AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 2 Julio  2014

Pérdida de contenidos
Nota del Editor  2 Julio 2014

Por un despiste he perdido la versión inicial del 20140702.htm. A continuación aparece lo que he podido recuperar y algo nuevo.

La democracia secuestrada
IGNACIO CAMACHO ABC 2 Julio 2014

Es el fracaso de la educación cívica lo que permite que triunfe el discurso sobre un secuestro de la democracia

ESTÁ triunfando en España un relato político cuyo argumento principal consiste en la afirmación de que vivimos en una democracia ficticia o, en el mejor de los casos, secuestrada. Lo sostienen los líderes de Podemos y sus adláteres neocomunistas, para quienes el modelo de democracia no secuestrada es el bolivarismo venezolano, y los dirigentes nacionalistas, cuyo proyecto esencial se basa en el designio excluyente de despojar de su nacionalidad a la mitad de sus conciudadanos. Los presuntos secuestradores serían, según las circunstancias, los banqueros, una partitocracia corrupta la célebre «cahssssta» y sus lacayos mediáticos, parapetados todos en una Constitución espuria. El sistema, en suma, compendio de todos los males modernos; un régimen diseñado para estrangular al pueblo y privarle de su dignidad. Pero lo alarmante del caso no es que este discurso de embaucador populismo demagógico cuente con propagandistas más o menos eficaces sino que haya prendido entre millones de españoles desencantados por la precariedad socioeconómica. Que una parte significativa de la sociedad que levantó la prosperidad democrática más larga y estable de nuestra historia esté dispuesta a comprar sin matices una mercancía ideológica superficial y averiada. Que el uso habitual del marco de libertades haya degenerado en la creencia paradójica de que esa libertad es una superchería, un engañabobos, un artificio legal que sirve para perpetuar el abuso de las élites.

Ello ha sucedido por tres causas esenciales. La primera es la corrupción transversal y masiva de la clase dirigente, una epidemia moral que ha devastado la nobleza de la política. La segunda, el rápido empobrecimiento sufrido en la crisis por la burguesía media surgida en la postransición y asentada en la bonanza de la década de entresiglos. Y la tercera, last but not least, el fracaso educativo de un sistema que no ha sido capaz de transmitir la virtud de sus valores. Sobre las dos primeras hay poco que explicar: son dos fenómenos palmarios e incontestables que constituyen la mayor desgracia sociopolítica contemporánea. Pero la última representa una falla interna, un defecto de fabricación en la arquitectura de la libertad: el olvido de la pedagogía cívica.

De poco han servido la famosa Educación para la Ciudadanía ni el profuso adoctrinamiento ideológico de la Logse si no han logrado explicar con éxito a las jóvenes generaciones los fundamentos del régimen constitucional y de su pacto por la convivencia. Si el sentido de la formación democrática es tan débil que se diluye ante viejas soflamas de oportunismo revolucionario. Fracasada en el conocimiento técnico, en las habilidades matemáticas o lingüísticas, la instrucción pública ha alcanzado su máximo nivel de incompetencia al mostrarse incapaz de preservar del embate de la demagogia el mayor patrimonio inmaterial de una sociedad libre.

¿Y los mercados? ¡A punto de estallar!
Juan Laborda www.vozpopuli.com 2 Julio 2014

Desde estas líneas venimos anticipando para el período 2014-2016 un empeoramiento de las condiciones económicas globales. Si bien el detonante será un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros, la razón fundamental detrás de estas previsiones es el fracaso de las medidas de política económica implementadas por la ortodoxia económica y un diagnóstico erróneo de la actual crisis sistémica.

La práctica totalidad de activos financieros de riesgo a nivel global están sobrevalorados. Es cierto que los precios de activos financieros o inmobiliarios pueden estar durante un largo período de tiempo inflados. Los dos últimos ejemplos son de libro. Por un lado, la burbuja tecnológica correspondiente al período 1998-2000. Por otro, más recientemente, la burbuja inmobiliaria, y de la totalidad de activos financieros de riesgo globales, durante el período 2005-2007. Ambas burbujas, al final, estallaron, provocando, en el primer caso, una desaceleración global, y, en el segundo, la actual crisis sistémica.

Al final, es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los mismos. Por eso es necesario incorporar modelos de asignación de activos tácticos, de corto plazo –miópicos-, que vayan más allá de la valoración. Nuestros modelos tácticos anticipan al cierre del mes de junio, por primera vez desde mayo de 2011, un incremento de la aversión al riesgo. Habrá que ver si esta señal sugiere un nuevo ciclo bajista en los mercados de riesgo global. Mi apuesta personal es que sí.

Bancos Centrales y la maldita deuda
Desde la crisis de distintos países emergentes en el período 1997-1998 la economía global no ha hecho otra cosa que moverse de burbuja en burbuja de activos, con el agravante de que a cada inflación de activos, cuando estallaba, le seguía otra todavía más perniciosa, de manera que cuando ésta nueva explotaba el impacto macroeconómico negativo se acrecentaba.

Detrás del origen, expansión y estallido de todas y cada una de las burbujas o inflaciones de activos se encuentran los bancos centrales. Temerosos de caer en un proceso de deflación por endeudamiento se han dedicado a gestionar el riesgo. Para ello relajaban, y continúan en ello, excesivamente la política monetaria como consecuencia de la preocupación que les generaba determinados eventos que, aunque tuvieran una baja probabilidad, pudieran tener un impacto muy negativo en la actividad económica.

En realidad la economía de Occidente desde 1998 no ha hecho otra cosa que huir hacia adelante. El mecanismo es muy sencillo. El sistema bancario, apoyado en una política monetaria tremendamente laxa –tipos de interés muy bajos y apalancamiento del balance del Banco Central- , genera y distribuye un volumen de deuda brutal cuyo colateral siempre es una burbuja especulativa. Es cierto que hay inversiones productivas, sí, pero cuando la deuda generada por el sistema, vía ingeniería financiera, es tan elevada, como ocurre ahora, siempre hay una burbuja especulativa que la alimenta.

Al final cuando el colateral de esa deuda, es decir, la burbuja en cuestión, explota, se genera una crisis económica. Y para salir de la misma, la ortodoxia, en vez de sanear balances bancarios, reestructurar deudas, y mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía, opta por más de lo mismo, es decir, genera una nueva burbuja especulativa.

Esta forma de actuar trata en realidad de mantener la riqueza de las élites extractivas. Se protege a los acreedores de bancos quebrados, lo que permite mantener la riqueza de la ‘superclase’, que, paradójicamente, es la propia gerencia bancaria. En nuestro país, además se defiende a los distintos oligopolios y antiguos monopolios naturales, altamente endeudados en torno a negocios ruinosos (vean ustedes el apartado de rentas en nuestra balanza por cuenta corriente).

El fracaso de la política económica
Si bien el detonante será un aumento de la aversión al riesgo, la razón fundamental detrás de estas previsiones es el fracaso de la mezcla de políticas económicas propuestas por la ortodoxia económica. Para salir de la crisis las recetas propuestas consistieron, en la mayoría de los países, en una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva (ampliación de los balances de la FED, del Banco de Inglaterra, del Banco de Japón o del BCE), y deflación salarial, bajo una serie de hipótesis falsas.

La política monetaria basada en masivas inyecciones de liquidez al sistema –a través del multiplicador monetario- no ha funcionado. Todo lo contrario, ha sido una nueva patada hacia adelante. Han aumentado aún más los volúmenes de deuda y ha exacerbado la búsqueda de retorno a cualquier precio por parte de los inversores sin mirar el riesgo –especialmente el riesgo precio- incentivando burbujas en los distintos mercados de riesgos.

Paralelamente, se sometía a las familias a profundos recortes de gastos sociales, a la vez que aumentaba la deuda pública financiando a terceros, empresas y bancos, para que aliviaran su carga financiera y sus problemas de solvencia. Se estaba transformando deuda privada en pública. Finalmente, el abaratamiento generalizado de los salarios y del despido, la tan cacareada devaluación interna, ha acabado hundiendo la demanda efectiva y elevando los índices de miseria y pobreza a tasas récord. ¡Y luego nos dicen que por qué nos quejamos!

El dilema del rey (II): consultar a la nación
Manuel Muela www.vozpopuli.com 2 Julio 2014

Felipe VI tiene el problema de buscar su lugar en el seno de un régimen político caduco y desacreditado, cuyos beneficiarios se dividen entre el inmovilismo y las reformas cosméticas, pero los españoles tenemos la necesidad y el derecho de decidir qué hacer con nuestra nación, gravemente quebrantada por los malos gobiernos que ha padecido durante demasiados años. Por eso, si los problemas o dilemas del rey fueran meramente personales y familiares, no tendrían interés para quienes queremos una España democrática y civilizada; lo que pasa es que el monarca es una pieza fundamental de la superestructura que pugna por mantener el estado de cosas que los españoles repudian. Esa es la razón de que analicemos sus opciones y especialmente las posibilidades de que el jefe del Estado, en un arranque de patriotismo, pudiera convertirse en la palanca interna que mueva la losa para despejar el camino hacia la plenitud democrática, aunque ello le supusiera arriesgar su permanencia en la primera magistratura del país. Más que a reanimar el cadáver de la Transición, sus esfuerzos deberían dirigirse a ordenar y encauzar los deseos de cambio pacífico manifestados por los ciudadanos, con el fin de que unas nuevas Cortes, elegidas no más allá del próximo octubre, sean capaces de plasmarlos constitucionalmente. Después, podría ser tarde para casi todo.

Las controversias de los fracasados
Los habitantes de la casa deshabitada en que se ha convertido el régimen del 78 andan a vueltas con la idea de cómo revertir su inmenso fracaso: economía hundida, paro endémico, desigualdad creciente, proletarización de la clase media y amenazas de ruptura territorial. Sus recetas son pobres, como lo han sido sus gobiernos, y carecen de capacidad para suscitar apoyo popular, sin el cual nada se puede hacer en un sistema de libertades. Se ha llegado a tal extremo de desafección que ni las prometidas mejoras fiscales ni una lluvia repentina de oro molido podrían cambiar el rumbo emprendido por amplísimos sectores de la sociedad. Desde las generaciones jóvenes, tan maltratadas estos años, hasta las clases medias urbanas, atenazadas por el miedo al futuro, la colmena española envía señales evidentes de disconformidad y de no querer saber nada de los dimes y diretes de quienes tienen el poder y pretenden usar el recambio monárquico como un elixir.

Los más inteligentes de ellos no se lo creen, pero siguen haciendo comedia por el miedo escénico al cambio y entonces se limitan a manejar conceptos reformistas desvaídos, federalismo, primarias, disminuir aforados etc., que oponen al inmovilismo del gobierno, pero ninguno habla de la separación de poderes, de sanear la Justicia, de educar al país y de dar autenticidad al sufragio, como premisas fundamentales para recorrer el camino de la civilización de España y de la reconstrucción del Estado. En los aledaños, los nacionalistas burgueses de Cataluña y el País Vasco, que han sido una de las vigas maestras del régimen, añoran la fórmula de la vieja Monarquía Dual del Imperio Austro-Húngaro, pero están emparedados entre su propia decadencia y el impulso de otros nacionalismos que abogan por las repúblicas catalana y vasca. La verdad es que las controversias entre los diferentes autores del colapso constitucional merecen un interés perfectamente descriptible ya que sólo les guía mantener el poder que van perdiendo a raudales, por lo que sería más saludable poner el foco en proyectos diferentes para salir de éste edificio ruinoso.

Monarquía de partidos o presidencialismo democrático
Y lo primero debería pasar por reconsiderar la estructura del Estado, para reconstruirlo sobre los cimientos de su unidad, abrogando los experimentos autonómicos fracasados, y convertirlo en lo que nunca debió dejar de ser, el instrumento para lograr la libertad y la igualdad de los españoles. Habría que olvidar los escarceos con vías centrífugas y trasnochadas que han arruinado nuestro presente y limitan las esperanzas de un futuro mejor. España no se lo puede permitir, aunque sea lamentable reconocerlo después de más de un siglo intentándolo. Los federalismos, asimétricos o no, junto con la monarquía dual o confederal son zarandajas que, estoy seguro, rechazarían abrumadoramente los españoles. Igual ocurre con el derecho a la autonomía regional, un interesante proyecto nacido con la Constitución de 1931 que los aprendices de brujo de 1978, los del café para todos, han dejado para el arrastre.

Si se empezara a hablar sin prejuicios habría que situar el debate monarquía-república en el contexto de lo que sería conveniente para la España de hoy. Un país lleno de amenazas de todo tipo, incluida la de la ruptura territorial, que no se puede permitir el lujo de tener un jefe del Estado meramente representativo sometido al albur de una partidocracia fracasada. Porque esa es la cosecha de la alabada monarquía parlamentaria, o mejor dicho la monarquía de partidos, brillantemente definida por Antonio García-Trevijano, que muchos pretenden continuar con Felipe VI en contraposición con otros que creemos en la sustitución del maleado régimen parlamentario actual por un modelo más presidencialista en el que el jefe del Estado sea elegido directamente por todos los españoles, atribuyéndole facultades suficientes para presidir y ordenar el juego institucional además de ser garante y referencia inexcusable de la unidad del país.

Y eso es así, porque, desde las convicciones liberales y democráticas, no se pueden pedir poderes para una magistratura no elegida. Es más, creo que incluso los accidentalistas en materia de formas de gobierno, si analizaran las necesidades de España, abandonarían hoy el accidentalismo para defender la figura de un jefe del Estado elegido por los españoles con el firme propósito de refundar nuestro decrépito Estado.

Desde mi punto de vista, la situación de España no permite dedicar tiempo a debates mistificados ni a propagar las virtudes de crece pelos monárquicos o republicanos añejos. El común de las gentes participa de los valores de la libertad y de la igualdad que han sido puestos en almoneda por unos señores y unas organizaciones que no pueden seguir monopolizando el poder público. Ya sé que eso lo deben determinar las urnas, y ese es el gran dilema del recién estrenado rey: cómo conseguir que cuanto antes los españoles manifiesten su voluntad, después de conocer las propuestas para superar la crisis española tanto de las organizaciones dinásticas como de aquellas otras que están surgiendo al calor de los males nacionales. Ese objetivo debería ser el mascaron de proa del rey para evitar que el alargamiento del caos se lleve por delante la libertad de los españoles.

La mano negra
Xavier Pericay cronicaglobal.com 2 Julio 2014

A medida que nos acercamos al 9-N, la mano negra se extiende. La mano negra, sobra decirlo, no es la Mano Negra serbia que contribuyó a precipitar este continente, hace justo un siglo, a la primera de sus grandes guerras mundiales, sino una mucho más casera. Se trata de "la larga y sucia mano negra" a la que recurren, a juicio de Miquel Sellarès, los Estados para impedir que los pueblos deseosos de emanciparse puedan ver realizados sus sueños -léase: la que el Estado español está ya utilizando para coartar las ansias de libertad de Cataluña-. A primeros de mayo, el imputado y todavía diputado de CDC Oriol Pujol la vio detrás de las pesquisas judiciales que le llevaron a declarar ante los tribunales por haber aceptado presuntamente un soborno de 30.000 euros en relación con el caso de las ITV. Y este lunes también se refirió a ella el secretario de Organización del partido, Josep Rull, a propósito de la detención de su correligionario y alcalde de Torredembarra, acusado de blanqueo de capitales. (Entre paréntesis: no deja de ser un maravilloso ejemplo del poder evocador de la antítesis el que una mano negra sea la causante última del blanqueo de capitales.)

Habrá que consolarse pensando que bajo esa mano negra no hay más que las vergüenzas y los fracasos del nacionalismo.

Pero Rull ha llevado esa negritud mucho más lejos. Para él, la entrada de UPyD y Ciutadans en el grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa no habría sido posible de no mediar la larga y sucia mano negra a la que aludiera Sellarès la semana pasada. El objetivo de la operación, asegura el secretario convergente, no es otro que el de "intentar aislar el mundo soberanista catalán de las corrientes principales de la política europea". Tal vez. Demos por cierto incluso que esa mano negra existe y ha servido para lo que Rull dice que ha servido. Pues bien, ¿acaso no tenían derecho los diputados de UPyD y C’s a entrar en el grupo de los liberales europeos? ¿Acaso no tenían derecho esos liberales europeos a admitir en su grupo a seis nuevos eurodiputados españoles, lo que les permite, de paso, aumentar su influencia como grupo en el Parlamento Europeo? Añadan a lo anterior, como prueba de cargo, que CDC no tiene más que un representante en este grupo, dado que el representante de Unió, elegido en tercer lugar de la Coalición por Europa, se integra en el grupo del Partido Popular Europeo. ¿Qué vale uno contra seis, por más que este uno se arrogue el haber ganado en estos años "unas posiciones muy claras de la familia liberal"?

En el fondo, el problema al que se enfrenta CDC en Europa es el de la contestación. O, si lo prefieren, el de la convivencia. No con esos liberales con los que sin duda se ha llevado hasta la fecha la mar de bien y a los que ha contado eso que en Cataluña llaman "sopars de duro" y que vienen a ser como una suerte de fanfarronadas -nacionales, por supuesto-, sino con los que la conocen bien, con los que le plantan cara y le cantan las cuarenta, con los que no le van a dejar pasar ni una. Entre otras cosas, porque ahora son más y no están dispuestos a pagar ningún peaje -como sí lo han pagado durante años, en España y aun siendo muchísimos más, los dos principales partidos gobernantes-. Y quien dice contestación y convivencia, dice realidad. Rull lo llama mano negra, pero resulta difícil encontrar algo tan claro, tan evidente, con una explicación tan palmaria. Y lo mismo puede afirmarse en relación con los casos antes citados. Tanto el de Oriol Pujol como el del alcalde de Torredembarra no esconden sino la presumible comisión de un delito y la consiguiente obligación de rendir cuentas ante la justicia.

Nos aguardan, pues, unos meses en los que la mano negra aparecerá a menudo. Habrá que armarse de paciencia. Y, sobre todo, habrá que consolarse pensando que bajo esa mano negra no hay más que las vergüenzas y los fracasos del nacionalismo.

República. Del Grano y de la paja
Vicente Serrano cronicaglobal.com 2 Julio 2014

A los republicanos españoles la abdicación de Juan Carlos nos pilló con el pie cambiado. El análisis debe iniciarse el pasado 14 de abril en una Plaza de Sant Jaume de Barcelona casi vacía, donde menos de trescientas personas celebramos el aniversario de la proclamación de la II República Española y reivindicamos la instauración de la Tercera. Lidia Falcón lamentaba cuán pocos que éramos y se preguntaba dónde estaba la izquierda, dónde los grupos feministas, dónde los sindicatos. No entendía la desidia ciudadana. Yo tampoco.

En la víspera, domingo 13 de abril, acudí a la manifestación republicana que cada año se celebra por la mañana en mi distrito de Nou Barris. Había tantas banderas estelades (secesionistas) como republicanas. A algunos nos molestó pero los convocantes resolvieron por alabar la convivencia, la unidad de los que luchan contra el "poder establecido", en una interpretación errónea del principio maoísta de que "el enemigo de tu enemigo es tu amigo".

Considerar al nacionalismo, el secesionismo, como un proyecto compatible con la lucha por la República, con las luchas sociales (...) es uno de los mayores errores de las izquierdas españolas de los últimos 50 años

Considerar al nacionalismo, el secesionismo, como un proyecto compatible con la lucha por la República, con las luchas sociales, y abogar por integrarlo en la lucha contra el capitalismo, la aceptación pasiva del relato anacrónico (y, por ende, falaz) del nacionalismo es uno de los mayores errores de las izquierdas españolas de los últimos 50 años.

Lo cierto es que el nacionalismo, en tanto que proyecto uniformador, cala, se embebe, se incrusta en toda suerte de organizaciones y movimientos de derechas o de izquierdas imponiendo su discurso transversal y anulando, relegando o mediatizando su objetivo inicial (el de las citadas organizaciones) en pos de la "construcción nacional" en coincidencia con los postulados conservadores de la mediana y pequeña burguesía catalana desde finales del siglo XIX.

Se puede argüir que existe un nacionalismo de izquierdas basado en la liberación de pueblos colonizados. Nadie discute aquí el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui o del pueblo palestino. Hablar de colonias refiriéndose a Cataluña o País Vasco, principales feudos del nacionalismo más insolidario y enconado, es un insulto a la inteligencia.

Paco Frutos, en una conferencia organizada por Alternativa Ciudadana Progresista el 27 de noviembre del año pasado, alertaba: "El nacionalismo es una vuelta al feudalismo con AVE y una cortina de humo de la derecha para frenar las reivindicaciones sociales" y añadió que "el franquismo sociológico de la Cataluña de principios de los años setenta se ha pasado al independentismo sociológico por seguidísmo acrítico del poder".

Esa visión crítica de Frutos no es ajena a su exilio en Madrid tras las derivas y rupturas del PSUC que llevaron a la izquierda catalana a caer en brazos del nacionalismo, dando un marchamo de "justa rebeldía" a una ideología reaccionaria que claramente no lo merece. De ahí a considerar que toda izquierda que se precie ha de estar por la falacia del "derecho a decidir" solo distaba un paso. Hoy está la CUP con un programa en apariencia muy radical de izquierdas pero circunscrito a Cataluña y a su secesión (programa plagado de elementos etnoidentitarios y con el blablabla de la solidaridad con el resto de pueblos del "estado español" ya convertido en país vecino y objeto de su "caridad"); está Procés Constituent que se interesa por un proceso constituyente solo para Cataluña (España “no es su problema”); la dirección de Podemos, con ese discurso de ambigüedad calculada de que "los catalanes serán lo que ellos quieran" sin vislumbrar que la casta que critica sería la gran beneficiaria de la posible secesión; y el nuevo proyecto que encabeza Ada Colau donde se reclama el "derecho a decidir, aquí y ahora, cómo ha de ser la Barcelona que necesitamos y deseamos" (veremos el rumbo que toma a la vista de que muchos de los interesados se sitúan en un concepto de "derecho a decidir identitario").

Queremos una república, pero... ¿Qué república? Esto me preguntaba el pasado 21 de abril de 2013 en mi artículo "Un símbolo de la izquierda" publicado en La Voz de Barcelona. Ya es hora que empecemos a definir qué República.

Lo primero será definir el demos, el marco, y ahí no podemos coincidir con los independentistas. Nuestro marco es el pueblo, el pueblo trabajador, el pueblo trabajador español. Aceptar un marco menor es dividir a la clase obrera y supondrá un mayor endurecimiento de sus condiciones de vida, a un lado y a otro de esa nueva e indeseable frontera.

La dirección de Podemos, con ese discurso de ambigüedad calculada de que "los catalanes serán lo que ellos quieran" sin vislumbrar que la casta que critica sería la gran beneficiaria de la posible secesión

Esto se añade a que el supuesto demos soñado por los secesionistas es de naturaleza étnica, con la eterna y reaccionaria pretensión de la derecha de dar a la comunidad cultural de la parte más favorecida de la población el derecho a convertirse en comunidad política hegemonica. Cataluña es un territorio donde la pluralidad (pervivencia de diferentes comunidades culturales) es una realidad contrastable y el nacionalismo con su corolario de exclusión de aquellos que no comparten su marco identitario, que en el colmo de las contradicciones, corresponde a las clases populares que no encajan en el modelo de sociedad que proponen. Si como izquierdista pienso que la lucha de clases es internacional, sé que esta se desarrolla en los actuales estados-nación consolidados tras las revoluciones burguesas, con una extensión de la misma a otros marcos internacionales como es la UE, las relaciones norte-sur y la injusta distribución de la riqueza a nivel mundial en el marco de una globalización económica que aprovecha la actual "crisis" para un mayor expolio de las clases desposeídas y el enriquecimiento enloquecido de las grandes multinacionales y de las grandes fortunas.

El segundo aspecto a precisar será saber si únicamente queremos cambiar la forma de la jefatura del Estado y cómo. Lo que deslegitima la monarquía para un republicano no es la corrupción; eso deslegitima a quien la practica sea Jefe del Estado, diputado, ministro, empresario o simple ciudadano. La monarquía ni siquiera es aceptable en el caso de una honestidad sin tacha del receptor del supuesto derecho porque no existen tales derechos (privilegios) de sangre. Esta es la clave.

Ahora bien, el republicanismo no puede quedarse en el simple cambio en la forma de designar el Jefe del Estado. Es preciso eliminar los derechos de sangre en todos los ámbitos de la sociedad en que esos "derechos" implican generación de desigualdad y privilegio. ¿Por qué los miembros de la Casa de Alba tienen derecho a heredar unas tierras que nunca han trabajado? ¿Por qué los hijos de Botín pueden recibir fortunas que no ha generado con su esfuerzo personal? ¿Qué tienen los Millet, los Montull, los Mas o los Pujol diferente del resto de ciudadanos para estar siempre en los puestos públicos que garanticen el constante incremento de sus posesiones? ¿Por qué los gobiernos autonómicos se han dado tanta prisa en eliminar una de las herramientas más importantes para la redistribución de la riqueza como es el, aunque tímido, impuesto de sucesiones?.

Aunque la actual Constitución española, en su artículo 33.2, advierte de la necesaria delimitación de los derechos de propiedad privada y de herencia a su función social, los sucesivos gobiernos y, sobre todo, sus parlamentos (supuestos representantes del pueblo) apenas se han preocupado por desarrollar las leyes necesarias para establecer esas funciones sociales. Tampoco parece que lo hayan hecho en el desarrollo de los derechos constitucionales al trabajo y la vivienda, ascendiéndolos de meros derechos declarativos a derechos efectivos que de buen seguro habrían evitado la terrible situación de paro y los innumerables desahucios que se continúan produciendo en España.

Este es el camino de la III República Española: la construcción de una nación (política) de ciudadanos libres e iguales. Donde la democracia no se convierta en un instrumento al servicio de la partitocracia, central o autonómica, sino en una forma de participación social en la toma de decisiones políticas, sociales y económicas. La economía debe estar sometida al sistema democrático como medio de asegurar la igualdad de los ciudadanos. No al capricho de un supuesto mercado que no responde más que ante los dueños del capital, estén en Barcelona, Madrid, Berlín, Moscú o Hong Kong.

Volviendo a los hechos tras la abdicación, cualquier observador que se precie habrá notado que las manifestaciones reclamando la República en Barcelona han mostrado dos tipos de puesta en escena muy distintas. En unas había una mezcla de banderas republicanas y estelades. Su apoteosis se dio el pasado domingo 22 de junio, donde el "nacionalismo de izquierdas" (evidente oxímoron) apostó por una República Catalana. En ella quedó patente que muchos no le dimos apoyo, por lo cual la presencia de la bandera republicana (española) fue inexistente.

La baja participación demuestra la falacia de la pretendida hegemonía izquierdista del proceso secesionista. Corresponde dicha hegemonía a la casta detentora del poder político y económico en Cataluña, representada por las famosas 300 familias.

Por otro lado hubo dos manifestaciones realizadas en Plaza Sant Jaume en la que la bandera republicana fue prácticamente única, el sábado 7 y el jueves 19 de junio, coincidiendo con la proclamación del nuevo Rey; esta última convocada por la Coordinadora Republicana 14 de abril.

Ciertamente la baja participación muestra a las claras la falta de trabajo del republicanismo de izquierdas, y su necesario rearme ideológico y social. Hoy, más que nunca, la izquierda necesita marcar distancias con el secesionismo, el cual utiliza cualquier situación para imponer su axioma secesionista, donde el sedicente "derecho a decidir" no es sino una coartada pseudo-democrática para un fin insolidario del que se beneficiaría, en todo caso, la casta nacionalista o, parafraseando a Vicenç Navarro, el establishment catalanista radicado en Barcelona.



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Nada es ETA
Unión, Progreso y Democracia (UPD) * latribunadelpaisvasco.com 2 Julio 2014

Existe un género del chascarrillo muy popular en las redes sociales que consiste en decir de cualquier cosa molesta o reprobable que "es ETA". Por ejemplo, "el retraso de los trenes es ETA", o "el peinado de Fulanito es ETA". Hasta qué punto estas bromas banalizan el sufrimiento causado por el terrorismo se comprende mejor si se cambia "ETA" por "abuso de menores" o por "violencia machista". Al que se le ocurriera hacer tal cosa le caería encima la justa cólera de las masas enfurecidas y la completa indignación de los administradores del progresismo profesional. Y se lo habría ganado.

Algunos no quieren tanto que desaparezca ETA como que no haya existido nunca. La banalización de un crimen es siempre indecente, pero cuando se trata además de un crimen político cuyas consecuencias perduran y cuyos autores son reivindicados y jaleados desde las tribunas de los parlamentos y desde los balcones de los consistorios, el que banaliza colabora, lo sepa o no, con los objetivos de los que han heredado el proyecto terrorista. ¿Estamos diciendo que "son ETA"? No. ETA es lo que es. Es una banda terrorista, y según demostraron muchas sentencias judiciales, también forman parte de ella organizaciones como Jarrai/Segi, las llamadas gestoras pro-amnistía, partidos como Batasuna y sus diversas marcas y alguna otra. ¿Son ETA porque compartían sus objetivos? No principalmente. Lo son porque compartían sus medios. El trasiego de dinero, de información y de personas entre la banda y el entramado, digamos, civil demostró que eran parte de lo mismo. Sí, ETA es ETA. Batasuna (ANV, EH...) son ETA. Las gestoras son ETA. Y, a juicio de UPyD, Bildu, Amaiur y Sortu son ETA infiltrada en las instituciones.

Luego están los que ayudan, comprenden o alientan a ETA. Por ejemplo Pablo Iglesias, que colaboró con Herrira, heredera de las gestoras. ¿Podemos es ETA? No. Pero su líder dio cobertura a ETA y su partido abraza en el Parlamento Europeo a EH Bildu, un partido que justifica todos los días las acciones de los terroristas. Tampoco hay de qué extrañarse. Iglesias ya había teorizado en uno de sus monólogos sobre la política del boxeo que, según él, practica ETA, sin mostrar ningún tipo de aversión más allá de lo útil o conveniente que resulte para la causa.

Lo que hubiera merecido titulares a cinco columnas es que Iglesias se hubiera reunido con las víctimas del terrorismo. Las reacciones a la información aportada por Fernando Lázaro en El Mundo sobre los contactos entre Iglesias y Herrira, el acoso que ha sufrido el periodista y -otra vez- los chascarrillos sobre que "todo es ETA" demuestra sin lugar a dudas que algunos no quieren tanto que desaparezca la banda como que no haya existido nunca. Las víctimas de ETA concitan un rechazo hacia los criminales que a ellos, a los que aspiran a gestionar en régimen de monopolio la indignación popular, les resulta molesto por incontrolable. Hay otros detalles reveladores. En un post de 2012 titulado Todo es ETA, el periodista Escolar escribió que "va ETA y se disuelve". Dos años después, ETA no se ha disuelto. Lo hará algún día, sin duda, y ojalá sea pronto. Pero en contra de lo que insinúa la impaciencia del autor, no será posible pasar página, sacudirse las manos y fingir que aquí no ha pasado nada. Los asesinados no resucitarán, los secuestrados no recuperarán la paz previa a su tortura y la inmoralidad que ha anegado a la sociedad vasca y, en parte, a la del resto de España, no se irá por el sumidero. Menos aun cuando partidos como Bildu o Amaiur pretenden falsear la historia y hacer pasar a los verdugos por víctimas.

No, la noticia de que Iglesias se entendía con ETA no debería sorprender a nadie. Lo que hubiera merecido titulares a cinco columnas es que la cara visible de Podemos se hubiera reunido con alguna asociación de víctimas del terrorismo. Esto habría sido tan inesperado como que desde ciertos círculos se le criticara por sus afinidades. Pero no, todo ha sucedido como era previsible: Iglesias se trata con ETA y sus acólitos banalizan el terrorismo. Su reacción, por otra parte, ofrece un insólito asidero para la esperanza: se enfadan porque están convencidos de que la sociedad repudiará los tratos con los terroristas y su entorno. Ojalá tengan razón.

(*) Este texto fue publicado por UPyD en su página web como comentario editorial de la formación política.

Mario Vargas Llosa y el País Vasco
Raúl González Zorrilla. Director. La Tribuna del País Vasco 2 Julio 2014

Mario Vargas Llosa, que acaba de participar en las jornadas de Covite en Madrid, es, sin duda, uno de los Premios Nobel de Literatura que se ha otorgado con más merecimiento porque la escritura y la capacidad creadora de este hombre se encuentra al nivel de los más grandes autores de la historia universal de las letras. Pero, además, este galardón es también un reconocimiento a todas aquellas personas, en cualquier lugar del mundo, que luchan a favor de los principios más elementales del mejor liberalismo: la libertad individual, la solidaridad colectiva, la tolerancia, el respeto a las leyes y las instituciones democráticas, la protección de los débiles, la reclamación del libre mercado y la lucha por la justicia social.

Mario Vargas Llosa, con una argumentación extremadamente sólida, con una poco habitual capacidad para la movilización, con un conocimiento intenso de la evolución del pensamiento político universal y, sobre todo, con una fuerza extraordinaria para permanecer firme ante los ataques más abyectos y frente a las agresiones más viles, ha sabido defender todos estos referentes allí donde ha sido necesario y también, como no podía ser de otro modo, en el País Vasco.

En Euskadi, el inolvidable autor de “Conversación en la catedral” ha mostrado permanentemente su apoyo a las víctimas del terrorismo, se ha solidarizado con los amenazados, ha escrito contra el terrorismo nacionalista y se ha implicado activamente en la exigencia de memoria, de verdad y de justicia para los ciudadanos vascos demócratas. Miembro de la Plataforma Basta Ya! y, posteriormente, activo promotor del partido UPyD, el responsable de la magnífica “La ciudad y los perros” participó en 2002 , por ejemplo, en un gran congreso celebrado en San Sebastián bajo el título de “Contra los nacionalismos étnicos” y, ese mismo año, fue una de las muchas figuras destacadas del mundo de la cultura que tomó parte en la histórica manifestación que recorrió la capital guipuzcoana con el lema “Contra el nacionalismo obligatorio”.

Un año más tarde, en 2003, Mario Vargas Llosa, que por aquellas fechas publicaba “El paraíso en la otra esquina”, firmaba, junto con otros autores como Alfredo Bryce-Echenique, Fernando Arrabal o Gianni Vattimo, un manifiesto titulado “Aunque” (leer documento íntegro al final de este texto), en el que se hacía referencia a la presión terrorista que sufrían los candidatos de los partidos no nacionalistas ante la cercanía de las elecciones que se iban a celebrar entonces y que también denunciaba la indignante indiferencia con que el asunto era tratado por el nacionalismo democrático.

En aquel texto histórico, que apenas contó con apoyos entre la “izquierda democrática” europea, se decía, entre otras muchas cosas, lo siguiente: “Aunque parezca mentira: hoy los candidatos de los ciudadanos libres del País Vasco están condenados a muerte por los mercenarios de ETA y condenados a la humillación por sus cómplices nacionalistas. Aunque ciudadanos del País Vasco sean asesinados por sus ideas, y miles hayan sido mutilados o trastornados, los atentados se realizan y celebran en una penosa atmósfera de impunidad moral propiciada por las instituciones nacionalistas y por la jerarquía católica vasca. Aunque los partidos nacionalistas aprovechan las garantías constitucionales de la democracia española, ciudadanos libres del País Vasco deben esconderse, disimular sus costumbres, omitir la dirección de su domicilio, pedir la protección de escoltas y temer constantemente por su vida y la de sus familiares.”

Hoy, y salvo muy honrosas excepciones, el intelectual español es un petulante de vodevil siempre a la vera del pensamiento único presuntamente progresista, siempre acorde con lo políticamente correcto y siempre próximo a los abrevaderos económicos del poder. Frente a este tipo de personajes vacuos del mundo de la cultura, Mario Vargas Llosa supone la presencia grande de lo mejor del gran pensador clásico. Y es que, sobre ciertos temas, él Premio Nobel de Literatura 2010, tiene las ideas muy claras: “El nacionalismo es una ideología profundamente reaccionaria, de raíces antidemocráticas y antimodernas”.

La derecha se equivoca en su ataque a Podemos
Ernesto Milá Minuto Digital 2 Julio 2014

Desde que se conocieron los resultados de las elecciones europeas de mayo, la derecha se enteró de que tenía un nuevo enemigo que hasta entonces había desconsiderado, Podemos. La política del PP en relación a Podemos, hasta ese momento, había ignorado a este partido. Al conocerse los resultados del 25–M, la cúspide del PP entendió que esta nueva sigla no solamente amenazaba a las bases electorales del PP sino la estabilidad misma del bipartidismo en España. Y entonces empezó a multiplicar sus ataques utilizando para ello a los restos de la “Brunete mediática”. Desde entonces los ataques han sido diarios, siempre sobre los mismos ejes y… completamente equivocados en sus planteamientos. Más que erosionar a Podemos, tiende a reforzar sus argumentos.

La derecha ataca a Podemos con argumentos que nada tienen que ver con los razonamientos que han llevado a 1.500.000 de ciudadanos a votar a esta formación. Se diría que la derecha y los votantes de Podemos pertenecen a dos universos diferentes. Resulta difícil que el PP y sus satélites mediáticos rectifiquen. El efecto logrado es justamente el opuesto al buscado: cada vez que en una tertulia pública algún periodista próximo al PP lanza los mismos ataques a cualquiera de los dirigentes de Podemos y ellos están en condiciones de responder, siempre, inevitablemente, éstos propinan revolcones históricos a sus oponentes. Quizás el problema sea que los argumentos que existen contra Podemos (porque la teorización de este grupo es extremadamente débil) no pueden ser utilizados por el PP. Vamos a ver qué es lo que falla en la argumentación de la derecha.

“Podemos se solidariza con el terrorismo etarra…”
Argumento falso y mendaz. No encontraréis en ningún escrito de dirigentes significativos de Podemos una defensa de ETA, ni de sus crímenes, ni del terrorismo como arma política. Además, el argumento es inútil porque en este momento ya no existe terrorismo. Pablo Iglesias ha dicho que detrás del terrorismo de ETA existía un conflicto político, algo que es rigurosamente cierto. No es que los etarras asesinaran solamente porque tenían “malos instintos” o porque fueran unos psicópatas (que, sin duda, lo eran), sino porque existía un trasfondo político.

El problema es que la derecha todavía no ha identificado al verdadero enemigo que no es tanto el “terrorismo” como el “nacionalismo”. El “terrorista”, no deja de ser un psicópata sediento de sangre al que se le puede derrotar a través de una acción metódica de las fuerzas de seguridad del Estado, pero el “nacionalismo” es un virus que se filtra en las mentes y que, a fin de cuentas, constituye la “excusa” y la “justificación” para los actos terroristas. Ignorar esto y dar una carta de naturaleza al “nacionalismo”, simplemente porque, como ideología “no mata”, está en el origen de la actual situación en la que el antiguo “frente político” de la organización terrorista, puede perfectamente convertirse en el partido mayoritario en el País Vasco, superando al PNV, y dotado de un programa fundamentalmente “nacionalista” y “social”. Si el “terrorismo” asesinaba a personas, el “nacionalismo” asesina al Estado.

Desde el momento en el que la derecha ha negado siempre el carácter “político” del problema del terrorismo en el País Vasco, cuando ha aparecido una fuerza situada a la izquierda del PSOE y en un lugar impreciso en los contornos de Izquierda Unida, ha tendido a considerar que ese era el espacio propio de la extrema–izquierda y, por tanto debía ser necesariamente “pro–etarra”.

Pero, si analizamos las cosas con una mayor amplitud de miras se percibe que los medios de comunicación de derechas nunca han podido reproducir ningún documento en el que Pablo Iglesias defienda el terrorismo y a ETA. Obstinarse en presentarlo como “cómplice de ETA” implica darle la oportunidad, una y otra vez, de repetir un discurso convincente sobre la materia, a saber: que hay un trasfondo político en el “problema vasco” y que el programa “social” de Amaiur coincide casi completamente con el de Podemos.

¿Dónde radica el error de Podemos en su análisis? En considerar al “nacionalismo” como un “movimiento de liberación” y, por tanto, que responde a las justas aspiraciones de una comunidad… cuando en realidad no es más que la expresión de los intereses de una burguesía que, al haber alcanzado cierto desarrollo económico, se cree en condiciones de ser hegemónica y no admite otra autoridad por encima de la suya. Desde este punto de vista, todo nacionalismo es condenable en tanto que va ligado a la forma económica en la que mejor se expresan los intereses de la burguesía: el capitalismo, el liberalismo económico y el libremercado.

Tal es el primer error de análisis de Podemos. Porque, no solamente la derecha se equivoca y la izquierda socialista es un residuo oportunista de otros tiempos, sino que los análisis sobre el capitalismo de Podemos tienen este “pequeño” agujero que se une a otros que hemos reseñado en anteriores escritos (el más espectacular es, precisamente, su defensa de la inmigración masiva).

Podemos recibe subvenciones de Venezuela…
Es posible que así sea y que Pablo Iglesias haya recibido tantos o cuantos miles de Euros del país “bolivariano”; o no, importa poco. Pero Venezuela está a 10.000 km de distancia y, salvo en la mentalidad de FAES y de José María Aznar, lo que ocurra allí interesa poco o muy poco al elector medio español. Decir que Podemos recibe subsidios de Venezuela podría ser contestado diciendo que el PSOE recibió desde 1973 hasta 1983, durante 10 años, miles y miles de marcos de la Fundación Ebert, vinculada al Partido Socialdemócrata Alemán y que luego éste partido se cobró con creces cuando negoció con Felipe González el tratado de adhesión de España la Comunidad Europea… Sin olvidar que la Fundación Cánovas del Castillo tramitaba las subvenciones llegadas de la Fundación Adenauer dependientes de la CDU, el partido democristiano alemán… Así que en esto de las subvenciones el que sea inocente que tire la primera piedra.

Venezuela sigue su camino. Lo que ocurra allí compete a los venezolanos solamente. Hay algo en el bolivarismo extremadamente atractivo: su deseo de independencia nacional, de parar los pies a los EEUU que desde la conquista de Texas han considerado a todo el continente como patrimonio propio. “América para los americanos… del Norte”, tal era la doctrina Monroe que sigue vigente. No se puede reprochar a Venezuela, el que haya querido seguir una vía propia. No siempre se acierta y todo lo que ha ocurrido allí no es precisamente edificante. Pero tampoco hay que olvidar que los EEUU, el mismo Aznar en su momento, intentaron desestabilizar aquel país y que las cosas volvieran a estar como siempre: con una Venezuela gobernada por una clase política que miraba más a Washington que a las colinas que rodean Caracas…

Quizás el error de Podemos sea asumir todo lo que ocurre en Venezuela como “positivo”. Es el pago a los presuntos o reales dineros recibidos de aquel país. Ahora bien, Venezuela está lejos y la experiencia bolivariana tiene un punto atractivo incuestionable: la búsqueda de la independencia y el interés en romper la tiranía del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, del poder del dinero y de la tutela norteamericana y aliarse con otros gobiernos de la zona que albergan los mismos objetivos.

El fondo de la cuestión es elegir al “enemigo principal”. Chávez y Maduro lo han hecho: su enemigo es la oligarquía local al servicio de los EEUU. Algo conocerán de los problemas de su país. Sin olvidar, naturalmente, que el estilo populista del que hacen gala es habitual en Iberoamérica y no produce los mismos efectos que en Europa. Los errores que han cometido los regímenes bolivarianos y el mismo castrismo no les restan completamente un fondo de razón: los EEUU son el “enemigo principal” de los pueblos iberoamericanos. En cuando a “respetar la democracia” habría mucho que hablar sobre quién puede dar lecciones de democracia en España. Y lo dice el que esto escribe, alguien que fue torturado por la policía 100 días después de que Felipe González llegara al poder y que abominó de que Aznar hiciera caso omiso de la voluntad de un pueblo que no quería inmiscuirse en la criminal aventura norteamericana en Irak. Porque la “democracia de los 10.000 aforados”, la “democracia de los corruptos”, la “democracia de la calle es mía”, la “democracia de gobernar por decreto–ley” y la “democracia que impone cargas a las clases medias”, esa se parece a la democracia tanto como un huevo a una castaña.

Venezuela está lejos y cada vez que se recuerda este país a Pablo Iglesias se le está dando una ocasión para recordar todo aquello que acabamos de recordar ahora mismo. La derecha española lo está haciendo tan mal (la “reforma fiscal” ha sido el último intento de modificar algo para seguir aumentando la presión sobre las clases medias) que los errores del gobierno venezolano son pecata minuta para un pueblo con 6.000.000 de parados, 25% de la población cerca del umbral de la pobreza, un 57% de paro juvenil y convertido en un país periférico en la UE y de servicios, sin esperanza y sin fe en que un día podrá levantar la cabeza.

El PP, una vez más se ha equivocado en su línea de ataque. Toda derecha que no es “nacional”, esto es que busca a un “hermano mayor”, un “primo de Zumosol”, en el extranjero, termina siendo antipatriótica y antinacional, además de antisocial (muy bueno la retención en el IRPF a las indemnizaciones por despido propuesto en la última reforma fiscal…). Y es “antisocial” en la medida en que no puede existir justicia social, ni justicia distributiva, allí en donde se asume el neoliberalismo y sus valores. Es posible que en Venezuela se cometan injusticia, pero no nos cabe la menor duda de que son el resultado de décadas de liberalismo y de políticas antisociales.

Podemos no tiene programa de gobierno…
La derecha alerta sobre que en caso de gobernar Podemos, estaríamos en manos de unos aventureros y desalmados, unos verdaderos okupas del poder. Dicen que el programa de Podemos es inaplicable y nos situaría en el aislamiento internacional y en la ruina económica. No está del todo claro.

En primer lugar, algunas de las medidas que propone Podemos son lógicas y elementales: la deuda española es impagable. Llevamos cuatro años con una presión fiscal creciente y en todo ese tiempo no hemos reducido ni un euro el mayor de la deuda, todo ha ido destinado a pagar intereses. Cuando Podemos propone dejar de pagar la deuda y proponer una quita no está diciendo nada que no sea necesario y que no se haya ensayado antes en otros países… que, por cierto, han sobrevivido y gozan de mejor salud en la actualidad que nosotros. En Iberoamérica, por ejemplo.

Con este argumento, la derecha solamente demuestra su sumisión hacia los “señores del dinero” y los compromisos adquiridos con la alta finanza internacional. No es un buen argumento, porque sectores cada vez mayores de este pueblo empiezan a opinar que la sumisión no es la mejor actitud, que ya han sufrido suficiente presión para pagar una deuda generada por la banca alemana (Jordi Ébole resumió perfectamente la situación: “Durante unos años España fue yonki del crédito, pero Alemania fue su camello”). Además, cada vez que se recuerda ese argumento, la población tiende a recordar que fueron los errores en el modelo económico instituido por José María Aznar que no fueron corregidos en la primera legislatura de Zapatero y los errores de éste en su segunda legislatura a la hora de adoptar medidas, lo que nos ha situado donde estamos. Así pues, PP y PSOE son solidarios en responsabilidades por la actual crisis.

Así pues, ni PP, ni PSOE tienen derecho a echar en cara ni a Podemos ni a nadie, que “no tienen programa” o que “su programa es suicida”, porque hasta ahora han sido precisamente los gobiernos de estos dos partidos los que nos han situado en situación de ruina. Tampoco aquí, ni el PP ni el PSOE son inocentes, ni los más adecuados para reprochar a otros programas inasumibles.

En el PP tienden a ver a los dirigentes de Podemos como okupas, perroflautas piojosos o lelos emporrados… Olvidan que entre su clase dirigente figuran títulos universitarios de todas las especialidades y que muchos de ellos son brillantes profesionales y profesores de cierto renombre a pesar de su juventud. Seguramente hay más títulos universitarios en Podemos que en un PP que adolece de exceso de titulados en derecho, la mayoría de pocos pleitos. Tratar de degradar la realidad de un partido que puede exhibir sus títulos universitarios de sus miembros no parece la mejor forma de pararles los pies. La derecha, sin embargo, ha tirado por esa vía pensando que, repitiendo una y mil veces la imagen de perroflautas en electorado los abandonará por insolventes. Error.

Cada vez que se utiliza este argumento contra Podemos, estos responden como era de esperar: recordando a dónde nos han llevado las políticas neoliberales, la reforma del mercado de trabajo, las sucesivas reformas fiscales, coronadas todas ellas por una corrupción generalizada que abarca a todas las instancias del Estado. Cada vez que se cuestiona la viabilidad del programa de Podemos, contraatacan simplemente exponiendo la actual situación del país y recordando que ya va siendo hora de liquidar al régimen de los corruptos.

Y estos argumentos tienen una fuerza extraordinaria que todavía sería superior, si Pablo Iglesias fuera capaz de desembarazarse de todos los tics progresistas, de todos los tópicos humanistas–universalistas, de ese antifascismo de oficio que aureola a toda la izquierda, si tuviera coherencia doctrinal y fuera capaz de establecer razonamientos y realizar hasta el final una crítica a la globalización sin partir de apriorismos y de la utilización de tópicos (“xenofobia y racismo” para quienes denunciamos que la inmigración masiva es un arma de la globalización, entre otros), probablemente Podemos sería un movimiento en el que muchos nos reconoceríamos y no tendríamos inconveniente en apoyar si fuera él el llamado a empuñar la piqueta de demolición de este régimen terminal.

Algunas conclusiones
Lo que la derecha está demostrando con estos ataques viscerales es que, efectivamente, tiene miedo. Miedo porque Podemos se ha reforzado extraordinariamente desde el 25 de mayo y ya no es un movimiento balbuciente o una estrella fugaz a lo Ruiz Mateos. Miedo porque a medida que se vayan acercando las elecciones generales se verá que –tal como preveíamos en nuestro libro Indignarse con los indignados– la distancia entre Podemos y el PSOE se va acortando y, veremos, a la vista de cómo quede el Congreso del PSOE, quien, finalmente, termina siendo el partido mayoritario de la izquierda. Miedo porque Podemos, a diferencia del PSOE, tiene las manos limpias y con él ya no puede utilizar la política de la omertá mafiosa que ha empleado con los socialistas. Miedo porque el PP sabe que no hay acuerdo posible con Podemos y que en su maximalismo reside su principal atractivo para un electorado cada vez más harto de los partidos tradicionales. Miedo porque el PP percibe que en las elecciones municipales de mayo de 2015, muchos de sus concejales (y todos los que les acompañas como asesores y cargos municipales y autonómicos retribuidos) van a ir al paro y que se formarán cientos de gobiernos municipales con presencia de miembros de Podemos que, lo primero que harán, será pedir responsabilidades por corruptelas pasadas… Tras el paro, el banquillo.

La actitud del centro–izquierda ante Podemos ha sido muy diferente a la del centro–derecha. El PSOE intenta rivalizar con Podemos poniendo a su frente a algún personajillo que remotamente evocase parecidos valores a los que hace gala Pablo Iglesias: debe de ser joven, preferentemente delgaducho, sin un discurso alambicado, sin pasado político, de físico agradable en tanto que inofensivo… y ahí está el pobre Madina y Pedro Sánchez para intentar dar al PSOE un look que pueda competir con el estándar que ha creado Podemos. No lo conseguirán porque Podemos es todavía una “sigla virgen” y los rastros de virginidad en el PSOE hace década que se perdieron.

El PSOE, con todo, está intentando una línea de emulación, mientras que la derecha ha optado por el ataque frontal. Los argumentos del PP son débiles, acaso porque el PP ya no tiene argumentos que utilizar y está tan quemado como el PSOE: nadie cree ya a los portavoces del régimen, demasiadas mentiras, demasiadas corruptelas, demasiada prepotencia, demasiado oportunismo y todo ello durante demasiado tiempo. Los dos grandes partidos ya no pueden manejar argumentos racionales y lógicos para salir de su crisis. Tales argumentos han dejado hace tiempo de existir. Podemos, lo único que está es aprovechando su tirón mediático (ayer la alocución mitinesca de Pablo Iglesias en el Parlamento Europeo, por ejemplo) para recordar que “el rey está desnudo”.

El régimen de 1978 se está deshaciendo ante nuestros ojos. Podemos es una marea que todo lo arrasa a su paso. Cuando se produce una marea negra (y Podemos es esa marea negra), la vida se acaba debajo del océano. Mueren los corales, muere la flora marina, mueren los peces (mueren, en definitiva, los partidos tradicionales, la “banda de los cuatro”). Pero luego hace falta regenerar esa zona marina aplicando detergentes. Solamente así desaparece la marea negra y la vida vuelve. Algunos aspiramos a participar en la creación de ese detergente final…

Alfabetización autonómica
Patxi Andion www.republica.com 2 Julio 2014

La gente sabe que cuando le preguntan por una cosa y contesta otra, no es que mienta, es que no termina de decir la verdad. Eso pasa porque los niveles en la fe son infinitos. La gente cree que cuando se cree en algo, la fe es absoluta y eterna, pero no es así en absoluto. Las personas creen en algo, algo, a veces poco y otras mucho, y deja de creer un montón de veces, aunque luego vuelva a hacerlo. Pero casi siempre se nota mucho. La actitud ante lo que se cree firmemente es muy diferente del comportamiento dubitativo y falto de implicación con el que nos enfrentamos a aquello en lo que creemos poco. Los sociólogos lo tenemos identificado en los estudios de opinión como respuesta psico-social. O sea: Lo que alguien contesta porque cree que es lo que debe contestar aunque no crea en ello. Y lo mismo que existen técnicas para descubrir por medio de preguntas llave-trampa si la respuesta es sincera o no, si la persona cree verdaderamente lo que dice o no, la mayor parte de las veces, los hechos denuncian claramente esta impostura social.

Eso es lo que le pasa al Estado Español con su sistema autonómico. La estructura del Estado nunca fue un presupuesto de los famosos Padres de la Constitución, sino, mas bien, una consecuencia mas o menos deseable o indeseable. La federalidad estaba fuera del ánimo del político que preconizaba lo que mas tarde se celebró con aquella frase de Transición a la española. Entre las gentes que creíamos en la denostada Ruptura Democrática, si estaba presente de manera nuclear. Pero no fuimos atendidos. Las gentes de este país, después de 39 años de Dictadura no querían saber nada de ese término: Ruptura. Les parecía que se pretendía una vuelta al pistolerismo pre republicano. Mejor dejar que las cosas pasaran de un recipiente a otro, todo lo mas, con distinto nombre. Y claro. Ese trasvase del mismo caldo de una Ley orgánica franquista a la nueva Constitución, trajo las graves deficiencias que padecemos hoy y la proliferación de una hipocresía democrática que campa por todos los ámbitos políticos del país. Y digo: Todos.

Como pasa en el ejemplo sociológico que he puesto antes, hay muchas evidencias de lo que acuso. La fe en esta Constitución Española es mas bien escasa, torticera y pacata. Una de las mas relevantes es el escaso crédito que el autonomismo ha conseguido desde 1978 hasta aquí. No solo está en entredicho entre las fuerzas nacionalistas ni mucho menos, sino también en el denominado nacionalismo español, por decirlo de alguna manera, sea, o haya sido este, de izquierda (sic) o de derecha, pretendidamente progresista o conservador.

