AGLI Recortes de Prensa   Viernes 11  Julio  2014

Es impericia legislativa o simple chapucería
Fernando Glez. Urbaneja www.republica.com 11 Julio 2014

Gente importante del Gobierno se pavoneaba en una reunión con profesionales y empresarios de la facilidad del Gobierno para legislar, la rapidez con las que arman normas que entran inmediatamente en vigor. Los presentes, con experiencia en la materia, se miraban entre asombrados y atónicos por la osadía. Los sucesivos gobiernos han deteriorado la habilidad legislativa con el paso del tiempo y la degeneración de la democracia. Un fenómeno que tiene que ver con la pérdida de calidad de los altos cuerpos del estado (los nuevos abogados del estado son cada año menos competentes y otro tanto para otros cuerpos cualificados) y con el creciente dominio de la acción legislativa y gubernamental por políticos de partido que no salen del ámbito de interés del propio partido y la baja política.

Durante los últimos años del franquismo suplieron la legitimidad por la solvencia normativa, las leyes de aquello años estaban, básicamente, bien elaboradas, redactadas y puestas en vigor. Esa calidad se ha ido perdiendo con el paso de las legislaturas y está llegando al desastre en la actual.

El último decreto ley de medidas económicas con una compleja arquitectura interna que le hace incomprensible sin un biblioteca al lado, que modifica artículos de 26 leyes, tuvo ayer seis páginas del BOE para rectificar errores, unos de redacción, otros de referencia y alguno de contenido. ¿Cómo explicar que de la Presidencia del Gobierno sea incapaz de una edición cuidada de normas importantes? El propio uso del decreto ley para cambiar otras leyes indica mala práctica.

La Ley de Reforma Política de 1976, piedra angular de la actual democracia, con exposición de motivos ocupaba dos páginas del BPOR. Los Pactos de la Moncloa de 1977, esenciales para la salida de la crisis y la modernización de España, ocupaban menos espacio que el último decreto-ley que el Parlamento ha aprobado estos días, y el decreto Boyer de 1985, decisivo para la recuperación posterior no necesitó más de tres páginas.

De entonces acá cada legislatura hace peor trabajo, más complicado, menos comprensible, más sensible a los intereses que ocultan no pocos párrafos. El Gobierno actual merece la medalla al mérito en esa carrera a la mala práctica legislativa; es el que más decretos-ley convalida por período, el que envía textos más largos y enrevesados y el que tiene que publicar más correcciones de errores. Son hechos objetivos, que no inducen ni pesar ni propósito de enmienda; todo lo contrario, sacan pecho y dicen que son los demás lo que lo hacen mal y no entienden nada. Además de torpes, presuntuosos.

La ministra de Sanidad sostiene que sus propuestas han sido las más consultadas pero se olvida de mandarla al Consejo de Estado. Y la Vicepresidenta vicetodo, abogada del estado de corto recorrido, es incapaz de taponar tanta chapuza. La peor ley es la confusa que dura poco; y eso ahora es bastante habitual. El problema viene de atrás, los gobiernos anteriores tampoco fueron muy diligentes, pero el problema es que la deriva es a peor; hoy peor que ayer, aunque mejor que mañana.

‘El Pontevedro’ no se mueve
Marcello www.republica.com 11 Julio 2014

Ha sido Pedro J. Ramírez, el arponero de la general, quien le ha puesto a Mariano Rajoy el mote de ‘El Pontevedro’, que no está nada mal porque suena a macabras historias de Puerto Hurraco o las del ‘El Arropiero’, aunque la especialidad de El Pontevedro es la de cocinar a sus víctimas con la receta de la lamprea, ese espantoso animal que se cuece con su propia sangre. La misma receta con la que Rajoy, o mejor dicho, El Pontevedro, suele cocer a fuego lento a sus adversarios políticos y con mayor saña a los que están en su entorno ideológico.

La técnica de extermino que utiliza este ‘asesino en serie’ de la Moncloa recuerda a las artes mortales de la boa constrictor. El Ponvedro se queda quieto, mirando fijamente a su corderillo, que inquieto e inocente empieza a bailotear a su alrededor para ver si consigue hacerle hablar o sacarle una sonrisa, lo que resulta imposible. Y cuando la víctima de turno está agotada y da señales de encantamiento, entonces El Pontevedro la abraza fuertemente, la asfixia y se la come.

Miren al pobre Miguel Arias Cañete, lo tuvo sobre ascuas durante meses para decidir si era, o no, el candidato del PP a las elecciones europeas y cuando, 24 horas antes del inicio de la campaña, lo señaló con el dedo del Creador que adorna el cielo de la Capilla Sixtina ya era tarde. Porque Cañete, harto de esperar, se dio a la bebida de los deliciosos caldos de Jerez y fue al debate con Valenciano hecho un manojo de nervios y lo perdió. Y luego, temeroso de que la ira mortífera de El Pontevedro cayera sobre su cabeza, se sacó de la manga en su desvarío aquel disparate de su ‘superioridad intelectual’ sobre la telefonista Valenciano y se armó la de Dios es Cristo.

Y por ahí va el hombre, el pobre Cañete, con la mirada perdida y sin saber si va a ser Comisario Europeo o el nuevo ayudante de Carlos Floriano en PP, partido donde sólo trabajan Floriano y Marilar, ambos subiendo una y otra vez a la montaña la piedra de plomo de Sisifo, que es como cargar con toda la responsabilidad que la acción del Gobierno, o del desgobierno, que recae todos los días sobre las espaldas del secretario de Organización del PP, que está más sólo que la una.

Sobre todo ahora que Pons se fue a Estrasburgo con viento fresco, que Arenas ya estará, negro como un tizón, en Marbella comiendo en El Ancla con el doctor Gómez Angulo, y que Cospedal, la de la peineta, que se fumó la campaña electoral europea donde no dio ni golpe, se ha internado ella sola -sin el pájaro López del Hierro- en unos ejercicios espirituales en los montes de Toledo. Unas jornadas de recogimiento que incluyen un curso de dicción a ver si la doña de La Mancha aprende a hablar en sus fabulosas ruedas de prensa en simulación donde al parecer los jefes del PP van a autorizar, por fin, a los periodistas que fumen marihuana para disfrutar del éxtasis y del asombro que causan los monólogos en diferido de la secretaria general, que mona y bien vestida sí que va.

Ahora bien, El Pontevedro a quien le tiene echado el ojo izquierdo, que suele guiñar para atraer la atención de sus víctimas, es al pobrecillo de Artur Mas. El que está tierno, como la hembra del urogallo en celo, dando vueltas alrededor de su impresionante macho e implorando que lo invite a merendar a la Moncloa porque el catalán ya no puede más, y esta a punto de entrar en la fase de encantamiento para que se lo meriende Rajoy. Entre las espantadas de Durán i Lleida, los escándalos de los Pujol, la fuga del empresariado catalán y el cambio de rumbo de Junqueras que ahora sólo quiere ser president de la Generalitat, el pobre Arturo no da más de sí y un día de estos tira la barretina y se calza la boina de Ibarretxe. Es decir, se rinde con todas las de la ley, nunca mejor dicho.

Ahora bien el que está sorprendido de verdad y de los nervios con El Pontevedro ese es Aznar, quien dice en privado que éste Rajoy no es el que él conoció. Y es verdad, porque don Mariano cuando llegó a la Moncloa se quitó el disfraz y empezó a enseñar los dientes de El Pontevedro que es su otro y verdadero yo. Y claro ahí está el pobre Aznar con sus cursos de verano para pijos de FAES y a palos con el de la coleta de Podemos, el Pablo Iglesias -del que esta locamente enamorada Esperanza Aguirre-, porque ahora ya no tiene un Sadam Husein a quien demonizar. Con lo fácil que hubiera sido organizar un gran debate sobre la exitosa guerra de Irak del trío de las Azores, de la que acaba de emanar el nuevo Califato del Islam. O sobre las cuentas dobles de Luis Bárcenas, en lugar de gastarse el dinero que les da Exteriores en atacar a Cuba y Venezuela en esos jolgorios para niños bien que organizan Cayetana y Astarloa, la bella y la bestia, a los que les falla la cortesía, quizás por pérdida de contacto con la realidad de tanto encerrarse en FAES, el búnker del PP.

Pero claro, Mariano, El Pontevedro, se ríe de Aznar mientras se fuma los Cohibas que le envía Fidel, convencido de que va a triunfar. Si pudo con Pedro J.,pensará, pues imagínense con todos los demás. Menudo peligró tiene El Pontevedro. Si se cruzan este verano con él no lo miren a los ojos porque les puede hipnotizar, y si adivina que alguien le quiere mover la silla entonces que se prepare porque El Pontevedro, queridos niños y niñas, es muy malo y se lo comerá.

Una confiscación del 25% del patrimonio
Juan Fco. Martín Seco www.republica.com 11 Julio 2014

Me pregunto qué hubiera ocurrido si en el proyecto de la reforma fiscal aprobada recientemente por el Gobierno apareciese un artículo que determinase que en 2015 todos los patrimonios superiores a 50 millones de euros deberían sufrir una leva del 25% de su importe. Me imagino la reacción de la prensa y de todos los biempensantes. El clamor sería ensordecedor. Por todos lados se escucharía que la medida es confiscatoria. Se lanzaría la idea de que estamos en un Estado estalinista o, mejor, bolivariano (versión más moderna de lo de masones y comunistas de antaño). Pues bien, el actual proyecto de ley pretende gravar a aquellos ciudadanos cuyo patrimonio se reduce a una segunda vivienda adquirida hace muchos años con el 25% de su valor cuando la vendan, y a nadie parece importarle.

Desde el Gobierno se anuncia a bomba y platillo la reducción de la tarifa -que apenas va a representar nada para rentas bajas y medias (no así para las rentas altas)-, pero se silencia torticeramente otra serie de medidas que de forma sigilosa aparecen en el proyecto de ley y que a muchos ciudadanos les van a ocasionar una mayor carga fiscal. Entre ellas se encuentra la eliminación de los coeficientes de actualización y los llamados “de abatimiento”, medida que en algunos casos va a significar para ciertos contribuyentes la pérdida de la cuarta parte de su patrimonio.

Expliquemos el tema. Desde la implantación del IRPF por la Ley 44/1978 una cuestión ha estado siempre presente en el desarrollo legislativo: cómo descontar la inflación de los incrementos patrimoniales (las llamadas plusvalías) de manera que no se grave una ganancia que es puramente ficticia. El tema es especialmente relevante cuando el incremento patrimonial se produce en la transmisión de un activo que ha permanecido largo tiempo en el patrimonio del sujeto pasivo (suele ocurrir con los inmuebles), ya que el efecto de la inflación se acentúa, de tal forma que la parte de ganancia debida a la pérdida de valor de la moneda puede llegar a ser muy elevada. Por ello, en las sucesivas reformas de la Ley el legislador ha introducido en todos los casos mecanismos correctores (aunque no siempre los mismos) para separar las plusvalías reales de las ficticias.

El sistema hoy vigente establece para los inmuebles adquiridos con posterioridad a 1994 unos coeficientes de actualización con la finalidad de restar de la plusvalía patrimonial el efecto de la inflación sufrida en estos años. Además, si la vivienda se compró antes del 31 de diciembre de 1994, se aplican los llamados coeficientes de abatimiento, creados para corregir las revalorizaciones ocasionadas en las fincas más antiguas por la pérdida de valor del dinero. Por tanto, hasta ahora se viene tributando por la ganancia real de valor y no por el incremento de los precios generado por la inflación. Si el activo fue adquirido, por ejemplo, en 1994, la ganancia patrimonial sujeta a gravamen es del 88,89%; si lo fue en 1988 es del 22,23%, y estará exenta casi en su totalidad si se adquirió con anterioridad a 1988.

El Gobierno ha decido eliminar, en su reforma fiscal, estos coeficientes (tanto los de actualización como los de abatimiento), de modo que, si se aprueba esta iniciativa, las plusvalías por la venta de un inmueble tendrán que tributar en el IRPF por cantidades muy superiores a las actuales. Especial importancia reviste este tema para los inmuebles adquiridos en los años setenta y principios de los ochenta, puesto que, dado el tiempo transcurrido y las elevadas tasas de inflación de aquellos años, dichas ventas pasarán de estar casi exentas (no solo en la normativa actual sino en las anteriores) a tributar al tipo de rentas de capital (25%) por la casi totalidad del valor inmueble.

