AGLI Recortes de Prensa   Martes 24  Junio  2014

Si sólo fueran dos españas
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es  24 Junio 2014

Las naciones y las patrias se multiplican por efecto populista y constitucional.

Como si estuviera en una entrevista perpetua con Jesús Quintero, parece el presidente prisionero del silencio incómodo, sin saber qué esperar del loco de la colina, o sea de nosotros, los españoles, quizá porque él imaginaba la Moncloa como el registro de Santa Pola pero a lo bestia, poco más que un sitio donde firmar papeles y fumar puros gigantescos, y por la tarde una tertulia en el casinillo.

Mientras atruena el silencio presidencial vuelve la zambra y el revuelo foxiano al ateneo permanente de nuestra política, y el tal Sánchez habla del concordato como sus precedentes votaban la existencia de Dios -salió que sí, pero sólo por un voto-; y Pablo Iglesias monta una cheka informativa en un hotel de reyes, con el concurso snob de la forrada izquierda chic; y el ABC se desvive por darle pompa y circunstancia a una monarquía de barriada.

El silencio en el PP lo rompe Montoro -nuestro gran sheriff de Nottingham- para decir que cuando volvamos a votar ya sólo tendremos los impuestos de Zapatero, oh, gracias; y también habla Borja Sémper -eterno aspirante a la administración de Vichy- pidiendo con eufemismos que salgan los terroristas a la calle, para alcanzar el Reich de mil años de paz y él, a la vez, una poltrona sin escolta.

Mariano calla. Si sólo fueran dos españas -por cierto, qué torpe el que escogió los autores citados por Felipe VI, qué todos eran mitos de la división y la ruptura, a veces hasta del genocidio-, quizá Rajoy hablase para buscar entre ambas el entendimiento o, más probable, se decantara con la que creyera mayoritaria, la que le garantizase el puro habano y la lluvia gallega. Pero las naciones y las patrias se multiplican por efecto populista y constitucional: Pervive la España machadiana que bosteza, la batasuna o la catalanista a lomos de un trasgo tolkeniano -lleno de odio impredecible-, la roja rayadita derrotada en Brasil -que regresa como si hubiera perdido otra vez Cuba y Filipinas-, o la que no llega a fin de mes, que es legión famélica, muy susceptible al grito de podemos comer sólo si la casta roba menos. Hay más. Está la España estéril de Puerta de Hierro o Moraleja, veraneos en el cucurucho de Sotogrande o en la atrocidad urbanística de Marbella. Ellos son tan venezolanos como los de pablemos, que en su engolado elitismo resultan idénticos a los que se alojaban en las grandes villas de Caracas y ahora vagan por Europa exiliados, perplejos, porque nunca imaginaron que la miseria del pueblo que les limpiaba el inodoro dorado, podría algún día vestirse una camisa roja y expropiarlos. Y también está la España hipotecada, a la que le han expoliado sus Cajas; y la emigrante, a la espera de que hagan un rap con la letra de En tierra extraña, para poder cantar con ritmo del siglo sus suspiros y saudades. La España africana mira sus muros como lo hacía Quevedo, no muy optimista; la intelectual relee una y otra vez el 68, sin enterarse de que en Francia ya lo han enterrado, que Houellebecq ha pasado del banquillo de acusados al sillón de la Academia; la republicana ondea sus trapos desteñidos, y la degenerada lo mismo enseña las ubres en las catedrales que aprueba leyes en Galicia, liquidando la libertad de educación y acercándose a su meta de legalizar la pederastia

Si sólo fueran dos españas, en fin, quizátodo tendría remedio, aunque hubiera que matarse un poco, según los usos tradicionales. Pero el legado de esa generación que no acaba de marcharse, que sólo abdica si se le asegura la fortuna y el aforamiento, es demasiado para la siguiente, la que dicen que es la mejor preparada de la historia, pero en la que nadie se ha preparado para esto.

Los reyes del aforamiento
Javier Caraballo El Confidencial 24 Junio 2014

Somos los únicos, la excepción mundial que confirma una regla de normalidad democrática, aquella que convierte en iguales ante la ley a todos los ciudadanos de un Estado de derecho. En España, el principio está vigente, las leyes son iguales para todos, pero hay una clase especial de varios miles de aforados a los que nunca les corresponderá la justicia ordinaria.

Políticos, jueces, fiscales y altos cargos que se rigen por las mismas leyes que los demás mortales pero que nunca se cruzarán con los demás en el pasillo de una audiencia provincial o de un juzgado de instrucción. Miles de ciudadanos especiales, personas con un fuero aparte. Y como en ninguna otra parte el mundo existe algo parecido, lo razonable es que nos preguntemos por esa anomalía nuestra.

El contraste en el derecho comparado es tan apabullante que surgen todas las dudas posibles sobre la existencia misma de este sistema de aforamiento en España. En Alemania, en Estados Unidos o en Inglaterra, sencillamente, no hay aforados de ningún tipo. Y en otros países de nuestro entorno, en los que sí existe un régimen especial de aforamiento para algunas altas autoridades del Estado, el número de personalidades a las que corresponde un tribunal especial no suele pasar de la decena. El presidente del Estado, el primer ministro y, como mucho, los miembros de su gabinete. Pero nada más.

En España, frente a esa realidad, ni siquiera se conoce la cifra exacta de aforados en distintos tribunales. En torno a diez mil ante el Tribunal Supremo, los correspondientes a la Justicia y a la política nacional (también en el caso de algunos presidentes autonómicos) y varios miles más ante los tribunales superiores de las autonomías.

¿Qué pasa en España para que nos hayamos convertido en los reyes del aforamiento? La explicación oficial, la original, es que el aforamiento se ideó en la Transición como una especie de salvaguarda y garantía de estabilidad de la democracia, por las especiales circunstancias del final de la dictadura y la tensión de la España de aquel momento.

Un elemento más de protección de los primeros políticos de la democracia, como otros que también se cuestionan ahora como el sistema de listas cerradas en las elecciones para fortalecer las estructuras de los partidos políticos.

El régimen de aforamiento podría entenderse en los momentos difíciles de la Transición, pero lo extraordinario es que, en vez de ir menguando, haya ido creciendo de forma exponencial con el modelo autonómico

Y es verdad. Todo eso podría entenderse en los momentos difíciles de la Transición, pero lo extraordinario es que ese régimen de aforamiento, en vez de ir menguando, haya ido creciendo de forma exponencial con el modelo autonómico. De manera que aquello que se concibió como un sistema de protección de la democracia ha acabado convertido en una protección de las personas, de algunas personas. Un privilegio judicial generalizado que, sencillamente, no tiene a estas alturas de la democracia ninguna justificación y que genera desconfianza de la transparencia misma de la democracia.

Son las personas, no el sistema, los que se protegen ahora con el aforamiento. Lo vimos, por ejemplo, en el caso de los ERE; todo aquel que puede busca el aforamiento del Tribunal Supremo a través de un escaño en las Cortes Generales para zafarse de la instrucción del juzgado que lleva el caso. El ejemplo más grosero lo ofreció el anterior presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán. Cuando detectó que la instrucción estaba cercándolo, por haber sido durante años el responsable de las cuentas públicas andaluzas, dimitió como presidente del Gobierno andaluz, porque no habría podido mantener el cargo político con la imputación, pero buscó de inmediato un nombramiento como senador, por las cuotas de las comunidades autónomas, para garantizarse el aforamiento del Tribunal Supremo.

Con esa jugada, Griñán sabe que jamás tendrá que acudir a declarar ante la juez Alaya. Lo sabe Griñán como lo sabe su predecesor, Manuel Chaves, o el exconsejero andaluz José Antonio Viera, diputado por Sevilla, al que la investigación sitúa en el origen mismo de la trama de los ERE. Todos ellos han buscado el aforamiento del Supremo de forma indisimulada. ¿Por qué ese interés?

Desde luego, para quien no es una buena noticia ese interés por el aforamiento es para la imagen de la Justicia, de forma general, y del Tribunal Supremo, de forma particular. Por un lado, parece evidente que la investigación de un caso de corrupción tan complejo como la trama de los ERE se enreda de forma absurda cuando la instrucción tiene que dividirse en varios tribunales, por el aforamiento de algunos implicados que ni siquiera pueden ir a declarar ante el juez que lleva el grueso de la investigación. Pero, al margen de eso, que tendría que evitarse por un criterio de mera efectividad, el interés de algunos políticos por el aforamiento del Supremo ensalza y engorda todas las críticas que se hacen a la politización de la Justicia.

Cómo no pensarlo así si, como sabemos, el Consejo General del Poder Judicial se elige por cuotas políticas y, a partir de ese órgano totalmente politizado, se eligen luego a todos los miembros del Tribunal Supremo, además de a los presidentes de los tribunales superiores. Primero se politiza la Justicia y luego se amplía el aforamiento de los políticos. Si no ha sido esa la intención, esa lógica, desde luego, es la que ha acabado imponiéndose en España.

Aquello que se concibió como un sistema de protección de la democracia, ha acabado convertido en una protección de las personas, de algunas personas

Por eso Chaves y Griñán, y tantos otros, no renunciarán jamás al aforamiento, ni siquiera de forma simbólica, como hizo un compañero de ambos en Extremadura, el socialista Guillermo Fernández Vara. La ley no permite que ningún aforado renuncie a esa protección, pero Fernández Vara, hace unos meses, se fue a un notario para renunciar a su aforamiento. “Los ciudadanos –dijo entonces– no entienden que los políticos tengan privilegios, una diferencia que se ha mantenido y que ha creado un distanciamiento brutal entre políticos y ciudadanos, que cada vez piensan más que son una casta de privilegiados que se favorecen de las normas que hacen. No hay posibilidad de regeneración democrática y política sin cierto grado de ejemplaridad. Y el que no lo entienda, que no lo entienda”.

Pues eso. Que ya sólo falta que este tipo de declaraciones trasciendan de los meros gestos electorales y se conviertan en políticas concretas y reales. Pero como demuestran los ERE andaluces, lo que se busca no es la eliminación del privilegio, sino su consolidación.

Ocurre igual que ahora, con el aforamiento exprés de Juan Carlos I tras la abdicación. También en el Tribunal Supremo. Por mucho que se le reconozca a don Juan Carlos su papel decisivo en la historia reciente de España, las prisas por el aforamiento sólo se corresponden con el miedo que existe a la desprotección tras la inviolabilidad –otro anacronismo– de la que ha gozado durante su reinado. Es razonable, desde luego, que quien ha sido jefe del Estado siga gozando de aforamiento, pero ¿qué desvelan las prisas sino un intento soterrado de huir de procesos pendientes?

“Los políticos españoles han admitido que las prisas por aprobar la nueva legislación en torno a Juan Carlos I se deben a dos posibles demandas por paternidad”, han dicho hasta en la BBC.

Los excesos en el aforamiento de la clase dirigente en España han convertido esa figura en una suerte de presunción de culpabilidad, y si sólo fuera por esa degeneración disparatada del concepto, en España tendría que plantearse con inmediatez la disminución drástica del número de aforados, a la par que se avanza en la reforma profunda del modelo de instrucción, que tiene que dejar de estar ligado a la figura también anacrónica del juez de instrucción.

Aquello que sirvió para proteger la democracia durante la Transición está dañando ahora el prestigio de esa misma democracia. Ya que estamos en tiempo de renuncias, que abdiquen también los reyes del aforamiento.

Cataluña
El Rey y el golpe de Estado de Mas
Pablo Planas Libertad Digital 24 Junio 2014

Una de las ventajas de la política catalana es que el presidente de la Generalidad cambia de personaje cada día e incluso varias veces en el mismo día. Hay jornadas en las que Artur Mas se desenvuelve como el subcomandante Marcos, ocasiones en las que se piensa que es Ghandi, ratos en los que se compara con Moisés, momentos de lucidez y otros de incertidumbre y pesimismo. Está el Mas que despacha la abdicación con una soflama republicana, el Mas que pide audiencia a Felipe VI y se frota las manos como Rasputín mientras ensaya su sonrisa más cortesana, el Mas teatrero que entorna la mirada y suelta eso de que no sabe si en noviembre estará en la cárcel o en el exilio, el Mas que implora el afecto de ERC, el Mas que llama mentiroso a Montoro, el Mas batasuni que no aplaude al Rey, el Mas que duda e incluso el Mas que admite que el referéndum pueda no llevarse a cabo.

La combinación del síndrome de Münchausen en el plano colectivo (España nos roba, nos odia, nos frena y tal) con el bonapartismo personal de Mas confiere a la política catalana las virtudes de lo asombroso, lo espasmódico y lo extraordinario. El análisis pormenorizado del comportamiento de Mas y sus efectos en el panorama político puede parecer una actividad menos útil en términos superficiales que el estudio de la fauna abisopelágica, pero las principales conclusiones de la observación del president ayudan a contextualizar las electrizantes oscilaciones de la travesía separatista. Y dichas conclusiones no sólo aluden a lo camaleónico, forzado y folklórico que resulta Mas en la mayoría de sus versiones, sino a la morfología pendular, invertebrada y viscosa de sus proclamas y promesas. El domingo, por ejemplo, lo del 9-N era un referéndum innegociable. Este lunes, los demiurgos del presidente autonómico subrayan que Mas siempre ha dicho que la consulta (no vinculante) sería legal o no sería. Y mañana... Mañana será otro día o, como le gusta decir al Mas que paga para que el entrevisten en la CNN, "Tomorrow just another day". Lo que no se esperaba es el "Bye, bye Arturo" de la entrevistadora.

Las presiones sobre Felipe VI para que entre al trapo de la estelada son inversamente proporcionales a lo aconsejable que puede ser para el Rey meterse de grado en semejante campo de minas. Y más con el mismo tipo, el molt honorable, que se partía de risa cuando un propio de su partido le negaba la mano al entonces Príncipe de Asturias y le soltaba un minimitin sobre el derecho a decidir. Ese Mas que jaleaba a un espontáneo contra el Borbón en febrero de este mismo año, el que no sabía si ir a la proclamación, el que mandó a su portavoz decir que el Rey había abdicado para salvar el negocio familiar (cosa que, dicha por uno del partido de Pujol, es el colmo de la osadia), el que se negó a aplaudir el discurso del Rey "porque no era nuevo", ese mismo Mas es el que ahora pretende que Felipe VI se ponga de su lado y haga caso a Cebrián y a Godó, que, resumiendo mucho y sin entrar en más honduras, es como si su padre se hubiera subido a un tanque el 23-F en vez de ordenar a Milans del Bosch que se volviera para el cuartel.

El dilema de la oligarquía catalana
Luis del Pino Libertad Digital 24 Junio 2014

El dilema del empresariado catalán y de CiU: independencia con una extrema izquierda hegemónica, o no independencia. Y ahora nos piden a los demás que resolvamos SU dilema, y que les ofrezcamos algo que no sea independencia, pero que se le parezca. O sea, gozar de todas las ventajas de la independencia, pero que la oligarquía pueda seguir con su chollete, partiendo el bacalao.

Pues va a ser que no. ¿No han creado ellos el problema? ¿No se han metido ellos solos en la trampa? ¿No han alimentado ellos al monstruo? Pues que solucionen ellos el problema que ellos mismos han creado. Los demás no estamos para defender su chollo. Bastante tenemos con ocuparnos de nuestros propios problemas y llegar a fin de mes.

El que rompe, paga.

Sobreactuación republicana
¿Cómo se puede sostener que la forma de Estado es un problema urgente?
Enrique Gil Calvo El Pais  25 Junio 2014

Por si no fuera suficientemente grave la crisis institucional que padecemos, con la amenaza de ruina inminente que afecta al sistema de partidos, ahora resulta que una parte de nuestros representantes políticos ha aprovechado la ocasión propiciada por la sucesión dinástica para cuestionar la forma de Estado en vigor. Y a este respecto no se sabe qué resulta más sorprendente, si la repentina decisión del Monarca de precipitar su abdicación, cuando había prometido morir con las botas puestas, o la no menos súbita recuperación por parte de nuestra clase política, especialmente la que se dice progresista, de su antiguo fervor por la causa republicana. ¿Qué razones le asisten para recaer en su arcaico fundamentalismo antimonárquico?

Una primera explicación es la nostalgia sentimental por la vieja causa perdida de la II República. Al igual que los jóvenes radicales estadounidenses, que en su odio a la corrupción de la casta política que anida en Washington no dudan en defender la bandera del Viejo Sur vencido en su Guerra de Secesión, también nuestros jóvenes indignados, en su lucha de resistencia contra la casta política que les ha condenado a la exclusión social, tampoco dudan en agitar la bandera republicana vencida en nuestra Guerra Civil. Una causa perdida que sigue sirviendo de cemento intergeneracional para los que reivindican la llamada Memoria Histórica. Y, como saben mis alumnos, yo mismo tengo en mi despacho desde hace años los símbolos tricolores que me identifican con ella: pañuelo, bufanda, escarapela, efigie de Marianne… Ahora bien, esgrimir ahora esa mera seña de identidad emocional como una causa política por la que movilizarse parece algo tan inconsistente que merece ser justificado con explicaciones más plausibles. ¿Cómo se puede sostener que uno de los problemas más urgentes y relevantes de nuestra agenda pública sea el debate República versus Monarquía?

Identificar democracia con República, sugiriendo la afinidad entre Monarquía y dictadura, es una falacia insostenible

Aquí es donde aparece la pretendida defensa de la democracia en peligro, al parecer amenazada por la supervivencia de la Corona. Ahora bien, identificar democracia con República, sugiriendo por tanto la afinidad entre Monarquía y dictadura, es una falacia insostenible que solo revela la ignorancia de nuestros políticos o su manipulación de la ciudadanía peor informada. Como sabe cualquier licenciado en Ciencia Política (y los líderes de Podemos son profesores de esta materia), la distinción entre democracia y no democracia (autoritarismo, etcétera) solo depende de la existencia de elecciones plurales, libres y limpias para ocupar los cargos de poder, y no desde luego de la forma de Estado: las democracias de más elevada calidad (como las nórdicas) son monarquías mientras que las de peor calidad, que tienden al autoritarismo (como las latinoamericanas), son repúblicas. Respecto a los tipos de democracia, ningún especialista (como Lijphart o Morlino, por citar a los autores más respetados) las clasifica en función de su forma de Estado (Monarquía o República) sino en función de su forma de gobierno: mayoritario (modelo Westminster) o proporcional (modelo consociativo). Es verdad que las democracias también se dividen en parlamentarismo versus presidencialismo, pero este último no se define por su forma republicana sino por la separación de poderes con doble elección diferente para el ejecutivo y el legislativo (como en EE UU). Y en este sentido, nuestro sistema es formalmente parlamentario y proporcional pero en la práctica resulta mayoritario y cuasi presidencial (sin doble elección ni separación de poderes), rayando en el cesarismo plebiscitario. De ahí su baja calidad, que lo iguala a repúblicas partitocráticas como Italia, frente a las democracias nórdicas de alta calidad, que son Monarquías parlamentarias proporcionales y consensuadas.

Entonces, ¿a qué viene esa defensa de una forma republicana que es compatible con el totalitarismo, los autoritarismos y las democracias de menor calidad? Apelando a la dialéctica de la sospecha, se me ocurren dos posibles explicaciones. La primera es puramente táctica, pues sospecho que se trata de emular la formidable eficacia demostrada por el ejemplo catalán centrado en el llamado derecho a decidir. Por eso se pretende mimetizar la propuesta de una consulta popular que ponga en juego no la secesión territorial (independencia sí o no), sino la forma de Estado (Monarquía sí o no). Todo ello inscrito en nuestra tradición de democracia plebiscitaria, donde se invita al pueblo a que se juegue el destino futuro a cara o cruz, descartando las opciones intermedias. Un juego romántico y aventurero, presidido por el riesgo de que se imponga no la opción más sensata y razonable sino la más emocionante y melodramática, dada su representación escénica como un agónico conflicto entre ser y no ser. Y en estas performances donde se ventila la dominación simbólica o hegemonía cultural tiende a vencer el bando que mejor maneje con técnicas dramatúrgicas la teatralización de los juegos de poder. De ahí que cuenten con ventaja quienes apuestan al todo o nada, reivindicando con máxima iconoclastia la caída del régimen o el acoso y derribo de la institución que lo encarna. Es lo que yo he llamado la lidia de Leviatán o arte de torear al poder, según sugiere el rótulo de Podemos (como primera persona del plural del presente de imperativo del verbo podar): cortemos las alas del poder real.

Lo que define a una democracia son elecciones plurales, libres y limpias

Pero además de esta escenificación truculenta, de aparente éxito electoral a corto plazo, aún hay otra interpretación posible que a mí me parece la más acertada. Y es la de entender que, si nuestros políticos profesionales se lanzan a pedir el cambio de régimen, es porque se sienten culpables ante una desafección popular que ha sentenciado su desautorización y deslegitimación colectiva: “No nos representan”. Y para tratar de hacerse perdonar todos sus errores y culpas (como la corrupción, el austericidio, etcétera), y de paso lavar su mala conciencia, exageran sus reivindicaciones antisistema pidiendo el fin del régimen y la cabeza del Rey. Lo cual equivale a hacer de la Corona un chivo expiatorio sobre el que poder descargar y proyectar todas las culpas colectivas que son propias exclusivamente de la clase política. Ahora bien, esto demuestra que tan hipócritas eran antes, cuando en la Transición aceptaron la Monarquía por puro interés político, como ahora, cuando alardean de rechazarla para revestirse con la máscara impostada de la virtud republicana. Pero es dudoso que les crean los escépticos espectadores de una tragicomedia que parece tanto más inverosímil cuanto más impostada.

Una extranjería
ARCADI ESPADA El Mundo 25 Junio 2014

MI AMIGO Félix me escribe una carta cariñosa y melancólica. Este párrafo: «En cuanto a lo de Cataluña, cada día estoy más persuadido de que eso se perdió. No sé lo que saldrá, qué engendro nacerá, pero aquel trozo de tierra ya nunca será como antes.» Por un momento me quedo pensativo, como siempre que se plantean estos matrimonios entre el tiempo y el yo. ¿Realmente conocimos Félix y yo una Cataluña distinta? ¿O ya somos nosotros los distintos? Pero al fin creo que mi amigo tiene razón. Sí, hubo algo que se perdió. Cataluña quizás tenga una dimensión más confusa, inabarcable. Pero creo que es seguro que hubo una Barcelona que se perdió, y que Félix y yo -más él que yo- la conocimos. La ciudad que fue, como tituló FJL su hermoso y verídico libro de memorias. Y también creo que, en efecto, ya nada volverá a ser como antes.

En Cataluña y en el resto de España hay muchas personas que luchan contra el nacionalismo y que tratan de que sus pésimos planes segregacionistas no se cumplan. Pero esa lucha está motivada tan solo por la ideología. Es una lucha en defensa del Estado de Derecho y de la libertad y de la igualdad de los ciudadanos. Parte de la base radical, y elemental, de que unos ciudadanos no pueden tener más poder que otros a la hora de decidir la alteración de las fronteras del Estado del que todos forman parte. Y declara que de ninguna forma pueden salirse con la suya aquellos que encarnan la idea más destructiva de la Europa moderna. La lucha está garantizada y llegará, exactamente, hasta el punto que los nacionalistas quieran llegar. Pero esta resolución incuestionable no oculta un fondo de violenta tristeza: la ley ganará el combate, pero aquella Cataluña, ¡libre!, no volverá, al menos en el tiempo de las vidas de los que van a luchar.

La fabricación masiva de extranjería es una de las consecuencias más dramáticas de cualquier proceso nacionalista. Y ya se verifica en Cataluña, con una potencia realmente perturbadora y unos resultados ciertamente paradójicos. A los ojos de los que no comparten el proyecto nacionalista Cataluña ha quedado en manos de una suerte de extranjeros morales que han destruido fundamentos preciosos, éticos y estéticos, de lo que hasta ahora había sido la convivencia entre los catalanes. Una rara invasión endógena. No pueden ni deben vencer. Pero en lo que pueda tener esta lucha de asunto personal e intransferible nuestra derrota está igualmente garantizada.

Monarquía
Felipe VI y las víctimas del terrorismo
Cayetano González Libertad Digital 24 Junio 2014

Que las víctimas del terrorismo fueron un estorbo para Zapatero durante su mal llamado proceso de paz es una realidad; que las víctimas del terrorismo han seguido siendo molestas para el Gobierno de Rajoy en su continuista política antiterrorista de su predecesor es algo que suscita pocas dudas; que las víctimas del terrorismo, una vez que ETA no mata -aunque ni se ha disuelto ni ha entregado las armas-, son un incordio para los gobernantes, tanto de Madrid como de Vitoria, así como para gran parte de los medios de comunicación, es algo que está ahí. Que las víctimas del terrorismo están siendo las grandes olvidadas y sacrificadas en el blanqueamiento que unos y otros están queriendo llevar a cabo de los 65 años de terrorismo de ETA es una triste realidad.

Por eso, que el nuevo rey hiciera una mención tan especial a las víctimas del terrorismo en su discurso del pasado jueves ante las Cortes Generales y quisiera que su primer acto oficial fuera una reunión con ellas fue algo más que un acierto. Fue el reconocimiento público por parte de quien acaba de asumir la Jefatura del Estado a quienes lo han dado todo, hasta la propia vida, por defender nuestra libertad. A algunos les ha podido sorprender esta sensibilidad de Felipe VI ante quienes más han sufrido el embate terrorista. No es mi caso, porque tengo alguna experiencia vivida muy en primera persona sobre esa cercanía de Felipe VI con las víctimas del terrorismo, que paso a relatar.

El lunes 14 de julio de 1997 –cuando presidió en Ermua el funeral por Miguel Ángel Blanco-, el entonces Príncipe de Asturias tenía veintinueve años, los mismos que el joven concejal del PP asesinado dos día antes por ETA. Tengo muy grabada en la memoria la imagen de un príncipe con la cara demudada por el dolor que se vivió en el funeral y en el trayecto de la iglesia al cementerio acompañando al cadáver, así como por el sufrimiento que asoló a todos los españoles en aquellos días, cuando ETA secuestró y asesinó a Blanco.

En aquel entonces existía una gran preocupación en los responsables políticos y policiales del Ministerio del Interior por la seguridad del Príncipe. Por un lado, algún dirigente de ETA –creo recordar que Kantauri- había dado instrucciones a sus comandos para que atentaran contra las autoridades civiles aprovechando la asistencia de estas a los funerales de las víctimas causadas por la banda terrorista. Por otro, los de ETA eran asesinos pero no tontos y sabían diseñar bien sus atentados para hacer el mayor daño posible al Estado. Atentaron contra el sucesor de Franco, el almirante Carrero Blanco, y no contra Franco; atentaron contra Aznar, el llamado a suceder a Felipe González, y no contra el líder socialista. ¿Por qué no iban a intentar atentar contra el heredero de la Corona, que además en ese momento no estaba casado y no tenía descendencia?

A pesar de esa preocupación por su seguridad, que obviamente el Príncipe conocía -al igual que su padre-, el hoy Felipe VI quiso estar en Ermua y encabezar esa gran manifestación de duelo, pero también de rebelión cívica, que supuso la movilización social con motivo del asesinato de Miguel Ángel Blanco y que se bautizó con el nombre de "el espíritu de Ermua". Una movilización, conviene recordarlo en estos tiempos tan convulsos, que asustó tanto al PNV que se arrojó en brazos de ETA, con la que pactó en Estella en julio de 1998.

Años más tarde, a partir del 2004, tuve de nuevo la oportunidad de comprobar la emoción que producía al Príncipe estar con las víctimas. Fue con ocasión de los diversos Congresos Internacionales de Víctimas de Terrorismo que tuve tanto el honor como la responsabilidad de dirigir, y que se celebraron en diferentes en España –Madrid, Valencia y Salamanca-, Colombia –Bogotá y Medellín- y Francia -París, el último, en setiembre de 2011.

A todas las ediciones, salvo a la celebrada en Bogotá, acudió el Príncipe, a partir del 2006 acompañado por la princesa Letizia. Puedo dar fe de que la presencia de los Príncipes, por el respaldo institucional que conllevaba, no era del agrado del entonces Gobierno de Zapatero, inmerso como estaba en un proceso de negociación política con ETA. Sabido es que los movimientos, viajes y actos a los que acuden tanto los Reyes como los Príncipes son supervisados por Moncloa. Pues bien, a pesar de eso, los Príncipes de Asturias siempre tomaron la decisión de ir y de volcarse con las víctimas del terrorismo. Soy testigo del tiempo, de la atención, del cariño, del afecto que tanto el hoy Felipe VI como la reina Letizia derrochaban con todas y con cada una de las víctimas, españolas y de otros países, que se acercaban a saludarles. No tenían prisa; nunca fue un saludo protocolario. Allí había algo más: había sensibilidad, cercanía, cariño hacia quienes han sido y son los auténticos héroes de nuestro tiempo. Esta es mi experiencia personal y me parece de justicia dejarlo por escrito.

En cuanto a ese gesto de los nuevos reyes de querer que su primer acto oficial fuera una reunión con los representantes de las diferentes asociaciones de víctimas del terrorismo, así como con algunas víctimas concretas, nada que objetar en lo que se refiere a eso, al gesto: todo un acierto y una demostración práctica de lo que algunos ya sabíamos.

Pero sí tengo alguna objeción sobre la organización del acto y sobre ciertas ausencias debidas a que no se cursaron las invitaciones preceptivas desde el Ministerio de Interior. Con la presencia junto a los Reyes del titular de esta cartera, Jorge Fernández Díaz –principal responsable político, junto al presidente del Gobierno, de que hace ya casi dos años el torturador/secuestrador de Ortega Lara, Josu Uribetxeberria Bolinaga, esté en la calle-, daba toda la impresión de que el Gobierno quería utilizar la imagen de los nuevos monarcas para intentar lavarse la cara de lo que sin duda ha sido el acto más deplorable e inmoral cometido por este Ejecutivo, por lo de que ofensa tuvo no sólo a las víctimas del terrorismo sino a todos los españoles.

Y como el Gobierno de Rajoy es en algunas cuestiones mucho más sectario que el de Zapatero, el Ministerio de Interior no invitó a ese acto al presidente de Voces contra el Terrorismo, Francisco José Alcaraz, porque es una víctima molesta, que ha tenido la osadía de criticar la política antiterrorista de Rajoy. Aunque ni este ni los dirigentes actuales del PP tuvieron ningún empacho en secundar y acudir a las diversas manifestaciones que, cuando presidió la AVT, Alcaraz llevó a cabo para oponerse al proceso de negociación política de Zapatero con ETA.

Otra ausencia destacada fue la de quien es un símbolo para muchos españoles en la lucha por la libertad y en la resistencia ante el terrorismo: el exfuncionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, que estuvo secuestrado por ETA la friolera de 532 días. Tampoco fue invitado. Oh casualidad, Ortega Lara se dio de baja en el PP en mayo de 2008 –cuando María San Gil se fue a su casa, harta de la política de Rajoy con los nacionalistas y con ETA- y hace unos meses dio el paso de ser uno de los impulsores de Vox. Parece evidente que las víctimas críticas con la política del actual Gobierno son postergadas e ignoradas por este. Pero los ciudadanos no son tontos, aunque el Gobierno lo crea, y estas cosas, como se dice de forma coloquial, cantan mucho.

El Gobierno, aunque quizás sea mucho pedir, debería considerar que hay cuestiones en las que hay que aparcar el sectarismo. El respeto y consideración hacia todas las víctimas del terrorismo, críticas o no con la política gubernamental, es una de ellas. Y la no utilización de la Corona y de los nuevos reyes para maniobras de ese tipo, otra. Insisto: los ciudadanos toman nota de estas actuaciones, como ha podido comprobar en carne propia el PP en las últimas elecciones europeas.

Felipe VI y el abrazo del oso
Javier Benegas www.vozpopuli.com 24 Junio 2014

Es sabido por todos que en la España política nadie dimite voluntariamente, que no hay tropelía y escándalo, por mayúsculo que sea, que pueda arrojar extramuros de forma automática a ninguna de las criaturas que se apacientan del régimen. Tales decisiones sumarísimas no corresponden a los mecanismos de control que toda democracia digna de tal nombre tiene, sino que son exclusiva potestad de la ‘coalición gobernante’, ese selecto club de oligarcas y políticos; de banqueros y tecnócratas, que hacen y deshacen de espaldas a la opinión pública.

Es esta organización informal (todopoderosa si no fuera por sus servidumbres exteriores) la que recompensa o sanciona y la que, en definitiva, puede poner punto y final a la trayectoria de sus miembros, muy especialmente de los más insignes. Y tal parece haber sido el caso de la abdicación de Juan Carlos I, tan marcada por los saltos de ‘raccord’, la urgencia y la chapuza que de transparencia y normalidad ha tenido muy poco.

Todo indica que hemos asistido, una vez más como convidados de piedra, a un ‘putsch’ para salvar in extremis la institución nuclear del régimen nacido en 1978: la Corona. Y con ella al régimen mismo y a sus beneficiarios. ‘Putsch’ que, como es costumbre de un tiempo a esta parte, terminó en un bochornoso vodevil.

En este sentido, apuntan algunos cronistas que Juan Carlos, viéndose abandonado por todos y, añado, coaccionado por personajes de dentro y fuera de palacio, se dejó llevar por la histeria –quizá por la cólera– y en un último acto de frivolidad precipitó su renuncia, pillando a los muñidores de la abdicación con el paso cambiado, de tal suerte que el carro no solo terminó por adelantar a los bueyes sino que a punto estuvo de arrollarlos. Contingencia que conjuró como buenamente pudo la ‘vicetodo’, Soraya Saenz de Santamaría, que es en estos desaguisados donde, además de hacer valer sus galones, acumula fichas del juego.

La adulación es la vaina que esconde el puñal
Sin embargo, sea cual fuere la intrahistoria de este rocambolesco episodio, lo relevante es que quien durante casi cuarenta años ha sido la viga maestra de nuestro inefable modelo político ha desaparecido súbitamente del tablero de juego. Y mientras unos respiran aliviados y dan coba al nuevo rey, pensando equivocadamente que aún es posible insuflarle nueva vida a este régimen difunto, a otros, preocupados por su encaje en esta nueva fase del juego, empieza a no llegarles la camisa al cuerpo. Tal es el caso del presidente del gobierno, cuya triste figura, hasta ayer parapetada detrás de un rey tambaleante, se dibuja ahora nítida y solitaria como el principal problema de España.

En efecto, Mariano tiene razones para estar inquieto. Su cometido, tal y como hemos podido comprobar en estos dos años largos de legislatura, era evitarle al modelo político cualquier desperfecto o ralladura. Para lo cual no ha dudado en redactar leyes injustas y casposas, poniendo en almoneda derechos fundamentales, y dar varias vueltas de tuerca al expolio que tradicionalmente venimos soportando.

Sin embargo, pese a todos sus desvelos, lo cierto es que la Corona pende hoy de un hilo y España camina hacia la desmembración sin que haya plan alguno para conjurar el peligro, excepto, claro está, suplicar por vía interpuesta a Isidre Fainé –¡ni más ni menos que a un banquero!– que ejerza de virrey en Cataluña y haga aquello que los políticos nacionales, mínima expresión del coraje y el talento, no se atreven a hacer de frente y por derecho.

Cierto es que rescatar el sistema financiero, a mayor gloria y beneficio de los grandes banqueros, y diseñar unas reformas económicas arbitrarias que no tocaran el bolsillo de los amos del juego, eran dos cláusulas fundamentales del contrato suscrito entre el PP terminal de Rajoy y la coalición gobernante. Pero el bagaje, como era de prever, ha resultado ser insuficiente. Y por más que los cronistas entregados al ‘rajoyismo’ argumenten que promover reformas políticas excede con mucho las funciones del nuevo rey, lo cierto es que Felipe VI, quieran o no entenderlo quienes mueven los hilos, o evita el abrazo del oso del continuismo o su reinado pronto se verá comprometido, porque España ya no aguanta.

La falacia de las instituciones formales
Es llegados a este punto que Rajoy, por mediación de Soraya, ha hecho circular la consigna entre los periodistas amigos que una cosa es el rey y otra bien distinta el presidente del gobierno; que Corona y Gobierno son instituciones con funciones bien diferenciadas. En resumen, que Rajoy manda y que el nuevo rey debe limitarse a encajar sin estridencias dentro del nuevo consenso que ya se está pergeñando de espaldas a los ciudadanos. Sin embargo, recurrir a las distinciones formales entre instituciones en un país donde precisamente lo informal es lo formal y lo anormal es la norma suena a chifla. Y en esta tesitura bastaría que Felipe VI hiciera un respingo para obligar a Mariano a tener que elegir entre espada o pared; es decir, entre sacrificarse a destiempo –debió hacerlo hace mucho– o terminar siendo un problema mayor que el rey defenestrado.

Seguramente Rajoy, falto de valor para revolverse contra aquellos a los que tanto debe y tanto saben de sus servidumbres políticas e impedido para hacer lo correcto por la deformación moral que impone la supervivencia en un Estado tan corrupto como el nuestro, escogerá lo segundo, convirtiéndose así en el principal obstáculo para que Felipe VI conserve la corona y, por elevación, España tenga a mano una vía alternativa, necesariamente democrática, que conjure las pulsiones separatistas y bolivarianas de un país desarticulado y severamente empobrecido.

Así pues, analícese como se quiera, pero el hecho es que los caminos de Felipe VI y Rajoy discurren en direcciones opuestas. Porque mientras Felipe necesita imperativamente pasar de las palabras a los hechos, Rajoy no puede permitir que los hechos pasen de las palabras.

La sensatez como milagro
Queda ahora comprobar si la oligarquía hispana aún sigue creyendo que bastarán reformas cosméticas, colmar una vez más el apetito sin fondo de catalanes y vascos y parchear el modelo político para seguir tirando, o si, por el contrario, por fin son conscientes que de ésta solo salimos, ellos y los desdichados mortales, abriendo el melón de las reformas políticas, entre las cuales figurarían en lugar destacado una reforma constitucional que garantice la separación de los poderes del Estado y el equilibrio entre éstos, eliminando toda dependencia partidaria; reforma de la ley electoral en favor de la representación directa y el control del representante por los votantes, con elección por distritos uninominales; reorganización autonómica, asignando competencias mediante criterios racionales y garantizando la unidad de mercado así como la igualdad de derechos entre españoles; y por último, y no precisamente lo primero como desean algunos, la celebración de un referéndum sobre la forma de Estado, que conceda la necesaria legitimidad a cualquiera de las opciones. Todo queda pues al albur de que, por algún azar del destino, Felipe VI o quien tenga a su lado, además de tener dos dedos de frente sea por fin un patriota y, por supuesto, un demócrata.

Monarquía, república, o el desinterés de un pueblo…
E. Milá Minuto Digital 24 Junio 2014

La ceremonia de entronización de Juan Carlos I por Felipe VI se ha realizado en medio de una indiferencia casi total que contrasta con la presión mediática a favor de la República o de la Monarquía. Y es que a este pueblo no le interesa nada mas que superar la crisis (y poco le importa como se haga), en cuanto a la forma de gobierno, al diablo con ella, si no trae pan, trabajo y prosperidad. Lejos de ser criticable, esta posición es la propia de un pueblo decepcionado y harto de otros especulen con su frustración y su miseria. Vale la pena recordar lo que supone el dilema “república – monarquía”.

Lo que queda de monarquismo en el PSOE
Habitualmente la derecha suele ser monárquica, en tanto que conservadora, y la izquierda progresista tiene tendencia a considerarse republicana. Al menos en líneas generales. Luego resulta que esto que parece tan claro, en la práctica, no lo es tanto: los socialistas siguen aún comprometidos con el pacto constitucional suscrito durante la transición con las fuerzas franquistas–evolucionistas, según el cual recibirían “democracia” (y especialmente “poder”) a cambio de aceptar la monarquía.

En realidad, no es que abunden los fervores monárquicos en el PSOE, pero este partido ha entendido a la perfección que su destino (e incluso su misma existencia) depende de que en el futuro se mantengan las mismas circunstancias políticas que se dieron en la transición. En el momento en que tales circunstancias queden modificadas, el PSOE se arriesga a evidenciar que la crisis en la que cayó inmediatamente iniciado el post–zapaterismo, no es ya una crisis coyuntural, sino estructural y que, difícil lo tiene para sobrevivir en un régimen en el que ya no sea una de las dos columnas esenciales, debido a su mala gestión (el nombre de Felipe González se asocia al GAL, pero el de Zapatero lo hace con la crisis económica y la debilidad), sus excepcionalmente altos niveles de corrupción, sus discrepancias internas incluso en cuestiones vitales (como la vertebración del Estado) o el fracaso de la socialdemocracia en promover un “capitalismo con rostro humano”…

La vista de la “estatura” política de los candidatos presentados hasta hoy para sustituir a Rubalcaba en la Secretaría General, indican el nivel de indigencia en el que ha caído el PSOE y confirman en su declive histórico y en que ha iniciado la misma senda que llevó al Partido Socialista Italiano, de partener inevitable en gobiernos de centro–izquierda al basurero de la historia, pasando por el banquillo de los acusados. En España, el destino del PSOE no va a ser muy diferente. De ahí que no sea extraño que este partido haya sostenido a la monarquía, sin excesiva convicción y con algunas defecciones.

La monarquía en las “diversas derechas”
En lo que se refiere a la opinión de las derechas, llama la atención que en algunas provincias el PP (y en menor medida Vox) intentaran convocar concentraciones en defensa de la constitución justo cuando se supo la abdicación de Juan Carlos I y para contrapesar las primeras movilizaciones republicanas. El resultado de estas concentraciones demostró que una cosa es aceptar la monarquía y otra manifestarse en su favor. Como ya dijo el fundador de la Falange en los años 30 en relación a Alfonso XIII, también ahora la monarquía parece no tener “ni un piquete de alabarderos” para salir en su defensa. De todas formas, la unanimidad del PP a la hora de votar la entronización de Fernando VI fue ejemplar: demostró que en la derecha parlamentaria nunca hay voces discordantes.

Otras derechas no se mostraron tan complacientes. Los “liberales” de derechas aprovecharon para criticar a la monarquía y en lo que se refiere a la extrema–derecha, Falange Española de las JONS se mostró a favor de la “república sindical”, mientras otros grupos menores lo hicieron “por una República Nacional” (sea lo que fuere). Cabe decir que, contrariamente a lo que suele repetirse en ámbitos falangistas, el fundador no solamente nunca fue antimonárquico, sino que su crítica a la gestión de Alfonso XIII fue extremadamente benévola (dijo aquello de que “la monarquía cayó como una cáscara sin vida”, añadiendo aquello otro de que podía darse a la institución como “gloriosamente fenecida”, cuando en realidad feneció sí, pero no precisamente de manera gloriosa) e incluso que, vicesecretario general de la Unión Monárquica en 1930, diez días antes de su fusilamiento en 1936 se negó a contestar al secretario judicial que lo interrogaba sobre “el Borbón”, exigiéndole “respeto” para aquel que había sido rey de España.

Sabemos que fueron los monárquicos de Renovación Española y los opusdeístas que formaron en torno al Consejo Privado de Don Juan durante el franquismo, los que arrinconaron la influencia falangista dentro de los gobiernos franquistas a partir de 1942 y que esto, unido al Decreto de Unificación de 1937, fueron los elementos que condicionaron la hostilidad falangista hacia la monarquía y su petición de una “República Sindical” de la que no encontramos rastro en las Obras Completas de José Antonio.

¿Borrón y cuanta nueva para la monarquía?
En el otro lado, después de las primeras manifestaciones republicanas al conocerse la abdicación de Juan Carlos I, parece como si el movimiento republicano tricolor perdiera fuelle y no pudiera ofrecer más que la imagen de Jorge Verstrynge detenido el día de la coronación. Hay que felicitar a los responsables de operaciones psicológicas del CESID: la operación recambio les salió que ni pintada, sin apenas abolladuras ni desgastes de origen.

A partir de ahora, la próxima imputación de la infanta Cristina en el Caso Nos, la previsible condena de Urdangarín, no irán con Felipe VI, sino que serán considerados como secuelas del reinado de Juan Carlos I, del que la historia dirá, benévolamente, que tuvo una primera fase de reinado en la que se impuso a las corrientes golpistas, las desactivó, asentó sobre esta actuación democrática su prestigio, para luego, dormirse en los laureles a causa de la edad y, finalmente, abdicar generosamente en su primogénito. E incluso es posible que alguien crea esta versión oficial.

La realidad es muy distinta: la corrupción que irrumpió en el entorno de la Casa Real no es algo reciente exteriorizada por el Caso Urdangarín. Se remonta a varias décadas. Los grandes amigos de la Casa Real, empezando por Ruiz–Mateos, siguiendo por Mario Conde, o el mismo Javier de la Rosa, por no hablar de Luis Prado y Colón de Carvajal, desde hace mucho tiempo (treinta años en realidad) han ocupado las páginas más suculentas sobre la corrupción en España. Urdangarín, por el momento, sólo ha demostrado ser el más tonto de toda patulea.

¿Hubiera sido diferente con una República? Lo dudamos. En España lo que falló en 1978 fue el método con que se hizo la transición: cuando la clase política hablaba en aquel momento de “consenso” lo que había que entender era “arreglo”, es decir, tratar de que la distribución del poder se hiciera de tal manera que se prolongara al máximo (de ahí el recurso a la ley d’Hondt y los porcentajes marcados para modificar en profundidad el régimen). La “transición” lo único que demostró era que la iniciativa correspondía a los “franquistas evolucionistas”, mientras que la “oposición democrática” no tenía fuerza social suficiente para imponer una República. Debió contentarse con circular por el camino elegido por los “franquistas evolucionistas” (y especialmente por el poder económico que estaba detrás de él). De haber tenido fuerza social suficiente, de partida se hubiera impuesto la república ya en 1978. Pero no fue así.

Decidirse por la monarquía o la república
¿Y hoy? ¿Republicano o monárquico? ¿Qué es, en definitiva, este país? Básicamente un país de apáticos e individualistas en crisis. Nada más. Con 6.000.000 de parados y un 25% de la población en torno al umbral de la pobreza, no puede aspirarse a mucho más. Las neuronas trabajan con el estómago lleno (y no siempre, en realidad: para que lo hagan hace falta un sistema educativo que haya transmitido a las nuevas generaciones la capacidad para pensar, juzgar, discernir, criticar… nada que haya hecho desde los años 70 el sistema educativo español).

