AGLI Recortes de Prensa   Domingo 15  Junio  2014

Rajoy ¡Gobierne de una vez!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 15 Junio 2014

Lo que está haciendo este Gobierno de Mariano Rajoy es una dejación de responsabilidades en Cataluña permitiendo que los españoles sufran el acoso y la persecución más vergonzosa por parte del Gobierno de la Generalidad y de formaciones políticas separatistas como CiU, ERC o el CUP. Ayer mismo se produjo una manifestación fascista por parte de miles de ciudadanos que niegan a otros el derecho constitucional a recibir educación en el idioma de toda España, el español. Su lema victimista que hace tiempo que se sabe que solo es una expresión fascista excluyente, es que expresan la defensa de la cultura y de la lengua catalana. Lo cierto es que lo que hacen es una escenificación del fascismo más radical con el solo objetivo de forzar la independencia.

Hace tiempo que dije que la pasividad y la permisividad de el Gobierno de España con el incumplimiento sistemático de las sentencias del Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional por parte de la Generalidad de Cataluña, amén de las muestras constantes de insumisión y desafío secesionista, deberían haber provocado la intervención de la Autonomía y el enjuiciamiento de los principales responsables. En su lugar, este Gobierno con Mariano Rajoy como principal responsable se ha limitado cobardemente a no hacer nada y solo decir que "tiene un plan". Esta pasividad no hace sino dar fuerzas a un movimiento secesionista que ayer tuvo otra de sus múltiples expresiones callejeras que más que festivas son una burla y una demostración de fuerza ante la falta de respuesta de los ciudadanos que no comparten esa ideología separatista.

Para más burla el máximo representante de los empresarios, el llamado "patrón" de Cataluña, ha tenido la desfachatez de pedir al todavía Rey D. Juan Carlos su intercesión para convencer al Gobierno de España de que la única salida al "conflicto" es sobre el cómo y el cuando se va a celebrar la consulta. Pues no, la salida lógica ante este desafío a la unidad de España no es otra que acabar, temporal o definitivamente, con la autonomía anulando su Estatuto e imponiendo el Estado de Derecho en el territorio que es y tiene que seguir siendo parte de España. Esa es la única salida a un conflicto provocado por quienes entienden el diálogo como una imposición y la aceptación de sus condiciones como un ultimátum exigido a quien consideran derrotado.

El que debe dar el ultimátum es el Gobierno de España al que le legitiman las Cámaras del Congreso y del Senado y los millones de españoles que le votamos. Hay que acabar ya con esta farsa y la deriva de una sociedad educada en el odio por España y lo español. Una sociedad egoísta y que se ha ido desarrollando en una ideología fascista en la que quedaban excluidos todos aquellos que no compartían sus aspiraciones. Una sociedad que ha usado la lengua y la cultura para auto afirmarse en su exclusividad y que ha llegado a reclamar al resto de España el ser considerada como diferenciada y superior a otras regiones, exigiendo la devolución de una pretendida "deuda histórica" radicalmente falsa e inventada dentro su actitud victimista.

Es deber de este Gobierno poner fin de una vez a semejante aberración y comportamientos incompatibles con la legalidad vigente y la Constitución de España. En Cataluña debe imponerse el imperio de la Ley sometiendo y enjuiciando a los que han contribuido a provocar esta situación de extrema gravedad que representa el desafío secesionista, financiado además con el dinero de todos los españoles. Porque parafraseando a los propios catalanes, con la unidad de España "ninguna broma". Artur Mas y toda su pandilla de secesionistas deben de ser apartados ya de sus cargos por flagrante traición a España. Las FFAA y las FFyCCSSE deben garantizar el cumplimiento de la legalidad y mantener la paz alterada por la coacción de los separatistas.

Ya dije hace tiempo que el Gobierno de España será el único responsable de la deriva que surja de aquí a unos meses si no toma las medidas inevitables y necesarias para poner fin a lo que nunca debió prosperar desde el mismo instante de su anuncio ilegal por parte del Gobierno de la Generalidad y su Presidente Artur Mas. Sr, Rajoy, ¡Gobierne de una vez! y si no ¡VÁYASE!

Conexión Bancos Centrales y deuda pública
Juan Laborda  15 Junio 2014

La ortodoxia económica hace tiempo que perdió el norte y se alejó de la realidad. La actual crisis sistémica invalidaba sus presupuestos o conceptos esenciales, hipótesis y teorías. Sin embargo se demostró, posteriormente, que en realidad eso era lo de menos, había que dar empaque económico a una política económica cuyo objetivo final era mantener los intereses de cierta clase, al margen de la ciudadanía. Para ello contó y cuenta con la ayuda inestimable de unos medios de comunicación dóciles, al servicio de la superclase, al margen de la democracia. No se preocupen la realidad acaba imponiéndose y poniendo a cada uno en su sitio. El problema es el dolor innecesario que causan en el camino. Pero vayamos por partes.

Aquí, mientras las élites patrias muestran su repertorio de “artes malabares” con las estadísticas de crecimiento y empleo, la deuda pública está definitivamente fuera de control. Lo que empezó siendo una crisis de deuda privada se ha transformado irremediablemente en un problema de deuda soberana, debido en última instancia a la defensa de los intereses de las élites bancarias.

Allende nuestras fronteras el optimismo económico se desinfla. Estados Unidos entra en recesión y los beneficios empresariales de las corporaciones norteamericanas empiezan a caer, demostrando una vez más que lo único que los generaba era la demanda del sector público y de las familias. Asia se desacelera, Latinoamérica se frena, y Europa coqueteando con el peor de los mundos, la deflación por deuda.

Y todo ello aderezado con el olor nauseabundo de una política monetaria que genera burbujas y aumenta las desigualdades, el caldo de cultivo para la Segunda Fase de la Gran Recesión (2014-2016) que prevemos. Existe una conexión directa entre las explosiones de deuda pública en los países occidentales, especialmente en aquellos que han aplicado austeridad –España, Grecia, y Portugal- y una política monetaria que ha inflado y generado la madre de todas las burbujas, la actual.

Fuera ya conocen nuestro problema de deuda
Los últimos datos conocidos sobre la senda de nuestra deuda soberana, en este caso según el protocolo de déficit excesivo, muestran más de lo mismo. Con Rajoy “el austero” el montante se acumula como nunca, al aproximarse a 1 billón de euros e incrementarse en más de 250.000 millones. Pero además de estas cifras se sacan conclusiones interesantes. Por un lado, el déficit público es superior al de las cifras oficiales. Por otro, una parte de la deuda pública es ilegítima. Nos referimos a aquella deuda emitida por las Administraciones Públicas cuyos fondos se destinan no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a terceros. Los beneficiados de estas prácticas son los lobbies de los distintos oligopolios –bancario, eléctrico, telecomunicaciones, constructor,…-, esos mismos que generaron la crisis, y reclaman austeridad para los demás.

