AGLI Recortes de Prensa   Sábado 10  Mayo  2014

El mayor nido de despilfarro y corrupción
EDITORIAL Libertad Digital 10 Mayo 2014

Por mucho que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, insista en el mantra de la austeridad, los datos son tozudos. España sigue contando con un sector público sobredimensionado, cuyo costoso mantenimiento se traduce, de una u otra forma, en destrucción de riqueza y empleo debido a la confiscatoria fiscalidad que soportan familias y empresas. El gasto público se sitúa en niveles récord, el déficit se mantiene en el 7% del PIB y la deuda avanza sin freno hacia el peligroso umbral del 100%. El Gobierno se escuda en que el desplome de la prima de riesgo está permitiendo un importante ahorro de intereses al conjunto de los españoles, pero olvida que los costes financieros no han dejado de aumentar durante la crisis debido al creciente volumen de deuda pública que acumula el país. Pero, si hay un dato que escenifica a la perfección la ausencia de ajustes en esta materia, éste es, sin duda, el ingente tamaño de la Administración paralela.

Gobierno central, comunidades autónomas, ayuntamientos y diputaciones manejan más de 20.000 entes públicos, entre sociedades mercantiles, consorcios y fundaciones, cuyas cuentas, además, se caracterizan por la opacidad y el descontrol. Esta Administración paralela constituye el exponente más claro de que el despilfarro público sigue campando a sus anchas a pesar de la crisis, además de propiciar un entorno idóneo para que prenda y prospere la corrupción política hasta límites insospechados. No en vano, los auditores alertan de que, si bien la supervisión de dichos entes suele ser elevada a nivel de Estado, ésta brilla por su ausencia en las comunidades autónomas y es prácticamente inexistente a nivel local, de modo que su gestión escapa al control externo de los órganos de fiscalización pública, cuya eficacia, por otra parte, es ciertamente limitada e insuficiente.

Una de los muchos compromisos que adoptó el PP cuando llegó al poder fue, precisamente, reducir de forma drástica el tamaño del sector empresarial público, mediante la eliminación y fusión de entes inservibles y absurdos, con el consiguiente ahorro para el sufrido bolsillo del contribuyente. Sin embargo, atravesado ya el ecuador de la legislatura, el citado ajuste ni está ni se le espera. Prueba de ello es que el número de empresas, consorcios y fundaciones en manos de las comunidades autónomas ronda las 2.000 unidades, un nivel próximo al que existía en 2007, en plena burbuja económica y crediticia, a pesar del tímido recorte aplicado en los últimos años. Y ello, sin contar que los ayuntamientos han logrado mantener en pie la mayoría de sus entes gracias a la connivencia y complicidad de la Administración Central.

El hecho de que todavía existan más de 20.000 entes paralelos, a pesar de la grave crisis presupuestaria que sufre el país, evidencia, por un lado, la insostenible burbuja en la que se ha instalado el sector público valiéndose del esfuerzo y el sacrificio fiscal de familias y empresas, y, por otro, el rechazo frontal de la clase política a prescindir de una estructura que tiene como principal fin el enchufismo, el despilfarro y la corrupción, como bien demuestran los abundantes escándalos que han surgido a la sombra de dicha Administración en los últimos años. En España no hay voluntad política para acabar, de una vez por todas, con el ingente derroche que representan las sociedades, consorcios y fundaciones del sector público. España debe reducir el gasto público y redimensionar la estructura estatal para mejorar su eficiencia y acabar con el déficit, pero esta fundamental tarea debería empezar con la eliminación completa de los miles de entes inservibles que parasitan España.

La lengua viva
El irresuelto problema de las lenguas en España
Amando de Miguel Libertad Digital 10 Mayo 2014

Como en el resto de casi toda Europa, el conjunto de los españoles presenta el hecho de que se hablan varias lenguas. Hay una sola común, que comprenden casi todos los españoles y los residentes en España: el castellano o español. Por tanto, debería ser la lengua obligada en los avisos y documentos públicos, en la enseñanza obligatoria. Cualquier otra opción resulta discriminatoria, confusa y poco práctica. Es claro que este deseo mío (y de mucha otra gente) no se ha cumplido y cada vez menos. En cuyo caso se comprenderá lo alienado que me siento (y conmigo muchos más).

Junto al español están otros idiomas: los regionales y los familiares de muchos grupos de inmigrantes (árabe, rumano, chino, etc.). De contar con medios, sería del mayor interés que se cultivaran en todos los grados de la enseñanza, siempre con carácter optativo. Ese principio de sentido común tampoco se traduce en la realidad.

Por encima de ese mosaico planea la lingua franca (la de intercambio) que es el inglés más o menos macarrónico. Para casi todos los residentes en España (autóctonos o extranjeros), su conocimiento básico debería ser obligatorio en todos los grados de la enseñanza. Por lo mismo, ese conocimiento debería ser un requisito obligatorio para ser funcionario público de cierta calificación. La exigencia debería ser mayor para las personas que están al frente de un mostrador de información de cualquier servicio público. De igual forma tendría que ser una exigencia para los puestos de representación política. No es mucho pedir.

España es el principal país turístico del mundo en términos por habitante y para los que tienen una cierta extensión. Ese hecho nos obliga a tener que redactar la cartelería oficial (avisos, señales de tráfico, etc.) en varios idiomas, por lo menos en español e inglés.

¿Por qué los castellanoparlantes somos tan reacios a aprender otras lenguas? No es una cuestión de inteligencia o de aplicación. Simplemente la fonética del español es muy clara, tanto como la del vascuence. La consecuencia es que todos los demás idiomas cercanos nos resultan de pronunciación difícil y de arduo entendimiento. Es una razón de más para insistir en el aprendizaje de otras lenguas a través de los centros públicos de enseñanza. No es necesario que se den subvenciones oficiales a los sindicatos y patronales con objeto de llevar a cabo esa misión.

Los estudiantes universitarios deberían estar capacitados para seguir las explicaciones de un profesor o conferenciante que impartiera su lección en inglés. Ese pequeño requisito sería el mejor indicador de calidad de un centro universitario. Significaría la posibilidad de un fructífero intercambio de profesores con el resto del mundo.

No conozco ningún partido político en España que comparta el deber ser contenido en los párrafos anteriores. Eso indica lo raro que soy o lo extravagante que es mi país.
Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

La unidad de mercado, en mano de las autonomías
Editorial El Mundo 10 Mayo 2014

EL MINISTRO de Economía, Luis de Guindos, constató ayer «avances y carencias» en la marcha de la unidad de mercado en España, al presentar el segundo informe sobre la implantación de esa ley. Por eso, para apuntalar un proceso fundamental para la competitividad empresarial y eliminar trabas al crecimiento económico, anunció que todas las leyes que apruebe el Gobierno a partir de ahora deberán pasar un test de unidad de mercado, que correrá a cargo de los ministerios de Hacienda y de Economía.

Se trata de una buena iniciativa, pero como el propio De Guindos reconoció, en España hay un entramado de normas de una «complejidad enorme», cuya eliminación requiere la «buena voluntad» de las comunidades autonómas. Y ése es el Talón de Aquiles de cualquier regulación sobre la unidad de mercado en nuestro país. A pesar de que los gobiernos autonómicos saben que la jungla de normas es una traba muy importante para el desarrollo empresarial, se resisten a perder competencias.

Por eso, el Gobierno central debería regular que ese test de unidad de mercado fuera necesario también para las leyes autonómicas y municipales. Y obligar a cambiar la normativa que impidiera la consecución de un mercado único dentro del territorio nacional.

Las consecuencias de las elecciones europeas
Luis del Pino Libertad Digital 10 Mayo 2014

El próximo 25 de mayo se celebrarán, como Vds. saben, elecciones al Parlamento Europeo. Y según la encuesta del CIS publicada a esta semana, no llegan al 50% los españoles que tienen decidido si ir a votar o no. Y, de ellos, menos de la mitad tienen decidido a quién entregar su voto.

Cuando uno está dudando si ir a votar o por quién decantarse, puede resultar útil analizar cuáles van a ser las consecuencias de las elecciones. ¿Cuál va a ser la lectura de los resultados que se realice el próximo 26 de mayo?

Aunque las elecciones sean de ámbito europeo, las elecciones van a tener, principalmente, unas consecuencias en clave nacional. Analicemos los distintos casos posibles:

CASO 1: PP y PSOE suman más del 60% de los votos, con un empate técnico entre ellos
Este sería el mejor resultado para el actual sistema bipartidista. Ese resultado significaría, por la derecha, que el electorado del PP no pasa factura a Rajoy por los incumplimientos de las medidas ideológicas de su programa; y significaría, por la izquierda, que el electorado del PSOE no pasa factura a Rubalcaba por su oposición de guante blanco. Significaría también, en conjunto, que PP y PSOE habrían conseguido que el actual estado autonómico sobreviviera a la crisis.

En consecuencia, tras ese refrendo electoral, Rajoy tendría las manos libres para seguir centrándose en el terreno económico durante el resto de la legislatura, dejando que los asuntos ideológicos (negociación con ETA o aborto, por ejemplo) sigan el rumbo iniciado durante la etapa Zapatero. Rubalcaba, por su parte, tendría las manos libres para seguir apoyando las reformas que Rajoy impulse por orden de Bruselas. Y el tándem PP-PSOE tendría las manos libres en dos campos fundamentales: en el campo económico, para mantener las medidas de ajuste, con el fin de que los ciudadanos paguen la factura de la crisis; y en el campo territorial, para negociar con Artur Mas su renuncia al referéndum, a cambio de reformar el Título VIII de la Constitución en sentido confederal.

CASO 2: PP y PSOE suman más del 60% de los votos, pero con uno de ellos claramente destacado
En este segundo caso, el actual sistema bipartidista conseguiría sobrevivir a la crisis y las distintas hojas de ruta ideológicas y territoriales seguirían igualmente su curso, pero se vivirían momentos turbulentos en el seno de uno de los dos partidos mayoritarios.

Si fuera el PP el que perdiera claramente, la imagen que se transmitiría es que los electores populares han pasado factura a Rajoy por sus incumplimientos ideológicos, lo que aumentaría la presión interna dentro del partido para que el PP hiciera gestos dirigidos a contentar a sus electores, antes de las siguientes elecciones autonómicas y municipales. Puesto que Rajoy sigue controlando el Boletín Oficial del Estado, y dado que no existe ningún sector organizado de oposición interna dentro del PP, probablemente no llegaría la sangre al río, pero si el PP no comienza a tratar de contentar a sus electores, el ascenso de las fuerzas alternativas (Vox o Ciudadanos, por ejemplo), sería imparable de cara a las generales.

Si fuera el PSOE el que saliera claramente derrotado, la situación sería más complicada, porque en el PSOE sí existen varios sectores dispuestos a lanzarse sobre el cadáver político de Rubalcaba el mismo día 26. Dado el control de los medios de comunicación por parte del PP y el PSOE, probablemente se pondría en marcha un proceso de relevo controlado, para sustituir a Rubalcaba por alguien que cuente con el beneplácito de Bruselas (por ejemplo, Almunia). Y se utilizarían los dosieres necesarios para desactivar a los sectores del PSOE que trataran de obstaculizar la operación.

CASO 3: PP y PSOE no logran sumar el 60% de los votos
Independientemente de quién gane, si PP y PSOE suman más del 60% de los votos, el sistema bipartidista se consolidaría, y los dos partidos mayoritarios siempre podrían recurrir a formar, después de las próximas elecciones generales, un gobierno de coalición izquierda-derecha (como los que hay en Italia, Grecia o Alemania).

Pero si PP y PSOE bajaran mucho de ese 60% de voto, el sistema bipartidista entraría en crisis. Una bajada tan drástica de los dos partidos mayoritarios sería interpretada como una enmienda a la totalidad por parte de los electores, que obligaría a reorientar la acción de gobierno y la actitud de la clase política.

PP y PSOE se verían obligados a reducir la presión sobre sus respectivos electorados, para recuperar el control antes de las siguientes elecciones generales. En el PP, eso llevaría a hacer gestos ideológicos que contentarán a sus electores más defraudados. En el PSOE, eso requeriría gestos dirigidos a aliviar la presión económica sobre la ciudadanía más golpeada por la crisis; y, como el déficit sigue desbocado, la única solución sería lo que ha hecho el gobierno de Renzi en Italia: recortar gasto drásticamente en las administraciones, con el fin de poder bajar impuestos o poder aumentar las prestaciones sociales.

Esa será, más o menos, la evolución de los acontecimientos a partir del próximo día 25 de mayo, dependiendo de cómo queden los resultados.

Teniendo eso en cuenta, decidan ustedes mismos si quieren votar o por quién quieren hacerlo. Eso sí, tengan presente que ni la abstención, ni el voto nulo, sirven para nada.

¿La UE y los políticos españoles contra España?
Pío Moa www.gaceta.es  10 Mayo 2014

Blog II: Tres generaciones españolas www.piomoa.es
*** Próximo domingo en "Cita con la Historia", Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde: Franco y Hitler

España está dentro de la UE y de la OTAN. Pero, ¿cómo está? Es el único país europeo que soporta una colonia en su territorio por parte de una potencia supuestamente amiga, asimismo integrada en la UE y la OTAN. Este solo hecho ya define a España como un país de tercera, como un país lacayo. Se da la circunstancia, además, que la colonia de Gibraltar está en el centro del eje estratégico fundamental para España, de Baleares-Estrecho-Canarias. Es decir, un punto clave para nosotros se halla en manos de una potencia extranjera con intereses distintos y a veces opuestos a los nuestros, como demuestra su empecinamiento en no soltar la presa, a pesar de las resoluciones de la ONU. La OTAN, en cambio, no protege a Ceuta y Melilla, dos ciudades españolas sujetas a una permanente amenaza de Marruecos. Por otra parte, los políticos que hacen de España un país lacayo son los mismos que han convertido a la colonia en un emporio económico para ingleses y llanitos. No se entenderán los problemas de nuestro país sin prestar atención a la hispanofobia de sus dirigentes, manifiesta en este hecho, como en el de que apoyen y financien los separatismos o entreguen la soberanía española a la burocracia de la UE, como si se tratase de una finca de su propiedad.

La retórica de todos los partidos, casi sin excepción, es una beata e ignorante euromanía: presentan a la UE como "Europa", olvidan la trayectoria cada vez más burocrática y antidemocrática de los organismos dirigentes de la UE, olvidan que España conviene a la UE y la OTAN por multitud de razones, mientras que las nuestras para estar ahí son muy pocas. Ni siquiera económicas: España creció mucho más rápida, sana y sostenidamente fuera de la CEE-UE que dentro, donde el crecimiento se ha producido a saltos, con grandes altibajos yuna enorme tasa de paro. Esos políticos nos han metido en el euro prometiéndonos una prosperidad estable y asegurada, y nos han conducido a la peor crisis desde la II Guerra Mundial, sin que, al parecer, haya responsables. En España no hay responsabilidad para los políticos.

Desde luego, ningún partido de los que se presentan a las elecciones de la UE plantea estos problemas. Todos o casi todos sueltan una opaca y vacua palabrería de "democracia", "economía", "derechos" y similares, promesas vacuas y sin consecuencias prácticas, de las que está completamente ausente cualquier referencia a los intereses reales de España. Todo esto viene de la oligarquía corrupta e hispanófoba PP-PSOE, de cuya influencia no acaban de librarse los partidos menores que están surgiendo y no acaban de marcar alternativas claras ni de emplear el lenguaje correspondiente. Teniendo en cuenta lo que hay, propongo el voto para VOX, Impulso Social y Ciudadanos, como forma de debilitar a la oligarquía, más que por sí mismos.

La estrategia ‘Vogue’ y la herencia recibida
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 10 Mayo 2014

Tendrían razón los socialistas al reprochar a los dirigentes populares el recurso de parapetarse en la “herencia recibida” de Zapatero –los resultados de su mala gestión– si no fuesen ellos mismos los que cíclicamente actualizasen las inconsistencias, banalidades y errores del expresidente del Gobierno. Pedro Solbes –oportunista o no– lo hizo el año pasado en su polémico libro Recuerdos. En sus páginas, Zapatero quedaba malparado en la gestión de la crisis económica, chapucera y precipitada. Pero ahora ha salido a la palestra César Antonio Molina, ministro que fue de Cultura entre 2007 y 2009, con un ensayo titulado La caza de los intelectuales.

Al hilo de este texto, el exministro, que es un hombre considerado solvente en el ámbito cultural, ha revelado que Zapatero le pidió su dimisión por “tres cosas”. La primera, cuenta, “porque yo era muy austero”, la segunda, porque “necesitaba una chica joven” y la tercera porque necesitaba también “glamour”. A César Antonio Molina se le cayó el “mundo”, pero los que no estábamos en esas profundidades ya habíamos interiorizado en 2009, cuando el expresidente cesó a Molina y le sustituyó por Ángeles González-Sinde, que la nadería intelectual, ideológica y, sobre todo, cultural y formativa del llamado Maquiavelo de León, se habían adueñado de la Moncloa.

En el progresismo buenista de Zapatero hubo siempre una fuerte impregnación de estética impostura. Se demostró palmariamente cuando las ocho ministras de su primer Gobierno aparecieron en el número de septiembre de 2004 de la revista femenina Vogue con atuendos y gesticulación en muchos casos excéntricos y, sobre todo, incoherentes. Aquella instantánea fue un grave error político pero sirvió a muchos para acreditar que algunos temores era ciertos: la agitación y propaganda feminista del entonces presidente del Gobierno no era el resultado de una profunda convicción sino que respondía a su propia concepción de la política como un escaparate de banalidades sugestivas. Era un feminismo de marketing y por lo tanto dudosamente convencido.

En el progresismo buenista de Zapatero hubo siempre una fuerte impregnación de estética impostura. Se demostró palmariamente cuando las ocho ministras de su primer Gobierno aparecieron en el número de septiembre de 2004 de la revista femenina 'Vogue' con atuendos y gesticulación en muchos casos excéntricos y, sobre todo, incoherentes

No estaríamos dando vueltas ahora a aquel episodio –como no hubiésemos recordado la pésima gestión económica de Zapatero sin el libro de Solbes– si uno de sus ministros, César Antonio Molina, no nos lo hubiese recordado en 2014, a las puertas de las elecciones europeas, mientras Elena Valenciano reivindica las conquistas de las mujeres durante la época de Zapatero. Aquella estrategia de Vogue, aunque errada, pareció informar de continuo al expresidente, porque a Molina le destituyó en 2009, es decir, nada menos que cinco años después de la célebre foto coral de las ministras glamourosas.

El PSOE no levanta cabeza
Las diecisiete mujeres que ocuparon puestos ministeriales con Zapatero se mantienen, de momento en el caso de alguna, en un segundo plano (varias, buenas y reconocidas profesionales, como Corredor o Garmendia, Chacón, Jiménez, Delgado o Cabrera), sin actividad pública y sin presencia en el partido, aunque han vuelto a la actualidad también por la fuerza tractora de la imputación a Magdalena Álvarez, actual vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, en el procedimiento de los ERE fraudulentos en Andalucía.

Tenemos, pues, sobre la mesa de la más rabiosa actualidad la herencia recibida: la del feminismo calculador de Zapatero relatado por su exministro de Cultura; la de su gestión económica caótica, contada por su vicepresidente y ministro de Hacienda y la de los episodios de corrupción que van de los ERE y el fraude de los fondos de formación en Andalucía y llegan a los sobrecostes en la infraestructura del AVE. No es que falte corrupción en la otra bancada, en la popular, pero es inevitable que sean los conservadores los que –Bárcenas y Gürtel también de por medio– no se priven del flashback discursivo poniendo el foco sobre cómo recibieron, desencuadernado y en bancarrota, el país y de qué manera lo están tratando de recomponer, lo consigan o no.

Necesitar –es el verbo que emplea Molina– una “chica joven” y con “glamour” para dirigir un ministerio, resulta tan decepcionante que llega a ser hiriente, de ahí la agresiva reacción de una las ministras de Zapatero –la tertuliana María Antonia Trujillo– que ha sugerido el pirateo en la red del libro de César Antonio Molina, después de que a Solbes también lo aisló el PSOE como a un apestado, después de publicar su libro Recuerdos.

Está también vivo el recuerdo de cómo, y a propósito de la cuestión catalana, Zapatero, con Maragall primero y con Montilla después, se conformaron tripartitos con ERC e ICV de los que Cataluña padece sus consecuenciasConviene sacar estas estrategias a colación porque hicieron un enorme daño civil a la sociedad y la política españolas. Zapatero se movía a impulsos de imagen, de halagos progresistas, de banalidades verbales (¡qué frases acuñó!) y de inconsistencias decisorias. Y conviene hacerlo porque la muesca en la trayectoria de España no se ha recuperado de aquellos años del zapaterismo. Por eso tampoco se recupera el PSOE (véanse los barómetros del CIS del martes y jueves pasados, en los que el socialismo no levanta cabeza ni en las europeas del 25-M ni en las próximas generales). El recuerdo de todas aquellas labilidades políticas sigue en carne viva en la conciencia colectiva de millones de españoles.

Está también vivo el recuerdo de cómo, y a propósito de la cuestión catalana, con Zapatero, con Maragall primero y con Montilla después, se conformaron tripartitos con ERC e ICV de los que Cataluña padece sus consecuencias y de los que arrancan un Estatuto que aglutinó todos los errores políticos y de técnica legislativa posibles, extrajo de un PP, al que se aisló, lo peor de sus mañas opositoras y desembocó en un planteamiento secesionista que, además de comprometer las posibilidades electorales del PSC en Cataluña, hace lo propio con las del PSOE en el conjunto de España.

Se puede, por lo tanto, con razonabilidad, seguir hablando de la herencia recibida que parte, al menos metafóricamente, de la estrategia Vogue de septiembre de 2004 y que en 2014 reactualizan los propios socialistas, exministros de Zapatero como Solbes, Molina o Álvarez por muy distintos motivos. Y aunque en todas partes cuecen habas (muchas en el PP), en algunos lares lo hacen a calderadas (PSOE).

DETENCIÓN DE ARTUR MAS
Así manipula la prensa nacionalista
Juan E. Pflüger www.gaceta.es 10 Mayo 2014

Un medio catalán no dudó en cambiar las declaraciones de un portavoz de la Policía para asegurar que estaban preparados para detener al presidente catalán.
El presidente regional catalán, Artur Mas. / EFE

El pasado 28 de abril el secretario de comunicación de la Unión Federal de Policía (UFP), Serafín Giraldo, concedió una entrevista a la web “Las voces del pueblo” en la que la última pregunta consistía en plantear la hipótesis de qué pasaría si la Policía Nacional tuviera que detener al presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas. La respuesta, como no podía ser otra, fue que “estamos preparados para recibir órdenes dentro de la legalidad” y añadía que “estamos para servir al orden público y a las leyes (…) y obedecer y hacer cumplir los mandatos judiciales”.

Una respuesta que se ceñía a la legalidad establecida y que no afirmaba en absoluto que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado estuvieran preparándose para detener al presidente autonómico catalán.

Sin embargo, unos días después, un medio de comunicación caracterizado por su intención de generar polémica como es e-noticies, forzó y manipuló las declaraciones del portavoz sindical del Cuerpo Nacional de Policía y tituló “Policías dicen estar preparados para detener a Mas”. Una afirmación que se encuentra lejos de cualquier a de las que mantuvo Giraldo. La consecuencia fue que en una rueda de prensa en la que comparecía el consejero de Presidencia catalán, Francesc Homs, le preguntaron al respecto.

El político catalán no dudó en afirmar que “hay cosas con las que nosotros no perdemos el tiempo (…) no nos hace falta hurgar en cosas que, además, nos parecen absurdas, fuera de lugar y planteadas así, absolutamente ilegales”.

GACETA.ES se ha puesto en contacto con Giraldo quien ha explicado que “el titular del diario digital catalán está fuera de la realidad de mis declaraciones”. Del mismo modo ha señalado que no entiende cómo se puede forzar hasta ese extremo y que el propósito solamente puede ser el de generar polémica.

Al respecto, el portavoz sindical, que es además inspector del Cuerpo Nacional de Policía y profesor, ha enviado una nota aclaratoria en la que explica cómo se han desarrollado los hechos desde que él contesta a una pregunta al final de una entrevista, hasta que esta se convierte en materia de cuestión en una rueda de prensa oficial, pero con su sentido totalmente cambiado.

Como se puede comprobar en los enlaces que se realizan desde esta página web a los dos videos aludidos, el miembro del Cuerpo Nacional de Policía jamás insinuó la posibilidad de detener a Artur Mas.

Hecha la Ley, hecha la trampa.
Vicente A. C. M Periodista Digital 10 Mayo 2014

Y quien mejor aplica ese dicho popular es la casta política en todas las Instituciones en las que usan y abusan de su poder para conseguir sus fines. Si hay algo que se ha destacado en las conclusiones de la II Jornada de Auditoría del Sector Público ha sido el déficit de control efectivo sobre el gasto a nivel autonómico y local. Nada nuevo si consideramos que son los mismos órganos de gobierno de las CCAA y Ayuntamientos los que han dispuesto los medios "legales" para favorecer el descontrol total. La Junta de Andalucía y los tremendos fraudes dectectados en los temas de los falsos ERE's y de los cursos de formación, son solo un ejemplo vergonzoso que descubre parcialmente la punta de un inmenso iceberg de corrupción institucionalizada.

Bien es verdad que haber detentado el poder absoluto durante décadas en un gobierno monocolor, favorece ciertos comportamientos delictivos en su concepto pero amparados siempre por normas y leyes realizadas exprofeso para facilitar el trasiego de fondos públicos sin control. De hecho, aunque la Ley contemple severas reglas de vigilancia, se puede esquivar con toda naturalidad mediante el conocido proceso del "troceo". Como bien saben, ese troceo de la tarta consiste en dividir una determinada cantidad,normalmente elevada, en diferentes porciones que individualmente requieren un leve o ningún seguimiento administrativo.

Un trabajo de pongamos 10 millones de euros en total, se puede dividir en sus partes constituyentes como estudios y diseño, materiales en diferentes grupos, permisos y certificaciones, mano de obra,ejecución por hitos determinados, etc., adjudicándoles a cada una de ellas un valor por debajo del límite establecido para su riguroso control. De 10 millones se ha pasado a n partes de 50.000 euros, por ejemplo. Lo que puede resultar con tanto troceo y descontrol es que al final la suma de las partes sea superior al todo y en esa parte adicional es donde se esconde el fraude y la malversación en comisiones ilegales.

En España hay cerca de 20.000 entidades públicas de tipo mercantil, que sobre todo en el nivel local de Ayuntamientos y a nivel de mancomunidades,organismos autónomos etc., quedan totalmente sin control,aunque manejen cantidades ingentes de fondos públicos. Esto es lo que se ha venido en llamar "Administración paralela" refugio de miles de colocados por los partidos políticos que pagan así lealtades y servicios prestados. Un agujero sin fondo al que el tribunal de Cuentas no puede acceder y que nadie vigila en la gestión de las generosas subvenciones o dotaciones de fondos públicos.

Así que más vale que la Ley de Transparencia contemple la obligación de justificar cada euro que se otorga a sociedades, fundaciones o entes no pertenecientes al núcleo de la Administración,pero que forman un apéndice fundamental de la misma a la hora de recepcionar los fondos públicos. Hemos de poner los medios necesarios para que deje de sentirse esa impunidad al saberse sin vigilancia y sin la necesidad de justificar cuentas. Son inadmisibles las sociedades tipo SGAE donde el Estado permite que actúe como una agencia tributaria pero con total autonomía para recaudar y distribuir lo recaudado a su propia conveniencia.

Es evidente que los delincuentes conocen perfectamente los agujeros de la Ley para poder realizar sus fechorías. Es el deber de los gobernantes tapar esos agujeros y hacerles sentir inseguros al ver a los auditores llamando a sus puertas.

La desventura de la libertad
La historia trágica del liberalismo español
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Mayo 2014

"Sólo quedan memorias funerales donde erraron ya sombras de alto ejemplo"
Rodrigo Caro

La desventura de la libertad es uno de los libros más emocionantes y desoladores que cabe leer sobre la historia de España y acaso el más triste, por documentado, de los que relatan el fracaso del primer liberalismo español, el que con la Constitución de Cádiz como símbolo de su gloria y de su ruina, nace y muere entre la Guerra de la Independencia y el fin del Trienio Constitucional. En sólo quince años, de 1808 a 1823, la nación española se construye y se destruye como sujeto político. Y en tan breve lapso de tiempo siembra para varias generaciones la acerba cosecha de la guerra civil. No es que Francia, por poner el ejemplo más socorrido de aventuras políticas, haya padecido menos ferocidad en sus enfrentamientos civiles. Al contrario: las guerras de religión y el Terror revolucionario de 1789 superan en mucho la cosecha sangrienta de las guerras civiles –siempre las más feroces de todas- de cualquier país europeo. Sin embargo, en Francia han sabido presumir hasta de sus crímenes y en España no nos enorgullecemos ni de nuestros héroes.

Por una de esas paradojas de la historia que tanto gustan al autor, en la misma semana en que Pedro J. Ramírez publicaba este libro formidable, dos políticos de origen catalán, Manuel Valls y Artur Mas, mostraban la diferencia entre los dos Estados nacionales más antiguos y poderosos de Europa, vecinos y rivales durante largos siglos: la nación del Norte diríase que abocada a la prosperidad y una intermitente primacía europea: la nación del Sur, llamada a consumirse en querellas internas, ajena a su potencial y olvidada de sus glorias. Valls, recién nombrado presidente del Gobierno francés, presumía de los valores de una República que, como la de los USA, permite que un pobre inmigrante español, la viva como propia. Mas, presidente de un gobierno regional, anunciando en la radio francesa que este mismo año declarará la independencia de Cataluña, que supondrá la destrucción de la monarquía parlamentaria y del actual Estado Español. Hoy serían los liberales españoles y no los absolutistas los que aplaudirían que la Francia de Valls nos enviara otros Cien Mil Hijos de San Luis para acabar con este régimen corrompido que nos lleva a la disolución nacional.

La redacción de este libro, que, para mantenerse fiel a las frases debidamente documentadas, ha debido recurrir a las artes de la marquetería, arranca del milagroso hallazgo de los documentos y memorias originales del último Presidente del Gobierno –aunque entonces no se llamara así- del trienio Constitucional, los cinco meses en que José María Calatrava asumió la responsabilidad, que no el Poder, de la máxima representación nacional. El Poder, para desdicha suya y nuestra, estaba repartido entre el Rey más inteligente y más vil que haya padecido nunca España, del que dependía el Gobierno Calatrava, y las Cortes ante las que debía responder y con las que el Rey Felón compartía soberanía. Eso, en lo civil. En lo militar, tenía que repartir sus inquietudes entre los Cien Mil Hijos de San Luis, avanzadilla militar de la Santa Alianza (Austria, Rusia, Prusia y Francia) que entraban en España siendo aclamados por los mismos que sólo quince años antes los degollaban y los militares españoles que debían hacerles frente y que, casi sin excepción, se rindieron sin combatir al paso del atónito ejército francés.

La desventura de la libertad es, amén de la crónica de un desastre militar y político, el relato minucioso de la tragedia personal de un estadista sin Estado, de un político sin partido, de un liberal entre absolutistas y de un gobernante que en esos cinco meses de Gobierno es consciente de que su convicción moral de cumplir la Constitución y ser, por tanto, leal al Rey acarrea fatalmente la ruina de la causa de la Libertad. Las pocas veces en que, por el empeño del rey en sabotear al Gobierno, Calatrava y las Cortes se saltan la Constitución es en los tres días en que se constituye la Regencia y declara al Rey temporalmente loco para poder llevarlo a Cádiz, o cuando se salta alguna línea para firmar la capitulación a cámara lenta del régimen. Entre tanto, vemos cómo los liberales, divididos entre masones clásicos y Comuneros o masones castizos, maniatan al Gobierno de los que, como Calatrava, fundaron la Sociedad Constitucional (llamada del Anillo de Oro) para mediar entre esos dos partidos, sin alcanzar más que el Gobierno, pero sin rozar nunca el Poder que moderados y exaltados se disputan sin piedad.

La historia de Calatrava –y de su Gobierno- podría llamarse también La tragedia de un legalista, porque todo el empeño en mantener un orden legal –esto es, constitucional- se estrella una y otra vez contra los que, con el Rey al frente, ya habían liquidado la Constitución del 12, traicionando a la parte ilustrada y heroica de la nación que, con la idea liberal, defendió a España frente a Napoleón. Y que apoyado en la otra parte de la nación, no más heroica aunque sin duda más numerosa, no ofrecía otra alternativa que volver al absolutismo más cerril. La tragedia de nuestros primeros liberales es que fueron muchos, con proyectos diversos en los que competían tanto las diferencias ideológicas como la ambición de poder, mientras enfrente sólo tuvieron a un líder y con una sola idea: Fernando VII y el absolutismo. Añádase que a la ruptura de la unión nacional frente al invasor francés de 1808-1812 (votada la Constitución, los realistas se sienten en otro bando), se unía el cambio en las circunstancias internacionales –como muestran en el libro las minuciosas y magníficas descripciones de la corte francesa y de la británica- que favorecían en todo a los absolutistas.

Acaso un estadista inteligente y astuto como Cánovas medio siglo después hubiera triunfado donde fracasó Calatrava. Acaso un militar como Espartero, O´Donnell o Prim décadas más tarde hubiera podido remediar con su liderazgo indiscutido lo que en el atolondrado Riego no pasó de caudillismo de facción y carne de afrentoso patíbulo. Nunca lo sabremos. Lo indiscutible es que una gente que creía en la Ley fue derrotada por sus errores y por los aciertos del enemigo, que contaba con el apoyo inalterable de la Iglesia, con parte sustancial del pueblo y con una feroz determinación a exterminar a esa España que, por llamarse liberal, no reconocía como tal.

Hay momentos literarios magníficos en el libro, siempre dentro del género espeluznante, como el del suicidio del ministro de la guerra Sánchez Salvador; el de la captura y ejecución de Riego; o el del zapatero español de Somer Town, que así acabó ganándose la vida honradamente Calatrava mientras, en la aterida pobreza del exilio, defendía fieramente su legado de los ataques de sus ya achacosos enemigos de "El Zurriago". Pero cada lector, según su generación y su relación con las ideas liberales, encontrará capítulos, pasajes o episodios más emotivos que otros. Desde el autogolpe real del 7 de Julio, que es como un reflejo invertido del 23F, hasta el modo en que personalidades tan distintas afrontan un destino común. Diríase que como las infinitas formas de vivir afrontan el común destino de la muerte.

Dejo al lector de La desventura de la libertad el placer de elucidar la parte que le resulte más interesante. A mí me lo parecen todas. Del autor, qué voy a decir. Lo que no parezca incienso será injusto. Lo excesivo será escaso. Sí sé que escribir un libro así bien vale dejar de escribir periódicos.
- Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/cultura/2014-05-10/federico-jimenez-losantos-la-historia-tragica-del-liberalismo-espanol-71530/

"La desventura de la libertad"
Pedro García Cuartango Libertad Digital 10 Mayo 2014

El periodista Pedro García Coartango ha analizado el libro de La desventura de la Libertad de Pedro J. Ramírez y ha afirmado que "hay bastante similitudes tanto en las situaciones como en las personas".

En este sentido, ha comentado que "en el Trienio Liberal se produce un enfrentamiento entre las dos españas", y ha señalado que pese a que "la gente cree que en ese periodo fue una época de tranquilidad y de libertad no es así" ya que "en realidad hubo un enfrentamiento entre la España absolutista, que representaba Alfonso VII" y la de "los liberales" encarnada por figuras como "Riego y Calatrava".

Por otra parte, ha opinado que en ese periodo "se producen parte de los males que luego determinan nuestra historia reciente" para lo que se ha referido tanto a los "enfrentamientos que se producen en el siglo XIX" como "en el siglo XX". Así, ha explicado que el periodo del Trienio Liberal fue "tremendamente agitado y convulso" y que esa época "todavía se proyecta sobre nuestra historia".

Respecto a los personajes ha comentado que hay "muchas similitudes" y ha destacado el caso del "primer ministro del último Gobierno constitucional de Fernando VII, José María Calatrava" que ofrece muchas analogías con Adolfo Suárez". "Es una persona que intenta hacer una transición pacífica, es moderada, busca conciliar posturas antagónicas, pero al final su intento acaba en fracaso con la Década Ominosa y la restauración del absolutismo en España", ha afirmado.

"La desventura de la libertad".
Jorge Vilches Libertad Digital 10 Mayo 2014

El periodista Jorge Vilches ha hablado sobre el periodo del Trienio Liberal, protagonista de La desventura de la libertad de Pedro J. Ramírez, y ha opinado sobre los dos grandes problemas del periodo "la falta de ecuación de la Constitución de 1812 y la división que hubo entre los liberales".

En este sentido, ha explicado que la Constitución "tuvo un considerable apoyo popular, aunque también sus detractores" pues "establecía una separación excesivamente rígida de los poderes" especialmente en "el papel del Rey" al que otorgaba "la capacidad de nombrar un Gobierno ajeno a las mayorías parlamentarias y sin que sus miembros fueran diputados". "Esto generó un enfrentamiento constante entre el Rey y las Cortes", afirmó.

Por otro lado, ha explicado que "esa rígida separación de poderes debilitó el Gobierno" porque no conseguía el apoyo deseable y "además el enfrentamiento entre las instituciones viejas, Rey e Iglesia, y las nuevas, los partidos y las Cortes, impidió el desarrollo normal del principio de la Soberanía Nacional".

Respecto al otro gran obstáculo, la división de los liberales, ha comentado que "el Rey supo aprovecharla muy bien" y que estos "se dividieron en anilleros y en los masones y comuneros". En este sentido, ha afirmado que "esta debilidad institucional fue muy bien aprovechada por el Rey, que fomentó el Golpe de Estado el 7 de julio de 1822, alentó la sublevación de los realistas y pidió casi desde los primeros instantes el auxilio de las potencias europeas reaccionarias" que se concretaban en "Austria, Prusia, Francia, y Rusia" para que intervinieran en España y "devolvieran los poderes al Rey y acabaran con el Régimen constitucional".

Así, ha comentado que "cuando se produjo la invasión de los 100.000 hijos de San Luis la resistencia de los liberales, divididos, fue muy débil" y el gobierno Calatrava "apenas pudo contrarrestar la invasión" porque "muchos militares depusieron las armas, las cajas estaban vacías, el Rey estaba contra ellos y contra el Régimen Liberal".

Por último, ha comentado que "pese al fracaso de los liberales en el exilio, muchos de ellos duramente represaliados, aprendieron que a la próxima oportunidad liberal, constitucional", debían "crear un texto constitucional que consensuara las instituciones viejas con las nuevas y a los españoles que creían en el rey con los que pensaban que el progreso iba de la mano de la libertad". "Crearon un texto de consenso para todos", afirmó

La Primera Guerra Mundial
La neutralidad de España en 1914
Emilio Campmany Libertad Digital 10 Mayo 2014

Cuando Europa se deslizaba hacia la catástrofe, durante julio de 1914, España era irrelevante para los futuros contendientes. Baste para demostrarlo dos ejemplos. En la colección de 677 documentos británicos relativos a la crisis de julio, tan sólo aparece uno relacionado con España en un asunto menor. Y en un memorándum del 2 de agosto sobre la actitud que debería mantener Alemania frente a diferentes países, entre los que estaban Suiza, Suecia, Dinamarca, Japón o Persia, España no aparece.

Mientras, nuestra nación estaba hundida en una profunda crisis. El "Maura no" en respuesta a la represión de la Semana Trágica (1909) y el posterior fusilamiento de Francisco Ferrer provocaron la marcha de don Antonio y la escisión del Partido Conservador. Los que se quedaron fueron llamados despectivamente por el propio Maura conservadores "idóneos". El Partido Liberal, aún entero, se arrojó tras el asesinato de Canalejas (1912) en brazos del Conde de Romanones, un político de vuelo bajo. La jefatura del Gobierno estaba ocupada desde 1913 por el idóneo Eduardo Dato, quizá excesivamente inclinado a permitir que Alfonso XIII interviniera en la gobernación del país más de lo constitucionalmente tolerable. Los regionalistas catalanes habían arrancado a Canalejas la promesa de la Ley de Mancomunidades y Delegaciones. Ésta permitiría a los ayuntamientos unirse en mancomunidades que disfrutarían de algunas competencias delegadas del Estado. Naturalmente, aunque formalmente pensada para todos los ayuntamientos de España, el proyecto no tenía otra finalidad que ofrecer al nacionalismo catalán una solución a sus ansias de autonomía. Canalejas murió asesinado antes de poder cumplir la promesa, pero el proyecto se hizo realidad gracias a Dato a finales de 1913. Así que cuando en Sarajevo fue asesinado el archiduque Francisco Fernando, el régimen de turnos acordado en el Pacto del Pardo (1885) agonizaba.

En sus relaciones internacionales, el único compromiso formal que tenía España era con las potencias de la Entente, Francia y Gran Bretaña. Los acuerdos de Cartagena (1907) no preveían más que la obligación de las tras naciones de comunicarse mutuamente en el caso de que se produjeran circunstancias tendentes a alterar el statu quo en el Mediterráneo o en las costas africanas y europeas del Atlántico. El pacto, pues, desprendía el mismo aroma de laxitud que los de la Entente. Conforme la crisis degeneró, cupo esperar que Gran Bretaña y Francia comunicarían con España conforme a lo acordado. Sin embargo, antes de dar ocasión a que tal cosa ocurriera, en fecha tan temprana como el 30 de julio, la Gaceta publicó el real decreto de declaración de neutralidad española en términos tajantes. La fecha es sorprendente porque la declaración de guerra de Austria-Hungría a Serbia se hizo el 28 de julio a las 6 de la tarde. Luego al Gobierno le bastaron 24 horas para estar tan seguro de que lo mejor era ser neutral como para decretarlo a la mañana siguiente. Para valorar lo extremo de la celeridad empleada, compárese con la declaración de neutralidad italiana, que se produjo el 1 de agosto, y con la decisión de Gran Bretaña de intervenir, que no fue hasta el día 3. Fuera como fuese, ni Londres ni París reclamaron a Madrid que se uniera a su campo.

Dijo Azaña en 1917 que la neutralidad española no fue libre sino forzosa, impuesta por nuestra propia indefensión. Con ello quiso decir que las carencias militares españolas no dejaban otra opción. Sin embargo, el que el ejército se hallara en pésimas condiciones, como era el caso, no era un obstáculo insalvable a la participación en el conflicto. Portugal, con un poderío claramente inferior al nuestro, entró en guerra en 1916 porque estimó que de esa forma defendía mejor sus intereses nacionales. La cuestión es que cualquier botín que hubiera podido perseguir la intervención española (Gibraltar o Tánger) tenía que ser arrancado a Gran Bretaña o a Francia o concedido por una de las dos. Ponerse del lado de las potencias centrales para que ganaran esas recompensas para nosotros estaba fuera de consideración porque España no habría podido sobrevivir al bloqueo al que le habría sometido la Entente. Y Gran Bretaña y Francia jamás habrían cedido en el Peñón o en África a cambio de la escuálida ayuda del ejército español.

No obstante, no se entiende por qué el Gobierno de Madrid ofreció al francés, sin contrapartida aparente, garantías de su neutralidad para que París pudiera enviar los 150.000 hombres acantonados en los Pirineos a luchar contra los alemanes. De igual modo cabría preguntarse si no pudo España extraer alguna clase de ventaja de las potencias centrales a cambio de mantenerse ambiguo en su neutralidad para obligar a Francia a mantener esos 150.000 hombres en su frontera sur.

El caso es que, cuando estalló la guerra, nadie en España pareció interesado en valorar cómo podían mejor defenderse los intereses españoles. Al contrario, la división que se produjo en aliadófilos y germanófilos dependió de la ideología de cada cual. Así fue como los elementos así llamados progresistas de la sociedad, los profesionales y empresarios, los liberales, como también los republicanos y socialistas, se consideraron furibundos aliadófilos por representar supuestamente Gran Bretaña y Francia las ideas de la modernidad. En cambio, los elementos considerados reaccionarios, la iglesia, los terratenientes, el ejército, los conservadores y los tradicionalistas se revelaron firmes germanófilos. Todos se plantearon no lo que convenía a España sino quién convenía que venciera, al objeto de imponer las propias ideas al país. El caso de los socialistas es especialmente sorprendente porque sus correligionarios franceses se oponían con vehemencia a una guerra que hacía de Francia una aliada de la reaccionaria Rusia.

Aquella profunda división hizo que las potencias beligerantes trataran de aprovecharla para que la en todo caso neutral España se comportara de un modo más benévolo con uno u otro bando. Así fue como nuestro país se convirtió en campo de batalla para la propaganda de ambos lados.

Visto con perspectiva el debate, resulta curioso que la sociedad española se dividiera por razones exclusivamente ideológicas. Mucho más cuando afirmar que la Entente era el campo del progreso y la libertad resultaba no ya discutible sino rotundamente falso, toda vez que incluía a Rusia. Como lo era acusar a las potencias centrales de atrasadas y reaccionarias, puesto que Alemania disponía de un incipiente régimen parlamentario y tenía una pujante y moderna economía que para sí la hubieran querido Francia o Gran Bretaña. Por otro lado, los campos en aquella guerra no se formaron por afinidades ideológicas, aunque las hubiera, sino que cada cual se colocó donde creyó que más les convenía a sus crudos intereses nacionales. En estas condiciones, no tuvo razón de ser alguna que en España se discutiera acaloradamente quiénes eran los buenos y quiénes los malos en términos morales e ideológicos.

España fue neutral, pero es falso que no tuviera otra opción. Es cierto que su margen de maniobra era estrecho, pero no hasta el punto de no poder hacer otra cosa. De todos modos, nunca se planteó con seriedad qué convenía hacer, sino que cada cual quiso identificar entre los contendientes quiénes eran los suyos, no porque su victoria interesara a España, sino por supuesta proximidad ideológica.

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL: Los orígenes - Los bloques - El Plan Schlieffen - El asesinato de Francisco Fernando - La crisis de julio de 1914.

PD entrevista al arabista y miembro de la Real Academia de la Historia
Serafín Fanjul: "La izquierda busca a los nuevos proletarios entre los inmigrantes musulmanes"
"No tiene sentido el uso conjunto de la mezquita-catedral de Córdoba por cristianos y musulmanes"
Antonio José Chinchetru. Periodista Digital  10 Mayo 2014

"Occidente desde hace mucho tiempo ha renunciado al liderazgo ideológico y moral de la humanidad"

El catedrático de Literatura Árabe y miembro de la Real Academia de la Historia Serafín Fanjul es una rara avis en el panorama de los arabistas españoles. No comparte con muchos de sus compañeros las posturas favorables a numerosos gobiernos árabes e, incluso, comprensivas con diferentes variantes del integrísimo islámico. De hecho, se muestra profundamente crítico con la situación actual del mundo árabe, para el que lleva muchos años reclamando la extensión de la libertad individual y los derechos humanos.

En el debate surgido en torno a la Mezquita de Córdoba, en la actualidad catedral de la ciudad andaluza, se ha situado claramente en contra de quienes pretenden que sea expropiada a la Iglesia. Sobre este asunto y otros, como la relación entre la izquierda y el mundo árabe, ha conversado con Periodista Digital.

TITULARES
[El anticlericalismo de la izquierda y parte de la derecha española] es un fósil del siglo XIX que no se corresponde con la realidad de la España actual, de modo alguno, pero que todavía se vende bien.

La izquierda, la comunista, está buscando nuevos proletarios.
Ya no es nada fácil convencer a la masa de esa población de clase obrera, entre comillas, porque hoy en día no está muy claro qué es ser de clase obrera, para que quiera ser la vanguardia de los descamisados que se van a sacrificar para que Cayo Lara sea diputado. Entonces hay que buscarlos.

Lo están buscando en los inmigrantes [el nuevo proletariado].
Los musulmanes que viven en España son los que menos hijos tienen en el continente europeo.

En Córdoba toda la población tiene perfectamente asimilado que ese edificio [la Mezquita] es de la Iglesia católica.
[La pretensión de expropiar la Mezquita de Córdoba] responde a motivaciones muy cortitas de gente que pretende sacar unos beneficios políticos a corto o medio plazo sin ver más allá.

Me da la impresión de que la dirección política de Izquierda Unida en Andalucía, y en España en general, está bastante ayuna de lecturas.
En IU deberían pensar que a medio plazo eso ni siquiera lo van a tener como caladero de votos, no va a ser una fuente para conseguir votantes.
Lo que van a hacer [los musulmanes en España] es tratar de establecer y desarrollar partidos estrictamente islámicos.

Lo que pretende la izquierda es la antítesis de lo que pretende el islam.
[En época del franquismo] el mundo árabe estaba gobernado por unas dictaduras más feroces que la del mismo Franco.

[Durante el franquismo] la izquierda era anti árabe hasta unos extremos que iban mucho más allá del racismo.
Puedo suponer algunas razones relacionas con la economía [para explicar que en los 80 ó 90 El País pasara de apoyar a Israel a la ‘causa palestina'].

La izquierda española, desde los años 80 y 90, se ha convertido en pro árabe de manera ciega, sin saber donde se están metiendo. Porque piensan que son los revolucionarios de nuestra época, que llevan la lucha armada.

Los revolucionarios árabes a la izquierda europea le viene muy bien, porque hacen la lucha armada que ella no hace.

No tiene sentido el uso conjunto [de la Mezquita de Córdoba] por las dos religiones.

En esta etapa del conflicto están en primer fila gentes que me da la impresión que no saben mucho del islam. O que, en caso de que sepan, obvian el transfondo el litúrgico, ideológico y moral del concepto de lo que es un oratorio musulmán y lo que es un templo cristiano. Esto [el uso conjunto de la Mezquita] a los musulmanes les repugnaría hasta el tuétano.

A cuento de qué se va a meter un musulmán a rezar en una mezquita presidida por una cruz. Eso no cuadra.
Occidente desde hace mucho tiempo ha renunciado al liderazgo ideológico y moral de la humanidad.
Respecto a la mezquita-catedral de Córdoba no van a conseguir absolutamente nada, excepto fastidiar

IslamWatch.eu
Los franceses nativos sufren ataques en las zonas controladas por musulmanes en Francia
Padre Jesus Asiain Minuto Digital 10 Mayo 2014

El crimen violento puede ocurrir en cualquier lugar, a cualquier persona y por muchas razones, pero en algunas zonas en Francia controladas por musulmanes se ha vuelto especialmente peligroso ser blanco.

Inmigrantes islámicos consideran que estas zonas son su territorio. Los franceses los llaman “zonas urbanas sensibles” – zonas prohibidas donde la policía no entra o no hace cumplir la ley. Algunos los llaman pequeños califatos musulmanes dentro de las fronteras de Francia.

“Y es así porque estas zonas del país están en manos de los traficantes de drogas, las pandillas y los imanes”, explica Tarik Yildiz. Un informe confirma que casi 1 de cada 5 franceses ha sido víctima de insultos racistas o cosas peores aún. Algunos casos han ido a juicio.

“Algunos de los que lanzan ataques racistas contra los blancos utilizan el Islam como razón por la que lo hacen. Ni siquiera hablan árabe, pero siguen utilizando el Islam como una “bandera”. dice Tarik Yildiz, un sociólogo francés. Yildiz, autor del libro ‘Racismo Anti-Blanco’, no es nativo francés, es hijo de inmigrantes turcos.

“Mi libro es visto como políticamente incorrecto y rompe un tabú; la idea de que los inmigrantes podrían oprimir a los blancos en Francia” dice Yildez.

Desconfíen siempre del Gobierno
La mala regulación
Rubén Manso www.vozpopuli.com  10 Mayo 2014

Ya saben ustedes que hay cenizos que periódicamente nos pronostican una debacle financiera cada poco tiempo. Algunos la están pronosticando de manera continua por lo que cada vez que se produce una, resulta que son los primeros en haber acertado. También es cierto, como afirma el profesor Rodríguez Braun, que el pesimismo goza de mayor prestigio intelectual que el optimismo en los medios de comunicación, al igual que la tristeza masculina goza de más caridad que la alegría, en el corazón de las mujeres.

Querría, sin embargo, hacerles reflexionar sobre algunas cuestiones que explican la crisis financiera que padecemos, más allá de las coyunturales, sin parecerles ni pesimista ni triste, porque no pretendo conquistar ningún medio de comunicación ni mujer alguna con este artículo.

Los tipos de interés muy bajos o, lo que es lo mismo desde que se puede emitir dinero sin respaldo, la liquidez abundante, el crédito fácil, genera inflación o burbujas. Inflación si el dinero puede aplicarse a cualquier cosa, burbujas (inflaciones sectoriales) si dicho crédito se aplica a la compra de determinados activos especialmente incentivados con otras medidas públicas (por ejemplo los inmuebles).

El crédito fácil no depende sólo de la imprentilla del correspondiente banco central, sino también del límite de endeudamiento que impongamos a los bancos privados

Sin embargo, el crédito fácil no depende sólo de la imprentilla electrónica del correspondiente banco central, sino que también depende del límite de endeudamiento que impongamos a los bancos privados. Hasta 2010 dicho límite de endeudamiento era de 49 a 1. Tras la crisis lo hemos reducido a 11,5 a 1. Si los bancos pueden endeudarse menos, respecto de su patrimonio neto, pueden prestar menos y la facilidad crediticia que les otorgue el correspondiente banco central da lo mismo. Así que podemos decir que el BCE con su política de tipos bajos sigue contribuyendo a la burbuja mientras que el BCE, como supervisor bancario, con su regulación de solvencia (Acuerdos de Basilea) contribuye a lo contrario y probablemente con más fuerza en esta segunda actuación, que en la primera.

Luego están las normas contables y fiscales. Los activos de las compañías se han inflado en las últimas dos décadas como consecuencia del relajamiento de las condiciones para considerar determinadas adquisiciones o derechos como activos. Un ejemplo de lo primero son los fondos de comercio: antiguamente (en el paleolítico de los años 80) se amortizaban en cinco años, plazo que se fue alargando hasta desaparecer. Ahora tenemos nuestras grandes compañías con elevados fondos de comercio que no amortizan y que representan un elevado porcentaje de su patrimonio neto (en el caso de Telefónica, por ejemplo, el 86%). Por lo menos en la banca estos fondos se restan para el cálculo de su solvencia por aplicación de su normativa propia. Otro ejemplo serían los activos fiscales diferidos, escudos fiscales, o como los quieran llamar: antiguamente no se reconocían como activos los derechos a compensaciones fiscales futuras. Ahora sí, es cierto que con condiciones que aseguren su recuperabilidad, pero no deja de ser una muestra, insisto, de la hinchazón de activos, y de la correspondiente, solvencia de las compañía. De hecho en banca, los estados han tenido que avalar estos escudos para que no fueran restados, como el fondo de comercio, de los patrimonios de las entidades.

En cualquier caso, el problema como vemos no es la ausencia de regulación sino la peor regulación que hemos aplicado en estos años. Todo parecía que empujaba en una sola dirección: facilitar el endeudamiento y el endeudamiento hay que pagarlo con lo que generan los negocios, no con lo que anotamos en sus libros de contabilidad.

Independence Day, 2ª parte
Teresa González Cortés www.vozpopuli.com 10 Mayo 2014

El Mediterráneo ofrece horizontes abiertos al espíritu. Esta experiencia plural y cosmopolita, rica en encuentros y reencuentros, ha sido en Cataluña abandonada por gran parte de sus élites. En su lugar, ha arraigado la lucha existencialista por entrar a paletadas en las aguas de la Historia. “El problema de Cataluña es un problema de ser”, diagnosticó muy serio en su día ese médico, Jordi Pujol, que filosóficamente anhelaba competir en oscuridad con los oráculos de Martin Heidegger.

Y, aunque opino que el arte de la política nada tiene que ver con los dilemas personales del “ser o no ser”, ahí están con la obsesión ontológica de crear inseguridades y miedos, y de inhibir, claro está, el desarrollo de la “autonomía individual”. Y ahí estamos con las patologías políticas de jurar solidaridad al pasado de “1714” cuando la verdadera lucha por la independencia no se enreda en los dedos de la Providencia, y sí en ayudar a las personas reales a “emanciparse de sus problemas reales”. Sin embargo, estos hombres que “no son”, en sentencia machadiana, "de ayer ni de mañana, sino de nunca" están fletando un viaje a las profundidades de “1714” y, por efecto quizá de la ingesta de aquellas fantásticas “almejas brillantes”, mantienen una perspectiva estrecha de la situación. Eso no les alarma. La prueba está en que, erre que erre, siguen malgastando tiempo, derrochando dinero no propio, incensando el respeto supersticioso al ayer… y cocinando esa golosina de mermelada y azúcares, llena de imaginarios, con la que los Artur Mas et al. se proponen edificar una ciudadela del mañana a base de exclusiones, cuando la realidad es mucho más que catalana, que española… o que nacionalista.

Desatentos a los vientos de la internacionalización, sacralizan a las masas y procuran despertarlas a su conciencia de pueblo anunciando que en una Cataluña identitaria, pura y prístina, auténtica y perfecta, léase independiente, se reducirá hasta la tasa de cáncer. ¡Sí, ha leído bien! Por otra parte, la crítica que lanzan estos políticos recalcitrantemente tradicionalistas halla cura a sus desconsuelos en un relato novelesco que pinta el futuro de una Cataluña “republicana” a partir de los cordones de la “monarquía absoluta” de 1714 que, fíjese bien porque ello es verdaderamente repugnante, resucita los combates fratricidas del Setecientos. ¡Qué vergüenza emplear los muertos de una guerra civil como argumento para rescatar al buen catalán!, ¡cuánto deshonor abrir tumbas y sepulcros para tirarse los huesos a la cabeza!

No reconocen que en 1714 fueron las élites quienes desencadenaron los fuegos de una conflagración criminal cuya primera víctima fue la gente de a pie. ¡Ni lo reconocerán!, pues de la mano de una espeleología nacionalista las actuales élites catalanas, de izquierdas y de derechas, rescatan las cavernas del Minotauro en cuyos laberintos de espesura negrísima dibujan radiantes lances militares, ofensas inexistentes y agravios ilusorios. Ahora bien, en lugar de centrarnos en los conflictos nada edificantes de 1714, ¿por qué no regresar al año 1640, o a la época belicosa de las primeras colonias de la Magna Grecia o, ya puestos, a los asentamientos sangrientos de nuestros antepasados paleolíticos? Convertir las guerras pasadas en política y la política en arqueología es, cuando menos, un error de consecuencias impredecibles que ensimisma a la clase política y, sin remisión, la aleja de la realidad.

José Montilla dixit
El político e historiador latino Tácito († c. 120 d. C.) observó cómo ciudadanos de su tiempo se dedicaban a mentir sobre el azul del cielo, tales eran los niveles de corrupción imperante. En la época de Artur Mas la Historia se tergiversa hasta niveles detestables y se omite que durante siglos Cataluña ha sido y es tierra de acogida y prosperidad. Tanto es así que, por efecto de las migraciones y los cambios de población entre distintas regiones de España –¡¡¡y no digamos de Aragón!!!-, los 25 apellidos catalanes más habituales en Cataluña no son “Rahola”, “Mas” o “Pujol”, sino “García” (puesto 1), “Martínez” (puesto 2), “López” (puesto 3). Y así hasta llegar a “Ramírez” y “Gil” (puestos 24 y 25).

Un momento, por favor… ¿Se acuerda de José Montilla, del President que abrió la caja de Pandora en la comunidad catalana, él cuya mujer ocupaba 15 empleos simultáneamente, ese “Pep” Montilla socialista y de origen cordobés que, en la recién terminología de J. Pujol, sería tildado de “choni”, “charnego” le calificó Jordi Sevilla? Pues resulta que en medio de tantos frenesíes imperialistas ha hablado y ha dicho: “Me preocupa más allá de las pasiones desatadas y de la multitud de voces sinceramente esperanzadas en un horizonte mítico que supuestamente debe resolver todos nuestros problemas, […] aliviar el sufrimiento de los que ven cómo los servicios básicos –la sanidad, la educación, los servicios sociales, la formación de los parados, la investigación…- van reduciendo su capacidad de respuesta, mientras se tiene la sensación de que la función de los gobiernos se diluye o se ocupa principalmente de la gesticulación y la controversia estrictamente política”.

Quo vadis?
No voy a explicar por qué en toda Cataluña el número de noes contra la Constitución española de 1978 apenas llegó a 138.000 papeletas, por qué en las primeras elecciones autonómicas de España el partido de Convergencia y Unión alcanzó en votos solo una cuarta posición. Nada más lejos de mi intención que incidir ahora en que el porcentaje de ciudadanos favorables en 2005 a la independencia era del 13,6% y, solo transcurridos nueve años, en 2014 está situado en el 47%. ¡Sabemos bien lo que ha pasado! Los Arturo Mas no nacionalistas se convirtieron con la moral de rebaño en “Artur” Mas. Y, sobre todo, con el dinero de los contribuyentes, circa 20.000 millones de euros empleados por la Generalidad, han sido costeadas cuantiosas campañas soberanistas, planificadas desde los laboratorios de los despachos oficiales. Y mientras una propaganda política “mentirosa” que crea conflictos donde no los había encuentra apoyo en estómagos agradecidos, por la vía de las instituciones de la administración pública se ha conseguido dar vida a una ideología que extranjeriza al “proximus” o prójimo, y que, lo resaltó Arthur Rosenberg, “encuentra fácilmente un objeto que le permita comprobar a diario su superioridad, y sobre el cual desahogar sus instintos vengativos”.

Por otro lado, en esta metamorfosis sociológica llevada a cabo por la manipulación de las élites catalanas, no hay que olvidar la labor de esos trileros que escriben con el brazo erguido en ademán tribunicio; no hay que minimizar los esfuerzos de esos vasallos, “altavoces” de la burguesía local que “versifican para sus semejantes sobre las nubes”, que diría el Fausto goethiano; no hay que arrinconar a esos trovadores, soñadores acríticos, dizque periodistas e historiadores, que besan las herraduras de sus amos, que viven, ¡¡¡cuánta rebeldía!!!, de alabar a las castas locales, que colapsan cualquier otro ideal que no sea el nacionalista. Y que rara vez hablan de las cuitas de la gente sin poder, o sea, de las tribulaciones del amado, amadísimo pueblo.

Quo vadis? Al nacimiento de una nueva clase. Quo vadis? A un régimen sostenido por hombres y mujeres del aparato, que, en lo esencial, repiten el mismo esquema reaccionario de siempre: corromper el sentido de lo comunitario, dejar en suspense los problemas de la ciudadanía mientras los guías del soberanismo (que han llevado a esta región floreciente a una situación técnica de quiebra financiera por corrupción y mala gestión) continúan multiplicando la burocracia del Estado en beneficio de sus intereses partidistas.

Nota bene
La democracia, sin ser un sistema en absoluto perfecto, constituye el mejor instrumento para conciliar conflictos políticos y rebajar el odio de la intolerancia. Así que ¿catequizar sobre las fragancias arcaicas del pueblo catalán?, ¿invocar la crisálida de épocas momificadas?, ¿ensalzar románticamente la singularidad de Cataluña?, ello supone retornar a escenarios telúricos y rechazar los principios de igualdad. ¿Dirimir las divergencias de intereses al margen de los cauces del estado de derecho?, ¿recurrir al acto de subvertir las reglas constitucionales?, ¿consentir que se cometan excesos antidemocráticos?, todo eso es volver a una jurisprudencia antediluviana que es intolerante a la crítica y a la pluralidad ciudadana, que instaura el uso omnipotente de la ley y, peor, condena al ostracismo a una ciudadanía libre y autónoma, “contraria a las ideologías del culto al Estado”.

Una cosa más. Cuando una clase política se ovilla en la independencia, puede también la ciudadanía independizarse de esa clase política porque, además, si para las personas acusadas del asedio en 2011 al “Parlament” se solicita en Cataluña entre casi seis y casi nueve años de prisión, por la misma regla de tres ¿cuántos otoños entonces les tendría que caer a los Mas e Ibarretxe de turno por hacer otro tanto con el Parlamento español?

Hace unos días comenté que, en Europa, de los alzamientos militares gestados en los cuarteles durante el siglo XX hemos pasado, sin ruptura, a los levantamientos civiles guisados en el seno de los gobiernos regionales. Lo cual sí genera grandes conflictos, a los que se añade el inconveniente de los líderes nacionalistas de Cataluña que caen, a pesar de la durísima crisis económica, en la radicalidad “ultraclasista” de abrir embajadas en el extranjero y simultáneamente cerrar plantas enteras de hospitales. Debe ser cosa del gran amor hacia el pueblo que profesa la mayoría de nuestras élites catalanas, amor que implica, no hay error, sacrificarle y… estrangularle en el pozo de las facturas de la orgía nacionalista, idea que ya apoyó el famoso Saint-Just (1767-1794) cuando este revolucionario francés por su infinito amor al “Pueblo” justificó que era lícito infligirle hasta las peores miserias y sufrimientos.

Sin duda, ¡a todo lo consideran progresismo, incluso a cualquier cosa lo llaman independencia!, para eso están los Immanuel Kant de hoy que contemplan, arrobados, el espectáculo y no reparan en las tejas que caen encima de los demás.

Lo que se juega en Europa
El Confidencial 10 Mayo 2014

"No existe política económica que garantice estabilidad y certeza. Los únicos sitios donde hay estabilidad y certeza son la prisión y la tumba" Milton Friedman

Les doy dos cifras para empezar este fin de semana: 60% y 960.000 millones de euros.

El 60% de los votantes europeos probablemente no va a participar en las elecciones, según Europa Press, y el presupuesto aprobado por la Unión Europea para 2014-2020 es de 960.000 millones de euros. Dinero pagado también con los impuestos de ese 60% que tal vez no vote.

En estas elecciones no se deciden, ni tiene posibilidad de aprobarse, gran cantidad de las propuestas que pueblan los programas económicos de algunos de nuestros partidos. Se decide si Europa va a continuar por la senda del saneamiento y empezar a atraer capital y crear empleo o caer en otro error y agrandar el agujero.

Merece la pena recordar quiénes son los candidatos a presidente de la Comisión Europea: Jean-Claude Juncker (Luxemburgo, conservador) y Martin Schulz (Alemania, socialista). No es una batalla sobre política nacional ni es un debate entre austeridad y despilfarro. En nuestro país, los representantes de los dos grandes partidos sumarán en total un 10%, como máximo, de sus respectivos grupos. Por lo tanto, las soluciones mágicas que se pasean en los medios de comunicación nacionales de volver a 2008 ni entran en la agenda. Son humo. Cualquier entrevista con Schulz o Juncker nos muestra que, gane quien gane: 

  • No se va a cambiar el mandato del Banco Central Europeo (BCE) ni existe posibilidad de aumentar los déficits hasta niveles estratosféricos para “relanzar la economía” y cuando falle, quejarse de que los mercados nos atacan. Los que reclaman “copiar a Obama y Bernanke” monetizando deuda (imprimiendo dinero) en realidad lo que quieren es copiar a Argentina cuando rechazan el mismo nivel de apertura económica, bajos impuestos y flexibilidad de Estados Unidos.
  • No pueden prometer los eurobonos. Ya lo comentábamos en 2011 en ”Eurobonos no, gracias, la deuda no se soluciona con más deuda” . Ni siquiera está en la agenda, y lo rechazaría el propio grupo liderado por Schulz.
  • Ninguno de los grupos políticos puede garantizar estabilidad ni crecimiento ni reducción de paro. Desde 2008, se han gastado decenas de miles de millones en planes de empleo, un 3% del Producto Interior Bruto (PIB) de la eurozona en planes de estímulo y se ha disparado el gasto público al 49,2% del PIB para acabar con 26 millones de parados.
  • Las delirantes propuestas de una Europa sin Alemania son simplemente imaginaciones. Sin Alemania, Europa no podría financiar déficits de 4-4,5% del PIB a tipos históricamente bajos, y sin el Bundesbank el Banco Central Europeo sería una anécdota. Europa sin Alemania no contaría ni de lejos con la confianza necesaria para asegurar esa capacidad financiera. Europa no es nada sin Alemania y viceversa. Por eso, Alemania, como una parte de los problemas y las soluciones, no debe sostener un eterno “financiador de proveedores” que nunca paguen. Y por eso se mantienen los apoyos a pesar de incumplimientos consecutivos. Porque para decir que Merkel “nos manda”, poco caso hacemos. 

Por lo tanto, estamos centrando el debate de Europa en propuestas que ni están en la agenda. Las llamadas inflacionistas siempre olvidan que exigir a Alemania inflación no soluciona nada, cuando un aumento del 5% en sus importaciones del resto de Europa tendría menos de un 0,25% de impacto positivo sobre España y los países periféricos.

Estas elecciones son esenciales para reforzar la confianza empresarial y potenciar el consumo. 

Nada más y nada menos. Desafortunadamente, no vamos a ver enormes cambios en la UE, pero continuar bajo la ilusión de que Europa va a salir de la crisis con planes industriales estatales es un error. La verdadera crisis de Europa, y causa de la desindustrialización y deslocalización, ha sido por esos enormes planes estatales que han llevado a sobrecapacidad y sobrecoste en infraestructuras, energía, etc. El coste de todos esos planes Marshall eternos en los que se ha embarcado Europa desde 1999 (lean mi artículo aquí) ha llevado a ahogar a impuestos a empresas y familias.

Ahora toca atraer capital.

Dependiendo del resultado de estas elecciones, las empresas, que son las que invierten y crean empleo, pueden percibir confianza y recuperar el ánimo inversor, o asustarse ante el riesgo de que Europa vuelva a hundir sus economías con innecesarios planes de estímulo que luego implican enormes aumentos de impuestos.

Fíjense en este grafico cortesía de Merrill Lynch que se resume con la palabra desconfianza.

Hemos pasado de la Europa que rebota desde mínimos, empieza a solventar su problema bancario, se financia a mínimos históricos y corrige los desequilibrios alcanzando superávits comerciales, al riesgo de complacencia. Si la Unión Europea es ya de por sí un entramado burocrático, entorpecer aún más la recuperación con intervencionismo y proteccionismo puede hacernos recaer en la crisis.

Queda mucho por hacer:

  • A pesar de las reducciones de déficit, los niveles de deuda siguen siendo inaceptables en la mayoría de los 27 países. La confianza ha mejorado gracias a la gradual recuperación, pero es muy frágil. En el Eurosistema existe un exceso de liquidez de 180.000 millones de euros según el BCE. No debemos caer en la trampa de liquidez que ha llevado a todas las primas de riesgo a mínimos y entregarnos de nuevo al endeudamiento salvaje. Porque la liquidez extrema se acaba, hasta en los países que imprimen moneda y no evita la necesidad de ajustes presupuestarios.
  • En Europa hay 26 millones de parados que solo han aumentado con planes, estímulos y comités. Mientras, unos partidos y otros debaten si hay que dar 8.000 o 20.000 millones a un “fondo para combatir el paro juvenil”. Ambas cifras son francamente inútiles. No consiguen nada que no se haría, de manera mucho más eficaz, si se redujeran trabas burocráticas e impuestos a las empresas y familias para relanzar el consumo.

Nos pasamos todo el tiempo echando la culpa a Merkel y a Bruselas, o al BCE, de nuestros males, pero a la vez les concedemos una especie de varita mágica que asume que todos nuestros problemas se solucionarían gracias a ellos. Y no es correcto. Ni Bruselas dicta todas nuestras leyes ni su poder o el del BCE es omnipotente.

Europa no va a reducir sus 26 millones de parados recurriendo al déficit y al gasto público. Porque no lo hizo nunca, ni en la época de la expansión. Y porque el sistema financiero europeo sigue siendo demasiado frágil, a pesar de las mejoras incuestionables. Mucho se critica a los bancos, pero casi todo el mundo pide más déficit e inversiones públicas, que deben pensar que se financian en Marte. Luego hablan de deuda odiosa mientras piden más crédito, y, por supuesto, barato.

En Bruselas confían demasiado en un objetivo quimérico de recuperar industria hasta un 20% del PIB, imposible cuando la presión burocrática y fiscal sólo aumenta en sectores subvencionados que encarecen las facturas de los consumidores a niveles inaceptables y en el acuerdo comercial con Estados Unidos que esperan que atraiga hasta 130.000 millones de euros a Europa.

Pero la verdadera solución está en los sectores que ya han sobrevivido a la crisis y en las familias. Un aumento del 3% anual de las inversiones de las empresas europeas y un aumento del consumo del 2% de las familias entre 2014 y 2017 tendría un efecto expansivo que duplica el impacto de los mismos fondos gastados por los estados, y encima no cuestan al contribuyente (correlación observada entre aumento de gasto público y privado con PIB desde 1999).

El coste y burocratización de la UE preocupa, y hay que exigirle el mismo esfuerzo que han hecho empresas y familias. Nos jugamos la partida a dos opciones: volver a repetir los errores del pasado o crear un modelo que pueda competir a nivel global. Estamos saliendo poco a poco del agujero. Espero que, gane quien gane, no compre una pala más grande para cavar más profundo. Porque lo paga usted. Siempre.

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ETA CONTINUIDAD
No hay terrorismo bueno, y tampoco ha terminado el terrorismo
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 10 Mayo 2014

El ex batasuno y ex preso Fermín Sánchez Agurruza, profesor en Navarra, huye de la Justicia que lo busca por intentar reconstruir ETA, terrorista, abertzale y marxista sin concesiones.

Fermín Sánchez Agurruza, presunto dirigente del grupo etarra Ibil, abandonó hace un mes su puesto de profesor en Urdax (Navarra) y se encuentra huido de la justicia. La noticia no es que haya una "ETA auténtica" contraria al supuesto "proceso de paz", ni tampoco que militantes abertzales con un largo currículo de acciones, huidas, condenas, homenajes y propaganda desconfíen de todo lo que no sea una victoria total que ven a su alcance. La verdadera sorpresa es que alguien se sorprenda de esto; o que esto surja precisamente ahora, ante una campaña electoral; o que los devotos de décadas de pacato Gobierno foral se lleven ahora las manos a la cabeza por el tipo de personal que ellos mismos han colocado en todas las Administraciones públicas.

Se preguntaba el otro día Fernando Vaquero, ante este caso, ¿hay terroristas buenos? La respuesta es bastante sencilla: no. Los de Ibil no son peores que el resto de ETA, simplemente no quieren ni fingir la mínima concesión. Son, sin más, más sinceros, o menos hábiles, o una parte útil de la puesta en escena que a todas las partes implicadas podría convenir.

Diario de Navarra ha debido de ser el único sorprendido –junto a algún político profesional- al hacer público que partes significativas de la izquierda abertzale no quieren renunciar a nada, ni a las formas ni a los tiempos: simplemente, libertad para los terroristas presos, unificación e independencia de su Euskalherria, con Navarra incluida, y construcción de un estado totalitario marxista. Con lo bien que estábamos imaginando un nuevo Edén.

Sánchez Agurruza, exconcejal de Herri Batasuna en Ansoain, veterano de un comando Y en los años peores de la kale borroka, con una condena de diez años en Francia por pertenencia a ETA hasta 2003, no es un novatillo de esto. No es un maestrillo de francés metido de repente a militante armado: es un líder ideológico de la facción más coherente de lo que antes llamaban MLNV, que sigue en la misma brecha de siempre. Por eso debe de estar temblando de miedo, aterrorizado vamos, al enterarse de que el Gobierno navarro (el mismo que le puso la tiza en la mano en el modelo D, como a muchos otros) le ha abierto un expediente por falta grave por abandono de su puesto de trabajo sin justificar. Uyuyuy.

El leninista Fermintxo Sánchez Agurruza mantenía contacto con militantes juveniles antes de Segi y ahora de Ernai, que no están de acuerdo con la interrupción de las acciones violentas. En su Ibil Iraultzen Bilguneak (Asamblea Revolucionaria Caminar) tratan de recuperar el espíritu movimentista de la anterior izquierda abertzale, sin renunciar a la violencia ni a la agitación social, sin fiarlo todo a la política, por mucho que la debilidad del PNV en Vitoria y del PP en Madrid –basta ver las triunfalistas e inocentes declaraciones del ministro del interior esta semana- les llenen de esperanzas. Políticamente, el partido Sortu, junto a los "arrepentidos" de Aralar, los huérfanos, numerarios o supernumerarios, de Eusko Alkartasuna, los postcomunistas de Alternatiba y otros partidos menores, están en las instituciones como EH Bildu (o como Nafarroa Bai). Socialmente, sus altavoces principales son las juventudes Ernai y el sindicato LAB. Gentes como Sánchez Agurruza y Juan Ignacio Aldana quieren más.

No sabemos cuántos son, no sabemos exactamente quiénes son, pero sí sabemos dónde están, de dónde vienen. Son unos pocos cientos, pero eso no los hace inofensivos. Son un mecanismo peligroso, con muchos filos: por un lado presionan a Bildu para que no ceda, por otro sirven a Bildu para negociar desde una posición de fuerza. Es difícil saber quién los alimenta en cada momento, pero una cosa es segura: hay más violencia moral, verbal y física en ciertos sectores abertzales juveniles. En el amplio mundo abertzale, aunque los líderes políticos oficiales no los respalden, tienen una incubadora perfecta. Grupos juveniles que combinan ocio y militancia, grupos de difusión ideológica y cultura; ahí están.

Este Gobierno se enfrenta a un posible error que no sería el primero en cometer. No se trata de pensar que Sánchez Agurruza y sus amigos sean los "malos", frente a otros terroristas que serían los "buenos". No; mientras sean enemigos de España y de los españoles, no hay diferencias. Si acaso, Sánchez Agurruza tiene la virtud de la sinceridad, y la no menos importante de haber leído, aunque parece que no entendido, a J.R.R. Tolkien. Hay muchos asesinatos y muchos dolores impunes, demasiados como para dar alegremente por cerrado el capítulo asesino del nacionalismo y comunismo vasco.


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