AGLI Recortes de Prensa   Sábado 7 Junio  2014

El plan Draghi no arregla Europa
Daniel Lacalle EC  7 Junio 2014

"The ECB moves into uncharted territory with negative deposit rates" Bloomberg.

La euforia se ha desatado, de nuevo. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), lanzaba el jueves un paquete de medidas que, según algunos comentaristas "rebaja el coste de las hipotecas, combate la deflación, reactiva el crédito y mejora las exportaciones". Todo en uno, como el elixir del amor y tónico reconstituyente de los vendedores ambulantes. Nos encantan las soluciones mágicas. Aunque se haya aplicado lo mismo en 2009-2010 y no funcionase. Repetir. Les recomiendo el articulo de Juan Manuel Lopez Zafra "Y Draghi cogió su fusil" en El Confidencial.

Sin embargo, las dudas sobre la propuesta son muy relevantes y empiezan por el diagnóstico.

El plan del BCE lleva a los agentes financieros a tomar aún más riesgos al bajar los tipos de interés a niveles ínfimos y al forzar el crédito, aunque no se haya solventado el problema de deuda europeo.

- Europa tiene un problema de sobrecapacidad y exceso de deuda, no de falta de crédito, con un exceso de liquidez de 180.000 millones de euros que el propio BCE muestra en sus documentos. Intentar forzar el crédito no es la solución. Se repite el mantra de que hay un problema de concesión de préstamos y no de sobrecapacidad, pero como bien comentaba Eduardo Segovia en El Confidencial, "La inyección del BCE no será la panacea para que vuelva el crédito".

¿En qué vamos a gastar que tenga un impacto real en el PIB y en el empleo? Veamos, según datos de Eurostat, BCE y Goldman Sachs, Europa tiene una sobrecapacidad del 20% en energía, incluyendo capacidad de generación, regasificación y refino suficiente para atender la demanda prevista en 2030 (IEA). Además, un 23% de sobrecapacidad en aeropuertos e infraestructuras, sobre todo autopistas, y un 28% en espacio de oficinas y congresos. Sobra capacidad portuaria, un 17%, y de almacenamiento... y falta tecnología... Que ni sufre de falta de crédito ni es intensiva en empleo.
Europa tiene un problema de sobrecapacidad y exceso de deuda, no de falta de crédito, con un exceso de liquidez de 180.000 millones de euros que el propio BCE muestra en sus documentos. Intentar forzar el crédito no es la solución. Se repite el mantra de que hay un problema de concesión de préstamos y no de sobrecapacidad

Europa no sólo tiene un problema de sobrecapacidad en activos reales, fruto de esos "planes industriales" estatales casi soviéticos de 1991-2010, sino un exceso de crédito y tamaño del sistema financiero. Los activos totales del sector bancario superan el 274% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2013 (un 334% incluyendo filiales extranjeras), comparado con Japón, donde es un 192%, y Estados Unidos, con un 83%. No es, por lo tanto un problema de cantidad de crédito o que sea barato. El propio BCE en su informe "Is Europe overbanked?" (Junio 2014) analiza que el ratio de crédito bancario privado (familias y empresas) sobre el PIB se disparó entre 1991 y 2011 desde un 38% hasta más del 100% del PIB, muy por encima de Japón y Estados Unidos. No existe ningún ejemplo de expansión de crédito mayor al vivido en España entre 1995 y 2011, donde se triplicó el credito sobre el PIB. Ni siquiera China.

Nadie duda de que hay empresas puntuales que tienen problemas de financiación, también existían esos casos en la orgía crediticia, pero no es el problema agregado. El diferencial entre coste de préstamos a pymes y grandes clientes en la periferia se explica en un 80% por el excesivo peso en ese crédito del sector inmobiliario, hostelero y energético subvencionado.

Lo que falta en Europa es tecnología, sin embargo, es precisamente la política de los estados de sostener los sectores sobrecapacitados e ineficientes y rechazar los sectores que bajan los precios y compiten la que hace que Europa sea donde menos se apoya con capital a los sectores tecnológicos. Como en el caso de las telecomunicaciones en Francia, donde el ministro Montebourg se quejaba de "las bajadas de precios", pidiendo una fusión entre empresas para evitarlo. Si no hay una buena subvención, no lo queremos.

El plan del BCE, por lo tanto, atiende a la máxima keynesiana de que la sobrecapacidad no importa, es el pasado, sólo importa "convertir las piedras en pan", como decía Lord Keynes en 1943.

El llamado TLTRO (inyecciones de liquidez enfocadas) esconde reactivar el ladrillo. Muchos me dicen que "excluye el préstamo inmobiliario". Claro, pero no la construcción. Y genera efecto empuje a la banca, ya que se fuerza a que presten al imponer tipos negativos a los depósitos -aunque sigan con desequilibrios importantes-. Es decir, los bancos van a tener que buscar riesgo de suficiente cantidad donde prestar. Si sumamos todos los supuestos proyectos que no encuentran financiación en Europa de pymes no llegan a ser una fracción ínfima de los 400.000 millones de euros del plan Draghi. Sin embargo, al imponer tipos negativos, ¿dónde prestan si les obligan? La construcción. Recuerden mis palabras.

Los tipos de interés negativos ya se implementaron en Dinamarca entre 2012 y 2014. Ni mejoraron el crédito, ni aumentó el consumo, ni se redujo el paro. Ante evidencias tan contundentes, obviamente habrá que repetir. Se recurre a "esta vez es distinto", "no fue suficiente" y "no es comparable" y tan tranquilos.

Mientras, el plan Draghi muestra efectos claros:
- Las primas de riesgo se desploman, llevando al incentivo perverso de que la burbuja de activos financieros se amplíe y a que los estados gasten más sin solucionar los desequilibrios. Total, la deuda es barata, gastemos. Ya subiremos impuestos después. España, por ejemplo, ya vuelve a aumentar el gasto público y a debilitar su balanza comercial tirando de una demanda interna que se presume como inversión. Veremos si termina como tal.

- Las bolsas y bonos basura se disparan. Curioso que el BCE, como el bombero pirómano, alerte sobre la burbuja de activos financieros mientras baja tipos hasta cero o negativos. Es como alertar de los malos efectos del alcohol abriendo barra libre.

- El euro no se deprecia. El tipo de cambio euro/dólar a cierre de este articulo se situaba por encima del nivel anterior a la conferencia del BCE. Una caída irrelevante de un 2,5% desde máximos. Los dos LTROs anteriores y las medidas de aumentar la masa monetaria un 6% anual del BCE tuvieron el mismo efecto. El euro no se debilita. ¿Por qué? El euro, según el BIS, sólo se usa en el 39% de las transacciones globales y fundamentalmente entre países de la Eurozona. No es una moneda de reserva global como el dolar donde la política monetaria pueda "exportar inflación" al resto del mundo. Por lo tanto, los efectos inflacionistas no los disolvemos en otros mercados. No vamos a exportar más por devaluar. Reino Unido devaluó su moneda un 25% desde 2008 contra la cesta de las monedas con las que comercia y sus exportaciones crecieron un 9,4%, menos que las italianas, francesas (+9,8%), alemanas (+17%) y las españolas (+23%). Además, un euro debil nos lleva a hundir la balanza comercial al dispararse las importaciones. Repetir el agujero de 2009.

- La búsqueda keynesiana de la inflación no llega porque se perpetúa la sobrecapacidad en los sectores ineficientes y no se mejora la renta disponible de las familias con altos impuestos y subvenciones improductivas que hacen que los costes de las empresas aumenten. Sin embargo, en unos años les dirán que la política del BCE ha sido un éxito porque "no hay inflación". Es curioso.

En un reciente estudio pendiente de publicar sobre la relación entre inflación y paro demuestro empíricamente que en Europa ni el aumento de crédito, ni la inflación, ni la expectativa de la misma han sido variables explicativas del descenso del paro desde la creación del euro. Mientras, el riesgo en activos financieros, bonos y deuda se dispara.

Y cuando explote les dirán que la culpa es del mercado, que se tomó un riesgo injustificado y se prestó sin control, responsabilidad de Alemania, claro... y que la solución es regular...y que el banco central imprima -aumentar el crédito-. Lo mismo, una y otra vez.

La solución de Europa es tecnología, limpieza de sobrecapacidad, bajar impuestos, fomentar el ahorro, dejar que los sectores ineficientes y obesos se limpien ordenadamente, dejar que las empresas crezcan y creen empleo reduciendo burocracia y acabando con la cultura de la subvención improductiva. No echarle chocolate al pimiento jalapeño que es lo que hace la política monetaria. Luego, tras el sabor dulce, pica igual.

Keynes decía en 1943 que con la expansión monetaria habían encontrado la formula para convertir las piedras en pan. Sus discípulos están convirtiendo el pan en piedras.

