AGLI Recortes de Prensa   Sábado 24  Mayo  2014

 "Voten lo que quieran, pero voten algo, si es posible contra esta feliz pareja"
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  24 Mayo 2014

Federico Jiménez Losantos valora lo que ha dado de sí la campaña electoral en España para las elecciones europeas de este domingo.

"Termina una de las campañas electorales más estúpidas de la historia. Es difícil recordar tal cúmulo de bobadas y vaciedades que hemos padecido en estas elecciones europeas y sin embargo son de las realmente importantes que han sucedido en España en los últimos años, casi en las últimas décadas. Posiblemente si los pequeños se hacen con algún escaño, todos, será realmente el comienzo del fin del bipartidismo en España y la posibilidad de una regeneración del sistema.

Si hay que hacer algún resumen es que la gente está tan harta de la política que se olvida de que para echar a los políticos malos hacen falta otros políticos, es decir, que no hay alternativa a la política, que la alternativa a la política mala es la política buena, o por lo menos menos mala.

Vamos a ver lo que sucede en los resultados y si el resultado de Lisboa no interfiere ya directamente aumentando el abstencionismo que puede ser la gran estrella. Pero insisto en lo que otras veces he dicho: abstenerse beneficia al PP y al PSOE. Voten lo que quieran, pero voten algo, si es posible contra esta feliz pareja".

Mi reflexión personal.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 24 Mayo 2014

Por fin ha terminado la campaña electoral y hoy estamos en el día de "reflexión" previo al solemne día de la votación. ¿Reflexionar sobre qué? Lo primero que debemos plantearnos es si es necesario hacer esta tregua en la lucha política y si hasta ahora ha tenido consecuencias su vulneración.La respuesta ya la conocen con la actuación de Rubalcaba en los atentados del 11M previos a las elecciones generales. Pero más importante que eso, mi reflexión personal es sobre el despilfarro e inutilidad de estas campañas y sus prolegómenos de precampaña que nos machacan con propaganda, mítines, actos varios de partido y mensajes que poco o nada tienen que ver con el objeto de las elecciones.

Porque ¿qué son realmente los actos de campaña? Sencillamente son una especie de aquellarres de los partidos políticos que reunen a sus militantes y simpatizantes activos en actos multitudinarios para darse autobombo y arengas, que intenten dar la impresión de fuerza y de apoyo de los ciudadanos. Lo malo es que toda esa parafernalia y fanfarria la pagamos todos los españoles con nuestros impuestos. Y aquí viene la primera reflexión, ¿Por qué no se deja de subvencionar con fondos públicos a los partidos políticos, a las organizaciones sindicales y a la patronal? Lo lógico es que cada organización se financie por sus propios medios y esté regulado y controlado el mecenazgo y las aportaciones de los militantes y simpatizantes. Esta forma es la que existe en otros países como los USA ejemplo de liberalismo y democracia.Aquí solo ganan los organizadores y el catering, el caso Gürtel es solo un ejemplo de hasta dónde priman los intereses comerciales y la corrupción.

Punto y aparte merece el trato discriminatorio que hacen las televisiones públicas sobre los partidos políticos contrarios a la ideología del partido que gobierna en España y en cada una de las autonomías. Se vulnera sin pudor la ley electoral y se intenta acallar aquellas propuestas incómodas o, como en el caso del nacionalismo secesionista, aquellas que no coinciden con su pensamiento y objetivos. Y todo eso pagado igualmente con los fondos públicos procedentes de los impuestos de todos los españoles. Estamos financiando involuntariamente la destrucción de nuestra Nación, gracias a la traición del Gobierno de España. Un caso especialmente escandaloso ha sido el de TVE con el ninguneo de partidos minoritarios como UPyD, Ciudadanos o VOX que directamente han sido ignorados en las informaciones.

Por otro lado ha sido lamentable el espectáculo de la violencia incontrolada por la evidente pasividad de las FFyCCS autonómicas. Los mal llamados "escraches" han sido la nota anti democrática de grupos ultra de izquierda violentos jaleados por partidos como IU o por el nacionalismo secesionista. La desfachatez y mezquindad ha llegado como en el caso del Consejero de Interior de la Generalidad de Cataluña a decir que "la culpa la tenía el PP por no seguir las indicaciones de los Mossos de Esquadra". España es el escenario de impunidad de grupos violentos consecuencia de una legislación claramente insuficiente y benévola y la actitud sospechosamente laxa de las fuerzas de seguridad autonómicas bajo el mando de gobiernos secesionistas.

Mañana es el día de la votación, pero la sensación que tengo es que nadie me ha explicado la importancia real de la misma. Los partidos se han dedicado a distraer con sus luchas sectarias y demagógicas y a centrar el debate entre el machismo y el aborto, temas que nada tienen que ver con la gestión de la UE. La realidad es que España, por su población reconocida, tiene adjudicados 54 diputados del total de 766 de la Cámara. Es una circunscripción única por lo que todos los partidos se presentan a nivel nacional y los escaños se atribuyen por el porcentaje de votos válidos conseguidos y sin fórmulas magistrales de compensación por territorios. Como en cualquier votación, no se exige un mínimo de participación y los escaños se reparten exclusivamente con los votos válidos escrutados en las urnas.

La pregunta que se hacen muchos ciudadanos, no solo en España, es si deben o no votar. Y la verdad es que a pesar de que todos piden el voto y que se vote, su interés no es la defensa de la democracia, sino de sus propios intereses ya que una participación abultada aumenta las posibilidades de los grandes partidos ante el mensaje de que votar a los minoritarios es desperdiciar el voto. Nada más lejos de la realidad. Votar a otras opciones diferentes del bipartidismo impuesto, es iniciar el camino de la verdadera democracia y fomentar las coaliciones y el consenso. El voto es la máxima expresión democrática aunque en ciertas elecciones esté devaluado por las compensaciones territoriales y no tenga el mismo valor en todo el territorio nacional. Abstenerse es desentenderse y dejar que triunfen aquellos a los que queremos "castigar" y que nada cambie.

Esta oportunidad no debemos desaprovecharla pues tardará cinco años en volverse a repetir, un lustro. Demasiado tiempo como para dejarlo en manos de los que no quieren que nada cambie y seguir parasitando a la sociedad. Yo ya he decidido mi voto y quiero dar esa oportunidad a sabiendas de que igualmente pueden decepcionarme. Sin embargo, pronto vendrán las elecciones autonómicas y las generales y tendremos la oportunidad de rectificar o mantener nuestra confianza.

Ley electoral
Reflexión de la Jornada
Javier Somalo Libertad Digital 24 Mayo 2014

El 8 de marzo de 2008, además del Día Internacional de la Mujer, fue víspera electoral. Al día siguiente se celebraron elecciones generales y andaluzas. La 'Plataforma 8 de marzo de Sevilla' había convocado una manifestación para conmemorar la efeméride y el TSJA no la autorizó por coincidir con la jornada de reflexión.

Dos años después, el TC anuló esa decisión porque "no se ha acreditado la existencia de razones fundadas que justifiquen que la manifestación convocada pudiera incidir o perturbar la neutralidad política propia de la jornada de reflexión". No sirvió de nada entonces pero el asunto, y la jurisprudencia sentada, sirven ahora para hacerse una pregunta: ¿se imaginan que hoy se celebrara una manifestación por el Día Internacional de la Mujer con la que han liado entre Cañete y Valenciano? Desde luego, el argumento del Constitucional para consentirlo sería desternillante.

Pido la derogación de este estúpido precepto tardofranquista de la Ley Electoral, del apagón, de la veda electoral. Pero mientras sigue vigente ejerceré mi derecho a la reflexión de esta jornada sin jornal. Veamos.

