AGLI Recortes de Prensa   Jueves 15  Mayo  2014

El Gobierno del PP y el encubrimiento del Faisán
EDITORIAL Libertad Digital  15 Mayo 2014

Las declaraciones de la defensa del inspector José María Ballesteros de este lunes ante el Tribunal Supremo, en las que por primera vez admiten que él fue quien, "cumpliendo órdenes de sus superiores", entregó en el bar Faisán el móvil desde el que el entonces jefe superior del País Vasco, Enrique Pamies, dio el chivatazo al aparato de extorsión de ETA, debería causar, en principio, un giro radical y esperanzador en el enjuiciamiento de este bochornoso capítulo de la paz sucia con ETA.

Sin embargo, pocas esperanzas hay de llegar hasta el fondo del asunto si, al mismo tiempo, se tiene presente la vergonzosa postura del fiscal, que ha renunciado a la acusación por colaboración con ETA, y la del letrado del PP, que se ha limitado a dar por entregado su recurso y ni siquiera lo ha defendido.

A muchos les parecerá inconcebible que la Fiscalía y el PP, que otrora se comprometió a llegar hasta el fondo con todas las consecuencias, traten ahora de echar tierra sobre el asunto. Pero esta posición no deja de ser acorde con la política continuista de un Gobierno irreconocible, cuyo ministro del Interior, nada más asumir la cartera, dijo que la labor de sus antecesores socialistas en el cargo había sido "ejemplar" y que le constaba que el Ministerio del Interior "en ningún momento" había "dejado en suspenso el Estado de Derecho".

Sólo desde esta voluntad política de pasar página se puede entender que un organismo jerarquizado y dependiente del Gobierno como la Fiscalía haya decidido ahora ignorar la elocuente jurisprudencia que afirma que la colaboración con una organización terrorista no exige compartir afinidad ni objetivos con la banda armada.

Sólo desde esa misma voluntad política se puede asumir que dos mandos policiales -las dos únicas personas condenadas por el chivatazo, que lo son únicamente por un delito de revelación de secretos- actuaran motu proprio, sin cumplir órdenes de sus superiores, el secretario de Estado, Antonio Camacho, y el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Sólo desde esta voluntad política de pasar página se puede entender que no se haya pedido en ningún momento la comparecencia en sede judicial del actual vocal del CGPJ y emisario del Gobierno de Zapatero ante la ETA, Manuel Gómez Benítez, quien, según actas incautadas a los terroristas, puso en valor la comisión de este chivatazo como prueba de la voluntad del Gobierno de Zapatero de proseguir las negociaciones con la banda terrorista.

Sólo desde el abandono de los principios se puede entender que muchos políticos del PP, que tanto alzaban la voz por este infame asunto en cada sesión de control al Gobierno de Zapatero, guarden ahora tan clamoroso silencio.

A pesar de la confesión de Ballesteros, y teniendo presente la politización de los más altos tribunales, no cabe sino esperar nueva y suprema vergüenza para el Estado de Derecho.

No he estado "fino".
Vicente A. C. M. Periodista Digital  15 Mayo 2014

Eso es lo que dijo ayer a los periodistas Alfredo Pérez Rubalcaba tras su abúlica sesión de control al Gobierno de todos los miércoles. Y la verdad no es solo que no estuvo fino, ni ingenioso, sino que dio la impresión de hastío y de carecer de argumentos nuevos que ofrecer ante unas políticas del PP y de Rajoy que, salvo matices ideológicos llenos de demagogia, no se diferencian en lo fundamental de las políticas que hubiera tenido que aplicar él mismo y el PSOE en caso de haber mantenido el poder. Porque la única realidad es que las políticas nos vienen impuestas desde Bruselas y Rajoy y el PP se están negando tozudamente a profundizar en las exigencias de la UE y mantienen intacta la estructura deforme y deficitaria de las Administraciones del Estado, autonómicas y locales. El PSOE no lo habría hecho peor.

Ya dije esta misma semana que "no cuela" el intento de ambos partidos de defender ante la opinión pública que no son lo mismo. El PP y Mariano Rajoy han demostrado tener las mismas carencias de principios a la hora de incumplir su programa electoral. Solo han pasado dos años y algunos meses y aunque España parece recuperarse lentamente, los españoles estamos mucho peor que nos dejó Zapatero, Rubalcaba y esos gobiernos del PSOE de incompetentes y sectarios. Es verdad que el mal fue mucho y España estuvo en bancarrota y técnicamente en suspensión de pagos. Solo el pánico de la UE por las consecuencias nos salvó y unas políticas fiscales asfixiantes con el bloqueo total de los fondos de ayuda copados por el Estado para su supervivencia y el reflote de las Cajas de Ahorros, que han hecho que el paro y la deuda de España aumenten enormemente.

Rubalcaba no está fino porque solo está ensimismado en sus pensamientos. Su comportamiento es característico del que está sumido en una profunda depresión al percatarse de la inutilidad de su enrocamiento en el poder. Sus enemigos son muchos y solo esperan la certificación de su fracaso en las próximas elecciones al Parlamento europeo donde ha depositado su futuro al considerarlo como un plebiscito a su liderazgo. Y la verdad es que sus "camaradas" no se lo han puesto fácil y se han declarado abiertamente en rebeldía. Rubalcaba se ha visto obligado a asumir propuestas que son contrarias a su concepción del poder del "soviet" de la Dirección Nacional del partido, disfrazada de Comisión Ejecutiva Federal.

