AGLI Recortes de Prensa   Sábado 21  Junio  2014

El concierto de las lenguas
xavier pericay ABC Cataluña 21 Junio 2014

Las lenguas de España no favorecen el diálogo entre españoles; solo la castellana

La apelación de Don Felipe VI, en su discurso de coronación, al «concierto de las lenguas» de España y su afirmación de que estas constituyen «los puentes para el diálogo de todos los españoles» ha venido a coincidir con la noticia de que la Consejería de Educación del Principado de Asturias tiene previsto implantar en el próximo curso escolar, en la etapa de primaria, la enseñanza del bable y de la cultura asturiana en detrimento de la de una segunda lengua extranjera. Como es sabido —y como algunos columnistas han recordado ya—, las lenguas de España no favorecen el diálogo entre los españoles; más bien lo dificultan. Sólo una, la castellana, cumple desde hace siglos con esta función y es por ello por lo que la Constitución la reconoce como la única oficial del Estado. Así pues, la inclusión en el discurso real de esa mención a la bondad comunicativa de la pluralidad lingüística española no puede sino entenderse como una concesión a la galería nacionalista o, en otras palabras, como un aserto falsable. Lo que demuestra hasta qué punto el simbolismo idiomático, con todo lo que conlleva, sigue condicionando nuestras políticas públicas.

Como muestra del alcance del sarampión, la decisión de la Consejería asturiana. Con el agravante además de que en Asturias no gobierna, que se sepa, ninguna forma de nacionalismo periférico, sino la izquierda toda, amparada en la condescendencia de un diputado de UPyD. Y con la circunstancia, nada menor, de que el bable ni siquiera es lengua cooficial en el Principado. Por supuesto, nada tengo contra el hecho de que esta lengua —o cualquier otra que alguien considere oportuno rescatar de las tinieblas— pueda ser enseñada y aprendida en la escuela. Pero siempre como una opción. Que la única alternativa a la asignatura de «Lengua asturiana» vaya a ser, a partir de septiembre, «Cultura asturiana», orillando de este modo la posibilidad de cursar un segundo idioma extranjero, supone una conculcación del derecho de los padres a escoger para sus hijos entre lo ornamental y lo útil. O sea, del derecho a ejercer con plena conciencia y responsabilidad su paternidad.

Referéndum
miquel porta perales ABC Cataluña 21 Junio 2014

¿El pueblo español debería votar si quiere una reforma que tase y cierre el Sistema Autonómico?

Dicen: como la forma de Estado no fue refrendada específicamente en 1978, se debe someter a consulta ahora que el Rey Juan Carlos I ha abdicado y Felipe VI ha sido proclamado Rey. Si usted arguye que la Constitución española-que declara que «la forma política del estado español es la Monarquía parlamentaria»- fue refrendada por una amplia mayoría de ciudadanos, si usted replica eso, le responderán que en una democracia la forma de Estado ha de ser refrendada expresamente por el pueblo. Con semejante criterio, en el Reino Unido, Dinamarca, Holanda, Suecia, etc., el pueblo también debería votar si quiere o no la Monarquía.

Por su parte, en Francia Alemania, Austria, Italia, etc., el pueblo también debería votar si quiere o no la República. Y el pueblo de Alemania e Italia debería reclamar un cambio constitucional inmediato -que sería refrendado: eso es la democracia- si tenemos en cuenta que los presidentes de la República de ambos países no son elegidos -propiamente hablando- por el ciudadano, sino por el Parlamento. ¿Dicen ustedes -así funciona la democracia parlamentaria- que allí el pueblo elige a los diputados que, a su vez, eligen al presidente de la República? Cierto. Como cierto es que en España ocurre exactamente lo mismo cuando se trata de proclamar al Monarca. ¿Acaso lo que vale para Alemania e Italia -o el Reino Unido, Dinamarca, Holanda, Suecia, Francia, Portugal, etc.- no vale para España? A eso se llama ceguera, obcecación, fanatismo.

Ya que los más demócratas entre los demócratas hablan de cuestiones que no fueron refrendadas específicamente por el pueblo, me permito recordar el Título VIII de la Constitución.

El pueblo no votó específicamente, por ejemplo, el Capítulo Tercero de dicho Título que reza así: «De las Comunidades Autónomas». ¿El pueblo español debería refrendar el Sistema Autonómico? ¿El pueblo español debería votar -por ejemplo- si quiere una reforma que tase y cierre el Sistema Autonómico? Digo yo que eso debe ser la democracia.

Reforma fiscal
Montoro reivindica a Zapatero
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 21 Junio 2014

Situémonos por un momento durante la campaña electoral del año 2011. En aquel entonces, el Partido Popular prometió una rebaja de impuestos que, según nos explicó, se vio posteriormente frustrada por dos obstáculos imprevistos: el primero, el déficit público de 2011 no había cerrado en el 6% del PIB, tal como se había comprometido el Gobierno de Zapatero, sino por encima del 9%; el segundo, las perspectivas de crecimiento económico para 2012 y 2013 habían virado radicalmente hacia una profunda recesión. Como consecuencia de ello, el PP se vio forzado a enmendar su programa electoral y a incrementar aquellos impuestos que había prometido bajar.

Volvamos ahora a mediados del año 2014. Según nos relata el ministro de Hacienda, este año hemos regresado al crecimiento económico y vamos camino de cerrar el año con un déficit inferior al 6% del PIB. Es decir, a mediados de 2014 nos hallamos justo en el contexto macroeconómico dentro del cual el Partido Popular se comprometió a bajar los impuestos con respecto a los niveles del año 2011. ¿Y qué nos ha ofrecido hoy Montoro con su tan esperada reforma fiscal?

Pues, resumidamente, un retorno global del IRPF al estatus de 2011 con una cierta redistribución interna de las cargas fiscales (menor tributación de las rentas bajas, una tributación algo mayor en las rentas altas). Acostumbrados como estábamos al barbarismo fiscal del PP, sin duda esta minoración de la mordida impositiva es bienvenida y sirve para compensar una pequeña parte de los despropósitos acometidos por el tándem Rajoy-Montoro durante los últimos años. Ahora bien, regresar al estatus de 2011 no es rebajar los impuestos con respecto a 2011.

Fijémonos, si no, en los tipos nominales del IRPF proyectados para 2016: las rentas entre 12.450 euros y 20.200 padecerán un tipo nominal del 24%, idéntico al que abonaban las rentas de hasta 17.707 euros en el año 2011; las rentas entre 20.200 y 35.200 euros sufrirán un tipo nominal del 30%, dos puntos superior al que soportaban las rentas entre 17.700 y 33.007 euros en el año 2011; las rentas entre 35.200 y 60.000 experimentarán un gravamen del 37%, el mismo que afligía a las rentas de entre 33.007 y 53.407 euros en 2011; y, por último, las rentas de más de 60.000 euros pagarán el 45%, frente a la escala del 43%, 44% y 45% que soportaban en 2011 las rentas de más de 53.407 euros.

Es verdad que los tipos nominales no son los que efectivamente terminan pagando los contribuyentes: por ejemplo, la inclusión de un nuevo tramo del 19% para rentas inferiores a 12.450 euros rebajará el tipo efectivo medio de todos los contribuyentes. Y, de hecho, si damos por válidos los cálculos ofrecidos por Montoro, la tributación real por IRPF se reducirá con respecto a 2011 para todos los contribuyentes con rentas inferiores a 60.000 euros anuales, si bien las clases medias apenas se beneficiarán de una rebaja inferior al 5% de la carga fiscal que padecían con Zapatero.