El pueblo español solamente entiende que lleva seis años y medio de crisis y que no hay perspectivas de que quede atrás: los sueldos siguen bajando, las diferencias entre las rentas más altas y la media, aumentan; los pocos empleos que aparecen tienen remuneraciones mezquinas y ya ni siquiera permiten vivir ni siquiera sobrevivir. No hay perspectivas de que todo esto vaya a cambiar. Ni con República ni con Monarquía.

Las buenas palabras que leyó Felipe VI en el parlamento, eran tan previsibles como un reloj suizo. Un eventual presidente de la República hubiera dicho algo similar. Nada fascinante, ni nada nuevo. Tampoco nada que vaya a cambiar el hecho esencial: España –la misma Unión Europea– pierden competitividad en la escena económica internacional, han arruinado su identidad y su homogeneidad admitiendo bolsas de inmigrantes inasumibles por el mercado laboral, traídos solamente para tirar a la baja de los salarios; no hay lugar para Europa dentro de un mundo globalizado. Y, muy en especial, no hay lugar para el grueso de la población española en ese diseño mundial, salvo servir cafés y hacer camas de hoteles. Y veremos durante cuanto tiempo…

Así pues ¿cómo puede reprocharse a nuestro pueblo esa indiferencia total ante el dilema “monarquía – república”? En realidad, ya no hay ni siquiera monárquicos: si se supone que la derecha monárquica es conservadora y acepta que la monarquía ha sido siempre una institución ligada al catolicismo español ¿cómo hay que entender esa laicidad absoluta en las ceremonias? Sencillo: como una monarquía que se niega a sí misma. No es raro que los cortesanos que antes decían aquello de “no soy monárquico, soy juancarlista”, ahora cambien el mensaje pasando definirse como “felipistas”.

En cuanto a los republicanos la cosa no es mucho mejor. En su imaginario enfermizo no pueden hacer otra cosa que ondear banderas tricolores propias de aquella república que constituyó probablemente el fracaso histórico más rápido y rotundo del siglo XX español: duró menos que la dictadura y cayó víctima de sus propios errores. Y ahora, unos resentidos históricos enarbolan las mismas banderas presentándonos lo que no fue más que el atrio de la guerra civil como el mejor de los mundos. Como para echar cohetes…

Lo dicho, no me extraña que no hubiera ni apoyos entusiastas a la monarquía, ni movilizaciones de masas a favor de la república. A veces las reacciones de los pueblos son sabias. El pueblo español se ha inhibido completamente del dilema “república – monarquía”. Esa es la única realidad.

Islamistas y separatistas
Manuel Molares do Val Periodista Digital 24 Junio 2014

Lo mejor que puede pasarle a España es que Israel, la ya amenazada Jordania y los países del norte de África se mantengan como freno del avance yihadista que eclosiona entre Siria, Irak y varios países que tocan el Sahara, y que tiene como objetivo cercano Marruecos.

Los llamamientos a la yihad de los sunitas más fanáticos para establecer la umma, comunidad de los creyentes, y el califato que gobierne las tierras conquistadas o atemorizadas, está llevando a muchos musulmanes de todo el mundo a combatir para volver a sus países como células más o menos durmientes, exaltados rápida y “milagrosamente”, dicen ellos.

También van desde España, donde ya se ha detenido a decenas, aunque no se sabe bien cuántos están libres y de qué apoyos disponen.

Debe recordarse que los atentados del 11M de 2004 se preparaban desde 1999, cuatro años antes de la guerra de Irak: sus inspiradores soñaban con la reconquista de Al-Andalus, que es España, incluida Cataluña, donde numerosos musulmanes apoyan el separatismo de Mas y ERC.

Gobierno y PSOE no quieren alarmar alertando del peligro; deberían hacerlo, recordándoles que España es un objetivo clave de un yihadismo, amparado en la taqiyya, el derecho a disimular aparentando pacifismo, que hace de ETA una pequeñísima banda de criminales.

Cualquier régimen del mundo musulmán puede caer por la presión creciente de los fanáticos, y nuestra libertad y existencia individual pueden desaparecer si se acercan, ayudados por el terrorismo y por los aliados internos.

Los Don Julián contemporáneos son ya visibles entre alguna izquierda, los antisistema del cuanto peor, mejor, y los nacionalismos autistas.

Los separatistas están desangrando esta España cansada y desmoralizada, incapaces de asimilar, en su egolatría, que la yihad ataca primero a los más divididos.

Educación
6.057 euros para los alumnos que se vayan a la privada para estudiar en castellano
 La Razon 24 Junio 2014

El coste del alumno en la escuela pública es el límite establecido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para compensar a los estudiantes que quieren el castellano como lengua vehicular en la enseñanza y que, sin embargo, la comunidad autónoma con lengua cooficial no le garantiza. Este coste es de 6.057 euros al año, según han precisado fuentes de este departamento.

El titular de Educación, José Ignacio Wert, ha precisado durante su comparecencia en la Comisión de Educación y Deporte del Congreso que este criterio da respuesta a la objeción del Consejo de Estado, que advirtió de que en el borrador del decreto, que desarrolla la disposición adicional 38 de la LOMCE, no quedan claro los límites económicos para compensar a estos alumnos que quieren estudiar en castellano en algunas comunidades.

Fuentes del Ministerio de Educación han aclarado que si el coste del colegio privado es superior a los 6.057 euros anuales, la familia tiene que justificar debidamente que no existe otro centro privado en el lugar donde reside, pues de lo contrario se tendrá que hacer cargo de la diferencia. Si lo justifica, la Administración General del Estado adelantará la totalidad del puesto escolar privado, que luego se descontará a la comunidad autónoma.

El decreto que desarrolla la disposición adicional trigésimo octava de la LOMCE se aprobará previsiblemente el próximo mes de julio, según ha anunciado el ministro en esta Comisión, con el objetivo de que entre en vigor el próximo curso escolar 2014-2015. Esta cuestión ha sido objeto de críticas por parte de CiU y BNG.

Madina, Cayo Lara o Pablo Iglesias ¿será esta la izquierda del mañana?
Estamos asistiendo a una increíble proliferación de corpúsculos, de pequeños grupos de personas
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 24 Junio 2014

Uno, en su candidez, había pensado de que los resabios de la Guerra Civil de 1.936 habían quedado superados por más de siete décadas y media de paz, de más de 30 años de la finalización de la dictadura del general Franco y desde que los españoles en un gesto de grandeza decidieron darse una Constitución con la que se daba paso a los partidos políticos, se establecía una democracia y los antiguos vencedores de la guerra civil cedían, en un acto de generosidad, ante la decisión de don Adolfo Suárez de dar entrada en España a los comunistas presididos por el señor Carrillo.

Es posible que en los recovecos de la memoria de los pocos supervivientes que quedan de aquella contienda, todavía aniden rescoldos de odio hacia quienes les vencieron; es menos probable que en las nuevas generaciones de españoles, nacidos después de la guerra y los que ya lo hicieron estando en democracia, se sigan manteniendo, por transmisión familiar o por iniciativa propia, algunas de las ideas de carácter totalitario que caracterizaron a sus ancestros, pero de lo que estoy casi seguro es de que, si no hubiera sido por la llegada del señor Zapatero al poder, por su revanchismo disfrazado de utópico defensor de los pobres, por su falta de visión de lo que convenía a una España abocada a una recesión económica y por su empeño en revivir lejanas historias, remover viejas heridas y resucitar antiguas rencillas, de modo que, por extraño que pueda parecer, consiguieron que reaparecieran en el panorama político español viejos resabios comunistas, anticuados conceptos frente populistas y falsos rebrotes igualitarios que, hoy en día, en una Europa unida y ante una economía globalizada en la que, incluso naciones tradicionalmente comunistas, como la propia China o la misma Rusia del señor Putín, han empezado a dejar de lado; convencidas de que, sin participar de la economía global de mercado y de la gestión privada de las empresas, ninguna nación puede sobrevivir de la pobreza.

Y es que, señores, estamos asistiendo a una increíble proliferación de corpúsculos, de pequeños grupos de personas, de agrupaciones espontáneas lideradas por “enterados”, improvisados líderes callejeros y charlatanes de barrio que, aprovechándose de que en este país ya se permite todo, que las autoridades le temen más que a un terremoto que se les produzca un problema en las calles y el tener que discernir sobre si, una tropelía cometida por unos vándalos, es una legítima manifestación de la libertad de manifestación y expresión o, por el contrario, sólo significa un acto bárbaro de unos terroristas callejeros que tienen la obligación de reprimir. El reciente caso del barrio de Sans, de Barcelona, dónde el alcalde de Barcelona ha dado muestras del terror que le tienen los políticos a enfrentarse con unos pocos ocupas, cediendo ignominiosamente ante ellos, ordenando parar un derribo decretado por los jueces, justificándose por la necesidad de no crear problemas que puedan alterar el orden público de la ciudad.

Eso mismo ocurrió en un barrio de Burgos, con los mismos resultados; de modo que el ejemplo viene cundiendo y, cada día, van surgiendo, como si fueran setas, nuevos colectivos de no más de unos cientos de exaltados que, amparándose en el derecho de manifestarse y expresarse, se dedican a crear conflictos en todas las ciudades, sin que les importe apelar a la fuerza, quemar bienes públicos, destrozar escaparates y hacerse dueños de las calles, ante la más absoluta inoperancia de las fuerzas de orden público encargadas, en teoría, de hacer que se respeten las leyes y de mantener la seguridad de los ciudadanos en las calles. Lo cierto es que, esta nueva forma de cuestionar la autoridad de los Ayuntamientos, de discutir las decisiones de los parlamentos autonómicos, de oponerse a las decisiones judiciales y de pretender suplir las leyes, las normas administrativas, y las cuestiones de policía urbana por los acuerdos tomados, a viva voz, por grupos desestabilizadores del orden. Lo cierto es que los encargados de mantener la legalidad se achantan ante dichos desafíos y se avienen a negociaciones, cesiones y claudicaciones, que sólo contribuyen a que esta clase de terrorismo urbano vaya adquiriendo carta de naturaleza, cada vez, en mayor número de ciudades, pueblos y localidades de nuestra nación.

De tales polvos vienen estos lodos. Así venimos observando como aparecen grupos como Podemos, liderados por individuos expertos en el uso de tópicos, hábiles en la utilización de argumentos demagógicos y conocedores de la mentalidad, fácilmente impresionable, de aquellos que están dispuestos a ir contra el poder, al que culpan de todos los males que aquejan a la nación; en muchas ocasiones sin darse cuenta de que, ellos mismos, pueden llegar a ser el mayor problema para poder sacar la nación adelante. Estos días venimos asistiendo al acoso, llevado a cabo por numerosos de estos grupos, que se convocan por medio de las redes sociales, que se denominan a ellos mismos “plataformas” y que bajo el eslogan común de ir “contra los recortes” de apoyar actuaciones anti-desahucios o de lo que denominan “ defensa de la dignidad”, en amparo de la igualdad y en contra de la pobreza ; a Ayuntamientos, parlamentos y sedes de los gobiernos autonómicos, llevados a cabo en numerosas ciudades de la geografía española, en una alarde de temeridad, de rebeldía y de desafío a las leyes vigentes, todo ello con plena impunidad.

Por ello, cuando nos percatamos de lo que está sucediendo en los partidos políticos, viendo la tendencia a la radicalización que se está produciendo en la mayoría de los de la izquierda, incluso en los más moderados y observando los personajes que van perfilándose como futuros aspirantes a gobernar nuestra nación; no podemos menos de sentir una gran alarma si es que queremos encontrar a alguien en la derecha capaz de enfrentarse, con posibilidades de éxito, contra ellos. Cayo Lara, una mediocridad que, sin embargo, ha conseguido convencer a muchos ex socialistas de que, él y su partido comunista, son los que pueden solucionar los problemas del paro en España; pretendiendo competir con él tenemos al señor Madina, del PSOE, un tapado que, valiéndose de la demagogia ha conseguido hacerse un nombre en el partido, una formación que va de mal en peor, como demuestra el que ninguno de los barones haya querido afrontar el reto de aspirar a la secretaria del partido. El tercero en discordia, el señor Pablo Iglesias, el sosia del fundador del PSOE, que, a la chita callando, y con la “inestimable” ayuda de los periódicos y TV de las izquierdas, ha conseguido en un tiempo record hacerse con una serie de adeptos convencidos de que, este asesor de los venezolanos de Maduro, es el que tiene la llave para sacar a los pobres de la pobreza, dar trabajo a los que están en paro, conseguir un salario mínimo para todos los españoles y sacar a España… ¿de dónde, don Pablo?, ¿acaso de la OTAN? ¿puede que de la UE y de la Europa del euro? Porque lo que no ha dicho usted es de dónde va a sacar el dinero para conseguir todos estos logros. Puede que aumentando los impuestos a los “ricos” o limitando los sueldos a los altos empleados, técnicos, investigadores u científicos e, incluso, aumentando las cotizaciones a la Seguridad Social de las empresas. A las grandes por supuesto.

Lo que ocurre es que, la mayoría de las grandes empresas españolas están en manos de multinacionales. Ya no ocurre, como venía sucediendo en Catalunya, que los grandes emprendedores, empresarios, industriales y banqueros, son españoles. Ahora, una gran parte de empresas industriales, bancarias, financieras y exportadoras, están en manos de capital extranjero, un capital que, al menor atisbo de intervencionismo estatal, se va a dar el bote, llevándose su negocio a otros países en los que no se les acose a tributos y obligaciones sociales, imposibles de soportar. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos con pánico como regresamos al caos.

El PSC defiende a ultranza la inmersión
Los estudiantes que acudan a la privada para estudiar castellano recibirán hasta 6.057 euros
No obstante, si en la localidad del alumno no existiera otro más barato que ofertara castellano se le pagará íntegro el coste.
O. Moya Libertad Digital 24 Junio 2014

Más de cinco horas de Comisión de Educación en el Congreso de los Diputados, donde el ministro José Ignacio Wert compareció este martes para dar cuenta del desarrollo de la Lomce y la FP básica. Y la sensación final que quedó fue que no sirvió para nada. Si bien es cierto que el responsable de esta cartera debe dar explicaciones en la Cámara Baja, y así se lo exige la oposición, estos encuentros no solucionan ningún problema que pudiera existir: Gobierno y PP muestran su postura ya sabida y los grupos de la oposición hacen lo propio con la suya, ambas irreconciliables.

Críticas al sistema de becas, a la nueva FP y, en definitiva, a la totalidad de la reforma educativa, con especial atención a la disposición trigésimo octava de la misma, aquella relativa a las lenguas cooficiales. Dicha disposición se regulará a través de un real decreto que se aprobará previsiblemente en julio. En él se pretende regular el procedimiento administrativo por el cual los alumnos que no tuvieran una oferta de castellano en ningún colegio público o concertado cerca de su casa puedan ser matriculados en un centro privado. Así, los padres de alumnos de las comunidades con lengua cooficial que recurran a la escolarización privada deberán pagar los costes de matrícula y reclamar después la restitución de gastos al Ministerio de Educación.

Posteriormente, el Ministerio deducirá o retendrá de la financiación autonómica el importe de esos gastos de escolarización en centros privados asumidos; es decir, serás las comunidades autónomas las que finalmente corran con este gasto. Según el texto de proyecto de ley propuesto por el Ministerio de Educación, no se considerarán adecuadas las medidas que supongan la atención individualizada en castellano o la separación en grupos por razón de la lengua habitual. Tampoco se considerarán razonables las ofertas de enseñanza en castellano que impliquen que el alumno deba irse fuera del municipio en el que vive.

Pero este martes, Wert añadió un punto nuevo: el coste del alumno en la escuela pública es el límite que establece su departamento para compensar a esos estudiantes. Y según precisaron fuentes del Ministerio este coste es de 6.057 euros anuales. Según explicó el ministro, la introducción de esta novedad se debe a la llamada de atención que realizó el Consejo de Estado, que advirtió que en el borrador del real decreto no quedaban claro los límites económicos para compensar a dichos alumnos.

No obstante, fuentes del departamento de Educación aclararon que si el coste del colegio privado es superior a estos 6.057 euros anuales y la familia justifica que no existe otro centro privado más barato en la zona donde reside, la Administración General del Estado adelantará la totalidad del dinero, que luego descontará a la comunidad autónoma. Si la familia no lo justifica deberá hacerse cargo de la diferencia.

Esta medida fue muy criticada – como es costumbre – por los nacionalistas (CiU, BNG), pero sobre todo – y llamó la atención por ello- por el diputado del PSC, Germán Sánchez. En pleno proceso de descomposición de su formación política en Cataluña, Sánchez alzó la voz a favor del sistema de inmersión catalán.

A falta del diputado de ERC en la sala, Rodríguez obvió las reiteradas sentencias del Tribunal Supremo y del TSJC, en las que se establece que la atención individualizada no es aceptable, para declinarse por esa opción, y realizó una defensa cerrada del sistema de inmersión, que, según él, "no discrimina" a nadie. Por último, vaticinó que no se va a poder aplicar el curso por falta de tiempo, alegó.

José Ignacio Wert contestó lo que ya ha dicho otras veces: que la enseñanza en castellano "no es cuestión de números, sino de derechos", aunque reconoció que son "pocos" los alumnos que quieren estudiar solo en castellano.

La Generalidad deberá pagar hasta 6.057 euros anuales a cada alumno al que no le garanticen una educación bilingüe
Tal y como reclamó el Consejo de Estado, el Ministerio pone límite al coste que deberán asumir las CCAA para compensar el gasto de la escolarización privada de los alumnos a los que no les ofrezcan la enseñanza en castellano, además de en la lengua cooficial correspondiente.
Redacción www.cronicaglobal.com 24 Junio 2014

El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, ha anunciado este martes que el coste que asumirán las CCAA para compensar a los padres que no puedan escolarizar a sus hijos en castellano -además de en la lengua cooficial correspondiente- y que decidan inscribirlos en un centro privado estará limitado a 6.057 euros por alumno y año.

Esta cantidad se ha calculado en función del coste de la escolarización en el sistema público y, aunque inicialmente será asumida por el Ministerio, posteriormente será descontada de las transferencias a las CCAA.

Así lo ha señalado durante una comparecencia en la Comisión de Educación y Deporte del Congreso, en la que ha hecho este anuncio para dar respuesta al reciente dictamen del Consejo de Estado que, entre otras "carencias", advertía de que el borrador de real decreto que desarrolla el mecanismo para garantizar la educación bilingüe prevista en la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) no establecía dicho límite e instaba a introducirlo.

Fuentes del Ministerio han aclarado que, si el coste del colegio privado es superior a estos 6.057 euros anuales, la familia deberá justificar debidamente que no existe otro centro privado bilingüe en el lugar donde reside, pues de lo contrario se tendrá que hacer cargo de la diferencia.

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¡Viva el Rey!
Javier Orrico Periodista Digital 24 Junio 2014

Acabo de leer que los ayuntamientos de Gerona (Gerona, sí, Gerona, ¡pijo!, la Gerona heroica de Galdós: si en catalán diuen Terol o [Mùrsia], y escriben 'Corunya', ¿por qué tenemos que decir [Yirona] en español?) y Barcelona piden República y que a la infanta Leonor se le niegue el título de Princesa de Gerona. Quieren dejarnos hasta sin princesas, sin códigos amorosos para cabrear feministas, sin poesía. Por su parte, Urkullu, el heredero ideológico del racista Sabino Arana, se negó a asistir la semana pasada a la abdicación de Juan Carlos I. Además, me entero de que en Asturias, cuna de las Españas, la izquierda va a generalizar la enseñanza del bable en lugar de la del francés o el alemán. Están contra la Monarquía, porque es una antigualla, y se dedican al bable, tan antigualla como la Monarquía, su coetánea exacta en el caso asturiano. Entretanto, en el acto de proclamación de Felipe VI, los nacionalistas, Mas y Urkullu, se negaban a aplaudir al nuevo rey. Para mí es suficiente. ¡Viva el Rey!

Todos los reaccionarios nostálgicos que quisieran reyes regionales propios, coronas herederas de la disgregación visigoda, patrias feudales, se han hecho republicanos. Pero no lo son. En España nadie es republicano, porque eso significaría la igualdad, y lo que les gusta a los españoles es una monarquía singular para cada uno, un estatuto de hecho diferencial, un pacto fiscal, unos fueros, algo para poder cagarse en el vecino. Mis huevos über alles.

Con raras excepciones, en todo el triste norte de España siguen viviendo gentes (beneguistas, bablistas, etarroides y peneuvistas, navarros vasquistas, chunteros, separatistas catalanes y sus patéticas extensiones baleáricas…) en un estado mental anterior al oso de Favila. Sólo un siniestro racismo latente, mezclado con estupidez e ignorancia, puede explicar su ansia eterna de separarse de un sur que repoblaron ellos. Han convertido sus pequeñas lenguas en fronteras, en identificadores de la vieja pureza de sangre que tantas veces destruyó la posibilidad de una España moderna.

Mal que bien, los pobres de las Castillas y los Sures terminamos por darnos cuenta de que la única esperanza contra nuestras corruptas aristocracias era un poder superior que nos protegiera de ellas. El señor Fainé, jefe de una caixa molt important, Isidre, allí, Isidro, aquí, supongo que Isidren en Berlín, le pide al nuevo rey un gran pacto de Cataluña con España, como si fueran cosas distintas. Y yo le digo al rey que no olvide que es nuestra igualdad su razón de ser: “Del Rey abajo, ninguno”. La utopía.

¡Miserables!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 24 Junio 2014

Que estamos ante una crisis de valores es un hecho irrefutable. La tónica general es que quien tiene poder lo usa de un modo descarado y con prepotencia, violando la Ley con total impunidad y sin mostrar ningún signo de mala conciencia. Ayer los periódicos se llenaron de noticias que parecen un poco difuminadas en la resaca del relevo en la Monarquía con la proclamación de Felipe VI y su consorte la reina de raíces plebeyas, Letizia. Me refiero a asuntos como la filtración de que Mariano Rajoy tiene la idea de plantear al nuevo Rey la solución final al tema del terrorismo de ETA mediante un indulto generoso como gesto de buena voluntad para dar un impulso definitivo al “proceso de paz” comenzado por el PSOE con Zapatero y Rubalcaba. Y eso solo 48 horas después de la reunión de los reyes con la mayoría de las asociaciones de víctimas. Y como no el otro asunto más que vergonzoso de la "protección familiar" del Ministro de Justicia Alberto Ruíz Gallardón a actos presuntamente delictivos de su hijo.

Lo que siento además de un profundo asco y repugnancia por estos sujetos es la impotencia de no poder hacer nada más que sumarme a las pocas voces que denuncian estas actuaciones. MI mayor arrepentimiento es haber confiado en un PP liderado por quien nada más alcanzar el poder se ha dedicado a seguir la política del anterior Gobierno de Zapatero y del PSOE que no dejó de criticar, sobre todo en el tema anti terrorista. Todo se ha demostrado ser una burla y una mentira con la suelta de etarras como Bolinaga, la no persecución de huidos como de Juana Chaos o Josu ternera y la aplicación por la vía de urgencia de la sentencia no vinculante del tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Se dice que es una “oportunidad única” que hay que aprovechar. Yo simplemente le llamo “RENDICIÓN” y cobardía. Las peticiones de los colectivos de víctimas de resolver los más de 300 casos de asesinatos de ETA identificando a los terroristas responsables, quedan archivadas de modo definitivo, ya que la lucha anti terrorista hace tiempo que ha terminado para este Gobierno, quedando solo actuaciones aisladas por parte de las FFyCCSE que siguen obstinadamente manteniendo su labor de hacer justicia con la memoria de muchos de sus compañeros asesinados por esa banda terrorista.

