AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 11 Junio  2014

Cunde la 'espantá'
F.JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 11 Junio 2014

EL REY no será un dechado de virtudes pero hay que reconocerle que, como legítimo descendiente de Fernando VII, El Narizotas, no carece de olfato. A la espantá regia le sucedió ayer la espantá de Susana Díaz, que decían que iba a garantizar un cierto orden constitucional en el PSOE, el respeto a los consensos de la Transición y todas esas cosas que empezó a demoler Zapatero en 2004. Por si las moscas, se ha ido el Rey y, por si las avispas, se fue ayer Susana Díaz. Se dirá que el Rey se va para entrar en la Historia y Susana para meterse en su cortijo, pero los dos se quitan de en medio, Juan Carlos porque el PSOE se caía y Susana porque el PSOE se ha caído. Poner el futuro de la Corona en manos de la Izquierda tiene estas cosas: Cebrián te sermonea igual y lo nuevo del PSOE es el Frente Popular.

Supongo que este fin de semana los videntes del pasado nos dirán que, en realidad, el Rey no se ha ido porque Rubalcaba era eurocadáver sino porque ya sabía que Susana Díaz no se iba a atrever con Madina. Lo que nadie sospechaba es que la Niña del Aparato iba a tomar el olivo como Rafael El Gallo, genio de la espantá. Y eso que el toro era un dije, una zapatilla, una cosita con dos cartelitos en las orejas que decían: «córtame, tonto». A doña Díaz le apartaban un Congreso afeitadito y más cómodo que las carambolas del Rey Felón, pero en cuanto se ha visto compitiendo con alguien que no es Moreno Bonilla, se ha metido en la cloaca de los ERE y ha dicho que la llamen cuando baje la marea.

Pero la marea no bajará si el PSOE renuncia al liderazgo de la izquierda y se convierte, en manos de Madina o Pedro Sánchez, en una pieza más del Frente Popular, ese cuyo Lenin lleva coleta y, según supimos ayer, cosechaba becas de Miguel Blesa y recibió un cheque-diploma de 15.000 euros de manos del Príncipe de Asturias para estudiar Filología Hispánica en Cambridge. Dónde mejor. Lo de irse fuera para triunfar dentro no le sorprenderá a Carmen Chacón, que ya desertó en Miami el año pasado, volvió a desertar el otro día creyendo que no tenía nada que hacer contra Susana y el Aparato, y ahora deberá ver si dice que se desdice. Reina la confusión: política catalana en Florida, Filología española en Cambridge y liderazgo socialista en la clandestinidad. No me extraña que se largue el Rey.

Podemos
Dónde esté una lista cerrada…
Emilio Campmany Libertad Digital 11 Junio 2014

El sistema político español posee un sofisticado mecanismo inmunológico. Son tantos los resortes que otorga a quien ostenta el poder que, cuando lo alcanza alguien que prometió su reforma, el afortunado se convence enseguida de que lo mejor es no cambiar nada. Ha pasado con la Justicia, que dos veces se prometió despolitizar y otras tantas se olvidó hacerlo. También pasó con el sistema electoral. La Alianza Popular de Fraga, núcleo del actual PP, se quejó con razón en las elecciones de 1977 y 1979 de haber sido muy perjudicada por la ley que las regula. Pero, cuando sustituyó a la UCD como una de las dos patas del sistema y la norma empezó a favorecerle, nadie en el partido se acordó de lo mala que era aquella ley. Al PSOE siempre le gustó porque se estuvo beneficiando de ella desde el principio. Si llega el día en que deje de ser mayoritario, que es proeza perfectamente al alcance de Madina, ya verán cómo empiezan los lloriqueos.

Con Podemos, ha bastado un buen resultado en unas elecciones europeas para que su principal figura, Pablo Iglesias, adquiera los resabios con los que el sistema adocena a sus líderes. El hecho no es irrelevante. Podemos nació como una fórmula vertebrada para canalizar las reivindicaciones reformistas del movimiento 15-M. Si recuerdan, uno de los gritos de indignación que más alto se oyeron durante aquellos días fue el de "no nos representan", una queja contra la dictadura de las listas cerradas y la tendencia del sistema electoral a beneficiar a los grandes partidos y perjudicar a los pequeños obligando al elector, especialmente en las circunscripciones pequeñas, a tener que elegir entre el PSOE y el PP. Recuérdese asimismo cómo esta reivindicación les ganó la simpatía de muchos ciudadanos que, en lo demás que proponían, no querían tener nada que ver con ellos.

Pues bien, no ha hecho falta que se convirtieran en mayoritarios, no han necesitado siquiera entrar en el Congreso de los Diputados, sino que ha bastado un discreto, aunque notable, éxito en las europeas para que, puesto en la tesitura de tener que elegir una directiva, Pablo Iglesias haya querido asegurarse de que le acompañarán sus amigos y no quienes elijan los militantes. Y, para lograrlo, ha descubierto el gran instrumento que nuestros partidos políticos emplean para que los jefes mantengan el control sobre los subalternos y se deban a él y no al electorado o a las bases, la lista cerrada. Quienes integren en el futuro la dirección del nuevo partido tendrán la misma convicción que los que pastan en los dos mayoritarios, que su puesto se lo deben al jefe y no a los militantes y que el secreto para seguir estando allí será, no hacer lo que los militantes quieran, sino lo que el jefe diga.

Monarquía
¡Viva el rey Abós!
José Luis Roldán Libertad Digital  11 Junio 2014

Entre los tiernos recuerdos de una infancia feliz, conservo vivamente el de las matinés en el cine Principal (con sus anuncios publicitarios en el descanso, a mitad de película, cuando, por aquello de cambiar las bobinas, la empresa hacía de la necesidad virtud para engordar el negocio: "visite nuestro selecto ambigú", o aquél otro: "se vende Sanglas seminueva, razón en esta empresa" de tan poco éxito, a juzgar por la cantidad de años que estuvo exhibiéndose, toda una generación). Y recuerdo cómo el chiquillerío que abarrotaba la sala gritaba, ante el inminente e inevitable desenlace en el que la virtud triunfaba sobre la felonía, el eslogan canónico e ininteligible: ¡Viva el rey Abós, estribor ha muerto!, mientras los zapatazos en el entarimado amenazaban con echar abajo el cine, y los acomodadores perdían los nervios ante tamaña falta de decoro y disciplina. Luego supimos -ya en el instituto- el verdadero significado de la voceada consigna infantil: ¡Viva el Rey a voz, el traidor ha muerto!

Fuera de esos ingenuos arrebatos infantiles, tan fervorosos como lejanos, nunca he sentido pasión por la institución monárquica. La corona, en sus orígenes, siempre estuvo vinculada a la posesión efectiva del poder. La ley del más fuerte era su razón; es decir, rey era el que se imponía por la fuerza. Luego, cuando fuimos alejándonos de la animalidad, la razón buscó otros fundamentos más sutiles en la ciencia política: el derecho divino y el principio dinástico.

Sea como fuere, mi condición de animal sedentario, de sillón reclinable, se acomoda poco al esfuerzo que requiere el uso de la fuerza como argumento supremo; tampoco mi razón se aviene a los legados divinos, y mucho menos confío en las virtudes de la genética, o en que las virtudes sean transmisibles mediante la genética; a la vista están los resultados. O sea, que no me gusta.

¿Por qué en la España del Siglo XXI rige la Ley Sálica que impide reinar a la primogénita del monarca? ¿Por qué no se ha reformado la Constitución durante estos 35 años de vigencia, para evitar una inaceptable discriminación?

¿Cómo el feroz feminismo patrio no ha puesto el grito en el cielo y se ha rasgado las vestiduras –mostrándonos los senos, como es ahora moda en las protestas- ante la suprema discriminación? ¿Dónde han estado, tan calladas, siendo de natural tan dadas al cotorreo, todas esas ministras Vogue de Zapatero, las Bibianas, las Pajín, las Valenciano, etc…?

Tal vez estas preguntas no tienen respuesta porque la respuesta sería una negación de los principios sobre los que sustentan el hecho monárquico. Tampoco, dicho sea en honor a la verdad, nos merecemos que nos den ninguna explicación. ¿Cuándo nos han respetado, esos que pueden dar explicaciones? No van, pues, a empezar ahora.

Y es que, nada hay aquí que no acabe siendo farsa o esperpento. Es decir, aquí, comenzando por la cabeza, todo es artificio, engaño y apaño.

¿República, entonces? Sería lo conveniente. Ahora bien, ¿Se imaginan al Presidente de la República, perteneciente al Frente Popular-nacionalista, por ejemplo, Cayo Lara, o Pablo Iglesias o Junqueras, "cohabitando" con un gobierno de derechas? Sin duda, el país sería ingobernable; sería el caos, o algo peor.

¿Se imaginan, además, lo que nos costaría? ¿Se imaginan el enjambre de asesores de la oficina del Presidente? ¿Se imaginan las costosas prebendas y privilegios de los expresidentes, que obviamente no iban a ser menos que las de un expresidente del gobierno? ¿Se imaginan que tras el presidente de la república vendrían todas las comunidades-estados-naciones instituyendo una figura similar para hablar de tú a tú a su igual? ¿Se imaginan, pues, que la república nos traería una legión —como la piara evangélica de cerdos— de "presidentes" y "expresidentes" hozando el solar patrio, que nos costarían como todas las casas reales de Europa juntas?

No. Aquí sólo será viable y deseable la república cuando el país se haya librado de la partitocracia; cuando los políticos no sean una casta sectaria y cleptómana; cuando seamos una sociedad civilizada y con criterio. Cuando, en verdad, haya democracia.

Hasta que eso ocurra, si es que llega a suceder, tendremos que acomodarnos a lo que siempre hemos sido, al menos desde hace cinco siglos, un país fracasado, condenado permanentemente a elegir entre dos males. Elijamos, pues, el menor de ellos.

Una prensa cortesana
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 11 Junio 2014

Leo en un periódico: "Difícilmente en la larga Historia de España podrá encontrarse un Príncipe más preparado, más instruido, más capacitado para ser Rey". Lo acostumbrado, la consabida frase pero... ¡esperen! La fecha no es de hoy. Ni de este año. Ni siquiera se refiere a Felipe de Borbón. Corresponde al editorial de ABC del 22 de noviembre de 1975, día de la proclamación de Juan Carlos. Un texto que contiene las mismas consignas, loas y alabanzas que hoy repiten muchos medios convencionales. Las décadas transcurren pero cierta propaganda permanece ajena a la modernidad, inmutable en sus términos, tópicos y argumentos. ¿Será que el ingenio y la inventiva desaparecieron sin dejar rastro? El editorial continuaba: "Sí, será un gran Rey, por la virtudes que le adornan. Por su trato, por su infatigable trabajo, por su entrega total...". Lástima, no especificaba a qué se entregaría.

