento. Lo de perseguir al disidente no es nuevo en Cataluña. Lo nuevo es la intensidad del hostigamiento, la exacerbación de la hostilidad, el ensañamiento en la sevicia. Y el puñetazo.

El puñetazo a Pere Navarro, líder de los socialistas catalanes, ha removido el apacible estanque dorado catalán. Muy poco, pero lo ha removido. Sin conocerse aún ni las intenciones ni el porqué de la acción, dado que la autora de la puñada escapó sin mayores obstáculos, han surgido como champiñones voces predicantes de la excepcionalidad del incidente. El colmo del fariseismo, nuevamente corrió a cargo del atildado Duran Lleida, quien recordó que a él también le insultan. Serán los suyos, claro. "Tienen la piel muy fina", reprochó mayestáticamente, que ni siquiera agradecen la golpiza.

La dama que atacó a Navarro al grito de "¡fil de putaaaa!" a la salida de una Iglesia, en el entorno amable de una celebración religiosa y familiar, logró su objetivo. Es decir, consumó la agresión. Esta es la diferencia con lo ocurrido hasta ahora. Porque los ataques y persecuciones a quienes no comulgan con la voz monocorde y unívoca del nacionalismo en Cataluña viene de antaño. Alejo, Fernández, Domingo...y tantos otros.

Hostigamientos y persecuciones
Treinta años de ideología soberanista imperante en Cataluña han logrado buena parte de su propósito. El fundamental: que todo aquel que disienta, ha de ser silenciado. Bien en la tribuna pública, en los espacios televisivos, en las cátedras, en los puestos administrativos, en los medios, en las plataformas cuturales...Se ha decretado el imperio del silencio, el niguneo, esa fase previa y taimada a la persecución. Ambas persiguen lo mismo, el aislamiento y ulterior muerte civil de quien molesta. Son 'antipatriotas' y, por ende, 'traidores a la gran causa'. Y que no se quejen. El victimismo también es monopolio de los que sacuden.

Bandadas de papagayos, con y sin plumas, saltaron a la palestra a clamar contra la tergiversación del uppercut al líder del PSC. Columnistas paniaguados, tertulianos de cuatribarradas orejeras y bolsillos bien nutridos, comunicadores, politicastros, inundaron los medios con una manta de sordina. Primero minimizaron el cachetazo y luego, al ataque, denunciaron la 'criminalización' del hecho desde la caverna de Madrit. Algunos escribidores madrileños, estómagos agradecidos, se sumaron al coro de 'aquí no pasa nada'. Sin vergüenza ni rubor. ¿Quién dijo tensión? ¿Quién dijo crispación? ¿Quién dijo violencia?. Son cosas de la Brunete mediática de Madrit. Del PP y la derechona. En Cataluña nunca pasa nada, es el oasis, el paraíso, la excepción... En Cataluña no hay ni crispación ni corrupción, y los casos Palau, ITV, el clan Pujol, Pallerols, Método 3 y demás episodios pestilentes, son cosas de la Udef (¿y qué coño es la Udef?), de los jueces españolazos y de los ministros del Interior y de Justicia.

Aniquilar los obstáculos
Y sí que pasa. Pasa que en Cataluña hay un clima creciente de tensión que roza la fractura social. Pasa que hay signos de borrokización nada disimulables. Pasa que esta semana se han contabilizado una media docena de ataques a sedes de diferentes partidos no nacionalistas. Y van... Pasa que el deterioro del ámbito cívico resulta ya indisimulable. Que la sensación de asfixia entre quienes osan mostrar cierta discrepancia es ya una constante. Todo eso pasa, aunque le pese.

Hay en Cataluña quienes desean aniquilar políticamente a quienes se obstaculizan el denominado 'proceso soberanista' (casi un 'proceso' kafkiano). Y quienes ya han están haciendo lo necesario para conseguirlo. Pere Navarro, aún desde su nebulosa ambigüedad para con el nacionalismo (sus contorsiones ideológicas con el 'derecho a decidir' son de circo Price) es uno de ellos. No se ha sumado a la fanfarria y la charanga de la secesión y ya empieza a pagarlo.

Marcha atrás
Primero un cisma en su partido, con el falsario Joaquim Nadal al frente, y luego, casi una lapidación política después del puñetazo. Tan gruesa fue la pedrisca que cayó sobre su cabeza que a punto ha estado de pedir perdón por no poner la otra quijada cuando el golpazo. Dijo al principio que "lo peor no es la agresión sino el clima que las alimenta". Finalmente se empeñó en quitarle hierro al incidente y ponerse de lado para no recibir más. Heróico.

Criminalizar a las víctimas es otra constante. Del "no será para tanto" al "algo habrá hecho". De ahí a la descalificación, al ostracismo, a la anulación, a la desintegración de quien se sale del coro, de quien no marca el paso, de quien entona otro himno, hay tan sólo un paso. Artur Mas y sus walkirias secesionistas reclaman al Estado pluralismo y respeto a a quien es diferente. Justo lo contrario de lo que hacen ellos en casa. Ni una sólo neurona, ni un sólo aliento, ni un sólo suspiro al margen de la estelada. Quien lo probó, lo sabe.
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EL VARÓMETRO. La detención de Gerry Adams, por un asesinato terrorista de hace 40 años, nos reconcilia con la democracia...británica. // Las gruesas palabras de Sáenz de Santamaría humanizaron a la vicepresidenta tecnócrata. // Demostrado demoscópicamente: a Tomás Gómez no le votan ni los suyos. // Esperanza Aguirre acertó al no acudir a Sol en el festejo del 2 de Mayo. //

Identidad lingüística y cohesión social
Carmen Leal www.cronicaglobal.com 4 Mayo 2014

Si se entiende por identidad la forma como nos percibimos a nosotros mismos, dado que nuestra persona tiene innumerables facetas, nuestras identidades serán múltiples. Así, uno mismo se identifica con su club de fútbol preferido, con los valores y normas de los pertenecientes a su misma religión, e incluso con quienes hablan la misma lengua, que puede ser desde el acento hasta las variaciones lingüísticas regionales como respecto al castellano el habla de andaluces, canarios o aragoneses.

En la Cataluña de hoy se asocia la identidad lingüística del individuo catalanohablante con la ideología nacionalista y la aspiración independentista. Una ecuación tan absurda como real porque interesa al nacionalismo

En la Cataluña de hoy se asocia la identidad lingüística del individuo catalanohablante con la ideología nacionalista y la aspiración independentista. Una ecuación tan absurda como real porque interesa al nacionalismo. Quien apoya el referendo para el "derecho a decidir" habla catalán, quiere y admira a Cataluña y odia a España y lo español. Entendiendo por español lo tópico y típico que va desde el desprecio por la fiesta de toros que llega incluso a denostar algunos platos típicos como el "estofado de toro", "rabo de toro", y ya rizando el rizo hasta cambiar el nombre de la "tortilla española" (de patata) por la denominación de "tortilla estatal".

Es decir, que la persona que de las dos lenguas oficiales -catalán y castellano- habla siempre catalán y no según las circunstancias, el interlocutor o su gusto personal, tiene añadidos unos valores éticos, socioculturales, políticos e incluso económicos, además de pretender una forma de Estado diferente del que tenemos. Y esto es válido aquí y ahora no solo para los políticos catalanes de ciertas ideologías, que necesitan blindar sus fortunas y garantizarse la supervivencia de la casta, sino para el grueso de la población subvencionada y/o mediatizada por la presión del Poder y el miedo a la descalificación social que según encuestas llega al 47%.

Desde 1950 a 1975 la población catalana aumentó en 2.500.000 habitantes procedentes de otras regiones españolas. Según Josep M. Colomer, el 75% de la población había nacido fuera de Cataluña. Ni ellos, ni sus hijos conocían la lengua catalana. ¿Cómo y por qué se ha producido el cambio lingüístico? Algo importante ha tenido que ocurrir para que el grueso de la población castellanohablante haya abandonado su lengua mayoritaria por otra minoritaria, ambas oficiales, y entendibles entre sí.

El cómo es de todos conocido. Con el señuelo de la llamada cohesión social y el eslogan "todos iguales" unidos en un mismo "pueblo catalán" y todos con la misma lengua se convenció a la masa de la población trabajadora inmigrante, vía PSC y sindicatos. Amén de la frase repetida en Cataluña de que "si no hablas catalán, no encuentras trabajo", profecía autocumplida. Los funcionarios, algo más "leídos y escribidos", que podían ser gente crítica y que hasta entonces fueron funcionarios del Estado español, pasaron a depender del Gobierno autonómico sin su consentimiento expreso. Se les impuso el conocimiento y uso del catalán en sus trabajos, especialmente en la escuela. Muchos pidieron traslado. Abandonaron Cataluña en los años de "recuperación del catalán" nada menos que 14.000 profesores sustituidos por gentes conocedoras de la lengua catalana y la mayoría sin ninguna titulación. (Antonio Robles, Historia de la resistencia al nacionalismo en Cataluña, Editorial Crónica Global, 2013).

