AGLI Recortes de Prensa   Domingo 11  Mayo  2014

10 de mayo, aniversario de una ignominia
Juan Laborda www.vozpopuli.com 11 Mayo 2014

Ayer se cumplió el cuarto aniversario de una fecha fatídica, triste, lúgubre para el devenir de nuestro país, el 10 de mayo de 2010. Aquel día, los causantes de la crisis consiguieron la intervención tácita del Reino de España. Por un lado, una gerencia bancaria incompetente, insolvente, guiada por una avaricia sin límites, que presionaba día y noche para aplicar la hoja de ruta que finalmente se impuso. Después se incorporarían muy ufanos, lobbies, oligopolistas y demás patriotas de hojalata que no estaban dispuestos a perder un ápice de los suyo. Comenzó el diseño de una política que ha generado una deuda pública ilegítima superior a los 200.000 millones de euros. Se empezó a utilizar el dinero público y nuestro sistema legal para financiar y avalar a todos aquellos que originaron la crisis –sistema bancario, sector eléctrico, grandes constructoras…

¿Pero saben ustedes quiénes eran los principales acreedores de nuestro sistema bancario? ¿Saben dónde se concentraba la deuda externa de nuestro país? ¡Bingo! En el sistema bancario patrio. Por eso los acreedores foráneos que tomaron riesgos excesivos -alemanes, franceses, estadounidenses y británicos-, querían recuperar a toda costa sus ahorros invertidos en sectores ruinosos, muchos de ellos lavados y centrifugados a través de nuestro sistema financiero. Querían que nuestra banca fuera rescatada sin tocarles a ellos.

Los destrozos provocados por las élites
Aquel día comenzó una de las fases más lúgubres de nuestra breve historia democrática. Los ajustes de nuestro país se harían a costa de aquellos conciudadanos, especialmente los más débiles e indefensos, que nada habían tenido que ver con el origen de la crisis. Se impondrían duros recortes en nuestro ya de por sí frágil estado del bienestar; se nos aumentarían los impuestos sin ningún rigor económico; nos subirían los precios de todos los servicios públicos; se impondría el copago y se nos recortaría de manera mísera los salarios.

Además, esas mismas élites querían mantener artificialmente su riqueza. Para ello contaron con la ayuda inestimable de los banqueros centrales, expertos en generar problemas, bien sean burbujas financieras e inmobiliarias, o bien una dejación de responsabilidades a la hora de supervisar adecuadamente sus sistemas bancarios. Para dar una sensación de mejora efímera crearon una nueva droga de diseño, capaz de provocar alucinaciones irrepetibles, mediante subidas artificiales de todos los mercados de riesgo, sin saber el personal y los inversores el auténtico riesgo precio en el que están incurriendo. ¡Viva la política monetaria!

Los acreedores y la gerencia bancaria acabaron, en definitiva, imponiendo una forma de esclavitud peor que la espada, la de la deuda. Hans-Werner Sinn, presidente del influyente think tank alemán IFO, afirmó por aquellas fechas, con toda su jeta que “dentro de unos años, nuestros hijos se verán obligados a ir al Sur de Europa a recuperar nuestro dinero”. Además proclamó que el Sur tenía que acometer una sensacional devaluación interna, y que ya no había excusas: eso o el final del euro. Eran afirmaciones falsas. Representaban el punto de vista del acreedor que no había asumido las consecuencias de su tomas de decisiones.

La colaboración de los políticos patrios
Finalmente los banqueros patrios y los acreedores extranjeros impusieron sus condiciones a un gobierno endeble, el de Zapatero, acorralado por el devenir de los mercados financieros, incapaz de utilizar tan siquiera los argumentos que ya por esas fechas le daban muchos economistas foráneos y patrios. Había hecho una dejación de responsabilidad para con sus votantes. Después llegó Rajoy que, imbuido por una ideología rancia y apoyándose en argumentos económicos falsos, se convirtió en el alumno aventajado de todos estos destroza patrias.

El totalitarismo invertido se ha adueñado definitivamente de nuestra democracia. Se favorece de manera permanente a la clase dominante, a los más ricos, a los intereses corporativos, mientras que se dejan a los ciudadanos más pobres con una sensación de impotencia y desesperación política y, al mismo tiempo, mantienen a las clases medias colgando entre el temor al desempleo y las expectativas de una fantástica recompensa una vez que la nueva economía se recupere. Todo este esquema se fomenta vía unos medios de comunicación cada vez más concentrados y aduladores; y por una maquinaria de propaganda institucionalizada a través de grupos de reflexión y fundaciones conservadoras generosamente financiadas.

Pero las cifras no engañan
Las políticas de ajuste no han supuesto ninguna mejoría para la ciudadanía, ni tan siquiera se ha reducido nuestro déficit público, y nuestra deuda total está en una senda de insostenibilidad, de explosión, es impagable.

Desde mayo de 2010 se han destruido casi dos millones de puestos de trabajo, que es la caída de la población ocupada según la Encuesta de Población Activa, la única homologable con Europa. Inaudito que un indocumentado como Rajoy afirme que se trata solo de una encuesta.

Desde mayo de 2010, la deuda pública ha pasado de una cifra inferior a los 700.000 millones de euros a los más de 1,25 billones actuales. Se trata de una subida superior a los 500.000 millones de euros, 400.000 millones de ellos con el “austero” Rajoy. Y todo ello a pesar de los ajustes en sanidad, educación y otros servicios públicos vitales; a pesar de subirnos los impuestos como nunca; a pesar de incrementarnos los precios de unos servicios públicos cuya calidad empeora a marchas forzadas. ¿Saben por qué? Hemos financiado a aquellos que generaron la crisis. ¿Y qué decir de la desaparición de empresas, negocios, muchos de ellos viables? ¡Solo necesitaban mantener ligeramente abierto el grifo de la financiación!

Pero hay algo todavía peor, algo que debería sacar los colores a determinados personajillos que estos días se dirigen a su pesebre en los distintos mítines de campaña. La pobreza y las desigualdades avanzan inexorablemente sus posiciones, conquistando y ocupando el espacio y territorio de nuevas familias, en una guerra que parece perdida. La actual crisis sistémica ha costado, desde 2007, a los españoles de rentas más bajas unos 2.600 euros por persona y año, es decir, un 33% de su renta disponible. El golpe sufrido por las clases medias y bajas en nuestro país ha sido brutal, sus rentas han caído como en ningún otro país desarrollado, a ritmos del 15% anual. ¡Y ahora van y nos piden el voto! ¡Qué se callen!

Las bases del PP, hartas de su partido
Eurico Campano www.gaceta.es 11 Mayo 2014

Dicen las malas lenguas que se las están viendo negras para tener apoderados en todas las mesas el día 25. Como me lo han contado, se lo cuento.
Andan diciendo por Génova que las encuestas les van cada día mejor. Entonces, ¿por qué están tan nerviosos? No es una opinión. Es un hecho. La escena que me cuentan y que tiene que ver con uno de los principales responsables de la campaña de Arias Cañete, muy alterado y pidiendo a diestro y siniestro a su gente que empezara a llamar a todo el mundo, quince minutos antes de las doce de la media noche del viernes, es de opereta. Ocurre que, aunque éste asunto de pegar carteles y dar mítines y tal y tal y tal, parezca más cosa del siglo XIX y no del mundo globalizado y en red en el que vivimos, la televisión sigue siendo la televisión. Y a alguien le debió de irritar, y mucho, ver -por cierto a través del canal 24 horas de TVE, que manda narices- unas imágenes de una madrileña calle de Génova casi desierta y contemplar en cambio a miles de personas en Villaverde con banderitas socialistas. Algo está fallando y nos nos dicen qué. Pero los que saben de estas cosas por aquella casa se temen lo peor. Dicen las malas lenguas que se las están viendo negras para tener apoderados en todas las mesas el día 25. Como me lo han contado, se lo cuento.

Dejando aparte el asunto -no menor- de que la televisión pública siga en manos de socialistas, por la ineptitud de algunos de sus directivos -en teoría 'afines'- incorporados incluso meses después de perder las famosas andaluzas de 2012 ('es que a Mariano esto de los medios no le interesa') y la mala fe de otros, los más altos, que siguiendo instrucciones precisas de la vicepresidenta saben que no conviene cabrear a la izquierda de éste país porque volverá a mandar en breve, no sólo en TVE sino en España entera, a poco que Rajoy se siga empeñando, lo que está claro es que la desmovilización entre los votantes del PP, lejos de decrecer con un par de buenos datos macroeconómicos, no ha hecho más que aumentar.

Son legión los que creen, fundadamente, que Rajoy no ha sido más que un escrupuloso continuador del monstruoso proyecto de ingeniería social socialista que encarnó el -para esto nada idiota- Zapatero, que sabía muy bien en qué quería convertir a España y a los españoles. A dos años y medio de su llegada a Moncloa, Mariano Rajoy parece no acordarse de aquel recurso planteado ante el TC contra el 'gaymonio'. Ni ha derogado -todavía- la ley del aborto 'Zapateril', ni parece que tenga intención de hacerlo a juzgar por las prisas que se da con el anteproyecto de reforma. Unan al cuadro que Montoro no ha dejado de sangrar a impuestos a las clases medias desde que llegó. Sí, a las mismas a las que prometió que el dinero estaría en sus bolsillos, porque era donde mejor podía ayudar a la creación de riqueza y a la iniciativa privada.

Ahora vienen y piden el voto a 'sus votantes naturales' -a los que llevan poniendo banderillas negras desde que llegaron- porque, según dice Cañete, 'no se puede volver atrás'. La verdad es que para ligar en una terraza de verano no tienen precio porque más caradura no se le puede echar a la vida. Dicen que 'Vox' cuenta con arrancar al PP algo más de 250.000 votos, que serían en principio suficientes para devolver a Vidal-Quadras a Estrasburgo. Pocos me parecen aunque la campaña no ha hecho más que empezar. ¡Ojo!, no sea que al final, en vez de uno sean dos.

Pues sí son lo mismo.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 11 Mayo 2014

Andan Rubalcaba y Cañete empeñados en insistir que PSOE y PP no son lo mismo y ya se sabe aquello de "excusatio non petita, accusatio manifesta". Porque es muy diferente la realidad que han ido descubriendo los españoles aprendida a base de desengaños, de asaltos a sus bolsillos, de comportamientos descarados de compadreo, del "hoy por tí, mañana por mi" y de la visión de una casta política aferrada a sus prebendas, a sus aforamientos y a sus chanchullos varios. Y la conclusión es que sí, efectivamente se cumple el lema primario de la unificación de España de los Reyes mal llamados católicos del"tanto monta, monta tanto" y así hasta el infinito.

Desgraciadamente esta farsa de querer el uno distinguirse del otro y presentarse como los dos únicos rivales y alternativas posibles, es solo un desesperado intento de consolidar el bipartidismo en España como si eso fuera el ideal de una democracia que simplifica las cosas en un yin y el yan o el bien y el mal o yo diría las dos caras de una misma moneda. Pero la verdadera democracia no está en la alternancia sino en el equilibrio de fuerzas y en los pactos necesarios para alcanzar el consenso.No se trata de elegir entre dos opciones antagónicas, sino en forzar la fusión de fuerzas para conseguir el mayor beneficio posible para el progreso y bienestar de los ciudadanos y no de los partidos políticos.

Es evidente que España en cuanto a cultura democrática real tiene un amplio déficit forjado por siglos de totalitarismo monárquico y posteriormente por varias dictaduras de corte militar seguidas de un parlamentarismo espontáneo e inexperto. Ya han pasado 35 años desde la aprobación en referéndum, de aquellas maneras, de la Constitución, nacida con serias deformidades y desequilibrios territoriales contrarios a la creación de un proyecto común de futuro. Un sistema autonómico que ha demostrado su fracaso y ser el germen de la insolidaridad y de la exaltación de reivindicaciones independentistas. Y desde luego, ninguno de los llamados principales partidos nacionales PSOE y PP han hecho otra cosa sino contribuir a agravar ese problema. En eso también son iguales por desgracia.

Pero va a ser su prepotencia la responsable de su encuentro con la realidad. Ni PSOE ni PP han sabido estar a la altura y evolucionar con los tiempos y las leyes de la naturaleza. En todas las cosas se evidencia que la mayor energía se consigue con la fusión y no con la fisión. La unión hace la fuerza y no la desunión. Juntos podemos conseguir grandes objetivos pero si cada uno solo mira por sus propios intereses y aspira a deshacer lo que el otro ha hecho solo puede haber estancamiento y perder el tren del desarrollo en vanas disputas de egos. Y en eso también son iguales y así nos va.

