AGLI Recortes de Prensa   Jueves 17 Julio  2014

El llanto de Rajoy
Javier Caraballo El Confidencial 17 Julio 2014

El presidente Rajoy es un hombre que sufre. El otro día, en una conferencia en Sevilla, se le cayó una lágrima casi al final de su discurso. Nadie lo vio, nadie se percató, pero el presidente estaba sufriendo. Llegó a Sevilla a una reunión de empresarios de la Cámara de Comercio y fue, como Umbral, a hablar de su logro; “sólo economía”, dejó claro desde el principio, para que nada ni nadie pudiera dispersar su discurso. Y estaba ya acabando, después de hacer el recuento detallado y sentido de todo lo conseguido por su Gobierno, cuando se le deslizó una lágrima que se estampó en el papel.

Era una lágrima política, por eso no la vio nadie, y al caer sobre los folios se transformó en queja: “Hay gente que cree que todo cae del cielo, y no”. El presidente debió detenerse al final de esa frase, hacer un silencio, amagar con la emoción del incomprendido, como hacen los pregoneros, para arrancar un aplauso. Pero no lo hizo, y la lágrima se secó al instante.

Pero ¿de qué se queja el presidente? ¿Tiene razones? El presidente Rajoy se queja de España. O mejor, se duele de España, de nuestro sino, de nuestro ser; Rajoy se duele en seco, sin concesiones literarias ni emociones, pero es un llanto viejo, por eso es tan fácil de identificar, porque viene de siglos. “¡Cuídate, España, de tu propia España!”. De eso se queja, de haber sacado a España del abismo, del “borde del abismo” (la expresión la repitió en varias ocasiones), y que España, por su forma de ser, por su forma de ver, no se lo reconozca.

Lo dijo así: “Tenemos cierta tendencia en este país [dijo “este país”, lo tengo anotado así, que es la expresión que se utiliza cuando se quiere hablar de España con cierta distancia, en su caso para criticarla] a hablar de las cosas que van mal. Tenemos una serie de señores empeñados en decir todos los días lo mal que van las cosas”.

Como la economía, en todas sus facetas, se puede plasmar en gráficos, lo que nadie le podrá negar a Rajoy, en su lamento, es que España era una línea roja que caía en picado en todas las estadísticas y que ahora, sólo ahora, tantos meses después, ha comenzado a repuntar. La caída libre se ha detenido y el mero hecho de comenzar a planear, a remontar levemente el vuelo, conlleva el suspiro fácilmente asimilable de quien se ha librado del batacazo absoluto.

Según Rajoy, el problema de España es que esta realidad la reconocen mucho más fuera que dentro de nuestro país. No sólo los organismos internacionales que nos evalúan periódicamente, sino la gente de andar por casa. Los turistas, los erasmus, los inversores, los enfermos, los pensionistas…

Los fue citando a todos, con una coletilla repetida, “por algo será”, y luego fue sembrando el discurso de sentencias absolutas del tipo de tenemos “la mejor red de alta velocidad del mundo”, “este es el año de la historia que más se ha invertido en becas de Educación”; “este es un país que tiene un Estado de bienestar como no tiene nadie en el mundo”; y, la mejor de todas: “Hay datos (del mercado laboral) que cuando la historia los analice van a resultar sorprendentes”, en referencia a las decenas de meses de caída del empleo y la recuperación sostenida de los últimos recuentos. Fue entonces cuando añadió lo de antes: “Hay gente que cree que todo cae del cielo, y no”.

El presidente Rajoy es un hombre que sufre, sí. Y, aunque sería de necios o sectarios negar la evidencia de la recuperación económica, lo que quizá no entiende el presidente del Gobierno es que, de todos los dardos que le lanzan, de los únicos que se tiene que preocupar es de aquellos que le llegan de la gente a la que ha defraudado por haber apoyado la mejora sobre las espaldas de los de siempre, con los recortes de siempre. El personal no olvida que prometió lo contrario y que, cuando llegó al Gobierno, comenzó a aplicar muchas de las políticas que antes rechazaba.
De todos los dardos que le lanzan a Rajoy, de los únicos que se tiene que preocupar es de aquellos que le llegan de la gente a la que ha defraudado

¿Que los datos sobre la realidad del país eran peores que los que se esperaba? Esa es la excusa que sigue repitiendo aún hoy, pero un ajuste así nunca podrá justificar la enmienda a la totalidad de un discurso político. El presidente Rajoy, es verdad, ha salvado a España del batacazo, pero ha dejado maltrechos muchos derechos sociales; el presidente Rajoy ha salvado a España del batacazo, pero, antes de recortar nada de la inmensa burocracia política que sigue existiendo en España, ha metido las tijeras donde siempre.

España es un país complejo de analizar; desde luego, no se define con tres simplezas ni dos sentencias. España conserva un pesimismo de siglos, el dolor de un “viejo país ineficiente”, cainita y pícaro, en el mismo fardo en el que guarda el orgullo, la esperanza y el ingenio. Es cierto que aquí se puede hacer un listado diario de profetas del apocalipsis probablemente mayor que en cualquier otro país, sobre todo en los alrededores de la derecha política y sobre todo en los restaurantes de Madrid, que no hay sobremesa sin sobresalto de conspiración. Pero si llora Rajoy, si se lamenta, que no sea por esa España.

Porque España, la de las aceras, la del mercado, la de la fábrica, la que ha cargado en sus espaldas la recuperación, sabe bien de lo que se ha salvado y lo que le ha costado. Día a día constatan que, efectivamente, las cosas no caen del cielo. Si lo sabrán ellos…

Objetivos y significados
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 17 Julio 2014

El Secretario General in pectore del PSOE ha declarado que durante su mandato como cabeza de filas del hoy segundo partido de nuestro país tendrá tres objetivos: a) proteger a los más débiles b) unir España y c) construir una Europa diferente a la de la actual mayoría conservadora. El planteamiento de metas genéricas es perfectamente legítimo al inicio del desempeño de una responsabilidad pública y por supuesto no hay obligación de entrar en detalles ni de avanzar de salida programas elaborados, pero el enunciado de meras líneas estratégicas puede ya dar información útil sobre el personaje y sus intenciones. Imaginemos que en lugar de esta trinidad de fines hubiera presentado esta otra: 1) conseguir una sociedad competitiva capaz de generar crecimiento y empleo 2) reformar el Estado para hacerlo viable y eficiente y 3) mejorar el marco constitucional e institucional para garantizar la unidad nacional y la calidad de nuestra democracia. No cabe duda de que este segundo conjunto de propósitos no gana en concreción al primero, aunque salta a la vista qué dice bastante más. De entrada, es imposible proporcionar un mínimo de bienestar a los sectores más vulnerables si no se crea riqueza y no hay creación de riqueza si no se es competitivo en los mercados globales. Asimismo, para que el PIB se incremente, los individuos, las familias y las empresas han de disponer de suficientes recursos para llevar adelante sus iniciativas, lo que implica un gasto público moderado e impuestos no confiscatorios. Es sobradamente conocido que el Estado de las Autonomías y su elefantiásica complejidad no cumple ni de lejos estas condiciones. En cuanto a la cohesión nacional, nuestra actual estructura territorial nos ha arrastrado a la fragmentación y ha dado auge a los separatismos, por lo que no habrá unidad sin su modificación profunda y amplia. Por último, el deterioro de la separación de poderes y la proliferación de la corrupción han estado y están estrechamente ligados a la degradación de nuestra pretendida democracia constitucional en una partitocracia podrida y clientelar, por lo que urge una revisión profunda de nuestras instituciones y nuestro ordenamiento jurídico.

A partir de aquí, resulta lógico concluir que Pedro Sánchez es un globo vacío que se ha alzado impulsado por motivos distintos a la seriedad y la solvencia de sus propuestas, por lo que la satisfacción de las elites económicas y políticas ante su triunfo en las primarias obedece al consolador principio de que más vale la nada que el error. Pablo Iglesias sí tiene un modelo social claro que consiste en la colectivización de los medios de producción, la eliminación de la libertad de prensa, el adoctrinamiento de la juventud para inculcarles los sabios fundamentos del marxismo-leninismo y el imperio del partido único. Ante semejante panorama, es natural que un conjunto de banalidades sea acogido con el alborozo que inspira la salvación de la quema. El problema es que hay millones de nuestros conciudadanos que oscilan entre la desesperación, la indignación y el deseo irrefrenable de venganza, situación que implica que entre la inanidad y la hoguera purificadora se inclinarán con toda seguridad por las llamas. Como siempre, nuestras dificultades nacen de que aquí hace tiempo que casi nadie entiende nada y a los pocos que se enteran y lo explican se les descalifica por pesimistas, catastrofistas o agoreros. Quedan pocos meses para que la contrición, por muy sincera que arranque, llegue tarde.

Libres e Iguales
Ramón Pi www.gaceta.es 17 Julio 2014

No tiene sentido pretender contentar al que no se quiere contentar

Un grupo de ciudadanos relevantes de variada extracción ideológica, social y profesional, pero unidos por su espíritu democrático y su fidelidad a los valores de libertad, justicia, igualdad y pluralismo político expresados en la Constitución, presentó el martes 15 frente al Congreso de los Diputados un manifiesto titulado "Libres e iguales", en el que certifican el momento crítico que atraviesa España debido al desafío secesionista catalán que "promueve la derrota de la democracia española" y que "hasta ahora no ha recibido la respuesta que se merece".

Entre los primeros firmantes están, por citar sólo algunos nombres, Mario Vargas Llosa, Carmen Iglesias, Jon Juaristi, Javier Rupérez, Nicolás Redondo Terreros, Albert Boadella, Ramón Arcusa, José María Fidalgo, Fernando Sánchez Dragó, Xavier Pericay, Federico Jiménez Losantos, Joaquín Leguina, José Luis Garci, Santiago González o Cayetana Álvarez de Toledo, que fue la encargada de dar lectura al manifiesto, que reclama de partidos "y cuantas formaciones quieran preservar las bases de nuestra convivencia democrática" reivindicar la Constitución como consigna de ciudadanía y convivencia, rechazar cualquier negociación que con el pretexto de evitar el conflicto planteado por el separatismo catalán limite la soberanía del conjunto de los ciudadanos, y alcanzar públicamente un compromiso transversal de unidad de acción frente al secesionismo y que garantice que cualquier alteración de las bases constitucionales se someta a un referéndum común.

El manifiesto se colgó en Internet y se abrió a adhesiones de los lectores. A los pocos minutos ya había varios cientos de firmas; y entonces ocurrió algo muy significativo: empezaron a proliferar trolls con firmas ostentosamente falsas, insultos, disparates… Una operación de neutralización informática en toda regla llevada a cabo por separatistas que no ocultaban su condición, dispuestos a torpedear zafiamente la recogida de adhesiones. Sólo un ciego voluntario podía no ver la incompatibilidad entre estos secesionistas y cualquier asomo de respeto a las libertades democráticas.

A mi entender, el fondo de la aparición de esta “Plataforma Libres e Iguales” no es otro que una profunda desconfianza ante la capacidad de Rajoy de garantizar el respeto a la Constitución y a la soberanía del pueblo español si se sienta a nego-ciar lo que sea con el presidente separatista Mas. Porque el mero hecho de aceptar esta interlocución sería ya una nueva victoria política del separatismo, que se reve-laría capaz de lograr una posición de privilegio con la amenaza de un referéndum ilegal o una delirante declaración de independencia.

Es necesario repetirlo una vez más: no tiene sentido pretender contentar al que no se quiere contentar. Artur Mas y los demás separatistas no se contentarán con nada que no sea la separación, y cualquier trato de privilegio otorgado con la ilusión de contentarlos no hará sino reforzarlos en sus posiciones sediciosas. También hay que ser ciegos voluntarios para no darse cuenta de esto.

Un manifiesto para la rendición
EDITORIAL Libertad Digital 17 Julio 2014

Si ayer traíamos a estas páginas un manifiesto que realiza un análisis irreprochable de la situación española y que podría –o al menos debería– ser un elemento galvanizador para esa mayoría de españoles que cree en la Nación y en una sociedad de ciudadanos libres e iguales, hoy nos vemos en la obligación de analizar un documento que, lanzado al mismo tiempo, tiene un contenido completamente diferente.

La redacción, que parece apresurada, y la inconsistencia intelectual del texto hacen pensar que, efectivamente, se ha tratado de una operación gestada con rapidez para dar respuesta al anterior, pero el resultado queda muy lejos de opacar el suscrito por gente de la talla de Mario Vargas Llosa, Fernando Savater o el propio presidente de esta Casa, Federico Jiménez Losantos.

En primer lugar, porque es poco menos que ridículo que un texto que trata de abordar el problema del nacionalismo y darle solución ni siquiera mencione la Nación. Ahora bien, no se olvida de citar a las "nacionalidades" catalana y vasca, al parecer sujetos de soberanía más importante y preexistentes a la propia España, a pesar de que lo cierto es que se trata de un término obtuso e indefinido surgido en la negociaciones de la Constitución.

En segundo lugar, porque este grupo de intelectuales, paradigmáticos representantes de lo que hoy es la izquierda en España, no sólo equivocan el diagnóstico sino la solución: en su afán de equidistancia entre los dos "extremismos" –como si fuera lo mismo intentar preservar la unidad de la Nación que subvertir el orden legal para romperla–, proponen un término medio, la solución federal, que tiene de partida garantizado el fracaso: precisamente lo que no quieren los nacionalistas es un acuerdo entre estados iguales, sino mantener una serie de privilegios en virtud de supuestos derechos históricos o nacionales.

Quizá el federalismo podría ser una forma adecuada de organización institucional en España, pero ni es algo enraizado en nuestra historia ni es lo que quieren los nacionalistas. Y, sobre todo, no es un modelo al que se pueda llegar cediendo a un chantaje y para salir del paso, porque si algo define a los chantajistas cuando logran cobrar es la reincidencia. La propia historia de España en las últimas décadas es el mejor ejemplo de ello, especialmente tras aquel nuevo estatuto que iba a colmar las aspiraciones del nacionalismo catalán para 25 años.

La Constitución tiene virtudes y defectos, pero su gran valor aún hoy en día es que fue aprobada con un acuerdo amplísimo y un aplastante 88% de lo votos. El acuerdo que la sustituya o la modifique debe aspirar al mismo apoyo. Y puesto que eso es prácticamente imposible en este momento, quien quiera defender la unidad de España sólo tiene una manera de hacerlo: defender la Constitución que la consagra.

Lo demás es hacer el paripé o, peor todavía, rendirse.

La "Declaración" por el federalismo: decepcionante, insuficiente, inútil, irreal y contradictoria
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 17 Julio 2014

Varios intelectuales (entre los que se cuentan colegas míos) han suscrito una "Declaración" con el título de ""Una España federal en una Europa federal". La "Declaración" coincide en el tiempo con otro documento (entre cuyos promotores también hay algunos colegas míos). No voy a hacer la crítica de este segundo momento, al menos ahora, por más que haya algún matiz que no comparta. Me voy a centrar en la "Declaración" porque creo que, esta sí, es un documento ampliamente criticable. A mi juicio, es decepcionante, insuficiente, inútil, irreal y contradictoria.@Desdelatlantico

I. OBSERVACIÓN PREVIA: PARECE CLARO QUE ESPAÑA NO ES UN ESTADO FEDERAL
La "Declaración" pide, textualmente, que se "adopten los procedimientos necesarios para reformar nuestra Constitución en un sentido federal".
Creo que tanto esta frase como el propio título de la Declaración son una manifestación clara de que, al menos para sus firmantes, España NO es un Estado federal. Ha habido muchas voces que, unas de forma insidiosa, otras de forma ingenua, han intentado en el pasado hacer creer que el Estado de las autonomías es un Estado "federal".
Esas voces quedaron, a mi entender, desautorizadas cuando el Tribunal Constitucional, en la sentencia más importante de toda su historia, es decir, la que resuelve el recurso contra el nuevo Estatuto de autonomía de Cataluña de 2006, dijo, muy claramente, que España no era un Estado federal.
Pero no está mal que ahora se recuerde este punto.

II. UNA DECLARACIÓN DECEPCIONANTE
Creo que la "Declaración" es decepcionante porque de las 4 medidas concretas que propone, una (la primera) creo que no es necesaria, la tercera es imposible en ningún Estado descentralizado y la cuarta (que será objeto de comentario aparte) es contradictoria.
La primera medida solicitada es el "reconocimiento de las identidades diversas que componen nuestro país hasta el punto en que la evolución histórica ha establecido". ¿Por qué creo que no es necesaria? Porque este reconocimiento que no se contiene en la Constitución ( como se desprende implícita, pero claramente, en la Declaración) , sí que se contiene en otras leyes, y muy en particular en los Estatutos de Autonomía. Por tanto, si el problema es el "reconocimiento" hay que decir que ese "reconocimiento" ya existe.
La tercera medida propuesta es que haya una "distribución clara de las competencias entre la Administración General del Estado y las Comunidades, que evite permanentes litigios o interpretaciones interesadas de parte". La propuesta es bien intencionada pero ingenua y, por definición, imposible. No existe Estado alguno con distribución de competencias donde no se prevea un mecanismo de solución de conflictos porque una vez que se establece una distribución de competencia es IMPOSIBLE que no haya conflictos a la hora de entender el alcance de la misma.

III. UNA DECLARACIÓN INSUFICIENTE
La "Declaración" a mi juicio es insuficiente porque ninguna de las cuatro medidas propuestas (las dos antes apuntadas, más su propuesta de una Cámara territorial "federal" y una contradictoria idea de la solidaridad) es a mi juicio suficiente para resolver ESTA crisis.

IV. UNA DECLARACIÓN INÚTIL
Esta "Declaración" se hace sobre la premisa de la "actual insuficiencia de la estructura territorial del Estado que establecimos en la Constitución de 1978". A juicio de los firmantes el "federalismo que puede abordar y resolver mejor la vida en común de nuestra comunidad política" se construye sobre esas cuatro "bases" que he mencionado.
Ahora bien, ninguna de esas bases responde, a mi juicio a las CAUSAS que han provocado esta crisis. Y no respondiendo a las CAUSAS, mal pueden formar SOLUCIONES.

Es asombroso que esta Declaración silencie como causas a los nacionalismos separatistas y a su corolario, la falsificación de la historia de España.

V. UNA DECLARACIÓN IRREAL
Aunque en su título la declaración se refiere a una "Europa federal", en su texto sólo hay dos referencias a la cuestión.
Una cuando se hace, sin más, una declaración de buenos deseos ("Deseamos firmemente formar parte de un mismo Estado, de una España y una Unión
Europea federales") y la otra cuando se afirma que se trata de culminar la configuración de nuestro Estado en un sentido federal que pueda en el futuro insertarse de manera natural en una federación de estados europeos

Dejemos el hecho de qué tiene que ver que España deba ser "federal" para formar parte de una Unión Europea "federal": ¿tendrían entonces que "federalizarse todos los demás Estados de la UE (la INMENSA mayoría) que ahora no son Estados federales para poder llegar a una UE "federal"?
Pero digo, dejemos de lado esa inconsistencia. Lo más irreal a mi juicio, es que, con ingenuidad digna de mejor causa, se pueda apuntar a una "Unión Europea federal". ¿Es que alguien, de verdad, puede hoy en día pensar que ese es un horizonte posible?

VI. UNA DECLARACIÓN CONTRADICTORIA
El cuarto de los puntos propuestos en esta Declaración dice así:

Una financiación justa y equilibrada, basada en los principios de igualdad de derechos de los ciudadanos, de solidaridad entre los territorios y de ordinalidad, en el sentido de que ninguna comunidad se empobrezca por causa de la referida solidaridad.

Ahora bien, no se puede pedir "solidaridad entre los territorios" y decir acto seguido que "ninguna comunidad se empobrezca por (..) la referida solidaridad".
Salvo que se tenga un concepto de "solidaridad" como algo equivalente a la emisión de "palabras de aliento" o regalar "palmaditas en la espalda" la solidaridad supone la TRANSFERENCIA de recursos. Transferencia que se produce de los que tienen MÁS a los que tienen MENOS.

¿Cómo se determina que una comunidad "no se empobrezca" practicando la solidaridad?

Se podría decir que eso OCURRE YA AHORA. En este momento, tanto en España COMO EN LA UNIÓN EUROPEA se produce una "solidaridad" entre los que más tienen y los que menos tienen. Y llama la atención que tanto en España (Madrid, Cataluña), como en la Unión Europea (Alemania, Holanda) los que más dan no se están "empobreciendo" por hacer transferencias a los que tienen menos.

La España oficial, ¿contenta?

Manuel Muela www.vozpopuli.com 17 Julio 2014

Después del susto del 25 de mayo, la elección del nuevo capitán del PSOE ha devuelto algo de tranquilidad al establishment. Todo son parabienes y felicitaciones, porque se parte de la convicción de que ese partido no abandonará la senda de lo políticamente correcto y que se esforzará por mantener las estructuras del régimen político, colaborando con el calafateado del mismo que concretará en septiembre el Ejecutivo del señor Rajoy. No parece que el partido de la derecha se plantee el cambio de jefe ¿o sí?

En cualquier caso, la aparente placidez de la España oficial tendría justificación, si no fuera porque alrededor de ésta moderna Constantinopla, están los nuevos turcos producidos por la incuria y la corrupción: son los millones de españoles que, de manera pacífica y ordenada, han dado el primer y sonoro aviso al torero, el régimen del 78, y que mirarán, entre la incredulidad y la ira, las idas y venidas veraniegas de quienes nada ofrecen para restañar los inmensos daños causados.

El verano será tiempo de observación mutua entre los verdaderos contendientes: unos para solazarse en la ciudadela del poder y otros para cargarse de razones y de votos con el objetivo de traer otros aires a España, que está más invertebrada que nunca. Los últimos datos del CIS son ilustrativos de lo que viene.

Las obras completas del bipartidismo les inhabilitan para la reconstrucción
Durante el mes y medio transcurrido desde el primer desgarro del nudo gordiano del régimen, el foco del interés se ha centrado en la convulsión de la izquierda y en las cuitas de su partido oficial, el PSOE. Cualquier observador poco avezado podía creer que frente a la izquierda alterada existe la derecha moderada y democrática, garantía de buen gobierno y de honradez.

Sin embargo, los que vivimos aquí sabemos que ese cuadro no responde a la realidad, porque lo que separa a esa derecha del quebrantado PSOE es que ésta tiene todavía el B.O.E. y por eso ha podido disimular mejor el castigo de los españoles, aunque sufre un descrédito análogo. No obstante, desde el burladero del poder presencian las cabriolas controladas en el seno de la organización socialista, mientras miran de reojo las señales de humo procedentes de los campamentos de las nuevas fuerzas emergentes y piensan que, con propagandas macroeconómicas y argumentos garbanceros sobre el miedo a lo desconocido, las clases medias volverán al redil, prefiriendo, una vez más, lo malo conocido.

Con ese ‘ambicioso’ proyecto nacional pretenden zanjar la crisis española y hacer frente al enredo catalán. Ya ha dado a entender el jefe del Gobierno, que por vez primera ha reconocido que allí hay un problema, que tratará de echar un cable a Mas, advirtiéndole que hay que pensar mejor las cosas antes de meterse en líos, porque el presidente de la Generalidad ha sido un niño travieso que necesita ser amonestado, aparte de buscarle algún arreglo fiscal para enfriar las ansias independentistas de muchos de sus votantes.

Todo ese embrollo queda también para septiembre y suponemos que entonces conoceremos las bondades del invento en el que se estará trabajando. Lo mismo les da por convocar elecciones generales en octubre para desactivar momentáneamente la cuestión catalana y, de paso, intentar salvar los muebles que pueden perder en los meses próximos, porque esa es su máxima preocupación. Lo que pasa es que cualquier consulta que se plantee en España ya no será ni normal ni ordinaria y obligará a los que pretendan el voto a decir qué país quieren que salga de las cenizas de la corrupción y de la crisis económico-social. Los que mandan intuyen que están en un campo de minas político con pocos instrumentos para desactivarlas. El tiempo les devora y corre en su contra, esa es la cruda realidad.

La política española convertida en drama de suspense
El paréntesis abierto en el cercano mayo no sabemos cómo se cerrará y eso ha convertido la política española en un drama de suspense que, probablemente, se llevara a la gran pantalla en el futuro. Puede que sea menos edulcorado que la famosa serie televisiva Cuéntame, pero nos permitirá revivir uno de esos episodios históricos con los que España se sacude a los malos gobiernos y a los que abusan de la buena fe de la gente normal. Porque no hay que perder de vista que es la gente normal la que se ha hartado y ya ha emprendido un camino sin retorno con el objetivo de achicar las pérdidas sufridas en derechos y en seguridad. No hablo del bienestar social, porque ese tardará en la medida en que España no salga del túnel sin tren expreso, como dice la canción de Sabina, en el que la han metido los que se sorprenden de que los españoles les hayan retirado su aprecio.

Recuperar la confianza perdida es tarea costosa. Que se lo pregunten a los dirigentes del PSOE y del PP que temen como a un miura la expresión soberana de los españoles. Se afanarán en buscar subterfugios o argucias legales para sortear la embestida, sin calibrar que cualquier pieza que cambien del motor de su sistema electoral les obligará a cambiar el sistema mismo, que es lo que se resisten a hacer. Estaremos atentos a cuando descubran la piedra filosofal.

Arcadi Espada: "El nacionalismo catalán es intelectualmente esterilizante"
El periodista y escritor Arcadi Espada, promotor y portavoz de la plataforma Libres e Iguales, que presentó el martes un duro manifiesto contra "el secesionismo catalán", carga contra el nacionalismo e insiste en que este es un tema que deben discutir todos los españoles.
Karina Sainz Borgo www.vozpopuli.com 17 Julio 2014

En el manifiesto Libres e Iguales no hay ni una coma que pueda entenderse como una tregua: “El nacionalismo promueve la derrota de la democracia”. Así de claro lo dejaron los 50 intelectuales, periodistas y políticos que el pasado martes elevaron su voz contra las pretensiones soberanistas de Cataluña y así de contundente lo explica el periodista y escritor Arcadi Espada, promotor junto a la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo de la plataforma en la que se han incorporado ya más de 7.000 personas. A su juicio, no hay vuelta de hoja: “El nacionalismo es el problema más grave que ha tenido España en los últimos 30 años, incluyendo ETA”.

Reivindicar la Constitución Española, rechazar cualquier negociación y aplicar la ley a quienes intenten infringirla son tres de los puntos innegociables del manifiesto firmado, entre otros, por el premio Nobel Mario Vargas Llosa, el filósofo Fernando Savater o el escritor Félix de Azúa. La alusión al referéndum soberanista del 9 de noviembre es más que clara. Sin embargo, algo más importante se desprende de este manifiesto: se trata del peso que cobra, contrapuesto con otro, presentado al día siguiente, en el que un grupo de intelectuales de centro-izquierda y centro-derecha, proponen una reforma federal de la Constitución.

Aunque Arcadi Espada no quiso entrar a valorar el texto firmado, entre otros, por Baltasar Garzón, Ángel Gabilondo o José Antonio Zarzalejos, sí deja caer, acaso como premeditada boutade: “Estoy seguro de que los nacionalistas no son ni serán federalistas”. Sobre este y otros aspectos del debate sobre Cataluña, entre ellos el papel de los hombres de letras como ciudadanos, comentó en esta entrevista concedida a Vozpópuli.

-El manifiesto no puede ser más directo: “el nacionalismo es una derrota a la democracia”. No da cuartel al tema independentista. No se plantea siquiera la negociación.
-España ha contemporizado demasiado con el nacionalismo, no solo desde le punto de vista político sino desde el punto de vista moral e intelectual. No hay nada de inteligente en el nacionalismo. Es una ideología agresiva, siempre antidemocrática y profundamente reaccionaria.


-Si comparamos el manifiesto Libres e Iguales con el otro, el que aboga por la reforma federal, pues es obvio que ambos están en las antípodas.
-He leído muy por encima ese otro manifiesto. Yo creo, sin entrar en discusiones conceptuales, que lo interesante es que, por fin, en España, los españoles hablen de este asunto. Hasta que no sacamos el manifiesto, el debate del nacionalismo parecía pertenecer sólo a Cataluña, como si ese debate se circunscribiese solo a una parte de España. Lo fundamental para empezar a discutir es que quienes estén directamente implicados en esa hipótesis fantasmagórica participen en el debate. Estoy seguro, sin embargo, de que los nacionalistas no son ni serán federalistas, pero más allá de eso, hay que hacer entender que el nacionalismo es el problema más grave que ha tenido España en 30 años, incluyendo el terrorismo de ETA.

-El manifiesto reprocha a las élites un excesivo pasividad y “resignación”. ¿Es una queja dirigida a Mariano Rajoy?
-No. En realidad hablamos de las élites. No se trata de rebajar la culpa que pueda tener yo o cualquier otro, y aunque creo que el gobierno tiene una actitud política correcta, no tiene una actitud pedagógica adecuada sobre lo que el nacionalismo significa para España. Sacamos el manifiesto porque ni el gobierno ni la oposición han llevado a España la intensidad del problema en toda su dimensión. Este asunto rebasa la cuestión gubernamental para trasladarse a los ciudadanos. Entre los ciudadanos existe incluso una inesperada apatía. De ahí que el primer objetivo de nuestro manifiesto fuera la movilización, porque más allá de la discusión en tertulias y debates, entre la gente impera una especie de cansancio y hartazgo ante el avance del nacionalismo.

-Es inevitable, acaso cíclica, la discusión sobre los hombres de letras y pensamiento que pasan a la acción.
-Desde el punto de vista del hombre de letras y de cultura hay una reflexión que va más allá de lo político y que pasa por el hecho de que el nacionalismo es intelectualmente esterilizante. No hay nada inteligente en el nacionalismo. Es una ideología de la naturaleza, por así decirlo, que desde el punto de vista conceptual no tiene interés. Significa ‘yo tengo más derecho que tú’, y eso intelectualmente no tiene valor. Es un artefacto rudimentario intelectualmente. Llega un momento en que si no plantas cara a telebasura, pues te come; como si no plantas cara a la política basura, como el nacionalismo. De lo contrario, te comen las arañas.

-¿Qué esperáis de este manifiesto?
-Hemos tenido una respuesta mucho mayor a la que esperábamos. Por la rapidez y la precariedad con la que todo esto se ha hecho. Miles de personas se han dirigido a nosotros en la Web, a pesar de los ataques siniestros que hemos sufrido esta noche. Además de eso, el manifiesto pretende crear ese suelo transversal de españoles libres, que no obedece a si somos más keynesianos o menos, y que se sostiene en un sustrato de participación real. Se trata de llevar a toda España esta discusión.

Cataluña
El manifiesto de los 'no catalanes'
Pablo Planas Libertad Digital  17 Julio 2014

El manifiesto Libres e iguales, suscrito por gentes como Mario Vargas Llosa, Albert Boadella, Félix de Azúa, Federico Jiménez Losantos, Carmen Iglesias y otro medio centenar de intelectuales, escritores y periodistas, ha causado una auténtica conmoción, hasta el punto de que ha tenido una réplica inmediata y no sólo por las fuerzas vivas del separatismo.

Se comprende que el nacionalismo reaccione con crispación e indisimulada ira ante una iniciativa que desde la fecha a la cruz es un alegato incuestionable en contra de la discriminación y la exclusión. El primer párrafo es la definición exacta y esférica del catalanismo:

El secesionismo catalán pretende romper la convivencia entre los españoles y destruir su más valioso patrimonio: la condición de ciudadanos libres e iguales. El nacionalismo antepone la identidad a la ciudadanía, los derechos míticos de un territorio a los derechos fundamentales de las personas, el egoísmo a la solidaridad. Desprecia el pluralismo social y político, y cuando trata de establecer fronteras interiores arrincona como extranjeros en su propio país a un abrumador número de ciudadanos.

Frente a la demoledora descripción del gueto, el frente separatista replica con la inclusión en sus filas de una intelectual de la categoría de Karmele Marchante, en compañía del economista de las chaquetas de colores, Xavier Sala i Martín, y Santiago Vidal, el juez que por las mañanas imparte justicia en nombre del rey de España y por las tardes se dedica a redactar una constitución en contra de España. Karmele Marchante, fogosa tertuliana del Tómbola, el Tomate, el Arriquitaun y lo que se tercie. Un figurón de la cultura española en las filas del derecho a decidir. De no creer.

Pero más lamentable resulta incluso la reacción del centroizquierda nacional, zaherido por la irrupción de Podemos y un notorio complejo de inferioridad respecto al nacionalismo. No han transcurrido ni 24 horas del aldabonazo del Libres e iguales y un grupo autodenominado de intelectuales, sesenta para ser más concretos y diez más que los originales, ha emitido un papel en el que propone una reforma federal de la Constitución Española. Nicolas Sartorius, José Antonio Zarzalejos, el exjuez Garzón y Almudena Grandes e Ignacio Escolar han contraatacado con el anuncio de un documento en el que se aboga por satisfacer las demandas de Mas y ceder al permanente chantaje de los regionalismos periféricos.

La principal diferencia entre el manifiesto de referencia y su contratexto es que mientras entre los firmantes del primero no se establecen más categorías que las profesionales, el segundo se presenta como una "aportación" de "intelectuales no catalanes". Es la trampa para elefantes del nacionalismo, eso de la condición de "ciudadanos libres e iguales" frente a catalanes, vascos y el resto de los españoles.

Pablo Iglesia
Ni Lenin ni Gramsci: puro Chávez
Mónica Mullor Libertad Digital 17 Julio 2014

Pablo Iglesias y el núcleo duro de Podemos entendieron que el populismo da réditos y que en la sociedad española había una rabia por organizar.

Sabían, por experiencia propia, que la mejor forma de canalizar el descontento y la frustración de una clase media empobrecida frente a estructuras arcaicas y desprestigiadas de poder pasaba por dotarse de un discurso moral emocional articulado en forma maniquea, es decir, como una lucha entre opuestos absolutos: buenos y malos, los de abajo y los de arriba, la "casta corrupta" y el "pueblo". Lo habían aprendido en Venezuela, donde este método comunicacional, que atonta y siembra la inquina, es la esencia misma del chavismo.

Así, han logrado hacer del germen de la indignación que recorrió las calles desde el 15-M un nuevo movimiento: Podemos. Un movimiento en torno a un líder que lo maneja a su antojo, como sucedió con los fascismos y sucede con los populismos. Por eso Podemos es Iglesias y no es, nunca será, un partido de estructuras democráticas. Eso es incompatible con la figura del líder. El Führer (como gustaba llamarse Hitler), el Conductor (como solía llamarse Perón) o el Comandante (a lo Chávez) deben siempre estar por sobre sus seguidores y no sometidos a sus veleidades.

La forma de lograr su propósito fue apelar y alimentar los instintos más bajos del ser humano –el resentimiento y la frustración–. Lograron penetrar, con consignas y un mensaje de pocas ideas pero repetidas hasta la saciedad, en millones de cabezas desorientadas e insatisfechas, a través del programa de televisión La Tuerka, conducido por Pablo Iglesias, y de tantos otros que se han prestado a ser la plataforma mediática de Iglesias. Esta importancia clave de la televisión y el show también lo habían aprendido de Venezuela. Del Aló Presidente de Chávez al Aló Pablo de los platós españoles no hay ingenio ni inventiva, solo aprendizaje de las técnicas de manipulación de la revolución bolivariana.

Hoy, después de las europeas, sabemos que son 1.200.000 votantes, de toda clase y condición, los que le han otorgado su confianza. Son votantes hambrientos de nuevos referentes que ven en el carisma de su líder una alternativa a nuestros problemas. Sí, en el carisma. Aquí poco importa el programa de Podemos, porque quienes dicen lo obvio están equivocados: que más impuestos es más pobreza para todos; que más gasto público implica una gestión más burocrática e ineficiente de los servicios estatales; que más regulación supone más poder para el Estado sobre los ciudadanos; que los derechos hay que pagarlos… La experiencia ha demostrado que los países se van a la ruina cuando se ha aplicado el credo de Podemos.

Sí, todo ello es evidentemente cierto, pero al votante de Podemos poco le importa. No hace decidió con argumentos sino mediante un acto de fe: quiere creer, quiere tener esperanza, quiere soñar. No quiere que le vengan con cálculos complicados ni discursos que huelen a "sangre, sudor y lágrimas". Quiere otro mundo y lo quiere ya, simplemente porque es su deseo. Y por ello se busca un líder que se lo promete, como un niño que busca que los Reyes Magos les cumplan sus deseos.

Esto lo sabe Pablo Iglesias. Sabe que la mayoría de sus votantes están actuando como niños destetados, como imberbes que se ilusionan con cualquier truco de prestidigitación. Y por ello los desprecia. Como cuando los hace callar en las asambleas donde se luce, incluso los riñe por aplaudir en vez de escucharlo embelesados.

Sí, Iglesias se cree de una clase superior. Un Lenin con algo de Gramsci, un intelectual brillante que posee aquella verdad que las masas nunca llegarán a comprender pero de la que pueden disfrutar si alguien las seduce con su carisma. Cuando Iglesias disertaba en La Tuerka sobre el concepto de hegemonía de Gramsci no lo hacía para que lo entendieran, sino para señalar su superioridad, como el cura de pueblo que de tanto en tanto lanza una frase en latín, para que todos sepan que él sabe. Como se lee en publico.es:

Es Iglesias un tipo listo, sabedor de que, aunque no debería ser así, una sociedad que lee a Belén Esteban necesita élites intelectuales carismáticas para engancharla a un proyecto serio. No vale con tener un buen programa, hay que saber venderlo.

En ese sentido, Iglesias no es ni de cerca un Lenin, mucho menos un Gramsci. Es, usando un concepto gramsciano, un intelectual orgánico de la era de la televisión. Su estrella es Chávez y su terreno el del reality. Y por allí seguirá ganando votos, pues no faltan los que quieren vivir de la ilusión.
ideasyanalisis.wordpress.com

El cáncer del sistema
Fermín Bocos www.diariosigloxxi.com 17 Julio 2014

MADRID, 16 (OTR/PRESS) Contamos los días por pufos. Raro es el que vence sin alguna novedad en el tupido entramado de corrupción relacionado con la política. Ayer supimos que un fiscal pide 10 años de prisión para varios antiguos directivos de una empresa de la "Generalitat" de Cataluña como presuntos receptores de mordidas relacionadas con la adjudicación de obra pública. Según la acusación, las coimas no eran de un 3% (Pasqual Maragall dixit): alcanzaban el 20%. También sabemos que la Unión Europea acusa a la otra "Generalitat", la valenciana, de falsear durante años sus cuentas. Según Bruselas, el engaño habría consistido en el envío sistemático de datos manipulados. Como responsable subsidiario, el Estado podría tener que afrontar una multa de alrededor de 2.000 millones de euros. El presidente valenciano, Alberto Fabra, señala a Francisco Camps, su antecesor en el cargo, como eventual responsable del engaño. Luis Bárcenas exsenador popular y extesorero del PP reclama 950.000 euros al partido por despido improcedente. Niega haber cobrado "en diferido" como relató en su día con cantinflesco decir María Dolores de Cospedal tras anunciar que el exsenador había sido apartado de su puesto de tesorero tras ser imputado a raíz del escándalo del "caso Gürtel", el entramado montado por el empresario Correa tras el que un juez (Ruz) investiga la presunta financiación ilegal del PP. Mientras tanto, a resultas de la denegación por parte del Gobierno del indulto solicitado por Jaume Matas, se espera que en los próximos días el exministro del Gobierno Aznar y expresidente de Baleares ingrese en prisión para cumplir la condena de nueve meses que le fue impuesta por un delito de tráfico de influencias.

Es uno de varios sumarios con su nombre abiertos en los juzgados de Palma. Será el dirigente popular de más alto rango en verse en semejante trance. Desde que se instauró la democracia, sólo otro ministro, el socialista Jose Barrionuevo (caso Gal), ingresó en prisión. En Andalucía, el sindicato UGT tenía un "bote" a su disposición en las empresas implicadas en el caso de las facturas falsas. En una de esas empresas el "bote" ascendía a 345.000 euros. Este entramado junto con el fraude de los cursos de formación y los ERES falsos salpican a la Junta de Andalucía.

Los periódicos se han convertido en crónica de las andanzas de pillos y desaprensivos. Contamos los días por pufos y son tantos y tan seguidos que llevamos camino de resignarnos. Es triste, pero las proclamas de los políticos prometiendo combatir la corrupción, adolecen de credibilidad. A lo más que llegan es a señalar los pecados ajenos, rara vez admiten los propios si no media una intervención judicial. Afortunadamente, todavía hay jueces en España. Sobre ellos recae el peso y la esperanza de regeneración de la vida política nacional antes de que sea demasiado tarde y el cáncer de la corrupción acabe con el sistema democrático.

El voto lisérgico
Xavier Pericay cronicaglobal.com 17 Julio 2014

Parece que Artur Mas está dispuesto a cambiar la fecha y la pregunta -o preguntas- de su consulta a condición de que el Gobierno le permita convocarla. Según él, todo es negociable menos el referendo. Así las cosas, Mariano Rajoy ya sabe a qué atenerse en su próximo encuentro con el presidente de la Generalitat. En sus manos está la posibilidad de desbloquear la situación. Basta con que deje a los catalanes votar. ¿El qué? Eso es lo de menos, siempre y cuando el asunto sea de importancia. Pueden votar, pongamos por caso, sobre la necesidad de empezar a erigir un panteón de catalanes ilustres, cuyos primeros moradores serían, sin duda alguna, todos y cada uno de los miembros de la familia Pujol-Ferrusola; o sobre la conveniencia de convertir el himno del Barça en himno vehicular de la enseñanza pública y privada del país, lo que conllevaría su aprendizaje desde el parvulario y su ejecución e interpretación en todos los niveles del sistema educativo; o en fin, y en aras a un mejor aprovechamiento de los recursos públicos, sobre la oportunidad de eliminar la diversidad de cabeceras periodísticas escritas, audiovisuales y digitales existentes hoy en Cataluña -al fin y al cabo, todas dependen del mismo presupuesto y dicen más o menos lo mismo- para conservar un solo diario, una sola radio, una sola televisión y una sola plataforma digital, todos ellos grandes y libres. Estoy seguro de que en los tres supuestos consultivos el sí sería abrumador o, lo que es lo mismo, el no sería tan residual como aquel Estado al que se refirió Pasqual Maragall hará pronto ocho años coincidiendo con la entrada en vigor del actual Estatuto.

Pero dudo mucho que el grado de flexibilidad anunciado por Mas llegue a tanto. Sea como sea, lo importante, insisto, es el voto. Y no únicamente para el presidente de la Generalitat; también para sus subalternos y asociados. Anteayer, a raíz de la presentación en Madrid del Manifiesto de los libres e iguales, los portavoces de ERC y CIU en el Parlamento catalán, lejos de discutir el sentido del documento y las propuestas en él contenidas, apelaron a la presunta incompatibilidad entre la condición de intelectual y la "actitud antidemocrática", el primero, o directamente al "miedo a la democracia" de los firmantes, el segundo. No hace falta indicar que por democracia esos preclaros representantes de la voluntad popular catalana entienden tan sólo el ejercicio del derecho al voto de sus congéneres regionales. Y sobra añadir que ese mismo derecho que ellos reclaman para sí se lo niegan, en lo que a sus asuntos atañe, al resto de los españoles.

Para el nacionalismo catalán, la reivindicación del voto -es decir, del llamado "derecho a decidir" y la consiguiente consulta- se ha convertido en algo lisérgico. Permite a los adeptos huir de la realidad y sus conflictos para refugiarse en el paraíso artificial de la independencia y el Estado propio; facilita una visión deformada de las cosas, con lo que semejante distorsión suele traer consigo -para entendernos: el adepto cree estar transitando por una verde e inconmensurable llanura y resulta que tiene ante sí un precipicio-, y sume al interfecto en un estado de placidez balsámica. Ah, y lo que es peor, al igual que aquel LSD de nuestra juventud -ignoro cómo andará ahora la cosa-, crea adicción. El problema, ya lo adivinan, es la vuelta a la realidad. Cuando no el mal viaje, que muchas veces, por desgracia, no tiene retorno. En fin, no sé hasta qué punto esta gente está en condiciones de razonar. Pero, en todo caso, avisados quedan.

Lo mejor de nuestra historia contemporánea
¿Cómo hemos llegado a la descomposición actual después de tantos grandes éxitos?
Ignacio Sotelo. El Pais 17 Julio 2014

Es un tópico que se repite sin cesar, los 38 años del reinado de Juan Carlos I han sido los más exitosos de los dos últimos siglos, y si tomamos en consideración, tanto las libertades de que hemos gozado, como el grado de desarrollo socioeconómico alcanzado, resulta difícil negarlo. Entonces, cómo se explica que, pese a tamaños logros, hemos arribado a la descomposición actual.

Algunos creen descubrir la causa en una Transición que la fracción reformista del franquismo llevó a cabo desde dentro. Una posibilidad que nadie en la oposición había previsto, con la excepción tal vez de Luis García San Miguel, que por ello recibió fuertes reprimendas.

Para entender que las cosas ocurrieran así, importa añadir algo que a menudo pasa inadvertido. El salto de la dictadura a la monarquía parlamentaria, “de la legalidad a la legalidad”, fue posible, porque a comienzos de los años cincuenta, con la alianza con Estados Unidos, España se había integrado plenamente en el mundo occidental, y al finalizar el decenio, la liberalización económica propició un rápido crecimiento socioeconómico. No solo en los años sesenta España se industrializa, sino que alcanza una movilidad social que no ha vuelto a repetirse.

Esto explica que el proceso transcurriera sin grandes traumas, una indudable ventaja, pero al precio de no poder aprovechar el salto a la democracia para llevar a cabo algunas correcciones imprescindibles. De ahí que se imponga una valoración positiva de la Transición, en cuanto se deslizó sin mayores tensiones, pero sin corregir defectos que arrastramos desde hace siglos.

Crecimiento económico, movilidad social, apertura de la Iglesia con el Concilio Vaticano II trajeron consigo el fortalecimiento del régimen franquista que amplía su base social más allá de los “vencedores”, así como abre la puerta a posiciones reformistas en el interior del aparato del Estado.

En los cincuenta surgen unos grupúsculos en torno a Dionisio Ridruejo y Enrique Tierno que, sin desechar la monarquía, pretenden una democracia de tipo occidental que nos permita integrarnos en Europa. Pero la mayor parte de la oposición de los años sesenta y setenta mantenía posiciones revolucionarias que las hacía poco operativas. Entre lo mucho que hemos echado al olvido está el hecho de que la mayor parte de la oposición pretendía saltar de la dictadura al socialismo, fuese de cariz soviético o prochino, incluso los había que defendían el modelo yugoslavo de autogestión, sin pasar por la que llamaban “democracia formal” que todos despreciaban.

También para las últimas generaciones permanece en la penumbra que sin la menor participación de la oposición, la Transición se llevase a cabo en las Cortes franquistas, al aprobar la Ley para la Reforma Política, que convierte la monarquía tradicional, prevista en las anteriores Leyes Fundamentales, en una parlamentaria, con dos Cámaras elegidas por sufragio universal. Esto obliga a legalizar a los partidos políticos, incluído el comunista, una vez que hubiera aceptado la monarquía.

Exaltar la transición corresponde al afán de legitimar el régimen establecido

El resultado de las primeras elecciones del 15 de junio de 1977 ratifica a las Cortes elegidas como constituyentes. Esta vez por consenso, se elabora una Constitución, que blinda la Monarquía, garantiza los derechos fundamentales de la persona, hace algunos guiños al Estado social y trata de frenar la dinámica secesionista del País Vasco y Cataluña con el Estado de las autonomías.

Exaltar la Transición a modélica corresponde al afán de legitimar el régimen establecido, pero de encumbrarla sin medida, no debe pasarse a desacreditarla por completo y atribuirle nada menos que la causa de la descomposición a que hemos llegado. La Transición, tal como se hizo, sin duda hubiera podido haber dado mejores resultados. ¿Qué factores entonces nos han llevado a la situación actual?

De una larga lista —la realidad es poliédrica— me inclino a subrayar tres, que enumero en orden creciente de importancia.

La Transición se llevó a cabo bajo la vigilancia de unas Fuerzas Armadas, adictas a un franquismo residual, como puso de relieve el 23-F. Su fracaso, además de haber contribuido al amplísimo triunfo socialista de 1982, permitía que se acometiera una profundización democrática que ampliara la llevada a cabo por el franquismo reformista, sin por ello cuestionar la Monarquía, todavía indispensable para afianzar al régimen.

Lamentablemente, en vez de seguir el principio socialdemócrata de fortalecer la unidad de acción de sindicato y partido, se optó por el neoliberalismo de corte más radical, y lejos de “osar más democracia”, como predicaba Willy Brandt, se prefirió constreñirse al estrecho ámbito trazado, desmontando los movimientos sociales de base que habían surgido en el proceso de cambio. La democracia quedó reducida a su mínima expresión de votar cada cuatro años, incluso se mantuvo la misma ley electoral que favorecía al bipartismo y a los nacionalismos periféricos.

En segundo lugar — y en este punto no cabe exagerar— la lucha contra el terrorismo de ETA marcó de manera decisiva estos años, no solo por los costes enormes que ocasionó, sino también por la falta de transparencia que impuso combatirlo. Una carencia que se trasladó a otros ámbitos, favoreciendo, en último término, la corrupción. La alta dependencia de Francia en la lucha contra ETA se tradujo en decisiones tan cuestionables, como el ferrocarril de alta velocidad, en vez de renovar las vías, utilizando el TALGO.

Pero el factor determinante fue no aprovechar estos años de bonanza, que el ingreso en la Comunidad Económica Europea propició, para establecer un modelo productivo estable que permitiera un crecimiento, no espectacular, pero a largo plazo seguro, en base a ir aumentando la exportación de bienes industriales y agroindustriales.

La burbuja inmobiliaria, en último término, también se asentó en el afán de enriquecimiento rápido. La mentalidad del pelotazo es el rasgo que mejor describe estos años. Se nos dijo que en ningún otro país era tan fácil enriquecerse y cada cual en la medida de sus fuerzas se aplicó el lema, al que incitaba el derroche público. Nunca antes se ganó tanto y se invirtió tan mal.

En suma, tres factores nos han llevado a la descomposición actual. El primero y principal la conversión del PSOE al neoliberalismo, anulando a la larga las diferencias entre los dos grandes partidos, con lo que se ha reproducido el modelo de la anterior Restauración, alternancia y caciquismo. Esto último se ha impuesto, tanto en la estructura interna de los partidos, como en el reclutamiento de personas y votos.

En segundo lugar, los enormes costes y desgaste de la lucha contra ETA, que ha favorecido el dispendio de lo público, que ha llevado a una corrupción ilimitada, que es el tercer factor, y sin duda el decisivo.

El resultado: un desempleo altísimo con vocación de durar, una deuda que alcanza el 100% del PIB, el desmantelamiento del Estado social, con una educación pública, desde la escuela a la Universidad, que no hace más que expandir la ignorancia que caracteriza a una buena parte de los docentes. Con estos datos, el pronóstico no puede ser muy positivo.

Ignacio Sotelo es catedrático de Sociología

La independencia catalana
Artur Mas y otros políticos soberanistas han optado por salirse agresivamente del ordenamiento democrático y actuar a través de decisiones políticas ajenas al derecho. Quieren destruir el orden jurídico básico en España
Javier García Fernández. El Pais 17 Julio 2014

Al acabar la Primera Guerra Mundial, cuando las Repúblicas sustituyeron a los viejos Imperios centrales, las nuevas Constituciones intentaron asentar la democracia parlamentaria en Europa (Alemania en 1919; Austria y Checoslovaquia en 1920; poco después España, en 1931). Paralelamente, sin embargo, surgió una doctrina que pretendía aminorar la eficacia del nuevo principio democrático soslayando el núcleo dogmático de este principio que era el respeto a la norma jurídica como eje vertebrador de la vida del Estado.

Uno de los presupuestos jurídicos de la nueva democracia parlamentaria era el normativismo que el austriaco Hans Kelsen empezó a elaborar a partir de 1911 (Problemas capitales de la teoría jurídica del Estado) y que partía de una teoría del Derecho sin adherencias ideológicas o axiológicas. Para Kelsen, el orden jurídico era un orden jerárquico que partía de una norma fundamental hipotética que daba vigencia al resto de las normas, que se situaban en un orden escalonado. De esa concepción se desprendía la preeminencia de la Constitución (que no es exactamente la norma fundamental hipotética sino el escalón más elevado del sistema de fuentes del Derecho) y la necesidad de un “defensor de la Constitución” que era el Tribunal Constitucional. A pesar de considerar que los juicios de valor eran ajenos al Derecho, la obra de Kelsen estaba absolutamente imbricada en la democracia a la que trataba de dar una justificación (lo muestra su Esencia y valor de la democracia, 1920). El normativismo ponía el acento en la validez de las normas, como el propio Kelsen explicó: decir que una norma es válida equivale a reconocer que tiene fuerza obligatoria frente a aquellos cuya conducta regula (Teoría general del derecho y del Estado, 1944). En pocas palabras, el normativismo se caracterizaba por el respecto al orden jurídico, por la idea de que la norma obliga, en un orden jurídico que se inicia escalonadamente desde la Constitución. Esta construcción es indisociable de la democracia: el Derecho emana de órganos que poseen legitimidad democrática y eso explica que tenga que respetarse, que aparezca el hábito de obediencia a las reglas, como diría otro gran jurista, el británico Hart.

Pero en la Europa de los años veinte atribuir la función ordenadora de la sociedad a la norma jurídica producida por un Parlamento representativo o por el Gobierno que gozaba de la confianza del Parlamento no dejaba de ser una idea todavía controvertida, pues hasta hacía poco regía el principio monárquico que aminoraba la legitimidad y la capacidad política de los Parlamentos. Por eso, destronados los Monarcas, surgió una nueva construcción doctrinal para intentar arrinconar el principio democrático recién nacido. Esta nueva construcción fue el decisionismo que elaboró el jurista y pensador alemán Carl Schmitt que, como escribió Javier Conde (uno de los admiradores españoles de Schmitt), suponía el ataque más profundo y formidable contra el Estado liberal. Schmitt aportó su conocida definición del soberano como aquel que decide sobre el estado de excepción situándose al margen de lo jurídico y con capacidad, incluso, de suspender la Constitución (Teología política, 1922). El decisionismo desmontó la función ordenadora del Derecho y antepuso la decisión política a los mandatos que emanan del ordenamiento jurídico.

Aunque pueda sorprender a los propios interesados, fue el PSC el impulsor del decisionismo

En conclusión, normativismo comporta respeto al Derecho porque el Derecho es una ordenación democrática de la sociedad. Decisionismo es la imposición de la decisión política sin atender a la preordenación jurídica que ha organizado la misma sociedad.

La contraposición del normativismo kelseniano y del decisionismo schmittiano puede ayudar a entender el especial momento que vive la política catalana y quizá ayude a reflexionar sobre la respuesta que se puede dar a la huida hacia adelante de los independentistas catalanes. Cuando se examinan las incesantes declaraciones que producen los nacionalistas orientados a la independencia (desde Artur Mas y los dirigentes de Convergència Democràtica y de Esquerra Republicana hasta los textos de la Assemblea Nacional Catalana y las elaboraciones jurídicas del Consell Assessor per a la Transició Nacional) se tiene la impresión de que el independentismo catalán ha renunciado a toda noción normativista del ordenamiento y ha optado por una visión decisionista de la política. Actúan y hablan como si no conocieran o no existiera el Derecho en España.

Aunque pueda sorprender a los propios interesados, fue el PSC el impulsor del decisionismo en Cataluña. En primer lugar, con un proyecto de Estatuto que no respetaba totalmente la Constitución, aunque al menos en esa fase había mecanismos jurídicos para retornar a la constitucionalidad (Tribunal Constitucional). La explosión decisionista se asentó definitivamente como respuesta a la sentencia del Tribunal Constitucional. La sentencia 31/2010, de 28 de junio, quizá no era la mejor sentencia posible y además se dictó con un retraso injustificable. Pero sólo declaró inconstitucionales partes de 13 artículos sobre 245 artículos, salvando la constitucionalidad de otros 27 con un fallo interpretativo. Si no hubiera predominado el decisionismo en el Gobierno catalán y en el PSC, si hubieran tenido en cuenta que el Estatuto había sido aprobado sólo por el 36 % del electorado catalán, el propio Gobierno (o al menos su componente socialista) hubiera podido contribuir a restar la tensión que promovían CiU, Esquerra y los pequeños grupos independentistas y buscar vías de entendimiento con el Estado. Pero el Gobierno de Montilla encabezó la protesta contra la sentencia y, lo que es más grave, deslegitimó al defensor de la Constitución española, al Tribunal Constitucional. Ese día el decisionismo se instaló definitivamente en la política catalana porque en ese momento se dio preeminencia a la decisión política desnuda antes que al respeto que en democracia se ha dar al ordenamiento jurídico.

El Gobierno paraliza toda reforma constitucional por si algún año de estos escampa

Las expresiones concretas de decisionismo brotan ahora sin cesar: la reivindicación del falso derecho a decidir, la creación, por medio del Decreto 113/2013, de 12 de febrero, del Consell Assessor per a la Transició Nacional (¡qué responsabilidad moral la de unos juristas dedicados a maquinar cómo se destruye el orden jurídico democrático en Cataluña!), el referéndum, la declaración soberanista del Parlamento recientemente declarada inconstitucional, la creación de “estructuras de Estado” (como dice el propio Decreto 113/2013, de 12 de febrero), la interpretación fraudulenta del Derecho comunitario para ocultar que Cataluña quedaría excluida de la Unión Europea o el intento inviable de internacionalizar la reivindicación. Bajo una apariencia tranquila (como se quieren ver a sí mismos el presidente Mas y demás políticos soberanistas), el independentismo ha optado por salirse agresivamente del ordenamiento democrático y actuar a través de decisiones políticas ajenas al Derecho. Obviamente, quieren destruir el orden jurídico básico en Cataluña y en el resto de España. No hay ejemplo más depurado de decisionismo que la preparación del referéndum del 9 de noviembre que está realizando el Gobierno catalán como explicó su vicepresidenta en un diario de Barcelona (urnas, papeletas, locales…). Los nacionalistas saben que el Derecho vigente no les va a permitir la celebración, saben que no se realizará, pero actúan como si fueran a hacerlo porque dan preeminencia a la decisión política sobre el ordenamiento del Estado democrático.

Sin embargo, la defensa democrática de la unidad española desde el Derecho no debe equivaler a inmovilismo normativo. El Gobierno está paralizando toda acción de reforma constitucional por si algún año de estos escampa. Pero no va a escampar porque la política fundada en el decisionismo, como no tiene límites jurídicos, no se detiene salvo que pueda ser contenida con firmeza política. Un gran constitucionalista, fallecido hace pocos años, Pablo Lucas Verdú, conectaba la normatividad constitucional con las exigencias sociales que comportan movilidad y transformación. Ahí está la justificación de una reforma constitucional porque si queremos que la Constitución se siga considerando la fuente de legitimación democrática del Estado, no puede permanecer estática, silente, ante uno de los ataques más graves que ha conocido la democracia española desde 1978.

Javier García Fernández es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense de Madrid.

Mejías: 'La política lingüística del Govern de imponer el catalán por encima del castellano es injusta, discriminatoria e inaceptable' *
http://ciudadanos-cs.org  17 Julio 2014

C's consigue que Borràs comparezca en el Parlament para explicar por qué marginan a los autores catalanes que escriben en castellano de la nueva web de las letras catalanas

La portavoz del Grupo Parlamentario de Ciudadanos (C’s), Carina Mejías, ha advertido que “la política lingüística del Govern de imponer el catalán por encima del castellano es injusta, discriminatoria e inaceptable” desde el momento en el que “se imponen sanciones y se potencia una lengua en detrimento de otra”, después de que la directora general de Política Lingüística, Esther Franquesa, haya defendido, en su comparecencia en la Comisión de Cultura del Parlament, el modelo del Govern.

Mejías ha denunciado que con su política el ejecutivo catalán “haga de la lengua un instrumento de confrontación política”. Y ha advertido que “en una sociedad bilingüe y con cooficialidad de lenguas la libertad tendría que ser el eje de trabajo de la política lingüística y esta libertad será efectiva cuando los ciudadanos no tengan que recorrer a los tribunales para reclamar sus derechos que tienen reconocidos en las leyes”.

Sobre el nuevo portal de las letras catalanas, C’s ha conseguido que la directora de la Institución de las Letras Catalanas, Laura Borràs, comparezca en el Parlament para explicar “por qué el Govern margina a los autores catalanes que escriben en castellano del nuevo portal web de las Letras Catalanas”. La portavoz del Grupo Parlamentario ha denunciado que “se incorpore una base de datos de los escritores clásicos y contemporáneos catalanes y se marginen las obras de autores tan relevantes como Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza, Ana María Matute, Félix de Azúa o Ildefonso Falcones”.

Oriente Medio
Israel, el mundo y esa palabra tan fea
Elías Cohen Libertad Digital 17 Julio 2014

En el libro coral En defensa de Israel, Vicenç Villatoro exponía su tesis de que el conflicto de Oriente Medio levantaba tanto revuelo internacional única y exclusivamente porque había judíos de por medio. Ciertamente, tras la última crisis desatada entre Israel y Hamás, los hechos confirman esta teoría.

No es mi intención caer en absurdos simplismos, como el de que todo el que critica a Israel es antisemita; sólo quiero mostrar datos que reflejan, para bien o para mal, una realidad: un muerto palestino en un ataque israelí tiene más valor que los demás muertos en los demás conflictos del mundo.

En primer lugar, el contraste entre la sobreexposición mediática del conflicto entre israelíes y palestinos y el apagón mediático que se cierne sobre otros, como el de Siria, donde han muerto más de 200.000 personas –muchas de ellas en ataques con armamento químico–, o el de México, donde la guerra del narcotráfico se había cobrado más de 50.000 vidas ya en 2006, es harto revelador. Si atendemos a la frialdad de las cifras, el conflicto entre israelíes y palestinos no se ha cobrado aún ni la mitad de las muertes que ese último conflicto. Según el Stockholm International Peace Research Institute, entre 1948 y 1997 murieron 13.000 israelíes y palestinos por el conflicto que los enfrenta.

La nada sospechosa organización israelí Btselem (que está en contra de la ocupación) ha revelado que entre 1987 y 2011 murieron 7.978 palestinos y 1.503 israelíes; en la cifra de víctimas palestinas se incluyen 1.593 personas que fallecieron en conflictos internos palestinos y no se incluyen los más de 600 muertos que han dejado las luchas intestinas en Gaza desde 2006. De acuerdo con la Oficina de la ONU para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios en los Territorios Palestinos, entre 2005 y 2008 murieron 1.754 palestinos y 117 israelíes por causa del conflicto. Alberto Moyano, del Diario Vasco, se preguntaba, al albur de la última crisis, por qué las condenas son tan enérgicas cuando el muerto es palestino:

¿Por qué resulta tan complicado posicionarse en contra del bombardeo de Gaza sin recurrir a términos como ‘genocidio’, ’exterminio’ y ’nazismo’, clamorosamente ausentes en otros conflictos tanto o más sangrantes?

Hablando de auténticos genocidios: en Darfur han muerto 300.000 personas desde 2003, según el Parlamento británico.

Más cerca de Gaza, de hecho, en la puerta de al lado, como aquel que dice, tenemos que el año pasado la violencia política se cobró la vida de 1.100 personas en Egipto. En cuanto a los terroristas islámicos de Boko Haram, han asesinado a 2.053 civiles en los seis primeros meses de este año, según Human Rights Watch.

La sobreexposición en el conflicto entre israelíes y palestinos, que se refleja en esta foto de uno de los primeros heridos en Gaza tras el inicio de la operación Margen Protector –foto en la que vemos más fotógrafos que enfermeros–, tiene la derivada crucial de la manipulación. Que ha sido denunciada hasta por la mismísima BBC, que en un demoledor reportaje demostró que muchas de las imágenes aparejadas en Twitter al hashtag #GazaUnderAttack no eran de Gaza sino de Siria, Libia o Irak.

Mientras que la pasividad de la ciudadanía de las sociedades occidentales ante conflictos como los antes referidos es la norma, cuando Israel mata palestinos… la cosa cambia. Aún estamos esperando las flotillas en dirección a Siria o Darfur, las manifestaciones ante las embajadas de Francia por su papel en el derrocamiento de Gadafi y sus intervenciones en Mali (operaciónServal) para evitar la formación de "un Estado terrorista a las puertas de Europa", en palabras del presidente Hollande; las concentraciones en todo el mundo contra Asad el genocida o contra los psicopáticos cárteles de la droga. Brendan O’neill se queda estupefacto ante la ausencia de reacción cuando las víctimas no son palestinas y el clamor que se suscita cuando quien interviene es Israel; por eso, dice, es muy difícil distinguir cuándo acaba el antisionismo y empieza aquello que se designa con esa palabra tan fea: antisemitismo.

Por otro lado, y como por arte de magia, cada vez que estalla la tensión entre israelíes y palestinos las comunidades judías de todo el mundo se ponen en alerta. Instantáneamente, cuando muere un palestino en un bombardeo israelí brota un sentimiento, calificado de antisionismo, que toma como objetivo las sinagogas y los judíos. El pasado domingo una sinagoga de París fue atacada con cócteles molotov por un encolerizado grupo de supuestos propalestinos. Una sinagoga de París a la que acuden judíos franceses. Las imágenes evocan la enseñanza que el escritor George Steiner aprendió de su padre cuando, en 1934, siendo un niño, vio desde su ventana cómo una muchedumbre gritaba "¡Muerte a los judíos!": "No te asustes, hijo mío", le dijo, “lo que ves se llama Historia”. El rabino de Casablanca recibió ayer una paliza y la excusa fue Gaza. En Londres, una mujer judía fue agredida en una manifestación propalestina. Habrá que dar una patada en las costillas a cualquier norteamericano que veamos, por lo de Abu Ghraib, o por lo de Hiroshima y Nagasaki. El concepto de responsabilidad colectiva siempre ha sido aplicado a los judíos, y también implica, inexorablemente, esa palabra incómoda que no queremos pronunciar:antisemitismo.

Más. A Israel se le reprocha que ninguno de los suyos haya caído en esta última crisis. Ayer murió la primera víctima israelí, un hombre de 38 años,tras ser alcanzado por un proyectil de los lanzados por Hamás desde Gaza. Era un voluntario que llevaba comida a los soldados que están de servicio en la frontera con la Franja.

El sistema de defensa Cúpula de Hierro ha conseguido que los terroristas de Hamás sólo hayan conseguido matar a un israelí luego de lanzar 1.250 proyectiles. Los israelíes deberían sentirse orgullosos por dotarse de unas medidas de protección tan exitosas. Pues bien, resulta que Israel debe pedir perdón ¡por tener un buen sistema antimisiles! Por lo visto, lo que tendría que hacer es dejar que mueran más de los suyos para que el conflicto sea menos asimétrico. Israel está usando sus armas para proteger a sus ciudadanos, y Hamas, como hemos visto en tantos videos y declaraciones, alienta a sus ciudadanos para que protejan sus armas. La diferencia parece notable.

En Gaza están muriendo civiles, y hay casos verdaderamente trágicos, como el de la familia Kaware, que perdió a ocho miembros en un bombardeo israelí. No es cuestión de minusvalorar ninguna muerte, pero está visto que la muerte de un palestino importa más que la de un sirio, la de un mexicano, la de un sudanés o la de un libio; bueno, sólo cuando la mano ejecutora ha sido israelí.

Como han saben Villatoro, Moyano y O’Neill, la razón se revela cuando se pronuncia esa palabra terrible que no queremos pronunciar.
© elmed.io

Entrevista al embajador israelí
Alón Bar: "Israel usa sus armas para proteger a los civiles. Hamás usa a los civiles para proteger sus armas"
Alón Bar, embajador de Israel, ha valorado en Es la Tarde de Dieter la crisis de Gaza. También lo ha hecho el embajador palestino.
esRadio Libertad Digital 17 Julio 2014

El embajador de Israel, Alón Bar, ha estado en Es la Tarde de Dieter, de esRadio, explicando la posición de su país en torno al conflicto en Oriente Próximo y también refiriéndose a la propaganda desplegada por Hamás y su entorno y al tratamiento en los medios de la información.

Preguntado sobre si eran inevitables los 200 muertos entre la población civil desde el comienzo de la operación, Bar ha dicho que lo que sí "era inevitable era responder a los ataques de Hamás". "Israel intentó primero la vía política. Cuando no funcionó", se pasó a tener como prioritaria la protección "a los civiles israelíes". Sobre las muertes en la Franja, Bar recordó que Hamás "anima" a los civiles a proteger lugares clave para los terroristas. "Lamento mucho todo esto, pero no podemos quitar la responsabilidad a los que han lanzado" los cohetes y los que "utilizan a su pueblo".

Bar se ha referido a un caso concreto, el de los cuatro niños muertos en una playa de Gaza tras un ataque israelí. Las víctimas, ha insistido, "me llenan de tristeza", pero "hay que poner la responsabilidad donde existe. Obligan a la sociedad civil a servir como protección a las armas de Hamás".

Es la Tarde de Dieter también ha hablado de los muertos del conflicto con el embajador de la Autoridad Nacional Palestina. Musa Amer Odeh ha negado, rotundo, que se utilice a la población civil en esta guerra y, preguntado por los tres colonos asesinados, ha indicado que no tienen "autoridad" para castigar a los culpables en la zona donde fueron secuestrados. Ader también ha acusado a Israel de "comercializar" con la sangre de los tres jóvenes y ha indicado que el problema de la Franja es la densidad de población. "No hay derechos para el pueblo palestino. Sólo queremos nuestros derechos", ha dicho, antes de hacer un llamamiento a la paz.

Ader ha evitado mencionar a Hamás en la entrevista con la periodista Lucía Prieto. Bar, en su respuesta a estas declaraciones, ha reiterado cuál es su rol en el conflicto: "Israel usa su capacidad militar para proteger civiles. Hamás usa a los civiles para proteger sus armas".

El embajador israelí ha destacado cómo Hamás también "agrede" a la autoridad palestina y cómo emplea "como escudos" a los civiles. "Fueron animados a salir a las terrazas y los lugares donde están los depósitos de armas", ha insistido, en alusión a las víctimas. "No se puede quitar la responsabilidad a quien usa a su propio pueblo para proteger a los terroristas", ha reiterado.

En la entrevista, Bar ha hablado de los raseros con los que se miden los crímenes según sea su autor. El embajador destacó cómo, frente a las condenas de otros países árabes, Hamás "celebró" la muerte de los tres jóvenes colonos y la madre de uno de los presuntos culpables declaró "su orgullo". "En cambio, la madre de uno de los secuestrados judíos, al conocer el caso trágico del joven palestino asesinado en Israel, dijo que el autor era igual de terrorista" que los que mataron a su hijo.

"La reacción de la sociedad israelí ha sido muy clara", ha dicho sobre el hecho de que los autores del asesinato serán juzgados y condenados. "Está muy claro el margen de lo que es legítimo y lo que se sale de ese margen", ha destacado.
¿Ataque por tierra?

Bar también se ha referido a lo ocurrido la pasada madrugada, con un intento de terroristas de acceder a territorio israelí a través de un túnel. Israel, ha explicado, los atacó cuando fueron descubiertos y trataron de huir. "La triste realidad es que creemos que hay decenas de túneles" y que los palestinos "utilizan los materiales de construcción" que mandan a Gaza para construirlos.

"Es probable que en un momento dado tengamos que llegar a la salida" por el lado palestino "para poder desmantelarlos", ha dicho en alusión a una posible incursión terrestre. "No es el deseo de Israel continuar esta operación", ha insistido, pero si Hamás continúa atacando, tendrán que "utilizar la fuerza necesaria para acabar con esta amenaza".
Las condiciones para la paz

Sobre la posibilidad de una paz duradera con los interlocutores actuales, Bar ha subrayado que "la alianza entre la autoridad palestina y Hamás aleja la posibilidad de un acuerdo". Lo que pide Israel, ha dicho, es la "renuncia al terrorismo", respetar el "derecho a existir" de Israel y también el respeto a los "acuerdos alcanzados" hasta ahora.

"Nosotros hemos pasado momentos complicados de conflicto y este también va a terminar", ha dicho. "Vamos a tener que buscar una fórmula de convivencia. Yo creo en el ser humano y creo en la capacidad, después de agotar las mejores y peores opciones, de llegar a una solución", ha manifestado.

Pero Hamás, ha continuado Bar, "no va a poder ser parte de esto. Y el apoyo de algunos, al poner a Israel como el único culpable, nos aleja de la solución".

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Tempus fugit!

Vicente A. C. M. Periodista Digital 17 Julio 2014

Decía Esperanza Aguirre que este fenómeno del partido de ultraizquierda PODEMOS liderado por Pablo Iglesias, está usando métodos de propaganda que nada tienen que envidiar a las tácticas goebelianas del partido nazi. Esto hoy recibe un espaldarazo con el nuevo pre borrador político que pide a sus militantes que aprovechen “la gran oportunidad de la crisis” para conseguir sus objetivos de alcanzar el poder de la Nación en las próximas elecciones generales. Su eslogan es “no tenemos todo el tiempo del mundo”. Una verdad que podría complementarse con el de “no dejes para mañana lo que puedas criticar hoy” o la de “miente y difama que algo queda”.

Un lema que es justo todo lo contrario de lo que hasta ahora ha aplicado Mariano Rajoy, al que ni los malos augurios de Arriola y su petición de adelanto de las elecciones generales a noviembre, le han hecho modificar su habitual “pachorra” y su “magistral control de los tiempos” en un “deja que el tiempo todo lo cure”. Basta observar su firmeza dialéctica y su nula reacción efectiva en asuntos como el del desafío secesionista de CiU, ERC y todo el Gobierno de la Generalidad, al que se empeña en tratar con “perfil bajo” confundido por los que nos mostramos críticos como dejadez de responsabilidad o cobardía.

El caso es que los estrategas de PODEMOS tienen razón, no tenemos todo el tiempo del mundo para reconducir una situación dramática para España acosada por diversos frentes por sus enemigos. Mariano Rajoy de tanto querer pasar como el salvador de la crisis económica ha perdido cualquier contacto con la realidad política y todo lo basa en el “buen hacer y efectividad” de sus medidas, la mayoría contrarias a las que le permitieron acceder al poder con la confianza de la mayoría de los españoles. Si a eso le unimos su actitud en el tema de la lucha anti terrorista con el vergonzoso desenlace del caso Faisán, la suelta de etarras y la cancelación de la doctrina Parot, dejar toda su esperanza de recuperación de voto en los resultados económicos es sencillamente suicida.

En pocos meses tendremos la ofensiva definitiva del secesionismo catalán, y los hechos certifican que el consenso con el principal partido de la oposición PSOE es ya imposible en temas de Estado. La razón es obvia, el PSOE necesita recuperar el voto de izquierda que se ha ido a IU o a PODEMOS y ha decidido abandonar posiciones centradas para radicalizar su discurso y apartarse del PP como si fuera un apestado. Esa postura adelantada por Rubalcaba, ha sido corroborada de forma sorpresiva e inmediata por Pedro Sánchez con la ruptura del pacto de Estado y el acuerdo entre socialistas y populares europeos, sobre la votación al Presidente de la Comisión Europea.

Es verdad el PSOE tampoco tiene todo el tiempo del mundo para recuperarse del batacazo electoral e hace cuatro años y el último de las europeas. Les va la supervivencia y miles de cargos que ya no están asegurados por la irrupción y auge de esas formaciones de izquierda más radicales. Por otro lado su apuesta federalista asimétrica sigue dando la impresión de un partido de taifas donde los líderes autonómicos, los llamados “barones” imponen el peso de sus votos y actúan de forma independiente como ha sido el caso del PSC con el flamante Miguel Iceta votando junto a los secesionistas en la ponencia para la futura ley catalana de consultas.

El tiempo es algo muy valioso, algunos dicen que es oro. Yo simplemente creo que debemos aprovecharlo y exprimirlo porque esta es nuestra vida, y nadie nos puede asegurar otra aunque lo prometan y lo juren. Esta vida es la que nos ha tocado vivir y nuestro tiempo debe ser para cada uno lo más importante. Y la verdad es que ya me gustaría dedicar mi tiempo a otras labores que no sean las de denunciar día tras día a quienes quieren jorobarnos nuestro limitado tiempo y además nos lo quieren controlar en cada momento, organizando nuestras vidas a lo que a ellos más les conviene.

Está en nuestras manos juzgar si estos miserables políticos han sabido hacer uso del tiempo que le hemos concedido. Sinceramente creo que lo único que han pretendido siempre es ganar tiempo para permanecer en sus poltronas. En este partido no existe tiempo añadido, su tiempo se ha acabado.

Orgullo y vergüenza

José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital 17 Julio 2014

El día después de que el Presidente de la Generalitat nos recibiese en una reunión privada en la que le expusimos, entre otras cuestiones, la necesidad de no tener unos medios de comunicación públicos volcados por y para la consulta secesionista para que la ciudadanía tuviese una información veraz y plural, Els Matins de TV3 nos ha saludado con una tertulia en la que se han dedicado a denostar no solo a Societat Civil Catalana sino, sobre todo, a un discurso que apuesta por la diversidad, el diálogo y la democracia.

Quizás sea la diversidad, la diferencia y la pluralidad democrática lo que molesta profundamente a quienes se ofuscan en una concepción romántica e incluso preilustrada de la política, será que quienes parten de prenociones identitaristas no soportan que haya quien se atreva a decir en voz alta que discrepa, que no está de acuerdo, que no quiere dejarse arrastrar por el ambiente de unanimidad que han tratado de inocular en la sociedad catalana.

Los participantes en la tertulia han mostrado esa inquina hacia la disensión, se han dedicado a repartir carnets de demócratas, carnet al que paradójicamente solo pueden acceder aquellos que están a favor de realizar un ilegal referéndum de autodeterminación, aquellos que sumisamente acaten los designios de esta vanguardia ¿ilustrada?, aquellos que como mínimo callen y otorguen, los demás, los que solo pedimos que se cumplan las leyes, que se sigan los procedimientos democráticos, que apostamos por un diálogo sincero y objetivo… todos nosotros, esa mayoría silenciosa y silenciada, somos tachados de “antidemócratas”…

Imagino que a quienes llevan decenios acaparando el discurso público, a quienes llevan practicando una labor de ingeniería social en pos de la ruptura con el resto de España, les incomoda la libertad de expresión, y ¿qué mejor que utilizar un medio de comunicación público para denigrar y mofarse del “diferente”?, ¿qué mejor que usar recursos públicos para estigmatizar mediáticamente al que osa a disentir?

Todo esto no es nuevo, si partes de presupuestos irracionales como la preexistencia de naciones culturales que necesariamente han de convertirse en un Estado, cualquier planteamiento contrario a ello es tomado como una anomalía, como un elemento extraño que debe ser extirpado para evitar el “efecto contagio”, naturalmente lo que temen es que una visión distinta a la Visión impuesta pueda llegar a hacer una brecha en una narración política convertida en una especie de sentido común socializado.

Lo que temen es que un discurso sencillo, claro e inclusivo como el que defendemos de Societat Civil Catalana se convierta en una “bola de nieve tóxica”, pero ¿desde cuándo apostar el imperio de las leyes, el Estado de Derecho y la democracia puede ser tóxico?, ¿desde cuándo apostar por el diálogo, la pluralidad política y la diversidad cultural puede ser antidemocrático?, ¿desde cuándo exigir que se cumplan los procedimientos democráticos nos convierte en quintacolumnistas?

El problema radica en que lo que subyace en el discurso buenista e “ilusionante” del secesionismo es una concepción antagonista de la discrepancia política, conciben y propugnan una sociedad instalada en la anomia para alcanzar sus objetivos, perciben la realidad como si de un enfrentamiento entre entidades organicistas se tratara, entre una “España” agresiva y una “Cataluña” a la defensiva, por ello les escuece que hayan catalanes que no tengan miedo a hablar en voz alta y nieguen la mayor: ¡se puede ser catalán y sentirse español sin ningún tipo de complejo ni adscripción política preconcebida!.

Contemplar una tertulia pagada por todos los catalanes en la que no hay ni un atisbo de discrepancia, dónde parece que haya una Verdad que está por encima del derecho a disentir, dónde la libertad de expresión está condicionada a creer en unas “verdades históricas” y en un programa político, como ciudadano catalán, como demócrata convencido, me da vergüenza, pero como resistente ante la ola de imposición política-identitaria me siento orgulloso de esta Cataluña abierta, plural y diversa que reivindica su derecho a ser considerados ciudadanos de primera sea cual sea su forma de pensar, cualquiera que sea su forma de vivir su propia existencia.

Bidegi obliga a elegir entre el euskera y el castellano
Bildu utiliza la sociedad pública que gestiona la autovía AP-8 para realizar un censo lingüístico de los conductores guipuzcoanos
 www.latribunadelpaisvasco.com 17 Julio 2014

Bidegi S.A., una sociedad foral creada por la Diputación Foral de Guipúzcoa, actualmente bajo control de Bildu, para la gestión y la explotación económica de la autovía AP-8, carretera de pago que cubre el tramo vasco de la Autopista del Cantábrico, ofrece desde varios años, a través de Kutxabank, un sistema de telepeaje Vía-T, que permite a los conductores del territorio beneficiarse de determinados descuentos cuanto mayor es la utilización que éstos hacen de las vías de peaje.

Actualmente, Bidegi está enviando a todos los usuarios de este sistema de telepeaje un cuestionario en el que se les solicita diferentes datos personales “necesarios para el desarrollo y gestión de las operaciones que se derivan de la adhesión al plan de descuentos de Bidegi”.

Lo más llamativo es que entre la información que se demanda a los miles de usuarios del Vía-T con derecho a bonificación se incluye una casilla a través de la que Bidegi solicita a los conductores la elección de un “idioma preferente”, a elegir entre el euskera y el castellano.

La solicitud de esta información ha sembrado la confusión entre los miles de conductores que han recibido la encuesta, ya que nadie se explica qué interés puede tener el “idioma preferente” de los automovilistas para bonificar el uso de un sistema de telepeaje.

Tal y como explica el conductor que ha puesto en manos de “La Tribuna del País Vasco” el formulario en cuestión, “es como si Bildu, que controla la Diputación foral de Guipúzcoa y que, por lo tanto, es responsable de la gestión de Bidegi, tratara de realizar un censo lingüístico entre los conductores. ¿Cuál va a ser el siguiente paso?, ¿Subvencionar más o subvencionar solamente a los que hablemos euskera?"

 


Recortes de Prensa   Página Inicial