AGLI Recortes de Prensa   Martes 6  Mayo  2014

En un océano de corrupción
EDITORIAL Libertad Digital  6 Mayo 2014

Una nueva catarata de noticias sobre gravísimos casos de corrupción ha inundado los medios en las últimas horas. Si no había bastante con los casos Urdangarín, Bárcenas, Gürtel, Pujol, ITV, Palau, los ERE, ahora hay más que añadir a la lista: el del AVE a Barcelona y el de Cuadrifolio, que estamos seguros dará mucho que hablar y que ya ha traspasado las fronteras de Castilla-La Mancha, a la que lo circunscribían las primeras informaciones.

Más allá del hecho de que estos dos nuevos casos de corrupción afecten al PSOE, son un nuevo síntoma de algo que es imposible seguir negando: la corrupción es una lacra generalizada que no afecta a todos los políticos –eso sí sería una generalización injusta– pero sí a muchísimas instituciones y a todos los partidos con alguna responsabilidad de poder.

La tendencia a la corrupción es connatural al ser humano, no debe alarmar que en una democracia haya corruptos; pero llegados a este grado de extensión del problema hay que sacar conclusiones, y la primera que hay que tener clara es que el sistema que permite este grado de corrupción está gravemente enfermo.

La enfermedad del sistema está producida por varias patologías, que siendo cada una grave, juntas tienen un efecto demoledor. La primera de ellas es la extrema politización de la Justicia, que el ministro Gallardón prometió eliminar y que por contra ha llevado a su paroxismo. Si uno es juzgado por quienes él mismo y sus compinches han designado, las probabilidades de impunidad son máximas.

No menos grave es la propia estructura del Estado, un filón para los corruptos y los corruptores: varios niveles administrativos y un sector público elefantiásico, por el que pasa casi el 50% de la riqueza nacional, son un campo abonado para los que desean servirse en lugar de servir.

La estructura antidemocrática de los partidos políticos es la guinda de este putrefacto pastel. Los políticos saben que su status no depende de su honradez ni del aprecio ciudadano sino de saber medrar en la organización, lo que representa un estímulo para que la honestidad no sea una condición sine qua non en su desempeño, sino más bien una rémora que puede condenarlos irremisiblemente a la irrelevancia o a navegar a merced de la corriente en un océano de corrupción.

Guerra cultural
Banqueros y otros sospechosos habituales
José Luis González Quirós Libertad Digital  6 Mayo 2014

Casi todo el mundo cree saber lo que es el poder, pero los poderosos se ocupan habitualmente de despistarnos, de forma que la verdad al respecto es un poco huidiza. Los poderes son muy diversos, todo el mundo tiene alguna clase de poder, pero un mito muy querido por la izquierda afirma que en la cúspide de todo poder concebible, y muy por encima del poder político, se enseñorea un poder especialmente maligno, el de los bancos y el mercado financiero. Convencer al pobre de que la culpa de sus desdichas la tiene alguien muy rico no es una misión imposible y de ella vive, bastante bien, más de uno. Esta mitología es especialmente creíble para el público al que se dirigen sin ninguna clase de rubor los nuevos telepredicadores de la izquierda española que, efectivamente, cumplen con algunas de las características básicas de ese género de embaucadores: exhiben una apariencia aseada y un verbo torrencial en el que los argumentos se encadenan con tanta fluidez como inconsecuencia.

En este escenario panglossiano, aunque a la inversa, ha triunfado con amplitud una doble bobería realmente pasmosa: por un lado, la idea de que la crisis inmobiliaria española se debió a los bancos alemanes (es decir, a la Merkel, que es la personificación del mal en este universo surrealista y cañí), de manera que, a su entender, habría que no devolver la deuda pública generada por esa causa; una segunda pretensión, no menos falsa, es la de que los ciudadanos estamos pagando las consecuencias de una crisis bancaria española, pero ya veremos que no hubo tal.

La izquierda española está acostumbrada a ganar todas las batallas culturales, entre otras razones porque la derecha no sabe hacer otra cosa que dedicarse a la gestión, y ha olvidado hace tiempo que las ideas tienen valor, de forma que ha decidido prescindir del pensamiento a la hora de hacer política. De manera un tanto paradójica, cierta derecha se ha hecho marxista y sólo se preocupa del dinero y los negocios, así que piensa que la historia, la filosofía, el derecho, la política y la cultura nada valen frente a un buen master en una escuela de relumbrón. Consecuentemente, cede y cede en todas las batallas de principio, porque adopta indolentemente y con abundosa ignorancia el lenguaje que le impone su adversario. Es asombroso oír a líderes de la derecha hablar de crisis bancaria española, cuando aquí la crisis que ha habido ha sido la crisis de las cajas, una especie de banca pública gobernada desde los noventa por los partidos y los sindicatos, en cuyo exclusivo mérito hay que anotar el haber conseguido arruinar instituciones que habían funcionado bien durante más de dos siglos y con todo tipo de regímenes, incluida la democracia del 78, hasta la ley felipista y el copo cajero.

Esta responsabilidad directa de los partidos en el desaguisado explica que hablen todos de crisis bancaria, como si la culpa fuera de los Botínes y no de los políticos y politiquillos metidos a banqueros. Por cierto, que el PP ha batido todos los récords de responsabilidad en esa crisis, pues han sido políticos de esa enseña los responsables de la quiebra de más de un setenta por ciento de las cajas, aunque tampoco se pueda olvidar la responsabilidad del PSOE, de IU, de UGT y de CCOO. De manera que cuando un dirigente del PP hable de la quiebra bancaria no mostrará mera ignorancia sino una desinteresada solidaridad con los responsables directos del desastre.

Es esta necesidad de disimulo lo que ayuda a comprender que el PP compre la terminología de la izquierda, con tal de salvar sus posaderas, pero el precio que se ha de pagar en términos de cultura política es demasiado alto: tener a los españoles mal informados y seguir abonando la idea de que la solución haya de venir por la izquierda. Decía don Marcelino Menéndez y Pelayo, que no era ningún analista financiero, que cuando un pueblo viejo renunciar a su cultura se extingue la parte más noble de su vida y cae en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil. Es lo que sucede, que las políticas y los discursos del PP abonan la necesidad de un mayor control público, pese a la evidencia de que ese tipo de control ha sido la causa directa de pérdidas de miles de millones de euros que sí hemos de pagar entre todos.

El PP no ha hecho nunca nada por combatir la idea de que pueda existir una máquina de imprimir dinero, por hacer comprender a sus votantes que ni un solo euro de gasto público viene de otra parte que de sus bolsillos, salvo el que tenga que venir de los pobres bolsillos de nuestros nietos para soportar el inmenso crecimiento de la deuda que el Gobierno ha promovido sin pensar ni por un instante en lo que habría que hacer para cortar esa espiral funesta. Mejor dicho, el PP si lo hacía cuando proponía a su electorado reformas tímidamente liberales, pero una vez en el poder se ha comportado como si el único modo serio de hacer política fuese subir impuestos y no tocar para nada el gigantesco sistema de dispendios públicos que cobija a los grandes partidos y a sus clientes políticos. Bien está, pues, que una gran parte del público siga echando la culpa a los sospechosos habituales, que ya se encarga Rajoy de hacer ver que sus relaciones con esos poderes malignos son muy circunspectas y distantes.

Con el argumento de que los problemas se generaron antes de su llegada, y con la retórica de la crisis bancaria, Rajoy se ha aprestado a celebrar la ceremonia de la continuidad política, presumiendo, si acaso, de hacer algo mejor las mismas cosas, pero sin importarle ni poco ni mucho que los españoles comprendan nada de lo que ha pasado: lo único que le interesa es que le sigan votando y para eso es siempre mejor que la culpa la tengan otros. No sé si es consciente de que ha seguido el consejo de otro gallego sobre lo escasamente recomendable que es meterse en política.

