AGLI Recortes de Prensa   Domingo 18  Mayo  2014

O Arriolas o Simeones
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Mayo 2014

En sólo dos días, la opinión pública ha podido asistir a dos grandes espectáculos de masas que resumen las dos formas de entender las cosas en la España actual. El jueves, en la 1 de TVE, cadena pública en quiebra cuyo director parece un sobrino de Mario Conde en los 90 y cuya plantilla supera en número -no en resultados económicos, artísticos o de otro tipo- a las cuatro grandes cadenas privadas juntas, el eurocandidato del partido en el Poder, Miguel Arias Cañete, perdió, según opinión general, incluida la del propio Arias, el amañado debate frente a la candidata del PSOE, Elena Valenciano, a quien denominar mediocre sería hacerle demasiado favor.

En dos semanas de carrera electoral, Cañete le sacó cuatro puntos a su rival. En una hora de debate, siguiendo la táctica clásica del gurú del PP Pedro Arriola, Cañete se pegó una bofetada que él mismo convirtió en trompazo al día siguiente, diciendo a una de las telepresentadoras sociatas que siempre triunfan con el PP –es otra de las caras del arriolismo- que no había querido abusar de su superioridad intelectual frente a Valenciano para que no le tacharan de machista. O sea, que prefirió perder para que no le criticaran si ganaba. Esto parece una sandez, pero, en realidad, responde al pensamiento profundo de la derecha que se sustancia en el arriolismo: se gana sólo si la Izquierda quiere perder; se pierde si se juega a ganar.

Con Arriola, está prohibido el riesgo, la improvisación, la individualidad, la sinceridad, la naturalidad, el compromiso, la brillantez, el rigor intelectual. Y no es cosa de Cañete. Lo hemos visto en los debates de Aznar, Rajoy, Pizarro, Mayor Oreja y otras víctimas del hombre que mejor sabe explotar los complejos de la derecha. Porque Arriola no es sólo un mercachifle que provoca vergüenza ajena cuando explica su táctica electoral: es el maletín de los complejos de Maricomplejines. Es la incapacidad de la derecha para convivir consigo misma sin disfrazarse. Es el sexo del eunuco. Es la razón de que media España, la más valiosa, crea que no vale absolutamente nada.

Simeone o la negación de la derrota
El sábado, casi toda España –sin duda más de la que quiso ver el debate- asistió al triunfo liguero más merecido en los últimos años: el del Atlético de Madrid entrenado, dirigido, acaudillado, sugestionado, embrujado o, en una palabra, convencido, por Diego Pablo Simeone. De los tres grandes que han podido ganar la Liga este año –Real, Barça y Atlético- sólo ha habido uno que ha luchado hasta el último aliento por ganar. Lo ha hecho en un partido que ha exigido el estilo, el valor, el esfuerzo que a lo largo de esta temporada lo ha caracterizado. Debió sobreponerse a la lesión de sus dos estrellas, Diego Costa y Arda Turan, y a un gol del Barcelona que no volverá a marcar Alexis ni en su trigésimo novena reencarnación. Lo hizo en el campo del Barça, casi más ancho que largo y con una afición entusiasta, aunque yo creo que convencida de que su equipo no iba a ganar.

Podía haberlo hecho, porque el fútbol tiene mucho de suerte, pero sobre la suerte está el convencimiento de que se la puede vencer. Y así, se vence. No siempre, pero es la única manera de vencer. En un partido dificilísimo, nunca dio el equipo por perdido un balón. Courtois, el mejor portero de Europa, apenas actuó. Su defensa fue de granito. Y su centro del campo, no peor que el mejor del mundo -Koke, Gabi, Thiago- hizo casi innecesaria la delantera. Pero, sobre todo, el Atlético de Madrid ha sido el equipo que ha creído en sí mismo y en que era capaz de ganar siempre. Y en la Liga, el campeonato de la regularidad, de los nervios y los músculos, del talento y el sacrificio, lo ha conseguido. Antes, lo había merecido. Al final, lo ha logrado. Y aunque caiga en Lisboa (todos los grandes pierden) hay que felicitarlo. Porque en la vida se puede ir de arriola o de simeone. Y aunque los simeones no siempre ganan, los arriolas merecen perder siempre.

La economía global se estanca
Juan Laborda. www.vozpopuli.com 18 Mayo 2014

Los últimos datos macroeconómicos globales han supuesto un auténtico jarro de agua fría para la inmensa mayoría de analistas y economistas de postín. Europa, salvo Alemania, en recesión; Estados Unidos, bordeándola otra vez; y los países emergentes en clara desaceleración. Reino Unido, un auténtico bluf, una nueva burbuja inmobiliaria y los efectos positivos del actual ciclo de propensión al riesgo en los mercados. ¿Y de España? ¡Mejor no hablar! Cuando vuelva la aversión al riesgo a los mercados financieros, saldrán de nuevo todas nuestras miserias.

Numerosos comentaristas y economistas hablan del modelo alemán. No se han leído las estadísticas de los últimos 30 años. Alemania no es ninguna experiencia de éxito. Desde finales de los años 80 ha estado en una situación de expansión anémica. Su crecimiento promedio anual en los últimos 20 años apenas supera el 1%; presenta unas tasas de paro maquilladas; y, tras el estallido de la burbuja tecnológica, recibió un rescate en toda regla del Banco Central Europeo (BCE). El país germano simplemente está saliendo de su particular recesión de balances, aquella en la que países como España o Estados Unidos entraron en 2008. Les recomiendo de nuevo encarecidamente el análisis del economista jefe del banco de inversión Nomura, Richard Koo.

La Segunda Fase de la Gran Recesión
Desde estas líneas, como saben ustedes, venimos manteniendo que estamos ante una salida en falso de la crisis. Prevemos un empeoramiento de las condiciones económicas globales. Si bien el detonante será un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros, la razón fundamental detrás de estas previsiones es el fracaso de las medidas de política económica como consecuencia de un diagnóstico erróneo de la actual crisis sistémica.