EL desafío de los barones autonómicos como Patxi López o Eguiguren, Pere Navarro, Roberto Jiménez y Tomás Gómez, la pujanza de propuestas de los andaluces con Susana Díaz como super estrella aspirante al trono de Ferraz y la actitud crítica e hipócrita de líderes como Carme Chacón o Eduardo Madina, forman un frente demasiado amplio como para no desanimar a cualquiera. No es que no esté fino, sino que la apatía se ha apoderado de su ánimo. El PSOE quiere un cambio a la vista de su hundimiento en las encuestas y la fuga incesante de votos de izquierda hacia las posturas más radicalizadas y populistas de Izquierda Unida. Solo faltaba la pléyade de escándalos de corrupción para terminar de anular cualquier mensaje de "renovación".

Y la verdad es que ayer vi a un hombre que me recordó a aquél Zapatero ausente del final de su mandato. Parece que Rubalcaba haya decidido "tirar la toalla" y dejarse llevar ante lo inevitable. En este caso no se cumple el dicho irónico y jocoso de "ante lo inevitable, disfruta". Rubalcaba no disfruta de lo que para él está siendo una forma frustrante de poner fin a su carrera política. Personalmente no siento ninguna compasión ni empatía por su situación y creo que al final es solo una muy leve forma de hacer justicia con quien ha ejercido el poder de modo autoritario y usando todos los medios de control y coacción a su alcance. Recordemos aquello de "lo sé todo de todos" y su deslealtad y actitud ilegal durante los trágicos días de los atentados terroristas del 11M, su entusiasta apoyo al "proceso de paz" con la ETA y el asunto del Bar Faisán.

Creo que España estará mejor cuando este personaje abandone la vida pública y la política. Aunque siempre se dice que más vale malo conocido que "bueno" por conocer. Eso debe ser lo que hace que el PP apoye la continuidad de Rubalcaba e incluso cuente con él para la lucha contra los nacionalistas en su desafío independentista en un posible Gobierno de coalición PSOE-PP. ¡Vivir para ver!.

El PSOE sigue prisionero de los nacionalistas
Vicente Torres Periodista Digital   15 Mayo 2014

Resulta complicado aceptar la querencia de la izquierda por los nacionalismos, cuando, al menos teóricamente, pretende mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Se supone que de todos, no de unos pocos.

En el libro '1978. El año en que España cambió de piel', sale a relucir la complicidad de los socialistas con los nacionalistas durante la Transición, hecho que ha tenido consecuencias en las condiciones de vida de los españoles desde entonces.

Incapaces de mirar hacia atrás, como sí hemos sabido hacer los autores del citado libro, los socialistas persisten en el error que ha dado paso al horror que estamos viviendo en forma de crisis. Una crisis que está resultando aniquiladora y castradora. Pocas iniciativas están surgiendo últimamente, y es que una gran parte del dinero disponible, que debería ir al mercado, para que circulara y actuara como tonificante, se emplea en contentar a los nacionalistas, algo imposible. Cuando un nacionalista deja de estar descontento deja de ser nacionalista.

Una de las grandes aberraciones de la política nacionalista consiste en utilizar las lenguas como armamento, sin que les importe la evidencia de que con ello aceleran la muerte de la lengua que usan.
Los socialistas, lejos de darse cuenta de la barbaridad que hicieron insisten en ella. Aunque más que insistir lo que hacen es redoblarla. Podrían intentar ir por el buen camino, que en su caso consistiría en ajustarse a su ideario, y sin embargo le han ofrecido a Mas, esa calamidad que está haciendo lo posible para empobrecer a los catalanes, barra libre en el ámbito lingüístico. ¿Por qué abandonan los socialistas a los trabajadores? ¿Por qué en lugar de intentar facilitarles las cosas les complican la vida al obligarles a estudiar una lengua? ¿Por qué a un trabajador no le ha de bastar con ser honrado, eficiente, educado y leal para ser aceptado en cualquier lugar? A un rico no le exigiría más.

Al final de todo esto no se entiende que los militantes socialistas no se pasen en bloque a Ciudadanos o a UPyD.

O nosotros o el caos
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es  15 Mayo 2014

Igual que Juan y Junior -dep-, en Galicia un día yo también escuchéuna triste historia. Me contaron que el último verano que pasóRajoy en la oposición -cuando todo era prima y rescate-, el hoy presidente pasaba un día de playa con unos amigos y le sonóel teléfono. Era el Rey.

No sési existe un protocolo especial para hablar con su majestad en traje de baño, pero da igual porque al parecer la conversación no tuvo un tono muy cortés. Según esta leyenda celta la llamada se producía con el único objeto de convencer a don Mariano para que tendiese la mano a la calamidad de Zapatero y aceptase un gobierno de unidad nacional. Más o menos lo mismo que ha dicho Felipe ahora, por cierto justo después de hacer una visita a la Zarzuela. La charla no fue muy amigable porque a Rajoy la sugerencia regia le sentócomo una resaca de albariño, y contestó, más o menos, que tururú. La anécdota acabócon una improvisada declaración institucional en los salones del náutico de Sangenjo, ofreciendo el líder del PP apoyos puntuales al gobierno para solventar la gravedad del momento, pero de pactos globales ni hablar. El gallego impasible veía que por segunda vez le iban a hurtar su hueco en La Moncloa, y en esta ocasión no se resignóa dejar que ese problema se resolviese solo, sino que trabajóduro para que el único gobierno de salvación nacional fuese suyo y de Soraya. Se non èvero èben trovato. Aquellos días mirábamos sólo a Grecia, que era el corazón de Europa al que nos había devuelto Zapatero y sus demencias.

