AGLI Recortes de Prensa   Viernes 20  Junio  2014

Felipe VI
Un rey autonómico
Pablo Molina Libertad Digital 20 Junio 2014

Que las primeras palabras del nuevo rey sean para jurar su respeto a "los derechos de las comunidades autónomas" (sic) da una idea de la manera en que la clase política ha convertido mutatis mutandis un determinado esquema territorial perfectamente reversible en elemento constitutivo de la nación política española. Los autores de la Constitución, que no daban puntada sin hilo, introdujeron en el artículo 61, que regula la fórmula del juramento del monarca, esta apelación a los derechos de las autonomías, a pesar de que sabían perfectamente que no están reconocidos en ninguna parte del texto constitucional. Son los ciudadanos los que tienen derechos y no las administraciones públicas, más allá de la facultad de reclamar su interés legítimo sobre cuestiones jurídico-administrativas en el ámbito judicial de lo contencioso. Obligar al Rey a jurar esos supuestos derechos para apuntalar la inmunidad del engendro autonómico es, por tanto, una fechoría que no podía pasar inadvertida a los que estamos hartos de los excesos de la clase política autonómica, bastante más onerosa y dañina que la nacional.

Lo único que tienen las comunidades autónomas son competencias, cuyo ejercicio, además, es transferido por el Estado, bien a través de las leyes orgánicas con que las Cortes Generales sancionan los estatutos de autonomía y sus modificaciones posteriores, bien mediante las transferencias puntuales que los distintos Gobiernos han llevado a cabo para contentar a los nacionalistas, con el éxito por todos conocido. El rey Felipe no se ha sustraído en su primer discurso a esta flaqueza hacia los mandarinatos periféricos, con sus referencias a la unidad dentro de la diversidad, la riqueza cultural de los pueblos, el acomodo constitucional de todo tipo de "sensibilidades" y demás fórmulas canónicas habituales en los discurso públicos de la España autonómica. Para acentuar su voluntad integradora en lo cultural, el nuevo monarca trajo a colación como argumento de autoridad a Espriú, Aresti, Castelao y Antonio Machado, referentes literarios de los nacionalismos catalán, vasco y gallego los tres primeros, y el último en representación de la cuota andaluza, y por extensión española, cuya existencia decía desconocer el coñón de Borges, porque, con su mala leche rioplatense y su humor británico, él sólo sabía de un Machado: Manuel. El papelón de Urkullu y Mas en las Cortes, evitando aplaudir a su rey como dos niños malcriados, es sólo una pequeña muestra de la manera en que los separatistas agradecen estos elogios habituales y la imposibilidad manifiesta de conseguir que algún día se comporten con dignidad.

A pesar de esas carencias puntuales, es justo reconocer que el discurso de nuestro rey ha sido espléndido en todo aquello que de verdad compete al monarca en el ejercicio de su alta responsabilidad. No de otra manera cabe valorar la mención expresa a las exigencias de honestidad, ejemplaridad y transparencia que conlleva el trono y a la necesidad de que los poderes del Estado, empezando por la Corona, respeten la independencia de la Justicia, especialmente en aquellos asuntos que puedan afectar a sus titulares, aunque sea de forma tangencial. Lo bueno para los españoles es que lo de hoy no han sido palabras vacías, sino el fiel reflejo de la conducta que el hoy rey de España y su esposa han venido poniendo de manifiesto a lo largo de toda su vida en común. Una golondrina no hace verano ni un discurso reinado, pero con Felipe VI y Leticia las perspectivas de futuro difícilmente podrían ser mejores.

Coronación por lo civil
José Javier Esparza www.gaceta.es 20 Junio 2014

En los últimos años, al ritmo de la neorreligión laicista impulsada por los poderes públicos, se ha puesto de moda repetir los clásicos rituales de la civilización católica pero travestidos de “laicidad”. Así hay familias, por ejemplo, que organizan “comuniones civiles” para sus niños, no sea que el chiquillo se quede sin fiesta. Son comuniones sin comunión, pero, eso sí, con mucho “progreso”. Pues bien, lo mismo es lo que ha hecho Felipe VI con su coronación: ha sido una coronación por lo civil. Podía haberla oficiado el concejal de Urbanismo. Una monarquía zapateriana sin cruces, ni biblias ni toda esa parafernalia tan “de otro tiempo”. Ahora se prefiere la parafernalia autonómica y constitucional. Por algún extraño motivo, esta gente cree que la Constitución pesa más que la Biblia y que el credo autonómico salva más que la cruz. Vizcaíno Casas no lo hubiera hecho mejor… en chirigota.

También han desaparecido el yugo y las flechas del blasón borbónico. Debe de ser por lo mismo: cosa de fachas. Es cosa de fachas el pasado, la historia, la tradición… Los Reyes Católicos, ya se sabe, eran muy fachas. Como Don Pelayo. Como Recaredo. Como Carlos I. O a lo mejor es que el mismo que se propone capar la cruz de la corona –porque esto será lo próximo, digo yo- piensa que lo del yugo y las flechas era cosa de Franco. Como los Héroes de Baler y del Dos de Mayo. O como María Pita. Como Agustina de Aragón. Otra facha.

El discurso de Su Majestad ha sido todo un ejemplo de concordia… dirigido a quienes llevan años rompiendo todas las concordias. Uno lee esas palabras escritas, sin duda, por algún periodista “de la situación”, y lo que descubre es a un rey obsesionado por agradar a quienes le van a rechazar. Obstinada ofuscación borbónica: masajear al enemigo pensando que al amigo ya lo tienes seguro. Pero no: mañana ya no habrá nadie para jugarse la vida por la Corona (como, por otro lado, tampoco habrá nadie para jugársela por el Altar). A este rey se lo comerán los mismos a los que La Zarzuela ha pretendido cumplimentar con todas estas lisonjas. No se puede hacer la “monarquía de Podemos”. Julián Marías, al que en otro tiempo se hacía mucho caso en los círculos coronados, solía repetir aquello de que “no se debe intentar contentar a los que no se van a contentar”. A lo mejor la frase tiene demasiados infinitivos para que la entiendan los cerebros de la nueva monarquía.

