AGLI Recortes de Prensa   Martes 27  Mayo  2014

Podemos... ser Venezuela
Pablo Iglesias, el Chávez español
Manuel Llamas Libertad Digital 27 Mayo 2014

La gran revelación de las elecciones europeas celebradas este domingo ha sido, sin duda, la formación Podemos que lidera el joven politólogo y tertuliano Pablo Iglesias. Este profesor de universidad ha sabido recoger muy hábilmente el descontento y la desconfianza hacia la clase política que reflejó en su día el movimiento 15-M mediante un discurso simplista y utópico, cargado de la demagogia y el populismo más abyecto y deleznable, aprovechándose de la profunda ignorancia económica y la triste ingenuidad política de que hace gala buena parte de la población. Iglesias, consagrado ya como el líder incuestionable de la extrema izquierda española, ha sabido cautivar a más de 1,2 millones de descreídos, soñadores e incautos que tienen por denominador común el rechazo frontal al capitalismo y una confianza ciega en el estatismo absoluto como solución a todos los males, pese a que el socialismo radical ha fracasado siempre y en todo lugar, cosechando a su paso los mayores desastres de la historia de la humanidad.

Iglesias, junto a sus fieles camaradas y maestros Juan Carlos Monedero y Jorge Verstrynge, es un firme defensor del bolivarianismo que rige en Venezuela, del enquistado peronismo que tanta miseria ha causado en Argentina y del despótico castrismo que todavía esclaviza Cuba. Es, en definitiva, un comunista de manual, solo que, gracias a su fluida verborrea y a su cuidada imagen informal, ha logrado transmitir la simpatía y proximidad que demandaban muchos votantes en contraposición a la distancia insalvable que refleja la llamada casta política, identificada hoy como uno de los grandes problemas del país debido, sobre todo, al brutal impacto de la crisis, la extendida corrupción institucional y la absoluta impunidad de la que disfrutan sus miembros. Pablo Iglesias es el Hugo Chávez español o, si lo prefieren, el Sánchez Gordillo culto y refinado, y, a poco que se despiste IU, bien podría convertirse en el nuevo referente de la izquierda, tal y como ha sucedido estos últimos años en Grecia con Alexis Tsipras, líder de la coalición comunista Syriza, que acaba de vencer en las europeas a populares y socialistas helenos y que ya encabeza las encuestas para las elecciones generales, frente al bipartidismo imperante de las últimas décadas. Podemos bebe del granero de votos que han dejado tras de sí las mareas verde (educación) y blanca (sanidad) de empleados públicos interesados en mantener sus privilegios, las plataformas de desahuciados y preferentistas y, en general, los jóvenes de izquierda que tanto abundan en las universidades españolas.

Los periodos de grave crisis como el que actualmente sacude la Unión Monetaria, y muy especialmente los países del sur de Europa, siempre han constituido un caldo de cultivo idóneo para los extremismos. Sucedió con la Primera Guerra Mundial, que derivó en la revolución bolchevique en Rusia y la instauración del fascismo en Italia, y, posteriormente, con la Gran Depresión de los años 30, cuando el nazismo conquistó Alemania. Es en los momentos de grandes dificultades cuando el pueblo, azuzado por la desesperación y la rabia, se agarra a los salvapatrias y cuentacuentos cual clavo ardiendo, sin pararse a pensar en el inmenso destrozo que conllevan sus particulares utopías estatistas. La victoria del Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia y de Syriza en Grecia -sin olvidar a los neonazis de Amanecer Dorado-, el fuerte apoyo al Movimiento Cinco Estrellas en Italia -convertido en segunda fuerza del país- o la potente irrupción de Podemos en España son una muestra inequívoca del alarmante ascenso que está cosechando el populismo, tanto de izquierdas como de derechas, en el seno del euro.

¿Pero qué proponen realmente estas nuevas fuerzas políticas? Muy simple: mucho más Estado y menos mercado. Los extremos se tocan y, en este sentido, fascistas y comunistas coinciden en la necesidad de borrar las libertades y derechos individuales mediante una apisonadora estatal mucho más poderosa, obviando así el sufrimiento, la ruina y el colapso en el que acabaron desembocando todos y cada uno de los experimentos de planificación central en el pasado. Basta ojear el programa de Podemos para percatarse del desastre que conllevaría su consecución. Para empezar, el partido de Pablo Iglesias propone impagar la deuda pública y someter a referéndum la pertenencia al euro. La primera medida supondría la quiebra del Estado y, por tanto, el cierre absoluto de la financiación a través de los mercados. España se vería abocada, de una u otra forma, a abandonar el euro y, muy posiblemente, también la UE, lo cual implicaría decretar un corralito financiero para transitar hacia una nueva moneda devaluada. Es decir, los españoles perderían una parte muy sustancial de sus ahorros, como en su día aconteció en Argentina. Y ello sin contar que el Banco de España, tras recuperar la autonomía monetaria, sería utilizado por el Gobierno para financiar buena parte de su gasto y deuda pública, provocando una grave escalada inflacionaria y un empobrecimiento generalizado de la población.

Lo grave es que esto sólo sería el principio del fin. Podemos plantea disparar el gasto público mediante la puesta en marcha de grandes Planes E para combatir el paro -muy original, sin duda-. También defiende reducir la jornada laboral a 35 horas semanales, así como adelantar la edad de jubilación a los 60 años, elevar las prestaciones no contributivas y, cómo no, derogar la última reforma de las pensiones. Si España ya no se puede permitir financiar el actual sistema, imagínense semejante deriva. Simplemente, insostenible. Además, abogan por subir el salario mínimo, imponer un salario máximo, derogar la reforma laboral, eliminar las ETT o prohibir los despidos en las empresas con beneficios. En resumen, nacionalizar por la puerta de atrás el factor trabajo.

En materia fiscal, Podemos defiende una brutal y generalizada subida de impuestos: más IRPF y Sociedades, un nuevo tributo sobre "grandes fortunas", Impuesto de Patrimonio, Tasa Tobin, supresión de las sicav, IVA del 35% sobre "bienes de lujo"... A ello habría que sumar una ingente banca pública, como si el fiasco de las cajas no fuera suficiente, y la nacionalización directa de los grandes "sectores estratégicos". Iglesias quiere que el Estado tome el control absoluto en las áreas de "telecomunicaciones, energía, alimentación, transporte, sanitario, farmacéutico y educativo", y domine de forma indirecta los medios de comunicación, limitando que una empresa o grupo pueda ostentar más del 15% de un determinado sector, ya sea prensa, radio, televisión, internet, etc.

Y ya puestos, ¿por qué no repartir una "renta básica para todos y cada uno de los ciudadanos por el mero hecho de serlo" equivalente a unos 600 euros al mes (umbral de la pobreza)? Poco importa que su coste supere de lejos los 300.000 millones al año; también defienden una moratoria hipotecaria, limitar los tipos de interés, paralizar los desahucios, implantar la dación en pago con carácter retroactivo, extender el alquiler "social", despenalizar la okupación, expropiar y/o disparar los impuestos sobre las viviendas vacías; garantizar la gratuidad de los recibos de agua, luz y calefacción, entre otras muchas barbaridades de toda índole, como la nacionalización de "tierras en desuso" y grandes fincas, el control de precios en los alimentos, el cierre de todas las nucleares y centrales de gas y carbón -y su sustitución por más renovables-, imponer la pesca y la agricultura "ecológicas", limitar la caza, prohibir la tauromaquia o impedir la manida "especulación urbanística".

El problema de Iglesias, y el de la izquierda en general, es que desconoce cómo se genera y se desarrolla la riqueza. El socialismo piensa que es algo dado, cual maná caído del cielo, y que la economía es un juego de suma cero, de modo que la función del Estado consiste en redistribuir justamente los recursos. Sin embargo, como bien demuestra la historia, lo único que acaban repartiendo es miseria, muerte y coerción, exceptuando, cómo no, a la privilegiada cúpula que ostenta el poder. En este sentido, es paradigmático que la gran receta de los indignados consista, básicamente, en sustituir la actual casta por otra (la suya) exacerbando el poder político que tanto critican hasta límites insospechados. Así pues, en realidad, no son antisistema, sino prosistema. Por último, valga como ejemplo la siguiente frase de Pablo Iglesias para evidenciar su particular estilo de hacer política...

Yo pienso en Francia, últimamente, mucho. Y recuerdo una frase que me entusiasmó de Jean-Luc Mélenchon: "Si gano las elecciones, lo primero que haré es hacer que el Ejército desfile por los Campos Elíseos para mandar un mensaje a los mercados financieros". Ya me gustaría a mí poder hacer lo mismo.

¿Quién coño es Pablo Iglesias?
GONZALO BANS www.gaceta.es 27 Mayo 2014

En el trato personal Iglesias es un tipo afable, serio, no dado a las bromas y al sentido del humor y, desde mi punto de vista, francamente coherente.

¿Quién coño es Pablo Iglesias? Es lo que todo el mundo me preguntó el 25 de abril de 2013 cuando por primera este profesor de Políticas de la Complutense debutó en una tertulia televisiva a nivel nacional.

Fue en El Gato al Agua en Intereconomía TV. Hasta la fecha nadie le conocía, más allá de sus alumnos universitarios, sus seguidores en Twitter o los espectadores –pocos- que tenía en sus programas locales de televisión. La apuesta por este personaje fue arriesgada, entre otras cosas, porque ese día en la mesa de El Gato había tertulianos de la talla de Federico Jiménez Losantos, Alejo Vidal Quadras, Joaquín Moeckel o Luis Salvador. Aquel 25 de abril se celebró en Madrid el “rodea el Congreso”, un conato de asalto al Parlamento y demolición del régimen que hoy tenemos. Gracias a Dios (y a la policía) el golpe no salió adelante y pudimos seguir viviendo en democracia.

En esa ocasión, y en ese golpe concreto, Pablo Iglesias no mostró su apoyo a la iniciativa. Le parecía que se había desvirtuado el objetivo de la misma y que los más violentos se habían arrogado la autoría de la marcha. Pese a todo acudió al Gato. Lejos de estar nervioso por enfrentarse a huesos duros de roer en la dialéctica como los mencionados o por aparecer por primera vez en un TV de difusión nacional, Iglesias estuvo muy tranquilo. Fiel a su línea seria, serena y contundente comenzó dando las gracias a Intereconomía por la invitación porque para él “era un gusto cruzar las líneas enemigas y charlar en territorio comanche”. Y es que lo bueno de este joven politólogo es que no se arruga, es un troskista trasnochado y como tal enarbola esa bandera sin complejos

Durante el programa no se amilanó. Más al contrario habló y expuso en libertad sus argumentos: hay que acabar con los desahucios, hay que dar trabajo a los cinco millones de parados, hay que regular los abusos policiales, hay que devolver la democracia a los ciudadanos, debemos acabar con la troika, con la iniciativa privada, etc. La receta de su discurso: más estado y menos libertad. Incluso dio tiempo a otros debates de alto voltaje con Losantos sobre la Guerra Civil y el papel de sus admirados Carrillo o la Pasionaria; o algún rifirrafe más actual sobre su muy amada Venezuela de Chávez.

Fue su debut en una televisión a escala nacional. Y fue un éxito. La redifusión del programa se expandió por todas las redes. Más de medio millón de personas vieron en youtube el cara a cara con Losantos. Las semanas posteriores siguió viniendo al Gato a exponer en libertad (ojalá él la practique si llega algún día a cotas de poder) sus posturas troskistas y defender al régimen de Corea del Norte, a arremeter contra los mercados, el liberalismo, la casta política del PP-PSOE; incluso participó en un interesante programa en el que explicó por qué su bandera no es la española sino la republicana. Interecomomía fue el trampolín que le catapultó a televisiones más grandes que la nuestra. Pasó a ser asiduo en las tertulias de La Sexta, Cuatro, Ondacero… y un sinfín de medios de gran difusión nacional. El filón de este politólogo con melenas se había desatado.

En el trato personal Iglesias es un tipo afable, serio, no dado a las bromas y al sentido del humor y, desde mi punto de vista, francamente coherente. Dice lo que piensa y así se muestra en los medios de comunicación. Sabedor de la audiencia que da una televisión, ante las cámaras tiene una muy pensada línea de intervención basada en un populismo radical: ni un desahucio más; la vivienda es un derecho; el estado debe abastecer de manera gratuita de gas y electricidad a todos los hogares españoles; la educación y la sanidad deben costar 0€ (casi, casi se debería pagar al alumno por ir a clase o a un paciente por acudir a una revisión). Mensajes claramente marxistas, de la Cuba y Venezuela de hoy que han calado muy a fondo en sus seguidores en detrimento del PSOE y de IU.

Viendo el éxito y tirón de sus intervenciones televisivas decidió montar un partido político. Por mucho que lo revistan de democracia interna, de primarias y de participación de los militantes el “a, b, c” de Podemos es la auténtica adoración al líder. Y esa figura la encarna a la perfección con esa falsa humildad del Robin Hood del siglo XXI.

Tiempo habrá de analiaz el futuro de la formación. El presente dice que un millón doscientas cuarenta y cinco mil personas le han votado. Si se extrapolase estos resultados al parlamento nacional, Podemos obtendría (sin la aplicación de la Ley d’Hont) casi veinte diputados. Eso ocurriría dentro de 18 meses. Y antes, el partido de Iglesias afrontará las elecciones autonómicas y municipales y ¡ojito! porque podrían dar muchas más sorpresas. Quizás tendría la llave de la gobernabilidad de la Comunidad de Madrid, Asturias o tres comunidades más donde han sido la tercera fuerza política; o gobernar directamente en muchos municipios como Rivas Vaciamadrid en el que ha sido la fuerza más votada.

Como dijo su líder anoche, Podemos ha venido para quedarse. Pretenden desbancar al PP y PSOE de las instituciones españolas y para ello seguirán haciendo lo que más saben: discurso radical de izquierdas, recoger el descontento social, anegar las redes sociales con sus máximas marxistas y seguir copando los medios de comunicación. Pero cuidado, ya no es sólo un producto televisivo con un mensaje estudiado y populista: a partir de ahora se le va a mirar con lupa y se le va a exigir cuentas por lo que haga en el Europarlamento. Y ahí no hay maquillaje que valga. ¿Estará a la altura o se deshará como un soufflé?

El Anticapitalismo Antieuropeo
Javier Orrico Periodista Digital 27 Mayo 2014

Han venido a destruir Europa para salvarla del capitalismo. Y para salvar a las patrias que, en efecto, deberán desaparecer si alguna vez queremos ser europeos. La impugnación de Europa es una brillante idea que sólo podía salir de caletres como el de Marine Le Pen y Pablo Iglesias Bis, cuyas coincidencias serían sorprendentes si no hiciera setenta años que sabemos que los totalitarismos siempre son el mismo: la aniquilación de la libertad y la ruina de las naciones. Y sin embargo, el único modo de salvar la libertad y la democracia, frente al poder creciente de las corporaciones multinacionales, la especulación financiera, la corrupción con la que los poderes económicos corroen los Estados y las guaridas de ladrones que son los paraísos fiscales es, precisamente, Europa.

La confusión entre Europa y el capitalismo virtual, que tan buen partido saca de las ‘nuevas tecnologías’, es propia de la izquierda irresponsable que sigue creyendo que la riqueza es una cosa que brota de los boletines oficiales. ¿Qué controles podrá ofrecer la España prometeica de Iglesias ante los grandes capitales? ¿Un regreso a la Albania comunista y autárquica de Enver Hoxha con el nuevo comandantín Pablito subido a un caballo con la melena al vent? Y, sobre todo, ¿quién le financiará todo el paraíso que nos ha prometido a este gran admirador de ZP? ¿Mandarán a un ejército que ya no existirá a invadir las Islas Caimán? ¿Cuál será el papel en el mundo de una Francia cerrada sobre sí misma, con su megaEstado y sin crecimiento?

La única esperanza de desarrollo económico y trabajo para todos no puede venir de las tiranías comunistas que ya conocimos en el siglo pasado, y que han sido el mayor horror de la Humanidad. Ni de reavivamientos de la xenofobia y el nacionalismo, que ya nos destruyeron, y que responden al mismo miedo. No queremos enterarnos de que cuatro mil millones de personas luchan cada día por su derecho a vivir siquiera lejanamente como vivimos nosotros. La entrega a los mesías separatistas (internos y externos) y totalitarios no es otra cosa que la reacción contra ese mundo nuevo que ha venido a reemplazar nuestras antiguas seguridades. Estamos en los años treinta y aún no lo sabemos.

La democracia es el peor sistema político, a excepción hecha de todos los demás. Y el único modo de acercarnos a una democracia decente, en la que haya separación de poderes y rendición de cuentas de los administradores públicos, es una Europa unida. Una Europa que supere los nacionalismos, y sea lo suficientemente fuerte para embridar el capitalismo y forzarlo a ser, otra vez, el sistema que premiaba el talento y la ambición individuales, y no el conglomerado que ordena nuestras vidas sin que podamos soñar siquiera con conocer el rostro de sus excesos. Y, por supuesto, una Europa lo más desburocratizada posible y, a la vez, legitimada para controlar a las castas locales y desparasitar los Estados.

Otra cosa es que esa Europa la puedan construir estos pepés y estos pesoes, que han engordado a los monstruos con su corrupción y su impunidad, y cuyos intereses ya no son de este mundo, sino sólo de su propio mundo, ese en el que lo más importante es el puesto que ocupas en las listas. Pero con quien nunca podremos construirla es con Lepenes e Iglesias, bildus, esquerras, aislacionistas ingleses y vikingos asustados

Andalucía avala el régimen socialista.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 27 Mayo 2014

¡Quien te entienda que te compre! Los andaluces han dado un nuevo espaldarazo a Susana Díaz y su política de obstrucción manifiesta a la justicia y pasividad frente a la corrupción institucionalizada. El PSA-PSOE ha logrado una victoria sin discusión en esa comunidad ante un PP anodino, sin carisma y huído de la lucha. Una comunidad con la mayor tasa de paro de la UE y un escalofriante paro juvenil cercano al 60%. Una comunidad que basa su política laboral en la subvención universal, en programas PER, en el compadreo y en el clientelismo de un régimen socialista que dura ya décadas. Una comunidad que dispone de una "administración paralela" refugio de enchufados, simpatizantes y allegados soportados con los impuestos de todos los españoles, Una Administración pública en la que 1 de cada 5 andaluces ocupados trabaja para ella.

Pero además de todo lo anterior, ha sido la única comunidad donde el PSOE ha dispuesto no solo de un fondo de reptiles sin control, sino de un fondo inagotable de votantes cuyas motivaciones profundas de esta lealtad debería ser objeto de un análisis pormenorizado. Susana Díaz se postula como la exultante lider triunfadora capaz de sustituir a Alfredo Pérez Rubalcaba y enrocarse en la dirección federal para abortar cualquier intento de cambio en unas primarias y erigirse como única candidata a las elecciones generales del 2015. Ella fue designada por la dedocracia de Griñán, lo mismo que este lo fue por la dedocracia de Chaves. Ahora ella es aupada por los votos andaluces y con el beneplácito de Rubalcaba y de González.

Esta maniobra tan burda no ha tardado ni un segundo en ser denunciada por aquellos cuyas ambiciones de liderazgo se basaban en el descalabro electoral de la actual dirección y de Rubalcaba. Sin embargo, sus aspiraciones van a verse truncadas por el "apparat" a no ser que promuevan una auténtica rebelión si es que cuentan con los suficientes apoyos. Los "barones" socialistas acaban de sufrir el mismo correctivo en todas sus comunidades y feudos tradicionales como Castilla la Mancha o la misma Extremadura no acaban de recuperarse de forma tan incuestionable como en Andalucía. Y eso debilita las posiciones discrepantes.

Los plazos dados por Rubalcaba posponiendo el Congreso Extraordinario hasta el 18,19 y 20 de julio, indica claramente su voluntad de no asumir su compromiso de las primarias abiertas, de excusarse en su renuncia al cargo y en dejar la responsabilidad en el nuevo Secretario o nueva Secretaria General para corroborar esa hoja de ruta de primarias en noviembre. Y dadas las ambiciones de estadista que Susana Díaz ha venido mostrando desde su nombramiento y subida al poder de Andalucía, aunque sea en coalición con IU, no parece que esté por la labor de facilitar esas primarias para la elección de otro candidato a las elecciones generales que no sea ella misma.

Los aspirantes como Carme Chacón, Patxi López o Eduardo Madina entre otros, lo tienen bastante crudo. El caso de Carme Chacón ha sido especialmente grotesco al exiliarse voluntariamente durante el último año a los USA, abandonando su cargo como diputada y volviendo como "salvadora" de un PSOE dividido y abandonado por sus propios votantes, que se han radicalizado optando por otras alternativas. Ante la sultana andaluza no tienen ninguna posibilidad. El cambio es generacional y como en las grandes familias, "todo queda en casa". En Cataluña el ejemplo lo tenemos con CiU y los Pujol.

elecciones europeas 2014
Examen más reposado de los resultados electorales del 25–M
E. Milá Minuto Digital 27 Mayo 2014

Una cosa son los análisis de urgencia y otra el hacer un examen más reposado sobre los resultados electorales. Lo primero ya está hecho, vamos ahora a examinar algunos aspectos menos estridentes (pero, sin duda más importantes) de estos comicios. Hoy (martes) tenemos ya la ventaja de que todos los partidos han tenido ocasión de realizar una valoración de los resultados y conocemos su opinión. Lo dicho aquí no es más que un añadido a las primeras valoraciones realizadas en anteriores artículos publicados en la noche misma en la que se conocieron los resultados.

El PP que no ha entendido la advertencia del electorado
El problema es que el PP cree, sinceramente, que solamente ha perdido algunos votos pero que ha “ganado” las elecciones simplemente por el hecho de que ha obtenido más votos que su inmediato rival, el PP. Por tanto, ni Rajoy considera necesario remodelar el gobierno, ni siquiera rectificar algunas de las políticas que más han irritado al electorado. Simplemente, siguen considerándose vencedores y están mucho más tranquilos de lo que aconsejaría el sentido común.

A día de hoy, Rajoy ya no puede eludir algo que ha conseguido esquivar durante dos años: afrontar de una vez por todas el “problema catalán”, especialmente porque los resultados en aquella comunidad indican que el PP retrocede y se convierte en una fuerza insignificante al lado de una ERC sobredimensionada pero que, en cualquier caso, ha realizado el “surpaso” quedando por delante de CiU. Hubiera sido mucho más lógico que Rajoy afrontara el problema una vez se suscitó y lo hiciera radicalmente siendo claro ante las aspiraciones independentistas. En lugar de eso, no dio su “enterado” al desafío soberanista y este siguió creciendo confiando en que, a fin de cuentas, el referéndum estaba al alcance de la mano y, a partir de ahí, el problema no hizo más que crecer. El resultado del domingo demuestra que en Cataluña quienes han acudido a votar han sido los nacionalistas y los independentistas… no los españolistas ni las fuerzas de la derecha españolista que han optado por quedarse en casa a la vista del escaso crédito que conceden al PP y a las dimensiones de C’s, todavía minúsculas.

Aparte de esto, la dirección del PP no ha entendido el aviso del electorado: así no se puede seguir gobernando, de espaldas a la población poniéndonos la pistola en la nuca para vaciarnos la cartera y entregar el efectivo obtenido en la rapiña a los carroñeros del Banco Central Europeo y del Bundesbank. No se puede seguir gobernando ignorando que para toda la población la corrupción, la crisis económica, el paro y la inmigración masiva siguen siendo los principales problemas, junto a la merca del Estado del Bienestar y de los derechos sociales. El PP no se ha enterado de que el bipartidismo ha muerto (en realidad en otros países ha pasado algo similar: ni la derecha liberal francesa, ni el socialismo, han comprendido tampoco que ya no son hegemónicos, especialmente el PS que ha pasado a ser la tercera fuerza política, a distancia de la primera, el Front National) y que ellos ya no son la solución, ni nunca lo han sido, sino el problema (¡y qué problema!).

El PSOE empieza a tomar conciencia de las dimensiones de su crisis
Si Rubalcaba ha terminado dimitiendo tras conocer los resultados electorales, se ha debido, no tanto a los resultados del PSOE (malos) como a los del PSC (mucho peores). El PSC ha perdido más de la mitad de sus votos, pago inevitable a su eclecticismo en materia de vertebración del Estado. Y eso es muy importante para el PSOE porque las posibilidades de obtener mayoría absoluta pasan por obtener buenos resultados especialmente en Cataluña y Andalucía. Desintegrado el PSC, afronta por primera vez la imposibilidad de gobernar en solitario y la posibilidad de que IU y Podemos, le impongan condiciones y, desde luego, no estén dispuestos a tolerar los altos índices de corrupción de este partido.

El PSOE no ha entendido también que el bipartidismo ha muerto y que su crisis es aún mayor que la del PP. A fin de cuentas, a la derecha del PP sigue sin aparecer ninguna fuerza política, mientras que a la izquierda del PSOE proliferan como hongos. A la vista de la imposibilidad de edificar una “gran coalición” (como la propuesta por Felipe González en plena campaña electoral) con el PP, la única posibilidad que tiene el PSOE es volver al gobierno es mediante una alianza con la izquierda radical. Y esa posibilidad le enajena a buena parte de su propio electorado… Nadie llorará al PSOE cuando haya muerto.

La realidad es que el postzapaterismo era lo que cabía esperar y como habíamos anunciado desde 2007: desprovisto de cualquier dirigente con prestigio social, contando con media docena de mediocridades y pobres aprovechados que aspiran a sustituir a Rubalcaba, sin que queden en su nómina dirigentes ni militantes de prestigio (Rubalcaba era con mucho lo mejor que conservaba el PSOE), ahora se evidencia la vía muerta en la que encarriló José Luis Rodríguez Zapatero a su partido desde principios del milenio. Ciento cuarenta años de historia dilapidados por un indigente ideológico. Tras abjurar del marxismo, luego del socialismo democrático, anclado finalmente en una socialdemocracia hundida en todo el continente, compartiendo valores que ni siquiera eran socialdemócratas, sino humanistas–universalistas, el PSOE no ha sido capaz de recuperar, desde entonces, la iniciativa estratégica. Se conformó con enviar a Strasburgo a una Helena Valenciano, sin prestigio político, candidata de bajo perfil, útil solamente para muñir un consenso interior provisional. El fracaso estaba cantado desde el momento en que el PSOE se obstinó en hacer una campaña electoral reprochando a Arias Cañete el haber utilizado una consideración “machista”…

Tras Rubalcaba lo que viene es un tropel de pobres espabilados (los Patxi López, las Chacón, los Madina, los Tomás López, las Susanas Díaz, etc y seguramente saldrán más aspirantes) ninguno de los cuales posee ideas, programa, ni magnetismo personal, todos ellos son mediocridades entre mediocres e individuos grises que confunden su habilidad para escalar en las bambalinas del PSOE con tener carisma y magnetismo personal. Después de Rubalcaba el diluvio…

Tampoco el PSOE, por lo demás, se ha hecho eco del final del bipartidismo sancionado por el electorado, que el afecta a él en primer lugar al a vista de que su “estructura federal” resiste mucho peor los golpes y tiende más a la fragmentación. La dimisión de Rubalcaba, en otras condiciones, hubiera sido benéfica para el partido (a pesar de ser el último nombre “brillante” que quedaba en su nómina) e incluso lógica a la vista de los resultados, pero en las circunstancias actuales puede contribuir a acelerar el desplome del partido.

Izquierda frente a derecha
El gran misterio de porqué la izquierda ha subido tanto y ha obtenido tan buenos resultados se debe sin duda… a que la derecha se ha quedado en casa. Nunca como hasta ahora ha sido tan claro que el abstencionismo ha embargado sobre todo a la derecha, mientras que la izquierda ha acudido puntual y disciplinadamente a votar. El resultado ha sido que sí, que ha subido la izquierda, pero plurifraccionada, y si Podemos se ha convertido en la estrella ascendente del firmamento político español, se ha debido especialmente a que ha sabido manejar mucho mejor que cualquier otro partido (por su misma estructura juvenil) las redes sociales y especialmente Tuíter.

Por el contrario, el resto de partidos se ha conformado con realizar una campaña clásica utilizando medios de comunicación que la población ya no consulta: especialmente páginas de publicidad pagada en diarios que nadie lee y cuñas en radios que pocos escuchan y que apagan cuando dan publicidad. Podemos, sin embargo, ha dado una gran lección de cómo se aprovechan las herramientas de Internet 2.0, especialmente las redes sociales. No es fácil condensar un eslogan electoral en 140 caracteres permitidos por Tuíter y, sin embargo, Podemos lo ha logrado ¡y con qué resultado! Era normal que los 900.000 jóvenes que iban por primera vez a votar en esta convocatorio apostaran mayoritariamente por Podemos que respondía de manera extraordinariamente bien a sus rasgos generacionales.

Frente a Podemos, las otras dos formaciones de la izquierda estatalista, IU y UPyD, han mejorado sus posiciones pero tras ímprobos esfuerzos y sin dejar nunca bien atados a sus nuevos electores que veremos si siguen apoyando a las mismas candidaturas en los próximos comicios. La izquierda presentada por IU (que elección tras elección sigue sumando pequeñas siglas al núcleo original del que ya nadie se acuerda, el viejo PCE, en un nombre que hoy es kilométrico e incluso símbolo de la impotencia de la coalición) y el centro–izquierda de Rosa Díaz, junto con Ciutadans (que, no lo olvidemos, afirma con seriedad ser una partido de “centro–izquierda”, a pesar de que sus apoyos dicen otra cosa muy diferente), han ido erosionando las bases socialistas, mucho más que recuperando un electorado nuevo.

Pero estas elecciones no dicen nada sobre cómo será el comportamiento en las próximas convocatorias electorales de la derecha que se ha abstenido. No parece que le vaya a ser muy fácil al PP recuperar al mas de un tercio de sus electores que ha decidido no movilizarse, acaso porque ya han perdido la fe en que Mariano Rajoy pueda resolver los graves problemas de la sociedad española, acaso por la desidia y esa inmensa capacidad del presidente para aplazar la resolución de los problemas e incluso el encararlos decididamente.

El fracaso de Vox
Reiteradamente hemos evitado incluir a Vox en el pelotón de la extrema–derecha porque, en realidad, es otra cosa: una simple fotocopia reducida del PP en la que la temática de derechas está un poco más presente, mientras que la centrista ha desaparecido. Vox ha cometido, desde su fundación, distintos errores políticos que, finalmente, le han pasado factura: en primer lugar circulaba por caminos ya trillados (como nos encargamos de denunciar en nuestro Dossier sobre la Extrema–Derecha ante las elecciones europeas). El programa, la experiencia, la intención de quienes ponían en marcha Vox, ya había estado presente en los mismos términos hace 20 años en la experiencia del PADE que, ya entonces demostró que la derecha estaba muy contenta con las siglas PP. Ahora se ha reiterado el mismo intento con idéntico fracaso.

El programa de Vox contenía errores de bulto: el primero de todos pensar que sus temas eran “actuales” e interesaban a sectores amplios del electorado. La disolución de las autonomías constituía una propuesta tan “rotunda” que era, por sí misma, impracticable e imposible, una especie de boutade destinada a llamar la atención pero no a realizarse en la práctica. Y el electorado está ya harto de “imposibles metafísicos”. En cuanto a la problemática anti–ETA, con todas las heridas que ha dejado y la sensación amarga de injusticia y de victoria de los asesinos, simplemente ha dejado de interesar a nuestro pueblo en la medida en la que el acuerdo pactado para terminar con ETA, ha sido firmado y rubricado tanto por el PSOE (que lo propuso) como por el PP (que, sin duda, fue consultado cuando se encontraba en la oposición) y el resultado ha sido un cese de la violencia… a cambio de una salida gradual de presos. Moralmente censurable, políticamente innecesario, pero efectivo… En cuanto a su insistencia en el tema del aborto, cuando la sociedad española ha vivido una campaña proabortista contraria a la reforma de la ley operado por Gallardón, la sensación de la derecha es que si la izquierda ha protestado sobre este tema, es que la reforma debió ir en dirección de sus expectativas. Sobre la “lucha contra la corrupción” era algo que todos los partidos, incluidos PP y PSOE proponían.

Luego se han producido errores estratégicos notorios: el hecho de que Vidal–Quadras encabezara la candidatura no quiere decir que el origen catalán de éste fuera lo que aconsejara enfatizar la campaña en Cataluña, toda vez que el interesado lleva casi 20 años ausente.

Cuando se convoquen las elecciones municipales, veremos lo que queda en pie de Vox y veremos si ha sido capaz con estos resultados de atraer a sectores descontentos del PP o bolsas de votos significativas. También el PADE durante un par de elecciones consiguió mantener algunos concejales antes de desaparecer por completo.

De momento, Vox no va a ser la fórmula de derecha–derecha capaz de atraer a sectores significativos del PP y sacar de su posición abstencionista a sectores de la derecha sociológica.

El por qué de estos resultados
Los resultados generales son, en su mayor parte, coherentes con lo que está ocurriendo en España en los últimos siete años: una crisis económica que es capaz de prolongar extraordinariamente su duración, generar 6.000.000 de parados, colocar al 25% de la población próximo al umbral de la pobreza o por debajo de él, forzar a la emigración económica a decenas de miles de jóvenes, aumentar la presión fiscal sobre las rentas procedentes del trabajo para pagar una deuda contraída por otros, una crisis de este tipo, decimos, solamente puede desembocar en una profunda crisis social. Y ésta al prolongarse extraordinariamente en el tiempo solamente puede derivar en una formidable crisis política en la que están incluidas todas las estructuras del Estado: partidos tradicionales, monarquía, justicia, autonomías, municipios, etc. Los mismos casos de corrupción son muestra de la incidencia de la crisis política que es, a fin de cuentas, la crisis del régimen nacido en 1978.

Pero de todos los síntomas de la crisis política hay una que es particularmente importante: el final del bipartidismo. El misterio de la política española en los próximos años reside en saber cómo se va a portar un régimen concebido e ideado para el bipartidismo imperfecto, cuando las dos columnas en las que se sostenía (el centro–izquierda y el centro–derecha) aparecen como tocados y hundidos y la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV) ya no es, ni de lejos, la única protagonista de la vida política.

A partir de ahora, como hemos dicho, se ha acabado la época de las mayorías absolutas, ha concluido el período de alternancia de ambos partidos en el poder. Ahora, si quieren gestionar una parte del poder tendrán que pactar con otros. Y el panorama político se complicará extraordinariamente generando una inestabilidad que, a partir de ahora, va a ser la imagen de marca del régimen hasta su disolución final.

Es cierto que las elecciones europeas son relativamente poco importantes y que, tradicionalmente, en esos comicios aumenta la abstención, pero también es cierto que indican una línea inevitable e irremediable de tendencia. El bipartidismo será sustituido, pura y simplemente, por la inestabilidad. Una vez más se ha cumplido lo previsto por Thomas Molnar en su libro La Contrarrevolución: hay un momento en el que un régimen puede aplicar (porque es todavía fuerte) una reforma para salvarse; pero, habitualmente, dado que se siente fuerte, no percibe la necesidad de introducir reformas ni de corregir las tendencias más desagradables que han aparecido en su interior; por tanto, ese régimen sigue degradándose. Llega un momento en el que la reforma se hace acuciante, pero el régimen está tan absolutamente desgatado que ya es incapaz de operar cualquier reforma y, simplemente, se produce el desplome interior. El sistema político nacido en España en 1978, está hoy reproduciendo este esquema de manera absolutamente maquinal. Sabemos, pues, lo que tiene ante la vista.
¿Algo que añadir sobre la extrema–derecha?

En ese magma en el que se mueven cinco partidos, queda claro que uno de ellos es el representante indiscutible del sector histórico, FE–JONS, y que todos aquellos que se reclamen y se reconozcan en esa fisonomía terminarán convergiendo allí. Parece improbable que puedan perpetuarse dos grupos que utilicen el mismo emblema del yugo y de las flechas, por tanto, si la lógica tiene alguna repercusión en este ambiente, ambos grupos deberían de converger y La Falange estaría ahora en una buena situación para abordar la negociación que llevara a la unidad histórica de las falanges. Una iniciativa de este tipo parece casi obligada.

Falange Española de las JONS, no lo olvidemos, ha hecho una buena campaña con escasos medios. Ahora bien, es inútil pensar que el techo de una formación de este tipo puede ir más allá de sumar los votos cosechados por otros grupos similares. Por bien que actúe su dirección, lo evidente es que su imagen remite a otros tiempos y a otros valores, ya lejanos en el tiempo y que el “nacional–sindicalismo” dice muy poco a una sociedad que considera como el único sindicalismo existente el que protagonizado por las siglas UGT y CCOO, que han traicionado a la clase obrera.

Hemos dicho en muchas ocasiones si no sería mejor que los falangistas pensaran en otro modelo organizativo y no en la forma de “partido político”. La revista mensual Patria Sindicalista demuestra que, quizás, tender hacia la formación de una “escuela de pensamiento” sería mucho más productivo en términos de persistencia del falangismo en la sociedad futuro. Preparando cuadros y dirigentes políticos, como en otro tiempo hizo la Escuela de Propagandistas Católicos, se conseguiría influir mucho más en la sociedad y no restringirse a los altos muros de un partido político.

Hará falta ver si en los próximos meses ambos grupos falangistas logran reabrir conversaciones para su unidad definitiva y para la elección de una estrategia de futuro.

Los segundos en resultados en la extrema–derecha ha sido la coalición Iniciativa Social, un nombre equívoco en la medida en que a poco que el simpatizante se acercaba a su temática se percibía claramente que, tras este rótulo, proseguía ese monotema obsesivo del aborto, destacando con mucho sobre cualquier otra temática. Creemos que el intento está encarrilado hacia una vía muerta y sin salida no ahora, sino desde el momento mismo de su arranque.

Si en esta ocasión IS (AES+CTC+FyV) ha perdido buena parte de los votos que AES en solitario obtuvo hace cinco años, se ha debido, especialmente, a la competencia de Vox. Lo que se abre a partir de ahora –nuevamente, si hemos de pensar en términos lógico, lo que es del todo evidente que hagan los protagonistas– es que ambas formaciones (IS–AES y Vox) se planteen un futuro común. No hay, simplemente, no hay espacio para ambas. Y, de momento, a pesar de sus resultados limitados, Vox arrincona a AES. Quizás sea la forma y el momento de dar por concluida la experiencia neo–piñarista, social–cristiana, o como prefieran llamarla.

No hay más posibilidades de convergencia, ni de fusiones o desapariciones de siglas. DN y MSR prosiguen como hasta ahora. El papel de DN pactando primero con LEM, luego ausentándose sin dejar señas para reaparecer en Soluciona, para finalmente presentarse solo, ha sido una peripecia sin precedentes, no por previsible, menos exótica. Tiene gracia que tanto DN como MSR consideren que “han vencido” (e incluso lo expresen así) y que, a partir de ahora, “la lucha continúa”, lo que implica tener, simplemente, más moral que el Alcoyano. Hay que reconocer que en estas elecciones, ambas formaciones se han preocupado por reinventarse a sí mismas: han ido agrupando a expulsados de otros grupos, bolsas de militantes recuperadas aquí y allí, nombres surgidos de los más variados ambientes, para componer sus listas. Ni aun así han conseguido escapar a los magros resultados de otras veces, que en ambos casos indican –por pura lógica– que no logran interesar salvo a muy pocos (error técnico en los recuentos incluido).

Ahora piensan que “en las municipales será nuestra hora”… pero parten en situación de desventaja. Y, por lo demás, el tiempo no pasa en vano: MSR tiene 14 años y DN está por cumplir los 20.

De todos estos fragmentos –por mucho que parte de sus fondos sean utilizados en viajes lowcost a visitar a “partidos hermanos” del extranjero en la creencia de que presentarse como “socios” les reportará algún interés por parte de los medios de comunicación españoles– no podrá salir nunca nada parecido a los movimientos que han dado un prodigioso salto adelante en Europa. Pero esta es otra historia.


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Elecciones europeas
La casa común de la derecha
Emilio Campmany Libertad Digital 27 Mayo 2014

El PP se ha pegado en estas elecciones europeas un batacazo. Sí, ¿y qué? Parte de su electorado se fue a la abstención, pero no se ha notado. Quizá porque otros habituales de ella, en el campo del separatismo y de la extrema izquierda, han decidido esta vez ir a votar. El caso es que... como si no lo hubieran hecho. Otros se fueron con Vox, y fueron tan pocos que ni siquiera pudieron devolver a Vidal-Quadras al Parlamento Europeo. Algunos se decidieron por la izquierda moderada que representa UPyD, y no bastó ni para darle tantos escaños como los que han logrado los de Podemos, que partían de cero. Los últimos desertores se decidieron por la opción transversal que representaba Ciudadanos, y apenas bastó para compensar el relativamente escaso entusiasmo que el partido ha originado en la región donde el movimiento nació, Cataluña.

La izquierda harta del PSOE, en cambio, no ha querido saber nada de las opciones regeneradoras y se ha dividido entre los radicales integrados en el sistema, esto es, IU, los bolivarianos de Podemos y los verdes. O sea, que la izquierda descontenta, muy numerosa, prefiere la revolución a la regeneración. En estas condiciones, al electorado de derecha regeneracionista no le queda otra que renunciar a esa regeneración que el PP no quiere llevar a cabo y volver a la casa común que Génova representa, aunque allí haga años que no pasan una escoba.

A la perspectiva de la incorporación de Podemos a un posible gobierno de coalición en el que Pablo Iglesias ocupara cualquier cartera se añade la de las probables victorias de Bildu y la Esquerra en sus respectivas regiones. El PSOE no sólo parece incapaz de frenar esa deriva, sino que amenaza con radicalizarse para poder unirse a la fiesta. El único que puede evitarlo es el PP si vuelven a votarle todos sus electores. Y la mayoría no encontrará otra opción. ¿Que sube los impuestos? Que los suba. ¿Que libera etarras? Que los libere. ¿Que politiza la justicia? Que la politice. ¿Que se descubren casos de corrupción? Que se descubran. En la izquierda nadie quiere la regeneración. Se dividen entre los que en el PSOE se aferran al sistema y los que buscan la revolución. Y, siendo imposible la regeneración, la derecha siempre preferirá Guatemala a Guatepeor. Por no acabar siendo Venezuela, no sólo se tragará a este PP, sino que aceptará, si necesario fuera, una alianza con PNV y CiU a cambio de darles lo que pidan con tal de que no sea la independencia.

El experimento que con gaseosa europea han hecho los electores de la derecha regeneracionista ha salido fatal y va a ser difícil que quieran repetirlo con champán del bueno. De forma que habrá que acudir al chino de la esquina, comprarse unas buenas pinzas para la nariz y tenerlas preparadas para cuando nos convoquen dentro de un año a nuevas elecciones. Lo peor es ver cómo Arriola se sale con la suya.

Las grandes cuestiones
EDITORIAL Libertad Digital 27 Mayo 2014

El varapalo recibido por los dos grandes partidos en las elecciones de este domingo puede calificarse de histórico sin temor a exagerar. Entre PP y PSOE se han dejado 17 escaños respecto a la última cita europea, y han pasado de representar el 80% del electorado a un exiguo 49%, la cifra más baja jamás alcanzada por las dos formaciones de manera conjunta. La debacle ha afectado especialmente al PSOE, que ni siquiera puede aducir, como hace el PP, que ha resultado ganador de las elecciones en términos relativos. Pero ni socialistas ni populares parecen haber asumido la verdadera magnitud de lo ocurrido este domingo, a tenor de la forma en que han reaccionado a esta verdadera catástrofe para el bipartidismo que ambos representan.

En el PSOE, un Rubalcaba más que amortizado ha tirado definitivamente la toalla y anunciado su renuncia a la Secretaría General, que hará efectiva en el congreso extraordinario previsto para mediados de julio, de manera que podrá seguir manejando los hilos del aparato para garantizarse una sucesión a su medida. La llegada de una nueva dirección al partido, además, deja en el aire no sólo el formato, sino la propia celebración de elecciones primarias para elegir al candidato a las próximas elecciones generales, algo sobre lo que se había alcanzado un acuerdo que ahora queda a expensas de lo que ocurra en el congreso de julio. La figura emergente de Susana Díaz, apuntalada por los buenos resultados de los socialistas en Andalucía, puede ser la clave para que el PSOE lleve a cabo una renovación engañosa sin participación de la militancia, como temen ya los cuatro aspirantes que hasta el momento han mostrado intenciones de pugnar por la Secretaría General.

Y si en el PSOE las consecuencias del desastre electoral pueden acabar en una mera operación cosmética, en el Partido Popular ni siquiera se han planteado la posibilidad de tomar alguna medida para recuperar la confianza perdida de su electorado. Las palabras de Rajoy ayer, apelando a la "gran distancia" a la que están las opciones minoritarias y a que "en las grandes cuestiones" el bipartidismo no se está equivocando, son el fiel reflejo de un dirigente que ha decidido negar la realidad para evitar la toma de decisiones de calado que vuelvan a hacer del PP un partido previsible, fiable y leal a los principios que siempre ha defendido mayoritariamente el electorado de centroderecha.

El panorama político surgido de las elecciones del domingo es el desplome del PP en feudos otrora inatacables como Madrid o Valencia, el derrumbamiento estrepitoso del PSOE -con el consiguiente crecimiento exponencial de la izquierda radical, incluida una fuerza antisistema de nuevo cuño que no oculta su vocación totalitaria-, la progresión importante del brazo político de la ETA en País Vasco y Navarra y, finalmente, el relevo en Cataluña de CiU como principal fuerza política por Esquerra Republicana, dispuesta a cumplir a cualquier precio la amenaza de secesión formulada en su día por Artur Mas.

Este es, a grandes rasgos, el marco político que queda tras las elecciones del domingo, lo suficientemente preocupante como para que los partidos que hasta ahora han tenido la responsabilidad de gobernar hagan un examen a fondo de las causas que han provocado este desastre sin precedentes. PP y PSOE deberían aprovechar esta ocasión para demostrar que han entendido el mensaje y comenzar a tomar medidas para una verdadera regeneración política.

Hay importantes asuntos pendientes de una adecuada respuesta política, como la corrupción institucional, la politización de la Justicia o la necesidad de racionalizar el disparatado sistema territorial poniendo fin a los chantajes de los nacionalismos con la Constitución y las leyes en la mano. Sin embargo, todo parece indicar que las "grandes cuestiones" a que se refería Rajoy ayer para justificar su negativa a actuar se reducen a mantener a cualquier precio el sistema pendular de poder que tan cómodamente han disfrutado PP y PSOE. En esa clave hay que entender las referencias a un Gobierno de coalición que se vienen insinuando desde que Felipe González enarboló el argumento en una reciente aparición televisiva, cuyo objetivo es blindar a las direcciones de los dos partidos ante la posibilidad de que las próximas elecciones generales den lugar a unas Cortes ingobernables.

Un bipartidismo autista e interesado, el de socialistas y populares, que los votantes españoles comenzaron el pasado domingo a cuestionar de manera abrumadora, aunque los dirigentes de las dos formaciones y sus mentores prefieran seguir huyendo de la realidad.
 


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