Es inutil que pretendan ahora diferenciarse y acallar otras voces discrepantes que solo intentan aportar la sensatez y la pluralidad donde ellos quieren imponer el mundo bicolor. Su miedo a la respuesta de los ciudadanos es real y saben que estamos en un proceso de cambio imparable. La pregunta es si estos dos partidos, pilares del cambio, van a mantenerse obstinadamente en sus posiciones o, como las palmeras, se harán flexibles y se alinearán con los nuevos tiempos de consenso. Personalmente ceo que al final será el egoísmo de no verse rechazados el que les obligue a cambiar su desfasada forma de entender la política.

Sra. Valenciano, Sr. Cañete, Sr, Rubalcaba, Sr. Rajoy,dejen de mirarse solo entre ustedes y presten atención a su alrededor que hay un mundo entero por descubrir.

La inutilidad de votar a Rajoy
Vicente Torres Periodista Digital 11 Mayo 2014

El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, ha avisado de la inutilidad de votar a los partidos pequeños.

En España tenemos una democracia en la que escasean los demócratas. Como he dicho tantas veces ya, los tiempos de absolutismos y dictaduras pasan factura. Y para mayor desgracia, donde menos demócratas parece haber, es entre la clase política. El propio presidente del gobierno, para vergüenza de los españoles, trata de condicionar el voto para que vaya en contra de algunas formaciones.

Es inútil votar al PP o al PSOE. Ambas formaciones se han venido turnando en el gobierno de España, con el resultado que estamos sufriendo. El mayor número de parados de todos los tiempos, la pérdida de poder adquisitivo de la mayoría, la pérdida de derechos de los trabajadores, el deterioro de la sanidad pública, etc. A este descalabro monumental habría que añadirle la actitud del PNV y de CiU, que a menudo han sido socios de gobierno del PSOE o del PP, y que conculcan, con impunidad y alevosía, la legalidad vigente, dificultando o impidiendo la recuperación económica.

Los dos partidos mayoritarios, por si faltara poco, se sienten impotentes para acabar con la corrupción. Ambos partidos temen, más que Satanás al agua bendita, que los jueces sean independientes. ¿Qué podría hacer por España un juez honrado, independiente, y con los recursos que fueran necesarios? No cabe duda de que podría hacer mucho. Tal y cómo están las cosas ese es el mayor regalo que podría hacer la Providencia a los españoles, pero para eso tendría que pasar por encima del cadáver de Gallardón, que en este punto recibe el apoyo total del PSOE.

Ni al PP ni al PSOE, ni tampoco a IU, les interesa que la Justicia sea independiente, por lo menos, eso han demostrado. Pero si la Justicia no es independiente no hay democracia, de modo que a los ciudadanos les interesa votar a partidos que sí desean que lo sea.

“Usted me tocará los pelendengues”
Carlos Sánchez El Confidencial 11 Mayo 2014

Rajoy no es el general Narváez. Ni falta que le hace. Y tampoco es probable que algún día tenga que enfrentarse a una de esas situaciones singulares que vivió el Duque de Valencia. La leyenda cuenta que una de las muchas ocasiones que presidió el Consejo de Ministros, donde sentaban sus reales los santones del Partido Moderado, uno de ellos se resistía a firmar una de las disposiciones legales que allí se iban a aprobar. La discusión debió ser tan tensa que en un momento del cónclave, y para añadir mayor dramatismo a su negativa, el sedicioso llegó a exclamar con voz afectada para que se le escuchara con claridad:

- “¡Antes me dejaría cortar la mano derecha…!”

Narváez, que como decía el profesor Seco Serrano era un ‘militarote’, atajó el problema con una de esas frases lapidarias que pasan a la posteridad y que pudieron escuchar de sus labios políticos insignes del partido conservador como Bravo Murillo o Alejandro Mon; el primero, padre de la primera gran transformación de la Administración española, y el segundo, impulsor de la primera reforma tributaria moderna.

- “Usted, le dijo un enfurecido Narváez a su díscolo ministro, no se cortará ninguna de las dos manos. Con la derecha, firmará la disposición. Con la izquierda, me tocará los pelendengues!”.

Ni que decir tiene que la disposición salió inmaculada del Consejo de Ministros, pero la anécdota revela una forma de hacer política inimaginable en un gobernante como Rajoy, que ha convertido el arte de la política en una suerte de master en derecho administrativo.

Los consejos de ministros son hoy un páramo -más allá de discrepancias puntuales sobre un asunto concreto- en los que brilla la uniformidad y la industria de lo obvio y de la trivialidadAhora bien. Esa escena tampoco puede ser una realidad en la España de hoy por un motivo mucho más preocupante. La inexistencia de políticos de altos vuelos capaces de tener voz propia cueste lo que cueste aun a riesgo de ser destituidos. Sin duda, por el peculiar sistema de cooptación de las élites, que, salvo honrosas excepciones, ha convertido a los gobernantes en funcionarios del partido. Como consecuencia de ello, los consejos de ministros son hoy un páramo -más allá de discrepancias puntuales sobre un asunto concreto- en los que brilla la uniformidad y la industria de lo obvio y de la trivialidad. Las discrepancias sólo aparecen cuando uno de ellos es destituido, lo cual dice muy poco a su favor. Y el lamentable episodio de César Antonio Molina, uno de los personajes más vanidosos que haya dado esta tierra, lo pone de manifiesto.

Talla política
En las próximas semanas, sin embargo, se presenta una de esas oportunidades históricas que darán la talla política del Consejo de Ministros. En mes y medio, el Gobierno debe presentar en sociedad su proyecto de ley de reforma fiscal para que entre en vigor el 1 de enero de 2015.

Lo que se sabe hoy es bien poco. Y ni siquiera el documento de los expertos da una pista clara. Entre otras cosas porque la Comisión Lagares estaba constituida a imagen y semejanza del ministro de Hacienda, por lo que optó por asegurar la recaudación antes que abordar un nuevo sistema impositivo capaz de ensanchar las bases imponibles mediante una reforma en profundidad. Montoro, como todos los ministros del ramo es ‘amarrategui’, y eso explica la ridícula bajada de impuestos que se plantea en el Programa de Estabilidad recientemente enviado a Bruselas: apenas 4.947 millones de euros en el Impuesto sobre la Renta en 2015 y 2016. Una cantidad minúscula si se compara con el aumento de la presión fiscal que han sufrido los salarios en estos últimos años, en los que ni siquiera se ha deflactado la tarifa del impuesto, como siempre reclama el PP cuando está en la oposición.

Es por eso que uno de los debates más interesantes que se plantean ahora es la intensidad de la rebaja de impuestos. El Gobierno tiene dos opciones. Hacer caso a Montoro, que plantea un tímido recorte, o a otros miembros de su Gobierno, que están convencidos de que hay margen suficiente para ser más ambiciosos en la reforma. Entre otras cosas porque la subida del IRPF en 2011 fue tan brutal que al menos habría que volver a la situación de partida. Y con los 5.000 millones de euros en dos años que volverían al bolsillo de los ciudadanos, no se retornaría a la situación de partida, por mucho que se excluya de la tributación a los trabajadores que ganen menos de 12.000 euros brutos al año.

Hay margen
El margen, dicen esas fuentes, existe. Básicamente porque la economía se está comportando mejor de lo previsto inicialmente. A la reducción de los costes de financiación de la deuda por el descenso de la rentabilidad de las emisiones del Tesoro, hay que sumar el ahorro -más de 4.000 millones de euros- que tendrá el Estado este año por la caída de las prestaciones por desempleo. Mucho dinero no previsto en los Presupuestos que incluso hace pensar que el revisado objetivo de déficit para 2014 -un 5,5% del PIB- se haya quedado demasiado alto.

El Gobierno tiene dos opciones. Hacer caso a Montoro, que plantea un tímido recorte, o a otros miembros de su Gobierno, que están convencidos de que hay margen suficiente para ser más ambiciosos en la reformaEs muy probable que el sector público acabe el año con un déficit muy cercano al 5%, lo cual da garantías de que una reforma fiscal ambiciosa no ponga en jaque el proceso de reducción del desequilibrio presupuestario.

Más allá del análisis cuantitativo, sin embargo, hay otra realidad que hay que vincular necesariamente al análisis cualitativo. Cualquier sistema político se basa en la existencia de alternativas. Y si todos los partidos son iguales, esa es la mejor manera de destruir la democracia. Ocurre, sin embargo, que tienen razón los ciudadanos cuando sospechan que, efectivamente, todos los partidos son iguales, y eso explica la indiferencia con que se enfrentan a las elecciones al parlamento europeo, en las que no se espera una participación superior al 40%.

El sociólogo Sami Nair, a quien este periódico entrevistó hace unas semanas, ha puesto el dedo en la llaga cuando recordaba recientemente que el partido del candidato de la socialdemocracia europea a presidir la Comisión, Martin Schulz, forma parte de un Gobierno de coalición en Alemania con Ángela Merkel. Ver para creer. Mientras el Partido Socialista ataca a la ‘troika’ por el austericidio, su candidato para dirigir Bruselas da respaldo parlamentario a la canciller que ha diseñado la política económica de la UE durante la crisis.

Es obvio que en los países más avanzados la diferencia entre los grandes partidos tiende a ser mínima -sin duda porque el contrato social es una fuerza demasiado potente para que un partido intente romperlo-, pero si al final todos los partidos son iguales, es muy probable que estemos ante un inmenso tongo. Aunque haya urnas por medio.

Hacia una Europa de ciudadanos
Los separatistas se proclaman favorables a la UE, pero en realidad quieren estrechar el filtro de la identidad nacional para disfrutar de derechos cívicos, excluyendo de ellos a parte de sus hasta ahora compatriotas
Fernando Savater El Pais  11 Mayo 2014

Hablar del futuro es un empeño siempre arriesgado y, en el caso de un filósofo, contrario a las normas clásicas del oficio. Pensar filosóficamente es renunciar a la bola de cristal del adivino y al don de la profecía, para ceñirse a la interpretación del presente, lo cual ya supone una tarea bastante ardua. Por tanto, abandono desde el comienzo la pretensión de vislumbrar el porvenir y diseñar los parámetros de los acontecimientos que ocurrirán en él. Les confieso de inmediato que no sé lo que va a pasar. Pero lo importante es qué podemos hacer, sobre todo en nuestra Europa trabajosamente compartida.

La Unión Europea nació como un acuerdo económico tras la II Guerra Mundial para acelerar la recuperación de los países que la habían padecido e impedir la posibilidad de un nuevo conflicto bélico semejante. Después el proyecto se hizo más ambicioso, constituyéndose en la alianza de naciones democráticas que comparten principios y protegen derechos semejantes. Para quienes habíamos vivido durante décadas bajo dictaduras longevas que adormecían políticamente a nuestros países, combinando la represión feroz de las libertades cívicas con un proteccionismo económico rentabilizado por oligarquías, Europa era la promesa no de la felicidad social sino de la normalidad política. Más adelante, incorporados ya a la Unión Europea, recibimos imprescindibles beneficios pero también aprendimos, cada vez más dolorosamente, que la normalidad política no equivale automáticamente a la felicidad ni la justicia social, tan solo nos hace responsables de buscarlas. Fue como lo de aquel bisabuelo irlandés de Mark Twain que emigró a Estados Unidos porque le habían dicho que allí las calles estaban pavimentadas con oro; al llegar se enteró de que las calles no estaban pavimentadas con oro, de que muchas de ellas ni siquiera tenían pavimento y que, ay, tenía que pavimentarlas él.

Salir de una dictadura tiene muchas ventajas, pero nos escamotea la figura del autócrata como culpable último de todos los males: la tentación de algunos es convertir la impotencia política en rutina también en democracia, buscando nuevos responsables para ella, llámense mercados, banqueros sin escrúpulos, multinacionales, etcétera. Porque al entrar en la añorada Europa, después de no pocos esfuerzos, descubrimos un inconveniente inesperado para nuestros orgullos colectivos que con cierta malicia había señalado George Santayana: “Lo más difícil de asumir en las uniones internacionales es que implican ser gobernados en parte por extranjeros”.