Desde estas líneas venimos manteniendo que no hay ningún proceso de recuperación en ciernes ni lo habrá, mientras no se reduzca de manera drástica, bien por reestructuración o bien por extinción, el volumen de deuda total de nuestro país. Olvídense, por lo tanto, de lo que diga el gobierno de turno, o cualquiera de los instrumentos de control masivo utilizados por las élites –organismos multilaterales, bancos de inversión, bancos centrales, agencias de calificación estadounidenses,…-

Fuera no vayan a pensar ustedes que la gente está en la inopia como aquí. Esta misma semana desde un medio nada sospechoso como Bloomberg uno de sus analistas hacía una pieza excelente, que adjunto, sobre la realidad de la deuda pública patria. Después de analizar las distintas posibilidades de cómo estabilizar la deuda, concluía por descarte que la única opción viable por muy lamentable que sonara era una reestructuración o default de la misma.

Bancos Centrales, mercados financieros y deuda
Sin duda alguna detrás de la huida hacia delante de la ruta establecida por las elites bancarias y sus apéndices políticos se encuentran los Bancos Centrales. Continúan inyectado liquidez masiva a bancos privados con problemas de solvencia, para que sigan manteniendo el status quo actual, en vez de intervenirlos de una vez por todas. Con esa liquidez sólo se originan burbujas e inflaciones de activos, y ya vamos por la tercera, la madre de todas las burbujas, entre otras la de la deuda. Viendo algunos titulares de periódicos “especializados”, estamos cerca de que todo estalle.

En la nota adjunta se analiza un titular reciente del 10 de junio del Financial Times, “La volatilidad extinguida por la actuación de los Bancos Centrales”. Sostiene el autor que ello es un indicador contrario, al igual que lo fue el titular de la revista Business Week, del 12 de agosto de 1979, “La muerte de las acciones. ¿Cómo la inflación estás destruyendo el mercado bursátil?”. En aquel momento las acciones estaban muy baratas y se originó el mercado secular alcista más impresionante de la historia. Ahora las acciones están caras, especialmente las estadounidenses. ¿Estaremos al inicio de un colapso? ¡Y pensar que el único logro al que recurre machaconamente nuestro gobierno es una burbuja que ni siquiera controla!

La utilidad de Podemos en la estrategia del miedo
EDITORIAL Libertad Digital 15 Junio 2014

La formación política liderada por Pablo Iglesias ha llevado a cabo este fin de semana su particular proceso congresual en el que ha quedado confirmado, por si alguien albergaba todavía alguna duda, el liderazgo indiscutible e incontestable de su actual máximo dirigente y cara visible en los medios de comunicación. A través de una lista cerrada, decidida sin consulta previa a los simpatizantes del nuevo partido, Iglesias se ha garantizado la facultad de decidir la orientación política de Podemos en la asamblea constituyente prevista para el próximo otoño, lo que pone de manifiesto que la apertura a las bases y los procesos de democracia interna están bien para exigirlos a los partidos "de la casta", pero no para aplicarlos en la propia formación no sea que alguien se atreva a discutir la autoridad de la cúpula dirigente cuyo liderazgo hay que preservar.

Poca importancia para la política general tienen las cuitas internas de esta nueva formación política, surgida con fuerza en las últimas elecciones europeas al socaire del descontento ciudadano y la escasa utilidad de esos comicios, lo que los convierte en una oportunidad perfecta para que el voto extravagante adquiera una mayor representatividad. Ahora bien, lo que sí va a tener efectos en los ciudadanos españoles, sea cual sea su filiación ideológica, es la más que probable utilización que PP y PSOE van a hacer del éxito coyuntural de partidos como el de Iglesias para poner en marcha la estrategia del miedo a la izquierda radical en su propio beneficio.

Los dos grandes partidos se enfrentan a un final de legislatura con grandes incertidumbres que afrontar, cada uno en su ámbito respectivo. El Partido Popular tiene que impulsar desde el Gobierno la recuperación económica en este último tramo de su mandato a fin de paliar el desplome electoral de cara a las citas más inmediatas con las urnas. Los socialistas, por su parte, están inmersos en la renovación de su clase dirigente, con los aspirantes que de momento han manifestado su intención de optar a la secretaría general compitiendo en radicalismo y demagogia. Ambos partidos tendrán que acordar, a su vez, la manera de bregar con la operación secesionista del nacionalismo catalán, una de cuyas posibles soluciones pasa por un acuerdo con la Generalidad, que lleve a un punto de encuentro las aspiraciones de unos y otros aunque ello signifique perjudicar todavía más al común de los ciudadanos del resto de España.

Esta necesidad de mejorar las expectativas de voto y de modificar de facto el régimen constitucional respecto a Cataluña exigen un apoyo ciudadano mayoritario a los dos partidos que simbolizan la estabilidad política en nuestro país. Desde esa perspectiva, la presencia en el juego político de un partido como Podemos, en esencia un grupo asambleario sin experiencia y extraordinariamente radicalizado, puede cumplir el papel de catalizador de la voluntad ciudadana que, frente al temor de esta irrupción de los antisistema, prefiera entregar su apoyo incondicional a los dos grandes partidos clásicos. Y ello pesar del riesgo de que PP y PSOE sigan abusando de esa confianza, como han venido haciendo indistinguiblemente desde el Gobierno o la oposición.

La República y la falsificación de la historia

Carlos Sánchez El Confidencial 15 Junio 2014

Sostenía Santiago Carrillo hace muchos años que el único comunista verdaderamente imprescindible en tiempos de la clandestinidad era Domingo Malagón. Su nombre es, probablemente, desconocido para la gran mayoría de los ciudadanos, pero hubo una época en que su papel fue indispensable debido a la calidad de sus falsificaciones.

Malagón fue el responsable del aparato técnico del PCE, y como tal era el encargado de facilitar la documentación falsa a quienes entraban en España de forma clandestina o permanecían en el país jugándose el pellejo en plena dictadura. De ahí su condición de imprescindible. Cualquier error en la falsificación de un carné de identidad o de un pasaporte -por nimio que fuera- podía pagarse con la vida. Y por eso muchos de sus beneficiarios llegaron a considerar su trabajo -Jorge Semprún habló de ello en sus Memorias- como una obra de arte digna de entrar en los museos.

El arte de la falsificación, sin embargo, ha entrado en la política española de forma mucho más zafia y atropellada. Nada que ver con Malagón, un artista fino y nada vulgar. Se pisotea la Historia -y en particular en la Cataluña actual como antes se hizo en el País Vasco- hasta el extremo de llegar a considerar la Transición como una especie de carta otorgada (cuando el rey hacía concesiones a sus súbditos) por parte de quienes por entonces se llamaban ‘poderes fácticos’. Como si la Ley de Amnistía de octubre de 1977 que sacó a terroristas de las cárceles, la creación de nacionalidades y regiones con gran autonomía política o la legalización del propio PCE hubieran sido un regalo caído del cielo. Y no digamos la jubilación apresurada del antiguo régimen tras el referéndum de la reforma política de diciembre de 1976.