Yo nunca he sido muy monárquico, pero pensaba que tener un rey podía ser importante. Para España. Para la nación. Aquí mismo lo escribí hace unos días. Por otra parte, ¿qué quiere usted que le diga? No puede uno pasarse la vida escribiendo sobre la historia de España y desprenderse así como así de la institución más veterana del país. Pero he aquí que esa institución, hoy, ha renunciado a sí misma. Supongo que eso me libera de servidumbres. Supongo que eso me permite, al fin, ser republicano. Delenda est monarchia, decía el pedante de Ortega. Lo de hoy es aún peor: delenda est intellegentïa.

Los apaños de Montoro
Xavier Horcajo www.gaceta.es 20 Junio 2014

“Ha llegado el momento de bajar impuestos”, dice ufano Cristóbal Montoro. Pero la rebaja fiscal no tendrá efecto hasta el 1 de enero de 2015, en pleno ciclo electoral. En mayo, el PP se la juega en municipios y autonomías “sin pedigree”. ¿Por qué será que los aumentos fiscales entran en vigor a primeros del mes siguiente, y las rebajas lo hacen seis meses después de ser aprobadas por el Gobierno? Eso se llama electoralismo.

Montoro hace la rebaja fiscal por eso y por disimular que España estuviera con tipos máximos del IRPF del 52% muy por encima del 44% de media que exhibe la UE. No lo hace porque haya llegado a la convicción de que: rebajar impuestos estimula el consumo, y que eso hacer crecer la economía, que es la única manera de crear empleo. La cacareada reforma fiscal no cambia nada, si acaso se hace menos proporcional.

Los españoles nos preguntamos ¿Qué ha cambiado, Montoro, para que ahora “toque” bajar impuestos? Se nos dirá que la “prima de riesgo” está en mínimos. Se nos dirá que ahora ahorramos 7.000 millones de euros en intereses, porque Mario Draghi regala en dinero del BCE. Se nos dirá que hay signos de recuperación (que nadie niega). Pero ese entorno favorable puede cambiar, si –por ejemplo- los bancos franceses se resfrían o si Argentina, como parece, incurre en default; podemos llegar a enero y que las circunstancias exijan no rebajar los impuestos… Es decir, toda la bonanza es coyuntural. La pregunta es que ha hecho el Gobierno para que el desequilibrio fiscal español se reduzca, para que no gastemos más de lo que ingresamos. ¿Qué recortes de gasto público hace Montoro? ¿Pueden compararse con los que hace Manuel Valls en Francia, de 50.000 millones de euros?

¿Qué tienen ustedes ahora que no tuvieran? Pues un compromiso de que “el año que viene” les rebajarán el Impuesto de la renta (IRPF) en un 12,5% de promedio. A los “mileuristas” mucho; a los tramos altos del impuesto (que ahora sólo serán cinco) les reducirán un poco al aplicar el máximo del 45% ¡Cuidado!, que luego vendrá el impuesto especial sobre las segundas residencias, o cualquier otra cosa, que deje en “neutral” la rebajilla a efectos de ingresos fiscales. Eso es lo que le gusta a Montoro.

Las empresas se beneficiarán de un recorte del 5% nominal en el Impuesto de Sociedades, dado el recorte de deducciones, quedará en poca cosa. Tres años después de llegar al poder, Montoro ofrece un tipo rebajado a las empresas de nueva creación, por dos años, y -de nuevo el electoralismo- se ofrecen mil eurillos las familias numerosas; por hijos dependientes…

Miren, España tiene un problema fiscal, antes de Montoro y ahora: con tipos altísimos, recaudamos menos que el país menos ejemplar de nuestro entorno. El peso de la “economía sumergida” unos 145.000 millones de euros año, no se puede seguir soportando. El segundo problema es el dinero español “refugiado” de la voracidad de Hacienda en paraísos fiscales, unos 140.000 millones de euros (la mitad en Suiza) es una barbaridad de pasta. Para corregirlo, Montoro tenía una receta fallida: la amnistía fiscal, que además de injusta y discriminatoria fue del todo ineficaz.

No hay más trucos: recorte del gasto público; luchar contra la economía sumergida y el fraude fiscal y perseguir el dinero refugiado en “paraísos fiscales”. Eso el catedrático Montoro lo sabe de sobras, pero prefiere depredarnos cuando no le llega y hacernos recortes cuando llegan elecciones.

Marañón, el republicano arrepentido
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es 20 Junio 2014

Aquel 14 de abril de 1931 mientras en casa de Marañón, Romanones y Alcalá Zamora acordaban la marcha del rey, las turbas incendiaban iglesias y conventos, dejando claro la naturaleza revolucionaria del nuevo régimen.

Encastillado en su cigarral, casi era más monumento que hombre. Catedral en vida, le llamó González Ruano, que era uno de los que peregrinaba a esa casa toledana, como en aquel entonces lo hacían todos, porque al ser Gregorio Marañón maestro en tantas disciplinas era muy heterogéneo el grupo de sus discípulos. Y muy numeroso. Iban a visitar al médico que aprendió de Ramón y Cajal, al historiador que matriculó en la escuela Menéndez Pelayo, al escritor que trató a Galdós, al científico que conoció y apreció Freud, al intelectual y pensador amigo de Ortega y de Unamuno, al liberal moderado e ilustrado en definitiva, una especie que siempre ha escaseado en la península.

Jovencísimo se convirtió en una eminencia médica. Los tribunales que leyeron sus primeros trabajos no podían creer que hubiesen sido realizados por alguien que aún no había terminado la carrera. Su aporte a la endocrinología le proporciona renombre internacional, pero en su esquela, por indicación suya, sólo habría de poner “Gregorio Marañón, médico”. Con perspectiva científica se acercó a la biografía de personajes históricos (Antonio Pérez, Enrique IV), o incluso de ficción, como el Don Juan, a quien derriba como mito de la virilidad y expone como ejemplo de que el trato frecuente de la dama acaba afeminando.