Los actuales genios de la comunicación ni siquiera se han tomado la molestia de elaborar una campaña novedosa para vender las bondades personales de Felipe. Se limitan a desempolvar antiguos documentos, a copiar, a repetir idénticas lisonjas. Un guión calcado de la prensa del tardofranquismo con elogios "comodín", igualmente válidos para Juan o para Pedro, para Juana o su hermana, para un roto o un descosido. ¡Qué desilusión! Ni el celebrado título de "preparao" es original: ya lo ostentó en su momento el padre. La historia siempre se repite dos veces... pero la segunda suena a rechifla. Poco se puede construir con tales mimbres, con términos propios de sainete o zarzuela.

La machacona publicidad, la alabanza permanente, los argumentos tramposos acaban siendo contraproducentes. La gente no compra la monarquía por la preparación del heredero, como si fuera a ocupar la presidencia de la CNMV, el Tribunal de Cuentas o el Banco Central Europeo. La popularidad de la realeza descansa en un fuerte componente sentimental. No depende de la competencia profesional o la erudición, sino del respeto que suscita en el ciudadano. De la integridad, honradez, generosidad o espíritu de sacrificio. Por su anacronismo, para compensar su carácter tan excepcional, el mantenimiento de la Monarquía requiere de su titular un plus de esfuerzo, especialmente en un país que cree poco en privilegios dinásticos.

El Rey sólo puede mantener su auctoritas a través de una conducta intachable, esforzada y ejemplar. Sin ser monárquica, la gente puede admirar a un rey que ve la corona como una carga, un deber, una responsabilidad. Pero difícilmente al que aprovecha el trono como mera fuente de ventajas, como medio para una vida lujosa y regalada. He ahí el fracaso de Juan Carlos y la terrible herencia que deja al sucesor. Ha conducido la Monarquía a un complicado berenjenal, ganándose a pulso el cuestionamiento de una dinastía que parecía sólida.

Demasiados pelotas y tiralevitas
Pero no puede culparse a una sola persona de lo que fue un verdadero fallo del sistema. No estando sujeta la monarquía al sufragio ni a un proceso de selección por méritos debió estar sometida a otros controles como el escrutinio de la opinión pública y la estrecha vigilancia del gobierno. Pero nada de esto funcionó. La crítica al Rey y su tratamiento objetivo fueron hasta hace poco un terrible tabú que pocos se atrevían a romper.

Una prensa dependiente de los gobiernos, de la publicidad institucional o de empresas relacionadas con el poder, incumplió su obligación de ejercer la crítica sobre la Corona, de proporcionar información fiable, entregándose a la más vergonzosa adulación. Fuese para garantizar la supervivencia del medio, o por no cerrarse puertas en su aspiración a un puesto, lo cierto es que casi todos acabaron diciendo lo contrario de lo que pensaban. O pensando lo opuesto a lo que veían. O, directamente, no viendo nada. Nadie fue consciente de que la ausencia de crítica y control acabaría corrompiendo la Corona. Los pelotas y tiralevitas, esos que defendían a ultranza al Rey, ocultaban y justificaban su comportamiento, han sido los mejores abogados de la causa republicana.

Mientras el Régimen se descompone, el país se descoyunta y las instituciones hacen agua por todas partes, gran parte de la prensa convencional sigue repitiendo la misma cantinela, ese mantra elaborado hace cuarenta años. Intentan adoctrinar antes que proporcionar información veraz. Tocan la lira de las excelencias del heredero mientras el fuego amenaza con extenderse. Menos almíbares, menos discursos huecos y más objetividad. Nos encontramos en una crucial encrucijada, un momento en que España se juega el futuro. Es la hora de la verdad, hay que abrir ventanas, ventilar habitaciones, levantar alfombras, retirar de una vez las toneladas de basura acumulada. La prensa sólo puede servir a los ciudadanos informando sin censuras, reconociendo la situación en que nos encontramos, proponiendo los debates cruciales para ganar el futuro.

El sistema ha avanzado poco a poco hasta su crisis terminal. Nunca era el momento adecuado para acometer las reformas, para "abrir el melón", hasta que finalmente éste se pudrió. Quizá Rajoy tuvo la última oportunidad de operar in extremis al enfermo, de impulsar los cambios que lo salvasen del hundimiento. Pero volvió a desaprovechar la ocasión. Incluso, se movió en la dirección equivocada, esa que caracterizó durante décadas la política en España: reforzó todavía más la manipulación partidista del poder judicial. Ahora, con el Régimen convertido en un zombi, se abren demasiadas incógnitas, muchas opciones no siempre deseables.

En los profundos cambios que se avecinan, la travesía debe estar marcada por la transparencia, la claridad de objetivos. Nunca por la mentira, la cortedad de miras, la repetición de absurdas consignas, la ocultación o la manipulación. Nos jugamos demasiado para continuar con mascaradas, óperas bufas, fuegos de artificio o toreos de salón. Resultaría muy preocupante que, como en la abdicación de Juan Carlos, todo se llevara a cabo con prisas, tarde y... mal.

De la democracia en España
Para la historia democrática española, la Monarquía fue en 1931, el problema; y en 1975, la solución. Esa es la razón de que reabrir ahora el debate parezca, ante todo, un error. Peor aún: un error innecesario
Juan Pablo Fusi El Pais 11 Junio 2014

Cuando en el debate público se proponen o invocan cuestiones, conceptos, trascendentes —por ejemplo, República—, sin que paralelamente se oigan o análisis rigurosos o ideas sustantivas, hay serias razones para preocuparse. A la política —a toda política— hay que exigirle cuando menos seriedad, y desde luego, sentido del Estado y sentido de la historia: ignorar la historia del propio país —nuestra circunstancia más inmediata y urgente— es como carecer de derechos civiles. Más precisamente: para estar responsablemente en la vida pública española, en el debate nacional, hay que leer —conocer, estudiar— obligatoriamente a Cánovas, Ortega y Azaña. A Cánovas, como creador del Estado español contemporáneo; a Ortega, para plantearse España como preocupación histórica, como problema; a Azaña, para entender España ante todo como un problema de democracia.

Ortega y Azaña nos son particularmente cercanos. El Ortega de Vieja y nueva política, de España invertebrada (1921), el Ortega de la Asociación al Servicio de la República, pensaba que en España no había emoción nacional, que España era pura provincia, que la gran reforma que había que hacer era ésta: edificar una verdadera vida nacional, hacer una España nacional. Azaña entendía (Tres generaciones del Ateneo, 1930) que el Estado español contemporáneo era un Estado “inerme”, una “entelequia” que no iba más allá de las personas que lo dirigían. De ahí su gran ambición política: rehacer el Estado, construir un Estado nuevo, fuerte y verdaderamente nacional, como instrumento de la gran reforma —la misma tesis que Ortega— que España, en su opinión, necesitaba.

Ortega creyó hasta tarde que en España —un país al que creía “bajo el arco en ruina”— había que hacer la experiencia monárquica. Azaña entendió desde 1923, desde el golpe de Estado de Primo de Rivera, que desde el momento en que Alfonso XIII aceptó la dictadura, democracia en España había pasado a ser sinónimo de cambio de régimen, y a identificarse con República. La visión nacional de Ortega terminaría por bascular —por breve tiempo y por razones más profundas: por su idea de la política como instrumento de vertebración nacional, y su concepto de nación como un proyecto colectivo de vida en común— hacia posiciones, con todo, complementarias. En noviembre de 1930, en el artículo más resonante de la historia del periodismo político español, El error Berenguer, lo dejó dramáticamente claro: “¡Españoles —escribió—, vuestro Estado no existe! ¡ Reconstruidlo!”.

Para Ortega, la gran reforma que había que hacer era edificar una verdadera vida nacional

Todo lo cual no significa sino esto: o la República es igual a renacionalización del Estado o no es nada. Traída por hombres seriamente ocupados en su país —Azaña, Alcalá Zamora, Miguel Maura, Prieto… (que luego errasen, incluso gravemente, si se quiere, es otra cuestión)—, la Segunda República fue lo contrario de un movimiento de protesta callejero. Azaña, el político que encarnó el régimen republicano, fue un hombre de profundo sentido de lo español. En Azaña no alentó otra preocupación que España, su atraso moral y material, la anemia de su vida pública, la ausencia de ideales nacionales. La República era, para él, la encarnación del ser nacional, el sistema que al devolver las libertades a los españoles (en las que incluía las libertades de sus pueblos históricos y en primer lugar de Cataluña, pero sobre dos principios incuestionables: unidad constitucional y preeminencia del Estado), devolvería a España la dignidad nacional. Con inmensas dificultades y con errores indudables, Azaña y sus colaboradores plantearon la reforma agraria, y el reparto de tierras para los campesinos; reformaron el Ejército; quisieron limitar la influencia de la Iglesia y promover una educación laica; e iniciaron la rectificación del centralismo del Estado mediante la concesión de la autonomía a Cataluña (1932) y la aceptación, con reservas y extraordinaria prudencia, del principio de autonomía para las regiones. Esto es, pensaron y vivieron la República como un gran proyecto nacional (la rectificación de la República que Ortega exigió en diciembre de 1931 nació, precisamente, de que desde su perspectiva, la República, “tal vez sin culpa de nadie”, había derivado en poco más que un comité revolucionario. Ortega iba a reclamar lo que siempre había reclamado: hacer de España una verdadera nación, lo que ahora llamó “la nacionalización de la República”).

Por eso que dijera más arriba que la República o es un gran proyecto nacional o no es nada. Con un problema añadido: que la democracia de 1978 fue ya, y lo sustancial de ella sigue plenamente vigente (democracia constitucional, Monarquía parlamentaria, Estado social de derecho, Estado de las autonomías con nacionalidades y regiones), fue ya, repito, un gran proyecto histórico. La democracia de 1978 fue nada menos que la respuesta al gran problema político de la España contemporánea, al problema de la democracia que obsesionara a Azaña, problema materializado en el gravísimo ciclo de cambios de estado y de régimen que jalonó la historia del país en el siglo XX: Monarquía alfonsina, dictadura de Primo de Rivera, Segunda Répública, levantamiento militar de 1936, Guerra Civil, dictadura de Franco. El restablecimiento de la democracia en España, la Transición, fue posible, como se sabe, por muchas razones: por los cambios económicos y sociales que España experimentó desde los años sesenta; por el contexto internacional; por la necesidad de la nueva Monarquía (Juan Carlos I) de dotarse de legitimidad propia y democrática; por la voluntad de la oposición antifranquista y del reformismo del régimen franquista de impulsar un nuevo comienzo colectivo en el país. Con el rey Juan Carlos al frente del Estado, España se transformó, de forma inesperada y sorprendente (lo que no quiere decir que el proceso no tuviera limitaciones, contradicciones y muy graves problemas), en una democracia plena y progresiva. Se acertó plenamente, sin duda, en el hombre, Suárez, y en el procedimiento, una reforma desde la legalidad anterior.