Por eso, anticipamos en su momento el inicio de la Segunda Fase de de la Gran Recesión (2014-2016), caracterizada por la entrada en recesión de los Estados Unidos, la vuelta a la debilidad de las economías europeas, y por la triple recesión en la que entrará la economía española. Los países emergentes se desacelerarán de manera notoria, especialmente Latinoamérica y Europa del Este. Asía, por el contrario, continuará con una dinámica propia más optimista.

El acelerador de esta nueva ruptura de la tendencia de fondo será un empeoramiento significativo en los mercados financieros. La mayor parte de activos financieros están sobrevalorados, es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los mismos.

Si bien el detonante será un aumento de la aversión al riego, la razón fundamental detrás de estas previsiones es el fracaso de la mezcla de políticas económicas propuestas por la ortodoxia. Para salir de la crisis las recetas prescritas consistieron, en la mayoría de los países, en una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva (ampliación de los balances de la FED, del Banco de Inglaterra, del Banco de Japón o del BCE), y deflación salarial, bajo una serie de hipótesis que han resultado ser falsas.

La política monetaria –a través del multiplicador monetario- no ha funcionado. Por mucho que se bajen los tipos de interés al 0% o se implementen expansiones cuantitativas el crédito no circula. La velocidad de circulación del dinero se ha desplomado. Por el contrario, esta política monetaria ha exacerbado la búsqueda de retorno a cualquier precio por parte de los inversores sin mirar el riesgo -especialmente el riesgo precio- incentivando burbujas en los distintos mercados de riesgos.

La austeridad fiscal expansiva también ha fracasado. El impacto negativo de las restricciones presupuestarias sobre el crecimiento económico ha sido muy superior al estimado -paradoja del ahorro. Los déficits públicos y deuda públicas de la práctica totalidad de los países de la OCDE se han disparado. Finalmente, el abaratamiento generalizado de los salarios y del despido, la tan cacareada devaluación interna, ha acabado hundiendo la demanda efectiva, es lo que se conoce como paradoja de costes.

Condonaciones de deuda negociadas o no
Si se confirma este escenario va a ser necesario implementar aquellas medidas ineludibles que se deberían haber adoptado a principios de la crisis, y que la ortodoxia no aplicó por un problema ideológico y de formación intelectual. Se educaron bajo un paradigma falso.

Por un lado, una reestructuración o reducción notoria del tamaño del sistema bancario occidental a costa de gerencia y acreedores. Por otro, condonaciones de deuda. El problema de occidente es una deuda brutal que no se puede pagar. El objetivo último es reducir la deuda privada, y en menor grado la pública, de las principales economías occidentales a niveles razonables, sobre el 150% del PIB. En España, por ejemplo, la deuda total se sitúa alrededor del 425%.

Les recuerdo, en esta misma línea, el artículo de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a finales de de 2013, con el título “Financial and Sovereign Debt Crises: Some Lessons Learned and Those Forgotten”. Según Reinhart y Rogoff, lo peor no ha pasado. Las causas que originaron la actual crisis económica no solo no se han corregido sino que han empeorado. La carga de la deuda en los países desarrollados se ha convertido en un evento extremo utilizando cualquier medida histórica y requerirán una ola de condonaciones de deuda, negociadas o no.

Entonces, ¿por qué siguen, erre que erre, con las mismas políticas? Muy sencillo, las políticas que hubiesen recuperado y mejorado las expectativas de vida de la ciudadanía habrían arruinado a los más poderosos. Nos referimos a todos aquellos que lavaron sus inversiones vía bancos comerciales; y para que su juerga continuara contaron con la inestimable ayuda de la centrifugadora de riesgos de los Bancos Centrales. ¡Porca miseria!

Una lengua impropia
Arcadi Espada El Mundo 18 Mayo 2014

Mercedes Vilarrubias escribe en el último boletín de la Asociación por la Tolerancia un sensato artículo sobre la situación lingüística catalana. Su tesis principal es que en Cataluña no hay dos comunidades lingüísticas, sino una comunidad bilingüe, activa o pasiva, como en la homosexualidad y vete a ver si incluso en la heterosexualidad. Yo estoy de acuerdo con este planteamiento, aunque por razones mucho más insensatas que las de la filóloga Vilarrubias.

En Cataluña no hay dos comunidades lingüísticas, porque no hay dos lenguas sino una que se habla con acentos diferenciados. Yo comprendo perfectamente a los nacionalistas, que se han esforzado desde la fijación del modelo fabriano en hacer de este acento algo aparatoso. Pero incluso hoy, con una lengua gestionada desde el nacionalismo y la ingeniería de identidad que ha impedido que el catalán haya evolucionado hacia un modelo menos ortopédico (espero que la independencia y su relajado paraíso en la tierra no solo nos traiga paz, muermo y gloria, sino también la desaparición de los pronombres débiles, las germinaciones geminadas, las eses otorrinas), la caracterización de Cataluña como una comunidad bilingüe es más el resultado de la fachendería habitual que de la precisión sociolingüística.

En este sentido yo lamento también la actitud de muchos honrados y valerosos caballeros cuya defensa del español de Valladolid ha sido contraproducente para la causa españolista que muchos defendemos: porque solo ha hecho que reforzar, en el otro extremo, la existencia de una lengua que más que en sí misma encontraba en la otra (al estilo deportivo del Barcelona Fútbol Club) su lugar en el mundo. El español de Barcelona es esa lengua mezclada, e incluso ese incierto caballero español, moi-même, que no sabe si va o viene.