Tal manipulación de la historia llega al extremo cuando se identifica a la República con la bandera tricolor, obviando que esta enseña -como reconoce el propio decreto que le dio vida legal en abril de 1931- sólo se utilizó en la II República, y de manera marginal durante medio siglo antes en los círculos republicanos como símbolo de la “emancipación” del pueblo. Lo que en realidad hizo la II República fue añadir una franja morada para incorporar a la Corona de Castilla (símbolo de los comuneros), toda vez que la bicolor se consideraba que sólo representaba a la Corona de Aragón. De hecho, durante la I República la enseña oficial fue la bicolor, la misma que se utilizó ya en tiempos de Carlos III, el más insigne de los borbones. El color morado, por lo tanto, no tiene que ver con el modelo de Estado -monarquía o república-, sino con la integración territorial de España, no con la dispersión geográfica.

Más allá del debate histórico, sin embargo, lo relevante es la ausencia de un relato riguroso sobre la Transición. Hasta el punto de que hay toda una corriente del pensamiento que minimiza ese periodo de la historia de España como si se tratara de un tiempo similar al Chile de Pinochet, cuando el dictador tuteló durante algunos años el país tras abandonar formalmente el poder. Claro está, hasta que los chilenos pudieron finalmente romper las cadenas.

Una lectura tramposa de la historia
La causa de esta lectura torticera del pasado probablemente tenga que ver con la ausencia de un relato riguroso -asumido por la clase política- de lo que ha sido la historia de España. Aznar lo intentó al comienzo de su mandato acercándose a Azaña, la Residencia de Estudiantes y escritores republicanos como Max Aub, pero al final cayó en el mismo error que casi todos los presidentes de la democracia. No asumir -para bien y para mal- la historia de España como un proceso complejo con sus luces y con sus sombras, y que cualquier gobernante con sentido de Estado debe tener en cuenta. Esta desmemoria tuvo, paradójicamente, su época más desgraciada con un Zapatero sectario y mezquino, incapaz de entender los procesos históricos, Y lo que es todavía peor: llevado por el oportunismo político más barato para ganar votos.

Esos errores son los que ahora explican que el país aborde una segunda Transición sin comprender suficientemente su reciente historia, lo cual genera un lío monumental. Hasta el extremo de que en lugar de discutir sobre cómo conseguir una monarquía más moderna y menos anclada en el pasado -la entrega de títulos nobiliarios es una práctica medieval o el papel absurdamente predominante del jefe del Estado en actos de Gobierno como es la obtención de contratos para las empresas españolas en el extranjero- el debate gire en torno a república o monarquía, como si la Corona no tuviera -afortunadamente- un papel marginal en la acción de Gobierno, que en el fondo es lo relevante. En Holanda, por ejemplo, el monarca ya ni siquiera llama a consulta a los partidos tras unas elecciones porque se entiende que esa es una función típica de los políticos, y, por lo tanto, ajena a las funciones reales.

Esta desmesurada importancia que se le da en España a la forma de Estado -en términos de monarquía o república- probablemente tenga que ver con un defecto de fabricación de los herederos de la Transición política, que en lugar de explicar cómo fueron las cosas, han dejado la pedagogía en manos de ilustres ignorantes. Por supuesto, con el respaldo interesado de quienes son incapaces de entender que el país ha abrazado un nuevo tiempo y que el reto actual es modernizar una arquitectura institucional que se ha quedado obsoleta. Como dijo un día José Borrell -refiriéndose a las infraestructuras-, “a España se le han roto las costuras”. Y no hay peor receta que intentar meter a un país en un ropaje que ya no le cabe.

Desbordamiento del sistema político
O dicho de otra forma. Lo relevante es cómo conseguir una normalización de las relaciones entre la sociedad (lo que ahora el líder de Podemos llama gente) y la política, y no parece que esta sea una cuestión que deba relacionarse con el modelo de Estado. Aunque, por supuesto, una república siempre será más democrática que una monarquía, que por su propia esencia no lo puede ser. La biología nunca es democrática, pero no tiene por qué ser un freno a la prosperidad de las naciones.

Como sostiene un antiguo ministro socialista, “lo que es terrible” es que en las últimas dos décadas el país no haya sufrido ninguna transformación importante en su estructura institucional, lo cual explica el desbordamiento del sistema político creado durante la Transición, y que como todos los sistemas políticos tiene fecha de caducidad a medida que se incorporan nuevos actores sociales que necesariamente no tienen por qué verse identificados ni reflejados en el esquema actual.

Esta incapacidad para debatir sobre los asuntos de mayor calado, y, al mismo tiempo, la primacía de la política cortoplacista que desprecia nuestra reciente historia refleja, sin duda, siglos de intolerancia y fanatismo intelectual; pero, sobre todo, muestra la inexistencia de un espacio común de entendimiento capaz de crear un espíritu colectivo, a la manera del volksgeist alemán o del republicanismo francés surgido tras la revolución de 1789. O de la propia revolución americana, cuya estela aún se deja ver dos siglos después. Una nación es mucho más que una bandera, una forma de Estado o un territorio físico. Es una identidad cultural y un modelo de convivencia que ahora amenaza con romperse.

El agotamiento es de tal dimensión que los partidos mayoritarios compiten de forma artificial por un mismo espacio político (delimitado por la política europea) y se comportan de forman similar cuando están en el Gobierno o en la oposición. Cuando gobiernan juegan a ser formaciones de Estado, pero cuando están en la oposición lo que se busca es el derribo del contrario aunque el país sufra. Algo que explica que la política se haya convertido en ineficaz para muchos ciudadanos. Y cuando la política no resuelve los problemas de la gente, lógicamente, lo que sucede es que se buscan otras alternativas aunque sean carentes de racionalidad. O incluso se inventan interpretaciones absurdas de nuestra realidad más cercana. A lo mejor, ese es el problema.

«Chapuza Real 2», en los mejores cines (no tolerada)
Manuel Guisande Periodista Digital  19 Junio 2014  (15) ¿¿

De verdad que en Hollywood hacen películas porque no deben conocer donde está España porque si lo supieran… si lo supieran no necesitarían buscar exteriores, ni pagar extras ni efectos especiales, aquí lo tienen todo, pero absolutamente todo para grabar Chapuza Real II.

Un filme con Juan Carlos en el papel de «Yo soy rey», Sofía en el de «Hasta el moño»; Felipe en el de «El preparao»; Letizia en el de «La telediario»; Urdangarín en el de «El deme algo» y Cristina en el papel estelar de «La no me acuerdo». Y como artistas invitados, todo el Parlamento en el de «La banda del buen vivir».

