AGLI Recortes de Prensa   Martes 20  Mayo  2014

PSOE y PP, la misma cosa es
Javier Caraballo El Confidencial 20 Mayo 2014

Alguien le puso letra al hartazgo y al final quedó un eslogan con rima asonante que se impone a todos los demás en las campañas electorales. “PSOE y PP, la misma cosa es”. La aproximación histórica más rigurosa se remonta a la Izquierda Unida de Julio Anguita, cuando en pleno felipismo recelaba de los cantos de sirena del PSOE para que se acomodara en la ‘casa común’ de la izquierda.

Fue cuando Anguita elaboró su teoría de las dos orillas que todavía mantiene en sus intervenciones públicas. Sostiene el legendario ‘califa rojo’ de Córdoba que, en realidad, PSOE y PP forman un bipartito, “las dos caras de una misma moneda que se pone en circulación cuando hay elecciones”, que aparentan diferencias ideológicas como un mero juego de simulación.

Por primera vez, el bipartidismo que ha funcionado en España con normalidad parece resquebrajarse. El electorado más centrado de ambos partidos ha dejado de circular y en los extremos cunde el escapismo hacia otras opciones más radicalizadasY la cuestión es que lo dijo hace veinte años y es ahora, justo ahora, cuando esa formulación lineal, elemental, parece haber calado profundamente en el electorado. Tanto que cualquiera que aproxime el oído a las preocupaciones de dirigentes del PP o del PSOE, lo que escuchará es que la desmovilización del electorado es el principal enemigo para ambos en esta campaña.

En Anguita, es verdad, está el precedente histórico más cercano del ripio contra el bipartidismo, pero lo que ha ocurrido en estos veinte años ha multiplicado el efecto mucho más allá. Anguita se refería sólo al origen de la aproximación de la izquierda y la derecha convencional, la crisis de las ideologías que ha estrechado las referencias históricas que los diferenciaba. La conquista de los derechos fundamentales en sanidad, educación y justicia, el asentamiento de los derechos laborales y la imposición de una economía globalizada, la aceptación de los viejos valores de igualdad y solidaridad, y la consolidación misma de la democracia y el sufragio universal han borrado las diferencias fundamentales entre la derecha y la izquierda convencionales.

En todos esos campos las diferencias sólo se producen ya a raíz del exabrupto de alguno, convenientemente alentado y manoseado; por la imagen o la estética que lucen en sus actos públicos; por la moral o, incluso, por las sensaciones que transmiten unos y otros y que remiten en el subconsciente colectivo a aquellas diferencias de entonces, pero en realidad la igualdad de las políticas es abrumadora.

Esa es, en esencia, la crisis de las ideologías y lo extraordinario, lo novedoso, es que, tratándose como se trata de un fenómeno antiguo, es ahora cuando parece que fragua y se extiende en la sociedad. Por primera vez, el bipartidismo que ha funcionado en España con normalidad parece resquebrajarse. El electorado más centrado de ambos partidos, que hasta ahora fluctuaba de un partido a otro y otorgaba mayorías, ha dejado de circular y en los extremos cunde el desánimo y el escapismo hacia otras opciones más radicalizadas.

La corrupción ha igualado al PSOE y al PP y ha sobrepasado, hastiado, a sus votantes. Desde la Gürtel a los ERE, se extiende un cerco en el que se ven atrapados los dos grandes partidos. Y dentro de ese cerco, los dos reaccionan igualPero, ¿por qué ahora? Existen muchas razones, entre otras la vulgarización de la política y la ausencia de liderazgos sólidos en los dos grandes partidos, pero es probable que el mayor daño al bipartidismo se lo haya provocado la corrupción. Podría añadirse que también la crisis económica ha achicharrado a los dos partidos, como ha ocurrido en otros países europeos, pero el fenómeno más desolador es el otro. La corrupción. Ese ha sido el detonante del hartazgo, la gota que ha colmado el vaso del bipartidismo.

La corrupción ha igualado al PSOE y al PP y ha sobrepasado, hastiado, a sus votantes. Desde la Gürtel a los ERE, se extiende un cerco en el que se ven atrapados los dos grandes partidos. Y dentro de ese cerco, los dos reaccionan igual, utilizan las mismas expresiones, con discursos intercambiables, con idénticas descalificaciones, reproches y promesas de regeneración.

Es probable que a los ojos de los ciudadanos no haya un efecto más demoledor que esa coincidencia, un elemento de descrédito más contundente que la comprobación persistente de que uno y otro dicen y hacen lo mismo ante la corrupción. Cuando les afecta, la minimizan; cuando atañe al adversario, la engrandecen. Y ese círculo vicioso es el debate político más frecuente en España. Desconcertante.

Dicen en esos partidos, tanto en el PSOE como en el PP, que el principal adversario de ambos en estas elecciones es la desmovilización del electorado. Y confían en que, pasadas las elecciones europeas, el bipartidismo volverá a cobrar fuerza con las siguientes elecciones municipales y autonómicas. Dicen que pasarán las Europeas y todo volverá a su ser, que la sociedad española nunca va a poner en riesgo el bipartidismo. Lo dicen y en la letanía acaso no escuchen cómo crece el ripio en las aceras. “PSOE y el PP, la misma cosa es”.

La tercera vía y el modelo territorial (II)
Jaime Rodríguez-Arana El Confidencial 20 Mayo 2014

La obligación de las instancias públicas de preservar y promover la cultura de las nacionalidades y regiones no es una concesión graciosa del Estado, sino un reconocimiento constitucional, es decir, constitutivo de nuestro régimen democrático. Por tanto, las instancias públicas no deben ser indiferentes ante los hechos culturales diferenciales. Pero igualmente la interpretación de esa obligación debe hacerse tomando en consideración un bien superior que a mi entender fundamenta la construcción constitucional de una España plural, que no es otro que el de la libertad.

Sólo en una España de libertades cabe una España plural. Pero las libertades son ante todo libertades individuales, de cada uno. Cualquier otra libertad será una libertad formal o abstracta. Por eso la promoción de la cultura particular no podemos interpretarla sino como la creación de condiciones favorables para que los ciudadanos, libremente, la desarrollen, nunca como una imposición, ni como un proceso de incapacitación para el uso libre de los medios que cada uno considere oportunos para su expresión.

La solidaridad es otro principio central en la interpretación de la realidad plural de España. Pienso que nadie está legitimado en España para hablar de deuda histórica –aunque obviamente hay desequilibrios, a veces graves–, porque todos somos deudores de todos. De ahí la pertinencia de España como proyecto histórico de convivencia, que a todos enriquece. Pero hoy, la solidaridad real exige justamente de los más ricos el allegamiento de recursos para atender a las personas y territorios más deficientes en medios, servicios y posibilidades.

Sin embargo este planteamiento no puede hacerse con la pretensión de establecer un régimen permanente de economías subsidiadas. La solidaridad es también una exigencia para el que podríamos considerar beneficiado de ella, pues en su virtud le es exigible un esfuerzo mayor para superar su situación de atraso, asumiendo, desde luego, las limitaciones de sus posibilidades reales.

