AGLI Recortes de Prensa   Lunes 26  Mayo  2014

Gana Marx, pierde la poderosa pareja
Alejandra Ruiz-Hermosilla www.gaceta.es 26 Mayo 2014

En España gana votos por doquier el marxismo que desangró media Europa y la derecha más derecha ni respira.

Que el bipartidismo se resquebraja en España es una obviedad que nadie se creía hasta hace unas horas. Hoy es una evidencia difícil de poner en cuestión por más que algunos analistas políticos se empeñen. Que el PP y el PSOE no sumen la mitad de las voluntades de los votantes, es la prueba del algodón.

El dato de participación, mucho mayor de lo esperado y mayor que en 2009, certifica el descalabro de los grandes, que deberían haberse beneficiado de ese escaño caro en votos, pero que no han podido rentabilizar porque los partidos pequeños y nuevos han movido a los ciudadanos hasta las urnas con ímpetu superior al de Arias Cañete y Valenciano, incluso juntos.

La gran sorpresa la ha dado Pablo Iglesias y su formación Podemos, que se estrenaba en estos comicios y casi iguala a Izquierda Unida. Ha superado a la formación magenta de Rosa Díez y a la Plataforma Ciudadanos de Albert Rivera.

Así se explica dónde han ido a parar los dos millones quinientos mil votos que ha perdido el PSOE. Lo que es más difícil de explicar es dónde están los dos millones seiscientos mil votantes que han abandonado al PP. Vox no ha llegado a los 250.000 y el resto de partidos a la derecha de los de Génova no suma no 50.000 votos. Incógnita, porque ya sabemos que los electores no se han quedado en casa. O no, porque también sabemos que las gentes de derechas votan con frecuencia opciones que, siendo de izquierdas, lo parecen menos por la defensa cerrada que hacen de la unidad de España. Luego, en materia económica son liberales y en políticas sociales, de izquierdas, pero llevan piel de cordero conservador.

Y así pasa en España, que gana votos por doquier el marxismo que desangró media Europa y la derecha más derecha, que en siete socios de la UE se mueve en torno al 20 por ciento de los votos, aquí ni respira. Radicalismos sólo nos gustan de un signo. En realidad de dos, que a la hora de elegir formación nacionalista a la que votar también han gustado más ERC y EH-Bildu que CiU y PNV. Al final, la lectura es parecida: mejor un nacionalista de izquierdas que un nacionalista de derechas.

Al resto de la UE nos parecemos, eso sí, en dar la victoria al Partido Popular, a los liberal-conservadores frente a los socialdemócratas, que se quedan a 27 euroescaños de los populares. En España se han quedado a dos, pero es que repartimos menos.

El batacazo
Giro a la izquierda de España
Almudena Negro  www.diariosigloxxi.com 26 Mayo 2014

Giro a la izquiera que recuerda el camino que COPEI y Acción Democrática siguieron en Venezuela, y que dio como resultado la dictadura de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Los españoles quieren más Estado, más intervención, más gasto público. Una desgracia.

Que tanto PP como PSOE iban a sufrir un duro correctivo por parte de sus respectivos electorados en unas elecciones en las que el españolito cree no jugarse nada y tan dadas a experimentos, como cuando en aquella ocasión la derecha mandó a Ruiz Mateas a Bruselas, estaba cantado. Empero, el batacazo de ambas formaciones ha sido mucho mayor de lo esperado.

En Génova 13 todos confiaban en ganar a los socialistas. De hecho, han ganado. Amarga victoria. El más agorero de los portavoces oficiosos del PP le adjudicaba al socio europeo de Angela Merkel, incluso horas antes de conocerse la decisión del electorado, un mínimo de 18 escaños. Las encuestas publicadas hasta ahora, todas ellas erradas –algunos deberían de meditar-, parecían ratificar la cuestión. Pero han sido 16, frente a los 24 obtenidos en 2009. Carlos Iturgáiz, fiel escudero de Jaime Mayor Oreja, sólo ocupará escaño si la lista corre. No sé yo si eso a los de Rajoy, que no entienden nada, les preocupa.

Patética intervención la de María Dolores de Cospedal y su candidato, Miguel Arias Cañete, pasadas las 11 de la noche, quienes, lejos de reconocer el castigo de sus votantes, se deshicieron en excusas políticamente correctas, perfectamente pronunciadas en ese politiqués que no habla el pueblo. Paradigmática intervención, que explica perfectamente, junto con la traición a sus votantes, que hasta ayer el PP parecía despreciar, el resultado obtenido. Resultado que en las próximas autonómicas y municipales podría significar perder la mayor parte de su poder territorial, Madrid inclusive.

Elena Valenciano, más pragmática, reconocía ayer que los 14 escaños –en 2009 obtuvieron 23 asientos en el parlamento europeo- “son un mal resultado”. Hoy mismo podría haber consecuencias. No son pocos quienes exigen que Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien se le acaban de chafar los planes sucesorios para solaz de Madina, Chacón y hasta Tomás Gómez, convoque Congreso y se vaya a su casa. El terremoto en la formación que fundara Pablo Iglesias, está garantizado.

Los vencedores de la noche resultaron ser, por una parte, los estalinistas de Pablo Iglesias, el tertuliano de La Sexta que se ha llevado de calle, con una campaña digital y moderna, a los jóvenes y se ha colocado como cuarta fuerza política, tercera en el Madrid de Esperanza Aguirre. Y ello para horror de Izquierda Unida –menudo mosqueo tenían- y UPyD –otros que están ya fuera de la realidad-, que suben pero poco pueden presumir después de que el novato les haya robado la merienda.

Por otra parte, los Ciudadanos de Albert Rivera, quienes obtuvieron 2 escaños. Javier Nart y Juan Carlos Girauta, qué diferentes pero qué iguales, irán a Europa. Se lo merecen. Al fin y al cabo, son la única voz en defensa de la libertad y la nación española que se escucha en el parlamento de Cataluña. Una Cataluña en la que ERC ha ganado a CiU y que vulneraba la normativa electoral, ofreciendo en Twitter los resultados de escrutinio de las mesas electorales catalanas antes de las 23:00 horas. Malos resultados los obtenidos por VOX, la escisión del PP, que aspiraba a mantener a Alejo Vidal Quadras en Bruselas. Les faltaron los votos que ha obtenido la formación presidida por Francisco Alvarez Cascos, quien les ofreció por carta –fitlrada a los medios desde VOX- ir en coalición. Pero sólo tienen 4 meses de vida. Si aguantan, pueden.

Europa sí, pero no así
Jose Javier Esparza www.gaceta.es 26 Mayo 2014

El hundimiento del voto de la derecha es palmario: puede afirmarse que a quien más ha dañado la abstención es precisamente al PP.

Más del 70% de las normas que nos afectan todos los días se deciden en Europa, nos han dicho los políticos durante esta campaña. Cerca del 60% de los ciudadanos europeos se han abstenido en estas elecciones. En España ha votado el 45,58%, y la cifra se enuncia como un milagro de compromiso (aunque todo el mundo sabe que se debe a la movilización del voto separatista catalán). En Francia ha votado el 40,6%. En términos globales –datos del propio Parlamento Europeo-, la participación ha sido del 43,1%. Es menos de la mitad del electorado, y no es irrelevante constatar la obviedad.

El dato es muy significativo porque el Parlamento Europeo, aun con todas sus limitaciones legislativas, es la única instancia de gobierno europeo –la única- que obedece al voto ciudadano. Es imposible no concluir que a la mayoría de los europeos no les moviliza lo más mínimo el proyecto de la Unión. El discurso oficial, en España y en todas partes, insiste en la legitimidad de un quórum tan magro. Vale, será legítimo, pero no se puede ignorar la realidad: el proyecto europeo vigente apenas motiva a los ciudadanos. Otra realidad que nadie negará: en buena parte de los países, España incluida, lo que se ha votado no es tanto “Europa” como el propio patio doméstico.

Ahora bien, el hecho de que se haya votado según criterios domésticos no significa que la cuestión europea quede al margen de las preocupaciones ciudadanas. Precisamente el descontento con Europa ha sido el motor del voto en muchos casos. El ejemplo más espectacular es el de Francia, donde el Frente Nacional de Marine Le Pen triunfa sobre centristas y socialistas. Marine Le Pen ha cimentado su campaña sobre una melodía que podríamos enunciar como “Europa sí, pero no así”. En la misma onda se sitúan el UKIP británico, Alternativa por Alemania, los liberales austriacos y el Jobbik húngaro, partidos todos ellos que conocen un crecimiento significativo. Va en idéntico sentido, aunque en el lado izquierdo, el triunfo de Syriza en Grecia. Todo esto significa que el bloque “euroescéptico” en el nuevo parlamento va a ser más poderoso que nunca. Y a efectos de análisis, habrá que aceptar –y ya iba siendo hora- que la pregunta acerca de la viabilidad del actual proyecto europeo es perfectamente legítima. No hay nada malo –al contrario- en cuestionar si el euro, los ajustes del Banco Central, la omnipotencia de la burocracia de la Unión y demás artillería bruselense son realmente lo que los europeos necesitamos.

Estas consideraciones valen también para España. Los dos partidos que han abanderado el proyecto europeo desde los años 80, que son el PSOE y el PP, sufren un batacazo espantoso en estas elecciones. Hace cuatro años, PP y PSOE tenían 47 escaños; ahora tienen 30 de los 54 en juego. Inversamente, ganan fuerza los separatistas de todos los pelajes y emerge una fuerza a la extrema izquierda que con toda seguridad bebe en los decepcionados del socialismo.

El hundimiento del voto de la derecha es palmario: puede afirmarse que a quien más ha dañado la abstención es precisamente al PP, pese a su exigua victoria. Capón, pues, a Rajoy, que en rigor debería replantearse esa política suya de concienzuda destrucción de la derecha social, a la que ha desmovilizado hasta el desarme total. Y el crecimiento del voto de la ultraizquierda, articulado en torno a “Podemos” y a Izquierda Unida (juntos, un 18% del total), arroja sobre el tapete una novedad que sólo puede interpretarse con alarma. No es en absoluto tranquilizador que el descontento social empiece a canalizarse a través de formaciones que, por sectarias, constituyen una amenaza para la convivencia. Buena parte de la responsabilidad hay que imputársela a la mayoría mediática, que desde hace casi cuarenta años viene reprimiendo con vehemencia cualquier aventura política en la derecha, pero que, al contrario, otorga una indulgencia sin límites a la izquierda radical.

Resumen general: miremos donde miremos, el horizonte repite el eslogan de “Europa sí, pero no así”. En España, la impotencia de populares y socialistas para ejecutar una política de reconstrucción nacional ha desembocado en un mapa fragmentario donde sólo ganan los separatistas y la ultraizquierda. Y en el conjunto de Europa, el engrosamiento de los contestatarios debería llevar a Bruselas a reconsiderar una política que provoca tanta abstención y tanta disidencia. No es esto, no es esto.

España mañana será venezolana
Pedro de Hoyos Periodista Digital 26 Mayo 2014

Si uno se para a pensar cuál es el mensaje de los electores a los grandes partidos puede perderse en una profusión de ideas a veces contradictorias. Evidentemente el mensaje de la izquierda nos es el mismo que el de la derecha.

Lo primero que cabe destacar es que España se siente más de izquierdas que de derechas; o que es más fácil movilizar a los más radicales, aquellos que quieren cambiar el status quo, que a los que viven despreocupados del estado de las cosas, que tal vez desean el mantenimiento del sistema tradicional. La izquierda sociológica se ha movilizado, ha salido de casa y ha ido a las urnas encumbrando a los hijos cabreados del PSOE. Si en el resto de Europa el ascenso de la derecha radical es la noticia, en España la noticia es el ascenso de I.U. y sobre todo de Podemos, partido sustentado por fondos iraníes y venezolanos. Si ese es el futuro que nos espera malditos sean los electores. Hijos de Hitler en el caso europeo, hijos de Stalin en el caso español. Aviados estamos.

Al PSOE le han abandonado los suyos, le han hecho pagar su participación en la crisis negada por Zapatero y combatida con las mismas medidas que ha aplicado el PP. La izquierda sin duda ha considerado tibia la postura de Rubalcaba. Poco “obrerismo” al parecer. Los tiempos que se avecinan serán de más populismo y más izquierdismo para recuperar sus votantes de otras ocasiones, en un mundo que no permite determinados experimentos, en un mundo que aún no ha inventado una alternativa al capitalismo salvaje que nos ha llevado a seis millones de parados o al socialismo angustioso y liberticida.

Que buena parte del éxito de este nuevo partido venga avalado por su presencia en dos televisiones que antes le hacían el caldo gordo al PSOE significa lo abandonado que le han dejado los medios que antes le sustentaban. Convendría observar la evolución de los mensajes de estas televisiones, las conversaciones ocultas que se cruzarán y cómo evolucionarán los apoyos mutuos que unos y otros se cruzarán en el futuro. ¿Quién depende más del otro, los partidos de los medios o los medios de los partidos? ¿Habrá vendetta?

Al PP también le han abandonado buena parte de los suyos. Que Vox haya estado a punto de alcanzar el Parlamento europeo, sumado a los votos de Ciudadanos y UPyD, demuestra el descontento por la pérdida de unos productos típicos de la derecha (si me dejan exagerar: “Dios, Patria, Rey”) y que los votantes del PP no sólo quieren la resurrección de la economía a toda costa, sino que son votantes con otros valores más habituales en la derecha tradicional y que el PP de la macroeocnomía y las estadísticas onanistas ha descuidado.

Aunque cabe poner en duda que estos resultados puedan trasmitirse a unas elecciones nacionales Europa tiene un problema y España otro. El castigo a los partidos mayoritarios ha sido enorme. Habrá que saber si sólo es un aviso o si tiene más calado: mientras Europa se desahoga votando a la ultraderecha en España votamos a la ultraizquierda. España mañana será venezolana. A modelnos no nos ganará naide

Pésimos presagios
EDITORIAL Libertad Digital 26 Mayo 2014

Las urnas han arrasado con los pronósticos y provocado una auténtica convulsión en el panorama político nacional: a la espectacular sangría electoral de los dos grandes partidos se une la impresionante emergencia de la extrema izquierda y del nacionalismo radical y filoterrorista. El escenario, ciertamente, es de pesadilla.

PP y PSOE han cosechado lo que vienen sembrando desde hace tantos años: unos resultados irrisorios fruto de sus mil enjuagues, traiciones e incompetencias. Si estos resultados marcaran tendencia, el bipartidismo que ha conformado la vida política de los últimos decenios podría tener los días contados. Quizá ni siquiera pudiera salvarlo un Gobierno de concentración. El futuro se presenta especialmente tremebundo para un PSOE desnortado y con la extrema izquierda absolutamente salida de madre. El PP, en cambio, tiene el consuelo de ver cómo se ha estrellado Vox, el principal proyecto del regeneracionismo liberal-conservador. Una pésima noticia que incluso puede reforzar a Rajoy, que podría presentarse como valladar frente al extremismo antisistema y seguir perpetrando agresiones de todo tipo contra los principios y valores que en teoría debería abrazar su partido.

Para colmo de males, las fuerzas más encarnizadamente antiespañolas salen reforzadas de este envite, con resultados terroríficos en País Vasco, Navarra y Cataluña. El escenario en estas regiones se torna estremecedor.

Por el lado positivo apenas podemos consignar los resultados de UPyD y Ciudadanos, merecida recompensa a su defensa infatigable de la unidad de España y de su lucha contra quienes quieren destruirla y quienes han permitido que se haya llegado a estos extremos de desvertebración nacional.

Estos comicios no van sino a ahondar la inestabilidad política que padece la Nación desde hace ya demasiado tiempo. España vive una de sus horas decisivas y los problemas, lejos de irse solucionando, se van enmarañando y agravándose. Es la hora de los liderazgos fuertes y decididos. Liderazgos que sólo exhibe la extrema izquierda y el nacionalismo sedicioso. No hay manera de atenuar la gravedad del desafío.

Elecciones europeas
Terremoto electoral
José Luis González Quirós Libertad Digital 26 Mayo 2014

Las elecciones europeas que ayer se celebraron en España han supuesto un auténtico terremoto electoral cuyas repercusiones serán profundas y duraderas. El descalabro de los dos grandes partidos es mayor aún del que resultaba previsible y ninguna maniobra de maquillaje hará posible que se olvide. Ya pueden esforzarse la vicepresidenta y la secretaria general –y presidenta de Castilla La Mancha, que es mujer de inagotables capacidades– en disimular el descalabro, que la herida inferida al PP de Rajoy no se cura con monsergas. Tampoco el PSOE está para bromas, pero al menos no se empeña en presentar el resultado como un éxito.

El electorado español ha girado a la izquierda de manera espectacular y ese es un mérito que nadie podrá disputarle al Gobierno de Rajoy, que ha conseguido que el PP aparezca como un partido en liquidación, o al menos eso es lo que van a pensar desde esta noche los miles de cargos electos que se ven en la calle en los próximos meses, porque no cabe esperar que este desastre amaine por arte de birlibirloque. En Madrid, por ejemplo, donde se han perdido casi la mitad de los votos respecto a las elecciones europeas de 2009, se antoja punto menos que imposible mantener el Gobierno de la Comunidad y la victoria en los grandes ayuntamientos.

Si la derecha hubiese obtenido este resultado después de acometer reformas de auténtico calado, tal vez cabría una disculpa, pero conseguir el ascenso de una izquierda radical y el abandono de un altísimo porcentaje de los votantes propios por no haber hecho nada medianamente serio no es un mérito al alcance de cualquiera. El panorama se describirá como de crisis del bipartidismo, porque somos muy dados a repetir los tópicos, pero lo que es realmente espectacular es el destrozo de la sólida mayoría política del PP a cambio de nada.

Es verdad que aparecen pequeños partidos, pero sobre todo en la extrema izquierda. El Gobierno de Rajoy y sus habilidosas terminales mediáticas se han encargado de silenciar a Vox, consiguiendo dejarlo fuera de la Eurocámara por menos de dos décimas, y de potenciar a Podemos, seguramente con el astuto propósito de perjudicar a la izquierda. Dejando aparte que esto se parece a provocar un infarto para combatir un cáncer, muestra bien a las claras las delirantes maniobras que, al parecer, se enderezan exclusivamente a poder seguir diciendo que el PP ha ganado las elecciones.

Seguramente se dirá que las urnas expresan el desafecto de los ciudadanos por cualquier conjunto de razones, hay donde escoger, pero sería hacer un reconocimiento cicatero de los méritos del Gran Timonel, sea quien fuere, porque no conviene olvidar que el PP ha desaparecido prácticamente del País Vasco y de Cataluña, mientras que ERC gana por primera vez unas elecciones generales en esta última región. Se trata, por tanto, de algo más que un desastre, es un terremoto de proporciones desconocidas, aunque de causas bastante obvias. Resulta que, cuando las cosas se hacen mal y contra lo que se ha dicho que se haría, los propios te abandonan y los contrarios te toman por necio, porque les parece, con razón, que Montoro no es la persona más adecuada para hacer la política de izquierdas que ha venido haciendo. En esto, al menos, tendríamos que ponernos todos de acuerdo.

Los doce errores que una casta política no puede cometer, sin morir en el intento
Luis del Pino Libertad Digital 26 Mayo 2014

1) No exprimas a la ciudadanía hasta la extenuación. No cargues todo el peso del ajuste sobre las espaldas de los ciudadanos, para no tocar los diecisiete chiringuitos en que has convertido el estado autonómico. Con ello, solo consigues empobrecer a la gente para mantener tu negocio. La gente empobrecida siente la tentación de abrazar el extremismo. Si además comprueba lo bien que tú sigues viviendo, normalmente se deja caer en esa tentación.

2) No traiciones tus señas ideológicas de identidad. Si eres socialista, no indultes banqueros, ni reduzcas las pensiones. Si eres conservador, no liberes terroristas, ni mantengas leyes de aborto libre. Aunque tú solo te muevas por dinero, muchísimos electores creen sinceramente en una serie de valores ideológicos.

3) No trates a tu electorado como si fuera imbécil. Si traicionas tu programa electoral, no intentes encima convencer al votante de que no es cierto lo que está viendo con sus propios ojos. Aunque tú creas que sí, la mayoría de la gente no tiene un pelo de tonta.

4) No pienses que puedes controlar lo que ya no controlas. Aunque no lo creas, ya no vivimos en la era del papel y de la TV. Y aunque pienses que puedes controlar a la opinión pública quitando y poniendo directores de periódico, o a base de concesiones de licencias y publicidad institucional, la Red permite hoy en día a los ciudadanos organizarse, superar cualquier bloqueo informativo y conocer la realidad que tú tratas de ocultar.

5) No perviertas tus instrumentos de medida. Has convertido los organismos y empresas de análisis demoscópico en simples herramientas de manipulación de la opinión pública. En consecuencia, has terminado haciéndote trampas al solitario y creyéndote tus propias predicciones inventadas. Pasó con las últimas elecciones autonómicas catalanas y ha vuelto a pasar en las europeas.

6) No cierres las válvulas de escape de una olla a presión. La tensión acumulada termina encontrando vías de salida, a veces de forma explosiva. Has hecho, por ejemplo, lo posible y lo imposible para evitar que te salieran fuerzas contestatarias de derecha moderada, con lo cual has terminado consiguiendo que te salga una contestación de extrema izquierda. Como suele decirse: "ahí la tienes, báilala".

7) No sobrevalores la aversión al caos. Como dice Huerta de Soto, el Imperio Romano cayó porque los gobernantes consiguieron que el ciudadano terminara prefiriendo ser invadido por los bárbaros. Si dices "¡Que vienen los extremistas! ¡Vótame a mí, que soy moderado!", la cosa puede funcionar. Pero lo que no funciona nunca, por ejemplo, es el mensaje "¡Que vienen los extremistas! ¡Vótame a mí, que soy un perfecto ladrón!".

8) No desprecies el valor de lo simbólico. En tu afán por consolidar el estado autonómico en el que se basa tu negocio, has tratado de eliminar cualquier referencia simbólica a España. Y ahora te encuentras con que no tienes ningún argumento con el que pedir a la gente sacrificios: ¿por quién va a sacrificarse la ciudadanía, aceptando ajustes duros? ¿Por ti? ¿Por el partido? ¿Por la Monarquía? ¿Por la República Confederal? ¿Por Europa? Nadie se sacrificaría por nada de eso. Sin embargo, sí serían capaces de hacerlo por su país.

9) No sobrevalores el papel de la propaganda. Por mucho que te empeñes en repetir que "hay brotes verdes", que "la recesión ha terminado" o que "hay alegría en las calles", la gente va a comprar todos los días, y sabe cuánto le dura su sueldo, y habla con sus amigos y con sus familias. Las mentiras flagrantes solo convencen a los que de todas formas te habrían votado, aunque no las dijeras.

10) No mates a la gallina de los huevos de oro. Si eres corrupto, trata al menos de moderarte. No puedes saquear en comandita las cajas de ahorros, y encima desahuciar a decenas de miles de personas, y encima estafar a centenares de miles con las preferentes, y encima hacer que todos ellos paguen con sus impuestos el agujero generado. Las cosas, los bolsillos y el aguante de la gente, dan de sí lo que dan de sí.

11) No desprecies el valor de los sacrificios rituales. Cuando el dios de la opinión pública se encoleriza por el estado de corrupción generalizada, no te queda más opción que aplacarlo. Y eso exige soltar lastre. No puedes pretender calmar a la ciudadanía colérica, si ningún corrupto va nunca a la cárcel o si conviertes la institución del indulto en una garantía perpetua de inmunidad.

12) No confundas el laboratorio con la realidad. La ingeniería social también tiene sus límites, como la civil: los límites que impone la propia sociedad que se quiere transformar. Si un terreno no ofrece una base adecuada para construir una presa, construirla es un suicidio. De la misma manera, mantener, por ejemplo, hojas de ruta de confederalización sin apoyo social en toda España, equivale a un suicidio colectivo, como estás teniendo ocasión de comprobar.

Los europeístas no pueden permitir que los extremistas rompan la UE
Editorial El Mundo 26 Mayo 2014

EUROPA se convirtió ayer en el escenario de un terremoto político: el auge de la extrema derecha y de partidos contrarios a la UE. El ejemplo más preocupante se vivió en Francia, donde el Frente Nacional de Marine Le Pen avasalló ganando las elecciones, y en Reino Unido con el éxito del Ukip. También el ultraderechista danés fue el más votado en su país y lo propio consiguió la izquierda radical de Syriza en Grecia. Los neonazis griegos de Amanecer Dorado y los ultraderechistas austríacos se erigieron como la tercera fuerza de su país. E igual de alarmante resulta que en Alemania un partido heredero del nazismo haya conseguido un escaño. Formaciones contrarias a la UE, con alegatos antisistema, que abogan por reducir o prohibir la inmigración e incluso la libre circulación y, sobre todo, ponen en riesgo la unión política. Es decir, el auge de partidos que sólo provocan inestabilidad en Europa.

Los grupos encargados del buen funcionamiento de la UE no consiguieron sus mejores resultados. Hasta la coalición de Merkel, que, pese a ganar, firmó ayer sus peores números. El PS de Hollande, que tenía la difícil tarea de recuperar la confianza de los galos, se ha visto relegado a un remoto tercer puesto. Francia es uno de los valedores y promotores de la Unión. «Los franceses ya no queremos que nos gobiernen desde fuera», ha dicho tan pronto conoció los resultados Le Pen. La perdedora de estos comicios puede ser la unión de Europa.

Pero pese a ello y a los agoreros de la abstención, que satisfactoriamente se saldó con el primer crecimiento de participación en unas europeas (una décima), el PPE y Juncker se alzaron con la victoria con 211 escaños (63 menos que en 2009) seguidos muy cerca de los socialdemócratas con 193 (sólo baja 3). Los soberanistas y eurófobos han conseguido 168 escaños (47 más). Socialistas y populares están obligados a pactar para elegir al presidente de la CE.

Aunque la fragmentación del voto de los euroescépticos irá en su contra, los partidos europeístas no pueden obviar su avance, ya que hacerlo sería una irresponsabilidad. Tienen que convencer a la sociedad de que pueden trabajar por Europa mediante eficaces políticas sociales y económicas. Es el único camino para cerrar la puerta a las formaciones antieuropeas y evitar un nueva alarma.

Elecciones europeas
El agónico ocaso de la sociedad abierta
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 26 Mayo 2014

La socialdemocracia europea se construyó sobre un consenso ideológico profundamente antiliberal, hijo bastardo del pacto silente entre comunistas y fascistas. Sin embargo, la administración de esa socialdemocracia consensuada recayó sobre unas élites presuntamente tecnocráticas que renunciaron a cualquier discurso ideológico en aras del turnismo gubernamental. Ningún partido mayoritario osó jamás disputar las bases de ese consenso, dando la batalla de las ideas y de los valores: al contrario, se limitaron a asimilarlo con el propósito de maximizar sus opciones de acceder y mantenerse en el poder. De hecho, todos aquellos que lo combatían, que pugnaban por plantear un debate más de fondo cuestionando la esencia misma de los valores y las ideas socialdemócratas, eran directamente tildados de antisistema: cuando, en verdad, los mayores antisistema eran aquellos que se obstinaban en blindar un sistema claramente fallido.

A la postre, semejante circo político funcionó mientras la calidad de la gestión socialdemócrata no era cuestionada por el conjunto de la población. Mas en cuanto el pan ha comenzado a escasear, ha bastado con que unas pocas formaciones de inspiración fascista o comunista articularan un discurso mínimamente ideologizado para que la fallida tecnocracia se ponga a tiritar. No sólo en España, sino en casi toda Europa.

Acaso muchos opten por responsabilizar a la crisis del ascenso de formaciones filocomunistas y filofascistas. Y, ciertamente, la falta de pan tiene su porción de responsabilidad. Pero el problema de fondo es otro: si la mayoría de la población asocia crisis con la necesidad de un mayor antiliberalismo es porque las ideas antiliberales llevan décadas siendo absolutamente mayoritarias en Europa; es decir, si la incertidumbre trata de combatirse con mayor estatismo es porque hemos interiorizado el discurso de que el Estado es providente y la libertad una amenaza. A diferencia de otras etapas históricas, nuestro problema no es que el Leviatán haya aprovechado la crisis para crecer, sino que la mayor parte de la población le ha implorado al Leviatán que crezca.

No en vano, el fondo del discurso de las formaciones antiliberales que han ascendido con fuerza en casi toda Europa, y también en España, es idéntico: la honda aversión a la sociedad abierta y a sus valores de tolerancia, diversidad y voluntariedad. Desde el Frente Nacional en Francia azuzando el odio contra los inmigrantes a Syriza en Grecia avivando el odio contra los capitales extranjeros, pasando por los distintos grupos de extrema izquierda que han emergido en España, todos intentan asfixiar y reprimir con gran radicalidad los pocos recovecos de libertad que todavía no habían sido barridos por el consenso socialdemócrata que ha gobernado Europa desde la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Pero su ascenso no se debe a que los liberales se hayan quedado en casa, sino a que apenas existen. La mayoría de europeos no piensan sustancialmente distinto hoy que hace diez años; el núcleo de sus ideas sigue siendo el mismo: la diferencia es que hace diez años tenían el estómago lleno y hoy no, con lo que han optado por declinar su apoyo a la tecnocracia y abrazar partidos ideológicamente afines pero más radicales.

Así las cosas, el liberalismo lo tiene harto complicado en Europa: las ideas liberales han sido absolutamente barridas de la escena política durante el último medio siglo, machacadas por el consenso socialdemócrata erigido en torno al dadivoso y corruptor Estado de Bienestar. Reconstruirlas no es cuestión de años, sino de décadas: y décadas es justo de lo que carece este Viejo Continente. Pues es viejo en el peor sentido del término, a saber, cortoplacista, mortecino y sin ilusión por el futuro; la tentación del antiliberalismo es justo la de consumir el capital acumulado durante generaciones en Europa, cual tercera generación de nuevos ricos que dilapida la fortuna familiar: una creciente generación de jubilados que tan sólo aspiran a seguir cobrando su pensión garantizada por el Estado y una menguante generación de jóvenes desanimados y sin aspiraciones cuya opción más racional es deglutir políticamente el capital legado por sus padres.

El riesgo, aclarémoslo, no es el de una revolución convencional, que a nadie interesa: el riesgo es el de apuntalar y reforzar el actual régimen extractivo con un legitimador barniz de regeneración democrática. Un sofisticado chavismo a la europea que renueve la arena del circo y vuelva a repartir pan a costa de nuestra libertad presente y prosperidad futura. Los partidos mayoritarios han claudicado a la hora de combatir ideológicamente esta senda de degeneración estatista: en esencia, porque el fondo de su discurso es el mismo. Su esperanza por conservar la poltrona pasa por que la recuperación económica se intensifique y la radicalización de los movimientos antiliberales se modere: pero cuanta más fuerza cobre la radicalidad antiliberal, menos bases quedarán para una recuperación sostenible y no sufragada mediante el expolio y la destrucción generalizada de capital (impagos, devaluaciones, inflaciones, controles de capitales, aranceles, incrementos de impuestos…).

Una pescadilla que se muerde inquietantemente la cola y ante la que los liberales sólo nos queda ofrecer una numantina resistencia ideológica que bregue tanto contra el socavado consenso socialdemócrata cuanto contra las energizadas excentricidades filofascistas y filocomunistas. Eso y, una vez superado el límite personal que razonablemente le impongamos al heroísmo, el exilio.

Un país sin referentes morales
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 26 Mayo 2014

“Independientemente de los móviles de este asesinato, hay algo que me sorprende en mí mismo: no haber experimentado ninguna emoción particular por la muerte de una persona que pertenece a un partido político al que voté en las últimas elecciones generales. Sin duda, cuando se vota a un partido se establece algún tipo de vínculo emocional con quienes representan ese partido. El votante deposita su confianza en una organización, cuya garantía última son las personas que la componen, y es aquí donde, creo, se produce ese vínculo (…) He oído que en internet se dijeron cosas terribles sobre este asesinato, pero lo que sobre todo me ha sorprendido ha sido mi propia indiferencia emocional, aunque moralmente lo condene (…) Me parece un síntoma de que algo está pasando en las relaciones entre los representados y los representantes políticos. Se han distanciado tanto, tan aislados están en su mundo, que los vínculos emocionales se han roto. Es como si hubiéramos asistido a la muerte de un marciano (…) Todo esto me parece algo inquietante; es un signo que habla de la indiferencia del mal, de cómo el mal puede llegar a ser rutinario sin generarnos conflicto emocional alguno”.

El párrafo transcrito pertenece a un post, firmado por “modesta”, del foro correspondiente a una noticia aparecida en Vozpopuli el pasado lunes 19 relacionada con el asesinato de Isabel Carrasco, y es uno de los textos –una auténtica flor en el inhóspito erial de las redes sociales- que más me han hecho cavilar en los últimos días. Aproximación deslumbrante en su sincera crueldad a la situación de una sociedad que, a la ausencia de referentes morales, ha unido en los últimos años el divorcio, la ruptura profunda entre votantes y votados, representantes y representados, entre partidos y ciudadanos. Una radiografía perfecta de los males de una ciudadanía desengañada, descreída, estafada por la realidad de un presente cuya dureza jamás llegó a imaginar hace apenas unos años, cuando todos nos pensábamos ricos, y los ciclos y las crisis eran cosa del pasado remoto y ante nosotros se abría una autopista hacia el cielo del eterno crecimiento económico.

A falta de liberales, la práctica totalidad de las reformas emprendidas por el PP se han quedado a medio camino
La reflexión es más oportuna que nunca en un día como hoy, en el que los españoles están llamados a las urnas para elegir a sus representantes en un proyecto que, con Europa en plena crisis, adquiere tintes de manifiesta irrealidad. Cuando dentro de unas décadas, los historiadores hagan recuento de estos años seguramente coincidirán en que la consulta del 20 de noviembre de 2011 fue la última oportunidad que millones de españoles, que estaban dispuestos a aceptar cualquier sacrificio, se dieron para enderezar el rumbo de una España que se había ido a pique bajo la doble presidencia de un tipo cuyo nivel de incompetencia había rebasado ampliamente la importancia del cargo. Pronto esas esperanzas se vieron defraudadas. De espaldas a su programa, el nuevo Ejecutivo debutó con una brutal subida de impuestos, particularmente del IRPF, que ha comprometido el nivel de vida de las amplias clases medias. La práctica totalidad de las reformas emprendidas por el PP se han quedado a medio camino, como corresponde a un Gobierno en el que, a falta de liberales, cohabitan todas las tribus que pueblan el espectro de la derecha española, desde socialdemócratas a conservadores puros, pasando por estatistas convencidos. Todo a medio gas, todo mediocre, todo triste. “La espaciosa y triste España” del verso de Fray Luis de León. Todo infinitamente lejos del golpe de genio de ese líder capaz de abordar con valentía las reformas de fondo, económicas pero sobre todo políticas, que reclama la situación terminal de un régimen, ¡ay, la famosa Transición!, que ha llegado exhausto hasta aquí, con la propia Corona encabezando el ranking de una corrupción galopante.

Un cabreo existencial y económico
Peor que eso. La labor de este Gobierno se ha visto, además, privada de la auctoritas necesaria por el escándalo de corrupción descubierto en las sentinas del propio partido en la calle Génova, un episodio que en una democracia sana (“Resiste Luis, hacemos lo que podemos pero no es fácil”) hubiera forzado la dimisión de su Presidente. La consecuencia de ese escándalo, sumado a la innata incapacidad de Rajoy y su equipo para satisfacer las altas exigencias puestas en él por tantos españoles, su condición de mero gestor agazapado ahora en espera de que la recuperación selle todos los problemas y haga olvidar las miserias políticas del régimen, ha venido a significar el cierre del círculo del desengaño colectivo. Todas las esperanzas se han esfumado. Todos los puentes entre gobernantes y gobernados se han roto, y en su lugar se ha instalado una desconfianza que bordea el desprecio, incluso el rencor. Como decía “modesta”, se han roto los vínculos emocionales entre los ciudadanos y su clase política.

El cabreo del ciudadano con sus políticos no es algo meramente existencial. Es también económico, de pérdida de nivel de vida y de oportunidades de futuro, de esa ausencia de perspectivas que obliga a jóvenes de brillante currículum a buscar trabajo en el extranjero. Rara será la familia española que de una u otra forma no haya sido castigada por la crisis y sus escándalos, bien con la desaparición, total o parcial, de sus ahorros en “preferentes” y otros vehículos de inversión con sabor a estafa, bien con la pérdida del puesto de trabajo, la extra de Navidad o los recortes salariales. Pero mientras las familias se apretaban el cinturón, en la acera de enfrente los españoles asistían perplejos al espectáculo del rescate financiero, más de 60.000 millones de dinero público, de unas entidades cuyos dirigentes se lo han llevado crudo a la vista del tendido. Espectáculo de una obscenidad que raya en el esperpento y que esta misma semana ha tenido uno de sus episodios más llamativos con el juicio a los rectores de Caixa Penedès: cuatro señores se adjudicaron 31,6 millones en planes de pensiones porque “no haberlos cobrado hubiera supuesto una discriminación respecto al resto de trabajadores de la entidad”.

Nada sería igual sin la pobreza de nuestra casta política. No hay liderazgos. No hay referentes morales
De modo que la gente ha perdido el respeto… y la paciencia. Y donde antes la buena educación o los principios morales imponían la tolerancia como norma, ahora aletea airado el deseo de zarandear el Audi donde viaja ese poder lejano y esquivo, o se descarga en twitter la rabia de quien se alegra por el vil asesinato de una política, y las redes sociales navegan cargadas de improperios, y los foros se inundan de insultos y todo se retuerce, se envilece, se encanalla. Nada sería igual sin la pobreza de nuestra casta política. No hay liderazgos. No hay referentes morales. En una de las mayores crisis de su historia reciente, España se ha topado en el puente de mando con la clase política más feble. Su pobreza, intelectual y moral, desmiente de largo el aserto de Bertrand Russell, según el cual en una democracia los elegidos nunca pueden ser peores que los electores, porque si lo fueren, éstos serían todavía peores por haberlos votado. La mala suerte de España con sus políticos ha sido un tópico proverbial de nuestras elites, desde Larra aOrtega, pasando por Baroja y muchos más. Uno de los “males de España” estaba, según Azaña, en la incapacidad para conseguir formar una clase dirigente capaz de encarrilarnos por la senda de un país democrático, educado y culto. El problema se ha ido agravando desde el inicio de la Transición a esta parte, con los partidos convertidos hoy en agencias de colocación de fieles “domesticados”, en expresión también de Azaña, cuya vida laboral ha transcurrido siempre en el aparato, que tendrían difícil encontrar un buen empleo en el sector privado.

Felipe González como enlace entre clase política y gran empresa
En este marco votan hoy los ciudadanos para elegir a sus representantes en Europa. Pero el problema de los españoles no es Europa, sino España. Lo que hay que enmendar, recomponer, ajustar es España. Dar una salida pacífica, democrática, a la frustración de millones de ciudadanos desencantados con el sistema, algo que no entra en los planes del establishment patrio. Los empresarios del Ibex se están implicando directamente en una solución a la crisis española plenamente continuista, alarmados sobre todo por el desafío secesionista catalán. Con el beneplácito del Rey, empeñado en ganar tiempo para recomponer su imagen hundida, Felipe González está oficiando de go-between entre Zarzuela, los dos grandes partidos y la gran empresa. El ex presidente ha mantenido conversaciones con César Alierta(Telefónica) Y Emilio Botín (Santander), auténtico cogollo del poder económico español, como cabeza de un quinteto compuesto por Francisco Gonzalez (BBVA), Isidro Fainé (La Caixa) eIgnacio Sánchez Galán (Iberdrola). Al “Grupo de los Cinco” le preocupa Cataluña, y le preocupa la suerte que pueda correrPérez Rubalcaba si esta noche se confirmara un coscorrón electoral en las filas del PSOE, porque para ellos, alarmados por la existencia en el socialismo de delfines tipo Madina, Don Alfredo es un pilar fundamental en la estabilidad del sistema.

Elites reacias al cambio. Soluciones lampedusianas de un Poder que solo aspira a alargar la agonía, a ralentizar la caída de los dioses, en lugar de tomar con determinación el timón de los cambios que reclama a gritos la profundidad de la crisis política española. La grosse koalition que propugnan, manifestación de la coyunda entre lo público y lo privado, descarta, en efecto, ese gran pacto de Estado que, con luz y taquígrafos, tendría que abordar una reforma a fondo de la Constitución del 78 como única vía razonable para sanear las instituciones, democratizar los partidos, devolver la independencia a la Justicia (única manera de acabar con la corrupción estructural que sufrimos), intentar una solución pacífica al problema catalán y, en definitiva, alumbrar otro nuevo periodo de vida en común que, agotado el que se inició en 1975 con la muerte de Franco, sea capaz de llevar a los españoles hasta el umbral del 2050, y de hacerlo en paz prosperidad, volviendo a tender los puentes afectivos que un día unieron a representantes y representados y que hoy han saltado por los aires.

Ortega y la rebelión de las masas
fernando garcía de cortázar ABC 26 Mayo 2014

Si Unamuno aparece, desde el umbral mismo de la Dictadura, interpelando a España para que haga revivir el esencial liberalismo de un pueblo modelado en la cultura cristiana, Ortega adopta un distanciamiento que sorprende a quienes lo habían señalado como líder espiritual del movimiento regeneracionista. En la evolución intelectual del catedrático madrileño se ha abierto una nueva etapa, que incluye la sustitución del paternalismo regeneracionista por el recelo ante la democracia. Siempre atento a los acontecimientos científicos y sociales que vive Europa, Ortega observa la Dictadura como la variable española de una rectificación del parlamentarismo, al estilo de diversas experiencias políticas del continente.

Las viejas simpatías por el radicalismo o el reformismo amainan, en el ánimo del sagaz observador. Sin abandonar nunca el empeño en instaurar una pedagogía orientada a la formación de una nación de ciudadanos, el discurso político de Ortega irá despojándose de su tono de exhortación a las élites para convertirse en un análisis en el que la política cede su lugar de relevancia a la sociología. Las escasos comentarios a los acontecimientos iniciados con el golpe de Estado tienen, en las palabras de Ortega, un aire blando, comprensivo, que contrasta con la particular dureza empleada en sus ataques a la vieja política. Quizás el filósofo muestre, como pocos, el desaliento que el fracaso del regeneracionismo de las dos primeras décadas del siglo ha sembrado en el espíritu de la generación del 14. Aunque en 1930 se entregue a la causa de la República acuñando uno de los más célebres lemas de la transición, «Delenda est monarchia», eso ocurrirá tras la caída de Primo de Rivera y el nombramiento de Berenguer.

A lo largo de los seis años y medio del Directorio, la templanza de Ortega es algo más que moderación. Es sospecha íntima de un cambio, de la llegada de un nuevo ciclo histórico dominado por las doctrinas políticas que ponen sus esperanzas en la movilización de las masas. Para él, por el contrario, todo proyecto de gobierno debía basarse en la pedagogía social elaborada por las minorías selectas. Combativo, como nunca, contra el «plebeyismo», Ortega no deja de dar consejos a los nuevos gobernantes, confiando en que los españoles echen en falta la libertad que no han sabido ejercer responsablemente. En 1925, su elogio fúnebre a Antonio Maura rectifica la trayectoria de su mocedad radical y manifiesta su admiración por el único dirigente de los viejos partidos dinásticos capaz de proponer un verdadero programa de cambio en España. Dos años más tarde su ensayo sobre Mirabeau ensalza la figura del político como dirigente histórico al servicio de una idea, no como mero gestor del Estado: un prócer consciente de su tiempo con una inmensa ambición nacional.

Escisión entre minorías
En «La deshumanización del arte», Ortega irá mucho más allá del pretexto de un ensayo sobre las vanguardias, para hacer la apología de un nuevo concepto de la política que, como la complejidad del arte reciente, desborda la capacidad de comprensión de las mayorías y establece la necesaria escisión entre las minorías egregias y las masas ignorantes.

La «Revista de Occidente» de Ortega constituirá el mayor esfuerzo de su tiempo para dar forma concreta a la voluntad de «europeizar España» planteada desde el regeneracionismo de Costa y el 98. Alejada de los debates políticos del corto plazo, la revista alumbrará ensayos de literatura, filosofía, sociología, psicología y ciencias experimentales, que abren a la avidez de los lectores las compuertas de la revitalización de la cultura europea tras el trauma de 1914. La formación de las minorías era el propósito de buen número de las experiencias culturales que se hicieron paso en aquella brillante década española de los veinte. Los nombres más ilustres de la cultura europea del momento figuran en la publicación, cualquiera que sea su disciplina: Huizinga, Weber, Whitehead, Freud, Simmel, Spengler, Russell, Morand, Cocteau… Junto a ellos, sobresale también el esfuerzo por dar a conocer la intensa actividad científica y literaria española, que se incorpora resueltamente al ritmo continental: los poetas de la generación del 27, la nueva novela de Jarnés y, sobre todo ello, el repaso crítico exhaustivo, hecho desde nuestro país, de las nuevas tendencias del pensamiento europeo.

En el final de la década, cuando está a punto de expirar la Dictadura, Ortega publica las sucesivas entregas que compondrán su obra de mayor impacto en el exterior, «La rebelión de las masas». Contribución a las reflexiones que se realizan por doquier ante una nueva realidad de la que la política ya no podrá prescindir, Ortega desplegará su talento de analista y sus prejuicios de intelectual consciente del sector social al que representa y que considera amenazado. No se trata solo del «hecho de las aglomeraciones». Se trata también, y sobre todo, de la valoración de una nueva época en la que la excelencia doctrinal y la búsqueda de la verdad, base de nuestra civilización, podrán ser sacrificadas por un nuevo arquetipo, el del «hombre-masa» y de los políticos puestos a su disposición. «Sufre hoy el mundo una grave desmoralización» -se lamenta el filósofo-, entre cuyos síntomas se encuentra la falta de respeto a las conquistas culturales de nuestra civilización y la pérdida de una conciencia de pasado común sobre el que poner en marcha un futuro en armonía. La llamada a que España construya su destino integrándose en una Europa exigente, que huye de la vulgarización y la demagogia, parece anunciar, al filo inicial de la nueva década, los datos de la tragedia en la que se arriesgaría gravemente la supervivencia de nuestra cultura nacional y la idea entera de Occidente.

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El independentismo arruina el futuro de Cataluña

Roberto Centeno El Confidencial 26 Mayo 2014

Pinche aquí para consultar la versión alemana de este artículo escrito por Stefanie Claudia Müller
http://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2014-05-26/die-unabhangigkeitbestrebungen-ruinieren-die-zukunft-kataloniens_136511/

Alemania es el socio económico más importante para España y, en consecuencia, para Cataluña. Es justamente por esto que los empresarios germanos ahora están muy preocupados sobre la intención del Gobierno catalán de separar la región del resto de España. Algunos de los miembros del círculo de ejecutivos alemanes en Barcelona (KdF) han salido del silencio que caracteriza a muchos círculos económicos y políticos en relación con la política de Artur Mas.

Han publicado una declaración como personas privadas en la cual expresan su enorme preocupación sobre esta evolución en Cataluña, que ellos ven no solamente económicamente peligrosa por la salida de Cataluña de la Unión Europea, sino también porque es anacrónica y potencialmente desastrosa. Textualmente dicen: “Alertamos de los peligros de un fervor nacionalista, que en el último siglo ha traído sufrimientos inmensurables sobre Europa y que tampoco traerá nada bueno para Cataluña.”

Los empresarios españoles deberían posicionarse contra el independentismo
Esta declaración valiente, promovida, entre otros, por el abogado Carlos Wienberg en Barcelona refleja lo que muchas empresas foráneas y políticos extranjeros piensan pero no quieren expresar. Y la élite empresarial española, en una dejación suicida, tampoco se ha querido pronunciar ni contra el independentismo ni contra la inaudita cobardía del Gobierno y del Rey.

Pero es esencial frenar este movimiento que lleva a una situación absurda en la que se manda a corresponsales extranjeros notas de prensa en catalán o soflamas sobre la independencia en inglés, en las que se les invita a ir a Cataluña para hablar con los líderes proindependencia para dejarse convencer de algo que es para todos los economistas y también politólogos una auténtica locura, y que no corresponde ni a una lógica histórica –Cataluña jamás ha sido independiente y menos aún una nación– ni a una necesidad del pueblo catalán que no vive bajo ningún tipo de presión. En Alemania, como en el resto del mundo civilizado, pagan más impuestos al Estado los estados o länder más ricos como Bayern y Baden-Württenberg, porque tienen la suerte de tener en su territorio las mejores empresas del país.

Es esencial frenar este movimiento que lleva a una situación absurda en la que se manda a corresponsales extranjeros notas de prensa en catalán o soflamas sobre la independencia en inglésSe ha publicado ya en muchos medios importantes en Alemania. Wienberg quería sobre todo dejar claro que Cataluña tiene que salir de la UE en un caso de independencia: “Van Rompuy, Barroso, Redding y Junckers lo han confirmado varias veces”, dice el abogado. Y en este sentido resulta tan falsa como patética la propaganda por parte del Círculo Catalán de Negocios que dice en un comunicado a la prensa extranjera que no está claro que Cataluña tenga que salir de la UE, que no hay nada escrito de que esto será así. Este círculo de empresarios catalanes tramposos que están engañando miserablemente al pueblo catalán recuerdan a los eclesiásticos de Constantinopla discutiendo sobre el sexo de los ángeles cuando los turcos estaban escalando sus murallas.

Se trata de una ceguera suicida. Y no solamente una Cataluña separada tendría que abandonar la Unión Europea, es que todas la empresas y bancos con sede social en Cataluña tendrían que abandonar España, donde realizan los dos tercios de su negocio, lo que, unido a la desbandada de las multinacionales de alimentación y farmacia en la región ya que sus principales clientes están en el resto de España, hundiría el PIB per cápita a poco más de la mitad en el mejor de los casos. Y algo que preocupa extraordinariamente en los mercados de capitales: Cataluña tendría que hacerse cargo de su cuota parte –como ha sucedido en todos los procesos de escisión– de la deuda española, que es del 20%. Como la deuda total de España (pasivos en circulación) es de 1,36 billones de euros, no sólo la computable, Cataluña debería abonar 272.000 millones de euros, a lo que se añaden los 50.000 que adeuda en forma directa; un total de 322.000 millones de euros, lo que es imposible de asumir por Cataluña y que la conduciría a la suspensión de pagos al día siguiente de declarar la independencia.

Aquellos descerebrados que afirmen que no se harían cargo, el Gobierno de España tiene los medios para cobrarla embargando los activos de empresas catalanas en España para luego subastarlos, exactamente igual que hace hoy Hacienda para cobrarse los impagados de los contribuyentes.

La Reichskristallnacht del nacionalismo radical catalán
Dejando estos temas aparte, con la llamada “declaración de Barcelona” de los economistas alemanes, se ha sensibilizado a la opinión pública alemana sobre problema real que los catalanes, muchos de ellos, no quieren ver. La independencia no aporta nada a Cataluña, solamente problemas. Y no sólo es una cuestión económica, lo que es bastante de sentido común (rotura de un mercado común), sino que acarrearía consecuencias políticas para los catalanes que, o no consideran, o ni se las pueden imaginar.

Muchos de los extranjeros que viven en Barcelona, una ciudad maravillosa y siempre muy cosmopolita, están literalmente hartos de las conversaciones independistas y el catalanismo. Ellos han venido a España para aprovechar la movilidad de la UE e intentar su suerte en otro país. Ahora tienen que luchar contra el extremismo con que se enseña la lengua catalana y se impone una cultura que debe ser de libre elección, y que sólo la inaudita pasividad del Gobierno está permitiendo que se vulnere la Ley y los derechos humanos más elementales. Mas critica al Gobierno central de ser “imperial y intolerante”, pero es eso, exactamente, en lo se convierte Cataluña, que siempre fue una fuente de muchas culturas.

El Círculo de Empresarios Catalanes tramposos que están engañando miserablemente al pueblo catalán recuerdan a los eclesiásticos de Constantinopla discutiendo sobre el sexo de los ángeles cuando los turcos estaban escalando sus murallasLas inversiones en curso no se han detenido porque consideran el tema erróneamente cerrado, al ser declarada ilegal la consulta por el Tribunal Constitucional. Y no es extraño que en Alemania consideren eficaz e irreversible la decisión del Tribunal Constitucional que anula la convocatoria de un referéndum para la autodeterminación de Cataluña. No podemos olvidar que para los alemanes, igual que el resto de las naciones democráticas, la noción de Estado de Derecho, creada por el gran jurista Robert von Mohl, es algo muy serio. Jamás puede entenderse ni allí ni en ninguna otra parte, como en España, que se emplee continuamente la expresión "Estado de Derecho" para indicar que aquí la vida política y económica está regida por leyes, y luego estas no se cumplen en función de los intereses cortoplacistas o no de las oligarquías política y económica.

Debe recordarse ahora, para que a ningún extranjero le extrañe, la poca importancia que tienen en España las leyes políticas y económicas. Por ello, y aunque el Tribunal Constitucional haya anulado la validez del referéndum convocado por el actual Gobierno catalán, eso no quiere decir en absoluto que las autoridades políticas separatistas vayan a respetar esa decisión constitucional. Si el presidente de la Generalitat no llega a convocar ese referéndum no será porque una entelequia jurídica como la del Tribunal Constitucional se lo prohíba, sino porque teman la intervención de la policía estatal para impedir de hecho que se celebre.

Se pensará que aquí lo único que cuenta es la política de hechos consumados. Y tienen razón los que así opinan, porque esta situación se habría cortado de raíz si el Jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, o el rey Don Juan Carlos de Borbón no hubieran permitido a ninguna autoridad sometida a la soberanía del Estado Español que el presidente de la Generalitat hubiera llegado tan lejos; no sólo en sus palabras, sino también con actos políticos claramente delictivos tipificados en el Código Penal español como “provocación para la sedición”, penado con una codena de hasta 20 años. Y un lugar de meter en la cárcel a Artur Mas, le abrazan y saludan afectuosamente.

Esta deriva independentista daña extraordinariamente la imagen de la economía alemana, que es muy importante en esta región de España, donde tienen sede Seat, la filial de Volkswagen, o Lidl y Allianz. “A los alemanes nos gusta tener seguridad en nuestras planificaciones. Este proceso de independencia genera mucha inseguridad”, explica Georg Abbeg del despacho Roedl & Partner en Madrid.

Esta deriva independentista daña extraordinariamente la imagen de la economía alemana, que es muy importante en esta región de España, donde tienen sede Seat, la filial de Volkswagen, o Lidl y AllianzLa consulta catalana está prevista para el 9 de noviembre de este año. Fecha clave para los alemanes y también en Europa: el 9 de noviembre de 1938 fue la noche Reichskristallnacht, en la cual el nacionalismo feroz de los nazis enseñó su cara más fea al resto de Europa. El 9 de noviembre de 1989 fue la caída del muro en Berlín, un día de mucha alegría que ponía fin a una Alemania separada. Pero los alemanes sabían también en su mayoría que a partir de este momento nunca jamás podrían dejarse llevar por el nacionalismo y tampoco debería dejarse arrastrar España, que ha vivido una terrible guerra. Ni el nacionalismo español ni el nacionalismo regional deberían dirigir la política española: nos tiene que dirigir un sentido europeo que nos ha salvado hasta ahora a todos de un futuro oscuro.

Los separatistas no pagan a los traidores
La provocación del nacionalismo radical amenazando con violencia a Montoro, que es precisamente quien saquea a los españoles para regalarles el dinero a los separatistas catalanes, demuestra una vez más que la debilidad ante el chantaje independentista favorece el aumento y la extensión de las fuerzas separatistas, que no pagan a traidores. Un ejemplo más del suicida error de D. Juan Carlos diciendo a los separatistas que hablando se entiende la gente, y de Margallo, felicitando a la Generalitat por el éxito de la Diada encadenada. Es difícil encontrar en la historia europea personajes de tan peligroso e irresponsable histrionismo.

Pero el tema es infinitamente peor. El Rey y Rajoy están negociando, con la oligarquía catalana, a espaldas de los españoles, un pacto fiscal que supondría no sólo la ruina de las demás regiones, sino, sobre todo, la destrucción de la unidad nacional y moral de España. Esta forma felona de gobernar estaría regalando a Cataluña lo que los catalanes no han podido durante toda su historia: una nación propia. Esta inaudita gesta de cobardía ante un separatismo aldeano que no resistiría ni a una compañía de la Guardia Civil ejecutando la orden de un Boletín Oficial del Estado, que se paralizó de miedo ante Franco, quiere obtener ahora, ante una Monarquía nula y un Gobierno amedrantado, lo que Cataluña nunca fue. Al Rey y al Gobierno no les impresiona lo más mínimo el hecho de estar rompiendo 500 años de historia de España. ¿A cambio de qué?

(1) Stefanie Müller es una periodista alemana.

La distorsión del “derecho a decidir”
La reivindicación se presenta como expresión natural e innegociable del principio democrático, pero ese es un argumento engañoso revestido de una legitimidad impostada, y que incluye ingredientes poco democráticos
Francisco J. Laporta. El Pais 26 Mayo 2014

Estos días he leído dos ideas en torno a los derechos humanos que suenan a paradoja pero quizá no lo sean tanto. Liborio Hierro, uno de nuestros más serios investigadores sobre el tema, advierte en un libro reciente, Autonomía individual frente a autonomía colectiva, que también puede darse el caso de que ciertos “poderes viejos” hagan suyo el lenguaje de los derechos para revestirse de una legitimación nueva y volver a dominar a las personas. Por su parte, Joshua Greene, en un libro muy discutido, Moral Tribes, desliza la idea de que los derechos pueden ser esgrimidos también como un arma que nos permite blindar nuestros sentimientos como si fueran hechos concluyentes, no negociables. Si tengo derecho a algo, el asunto está zanjado: no caben más argumentos. Me parece que ambos tienen razón: invocar los derechos puede ser una estrategia de ciertos poderes sociales para controlar a las personas de otra manera, y apelar a ellos hace difícilmente negociables los desacuerdos morales y políticos en los que esos derechos anidan.

Esas dos advertencias son aún más pertinentes cuando el lenguaje de los derechos no es usado para referirse a personas individuales sino a supuestas entidades colectivas, como las minorías, las naciones o los “pueblos”. En este caso, las distorsiones tienden a incrementarse por dos razones: en primer lugar, los poderes y sus intereses disimulan su verdadera condición mediante el subterfugio de presentarse como la voz de la entidad colectiva: no soy yo el que habla, es la nación, el pueblo y sus derechos, lo que habla a través de mí. En segundo lugar, los ciudadanos son empujados a un ejercicio sentimental de traslación de su identidad a la entidad moral superior y muchos acaban por creer que lo mejor o lo más importante de lo que son se lo deben a su pertenencia al todo. Si se pone en cuestión la entidad colectiva se ponen en cuestión sus derechos y hasta su propia identidad personal.

Los ciudadanos son empujados a trasladar su identidad hacia una entidad moral superior

Esa representación mágica que pretenden algunos voceros del nacionalismo es, naturalmente, una impostura, pero tiene unos efectos demoledores sobre la deliberación de los problemas públicos. Quienes la detentan parecen creerse autorizados para imprimir un turbio sesgo a su favor en el debate público y promueven para ello una vergonzosa parcialidad en los medios que administran. La justificación que esgrimen se presenta como algo natural: si se pone en cuestión el derecho colectivo se pone en cuestión la patria. Y por lo que respecta al mensaje que se proyecta sobre el ciudadano, lo que se busca es que quienes habitan ese espacio se abandonen al sentimiento colectivo y estén dispuestos a sacrificar sus derechos individuales ante el altar de la entidad moral superior. Distorsionado así el debate público sobre los derechos que se tienen, y entregados los ciudadanos a la identidad enajenada, el lenguaje de los derechos se torna, en efecto, en un instrumento de dominación y queda blindado ante cualquier negociación. Lamento tener que decirlo, pero la atmósfera de la discusión es hoy francamente irrespirable en Cataluña, y está lejos de lo que debe ser una deliberación pública libre.

En ese marco deformante es donde hay que examinar esa reivindicación del llamado “derecho a decidir” que está prendiendo demasiado en Cataluña. Se presenta, con actitud desafiante, como expresión natural e innegociable del principio democrático y los derechos que lleva consigo, de forma que aquellos que discuten la existencia de tal derecho o no apoyan su ejercicio sin límites han de ser tenidos irremediablemente por anti-demócratas y desconocedores de los derechos más elementales del ciudadano. Lo que está sucediendo en Cataluña, la postulación colectiva del “derecho a decidir”, no puede ser limitado ni detenido por meras leyes, ni siquiera por la Constitución o por decisiones del Tribunal Constitucional, porque eso traicionaría el derecho básico a tomar parte en las decisiones, que el demócrata tiene que defender ante todo. Algunos de quienes apelan a este argumento, incluso desde la sedicente “izquierda” —¡cosas veredes, Sancho!— lo llaman “radicalidad democrática”. Deploro tener que decir que no hay tal cosa. Tan sólo es un argumento engañoso revestido de una legitimidad impostada. Si hurgamos un poco en sus adentros veremos enseguida que tiene ingredientes poco o nada democráticos y alguno bastante oscuro.

Hay, en efecto, en esa propuesta, como en todo procedimiento de decisión mediante el voto de una pluralidad de actores, al menos cinco momentos en los que no aparece para nada el principio democrático, es decir, en los que el proceso que se promueve carece de alcance democrático porque no se expresa en él la voluntad de los ciudadanos. En esos cinco momentos, por tanto, el derecho a decidir no es democrático ni expresión de democracia alguna, sino producto de decisiones políticas no consultadas con pueblo alguno. El primero es la resolución misma de consultar o no consultar al electorado. Es lo que se llama en la jerga politológica el control de la agenda. El segundo, como recordaba en estas páginas hace días José Álvarez Junco, la determinación e identificación del cuerpo electoral, del demos que ha de decidir. Un tercero es la cuestión sobre la que ha de decidirse, es decir el objeto de la decisión. El cuarto es la formulación de la pregunta o interrogante que se somete a ese demos. Y el último es el momento temporal —la fecha— en que se va a proceder a realizar la operación. Es palmario que ninguna de esas cinco materias tan importantes para el proceso democrático le ha sido consultada a nadie para que pudiera ejercer sobre ella el famoso derecho a decidir. Han sido resoluciones tomadas de antemano, es decir, impuestas desde la Generalitat, más allá seguramente de sus competencias legales, y con el fin, al parecer, de que se ponga en marcha ese proceso con tantas ínfulas democráticas. Pero ellas mismas no son resoluciones democráticas. No hay que escandalizarse por ello, porque se trata de extremos que no pueden ser decididos democráticamente por razones lógicas. Si se consulta o no a los ciudadanos, quién constituye el demos o cuerpo electoral, cuál es el objeto de la decisión o cuál la fórmula de la pregunta, y cuándo se va a realizar la consulta, son asuntos que se imponen al proceso democrático desde fuera, y tienen que imponerse desde fuera. No puede ser de otra manera. Si nos propusiéramos consultar esos extremos incurriríamos necesariamente en argumentos circulares o regresos al infinito, es decir, en razonamientos inconcluyentes. Esto sólo nos tiene que llevar a una convicción importante: que el derecho a decidir no es, como se pretende, la quintaesencia de la democracia, sino sólo un momento importante de ella rodeado por decisiones no democráticas. Y es a esas decisiones a las que hay que interrogar por si esconden alguna trampa.

No existe ningún pueblo catalán en el nombre del que se pueda hablar para pedir un “Estado propio”

Sobre las competencias legales para convocar o decidir un tema semejante, o sobre la naturaleza alambicada de la pregunta ya se han escrito demasiadas cosas. A mi juicio, sin embargo, la cuestión que crea una distorsión más espesa en el debate es la contenida en el primer principio de la declaración del Parlament. Esa que dice que el pueblo de Cataluña es un “sujeto político y jurídico”. Dejemos a un lado lo de “soberano”, porque esa es una cuestión ulterior. Pues bien, lamentaría que alguien se ofendiera, pero esa afirmación tan solemne es simplemente la fabulación voluntarista de una entelequia. Y en ella, me parece, está casi toda la trampa. Cuando advertimos que una pluralidad de individuos tiene algunas propiedades comunes: creencias religiosas, el uso de una lengua, pautas culturales, tradiciones, etc. nos sentimos tentados con frecuencia a articular esas propiedades en forma unitaria e hipostasiarlas en una entidad nueva y distinta de los individuos que las comparten. De ahí nacen los entes colectivos y las abstracciones sociológicas que parecen erigirse ante nosotros demandando que las tratemos como seres vivos con personalidad, rasgos mentales (intenciones, voliciones, etc.) y derechos. Es decir, que las consideremos “sujetos”. Pero esto no es más que una manera de hablar, una ficción que a veces es útil y a veces engañosa. Y siempre es ética y políticamente peligrosa. No existe ningún pueblo catalán en el nombre del que nadie pueda hablar, y por tanto ni tiene ni puede tener derechos, ni históricos ni actuales, ni jurídicos ni morales. Ni cabe que como tal sujeto ficticio exprese un deseo de tener “un Estado propio” como si de adquirir un traje nuevo se tratara. Todo eso no son sino fabulaciones y patrañas que solo pueden desembocar en una nueva forma de limitar los derechos de los individuos y hacer emocionalmente imposible la solución de las controversias.

Francisco J. Laporta es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.

Terremoto electoral en Galicia
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 26 Mayo 2014

Los resultados de las elecciones europeas, por más que dichas elecciones sean diferentes de las nacionales y regionales, auguran un terremoto electoral en Galicia. El dominio del PP corre muy serio riesgo de ver su fin. Y se avecina como probable una coalición de izquierdas en la que el Bloque Nacionalista Galego sea un socio menor, al mismo tiempo que se aprecia un importante, aunque aún insuficiente aumento de votos de UPyD. @Desdelatlantico

Las elecciones europeas de 2014 han tenido, nadie lo duda, un importante alcance nacional.
Es notorio que los candidatos principales no han dicho nada sobre cuestiones absolutamente esenciales para Europa (el conflicto de Ucrania, o la relación con la UE de países extra-europeos como Turquía o Marruecos). Es notorio que las elecciones se plantearon en clave interna.

Ahora bien, no es menos cierto que el electorado también es consciente de que, entendidas en clave interna, estas elecciones permiten manifestar una OPINIÓN sobre el estado de la política nacional, pero no son el medio para articular una DECISIÓN en política nacional.
Hechas estas salvedades, conviene analizar los resultados de Galicia.

1. El dominio del PP inicia un declive difícil de evitar
El PP ha obtenido el peor resultado electoral en Galicia en los últimos 25 años.
Sería injusto echar toda la culpa de ello al PP nacional (que, por lo demás, está dirigido por un gallego), como también sería injusto afirmar que la culpa es del candidato supuestamente de "lujo" presentado por el PP.

En las últimas elecciones (autonómicas) de 2013 se celebró como un gran "éxito" que el PP aumentara sus escaños a pesar de haber disminuido sus votos respecto a las generales de un año antes. Alberto Núñez Feijoo y la dirección del PP prefirieron atribuir ese "éxito" a la "buena gestión" prestando oídos a muchos análisis fruto de la adulación y el halago, más que interesados.
En este blog ya advertí que el PP "ganaba perdiendo" y que había sufrido un notable descenso de votos que sólo por efecto de la ley electoral produjo el paradójico efecto de aumentar sus escaños. El PP, como he dicho, en lugar de analizar seriamente la cuestión prestó oídos a quienes les adulaban (siempre a cambio de dinero, eso sí) y ahora se encuentran con esto.
Ahora, sin embargo, el descenso de votos se ha agudizado y el PP ha pasado de contar con el 45% de votos en las autonómicas de 2012 al 35%.

Es un hecho que tanto el gobierno regional del PP, como el propio partido regional, atraviesan serios problemas.
En primer lugar, la gestión del gobierno regional de Núñez dista de ser brillante.
En su momento me referí al hecho de que las elecciones autonómicas de 2012 se celebraron antes de que se oficializara el fracaso de la fusión de las cajas auspiciado por el presidente regional Núñez, al amparo de la ideología galleguista. Igualmente, en aquellas elecciones se utilizó como carta un supuesto contrato con Pemex para salvar de su agonía a los astilleros gallegos que luego que vio que no existía, aunque, por otras vías, se consiquió que Pemex construyera dos importantes buques en Galicia (eso sí, tras haber comprado a precio de saldo uno de los astilleros que los van a construir).

A ello se añade, en segundo lugar, que la gestión del partido está envuelta en la sospecha de la corrupción, sobre todo en la provincia de Coruña, en el marco de la "operación Pokemon". Una ilustración de ello se encuentra en el hecho, asombroso, de que la porta-VOZ del PP de Galicia, y diputada autonómica, Paula Prado del Río, lleve dos meses muda, sin hacer ni una sola declaración pública, dadas las sospechas sobre una eventual implicación suya en el caso. A mi juicio, la destitución de Paula Prado después de estas elecciones es más que probable. Pero el problema está más arriba.
Me parece, sinceramente, ridícula la explicación dada por el presidente regional Núñez atribuyendo el descenso de votos del PP a la irrupción de PODEMOS. Si este es de verdad el nivel de análisis que tiene el PP de Galicia, creo que el liderazgo del partido tiene un problema más serio de lo que pensaba.

2. El PSOE se mantiene ¿efecto Blanco?
El segundo dato que llama la atención es que el PSOE ha subido, ligeramente, el porcentaje de sus votos. Ha pasado del 20'61% en las autonómicas de 2012 al 21'73%.
No creo que este ligero ascenso, tanto más llamativo por cuanto que se produce en un contexto de grave hundimiento del PSOE, sea debido al "glamour" de la candidata Elena Valenciano Martínez-Orozco.

A mi juicio, este buen resultado, dadas las circunstancias y los antecedentes, se explica por el "efecto Blanco". Esto puede significar que el "exilio" de José Blanco López en el Parlamento Europeo puede ser muy corto y su regreso a Galicia puede precipitarse.
Máxime si tenemos en cuenta que el actual líder del PSOE gallego, José Ramón Gómez Besteiro, también está implicado en la red de corrupción que se investiga en la "operación Pokemon" y existen probabilidades de que sea imputado.

3. IU-AGE se consolida como tercera fuerza a pesar del ascenso de Podemos
El tercer dato relevante es que la coalición de IU con la formación nacionalista galelga ANOVA, la "Alternativa Galega de Esquerdas" (AGE) consolida la tercera posición que obtuvo en las elecciones autonómicas de 2012.

Ahora bien, es un dato preocupante para la coalición AGE que haya bajado sus votos del 13'90% en 2012 al 10'52%.
Las causas de este descenso son, creo, dos.
Una es interna: en estos dos años, la coalición AGE ha conocido de algunas tensiones que no fueron adecuadamente gestionadas. La principal fue la crisis derivada por la sustitución del diputado autonómico David Fernández Calviño (que dejó su escaño para irse a trabajar como investigador a Dinamarca).
La otra causa es externa: el ascenso de "PODEMOS" que, como se ve, ha drenado votos a Izquierda Unida y probablemente también al Bng.

4. El sorprendente ascenso de PODEMOS a la cuarta posición.
La formación liderada por Pablo Iglesias Turrión ha obtenido un éxito ciertamente destacable en Galicia. Ha alcanzado la cuarta posición en Galicia, con un 8'34%.
Este éxito, que no ha sido aislado, es tanto más destacable cuanto que el porcentaje de PODEMOS en Galicia es superior al porcentaje nacional obtenido por esta agrupación. Y a ello se suma el hecho de que el sistema mediático gallego, férreamente controlado desde la Xunta, no prestó prácticamente NINGUNA atención a este partido y a que el mismo no tiene ningún líder mínimamente conocido en Galicia.

5. El hundimiento del Bng
El Bng prosigue su inexorable hundimiento. Si en las elecciones autonómicas de 2012 bajó del tercer al cuarto puesto con un 10'11% de los votos, ahora ha descendido al quinto puesto con un 7'90% de los votos y ello a pesar de presentar una buena candidata, Ana Miranda Paz, que ya había sido diputada europea.

Las causas del declive del Bng son varias.
En primer lugar, el análisis que en su día hizo Xosé Manuel Beiras Torrado para forjar AGE, a saber, que en esta circunstancia histórica, la preocupación por cuestiones identitarias es secundaria ante la magnitud de la crisis político-socio-económica, se ha visto reforzado con la irrupción de PODEMOS que muy probablemente ha extraído votos tanto de AGE como del propio Bng.
A lo anterior se suma el gravísimo erre con Bildu para estas elecciones a pesar de una buena parte de las víctimas de ETA fueron gallegas.

6. El importante, pero aún insuficiente, ascenso de UPyD.
UPyD ha obtenido en Galicia un 3'47% de los votos, el mejor resultado de su historia. Si en las elecciones generales de 2011 había llegado a un 2'1%, vio ese respaldo disminuir hasta un 1'47% en las autonómicas de 2012. Bien es cierto que en las autonómicas parte del voto que podría haber ido a UPyD se lo apropió la formación del ex-banquero Mario Conde Conde, que obtuvo un 1'1%. Aun así, se aprecia un ligero incremento de votos, incluso considerando que esos votos que obtuvo Conde hayan ido ahora a UPyD.

La irrupción de PODEMOS ha hecho que UPyD haya pasado del 5º al 6º puesto en la clasificación, pero ha experimentado un aumento de votos significativo. En este momento UPyD tiene aproximadamente la mitad de votos que el Bng.
A mi juicio, es probable que UPyD haya obtenido sus votos más del PP que del PSOE. La política galleguista y cripto-nacionalista del PP de Galicia hace que, insisto, a mi juicio, una parte de los votos de ese partido se hayan dirigido a UPyD.

Este aumento es muy significativo en las ciudades (La Coruña, Santiago de Compostela, Vigo) donde está por encima del 4%.

7. El fracaso de CIUDADANOS y VOX y otros
Se especuló en su momento que "Ciudadanos", cuyo origen está en Cataluña tuviera mejor eco en Galicia que la "centralista" UPyD. No ha sido así. Aunque Ciudadanos es la 7ª formación política de Galicia, su porcentaje de voto ha sido del 1'61%, es decir, la mitad que UPyD.

Ahora bien, adviértase que si UPyD y Ciudadanos sumaran sus votos, en Galicia conseguirían el 5'28% de votos lo que haría casi segura su presencia en el Parlamento gallego. No me cabe duda de que las direcciones de ambos partidos trabajarán en esa dirección en Galicia.

Llama la atención que el partido que ha obtenido mayor número de votos detrás de "Ciudadanos" haya sido el Partido contra el Maltrato Animal, con un 1'07%, aunque justo es decir que este partido ha obtenido en Galicia un porcentaje algo menor al obtenido en el conjunto nacional.

Notorio ha sido también el fracaso de "Compromiso por Galicia" (aliado de CIU, PNV y CC) que ha reducido aún más sus votos respecto a las autonómicas de 2012, bajando de un 1'01% al 0'95%. El fracaso es tanto más relevante cuanto que los medios gallegos han dado una cierta cobertura a este partido que. en todo caso, ha sido muchísimo o infinitamente mayor que la otorgada a listas que han obtenido similar (Ciudadanos) o muy superior (UpyD, Podemos) resultado.

Igualmente importante ha sido el fracaso de "Vox" en Galicia, donde ha obtenido un 0'77% de votos, porcentaje inferior al conseguido en el conjunto nacional.

8. Conclusión.
Los resultados en Galicia no sólo muestran un fracaso de las encuestas y sondeos de los medios locales (muy llamativa en el caso de la del grupo "Voz" muy próximo a Núñez Feijoo), sino de los medios gallegos en general, cuyo sesgo localista les ha llevado a ningunear absolutamente a formaciones que sin ser consideradas "gallegas" tienen el favor de un número importante de gallegos y publicitar con profusión a formaciones "gallegas" cuyos resultados han sido sumamente pobres.

Si las tendencias actuales se consolidan, se avecina un cambio significativo en la política gallega. No sólo en los gobiernos municipales, donde pueden aparecer nuevas marcas políticas, sino también en el gobierno regional donde es muy probable una pérdida de la mayoría absoluta del PP que, solo en el mejor de los casos, podría salvar el gobierno si una eventual alianza UPyD-Ciudadanos alcanzara representación suficiente y consiguiéndola, permitiera al PP gobernar pues lo que sí es evidente es que la primera posición relativa del PP no parece que vaya a desaparecer.

A la vista de estos resultados, creo improbable que el PP siga adelante con su reforma del sistema electoral gallego para reducir el número de diputados en el Parlamento que puede volverse precisamente contra quien la ha impulsado.

Cataluña
Golpe separatista a la democracia
ángel hernández guardia ABC Cataluña 26 Mayo 2014

Pasadas las elecciones europeas volvemos a la crispada y viciada atmósfera de la tensa y peligrosa realidad de la sociedad catalana

La asociación Movimiento Cívico 12-O nació a partir del inicio del llamado «proceso hacia la independencia de Cataluña», en la Diada de 2012, con dos objetivos muy claros: Uno defender a ultranza la aplicación de las leyes y de la Constitución en Cataluña, donde ya llevaba años siendo incumplida e incluso ignorada por las autoridades locales. El segundo y complementario consistía en normalizar en la vida política catalana la presencia y el respeto debido en la calle y en ámbitos sociales, de los partidos políticos catalanes que representan a los españoles de Cataluña, fundamentalmente el PP y Ciudadanos.

Estos dos objetivos no solo no se han alcanzado sino que la presión agresiva y violenta del separatismo impulsado por la ANC, ERC, ICV y el gobierno de CiU, cada vez ha sido más intolerante y totalitario. Excepto haber convertido en «tradicional» la celebración de la fiesta nacional de España el 12 de Octubre, no se ha frenado la aplicación parcial de la ley por parte de los jueces y fiscales separatistas, la obstrucción sistemática y en fraude de ley, de las leyes y sentencias y la elaboración por el Parlamento de resoluciones y normativas que vulneran e ignoran la Constitución y el aumento de la división social y de la violencia correspondiente.

Pasadas las elecciones europeas, volvemos a la crispada y viciada atmosfera de la tensa y peligrosa realidad de la sociedad catalana y la hoja de ruta del separatismo, que confiamos que en el momento adecuado sea parada definitivamente, sobre todo la parte de gasto que supone para los ciudadanos españoles en propaganda y estancias lujosas especialmente por aquellas instituciones que tienen la obligación de hacer cumplir las leyes.

Los españoles que amamos Cataluña y que en consecuencia estamos contra la independencia y sobre todo por el procedimiento democrático para resolver las cuestiones políticas, hemos decidido continuar la tradición de convocar una gran y masiva manifestación en el Paseo de Gracia de Barcelona el 12 de Octubre de 2014, que deje claro especialmente este año que muchos miles de ciudadanos de Cataluña rechazamos la opción separatista y la anti constitucional propuesta de obligarnos a elegir entre nuestra patria cultural e histórica, nuestros derechos humanos y una utopía falsa e imaginada.

Invitamos a quienes comparten este sentimiento con nosotros a participar sin condiciones ni restricciones partidistas.
 


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