En los ambientes nacionalistas, de la frase "hoy paciencia, mañana independencia" se ha pasado al "ahora o nunca"

Se sucedieron los decretos y normas en la escuela que amparados por la llamada "normalización lingüística" que acuñó el modelo educativo de "inmersión lingüística" a la catalana: un cambio de lengua hogar/escuela de forma total, precoz y obligatoria. Y se impuso la escolarización exclusivamente en lengua catalana a toda la población infantil. A través, en la lengua catalana fue calando la ideología nacionalista envuelta en la deformación de los hechos históricos, todos interpretados en clave nacionalista. La famosa "normalización lingüística" ha sido una auténtica "imposición lingüística" y no solo mediante leyes y decretos sino que ha supuesto una descalificación social de los hablantes de castellano porque, a sensu contrario, el idioma español era "fascista, españolista, imperialista, franquista/dictatorial". España contra Cataluña.

El por qué de esta sustitución lingüística se ha hecho explícito ahora con la petición de un referendum por el "derecho a decidir", eufemismo de secesión. Es el momento oportuno. España esta sufriendo una crisis económica y política de grandes dimensiones. En los ambientes nacionalistas, de la frase "hoy paciencia, mañana independencia" (Francesc de Carreras, Paciencia e Independencia, Editorial Ariel, 2014) se ha pasado al "ahora o nunca". Y ya tenemos dividida a la sociedad catalana entre los que pretenden la secesión -"nosotros solos"-, disimulada bajo el "derecho a decidir", y aquellos a los que la aventura secesionista les parece absurda, inconstitucional y peligrosa . "La independencia ni la queremos ni nos conviene", es el eslogan de la Sociedad Civil Catalana. ¿Dónde esta ahora la cohesión social?

En enero de 2011 Jordi Pujol explicitaba sus condiciones para no llegar a la independencia: "El reconocimiento claro y consolidado de la personalidad propia y diferenciada de Cataluña, la garantía de la identidad con un grueso de competencias que realmente significasen un autogobierno muy importante y con una financiación adecuada (Residuales o independientes, Editorial Pòrtic). De las tres condiciones expuestas se puede concluir que desde la recuperación de la democracia en España se han asumido todas:

Primero. El reconocimiento de la personalidad propia de Cataluña está más que consolidado. Ahora bien, eso de que los catalanes sean "diferentes" habrá que especificar en qué y por qué, si somos todos iguales en derechos y deberes según los principios de la Constitución de 1978. Es decir el "café para todos" no les gusta, quieren ser diferentes del resto de los españoles.

El Estado no puede ni debe transferir competencia tras competencia en un cambalache continuo hasta agotarlas

Segundo. La garantía de la lengua catalana/identidad ya la tienen, puesto que España firmó la Carta de las Lenguas Regionales de la forma más amplia posible, para que los niños catalanes y no catalanes que quisieran se pudiesen escolarizar en lengua catalana durante toda la etapa de escolarización obligatoria, pero de forma voluntaria siempre y no impuesta. Y ese derecho de los hablantes de catalán a escolarizarse en su lengua catalana no supone la negación del derecho de los castellanohablantes a escolarizarse en español como lengua de enseñanza, ni supone un control absoluto de la escuela de Cataluña por la Generatidad.

Tercero. El grueso de competencias y financiación a las que alude Pujol es "capacidad de poder". El Estado no puede ni debe transferir competencia tras competencia en un cambalache continuo ("te doy mis votos -PP y PSOE- para que puedas gobernar España si me transfieres más competencias y más dinero para gestionarlas") hasta agotarlas, porque de hecho sería una Autonomía-Estadillo donde el Estado español acabase por desaparecer. Independencia de facto.

Que estamos ante una más que probable reforma de la Constitución de 1978 no hay duda. Pero el Estado español debe especificar, en esta supuesta reforma constitucional, devolver al Estado y/o limitar las competencias transferidas a las CCAA, y espacialmente vigilar muy de cerca el uso de la financiación de dichas competencias. La Historia nos demuestra que, a mayor debilidad de los gobiernos de España, mayores son las veleidades secesionistas.

Ingratas próstatas anticatalanistas
Manuel Molares do Val Periodista Digital 4 Mayo 2014

Casi todas las medicinas que se consumen en el Estado, se elaboran en Cataluña, aseguró ufano en televisión evitando decir España un portavoz de las empresas farmacéuticas de esa región.

La mayoría son sucursales de multinacionales de otros países, pero hay una puntera en el mundo en la producción de hemoderivados, Grifols, S.A., cuyo propietario, Víctor Grifols Roura, es el primer patrón que se manifestó independentista, quizás porque el grueso de su negocio ya está en EE.UU.

Su familia fundó la compañía en 1940, al terminar la guerra civil, con vivas a Franco, y mientras recibía ingentes ayudas junto con la protección arancelaria del régimen que permitió prosperar esa y otras grandes industrias.

Muchos responsables y trabajadores quieren olvidar ahora esa prosperidad inicial gracias a su “amado e invicto Caudillo”, como recuerda la hemeroteca de La Vanguardia.

Este 1 de mayo las ramas catalanas de UGT y CC.OO. salieron oficialmente del armario como independentistas. Es decir, son víctimas de los españoles, en lugar de por sus patrones catalanes, como Grifols.

Españoles como, por ejemplo, esa mitad de los hombres mayores de 50 años que sufren hiperplasia benigna de próstata, según una reciente investigación, y que tratan con un genérico llamado tamsulosina.

La próstata es una glándula productora del líquido seminal que al llegar al medio siglo suele experimentar un agrandamiento, esa hiperplasia, que no tiene por qué ser cáncer, y que entre sus síntomas presenta dificultad en la micción.

Esos pacientes, que podrían ser hasta tres millones, roban y explotan a quienes fabrican su bienestar y mejoran su salud: unos españoles desagradecidos que hacen justificar el independentismo.

Es que, ingratos, desprecian que su bienestar depende de quienes trabajan para curarlos, esos independentistas tan bondadosos que no se vengan de ellos envenenándolos.

Para terminar con la democracia
xavier pericay ABC Cataluña 4 Mayo 2014

En efecto, votar en una consulta como la prevista por el Gobierno de Artur Mas para el 9 de noviembre sería la forma más eficaz de terminar con la democracia

Dudo que alguien lo haya formulado mejor: «Votemos para terminar con la democracia». Es verdad que el cantante Loquillo atribuye esa frase a las SA, las milicias del Partido Nacionalsocialista Alemán, y supongo yo que debe de situarla en el periodo inmediatamente anterior a las elecciones legislativas del 5 de marzo de 1933, que fue cuando los alemanes de la República de Weimar votaron por última vez y cuando probablemente también lo hizo Raimund Pretzel, o sea, Sebastian Haffner, a juzgar por lo narrado en «Historia de un alemán», el libro cuya lectura el propio Loquillo recomienda con vehemencia en la entrevista de la que está sacado el fragmento entrecomillado. (Puestos a ser precisos, y dado que disponemos del audio, las palabras del cantante fueron: «¿Qué decían las SA? “Terminemos con la democracia. Votemos para terminar con ella”».)

Pero, por más que la frase quepa atribuirla a las SA y por más que Loquillo haya negado haberla pronunciado —y no es la primera ocasión en que se retracta olímpicamente de lo dicho— escudándose en un argumento tan peregrino como que él siempre se ha manifestado «a favor del derecho a decidir de los catalanes dentro de la legalidad», resulta difícil imaginar una formulación más certera de los propósitos del nacionalismo gobernante en Cataluña.

Y no tanto por lo que pudiera ocurrir después del voto como por el voto en sí, por el hecho mismo de votar. En efecto, votar en una consulta como la prevista por el Gobierno de Artur Mas para el 9 de noviembre sería la forma más eficaz de terminar con la democracia. Esto es, de acabar con el Estado español tal como lo define la Constitución vigente. O, si lo prefieren, de negar al conjunto de los ciudadanos que lo integran su soberanía. Por eso el nacionalismo y, en especial, el más radical, está dispuesto a defender a capa y espada su presunto derecho al voto y a revestirlo encima con los linajes más democráticos. Y por eso los que no somos nacionalistas y nos sentimos españoles y demócratas debemos denunciar sin tapujos esa farsa. Porque la mera hipótesis de su celebración constituye ya por sí sola, para todos nosotros, un verdadero oprobio.