Esta concepción de la realidad española no es nueva en absoluto, podrá decirse. Efectivamente, nadie podría pretenderlo. Pero se trata de que la sociedad haga una asunción real de su significado. Desde el centro político, desde la tercera vía, lo que se mira es a la persona, en todas las dimensiones de su realidad individual, se afirma el papel de centralidad de la gente, de los individuos reales. Desde ese presupuesto se impulsa y promociona la identidad de cada uno, sin imposiciones ni exclusivismos. Es verdad que buena parte de la desestructuración cultural que hoy sufren las sociedades que presentan rasgos culturales más diferenciados se debe a la presión uniformadora del Estado centralista, que en demasiadas ocasiones se ha ejercido incluso con violencia.

Pero no es menos cierto que esas mismas entidades han sufrido el acoso general que en todas las partes del mundo sufren las culturas minoritarias, o incluso las culturas mayoritarias en determinados ámbitos. Pensemos, por ejemplo, las ‘agresiones’ que sufren ciertos aspectos de la cultura hispánica por parte de la anglosajona. Pero no es menos cierto que por otra parte, en el mismo seno de esas sociedades con una cultura diferenciada, algunos no han hecho otra cosa que aprovechar las mejores oportunidades que se ofrecían con la integración en ámbitos de intercambio más extensos y protegidos.

Sería una soberana frivolidad política que cada veinte años hubiésemos de plantearnos, desde el principio, las bases de nuestra convivencia política. Y más cuando las que ahora tenemos han demostrado sus virtualidades y, a lo que parece, no las han agotadoAdemás, el compromiso con el centro político, con la tercera vía, exige también, una actitud de moderación y de equilibrio. Se trata de evitar las disyuntivas absolutas y traumáticas que pretenden, sean de un signo o de otro, hacer depender la propia identidad personal y colectiva de una opción política extrema, en este caso la que afecta ni más ni menos que a la soberanía. En los inicios del XXI, en una España plural, solidaria y de libertades, en una perspectiva histórica que parece anunciar situaciones inéditas hasta ahora en el discurrir de la humanidad sobre el planeta, pienso que no es de la soberanía de lo que depende la pervivencia cultural y política de ningún grupo, ni de ninguna colectividad, y que el camino de futuro, en una sociedad globalizada, abierta, multicultural, sólo podrá recorrerse haciendo reales los procesos de integración que se basen en el respeto a la identidad y a la diversidad individual y colectiva.

España abrió en 1978, con su Pacto Constitucional, un proceso que puede indicar el camino de semejante integración, camino que sólo podrá hacerse superando el particularismo nacionalista y el imperialismo nacional. La resistencia mostrenca del segundo parece haberse superado, la del primero es aún asignatura pendiente. Europa, con otras condiciones iniciales y en otras dimensiones, ha emprendido también un difícil camino de integración, que sólo podrá ver el éxito apoyándose en estos mismos presupuestos a que hemos aludido.

Las fórmulas que conjuguen, en el juego político y constitucional, de manera equilibrada, integración y peculiaridad diferencial, pueden ser muy diversas y, consecuentemente, desde una posición de centro, cualquiera de ellas es aceptable. Ahora bien, la que de hecho tenemos, la que a nosotros mismos nos hemos dado, es perfectamente válida para conjugarlas, y además nos parece la más adecuada precisamente por ser la que tenemos. Cabe, es cierto el ejercicio intelectual y dialéctico de plantearnos otras fórmulas constitucionales, y cabe también la estrategia política de formularlas. Pero unos y otra no dejan de ser juegos, en uno o en otro sentido, juegos políticos, intelectuales o verbales. Porque de hecho, lo que tenemos –y esto es ser realista– es “esta” Constitución.

Cierto que ya resuena la cantinela de que esto es sacralizar la Constitución. No, en absoluto. La Constitución no es sagrada. Pero es el Pacto en el que se sustenta la vida y el ejercicio político de los españoles. Es el Pacto de todos, no es cualquier cosa.

Como alguien ha señalado, sería una soberana frivolidad política que cada veinte años hubiésemos de plantearnos, desde el principio, las bases de nuestra convivencia política. Y más cuando las que ahora tenemos han demostrado sus virtualidades y, a lo que parece, no las han agotado. Lo que es de todo punto inadmisible es el razonamiento que algunos hacen: como la Constitución se puede cambiar –no es sagrada– cambiémosla. El problema es que no satisface a los nacionalistas. Bien, pero ese motivo no basta tampoco para cambiarla. La reforma es, sin embargo, pertinente para resolver toda una serie de problemas que el desarrollo del modelo territorial ha presentado en estos treinta y cinco años de andadura constitucional, no solo para atender una concreta reivindicación o reclamación de corte nacionalista.

Desde el centro, desde la tercera vía, desde donde se propugnan marcos de integración cada vez más amplios, con un respeto absoluto a las peculiaridades diferenciales en tanto en cuanto no son concebidas como barreras, y por tanto obstáculos para aquella integración de la que nuestras sociedades tantos beneficios pueden obtener, debe buscarse una solución a la reivindicación nacionalista: la callada no puede ser la respuesta. Desde el centro político la afirmación de la identidad propia no nos cierra celosamente sobre nosotros mismos, sino que desde esa identidad es desde donde tomamos conciencia de España, y es en ella, desde su peculiaridad y con todo lo que representa, como nos sumamos ilusionadamente a este proyecto colectivo de alcance que llamamos España. Entiendo que este es uno de los grandes retos a que nos enfrentamos y que si no se produce con un impacto social notable una integración de esta clase la sociedad española estará abocada a una fractura política difícilmente subsanable. Por eso, me parece que ahora, para enfocar el llamado problema catalán es necesario sacar a colación convicciones, si se tienen, de este porte.

Admitir una reacción social negativa ante el hecho de que cada uno sea y se manifieste como es, pone en evidencia un respeto precario, o selectivo, por la libertad individual y colectivaAlguien podría interpretar que me refiriendo a que los nacionalistas deben templar sus reivindicaciones, y aceptar paladinamente la realidad española y su integración en ella. No afirmo tal cosa. Pienso que eso sería muy bueno, muy bueno, para la convivencia española, pero cada uno ha de elegir libremente su camino. Lo que afirmo es que el efecto negativo que la formulación nacionalista, en sus planteamientos soberanistas de cualquier tipo, produce, se verá paliado, diluido, superado, cuando en cada Comunidad se produzca la moderación y el equilibrio de la integración que defiendo. Y no sólo eso, debemos tomar en cuenta igualmente que tal integración no será posible, si en las demás Comunidades no se supera el recelo, el miedo o la simple antipatía, ante los hechos diferenciales. Admitir una reacción social negativa ante el hecho de que cada uno sea y se manifieste como es, pone en evidencia un respeto precario, o selectivo, por la libertad individual y colectiva.