Es más, si insertamos esta rectificación tributaria dentro del conjunto de la política fiscal del Ejecutivo de Rajoy desde el año 2012 (computando las subidas sobre Sociedades que no se enmendarán y, sobre todo, la de la imposición indirecta), el saldo sigue siendo deplorablemente negativo: a pesar de la rebaja del IRPF anunciada hoy, en 2016 los españoles pagaremos en impuestos 40.000 millones de euros más que en el año 2011 como consecuencia directa de los cambios normativos aprobados por el Gobierno central y los autonómicos. Han leído bien: 40.000 millones de euros más. Una modesta cifra que evidentemente opaca los 7.000 millones de alivio fiscal que se han anunciado hoy a cuenta de la reforma del IRPF; una modesta cifra que, además, quedará subordinada a dos acontecimientos futuros sobre los que cada vez este Gobierno tiene un menor margen de maniobra.

El primero, que prosiga la reducción del déficit: a menos que un tan fuerte como inesperado crecimiento económico dispare la recaudación y permita autofinanciar tanto esta rebaja tributaria como la consolidación presupuestaria, un recorte de los impuestos que no vaya seguido de una simétrica reducción del gasto público no pasa de ser un diferimiento fiscal en forma de emisión de deuda pública; a saber, los españoles pagarán menos impuestos hoy a cambio de pagar más impuestos mañana. En la actualidad, la reducción del déficit debería seguir siendo una absoluta prioridad política, especialmente cuando estamos avanzando firmemente hacia una deuda pública superior al 100% del PIB: el PP, empero, ya ha renunciado a seguir recortando el gasto, lo que convierte el alivio del IRPF en una medida coyuntura y difícilmente sostenible en el tiempo (el aumento de la recaudación previsto para 2014 se evapora en gran medida con la rebaja de 2015 y 2016). Una irresponsabilidad manifiesta, ésa de confiar el ajuste presupuestario a la incierta bonanza futura: a la postre, nada más sencillo hay que bajar impuestos sin preocuparse por la cuadratura de las cuentas.

El segundo, el calendario electoral: el tramo más ambicioso de esta reforma tributaria entrará en vigor en el año 2016, esto es, después de las elecciones generales de 2015. Si el PP no continúa en el poder (o si continúa pero el déficit se mantiene en unas cotas excesivas), ¿qué nos garantiza que la rebaja no vuelva a revertirse o a aguarse con el aumento de otros tributos incluso antes de llegar a implementarse? Si tal fuera el caso, lo anunciado hoy no pasaría de ser un mero cebo pre-electoral con fecha de caducidad ya programada: y, por desgracia, este PP alguna experiencia ha acreditado a la hora de falsear sus promesas electorales.

En suma, dejando de lado los engaños y la provisionalidad que envuelve a esta reforma, Montoro se ha comprometido hoy a revertir durante los próximos dos años el abusivo aumento del IRPF que el propio Montoro acometió a lo largo de 2012. No es una reforma que baje impuestos, ni siquiera que reduzca el IRPF con respecto a los niveles vigentes al inicio de la legislatura, pero ciertamente tampoco cabía esperar otra cosa de un partido socialdemócrata (que no liberal) como el PP. Y es que, pese a que muchos se sigan negando a aceptarlo, el PP en materia fiscal es una copia del PSOE. No en vano, ésta es una reforma fiscal que podría perfectamente haber aprobado Zapatero: es más, es una reforma fiscal que tiene como único propósito regresar al IRPF de Zapatero. Creo que no es necesario añadir nada más.

La traición nacionalista
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 21 Junio 2014

En el primer segundo de su reinado ya tuvo el rey Felipe y las Cortes, sede de la soberanía del pueblo español, en pleno, la certeza escenificada de lo que va a ser su mas grave problema y el de toda España. El separatismo catalán, con el vasco agazapado, a la espera de su momento y su inminente hoja de ruta para la secesión y ruptura del Estado.

El desabrido gesto, la impostación del rechazo, la negación del mínimo aplauso y posibilidad de cercanía a pesar de las palabras abiertas de Artus Más y el seguidismo acobardado de un Urkullu, que hizo ademán cortes de aplaudir y ante el reojo del conmilitón, se unió al desplante, escenificaron ante toda la ciudadanía lo que pretenden y nos espera. Engañarse sobre sus intenciones es, cada vez más, de una estupidez suicida.

En el Parlamento se visualizó lo que es, sin andarse por las ramas, la consumación de una traición en toda regla del nacionalismo a la Constitución y a la España democrática. No solo se rompía cualquier puente de futuro sino que se recreaba obscenamente el engaño y la felonía cometido y mantenido a lo largo de todos estos lustros y desde que comenzó a trazarse el estado de los derechos y las libertades.

Desde que se comenzó aquella andadura lo que se proclamó fue la necesidad del reconocimiento de la singularidad, la diversidad, la lengua, la cultura y el autogobierno de unos territorios que por historia y voluntad expresaban la necesidad de atender esa reivindicación como esencial para mejor encajarse en la España democrática, formar parte de ella y ayudar en la tarea común del progreso y la convivencia. Eso se acordó, se proclamó, y se votó, en el caso de Cataluña con singular entusiasmo.

Durante años y lustros todas las reclamaciones tenían el mismo sentido y la misma excusa y el autogobierno y el respeto identitarios llegaron a extremos que no tienen parangón en toda Europa. Y fue entonces, cuando alcanzadas tales cotas, se descubrió el objetivo y se destapó la trampa y la traición. Todo ello no había sido en absoluto para mejor sentirse en España sino para conseguir el clima de efervescencia nacionalista suficiente y de odio, sí, de odio a todo lo español y a cualquier espacio y proyecto comunes, que permitieran la secesión y la independencia.

Artur Más no tuvo tan solo un gesto más o menos descortés ante el nuevo Rey. Lo que escenifico fue la traición a todo lo pactado anteriormente tanto con esas Cortes Generales como con la Corona y su nula voluntad de restablecer cualquier escenario de concordia en el futuro que no pase simplemente por permitir que cumpla sus propósitos. Para Más y sus aliados, más bien jefes, de ERC el acuerdo es darles razón y entregarles todo, hasta la soberanía que el conjunto del pueblo español tiene sobre la Nación entera. O sea, llana y simplemente, rendirse.

Es cierto que en el inicio se cometieron errores y no fue menor el disparate autonómico, que por bienintencionado y positivo en aspectos descentralizadores no ha dejado de añadir un problema de taifas a esos nacionalismos, y sin resolver el problema quizás hasta lo haya enconado y creado otro nuevo. Embridar la hipertrofia autonómica, que ha comenzado, pero muy tímidamente, con la crisis y hasta plantearse reducir el número, como están haciendo en países vecinos es una tarea perentoria. Pero ello entra dentro del plano administrativo y dentro de la lealtad global y constitucional. Con el nacionalismo catalán, e insisto con el vasco en retaguardia, la cuestión es muy otro y profundamente diferente. Estamos en riesgo muy serio de sufrir el peor trauma colectivo como Nación desde hace muchos siglos. Y que nadie suponga que ello puede realizarse con impunidad y casi como si de algo baladí se tratara. Eso es no conocer ni lo que son los estados ni las naciones ni los pueblos.