Lo extraño es que ahora regrese la milonga sentimental del pacto PP-PSOE. El miedo a los señores de negro y al rescate parece disipado -en realidad ese es el único triunfo que exhibe el Ejecutivo-, y sus defensores hablan más del problema catalán o de la pérdida de confianza en los grandes partidos. O sea que ya no se trata de salvar a España sino de perpetuar el régimen, y en realidad nunca se tratóde otra cosa. El miedo del establishment a que fuerzas políticas renovadoras como Ciudadanos y Vox acaben consolidando un espacio electoral, y que desde allícuestionen las viejas estructuras y las nuevas fortunas, es más acentuado al temor a que venga la troika y nos colonice.

Cambio, renovación, reforma, alternativa, se han convertido desde hace poco en conceptos políticos casi subversivos, porque desde el búnker del régimen se aprieta cada vez más la rienda de los medios de comunicación, y las voces gubernamentales -que son las que más presumen de libertad y equidistancia-, se han cuadrado con una disciplina similar a la de los guardianes de la revolución iraní.

¿Habrápacto PP-PSOE? Probablemente, tácito, ya lo hay. Ambos han gobernado en contra de sus programas electorales, y ninguno de los dos ha dudado en alianzas contra natura: los sociatas con derechas nacionalistas y caciquiles, los peperos con el partido comunista en Extremadura.

El debate, en fin, sobre un gobierno de concentración se parece mucho a aquella portada de Hermano Lobo en la que un oligarca -de frac institucional- anunciaba al pueblo desde el atril: “O nosotros o el caos”. Y la gente, hasta el gorro, clamaba sin dudar, “¡el caos, el caos!”. “Es igual -respondía el cacique- también somos nosotros”.

Necesitamos una desamortización de políticos
Felicísimo Valbuena www.lavozlibre.com  15 Mayo 2014

Consultor y Periodista

En el siglo XIX, tres políticos distintos- Mendizábal, Espartero y Madoz- realizaron tres desamortizaciones. La primera salió muy mal. La tercera, mucho mejor, porque Pascual Madoz conocía muy bien la realidad de España, como más adelante explicaré.

UNA DESAMORTIZACIÓN MAL HECHA: LA DE MENDIZÁBAL
Un estudioso, Ángel Lozano, que domina la Historia de España y el Marxismo como no conozco a otros en este momento, juzga así la desamortización de Mendizábal:

"La expropiación de tierras y bienes en poder de la Iglesia van a pasar a manos de la aristocracia, la burguesía y los caciques. Su objetivo era atacar a otro sector de la oligarquía, que tenía en el poder terrenal de la Iglesia uno de sus puntales. Pero no constituye un impulso al desarrollo capitalista en el campo. Mendizábal viene de las filas liberales, participó como combatiente en Portugal contra los franceses bajo bandera inglesa. De allí pasa a Londres, donde trabaja como agente al servicio de la Reina británica y vuelve a España, donde pasa a formar parte de los gobiernos españoles por imposición de la Embajada inglesa. El Embajador inglés dirá: 'Es nuestro hombre en España y debemos de sacarle el máximo partido'".

Mendizábal despacha periódicamente con el embajador inglés, y aplicará medidas de apertura del comercio –reclamadas por Inglaterra, que forma asociaciones y grupos de presión en España favorables al librecambismo- frente al proteccionismo que reclamaba la burguesía catalana.

Quien es presentado como uno de los grandes reformadores, resulta ser poco menos que un agente inglés, que debe su alto lugar en la política española a una imposición directa de Inglaterra.

Mendizábal representa, asimismo, una de las expresiones máximas de la intervención inglesa sobre los liberales, sobre el clima, extendido también hoy en día, de que para enfrentarse a la “reacción” interior, es necesario apoyarse en las “potencias amigas”.

UNA DESAMORTIZACIÓN MUCHO MEJOR HECHA: LA DE PASCUAL MADOZ
El célebre historiador D. Américo Castro, admiraba sin límites a Pascual Madoz. Lo presenta de esta manera: "Ahora bien, saliendo del campo de la filosofía, de la ciencia y de la literatura, nos encontramos con algo desconcertante entre 1845 y 1850, con el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y de sus posesiones de Ultramar, por Pascual Madoz, en 16 tomos, impresos a dos columnas y en letra compacta. Parecerá, al pronto, una ingenuidad fijarme yo en eso, aunque más de un siglo después, esta obra no ha sido superada. ¿Cómo fue posible en tan pocos años, en un país de malos caminos y con comunicaciones más deficientes, llevar a cabo esta obra, para España, colosal? Don Pascual Madoz disciplinó a los curas y secretarios de ayuntamiento en toda España y en sus colonias de entonces; todos enviaron informaciones que, en la mayoría de los casos aún son valiosas. Aunque se suponga el incentivo de que las ciudades y aldeas saliesen en letras de molde, no es menos admirable el prodigio de haber movilizado don Pascual la conciencia y el saber de sí misma en toda la nación. Las famosas Relaciones topográficas, de Felipe II, han sido publicadas en este siglo, con dificultades y lentitudes. Para el organizador y compilador de este Diccionario, el “individualismo”, la incuria y la falta de conexión entre unos y otros españoles, todo eso y mucho más fue puesto entre paréntesis, como en una gran tregua de Dios. Los españoles “cooperaron” en este caso como si fueran anglosajones o germánicos..." ('La realidad histórica de España'. México, Editorial Porrúa, 1987, P. 28).

La historia dio la razón a Américo Castro. Una de las primeras obras que cada Autonomía publicó fue, precisamente, “el Madoz”, en ediciones muy bien presentadas, porque casi ciento cincuenta años después, seguía reflejando muy bien algunos aspectos geográficos, artísticos e históricos.

NECESITAMOS ACOMETER UNA DESAMORTIZACIÓN DE LOS POLÍTICOS ESPAÑOLES PARA QUE NOS IMITEN LOS EUROPEOS
Cuando a Madoz le encargaron la tercera desamortización, fue la más importante, porque él conocía muy bien el terreno que pisaba. De manera que hay mucha más animadversión contra Mendizábal que contra Madoz, porque éste supo hacer bien las cosas.

Pues bien, los internautas intrépidos y periodistas como Daniel Montero, autor de 'La Casta. El increíble chollo de ser político en España'- y Sandra Mil y Miguel Cruz- autores de 'La casta autonómica. La delirante España de los chiringuitos locales'- han hecho un trabajo muy parecido al de Pascual Madoz. Sólo que centrándose en los políticos españoles.

Ellos han hecho posible que veamos a los políticos de cerca, cada vez más próximos, en su salsa real, no tal como los políticos venían diciendo que eran, desde hace muchos años.

Los españoles ya ven a los políticos como personas reales. Y han logrado esa visión a mucha velocidad. Sectores cada vez más amplios de la opinión pública, comienzan a considerarlos como responsables de la crisis, no como chivos expiatorios de la misma. Los políticos van notando el cerco y se dan cuenta de que ya no pueden seguir pensando que los españoles dan muchas cosas por supuestas. Todo lo contrario. Cada día los internautas aplican más el catalejo y el microscopio, valga la imagen. Los españoles queremos saber qué es lo que hacen, quién les atribuye esos grandes sueldos a los altos cargos, si hay criterios para medir su rendimiento, por qué tienen privilegios que a los contribuyentes les salen muy caros y por qué hay muchísimos más políticos en España que en ningún otro país europeo.

Ahora sólo hace falta que un Gobierno con decisión y redaños quiera efectuar la desamortización de políticos, de muchos políticos que sobran. ¿Será capaz este Gobierno? Creo que no, pero me gustaría muchísimo equivocarme. ¿Reclama la oposición que haya un recorte de políticos? Para nada. Sólo hay que ver cómo se han puesto con la tímida reforma municipal. Entonces, ¿por qué tenemos los contribuyentes que seguir pagando a muchos políticos y asesores que son lo que, cuando las desamortizaciones, llamaron “manos muertas”?

España no es la única que necesita una desamortización de políticos. Europa entera, también. Sólo hay que ver las críticas tan profundas a los europarlamentarios en todos los países. Efectivamente, ¿para qué seguir pagando a tantos europarlamentarios que desarrollan tan poco trabajo y gozan de tantos privilegios?

¿Una gran coalición? ¡No, gracias!
Juan Laborda www.vozpopuli.com  15 Mayo 2014

Durante los últimos días distintas voces políticas y sus voceros mediáticos empiezan a hablar públicamente sobre la necesidad de formar una gran coalición de gobierno (PP-PSOE), si “el país lo necesita”. En realidad las élites que dirigen nuestro devenir en la sombra empiezan a asustarse, no vaya a ser que los españoles despierten de su letargo y el actual statu quo salte por los aires.

La gran coalición, si en algún momento se produjera, sería una gran estafa, un fraude. Tendría un carácter meramente defensivo. Subyace un temor creciente a que la ciudadanía, aritméticamente, abriera paso a alguna que otra posibilidad de gobierno que pudiera resquebrajar sus intereses, y vislumbrarse en definitiva el final del actual régimen. Si les digo la verdad dudo que esto se produzca de manera inmediata.

Lo que realmente persiguen quienes promocionan la gran coalición no es una modernización democrática y económica de nuestra querida España. Tampoco les preocupa el alarmante incremento de la pobreza y la desigualdad. Ni siquiera se han llevado las manos a la cabeza cuando diversos organismos han advertido de la disparidad salarial en nuestro sector productivo. Intentan aferrarse al control hegemónico político y mediático que tan pingües beneficios les ha reportado en las últimas décadas.

Voces de alarma
La situación es tan alarmante que desde Europa han lanzado ya distintos S.O.S. Recientemente Bruselas denunció que en España las empresas son más poderosas que los supervisores y que quienes deben regular el mercado carecen de medios, de personal y de preparación para hacerlo. Fíjense ustedes lo que habrán visto para dar semejante aviso.

En su momento el Banco Central Europeo, al analizar la situación de los países que han necesitado ayudas de la Unión Europea, concluyó que algunos sectores de la economía española no estaban abiertos a la competencia, de manera que el ajuste lo estaban pagando tanto sus empleados, con salarios menores, como sus clientes, con precios mayores.

Ambos avisos reflejan una característica intrínseca a la economía española. Si analizamos la composición del Ibex 35, la situación es para echarse a llorar. Predominan antiguos monopolios naturales, básicamente empresas eléctricas, petroleras, y del sector de telecomunicaciones. Junto a ellos, el sector inmobiliario, ligado al BOE, y el bancario, insolvente. A estos sectores, junto a su brazo político, les fue muy bien durante la gran mentira, la burbuja inmobiliaria del período 1997-2007. Se forraron como jamás antes nadie lo hizo en nuestra querida España.

Sin embargo, ninguna situación se eterniza en el tiempo, y menos cuando hablamos de burbujas. Y un día ésta explotó. Todo parecía irse al garete. Pero estas élites no estaban dispuestas a perder ni un euro y ni un ápice de su poder. Para ello, a base de puertas giratorias y de legislación, impusieron su ajuste. Así se entiende el porqué cuando el riesgo de impago radicaba principalmente en el sector privado, y no en el público, las élites patrias, junto a los acreedores internacionales, presionaban al Gobierno de turno para impulsar sus reformas, término eufemístico con el que se referían a la imposición de recortes, privatizaciones y empobrecimiento salarial de sus conciudadanos. Todo por la patria.

El hecho que el gobierno de turno se mostrara dispuesto a avalar y garantizar gran parte de la deuda privada de los bancos y otros sectores supuso que el mercado, es decir, los acreedores de la deuda española, enfocara su presión sobre las finanzas públicas, para que éstas estuvieran más saneadas que nunca, por si finalmente el Estado tuviera que salir al rescate de impagos del sector bancario o de otros oligopolios financiados por la banca.

Reacción de la sociedad civil
Como consecuencia de estas políticas, nuestra deuda pública se ha disparado desde el origen de la crisis, en realidad se ha más que duplicado y ya supera el 100% de nuestro PIB. Y una gran parte de la deuda contraída por nuestro gobierno de turno se ha destinado no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a terceros. El origen de esta conducta es que el Estado pide prestado para luego, a su vez, prestar a terceros y favorecer a intereses privados espurios al margen de la ciudadanía. Se trata de deuda ilegítima. Y el contador suma y sigue (déficit tarifario, autopistas, etc.).

Permítanme por lo tanto que dude de todos aquellos que hablan de recuperación económica. Sólo quieren ganar tiempo, adormilarnos para continuar con lo suyo. Tenemos un volumen de deuda privada y pública que no se va a poder pagar, salvo que se pretenda arruinar las expectativas de vida de los españoles. Las dinámicas de ambas ya están fuera de control.

Hoy más que nunca es necesaria una reacción democrática transversal que diga basta, donde, parafraseando a Javier Benegas y Juan M. Blanco en su libro Catarsis, “busquemos una democracia de mayor calidad, donde acabemos definitivamente con el sistema de acceso restringido dominado por los privilegios, la corrupción, el caciquismo, el intercambio de favores y las barreras a la participación”. Por eso, ¿una gran coalición? ¡No, gracias!


Santiago Abascal advierte a Mas:
'La unidad de España ni se vota, ni se discute'
Agencias www.gaceta.es  15 Mayo 2014

Santiago Abascal acusa a Rajoy de haber dado la espalda a los españoles y reivindica una respuesta firme y rápida.

El Secretario General de VOX, Santiago Abascal, y el vicepresidente de VOX y candidato al Parlamento Europeo, Ignacio Camuñas, han llevado a cabo el primer acto de campaña electoral en Alcobendas, Madrid. En el acto han intervenido también Antonio Escudero, coordinador de VOX en Madrid, y Javier García Matallanos, responsable de zona.

Santiago Abascal ha sido contundente en su intervención: “Mariano Rajoy está obligado a defender a todos los españoles y todo lo que nos pertenece. En un país democrático, sin complejos, Artur Mas sería destituido, procesado y encarcelado. Rajoy preside un gobierno cobarde y durmiente”.

Asimismo ha asegurado que “Rajoy no se cree las encuestas del CIS. El día 25 los poderosos, los corruptos y los traidores van a llevarse un susto de mucho cuidado. Hay que dar un rechazo en las urnas a los que nos han arruinado, estafado y traicionado”.

Por su parte, Ignacio Camuñas, vicepresidente de VOX y candidato al Parlamento Europeo, ha dicho que “el egoísmo político y la falta de visión a largo plazo de las dos fuerzas mayoritarias de nuestro país han generado la grave situación que actualmente vivimos en Cataluña. En vez de haber exigido en su momento el debido cumplimiento de la ley y las sentencias de los tribunales, tanto el PP como el PSOE, han preferido gobernar a cualquier precio y ahora, horrorizados por lo que se nos viene encima, no saben bien cómo hacer frente a la situación”.

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La 'tercera vía' y el modelo territorial (I)
Jaime Rodríguez-Arana El Confidencial  15 Mayo 2014

Estos días el líder de Unió Democrática de Cataluña (UDC) Durán i Lleida ha usado en el debate político la expresión ‘tercera vía’ para terciar en la llamada cuestión catalana. Una expresión que según parece pretende buscar un acercamiento entre dos posiciones extremas. Una de signo unitarista y otra de signo diferencialista. En realidad, en la Constitución de 1978 se encuentra la solución. Una solución que en su día se orientó, dentro de unos límites ciertos, al entendimiento, al diálogo y a la búsqueda de acuerdos. El modelo territorial conformado en 1978 dota de una amplia autonomía a nacionalidades y regiones y permite un grado de autogobierno, autoadministración y autonormación todavía inédito en muchos aspectos. Por una razón elemental, porque la autonomía política reconocida en la Constitución no lo fue para construir un esquema territorial a imagen semejanza del Estado-nación.

Se trata, pues, de abordar la cuestión de la articulación territorial de España, ni desde el unitarismo ni desde el particularismo, sino desde el equilibrio. O lo que es lo mismo, si nos ubicamos en los postulados del centro político, la comprensión del modelo permite calibrar las grandes posibilidades de desarrollo de nuestro esquema constitucional de distribución territorial del poder. Para ello, es menester partir del sentido realista, que exige un esfuerzo de aproximación a la realidad y de apreciarla en su complejidad. Algo bien infrecuente a causa de los numerosos prejuicios que todavía atenazan la visión de la cuestión en muchos dirigentes, de un lado y de otro. No es que tal aproximación resulte fácil, o que lo encontrado en ella sea indiscutible, pero sin entrar en el debate de fondo sobre las posibilidades del conocimiento humano, digamos que es necesario ese esfuerzo de objetividad, que no puede ser afrontado sin una mentalidad abierta. La mentalidad abierta, la ausencia de dogmatismos, es necesaria no sólo para comprender la realidad, sino para comprender también que puede ser entendida por diversos sujetos de formas diversas, y que esas diversas aproximaciones forman también parte de la realidad.