Cataluña debe ser plenamente Cataluña, y no necesita debilitar su integración en España para lograrlo. El País Vasco ha de ser plenamente lo que es, no podría ser de otro modo. Tal aseveración no significa que deba producirse una ‘euscaldunización’ obligada de quienes allí residen. Antes bien, debe tal proceso –si fuese pertinente– formularse como un proyecto ilusionante, abierto, y ante todo libre, sin que incorporarse a él tenga que significar necesariamente la aceptación de un criterio político único, el nacionalista.

La potenciación de la propia cultura, obligada por nuestra Constitución, no puede interpretarse, ni por unos ni por otros, como un corsé que ahogue las libertades políticas. Al final la cuestión de la pluralidad de España se reconduce a la cuestión central de nuestra libertad, del respeto a nuestras libertades. El de todos a cada Comunidad, para que cada una sea lo que es y como es, o la quieran hacer quienes allí viven. Y el de cada Comunidad a sus propios ciudadanos para que en nada se vean menoscabadas las libertades individuales y públicas, se acepte su pluralismo interno, sin restringirlo exclusivamente al campo nacionalista.

Probablemente, desde el supuesto de la libertad y de la solidaridad es posible construir una España plural. O, expresándolo tal vez mejor, la realidad plural de España sólo puede ser aceptada y afirmada auténticamente desde el fundamento irrenunciable de la libertad y la solidaridad. Por este camino es más sencillo comprender desde Madrid la personalidad e identidad catalana y desde Cataluña su gran aportación al conjunto, a ese conjunto que Madariaga entendía en clave de equilibrio dinámico. Justo el marco que podría permitir una solución constitucional a un problema que se resuelve, desde mi punto de vista, leyendo con una nueva mirada, más abierta y complementaria, un modelo abierto que se va definiendo a base de entendimiento pensando en la mejora de vida de las condiciones de vida de todos los ciudadanos.

*Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo y miembro de la Academia Internacional de Derecho Comparado de La Haya.

¿De verdad que alguien va a votar a esta banda de golfos?
Manuel Guisande Periodista Digital 20 Mayo 2014

Andan estos días los políticos en lo que llaman «la Fiesta de la Democracia» (el 25-M), que para estos vividores que buscan como último refugio económico en el Parlamento Europeo o empresas públicas tiene más de los primero que de lo segundo; pero como de esas fiestas democráticas todos empezamos a saber ya un poco más, a mí se me plantea una duda… ¿de verdad que alguien va a votar a esta banda de golfos, de todos los partidos y colores, unos por acción y otros por omisión porque callan y bien que les va personalmente?

¿De verdad que alguien va a votar a una clase política que se preocupa más de llenar sus bolsillos y de satisfacer a los depredadores económicos que a los que tendrían que servir y para lo que fueron elegidos, los ciudadanos?

¿Realmente alguien va a votar unos dirigentes que ganan 500.000 euros al año (ver reportaje) cuando otros se suicidan porque los echan de sus casas por no poder pagarla?, ¿de verdad que alguien va a votar a unos personajes que han conseguido un paro del 25,6% cuando en otros países de nuestro entorno como Francia es del 10,6; Italia del 13%; Bélica del 8,5% y Portugal del 15% (ver datos del Banco Mundial)?
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/politica/2014/05/11/eurodiputado-maneja-ano-500000-euros-sueldo-gastos/0003_201405G11P28991.htm
Y con estos datos sobre el paro, lo único que cabe preguntarse es si los españoles somos tontos o es que nuestros políticos comunitarios pasaban de todo porque estando en Bruselas ¿no vieron lo que hacían otros países?, ¿es que nunca sus colegas les comentaron del riesgo de una burbuja inmobiliaria o es que a lo que se dedicaban era a cobrar dietas y más dietas y pensar en sus negocios? ¿y a estos alguien los va a votar?

¿De verdad que alguien va a votar a una clase dirigente con más de 300 imputados que no entran en prisión por la sinvergonzonería de las fianzas y que incluso algunos hasta se presentan para ser elegidos, como si no hubiera pasado nada tras llevarnos a la auténtica ruina y a pasar hambre?

¿Es que alguien va a votar a unos corruptos y su colaboracionistas, que lo que tendrían que hacer, dada la situación excepcional que hay, es crear un tribunal especial o agilizar al máximo los juicios para limpiar de impresentables la clase de política y dar así una verdadera imagen de un país serio porque la seriedad siempre conlleva inversiones y la inversiones puestos de trabajo?

Posibles soluciones
A mí sinceramente me extraña y me cuesta creer que alguien, con los antecedentes de esta gente, pueda ir a las urnas. ¿Y cuál es la solución?, ¿qué puede hacer el ciudadano ante semejante desfachatez, ante tanto inútil (ver obras inacabadas que hay que mantener)?

No es fácil luchar contra una estructura mafiosa perfectamente organizada en la que por todos lo medios nos bombardean con la consigna de «hay que votar, es un derecho, una obligación» o la artimaña de que «si no votas no tienes derecho a protestar», para así intentar crearnos un falso remordimiento de conciencia con la única finalidad: votar para legitimarlos.

Es lo que hacen en las dictaduras, en algunas de las cuales hasta es obligatorio ir a las urnas, presionar para ir a votar y hacerte cree que si no lo haces eres un «antisocial»; pero mienten porque el ciudadano puede votar o abstenerse ¿o es que ellos no se abstienen en el Parlamento ante determinados anteproyectos de ley?

Y si ellos se abstienen ¿por qué no va a abstenerse el ciudadano, si es una opción más que tiene?; y además ¿qué tiene que ver votar o no votar con el derecho a exigir? Porque solo, y solo sería aceptable no poder exigir si no pagaras tus impuesto, pero si lo haces ¿cómo que no tienes derecho a protestar cuando manejan tu dinero?

El Estatuto de Galicia, un 71% de abstención y lo celebraron
¿Y es una solución abstenerse?, ¿una alta abstención haría recapacitar a unos dirigentes para que dimitieran? En un estado moderno sí; pero la realidad ya ha demostrado que no, y para ejemplo el Estatuto de Autonomía de Galicia, que fue aprobado el 21 de diciembre de 1980 con la escandalosa abstención del 71,4%.

Y la historia fue así (ver este enlace): El censo electoral para la aprobación del Estatuto era de 2.172.898 y solamente fueron a las urnas 614.218 personas. Y de esas 614.218 que fueron a votar (repito que el censo era de 2.172.898) votaron SÍ 450.556; NO, 121.448; en Blanco; 28.381; y Nulos 13.883 personas. Conclusión de 2.172.898 votantes, el Estatuto de Autonomía de Galicia fue aprobado por 450.556.

¿Y qué se hizo?, ¿se decidió no tener estatuto, que sería lo más ético, y solamente digo ético y no entro en otras consideraciones, cuando de 2.172.898 solo dijeron sí 450.556?. Pues no, lo que se hizo fue celebrarlo o, mejor dicho, lo celebraron quienes vieron en él el futuro de sus puestos de trabajo. ¿Y cuál fue la disculpa que se dio para explicar tamaña abstención?, pues alucinante, la que más se repitió fue que llovía y que la gente se quedó en casa…. como en otros casos, que todos los gallegos conocemos, cuando la participación es escasa dicen sin ningún rubor que hacía sol y que el personal se fue a la playa. Flipante

Y ya que la abstención les entra por un oído y les sale por otro ¿hay alguna solución?, ¿qué se puede hacer para que toda esta banda dimita, sea juzgada, entre nueva gente y que la actual democracia en la que vivimos sea transparente, clara, seria, respetada, y que quien incumpla la ley la pague?.