El sentir muy mayoritario en el conjunto de España es buscar renovados vínculos y acuerdos y que Cataluña siga siendo lo que es, parte esencial y admirada del Estado. Pero hay algo que no puede hacerse abusando de ese sentir. Y ello no es sino pretender que España acepte unos privilegios y unos estatus absolutamente discriminatorios y denigrantes para el resto de españoles. Incluso hasta llegar a tal punto que se pueda entender que mientras ellos influyen y decidan en lo que es de todos, los demás no tengamos derecho ninguno ni a rechistar sobre lo que ellos hagan, aunque a todos nos afecte. Para que se entienda ¿Qué sentido tendría que hubiera unos representantes catalanes que influyeran como han influido en el Gobierno y nuestras leyes y no hubiera por parte de ese Gobierno, de ese nuestro estado posibilidad alguna de intervención en los asuntos catalanes?. Ni sería justo, ni recíproco ni admisible. Y ello es lo que algunos van a pretender mañana y lo que me temo otros puedan “comprar” y pretendan vendernos como solución. Que no la es en ningún caso y para nada. Pues tal remedio no haría más que agravar la enfermedad. Que va a empezar en nada a darnos fiebre.

Carta a Felipe VI: La hora de la generosidad
Valentín Carrera www.elsemanaldigital.com 21 Junio 2014

Es la hora de la generosidad. Aparco mis opiniones, irrelevantes, y pienso en el futuro de mis hijas, de las suyas y de toda su generación que aún no ha empezado el bachillerato.

Estimado amigo:
Como republicano convencido -pero hoy no se trata de mis convicciones, sino de las suyas-, le felicito por su "lo que sea" como Rey de España. Disculpe si no encuentro el verbo adecuado: sin trono, sin cetro y sin corona, sin palio ni manto de armiño, no ha sido usted entronizado ni coronado, tampoco bendecido, elegido ni nombrado. Tenemos poca práctica en esto y nos faltan verbos: algún medio lo llama relevo, otros, proclamación, pero en España proclamar tiene música militar... y no debiera ser el caso, a pesar de ese uniforme suyo con la cruz de malta, de reminiscencias masónicas.

En verdad, hoy era un día señalado para presentarse ante el mundo no como capitán general de ningún ejército, sino como el primer rey civil de la historia española. Su uniforme es un grave error que le identifica con una parte de eso llamado España, concepto sobre el que no hay consenso científico, pero hoy no es día de críticas: le escribo para desearle suerte. Ojalá acierte por el bien de todos y ese todos incluye a los pobres, a los que no ven los partidos de la Roja ni agitan banderas de ningún color, a los que no aplauden sus discursos y a los que sienten otras patrias o ninguna.

Es la hora de la generosidad. Aparco mis opiniones, irrelevantes, y pienso en el futuro de mis hijas, de las suyas y de toda su generación que aún no ha empezado el bachillerato.

Tiene usted 46 años. Supongamos que sigue el ejemplo de su padre –algo forzado por las circunstancias, ¡para qué nos vamos a engañar!-, y dentro de treinta años, cuando usted cumpla 76, cede el paso a su hija Leonor, que sería Reina de España en 2044. ¿Cómo serán España y el mundo en 2044? Si llegamos allí, ya se verá... yo espero verlo con 86 años, la edad actual de mi padre: la vida fluye.

La pregunta no es cómo será el país en 2044, sino cómo nos gustaría que fuese y cuánta generosidad estamos dispuestos a poner cada uno de nosotros para conseguirlo. Esos treinta años, el horizonte de su reinado, en los que Leonor pasará de niña a mujer, mis hijas emigrarán a Alemania y usted será abuelo, demandan un nuevo consenso social, un pacto adulto de convivencia, sin secretos ni tutelas, renovado diariamente.

Verá: ya no existe el matrimonio indisoluble, para toda la vida, real o fingido, como en tiempos de nuestros padres, en democracia no caben imposiciones ni sacramentos. Estamos en la familia de geometría variable: una inmigrante adoptada, una autonomía adolescente que se emancipa, un hijo de soltera, los sobrinos de mi ex y la amante gay de la tuya, la biodiversidad de la que usted habló en su primer discurso como Rey. O nos aceptamos siendo distintos y aprendemos a querernos o no hay futuro juntos. Mejor el divorcio que continuar con insultos y violencia doméstica.

Nadie me ha preguntado mi opinión y se han burlado de ella, pero hoy aparco mis convicciones para desearle lo mejor, pensando en nuestras hijas, y hago como que no veo su uniforme militar. Con esperanza de ser oído, me pregunto cuánta generosidad puedo esperar de usted y de quienes le han puesto ahí, que son millones de españoles, pero también hay millones de ciudadanos que no están a gusto en casa, se sienten insultados, maltratados y quieren el divorcio.

Una vez más, como hace 40 años, es la hora de la generosidad, de ceder y callar por el bien común, pero en esta familia siempre nos toca ceder y callar a los mismos, porque algunos todavía no os habéis quitado el uniforme militar. En la hora de la generosidad no necesitamos un capitán general ni una constitución manoseada, cuyos artículos sociales -derecho al trabajo, vivienda...- son papel mojado, sino un nuevo pacto de respeto y convivencia entre 46 millones de ciudadanos, todos iguales ante la ley. Usted también.

“La contaminación de la maquinaria política”
Teresa González Cortés www.vozpopuli.com 21 Junio 2014

Inherentes a la democracia son la isonomía y la isegoría, o sea, la igualdad de los ciudadanos ante la Ley y la transparencia en la toma pública de decisiones. Sin embargo, cosas de la debilidad humana, las astucias y engaños también son inseparables del homo democraticus. Y es que no es cuestión de pedir santos y héroes en la cosa pública, pero sí hora de reconocer que sin higiene política solo hay sombras, sin claridad, fraudes y mala praxis.

Observados con lupa algunos de los errores acumulados en estos últimos años, queda claro que el trabajo sobre el ágora apenas ha coincidido con lo que se lidiaba entre bambalinas. Y si Europa va cayendo en la defensa cuartelera de las ideas políticas más reaccionarias al cocinar a fuego lento la sopita de los populismos nacionalistas, en España a las tendencias citadas se suma la corrupción.

Trampas y artimañas
El rumbo de la política viene marcado por la participación de la ciudadanía y, sobre todo, por el modo de emplear los electos las instituciones del Estado. Además, verdad de Perogrullo, en ello confluyen los usos y abusos de algunos de sus protagonistas, en concreto hoy nos referimos al comportamiento servicial de ese electorado que consolida la conducta poco honrosa de los partidos. Sin duda, las multitudes de electores constituyen un factor absolutamente esencial, al menos para engrasar algunos de los movimientos desafortunados de la maquinaria política.

Con esto no afirmo que, en democracia, los niveles de responsabilidad moral recaigan por igual, o sea, al 50% entre representantes y representados. Simplemente lo que quiero decir es que, aunque las ilegalidades del, p. e., Partido Popular Valenciano o Partido Socialista Andaluz son obra directa de quien las comete y ejecuta, el votante llega a hacerse, no obstante, cómplice de tales arbitrariedades desde el momento en que deposita su voto en pro de una coalición política con historial delictivo.

¿Esto significa que quienes optan por la papeleta en blanco o quienes en clave de protesta rehúsan acudir a las urnas son más inteligentes, quizás moralmente superiores? Cabe esta interpretación y más cuando no pocas corporaciones políticas, pese a su gestión salpicada de injusticias y marrullerías, reciben dosis inexplicables de oxígeno gracias al elogio irrestricto de sus votantes. Lo cual sí es una anomalía y muy grave, toda vez que a la espiral “desdemocratizadora” que generan los actos nada ejemplarizantes de las élites se une (no ya el nulo funcionamiento de los sistemas de control y de castigo de políticos deshonestos, sino) el apoyo de sectores complacientes de la ciudadanía que, por apuntalar los excesos de los partidos políticos, son copartícipes, tras haberlos votado, de la prostitución de la idea de “bien público”.

Rómulo y Remo
Con unos gobiernos, nacionales y autonómicos, que ni cambian esas narrativas suyas, caducas, basadas en la confrontación de enemigos “a la carta” ni abandonan, quia, mitos e imaginarios, llámense éstos el sueño nietzscheano de la libertad, la dimensión obrerista del Estado socializante, el dogma inmaculado de la IIª República, la nacionalización trotskista de la política, o la erección de paraísos nacionalistas libres de disidentes; con unos partidos políticos que se erigen maximalistamente a sí mismos “padres de la democracia”; con una ciudadanía, en fin, que confunde “política” con “discurso”, que no pide nunca la cuenta de resultados y………… aún acepta las fronteras ideológicas de aquellos mapas de la primera mitad del siglo XX; digo que no deja de ser llamativo que los problemas que aquejan a las personas sigan, entre tanto blablablá de metafísica abstrusa, desatendidos, perdidos en los rincones de la vida pública.

Cierto es que las ideologías generan per se polarización e identificación, asunto que ya he explicado en otras ocasiones. Ahora bien, de ahí a ser voluntariamente un cachorro bajo el sedal del lazarillo doctrinal de turno hay un trecho. En cualquier caso, y antes de que nos convirtamos en invitados de piedra, no atino a comprender por qué en los períodos electorales ciertos votantes confunden el Estado de derecho con el partidismo del derecho de Estado; no acabo de entender por qué grupos importantes de la ciudadanía equiparan a través del sufragio la actuación de sus representantes públicos con el derecho de inmunidad al delito.

Lo dicho: como aquella leyenda de Rómulo y Remo, demasiado mítica nuestra democracia fundacional.
Carta a un nuevo rey
Luis del Pino Libertad Digital 21 Junio 2014

Majestad,
Permítame dirigirle estas líneas para informarle de lo que siento, en lo que concierne a su proclamación como nuevo Rey de España, con el nombre de Felipe VI.

Lo primero de todo, quiero felicitarle por su acceso al trono. Desde el punto de vista abstracto, soy más republicano que monárquico, pero pertenezco a ese numerosísimo grupo de españoles a quienes, en realidad, la forma de estado no les preocupe en exceso. La Monarquía no despierta en mí pasiones, pero tampoco me molesta. Miro alrededor, y veo numerosas repúblicas que funcionan perfectamente, como la alemana, la francesa o la americana. Pero veo también monarquías - como la inglesa, la holandesa o la noruega - que funcionan igual de bien que cualquier república. Por tanto, no seré yo quien dedique un minuto de su tiempo, habiendo problemas graves, a discutir sobre si la monarquía es mejor que la república o viceversa.

Pero aunque fuera republicano furibundo, seguiría felicitándole igual, aunque solo fuera por educación. Mientras no cambiemos nuestra actual Constitución por los procedimientos marcados en la Ley, usted es el Jefe del Estado y simboliza la unidad de la Nación. Y yo así lo acato.

Escuché con atención su discurso en las Cortes, para tratar de intuir cuál será su actuación a partir de ahora. Y he de decir que ese discurso me produjo sentimientos encontrados. Habló usted de unidad de la Nación, habló de transparencia, recordó a las víctimas del terrorismo... Todo eso está muy bien. Lo que pasa es que las palabras se las lleva el viento, y solo obras son amores, como usted mismo dejó entrever al citar aquella frase del Quijote: "no es un hombre más que otro si no hace más que otro".

Más me llamaron la atención, por tanto, los silencios que las palabras. Me llamó la atención, por ejemplo, que no hiciera usted ni la más mínima mención de carácter religioso en su discurso, dado que el 70% de los ciudadanos españoles se declaran católicos y dado que ostenta Vd. los títulos, entre otros, de Majestad Católica, Rey de Jerusalén y Canónigo honorífico y hereditario de la Iglesia Catedral de León y de la basílica de Santa María la Mayor en Roma. En los días posteriores, parece que ha compensado Vd. esa omisión, eligiendo El Vaticano como destino de su primer viaje oficial. Bien está esa compensación.

Tampoco entendí que no hiciera usted ni la más mínima mención a las Fuerzas Armadas, siendo como es Capitán General de los Ejércitos. Puedo entender que quisiera usted acentuar así la "normalidad" del relevo en la Jefatura del Estado, pero creo que una mínima mención a nuestros soldados en misiones internacionales no hubiera estado de más.

Como tampoco estaría de más que alguien se dignara a explicarnos (recuerde su promesa de transparencia) por qué ha cambiado usted el escudo de la Casa Real con tanta premura, especialmente teniendo en cuenta que hace tan solo un mes los representantes políticos de Amaiur reclamaban, precisamente, los cambios que Vd. ahora ha realizado. Tal vez un cierto sentido de la oportunidad política habría aconsejado postergar durante un tiempo esa decisión.

Pero reconozco que todo eso son detalles que no necesariamente tienen importancia. Su discurso fue el que es, y ahora toca remangarse y trabajar.

Y ahí precisamente es donde se centran mis preocupaciones. Como Vd. bien sabe, Majestad, España está sometida a tensiones insoportables y crecientes en el plano territorial, tensiones que amenazan esa unidad de la Nación que Vd. simboliza. Y en los medios de comunicación menudean las noticias sobre las presiones que Vd. recibe desde muy diversos sectores - los nacionalistas, el PSOE, ciertos empresarios - para que haga algún "gesto" que permita abrir una negociación entre quienes quieren romper España y quienes tienen la obligación de defender la Constitución.

En otras palabras: son muchos quienes no ocultan su intención de utilizarle a Vd. como coartada para conseguir esa ruptura de España, inmediata o a plazos, que por otros medios no consiguen. Y estoy verdaderamente preocupado por cuál vaya a ser su respuesta, Majestad. Le confieso que no tengo ni idea de si va Vd. a dejarse usar como coartada por quienes quieren destruir la Nación. Confío en que no, pero no lo sé.

Me gustaría poder darle un voto de confianza, pero me han defraudado tantas veces en estos últimos diez años, que ya no me quedan más votos de confianza que dar. No me lo tome Vd. a mal, Majestad, porque no pretendo faltarle al respeto: se trata de una simple decepción de carácter general, que no tiene nada que ver con Vd. en concreto. Me han engañado tantas veces, que no estoy dispuesto a que me engañen una más.

A eso se une una cuestión de calendario: en los próximos cuatro meses, la tensión territorial alcanzará su culmen. Si yo disminuyera ahora mi nivel de exigencia por darle un voto de confianza a Vd., podría encontrarme a la vuelta del verano con que ya todo está decidido, y en sentido contrario a los intereses de España. Y con que ya es tarde para reaccionar. Por eso, prefiero adoptar una actitud escéptica y esperar a ver cuáles son los pasos que va dando Vd. en estos primeros meses de reinado.

Déjeme decirle, Majestad, que somos muchos los españoles que estamos ya muy hartos. Hartos de ser ignorados por nuestra clase política; hartos de ser tratados como ciudadanos de segunda en amplias regiones de nuestro propio país; hartos de ver cómo nos prohíben educar a nuestros hijos en nuestro propio idioma; hartos de ver cómo los que hicieron del asesinato de españoles su negocio, se sientan ahora sonrientes en instituciones públicas; hartos de pasar estrecheces para sostener un sistema autonómico que nos arruina; hartos de ver cómo se pisotean y ningunean de manera cotidiana otros símbolos de la Nación no menos importantes que la figura de su Majestad...

Nada de eso es culpa suya, claro está. Pero sí que está en su mano ayudar ahora, desde su función moderadora constitucional, a que las cosas cambien. Y a que los "gestos" y el "diálogo" se apliquen a defender y contentar a quienes aman a España y respetan la Constitución, en vez de aplicarse, como hasta ahora, a ceder cada vez más ante quienes no asumen la Constitución y solo buscan destruir España. Somos muchos, Majestad, los españoles que no entendemos que siempre se premie al que incumple la ley y al que viola los derechos de los ciudadanos. Somos muchos los españoles que queremos dejar de sentirnos invisibles, Majestad.

Es por eso que seguiré atentamente su visita a Cataluña, programada para el próximo jueves. Tengo curiosidad por ver si en esa visita habrá algún gesto, por ejemplo, hacia todos esos catalanes que se sienten españoles y que han visto cómo el Estado les dejaba tirados hace tantos años. Tengo curiosidad por ver si en esa visita se acordará Vd., por ejemplo, de los padres que pelean infructuosamente para que les dejen educar a sus hijos en la lengua oficial del Estado. ¿Tendrá Vd. alguna palabra para ellos? ¿Les hará algún guiño? Ojalá que así fuera.

Permítame terminar, Majestad, diciéndole que, aunque me es imposible darle ya a nadie ningún voto de confianza, en realidad soy muy fácil de ganar. Y muy agradecido. Como casi todos los españoles. Sin necesidad de salirse de su papel constitucional, defienda Vd. a España y a los españoles y tendrá en mí al más leal de sus paladines.

Si no lo hace, yo no me llevaré ningún chasco: quien nada espera, ninguna decepción puede sufrir. Pero hay otros muchos españoles que sí que han saludado con ilusión su proclamación, Majestad, y que sí que sentirían de corazón ver sus esperanzas traicionadas una vez más. Le ruego que no les defraude.

Atentamente suyo
Luis del Pino

QUEREMOS UN REY DISTINTO
Un Rey nuevo para una España eterna. Y si no se lo contaron, que lea
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 21 Junio 2014

Juan Carlos I dispuso de intelectuales de primera fila en su formación, como José María Pemán. No parece haberle aprovechado. Ahora está por ver la hondura de la preparación de Felipe VI.

Una nación diferente. Para algunos, España no es ni siquiera "una más", porque los mismos que la limitan a una identidad frágil, reciente y dependiente de volubles mayorías exhiben al menos en apariencia enorme respeto por la nación francesa, por la británica a veces, por la italiana raramente y por la alemana siempre que sea una falsa recién nacida. Niegan cualquier consideración a España, que es una comunidad humana anterior a la idea de nación y no digamos a la de Estado, y la exigen para otras. Para la verdad oficial, política y académica, España casi no es, o directamente no es más que una casualidad, pero en cambio ay de quien explique las debilidad intelectual y moral del nacionalismo catalán o del vasco, e incluso de regionalismos aún más miopes.

Sí que ha habido, y sigue habiendo más que esporádicamente, visiones de conjunto de la historia de España. En lo académico, ambicioso fue el proyecto de Menéndez Pidal, aún útil el manual de Luis García de Valdeavellano, en medio de una generación no por olvidada menos brillante, y nunca podremos dejar de recurrir a la interpretación de conjunto de don Claudio Sánchez Albornoz, curiosamente tan poco leído y menos entendido por quienes hoy se dicen cercanos a sus ideas políticas. ¡Cuántos republicanos de 2014 dejarían de serlo leyendo a este militante republicano! Indudablemente ha habido visiones sesgadas por la militancia de su autor (pero es difícil negar solidez científica de alguien tan devoto de Juan Carlos I y de Francisco Franco como Luis Suárez Fernández por su condición de católico o por su devoción a Israel). Sucesivas generaciones de historiadores y de divulgadores han seguido en la misma brecha: con información renovada, con distintos puntos de vista, a distintos niveles de profundidad, se han escrito más y más historias e interpretaciones e conjunto de España. Antes de la abdicación, y sólo a vuelapluma, el mismo Luis Suárez, En los orígenes de España, Mitos y realidades, Ariel; para Almuzara, Fernando Jáuregui ha coordinado La España que necesitamos, o el Informe sobre España de Santiago Muñoz Machado en Crítica, por ejemplo.

Intelectual de a bordo. Juan Carlos I tuvo el privilegio de madurar teniendo a su lado narraciones e interpretaciones de España tan influyentes y prestigiosas como la de don José María Pemán, La Historia de España contada con sencillez. Pemán fue uno de los grandes divulgadores del siglo XX, entre otras cosas. En las antípodas ideológicas de Sánchez Albornoz, ambos compartieron la idea de que España es el resultado de Roma, la cristiandad, los visigodos, la reconquista y la España imperial; y España tampoco se terminaría de entender si el Descubrimiento o sin la Hispanidad. Pemán, por supuesto, entendió la historia de España como "una perpetua lucha por defender la civilización de Roma, católica y autoritaria"; pero aunque las palabras sean otras, las ideas son esencialmente las mismas de don Claudio. ¿Han formado a Felipe VI en esta idea de España, o en la mediocridad que hemos dado en imponer en las aulas de la progresía?

Ni España ni su actual realeza pueden permitirse ni un día más una visión sesgada o progre de la historia de la nación. Justo ahora unos recurren a lo que llaman historia para legitimar los desaguisados de la familia real y justo ahora otros creen que el pasado autoriza a mentir, a robar, a malgobernar o a censurar. Esa obligación "política y moral" de conocer la historia de España para hablar de ella, ¿la cumplen los nuevos Reyes? ¿La cumplen los políticos? ¿Los periodistas que opinan de estas cosas? ¿Todos los profesores y maestros del sector? Y cuando la cumplen, ¿la hacen respetando lo que conocemos de la verdad histórica o puramente al servicio de sus intereses de hoy o de Podemos? Pemán, discutible e interpretable, llevó su visión de las cosas al alcance de todos los españoles y se la quiso enseñar al Rey. Y eso es bueno para los que tienen que enseñar, los que tienen que pensar, los que tienen que gobernar y simplemente los que tienen que vivir en España.

El creador de los idiomas de la TV
FÁTIMA ELIDRISSI Madrid El Mundo  21 Junio 2014

¿Pensando en estudiar otro idioma? ¿Algo moderno, que hablen pocas personas y que además sea fácil? Lo suyo es el dothraki. "Los españoles probablemente sean quienes aprendan dothraki más fácilmente debido a las similitudes fonéticas y gramaticales", explica a EL MUNDO David J. Peterson (1981, Long Beach, California), inventor de idiomas (y de su profesión) para el cine y la televisión cuyo salto a la fama lingüística se produjo después de crear tanto el mencionado dothraki como el valyrio en el exitoso drama fantástico Juego de tronos. Este sábado a las 10.50 horas Canal+ Series emitirá un maratón de la recién finalizada cuarta temporada de la serie, pero si aún no conoces estos idiomas vayamos por partes.

El dothraki es el idioma hablado por una raza de guerreros ecuestres nómadas que habita el universo creado por George R.R. Martin en la saga de novelas Canción de hielo y fuego. Sin más indicaciones por parte del autor (que posteriormente le felicitó por su trabajo y ahora le pide ayuda para traducir fragmentos de su próximo libro), Peterson utilizó el breve inventario de términos publicado en los tres primeros libros para construir este idioma dirigido a la serie de televisión.

"Yo era profesor y creaba idiomas simplemente por diversión, nadie pagaba por esto. De repente Juego de tronos apareció en 2009 en nuestra página y ese trabajo me llevó a otros", afirma Peterson, Máster en Lingüística por la Universidad de California. La página en cuestión es la de la Sociedad para la Creación de Idiomas, una organización sin ánimo de lucro creada por Peterson y otros nueve miembros cuyo propósito es promover los idiomas artificiales o conlangs al tiempo que actúa como intermediario entre la industria y los creadores. De hecho su proyecto sobre el dothraki, 300 páginas realizadas en dos meses de intenso trabajo, venció a las más de 30 propuestas presentadas en un concurso abierto a todos los colaboradores. "Produje tanto material que no pudieron decir que no", bromea.

"Para desarrollar el dothraki utilicé las mismas inspiraciones que Martin: la cultura mongola de Gengis Kan y otras culturas de indios americanos", cuenta. "Para el idioma en sí no me inspiré en ninguna lengua en concreto. Cuando algo me gustaba y encajaba lo incluía. Por ejemplo, en español es habitual utilizar dos vocales juntas como en creer. Me gusta mucho ese sonido así que lo utilicé en palabras como hola, que se dice m'athchomaroon", explica.

Cuatro temporadas después, el idioma cuenta con más de 3.000 palabras, una gramática funcional y a partir del 7 de octubre su primer manual: Living Language Dothraki Editado en tres versiones -libro y CD (15 euros), expansión on line (22 euros) y una aplicación (3 euros)- este curso ya se puede reservar (y consultar un ejercicio on line) y pretende responder a la demanda de los valientes seguidores de la serie que intenten emular los infernales monólogos de Khal Drogo.

"Jason Momoa me dijo que para él era muy interesante hablar en dothraki. Memorizaba los guiones como canciones, repitiéndolos una y otra vez hasta quedarse con el sonido", explica Peterson, que para ayudar a los actores se graba leyendo los diálogos para después enviárselos. "En la primera temporada hay un monólogo muy largo y cuenta que cuando lo vio fue al hotel, compró una pizza y seis latas de cerveza y se pasó toda la noche ensayándolo hasta que lo consiguió".

En el caso del alto valyrio, el latín de Juego de tronos, el premio al mejor recitador es para Jacob Anderson, actor que da vida al comandante de los Inmaculados Gusano Gris. Pero Emilia Clarke, Daenerys Targaryen, ha conseguido que el mismo creador modifique la fonética del idioma de forma que se acerque más a la declamación de la madre de los dragones.

El interés generado por sus criaturas sorprende al propio Peterson, que ve cómo muchas personas los estudian a través de comunidades on line o se tatúan el cuerpo con sus frases. "Que la gente quiera aprenderlo es un sueño hecho realidad. Espero que lo disfruten y de paso aprendan algo sobre los idiomas porque yo mismo no hablo dothraki de forma fluida", explica en inglés mientras se arranca, entre risas, a contestar en español. "Mi familia materna es de México pero ahora no puedo hablar español muy bonito porque solamente hablo inglés". A pesar de su modestia, además del inglés y el español en su currículum enumera: árabe, ruso, francés, alemán, lengua de signos americana, jeroglífico egipcio medio, hawaiano, turco, acadio, hindi, griego antiguo y moderno y latín. De ahí que le lluevan los encargos cada vez que se necesita una lengua ad hoc.

"Además de en Juego de tronos, actualmente trabajo en dos series de Syfy, Defiance y Dominion, dos series y dos películas de las que no puede hablar, -el libro de Nina Post The Zaanics Deceit y otro libro sobre la creación de idioma, The art of language invention", afirma. Esto sin incluir la ya estrenada Thor: el mundo oscuro, así como todos los idiomas (entre otras las lenguas de Juego de tronos por descubrir) que aún están por concebir.

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Francisco López de Sepúlveda y Tomás
Homenaje al general periodista
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 21 Junio 2014

El 5 de junio falleció en Barcelona el general Francisco López de Sepúlveda y Tomás. En su nota necrológica (LV, 10/6), Eduardo Martín de Pozuelo recuerda que además de haber desempeñado cargos como el de jefe de la Escuela de Estado Mayor y el de director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, así como la Agregaduría Militar en la embajada de España en Washington, Francisco de Sepúlveda publicó en La Vanguardia trescientos editoriales y tres mil artículos de análisis internacional y de defensa.

No lo conocí personalmente, a pesar de que durante dieciocho años también publiqué colaboraciones en las páginas de opinión de ese diario, junto a las suyas, pero sus artículos fueron para mí una fuente segura de enriquecimiento intelectual. Los recortaba, los archivaba y los citaba siempre que se presentaba la oportunidad. Sus análisis del acontecer político estaban impregnados de una admirable racionalidad y desmontaba con singular lucidez y desde una perspectiva consecuentemente liberal los argumentos involucionistas del nacionalismo y de la izquierda incorregiblemente totalitaria.

Nacido en Manresa, Francisco de Sepúlveda desempeñó buena parte de su carrera militar en Cataluña, y era precisamente por su estrecha relación con la sociedad catalana que estaba en condiciones de desenmascarar una tras otra las falacias con que el pujolismo iniciaba la paciente marcha hacia la secesión. Pero la racionalidad, la lucidez y la perspectiva liberal son pecados que el nacionalismo no perdona, y cuando José Antich asumió la dirección de La Vanguardia en el 2000, para ponerla al servicio del poder convergente, Francisco de Sepúlveda fue una de las primeras víctimas de su cacería de brujas. Yo fui otra, aunque en una escala infinitamente más modesta.

Ahora, cuando el desbarajuste que incubó el pujolismo está en su apogeo, protagonizado por un tótum revolútum de radicales variopintos, agitadores anticapitalistas y antisistema, vándalos y anarquistas, es oportuno recuperar uno de los artículos de Francisco de Sepúlveda, enmarcado en un contexto premonitorio de la subversión institucional que nos está devorando. El contexto, que incluye las típicas maragalladas que tanto contribuyeron a desnaturalizar al PSC, lo extraigo de mi libro Por amor a Cataluña. Con el nacionalismo en la picota (Flor del Viento, 2002), donde reproduzco, como corolario y como contrapartida terapéutica, lo que escribió Francisco de Sepúlveda acerca de aquellos acontecimientos:

La algarada estuvo a punto de repetirse el 27 de mayo del 2000, con motivo del desfile del día de las Fuerzas Armadas, en Barcelona. Una vez más, el presidente de la Generalitat colaboró subrepticiamente con la provocación, la cual ocultaba su naturaleza antiespañola bajo un disfraz pacifista. El pretexto: que ese desfile recordaba la entrada de las tropas franquistas en Barcelona, el 26 de enero de 1939. El frustrado candidato a presidente de Gobierno por el PSOE, el catalán Josep Borrell, desbarató esta superchería (LV, 26/5/2000):

Dijo que no cabe descalificar la parada militar apelando a la memoria colectiva, ya que la Guerra Civil "no fue entre Cataluña y España sino entre la República y el fascismo", y que el que entró por la Diagonal no fue el Ejército español sino el de Franco. En cambio, Ciutadans pel Canvi, movimiento afín a Pasqual Maragall, fue aun más lejos que los nacionalistas duros, y reclamó el "respeto al derecho de los ciudadanos y ciudadanas a invocar la objeción fiscal como forma de oposición a los gastos militares del Estado" y deploró "toda exhibición pública y solemne de material de guerra porque no contribuye a reforzar la cultura de la paz". Maragall también criticó el desfile.

Según una declaración oficial, "el Govern de la Generalitat lamentó desde el primer día el modo en que se planteó el tema del desfile militar del día 27 de mayo (…) El Govern de la Generalitat considera legítimas las expresiones críticas hacia esta iniciativa del Gobierno central siempre que se produzcan pacíficamente y no atenten contra la convivencia". Pero en el Parlamento de Cataluña, Pujol fue más explícito (LV, 26/5/2000):

"¿Por qué hay este recelo ante el desfile? ¿Por qué el Gobierno se ha olvidado de la Generalitat? ¿Por qué, pese a la evolución positiva de los ejércitos en los últimos quince años, todos los partidos políticos, menos el PP, ayuntamientos y entidades ciudadanas, se sienten molestos? ¿Por qué la Generalitat se siente obligada a mantener una actitud institucional evidentemente reservada? Tenemos que preguntarnos si todo este asunto genera la sensación de que este desfile se tiene que enmarcar en un propósito no solo político que provoca recelos en diversas sensibilidades, que van desde la catalanista hasta las pacifistas y las de signo solidario."