José Luis González Quirós, profesor de Filosofía en la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid) y vicepresidente del Comité Ejecutivo provisional de Vox.

Fino gulag y tapita Lubianka
HERMANN TERTSCH ABC  6 Mayo 201

Imaginen una caseta de feria con la esvástica a millares y en las camisetas de los sonrientes camareros de gracejo sevillano
POSAN todos en equipo de camareros, como uno más en todos los centenares de casetas que ultiman detalles en vísperas de la apertura de la Feria. Hombres y mujeres, gordos y flacos, sevillanos sonrientes ante los días de fiesta, juerga y alegría decretada que comienzan en la capital andaluza. Es esta una caseta peculiar. Porque todos los camareros posan en camisetas en rojo sangre con la hoz y el martillo en el pecho. Porque la bandera comunista cubre el techo en mil banderines que se alternan con otros de los colores de la bandera republicana. Y porque detrás de la barra hay un inmenso retrato de la Pasionaria, aquella heroína de Stalin, que reza: «Con el ejemplo de la Pasionaria? hacia la III República». Todos los camareros parecen buena gente. Ninguno habrá seguido jamás las instrucciones de la Pasionaria en el trato con los no comunistas. Porque se quedarían sin clientes. Quizás los más jóvenes ya sientan de nuevo ese odio al enemigo de clase que ella cultivaba. Con el que amenazó de muerte en el Congreso a Calvo Sotelo días antes de que este fuera asesinado. Ese odio, el de la revancha, que el PCE tachó de contraproducente y rechazó poco después del XX Congreso del PCUS en 1956 hasta muy después de nuestra transición, ya vuelve a dominar todos los actos y mensajes de este partido. Aunque en realidad fuera un socialista, Rodríguez Zapatero, quien tuviera el despreciable papel protagonista en la reactivación del odio político en la izquierda española.

Cuando aun no se han cumplido los 15 años de aquella funesta irrupción del revanchismo en la política nacional en el Congreso del PSOE en el año 2000, gran parte de la militancia de izquierdas en España hoy ya considera que, de una forma u otra, salda cuentas de la guerra civil con su acción política actual. Y no hay diferencia en ello entre socialistas y comunistas. Para ellos la reconciliación nacional no fue la gran gesta nacional de grandeza y generosidad que tantos españoles creímos y creemos, sino una farsa y un acto de debilidad. Por eso invocan aquí a Pasionaria para la III República que, en realidad sería una emulación de la primera, a los pocos años de fundarse un régimen putrefacto por el totalitarismo y la violencia, abandonado por toda la inteligencia y decencia y ya mero instrumento del Frente Popular para la dictadura del proletariado, es decir de Stalin.

Ahí posan ahora, a la espera de las risas y los bailes, bajo banderas que simbolizan decenas y decenas de millones de muertos por todo el mundo bajo todos los regímenes comunistas habidos. Ni un solo partido comunista que llegara al poder a lo largo de todo un siglo dejó de cumplir su deber criminal de exterminar a parte de la sociedad que dominara. Ese símbolo de la peor trayectoria criminal solo es comparable al de la esvástica. El gran Vaclav Havel pidió a Europa poco antes de morir que tuviera el valor para el acto de justicia histórica de equiparar en el rechazo y condena a comunismo con nazismo y fascismo. No lo hubo. Imaginen una caseta de feria con la esvástica a millares en banderines y en las camisetas de los sonrientes camareros de gracejo sevillano. Imaginen la recepción pública a una caseta simplemente con la bandera nacional con el águila de San Juan, tan preconstitucional como la republicana. Pues aquí tienen, preparados a una «jartá de reí», a los tripulantes de una nave por el tiempo que no evoca sino juicios sumarísimos, tortura, terror, baños de sangre y campos de concentración y trabajo forzoso. Marchando un fino Gulag y una tapita Lubianka.

Baleares
Círculo Balear facilita información y recursos a los padres para elegir lengua en los colegios
Contra las campañas de ciertos colectivos y sindicatos nacionalistas
Redacción www.lavozlibre.com 6 Mayo 2014

Madrid.- La Fundación Círculo Balear pone un año más a disposición de los padres toda la información y recursos necesarios la elegir lengua en los colegios de cara al periodo de escolarizacion 2014/2015.

Así, promocionarán una serie de instancias para defender los derechos tanto de los padres y alumnos como de los profesores, en respuesta a las campañas que ciertos colectivos y sindicatos nacionalistas llevan a cabo contra la nueva normativa que regula la libre elección de lengua en la primera enseñanza y el trilingüismo.

Ante las coacciones de colectivos nacionalistas, Círculo Balear ha querido recordar a los padres que desde el año pasado, el gobierno balear cumple con una de las propuestas de la fundación: que no sea necesario entregar las solicitudes de escolarización en los centros educativos sino que se puedan entregar directamente en las oficinas de escolarización y por Internet.

La fundación pone en su página web también a disposición de los padres todos los enlaces directos para escolarizar vía internet a través de la web de la consejería de educación del gobierno balear, así como la posibilidad de dirigirse directamente a las oficinas de escolarización. Círculo Balear también facilita una serie de instancias para que los padres puedan reclamar sus derechos lingüísticos a la consejería de educación del gobierno balear, y para que los profesores contrarios al adoctrinamiento nacionalista puedan denunciar actividades que infringen la legalidad en el centro educativo donde trabajan, así como charlas informativas a aquellos que deseen más información


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Fascismo en estado puro

Ernesto Ladrón de Guevara TBN 6 Mayo 2014

La diferencia entre la cosmovisión nacionalista y la democrática, entre el fascismo y el liberalismo cultural, consiste en aceptar o no la dialéctica del “puño y las pistolas” como forma de hacer política. Se delimita conceptualmente con el hecho de aceptar o no el pluralismo político enmarcado en el imperio de la ley, y, en definitiva, de la Constitución como norma de funcionamiento democrático. La admisión del semejante que discrepa, que tiene otra concepción del mundo y de las cosas, es la medida clave para diferenciar al que es demócrata del que no lo es, pero, también, el acatar el imperio de la ley aunque no guste. Puede, cómo no, cuestionarse los procedimientos democráticos, la forma de constituir el marco de elaboración de las leyes, pero nunca puede aceptarse el sobrepasar, como técnica de acción política, el marco de la ley para corregirla fuera de los marcos convenidos del juego político que viene a ser el constitucionalismo como filosofía liberal. De hacerlo, y de consentirse, el paso del Estado de Derecho al del Estado de la naturaleza que describió Hobbes, pasa a ser una realidad indeseada, es decir, la guerra, que es la ley del más fuerte, la selva, el fenómeno incívico del que el siglo XX estuvo tan plagado en Europa.

Por eso es denostable el nacionalismo, que nunca respeta el pluralismo político y social, ni el cultural, y que no defiende la verdad como paradigma de todas las cosas, de una forma de estar ante la vida. Nacionalismo y democracia son incompatibles. La historia lo demuestra. Tanto la próxima como la remota. Nuestra intrahistoria está plagada de gestos y acciones que demuestran este aserto. Por poner alguna muestra de ello tenemos en nuestro País Vasco (a mí me gusta más el término Vascongadas por ser más estricto con la realidad histórica y cultural) la carga de la prueba de la insistente connivencia entre el mundo proetarra y el llamado -de forma impropia- “nacionalismo democrático”. Pero no hace falta ser un lince ni demasiado perspicaz para ver en los comportamientos del nacionalismo catalán en sus diferentes expresiones, muestras más que evidentes de intolerancia cultural, de falta de pluralismo político y social, de acoso y persecución social al no adscrito al etiquetado nacionalista, y de exclusión cultural.