Nuestros hijos de puta
Luis del Pino Libertad Digital  7 Junio 2014

Muchos de Vds. habrán oído la anécdota. Cuentan que, en cierta ocasión, en 1939, el presidente americano Roosevelt estaba despachando con un colaborador, que le hablaba de los desmanes del dictador nicaragüense Anastasio Somoza. Roosevelt escuchaba atentamente. Cuando su interlocutor terminó de describir la opresión que el pueblo de Nicaragua se veía obligado a soportar, el presidente de los Estados Unidos se le quedó mirando fijamente y le espetó: "Puede que Somoza sea un hijo de puta. Pero es nuestro hijo de puta", haciendo referencia a que aquel dictador resultaba útil para contener la expansión del comunismo en Centroamérica.

Aunque la anécdota aparece relatada en un número de la revista Time de 1948, en realidad es apócrifa, y también han circulado otras versiones de la misma, referidas no al general Somoza, sino al dictador dominicano Trujillo. Pero lo importante no es la autenticidad de la anécdota, sino el concepto que refleja: la utilización de "intermediarios" o "guardianes" para mantener el control de una población, o de un segmento de la misma. Es el mismo sistema utilizado, por ejemplo, en el mantenimiento, en países árabes, de dictaduras militares afines a Occidente, por miedo al islamismo.

Observen Vds. que se trata de un sistema perverso, en el que el intermediario o guardián es el primer interesado en que el peligro se mantenga de forma perpetua, porque es ese peligro el que le hace a él necesario. Si vives, por ejemplo, de controlar la amenaza comunista en un país centroamericano, te interesa que tus mentores tengan la sensación de que, sin ti, el país se hundiría en el caos comunista. Con lo cual, el primer interesado en mantener una cierta tensión guerrillera y revolucionaria eres tú mismo.

El gobierno egipcio de Mubarak conocía bien las reglas, y agitaba el espantajo del islamismo cada vez que sentía flaquear el apoyo de Occidente. De hecho, al gobierno de Mubarak se le llegó a acusar de organizar un sangriento atentado supuestamente islamista contra una iglesia copta, con el solo objetivo de que Occidente no le retirara el apoyo durante la incipiente primavera árabe.

En España también conocemos bien la jugada. Durante décadas, los nacionalistas supuestamente moderados han estado viviendo de ejercer de valladar frente al nacionalismo radical o abiertamente terrorista. CIU ha vivido de la existencia de formaciones declaradamente separatistas, frente a las cuales se presentaba como partido sensato y no rupturista. El PNV, por su parte, arrancaba de los gobiernos centrales concesión tras concesión, y pacto tras pacto, porque existía una ETA frente a la cual el PNV se erigía en garante del posibilismo. Por supuesto, los primeros interesados en que no desaparecieran los separatismos que les garantizaban el puesto de trabajo, han sido siempre CIU y el PNV. Ambas formaciones han vivido de ser nuestros "hijos de puta". Aunque en este caso, a quien hacían las putadas era a nosotros, a los supuestos mentores.

Y quien también ha sabido explotar ese papel de intermediario o guardián ha sido, por supuesto, el PSOE, que durante décadas ha vivido de pastorear a la izquierda española. Adoptó ese papel durante la Transición y, con el apoyo americano y de la socialdemocracia alemana, se convirtió en la mejor garantía para Occidente de que España no caería en manos de un gobierno radical de izquierda. Muerto Franco, ¿qué mejor manera de evitar una victoria en las urnas del Partido Comunista, que construir un Partido Socialista fuerte y poner a su frente a alguien de fiar?

Pero el Partido Socialista no solo ha jugado ese papel de intermediario ante los gobiernos occidentales, sino también en el orden interno. Y el aspecto en el que más claramente se percibe la jugada es en lo que respecta al papel de la Monarquía. Desde 1978, el Partido Socialista ha estado jugando a apoyar a la Monarquía en la práctica, al mismo tiempo que permitía, aplaudía y fomentaba la retórica pro-republicana. "Nuestras bases son muy republicanas, pero aquí estamos nosotros para controlar sus veleidades y garantizar el apoyo de los socialistas a la Corona", ha sido siempre el argumento.

Y con ese argumento, claro está, el primer interesado en que sus bases no dejaran nunca de ser republicanas era el propio Partido Socialista. Porque si las bases socialistas hubieran llegado alguna vez a ser sinceramente monárquicas, los líderes del PSOE habrían perdido utilidad como "guardianes" encargados de conjurar el peligro republicano.

Es un buen negocio lo de ser "intermediario" o "guardián", porque eres a la vez el encargado de regular el grado de amenaza, y el que cobra por combatirla o contenerla. El único problema es cuando la amenaza escapa a tu control, porque entonces dejas, automáticamente, de ser útil para tus mentores.

Y eso es lo que le ha pasado en estas últimas elecciones al Partido Socialista. Lo grave no es que se hayan perdido tales o cuales votos, o que se haya bajado tantos o cuantos escaños: lo verdaderamente desastroso es que el Partido Socialista ha dejado de ser la voz de la izquierda, ha dejado de ser interlocutor y representante de aquellos que se consideran de izquierda en este país. Ahora, la voz de la izquierda ha sido asumida por otros.

Con lo cual, el Partido Socialista ya no está en condiciones de proteger a nadie frente a ninguna amenaza proveniente de la izquierda. Por ejemplo, el PSOE ya no puede garantizar a la Casa Real el apoyo del electorado de izquierda a la Corona, con lo cual ha dejado de tener utilidad en ese aspecto. Al PSOE se le ha acabado ese negocio. Como también se le ha acabado el negocio a CIU, que tampoco está ya en condiciones de ofrecer seguridad frente a la amenaza de un separatismo que le ha desbordado y ha escapado a su control.

Y la situación es un drama no solo para los intermediarios, que ven esfumarse su negocio, sino también para los mentores. Porque al dejar los intermediarios de poder controlar las amenazas, ahora éstas se desbordan sin que exista freno ninguno. Y el republicanismo y el separatismo que tanto se han cultivado para mantener el negocio del PSOE y de los nacionalistas supuestamente moderados, afloran ahora con toda virulencia.

Eso es lo que pasa cuando uno hace mal las cosas. Los problemas hay que afrontarlos y resolverlos, no permitir que se perpetúen poniéndolos en manos (en terminología rooseveltiana) de "hijos de puta". Aunque creas que son tus hijos de puta.

No hemos aprendido nada
EDITORIAL Libertad Digital  7 Junio 2014

Esta semana deja tras de sí una preocupante, y aún más triste, sensación de déjà vu que, entre otras cosas, confirma el dicho de que el hombre tropieza dos e incluso más veces en la misma piedra. Por un lado, el Banco Central Europeo (BCE) anunció el jueves una histórica batería de estímulos monetarios para tratar de impulsar la recuperación de la zona euro, en la que se incluyen bajadas de tipos de interés e inyecciones masivas de liquidez a la banca de la Unión. Y, por otro, el Gobierno ha anunciado este viernes su particular plan de estímulos fiscales -entiéndase gasto público- con idéntico fin, es decir, impulsar el crecimiento y el empleo. Ambas medidas, sin embargo, no constituyen ninguna novedad, sino todo lo contrario, ya que forman parte del erróneo recetario que la mayoría de banqueros centrales y políticos viene repitiendo desde el inicio de la crisis.

El BCE insiste en reducir los costes financieros e inundar de liquidez el circuito bancario bajo la ilusoria promesa de reactivar el crédito en los países más débiles de la zona euro, a pesar de que este tipo de políticas expansivas no ha cosechado ningún resultado, más allá de alimentar una peligrosa burbuja de deuda pública, cuyo pinchazo podría volver a sacudir los cimientos de la economía mundial. De hecho, estas mismas medidas, concebidas para generar una gran expansión crediticia sin necesidad de ahorro previo, son la raíz de la actual crisis. A principios de la pasada década, tanto la Reserva Federal como el BCE bajaron los tipos a mínimos históricos y abrieron el grifo de la liquidez para combatir las dificultades que, por entonces, vivían EEUU y algunas economías europeas. El resultado fue la burbuja inmobiliaria que, posteriormente, estalló a mediados de 2007, con las nefastas consecuencias que aún hoy se perciben.

Pero la banca central, lejos de aprender la lección, insiste en crear una nueva burbuja sobre las ruinas de la anterior, en un esquizofrénico proceso de auge y contracción que se repite de forma recurrente. En esta ocasión, el BCE aún no ha logrado que el crédito aumente en las economías más débiles de la moneda única, ya que las familias y empresas están sobreendeudadas y se están esforzando en amortizar y liquidar las malas inversiones acumuladas durante la época del boom, pero la ingente liquidez inyectada al sistema dificulta el imprescindible proceso de desapalancamiento que debe acometer la economía privada, al tiempo que facilita la financiación a los gobiernos más irresponsables y manirrotos, prolongando así la crisis en lugar de resolverla.

Por desgracia, el Gobierno del PP también parece ignorar una valiosa lección. No en vano, acaba de aprobar un nuevo plan de medidas, muchas de ellas ya previstas y anunciadas, con la excusa de impulsar el crecimiento económico, cuando, en realidad, se trata de un nuevo despilfarro de dinero público, al más puro estilo keynesiano, muy similar al desastroso Plan E que en su día puso en marcha José Luis Rodríguez Zapatero. En concreto, el Plan de Rajoy pretende movilizar 11.000 millones de euros hasta 2015 mediante el aumento de las inversiones y el reparto arbitrario de subvenciones y préstamos públicos a diversos sectores. Lo único que lo diferencia del Plan de Zapatero es que, esta vez, su ejecución no implicará elevar el gasto presupuestado, ya que parte del dinero proviene de la UE, así como de otras partidas y la concesión de nuevos créditos por parte del ICO. Pero el problema de fondo es que peca del mismo error de base: pensar que la actual crisis se puede aliviar mediante gasto público, a costa de vaciar el bolsillo del contribuyente. El Plan E de Rajoy será, sin duda, un nuevo fiasco, al igual que el de Zapatero.

Políticos y banqueros centrales no han aprendido nada. A saber, que la única receta sana, viable y eficaz para salir del atolladero consiste en facilitar el desapalancamiento y la liquidación de las malas inversiones, al tiempo que se reducen de forma drástica el gasto público y los impuestos para eliminar el déficit y se flexibiliza al máximo la economía con el fin de completar cuanto antes la necesaria reestructuración productiva. Y, por último, aún más importante si cabe, que el fundamento del desarrollo económico estriba en el ahorro, la inversión y la productividad, no en el consumo, el gasto y el despilfarro. Mientras se sigan ignorando estos preceptos, estamos condenados a repetir, una y otra vez, los mismos errores que nos han traído hasta aquí.

Historia
Hechos republicanos explicados a las víctimas de Logse
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  7 Junio 2014

El anuncio de la abdicación del rey Juan Carlos ha colocado a los admiradores de la II República en un estado tal de frenesí similar al que produce la ingesta de un tubo de anfetaminas.

En varias ciudades, las masas republicanas de izquierdas, adornadas con la bandera tricolor, ocuparon las plazas. La manifestación más numerosa fue la de Madrid, en Sol, donde no llegaron a los 10.000. Los republicanos exigían un referéndum para decidir sobre la forma de Estado, si Monarquía o República.

De acuerdo con su incultura, inducida por el PSOE a través de sus reformas educativas, y mantenida por el PP y los partidos nacionalistas, los pobres republicanitos desconocen que la Constitución Española de 1978 ha sido la única de la historia de España que se ha sometido a referéndum, junto con varias leyes fundamentales del régimen franquista, como la Ley para la Reforma Política (1976), la Ley Orgánica del Estado (1966) y la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947).

En el referéndum del 6 de diciembre de 1978 sólo la extrema derecha, la extrema izquierda, los separatistas menos inteligentes y los grupos proterroristas pidieron el no. La izquierda con representación parlamentaria –obtenida en las elecciones de 1977–, el PSOE, el PCE (el de la Pasionaria, Camacho, Alberti y Carrillo) y el Partido Socialista Popular, pidió el sí.

En la Constitución aparecía el nombre de quien ocupaba la Jefatura del Estado, que era Juan Carlos de Borbón. También aparecía la bandera actual, que es históricamente la que ha representado a la nación española.

¿Tuvieron una legitimidad parecida la Constitución de 1931, la bandera tricolor y la Presidencia de la República?
La bandera tricolor, la de los sublevados

La Constitución de 1931 la elaboraron las Cortes Constituyentes elegidas el 28 de junio, de las que, con su inteligencia acreditada, estuvieron ausentes las derechas no republicanas, debido a su falta de organización y su miedo. De 470 diputados, sólo poco más de 50 eran de derechas no republicanas.

Las Cortes discutían y aprobaban cada artículo. José Ortega y Gasset, diputado de la Agrupación al Servicio de la República, detuvo la federalización de España con un discurso en que explicó las diferencias entre autonomía y federación.

El art. 1º contenía la descripción de la bandera:
La bandera de la República española es roja, amarilla y morada.
Esa bandera, que era la del Partido Federal, había sido declarada oficial el 27 de abril por un decreto del Gobierno provisional.

Hay que destacar que bajo la bandera tricolor se sublevaron los generales Mola, Queipo de Llano y Franco, y con ella entró el coronel Yagüe en Badajoz. Sólo el 29 de agosto la Junta Nacional de Defensa restauró por decreto la bandera bicolor en la zona rebelde.

El 9 de diciembre las Cortes aprobaron la Constitución, con 368 votos a favor y 17 ausencias. Los diputados de derechas se habían ausentado desde octubre anterior. No hubo referéndum.
Un presidente elegido en un almuerzo

El primer presidente de la II República fue el exministro de Alfonso XIII y católico Niceto Alcalá Zamora, presidente del Gobierno provisional hasta que dimitió en octubre en protesta por la aprobación del art. 26, de contenido anticatólico, ya que disolvía a los jesuitas (y con ellos sus colegios y el único centro universitario dedicado al estudio de la economía). Su elección la pactaron los dirigentes republicanos en un almuerzo, celebrado en noviembre en el restaurante Lhardy, con el objetivo de tranquilizar a los católicos.

Su elección fue el 10 de diciembre, al día siguiente de la aprobación de la Constitución, y le votaron 410 diputados.

El segundo presidente fue Manuel Azaña. El irresponsable Alcalá Zamora había disuelto en diciembre de 1935 las Cortes elegidas en noviembre de 1933 (y cuyo mandato duraba hasta 1937), con mayoría de derechas. De las nuevas elecciones y del asalto al poder entre las dos vueltas salió un Gobierno del Frente Popular. Éste decidió eliminar a Alcalá Zamora, pese al favor que les había hecho. Las Cortes le destituyeron en una maniobra anticonstitucional y le sustituyeron con Azaña.

Azaña fue elegido el 10 de mayo de 1936 de acuerdo al procedimiento fijado en la Constitución. Pero no por el pueblo, sino por un colegio electoral formado por los diputados más el mismo número de compromisarios; éstos fueron elegidos el 26 de abril en las circunstancias de violencia y agitación que se mantenían desde febrero. La participación no alcanzó el 40%, cuando en febrero superó el 70.

La asamblea de los diputados y compromisarios (los registrados eran más de 900, pero los presentes fueron en torno a 850) se reunió en el Palacio de Cristal del Retiro de Madrid el 10 de mayo. La víspera, Azaña, que hasta entonces era presidente de Gobierno, se despidió de sus ministros con un almuerzo en el hotel Ritz. Azaña fue elegido por poco más de 750 personas.
La banca, con el Frente Popular

El Frente Popular, argumentan sus partidarios actuales, hizo una política progresista y de enfrentamiento a los poderes fácticos. Es cierto que las izquierdas persiguieron a los católicos, aun a costa de destruir patrimonio artístico y cultural y de retrasar la educación de muchos niños y adolescentes; pero, respecto a la banca, el Frente Popular obtuvo enseguida su colaboración.

El ABC en su edición del 12 de marzo de 1936 da cuenta de la reunión mensual del Consejo Superior Bancario:
Se acordó por último visitar al presidente del Consejo [de Ministros] para ofrecerle sus respetos y reiterarle la adhesión de la Banca, que, como siempre, está dispuesta a colaborar al lado de los Poderes públicos.

Respecto a la libertad de expresión, la II República tiene el dudoso honor de ser el régimen español que más periódicos ha cerrado. El Gobierno provisional bajo la presidencia de Azaña hizo aprobar la Ley de Defensa de la República, en virtud de la cual se suspendieron y cerraron en los meses siguientes 127 periódicos de todo tipo y de toda ideología, según el recuento de Justino Sinova.

Después de la sanjurjada (agosto de 1932), por orden de Azaña el ABC estuvo cerrado quince semanas. En un editorial, el periódico afirmó lo siguiente:
Ni en los tiempos de Calomarde, ni en los de Narváez, ni en los de Primo de Rivera; durante todos los gobiernos de seis reinados y de dos Repúblicas se aplicó jamás a un periódico una sanción gubernativa tan dura sin justificación legal.

Qué aprovechar de la Constitución de 1931
Ahora bien, ¿hay algo aprovechable o admirable en la Constitución de 1931? Yo encuentro varios elementos.

En el art. 4 se establece por primera vez la oficialidad del castellano y la obligación de los españoles de conocerlo, como ahora; pero se añade:
Salvo lo que se disponga en leyes especiales, a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional.

Una de las novedades del régimen republicano es la regulación del derecho a la autonomía de las regiones, pero fija unas condiciones muy severas para el acceso a la misma.

Artículo 12.- Para la aprobación del Estatuto de la región autónoma se requieren las siguientes condiciones:
(…)

b) Que lo acepten, por el procedimiento que señale la ley Electoral, por lo menos las dos terceras partes de los electores inscritos en el Censo de la región. Si el plebiscito fuera negativo, no podrá renovarse la propuesta de autonomía hasta transcurridos cinco años.

No existe este requisito para la validez de los referendos autonómicos en la Constitución de 1978. Por ello fue posible que se considerase aprobado en Galicia el estatuto de autonomía con un referéndum en el que participó sólo un 28,3% del censo. Y los dos últimos estatutos refrendados, el catalán de 2006 y el andaluz de 2007, obtuvieron también menos de un 50% de participación.

Yo sí voté en el chachullo referendum de la Contitución Española
Nota del Editor  7 Junio 2014

Si, voté porque me pareció que entre tanta basura, al menos aparecería mi voto negativo.

Que se pretenda dar una pátina de legitimidad a un engaño y forzamiento masivo no deja de ser triste, y más triste que pretendan seguir tratándonos como descerebrados. La monarquía es una entelequia que no se sotiene bajo ningún criterio racional o humano, es un brutal cuento.

Eso de que todos somos iguales ante la ley, pero con algunos más iguales que otros, debe terminar.

¡Ah! y que los ilusos del referendum monarquía-república, se repriman, pues con el dominio de los medios, como ocurrió en 1978, el resultado sería el mismo, lo que interese a los que tiran de los hilos.

Así que no perdamos la ocasión, dejemos el referendum para más adelante, no gastemos un cartucho que nos ataría las manos, que nos obligaría a mantener la boca cerrada durante muchos años.

Hay que esperar a que los españoles piensen en algo más que en la telebasura y el football y de paso a ver si se dan cuenta de que lo que tienen que exigir a todos los gobiernos es eficacia y responsabilidad y alcanzaremos el resto por su propio peso.

República o monarquía
Existe miedo a la libertad en la sociedad española contemporánea
Francisco Morales Lomas  www.diariosigloxxi.com  7 Junio 2014

Como bien dijo Erich Fromm en un ensayo del mismo título, nuestra cultura fomenta estas tendencias hacia el conformismo y se reprimen los sentimientos espontáneos y, por lo tanto, el desarrollo de una personalidad genuina. En nuestra sociedad se desaprueban las emociones. Ser emotivo se ha vuelto ser enfermizo o desequilibrado. Y en estos momentos dejar que los sans culottes expresen si quieren una monarquía o una república es una forma de encender esa antorcha del sentimiento que se trata de reprimir.

La huida hacia delante de la monarquía, con el próximo enrocamiento del nuevo rey Felipe VI, es un claro síntoma de que su mengua ha alcanzado unos límites peligrosos. De diez ciudadanos ni cuatro la apoyaban. El rey se ha tenido que ir, no ha tenido otro remedio. No ha abdicado, las encuestas “lo han abdicado”. La sustitución veloz por un nuevo monarca es una forma de evitar la metástasis. El patrimonio sentimental y afectivo recogido durante la transición y el golpe militar se han dilapidado inútilmente.

España no es monárquica. Nunca lo ha sido. Si acaso, ha sido juancarlista. Pero ha sido juancarlista porque ha creído sinceramente que el artificio de la paz y la prosperidad de estos cuarenta años ha sido imputable a él. Axioma que evidentemente no es cierto, aunque tenga su parte alícuota: sin el concurso del PCE, CC.OO, U.G.T., PSOE y de la sociedad española en general no hubiera sido posible. Las medallas hay que colgarlas equitativamente.

Juan Carlos I, al marcharse, ha abierto el melón de la república. Un melón que siempre está ahí y ahora llega de nuevo. Los españoles tendrán todos los defectos del mundo, pero son de ideas fijas: y una de estas es que no quieren la monarquía. Por este motivo no se quiere referéndum. Si se produjera el resultado está muy claro: los españoles votarían república y, al día siguiente, el rey tendría que marcharse como lo hizo Alfonso XIII, y entraríamos de nuevo en un proceso constituyente hacia la III República. Estos cambios producen miedo al vacío.

Este imprevisible río revuelto en tiempos de crisis, con una tasa de paro de seis millones, con un retroceso de la clase media que se ha empobrecido y una caída en la exclusión de las clase populares ha aconsejado a los dirigentes del PSOE echarle un capote a la monarquía (no porque crean en ella) como un síntoma de que un futuro inconsistente no arreglaría la crisis actual e introduciría una incertidumbre atroz.

Es evidente el miedo a la libertad y, sobre todo, el miedo al pasado: un miedo que huele a ceniza.

Felipe VI y la res publica
Teresa González Cortés www.vozpopuli.com  7 Junio 2014

Si incluimos la fecha del alzamiento, treinta y nueve años estuvo el Dictador en pie, hasta que la muerte pudo con él. Treinta y nueve años ha cumplido también Juan Carlos I al frente del Reino de España, cosa que fue posible merced a aquella decisión de El Generalísimo de incorporar al Borbón a la estructura administrativa de la nación española. Por coincidencias nada agraciadas, a lo expuesto hay que arrrojar este detalle: mientras la política de los golpes de estado ha sido civilizada gracias a la costumbre de oír a las urnas, la monarquía no se ha modernizado demasiado con el paso del tiempo y más cuando el fundamento de esta institución continúa basándose en la fragancia de genéticas legendarias y, lo peor, sobre ese inexplicable principio de “excepcionalidad”, “irresponsabilidad” e “inviolabilidad” legal que rodea a la figura del Rey por el artículo 56.3 de nuestra Constitución.

Tienen razón los adversarios de la monarquía: ésta encaja mal con la democracia, igual que no casa nada bien el sistema democrático con esos dirigentes políticos tan estrechos de miras, tan canallas, que parasitan por los cuatro costados esta pobre piel de toro y que desde la muerte del “Patriarca”, en 1975, llevan años adaptando la política a sus intereses particulares y procurando en las autono “suyas” la confusión entre el carácter público del Estado y la propiedad privada, cuando no, alentando il risorgimento de nuevos privilegios, de nuevas aristocracias, de fuertes monopolios. Así, gracias al control de las administraciones del Estado, los miembros de las corporaciones políticas han logrado en estos casi 40 años adjudicarse miles de puestos de trabajo y, a dedo, aumentar el tejido improductivo del Estado a costa del mal funcionamiento de la cosa pública y, sobre todo, a costa del bienestar, marginación y futuro de la ciudadanía.

La hora del radicalismo ideológico
Es un hecho, la corte borbónica, por no zanjar en su momento sus excesos, ha perdido prestigio y legitimidad. Y a borbotones. Otro tanto ha sucedido en los reinos autonómicos y central. Y no solo eso. La sincronía, en desvergüenzas, de la familia real y las familias políticas ha sido inimaginablemente perfecta por estos lares, y eso que ahora algunos señalan, tras salir de su letargo, que a río revuelto “república” por qué no.

Por puro realismo digo que aunque se guillotinaran de raíz todos los resabios aristocratizantes, incluyendo la institución de la propia monarquía, los vicios aristocráticos de nuestra clase política persistirían sin embargo. Y persistirían porque las arbitrariedades palaciegas de nuestros nobles, perdón, políticos alcanzan tal nivel de calamidad, tal profundidad, que no desaparecerían en un ansiado, pispás, horizonte republicano. Y el que la crisis de legitimidad del sistema democrático español proceda del comportamiento de su clase política, acostumbrada a campar en la neblina de la impunidad-inmunidad, eso cierra a cualquier mortal la posibilidad de higienizar los organismos políticos, financieros y culturales del país.

La falta de ejemplaridad de nuestras élites, también la de algunos miembros de la familia real, ha sido la tónica, para nuestra desgracia. Lo cual evidencia que a la deserción política de controlar a quien tiene autoridad le sigue siempre el desinterés por el bien de lo público. Y al revés: que, perdido el significado de aquel mítico artículo 2 de la Constitución de 1812 que rezaba la nación española “no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”, la multiplicación de las oligarquías y de sus iniquidades ha sido consecuencia del generalizado descontrol por parte de los representantes públicos.

No espere, pues, a que nuestros políticos, incluso los más levantiscos, pongan fin a la corrupción y castiguen los abusos de los suyos por la vía civil y/o penal. Tampoco crea que, bajo la crisis de representación que padecemos, esos mismos políticos vayan a limitar la concentración del poder y a democratizar la democracia. ¡Antes se proclamará la independencia en el barrio de Torrero de Zaragoza que lograr que los votos valgan matemáticamente lo mismo en Jaén y en Vitoria, y bajo el formato de listas abiertas!

Entonces, la república no es algo ideológicamente revolucionario. Lo radicalmente revolucionario en un régimen monárquico o republicano es la democracia, o sea, neutralizar, inhabilitar y castigar a quien delinque, sea cual sea el puesto que ocupe.

Entre el colapso y el despotismo
El fracaso de la democracia española confirma la voracidad soberanista de sus élites. De otra manera: de 35 años a esta parte apenas ha habido decisiones políticas que vayan más allá del ámbito partidista de reyezuelos locales, “irresponsables” e “inviolables”. Y a la vez que ha ocurrido esto ha prevalecido el poder superlativo del sectarismo. Y mientras creció a nuestro alrededor la arbitrariedad, con fuerza semejante predominan el aventurerismo político y esa testaruda tenacidad de ciertos “intocables” regionales de desobedecer y no cumplir las leyes de aquella Constitución que surgió de los pactos, llamaba irónicamente Paco Umbral, de la “Santa Transición”.

¿Cómo hemos llegado adonde hemos llegado? Primero, porque los pactos de la Moncloa carecieron, ya desde su origen, de la solidez y altura que el mito histórico les presupuso más tarde. Luego, porque la inobservancia de los preceptos constitucionales ha sido en estos largos lustros la pauta habitual de las élites directoras de este país. Y en tercer lugar, y esto no es menos importante, porque al político español le gusta sacar “por la mañana la escopeta al brazo, resuelto a cazar al revuelo algún decreto vistoso, como un faisán, con el cual contentar la apetencia de su grupo, de su partido o de su masa cliente”, denunciaba Ortega y Gasset en aquella conferencia, célebre, que tituló la Rectificación de la República.

Llegados a este punto de caos y entropía, queda claro que nuestros políticos, estafadores del bienestar social, están ciegos al sacrificio de los vivos. Y, al ser incapaces de adecuarse a las reglas de la democracia, ni saben gestionar con justicia los recursos del Estado ni, mucho menos, solucionar por el bien de la ciudadanía los problemas que la aquejan y asfixian. Y es que, entre el despotismo de la improvisación y la reiterada conculcación del principio de igualdad de todos los españoles, aquí no hay quien pueda hacer algo serio. Y democrático.

¿El futuro del futuro?
Con la crisis económica, con el recorte de los programas sociales, con el aumento de la pobreza, y sin una sólida tradición democrática en 39 años transcurridos, Juan Carlos I cede a su hijo una herencia envenenada. Y no solo eso. Con el debilitamiento y declive de las instituciones del Estado, al futuro “Rey” de España le aguarda un trabajo colosal, inhumano, pues a la avaricia pecaminosa de esta castuza política se une el empuje de los líderes “antisistema” que no respetan las leyes constitucionales, que hacen norma de la anomalía jurídica y, ojito, que se creen el oráculo délfico del “Pueblo” hasta confundir la parte con la totalidad de la ciudadanía, equívoco mussoliniano que les sabe a miel y ambrosía.

Ergo, junto a las corruptelas; junto a la falta de mecanismos de control; junto a la canibalización de lo público; en los palacios de los partidos prosperan ahora los “populismos”. ¡Ay, a perro flaco no le faltan pulgas!

La verdadera abdicación
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com  7 Junio 2014

Lo decisivo es que las cosas sean verdaderas, no si vivimos en una república o en una monarquía. En el fondo es el infantilismo de nuestra época el que nos hace discutir por cosas banales.

La abdicación del rey Juan Carlos ha suscitado una polémica mucho menor de lo que se pensaba. En general, los partidos más establecidos en el poder han apostado fuerte por la institución. De hecho, por primera vez desde tiempo inmemorial, Mariano Rajoy ha alabado abiertamente la actitud de su bestia negra, el PSOE liderado por el otrora poderoso Alfredo Pérez Rubalcaba. Increíble.

La prensa del régimen ha hecho piña así mismo con la monarquía: ABC, La Razón, etc, todos ellos han intentado dar una perspectiva de "estabilidad institucional", "normalidad democrática" y otros lugares comunes. Pero el objeto de este artículo es responder a la pregunta: ¿Qué representa hoy la monarquía para los españoles del presente? O mejor dicho, ¿qué representa la monarquía que viene para España? Mi respuesta es: puede representar todo y puede representar nada. Vaya por delante que el debate artificial de república o monarquía es, en sí mismo totalmente artificial.

Para el visionario Julio Anguita, la abdicación es una jugada con la que "la oligarquía" se mantiene en el poder. "Donosa majadería", que diría Sancho Panza. Primero, gobernar, lo que se dice gobernar, siempre han gobernado unos pocos y, por tanto, hablar de oligarquía cuando se habla de gobierno es, en sí, un pleonasmo. En segundo lugar, los principales países del mundo se dividen por igual en repúblicas y monarquías sin que ello implique que haya o deje de haber oligarquías poderosas.

En los EEUU, por ejemplo, la oligarquía sionista posee intereses e implicaciones globales. En China o en Cuba, la oligarquía del Partido Comunista controla al cien por cien la vida de los ciudadanos. Es el contenido y los valores que sostienen a esa oligarquía lo que pude hacerla o no llevadera, si bien la pose "revolucionaria" de Anguita gusta a mucha gente que, a izquierdas y derechas, consideran el asunto de la monarquía una cuestión clave.

Así, muchos denigran la monarquía al mero "juancarlismo"; otros, como los chicos de "podemos", piden abiertamente la república y solicitan que Felipe de Borbón "se presente a las elecciones". Quizás sea el terrible igualitarismo espiritual del hombre masa moderno el que hace que la gente necesite sentirse algo colocándose en el papel estereotipado del "revolucionario" y del "radical". No parecen entender que lo decisivo es que las cosas sean verdaderas, no si vivimos en una república o en una monarquía. En el fondo es el infantilismo de nuestra época el que nos hace discutir por cosas banales o aspirar a lo que no somos. A la derecha, muchos creen que el papel de Juan Carlos I ha sido esencial en la debacle que vivimos sin pararse a pensar un solo momento en que otros países de nuestro entorno, muchos de ellos repúblicas, viven exactamente los mismos problemas que nosotros o incluso, en muchos sentidos, peores.

A la izquierda, la institución monárquica parece encarnar los restos del Antiguo Régimen que, como no, son los responsables de la precarización de los empleos, la miseria de la clase trabajadora, etc, amen de un plus de despotismo y arbitrariedad. El argumento queda invalidado cuando esos mismos problemas se dan, y a veces con creces, en repúblicas también notablemente arbitrarias. Se aduce que la ventaja es que a un residente electo, "le puedes echar", pero no se dice si puedes echar a una sucesión –"alternancia", le llaman- de diez o quince presidentes corruptos e inútiles, capaces de llenar con su gestión un siglo de miseria popular, al modo del PRI mejicano o de la extinta DDR .

Si a esto se añade el percal de los republicanos españoles, con muchísima frecuencia gentes violentas, intelectualmente limitadas y encorsetadas de manera asfixiante por sus prejuicios normalmente marxistas, no veo sinceramente por qué preferir una república a la actual monarquía. Sin embargo, quizás el debate de más ínfimo calado ha sido protagonizado estos días, cuando se ha hablado, de modo un tanto superfluo, acerca de si el rey debería haber abdicado antes o después de comunicarlo al gobierno. En esto ni siquiera merece la pena entrar si no es para una especie de auto-esterilización intelectual. En cuanto al balance real de cuatro décadas de monarquía siento discrepar de la mayoría de los tertulianos y periodistas de pesebre.

Ni "prosperidad", ni "estabilidad", ni "convivencia" es lo que hoy se ve en nuestro país. Muy al contrario, precariedad creciente, empobrecimiento y decadencia nacionales, una sociedad dividida en odios que ya creíamos superados y el país al borde de la desintegración. Ese es el sumatorio de los efectos monárquicos sobre la nación española.

Entonces, ¿qué significa hoy la monarquía para España? Primero hay que subrayar que la monarquía es un símbolo del país y, como símbolo, ha de ser ejemplificante. Nótese que en este sentido nuestra monarquía es una monarquía fallida.

Los escándalos ilegales le crecen por doquier y con los escándalos legales, como por ejemplo la suntuosidad sin medida –en cierto modo, la monarquía tiene que ser suntuosa pero no ostentosa, que es en lo que ha degenerado hoy- o los asuntos de índole moral y sexual, no sucede algo diferente. El problema es que cuando no se encarna el ejemplo tampoco se puede ser símbolo de nada y entonces la monarquía pierde su función. Para eso valdría más un presidente de la república que encarnase la moral aristocrática romana. Por este motivo, decíamos al principio que la monarquía de Felipe VI "puede representar todo y puede representar nada". De momento, es heredera de una monarquía fracasada que, por no haber sido ejemplar más que para los convencidos, ha fracasado en su misión de símbolo nacional y, por consecuencia, sobre el país pesan importantes tendencias centrífugas.

Es difícil que alguien que ha vivido en ese clima no sin complacencia sea capaz de superar la inercia de su entorno. Por el contrario, la ventaja es que tiene todo por hacer y el futuro no está escrito: él futuro rey puede elegir ser de otra manera. Pero hay actitudes que decantan. De momento, algo muy significativo es que ha elegido una proclamación sin simbolismo religioso alguno. Esto es una ruptura con toda la tradición precedente –la monarquía si no es tradición no es nada-, un bofetón a la mayoría de sus partidarios y un intento de congraciarse con los que no se van a congraciar jamás con la monarquía. Por todo ello, pese a las posibilidades que ofrece siempre el futuro, es muy posible que el cambio sea solo un cambio aparente y que todo siga igual. Es posible también que la monarquía siga instalada en el fracaso y en la inoperancia. En ese caso, la monarquía se hará prescindible y la república, para bien o para mal, será inevitable a corto o medio plazo.

