AGLI Recortes de Prensa   Jueves 3 Julio  2014

La prostitución, al rescate de España
Ignacio de la Torre  El Confidencial 3 Julio 2014

“El oficio más antiguo del mundo eleva el PIB griego un 25%”, mostraba una portada del Financial Times del año 2006.

Como ya expuse hace unos años, el artículo británico explicaba que el Gobierno griego –incapaz de atajar el permanente déficit fiscal para acercarlo a los objetivos de Maastricht– había decidido solucionar el problema por el lado del denominador: el tamaño del PIB. Para ello, decidió incluir en su cálculo actividades paralegales como el juego o la prostitución. Dicho cambio expandió considerablemente el PIB heleno, lo que ayudó a maquillar unos trimestres más la bomba de relojería de la deuda soberana griega.

En mi artículo de 2008, preconizaba que los Gobiernos –antes o después– acabarían imitando a Grecia, para así reducir el peso “óptico” de su deuda, ya que esta se mide en tanto por ciento del PIB. Seis años después, como hace 2.000 años, los griegos fueron pioneros de Occidente, así que varios Gobiernos europeos pretenden reflejar tan lúdicos cambios en sus cuentas, para así maquillar déficit y deuda, mediante una subida aproximada del PIB de entre un 1 y un 5%.

Como bien ha señalado McCoy en este mismo diario, poco a poco, y tras las recomendaciones positivas al respecto de las Naciones Unidas, las oficinas estadísticas empezaron a afirmar la conveniencia de incluir las actividades paralegales (la prostitución en España no es legal ni es ilegal, es paralegal) o ilegales (como el consumo de drogas) en el cálculo del PIB.
Después de que varios países hayan incluido dicho cálculo de consumo asociado a prostitución y drogas –como Estonia, Austria, Eslovenia, Finlandia, Suecia y Noruega–, el Reino Unido también se ha apuntado

La argumentación estadística es que el PIB puede medirse como la suma del gasto e inversión realizados en una economía por diferentes agentes. Pero si se ignora, por ejemplo, en gasto en drogas o en prostitución, la estadística presumirá que esta renta se ha ahorrado, lo que sería incorrecto porque aumentaría el nivel de ahorro (que no computa para PIB) y disminuiría el de consumo (que sí lo hace), unos datos que no se corresponden con la realidad.

Estos cambios serán de obligado cumplimiento en 2016, así que ya empezamos a recoger jugosas estadísticas. Después de que varios países hayan incluído dicho cálculo de consumo asociado a prostitución y drogas –como Estonia, Austria, Eslovenia, Finlandia, Suecia y Noruega–, el Reino Unido también se ha apuntado, lo que ha elevado el PIB sólo por este concepto en 10.000 millones de libras.

Un cambio que, añadido a otros, hará subir su PIB un total de un 5%; de las hipótesis recogidas por la oficina estadística británica destaca el que prestan servicios en la nación unas 61.000 prostitutas, a razón de 21 servicios semanales, con un coste medio de 67 libras, lo que supone que “de media estadística” cada varón británico entre 15 y 65 años utilizaría dichos servicios una vez al trimestre.

Italia rápidamente ha anunciado que también procederá a realizar dicho cambio, aunque incluirá además el contrabando. Por su parte, España también se ha rendido a tan incómoda exigencia para sensualizar el tamaño del PIB, así que –entre otros cambios que afectan al cómputo del I+D– ha anunciado, además, el inicio del cálculo para la inclusión de prostitución y drogas. En total se espera que nuestro PIB crezca entre un 2,7% y un 4,5% adicional con efectos retroactivos (como no podía ser menos dada la antigüedad del oficio).

Debido a que España tiene una población flotante de turistas superior a la residente (60 millones frente a 46), ya aventuro que las estadísticas resultantes cuando conozcamos los detalles van a ser escalofriantemente superiores a las británicas, ya que, para calcular la utilización “media” de dichos servicios, se tendrán en cuenta los habitantes “empadronados”… España es la segunda potencia turística mundial, así que ya veremos si esto repercute en los datos de prostitución y de consumo de drogas per cápita “residente”.

¿Por qué dicho cálculo “rescata” a España? Porque el Gobierno ha pactado un Plan de Estabilidad Presupuestaria con la Unión Europea, en el cual se fijan objetivos de déficit medidos: no como euros gastados por encima de los ingresados (como haría cualquier familia), sino como dicho déficit en euros partido del PIB.

La Unión Europea se ha mostrado molesta con España por haber anunciado una supuesta bajada de impuestos sin haber sido pactada previamente. ¿Cómo casan los números? La respuesta, una vez más, estriba en el lúdico denominador: aumentar el tamaño del PIB. Así, el oficio más antiguo del mundo será necesario partícipe de la polémica reducción de impuestos.

¿Cómo evitar el tedio que nos causan tantos políticos?
Felicísimo Valbuena www.lavozlibre.com 3 Julio 2014

Consultor y Periodista
Hace cincuenta años, la investigadora alemana Elisabeth Noëlle-Neuman se interesó por estudiar un hecho que le llamaba una y otra vez la atención. Cuando empezaba una campaña electoral, del nivel que fuese, los votantes tenían unos intereses muy concretos y hablaban de ellos. Pues bien, según iba avanzando la campaña, los votantes acababan hablando de lo que les interesaba a los periodistas, que era muy distinto de lo que antes hablaban entre ellos. Había una simbiosis entre periodistas y políticos.

Esta mujer sintió curiosidad por saber a qué se debía ese fenómeno y, después de estudiar varias elecciones, llegó a elaborar una teoría sobre la opinión pública. Publicó un libro ya clásico -'La espiral del silencio'- que ha servido, y mucho, para interpretar realidades muy complejas.

LA CAMPAÑA PERMANENTE
En su Teoría de la Ciencia, o Gnoseología, Gustavo Bueno sostiene que una ciencia o una teoría viene precedida de una técnica, tecnología o un arte muy desarrollado. En 1976, Patrick Caddell, el encuestador favorito del Presidente norteamericano James Carter, estaba convencido de que para ganar la aprobación de los votantes había que desarrollar una campaña continua. Es decir, Caddell exponía una técnica para vencer en unas elecciones.

Ironías de la vida: el Presidente Carter perdió las elecciones de 1979. Sin embargo, Caddell había demostrado que poseía una mente creativa al intuir por dónde iban los tiempos.

En 1980, Sidney Blumenthal convirtió en teoría la técnica que Caddell había propuesto. Escribió un libro -'La Campaña Permanente'- en el que explicaba que los cambios en la tecnología de los ordenadores y de los medios de comunicación habían impulsado un nuevo sistema político. ¿En qué consistía ese nuevo sistema? En saber qué pensaban los votantes en cada momento y en ajustar la política a las encuestas.

LA CAMPAÑA PERMANENTE EN ESPAÑA
Pues bien, invito a quien lea esta columna a observar lo que está ocurriendo en estos momentos en España. Recién salidos de las elecciones al Parlamento europeo, vienen las elecciones primarias en el PSOE. Dentro de unos meses, las autonómicas y municipales. Y en noviembre de 2015, las generales. Y moviendo todo este tinglado, asesores, consultores en comunicación política. Al PP, que ha visto las orejas al lobo, le han entrado unas prisas tremendas por ofrecer reformas a los votantes. Estamos y estaremos en una campaña permanente.

Reconozcámoslo: escuchar a los políticos es uno de los mayores tostones a los que pueden exponerse las mentes españolas. Y también, las de otros países, pero ahora estamos hablando de España. Ahora bien, que la inmensa mayoría de los políticos sean aburridos y dormitivos les conviene a muchos periodistas -reporteros, columnistas o tertulianos-. Tienen mucho trabajo por delante para animar la campaña permanente.

¿Cómo defendernos ante esta avalancha de tedio?
LOS 'BOCADOS DE SONIDO' (SOUND BITES) Y LAS ENTREVISTAS EN PROFUNDIDAD
Primero fueron los periodistas quienes, en los años setenta, crearon este sintagma para los denominar los “cortes” en los que resumían el meollo de un discurso. Y después, ¿quiénes los imitaron a continuación? Pues los asesores de los políticos. ¿Quiénes, si no? Los periodistas de televisión necesitaban que los políticos redujesen sus respuestas en las entrevistas a pocos segundos. La norma que rige en los medios de comunicación es comunicar el máximo de contenido en el mínimo espacio y tiempo posibles. Por eso, los políticos que los periodistas escogen para salir en televisión, son los capaces de exponer su posición en nueve segundos.

Y efectivamente, hay políticos que se han acostumbrado a esos nueve segundos. El inconveniente de algunos de esos políticos es que, cuando aceptan una entrevista en profundidad con un periodista inteligente, pueden hacer el ridículo más espantoso. El caso más célebre sigue siendo el de Edward Kennedy cuando disputó las primarias al Presidente Carter en 1979. Le entrevistó en profundidad el periodista Roger Mudd, entonces en la CBS, y Edward hizo tanto el ridículo que esa entrevista resultó decisiva para que perdiese esas primarias. La entrevista demostró que Kennedy carecía de conocimientos sobre la mayoría de los asuntos por los que el periodista le preguntaba. Bien es verdad que también el periodista perdió la oportunidad de convertirse en el presentador del telediario de la tarde. La CBS prefirió un periodista que ofrecía más espectáculo, el célebre Dan Rather.

Entonces, ¿cómo saber si un/a político/a tiene planes o programas o es vendedor de alfombras persas? Pues entrevistándole en profundidad. El periodista le vuelve a preguntar por no contentarse con los lugares comunes, tópicos y topicazos que son la marca de tantos y tantos que se dedican a vivir de la política.

¿Contamos con periodistas que sepan entrevistar de esa manera?

Eso me gustaría saber a mí. Ahora se dedica a conducir un programa de televisión por la mañana, pero siempre recuerdo y pongo como ejemplo a Ana Rosa Quintana cuando entrevistaba en radio cuando era más joven. ¡Qué maravilla!

LOS ANUNCIOS ELECTORALES
Una guía para movernos en medio de los 'bocados de sonido' son los anuncios electorales. Los estudiosos distinguen cinco categorías.

Anuncios 'biográficos' o de introducción. Son los que presentan al candidato a los votantes. Cuanto más desconocido sea el candidato, más necesarios serán estos anuncios. Lo ideal es que estos anuncios cuenten una historia sobre la vida del candidato. Pueden aparecer parientes o gente que ha conocido al candidato a lo largo de su vida. También puede salir el propio candidato explicando quién es.

Fijémonos en cómo se presentan los candidatos a sí mismos, aunque no sea en los anuncios. Y a continuación, comprobemos si lo que dicen es cierto. Ahí podemos encontrar un hilo del que podemos tirar para comprobar adónde nos lleva. A ver si nos encontramos con alguien con sustancia o con un camelista. ¿Tiene un yo sólido o es de mantequilla de Soria, que se limita a ser un producto que han empaquetado sus asesores?

Anuncios sobre asuntos o temas. Creo que son los importantes, porque ahí el candidato ha de mostrar sus planes y programas. ¿Tiene ideas creativas? ¿Es original? ¿Está convencido/a de lo que dice? ¿O vende mercancía averiada? ¿Cuáles son sus ideas y posiciones? Incluso, ¿sabe ponerse por encima de las consignas del partido y se muestra como un auténtico estadista?.

Anuncios de contraste o negativos, para criticar al oponente. ¿Son veraces y comprobables? ¿O los oponentes pueden desmontarlos con facilidad? También deben mantener el buen gusto y no caer en ataques chabacanos o desproporcionados. ¿O embiste con su cabeza?

Los anuncios de contraataque o respuesta rápida sirven para contrarrestar los ataques de los oponentes. Si el candidato no responde, los votantes pensarán que las acusaciones son ciertas. Estos anuncios deben refutar las alegaciones vertidas contra el candidato, al tiempo que lanzan un contraataque contra los oponentes que atacaron. Pero esa respuesta debe ser mesurada y en el mismo medio donde aparecieron los ataques –de lo contrario el candidato estaría reforzando esos ataques. De forma que si atacan al candidato en un anuncio de radio, debe contraatacar en esa emisora. La excepción sería un ataque contra el candidato tan fuera de lugar que el ampliarlo saliera rentable.

Finalmente, están los anuncios de visión o conclusión, que condensan toda la campaña y el mensaje. Son los anuncios finales, en los que el candidato o partido hace recapitular al votante y le expone todos los motivos por los que debe votarle

Creo que estas categorías pueden servir como guía para orientarnos en medio del ruido de las campañas permanentes y convertir la política en un medio para aprender y aumentar el sentido del humor. ¿Quién ha dicho que la política solo vale para lamentarse, renegar de los políticos y retirarse a la vida privada? Todos podemos mejorar la vida política y conseguir que los más capaces y honrados ocupen los puestos de responsabilidad Si los contribuyentes y votantes renunciamos a un papel activo, luego no podemos lamentarnos de que lleguen a esos puestos los que han alcanzado su nivel de incompetencia y sigan ahí hasta que les llegue la edad de su privilegiada pensión.