El rey que no es rey pero quiere ser rey y es rey
Y es que no hace falta ni ser guionista para esta infinitometraje, solo ver lo que está pasando, tomar unos apuntillos de ná y grabar; eso sí, para grabar hay para dar y tomar. Y todo puede empezar (aprovechando que hay un mes de fútbol con el Mundial para ver si así nadie se entera) por un país donde un rey abdica, que entonces porque abdica ya no es rey, pero que quiere seguir siendo rey y termina siendo rey sin ser rey; un rey que por la cara, la caradura, obviamente, aceptó un megayate de varios miles de millones y un palacete para ir a veranear a Baleares en detrimento de la promoción de otras zonas del país; y un rey, apenado, pero mucho, por el paro juvenil, y que de la noche a la mañana se va a cazar elefantes que hablan alemán y son rubios. Una especie protegida, creo

Un futuro rey que es un flipe
Y para unir las diferentes escenas de Chapuza Real II… un príncipe que está tan preparado, pero tanto el tío, que para decir 10 líneas en público tiene que leerlas, con un carisma que la última vez que expresó su espontaneidad fue cuando lloró porque le echaron en la cabeza el agua en la pila bautismal, y una princesa que nadie sabe lo que hace, que nadie conoce sus actividades excepto ir agarrada del brazo de su marido como si fuera un llavero, sacar dinero del cajero, irse de vez en cuando a tomar copas de noche con los colegas y que odia los protocolos. Vamos, que a la niña Letizia le quedan dos telediarios cuando un día sí y otro también tenga que asistir a recepciones y demás saraos. Es lo que hay y no se puede pedir más.

El independentismo, banda sonora
Y en medio de todas estas secuencias con banda sonora de independentismo (que esto más que un `país parece un campamento del que todo Dios se quiere largar) un Parlamento en plan trilero, que lo mismo saca de un día para otro un decreto para que el que no es rey siga siendo rey, o que de tapadillo y a toda leche, nombre al nuevo rey que tampoco tendría que ser el rey porque si hombres y mujeres son iguales ante la ley quien tendría que ser la cabeza visible sería una reina que se llama Elena, pero esto no lo deben saber las feministas, no dicen nada o están atareadas en hacer pancartas con punto de cruz. A saber.

El yerno intocable y la hija muda
Y cuando parece que no hay más para hacer un giro inesperado a la peli… pues lo hay. Para darle a la cinta cinematográfica un aire internacional y optar a algún premio… los Alpes. Y allí, un yerno que mientras el resto de los españoles que tienen que ir a un juicio están acojonados para cuando los llame el juez, este menda lleva como dos años disfrutando de la vida, esquiando y con casa en Suiza pagada por a los que presuntamente robó; y su mujer, la Cris, que sigue sin saber nada, (excepto cobrar a final de mes) que sigue viviendo en un lapsus mental permanente porque no se acuerda de nada mientras decora la casa suiza con lo que también presuntamente se apropió. Y el juez Castro… que estudie el caso mientras.

Los ladrones que nadie detiene
Y para rematar el guión de la peli y elevar la tensión del espectador, un país repleto de imputados y con parte de la ciudadanía que quiere una República, cuando esto no hay cristo que lo arregle, ni Monarquía ni República, hasta que esta banda de ladrones sea juzgada y sentenciada; pero esto es probable que ocurra en la próxima temporada cinematográfica con el filme De Chapuza Real 2 a Democracia 0.0 y todo empiece de nuevo. Falta hace.

Botín y los juguetes
Y en medio de toda esta trama, como secuencias secundarias, para darle un tinte de emoción y misterio, los que manejan todo el tinglado en la sombra, los poderes económicos como Botín, que se compra un scalextric, pero de verdad (la escudería Ferrari) y todos los domingos aparece en la tele, gordito, calvo y vestidito de rojo como caperucita idem mientras se dedica a lo único que sabe hacer: Prestar dinero y cobrar por cualquier medio por lo prestado. Apasionante profesión.

Habitantes desesperados
Y ya para ambientar todas las escenas y que no se vean planos vacíos, sin movimiento, y como gran final de la cinta (broche de oro no puede haber porque igual alguno de estos lo mangan): la población. Una población perseguida a la que no hacen caso por muchas protestas que haga, ciudadanos que sufren depresiones o suicidan porque les quitan la casa, jóvenes emigrando, niños que se marean en los colegios porque están mal alimentados, familias durmiendo en la calle y hombres y mujeres que van todos los días a centros de beneficencia o a acuden a los mercados para recoger restos de comida y tener algo que llevarse a la boca. De verdad, Hollywood… es que ni puta idea donde está España, y a este paso… nosotros tampoco. Así estamos.

¿Cuadrar el círculo? El éxito de Podemos
José Luis Villacañas El Confidencial 15 Junio 2014

El mayor acierto de Podemos hasta ahora ha sido el error del PSOE. Que haya incurrido en él un político tan curtido como Rubalcaba, testimonia lo poco que se ha aprendido de la historia política de España. No es caso de hacer ahora la historia de los errores del PSOE, ni de explicar la arrogancia que ha dominado su vida política reciente. Un observador mínimamente informado debería recordar tan solo cómo se hundió la Restauración en 1931. Eso debió iluminar los espíritus. El error de los partidos oficiales en abril de 1931 fue llamar al pueblo para tantear cómo respiraba. Para ello convocó unas elecciones municipales aparentemente sin importancia. El resultado: el pueblo aprovechó la primera ocasión para mostrar su completa falta de confianza en el sistema. La lección: no te presentes jamás ante al pueblo sin los deberes hechos, sin proponerle la mejor oferta posible y sin haber hecho todos los cambios necesarios. Sólo así lo tratas con respeto. De otro modo el pueblo, al hablar, puede ser tan firme y decidido como para no tomarte en serio, abandonarte, dejarte fuera de juego y sin capacidad de maniobra. Eso es lo que ha pasado con el PSOE. Durante dos años mareó la perdiz con cambios que nunca llegaban, con ofertas que jamás se concretaban, con amagos y renuncios, con aplazamientos y demoras, y concurrió a las elecciones para ver si el electorado había picado. La consecuencia: el hundimiento.

Al fallar la política de oferta, se ha producido un desplazamiento hacia la política de la demanda. Eso es lo que ha sucedido en las Elecciones Europeas de mayo. La oferta falló porque consistió en un trágala que obligaba a comer más de lo mismo. Pero había demanda política sin atender y esa es la que se concentró en Podemos. Esa demanda era de dos tipos: de fondo y de forma política. De fondo, por cuanto ninguno de los colectivos afectados por los recortes de los dos últimos gobiernos veía de hecho atendidos sus intereses por los partidos mayoritarios. De forma, porque aunque había algunas formaciones políticas que podían defender esos intereses, su sistema de organización y su estilo político no inspiraban confianza alguna. El programa de contenidos era una condición necesaria, pero no suficiente. Eso ha determinado que IU haya recibido pocos votos nuevos para atender esa demanda potencial. Nadie se fía de la organización -más bien opaca- que se esconde detrás de la pantalla pública de Cayo Lara, y que presenta rasgos inquietantes en una política internacional completamente sospechosa.
El voto de Podemos ha sido intergeneracional y no hay que excluir a numerosos abuelos que admiran a sus nietos

Esa demanda popular no era antisistema, ni era un anarquismo rampante, ni un conjunto de frikis, como han dicho profundos cerebros a los que debemos en buena parte la responsabilidad por la bancarrota política de este país. Era una demanda social extensa y estaba dotada de una conciencia política intensa y democrática. En ella se dieron cita jóvenes estudiantes de toda España, oprimidos por una agenda universitaria insensata, ciudadanos sencillos de toda procedencia víctimas de la situación, junto con viejos militantes o testigos activos de la Transición de 1975. El voto de Podemos ha sido intergeneracional y no hay que excluir a numerosos abuelos que admiran y sienten compasión por sus nietos. El entusiasmo de los hijos ha reivindicado las batallas perdidas de tantos padres, humillados por un sistema oficial de partidos con todos los síntomas del rigor mortis y la arrogancia de una casta de señores. Esos padres no tienen argumento alguno a mano para frenar la opción de los hijos y han votado con ellos. Subjetivamente, están decididos a no cometer de nuevo el error de entregar su confianza a quienes han hecho un uso tan mezquino de su buena fe. Eso es lo que ha cambiado el sustrato básico de la opinión pública de izquierda.