(Con la colaboración de Laura Fàbregas)

Confusión lingüística
Nota del Editor 18 Mayo 2014

Conocí un sujeto que todo el día llevaba gafas de sol; decía que para ver en technicolor a los miserables con los que le tocaba bregar. A los tipos que han tenido que aprender una lengua regional les pasa algo parecido, ven todo a través de su conocimiento de la lengua regional y no admiten que haya otros sujetos que ni la conozcan ni quieran conocerla.

Como españolista a mucha honra, simplemente desearía poder ser un ciudadano normal, con mi conocimiento del español, en cualquier parte de España sin tener que tener que aguantar a quienes pretenden que aprendamos lenguas regionales. Ahora soy un ciudadano de cuarta clase en cuanto a derechos, de primera especial en cuanto a obligaciones (los de primera a veces consiguen escamotear algo ante hacienda, los de primera especial somos transparentes y nos aprieta por todos los lados y nos aplasta todos los ángulos).

A los españolistas no nos gustan los sujetos que pretenden que sigamos siendo ciudadanos de cuarta y que nuestros hijos sean inoculados con las lenguas regionales para que ellos puedan perpetuarse viviendo del cuento, de su "superioridad lingüística" mostrando nuestra "inferioridad lingüística". Si las lenguas regionales son una riqueza, como somos realmente generosos, queremos que se las queden, que en caso alguno vamos a pedir nuestra parte, que ni tenemos ni queremos.

Metafísica histórica de baratillo
La complejidad de lo real no cabe en el esquema soberanista, incapaz de plantearse otro escenario futuro que el prefijado
Manuel Cruz El Pais Cataluña  18 Mayo 2014

La idea de progreso es una de las propuestas de la Modernidad que más ha calado en el imaginario colectivo contemporáneo. En primer lugar porque, lejos de entrar en conflicto con ninguna noción premoderna (como sí le ocurría a la aspiración a cientificidad, siempre a la greña con la fe hasta la llegada de Ratzinger al papado), seculariza creencias pasadas, como es la creencia en la providencia. Pero, sobre todo, la idea de progreso en ningún momento parece haber dejado de funcionar porque una vaporosa concepción de la misma, consistente en la creencia de que —sin que se termine de saber muy bien por qué— las cosas tienden inexorablemente hacia mejor, parecía sintonizar con el crecimiento económico, las nuevas condiciones de vida de amplios sectores de la población mundial, el desarrollo del conocimiento científico y otros vectores de indiscutible importancia.

Frente a ello, las críticas que esta idea venía recibiendo por parte de filósofos, sociólogos o historiadores no parecían afectar de manera significativa a su presencia en nuestras vidas. Así, los padres transmitían a sus hijos el convencimiento de que las dificultades iniciales a la hora de incorporarse al mercado de trabajo se irían resolviendo de manera gradual porque el horizonte de la estabilidad laboral era poco menos que ineluctable, les animaban a que intentaran adquirir una vivienda en propiedad, insistiéndoles en que esas mensualidades de la hipoteca que ahora les producían auténtico vértigo, como aquel que dice en cuatro días se les quedarían baratas, y así sucesivamente.

El entramado fundamental de esa manera de pensar y de ver la vida ha saltado por los aires. Los jóvenes han dejado de confiar, con fundadas razones, en el optimismo que les transmitían sus mayores y, si acaso, plantean como reivindicación la de no vivir peor que ellos. Sin embargo, y por chocante que pueda parecer, todavía hay reductos en los que el discurso de un presunto progreso histórico parece funcionar a toda máquina.

Como el personaje de Molière que hablaba en prosa sin saberlo, en Cataluña los secesionistas se sirven constantemente, también sin saberlo, de un lenguaje que remite a filosofías decimonónicas —como la de Hegel o, en algún momento de su obra, el propio Marx— que sostenían la existencia de leyes de la Historia. Es desde esa metafísica creencia desde la que cobran sentido sus constantes descalificaciones a cualesquiera propuestas alternativas al secesionismo, a las que no solo acusan sistemáticamente de “llegar tarde” (¿quien había convocado la cita y fijado la hora?), sino, sobre todo, de corresponder a una etapa que “ha quedado atrás”.

Como el personaje de Molière que hablaba en prosa sin saberlo, en Cataluña los secesionistas se sirven también sin saberlo, de un lenguaje que remite a filosofías decimonónicas

Se observará que estamos ante una concepción de la historia que a su condición de determinista añade la de lineal. Porque cualquier anomalía o dato que parezca contrariar semejante planteamiento, lejos de ponerlo en cuestión, lo reafirma a base de considerarlo “un retroceso” (esto es, un paso atrás que, lejos de arrojar dudas acerca del sentido de la marcha, exhorta a reemprenderla cuanto antes).

La complejidad de lo real no cabe en este esquema, incapaz de plantearse otro escenario futuro que el prefijado desde un buen principio. Así, quienes nunca aceptaron más recorrido que el suyo rechazan ahora la posibilidad de seguir ningún otro con un desdeñoso “ya no estamos ahí” o el, si cabe, más displicente “su propuesta es prehistoria, como el Tiranosaurius Rex”, por citar casi textualmente las palabras de réplica de un representante independentista en el Congreso de los Diputados el pasado 8 de abril.

En el fondo, la idea de progreso nunca consiguió sacudirse del todo el lastre de su origen providencialista. El convencimiento de que, hagamos lo que hagamos, la historia acabará tomando el rumbo que nosotros consideramos adecuado no solo se compadece mal con los propios acontecimientos históricos sino, tal vez sobre todo, con el supuesto —que para nosotros, modernos, debería ser irrenunciable— de la libertad de los seres humanos y de las sociedades. Ser libre implica la posibilidad de equivocarse, sin que sea de recibo acogerse a la metafísica red protectora de un fantasmagórico progreso que se encargara de corregir para bien, devolviéndonos a la senda de la mejoría, todos los errores que pudiéramos haber cometido, tanto en el plano individual como en el colectivo.