Nada veleta, él se casó con Lola Moya, quien le dio cuatro hijos y toda la estabilidad familiar que necesitan los hombres sacrificados al trabajo intelectual. Donde no encontró paz fue en la política. Llegó a formar parte de los últimos gobiernos liberales antes de la llegada de la dictadura Primo de Rivera; después incluso estuvo preso, un mes, por involucrarse en una conspiración conocida como la “sanjuanada”. Y por fin, a pesar de su proximidad a Alfonso XIII (o quien sabe si por eso mismo) fundó con Ortega la Agrupación de Intelectuales al servicio de la República.

Pero resulta que en España las repúblicas no se dejan servir tan fácilmente. Aquel 14 de abril de 1931 mientras en casa de Marañón, Romanones y Alcalá Zamora acordaban la marcha del rey, las turbas incendiaban iglesias y conventos, dejando claro la naturaleza revolucionaria del nuevo régimen.

Marañón rechazó varias ofertas para incorporarse a distintos gobiernos, y después del golpe del 18 de julio huyó de Madrid horrorizado, cuando su nombre empezaba a barajarse en los papeles de las checas, y muchos de sus amigos y colaboradores ya habían sido asesinados. En este punto coincide su biografía con la de Donoso Cortés, porque siendo los dos liberales ilustrados y moderados, es la vista de los horrores revolucionarios lo que les transforma.

Durante su exilio en París contribuye a la causa del general Franco con artículos y entrevistas. En ellos, aunque no niega que en los dos bandos enfrentados se han cometido graves errores, no duda en responsabilizar a la izquierda como culpable del conflicto: “Esa constante mentira comunista es lo más irritante de los rojos. Por no someterme a esa servidumbre estúpida de la credulidad, es por lo que estoy contento de mi actitud"

Después de la guerra regresó a España, donde aún viviría mucho tiempo, refugiado en ese cigarral toledano, convertido casi en un monumento, en la estatua que conmemora a un liberalismo que ya nadie recuerda.

Aforamiento es caciquismo institucionalizado.
Vicente A.C.M. Periodista Digital 20 Junio 2014

El Gobierno de Mariano Rajoy va a cumplir su palabra con el Rey abdicado proporcionándole a él y la reina el blindaje del aforamiento del que ya gozan la mayoría de la casta política de España, unos 10.000 aforados, más o menos. Hace bien el PSOE en no sumarse a esta iniciativa que va precisamente en contra de la tan cacareada igualdad. De hecho, y para dejar de una vez retratados a todos, debería inmediatamente hacer efectiva su propuesta en el Congreso para limitar el aforamiento tanto en número de aforados reducidos a determinadas figuras de especial relevancia, como en sus término temporal para exclusivamente el periodo de desempeño de la labor pública. Lo del aforamiento vitalicio como el pretendido para D.Juan Carlos I, su esposa y la Reina consorte , etc. es simplemente inadmisible.

Mal empezamos, o mejor dicho, mal seguimos por el camino de la defensa a ultranza del estatus elitista de una casta política en la que ahora han incluido a toda la Familia Real y consortes. Pero como todas las leyes, lo que ahora es válido puede dejar de serlo en un futuro cuando se produzca un cambio de fuerzas en las Cámaras. Nada hay que impida al frente de izquierdas, que presumiblemente forme Gobierno tras las elecciones generales del 2015, anular los términos de esta Ley que se va a aprobar sin consenso de forma urgente y dando la impresión de extremo servilismo cortesano.

Bien es sabido que a Mariano Rajoy junto a muchos de su partido el PP, les “pone” esta parafernalia cortesana de reverencias, genuflexiones y banquetes multitudinarios –hasta 2.500 invitados- a costa del contribuyente en lugares de máximo Lujo como son los salones del Palacio de Oriente en Madrid, residencia oficial de los Reyes de España. Es sabido el rumor de que el aforamiento total fue una de las exigencias del Rey que abdicó, como acuerdo previo para hacer efectiva su abdicación. Es sabido que todo en este circo mediático ha sido una vergonzosa improvisación, no exenta de la manipulación y control más descarados de la libertad de los ciudadanos a la hora de expresarse en la calle.

El aforamiento es una anomalía democrática impensable en países como los USA, Francia, Alemania, Gran Bretaña, etc. Del Rey abajo, o en su caso del Presidente de la República abajo todos están sujetos al imperio de la Ley en teórica igualdad de condiciones. Nada es perfecto y los poderosos y ricos siempre parten en la pole position y se pueden permitir costosos gabinetes de abogados para su asesoría legal personal o de la familia. ¿Verdad D. Juan Carlos? Pero a diferencia de las Monarquías, en las Repúblicas Igual que cualquier ciudadano puede aspirar a ese cargo de una forma libre y democrática, nada le protege por la comisión de delitos, sean de la naturaleza que sean. Ejemplos los tenemos en casos tan sonados como el Water gate y Richard Nixon, o Bill Clinton y su becaria.

El Gobierno de Mariano Rajoy junto con el PP como cómplice necesario ha escogido tirar el balón hacia delante en una patada a seguir eludiendo su responsabilidad de hacer una regeneración del sistema. Claro que ese camino ya lo emprendió al mantener descaradamente la dependencia judicial con el reparto de cargos en los Altos Tribunales que son los encargados de juzgarles. Y a esto le quieren llamar democracia. ¡Al guano!

Felipe VI, el 'Jetódromo' y la indiferencia
José Luis Ortín www.vozpopuli.com 20 Junio 2014

Será difícil juntar en escena a más jetas por metro cuadrado que en el acto de proclamación del hijo de Juan Carlos I como rey de España. Ni presenciar más indiferencia popular ante un hecho histórico en nuestro país.