VII round table de cotizalia
"¿Independencia de Cataluña? El mercado no lo descuenta, lo ve como un desastre"
Pedro Calvo El Confidencial 3 Julio 2014

La situación económica y política de España también mereció un profundo debate en el VII Round Table organizado por Cotizalia y M&G Investments. Fundamentalmente, las intervenciones giraron en torno a cuatro temas principales: la reforma fiscal, la opinión del mercado con respecto a la independencia de Cataluña, la gobernabilidad de España y el auge de las salidas a bolsa de las sociedades cotizadas de inversión en el mercado inmobiliario (socimis).

Con respecto a la reforma fiscal, Daniel Lacalle, gestor de EcoFin, considera que "no es mala", sobre todo por el beneficio que supone para las compañías –fuera de las 20 primeras del Ibex 35– y por el efecto favorable que puede tener para el consumo. Coincide Juan Suárez de Figueroa, responsable de inversiones de A&G Banca Privada, quien considera que sí puede generar un "miniciclo positivo" en el consumo.

Jaime Martínez, director de inversiones de Fonditel, calcula que puede tener un impacto positivo de 6 o 7 décimas en el crecimiento. Eso sí, matiza que no beneficia el ahorro a largo plazo. Tristán Pascual de Pobil, subdirector general de Mutuactivos, introduce otro matiz: el de comprobar si la rebaja pone en riesgo el cumplimiento de los objetivos de déficit. Para ello, resultará clave que ayude a crear empleo y la subida del número de cotizantes.

En este sentido, Ignacio Rodríguez Añino, director de ventas en España de M&G Investments, considera que se trata de "una oportunidad perdida" porque se ha emprendido la reforma sin haber hecho antes todos los deberes, como el de recortar las Administraciones Públicas.

VII Round table de Cotizalia (parte III)
"Un desastre para las dos partes"

Con respecto a Cataluña, Marc Garrigasait, presidente de Koala Capital Sicav, considera que "el mercado no la descuenta". "Los bancos centrales han absorbido todos los problemas con su liquidez, y con el tema de Cataluña ocurre lo que pasa con otros focos de incertidumbre que hay en el mundo", añade.

Daniel Lacalle coincide en que el mercado no lo descuenta, pero por un motivo clave: "Se ve como tal desastre para todas las partes que el mercado cree que no va a poder ser". Desde su punto de vista, a los inversores también les sorprende la poca concreción del proceso, en comparación sobre todo con el detallado plan de Escocia.

En cambio, Tristán Pascual de Pobil manifiesta más dudas. "No vemos una salida fácil", advierte. Al mismo tiempo, y con respecto a la gobernabilidad de España tras el resultado de las elecciones europeas y la situación que puede abrirse en el futuro si el bipartidismo pierde influencia, avisa de que, si las elecciones generales de 2015 arrojan un Parlamento muy disgregado, podría verse un repunte de la prima de riesgo y de la rentabilidad de la deuda.
Avalancha de socimis

En cuanto a la avalancha de socimis que han llegado al parqué español en los últimos meses, Jaime Martínez indica que constituye "el reflejo de que España vuelve a estar en la agenda de los institucionales". Aunque considera que sí pueden ser una alternativa de inversión interesante, recomienda aquellas que "tengan las carteras hechas".

Juan Suárez de Figueroa tiene más dudas. En su opinión, puestos a invertir en activos más ilíquidos "existen otras alternativas más atractivas".

La ANC va en serio. ¿Y el Gobierno?
EDITORIAL Libertad Digital 3 Julio 2014

Más allá de que se puedan hacer bromas sobre los planes del independentismo catalán para dotarse de un Ejército y una Armada, que efectivamente tiene extremos cómicos, en lo desvelado por Libertad Digital hay algo importante que no está siendo resaltado en los demás medios de comunicación: que el plan independentista puede ser mejor o peor, pero no se está improvisando y, desde luego, es detallado.

Si un plan se define con obsesivo detalle es porque se tiene la intención de llevarlo adelante. Nadie diseña un nuevo Estado con minuciosidad si no tiene la intención, y la determinación, de que el dibujo teórico se convierta en una realidad.

Hay otra conclusión que resulta evidente cuando se ven los documentos de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) pero que tampoco se está destacando en el espacio público: la intención de conformar un muy costoso Ejército muestra a las claras que el independentismo catalán está dispuesto a sacrificar la economía de su hipotético Estado, y el bienestar de sus habitantes, en aras de la construcción nacional.

Pus bien, cada uno de los puntos que se desvelan de este plan secesionista recibe del Gobierno central la misma respuesta, excelentemente ejemplificada por el ministro de Defensa este miércoles: no hay comentarios.

Es posible que el de Defensa no sea el miembro del Ejecutivo más adecuado para dar la respuesta política al independentismo catalán –aunque cualquier cosa sería mejor que las habituales intervenciones del titular de Exteriores–, pero entre reto y reto, mientras los nacionalistas van demostrando que ellos van en serio –y hay que recordar que tienen ya hasta fecha para la independencia–, el Gobierno nunca parece querer afrontar la cuestión.

Ciertamente, el nacionalismo sin vergüenza acusa a cualquiera que le plante cara de ahondar en la fractura Cataluña-resto de España, pero dejar el espacio político libre y rehuir cualquier enfrentamiento solo corre en su beneficio.

A estas alturas está ya muy claro que el independentismo catalán va muy en serio. ¿Y el Gobierno central? ¿Va también en serio? Con estas cosas no debería tolerarse a sí mismo la inactividad, ni –mucho menos– una sola broma.

La dignidad de las víctimas
Ana Iríbar. http://santiagonzalez.wordpress.com  3 Julio 2014

Intervención de Ana Iríbar en el curso de verano de Covite.

Dignidad
Buenas tardes a todos. Gracias a COVITE y a su presidenta querida Consuelo por convocarnos a este seminario. Para mí es motivo de especial satisfacción compartir mesa con Santiago González, a quien admiro por muchos motivos. Y con una mujer, incansable luchadora, como Laura, y un honor estar al lado de Josu Puelles.

La palabra dignidad que protagoniza el título de esta mesa es una palabra que usamos muchísimo a diario; para referirnos a quienes no agachan la cabeza frente a un jefe déspota, cuando se pierde un partido de fútbol, o para describir una vivienda. Adjetivamos también con frecuencia situaciones y cosas con la voz “indigno”. Es, por un lado, un concepto relacionado con el confort, con el contexto que ofrece los recursos necesarios de cama- comida -trabajo para que cualquier persona pueda llevar una vida cómoda; por otro lado, es un concepto vinculado a la actitud psicológica y la respuesta de cualquier individuo ante la falta de libertad o ante cualquier presión que se ejerza en su entorno. Pero cuando la utilizamos en el contexto de las víctimas del terrorismo, la palabra dignidad se hace inmensamente solemne, no solo por los conceptos que la preceden, sino por las hazañas que sugiere y están por venir.

He buscado entre algunos testimonios de personas que han vivido situaciones límite, extremas, para entender qué es la dignidad para ellas, para las víctimas. Es curioso que solo se refieren al concepto de dignidad cuando sienten que están a punto de perderla. Por ejemplo, con el primer golpe asestado por un oficial de la Gestapo. O cuando tras días, semanas, meses de cautiverio, en un agujero oscuro que rezuma humedad, piensas en cómo quitarte la vida cuando sientes que eres casi un guiñapo y el dolor se hace insoportable. O cuando tienes que caminar a oscuras durante kilómetros, el estómago vacío, sobre la nieve helada, para ver morir de hambre a una de tus hijas en un orfanato.

He buscado en hombres como Jean Améry, detenido por la Gestapo por su colaboración con la resistencia belga, y deportado a Auschwitz. En hombres como José Antonio Ortega Lara, secuestrado durante 532 días por ETA. En mujeres como Marina Tsvietáieva, superviviente de la hambruna rusa, exiliada, condenada por la dictadura soviética a vivir silenciada. Todos ellos tienen al menos un denominador común: sienten la existencia de la dignidad cuando están a punto de perderla. Como nos puede pasar con la salud, que solo valoramos cuando nos falta. A estas tres ejemplares personas les sucede con el primer golpe. Con el sufrimiento y la certidumbre de una muerte próxima. Con el esfuerzo permanente que supone en la vida ir contracorriente. Todos ellos en sus testimonios vitales aluden a ese momento terrible, ese instante crucial, en el que se sienten al borde del abismo, en el que la dignidad toma cuerpo ante ellos y presienten que se escapa de sus manos. Y con ella, toda su humanidad. Solo entonces son conscientes de su importancia, de su valor, de lo terrible que puede ser su pérdida. Y solo entonces comprenden que la dignidad no es algo que se les pueda arrebatar, dar o quitar. Ese motor interior es más fuerte que el instinto de supervivencia. Más fuerte que el odio. Que el miedo. En ese instante crucial de extrema dureza, no se rinden; todos ellos deciden conservar la dignidad, aferrarse a ella, y dar un nuevo sentido a sus vidas. Así, Jean Améry podía haber sucumbido ante el primer golpe, delatar a sus compañeros, pasar al anonimato como tantos supervivientes al holocausto. Pero dedicó su vida a denunciar y contar lo sucedido, a pesar de ser considerado por muchos un radical resentido. Marina Tsvietaieva pudo renunciar a escribir y vivir en el exilio, o doblegarse al régimen totalitario y sumarse a tantos otros poetas y escritores de su época. Pero regresa a la Unión Soviética sin renunciar a sí misma, a la libertad, a su maravillosa poesía, y por ello le esperan años de terribles necesidades y soledad. Todos le darán la espalda.

Durante el secuestro de ETA, José Antonio Ortega Lara pudo haberse quitado la vida, lo intentó según cuenta él mismo en dos ocasiones. Pero no lo hizo. También pudo haberse enfrentado al día a día tras su cautiverio llevando una vida tranquila y retirada. Pero no lo ha hecho. ¿Qué les hace especialmente dignos a todos ellos? Marina lo expresa con claridad en una anotación en 1925, cuando nace su hijo: le regalo a mi hijo un lema “ne daigne!”, el lema, dice, que encontré y por el que estoy más orgullosa que de todos mis poemas juntos. Ne daigne a nada que rebaje; sea lo que sea. No rebajarse hasta lo que rebaja (el miedo, el lucro, el dolor personal) Un lema así me ayudará aun en el momento de la muerte.

Ni el miedo, ni el lucro, ni el dolor personal doblegaron a ninguna de las tres personas a las que quiero recordar con todos ustedes. La fuerza de la dignidad fue más intensa en ellos que el instinto de supervivencia. No temieron a la muerte, sino a perder la dignidad humana. Bien por motivos religiosos, ideológicos o movidos por la poesía, todos ellos son un ejemplo supremo de dignidad.

Por eso pienso que cuando hablamos de dignidad en relación con las víctimas del terrorismo, y la exigimos como si fuera un mérito o un derecho que se adquiere o se otorga, muchas veces nos equivocamos. Es un rasgo común a cualquier víctima de cualquier totalitarismo, que comparten especialmente aquellas que conscientemente se enfrentaron al régimen o la corriente totalitaria de turno y en nuestro caso, a ETA en particular. Les voy a poner un ejemplo más, de alguien con quien tuve la inmensa suerte de compartir los años más importantes de mi vida. Cuando Gregorio Ordóñez decide no rendirse al miedo imperante, y simplemente, denunciar públicamente a los terroristas y a sus cómplices entonces en HB, lo hace desde su compromiso, desde sus creencias religiosas, desde su voluntad de servicio, pero por dignidad.

Nada ni nadie podrá quitar un solo gramo de dignidad a ninguna víctima del terrorismo. Nada ni nadie podrá tampoco devolver la dignidad a ninguna víctima del terrorismo. Es algo que les pertenece para siempre.

Bien cuando la reconocieron conscientemente en un momento de su vida, bien en el momento en el que un disparo cobarde acaba con su vida. La dignidad es su proyección humana. Su fe. La aceptación de su destino. Ni uno solo de todos los absurdos borradores y proyectos de paz y para la convivencia del gobierno vasco. Ni una sola de las leyes de solidaridad con las víctimas del gobierno de España. Ni uno solo de nuestros responsables políticos. Ni uno solo de los herederos de ETA y de los defensores de su proyecto político.

La dignidad humana de todas las víctimas del terrorismo está muy por encima de todos ellos, de todos nosotros.

Nuestros responsables políticos podrán intentar programar una sociedad a su medida, adormecida, alelada, resignada; podrán legislar sobre lo que es verdad o mentira. Reescribir la historia a su antojo. Decidir incluso algunos si toca o no matar. Si ahora toca paz. Marcarnos tiempos y espacios para que víctimas y verdugos se encuentren y se abracen en la orgía programada del perdón y la reconciliación. Al diablo con la retórica frailona de todos ellos, de Jonan Fernández y de todo el nacionalismo vasco que ha condenado a ETA mientras la alimentaba con su discurso exluyente, xenófobo y victimista para reducir la sociedad a una tribu de individuos sin criterio propio.