Francisco L. de Sepúlveda fue mucho menos complaciente que Jordi Pujol cuando (LV, 4/5/2000) identificó a "los sectores que organizaron el bochinche. Una curiosa amalgama de nacionalistas, republicanos, independentistas, comunistas, intelectuales progresistas, pacifistas y culturistas de la paz. De ellos, todos los políticos tienen en común una reciente y seria pérdida de votos. Auténtico cajón de sastre que, a la greña en casi todo, solo coinciden en el rechazo visceral a todo cuanto huela a militar. La moción no de ley presentada por CiU en el Congreso contra el desfile resulta inconcebible en las demás comunidades autónomas, excepto la vasca, y en los países europeos. Además, ¿exige alguien a la Generalitat datos acerca de los gastos patrióticos y culturales nacionalistas que efectúa? (…) Tal cátedra podrían predicar en los Balcanes, India-Pakistán, Zimbabue y otras zonas calientes. Lo malo es que los echarían a pedradas, mientras aquí gozan de buena prensa formando activistas (…) Como militar que siempre estuvo orgulloso de ser y hablar catalán, la historia contada me produce náuseas".

Hasta aquí la transcripción de este fragmento de mi libro. La descripción del marco en que se desarrollaron los acontecimientos y la lectura del artículo de Francisco de Sepúlveda demuestran que, contra lo que argumentan los nacionalistas, el amotinamiento no empezó cuando se limaron unas pocas de las muchas aristas inconstitucionales del Estatuto que solo votó el 36% del censo electoral (en su extensa epístola engañabobos del 9/6 y en su soflama de abstención en el Congreso, Duran Lleida repite la mentira flagrante de que "fue plebiscitado por el pueblo catalán"). El discurso secesionista machaca los mismos estereotipos desde que Jordi Pujol inició en 1980 la larga y paciente marcha hacia la independencia, y su retaguardia congrega a las mismas sectas variopintas, disolventes y totalitarias, que Francisco de Sepúlveda retrató de cuerpo entero. Las fobias son las mismas, las tergiversaciones son las mismas y los gastos patrióticos y culturales nacionalistas son los mismos. La beligerancia secesionista es la misma. El desafío a la legalidad y el desprecio a las instituciones son los mismos. A quien echamos en falta es al general periodista que les descubría las vergüenzas con su argumentación veraz y rigurosa.

El gesto *
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR, ABC  21 Junio 2014

· Mientras Artur Mas mantenía los brazos caídos, nosotros aplaudíamos a un joven Rey ilusionado, pero no ingenuo; comprometido, pero no intolerante; generoso, pero nada dispuesto a dilapidar el patrimonio de una nación cuya unidad encarna.

· Esa ilusión de Felipe VI, que es la de todos los españoles angustiados por el dolor de esta crisis, merecía algo más que simple respeto.

En febrero de 1865, Emilio Castelar publicó uno de los artículos más célebres del periodismo político español, «El rasgo». Isabel II había intentado presentarse como salvadora de la hacienda pública permitiendo la enajenación del 75% del patrimonio de la Corona, lo cual solo podía considerarse como retención por la Reina de un 25% de lo que eran bienes de la nación. El acto ejemplar se convertía en picaresca y el gesto de desprendimiento, en un caso de usurpación. Castelar nos advertía de la importancia que tienen las formas en un personaje público: el tono de los discursos, el uso de un léxico apropiado, el respeto al adversario, los límites nunca traspasables de la buena educación. Sabía además, el viejo zorro del republicanismo moderado de la Restauración, que una política basada en exhibiciones estéticas es una cómoda falsificación de aquello que un pueblo debe esperar de sus dirigentes: menos poses y más discurso, menos aspavientos teatrales buscando los aplausos del gallinero y más convicciones firmes y meditadas.

Ni estando ya habituados todos a lo que se ha convertido en el desaire constante, en la carencia de respeto por el propio cargo, ha dejado de asombrarnos que Artur Mas haya podido añadir una muesca más a la muy poblada culata de su revólver protocolario. Una nueva expresión del no saber estar, del no saber representar, del no saber ser del presidente de la Generalitat cuando la crisis política que él ha puesto en marcha amenaza con llevarse por delante más de treinta años de estabilidad política y cohesión social en Cataluña. Desde luego, no me ha sorprendido que Urkullu se haya unido a una actitud tan zafia, ni creo que pueda presentarse como novedad en la cadena de agresividad institucional a la que el nacionalismo vasco nos tiene acostumbrados. Por ello me referiré únicamente a Mas: no solo por su conducta de afanoso converso, sino porque el secesionismo catalán es el que está provocando ahora la mayor impugnación de nuestra convivencia. Rechazo a España que ha tenido en la falta de aplauso a las palabras del Rey uno de sus episodios estéticamente indispensables.

Abandonemos las inútiles especulaciones sobre lo que Felipe VI habría tenido que decir para ganarse el aplauso de Mas. El presidente de la comunidad autónoma con un mayor porcentaje de apoyo al texto constitucional de 1978; el compañero de partido de uno de los tres ponentes constitucionales aún vivo; el dirigente de una formación política considerada indispensable, durante tres décadas, para el Gobierno de España; el presidente cuya legitimidad se basa en la misma Carta Magna que hace de la monarquía nuestra forma de gobierno, ha mostrado lo poco que le importa lo que el joven Rey ha proclamado. Asistió al acto porque de no hacerlo habría ido más allá de lo que pueden resistir las costuras ya muy debilitadas de su propia posición en Cataluña. Pero indicó de forma bien clara que todo lo que se estaba diciendo, tan crucial para el futuro de los españoles, resultaba algo que el representante del conjunto de los catalanes no podía aplaudir.

¿Y que ha querido mostrar el presidente de la Generalitat con ese gesto? ¿Qué ha querido afirmar en el acto público de mayor importancia al que ha acudido en toda su carrera política? En primer lugar, el abuso al que el nacionalismo nos ha acostumbrado: la confusión permanente entre sus opiniones políticas, sus lealtades de partido, y la función institucional que su cargo le proporciona. Artur Mas no era, el jueves, un dirigente nacionalista: era la máxima autoridad del Estado en Cataluña, asistiendo nada menos que al primer discurso de Felipe VI ante las Cortes. Poco importa en esa ceremonia lo que el señor Mas piense como dirigente de una fuerza secesionista. Lo que nos interesa a todos es lo que el presidente de la Generalitat, en representación de todos los ciudadanos españoles que habitan en Cataluña, debe tener como norma de comportamiento en circunstancias de ese tipo.

Mas ha preferido, y aquí está el segundo motivo de su bochornosa conducta, lanzar un mensaje a todos los españoles: que la Generalitat, en manos de un nacionalista, solo parece dispuesta a comparecer de cuerpo presente en cualquier acto que afirme la vitalidad de la nación española y de las instituciones que la cohesionan. Donde se exprese la unidad de España, él exhibirá su indiferencia. Donde se aplauda la soberanía nacional, él permanecerá con sus manos en silencio. Donde se manifieste todo aquello que nos une, él representará exclusivamente a aquella parte de los catalanes que solo quieren oír lo que nos separa. Así pues, los millones de catalanes que no votaron a partidos secesionistas, hace menos de un mes, se quedaron sin la representación que debía haber ostentado quien decidió actuar al margen del protocolo, de la legitimidad de su cargo y de la realidad política que vive Cataluña.