¿Quiénes va a ser los damnificados? Desde luego no las empresas, ni los contribuyentes de rentas altas que tienen todos sus inmuebles depositados en sociedades, ya que a todos ellas se les ha dado la opción en múltiples ocasiones de revalorizar todos sus activos sin coste alguno. Va afectar en mayor o menor medida a las clases medias con una segunda vivienda, y en especial a personas mayores jubiladas o a punto de jubilarse y que han considerado la propiedad inmobiliaria como la mejor forma de ahorrar para completar la pensión frente a los fondos de pensiones, y ahora, después de sufrir la merma de valor de la crisis inmobiliaria, se les dice que van a perder el 25% de todos sus ahorros restantes.

Hay que preguntarse cuál es el motivo por el que el Gobierno adopta una medida tan punitiva para un colectivo débil económicamente por encontrarse al final de su vida laboral. Tras la reforma del sistema público de pensiones que deja a los jubilados (presentes y futuros) en la mayor indefensión, sometidos cada año a un leva en su pensión de una cuantía equivalente al valor que alcance la inflación, se ataca ahora uno de los elementos en los que han podido materializar el ahorro y que se va a ver sustancialmente mermado en el momento en el que se quiera disponer de él.

A esta medida hay que unir la amenaza existente de la revisión del catastro y las sustanciales subidas del IBI anunciadas por el informe de los llamados expertos. Parece como si la propiedad inmobiliaria (la única de la que disponen las clases bajas y medias) se hubiese tomado como diana de los esfuerzos recaudadores del Gobierno. Por otra parte, el hecho es tanto o más incomprensible dada la crítica situación por la que pasa el sector inmobiliario y la necesidad que existe de potenciar el mercado de alquiler. De aprobarse la medida el pequeño ahorrador dirigirá sus escasos recursos a otros destinos.

Pero quizá se encuentre aquí la razón del rigor fiscal que se pretende aplicar a la propiedad inmobiliaria, el incentivar y estimular otras aplicaciones del ahorro que se encuentran intermediadas por las entidades financieras (planes de pensiones, fondos de inversión, depósitos etc.), en las que el pequeño ahorrador puede ser fácilmente engañado, como nuestra reciente historia confirma.

Parece ser que desde el Ministerio se ha aducido como razón de la medida que afectaría a un número reducido de contribuyentes. No está nada claro que así sea. Ahora bien, en cualquier caso, esta motivación puede ser válida desde el punto de vista electoral, pero no desde la equidad que debe presidir todo sistema financiero. Curiosamente es ese mismo razonamiento el que se alega para no gravar más a los contribuyentes con altas rentas. Por otra parte, se muestra una vez más la inseguridad jurídica que desde hace años está afectando a la realidad tributaria. De la noche a la mañana un contribuyente se puede encontrar con que le despojan del 25% de su patrimonio. Las expectativas de derecho deben ser también respetadas.

www.martinseco.es

Banderas de nuestros padres
Juan Eslava Galán. ABC11 Julio 2014

Me parece estupenda la iniciativa de ABC que regala toallas con los colores de la bandera nacional, esa enseña que, por malentendidos absurdos ( o malévolos), parece que habíamos relegado al baúl de los recuerdos, junto con la bella palabra España, últimamente sustituida por «este país».

Los españoles viajados, que ya van siendo bastantes, saben que todos los países civilizados, democráticos y progresistas están orgullosos de su bandera ( y de su Historia, a pesar de los episodios menos favorecedores) y usan liberalmente sus colores.

Habrán notado que no hay película americana en la que no aparezcan decenas de banderas de barras y estrellas. En cuanto a la UnionJack inglesa, yo la tengo vista en postales, en lapiceros, en bikinis, en paraguas, en casi cualquier artículo susceptible de portar una bandera. Con las primeras letras y los primeros números, los británicos aprenden en la escuela el significado de los colores de su bandera (superposición de las cruces de san Jorge, por Inglaterra, de san Andrés por Escocia y de san Patricio por Irlanda).

¿Y los españoles? Pocos conocen que nuestra bandera vino del reino de Nápoles con Carlos III, el benéfico rey. La que había sido, desde 1785, distintivo de la marina napolitana se instituyó como enseña de los reinos de España y se declaró oficial en 1845.

En esta bandera los colores eran rojo y gualda, que no corresponde exactamente al amarillo descrito por el artículo 4.1 de la Constitución de 1978 ( « formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas » ) . A Camilo José Cela le pareció que el gualda arrastraba un matiz ideológico e influyó en el resto de los padres constitucionales para que lo cambiaran por el amarillo.

La Segunda República (1931) sustituyó la franja roja inferior por una morada e igualó la anchura de las tres franjas. El morado era el color de un pendón del conde-duque de Olivares que los innovadores de la bandera erróneamente atribuyeron a los comuneros sublevados contra Carlos V (en realidad la enseña comunera era la rojo grana o carmesí de la Castilla medieval).

De las numerosas banderas autonómicas que hoy ondean en las diecisiete comunidades españolas la que más protagonismo ha ganado últimamente es la aragonesa usada, con todo derecho, por la Comunidad catalana como parte que es del viejo reino de Aragón.

La señera, cuatro palos de gules en campo de oro, no representaba, en su origen, territorio alguno. Era simplemente la senyal real de la casa reinante en Aragón, «que tiene Aragón como título y nombre principal » (según señala Pedro IV).

Estas barras de Aragón se divulgaron a partir del reinado de Alfonso II « el Casto » ( 1162– 1196) « el que mudó la sarmase senn y a les de Aragón eprendió bastones ». Algunos autores aventuran que la senyal pudo inspirarse en los documentos pontificios adornados con una cinta se seda roja con hilos de oro de la que pendía el sello de plomo o cera que los certificaba. En tal caso, el rey aragonés adoptaría esta enseña para demostrar su condición de vasallo de la Santa Sede, que lo singularizaba frente al resto de los reinos peninsulares. Pudiera ser.

Otros autores prefieren pensar que las barras reproducen simplemente los refuerzos metálicos de los escudos. Incluso se les busca un origen normando. Sea como fuere, esta heráldica se divulgó a lo largo del siglo XIII. En 1285 el cronista Bernard Desclot escribe: «No pienso que galera o bajel o barco alguno intente navegar por el mar sin salvoconducto del rey de Aragón, sino que tampoco creo que pez alguno pueda surcar las aguas marinas si no lleva en su cola un escudo con la enseña del rey de Aragón».

¿Cómo se transformó la senyal aragonesa en la bandera catalana? En 1150 el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV (1113-1162) contrajo matrimonio con Petronila, hija del rey aragonés Ramiro el Monje. Con este enlace se unieron dinásticamente (no territorial, ni políticamente) el reino de Aragón y los condados catalanes ( Barcelona, Gerona, Osona, Cerdaña y Ribagorza). Al ascender de linaje, aunque fuera por vía matrimonial, el barcelonés asumió el linaje de Aragón (o sea se promocionó a princeps de Aragón, consorte de la regina, un título más importante que el condal de Barcelona que aportaba al matrimonio).

La boda del conde barcelonés y la princesa aragonesa originó, como apunta Corral Lafuente, una formación política que duraría quinientos setenta y siete años y que se convertiría en una de las más firmes instituciones de la historia de Europa: la Corona de Aragón, con sus posesiones de Cataluña, Valencia, Mallorca, Sicilia, Cerdeña, Córcega, Provenza, Rosellón y Cerdaña, Nápoles, Montpellier, y los antiguos ducados de Atenas y Neopatria.

Algo más reciente que la enseña aragonesa es la bicrucífera del País Vasco, diseñada en 1894 por los hermanos Luis y Sabino Arana (el fundador del Partido Nacionalista Vasco). En un principio la idearon para Vizcaya, pero después la hicieron extensiva a todos los territorios cuya independencia reivindicaban. El propio Sabino Arana explicó, con su rica sintaxis, la densa simbología de la ikurriña (otro término de su invención): «El fondo de nuestra Bandera es rojo, como el fondo del Escudo (de Vizcaya) (…) La Cruz blanca de la Bandera es la Cruz blanca del Escudo y el Jaun-Goikua [Dios] del Lema (…) La Cruz verde de San Andrés representa a un tiempo por su color el Roble del Escudo y las leyes patrias (…). Unidos están la Cruz y el Roble en el Escudo unidos por el eta, el Jaun-Goikua y el Lagi-Zarra: del Lema; y unidas por lo tanto en un centro común deben estar en la Bandera las dos Cruces, blanca y verde » .

En un tiempo en que las banderas unen o desunen está bien que reivindiquemos sin complejos aquella bandera por la que se batieron nuestros antepasados en Trafalgar, en Bailén y en Marruecos, la bandera que representa a España y a los españoles.

Juan Eslava Galán, escritor.

Porque me da la gana
La Constitución de 1978 está siendo cuestionada por nuevos extremismos y viejas intolerancias. La crisis económica, los egoísmos autonómicos y el aumento del sectarismo de partida han provocado grandes grietas
Nicolas Redondo Terreros. El Pais. 11 Julio 2014

En ningún país de nuestro entorno sería posible plantear el reto que las instituciones catalanas han planteado al Estado español. Ni en Francia ni en Alemania, ni siquiera en la desordenada Italia sería imaginable una acción como la planteada por la clase dominante catalana. Y tampoco sería previsible que se manifestara en esos países el desapego que muestran el resto de los españoles ante cuestión de tamaña envergadura. La reacción indiferente no era imprevisible, por no ser una novedad; ya Américo Castro escribía a su veterano maestro Menéndez Pidal lo siguiente: “No hay en España otra problemática más grave que la de su unidad, precisamente por la gran cantidad de españoles a quienes importa muy poco”.

El caso británico o el escocés, para entendernos, es un argumento más y mejor para mantener mi tesis. No sólo es radical la diferencia entre las vicisitudes históricas de los británicos y las nuestras —los escoceses fueron un reino que combatió contra Inglaterra y defendió su personalidad política y cultural hasta principios del siglo XVIII, mientras que Cataluña nunca existió sola. Jaime I de Aragón en el siglo XIII acudió en ayuda del rey de Castilla para sofocar la rebelión de los musulmanes de Murcia. Tres razones adujo El Conquistador: “Por servir a Dios”, la primera; “para salvar a España”, la segunda, y la última porque “ellos ganasen el honor y la prez de salvarla”—.

En Gran Bretaña sería igualmente imposible plantear un golpe a las leyes y a las normas de la magnitud que ha planteado el soberanismo catalán…; sería imposible, como en los países mencionados anteriormente, manifestar una deserción de la ley por los mismos representantes de las instituciones.

El caso escocés no hace más que remarcar las peculiaridades negativas del nacionalismo catalán y de quienes, en el resto de España, se apresuran a recurrir a la arbitrariedad, al trato casuístico del asunto, para encontrar soluciones que tranquilicen, aunque fuese transitoriamente, a los independentistas; soluciones basadas en acuerdos políticos, sin importar mucho que pudieran convertirse en verdaderos fraudes de ley que vaciaran de contenido las leyes existentes. Es decir, en contraposición, los catalanes y el resto de los españoles nos dibujamos como una unidad muy definida, que no reacciona con la objetividad de quienes creen que las leyes obligan por igual a todos, y que convierten el magma del pueblo, con sus impulsos y pasiones, en una comunidad, tal y como la entienden desde hace siglos las sociedades de nuestro entorno.

El caso escocés no hace más que remarcar las peculiaridades negativas del nacionalismo catalán

En toda España, saltarse la ley, burlar la norma o driblar la pragmática ha sido desde siempre asunto y cuestión para presumir. Menéndez Pidal señalaba que tal peculiaridad ya era recogida y blasonada en nuestro teatro nacional: “El teatro nacional asocia a las más poderosas emociones dramáticas el sentimiento de justicia, sobre todo cuando esta se realiza por cima de la literal legalidad en beneficio de casos individuales… Juicios salomónicos en el que el albedrío, fuera de toda ley estricta, saca victoriosa la equidad de entre las dificultades que la estorban” y menciona a modo de ejemplo El mejor alcalde, el rey, Fuenteovejuna, Peribáñez o El alcalde de Zalamea. ¡Sí!, porque poco importa si damos la espalda a la ley para provecho propio o en la búsqueda de una justicia abstracta o una equidad interpretable. El hecho relevante en Madrid y Barcelona es que dar la espalda a la norma, buscar ejemplaridad en su aplicación, clamar por la justicia en contra de la aplicación de la ley no es excepción.

Son muchos más los ejemplos que podemos exponer de esta falta de sujeción a las normas. En la historia de España el conseguir burlar la ley ha sido cosa alabada, de mérito, porque entre la ley y nosotros, cada uno de nosotros, estuvo Dios, el Rey o la necesidad de defender la religión católica, confundida con los intereses civiles del reino; y ahora, en los tiempos modernos, se interponen nuestras respectivas ideologías o intereses revestidos de trascendencia política o la simple y gozosa picaresca, cuando los intereses son personales.