Ello había requerido un cambio histórico esencial, extraordinario: nada menos que la reinvención de la democracia. Junto a muchos otros hechos decisivos (la ruptura de Don Juan de Borbón con el régimen de Franco; la lucha clandestina de la oposición; la rebelión de los estudiantes; las huelgas obreras; la aparición de ETA; los problemas con la Iglesia), la reinvención de la democracia fue la gran obra histórica, la gran hazaña, del pensamiento liberal y democrático español (que supo construirse bajo, y contra, el franquismo, pequeños pero admirables ámbitos de libertad: publicaciones, círculos y centros de estudios políticos y sociales, etcétera). Por resumir: desde los años sesenta, el pensamiento español no haría ya metafísica del ser de España, como habían hecho y con indudable acierto la generación del 98 y tras ellos Ortega, Azaña, los hombres de la generación del 14 y los intelectuales que prolongaron sus ideas y pensamiento. El pensamiento español —parte del mismo, obviamente—, esto es, la ciencia política, la sociología, el derecho, el pensamiento económico, la propia historiografía, iba a hacer ahora algo verdaderamente sustantivo: proporcionar los instrumentos de análisis para la reconstrucción de la democracia en España tras la dictadura de Franco. Desde entonces, democracia no iba a ser igual a República.

Democracia era igual a partidos políticos, elecciones, sufragio universal, autonomía para las regiones, reconocimiento de la realidad particular de Cataluña, País Vasco y Galicia, sindicatos libres, europeísmo, libertades y derechos fundamentales (de prensa, huelga, reunión, manifestación, opinión), Estado de bienestar, economía de mercado y amplio acceso a todos los niveles de la educación.

El cambio tuvo mucho de paradójico. Para la democracia, la Monarquía fue en España, en 1931, el problema; y en 1975, la solución. El historiador Hobsbawm pudo decir con razón en 2011 que la Monarquía había sido un marco solvente para el liberalismo y la democracia en lugares como Holanda, Bélgica, Gran Bretaña y, añadía, como España. Por eso que reabrir la cuestión Monarquía-República parezca, ante todo, un error. Peor aún: un error innecesario.

Juan Pablo Fusi es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid

Una lectura conspiratoria de los sucesos recientes
Montserrat Nebrera www.vozpopuli.com 11 Junio 2014

Del mismo modo en que nada estaba dejado al azar en la insólita figura de dos papas canonizando a otros dos (no en vano la Iglesia Católica ha sobrevivido a los embates de la historia convulsa de dos milenios de cristianismo), tampoco es casual la sucesión de dimisiones a las que hemos asistido en España en las últimas semanas y que, si todo sigue el hilo del argumento trazado, no habrían de ser las últimas: dimite el Rey, dimite Rubalcaba, ¿dimite Duran i Lleida? En realidad no dimite nadie, todos pseudodimiten, como casi siempre, para ocuparse entre bambalinas de una secuencia de acontecimientos en la que se creen, también como casi sucede a todo el mundo, imprescindibles.

El Rey abdica con el mismo grado de credibilidad con el que accedió al trono; entonces no era nadie, ahora ha dejado de tener el brillo que lo aupaba a la mayor valoración social y que hizo de irredentos republicanos defensores a ultranza de su figura histórica. Durante un espacio amplio de tiempo el juancarlismo era un modo de ser en el que comulgaba cualquiera que pretendiera ser alguna cosa; poco antes de su definitivo retorno al descrédito, la familia parecía salvada en la reina, hasta que la reina dudó por un momento entre ejercer de tal y actuar como madre incondicional y salió escaldada por el contacto urdangarinesco; nunca fue tanto como Juan Carlos I, y por eso tampoco su caída lo ha sido como la de él, pero, fabricado o auténtico, ahora el viento favorable gira en torno a Felipe, a pesar de Letizia o gracias a Letizia, con plebeya añadida, en todo caso.

Felipe VI puede ser un buen rey, y la encuesta casualmente rauda del diario que se atribuye la transición mediática (y tal vez en parte es verdad) dice que la mayoría prefiere un buen rey a un mal presidente de república. Lo cierto es que nadie sabe a qué tipo de presidencia con mal actor hace ascos la mayoría, porque en el modelo italiano al Presidente de la República lo elige el Parlamento, y por tanto, sería tanto como hacer ascos a un parecer de la mayoría con el que no estuviésemos de acuerdo, pero en todo caso, se trata de una más que curiosamente común duda sobre las grietas de un sistema democrático cuando los llamados a decidir no tienen una idea, ni exacta ni aproximada, de lo que deciden, esto es, cuando decide una opinión pública que, por falta de formación e información veraz, en realidad no es libre.

Felipe VI, como su padre cuando se alió con Franco y luego le dio el salto a las Leyes Fundamentales del Reino, gracias a la cabriola funambulesca “de la ley a la ley” de Fernández Miranda, y en compañía de Suárez, tiene un objetivo principal: mantener la corona puesta sobre su cabeza. Sin compartir la zafiedad del portavoz del gobierno catalán al definirlo como la “empresa familiar”, o entendiendo empresa en el mejor sentido de la palabra, su preocupación no es en sí misma criticable, va en los genes de la monarquía desde que, para evitar las luchas fratricidas por el poder, dejó de ser electiva y se convirtió en hereditaria. Esa herencia, que pudo aparentar ser como la de una casa o unas joyas mientras el rey fue casi Dios o su delegado en la tierra, ha pasado a ser cuestionada en tiempos de igualdad y democracia; de modo que si Felipe VI quiere ser un buen rey, probablemente haya de propiciar su propia aclamación, que en palabras técnicas actuales significa dejar claro a la opinión pública que es su deseo ser refrendado. No tiene competencias jurídicas para proponerlo, pero tiene toda la fuerza simbólica de la institución, y tendría toda la fuerza social de la calle; lo que obligaría a su vez al PP a mover ficha, y a abandonar la pose de que todo lo que está en ley, por eso mismo, es inamovible.

En el PP continúan con su manifiesta y estulta soberbia, pero ya se han dado cuenta de que corren los meses hacia el 9-N y por tanto, hacia el encontronazo con el más serio problema que ha padecido España en cuarenta años, así que se les ha ocurrido un plan, muy conocido en el argot politológico como gatopardismo, para el que unas cuantas piezas ya han empezado a jugar su papel: perdido su prestigio, el Rey abdica; perdidas (descalabradas) las elecciones europeas, Rubalcaba se va; perdida la centralidad política en CiU, Duran (que de rebote pierde su popularidad en España) dice que se retira, aunque en su caso, tal vez, con más papeles de los que ahora ostenta, sólo se retira a medias. El sistema se auto-regenera, o hace ver. Dicen que todo esto es por miedo a la formación surgida de la nada y alimentada con el caldo gordo del 15-M, y puede que alguien se lo crea, pero a mí lo de Iglesias me empieza a sonar a cosa cocinada, incluso de esas que, como el lepenismo en Francia, se pueda volver en contra de sus fautores; porque ¿cómo es que una cadena de televisión que pertenece a alguien tan afecto al gobierno actual permite la presencia, día sí y día también, a quien con tanto ahínco ese mismo gobierno se afana en llamar "friki"? ¿Y cómo es que “el friki” va a continuar haciéndolo como si nada hubiera pasado si es que realmente algo pasó? ¿Qué otras formaciones neutraliza Podemos? ¿Qué tiene que ver con el hundimiento del PSOE? Sabemos de la capacidad de los grandes partidos para introducir trolls en los pequeños y dinamitarlos antes de que tomen altura; si no lo hacen es porque entonces el objetivo es otro mucho más rentable, como fagocitarlo y hacerlo engrosar sus propias filas, con el nombre antiguo o con uno nuevo.

Duran, contra todo pronóstico, filtra la noticia de que se va al diario de la competencia del grupo que siempre lo consideró amigo, quizás porque luego va a decir que en realidad no ha pensado nunca en abandonar del todo; vamos, que casi dice que el diario que habla está inventándoselo todo. Pero ese mismo periódico titulaba el cambio de rey pocos días antes como “la segunda transición”. En la primera todo cambió para que dos cosas quedasen aseguradas: la corona y el poder económico. En la segunda ¿qué podría ser distinto si son los protagonistas de aquella primera, incluso aparentando mutis por el foro, los que vuelven a moverlo todo? Todo distinto para que todo permanezca igual. O lo que es lo mismo, sólo los monigotes son nuevos.

Ignatieff tacha de "pecado" la secesión porque "desgarra" a los ciudadanos
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 11 Junio 2014

Para el político liberal canadiense, escritor y ensayista Michael Ignatieff, “la secesión no es un error, es un pecado”. El autor de Sangre y pertenencia, uno de los libros referenciales en el estudio de los nacionalismos en Europa y Canadá, dijo no tener “nada contra el nacionalismo” pero sí contra “la identidad” única –porque los ciudadanos pueden tener varias– y contra la pretensión de los nacionalistas de separar los Estados para crear otros, obligando a elegir a los ciudadanos, “desgarrándolos”. Y añadió que si “Cataluña se separa de España dejará a muchos catalanes partidos en dos”.

Estas contundentes afirmaciones las expuso ayer Ignatieff en un coloquio con el catedrático Francesc de Carreras, celebrado –y es ya el séptimo sobre la cuestión catalana– en la Fundación Diario Madrid, bajo la moderación de los periodistas Miguel Ángel Aguilar y Rosa Paz. Javier Solana, Miguel Ángel Fernández Ordoñez y el historiador Santos Juliá, entre otras personalidades, asistieron al debate.

El político liberal se mostró satisfecho del proceso que se ha establecido en Canadá para abordar jurídicamente la pretensión secesionista de Quebec, que fue rechazada en dos referendos (1980 y 1995). Ahora, y a partir de un dictamen del Tribunal Supremo canadiense, está en vigor la llamada Ley de Claridad, que establece las condiciones en las que se celebraría una nueva consulta sobre la independencia de Quebec: una pregunta clara y concisa; una determinada participación de los votantes y una mayoría cualificada.