Acaso se trate, finalmente, de que la presunta fe en el progreso a menudo esconde la incompetencia para reconocer que, de entre los objetivos que se puedan proponer en la plaza pública, ninguno disfruta de un plus de legitimidad histórica más allá de la que le conceden, con sus razones, los propios sujetos que han decidido perseguirlos. Quienes transforman sus metas en destino evitan plantear la naturaleza política —y, por tanto, contingente— de las mismas para, en su lugar, convertirlas en el cumplimiento de un designio inexorable. Probablemente sea por eso por lo que en las últimas semanas nuestros secesionistas —siempre tan pendientes de espejos extranjeros en los que verse reflejados— se hayan abstenido por completo de hacer comentarios acerca de la reciente derrota de los independentistas en Quebec, o las renuncias a sus objetivos de máximos por parte de los independentistas flamencos. Significativo silencio, ¿no les parece?

Manuel Cruz es catedrático de Filosofía Contemporánea en la UB.

REY FELÓN, PERIODISTA HÁBIL
El rey miente, el sistema constitucional fracasa
Pascual Tamburri Bariain www.elsemanaldigital.com 18 Mayo 2014

Expulsado de El Mundo, Pedro J. Ramírez se echa al monte editorial. Escribiendo sobre un rey traidor y mentiroso y unos políticos torpes, sectarios, egoístas y cobardes… en 1823, eso sí.

Es casi una interpretación oficiosa ver el Trienio Liberal –los años de gobierno constitucional de 1820 a 1823- como una ocasión perdida, "que pudo modernizar España", una época de libertad que terminó por desgracia mal y que habría llevado a una terrible Década Ominosa, a un siglo XIX de división y guerras civiles y a su continuación en el XX. Muchas generaciones de estudiantes, un siglo de ellas o más, han sido ya educadas en esta visión de aquellos años. Sin embargo, las cosas son más complicadas, y mucho menos parecidas a una película de buenos y de malos. Si acaso, podría ser una de malos y malos.

Tras su salida de El Mundo, Pedro J. Ramírez se echa al monte editorial. Escribiendo sobre un rey traidor y mentiroso y unos políticos torpes, sectarios, egoístas y cobardes… en 1823, eso sí. Leer La desventura de la libertad es tarea larga, aunque no pesada porque el autor no es historiador sino, como buen periodista, narrador de historias e interpretador de personajes. Lo que a uno no le queda nada, pero nada claro, es si las valoraciones individuales y de conjunto se refieren enteramente al Trienio o si Ramírez está todavía pensando en nuestra Segunda Restauración del siglo XXI.

Como ha dicho hace muy poco en Pamplona, el exdirector de El Mundo cree que cuando "se abre el melón de la reforma constitucional todo debe poder discutirse". Y en eso como en todo ¿está hablando de las rigideces y fallos de la Constitución de 1812 y del mal uso de la misma, o de los errores hoy más evidentes que nunca de la Constitución de 1978? ¿Está hablando de aquella casta política o de ésta? Vamos a pensar que, como sucede a menudo en la historia, los aciertos y errores del pasado pueden iluminarnos décadas y siglos después, más que en una voluntad explícita de Pedro J. Ramírez de usar el trienio de Calatrava para criticar el trienio de Rajoy.

Formalmente, lo que Pedro J. Ramírez hace es un trabajo parcialmente de investigación y parcialmente de narración e interpretación históricas, a partir de un archivo privado comprado de viejo, sobre las andanzas de José María Calatrava y de todos los políticos españoles en 1823. Impuesta la Constitución por la fuerza a partir del golpe de Estado de 1820 –recordamos a menudo que Fernando VII fue entonces, una vez más en su vida, perjuro, cobarde, egoísta y mentiroso, aunque olvidamos que la rebelión de aquel Ejército, al precio de devolvernos la libertad parlamentaria nos privó definitivamente del imperio y de la condición de gran potencia internacional-, España se convirtió en un paria en la Europa de la Santa Alianza.

Viles los absolutistas, capaces de conspirar contra España para imponer su ideología al precio de la dignidad misma del país. Rastreros los liberales, incapaces de reconocer lo rígido y torpe de la Constitución, divididos entre ellos por cargos, por intereses y por pertenencia a diferentes sectas y tribus, aún no extinguidas todas por cierto, masones, comuneros y anilleros. La imagen que Ramírez da de aquella España es angustiosa: una España en crisis más moral que económica, una España carente de dirigentes con amplitud de miras, con verdadero patriotismo. Del Rey abajo, ninguno. ¿Sólo entonces?

Como no es la edición de un documento histórico ni resulta ser un trabajo de investigación puro, en el libro de Pedro J. Ramírez surge en torno a unos "pocos hombres buenos" como José María Calatrava la idea de una "tercera España", que corrigiese los errores de unos y de otros incluso con un Gobierno huido, con un Rey conspirador y con unas Cortes camino de Cádiz y del exilio ante la invasión francesa del duque de Angulema. Pero es peligroso, muy peligroso, llevar al pasado y a su estudio ideas del hoy y a conveniencia de nuestro tiempo: España no nació con la Constitución de 1812, donde lo único que se hizo fue intentar encajarla en el concepto liberal y moderno de Nación; y ni está claro que en 1823 hubiese sólo "dos Españas", ni que una hipotética "tercera", entonces y siempre derrotada, fuese la ocasión eternamente perdida.