No sé si el nuevo rey Felipe VI hará como su padre y transigirá con la voluntad de este Gobierno que no duda en traicionar a las víctimas, dando por buenas aquellas desafortunadas frases de “hablando se entiende la gente” y “si sale, sale”. La indignidad no puede llevar a los españoles a ver cómo su sacrificio es despreciado para sentarse en una mesa de capitulación ante ETA. Políticamente hace años que esta rendición es un hecho con la legalización y auge de fuerzas etarras como BILDU y SORTU. Así que resulta irónico que aún siga encarcelado el que fue llamado “hombre de paz” por el entonces Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

Es deber de los españoles que mostremos nuestro rechazo a esta indignidad que una vez más nos intentan colocar como la solución definitiva a décadas de terrorismo. La rendición sin condiciones no es una solución, sino una imposición inadmisible que atenta contra lo más profundo de nuestras convicciones y valores, de los que esta gentuza carece. Seríamos como ellos, unos miserables, si no apoyáramos como siempre a la razón, a la dignidad, a las víctimas y exigiéramos justicia. Solo espero que Su Majestad D. Felipe VI sepa estar con los ciudadanos y no confirme que sus palabras carecen de credibilidad y el cambio ha sido solo generacional y en las formas pero no en el fondo del despotismo de una casta política con la que mantiene excelentes relaciones.

Un idiota moral en el Ritz
Raúl González Zorrilla. Director. La Tribuna del País Vasco 24 Junio 2014

Pablo Iglesias, líder de “Podemos”, es el mejor ejemplo y la consecuencia más evidente del estrepitoso fracaso que la educación española ha cosechado a lo largo de las últimas décadas. Que alguien que ostenta el título de profesor universitario deje entrever sin sonrojarse que el terrorismo de ETA, “por tener causas políticas”, pueda ser más entendible o más justificable es un claro ejemplo del estercolero ético y de la indigencia intelectual en la que habita buena parte de la izquierda española. Es como si el nazismo, el estalinismo o el islamismo, o tantos otros totalitarismos, por haberse levantado sobre unas determinadas construcciones filosóficas o políticas, fueran más comprensibles, más “respetables” o más aceptables. El argumento de Pablo Iglesias no solamente es moralmente falsario sino que, además, resulta incongruente desde todo el punto de vista. ¿Qué tiene que ver la política con asesinar a alguien con un tiro en la nuca?, ¿Cuál es la relación existente entre una determinada ideología y la colocación de un coche bomba con el que asesinar a decenas de personas? Solamente los terroristas y los psicópatas más despiadados creen que sus crímenes, por estar presuntamente avalados por unas siempre difusas proclamas políticas, son menos crímenes, menos indecentes, menos execrables o menos abominables.

Pablo Iglesias, acostumbrado al pesebre de los regímenes totalitarios venezolano o iraquí, no duda en argumentar como los miserables que le dan de comer. Transmitiendo sutil o mendazmente la idea de que siempre hay una causa “decente” detrás de las bandas terroristas que actúan contra los valores occidentales, se posiciona junto a tantos miserables como abundan en España especializados en aprovecharse de nuestro sistema de libertades, de nuestro estado del bienestar, de nuestras “leyes burguesas” y de nuestro irrenunciable derecho a la libertad de expresión, para tratar de promover una agenda oculta de iniciativas y objetivos que tiene más que ver con la revolución bolivariana que con la búsqueda del desarrollo, el progreso y el bienestar para todos los ciudadanos.

La izquierda sectaria, excluyente, barriobajera y populista que tan bien representa la figura más visible de “Podemos” no se cansa de exigir guillotinas para quienes se pasean por escenarios como el del Ritz. Y lo hace desde un territorio presuntamente impoluto (donde ha sido instalada por algunos de los medios de comunicación más rastreros que hay en Europa), en el que que el término diálogo se santifica como una panacea casi mística, en el que se identifica como “fascista” a todo aquel que se atreve a disentir de su pensamiento único presuntamente progresista y en el que las más inmensas necedades morales e intelectuales, a fuerza de repetirse incesantemente, acaban convirtiéndose en pretendidas verdades colectivas.

Pablo Iglesias es un fanático de estómago agradecido. Pero, sobre todo, es un ignorante fruto de una universidad domeñada por un pensamiento pretendidamente de izquierdas tan vacuo como demoledor, tan vacío como corrosivo. Porque hay que ser un auténtico idiota moral para comparar el terrorismo de ETA con una enfermedad como el cáncer ("Puedo hablar del cáncer, pero hablar del cáncer no implica que yo esté de acuerdo con el cáncer"). O, peor aún, hay que tener muy poca vergüenza intelectual para tratar de analizar cualquier tipo de actividad terrorista desligando ésta de sus perpetradores ("Teniendo claro mi rechazo y mi condena a actos que arrebataron la vida a cientos de personas, trataría de comprender las claves políticas fundamentales del terrorismo etarra”). Condenar los actos terroristas, pero no a sus actores (que, claro, lo son “por motivos políticos”), es algo que los nacionalistas vascos y la izquierda hace habitualmente con respecto a ETA. Solamente de este modo, los terroristas y los amigos de los terroristas, los que hacen el “trabajo sucio”, pueden ser considerados como personas respetables a las que hay que atender y respetar en sus derechos. Pablo Iglesias y los suyos dicen condenar las muertes provocadas por el terrorismo, pero ignoran a los asesinos, y estos asesinos, cuando son detenidos y juzgados, encuentran en Pablo Iglesias y los suyos amparo, justificación y defensa. Y mientras se pasean por el Hotel Ritz, se sienten orgullosos de ello.

Autoctonías
LUIS HARANBURU ALTUNA EL CORREO  24 Junio 2014

· La utopía de la nación euskaldun solo tiene vigencia en la fanática imaginación de una quimera nacional

Antes de suscribir las tesis del nacionalsocialismo y contribuir a la limpieza étnica e ideológica de la universidad alemana, Martin Heidegger tuvo la genial intuición de que el ser es un acontecimiento. Con ello se ponía fin a la metafísica y la ontología quedaba desahuciada por la posmodernidad. Heidegger, sin embargo, claudicó en lo político al suscribir el movimiento nazi que tenía por fundamento el absoluto óntico que constituían la raza aria y el Tercer Reich.

La aventura nazi de Heidegger intoxicó a su construcción filosófica, pero, no obstante, algunas de sus ideas hicieron camino de la mano de Vattimo, Levinas, Gadamer o Badiou. Y es que, a veces, en los genios conviven lo sublime y lo peor. El hecho de que en la filosofía actual se considere al ser como acontecimiento, antes que como una entidad fósil, tiene mucho que ver con la percepción que tenemos sobre disciplinas tan diversas como la historia, la economía o la política. La realidad política o la económica son acontecimientos abiertos, antes que fenómenos conclusos que remiten a modelos preexistentes. Somos lo que hemos devenido a ser y no lo que nos figuramos ser. Esta sutil percepción determina nuestra concepción de la política, la cultura e incluso de nuestra ética. En lo político la democracia se nos presenta como el sistema esencialmente abierto y perfectible, en lo económico los mercados hacen que el valor sea un bucle sin fin y nuestra ética carece de anclajes absolutos.

Solo los fundamentalismos, sean estos religiosos o nacionalistas, persisten en su concepción de la realidad como algo total y concluso que fundamenta la realidad. La realidad, según ellos, no es un acontecimiento, sino que posee una entidad que trasciende la historia. Por eso afirman los nacionalistas que la nación no data, sino que es una realidad que preexiste. De ahí que la consecución de la nación perfecta consista en restaurar una realidad previa y seminal. Así el alcalde nacionalista de San Sebastían afirmará que con Bildu «Donostia es cada vez más euskaldun».

Esta percepción de la realidad está motivada por la determinación de hacer prevaler el deber-ser, sobre la realidad histórica. Se nos dice, además, que el «cambio» en Donostia «no ha hecho más que empezar» y continuarán «euskaldunizando cada vez más la ciudad». Ese es el panorama ilusionante y participativo que espera a lo donostiarras siempre y cuando la izquierda abertzale continúe rigiendo los destinos de la ciudad. El destino no es ningún futuro mejor o peor diseñado; es simplemente el regreso a una realidad previa que alienta en las mentes iluminadas de los fautores de la nación. Es una utopía regresiva a los tiempos dorados de la nación libre, uniforme y euskaldun. Poco importa que dicha nación jamás existiera y solo tenga vigencia en la fanática imaginación de quien lo supedita todo a la quimera nacional.

Es desde esta perspectiva ontológica, en la que el ser preexistente y total domina el acontecer humano, como cabe entender algunas de las políticas del nacionalismo radical. En esta dimensión lo autóctono prevalece sobre lo ajeno. Lo tradicional se impone a lo nuevo. El folklore domina sobre la creatividad. No importa el cómo sea la ciudadanía, ni el perfil que posee la ciudad, lo que importa es lo que ‘deberían’ ser, según las pautas preestablecidas por la nación soñada. Se trata, sencillamente, de hacer prevalecer el deber-ser sobre lo que es de facto. Así se entiende la obsesión por la autoctonía y la soberanía llevada a su exasperación. Desde la Diputación foral se habla de la soberanía culinaria y se subvenciona con 200.000 euros el ‘movimiento campesino’ de aquí y de las Américas, haciendo abstracción de la penosa realidad de nuestros baserritarras, a quienes se les desaconseja plantar pinos, al tiempo que se les sugiere optar por el roble centenario. Es en este contexto del regreso a la bucólica Euskal Herria rural y autárquica, como se entiende la proliferación de las huertas urbanas que amenazan cubrir, con su manto verde y feraz, las heridas urbanísticas que la desindustrialización del terrirorio provoca.

Lo de la soberanía alimenticia basada en la autoctonía se entiende mal, ya que muchos de nuestros mejores productos son adquisiciones que hemos realizado a lo largo de la historia. Ninguna de nuestras grandes aportaciones culinarias al mundo, como son las salsas pil-pil y vizcaína, hubieran sido posibles sin el pimiento o el aceite de oliva, ya que ambos ingredientes nos son ajenos. Justamente, el olivo marca por el sur el límite del territorio euskaldun. Llevando a sus últimas consecuencias el fundamentalismo por lo autóctono, del mismo modo que el pino insignis es declarado como especie ‘non grata’, otro tanto cabría decir del pimiento, el tomate, el maíz o la patata que nos trajimos de América.

En los años de la Transición política, cuando la costa de Deba estuvo a punto de ser nuclearizada, un fuerte movimiento popular se opuso. Aquel movimiento fue desgraciadamente fagocitado por una ETA que buscaba banderines de enganche en la ecología o en el feminismo. Llevado por el entusiasmo ecologista, un ilustre miembro del movimiento sindical LAIA, que luego daría pie al nacimiento de LAB, declaró que no pararían hasta que las ovejas pastaran en los jardines donostiarras de Alderdi-Eder. Era la formulación ecologista de la arcadia feliz que deseaba para Euskal Herria. Al paso que vamos San Sebastián bien podría consolidarse como la capital de la cultura pastoril de Europa. De hecho, hace poco, su Boulevard se convertía en un escaparate del queso Idiazabal. Al fin y al cabo, si la pasión por la autoctonía llevó a Heidegger a pastorear, junto a Hitler, el ser de la Gran Alemania, bien podría en nuestro caso impulsarnos a convertir Donostia en un redil de ovejas, eso sí, autóctonas.