Ni las afirmaciones acerca de la unidad no uniformadora, ni la exaltación de la pluralidad de España, ni la admiración por sus lenguas… sirvieron de nada. Ni la seguridad de que cabemos todos en una nación grande e integradora, ni la promesa de estimular los puentes del diálogo, ni el deseo de evitar enfrentamientos que amargan nuestro pasado, ni la concordia… valieron nada. Para Mas y el secesionismo todo ello es música infernal y material desechable, discurso hueco y emoción artificiosa.

Tenemos la palabra tendida hacia el mañana, las manos con las que tratamos de unir a aquella generación que logró la implantación de la democracia y la generación que ha de sostenerla. Por eso, mientras Artur Mas mantenía los brazos caídos, nosotros aplaudíamos a un joven Rey ilusionado, pero no ingenuo; comprometido, pero no intolerante; generoso, pero nada dispuesto a dilapidar el patrimonio de una nación cuya unidad encarna. Esa ilusión de Felipe VI, que es la de todos los españoles angustiados por el dolor de esta crisis, merecía algo más que simple respeto. Mereció, el jueves, un gesto de simpatía, una actitud de complicidad, una forma espontánea de brindarle apoyo. Un aplauso. Una ovación que le negó Mas con el deseo de marcar la diferencia. Con un gesto grosero, pero calculado, dirigido a la galería de adictos cuya mísera recompensa electoral aguarda a cambio.

Los ciudadanos construimos nuestra existencia sin gestos ampulosos. Quienes, como el propio Felipe VI, deseamos sacar España a flote, lo hacemos con nuestra labor tenaz y paciente, con nuestros actos de cada día, con nuestra severa y esforzada aportación a la comunidad. Son acciones ejemplares, sensatas, sin grandilocuencia ni resignación. Es la conducta que el gran prosista Chang-Rae Lee describió en Una vida de gestos, realzando el alto valor de la existencia de individuos aferrados a la inmensa dignidad de una vida discreta y respetuosa. Ciudadanos que viven con una modestia que solo los arrogantes portadores del mesianismo toman por mezquindad: «Pido que me dejen habitar mi carne, y mi sangre, y mis huesos, simplemente. Haré ondear una bandera. Y mañana, cuando esta casa vuelva a estar viva y llena, me detendré ante ella para contemplarla».

La Cámara pide extender el trilingüismo con el euskera como lengua preferente *
PNV, PSE y PP pactan una resolución que defiende una ampliación progresiva del trilingüismo
Ania Elorza Vitoria El Pais  21 Junio 2014

El Parlamento ha reclamado hoy al Gobierno que extienda el trilingüismo en las aulas vascas teniendo el euskera como lengua “preferente”. La resolución, firmada por PNV, PSE y PP, no establece un calendario ni una fecha límite de extensión del trilingüismo, y habla de que esa ampliación se haga de forma progresiva. Después de una intensa comparecencia de la consejera de Educación, Cristina Uriarte, en el propio Parlamento para presentar parte de los resultados de la prueba iniciada la pasada legislatura, en la que el PNV criticó el modelo del PSE y en la que Uriarte evitó plantear la extensión del trilingüismo de la manera planteada por el PSE, peneuvistas y socialistas, al igual que el PP, han pactado el texto, EH Bildu ha votado en contra y UPyD se ha abstenido.

La parlamentaria socialista ha resaltado la “importancia” del pronunciamiento parlamentario porque este mes finaliza la experimentación del marco de educación trilingüe implantado por ella misma en 2010, durante la pasada legislatura. Los resultados de la prueba, al menos de la primera de las dos convocatorias, confirman que el conocimiento del inglés mejora y que no se obstaculiza la adquisición de competencias en las materias que se imparten en inglés. Celaá ha asegurado que estos resultados “ahuyentan los fantasmas” que algunos como el PNV plantearon sobre la prueba trilingüe.

La reclamación del Parlamento al Gobierno añade una atención “preferente” al euskera. Hasta ahora, el marco trilingüe reclamaba un 20% de las horas en euskera, un 20% en castellano y un 20% en inglés u otra lengua extranjera, con un 40% de las horas a elección de los propios centros. El PNV considera que este modelo supone extender el modelo B, que está en caída, al igual que el A, a favor del modelo D. Ahora, la Cámara establece la prioridad del euskera. En la práctica, buena parte de los centros de la prueba han dedicado más tiempo al euskera que a las otras dos lenguas.

Los parlamentarios que han rechazado la resolución, EH Bildu y UPyD han mostrado su sorpresa ante la interpretación que cada uno de los portavoces de los grupos que han pactado la resolución, distinta, han resaltado, entre unos y otros. El parlamentario de UPyD Gorka Maneiro ha pedido que se le aclare “qué es lo que han pactado” y el de EH Bildu Juanjo Agirrezabala ha preguntado: “¿Entienden de la misma manera los tres partidos la atención preferente al euskera? No me lo creo”.

Sociedad
El catalán retrocede como lengua habitual frente al castellano
anna cabeza / barcelona ABC 21 Junio 2014

La Generalitat justifica la caída del idioma autonómico por la inmigración
Antonio y Mónica, padres de una niña que ha sufrido bullying por hablar castellano

El catalán pierde fuelle. Un estudio del Instituto de Estadística de Cataluña y la Dirección General de Política Lingüística autonómica que se presentó ayer sobre los usos lingüísticos en el territorio destaca cómo el castellano se consolida como primera lengua habitual en Cataluña frente a un catalán que retrocede poco a poco.

El informe, en base a datos de 2013, concreta que el 50,7% de los catalanes tiene el castellano como lengua habitual, frente a un 36,3% que usa la lengua autonómica habitualmente. Además, un 6,8% usa ambas lenguas indistintamente y un 5,9% tiene otra lengua prioritaria.

Los datos confirman que el español crece como lengua de uso, en concreto en 4,8 puntos desde 2008, mientras que el catalán solo aumenta 0,7 puntos. El uso de la lengua autonómica, como retrata el informe, descendió bruscamente a partir de 2003: hasta entonces, ambas lenguas se utilizaban casi por igual.

Por zonas, en el área metropolitana de Barcelona el catalán solo es la lengua habitual para el 27,8% de la población, mientras que el castellano lo es para el 60%. En territorios más rurales las cifras llegan a ser a la inversa. Además, el español se mantiene como lengua inicial -lo es para el 55,1% de los ciudadanos catalanes-, mientras que el uso del catalán de base baja al 31%.

El consejero catalán de Cultura, Ferran Mascarell, argumentó durante la presentación del informe que la tendencia se debe al aumento de la llegada de inmigrantes durante los últimos años, especialmente procedentes de Sudamérica. El informe recuerda que en diez años la población extranjera en Cataluña ha pasado del 9,3% al 17,5%.

Alto conocimiento
En otro sentido, destaca el alto conocimiento de la lengua española. Más del 95% de la población catalana declara entender, hablar, leer y escribir en castellano. Las cifras respecto al entendimiento del catalán son casi similares pero el resto de habilidades van a la baja, especialmente a la hora de escribir.

Mascarell quiso aprovechar la presentación de los datos para destacar que «el catalán sigue avanzando hacia la normalidad social», a pesar de la globalización y los cambios lingüísticos que están llegando, explica, con el uso de las nuevas tecnologías.

En este sentido, señaló que el catalán «camina sin poner en cuestión otras lenguas, como el castellano». Mascarell insistió en que los datos consolidan «un modelo lingüístico plural y plurilingüe» y pidió «no bajar la guardia» contra las políticas «de negación estatal» en la escuela..
 


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