Nunca tuvimos impresión de hacer daño, porque el daño se inflige a una persona, a un individuo con nombre y apellido; es imposible, desde nuestra perspectiva individualista, hacérselo a una comunidad, entendida como una organización social perdurable que persigue objetivos plausibles y materiales de bienestar social. La comunidad así entendida es muy diferente a las expresiones, más o menos sólidas, de populismo, tan frecuentes en nuestra historia y que han dado al arte y la literatura obras inmortales o han sido origen y causa de nuestra aventura americana, pero que a la hora de construir una comunidad han sido una endiablada cadena que nos ha mantenido lejos de la razón, confundiendo lo posible con lo irrealizable, lo trascendente y lo terrenal, lo real y lo imaginado.

Saltarse la ley o burlar la norma ha sido desde siempre asunto y cuestión para presumir

La consecuencia de esta confusión ha sido una sociedad en la que el respeto a la ley positiva, la elaborada por el legislador, no ha sido la única referencia, compartiendo su relevancia con la religión en las filas conservadoras, la historia imaginada en las de los nacionalistas, la ejemplaridad moral entre los Savonarolas de turno, o la utopía decimonónica para los conservadores de izquierdas, que también los hay.

La Constitución de 1978 fue un intento de torcer el brazo a nuestra historia, alejándonos por igual de la mezcla de religión e imperio de unos y de la quimera revolucionaria de los otros. La moderación, el pragmatismo, la laicidad política, la transformación del enemigo en adversario, el reconocimiento confiado de las diferencias fraguadas en una historia común, fueron las señas de identidad de aquel experimento, hoy cuestionado por nuevos extremismos y viejas intolerancias.

La crisis económica, los egoísmos autonómicos, el debilitamiento de la legitimidad institucional y el aumento del sectarismo de partida, han provocado grandes grietas en la experiencia de 1978, han hecho reaparecer el cuestionamiento de las leyes, el conocido y despreciable “porque a mí me da la gana”. Los idearios nacionalistas que sólo tienen sentido en la negación y el rechazo de los otros, la política como un ejercicio sectario en la búsqueda de la satisfacción de los instintos más básicos de la parroquia, la consideración del yo como expresión de un populismo incivil y no de un individualismo positivo, por encima de la comunidad, son otros ejemplos de la crisis política.

Esto es así para desgracia de todos, también para los nacionalistas catalanes porque se han convertido en pertinaces albaceas de una historia que creímos que no volvería a repetirse y creen, sin embargo, representar la modernidad más avanzada; pero también para el resto de los españoles, porque unos están dispuestos a refugiarse en la arbitrariedad, en la búsqueda de soluciones de “apaciguamiento temporal” que les proporcione una tranquilidad de conciencia que no heredarán sus hijos, y otros porque vemos peligrar una excepcional aventura de concordia social y divergencia política inteligente, que comenzó con la ilusión y la esperanza de la mayoría de nuestra sociedad.

No prescribo que las cosas queden como están. La que ha sido nuestra historia común, que siempre defenderé, no tiene por qué ser cadena para el futuro. Pero lo que tenga que ser, que sea desde el respeto a la ley, sin dar la espalda a las normas aprobadas democráticamente, sin refugiarnos en una arbitrariedad, que, se justifique como se justifique, no deja de ser una vuelta a lo peor de nuestro pasado.

La última garantía de que sigamos el camino iniciado con la Constitución de 1978, que ha sido quien nos ha acercado a los países de nuestro entorno, es que el debate sea público y tolerante en el resto de España, que lo es, pero también en Cataluña; y que los dirigentes respeten la ley sin miedo a aplicarla o a cambiarla y sin buscar ejemplaridad. Pero sobre todas las garantías necesarias para solucionar los problemas que plantea una sociedad en el siglo XXI se erige el derecho de una sociedad a decidir su futuro y hasta ahora no conocemos una sociedad distinta a la española, avalada su existencia por la historia y por la aprobación en el año 1978 de una Constitución que define muy precisamente el sujeto de la soberanía y, por tanto, de la decisión.

Nicolás Redondo Terreros es presidente de la Fundación para la Libertad.

Aguirre, contra los complejos del PP
EDITORIAL Libertad Digital 11 Julio 2014

La presidenta del PP en la Comunidad de Madrid volvió a reclamar ayer a su partido que empiece a dar la batalla de las ideas, terreno dejado ominosamente en manos de una izquierda crecientemente extremista y liberticida.

En estos momentos, la necesidad de salir en defensa de los principios y valores que el votante del PP asume como propios es no sólo una obligación ética, sino una necesidad imperiosa para el partido de Mariano Rajoy, si es que quiere evitar una reedición del batacazo de las elecciones europeas del pasado 25 de mayo. Un batacazo que, por razones obvias, sería mucho más grave en cualquiera de los comicios venideros, en los que está en juego el poder real.

La irrupción del partido de extrema izquierda Podemos en el panorama político abre unas expectativas, incluso a corto plazo, realmente terroríficas para España como democracia liberal con un Estado de Derecho garante de las libertades individuales. Precisamente por eso es imperativo desenmascarar los propósito de esa y otras formaciones terriblemente tóxicas para las libertades sin rehuir el debate público, que es lo que Esperanza Aguirre volvió a reclamar ayer, durante su participación en un acto de la Escuela de Verano del PP.

La cesión a los socialistas de la educación y los medios de comunicación durante décadas ha tenido como consecuencia la preeminencia de las ideas de izquierda en la esfera pública, por más absurdas o peligrosas que sean, como está quedando especialmente claro en los últimos meses. Aguirre no se resigna, pero, a tenor de la escasa o nula reacción de la dirigencia de su partido, parece ser la única que ha entendido las funestas consecuencias que puede tener la consolidación del bolivariano Podemos.

Los actuales dirigentes del Partido Popular consideran que plantar cara al desafío ideológico que plantean formaciones como Podemos no es una tarea urgente, en la creencia típicamente arriolana de que se trata de disputas internas en el ámbito de la izquierda que sólo perjudicarán a su principal rival político. Sin embargo, el que el PSOE resulte severamente dañado, como apuntan algunas encuestas, ni mucho menos se tiene por qué traducir en un reforzamiento de la posición del PP. De hecho, no es en absoluto descartable que el colapso socialista acabara dañando gravemente o incluso sepultando al propio PP.

El riesgo que entraña el acceso de Podemos al poder no se limita a las consecuencias que se derivarían de su estupefaciente programa económico y de sus disparatadas propuestas en otros terrenos. La vocación esencialmente totalitaria de los caudillos de esa formación se ha puesto de manifiesto con la interposición de sendas demandas contra Esperanza Aguirre y el periodista Eduardo Inda por criticar las posiciones de Pablo Iglesias en lo relacionado con ETA.

A imagen y semejanza de lo que sucede en la Venezuela del sanguinario tirano Nicolás Maduro, el caudillo de Podemos pretende decidir qué se puede decir sobre él y sus camaradas, y quién puede tener un medio de comunicación, y en qué condiciones.

Por desgracia, en el Partido Popular son partidarios de hacer lo que más le gusta a Rajoy cuando ha de enfrentarse a cuestiones políticas de calado: nada. De nuevo es la expresidenta madrileña la encargada de espolear a los populares para que planten batalla al fanatismo ultraizquierdista antes de que sea demasiado tarde, no para el PP sino para España. La ofensiva mediática y judicial de los chavistas de Podemos demuestra que, una vez más, Esperanza Aguirre es la que está donde hay que estar.

La impavidez, el deshonor y el desastre
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 11 Julio 2014

La impavidez goza de un prestigio seguramente excesivo en un país propenso al esperpento y la exageración. En política suele tenerse como una virtud, y no es extraño que así sea, pero si quisiéremos apurar el diagnóstico habría que precisar un poco más. Pongamos, por ejemplo, el caso de un político que viese como se esfuman los apoyos a su partido y escuchase por todas partes pronósticos nada halagüeños respecto al futuro inmediato de su formación. Imagino que no se podrá alabar la impavidez ante una situación tan poco risueña, que lo ordinario sería pensar en hacer algo. Pues bien, el líder en el que estamos pensando parece preferir hablar del desarrollo de los mundiales y de las posibilidades que tiene Messi de consagrarse como el nuevo Maradona, que afrontar de manera directa ese problema. Apuesta, pues por la impavidez como seña de identidad y como estrategia de imagen para que no cunda el pánico, más o menos en plan lucecita de El Pardo.

Claro es que la cosa no se queda en ese estado de ataraxia, porque, rodeado de especialistas como se encuentra todo dirigente de cierto fuste, han sido estos los que han empezado a mover el rabo tratando de ahuyentar las moscas con iniciativas bastante originales. De ese acompañamiento al impávido han salido dos grandes iniciativas, una de ellas en plan frame, y otra ligeramente más concreta. Como si se tratase de una consigna, diversos portavoces del PP pretenden desmentir el estado catatónico del partido hablando de regeneración democrática, ya se ve que tampoco han discurrido gran cosa y, ya puestos, sugieren al personal que la mejor manera de regenerar la democracia podría estar en limitarla otro poquito y, de ahí, la vieja monserga de declarar alcalde al líder de la lista más votada, evitando que una coalición de perdedores pueda arrebatarles el gobierno municipal.

¿Cómo es posible que se le ocurra a alguien una conjunción de ideas tan desafortunada y tan fuera de lugar? La democracia española, con todos sus defectos a cuestas, se ha articulado sobre la base de unos principios representativos que han dejado en manos de los diputados y concejales la elección directa de los que presiden el correspondiente ejecutivo. Por supuesto que esto puede hacerse de mil otras maneras, pero lo que no parece de recibo es que al PP se le haga patente el carácter regenerador de su ocurrencia ante el fundado temor de que los electores le van a privar de mayorías suficientes. Ahora, el PP se acuerda de que tiene todavía mayoría absoluta y dice que va a hacer algunos ligeros retoques para seguir mandando cuando y donde no la tenga. ¡Qué cosas se les ocurren a los impávidos!

La política española lleva tiempo siendo prisionera de una serie de convenciones que la reducen, en la práctica, a la teatralización de un guion nada espontáneo: los representantes populares se han acostumbrado a ejecutar un papel antes que a representar a los ciudadanos y las medidas con las que amenaza el PP, que, de todas maneras, no le reportarían el beneficio que se les supone, pretenden acentuar esta teatralización limitando gravemente la escasa autonomía de las cámaras y los consistorios.

Se daría sí un paso más en el proceso de menosprecio a la democracia que han llevado a cabo los grandes partidos, que ni dejan participar a los ciudadanos, ni tienen un mínimo de democracia interna. Esto significa que en España, donde nunca ha habido una revolución liberal, también podría acabar fracasando del todo esta especie de revolución liberal un tanto peculiar que empezó con la transición y que ahora está a punto de agotarse en manos de dirigentes sin talla, sin escrúpulos y sin un mínimo de patriotismo, de interés por el destino de todos nosotros. Al no existir ni rastro de la separación de poderes sin la cual la democracia deviene en su caricatura o en su máscara, la corrupción ha alcanzado niveles impensables, es ya legendaria, y al PP no se le ocurre otra cosa que sustraerse al voto de las mayorías que lo rechazan.

Muchos creen que el peor momento de la democracia española fue el 23F, con Tejero y todo lo que malsabemos. Para mí, por el contrario, el peor momento se vivió en el pleno de urgencia del pasado verano para someter, supuestamente, a Rajoy a un interrogatorio sobre el caso Bárcenas en el que ninguno de los diputados del Congreso le pregunto a Rajoy por el SMS que todos conocíamos y que había dirigido a Luis Bárcenas, ese ladrón que está, de momento, en la cárcel sin que el robado le haya reclamado ni un euro: "Resiste Luis. Hacemos lo que podemos, pero no es fácil", decía, más o menos. En cualquier país del mundo una pregunta sobre a qué se refería Rajoy habría salvado la decencia de la democracia y habría obligado a marcharse a su casa al presidente. Por si acaso, aquí nadie la hizo.

De aquella escena triste y vergonzosa se ha retirado Rubalcaba, convencido de que ya no podía ser parte de ninguna solución, y algunos protagonistas menores han experimentado en las europeas un frenazo bastante significativo. Queda Rajoy, impávido, y parece dispuesto a morir con el Titanic, aunque su obligación sería tratar de salvarlo, no intentar ponerse a cubierto, él y parte de su tripulación.