Ninguno de ellos tiene legitimidad histórica para pensar siquiera que pueden manosear la dignidad de ninguna víctima. Siento repugnancia solo con pensarlo y al escribirlo. Nos dice Amin Malouf en sus Identidades asesinas En la democracia, lo que es sagrado son los valores, no los mecanismos. Lo que ha de respetarse de manera absoluta y sin la menor concesión es la dignidad de los seres humanos.

Qué lejos estamos de conseguir ese respeto a la dignidad de los seres humanos, especialmente de las víctimas del terrorismo.

La mayoría de nuestros responsables políticos, los que gobiernan en el PV, y los que se reparten por turnos el poder en el gobierno de España, no van a resolver nada fundamentalmente porque no tienen capacidad para resolver lo que es fundamental. Por mucho que pidan en sus discursos y en sus lánguidos planes, el desarme y el final efectivo de ETA, lo único que quieren resolver es su propia situación, algunos lavar su responsabilidad de todos estos terribles años, presentarse ante la sociedad entera como gentes conciliadoras y pacificadoras. De los que alivian tensiones como si los ciudadanos padeciéramos de esquizofrenia colectiva. A casi ninguno de ellos le preocupa la política en su esencia, los valores y principios democráticos. Al diablo también con sus ademanes y sus discursos fariseos. No necesitamos sus dosis de Valium.

La mayoría de nuestros responsables políticos, lamentablemente, están más preocupados por los mecanismos que por la esencia de la democracia; su máxima ambición es elaborar planes y más planes y en modificar leyes, en corregir lo que apenas lleva tres décadas de andadura; no en afianzar valores y principios. Contratan a individuos como Jonan Fernández para escribir el que parece ser el plan definitivo de paz y se quedan tan anchos. Un ex concejal de HB, un negociador de ETA, un saca cuartos con el cuento de la resolución de conflictos.

Si alguien cree que Jonan Fernández puede dar o quitar la dignidad a ninguna víctima de ETA está muy equivocado. Estoy harta ya de tanto plan de paz. Como decía Unamuno paz paz paz croan a coro todas las ranas y los renacuajos todos de nuestro charco, paz paz paz sí sea paz pero sobre el triunfo de la sinceridad, sobre la derrota de la mentira. Paz, pero no una paz de compromiso, no un miserable convenio como el que negocian los políticos. ¡Cuánta razón tenía! Y pensar que ha pasado más de un siglo de esta frase! ¡Y seguimos en este país dando vueltas en el mismo tiovivo.

Creo que por encima de algún que otro canalla, de tanto pacto, tanto proyecto, tanto criminal y tanto asesino suelto; por encima también de todos nosotros, las víctimas del terrorismo y su ejemplar dignidad serán las protagonistas indiscutibles de esta etapa de la Historia de España. Nosotros nos equivocamos al pensar que estamos escribiendo el relato, ni siquiera Jonan Fernandez y el PNV van a escribir la historia. Pasarán como mucho como lo que son, restos de ideologías decimonónicas y totalitarias sin evolucionar. Co responsables de unos años de dictadura terrorista. No serán ellos quienes protagonicen ni dirijan ni escriban el final de ETA. Ni siquiera pienso que nuestra generación, ninguno de los que estamos hoy aquí, va a escribir nada. Creo que lo harán futuras generaciones, más ecuánimes y más respetuosas. Esos planecillos serán engullidos por una fuerza mayor. La de la Justicia. La Historia de estos 50 últimos años se escribirá desde y en las páginas de la Justicia. Con el necesario empuje de la sociedad. De colectivos como COVITE. Cuando consigamos entre todos ayudar a resolver los más de 300 casos de asesinatos de ETA. Ese será el auténtico relato, el final de ETA. El que condene a todos sus responsables y liquide su maléfico proyecto político. El que consiga la derrota aplastante de tanto farsante y tanto mentecato. El que abra las puertas a la verdad y la libertad. Lo demás, como decía mi padre, cuento y fantasía.

Acerca de lo que importa
La sociedad catalana se enfrenta a retos más importantes que el independentismo
Manuel Cruz El Pais  3 Julio 2014

Tradicionalmente, cuando se planteaba la discusión acerca de esa específica violencia política que se manifiesta en forma de altercados callejeros, destrozos de mobiliario urbano, ataques a sucursales bancarias o de partidos y otros incidentes similares, siempre surgía quien, llegada una cierta altura del debate, la contraponía a la violencia estructural del sistema. Según este argumento, el capitalismo es un modo de producción basado en la explotación de los individuos y, en su fase imperialista, en la de los pueblos, lo que hace que para ese régimen económico la violencia no represente un elemento accidental sino constituyente de su propia esencia.

La argumentación, todo hay que decirlo, en algunos momentos podía tener la apariencia de transcurrir en un plano superestructural o, si se prefiere formularlo con otros términos, de contraponer magnitudes por completo heterogéneas. La realidad de una de ellas no parecía ofrecer dudas: de determinadas manifestaciones de violencia política, como, pongamos por caso, los actos vandálicos llevados a cabo por grupos de encapuchados en el centro de una ciudad solemos tener noticia a través de las imágenes que nos ofrecen profusamente los medios de comunicación. En cambio, la supuesta explotación denunciada por los críticos de la violencia estructural no siempre resultaba tan evidente.

Hasta tal punto ese dispositivo básico del sistema quedaba oculto tras las apariencias en las épocas de bonanza que no faltaban los que llegaban a poner en duda que la presunta explotación fuera tanta o incluso que fuera tal, y con argumentos atendibles. En efecto, ella no parecía constituir un obstáculo para que amplios sectores de trabajadores llevasen existencias más o menos plácidas y confortables, adquiriesen sus viviendas en propiedad o afrontasen el pago mensual de su alquiler sin mayores problemas, pudiesen dar estudios superiores a sus hijos, mantener una actividad laboral estable y sostenida hasta su jubilación, y así sucesivamente.

Con toda probabilidad, una de las cosas más significativas que ha ocurrido en los últimos años ha sido que aquella difusa violencia estructural ha ido concretándose y adoptando unas aristas tan afiladas como hirientes. El resultado es que la propia expresión “violencia estructural”, que en algún momento pudo sonar a abstracción casi vacía —cuando no a polvorienta épica política— ha devenido la que mejor cumple hoy la función de describir realidades perfectamente identificables y de una extrema dureza. Los trazos mayores que describen el actual estado de cosas están en la cabeza —cuando no en la retina— de todos.

Así, no hay forma humana de relativizar la tragedia, también personal, de los que se han visto expulsados del mercado de trabajo o, tal vez peor aún, de quienes, como los jóvenes, no vislumbran la menor posibilidad de incorporarse a él por vez primera. Por otra parte, los salarios de los que tienen un empleo han sufrido una drástica reducción, rebautizada por los patrocinadores de los recortes como “devaluación interna”. Además, los trabajadores de mayor edad se han visto sustituidos por otros, más jóvenes, precarios y peor pagados. Por si todo esto fuera poco, la vivienda en propiedad ha dejado de ser una meta alcanzable por amplios sectores de la población para convertirse en el origen de las desdichas de muchas familias, desahuciadas y condenadas a penar de por vida con su deuda a cuestas, reclamada de manera inmisericorde por las entidades bancarias. Ni siquiera, en fin, el acceso al trabajo es ya garantía de nada: la figura del trabajador pobre, que a pesar de tener unos ingresos más o menos regulares no consigue satisfacer las necesidades básicas de su familia, ha irrumpido, muchos temen que para quedarse, en el escenario de nuestra realidad.

La exclusión social ya no se cierne solamente sobre sectores marginales
No se trata de presentar el extenso catálogo de males que en este momento asuelan a nuestra sociedad sino de resaltar cómo basta con la mención de algunos de ellos para comprender el generalizado cambio en nuestra percepción de la violencia estructural, que ha pasado a aparecer de manera creciente y generalizada como una amenaza inmediata. Los múltiples matices de la amenaza acaso podrían quedar resumidos en un solo trazo: la exclusión ha ampliado su radio de acción y ya no se cierne, como hasta ahora tendía a darse por supuesto, solo sobre sectores marginados. Muchos de quienes antaño se creían a salvo de ella empiezan ahora a verse a sí mismos como vulnerables.

Dudo mucho que sea posible interpretar adecuadamente lo que nos está sucediendo sin hacer referencia a este registro subjetivo tan generalizado, a este profundo malestar colectivo, que constituye el obligado marco de inteligibilidad en nuestros días. Ello no equivale, claro está, a dar por buena cualquier respuesta al mismo que se pueda ofrecer, como suelen hacer quienes, con calculada ambigüedad, utilizan como sinónimos “contextualizar” con “justificar”. Es más, probablemente nuestra mayor dificultad en la hora actual sea la de ser capaces de diferenciar las respuestas tan comprensibles como inútiles (cuando no directamente contraproducentes) de aquellas otras que puedan dirigir el hirviente magma de la desesperación de tantos hacia donde hay, en efecto, más posibilidades de acabar con las causas que la han hecho posible.

Lo que está fuera de toda duda en cambio es que buena parte de las maneras heredadas de abordar estos asuntos ha dejado de resultarnos de utilidad. El viejo principio según el cual la política se sustancia en el establecimiento de las prioridades sociales adquiere en este instante una apremiante actualidad. En el fondo, los mejores pensadores de cada época han sido aquellos que han sido capaces de percibir la necesidad de alterar el orden heredado de lo que se tenía por importante. Así, por no remontarnos demasiado atrás en el tiempo, Richard Rorty advirtió en los setenta acerca de la prioridad de la democracia sobre la filosofía y poco después, ya en los ochenta, el filósofo británico Derek Parfit sostenía que el yo no es lo que importa, subrayando con ello que la problemática de la identidad personal, tan importante para un nutrido grupo de teóricos contemporáneos, había dejado de estar en primer plano.

Hoy podríamos afirmar cosas parecidas, pero por muy diferentes motivos. Desde luego que Parfit fue premonitorio al señalar que el yo no importa porque han dejado de urgir asuntos que hasta hace poco eran tenidos por cruciales, como la constitución de la propia identidad, o dirimir cuál de los múltiples yoes que somos o hemos sido es el fundamental. Pero resultaría de todo punto inconsecuente que alguien aceptara con naturalidad lo anterior y, a continuación, considerara que nada hay más apremiante en el presente que reivindicar el ser de un pueblo (sea este el pueblo que sea, obviamente) o sostuviera que el problema fundamental de una determinada comunidad es el de su reconocimiento (puro hegelianismo identitario, a fin de cuentas).

No pretendo plantear una cuestión académica ni, menos aún, puramente especulativa. Por el contrario, me agradaría ser capaz de arrojar algo de luz sobre aquello que nos está pasando en la actualidad. Así, las fuerzas y partidos que movilizan a la ciudadanía (o se suman a sus movilizaciones más o menos espontáneas) con el argumento de que resulta inaplazable que aquella se pueda pronunciar directamente sobre determinados asuntos, convirtiendo con sus prisas dicha reivindicación en la prioridad absoluta de su política, deberían rendir cuentas por aquello que, en ese mismo gesto, están dejando de lado. Porque de ser cierta la sumaria descripción de nuestra realidad que en la primera parte de este papel se presentaba, con lo que en estos momentos nos las estaríamos viendo sería con un problema, sencillamente dramático, de supervivencia para mucha gente. Tiene delito que, frente a esto, haya quien parezca sostener, parafraseando a Rorty, la prioridad de la independencia sobre la pobreza, o de la forma de Estado sobre la miseria generalizada.

Manuel Cruz es catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona.

Podemos y Venezuela
Los castúos y el miajón comunista
Xavier Reyes Matheus Libertad Digital 3 Julio 2014

"La casta" es la patente del naming podemista que Pablo Iglesias quiere registrar. A pesar del sentido con el que la usa, de "grupo endogámico privilegiado", no se trata precisamente de una palabra odiosa del vocabulario español: por más que el rabo largo del galgo tenga las connotaciones con que cada quien lo aluda, en general casta denota una nobleza genética que, cierto es, hoy se entiende mejor aplicada a los toros que a las personas. En su obra reivindicativa del alma y del habla extremeñas, El miajón de los castúos (1921), el poeta Luis Chamizo caracterizaba a estos últimos como gente de fondo franco y entrañable bajo la rudeza de un carácter forjado en el sufrimiento:

Y tamién sus dirá que semos güenos,
que nuestra vida es güena
en la pas d'un viví lleno e trebajos
y al doló d'un viví lleno e miserias:
¡el miajón que llevamos los castúos
por bajo e la corteza!

Lo que deben representar los castúos de Iglesias es todo lo contrario: una entraña maligna y egoísta mimada por los placeres de la vida cortesana. Pero el objetivo no es que casta designe a los políticos corruptos, sino simplemente a los políticos, sea cual sea la conducta de cada uno. El referente semántico de la palabra queda al margen de cualquier juicio valorativo y está obligado a identificarse con ella de un modo inexorable. Si recogiéramos la alegoría garciamarquiana sobre el lenguaje y pensásemos en las palabras como etiquetas colgadas sobre las personas y las cosas, advertiríamos que casta –como oligarcas o escuálidos en Venezuela– no es propiamente un cartel: es una diana, pues su función no es interpretar a quienes designa, sino marcarlos para la eliminación.


Se responderá que, en cualquier caso, casta no debe entenderse como una categoría antropológica, sino profesional: no alude a personas neutras, sino a las enchufadas en el quehacer político. En consecuencia, el resto de los ciudadanos podría pensar que está a salvo de la letra escarlata, y es precisamente en razón de esa diferencia que se les invita a tomar las piedras para la lapidación de los marcados. Por otra parte, si ser casta consiste sólo en monopolizar un oficio, bastará con disputárselo a quienes lo hacen para que aquélla deje de existir. Pero no es así como ve el mundo la extrema izquierda, cuyas doctrinas son auténticas soteriologías: la lucha política no es para ella un espacio que dividirse, sino el abismo abierto entre los hombres por un Juicio Final en el que el papel del Justo Juez corresponde al socialismo. La diferencia es que, al negar la libertad de las personas, ese juicio ni siquiera tiene en cuenta las obras y acciones concretas, sino que atiende únicamente a la gracia derramada sobre la conciencia de clase. Ser bueno por ser socialista es una ecuación de Perogrullo; lo auténticamente relevante es que se es socialista porque se es bueno. Tal convicción arraigó tanto en esa posmodernidad de la que se engendró el socialismo del siglo XXI que éste no ha tenido siquiera la necesidad de presentarse como una ideología, porque es, sin más, la aglomeración asamblearia de los buenos. De la misma forma que los malos son todos los demás.

Gracias a esto, Pablo Iglesias, salido del rebaño de los justos, no es casta ni lo podrá llegar a ser nunca. Por la misma razón por la que el Gobierno de Venezuela, que controla todas las instituciones, que ha dispuesto a su antojo del inmenso poder económico del petróleo, y que se guarda tras las ametralladoras de la Fuerza Armada, las porras de la policía y los revólveres de las cuadrillas paramilitares, es sin embargo la parte desvalida en el conflicto que lo enfrenta a las temibles "oligarquías golpistas". Éstas son la casta venezolana; no los jerarcas revolucionarios que tienen en la gorra roja una patente de corso para extorsionar, insultar, expropiar o moler a palos a sus adversarios. Qué se va a hacer: el miajón de un comunista es bueno y santo por naturaleza.

El dilema del rey: consultar a la nación (II)
Manuel Muela www.vozpopuli.com 3 Julio 2014

Felipe VI tiene el problema de buscar su lugar en el seno de un régimen político caduco y desacreditado, cuyos beneficiarios se dividen entre el inmovilismo y las reformas cosméticas, pero los españoles tenemos la necesidad y el derecho de decidir qué hacer con nuestra nación, gravemente quebrantada por los malos gobiernos que ha padecido durante demasiados años. Por eso, si los problemas o dilemas del rey fueran meramente personales y familiares, no tendrían interés para quienes queremos una España democrática y civilizada; lo que pasa es que el monarca es una pieza fundamental de la superestructura que pugna por mantener el estado de cosas que los españoles repudian. Esa es la razón de que analicemos sus opciones y especialmente las posibilidades de que el jefe del Estado, en un arranque de patriotismo, pudiera convertirse en la palanca interna que mueva la losa para despejar el camino hacia la plenitud democrática, aunque ello le supusiera arriesgar su permanencia en la primera magistratura del país. Más que a reanimar el cadáver de la Transición, sus esfuerzos deberían dirigirse a ordenar y encauzar los deseos de cambio pacífico manifestados por los ciudadanos, con el fin de que unas nuevas Cortes, elegidas no más allá del próximo octubre, sean capaces de plasmarlos constitucionalmente. Después, podría ser tarde para casi todo.

Las controversias de los fracasados
Los habitantes de la casa deshabitada en que se ha convertido el régimen del 78 andan a vueltas con la idea de cómo revertir su inmenso fracaso: economía hundida, paro endémico, desigualdad creciente, proletarización de la clase media y amenazas de ruptura territorial. Sus recetas son pobres, como lo han sido sus gobiernos, y carecen de capacidad para suscitar apoyo popular, sin el cual nada se puede hacer en un sistema de libertades. Se ha llegado a tal extremo de desafección que ni las prometidas mejoras fiscales ni una lluvia repentina de oro molido podrían cambiar el rumbo emprendido por amplísimos sectores de la sociedad. Desde las generaciones jóvenes, tan maltratadas estos años, hasta las clases medias urbanas, atenazadas por el miedo al futuro, la colmena española envía señales evidentes de disconformidad y de no querer saber nada de los dimes y diretes de quienes tienen el poder y pretenden usar el recambio monárquico como un elixir.

Los más inteligentes de ellos no se lo creen, pero siguen haciendo comedia por el miedo escénico al cambio y entonces se limitan a manejar conceptos reformistas desvaídos, federalismo, primarias, disminuir aforados etc., que oponen al inmovilismo del gobierno, pero ninguno habla de la separación de poderes, de sanear la Justicia, de educar al país y de dar autenticidad al sufragio, como premisas fundamentales para recorrer el camino de la civilización de España y de la reconstrucción del Estado. En los aledaños, los nacionalistas burgueses de Cataluña y el País Vasco, que han sido una de las vigas maestras del régimen, añoran la fórmula de la vieja Monarquía Dual del Imperio Austro-Húngaro, pero están emparedados entre su propia decadencia y el impulso de otros nacionalismos que abogan por las repúblicas catalana y vasca. La verdad es que las controversias entre los diferentes autores del colapso constitucional merecen un interés perfectamente descriptible ya que sólo les guía mantener el poder que van perdiendo a raudales, por lo que sería más saludable poner el foco en proyectos diferentes para salir de éste edificio ruinoso.

Monarquía de partidos o presidencialismo democrático
Y lo primero debería pasar por reconsiderar la estructura del Estado, para reconstruirlo sobre los cimientos de su unidad, abrogando los experimentos autonómicos fracasados, y convertirlo en lo que nunca debió dejar de ser, el instrumento para lograr la libertad y la igualdad de los españoles. Habría que olvidar los escarceos con vías centrífugas y trasnochadas que han arruinado nuestro presente y limitan las esperanzas de un futuro mejor. España no se lo puede permitir, aunque sea lamentable reconocerlo después de más de un siglo intentándolo. Los federalismos, asimétricos o no, junto con la monarquía dual o confederal son zarandajas que, estoy seguro, rechazarían abrumadoramente los españoles. Igual ocurre con el derecho a la autonomía regional, un interesante proyecto nacido con la Constitución de 1931 que los aprendices de brujo de 1978, los del café para todos, han dejado para el arrastre.

Si se empezara a hablar sin prejuicios habría que situar el debate monarquía-república en el contexto de lo que sería conveniente para la España de hoy. Un país lleno de amenazas de todo tipo, incluida la de la ruptura territorial, que no se puede permitir el lujo de tener un jefe del Estado meramente representativo sometido al albur de una partidocracia fracasada. Porque esa es la cosecha de la alabada monarquía parlamentaria, o mejor dicho la monarquía de partidos, brillantemente definida por Antonio García-Trevijano, que muchos pretenden continuar con Felipe VI en contraposición con otros que creemos en la sustitución del maleado régimen parlamentario actual por un modelo más presidencialista en el que el jefe del Estado sea elegido directamente por todos los españoles, atribuyéndole facultades suficientes para presidir y ordenar el juego institucional además de ser garante y referencia inexcusable de la unidad del país.

Y eso es así, porque, desde las convicciones liberales y democráticas, no se pueden pedir poderes para una magistratura no elegida. Es más, creo que incluso los accidentalistas en materia de formas de gobierno, si analizaran las necesidades de España, abandonarían hoy el accidentalismo para defender la figura de un jefe del Estado elegido por los españoles con el firme propósito de refundar nuestro decrépito Estado.

Desde mi punto de vista, la situación de España no permite dedicar tiempo a debates mistificados ni a propagar las virtudes de crece pelos monárquicos o republicanos añejos. El común de las gentes participa de los valores de la libertad y de la igualdad que han sido puestos en almoneda por unos señores y unas organizaciones que no pueden seguir monopolizando el poder público. Ya sé que eso lo deben determinar las urnas, y ese es el gran dilema del recién estrenado rey: cómo conseguir que cuanto antes los españoles manifiesten su voluntad, después de conocer las propuestas para superar la crisis española tanto de las organizaciones dinásticas como de aquellas otras que están surgiendo al calor de los males nacionales. Ese objetivo debería ser el mascaron de proa del rey para evitar que el alargamiento del caos se lleve por delante la libertad de los españoles.

Los líderes políticos también tienen fecha de caducidad
Los hay que insisten en hablarnos del cambio
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 3 Julio 2014

En estos días en los que los españoles nos sentimos agobiados por la secuela de declaraciones contradictorias emanadas de los distintos líderes políticos o aspirantes a serlo, tanto de derechas como de izquierdas; que se ven precisados a promocionarse para conseguir la aprobación de quienes, de alguna manera, pueden llegar a influir en su futuro como representantes electos de la ciudadanía, intentando, en muchos casos inútilmente, devolver a los votantes la confianza en ellos. Y ante tal avalancha de aspirantes a ocupar cargos públicos, ante tantos que se creen preparados para asumir tales responsabilidades y tantos que, sin cualidades especiales para asumir, con garantías de éxito, la representación de tantos millones de españoles que precisan de una mano firme que no se deje guiar por influjos partidistas, por ambiciones personales o por ideales obsoletos, trasnochados y condenados al fracaso; nos preguntamos si tanta variedad de ofertas, tal proliferación de presuntos conductores del país y tan baja calidad humana e intelectual de la mayoría de ellos, sería posible que surgiera, como en el pasado ha ocurrido, la figura de un verdadero político, una persona honrada, preparada, enérgica y dispuesta a asumir el reto de sacar a España de esta peligrosa situación política y económica en la que se encuentra. Parece que se trata de esperar un milagro.

Los hay que insisten en hablarnos del cambio. De la necesidad de la renovación de gobiernos e instituciones y de la urgencia de que el país recobre la estabilidad, que tan necesaria es cuando los valores de una nación se cuestionan y se pretende cambiarlos por un nuevo concepto de lo que es la ética y la moral que heredamos de nuestros mayores. En realidad, no nos proponen cambios para mejorar nuestras relaciones entre los españoles; tampoco para ayudar a levantar a nuestra nación de la difícil situación por la que estamos pasando o para suprimir de la Constitución, este cáncer nacional en el que se han convertido las comunidades autónomas, maleadas por nuevas doctrinas separatistas que, si se llevaran a cabo, dejarían a nuestra nación convertida en un guiñapo a merced de cualquier dictadorcillo que supiera imponerse. A la vista tenemos algunos que, con mucho gusto, nos llevarían de su mano hacia lo que fue el comunismo más rancio y casposo de los viejos tiempos de Stalin.

Y estas consideraciones nos llevan a poner en cuestión estos liderazgos interminables, estos gobiernos monocolor instalados a perpetuidad o estos presuntos profetas de la política, que se eternizan usando mano de hierro para retener el poder, prescindiendo de los más elementales principios de la democracia. Casos tan ejemplarizantes como son los de Fidel Castro en Cuba; Hugo Chávez (ahora el impresentable Maduro) en Venezuela o el mismo intento de asegurarse la permanencia en el poder del señor Evo Morales en Bolivia, con cambios legislativos encaminados a asegurarle el poder de por vida. Viejos guerrilleros elevados al gobierno por haber pertenecido a los supuestos defensores del pueblo que, cuando ascienden al poder mantienen, con mano férrea, oprimido a su pueblo como es el caso de Daniel Ortega de Nicaragua. Todos ellos son ejemplo de a lo que ha conducido la revolución bolivariana a muchos pueblos del nuevo mundo, que se libraron de los dictadores que los explotaban para caer en la garras de gobiernos totalitarios, absolutistas y antidemocráticos, que se han dedicado, con el mismo afán explotador de aquellos, a dilapidar las riquezas naturales de sus países, sin que el pueblo haya notado mejora alguna en sus vidas; antes bien, han perdido libertades y siguen reducidos a la misma pobreza de siempre.

Lo que está pasando en el gobierno peronista de Argentina en manos de la señora presidenta, Cristina Fernández de Kirchner; esta señora que amenazó a España y se apropió a la brava de la IPF, pretendiendo no pagar por ella; en estos momentos tiene a su país a las puertas de la quiebra y con la población soliviantada por los errores garrafales de su presidenta, que la ha puesto entre la espada de la miseria y la pared de enfrentarse a el rechazo internacional. Todo ello nos hace reflexionar sobre la necesidad de que se fije un tope de legislaturas para cada presidente. Aún así tenemos ejemplos de hasta donde puede llegar a perjudicar un mal presidente, aunque sólo consiga mantenerse en el poder una legislatura. En España tenemos pruebas fehacientes de lo que es capaz un visionario al frente del gobierno y las graves consecuencias que para el pueblo español de derivaron de su mandato.

Precisamente, en estos momentos de nuestra Historia, nos encontramos ante una situación en la que en uno de los partidos de más solera de esta nación se está buscando un nuevo líder que sustituya a otro de estos dirigentes matusalémicos, el señor Pérez Rubalcaba que, por pretender perpetuarse en el poder, ha conseguido llevar a su partido a una situación extrema de la que le va a ser muy difícil salir. Dos fracasos consecutivos electorales le ha puesto en la tesitura de urgirle encontrar un sustituto para presidir el partido y, como el encontrar la persona más preparada, mejor formada, con vena de político y capaz de enfrentarse con energía a los viejos barones del partido, no es tarea de unos días; han tenido que recurrir a lo que había disponible que, a la vista de sus manifestaciones, del poco entusiasmo de los votantes socialistas y de la previsible abstención de aquellos que no confían en ninguno de los tres candidatos, da la sensación de que, el elegido, va a contar con escaso apoyo de sus colegas socialistas. Una mala solución para un partido que está amenazado por su izquierda por IU, Podemos y el mismo PSC, que sigue en busca de su identidad dividida entre nacionalistas y españolistas.

Pero es que, el propio PP, un partido que, si bien ha hecho mucho en busca de sacar al país de la amenaza de ser rescatado y ha conseguido que ya se vean indicios de recuperación; ha sufrido un enorme desgaste al haber decepcionado a una parte importante del electorado con su política débil y condescendiente con los separatistas catalanes, sus llamativos casos de corrupción y, tampoco, ha satisfecho a los dos millones de votantes que les pidió prestados al resto de partidos, que lo votaron esperando que tenía en sus manos una solución milagrosa para sacar a España y los españoles de las consecuencias de la gran crisis europea. No fue así y el tiempo viene corriendo en su contra, porque ya estamos ante las elecciones municipales y apenas queda un año para las legislativas.

Las posibilidades de que el señor Rajoy sea reelegido parecen, de momento, muy escasas y las de que su partido renueve la mayoría absoluta podríamos decir que nulas. Sin embargo, no parece que se esté preparando a una persona carismática que pudiera atraer de nuevo a un número importante de votantes. A estas alturas, la cúpula del partido ya debiera de tener a un candidato nuevo escogido, preparado para ser presentado “en sociedad”; una persona dinámica, hábil en la refriega política y capaz de recuperar, para los españoles en general y para los desilusionados votantes del partido, aquella confianza, fe e ilusión que en su día condujo al señor Aznar al triunfo y, más tarde, a la mayoría absoluta. Es un error el pretender que el voto de la ciudadanía, un voto regido más por el corazón que por la razón, sea capaz de conseguir a la mejor persona para gobernar la nación por tanto, mientras no se cambie la ley electoral, es preciso poner al frente de las listas electorales a los más aptos, los mejor acogidos por los ciudadanos, los más preparados, los con mayor experiencia y los mejor vistos en Europa, una condición que ante la CE no se puede dejar de tener en cuenta. O así es como, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos como cosa urgente la preparación con tiempo del delfín del señor Rajoy. No creemos que sea buena idea el que repita.

“España es y va a continuar siendo blanco del terrorismo yihadista”
Redacción. latribunadelpaisvasco.com 3 Julio 2014

Rogelio Alonso: "La ideología yihadista cumple la misma función que la nacionalista, justificar los actos terroristas"

El profesor de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos, Rogelio Alonso, ha afirmado que "España es y va a continuar siendo blanco del terrorismo yihadista", y lo ha argumentado con una serie de factores que van a permanecer en el tiempo y "contribuyen a la identificación de España como blanco del terrorismo yihadista", como son: "la visión fundamentalista de recuperar Al-Ándalus, Ceuta y Melilla, o la amplia comunidad musulmana que hay en España". Por eso, el profesor afirma que "la intervención española en Irak no fue el motivo fundamental de los atentados del 11 de marzo en Madrid, y la retirada de las tropas no supone el fin de la amenaza".

Alonso ha explicado que "la planificación de atentados no aparece como prioritaria" entre los radicales yihadistas detenidos en España, pero "sí encontramos una intensificación en el llamado ciberterrorismo desarrollado a través de internet".

Para Rogelio Alonso, "la ideología yihadista cumple la misma función que la nacionalista, establecer un marco justificativo de los actos terroristas" y, por último, ha advertido de la peligrosidad de que en España haya actores políticos que "no condenen e incluso justifiquen la violencia".

¡Feliz día de la liberación fiscal!
El Confidencial 3 Julio 2014

Hoy, 3 de julio, se celebra el día de la liberación fiscal, es decir, el día a partir del cual un trabajador medio empieza a generar ingresos para sí mismo y no para el Estado. El Think Tank Civismo publica su informe anual que analiza la fiscalidad del trabajo con una cifra francamente alarmante: los trabajadores españoles necesitan 184 días de media para cumplir con sus obligaciones tributarias.

Calcular el número de días que necesitamos trabajar para pagar impuestos es importante porque refleja visualmente, y de una manera inmediata, si el coste del Estado que sostenemos es proporcionado o desproporcionado comparado con los servicios que recibimos y toda la solidaridad que queramos asumir.

De hecho, el cálculo que detalla el informe anual mencionado muestra que en la enorme mayoría de los casos la cifra pagada en impuestos por los trabajadores supera en mucho las estimaciones más generosas de consumo personal de servicios públicos y solidaridad adicional.

El análisis del día de la liberación fiscal es importante porque muestra el nivel de esfuerzo fiscal, que es lo que realmente pagamos en impuestos de nuestro sueldo y que se sitúa en una media del 40,5%, una de las más altas de la OCDE, y no ese ratio recaudatorio que es la manida “presión fiscal” que tanto usan los medios de comunicación, que mide la recaudación sobre PIB.

Este esfuerzo fiscal sigue situando a España por encima de Dinamarca, Reino Unido, Irlanda y Luxemburgo, y sólo por debajo de Finlandia o Suecia, donde el sueldo medio es un 70% superior a la renta de un trabajador español.

Las conclusiones del estudio son extremadamente reveladoras:

  • Las rentas más altas sufren el mayor esfuerzo fiscal. Un sueldo de 15.500 euros anuales paga impuestos hasta el 16 de junio, uno de 40.000 o 100.000 euros, hasta el 9 y 7 de julio.
  • España sigue siendo el país de Europa con las cotizaciones a la Seguridad Social más altas (28,3%), sólo por detrás de Italia (33%) y Portugal (34,4%). En Alemania, Francia, Suecia o Bélgica, las cotizaciones fluctúan entre un 16% y el 20%. Este sigue siendo un enorme escollo para la contratación y el empleo.
  • Por comunidades autónomas, las más penalizadas son Cataluña, Cantabria y Castilla-La Mancha, y las menos afectadas el País Vasco, Navarra y La Rioja, pero, curiosamente, la diferencia en días hasta la liberación fiscal es muy pequeña, unos cuatro o cinco.

Los críticos del análisis del día de la liberación fiscal son muchos, pero acuden a argumentos francamente fáciles de rebatir:

  • “Asume que el resto del tiempo no se utilizan los servicios del Estado”. Es cuando menos curioso decir esto, ya que en los cálculos más generosos de utilización de los servicios públicos y solidaridad con los desfavorecidos no se llega ni a una fracción de los días dedicados a pagar impuestos.
  • “Cuenta todos los días de sostener al Estado olvidando los fines de semana y festivos”. Explíquenme qué salario dejan ustedes de cobrar los sábados y domingos y qué gastos del Estado se cortan el viernes por la tarde hasta el lunes.
  • “Incluye como impuestos pagados por el trabajador a la seguridad social”. Es que es parte del salario. El salario incluyendo todo, impuestos y cotizaciones, es el pago de la productividad marginal del trabajo. El día en que algunos se den cuenta de que las cotizaciones sociales se detraen del salario total del trabajador y no son una donación del empresario, cambiarán muchas cosas.
  • “Considera al Estado como una carga y no como un servicio”.  Es sorprendente en un país donde el gasto público ha aumentado en 132.000 millones de euros desde 2004, se gastan 47.000 millones de euros anuales más que en el máximo de la burbuja inmobiliaria, 2007, y donde se estiman hasta 80.000 millones anuales de gastos duplicados e innecesarios.
  • “El esfuerzo fiscal es necesario para cubrir el gasto social porque casi todo se invierte en educación y sanidad”. Las cifras tampoco acompañan. El gasto público excluyendo el rescate de las cajas es de 454.000. Todo el gasto social es de unos 198.000 millones. Y no es bajo. El gasto en educación per cápita es superior a la media de la UE y el gasto sanitario per cápita está en línea con la media de la OCDE.
  • “Llama mantener al Estado a pagar pensiones”. Las pensiones suponen 127.000 millones de euros y el sistema es deficitario, es decir, se paga más de lo que se recibe en aportaciones. Les intentan justificar un sistema “de reparto” en el que las pensiones de hoy no se pagan con las cotizaciones de los jubilados en su día, sino con las aportaciones de los asalariados actuales. El aumento del esfuerzo fiscal no soluciona el mayor problema de España, la demografía. La unidad familiar ha perdido un 44% de miembros de media desde los años 70. España ya supera los 9 millones de jubilados y la población activa jamás ha superado los 20,5 millones. Sólo se pueden financiar atrayendo actividad económica, mejoras de renta disponible, nuevos trabajadores y empresas, no sustrayendo del que queda.

No es un problema de solidaridad, ni de recaudación. Es un problema de gastos inasumibles que no se pueden continuar sosteniendo aumentando la presión recaudatoria sobre la renta disponible.

España, en 2013, excluyendo el rescate financiero, gastó 454.005 millones de euros, es decir, unos 41.000 millones más que en 2008, y recaudó por impuestos 386.250 millones de euros, es decir,  21.000 millones más que en 2009 a pesar de haber visto una caída del 43% en los beneficios empresariales de las 7.300 mayores empresas y una reducción de los salarios y renta disponible superior al 15% (según la fundación BBVA y el IVIE).

Lo que nos muestra el análisis del día de la liberación fiscal es que el país debe empezar a pensar de manera clara que no va a poder sostener un estado hipertrofiado que ha pasado del 39% del PIB al 45% en diez años y unos gastos crecientes a base de impuestos. Se deben buscar reformas, como las que ha llevado a cabo Suecia, por ejemplo, de financiación de servicios desde la actividad privada. El esfuerzo fiscal creciente ataca la renta disponible y cercena las posibilidades de crecimiento económico sostenido.

En 2014 el día de la liberación fiscal es el 3 de julio. Esperemos que en 2015 sea algún día antes. Ya comentábamos aquí que la reforma fiscal debe ser mucho más ambiciosa

Debemos cortar el círculo vicioso de sostener el PIB con gasto público superfluo para endeudarnos en 65.000 millones de euros –o más– anuales, caer en la recesión y financiar el aumento del peso del Estado con aumentos de impuestos a los contribuyentes que sobreviven a la crisis. Como contrapartida, España puede entrar en el círculo virtuoso de atraer capital y crear nuevas empresas, mejorar la renta disponible y el consumo, y generar crecimiento económico.

Hasta entonces, feliz día de la liberación fiscal.

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Nada es ETA
Unión, Progreso y Democracia (UPD) * latribunadelpaisvasco.com 3 Julio 2014

Existe un género del chascarrillo muy popular en las redes sociales que consiste en decir de cualquier cosa molesta o reprobable que "es ETA". Por ejemplo, "el retraso de los trenes es ETA", o "el peinado de Fulanito es ETA". Hasta qué punto estas bromas banalizan el sufrimiento causado por el terrorismo se comprende mejor si se cambia "ETA" por "abuso de menores" o por "violencia machista". Al que se le ocurriera hacer tal cosa le caería encima la justa cólera de las masas enfurecidas y la completa indignación de los administradores del progresismo profesional. Y se lo habría ganado.

Algunos no quieren tanto que desaparezca ETA como que no haya existido nunca. La banalización de un crimen es siempre indecente, pero cuando se trata además de un crimen político cuyas consecuencias perduran y cuyos autores son reivindicados y jaleados desde las tribunas de los parlamentos y desde los balcones de los consistorios, el que banaliza colabora, lo sepa o no, con los objetivos de los que han heredado el proyecto terrorista. ¿Estamos diciendo que "son ETA"? No. ETA es lo que es. Es una banda terrorista, y según demostraron muchas sentencias judiciales, también forman parte de ella organizaciones como Jarrai/Segi, las llamadas gestoras pro-amnistía, partidos como Batasuna y sus diversas marcas y alguna otra. ¿Son ETA porque compartían sus objetivos? No principalmente. Lo son porque compartían sus medios. El trasiego de dinero, de información y de personas entre la banda y el entramado, digamos, civil demostró que eran parte de lo mismo. Sí, ETA es ETA. Batasuna (ANV, EH...) son ETA. Las gestoras son ETA. Y, a juicio de UPyD, Bildu, Amaiur y Sortu son ETA infiltrada en las instituciones.

Luego están los que ayudan, comprenden o alientan a ETA. Por ejemplo Pablo Iglesias, que colaboró con Herrira, heredera de las gestoras. ¿Podemos es ETA? No. Pero su líder dio cobertura a ETA y su partido abraza en el Parlamento Europeo a EH Bildu, un partido que justifica todos los días las acciones de los terroristas. Tampoco hay de qué extrañarse. Iglesias ya había teorizado en uno de sus monólogos sobre la política del boxeo que, según él, practica ETA, sin mostrar ningún tipo de aversión más allá de lo útil o conveniente que resulte para la causa.

Lo que hubiera merecido titulares a cinco columnas es que Iglesias se hubiera reunido con las víctimas del terrorismo. Las reacciones a la información aportada por Fernando Lázaro en El Mundo sobre los contactos entre Iglesias y Herrira, el acoso que ha sufrido el periodista y -otra vez- los chascarrillos sobre que "todo es ETA" demuestra sin lugar a dudas que algunos no quieren tanto que desaparezca la banda como que no haya existido nunca. Las víctimas de ETA concitan un rechazo hacia los criminales que a ellos, a los que aspiran a gestionar en régimen de monopolio la indignación popular, les resulta molesto por incontrolable. Hay otros detalles reveladores. En un post de 2012 titulado Todo es ETA, el periodista Escolar escribió que "va ETA y se disuelve". Dos años después, ETA no se ha disuelto. Lo hará algún día, sin duda, y ojalá sea pronto. Pero en contra de lo que insinúa la impaciencia del autor, no será posible pasar página, sacudirse las manos y fingir que aquí no ha pasado nada. Los asesinados no resucitarán, los secuestrados no recuperarán la paz previa a su tortura y la inmoralidad que ha anegado a la sociedad vasca y, en parte, a la del resto de España, no se irá por el sumidero. Menos aun cuando partidos como Bildu o Amaiur pretenden falsear la historia y hacer pasar a los verdugos por víctimas.

No, la noticia de que Iglesias se entendía con ETA no debería sorprender a nadie. Lo que hubiera merecido titulares a cinco columnas es que la cara visible de Podemos se hubiera reunido con alguna asociación de víctimas del terrorismo. Esto habría sido tan inesperado como que desde ciertos círculos se le criticara por sus afinidades. Pero no, todo ha sucedido como era previsible: Iglesias se trata con ETA y sus acólitos banalizan el terrorismo. Su reacción, por otra parte, ofrece un insólito asidero para la esperanza: se enfadan porque están convencidos de que la sociedad repudiará los tratos con los terroristas y su entorno. Ojalá tengan razón.

(*) Este texto fue publicado por UPyD en su página web como comentario editorial de la formación política.

Sigue el delirio nacionalista: ahora los espías
Editorial ABC 3 Julio 2014

EL proceso separatista en Cataluña parece haberse convertido en una alocada carrera entre la Generalitat, los partidos nacionalistas y la Asamblea Nacional Catalana (ANC) por hacer la propuesta más extravagante para una Cataluña independiente. El último episodio de este desvarío nacionalista, que parece no tener fin, es el plan de la ANC, elaborado por su comisión sectorial «de Defensa», de dotar a Cataluña de una Armada para proteger sus aguas jurisdiccionales y de un Servicio de Inteligencia para evitar una hipotética «invasión española» tras la secesión. En su delirante estrategia, estos fabuladores subvencionados por la Generalitat incluso auguran una «guerra fría» entre Cataluña y España. Este servicio de inteligencia reclutaría a su personal entre aquellas personas con un coeficiente intelectual «superior al 99,9 por ciento de la población», que pondrían «su inteligencia al servicio de la independencia»; hasta los ripios son ridículos. Todo, en fin, sería cómico sino fuera porque van en serio y forma parte de una estrategia trazada con el apoyo de la Generalitat. Al margen de su ficción, estas propuestas desvelan el nulo sentido de la responsabilidad de quienes impulsan el proceso separatista en Cataluña; eso sí, animadas por un notable aliento militarista, por lo que se ve. Con estos planteamientos previos, es imposible atender las peticiones de diálogo que dirige Mas a Rajoy, hechas con la seguridad de que el presidente del Gobierno tiene la obligación constitucional de rechazarlas.

El problema es que estos delirios separatistas no acaban de despertar a la sociedad catalana de su silencio mayoritario ante una propuesta de futuro que es inviable, en efecto, pero que, aun así, está llevando a Cataluña a convertirse en sinónimo de problema para una Europa que no quiere más crisis nacionalistas en su seno.

EL proceso separatista en Cataluña parece haberse convertido en una alocada carrera entre la Generalitat, los partidos nacionalistas y la Asamblea Nacional Catalana (ANC) por hacer la propuesta más extravagante para una Cataluña independiente. El último episodio de este desvarío nacionalista, que parece no tener fin, es el plan de la ANC, elaborado por su comisión sectorial «de Defensa», de dotar a Cataluña de una Armada para proteger sus aguas jurisdiccionales y de un Servicio de Inteligencia para evitar una hipotética «invasión española» tras la secesión. En su delirante estrategia, estos fabuladores subvencionados por la Generalitat incluso auguran una «guerra fría» entre Cataluña y España. Este servicio de inteligencia reclutaría a su personal entre aquellas personas con un coeficiente intelectual «superior al 99,9 por ciento de la población», que pondrían «su inteligencia al servicio de la independencia»; hasta los ripios son ridículos. Todo, en fin, sería cómico sino fuera porque van en serio y forma parte de una estrategia trazada con el apoyo de la Generalitat. Al margen de su ficción, estas propuestas desvelan el nulo sentido de la responsabilidad de quienes impulsan el proceso separatista en Cataluña; eso sí, animadas por un notable aliento militarista, por lo que se ve. Con estos planteamientos previos, es imposible atender las peticiones de diálogo que dirige Mas a Rajoy, hechas con la seguridad de que el presidente del Gobierno tiene la obligación constitucional de rechazarlas.

El problema es que estos delirios separatistas no acaban de despertar a la sociedad catalana de su silencio mayoritario ante una propuesta de futuro que es inviable, en efecto, pero que, aun así, está llevando a Cataluña a convertirse en sinónimo de problema para una Europa que no quiere más crisis nacionalistas en su seno.

La derecha se equivoca en su ataque a Podemos
Ernesto Milá Minuto Digital 3 Julio 2014

Desde que se conocieron los resultados de las elecciones europeas de mayo, la derecha se enteró de que tenía un nuevo enemigo que hasta entonces había desconsiderado, Podemos. La política del PP en relación a Podemos, hasta ese momento, había ignorado a este partido. Al conocerse los resultados del 25–M, la cúspide del PP entendió que esta nueva sigla no solamente amenazaba a las bases electorales del PP sino la estabilidad misma del bipartidismo en España. Y entonces empezó a multiplicar sus ataques utilizando para ello a los restos de la “Brunete mediática”. Desde entonces los ataques han sido diarios, siempre sobre los mismos ejes y… completamente equivocados en sus planteamientos. Más que erosionar a Podemos, tiende a reforzar sus argumentos.

La derecha ataca a Podemos con argumentos que nada tienen que ver con los razonamientos que han llevado a 1.500.000 de ciudadanos a votar a esta formación. Se diría que la derecha y los votantes de Podemos pertenecen a dos universos diferentes. Resulta difícil que el PP y sus satélites mediáticos rectifiquen. El efecto logrado es justamente el opuesto al buscado: cada vez que en una tertulia pública algún periodista próximo al PP lanza los mismos ataques a cualquiera de los dirigentes de Podemos y ellos están en condiciones de responder, siempre, inevitablemente, éstos propinan revolcones históricos a sus oponentes. Quizás el problema sea que los argumentos que existen contra Podemos (porque la teorización de este grupo es extremadamente débil) no pueden ser utilizados por el PP. Vamos a ver qué es lo que falla en la argumentación de la derecha.

“Podemos se solidariza con el terrorismo etarra…”
Argumento falso y mendaz. No encontraréis en ningún escrito de dirigentes significativos de Podemos una defensa de ETA, ni de sus crímenes, ni del terrorismo como arma política. Además, el argumento es inútil porque en este momento ya no existe terrorismo. Pablo Iglesias ha dicho que detrás del terrorismo de ETA existía un conflicto político, algo que es rigurosamente cierto. No es que los etarras asesinaran solamente porque tenían “malos instintos” o porque fueran unos psicópatas (que, sin duda, lo eran), sino porque existía un trasfondo político.

El problema es que la derecha todavía no ha identificado al verdadero enemigo que no es tanto el “terrorismo” como el “nacionalismo”. El “terrorista”, no deja de ser un psicópata sediento de sangre al que se le puede derrotar a través de una acción metódica de las fuerzas de seguridad del Estado, pero el “nacionalismo” es un virus que se filtra en las mentes y que, a fin de cuentas, constituye la “excusa” y la “justificación” para los actos terroristas. Ignorar esto y dar una carta de naturaleza al “nacionalismo”, simplemente porque, como ideología “no mata”, está en el origen de la actual situación en la que el antiguo “frente político” de la organización terrorista, puede perfectamente convertirse en el partido mayoritario en el País Vasco, superando al PNV, y dotado de un programa fundamentalmente “nacionalista” y “social”. Si el “terrorismo” asesinaba a personas, el “nacionalismo” asesina al Estado.

Desde el momento en el que la derecha ha negado siempre el carácter “político” del problema del terrorismo en el País Vasco, cuando ha aparecido una fuerza situada a la izquierda del PSOE y en un lugar impreciso en los contornos de Izquierda Unida, ha tendido a considerar que ese era el espacio propio de la extrema–izquierda y, por tanto debía ser necesariamente “pro–etarra”.

Pero, si analizamos las cosas con una mayor amplitud de miras se percibe que los medios de comunicación de derechas nunca han podido reproducir ningún documento en el que Pablo Iglesias defienda el terrorismo y a ETA. Obstinarse en presentarlo como “cómplice de ETA” implica darle la oportunidad, una y otra vez, de repetir un discurso convincente sobre la materia, a saber: que hay un trasfondo político en el “problema vasco” y que el programa “social” de Amaiur coincide casi completamente con el de Podemos.

¿Dónde radica el error de Podemos en su análisis? En considerar al “nacionalismo” como un “movimiento de liberación” y, por tanto, que responde a las justas aspiraciones de una comunidad… cuando en realidad no es más que la expresión de los intereses de una burguesía que, al haber alcanzado cierto desarrollo económico, se cree en condiciones de ser hegemónica y no admite otra autoridad por encima de la suya. Desde este punto de vista, todo nacionalismo es condenable en tanto que va ligado a la forma económica en la que mejor se expresan los intereses de la burguesía: el capitalismo, el liberalismo económico y el libremercado.

Tal es el primer error de análisis de Podemos. Porque, no solamente la derecha se equivoca y la izquierda socialista es un residuo oportunista de otros tiempos, sino que los análisis sobre el capitalismo de Podemos tienen este “pequeño” agujero que se une a otros que hemos reseñado en anteriores escritos (el más espectacular es, precisamente, su defensa de la inmigración masiva).

Podemos recibe subvenciones de Venezuela…
Es posible que así sea y que Pablo Iglesias haya recibido tantos o cuantos miles de Euros del país “bolivariano”; o no, importa poco. Pero Venezuela está a 10.000 km de distancia y, salvo en la mentalidad de FAES y de José María Aznar, lo que ocurra allí interesa poco o muy poco al elector medio español. Decir que Podemos recibe subsidios de Venezuela podría ser contestado diciendo que el PSOE recibió desde 1973 hasta 1983, durante 10 años, miles y miles de marcos de la Fundación Ebert, vinculada al Partido Socialdemócrata Alemán y que luego éste partido se cobró con creces cuando negoció con Felipe González el tratado de adhesión de España la Comunidad Europea… Sin olvidar que la Fundación Cánovas del Castillo tramitaba las subvenciones llegadas de la Fundación Adenauer dependientes de la CDU, el partido democristiano alemán… Así que en esto de las subvenciones el que sea inocente que tire la primera piedra.

Venezuela sigue su camino. Lo que ocurra allí compete a los venezolanos solamente. Hay algo en el bolivarismo extremadamente atractivo: su deseo de independencia nacional, de parar los pies a los EEUU que desde la conquista de Texas han considerado a todo el continente como patrimonio propio. “América para los americanos… del Norte”, tal era la doctrina Monroe que sigue vigente. No se puede reprochar a Venezuela, el que haya querido seguir una vía propia. No siempre se acierta y todo lo que ha ocurrido allí no es precisamente edificante. Pero tampoco hay que olvidar que los EEUU, el mismo Aznar en su momento, intentaron desestabilizar aquel país y que las cosas volvieran a estar como siempre: con una Venezuela gobernada por una clase política que miraba más a Washington que a las colinas que rodean Caracas…

Quizás el error de Podemos sea asumir todo lo que ocurre en Venezuela como “positivo”. Es el pago a los presuntos o reales dineros recibidos de aquel país. Ahora bien, Venezuela está lejos y la experiencia bolivariana tiene un punto atractivo incuestionable: la búsqueda de la independencia y el interés en romper la tiranía del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, del poder del dinero y de la tutela norteamericana y aliarse con otros gobiernos de la zona que albergan los mismos objetivos.

El fondo de la cuestión es elegir al “enemigo principal”. Chávez y Maduro lo han hecho: su enemigo es la oligarquía local al servicio de los EEUU. Algo conocerán de los problemas de su país. Sin olvidar, naturalmente, que el estilo populista del que hacen gala es habitual en Iberoamérica y no produce los mismos efectos que en Europa. Los errores que han cometido los regímenes bolivarianos y el mismo castrismo no les restan completamente un fondo de razón: los EEUU son el “enemigo principal” de los pueblos iberoamericanos. En cuando a “respetar la democracia” habría mucho que hablar sobre quién puede dar lecciones de democracia en España. Y lo dice el que esto escribe, alguien que fue torturado por la policía 100 días después de que Felipe González llegara al poder y que abominó de que Aznar hiciera caso omiso de la voluntad de un pueblo que no quería inmiscuirse en la criminal aventura norteamericana en Irak. Porque la “democracia de los 10.000 aforados”, la “democracia de los corruptos”, la “democracia de la calle es mía”, la “democracia de gobernar por decreto–ley” y la “democracia que impone cargas a las clases medias”, esa se parece a la democracia tanto como un huevo a una castaña.

Venezuela está lejos y cada vez que se recuerda este país a Pablo Iglesias se le está dando una ocasión para recordar todo aquello que acabamos de recordar ahora mismo. La derecha española lo está haciendo tan mal (la “reforma fiscal” ha sido el último intento de modificar algo para seguir aumentando la presión sobre las clases medias) que los errores del gobierno venezolano son pecata minuta para un pueblo con 6.000.000 de parados, 25% de la población cerca del umbral de la pobreza, un 57% de paro juvenil y convertido en un país periférico en la UE y de servicios, sin esperanza y sin fe en que un día podrá levantar la cabeza.

El PP, una vez más se ha equivocado en su línea de ataque. Toda derecha que no es “nacional”, esto es que busca a un “hermano mayor”, un “primo de Zumosol”, en el extranjero, termina siendo antipatriótica y antinacional, además de antisocial (muy bueno la retención en el IRPF a las indemnizaciones por despido propuesto en la última reforma fiscal…). Y es “antisocial” en la medida en que no puede existir justicia social, ni justicia distributiva, allí en donde se asume el neoliberalismo y sus valores. Es posible que en Venezuela se cometan injusticia, pero no nos cabe la menor duda de que son el resultado de décadas de liberalismo y de políticas antisociales.

Podemos no tiene programa de gobierno…
La derecha alerta sobre que en caso de gobernar Podemos, estaríamos en manos de unos aventureros y desalmados, unos verdaderos okupas del poder. Dicen que el programa de Podemos es inaplicable y nos situaría en el aislamiento internacional y en la ruina económica. No está del todo claro.

En primer lugar, algunas de las medidas que propone Podemos son lógicas y elementales: la deuda española es impagable. Llevamos cuatro años con una presión fiscal creciente y en todo ese tiempo no hemos reducido ni un euro el mayor de la deuda, todo ha ido destinado a pagar intereses. Cuando Podemos propone dejar de pagar la deuda y proponer una quita no está diciendo nada que no sea necesario y que no se haya ensayado antes en otros países… que, por cierto, han sobrevivido y gozan de mejor salud en la actualidad que nosotros. En Iberoamérica, por ejemplo.

Con este argumento, la derecha solamente demuestra su sumisión hacia los “señores del dinero” y los compromisos adquiridos con la alta finanza internacional. No es un buen argumento, porque sectores cada vez mayores de este pueblo empiezan a opinar que la sumisión no es la mejor actitud, que ya han sufrido suficiente presión para pagar una deuda generada por la banca alemana (Jordi Ébole resumió perfectamente la situación: “Durante unos años España fue yonki del crédito, pero Alemania fue su camello”). Además, cada vez que se recuerda ese argumento, la población tiende a recordar que fueron los errores en el modelo económico instituido por José María Aznar que no fueron corregidos en la primera legislatura de Zapatero y los errores de éste en su segunda legislatura a la hora de adoptar medidas, lo que nos ha situado donde estamos. Así pues, PP y PSOE son solidarios en responsabilidades por la actual crisis.

Así pues, ni PP, ni PSOE tienen derecho a echar en cara ni a Podemos ni a nadie, que “no tienen programa” o que “su programa es suicida”, porque hasta ahora han sido precisamente los gobiernos de estos dos partidos los que nos han situado en situación de ruina. Tampoco aquí, ni el PP ni el PSOE son inocentes, ni los más adecuados para reprochar a otros programas inasumibles.

En el PP tienden a ver a los dirigentes de Podemos como okupas, perroflautas piojosos o lelos emporrados… Olvidan que entre su clase dirigente figuran títulos universitarios de todas las especialidades y que muchos de ellos son brillantes profesionales y profesores de cierto renombre a pesar de su juventud. Seguramente hay más títulos universitarios en Podemos que en un PP que adolece de exceso de titulados en derecho, la mayoría de pocos pleitos. Tratar de degradar la realidad de un partido que puede exhibir sus títulos universitarios de sus miembros no parece la mejor forma de pararles los pies. La derecha, sin embargo, ha tirado por esa vía pensando que, repitiendo una y mil veces la imagen de perroflautas en electorado los abandonará por insolventes. Error.

Cada vez que se utiliza este argumento contra Podemos, estos responden como era de esperar: recordando a dónde nos han llevado las políticas neoliberales, la reforma del mercado de trabajo, las sucesivas reformas fiscales, coronadas todas ellas por una corrupción generalizada que abarca a todas las instancias del Estado. Cada vez que se cuestiona la viabilidad del programa de Podemos, contraatacan simplemente exponiendo la actual situación del país y recordando que ya va siendo hora de liquidar al régimen de los corruptos.

Y estos argumentos tienen una fuerza extraordinaria que todavía sería superior, si Pablo Iglesias fuera capaz de desembarazarse de todos los tics progresistas, de todos los tópicos humanistas–universalistas, de ese antifascismo de oficio que aureola a toda la izquierda, si tuviera coherencia doctrinal y fuera capaz de establecer razonamientos y realizar hasta el final una crítica a la globalización sin partir de apriorismos y de la utilización de tópicos (“xenofobia y racismo” para quienes denunciamos que la inmigración masiva es un arma de la globalización, entre otros), probablemente Podemos sería un movimiento en el que muchos nos reconoceríamos y no tendríamos inconveniente en apoyar si fuera él el llamado a empuñar la piqueta de demolición de este régimen terminal.

Algunas conclusiones
Lo que la derecha está demostrando con estos ataques viscerales es que, efectivamente, tiene miedo. Miedo porque Podemos se ha reforzado extraordinariamente desde el 25 de mayo y ya no es un movimiento balbuciente o una estrella fugaz a lo Ruiz Mateos. Miedo porque a medida que se vayan acercando las elecciones generales se verá que –tal como preveíamos en nuestro libro Indignarse con los indignados– la distancia entre Podemos y el PSOE se va acortando y, veremos, a la vista de cómo quede el Congreso del PSOE, quien, finalmente, termina siendo el partido mayoritario de la izquierda. Miedo porque Podemos, a diferencia del PSOE, tiene las manos limpias y con él ya no puede utilizar la política de la omertá mafiosa que ha empleado con los socialistas. Miedo porque el PP sabe que no hay acuerdo posible con Podemos y que en su maximalismo reside su principal atractivo para un electorado cada vez más harto de los partidos tradicionales. Miedo porque el PP percibe que en las elecciones municipales de mayo de 2015, muchos de sus concejales (y todos los que les acompañas como asesores y cargos municipales y autonómicos retribuidos) van a ir al paro y que se formarán cientos de gobiernos municipales con presencia de miembros de Podemos que, lo primero que harán, será pedir responsabilidades por corruptelas pasadas… Tras el paro, el banquillo.

La actitud del centro–izquierda ante Podemos ha sido muy diferente a la del centro–derecha. El PSOE intenta rivalizar con Podemos poniendo a su frente a algún personajillo que remotamente evocase parecidos valores a los que hace gala Pablo Iglesias: debe de ser joven, preferentemente delgaducho, sin un discurso alambicado, sin pasado político, de físico agradable en tanto que inofensivo… y ahí está el pobre Madina y Pedro Sánchez para intentar dar al PSOE un look que pueda competir con el estándar que ha creado Podemos. No lo conseguirán porque Podemos es todavía una “sigla virgen” y los rastros de virginidad en el PSOE hace década que se perdieron.

El PSOE, con todo, está intentando una línea de emulación, mientras que la derecha ha optado por el ataque frontal. Los argumentos del PP son débiles, acaso porque el PP ya no tiene argumentos que utilizar y está tan quemado como el PSOE: nadie cree ya a los portavoces del régimen, demasiadas mentiras, demasiadas corruptelas, demasiada prepotencia, demasiado oportunismo y todo ello durante demasiado tiempo. Los dos grandes partidos ya no pueden manejar argumentos racionales y lógicos para salir de su crisis. Tales argumentos han dejado hace tiempo de existir. Podemos, lo único que está es aprovechando su tirón mediático (ayer la alocución mitinesca de Pablo Iglesias en el Parlamento Europeo, por ejemplo) para recordar que “el rey está desnudo”.

El régimen de 1978 se está deshaciendo ante nuestros ojos. Podemos es una marea que todo lo arrasa a su paso. Cuando se produce una marea negra (y Podemos es esa marea negra), la vida se acaba debajo del océano. Mueren los corales, muere la flora marina, mueren los peces (mueren, en definitiva, los partidos tradicionales, la “banda de los cuatro”). Pero luego hace falta regenerar esa zona marina aplicando detergentes. Solamente así desaparece la marea negra y la vida vuelve. Algunos aspiramos a participar en la creación de ese detergente final…

ANC
La balcanización de Cataluña
Pablo Planas Libertad Digital 3 Julio 2014

El separatismo catalán es desopilante, una fuente inagotable de material bufo, entre lo ridículo, lo cómico y lo patético. Un cachondeo, sí. Que si Cervantes y Colón eran catalanes, que si austracistas contra borbónicos, que si una de las naciones más antiguas de Europa y tal. Un vistazo en diagonal a la actualidad política catalana provoca un abanico de impresiones que oscilan entre el "no me lo puedo creer" y el "¿será posible?". Diversión asegurada para públicos con estómago de hierro. No se han agotado los ecos del documento en el que la Assamblea Nacional Catalana (ANC) marcaba los objetivos a asaltar el día de la independencia –el aeropuerto, el puerto y el paso de La Junquera, entre otros–, cuando la sectorial Defensa per la Independència de la dicha ANC regala a los lectores en general y a los seguidores de Wodehouse en particular el primer cuaderno de bitácora de la "Fuerza Naval" catalana, los pasos a seguir en el caso de que España o Francia decidan invadir Cataluña y cómo será el Ejército catalán.

Es para partirse, pero la crisma. La ANC pretende ser lo que en catalán se conoce como el pal de paller (palo de pajar o piedra angular) del proceso. Se trata de la extendida versión de que Mas está maniatado y sometido a los designios de la ANC, convertida en algo así como el pueblo catalán en marcha. Será, pero la mayoría de los miembros de la organización separatista son militantes de ERC, de las CUP y hasta de CiU, de las dos, la de los Pujol y la de Duran. Y el dinero procede de las administraciones públicas, así como de las administraciones son las facilidades para que se monten chiringuitos los fines de semana o demostraciones patrióticas en fiestas populares en las que se entona Els Segadors cual Eusko Gudariak en el País Vasco de las herriko tabernas, bien cargado el ambiente de alcohol, nacionalismo y testosterona de fin de semana.

Los periódicos de Barcelona han corrido un tupido velo sobre el asunto de las fragatas, las corbetas, los drones y los marines catalanes. Y al poco de trascender la noticia la dirección de la ANC se apresuró a emitir un comunicado en el que afirmaba que los documentos de su sectorial no representan la opinión de la ANC, o algo por el estilo. Lo de siempre, un lamentable malentendido, como cuando aprobaron en asamblea lo de asaltar los edificios e infraestructuras del Estado al grito de "Visca Catalunya i visca el Barça" para declarar la República Catalana del 23 de abril de 2015. Madrid, que todo lo tergiversa.

Cabe recordar que esta ANC tan cívica, pacífica y festiva que diseña golpes de Estado y se prepara para escenarios insurreccionales y guerras de guerrillas, cuenta con los parabienes y la consideración de la Generalidad; que sus miembros son agasajados y celebrados como luchadores, siempre pacíficos, por la libertad; que se les homenajea, masajea y entrevista en los medios de comunicación catalanes y que la más leve crítica contra su organización se considera una agresión al pueblo de Cataluña.

Quien osa discrepar es un enemigo de los catalanes, así, en genérico. En cambio, ellos, Carme Forcadell y sus voluntarios, son tenidos por ciudadanos ejemplares, aun hasta cuando se plantean futuribles balcánicos como una guerra contra España o un cuerpo de reservistas entrenados en tácticas guerrilleras de unos cincuenta mil migueletes, lo cual puede resultar tan gracioso ahora como tristemente lamentable a medio plazo para quienes no se sepan la letra del golpe de hoz.

Tiempo muerto
JOSEBA ARREGUI El Mundo 3 Julio 2014

Es lo que suelen pedir los entrenadores de baloncesto cuando ven que las cosas no pintan bien para su equipo: las transiciones no funcionan, los rebotes son para los contrarios, los tiros de tres no entran, las asistencias no encuentran al compañero y el juego interior en la pintura tampoco funciona. Para tratar de cambiar la tendencia se necesita un tiempo muerto, para romper la racha de los contrarios y para recuperar el saber hacer propio.

Desde que comenzamos a conocer los escándalos de corrupción, desde que el nacionalismo catalán se radicalizó, desde que se desató la crisis económica y financiera, desde que se produjo el cambio de Gobierno, desde el 15-M, desde que conocimos el resultado de las elecciones europeas, a lo que se añade la abdicación de Don Juan Carlos, se podría decir que el sistema político español, tal y como lo conocemos, se encuentra en medio de la tormenta y con síntomas de agotamiento -o eso es lo que se desprende de la opinión publicada, que no necesariamente refleja fielmente la realidad, pero que conforma, ella misma, una parte nada desdeñable de esa realidad-.

Como el proceso de deterioro ha ido incrementando su velocidad, y como los medios de comunicación y los partidos políticos se han convertido en un hervidero de recetas milagrosas, de soluciones y propuestas -desde moderadas hasta muy radicales- y de exigencias de reformas, ha llegado probablemente el momento de pedir un tiempo muerto para tratar de parar esta locura en la que estamos inmersos y así tratar de analizar con sosiego, pero sin pausa, lo que hay de serio y profundo en este barullo, separarlo de lo meramente circunstancial y reafirmar algunos principios que no se pueden tirar por la borda sin pensar en las consecuencias. Habrá que criticar propuestas biensonantes pero peligrosas, y criticar también afirmaciones que se aceptan como evidentes sólo porque muy pocos se atreven a pensar a contracorriente. Pero quizá ahora más que nunca es preciso pensar bastante a contracorriente.

Ane la imposibilidad de analizar en detalle todo lo que está sucediendo, habrá que limitarse con señalar algunas tendencias y algunos principios que necesitan ser tenidos en cuenta o ser repescados de la vorágine. En primer lugar es preciso señalar que la democracia perfecta no existe. De la misma forma que muchos ciudadanos del centro y del este de Europa aprendieron con sufrimiento que la contraposición de democracia formal y democracia real ocultaba sistemas dictatoriales en guerra contra sus sociedades (Tony Judt), hoy es preciso ponerse en guardia contra quienes recurren permanentemente a más democracia, a verdadera democracia, a más legitimidad, a democracia directa.

Parece que hemos olvidado que los españoles por inmensa mayoría dijeron sí, como ciudadanos individuales, a la Constitución que establecía la Monarquía parlamentaria. Es mentira que la Monarquía esté ahí por derecho de sangre. Está ahí gracias al voto popular a favor de la Constitución que preveía la Monarquía parlamentaria. Y como ha escrito alguien estos días, monarquía parlamentaria es de esos términos dobles en los que el adjetivo mata al sustantivo. Algunos están mintiendo a sabiendas y engañando a los ciudadanos, y no promoviendo más democracia, sino algo distinto.

No se trata de discutir la bondad de las primarias en las elecciones internas de los partidos políticos, pero sí de preguntar por qué la democracia representativa es buena en el sistema institucional, y no lo es en los partidos políticos. A no ser que se quiera abolir la democracia representativa. Pero como escribe un historiador de las ideas políticas, Stéphan Courtois, el totalitarismo es el acceso de las masas a la política sin pasar por el liberalismo y por la democracia representativa.

Hitler gobernó -dictatorialmente- a golpe de plebiscito, de referendos -voto directo de los ciudadanos-. No es verdad que el poder sólo se legitima en definitiva por el voto popular, o al menos no es verdad dicho de forma exclusiva y excluyente: el poder se legitima por su sumisión al imperio del derecho, lo que significa que el derecho impide que el poder, aunque sea el poder del voto popular, pueda hacer cosas que son contrarias a derecho. ¿O es que por mayoría de la ciudadanía española se puede introducir la pena de muerte en el Código Penal? ¿O es que un voto muy mayoritario de los españoles puede declarar que los inmigrantes no pueden gozar de derechos constitucionales, no son sujetos de derechos humanos?

Es evidente que la corrupción daña la credibilidad de los partidos políticos, y lo que es peor, a través de ellos la credibilidad de las instituciones. Es manifiesto que los partidos que gobiernan -PP, PSOE, CIU, PNV, y algún otro- muy poco hacen para atajar con seriedad este problema, para lo cual sería necesario empezar por reconocerlo. Es evidente que además de la corrupción económica existe la corrupción mental de los políticos, que hacen de la política su medio de vida y dejan de pensar para no decir inconveniencias que les puedan costar un puesto en la lista. Es evidente que los partidos se han apoderado de todos los resortes de la llamada sociedad civil, de forma que no han dejado que surja ninguna instancia que se coloque entre el ciudadano y las instituciones.

Pero no es del todo verdad que el alejamiento de los ciudadanos de la política se deba exclusivamente a los problemas de corrupción: los problemas a los que se enfrentan las sociedades actuales se han vuelto de tal complejidad que no es nada fácil entenderlos y, menos, atisbar cuál puede ser la solución. ¿Qué ciudadano puede argumentar con razones a favor o en contra del quantitativ easing (darle a la máquina de imprimir dinero) que ha llevado a cabo la Reserva Federal de EEUU, o a favor o en contra de la estabilización fiscal y financiera de los países endeudados y en crisis de las autoridades europeas?

Claro que a falta de argumentos bien sirve la referencia a los especuladores, a los banqueros, a los flujos financieros internacionales y a la globalización financiera, a la Troika, al aumento del índice Gini que mide la desigualdad en las sociedades, a los grandes patrimonios -el mito del chivo expiatorio sigue más vigente que nunca-. Pero estas referencias no solucionan ninguno de los problemas. Mientras la Gran Bretaña construía una media de 250.000 viviendas año, España construía, con unos 20 millones menos de habitantes, 750.000. Y de esa burbuja de la construcción surgió una burbuja económica, una burbuja fiscal, un endeudamiento bajo el Estado por ingresos burbuja, y un Estado de Bienestar financiado en parte por ingresos burbuja. ¿Nadie va a decir a los españoles que somos un 30% más pobres de lo que nos creíamos, de lo que creíamos todos -y actuábamos en consecuencia, aunque de forma individualmente irresponsable-?

ES LA HORA de las reformas, dicen, aunque más que propuestas de reforma se escuchan recetas milagrosas e instantáneas. Es preciso reformar la Constitución: ¿Para solucionar el problema catalán y el vasco? ¿Para recentralizar algunas competencias como las de educación? ¿Para reformar el Senado en línea con lo que es el Bundesrat alemán? ¿Para reducir el número de autonomías o incluso para dejar sólo las históricas y convertir el resto en territorio común, no sólo en fiscalidad, sino en todo?

Quien firma estas pobres reflexiones es defensor de la reforma de la Constitución en sentido federal para dotar al Estado de más mecanismos de representación y actuación de conjunto, para fortalecer la unión y no para satisfacer demandas que no pueden ser satisfechas nunca. Pero entiende que no podemos renunciar a la democracia representativa, aunque se pueda pensar en combinar los principios de proporcionalidad y de mayoría en la elección de los diputados. Y entiende también que la democracia directa es una aberración en sociedades complejas, que la democracia se define por su imperfección. En contra de algunos laicistas empedernidos, el significado de la aconfesionalidad del Estado es esa imperfección, el que en el espacio público de la democracia no existan verdades últimas, aunque sean científicas.

Muchas cosas se le están pidiendo al nuevo Rey Felipe VI. Pero lo primero es recordar que el rey reina, pero no gobierna. Es evidente que algún poder de influencia tendrá, aunque se lo tenga que ganar. Yo lo único que le pediría es que sea el entrenador que es capaz de pedir un tiempo muerto en esta vorágine de autodestrucción en la que parece que hemos encontrado tanto placer últimamente. No para quedarnos como estamos, sino para proceder a reformar lo que necesario sea, pero para mejorar las cosas, no para empeorarlas gravemente.

Joseba Arregi fue consejero del Gobierno vasco y es ensayista y presidente de Aldaketa.

NOTA DE PRENSA
Vigésimo Premio a la Tolerancia a Inger Enkvist *
Asociación por la Tolerancia 3 Julio 2014

La Asociación por la Tolerancia se complace en anunciar que el vigésimo Premio a la Tolerancia ha recaído en la hispanista, ensayista y pedagoga sueca Inger Enkvist.

Licenciada en filología francesa, realizó su tesis sobre literatura española doctorándose en Letras por la Universidad de Gotemburgo. Catedrática de Español en la Universidad de Lund, ha estudiado a diferentes autores como Mario Vargas Llosa y Juan Goytisolo. Ha publicado diferentes ensayos y libros sobre éstos y otros escritores españoles, así como sobre los males de la educación en la Europa de hoy.

El jurado subrayó su vocación por la pedagogía desde el convencimiento de que los aspectos fundamentales de la personalidad se forjan en los primeros años de existencia. En esta misma línea, ha sido una firme defensora de la enseñanza de las lenguas como vehículo para el pleno desarrollo del intelecto, mostrándose contraria a la casi total exclusión del castellano del sistema educativo catalán.

También destacó su firmeza en la denuncia de la ideologización de la enseñanza. El objetivo de la educación es el pleno desarrollo cognitivo y afectivo del escolar. A su juicio, una pedagogía honrada jamás puede aceptar la subordinación de ese fin a ninguna causa. Inger Enkvist no busca la corrección política, sino aquello que considera mejor para el alumno, y expone sus convicciones con valentía y rigor en cualquier foro. Tal fue el caso de su intervención en el Parlamento catalán con motivo de la gestación de la LEC.

El jurado valoró, por último, su inmenso conocimiento y cariño hacia la cultura y literatura españolas, que la ha hecho merecedora de un gran reconocimiento y prestigio como hispanista.

Han recibido también el Premio a la Tolerancia las siguientes personalidades: Iván Tubau, Fernando Savater, Francesc de Carreras, Gregorio Peces-Barba, Iniciativa Ciudadana ¡Basta Ya! en la persona de Agustín Ibarrola, Félix de Azúa, Albert Boadella, Baltasar Garzón, Antonio Muñoz Molina, Arcadi Espada, Rosa Díez, Mario Vargas Llosa, Carlos Herrera, Antonio Mingote, Xavier Pericay, Regina Otaola, Félix Ovejero y Victoria Prego.

En esta edición, el jurado estuvo formado por:
- Josep Ramón Bosch, Licenciado en Geografía e Historia, presidente de Societat Civil Catalana
- Francesc de Carreras, Catedrático de Derecho Constitucional, Premio AT 1998
- Mónica Díaz, Psicóloga Clínica (socia de AT)
- Mª Antonia Doménech, Politóloga (socia de AT)
- Ramón de España, Escritor, Columnista y Cineasta
- Joan Llorach, Empresario (socio de AT)
- Eduardo López-Dóriga, Ingeniero Químico (presidente de AT)
- Ignacio Martín Blanco, Politólogo y Periodista
- Marita Rodríguez, Licenciada en Químicas y Profesora (vocal de AT)
- Jesús Sanz, Ingeniero Industrial, miembro de Convivencia Cívica Catalana
- Sonia Sierra, Dra. en Filología Española, profesora (UAB), cofundadora del colectivo Puerta de Brandemburgo.
- Julio Villacorta, Ingeniero Industrial

La entrega del premio tendrá lugar en Barcelona en la primera quincena de Octubre.
Junta de la Asociación por la Tolerancia
Barcelona, a 3 de Julio de 2014


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