Cañete –más machista de palabra que de obra– pensó que él era intelectualmente superior a Elena Valenciano y que si ello quedaba patente le llamarían machista. Pero, arriolizado, no se atrevió a personalizar y elevó la generalización. Su escudero Pons, verdadero número uno de la lista, contraatacó con un antiguo chascarrillo de Valenciano sobre lo feo que es Ribery, un futbolista francés. El del PP mostró en la tele la frase de su rival escrita en un cartoncito maquetado al efecto por algún polluelo de la Gran Gaviota Genovesa. Profundo Pons. Días después, Cañete –o KÑT, en tuitero– eligió COPE para pedir perdón tras dejar a esRadio y a la SER en la estacada. Buscaba un medio con "gran audiencia" porque considera que un mitin es como una quedada de friquis de la Pantera Rosa aunque tenga reflejo inmediato en internet, en todos los telediarios y radios, en todas las portadas y al final lo vean millones de personas. Quizá la querencia por lo agropopular, quizá la penitencia… Sólo él sabe las razones. De pronto el PP se acordó de Jesús Eguiguren y consiguió que Jáuregui redujera a incidente el maltrato del condenado a su mujer. El contraataque llegó con el posible veto socialista para Arias Machote como comisario europeo. Elena de los tacones rojos se olvidó de los hombres, salvo del tantra con el suyo, y se dedicó a pedir el voto de la mujer… el mismo que sus correligionarias de 1931, Margarita Nelken y Victoria Kent prohibían –la mujer podía ser elegida pero no elegir– con tanto ahínco. También buscaron entre las embarazadas: con el PP se les pone el ombligo azul como se decía a los niños para que no bebieran vino ¿Qué argumentos tenía preparados esta buena mujer si Cañete no hubiera cultivado las berenjenas con las que tropezó?

Luego vino el tiro al pichón: "Los partidos pequeños caben en un taxi" –claro, los otros necesitan flotas de blindados–, elegirlos es tirar el voto, "los partidos con un diputado o dos no existen", "votar Ciudadanos o UPyD es votar independentismo". Y, al filo de la prohibición, nos pidieron por última vez el voto, como siempre, a gritos desde un atril.

Ahora se apagan las luces. Acaban los bolos. Los artistas se desmaquillan. Y nos dan un día para reflexionar… a nosotros. Que nadie nos moleste, no se publiquen encuestas, nadie pida el voto, nessun dorma… Al alba vencerán.

Durante la prohibición podemos entretenernos viendo fotos de terroristas fugados de shopping por los barrios ricos de Venezuela. O de la morgue complutense. O leyendo el libro que cuenta la historia de un rey, su hija, su yerno, un presidente, un ministro y un fiscal.

Yo he decidido ponerme una cerveza –ojo, en casi toda Iberoamérica la jornada de reflexión prohíbe también la venta de alcohol– y disfrutar del espectáculo esperando que ganen los míos. Mañana, uno de los dos ya será el vencedor. Pero en Lisboa.

Voto blanco, voto nulo y abstención
Luis del Pino Libertad Digital 24 Mayo 2014

¿Para qué sirven unas elecciones? Por supuesto, para elegir a los representantes que habrán de ocupar un determinado escaño y orientar, de esa forma, la política de una determinada institución o un determinado país. Pero también sirven para otras dos cosas: para transmitir a los partidos un mensaje con nuestra valoración de cómo lo están haciendo, y para que la opinión pública sepa qué es lo que el conjunto de la ciudadanía piensa sobre la situación.

Desde ese punto de vista, y como hoy es jornada de reflexión, permítanme que analice los efectos de los distintos tipos de voto.

Abstención
Existe la posibilidad, en primer lugar, de no acudir a votar, lo cual es una postura perfectamente legítima. Pero la pregunta es: ¿sirve para algo la abstención?

Basta con mirar lo que sucedió en las anteriores elecciones europeas para responder a esa pregunta: en 2009, el PP y el PSOE recibieron algo más de 6 millones de votos, mientras que los abstencionistas fueron casi 20 millones. ¿Sirvieron esos 20 millones de abstenciones de algo? ¿Consiguieron algo esos 20 millones de abstencionistas? La respuesta es: esas abstenciones no sirvieron para absolutamente nada.

Con la abstención, renunciamos a elegir a los representantes y los programas electorales que nos parezcan mejores, o menos malos. Y lo que es peor: renunciamos a mandar ningún mensaje. Por ejemplo, no existe manera de diferenciar si uno se ha abstenido porque está descontento, o porque ese día le pillaron de viaje las elecciones y no pudo votar. Es decir, no hay manera de hacer saber al mundo por qué nos hemos abstenido.

En consecuencia, con la abstención,no se influye en el reparto de escaños, ni reciben un mensaje los políticos, ni lo recibe tampoco la opinión pública. El efecto de la abstención sobre el mundo que te rodea es, por tanto, nulo.

Permítanme que les dé un ejemplo. Supongamos que hay 100 electores y que 90 de ellos se abstienen, mientras que los otros 10 votan al Partido Mangante. Entonces el titular de los periódicos al día siguiente sería: "El Partido Mangante arrasa en las elecciones, con un 100% de los votos". Y gracias a ello, el Partido Mangante disfrutaría del poder, y el mensaje que recibiría la opinión pública es que gobierna contando con el apoyo de toda la población.

Voto nulo
Otra opción, cuando uno quiere expresar su descontento, es el voto nulo. Pero el voto nulo tiene exactamente los mismos problemas que la abstención: como el voto nulo no se computa, no influye en los porcentajes de voto ni en los escaños. Tampoco sirve para mandar ningún mensaje a los políticos ni a la opinión pública, porque en el recuento final no hay manera de diferenciar si hemos anulado el voto a propósito o es que somos un poco torpes. Cuando uno introduce en la urna una papeleta con un papel garabateado que pone: "Estoy hasta las narices", los únicos que se enteran son los propios miembros de la mesa electoral. Para eso, quédese usted en su casa, y grite.

Voto en blanco
El voto en blanco es diferente. Al revés de lo que sucede con la abstención o el voto nulo, el voto en blanco sí que influye sobre el porcentaje de voto y sobre los escaños, y sí que manda un mensaje a los políticos y a la opinión pública.

Como el voto en blanco es un voto válido, que sí se contabiliza, hace que baje el porcentaje final de voto de todos los partidos que se presentan. En el ejemplo que pusimos antes, si 90 electores votan en blanco y 10 votan al Partido Mangante, entonces el titular de los periódicos al día siguiente sería: "El Partido Mangante gana las elecciones, con solo un 10% de los votos". Como ven Vds, el mensaje que reciben los partidos y la opinión pública es totalmente distinto que en el caso de la abstención.

El voto en blanco también influye normalmente sobre los escaños, porque en las elecciones generales, autonómicas y locales existen unos umbrales mínimos de voto para obtener escaño. Y cada voto en blanco contribuye a hacer un poco más difícil superar ese umbral mínimo.

Para entenderlo, veamos otro ejemplo. Supongamos que hay 101 electores y que el umbral mínimo de voto para obtener escaño está en el 3%. Supongamos también que 97 electores votan al Partido Mangante y que otros 3 electores votan al Partido Aspirante. Si el último elector, el elector 101, se abstiene o vota nulo, entonces el Partido Aspirante tendría el 3% de los votos válidos y se gana el derecho a conseguir algún escaño. Pero si el elector 101 vota en blanco, entonces el Partido Aspirante quedaría por debajo del 3% del voto válido y todos los escaños se los llevaría el Partido Mangante.

Es decir, normalmente el voto en blanco tiene el efecto indeseado de castigar a los partidos más pequeños y beneficiar por tanto a los mayoritarios, en términos de escaños. Sin embargo, EN LAS ELECCIONES EUROPEAS NO HAY UMBRAL MÍNIMO DE VOTO, por lo que el voto en blanco en estas elecciones no le da ni le quita escaños a nadie. Y constituye una buena manera de transmitir el mensaje de que no hay nadie que nos convenza.

Conclusiones
Lo mejor, en cualquier elección, es que se hagan ustedes oír, para bien o para mal. Si ustedes creen que un gobernante lo está haciendo bien, díganselo dándole su voto. Si creen que lo está haciendo mal, díganselo también, votando a otras formaciones. Si ustedes votan por algún partido, sea el que sea, tanto los partidos como la opinión pública recibirán el mensaje. Y tendrá usted la posibilidad de influir sobre el mundo que le rodea.

Pero si están ustedes muy hartos o desilusionados, o si no hay ninguna formación política que les convenza, entonces vayan a votar y voten en blanco. Porque es la única manera de que los partidos y la opinión pública reciban el mensaje de que usted está hasta las narices.

Si deciden ustedes, por el contrario, abstenerse o votar nulo, estarán en su derecho de hacerlo, por supuesto. Pero sean conscientes de que nadie recibirá entonces el mensaje de que están ustedes hartos.

Hay que ir a votar, por decepcionanteque haya sido la campaña
EDITORIAL El Mundo 24 Mayo 2014

La campaña de estas elecciones europeas ha sido la peor que se ha celebrado en España, con la circunstancia agravante de que los pronósticos de alta abstención con los que comenzó deberían haber llevado a los partidos a redoblar sus esfuerzos por seducir al ciudadano. Han escaseado las ideas, ha sobrado demagogia, han faltado debates, no ha habido grandes mítines y los candidatos han estado, en general, por debajo de las expectativas, al punto de que es seguro que hoy la calle no tendrá mejor opinión de ellos que hace dos semanas. Ha sido una campaña hecha a la contra, en la que los grandes partidos, más que intentar ilusionar a los votantes han tratado de señalar los defectos del contrario y no han salido a ampliar su base, sino a tratar de que no disminuyera la que tienen. El resultado ha sido decepcionante. Para colmo, en Cataluña, las formaciones nacionalistas han aprovechado estos comicios para calentar el ambiente en clave de sus intereses separatistas, dándose así la paradoja de que en unas elecciones en las que Europa se está jugando su integración, quienes pretenden sacar beneficio son los movimientos disgregadores, aprovechándose además de la atonía general existente.

Los dos grandes protagonistas de la campaña, Arias Cañete y Elena Valenciano, PP y PSOE, han desaprovechado una oportunidad para frenar el descrédito de la clase política en España. Particularmente frustrante ha sido el papel del cabeza de lista popular. El PP ha planteado los comicios como un respaldo a su política económica que, según los grandes indicadores, comienza a dar frutos. Pero los errores de Arias Cañete han desviado el foco. Perdió el cara a cara televisado en el que partía como favorito, lo estropeó aún más después con su comentario machista, tardó casi una semana en disculparse y al final ha rehuido las entrevistas con los principales medios, como es el caso de EL MUNDO, con excusas extravagantes. Lo ha hecho tan mal, que incluso podría haber comprometido sus posibilidades de ser comisario europeo.

Elena Valenciano empezó aprovechando bien los errores de Arias Cañete, pero se ha ido deshinchando a medida que transcurrían los días. Fue un error que se aviniera a no hablar de corrupción en el debate televisado, porque eso da la razón a quienes denuncian la existencia de un pacto entre PP y PSOE para taparse el uno al otro. Su otro error monumental ha sido basar todo el resto de la campaña en la cruzada contra el machismo, cuando ése no es precisamente uno de los asuntos que se dirime mañana en las urnas. Tanto ha abusado de él, que es probable que haya acabado movilizando en su contra a personas que no tenían intención de ir a votar.

Los partidos minoritarios han hecho, en líneas generales, una campaña digna. Han aprovechado para reforzar sus vínculos con los votantes, han ensayado propuestas imaginativas de financiación, apostando por la transparencia y la regeneración. Tenían el viento a favor y la oportunidad de aprovechar el desafecto del votante hacia el bipartidismo.

Pese a lo descorazonador de lo sucedido durante estos días, los ciudadanos deben asumir por responsabilidad individual el firme compromiso de España con Europa, algo que los principales candidatos han sido incapaces de encarnar.

Europa, tan fundamental como aquí menospreciada
VÍCTOR DE LA SERNA El Mundo  24 Mayo 2014

Nos jugamos el futuro pero sólo hablamos de machismo

No se suele hablar mucho de Europa en la demarcación española de las elecciones europeas, pero en 2014, con una grave crisis de la Unión, se ha hablado menos que nunca. Campaña de patio vecinal.

Ha intentado articular ideas europeístas el propio Miguel Arias Cañete, candidato del PP, a través de una Tercera en ABC: «La crisis financiera ha afectado a un sinnúmero de instituciones, ha llevado a Estados a la bancarrota y ha erosionado el viejo sueño. (...) Si antes se anhelaba un futuro mejor, hoy se echa la vista atrás. Por ello, tenemos que atrevernos a mirar más allá de cómodas justificaciones y descargos, y encarar la realidad con valentía. Por encima de todo tenemos que redescubrir el poder de un futuro imaginado. Necesitamos repensar Europa». Pero a Arias se le escucha poco desde que se le ocurrió una torpe chanza sobre las mujeres, y el propio ABC se lamentaba: «Europa es mucho más que las acusaciones de machismo contra Arias Cañete, pero los socialistas se han aferrado a ellas como si no tuvieran otra cosa que decir a los votantes, mientras, más allá de los Pirineos, está en juego el proyecto de Europa». Desde la izquierda, en periódicos y televisiones, oídos sordos. Ellos, a su bola, por ejemplo el columnista de la edición andaluza de El País, Román Orozco: «El machismo está tan imbricado en el corazón del PP que muchas de las medidas del Gobierno de Rajoy están orientadas a devolver a la mujer a la cocina y a cuidar niños, ancianos y dependientes. (...) Cañete no está solo. Nadie en su partido ha condenado de manera tajante sus palabras. Eso sí, este señorito de Madrid recriado entre señoritos de Jerez (Gaspar Zarrías dixit) se ha convertido en el estandarte de esa derecha rancia, machista y clasista. Un hombre de las cavernas, como titulaba el alemán Die Welt». Y Julia Otero vaticinaba en El Periódico: «A pocas horas de la apertura de los colegios, la incógnita mayor para politólogos y sociólogos es la proyección electoral del efecto Cañete. Será mayor de lo que los suyos creen, y probablemente menor de lo que merece su rancia insolencia» Con todo, aún se afanaba Manuel Sanchis i Marco, profesor de la Universidad de Valencia, en apuntar en El País un camino para la reforma: «Urge reequilibrar el peso excesivo del Consejo Europeo. La igualdad de derechos entre pueblos de Estados-nación y ciudadanos de la Unión debe tener su correlato institucional en una igualación de la legitimidad democrática entre el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo. (...) Los que amamos Europa debemos terminar con la mente escindida entre el entusiasmo de los pueblos de los Estados cuando sus Gobiernos sacan provecho nacional a la salida del Consejo de Ministros -manipulando así los instintos protervos que anidan en las masas- y el desinterés de los ciudadanos de la Unión cuando el Parlamento Europeo toma decisiones políticas que claramente les benefician, como la directiva europea (1993) que ha permitido declarar ilegal la ley española de hipotecas».

Ha intentado articular ideas europeístas el propio Miguel Arias Cañete, candidato del PP, a través de una Tercera en ABC: «La crisis financiera ha afectado a un sinnúmero de instituciones, ha llevado a Estados a la bancarrota y ha erosionado el viejo sueño. (...) Si antes se anhelaba un futuro mejor, hoy se echa la vista atrás. Por ello, tenemos que atrevernos a mirar más allá de cómodas justificaciones y descargos, y encarar la realidad con valentía. Por encima de todo tenemos que redescubrir el poder de un futuro imaginado. Necesitamos repensar Europa». Pero a Arias se le escucha poco desde que se le ocurrió una torpe chanza sobre las mujeres, y el propio ABC se lamentaba: «Europa es mucho más que las acusaciones de machismo contra Arias Cañete, pero los socialistas se han aferrado a ellas como si no tuvieran otra cosa que decir a los votantes, mientras, más allá de los Pirineos, está en juego el proyecto de Europa».

Desde la izquierda, en periódicos y televisiones, oídos sordos. Ellos, a su bola, por ejemplo el columnista de la edición andaluza de El País, Román Orozco: «El machismo está tan imbricado en el corazón del PP que muchas de las medidas del Gobierno de Rajoy están orientadas a devolver a la mujer a la cocina y a cuidar niños, ancianos y dependientes. (...) Cañete no está solo. Nadie en su partido ha condenado de manera tajante sus palabras. Eso sí, este señorito de Madrid recriado entre señoritos de Jerez (Gaspar Zarrías dixit) se ha convertido en el estandarte de esa derecha rancia, machista y clasista. Un hombre de las cavernas, como titulaba el alemán Die Welt». Y Julia Otero vaticinaba en El Periódico: «A pocas horas de la apertura de los colegios, la incógnita mayor para politólogos y sociólogos es la proyección electoral del efecto Cañete. Será mayor de lo que los suyos creen, y probablemente menor de lo que merece su rancia insolencia»

Con todo, aún se afanaba Manuel Sanchis i Marco, profesor de la Universidad de Valencia, en apuntar en El País un camino para la reforma: «Urge reequilibrar el peso excesivo del Consejo Europeo. La igualdad de derechos entre pueblos de Estados-nación y ciudadanos de la Unión debe tener su correlato institucional en una igualación de la legitimidad democrática entre el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo. (...) Los que amamos Europa debemos terminar con la mente escindida entre el entusiasmo de los pueblos de los Estados cuando sus Gobiernos sacan provecho nacional a la salida del Consejo de Ministros -manipulando así los instintos protervos que anidan en las masas- y el desinterés de los ciudadanos de la Unión cuando el Parlamento Europeo toma decisiones políticas que claramente les benefician, como la directiva europea (1993) que ha permitido declarar ilegal la ley española de hipotecas».

Manuel Valls y el PSOE
La madre de todas las batallas ideológicas
Cristina Losada Libertad Digital 24 Mayo 2014

Una estaba expectante por ver cómo Manuel Valls resolvía la papeleta. Ha estado clásico. Un clásico de la propaganda política es negar la evidencia abiertamente. El blindaje de la falsedad completa tiene más grosor que el de la media verdad. Así, el primer ministro francés, invitado estrella de un mitin del PSOE en Barcelona, aseguró que su plan de austeridad no es austeridad, sino algo muy diferente. Bien, ¿pero qué iba a decir el hombre que ha sacado adelante un recorte del gasto público de 50.000 millones de euros?

Qué iba a decir, o sea, viniendo como venía a apoyar a una candidata Valenciano cuyo discurso, más allá del gran asunto cañetista, consiste en denunciar la austeridad como un castigo impuesto por la derecha europea para hacer sufrir a la pobre gente. Este era, en fin, el problema. El de Valls era cómo presentar en España su política de reducción del gasto público como una alternativa a la austeridad conservadora. Y lo hizo, como anotábamos, sin miramientos: "No se trata de austeridad", les impartió a los militantes socialistas. "Si queréis ver cuáles son las diferencias entre izquierda y derecha, mirad lo que estamos haciendo en Francia y lo que están haciendo otros países".

Yo, por más que miro, no veo grandes diferencias, pero me falta la mirada sentimental del militante socialista. Admito, sí, un hecho diferencial: el que nace de situaciones económicas distintas. Francia no ha estado al borde de la quiebra. No ha tenido que pedir un préstamo para el rescate de su sistema financiero. Su déficit no se encuentra tan alejado del objetivo europeo como el nuestro. A pesar de ello, Valls ha tenido que empuñar la tijera, como cualquiera, y que explicarse con el mismo lenguaje que emplean los de la austeridad maldita. Eso de "No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades", o aquello de "No podemos gastar más de lo que tenemos".

A los socialistas españoles les importa mucho que el electorado piense que el domingo se decide en Europa la madre de todas las batallas ideológicas. Que entre la política económica del centroizquierda y el centroderecha hay un auténtico abismo. Que la austeridad ha sido cosa de los conservadores, y no han tenido en ella arte ni parte los socialdemócratas. Esto es, de nuevo, negar la evidencia, pero así va la función electoral. Aunque el militante socialista no lo vea, la línea divisoria en la política europea ante la crisis no ha sido ideológica. La batalla ha estado, y está, entre los más y los menos afectados, entre los países del norte y los del sur de Europa. Y Francia, pese a las apariencias, se cuenta entre los sureños. Por eso Valls propone bajar el euro.

Allá cada cual, no obstante. Se creerá lo que se quiera creer. Incluso que en Francia la austeridad no es austeridad, sino buena política de izquierdas. ¿Y qué es exactamente la política de izquierdas? Pues aquella que haga un partido de izquierdas. Ya está. Así no hay peligro de incoherencia.

La temeridad política
Rubén Manso www.vozpopuli.com 24 Mayo 2014

El domingo estamos llamados a votar con las manos, esa manera menos eficiente de votar que la de votar con los pies: la verdaderamente relevante porque es más peligrosa para los que ejercen el poder que la primera. Votar con los pies es ejercer el derecho a aceptar el gobernante. Votar con los pies es el verdadero baluarte de las minorías ante mayorías opresoras. ¡Qué más hubieran querido los judíos alemanes en la Alemania nazi o los disidentes soviéticos que haber podido ejercer ese derecho! Sin embargo, no es un derecho que tengamos tan reconocido como el primero, porque los gobernantes, para serlo, necesitan población y si ésta puede decidir sustraerse al sistema, incluso al democrático, el invento puede terminarse.

Votando con las manos
El domingo votaremos con las manos. Me parece percibir entre mis compatriotas, y creo que también entre el resto de los europeos por lo que van diciendo las encuestas, un hartazgo que parece que es con el sistema, pero no lo es. Los partidos establecidos durante décadas comienzan a ver con preocupación el crecimiento de múltiples partidos, a derecha e izquierda, que amenazan su posición dominante. La reacción de los partidos establecidos no parece tanto la de una corrección de sus errores y los del sistema, como la malditización de los nuevos (ahí tienen esa ironía de Ramón Jauregui acusando a los nuevos partidos de no haber demostrado nunca nada para justificar el voto en favor de los dos grandes en España) o las llamadas a los gobiernos de concentración nacional (González dixit) que, en España, tiene más los visos de práctica colusoria en el mercado político, que de patriotismo bien entendido.

Sin embargo, lo que me preocupa es la actitud que encuentro entre mis concolegiales electorales. En el fondo más conformista con la situación actual de lo que ellos creen. Su descontento suele venir de la sensación de que la clase dirigente, al margen de sus abusos, no ha cumplido con su principal obligación: la de arreglarles la vida. Porque eso es lo que durante décadas ha prometido dicha clase: la solución de los problemas materiales de la gente. Es cierto que no lo han logrado pero, sin embargo, eso no es lo grave porque cualquiera que supiera un mínimo, y no digo de Economía como ciencia, sino de lo que es la vida, habría sabido que esa era una promesa de imposible cumplimiento. Incumplir promesas que se pueden llegar a satisfacer no es grave, salvo que medie la mala fe, si lo que aconteció fue la mala suerte o circunstancias insalvables. Las autoridades no han incumplido su promesa por falta de ganas. Ni siquiera, en muchos casos, por negligencia. ¡Qué más hubieran querido para mantenerse de por vida en sus puestos que darnos satisfacción! Han incumplido porque la promesa era de imposible cumplimiento. Eso es lo grave: adquirir compromisos que no podemos satisfacer. Ahora la clase política se ve arrollada por esta temeridad suya.

Trabajo para siempre
Sin embargo, el cuerpo electoral no le exige a los partidos políticos, los establecidos y los nuevos, el fin de la temeridad prometedora, sino que cumpla con sus promesas de seguridad material. No avanzamos mucho. Hace ya poco más de cien años Hilaire Belloc (aquel anglofrancés que, candidato al parlamento inglés, espetó a un asistente a uno de sus mítines, y que le reprochó su origen extranjero, que no le interesaba representar a individuos como dicho asistente, lo que no le impidió ganar abrumadoramente las elecciones) nos advirtió que si a los millones de familias que hoy viven de un salario se les propone un contrato vitalicio de trabajo que les garantice la perpetuidad del empleo, con el salario íntegro que cada uno considere que gana normalmente, ¿cuántos lo rechazarían? (…) un contrato así que en lo sucesivo destruiría el contrato y restablecería un estatus de índole servil, sería mirado actualmente como una bendición por la gran mayoría. (…) Algunas generaciones atrás, apremiado un hombre a decir por qué abjuraba de su hombría en cualquier asunto, hubiera contestado que porque temía el castigo impuesto por la ley; hoy diría que porque teme quedarse sin trabajo.

Este era el problema que veía Belloc en su “El Estado Servil” en 1911 y este es el problema de nuestro censo electoral: sólo quiere que los gobernantes le aseguren ese contrato de trabajo que, insisto, no pueden salvo en condiciones de esclavitud, como ocurre y ha ocurrido en......... (rellene usted los espacios en blanco)

La conquista del poder
El domingo vamos a votar con las manos, a derecha e izquierda, la actuación clásica del sistema en el que pretendemos incidir, que no corregir. Actuación que, como bien indica Pascal Salin, otro francés pero contemporáneo, Aumentando el número de los posibles beneficiarios del “saqueo legal”, la democracia proporciona a los legisladores los medios para conceder privilegios a algunos a costa de otros, con una apariencia de legitimidad mayor respecto a un poder no democrático. Así Salin da de lleno en el modo en que la democracia moderna se convierte en un sistema totalitario cuando dice que, frente al incentivo del individuo para impedir que el poder político viole sus derechos individuales que aparece en los sistemas no democráticos, en los democráticos no es así porque en lugar de intentar limitar el poder, se trata de apoderarse de él. Los políticos pretenden apoderarse del poder y nosotros se lo damos todo con una sola condición: hágame esclavo pero alimentado. ¡Cómo si fuera posible!

Cuando seamos reducidos a la esclavitud, querremos votar con los pies pero no nos dejarán. Será muy tarde ya.


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