El proceso secesionista o la metáfora del fútbol
José Rosiñol Lorenzo Periodista Digital 4 Mayo 2014

En democracia, cualquier debate, cualquier discrepancia, debería resolverse mediante el diálogo, pero no un diálogo sin forma, sin normas, sin procedimientos, incluso todos los agentes implicados en el fragor de la arena sociopolítica deberían estructurar sus argumentaciones y sus postulados desde unos parámetros racionales y deontológicos, deontología que no es otra cosa que las mismas normas de la democracia.

Digo esto porque en Cataluña, los partidarios del proceso independentista, me refiero ahora a los ideólogos de la “construcción nacional”, recurren una y otra vez al factor emocional, al sentimiento identitario excluyente, a la irracionalidad camuflada de moral para partir de una posición de superioridad respecto a la deformada y artificial alteridad denominada “España” o “los españoles”.

Aunque esta estructura mental está consciente y perfectamente coordinada, bajo un espíritu teleológico, con una razón estratégica que solo concibe como válido el objetivo final (puede que hasta hayan leído a von Clausewitz), sorprende cómo el nacionalismo popularizado, aquél que no suele pisar la moqueta de la política, ni el mármol de la academia, parte de una concepción excluyente que ve incompatible realidades tan cotidianas y habituales como son las identidades múltiples de la gran mayoría de los catalanes.

El problema radica en que esta especie de relativismo cultural remozado en función de una “identidad unívoca” (también debidamente popularizado), transformación reciente pero poco novedosa del “genio de los pueblos”, concibe como plausible e incluso razonable –o “normal” como gusta decir a los partidarios del nacionalismo- que los derechos (y libertades) de los ciudadanos pueden graduarse en función de una adscripción identitaria u otra, que el respeto a la Ley y al estado de Derecho solo responde a una convicción propia o adquirida.

Pues bien, encontramos cómo desde las organizaciones gestadas, promocionadas y proyectadas desde el poder nacionalista, como Òmnium Cultural o la ANC, se afirman cosas como “…no hay ninguna manera de ser catalán y español…” (Mureil Casals dixit), esto es, el proceso secesionista se basa en la negación de una realidad palpable tanto en los estudios sociológicos sino también en las calles de nuestros pueblos y ciudades: en Cataluña hay una mayoría social que se siente catalán y español sin ningún tipo de problema…

Las palabras de Muriel Casals ilustran el espíritu excluyente que hay tras la “ilusión” del modelo rupturista, como vemos no solo se busca un escenario de secesión traumática, también se busca penetrar en el sagrada esfera privada del individuo, se concibe al ciudadano como una persona en minoría de edad que (desde el poder político o la aristocracia nacionalista) hay que tutelar, es decir, el independentismo nos ofrece un programa político que aspira, gracias a un costoso sistema de ingeniería social, a la uniformización totalitaria de la sociedad catalana.

Esta mentalidad maniquea que presume la incompatibilidad identitaria, que siente un profundo malestar en la pluralidad, la encontramos en casi todos los voceros de la caverna mediática nacionalista, periodistas como Jordi Basté, que dirige y presenta el programa de radio más escuchado en Cataluña, es el paradigma de esta mentalidad.

Su pasado de periodista deportivo le lleva a creer, desde la ignorancia, que no se puede ser del Barcelona y del Madrid, que existe un contrario, un adversario, casi un enemigo, que te niega pero, a su vez, te justifica, que las faltas de ese contrario son peores que las propias, que las normas que rigen a todos los equipos de fútbol deben ser más laxas con el propio, que tu equipo parte de una superioridad moral que sobrepasa lo deportivo, las reglas, las normas, los procedimientos… este es el esquema impuesto por el nacionalismo popularizado que decía más arriba.

Diario de un NO nacionalista
Fractura social en Cataluña
José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital 4 Mayo 2014

Las últimas agresiones a representantes políticos, como las sufridas por Jorge Fernández Díaz o la de Pere Navarro, son solo la punta del iceberg mediáticamente visible, en Cataluña se están dando cada vez más casos de violencia, amenazas y coacciones a todo aquél que no comulgue con el relato impuesto por el secesionismo, todos ellos son conscientemente ocultados por los medios de comunicación al servicio del “proceso” o son minusvalorados por las instituciones públicas reduciéndolos a meras anécdotas.

Sin embargo, cualquier recopilación de este tipo de actos dibujan un escenario de acoso e intimidación al disidente, de intolerancia a la discrepancia política, estos sucesos formarían parte de la espiral de silencio impuesta por los próceres del nacionalismo, parte de la población parece empezar a tener un alto grado de comprensión hacia este tipo de episodios, sorprende que los que defienden la ruptura con el resto de España insistan en definirse dicho “proceso” como pacífico, democrático e, incluso, festivo.

El tratamiento dado por la mayor parte de los medios de comunicación catalanes a la agresión sufrida por Pere Navarro puede ser sintomático respecto al porqué de esta situación, parece que la “construcción nacional” se basa en la deconstrucción de los valores que rigen la democracia, veamos, el Sr. Navarro ha pasado de ser una víctima a tener que defender la veracidad de lo ocurrido, hemos asistido a la inversión de valores, a un orquestado plan con el que desprestigiar la “versión” del líder socialista, pero no solo eso, los catalanes hemos podido ver y oír cómo programas radiofónicos (RAC1) supuestamente de humor se jactaban de los hechos denunciados, como si de un chascarrillo se tratase…

Si comparamos este comportamiento con el dado a la supuesta agresión de la policía “española” (en el manual de la perversión del lenguaje nacionalista el CNP, el Cuerpo Nacional de Policía, se le denomina policía española) a un seguidor barcelonista en Valencia, la versión del afectado –se le agredió por lucir una Estelada- ha sido aceptada y bendecida por el entramado de comunicación nacionalista, por el President de la Generalitat, e incluso, Joan Tardà lo ha tratado en sede parlamentaria como un ataque a un ciudadano por ser catalán…

Estamos ante la creación de un escenario agonístico que facilite la ruptura con el resto de España y, lo que es más importante, la desconexión afectiva y emocional con el resto de españoles, el problema radica en que dicha desconexión es lo que está elevando la tensión política entre los catalanes, entre aquellos que ya hablan sin rubor de los “españoles” refiriéndose a una desdibujada y agresora alteridad de más allá del Ebro (aquí el concepto de territorialidad culturizado es más que evidente) sin reparar –o sin importarles- en esa mayoría social de catalanes que también nos sentimos españoles.

Esa cosificación del “otro”, de un “otro” que convive contigo, que puede ser tu compañero de estudios o de trabajo, tu vecino, tu amigo…solo es tolerable si éste se mantiene en silencio, si consiente el statu quo impuesto por el oficialismo nacionalista, si asume un estatus político (y muchas veces social) de perfil bajo. Si, por el contrario, esa alteridad pretende ejercer sus libertades cívicas y políticas abiertamente es cuando se crea un conflicto que desborda los márgenes normales de la arena sociopolítica de una democracia normalizada.

El problema radica en que el relato secesionista se basa en gran medida en el factor emocional, victimista y en un propiciatorio discurso del miedo, un esencialismo con profundas raíces en el relativismo cultural y lingüístico con el que dotar de una superioridad moral y política respecto a lo español, si a todo ello sumamos una estructura mental nada inocente que concibe como incompatible sentirse catalán y español, que parece obligar a todo el mundo a tomar partido o posición respecto al independentismo (cosa que facilita la asunción de un referéndum de autodeterminación) obtenemos un latente escenario de conflicto y, como no, episodios de agresión hacia el que se atreve a disentir.

Exit, Voice and Loyalty
J. M. RUIZ SOROA. EL CORREO  4 Mayo 2014

Nuestro antiguo lehendakari, después de haber estado a punto de fracturar seriamente la convivencia entre los vascos, se ha pasado a la teoría política de altos vuelos dogmáticos, y no pierde ocasión para dar al público provinciano lecciones acerca de lo que se lleva por el mundo mundial en ese ámbito. Naturalmente, ¡sorpresa, sorpresa!, lo que se lleva por el mundo democrático es lo que él defendía desde siempre, el ‘derecho a decidir’ en su versión autodeterminista. Pero ha mejorado su arsenal dialéctico e incorporado conceptos nuevos y vistosos, como el de ‘voice or exit’ que predicaba estos días: a un pueblo, o le dejan decidir libremente su futuro, o el pueblo se marcha unilateralmente; «voice or exit», nos dice, éste es «el concepto británico que centra hoy el mundo de la teoría política». ¡Toma del frasco!

La ignorancia es muy atrevida. O muy desvergonzada, como prefieran. Lo primero que podría preguntarse a Ibarretxe es en dónde está reconocido como principio positivo eso que él califica de «concepto central del mundo de la teoría política». ¿Podría señalar un solo Estado democrático donde esté reconocido ese principio? ¿Podría señalar un politólogo de prestigio en el mundo que defienda hoy que un pueblo tiene derecho unilateral a decidir si se queda o se va del Estado en que vive? ¿O que puede irse sin más si no le dejan decidirlo? ¿O una Constitución democrática que lo reconozca? ¿O un Convenio o Tratado Internacional? ¿O un Tribunal Constitucional que lo avale? ¿O es todo fruto de la interesada imaginación de nuestro teórico local?