Pere Navarro, el secretario general del PSC ha sido este pasado fin de semana agredido mediante un puñetazo dado por una de esas excrecencias totalitarias que son el producto de ese nacionalismo intolerante y excluyente, en un acto privado familiar. Es el síntoma de esa degradación moral y de esa exacerbación exaltada del nacionalismo alimentada por políticos irresponsables que gobiernan en esa Comunidad autónoma. Del puñetazo, del insulto, de la agresión física, a la pistola o la metralleta solo hay un paso, es una gradación de la misma violencia que no acepta al diferente. Lo tenemos a la vista en Ucrania, pero lo tenemos también aquí en nuestra propia Guerra Civil del 36 o en las guerras carlistas de las que tan poco hemos aprendido pese a las insistentes referencias a la memoria histórica.

Por eso nuestros gobernantes han de ser tan especialmente cuidadosos con la inexcusable aplicación del imperio de la ley, del cumplimiento de la justicia mediante una separación clara del poder judicial, buscando su independencia respecto al poder político. Y no se debe ser transigente con la intolerancia y con un nacionalismo que nos lleva indefectiblemente al enfrentamiento.

www.educacionynacionalismo.com

Terrorismo
Otegi y la hipocresía del Constitucional
Guillermo Dupuy Libertad Digital  6 Mayo 2014

Es cierto que hay multitud de presos que han sido excarcelados en nuestro país por el mero hecho de haber ya cumplido las tres cuartas partes de su condena. Sin embargo, no es esta la principal razón por la que considero que el Tribunal Constitucional ha sido sumamente hipócrita al denegar la excarcelación de Arnaldo Otegi sobre la base de que el "mero transcurso del tiempo no es suficiente" para acordar la medida cautelar consistente en la suspensión de la condena.

El auténtico homenaje que el vicio rinde a la virtud en esta sentencia del Constitucional es la misma decisión de mantener una condena a Otegi por tratar de reconstituir la ilegal Batasuna, algo que el batasuno no habría podido hacer sin la decisiva colaboración de ese mismo Tribunal, que consideró acorde a la Ley de Partidos y a la sentencia de ilegalización de Batasuna la irrupción en escena de Sortu, Bildu y Amaiur.

La plataforma Bateragune solo fue un embrión, un punto de encuentro entre los batasunos, sectores de EA, Aralar y el sindicato ELA para poner en marcha lo que luego se plasmaría en diferentes siglas, como Sortu, Bildu y Amaiur. Este cambio de siglas ha sido una constante práctica del brazo político de ETA desde los tiempos de Herri Batasuna, y ya en 2005 Arnaldo Otegi lo justificaba en un libro entrevista, Mañana, Euskal Herria:

Nosotros no vamos a regalar nuestra base electoral a nadie. Nos ha costado mucho esfuerzo construir esa base popular. En segundo lugar, para demostrarle al enemigo lo inútil de su estrategia. Y eso ha quedado demostrado.

De hecho, fueron los magníficos resultados cosechados por Bildu -formación legalizada por el mismo hipócrita tribunal que mantiene encarcelado a Otegi- lo que llevó a la encapuchada dirección de ETA a celebrar públicamente en 2011 el haber "ganado la batalla de la ilegalización". De hecho, fueron estos mismos resultados lo que llevaron al encarcelado Otegi a celebrar públicamente: "Empezamos siendo cuatro o cinco y ya somos 313.000". De hecho, Arnaldo Otegi es desde hace poco secretario general de la legalizada Sortu.

Algunos dirán, con todo, que la permanencia de Otegi en prisión es un consuelo para las víctimas. Sin embargo, lo auténticamente insultante para las victimas debería ser esta mascarada que trata de disimular el decisivo papel que ha tenido nuestra clase política y nuestro muy politizado Tribunal Constitucional en el hecho de que ETA haya podido reconstituir, una vez más, su supuestamente ilegalizado brazo político.

CONDENA PENDIENTE
Libertad de expresión, libertad para ETA: no es lo mismo
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 6 Mayo 2014

La libertad de pensamiento no incluye siempre la libertad de expresión. Sobre todo si lo que se expresa es apoyo al terrorismo y quien lo hace ha frecuentado a ETA. ¿O sí?

El domingo 4 de mayo, día de sol y de fiesta en muchos pueblos de Navarra, Fernando Sota Virto fue detenido en Tafalla mientras participaba en una manifestación que se había convocado en su apoyo. Sota Virto tenía una orden de búsqueda y captura de la Audiencia Nacional. Una vez intentados sin éxito todos los recursos legales, el tafallés estaba pendiente de ingreso en la cárcel para cumplir la condena de un año de prisión impuesta por enaltecimiento del terrorismo.

Sota Virto llevaba un mes huyendo de una orden de captura tras ser condenado por colocar en octubre de 2011 en Tafalla fotos de los presos de ETA Iosu Bravo e Inés del Río. Dos ilustres terroristas tafalleses tomados como modelo por Fernando Sola Virto, "con la idea, bien de elogiarles a ellos, o bien de ensalzar sus actividades como tales miembros de la referida organización". El detenido no se había entregado al ser firme la condena, y asistió a la manifestación que los abertzales de Tafalla (la plataforma "Fer Libre") habían reunido para mostrarle su solidaridad. Allí fue visto por la Guardia Civil y detenido, no sin gritos e insultos por parte de los manifestantes.

Guste o no guste, aquello fue un delito de enaltecimiento del terrorismo. En España parece ser legal manifestarse para pedir que un criminal condenado no cumpla condena (que no es exactamente lo mismo que opinar libre y privadamente que no debería ser condenado, o que esos hechos no deberían ser delito). Pero no está muy claro el límite entre eso y manifestarse aplaudiendo lo que hizo, o volviéndolo a hacer; que fue respaldar a la ETA. La manifestación tafallesa era "Por la libertad de expresión y la solidaridad vecinal": ¿apoyar el terrorismo es libertad de expresión?

Mandar a Fernando Sota a cumplir su condena por apoyo a ETA, que no es la primera, no es un "ataque a la libertad de expresión y los derechos humanos". Es defender la convivencia, o eso se supone. Hay personas que se rasgarán las vestiduras, como lo hacen cuando un asesino condenado cumple condena, pero que en cambio sienten que sus derechos humanos peligran cuando un Guardia Civil cumple con su deber. Más aún porque ya en 1998 el mismo Fernando Sola Virto, con otros ilustres demócratas, pacifistas y tolerantes de Tafalla, había sido detenido por pertenecer a un grupo Y de apoyo a ETA condenado por amenazas contra el entonces alcalde de la localidad, Luis Valero. Los defensores de la libertad de expresión dieron entonces a su alcalde –por escrito- un plazo de 30 días para abandonar la ciudad, siguieron con llamadas y pintadas amenazándole y llegaron a colocar un artefacto de fabricación casera - en la puerta de su tienda. Sería, seguramente, la libertad de expresión.

Que vivimos en una provincia pequeña y satisfecha de sí misma no es ninguna novedad. Es la misma provincia en la que la hinchada radical abertzale de un club de fútbol puede causar nueve heridos en su "día de las peñas" mientras que la prensa, toda la prensa sin distinción de orientación, minimiza la cosa porque "son de aquí". Es la misma provincia en la que uno puede ser numerario por la mañana y manifestarse a mediodía con los marxistas y abortistas que apoyan a ETA. Como siempre. No es ni mucho menos la primera vez, ni el único aspecto de nuestra vida provincial. Libertad para Sola Virto, pero ninguna libertad para los que pensamos que los terroristas deberían cumplir íntegras sus penas. Libertad y subvenciones para los violentos, futboleros o no, y la sociedad que los disculpa, pero malas caras a los guardias civiles, sobre todo si "no son de aquí". La hipocresía es un elemento distintivo de la modernidad local, sin que el nacionalismo sea una excepción. Hipócritas.