Por todas estas razones, muchos creemos que es mejor no dejarse enredar en debates estériles y en falsas disyuntivas que poco pueden cambiar el actual estado de cosas. Trabajemos pues y hagamos algo. La regeneración de la nación no está ni en instituciones que abdican de su deber ni en supuestos sucedáneos del tipo republicano. El remedio a nuestros males está en nuestra mano, en nosotros mismos y en lo que queremos hacer y ser cada uno de nosotros. Está en todas esas fuerzas que pugnan sinceramente por la salvación de la patria, por el retorno a la comunidad de hermanos que es la nación, fiel a su historia y a lo que nos legaron nuestros padres. Desde luego, no son los partidos al uso. Pero de momento cabe preguntarse: ¿Abdicará esta vez la corona de España de esa responsabilidad que lleva casi cuatro décadas sin asumir?

Grandes mentiras en torno a la sucesión
Benjamín López www.elsemanaldigital.com  7 Junio 2014

Ahora se nos quiere vender que el Rey abdica porque está mayor y punto. Y se nos dice que todo estaba hablado y pensado desde hace meses. Pero la versión oficial se descose cada día más.

Siempre se ha dicho que en España a los muertos se les perdona todo o, al menos, nadie habla mal de alguien que acaba de fallecer. A partir de ahora basta con abdicar. La prensa en general, despiadadamente crítica con el Rey y su familia en los últimos meses, se ha vuelto lacaya y aduladora hasta el sonrojo ahora que el monarca anuncia su adiós. Las cacerías en Botsuana, las amigas especiales y los negocios dudosos se han metido de golpe en el cajón del olvido y se ha tirado la llave por el retrete.

Ahora se nos quiere vender que el Rey abdica porque está mayor y punto. Y se nos dice que todo estaba hablado y pensado desde hace meses. Tan hablado estaba que, cada día que pasa, se abre una nueva incógnita y se descose un poco más la versión oficial. Por ejemplo, no hay nada previsto sobre la situación jurídica de Don Juan Carlos; ni que título tendrá, ni si será inviolable o estará aforado. Desconozco cuál es la verdad, no tengo ninguna ´garganta profunda´ en La Zarzuela, pero basta con echar mano de la lógica y el sentido común para desmontar algunas cosas que se dan por sentadas, que nos cuentan como si fuéramos niños de parvulitos.

Por ejemplo, no me digan que convocar un referéndum sobre la Monarquía como forma de Estado sería romper el consenso constitucional; díganme que no es el mejor momento, que no conviene ahora, que sería darle balas al enemigo... Ahí muchos podríamos coincidir. Pero no es cierto que convocar un referéndum consultivo a los españoles rompa absolutamente nada ya que el pueblo es soberano. Conocer la opinión de la gente es legal y legítimo, otra cosa es que se pueda discutir si conviene o no hacerlo en este instante.

No nos tomen por tontos, solo eso pedimos algunos. No nos metan miedo con la idea de que algunos malvados quieren aprovechar la inminente pérdida de inmunidad de Don Juan Carlos para sentarle en el banquillo de los acusados. Seguro que hay quien quiere hacerlo pero, si no hay chanchullos, si es trigo limpio, no podrán hacerlo. Un servidor tampoco tiene inmunidad ni aforamiento y va tan tranquilo por la vida, simplemente porque no tiene nada que temer ni delitos que ocultar. Lo grave sería que la preocupación de algunos por el futuro judicial del Rey tuviera razón de ser.

Y, por favor, no nos vendan la moto con que Don Juan Carlos es el puntal de la democracia en España cuando fue nombrado por Franco su sucesor, cargo que él voluntaria, libre y conscientemente aceptó el 23 de julio de 1969. Ante el Generalísimo juró "lealtad al jefe del Estado y fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y a las demás leyes fundamentales del Reino". La democracia fue una ola a la que se supo subir para mantener la Corona igual que fue capaz de abandonar a su suerte a su padre, Don Juan, para mantener sus privilegios. Esto seguro que es discutible pero, al menos, es una opinión tan legítima como las demás. Y me consta que muchos piensan así sin ser perroflautas ni izquierdistas desaforados.

Da la sensación de que la sucesión se ha hecho deprisa y corriendo, en tiempo récord, para evitar que el revuelo que ya comienza a haber de fondo se transforme en un clamor. Porque ya se sabe que como prenda la llama antimonárquica el incendio puede ser incontrolable. Y es cierto que da miedo ver a los republicanos de la tricolor en la Puerta del Sol añorando viejos tiempos, pero eso no puede usarse para mentirnos o contarnos unas milongas que nadie se traga.

De todas formas, bien pensado, los nostálgicos de la II República son los que mas están haciendo por la supervivencia de la Corona. Cada segundo que salen en la tele con sus banderas y sus soflamas, diez españoles se vuelven monárquicos.

Republicanos sensatos
Manuel Molares do Val Periodista Digital  7 Junio 2014

En su “Haciendo República” el antiguo anarquista y gran cronista llamado Julio Camba narra la decepción de los republicanos sensatos que vieron como fracasaba su ansiado régimen nada más empezar en 1931, porque ya no tenían república que reclamar.

Camba nunca llegó a saber, como nadie entonces, ni ahora, de deónde ni por qué salió la ocurrencia de poner una banda morada a la bandera que rompía con la de la I República, herencia de la de Carlos III y la constitucional actual; quienes la impusieron daban explicaciones contradictorias.

Lo que si sabía es que enormes masas de paniaguados de toda España se multiplicaron en el nuevo régimen y resultaron más estúpidos y corruptos que los anteriores.

Tipos amparados por una Constitución que, por ideologizada, resultó antiliberal y predictatorial: seis meses después de aprobarse permitió crear la “Ley de Defensa de la República” para eliminar, perseguir y encarcelar toda disidencia al régimen.

Pero los que fuimos antifranquistas militantes la convertimos en un ídolo sagrado al verla, aunque sin analizarla, como la primera víctima, y no parcialmente culpable también, de la guerra civil que condujo a la dictadura.

Aquella fue una república insensata en tiempos insensatos, de nacionalismos, marxismos-leninismos, anarquismos y fascismos que poco después llevaron a la II Guerra Mundial tras la invasión nazi y soviética de Polonia.

Qué curioso, los restos contemporáneos de aquellas ideologías, la falangista también –Sáenz de Inestrillas, nuevo Verstrynge, pegado a Podemos-- son los que abanderan ahora no los llamamientos a una república moderna, liberal, al estilo estadounidense o francés, sino a una “popular”, como la otra.

En todas las manifestaciones republicanas de estos días no hay una sola proclama que no sea de fondo totalitario, primero porque exigen saltarse la Constitución, base de sus propias libertades.

Más peligroso para la Corona sería que aparecieran los republicanos demócratas y liberales, aunque después, como Camba, quedaran defraudados por una realidad tomada por extremistas.

El "Valle de los Caídos" de Oyarzun
Francisco López  latribunadelpaisvasco.com  7 Junio 2014

Con ocasión de la reciente Operación Roble contra los responsables de la versión posmoderna y abertzale del Valle de los Caídos, hemos tenido oportunidad de asistir a una nueva lección de ese cinismo consustancial al nacionalismo vasco en general y el entorno ultranacionalista en particular. Junto ello, no ha faltado la inconsistencia y estupidez propia de los partidos constitucionalistas, cada vez más desquiciados ideológicamente y hundidos en un mar de contradicciones, producto de inanes tácticas a corto plazo que no les están llevando a ninguna parte.

Obviemos piadosamente la alegación de que el tinglado que habían organizado era un lugar de recuerdo. No hay más que compararlo con otros espacios similares, como el Bosque del Recuerdo de las víctimas del 11-M y el tipo de ceremonias realizado para comprobar que estamos ante un caso que independientemente de su definición judicial final es, a efectos prácticos, un lugar de ensalzamiento y homenaje a criminales.

Lo triste es que en medio de esta orgía de victimismo, nadie ponga sobre la mesa del debate el nulo respeto que desde el mundo de la antigua Batasuna se ha demostrado, durante décadas, respecto los “muertos ajenos”.

Entre las primeras actuaciones terroristas de ETA se incluyeron los actos vandálicos contra las lápidas de recuerdo que estaban en las iglesias y los monumentos a los Caídos del bando nacional en la Guerra Civil. Acciones generalmente realizadas mediante pintadas, apedreamientos y que en algunos casos fueron más allá. (Nota 1.)

A modo de ejemplo recordamos algunos de los casos.
El 8 de marzo de 1967 fue destrozada con un hacha la lápida de la iglesia de Mondragón, ataque reiterado a su repuesto el 10 de abril. El 14 de abril de 1968 se produjeron ataques con explosivos en Sestao, Lujua y Guecho. El 1 de noviembre de 1971 se colocaron dos bombas en la Cruz de los Caídos y lápida de la parroquia de Villafranca de Ordicia; el 5 de abril de 1972 era volado el monumento de Peña Lemona y el 13 de junio de 1977, la Cruz de los Caídos, sita frente el museo de San Telmo de San Sebastián.

Con la llegada de la democracia, estos monumentos de recuerdo a sólo a unas víctimas fueron retirados y desmantelados, con la aquiescencia de todas las fuerzas políticas. Sin negar su carácter guerracivilista y por tanto impropio para ocupar un lugar de privilegio en el espacio urbano, es de lamentar el poco tacto con que se realizó el proceso. No se tuvo en cuenta a las familias de las víctimas y no hubo el menor interés en buscar soluciones que salvaran una memoria y recuerdo digno para unos y otros. Esas mismas fuerzas políticas que actuaron de modo frío, inhumano, insensible y revanchista, precisamente ahora nos piden que seamos sensibles y no “vengativos” respecto a los seguidores de una banda criminal que ni se ha desarmado ni se ha disuelto y cuya capacidad de coacción y chantaje sigue intacta.

El desprecio a la memoria, no se ha limitado a los recuerdos de la Guerra civil. Uno de los casos más escandalosos fue la persecución contra el monumento que en Erandio recordaba al cabo Maderal Oleaga, héroe de la guerra Ifni-Sáhara. Una potente bomba de cuatro kilogramos de explosivo no explotó milagrosamente el 30 septiembre de 1976. Finalmente, consiguieron tirarlo a la ría de Bilbao y tras ser recuperado en un dragado, ya no volvió a su lugar de origen. Tras pasar por el cuartel de Munguía, hoy está en las instalaciones de la Legión en Ronda. A sus paisanos les han robado la memoria de alguien que hizo algo grande y sin más connotaciones políticas: sacrificó su vida para salvar la de sus compañeros. ¿Ni siquiera esto podían respetar?

Del odio no se han librado ni las tumbas. Conocida es la persecución a que fue sometida la tumba de Gregorio Ordoñez en el cementerio de Polloe (San Sebastián). Reiteradamente fue pintada, tantas veces que ni la familia lo sabe, dado que en varias ocasiones los trabajadores municipales restauraron la placa sin informar a sus deudos. Si ya era indignante que hubiera "incontrolados" que actuaran de esta manera, lo verdaderamente grave fue la pasividad e indiferencia mostrada por los responsables políticos del ultranacionalismo batasuno, con la colaboración indirecta del consistorio municipal que hacía lo posible para ocultar a la opinión pública lo que estaba sucediendo.

Hace mucho tiempo que en relación con el problema de la violencia política y el terrorismo en el País Vasco y Navarra, se ha perdido el norte. Se ha interiorizado de tal manera en nuestra clase política, periodística e intelectual la obsesión por “tenerlos contentos”, a fin de que no vuelvan al tiro en la nuca, que pocos se atreven a alzar la voz ante tan claros ejemplos de hipocresía y cinismo, y defender las pocas actuaciones que desde la Justicia se hacen para evitar lo que cada vez queda más claro: aquí hay unos vencedores (ETA) y hay unos vencidos (los ciudadanos simplemente demócratas).

(Nota 1) En contra de lo que se cree mayoritariamente, esto no fue un acto original del franquismo. El régimen lo único que hizo fue copiar una iniciativa idéntica realizada por el Estado francés respecto a los muertos en la Primera Guerra Mundial
 

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La izquierda española, ese bicho raro

Pedro de Hoyos Periodista Digital  7 Junio 2014

En la izquierda española se dan determinados complejos, se repitan determinadas situaciones, que la hacen única e irrepetible, algo digno de científica observación. Naturalmente hablo en general, con todas las excepciones que ustedes quieran y refiriéndome más a las élites dirigentes que a las bases; cuanto más preparadas, más estúpidas. Pero... ¿No son las bases las que eligen a las élites?

La izquierda española es la única izquierda que quiere deshacer su propia patria; simplemente la alusión a la palabra "patria" les produce repelús, son tan alérgicos a ella, como ferviente partidario era el franquismo. Quedó ya patente cuando hace setenta años andaban por los caminos y carreteras al grito de Viva Rusia, mientras apiolaban a los que gritaban Viva España.

Tan alocados van algunos que su internacionalismo radical en favor de los parias de la Tierra les lleva a apoyar todos los nacionalismos antagónicos con el nacionalismo español. Se puede ser nacionalista catalán y al mismo tiempo ser internacionalista proletarista; se puede ser nacionalista vasco e izquierdista internacionalista, es perfectamente compatible. ¿Izquierdista y españolista? Vade retro.

Pero, ay, mísero e infeliz aquel que sienta emoción al oír el himno de España. "Facha" le llamarán por doquier. Pero, ay, mísero e infeliz aquel que sienta la tonta ilusión de poner letra al himno de España. "Facha" le escupirán a la cara. La izquierda española es rara, se alía con frecuencia con quien quiere deshacer su patria. Para un socialista español es perfectamente posible ser internacionalista obrero, defensor de los parias de la tierra y coaligarse, con o sin disimulos, con quienes pretendieron (y en ello están aún) reclamar un referéndum de independencia para Cataluña, cualquier cosa antes que unirse con el PP, partido perfectamente homologable en ideología o cacicadas a cualquier otro de Europa.

La última moda entre los más izquierdosos es "PODEMOS", ese partido mitad bolivariano, mitad muyahidín, mitad maovasquista. Su internacionalismo proletario le lleva a traicionar España, apoyando a los independentistas filoetarras. ¿Y no se puede hacer nada, acusarlos de deslealtad o, pónganmelo bien grande, de alta traición?

El Estado debe defenderse. Si esta actitud colaboracionista con el enemigo es imposible en cualquier otro rincón del mundo, la actitud sumisa e indefensa de España y de quienes prometieron defenderla es incomprensible fuera de la piel de toro. Acomplejados. España ya ha bajado los brazos en Cataluña, donde ha cedido el terreno propagandístico y asistimos a una guerra desigual entre quienes defienden España y quienes propugnan la independencia. Ahora le toca el turno al País Vasco, donde un partido español, apoyado en la constitución española, usando la democracia y las instituciones españolas, va a colaborar en una cadena humana para luchar por la ruptura de España. Y a estos les ha votado la sociedad española y les han promocionado televisiones españolas pagadas por empresarios españoles.

¿Hay dos comunidades lingüísticas en Cataluña?

Mercè Vilarrubias www.cronicaglobal.com  7 Junio 2014

Frecuentemente, en Cataluña hablamos de los castellanohablantes y los catalanohablantes, con la idea de que forman dos comunidades distintas. En este artículo quería poner en cuestionamiento que ello sea efectivamente así.

Una observación de la realidad sociolingüística de Cataluña nos muestra que las cosas son más complejas

Para los nacionalistas/independentistas, no existen dos comunidades lingüísticas en Cataluña sino una sola, la catalanohablante. Como sabemos, para ellos sólo existe una lengua propia en Cataluña, el catalán, y todos los ciudadanos o lo hablan o deberían hablarlo. Es decir, o tienes aquello tan valioso o estás en falta, ya que el mundo gira alrededor del catalán para ellos. Respecto al español, generalmente fingen que no existe, y cuando la realidad se impone, entonces argumentan que es una lengua impuesta o ajena a Cataluña, un accidente de la historia.

El ex dirigente de ERC Josep-Lluís Carod-Rovira, cuando estaba en el poder, negó repetidamente que en Cataluña existieran ciudadanos catalanes castellanohablantes. El término "catalán castellanohablante" realmente no existe en el discurso público catalán, a diferencia de otros países y comunidades. Por ejemplo, en Quebec, donde se habla abiertamente de los anglófonos, de los francófonos y de los bilingües.

Desde posiciones críticas, por el contrario, el término castellanohablante o catalanohablante es utilizado con mucha frecuencia. Hablamos de ellos para referirnos a los ciudadanos que tienen, respectivamente, el español y el catalán como lenguas maternas. Así, unos forman la comunidad castellanohablante y los otros, la catalanohablante.

La pregunta que quiero plantear es: ¿corresponde esta descripción a la realidad? ¿Hay realmente dos grupos compactos formados por dos comunidades lingüísticas separadas y monolíticas? Una observación de la realidad sociolingüística de Cataluña nos muestra que las cosas son más complejas.

Desde mi punto de vista, en Cataluña existe en primer lugar una comunidad de ciudadanos (a pesar de que algunos se empeñen en llamarnos "pueblo") y cuando consideramos a estos ciudadanos como hablantes de una o más lenguas, el categorizarlos principalmente en dos grupos diferenciados según su lengua materna es una opción que presenta dos problemas:

a. Es un enfoque esencialista: cada persona pertenece únicamente a un grupo o a otro dependiendo de un rasgo, su lengua materna, que no ha escogido y que es inmutable. Uno puede aprender varias lenguas pero su lengua materna siempre es la misma. En las democracias, los grupos donde uno no se adhiere de manera voluntaria sino que es situado allí, le guste o no, son difíciles de defender ya que van contra la libertad de las personas. Por supuesto que la lengua materna existe y las personas pueden ser agrupadas, de manera descriptiva, según su lengua materna. Esto no es ningún problema, el problema surge cuando a partir de esta categoría esencialista se desprenden ideas, comportamientos, derechos, deberes o cualquier otra cuestión.

b. El dudoso concepto de hablante de una lengua: este enfoque considera hablantes de una lengua únicamente a los que la tienen como lengua materna cuando, desde la lingüística, sabemos que el hablante de una lengua no es sólo aquella persona que la tiene como lengua materna sino también aquellos que la usan de manera habitual y la tienen como lengua de identificación (una lengua que sienten suya, que "aman").

Es posible que aquellos que tienen como lengua materna el español o el catalán y que prácticamente utilizan sólo su lengua materna en la vida cotidiana se sientan satisfechos con la definición de ser miembros exclusivamente de la comunidad castellanohablante o de la comunidad catalanohablante. Estas personas son los monolingües que usan y se identifican con una sola lengua. Esta es una elección, perfectamente legítima, pero no es la única que existe en Cataluña.

Otras opciones lingüísticas que podemos observar diariamente son aquellas referidas a los diferentes grados de bilingüismo, como sucede en todas las comunidades bilingües. No existen, por otra parte, comunidades bilingües donde todos los miembros sean bilingües. Lo que sí encontramos, como es lógico, son distintas configuraciones y grados de bilingüismo. En Cataluña podemos observar ciudadanos hablantes de español como lengua materna que hablan fluidamente el catalán y que lo usan de manera frecuente. Observamos también los hablantes nativos del catalán que conocen bien el español y lo usan cotidianamente. Tanto unos como otros forman un grupo: son los bilingües activos que viven su bilingüismo como una experiencia positiva que les abre puertas.

No existen comunidades bilingües donde todos los miembros sean bilingües. Lo que sí encontramos, como es lógico, son distintas configuraciones y grados de bilingüismo

Observamos que existen también los llamados bilingües receptivos, es decir, aquellos ciudadanos que se sienten mejor hablando en su lengua materna, sea ésta el español o el catalán, pero que no sienten ninguna resistencia a realizar actividades receptivas, como leer o escuchar, en la otra lengua. También pueden usar, con diferentes grados de comodidad, la otra lengua en actividades productivas, como hablar y escribir, pero su preferencia para estas actividades se encuentra en poder realizarlas en su lengua materna.

El hecho de que el español y el catalán sean lenguas tan parecidas facilita el bilingüismo de la sociedad. Es un caso diferente al del País Vasco, por ejemplo, donde el euskera solo se aprende si uno hace un esfuerzo y dedica mucho tiempo y energía porque es una lengua que no se puede aprender sólo viviendo allí mientras que el catalán, sí (al menos, a un nivel receptivo, a nivel de entenderlo).

En este punto, querría realizar un apunte personal: soy bilingüe activa, de lengua materna catalana. Cuando se habla de los castellanohablantes sólo como aquéllos que tienen el español como lengua materna y de las dificultades que experimentan para poder usar el español en la vida pública, me siento excluida de un grupo donde siento que pertenezco. Yo también soy castellanohablante y mis derechos lingüísticos también están siendo vulnerados a Cataluña. Mi impresión es que somos bastantes los ciudadanos catalanohablantes nativos que tenemos esta percepción.

Respecto a los castellanohablantes nativos, también muchos de ellos son bilingües activos y quieren una promoción y una protección del catalán, respetuosa con el español (lo cual es posible). Estas personas consideran el catalán también como una lengua suya y se identifican con ella, a pesar de toda la politización que ha hecho el nacionalismo del catalán.

Así, pues, podemos observar una gran variedad en los hábitos lingüísticos de los ciudadanos. El bilingüismo no es un absoluto -una persona perfectamente competente en las dos lenguas- sino una cuestión de grados, de registros y de destrezas. En consecuencia, pienso que el enfoque sobre este tema debería ser que en Cataluña no existen dos comunidades lingüísticas diferenciadas y monolíticas sino una sola comunidad bilingüe, con un uso amplio de ambas lenguas por parte de sus ciudadanos, en diferentes grados y dependiendo de las preferencias personales de cada uno. El monolingüismo -español o catalán- es una de estas opciones junto con los bilingüismos activo y receptivo.

Una comunidad bilingüe con una diversidad de hábitos lingüísticos. Desde mi punto de vista, esta definición es más fiel a la realidad sociolingüística de Cataluña que la idea de las dos comunidades lingüísticas diferenciadas.

[Este articulo ha sido publicado en el Boletín de la Asociación por la Tolerancia de mayo de 2014]

Un documento de la dirección muestra que ETA no tiene intención de disolverse
Así lo ha puesto de manifiesto un oficial de la policía antiterrorista francesa en base a un texto requisado el pasado marzo a un preso de la banda encarcelado en Francia
EFE | PARÍS El Correo  7 Junio 2014

ETA no tiene intención de disolverse, según un documento de su comité ejecutivo del mes de diciembre requisado el pasado marzo a un preso de la banda encarcelado en Francia, ha señalado un oficial de la policía antiterrorista francesa.

"ETA no tiene intención de disolverse, como lo muestra el documento del 'zuba' (comité ejecutivo o máximo órgano de dirección) de diciembre", ha explicado el comandante de la Subdirección Antiterrorista francesa (SDAT) Laurent Hury ante el Tribunal de lo Criminal de París que juzga a los etarras Ainhoa Ozaeta, Igor Suberviola y Jon Salaberría.

Hury ha señalado que, a la vista de ese documento -encontrado en soporte informático en la celda de un miembro de la organización terrorista al que no ha identificado-, "ETA sigue disponiendo de un comité ejecutivo que está plenamente operativo".

Arsenal con "un poder letal"
También ha insistido en que la banda conserva "un arsenal con un poder letal importante" y para ilustrarlo ha señalado que no se han recuperado 252 de las 404 pistolas que robó en octubre de 2006 en Vauvert (este de Francia), ni 500 kilos de explosivos de los 1.300 que había sustraído en 2005, ni un millar de las 3.000 placas de matrículas de vehículos de otro robo en 2005.

En cuanto al número de etarras en libertad, el comandante de la SDAT ha indicado que "no son muy numerosos" -el fiscal, Jean-François Ricard ha precisado que hay menos de un centenar-, y ha apuntado a que se ha producido "una cierta diáspora" por Europa, es decir, que algunos se han ido de Francia para refugiarse en otros países, y citó en concreto Alemania e Italia.

Interrogado por el alto el fuego declarado por ETA en octubre de 2011, dos años después de los últimos atentados cometidos en España, Hury lo ha atribuido a "la constatación del fracaso militar" por la organización tras "el debilitamiento" que había sufrido por las sucesivas operaciones policiales. "La acción que tuvimos (las fuerzas del orden) fue determinante" en esos pronunciamientos sobre el abandono de la lucha armada, ha señalado antes de preguntarse por qué en octubre de 2012 -después de ese proceso-, etarras detenidos en Macon continuaban desplazándose por Francia con diferentes elementos que sirven para configurar artefactos explosivos.

La restitución de armas, "un simulacro"
El oficial antiterrorista ha calificado de "simulacro de restitución de armas" el vídeo grabado en enero pasado en el que aparecían miembros de la llamada comisión internacional de verificación con etarras que escenificaban una inutilización de varias armas. "Ningún elemento indica dónde se encuentra ese mini-arsenal", que, en cualquier caso representa "una ínfima parte" de lo que tiene ETA , ha comentado. Agentes antiterroristas franceses interrogaron más tarde en Bayona, a instancias de un magistrado antiterrorista, a los miembros de la comisión de verificación que aparecen en el vídeo porque algunos elementos "apuntan al territorio francés".

Réplica de los tres etarras juzgados
Los tres etarras que se sientan en el banquillo -Ozaeta y Suberviola están inculpados como dirigentes de la banda y miembros de su comité ejecutivo cuando fueron arrestados en Burdeos en mayo de 2008- han replicado a la intervención de Hury, que a su juicio se ha hecho "con una clara intencionalidad política: negar (que se ha producido) un cambio político en el País Vasco".

Suberviola, en una declaración que han suscrito los otros dos, ha insistido en español en que "hoy no existe actividad armada ninguna (de ETA ) y no va a existir nunca jamás, ni en Francia ni en España (...) ni en ninguna otra parte del mundo". El presunto exdirigente también ha hecho hincapié en que con sus últimos comunicados se ha expresado "el compromiso de ETA de desarmarse, que lo va a llevar hasta el final, pero en ningún momento ha hablado de disolución.

A título de su "posición personal" en nombre de los tres, Suberviola ha dicho querer "hacer un reconocimiento sincero de todo el sufrimiento, de todo el dolor" causado por la banda en las "décadas de conflicto armado" en las que fue "parte". "Hacemos una renuncia a la forma de lucha armada utilizada en el pasado", ha manifestado antes de insistir en que de cara al futuro utilizarán "únicamente las vías pacíficas y democráticas". Interrogados por la presidenta del tribunal, Jacqueline Audax, sobre si mantendrán ese compromiso aunque ETA decida retomar las armas, Suberviola y Salaberría han replicado que "no hay ninguna posibilidad de marcha atrás".
 


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