Mezclando las derrotas de ayer y las decepciones de hoy, Pedro J. Ramírez ha sido el primero en presentar su libro diciendo, con José Bono y Federico Jiménez Losantos escuchándole pero con la ausencia de Mariano Rajoy que habría sido impensable hace un puñado de años, que "hay que ver lo que cambia el Poder a algunas personas". El liberalismo español, con algunas figuras e ideas notables, fue la historia de un desastre político. La Constitución no la respetaban ni los que decían defenderla, que se saltaron la división de poderes y casi todo lo demás colocando, por encima de la carta magna y más aún de la Patria, su ideología. Exactamente igual que esa abrumadora mayoría de civiles y de militares que, lejos de resistirse a la invasión francesa, colaboraron con ella. Y ésos son, al margen de los sentimientos de Calatrava entonces y de Ramírez hoy, hechos.

España no vino a menos por aquella invasión, sino por la previa acumulación de bajezas y de miserias en una clase dirigente enteramente indigna. Leyendo a Pedro J. uno entiende mejor no a Calatrava –aunque quizá sí en su madurez- sino a Antonio Cánovas, dos generaciones después, y su escepticismo sobre los dirigentes españoles en lo político, en lo social, en lo económico y en lo cultural. Rafael del Riego a un lado, como la familia real al otro, no eran posibles soluciones, sino partes del problema. Seguramente ese problema de élites no ha encontrado tampoco hoy solución, más allá de una completa regeneración ideológica que no ha llegado o de un hombre providencial que ni siquiera se entrevé. Lo que hemos salido ganando con el cese de Pedro J. Ramírez es que, a cambio de seguir sin poder leer El Mundo, tenemos ahora un buen escritor de libros de historia, que no por ello historiador, al que podremos leer con provecho. Que no es poco.

EMBARGO DE UN INMUEBLE DEL SINDICATO COMUNISTA
Alaya compromete definitivamente al sindicato de Toxo
Xavier Horcajo www.gaceta.es 18 Mayo 2014

Hasta ahora se trataba de personas, ahora del propio sindicato. Son sus siglas, CCOO, y sus propiedades las que están en peligro.

Hasta ahora eran dirigentes de más o menos alcurnia, uno de ellos fue secretario general de una de las más poderosas federaciones de Comisiones Obreras, a nivel nacional. Ignacio Fernández Toxo se escudaba en que CC.OO. no tenía implicación alguna en el caso de los ERE, si acaso se trata de la actitud de "unos pocos". Lo suficiente para que la parroquia pudiera volver a las empresas con la cabeza alta. A partir del viernes todo ha cambiado, el juzgado de Mercedes Alaya ha decidido el embargo de un inmueble del sindicato comunista para atender las fianzas de responsabilidad civil de dos de los imputados en el caso, que militan en la central sindical de Toxo. Además, en el futuro vendrán más decisiones similares.

Hasta ahora, Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC.OO., había tratado el caso de los ERE como un asunto grave que afectaba a los "primos" de la familia socialista, especialmente a la UGT Andaluza de Pastrana. "Un problema para Méndez" suele decir en "petit comité" el lider gallego de CC.OO. Ya no, ahora UGT y CC.OO. comparten responsabilidades civiles con los imputados en el caso. Les embargan bienes porque los suyos son presuntamente unos corruptos.

Se trata del miembro del comité de empresa del Hotel Cervantes de Torremolinos (Málaga) y del secretario general de la Federación andaluza de Comercio, Hostelería y Turismo, Gonzalo Fuentes. Más que sus nombres —que también conviene que se conozcan— lo importante es que han dejado al claro sus métodos en los ERE, propios de "Los Soprano". Verán: Cabrera Molina —como miembro del comité de empresa del hotel— supo que la empresa estaba en dificultades y que pretendía reducir sus efectivos laborales. De acuerdo con el "pope" sindical regional de la Federación, le ofrecieron al hotelero un "portfolio" de servicios para "ayudarle" a superar los trámites de autorización, conformidad sindical y posterior ajuste de plantilla con "seguro a todo riesgo".

El "pope" sindical se enquistó como asesor externo de la firma hotelera. Lo compatibilizó con sus cargos sindicales y al menos media docena de sindicalistas de CC.OO. lo sabía perfectamente. El resto fue fácil, Fuentes requirió los servicios de Juan Lanzas, el ugetista cuya madre afirma que tiene dinero "pa'asar una vaca" y como por arte de birlibirloque, el expediente de los ERE se tramitó en tiempo récord. CC.OO. cobraba un portentaje legal (así era la cosa con Zapatero).

Gonzalo Fuentes cobró del empresario (hoy día también imputado por prestarse al fraude) y se supone que repartió o comisionó a Juan Lanzas. Quedaba José Cabrera y otro compañero del comité, ambos se beneficiaron de una prejubilación en el Hotel Cervantes a la que no tenían derecho. Falsearon las fichas administrativas que acreditan la antigüedad en la empresa y se convirtieron en "intrusos" ese eufemismo con el que distinguimos a los que estafan el interés común y —por si fuera poco— engañan a la clase trabajadora a la que dicen defender.

Independentistas: ¿Por qué esconden los que son (o lo que creen ser)?
José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital 18 Mayo 2014

este cinismo no solo es accesorio, tiene un objeto, ser homogeneizador, quiere hacer pasar por “normal”, cotidiano o “sentido común”, lo que no es más que una vuelta de tuerca en la presión social (y política) a todo el que no comulgue con los postulados nacionalistas…”

El sociólogo Salvador Cardús, miembro del CATN , responde en el diario La Vanguardia al artículo publicado por José Antonio Zarzalejos en el mismo medio negando que el secesionismo catalán (actual) sea nacionalista ni identitario, para ello hace un recorrido de la historia reciente catalana convirtiéndola en una especie de escalera platónica hacia un desenlace "natural, incluso lógico, un devenir necesario, una fragua atemporal que, de una forma u otra, debe acabar con el "pueblo catalán" convertido en país, en estado, en nación "plena"...

Los análisis sociológicos sobre los que se basan las afirmaciones del Sr. Cardús parecen encuadrarse en esas ciencias (humanas) al servicio de la Causa, estudios que anteponen el método y el rigor científico al proyecto nacional-ista, una intelectualidad reconvertida en guionistas, en muñidores de narraciones con las que vertebrar un imaginario colectivo desde silogismos con premisas adulteradas o sencillamente inventadas, lo único que importa es mantener esa pátina de plausibilidad del discurso, ¡qué más da si es cierto o no!... mientras se repita una y otra vez, mientras se tengan los medios para martillear hasta la náusea la soflama disfrazada de objetividad es más que suficiente…

De todas formas es relevante observar cómo los think tanks del secesionismo están pasando a la defensiva, cómo desde que se ha comenzado a visibilizar una sociedad civil en Cataluña hasta ahora silenciosa (o silenciada), cuando grandes capas de la población catalana están tomando conciencia de estar siendo relegados en este proceso de “construcción nacional” –cosa que puede y debe convertirse en voluntad política no estandarizada-, han empezado a bascular el discurso hacia posturas claramente contradictorias, fantasiosas o, simplemente, cínicas.

Pero este cinismo no solo es accesorio, tiene un objeto, ser homogeneizador, quiere hacer pasar por “normal”, cotidiano o por “sentido común”, lo que no es más que una vuelta de tuerca en la presión social (y política) a todo el que no comulgue con los postulados nacionalistas, me refiero a cuando el Sr. Cardús afirma “…se abandona el nacionalismo y se entra en una nueva fase de afirmación desacomplejadamente nacional…”, este es el fin que buscaba tantos años de ingeniería social: la adscripción (obvia) nacional obligatoria…

El súmmum de ese “desacomplejamiento” lo encontramos en otra de las afirmaciones del sociólogo reconvertido en asesor nacionalista del “independentismo no nacionalista…”: “…Eso que ahora algunos viven como un clima de coacción es simplemente la expresión de un cambio de hegemonía nacional…” ¿esa hegemonía no pretende uniformizar cultural e ideológicamente a la población?, ¿hasta qué punto es democrático que en pos de la Causa se coaccione a los que no estén dispuestos a tolerar hegemonías totalizadoras?, ¿acaso el lema “Cataluña un solo pueblo”, enarbolado por la izquierda catalana acomplejada y sumisa ante la supuesta superioridad moral y política del nacionalismo, no es un síntoma más de esa voluntad totalizante del secesionismo?, ¿será que ese “un solo pueblo” se referirá a una ciudadanía adepta al Régimen o relegada al silencio o al ostracismo social?

Es significativo que los argumentos aducidos en el artículo de Salvador Cardús, publicado el día 14 de mayo, que son el núcleo del giro “no nacionalista” del nacionalismo independentista –quizás podrían llegar a escribir en mi blog Diario de un NO nacionalista- coincida con el discurso de Carme Forcadell, Presidenta de la ANC, mostrado en la enésima entrevista en TV3 del pasado día 15 de mayo, naturalmente, en la misma hemos podido observar las contradicciones de un más que forzado relato…dice la Sra. Forcadell: “Yo no me considero nacionalista, me considero catalana”, ¿será que para ser catalán tendremos que ser independentistas? o cuando afirma que “nuestro proyecto nunca ha sido identitario…es un tema de dignidad nacional” ¿pero no habíamos quedado en que no era un proyecto nacionalista?

Y si este proceso secesionista no es identitario, ¿por qué a los castellanoparlantes o a los que simplemente apostamos por un bilingüismo voluntario se nos trata como ciudadanos de segunda relegando uno de los idiomas propios de los catalanes a ser considerado como una lengua extranjera en los colegios, en los protocolos de usos lingüísticos en las instituciones públicas -incluido el del sistema sanitario-?

Lo curioso de todo este razonamiento es cómo niega la mayor, cómo trata de ocultar ese núcleo mítico-religioso nacionalista que subyace a la narración política cotidiana, cómo trata de hacer pasar por razón lo que es sentimiento, como se instrumentaliza la razón en pos de la Causa, una causa mayor que la contemporaneidad, mayor que las normas democráticas, que el imperio de la ley, que el estado de derecho.

Esta razón instrumental, esta instrumentalización del discurso democrático, este paroxismo orgiástico que juega con las emociones para domeñar las mentes retorciendo el lenguaje, oculta un pensamiento profundamente irracional: la preexistencia de unas naciones en las que el papel del individuo queda desdibujado de la Gran Política, únicamente debe asumir sumisamente su adscripción a un proyecto ideológico basado en el peor romanticismo decimonónico, debe asumir que su propio ser, su propio sentir, su ontología esta predeterminada por fuerzas ajenas a sí mismo.

Lamenta que su sufrimiento haya sido 'estéril'
Ortega Lara se siente traicionado
Efe www.gaceta.es 18 Mayo 2014

El ex funcionario de prisiones, secuestrado por ETA durante 532 días, se lamenta de la política antiterrorista del Gobierno.

El ex funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado por ETA durante 532 días, se lamenta de la política antiterrorista del Gobierno, que en su opinión hace que su sufrimiento haya sido "estéril".

En una entrevista que este domingo publica El Mundo, Ortega Lara rememora algunos momentos de su larguísimo cautiverio y admite que se sintió traicionado y con mucha rabia e indefensión cuando salió de prisión su carcelero, Josu Uribetxeberria Bolinaga, por motivos de salud.

El ahora candidato a las elecciones europeas por VOX afirma que ya le ha perdonado, porque intenta vivir sin miedo y sin odio, aunque cree que el Estado no debe perdonarle.

A oscuras la mayor parte del día, y con las paredes de madera que siempre despedían humedad, Ortega Lara narra que superó aquello aferrándose a su familia, a la oración y al sentido del método, de la rutina diaria.

Desvela, por ejemplo, que escribía notas que envolvía con un mechón de pelo y que escondía luego entre las rendijas de las tablas de la pared con la ayuda de un alambre.

También hacía bolitas con mensajes más extensos, que llegó a ocultar hasta en las fosas nasales, por ejemplo sobre el tiempo que llevaba en cautiverio. Todos ellos solían acabar con una idea: "Díganle a mi mujer y a mi hijo que les quiero mucho".

Ortega Lara dice incluso que ensayó suicidarse hasta en dos ocasiones y que "discutía" con Dios, al que pedía que por lo menos le mataran para acabar con aquel "sufrimiento atroz".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La onomástica de la élite

José María Ruiz Soroa EL CORREO   18 Mayo 2014

· Si tiene usted afanes políticos pero su apellido no es vasco, lo suyo es el españolismo.

Ilustrativo el excelente artículo del profesor Montero (EL CORREO 11.05.14) sobre la distribución social de los apellidos de origen vasco o de progenie castellana, según el cual y con los datos estadísticos que aporta, esa distribución es del 56-24-20 para el conjunto del País Vasco. Es decir, 56% cuyos dos apellidos es de origen foráneo, 24% que poseen uno de los dos apellidos de aquí, y 20% cuyos dos apellidos son vascos fetén.

A la vista de ello, cabe calificar cuando menos de estridente el hecho de que las proporciones respectivas de apellidos en el conjunto de la sociedad vasca, por un lado, y en el particular universo de su representación política parlamentaria, por otro, ¡estén puntual y exactamente invertidas! Es decir, que si tomamos los apellidos de los 75 parlamentarios vascos actuales observamos que el grupo que en la sociedad es mayoritario (el 56% de ‘castellanos’ puros) se convierte en el minoritario (el 24%). Y el socialmente minoritario (el 20% de vascos fetén) se transforma en mayoritario (el 52% de la Cámara). Un 20% consigue un 52% de representantes, mientras que un 56% sólo consigue un 24%. Sólo el grupo intermedio de ‘mezclados’ correlaciona aceptablemente: 24% en la sociedad, 18% en la Cámara.

Esta inversión no es puntual, sino que se repite a lo largo de todas las legislaturas del Parlamento vasco desde que éste inició su andadura (salvo en la muy particular de 2008), lo que demuestra que es un sesgo permanente de la apellídistica de la élite política vasca. Lo corrobora el caso de los lehendakari, cargo que sólo durante un 11% del tiempo de autogobierno ha correspondido a uno del grupo común del 56%, mientras que el 89% del desempeño lo han ocupado euskolabels del 20%. Puede señalarse que la misma estridencia se produce en Cataluña: los nativos copan la representación, mientras que los venidos de fuera están enormemente infrarrepresentados. No hay ningún García en el Parlament a pesar de que nada menos que el 3% de los catalanes vivos lleva ese apellido.

Si nos concentramos en la afiliación política de los parlamentarios, observamos de inmediato que son el PNV y EH-Bildu los que provocan esa inversión de la representación (en esto no es como Cataluña, donde el PSC es también catalanomástico). En efecto, recordemos que los ‘vascos fetén’ son sólo el 20% de la población; pues bien, son en cambio el 81% de los parlamentarios jeltzales y el 62% de los bildutarras. Y si vamos a las listas presentadas en su día por estos partidos políticos en 2012 (más amplias lógicamente que los puestos obtenidos) comprobamos que los vascos de toda vasquidad copan el 80% de las listas. El paroxismo es la lista del PNV de Guipúzcoa, donde son el 100% (no hay en esa lista ni un García, ni un González, ni un Fernández, los tres apellidos más frecuentes allí). Llamativo, ¿no?

En cambio, los parlamentarios del PP, PSE y UPyD cumplen muy aproximadamente en su distribución onomástica con las pautas de la sociedad a la que representan, son algo así como un espejo de su ambiente.

Sucede lo mismo en las listas (2012) de partidos que no obtuvieron representación pero que pueden considerarse ‘nacionalmente neutros’: que respetan o acentúan el peso del grupo ‘castellanomástico’ respecto a la sociedad donde actúan. Es decir, son partidos coincidentes con su sociedad. Así, las listas de EquoBerdeak en Guipúzcoa contienen un 60% de éstos. Y las de Escaños en Blanco un 84%. O las de Ezker Batua en Vizcaya, que contienen un 83% de candidatos sin rastro vasco en su apellido.

Primera conclusión, que si tiene usted afanes políticos pero carece de vasconomástica, lo suyo es el españolismo, o los movimientos sociales, pero en todo caso lo tiene difícil: sólo por su apellido, tiene cinco veces menos posibilidades de ser electo que otro ciudadano. Y de ser lehendakari, diez menos.

La designación de los candidatos a las elecciones es coto reservado de los propios partidos y, por tanto, el color apellídistico de los parlamentarios no deriva de la elección directa de los ciudadanos, sino de la preselección de partido. Segunda conclusión entonces: que son los partidos que pudiéramos denominar ‘vascos fetén’ los que acotan su representación a ‘ciudadanos vascos fetén’. Y si lo hacen, es obvio, es porque creen que ello les favorece incluso ante los votantes de los otros grupos onomásticos que son mayoritarios. Lo que efectivamente es así: es claro que ese 60% de ciudadanos que vota al PNV o EH-Bildu no puede poseer la misma apellidística que sus representantes (sólo un 20% de la sociedad la posee), y sin embargo les votan encantados y se sienten más realizados en sus anhelos simbólicos cuando es un ‘pata negra’ con label quien les representa, y no un ‘García Pérez’como son ellos mismos.

Tercera conclusión: PNV o EH-Bildu proclaman como principio que todos los vascos son igual de vascos, pero seleccionan para sus puestos de representación entre los pocos que poseen el label, lo que pone muy en cuestión la sinceridad de su proclamada creencia.