Estómagos agradecidos
Con las honrosas excepciones que cabe suponer, muchos le aplaudían en el Congreso recordando seguramente con cada palmada las prebendas que han obtenido en los años de la estéril partitocracia: “He colocado en la sopa boba del Estado – ayuntamientos, diputaciones, comunidades, sociedades públicas, asesorías varias, etc. - a dos hijos, tres sobrinos, a parientes de allegados y a unas decenas de correveidiles afines, además de beneficiarme de un pastizal de euros en pocos años y de asegurarme el futuro con una pensión sobrada, o varias; o, he ayudado a algunos amiguetes con subvenciones diversas, concesiones públicas, etc.".

"O, a ciertos artistas del trinque, con ayudas sin tasa ni control ni justificación de ninguna clase; o, en ciertos casos de diputados y senadores nacionales - por no hablar de los eurodiputados - me he comprado un piso en la capital de España y lo he puesto a nombre de un hijo, familiar cercano o testaferro, pagándolo con las dietas por no residir oficialmente allí; o, en el caso de los mandamases de los dos partidos políticos que han protagonizado la herencia de la prostituida Transición, he cobrado en dinero negro lo que mi excelsa dignidad – indignidad, más bien, en casos evidentes -, se ha merecido por dedicarme a los demás por encomiable vocación de servicio público – cara dura elevada a la enésima potencia en señalados -; y, en el caso de insignes cesantes, tras bajarme del coche oficial me he subido a la lustrosa, ociosa y rentabilísima alfombra mágica de instituciones o en consejos de administración de grandes empresas, que antaño fueron públicas o que se manejan bien con la Administración, multiplicando hasta el infinito las remuneraciones anteriores que obtenía de la cosa pública, sin trabajo o responsabilidad clara que asumir”.

Y todo ello arruinando, de paso y en sonados ejemplos, todo tipo de Administraciones. ¿Sigo yo malpensando - como la mayoría y con razón - o lo hacen ustedes?

Los cortesanos inoportunos
Esa impresión daba cuando las cámaras de la domesticada TVE enfocaban a los dóciles asistentes al acto en la cámara donde reside la soberanía nacional. Y ya, cuando han ido pasando en el Palacio de Oriente ante sus nuevas majestades los primeros de los dos mil invitados, la sonrisa irónica y escéptica por el espectáculo anterior se ha tornado en indignación al ver a un envarado y cortesano Botín hacer el rendibú liderando a los que seguramente encabezarían la lista de los más despreciados por la ciudadanía española tras los propios políticos.

¿Es que no tiene consejeros bien informados el nuevo rey? ¿De qué le sirve el loable ejercicio de acordarse de los parados en su discurso cuando se deja pelotear por algunos de los principales responsables de la crisis que padecemos? ¿No hay en España otros representantes del pueblo que los presidentes de empresas que han subido los recibos del consumo diario y necesario de las familias españolas – electricidad y gas por ejemplo - o las comisiones, o los intereses, o que han desahuciado a miles, o que han aprovechado la tímida y parcial – solo beneficia a las grandes empresas y bancos - reforma laboral de Rajoy para hacer ERE ignominiosos y echar a la calle a miles de empleados con toda su vida laboral ligada a ellas y con nulas posibilidades de reincorporación al mercado?

Una ocasión marchita
¡Qué oportunidad ha perdido Felipe VI, dentro de su impecable y emocional discurso formalista y conservador, con algunas tímidas y esperanzadoras novedades, para hacer un llamamiento a la España del futuro empezando por cuestionarse hasta la propia herencia recibida! España no es monárquica, señor, debería haberle dicho alguno de sus cercanos.

Y más: a los españoles se les gana por el corazón y la valentía, aparte de por solucionarle sus problemas. Aunque sean capaces de emocionarse cuando alguien apela a sus padres o a las víctimas del terrorismo como hizo muy bien el nuevo rey. La mayoría de la ciudadanía española fue juancarlista por los méritos contraídos por su padre en momentos clave de nuestra historia reciente. Pero nunca fue monárquica, como tampoco lo es ahora.

Le habrá bastado para darse cuenta de ello el deprimente espectáculo de las calles céntricas de Madrid durante su recorrido. Unos decenas de millares de banderitas repartidas oportunamente para la ocasión, pero ni una pancarta espontánea ni nada por el estilo, como hemos tenido ocasión de contemplar en otras manifestaciones populares. Y prohibiendo o reprimiendo, además, manifestaciones republicanas naturales convocadas ad hoc.

Recuerde, o haga que le pasen reportajes antiguos, y no tanto. En los anteriores regímenes, en el nuevo, en conmemoraciones deportivas, en reivindicaciones políticas o sociales, en manifestaciones espontáneas, etc., un Madrid festivo y con buen sol le ha rendido a usted un desolador homenaje. Con el colofón de una plaza de Oriente, otrora escaparate de todas las Españas, donde solo unos centenares de curiosos más que otra cosa han coreado con enorme timidez lo de "¡Felipe, Felipe!"

El necesario refrendo popular
Alguien debería aconsejarle al nuevo rey que busque el tiempo de la nueva monarquía en la España renovada, que dice, en la ilusión, la esperanza y el entusiasmo de esa España que de tan buena se conforma con poco. Quizás ahora solo con que se le tenga en cuenta imaginando caminos de la tarde, como diría el poeta. Tal vez haciendo a los españoles actuales protagonistas de su tiempo llamándoles a una consulta sobre su futuro, que debería ser el del propio Felipe VI. Eso sería empezar a cumplir la promesa de ser un ejemplo para todos, que no es poco, como ha venido a decir en su proclamación. Y sin caras duras, ni rancias ceremonias blandas, por favor y por usted mismo.

Mañana, don Felipe, será tarde.

Mamá, quiero ser artista
Almudena Negro www.gaceta.es 20 Junio 2014

Jorge Vestrynge, de la derecha inmovilista de Alianza Popular a la izquierda inmovilista de Podemos.

No sabe cómo hacer para llamar la atención y aparecer en los medios, aunque el personaje, que está más preparado intelectualmente de lo que sus habituales astracanadas permiten adivinar, sigue la misma línea desde hace décadas. Ya apuntaba maneras cuando era Secretario General de Alianza Popular y conocido por sus apariciones en revistas del corazón, de la mano de su entonces esposa, la bellísima, María Vidaurreta y sus salidas de pata de banco. Que al final se dedicara a espiar a su padre político, Manuel Fraga, para ir a largarle el cuento al entonces todopoderoso Alfonso Guerra, como descubrieran los escoltas de los políticos por la indiscreción de uno de ellos (“ayer el señorito estuvo hasta altas horas en Moncloa”), visto con retrospectiva, fue sólo una más entre tantas. Jorge Vestrynge, de la derecha inmovilista de Alianza Popular a la izquierda inmovilista de Podemos. Ideológicamente, aunque pudiera parecer lo contrario, siempre ha estado en el mismo sitio: contra la libertad.

Pues bien, el pasado jueves, día de la proclamación real que me tiene empalagada de tanto peloteo, baboseo y miel que desprenden plumillas y tertulianos cortesanos, capaces de alabar lo inalabable, Vestrynge fue detenido en plena Puerta del Sol en una algarada nada republicana y sí muy chequista, organizada por ese movimiento totalitario conocido como 15-M que los listos y algunos buenistas nos quisieron vender en su día como transversal. La bufonada de los de las acampadas no fue nada republicana, puesto que la república, hay que decirlo, absolutamente nada tiene que ver con banderas de la URSS o nostalgias del Frente Popular y el guerracivilismo. No hay mayor sostén para la Monarquía que estos autoproclamados republicanos de la bandera aconstitucional. De Pablo Iglesias a Ynestrillas. A ver si alguien les explica que en España, en puridad, jamás ha habido república, puesto que la primera fue un breve paréntesis y a su adorada segunda república no le dejaron serlo, precisamente los que ahora pasean la bandera tricolor, en clara reivindicación de la media España contra media España. En este sentido, cabe recordar a Oriana Fallaci y su magnífica frase de que los antifascistas son los nuevos fascistas. Por cierto, casi el último en levantarse contra esa II República adorada por Vestrynge fue Francisco Franco. Mucho antes lo habían hecho socialistas y el PSOE en Asturias. Las cosas como son.

La foto de la detención dio el jueves la vuelta a la red, para choteo de algunos e indignación de otros. Objetivo conseguido. Se vuelve a hablar de él.
- Mamá, quiero ser artista.
- Que sí, Jorgito, que sí. Métete en política.

Europa, entre nacionalismos esencialistas y populismos
José Rosiñol Lorenzo Periodista Digital 20 Junio 2014

Europa sufre el azote de los identitarismos, una epidemia etnocentrista que une ansiedad y miedo, ansiedad de quién ve cómo se han desmoronado los marcos culturales e ideológicos sobre los que se basaban la confianza en un econosistema mucho más frágil (y mucho más inhumano) de lo que muchos estaban dispuestos a reconocer, y miedo por conservar lo propio, por mantener la ficción de lo que se creía permanente, por tener que reforzar referentes cercanos, por creer que lo próximo es más real, más palpable que un discurso generalista, ampliado, lejano.

Porque eso es precisamente lo que en estas elecciones la política ha transmitido a la población, la lejanía hacia Europa, esa la obsesión por “nacionalizar” una campaña que debería ser europea hace que con cada elección al Parlamento europeo perdamos una oportunidad (más) para construir el sueño de crear una auténtico sentimiento de ciudadanía europea que interiorice en cada uno de nosotros la máxima de “unión en la diversidad”.

Pero no solo eso, es aún peor, esa indiferencia hacia el proyecto europeo da pábulo a los que preconizan las maldades de la Unión Europea, a quiénes personalizan en el “otro” en una desdibujada y amenazante alteridad, paradójicamente los “otros europeos”, sus propias contradicciones, desatando miedos atávicos hacia ese meta-relato llamado Europa, reforzando narraciones esencialistas, enarbolando discursos populistas que azuzan los narcisismos de las pequeñas diferencias, pequeñas diferencias que, gracias a la homogeneización cultural derivada de la globalización, son fácilmente manipulables siendo utilizadas como caldo de cultivo para las más espurias opciones políticas.

Esta ola de populismo que barre el continente europeo tiene diversas caras, pero hay algo que les une a todos ellos, y es la propalación de un falso sentimiento de pertenencia, ya sea este tribal, social o identitario, cada uno con su discurso restringido, con su banderín de enganche en forma de soflama nacionalista o de sentimiento de clase, todo ello trufado de una más que preocupante tolerancia hacia una creencia nada democrática que concibe como razonable (e incluso deseable) la graduación de los derechos ciudadanos en función a adscripciones identitarias, nacionales o sociales.

Si nos fijamos, los movimientos de extrema derecha populistas, los partidos xenófobos y los nacionalismos esencialistas tienen en común una obsesión por representar al “pueblo” a su pueblo uniformizado o simplemente silenciado, por reforzar la voluntad política y el voluntarismo ideológico con un enemigo, esa alteridad de la que hablaba más arriba, alguien al que achacar todos los males de un tiempo en el que, más que nunca, parece que todo lo sólido se desvanece en el aire, por ello, ante esta presión sobre la democracia, sobre los auténticos derechos de los ciudadanos, sobre la sagrada esfera privada del individuo, tenemos la responsabilidad de mejorar la cultura democrática, tenemos que modernizar las instituciones, tenemos que acercar la política a las personas.

Como catalán profundamente europeísta no quiero acabar este artículo sin mencionar el torticero planteamiento que los partidarios de la secesión de Cataluña del resto de España, aquellos que a pesar de saber que nos apearían de la Unión Europea, la retorcida instrumentalización que han hecho de estas elecciones al Parlamente europeo, durante toda la campaña CiU, ERC e ICV han reclamado el voto masivo para legitimar su llamado “proceso independentista”, han pretendido hacer creer a la población que algo tan importante como Europa es secundario ante sus planes esencialistas de ruptura y sumisión de la diferencia.

De hecho el “gran éxito” de participación en estas elecciones, ese exiguo 47,63%, sirve al Presidente de (algunos) catalanes, Artur Mas, para exclamar que las fuerzas partidarias del referéndum de autodeterminación son claramente mayoritarias y que “el proceso” es “la voluntad del pueblo catalán”, quiero resaltar algún dato que creo relevante, primero ¿cómo es posible que el 55,83% de los votos (que supone el 26,59% del censo electoral) equivalga a la “voluntad del pueblo catalán”?, ¿acaso (y a pesar de la enorme campaña de publicidad secesionista) la gran movilización del independentismo se limita a una vergonzante participación del 47,63%?

Por último, ¿no es demasiada casualidad que el porcentaje de los que han apoyado el soberanismo en estas elecciones europeas sea muy similar igual a los que votaron a favor al Estatut-trampa del 2006 gestado por el nacionalismo catalán disfrazado de socialismo “catalanista” con una participación del 48,85% y unos votos a favor del 73,9% que suponían un 36,6% del censo electoral…?, ¿acaso estos datos no son pistas más que fiables del verdadero apoyo al independentismo?.

La inmersión es un modelo de éxito
Rafael Arenas García www.cronicaglobal.com 20 Junio 2014

Intentaré expresar con claridad algunas cosas que son conocidas por todos.

En primer lugar, la inmersión en la escuela catalana no tiene un objetivo pedagógico, sino político. Como consecuencia de ello las críticas que se pueden hacer al modelo son tanto pedagógicas como políticas.

"El aumento de la presencia del castellano sería terrible para el auténtico propósito del modelo: la transmisión de que la única lengua sobre la que ha de articularse la sociedad catalana es el catalán

El objetivo de la inmersión no es un buen conocimiento del catalán y del castellano por parte de los alumnos sino que estos alumnos asuman que la lengua de utilización normal en Cataluña es el catalán y que cualquier otra lengua es, en cierta forma, una anomalía que ha de ser corregida. Esto afecta también –y diría que especialmente- al castellano, lengua cooficial en Cataluña y materna de más de la mitad de los catalanes.

Que la inmersión carece de justificación pedagógica es bastante claro. Si el objetivo fuera que los alumnos dominasen el catalán y el castellano al acabar sus estudios ¿cómo es posible que la receta para ello sea la inmersión en catalán tanto para aquellos que tienen como lengua materna el castellano y se mueven en un entorno fundamentalmente castellanohablante como para quienes tienen como lengua materna el catalán y se mueven fundamentalmente en un entorno catalanohablante? Es incoherente que la inmersión en catalán sea el método adecuado para casos tan diferentes. Como digo, las razones que justifiquen la inmersión no hay que buscarlas en la pedagogía, sino en la política, y eso tiene que ser expresado de forma directa y clara. Lo que se pretende no es el conocimiento de ambas lenguas, y ni siquiera su uso, sino la asunción de la idea que la lengua que ha de ser utilizada en Cataluña es el catalán (y de ahí el expreso propósito de potenciar su utilización también fuera de las horas de clase).

Esto explica también las desmesuradas reacciones a cualquier intento de aumentar la presencia de la lengua castellana en la enseñanza. No creo que nadie sensatamente pueda pensar que el hecho de que alguna asignatura se imparta en castellano (conocimiento del medio, por ejemplo) pueda afectar al conocimiento del catalán que el alumno obtendrá al final de sus estudios; pero tal aumento de la presencia del castellano sería terrible para el auténtico propósito del modelo: la transmisión de que la única lengua sobre la que ha de articularse la sociedad catalana es el catalán.

"El que en un sistema de inmersión obligatoria en catalán los resultados sean mejores en los alumnos que tienen el catalán como lengua materna no debería, sin embargo, sorprender a nadie: el estudio en la lengua materna favorece el aprendizaje

Lo anterior explica el sentido profundo de las otras dos ideas sobre las que se apoya la defensa de la inmersión: que es un modelo que favorece la cohesión social y se trata de un modelo de éxito. Sobre lo primero nada que objetar si la cohesión social es interpretada en el sentido que se deriva del planteamiento político que justifica la inmersión; esto es, cohesión social como asunción por todos los alumnos de una concepción de Cataluña como comunidad articulada sobre la base de un idioma común, el catalán, identificada con otras comunidades que tengan el mismo idioma común y separada de aquellas que no sean de lengua catalana. En este sentido la inmersión contribuye a la cohesión social de una forma determinante, porque facilita la construcción de un imaginario colectivo que se nutre también de una muy particular presentación de la historia y de una política cultural que acentúa las divergencias entre Cataluña y el resto de España.

Si consideramos, en cambio, la relación entre inmersión y cohesión social en el sentido de que favorezca la igualdad de oportunidades con independencia del origen social o de la lengua materna del niño observaremos que la inmersión en nada favorece estos objetivos. Ningún indicador o estudio avala que la inmersión favorezca una sociedad más cohesionada [tal como ha mostrado Mercè Vilarrubias] y, sin embargo, se encuentra el dato preocupante de que los resultados de los alumnos que tienen como lengua materna el castellano son peores que los de aquellos estudiantes que tienen como lengua materna el catalán [véase el artículo de Sonia Sierra sobre el tema]. Así, en el caso de la competencia en matemáticas las diferencias entre catalanohablantes y castellanohablantes era de 34 puntos, y si se "neutralizaban" las diferencias socieconómicas esa diferencia era de 13 puntos [Equitat, excel·lència i eficència educativa a Catalunya, p. 48] ¿Se puede hablar de cohesión cuando hay una diferencia de resultados tan significativa derivada de la lengua materna del alumno?

El que en un sistema de inmersión obligatoria en catalán los resultados sean mejores en los alumnos que tienen el catalán como lengua materna no debería, sin embargo, sorprender a nadie, ya que existe un amplio acuerdo en que el estudio en la lengua materna favorece el aprendizaje [así lo declara sin problemas la UNESCO]. En Cataluña, sin embargo, se prefiere renunciar a esta ventaja (la de que los alumnos utilicen en su aprendizaje la lengua materna) a fin de conseguir esa "cohesión social" que, como digo, solamente puede entenderse en una clave puramente política: asunción generalizada de la idea de que Cataluña es una comunidad articulada en torno a la utilización del catalán. A este fin se sacrifica lo que podría ser una mejor formación de los alumnos que tienen como lengua habitual el castellano.

"La asunción de la inevitabilidad de un pretendido derecho a decidir colectivamente el futuro político de Cataluña no sería posible si no se hubiera interiorizado el carácter diferente y separado de la comunidad catalana identificada a partir de la lengua

Evidentemente, en esta clave ha de interpretarse también la otra idea sobre la que se asienta el argumentario favorable a la inmersión: se trata de un sistema de éxito. Bien, ¿qué hemos de entender por éxito? De nuevo el éxito tiene que interpretarse en clave política, y no es otro que el que una parte importante de la población asuma precisamente esa idea de Cataluña como entidad diferenciada y articulada sobre la base de un idioma diferente. Desde esta perspectiva el éxito es evidente –y de nuevo aquí hay que tener en cuenta también la actuación de una cierta presentación de la historia y la utilización de una determinada política cultural. Y el éxito se mide no tanto por el número de jóvenes que se declaran independentistas (aunque es elevado, sin duda) como por la naturalidad con la que se ha asumido en el último año la inevitabilidad de un pretendido derecho a decidir colectivamente el futuro político de Cataluña; asunción que no sería posible si no se hubiera interiorizado el carácter diferente y separado de la comunidad catalana identificada a partir de la lengua. Aquí, de nuevo, el papel de la inmersión es fundamental.

Este es el único éxito de la inmersión, ya que en cuanto a fracaso escolar Cataluña y en lo que se refiere a las competencias que alcanzan los estudiantes catalanes los resultados no son excesivamente halagüeños. Con datos de 2013, el abandono escolar en Cataluña se situaba en el 24%, muy por encima del 8,8% del País Vasco, el 11,8% de Cantabria, el 12,8% de Navarra o, incluso, el 20,2% de Madrid. ¿Es esto un éxito para el sistema de inmersión? En cuanto a los resultados del Informe Pisa, Cataluña se sitúa hacia la mitad en la tabla de Comunidades Autónomas españolas, por detrás de varias que tienen una renta per cápita inferior a la de Cataluña, y por detrás de otras Comunidades Autónomas con también lengua cooficial (País Vasco y Navarra) ¿Es esto, de nuevo, prueba del éxito del sistema de inmersión?

Como digo, nada de esto afectará a los apóstoles de la inmersión porque ellos saben que el éxito del sistema no se encuentra en datos como los que acabo de aportar, sino en la tarea que cumple dentro de la construcción nacional catalana y aquí, como digo, el éxito es indiscutible.

Así pues, la inmersión encuentra su fundamento en un claro propósito político al servicio del cual se sitúan consideraciones pedagógicas y docentes. Creo que es conveniente hacerlo explícito para que quienes defienden la inmersión sean conscientes de que las consecuencias de ese instrumento trascienden el ámbito puramente educativo.

Socialismo bolivariano: camaradas, ¡prostitución o muerte!
S. McCoy El Confidencial 20 Junio 2014

La vorágine de acontecimientos alrededor del planeta ha dejado en segundo plano lo que está sucediendo en Venezuela, realidad económica sobre la que hemos escrito ya unas cuantas veces en Valor Añadido, la última el pasado mes de febrero (VA, “Guía rápida para entender el caos venezolano”, 14-02-2014).

Entonces señalamos que cabía esperar lo peor, toda vez que el país se encontraba en una situación límite. Los acontecimientos se han precipitado. Así se desprende, al menos, de la última crónica remitida por el enviado especial de Financial Times a su diario el pasado viernes. “No hay” es el ilustrativo encabezamiento de la misma, expresión que, afirma, se repite como un mantra por las cuatro esquinas del territorio cuando de adquirir bienes de primera necesidad, incluida el agua, se trata. "Ni para ducharse, ni para comprarla en el supermercado". ¡La leche…! Ups, perdón. De eso tampoco.

Una escasez que ha disparado la inflación interanual por encima del 60% acelerando la devaluación del bolívar en el mercado negro local, ese "perverso lugar diseñado por la burguesía para destruir el socialismo" (el gran Maduro dixit). Los dólares son un preciado tesoro no sólo como depósito de valor, sino como medio de pago de extraordinario poder adquisitivo en los tiempos que corren, toda vez que las propias necesidades del Estado han limitado sustancialmente su circulación. Quien tiene un billete verde tiene una joya.

Como ya ocurriera en Cuba en la década de los 80, esta realidad ha convertido a las prostitutas en las verdaderas banqueras del pueblo. Los servicios a los clientes extranjeros son cobrados en moneda norteamericana que, de manera inmediata, es puesta a disposición del mejor postor (Bloomberg, “Venezuelan prostitutes earn more selling dollars than sex”, 09-06-2014). Frente a los 6,3 bolívares por dólar en que está fijado el cambio oficial, y los 50 por los que transita el semioficial puesto en funcionamiento en marzo (Sicad II), las meretrices pueden llegar a recibir, en función de cómo haya ido la cosa y el dinero que haya fluido en su área de influencia, hasta el doble de esa cantidad. Algo parecido sucede con todas aquellas actividades que tienen contacto frecuente con el turista como empleados de hoteles, taxistas o guías turísticos, profesionales que se han convertido en el verdadero sostén de sus familias, al ganar en un día lo que al resto de sus miembros, en otras ocupaciones, les llevaría un mes.

Podría parecer algo anecdótico, pero no lo es. Se trata de un síntoma recurrente cuando la falacia socialista trata de imponer su modelo en estado puro, ese propugnado ardorosamente, por otra parte, por nuevas y asamblearias formaciones políticas de reciente irrupción. Triste propuesta aquella que convierte la prostitución en la salida más digna para los ciudadanos de un país. O en la única para muchos de ellos. Terrible. Ni la Fantine de Los Miserables.

Afirmamos hace poco más de cuatro meses, "la revolución bolivariana hace agua" (ya no, se acabaron las existencias). "La propaganda oficial suena a estas alturas a broma macabra. Todos los indicadores económicos y sociales conducen al caos. No hay parámetro que se salve (…). La única escalera de incendio potencial podría ser un cambio de régimen que se antoja inviable a día de hoy. Sin él, la posibilidad de una dictadura formal, no soterrada, gana peso por momentos como huida hacia ninguna parte de consecuencias aún más inciertas". Pues bien, ese diagnóstico cobra hoy más vigencia que nunca a la luz de los acontecimientos.

No se sorprendan cuando ocurra. Cada vez queda menos. El coronel llama a su puerta.

Al tiempo.

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Teoría de ventanas rotas
Raúl González Zorrilla. Director.  La Tribuna del País Vasco 20 Junio 2014

Este artículo fue publicado inicialmente en mi libro "Territorio Bildu" (Ediciones Naves en Llamas, 2013)

Si vives en la Guipúzcoa de Bildu, acabas pensando indefectiblemente en el tema de las normas de educación o, más bien, en lo que supone la casi total ausencia de éstas. Probablemente, cinco décadas de barbaridades etarras y de totalitarismo nacionalista, reforzadas por la inhibición del Estado y la incapacidad de las instituciones para defender los valores democráticos frente a los innumerables desprecios a la dignidad humana que en esta tierra continúan produciéndose, son factores que han contribuido no poco al surgimiento de un espacio geográfico fantasmal y éticamente desértico en el que las relaciones entre sus habitantes no están marcadas por la cooperación, el entendimiento o la concordia, sino por la sospecha, la desconfianza y la amenaza permanente a la utilización de la fuerza.

La caída en esta espiral de despropósitos y de destrucción moral de la que hablamos resulta fácil de entender. Si un bien supremo como el derecho a la vida ha sido cómodamente quebrantado por criminales que posteriormente son de mil formas justificados, si quienes jamás han condenado un asesinato son situados en puestos de máxima responsabilidad política o si la tolerancia y la civilidad resultan habitualmente destrozadas por individuos que en muy escasas ocasiones reciben la sanción correspondiente, resulta razonablemente comprensible que, a fuerza de insistir en la ignominia, al final, en las calles de numerosos municipios del País Vasco y de Navarra se hayan impuesto colectivamente la vulgaridad más abyecta y la prepotencia más obscena como las opciones más rápidas para que cualquiera consiga lo que desea.

La educación no es más que un baño de civilización que los individuos adquirimos para evitar los muchos roces, colisiones y conflictos que pueden surgir en sociedades complejas y plurales como las occidentales. Cuando esta pátina de seguridad se resquebraja tolerando lo inadmisible y justificando lo injustificable, se entra en una dramática caída hacia el envilecimiento que luego siempre resulta muy difícil, cuando no imposible, de detener. A lo largo de los años, en el País Vasco, en general, y en Guipúzcoa, en particular, se han roto todos los muros de contención de este torrente que nos lleva inevitablemente a las más altas cotas de la estulticia y de la miseria.

Cada vez que se falta al respeto a alguien coaccionándolo impunemente, en cada ocasión en la que se desprecia a los mayores insultándoles en la calle, en el momento en el que se atacan los valores que constituyen los ejes centrales sobre los que se vertebran nuestras comunidades, cuando se profanan monolitos o tumbas o se destrozan elementos simbólicos del mobiliario público, se están cometiendo actos delictivos que deben ser sancionados por la ley, pero, además, se está inyectando en el cuerpo social un acervo de comportamientos desaprensivos e indecentes que, en poco tiempo, siempre acaban por contaminar en mayor o menor medida todas las relaciones que vertebran y definen a una determinada comunidad. Es la “Teoría de las ventanas votas” de los sociólogos James Q. Wilson y George L. Kelling: “Consideren un edificio con una ventana rota. Si la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas ventanas más. Finalmente, quizás hasta irrumpan en el edificio, y si está abandonado, es posible que sea ocupado por ellos o que prendan fuegos adentro”.

Miro a mi alrededor en esta San Sebastián casi siempre lluviosa y brumosa y veo demasiados luceros rotos. Entiendo que detrás de un joven que desestima con desdén las órdenes de una autoridad se encuentra otro chaval que antes ha dibujado dianas proetarras en el instituto; que a las espaldas de un ciudadano que hace caso omiso a las indicaciones de un ertzaina (policía autonómico) se esconde otro cuyo principal objetivo es “señalar” a los miembros de la policía local; que debajo de cada desavenencia no resuelta por vías civilizadas se halla la pérfida idea de que la solución a muchos problemas es más efectiva si se emplean “alternativas más crueles” y, en fin, comprendo que en los cimientos de muchos comportamientos pendencieros, ariscos y bravucones de hoy puede rastrearse la huella indeleble de quienes durante demasiados años aullaron el ¡ETA, mátalos!.

Entender que la educación más elemental es, en el fondo y en la forma, la manera más elaborada del respeto hacia los semejantes, comprender que ésta es básica para una convivencia en paz y en libertad, y asumir, por otro lado, que cada acto de incorrección con los demás, sea éste destructivo o no, nos acerca un poco más a la brutalidad de la selva, son elementos que, junto con otros muchos, resultan básicos para demoler los pilares de la violencia y el terrorismo.

El periodista y escritor británico Thomas de Quincey ya lo advirtió hace más de un siglo: “Si uno empieza por permitirse un asesinato pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no se sabe dónde podrá detenerse. La ruina de muchos comenzó con un pequeño asesinato al que no dieron importancia en su momento”.

 


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