La complejidad de lo real y su dinamismo deben ser abordados con una actitud adecuada, que en ningún caso pretenda negarla, y que integre igualmente su complejidad, viendo como compatibles todos sus componentes, y su dinamismo. Veamos algunos de estos prejuicios que todavía subsisten desde el centro y desde la periferia.

El modelo territorial conformado en 1978 dota de una amplia autonomía a nacionalidades y regiones y permite un grado de autogobierno, autoadministración y autonormación todavía inédito en muchos aspectos

La realidad plural de España es aceptada por todos prácticamente. Ni desde los esquemas más ultramontanos del unitarismo español deja de reconocerse, con fórmulas más o menos pintorescas, la realidad diversa de los pueblos, nacionalidades y regiones de España. Pero desde ese planteamiento, tal variedad se aprecia como un adorno, o un accidente, de la unidad esencial española, como una entidad superficial, casi folklórica, podríamos decir, que no haría en todo caso más que resaltar el esplendor de lo que tenemos en común, que sería lo verdaderamente importante.

Cuántas veces, en cuántas ocasiones, hemos escuchado retóricas exaltaciones de las literaturas o de las lenguas llamadas regionales, pongamos por caso, como apéndices o curiosas peculiaridades de una realidad cultural española –de fundamento castellano– supuestamente sustantiva y a la que aquellas otras se considera subordinadas. Y además, ante esas identidades culturales que se ven como secundarias o subordinadas, se manifiestan a continuación suspicacias contumaces cuando de ellas se quiere hacer un uso normal en todos los ámbitos de la vida y la actividad pública. No nos engañemos, todavía pervive en la Administración madrileña una cierta mentalidad de este tipo que, en ocasiones, envuelve con fuerza los intentos de ciertos dirigentes de intentar comprender integralmente una realidad que es plural y que en la pluralidad encuentra su sentido y su justificación.

Por eso el acuerdo y mandato constitucional relativo a la defensa de la identidad cultural y política de los pueblos de España, o, por decirlo de un modo más amplio, la estructuración autonómica de España, me parece uno de los aciertos más importantes de nuestros constituyentes, aunque en su plasmación o en su aplicación puedan haberse producido abusos de uno u otro signo, desviaciones, retrasos, precipitaciones, vacíos... Y también, por eso, porque responde a una realidad, y además una realidad que juzgo positiva, por cuanto realmente –no retóricamente– nos enriquece a todos, es por lo que desde la comprensión centrista del modelo autonómico, ahora podría denominarse ‘tercera vía’, no puede caber una actitud que no sea de apoyo y potenciación para esas culturas, lejos de los que sienten nostalgia de un integrismo uniformante o de los que propugnan particularismos o diferencialismos absolutos.

Así, por ejemplo, por muy conflictiva o problemática que pueda parecer a muchos la pluralidad cultural de España, en absoluto, desde el centro, desde la tercera vía, se puede mirar con nostalgia o como un proyecto de futuro una España culturalmente uniforme, monolingüe, por ejemplo, sino más bien tal cosa debe ser vista como una pérdida irreparable, y, expresado positivamente, debemos afirmar que no sólo deseamos sino que apostamos por unas lenguas vasca, catalana, gallega o valenciana, pujantes y vigorosas y conformadoras del sentir de cada uno de las comunidades que la hablan.

Es necesario reiterar rotundamente que la afirmación de la identidad particular de las comunidades de España, en absoluto tiene que suponer la negación de la realidad integradora de España, como los nacionalistas constantemente afirman

Si tal afirmación debe realizarse en relación con las lenguas, lugar sensible donde los haya, por cuanto afecta de modo muy especial, significativo e íntimo, a la identidad no sólo colectiva sino personal, lo mismo debemos predicar de los demás componentes de la identidad, y por supuesto de la entidad política de cada una de las comunidades autónomas que integran España.

No es del caso entrar ahora en las razones históricas más profundas de los fenómenos, cosa sin duda necesaria, si queremos realmente comprenderlos en todas sus dimensiones actuales. Pero consideremos simplemente, que la negación radical de los hechos diferenciales que se dan en España, durante toda la época del régimen franquista, que llevó a la persecución injusta de quienes afirmaban su propia identidad, simplemente siendo lo que eran, se pone en contraste con el desarrollo y el fervor autonomista del período democrático.

Pero justamente ahora, cuando parece que una determinada lectura de la Constitución no permite, equivocadamente, más desarrollos, el nacionalismo da un paso más en la escalada de sus reivindicaciones y plantea en su dimensión constitutiva lo que llaman “la cuestión nacional”, que se concreta en la reivindicación del derecho de autodeterminación y la soberanía. Y es también ahora cuando se empiezan a oír las voces que recuerdan, reivindican o reclaman la condición de España como Nación. No es casualidad. En cierto modo es lógico que así sea, como reacción natural ante lo que se toma como un exceso de los nacionalismos

El modelo territorial para España significa, desde el centro político o desde la ‘tercera vía’, entre otras cosas, la afirmación plural de la realidad española, incluso y sobre todo desde la identidad gallega, vasca, catalana, andaluza, o cualquier otra de las que integran España. Constitucionalmente es esto incontestable, pero es necesario hacer de la propuesta jurídica algo vivo y real. Es necesario reiterar rotundamente que la afirmación de la identidad particular de las comunidades de España, en absoluto tiene que suponer la negación de la realidad integradora de España, como los nacionalistas constantemente afirman. Y también repetir, con la misma rotundidad, que la afirmación de España no puede ser ocasión para menoscabo alguno de la identidad particular.

*Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo y miembro de la Academia Internacional de Derecho Comparado de La Haya

La idea de España como valor
Frente a los conceptos problemáticos de identidad y nación, hay que definir a la nación española como una tradición valiosa, digna de preservación. Es un mundo de potencialidades que solo se aprecia viviendo juntos
Juan Claudio de Ramon El Pais  15 Mayo 2014

A Adolfo Suárez, con la esperanza de que no haya sido todo para nada.

Cuando los nacionalistas catalanes dicen que los constitucionalistas carecemos de un relato alternativo que ofrecer a la sociedad catalana apuntan a un problema real. No tiene solución fácil, porque lo que los nacionalistas ignoran es que parte de nuestro antinacionalismo reside precisamente en no dar la lata con identidades colectivas o épicas comunes. Los Estados liberales que abrazan el pluralismo privatizan la identidad de sus ciudadanos: proporcionan el marco legal y las provisiones sociales para que cada uno se monte el relato personal que le apetezca. Esta ausencia de relato comunitario es más acusada en España como consecuencia de nuestra reciente historia política. Los españoles tenemos dificultades para sostener una idea sustantiva de España, algo que ahora echamos en falta para oponer a la orgía identitaria del independentismo. Si, por ejemplo, uno lee a los intelectuales españoles que mejor han rebatido el nacionalismo vasco y catalán (Savater, Juaristi, Espada, Azúa, Ovejero, et al.) ve que su rechazo se fundamenta antes en el desprecio intelectual y moral que les merece el nacionalismo que en una defensa sustantiva de España. (Compárese con los intelectuales franceses, siempre con su punta de chovinismo). Los entiendo, porque a mí me pasa lo mismo, al igual, como sospecho, que a muchos españoles. Sobre esto quiero hablar.

Los nacidos en democracia fuimos educados en una visión escéptica de las naciones. Al menos, de la nación española. No digo que el nacionalismo español no exista; digo que no lo he conocido. Supe por mis mesurados maestros que la batalla de Covadonga, de no ser fantasía, no pasó de reyerta; que el Cid fue un mercenario; la Conquista, una hazaña discutible; y la Guerra de la Independencia, una buena bronca por una mala causa. Una educación descreída, avergonzada del franquismo y encarada hacia Europa, que nos persuadió de que las identidades nacionales pertenecían al pasado.

Sin embargo, en otros lugares se recorría el camino inverso. Si en Madrid era posible discutir el alcance de la unión dinástica de los Reyes Católicos, en Barcelona se celebraba sin empacho el milenario de la nación catalana. De esa doble moral abundan los signos. Muy sintomáticamente no hay en España un museo de historia de España y sí lo hay —nada que objetar— de Cataluña. La perfunctoria presencia de la élite capitalina el 12 de octubre (un coñazo, ya lo dijo Rajoy) poco se puede comparar a la seriedad que requiere postrarse ante Rafael Casanova cada 11 de septiembre. Esto era hasta cierto punto esperable, pero faltó un equilibrio. De la España esencial del casticismo franquista hemos pasado a España, esa cosa que no sabemos si existe. En Cataluña y Euskadi, en cambio, una especie de derecho de crédito devengado durante la dictadura faculta a sus nacionalismos a empapuzar de identidad a la ciudadanía.

No nos engañemos, nadie se hace independentista sin asimilar antes premisas nacionalistas
Así, mientras unos quitábamos importancia a nociones como identidad o nación (en el sentido que le dan los nacionalistas, posiblemente el único atribuible) otros inflaban su significado. Parece dudoso que un club de agnósticos pueda aplacar una oleada de conversiones religiosas. Si deseamos evitar una humillante descomposición étnica es necesario rescatar una España positiva, ni esencial ni meramente jurídica. El reto acucia a las nuevas generaciones de la izquierda española, que deben asumir que ni España, ni sus símbolos, ni la lengua española son un invento de Franco. Por si fuera de ayuda a españoles desafectos, ofrezco aquí la solución que me he dado a mí mismo para hacer compatible mi idea de España con una vivencia no nacionalista, sin reducirla tampoco a mero marco legal. Bastó cambiar de vocabulario: en lugar de identidad, tradición, y en lugar de nación, valor.

Identidad es concepto problemático. Pide, en buena lógica, ser excluyente. Prefiero pensar que España, sin ser mi identidad, es mi tradición. Aquello que, gracias al azar combinado del nacimiento y la geografía, me ha sido dado y de lo que soy custodio: Cervantes, Alhambra, Machado, Pla, la Torre de Hércules y el páramo de Masa; playas, sierras y olivares; nuestras guerras civiles. La tradición pone las cosas en su sitio: no es que yo pertenezca a España, como querrían los apóstoles de la identidad, es que España me pertenece. La idea de tradición aporta otra ventaja: es fácil pensarla como ampliable. La catedral de Reims también es mía. Por tanto, redefino: España no es mi tradición, sino su parte troncal, con frondoso ramaje hacia Europa y América. No entiendo que haya quien, habiendo recibido el mismo patrimonio, lo desdeñe.

La idea de nación es todavía más problemática. No discuto los sentimientos nacionales de nadie, pero yo prefiero ver España como un valor. Podemos discutir eternamente cuántas naciones hay en España o si es verdadera nación. O podemos asumir algo más sencillo: que es una realidad hecha y derecha (al igual que Cataluña, sobre la que tampoco se precisa saber si es o no nación: es realidad y punto). No basta, claro. La URSS era una realidad, y eso no la hacía apetecible. España, en cambio, tanto como Cataluña, es una realidad valiosa. Y en este punto creo que si muchos catalanes desafectos se liberan de su conciencia postiza de pueblo oprimido podrán descubrir en su propia vida esta verdad: familia, amigos y amores, paisajes, cultura y empresas, un mundo de potencialidades que solo se presentan viviendo juntos. Y porque es valiosa, es digna de preservación, con mejoras y sin poda de lo que nos fue dado (tradición es dar de generación en generación). Reducir España, ese vasto legado, a un partido o líder político al que tenemos rabia es pueril.

Todos hemos disfrutado más de nuestra herencia europea cediendo estatalidad a Bruselas
Sumados ambos conceptos, España es una tradición valiosa. Ello permite deshacer ciertos sofismas. Uno, pretender ser independentista, pero no nacionalista. Es una conjetura endeble que revela mala conciencia. La posibilidad de ser independentista no nacionalista es teóricamente aceptable si se vive esclavizado por un poder represor. No es el caso. Alguien nacido en el vasto mundo de la cultura española, en la España inclusiva de la Constitución de 1978, que ha podido educarse en su lengua catalana, gallega o vasca, y añadir el disfrute de la española, solo puede llegar a la conclusión de que no le interesa ser español asumiendo que España es un desvalor, un perjuicio; y solo se piensa así validando el discurso victimista típico del nacionalismo.

No nos engañemos: en un Estado inclusivo y democrático como el nuestro nadie se hace independentista sin asimilar antes premisas nacionalistas. Igualmente ingenuo es pensar que tras la independencia se podrá seguir disfrutando de España sin pertenecer al Estado español, porque el juego y disfrute de su tradición cultural solo se maximiza viviendo en una misma unidad política. Así, todos hemos disfrutado más de nuestra herencia europea cediendo estatalidad a Bruselas. Al cabo nuestro antinacionalismo es solo eso: preferir cuartos grandes y aireados donde se multiplican las posibilidades.

Ignoro si quedamos suficientes españoles para preservar a España de nuestro letal sectarismo. El fallo multiorgánico que aqueja al Estado puede ser signo de regeneración o derribo, alba u ocaso. Con el pesimismo de la inteligencia pienso lo segundo. En tal caso, nos meteremos las manos en los bolsillos, como en fecha más desgraciada hizo Chaves Nogales, y cada uno volverá a su pueblo. Será triste, pero no trágico. Nuestro antinacionalismo consiste también en saber que, siendo valiosa, España no es lo más importante de nuestras vidas. Pero con el optimismo de la voluntad me esfuerzo en creer lo primero. En tal caso, no solo harán falta mejores instituciones, partidos más honestos, nuevas turbinas económicas; también hará falta revalorizar nuestra condición de españoles (algo distinto y más razonable que sentirse orgulloso de ser español). Estamos a tiempo de convencer a muchos catalanes de que España es un valor (no lo haremos limitándonos a invocar la salida de la Unión Europea) y no el lastre que les han vendido. De paso, echaremos un cable a los catalanes que sí valoran ser españoles. Desde posiciones incómodas pelean por preservar la herencia de todos.

Juan Claudio de Ramón Jacob-Ernst es diplomático.

La Generalidad anuncia seis millones en subvenciones para los medios en catalán
Redacción www.cronicaglobal.com  15 Mayo 2014

El departamento de la Presidencia de la Generalidad ha anunciado una nueva convocatoria de subvenciones para los medios de comunicación que utilicen el catalán o el aranés por casi 5.976.000 de euros. Así lo recoge el Diario Oficial de la Generalidad de Cataluña (DOGC) en diversas resoluciones publicadas en las últimas semanas (PRE/829/2014, PRE/849/2014 y PRE/894/2014).

Esta cantidad, que corresponde a lo que se conoce como "subvenciones estructurales", es casi idéntica a la otorgada el año pasado y se reparte "en régimen de concurrencia no competitiva", con el único requisito de que estos medios -todos ellos privados- se escriban o emitan "en catalán o aranés".

En concreto, los diarios impresos se repartirán 4.138.000 euros este año (frente a los 4.415.000 euros previstos en la convocatoria de 2013). Los diarios digitales recibirán 1.213.000 euros (frente a los 990.000 euros del año pasado). Y las televisiones serán agraciadas con 625.000 euros (5.000 menos que en 2013). Todavía no se han convocado las ayudas a las radios.

De esta forma, la Generalidad mantiene su política de ayudas multimillonarias a los medios en catalán que ha venido implementando desde hace años. En todo caso, esta ronda de subvenciones no incluye las ayudas de otras consejerías, las aportaciones discrecionales para finalidades concretas, ni la publicidad institucional.

A modo de referencia cabe destacar que en 2013, por ejemplo, los diarios impresos que más subvenciones de este tipo recibieron fueron La Vanguardia (835.436,20 euros), El Periódico (520.865,24 euros), El Punt Avui (481.788,12 euros) y Ara (333.867,24 euros). Mientras que en el caso de los digitales los más afortunados fueron Ara (192.686,72 euros), El Punt Avui (103.076,74 euros), Vilaweb (99.344,32 euros), Nació Digital (83.220,04 euros) y E-notícies (47.004,75 euros)


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