Una mediación social que va más allá de la televisión
Se sabe que al día siguiente de la victoria, Podemos se configuró de forma automática en una clara oferta política. Sin mover un dedo más, sin quererlo expresamente, su mera aparición como actor significó la multiplicación del atractivo de su oferta. Según encuestas que se hicieron en los días siguientes, se calculaba que ya podrían obtener el doble de votos. Para explicar esto no basta con el análisis de las veces que Pablo Iglesias salía en televisión. Para demostrar que esto no es lo decisivo, basta imaginar lo que pasaría si formase su propia lista política uno cualquiera de los tertulianos que lo acompañan en sus apariciones públicas. Lo que ha hecho converger votos sobre una figura televisiva pasa por una mediación social que va más allá de la televisión. Se trata de la capilarización y proliferación de la presencia concentrada en TV a través de las páginas de Facebook y de Twitter. Pero, más allá de ello, la política es sobre todo un asunto de presencia, una forma física de estar. Ahí veo la clave del éxito de Iglesias: en que su estilo físico de estar es auténtico. No es una ficción propia de quien se quita el uniforme oficial y se disfraza de ciudadano común. Ha sido su peregrinación física por toda España a cuerpo limpio lo decisivo. Ahí, las certezas de las nuevas técnicas de comunicación se han visto confirmadas en lo único que cuenta en política, el cuerpo a cuerpo y el mirar a la cara de la gente.

Los máximos líderes de Podemos son demasiado expertos en sistemas políticos como para jugar a una mimesis superficial con otros países
Se ha dicho que Podemos es una mimesis de Bolivia porque unos de sus líderes, Juan Carlos Monedero, tuvo relación con importantes mandatarios latinoamericanos. También se ha dicho que nos sitúa al borde del abismo de la República de Weimar. Son expresiones erróneas y del todo punto exageradas. Los máximos líderes de Podemos son demasiado expertos en sistemas políticos como para jugar a una mimesis superficial con otros países. El gran debate es si son una mera formación populista. En mi opinión, sus dirigentes saben demasiado bien que el Estado actúa a través de la ley y que la ley la forman fuerzas hegemónicas capaces de identificar una voluntad general. El populismo es una de las formas de entender la hegemonía, pero no toda forma hegemónica es populista. Son discípulos actuales de Gramsci, pero no son meros herederos de Laclau. Este define el populismo como el uso de las técnicas democráticas de comunicación para recoger una cadena de demandas populares y concentrarlas en un líder representante y soberano, que se configura como la equivalencia de todas esas demandas populares, de tal modo que ese líder puede atenderlas todas a la vez, aunque en realidad no atienda a ninguna de forma concreta.

Esta no parece que sea la apuesta teórica de Podemos. Ante todo porque está dispuesto a avanzar hacia la formación de un líder colectivo, no uno personal. Segundo, porque no parece que quiera unir a la gente mediante las emociones sentimentales de identificación con un líder, sino mediante la formación de un colectivo capaz de conocer la realidad, de estudiarla y de presentarse ante la sociedad como un intelecto general capaz de preparar la voluntad general. La insistencia en este punto me parece decisiva para entender delante de qué estamos. Pero, sobre todo, Podemos no me parece una mera formación populista porque ha dado señales claras de querer ser también una organización de oferta, y no un grupo que sólo parasita y recoge las demandas populares. Ha dicho de forma clara que nace con vocación de gobierno. Y para eso no basta con establecer un registro de demandas sin atender. La realidad no se cambia sólo escuchando las demandas de la gente. Se cambia conociéndola en su concreción y fortaleciendo con el conocimiento la voluntad política de cambiarla mediante la competencia técnica y jurídica idónea. No es preciso insistir en que todo brota de un conjunto de intelectuales y estudiosos de la política. La forma de contestar a Podemos ha sido sintomática ante todo de la ignorancia.

Una situación delicada y decisiva
Hasta ahora Podemos no ha tenido tiempo de equivocarse, mientras todas las demás fuerzas políticas no cesan de hacerlo; desde el PP, que no ha podido reprimir su pulsión de insultar a la ciudadanía que no comparte su especial comprensión del “sentido común”, algo que él parece tener en monopolio, hasta Izquierda Unida, que ha desatado el populismo más rabioso para intentar dejar a Podemos sin discurso. De forma más prudente, Podemos ha esquivado las trampas de IU y, a lo que parece, se ha negado a secundar de forma precipitada y oportunista la mística republicana como solución de los problemas reales del país. Pero ahora es cuando, en el paso de una formación política de demanda a una de oferta, Podemos tiene la situación más delicada y decisiva, de la que va a depender sin duda su futuro. A pesar de todo, parece evidente que su aspiración básica es prepararse para las próximas elecciones municipales y regionales, pues en efecto, ya todos los partidos saben, o deberían saber, que deben presentarse con su mejor oferta posible. El reto es si Podemos estará en condiciones de hacerlo.
Veremos si son capaces de configurar una agenda que no pase por los cansinos debates identitarios de los nacionalismos (el error que ha truncado la carrera ascendente de UPyD)

Y aquí es donde debe analizarse el paso reciente de elegir un equipo técnico capaz de organizar una “Asamblea Ciudadana Sí Podemos” que tendrá lugar en otoño. La misión de ese equipo técnico, formado por 25 personas de profesiones y regiones diversas, será organizar los equipos de estudio capaces de configurar un conjunto de ideas que inspire las candidaturas de las próximas elecciones en ciudades y regiones. Finalmente, Podemos se enfrenta a la eterna cuestión de los movimientos populares españoles desde 1808: juntas locales o junta central. Los líderes, que lo saben, tendrán que ofrecer una salida airosa. Una junta central compuesta por mayoría de personas de la periferia, con la finalidad de aumentar la intensidad de los círculos Podemos por toda España, puede ser una solución. Veremos si con ello son capaces de configurar una agenda que no pase por los cansinos debates identitarios de los nacionalismos (el error que ha truncado la carrera ascendente de UPyD). Ahora de lo que se trata, según parece, es de configurar una inteligencia española que recoja los problemas de la gente y los sistematice.