Aunque sólo sea por un mínimo respeto al científico social que construyó con mucho estudio y reflexión esa alternativa teórica que Ibarretxe aplica ahora desprejuiciadamente a la cuestión de la autodeterminación, es preciso contar su historia. Para ver el grado de carroñería intelectual que supone aplicarla como el exlehendakari lo hace.

Fue Albert O. Hirschman (alemán naturalizado estadounidense) quien en un texto seminal de 1970 (‘Exit, Voice and Loyalty’) describió la idea básica de que los miembros de una organización humana (sea una empresa, un grupo o un país) pueden ejercitar dos tipos de reacciones distintas cuando perciben que esa organización no satisface sus expectativas: pueden protestar (‘voz’) o pueden salir de la organización (‘exit’). El consumidor o usuario puede reaccionar ante una pérdida de calidad del servicio o producto bien protestando o bien cambiando de proveedor.

El campo de aplicación de la alternativa era para Hirschman sobre todo económico (el mercado smithtiano es un ámbito donde los actores reaccionan moviéndose), aunque también podía ayudar a entender la política en situaciones de represión o limitación de libertades: los ciudadanos sometidos por su gobierno a represión pueden emigrar –votar con los pies– (como hicieron los alemanes de la RDA), o recluirse en su intimidad dejando de apoyar al sistema, o pueden protestar (como sucedió en Hungría en 1956 o en Praga en 1968). La política es sobre todo el ámbito de la ‘voice’, la economía el del ‘exit’.

Esta alternativa teórica de la conducta humana se ha mostrado muy rica en su capacidad para explicar las interacciones humanas en el mundo económico y político, precisamente porque puede detectarse una relación inversa entre la capacidad de voz y el recurso a salirse del sistema. Cuanta más voz (más abierto el sistema), menos probabilidad de salida o autoexclusión. Y viceversa. Aunque, en todo caso, señala Hirschmann que existe una tercera dimensión que puede jugar en uno u otro sentido: la ‘lealtad’, es decir, el apego sentimental a la organización por parte del consumidor o ciudadano, que puede reducir la opción salida si es fuerte, o retrasar el uso de la protesta en su caso.

Lo que Hirschman nunca hizo fue aplicar su alternativa a los supuestos de un nacionalismo independentista, ni se le pasó por la cabeza rebajarla de ese modo. Esto forma parte del uso desviado de ideas ajenas y del pensamiento simplista ante problemas complejos.

Aplicar la alternativa ‘voice-exit’ en la forma en que lo hace Ibarretxe carece de sentido: en un país democrático como España existen todas las posibilidades abiertas para utilizar la protesta y la crítica (basta mirar en derredor para verlo), luego no entra en juego siquiera su alternativa: nadie se exilia hoy por falta de libertad. Aplicarla fuera del ámbito individual y llevarla al terreno de ‘los pueblos’ tampoco funciona: un pueblo o grupo étnico particular podría y puede plantearse la salida de un Estado si éste no le reconociera el derecho al autogobierno y defensa de sus particularidades (así lo reconoce el Derecho Internacional sobre la Autodeterminación), pero no puede exigir la ‘salida’ si el Estado es democrático y trata a todos sus ciudadanos y grupos como iguales en derecho (les reconoce ‘voice’ plena). ¿Entonces?

En realidad, tal como la plantea nuestro reciente teórico de la política, la alternativa no es realmente tal, sino más bien una tautología (una simpleza, para entendernos): «o me reconoce el derecho a irme, o puedo irme ya». O sea, si le reconozco el ‘derecho’… se va, y si no, … también. Más que una alternativa, es un ultimátum: «por las buenas o por las malas, yo me voy».

¡Pobre Albert Hirschman! ¡A qué niveles ha visto reducida su brillante teoría!

Si la realidad no se ajusta a mis deseos, peor para la realidad
Carmen Posadas. ABC   4 Mayo 2014

En 1774 Johann Wolfgang von Goethe publicó Las desventuras del joven Werther, una novela que, aparte de haber causado una verdadera epidemia de suicidios en toda Europa, está considerada la más temprana obra precursora de lo que llamamos Romanticismo. Este movimiento artístico y político se caracteriza, según dicen, por preconizar la libertad, la subjetividad y la emoción frente a las limitaciones impuestas por el racionalismo de la Ilustración, que lo precedió. En el arte, el Romanticismo ha producido páginas inmortales como las escritas por Dickens, Flaubert, Byron o el propio Goethe. En política, sus resultados son más ambivalentes. Si bien puede verse su romántica mano en la independencia de los Estados Unidos de América y, más adelante, también en la creación de nuevas y grandes naciones europeas como Alemania e Italia puede intuírsela años antes, en el germen de esa explosión de libertad, igualdad y fraternidad que acabó en el Gran Terror. «¿No sientes en tu corazón la acción de un poderoso desconocido que revolotea a tu alrededor, visible en lo invisible? Déjale que sature tu alma y, cuando hayas llegado a la dicha de ese sentimiento, llámale como quieras. Llámale alegría, corazón, amor, dios, no tengo palabras para nombrarlo, todo es sentimiento». Algo así le dice Mefistófeles a Fausto en la obra homónima, y algo así podría decir también cualquiera de nosotros porque, si bien han pasado más de dos siglos desde que el Romanticismo hizo su irrupción en la historia, alguien que no desee quedar como insensible, frío o casi un psicópata, si me apuran, debe proclamar a los cuatro vientos que él o ella es irracional, irresistible e irrefrenablemente romántico. Personalmente no estoy tan segura de que esta sea una virtud tan irrefutable. (Ay, amor, cuántos crímenes se cometen en tu nombre, eso pienso yo).

Sin embargo, no es del Romanticismo en nuestra vida íntima de lo que quiero hablarles hoy sino del Romanticismo en política. Y más concretamente en el debate soberanista en Cataluña. Primero fueron los políticos catalanes los que empezaron a esgrimir emociones como argumentos: «España no nos quiere» –han dicho– «nadie nos comprende». Un poco más tarde el propio Gobierno de España comenzó a usar la misma línea argumental. «Yo amo más a Cataluña, nadie me puede tachar de no hacerlo», ha afirmado el presidente Rajoy en el último debate parlamentario, así como otros diputados de diversos partidos. ¿Son los sentimientos líneas argumentales eficaces en política? Si a un «Te quiero mucho» sigue un «Tú no me quieres» no parece que avance uno demasiado. Como señalaba Félix Ovejero, profesor de la Universidad de Cataluña, en un artículo reciente, lo malo de la política romántica es que sus consecuencias resultan muy poco románticas. Cuando se cree que las dificultades se resuelven con buena voluntad y con cariñito, es fácil acabar atribuyendo la persistencia de los problemas a la falta de voluntad o, peor aún, a la mala fe.

En esta sociedad nuestra de comienzos de siglo en la que alguien (¿el cine?, ¿la publicidad?, ¿las malas novelas, quizá?) nos ha convencido de que el corazón es un órgano mucho más infalible que la cabeza, los eslóganes que apelan a los sentimientos gozan, en principio, de gran aceptación. Si además cuentan con la ayuda inestimable de los medios de comunicación, el mensaje puede llegar a convertirse en Verdad que nadie cuestiona. A eso aspiran, supongo, los expertos de llamado Consejo Asesor de la Transición Catalana. Días atrás, este grupo de expertos presentó su dictamen sobre lo que, según ellos, ocurrirá con Cataluña respecto a la Unión Europa una vez que esta alcance la tan ansiada independencia. El texto, rezumante de optimismo decía «no ver lógico» que el veto que, con toda seguridad, interpondrá España (y no solo España, habría que añadir) a la inclusión automática de Cataluña en la Unión Europea, pueda imponerse a «los deseos sinceros» de nada menos que 7,5 millones de catalanes. Más adelante, en un alarde de eso que ahora llaman «pensamiento Hollywood» –es decir, confundir románticamente deseos con realidades y creer que, como en las películas, todo tiene un happy end, los pajaritos cantan y la luna se levanta etcétera– invocaba otro argumento sentimental inapelable. «Cuando se produce un separación matrimonial» –afirmó el portavoz del antes mencionado consejo asesor– «se mantiene uno unido a la pareja anterior, de ahí que también nosotros nos mantendremos dentro la Unión Europea» (sic).