Ignatieff –que distinguió de forma constante entre un nacionalismo que hay que amparar y comprender y un secesionismo que obliga a elegir injustamente– aconsejó que no se empleasen argumentos negativos que infundan temor (“porque no funcionan”, dijo), sino otros de carácter sentimental y práctico. Y abogó por la estructura multinacional de Estados que plantean tensiones segregacionistas como Canadá, Reino Unido y España. Ignatieff expresó su convicción de que Quebec no se separará nunca de Canadá y que, si sucediese, para él sería como si le "amputasen un brazo”. No eludió subrayar la posibilidad de que “a veces el nacionalismo es el proyecto de una elite”, aunque en otros muchos casos sea una sentimiento de “buena fe”. En todo caso, según Ignatieff, hay que propugnar la libertad de pertenencia para que los ciudadanos prioricen sus identidades sin criterios excluyentes.

El catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, luego de exponer las razones “inconsistentes” que aduce el nacionalismo catalán para apostar por la independencia, aseguró que en ninguna Constitución se plasma el derecho a la secesión y que el de autodeterminación se ha reconocido sólo para territorios sometidos a los fueros coloniales.
La Ley de Claridad establece las condiciones en las que se celebraría una nueva consulta sobre la independencia de Quebec: una pregunta clara y concisa; una determinada participación de los votantes y una mayoría cualificada.No obstante, el profesor catalán –muy próximo a Ciudadanos– consideró difícil negar la posibilidad de una consulta en Cataluña porque “el derecho no es un muro, sino un cauce” y se mostró partidario de, por el procedimiento constitucional adecuado, avanzar hacia el modelo canadiense que define la Ley de Claridad.

Carreras reprochó al Gobierno y al PP no haber dado respuesta a la cuestión catalana y al PSOE que, aunque sí lo ha hecho con la propuesta de una reforma federal del Estado, le advirtió de su error, porque los nacionalistas no aceptan tampoco una federación. “Ninguna de esas posiciones sirve”, dijo, insistiendo en que la reclamación de la consulta no es sólo una cuestión que tenga que ver con los dirigentes políticos de Cataluña, sino también con las clases medias y, en parte, también de las altas. Sostuvo que la situación está en “fase de pudrimiento” y reclamó la necesidad de saber cuántos catalanes optarían en un referéndum consultivo por la independencia de Cataluña. Aunque manifestó que su posición podía ser “discutible”, no dudó en reiterar que, bajo la inspiración de la solución canadiense, podría darse un cauce jurídico a la demanda catalana.

Ciudadano Felipe
Francisco M. Toro www.cronicaglobal.com 11 Junio 2014

Un amigo de un amigo, ustedes ya me entienden, siempre se ha declarado ideológicamente republicano pero juancarlista a niveles prácticos. Ya saben, de esos juancarlistas que abundan, de esos que, aunque aborrecen la monarquía, aunque entienden que no es más que una institución de naturaleza arcaica, un tenderete sin pies ni cabeza, algo caduco que sólo tiene en cuenta el azar genético, también están convencidos de que el rey Juan Carlos I, por su actuación en el contexto, no sólo de la transición, sino también del período más largo de paz y democracia en España, que no es moco de pavo, bien se ha merecido la confianza de los españoles, incluso de algunos de los republicanos como el amigo de mi amigo. Heredero directo de un dictador. Cierto. No fue el único valedor de la democracia. También es verdad, dice el amigo de mi amigo. Pero no es moco de pavo, repite.

Democracia es república, afirman, sin duda queriendo decir que democracia es república siempre y cuando manden las izquierdas. La expresión "república bananera" ya no está de moda

Con la abdicación de Juan Carlos I, esos juancarlistas creen que la deuda con la nación está saldada. Y ahora, república.

Felipe VI, Felipe el Breve, tal y como etiquetaron a su padre. Qué poquito durará el pobre, afirmaba el amigo de mi amigo, y eso que durante décadas ha sido el yerno que todas las españolas querían tener. No lo soportará. PP y PSOE, sus decadentes valedores, ya se están hundiendo con todo el equipo, y el nuevo rey se irá al fondo del mar arrastrado por el inmovilismo de los partidos mayoritarios que al final no lo serán tanto. De nada le servirá al apuesto monarca cuando, en su primera visita a Cataluña, y la única oficial como rey de España que llegará a realizar, se dirija a los catalanes única y exclusivamente en catalán. Algún verso de Martí i Pol, un guiño al expresident Pujol, presente en la cámara, sólo le servirán para volverse a ganar el cariño de un puñado de octogenarias de la plana de Vic.

Juancarlistas pero no monárquicos. Juancarlistas pero republicanos. Chimpún.

Pero ha abdicado Juan Carlos I, y el envite del republicanismo twittero está empujando al amigo de mi amigo a replantearse la cuestión. Desde el primer momento y con gran éxito, afirma, se ha extendido el bulo de que un estado democrático de ninguna manera puede consentir tener a un rey como jefe de Estado, es decir, un país que admite la monarquía es una democracia incompleta, una especie de democracia a medias, una democracia a la que le falta un hervor. Olvidan, por cierto, a Suecia y a Corea del Norte. Coincide en el tiempo con la efervescencia de nuevos líderes supremos como Pablo Iglesias, tipo joven, sobradamente preparado, rotundamente democrático, implacablemente íntegro. Lo más de lo más. De lo mejor, lo superior. Votar es democracia, se dice por doquier. Se da, una vez más, el curioso caso de la acción-reacción, y en éstas, muchos juancarlistas como el amigo de mi amigo han empezado a dudar.

Nueva abdicación. Advenimiento de la República. ¿Y bien? Elecciones a la jefatura del Estado. El amigo de mi amigo ya se imagina el listado de candidatos a la jefatura del Estado. ¿Aznar, Bono, Rubalcaba, Esperanza, Zapatero quizás? A diferencia de muchos soñadores, quizás algo inconscientes, el amigo de mi amigo sabe que el nuevo jefe de Estado habría de ser por fuerza el candidato del PP o el del PSOE, a escoger. Llegado el momento, cada vez más dubitativo, se lamentará por vivir en un país de cainitas, y se acordará del campechano, de sus discursos de Navidad, del "me llena de orgullo y satisfacción", y entonces se preguntará, ¡¿y si lo del felipismo…?!

Algunos aventureros mentales han colgado en sus balcones una bandera tricolor y a su lado una bandera independentista, como si fuesen lo mismo, como si se tratase de banderas de dos clubs de fútbol amigos

Democracia es república, afirman, sin duda queriendo decir que democracia es república siempre y cuando manden las izquierdas. La expresión "república bananera" ya no está de moda. Grandes sectores de la derecha, históricamente republicanos, también están dudando si abrazar el felipismo.

Otro caso pintoresco se ha dibujado alrededor del independentismo catalán. Muchos han aprovechado para soñar, que es gratis, que una España republicana significaría, inequívocamente, la independencia de Cataluña, la desmembración de España en uno, dos, tres, cien cachitos. Algunos aventureros mentales han colgado en sus balcones una bandera tricolor y a su lado una bandera independentista, como si fuesen lo mismo, como si se tratase de banderas de dos clubs de fútbol amigos. Y cuando se les enseña la fotografía en la que aparece Lluís Companys, entre rejas, no entienden que la estampa es de 1934, de cuando un gobierno republicano le puso a la sombra tras un golpe de estado, eufemísticamente llamado fets del 1934, que es tanto como no decir nada. El amigo de mi amigo se sonroja al explicar que republicano se puede ser, pero que eso no significa nada más que eso.

Todo se ha liado. Los republicanos de derechas se han vuelto monárquicos o, en su defecto, felipistas. Los de izquierdas son ahora necesariamente republicanos. Los que habían sido juancarlistas, como el amigo de mi amigo, se están planteando también abrazar el felipismo. En Cataluña, como siempre, la discusión pasa por el tamiz del procés sobiranista. Éste parece ser, ay Cataluña, tu verdadero fet diferencial. Todo debe leerse en función de si es beneficioso o perjudicial al procés. Monarquía y España, dan a entender, son la misma cosa. República e independencia, también. Estos malabarismos propagandísticos, además de un insulto a la inteligencia, son, como pronto, un desprecio a la Historia, al esfuerzo, a los sacrificios e incluso a las vidas de los republicanos españoles que lucharon por cosas muy distintas a la independencia de Cataluña y para que un partido burgués como CiU se equipe el chiringuito a todo confort.

Contrariado, el amigo de mi amigo está empezando a desear que el ciudadano Felipe coja el toro por los cuernos, tutele y lidere una nueva transición hacia la reestructuración y modernización del país y justifique, de esta manera, que cada vez más haya más republicanos felipistas.

Tambaleándonos
Xavier Pericay www.cronicaglobal.com 11 Junio 2014

Si algo tiene de bueno el nacionalismo es su franqueza. Ya por infantilismo, ya por decrepitud, ya por una elementalidad irrefrenable, los catalanistas de todo grado y condición acostumbran a manejarse con una transparencia asombrosa. Dicen lo que sienten. Si hay que salirse de tono, se salen. Si hay que soltar una lagrimita, la sueltan. Es verdad que están convencidos de que los vientos soplan ahora a su favor y eso les da alas. Pero, en realidad, como nunca han distinguido entre lo público y lo privado, todas esas expansiones que una persona medianamente instruida reservaría para la alcoba ellos las exhiben sin reparo alguno en la plaza pública.

Esa connivencia entre las instituciones y los colectivos cuyo principal objetivo es subvertir la ley y el orden es lo que hace que todo se tambalee. Y esa connivencia, en estos momentos, se da tan sólo en una parte de España

Entre esos exhibicionistas —dejo a un lado, claro, los Homs, Rahola, Sala i Martín, Terribas y compañía, cuyas expansiones rayan a menudo en la obscenidad— emerge, es un decir, la figura del ex presidente Pujol. Hace ya meses, en uno de esos editoriales que alumbra su fundación, invitaba a los catalanes a ocupar la calle para tratar de convencer a Europa de que somos europeos. Supongo que esa exhibición castellera del pasado domingo que logró reunir a cerca de 200 personas en la Alexanderplatz berlinesa —según las crónicas, tantas personas como miembros componían la expedición— y que llevó a proclamar en Barcelona a la presidenta de Òmnium Cultural —delante de la Sagrada Familia y junto a un Ferran Mascarell que cada vez se parece más, en todos los aspectos, a Jaume Sobrequés— que Europa necesita a los catalanes [sic]; supongo que esa exhibición, decía, formaba parte de la estrategia preconizada entonces por el otrora Ubú presidente. Y ayer, sin ir más lejos, Pujol declaraba a su emisora amiga, en relación con la crisis entre Convergència y Unió, que "en este momento se tambalea todo. (…) ¿O no se tambalea el PSC, y el PSOE, y todas las instituciones?".