Mas no representa al pueblo catalán
El juez tumba la demanda contra Losantos
Xavier Horcajo www.gaceta.es 24 Junio 2014

La demanda se origina en un informe del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) encargado por el Gobierno de Artur Mas, que deducía que algunos medios y periodistas habían causado daño al pueblo catalán en sus críticas a la cadena humana pro referéndum de secesión.

El Juzgado de Primera Instancia número 12 de Barcelona ha resuelto poner fin al procedimiento instado por la Generalitat de Cataluña, actuando en nombre y representación del Pueblo Catalán” contra Intereconomía Tv y contras Federico Jiménez Losantos. La sentencia, contra la que cabe presentar recurso de apelación, condena en costas al Gobierno catalán en sus pretensiones. La demanda se origina en un informe del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) encargado por el Gobierno de Artur Mas, que deducía que algunos medios y periodistas habían causado daño al pueblo catalán en sus críticas a la cadena humana pro referéndum de secesión.

La demanda fue interpuesta por los servicios jurídicos de la Generalitat “en representación y defensa del Pueblo Catalán”, por lo que pretendía que la iniciativa jurídica era del Pueblo catalán, representado por la Generalitat. El texto se arrogaba la representación del Pueblo y legitima su pretensión de presentar demanda para proteger su honor, según la Abogacía de la Generalitat. Sin embargo, el ministerio fiscal presentó recurso de reposición que fue impugnado por la Generalitat. Al final se produjo una vista previa es la que se cuestionó la legitimidad de la Abogacía para actuar en nombre y representación del Pueblo catalán.

La defensa del “honor del Pueblo Catalán”, mantiene el auto judicial “no se sustenta” y matiza que “hay que diferenciar entre la representación política y la representación legal” y sostiene que la decisión de los electores “no otorga la facultad al elegido de actuar en un proceso respecto de los derechos que tienen un carácter individu al y que exigen el conocimiento y la voluntad de su titular”. Los abogados de Intereconomía Tv manifestaron que “el Pueblo Catalán es un grupo social sin personalidad jurídica” (…) y alegaron que “la única institución que tiene conferida la representación del pueblo Catalán es el Parlament”.

La demanda pretendía una operación “liberticida” contra determinados medios, periodistas y programas –muy especialmente habituales de Intereconomía TV- cuyas opiniones “suponen un claro atentado al honor de centenares de miles de ciudadanos anónimos de Cataluña”, según pretendía la demanda de la Generalitat.

El informe encargado por la Generalitat al CAC, está repleto de citas sacadas de contexto. Tras conocerse sus “consideraciones”, le siguieron las amenazas con sanciones y actuaciones judiciales y técnicas, por parte del portavoz de la Generalitat, Francesc Homs. Todo ello ponía en evidencia la dependencia orgánica del poder político y su escasa independencia del mismo. El informe fue votado negativamente por el representante del PP catalán, Daniel Cirera.

El auto no entra en la esencia de la demanda interpuesta por la Generalitat, que es si un Gobierno puede actuar en Tribunales contra los medios o/y profesiones que opinan contrariamente a las tesis que defiende. ¿Dónde dejaría eso la libertad de información que es un derecho fundamental?

Según la Generalitat, las críticas no lo fueron “solo contra la cadena humana, sino contra el modelo catalán” (lo cual es tanto como decir que en Cataluña solo hay un modelo, el de su poder político actual). La Abogacía de la Generalitat mantenía en ese punto que “con independencia de que alguna persona se quiera considerar exenta, el Gobierno (de Mas) ostenta el derecho a defender a las minorías”. El auto concluye que “no cabe hablar de que la Generalitat de Cataluña –o el Gobierno- ostente por ley su representación [la del Pueblo Catalán] en juicio”.

Cabe recordar que las pretendidas “ofensas” al pueblo catalán se produjeron en los días de la cadena humana pro independentista, que oficialmente no convocaba la Generalitat, sino la Asamblea Nacional de Cataluña, una asociación sin representatividad política que- eso sí- recibía subvenciones del Gobierno de Mas.

El Gobierno vasco destinará 335 millones de euros a "acelerar" la euskaldunización
El Ejecutivo de Urkullu establece 168 acciones dirigidas a lograr un "bilingüismo más equilibrado, que acorte distancia (entre euskera y castellano), pero a su vez más factible, basado en la voluntad y consenso de la sociedad"
Vitoria elcorreo.com  24 Junio 2014

El Gobierno vasco ha aprobado este martes la Agenda Estratégica del Euskera 2013-2016 que recoge acciones para "acelerar el exitoso proceso de revitalización del euskera" con un presupuesto durante su vigencia de, al menos, 335 millones de euros. Esta estrategia ha sido explicada en la comparecencia posterior a la reunión del Consejo de Gobierno por la consejera de Educación, Cristina Uriarte, pero después el lehendakari, Iñigo Urkullu, la ha presentado en un acto ante distintos agentes relacionados con esta lengua.

"El euskera necesita una nueva movilización social que no deje a nadie fuera, detrás, al lado o arrinconado", ha reclamado Urkullu, quien ha precisado que esta "movilización" debe girar entorno a "usar cada vez más" esta lengua. Ha señalado que el Gobierno vasco "no está conforme" con el nivel de euskera alcanzado en Euskadi, a pesar de que "se ha mejorado mucho" en los últimos años. "Queremos una sociedad que sepa estar a favor del débil, también en cuestión de lenguas", ha reivindicado.

Para lograrlo, la Agenda Estratégica establece 168 acciones dirigidas a lograr un "bilingüismo más equilibrado, que acorte distancia (entre euskera y castellano), pero a su vez más factible, basado en la voluntad y consenso de la sociedad".

El documento parte del hecho de que el euskera ha ganado "cientos de miles de hablantes" gracias al sistema educativo vasco y al de euskaldunización de personas adultas, de modo que 600.000 personas son bilingües, frente a 180.000 en 1991. Sin embargo sólo el 20 % de la ciudadanía vasca usa el euskera tanto o más que castellano y el 8,9 % lo usa, pero menos que la otra lengua oficial.

Incide en la importancia de la "escuela plurilingüe" para que el alumnado adquiera las competencias necesarias para usar ambas lenguas de manera "adecuada y eficaz". De cara a las personas adultas que no han tenido oportunidad de aprender euskera en el colegio, así como a los inmigrantes, se destaca la importancia de los euskaltegis. En este sentido, una de las acciones de la estrategia incide en la necesidad de poner "especial atención" en los adolescentes inmigrantes y promover el desarrollo de programas específicos para ellos.

Seguir "ofreciendo oportunidadesy recursos"
En este aspecto, el texto defiende que se debe continuar "ofreciendo oportunidades y recursos" para que las personas inmigrantes "se sumerjan" en el euskera y en la "realidad cultural" vasca, siempre teniendo en cuenta "los límites y las situaciones personales y lingüísticas". Así, se informará a este colectivo de la existencia de ambas lenguas oficiales y de las "ventajas del plurilingüismo" y se pondrá el euskera "a su alcance" para que "se integren" en la sociedad vasca.

Por otro lado, el documento define los "arnasgunes", como los ámbitos de mayor densidad de población vascoparlante, y se propone impulsar y fortalecer en ellos el uso "funcional y natural" del euskera para que "sirvan de ejemplo" a otros espacios. Entre éstos, apunta la escuela, la iglesia o los campamentos infantiles, entre otros.

También plantea hacer un "esfuerzo especial" en el desarrollo del euskera en las grandes ciudades, con medidas como la inserción de criterios lingüísticos en los servicios por concesión pública, sobre todo en los dirigidos a niños y jóvenes.

El Gobierno vasco quiere que "todo el mundo obtenga un nivel de bilingüismo mínimo y que el euskera no resulte ajeno a nadie". Para ello, tratará de "atraer al euskera" a personas que no lo conocen promoviendo el "bilingüismo pasivo y el conocimiento básico" de esta lengua.

En el ámbito institucional, el Ejecutivo autonómico fomentará que la administración funcione "en euskera con normalidad" y respetando, en todo caso, los derechos lingüísticos de los ciudadanos en los espacios geográficos en los que el euskera es la lengua habitual.

Para llevar a cabo las 168 medidas, el Gobierno de Vitoria ha presupuestado 111,8 millones para este año. En 2015 y 2016 prevé, al menos, contar con un crédito similar, lo que supone un montante total superior a los 335 millones. Dentro de esta cantidad se engloban, entre otras, acciones ya recogidas en planes en vigor, como los del uso del euskera en el Gobierno y de Osakidetza, pero no las que se incluirán en futuros planes como el de EITB o el de la Ertzaintza.

El Ejecutivo de Íñigo Urkullu llama “inmigrantes” a los adolescentes de otras comunidades autónomas que estudian en Euskadi
El Gobierno nacionalista vasco derrocha otros 335 millones de euros en tratar de conseguir que los ciudadanos utilicen más el euskera
Redacción.  latribunadelpaisvasco.com 24 Junio 2014

Los últimos estudios realizados por el Gobierno vasco ponen de manifiesto que la imposición del aprendizaje del euskera en los centros educativos de Euskadi y la utilización de este idioma como herramienta de control para el acceso a los puestos de trabajo en la administración pública está dando sus frutos y, de hecho, hoy más del 70% de las personas menores de 20 años que habitan en la CAPV dice ser euskadún, según los datos incluidos en el V Mapa Sociolingüístico del euskera elaborado por el Ejecutivo de Vitoria.

Pero hay otro índice que revela hasta qué punto el vascuence es un idioma que solamente sobrevive en base a su imposición política desde el nacionalismo y el independentismo vasco: si hace veinte años las familias donde ninguno de sus miembros sabía euskera eran muchas más que hoy en día, el uso del euskera en el hogar ha descendido en estos veinte años, y actualmente utiliza el euskera cotidianamente solamente el 13'4% de la población, mientras que dicho porcentaje, en 1991, era del 13'8%.

El español es la lengua utilizada en los hogares vascos por el 77'1% de la población.
Durante las dos últimas décadas, las diferentes administraciones públicas, mayoritariamente en manos del PNV, han dilapidado no menos de 6.000 millones de euros en un extenso ramillete de iniciativas dirigidas a difundir, implantar e imponer el aprendizaje del euskera entre los ciudadanos vascos. No satisfecho con esta utilización políticamente interesada del dinero público, y dado los nulos resultados obtenidos en lo que a la utilización social del euskera hace referencia, el Gobierno de Íñigo Urkullu ha aprobado ahora un proyecto que ha definido como Agenda Estratégica del Euskera 2013-2016, que recoge acciones para "acelerar el exitoso proceso de revitalización del euskera" con un presupuesto mínimo, durante su periodo de vigencia, de al menos 335 millones de euros.

En la presentación de esta enésima iniciativa que los nacionalistas han elaborado con el dinero de todos los ciudadanos con el objetivo (fallido durante las últimas décadas) de extender la utilización del euskera en la calle, el lehendakari ha explicado que “el euskera necesita una nueva movilización de la sociedad”. “Una movilización”, ha añadido, “en la que estemos implicados todos los ciudadanos y cuya esencia debe ser utilizar cada vez más el euskera”.

Por su parte, la consejera de Educación, Política Lingüística y Cultura, Cristina Uriarte, ha explicado que uno de los puntos importantes de la Agenda Estratégica del Euskera 2013-2016 exige “poner una especial atención en los y las adolescentes inmigrantes y promover el desarrollo de programas específicos para ellos y ellas". Preguntada por un periodista sobre qué entiende la Consejería de Educación por "adolescentes inmigrantes", Uriarte ha dicho lo siguiente: "Extranjeros, procedentes de otros países u otras comunidades autónomas", ya que todos ellos se deben "incorporar a todo el ámbito social y cultural" del País Vasco.


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