Para que el sol prevalezca
Javier Benegas ww.vozpopuli.com 6 Mayo 2014

En junio de 2013, John Huxtable Elliott (Reading, 1930), prestigioso historiador e hispanista, Regius Professor Emeritus en la Universidad de Oxford y Honorary Fellow del Trinity College y autor, entre otros libros, de The Revolt of the Catalans o Empires of the Atlantic World: Britain and Spain in America 1492-1830, se quedó estupefacto al conocer el contenido de las jornadas tituladas España contra Cataluña, organizadas por el Centro de Historia Contemporánea de Cataluña.

Consultado sobre cuál era su opinión respecto de ese simposio, Elliott, que como buen británico es un tipo flemático, respondió lacónicamente: "No vale la pena ni hablar de ello. Solo con conocer el título ya sé que no me interesa. Es muy poco histórico y no tiene ninguno rigor. Es un disparate".

No solo el título del simposio le dejó de una pieza. También el prólogo de la circular, cuyo lenguaje chusco, casi abertzale, degradaba Cataluña a la categoría de mera colonia, como si los catalanes fueran lelos y no estuvieran integrados en la sociedad española como iguales sino como esclavos. Y también, como si las élites catalanas no hubieran influido en el devenir de la nación española, aportando –en ocasiones, imponiendo– su visión y dando forma, o deformando, al Estado-nación que hoy conocemos. En definitiva, España era Esparta. Y los catalanes, sus ilotas.

No es de extrañar, por tanto, que Elliott, con su enciclopédico conocimiento, no solo de la historia de España en general, sino de Cataluña en particular, se sintiera profundamente decepcionado. No era para menos. Había dedicado cincuenta años de su vida a arrojar luz sobre esa cuestión crucial para la comprensión de España que es la unidad y la diversidad, y la unidad en la diversidad, dejando constancia de que las relaciones entre la Corona y sus diversos territorios se basaban en acuerdos bilaterales y en leyes muchas veces no escritas. Y también, que las guerras dinásticas no podían en modo alguno entenderse como conflictos nacionalistas, porque una cosa era la institución de la monarquía, sus valedores y los intereses particulares de estos. Y otra distinta la principal y más compleja de todas las instituciones: la sociedad española.

Que John Huxtable Elliott se mostrara disconforme con el relato independentista no era imprescindible, desde luego, pero sí definitivo, en tanto en cuanto dejaba claro quiénes habían perdido la cabeza. Y es que Elliott no solo es un hispanista brillante (quizá el más brillante de los últimos tiempos), empírico y exquisitamente minucioso, sino que además cuenta con la ventaja de observar España desde dos perspectivas distintas: la del estudio de su historia y la del conocimiento de su presente.

Testigo de excepción de una transformación sin final feliz
La primera vez que Elliott pisó tierra española fue en junio de 1950, como miembro de un grupo de doce estudiantes que cursaban su primer año de licenciatura en la Universidad de Cambridge. Y aunque quedó impresionado por la amabilidad de casi todo el mundo, le llamaron la atención las profundas cicatrices que habían dejado la Guerra Civil y el retraso económico de un país que parecía más próximo a la España de 1840, descrita por George Borrow, que a esa Europa occidental, que se recuperaba de la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Estas impresiones iniciales se vieron reforzadas con posteriores visitas en 1954, 1955 y 1956, años en los que preparó su tesis doctoral sobre la rebelión catalana de 1640.

Muchas fueron las anécdotas que Elliott vivió en la España del franquismo. Como aquella en la que, mientras esbozaba una acuarela del castillo de Simancas, se le acercó un campesino desconfiado, convencido de que aquel joven extranjero era un espía francés (como "sombras de la era napoleónica" catalogaría más tarde ese suceso). O esa ocasión, en la que, de visita en la capilla de un convento de Castilla la Vieja, una monja, tras averiguar que él era protestante, le reprendió por profesar una religión auspiciada por un monarca impío y polígamo como Enrique VIII. O cuando, de visita en Cataluña, preguntó en catalán a un guardia de tráfico y éste le contestó irritado: "Hable la lengua del imperio".

Pero no todo fueron anécdotas anacrónicas. Elliott también fue testigo de excepción de la emergencia de una sociedad más tolerante y abierta, que con el tiempo iría cristalizando. Hasta que en la década de 1970 se desencadenó una transformación sin precedentes.

Sin embargo, no fueron las negociaciones a puerta cerrada de un puñado de herederos del franquismo y políticos asimilados lo que hizo posible que durante un tiempo la libertad y el progreso estuvieran al alcance de la mano –esa es la versión de la España oficial heroica que hoy hace aguas por todas partes–, sino que el verdadero motor del cambio fue sociológico, de base. Y su ingrediente más valioso fue la renuncia de las personas corrientes al monólogo que había convertido España en una nación dividida, ensimismada, anacrónica y enferma de sectarismo.

Lamentablemente, la ausencia de una verdadera cultura democrática, y la creencia de que el voto lo es todo, permitió a la España oficial dar gato por liebre, y suplantar la democracia formal por una dictadura de partidos travestida de Estado social, con derechos y prestaciones "gratuitas" con las que comprar el silencio del pueblo. A partir de ahí, todo, absolutamente todo, incluida la integridad territorial, quedó al albur de los opacos manejos de los grupos de poder que se habían repartido el Estado.

Si los dirigentes pierden la cabeza, el pueblo ha de usar la suya
Hoy, la mala noticia es que la democracia formal aún no ha llegado. Pero también hay otra buena, que no todo en la Transición fue mentira, pues la capacidad de los españoles para dialogar, ser generosos y mantenerse unidos fue verdadera. Cualquiera que haya vivido las décadas de 1970 y 1980 sabe que es cierto.

Bastaría pues con mirar a nuestro pasado inmediato para descubrir que solo la unión transversal, generosa y desideologizada, nos permitirá colocarnos a la vanguardia de las democracias. Cierto es que semejante demostración de valor e inteligencia no parece que vaya a llegar de la mano de los nuevos partidos políticos (de los viejos, ni hablamos), demasiado débiles y personalistas como para ser cooperativos y enfrentarse al régimen frontalmente. Deberá ser el común quien, evitando caer en el separatismo, el populismo bolivariano, el sectarismo y el monólogo, termine imponiendo esta agenda.

Difícil pero no imposible, al menos no para Elliott. De ahí que nos dejara este recado: "Corresponde a los mismos españoles decidir en qué tipo de España han de vivir. Ojalá sea una España abierta, generosa y tolerante, que se inspire en lo mejor de su pasado y no en lo peor. Ya ha habido bastante sombra en su historia y, como alguien que ama y admira este país, espero fervientemente que el sol prevalezca".

El acoso político degrada la democracia en Cataluña
Francesc Moreno www.cronicaglobal.com 6 Mayo 2014

Hace ya mucho tiempo que en Cataluña quienes no comulgan con las tesis independentistas vienen sufriendo acoso en las redes sociales, en la calle, en sus puestos de trabajo. Alud de descalificaciones y amenazas en la red, y lo mismo paseando por las ramblas o comprando en tu barrio. No se trata de hechos aislados, eso es inevitable, sino de una política de intimidación que pretende acallar a los disidentes para mantener la apariencia de unanimidad de la sociedad catalana. Esta política ha tenido relativo éxito hasta ahora.

El acoso funciona desde hace muchos años, pero ha ido incrementándose. La agresión a Navarro ha hecho que aparezca en los medios de forma abrupta. Pero lo trascendente es el miedo a expresarse libremente que sienten muchos ciudadanos

Conozco personas que han dado un paso atrás en su compromiso público con las tesis no soberanistas después de haber sufrido situaciones de acoso. Miedo físico, voluntad de preservar a la familia de un entorno agresivo e invasivo, miedo a perder el trabajo o a verse degradado, miedo a no tener contratos con la administración. Se trata de acallar a los que osan manifestar su oposición y, sobre todo, mandar un mensaje a los que dudan si dar el paso al frente: mejor mantener el silencio. Pregunten, por ejemplo, a los empresarios alemanes que osaron exponer sus reticencias al proceso y fueron calificados de nazis.

Ya he dicho que no se trata de "locos", ni de hechos puntuales. Es una estrategia política alentada desde el entorno del poder. Si Cataluña está oprimida, si el catalán está perseguido, si no hay libertades, en definitiva, si nos quieren destruir como pueblo, la conclusión para algunos es que es un deber de los "patriotas" acosar a los disidentes, marginarlos, considerarlos ciudadanos de segunda y amenazarlos diciendo que cuando se consume la independencia sabrán lo que es bueno: Expulsión y/o encarcelamiento.

Esto es lo que hace que en Cataluña la democracia esté deteriorada. La situación no puede compararse con episodios concretos de ataques a políticos en momentos de tensión por algún conflicto concreto. Aquí el acoso es alentado por el régimen. Se ocultan los casos concretos y se niega la evidencia, lo que anima a los más exaltados que reciben parabienes en su entorno. Nace porque se han creado las condiciones objetivas para que muchas personas tengan miedo, como se desprende de la encuesta realizada por El Periódico. Para que un "loco" agreda a un desconocido hacen falta muchos años lavando el cerebro de la gente, sobre todo porque son agresiones basadas exclusivamente en argumentos ideológicos (no en conflictos personales, igual de criticable, aunque más comprensible).

El acoso funciona desde hace muchos años, pero ha ido incrementándose. La agresión a Navarro ha hecho que aparezca en los medios de forma abrupta. Que un dirigente político sea insultado o incluso sufra una agresión leve, es sin duda recriminable. Pero, a mi modo de ver, no es lo más relevante. Lo trascendente es el miedo a expresarse libremente que sienten muchos ciudadanos. Afortunadamente no todos. Raimon, un referente para muchos, ha sido claro. Tambien Societat Civil Catalana ha nacido para decir a quienes discrepan que no están solos. Para animarles a dar el paso a expresarse con libertad. Para explicar las contraindicaciones de la independencia, siempre ocultas en el discurso soberanista.

En Cataluña hoy no se dan las condiciones para el ejercicio en libertad de la democracia. Y eso que el Gobierno autónomo no tiene todo el poder

En Cataluña hoy no se dan las condiciones para el ejercicio en libertad de la democracia. Y eso que el Gobierno autónomo no tiene todo el poder. Si alguna vez lo logra, lo usarán para mantenerse en él, y para reprimir a un pueblo que sufrirá en sus propias carnes las mentiras de la "independencia panacea universal que todo lo cura"... Usarán la "amenaza" de enemigos internos y externos para tratar de perpetuarse en el poder, como hacen los ayatolás, el castrismo, el chavismo y todos los regímenes autoritarios que en el mundo han sido. Un poder económico concentrado en pocas manos, con un poder judicial sometido, con los medios de comunicación bajo control, con el jefe de la oposición como máximo apoyo del gobierno (o viceversa). Panorama desolador para la libertad y los derechos individuales. De las mentiras del proceso soberanista la que pregona que se construirá un país con más libertad y democracia es de las más evidentes y fáciles de predecir, aunque nadie lo haga, otra vez por miedo.

Pero por mucho que se empeñen en mirar para otro lado, la responsabilidad principal de lo que ocurre y pueda ocurrir es de quien pretende saltarse el Estado de derecho e imponer vías de hecho incompatibles con la democracia. Sin leyes no hay democracia. Solo cuenta la ley del más fuerte. Sacralizar la unilateralidad y pretender cambiar las normas, resultado de siglos de convivencia y de leyes aprobadas por todos, deprisa y corriendo, aprovechando la crisis económica, no es una forma democrática de actuar.

Todavía no ha pasado nada irreversible. Yo aconsejo a los políticos nacionalistas que se serenen. Un proceso de ruptura como el planteado en Cataluña exige sosiego, amplias mayorías y diálogo. Yo no soy contrario a una ley de la claridad, consecuencia de una reforma constitucional. Pero no bajo chantaje. No sin igualdad de condiciones para todos los catalanes. Lo que estamos discutiendo afecta en primer lugar a los catalanes. Y mientras en Cataluña no se den las condiciones para expresarse libremente sin coacciones y sin lavados de cerebro pagados con los impuestos de todos, nada es ni legal, ni mucho menos legítimo. No podemos someternos a las intereses cortoplacistas de quienes sólo razonan en términos de interés electoral y de poder político y económico. Que no se convoque el referéndum. Que los medios de comunicación públicos sean neutrales. Que se deje de alterar el libre mercado de la comunicación con subvenciones. Que se deje de acosar a los disidentes. A partir de ahí, con una democracia de verdad, todo se puede discutir, nada es inalterable si existen las mayorías estables y suficientes para ello.

El escritor Jesús Laínz desenmaraña las patrañas en su libro «España contra Cataluña»
Las diez mentiras sobre España del independentismo catalán
Periodista Digital 6 Mayo 2014

El escritor Jesús Laínz desenmaraña en su último libro «España contra Cataluña» (Encuentro Editorial) las mentiras históricas sobre las que se asienta el nacionalismo catalán:

1).- Cataluña fue un Estado en el pasado, luego tiene el derecho a serlo en el futuro
En primer lugar, no es cierto que haber sido un Estado en el pasado legitime secesiones futuras. Todos los países de Europa, sin excepción, son el agregado de múltiples territorios que fueron reinos, principados, repúblicas, ducados, cantones, condados y señoríos. Y algunos de ellos hasta tiempos tan recientes como el siglo XIX: por ejemplo, Alemania e Italia.
Y, en segundo, los condados catalanes nunca conformaron un reino independiente, sino que pasaron en el siglo XIII de la soberanía de los reyes francos a la de la Corona de Aragón. Por el contrario, otras regiones españolas actuales (Asturias, León, Castilla) sí fueron reinos y, sin embargo, no se deduce de ello derecho alguno a la secesión.

2).- Cataluña no participó de la historia de España
La primera capital de la Hispania romana fue Tarragona. Y la primera de la Hispania visigoda, Barcelona. Durante la Edad Media, los catalanes participaron, al igual que los demás españoles, en la reconquista. Jaime I de Aragón, por ejemplo, conquistó el reino de Murcia en nombre y por cuenta de su yerno Alfonso X de Castilla.
Asimismo participaron en el proceso repoblador, pero no sólo de Valencia y Baleares, sino también de territorios castellanos como Valladolid o Sevilla. La sevillana Coria del Río, por ejemplo, fue otorgada por Alfonso X a «150 omes de Catalunna».
Y los catalanes participaron durante siglos en todos los hechos de armas de la historia de España: la conquista de Granada, la de Navarra, la de Nápoles, la de América, los Tercios de Flandes, la batalla de Lepanto, etc.

3).- Los catalanes medievales no se consideraban españoles
Todos los testimonios de aquella época demuestran lo contrario. En su «Llibre dels feits», escrito por él mismo, Jaime I explicó sobre la colaboración de los soldados catalanoaragoneses en beneficio del reino de Castilla: «Porque lo hemos hecho en primer lugar por Dios, en segundo por salvar a España, y en tercero para que tengamos el gran honor de que gracias a nosotros se haya salvado España». Y al salir en Lyon del concilio en el que se había ofrecido para ir en cruzada a Oriente, declaró: «Barones, ya podemos irnos, que hoy ha sido honrada toda España».
Y de Ramón Muntaner nos ha llegado la mejor explicación de la solidaridad política que, por encima de ambiciones y enfrentamientos, informó a todos los monarcas medievales españoles, cuando reclamó una política conjunta de todos los reyes «de España, que son una carne y una sangre».

4).- Los catalanes fueron excluidos de América
En primer lugar, todo el victimismo queda anulado de raíz pues, aun en el caso de que hubiese sido cierta la exclusión, sus destinatarios no habrían sido los catalanes, sino los súbditos de los territorios de la Corona de Aragón.
La confusión inicial nació de que los derechos sobre las tierras recién descubiertas derivaban del Tratado de Alcaçovas que puso fin a la guerra lusocastellana por el trono de Enrique IV y que otorgaba a Castilla las tierras que se descubrieran hacia el oeste. Aragón no era parte en este acuerdo, tanto por no participar en la pugna por el trono como por no tener litoral atlántico. Por lo tanto, del hecho de que sólo la Corona de Castilla tuviera derechos en el Atlántico se derivó la incorporación a ella de las tierras descubiertas por Colón.
A pesar de alguna confusión jurídica inicial y de muy corta duración, la orden dada por Isabel y Fernando en 1501 a Ovando sobre que «no haya extranjeros de nuestros reinos y señoríos» se refería a los flamencos de la corte de Felipe el Hermoso y estaba destinada a prohibir el comercio de las Indias con y desde puertos de Flandes. La realidad fue, además, que los aragoneses y los catalanes participaron desde el principio en la empresa americana, monopolizada, eso sí, desde los puertos castellanos hasta su liberalización por Carlos III. Por ejemplo, el jefe militar del segundo viaje de Colón fue el ampurdanés Pedro de Margarit al frente de doscientos soldados catalanes. El primer vicario apostólico en las nuevas tierras fue Bernardo Boil, benedictino de Montserrat. Jaime Rasqui fue uno de los conquistadores del Río de la Plata. Juan Orpí fundó Nueva Barcelona en Venezuela. Juan de Grau y Ribó, compañero de Hernán Cortés, se esposó con Xipaguazin, hija de Moctezuma. Y el leridano Gaspar de Portolá conquistó California.

5).- En 1714 Cataluña perdió su independencia al ser conquistada por España
No es cierto que Cataluña fuese un estado soberano en 1714, sino un territorio con algunas instituciones propias, como en cualquier otro lugar de la Europa del Antiguo Régimen, y parte constituyente de la Corona de Aragón, es decir, de España. No es cierto que se tratase de una guerra entre castellanos y catalanes, sino entre partidarios de dos candidatos al trono de España. No es cierto que lo que moviese a los catalanes fuera la castellanofobia, sino la francofobia. No es cierto que Felipe V suprimiera la soberanía nacional representada en las Cortes catalanas, pues eran estamentales y no representaban a soberanía nacional alguna. No es cierto que Felipe V incorporara Cataluña a Castilla, sino que uniformizó legislaciones y centralizó el gobierno, fenómeno general en toda la Europa de aquel tiempo, lo que también conllevó grandes cambios en la vieja planta castellana, detalle que no suele recordarse.
No es cierto que los catalanes fuesen austracistas y los castellanos, borbónicos: muchos de los más importantes gobernantes castellanos fueron austracistas y en Cataluña hubo comarcas enteras que se destacaron por su borbonismo. No es cierto que Cataluña fuese austracista desde el primer momento, pues las cortes catalanas juraron por rey a Felipe V en 1702, tres años antes de hacer lo propio con el Archiduque Carlos tras el desembarco angloholandés en Barcelona. No es cierto que en el famoso 11 de septiembre combatieran catalanes contra castellanos, pues hubo castellanos defendiendo Barcelona del mismo modo que el ejército de Felipe V contó con miles de voluntarios catalanes. Y no es cierto que los catalanes austracistas fueran separatistas, sino que presumieron de ser los más españoles de todos.

6).- Cataluña es otra nación por tener otra lengua
Carod Rovira y el conseller balear, Albert Moragues, en París para participar en la inauguración de Expolangues, febrero de 2010
Una lengua no equivale a una nación. Si en la ONU hay 193 naciones y en el mundo varios miles de lenguas, ¿faltan miles de naciones en la ONU o sobran miles de lenguas en el mundo? Todos los países europeos son multilingües, con la única excepción de Islandia. Y España no es precisamente el más multilingüe de todos: más variedad de lenguas hay en Francia o en Italia. Además, si una lengua es igual a una nación, ¿pertenecerían los araneses a la nación catalana? Finalmente, ¿por qué de la existencia de una lengua han de deducirse consecuencias políticas?

7).- La castellana es una lengua impuesta a los catalanes por la fuerza
La extensión del castellano sobre tierras catalanas comenzó en la Edad Media, cuando fue consolidándose como la lengua franca, la lengua en la que era más fácil entenderse dada su mayor extensión territorial, su mayor número de hablantes y su posición geográfica central. Los lingüistas lo han explicado mil veces. Un solo ejemplo: Jaime II de Aragón, siglo XIII, escribía sus cartas a los reyes musulmanes de Granada en castellano, sin que el rey de Castilla tuviese participación, influencia, autoridad ni culpa alguna en ello.

Por otro lado, el cultivo literario de la lengua castellana, que no alcanzó ninguna otra lengua española, su prestigio y su peso económico provocaron el abandono paulatino de las lenguas de alcance regional, como ha sucedido siempre en todo el mundo. Fueron los propios catalanohablantes, empezando por las elites sociales e intelectuales, los que fueron pasándose a la lengua castellana y abandonando la lengua catalana. Así lo hicieron Despuig, Martí de Viciana, Viñoles, Boscán y Timoneda en los siglos XV y XVI. Muchos catalanes incluso recomendaron el abandono de la lengua catalana, como Antonio Capmany, que la consideró «un idioma antiguo y provincial, muerto hoy para la república de las letras»; o nada menos que Aribau, que animó al gobierno español a que «generalizase en todos sus dominios una misma lengua».

Las medidas de extensión de la lengua común de la monarquía (que no es lo mismo que la extirpación de las regionales, lo que sí se hizo, por ejemplo, en la Francia republicana), tomadas desde el comienzo del siglo XVIII, palidecen en comparación con el abandono por parte de los hablantes. Así lo reconocieron todos los ideólogos nacionalistas. Cambó, por ejemplo, declaró en 1916 que «quienes más han trabajado para la destrucción de la personalidad catalana han sido los propios catalanes».

El periódico de su partido, «La Veu de Catalunya», escribió en 1910 que «el castellano no se ha impuesto por decreto en Cataluña, sino por adopción voluntaria, lenta, de nuestro pueblo, efecto del gran prestigio adquirido por la lengua castellana. Éramos libres, teníamos completa autonomía política, con Cortes más soberanas que las propuestas por las Bases de Manresa, y ya se hablaba y escribía en castellano».

8).- España ha sido tradicionalmente reaccionaria, a diferencia de Cataluña
Barcelona. Febrero de 1936. En el Teatro Olymppia, mitin de la Liga Catalana bajo la presidencia de Cambó.
Olvidando el hecho de que las primeras cortes europeas fueron las leonesas, y viniendo a tiempos más cercanos, la Cataluña del siglo XIX se caracterizó por ser una abundante fuente de pensamiento conservador y el principal reducto, junto a las provincias vasconavarras, del absolutismo y el carlismo. Cataluña fue la única región española que se alzó en armas cinco veces en defensa de los sagrados derechos del trono y el altar, además del especial entusiasmo con el que los catalanes lucharon contra la Francia revolucionaria en 1793 y la napoleónica en 1808: durante el trienio liberal (1820-23), en defensa de la Regencia de Urgell contra la Constitución de Cádiz; en 1827, la Guerra dels Agraviats o dels Malcontents, que reivindicaron el apartamiento de los ministros liberales y el restablecimiento de la Inquisición; y en 1833-40, 1846-49 y 1872-76, las tres guerras carlistas. Mientras tanto, gran parte de la España castellana se distinguía por su apoyo al liberalismo.

Por otro lado, Cataluña fue la fortaleza del proteccionismo frente al librecambismo, Prat de la Riba y otros liguistas fueron partidarios del sufragio censitario, y Cambó y la Lliga apoyaron a Primo de Rivera y a Franco.

9).- España ha sido tradicionalmente imperialista y belicista, a diferencia de Cataluña
Detalle del cuadro de Ramon Padró i Pijoan «Embarcamiento de los voluntarios catalanes en el puerto de Barcelona»
¿Habrá que olvidarse, pues, de los almogávares, que dejaron imborrable recuerdo en el Mediterráneo a golpe de espada? ¿Y de los reyes catalanoaragoneses que expulsaron a los moros de España y a continuación se dedicaron a conquistar Cerdeña, Sicilia e Italia?

En tiempos más cercanos, Cataluña fue la región española que más encarnizadamente se alzó contra la invasión napoleónica, según palabras del mariscal Berthier. Los gerundenses prefirieron morir antes que entregarse. Y la primera batalla ganada a los franceses fue la del Bruch.

Durante todo el siglo XIX; Cataluña fue la región más patriota, belicista, islamófoba, esclavista, colonialista e imperialista de España. Durante la Guerra de Marruecos de 1859-60 Cataluña se llenó de versos, canciones, zarzuelas, himnos y obras de teatro incitando a los jóvenes catalanes a alistarse para borrar la Media Luna de la faz de la tierra. Respecto a la esclavitud, de todas las ligas antiabolicionistas de España, la más activa fue la de Barcelona.

La prensa catalana, de todas las tendencias, incluida la de la extrema izquierda republicana y anticlerical, fue extraordinariamente agresiva y patriotera tanto contra los alemanes en la crisis de las Carolinas en 1885, como contra los marroquíes en la de Melilla de 1893, como contra mabises y yanquis en las guerras de Cuba y Filipinas. Cataluña fue la primera región en levantar tercios de voluntarios para todas esas guerras, como ha quedado inmortalizado en incontables versos, cuadros y periódicos de la época.

10).- La de 1936 fue una guerra entre España y Cataluña
Habrá que olvidarse, por lo tanto, de los dos principales apoyos eclesiásticos de Franco, los cardenales Gomá y Pla. Y de un Cambó que, tras medio siglo de liderazgo catalanista, puso su fortuna a disposición de Franco y organizó en París, junto con Llonc, Ventosa, Estelrich y otros huidos de la Cataluña republicana, la Oficina de Propaganda y Prensa para defender el bando franquista ante la opinión pública europea y organizar su servicio de espionaje. Cambó también fue el responsable del manifiesto que secundaron cientos de personalidades catalanas de la política, la empresa y la cultura en el que proclamaron que «como catalanes, afirmamos que nuestra tierra quiere seguir unida a los otros pueblos de España por el amor fraternal y por el sentimiento de la comunidad de destino, que nos obliga a todos a contribuir con el máximo sacrificio a la obra común de liberación de la tiranía roja y de reparación de la grandeza futura de España». Otros catalanes que se distinguieron por su apoyo a Franco fueron, entre otros muchos, Josep Pla, Eugenio d'Ors, Agustí Calvet, Federico Mompou y Salvador Dalí.

Por otro lado, Xavier de Salas, Josep Maria Fontana, Josep Vergés, Ignasi Agustí y Juan Ramón Masoliver fundaron en Burgos la influyente revista Destino, y tres de los principales dibujantes y guionistas de las revistas juveniles Pelayos y Flecha fueron Valentí Castanys, Josep Serra y Josep Maria Canellas.
Por no hablar de los miles de alcaldes, gobernadores, procuradores, diplomáticos y ministros catalanes del régimen franquista. Entre estos últimos estuvieron Joaquín Bau y Nolla, Francisco Serrat y Bonastre, Eduardo Aunós, Joaquín Planell y Riera, Pedro Gual Villalbí, etc.

Entente cordiale entre los separatismos vasco y catalán
“Hablar ahora de regiones, de pueblos diferentes, de Cataluña, de Euzkadi, es cortar con un cuchillo una masa homogénea y tajar cuerpos distintos en lo que era un compacto volumen”, José Ortega y Gasset
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com  6 Mayo 2014

No por ser algo previsible, no por una simple deducción perfectamente explicable y constituir sólo un nuevo paso hacia el enfrentamiento del nacionalismo con el Estado español; se le puede quitar importancia a una amenaza de tanta importancia y tan graves consecuencias para la nación española. Simular que no nos enteráramos o, todavía peor, seguir pensando que, si no se toman las medidas adecuadas, si se mira hacia el otro lado cada vez que el separatismo ocupa una nueva posición y dejamos de concienciamos de que, cuanto más tardemos en darles la batalla, más nos dejemos invadir por la demagogia nacionalista y más tiempo nos dediquemos a contemplarnos el ombligo; mucho más difícil, para no emplear el término “cruenta”, deberá ser la respuesta al desafío, ahora ya descarado y agresivo, que vienen planteando, cada vez con mayor virulencia y fuerza, aquellos que se han propuesto acabar con la unidad de España.

Es obvio que no van a ceder ante las tibias reacciones del ejecutivo a sus repetidas muestras de estar dispuestos a desobedecer las normas constitucionales y a ignorar las sentencias de los tribunales de Justicia; algo en lo que se vienen ejercitando desde hace años y siguen en ello, a pesar de las múltiples advertencias que se les han hecho sobre la ilegalidad de tales conductas. Las “amenazas” que, de tanto en tanto, podemos escuchar a un señor Rajoy creído de que, con unas cuantas frase grandilocuentes, ofreciendo diálogo “dentro de la ley” y prometiendo “dureza”, cuando a él le parezca que ha llegado el momento; van a convencer a unos señores a los que ya no les queda otra salida que mantener sus promesas porque, un pueblo al que se le ha auspiciado un brillante futuro siendo un estado independiente, al que se le ha dicho que se le robaba desde España y al que se le viene engañando, cada vez con más intensidad, respecto al porvenir que les espera, fuera de la UE; diciéndoles que esto no va a suceder; es obvio que ya no está en sus manos hacer marcha atrás, aunque el Estado les prometa el oro y el moro. Simplemente, porque, un 60% de los catalanes, están convencidos de lo que les han ido repitiendo durante años y, ahora, ya no aceptarían que los decepcionaran.

Sin embargo, la política dilatoria y ausente del señor Presidente, ha provocado que, el separatismo, haya decidido dar un nuevo paso adelante. La reciente reunión del señor Urkullo y el señor Mas, off de record, en el palacio de Ajuría Enea, en la que han estado dos horas y media cambiando impresiones, analizando los resultados de sus respectivas estrategias ante el Gobierno de Madrid y planeando formar un “tándem”; ha dado lugar a que, estos dos señores hayan coincidido en que, lo que intenta el Gobierno, es aplicar una política de recentralización ( otros pensaríamos que lo único que se propone es evitar que los nacionalismo sigan en su camino hacia la independencia). Hay un punto especialmente doloroso, que saben que les perjudica mucho en su camino hacia la independencia de España; no tanto por los obstáculos que se les pudiera interponer por el Congreso, que también, sino por el hecho cierto de que la legislación europea impide que países desgajados de alguna de las naciones integrantes de la UE puedan seguir formando parte de dicha comunidad, lo que los convertirá en terceros, con lo que ello supone en cuanto a las ayudas que han venido recibiendo de Europa, las subvenciones, los apoyos de TCE así como lo que representa, para la industria y el comercio catalanes, el hecho de que existan fronteras, aranceles y falta de libertad de circulación de personas.

De ahí que, los ciudadanos de Catalunya vengamos sufriendo, desde hace un tiempo, un bombardeo de opiniones de supuestas personalidades de la Economía, en la que se muestran “convencidas de que la estancia de una Catalunya libre fuera de Europa, sería muy corta”; que “Europa no podría entenderse sin Catalunya y el País Vasco” o que “es evidente que Europa debería buscar un encaje a una Escocia, Catalunya o Euskadi porque, sin ellas, no podría seguir funcionando”. Es evidente que el autobombo no les falta, como tampoco parece que quieran que se sepa que su optimismo deja mucho de ser compartido desde todas las cancillería europeas que, por activa y por pasiva, han ido diciendo que sería imposible que tales naciones de nuevo cuño, pudieran seguir siendo miembros de la UE, y que deberían solicitarlo y ponerse a la cola; siendo preciso para que, dentro de un tiempo probablemente largo, pudieran ser aceptadas, siempre previa la decisión unánime de todas las naciones integradas en ella. Un no significaría el rechazo de la petición. ¿No convendría que también informaran a los ciudadanos de esta posibilidad?.

Lo cierto es que parece que, de esta última entrevista Mas-Urkullo, se puede deducir que se han planteado un frente común lo que, hasta ahora, no existía o, al menos, el PNV se mantenía en una posición mucho más respetuosa, manteniéndose en un tono menos exigente en su postura nacionalista. Parecía querer buscar una solución por otros derroteros menos extremos. Ambos quieren avanzar en “el objetivo primario de mantener la competitividad de ambas comunidades”, algo que nos podría parecer bien. Han decidido mantener relaciones periódicas y fluidas para abordar materias de interés para ambas comunidades ¿A qué materias querrán referirse? o ¿es que piensan aunar esfuerzos para chantajear al Gobierno para que les concedan la independencia? Lo curioso es que incluyen entre los aspirantes a separarse de España a la propia Galicia, que todavía no ha dicho ni “mu” al respeto. En realidad, si consideramos que Catalunya entiende que le pertenecen Valencia y las Baleares y los vascos consideran que Navarra es suya, no hay duda de que, de seguir por este camino, resultará que de España no iba a quedar nada.

Es decir, que con tanto desgajo, una de las naciones más influyentes y la séptima economía de la CE, iba a desaparecer del mapa, sustituida por una serie de pequeños países, cada cual a su aire, enfrentados con toda seguridad los unos con los otros por cuestiones tan nimias como el reparto del agua de los ríos o la necesidad de ir buscando caminos por los que transitar por entre países “extranjeros” o encontrar salidas al mar. ¿Se pueden ustedes imaginar un maremagnum semejante? Claro que, una situación semejante, sólo se puede producir cuando las instituciones del Estado no funcionan, cuando los encargados de mantener la unidad del país no cumplen con su deber; cuando la autoridades son incapaces de mantener el orden y de actuar con firmeza cuando la situación requiere que lo hagan; aunque ello pueda no ser favorable a los intereses electorales del partido o suponga un desgaste, al que es preciso enfrentarse, si la unidad, la convivencia, la solidaridad, las finanzas, la economía, la paz social y los intereses de la mayoría de la ciudadanía lo requieren.

No estamos hablando de un tema menor, no se trata de una situación que se pueda dejar envenenar ni, tampoco, que se vaya extendiendo a otras autonomías, de forma que la incuria del Gobierno nos conduzca, una vez más, a situaciones tan extremas que acabemos con nuevos enfrentamientos de los unos con los otros; algo que se sabe como empieza pero que, a poco que se descuiden, nos puede llevar a situaciones tristemente vigentes en nuestra memoria. O así es, señores, como desde la óptica de un ciudadano de a pie vemos, con preocupación, como se nos desmadra España.

España ante el abismo
ángel hernández guardia ABC Cataluña  6 Mayo 2014

Esto es lo que el nacionalismo periférico, sea separatista, federal o confederal, simétrico o asimétrico ha puesto a debate y por tanto, en cuestión, sobre la mesa de la nación española, democrática y moderna, de ciudadanos iguales y por tanto sin privilegios por ningún tipo de origen, identidad o tradición. (España discutida y discutible)

El nacionalismo unionista, bien sea federal, confederal, socialista o liberal tiene mucha responsabilidad y culpa en esta situación por acomplejado, confuso, oportunista o simplemente por la dejación de su responsabilidad histórica ante España, por su ausencia.

A este drama al que nos han abocado también el nacionalismo unionista, en diferentes grados de responsabilidad, tanto desde la definición política de derechas o de izquierdas y la correspondiente adscripción(o desafección) ciudadana a estas ideas. Pero el grueso del debate sobre esta España discutida y discutible, se está produciendo en aquellas regiones con fuerte presencia de nacionalismo separatista y descarada dejación por parte del unionismo español, por tanto en «escandalosa» inferioridad de condiciones y medios para el debate y la formación de una conciencia ciudadana constitucionalista y critica, alejando y cansando con este asunto al resto de la ciudadanía española.

La enorme irresponsabilidad histórica de la izquierda española en este asunto es inmensa. El hundimiento del PSC actual, su proceso de degradación política así lo acredita y lo demuestra. Su inició comenzó en el mismo momento en que se impuso el «catalanismo» como idea fundamental y transversal de su política en Cataluña, como imprescindible si se quería alcanzar el gobierno algún día, abandonando el carácter y fundamento de un partido socialdemócrata que es incompatible con el nacionalismo separatista. Todo ello con el silencio aquiescente del PSOE federal (que no nacional).

Un ejemplo nos lo dio Rubio Llorente ex presidente del TC en un artículo del 23 de Abril titulado «El caminante ante el abismo» en el que nos plantea desde sus posiciones de nacionalismo unionista federalista y que trata de confundirnos al atribuir la unidad de España y por tanto la nación española a 400 años de antigüedad; por otro lado, concede al nacionalismo separatista y al federalismo unionista, la pretensión de perseguir de forma excluyente «un proyecto sugestivo de vida en común», como si ese objetivo no fuese una realidad nacional desde la proclamación de la constitución de 1812 «La Pepa» hace ya más de 200 años.

En ese momento la soberanía española se alejó soberanamente de los parlamentos medievales de Londres o de Edimburgo y se acercó a los de Francia, EE.UU., Méjico o Canadá. El unionismo y el federalismo de esos parlamentos son escasos en España, con especial significación en los partidos nacionales.

Es España la que esta ante el abismo, no es el futuro de Cataluña, es el futuro de todos.

Ángel Hernández Guardia es presidente del Movimient Cívic 12-O.


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