Otro aspecto del llamado pensamiento Hollywood consiste –exactamente igual que le ocurre a un amante no correspondido– en hacer oídos sordos a todo lo que a uno no le conviene. Da igual por tanto que Bruselas haya manifestado por activa, por pasiva y por perifrástica que un territorio segregado se convertiría automáticamente en un tercer estado externo a la Unión y tendrá que ponerse a la cola de los aspirantes, detrás de Islandia, Turquía, Macedonia o Serbia. Vaya tontería, qué simpleza, no va a pasar nada de esto porque –tal como argumentaría ese amante rechazado al que no le da la gana enterarse de que le han dado unas calabazas tamaño medalla de oro– si la realidad no se ajusta a mis deseos… peor para la realidad.

El problema, sin embargo, es que la realidad es tozuda y no se cambia ignorándola, tuneándola, ni siquiera falseándola, por mucho que se trompetee a través de los medios de comunicación. Al final, y más pronto que tarde, tiene la mala costumbre de imponerse. Por eso, a los que utilizan argumentos emocionales en política, también –o tal vez debería decir sobre todo– a aquellos que creen que una mentira mil veces repetida acaba convirtiéndose en una verdad, no estaría mal recordarles lo que opinaba Abraham Lincoln al respecto. «Se puede engañar a algunos todo el tiempo» –decía él– «y a todos algún tiempo, pero es imposible engañar a todos todo el tiempo». Y yo añadiría, además, que por mucho que los políticos y sus expertos asesores recurran al pensamiento Hollywood, la gente no es tonta como ellos creen y resulta un error garrafal tratarlos como tales.

Carmen Posadas, escritora.

La falsificación de la Historia al servicio de la secesión
ABC 4 Mayo 2014

· El escritor Jesús Laínz desenmaraña en su último libro «España contra Cataluña» (Encuentro Editorial) las mentiras históricas sobre las que se asienta el nacionalismo catalán desde hace un siglo.

· Los documentos escritos nos revelan que el secesionismo catalán nunca tuvo razón de ser en la Historia compartida entre Cataluña y el resto de territorios españoles.
· La Cataluña medieval y la Corona de Aragón, la Conquista de América, la lengua catalana, el 1714, la Guerra Civil… son algunos de los episodios que, tergiversados, se ponen al servicio del imaginario independentista.

Las diez mentiras del separatismo
1. Cataluña fue un Estado en el pasado, luego tiene el derecho a serlo en el futuro
En primer lugar, no es cierto que haber sido un Estado en el pasado legitime secesiones futuras. Todos los países de Europa, sin excepción, son el agregado de múltiples territorios que fueron reinos, principados, repúblicas, ducados, cantones, condados y señoríos. Y algunos de ellos hasta tiempos tan recientes como el siglo XIX: por ejemplo, Alemania e Italia.

Y, en segundo, los condados catalanes nunca conformaron un reino independiente, sino que pasaron en el siglo XIII de la soberanía de los reyes francos a la de la Corona de Aragón. Por el contrario, otras regiones españolas actuales (Asturias, León, Castilla) sí fueron reinos y, sin embargo, no se deduce de ello derecho alguno a la secesión.

2. Cataluña no participó de la historia de España
La primera capital de la Hispania romana fue Tarragona. Y la primera de la Hispania visigoda, Barcelona. Durante la Edad Media, los catalanes participaron, al igual que los demás españoles, en la reconquista. Jaime I de Aragón, por ejemplo, conquistó el reino de Murcia en nombre y por cuenta de su yerno Alfonso X de Castilla.

Participaron en el proceso repoblador, pero no solo de Valencia y Baleares, sino también de territorios castellanos como Valladolid o Sevilla. La sevillana Coria del Río, por ejemplo, fue otorgada por Alfonso X a «150 omes de Catalunna». Y los catalanes participaron durante siglos en todos los hechos de armas de la historia de España: conquista de Granada, Navarra, Nápoles, América, Tercios de Flandes, Lepanto, etc.

3. Los catalanes medievales no se consideraban españoles
Todos los testimonios de aquella época demuestran lo contrario. En su «Llibre dels feits», escrito por Jaime I, él mismo explicó sobre la colaboración de los soldados catalanoaragoneses en beneficio del reino de Castilla: «Porque lo hemos hecho en primer lugar por Dios, en segundo por salvar a España, y en tercero para que tengamos el gran honor de que gracias a nosotros se haya salvado España». Y al salir en Lyon del concilio en el que se había ofrecido para ir en cruzada a Oriente, declaró: «Barones, ya podemos irnos, que hoy ha sido honrada toda España».

Y de Ramón Muntaner nos ha llegado la mejor explicación de la solidaridad política que, por encima de ambiciones y enfrentamientos, informó a todos los monarcas medievales españoles, cuando reclamó una política conjunta de todos los reyes «de España, que son una carne y una sangre».

4. Los catalanes fueron excluidos de América
En primer lugar, todo el victimismo queda anulado de raíz pues, aun en el caso de que hubiese sido cierta la exclusión, sus destinatarios no habrían sido los catalanes, sino los súbditos de los territorios de la Corona de Aragón. La confusión inicial nació de que los derechos sobre las tierras recién descubiertas derivaban del Tratado de Alcaçovas que puso fin a la guerra lusocastellana por el trono de Enrique IV y que otorgaba a Castilla las tierras que se descubrieran hacia el oeste. Aragón no era parte en este acuerdo, tanto por no participar en la pugna por el trono como por no tener litoral atlántico.

A pesar de alguna confusión jurídica inicial y de muy corta duración, la orden dada por Isabel y Fernando en 1501 a Ovando sobre que «no haya extranjeros de nuestros reinos y señoríos» se refería a los flamencos de la corte de Felipe el Hermoso y estaba destinada a prohibir el comercio de las Indias con y desde puertos de Flandes. La realidad fue, además, que los aragoneses y los catalanes participaron desde el principio en la empresa americana, monopolizada, eso sí, desde los puertos castellanos hasta su liberalización por Carlos III. Por ejemplo, el jefe militar del segundo viaje de Colón fue el ampurdanés Pedro de Margarit al frente de doscientos soldados catalanes. El primer vicario apostólico en las nuevas tierras fue Bernardo Boil, benedictino de Montserrat. Jaime Rasqui fue uno de los conquistadores del Río de la Plata. Juan Orpí fundó Nueva Barcelona en Venezuela. Juan de Grau y Ribó, compañero de Hernán Cortés, se esposó con Xipaguazin, hija de Moctezuma. Y el leridano Gaspar de Portolá conquistó California.

5. En 1714 Cataluña perdió su independencia al ser conquistada por España
No es cierto que Cataluña fuese un estado soberano en 1714, sino un territorio con algunas instituciones propias, como en cualquier otro lugar de la Europa del Antiguo Régimen, y parte constituyente de la Corona de Aragón, es decir, de España.

No es cierto que se tratase de una guerra entre castellanos y catalanes, sino entre partidarios de dos candidatos al trono de España. No es cierto que lo que moviese a los catalanes fuera la castellanofobia, sino la francofobia. No es cierto que Felipe V suprimiera la soberanía nacional representada en las Cortes catalanas, pues eran estamentales y no representaban a soberanía nacional alguna. No es cierto que Felipe V incorporara Cataluña a Castilla, sino q ue uniformizó legislaciones y centralizó el gobierno, fenómeno general en toda la Europa de aquel tiempo, lo que también conllevó grandes cambios en la vieja planta castellana, detalle que no suele recordarse.

No es cierto que los catalanes fuesen austracistas y los castellanos, borbónicos: muchos de los más importantes gobernantes castellanos fueron austracistas y en Cataluña hubo comarcas enteras que se destacaron por su borbonismo. No es cierto que Cataluña fuese austracista desde el primer momento, pues las cortes catalanas juraron por rey a Felipe V en 1702, tres años antes de hacer lo propio con el Archiduque Carlos tras el desembarco angloholandés en Barcelona.

No es cierto que en el famoso 11 de septiembre combatieran catalanes contra castellanos, pues hubo castellanos defendiendo Barcelona del mismo modo que el ejército de Felipe V contó con miles de voluntarios catalanes. Y no es cierto que los catalanes austracistas fueran separatistas, sino que presumieron de ser los más españoles de todos.

6. Cataluña es otra nación por tener otra lengua
Una lengua no equivale a una nación. Si en la ONU hay 193 naciones y en el mundo varios miles de lenguas, ¿faltan miles de naciones en la ONU o sobran miles de lenguas en el mundo? Todos los países europeos son multilingües, con la única excepción de Islandia. Y España no es precisamente el más multilingüe de todos: más variedad de lenguas hay en Francia o en Italia.

