AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 14 Mayo  2014

Margallo
Si croa como un pato, es un ministro
Emilio Campmany Libertad Digital 14 Mayo 2014

García-Margallo siempre está hablando de Cataluña. En su último canutazo ha dicho eso tan lírico de que si croa como un pato, es un pato, para explicar la actitud de Europa hacia lo de Ucrania y deducir cuál sería si Cataluña se independizara. Se supone que el exceso literario tiene por finalidad mostrar cuán obvio es que una independencia fruto de un referéndum ilegal nunca será reconocida por la comunidad internacional.

La imagen de un pato croando puede ser todo lo bella que se quiera, digna de un poema de Alberti, pero la cuestión es que lo que dice Margallo no es así. Producida una secesión por los cauces que sean, cada país miembro de la comunidad internacional hará lo que aconsejen sus intereses nacionales. Y si no aconsejan nada, imitará lo que hagan los grandes, especialmente Estados Unidos, que sin lugar a dudas valorará por encima de cualquier consideración legal qué es lo que más le conviene. Y así se resolverá todo.

En Ucrania, los países occidentales, que es en quienes está pensando Margallo cuando en general habla de la comunidad internacional, no reconocerán las secesiones que se están produciendo porque desean, siempre y cuando no haya que recurrir a las armas, controlar y frenar en lo posible el expansionismo de Putin y procurar que las fronteras rusas se acerquen a Occidente lo menos posible. Pero como al final lo que prima son los intereses, ya verán cómo la vehemencia en oponerse a reconocer las anexiones con el argumento de que son ilegales será mucho más acentuada en Polonia e infinitamente más tibia en Alemania. Y cuando sea así lo esencial no será un diferente modo de interpretar la ley, sino el pavor que los polacos justificadamente tienen a los rusos y lo mucho que Alemania para bien o para mal le compra a Gazprom.

Por eso, si Cataluña proclama unilateralmente su independencia, no será la ausencia de legalidad del proceso lo que frenará su entrada en la Unión Europea. Será el interés que tienen muchos de sus Estados miembros en que este tipo de procesos no se pongan de moda. Porque quien más, quien menos tiene sus cataluñas de una u otra manera inclinadas a independizarse. Si estas regiones ven que la nueva nación se queda a la intemperie, empobrecida y aislada diplomáticamente, sus ansias de secesión se moderarán. Si vieran en cambio que el recién nacido Estado es enseguida admitido en el club como miembro de pleno derecho, todos los movimientos independentistas que pululan por Europa se fortalecerían. Eso es lo que hace improbable que una Cataluña independiente ingrese rápidamente en la Unión Europea, y no la ilegalidad del proceso a través del cual proclame la independencia. Y luego, que los patos croen cuanto quieran.

Crispación o cohesión social
bernardo fernández ABC Cataluña 14 Mayo 2014

A raíz de una agresión sufrida, semanas atrás, por Pere Navarro (líder del PSC) en un acto de carácter privado y su posterior divulgación por los medios de comunicación, se ha puesto sobre la mesa el debate sobre la posible existencia de crispación en Cataluña.

Ciertamente, resulta difícil discernir si la crispación existe. Primero se debería definir donde está la frontera entre tensión y crispación e, incluso así, lo que para unos puede ser una cosa, para otros, lo mismo, puede se algo diferente.

De todos modos, los políticos de la órbita nacionalista se han apresurado a negar cualquier relación del suceso con el «proceso» y ni tan siquiera se han molestado en hacer una condena explicita de la violencia, tan solo medias tintas, vaguedades y condenas genéricas. No obstante, es evidente que en Cataluña, desde que se inició el órdago soberanista, estamos viviendo una situación cuando menos anómala.

Una de las consecuencias inevitables del «proceso» es la división que se está produciendo entre los catalanes en dos grupos, cada vez más divergentes y sin ningún punto en común: unos, los independentistas y, otros, los unionistas.

Es verdad que es una división simplista y que se corresponde poco con la realidad (las cosas son mucho más complejas) y, sin embargo, es la imagen que lanzan día si y día también los medios de comunicación públicos y aquellos que están en connivencia con el poder. Según la politóloga alamana Noelle-Neumann, autora de la teoría de la espiral de silencio, un clima de opinión actúa como un fenómeno de contagio, ya que la opción mayoritaria se extiende rápidamente por toda la sociedad y decanta las tendencias hacia una determinada opción que cristaliza en adhesión y votos.

Los soberanistas conocen a la perfección esa teoría y los medios para aplicarla, por eso, con el argumento de que el «proceso» que estamos viviendo es transversal, cívico, tolerante y pacífico, se están cargando el valor más preciado que tenemos en Cataluña: la cohesión social

Como sostiene el catedrático Francisco Morente, «…la independencia solo podría consumarse contra una parte muy importante de la sociedad catalana, que todas las encuestas sitúan cerca, si no por encima, de la mitad de la población». Quizá hoy no exista crispación en Cataluña, pero es seguro que con la independencia llegaría la fractura social y, tal vez, eso es lo que persiguen algunos.

El inspector del 'caso Faisán' da un vuelco al caso
Editorial El Mundo 14 Mayo 2014

LA POSICIÓN que ayer sostuvo la defensa del inspector jefe Ballesteros ante el Supremo da un giro al caso Faisán. El abogado del policía dio por buenos los hechos expuestos por las acusaciones, advirtiendo, eso sí, que éste se limitó a cumplir órdenes y que nunca supo para qué eran las gestiones que le encomendaron. Cuando la Audiencia Nacional lo condenó a un año y medio de prisión junto al jefe superior del País Vasco, ninguno admitió los hechos.

El sorprendente cambio de posición supone un espaldarazo a las informaciones de EL MUNDO y pone a los pies de los caballos a Enrique Pamies. Esa fractura habría que buscarla, seguramente, en las posibles promesas incumplidas a Ballesteros para que mantuviera la boca cerrada. En la vista del Supremo llamó la atención igualmente la postura del fiscal, que renunció a la acusación por colaboración con ETA, y la del letrado del PP, que se limitó a dar por entregado su recurso y ni siquiera lo defendió.

Es inconcebible que tanto la Fiscalía como el PP, que se comprometieron a llegar al fondo con todas las consecuencias, traten de echar tierra sobre el asunto. Salvo que con esa actitud intenten proteger a los mandos de Interior y a quien era el ministro aquellos días: Rubalcaba.


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Es colaboración con ETA.

Vicente A. C. M. Periodista Digital 14 Mayo 2014

La noticia no puede ser más repulsiva. El fiscal del Tribunal Supremo se alinea con la posición de la defensa en el recurso ante dicho Tribunal presentado por las acusaciones particulares sobre la sentencia en la que se excluía el delito de colaboración con banda armada, que de haberse considerado hubiera incrementado de forma notable la condena y habría exigido establecer responsabilidades políticas y quizás penales de los mandos del Ministerio de Interior en aquella época, incluído Alfredo Pérez Rubalcaba. Dice el Fiscal, que sigue instrucciones de la Fiscalía General dependiente del Gobierno de Mariano Rajoy, que no existe delito de colaboración ya que el fin que se pretendía era no entorpecer el "proceso de paz".

Tal argumentación no deja de sorprender en quien debe velar por el cumplimiento de la Ley. Olvida conscientemente la Fiscalía que el principio fundamental es que "los fines nunca pueden justificar los medios empleados". En este caso, el fin loable de terminar con la lacra del terrorismo en el mal llamado proceso de paz, que permutaba "paz" por ceder a las pretensiones de ETA y de los separatistas, se antepone al fin último de la Ley de perseguir y detener a los terroristas y quienes les apoyan. El llamado "chivatazo" que frustró una operación policial de detención de etarras de la trama de extorsión y financiación de ETA, es claramente un delito de colaboración al impedir la normal actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado. El agravante es que ese chivatazo se produjera por policías, condenados tan solo por "revelación de secretos". Una auténtica tomadura de pelo a los ciudadanos.