Es muy alarmante que la educación pública se vea mermada en aras de la austeridad económica
La Europa actual, que se prepara para unas elecciones presumiblemente trascendentes en mayo, afronta como reto de fondo —más allá de esas urgencias puntuales de disensión o agravio entre países deudores y países acreedores que con razón ahora tanto nos preocupan— el esbozo imprescindible de en qué debe consistir la ciudadanía democrática. Porque existen identidades colectivas prepolíticas que son obstáculos para el desarrollo de la ciudadanía. Durante sus inicios en la modernidad, la democracia tuvo que enfrentarse a las identidades genealógicas de reyes y aristócratas, así como a las confesiones religiosas que pretendían definir al país (“la católica España”, “la piadosa Italia”, etcétera); hoy, la democracia europea tiene que vencer el enquistamiento nacionalista, tanto de los euroescépticos de Inglaterra, Holanda, Dinamarca o Francia como de los separatistas en Cataluña o Escocia que pretenden deshacer sus Estados multiculturales respectivos. Aunque estos separatistas se proclamen favorables a Europa, en realidad pretenden estrechar aún más el filtro de la identidad nacional como requisito para disfrutar de derechos cívicos, excluyendo de ellos a parte de sus hasta ahora compatriotas con el pretexto de crear nuevos Estados identitarios.

En todos esos casos siempre se trata de la maldición reaccionaria de la identidad predeterminada, es decir, de la veneración proclamada de las raíces: porque esas raíces, sean étnicas o religiosas, están siempre ancladas en el pasado mientras que la concepción progresista exige, por el contrario, que nuestras verdaderas y venideras raíces estén en el futuro, en aquello hacia lo que vamos juntos y no en eso de lo que venimos por separado.

La ciudadanía por la que merece la pena luchar es aquella según la cual el individuo obtiene derecho a la participación política, la protección social y los servicios básicos con abstracción de cualquiera de sus determinaciones previas genealógicas, étnicas, culturales, de género, etcétera, solo por el compromiso de aceptar las leyes. Quien acepte este fundamento común de ciudadanía, está luego en libertad de elegir sus identidades sucesivas y revocables en materia política, religiosa, cultural, erótica, etcétera. La ley compartida y la renuncia al privilegio de ser nada predeterminado le autorizará después a ser diferente a cualquiera de los demás a partir de ella. Por ahora, esta concepción ciudadana solo la garantizan los Estados democráticos realmente existentes (aunque a veces con preocupantes restricciones), por lo que los separatistas que piden una Europa “no estatista” encarnan en realidad la reacción del Antiguo Régimen contra ella. Quizá mañana pueda llegar a tener un alcance realmente cosmopolita, como anhelan quienes exigen instituciones de justicia universal y la defensa sin fronteras ni ventajismos de los derechos humanos.

Merece la pena luchar por la participación política, la protección social y los servicios básicos
Para este propósito, la educación es una pieza fundamental en el asentamiento de la ciudadanía. El aprendizaje de destrezas técnicas y conocimientos científicos es imprescindible, claro, pero también la formación humanista que permite el ejercicio pleno de las capacidades cívicas en el terreno político y social. Es muy alarmante que en nuestros países, con el pretexto de recortes económicos impuestos por una visión paralizadora de la austeridad presupuestaria, la educación pública se haya visto seriamente mermada y sobre todo en sus aspectos humanísticos —literatura, filosofía, historia, educación cívica…— considerados como superfluos y prescindibles, cuando no francamente inútiles por no rentables. Pero hay otras formas de rentabilidad aún más necesarias, las que buscan desarrollar esa riqueza no bancaria de la preparación para una ciudadanía que conozca las razones de la solidaridad, así como los motivos fundados tanto para obedecer como para rebelarse en la necesaria intervención frente a los acontecimientos sociales.

Se dice, a menudo con razón, que los políticos electos desconocen o no se ocupan de los problemas de los ciudadanos que les eligieron, obsesionados con sus luchas sectarias y con mantenerse en el poder a toda costa; pero también podría hablarse del desconocimiento irresponsable por parte de los propios ciudadanos de los problemas de la política, que debe conciliar intereses divergentes y beneficios comunes a veces difícilmente compatibles. Por eso es no solo aconsejable sino necesaria alguna forma de educación específica sobre los requisitos y las obligaciones de la ciudadanía, una asignatura boicoteada en España por los sectores clericales más oscurantistas. Resulta suicida consentir una política que solo permite hablar a los poderes de la macroeconomía y la especulación financiera, mientras condena al resto de los ciudadanos a una resignación acrítica o a una protesta desordenada y populista. Existen más ciudadanos que quieren ser escuchados precisamente como ciudadanos informados y no sencillamente como revoltosos vocingleros. La Unión Europea no puede desdeñar esas voces.

Permítanme, para terminar, una evocación histórica ejemplar. Durante toda la tarde de su trágica colisión, al Titanic llegaron desde otros barcos numerosos avisos de que había peligrosos bloques de hielo flotantes en las aguas que navegaba. Pero el operador de radio del buque las ignoró y no se las comunicó al capitán, porque estaba demasiado ocupado recibiendo y enviando mensajes de los pasajeros de primera clase. Ya sabemos cual fue el resultado de atender solo a estos privilegiados e ignorar las justificadas voces de alarma. No volvamos a cometer el mismo error con esta nave Europa en que viajamos juntos los ciudadanos de nuestras democracias.

Fernando Savater es escritor.
Este artículo es la versión abreviada de una alocución pronunciada ante la Asamblea portuguesa con motivo de la celebración del 40º aniversario de la Revolución de los Claveles.

Luchar o pagar por la educación, la participación política, la protección social y los servicios básicos
Nota del Editor 11 Mayo 2014

Esto de luchar por la educación, la participación política, la protección social y los servicios básicos me suena a la historia del cubano que tenía una bicicleta. Así que yo estoy de acuerdo en luchar para que todas estas cosas las paguen otros, que lo mío son derechos y para los demás las obligaciones; y que a nadie se le ocurra tocar mi bicicleta. Por eso voy a tratar de estar cerca del dueño de Zara para luchar contra él y conseguir que pague todo. Yo soy un izquierdista profundo, quiero todo gratis y que paguen los demás.

Aquí los tipos que cobran se dedican a marear la perdiz para que el personal siga en el limbo. Por lo que hay que luchar es porque todos seamos eficaces y honestos, y seguro que exigiendo y consiguiendo eficacia a todos los niveles, la honestidad es una consecuencia.

EL VERDADERO ENGAÑO
De falsificar la política (en el PP) a falsificar el pasado (con CiU)
Pascual Tamburri Bariain www.elsemanaldigital.com 11 Mayo 2014

Mientras Jesús Laínz explica en qué miente el nacionalismo catalán, Santiago Abascal cuenta por qué él no se rinde al nacionalismo pero parte del PP sí lo hizo. Habrá polémica.

Han hecho decir a Santiago Altozano que el periodismo sería una rama menor de la historia. Aunque suene ocurrente y hasta gracioso, no es demasiado acertado: el periodista cuenta para sus contemporáneos lo que ve, lo que viven, lo que junto a ellos disfruta o padece. No es una ciencia, ni se pretende de sus frutos que duren en el tiempo. El relato histórico, y más cuando va respaldado por la investigación, sí tiene esa perspectiva de futuro. Por eso lo que escribe un periodista y lo que escribe un político (cuando los políticos escribían más de 140 caracteres) están más cerca entre sí que de un libro de historia. Eso mismo hace que los libros de Jesús Laínz y de Santiago Abascal, apareciendo a la vez, sean tan distintos entre sí y en vez de competir sean, en gran medida, complementarios.

La diferencia, con seguridad, es que el libro de Santiago Abascal es coyuntural, aunque sincero, mientras que el libro de Jesús Laínz es permanente. Santiago Abascal es por derecho propio una figura de la política española hoy: paladín del PP en los años más difíciles (y también cuando el PP vasco funcionaba electoralmente), abandonó en 2013 la sigla de sus ilusiones al entender que Mariano Rajoy no estaba respondiendo a su programa y sus valores. Hoy está embarcado en la aventura de Vox, junto a Alejo Vidal-Quadras, y el libro No me rindo que nos ofrece en La Esfera de los Libros en la víspera de la campaña electoral es una explicación para quien no lo conozca de sus razones para haber sido como es y para tomar ahora este rumbo.

Abascal tiene el inmenso acierto de ahorrarnos el enésimo relato del sufrimiento de las víctimas físicas y morales de ETA. Estaremos de acuerdo, al menos sus lectores lo estamos, en que las víctimas merecen un reconocimiento y un resarcimiento, pero no son la razón política central cuando lo que está en debate es si España va a seguir existiendo y si va a tener una derecha política digna de tal nombre en democracia. Por eso Santiago Abascal cuenta, con anécdotas divertidas y otras no tanto, cómo ha sido su vida pública y cuál ha sido su experiencia del PP, o al menos lo que de ella se puede contar a sólo unos meses de su salida, con muchos amigos dentro y a sólo un par de semanas de unas elecciones.

Los Abascal, como muchos vascos y navarros, han resistido a ETA. Muchos otros no pudieron hacerlo y se fueron, y aún más, sencillamente, otros se rindieron: dieron por buena la corrección política nacionalista, su imposición cultural (lingüística, pero también de identidades, de memoria y de proyecto), su educación y sus símbolos, y a cambio se les dejó seguir viviendo en paz. Los muertos no tuvieron esa opción. Los que han resistido tampoco. Como el concejal Herzog demostró hace muy poco, y algunos de sus jefes antes, someterse al ambiente es personalmente más cómodo, aunque políticamente sea un desastre y en votos una hecatombe.

Pero el PP de la familia Abascal, que fue el de Gregorio Ordóñez, el de Jaime Mayor Oreja, el de María San Gil y el de José Antonio Ortega Lara, fue mucho más que eso. También lo fue el PP catalán de Vidal Quadras en 1995, con unos resultados que el hoy ministro del Interior ni se los sueña. Lo que Abascal explica en su libro es que Vox y su visión del futuro no son el resultado de un simple enfado o del recuerdo de quienes murieron sin que hoy se les honre. Once millones de españoles votaron al PP en 2011 para que hiciese una serie de cosas que no hace y no hiciese otras. Durante dos legislaturas en la oposición, Rajoy había tenido el apoyo entusiasta y generoso de millones de personas que no soportaban lo que veían venir. Pero ETA tiene hoy más representación institucional y política que nunca, y España está más en discusión que nunca. Eso no es un problema de crisis ni de gasto: es una cuestión de fondo.

Santiago Abascal ha escrito un buen libro, de gran interés en 2014 para entender el tiempo en que vivimos, el libro de un político profesional, el libro de un promotor de ideas y de soluciones. No será, porque no está pensado para serlo, un libro de valor permanente que nuestros nietos vayan a consultar más que como testimonio de este período extraño y confuso en el que vivimos. No es un libro para entender la identidad de España ni de los vascos; sí es un libro que hay que leer para decidir qué hacer el 24 de mayo, día en el que, además de un partido de fútbol, he oído decir que hay unas elecciones.

Los más españoles de los españoles
El debate abierto por la "consulta soberanista" del nacionalismo catalán ha dado lugar a muchas opiniones, bastantes de ellas expresadas en libros, escritos, análisis e informes. Material todo el, sin casi excepción, que se limita a la coyuntura política que España afronta en 2014 y a sus posibles soluciones o, más bien con frecuencia, parches. Eso hace del libro de Jesús Laínz, que no es la primera vez que estudia a fondo el nacionalismo y en especial el catalán con su historia y argumentos, casi una rareza.

Porque Laínz, en su España contra Cataluña, no se deja llevar por la situación de hoy, ni mucho menos por debates enteramente marginales y engañosos como lo son el de la inclusión o no de Cataluña en la UE, o el de los efectos económicos de la hipotética independencia. Ni el nacionalismo catalán nació como resultado de una casualidad, ni su argumento o su meta de fondo son principalmente económicos. Lo que está en debate en la Cataluña de Mas es qué ha sido Cataluña hasta hoy, cómo y por qué, y qué puede o debe ser en el futuro.

El nacionalismo catalán, usando una versión adaptada –falsificada, diremos los que sí creemos posible la objetividad de los datos- del pasado, lleva cien años explicando no sólo que Cataluña no es España, sino que España es la absoluta y eterna enemiga de Cataluña, de que todos los males vienen de ella. El nacionalismo ha hecho un gran esfuerzo para rescribir la historia, para separar –algo imposible sin mentir- catalanes y españoles, para atribuir a Cataluña una existencia y una identidad que no tuvo. Y algo más: para ocultar o negar que, por el contrario, durante siglos y milenios los antepasados de los catalanes de hoy fueron los más españoles, los primeros entre todos, los mayores promotores y beneficiarios de la unidad política, y antes que eso los más generosos participantes en las empresas comunes de las Españas.

El libro de Jesús Laínz es el libro que deberían tener en su mesilla de noche (si aún leen) todos aquellos que, en la política, en los medios, en las aulas o en la calle quieran dar una respuesta sólida al nacionalismo: no una respuesta volátil y de conveniencia, sino una refutación de sus argumentos históricos, uno por uno, y por ende de su propuesta identitaria. No se combate una división de tanques con un tirachinas, y no se da la respuesta debida al nacionalismo sólo hablando de la política de 2014, y menos aún de la economía, la macroeconomía y la hacienda. Recordaba por aquí hace unos días Ricardo Chamorro que san Juan Pablo II "describió perfectamente la diferencia entre nacionalismo y patriotismo en Memoria e Identidad… cuando la identidad se utiliza de forma arrojadiza contra el otro se convierte en nacionalismo". Santiago Abascal no se rinde. Jesús Laínz nunca se ha rendido. Le puede a usted gustar más o menos lo que dicen o cómo lo dicen, pero no se engañe: cualquier otra respuesta no dejará de ser una forma de rendición ante el independentismo.

"Nos hacen el vacío"
Ortega Lara: "Quien más me ha decepcionado ha sido Mariano Rajoy"
El exfuncionario de prisiones ha atendido a Libertad Digital en medio de la campaña de las europeas.
Míriam Muro Libertad Digital 11 Mayo 2014

"En estos días casi es mejor que hablemos por teléfono", nos avisa José Antonio Ortega Lara. El ex funcionario de prisiones se encuentra en estos momentos viajando por toda España con Vox. "Nosotros tenemos que hacer nuestra campaña a pie de calle", explica. Es un hombre madrugador, por ello hablamos con él a primera hora de la mañana. "Prefiero hablar con vosotros temprano, después tengo un acto y tengo que escribir mi discurso", cuenta. No tiene problemas en responder a ninguna pregunta. Su voz solamente se entrecorta en el momento que recuerda aquellos terribles 532 días en los que la banda terrorista ETA lo tuvo secuestrado en un zulo de 3 metros de largo y 2,5 de ancho, excavado bajo una gruesa plancha de hormigón en una nave industrial de Mondragón.

El próximo 1 de julio se cumplen 17 años de aquel día en el que la Guardia Civil lo liberó de sus secuestradores. En estos años, Ortega Lara ha abandonado el PP por diferencias ideológicas y también por el trato que se le dio en su partido a María San Gil. Hace tan sólo unos meses ha vuelto a la política para formar parte de Vox, ya que "no podía permanecer impasible con lo que está pasando en España".

¿Por qué en estos momentos y por qué con Vox?
La verdad es que yo vivía muy tranquilo, yo no sé si he acertado o no entrando en política. Lo que sí que sé es que no podía seguir así, permaneciendo impasible ante todo esto. La verdad es que mi entrada en Vox no tuvo una sola causa. Por empezar por alguna, ver el ambiente de degradación que se respira en España, el alto grado de corrupción que hay en nuestra política, la manipulación y politización de la justicia, la falta de un rumbo decidido contra los nacionalismos, y sobre todo, en mi caso, ver cómo la lucha contra ETA ha cambiado por completo. Hemos entrado en una fase de negociación política donde se le ha otorgado a la banda terrorista ETA carta de naturaleza como interlocutor válido con el gobierno de la nación.

Razones a las que se suma algo que me dijo mi hijo. Hace unos meses me comentó que estábamos dejándoles un país en muy malas condiciones. A mí me dolió tanto aquello... A mí, que me ha tocado jugarme la vida sin quererlo, pero jugarme la vida por España, estas cosas me afectan.

Usted también fue militante del PP, estuvo en varias campañas electorales. Ahora está en Vox. ¿Qué diferencias ve entre ambos?
Vox viene a cubrir el espacio que en su día dejó vacío el PP, y las diferencias entre ambos son muy grandes. Vox propone cosas que el PP parece haber abandonado. Entre ellas, mantener la unidad de España. Los nacionalismos están más exacerbados que nunca, en el caso de Cataluña en abierta rebeldía contra las instituciones del Estado. También consideramos que la actual estructura territorial del Estado es un modelo agotado, supone un gasto enorme que no nos podemos permitir.

Pero sobre todo, defendemos el imperio de la ley contra el terrorismo sin negociación política. El gobierno actual no ha hecho más que asumir como propios los compromisos heredados de aquella hoja de ruta que se fraguó en la mesa negociadora entre el gobierno socialista y ETA.

Podíamos hablar también de la necesaria reforma de la ley de partidos, de la ley electoral, y de la reforma también de la ley de financiación de partidos. Entre otras cosas para que los candidatos de los partidos sean elegidos por los militantes y no por el dedo divino, para que haya listas abiertas... Otra promesa del PP fue eliminar las subvenciones a los partidos políticos, a las organizaciones empresariales y a los sindicatos, y hace unos días hemos visto cómo se repartían 52 millones de euros del erario para su propaganda en la campaña de las europeas.

El presupuesto de Vox es muy distinto…
Vox está con la gente, nosotros tenemos que hacer nuestra campaña a pie de calle, además los medios que tenemos son muy limitados, y también, por qué no decirlo, algunos de los medios de comunicación mayores nos hacen un poco el vacío, no así los medios más locales. Pero como nuestra mejor baza es la calle nos dedicamos a patear todos los pueblos y ciudades con los pocos medios de que disponemos. Muchas personas nos reciben con los brazos abiertos diciendo que ya era hora de que formásemos un partido político con las ideas claras.

Y entre los otros partidos políticos, ¿cómo les han recibido? ¿qué piensa Ortega Lara de aquellos que dicen que Vox molesta al PP?
Nosotros lo que hacemos ahora es ocupar el espacio que tuvo el PP y ha abandonado. El PP de Aznar y el actual no se parecen en nada, las bases siguen siendo las mismas pero las cúpulas dirigentes desviaron su rumbo. Lo único que digo es que podían haberlo dicho antes de las elecciones, así hubiéramos votado en otra dirección.

Una campaña, la del PP, en la que prácticamente no estarán personas como Aznar, San Gil o Mayor Oreja ¿qué le parece esto?
Yo no puedo responder por la cúpula del Partido Popular, pero sí puedo decir qué haría yo. Creo que es un error prescindir de personas como San Gil o Mayor que, entre otras cosas, se jugaron la vida por luchar contra el terrorismo.

Un terrorismo, el de ETA, que según dice el ministro del Interior está "muy débil ". Dice que se puede considerar que "hoy ETA son sus presos y poquito, poquito más".
Nuestro querido ministro nos vende la imagen de que ETA esta derrotada, y no es así. A raíz de la negociación política, ETA está más viva que nunca, eso sí, desde un punto de vista político. Está en las instituciones donde disponen de dinero, poder e información. Esta era una de sus reivindicaciones, la otra era la liberación de sus presos, y a partir de la doctrina Parot se está cumpliendo.

Fuera de la cárcel es donde también se encuentra uno de sus secuestradores, Bolinaga
Bolinaga fue una excarcelación por razones políticas, no sanitarias. La realidad es que eso a mí me dolió mucho. Y digo que es una decisión política porque yo sé que hay enfermos mucho peores, pero mucho, que no van a ser excarcelados. Pero lo único que deseo es que disfrute de su libertad y que le sirva para pensar todo el mal que ha hecho.
"Da la sensación de que, en este país, la justicia es para los delincuentes"

Y luego está lo de Inés del Río. La derogación de la doctrina Parot afectaba solamente a ella y en 24 horas asistimos al espectáculo en el que el gobierno llevó a cabo la excarcelación de un montón de asesinos y violadores. Da la sensación de que en este país la justicia es para los delincuentes, los corruptos y que las víctimas del terrorismo y otros muchos ciudadanos nos encontramos en una situación de indefensión.

¿Por qué cree usted que el Gobierno ha seguido esta hoja de ruta, por qué le ha hecho esto a las víctimas?
Las víctimas somos molestos siempre, porque somos como la voz de la conciencia para aquellos políticos acomodados apoltronados, y que no quieren problemas, que quieren pasar página.

¿Y quién le ha decepcionado más en este Gobierno?
Indudablemente, quien más me ha decepcionado ha sido el actual presidente del gobierno, Mariano Rajoy. ¿Qué quiere que le diga?, nunca pensé que la política antiterrorista de este gobierno iba a seguir este cauce. Del anterior presidente del Gobierno, de Zapatero me lo esperaba. Pero entre las promesas electorales del señor Rajoy estaba la no negociación. Quizá no se ha sentado con ellos directamente en la mesa negociadora, pero lo que ha hecho es asumir todos los compromisos adquiridos por el anterior gobierno y está siguiendo a pies juntillas su hoja de ruta, eso es prácticamente lo mismo que negociar.

¿Qué siente al ver cómo ha cambiado todo en estos años, usted que se jugó la vida por España?
Decepción, desamparo e, incluso, también rabia. A pesar de ello hay que acatar las normas porque si no estaríamos en la ley de la selva. Pero una cosa es el acatamiento externo y otra la aceptación interna, eso es imposible.

Una clara propuesta de Vox es la no negociación política, todos tenemos que ser iguales ante la ley y estos señores, los asesinos de ETA tienen que cumplir sus condenas. Pero visto cómo ha ido el devenir de las negociaciones de este gobierno y del anterior, y que a ETA no se le ha exigido contrapartida alguna, lo veo difícil a corto plazo. Pero todo puede cambiar en esta vida.

¿Usted ha perdonado?
Yo vivo sin miedo, sin odio y sin olvido, me ha costado mucho perdonar, pero lo he hecho. No por ellos, sino por mí y mi familia. Creo que es absolutamente necesario para llevar una vida normal. A la persona que odias seguramente no le interese y solo te perjudicas a ti mismo. Y también es importante porque el odio aflora y perjudicas a las personas que tienes a tu alrededor.

Pero el olvido no es posible porque si olvidamos este tipo de cosas estaríamos abocados a que se volvieran a repetir.

¿Qué es lo que no podrá nunca olvidar de aquellos 532 días? ¿Cual es su peor recuerdo?
Tendría una legión de ellos, no sabría ni cuál decirle. Pero quizás, el shock emocional de los primeros días, y la degradación física e intelectual de los últimos meses.

Allí me mantuvo vivo el recuerdo de mi familia y la oración, rezaba todos los días paseando por mi pequeño habitáculo sin ni siquiera rozarme con las paredes, ya me lo sabía de memoria. Y también no dejar nunca de hacer ejercicio físico y asearme, aunque tuviera el cuerpo y el alma destrozada.

Pero usted llegó a creer que moriría allí
Llegué a la convicción de que era mi destino final, perdí la esperanza. El día que me liberaron pensé que hasta la Guardia Civil eran terroristas, que para mayor escarnio personal me iban a matar fuera, delante de todos ellos. Ahora estoy vivo gracias a Dios, a la Guardia Civil y a lo mucho que rezó mucha gente por mí. Es difícil pero todo llega en esta vida.

Lo único que no puede llegar es el olvido. Episodios como el mío y el de otras muchas víctimas, episodios tan crueles de nuestra historia tienen que ser escritos con vencedores y vencidos. Como vencidos los terroristas y como vencedor el estado de derecho. Y tiene que ser así por España y por la libertad.

Predijo la subprime en 2006
Whilliam White alerta de una nueva burbuja: "Nunca he visto nada igual"
El execonomista jefe del Banco de Pagos Internacionales teme que estalle otra gran burbuja, inflada por los bancos centrales.
Luis F. Quintero. Libertad Digital11 Mayo 2014

Los principales bancos centrales a uno y otro lado del Atlántico llevan años impulsando políticas monetarias ultraflexibles, manteniendo por tiempo ilimitado tipos extraordinariamente bajos. Esto está provocando una tendencia expansiva en los mercados de capitales que podría traer como consecuencias nuevas burbujas. Mercados inflados en bonos soberanos y productos financieros sin bases sólidas bien podrían terminar estallando como ya hicieran los inmobiliarios, financieros y deuda pública, que a punto ha estado de dar al traste con monedas como el euro.

Esto es lo que piensa William White, execonomista jefe del Banco de Pagos Internacionales, asesor de la OCDE y también de la canciller alemana, Angela Merkel. En una reciente entrevista publicada en Finanz Und Wirtschaft, White advierte de los riesgos que se ciernen sobre la economía global. Tal y como señala, "honestamente, nadie ha visto nunca nada igual. Ni siquiera durante la Gran Depresión de los años treinta se llevó a cabo una política monetaria tan laxa".

En cualquier caso, White justifica este tipo de reacciones: "Después de Lehman Brothers, muchos mercados simplemente se paralizaron. Los banqueros centrales acertaron, a mi juicio, al tratar de mantener el funcionamiento básico del sistema", pero después se equivocaron. White explica que es necesario saber distinguir entre la prevención, el tratamiento y la resolución de la crisis.

En un primer momento, bajar tipos e impulsar la expansión monetaria pudo ser una decisión adecuada, dice White. "Ésa fue una buena gestión de la crisis", pero el problema es que aún siguen "gestionando la crisis" y, "esencialmente, están haciendo más de lo mismo, y esto conlleva algo intrínsecamente malo".

La interpretación de White pasa porque los bancos centrales tratan de trasladar a los ciudadanos una mayor sensación de riqueza, de bienestar económico que les impulse al consumo, y esto "es extremadamente peligroso". En su opinión, lo que consiguen es mantener un precio del dinero artificialmente bajo.

Así, para White uno de los problemas a los que se enfrenta la economía es el gran número de "empresas y bancos zombis" que existen hoy en día, especialmente en Europa, donde los bancos, una vez rescatados, han cerrado los ojos al problema y creen que "todo está floreciendo", con lo que mantienen las inversiones "pensando que el dinero sigue estando ahí".

El efecto perverso de esta deriva de los bancos es que se mantiene con vida a "los zombis" y siguen "tirando hacia abajo de la parte sana de la economía". Lo que en realidad necesita la economía, según White, es una mayor reducción de la deuda pública y también privada, y mayor recapitalización del sistema bancario, pero desde el ahorro. Es decir, "hacer frente a la realidad".

Para White, los inversores se han visto atrapados en "el impulso de toda la liquidez proporcionada por los bancos centrales", pero no una liquidez basada en fundamentos sólidos. De seguir así, "en un momento dado las políticas de expansión monetaria de la Fed dejarán de dar resultados y, entonces, estaremos ante un problema enorme. Además, habremos desperdiciado muchos años en los que podríamos haber puesto en marcha políticas que hubieran favorecido un crecimiento sostenible y sentado en bases sólidas".

Los tres escenarios de White
Así, el pesimismo de White se sustenta en la observación de varios escenarios. En el primero "puede ser que la política de expansión monetaria funcione a la perfección" y que él esté equivocado. Pero incluso en este caso, es posible que se produzca "una reacción desordenada de los mercados financieros" que podría destruir la recuperación económica.

Otro escenario es el de un cambio brusco en la política de tipos si comienza a cundir el pánico a que se presente un escenario de rápida inflación. Otro posible accidente, de seguir esta tendencia de expansión monetaria, es que los inversores lleguen al techo de riesgo que están dispuestos a asumir y quieran abandonar sus carteras en masa. Entonces, se produciría un colapso, ya que no existe liquidez suficiente en el mercado para garantizar dicha salida.

El tercer escenario se sustenta en que, finalmente, "el fortalecimiento del crecimiento económico se rebele como un espejismo". De ser así los precios podrían comenzar a subir presas de la inflación, mientras que los salarios se mantendrían restando poder adquisitivo a los ciudadanos.

El verdadero miedo de White es que una economía endeudada por encima del 200% del PIB y con unos ingresos tributarios en caída libre sea presa de la hiperinflación merced a la política de laxitud de los tipos de interés. Además, no cree que estos temores sean infundados dado que los agentes del mercado no están respondiendo a una señal inequívoca de inflación, el incremento exponencial de la masa monetaria.

"Mi preocupación es que en algún momento, la gente vea esta situación y pierda su confianza en que se mantenga la estabilidad. Si lo hacen y empiezan a temer la inflación, el cambio en las expectativas puede tener efectos muy rápidos", dice White.

¿Prohibir por molestar o por afán recaudatorio?
“La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano”, Concepción Arenal
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 11 Mayo 2014

Si alguno de ustedes pensara que está en una sociedad libre, empiece a reconsiderar seriamente si esto que usted imagina se corresponde con la realidad del país en el que vive. En realidad, esto de vivir en una libertad plena es meramente algo utópico, imposible y perteneciente exclusivamente al mundo de la entelequia.

Lo cierto es que se nos dice que vivimos en un país democrático, sí, aquello que suena tan bien del “gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo” de aquel famoso discurso de Abraham Lincoln en Gettysburg (Pensilvania); se nos habla constantemente por los políticos de libertad y de derechos individuales inalienables pero, a poco que uno escarbe qué es lo que se esconde debajo de tan esperanzadoras palabras, lo que descubrimos es que aquellos en los que confiamos la gobernación de la nación, en cuanto se han acomodado en la poltrona, se olvidan de todos aquellos discursos, aquellas proclamas y promesas que hicieron cuando aspiraban a ser elegidos, para dedicarse a full time a lo que, de verdad, se suele esconder debajo de su epidermis dura como la piel de un rinoceronte que, a la postre, consiste, básicamente, en el ejercicio del poder, la promoción de sus ideas particulares, el mantenerse en la cúspide de su partido y el asegurarse la reelección; aunque para ello, en su próxima campaña de promoción, tenga que ofrecer al pueblo todo lo contrario de lo que prometió cuando se hizo con el poder. Esta es, señores, la vera efigies de un político.

En todo caso, estamos en una nación en la que la burocracia se ha venido multiplicando desde que la Constitución de 1.978 estableció, en uno de los mayores errores que se cometieron por los llamado ”padres de la patria”, en un conglomerado de comunidades autónomas, poco menos que un sistema federal ( algunas naciones, que se rigen con este sistema, les concedieron a sus federaciones menos transferencias que aquí, en España, se les han otorgado a nuestras comunidades); lo que, en definitiva ha venido derivando en un solapamiento de restricciones a las libertades ciudadanas, según se considere que, partiendo de las leyes estatales, siguiendo con las leyes, normas y tasas autonómicas y finalizando con el cúmulo de ordenanzas y prohibiciones municipales; constituyen, en conjunto, una maraña a modo de tela de araña que acaba asfixiándonos y reduciéndonos a meros robots, que se mueven según les interesa a quienes ostentan el poder. Una agobiante presión sobre el individuo que, sin duda, le hace dudar de la bondad de todo este entramado de limitaciones, prohibiciones e impedimentos que convierten aquella libertad prometida en algo menos que una simple ilusión irrealizable.

En definitiva, a la hora de prohibir, a diferencia de lo que ocurre cuando se trata de cumplir con las promesas electorales, parece que existe una unanimidad por parte de todas las Administraciones; que encuentran más factible el recurrir a tal método prohibitivo en lugar de buscar la solución, menos impactante y más beneficiosa, intentando encontrar una solución que permita obviar la necesidad de imponerle una traba o un veto al ciudadanos. Se ponen límites a las velocidades de los vehículos, que están diseñados para poder ir más rápidos, no porque con ello se consiga limitar la accidentalidad, sino debido a que, a la Administración, le sale más barato multar que poner en condiciones las autopistas, mejorar los firmes, suprimir las curvas peligrosas y señalar debidamente las carreteras, para que los conductores sepan en cada momento a que atenerse.

Si ustedes se fijan en la cantidad de prohibiciones que, de unos años a esta parte, nos han sido impuestas a los ciudadanos; basándose en una pretendida y yo diría excesiva, preocupación por “nuestra salud”, por motivos de medio ambiente o por mejorar la seguridad de la ciudadanía, se darán cuenta de la gran hipocresía que subyace debajo de todo ello. Por ejemplo: se ha prohibido fumar en prácticamente todos los lugares, alegando que es cancerígeno, que molesta a otros ciudadanos y que es una costumbre antihigiénica, pero, no obstante, la Tabacalera, una empresa pública, sigue vendiendo toneladas de tabaco a todo aquel que quiera comprarlo. ¿Se entiende o, al fin y al cabo, toda aquella pretendida preocupación por la salud pública no era más que una operación de cara a la galería, pero que, en modo alguno, han permitido que perjudicara a la recaudación de los tributos del Estado sobre el tabaco?.

Ahora siguen endureciendo el Código de la Circulación, pero los ciudadanos que usan un vehículo no ven que las calles de las ciudades se reparen, se ensanchen, se asfalten o se permitan obras que permitan circular en mejores condiciones. No, al contrario, se “amenaza” con tener que circulara a 30 o 20 kilómetros por ciertas calles de las ciudades ( en ocasiones ya quisiéramos poder circular a semejantes velocidades); sin darse cuenta de que, en las velocidades cortas, se emite mucha más polución que en las largas. ¿Qué se pretende, que las ciudades sean intransitables en vehículo y todos los ciudadanos vayan en transporte público? Muy bien, pensemos ahora si todos los que usan coche lo dejaran en casa, ¿habría suficiente transporte, y éste circularía con la debida velocidad para cubrir las necesidades de una gran población que necesita desplazarse para acudir a sus obligaciones.?.

Es curioso, pero esta diligencia en poner obstáculos a los conductores no tiene su equivalencia en cuanto a la actividad municipal de velar por evitar los ruidos molestos que, en determinadas calles de ciudades, como Barcelona, resultan insoportables y, por supuesto, superan los decibelios que la ley permite para no resultar nocivos para la ciudadanía. Se pide que compremos coches, que consumamos, que reactivemos con nuestras compras la actividad comercial, pero no se preocupan de la seguridad en las calles, ni en dar facilidades para aparcar, ni de evitar las emanaciones de gases de determinadas industrias, ni en reparar las aceras o programar de una manera racional las obras públicas, causantes de no pocos despistes o embotellamientos de la circulación.

Los jóvenes deberán llevar casco si montan en bicicleta, algo a lo que no están obligados a hacer los mayores ¿ En qué quedamos, es que los mayores no se pueden partir la sesera si se caen de la bicicleta? En algunas ciudades, como Barcelona, cada vez se van haciendo más zonas peatonales en las que, anteriormente, se podía circular; sin tomar en cuenta los perjuicios que ello puede reportar al comercio minoritario y a la circulación por dentro de la ciudad. Por si faltara algo que complicase más la circulación, la obsesión de los partidos de izquierda por fomentar el uso de la bicicleta dentro de las ciudades, hace que, cada vez, se estrechen más las calzadas y las aceras; algo que se va a complicar más si, como parece, ahora podrán circular por debajo del límite mínimo de velocidad, por cualquier vía. Preparémonos a tener más atascos.

Lo cierto es que, por fas o por nefas, estamos sometidos cada día más a recortes de nuestras libertades, de nuestra legítimo derecho a vivir en una ciudad habitable, sin que se nos vaya sometiendo al tercer grado de la obsesión recaudatoria ( la única que mueve a la Administración a inventarse sistemas para sancionar más)que nos obligue a convertirnos en unos monigotes en manos de políticos que, en ocasiones, no están preparados para la función que desempeñan, dedicados a buscar la forma de incordiar al pueblo. O así es como, señores, desde la óptica del ciudadano de a pie, se ve el control exagerado al que nos tienen sometidos.

¿Se puede cuidar mejor el dinero de los contribuyentes?
En tantos casos de corrupción de políticos pocos son los que han sido castigados
Francisco Rodríguez  www.diariosigloxxi.com 11 Mayo 2014

Los medios de comunicación nos ofrecen cada día los casos de corrupción que se encuentran en los juzgados y los nuevos que van aflorando y todos tienen como características comunes la implicación de políticos y la antigüedad de bastantes años desde que se produjeron los hechos delictivos y, lo que es más grave, el transcurso de un largo periodo de tiempo desde que los jueces iniciaran el procedimiento y los pocos casos que vemos llegar a su final.

En tantos casos de corrupción de políticos pocos son los que han sido castigados, ni siquiera con una inhabilitación temporal o permanente para poder presentarse a nuevas elecciones. De los que gozan de la condición de aforados no recuerdo ninguno, quizás por mi falta de memoria.

Tampoco recuerdo, quizás también por falta de memoria, de condenados que hayan devuelto un euro de los que afanaron fraudulentamente.

Pero si es condenable aprovecharse del cargo para aceptar coimas y sobornos, qué podemos pensar de los que dejaron entrampados a los ciudadanos con obras inútiles o insostenibles, aun en el caso de que no se hayan enriquecido, ¿están acaso exentos de responsabilidad por haber impulsado obras faraónicas, aeropuertos sin viajeros, metropolitanos innecesarios, polideportivos o teatros en cada pequeño pueblo, instalaciones que pocos utilizan, etc. etc.?.

Si una persona, física o jurídica, tiene mucho dinero y lo despilfarra, será su problema, pero si lo que se despilfarra es para llevar a cabo proyectos insostenibles es el dinero ajeno, el que se extrae del sudor y el esfuerzo de los que trabajan ─y sus descendientes que tendrán que seguir pagando la deuda acumulada─, ¿no debería ser condenado, al menos, a no poder participar nunca en la cosa pública?.

Si tenemos un sistema democrático en el que el gobierno de cada ente se distribuye entre gobierno y oposición y ─todos cobran sus sueldos─, ¿qué clase de oposición es ésta que no consigue frenar ningún proyecto insostenible, ningún desastre económico? A mi parecer es poca justificación alegar solo que votaron en contra, aunque será que no hay previstas acciones ni procedimientos para evitar tales descalabros o que nos conformamos con que estos malos gobernantes pierdan las próximas elecciones, lo cual una veces ocurre y otras no. ¡Oh, el caciquismo…!.

Tenemos un ley reguladora de la contratación pública pero, quien hizo la ley hizo la trampa, y se utilizan multitud de argucias para burlarla, por ejemplo con rebaja de la oferta a cambio de futuros reformados. Los criterios de la mesa de contratación para elegir entre los licitantes no son a menudo claros y los que resulten excluidos no pleitearan ¿para qué?.

Si para depurar responsabilidades hay que esperar a una sentencia judicial habrá que decir aquello de “cuán largo me lo fiáis”. Como más vale prevenir que curar hay que potenciar a los interventores, profesionales responsables, dependientes de la Intervención General del Estado, cuyos reparos no puedan ser ignorados olímpicamente, ni puedan ser puenteados por ingenierías presupuestarias ni contables. Toda administración pública, incluidas las empresas, fundaciones y organismos que ella misma cree, así como los partidos y los sindicatos, deben estar bajo la supervisión previa de la Intervención, pues se trata de dinero público, dinero del ciudadano, dinero del contribuyente, que no puede ser objeto de malversación ni despilfarro.

Ojalá que la crisis que estamos padeciendo nos lleve a una acción política clara, transparente, responsable, que no necesite dirimirse en la tupida y garantista maraña judicial.

Pedro J. Ramírez habla sobre su libro, "La desventura de la libertad"
Por Pedro J. Ramírez Libertad Digital 11 Mayo 2014

Pedro J, Ramírez define su obra La desventura de la libertad como "la reconstrucción minuciosa de los cinco últimos meses del Trienio Liberal", es decir "de lo que sucede en España entre mayo y octubre de 1823". "Es un momento en el que los 100.000 hijos de San Luis, el ejército expedicionario francés mandado por el duque de Angulema, ha cruzado ya la frontera del Bidasoa y ha avanzado hacia Madrid sin encontrar oposición militar", afirma al tiempo que comenta cómo los generales "traicionan o retroceden incumpliendo sus compromisos y obligaciones" porque "el régimen liberal se está quedando sin dinero para poder sostener el esfuerzo bélico y porque los intentos diplomáticos de conseguir la mediación británica están resultando baldíos".

En este sentido, Pedro J. apunta que "en ese momento las Cortes, que se han replegado desde Madrid a Sevilla con el rey Fernando VII, buscan a la persona que pueda liderar desde el gobierno el esfuerzo defensivo", por lo que "eligen a José María Calatrava, un hombre que representa de alguna manera la tercera España".

Así, afirma que el libro relata los esfuerzos de Calatrava "por intentar evitar lo inevitable". "La desventura de la libertad es la desventura de José María Calatrava y los miembros de su Gobierno", sentencia al tiempo que afirma que ha "tenido la inmensa fortuna de descubrir un tesoro documental" que es su archivo secreto. "Quienes lo lean van a encontrar al mismo tiempo un relato escrito con la vivacidad propia de un periodista, pero también una investigación realizada con el rigor propio de un académico de la historia", opina Pedro J. sobre su libro.



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El peso de los apellidos vascos
MANUEL MONTERO, EL CORREO  11 Mayo 2014

· Las poblaciones de origen foráneo y local no formaron mundos cerrados, contra lo que suponen quienes recrean una sociedad replegada en trincheras vitales

· No se refiere el título al peso simbólico de los apellidos vascos, sino al que realmente tienen en el País Vasco. Es algo más que una curiosidad, pues constituye uno de los elementos que lo configuran y que resulta prioritario en muchas imágenes colectivas.

En Euskadi vive en torno a un millón de personas con algún apellido vasco (la cifra es casi exacta). No es el grupo mayoritario, pues los que tienen los dos apellidos de origen castellano son el 56% de la población. Entre quienes tienen ambos apellidos vascos y los ‘mixtos’ (uno vasco y otro castellano, al margen del orden) el grupo ‘mixto’ es el mayor, unas 540.000 personas, pero el de los dos apellidos euskéricos configura un colectivo importante, aproximadamente 450.000 personas, el 20,4% del total. Por lo que se ve estos días, con la película que hace furor, es el ámbito de referencia al hablar de la población de origen autóctono: algo más de la quinta parte de los vascos.

Cabe distinguir tres grupos en nuestra sociedad, según los apellidos. El mayoritario es el de ambos apellidos castellanos, el 56 %; redondeando, el de apellidos mixtos sería el 24 %, y el de los dos apellidos vascos el 20%. Lo reveló el estudio de José Aranda Aznar ‘La mezcla del pueblo vasco’. 56-24-20: así resulta la estructura básica de nuestra población desde este punto de vista.

Genéricamente, esta distribución es fruto de la concurrencia de la población de origen autóctono y de las sucesivas oleadas migratorias. Las poblaciones de origen foráneo y local no formaron mundos cerrados, contra lo que suponen algunos imaginarios que recrean una sociedad vasca replegada en trincheras vitales. De ahí el peso, relativamente elevado, de la población ‘mixta’, en una hibridación que se inició con la llegada de población inmigrante el último tercio del XIX.

56-24-20 es la estructura general de la población vasca desde la perspectiva de los apellidos, pero se dan distintas situaciones, que completan la imagen. Básicamente encontramos tres modelos.

En el modelo de numeración ascendente el grupo minoritario es el de dos apellidos castellanos, el intermedio el mixto y el mayoritario el de ambos apellidos vascos. Son pequeñas y medianas poblaciones que apenas han recibido migración. Es predominante en las provincias costeras según el número de localidades, no por el de habitantes. Es un modelo frecuente en Guipúzcoa, inusual en Álava –el único caso alavés es el de Aramaio– y habitual en Vizcaya en localidades pequeñas alejadas del Nervión. De forma representativa, el modelo ascendente presenta la estructura 12-23-65, aunque los porcentajes varían mucho (el caso de Zerain, el más extremo, es 2-6-92).

El que más población reúne es el modelo descendente, el que reproduce la configuración general de la demografía vasca. Son localidades que recibieron una gran inmigración y que presentan un mestizaje consolidado. Lo reproducen las tres capitales (Bilbao: 64-26-10). En Vizcaya es también el de la conurbación del Nervión y de casi todas las localidades importantes fuera de esta área. Es habitual en Álava, al margen del tamaño de las poblaciones. En Guipúzcoa lo presentan sólo San Sebastián, Irún, Rentería y Pasaia.

Existe un modelo cóncavo. Los grupos mayoritarios son los extremos, los de dos apellidos castellanos y los dos apellidos vascos. El mixto ocupa un lugar intermedio, inferior a los dos anteriores. Corresponde a medianas poblaciones que crecieron súbitamente a partir de los años cincuenta, con la recepción de migración foránea y del entorno inmediato. El mestizaje no ha cambiado la primacía de estos dos grupos. Este modelo se encuentra sobre todo en Guipúzcoa: su propia estructura global lo refleja. Es 41-25-33. Hay dos localidades cuya demografía resulta casi exactamente 40-20-40, Soraluze y Elgoibar. No hay escalonamiento, sino una imagen en ‘u’. En Guipúzcoa presentan esta estructura 33 localidades. En Vizcaya la tienen 17 poblaciones. No se encuentra ningún caso en Álava.

Casi no se da la estructura convexa, en la que el grupo mayoritario sea producto del mestizaje. Son sólo siete poblaciones, de las que las mayores son Hondarribia, Plentzia y Galdames.

Así, la distribución geográfica que tiene la población de apellidos vascos es muy distinta a la que globalmente presenta la demografía vasca. Casi la mitad de quienes tienen algún apellido vasco son guipuzcoanos: el 48% del total, por el 41% que representa Vizcaya y el 11% de Álava. El 48-41-11, que lo resume, contrasta con el peso provincial en el conjunto de la población, que es 33-53-14.

El desequilibrio se acentúa si se tiene en cuenta sólo al colectivo de dos apellidos vascos. En este caso Guipúzcoa representa más de la mitad, el 52%, mientras Álava tiene un peso muy reducido, el 7 %. El porcentaje de Vizcaya es el 41%. San Sebastián (no Bilbao) es la ciudad que concentra más habitantes con apellidos vascos. En ella este grupo es mayoritario (52%, en total).

Una circunstancia clave: las personas con algún apellido vasco son minoritarias en el País Vasco, pero, por lo dicho, esa situación general no se reproduce en todos los lugares. El 56% de la población con algún apellido vasco, más de la mitad, vive en localidades en las que este colectivo es el mayoritario. Además, en ellas el grupo predominante es el de dos apellidos vascos.

La distribución asimétrica del País Vasco según los apellidos tiene algunas implicaciones simbólicas y políticas, pero nos quedaremos aquí con la imagen diversa que proporcionan los distintos ámbitos demográficos.

España
La reforma de la administración se enfrenta a la resistencia de las autonomías
J.G.M. / MADRID ABC 11 Mayo 2014

Varias regiones se oponen a prescindir de los órganos cuyas competencias se duplican con las del Estado, una de las medidas planteadas por el Gobierno para reducir gastos

Soraya Saénz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, en una imagen de archivo

La supresión de las instituciones autonómicas cuyas competencias se duplican con las del Estado, una las medidas planteadas en la ambiciosa reforma de las administraciones públicas, se enfrenta a la resistencia de las comunidades. Castilla-La Mancha, con la eliminación de la Sindicatura de Cuentas, es la primera región que culmina este proceso. La Rioja, Asturias y Murcia están en camino frente a otras comunidades que se niegan a perder competencias. Andalucía incluso va en la dirección opuesta marcada por el Ejecutivo.

Los tribunales de cuentas, los consejos consultivos, los defensores del pueblo y los consejeros autonómicos y sociales son las instituciones señaladas por la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas (CORA) para su supresión. El ahorro acumulado hasta la fecha con las medidas de «adelgazamiento» del Estado asciende a 9.500 millones de euros, según cálculos del Gobierno.

La reforma ha sido efectiva en la supresión de empresas públicas autonómicas y en la eliminación de oficinas en el exterior. No ocurre lo mismo en el caso de las duplicidades de competencias. El Gobierno estima que, eliminando los defensores del pueblo, se podría ahorrar 30 millones cada año. Sin los tribunales de cuentas autonómicos, se dejaría de gastar hasta 46 millones.
Castilla-La Mancha, al frente

Castilla-La Mancha es la única región que ha suprimido su Sindicatura de Cuentas. El PP ha justificado esta decisión por la necesidad de eliminar gastos excesivos en una «administración opaca, que exigía trámites innecesarios». María Dolores de Cospedal es la presidenta autonómica más aplicada, ya que también ha prescindido de la actividad del Defensor del Pueblo y del Consejo Económico Social y la Comisión de Competencia.

La Rioja, otra de la comunidades más cumplidoras de la reforma administrativa, no dispone de órgano fiscalizador externo, y ha eliminado las figuras del Defensor del Pueblo y del Defensor del Usuario en el ámbito sanitario y el Consejo Económico y Social. En Asturias, PSOE y UPyD pactaron prescindir de la Procuradoría General, si bien no llegaron a un acuerdo para reducir de tres a uno los miembros de la Sindicatura de Cuentas. Murcia también ha decidido suprimir el Defensor del Pueblo, una institución que no existe en Cantabria, Baleares, Extremadura o Madrid.
Andalucía suma competencias

Del lado de las incumplidoras se sitúan comunidades como Andalucía, que, lejos de delegar competencias, está dando pasos para asumir más. Es lo que ocurre con la Cámara de Cuentas. La Cámara andaluza ha acordado modificaciones legislativas para que pueda fiscalizar las cuentas anuales, y no solo las electorales, de los partidos con representación parlamentaria.

Cataluna va más allá y está dispuesta a acudir a los tribunales lo que considera una «modificación encubierta de la Constitución». En Canarias, PSOE y CC se resisten a desprenderse de la Audiencia de Cuentas, el Diputado del Común, el Consejo Consultivo y el Consejo Económico Social.

Otras comunidades gobernadas por el PP tratan de sortear el mandato de la CORA. Castilla y León modificó el año pasado el funcionamiento de sus cuatro instituciones propias para rebajar su coste y garantizar así su continuidad. Galicia, que ha reducido el número de diputados, considera claves para su autogobierno órganos como MeteoGalicia, Valedor do Pobo, Consello de contas o Consello Consultivo. El Gobierno balear ha suspendido el Consejo Económico y Social, pero no hará lo mismo con la Sindicatura de Comptes ni el Consell Consultiu.

El País Vasco ha descartado suprimir órganos como el Ararteko o el Tribunal Vasco de Cuentas Públicas. En verano de 2013, eso sí, aprobó un plan para reducir su administración un 20%. Y en Navarra, Yolanda Barcina aboga por reducir el número de parlamentarios y prescindir del Defensor del Pueblo, pero no ha dado ningún paso para suprimir ninguna institución autonómica.

Cobardía y cinismo de Amnistía Internacional
Raúl González Zorrilla. Director.  latribunadelpaisvasco.com 11 Mayo 2014

Durante los años 1999, 2000 y 2001, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (COVITE) mantuvo cerca de una veintena de encuentros con Esteban Beltrán, como representante de Amnistía Internacional (AI) en España, con el fin de que esta organización denunciara de una forma clara y tajante, tanto a nivel nacional como internacional, no solo la actividad asesina de ETA, que en esos años acabó con la vida de 38 personas, sino también el clima de terror que la “socialización del dolor”, impulsada entonces -en comandita con ETA- por quienes hoy son líderes de EH Bildu, estaba instaurando entre los vascos demócratas y no nacionalistas.

Entre esos miles de ciudadanos amenazados por el señalamiento de los pistoleros y por la presión del nacionalismo connivente con los criminales, se encontraban decenas de periodistas. Amnistía Internacional no fue capaz de decir una palabra más alta que otra para denunciar los crímenes terroristas; todo quedaba siempre en comunicados deslavazados de condena en los que, además de reprobar genéricamente los atentados de ETA contra “civiles”, también se acusaba al Gobierno español en particular, y a las instituciones democráticas en general, de “torturar” y de no garantizar “los derechos” de las terroristas detenidos.

AI, según explicaban Esteban Beltrán o Andrés Krakenberger, por aquel entonces delegado de Amnistía Internacional en el País Vasco, en largas reuniones que nunca servían para nada, tenía las manos atadas para actuar contra las organizaciones terroristas. Ellos trabajaban mejor contra los “abusos” de los Estados. Por muy democráticos que éstos fueran.

Las víctimas del terrorismo de COVITE también solicitaron a Amnistía Internacional que dejara de alimentar y legitimar a los medios de comunicación voceros de ETA con anuncios publicitarios de la organización que estos periódicos y revistas utilizaban para legitimar sus mensajes sangrientos. Amnistía Internacional, por supuesto, respondió como suele hacerlo: poniéndose del lado de los verdugos, colocándose en el lado socio-político más cómodo y correcto, regodeándose en la presunta pureza de sus postulados y apelando a una pretendida y nunca del todo aclarada neutralidad de sus acciones que, por arte divino, les situaba permanentemente por encima del bien y del mal.

Hay varias palabras que definen a la perfección el papelón desarrollado por Amnistía Internacional, durante varias décadas, ante el terrorismo de ETA: silencio, cobardía, comodidad, humillación a las víctimas, inoperancia, cinismo y, sobre todo, manipulación.

Hoy veo, y no puedo evitar sonrojarme de vergüenza ajena, que un patético grupo de militantes de AI, liderado por un tal Jesús Alvárez, portando una extraña pancarta en la que podía leerse el mensaje "Ez naiz isilduko! ¡No pienso callarme!", se ha concentrado para denunciar que, en España, los derechos de libertad de expresión y de manifestación se encuentran “seriamente amenazados".

En 2013, en España se celebraron más de 40.000 manifestaciones y concentraciones. En los tres primeros meses de 2014, el número de manifestaciones y concentraciones celebradas en el país ya se acercaba a 10.000. Esta es la gran amenaza que, según AI, pesa en España contra “la libertad de expresión”.

Por cierto, de Amnistía Internacional, que tanto clama contra la pretendida impunidad de algunos gobernantes en diferentes lugares del mundo, no hemos escuchado todavía ni una sola mención al hecho de que casi 400 asesinatos cometidos por ETA sigan aún sin resolver. Sin culpables detenidos y juzgados, y sin víctimas resarcidas por la Justicia. ¿Por qué será que a AI no le interesa clamar frente a este tipo de impunidad?

Fascismo posmoderno y nacionalismo
Pau Guix www.cronicaglobal.com 11 Mayo 2014

Todo en la vida evoluciona, y el fascismo no es la excepción. A todos nos gusta creer que el fascismo es algo del pasado, fruto de un momento histórico concreto lleno de totalitarismos y altamente militarizado, y que felizmente ya ha desaparecido de las modernas y democráticas sociedades occidentales del tercer milenio. Pero como la mala hierba, el fascismo se ha quedado oscuramente agazapado en los márgenes del camino, acechante, hasta que finalmente ha vuelto a resurgir y expandirse en muchos lugares del mundo, pero esta vez sin camisas negras o pardas, sin desfiles ni grupos paramilitares, sin ruido, sin violencia, pero paradójicamente con más fuerza y poder que nunca. En el lejano 2008 ya escribí sobre esta reaparición sutil y silenciosa del fascismo y empleé el término “fascismo posmoderno”, surgido en una conferencia de Bernat Muniesa, Manuel Delgado y Santiago López Petit, como explicaré más adelante. Antes de seguir, sin embargo, es necesario aclarar los términos “fascismo” y “posmodernidad”.

Una comprensible definición, bastante extendida y aceptada, recoge que el proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea la sumisión de la razón a la voluntad y a la acción, aplicando un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas o revanchistas que conducen a la violencia, ya sea de las masas adoctrinadas o de las corporaciones de seguridad del régimen, contra aquellos que el Estado define como enemigos por medio de un eficaz aparato de propaganda, todo ello unido a un componente social interclasista y mediante una negación de este corporativismo estatal totalitario a ubicarse en un espectro político concreto con el fin de captar el mayor número de adhesiones. Muy actual según dónde, ¿no les parece? Incluso próximo...

La posmodernidad es un movimiento de finales de siglo XX que representa una huída de la modernidad y se caracteriza generalmente por la reactivación de elementos históricos y técnicas anteriores, pero haciendo una mezcla ecléctica de ellos. La posmodernidad da interpretaciones escépticas de la cultura, la literatura, el arte, la filosofía, la Historia, la economía, la arquitectura, la ficción y la crítica literaria, y a menudo se asocia con la deconstrucción y el posestructuralismo, ya que su uso como término ganó una significativa popularidad al mismo tiempo que el pensamiento posestructural del siglo XX.

Permítanme que me extienda un poco en desarrollar este concepto por la importancia capital que tiene para entender la evolución y las nuevas formas del fascismo. Previamente a la eclosión del concepto de Posmodernidad, Jean Baudrillard, en Cultura y simulacro (1978), plantea que la lógica de la simulación no es concomitante con la lógica de los hechos y que, sibilinamente, nos oculta que la realidad ya no es la realidad sino simulación, simulación que se caracteriza por la precisión del modelo sobre el hecho, y por tanto el mundo ya no pertenece al ámbito de lo real sino al orden de lo hiperreal y de la simulación: ya no interpretaremos más la realidad falsamente porque no usaremos de la ideología sino que esconderemos que la realidad ya no es necesaria.

Albrecht Wellmer, en Sobre la dialéctica de modernidad y posmodernidad (1985), denuncia que “la posmodernidad trata de articularse a sí misma en la conciencia de un cambio de época, conciencia cuyos contornos son aún más imprecisos, confusos y ambivalentes, pero cuya experiencia central, la de la muerte de la razón, parece anunciar el fin de un proyecto histórico: el proyecto de la modernidad, el proyecto de la Ilustración europea, o finalmente también el proyecto de la civilización griega y occidental […] y se pueden discernir también en ella los contornos de una modernidad radicalizada, de una ilustración autoilustrada y de un concepto posracionalista de razón”.

Marshall Berman, en su libro Todo lo que es sólido se desvanece en el aire (1982), subraya este proceso de muerte de la razón y de la fragmentación del ser humano: “Ser [pos-] modernos es vivir una vida de paradojas y contradicciones. Es encontrarse dominados por las inmensas organizaciones burocráticas que tienen el poder de controlar, y a menudo de destruir, las comunidades, los valores y las vidas, y sin embargo no vacilar en nuestra determinación de enfrentarnos con estas fuerzas, de luchar para cambiar el mundo y hacerlo nuestro. Es ser, a la vez, revolucionario y conservador: vitales ante las nuevas posibilidades de experiencia y aventura, atemorizados ante las profundidades nihilistas donde nos conducen tantas aventuras [post-] modernas, ansiosos por crear y agarrarnos a algo real incluso cuando todo se desvanezca en el aire”.

El fin de la Historia se convierte, por tanto, un concepto clave y altamente determinante del pensamiento posmoderno, aunque ha sido fuertemente cuestionado. Alexandre Kojève, en la década de los 30 del siglo pasado, para explicar el fin de la evolución histórica del hombre (que situaba en 1806, tras la batalla de Jena) partió de Marx quien, a su vez, partió de Hegel y de sus ideas sobre el Estado Absoluto. Las lecciones que Kojève impartió en París en esa década fueron publicadas post mortem con el título Introducción a la lectura de Hegel: Lecciones sobre la Fenomenología del Espíritu (1980) donde se recoge: “En realidad, el fin del tiempo humano o de la Historia, es decir, el aniquilamiento definitivo del Hombre propiamente dicho o del individuo libre e histórico, significa sencillamente la cesación de la Acción en el sentido estricto del término. Lo que en la práctica significa [...] incluso la desaparición de la Filosofía; ya que una vez que el hombre no cambia esencialmente él mismo, no hay razón ya para cambiar los principios verdaderos que están en la base de su conocimiento del mundo y de sí”.

En 1989, Francis Fukuyama, director adjunto de la Oficina de Planificación Política del Departamento de Estado norteamericano, dio una conferencia en el Centro John M. Olin para la Investigación de la Teoría y la Práctica de la Democracia, de la Universidad de Chicago, de título ¿El fin de la Historia? en la que analizó la sociedad poshistórica basándose en el estudio de Hegel, Marx y Kojève, reformulando el concepto de fin de la Historia. Fukuyama planteó que seguramente no se encontraban en 1989 en el final de la guerra de los bloques sino en el fin de la Historia, es decir, en el último paso de la evolución ideológica de la humanidad. Fukuyama ve el mundo del siglo XX sometido al paroxismo de la violencia ideológica, mundo en donde el liberalismo es la ideología imperante tras su enfrentamiento de manera consecutiva contra los vestigios del absolutismo, contra el bolchevismo, contra el fascismo y finalmente contra el nuevo marxismo, dando como resultado la desaparición de las contradicciones que, según Hegel y Kojève, eran la base de la Historia de la humanidad. A la visión idealista y utópica que llega hasta Kojève, Fukuyama contrapone una muy aciaga y distópica. Fukuyama plantea que, una vez enterrados comunismo y fascismo, las contradicciones que encontramos en la sociedad liberal son (además de aquella insoluble de las clases sociales) la religión y el nacionalismo. De la primera observa que sólo el Islam ha planteado un estado teocrático como alternativa política tanto al liberalismo como al comunismo; y de la segunda señala que la mayoría de los movimientos nacionalistas mundiales no tienen otro objetivo político que el deseo negativo de independencia respecto de otros grupos de personas y que les falta un programa general de organización socioeconómica, y que infortunadamente seguiría existiendo un alto y creciente contenido de violencia étnica y nacionalista en el mundo posthistórico. Y ciertamente, Fukuyama no hace más que recoger el espíritu esencial de los padres fundadores de la Unión Europea, aquellos que pensaron que una Europa unida era la mejor forma de combatir los nacionalismos egoístas y peligrosos que habían abocado a Europa y al mundo a dos guerras mundiales y a situaciones execrables nunca anteriormente vistas como el exterminio sistemático de una raza contado por millones (seis en total).

Una vez vistos los antecedentes de pensamiento del nuevo modelo totalitario del fascismo posmoderno, si leemos a Charles Wright Mills entenderemos perfectamente los orígenes políticos y económicos de este totalitarismo. Mills fue el primero, en su libro La elite del poder (1956), en describir razonablemente la verdadera constitución del poder en Estados Unidos, “paradigma” social, político y económico donde se han reflejado muchas de nuestras sociedades occidentales. Esta elite se divide en los ricos corporativos (80 grandes familias que controlan el 35 % de la economía), los altos ejecutivos de las sociedades que cotizan en bolsa (controlan el 55% de la riqueza), los señores de la guerra (si los dos primeros son las sanguijuelas, estos terceros son sus protectores: simbolizan el declive de la autonomía de la política y el desgraciado auge de la influencia militar, especialmente desde 1945), y finalmente el directorio político, que no es más que el organizador del latrocinio; la mayoría de los hombres del directorio son corruptos que conceden favores financieros a personas del mundo económico y, como dice Mills en su libro, si existen los primeros es porque también existen estos “negociantes” dispuestos a recibir los preciados favores. Mills afirma que “el dinero es el único testimonio claro del éxito, el valor soberano de los EE.UU.”, recuerden que una parte importante de su economía es la producción de material bélico y armamentístico. Mills señala también que la falta de un orden de creencias morales firmes hace que los hombres de la masa sean mucho más susceptibles a la manipulación y a la distracción del mundo de las celebridades, a quien las elites dejan el protagonismo, ya que aquellos que verdaderamente controlan el poder prefieren no figurar públicamente. La relación tripartita de cultura, sensibilidad e inteligencia con las elites del poder es descrita diáfanamente por Mills: mientras que en 1783 George Washington reposaba leyendo las cartas de Voltaire y el Ensayo sobre el Entendimiento Humano de Locke, Eisenhower leía cuentos del far west y novelas policíacas. Mills añade que las elites del poder ostentan una fuerte mediocridad intelectual y que, sin embargo, siendo conscientes, no les importa nada: “Su inteligencia se manifiesta en el hecho de que hay ocasiones en que comprenden que no se encuentran a la altura de las decisiones que deben tomar”.

En 2004 los preclaros profesores universitarios Bernat Muniesa, Manuel Delgado y Santiago López Petit, en un acto-conferencia en el Ateneu de Barcelona contra el Fórum 2004, definieron esta evolución o reaparición del fascismo con el término de “fascismo posmoderno”, que es aquella situación política que aparece cuando la sociedad civil es suplantada por los poderes políticos y empresariales, hecho que, por otra parte, el poeta Jesús Lizano muy gráficamente ha llamado “pancracia”. Si retomamos la tesis del importantísimo filósofo Agustín García Calvo de que “la realidad es la apariencia que oculta la verdad” entenderemos mejor que es y cómo funciona este nuevo fascismo. En sus libros y charlas, García Calvo siempre ha tratado de reflejar un sentimiento anónimo, popular, que rechaza las manipulaciones y las mentiras del Poder. En el fascismo posmoderno, la realidad es la apariencia denominada “Democracia”, que hace un discurso demagógico sobre una libertad que esa misma democracia coarta a través del capitalismo neoliberal. El fascismo posmoderno se constituye él mismo en “Verdad”, una verdad absoluta que no necesita justificarse ya que este sistema mantiene la apariencia democrática con elecciones partitocráticas, mistifica la Historia y la propia realidad, falseándolas en connivencia con los medios de comunicación tanto públicos como privados, siendo estos últimos controlados por el clientelismo de las subvenciones o por las amenazas de censura mediante los eufemísticamente llamados “órganos” o “entidades” de control. Esto da como resultado un ciudadano convertido en simple espectador y tratado casi como un súbdito lo que se consigue fácilmente ofuscándolo hasta la alienación total mediante el adoctrinamiento en la escuela, la manipulación de los medios de comunicación y la tendenciosa propaganda institucional, y además convirtiéndolo en esclavo del consumismo y de las deudas que le genera, a modo de espada de Damocles que peligrosamente pende sobre su cabeza, y por ende pudiéndolo controlar plenamente así. Los jóvenes que protagonizaron las revueltas de mayo del 68 trataron inútilmente de luchar contra esta incipiente esclavitud del consumismo, como describió con gran clarividencia Herbert Marcuse en Le Monde el mismo once de mayo: “Los estudiantes no se amotinan contra una sociedad dominada por la pobreza y mal organizada. Tampoco proponen como alternativa nada que se parezca al modelo soviético. Sólo se manifiestan contra una sociedad rica, muy rica, y bien organizada, tanto en los EE.UU., a pesar de los guetos de pobreza negra, como en Francia. Es el rechazo de la mediocridad y de las mitologías consumistas y conformistas del neocapitalismo. Escupen a la sociedad opulenta y esto es un fenómeno enteramente nuevo que, mucho me temo, ni los poderes establecidos ni las clases dominantes no podrán entender, a pesar de que muchos de sus hijos son los protagonistas de la rebelión”. Incluso, desde el bloque opuesto de un mundo dividido en dos antitéticos, la denuncia era la misma puesto que el premio Nobel de literatura Aleksándr Isáyevich Solzhenitsyn (1918-2008), perseguido y condenado en su propio país, escribió en la misma época, concretamente en 1967: “No tengo ninguna esperanza en Occidente, y ningún ruso debería tenerla. La excesiva comodidad y prosperidad han debilitado su voluntad y su razón”. Y estaba en lo cierto, ya que en definitiva sólo hacía que advertirnos que Occidente carecía de recursos morales y espirituales para poder resistirse a su propia decadencia.

La cultura, en este nuevo fascismo, juega un papel muy importante. El mismo Manuel Delgado nos contaba en febrero de 2008 en El País que “la cultura es la competencia específicamente humana de inventar universos, [...] de especular con las formas [...] y de producir con ellas realidades nuevas capaces de hacernos sentir y pensar. Sin embargo, hoy en día, la cultura es un mero instrumento de legitimidad política o simplemente puro mercado, o las dos cosas a la vez”. El fascismo posmoderno utiliza a las celebridades y a los artistas, que el propio sistema ha promovido, como voceros de la aberración que se llama “opinión pública”, que no es otra cosa que la opinión de la elite del poder, puesta en boca o en la pluma de estos artistas y estas celebridades convertidas en “bufones de su señor”, como con gran acierto los llamó el malogrado Pier Paolo Pasolini (no citaré los nombres de estos bufones para no hacerles publicidad, además todos ustedes los identifican perfectamente). Conocimiento y Poder no se aúnan en los círculos dirigentes; pero lo más grave acontece cuando la mayoría de los hombres de la cultura entran en contacto con los poderosos ya que no lo hacen como sus iguales sino, en definitiva, como meros asalariados debido al sistema de clientelismo que han impuesto los primeros. El arte y la cultura, bajo este nuevo fascismo, han creado “propuestas” artísticas asépticas, de mero consumo, habitualmente carentes de calidad, con temáticas de evasión y nunca de análisis de la realidad, propuestas que nunca cuestionan verdaderamente la organización social de nuestros días. Este fascismo posmoderno no permitirá, por ejemplo, reflexiones como las del cineasta Elio Petri en Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1970) o La clase obrera va al paraíso (1972) o las de Damiano Damiani en Confesiones de un comisario (1971) o las de Saló o los 120 días de Sodoma (1975) del propio Pasolini. Esto demuestra que junto a estos bufones siempre hay un grupúsculo disperso y no organizado de artistas y de intelectuales críticos, inalienables, que no se venden y que no promulgan esta nueva “religión” fascista. El sistema solamente tiene dos opciones ante estos artistas: comprarlos, o, si no se venden (la mayoría de las veces), silenciarlos, como hicieron con el brutalmente asesinado Pasolini. Hace ya bastantes años que la pancracia creó en los EE.UU. las llamadas “zonas silenciadas” en donde se recluye a disidentes y heterodoxos; esta práctica se ha extendido ampliamente por la Unión Europea con tal de recluir allí el escaso pensamiento crítico que aún queda. Pero sobre esto, se ha producido un giro inesperado, como veremos seguidamente. John Naisbitt, en su libro Global Paradox. The Bigger the World Economy, the More Powerful Its Smallest Players (1994), como muy bien nos explica Juan Carlos Girauta siempre que tiene la oportunidad, nos hacía ver de manera visionaria la importancia de un mundo global de comunicación donde los actores más pequeños, los ciudadanos, gracias a los nuevos medios de interacción que posibilitaría Internet podían crear unos canales de comunicación no sometidos al control y censura de los canales tradicionales. Y así ha sido, y un nuevo factor muy importante que se ha incorporado al global de la sociedad en estos últimos años es la resistencia ciudadana a través de la “redsocialización”, es decir, transmitir estas ideas mediante las redes sociales. Así pues, el pensamiento crítico, una vez liberado del control de los medios tradicionales gracias al estallido global de Internet y de las redes sociales (un factor con el que no contaban) ha podido flotar (no sin dificultades) hacia la superficie de la sociedad y ha llegado a muchos ciudadanos quienes lo han empezado a compartir e incluso a usarlo como el trípode donde sostener una nueva manera de hacer pacíficamente una resistencia civil y recordar al Poder que somos ciudadanos y no siervos. Por ello, la pancracia, a través de los gobiernos, ha llevado la lucha al ciberespacio, tratando de obtener el dominio sobre Internet, a través de la regulación ideológica y del control partidista de las redes. Un claro ejemplo son las escandalosas e ilegales actividades de la agencia NSA norteamericana que la última década ha controlado las comunicaciones y los e-mails dentro y fuera de sus fronteras (poniendo la lucha contra el terrorismo como excusa) y ha filtrado yottabytes y yottabytes de datos. Otros ejemplos son la censura de China sobre la red y los recientes cortes de tráfico de datos de los gobiernos de Venezuela y de Turquía de las redes sociales más importantes como Twitter durante las recientes revueltas para fomentar la desinformación e impedir a la vez la convocatoria y organización de quienes protestaban. Pero cuando el gobierno turco del primer ministro Recep Tayyip Erdogan decidió bloquear las DNS de Twitter el pasado 21 de marzo la población enseguida comenzó a usar las DNS de Google (que la población compartía pintándolas en los muros de Estambul) e inmediatamente el gobierno turco se vio en la necesidad de cortar las DNS de Google para continuar con el bloqueo. Y no sólo eso: Google ha denunciado que sus DNS en Turquía fueron interceptadas por los proveedores locales de Internet con el fin de espiar a los usuarios. Como parece obvio, la lucha por el control del ciberespacio es la lucha por el control del Poder, y por desgracia esto no será nunca más una frase exclusiva de una distópica novela o película de ciencia ficción.

Pero, y en Cataluña, ¿qué tipo de fascismo estamos sufriendo actualmente? Partiendo de un sesgado nacionalismo, de carácter fuertemente identitario, reduccionista, vulgar, inculto, manipulador, de clientelismo, xenófobo y excluyente podemos afirmar que hemos “involucionado” de un firme fascismo posmoderno a un fascismo tradicional, con banderas, propaganda, concentraciones y signos identitarios hasta en los calzoncillos (sí, los venden con la estelada, ¡sic!), no siendo este nacionalismo nada más que la cara menos sutil (por no decir la más burda) de un totalitarismo muy tradicional donde la sociedad civil ha sido suplantada por una tosca pancracia formada por el poder político de carácter secesionista y sus extensiones asamblearias y asociativas subvencionadas. Pero, la intelectualidad catalana ¿qué tiene que decir de todo esto? ¿Todavía existe? No les voy a negar que es una duda que a menudo ronda por mi cabeza. La verdad es que sí existe, pero parece ser que se ha quedado en 1928 y, al igual que Dalí, Gasch y Montanyà en el Manifest Groc, nosotros sólo “nos limitamos a señalar el grotesco y tristísimo espectáculo de la intelectualidad catalana de hoy, encerrada en un ambiente rancio y putrefacto”. En la obra Escorial, de Michel de Ghelderode, el bufón Folial le reprocha al Rey que “las horas pasan, y cada hora que pasa el aire es más venenoso; caeríamos muertos si respirásemos... si esta alucinación colectiva no nos hubiera helado la sangre”. En Cataluña, debido a esta alucinación colectiva que vivimos, hemos vuelto a las banderas, a los falsos signos identitarios, a la Historia mistificada, a las manifestaciones populares instrumentalizadas por el poder político, al clientelismo de medios de comunicación y artistas e intelectuales, al estruendo, a la incitación a la violencia, etc. Nuestro espíritu es tan antiguo en todo que Tucídides podría hacer la crónica. Sin embargo, nuevos movimientos cívicos aparecidos en el mes de abril como Sociedad Civil Catalana y otros con intelectuales como Somatemps arrojan, sin embargo, un rayo de esperanza sobre este lastimoso páramo en que han convertido unos pocos nuestra querida tierra.

Cuando Mussolini tuvo, en los primeros años, algunos choques con miembros de su movimiento, escribió: “¿Puede el fascismo dejarme de lado y seguir? ¡Claro que sí! Pero yo también puedo dejar de lado el fascismo y seguir”. Toda una lección de estrategia política, lección bien aprendida por los nuevos totalitarismos, que pueden dejar de lado a la sociedad y seguir solos. No en balde Hannah Arendt ya nos advirtió que “la democracia aún sigue siendo una aspiración de la humanidad”.
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