Cierto. La sensación es de que todo se tambalea. Pero, más allá de las sensaciones, están los hechos. Y estos indican, de forma harto tozuda, que en ese tambaleo hay quien mueve los cimientos y quien trata de apuntalarlos. Jordi Pujol y sus amigos están sin duda en el primero de los casos. Y lo están en tanto que formación política —lo que no les aleja, en modo alguno, de expertos desestabilizadores como la CUP, Sortu, ERC o Izquierda Unida, o de recién llegados a la movida como Podemos— y en tanto que responsables de una institución, la Generalidad, que encarna, hasta nueva orden, la representación del Estado en Cataluña. O sea, su grado de responsabilidad es mayúsculo, y por partida doble. Ayer mismo, coincidiendo con las declaraciones de Pujol, nos enterábamos de que la Generalidad hizo la vista gorda ante la ristra de referéndums ilegales celebrados en Cataluña el pasado 25 de mayo, coincidiendo con las europeas —la hizo, al menos, antes de que la Junta Electoral requiriera la incautación de las urnas— y de que incluso habría asesorado a los organizadores de esas consultas sobre la forma de eludir posibles sanciones.

Y, por supuesto, llueve sobre mojado. Recuérdese el caso Can Vies, y al Ayuntamiento de Barcelona acordando con los antisistema la devolución a estos del inmueble okupado. Recuérdense las numerosas sentencias de los tribunales referidas a la presencia del castellano en la escuela, y al Departamento de Enseñanza asegurando que no piensa acatarlas. Recuérdese, en fin, la procesión carnavalera prevista para este sábado en Barcelona —en la que va a pedirse, lisa y llanamente, que la nueva ley de educación no se aplique en Cataluña—, y a los organizadores del evento, Somescola.cat, reclamando a ese mismo Departamento de Enseñanza "firmeza" en la insumisión y unas directrices claras sobre cómo proceder durante el próximo curso. Igual, en definitiva, que con las urnas ilegales del 25 de mayo.

Esa connivencia entre las instituciones y los colectivos cuyo principal objetivo es subvertir la ley y el orden es lo que hace que todo se tambalee. Y esa connivencia, en estos momentos, se da tan sólo en una parte de España. Aunque termine por afectar a España entera.

INFORME DE LA FUNDACIÓN ALTERNATIVAS
Los males de la Democracia en España
La gestión de la crisis ha dejado desigualdad, una política impotente y una Monarquía desgastada. Los ciudadanos, alérgicos a cualquier ocultamiento, están cada vez más alejados de los gobernantes
Carlos Penedo Estrella Digital 11 Junio 2014

La Fundación Alternativas acaba de presentar su octavo informe sobre la democracia en España, titulado en la edición 2014 ‘La democracia sin política’, que también podría formularse al revés, la política sin democracia. El informe ahonda en las tres heridas que la crisis y la gestión de la misma han dejado en herencia: una sociedad desigual, empobrecida y desafecta, aunque no pasiva; una política superada por las circunstancias, impotente y, a la vez, seriamente dañada por la corrupción; y un deterioro institucional que ha afectado a la practica totalidad de las instituciones, desde el Gobierno hasta la Monarquía.

En la presentación del informe el pasado miércoles en el CaixaForum de Madrid, Belén Barreiro, actual directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas y ex directora del CIS, alertaba sobre el proceso que ha ido vaciando a la democracia de contenido y ha provocado una “ruptura dramática” entre ciudadanía y élite.

Barreiro apuntaba como una de las causas el gran avance hacia una sociedad digital –España, recordó, ocupa la quinta posición mundial en uso de redes sociales-, que ha producido nuevas formas de comunicación personal, empresarial y también política, algo no comprendido por los dos grandes partidos, lo que implica también la existencia de una ciudadanía vigilante y alérgica a cualquier manipulación u ocultamiento. Barreiro señaló que la penetración de Internet en los partidos pequeños es casi total y muy superior a lo que sucede en los dos grandes partidos, que “no saben comunicar” en las redes sociales.

El acto contó también con la participación del expresidente Felipe González, quien insistió en la crisis generalizada de gobernanza en las democracias occidentales y en la desaparición de referentes sociales. Avisó también que “la aparición de nacionalismos irredentos e insolidarios por toda Europa y dentro de cada Estado son lo contrario de la solución, agravan el problema”.

Existe una ciudadanía vigilante y alérgica a cualquier manipulación u ocultamiento

Por su parte, Joaquín Estefanía, analista en distintos medios del Grupo Prisa y ex director del diario El País, director de este informe de Alternativas, denunció que la democracia española se está volviendo menos inclusiva, por ejemplo con las políticas discriminatorias desarrolladas contra la inmigración negándoles y cobrando la atención sanitaria en algunos casos.

A continuación, una breve referencia a los capítulos del informe, nueve fotografías sobre la salud de la democracia española.

Democracia sin política
Los expertos que han participado en la elaboración del informe de la Fundación Alternativas subrayan la importancia de la injerencia internacional en la economía estatal por parte de instituciones ajenas al control directo de los ciudadanos.

Además, hay dos indicadores que empeoran de forma sustancial y que están directamente relacionados con la gestión de la crisis: el derecho a recibir una atención sanitaria de calidad y la reducción de los derechos de los trabajadores, con la reforma laboral que ha facilitado los despidos y los contratos basura.

Añade Alternativas como problema la falta de transparencia en la rendición de cuentas de la acción del Gobierno, la regresión de los informativos públicos de RTVE, el giro de algunos periódicos hacia posiciones más afines al Gobierno y la concentración de la televisión privada en un duopolio.

Recuerda el informe dos conflictos, el de Gamonal (Burgos) –la construcción de un aparcamiento privado- y la privatización de la sanidad madrileña, que acabaron con victoria temporal de los movilizados y que en ambos se lanzaron dos gritos mayoritarios: “No nos escuchan” y “Gobiernan para los ricos”.

Dice la Fundación Alternativas que no hay aún en España un rechazo contra la democracia, incluso se defiende, pero sus prestaciones son decepcionantes para un número cada vez mayor de personas y cuando pase la crisis económica todas las debilidades del sistema emergerán, no desaparecerán con el crecimiento del PIB.

Rajoy año II: ganando tiempo
Para la Fundación Alternativas, el Partido Popular ha planteado el segundo año de la legislatura (2013) como un año “puente”. Otro año más de sacrificios y promesas electorales incumplidas para sentar los cimientos de la recuperación económica. Durante el último año el Gobierno de Rajoy, apoyado en su amplia mayoría absoluta, se ha mantenido políticamente de perfil, ha buscado un segundo plano frente a temas del calado de la sombra de corrupción por el caso Bárcenas, las medidas más impopulares de “agenda reformista” o el desafío soberanista catalán.

¿Quién se opone al Gobierno?
Fruto de la crisis política por la que pasa España, las formaciones políticas de nuestro país están muy debilitadas en términos de opinión pública y los ciudadanos han salido a la calle para expresar su rechazo a las decisiones del Gobierno con mucha más frecuencia de lo habitual.

Para la Fundación Alternativas, aunque el bipartidismo parece haber entrado en crisis, las terceras fuerzas políticas no parecen tener apoyo suficiente para romperlo del todo. Se observa además, no sólo en España, numerosos casos de protestas ciudadanas, que se han producido en los últimos doce meses en Alemania, Brasil, Chile y España. Este aumento de la participación en las calles, organizados a menudo en las conocidas mareas, contrasta con el alejamiento de los ciudadanos de la política más tradicional e institucional. Alternativas detecta tres tendencias entre los españoles: desorientación a la hora de votar, desconfianza hacia el funcionamiento del sistema político y, paradójicamente, mayor interés por la política.

Unión Europea: la brecha democrática se amplía
Las terceras fuerzas políticas no parecen tener apoyo suficiente para romperlo del todo

Se destacan dos fenómenos, uno es la emergencia de una serie de grandes fracturas entre ciudadanos y élites, norte y sur, centro y periferia; otro es la proliferación de populismos xenófobos y antieuropeístas. Dijo Joaquín Estefanía en la presentación que “la Unión Europea, si no avanza, retrocede”. Felipe González puso el acento en el desequilibrio entre el contenido y los compromisos sociales y los financieros de la UE, y criticó el déficit de legitimidad democrática de gran parte de las decisiones tomadas en esta crisis por la UE, así como la obsesión por la austeridad y el déficit, aunque añadió que “sólo Europa es la solución”.

La Monarquía endeble
El continuo desgaste en la popularidad de la Monarquía desde hace más de dos años ha llevado a abrir en España un amplio debate público no tanto sobre su legitimidad como sobre su manera de funcionar, la transparencia de su financiación, la capacidad del Rey para ejercer hoy día correctamente la jefatura del Estado y su posible abdicación en el Príncipe. La fuerte caída de popularidad coincide con el estallido en 2011 del escándalo financiero que afecta directamente a Iñaki Urdangarin, y se suma a otros motivos como la opacidad de la Casa Real y la falta de arraigo de la institución, un problema que Alternativas achaca a la excesiva identificación entre Monarquía y la figura de don Juan Carlos y a la inoperancia de los sucesivos gobiernos en proteger la institución.

El informe señala que el progresivo desapego de la Monarquía no se ha traducido, por ahora, en una notable actividad política a favor de la República.

La corrupción en un país sin corrupción sistémica
España y Portugal son los países de la UE en los que se produce la mayor diferencia entre una altísima percepción de la corrupción (el 88% de los españoles la considera un problema importante) y una bajísima experiencia directa con el pago de sobornos para obtener servicios públicos (por debajo del 2%). Dice Alternativas que los mayores escándalos políticos revelan el uso patrimonialista de las administraciones pública por parte de los partidos de gobierno. Si no se toman medidas contra la corrupción y refuercen la confianza ciudadana se prevé un riesgo alto de degradación del régimen democrático hacia modalidades populistas o neoperonistas.

El impacto social de la crisis: desigualdad y polarización
Felipe González: “Los que no quisieron esta Constitución no quieren hoy que se reforme"

Dos de cada tres nuevos parados en la UE desde 2008 son españoles. La renta media de los hogares españoles ha disminuido un 8,5% y la posición relativa del país se ha debilitado. Las encuestas reflejan un divorcio creciente entre los problemas de los ciudadanos y la acción de los representantes políticos.

Más allá de los grandes indicadores macroeconómicos, el impacto social de la crisis no es ajeno a las políticas implementadas. Hay perdedores y ganadores en esta crisis, dice Alternativas, la crisis no está distribuyendo su impacto de manera igualitaria en el conjunto de la población.

Cataluña ante el espejo escocés
El año que va desde la Diada de 2012 a la de 2013 ha sido un año perdido para el diálogo, la negociación y el acuerdo entre el Gobierno central y el catalán. Las posiciones se han enquistado.

En un Estado compuesto, o federal, los territorios más prósperos compensan su déficit fiscal con el superávit en otros ámbitos como el comercial o el financiero (argumento contra la polémica interminable sobre las balanzas fiscales).