Con lo dicho no sabemos si será suficiente, pero la candidatura de Pablo Iglesias obtuvo la mayoría de los 56.000 votos en la Asamblea del sábado pasado en la Facultad de Filosofía de la Complutense, quizá suficiente como para ofrecer el necesario aspecto de haber dado un paso más hacia una formación a la vez abierta y eficaz. La impresión que se nos quiere transmitir es que no se va a perder un minuto y que se va a mantener la movilización. Pero todo dependerá de que se siga alentando la discusión caliente en los círculos locales, de que la comunicación entre centro y localidades sea fluida y de que se vaya progresando en la traducción de esas demandas populares de los más conscientes en propuestas con respaldo técnico, capaces de canalizarse mediante estrategias legales atractivas para una mayoría. Y aquí está el misterio de la cosa. Porque para seguir la inercia de la realidad, basta con vestir maniquíes de políticos y sentarlos en los parlamentos, las diputaciones, los consistorios.

Para cambiar la realidad se necesitan políticos. Podemos se la juega ahí, en cuadrar este pequeño círculo. Debe proponer un nuevo tipo de político dispuesto a comprobar lo posible a fuerza de buscar lo imposible; debe ofrecer listas de candidatos surgidos de la gente y capaz de cambiar la vida de la gente, sin dejar por eso de ser uno más en esas agrupaciones abiertas. “Ahí está la rosa. Baila con ella”, decía Hegel. Otro decía: cambiar los políticos ganapanes y alentar políticos de vocación. Si hay un grupo humano que sabe esas cosas, ese es el núcleo que dirige Podemos. Imagino que también sabrán que conocer la teoría no implica operar con la virtud práctica necesaria. Pero si lo logran, Podemos será parte indiscutible de los que definan el nuevo sentido común que se habrá de forjar en el futuro. Pues si hay algo evidente, es que ya nadie lo tiene en monopolio.

Independentistas: ¿Por qué esconden los que son (o lo que creen ser)?
José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital 15 Junio 2014

El sociólogo Salvador Cardús, miembro del CATN , responde en el diario La Vanguardia al artículo publicado por José Antonio Zarzalejos en el mismo medio negando que el secesionismo catalán (actual) sea nacionalista ni identitario, para ello hace un recorrido de la historia reciente catalana convirtiéndola en una especie de escalera platónica hacia un desenlace “natural, incluso lógico, un devenir necesario, una fragua atemporal que, de una forma u otra, debe acabar con el “pueblo catalán” convertido en país, en estado, en nación “plena”…

Los análisis sociológicos sobre los que se basan las afirmaciones del Sr. Cardús parecen encuadrarse en esas ciencias (humanas) al servicio de la Causa, estudios que anteponen el método y el rigor científico al proyecto nacional-ista, una intelectualidad reconvertida en guionistas, en muñidores de narraciones con las que vertebrar un imaginario colectivo desde silogismos con premisas adulteradas o sencillamente inventadas, lo único que importa es mantener esa pátina de plausibilidad del discurso, ¡qué más da si es cierto o no!… mientras se repita una y otra vez, mientras se tengan los medios para martillear hasta la náusea la soflama disfrazada de objetividad es más que suficiente…

De todas formas es relevante observar cómo los think tanks del secesionismo están pasando a la defensiva, cómo desde que se ha comenzado a visibilizar una sociedad civil en Cataluña hasta ahora silenciosa (o silenciada), cuando grandes capas de la población catalana están tomando conciencia de estar siendo relegados en este proceso de “construcción nacional” –cosa que puede y debe convertirse en voluntad política no estandarizada-, han empezado a bascular el discurso hacia posturas claramente contradictorias, fantasiosas o, simplemente, cínicas.

Pero este cinismo no solo es accesorio, tiene un objeto, ser homogeneizador, quiere hacer pasar por “normal”, cotidiano o por “sentido común”, lo que no es más que una vuelta de tuerca en la presión social (y política) a todo el que no comulgue con los postulados nacionalistas, me refiero a cuando el Sr. Cardús afirma “…se abandona el nacionalismo y se entra en una nueva fase de afirmación desacomplejadamente nacional…”, este es el fin que buscaba tantos años de ingeniería social: la adscripción (obvia) nacional obligatoria…

El súmmum de ese “desacomplejamiento” lo encontramos en otra de las afirmaciones del sociólogo reconvertido en asesor nacionalista del “independentismo no nacionalista…”: “…Eso que ahora algunos viven como un clima de coacción es simplemente la expresión de un cambio de hegemonía nacional…” ¿esa hegemonía no pretende uniformizar cultural e ideológicamente a la población?, ¿hasta qué punto es democrático que en pos de la Causa se coaccione a los que no estén dispuestos a tolerar hegemonías totalizadoras?, ¿acaso el lema “Cataluña un solo pueblo”, enarbolado por la izquierda catalana acomplejada y sumisa ante la supuesta superioridad moral y política del nacionalismo, no es un síntoma más de esa voluntad totalizante del secesionismo?, ¿será que ese “un solo pueblo” se referirá a una ciudadanía adepta al Régimen o relegada al silencio o al ostracismo social?

Es significativo que los argumentos aducidos en el artículo de Salvador Cardús, publicado el día 14 de mayo, que son el núcleo del giro “no nacionalista” del nacionalismo independentista –quizás podrían llegar a escribir en mi blog Diario de un NO nacionalista- coincida con el discurso de Carme Forcadell, Presidenta de la ANC, mostrado en la enésima entrevista en TV3 del pasado día 15 de mayo, naturalmente, en la misma hemos podido observar las contradicciones de un más que forzado relato…dice la Sra. Forcadell: “Yo no me considero nacionalista, me considero catalana”, ¿será que para ser catalán tendremos que ser independentistas? o cuando afirma que “nuestro proyecto nunca ha sido identitario…es un tema de dignidad nacional” ¿pero no habíamos quedado en que no era un proyecto nacionalista?

Y si este proceso secesionista no es identitario, ¿por qué a los castellanoparlantes o a los que simplemente apostamos por un bilingüismo voluntario se nos trata como ciudadanos de segunda relegando uno de los idiomas propios de los catalanes a ser considerado como una lengua extranjera en los colegios, en los protocolos de usos lingüísticos en las instituciones públicas -incluido el del sistema sanitario-?

Lo curioso de todo este razonamiento es cómo niega la mayor, cómo trata de ocultar ese núcleo mítico-religioso nacionalista que subyace a la narración política cotidiana, cómo trata de hacer pasar por razón lo que es sentimiento, como se instrumentaliza la razón en pos de la Causa, una causa mayor que la contemporaneidad, mayor que las normas democráticas, que el imperio de la ley, que el estado de derecho.

Esta razón instrumental, esta instrumentalización del discurso democrático, este paroxismo orgiástico que juega con las emociones para domeñar las mentes retorciendo el lenguaje, oculta un pensamiento profundamente irracional: la preexistencia de unas naciones en las que el papel del individuo queda desdibujado de la Gran Política, únicamente debe asumir sumisamente su adscripción a un proyecto ideológico basado en el peor romanticismo decimonónico, debe asumir que su propio ser, su propio sentir, su ontología esta predeterminada por fuerzas ajenas a sí mismo.

¿Dentro qué tipo de sociedad nos movemos?
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 15 Junio 2014

Una de las pocas ventajas de la vejez, si es que somos tan ilusos que podamos creer que esta etapa de la vida tiene alguna; sería, sin duda, el contemplar sin complejos, el valorar sin temor a que nadie te pueda perjudicar y el tener una perspectiva de la existencia, algo que ni se estudia ni se puede comprar en ningún lugar, que nos permite pasar revista a una serie de hechos, acontecimientos y momentos históricos que hemos vivido directamente y, por tanto, no necesitamos que cualquier plumífero ignorante o inventor de historias fanático, nos tenga que explicar las circunstancias, las causas, los ambientes y muchas de las reacciones, errores, éxitos y capítulos singulares que el pueblo español ha protagonizados durante un periodo no inferior a 70 años.

Es posible que, a aquellos de la generación que vivimos, de niños, la Guerra Civil; ahora se nos considere, desde el punto de vista de las nuevas generaciones, como meros vestigios de una época de opresión, de desastres políticos y de múltiples penalidades. Para muchos, fuimos unos pobres esclavos, conducidos por un dictador, que no nos atrevíamos a salir de casa y que nos pasábamos el día cantando el “Cara al sol con la camisa nueva...” que, el “régimen fascista” del general Franco o los curas provistos de vergajos nos obligaban a cantar para evitar ser azotados. La realidad fue muy otra. Hoy la juventud no puede hacerse idea ni entender que, unos jóvenes sin móviles, sin máquinas de calcular electrónicas, sin ordenadores, sin su moto o coche, sin sus tabletas, sus campos de fútbol de última generación, sin sus magníficos libros de texto y sin los múltiples adelantos de que hoy disponen; unos chicos de hace setenta años pudieran ser felices, libres, alegres y vivir la vida a tope, eso sí, con menos medicinas, vacunas, comodidades y posibilidades de llevarse a una moza a la cama, comprarse una bicicleta o una simple radio de galena o de lámparas.

Si esta ha sido la imagen que se ha querido dar de aquella época en la que, efectivamente, se pasaron muchas estrecheces, hubo racionamiento de productos y fuimos proscritos por los vencedores de la II Guerra Mundial, sometiéndonos a un bloqueo económico y de suministro de víveres, dando muestras de su estupidez, su falta de visión histórica y de su desagradecimiento hacia aquel, ellos lo llamaban dictador, que impidió, con su tenacidad y valor, que las tropas del III Reich pasaran por España para poder cruzar directamente a África, en cuyo caso, el rumbo de la guerra en aquel continente, sin duda, hubiera podido dar un vuelco definitivo, si se hubiera podido aprovisionar, a través del estrecho de Gibraltar, a los tanques del general Romel, que se quedaron sin combustible, en medio del desierto, cuando estaban a punto de coronar su victoria sobre los tanque del general Montgómery.

Hoy se da el caso vergonzoso de que hay niños que, cuando ven una gallina, no saben lo que es; que se creen que los huevos se fabrican en los supermercados y que, todo lo que conocen de la naturaleza, se debe a las imágenes que tienen en sus libros de texto. En nuestro tiempo las ciudades eran más reducidas, en unos minutos podíamos corretear por los campos, robar algarrobas y comer almendrones verdes cogidos directamente de los árboles; jugábamos a pídola, corríamos como locos por las calles sin miedo a ser atropellados por los coches, porque apenas si los había y nos pelábamos con las pandillas contrarias. Éramos fuertes, no había vacunas y cuando uno se hacía una herida o recibía una pedrada en la cabeza se ponía un poco de saliva y... a correr de nuevo. No le quepa duda a nadie que éramos felices, que, para nada, nos sentíamos oprimidos ni obligados a hacer nada en contra de nuestra voluntad. Eso sí, los maquis, los comunistas infiltrados o los que no supieron asimilar la derrota que les fue infringida, todo estos sí que debían temer las represalias del régimen. Por ello, cualquiera podía circular por las calles de cualquier ciudad de España, teniendo la seguridad de que nada le iba a pasar, que nadie lo violaría, que nadie se atrevería a raptarlo o a hacerle el más mínimo daño. Todo aquel que pretenda decir lo contrario, desde aquí le digo que miente como un bellaco.

Hoy, a pesar de la crisis, estamos en una sociedad de comodidades; de adelantos científicos y de lujos que en otros tiempos hubieran sido impensables, de facilidades para estudiar, de clases con número limitado de alumnos ( en nuestro tiempo cada clase reunía a 50 escolares) de muchos medios materiales; pero, señores, los jóvenes eran más sanos, más trabajadores; más respetuosos con sus familias; con una moralidad más acendrada y unas costumbres que, en nada, se podían comparar con la promiscuidad, el alcoholismo, las drogas, la falta de respeto por sus maestros, el desprecio por la autoridad paterna etc. Hoy la juventud no entiende la vida si no tiene un piso para separase de su familia e irse a vivir con sus amigos o con la primera golfa que se lo proponga.

En la actualidad se trata de quien se acuesta con más gente, sean mujeres u hombres, porque, la moralina progresista ya no distingue entre unos y otros y todo vale para una buena orgía; el que no acude a un botellón, se juega la vida en una carrera de bólidos, va a fornicar en vivo dentro de una discoteca o se coloca con marihuana, cocaína o cualquier otra droga, no es nadie en esta sociedad en la que los principios ya no existen, el relativismo es la religión y la rebeldía y la violencia son las verdaderas armas de que se valen los que quieren conseguir el poder. Ya sabemos que no se puede generalizar, que todavía quedan jóvenes que conservan sus principios y que no están de acuerdo con semejante estropicio nacional; pero no nos engañemos, lo que prima, lo que más se ve en las calles y lo que más destrozos y agresiones produce, es esta nouvelle vague de conspiradores de izquierdas, empeñados en resucitar un comunismo obsoleto, fracasado pero, desgraciadamente, desconocido por una juventud que, lo único que sabe ( y sólo los más ilustrados) de este sistema, le viene por haber leído Das Capital de Carlos Marx o, a través de versiones edulcoradas, de los agitadores profesionales.

El ejemplo de tipos como Pablo Iglesias, de estos sujetos que se aprovechan de ser el tuerto en el país de los ciegos, para tomarles el pelo a quienes tienen la poca vista e inteligencia de tragarse sus mentidas y, no obstante, saben sacar el dinero (este que tanto “desprecian”) de sus aventuras en Venezuela u otras dictaduras, donde son bien recibidos, mejor pagados y usados para ocultar al pueblo en miseria, las triquiñuelas, engaños u desvergüenza de quienes les gobiernan. Estamos en unos momentos en los que, en España, se cuestiona a los políticos, las instituciones y hasta el sistema de gobierno que nos dimos, mediante la Constitución de 1.978. Peligra la estabilidad del país y su unidad, puesta en cuestión por grupos de nacionalistas dispuestos a todo con tal de salirse con la suya; y, sin embargo, quienes debieran de poner remedio a esta situación, evitar que la izquierda siga usando sus métodos de guerrillas urbanas, de difusión de falsedades, de promesas inalcanzables y de presiones intolerables; da la sensación de que andan perdidos en otros temas, en otras cuestiones relacionadas con sus posibilidades de ganar unas elecciones que se les presentan dificultosas, dejando que el país se vaya al garete sin hacer otra cosa de mirar hacia otro lado. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos escandalizados el desplome inminente de nuestra nación.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Ensalada republicana: Izquierdas anticonstitucional y separatistas antiespañoles

Antonio Pérez Henares Periodista Digital 15 Junio 2014

En medio de esta marabunta de republicanos sobrevenidos, izquierdistas anticonstitucionales y separatistas echados al monte ha tenido que reaparecer quien desde la izquierda más comprometida y el sindicalismo cuyo “privilegio” era una celda en Carabanchel, uno de los verdaderos artífices de la conquista de la libertad y la llegada de la democracia, para decir un par de verdades entre tanto tumulto y tanta consigna huera. Obviedades que relucen como cristales en medio de la montaña del disparate. Nicolás Sartorius, uno de aquellos 10 del proceso 1001 contra los lideres y fundadores de CC.OO, condenado a 20 años de cárcel y liberado por la primera de las amnistías, tan denostadas por estos neo revolucionarios de ocasión, sin riesgo y a destiempo, que vaciaron las cárceles de presos políticos y dirigente del PCE de la lucha, la clandestinidad, la reconciliación y la responsabilidad ha dado a su manera sensata y reposada pero con la misma valentía que entonces con la tecla y la clave de toda esta aparente disputa donde se revuelven monarquía, democracia, republica y constitución pretendiendo incompatibilizarlas al antojo de cada cual.

Nico Sartorius ha deshecho el aparente nudo gordiano con una aseveración tan rotunda y constatable, que deja la cuestión reducida a un tumulto con poco sentido y mucho de oportunismo. La cuestión clave es donde reside la soberanía, y eso lo dejó meridianamente claro y resuelto la Constitución del 78. Cap I/2 “La soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del estado”. El pueblo es el soberano. Y eso es lo esencial. No es el rey quien detenta tal derecho. Esa es la formula de la monarquía parlamentaria que inmediatamente el propio texto constitucional señala como forma política de estado. Que puede ser variada, sin duda y que resulta cada vez más evidente que debe ser reformada y adecuada, por supuesto. Pero y en ello no solo Sartorius sino cualquiera que tenga un mínimo sentido democrático y hasta de sentido común habrá de convenir que para trasformar lo que sea preciso habrá que contar con los consensos acuerdos y mayorías suficientes y amplios, que no pueden ser jamás imposiciones por ola mínima de los unos sobre los otros. Habrá que buscar y encontrar los puntos de unión y no de división, de convivencia y no de enfrentamiento. Como se hizo entonces, como hicieron gentes como Nicolás Sartorius , como parecen haber olvidado o quieren olvidar algunos.

Uno de los que no solo han olvidado sino que confunden y difunden la patraña es el presunto sucesor de aquella formación, cayo Lara, quien sigue en su descabellado, pero puede que fructífero empeño cara a su parroquia de pretender contraponer Democracia con Monarquía y en ello se enquistaba en su discurso tan efectivo como falso en su contenido. Lo contrario a la democracia es la dictadura, la tiranía y el absolutismo. La negación de la soberanía al pueblo. Y eso lo puede hacer cualquier forma de estado, desde una teocracia a una de esas llamadas republicas populares que no son sino dictaduras de partido único. En el fondo ya entonces Sartorius y Cayo Lara no estaban de acuerdo. El uno se fijaba en Berlinguer y el eurocomunismo y el otro tenía como modelo a la Unión Soviética y la dictadura del Proletariado.

Lo esencial no es el modelo de estado, eso es una derivada. Lo trascendental es donde se establece la soberanía. Puede optarse como han hecho muchas naciones democráticas de nuestro entorno europeo por una u otra formula, pero partiendo de esa base primordial. Puede convenirse la conveniencia de una monarquía constitucional que acate esos valores y se ponga a su servicio como representante institucional, como símbolo histórico y que demuestre su validez y utilidad. El rey reina, pero no gobierna. Es una especie de “republica” coronada. Así puede tener sentido, el único sentido posible de la monarquía en el siglo XXI. Puede optarse también por la otra formula, si se quiere más que en realidad son varias y diversas, republicas presidencialistas, donde el presidente manda, una especie de “rey republicano”, a la francesa o donde su papel es menor y quien gobierna es el primer ministro, Italia, siendo el presidente de la republica quien como en el caso de las monarquías tiene un papel moderador o como sucede en otras muchas presidente y primer ministro son uno mismo.

Es algo que, desde luego, podemos decir entre todos y según lo que se convenga como mejor y más útil para España o sea para su ciudadanos. Pero la pretensión de establecer una republica de parte y con sesgo ideológico que abjura de los propios valores constitucionales y en revoltijo y connivencia con el separatismo supone el más absoluto de los disparates. Y tanto es así que ese factor, unido a la corriente emocional de la abdicación de don Juan Carlos “enterramos bien” acertó a decir Rubalcaba, a quien se perdonan sus últimos errores y se pone en valor sus aciertos y servicios, ha supuesto el repunte de la formula monárquica en la preferencia de la población. Por sensatez, por estabilidad, por sentido común y por aversión a quienes agitan y confunden bandera, las manifestaciones, entre la nostalgia alucinada, la utopía comunal y la imposición, del izquierdismo anticonstitucional, y las proclamas de los separatistas anti españoles que en realidad lo que pretenden es la secesión y que también se rebelarían, como se rebelaron contra esa enseña de morados añadidos, se han convertido en grandes fabricas de monárquicos en estos últimos días. Los títeres protagonizados por los filoetarras y los histriónicos voceras de ERC ayudan mucho a ello. Tanto que quienes pueden pensar o pensamos que la razón lleva al principio republicano y la abolición de esos derechos dinásticos al ver el panorama y atisbar lo que se nos presenta como futuro en medio de la algarabía nos palpamos la ropa y como, y vuelvo al principio, ello es perfectamente compatible con la democracia pues decidimos que mejor quedarnos como estamos que mal no nos ha ido.

Detenida en León una terrorista de Resistencia Galega

  latribunadelpaisvasco.com 15 Junio 2014

La Guardia Civil ha detenido esta noche en Ponferrada (León) a María Osorio López, condenada a siete años, nueve meses y un día de prisión por integración en la organización terrorista Resistencia Galega, según ha informado el Ministerio del Interior.

María Osorio, sobre quien pesa una orden de ingreso en prisión por falsificación de documento público con fines terroristas, realizó una videoconferencia pública el pasado 7 de junio en la que manifestó su intención de mantenerse en la clandestinidad y de no presentarse en la cárcel para cumplir la condena.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial