AGLI Recortes de Prensa   Martes 3 Junio  2014

La abdicación de España
Javier Orrico Periodista Digital  3 Junio 2014

Con la muerte de Adolfo Suárez y la abdicación de Juan Carlos I se acaba la España que inaugurábamos, jubilosos y esperanzados, en aquellos años finales de los setenta que hemos bautizado como la Transición. Éramos entonces una nación unida y alegre, que creía en el futuro y en la bondad universal. Siempre he pensado que fue aquella fe ingenua la que nos trajo casi treinta años de libertad y prosperidad. Y de fiesta, porque España se convirtió, a los ojos del mundo, en lo que siempre había sido: el país con la forma de vida más alegre y envidiable de su tiempo. Pero aquella fiesta se acabó con los atentados de Atocha, ante los que reaccionamos con una cobardía y desunión de las que ya no nos hemos recuperado.

Aquellos crímenes inauguraron la década que en el futuro, sin duda, será calificada como ominosa, ruinosa, destructiva. La década del gobernante más dañino en siglos, Zapatero, al que sucedió un partido acobardado e incapaz de emprender la tarea de regeneración a que estaba obligado. Zapatero sí que supo dejarlo todo atado y bien atado. Su propósito fue desde el principio cargarse esa España de la Transición que consideraba traidora a los ideales republicanos que él venía a servir.Y su tarea principal fue hundir los pactos, reabrir las heridas, recuperar la discordia y el enfrentamiento civiles, y romper la nación misma, alentando los separatismos vasco y catalán como aliados en esa tarea de ruptura que no se había hecho treinta años atrás. Su éxito ha sido casi completo, con un único efecto colateral: la merecida destrucción –cordero sacrificial por un bien superior- de su propio partido, ese PSOE que lo encumbró y lo adoró, corrompido hasta el encanallamiento más absoluto, y que ni siquiera hoy, en su ‘rodada’, se manifiesta decidido a abjurar de esa herencia.

Pero con el PSOE se desangra también el PP, que ha demostrado ser parte de la misma estructura podrida en la que la mayoría se ha dedicado a blindar sus privilegios, en lugar de encarar con valentía la desratización que el régimen necesitaba. Rajoy, el prudentísmo, decidió rodearse de tontos y centrarse exclusivamente en la tragedia económica que vivíamos, cierto, pero olvidando que de nada vale a un hombre ganar el mundo si pierde su alma. Y el alma era la Justicia, asunto en el que no se podía dejar suelto a Gallardón, ese peligro. Y la enseñanza, con una reformita que no arrancaba de raíz el logse-zapaterismo, como era y sigue siendo necesario. Y era la corrupción, que no podía disimularse negando a Bárcenas y manipulando jueces. Y era la Hacienda, persiguiendo el fraude verdadero, no las migajas de los asalariados, sino los castillos fiscales de los poderosos. Y era la reforma de un MultiEstado insostenible, fuente esencial de la deuda imparable que no han hecho otra cosa que incrementar.

Y era, en fin, la ETA impune a la que se le ponen los asesinos en la calle, y la Cataluña separatista contra la que no se ha ofrecido ni un solo argumento racional, mientras se la regaba de millones. Más aún: contra la que sólo han enviado al ministro de ¡Asuntos Exteriores! Mero anticipo, sin duda, del cambalache que nos están preparando, y por el que le concederán derechos históricos y un estatuto de privilegio constitucional frente a los demás españoles.

La que abdica de sí misma, junto al Rey, es España. Al menos aquella España feliz de nuestra juventud afortunada. Aquella que compartía objetivos, ilusiones y ganas de encontrar un sitio en la Historia. Una alianza imbatible de incuria, idiotez, resentimiento y granujería ha acabado con ella. La solución, por supuesto, no es la República, ni Salvados, esa fuerza política alimentada desde las televisiones de los plutócratas Lara y Berlusconi que incrementan sus beneficios con comunistas exitosos como Iglesias que luego se las cerrarán. He leído que en las concentraciones republicanas se coreaba que la solución es el socialismo. El de verdad, se supone, el que levantó el Muro de Berlín y sólo trajo, como es conocido, riqueza y libertad a naciones como Polonia, Camboya, Rumania, Bulgaria. O Cuba. En este camino de progreso al pasado terminarán paseando a la momia de Largo Caballero, “el Lenin español”, y demandando el regreso del padrecito Stalin.

Eso sí, España mañana será republicana y comunista, pero Arturo, Arturito, Artur seguirá diciendo que España podrá ser lo que quiera, pero “el proceso catalán continúa”. Fue Bismarck el que dijo que España era tan fuerte que los españoles llevaban siglos intentando acabar con ella y aún no lo habían conseguido. Habrá que recordárselo a Mas.

Haciendo de República
José Javier Esparza www.gaceta.es  3 Junio 2014

“Haciendo de República” es el título de un conocido –y delicioso- volumen de Julio Camba sobre los años republicanos de 1931. El título es tan expresivo que requiere poco comentario: la República de 1931, la II República, era tan sectaria, y sus gentes tan mediocres, que aquel régimen invitaba a las comparaciones escatológicas. Sobre todo desde una derecha que nunca fue aceptada por los gerifaltes republicanos. Aquella fue una “república hemipléjica” a la que sólo le funcionaba la mitad del cerebro. La mitad izquierda.

La otra noche, al calor de la noticia de la abdicación del rey, muchas plazas de España se llenaron de multitudes que festejaban la caída del Borbón y el advenimiento triunfal de una III República. En ese desquiciado juego de rol que vivimos desde que el infausto ZP nos hizo viajar al pasado, estas gentes salieron a la calle como si estuviéramos en el 14 de abril de 1931 y, aún más delirante, como si el anuncio de una pronta abdicación en un heredero fuera lo mismo que una huida al exilio. Penoso. Con todo, el espectáculo fue elocuente sobre el carácter hemipléjico del republicanismo español: aquí, en efecto, la República es cosa de izquierdas, incluso de extrema izquierda. La derecha no tiene una idea republicana; no la ha pensado nunca. Lo más parecido que tuvo, que fue el republicanismo inicial de los “padres” de 1931, ya sabemos cómo acabó: devorado por la izquierda porque le faltó pueblo en la derecha.

La monarquía es seguramente un régimen muy perfectible. La república también lo es. Ocurre que la bondad o maldad de la república o la monarquía no descansan sobre el modelo de Estado en sí mismo, sino sobre su capacidad para asegurar el poder público, para garantizar la soberanía nacional, para preservar los derechos ciudadanos, para asegurar la continuidad histórica de la nación, etc. Hay repúblicas sublimes y otras abominables, y hay monarquías excelsas y otras despreciables. En nuestra historia nacional ha habido monarquías funestas y otras bastante más estimulantes. Pero sólo ha habido dos repúblicas y ambas han sido calamitosas. No por ser monarquías o repúblicas, sino por la calidad de quienes las diseñaron y ejercieron el gobierno.

Sobre el papel, no hay por qué renunciar al ideal de una sana república de ciudadanos libres y familias sólidas, de “hombres honrados y mujeres virtuosas”, como decía Octavio Augusto (el mismo, ciertamente, que terminó convirtiendo la república en imperio). Pero ese ideal, en los tiempos que corren, puede alcanzarse tanto con corona como sin ella, porque hoy nadie discute el principio de que la soberanía nacional descansa en el pueblo. Desde este punto de vista, el debate entre república o monarquía es perfectamente superfluo: los mismos objetivos de libertades públicas y soberanía nacional pueden alcanzarse indistintamente con cualquier régimen. Es un hecho que nuestra monarquía, hoy, se ha mostrado ineficaz a la hora de afrontar retos esenciales como el separatismo. Pero basta mirar a los que enarbolan la ridícula bandera tricolor (ridícula por antihistórica, porque es fruto de un error infantil) para vaticinar sus insuficiencias.

La monarquía vigente, tal y como quedó diseñada en 1978, ha sido la clave de bóveda de un sistema que hoy llega a su fin. Aquel sistema descansaba sobre el consenso perpetuo de dos grandes formaciones moderadas, una a derecha y otra a izquierda, con concesiones permanentes a unos nacionalismos regionales igualmente moderados, y aquel consenso y estas concesiones incluían también la estabilidad de las oligarquías económicas y la entrega de la cultura social a la izquierda y los separatistas. Hoy, 36 años después, aquel sistema ha quedado completamente sobrepasado por los acontecimientos y por sus propios errores: la izquierda (en gran parte) ha dejado de ser moderada, los nacionalismos también, la oligarquía económica empieza a ser percibida como un agente enemigo por una sociedad depauperada, la clase política se hunde en la corrupción y la cultura social empieza a preguntarse qué sentido tiene una corona. O sea que, si la monarquía ha de continuar, deberá hacerlo desde otras bases. Porque las actuales sólo han conducido al colapso.

¿Lo haría mejor una república? La pregunta es infantil. Con la clase política que tenemos, las oligarquías económicas que tenemos, los intelectuales que tenemos y –no callemos nada- el pueblo que tenemos, ¿cree alguien realmente que una república subsanaría los desaciertos de la monarquía? No habría ninguna diferencia. Y, todavía peor, habríamos hecho desaparecer uno de los pocos elementos que aún permiten hablar de la continuidad histórica de la nación.

Es verdad que necesitamos una profunda regeneración política, reformas económicas de gran calado, un impulso de reunificación nacional y un vasto programa de desinfección moral de la sociedad española. Si hubiera una fuerza republicana dispuesta a abanderar estas cosas, quién sabe: quizás con una república nos iría mejor. Pero no hay tal fuerza ni se la ve en el horizonte. Lo que se ve es un republicanismo obtuso de émulos de Nicolás Maduro y nostálgicos de Largo Caballero y Carrillo, sectarios e intolerantes, dispuestos a dejar fuera de la circulación a media sociedad. O sea, “Haciendo de República”. Más vale no pasar por ahí.

Y la Corona, ¿está en condiciones de afrontar las necesarias tareas de rectificación del sistema de 1978? No lo sé. Pero es una evidencia que, con unos republicanos echados al monte de la demagogia radical, sólo la monarquía garantiza una convivencia decente. Y tal vez alguien, por qué no, pueda hacer ver al que pronto será nuevo monarca dónde están sus principales obligaciones.

En plata: entre un mal mayor y un mal menor, sólo cabe escoger el mal menor. Y una vez escogido, habrá que intentar que se transforme en un bien. El verdadero combate está en este último objetivo. Y para eso, lo mismo da una república que una monarquía; lo único importante es que España sobreviva como agente histórico. ¿Quién se apunta?

¡Tempus fugit!
Vicente A. C. M. Periodista Digital  3 Junio 2014

Eso creo que es lo que debió valorar el Rey a la hora de precipitar su anuncio de salida. Porque como ya dicen otros analistas, tanto las formas como el contenido de los dicursos dan una impresión de una partida de ajedrez en la que el Rey se enroca en su posición hasta que alguien, Mariano Rajoy, le asegura su total impunidad a futuro. Esta idea lanzada por Luis del Pino en Libertad Digital merece una detenida lectura y reflexión. Nada es como parece y menos cuando se empeñan en mostrarlo como algo muy meditado. La impresión es de total improvisación porque si no no se explica que en unos momentos tan históricos e importantes para D. Juan Carlos, en su anuncio se encontrara patéticamente solo sin la compañía en Zarzuela ni de su esposa ni de sus hijos, al menos de la de su heredero. Todos estaban en el extranjero en diferentes misiones. ¿Desafección?¿Desinterés? No, creo que sorpresa. Y es que la soledad es muy mala.

Como siempre pasa, el tiempo es un perfecto artesano para modelar los acontecimientos y dar la pausa suficiente para su asimilación y análisis sosegado.. De hecho, al escuchar con calma el discurso del Rey, no hay ninguna mención a las causas por las que dimite, salvo una referencia a un tópico relevo generacional del que hasta hace bien poco renegaba. Uno es Rey hasta que se muere, es lo bueno y lo malo de ser un elegido por Dios y por el linaje dinástico, aunque D. Juan Carlos fuera elegido por el dictador Franco, si bien ratificado posteriormente en el "totus revolutum" de la Constitución de 1978. Es evidente que D. Juan Carlos está intentando pasar armas y bagajes a su hijo para que, desde su imagen mediáticamente impoluta alejada de los escándalos que han salpicado últimamente a la Monarquía, sea capaz de garantizar la supervivencia de esa anacrónica Institución.

Lo que va quedando meridianamente claro es que la urgencia que se está imponiendo a este proceso de abdicación solo se entiende desde el pánico a la democracia que demuestran tanto PSOE como PP ante el avance imparable de una izquierda que asusta a unos e ilusiona a otros. El bipartidismo se ha acabado y entramos en una etapa desconocida cuya deriva es impredecible. Los ciudadanos han despertado de su letargo conformista y comienzan a radicalizar sus posturas ante la desilusión extrema de ver cómo los dos principales partidos se protegen mutuamente de sus fechorías y no están dispuestos a ceder a la presión democratica que se reclama desde la sociedad. Porque el paripé del PSOE de la elección de su Secretario General viene solo tras el triunfo de esa presión de las bases que se veían otra vez ninguneadas por las cúpulas de sus federaciones, de sus barones autonómicos y de su Comité Federal nacional. Una abdicación plebeya donde el heredero, en este caso heredera, ya estaba designado de antemano sin pasar por el filtro de la consulta.

El tiempo pasa muy rápido y los acontecimientos se precipitan, nunca mejor dicho, porque estamos asistiendo al intento de la perpetuación de la casta dominante legitimándose en una Constitución que más de la mitad de la población actual, sin el lastre del pasado, no votó. Esa Constitución nació como dije ayer con serias deformidades y se hace absolutamente necesario proceder a su renovación. Demorar lo inevitable solo conseguirá que cada vez más ciudadanos la rechacen y duden de su legitimidad. El paso a las nuevas generaciones debe venir asumiendo su nueva visión de la sociedad y del sistema de gobierno que se prefiere. Y no me vale con que se esgriman los fantasmas de un pasado anacrónico e incomparable con la era de la información actual y la aspiración de una verdadra libertad y democracia.

La casta se equivoca gravemente al querer apartar al pueblo español de una decisión tan trascendental como es dar por sentado que se acepta como consolidado e irrenucniable este sistema anti democrático de Monarquía. El pánico a la democracia les obliga a hurtar al pueblo español que se pronuncie, transformándonos en auténticos súbditos en vez de ciudadanos libres y en eso coincido desgraciadamente con Cayo Lara. Por una España democrática, exijo un referéndum para optar entre Monarquía y República.

WE CAN. What "we can"?
José M. de la Viña El Confidencial  3 Junio 2014

PODEMOS. ¿Qué podemos? A falta de hombres de Estado, bienvenidos sean los caudillos mesiánicos. Una casta sucede a la otra. Es el sino inevitable de la historia, hado que pugna por resurgir. ¿Quién hará bueno a quién?

Tal como andan las cosas, habrá que dar el beneficio de la duda al que acaba de llegar. Cuestión de lozanía y juventud, aunque produzca cagalera a más de una poltrona senil y atornillada y cause temblor a los buenos demócratas huérfanos de instituciones honradas y de cauces realmente democráticos y honestos.

A la vieja plutocracia le ha llegado su hora. O se regenera por las buenas o fenece por las malas. O se retira con dignidad o la echan a patadas. O da la alternativa a un cambio purificador y honrado o sonarán tiros al estilo Carrasco.

Tal es la disyuntiva: incómoda, salvaje, feroz, radical, dura, primitiva, pueril. Podría llegar a ser violenta. Guste o no guste a las mentes escuálidas que nos arruinan y apalean, su fin por fin ha llegado.

A España, Europa, al planeta entero le revientan las costuras sociales, y no sólo las climáticas y medioambientales. El mundo ha cambiado. El ser humano no se quiere dar por enterado. No deja de ser un animal con cada vez menor fulgor racional.

Podría tomar la delantera la alternativa postrera a causa de la ceguera y la codicia, la incompetencia y la incapacidad de los que ostentan el poder económico y político, la casta extractiva en vigor, que dejó de ser clase política hace tiempo, se denominase de izquierdas, de derechas o con media pensión, convirtiéndose todos en la misma piltrafa descorazonadora: élite extractiva.
Se nos olvida que esto se ha convertido en un país de viejos. Donde pocos aportan a las arcas públicas, donde demasiados aspiran a vivir muchos años mamando de la misma teta común

El jugoso programa de PODEMOS es idílico, angelical, perfecto, maravilloso, ideal. No es extraño que sea asumido con entusiasmo e irracionalidad tal ahuecamiento cívico radical, aunque alguna medida parezca sensata y hasta pragmática. Me imagino que será algún error de transcripción. No nos engañemos. Aunque la mona se vista de seda…

La propuesta que más me gusta es aquella que exige diseminar trabajo y empleo mediante jubilación a los 60 años, semana laboral de 35 horas y renta básica universal con el fin de redistribuir entre todos trabajo y riqueza. Me apunto a ella.

Obvia la ley no escrita que dice que todo eso hay que pagarlo, que la cantidad de trabajo disponible no es estático ni permanente. Depende de muchos factores degenerativos, entre ellos la menguante seguridad jurídica cuando el populismo se implanta, la estabilidad legal que disminuye o la justicia que se amordaza.

O la idiocia perseverante de los druidas nobelados cuyo tribunal inquisidor, el FMI, continúa erre que erre dispensando sentencias erradas. Da igual que la secta que ejecuta el vil garrote económico sea keynesiana o kafkiana, monetarista o surrealista.

Se nos olvida que esto se ha convertido en un país de viejos. Donde pocos aportan a las arcas públicas, donde demasiados aspiran a vivir muchos años mamando de la misma teta común. Somos uno de los países con mayor longevidad, algo bueno tenemos. Pero a nada que alguien examine la pirámide de población se dará cuenta de que la ecuación demográfica se ido al traste: pocos aportan para que muchos pazcan.

Minoría creciente que no podrá mantener a millones de ancianos y desempleados si además esos pocos son cada vez menos. Habrá que mantenerlos a su vez, porque no tendrán trabajo. Disminuirá el empleo de calidad todavía más, consecuencia inevitable de todo populismo. O de las prédicas fanáticas de los druidas nobelados. Extremos ambos del mismo carajal político, económico y social con consecuencias similares: pobreza generalizada, mayor desigualdad, caos emergente.

A ver cómo gaitas PODEMOS puede solucionar tal disyuntiva. El trabajo disponible es inversamente proporcional a la cantidad de medidas populistas implantadas. El resultado práctico es que el empleo acaba disminuyendo todavía más, excepto para los nuevos acólitos con mando en plaza y llave de la caja.

Todos se empobrecen cuando el populismo se implanta. ¿Todos? No. La casta emergente sustituye a la tradicional élite extractiva, hereda sus prebendas así como sus heces éticas y su faltriquera económica. Humana ley de vida para todo el que sin ningún barniz ético olfatea y cata billetes frescos, palpa poltrona y aspira a no hacer nada. El oprimido se acaba convirtiendo a su vez en tirano. La historia se vuelve a repetir una vez más.

Patético ejemplo lo constituye Venezuela, la cual, a pesar de disponer de petróleo gratis a granel, goza de un nivel de vida nauseabundo, una escasez crónica y una seguridad ciudadana inexistente. O la extravagante vida del padrino, Fidel Castro, que, como todo el mundo sabe, es extensiva a su pueblo. ¿En eso queremos convertirnos?

En España el único maná gratis que existe proviene del Sol. Hace germinar ladrillos, cochambre arquitectónica, hormigón en playas y costas, trabajo precario o humildes camareros, por muy dignos y necesarios que sean. ¿No somos capaces de promover nada más? Industria, por ejemplo.

Puede parecer y parece, podemos constatar y constatamos que, con tal programa, PODEMOS no amenaza a los ciudadanos con ningún deber. Es la base de cualquier populismo: ciudadanos infantiles aborregados, conscientemente incultos sin deber ni civismo que valga. Sólo derechos, si quedara alguno disponible cuando el proceso degenerativo termine de germinar.
En España el único maná gratis que existe proviene del Sol. Hace germinar ladrillos, cochambre arquitectónica, hormigón en playas y costas, trabajo precario o humildes camareros, por muy dignos y necesarios que sean

No me extraña que muchos los hayan votado, aparte de los cabreados que han utilizado su voto como válvula de escape, como símbolo de su indignación o aviso a los navegantes acerca de la impotencia terminal, que son legión.

Voto que podría volver a recalar en la sensatez si los partidos políticos tradicionales se renovaran radicalmente, se revolvieran de su silla inmóvil y estática, y se regenerasen con la vista puesta en un futuro esperanzador. Les queda año y medio.

Es triste continuar contemplando a tanto pelele mandando, a tanto inepto gobernando, a tanto imputado disfrutando del sillón, el que no sigue robando o cachondeándose del ciudadano con su soberbia vacía de pudor y de ética. Los que están en el machito continúan exprimiendo la vaca. Es el sino del poder en España. La ubre reventará. ¿No se podría esperar algo mejor de los que mandan, aunque sea por una vez?

La señal enviada por el éxito de PODEMOS es un durísimo voto de castigo hacia los obsoletos y degenerados partidos políticos tradicionales. La señal del pueblo ha sido clara: o se regeneran a toda velocidad o PODEMOS comenzar a temblar.

La ciudadanía está harta. Lo estamos todos. La paciencia se ha colmado. Ya no permitimos que políticos enquistados nos continúen burlando. Debemos enviarlos a casa entre todos. Podemos (con minúsculas) hacerlo, dignificar este lodazal.

Y, si no se regeneran por propia iniciativa, PODEMOS les propinará la puntilla definitiva dentro de año y medio. El populismo se impondrá. Nos convertiremos en otra Argentina, Cuba o Venezuela más. O en una Francia antaño grandiosa, hogar de la libertad y de los valores de la Ilustración que una vez fue, que vota aplastantemente la xenofobia, la otra cara de la misma cosa, extremos salvajes ambos del mismo carajal político y social. ¿Es eso lo que queremos?

El caduco y entristecido PSOE parece que amaga con espabilar. Desgraciadamente, los candidatos que se barajan son muy flojos, miembros honorarios todos del desaguisado presente. Candidato a cual más patético, con menos sustancia ni profesión, aunque alguna tenga algo de gracejo vacío de contenido, un más de lo mismo caciquil financiado con deuda para mantener a demasiado caradura con exceso de pose y gracia.

La renuncia de alguno le dignifica. Hagan los demás postulantes lo mismo. Busquen entre todos mejor postor. Les queda un mes. ¿Tan huérfano de políticos de altura se ha quedado el PSOE? Si no encuentra mejor recambio en plazo récord, mucho me temo que su réquiem será dramático para todo el sistema democrático.

Rubalcaba tenía al menos profesión y capacidad, aunque puede que no mucho sex-appeal. Era el perfecto número dos. Aunque cuando lo fue con Zapatero no sirvió para nada. No paró ninguna de sus tropelías neofascistas ni demagógicas, ni detuvo la corrupción, que se sepa.

El Partido Popular continúa con su indolencia autodestructiva. Hasta que se despeñe. Pongan algo de brío, pardiez. Limpien de mierda el corrupto corral popular de una vez. Renuévense con gente que merezca la pena. Gobiernen en vez de vegetar. Dejen de soltar estúpidos partos legislativos reaccionarios.

Hagan cosas que merezcan la pena, algo más que arrodillarse y lamer el culo a una troika acienciada, desalmada y ciega. Ustedes verán si desean extender su prevista fecha de caducidad. Recuerden: año y medio.

De los nacionalismos, qué decir. Una versión excluyente del populismo emergente armada de ombliguismo, xenofobia de pueblo y cerrilidad nacional. Avanza con velocidad de crucero hacia el caos venidero. Los chinos se partirán de risa cuando les toque negociar con tal cúmulo de nacioncitas peleadas entre ellas una vez Europa se desintegre a la manera del tolerante imperio austrohúngaro, hace la friolera de cien años.

Lo de Francia y Reino Unido, Holanda, Austria o Grecia y los decadentes paraísos nórdicos cada vez más xenófobos es también asunto para recapacitar. La Unión Europea, otra que deberá espabilar. Deberá refundarse abandonando el catecismo ultraliberal.

Deberá por fin gobernar en beneficio de los ciudadanos europeos, del empleo y de la templanza natural, en vez de propulsar con nuestro dinero las entrópicas animaladas de asiáticos y emergentes, el dumping humano y medioambiental, una libre competencia que no es tal.

La Comisión Europea deberá ser liderada por estadistas en vez de mercachifles a sueldo de no se sabe quién. O sí. ¿Le interesa a Merkel? No se desanime. Apagará la luz, cerrará la puerta de Europa. Alemania será la última en caer. Acabará también despeñada y arruinada a causa de su inflexibilidad marcial y su recurrente ceguera teutona. No lo dude.
Deberá por fin gobernar en beneficio de los ciudadanos europeos, del empleo y de la templanza natural, en vez de propulsar con nuestro dinero las entrópicas animaladas de asiáticos y emergentes, el dumping humano y medioambiental, una libre competencia que no es tal

El resto de regiones de este planeta vendrán detrás, una detrás de otra, cuando la diosa madre vaya pasando cumplida factura medioambiental y no sólo social, económica, política y cultural. Cuando el calor apriete, cuando la escasez amague, cuando el agua dulce disponible no sea suficiente, cuando los océanos aneguen, cuando las hambrunas se propaguen. Cuando las guerras que vienen se desencadenen.

¿Es el comienzo de una regeneración? ¿Lo es de una revolución? ¿O es acaso el preludio del caos? Se atisba esto último si no se planea ni escenifica ningún cambio radical de tercio político, económico y social aliñado de mesura medioambiental.

No tendría por qué ser algo tenebroso si se aplicara verdadera INNOVACIÓN, nuevos modelos, nueva economía fundamental aliñada con sensatez humana. Si se aseara con ciencia y con cultura, con ética y con razón, con algo de sentido común.

Se cumple a rajatabla el guion de la NASA (y mío). La semana pasada era el clima y el medioambiente. La anterior fue la decadencia social. Hoy es el caos político que se avecina. Parece que se resquebrajan uno a uno todos los pilares que sostienen esta llamemos civilización, como cualquier otra anterior.

Podría ser el comienzo de un futuro esperanzador. Ya. Se me olvidaba. Hacen falta estadistas, nuevos paradigmas, ciencia económica de verdad. Abandonar las orejeras presentes, la inercia intelectual apolillada, tanta ciencia que no es tal, tanta mente hueca y almohadillada.

Don Juan Carlos acaba de dar un paso al costado. El señor Rubalcaba lo dio la semana pasada. Señor Rajoy: su turno; Don Felipe: suerte.
WE CAN. Podemos.

Por qué el Rey abdica ahora (pero no todavía)
Luis del Pino Libertad Digital  3 Junio 2014

Lo primero que hay que aclarar es que el Rey no ha abdicado. Lo que ha hecho es comunicar a Rajoy (y a todos los españoles) su decisión de abdicar, no su abdicación. Y esa distinción es importante, como luego veremos. Así pues, a fecha de hoy, Don Juan Carlos I sigue siendo Rey de España, y no sabemos con exactitud hasta cuándo.

¿Por qué el Rey anuncia precisamente ahora su decisión de abdicar? ¿Y por qué no ha puesto fecha a esa abdicación?

Para responder a esas preguntas, y entender qué está pasando, les invito a fijarse en dos detalles ciertamente llamativos de lo que ha sucedido hoy:

1) La extremada precipitación con la que se han desarrollado los acontecimientos. El anuncio ha sido realizado por sorpresa. Tanto es así, que ha habido que adelantar el regreso del Príncipe (que estaba fuera de España); ha habido que cancelar la comida que el Rey tenía hoy en Barcelona; ha habido que convocar de urgencia un consejo de ministros extraordinario para mañana martes; ha habido que cancelar actos que los miembros del gobierno tenían preparados... ¿Por qué tanta improvisación? Aparentemente, no tiene ningún sentido. Y menos si, como nos dicen, el Rey tenía tomada la decisión desde enero, y Rajoy y Rubalcaba la conocían desde marzo. ¿Qué es lo que ha pasado, que ha obligado a acelerar las cosas tan chapuceramente?

2) La anormalidad protocolaria del anuncio. De la misma manera que no tendría ningún sentido que la dimisión de Rajoy la anunciara la vicepresidenta Sáenz de Santamaría (sino que tendría que ser el propio Rajoy quien la comunicara a los ciudadanos), tampoco tiene ningún sentido que la abdicación del Jefe del Estado sea anunciada por alguien distinto del Jefe del Estado. El que haya sido Rajoy el que comparezca en primer lugar es algo completamente anormal, desde el punto de vista protocolario: lo normal hubiera sido que el propio Rey comunicara a los españoles su decisión de abdicar, y que después Rajoy hubiera comparecido para hacer las declaraciones que quisiera. Así se hizo en Holanda: la reina Beatriz hizo una comparecencia televisiva anunciando su decisión de abdicar, y a continuación hizo su declaración el primer ministro holandés. Y así se hizo también en Bélgica: primero habló el rey Alberto y luego el primer ministro. ¿Por qué, entonces, se invierte el protocolo normal y sale Rajoy a comparecer primero?

La respuesta a todas estas preguntas es, como vamos a ver, muy simple.
El Rey no ha puesto fecha a su abdicación por la sencilla razón de que no puede abdicar mientras no se le garantice, mediante Ley Orgánica, que va seguir gozando de la misma inviolabilidad de la que goza ahora. Si no se le garantizara esa inviolabilidad, el Rey correría el riesgo de que algún partido (por ejemplo ERC, o Bildu, o Podemos) o algún particular presentara una denuncia contra él por cualquier presunto caso de corrupción (por ejemplo, el caso Urdangarín). Y si un juez decidiera admitir una denuncia contra el ciudadano Juan Carlos de Borbón, nos podríamos encontrar con el espectáculo de un ex-Rey sentado en el banquillo.

Ni el Rey, ni Rajoy, ni Rubalcaba, van a consentir esa eventualidad. Por tanto, el Rey comunica su decisión de abdicar, pero no la materializará hasta que se apruebe, como Rajoy ha anunciado, la correspondiente Ley Orgánica.

Hasta aquí, todo normal. Pero ese procedimiento (elaboración de la necesaria Ley Orgánica que proteja al Rey, y posterior abdicación) podría haberse realizado con tranquilidad en los próximos meses. ¿Por qué, entonces, se aceleran los acontecimientos y se anuncia por sorpresa la abdicación esta mañana? Aquí es donde entran en juego las elecciones europeas del pasado 25-M.

Para elaborar esa Ley Orgánica que blinde judicialmente al ex-Rey, PP y PSOE tienen que apoyarla sin fisuras, tanto en el Parlamento como ante la opinión pública. Y si el resultado hubiera sido el que todas las encuestas preveían (descenso del bipartidismo, pero sin hundimiento), ese proceso podría haberse desarrollado tranquilamente y sin sobresaltos, en los plazos previstos: de aquí al otoño.

Pero hete aquí que el 25-M ha traído un hundimiento por sorpresa de los dos partidos mayoritarios, y que ese resultado ha provocado el anuncio de dimisión de Rubalcaba. En principio, eso no hubiera debido representar un problema, si la sucesión de Rubalcaba hubiera sido convenientemente controlada. Pero de repente, el PSOE ha estallado en pedazos, y lo que parecía una sucesión controlada se ha convertido en un proceso bastante imprevisible, en el que puede salir elegido secretario general cualquiera, y en el que el PSOE podría caer en la tentación de escorarse a la izquierda y hacia el populismo, para contrarrestar el ascenso de Podemos.

Lo cual quiere decir, claro está, que podría darse el caso de que la nueva dirección del PSOE no estuviera dispuesta a apoyar la Ley Orgánica que el Rey necesita para blindarse. Y esa es la causa de tanta precipitación: alguien se ha molestado en echar las cuentas de los días que hacen falta para tramitar una Ley Orgánica, y se ha dado cuenta de que, o se empieza a tramitar ya, o se corre el riesgo de que la ley no esté aprobada antes de que Rubalcaba pierda definitivamente el control del partido.

De ahí el anuncio sorpresa, de ahí la convocatoria de un consejo de ministros extraordinario para mañana y de ahí la premura en tramitar la Ley.

¿Y por qué esa anormalidad protocolaria, consistente en que Rajoy comparezca antes que el propio Jefe del Estado? Pues porque no estamos ante una abdicación normal. ¿Qué fue lo que hizo la Reina Beatriz de Holanda? Anunciar que iba abdicar y poner fecha a esa abdicación. Pero Don Juan Carlos I no podía hacer lo mismo, porque la suya es una abdicación condicionada: condicionada a que se apruebe la Ley Orgánica prometida. Una abdicación que, por tanto, no tiene fecha todavía.

Y, como el Rey no podía anunciar fecha concreta, ni tampoco hubiera quedado bien que fuera él quien enunciara la condición de abdicación, por eso ha tenido que salir Rajoy en primer lugar y encargarse él de enunciar esa condición: "... será necesario aprobar una ley orgánica específica...". Una vez dejado eso claro por Rajoy, el Rey podía salir a la palestra y hacer una declaración en la que se obviara ese espinoso asunto, y se obviara también el poner fecha a la abdicación.

Si alguien nos hubiera dicho hace dos semanas que las elecciones europeas no solo iban a provocar la dimisión de Rubalcaba, sino que también iban a precipitar la abdicación del Rey, creo que nadie lo habría creído.

Tras Juan Carlos ¿Viva la República?
Ernesto Milá Minuto Digital  3 Junio 2014

En 1931, después de unas elecciones municipales de las que aun hoy se ignora cuáles fueron los resultados reales, pareció que en las grandes ciudades el número de concejales monárquicos era inferior al de republicanos y el rey aprovechó para “emprender las de Villadiego” en lo que puede ser calificado como cualquier cosa menos como un “fenecer glorioso”. En Cataluña, Luís Companys proclamó la República Catalana desde el ayuntamiento y el fervor republicano se manifestó en las calles. El resto lo conocemos: nunca, en sus cinco años de vida, la República logró asentarse. Hoy, los riesgos son parecidos, sino peores.

Los que hoy proclaman la necesidad de una república deberían de tener en cuenta lo que implica la llegada de un nuevo régimen auspiciado especialmente por la izquierda revanchista. Porque no se trata ni de salir a la calle ni de encontrar el balcón más próximo para dar un salto al vacío. En realidad, fuera de los fervores de unos y de otros, de las filias y de las fobias subjetivas, la realidad es que en este país muy pocos son monárquicos o republicanos. Porque el verdadero problema no es “monarquía” o “república”, sino un país que funcione o un país que no funcione. Hay monarquías modélicas y hay repúblicas infames, y viceversa… En un período en el que un 25% de la población está próximo al umbral de la pobreza, con una situación económica mundial endiablada e irresoluble a causa de la globalización, no parece muy claro que ni una monarquía ni una república vayan a resolver gran cosa, así pues, la discusión sobre monarquía o república es, en las actuales circunstancias, completamente irrelevante y está completamente fuera de lugar.

Por lo demás, hay que pensar que en las actuales circunstancias una “república” no sería nada más que un modelo de organización fuertemente lastrado por los valores humanistas-universalistas procedentes de la izquierda progresista, y que quienes aspiran a una “república no tricolor” no tendrían absolutamente nada que decir. Mirad los resultados de las elecciones del 25-M y veréis quiénes harían la nueva constitución republicana y cuál sería su espíritu.

El problema no es sustituir a la monarquía por otro régimen, sino que ese “otro régimen” garantice la buena marcha del país. Y no da la sensación de que de la izquierda actual tenga un portentoso proyecto de regeneración nacional que vaya más allá de la instauración de una república (que, insistimos, cuyos valores, estructura y principios, solamente podría, hoy por hoy, salir de los laboratorios ideológico-dogmáticos de la izquierda)… Lo peor del caso, es que la derecha tampoco parece tener otro proyecto que no sea el de prolongar en Felipe VI el régimen nacido en 1978.

Si el juancarlismo ha concluido, si la instauración de una república constituiría un peligroso salto al vacío (que, por lo demás, no aportaría nada más que el cambio de membretes y rotulaciones en los papeles oficiales y poco más), ¿qué vía queda para este país? Hay una tercera vía: la del CIRUJANO DE HIERRO, LA DEL “HOMBRE FUERTE” al frente de una REGENCIA que afronte decididamente los grandes retos y problemas del país. Luego, ya se verá y siempre será tiempo de elegir entre “monarquía” o “república”. Hacerlo en las actuales circunstancias supondría un cheque en blanco para el humanismo-universalista propio de la ideología de la izquierda postzapaterista. España precisa una nueva constitución, pero para llegar a eso, precisa también un período de:

1) Fin del derroche generado por los partidos políticos, renegociación de la deuda.
2) Certificación del fracaso bochornoso y total del “Estado de las Autonomías”. Resolver el problema de la centrifugación nacional.
3) Persecución con castigos ejemplares de todos los casos de corrupción habidos (los delitos contra la sociedad, y la corrupción política es una de ellos, no deben prescribir jamás).
4) Generación de nuevas formas de representación política no basadas en los partidos políticos.
5) Poner coto a los desmanes de los “señores del dinero” y a sus beneficios.
6) Volver a una economía productiva, renegociando el acuerdo de adhesión a la UE (es mucho más importante un referéndum sobre nuestra permanencia en la UE que sobre “monarquía o república”), reinstaurando barreras arancelarias, evitando que las rentas procedentes del trabajo sean machacadas fiscalmente, mientras las rentas del capital se van de rositas.
7) Lucha contra todos aquellos elementos que han desequilibrado en los últimos treinta años a a la sociedad española y que han hundido nuestra sistema de valores, el nivel cultural del país y han hecho quebrar el sistema educativo.

SIN UNA ETAPA PREVIA DE “RECTIFICACIÓN Y REORDENACIÓN” DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA NO HAY POSIBILIDADES DE ELABORAR NI UNA NUEVA CONSTITUCIÓN, NI DE PLANTEAR LA DICOTOMÍA “MONARQUÍA-REPÚBLICA”. Y ESA ETAPA SOLAMENTE PUEDE ESTAR PROTAGONIZADA POR EL “CIRUJANO DE HIERRO”, EL “HOMBRE FUERTE” QUE RESTAURE LA AUTORIDAD DEL ESTADO, QUE DEFIENDA A LAS CLASES MÁS MODESTAS Y PONGA EN CINTURA A LOS “SEÑORES DEL DINERO”.

Es evidente que ni nos manifestamos en este momento por la prolongación del juancarlismo en su descendiente, ni por el salto al vacío que supondría una república que hoy estaría lastrada (como lo estuvo la Segunda República) por la prepotencia de la izquierda. Creemos que solamente el CIRUJANO DE HIERRO con plenos poderes para restaurar la dignidad del Estado, para aligerar la carga fiscal que suponen la deuda, el Estado de las Autonomías, el sistema de partidos y la corrupción, pueden hacernos dejar atrás este período triste y desintegrador en la historia de nuestro país que se inició con la MENTIRA DE LA TRANSICIÓN. Nunca mejor dicho puede recordarse el viejo refrán de que “aquellas aguas, trajeron estos lodos”.

Y no se cree las cuentas de Moncloa
Duro toque de atención de Bruselas a Rajoy: exige una "reducción sistemática del gasto"
D. Soriano Libertad Digital  3 Junio 2014

La Comisión insinúa que el Gobierno sobreestima la capacidad de sus medidas para reducir el déficit y pide "ambiciosas reformas estructurales".

Bruselas no se cree las cuentas del Gobierno español, ni su capacidad para reducir el déficit según lo prometido. Así lo ha dejado claro, este lunes, la Comisión Europea, con la publicación de la "Recomendación del Consejo relativa al Programa Nacional de Reformas de 2014", uno de los documentos más duros que el Ejecutivo comunitario ha presentado en los últimos meses. Incluso aunque está escrito en el lenguaje comunitario habitual en este tipo de informes, sorprenden los reproches que se le hacen a nuestro país y el larguísimo listado de reformas que exigen.

Leyendo las 10 páginas del documento, queda claro que la Comisión cree que a Mariano Rajoy le queda mucho trabajo por delante y de la máxima importancia. Las autoridades comunitarias piden cambios en casi todos los aspectos de la vida económica, desde el mercado laboral (reducción de modalidades de contratación y cambio de las políticas activas de empleo), hasta los sectores regulados (aplicación inmediata de la ley de unidad de mercado y ley de servicios profesionales), pasando por los cambios en las administraciones (reforzamiento de los mecanismos de control y lucha contra la economía sumergida).

Pero quizás lo que más destaque sean las propuestas en lo que hace referencia al gasto público y la consolidación presupuestaria. Casi todo es llamativo en esta cuestión: primero, porque Bruselas insinúa que no se cree algunas de las cuentas del Gobierno; segundo, porque le pide más concreción y contundencia en la reducción del déficit; y tercero, porque le avisa claramente de los riesgos que existen acerca del incumplimiento de los objetivos impuestos por la UE.

"Riesgos de sobreestimación"
Al menos desde 2010, las cuentas públicas españolas son objeto de atención preferente desde Bruselas, Fráncfort (sede del BCE) y Berlín. El Gobierno ha vendido como un éxito el desplome de la prima de riesgo y la salida de la situación de riesgo extremo que provocó que en el segundo semestre de 2011 y el primero de 2012 se diera casi por seguro el rescate de España.

Sin duda, ha habido una mejora en términos presupuestarios y de confianza ante los inversores. Pero la situación está lejos de ser tranquilizadora. Las administraciones públicas cerraron 2013 con un déficit cercano al 7% del PIB y surgen dudas sobre si no habrá habido maquillaje por parte de Hacienda. En este contexto, la nota de la Comisión resulta poco tranquilizadora. El Ejecutivo comunitario cree que las cuentas de Moncloa no se sostienen, ni en lo que hace referencia al crecimiento del PIB, ni a la reducción del déficit.

La primera parte del informe incluye el análisis de la situación y de las perspectivas de futuro a corto plazo. Los autores dejan claro que no están nada convencidos de las previsiones realizadas desde Madrid y de las medidas aprobadas para alcanzar los objetivos marcados:

El escenario macroeconómico en el que se apoyan las previsiones presupuestarias incluidas en el programa, que no ha sido elaborado ni corroborado por ningún organismo independiente, pero presenta riesgos de sobreestimación en lo tocante a 2015 en comparación con las previsiones de la primavera de 2014 de los servicios de la Comisión.
Para 2016-2017, las tasas de crecimiento del PIB previstas en el programa parecen un tanto optimistas si se consideran las estimaciones actuales de la tasa de crecimiento potencial de la economía y las necesidades de ajuste restantes una vez concluida la crisis. Así pues, existen también riesgos de sobreestimación en relación con las sendas de ajuste del déficit y la deuda.
Además, todavía no se han especificado suficientemente las medidas concretas en apoyo del logro de los objetivos de déficit global a partir de 2015, especialmente por lo que respecta a los cambios de la legislación tributaria en el marco de la reforma fiscal prevista.

Sigue habiendo margen para aplicar los mecanismos coercitivos adicionales, establecidos en la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria, a las comunidades autónomas incumplidoras.

Las recomendaciones
Con este panorama, no resulta extraño que cuando llega la parte final (la más importante) del informe la Comisión sea muy prolija en el redactado de las recomendaciones para el Gobierno español. Prácticamente no hay ningún aspecto de la política presupuestaria y fiscal que no toque el documento.

En primer lugar, pide a España que refuerce "la estrategia presupuestaria a partir de 2014, especificando plenamente las medidas para 2015 y los años posteriores".Es importante este apunte a los "años posteriores" porque lo que quiere la UE es que los esfuerzos no sean flor de un día. Es más, puede intuirse que en Bruselas no se creen que los recortes hayan sido tan duros como el Gobierno ha vendido en los últimos meses.

En este sentido, la Comisión recuerda al Gobierno que afrontar los actuales desequilibrios presupuestarios "exige aplicar de manera creíble ambiciosas reformas estructurales que permitan incrementar la capacidad del ajuste". Y para que todo esto no se quede sólo en palabras, dan una cifra: "aplicar un ajuste estructural no inferior al 0,5% cada año e incluso mayor si la coyuntura económica es buena". Sólo así, se lograría, en su opinión, "situar la deuda pública en una senda de descenso constante".

Además, la UE no se queda con un tirón de orejas por unas previsiones desacertadas o con la referencia genérica a la necesidad de reducir el déficit. La segunda parte del punto dedicado a la estabilidad presupuestaria incluye cuatro medidas directas para contener el gasto público. Para empezar, exigen al Gobierno que ponga en marcha de una vez la "nueva autoridad presupuestaria", para que pueda "funcionar cuanto antes". También pide que se "apliquen de forma rigurosa y transparente", y en "todos los niveles de la administración", las medidas correctoras y coercitivas de la Ley de Estabilidad Presupuestaria. En ambos casos, se trata de medidas anunciadas por el Gobierno pero no aplicadas en su integridad.

No se queda ahí el documento. En tercer lugar, exigen a España que, "antes de febrero de 2015", realice "una reducción sistemática del gasto en todos los niveles de la administración para contribuir mejorar la eficiencia del gasto público". Por último, pone un ejemplo concreto de un sector en el que aplicar estas recomendaciones: "la asistencia sanitaria", para el que pide una "racionalización del gasto farmacéutico" y la "coordinación entre los distintos tipos de asistencia".

Los impuestos
Eso sí, la Comisión no se queda en la parte de los ingresos, el Ejecutivo comunitario también ataca la parte de los ingresos. En este capítulo, vuelve a pedir al Gobierno que acometa una "reforma fiscal completa, que simplifique el sistema impositivo" para facilitar el crecimiento y la creación de empleo.

Las recomendaciones que hace en este campo no son nuevas. En realidad, apuntan en una dirección expresada varias veces en los últimos años: más imposición indirecta (IVA y especiales), reducción de bonificaciones fiscales a cambio de menores tipos y bajada de las cotizaciones sociales para conseguir una devaluación interna encubierta para mejorar nuestra competitividad ante el exterior:

"Trasladar la imposición hacia tributos menos distorsionadores como los que gravan el consumo (IVA) o el deterioro del medio ambiente" (carburantes, entre otros)
"Impuestos recurrentes sobre bienes inmuebles" (es decir, sobre la tenencia de estos bienes antes que sobre la transacción)
"Eliminar los gastos ineficientes en el impuesto de sociedades y el impuesto sobre la renta de las personas físicas": cuando habla de "gastos ineficientes" la Comisión quiere decir eliminar deducciones y bonificaciones fiscales.
"Considerar la posibilidad de reducir las cotizaciones empresariales a la seguridad social, en particular en el caso de los empleos con salarios reducidos"
"Seguir corrigiendo la distorsión a favor del endeudamiento en el impuesto de sociedades"
"Intensificar la lucha contra la evasión fiscal"

¿ Economistas ? No, gacias
Nota del Editor  3 Junio 2014

Y dale con la subida de impuestos. A ver cuando se enteran estos economistas del FMI, ¡ vaya orquesta ! de que el problema reside en la ineficacia del (des) gobierno en todos los niveles.

Que lo que tienen que recomendar es transparencia de la gestión pública, procesamiento de los interventores por prevaricación, y desaparición de los profesionales de la política.

Si quieren recomendar alga barato y eficaz, pueden aconsejar que el (des)gobierno de Rajoy y sus quates deroguen todas las leyes de lenguas regionales, para conseguir un mercado libre, ligero, transparente y una educación libre y de calidad. Y si no se lo creen que se pasen por cualquier instituto de alguna región que sufre la desgracia de "tener la riqueza " de una lengua propia para ver las paredes, muestra clara de la indoctrinación y descerebramiento de los asistentes.

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COVITE demanda en la Cámara vasca iniciativas para combatir a quienes defienden que el terrorismo fue una herramienta válida
“El Mapa del Terror es el espejo en el que no os queréis mirar”, le dice Consuelo Ordóñez a un parlamentario de Bildu
Redacción.  latribunadelpaisvasco.com  3 Junio 2014

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo, Covite, ha presentado en el Parlamento Vasco el Mapa del Terror, una iniciativa que, según ha destacado la asociación, nace para deslegitimar el terrorismo en un contexto histórico como el actual "en el que formaciones políticas como EH Bildu lo legitiman y justifican a diario". Así se lo ha trasladado la presidenta de Covite a un parlamentario de la coalición abertzale durante la presentación de la herramienta multimedia: “Le voy a pedir su atención tan sólo un momento. Míreme a los ojos, por favor. El mapa del terror que hoy presentamos es el espejo en el que ustedes no se quieren mirar”.

Ordóñez ha realizado estas declaraciones en la comisión de Derechos Humanos, Igualdad y Participación Ciudadana de la Cámara vasca, donde ha comparecido junto con el directivo de Covite Josu Puelles a petición de UPyD. El colectivo de víctimas, ente los grupos políticos, ha insistido en que en el Parlamento vasco hay un partido “que da cobijo a planteamientos totalitarios, que da cobijo a quienes no hace tanto jaleaban brutales asesinatos y hoy justifican esos crímenes defendiendo que fueron cometidos por una noble causa”.

En palabras de la propia Ordóñez, “ese planteamiento, unido a la ausencia de proyectos que giren en torno a la memoria y a la deslegitimación de la violencia, manda un mensaje claro a nuestros nietos: ‘El fin justifica los medios. Utiliza balas en vez de palabras y serás recibido como un héroe”. Ante eso, Covite ha resaltado la importancia de desarrollar proyectos como el Mapa del Terror, una iniciativa multimedia que documenta y geolocaliza 602 asesinatos terroristas. “Se ha puesto nombre y apellidos a víctimas que apenas aparecían en las hemerotecas y cuyas muertes, en muchas ocasiones, pasaron desapercibidas”, han matizado los responsables de Covite.

Covite ha aprovechado su intervención en el Parlamento Vasco para alertar a los grupos que integran la Cámara de que las instituciones vascas no se están implicando lo suficiente en torno a la memoria. “Muchos de ustedes pueden defender que no, que las víctimas del terrorismo tienen visibilidad, que la sociedad jamás olvidará la peor dictadura que ha vivido el País Vasco en democracia. Pero si esto fuera así, ¿por qué tras 50 años de tiros en la cabeza esta es la primera iniciativa que geolocaliza en un mapa multimedia todos los asesinatos terroristas?”, ha concluido Ordóñez.


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