Sin embargo, hay que profundizar en el por qué de esta actitud de la Fiscalía y por tanto del Gobierno de Mariano Rajoy tan contraria al sentido común y a la letra y espíritu de la Ley. La respuesta no puede ser otra que de ratificar el Tribunal Supremo el delito de colaboración con banda armada, parece probable que la nueva condena no fuera asumida de buen grado por los dos únicos condenados y les entrara repentinamente unas ganas irrefrenables de ampliar sus declaraciones e implicar a otros, especialmente al máximo responsable de preservar el "proceso de paz", Rubalcaba. Esa posibilidad la quiere impedir el Gobierno sea como sea y qué mejor que poner a la Fiscalía de parte de los acusados.

Es evidente el trasfondo político que hay en esta inaceptable actitud, a la que solo le falta la guinda de aducir "razones de Estado" y convocar a la Comisión de Secretos del Congreso de los Diputados. Estamos ante uno de los casos de actuaciones de las llamadas "cloacas del Estado", para las que el lema del fin justifica los medios es algo connatural con su desempeño. Es evidente que las conversaciones entre Zapatero y Rajoy en la Moncloa a las pocas horas de la toma de posesión del Presidente del Gobierno, tuvieron un contenido cuyos efectos en la lucha anti terrorista fueron evidentes a los pocos días con gestos claros en la dirección que establecía el "proceso de paz". La hoja de ruta se cumplía inexorablemente evidenciando la victoria de ETA y la rendición del Estado de Derecho.

No tengo ninguna fe en la Justicia, ya que esta casta política se ha encargado de elegir y designar a los jueces de las Altas Instituciones Judiciales, entre ellas el Tribunal Supremo. Sería muy extraño el que dicho Tribunal sentencie en contra de la opinión de su Fiscalía y por tanto, asistamos a una corroboración de sentencia en la que al fin y al cabo se consolide que el Gobierno tiene vía libre a inducir u ordenar la comisión de delitos, si "el fin justifica los medios usados". La pregunta que me hago es si estos jueces y los fiscales, que tan gustosamente siguen las instrucciones de su jefatura, sienten algún remordimiento de conciencia al abjurar de su compromiso de hacer cumplir la Ley cuando accedieron al cargo de juez:«Juro o prometo guardar y hacer guardar fielmente y en todo tiempo la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico, lealtad a la Corona, administrar recta e imparcial justicia y cumplir mis deberes judiciales frente a todos» . Y no digamos de los jueces del Tribunal Supremo.

Ahora sí que se entienden las declaraciones de Mariano Rajoy que dice no descartar una coalición PSOE-PP en la que Rubalcaba sea una parte esencial. Debe ser algo muy similar a lo que demanda Urkullu respecto a la liberación de Arnaldo Otegi, ese "hombre de paz" de Zapatero, para su incorporación al proceso nacional de Euskadi. El fin vuelve a justificar los medios y las actuaciones.

¿Hacia un estado sin pueblo?
HENRY KAMEN El Mundo 14 Mayo 2014

A finales de abril, el primer ministro de Israel sugirió un cambio fundamental para la Constitución de su país. Propuso modificar la legislación a fin de definir a Israel como «el Estado-nación de un solo pueblo -el pueblo judío».

Es fácil comprender por qué el primer ministro Netanyahu quiere el cambio. Durante mucho tiempo se ha pedido que se hagan concesiones a los intereses no religiosos, y sobre todo a los intereses de la gran población árabe. Explicaba: «Hay personas que no quieren que el Estado de Israel sea definido como el Estado-nación del pueblo judío. Quieren un Estado nacional palestino que se establezca junto a nosotros y que Israel debe ser gradualmente un Estado binacional, árabe-judío». Él piensa que su propuesta obstruirá el paso a estas posibles alternativas. «El Estado de Israel proporciona la plena igualdad a todos sus ciudadanos, pero es el Estado-nación de un solo pueblo -el pueblo judío. Y de ningún otro pueblo». Si se aprueba el cambio, hará mas firme la identificación con una sola religión.