Deslegitimarlos
Pues la única que queda es el voto en blanco o nulo, que contabiliza, que queda reflejado, y así saber el número de ciudadanos que estamos descontentos no con la democracia, sino con esta golfería que tenemos de clase política, con cargos y más cargos, con sueldos y más sueldos y en la que donde levantas una piedra hay un caso de corrupción y enchufadas familias enteras.

Solo con el voto blanco y nulo es posible deslegitimar a estos tipejos y establecer una auténtica democracia, con listas abiertas, con gente que quiera servir y no servirse, y acabar con este sistema que cada día se acerca más a una pseudodictadura en la que unos cuantos viven a costa del trabajo de todos: del tuyo y del mío.

Ser diputado europeo no puede seguir siendo un chollo
EDITORIAL El Mundo 20 Mayo 2014

TODOS LOS sondeos anticipan que el próximo domingo 25 de mayo la abstención en España con motivo de las elecciones al Parlamento Europeo podría rondar el 60%, una cota de desinterés sin parangón. De confirmarse estos pronósticos no habrá habido ninguna votación con una participación tan baja. Aunque las elecciones europeas son propicias al desapego, resulta obligado preguntarse por qué el número de abstencionistas podría duplicarse respecto del 31% registrado en la primera convocatoria al Parlamento Europeo en junio de 1987.

En el último estudio elaborado por Sigma Dos para EL MUNDO, un abrumador 90% atribuye al alejamiento y la decepción que suscitan los políticos la apatía que predicen las encuestas. Y un 75% opina que otra de las razones del desinterés mayoritario es el creciente grado de desilusión de la ciudadanía con la Unión Europea. En este sentido, la abstención sería una consecuencia o un reflejo del euroescepticismo, si no directamente de la eurofobia, dos fenómenos crecientes en nuestro entorno.

Es imposible no advertir en el aumento de la abstención una respuesta lógica al distanciamiento que generan unos políticos que, por sus lucrativos emolumentos y por su régimen de vida, son percibidos más como una casta inaccesible que como nuestros legítimos representantes.

Los 54 eurodiputados españoles ganan menos que sus colegas italianos o alemanes porque los salarios de cada grupo están determinados por la paga habitual en cada Parlamento nacional. Pero, en cualquier caso, cada uno de ellos dispone de hasta 16.000 euros al mes entre salario neto (6.250 euros), complementos de gastos generales sin necesidad de justificar (4.299 euros), dietas por asistencia a plenos y comisiones (4.800 euros de media), amén de todo tipo de prebendas relativas a billetes de tren y avión en clase business, y seguros, pensiones e indemnizaciones por fin de mandato inimaginables para la mayoría de los mortales. Con tan gratificantes retribuciones no es preciso recordar que el sueldo del presidente del Gobierno es de 5.584 euros brutos al mes para concluir que el jornal de eurodiputado es un auténtico chollo.

A estos sueldos y primas, que los partidos se guardan de preservar porque con ellos colocan a asesores y ayudantes, se aseguran el cobro de cuotas, y se garantizan préstamos blandos que piden a sus eurogrupos, hay que sumar un régimen tributario ventajoso. Hasta ahora los eurodiputados pagaban sólo un 22% de su sueldo base a la UE y nada a la Agencia Tributaria. Pero tras ganar un juicio al socialista Luis Yáñez, Hacienda va a exigir a todos los eurodiputados el resto de la contribución que les retendría de percibir esa nómina en nuestro país. Aunque legalmente sus señorías en Bruselas no estaban obligadas a pagar nada al fisco español, se trata de una decisión lógica. No es de recibo que quienes con sus votos tienen capacidad de determinar que Bruselas acabe dictando una subida de impuestos en España se vean exentos de ella.

Los partidos tienen mucho camino por hacer para prestigiar el trabajo de los eurodiputados y poner coto a la desafección que generan estas elecciones. Transparencia, proximidad y solidaridad con el resto de los ciudadanos pueden ser acicates para votar.

Justicia
Horizontes de impunidad para el terrorismo
Mikel Buesa Libertad Digital 20 Mayo 2014

La reciente revisión del asesinato de Jean McConville por el IRA, impulsada por las autoridades judiciales de Irlanda del Norte y que ha llevado a la detención e interrogatorio del líder del Sinn Féin Gerry Adams, constituye un nuevo episodio de los horizontes de impunidad en los que se desenvuelven los procesos negociados de final del terrorismo. El caso irlandés es paradigmático a este respecto, pues los Acuerdos de Viernes Santo, firmados en 1998, dieron lugar a una excarcelación masiva de presos del IRA. Es cierto que en aquella ocasión no se procedió a perdonar a los alrededor de 150 fugitivos que habían huido de la justicia y que posteriormente, ya en 2006, el Gobierno británico de Tony Blair fracasó en su intento de aprobar para ellos una ley de amnistía. Pero ello no significa que los procesos penales que tenían pendientes se agilizaran para dar una satisfacción de justicia a sus víctimas. Todo lo contrario, en su mayor parte esos contenciosos se quedaron durmientes en los archivos judiciales y sólo de vez en cuando, como ahora ha ocurrido, vuelven a desempolvarse, no sin suscitar la protesta de los políticos que, con la pacificación, recogieron las nueces del árbol agitado por el terrorismo. Y así, Adams ha declarado, tras su interrogatorio: «Mi detención envía una señal equivocada para la paz de Irlanda», y no ha tenido el menor reparo en señalar: «Hay una campaña maliciosa y siniestra contra mí».

Claro que malicioso y siniestro es más bien el hecho de que muchas víctimas no hayan podido cerrar su duelo por el hecho de que ni la policía ni los tribunales hayan sido capaces de establecer y juzgar los hechos que dieron lugar a su desgracia. Y si en Irlanda los casos de terrorismo pendientes se cuentan por centenares, lo mismo ocurre en España. Así, un informe de la Fiscalía de la Audiencia Nacional señalaba hace tres años que 314 de los asesinatos cometidos por ETA habían quedado impunes porque sus autores no habían podido ser juzgados. De ellos, en 53 ni siquiera había constancia documental para incoar el correspondiente procedimiento judicial; en otros 48 no se había indagado lo suficiente para establecer su autoría; en 134 se dejaron prescribir las responsabilidades penales; hay también ocho casos en los que los asesinos murieron sin ser juzgados; otros 53 asuntos llegaron a juicio, pero sólo se logró condenar a los colaboradores y no a los autores de los crímenes; y quedaban únicamente 18 casos abiertos a la indagación penal.