En dirección contraria a la democracia ejemplar
Concluye la Fundación Alternativas en su auditoría sobre la democracia en España en el último año que el PP se presentó a las elecciones de 2011 con un programa en el que aparecía una sección titulada “Una democracia ejemplar”, donde se prometía la regeneración del sistema democrático español. Dos años después, afirman, no hay ningún indicio de que España se vaya acercando a la ejemplaridad en su funcionamiento democrático y, lo que es peor, han aparecido nuevas grietas y los agujeros heredados se han ido haciendo más profundos. La corrupción política, por ejemplo, ha pasado en el último año de afectar a niveles subnacionales de gobierno, ayuntamientos y Comunidades Autónomas, a incrustarse como un meteorito en el centro de la mesa del Consejo de Ministros, salpicando al mismísimo presidente del Gobierno, acusado por el extesorero de su partido de cobrar en negro y defraudar a Hacienda.

Entre las escasas referencias directas de los asistentes a la actualidad política inmediata, Felipe González se reconoció como parte de la “casta política” a la que insistentemente alude el líder del partido Podemos, a pesar de llevar 18 años sin ocupar un cargo de gestión política: “Soy de la casta que puso en marcha el sistema nacional de salud y la educación generalizada, y con un PIB per cápita la tercera parte del actual”, ironizó.

En relación con el marco político, González afirmó que “los que no quisieron esta Constitución no quieren hoy que se reforme”, y señaló que en la historia constitucional española de los últimos dos siglos no se han reformado los máximos textos legales, se han agotado cada uno de los modelos, lo que conduce el final de cada etapa hacia un proceso constituyente.

El fracaso electoral de VOX y sus claves
Julio Otero Santamaría Minuto Digital 11 Junio 2014

Si hace unos días analizamos un caso de éxito electoral español de las pasadas Elecciones al Parlamento Europeo, hoy terminamos de repasar estos comicios con un caso en el que no se han conseguido los objetivos propuestos a priori. Hablamos de VOX, la formación conservadora encabezada por el expresidente del Europarlamento, Alejo Vidal-Quadras. Vamos a enumerar algunas carencias que explican por qué VOX no ha logrado ningún eurodiputado:

-Falta de base social: aunque el desgaste lógico provocado por estar en el Gobierno le ha restado muchos votos al Partido Popular (PP), no hay que perder de vista que el suelo electoral de esta formación es muy alto. La base social de la derecha española es muy fiel. Todo esto, sumado a que el PP funciona de forma muy disciplinada, dificulta muchísimo que puedan triunfar alternativas electorales de derechas en España.

-Falta de un líder carismático: no despreciamos el prestigio político que Vidal-Quadras tiene entre sectores mediáticos y políticos de la derecha española. Tampoco queremos decir que sus propuestas sean peores que las de otros líderes, pero lo cierto es que Vidal-Quadras no es alguien que emocione al votante medio. A pesar de su larga e intensa trayectoria política, el cabeza de lista de VOX es mucho menos conocido que Rosa Díez o que Pablo Iglesias. Ya en el post anterior hablamos de la importancia que tiene el liderazgo para el triunfo de un proyecto político. En casos como éste, más aún: los pocos casos de triunfos de formaciones nuevas de derechas han descansado en gran medida en el carisma de su líder. El ejemplo de Francisco Álvarez Cascos y su Foro Asturias es paradigmático. Sin un líder carismático alternativo, el voto de la derecha no suele dividirse.

-Falta de apoyos mediáticos: quizás los dirigentes de VOX han sido exagerados y reiterativos a la hora de echarle la culpa a los medios de comunicación de sus resultados. Pero llevan parte de razón: los medios favorables al PP no les han dado mucho espacio. Unión, Progreso y Democracia (UPyD) e incluso Ciudadanos (C’s) han recibido estos últimos años un mejor trato por parte de periódicos tan influyentes como El Mundo. Locutores como Federico Jiménez Losantos han expresado su apoyo a VOX de manera muy parcial, ya que también respaldó a UPyD. Sobre los medios de comunicación proclives a VOX hay que aclarar que, pese a que siguen teniendo muchos seguidores, ninguno está en su mejor momento. Ni Intereconomía, ni los proyectos de Jiménez Losantos tienen la pujanza de hace unos años. En resumen, y en relación con el punto anterior, hay que tener en cuenta que Vidal-Quadras ha salido en televisión muchísimo menos que, por ejemplo, Pablo Iglesias, cabeza visible de otra formación nueva y, a priori, minoritaria.

-Falta de un relato coherente: el relato de VOX no es creíble para su target electoral. El discurso de Jiménez Losantos e Interconomía de que los dirigentes del PP son ‘maricomplejines’ y demasiado moderados tenía su público durante el Gobierno de Zapatero, pero ya ha pasado de moda. Pocos españoles comparten que “el PP sea un partido de socialdemócratas emboscados y relativistas morales”, tal y como ha declarado Vidal-Quadras. Ese relato pierde coherencia cuando, a la vez, anunciaban que los europarlamentarios de VOX apoyarían la candidatura de Juncker y del Partido Popular Europeo (PPE) en Estrasburgo. Esta decisión nos lleva al siguiente punto de nuestro post: si al final van a prestar sus voto al PPE, ¿de qué sirve votar a este grupo en lugar de al PP español? Vistos los resultados, cabe preguntarse si Jiménez Losantos llevaba razón al plantear que quizás VOX se equivocó al no jugar la carta euroescéptica.

-Falta de elementos diferenciadores: si consultamos el material de campaña de VOX en su página web, comprobaremos que las ideas-fuerza que aparecen en el merchandising son más o menos las banderas tradicionales del PP, si bien planteadas de forma algo más radical: unidad de España, control el gasto público, el empleo o algo tan genérico como la libertad. Únicamente podemos destacar la lucha contra la corrupción y la oposición a los aforados y a las subvenciones de partidos y sindicatos. VOX se ha equivocado en pensar que la clave de éxito estaba únicamente en quitarle votantes al PP. ‘Podemos’, por ejemplo, no hizo lo mismo con Izquierda Unida. Jugaron a revolucionar el mapa político dirigiéndose a los ciudadanos descontentos en general. Prueba de este anclaje en la oposición al PP que apuntamos es un cartel electoral que dice textualmente: “Si votaste a Esperanza, José María y Jaime, vota a Alejo, vota a VOX”.

-Falta de mensajes atractivos: en la línea de lo que veníamos explicando, hay que añadir que en la campaña no han planteado temas muy concretos, ni problemas que preocupen especialmente a los ciudadanos. En cambio, hablaron, por ejemplo, en exceso del aborto. Comentábamos antes que su relato era a veces poco creíble y que al partido le faltan elementos diferenciadores. En este sentido hay que indicar que el problema vasco es otro de sus leitmotiv. José Antonio Ortega Lara, víctima de un largo secuestro a manos de ETA, ha formado parte de las listas y María San Gil, expresidenta del PP vasco, ha expresado su apoyo a VOX en repetidas ocasiones. Es verdad que ETA no se ha disuelto y no ha entregado las armas, lo que no quiere decir ni que el PP haya traicionado a las víctimas, ni que haya cedido a chantaje terrorista alguno. La mayoría de los ciudadanos del Estado español, independientemente de su sensibilidad política, no comparten ese relato. Aunque la paz definitiva aún no haya llegado, las encuestas coinciden en que el terrorismo ya no es el principal problema de los españoles. En definitiva, se han echado en falta mensajes más frescos y atractivos que aludan a lo que los electores sienten como problemas concretos y actuales. Quizás esos no fueron los temas por los que querían destacar, pero lo cierto esos son con los que el votante medio los identifica.

Cinco motivos del éxito de VOX
Yolanda Morín Minuto Digital 11 Junio 2014

Casi todo el mundo se ha centrado en publicar sesudos análisis sobre el ‘fracaso’ electoral de Vox. Personas más o menos enteradas han plasmado sus impresiones sobre un ‘fracaso’ que algunos listillos ya auguraban.

Pues bien, desde mi punto de vista el resultado de Vox ha sido un ‘éxito’ por cinco motivos:

-Se ha demostrado que hay nicho electoral a la derecha del PP, y que ese nicho no tiene porque ser vinculado a la extrema derecha.

- Se han superado las espectaivas de voto teniendo en cuenta que nunca antes, ningún otro partido de la derecha no populista había logrado 250.000 votos tres meses después de su nacimiento. Y todo ello sin apoyo mediático significativo por parte de los grandes medios.

- Vox reafirma un apoyo electoral que crecerá en locales y autonómicas, asegurando resultados espectaculares en lugares como Ceuta o Melilla, además de Madrid. En las europeas el 5,96% de los votantes de Melilla optaron por Vox, que se convirtió en la cuarta fuerza política de esta ciudad autónoma. En Madrid logró un porcentaje del 3,64%, en Valladolid un 3,41% y en Burgos un 3,16%.

- Vox se convierte en la única opción a la derecha del PP con opciones reales de lograr representación. Ha barrido, eliminado y ridiculizado cualquier otra competencia que pudiera llegar por la derecha desde pequeños partidos o grupúsculos extremos.

- Vox, tras estos resultados, se reorganiza; y toman el timón de la nave elementos mucho más jóvenes, preparados y con más perspectiva de la realidad, acostumbrados al trato directo con los ciudadanos y no al coche oficial.

Separatismo
10.000 aforados
  latribunadelpaisvasco.com 11 Junio 2014

Gorka Maneiro, portavoz de Unión Progreso y Democracia, defenderá una iniciativa en el Parlamento Vasco para acabar con los más de 10.000 aforados que en este momento existen en España, de ellos unos 3.000 políticos.

Para el dirigente de UPyD, “el aforamiento supone una excepción del principio de igualdad, una diferenciación, una distinción de trato respecto al resto de los ciudadanos”.

El aforamiento supone que los que disponen de esta diferenciación son juzgados por el Tribunal Supremo o por los Tribunales Superiores de las comunidades autónomas, órganos más politizados, en lugar de los tribunales ordinarios. “Este hecho suele retrasar los procedimientos y provoca disfunciones y una sensación entre la ciudadanía de que la Justicia no es igual para todos porque a los aforados se les trata de modo distinto que al resto de los ciudadanos y esto hay que cambiarlo”, ha dicho Gorka Maneiro.

El parlamentario de UPyD ha recordado que en España están aforados diputados, senadores, parlamentarios autonómicos, presidentes autonómicos y miembros de sus gobiernos, junteros, miembros del poder judicial, defensores del pueblo y sus adjuntos, etc. y lo ha comparado con otros países: En Portugal o Italia, sólo uno; en Francia, una decena; en Alemania, Reino Unido o Estado Unidos, ninguno.

“Hay que acabar con esta situación para avanzar hacia la igualdad ciudadana y regenerar la democracia, conseguir mejorar la lucha contra la corrupción, acabar con privilegios, blindajes o protecciones especiales porque todos debemos ser iguales ante la ley, recibir el mismo trato y que nos juzguen los mismos jueces en caso de demanda”, ha manifestado Gorka Maneiro. “No tiene que haber ni un solo aforado, tampoco el Rey. Todos los ciudadanos somos iguales ante la ley”

El portavoz magenta ha señalado que “UPyD demuestra con hechos su compromiso en defensa de la igualdad ciudadana y de la regeneración de la democracia. Esta es una iniciativa que señala un camino y supone un paso extraordinario: antes o después no habrá aforados en España. La ciudadanía reclama medidas políticas como ésta”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Morir para contarlo'
El escalofriante, desgarrador y emocionante relato de Ulayar
El libro del hijo de Jesús Ulayar, asesinado por ETA en 1979, se adentra en "las habitaciones secretas del alma", en "las últimas de sangre".
José Antonio Ortega Lara  11 Junio 2014

Morir para contarlo, la autobiografía de Salvador Ulayar, se ha publicado hace unos días y este mismo mes se presentaba en Madrid. José Antonio Ortega Lara, secuestrado y torturado por la banda terrorista durante 536 días, era el maestro de ceremonias y presentador. Así diseccionaba y explicaba Ortega Lara todo lo que descubriremos leyendo este libro.

Buenas tardes a todos.

Cuando Salvador me propuso por teléfono que presentara su libro, me quedé un tanto extrañado. Lo cierto es que ya estuve en la presentación de Pamplona, con gran éxito de público, por cierto.

No sé por qué me lo pidió pero, como ya había presentado unos días antes el libro de Santi Abascal junto con María San Gil, la verdad es que me pilló en un momento de debilidad y no supe decir que no; es más, a veces pienso que este perillán lo hizo a propósito. En todo caso, aunque no sea ésta una faceta que se me dé muy bien, intentaré hacerlo lo mejor posible.

Disertar sobre este libro de Salvador resulta, por un lado difícil y por otro bastante sencillo: difícil porque se presenta como un brainstorming de vivencias, emociones y sentimientos del protagonista que invaden y abruman al lector sin tiempo para reordenarlos, y menos aún para interiorizarlos de forma escalonada; y fácil porque, en mi caso concreto, empatizo y me identifico con muchos de esos sentimientos (los positivos y los negativos).

No se trata de una autobiografía al uso tradicional; es mucho más intenso y desgarrador; es algo que a Salvador le sale de lo más profundo de su ser porque nace de la terrible experiencia vital de lo que él llama "las habitaciones secretas del alma", de lo que nosotros podríamos denominar "las últimas habitaciones de la sangre", en terminología lorquiana. Por tanto, antes de adentrarse en su lectura, preparen su corazón para experimentar en primera persona los más abominables comportamientos del ser humano en unos casos, y una valerosa y descarnada humanidad en otros. No les dejará indiferentes y, al final, creo que se sentirán un poco mejor personas tras comprobar el particular via crucis que la vida reservó a la familia Ulayar Mundiñano, y la gran dignidad con que todos sus miembros soportaron las adversidades en ese clima hostil y malvado de su Echarri natal. Porque existe una gran diferencia entre las personas mencionadas en el libro: unos, los Ulayar, desde que tuvieron uso de razón e incluso antes, decidieron vivir como personas libres y sin ataduras; otros optaron por ser alimañas, depredadores humanos enrocados en el fanatismo ideológico y en el odio; un tercer grupo decidió vivir instalados en una cobarde complicidad con los asesinos y sus prácticas mafiosas; y, por último, está el grupo de los resignados imbuidos de un determinismo fatalista que les reporta una existencia fútil, inane.
La víctima de ETA Jesús Ulayar

Los Ulayar Mundiñano eligieron lo difícil: la honradez, la coherencia y la lealtad a unos principios y valores. Pero la valentía en esta vida tiene un precio: el vuestro fue ser etiquetados de españolistas y enemigos de ese supuesto proyecto identitario que ya desde sus inicios se mostró como un proyecto totalitario y delirante basado en la eliminación física de cuantos no se sometieran al mismo. Os convertisteis en proscritos en vuestra propia tierra, a pesar de vuestra identidad vasca, vuestros apellidos vascos, vuestra sintonía con la cultura y la lengua vasca, vuestra familia vasca, y todo porque vuestro modo de ser vascos era, a la vez, vuestra forma de ser también españoles. Vuestra familia quedó definitivamente repudiada para siempre por mor de las mentiras y manipulaciones del nacionalismo tribal y su Rh. La marginación y el escarnio no fueron sino el preludio del asesinato de vuestro padre, que marcaría vuestras vidas para siempre el 27 de enero de 1979. Aquí es donde comienza el largo y azaroso viaje de la maleta negra de los Ulayar, teniendo en cuenta que el nacionalismo vasco, instalado en el odio a España, encontró en el terrorismo etarra el instrumento adecuado que le hacía el trabajo sucio de depuración étnica y le procuraba la posterior muerte civil de las víctimas (unos movían el árbol y otros recogían las nueces ).

Son muy numerosas las anécdotas y detalles que Salvador nos muestra a corazón abierto y en plena desnudez, y que revelan los efectos canallescos de la conducta humana cuando la razón es sustituida por el pensamiento único. Ese proceso conduce a la cosificación de las personas, pasando éstas a convertirse en un mero instrumento al servicio de ese proyecto delirante que acaba engulléndolo todo en una espiral sin límite, envileciendo la propia dignidad de las personas y pervirtiendo la convivencia entre ellas: ahí están los ejemplos de Eugenio Ulayar (primo segundo del asesinado), el tío Manuel y las tías Elena y Mª Ángeles, la frialdad de la abuela María hacia sus nietos como muestra de impiedad, el rechazo del amigo que se despide en el bar para no verse comprometido, los insultos en la escuela, el vacío de los vecinos, las pintadas contra Jesús Ulayar y su familia, el abandono por parte del delegado del Gobierno, el ensalzamiento de los asesinos en el pueblo y la persecución de sus víctimas, etc. Pero incluso en este ambiente hostil y encanallado quedaban algunas personas buenas que estuvieron junto a los Ulayar en los momentos difíciles: los tíos Adriano y Francisco, el primo Francis, los periodistas Javier Marrodán y José Miguel Iriberri. Sin embargo, lo que os matuvo vivos fue la unión entre los hermanos con vuestra madre para hacer frente a la situación. Al final no tuvisteis más remedio que hacer de la necesidad virtud para sobrellevar la pesada carga que injustamente os había sido adjudicada. Ahí estuvo siempre en primera fila Rosa, vuestra madre, quien tuvo que hacer acopio de coraje para sacar a sus hijos adelante y evitar que crecieran en el odio y el resentimiento: sus palabras de ánimo a los hijos, sus silencios reveladores del gran sufrimiento que padecía, su actitud positiva y generosa ante la vida (incluso ante la madre del asesino de Jesús), todo revelaba en ella altura de miras, un infinito amor a sus hijos y una incansable determinación por mantenerlos unidos ante la adversidad puesto que, tal como reconoce Salvador, el asesinato de su padre les obligó a madurar y afectó a la comunicación de los sentimientos entre los miembros de la familia, sentimientos que permanecieron prisioneros en el invierno del alma, pero que los Ulayar necesitaban exteriorizar para, de este modo, ser capaces de metabolizar el trauma y volver a vivir de nuevo como personas, como seres humanos.

Al final, creo que aquel 26 de agosto de 2007, cuando vuestra madre se fue con su marido, estoy seguro de que éste la recibió con un gran beso y con aquel saludo familiar: "Rosita de mi jardín, ¡qué gran trabajo has hecho con nuestros hijos; estoy orgulloso de ti! ".

Yo no conocí a Jesús Ulayar ni a Rosa Mundiñano, pero veo en las páginas de este libro la impronta que dejaron en sus hijos, que es la misma que a mí me gustaría dejar grabada en los míos. Porque, al final, las personas que hemos vivido este tipo de experiencias, y los Ulayar Mundiñano son un ejemplo paradigmático de ello, cambiamos nuestra visión del mundo y de la vida. Tu universo ya no gira en torno a valores como la riqueza material, el poder, la fama u otros convencionalismos vanales; desarrollas una especial empatía hacia otras personas con vivencias similares a las tuyas, potencias tu dimensión espiritual, aprendes a vivir el día a día, te aferras a tu familia y, sobre todo, no estás dispuesto a renunciar a tu libertad por comprometida y arriesgada que ésta sea, tal como hizo por ejemplo José Javier Uranga.

Sé que estas reflexiones mías no contribuyen precisamente a vender más libros (como bien dice Salvador en su epílogo), pero creo que ayudan a sentirnos un poco mejor y a buscar con más ahínco si cabe la propia felicidad, que es a lo que todos aspiramos en este mundo cruel.

Son muchos los datos y elementos de este libro que merecen la pena ser diseccionados con detalle, pero ésa es una tarea que deben realizar cada uno de ustedes cuando lo lean. Yo, por mi parte, sí quiero hacer unas últimas valoraciones acerca de sendas reflexiones de Salvador que son constantes en su libro: me refiero a ese sentimiento de culpa por haber abandonado a su padre cuando estaba moribundo en la acera, y el sentimiento de gratitud hacia Maribel, su mujer, su gran apuesta en la lucha por la vida y la felicidad:

En cuanto al sentimiento de culpa padecido durante tantos años, he de decir que, en mi opinión, partes, querido amigo, de un presupuesto falso. La reacción de un niño de 13 años ante el asesino es la natural: evitar su propia muerte y pedir ayuda. Yo creo, Salvador, que tu padre en sus últimos momentos pensaría que, de este modo, mientras él sacrificaba su vida al menos eso serviría para salvar la de su hijo, la tuya. Ahora bien, quizá el problema radicó en que el shock inicial y las circunstancias posteriores no te permitieron abrir tu corazón para expresar tus sentimientos y frustraciones, o bien nadie fue capaz de ayudarte a canalizarlos y que, por tanto, tal como expresas con crudeza en estas páginas, no pudiste iniciar el periodo de duelo por el asesinato de tu padre hasta muchos años después, cuando por fin decidiste enfrentarte a tus propios miedos. Quizá tu recuperación empezó en el homenaje del 24 de enero de 2004 con el apoyo de tanta gente, cuando viste que no eras tú el culpable de nada, ni tampoco tenías ya que sentirte como un marginado en tu propio pueblo. Te superaste cuando tuviste el coraje de contarle a tu padre las cosas que pudisteis haber hecho juntos y que nunca fueron, cuando decidiste dedicarle lo mejor de tu vida a él, cuando empezaste a sentir empatía por Fabio y su familia. Todo esto hizo que fueses dejando atrás la depresión, aquella tristeza infinita, el autoabandono, esa especie de autismo obsesivo y paranoico, sustituyendo definitivamente el deseo de morir por la obligación de vivir. Y, sin duda, el momento definitivo que te liberó de aquella pesada losa que oprimía tu alma llegó el día que fuiste capaz de hablarle a tu madre en su lecho de muerte para enviarle a Jesús Ulayar un mensaje de cariño y tu decidida voluntad de vivir por ti mismo, por tu mujer y por vuestros hijos. Ése fue el momento en que venciste a los fantasmas de tu pasado.