¿Qué le impide a Rajoy intentar algo que no parezca una aproximación chapucera a nuestros problemas colectivos? En aquellas infaustas fechas aludió a que había sido objeto de un chantaje: ¿estamos viviendo todavía bajo los efectos de esa amenaza? ¿Existe algún temor que impida al presidente tomar las medidas que cualquiera consideraría necesarias ante el oscuro panorama electoral que se le ofrece al PP y el riesgo evidente de que el sistema acabe cayendo encima de las débiles espaldas de todos los españoles?

Es inevitable recordar lo que Churchill le dijo a Chamberlain ante los intentos de éste para convivir con Hitler: “preferisteis el deshonor a la guerra, pues tendréis deshonor y tendréis guerra”. En su impavidez estratégica, Rajoy parece preferir el deshonor de un PP que no hace nada por sacudirse las lacras de la corrupción, ante el miedo de que el PP pudiera perderse irremisiblemente si se llega a saber todo lo que haría falta explicar para poder empezar de nuevo. Con este deshonor impávido se trata, al parecer, de evitar el desastre, pero, una vez más, la sabiduría del viejo Churchill apunta a lo obvio: habrá deshonor y habrá desastre. Cuanto antes se convenzan los que estén limpios de que no se trata de corregir la representación política, sino de ser dignos de ser votados, antes acabará este prolongado calvario del gran partido de la derecha y, tal vez se pueda empezar a pensar que quepa poner en píe una derecha liberal y decente capaz de organizar un mercado libre y competitivo y de alumbrar una política distinta, algo a lo que los españoles que trabajan y no roban a nadie tienen perfecto derecho.

¿Es la mentira como la carne podrida?
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 11 Julio 2014

Uno de los motivos que el entorno de Podemos ha aducido para justificar la necesidad de una ley de prensa ha sido el de evitar que se difundan mentiras desde los medios de comunicación. Se nos ha dicho que, de la misma manera que las carnicerías no tienen permitido vender carne podrida, la prensa no debería tener permitido divulgar infundios y que, por consiguiente, necesitamos de un Ministerio de la Verdad. Desde este prima, la regulación de los emisores de información simplemente tendría como propósito proteger a los consumidores de idéntico modo a cómo se les intenta proteger de la adquisición de carne podrida. Pero, ¿realmente son ambas situaciones equiparables?

Ciertamente, un primer debate a abrir sería el de si un carnicero puede venderle a un consumidor carne en avanzado estado de descomposición cuando este último es consciente de que está adquiriendo carne podrida. Por mi parte, no veo problemas insalvables con semejante transacción pero, en realidad, no entra en el fondo de la cuestión planteada por Podemos: ningún medio de comunicación miente a su audiencia informándole simultáneamente de que está mintiendo. La cuestión, pues, es más bien la siguiente: del mismo modo que los tribunales sancionarían a un carnicero que vendiera carne podrida sin conocimiento de su clientela, ¿debería el Estado legislar para proscribir que los medios de comunicación mientan con la intención de engañar a su audiencia?

Las cinco diferencias entre la mentira y la carne podrida
La primera diferencia entre la venta de carne podrida y la transmisión de información falaz es el número de sujetos que deben ser sometidos bajo control. Mientras que sólo un porcentaje relativamente reducido de la sociedad vende carne, prácticamente todos somos emisores de información y, por tanto, potenciales afectados por los controles y supervisiones del Ministerio de la Verdad. Internet ha revolucionado los medios de comunicación y hoy en día muchas cuentas de Twitter pueden tener más audiencia que muchos periódicos locales, regionales o nacionales. Incluso las páginas personales pueden tener volúmenes considerables de lectores que, en coherencia, debería llevar a someterlas a esta legislación estatal. Por consiguiente, todos seríamos potenciales delincuentes merecedores de supervisión a los ojos del Ministerio de la Verdad.

La segunda diferencia es que es mucho más sencillo reconocer y definir objetivamente qué es una pieza de carne podrida que hacer lo propio con una información falsa. No sólo porque en ocasiones los elementos factuales sobre los que descansa la información sean difíciles de contrastar (sobre todo, habida cuenta de la confidencialidad de las fuentes periodísticas), sino porque la inmensa mayoría de hechos son interpretables.

Por ejemplo, cuando Podemos —o medios afines al discurso de Podemos— afirma que España no es una democracia, ¿está mintiendo o está diciendo la verdad? Cuando Podemos —o medios afines al discurso de Podemos— afirma que la casta nos está robando, ¿está mintiendo o está diciendo la verdad? Cuando Podemos —o medios afines al discurso de Podemos— afirma que la crisis se debe a los recortes del gasto público, ¿está mintiendo o está diciendo la verdad? Cuando Podemos —o medios afines al discurso de Podemos— afirma que los empresarios explotan a los trabajadores, ¿está mintiendo o está diciendo la verdad? Cuando el Partido Popular —o medios afines al discurso del Partido Popular— sostiene que el Gobierno ha bajado los impuestos, ¿está mintiendo o está diciendo la verdad? Cuando el Partido Popular —o medios afines al discurso del Partido Popular— sostiene que estamos creciendo a velocidad de crucero, ¿está mintiendo o está diciendo la verdad?, etc.

Creo que todos tenemos una cierta respuesta a las preguntas anteriores, pero también creo que todos podemos visualizar interpretaciones no demasiado forzadas esas preguntas que podrían llevarnos a responderlas en sentido inverso (o al menos a matizarlas considerablemente). ¿Debemos someter la libertad de expresión al monopolio interpretativo de la misma por parte de un órgano burocrático? Por ejemplo, si gobernara Podemos y se implantara su Ministerio de la Verdad, ¿podríamos, llegado el caso, denunciar que el régimen de Podemos no es democrático o que roba a una parte de los ciudadanos (tal como los dirigentes de Podemos están pudiendo hacer hoy)? ¿O en cambio ese Ministerio de la Verdad podría tachar esas informaciones de infundios desestabilizadores del cambio social promovido por el nuevo Gobierno, esto es, de ‘golpismo mediático’?

Tercera diferencia entre la carne podrida y la mentira: mientras que, en principio, no cabe suponer que un burócrata o un magistrado tengan especial interés en manipular su sentencia a propósito de la salubridad de la carne —mintiendo con que la carne sana está podrida o con que la carne podrida está sana—, sí hay fundadas razones para asumir que pueden tener profundos intereses en manipular su sentencia sobre la veracidad de una información. A la postre, todo burócrata —e incluso todo magistrado de un tribunal independiente del Gobierno— posee una determinada cosmovisión del mundo que puede sentirse amenazada por las informaciones divulgadas por un determinado medio de comunicación: por ejemplo, los burócratas afines a Podemos —sean o no nombrados a dedo por ellos— no querrán que circulen ciertas informaciones que socaven el dominio electoral de Podemos; o los burócratas favorables a un Estado de Bienestar omniabarcante tendrán incentivos para perseguir las informaciones que erosionen la buena imagen del mismo dentro de la sociedad española. En tanto en cuanto todos tenemos ideas que deseamos que prevalezcan, no deberíamos encomendar a nadie el control de la difusión de esas ideas: sería tanto como encomendar a un carnicero la capacidad última para decidir si la carne de su competidor directo está podrida o no.

Cuarta diferencia: en la venta de carne podrida, sin conocimiento del comprador, cabe asumir razonablemente que existe una violación del contrato verbal de compraventa de carne y, por tanto, el carnicero se convierte en responsable por incumplimiento de ese contrato sinalagmático. Pero, ¿de dónde deriva la responsabilidad jurídica del comunicador que miente? Desde luego, no de un contrato con sus lectores o espectadores: el periodista que habla por televisión, que publica sus noticias en un periódico digital o que escribe por Twitter no suscribe ningún contrato con el receptor de esa información, sino que se dedica a emitirla unilateralmente para que cualquiera que así lo desee acceda libremente a ella. No hay, pues, ninguna voluntad de asumir obligaciones jurídicas acerca de la veracidad de la información por parte del periodista y su responsabilidad ante la mentira, por ende, no puede ser contractual.

Ahora bien, podría afirmarse que la responsabilidad del periodista por mentir es extracontractual, a saber, que deriva del daño causado a terceros con independencia de que los terceros y el periodista mantengan una relación contractual. Sin embargo, nuestro ordenamiento jurídico ya cuenta con normativas (a mi juicio, demasiado limitativas de las libertades individuales) conducentes a proteger a los terceros damnificados de informaciones falsas (¡e incluso de informaciones verdaderas que les causen un perjuicio que se entiende no justificado!); el caso más claro es el de la protección del derecho al honor y a la intimidad personal o familiar (y en un nivel superior se hallarían la tipificación penal de los delitos de calumnia e injuria): cuando se vulneran tales derechos por una información, el damnificado puede instar la rectificación o exigir una indemnización al periodista. Incluso existe protección jurídica contra el daño moral que determinadas actividades periodísticas puedan causar sobre colectivos enteros (delito de ultraje a España, delitos contra las Instituciones del Estado o delitos contra los sentimientos religiosos). Como digo, el ordenamiento jurídico español ya dispone de instrumentos (excesivos, a mi entender) para perseguir la mentira cuando ésta genere daño a terceros. ¿Cuál es entonces el propósito de promover una nueva ley que amplíe todavía más los supuestos de restricción estatal de la libertad de expresión? No, desde luego, el de proteger a terceros de daño alguno, sino el de controlar los circuitos de la información.

Y quinta diferencia: mientras que los perjuicios originados por el consumo de carne podrida no pueden contrarrestarse mediante el consumo de carne saludable, los presuntos perjuicios originados por el consumo de información falsa sí pueden contrarrestarse mediante el consumo de información veraz. En eso consiste la práctica de utilizar diversas fuentes de información para formarse una opinión propia al respecto. Pero, siendo así, existe una alternativa más sencilla e infinitamente menos peligrosa que el control administrativamente centralizado de los medios de comunicación: la libertad de entrada y la competencia descentralizada entre medios de información. Es muy preferible que los medios de comunicación compitan entre ellos en labrarse una cierta credibilidad ante sus lectores o espectadores a que el Estado otorgue un membrete de credibilidad a aquellos medios que él juzgue veraces: lo primero coadyuva a que la gente se labre su propio criterio; lo segundo, a que se lo impongan los políticos o burócratas que controlen el Ministerio de la Verdad.

No necesitamos un Ministerio de la Verdad
En definitiva, no necesitamos más leyes ni más burocracias que controlen la prensa e impongan su particular concepción de verdad, sino más libertad e independencia de la prensa (tan marchitada en los últimos años) para que puedan emitirse todas aquellas informaciones que los periodistas deseen emitir. Y ese escrupuloso respeto con la libertad de expresión implica, sí, que debemos ser tolerantes con la mentira. Una sociedad abierta no debe censurar a los mentirosos: debe combatirles divulgando la verdad y echando por tierra sus infundios, pero no cerrando sus canales de comunicación o secuestrando sus publicaciones. Una sociedad que sólo es capaz de protegerse de la mentira recurriendo a la coacción estatal —y no a la más creíble persuasión por parte de quienes no mienten— es una sociedad tremendamente frágil, en tanto en cuanto el Estado controla los canales últimos de formación de la información: control del que podría abusar para, justamente, imponer su propia e interesada mentira. ¿Quién controlaría las mentiras del controlador último? Nadie. En cambio, una sociedad que va construyendo de manera descentralizada y no coactiva los mecanismos para contrastar la información es una sociedad mucho más antifrágil ante la mentira: una sociedad con numerosos pesos y contrapesos frente a la información falsa y a la que, en consecuencia, es mucho más difícil engañar.

El control estatal de la prensa que defiende Podemos no es una vía para empoderar a la sociedad frente a los poderes fácticos, sino para infantilizarla ante la creación de nuevos poderes fácticos. Mentir es algo indeseable, pero una sociedad abierta y tolerante no debería siquiera censurar la mentira: primero por los gigantescos riesgos para la libertad de expresión que ello acarrea; segundo, porque la manera más eficaz de erradicar la mentira no es silenciando al mentiroso, sino combatiendo y exponiendo al público sus mentiras.

Barcelona
El laboratorio de la independencia
José María Albert de Paco Libertad Digital 11 Julio 2014

La posibilidad de que el Llamado Proceso (en adelante, el Llamado) culmine con la partición de España ha llevado a algunos catalanes a preguntarse cómo sería esa Cataluña. Bien, creo que puedo aportar alguna clave al respecto. En lo esencial, estaríamos ante un país ensimismado (más todavía, quiero decir), rebosante de conmemoraciones de carácter doméstico-victimista y con su intelligentsia entregada a la forja de una teología del expolio o la deuda histórica; un relato, en fin, que achacara a España (que habría dejado de ser el Estado Español) la bancarrota en que los catalanes se hallarían sumidos.

El concepto de ciudadanía se diluiría en el magma lengua-terruño-parentesco, al cabo, el sustrato moral en que se asienta el Llamado. Obviamente, ello comportaría una retribalización de la sociedad, en el sobreentendido de que la construcción de la Nueva Cataluña (del Nuevo Catalán) exigiría un cierto tesón identitario (siquiera, nos dirían, de forma transitoria). A rebufo de esta condición, florecerían cientos de organismos que vendrían a reforzar lo que, en el período de la Dominación Española, recibió el nombre de Estructures d’Estat, y que tan endebles se acabaron revelando, ay, al poco de la Proclamación.

Así, y lejos de verse mitigado, el enardecimiento patriótico seguiría su curso por razones, digamos, técnico-arquitectónicas. Semejante envite haría necesario el concurso de la Cultura, a cuyos mandarines se encargaría, previa subvención, la creación de obras de marcado-acento-pedagógico, y así , en clave dramática, poética o chistosa, explicar al mundo (y a nosotros mismos, pues nunca se bailan suficientes sardanas) quiénes somos y adónde vamos, sí, pero sobre todo de dónde venimos.

No, no es que me sobre la imaginación; antes bien, me basta con mirar a izquierda y derecha, pues esa Cataluña ha empezado ya a esbozarse en Barcelona, el lugar donde, paradójicamente, menos condiciones se daban para ello. Las banderas estrelladas de los balcones son, al cabo, la tramoya de una ciudad cautiva, subyugada, desleída. Aquella Barcelona que fue un ejemplo de sostenibilidad financiera es ahora poco menos que el banco malo de Artur Mas. Aquella Barcelona que patrocinó el asombroso pulso entre los Bohigas y Bofill, entre los Foster y Calatrava, es hoy un viscoso abrevadero de erasmus, interrailes y magalufes. Aquella Barcelona que tan hermosamente fracasó con el Fórum, hoy se estrella de modo grotesco con el Tricentenario de 1714. Y aquella Fura dels Baus que paseó por el mundo su indócil temperamento, hoy no pasa de compañía teatral catalana.

¿Qué cómo sería la independencia? Como viene siendo Barcelona pero ya sin el menor disimulo.

Desarrollo de la Ley Wert
El Estado pagará estudiar español en colegios privados en Cataluña y lo retendrá luego a la Generalidad
El Gobierno aprueba este viernes un decreto para adelantar el dinero para que se estudie en español en Cataluña en centros privados.
Libertad Digital  11 Julio 2014

Según informa en su portada El Mundo, este mismo viernes e aprobará un decreto ley que desarrolla la ley educativa del ministro Wert y que recoge la fórmula que el Gobierno espera garantizar la enseñanza en español para aquellos niños cuyos padres así lo soliciten y que la Generalidad se niega a facilitar.

El sistema resulta un tanto sorprendente: el Estado pagará mes a mes a las familias afectadas los gastos de escolarización, transporte y comedor, para posteriormente retener las cantidades correspondientes en las transferencias que trimestralmente se le hacen desde Hacienda a la administración autonómica catalana.

Siempre según la información de El Mundo, el decreto abriría una puerta a la discrecionalidad en el cobro: el sistema prevé que todos los costes se trasladen al Ministerio de Hacienda que "podrá deducir o retener" este coste en las transferencias a Cataluña.

El decreto entrará en vigor el próximo curso, es decir, ya desde el próximo mes de septiembre, y está previsto para las etapas de la educación obligatoria, es decir, hasta los 16 años.

Líbano: tercer frente del Estado Islámico
Fernando José Vaquero Oroquieta latribunadelpaisvasco.com  11 Julio 2014

La organización yihadista Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS, según sus siglas en inglés) sorprendió a la opinión pública mundial al tomar, en la cresta de una lenta pero decidida ofensiva, Mosul, la segunda ciudad de Irak, el pasado 10 de junio. También habría caído Tikrit, la ciudad natal de Sadam Hussein; si bien, unos días después, las tropas regulares del gobierno de Nuri al-Maliki, habrían expulsados a los extremistas.

Aunque los yihadistas han implantado un silencio informativo casi absoluto, puede afirmarse que los efectos de la ofensiva están siendo devastadores: ejecuciones de clérigos musulmanes desafectos, militares del ejército regular y civiles; destrucción de iglesias cristianas y santuarios sufíes; múltiples daños en propiedades públicas y privadas; un desplazamiento de refugiados a punto de derivar en catástrofe humanitaria; el éxodo de la inmensa mayoría de los cristianos asirios y caldeos de la región; un acrecentado riesgo de división definitiva del país entre kurdos, chiíes y sunitas; reducción de la producción petrolífera de Irak que ya está afectando a nuestros bolsillos; una ulterior y todavía indeterminada reordenación de los poderes y potencias regionales…

Diversos vídeos, fotografías y testimonios orales, parecen acreditar la brutalidad de los métodos empleados por el Estado Islámico de Irak y Levante; permaneciendo tanto el presidente norteamericano Barack Obama, como el liderazgo europeo, paralizados y totalmente indecisos. Mientras tanto, Israel, Rusia, Irán, Arabia Saudita, Qatar y Turquía, continúan manejando –indiferentes al tremendo dolor causado- sus peones regionales.

El Estado Islámico de Irak y Levante nació de una constelación de grupos yihadistas sunitas atraídos por Al Qaeda; si bien, posteriormente, se habría emancipado de la organización terrorista, enfrentándose incluso a los radicales sirios del Frente al-Nusra. Pese a su radicalidad, habría llegado a acuerdos políticos con otras facciones sunitas, lo que explicaría su inesperado avance; incluso con antiguos miembros del partido Baas (socialista, laico y panárabe) derrocado por la nefasta ocupación norteamericana. Es el caso del ex vicepresidente del Consejo del Mando Revolucionario, de la época de Saddam Husein y líder del principal sector del proscrito partido: Izzat al-Dori Ibrahim, quien controlaría a un buen grupo de comandantes del disuelto Ejército de Irak.
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Como un paso más de esa estrategia yihadista, el pasado 30 de junio de 2014, la organización anunció su cambio de nombre pasando a ser Estado Islámico; a la vez que proclamaba el califato islámico en los territorios de Irak y Siria que controla. Y su líder, Abu Bakr al-Baghdadi, era elevado a la dignidad de “califa de todos los musulmanes”.

La utopía islamista tocando la realidad…
Con tantas incógnitas abiertas, el futuro de toda la región es imprevisible; pero se impone la sensación de que los militantes del Estado Islámico de Irak y Levante, procedentes de todo el mundo, incluso varios miles de ellos de Europa, lucharán hasta la victoria… o la muerte.

En este convulso y dramático contexto, una noticia ha pasado totalmente desapercibida en Occidente: la elección, por el Estado Islámico de Irak y Levante, de un emir para Líbano. Se trataría del desconocido y misterioso Abdel Salam al-Ourdouni (¿jordano?, ¿palestino con pasaporte jordano?). Este dirigente, encarcelado un tiempo en la prisión libanesa de Roumieh y liberado en oscuras circunstancias, se encuentra en paradero desconocido; acaso escondido, bien en algún campamento palestino, bien en territorio sirio controlado por el Estado Islámico. Es uno de los principales objetivos, hoy día, de los servicios de seguridad e inteligencia libaneses.

En el desarrollo de la interminable guerra civil libanesa (1975–1989), apenas tuvieron relevancia los grupos islamistas radicales. Correspondió a la comunidad chií la organización de partidos/milicias fundamentalistas al modo iraní: Amal, Amal Islámico y, finalmente, el todopoderoso Hizbolá. Por su parte, entre las divididas comunidades sunitas prevalecieron partidos de orientación laica y panarabista.

Con todo, algunos grupos islamistas también mantenían cierta presencia; si bien un tanto enquistada. Es el caso de la rama libanesa de los Hermanos Musulmanes y su expresión política, Jamaa Islamiya, que cuenta con un único representante en el parlamento nacional en el seno de la coalición anti-siria 14 de Marzo. Igualmente, el movimiento de carácter transnacional Hezb al-Tahrir (Partido de la Liberación), mantiene su presencia activa en el país; si bien al margen de los enfrentamientos armados.

Pero, en los últimos años, han surgido numerosos grupos de inspiración netamente yihadista orientados a la acción… y al terrorismo. Es el caso del movimiento impulsado por el cheikh Ahmed el-Assir, de Sidón, actualmente en fuga y perseguido por las autoridades libanesas. Enfrentado ferozmente a Hizbolá durante varios meses, tras recorrer en una gira proselitista todo el país, impulsó sus propias milicias: las Brigadas de Resistencia Libres; muchos de cuyos militantes se unieron a diversas facciones yihadistas sirias. Así, murieron con las armas en la mano los hijos de dos de los más altos dirigentes sunís de Trípoli; junto a varias decenas de combatientes libaneses.

Otro espacio de crecimiento yihadista es el de los campos de refugiados palestinos. Ya en 2007, el grupo palestino Fatah al-Islam se enfrentó al Ejército regular libanés con extrema dureza, ocasionando cientos de muertos y una tremenda crisis nacional. De nuevo, en junio de este año, relevantes activistas de esta organización yihadista murieron en enfrentamientos con militantes de la laica Al-Fatah. Por ello, a lo largo de la primera semana de julio, Hamas y Al-Fatah han alcanzado un acuerdo dirigido contra la presencia de Fatah al-Islam y grupos similares detectada en numerosos campamentos palestinos del Líbano; especialmente en el de Ain Al-Hilweh, cerca de Sidón.

Pero el terrorismo yihadista se ha extendido a otras ciudades libanesas, especialmente desde la primavera de 2012, sucediéndose diversos atentados y enfrentamientos en Trípoli, sur de Beirut, Arsal, Hermel, Baalbek… Así, el pasado 25 de junio, dos terroristas, el saudí Abdul-Rahman Al-Shnifi y Abdul-Rahman Al-Thawani, habrían planeado atentar contra un restaurante del entramado social de Hizbulá sito en el sur de Beirut: el As-Saha. Para evitar su detención, el segundo de ellos detonó un cinturón de explosivos, falleciendo en el acto e hiriendo gravemente al saudí. Y según noticia difundida el pasado 6 de julio por “The Daily Star”, diario beirutí en lengua inglesa, las Fuerzas de Seguridad Interna (FSI) de Líbano revelaron que el Estado Islámico de Irak y Levante estaba planeando ataques contra las aldeas chiitas y cristianas del norte del valle de la Bekaa, feudo de Hizbulá lindante con Siria. Desde entonces, una treintena de personas, de diversa nacionalidad, han sido detenidas con tales cargos en Beirut, Trípoli y otras localidades libanesas.

No obstante, a pesar de tan preocupantes antecedentes, el eje formado por Hezbolá y el Ejército regular libanés ha logrado contener la extensión del conflicto regional, al menos en la dimensión que se sufre en los dos países hermanos, a territorio libanés.

En este contexto, la presidencia de la república libanesa permanece vacante desde finales de mayo, ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo entre las dos facciones nacionales que dividen igualmente a los cristianos libaneses. Y ello pese a los buenos oficios y el impulso conciliador del cardenal Béchara Boutros Raï, patriarca de Antioquía de los Maronitas quien, desde que el 25 de mayo tuviera lugar la primera de las sucesivas y frustradas votaciones parlamentarios a tal efecto, persiste en su empeño de que la única gran magistratura pública que todavía corresponde a un cristiano en todo Próximo Oriente sea cubierta reglamentariamente.

Recordemos que el último Ministro de Asuntos Exteriores cristiano de la región y viceprimer Ministro Adjunto, el católico caldeo Tarek Aziz, permanece en prisión en la incertidumbre de si se ejecuta la pena de muerte contra él decretada por las autoridades judiciales de Irak por sus responsabilidades en el régimen de Sadam Hussein. Y el 18 de julio de 2012, otro cristiano relevante, el Ministro de Defensa sirio, el greco ortodoxo Daud Rayiha, fue asesinado junto a otros altos cargos, en un atentado suicida contra la sede central de la Seguridad Nacional en Damasco.

De este modo, la presidencia libanesa se ha convertido, incluso vacante, en un islote cristiano en un océano abrumadoramente musulmán al que miran ansiosas las minorías de la región. Y Líbano acoge, otra vez, nuevas comunidades cristianas. Si hace varios siglos fueron los maronitas procedentes de Siria quienes establecieron allí su hogar, ahora son varios miles de cristianos, de las diversas iglesias siríacas, junto a asirios y caldeos de Irak, los que mantienen la presencia viva de unas milenarias comunidades cristianas al borde de la extinción. De nuevo, las montañas libanesas, y las kurdas del norte de Irak, son testigos del empeño de estos cristianos en mantener arraigada la memoria de sus pueblos -en un intento casi desesperado- en tierra de sus antepasados.

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Una argucia financiera alrededor del euskera

Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco.com 11 Julio 2014

La señora Uriarte, consejera de Educación del Gobierno vascongado, ha argumentado la creación de un crédito plurianual de 335 millones de euros en el sentido del fomento del uso del euskera en un nuevo proyecto llamado Agenda Estratégica del Euskera 2013-2016 con la argucia retórica de que hay que euskaldunizar a los emigrantes, entre ellos los provenientes de otras Comunidades Autónomas, considerados extranjeros.

He trabajado durante una década con alumnos extranjeros, con sus deficiencias de partida y su situación desfavorecida de origen. Muchos de ellos han pasado por aulas de adaptación lingüística para adquirir las herramientas básicas de comunicación en la lengua abrumadoramente mayoritaria que es el castellano, por tener otra lengua materna de origen. Otros tienen una enorme dificultad para lograr los objetivos de aprendizaje en las materias troncales por su bajo bagaje léxico y sus limitaciones en la comprensión lectora. Es una situación común en estratos de población con dificultades socio-económicas. Y cada vez es mayor el incremento de los inmigrantes por el “efecto llamada” que han provocado las políticas de subsidio, mucho más favorables que en el resto de las comunidades.

Es una aberración obligar a estas franjas de población a pasar por el embudo de la euskaldunización pues supone una barrera más en la adquisición de los ingredientes culturales básicos y en la adquisición de las destrezas elementales de aprendizaje y de sus herramientas primigenias. Pero a los nacionalistas las necesidades de la población les es indiferente. Ellos van por la senda de sus objetivos independentistas caiga quien caiga.

Esos 335 millones de euros en euskaldunización se añaden a los 6.000 millones de euros ya gastados en las dos últimas décadas, lo cual es un escándalo mayúsculo, a mi entender, teniendo en cuenta las vicisitudes y desdichas derivadas de la crisis que también atosiga a cientos de familias vascas. El euskera se convierte así en un totem al que sacrificar los fondos del Cupo derivado del Concierto Económico en el altar de la religión nacionalista.

Pero los partidos políticos no nacionalistas, en lugar de revelar las verdaderas razones de este dispendio, se dedican a entrar directamente al trapo como buen mostrenco en la lidia en la que torean los artífices nacionalistas. Todos, sin excepción (PP, PSE y UPyD) han recriminado a la consejera el haber considerado extranjeros a los ciudadanos españoles venidos al País Vasco. Es como el tonto que mira al dedo que señala a la Luna, en lugar de mirar al satélite.

Lo de los extranjeros es un artificio dialéctico y una cortina de humo que esconde otras finalidades, la principal la de ocultar el enorme fracaso de las políticas de euskaldunización, cuyo resultado es que el uso del euskera en vez de avanzar, ha retrocedido. Tras treinta años de dispendio, con más de medio billón de las antiguas pesetas gastadas en el fomento de una clientela nacionalista; con acceso por la puerta de atrás a los puestos de las administraciones públicas vascas; con pastores, fontaneros y otros dignos trabajadores ascendidos a la función docente por el solo mérito de ser euskaldunes mediante aquella figura de los llamados “idóneos”, que en los primeros años de la década de los ochenta usurparon puestos de maestros, etc. Y no es de extrañar ese retroceso; todos los que vivimos aquí –en las Vascongadas- sabemos que muchísimos ciudadanos alaveses (por poner un ejemplo) enchufábamos la radio y quitábamos el sonido de los comentaristas en euskera de la primera cadena de la TV vasca, para oír los partidos del Vasconia (primero el TAU y luego el Caja Laboral) mientras los seguíamos en la pantalla televisiva. Las políticas de imposición nunca triunfan. Las lenguas las crean los hablantes, no los tiranos travestidos en demócratas.

Hay otra finalidad oculta, que nunca los representantes de partidos no nacionalistas denuncian porque es políticamente incorrecto, que es que así se crean puestos de trabajo en torno al euskera que dan alimento a la clientela política, y todos sabemos que no hay mejor comisario político que el estómago agradecido. Hasta ahora los funcionarios vascos encargados exclusivamente de las tareas de euskaldunización ascienden aproximadamente a 700. Es decir que con el cuento del euskera se ha promovido al estatus de funcionario a 700 personas cuya única función en agitar la bandera nacionalista. Sin perjuicio de que entre esas personas haya quien no se preste al juego, pero que no resulta representativo a efectos de valorar las intenciones y los efectos de este juego político, permitido y amparado por quienes aparentan defender los intereses generales del conjunto de los ciudadanos españoles.

Por tanto, el operativo de gasto a favor de las estrategias y objetivos nacionalistas sigue creciendo sin que nadie ponga reparo a este hecho, sin duda peligroso para quienes deseamos frenar el crecimiento de estas políticas. Pero con esta oposición de papel charol que tenemos mucho me temo que hay pocas posibilidades de hacerlo.

www.educacionynacionalismo.com

Me llamo Roig, soy catalán y no soy independentista
Antonio Roig cronicaglobal.com 11 Julio 2014

Una señora que firma Lorena Sánchez publicó el 17 de este mes una larga carta en El Periódico bajo el titular: "Me llamo Sánchez, hablo castellano y soy independentista". Con todo respeto, me permito hacerle llegar por este otro medio mi propia reflexión e invito a quien se sienta tentado de leer estas líneas a que empiece por interesarse por lo que la Sra. Sánchez tiene que decir. Debo advertir que el lector no hallará aquí más que lugares comunes, pero tal vez sea éste el terreno en el debamos debatir.

Apreciada Lorena, he leído con interés su carta a El Periódico y me he sentido impulsado a contraponer mi 'manifiesto' al suyo: yo me apellido Roig, soy catalán y no soy independentista. Casi cada una de las afirmaciones que expone Vd. en su texto, me invita a replicar, comenzando por el hecho mismo de publicarlo. Debe Vd. considerar su caso como ejemplar en algún sentido, cuando siente la necesidad de exponerlo públicamente. Yo en cambio no vería en él nada especial. Como ciudadana de un país democrático, tenga el origen que tenga y sean cuales sean sus circunstancias, tiene Vd. el derecho a pensar lo que quiera y a sentir lo que sea que siente (no hay, además, poder que lo pueda impedir). Sin embargo, el que Vd. parezca considerar excepcional su opción por el secesionismo, por razón de su genealogía y su lengua materna, ¿no le parece sospechoso? ¿Cree que en una sociedad verdaderamente libre los ciudadanos se ven compelidos continuamente a exhibir sus señas de identidad o a "enseñar la lengua"?

Yo también nací en Cataluña, hace ya muchos años. Mi madre era de Barcelona y mi padre también era "inmigrante" (¡de Castellón!). Siendo yo pequeño, la familia "emigró" a Canarias, donde transcurrió mi infancia. En mi familia siempre se ha hablado catalán y, como es natural, tanto mis padres y hermana, como yo mismo amamos a nuestra tierra y a nuestra lengua. El hecho de que los padres de Vd. fueran considerados "forasteros" y que se les llamara "inmigrantes" tendría que haberle alertado sobre un carácter común del nacionalismo, su tendencia a la xenofobia, de la cual la necesidad de escribir su carta no es más que un apéndice

Fui educado en español, sin alternativas ni concesiones a mi lengua materna, bajo la dictadura y esa es la primera razón por la que nunca aceptaré que se haga lo mismo a los niños catalanes de hoy en nombre de ningún "sagrado" principio nacional, sea el que sea. Efectivamente, estoy de acuerdo con Vd., la lengua es punto de encuentro, vehículo de comunicación y expresión de cultura, no un instrumento al servicio de un proyecto político. El colegio Rosselló-Pòrcel, cerca del barrio del Fondo, fue el primer centro público de Catalunya en iniciar el programa de inmersión lingüística de la Generalitat en el curso 1983-84. Ese fue el pistoletazo de salida de un sistema cuya implantación se fue generalizando durante la segunda mitad de los 80 y se completó alrededor de 1990. Más de veinte generaciones no son pocas, son de hecho demasiadas ocasiones en que los derechos de las personas han sido pisoteados. ¿A quién se le ha negado la inmersión lingüística? ¿Es Vd. consciente de que los niños catalanohablantes son educados en su lengua materna y sólo los castellanohablantes son objeto de inmersión? ¿Es acaso no ser educado en su lengua materna un derecho de los niños cuya lengua es el español (en contra del criterio de los especialistas y de la UNESCO)?

El bilingüismo "de la calle" es un bien perecedero. Fue una seña de identidad catalana fruto de la diglosia inherente a la inmersión lingüística del franquismo. En la escuela se estudiaba en español y en casa se hablaba en catalán. Esta situación va a durar lo que duren las personas que maduraron en esos tiempos y las que, más tarde, aún tuvieron la fortuna de recibir una educación más o menos bilingüe, como Vd. Pero eso ya llega a su fin.

Sus padres encarrilaron su vida aquí, mientras los míos lo hacían en Canarias, pero eso no tiene por qué condicionar nuestros respectivos sentimientos de pertenencia, de la misma forma que tampoco tendrían por qué hacerlo nuestras lenguas maternas. Tampoco obliga a ningún agradecimiento especial porque, si bien el trabajador desarraigado recibe de su lugar de acogida beneficios, es probable que sean inferiores a los bienes que aporta. Desgraciadamente, así ha funcionado siempre el sistema de explotación del trabajo.

Le recomiendo que busque información histórica (y política) independiente. No ya naciones o regiones, sino que cada rincón, por pequeño que sea, puede reivindicar una historia y unos rasgos diferentes. Es el caso de Cataluña cuyos rasgos "españoles", sin embargo, lengua incluida, son probablemente más numerosos que los diferenciales, porque común ha sido mayoritariamente su historia. En la Guerra de Sucesión no se dirimía la independencia de Cataluña, sino que lo que estaba en cuestión era qué Rey se prefería y hubo catalanes que apoyaron a uno y a otro de los contendientes. Observe, por otro lado, que no puede decir que no odia y, a renglón seguido, afirmar que "ellos" nos someten, nos insultan, etc. Es tan simplista esta descripción que no puede ser sino el resultado del odio (mal informado) o el fundamento del mismo.

Me da la impresión de que vivimos en países distintos, de que no se ha dado cuenta de que España es una democracia social y de derecho, de que tenemos un sistema parlamentario perfectamente homologable. Le ruego que se pregunte quiénes son realmente los que necesitan súbditos doblegados, si no serán los que quieren utilizar a las personas en beneficio de su ideal de nación aquellos que están difundiendo una visión manipulada de la historia y de la situación política para aprovecharse de esos sentimientos sobreexcitados en su propio beneficio, quienes están creando ante sus ojos un "enemigo exterior" a quien hacer responsable de sus desaguisados o de su incompetencia, a quien atribuir "las deudas que nos ahogan", y les mantienen distraídos mientras esa tierra, que tanto dice querer, languidece sin parar en el más completo abandono.

Yo, señora, me siento profundamente catalán. Hay costumbres, tradiciones y gentes de mi tierra que me gustan y otras que no. Lo mismo que me ocurre con el resto de España y con los demás sitios que conozco un poco. No creo en las virtudes ni en los defectos de "los catalanes" porque tiendo a desconfiar de las generalizaciones, ante las que siempre me pongo en guardia y me obligo a repetirme aquel agudo sarcasmo atribuido a Winston Churchill, cuando en cierta ocasión le preguntaron qué opinaba de los franceses, "No sé -dijo-, no los conozco a todos". Creo que los norteafricanos son mucho más hospitalarios que nosotros, repasando nuestra historia no me parece que hayamos brillado por nuestra unidad, ni por haber contribuido especialmente a la fundamentación de la democracia, etc. Nada de eso, sin embargo, me impide amar a mi tierra, porque es la mía, aunque eso, evidentemente, no la hace mejor que ninguna otra ni me otorga ningún derecho especial (es, además, algo común a la mayor parte de los mortales).

Me pregunto por qué esos que prometen el oro y el moro para una hipotética Cataluña independiente no han hecho ya algo más por ella con las herramientas de qué disponen (que no son pocas) y, vistos sus programas y analizadas las pérdidas y ganancias previsibles, me siento inclinado a creer que mi vida empeoraría en muchos aspectos fundamentales en la hipótesis de una secesión: sería más pobre, tendría que pagar más impuestos, estaría más aislado internacionalmente y tendría un gobierno de patriotas que me explotaría y me asfixiaría exigiéndome constantemente sacrificios en nombre de los más sagrados principios. Estoy muy cómodo con mi doble pertenencia, tanto como con el dominio de mis dos lenguas principales (materna, el catalán, y de adopción, el castellano). Ya hace tiempo que no creo en cuentos de hadas y no veo cómo deshacerme de una parte de mí mismo me podría enriquecer, en lugar de mutilarme. Yo señora, soy tan catalán, que me siento español y, como Vd., quiero lo mejor para mí, para los míos y para mi tierra y, no veo otro futuro en la secesión más que el desagarro social que ya nos está separando a los catalanes, a Vd. y a mí, en un tiempo en el que lo que deberíamos estar haciendo es trabajar juntos por el futuro de Europa y el bienestar de una Humanidad sin pobreza, con menos desigualdad y más unida.

La peor traición
Román Cendoya www.gaceta.es 11 Julio 2014

El asesinato de Miguel Ángel Blanco, como el de Gregorio Ordóñez, el de Fernando Múgica y el de tantos otros no ha podido resultar más inútil.

Todo el mundo de bien se acuerda de dónde estaba y qué hacía, un día como hoy, hace 17 años. Un momento en el que todo un país vibró y se movilizó por una vida que representaba la causa más justa por la que luchar. Lamentablemente, 17 años después, el balance no puede ser más desolador. El asesinato de Miguel Ángel Blanco, como el de Gregorio Ordóñez, el de Fernando Múgica y el de tantos otros no ha podido resultar más inútil. Por un lado, la rama política de los asesinos está en las instituciones y gobernando algunas de ellas. El Gobierno del PP ha asumido como propia la hoja de rendición –que no de negociación, de Zapatero–. Así ha dejado en libertad con “pintxos y potes” a Bolinaga, no hizo nada para evitar que se derogara la Doctrina Parot y ha acelerado el proceso de excarcelación de decenas de terroristas. Y por el otro lado, Miguel Ángel Blanco es un nombre más de una lápida en un cementerio de Galicia.

Es espeluznante ver cómo el gobierno del Partido Popular está haciendo política con los terroristas que no, como entonces, contra los terroristas. ¿Habrá asumido Rajoy más compromisos de Zapatero con los terroristas? Seguimos sin saber cuál fue el contenido de la entrevista entre el Ministro del Interior y el Presidente Zapatero. La realidad es que Bolinaga es a Rajoy lo que De Juana a Zapatero. Y Miguel Ángel Blanco un nombre en una lápida.

El Partido Popular, aquél en el que creyó Miguel Ángel, es una organización escindida de la que han desaparecido prácticamente todos los protagonistas de aquellos días. Jaime Mayor Oreja y María San Gil han sido arrinconados a la vez que más de 200.000 votantes en Euskadi abandonaban al PP. José Antonio Ortega Lara, cuya liberación por la Guardia Civil provocó el secuestro y asesinato de Miguel Ángel, lidera VOX.

Miguel Ángel Blanco se ha convertido en el más mezquino “tapa bocas” que utilizan los verborreicos políticos del PP para intentar parar cualquier crítica a la repugnante política de connivencia con los terroristas. Siempre dicen eso de: ¿Cómo puedes decir eso del partido de Miguel Ángel Blanco? Precisamente por lo que significa Miguel Ángel Blanco aseguro que el PP de Rajoy ha traicionado a las víctimas. Los hechos –Bolinaga, Doctrina Parot, Nanclares, no ilegalización de Amamiur, Bildu…– están ahí. Estoy convencido de que Rajoy y el PP han traicionado a sus víctimas porque los que fueron compañeros de Miguel Ángel Blanco, Semper, Maroto y Oyarzabal, ahora dicen que “Bildu no es ETA”.

ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco. Los actuales dirigentes del PP lo han traicionado.

Aznar, Mayor Oreja, San Gil … y la mayoría de los españoles seguiremos añorando el espíritu de aquellos días. Dentro del mundo de lo político parece que sólo queda el Rey Felipe VI demostrando la sensibilidad, la solidaridad y el compromiso que se merecen las víctimas. Qué pena.

Cataluña
Incoherencias delatoras
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 11 Julio 2014

El relato del secesionismo catalán está tan sobrecargado de falacias y contradicciones, es tan ajeno a la ilación lógica de los pensamientos y argumentos, y está tan reñido con la realidad, que sus escribas y propaladores no pueden precaverse contra las incoherencias delatoras que los dejan con el culo al aire. Es ilustrativo, por ejemplo, leer un artículo donde Josep Ramoneda (El País, 7/7) explica que el corrupto modelo político de Berlusconi consiste en

la normalización y legalización de los privilegios de los que tienen más; el desprecio a las instituciones del Estado; el intento del control de la sociedad por la vía del monopolio audiovisual.

¿Es posible que este intelectual, que fue un brillante teórico del humanismo liberal, y que ahora viaja a París para colaborar con los asalariados del Diplocat, no se dé cuenta de que sería difícil condensar en tan pocas palabras la esencia totalitaria de la nomenklatura secesionista que maneja las palancas desde la Generalitat y sus aledaños? ¡Berlusconismo puro en la plaza Sant Jaume con el aval de los Savonarolas mediáticos!
Autoridad vulnerada

Mucho más autocrítico fue Frances-Marc Álvaro, quien, en un rapto de catarsis freudiana, olvidó la disciplina del bloque secesionista, rasgó el séptimo velo de sus traumas secretos y confesó (LV, 5/6), sacudido por los sucesos de Can Vives y la estulticia de la autoridad vulnerada:

En Catalunya hay poco sentido de Estado (…) Nuestro sentido de Estado es flaco, escaso, débil, vacilante. (…) La lista que ilustra nuestra falta preocupante de sentido de Estado podría ser más larga y abonaría las tesis de los que consideran la sociedad catalana como una colectividad incapaz de gobernarse.

Para terminar degradando al nivel de "psicodrama tribal" lo que él mismo y sus pares definen habitualmente como una epopeya histórica. Si los derechos de autor sobre la expresión "psicodrama tribal" no fueran propiedad del secesionista militante que la acuñó, los detractores de este fenómeno deberían convertirla en su eslogan de combate. Porque la síntesis es insuperable: psicodrama por lo que algunos exhiben como recuperación de identidades milenarias y tribal por su cerrada condición endogámica. Y el psicodrama tribal vuelve a conmocionar a Álvaro cuando comenta la reacción de algunos de sus socios secesionistas frente a la sentencia de la Audiencia Nacional sobre el asedio que sufrió el Parlament el 15 de junio del 2011 (LV, 10/7):

Otra vez surge el peor fantasma catalán, como sucedió a raíz de los disturbios relacionados con Can Vies. Así, es incomprensible que ERC se abstenga sobre la presentación del recurso del Parlament a la sentencia. En cambio, el no de ICV y la CUP ya no sorprende. Es un gran problema -y no solo de los republicanos- anhelar un Estado independiente y carecer del más mínimo sentido de Estado.

Las de Álvaro, claro está, son típicas incoherencias delatoras, que entran en colisión con lo que Salvador Cardús i Ros intentó demostrar en su artículo "Ni nacionalistas ni identitarios" (LV, 14/5):

A grandes rasgos, se puede decir que los fundamentos identitarios del catalanismo de finales del XIX pronto fueron puestos en cuarentena a causa de la realidad demográfica del país. Vistos los movimientos de población del siglo XX, si se hubiera mantenido en una razón meramente identitaria, el catalanismo habría desaparecido ya hace algunas décadas y solo quedaría de él una versión folklórica.

Consciente de que está incurriendo en una incoherencia delatora, se defiende:

Si se quiere contraargumentar mi análisis con ejemplos concretos en el sentido opuesto, no voy a desmentir su existencia. Quedan, es cierto, gestos, actitudes y, a veces, un lenguaje antiguo que se mantiene confundido entre aquello que es central.

Un cuento chino
Toda la parafernalia montada en torno de los trescientos años de la Guerra de Sucesión, con tinglado arqueológico incluido y lavado de cerebro en las escuelas, bastaría para contraargumentar el análisis de Cardús i Ros y demostrar que el "psicodrama tribal" es la realidad y el "Ni nacionalistas ni identitarios" un cuento chino. Pero hay más, mucho más. Por ejemplo, el hecho de que gracias a “la realidad demográfica del país” solo el 36% de los 5.500.000 ciudadanos inscriptos en el censo electoral acompaña de una u otra manera la aventura secesionista. Y una prueba más concreta y contundente aun la suministra Carles Enric López (Economía Digital, 9/4):

Los 25 apellidos más comunes de los habitantes de Catalunya están encabezados por los García, Fernández, Martínez, López, y así hasta alcanzar casi un 30% de la población de Catalunya. El experimento es sencillo, ¿cómo se plasma esa distribución en la política catalana? Ese 30% de apellidos está presente en un 0% del primer apellido de todos los diputados de ERC, en apenas un 1% de los de CiU, un 8% de los del PSC y hasta un 40% en el PP.

Pero la exclusión también afecta a la mayoría de los apellidos catalanes y solo unas pocas familias privilegiadas -veintiocho- concentran la mayor parte de la representación política:

En resumen, menos de 2.000 personas catalanas de 28 familias -sí, señores, solo 2.000 personas de los 7,5 millones de catalanes- tienen el 20% de todos los diputados de CiU y ERC en el Parlament y casi el 20% de todos los miembros del Secretariado de la ANC. Como dirían algunos, blanco y en botella. Bienvenidos a la famiglia catalana, ya saben, donde algunos son de los nuestros y otros no.

Guerra de guerrillas
Las incoherencias delatoras no tienen fin. La última sacó de quicio a la inefable Pilar Rahola. Cuando se divulgó la noticia de que la comisión de Defensa de la Assemblea Nacional Catalana aconsejaba que la Cataluña independiente tuviera un ejército formado por 47.696 militares y 70.000 reservistas, con un presupuesto de 2.500 millones de euros anuales y una especialización en la guerra de guerrillas contra vecinos invasores, la panfletista puso el grito en el cielo (LV, 4/7). Empezó, eso sí, por deshacerse en elogios de la ANC y por explicar, a modo preventivo:

A pesar de protagonizar un reto con vocación épica, el proceso catalán respira una cierta condición naïf, como si fuera una épica con chirucas, lo cual no es negativo, porque delata la autenticidad de su dimensión popular.

Pero el entusiasmo que exhibe el agitprop por los movimientos sociales amañados corre parejo con el sobresalto que le produce verificar que esos movimientos no son puramente instrumentales sino que están pilotados por fanáticos incorregibles. Con el resultado de que tanto España como la totalidad de la Unión Europea ve en sus desafueros la auténtica cara del trampantojo secesionista. Por eso Rahola cierra su columna advirtiendo:

Sería deseable que no abundaran en demasía los estadistas de chirucas, porque de la ingenuidad de la barretina, los del otro lado hacen unas buenas tortas. Y así tenemos indecibles portadas y ataques gratuitos. Es tan serio lo que tenemos entre manos, que deberíamos dejar las bromas para otros tiempos. No olvidemos que lo que aquí es pura ingenuidad en otros lares se lo toman como si fuera la biblia del independentismo. Y, la verdad, el proceso catalán puede hacer muchas cosas, pero que nunca, nunca, haga el ridículo.

Pobre Pilar Rahola. Debería escuchar a su colega y correligionario Francesc-Marc Álvaro: el "psicodrama tribal" que se desarrolla en una "Cataluña con poco sentido de Estado, flaco, escaso, débil, vacilante" solo puede desembocar en el ridículo. Y debería leer lo que escribe, en una columna vecina a la suya, Joaquín Luna (LV, 16/4):

Lo que resulta cansino y tiene algo de juego de trileros es aparentar que Catalunya estaría más dentro que fuera de la UE si proclama unilateralmente la independencia. El independentismo está mal acostumbrado. No todo es tan sencillo como reinterpretar la historia, un ejercicio onanista que solo requiere una mano y que se da mucho últimamente en Catalunya. (…) Mantener la duda o alimentar la esperanza de que Catalunya, haga lo que haga, seguirá dentro de la UE es confundir deseos legítimos con la realidad. Aquí, a diferencia de la historia o de la relación con Madrid, hay un inconveniente: la Unión Europea tiene voz y no es dada a fomentar secesiones. Ni en Ucrania ni en España.