7. La castellana es una lengua impuesta a los catalanes por la fuerza
La extensión del castellano sobre tierras catalanas comenzó en la Edad Media, cuando fue consolidándose como la lengua franca, la lengua en la que era más fácil entenderse dada su mayor extensión territorial, su mayor número de hablantes y su posición geográfica central. Los lingüistas lo han explicado mil veces. Un solo ejemplo: Jaime II de Aragón, siglo XIII, escribía sus cartas a los reyes musulmanes de Granada en castellano, sin que el rey de Castilla tuviese participación, influencia, autoridad ni culpa alguna en ello.

El cultivo literario de la lengua castellana, que no alcanzó ninguna otra lengua española, su prestigio y su peso económico provocaron el abandono paulatino de las lenguas de alcance regional, como ha sucedido siempre en todo el mundo. Fueron los propios catalanohablantes, empezando por las élites sociales e intelectuales, los que fueron pasándose a la lengua castellana y abandonando la lengua catalana. Así lo hicieron Despuig, Martí de Viciana, Viñoles, Boscán y Timoneda en los siglos XV y XVI. Muchos catalanes incluso recomendaron el abandono de la lengua catalana, como Antonio Capmany, que la consideró «un idioma antiguo y provincial, muerto hoy para la república de las letras»; o nada menos que Aribau, que animó al Gobierno español a que «generalizase en todos sus dominios una misma lengua».

Las medidas de extensión de la lengua común de la monarquía (que no es lo mismo que la extirpación de las regionales, lo que sí se hizo, por ejemplo, en la Francia republicana), tomadas desde el comienzo del siglo XVIII, palidecen en comparación con el abandono por parte de los hablantes. Así lo reconocieron todos los ideólogos nacionalistas. Cambó, por ejemplo, declaró en 1916 que «quienes más han trabajado para la destrucción de la personalidad catalana han sido los propios catalanes».

8. España es reaccionaria, a diferencia de Cataluña
Olvidando el hecho de que las primeras cortes europeas fueron las leonesas, y viniendo a tiempos más cercanos, la Cataluña del siglo XIX se caracterizó por ser una abundante fuente de pensamiento conservador y el principal reducto, junto a las provincias vasconavarras, del absolutismo y el carlismo. Cataluña fue la única región española que se alzó en armas cinco veces en defensa de los sagrados derechos del trono y el altar, además del especial entusiasmo con el que los catalanes lucharon contra la Francia revolucionaria en 1793 y la napoleónica en 1808: durante el trienio liberal (182023), en defensa de la Regencia de Urgell contra la Constitución de Cádiz; en 1827, la Guerra dels Agraviats o dels Malcontents, que reivindicaron el apartamiento de los ministros liberales y el restablecimiento de la Inquisición; y en 1833-40, 1846-49 y 1872-76, las tres guerras carlistas. Mientras tanto, gran parte de la España castellana se distinguía por su apoyo al liberalismo.

Por otro lado, Cataluña fue la fortaleza del proteccionismo frente al librecambismo, Prat de la Riba y otros liguistas fueron partidarios del sufragio censitario, y Cambó y la Lliga apoyaron a Primo de Rivera y a Franco.

9. España ha sido belicista, a diferencia de Cataluña
¿Habrá que olvidarse, pues, de los almogávares, que dejaron imborrable recuerdo en el Mediterráneo a golpe de espada? ¿Y de los reyes catalanoaragoneses que expulsaron a los moros de España y a continuación se dedicaron a conquistar Cerdeña, Sicilia e Italia? En tiempos más cercanos, Cataluña fue la región española que más encarnizadamente se alzó contra la invasión napoleónica, según palabras del mariscal Berthier. Los gerundenses prefirieron morir antes que entregarse. Y la primera batalla ganada a los franceses fue la del Bruch.

La prensa catalana, de todas las tendencias, incluida la de la extrema izquierda republicana y anticlerical, fue extraordinariamente agresiva y patriotera tanto contra los alemanes en la crisis de las Carolinas en 1885, como contra los marroquíes en la de Melilla de 1893, como contra mabises y yanquis en las guerras de Cuba y Filipinas. Cataluña fue la primera región en levantar tercios de voluntarios para todas esas guerras, como ha quedado inmortalizado en incontables versos, cuadros y periódicos de la época.

10. La de 1936 fue una guerra entre España y Cataluña
Habrá que olvidarse, por lo tanto, de los dos principales apoyos eclesiásticos de Franco, los cardenales Gomá y Pla. Y de un Cambó que, tras medio siglo de liderazgo catalanista, puso su fortuna a disposición de Franco y organizó en París, junto con Llonc, Ventosa, Estelrich y otros huidos de la Cataluña republicana, la Oficina de Propaganda y Prensa para defender el bando franquista ante la opinión pública europea y organizar su servicio de espionaje.

Cambó también fue el responsable del manifiesto que secundaron cientos de personalidades catalanas de la política, la empresa y la cultura en el que proclamaron que «como catalanes, afirmamos que nuestra tierra quiere seguir unida a los otros pueblos de España por el amor fraternal y por el sentimiento de la comunidad de destino, que nos obliga a todos a contribuir con el máximo sacrificio a la obra común de liberación de la tiranía roja y de reparación de la grandeza futura de España». Otros catalanes que se distinguieron por su apoyo a Franco fueron, entre otros muchos, Josep Pla, Eugenio d’Ors, Agustí Calvet, Federico Mompou y Salvador Dalí.

Por no hablar de los miles de alcaldes, gobernadores, procuradores, diplomáticos y ministros catalanes del régimen franquista.

España / santiago vidal, asesor de la constitución catalana
El juez que quiere echar de Cataluña a un tercio de sus compañeros
nati villanueva / madrid ABC 4 Mayo 2014

El magistrado de la Audiencia de Barcelona se jacta de ser uno de los artífices del nuevo Estado catalán: quiere un DNI propio y jueces «nacionales»

En teoría está asesorando al «Consejo Nacional por la Transición en Cataluña» en la elaboración de una constitución propia para ese nuevo Estado que defiende Artur Mas. En su condición de juez, Santiago Vidal, magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona, debería saber que con la ley en la mano es imposible construir ese Estado. Pero lejos de advertir sobre la ilegalidad de la consulta soberanista como primer paso para el plan secesionista, Vidal es considerado un ariete en el ámbito judicial de esa hoja de ruta que se ha marcado el presidente de la Generalitat, y que maneja dos fechas clave en 2015: el 23 de abril, con la proclamación unilateral de la independencia en Cataluña, y el 11 de septiembre, con la celebración de un referéndum constitucional.

En las distintas conferencias que Omnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana (ANC) le han preparado por toda Cataluña, el juez Vidal presume de su papel protagonista en el diseño de esa Constitución catalana, que, inspirada en la de Noruega y en la de Islandia, contemplará un DNI propio. Según los cálculos del magistrado este documento entrará en vigor en enero de 2017, aunque él «se daría por satisfecho» si en 2020 puede sacar de su cartera un «documento de identidad de la república catalana» o un pasaporte catalán.

Eso no es todo. En esas charlas el juez repite hasta la saciedad el argumento de que en caso de que el Estado impida a Cataluña el «derecho a decidir», estaría justificado el incumplimiento de las leyes y la «desobediencia civil». Una afirmación que viniendo de un juez es especialmente preocupante, por cuanto la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) sanciona como falta grave dictar resoluciones con incumplimiento consciente de fidelidad a la Constitución.

Pero cuando más disfruta el magistrado independentista es al hablar del «poder judicial» que quiere para Cataluña y que pasa, entre otras cuestiones, por echar a un tercio de los jueces y fiscales que hay en esa comunidad autónoma, por que no haya ninguna sentencia en castellano y por cambiar el Tribunal Constitucional por un «tribunal supremo catalán» con cinco miembros para resolver cuestiones constitucionales. «No podemos aprovechar nada de lo que tenemos», asegura.

Vidal considera que cuando se cree el «nuevo Estado», unos 200 ó 300 jueces de los casi 800 que hay actualmente en Cataluña se irán fuera. Lejos de asumir esa pérdida, aumentarán entonces la plantilla hasta los mil, de forma que los 500 que harán falta saldrán de la Abogacía catalana: en concreto se designarán de entre los 28.000 letrados que hay en esa comunidad, realizando «una selección, un concurso de méritos muy restrictivo». Ahí queda.

Junto a esta medida, Vidal quiere que se deroguen las tasas judiciales y anuncia un reglamento que regule que los casos se tienen que resolver en el plazo de seis meses. Si hay demora, el juez responderá con su patrimonio personal ante los daños y perjuicios que ese retraso genere.

El Consejo General del Poder Judicial ha abierto una investigación a este magistrado, que además es uno de los 33 firmantes del manifiesto independentistaque también está bajo la lupa del Consejo, para esclarecer si ha podido incurrir en algún tipo de incompatibilidad con su función jurisdiccional. De hecho, el próximo 19 de mayo Vidal deberá responder ante el Promotor de Acción Disciplinaria, que podría proponer que se le sancione. El artículo 389.7 de la LOPJ señala que el cargo de juez o magistrado es incompatible con todo tipo de asesoramiento jurídico, sea o no retribuido. Es más, la propia ley da un plazo de ocho días para que quien incurra en esta incompatibilidad decida si opta por uno u otro cargo (juez o asesor) o cese en el ejercicio de la actividad incompatible. El incumplimiento se sanciona como falta muy grave, lo que puede acarrear hasta la separación de la carrera.

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Franquistas contra republicanos
PEDRO JOSÉ CHACÓN DELGADO. EL CORREO  4 Mayo 2014

Han pasado casi cuarenta años desde que terminó la dictadura franquista. Hemos sufrido por el medio un periodo infausto de terrorismo que parece que por fin terminó también. Y quienes hoy a duras penas reprimen su anterior adhesión incondicional a la violación de los más elementales derechos de otros conciudadanos vascos, considerados hasta ayer enemigos, siguen con su relato de opresión española sobre el pueblo vasco, con el franquismo como su expresión más acabada, y hablando de España como una entidad en esencia franquista y de cuya nefasta influencia no cabrá librarse hasta que Euskadi o Euskal Herria se independice de ella.

Una esforzada operación de reconciliación llevada a cabo por la sociedad española y por todos los partidos políticos en su nombre, con Adolfo Suárez al frente, con sucesivas leyes de amnistía y la Constitución de 1978, consiguió levantar un régimen democrático y no de facción o partido, como habían sido todos los anteriores, y lo hizo mientras el terrorismo de ETA se ensañaba hasta deprimirnos a todos y provocaba que un Tejero nos dejara en el ridículo más espantoso. Más adelante, en las legislaturas de Rodríguez Zapatero, se inició una operación de recuperación de la memoria histórica, con la Ley de 2007 como emblema, que consistía en resarcir, por parte de generaciones que ya no habían vivido la guerra, a quienes no se consideraban suficientemente recompensados por la reconciliación de la Transición. Rememorar los cadáveres enterrados en las cunetas hizo estragos en la conciencia de los políticos y se reavivó una nueva purga de la imaginería procedente de la mayor calamidad de nuestra historia. Se cometía así el terrible error histórico de considerar a la Segunda República como un periodo ejemplar de libertad y convivencia destrozado por la sublevación militar.

Esta operación socialista de recuperación de la memoria histórica vino a superponerse en el País Vasco a una operación nacionalista, ejercida desde el inicio de la Transición, de ver a España como una entidad opresora, fuera cual fuese su régimen político. El resultado fue un megamix ideológico y memorístico que permite hoy creer a mucha gente, de modo natural, que Euskadi fue un todo republicano, a partes iguales socialista y nacionalista, opuesto en bloque a una España franquista.

Estamos así ante un diseño de envergadura, muy ambicioso que, partiendo del ámbito cultural, propone una visión perfectamente distorsionada de nuestra historia pero con una capacidad enorme de conseguir adhesiones masivas, como vemos tanto por los resultados electorales como por la dinámica política habitual. Dos de las tres patas del programa del actual Gobierno vasco, el autogobierno, por un lado, y la paz y la convivencia, por otro, encuentran en este planteamiento de fondo la base de su argumentario y potencialidad.

Los impulsores de esta política, que alberga, mediante el recurso de erigirse en heredera de los derrotados en la guerra civil, la finalidad evidente de anular políticamente al contrario, han repartido ya las etiquetas: republicanos son ellos, defensores de la libertad y la democracia, mientras que sus oponentes son, en principio, de derechas, pero a un paso de ser franquistas a nada que defiendan la idea de que existe una nación histórica, incluso formada por entidades diversas, incluidas las vascas, y llamada España.

La sencillez de esta operación la convierte en inabordable y denunciar su manipulación no cala en la opinión pública. Pero, en cambio, a través del análisis de sus resultados sí cabe desvelar lo burdo y maniqueo de su factura. Y aquí su producto más acabado es, sin duda, el tratamiento que hace de las víctimas. De cara a la creación del futuro Instituto Vasco de la Memoria, víctimas son todas, desde la guerra civil y la dictadura hasta el terrorismo vasco. Se convierte así en victimaria a una violencia genérica, transgeneracional, que abarca casi un siglo y a la que le da igual que sepamos que la represión franquista fue mucho más dura en Badajoz, Sevilla o Burgos que en el propio País Vasco: una sola víctima vasca del franquismo justificaría todo el proceso.

Pero la operación es más sofisticada de lo que aparenta ya que en lugar de resarcir a todas las víctimas de todas las violencias, como proclama, conectando la victimización provocada por el franquismo con la provocada por ETA, lo que en realidad pretende es convertir la actual democracia española en heredera directa de la Segunda República, difuminando la responsabilidad actual de ETA y manteniendo y reforzando, en cambio, la demonización del franquismo. O sea, que para curarnos de las heridas provocadas por ETA tenemos que echar sal en las provocadas por Franco. Por supuesto que el franquismo no trató de recuperar la memoria personal de todas y cada una de las víctimas, solo lo hizo con las que consideró suyas. Pero, entonces, ¿es que ahora se pretende hacer lo mismo, en nombre de la democracia, que es de todos, tomando parte solo por el bando republicano y sus herederos?

La respuesta de una democracia avanzada ante las víctimas de su historia solo puede ser una: situándose por encima de las partes en disputa, restaurarlas a todas en su respectiva y propia identidad. Gregorio Balparda, liberal progresista y laico, los católico-fueristas José María Urquijo, Joaquín Beunza y Juan Olazabal, el monárquico Adolfo González de Careaga, incluso el tradicionalista Víctor Pradera, a quien Franco le prologó luego unas llamadas obras completas que en realidad no lo son, asesinados todos ellos en territorio republicano, ¿fueron por eso franquistas? Se impone, pues, proceder así con todas las víctimas, franquistas y republicanas, caso por caso. Pero esta labor nos tememos que desborda con creces el interés y la ambición de nuestros políticos.

Profesor de historia del pensamiento político en la UPV-EHU

¿Cómo reparar a los desterrados por ETA?
Carlos Fernández de Casadevante Romani. TBN 4 Mayo 2014

Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales Universidad Rey Juan Carlo

Las reacciones del nacionalismo vasco (Gobierno Vasco y partidos) cada vez que se plantea la cuestión de que los desterrados por causa del terrorismo de ETA puedan recuperar el derecho de voto del que fueron privados, demuestran lo lejos que se encuentran de entender y de aceptar las consecuencias de un terrorismo practicado durante cinco décadas y que, en aras de la imposición de un proyecto político compartido por todos los nacionalistas, ha supuesto el sacrificio real de miles de ciudadanos vascos y del resto de España. El destierro es sólo una de sus modalidades.

Al mismo tiempo, esas reacciones ponen de manifiesto el desconocimiento o la vacuidad de los grandes conceptos a los que recurren y que riegan el pomposo “Plan de Paz y Convivencia” del Gobierno Vasco, como es el caso del concepto de “reparación”.

En efecto, es fácil –y muy cómodo- hablar de la reparación a las víctimas del terrorismo cuando la misma se limita a los abrazos, las palmaditas y las indemnizaciones. Tales gestos, aunque tangibles, lo son bastante menos que el de restituir de su derecho de voto a todos aquellos que fueron privados de facto de él al ser obligados a abandonar el País Vasco o que, de no haberse marchado, lo hubieran perdido también porque hubieran sido asesinados. Todavía peor, desterrando a la primera generación (los padres) consiguieron privar del derecho de voto a sus hijos y a sus nietos que arraigaron en otras tierras.

¿Dónde estaban entonces las dos “tradiciones políticas” nacionalistas de las que habla el Plan de Paz y Convivencia? Una de ellas, claramente apoyando la persecución y el destierro. La otra, viendo la huida y en silencio. ¿Alguien clamó entonces por la alteración del censo electoral como consecuencia de todo ello? En las hemerotecas no hay ni una línea al respecto.

¿Cómo no recordar ahora la soledad de tantos vecinos que hacían las maletas para no ser asesinados cuando la amenaza de serlo era real, así como la de tantos otros que asimismo hicieron sus maletas antes de que la amenaza también les llegara? ¿Quién no lo recuerda? Somos muchos los testigos de ese destierro. ¿No merecen esas víctimas ninguna reparación? ¿Ni siquiera la reparación de ser restituidos formalmente en su derecho de voto aunque muy probablemente nunca lo ejerzan porque ya nada tienen en el País Vasco?

Sólo el desconocimiento de lo que esa tragedia de desarraigo ha supuesto para tantas familias vascas –o los réditos extraídos de esa alteración del censo electoral- pueden explicar declaraciones y afirmaciones que revelan una absoluta falta de empatía con esas víctimas del terrorismo. Algunas destacan negativamente por su simpleza. Es el caso de la afirmación del sinsentido de que tales desterrados voten en Euskadi cuando pueden regresar toda vez que no hay ningún elemento que impida ya su regreso.

Es evidente que quien eso afirma carece de la experiencia del destierro. No sólo porque semejante afirmación desconoce los muchos impedimentos que sí existen para regresar sino, también, por los muchos obstáculos que aconsejan no hacerlo. ¿Acaso es posible levantar casa, familia, trabajo, relaciones sociales sólidamente establecidas en otra parte de España como quien desmonta una tienda de campaña para plantarla nuevamente en cualquier pradera vasca, después de décadas de ausencia forzada? ¿Qué queda de conocido y quién queda de cercano en la tierra de origen? Muy probablemente, nada ni nadie. Para los hijos y los nietos, con certeza casi total.

Por otra parte, detalle nada nimio, ¿para qué regresar incluso en la hipótesis del portavoz del Gobierno Vasco de que Euskadi sea ya “una comunidad política que no presenta ninguna razón ni política, ni económica, ni social, ni de convivencia que impida la residencia efectiva en su territorio por parte de quien así lo desee” una vez finalizado –en apariencia- el terrorismo cuando, a las ausencias anteriores se añade la presencia cierta de los victimarios en las instituciones? ¿Qué víctima del destierro por causa del terrorismo de ETA va a regresar a su municipio de origen para contemplar diariamente el espectáculo de que la ideología que le victimizó y quienes decidieron, contribuyeron o apoyaron su victimización no sólo continúan en él sino que además están ahora en las instituciones? ¿Qué hijo o nieto de desterrado anhela hacer semejante experiencia después de haber vivido en propia carne el sufrimiento de sus padres desterrados? Concluirán conmigo que ninguno. Entre otras cosas, porque no merece la pena. No sólo el regresar en tales circunstancias, en el caso de que el regreso fuera posible. También, porque para hacerlo hay que deshacer los lazos firmemente establecidos allá donde el destierro les llevó y donde fueron acogidos.

En definitiva, restituir en su derecho de voto a los vascos desterrados y a sus descendientes es sobre todo un acto de justicia y de reparación que muy probablemente no tendrá ninguna incidencia electoral. Sólo por eso el Estado –que también ha estado permanentemente ausente respecto de esos ciudadanos- debería acometerlo. Idénticos motivos deberían conducir al Gobierno Vasco a promover esa medida manifestando con hechos concretos que, en materia de reparación a las víctimas del terrorismo –en este caso, los desterrados- es capaz de predicar con el ejemplo.

Manuel Montero: «El término España es una palabra maldita para el nacionalismo»
irziar reyero / bilbao ABC 4 Mayo 2014

El exrector de la Universidad del País Vasco y autor del libro «Voces Vascas. Diccionario de uso», denuncia la perversión del lenguaje que hacen los nacionalistas para su propaganda
Manuel Montero: «El término España es una palabra maldita para el nacionalismo»

El exrector de la Universidad del País Vasco y catedrático de Historia Contemporánea Manuel Montero desentraña en el libro «Voces Vascas. Diccionario de uso» las expresiones del lenguaje que el nacionalismo vasco retuerce una y otra vez para «recrear» la realidad a su medida. En el caso del terrorismo, para dulcificarla. La obra, editada por Tecnos, es un manual preñado de doctrina para guiarse en el laberinto vasco donde «España» es palabra tabú y las víctimas de ETA son «consecuencias del conflicto».

-Su tesis es «dime cómo hablas y te diré qué piensas»...
-Sí, sí. Y cuál es tu universo mental. El lenguaje es connotativo, no solo para comunicar ideas, sentimientos o pensamientos, sino para dejar clara tu posición en el mundo.

-Asegura que existen tres tipos de «cabezas vascas». Por ejemplo, en función de si dicen País Vasco, Euskadi o Euskal Herria.
-Sí. El «vasco común», que es el español pero con algunos tabúes como evitar decir «papá» por «aita»; el nacionalista vasco tradicional, y el «abertzale avanzado», que se impone.

«El término España está desterrado y sustituido por circunloquios»
-Todos evitan el término España, del que usted dice que es «el agujero negro del habla vasca».
-Sí, está desterrado y se sustituye por un montón de circunloquios. Para impedir tal «atrocidad» se proponen sinónimos: Estado español, el entorno, el contexto, la península, el país vecino, a nivel estatal. Todos antes que decir la palabra maldita.

-Se destierra del vocabulario común para negar su existencia...
-Claro. Solo nombrar España parece que se da consistencia o legitimidad.

-Todo lo contrario ocurre con el «proceso»… De tanto nombrarlo, existe.
-Así es. O «inmovilista», que es una especie de acusación. Forma parte ya del lenguaje común que imponen los «abertzales avanzados».

-Pero ¿por qué? ¿Tiene Batasuna los mejores escribas?
-No. Pero crean términos muy rotundos que acaban teniendo aceptación.

-El «asesinato» no existe en el diccionario nacionalista. Ha habido muertes, víctimas, sufrimientos…

-No. Las víctimas son «consecuencias del conflicto».
En 1992 ETA deja de hablar de Euskadi y adopta el «Euskal Herria»

-En su libro recuerda que las ideologías manipulan el lenguaje para reafirmarse.
-Sí, en una regeneración constante que va afectando a todos. Es el caso de «Euskal Herria». De cómo a finales de los ochenta se identificaba con Alianza Popular, con la tradición carlista conservadora y no nacionalista. Y en 1992, a raíz de un cambio en la dirección de ETA, el nuevo escribano de la banda deja de hablar de Euskadi y adopta el «Euskal Herria». Y la «izquierda abertzale» y la radio pública.

-¿Cómo es posible que la sociedad se deje arrebatar de esa forma el sentido certero de las palabras?
-Se asume de forma inconsciente, irresponsable. Porque cuando se utilizan palabras con un sentido distinto al que debe ser, por ejemplo, llamar a una víctima o a un asesinado «consecuencia del conflicto», se deshumaniza, se despoja de lo definitorio.

-¿Quién nutre el habla vasco de nuevos conceptos? ¿La universidad, abogados, intelectuales, periódicos...?
-Es muy difícil acotar esa cuestión. No es atribuible. Si el término acuñado es contundente, se impone a todos.

-¿Los medios vascos han renunciado a hacer de filtro necesario?
-No me gustaría culpar a nadie, pero quien transmite ayuda a crear. No se deberían utilizar sus palabras, sobre todo con esa carga.

-¿El nacionalismo tiene mayor necesidad que otras ideologías para crear y modelar el lenguaje a su imagen y semejanza?
-Todas las ideologías tienen ese interés. Pero la obsesión del nacionalismo es recrear su propia realidad, por eso modifican el lenguaje constantemente. Recrear universos de absolutos, como el término «milenario». Se crean conceptos que parecen que expresan verdades rotundas cuando solo son propuestas ideológicas. En la vida política española, desde los 70 se le ha otorgado al nacionalismo una especie de plus de legitimidad, sobre todo en ámbitos de reacción al franquismo. Se le ha dado autenticidad popular.

-¿La locución «derecho a decidir», tan en boga, es un invento vasco?
-Como eufemismo que intenta suavizar el término «autodeterminación», sí. Es posible que existiese antes, pero el uso habitual que se le da hoy en España arranca en 2000 o 2001 con Ibarretxe. Entonces habló también del «derecho a ser», pero desapareció porque no tenía virtualidad.

«No se puede hablar de la Navarra marítima sin un poco de ironía»
-¿Cómo explicar lo que ha ocurrido en el País Vasco si no hay consenso previo del uso certero del lenguaje?
-Mientras las cuestiones fundamentales no estén asumidas, no tendremos un relato compartido de la historia. Un asesinato no es una «consecuencia del conflicto», es un asesinato y tiene responsables. Extorsión se llama extorsión, no «impuesto revolucionario». Si creamos un lenguaje para enmascarar lo que ha sucedido, tendremos un relato metafórico, pero no es la Historia. Primero hay que llamar a las cosas por su nombre.

-Hace uso de la ironía, como «Ocho apellidos vascos». ¿Es necesario?
-El libro está concebido antes, pero sí, conviene un poco la sátira. Es fundamental. Si no, hay cosas imposibles de explicar. No se puede hablar de la «Navarra marítima» sin un poco de ironía.

-¿Ha pensado ya en crear un anexo para todo el lío sobre el nuevo «estatus» que quiere el PNV? Modelo confederal, federal, libre asociado…
-Todavía no (ríe). Pero ya tengo ideas.

-¿Tienen los vascos una mayor habilidad que el resto para transformar las palabras?
-Como la situación aquí ha sido muy extrema, había necesidad de dulcificar la realidad. Hay creatividad. Lo peligroso es que se pierde el sentido.


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