Claro que en todo este proceso contaste con la inestimable e indispensable ayuda de Maribel, tu mujer que sobrellevaba con dignidad tus momentos depresivos, que siempre tenía palabras de ánimo para ti, que logró que aceptases la ayuda psicológica, que cuidó de vuestros hijos y de ti con amor, sufriendo en silencio, pero con la esperanza de que llegarías a superar el trauma. No tengo duda ninguna de que tu apuesta por ella fue acertada. Ahora bien, como tú eres más proclive a la tribulación y a moverte con cierto desorden en ese proceloso mundo de los sentimientos y las emociones, le pido a Maribel que siga contrapesándote con el sentido común y la racionalidad que ha aportado a tu vida. Y le pido, además, que tenga siempre contigo la deferencia de concederte la última palabra, pero únicamente para que tú puedas finalizar con un "sí cariño, lo que tú digas".

En fin, lean ustedes el libro porque, como ya he dicho antes y a pesar de las traumáticas experiencias de los Ulayar Mundiñano, representa el triunfo de la vida sobre la muerte, del amor sobre el mal, la experiencia vital de un hombre atribulado que logró la paz interior que su alma necesitaba refugiándose en la fe, y que consiguió recuperar la esperanza y la felicidad terrenal en el amor de su familia. Se quedó con lo esencial y valioso de la vida, desechando lo superficial, lo pasajero y también lo malévolo.

Le crecen los enanos
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 11 Junio 2014

Al circo del secesionismo le crecen los enanos. La Generalitat convergente los alimentó con tantas concesiones ideológicas y nutrientes presupuestarios que ahora se han convertido en gigantes capaces de intimidarla e imponerle sus caprichos estrafalarios. Recordemos que ERC, ICV-EUiA y Podemos sumaron en Cataluña 977.201 votos contra 548.718 de CiU.

Los Mossos -la policía autonómica- quedaron acéfalos, y continúan acéfalos, en medio de una escalada vandálica porque así lo decidieron los mandamases de ICV-EUiA y ERC, y falta poco para que Barcelona convierta las ruinas de Can Vies en un museo réplica del Born en homenaje al movimiento okupa. Los apaños del alcalde convergente, acojonado por el asedio radical, han dinamitado el derecho de propiedad y la convivencia pacífica entre los vecinos del barrio de Sants.

Ahora, la confederación entre CDC y UDC está a punto de saltar por los aires en medio de polémicas sobre el voto respecto de la abdicación del Rey y la asistencia a la proclamación de Felipe VI. Polémicas que, vista la extensa, ambigua y contradictoria explicación de Duran Lleida sobre su posición y la de su partido (LV, 9/6), deberían convencernos de que en el conglomerado secesionista pueden aparecer matices no desdeñables, pero también de que en el fondo ninguno de sus componentes es de fiar. Si el que siempre definí como un secesionista simpático parece aflojar, bienvenido sea, pero sin entregarle las llaves del tesoro constitucional. Y si dos custodios de la ortodoxia secesionista como son Josep Ramoneda y Pilar Rahola se apresuran a excomulgarlo simultáneamente desde sus respectivos púlpitos (El País y La Vanguardia, 10/6) también habrá que concederle al hereje una cuota de respeto.

Eso sí, no nos dejemos amedrentar por la presencia mayoritaria de radicales chavistas, irredentistas y anticapitalistas dentro del conglomerado secesionista. Aun sumando a los extremistas con los que se autodefinen como moderados, no dejan de ser una minoría. Lo ha vuelto a confirmar el experto en demoscopia Carles Castro (LV, 1/6):

Esquerra y CiU sumaron el domingo un millón largo de votos. Pero ese cómputo aún queda a medio millón de papeletas del total que ambas fuerzas reunieron en el 2012. Y además, supone tan solo el 21 % del censo electoral catalán. No parece suficiente para la compleja aventura de la independencia.

En el cálculo de Carles Castro faltan los comunistas de vieja y nueva estirpe, pero incluyéndolos tampoco superan el 30 % del censo electoral.
La realidad desoladora

Los testimonios de que la campaña secesionista está fracturando a la sociedad catalana en todos los niveles -familiar, económico, cultural, político y ahora también vecinal- nos bombardean a través de los medios de comunicación. Solo los niegan quienes han comprometido su futuro político en la continuidad de este proceso, desentendiéndose de la realidad desoladora. Exclamó Artur Mas (LV, 23/11/2012):
Lo único que me molesta son los gritos de guerra como este de Aznar: "Si quieren romper España, antes tendrían que romper Cataluña".

Una verdad como la copa de un pino. Y es este peligro de ruptura de Cataluña el que empieza a generar invocaciones a la prudencia como las que afloran últimamente en los círculos y los medios hasta ayer nomás encuadrados en la estrategia secesionista. Un ejemplo de ello es la voltereta de Duran Lleida. Otro es el editorial de La Vanguardia (6/6) que criticó la decisión de CiU de abstenerse en la votación de la ley orgánica de Abdicación. Después de subrayar que CiU desairaba por una parte a la monarquía y por otra le pedía ayuda, sentenciaba:

Dejarse llevar por una política de gestos, de corto plazo, y dañar así una relación como la que históricamente ha mantenido CiU con la monarquía sin ganar mucho a cambio (sic) carece de sentido. Los acuerdos -y no digamos las alianzas y los ocasionales apoyos- se logran sobre la base del diálogo, y este se verifica a partir de una buena relación, que acciones como la que nos ocupa no favorecen.

Lo curioso es que sea un secesionista acérrimo y blindado contra flaquezas derrotistas, Francesc-Marc Álvaro, quien articula el discurso más sólido para desmontar la fantasía de la Arcadia independiente y de las alianzas contra natura que la sustentan (LV, 5/6):

Hace días que no puedo quitarme de la cabeza, a raíz del conflicto de Can Vies, el impacto que me produce comprobar, una vez más, que en Catalunya hay poco sentido de Estado, lo cual es paradójico en una sociedad una parte importante de la cual se moviliza para conseguir un Estado independiente. Muchos queremos construir un nuevo Estado, mejor del que hoy sostenemos con nuestros impuestos pero, al mismo tiempo, nuestro sentido de Estado es flaco, escaso, débil, vacilante.

(…)
No es propio de quien tiene sentido de Estado que el director general de un cuerpo como los Mossos d´Esquadra deje el cargo en medio de una crisis importante de orden público en la capital catalana.

(…)
No cuadra con un partido presente en el Parlament y en varios ayuntamientos [la CUP] no condenar la violencia vandálica o poner al mismo nivel esta y la utilización de la fuerza legítima por parte del cuerpo de Mossos. (…) Desde el momento en que la CUP se pone al lado de CiU, ERC e ICV en el acuerdo para la fecha y la pregunta de la consulta supongo que asume -lo diga o no- que perderá su pureza original, para contribuir a un objetivo histórico, con verdadero sentido de Estado. La lista que ilustra nuestra falta preocupante de sentido de Estado podría ser más larga y abonaría las tesis de los que consideran la sociedad catalana como una colectividad incapaz de autogobernarse. (…) En este contexto de psicodrama tribal, no me extrañó que el Gobierno desplazara a Catalunya efectivos de la policía estatal.

Junto al artículo donde Álvaro desgrana su jeremiada, Lluís Foix aporta su cuota de sensatez, sin necesidad de sumarse al coro de los arrepentidos de última hora porque no hace más que repetir lo que viene escribiendo desde que empezó el desvarío secesionista:

Respecto a Catalunya, el president Mas ya le ha deseado suerte [al futuro rey] pero que él irá a lo suyo, a la consulta, que se hará aunque ni el propio Mas nos diga qué ocurrirá si el Gobierno Rajoy la prohíbe.

Tanto en la intervención tras la muerte de Adolfo Suárez como en sus declaraciones después de la abdicación, Mas proyecta la idea de que hay un solo tema que le interese de forma obsesiva. La realidad es más variada. Sugiero más poder inteligente y un poco más de cortesía. El Govern exhibe la musculatura del portazo sin calcular las consecuencias.

Cacofonía barriobajera
No es solo la musculatura del portazo. Es también la cacofonía barriobajera. No se trata solo de la infamia del catedrático de economía Xavier Sala i Martin, que hurgó en su estercolero mental para burlarse de una niña de ocho años que resultó ser la heredera del trono, aunque su abyección no habría sido mayor ni menor si se hubiera referido a la hija de un payés del Empordà. Todo esto en la emisora del conde Godó y ante el silencio cómplice del presentador Jordi Basté.

La cacofonía a la que me refiero es la de las palabras agraviantes del portavoz de la Generalitat, Francesc Homs, contra la familia real, que por fin hicieron reaccionar al partido de Duran Lleida con una recriminación categórica: "no puede ser que se exprese como si estuviera en una taberna, al final acaba perjudicando al país". Pero lo que hace el desmadre secesionista no es perjudicar a Cataluña sino inmolarla. La Generalitat, rehén de los enanos trocados en gigantes, está obrando el milagro de fundar un Estado fallido aun antes de haberlo hecho independiente. Desobedece las leyes, subleva a los ayuntamientos, convoca referéndums apócrifos, descabeza a las fuerzas del orden, desconoce el derecho de propiedad y delimita un territorio donde se movilizan impunemente el anarquismo, el anticapitalismo chavista y las mafias rusas y chinas; y donde los yihadistas han instalado su centro de reclutamiento para toda Europa.

Repito el lamento de Francesc-Marc Álvaro: "En este contexto de psicodrama tribal, no me extrañó que el Gobierno desplazara a Catalunya efectivos de la policía estatal". Y también de los servicios de inteligencia españoles, que vienen a coordinarse en Barcelona con los de otras potencias del mundo civilizado, potencias que prestan más atención a los síntomas de desmantelamiento social que a las estrambóticas exhibiciones de castellers en siete capitales europeas (LV, 9/6) y a los balbuceos del costoso Diplocat. Ahora solo falta que la sociedad civil catalana acompañe estas actividades preventivas y reaccione masivamente contra la embestida de los enanos totalitarios transitoriamente trocados en gigantes.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial