AGLI Recortes de Prensa   Domingo 25  Mayo  2014

Manipulando el día de reflexión ?
Juan Vicente Santacreu Periodista Digital  25 Mayo 2014

El día del recuento de los votos os diré cuantos inútiles útiles tenemos censados en España

No sé si tener un día de reflexión es bueno o malo porque aquí no reflexiona ni dios, pero lo cierto es que si se fijan unas reglas de juego y se reserva un día para reflexionar, se debe cumplir.

Hoy sábado 24 de mayo de 2014 es el día previo a las elecciones Europeas, y efectivamente ningún partido ha celebrado ningún acto político, pero ni aun así hemos podido reflexionar porque los que controlan el Sistema se han encargado de jugar su última carta. Puro marketing elemental, el último mensaje lanzado se mantiene con más fuerza en el subconsciente.

De Rajoy se podrán decir muchas cosas: ha liberado a asesinos etarras, se ha sacado una ley para soltar a grades narcotraficantes, nos ha subido los impuestos como nadie lo había hecho en toda la historia, se dedica a “bambar” mientras a España se la están repartiendo, ha sacado más leyes prohibicionistas en todos los campos y le ha pegado cuatro meneos a la escasa libertad que nos quedaba en España, tanto a los Medios como en Internet, ¡¡vamos, un campeón!! Pero podemos añadir una cosa más, Rajoy es el mayor manipulador de toda la democracia y hoy, día de la reflexión, hemos podido comprobar que en todos los Medios, incluso los que parecen de izquierdas, lanzando mensajes subliminales en las noticas. Hemos visto a Rajoy en varios cortes soltando los grandes titulares de campaña, a Valenciano con sus hermanas, a Cañete en bicicleta, a Rubalcaba con sus grandes mensajes, vamos que el que no se haya dado cuenta es porque es tonto del culo: “Hay que votar al PP o al PSOE”.

En cambio yo me lo he tomado muy enserio y he reflexionado. He reflexionado que el PP y el PSOE se han fulminado todas las millonadas que hemos recibido de la UE durante 30 años a cambio de deshacernos de la agricultura y la ganadería como unos perfectos gilipollas. He reflexionado que el PP-PSOE, además de esto, han ido engordando la deuda pública hasta alcanzar el 100% del PIB, deuda que nuestros nietos tendrán que pagar. He reflexionado que el PP-PSOE nos han provocado el mayor empobrecimiento de la historia moderna. He reflexionado que el PP-PSOE con sus mierdas de lenguas imbéciles impiden que la mitad de españoles no puedan trabajar o estudiar en la otra mitad. He reflexionado que el PP-PSOE se han comprado el poder judicial al más puro estilo de la “cosa nostra”. He reflexionado que, excepto los Borbones, a lo largo de la historia ningún político ha robado tanto como los del PP-PSOE. He reflexionado que ningún político ha hecho tanto daño en tan poco tiempo a España como el PP-PSOE. He reflexionado que Rajoy, no es que ha continuado la obra del “Idiota”, es que la ha potenciado. Y aun así queréis que con mi voto apadrine un chorizo.

Pero tranquilos PP-PSOE que como aquí no reflexiona ni dios, veréis cuantos inútiles os dan el voto útil para seguir expoliando el país, o lo que sea esto.

Como dice mi amigo Manolo, vuestras madres serán unas santas, pero vosotros sois unos hijos…
Ahora vas y los votas¡¡

Así lo pienso y así lo digo, y si no lo digo reviento.

Marketing subliminal en política
http://www.masaborreguera.com Juan Vte. Santacreu.  25 Mayo 2014

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Como bien sabe todo el mundo, el mensaje más eficaz es aquel que llega a la gente y como bien saben los publicistas el camino más rentable para llegar al cliente es mandarle mensajes sin que el receptor se de cuenta que le estás vendiendo algo, aunque sea sólo una idea.

Hoy sólo me voy a referir a las técnicas de marketing aplicadas a la política y a las elecciones.

¿Qué técnicas de marketing utilizan los políticos para condicionar el voto? Tres formas principalmente:
? A falta de presupuesto, imaginación. Por ejemplo, creando un anuncio con las características propias de un buen chiste: un spot que sorprenda, que impacte, y si además tiene gracia, mucho mejor. Un ejemplo fue Alberto Rivera en pasadas elecciones cuando se desnudó para hacer el spot de campaña. Impactó, sorprendió, tuvo gracia y consiguió muchos votos.
Marketing subliminal en política

? Mensaje subliminal. Esto lo podemos ver claramente en estas elecciones europeas de 2014. En los Medios y Televisiones vemos bastantes apariciones de Ciudadanos ya que no supone una amenaza seria para el PP, es más, hasta en el trilingüismo y en la separación lingüística de los españoles están de acuerdo, en cambio el PP tiene bloqueado al Partido Vox en todos los Medios. El PP puede perder muchos votos con Ciudadanos y con UPyD sin erosionar su dignidad, en cambio sería un descalabro psicológico si Vox le arrebata votos al PP. Esto lo sabe Arriola, lo sabe Rajoy y lo sabemos muchos.

¿Cómo consiguen introducir el mensaje subliminal? Obsérvese que todos los Medios y tTelevisiones hacen preguntas como esta: "¿Quien crees que nos sacará antes de la crisis, el PP o el PSOE?", o ¿Quién crees que nos defenderá mejor en Europa, el PP o el PSOE? Con este tipo de preguntas están lanzando un mensaje muy claro, el PP o el PSOE son las únicas alternativas viables en estas elecciones.

Otro de los mensajes subliminales que está utilizando el PP es nombrar la palabra "España" sin cesar en sus comparecencias para contrarrestar el empuje de Vox.

Y por último vemos como el PP tiene bloqueados todos los sondeos y encuestas para que Vox no aparezca ni tan sólo con un escaño. Conclusión, si Vox no va a sacar ni un escaño, para qué votarlo, mejor un voto útil y votar otra opción. Aunque sea UPyD o Ciudadanos.

? Publicidad blanca. Este tipo de publicidad es desde mi punto de vista la práctica más eficaz porque se trata de vender algo sin que el receptor sea consciente. Si en todas las elecciones se ha intentado lanzar el mensaje del voto útil, en esta ocasión, tanto el PP como el PSOE le están poniendo interés. Véase en todas las tertulias políticas cómo los periodistas nos venden la idea que la rentabilidad del voto sólo será eficaz si votamos a los grandes –La Casta-. Incluso hay quienes llegan a proponer un gran pacto de Estado PP-PSOE para amarrar el "chollo". Algo que en 35 años de democracia no habían hecho.

Entre que el PP está anulando a Vox y este no está demostrando su inteligencia, Vox puede quedar en una pataleta. Habría que recordar a estos "chicos de Vox" que inteligencia es saber utilizar los mejores recursos a nuestro alcance y de eso Vox parece que no se entera.

De cualquier forma, con Vox o sin Vox que no te engañen, desde hace 35 años estamos en la práctica ante un único partido presidencialista alternativo; unos cuantos años tú, unos cuantos años yo y el resto de crepúsculos partidos están simplemente para legitimar la aparente democracia.

Conclusión, tú mismo; observa, juzga y vota, pero que no te coman el coco, el PP y el PSOE llevan 35 años con un gran pacto de Estado de hecho, y así lo he comentado en muchos artículos como: "Pressing Catch político o política espectáculo". Y por cierto, curiosamente en estas elecciones el voto útil será el de los inútiles, porque como dijo Albert Einstein –es coña- "Si buscas resultados distintos vota Partidos distintos".

Así lo pienso y así lo digo.
PD: Da la sensación, y sólo es una sensación, de que la única meta de Vox es colocar a Alejo en Europa. Además de Alejo, hay mucha Vox en Vox.

Vox Partido Político español
http://www.masaborreguera.com  25 Mayo 2014

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- En enero de 2014 nace el partido político Vox impulsado por Santiago Abascal junto a Cristina Seguí, Ortega Lara, Ignacio Camuñas, Ivan Espinosa y José Luis González Quirós.

- Vox es un Partido moderadamente de derechas que, debido a la mutación del PP en un partido de centro izquierda, se ha encontrado con todo el espectro de la derecha libre para aglutinar tanto conservadores como liberales.

Vox defiende valores muy básicos como la unidad territorial y el idioma nacional, valores elementales que en cualquier país de Europa no tendrían sentido ya que son pilares que defienden todas las formaciones políticas, desde la derecha hasta la izquierda, pero en España parece que son demandas imposibles.

- Se podría decir que Vox defiende una España y no cincuenta y una, un gobierno y una lengua, evidentemente sin atacar los diversos dialectos locales o variedades lingüísticas que existen en nuestro país, pero sí reponiendo el español al lugar que merece.

Vox es además de corte monárquico, religioso y conservador en lo institucional, en cambio liberal en el aspecto económico y personal.
No obstante estos son los principios que se irán perfilando a lo largo de su andadura apolítica.

Vox Santiago Abascal
Los políticos del PP son socialistas pero con algunas nociones de contabilidad, en cambio los políticos de Vox son ante todo españoles.

El partido político Vox, al defender un proyecto único en España como la unidad y la lengua, se va a nutrir principalmente de votantes de UPyD, Ciutadans y por supuesto del PP. Va a dara acogida a todos los ciudadanos huérfanos políticos, por tanto debe acostumbrarse a convivir con la soledad institucional y mediática pero en cambio contará con el calor de los ciudadanos.

Vox va a estar solo frente al PP y al PSOE ya que ambos no pueden permitir que nadie venga a desmontarles el "quiosco".

De momento Vox cuenta con un gran apoyo social en las Redes y diversos grupos ciudadanos como Masby. Se supone que Vox tendrá un crecimiento lento y sostenido salvo que algunos militantes del PP rompan filas y ello podría ocasionar una eclosión que nos recordaría sin duda la historia de UCD.

CARTAS DE UN ARPONERO INGENUO
Por qué votaré hoy por UPyD
PEDRO J. RAMÍREZ El Mundo 25 Mayo 2014

He votado en todas las elecciones de la democracia y siempre he «enseñado la papeleta». A veces para respaldar a opciones con aspiraciones mayoritarias, otras en pro de minorías con posibilidades de condicionar el Gobierno. Siempre con el centrismo político y la radicalidad democrática como denominador común.

En 1977 y 1979, siendo comentarista de ABC, me decanté a ojos vista por la UCD -y en concreto por su ala izquierda liderada por Garrigues y Fernández Ordóñez- frente a gran parte del staff y la rama entonces dominante de la familia Luca de Tena que se identificaba con AP e incluso nutría sus listas. En 1982 ya como director de Diario 16 aposté sin éxito por intentar mantener a flote los restos del naufragio centrista con un comentado artículo titulado Mi voto para Lavilla. Otro gallo nos habría cantado si, en lugar de arrasar en las urnas, el PSOE de la prepotencia y la falta de escrúpulos, hubiera necesitado los escaños de UCD para completar su mayoría.

En 1986 apostamos de nuevo a caballo perdedor al respaldar la llamada operación reformista de tan atractivos principios como desoladores finales. Cuando en 1989 fundamos EL MUNDO, al filo mismo de las elecciones generales, nuestro partido de referencia era el CDS de Adolfo Suárez, al que sólo dejamos de apoyar cuando pasó a convertirse, según su propia definición, en «perchero» del PSOE.

Fue entonces, a partir del Congreso de Sevilla, cuando comenzó el «viaje al centro» del PP de Aznar que asumió buena parte de las tesis regeneracionistas incluidas en las Cien Propuestas que planteamos cada vez que había elecciones. Por eso le respaldamos en el 93 y 96 cuando era oposición al PSOE del GAL y de Filesa y en el 2000 cuando, tras la «amarga victoria», protagonizó la legislatura más fructífera de la historia de la democracia.

Pese al grave desencuentro de la guerra de Irak, en 2004 renovamos ese apoyo en la confianza de que Rajoy relanzaría el compromiso reformista del partido. Tras el shock del 11-M y el inesperado triunfo de Zapatero, la labor de oposición del grupo parlamentario encabezado por Zaplana y un programa electoral que incluía por primera vez la reforma de la Constitución nos indujeron a respaldar una vez más al PP en 2008, si bien la recomendación de voto se hizo extensiva a la recién nacida UPyD de Rosa Díez. Por último en noviembre de 2011 sin dejar de expresar nuestro apoyo a esta formación minoritaria, consideramos que la crisis económica, el deterioro institucional y el desafío soberanista aconsejaban otorgar «una mayoría holgada» a Rajoy.

Baste añadir para completar el relato que en el ínterin EL MUNDO también fue tomando partido en las distintas elecciones municipales y autonómicas, apoyando en numerosas ocasiones a candidatos del PP, pero también a dirigentes moderados del PSOE como Bono o Francisco Vázquez, y acogiendo con entusiasmo la irrupción de Ciutadans en la política catalana.

Hasta aquí la retrospectiva. Me ha parecido necesario hacerla porque la cita de hoy con las urnas se inscribe en dos coordenadas personales nada gratas, relacionadas entre sí: mi profunda decepción -en 37 años de democracia es la primera vez que me pasa- con un partido para el que pedí el voto y mi reciente destitución como director de este periódico que fundé hace 25 años. Esta segunda circunstancia hace paradójicamente más cómoda mi decantación política ya que desde el 1 de febrero sólo me represento a mí mismo, sólo expreso una de las diversas opiniones que tienen cabida en este órgano plural.

La honda decepción con el PP de Rajoy es bien fácil de resumir. Basta cotejar su acción de gobierno en los dos años y medio transcurridos con sus promesas y programa. Aunque todos tenemos nuestro corazoncito, como decía durante nuestra conversación del pasado domingo Ortega Lara «yo no me estoy inventando nada».

Rajoy prometió crear empleo y hasta ahora sólo ha generado más paro; prometió bajar los impuestos y los ha subido más allá de lo que proponía el programa de Izquierda Unida; prometió equilibrar las cuentas públicas y tan sólo está transformando el exceso de déficit en exceso de deuda; prometió devolver la independencia al poder judicial y lo ha vuelto a atar bien corto para poder controlarlo; prometió combatir a la banda terrorista ETA y honrar a sus víctimas y no sólo no ha hecho nada para evitar la legalización de su brazo político o la derogación de la doctrina Parot, sino que ha excarcelado a Bolinaga -¡camino de los dos años en libertad como «enfermo terminal»!-, símbolo de lo más execrable y ruin de la condición humana.

Si bien la herencia recibida y la coyuntura internacional ayudan a explicar el fiasco de las medidas económicas -en nada parecidas a la exitosa terapia de Aznar-, sólo la marrullería y la cobardía política de Rajoy y su equipo permiten entender tan flagrantes desviaciones respecto a su ideario político, contando con mayoría absoluta en la Cámara. Ésas han sido también las claves de su labor de encubrimiento del monumental escándalo de corrupción que late bajo el caso Bárcenas, un episodio que obligará a refundar de nuevo el PP si es que quiere recuperar algún día la autoridad moral para denunciar los abusos y extorsiones de la izquierda.

«EL MUNDO miente y manipula», dijo Rajoy el 1 de agosto en sede parlamentaria, situándome en el punto de mira de todos los poderes económicos ansiosos de satisfacerle. Pues bien midamos con ese mismo rasero sus declaraciones a la cadena Ser del pasado día 6 en las que aseguró que envió los SMS de apoyo a Bárcenas porque entonces «no conocía lo que luego se ha publicado». Teniendo en cuenta que fue el 16 de enero de 2013 cuando se desveló al público que el ex tesorero tenía 22 millones en Suiza y el 18 de enero cuando al filo de la medianoche Rajoy tecleó desde la Moncloa a través de su móvil «Luis, lo entiendo. Se fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo», parece claro que el mentiroso no he sido yo sino él.

¿Cómo es posible que lo que haya vertebrado la campaña electoral haya sido la desafortunada expresión de Cañete y no la flagrante falsedad de Rajoy? ¿Por qué en España hay que pedir perdón por una frase machista y no por proteger la corrupción a gran escala? Pues porque entre el apalancado Rubalcaba y el apalancado Rajoy existe una sociedad de auxilios mutuos que explica también el bochornoso cambio de actitud del PP -y la Fiscalía- respecto al chivatazo del Faisán y porque en la mayoría de los medios -afortunadamente no en todos- se impone el temor a contrariar a ese trust bipartidista, respaldado por el Consejo de la Competitividad. Constátese por cierto que, a juzgar por la disposición en la foto del pasado día 7 en la Moncloa, quien preside tal Gobierno de facto, situado en el centro de una primera fila de nueve, no es Rajoy sino César Alierta.

Frente a este bipartidismo con madrastra que ya verdea hacia el modelo Gran Coalición se alzan -además de los nacionalismos y la izquierda comunista- tres formaciones inconformistas cuya presencia en el Parlamento Europeo revitalizaría la vida política española. ¡Ojalá se escuche hoy bien alta la Vox de los Ciudadanos de UPyD! Esa es mi triple recomendación de voto en función de la ideología y talante de cada uno.

Aunque por las clásicas razones de Hayek yo no soy conservador, votaría con gusto a Vox si su cabeza de lista fuera Ortega Lara pues además de a un héroe he descubierto en él a un hombre cabal, coherente y entrañable donde los haya. También me sentiría cómodo votando a la lista de Ciudadanos que encabezan dos colegas fiables y solventes como Nart y Girauta pero, al margen de que les haya faltado tiempo para decantar su estrategia y su programa, al final cada uno sólo tiene una papeleta.

Si como Vargas Llosa, Savater, Alvaro Pombo, Cristina Peri Rossi, Andrés Trapiello o Félix de Azua votaré hoy por esa «revolución prudente y necesaria» que representa UPyD es porque, camino ya de su primera década de existencia, la formación magenta que lidera Rosa Díez no ha hecho nunca nada importante que no me gustara. Y por el contrario ha dado y sigue dando batallas clave en el ámbito esencial de las reglas del juego como la democratización de los partidos, su transparencia financiera -acaba de obtener la calificación más alta en ese apartado-, la reforma de la ley electoral o la independencia de la Justicia.

UPyD es además el único partido que desde el Congreso de los Diputados viene defendiendo una reforma constitucional, acorde con el dictamen del Consejo de Estado de 2006, encaminada a proteger la igualdad de todos los españoles ante la ley, poner coto a la deslealtad institucional de los partidos separatistas y abaratar el insoportable coste de las administraciones públicas.

Es cierto que me gustaría que Rosa Díez y su equipo fueran más beligerantes en pro de la libertad económica, más activos y exigentes en la búsqueda de la verdad del 11-M y más receptivos a las ofertas de pacto de Albert Rivera, tal y como por cierto desea la casi totalidad de los muchos votantes de UPyD que conozco. Pero quien quiera encontrar un partido exactamente a su medida tendrá que fundarlo. Además creo que el retratarme hoy así me dará más autoridad para seguir tratando de influir desde mis artículos en esa triple dirección.

Votar hoy por UPyD supone en definitiva apoyar a la única formación parlamentaria sobre la que no pesa la menor sospecha de corrupción, a la única formación parlamentaria que no ha antepuesto nunca el poder a los principios -acabo de constatarlo en Asturias- y a la única formación parlamentaria cuya empecinada y valiente portavoz saca de quicio por igual a los dos siameses que simulan competir por el poder cuando en realidad se lo reparten. Y si encima su cabeza de lista es un catedrático de universidad, especialista en el ocaso del Imperio Austro Húngaro, que se ha distinguido ya en Estrasburgo por su estajanovismo parlamentario y luce siempre unas impecables pajaritas, y su número dos la insobornable Maite Pagaza, pues debo decirles que este arponero ingenuo no sólo votará, sino que votará contento.

Pues reflexionemos
José Javier Esparza www.gaceta.es  25 Mayo 2014

Tal vez la Unión Europea fue una buena idea, pero es una evidencia que algo se ha hecho mal. Tan mal que la movilización del voto ha de recurrir a la más doméstica de las demagogias.

Europa no es una unidad política. No lo ha sido nunca ni tiene por qué serlo. Europa es un foco de civilización del que han nacido algunas de las culturas determinantes de la Historia universal. Grecia y Roma, España y Francia, Inglaterra y Alemania… Nada en la Historia universal puede entenderse sin ellas (sin nosotros). En nuestro suelo han nacido las ideas que han movido al mundo entero durante más de dos milenios. También el Cristianismo, cuya universalidad se debe precisamente a su condición de religión tradicional de Europa. Esta irradiación cultural no ha necesitado nunca de ninguna unificación política. Siendo españoles, franceses o alemanes, somos europeos. Al mismo tiempo, Europa es incomprensible sin su naturaleza plural (latina, germánica, griega, céltica, eslava). Abandonar nuestras identidades específicas para convertirnos en “ciudadanos de Europa” sería contradictorio: Europa es una combinación de identidades, no una fusión ni, aún menos, una supresión.

La Unión Europea es probablemente una excelente idea. Nació de las ruinas de un continente asolado por la guerra y ha conseguido, mal que bien, un largo periodo de paz formal. Del mismo modo, la conformación de un espacio económico europeo representa, sobre el papel, oportunidades claras en un mundo donde sólo las economías grandes pueden sobrevivir. Sobre esto hay amplio consenso. Sin embargo, en la práctica, la forma concreta que la Unión Europea ha venido adquiriendo en los últimos veinticinco años está despertando más desconfianzas que otra cosa. En España seguimos bajo el influjo de la beatería eurófila que obsesiona a nuestras elites desde los años setenta, pero el resto de nuestros socios ve las cosas con menos entusiasmo. El llamado “euroescepticismo” no es ninguna broma, ni tampoco una simple mercancía de extremistas.

Es un hecho que la unión monetaria en torno al euro, por ejemplo, ha vuelto extremadamente frágiles a algunas de las economías más poderosas del planeta, incapaces de soportar la crisis financiera mundial. Es un hecho, igualmente, que en materia política los países europeos nos hemos convertido en agentes de cuarta fila, al albur de los movimientos de los Estados Unidos, China o Rusia. Es un hecho que en el interior de la Unión mandan los más poderosos y obedecen los menos ricos, y ningún tratado europeo ha permitido, por ejemplo, que España recupere Gibraltar. Es un hecho asimismo que las políticas sociales impulsadas desde las instituciones europeas conducen unívocamente a la destrucción de los lazos familiares, al recrudecimiento del invierno demográfico y a la apertura –ahora apenas rectificada- a una inmigración sin control. Es un hecho, en fin y por no seguir, que la estructura política de la Unión favorece a la oligarquía político-financiera y perjudica a las libertades reales de los ciudadanos, que carecen de mecanismo alguno para controlar al poder. De manera que sí, tal vez la Unión Europea fue una buena idea, pero es una evidencia que algo se ha hecho mal. Tan mal que ahora, llegado el momento de las elecciones, no se habla de nada de todo esto, sino que la movilización del voto ha de recurrir a la más doméstica de las demagogias. Parece una broma siniestra.

Seguramente la gran pregunta es qué queremos ser, qué papel queremos jugar en el mundo. Hoy Occidente se ha convertido en el abanderado de un proyecto mundialista que aspira a construir una suerte de gobierno planetario bajo el impulso de la economía globalizada y sobre unas sociedades neutralizadas y homogéneas, sin identidades ni horizontes particulares. La Unión Europea se ha sumergido decididamente en ese proyecto. Es la ejecución práctica del sueño ilustrado del Fin de la Historia. Sin embargo, ahí fuera la Historia continúa. No debería ser pecado plantear la alternativa: mantener nuestras propias libertades personales, nuestras propias identidades colectivas, nuestros propios proyectos nacionales. En un marco político y económico que afiance la cooperación, la paz, la prosperidad; sí, claro. Pero sin que eso suponga dejar de ser lo que somos.

Es que, si dejamos de ser lo que somos, Europa dejará de ser Europa.

La Europa de las tribus
IGNACIO CAMACHO ABC 25 Mayo 2014

MALAS noticias. La Europa de las instituciones tendrá esta noche menos cohesión ideológica y moral que esta mañana. Por mano democrática y popular, eso sí; el pueblo es soberano incluso en su derecho a equivocarse. La crisis ha provocado en la gente una frustración que ofusca su criterio y tiende a empujarla en manos de charlatanes, oportunistas y exaltados. Así, el Parlamento de soberanía casi plena que soñaron Delors, Kohl y los últimos grandes europeístas de luces largas va a convertirse en la caja de resonancia de una estrafalaria pero extensa pléyade de ventajistas fanáticos. Los xenófobos de Le Pen en Francia, los antisistema de Grillo en Italia, los racistas de Farage en Gran Bretaña, los eurófobos de Wilders en Holanda. En las naciones del Tratado de Roma, en los territorios que acunaron la más refinada civilización del Occidente contemporáneo, la oleada antipolítica ha incubado los virus de la intolerancia, la crispación y la discordia.

En el convulso mapa continental que se perfila desde hoy, España aparenta pese a su tormentoso clima interior un contorno moderadamente razonable. El racismo carece de expresión política, la extrema derecha no está articulada y el voto del descontento se limitará a alejarse del bipartidismo hegemónico para buscar refugio en partidos de perfecta integración democrática. UPyD, Ciudadanos y Vox representan a fuerzas regeneracionistas e Izquierda Unida es una plataforma de ideas radicales pero con plena consolidación en el sistema institucional. El extremismo revolucionario y las candidaturas frikis pueden aflorar solo en proporciones simbólicas y poco significativas, testimonios inevitables de la sociología del desengaño. Nuestra única cuota estrambótica la asume el nacionalismo rupturista, vieja anomalía que pretende defender la unidad europea rompiendo la española. En conjunto, el panorama electoral de las encuestas responde a una cierta madurez colectiva, impermeable a los cantos de sirena que en otras naciones invocan con su música alborotada a los peores fantasmas del siglo pasado. El ajuste de cuentas será interno, no con Europa. La desafección política es tan notable como lógica, pero no parece aún capaz de desequilibrar la contrastada sensatez histórica de un electorado irritado por los ajustes pero con memoria del papel que la UE ha representado en la consolidación nacional de los últimos treinta años.

Por mucha cordura que conservemos los españoles, va a ser sin embargo inevitable que nos afecte la epidemia desintegradora con su efecto de contagio. El avance de la Europa de las tribus, como la llama el maestro Carrascal, tendrá influencia decisiva en el marco de las grandes instituciones que determinan nuestro presente y nuestro futuro. Y no son buenas perspectivas las de ahí afuera; si este país extravía el camino no va a encontrar soluciones correctas donde siempre las había buscado

UN SISTEMA FRACASADO
Debate eterno, falso, sin salida, pero necesario: las elecciones
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com  25 Mayo 2014

Nuestro sistema electoral, nacido en la Transición, no funciona. No refleja la voluntad de la gente ni las necesidades profundas de España. ¿Por qué los partidos lo mantienen?

Hemos tenido la enésima entrega, preelectoral, de un debate que se viene repitiendo desde la Ley 1/1977 para la Reforma Política y desde el Real Decreto ley sobre Normas Electorales de 18 de marzo de 1977. Fue para las lejanas primeras elecciones de la democracia del 15 de junio siguiente, decreto que prácticamente fue incluido posteriormente en la Constitución, y de hecho la "proporcionalidad corregida" d´Hont de entonces, aliñada para el gusto coincidente de los partidos mayoritarios y de los nacionalistas, se ha mantenido como parte de nuestra democracia. Sólo en las europeas hay escapatoria de esa prisión.

Todos los analistas han dicho durante 40 años que el sistema electoral –que "arregla" la voluntad de la gente, es decir que la manipula, es una de las bases del sistema político. De nada sirvió que el sufragio fuese universal, directo y secreto… si iba a ser corregido. Seguramente dio garantías en 1977. Hoy da falsedades.

España es una democracia. Que el sistema electoral sea proporcional es una decisión constitucional, con una serie de consecuencias. El sistema electoral, puesto que evita la aplicación directa de la voluntad popular, es cada vez menos popular. Los partidos políticos mayoritarios actuales, PSOE y PP, los únicos por el momento que podrían cambiar esas normas, por gozar del respaldo suficiente entre los ciudadanos para reformar la Constitución o una Ley Orgánica, son conscientes del problema, o eso dicen, pero retrasan afrontarlo. Y es que una reforma electoral en el sentido de acercar el elegido a quienes lo eligen, a través del voto a la persona en lugar de a listas cerradas de partidos, restase buena parte del poder del que disfrutan a día de hoy las formaciones políticas. ¿La democracia es el gobierno del pueblo español o de las castas internas de los grandes partidos?

Los países donde hay un sistema mayoritario apuestan por evitar las medias tintas, los partidos de vida no democrática y los pactos oscuros. El presidente de la República francesa o el alcalde de cualquiera de sus ciudades sólo puede ser el que más acuerdo logre entre sus compatriotas. Pero nuestra democracia, tan impopular entre la gente en 2014 como la corrupción y los políticos profesionales, no es como en Francia, Inglaterra o Estados Unidos.

El sistema electoral español prevé que diputados, diputados autonómicos y concejales sean elegidos por los ciudadanos a través de listas cerradas y bloqueadas. Así el votante deposita su confianza no en personas concretas sino en partidos. Y el candidato es menos importante que la capillita de partido que hace la lista, premiando a sus amigos y castigando a los díscolos, sin considerar la formación y capacidades de cada uno. Y aunque la regla para las europeas es algo distinta por ser un distrito nacional único, el ultra poder de los comités electorales es igual, e igualmente ajeno a la democracia.

Este sistema, el de las listas cerradas y bloqueadas, pone en mano de los partidos un gran poder. Aquellos militantes que desean entrar en el carrusel político no tienen otro remedio que ganarse el favor de quienes tienen la potestad de concederles vivir políticamente. Esta fórmula aleja a los políticos paulatinamente de los ciudadanos, encerrándoles en una burbuja, y fomenta el tipo de político sin otro oficio ni profesión dedicado a lo público para su ascenso social y económico, sin posibilidad de vivir de sus propios medios. En 2014, ¿la democracia consiste en la elección y renovación de los gobernantes por la gente, y en la participación directa de los ciudadanos en el Gobierno?

La Constitución impone "criterios de representación proporcional", en el art. 68 para el congreso de los Diputados y en el 152 para las Comunidades Autónomas; el Régimen Electoral General extiende el principio a los Ayuntamientos y a todos los órganos representativos. Los partidos podrían cambiarlo. Pero no lo hacen, porque no les interesa, o al menos no les interesa a los oligarcas que gracias a la fórmula tienen el poder antidemocrático de elegir a los que van a ser elegidos.

Pero el riesgo es evidente. Mantener un sistema torpe y poco democrático, aunque sea cómodo para la casta, al final puede terminar de alejar a la gente no sólo de los partidos sino de la misma democracia. ¿Correrán el riesgo o aprenderán la lección?

Ein Gespenst geht um in Europa
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com  25 Mayo 2014

"Un fantasma recorre Europa": eso es lo que quiere decir el título del presente artículo. Pero es un fantasma muy diferente al que pretendieron Marx y Engels, en su "Manifiesto Comunista".

¿Alguien puede creer que la ascensión de Marine Le Pen es fruto del "odio" o más bien tiene que ver con los afectados por las políticas desarrolladas por la UE?
Es un fantasma que constata la debacle a la que nos ha conducido el actual régimen de cosas y que pone en evidencia el principio del fin de las ideologías ilustradas. Porque resulta que en la época de "consolidación" de la Unión Europea, que coincide con el incremento del nivel de vida de muchos europeos, resulta que prolifera el "euroescepticismo" y el rechazo de la Unión.

Parece que florecen por todas partes alternativas políticas que los periodistas apesebrados –a veces simples comisarios políticos dignos de lo más rastrero de la STASI- se empeñan en calificar de "antidemocráticas", "xenófobas", carcas, etc, sin analizar en profundidad las razones por las que se dejan seducir millones de europeos. ¿

De verdad pretenden hacernos creer que el auge rampante de Marine Le Pen en Francia o la inminente victoria de Nigel Farage en UK se debe a un incremento del fanatismo, el "odio" o la "intolerancia" y no a problemas reales que ciertos ideólogos –atestados de prejuicios y cortos de miras- se niegan a ver?

Hungría, Austria, Holanda, Bélgica, etc, ¿son también todos ellos presa de una enfermedad letal del sistema nervioso, como si de la reciente moda de "Apocalipsis zoombie" se tratara? Por eso los artículos de los sicarios de la ortodoxia, apostados en los más prestigiosos medios de comunicación, suenan tan absurdos e irreales. Porque vivimos un tipo de periodismo en el que cuenta más el servilismo ideológico y/o empresarial que el auténtico sentido crítico.

Todo este "tsunami" de réprobos tiene algunos rasgos comunes. El primero de ellos es que rechazan el cosmopolitismo y el internacionalismo, tanto en su vertiente inmigratoria como en su vertiente supranacional. Por un lado, se resisten a ser "otra cosa" y a ser disueltos en un magma cosmopolita de poblaciones sobrevenidas de las cuatro esquinas del globo. Por otra parte, no quieren que, en nombre de la democracia, la soberanía de las naciones y su capacidad de decisión sea trasladada a organismos burocráticos anónimos a los que nadie controla ni elige más que por extraños vericuetos.

En segundo lugar la vuelta a los valores tradicionales. El triunfo del travesti barbudo, Conchita Wurst, en Eurovisión, ha sido el aldabonazo para recordar a millones de europeos que esta no es ya su cultura. Pese a los cálculos de los burócratas, que sueñan con el paraíso de "libertades" cosmopolitas y amorales, crece el euroescepticismo y la admiración, por ejemplo, por países como Rusia que actúan en aras de la patria y de los valores de siempre.

Pese a la evidencia, nadie parece preguntarse por qué. Prefieren echarle las culpas al fanatismo y pensar en clave de propaganda simplista y estúpida: desde los articulistas de El País hasta El Periódico o ABC, tan ridículamente acríticos, todo queda en el puro bluff intelectual.

Por ejemplo, ¿alguien puede creer que la complementariedad hombre-mujer, fundamento de la familia humana desde tiempos inmemoriales en toda cultura o lugar, debe ser echado sin más a la escombrera de la historia? Porque eso es lo que hace la equiparación con "otros tipos de familia", algunos de los cuales carecen de las características más esenciales que ha tenido la familia humana de siempre.

En tercer lugar, la desconfianza con la economía al uso. Nuestros compatriotas hicieron su futuro trabajando y ahora ven como se les volatiliza entre las manos a cuenta de gentes sin escrúpulos que amasan fortunas astronómicas de la noche a la mañana. Ya no quieren ser "deslocalizados", ni tampoco quieren la "flexibilidad" en los contratos o acabar sus días esclavos de la multinacional de turno.

Todo esto me hace pensar en un momento crepuscular de la historia y me recuerda los textos del gran sociólogo ruso Pitirim Sorokin, teórico de la "cultura sensata" que se descompone ante el empuje del nihilismo, muy relacionados con los textos de ese su otro gran compatriota Alexander Solzhenitsyn.

La perspectiva suprahistórica y metafísica del momento actual no es casi nunca tenida en cuenta pero es la única que puede dar una visión coherente del momento en que vivimos.

Ambos, para desgracia de los "anticomunistas" liberales, fueron mucho más allá de una crítica a las consecuencias más letales del marxismo, sino al tuétano intelectual que permitió que se construyera el imperio bolchevique y al que no es ajeno el turbocapitalismo actual que tanto les gusta.

De ahí que muchas de sus páginas hubieran sido del mayor de los desagrados para todos aquellos que creen que el capitalismo demoliberal es la solución de los problemas del momento.

Por todo ello, la situación es demasiado grave. A mediados de los años 30, en su Social and Cultural Dynamics (1937), Sorokin se percató de que la sucesión de crisis en todos los campos tenía la singularidad de que en ninguno de los citados campos se veía el fin de la crisis. Y eso que no vivió entre nosotros. Por eso, hoy, en este contexto, surjen respuestas sociales de la más diversa índole.

Pero que todos los críticos sean automáticamente ubicados en las tenebrosas tierras del fanatismo es la mayor estupidez de los tiempos modernos. Quizás por ello seamos también la primera civilización de la historia que pueda perecer de frivolidad.

"Sufrimos una sangría de talento"
Au Revoir! Los impuestos empujan a miles de franceses al extranjero
Desde el año 2000, el número de franceses que reside en otros países ha crecido un 60%. Sólo en Reino Unido, residen más de 350.000 galos.
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 25 Mayo 2014

Desde 2007, los contribuyentes franceses han asumido la friolera de 200 subidas de impuestos. Este tsunami fiscal ha incluido tasas financieras, gravámenes especiales, aumentos de las grandes figuras impositivas, etc. Como consecuencia, la recaudación del Fisco ha saltado del 49,9% al 51,8% del PIB galo.

El aumento no ha sido suficiente para evitar el grave problema de déficit público que arrastra Francia desde hace décadas. De hecho, mientras que el desfase entre ingresos y gastos llegaba al 2,7% del PIB en 2007, los números para 2012 elevaban este número hasta niveles cercanos al 5% del PIB.

Esta marea tributaria está generando un creciente enfado entre los contribuyentes franceses. Según una reciente encuesta de Ipsos publicada por Le Monde, el 72% de los galos cree que paga "demasiados impuestos". A esto se suma que el 43% opina que rendir cuentas ante el Fisco "no es un ejercicio de ciudadanía".

En este contexto, no debe sorprender el creciente exilio tributario que está experimentando nuestro país vecino. Este fenómeno lleva décadas manifestándose de forma creciente, si bien el estallido fiscal de los últimos años ha acelerado el ritmo de salida.

New York Times ha tratado el tema, destacando que "Francia lleva muchos años sufriendo la salida de ciudadanos de mucho talento que eligen irse a otros países. Sin embargo, el actual éxodo de empresarios y jóvenes tiene lugar justo en el peor momento posible. Francia ha tenido un crecimiento anémico en el último lustro, con un paro que crece hasta llegar ya al 11%. Muchos analistas temen que el país va camino de la esclerosis económica".

"Estamos sufriendo una sangría de talento"
La Cámara de Comercio e Industria de París, organismo que representa a más de 800.000 empresas, ha echado más leña al fuego destacando que los directivos franceses están cada vez más preocupados por esta cuestión. "Estamos sufriendo una sangría de talento", denuncia un informe publicado por la organización.

El pesimismo también ha cundido entre buena parte de los ciudadanos. Una encuesta del Pew Research Center destacó en 2013 que "no hay ningún país europeo con tan poco espíritu e ilusión como Francia". Esta decadencia, denunciada desde hace años por analistas como Nicolas Baverez, bien puede convertir al país galo en el nuevo enfermo de Europa, ya que tiene lugar justo cuando la periferia empieza a recuperar el crecimiento económico.

Desde el año 2000 hasta hoy, el número de franceses que reside en otros países ha crecido un 60%. ¿Qué ruta siguen les exilés? Más de 50.000 viven en Silicon Valley, miles se han desplazado a Hong Kong, Ciudad de México, Nueva York, Shanghai… Sin embargo, los destinos favoritos siguen siendo Gran Bretaña, Suiza y Bélgica. Solamente en Reino Unido encontramos una población francesa de más de 350.000 personas.

Pinault también cruza el Canal
El exilio tributario de Gérard Depardieu levantó mucho revuelo en Francia, animando a que estas cuestiones se estudien con mayor detenimiento y preocupación. El nuevo Primer Ministro galo, Manuel Valls, ha tomado nota y ha anunciado que su Gobierno reducirá el gasto público y bajará los impuestos para impulsar la recuperación.

Sin embargo, las voces anti-mercado siguen teniendo mucha fuerza en el país galo. No hay que olvidar que los gobiernos de centro-derecha que encabezaron Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy fueron incapaces de frenar esta deriva. A esto se une el discurso anti-capitalista de líderes radicales como la nacionalista Marine Le Pen o el socialista Jean-Luch Mélenchon.

Ante semejante panorama político, no es de extrañar que la tercera fortuna de Francia haya dejado el país. El exilio tributario de François-Henri Pinault supondrá la salida de un empresario especializado en el sector del lujo que amasa una fortuna de casi 11.000 millones de euros.

Pinault, de 51 años, está casado con la actriz Salma Hayek y dirige un gran conglomerado en el que encontramos firmas de alto nivel como Alexander McQueen, Balenciaga, Bottega Veneta, Brioni, Girard-Perregaux o Gucci. La corporación da empleo a 33.000 personas.

Unas elecciones europeas en clave nacional
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com  25 Mayo 2014

Estas elecciones europeas tienen una sola clave en España: la aparición de formaciones de ámbito nacional que no existían hace un año y que prefiguran un cambio significativo en el mapa político de nuestro país. Si estos partidos emergentes obtienen representación, aunque sea muy modesta de momento en términos cuantitativos, será una señal clara de que en el medio plazo el arco parlamentario puede experimentar un movimiento sísmico de gran intensidad tras el cual las siglas establecidas que hoy controlan el sistema sean reemplazadas por nuevos actores que cubran todo el espectro de izquierda a derecha y que compartan una agenda ambiciosa de transformación del Estado que acabe con la partitocracia corrupta que ahora nos aprisiona para sustituirla por una auténtica y saludable democracia constitucional. Estamos sin duda ante una cita con las urnas de carácter histórico que puede anunciar un final de ciclo de igual trascendencia al que se produjo en la Transición.

Esta circunstancia explica el creciente nerviosismo de los dos grandes partidos establecidos, que ven peligrar su duopolio podrido, intervencionista y estatalista. La prueba de que el dúo de viejos dinosaurios percibe la amenaza que gravita sobre ellos es que en los últimos días de la campaña se han lanzado, sobre todo el Partido Popular, a una ofensiva de insultos, injurias y calumnias del peor jaez contra los que han denominado “pequeños”, con una bajeza y una ruindad que provocaba vergüenza ajena. Tres hechos acaecidos durante las pasadas semanas confirman que en el fondo, tras el aparente enfrentamiento maniqueo que practican, los gestores del bipartidismo son lo mismo y comparten arraigados y oscuros intereses. El primero, con justicia muy comentado, ha sido la total ausencia de la corrupción en el debate entre los candidatos popular y socialista en televisión a pesar de que se trata de un tema de principal preocupación para los ciudadanos. La omertá fue tan flagrante que suscitó una ola de indignación pública de enormes proporciones.

El segundo fue la confesión de Arias Cañete de que durante su enfrentamiento con una agresiva Elena Valenciano no fue “él mismo”, es decir, que fingió y mintió y se contuvo con el fin de no ganar el encuentro. El pobre Miguel tenía instrucciones, perfectamente escritas en las fichas arriólicas a las que se agarraba convulso, de no hacer sangre para no alterar el pacto subterráneo que sostiene el tinglado de venalidad, ineficiencia y clientelismo del que viven su organización y la de su teórica oponente. El tercero fue el globo sonda lanzado tanto desde filas populares como socialistas, de la posibilidad de un gobierno de coalición en 2015, es decir, que si ven que su imperio puede derrumbarse están dispuestos a bunquerizarse juntos en La Moncloa para seguir saqueando el presupuesto a cuatro manos.

Todo esto puede iniciar hoy su declive definitivo si los españoles perciben la magnífica oportunidad que se les brinda para abrir con su voto una nueva etapa de esperanza y regeneración en nuestra degradada vida pública.

La explosión de la deuda pública de España
Juan Laborda El Confidencial 25 Mayo 2014

La mayoría de los análisis que se han hecho sobre la actual crisis sistémica son incorrectos y están cargados de una profunda ideología. Ofrecen un diagnóstico erróneo sobre las razones que la han provocado y, como consecuencia, las recetas expedidas no hacen sino ahondar aún más el empobrecimiento de nuestro país. Detrás de dichos diagnósticos y recetas, además de una tremenda incompetencia estructural, se oculta la defensa de los intereses de una clase, la superclase, término acuñado por David Rothkopf, editor de la revista Foreign Policy.

La superclase se ha quitado definitivamente la careta. Impone sus condiciones al poder político, teóricamente emanado de la voluntad popular. Si hay que mentir a la ciudadanía descaradamente, se hace, y punto. Para ello cuentan, con el apoyo inestimable de unos medios de comunicación que, ahogados en sus miserias económicas, han hecho definitivamente dejación de responsabilidad.

No hay ningún proceso de recuperación en ciernes, ni lo habrá, mientras no se reduzca de manera drástica, bien por reestructuración o bien por extinción, el volumen de deuda total de nuestro país. Y da igual lo que afirme el gobierno de turno o cualquiera de los instrumentos de control masivo por parte de la superclase –organismos multilaterales, agencias de calificación estadounidenses, bancos centrales…-

Los últimos datos sobre la deuda de España

Como saben ustedes desde estas líneas siempre hemos mantenido que la actual crisis sistémica de la economía española se encuadra dentro de lo que técnicamente se denomina una recesión de balances privados. Con el paso del tiempo la superclase decidió que fuera la sociedad quien pagara sus desaguisados. Y el brazo político de turno, en una vergonzosa posición de genuflexión, acabó arrodillándose. Como corolario, la deuda pública de la inmensa mayoría de occidente se disparó, muy espacialmente en nuestra querida España. Lo que empezó siendo una crisis de deuda privada acabó transformándose en un problema de deuda soberana.

Bajo este análisis es vital seguir, actualizar y analizar la evolución de la deuda de nuestro querido país a partir de los datos publicados por Banco de España y recogidos, dentro del apartado de estadísticas, en el epígrafe cuentas financieras de la economía española, concretamente en el capítulo 2. En los cuadros 1 y 2 presentamos los datos actualizados con los últimos datos disponibles.

Cuadro 1.- Evolución Deuda de España por sectores, período 2007-actualidad (millones de euros)

Cuadro 2.- Evolución Deuda de España por sectores en el período 2007-actualidad (%PIB)

Como se puede observar en los cuadros adjuntos 1 y 2 la deuda total de la economía española supera los 4,3 billones de euros, más de un 425% de nuestro PIB. La cifra está claramente por encima del stock de deuda en el inicio de la crisis en 2008. Pero sin duda alguna lo más destacado es el aumento exponencial de la deuda pública, especialmente bajo el gobierno del actual ínclito monclovita. Si en el período 2007-2011, en cuatro años, la deuda pública se expandió en algo menos de 400.000 millones de euros; en los dos años de Rajoy “el austero” se ha incrementado en más de 400.000 millones. ¡Y luego algunos hablan de la herencia recibida!

Si analizamos en profundidad los cuadros, bajo Rajoy “el austero”, en una proporción casi idéntica al incremento de la deuda pública, se ha ido reduciendo la deuda privada, muy especialmente la del sector bancario. ¿Paradójico, verdad? Luego el lobby bancario y sus servicios de estudios nos hablarán de la ineficiencia del sector público y exigirán recortes adicionales del gasto en educación, sanidad, dependencia, y demás “despilfarros”.

La actual dinámica de deuda es insostenible

¿Cómo es posible semejante incremento de la deuda pública cuando se hunde el gasto social, las inversiones en infraestructuras, y el gasto en investigación, por ejemplo? Muy sencillo detrás de la tan cacareada política de austeridad solo existe un ajuste de cuentas de las élites gobernantes y económicas patrias contra sus conciudadanos con el fin de mantener sus privilegios.

Los gobiernos de turno se han dedicado a avalar y garantizar gran parte de la deuda privada de los bancos y otros sectores. Como consecuencia, los mercados financieros, es decir, los acreedores de la deuda española, enfocaron su presión sobre las finanzas públicas, para que éstas estuvieran más saneadas que nunca, por si finalmente el Estado tuviera que salir al rescate de impagos del sector bancario o de otros oligopolios financiados por la banca.

Como ya avisamos desde el inicio de este blog, el problema de deuda privada de nuestro país, que es el origen de nuestra actual recesión de balances, está transformándose en un problema de deuda pública, porque en realidad aquellos que siempre han jugado con las cartas marcadas, los muy patriotas, no quieren asumir las consecuencias de sus actos. Al final habrá reestructuración de nuestra deuda, pero mal, desordenada, y tarde, con lo fácil que hubiese sido una quita ordenada de la misma que además conllevara una reducción de la carga financiera mediante el oportuno control de capitales. ¡Porca miseria!

Todos contra el independentismo flamenco. Dos regiones divididas
EL CORREO  25 Mayo 2014

· Bélgica celebra hoy sus elecciones federales y regionales, en las que el separatista Bart de Wever volverá a ganar pero tiene muy difícil gobernar.

· El actual Gobierno, de 6 partidos con el socialista Di Rupo al frente, tardó 541 días en acordarse.

El corazón de la UE esboza un pequeño país de 11 millones de habitantes, de una extensión similar a Galicia y una idiosincrasia de lo más, digamos, peculiar. Porque Bélgica, la sexta potencia de la zona euro en términos de PIB y socio fundador de la UE, se apoya sobre un alambicado tablero político difícil de comprender incluso para los propios belgas. El trazo grueso habla de un país fracturado en dos: norte y sur, Flandes y Valonia, idioma flamenco y lengua francesa, ricos y menos ricos, independentistas y socialistas. En el este sobrevive un pequeño reducto de influencia alemana, y en medio, Bruselas, capital europea de la diversidad que acoge a miles de funcionarios de los 28 países de la UE y donde existe una abrumadora mayoría francófona.

En resumen, un complejísimo país que hoy vivirá su particular ‘Superdomingo’ electoral al coincidir los comicios europeos, los regionales y los federales. Y el voto es obligatorio, de ahí que el calificativo de súper no peque de excesivo. Según los sondeos publicados en los últimos días, los algo más de 6,5 millones de electores belgas apostarán, con ciertos matices, por mantener la actual jerarquía política del país. En Flandes volverán a ganar los independentistas de la N-VA liderada por el alcalde de Amberes, Bart de Wever (43 años), y en Valonia lo hará el Partido Socialista capitaneado por el actual jefe del Gobierno, Elio di Rupo (62). El primer ‘premier’ francófono de la reciente historia de Bélgica.

La gran incógnita no será tanto el resultado electoral que se produzca la noche de hoy –que también–, sino quién gobernará el país durante los próximos cinco años, qué coalición se formará para dirigir un Estado federal cada vez más confederal. Porque lo que mejor define la actualidad política belga es un dato: 541. Se trata de los días que el país estuvo sin Gobierno desde la celebración de los últimos comicios. Un periodo que comenzó el 13 de junio de 2010, cuando De Wever llevó a la N-VA a un resultado histórico en Flandes (el 27,8% de los votos), y que concluyó el 6 de diciembre de 2011, cuando Di Rupo (37,6%), vencedor en Valonia, fue elegido nuevo primer ministro sustentado por una coalición de tres familias políticas –socialista, democristiana y liberal– y seis partidos, dos de cada una de estas familias, tanto la versión francófona como la flamenca. Y es que una misma formación no se presenta en ambas regiones. Por ejemplo, hay dos partidos socialistas distintos.

El objetivo de este gran pacto fue primordialmente uno: aislar a De Wever para aplacar sus ansias independentistas basadas en su hartazgo de «subvencionar» a los belgas del sur.

El regidor de Amberes, bastión de una riqueza flamenca apuntalada en su puerto y en la industria del diamante fomentada por la comunidad judía ortodoxa, repetirá victoria. Y lo hará, según apuntan los sondeos con una mayor porcentaje de votos que hace cuatro años. Las encuestas han llegado a darle hasta un 32%, pero en el último tramo de campaña ha caído hasta algo menos del 29%.

Por su parte, la formación que lidera el actual primer ministro volverá a lograr una holgada victoria en Valonia, pero no tan aplastante como la de 2010, ya que se dejará diez puntos por el camino. Aun así, mantendrá una distancia de siete puntos con los Reformistas. Di Rupo es el político más valorado por los belgas ya que ha sido capaz de cerrar varias de las fracturas con las que el país llegaba a los comicios de 2010. Y lo ha hecho gracias al acuerdo alcanzado el pasado año para implantar la sexta reforma del Estado que descentralizará todavía más sus competencias.

La situación de ‘paz’ en el ámbito político belga es tal que la propia NVA de Wever ha centrado toda su campaña en los aspectos económicos y sociales, dejando en un muy segundo plano sus aspiraciones independentistas, confirmando así las conclusiones alcanzadas en el congreso de febrero. Más que una revolución, su hoja de ruta plantea una «evolución». Es decir, propone metas más realistas el marco europeo, alérgico a las aventuras separatistas.

Todo ello apoyado en un dato contundente y clarificador.
La N-VA es el partido más votado del país pero sólo el 20% de la población estaría a favor de la independencia. «Lo sabemos y también sabemos que la independencia en la Unión Europea es un camino muy complejo, y nosotros sí estamos a favor de Europa, uno de los grandes avances del último siglo», han confesado varios dirigentes. Su estrategia es clara, aferrarse a la realidad económica y trabajar para impulsar una Bélgica «confederal» que esté organizada en dos Estados, con Bruselas como capital, que trabajen bajo una misma marca: Bélgica.

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La clarividencia de Defoe
La distinción fundamental en política es la de ‘amigo’ y ‘enemigo’
Rafael Sánchez Ferlosio El Pais 25 Mayo 2014T

En el espléndido libro La aparición del público durante la ilustración europea de James Van Horn Melton (versión castellana en Publicacions de la Universitat de Valencia, 2009) se cuenta cómo en 1694 se estableció en Inglaterra la llamada Ley Trienal, por la que el Parlamento se comprometía a hacer elecciones cada tres años. Semejante novedad no le gustó nada a Daniel Defoe, que tuvo la clarividencia de desenmascarar las democracias virtualmente antes de nacer, al comentar de qué manera la recurrencia de elecciones al menos cada tres años tendría la indeseable consecuencia de mantener activas las rivalidades y las contiendas entre facciones políticas o partidos formales. Se había dado cuenta de cómo éstos por sí mismos eran el móvil de la elecciones, no éstas el origen de aquellos. La polarización resultante de tal estado de cosas hizo que cada partido no se conformase con ser simplemente otro respecto de su rival —lo que en el magnífico lenguaje de Deleuze los haría pertenecer a ambos a la categoría de la repetición, sino que quisieron desdoblegarse con notas cualitativas— lo que los incorporaba, según el mismo lenguaje, a la categoría de la diferencia. Así, cada partido adoptó marcas escogidamente distintivas y formas de comportamiento deliberadamente opuestas a las del otro.

A este propósito, Tomás Pollán me informa, oportunamente, de la compilación de ensayos de Fredrik Barth (Fondo de Cultura Económica, México 1976) Los grupos étnicos y sus fronteras, subtitulada La organización social de las diferencias culturales, y de entre estos ensayos señala el de Karl Eric Knutsson Dicotomización e integración. Aspectos de las relaciones interétnicas en el sur de Etiopía, donde se cuenta y comenta cómo dos pueblos nilóticos, los arsi y los amhara, se desavinieron a raíz de un cambio de régimen político, y cómo, para marcar cualitativamente la desavenencia, a fin de mudarse de su copertenencia a la categoría de la mera repetición —según los términos de la ya mencionada dualidad de Deleuze— a la de la diferencia: mientras los unos se convirtieron al catolicismo, los otros lo hicieron al islamismo ortodoxo. Pues bien, he aquí que los tories y los whigs hicieron, dentro de las disponibilidades de su propio espectro de elección, una mudanza perfectamente análoga. Mientras los tories se arrimaron a la facción anglicana más afín a la Iglesia de Roma, los whigs se avinieron con la sucesión protestante y asumieron una actitud de tolerancia con todos los credos reformados.

Así resulta que es el agonismo primario y tradicional de las facciones whig y tory, al igual que el de los arsi y los amhara, el que no se conforma con cumplirse en la categoría de repetición, sino que necesita acendrarse y motivarse asumiendo contenidos racionalizadores y moralizadores pertenecientes a la categoría de la diferencia. Este punto de vista del “agón”, maguer ponga fuera de juego la mejor voluntad, por democrática que quiera pretenderse, hace honradamente plausible el postulado de Carl Schmitt de que la distinción fundamental en política es la de amigo y enemigo.

Por cierto, que es precisamente en España donde tenemos uno de los políticos que mejor sabe que lo más indicado para forjar la propia identidad patriótica distinta y separada de cualquier otra es aliñarse un enemigo, con todo el sabor y autoridad de trescientos años (1714-2014) de cocción. Ese político es En Artur Mas, refundador de Cataluña.

Naturalmente, no todos los miembros de cualquier pluralidad que notablemente se cumpla en la categoría de repetición caen en la tentación de cualificarse mediante notas específicas que los signifiquen e integren en la categoría de diferencia. A esta ambiciosa tendencia hace excepción de entre la pluralidad, indiscutiblemente repetitiva de los clubes de fútbol, precisamente el miembro que se adelantaba a correr en socorro de Artur Mas en su patriótica empresa: el Barça, con su dogma, tan grandioso como generoso y hasta tricentenario: “El Barça es más que un club”.

Los colores distinguen, pero entran en la categoría de repetición, de la que huyen los partidos, por su función diacrítica

Pero acaso lo más interesante de este último paso a la categoría de diferencia de un miembro de una pluralidad de repetición es la circunstancia de que se dé de la manera más exactamente analógica, en miembros de antagonismo deportivo. Así ocurrió, en efecto, cuando los cuatro partidos del circo romano, blancos, rojos, verdes y azules, fueron copiados, hacia el siglo V d.C., por el circo de Constantinopla, reduciéndose de cuatro a dos —tal como parece exigir el más puro paradigma del antagonismo—, los famosos Partidos del Circo: Verdes y Azules, de los cuales uno adoptó la nota específica de “monofisita”, para pasar a la categoría de la diferencia. El antagonismo deportivo parece ser el que mejor cuadra por el modelo del postulado de Carl Schmitt sobre el resorte fundamental de la política: amigo y enemigo.

En este punto se me demandará para que dé razón de qué es lo que ocurre, entonces, con el color de las camisetas por el que se distingue un equipo de otro en la competición; ¿acaso el color no es una diferencia? Virgen Santísima ¿quién podría negarlo? Los colores son la única alegría en este mundo sórdido, lóbrego, ominoso y lleno de dolor. Pero los colores, que sin duda conviven con la más gentil, amorosa, gradual y nunca discontinua compañía en la caja de acuarelas, tienen, no obstante, una función que los condena a la categoría de repetición: la función diacrítica. En el semáforo el rojo no puede ser más que repetición del verde, aunque sea su contrario, y en un partido de fútbol el azulgrana no puede ser más que repetición del blanco.

Rafael Sánchez Ferlosio es escritor.

Claves para el día despues
ALBERTO AYALA. EL CORREO  25 Mayo 2014

· El resultado del 25-M marcará la pugna PP-PSOE, pero también el desafío catalán y el futuro de Euskadi y de Navarra.

Europa renueva hoy su Parlamento. España, a sus 54 representantes en la costosísima Cámara dual de Bruselas y Estrasburgo. Pero el resultado de este 25M tendrá consecuencias en la política interior en el corto y el medio plazo. Desde luego en la pugna por el poder PP-PSOE, y en el liderazgo de este segundo partido. También dejará pistas a escrutar con atención en clave catalana, vasca y navarra, entre otras.

PP y PSOE se han esforzado estas últimas semanas por preservar el bipartidismo. O lo que es lo mismo, por salvaguardar sus intereses y su futuro. Por paradógico que pudiera parecer de entrada, lo han hecho con una campaña de tono bajo tan orientada a llevar a las urnas a los suyos como a evitar movilizar a ese segmento social que podría tener la tentación de castigar a ambos por los recortes y la corrupción, votando a otras candidaturas.

Ese malestar ciudadano unido a semejante estrategia podría propiciar el menor índice de participación de la democracia. Si el porcentaje de ciudadanos que hoy se acerca a las urnas no alcanza ni la barrera psicológica del 40% estaremos ante una evidente crisis. Otra cosa es que, el ganador, sea el PP o el PSOE, lo juzgue de puertas hacia adentro, nunca hacia afuera, como un mal menor en comparación con el triunfo de sus siglas.

Lo inmediato
La victoria permitiría a Rajoy ‘vender’ que los ciudadanos han entendido los sacrificios y afrontar con notable tranquilidad lo que resta de legislatura. Por contra, una derrota haría muy largo el año y medio que falta de mandato. Llevaría a la calle Génova primero los nervios y luego las dudas sobre las recetas a aplicar. No digamos ya si los conservadores se ven en minoría ante la izquierda en sus dos grandes feudos, Madrid y/o Valencia, que controlan desde hace décadas.

El supuesto contrario, el triunfo del PSOE, por apretado y a la baja que pudiera ser, abriría por fin una ventana a la esperanza tras la durísima travesía del desierto de los últimos años. Es más que probable que moviera a Rubalcaba a concurrir a las primarias para tratar de repetir como candidato a La Moncloa, lo que en modo alguno disgusta a Rajoy, al contrario. La derrota propiciaría el inicio inmediato de la batalla interna, seguro cruenta conocido el historial socialista, y de final incierto.

Todo ello si entre ambas fuerzas retienen el grueso de los eurodiputados, digamos que alrededor de 40 de los 54 que elige España. Si la suma de IU, UP y D, los nacionalismos catalán y vasco, y las nuevas formaciones que hoy llaman a la puerta del sistema al calor del enfado social (Ciudadanos, Podemos o Vox) se acercara a la veintena, los dos grandes tendrían motivos añadidos de preocupación y el debate sobre la gran coalición recobraría actualidad. Sobre todo según lo que ocurra en Cataluña.

El socialismo se ha impuesto en cinco de las seis citas europeas en el Principado (CiU lo hizo en 1994) y el voto españolista ha superado tradicionalmente con claridad al nacionalista. Si esta vez las fuerzas independentistas se imponen con mucha o alguna claridad y ERC aventaja por primera vez a la coalición de Mas, la ya de por sí compleja madeja catalana se liará un poco más.

El independentismo
En este supuesto no cabría descartar la entrada más o menos inmediata de los republicanos en el Govern. Un movimiento que, sobre todo, tendría sentido como preámbulo a la confección de una lista independentista única de cara a las elecciones plebiscitarias que seguirán al veto de la consulta secesionista del 9 de noviembre.

En Euskadi, el tempo político es diferente, por el momento. Y es difícil que cambie si el PNV y EH Bildu cumplen sus objetivos mínimos: lograr el escaño sin que cambie la actual correlación de fuerzas. Cualquier otra cosa sería una sorpresa y aceleraría o deceleraría posiciones.

Analizar el resultado de Navarra resultará mucho más arriesgado. La razón, la incomparecencia a las urnas de UPN, la fuerza hegemónica en los últimos años y la que gobierna en minoría la comunidad foral, y de Geroa Bai, la coalición de la que forma parte el PNV, que fue cuarta en las generales.

A ello hay que unir las consecuencias de los escándalos de los últimos tiempos y el torpedo en la propia línea de flotación que supuso el veto de Rubalcaba a la moción de censura promovida por el PSN contra la presidenta Barcina. Lo normal sería que el PP se haga con el grueso de los votantes de UPN y repita victoria. No está tan claro si los socialistas aguantarán o no el tirón de la izquierda abertzale.

Para EH Bildu sería un fracaso quedar en tercer lugar. Ganar los comicios, toda una bomba política. Sumar más votos que el PNV entre Euskadi y Navarra, una posibilidad para nada descartable habida cuenta el nulo peso histórico de los jeltzales en la comunidad foral, que camuflan gracias a la coalición de Uxue Barkos.


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