¿Podría sugerirse sin ofender a nadie que debe andar por ahí suelto un cierto síndrome culposo de ‘insuficiencia vasca’? Porque algún virus tiene que aquejar a una sociedad que es capaz de llevar a efecto una conducta tan desviada de aquello a lo que normalmente tiende la representación política dejada a sí misma, es decir, a elegir a los similares. Aunque se podría también enfocar, en los ya clásicos términos gramscianos sobre la hegemonía, como un caso de imposición ideológica dócilmente aceptada por sus sujetos debido a inconfesables pautas culturales introyectadas. Lo que no puede suponerse es que el electorado vasco no perciba las diferencias, como dirá mucho ingenuo intencionado: nos importa tan poco que elegimos sin mirar el apellido. ¡Quiá! Lo cierto es que lo miramos tanto como para invertir su peso.

En el fondo, ésta es una de esas peculiaridades vascas que, de puro asumidas como poco menos que naturales, nadie percibe como tal peculiaridad. O prefiere no hablar de ella. Como lo de que nuestra ‘lengua propia’ sea la que no nos es propia a la mayoría. O que los niños de ahora lleven nombres inexistentes en la tradición familiar de sus padres. ¡Curioso país éste, no tanto por sus extravagancias mismas como por el hecho de que nadie parece querer verlas ni comentarlas! ¿Algún día vendrá un antropólogo extranjero a estudiarnos? Se haría famoso a poco que afinara. Creo yo.

¡Catalunya es més que Espanya!
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 18 Mayo 2014

«La UE correría tras nosotros si no nos interesara formar parte de ella»: esas palabras, referidas a Cataluña, no han sido pronunciadas por un piernas o un profesional de la política capaz de decir cualquier sandez por quedar bien con la autoridad competente, por supuesto partidista. No, la frase, indicativa de una soberbia territorial que se califica por sí sola, es de Josep Maria Terricabras, candidato de ERC a las elecciones europeas.

Terricabras es un prestigioso filósofo, de excelente formación y larga trayectoria como investigador y profesor. Es, por tanto, un destacado miembro de esa intelligentsia nacionalista catalana que ha convertido en combustible político la idea, creciente en las provincias del Principado, de que Cataluña es mejor que el resto del país: más rica, culta, cosmopolita, universal y cualquier otra cosa que al lector pueda ocurrírsele.

Tal es la idea que hoy se expresa en el lema de que el Barça es més que un club, en la despectiva frase del «café para todos» referida a la generalización a los demás de lo que Cataluña pedía para sí, o en esa reciente boutade de Artur Mas, cuando proclamó, con su impudicia habitual, que Barcelona es «la marca territorial más potente que tiene ahora España». Y es, también, la idea que late en las trolas antiespañolas sobre las que el catalanismo ha inventado una supuesta historia nacional: por ejemplo, la de que los decretos de Nueva Planta marcaron la decadencia de Cataluña, cuando cualquier persona bien informada sabe que sucedió justamente lo contrario: que, tras 1715, Cataluña, y sobre todo Barcelona, experimentaron un notable proceso de crecimiento demográfico, económico y social.

Las rivalidades territoriales son habituales en cualquier parte del mundo. Pero, cuando se pasan por la trituradora de los nacionalismos, se convierten en algo muy distinto, más peligroso y de resultados insufribles. Yo, como millones de españoles, siento admiración por Cataluña y los catalanes, que estaban antes, como otros muchos pueblos, orgullosos de serlo.

El nacionalismo ha convertido, sin embargo, en grandes sectores de la población catalana, ese noble sentimiento de pertenencia regional en un tan injustificado como insoportable sentimiento de superioridad sobre el resto de España y de los españoles, supuestos culpables de todo lo que va mal en Cataluña, males de los que nacionalistas que llevan gobernando la Comunidad más de tres décadas no serían para nada responsables.

El tradicional aprecio de los catalanes por su tierra era entendido en España de forma generalizada. El actual y muy amplio complejo de superioridad sobre el resto del país solo genera, lógicamente, antipatía, desconfianza y malos sentimientos hacia quienes han decidido, por su cuenta, que son mejores que todos los demás.

El idioma es hablado por el 13% de las familias
Las instituciones públicas vascas se gastaron 146 millones de euros en 2012 en la “promoción” del euskera
  latribunadelpaisvasco.com 18 Mayo 2014

El dinero público destinado en 2012 a la “promoción” del euskera ascendió a 146 millones de euros, lo que supone 68 euros por cada ciudadano vasco. Así se desprende del informe “Estadística sobre los presupuestos y recursos públicos del euskera” realizado por el Gobierno vasco. Este estudio analiza las principales magnitudes económicas de la política lingüística del Gobierno vasco, las Diputaciones forales, los Ayuntamientos de Bilbao, Vitoria y San Sebastián, y los 66 restantes municipios de más de 5.000 habitantes que hay en Euskadi.

Hay que recordar que, según los datos ofrecidos recientemente por el Gobierno vasco en el V Mapa Sociolingüístico del euskera, a pesar de los más de 2.500 millones de euros que las instituciones vascas se han gastado durante la última década en la “normalización” de este idioma, solamente el 13,4% de las familias de las Vascongadas lo habla habitualmente. Hace veinte años, este porcentaje era cuatro décimas superior.

De los 146,3 millones de euros que las instituciones públicas vascas dedicaron en 2012 a potenciar el euskera, el Gobierno de Vitoria aportó 93 millones de euros, el 63% del total; los ayuntamientos desembolsaron 31,6 millones, el 25%, y las Diputaciones Forales 17,5 millones de euros, el 12%.

Algo más de la mitad del dinero público destinado en 2012 a la promoción y normalización del uso del euskera se destinó a subvenciones, ayudas y convenios, y el resto se repartió entre gastos de personal, inversiones y la compra de bienes y servicios.
 


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