No tengo intención de hacer comentarios sobre la propuesta, que ha recibido críticas tanto dentro como fuera de Israel. Mi objetivo es considerar la distinción interesante entre un Estado político y un Estado-nación. Hay muchos ejemplos históricos de estados que no coinciden con naciones: un ejemplo clásico es Suiza. En nuestros tiempos, Checoslovaquia era un Estado político que finalmente se dividió en dos estados nación. Ucrania, del mismo modo, es un Estado político que no es un Estado-nación. España está en la misma posición. La famosa Constitución de 1812 de España intentó crear un Estado político, pero al mismo tiempo dejó en claro que había dos elementos fundamentales de una nación: todos los incluidos en el Estado tenían que ser españoles, y su religión tenía que ser la católica. La Constitución de 1812 fue, por supuesto, un fracaso, sobre todo porque se basaba en irrealidades. Lo mismo puede decirse de todas las constituciones posteriores del Estado español, incluyendo la de 1978, porque España nunca logró convertirse en una nación coherente en la que todo el mundo compartía la misma raza, religión y cultura.

Ahora los catalanes han empezado a jugar el juego de las constituciones, a pesar de una advertencia de uno de sus líderes, Duran Lleida, que el juego es a la vez superfluo y prematuro. De la información que hasta ahora se ha filtrado a la prensa, parece que un grupo secreto de «expertos» de fama mundial ha sido contratado por la Generalitat para elaborar un borrador de una Constitución. Hasta el momento han presentado un texto inocuo que es poco original, aburrido y carente de imaginación. Están seguros de una sola cosa, que el Rey español tiene que ser eliminado. Eso es curioso, porque la Constitución secreta se supone que debe estar basada en las Constituciones de Dinamarca y Noruega, países que obtienen una gran parte de su estabilidad por el hecho de ser monarquías. Sin embargo, los «expertos» claramente no están demasiado interesados en la utilidad de las monarquías. Tampoco, al parecer, están preocupados por el hecho de que las constituciones escritas son notoriamente defectuosas y siempre necesitan modificaciones (como en los EEUU).

El aspecto más curioso de la Constitución secreta de Cataluña es que, a partir de lo que sabemos sobre ella, no admite la existencia de Cataluña como un Estado-nación. Esa es la gran diferencia con la propuesta Constitución de Israel. El Gobierno israelí quiere subrayar que Israel es un Estado-nación del pueblo judío. Los «expertos» de Cataluña, por el contrario, no hacen esa afirmación. Es cierto que han tenido miles de personas marchando por las calles insistiendo y afirmando que son una entidad metafísica llamada «nación», y es cierto que el primer artículo de la Constitución secreta dice muy claramente: «Cataluña es una nación». ¿Pero quieren decir la población de Cataluña, o su territorio, o están simplemente repitiendo lo que Prat de la Riba indicaba en la década de 1890, que los catalanes de todo el mundo eran una nación porque tenían «una lengua, una historia común, y viven unidos por un mismo espíritu»?

En pocas palabras, el primer artículo de la nueva Constitución catalana no define «Cataluña» y no define una «nación». Hace una declaración puramente metafísica y sinsentido, en la que la identidad de la nación no se explica ni se define. Por eso Netanyahu insiste en el caso de Israel: que la nación de los judíos es la base del Estado judío. En cambio, los «expertos» catalanes no hacen ningún intento de identificar la nación. ¿Va a ser el futuro Estado catalán un Estado-nación, de los catalanes como nación, o va a ser simplemente un Estado territorial, en el que los andaluces y los chinos podrían formar un día la mayoría?

La cuestión central para el nacionalismo catalán, y para muchos otros nacionalismos del siglo XXI, es si tiene un programa histórico y social serio, basado en la recuperación de una verdadera identidad perdida y en la expresión de una identidad presente válida. La cuestión es crucial, porque algunos nacionalismos aspirantes no tienen un pasado válido, y un presente a menudo cuestionable. Cuando no tienen ni pasado ni presente, intentan inventar una identidad falsa. En cualquier caso, uno de los grandes problemas es que los países y las identidades cambian con el tiempo. Por ejemplo, el Reino Unido del año 1914 no es ya el mismo Reino Unido hoy en día en 2014, y los británicos, como nación, están perdiendo su antiguo carácter.

Supongamos que los catalanes eran una nación hace 300 años. Trescientos años han pasado desde que desaparecieron los fueros en 1714, y muchos factores han cambiado, incluyendo las fronteras, la población, la perspectiva y la cultura. Si hubiera que definir una nación como un pueblo que vive en la misma zona, que comparte un origen común racial, una herencia cultural común, un lenguaje común y un sentido comunal de lealtad, entonces puede ser necesario concluir que Cataluña hoy ya no es la «nación» que fue en la época moderna. Como resultado, es posible que haya perdido su derecho a poseer la identidad de un «Estado-nación».

Los cambios en la inmigración, la cultura y la lengua han ido con el tiempo socavando el carácter de la sociedad catalana. La proporción de inmigrantes en la población ha aumentado más de un 20% en 10 años, y los inmigrantes internacionales en el año 2014 representan alrededor del 14% de la población total. Se ha calculado que, en una u otra manera, alrededor del 60% de la población de Cataluña tiene sus orígenes en la inmigración. Esto hace que sea imposible ya que los nacionalistas presentan una doctrina del nacionalismo basada en motivos étnicos. Los ciudadanos de una futura Cataluña, independiente o no, pueden ser en su mayor parte no catalanes. Esa es una consideración que los nacionalistas separatistas se niegan a contemplar o incluso reconocer.

Los inmigrantes, por supuesto, han anegado la lengua de Cataluña. Las encuestas publicadas por la Generalitat afirman que la mayor parte de la población de Cataluña entiende y habla catalán, un claro ejemplo de la retórica que pretende falsear la realidad. No hay absolutamente ninguna duda de que el idioma principal que se habla en Cataluña es ahora el castellano, se utiliza preferentemente, de acuerdo con las cifras más recientes, en algo más de la mitad de la población. En la Barcelona de hoy, si usted necesita tomar un café, coger un taxi, hablar con un policía, o comer en un restaurante, usted necesita hablar castellano. ¿Esa es la base de la «nación catalana»? ¿Qué queda entonces de la identidad catalana? ¿Y la religión cristiana? Al igual que en el Reino Unido, la religión ha dejado de ser una piedra angular de la cultura.

Netanyahu, por lo menos, se aferra a la religión como la realidad básica del Estado-nación israelí. En Cataluña, los separatistas no tienen nada a que aferrarse. ¿Qué sucederá el día en que los inmigrantes se identifiquen como no catalanes, y los partidos separatistas pierden su escasa mayoría en el Parlamento?

Henry Kamen es historiador. Su último libro es The Spanish Inquisition (Yale University Press, 2014).

Cuidadito con los experimentos. Coaliciones y reformas de la Constitución en las mentes de Rajoy y del PSOE

Se ha constituido un peligroso cóctel Molotov que ha caído en medio de la crisis
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 14 Mayo 2014

Fuimos grande defensores de que, hace unos años, cuando la crisis estaba en su apogeo y las posibilidades de que, España, tuviera que ser rescatada por Europa, de una gran coalición de partidos que, juntos, hubieran tirado del carro de la gobernabilidad del país, olvidando sus rencillas particulares en aras del bien común de todos los españoles. Pero estamos hablando en pasado, porque aquella oportunidad ya caducó, las circunstancias han cambiado y, hoy en día, nuestra nación se enfrenta a otros retos que, no por ser distintos, son menos importantes. Es evidente que los políticos están inmersos en un mar de confusiones, despistados y faltos de energía, para enfrentarse a una amenaza que, o por venir de hace años o, precisamente, por ello, la habían dejado incubar sin darle la importancia que tenía, ya que suponía una amenaza soterrada, pero importante, a la unidad e integridad de la nación española.