He aquí un buen ejemplo de que la incoherencia delatora fomenta el temido ridículo, por un lado, y la racionalidad coherente surte efectos terapéuticos y contrarresta los ejercicios onanistas, por otro.

Cataluña
Asedio al Parlament y aforamiento
Antonio Robles Libertad Digital 11 Julio 2014

O no llegamos o nos pasamos. Al menos así parece que nos comportamos políticamente en España. Dos hechos acaecidos en los últimos días, el auto exculpatorio del asedio al Parlamento de Cataluña y el cuestionamiento del aforamiento, me sirven para sospechar que nos podríamos estar excediendo con nuestros representantes políticos y, de paso, con lo que representan, el sistema democrático que nos garantiza la libertad.

De golpe todo el mundo ha descubierto que el aforamiento es un privilegio inadmisible. El aforamiento no es malo per se, de hecho nació para preservar la libertad de opinión de los primeros representantes del pueblo en los orígenes inciertos de los Estados liberales que sustituían a las monarquías absolutas. El peligro de que los usos y abusos de aquellas monarquías absolutas pudieran impedir la independencia de poderes llevó a instituir el aforamiento en jueces y representantes del pueblo para garantizar no privilegios por sus cargos, sino la misma vida de la democracia. No tener en cuenta aquellos orígenes y la causa democrática que los inspiró es muy irresponsable.

Sin ninguna duda, la corrupción política, el mangoneo y la falta de escrúpulos de buena parte de la casta son desesperantes. Acabar con ello es una prioridad. Hacerlo a costa del respeto debido a la representación democrática, un inmenso error.

El debate del aforamiento debería servir para ajustarlo al tiempo en que vivimos. Es posible, que las causas que lo originaron no sean ya necesarias en las democracias asentadas de hoy. Por ello, más que una garantía democrática, tener diez mil aforados es un privilegio. No solo por el número, sobre todo, por extender sus garantías a la vida privada de los aforados. El aforamiento debe servir únicamente para garantizar el ejercicio de la actividad política o judicial sin merma ni presión de ningún poder. Fuera de ello, la vida privada del aforado se debe regir por las mismas reglas que para cualquier otro ciudadano.

Dicho esto, no es prudente ni sano transmitir a la ciudadanía que el aforamiento garantiza la impunidad de los aforados. Ni es así ni matiza la causa legítima del aforamiento. El resultado es un rechazo visceral cada vez más irracional y, por lo mismo, peligroso contra todos los políticos, y de paso contra la política. Graso error. No estamos rectificando usos enquistados en el sistema, sino pervirtiendo las herramientas democráticas que nos garantizan la libertad. Así se alimentan los populismos y todas las dictaduras.

El otro caso es la intromisión de los jueces en la separación de poderes. El auto que ha exculpado a los 19 detenidos por los actos violentos de 2011 contra los diputados del Parlamento de Cataluña se inmiscuye en el legislativo e interpreta los fines de los detenidos como suficientemente legítimos para que admitamos "cierto exceso en el ejercicio de las libertades de expresión y manifestación". ¿Cómo cierto exceso?, ¿en qué consiste cierto exceso?, ¿quién lo interpreta? ¿Valen agresiones a nuestros diputados, o sólo vejaciones? ¿Se tolerará arrebatar el perro guía a un diputado invidente? De nuevo el exceso, la erosión y el menoscabo al espíritu democrático.

Los jueces aquí, en lugar de aplicar la ley, la interpretan políticamente desde sus anteojeras ideológicas. Y pasan por alto dos evidencias: los hechos son incontestables, los antisistema absueltos pretendían impedir mediante coacciones y violencia que los diputados votasen una medida política, o sea, pretendían suplantar al Parlamento; es decir, se arrogaban en nombre de la calle legitimidad para impedir a los representantes legítimos del pueblo hacer su labor. Un acto antidemocrático de primer orden. Sea en nombre de unos motivos u otros. Todos tenemos motivos. Todos igualmente subjetivos. Aturem el Parlament per evitat l’aprovació de les retalladles, decía uno de sus lemas. Este contenido puede ser humanitario, pero si en nombre de un contenido subjetivo se banaliza la representación de los ciudadanos, con qué argumentos evitarán que mañana rodeen el Parlamento dos mil ultraderechistas en nombre del pueblo, impidiendo que nuestros representantes legítimos realicen su labor. Todo esto y más se puede defender en la calle, pero nunca imponer por la fuerza. Pero las razones ideológicas del ponente Ramón Sáez y la magistrada Fernández Prado, secundados por la izquierda política, no lo han considerado así. ¡Ay la superioridad moral de la izquierda!

Muletas obsolescentes
matías alonso ABC Cataluña 11 Julio 2014

El blindaje del sistema de partidos da claras muestras de agotamiento, que trasluce en las últimas contiendas electorales, con la aparición nuevos proyectos políticos de ámbito nacional, en todo el espectro ideológico

La transición a la democracia conformó un blindaje del sistema de partidos para consolidar este sistema de representación política de la soberanía popular. Un blindaje que hizo aflorar dos grandes fuerzas políticas antagónicas en el eje ideológico y consolidó, en País Vasco y Cataluña, fuerzas hegemónicas nacionalistas.

Socialistas y populares no han tenido empacho en pactar la gobernabilidad con nacionalistas catalanes y/o vascos, ampliaNdo sus períodos de gobierno sin mayorías absolutas. Para la gobernabilidad de España la muleta ha sido el nacionalismo. En el País Vasco la fuerza nacionalista hegemónica sí ha contado con la muleta de los socialistas, en los ochenta y noventa, mientras que en Cataluña han sido los socialistas quienes han contado con una muleta nacionalista, aunque no hegemónica, durante la pasada década.

El blindaje del sistema de partidos da claras muestras de agotamiento, que trasluce en las últimas contiendas electorales, con la aparición nuevos proyectos políticos de ámbito nacional, en todo el espectro ideológico. Los ciudadanos reclaman, cada vez con mayor claridad, un cambio en el sistema que refuerce la pluralidad y permita un mayor y mejor control sobre el funcionamiento de partidos e instituciones.

Los partidos surgidos durante el proceso de transición a la democracia, que se han repartido la acción de gobierno, central y autonómico, en España, País Vasco y Cataluña, no parecen estar por la labor. Siguen dispuestos a prestarse la muleta, en aras a la gobernabilidad, con tal de mantener sus cuotas de poder.

Lo hemos visto en Cataluña, durante la presente legislatura, con reiteradas ofertas de los populares al gobierno nacionalista para que volviera al redil del pasteleo, como hicieron con sordina en la breve legislatura anterior. Lo vemos ahora en el intento de reflotación de los socialistas, dispuestos a seguir siendo muleta del nacionalismo, sirviendo la coartada para el camino a la autodeterminación: consulta legal y pactada; pregunta que blinda el nacionalismo y deja abierta la secesión.

Muleta para Mas, atorado en su callejón separatista. Para la gran mayoría de los españoles, entre ellos una mayoría de los catalanes, coartadas políticas de este tipo son muletas obsolescentes.

Matías Alonso es secretario general y portavoz de Ciutadans.

sociólogo y politólogo
Barraycoa: ‘Cataluña vive un delirio colectivo’
Rosalina Moreno www.gaceta.es 11 Julio 2014

Somatemps celebra desde esta tarde y hasta el domingo el I Congreso de Catalanidad Hispánica en Ripoll “para denunciar la manipulación de la historia que realiza la historiografía nacionalista”.

“Refundar la historiografía catalana basada en investigaciones académicas y no en motivaciones políticas y tener una presencia activa en el espacio público como forma de concienciar a la sociedad catalana sobre la manipulación histórica del nacionalismo”. Con este objetivo nació el pasado 16 de noviembre en Santpedor (Barcelona) la plataforma antiindependentista ‘Somatemps’ -Estamos a tiempo-, que se constituyó formalmente el 26 de abril en Poblet (Tarragona).

La integran más de 200 personas profundamente catalanas, la mayoría catalanohablantes, entre las que hay historiadores, filólogos, abogados, profesores, economistas, y miembros de distintas ramas profesionales. Uno de sus miembros, el sociólogo y politólogo Javier Barraycoa (Barcelona, 1963), señala a GACETA.ES que “hasta ahora el nacionalismo llevaba la iniciativa y ha sido una apisonadora”, pero que éste “se está encontrando la otra Cataluña que no se espera; una parte de Cataluña que hasta ahora ha negado su existencia”.

Con ella se volverá a topar este fin de semana porque “para denunciar la manipulación de la historia que realiza la historiografía nacionalista” ‘Somatemps’ celebra desde esta tarde y hasta el domingo en Ripoll el ‘I Congreso de Catalanidad Hispánica’, titulado ‘Redescubrir la Catalanidad: pasado, presente y futuro’.

La plataforma reivindica “que haya ambientes abiertos de diálogo, de investigación, y que no te silencien por denunciar las tesis de la historiografía nacionalistas, como, según alerta Barraycoa, “por desgracia está ocurriendo”. “En muchas librerías la distribución de determinados libros está prohibida”, asegura. Pero sobre todo, ‘Somatemps’ quiere “que los medios públicos y el sistema educativo deje de ser una maquinaria de adoctrinamiento”.

Javier Barraycoa informa de que la cita arrancará esta tarde con una conferencia sobre las claves para interpretar el origen de un pueblo, seguido de un coloquio de expertos sobre la historiografía nacionalista y su influencia romántica. “Queremos denunciar las fuentes románticas que utilizó el nacionalismo, que deformaban la historia, cómo se ha tratado la Guerra de Sucesión desde el romanticismo y las contrapondremos a las fuentes históricas más serias que son las que normalmente callan, como por ejemplo, las ‘Narraciones Históricas’ de Francesc de Castellví i Obando, que los nacionalistas nunca utilizan”, señala.

Indica que el sábado se realizarán ponencias y coloquios sobre el paso del catalanismo al independentismo, o cómo transmitir la historia en las escuelas y universidades, así como mesas redondas y coloquios “sobre lo que significó la catalanidad y cómo influye en el presente” y “discutir lo que es la identidad de Cataluña”.

Además, el último día, el domingo, los asistentes acudirán al Santuario de Montgrony, donde se inició la Reconquista en Cataluña, según la tradición. “Será una celebración simbólica de reconquistar la historia, de volver a recuperarla”, apunta Barraycoa, que resalta que “a partir de este congreso, se sentarán las bases de una escuela historiográfica verdaderamente catalana, en la que participarán jóvenes universitarios interesados por la historia de Cataluña que no quieren dejarse manipular”.

Además, adelanta que frente a la tergiversación de la historia, durante la Diada, el próximo 11 de septiembre ‘Somatemps’ hará un homenaje al general Antoni de Villarroel i Peláez, “que fue el verdadero héroe del 11 de septiembre” y que “los nacionalistas han enterrado por no haber nacido en Cataluña, y rinden tributo a Rafael de Casanova”.

Ese día la plataforma también participará, asimismo, en la gran manifestación en Tarragona, “la capital histórica de la España romana”, convocada por ‘Societat Civil Catalana’, que rechaza el secesionismo. Unos actos que se contrapondrán a la convocatoria de la ‘Assemblea Nacional Catalana’ para hacer una Ven el centro de Barcelona, que llevarán a cabo los nacionalistas.

‘En Cataluña estamos en una fase de delirio colectivo’
Por otro lado, Javier Barraycoa también se ha pronunciado en este diario sobre las tesis del ‘Institut Nova Història’ de que Colón y Cervantes eran catalanes de ‘pura cepa’. Dice que “está totalmente subvencionado por la Generalitat de Cataluña” y que “no tiene absolutamente ningún reconocimiento en el mundo académico”. “Son amateurs de la historia a los que está utilizando la Generalitat para crear un clima nacionalista de que todo es catalán y Cataluña, pero a esta gente no les han invitado a un congreso serio nunca porque es imposible que puedan defender estas cosas·, indica.

Considera que “se agarran a clavos ardiendo para lanzar teorías que no han sido contrastadas, simplemente propaganda e intoxicación nacionalista, que producen risa o ganas de llorar, como el proyecto de la ‘Assemblea Nacional Catalana’ para crear un Ejército, con una gran Armada, para la futura Cataluña independiente. “Estamos en una fase de delirio. Esto es ya una especie de delirio colectivo y se trata ya de ver quién la dice más gorda. El que lo hace tiene más resonancia mediática y más subvenciones. Todo es una estrategia propagandística que no va a ningún lado”, manifiesta.
 


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