La mayor parte de los asesinatos de ETA que han quedado impunes datan, de acuerdo con el informe de la Fiscalía, de las décadas de los setenta y ochenta, de manera que sólo dos de cada diez son imputables al último cuarto de siglo. La impunidad, como se ve, hunde sus raíces en un pasado que puede parecer remoto pero que tienen bien presente las personas que sufrieron muy de cerca la violencia. Un pasado que, además, fue prolijo en perdones políticos, como la amnistía con la que se abrió la democracia, la paz negociada que facilitó la excarcelación o el retorno desde el exilio de los polimilis y de otros terroristas arrepentidos. Sobre la primera, Javier Ybarra, evocando el secuestro y asesinato de su padre, que había tenido lugar pocas fechas antes del perdón estatal, reflexionaba así:

Aquella decisión me supo a recompensa del mal. Mientras los españoles vivían una auténtica fiesta de libertad y democracia, nosotros asumíamos nuestra tragedia en soledad y silencio, con dignidad y discreción.

Y acerca de la segunda Ángel Altuna y José Ignacio Ustaran, hijos ambos de asesinados en 1980 por ETA político-militar, señalaban un cuarto de siglo después, sin que sus casos hubieran sido aún resueltos:

Gran parte de la sociedad se felicitó por (…) el abandono de las armas por un sector de miembros de ETA. A partir de ahí la oscuridad. En ningún momento se hizo público que este grupo reconociera el daño realizado, ni expresara un mero esbozo de arrepentimiento. (…) No se siguió ninguna investigación policial que permitiera continuar con los procesos abiertos; no se reabrieron los casos archivados ni se investigaron los asesinatos (…) por aclarar; se consideró que los presos (…) estaban ya automáticamente reinsertados y se procedió a una rápida excarcelación. En definitiva (…) [la] impunidad.

La historia parece condenada a repetirse, aunque en este caso no como tragedia y farsa, como señaló Marx en el comienzo de su 18 Brumario de Luis Bonaparte, sino más bien con la fatalidad que conduce al infortunio de muchas de las víctimas de ETA. Un reciente estudio realizado por el Instituto Vasco de Criminología -al que dio su impronta Antonio Beristain, jesuita y catedrático a quien los que le conocimos nunca olvidaremos- concluye que casi dos tercios de las víctimas vascas de ETA, los GAL y otras organizaciones de extrema derecha temen que el final del terrorismo se cierre, para los asesinos, con una impunidad revestida de penas insuficientes, indultos, abandonos de la investigación criminal, beneficios penitenciarios, ausencia de condenas o, simplemente, carencia de juicios.

Han transcurrido ya casi cinco años desde que ETA cometió sus últimos atentados en España. Desde entonces las presiones del nacionalismo radical para propiciar la excarcelación de los presos de esa organización terrorista no han cesado. Los Gobiernos socialista, primero, y popular, después, no han sabido dar una respuesta a ese reto. Creyeron que la vía Nanclares, que se había puesto en marcha con Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del Ministerio del Interior, era la respuesta y fracasaron. Después, ya con Jorge Fernández Díaz en ese mismo puesto, llegó el silencio. Con unas pocas detenciones y sin iniciativas políticas para abordarlo, el problema del final de ETA se va diluyendo mientras muchas de sus víctimas aún esperan que se les haga justicia. Parece como si la historia se volviera a escribir, una vez más, y de nuevo resonara la sentencia que un día dejó dicha Albert Camus:

Las víctimas acaban de llegar al colmo de su desgracia: se fastidian.

Andalucía
Llanto por los libros silenciados
Pedro de Tena Libertad Digital 20 Mayo 2014

Tierno y dolorido llanto como aquel de Sancho Panza al ver a su señor desnudo haciendo locuras, es el que he vuelto a sentir ante el arma silenciadora que enmudecerá otro libro en Andalucía y en España. Otra vez el régimen, el mismo régimen andaluz que se gestó en 1982, haciendo locuras totalitarias. Andaluz del éxodo y del llanto, el pasado viernes fui a la presentación del libro Sindicatos, S. A., de Xavier Horcajo y Javier Algarra. Tenía que haber sido en la Fundación Cruzcampo de Sevilla, como consta en la invitación original, pero la larga mano del régimen, fuese fruto de una orden o del miedo íntimo de quienes le temen, un día antes, sólo un día antes, logró que se suspendiera. Por ello, me alegré cuando los dos Javieres decidieron seguir adelante como fuera para no rendirse ante quienes se creen con el derecho de decidir qué deben o no leer y pensar los ciudadanos. Y allí nos encontramos unos cuantos en un hotel de última hora. Y cuando volvía camino de la noche, me sobrevino el llanto, un tierno y dolorido llanto por los libros silenciados.

La censura ha sido siempre un arma en manos de los poderosos, ya fuesen faraones que borraban a sus antecesores de los relieves de los monumentos o stalinistas que diagnosticaban locura a los literatos disidentes y los mandaban al gulag. Pero hay otras formas más sutiles de silenciar los libros. Por ejemplo, ignorarlos, hacer como si no existieran si, a pesar de los intentos, los autores han conseguido publicarlos. Lo sé bien porque mi amigo Antonio Barreda y yo intentamos que alguien nos publicara nuestros libros sobre La Tela de Araña (Hilos de un régimen, I y El poder de un régimen, II). No lo conseguimos. Por ello, nos convertimos en editores a la fuerza y logramos que uno de ellos, el primero, viera la luz gracias a la ayuda de algunos amigos cuyos nombres no decimos para no perjudicarlos. Sólo hubo dos medios iniciales, Libertad Digital e Intereconomía, que trataron del libro. Luego, Alfonso Rojo también ayudó. Nuestro agradecimiento será eterno. Pero de los demás medios, sobre todo los grandes medios, sólo ABC nos mencionó. Ni siquiera El Mundo, ni la COPE. De Antena 3 o la SER ya ni hablamos. Nuestros libros, uno de ellos aún sin editarse, fueron sumidos en el polvo del silencio por quienes tienen el poder de decidir qué ideas y hechos pueden o no que poblar las conciencias de los ciudadanos.

Por eso, fue un buen día para el llanto. Decía un experto en lágrimas, León Felipe, que "el llanto no está en los programas de los políticos ni en las pragmáticas de los jerarcas. Está en los versículos de los profetas y en el corazón engañado y afligido del hombre." Pues así tenemos el corazón desde el pasado viernes, engañado y afligido ante la certeza de que el régimen, ese régimen descrito en nuestra tela de araña que tiene a dos expresidentes, a decenas de altos cargos y demás sirvientes imputados sólo en un caso de corrupción en Andalucía, no es sino el fruto del modo autoritario y enfermo de unos partidos que no creen en la democracia ni en la libertad en ninguna parte de España.

Pero, tras el llanto, me encontré gritando en mi sueño un "Sí, se puede". ¿Voluntarismo? Sí, como el del Atleti. Lo posible sólo se averigua cuando se busca lo imposible, decía un viejo libertario. La Liga no tenía por qué ser cosa de dos superpoderes. España y Andalucía, tampoco.

Libia es un polvorín en manos de las milicias islamistas
Editorial El Mundo 20 Mayo 2014

DOS AÑOS y medio después de la captura y ejecución de Gadafi, los dirigentes libios no han conseguido ni la unidad ni la estabilidad suficientes para conducir el país hacia la democracia. El Parlamento salido de las elecciones del verano de 2012, que suscitaron una razonable esperanza por ser las primeras celebradas desde 1964, no ha logrado su propósito de redactar una Constitución nacional a la vez que la debilidad del Gobierno de transición ha provocado que en varias partes del territorio quienes detentan el poder real son las milicias islamistas. El apoyo que todas ellas recibieron de la comunidad internacional para derrocar al dictador contrasta con la falta de compromiso activo de la coalición occidental en la reconstrucción del país después de la guerra civil. Se planificó la rápida caída del régimen, pero no se pensó en qué ocurriría al día siguiente. La intervención internacional antepuso la caída de su antiguo aliado y el control de los pozos de petróleo a la pacificación y la reconciliación de un país dividido desde hace décadas. Ninguno de los grupos en conflicto ha entregado las armas y continúan luchando para hacerse con el poder desde diferentes regiones. Libia es ahora un polvorín en manos de los señores de la guerra.



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El desafío secesionista
Mas necesita más de Rajoy
Guillermo Dupuy Libertad Digital 20 Mayo 2014

Algún iluso creerá que la nueva ronda de subvenciones públicas que la Generalidad ha destinando a la prensa catalana en plena campaña separatista podría llevar a Mariano Rajoy a cortar el grifo de los Fondos de Liquidez Autonómica, con los que viene financiando a la secesionista Administración regional catalana. Conociendo a Rajoy, sin embargo, este nuevo despilfarro de los nacionalistas –para ellos, inversión–, a mayor gloria de su carísimo y delictivo proceso de construcción nacional, llevará con toda probabilidad al Gobierno del PP a incrementar esa extraordinaria ayuda financiera a la Generalidad, tal y como, de hecho, ha venido haciendo cada vez que el Ejecutivo de Mas ha anunciado una nueva partida de gasto mucho más abiertamente destinada a promover la transición nacional catalana o a dotarse de nuevas estructuras de Estado.

El error de base de estos ilusos consiste en creer que Rajoy, con esta ayuda extraordinaria a la Generalidad, trata de comprar tiempo a los nacionalistas para convencerlos de que aborten o, al menos, pospongan su envite secesionista. Hace tiempo, sin embargo, que la calamidad histórica que preside el Gobierno de España ya sabe –aunque finja lo contrario- que, con estas ayudas, no va a contentar a quienes, como los nacionalistas, no se van a contentar. No. La verdadera razón por la que el Gobierno de Rajoy sigue financiando de forma indirecta pero decisiva el proyecto secesionista de Cataluña a través de los Fondos de Liquidez Autonómica no es otra que evitar que este ilegal y carísimo proyecto de ruptura arrastre a la comunidad autónoma a la suspensión de pagos y a él a tener que intervenirla. Esta timorata e irresponsable renuencia de Rajoy es la que explica también el hecho de que su Gobierno y su obediente Fiscalía General del Estado miren hacia otro lado ante los delitos de desobediencia, usurpación de atribuciones, prevaricación y malversación de fondos públicos que, desde hace ya mucho tiempo, se vienen perpetrando desde la Generalidad.

Por no enfrentarse a los nacionalistas, Rajoy y su irreconocible partido hasta son incapaces de rebatir el Espanya ens roba y criticar sus liberticidas delirios identitarios. Así, no nos ha de extrañar que el nacionalismo gobernante en Cataluña se sienta tan rico y tan impune como para llevar a cabo su ilegal aventura soberanista. Gracias a Rajoy, realmente lo es.

¿Quieren la independencia los nacionalistas?
Felipe Fernández-Armesto El Mundo 20 Mayo 2014

MAÑANA mi mujer saldrá de viaje a Francia para colaborar de letrista con un compositor de ópera. Casi simultáneamente, un sobrino nuestro, que es médico, partirá del mismo aeropuerto para trabajar en un hospital francés. Pero a pesar de ir destinados ambos al mismo país, acabarán en paraderos asombrosamente distantes: a unos 16.000 kilómetros el uno del otro. Mientras que mi mujer queda en París, el sobrino seguirá hasta Nueva Caledonia, provincia ultramarina de Francia, en el Pacífico.

Nueva Caledonia es tan parte de Francia como lo es Escocia del Reino Unido o Cataluña de España. Todos sus habitantes son ciudadanos franceses. Eligen diputados en París. Votan al titular del Elíseo, con un nivel de participación electoral que supera el 60%. La provincia goza de un grado respetable de autonomía, aunque se aplica el código nacional francés, y las responsabilidades legislativas y administrativas se están traspasando, poco a poco, a órganos isleños. Los edificios públicos lucen con dos banderas. En el último referéndum sobre la independencia, la propuesta se rechazó terminantemente; se volverá a convocar otro más dentro de pocos años, pero no se espera ningún cambio de opinión entre los votantes. Así que Nueva Caledonia encarna la política imperial francesa desde siempre: integrar las colonias en el Estado nacional y convertir a sus habitantes en franceses. En la gran mayoría de las colonias la política fracasó, y los indígenas lucharon para expulsar a los portaestandartes de la supuesta «misión civilizadora». Pero en algunos casos, bastante marginales, Francia consiguió su fin y hoy en día los habitantes de los departamentos, territorios y comunidades ultramarinos que siguen formando parte del Estado francés suman unos 2,6 millones. En cierto sentido, Francia ha tenido el mismo éxito con sus minorías dentro de la Francia metropolitana: son pocos los bretones, corsos, alsacianos, provenzaloparlantes, catalanes o musulmanes que quieren romper con Francia. Se conservan particularidades culturales, y, en algunos casos, un fuerte sentido de identidad propia, pero se definen como franceses -anómalos, tal vez, pero franceses, como los de Nueva Caledonia (o de la isla de San Bartolomeo, o de Miquelón, por citar más ejemplos exóticos).

No me refiero a tales ejemplos para animar a los catalanes a mantenerse dentro de España, ni a los escoceses dentro del Reino Unido, ni a los venecianos dentro de Italia, ni a los de Kosovo dentro de Serbia, ni a los rusos del este ucranio dentro de Ucrania, ni a ninguna otra comunidad europea que contempla críticamente sus vínculos históricos. Sólo quiero llamar la atención sobre el hecho de que ninguno de los países que solemos calificar de estados nacionales lo son en realidad. Ninguno corresponde a una sola nación. Todos son complejos, abarcando anomalías y abrazando paradojas. Insistir en que cada comunidad supuestamente nacional tuviera su propio Estado es absurdo -contrario a la historia e insostenible en la realidad.

Todos los estados se construyen por conquistas o colaboraciones intercomunitarias. Si no fuera así, seguiríamos siendo entidades tribales. A veces surgen imperios que logran involucrar a todas o muchas de sus comunidades constituyentes en un solo sistema de fidelidad política. EEUU es el ejemplo más llamativo. Todos los pueblos sujetos o víctimas de la expansión histórica estadounidense ya confiesan, y a menudo con gran orgullo, ser americans. En Laredo, pueblo fronterizo que se conquistó de México en los años 40 del XIX, donde la inmensa mayoría de los habitantes son hispanoparlantes de ascendencia hispana, se celebra todos los años la mayor fiesta del país para conmemorar el nacimiento de George Washington. Los descendientes de los esclavos negros añoran retóricamente a su África, pero casi ninguno piensa en volver allí ni en abjurar de ser americanos. Algunos hijos de los estados del sur del país que se separaron en 1861, provocando la guerra civil, y que luego se reconquistaron brutalmente y quedaron durante varias generaciones aplastados y reprimidos, siguen acordándose nostálgicamente de los símbolos y héroes secesionistas, pero los que quieren volver al experimento independentista son poquísimos. Hasta los indígenas, los «indios» aborígenes, que tendrían todo el derecho moral para rechazar la bandera estadounidense, han encontrado, casi todos, un modus vivendi, y hasta con entusiasmo, con el Estado -que se dice «nacional»-, a pesar de contener a más nacionalidades que ningún otro del mundo. Un ejemplo parecido es el de China. Con excepciones notables -en Tíbet o en las provincias musulmanas del oeste- todos los pueblos distintos, tales como los hakkas, los li, los manchúes y no sé cuántos más, han venido a calificarse de chinos, ni más ni menos.

Y no hay que ser un gran imperio para abarcar a distintas comunidades. Toda nación -si es que merece el nombre- nace de naciones. Por pequeña que sea, Noruega tiene dos idiomas, sin contar el sami, que es la lengua de los lapones del norte extremo. Finlandia también tiene a sus lapones y luego a una minoría importante de suecoparlantes. El reino neerlandés incluye a los frisos, cuyo idioma es bastante distinto al holandés. Mónaco, que es el Estado soberano más pequeño de Europa, si dejamos aparte a la Santa Sede y a la Santa Orden Soberana de Malta, alberga a más residentes extranjeros que a nativos. En ninguno de estos casos vemos problemas secesionistas, ni serios rencores intercomunitarios. Y en casi todos nuestros países europeos hay fuertes minorías con raíces históricas profundas o de inmigración relativamente reciente que conservan su propia identidad sin negar ni un ápice de lealtad al Estado ni substraer nada de la unidad estatal. Y ahora, si alguna vez tuviera algún sentido el concepto de un Estado nacional, la libre migración dentro de la Unión Europea lo deja literalmente insostenible para el futuro. Nuestros estados son -porque tienen que serlo- entidades plurales y colaborativas.

Casi todo intento de constituir estados nacionales mediante secesiones o ajustes de fronteras fracasa. El único ejemplo positivo es el de Checoslovaquia, que se disolvió amigablemente en dos estados que mantienen buenas relaciones. Bélgica se separó de los Países Bajos en 1830, y seguía con problemas secesionistas, sin quitar a Holanda y sus tensiones entre católicos y protestantes. En 1922, Irlanda se dividió para respetar las diferencias entre dos naciones históricas que habitaban la isla, iniciándose los conflictos que ni siquiera hoy se han acabado. Más o menos al mismo tiempo, se intentó racionalizar las fronteras entre Grecia y Turquía, con la consecuencia de que se masacraron o expulsaron a miles de personas. Ni hablamos de los casos de Bosnia, ni de Kosovo, ni de Ucrania, ni de Chipre, ni de Georgia, ni de Armenia, ni de Sudán del sur ni de las demás tragedias poscoloniales, ni de ningún otro de los muchos casos de fracasados proyectos nacionalistas en el mundo de hoy.

Y, a pesar de todo, sigue esa manía de insistir en intentar establecer un Estado por cada comunidad supuestamente nacional. Ya hay venecianos que quieren abandonar a Italia, bávaros que rechazan a Alemania, y movimientos independentistas irracionalmente fuertes en Escocia, Euskadi y Cataluña. Lo más probable es que ninguno de ellos realice sus aspiraciones, porque los políticos nacionalistas se han dado cuenta de que la independencia les perjudicaría. La situación actual les mantiene en el poder, mientras que si se alcanzara la independencia, la razón de ser de sus propios partidos se echaría a perder y sus perspectivas electorales desaparecerían. Es por eso que la mejor solución sería concederles los referendos que pretenden desear, y desafiarles a que los ganaran. Pero el debate en España queda estancado en cuestiones teóricas de relevancia marginal y de poco sentido práctico -lo sagrado de la Constitución, por ejemplo, o el problema áridamente esencialista de la naturaleza de una nación. Desgraciadamente, la conclusión que indica la historia es casi inadmisible en España: reconocer el derecho a separarse es justo, pero intentar ejercerlo es una locura.

Felipe Fernández-Armesto es historiador y titular de la cátedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad Notre Dame (Indiana).

El delirio nacionalista
Cervantes, Colón y ahora Pizarro: los nuevos catalanes
Pablo Planas Libertad Digital 20 Mayo 2014

La manipulación del pasado es uno de los rasgos patológicos característicos del nacionalismo, así como un fundamento irracional imprescindible para aceptar pulpo como animal de compañía y que Cataluña es "una nación europea ya desde el imperio carolingio", que es como empieza el programa con el que CiU concurre a estas elecciones europeas. Lo de que Cervantes era catalán y se apellidaba Servent o que Colón también lo era, y sobrino nada menos que de un presidente de la Generalidad, no son leyendas urbanas ni rumores que difunda el departamento de bromas del CNI para desacreditar a los promotores del proceso. En Barcelona hay historiadores considerados gente cabal que no sólo sostienen lo de la inequívoca y absoluta catalanidad del autor de El Quijote y el descubridor de América, sino que hallan cada semana nuevas pruebas de que prácticamente todos los grandes genios de la historia habrían sido del país, como el fuet.

Esa corriente historiográfica, capitaneada por Jordi Bilbeny y Pep Mayolas, cuenta con el beneplácito, la simpatía, la complicidad, el apoyo, el estímulo y el patrocinio de las instituciones controladas por CiU y ERC. Los principales dirigentes nacionalistas presentan sus intervenciones públicas, glosan sus panfletos y aplauden sus inauditas paridas como si fueran impecables e irrefutables certezas.

Mayolas, por ejemplo, acaba de anunciar que Francisco Pizarro, el conquistador del Perú, era el hijo de una mantenida o cortesana de la comarca de La Segarra llamada Aldonça Roig d'Ivorra i Alemany, casada en 1475 con un tal Francesc de Castre-Pinós de So i Carròs, matrimonio tapadera para dar cobertura a los hijos que habría tenido la tal Aldonça con Fernando el Católico. Entre ellos y el mismo año de la boda nacería Francesc de Castre-Pinós de So i Carròs i Roig d'Ivorra, quien según el historiador no sería otro que Francisco Pizarro. ¿Cómo? Fácil. Lo explica él mismo en la página del imprescindible Institut Nova Història. Francesc Pinós de So i Carròs = Francisco Pi çarro. ¿Qué? ¿Cómo se han quedado?

Pues hay más. Bilbeny, que tiene demostrado que Colón salió de Pals, en el Ampurdán, y era del mismo barrio que Peret, aporta "pruebas" de que la bandera estadounidense de las barras y estrellas está inspirada -es un "calco" llega a decir- en la senyera. Ahí va:

Ahora que sabemos por mis investigaciones que el nuevo continente fue descubierto, conquistado, evangelizado y poblado por catalanes (...) es más fácil interpretarlo: la bandera de los Estados Unidos de América sólo y únicamente tiene a la catalana como inspiradora. Hay escudos americanos y banderas americanas que son un calco de las catalanas, con el único cambio del oro por la plata.

Si se atiende a la circunstancia de que consideraciones como las descritas son ponderadas por el nacionalismo como perfectamente plausibles e incluso dignas de todo crédito se entiende mejor la extensión y prestigio de disparates como el "España nos roba" o la conversión de la Guerra de Sucesión en una de Secesión por la cara y porque no nos viene de una errata. No deja de tener su punto y su gracia, sobre todo porque lo dicen absolutamente en serio, como lo del derecho a decidir y la consulta del 9 de noviembre.

¿Existe Europa?
Los Estados-nación europeos hacen imposible la federación del continente

Miguel Ángel Bastenier Madrid El Pais 20 Mayo 2014

Una minoría de europeos votará el domingo entre apatía y atonía generalizadas, por y contra Europa; en Catalunya pocos o muchos lo harán por una Europa que no es fácil que los acoja en el desiderátum que persiguen. Pero ¿cuántas europas, si más de una o ninguna, existen?

En el siglo XVIII Voltaire hablaba de una Europa de valores ilustrados que, desde el Atlántico a los Urales, hablaba y se carteaba en francés; una Europa epistolar de solo unos millares de privilegiados. Y la Revolución Francesa se inspiraría tanto como guillotinaría a unos cuantos de esos próceres. La primera versión que existió de lo europeo fue el imperio romano con la creación de la latinidad; pero la expansión de las armas de Roma se detuvo en Teotoburgo (Germania) y el muro de Adriano (Britania), y esa Europa apenas romanizada completó su viaje al exterior con la reforma luterana del siglo XVI; desde la Alta Edad Media medraba, sin embargo, una Europa bizantina, entre el catolicismo romano y la disidencia ortodoxa, con un salpicón de islamismo. Tres imperios, austriaco, ruso y otomano, fabricaron una Europa, en ocasiones marca, puente o falla geológica, entre el mundo occidental y el oriental.

La Europa moderna y contemporánea rechazó la formación de poderes hegemónicos, fueran los de Felipe II, Luis XIV, Napoleón o Hitler, todos ellos grandes europeístas de la dominación excluyente. Y el equilibrio geopolítico que sobrevivió a esas tentativas solo desapareció con la destrucción bipolar, ruso-americana, de las antiguas potencias imperiales.

De una Europa en ruinas, en 1945, nace el proyecto de una nueva europeidad, hoy la UE. ¿Por qué esta Europa trufada de reglamentos, normativas y europarlamentarios no emociona a nadie? La aspiración federal, como afirma el politólogo francés Sami Naïr (El desengaño europeo, 2014) parece haber fracasado, y sobre el mosaico de tantas europas son los Estados-nación quienes retienen algún grado de soberanía, aunque más negativa que proactiva, para hacer imposible la federación del continente. El vacilante patriotismo europeo, en medio de la crisis económica que nos aqueja, no tiene nada de metafísico. La UE sólo interesa al ciudadano común por los bienes materiales que le depare, y no al contrario, según la conocida jaculatoria de Kennedy. Si Europa no tiene ubres que ordeñar el personal se instala en el mejor de los casos en la abstención, y en el peor sufragando contra la idea europea a esos partidos que llaman a la malquerencia escepticismo.

¿Hay forma de escapar de ese mezquino laberinto? Naïr, seguramente partidario de una Europa gaullista, la de las patrias, es menos eficaz cuando propone una ‘Europa europea’, que solo identifica como portadora de los valores de “solidaridad, ciudadanía e interés general”, así como que asumiría un “calado estratégico”, el imperio socialdemócrata, quizás, presunto productor de equilibrio y justicia universales. El gran sociólogo, desaparecido, Pierre Bourdieu, decía que Francia, España y Portugal —aquella primera Europa romana— sentían su europeísmo como “nostalgia de imperio”. Por nada ni remotamente parecido votará el día 25 una minoría de europeos.

CCOO llama a "desobedecer" el bilingüismo escolar que establece la LOMCE
Redacción www.cronicaglobal.com 20 Mayo 2014

La responsable de educación de CCOO de Cataluña pide al Parlamento autonómico que legisle contra la LOMCE y a las escuelas que tomen "el control del proyecto de centro" para mantener la inmersión lingüística obligatoria exclusivamente en catalán. "Si todo el mundo hace su trabajo, la LOMCE no entrará en Cataluña", sentencia.

La secretaria general de la Federación de Educación de CCOO de Cataluña, Montse Ros, ha animado este lunes a las escuelas a desacatar la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), que restablece el bilingüismo escolar que ordenan los tribunales.

En una entrevista publicada por El Punt Avui, Ros ha defendido el actual modelo de inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán, que veta el uso del castellano como lengua vehicular, porque aporta "cohesión" y permite "que todos los niños de Cataluña puedan formar parte de una red social común".

"Solo se puede desobedecer [la LOMCE] si nos organizamos muy bien. La comunidad educativa lo tenemos todo a punto para llevar al Parlamento [autonómico] una serie de medidas que creemos que se han de adoptar legislativamente. El Parlamento [autonómico] de Cataluña se ha de mojar y tiene que hacer una legislación paraguas", ha explicado.

"Otra parte que nos toca a las escuelas es el control del proyecto de centro, que se puede hacer de forma anticipada y democrática en cada escuela e instituto, y puede ser un proyecto que haga de paraguas a la LOMCE y que proteja la inmersión lingüística, la participación y la democracia. Si todo el mundo hace su trabajo, la LOMCE no entrará en Cataluña", sentencia.


Galicia
Juzgan a 12 independentistas por los altercados en una protesta de Galicia Bilingüe
La Fiscalía pide para todos ellos 45 años de cárcel y más de 30.000 euros por daños patrimoniales
Santiago / La Voz 20 Mayo 2014

Doce independentistas serán juzgados hoy en Santiago por los altercados en una manifestación que el colectivo Galicia Bilingüe organizó en febrero del 2009. La Fiscalía pide para todos ellos 45 años de cárcel y más de 30.000 euros por daños patrimoniales. Los procesados denunciaron que se les obligue a participar en «unha aberración xurídica», en la medida que entienden que se les sienta en el banquillo por ser «defensores do galego». «A Fiscalía pretende facer pasar por verdugos a persoas que únicamente amamos o noso país e a nosa lingua», sostienen.

AGE reclama que la Mesa del Parlamento y la junta de portavoces declaren hoy su apoyo a los procesados. Y ProLingua expresa su solidariedad con los encausados.


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