En estos años se han desarrollado muchas iniciativas constitucionales en muchos campos pero hay una que ningún gobierno democrático ha querido considerar: La alfabetización autonómica. Quiero decir con ello, el conocimiento y aprendizaje de las lenguas vehiculares del Estado además del castellano: Euskara, Catalán y Gallego y no excluyo ni mucho menos las lenguas próximas, como valenciano y balear y si me apuran, el estudio de las variantes castellanas como el extremeño, andaluz, canario. Ningún alumno de enseñanza secundaria ha estudiado estas lenguas. No las conoce, ni mucho menos las usa, salvo, curiosamente en los territorios autonómicos de las tres primeras donde obviamente se estudia el castellano como lingua franca del Estado. Pero en Burgos no se conocen las riquísimas variedades del andaluz o la música del acento extremeño o el canario y sus variedades. Si el Estado Autonómico hubiera creído verdaderamente en si mismo, hubiera planificado en tantas reformas educativas como ha habido en estos años el conocimiento de las lenguas y cultura autonómicas y sus peculiaridades. Pero no lo hizo y me temo que no lo piensa hacer. Y a lo mejor si lo hubiera hecho, no se verificarían como se hacen, tantas diferencias marcianas como se ven entre españoles. Al menos por ahora.

Todas las palabras sonríen a poco que puedan sonar en otros oídos. Julio

Acoso, pero no derribo
Sonia Sierra http://www.economiadigital.es 2 Julio 2014

En las diferentes regiones del mundo donde conviven más de una lengua se suele optar por dos vías en el ámbito de la educación. O bien se elige una doble red de manera que los padres escogen la lengua vehicular en la que van a ser educados sus hijos, o bien escuelas en las que se imparten asignaturas en ambos idiomas más allá que las lingüísticas. El primer modelo es el mayoritario, aunque cada vez se introduce más el segundo en consonancia con las investigaciones pedagógicas y didácticas al respecto. En Finlandia, por ejemplo, predomina la doble red, pero empiezan a proliferar las escuelas en las que la educación se imparte en finlandés y sueco.

En principio, que alguien prefiera un modelo o el otro debería ser respetado por igual y, sin embargo, en Catalunyta esto no se cumple. Para empezar, en esta comunidad autónoma se aplica un modelo único en el mundo: la inmersión obligatoria en una lengua que no es la mayoritaria, privando así a más de la mitad de la población del derecho a recibir educación en su lengua materna y marginando una lengua oficial, el español, que no adquiere la categoría de lengua vehicular y de la que se imparten menos horas que de inglés.

La mal llamada inmersión lingüística --los niños catalano-hablantes no reciben inmersión, sino educación monolingüe en su lengua materna-- es una copia pervertida del modelo que se aplica en Canadá. Allí la inmersión en una lengua distinta a la materna se aplica de forma voluntaria y cuando los niños ya dominan la lectoescritura. Esto es importante porque, como demuestran numerosos estudios, la lengua materna es un facilitador de la enseñanza. Pese a que el modelo catalán no se aplica en ningún otro lugar del mundo, aquí se presenta como el único posible para garantizar el buen nivel de ambas lenguas y la cohesión social.

Nadie que se pare a pensar seriamente en el tema puede creerse la propaganda oficial de que el nivel de español de los alumnos catalanes es superior al de los del resto de España porque estaríamos hablando prácticamente de un milagro: cero horas en educación infantil, dos en primaria y tres en secundaria y dos en bachillerato dan mejores resultados que toda una educación en ese idioma.

Se aferran a pruebas que nunca se han hecho en español en Catalunya como PISA o exámenes no homologables como las pruebas de evaluación diagnóstica. Además, en ambos casos, son exámenes de comprensión lectora y un mínimo de expresión escrita lo que no sirve para dictaminar el nivel lingüístico de nadie, sino tan solo un par de destrezas. Cualquier análisis mínimamente riguroso del tema acaba demostrando que el cacareado “modelo de éxito” solo es tal si lo entendemos en tanto que “construcción nacional”, pero no en términos pedagógicos.

En todo caso, aunque sin duda es legítimo que alguien defienda la inmersión, lo que no parece de recibo es el acoso al que se somete a los padres que deciden optar por otro modelo. Una de las cinco familias de las recientes sentencias decidió comunicar a otros padres su decisión antes de que estallara mediáticamente el caso. Hablaron con doce de las veinticinco familias de la clase de su hijo y en todos casos, la respuesta fue unánime: su total apoyo y felicitaciones por haber dado el paso porque, según decían, no puede ser que toda la educación sea en catalán y algo hay que hacer.

Cuando el caso salió a la luz y de manera mezquina fueron vapuleados en la prensa catalana subvencionada, en la que se llegó a dar los nombres de los menores y datos de los padres, vieron como la gente cambiaba de acera para no saludarlos. El AMPA del colegio se personó como causa contra ellos y recogieron firmas de adhesión al actual sistema. De las 12 familias que les habían mostrado su conformidad, diez firmaron. ¿Qué pasó por el camino para que se produjera esta transformación?

Otro padre me contaba que, de repente, empezó a notar que a sus dos hijas les hacían el vacío. Preocupado fue a hablar con la directora del centro. Al día siguiente, uno de los padres del AMPA se dirigió a él y le pidió disculpas por lo que le habían hecho a las niñas y lo justificó con un “es que pensábamos que eráis una de las familias de la sentencia”. Como si fuera lo más normal del mundo. Los dos ejemplos corresponden a dos localidades alejadas así que la condena al ostracismo social parece ser el modus operandi habitual en el caso de aquellos que optan por intentar ejercer lo que en cualquier país democrático es un derecho reconocido: la educación en lengua materna.

Basta echar un vistazo a los medios públicos y subvencionados catalanes para comprobar que se trata a estas familias de manera absolutamente poco respetuosa. De hecho, Muriel Casals, presidenta de Òmnium Cultural ha llegado a acusar a estos padres de maltratar a sus hijos y de usarlos y abusar de ellos.

Sin embargo, pese a la terrible ofensiva pagada con dinero público contra todo aquel que defienda una educación plurilingüe, cada vez son más las personas que se atreven a alzar la voz. Día a día crece la Asamblea por una Escuela Bilingüe y Convivencia Cívica Catalana sigue ganando todos los juicios. Y es que, por mucho que insulten y acosen, va a seguir la lucha para que los niños catalanes puedan disfrutar del mismo derecho que los de cualquier otro país democrático: el de la educación en su lengua materna.

"El fin del terrorismo no puede significar el olvido"
Redacción. latribunadelpaisvasco.com  2 Julio 2014

Mario Vargas Llosa: “Hay una campaña que utiliza el señuelo de la paz para engañar y conseguir la impunidad”

El escritor y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa ha advertido que el fin del terrorismo de ETA “no puede significar el olvido” y ha denunciado la existencia de una campaña que utiliza el señuelo de la paz para intentar “engañar y conseguir la impunidad” para los responsables de los crímenes de la banda.

Vargas Llosa ha lanzado este aviso durante una intervención grabada emitida en la inauguración de las jornadas “El final de ETA y la recuperación de la dignidad en el País Vasco: temas pendientes”, organizadas por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (Covite) en colaboración de la Universidad Camilo José Cela.

El novelista, que no pudo estar presente en persona en las jornadas y grabó un vídeo para su emisión en el que expresa su apoyo a los objetivos de Covite, recordó, entre otras cosas, que “la indispensable paz no puede significar el olvido, mucho menos la impunidad de los crímenes cometidos”. “Por eso es indispensable alertar a la opinión pública acerca de una campaña que utiliza indebidamente el señuelo de la paz para pretender engañar y conseguir la impunidad”, añadió.


Para el Premio Nobel de Literatura, la “genuina” pacificación en Euskadi debe conllevar necesariamente “la justicia debida, es decir, el enjuiciamiento y la sanción de quienes pretendieron materializar sus designios políticos mediante la violencia y el crimen. Les deseo el mejor de los éxitos en esta empresa y les hago llegar mis saludos más cordiales”.
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