El separatismo que se sacó de la mano el señor Artur Mas con su famoso “derecho a decidir”, precisamente en un momento en el que la nación estaba sumida en una de las peores crisis por las que ha tenido que pasar, y los respectivos gobiernos del PSOE y del PP estaban empeñados en encontrar las soluciones que ayudaran a evitar la amenaza de que, España, cayera en default viéndose obligada a aceptar, tal y como tuvieron que hacerlo Grecia y otros países, que la UE pusiera en marcha un rescate que, dada la importancia de la economía y el volumen de nuestra nación, era dudoso que tuviera éxito y, con toda seguridad hubiera significado una gran catástrofe para el pueblo español y, posiblemente, para la misma UE.

Seguramente fue un estrategia de CIU y de ERC para poner en un brete a los dos partidos mayoritarios; conseguir (como han logrado) que los comunistas (que siempre están a la que salta) vieran la ocasión de sembrar cizaña y de sacar provecho de tal circunstancia y se pusieran de su parte y que, los del PSC, se encontraran entre la espada en la pared, atrapados entre su lealtad al PSOE y su imperativa necesidad de mantenerse en Catalunya, adoptando una postura de nacionalismo extremo. Todo ello ha constituido un peligroso cóctel Molotov, que ha caído en medio de la crisis y que viene amenazando con estallar al menor descuido que se produzca entre los dos partidos mayoritarios si, en cualquier momento, alguno de ellos se desmarcase de la defensa de la unidad de España y de los preceptos de nuestra Constitución de 1.978, sobre la imposibilidad de que se produzca una escisión unilateral tal como proponen los nacionalistas.

Sin embargo, no parece que el señor Rajoy y su equipo de gobierno tengan las ideas claras al respecto y, para un observador de la política, ciertas insinuaciones, determinadas opiniones y algunos globos sonda salidos de Génova, nos empiezan a sonar a componenda, pánico escénico y lo que parece que se ha constituido en algo habitual cuando la derecha ostenta el poder: la incapacidad de gobernar con firmeza, el miedo a que se los tache de dictadores (Algo que, sin embargo no les pasa a los socialistas cuando ostentan el poder) y la tentación de ir prolongando las situaciones molestas para ver si, con el tiempo y haciendo como si no se enterasen, el problema se soluciona por sí solo. Esto ha sido, precisamente, lo que viene ocurriendo con Catalunya y lo que parece que impulsa a Rajoy a pensar en la posibilidad de aceptar un gobierno de coalición entre el PP y el PSOE del señor Rubalcaba.

Claro que, para que exista una posibilidad de establecer una coalición, es preciso que ambas partes estén de acuerdo, que se dejen aparcadas las tiranteces existentes entre ambas formaciones y que se cimienten aquellos temas en los que exista unanimidad. En principio se ha elegido un mal momento para dejar filtrar esta posibilidad; en primer lugar, porque en vísperas de elecciones el señor Rubalcaba, al que se puede acusar de todo menos de ser un pardillo, no iba a renunciar a cargar las tintas contra el PP, para darle así la ventaja al partido opositor. Pero es que todavía quedaría por ver si, en el caso en que ganase el PSOE las elecciones europeas, se iba a prestar a renunciar a la ventaja que tal victoria le iba a proporcionar de cara a las elecciones generales, que ya no se ven tan lejanas y, en el caso de que fueran derrotados, si Rajoy considera a Rubalcaba como clave de la posible coalición; lo más probable sería que, a don Alfredo, le quedasen pocos días al frente de su partido, lo que, con toda posibilidad, daría paso a otros líderes menos flexibles y más partidarios de mantener el viraje hacia la izquierda, en su intento de neutralizar los espectaculares avances de la IU de Cayo Lara.

Lo preocupante es que, en este PP del señor Rajoy, ya se empiezan a notar síntomas de una cierta disgregación, de lo que el señor Aznar no consistió nunca que se produjese, es decir, de que empiezan a engendrarse distintas opiniones respecto a la política a seguir; que ya se detectan camarillas dispuestas a presentar cara, como se advierte en el sistema de la financiación de las comunidades autónomas, donde comunidades como Murcia, Valencia o Madrid se sienten afectadas por el retraso del Gobierno de entrar en el tema de la nueva financiación ( parece que está dispuesto a posponerlo hasta finales de año) e intentan que se les anticipe una mejora. No creo que fuera acertado provocar, en estos momentos, una escisión, como seguramente se produciría si se entrase en la posibilidad de hacer una coalición de gobierno con el PSOE; algo que, por otra parte, no parece ni necesario ni beneficioso para España que lo que necesita es mantener su política europea y evitar cualquier enfrentamiento (algo que necesariamente ocurriría si el PSOE entrase en el gobierno) con la UE y la CE.

Por otra parte, es posible que en Génova no se hayan dado cuenta o, al menos, lo disimulan, del cabreo generalizado entre muchos de sus simpatizantes y votantes, ante los incumplimientos sistemáticos de sus promesas electorales, la aplicación de una política evidentemente de izquierdas, como ha sido el aumento indiscriminado de los impuestos, la congelación de las pensiones, las rebajas de salarios y la falta de una política clara de empleo, que les hubiera permitido bajar el desempleo, si los bancos, en lugar de hincharse comprando Deuda Pública, hubieran dedicado una parte de sus beneficios a ir concediendo créditos para dinamizar la recuperación industrial y mejorar la oferta y la demanda interior.

Lo que sucede es que tenemos la inquietante sensación de que, aparte de la teatralización de sus desacuerdos, el señor Rajoy y el señor Rubalcaba parece que nos ocultan pactos secretos o que, el segundo, se ha convertido en un mediador entre los separatistas catalanes y el Gobierno de la nación. Existe un cierto tufillo a que el proyecto del PSOE, aquel que se le ocurrió al señor Pere Navarro del PSC, de la federalización de España, aunque oficialmente ha sido desestimado; no obstante, observen que el señor Jáuregui insiste en ello y en que, para el 2015, el PP convocara nuevas legislativas, disolviendo las cortes, para estudiar un nuevo modelo de Constitución que contemplara la posibilidad de una España federal. ¿Está tan lejos Rajoy de esta propuesta? Cuando el río suena agua lleva.

En fin, así es como discurre la política. Esperemos que no se cumplan los malos agüeros. O así es como, señores, desde el punto de vista del ciudadano de a pie nos tememos, posibles e ignominiosas, bajadas de pantalones.

El principal escollo para cerrar acuerdos es la posición de Artur Mas
El Gobierno negocia en secreto con los nacionalistas catalanes
X.Horcajo www.gaceta.es 14 Mayo 2014

Los contactos entre el Gobierno y el CiU se mantienen de forma cada vez más intensa. Las negociaciones con la federación CiU se agrupan en dos grandes epígrafes: un nuevo pacto fiscal y el “blindaje” competencial del Gobierno catalán.

Durante las últimas semanas Moncloa negocia un planteamiento de “nuevo marco de relaciones” con el Gobierno de CiU en Cataluña. Los contactos se mantienen de forma cada vez más intensa. Las negociaciones con la federación CiU se agrupan en dos grandes epígrafes: un nuevo pacto fiscal y el “blindaje” competencial del Gobierno catalán, según fuentes próximas a estos encuentros.

El epígrafe más consensuado es el que afecta a los ingresos fiscales de la Generalitat en el futuro. En el segundo, trabajan diferentes ministerios coordinados para ofrecer un “paquete” de medidas que desactiven la desconfianza de los catalanes sobre reducción de competencias.

Las negociaciones dependen del talento de Josep Antoni Duran Lleida y su escudero, Josep Sánchez Llibre, mientras que las conversaciones dependen de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.

Fuentes del Gobierno señalan que el principal escollo para cerrar acuerdos es la posición de Artur Mas, presidente de la Generalitat, que mantiene posiciones más radicales y contrarias al acuerdo.

Mas, duda entre buscar salidas negociadas o continuar “el Proceso”, que es como en el independentismo llaman al referéndum para romper con España. El “viaje personal” de Artur Mas, le ha llevado a una soledad que recuerda la de Moisés, el hombre encomendado por Hashem (Dios) para liberar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto. “Desde hace años, con Pujol, ni se habla y dudo mucho que, si se cruza con los hijos, se saluden”, afirma una fuente convergente.

A noticia de los acercamientos, llega precisamente tras una encuesta de “La Vanguardia” que señala que se reduce el número de catalanes convencido de un nuevo pacto de financiación y un blindaje competencial, serían suficientes para evitar la ruptura con España.

¿Qué ha cambiado en CiU? Pues unas encuestan que pasman por el trasvase a gollete de votos hacia ERC. Las expectativas electorales de ambas parecen vasos comunicantes. La última, de ayer mismo, señalaba que 13 escaños pasarían a la formación de Junqueras (en las últimas autonómicas CiU perdió otros 12 escaños).

Los sondeos indican que CiU y ERC aún sumarían mayoría parlamentaria, pero solo por cuatro diputados, según esa misma encuesta. Si hoy se celebrasen elecciones al Parlament catalán, el sondeo sitúa a CiU en los 37 escaños y un porcentaje de voto del 24%. Esto es perderían 13 diputados y casi siete puntos porcentuales respecto a su resultado en las elecciones catalanas del 2012.

En el otro lado del vaso comunicante, ERC obtendría 34 diputados y su apoyo electoral rozaría el 22,5% del sufragio; es decir, obtendría 13 escaños más que en 2012 y casi nueve puntos más en porcentaje de voto.

Otro dato llamativo que revela el sondeo es que entre los electores catalanes los secesionistas siguen en un empate con los constitucionalistas o partidarios de que Cataluña siga dentro de España.

Ambas consideraciones -confirmadas desde hace tiempo- han obligado a reconsiderar posiciones para evitar el “sorpasso” de Esquerra y el no de Madrid y de Bruselas al referéndum por no encajar en las respectivas legalidades española y europea.

El PSOE ofrece a Mas 'barra libre' en el ámbito lingüístico
Redacción / Agencias www.cronicaglobal.com14 Mayo 2014

El número dos del PSOE en las elecciones europeas, Ramon Jáuregui, ha pedido este martes al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que disuelva las Cortes a finales de 2015, convoque elecciones a Cortes constituyentes, y promueva una reforma constitucional en clave federal que afiance la supuesta "singularidad catalana", lo cual, entre otras cosas, debería incluir, según él, un sistema de financiación propio para Cataluña.

El ex ministro de Presidencia con el Gobierno de José Luiz Rodríguez Zapatero ha sacado de nuevo a la palestra su singular "tercera vía", según la cual conviene reformar la Carta Magna para concretar "el marco jurídico y político de relación" de Cataluña con el resto de España. Una vez aprobada en toda España la nueva Constitución, según Jáuregui Cataluña tendría que ratificarla en una votación exclusiva.

En la misma línea, ha defendido atorgarle a Cataluña la "exclusividad" para desarrollar su política lingüística y su "derecho foral", se ha hecho eco de los "derecho históricos" que supuestamente caracterizan a esta Comunidad, y en consecuencia ha apostado por cederle a Cataluña competencias propias en seguridad, administración local, judicial y sistema penitenciario.

Solidaridad y soberanía como únicos "límites"

El dirigente socialista ha planteado asimismo dos "límites" a la satisfacción de las demandas nacionalistas. En un almuerzo organizado por el Círculo Ecuestre, Jáuregui ha argumentado que el sistema de financiación "propio" tendría que respetar la "solidaridad interterritorial".

De igual modo, ha vuelto a rechazar el "derecho a decidir" la secesión de Cataluña. Y ello porque, según ha expuesto, "ningún país serio reconoce la puerta a su demolición". De modo que en su propuesta de reforma constitucional, el dirigente socialista conserva para toda España la noción de "soberanía".

"No es un proceso nada fácil pero veo que lo contrario camina hacia el desastre", ha considerado Jáuregui. "Se equivocan quienes piensan que el suflé pueda ir descendiendo con la recuperación económica", ha añadido, al tiempo que ha conjeturado que si no se abordan "estos cambios" puede ser "demasiado tarde" y que, por lo demás, en su opinión, tanto CiU, como ERC, PNV y Bildu aceptarán una propuesta de este tipo porque "incluiría muchos avances en otros campos".
 


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